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Tratado de métodos de análisis<br />

de los sistemas económicos<br />

mundialización capitalista y crisis sistémica


Autoridades<br />

Directorio<br />

Eudomar Tovar<br />

Presidente<br />

Armando León Rojas<br />

José Félix Rivas Alvarado<br />

José Salamat Khan Fernández<br />

Julio César Viloria Sulbarán<br />

Nelson J. Merentes D.<br />

Jorge Giordani<br />

Representante del Ejecutivo Nacional<br />

Administración<br />

Eudomar Tovar<br />

Presidente<br />

José Salamat Khan Fernández<br />

Primer Vicepresidente Gerente (E)<br />

Comité Permanente de Publicaciones<br />

José Félix Rivas Alvarado<br />

Presidente<br />

Armando León Rojas<br />

Carlos Mendoza Pottellá<br />

Jaime Luis Socas<br />

Iván Giner<br />

Txomin las Heras


luciano vasapollo<br />

Tratado de métodos de análisis<br />

de los sistemas económicos<br />

mundialización capitalista y crisis sistémica


Catalogación en fuente de Biblioteca Ernesto Peltzer<br />

Vasapollo, Luciano<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos : mundialización<br />

capitalista y crisis sistémica / Luciano Vasapollo. – Caracas: Banco Central de<br />

Venezuela, 2013. – 920 p.–<br />

Colección. –<br />

ISBN: 978-980-394-088-1 (Ejemplar). –<br />

1. Sistemas económicos 2. Economía comparada 3. Capitalismo 4. Socialismo<br />

5. Marxismo 6. Producción (Teoría Económica) 7. Política económica<br />

8. Imperialismo I. TÍTULO<br />

Clasificación Dewey: 330.15/ R845<br />

Clasificación JEL: B2; H1<br />

Edición original en italiano: Trattato di economia applicata.<br />

Analisi critica della mondializzazione capitalista,<br />

Editoriale Jaca Book, Milán, 2006<br />

© International Copyright Editoriale Jaca Book<br />

Todos los derechos reservados<br />

© De esta edición: Banco Central de Venezuela, 2013<br />

Producción editorial<br />

Gerencia de Comunicaciones Institucionales<br />

Departamento de Publicaciones, BCV<br />

Avenida Urdaneta, esquina de Las Carmelitas<br />

Torre Financiera, piso 14, ala sur<br />

Caracas 1010, Venezuela<br />

Teléfonos: 801.5514 / 8380 / 5235<br />

Fax: 536.9357<br />

publicacionesbcv@bcv.org.ve<br />

www.bcv.org.ve<br />

RIF: G-20000110-0<br />

Traducción<br />

Hernán Carrera<br />

Diseño gráfico y diagramación<br />

Diana Chollett<br />

Corrección de textos<br />

María Bolinches<br />

Impresión<br />

Litoven C.A.<br />

Hecho el Depósito de Ley<br />

Depósito legal: lf35220133302856<br />

ISBN: 978-980-394-088-1<br />

Impreso en Venezuela – Printed in Venezuela


ÍNDICE<br />

Prefacio a la presente edición<br />

Agradecimientos<br />

Presentaciones<br />

otras Presentaciones<br />

Prefacio La economía: entre ciencia y “no ciencia”<br />

XVII<br />

XIX<br />

XXI<br />

XXXI<br />

XXXV<br />

PRIMERA PARTE PARA UNA CRÍTICA A LOS FUNDAMENTOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

Introducción Por una reconstrucción crítica de la fase actual<br />

del capitalismo en proceso de mundialización 3<br />

CAPÍTULO I ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

1. La esencia del capitalismo 17<br />

2. Dimensiones fundamentales del funcionamiento de un sistema económico capitalista 19<br />

3. Conceptos para la valoración del funcionamiento del sistema económico capitalista 21<br />

4. La vigencia del análisis marxista del sistema capitalista: una discusión aún abierta para<br />

la crítica de la economía política y aplicada 22<br />

Capítulo II LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

1. Antes de Marx 35<br />

2. La contribución de la escuela socialista 37


3. La utilización socialista de Ricardo 38<br />

4. Thomas Hodgskin 39<br />

5. John Gray 40<br />

6. Robert Owen 41<br />

7. Claude-Henry Saint-Simon 42<br />

8. Sismonde de Sismondi 43<br />

9. Pierre-Joseph Proudhon 44<br />

10. Hacia el socialismo científico: Rodbertus, Weitling 47<br />

11. La mistificación de la economía política, según Marx 51<br />

CAPÍTULO III CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA<br />

(EL CORAZÓN DEL PROCESO PRODUCTIVO)<br />

1. Modo de producción capitalista y teoría marxista del valor 57<br />

2. Plustrabajo-plusvalía 66<br />

3. Las clases sociales 73<br />

4. Marx y el valor: a manera de recapitulación 74<br />

5. Por un uso del análisis marxista en los desafíos actuales 77<br />

SEGUNDA PARTE CATEGORÍAS Y DINÁMICAS DEL SISTEMA CAPITALISTA<br />

CAPÍTULO I FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

1. Las categorías marxistas y su traducción estadística 87<br />

2. Limitaciones de los conceptos económicos neoclásicos convencionales 89<br />

3. La centralidad del debate sobre trabajo productivo e improductivo 90<br />

4. La contabilidad nacional 96<br />

5. Los operadores económicos 96<br />

6. El PNB y el PIB 100<br />

7. Renta, consumo y ahorro 107<br />

8. La inversión como categoría central del sistema capitalista 109<br />

9. Inversión productiva e improductiva 111<br />

10. La dinámica de las inversiones fijas 114<br />

11. Distribución y redistribución de la renta 116<br />

CAPÍTULO II CONTABILIDAD NACIONAL EN LA ECONOMÍA DOMINANTE<br />

1. Algunos problemas planteados por la contabilidad nacional 121<br />

2. Análisis crítico del sistema de cuentas nacionales 126<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

VI


CAPÍTULO III PARA UNA CRÍTICA DE LA CONTABILIDAD NACIONAL<br />

1. El marxismo y el sistema de cuentas nacionales 131<br />

2. Hacia una macroeconomía alternativa 133<br />

CAPÍTULO IV LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

1. Indicadores macroeconómicos para los modelos de crecimiento cuantitativo 137<br />

2. Modelos económicos 144<br />

3. Dinámica económica y modelos: los límites teóricos de la economía dominante 149<br />

TERCERA PARTE CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA A LA ESTRUCTURA DE GESTIÓN:<br />

EL SISTEMA EMPRESA Y EL SISTEMA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

CAPÍTULO I POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

1. Los modelos de empresa y los sistemas de valoración 177<br />

2. Aspectos particulares y determinación contable del autofinanciamiento 192<br />

CAPÍTULO II LA EMPRESA SOCIALISTA: MICROECONOMÍA DEL SOCIALISMO<br />

1. Reglas básicas de funcionamiento 223<br />

2. Algunas reflexiones sobre el doble carácter del proceso de gestión pública<br />

de la empresa socialista 226<br />

CAPÍTULO III POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

1. Evolución de las bases conceptuales de la Administración Pública 235<br />

2. Los proceso de reforma en la gestión pública para la construcción socialista 238<br />

3. Validez, eficacia y eficiencia en la Administración Pública 242<br />

4. La necesidad de establecer sistemas e indicadores de control 245<br />

5. Importancia y beneficios del control 252<br />

CAPÍTULO IV ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS RELACIONES ENTRE ESTADO<br />

Y POLÍTICA ECONÓMICA<br />

1. Instrumentos y mecanismos 255<br />

2. Las funciones actuales de la Administración Pública 257<br />

3. El análisis de las políticas públicas como fuente de ejercicio de la Administración Pública 259<br />

4. Del ciclo de la política pública al análisis de la política pública 260<br />

VII


CAPÍTULO V POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA<br />

APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

1. Bases conceptuales y fundamentos de la concepción del Estado y de la<br />

Administración Pública contemporánea 263<br />

2. Nota sobre algunas concepciones “débiles” del marxismo ortodoxo en lo referente<br />

al Estado. El contexto actual del profit State 268<br />

3. Para una aproximación al análisis del Estado en la fase neoliberal:<br />

profit State contra welfare State 275<br />

4. El servicio público en la construcción socialista 284<br />

5. La gestión pública socialista y el proceso de construcción del socialismo 285<br />

CUARTA PARTE CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA A LOS SISTEMAS ECONÓMICOS:<br />

REGULACIÓN Y PLANIFICACIÓN EN EL CAPITALISMO Y EN EL SOCIALISMO<br />

CAPÍTULO I CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

1. Cuál liberalismo, cuál economía de mercado, cuál globalización 293<br />

2. La financiarización de la economía 299<br />

3. Liberalización financiera, el dinero capitalista y la asimetría monetaria 301<br />

CAPÍTULO II SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN Y DE<br />

PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

1. Un repaso a los principios de la planificación 311<br />

2. Reflexiones sobre el caso de Italia 314<br />

3. Particularidad de la planificación socialista 320<br />

4. Reflexión sobre la actualidad de la planificación socialista 322<br />

CAPÍTULO III OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

1. La transición al socialismo: los diversos enfoques 327<br />

2. Cambios en los modelos económicos socialistas 329<br />

3. Características particulares de algunos modelos de planificación económica 330<br />

CAPÍTULO IV CUBA: LAS DIVERSAS FASES DE LA PLANIFICACIÓN<br />

1. La visión de Guevara y la participación popular 343<br />

2. De fines de los años sesenta al Período Especial 350<br />

3. Elaboración del plan y poder popular 353<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

VIII


CAPÍTULO V LA VALIDEZ DE ALGUNOS INSTRUMENTOS ANALÍTICOS DE<br />

LA MACROECONOMÍA<br />

1. Potencialidad analítica de las tablas input-output y de otros instrumentos. Su utilización 357<br />

2. El alto potencial de las tablas de interdependencias sectoriales 359<br />

QUINTA PARTE CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA MUNDO.<br />

LA ECONOMÍA ABIERTA: EL COMERCIO INTERNACIONAL Y EL IMPERIALISMO<br />

CAPÍTULO I COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS<br />

A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

1. Ciclos largos e internacionalización de los mercados 367<br />

2. El papel del comercio internacional 371<br />

3. La teoría clásica del comercio internacional 374<br />

4. La visión neoclásica del comercio internacional: el teorema de Heckscher-Ohlin (-Samuelson) 376<br />

5. Crítica de la teoría de la especialización internacional a través del comercio 378<br />

6. La crítica de Joan Robinson 379<br />

7. Crítica marxista de los costos comparados 383<br />

CAPÍTULO II EL ANÁLISIS ESTADÍSTICO-ECONÓMICO DE LAS RELACIONES<br />

INTERNACIONALES<br />

1. La estructura de la balanza de pagos 391<br />

2. Algunos factores críticos 397<br />

CAPÍTULO III LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE<br />

LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

1. El enfoque de Marx 401<br />

2. Formación del capital financiero (Kf) 402<br />

3. La teoría del imperialismo en Lenin 403<br />

4. Estados Unidos como economía imperialista 407<br />

5. Imperialismo económico 409<br />

6. No solo Estados Unidos: el Europolo en la competencia global 423<br />

CAPÍTULO IV IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

1. El conflicto norte-sur, pero también este-oeste 435<br />

2. El desarrollo desigual y combinado 440<br />

IX


3. Neoliberalismo y desarrollo desigual también en los países de capitalismo maduro 448<br />

4. Imperialismo y financiarización en la fase actual de la mundialización:<br />

recaídas (no solo) económico-productivas de la competencia global 450<br />

5. Imperialismo y economía militar estadounidense: el complejo militar-industrial 453<br />

SEXTA PARTE<br />

TENDENCIAS ACTUALES DEL CAPITALISMO: ENTRE EL CRECIMIENTO CUANTITATIVO<br />

Y LA CRISIS ESTRUCTURAL<br />

CAPÍTULO I ALGUNOS MODELOS Y CATEGORÍAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE LA<br />

FASE ACTUAL DEL CAPITALISMO MUNDIALIZADO<br />

1. Cuatro criterios de relevancia general 469<br />

2. Competencia, concentración, monopolio 470<br />

3. Composición orgánica del capital y caída tendencial de la tasa media de ganancia 472<br />

4. Renta y plusganancias 476<br />

CAPÍTULO II LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

1. La primera revolución industrial 481<br />

2. La segunda revolución industrial y el fordismo 483<br />

3. El concepto de crisis 485<br />

4. Retrato del poder de clase 489<br />

5. La contraofensiva del capital 491<br />

6. La revolución de la información o tercera revolución industrial 494<br />

7. Pobreza en la abundancia creada por la revolución científico-técnica 500<br />

CAPÍTULO III COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

1. Cómo se generan las crisis de subconsumo y sobreproducción 505<br />

2. Ciclos y crisis económicas 506<br />

3. Los años de la gran crisis energética 508<br />

4. El carácter internacional del ciclo capitalista durante los años setenta<br />

y comienzos de los ochenta 510<br />

5. El carácter internacional del ciclo capitalista 512<br />

6. El papel del comercio exterior en la transmisión del ciclo 513<br />

7. La dependencia de las materias primas 514<br />

8. Las relaciones monetario-financieras y la transmisión del ciclo 515<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

X


9. Exportación del capital e internacionalización del ciclo 517<br />

10. El ciclo económico de los años ochenta, la política macroeconómica y el nuevo<br />

paradigma tecnológico 518<br />

11. El proceso de formación de la política económica en Estados Unidos 519<br />

CAPÍTULO IV UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL:<br />

LA INTERPRETACIÓN DE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL Y DE LA NUEVA<br />

DIVISIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO<br />

1. Consideraciones e interpretaciones en torno a la globalización neoliberal 523<br />

2. La globalización como proceso objetivo 529<br />

3. La globalización como fenómeno subjetivo: el proyecto político de la globalización<br />

neoliberal se transforma en competencia global 531<br />

4. La competencia global como fase actual del imperialismo 533<br />

5. Aspectos del actual panorama económico-financiero mundial frente al mito globalizador:<br />

el ejemplo de los fondos de pensión 540<br />

6. De la globalización de la pobreza y la desigualdad a la globalización de los<br />

derechos de la humanidad 542<br />

SÉPTIMA PARTE ESCENARIOS NEOLIBERALES Y VIGENCIA DEL ANÁLISIS CIENTÍFICO DE MARX<br />

EN LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA<br />

CAPÍTULO I EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL<br />

1. ¿Cómo continúa la revolución industrial? 551<br />

2. ¿Choque entre modelos de capitalismo? 556<br />

3. Nuevos esquemas en el gobierno de la empresa 559<br />

4. Empresa posfordista y economía del conocimiento 561<br />

CAPÍTULO II LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

1. Modelo comunicacional y control social 567<br />

2. La economía del conocimiento para los paradigmas de la sociedad<br />

de la comunicación desviante 572<br />

3. Sociedad y procesos inmateriales en la economía del conocimiento:<br />

una aproximación desde la teoría marxista 580<br />

4. ¿El valor del conocimiento o el conocimiento creador de valor? 586<br />

XI


CAPÍTULO III DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS<br />

EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

1. El sistema internacional de dominación político-económica 591<br />

2. El mercado del capital financiero global 597<br />

3. Los instrumentos para la “interdependencia económica”; es decir, las estrategias<br />

para imponer la dependencia en la competencia global 599<br />

4. Los programas de ajuste estructural (PAE) como estrategia política<br />

de la globalización neoliberal 610<br />

5. Consideraciones generales sobre las reformas estructurales 619<br />

6. Consecuencias de la aplicación de las políticas neoliberales 622<br />

7. Los resultados de las políticas neoliberales: saqueo y explotación bajo ropaje “tecnocrático” 629<br />

CAPÍTULO IV NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN<br />

DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

1. El proletariado moderno en las nuevas contradicciones capital-trabajo 633<br />

2. La desocupación estructural y la precariedad como características del sistema posfordista 639<br />

3. Colocados en la poscrisis: retomar las filas del conflicto capital-trabajo en la<br />

dimensión internacional 644<br />

OCTAVA PARTE CAPITAL CONTRA NATURALEZA<br />

CAPÍTULO I CÓMO EL CAPITALISMO DESTRUYE A LA HUMANIDAD<br />

1. Una “desnaturalizada” mundialización del capital 657<br />

2. La sociedad del consumismo y del desarrollismo cuantitativo 663<br />

CAPÍTULO II UN “DESARROLLO SUSTENTABLE” DE MERCADO, DENTRO DE LAS<br />

DINÁMICAS DEL DESARROLLISMO CUANTITATIVO DEL CAPITAL<br />

1. ¿Cuál desarrollo, sustentable cómo, por qué y por quién? 669<br />

2. Los límites de un crecimiento sin progreso y sin desarrollo solidario y autodeterminado 671<br />

CAPÍTULO III EL CAPITAL DESTRUYE Y LUEGO SE MIDE<br />

1. Maldito PIB 677<br />

2. Los llamados indicadores alternativos y las leyes ambientales. ¿Cuál “perspectiva verde”? 679<br />

3. Los indicadores estadístico-empresariales para la medición del impacto ambiental 680<br />

4. Las leyes ambientales: instrumentos de control para el análisis de gestión 683<br />

5. Los indicadores de sustentabilidad 686<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XII


CAPÍTULO IV LAS ENERGÍAS “LIMPIAS” DEL CAPITAL: LOS AGROCOMBUSTIBLES<br />

Y LOS CRÍMENES PROGRAMADOS CONTRA LA HUMANIDAD<br />

1. Producir combustibles con alimentos: la monstruosidad del crecimiento 691<br />

2. Ejemplos de cumbres y controversias 694<br />

CAPÍTULO V LINEAMIENTOS CONCLUSIVOS: PARTIR DE LAS LUCHAS<br />

DE LOS MOVIMIENTOS DE BASE Y DE UNA TEORÍA ECONÓMICA<br />

SOCIOECOLÓGICA-POLÍTICA PARA UN DESARROLLO FUERA DEL MERCADO 701<br />

NOVENA PARTE LA CRISIS SE TORNA SISTÉMICA. LA SOLUCIÓN ES POLÍTICA<br />

CAPÍTULO I UNA CRISIS LARGA Y PROFUNDA, QUE VIENE DE LEJOS<br />

1. Un poco de historia y de teoría económica 713<br />

2. Crisis del proceso de acumulación 716<br />

CAPÍTULO II UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

1. Crisis contra trabajo 721<br />

2. Armas y finanzas contra los trabajadores 725<br />

3. Una competencia global con fuertes rasgos financieros 729<br />

4. La crisis es provocada por la ruptura de los fundamentos de la economía y refuerza<br />

las finanzas especulativas 735<br />

CAPÍTULO III ¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

1. Crisis del mercado capitalista: la planificación socialista como única solución 741<br />

2. Dinámica de la acumulación capitalista y crisis sistémica 750<br />

3. Una época histórica en disolución: la crisis es también de civilización 752<br />

CAPÍTULO IV EL PAPEL ACTUAL DEL EUROPOLO Y DE LOS PODERES FINANCIEROS<br />

1. Cómo se llega al Eurobang 757<br />

2. Globalización polarizada y acumulación flexible: cómo se llega a la crisis de<br />

la deuda soberana 760<br />

3. Por qué los keynesianos yerran el análisis de la crisis 763<br />

XIII


CAPÍTULO V EL CONFLICTO CAPITAL-TRABAJO SIGUE SIENDO CENTRAL<br />

1. Mundialización neoliberal y aumento de la desigualdad 769<br />

DÉCIMA PARTE A CRISIS SISTÉMICA, SOLUCIONES POLÍTICAS<br />

CAPÍTULO I NO HAY YA ESPACIO SIQUIERA PARA EL “WELFARE DE LOS MISERABLES”<br />

1. El Europolo de la pobreza 777<br />

2. ¿Cómo salir de la crisis del capital? Propuestas ante todo políticas y luego económicas 781<br />

