La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- Somos un grupo pequeño, 10 adultos y 13 niños. Cuando estés recuperado, puedes decidir

si quedarte o seguir tu rumbo. No obstante, si te quedas, debes cooperar como todos lo

hacemos.

- Entiendo. Gracias nuevamente, por haberme rescatado y por todo lo demás – agradeció

Miguel, recostándose nuevamente en la cama.

- Vengo en un momento, descansa – dijo María, despidiéndose momentáneamente de

Miguel.

Esa era la situación mundial y él había contribuido, sin querer, a su cumplimiento. Recién entendía

el papel que le tocó desempeñar en todo esto, fue una rata de laboratorio, un experimento

alienígena para comprobar las capacidades humanas llevadas a un límite extremo. Si él era lo más

equilibrado que se podía encontrar en este momento en el planeta, era difícil o imposible aspirar a

elevarse más, por lo menos en una pelea cuerpo a cuerpo; ya que estaba claro que la diferencia

tecnológica entre los contendientes era abrumante.

Llegaron al planeta para quedarse con él, rodeándolo por toda su superficie, destruyendo todos

los satélites artificiales puestos en órbita, eliminando las comunicaciones de este tipo. Hace años

que el espacio aeroespacial de la tierra no se veía tan limpio y despejado de chatarra espacial,

todo artefacto –en funcionamiento o desactivado– fue precipitado a tierra y reemplazado por

pequeñas sondas extraterrestres para permitir su comunicación. Los siguientes puntos de ataque

fueron el internet –infectando la red mundial, denegando el acceso a esta desde cualquier

dispositivo electrónico–, y las antenas de celulares y de radiodifusión privadas, reduciéndolas a

cenizas.

Las semanas posteriores al ataque, las comunicaciones internacionales fueron inexistentes, hasta

que diversos grupos de radioaficionados se acercaron a las autoridades militares para prestar sus

servicios a sus respectivos países, sirviendo de enlace con otras naciones de todo el planeta.

Lamentablemente, las fuentes de tales trasmisiones fueron rastreadas y eliminadas de raíz,

minimizando al máximo el daño infligido a las estructuras y medio ambiente, matando a todos los

operadores y destruyendo completamente los equipos. Después de esto, los militares se

organizaron mediante mensajeros, eligiendo a los humanos más veloces y sigilosos para realizar

este importante trabajo, de ellos dependía la cooperación entre las distintas milicias que hacían

frente a la invasión extraterrestre.

Gracias a los últimos meses de entrenamiento, Miguel pudo curarse rápidamente de sus heridas,

costándole acostumbrarse a ver con un solo ojo. Ayudó a la sobrevivencia del grupo que le rescató

buscando alimentos e implementos para sobrevivir, aprovechando sus capacidades sobrehumanas

sólo cuando se encontraba sin la compañía de su nueva familia. A medida que la comunidad

cambiaba de guarida, avanzaban en el terreno, añadiendo nuevos integrantes que encontraban en

su camino. Las ciudades estaban abandonadas, pero no destrozadas, los ataques alienígenos se

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