La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- Yo lo encuentro rápido – replicó Miguel, sintiéndose tocado por la configuración de su

preciada computadora.

- Ya inició, ¿cómo te conectas a internet?

- Mira ese icono, ¿ves esas barritas? Eso indica que estoy conectado a internet. Físicamente,

es este cable azul el que me conecta a la red – dijo Miguel, agarrando la conexión.

- Entiendo.

- Antiguamente, se conectaba a través del teléfono, con modem, mas en ese tiempo no

tenía computadora. ¡Ah! También me puedo conectar de forma inalámbrica, cuando no

tenemos para pagar la cuenta, para eso me compré esta tarjeta de red. Eso es una pillería

que hago de repente, le robo internet a los vecinos, con un programa puedo adivinar su

clave de acceso.

- ¿Eso tendrá que ver con la señal electromagnética que vengo captando hace días,

proveniente de la casa trasera?

- Lo más seguro es que así sea.

Miguel escribió en el buscador el nombre de la escuela de aviación, accediendo al sitio de la

institución. Revisaron la página por un rato, explicándole la forma de navegar en la red y el uso de

los programas. Luego de un rato, Miguel envió un e-mail al contacto, preguntando si realizaban

visitas públicas, esperando la respuesta de los militares.

- Bueno, no podemos hacer nada más en este momento, sólo esperar la respuesta de los

aviadores.

- Entonces te dejo tranquilo. Descansa, Miguel.

- Buenas noches, Imh.

La muchacha se retiró a la habitación contigua, dejando a Miguel solo con sus pensamientos,

quien apagó la computadora y la luz de su pieza, abriendo la ventana de la terraza, dejando entrar

la brisa fresca de la noche. Se desvistió, quedando en ropa interior, y tumbó encima de la cama,

acalorado. Este sería, lejos, el día más raro de su vida. No tenía dudas de aquello, esperaba no

olvidarlo nunca.

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