CAPÍTULO II EL CAPITALISMO NO CIERRA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD<br />

1. Por un sistema de relaciones internacionales horizontales 787<br />

2. Poner de nuevo en el centro los intereses del mundo del trabajo: un programa<br />

mínimo de contratendencia 791<br />

3. Propuestas posibles y practicables 798<br />

CAPÍTULO III FORZAR EL HORIZONTE HACIA UNA ALTERNATIVA AL CAPITALISMO<br />

1. El problema trabajo-tecnología está en el centro de la política 801<br />

2. Alias, la nueva alianza para la planificación socioeconómica solidaria y “libera”, la nueva<br />

moneda a favor de los trabajadores 805<br />

3. La crisis como oportunidad de transformación 808<br />

BIBLIOGRAFÍA 811<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XIV


Dedico este libro a la memoria viva del Comandante Supremo de la Revolución<br />

Bolivariana, Hugo Chávez Frías, maestro imprescindible en el aprendizaje teórico y en<br />

el accionar de batallas pasadas, pero sobre todo de las que nos aguardan en el futuro<br />

a todos los revolucionarios, patrimonio y ejemplo vivo en la lucha por la emancipación<br />

de su pueblo y de toda la humanidad.<br />

Nunca podré olvidar los encuentros, breves en su duración pero de estremecedora<br />

intensidad emotiva y política, que tuve la fortuna –y en particular el honor–<br />

de compartir con el Comandante y que llevo dentro de mí como recuerdo indeleble<br />

y estímulo irrenunciable para continuar, cada vez con más fuerza y convicción, la dura<br />

batalla por la construcción y el fortalecimiento del socialismo revolucionario.<br />

A Ernesto Che Guevara y a todos los revolucionarios que aportan y obtienen<br />

su contribución político-cultural de las luchas de resistencia, de autodeterminación<br />

y de emancipación de los pueblos. Por tanto, a los estudiosos marxistas que, como<br />

Alfredo González, poniéndose siempre en juego, coherentemente, desempeñan<br />

un importante papel de intelectuales orgánicos del movimiento internacional de los<br />

trabajadores, al lado de todos los rebeldes antiimperialistas y anticapitalistas en<br />

busca de libertad.<br />

L.V.


PREFACIO A LA PRESENTE EDICIÓN<br />

Transcurridos casi seis años desde la primera edición de este Tratado de métodos de análisis de los sistemas<br />

económicos, es una gran satisfacción conocer el juicio positivo de los tantos lectores italianos y cubanos,<br />

que lo han conocido a través de las respectivas ediciones, acerca de su plena validez científica y políticocultural;<br />

juicio que, pienso, ha contribuido de alguna manera a que el Banco Central de Venezuela<br />

decidiera traducir y publicar, bajo su prestigioso sello editorial, una versión actualizada y ampliada de<br />

este texto originalmente impreso en Italia por la casa editora Jaca Book (2007).<br />

Los tiempos y formas de la acción política de los Gobiernos neoliberales y occidentalocéntricos<br />

dependen, cada vez más, de las condenadas decisiones de política económica asumidas por un modo de<br />

producción capitalista que se encuentra ya sofocado por su propia crisis sistémica. Se percibe inmediatamente<br />

–y no solo entre los iniciados– que este sistema no tiene ya nada que ofrecer, en sentido<br />

evolutivo y de progreso, a los destinos de la humanidad. La crisis sistémica es, al mismo tiempo, global<br />

y también de civilización.<br />

En el occidente imperialista, los actores político-sindicales, al igual que los integrantes de movimientos<br />

sociales que propugnan una alternativa socialista para la superación del modo de producción<br />

capitalista, no han sabido estar a la altura del desafío, mientras que, en cambio, sí han sido capaces<br />

de aprovechar la ocasión las fuerzas revolucionarias, democráticas y progresistas de los países de la<br />

Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), al dar vida a esa extraordinaria<br />

experiencia que es el socialismo del, para y en el siglo xxi.<br />

El antiguo problema central de las fuerzas del movimiento internacional de los trabajadores, esto<br />

es, la fusión de la teoría y la praxis del cambio para una alternativa socialista como sistema, sigue sin<br />

resolverse. Las dramáticas condiciones objetivas –sociales, ambientales– determinadas por los capitalismos<br />

no encuentran salida en una práctica real, concreta y factible para la superación del modo de<br />

producción capitalista; o al menos así ocurre en todo el occidente de capitalismo maduro.<br />

¿Qué hacer?


Continuar la batalla teórica, seguir impulsando un nuevo e incisivo protagonismo por parte de<br />

las organizaciones del movimiento internacional del trabajo y del trabajo negado, a fin de crear las<br />

condiciones subjetivas para una alternativa a través de la politización del conflicto social y, en especial,<br />

del conflicto central entre capital y trabajo.<br />

Por nuestra parte, seguimos involucrados como intelectuales militantes en las universidades, en<br />

los centros de investigación, en los movimientos sociales y sindicales combativos, abiertos a la “mescolanza”<br />

de las culturas obreras, campesinas y de las nuevas figuras del mundo del trabajo que la<br />

crisis sistémica impone dramáticamente bajo las mil formas de la pobreza –viejas y nuevas– y de<br />

la precariedad del vivir social.<br />

Es eso lo que cotidianamente nos empeñamos en hacer como intelectuales militantes en el Centro<br />

de Estudios de Transformaciones Económicas y Sociales (Cestes) de la Unión Sindical de Base (USB)<br />

que, con todos sus colaboradores internacionales, participa activamente en la Red de Redes de Intelectuales<br />

y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad.<br />

Por tales razones, resulta motivo de orgullo el que este Tratado, siguiendo su edición de 2007, haya<br />

sido publicado en Cuba en tres volúmenes y en número de 15.000 ejemplares, y se le utilice allí en<br />

todas las facultades de Economía y en los centros gubernamentales de estudios económicos.<br />

Ahora, a esta nueva edición venezolana se le suman importantes actualizaciones y revisiones, lo<br />

que incluye nuevos capítulos y partes enteras, particularmente en lo concerniente al conflicto capitalnaturaleza<br />

y a la explicitación más reciente de la crisis sistémica del capitalismo.<br />

Ha sido gracias a la asidua investigación de campo adelantada desde el Cestes, y en particular a la<br />

incansable labor y las relevantes contribuciones científicas de Rita Martufi, así como a la importante<br />

colaboración de Joaquín Arriola, que me ha resultado posible actualizar esta nueva versión.<br />

Valga reiterar nuestra cálida gratitud científica y político-cultural, junto con nuestra fraterna amistad,<br />

a todos los colaboradores internacionales ya nombrados en los “Agradecimientos” de la primera<br />

edición, especialmente a Efraín Echevarría, Hugo Pons y Esteban Morales, que, junto con el gentil<br />

aporte de Joaquín Arriola –continuo hasta hoy–, hicieron más completa y estructurada la obra original.<br />

Un sincero agradecimiento a todo el personal de la prestigiosa oficina de publicaciones del Banco<br />

Central de Venezuela, que dedicó tiempo y profesionalismo a la aparición de este volumen.<br />

Gracias de todo corazón al traductor de esta edición, el profesor Hernán Carrera, que con fuerte<br />

empeño, gran profesionalidad y participativa pasión cumplió magistralmente la dura y fatigosa labor<br />

de una traducción ciertamente no sencilla.<br />

A todos ustedes estoy sinceramente agradecido.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XVIII


AGRADECIMIENTOS<br />

Este trabajo ha sido posible gracias, también, a los aportes diversificados, que de seguidas se especifican,<br />

de muchos colaboradores del Centro de Estudios de Transformaciones Económico Sociales<br />

(Cestes-Proteo).<br />

En las diferentes fases de bosquejo y redacción del Tratado han colaborado con el autor Esteban<br />

Morales, de la Universidad de La Habana, Centro de Estudios sobre Estados Unidos (Cuba); Efraín<br />

Echevarría, director del Departamento de Marxismo, Universidad de Pinar del Río (Cuba); y Hugo<br />

Pons, Universidad de La Habana, Centro de Estudios de Economía y Planificación (Cuba). Particularmente<br />

importante, incluso en materia de consejos para el planteamiento general, ha sido el aporte<br />

de Joaquín Arriola, de la Facultad de Economía de la Universidad del País Vasco (España); sus valiosas<br />

contribuciones permitieron hacer más completa y mejor estructurada la obra entera.<br />

El autor agradece a los tantos colegas y amigos, colaboradores internacionales del Cestes y de<br />

las revistas Proteo y Nuestra América (en particular a Ricardo Antunes, del Instituto de Filosofía y<br />

Ciencias Humanas de la Universidad de Campinas, Brasil; a Rémy Herrera, de la Universidad<br />

de París 1 Pantheon-Sorbonne y del Centre National de la Recherche Scientifique (Centro Nacional de<br />

la Investigación Científica, CNRS, Francia); a Andrea Micocci, Universidad de Malta-Link Campus y<br />

Segunda Universidad de Nápoles, y Alejandro Valle, Universidad Nacional Autónoma de México, directivo<br />

de la Sociedad de Economía Política y Pensamiento Crítico de América Latina (Sepla), quienes<br />

con su disposición a la lectura de los borradores y al intercambio de ideas facilitaron la sistematización de<br />

este Tratado.<br />

Un agradecimiento a Enzo Di Brango y a Grazia Orsati por sus excelentes traducciones, su participación<br />

y sus críticas estimulantes.<br />

El autor expresa un afectuoso agradecimiento al espléndido grupo de jóvenes investigadores del<br />

Centro de Estudios Cestes-Proteo, como Giampaolo Graziano y Biagio Borretti, por sus útiles contribuciones<br />

en la fase de elaboración y de revisión, que constituyeron una fuente importante para hacer<br />

más orgánico el texto.


A lo largo de todo el trabajo fueron fundamentales para el autor algunos nexos político-culturales<br />

y humanos; particularmente importantes han sido los llamados a la formulación científica, a la sugerencia<br />

crítica y a la amistad de Alfredo González, exdirector de Análisis Macroeconómico del Ministerio<br />

de la Economía (Cuba); Alessandro Mazzone, Universidad de Siena; Hosea Jaffe, Universidad de<br />

Ciudad del Cabo (Suráfrica), y James Petras, Universidad Estadal de Nueva York y Universidad Saint<br />

Mary (Halifax, Canadá).<br />

Gracias, finalmente, a Sante Bagnoli y a toda la casa editorial Jaca Book, por la continua confrontación<br />

de ideas en plena libertad y por su valoración profunda y sincera de mi trabajo.<br />

Sin la ayuda constante, el reclamo, los preciosos aportes y el espíritu de dedicación de Rita Martufi,<br />

investigadora socioeconómica, responsable del Comité Científico del Cestes y de las revistas Proteo y<br />

Nuestra América, este trabajo no habría podido realizarse.<br />

A todos ustedes les estoy sinceramente agradecido por el intercambio científico mantenido durante<br />

la formulación del Tratado, que consolida todavía más la espléndida colaboración en el debate políticocultural<br />

que, desde hace ya muchos años, mantenemos a través de la relación académica y, de manera<br />

más general, con la actividad de investigación del Cestes; y, sobre todo, gracias, de todo corazón, por<br />

el trato de fraterna amistad.<br />

L.V.<br />

Nota bene. Por todo cuanto pudiera corresponder a eventuales citas no correctamente transcritas, el autor y el editor<br />

de la edición italiana se excusan a priori y, en caso de que les fueran señaladas, proveerán una errata y cuidarán de<br />

una más acertada citación en posteriores reediciones. Las citas tomadas de textos en lenguas distintas a la italiana,<br />

con fines divulgativos, fueron siempre traducidas al italiano por Enzo Di Brango, de manera de facilitar la tarea<br />

del lector.<br />

[Nota del traductor para la presente edición. Por la razón arriba expuesta, todas las citas de textos en lenguas<br />

extranjeras han sido ahora vertidas al castellano a partir de su traducción italiana. Ello incluye los textos originalmente<br />

escritos en español.]<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XX


PRESENTACIONES<br />

Hosea Jaffe<br />

Universidad de Ciudad del Cabo (Suráfrica)<br />

En este importante trabajo, Luciano Vasapollo se confronta con los temas más difíciles de la economía<br />

contemporánea; con la ciencia de El Capital de Marx, más que con la política del Manifiesto Comunista.<br />

Y no es que Vasapollo no sea un político; las décadas que ha dedicado a escribir, hablar y actuar<br />

en defensa del socialismo, el de Cuba en particular, y contra el imperialismo comandado por Estados<br />

Unidos y la Unión Europea, son políticamente importantes; pero, como marxista científico, él da<br />

prioridad a la economía respecto a la política.<br />

En estos períodos de crisis rampante, de jugueteo poskeynesiano con las soluciones neoliberales<br />

impuestas desde el Estado, que no pueden nunca funcionar y que, de hecho, nunca funcionan, no<br />

tiene fin la lista de “nuevas” teorías y teóricos marxistas. A Vasapollo no se le puede encontrar en tal<br />

lista. Él se aferra, con la obstinada tenacidad de un verdadero hombre de ciencia, al “buen viejo Marx”<br />

y a los tres libracos de su nunca envejecido El Capital, para demostrar que la economía marxista, y solo<br />

la economía marxista, puede analizar y darle un sentido pleno a los libros contables de las empresas<br />

nacionales e internacionales.<br />

Es quizá sobre todo por esa razón que este extenso y excelente Tratado de métodos de análisis de los<br />

sistemas económicos de Luciano Vasapollo, debería ser lectura obligatoria para todo el que sepa apreciar<br />

escritos económicos inteligentes, claros e, incluso, a trechos justificadamente airados.<br />

Es por esas razones que resulta para mí un placer escribir esta presentación para un crítico de la economía<br />

política, un crítico de la ciencia, que ha devenido, en estos años de colaboración internacional,<br />

en excelente amigo y colega. Juntos hemos pasado largos y agradables momentos, y esperemos que socialmente<br />

útiles, en conferencias internacionales sobre la así llamada (pésimo término) “globalización”,<br />

en Roma, en Italia, en Europa, y sobre la economía política internacional, en La Habana, Cuba.


