La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- ¡Pero Abu! No tengo nada que ver con su broma, ella sola la debe haber pensado –

respondió Miguel, agarrándose sus escondidos abdominales tras la pequeña barriga que

tenía.

- No entiendo su reacción, les estoy diciendo la verdad. ¿No han encontrado nada raro este

último tiempo?

- Bueno, sí. Han pasado muchas cosas extraordinarias hasta ahora; mas, eso no significa que

seas extraterrestre – respondió Miguel, tratando de guardar la compostura–. Ahora falta

que nos digas que esta no es tu forma original y que eres una enana cabezona de piel gris

y ojos rasgados.

- No esperaba que me creyeras de inmediato. Tiéndete en la cama y cierra los ojos, te

mostrare una prueba irrefutable – habló Imh, directamente al cerebro de Miguel, sin

mover los labios.

- ¡Guau! ¿Viste, abuela? ¡Habló clarito sin mover la boca! Si eres ventrílocua, eres la me jor

que he visto hasta ahora, la reina de todas.

- Eh… Miguel. Ella no dijo nada. No emitió ninguna palabra – expresó Mirta, palideciendo

ante la reacción de su nieto, cambiándole la expresión al rostro del muchacho.

- ¿Qué? ¡Tú no me jorobes, Abu! ¡Acaba de hablar! – bramó Miguel, con una sonrisa

nerviosa, pensando en que ahora le gastaban una broma a él.

- No, no lo hizo, Miguelito.

- Recuéstate y cierra los ojos –pidió nuevamente Imh, comunicándose de forma interna con

Miguel–. Ahora le mostraré la verdad a su nieto, lamentablemente no puedo hacer lo

mismo con usted, pero también le probaré que no juego con lo que dije – expresó la

muchacha con palabras.

Miguel se recostó en su cama, cerrando lentamente los ojos, apretando los párpados como si

fuera a recibir un golpe mientras no veía. Estaba aterrado con la situación, ¿acaso iba a ser

controlado psíquicamente por una extraterrestre?, ¿Estaba despierto o soñaba aun? Si era una

pesadilla, deseaba despertar inmediatamente y huir del lugar.

- No, no estas soñando. Relájate, Miguel. No corren ningún tipo de peligro conmigo –

tranquilizó la muchacha al asustado joven.

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