La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

Capítulo 1

Ellos realmente llegaron

Brasil, Lunes 05 de enero de 2015. Base Amazonas.

Si bien el clima amazónico no era del todo agradable, la locación resultaba perfecta para ese tipo

de pruebas, sólo encontrándose población indígena y cero presencia de artefactos electrónicos en

las cercanías. Por estas razones, no era de extrañarse la reasignación de la base experimental de

nuevas tecnologías de bajo perfil a este terreno, que en sus inicios estuvo ubicada –de forma

solapada– en el desierto de Sonora, México, a pesar de ser una instalación norteamericana.

El comandante de operaciones John Waterstone, quien luchó activamente en la guerra de Irán en

los años 2012 a 2013, fue designado a esta nueva base experimental para controlar los

procedimientos referentes a la implementación de nuevas aeronaves de espionaje, el proyecto –

en desarrollo– llamado 31M224.

Waterstone siempre presentaba un semblante tranquilo, lo que no coincidía con el resto de su

cuerpo, ya que el trabajo en terreno le había dado un aspecto agresivo y corpulento, luciendo sus

1,82 metros de altura. A pesar de su edad, era capaz de trotar con todo el equipaje de un soldado

en situación de guerra, incluso superando a jóvenes promesas bajo su mandato. Sus manos

curtidas por el trabajo, sólidas como rocas, se conservaban expertas en manejo de armas y otras

técnicas, como lo es la reducción de pelaje corporal, lo que es conocido vulgarmente como corte

de cabello. Su bien cuidado bigote lo demostraba, además de su raso peinado, lo que mantenía

ocultas las incipientes canas respectivas de su edad.

Bajo el ardiente y húmedo sol amazónico, y a diferencia del calor seco de Irán, el comandante

Waterstone recordaba los últimos meses. El infierno de la guerra. La inconclusa búsqueda de

armas de destrucción masiva, mientras miles de americanos morían a manos de terroristas que

amenazan al mundo con un invierno nuclear. Sí, extrañaba el invierno, pero la nostalgia del frio le

recordaba también porqué había sido designado a esta nueva base. De no haber recibido esa bala

perdida, ¡Oh, Dios! Si la mala suerte tiene nombre, de seguro es John y su apellido, Waterstone. Su

rodilla izquierda había sido destruida en una intervención realizada a un hotel abandonado en

búsqueda de terroristas. Fue hecha añicos. Tuvo que arrastrarse como una pequeña lagartija hasta

encontrar refugio en una habitación del sitio que atacaron, sus 57 años pesaban más en ese

momento, lo que adjudicó a la cuantiosa pérdida de sangre.

Sus oídos zumbaban, con cada segundo que pasaba, se oían más lejanamente los tiros y

explosiones; su visión se volvía cada vez más clara, mientras que las fuerzas se evaporaban de su

cuerpo. Antes de desvanecerse completamente, sintió que era arrastrado por el piso, no le

importaba si era el enemigo o no; si les gustaba la carne muerta, ya no era su problema.

De no ser por la ayuda de su valeroso y jovial comando, no lo habría logrado. Despertó una

semana y media después, su primer sentido en reanimarse fue el oído –y quién no– ya que se

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