Juntos, también, hemos presentado en muchas ciudades italianas y en Cuba el libro que escribimos<br />

conjuntamente, Introduzione alla storia e alla logica dell’imperialismo [Introducción a la historia y a la<br />

lógica del imperialismo] (Milano, Madrid, Lyon, 2005). He tenido siempre gran placer al escuchar a Vasapollo<br />

dirigirse a los académicos, a los trabajadores y a los estudiantes. En mis reseñas de sus libros más<br />

“divulgativos”, en italiano, español y aun en inglés, he hecho notar su estilo directo, que se evidencia<br />

también en este libro. En este último trabajo, Vasapollo se mantiene fiel no solo a la economía política<br />

marxista sino, sin anunciarlo mucho, al materialismo histórico del Marx que tanto tomó de bueno de<br />

Hegel y de los enciclopedistas franceses. De un lado, el materialismo histórico ha sido un componente<br />

intrínseco del más general materialismo dialéctico que fluye a través de todo el pensamiento escrito<br />

de Marx. Del otro, ha motivado todos los escritos y los actos políticos de Luciano Vasapollo. Se trata de<br />

la unidad de teoría y práctica.<br />

Para Vasapollo, el pensamiento debe hacerse practicable para ser escribible. Al mismo tiempo, la<br />

práctica sería un despilfarro de esfuerzo y tiempo humano si no pusiera de manifiesto, aunque fuese<br />

indirectamente, un concepto fundamental; usualmente, en su caso, un concepto marxista. Sobre todo<br />

en este libro, el concepto de fondo, sin el cual toda la actualidad económica sería inútil y carente de significado,<br />

es aquel del tiempo de trabajo humano como medida del valor de cambio. Como economista<br />

marxista o, mejor, como marxista, Vasapollo no tiene tiempo para teorías a lo Habermas que sostienen<br />

que las máquinas, como las computadoras o los robots, crean un valor de cambio cuantitativa y cualitativamente<br />

distinto de los valores de uso que en realidad, y obviamente, ellos crean, como bien consta<br />

a muchos consumidores tras haber comprobado sus beneficios y sus costos. Es el trabajo humano, y<br />

solo el trabajo humano, el que crea, ambos a una, la categoría de valor.<br />

En la introducción y en la primera parte, que cuidadosamente colocan los fundamentos para las<br />

partes siguientes, el libro muestra la evolución de las categorías y definiciones económicas marxistas<br />

respecto a aquellas de los predecesores burgueses clásicos guiados, naturalmente, por David Ricardo<br />

(1772-1823).<br />

Las categorías discutidas van desde aquellas del valor hasta las de la productividad, la acumulación<br />

de capital y los ciclos, la rotación y circulación del capital. Esta labor analítica preparatoria viene<br />

seguida inmediatamente por otras profundizaciones, que examinan la división del capital en productivo,<br />

comercial y financiero; una división que toca muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. Esto<br />

es especialmente válido (pero ciertamente no solo) para los así llamados países “ricos”, “avanzados” o<br />

“industriales” que constituyen la parte alta de la fisiología, fisonomía y psicología del cuerpo político<br />

del sistema capitalista que gobierna el mundo. Las leyes fundamentales que rigen este sistema son<br />

tratadas en el libro sucesivamente: la tasa declinante de ganancia, la sobreacumulación de capital, su<br />

centralización y concentración. En un apropiado orden histórico y lógico, esta categorización conduce<br />

a un tratamiento preliminar acerca de cómo y por qué se forman los monopolios capitalistas.<br />

Después, en las últimas partes del Tratado, son estudiados y explicados los resultados y eventos concomitantes:<br />

la globalización y la competencia global e, inevitable e ineludiblemente, el imperialismo<br />

económico.<br />

Lo significativo en tal método es que no se trata de una diatriba contra el capitalismo, diatriba<br />

que es todavía corriente en el socialismo eurocéntrico, y en consecuencia, permítaseme agregarlo,<br />

también en lo que erróneamente se ha dado en llamar tercermundismo, de lo cual yo mismo he sido<br />

acusado por, precisamente, aquellos “revolucionarios” que sueñan y combaten por lo que no es sino<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXII


una contradicción en los términos: una Europa socialista. Para mí, Luciano Vasapollo no es uno de<br />

ellos, ni este libro suyo es otra cosa que una contribución a la crítica científica de la economía política.<br />

Tal contribución tiene por fuente el firme convencimiento de que, incluso 165 años después<br />

del primer trabajo publicado por Marx –su tesis universitaria–, la unificación que este hizo de la<br />

filosofía histórica materialista y de la economía política clásica abre camino a la macroeconomía.<br />

En el presente trabajo, Vasapollo demuestra que es posible –y útil– comprender la contabilidad<br />

nacional macroeconómica utilizando las categorías fundamentales de Marx, conjuntamente con su teoría<br />

del valor-trabajo y de la plusvalía. Más aún, aplica él tales categorías y teorías a la economía política<br />

del imperialismo.<br />

Me siento feliz y honrado de que mis Processo capitalista y teoria dell’acumulazione [Proceso capitalista<br />

y teoría de la acumulación] (Milano, 1973) y Marx e il colonialismo [Marx y el colonialismo]<br />

(Milano, 1977) le hayan sido de alguna utilidad al escribir ciertos capítulos de este libro. Ese placer<br />

personal nace del hecho de que los dos libros mencionados surgieron del trabajo desarrollado durante<br />

los primeros años cincuenta, en Suráfrica, acerca de la economía política del capitalismo mundial, que<br />

es precisamente el objeto de este nuevo texto de Vasapollo sobre la economía política aplicada.<br />

Ya en la primera parte señala Vasapollo el elemento colonial en la génesis histórica del modo de producción<br />

capitalista. Posteriormente desarrolla esa tesis en las sucesivas partes que se ocupan de –para<br />

usar sus términos– “colonialismo y modo de producción capitalístico”*. Y rememora para el lector al<br />

Marx que escribe, en una carta a un ruso, dos años antes del Manifiesto Comunista:<br />

Es la esclavitud lo que ha dado valor a las colonias, son las colonias lo que ha creado el comercio<br />

mundial, y el comercio mundial es la condición necesaria de la gran industria mecanizada. (...) Sin la<br />

esclavitud, Norteamérica, el país más desarrollado, se transformaría en país patriarcal.<br />

El descubrimiento de América y la circunnavegación de África abrieron nuevos caminos a la<br />

burguesía en ascenso. El mercado de las Indias Orientales y de la China, la colonización de América,<br />

el intercambio con las colonias, el aumento de los medios de cambio y de las mercancías en general,<br />

dieron al comercio, a la navegación y a la industria un auge nunca visto y, con ello, un rápido<br />

desarrollo al elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición (Wage, Labour and<br />

Capital, 1850) [Trabajo asalariado y capital].<br />

Y que ha escrito estas famosas palabras en el primer volumen de El Capital, palabras que este Tratado<br />

en general, con sus secciones de economía pura y las de carácter histórico, revela ciertas:<br />

El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata en América, el exterminio, esclavización y<br />

sepultamiento en las minas de la población aborigen, la incipiente conquista y saqueo de las Indias<br />

Orientales, la transformación de África en un coto de caza comercial de pieles negras, son los rasgos<br />

distintivos de los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen<br />

factores fundamentales de la acumulación originaria. Sobre sus talones pisan las guerras comerciales<br />

de las naciones europeas, con el globo por teatro.<br />

* (n.t.) En italiano, “capitalista” es sustantivo, y refiere a la persona que detenta grandes capitales, mientras que “capitalístico”<br />

es adjetivo, y se aplica por tanto al sistema, modo de producción, etcétera. Hosea Jaffe utiliza el primero de esos términos para<br />

ambas opciones, en tanto que Vasapollo, en este y otros casos, establece la distinción que rige en su lengua. En la presente<br />

traducción, como es lógico, se aplicará en lo sucesivo el uso del habla hispana. La cursiva es nuestra.<br />

presentaciones<br />

XXIII


Estas palabras son el tráiler del film de la vida real de la globalización capitalista, con sus competencias<br />

y guerras del siglo xx y de nuestro siglo xxi. Al concentrarse, antes que nada, a lo largo de<br />

las primeras partes de su Tratado en el primer tomo de El Capital de Marx, el autor ayuda al lector a<br />

adentrarse sin temor en el terreno prohibido del colonialismo capitalista: el terreno prohibido por el<br />

socialismo eurocéntrico. Ese adentramiento refuerza la idea que, desde hace mucho, vengo sosteniendo:<br />

que su autor, Vasapollo, quien es ya ampliamente conocido como un antiimperialista, en especial<br />

por su defensa de la Cuba socialista, no es un miembro de la familia y ni aun un mero conocido del<br />

socialismo eurocéntrico. Es, simplemente, un economista político marxista, científico y antiimperialista.<br />

No es para nada fácil ser antiimperialista y científico, porque mucho del antiimperialismo, si no<br />

casi todo, es o bien anárquico o bien eurocéntrico-americocéntrico, o ambas cosas. No solo su crítica<br />

de la economía, sino también sus muchos discursos y escritos sobre el capitalismo colonialista y el imperialismo<br />

capitalista, deberían atraer a aquellos lectores que procuran asimilar, de manera placentera,<br />

la comprensión y la aplicación a la actualidad de la economía de Marx.<br />

Como acabamos de sugerir, este libro no acepta ni considera la vetusta noción de que el capitalismo<br />

nació de la “lucha de clases entre una burguesía en ascenso y las clases feudales”. Vasapollo se mantiene<br />

leal al recién citado análisis de Marx sobre los orígenes globales y complejos del modo de producción<br />

(y de cambio, se debería añadir siempre) capitalista. Esta lealtad se manifiesta asimismo en su trabajo<br />

acerca de esa región semicolonial del mundo que sufre de ser llamada con el ridículamente racista y<br />

eurocéntrico nombre de Latinoamérica, en lugar del más apropiado Indoafricano o Afroindio que han<br />

escogido para sí los oprimidos y superexplotados no europeos que allí viven y trabajan. Esa moda de<br />

llamarla “Latinoamérica”, sin embargo, no desluce en este excelente trabajo de economía política internacional.<br />

Luciano Vasapollo tiene, aparte de mí, muchos amigos que se preocupan por redesarrollar<br />

la tesis original de Marx en relación con la verdadera génesis histórica del sistema capitalista y, en particular,<br />

la pregunta de si fue este un producto de la “lucha de clases entre la burguesía en ascenso y los<br />

señores feudales” o, por decirlo educadamente, del “descubrimiento de América”. Existen ya muchos<br />

libros sobre ese origen “americano”, entre ellos algunos de marxistas italianos. Esta discusión se haría<br />

ciertamente más vivaz y sus temas se tornarían más penetrantes con la participación del convincente<br />

autor del libro cuya presentación aquí escribo.<br />

La cuestión clave acá analizada es la del valor, y en particular la plusvalía y su “actualidad”. Para<br />

arribar a ese análisis, el autor habla no solo de Marx, sino también de muchos otros economistas<br />

políticos, clásicos, neoclásicos y neoliberales. Siendo su principal tema de preocupación el de la teoría<br />

del valor-trabajo, del salario y la plusvalía, ha tenido necesariamente que discutir la acumulación de<br />

capital. Al hacerlo, no ha evitado la larga evolución de las teorías a ese último respecto.<br />

Sabemos que hubo al menos ocho diferentes períodos en esa evolución. Primero, la escuela fisiocrática<br />

encabezada por Quesnay (1694-1774), que prácticamente a disgusto examinó la acumulación<br />

“primitiva” u “original” a través de incursiones en América, África y Asia, conjuntamente con incursiones<br />

contra el feudalismo en decadencia. Después, en medio de la primera crisis comercial posnapoleónica,<br />

la de 1818-1820, vinieron Ricardo y Malthus (1766-1834); y luego, en la crisis que precedió a las<br />

revoluciones de 1848, Rodbertus y Kirchmann. Solo entonces apareció Marx y, casi un siglo después,<br />

Lenin, Luxemburg y los otros, que argumentaron contra los neoliberales de anteayer, Struve, Bulgakov<br />

y los Narodniki. La evolución continuó con El imperialismo y la acumulación del capital, de Bujarin, y<br />

con los trabajos de Grossman e Hilferding que usó Lenin para escribir su El imperialismo... Tras ellos<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXIV


vinieron Varga y el resto de la escuela de Stalin. Penúltimos hemos sido Sweezy, Baran, Amin, Frank,<br />

Dos Santos, Emmanuel, yo mismo y otros que han examinado la todavía en funcionamiento economía<br />

política del capital monopólico imperialista. Finalmente, el desastre de la economía neoliberal y la<br />

ineficaz respuesta de Negri y otros.<br />

De tal manera, el libro incluye asimismo fuertes referencias a algunas de las principales escuelas<br />

de pensamiento en lo concerniente a la economía capitalista. Vasapollo trata la problemática de la<br />

acumulación de capital en su estrecha conexión, en primer lugar, con la tasa de ganancia generalizada,<br />

y generada por la misma plusvalía. Igualmente, toma en consideración la dinámica acumulativa de capital<br />

que acompaña e influencia la tasa de cambio de dicha acumulación; por ejemplo, el monto anual<br />

de la suma del capital variable adicional (v) y el capital constante, y especialmente el fijo adicional<br />

(matemáticamente, d(c + v) / dt).<br />

Siguiendo a Marx, Vasapollo restringe estas variaciones de la acumulación de capital, paso a paso, a<br />

las variaciones anuales de tiempo de trabajo total empleado para producir la suma del trabajo nacional<br />

o global y los medios de producción nacionales o globales. Lo hace siguiendo asimismo su principio<br />

básico; esto es, que la macroeconomía corriente (de un país o del mundo) puede y debe ser leída e<br />

interpretada por medio y en términos de las categorías fundamentales de El Capital de Marx, a través<br />

de las definiciones de tiempo de trabajo, valor de cambio, salario (la unidad de capital variable) y<br />

plusvalía (convertida en ganancia).<br />

Siempre en las primeras partes, pero no solo, leemos acerca de la “ley de la caída tendencial de la<br />

tasa de ganancia”. En este caso, la reinterpretación marxista de la tasa de cambio de la acumulación<br />

de capital como variación anual de tiempo de trabajo (por ejemplo) conforma la parte derecha de una<br />

ecuación importante. La parte izquierda de esta es la tasa de cambio de la plusvalía (el numerador<br />

de la tasa de ganancia). La parte a la derecha del signo de igualdad es la tasa de cambio del capital<br />

acumulado (el denominador de la tasa de ganancia). Aquí, la validez del método de Marx se evidencia<br />

en el hecho de que puede ser probado matemáticamente –mediante el análisis matemático– que la<br />

condición para una tasa de ganancia declinante es la desigualdad (la tasa de cambio en el tiempo de<br />

la plusvalía relativa debe ser menor que la tasa de cambio en el tiempo de la acumulación relativa<br />

de capital). Matemáticamente viene esto dado por:<br />

dS /dt /S < [d(c + v) / dt / (c + v)]<br />

En palabras simples: la variación porcentual anual de las ganancias debe ser menor que la variación<br />

porcentual anual de la acumulación de capital. Solo si esta condición se cumple plenamente, la tasa de<br />

ganancia tiende a caer. Si la parte izquierda de la ecuación excede a la de la derecha, entonces la tasa<br />

de ganancia tiende a crecer, no a caer. Tal crecimiento acontece en la mayor parte de las inversiones<br />

imperialistas en el “Tercer Mundo”, donde la tasa de ganancia es en promedio dos o tres veces la del<br />

“Primer Mundo”.<br />

La tendencia periódica a caer que experimenta la tasa de ganancia en el bloque de los países imperialistas<br />

(los de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, u Organization<br />

for Economic Cooperation and Development) se debe no solo a un crecimiento de la masa de<br />

capital constante, sino también a un aumento del capital variable y a una tasa de plusvalía (gananciassalarios)<br />

que en el Tercer Mundo (que a partir de 1990 pasó a incluir a Rusia y la Europa del Este) es<br />

en promedio nueve veces más baja que en el bloque OCDE.<br />

presentaciones<br />

XXV


En sus partes finales, este libro explica cómo el imperialismo impone una tasa de plusvalía (S/V)<br />

de entre 3 a 1 y 4 a 1 para los indígenas de Asia, África y América Latina, lo que causa un desempleo de<br />

más de 50% y una pobreza en masa. Esa tasa de plusvalía es inversa para la mayor parte de los trabajadores<br />

del bloque OCDE. Esta sección es una lectura esencial.<br />

El libro todo es un tratado fundamental cuando analiza la productividad, el dinero, la rotación de<br />

capital, la diferencia entre la plusvalía producida por trabajadores al servicio del capital industrial y<br />

la de aquellos que sirven al capital comercial, financiero y productor de renta. También en las partes<br />

sucesivas se ocupa el autor, desde el punto de vista teórico, de la subdivisión de la plusvalía en las<br />

formas representadas en la vida cotidiana por la ganancia productiva, la ganancia en la distribución<br />

de mercancías –del transporte al comercio–, la renta y los intereses. Entre las preguntas a las que<br />

brinda respuesta se encuentran estas: ¿cómo se mide la productividad? ¿En peso, en volumen o en<br />

otras cuantificaciones de los valores de uso (por ejemplo, toneladas de carbón por minero por año)?<br />

¿Es más estrictamente correcto calcular la productividad en euros o dólares de producto interno bruto<br />

(PIB) por trabajador por año? El libro aborda estas preguntas en la teoría y con referencias estadísticas<br />

nacionales, de la Unión Europea, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización<br />

Internacional del Trabajo (OIT), para demostrar que es a partir de las fuentes oficiales de datos y<br />

políticas económicas que aplica la crítica marxista de la economía.<br />

Entre los muchos y complejos problemas examinados se encuentran las diferencias entre la centralización<br />

y la concentración de capital; el papel de cada una en la formación del capital financiero de<br />

las multinacionales y de las otras variantes del capital monopólico; los escritos de Marx sobre el capital<br />

monopólico y el colonialismo, en su propio tiempo y antes; Lenin, Hobson, Hilferding y otros sobre<br />

el capital monopólico y el imperialismo de fines del siglo xix; en fin, un necesarísimo examen de la<br />

economía liberal, de la revolución marginalista, y una cuidadosa crítica de los criterios de producción,<br />

distribución y clasificación neoclásicos; todo esto para terminar con una defensa de la teoría marxista<br />

contra los críticos keynesianos, los poskeynesianos, los sraffianos y los ambientalistas.<br />

