La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

La viajera, al notar que se referían a ella, mostró su mano vendada, corroborando la narración del

médico.

- ¡También noqueó a los salvajes que te atacaron, te cargó al taxi y al hospital! Es muy

fuerte… No sabemos su nombre y parece que es extranjera. No entiende ni español ni

inglés, según nos dijo el enfermero que la curó, pero parece entender ciertas cosas –

secundó con emoción Mirta, apoyando la historia de Rodríguez.

- ¿Y qué hicieron con los tipos?

- Nada. Como te estabas desangrando, los dejamos tirados en la acera. Al llegar al hospital

me olvide del tema… Debería haber llamado a los carabineros – se lamentó Mirta,

pensando en que los malhechores debían ya caminar nuevamente, impunes.

- Bueno, según mi revisión, podrías irte a casa, para desocupar esta camilla; sin embargo,

por si acaso, reposa hasta mañana. De seguro te darán el alta y citaciones para las

curaciones de la herida – dictaminó Rodríguez, guardando sus instrumentos para irse a la

consulta de su hospital.

- Gracias, nuevamente, doctor Rodríguez – dijo Mirta, despidiéndose del médico.

- No se preocupe. Igualmente quiero realizar un seguimiento a Miguel, llámeme al mismo

número al que me contactó para seguir el avance de esta milagrosa recuperación. Quiero

realizarle algunos exámenes también. Nos vemos, cuídense – dijo el terapeuta,

despidiéndose de todos.

- ¿Cierto que es un milagro, doctor? ¡Recé tanto porque algo así ocurriera, hasta que pasó!

¡Dios me escuchó! – chilló la abuela, emocionada.

- Creo que es la única forma de explicar esto. Un milagro inesperado. Aprovéchalo, Miguel.

El horario de visitas había terminado. Miguel se despidió afectuosamente de su abuela,

abrazándola por largo rato, y también de la joven viajera, moviendo las manos simultáneamente,

como si se estuviera viendo en un espejo. Una vez estuvo solo en su camilla, un extraño sopor le

sobrevino, arrojándolo de nuevo al sueño en que estaba la sombra, mas esta vez la imagen fue

reemplazada por la misteriosa joven que lo salvó el otro día.

Mirta volvió a su hogar a descansar, fatigada por la noche que pasó en las sillas del hospital,

esperando que dieran de alta a Miguel el día de mañana, llevando consigo a la viajera. Se subieron

en un microbús vacío, la anciana pagó el pasaje de su invitada, dejándole pasar primero. El

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