La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- ¡Sí, Señor!

Waterstone despertó completamente, olvidando la temática de su último sueño, dirigiéndose a las

salas de control para confirmar la presencia de extraños, tanto con los radares como con el satélite.

Miguel e Imh se escondieron cerca de las entradas por las que saldrían los vehículos armados a

revisar las locaciones con problemas, mientras que la vigilancia del faro apuntaba frenéticamente

a todos lugares, buscando alguna rata que pudiera estar intentando atravesar la reja electrificada.

Este descontrol virtual les dio la oportunidad de colarse en la base, después de que salieran los

jeeps militares, cerrándose las puertas detrás de sus espaldas.

- ¡Estamos dentro, Imh! – exclamó Miguel, mentalmente, alegre por que se encontraban

sanos y salvos. Aún.

- Lo logramos. Ahora, separémonos, estamos en la zona A385. Debes ir a la zona C3314O,

sigue el mapa GPS que marcaré en tu visión. Yo iré hacia E444Y. El vínculo mental seguirá

activo, debemos desactivar las fuentes al mismo tiempo – respondió Imh, hablándole

directamente al cerebro de Miguel.

- Entendido. Después de eso vamos por Neilaress, ¿cierto?

- Exacto. De funcionar todo a la perfección, no deberíamos encontrar ningún obstáculo para

huir de la base, sin intercambio de golpes.

- Confiemos. Nos vemos más rato, Imh.

- Suerte, Miguel… Y gracias, nuevamente.

- You’re welcome – respondió Miguel, con tosco inglés mental, sin perder el acento que su

lengua le daba.

Los muchachos invasores dividieron sus caminos, corriendo en direcciones contrarias. Los pasillos

que recorrieron estaban vacíos, a pesar de que la base se encontraba bajo amenaza de ataque,

organizándose recién todos los efectivos presentes bajo el mandato del comandante Waterstone,

quien reunió a los soldados en el gimnasio del recinto.

- Imh, ¿las cámaras no pueden vernos? – preguntó Miguel, mientras se alejaba corriendo

por los solitarios pasillos.

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