En estos tiempos nuestros en los que resulta cada vez más demostrable la devastación ecológica,<br />

el papel de los monopolios nacionales y globales es convenientemente descuidado por los partidos<br />

de derecha, de izquierda y de centro que juegan con el consumismo de masas. Entre estos se cuenta<br />

la izquierda “antiimperialista” (sic) que vocifera contra la privatización pero garantiza la propiedad<br />

y el uso de automóviles privados, grandes camiones, motocicletas y autobuses, que provocan 70%<br />

del devastador recalentamiento global. La producción de esos medios de transporte constituye, por<br />

mucho, la más grande industria capitalista (mucho más grande que la bélica). La industria de vehículos<br />

propulsados por hidrocarburos es imperialista de origen y en sus vastos mercados petroleros, que a su<br />

vez han sido causa importante de guerras internacionales. Hay actualmente en el mundo un millardo<br />

de vehículos de propulsión petrolífera, 85% de los cuales se encuentra en los países de la OCDE. El<br />

movimiento verde ha fallado miserablemente al rehusar oponerse a la industria de vehículos propulsados<br />

por derivados del petróleo, incluidos los aviones, que destruyen el ozono y son cada vez más<br />

populares, y que son fabricados por gigantescos monopolios. Vasapollo ha hecho bien al analizar en<br />

este libro también los problemas que preguntan por cuál desarrollo, malamente planteados por los<br />

movimientos verdes, que han estado a la vanguardia en el ataque contra la economía política marxista.<br />

Este Tratado analiza, asimismo, la problemática de la reproducción ampliada, sobre la base de los<br />

capítulos xxi al xxv de El Capital. Marx mismo planteó la división del capital industrial en dos ramas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXVI


principales, una que produce bienes de consumo (Pc) y la otra, medios de producción (Pp), con la<br />

producción esclavista colonial de las plantaciones de algodón y con el mercado colonial alimentado<br />

por los productos coloniales. La reproducción ampliada fue ubicada por Marx en el contexto del<br />

capitalismo colonialmente globalizado de mediados del siglo xix. Vasapollo renueva esta conexión en<br />

su análisis del imperialismo, del neoliberalismo y de su estructura centro-periferia.<br />

Este libro es uno de los pocos, escritos después de Marx, que coloca la reproducción ampliada en<br />

las matrices coloniales e imperialistas del modo de producción capitalista. Es ese último el fundamento<br />

histórico, y político-económico en general, de la manera en la cual el libro escudriña y revela en su efectiva<br />

naturaleza las características y contradicciones de este particular modo de producción (que, como<br />

el feudalismo, es eurocéntrico y no originario de las civilizaciones asiáticas, africanas o precolombinas).<br />

Las partes finales del Tratado, enfocadas sobre la economía de nuestros días –interpretada siempre<br />

por medio de la teoría económica marxista–, se ocupan de las fluctuaciones económicas y de la declinación<br />

del capitalismo en un vórtice de crisis. Nuevamente se trata de una lectura esencial, especialmente<br />

en un tiempo en el que los medios –y algunas organizaciones de la izquierda de masas– aclaman el “fin<br />

de la historia”, que no significa más que “capitalismo por siempre, socialismo nunca”.<br />

La tesis de Vasapollo sobre la crisis es la marxista y esto es que las crisis económicas son inevitables<br />

en el capitalismo. Hay conflictos entre la producción de mercancías y los mercados nacionales y mundiales.<br />

En los “buenos períodos”, el mercado atrae la mercancía producida. Después, de improviso<br />

(como en 1818, 1929, 1973, 1987, etcétera), el mercado rechaza la producción, los precios se precipitan<br />

cuesta abajo y, con ellos, los valores capitales del mercado. Empujadas por esta crisis, se desarrollan<br />

y explotan otras: el intercambio Pc-Pp deviene en desigualdad y se rompe, influenciando ambas ramas<br />

de la reproducción ampliada; surgen contradicciones entre comercio e industria; el capital financiero<br />

domina al capital industrial; el capital especulativo se enrosca en una espiral de crecimiento; se produce<br />

la ruptura del “intercambio desigual” a causa de las revoluciones sociales en el Tercer Mundo que<br />

exporta materias primas, minerales, petróleo y otros productos semicoloniales económicos; la competencia<br />

entre los monopolios de la Unión Europea, de Estados Unidos y de Japón, y entre los mismos<br />

Estados, se transforma en característica principal de la “globalización”; e, igualmente inevitable, las<br />

guerras mundiales interimperialistas se convierten en la única posible solución de las grandes crisis<br />

(antes de 1914-1918, 1929-1939), y además existen las guerras neocoloniales (Vietnam, las guerras<br />

por el petróleo en Iraq, Irán, Angola, etcétera) para resolver las crisis del capital y de la mercancía,<br />

guerras que todavía hoy, en todos los casos, las empeoran.<br />

El lector encontrará todo esto y mucho más. Cada una de las cosas que halle, arrojará luz sobre los<br />

terribles sucesos de nuestros días; cosas como la invasión de Iraq, del Líbano y mañana, ¿de quién?,<br />

¿Siria? ¿Irán?<br />

Tenemos todos necesidad de una brújula para guiarnos a través de esta complicada madeja de hechos<br />

y causas, y este Tratado nos la provee. Por eso, y sobre todo por la devoción de Luciano Vasapollo<br />

al método científico de estudio y de representación de la crítica de la economía política y aplicada,<br />

estamos todos agradecidos.<br />

presentaciones<br />

XXVII


James Petras<br />

Universidad Estatal de Nueva York (Estados Unidos) y Universidad de Saint Mary, Halifax (Canadá)<br />

Conozco al profesor Luciano Vasapollo desde el punto de vista científico, además de en lo personal,<br />

desde hace más de diez años. Comencé a apreciarlo, primero, a través de sus escritos científicos;<br />

después, participando en conferencias científicas y profesionales y, más tarde, como coautor de una<br />

importante publicación académica.<br />

Escribir una presentación para su libro, incluso sobrecargado de trabajo, es un placer en tanto<br />

que para mí no se trata de un ejercicio de rutina, sino de una importante oportunidad para adquirir<br />

conocimiento. Ya desde los primeros capítulos entendí que no me había equivocado y comencé a<br />

tomar notas no solo para el prólogo mismo, sino también para mis propios escritos sobre la economía<br />

política contemporánea. Es este un óptimo Tratado y también un fuerte estímulo para la investigación<br />

académica.<br />

El profesor Vasapollo es uno de los más versátiles e innovadores economistas políticos aplicados, en<br />

el verdadero sentido de la palabra. En el ámbito de la economía aplicada, ha conducido investigaciones<br />

avanzadas que analizan variables sociales, políticas y económicas en un marco explicativo histórico,<br />

aplicado a la contemporánea “teoría de la crisis”. Sus publicaciones sobre teoría macroeconómica y,<br />

especialmente, sobre las relaciones entre valor y trabajo, son muy citadas y pueden ser reencontradas<br />

en las notas a pie de página y en las bibliografías de los trabajos de insignes estudiosos de Europa y de<br />

Sur y Norte América.<br />

El Tratado es una síntesis soberbia de las investigaciones y publicaciones previas del profesor Vasapollo.<br />

De una manera clara y precisa, pone los conceptos y categorías analíticas en el centro de<br />

atención de los estudiantes de economía. El Tratado está escrito en un estilo pedagógico, concebido<br />

para alcanzar varios objetivos. Brinda una visión del capitalismo como sistema operante, al proveer una<br />

clara exposición de las dimensiones, de los principios operativos, de los conceptos y valores políticos,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXVIII


sociales y económicos que distinguen al sistema capitalista de las economías precapitalistas y poscapitalistas.<br />

Con objetivo rigor científico, el profesor Vasapollo produce una clara exposición de las categorías<br />

de la economía política clásica, examinando sistemáticamente valor, productividad, acumulación<br />

del capital y distribución del valor en el proceso circulatorio de la producción.<br />

La explicación objetiva de los principios de la economía política clásica es seguida por una precisa<br />

exposición crítica y un análisis de las reglas fundamentales del sistema capitalista, que enfatiza en las<br />

tendencias intrínsecas del capitalismo a la sobreacumulación y la crisis, la centralización, la concentración<br />

y la formación de monopolios, así como a la creación de un permanente “ejército de reserva de los<br />

trabajadores”. El profesor Vasapollo propone una alternativa al “razonamiento lineal” de los teóricos<br />

del “equilibrio”, y para ello recurre al método dialéctico, que muestra los elementos contradictorios del<br />

sistema capitalista: cómo la competencia lleva a la concentración, cómo la acumulación comporta<br />

exceso de capacidad y crisis de sobreproducción, cómo la expansión de las fuerzas productivas genera<br />

una excedencia de mano de obra.<br />

El Tratado tiene la virtud de ofrecer un preciso resumen histórico de las teorías liberales, del siglo<br />

xviii a nuestros días, junto con una brillante crítica de los teóricos marginalistas y del equilibrio. Esto<br />

lo consigue al detenerse en el desequilibro y las crisis de producción, y en la tendencia a las grandes<br />

desigualdades socioeconómicas en la distribución. En esta parte, el profesor Vasapollo plantea una<br />

brillante crítica filosófica de la “racionalidad” de la teoría neoclásica, demostrando la destrucción y el<br />

atraso inherente a la lógica de la reproducción capitalista ampliada.<br />

El autor examina y contrapone de manera crítica el keynesianismo, el marxismo y el ambientalismo<br />

a las teorías neoclásicas. Resume sus contribuciones, ampliando y profundizando nuestras concepciones<br />

sobre la teoría económica contemporánea y avanzando más allá de las simplísticas fórmulas de la<br />

economía neoclásica.<br />

El valor del Tratado está en la manera en que une discusiones teóricas y analíticas con una brillante<br />

exposición de análisis empíricos y estadísticos. En la parte consagrada al desarrollo de los nuevos<br />

indicadores socioeconómicos, el autor propone medios y métodos precisos para la construcción de<br />

los indicadores que miden las variables en las coyunturas contemporáneas. A diferencia de tantos<br />

economistas políticos, Vasapollo es un economista estadístico aplicado o, mejor, un crítico marxista de<br />

la economía aplicada, de nivel mundial, que tiene un perfecto dominio de las técnicas matemáticas y<br />

estadísticas. Eso permite a los estudiantes aplicar los conceptos clave y provee una base para la experimentación<br />

de las hipótesis empíricas.<br />

El Tratado conjuga una exposición concisa y crítica de los enfoques convencionales del neoliberalismo<br />

ortodoxo con una excelente discusión sintetizadora, así como con una aplicación del<br />

marxismo del siglo xxi como un medio útil para entender el capitalismo contemporáneo. El profesor<br />

Vasapollo se detiene sobre las crisis y recesiones recurrentes en el contexto de las constantes<br />

reestructuraciones dinámicas del capitalismo. Y procede mediante el examen de las dinámicas<br />

de la Revolución Industrial, lo que él llama “fordismo”, su declinación y crisis socioeconómica y<br />

la “solución” en el mundo “posfordista” del neoliberalismo. Aquí Vasapollo nos permite constatar<br />

su profundo conocimiento acerca de cómo la fuerza política y social del capital, bajo la forma<br />

de una contraofensiva al avance de los trabajadores en los años sesenta, condujo al crecimiento<br />

de la economía “globalizada”, con la cual el capital ha encontrado una manera de consolidar<br />

su hegemonía.<br />

presentaciones<br />

XXIX


En las partes conclusivas propone Vasapollo una “prospectiva general” y pasa a analizar el crecimiento<br />

de un modelo de “acumulación de capital” centrado en Estados Unidos y alimentado por la<br />

fuerza técnico-militar, en competencia con el modelo europeo y japonés –“concentrado en el mercado”–<br />

de construcción del imperio, basado en las relaciones neocoloniales con las colonias precedentes,<br />

así como el relativo declive de la competitividad estadounidense en la manufactura. Vasapollo identifica<br />

la principal causa de debilidad en los proyectos concurrentes para la construcción del imperio:<br />

la expansión dinámica de la arquitectura financiera global y su extrema inestabilidad, basadas sobre<br />

esquemas “piramidales” (hedge funds) cada vez más especulativos y más lejanos, en todo momento, de<br />

la producción de medios y servicios reales.<br />

El profesor Vasapollo ha escrito un magnífico libro para los estudiantes universitarios, que ofrece<br />

mucho más que los requerimientos de un texto universitario. El Tratado plantea una discusión fundamental<br />

y precisa de los modelos teóricos pasados y presentes. Adicionalmente, elabora una prospectiva<br />

crítica alternativa que es compleja, pero clara y lógicamente desarrollada. El valor didáctico y divulgativo<br />

del texto de Vasapollo reside en la capacidad de hacer comprensibles para los estudiantes, de una<br />

manera simple, ideas complicadas. Y no solo eso: ofrece los medios estadísticos y analíticos para poder<br />

avanzar en la carrera científica de economía aplicada.<br />

Este Tratado sobrepasa a los otros en su capacidad de proponer los lineamientos de una encuesta<br />

científica y de estimular a los estudiantes a apartarse de la teoría para examinar los acontecimientos<br />

contemporáneos. En otras palabras, este no es solamente un libro para un curso académico, sino<br />

además una guía para todos aquellos que desean entender el mundo de una manera crítica pero<br />

también práctica.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXX


OTRAS PRESENTACIONES<br />

Samir Amin<br />

Presidente del Foro del Tercer Mundo y del Foro Mundial de Alternativas (Francia)<br />

El economista desempeña en la sociedad capitalista contemporánea funciones análogas a las de las<br />

grandes hechiceras en las sociedades de antaño: proveer fórmulas mágicas que legitimen el poder de<br />

los dominadores. Su instrumento es una construcción cuya buscada complejidad está a la medida<br />

de su carácter artificial: esa construcción, que plantea falsas preguntas para evitar las verdaderas, lejos<br />

de ser científica, como pretendería, es la negación perfecta de la ciencia. Vasapollo desmonta aquí<br />

los mecanismos de esa producción paracientífica y, al mismo tiempo, contribuye a liberar a las clases<br />

populares de una alienación que no las deja crecer para mejor tenerlas bajo dominio.<br />

Ricardo Antunes<br />

Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de Campinas (Brasil)<br />

El nuevo libro de Luciano Vasapollo es una relevante contribución académica y científica a la comprensión<br />

del mundo productivo capitalista de hoy. Sostenido por una sólida formación en la crítica<br />

de la economía política, tema sobre el cual ha demostrado ya gran competencia con la publicación de<br />

numerosos libros y artículos tanto en Italia como en el extranjero, este nuevo Tratado será de gran utilidad<br />

a cuantos tengan por absolutamente insuficientes, para una verdadera comprensión del mundo<br />

del capital en nuestros días, tanto la econometría como la teoría marginalista.


Atilio Borón<br />

Universidad de Buenos Aires; secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano<br />

de Ciencias Sociales (Clacso)<br />

Luciano Vasapollo, uno de los más atentos estudiosos contemporáneos del capitalismo, nos ofrece<br />

en esta obra un aporte de primerísima importancia para la comprensión de los grandes problemas<br />

económicos, sociales y políticos de nuestro tiempo. Es un libro que recupera didácticamente las principales<br />

categorías teóricas del análisis marxista y que, al mismo tiempo, demuestra las potencialidades<br />

explicativas de este a través de su aplicación al examen de los “capitalismos realmente existentes”. Tanto<br />

los estudiantes como los militantes encontrarán en estas páginas una serie de instrumentos teóricos y<br />

metodológicos de gran utilidad para comprender y cambiar el mundo en que vivimos.<br />

Reinaldo A. Carcaholo<br />

Departamento de Economía de la Universidad Federal de Espírito Santo (Brasil);<br />

tutor del Programa de Enseñanza Tutorial PET-SESU-MEC<br />

En los últimos años ha crecido el interés de los intelectuales y de muchos militantes sociales por un<br />

retorno al estudio de Marx. Ese interés responde a una fuerte razón: la teoría económica de Marx<br />

ofrece el único punto de partida sólido para una crítica a fondo, no superficial, de la actual realidad<br />

capitalista. Ese retorno no puede agotarse en citas del autor; exige creatividad crítica (crítica de la<br />

sociedad y del pensamiento socioeconómico contemporáneo). Y es justamente eso lo que podemos<br />

esperar de este libro de Luciano Vasapollo, reconocido internacionalmente como investigador, analista<br />

social y académico. Estamos, por tanto, felices con su publicación.<br />

Guglielmo Carchedi<br />

Universidad de Ámsterdam (Holanda)<br />

Este Tratado es una actualización rigurosamente científica de las categorías marxistas. Está dirigido<br />

no solo a estudiantes y estudiosos, sino también al mundo más propiamente político y sociocultural.<br />

El lector encontrará, en un estilo accesible incluso a los no iniciados en estos trabajos, instrumentos<br />

indispensables para la comprensión del capitalismo contemporáneo y para la formulación de proyectos<br />

dirigidos a la superación del modo de producción capitalista.<br />

Rémy Herrera<br />

Universidad de París 1 Panthéon-Sorbonne y Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS, Francia)<br />

El libro de Luciano Vasapollo es una contribución verdaderamente notable a la teoría marxista contemporánea.<br />

