La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

- ¿Capa de ozono? Eso lo sacaste de internet, ¿cierto? ¿No temías perderte? – preguntó

Miguel, suavizando su tono al hablarle a Imh, lanzándole un beso a su abuela en señal de

disculpa por haberla mirado de mala manera.

- ¿Perderme? No. Puedo memorizar las calles si lo preciso, salí para comprobar otra cosa.

En la web conocí acerca de los satélites que orbitan la tierra, sobre su uso en las

telecomunicaciones y el posicionamiento global.

- ¿GPS? – pensó en voz alta Miguel.

- Sí. Logré conectarme a un satélite vía internet y descargué los mapas de Santiago, así que

salí a recorrer para comprobar que las direcciones fueran correctas. Eso me servirá para

cuando encuentre el paradero de Neilaress, conociendo los accesos y salidas al lugar en

que lo tienen cautivo.

- ¡Deja de sorprenderme, Imh! ¿Hay algo que no puedas lograr? – preguntó Miguel, que

siempre hallaba nuevas vetas en la extraterrestre.

- Sí, hay varias cosas; mas, si te las digo, sabrás mis debilidades. ¿Quieres probar el sistema?

- ¡Ya, no hagan más planes, es hora de almorzar y ninguno saldrá de aquí sin algo en el

estómago! – gritó Mirta, antes de que los jóvenes se escaparan de nuevo.

- Sí, almorcemos primero, antes de que mi abuela nos castigue – ironizo Miguel, recibiendo

un suave golpe con una cuchara de madera de la anciana.

Los jóvenes almorzaron rápidamente, casi tragando lo preparado por Mirta y lavándose los dientes

con vehemencia, salieron de la casa. Miguel le prometió a su abuela que saldrían por poco rato y

que volvería con un regalo para ella, despidiéndose con un afectuoso beso en su mejilla. Fuera de

la casa, Imh lo detuvo para instruirlo en lo que harían.

- Bueno, lo implementé de forma básica, espero mejorarlo en un futuro cercano.

- ¿Qué debo hacer?

- Nada. Ahora, te integraré al sistema. Lo ejecutaré en mi mente, sin embargo lo verás como

si también lo estuvieras utilizando.

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