La ultima morada. Zona Prohibida.

wyneg

¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

lo tragó inmediatamente, para no producirse tos por el seco aperitivo recién engullido, pero tuvo

que beber un poco de agua del río para ingerirlo definitivamente.

Al terminar de beber agua, recibió una nueva señal proveniente del mismo río, pero esta se estaba

desplazando. Dejó su bolsa en el piso y se sentó en la orilla del torrente para enviar mandatos a

sus instrumentos sumergidos, los que comunicaron estar en el interior de un par de pirañas. No

demoró más que algunas décimas de ciclo en controlar a los dos animales, dirigiendo sus

movimientos al lugar en donde se encontraba, mandándoles saltar fuera del agua y caer al lado de

ella. Ya que los peces habían cuidado sus pertenencias todo este tiempo dentro de sus cuerpos,

optó por no matarlos, enviando los kozou al borde exterior de sus agallas y aglomerándolos en

unos pequeños puntos que extirpó manualmente, les devolvió al caudal.

Ingirió los instrumentos recién recuperados, pero le faltaban unos más, los que estaban en el

terreno en que cayó al salir despedida de la nave. Rememoró el camino recorrido antes de llegar al

borde del río y caminó sobre sus pasos, llegando al sitio aproximado de su caída. Envió una nueva

señal pulsante, recibiendo dos respuestas simultáneas, una cercana a sus pies y otra a 297,7 senx

de su posición, los cuales comunicaron no pertenecer a ella. Era una respuesta de sus compañeros,

aunque muy débil, lo que le preocupó un poco.

Recogió rápidamente la porción de suelo que contenía sus kozou, el que estaba compuesto por

tierra húmeda y hojas degradadas, echándoselo directamente en la boca para mascarlo y tragarlo.

Corrió a toda velocidad a través de la selva, evitando todos los obstáculos que se le presentaban,

saltando grandes porciones de terreno para llegar al lugar en el que podían encontrarse sus

camaradas. A medida que avanzaba, la llamada se hacía más fuerte, aumentando

proporcionalmente su preocupación, debido a que no encontraba rastro alguno de la nave en las

proximidades.

Al llegar al lugar señalado, no encontró nada. No estaban sus camaradas; tampoco la nave.

Solamente había una gran extensión de tierra removida y árboles quebrados, signos que indicaban

una colisión; además de marcas en el piso que seguían un patrón geométrico, formando largas

líneas paralelas a lo largo del terreno. Dejó caer su bolsa, abalanzándose al sitio que contenía los

kozou, que pertenecían al primer tripulante, Kreneo. No entendía lo sucedido, pero parecía ser

que casi toda la sangre de su compañero había sido vaciada en ese suelo, esparciendo sus

maquinarias por la superficie que pisaba, debiendo estar muerto en ese momento. También

parecía ser que alguien se hizo cargo del aparato siniestrado y sus tripulantes.

No deseaba comer más polvo ni hojas, así que después de excavar los emplazamientos en que se

encontraban los kozou de Kreneo –mezclados con tierra– los recolectó en un agujero que cavó en

el piso, compactado y cubierto con trozos de su traje, el que cortó con el cuchillo de piedra tallada,

dejando al descubierto su espalda y parte de su vientre. Sacó todo el contenido de su bolsa de piel

y se encaminó de vuelta al río, llenándola de agua hasta el tope, ya que las costuras filtraban poco

a poco el fluido.

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