El autor ha cumplido con éxito el esfuerzo de proporcionar a los lectores, a un mismo<br />

tiempo, una crítica sistemática de las dominantes corrientes neoclásicas y neoliberales en los diferentes<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXXII


campos de investigación de la economía, y los poderosos instrumentos teóricos y empíricos de un<br />

pensamiento alternativo en esa disciplina. De hecho, Vasapollo nos demuestra, con claridad y firmeza,<br />

que el marxismo sigue siendo hoy un medio esencial, en manos de las clases populares, para la transformación<br />

radical de la sociedad.<br />

Françoise Houtart<br />

Universidad Católica de Lovaina (Bélgica); secretario ejecutivo del Foro Mundial de Alternativas<br />

En momentos en los que se universaliza la ley del valor (la globalización) y todos los seres humanos<br />

somos golpeados en nuestra propia cotidianidad por los efectos destructivos de la fase neoliberal del capitalismo,<br />

es muy importante hacer una nueva lectura de la crítica de la economía política de Marx, que<br />

analizó la lógica del proceso desde su inicio. La obra de Luciano Vasapollo se percata de esa necesidad.<br />

Alfredo Jam Massó<br />

Director de Análisis Macroeconómico del Ministerio de la Economía y la Planificación (Cuba);<br />

Premio Nacional de Economía 2006<br />

A su incansable actividad en apoyo a la causa del socialismo, el profesor Luciano Vasapollo suma<br />

ahora este trabajo en el campo de la teoría y de la enseñanza, además de su empeño en la divulgación<br />

y clarificación de las ideas de los fundadores del marxismo. De esa manera honra el pensamiento del<br />

comandante Ernesto Che Guevara, quien sostenía: “Sin conocer El Capital, no se es economista en el<br />

sentido más completo de la palabra”. Y es precisamente ese el propósito de esta obra, enfilada a mostrar,<br />

con aplicaciones absolutamente actuales, la esencia del pensamiento marxista y su absoluta actualidad.<br />

David Laibman<br />

Universidad de la Ciudad de Nueva York (Estados Unidos), editor de Science & Society<br />

Este trabajo es de gran importancia, en un momento en que es particularmente fuerte la necesidad<br />

de un texto claro, completo y crítico en el campo de la economía política. Vasapollo ofrece al estudiante<br />

los conceptos y los instrumentos clásicos de la tradición de la economía política, desarrollando<br />

sistemáticamente cada idea, pero sin excesivo formalismo. Además, completa esa tradición con las<br />

teorías y las argumentaciones económicas actuales, particularmente aquellas que tienen que ver con la<br />

globalización y con los retos que hoy debe afrontar la economía internacional.<br />

Al valorar los más significativos elementos de las economías ortodoxas, Vasapollo muestra cómo las<br />

teorías principales no son erradas, sino más bien superficiales, y que pueden ser mejor utilizadas si se les<br />

incorpora al más rico y profundo marco del marxismo. Este trabajo sigue la estela de la mejor tradición<br />

de recuperación crítica y ocupará lugar relevante en el ámbito académico y político, favoreciendo la<br />

superación del actual callejón sin salida del neoliberalismo.<br />

otras presentaciones<br />

XXXIII


Alejandro Valle<br />

Universidad Nacional Autónoma de México; directivo de la Sociedad de Economía Política<br />

y Pensamiento Crítico de América Latina (Sepla)<br />

Un problema de la disciplina económica es su conexión con la realidad; la economía convencional es<br />

autista, al decir de muchos estudiosos del mundo. La economía marxista ha sido siempre otra cosa<br />

y el libro de Vasapollo lo confirma. El Tratado es una crítica de la economía burguesa aplicada y es<br />

indispensable para comprender al enemigo, para definir las estrategias de los trabajadores y construir<br />

un mundo diferente. No es solamente un trabajo importante en sí mismo, sino también un claro guion<br />

acerca de aquello que debemos investigar quienes nos ocupamos del análisis concreto de la realidad<br />

concreta.<br />

Henry Veltmeyer<br />

Universidad de Saint Mary, Halifax (Canadá)<br />

Vasapollo ha creado una guía para el pensamiento y la acción en la economía política del desarrollo capitalista<br />

actual, que es absolutamente indispensable. No es solo que no existe nada como su libro, sino<br />

que se trata de una obra excelentemente concebida y bien escrita. Estudiantes y activistas no tendrán que<br />

buscar ya en otra parte un mapa que los guíe a través de la intrincada dinámica del capitalismo de estos<br />

días. Se trata de un verdadero y realmente valioso tour de force por la crítica de la economía aplicada.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXXIV


PREFACIO<br />

LA ECONOMÍA: ENTRE CIENCIA Y “NO CIENCIA”<br />

Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos,<br />

el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye<br />

el socialismo. Parecía ciencia sabida, tan sabida como el sistema eléctrico concebido por algunos que se<br />

consideraban expertos en sistemas eléctricos. Cuando decían: “Esta es la fórmula”, este es el que sabe. Como si<br />

alguien es médico. Tú no vas a discutir con el médico acerca de anemia, de problemas intestinales, de cualquier<br />

especialidad, al médico nadie le discute. Puedes creer que es bueno o malo, qué sé yo, puedes hacerle caso o no;<br />

pero nadie le discute. ¿Quién de nosotros va a discutir con un médico, o con un matemático, o con un experto<br />

en historia, en literatura o cualquier materia? Pero somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economía<br />

‒y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el país‒ es una ciencia exacta y eterna, y<br />

que existió desde la época de Adán y Eva. Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa<br />

misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época<br />

de Lenin, o a la época de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero<br />

culto a Marx, a Engels y a Lenin. Un día dije: “En esta universidad me hice revolucionario”; pero fue porque<br />

hice contacto con esos libros, y antes de empatarme, por mi propia cuenta y sin haber leído ninguno de esos<br />

libros, estaba cuestionando la economía política capitalista, porque me parecía irracional ya en aquella época,<br />

y estudiaba economía política en el primer año por Portela, 900 páginas en mimeógrafo, durísima, casi<br />

a todo el mundo lo suspendía. Era el terror aquel profesor. Una economía que explicaba las leyes del<br />

capitalismo, mencionaba las distintas teorías sobre el origen del valor, y mencionaba también a los marxistas,<br />

los utopistas, los comunistas, en fin, las más variadas teorías sobre economía. Pero estudiando la economía<br />

política del capitalismo comencé a sentir grandes dudas, a cuestionar aquello*.<br />

Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba<br />

Discurso pronunciado el 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana,<br />

en ocasión del 60° aniversario de su ingreso a esa casa de estudios.<br />

* (n.t.) La versión aquí transcrita ha sido tomada del original en español, según aparece reproducido en la página web www.cuba.<br />

cu/gobierno/discursos/.


1. Este trabajo tiene un objeto delimitado en el tiempo y en el espacio. No es una exposición acerca de<br />

la llamada “economía pura” (admitiendo que ella tenga estatuto científico, no solo en sentido formal,<br />

sino de explicación de la realidad); ni tampoco una teoría del modo de producción capitalista (MPC)<br />

en sus formas de movimiento, leyes y tendencias para cada época (es ese el altísimo nivel de abstracción<br />

de la concepción marxista en El Capital). Se quiere ofrecer aquí, como indica el subtítulo, una guía para<br />

la comprensión de la fase actual de mundialización de la producción y reproducción social en forma<br />

capitalista, pero en referencia a la teoría del modo capitalista de producción como proceso comprehensivo.<br />

En ese sentido, se trata de economía aplicada y no de la acepción académica que individualiza las<br />

varias economías aplicadas; por ejemplo, al ambiente, a la ingeniería, a la sociología, etcétera.<br />

Presentar una crítica comprehensiva –aunque no exhaustiva, naturalmente– quiere decir asimismo<br />

indicar posibles líneas de indagación ulterior, bien sea afrontando el material empírico o bien<br />

examinando aspectos aquí –por necesidad– apenas señalados, y desarrollando las determinaciones<br />

conceptuales aquí propuestas, a veces con alguna simplificación por el uso también didáctico del texto.<br />

2. La crítica marxista de la economía política concierne a las leyes y las categorías que regulan el<br />

modo de producción capitalista y a la dinámica de sus contradicciones intrínsecas; y la economía<br />

política no atañe a “la producción”, sino a las relaciones de los hombres en la producción. Ninguna<br />

comunidad humana es pensable sin que actúe, trabajando, sobre la naturaleza externa, puesto que<br />

la producción es siempre reproducción de una comunidad que, si dejase de trabajar y producir, se<br />

extinguiría inmediatamente (también el campesino autosuficiente basa sus relaciones de trabajo en la<br />

entidad familiar).<br />

El error de reducir la economía política a la sola producción, sin las relaciones de producción, da<br />

lugar no solamente a las “robinsonadas” que ya Marx evidenciaba, sino sobre todo a la “naturalización”<br />

de la economía, como ocurre con el gran Ricardo, que estima naturales y eternas las relaciones que<br />

conceptualiza (como capital, trabajo, tierra).<br />

Pero los economistas burgueses consideran las categorías económicas como categorías naturales de<br />

la producción y, por tanto, no modificables.<br />

La crítica marxista de la economía política se ocupa de analizar los fenómenos de la sociedad<br />

capitalista, develando tras ellos las leyes y categorías del modo de producción capitalista, como reflejo<br />

de las relaciones sociales de producción y, por tanto, de las relaciones de clase de la sociedad capitalista.<br />

Entonces: el objeto de la economía política, las “relaciones de los hombres en la producción”, es la<br />

producción y reproducción de hombres, siempre, pero de vez en vez, en relaciones y condiciones determinadas.<br />

El modo específico en que el trabajo vivo y el así llamado “trabajo muerto”, es decir, los medios de<br />

trabajo y, en general, los “medios de producción” en los que el trabajo vivo antecedente es depositado,<br />

define las figuras fundamentales, epocales, de la producción y reproducción de hombres; es decir: los modos<br />

de producción. En el MPC, el trabajo vivo tiene forma de fuerza-trabajo asalariado, el “trabajo muerto”<br />

tiene forma de capital y la producción ocurre solo y en tanto el capital, en su proceso, incorpora el trabajo<br />

vivo, como se explicará más adelante.<br />

3. Admitida esa premisa, la mundialización es globalización financiera (movimiento instantáneo de los<br />

capitales, competencia monetaria y guerra entre áreas monetarias). De otra parte, solo parcialmente se<br />

ha cumplido la globalización de los movimientos de mercancías.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXXVI


Completamente distinto es el caso del trabajo, que se presenta ante todo empíricamente como entrada<br />

de centenares de millones de personas, de individuos que se convierten en trabajadores asalariados,<br />

en formas directas o más o menos enmascaradas. Puesto que estas masas de individuos coexisten<br />

para el capital y lo hacen ya sea a escala mundial, de cada país, o de zonas y territorios de cada país, este<br />

aspecto se presenta como segmentación de una clase trabajadora en ciernes, sujeta a diversos grados de<br />

explotación y sistemáticamente colocada en situación de competencia consigo misma (son ejemplos<br />

la tercerización, la deslocalización o producción dislocada en regiones y Estados diversos, la precarización,<br />

la desocupación fluctuante, la desocupación estancada, todo en los procesos internos de la fábrica<br />

social generalizada). Pero esto es: a) continuidad de la producción, es decir, producción y reproducción<br />

(si el trabajo de la hipotética comunidad, pequeña o grande, se detuviera del todo, incluso por un mes<br />

solamente, todos estarían muertos, etcétera); lo que significa, por tanto, b) trabajo y por ende producción,<br />

siempre dentro de determinadas relaciones, llamadas por eso relaciones de producción. Todavía<br />

más, eso significa c) que las fuerzas productivas de la comunidad, subjetivas u objetivadas (máquinas,<br />

“tecnología”, etcétera) existen, se modifican, se desarrollan y también se deterioran, siempre dentro<br />

de determinadas relaciones de producción. De hecho, un algo así como unas “fuerzas productivas”<br />

inmovilizadas en su abstracción, sin las relaciones en las que se desarrollan y operan, no puede existir o<br />

bien está fuera del proceso productivo: desechos que la herrumbre hará tornar al ciclo natural.<br />

4. En este proceso ya pluridecenal 1 (basta leer los datos estadísticos de las fuentes oficiales como el<br />

Istat, la Eurostat, el Banco Mundial, etcétera) se modifica y se refuerza el triple comando sobre trabajo<br />

asalariado.<br />

Primer comando: frente a la masa segmentada, estratificada, disponible, de los vendedores de<br />

fuerza-trabajo, el capital tiende a escoger en todo momento a cuáles y cuántos trabajadores incorporar<br />

a la producción o, por el contrario, descartar; es decir, precarizar o simplemente invitar a considerarse<br />

inútiles (como dice Mazzone, invitados a morir) 2 . El segundo aspecto del comando u ordenamiento<br />

del capital es el ejercitado sobre el producir en sí mismo. Desde el momento en que se quiere realizar<br />

un bien o servicio, es el capital el que tiende a asumirlo y hace aparecer como fuerza productiva suya el<br />

uso de las técnicas, la organización del trabajo, las innovaciones de proceso y de producto, que hacen<br />

posible la realización de ese producto dado o gama de productos en un tiempo determinado.<br />

El tercer aspecto del comando del capital consiste en el hecho de que el producto (bien o servicio)<br />

es mercancía y por tanto debe ser vendido, y solo con esa venta se lleva a cabo la valorización del capital.<br />

En consecuencia, todo el proceso productivo de mercancías es regulado por las férreas leyes del<br />

proceso de valorización.<br />

En un mercado capitalista desarrollado, determinados sectores mercadológicos (y en perspectiva<br />

todo el mercado) entran en crisis de sobreproducción en el momento en que la tecnología utilizada, la<br />

fuerza-trabajo operante y la organización del proceso de trabajo permiten la producción de mercancías<br />

en una cantidad tan elevada que no puede ser absorbida por el mercado (como no sea a precios tan<br />

bajos que no posibiliten la valorización). Se tiene entonces exceso de oferta frente a una demanda<br />

depauperada o, por lo menos, inferior. Entiéndase que eso no significa que tales mercancías no sean<br />

“queridas”, deseadas por algún consumidor, dado que frecuentemente las crisis de sobreproducción<br />

conviven con amplios estratos de pobreza difusa en los países de capitalismo avanzado y en todo el<br />

mundo, sino que apenas indica que esas mercancías no son vendibles más que a determinados precios,<br />

LA ECONOMÍA: ENTRE CIENCIA Y “NO CIENCIA”<br />

XXXVII


los cuales no permitirían la valorización (cierre positivo del ciclo de valorización) del capital invertido<br />

en su producción.<br />

Eso quiere decir que el capital invertido para producirlas se quema, se pierde, no se valoriza; no solo<br />

no retorna con crecimiento, sino que no retorna en absoluto. Por tanto, no es un problema de cantidad<br />

de mercancías producidas en exceso con respecto a las necesidades reales de la población; es un problema<br />

de mercancías que no pueden ser vendidas “a su valor”. Por eso los productos, las técnicas, las líneas<br />

del producto, serán adoptados o descartados en función de la valorización y solo de la valorización.<br />

Pero con eso, entonces, no solo el trabajador individual sino el trabajador en general es de nuevo<br />

sometido en su mismo trabajo, no a los fines de aumentar la riqueza de la sociedad sino a los de la<br />

valorización, sin cuya realización la unidad de producción (empresa) pierde su objetivo fundacional.<br />

5. Si se prescinde de todo lo antes dicho, no se puede entender el proceso de mundialización capitalista<br />

en curso. Es por eso que, en las diversas tentativas de construir una ciencia económica –pero también<br />

una crítica de la economía–, un escaso conocimiento del capitalismo lleva a equivocar la ruta y a<br />

terminar “atrapando hormigas creyendo cazar elefantes”.<br />

Una parte sustancial del problema consiste en la falta de comprensión de las reglas del juego de<br />

una sociedad en la cual el poder se distribuye en función del dinero que se posee, generando al mismo<br />

tiempo una ideología según la cual el poder se distribuye en función de las capacidades innatas de<br />

cada quien. El capitalismo es una forma de organización de la sociedad, cuyo dinamismo interno y<br />

capacidad de cambio tienen una profunda unidad en las leyes de movimiento del mismo MPC. Pero<br />

esta unidad escapa al análisis teórico de los economistas y de otros científicos sociales que consideran<br />

solamente aspectos parciales del proceso, o fenómenos reportados en modelos matemáticos o estadísticos<br />

muy elaborados, pero aislados del contexto en el que surgen 3 .<br />

En este Tratado no se pretende develar ningún secreto, ni presentar las claves de interpretación definitiva<br />

de un sistema tan complejo como el capitalista. Se trata más bien de reflexionar sobre algunos de<br />

los principales elementos teóricos del estudio del capitalismo, cuya comprensión es fundamental para<br />

poder luego desarrollar propuestas de acción en el marco de la realidad concreta en que viven los individuos:<br />

el ambiente de trabajo, el espacio de consumo, las relaciones internacionales, el contexto de la<br />

familia y de las relaciones personales, sociales y culturales, los determinantes del conflicto social –con<br />

el conflicto capital-trabajo en su centro–, en este punto ya flanqueados por las otras contradicciones<br />

capital-ambiente, capital-Estado de derecho.<br />

6. Después de haber discutido en anteriores trabajos científicos el papel y el desarrollo de los procesos<br />

económico-productivos, incluidas las dinámicas del así llamado capital informativo y de los modelos<br />

capitalistas desde el punto de vista de las modernas ciencias empresariales, y después de haber<br />

tratado los mismos temas en una lectura de carácter más directamente político-económico (véanse<br />

algunos de mis libros publicados por Jaca Book desde 2003, en colaboración con autores extranjeros<br />

como J. Arriola, H. Jaffe, J. Petras), es de hecho útil, a los fines de una mejor comprensión de la actual<br />

fase de la competencia global, transferir con este texto dichas temáticas al plano de una crítica de la economía<br />

aplicada, en una explicación y determinación de las tendencias en curso en el mundo capitalista.<br />

