La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- Eso es interesante, ¿dices que las naves están estacionadas en Buin? – intervino Miguel,

preguntándole al muchacho por lo que recién dijo.

- ¡Sí, están allá! Hui como pude de mi casa, con lo puesto. Nos ha costado mucho trabajo

encontrar alimento, allá en Maipú quemaron casi todo, lo poco que quedaba se lo llevaron

otras personas. Hace meses que no veíamos a otra gente, evitamos el contacto con otros,

para evitar peleas por la comida.

- ¿Pelearon contra otros grupos? – preguntó María, con preocupación.

- Sí, señora. Ese día tuvimos nuestra primera baja, la gente está muy desconfiada y no

quiere compartir nada de lo que tiene. Además, todos recibimos golpes en ese

enfrentamiento, nos costó mucho tiempo recuperarnos para salir nuevamente a buscar

alimentos, todos estamos en los huesos… ¡Por favor, acéptennos en su grupo! – sollozó el

muchacho, al terminar de contar su historia.

- ¿Su grupo está armado? – preguntó Miguel a Felipe.

- No, se los juro, ningún arma. ¡Digan que sí, por favor!

- Debemos deliberar, todo nuestro refugio decidirá. Quédate aquí hasta que terminemos y

no se te ocurra hacer una locura, todos estamos entrenados para luchar cuerpo a cuerpo

aquí – comunicó María, saliendo de la habitación acompañada por Miguel, dejando a un

joven a cargo del recién llegado.

No necesitaron reflexionar mucho tiempo, la decisión fue unánime, debían ayudar a los

muchachos, esa fue siempre la filosofía del grupo y no la cambiarían por una desconfianza

infundada. Muchos habían sido recogidos en el camino y ahora aportaban con su trabajo a la

sobrevivencia de todos, esperaban poder infundir tal espíritu a los desaliñados jóvenes. Después

de unos días de descanso, una expedición se conformó para escoltar al resto de los jóvenes al

refugio, viaje al que Miguel no asistió, para seguir el entrenamiento de los habitantes del lugar y

dirigir la búsqueda semanal de comida.

- ¡Allí vienen, los veo a lo lejos! – exclamó María, que estaba pendiente de la llegada de la

excursión de rescate.

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