La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

Resurgiendo de entre las sombras

- Efectivamente, puedes ver. Te recomiendo ir al optometrista, para confirmar tu agudeza

visual – concluyó el doctor Rodríguez, terminando de revisar los ojos de Miguel.

- Gracias por venir hasta acá de forma tan repentina – agradeció Mirta, sentada frente a la

camilla de su nieto, compartiendo la mitad del asiento con la viajera.

- No puedes decir que tienes mala suerte. Te apuñalaron; sin embargo, sobreviviste… ¡Y

estas recuperando tu visión! – dijo el médico, animando al callado chico.

Miguel estaba pensativo, con muchas dudas. Llevaba varias horas despierto, mas no se

reconciliaba con la realidad, por más auspiciosa que se mostraba. Su enfermedad se estaba

curando lentamente, de forma milagrosa, bajando la sensación de hinchazón del globo ocular;

tampoco sentía dolor en su apuñalado abdomen ni en las cercanías de la herida, debiendo senti rlo,

ya que no se le había administrado ningún calmante últimamente. ¿Estaba muerto?, ¿Estaba en un

sueño del que no podría despertar?, ¿Estaba comatoso?

Necesitaba urgentemente una dosis de realidad, precisaba una prueba de que todo esto era real.

Miró su brazo derecho, encontrando una vía intravenosa administrándole suero fisiológico, la que

retiró de la peor manera posible, rompiendo parte de la vena y rasgando un poco su piel. El dolor

fue agudo, convenciéndole en parte de que estaba en la vida real; no obstante, necesitaba

pruebas definitorias. Se incorporó de la camilla, mirando con cierta desconfianza a la muchacha

viajera, intentando bajarse de esta, momento en que el dolor de la puñalada revivió, tumbándole

nuevamente.

- ¡¿Qué hace?! – gritó una enfermera al ver que Miguel se sacó la vía de forma tan

desastrosa e intentaba incorporarse.

- ¡Auch! Eso dolió, creo que me confié demasiado –dijo Miguel, adolorido y en voz baja, sin

dejar de mirar a la joven–. Abu, ¿Quién es ella?

- ¡Oh! ¿No la viste cuando pasó junto a nosotros en la calle donde nos atacaron? ¡Ella te

salvó! – respondió Mirta, señalándola con sus manos como si se tratara de un premio.

- De no ser por ella, la puñalada hubiera penetrado más en tu abdomen. Sufrió un corte en

la palma de su mano al detener, en parte, la hoja del cuchillo – contó Rodríguez, que se

enteró de la historia cuando habló con Mirta.

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