Una formulación de este género es diferente, y con frecuencia incluso opuesta, a algunos análisis<br />

de autores citados en varias partes del texto. Tales referencias, que a veces no son compartidas en su<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XXXVIII


contenido, sirven para dar una panorámica sintética de los diversos puntos de vista “contra”; es decir,<br />

de aquellas perspectivas que no tienen nuestra visión marxista de los problemas económico-sociales,<br />

pero comparten el análisis de contratendencia respecto a los proyectos del capital.<br />

7. Si el análisis propuesto en el texto hace referencia a la teoría marxista, específicamente a la crítica<br />

de la economía política de Marx, no es ciertamente por una suerte de proselitismo ideológico o de<br />

sectarismo político-cultural que se escoge ese camino: el hecho es que, al día de hoy, es solo gracias a<br />

Marx que se puede entender y valorar críticamente el funcionamiento y las contradicciones del sistema<br />

capitalista y, por tanto, de su modo de producción 4 .<br />

Si bien es verdad que durante los últimos años, en Italia, parece que se estuviera recuperando un<br />

poco del terreno perdido en décadas pasadas en materia de estudios sobre Marx y las teorías marxistas,<br />

con la difusión de una literatura renovada en varios ámbitos disciplinarios 5 , es también cierto que en<br />

el ámbito académico persiste un radical ostracismo, sobre todo cuando esa literatura es desarrollada<br />

como crítica de la economía política y aplicada.<br />

La marginalización –o, mejor dicho, la expulsión fuera del campo académico y sobre todo del<br />

ámbito científico en general– de la crítica de Marx a la economía política y de la economía política<br />

marxista, nos induce hoy con fuerza a desarrollar una visión actualizada de la función metodológica,<br />

conceptual e ideológica de la crítica de los marxistas a la economía política y a la economía aplicada.<br />

8. En el Tratado se propone una crítica a la economía aplicada. En efecto, la teoría económica dominante<br />

contempla y difunde esencialmente modelos de reducción de los costos de producción, gracias<br />

al despido y la precarización de un número cada vez mayor de trabajadores, inútiles en un mundo<br />

productivo más y más mecanizado. Es esa la regla de un nunca mejor llamado mundo posfordista<br />

de la acumulación flexible, que no tiene necesidad de reinsertar nuevamente al expulsado en el ciclo<br />

productivo.<br />

Se tiende así, por ejemplo, a considerar el tiempo del desempleo como una condena, una condición<br />

de impotencia y de inutilidad, y no, en cambio, como un momento en el cual poder vivir y procurarse<br />

enriquecimiento educativo, superando de tal forma la alienación causada por la desocupación y por<br />

un trabajo –en la mayoría de los casos– impersonal, esclavizante, pero productivo. De allí deriva,<br />

asimismo, el lugar común de considerar al desempleado como un peso para la sociedad, un trasto profundamente<br />

inútil; no se utiliza esa condición para prepararse para una nueva función ocupacional que<br />

requiera mejor formación, para garantizar una renta y permitirle al desocupado elegir las formas del<br />

vivir social en función, también, de un tiempo liberado del trabajo. La condición de desempleado debe<br />

ser sometida al capital completamente, sin conflictividad, hasta el límite incluso de la marginalización,<br />

la desesperación, el suicidio social.<br />

Durante largos períodos de desempleo, los potenciales trabajadores viven en condiciones de gueto:<br />

encerrados bajo llave en una situación de desesperación económica. ¿Cómo podría ser de otra manera,<br />

si ninguno está produciendo? Si no se produce ningún boom o emergencia, algunos trabajadores de<br />

reserva se adaptarán en los bajos fondos del mundo del trabajo, pero para todos los otros será la<br />

ruina. Falta de asistencia médica, dietas inadecuadas y competencia violenta por recursos limitados<br />

son los medios del sacrificio. Como el conjunto de los sacrificados por el trabajo en los campos,<br />

en Estados Unidos el ejército industrial de reserva está constituido principalmente (y aún más:<br />

desproporcionadamente) por miembros de las minorías. Esta macabra cosecha extiende sus efectos<br />

LA ECONOMÍA: ENTRE CIENCIA Y “NO CIENCIA”<br />

XXXIX


más allá de los mecanismos de la remoción: no basta la reclusión espacial (los guetos). Desde el<br />

punto de vista de los conservadores, se ha hecho necesario instalar nuevas señales para hacer menos<br />

vagos los confines entre subeconomía y economía de superficie. Por ejemplo, los llamamientos a<br />

restablecer los valores de la familia funcionan como llamados eufemísticos para que el horror del<br />

sacrificio de la mano de obra excedente sea contenido o devuelto a la oscuridad. Los valores de la<br />

familia son un eufemismo para la reocupación militante de lo visible por parte de las fuerzas del<br />

orden social, y no son en ningún modo interpretados como reclamo de abolición de la subeconomía:<br />

al contrario, esta representación es solo otra espectacular manera de reencontrar y controlar el oscuro<br />

límite entre las dos economías (Critical Art Ensemble, 1998: 89).<br />

La contradicción más absurda del imperio del capital está justamente en despreciar el tiempo libre<br />

y el enriquecimiento intelectual y práctico del tiempo libre fuera de las lógicas del capital. La desocupación<br />

y la siempre creciente precarización del trabajo y del vivir, en las sociedades occidentales,<br />

es el espejo del límite histórico al que está llegando la producción capitalista. Frente a ese límite, la<br />

comunicación desviante es utilizada para tornar compatibles con el sistema incluso a sus víctimas más<br />

evidentes, los desempleados, los precarizados, destruyendo de antemano toda voluntad y posibilidad<br />

de rebelión.<br />

9. En el texto se presta atención a las modalidades concretizables del proyecto del imperio del capital en<br />

el actual proceso de mundialización y, en consecuencia, también a la gestión del capital desde el punto<br />

de vista subjetivo, para identificar cómo se decide, se comunica, se sigue y se controla el conjunto de<br />

las operaciones gerenciales encaminadas a lograr el dominio de la lógica del mercado sobre todas las<br />

entidades de valores que se liberan en la esfera social.<br />

Se advierte así que, para alcanzar esos objetivos, el capital asume una forma-empresa, que es la<br />

fábrica social en general, y una forma-institución, que es el profit State (el Estado de la ganancia),<br />

estructuras de representación del modelo capitalista con modalidades diversas y articuladas de ser y<br />

de actuar, las cuales, sin embargo, responden todas a las escogencias del modelo neoliberal conocido<br />

como posfordista, fuertemente caracterizado por los recursos inmateriales de la información y la<br />

comunicación.<br />

Se trata de un modelo centrado, de manera cada vez más acentuada, en la búsqueda de formas<br />

flexibles de acumulación; es decir, basadas en criterios de flexibilidad productiva, de precariedad del<br />

trabajo y de todo el vivir social, a partir de la valorización de los nuevos modelos comunicacionales<br />

desviantes, capaces de imponer en su territorio el dogma cultural del mercado, de la ganancia, del vivir<br />

según los principios de la empresa.<br />

Nace así una forma de verdadero totalitarismo cultural, que utiliza para sus propias afirmaciones<br />

un capital humano e intelectual homologado: el intelectual se convierte en función orgánica de la<br />

clase dominante del profit State, sometido y funcional exclusivamente a las exigencias, a los valores, a<br />

la lógica de la ganancia, del mercado, de la empresa, para procurar por todos los medios la destrucción<br />

social y cultural de los “rebeldes”, de los no homologados.<br />

10. A todo ello se opone el Tratado desde una manera simple de afrontar un mundo complejo: más que<br />

la pertenencia a una escuela, una forma de vida; es decir, la unión indisoluble entre teoría y praxis en<br />

el intento de contribuir a la crítica para la superación del modo de producción capitalista. Un “estilo”<br />

de vida que ha sido el de los grandes revolucionarios, como el Che Guevara.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XL


El 7 de octubre de 1959, Fidel Castro anuncia el nombramiento del Che como jefe del Departamento<br />

de Industrias del Instituto Nacional de la Reforma Agraria. Fue en ese período que se concibió<br />

el sistema de presupuestos, aplicado solamente en el sector industrial de la economía cubana. Tal<br />

sistema fue la manera en que se organizó la economía estatal de Cuba en el sector industrial, con la<br />

centralización en un fondo único de todos los ingresos de las empresas pertenecientes a dicho departamento.<br />

De ese mismo fondo se extraían los recursos para la gestión, según las previsiones y de acuerdo<br />

con programas de ejecución que, a su vez, respondían a un plan anual. Entre 1961 y 1962 se inicia<br />

la aplicación del sistema presupuestario, para eliminar la anarquía heredada y para reforzar el Estado<br />

revolucionario, utilizando formas avanzadas de control, contabilidad y programación de la producción<br />

que se hallaban en vigor en algunas empresas extranjeras radicadas en el país, y cuyo sistema era,<br />

generalmente, centralizado. Se partía del principio de que las formas de gestión económica, desde el<br />

punto de vista técnico, debían tomarse de donde estuvieran más desarrolladas, para luego adaptarlas a<br />

la nueva sociedad.<br />

La conformación del sistema se basaba en:<br />

– Técnicas contables avanzadas que permitiesen un mayor control y una eficiente dirección<br />

centralizada.<br />

– Técnicas de cálculo aplicadas a la economía y a la dirección, como los métodos matemáticos<br />

aplicados a la economía.<br />

– Técnicas de programación y control de la producción.<br />

– Técnicas de presupuesto como instrumento de planificación y control por medio de las finanzas.<br />

– Técnicas de control económico por vía administrativa.<br />

– Experiencias de los países socialistas.<br />

En este sistema, la empresa no tiene disponibilidad líquida en una cuenta propia; consigna todo<br />

al presupuesto nacional y gasta también de acuerdo con un plan, del que recibe todos los recursos<br />

necesarios, por lo que no requiere utilizar créditos. El propio Che fue decidido crítico del sistema<br />

presupuestario, sobre todo por cuanto respecta al papel de los cuadros, a las fallas del mecanismo de<br />

administración y de control de calidad, a la falta de aprovisionamientos y los inventarios ineficaces, a<br />

los problemas derivados de la amplitud óptima de las fábricas, etcétera. Una vez fijados los sistemas de<br />

organización del trabajo, las normas de trabajo, remuneración y estímulo, y un control riguroso<br />

de los procesos y los costos desde el mismo ministerio hasta el más pequeño establecimiento, para<br />

organizar la salvaguarda de los recursos nacionales y tomar decisiones dirigidas a corregir los procesos<br />

en Cuba, se exigía disciplina financiera, respeto a la disciplina contractual y a los estándares cualitativos,<br />

procesos todos estos para los cuales se concebía la participación amplia de los trabajadores y<br />

del sindicato.<br />

La construcción del socialismo y del comunismo es para el Che un fenómeno de producción, organización<br />

y conciencia. No es solamente una tarea administrativa-técnica-económica, sino más bien<br />

ideológica-técnica-política-económica. ¡He ahí la síntesis teórica y práctica!<br />

Por ejemplo, en su escrito La planificación socialista: su significado, traducido al italiano por Baldini<br />

y Castoldi (1996, pp. 139-140), pone el Che Guevara en evidencia la gran diferencia entre cálculo<br />

económico mercantil y ética del sistema social de valores:<br />

LA ECONOMÍA: ENTRE CIENCIA Y “NO CIENCIA”<br />

XLI


Al ir desarrollando pragmáticamente nuestro sistema llegamos a avizorar ciertos problemas ya<br />

examinados y tratamos de resolverlos, siendo lo más consecuente ‒en la medida en que nuestra<br />

preparación permitiera‒ con las grandes ideas expresadas por Marx y Lenin. Eso nos llevó a buscar la<br />

solución a la contradicción existente en la economía política marxista del período de transición. Al<br />

tratar de superar esas contradicciones, que solamente pueden ser frenos transitorios al desarrollo del<br />

socialismo, porque de hecho existe la sociedad socialista, investigamos los métodos organizativos más<br />

adecuados a la práctica y la teoría, que nos permitieran impulsar al máximo, mediante el desarrollo<br />

de la conciencia y de la producción, la nueva sociedad; y ése es el capítulo en que estamos enfrascados<br />

hoy (...)<br />

5) Para nosotros, “la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista”, etcétera, y,<br />

por tanto, le atribuimos mucho mayor poder de decisión consciente que Bettelheim.<br />

6) Consideramos de mucha importancia teórica el examen de las inconsecuencias entre el método<br />

clásico de análisis marxista y la subsistencia de las categorías mercantiles en el sector socialista, aspecto<br />

que debe profundizarse más.<br />

7) A los defensores del “cálculo económico” les cabe, a propósito de este artículo, aquello: “de nuestros<br />

amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo”**.<br />

11. Hay entonces, esencialmente, dos maneras de comprender la realidad económica. Una es aquella<br />

que considera exclusivamente la realidad que se contabiliza en mercancías, en precios. Según ese punto<br />

de vista, la competencia del economista no atañe a la economía del vivir, del trabajo y de la convivencia<br />

civil, sino que se restringe al estudio de los aspectos de la realidad que tienen una expresión<br />

monetaria (por ejemplo, de acuerdo con esta concepción, el objeto de la economía aplicada se limita<br />

exclusivamente a lograr la estabilidad de los equilibrios contables fundamentales: oferta y demanda,<br />

importaciones y exportaciones, gasto e ingreso nacionales, cantidad de dinero y cantidad de producción,<br />

etcétera). Tal concepción, absolutamente dominante en el moderno paradigma neoliberal, se<br />

basa en la idea de que en los hechos existen tan solo individuos programados para actuar, de manera<br />

casi unívoca, en función de la búsqueda racional y sistemática del interés personal. Cualquier otro<br />

incentivo, de naturaleza relacional, ética, ideológica, o determinado por los valores de la persona, es<br />

considerado como no pertinente para la praxis del análisis económico (Ormerod, 1994, 1998: 44).<br />

La otra perspectiva toma en cuenta el hecho de que, más allá de la realidad de las mercancías y los<br />

precios, se puede considerar un cuadro económico más amplio o, quizá mejor dicho, un cuadro amplio<br />

y socialmente económico que incluye, por ejemplo, el mundo de los precios como uno de sus tantos<br />

componentes: uno que corresponde a la realidad de los valores. Según esta concepción, los fenómenos<br />

estrictamente monetarios interactúan con los fenómenos económicos que no se expresan en forma de<br />

precios y que derivan esencialmente del trabajo.<br />

Tales fenómenos adquieren, a nuestros ojos, connotaciones de naturaleza social, relacional, conductual,<br />

integrando y ampliando nuestra consideración de los hechos monetarios. Por ejemplo, esta<br />

concepción estima como un fenómeno económico de primera magnitud la explotación del trabajo<br />

asalariado y argumenta que un tratamiento exclusivamente contable de los problemas económicos no<br />

permite encontrar soluciones a largo plazo. Las páginas que siguen abordan los argumentos económicos<br />

según ese punto de vista.<br />

** (n.t.) El texto original –en español– fue publicado por Cuba Socialista en junio de 1964. La versión que aquí se inserta ha sido<br />

tomada de www.archivochile.com, que a su vez lo cita de Guevara, E. (1977). Escritos y discursos (t. 8), La Habana: Editorial de<br />

Ciencias Sociales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XLII


12. En el presente texto se quiere analizar, en primer lugar, la diferencia cualitativa del capitalismo<br />

en relación con los sistemas económicos precedentes, en tanto que se trata de un sistema que se<br />

centra en el rol del dinero en el proceso de acumulación y en el carácter mercantil del dinero y de la<br />

fuerza-trabajo. En consecuencia, se introducen algunas nociones básicas de teoría económica, sobre<br />

inversiones, ocupación, comercio, en las relaciones internacionales, y sobre el papel económico del<br />

Estado, para ver cómo se traducen estos conceptos en la dinámica histórica del capitalismo. Por eso<br />

se confrontan, en las páginas que siguen, los conceptos de crecimiento cuantitativo de la economía,<br />

de la revolución tecnológica, la globalización neoliberal y el papel de las transnacionales y multinacionales<br />

