La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- Eso no es importante ahora, el viejo parece no estar armado y no quiere que los soldados

utilicen sus armas si tienen cerca a sus compañeros, es una chance… ¡Derrotémoslos a

todos!

- ¡Entendido, jefa!, ¡Hagamos papilla de gringos!

Imh y Miguel saltaron en medio del grupo de expectantes soldados, atacando con veloces y

certeros golpes, no golpeando más de tres veces a cada uno. Los muchachos no dejaban de

moverse por las instalaciones, golpeando como ráfagas de sombras moviéndose a alta velocidad,

como cometas oscuros rebotando en el piso y paredes de la base, atacando desde todos los

ángulos posibles. Waterstone identificó la visión infrarroja de los muchachos, pero su herramienta

más útil era la visión electromagnética, con ella podían reaccionar ante cualquier amenaza sin

siquiera verla, y esto era información desconocida por el comandante.

Los muchachos se tomaban hasta varios minutos para retomar sus arremetidas, despistando a los

guerreros más diestros del grupo, que aún no caían presa frente a las embestidas, disparando sus

armas en todas direcciones, gritándoles para amedrentarlos, intentando dar con alguno de los no

cuantificados invasores.

- ¿Cuántos son, cuantos enemigos son? ¡No podemos estar perdiendo contra un solo

atacante! –cavilaba Waterstone, agarrando su pistola semiautomática guardada dentro de

su chaqueta, esperando a desenfundarla en cualquier momento–. ¿Por qué te demoras

tanto, Tofalos-Smith?

Un sonido metálico rompió la calma del lugar, dirigiendo las miradas de todos los presentes hacia

el techo de la base. Era la cúpula metálica que comunicaba el galpón en la superficie con el

subterráneo, que llevaba tiempo deshabilitada, utilizada para subir y bajar los vehículos que se

desarrollaban en los laboratorios secretos de Sonora, contando también con una plataforma

elevable. Los soldados que el comandante envió a abrirla intentaban con todo su esfuerzo la

apertura de la compuerta, acabando así con el factor sorpresa de los atacantes.

- Miguel, no alcanzaremos a derrotar a todos los soldados, debo abandonar el lugar por un

momento para recuperar la bitácora, es parte del plan B. Sigue atacando de ese modo y

todo resultará bien – comunicó Imh, terminando de noquear a un oponente.

- Entendido, pero no te demores mucho, no sé si seré capaz de aguantar tanto tiempo solo

– respondió Miguel, escondiéndose en las sombras después de atacar.

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