La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

El doctor Rodríguez dispensó una interconsulta a Miguel para que visitase dentro de dos días a un

amigo suyo dedicado a la psicología, dando por finalizada la reunión. Acompañó a su paciente

hasta la sala de espera, donde le esperaba su abuela, comunicándole el resultado de los exámenes.

- Buenas tardes, señora. Su nieto va a necesitar mucho de su apoyo de ahora en adelante.

Los exámenes no salieron buenos y, como lo conversamos hace tiempo, es una

enfermedad sin tratamiento actualmente, sobre todo con la velocidad de avance que

muestra. Lo derivé con un amigo psicólogo para que le ayude en la parte emocional y lo

asesore en la búsqueda de alguna institución que le enseñe a leer el alfabeto braille…

- ¿O sea que…? – asaltó la anciana, con voz acongojada.

- Si, Abu. Me voy a quedar ciego dentro de poco – remató Miguel, asintiendo.

- Es importante que le apoye en lo que viene, señora. Esta enfermedad incapacitará a

Miguel en la medida que él se deje afectar. Al principio le costará mucho adaptarse a su

nueva condición, pero después de un tiempo podrá movilizarse de forma independiente y

desarrollarse personalmente, inclusive puede trabajar, mas todo recae en el esfuerzo que

ponga en su recuperación – sentenció el médico.

- ¿Adaptarse o morir, cierto? – preguntó Miguel, soltando una sonrisa, para despreocupar a

su abuela.

- Desde mi punto de vista, sí – finalizó Rodríguez.

Rodríguez despidió a Miguel y a su abuela recordándole sus indicaciones, partiendo raudamente a

su oficina para seguir con su trabajo. Mirta miraba de reojo a su nieto mientras caminaban,

guardándose la pena para cuando estuviera a solas, no quería importunarlo con sus lloriqueos ni

hacerle sentir más miserable de lo que debía estarse sintiendo. Caminaron en silencio hacia la

salida del hospital, dirigiéndose hacia el paradero de transporte público más cercano. Ahí se

sentaron a esperar, momento en que la anciana le habló.

- ¿Cómo estas, Miguel? Pero quiero que seas sincero, no quiero que me digas palabras

tranquilizadoras, nada más.

- Me siento mal, Abu. ¿Qué haré de ahora en adelante? No puedo volver a estudiar mi

carrera, no puedo diseñar o controlar máquinas sin mis ojos. No podré leer, no podré ver

el mundo. ¿Cómo me voy a cuidar a mí mismo y a ti?, ¿Cómo pagaré las deudas del crédito

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