6 , sin olvidar el análisis de los desequilibrios territoriales y geográficos que se están produciendo<br />

y el modo en que golpean las periferias del mundo capitalista. Para adelantar esta investigación, se<br />

introduce la noción fundamental de “crisis económica” y las teorías de la crisis. Se subraya el papel<br />

del comercio internacional y el carácter mundial del capital productivo, cada vez más condicionado<br />

por las decisiones del capital financiero, para así brindar una descripción actualizada de las principales<br />

relaciones internacionales que tienen lugar en el campo de la economía.<br />

Se busca, por otra parte, profundizar en el conocimiento de las dimensiones estructurales de las<br />

políticas económicas que se aplican actualmente en todo el mundo, mediante la presentación de la<br />

concepción que está en la base de los programas de ajuste estructural y de las propuestas neoliberales<br />

esenciales en materia de instrucción, mercado de trabajo, sistema financiero, políticas sectoriales y<br />

reforma del sector público.<br />

13. Es solo mediante el desarrollo comprehensivo de los temas abordados en los varios capítulos del<br />

Tratado que podrá el lector encontrar los aspectos específicos del proceso de mundialización capitalista<br />

en su fase actual y las argumentaciones que explican los nexos.<br />

Cuanto se ha afirmado hasta ahora, sin embargo, indica a grandes rasgos el objeto del presente<br />

trabajo y las categorías que se utilizan para dar expresión conceptual a masas de datos que, de otra<br />

forma, serían en sí mismas poco significativas, y a representaciones parciales del proceso extensamente<br />

difundidas (“cultura empresarial”, “de lo social”), pero que, precisamente por parciales, obstaculizan<br />

antes que facilitar la comprensión del todo.<br />

Se trata de unilateralismos que pretenden presentarse como absoluto, asumiendo momentos del<br />

proceso como verdad única (financiación, cultura, progreso tecnológico, uso de la ciencia, hasta llegar<br />

a la “cultura de las tres i”: impresa, inglesa, informática).<br />

Por ese motivo, los economistas del “fenómeno parcial” son expertos en explicar lo que ya ha<br />

sucedido, encuentran dificultad en explicar lo que sucede y son incapaces de prever lo que sucederá<br />

en el futuro.<br />

14. El encuadramiento creciente de los organismos estructurados específicamente para potenciar la<br />

generación de conocimientos (universidades y centros de investigación) forma ya parte integrante de<br />

las relaciones industriales y transforma a sus propios trabajadores pensantes en asalariados sometidos<br />

directamente a una relación capitalista, obligados a orientar su pensamiento y su conciencia hacia la<br />

producción de un saber susceptible de rápida mercantilización; o, si forman parte de instituciones<br />

públicas, herederas de la institución medieval de la libertad de cátedra, supeditados a una serie de<br />

presiones y condicionamientos (financieros, políticos, mediáticos, de carrera) a fin de que el trabajo<br />

de producción de conocimiento se adapte a las necesidades de la acumulación de capital.<br />

LA ECONOMÍA: ENTRE CIENCIA Y “NO CIENCIA”<br />

XLIII


También por ese motivo, la economía política y sus anexos y conexos (economía aplicada, política<br />

económica y un largo etcétera hasta llegar, en Italia, a disciplinas muchas veces inventadas con el fin<br />

clientelar de ocupar cátedras) no han de considerarse ciencias.<br />

En general, en los países de capitalismo maduro, la derrota de los países del bloque socialista europeo<br />

ha seguido justificando la idea del capitalismo como único y último horizonte de la humanidad,<br />

y con ello la afirmación en el ámbito de los estudios económicos –y por extensión universitarios– del<br />

predominio absoluto del pensamiento neoclásico en el análisis y estudio de la macro y microeconomía<br />

y de otras disciplinas más específicas en el área de la economía aplicada.<br />

Nunca como hoy, a todas estas, se había sentido la necesidad de la crítica de la economía política<br />

de Marx y de un análisis actualizado de la crítica marxista de la economía aplicada, para afirmar su<br />

vigencia y su capacidad científica de análisis interdisciplinario en las nuevas condiciones.<br />

He allí por qué retornar a la crítica de la economía política. He allí por qué este Tratado busca representar<br />

una crítica de la economía aplicada a partir de Marx y de la determinación real de la economía<br />

política marxista, reconociendo también límites y errores.<br />

15. La posible instauración de una auténtica democracia participativa de base es la idea de fondo que<br />

recorre todas estas páginas; pero para que la ciudadanía universal sea también un derecho y no una representación,<br />

mucho camino queda por andar. A la verdadera ciudadanía universal se opone el sistema<br />

perverso del capitalismo, que le da a quien tiene ya mucho y le quita a quien no tiene, concediendo el<br />

poder del dinero solo a quien ya lo detenta, a fin de que lo utilice con el objetivo de hacer más dinero<br />

para obtener más poder. En el sistema de la así llamada “sociedad de mercado” se subordina, en<br />

realidad, la sociedad al mercado y el mercado capitalista es medio para dominar a la mayoría de los<br />

ciudadanos.<br />

La historia enseña a desconfiar de las modas políticas, sociales, económicas, académicas, que tienen<br />

una vida efímera. No pocos textos neoliberales –e incluso aquellos aferentes a corrientes de pensamiento<br />

de la izquierda liberal progresista– que hoy día causan “furor”, expresan las condiciones e<br />

ilusiones de los países más ricos del mundo en este presente y huidizo momento. Los verdaderos hitos<br />

literarios dedicados a la construcción de la conciencia social, en cambio, pueden ser por un cierto<br />

tiempo dejados en el olvido, pero resisten. No hacen furor ni ruido. Brindan una contribución de<br />

otro tipo, más sedimentada, más lenta, menos espectacular, menos escénica. Incluso, muchas veces,<br />

circulan de mano en mano de forma casi clandestina. Cuando una obra posee auténtica capacidad<br />

de explicación y de comprensión de los procesos sociales, continúa brillando a pesar de los años, con<br />

una persistencia que no se apaga. Resiste las olas y las modas y deviene en instrumento de formación<br />

cultural y político-social.<br />

A este respecto, Fidel Castro sostiene en su discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad<br />

de La Habana el 17 de noviembre de 2005, en ocasión del 60° aniversario de su ingreso a esa casa<br />

de estudios:<br />

cuando supe lo que era el comunismo utópico, descubrí que yo era un comunista utópico, porque<br />

todas mis ideas partían de: “Esto no es bueno, esto es malo, esto es un disparate. Cómo van a venir las<br />

crisis de superproducción y el hambre cuando hay más carbón, más frío, más desempleados, porque<br />

hay precisamente más capacidad de crear riquezas. ¿No sería más sencillo producirlas y repartirlas?”.<br />

Por ese tiempo parecía, como le parecía también a Carlos Marx en la época del Programa de Gotha,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XLIV


que el límite a la abundancia estaba en el sistema social; parecía que a medida que se desarrollaban las<br />

fuerzas productivas, podían producir, casi sin límites, lo que el ser humano necesitaba para satisfacer<br />

sus necesidades esenciales de tipo material, cultural, etcétera.<br />

Todos se han leído aquel Programa, y es, por cierto, muy respetable. Establecía con claridad cuál era<br />

la diferencia, en su concepto, entre distribución socialista y distribución comunista, y a Marx no le<br />

gustaba profetizar o pintar futuro, era sumamente serio, jamás hizo eso.<br />

Cuando escribió libros políticos, como El 18 Brumario, Las luchas civiles en Francia, era un genio<br />

escribiendo, tenía una interpretación clarísima. Su Manifiesto Comunista es una obra clásica. Usted la<br />

puede analizar, puede estar más o menos satisfecho con unas cosas o con otras. Yo pasé del comunismo<br />

utópico a un comunismo que se basaba en teorías serias del desarrollo social, como el materialismo<br />

histórico. En el aspecto filosófico, se apoyaba en el materialismo dialéctico. Había mucha filosofía,<br />

muchas pugnas y disputas. Siempre, desde luego, hay que prestar la debida atención a las diversas<br />

corrientes filosóficas.<br />

En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de<br />

concebir una estrategia y una táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo<br />

real. Ninguna táctica o estrategia que desuna sería buena***.<br />

Es en ese contexto que intenta, con ansia, insertarse este libro. Se trata de una reflexión sobre el<br />

marco económico nacional, regional y mundial en el que se desarrolla la actividad cultural militante.<br />

No se ofrecen recetas, sino más bien indicaciones y orientaciones para que se cumpla, con la lucidez<br />

más amplia y profunda posible, el trabajo del lector, en las respectivas dimensiones socioculturales (estudiantes,<br />

investigadores, estudiosos, sindicatos, partidos, asociaciones ciudadanas de carácter cultural,<br />

de solidaridad internacional, etcétera). El deseo es que la lectura de este Tratado se convierta en un<br />

estudio que pueda hacer crecer la idea de la necesidad y la posibilidad real de construir, en la cultura y<br />

en la fatiga, la superación del modo de producción capitalista.<br />

Vuelve aquí el ejemplo del Che Guevara, que en La planificación socialista: su significado (trad. Baldini<br />

y Castoldi, 1996: 26) escribe: “Teoría y práctica, decisión y discusión, dirección y orientación, análisis<br />

y síntesis, son las contraposiciones dialécticas que debe dominar el administrador revolucionario”****.<br />

Reforzar esa convicción, dándole un amplio aliento de cientificidad a dicha afirmación, es el objetivo<br />

último de estas páginas.<br />

Todo eso quiere también decir que la interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad, entendidas<br />

como cultura básica que sepa derrotar esa cierta visión aplanada sobre la univocidad mercadocéntrica,<br />

constituyen un imperativo ineludible para el avance de la ciencia de la transformación social que<br />

objetivamente se encuentra en curso y que puede tener desenlaces catastróficos o, por el contrario, positivos.<br />

Asumir esto como un principio de nuestra función docente, de nuestro papel de investigadores<br />

y de intelectuales orgánicos del movimiento internacional de trabajadores es nuestro mayor desafío.<br />

El Che tenía claro que en una sociedad nacida del capitalismo no se puede renunciar a nuevos<br />

mecanismos económicos, pero entendidos como mecanismos de sostenimiento del trabajo político<br />

y revolucionario; tenía asimismo claro que el camino por recorrer sería largo y a ese respecto declaraba,<br />

en sus escritos políticos, que el objetivo que debía perseguirse para construir el socialismo del<br />

*** (n.t.) La versión aquí transcrita ha sido tomada del original en español, según aparece reproducido en la página www.cuba.<br />

cu/gobierno/discursos/.<br />

**** (n.t.) El texto original –en español– fue publicado por la revista Trabajo en julio de 1961, con el título de “Discusión colectiva,<br />

decisión y responsabilidad única”. La versión que aquí se inserta ha sido tomada de www.archivochile.com.<br />

LA ECONOMÍA: ENTRE CIENCIA Y “NO CIENCIA”<br />

XLV


siglo xxi, era el de crear finalmente un hombre nuevo, capaz de hacerse cargo de las experiencias, de<br />

las derrotas y de las esperanzas de la época presente, para convertirlas en semilla de la nueva sociedad.<br />

Sobre ese sendero estamos hoy en camino.<br />

— notas —<br />

1 Sobre el análisis de tales procesos, véanse los varios análisis-encuestas publicados en Proteo, revista cuatrimestral de carácter<br />

científico y de análisis de las dinámicas económico-productivas y de las políticas laborales, bajo curaduría del Centro de Estudios<br />

y Transformaciones Económico Sociales (Cestes-Proteo) y de la Federación Nacional de las Representaciones Sindicales de Base<br />

(RdB) (Italia), años varios, 1997-2006.<br />

2 Para los argumentos tratados en esta introducción como planteamiento general y de fondo, fueron fundamentales las sugerencias<br />

críticas de A. Mazzone y las referencias a muchos de sus trabajos (véase la bibliografía).<br />

3 “Los economistas, en particular, tienen notable responsabilidad para bien y para mal: las acciones de los políticos serán tanto<br />

más eficaces cuanto más rigurosos y realistas sean los análisis que deben prepararles. Y aquí nos encontramos frente al problema<br />

de las condiciones en que se encuentra la teoría económica. Como he tratado de argumentar en este libro, esas condiciones<br />

son bastante infelices: la estructura fundamental de la teoría dominante es estática, justo en una época en la que las<br />

innovaciones juegan un papel de gran relevancia, transformando y a veces sacudiendo la vida económica, o más bien la entera<br />

vida social. En la teoría dominante se cierra el paso para el análisis dinámico, o se le introduce por medio de expedientes como<br />

aquel de asumir desplazamientos de curvas que son estáticas, es decir, hipotéticas y fuera del tiempo; pero sin explicación alguna<br />

para aquello que se asume. En la teoría dominante se hace amplio uso de métodos matemáticos, que, por norma, brindan<br />

garantía de rigor; pero el rigor es solo uno de los dos requisitos de las propuestas científicas: el otro es la relevancia. Cuando<br />

ambos requisitos son satisfechos, la propuesta tiene eficacia interpretativa, que después de todo es lo que cuenta en cualquier<br />

ciencia”. Cfr. Sylos Labini (2004: 114-115).<br />

4 Es difícil retomar los hilos de un discurso sobre la teoría y el análisis marxista en los tiempos actuales, caracterizados frecuentemente<br />

por el oscurantismo cultural, por el “liquidacionismo” de la historia del movimiento obrero y de la teoría marxiana y<br />

marxista, es decir, de una parte fundamental del análisis científico de la sociedad que se llevó a cabo en los siglos xix y xx. Parece<br />

que se vive en un período en el que se está realizando con metódica tenacidad un verdadero apartheid político-cultural contra<br />

el pensamiento marxista, llegando hasta el punto de excluir las teorías de Marx de la “ciudadanía” científica y académica. Estamos<br />

en presencia del intento de ejecutar un proyecto de abatimiento de la identidad científica en la diversidad de los enfoques<br />

culturales; y la homologación en una suerte de “pensamiento único” neoliberal, en sus diversas variantes y articulaciones,<br />

también de “izquierda”, golpea a los estudiosos que hacen referencia a aquellas ideas, excluyéndolos del enclave de la ciencia<br />

oficial.<br />

5 Piénsese, por solo citar algunas de las orientaciones, en los libros de Fineschi (2001), Carandini (2005), Gattei (ed., 2002),<br />

Mazzone (ed., 2002), Mazzone (en Quaderni Lavoro e p., 2005), Musto (2005), Vasapollo (ed., 2002; 2003; 2005), Vasapollo,<br />

Petras, Casadio (2004) Vasapollo, Jaffe, Galarza (2005).<br />

6 Aun si en adelante se utilizará en el texto mayormente el término empresa multinacional, quede claro que en esta la casa matriz<br />

desempeña un papel predominante en lo que toca al proceso de decisión estratégica, mientras que en la empresa transnacional<br />

se conjugan las exigencias de coordinación con aquellas capaces de favorecer la autonomía en el conjunto de experiencias por<br />

parte de las filiales, sujetas a la dinámica de integración y dirigidas al intercambio de conocimientos, productos y servicios. La<br />

empresa transnacional deja en manos de sus unidades en el extranjero la facultad de decidir sobre las funciones empresariales<br />

críticas, que varían de un país a otro. La empresa multinacional clásica, en cambio, no exporta solamente un producto, sino<br />

también un sistema cultural y conductual, que es impuesto rígidamente, a diferencia de la empresa transnacional, que sigue<br />

una estrategia de adaptación e integración en el contexto del macrosistema ambiental que la acoge.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

XLVI


primera parte<br />

PARA UNA CRÍTICA A LOS FUNDAMENTOS<br />

DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS


Introducción<br />

Por una reconstrucción crítica de la fase actual<br />

del capitalismo en proceso de mundialización<br />

1. Es preciso ubicar la economía actual en el ciclo histórico en el que estamos inmersos. Ese ciclo<br />

comienza en los años setenta con una gran, y todavía no resuelta, crisis capitalista de acumulación, más<br />

que de sobreproducción 1 , y se caracteriza por generar grandes transformaciones estructurales, entre<br />

estas la redistribución de la pobreza y de la riqueza. Hay actualmente un aumento de la pobreza en<br />

los países ricos y un aumento de la riqueza entre ciertos sectores de la población de los países pobres.<br />

Si la competencia global es una ley del sistema, también lo son las de concentración y centralización<br />

del capital, que generan la evolución cotidiana propia del capitalismo. Del mismo modo, el actual proceso<br />

de acumulación flexible significa mayor concentración y centralización. La concentración implica<br />

que, por el proceso de acumulación, los capitales individuales se hacen más grandes, más poderosos.<br />

Las pequeñas empresas que no tienen un grado suficiente de concentración no son eficientes y, tarde<br />

o temprano, terminan bajo el dominio del gran capital, representado por las multinacionales. A través<br />

del proceso de centralización, el pez grande se come al pequeño: los capitales crecen no solo por su<br />

propia dinámica interna, sino asimismo porque se unen mediante fusiones y adquisiciones.


