La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- No, no es eso, Miguel. ¡Entendiendo que te pasó, podríamos ayudar a mucha más gente!

- Yo no lo veo así. Muchas gracias y hasta luego. No intente llamarme, porque no le

contestaré y mi abuela tampoco– dijo Miguel, colgando el teléfono, esperando que el

médico entendiera que no se dejaría examinar por nadie.

Había protegido a su salvadora, pero tuvo que sacrificar la buena relación que tenía con Rodríguez.

Claramente entendía la posición del médico y sabía que nadie se interesaría en invertir en la salud

de otros sin buscar una retribución, fuera económica o asociada al conocimiento. Igualmente

quedó con cierto sinsabor por notar cómo funcionaba la gente; no obstante, no tenía por qué

entristecerse, su vida era otra ahora. Y la disfrutaría.

Durante el almuerzo, Imh habló con Miguel, comentándole sobre los exámenes que quería realizar

el médico. La muchacha alivió la ansiedad del joven, explicándole que de realizarle cualquier

examen, no encontrarían nada. Los kozou se alojarían en un lugar al que no pudieran tener acceso,

dejando de circular por la sangre y los cambios genéticos que revirtieron su condición eran locales

e imposibles de rastrear.

- Renové las células mutadas de tus ojos y del nervio óptico, reparándolas. No hice nada

más. Mas, no lo dejare así, planeo limpiar todo tu genoma de imperfecciones y/o

adiciones externas, eso demorara unos años, pero serán pocos. Dos como máximo.

- ¿Qué? Espera, espera… ¿Qué dices? ¿Cómo cambiaras mi genoma? ¿Qué adiciones

externas?

- Virus y mutaciones, por supuesto. Y el cómo lo haré es mi trabajo, tú no te preocupes.

Supongo que quieres que tu cuerpo trabaje al 100%.

- Sí, obvio que quiero. Pero, ¿me dolerá?

- No, imposible. Ni lo sentirás, no en sus comienzos.

Imh sorprendía cada vez más a Miguel y Mirta. Era una especie de bendición caída de alguna parte

del universo, como una estrella fugaz que cumplía cualquier deseo antes de perderse en el

horizonte, límite que parecía no encontrarse cercano.

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