La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- ¿Qué propones, entonces? – preguntó Imh, con aguda mirada, presionando al muchacho a

hablar rápidamente.

- Iremos los dos, como planeaste inicialmente… ¡Y nadie morirá! Ni tú, ni yo, ni Neilaress.

Enviarás tu mensaje a Ioss y tus compañeros vendrán a la Tierra, pero sin muertes,

¿entendido?

- Sólo si me prometes que no harás lo mismo que en tu sueño – dijo Imh, ofreciendo su

mano a Miguel para que la estrechara.

- Lo prometo – respondió Miguel, apretando firmemente la mano de la muchacha.

- Eso espero… Si mueres, la señora Mirta quedara deshecha, no sabría qué hacer para

consolarla. Tengo la garganta seca de tanto hablar, pensé que te costaría más asumir todo

lo que te conté, sin embargo veo que lo comprendiste cabalmente.

- Aún estoy dimensionando todo, no me imagino vivir todos esos años, toda la gente que

debes conocer, todas las cosas que debes saber… ¡Estoy frente a una especie de monolito

pétreo de miles de años que viajó de un punto desconocido del universo hasta la Tierra,

quizá con cuanta cantidad de conocimientos! –exclamó Miguel, emocionado–. Tema

aparte, ¿tienes padres?, ¿los recuerdas?

- Claro que tengo y que los recuerdo, no olvido nada, pero nuestras relaciones son distintas

a las suyas, no hay un apego de por medio. La mezcla de material genético se hace y

desarrolla en laboratorio, bajo condiciones controladas para poder inocular los kozou

antes del completo desarrollo del individuo. Nuestro cuerpo original –el que pocos

conservan todavía– llega a su adultez en aproximadamente 15 años terrestres, tiempo en

que nos dedicamos a aprender los oficios para la sobrevivencia de la raza, entre otras

cosas. Después de eso nos dedicamos a trabajar, turnándonos en los trabajos; así, hasta la

eternidad o hasta encontrar un planeta como la Tierra. Esos días han terminado, sólo falta

que la humanidad nos acoja con los brazos abiertos, juntos cooperaremos para

administrar mejor la Tierra.

- ¿Crees que cuando se establezcan en la tierra dejen de utilizar los kozou? – preguntó

Miguel.

- No lo creo. Para los antiguos habitantes de Ioss fue una maldición, una tecnología que

cobró pesadamente su precio; pero para nosotros, que somos más jóvenes, es una

bendición. Ver el universo desde esta perspectiva es muy distinto a la visión de alguien con

vida finita…

- ¿No se aburren de vivir tanto?

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