Actualmente asistimos a un acelerado proceso en ese sentido: el sector automovilístico, la industria<br />

farmacéutica, la banca y el comercio 2 se están centralizando a gran velocidad, dando lugar a enormes<br />

cadenas empresariales diseminadas a escala planetaria y fuertemente diversificadas.<br />

En pocos años, casi todos estos sectores de la economía serán dominados por unas pocas empresas<br />

de escala mundial. Este proceso ha llegado a un punto en que el comercio internacional está subordinado<br />

a los flujos determinados por las grandes empresas en sus estrategias de localización mundial.<br />

El comercio de productos finales entre países cede cada vez más espacio al comercio de componentes<br />

entre filiales de una misma empresa, ubicadas en diferentes países en razón de la deslocalización productiva<br />

y del uso imperialista de las inversiones directas en el extranjero (IDE) y del comercio exterior.<br />

2. Cumplida la transición de la era industrial a la posindustrial (o sea, de la información), hoy podemos<br />

tranquilamente afirmar que nos encontramos ya en la fase de la posinformación y de la comunicación<br />

desviante; en una fase simplistamente llamada posfordista y de la economía del conocimiento. La<br />

información se encuentra muy personalizada, en el sentido de que los mensajes no son ya dirigidos a<br />

grandes masas de personas, sino que tienden a ser calibrados en función de las exigencias y características<br />

de grupos cada vez más pequeños, hasta llegar al individuo mismo, para después extenderse a<br />

enteros enclaves sociales. Vivimos en la era de la competencia global, pero en un ámbito productivo<br />

individual y de soledad social.<br />

El sistema empresa, por tanto, debe saber operar una mezcla entre los diversos tipos de comunicación<br />

para obtener, de cada tipo de información, el resultado comercial y social determinado por las<br />

exigencias empresariales: su destinatario es la entera sociedad, concebida como conjunto de sujetos<br />

aislados e incapaces, en consecuencia, de organizar el disenso en relación con el imperio del capital,<br />

para el cual el control de la información es igual a dominio técnico-social totalizador.<br />

La comunicación no solo se ha homologado a sí misma, sino que tiende a homologar también el<br />

tiempo y el espacio, para hacerlos funcionales a sus intereses. De hecho, en la concepción capitalista<br />

toda forma de tiempo libre, sea que se le emplee para el reposo, la regeneración o el trabajo intelectual<br />

(que, cuando es verdadero e independiente, resulta a estas alturas denigrado porque “no es materialmente<br />

productivo”), es considerado tiempo perdido y es reducido hasta llegar a cero. Entonces, la<br />

comunicación orientada invade incluso la esfera privada del individuo, en un intento por difundir<br />

cada vez más el verbo del consumismo, convertido en fundamental para no ser excluidos de la masa,<br />

de un mundo que no consiente la idea de ser distinto, puesto que el “no homologado” es un “distinto”<br />

peligroso al que es preciso marginar y derrotar.<br />

Gracias a la comunicación desviante, en el imperio capitalista se tiende cada vez más a la homologación,<br />

a la anulación de aquello que es distinto del estándar, de lo que es “otro”, de la alteridad.<br />

La individualidad del hombre no es funcional a la doctrina capitalista, desde siempre inclinada a<br />

considerar las cosas simplemente con base en su valor de cambio y a las personas como fuerza-trabajo,<br />

causando así una reificación y mercantilización total de los recursos humanos y sociales. El derecho a<br />

la infuncionalidad ha sido, por tanto, completamente anulado; derecho que, por el contrario, habría<br />

que replantear con fuerza para derrotar uno de los peores males del capitalismo: la anulación del<br />

hombre. Un derecho reivindicable a través de las diversas formas de reapropiación del tiempo liberado<br />

del trabajo asalariado. En cambio, la comunicación desviante impone estilos de vida que también al<br />

tiempo libre lo hacen funcional al modo de producción capitalista.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

4


El concepto de trabajo abstracto es la mejor introducción para comprender la digitalización del<br />

proceso productivo, que la difusión de la microelectrónica ha hecho posible y luego propagado.<br />

Cuando se habla del capital como contradicción en proceso, Marx prefigura la asombrosa historia del<br />

Novecientos, el siglo en el cual el capital, por instinto de conservación de su modelo económico-social,<br />

destruye la potencialidad que él mismo ha creado en la esfera técnica. Y cuando preconiza el desarrollo<br />

de las facultades creativas, artísticas y científicas, Marx intuye la intelectualización del trabajo que<br />

caracteriza la transición posfordista. Llegado un cierto punto del desarrollo de la inteligencia aplicada<br />

a la producción, el modelo capitalista funciona como jaula paradigmática, aprisionando la actividad y<br />

la inteligencia bajo las formas del salario, de la disciplina, de la dependencia (...) La historia moderna<br />

no avanza dialécticamente hacia un resultado positivo, no se ve en sus horizontes alguna superación<br />

dialéctica. Aparece más bien como un dispositivo patógeno, como una doble atadura. ¿Y qué es una<br />

doble atadura? (...) Una forma de comunicación paradójica, en la cual el contexto relacional se ve<br />

contradicho por el contenido de la comunicación (...) En el plano histórico podemos decir que el<br />

capital semiotiza el proceso tecnológico según un código (el código de la valorización económica) que<br />

no es el adecuado para su contenido material y social. De ello resulta un sistema de malentendidos,<br />

instrucciones contradictorias, superposiciones perversas (Berardi, 1998: 48).<br />

Por otra parte, el período actual del capitalismo se caracteriza asimismo por la hegemonía del capital<br />

financiero. El sistema bancario, que constituye la parte central del sistema financiero, es el mecanismo<br />

básico de la centralización (no de la concentración, puesto que esta es resultado de la acumulación<br />

que cumple cada empresa o capital privado). Por medio del dinero de sus clientes, la banca convierte<br />

un conjunto de pasivos (depósitos) en activos (créditos). Por ejemplo, los trabajadores de una empresa<br />

depositan sus salarios en sus cuentas corrientes en un banco, y este concede ese dinero a la empresa,<br />

como crédito, para hacer una inversión en nuevas tecnologías que determina el despido de una parte de<br />

su planta laboral.<br />

¿Qué clase de democracia económica es esa?<br />

3. Hoy la comunicación que sostiene el proyecto de la nueva fase del capitalismo es una comunicación<br />

por la comunicación, que se reproduce a sí misma y no comunica otra cosa que la cultura de la ganancia,<br />

y que tiende a transformarse en comunicación nómada desviante, total, global. También ella es<br />

mercancía, por tanto; una mercancía estratégica que transmite la cultura del imperio del capital en un<br />

mercado ya mundializado, en el que la crisis de producción ha sido completamente suplantada y sustituida<br />

por la crisis de la distribución social de los bienes, del beneficio y de la riqueza comprehensiva<br />

y socialmente obtenida.<br />

La lógica de esta cultura, vehiculada a través de la comunicación desviante, es bastante vulgar y<br />

limitada, pues no hace sino ponerse de parte de la ideología burguesa y tiene por único objetivo el de<br />

enmascarar los intereses de clase que están detrás de cada teoría. Ese esfuerzo es obviamente necesario<br />

para la afirmación del pensamiento neoliberal, pero debería ser consciente de sus limitaciones y dejar<br />

intactas las raíces gnoseológicas de la ciencia y de su método general de investigación.<br />

Desde este punto de vista, las necesidades de la academia italiana no derivan de ningún juicio de<br />

valor, puesto que es de las condiciones subjetivas de la ciencia capitalista de donde derivan los juicios<br />

de valor, la ideología y las doctrinas políticas.<br />

De otra parte, el predominio ideológico en la crítica conduce frecuentemente a negaciones en<br />

bloque. Como sugiere Joan Robinson (1959: 362):<br />

Por una reconstrucción crítica de la fase actual del capitalismo en proceso de mundialización<br />

5


debemos admitir que toda doctrina económica que no sea formalismo trivial, contiene juicios<br />

políticos. Pero es ingenuo escoger las doctrinas que queremos aceptar por su contenido político. Es<br />

tonto rechazar un análisis porque no estamos de acuerdo con el juicio político del economista que<br />

lo sostiene.<br />

La economía política, “en el sentido más amplio de la palabra, es la ciencia de las leyes que rigen la<br />

producción y el intercambio de los medios materiales de vida en la sociedad humana” (Engels) 3 . Ella<br />

estudia el sistema de leyes que rigen la producción, la distribución, el intercambio y el consumo de<br />

bienes materiales. La relación económica es una relación práctica, productiva, en la cual las personas<br />

o clases sociales se realizan por medio de los productos de su trabajo, y viceversa. En estas relaciones<br />

se define quién dirige el proceso de producción, qué se produce, cómo producirlo, quiénes y cuántos<br />

tendrán acceso al mercado y en cuáles condiciones. Por este motivo, la economía política debe ser<br />

considerada como un conjunto de leyes sociales que regula un sistema de producción y distribución<br />

socialmente determinado.<br />

4. Es costumbre considerar que la sustitución de la economía política por la así llamada economics*<br />

se consuma a fines del siglo xix. La obra de Alfred Marshall y su esposa, Economia dell’industria [The<br />

Economics of Industry], es presentada como el primer tratado sobre esta postura. En efecto, parece<br />

pertinente comentar brevemente las premisas de ese trabajo desde el punto de vista del desarrollo de<br />

la ciencia. La ciencia empírica moderna, que viene a desarrollarse a partir de los siglos xvi y xvii en la<br />

Europa del Renacimiento, recorre constantemente las creaciones de representación idealizada de la realidad<br />

como base de los experimentos, los razonamientos y las proyecciones sobre la realidad. Trabajar<br />

con esas idealizaciones no solo no es criticable, sino que constituye un instrumento esencial de la labor<br />

científica, tanto para las ciencias naturales y matemáticas como para las sociales. El problema surge,<br />

en el caso de estas últimas, cuando se pretende convertir tales idealizaciones en imaginarios compartidos<br />

de sociedades perfectas, a los cuales deberíamos aproximarnos a pasos cuantitativos, calculados y<br />

calculables. Este tipo de utopía ocupa un lugar central en el pensamiento neoclásico, y parece ser una<br />

característica de la ciencia de la modernidad. La competencia perfecta, la libertad de mercado, el libre<br />

cambio, el equilibrio general, la teoría de la planificación estratégica de mercado, el funcionalismo y<br />

su propuesta de institucionalización equilibrada, y muchas otras, asumen las hipótesis de previsión<br />

perfecta (omnisciencia).<br />

En el siglo xix se generaliza la filosofía del positivismo, la idea de la “tangibilidad” y el “realismo<br />

formalizado” como evidencia principal de la ciencia. Las supuestas enormes virtudes del cálculo diferencial<br />

e integral, como el modelo matemático, comienzan a crear un ambiente de integralismo<br />

científico, una especie de metafísica que sustituye la realidad concreta del mundo y, en la vida diaria,<br />

los modelos teóricos.<br />

El pensamiento neoclásico introduce profundos cambios en la metodología de la economía, que<br />

comienza a caracterizarse por su renuncia a la teoría de la división social del trabajo, seguida por la<br />

negación de la ley del valor y el abandono de la teoría del superávit o surplus, de la plusvalía y, por tanto,<br />

del análisis de las contradicciones de clase. Ello introduce una visión mercadocéntrica, en la que el<br />

mercado de competencia perfecta es el criterio de medida y de regulación de toda la actividad humana.<br />

* (n.t.) Economía a secas.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

6


La renuncia del pensamiento neoclásico a la teoría del valor constituye un importante retroceso.<br />

Mientras la economía fue concebida como ámbito de reproducción de la vida humana, la teoría del<br />

valor pareció adecuada para tal análisis; pero cuando la economía, como ciencia burguesa, deviene<br />

en administración de la escasez, desaparece ese elemento. Hacer de la administración de la escasez el<br />

objeto de la propia teoría o análisis, significa orientar la visión económica sobre la base de la oferta y la<br />

demanda. Es por ese motivo que se establece la teoría subjetiva del valor, primero el valor de utilidad<br />

y luego la simpleza empirista y fetichista de la sujeción de los precios a la oferta y la demanda y sus<br />

conceptos derivados: competencia, escasez, etcétera 4 .<br />

En este rechazo no deben olvidarse los elementos ideológicos acerca de las consecuencias clasistas<br />

del análisis de Marx. Según Knut Wicksell (1851-1926), la teoría del valor-trabajo preocupaba<br />

extremadamente a los neoclásicos porque se había transformado en un arma terrible contra el orden<br />

existente: si el trabajo era la única fuente de valor, entonces todos los demás factores de producción<br />

privados debían ser considerados como parásitos de la producción y su retribución, como un robo, al<br />

ser el trabajo el único elemento con derecho a la remuneración.<br />

De manera independiente surgieron la “escuela austríaca” y la de Jevons, en Inglaterra. A estas<br />

siguieron Marshall, Walras y Pareto, de la así llamada escuela de Lausanne, quienes crearon las bases<br />

generales del pensamiento económico marginalista. Esta escuela, que fue llamada de la utilidad marginal,<br />

refleja el desplazamiento de la oferta y el costo hacia la demanda del consumidor, haciendo así<br />

de la utilidad un pertinente instrumento de análisis de las decisiones económicas. Estas categorías no<br />

eran el resultado de un costo real, sino de la utilidad (subjetiva) marginal de las mercancías. Tales ideas<br />

fueron sucesivamente refinadas hasta demostrar que no es la utilidad total la que determina el precio,<br />

sino la utilidad para el último comprador. Esta interpretación alejaba ulteriormente del peligro de<br />

contaminación de los clásicos, facilitando el uso de la matemática en la economía.<br />

Los factores de producción comenzaban a abrirse camino en forma independiente y así el valor de<br />

cada factor podía presentarse como una función de los precios de la mercancía que producía; ello dio<br />

origen a la teoría de la utilidad marginal. En esta fase del pensamiento económico, el ciclo productivo<br />

comienza a ser presentado como algo que tiene origen en las decisiones del consumidor y no en la<br />

necesidad de autocrecimiento del capital.<br />

Paul Samuelson, en su libro Economics, publicado en las principales lenguas del mundo, define la<br />

economía como el estudio de la manera en que los hombres y la sociedad deciden, con o sin empleo del<br />

dinero, usar recursos productivos limitados, que podrían tener aplicaciones alternativas, para producir<br />

variadas mercancías en el tiempo y distribuirlas, para el consumo, entre las diversas personas y grupos<br />

de la sociedad (Samuelson y Nordhaus, 2001: 25). Obsérvese cómo el objeto de estudio cambia hacia<br />

el análisis costos-beneficios del mejoramiento de la distribución de los recursos.<br />

Se sustituye así el proceso de producción y reproducción de la vida económica de la sociedad por<br />

procesos de selección y cálculos para determinados fines. El objeto de la economía es para los neoclásicos<br />

la mejor forma de localización de los recursos para elevar su rendimiento; por tanto, la reproducción<br />

y la acumulación del capital se corresponden con la exigencia de esta racionalidad económica.<br />

5. Las críticas contra esta interpretación de la economía no se hicieron esperar. Sismonde de Sismondi<br />

(1773-1842) se lamentaba de cómo la economía política inglesa, envuelta en cálculos cada vez más<br />

ocultos, se hacía progresivamente incomprensible, señalaba la necesidad de acercarse más a la vida y<br />

Por una reconstrucción crítica de la fase actual del capitalismo en proceso de mundialización<br />

7


a la realidad, y llamaba a estar en guardia contra el surgimiento de todo tipo de ideas que llevasen a<br />

perder de vista los hechos, como el considerar que el bien público se identifica con el aumento de la<br />

riqueza, al margen del sufrimiento de los seres humanos.<br />

Era ya entonces evidente el camino errado emprendido por los economistas, que había llevado a la<br />

ciencia a un callejón sin salida por su total desprecio de los problemas reales. Se podría citar todavía a<br />

un gran número de estudiosos, entre ellos, Leontief, Robinson, Galbraith (Assmann, 1997: 93-193),<br />

que criticaron la persistente indiferencia de la ciencia económica en relación con su aplicación práctica<br />

y con la explicación de los hechos reales. Actualmente existen ramas enteras de la teoría económica que<br />

tienen como presupuesto una especie de inmunización, de negación ideológica de las críticas.<br />

Sin embargo, la actitud de los así llamados “economistas clásicos”, con la cual se estrenaba la historia<br />

de esta pseudociencia, había sido todo lo contrario que tecnicista y, mucho menos, dogmática: las<br />

obras de Marx, Malthus, Ricardo y Smith parecen realmente poco para los ejercicios de abstracción o<br />

modelización, al privilegiar más bien la comparación con los fenómenos históricamente determinados<br />

que caracterizaron la época y las naciones en las que vivieron, como fue, por ejemplo, el largo ciclo de<br />

crecimiento registrado en vastas áreas de Europa y de América a mediados del ochocientos.<br />

De aquella lección de realismo queda bien poco en la ciencia económica actual, en la que, con frecuencia,<br />

el modelo pretende incluir forzosamente la realidad de las cosas, con peligrosas desviaciones<br />

ideológicas. Los credos ideológicos no se sostienen si no hay quien los asuma como base para aplicarlos<br />

como reglas del juego. Según Robinson (1959: 362), aunque muchos presupuestos de las teorías<br />

económicas no puedan ser probados, tienen la capacidad de proveer hipótesis que pueden servir para<br />

orientar la acción económica de las naciones y de las empresas. Estando así las cosas, el pensamiento<br />

presupone los fundamentos ideológicos de la burguesía como clase dominante.<br />

He ahí por qué la “no ciencia” económica hace del economista un cazador que va a atrapar hormigas<br />

cuando creía estar cazando elefantes...<br />

6. Parece claro que la economía política marxista y el pensamiento neoclásico parten de presupuestos<br />

ideológicos y científicos diferentes, aunque no necesariamente excluyentes (Figueroa, 2004: 198-199).<br />

Estos dos puntos de vista deben coexistir y entrar en conflicto para explicar la realidad económica de<br />

hoy. Esa coexistencia es parte de la dialéctica del pensamiento científico: la administración de la escasez<br />

es hija de la dialéctica instrumental del medio y el fin (Marx, 1976: III, 49).<br />

La teoría valor-trabajo es hija de la razón productiva en función de la vida humana. Adoptar la<br />

teoría del valor-trabajo no significa rechazar los aspectos válidos de las otras. La ley de la oferta y<br />

la demanda, por ejemplo, suministra una serie de indicaciones útiles acerca de las fluctuaciones de los<br />

precios. No se debe pretender descartarla, pero es bueno integrarla dentro de una visión fundamental<br />

que explique el nivel en torno al cual fluctúan los precios, nivel que es determinado por la teoría del<br />

valor-trabajo.<br />

Marx planteaba que si al salario, la plusvalía, el trabajo necesario y adicional se les despoja del<br />

carácter capitalista, se mantienen en pie las bases que son comunes a todas las modalidades sociales de<br />

producción. Por tanto, ambos análisis son necesarios y legítimos, y en la docencia y la investigación<br />

se requiere una síntesis capaz de evidenciar el motivo por el cual entran en conflicto, cuáles son los<br />

intereses sociales en juego.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

8


Desde el punto de vista académico, científico y práctico, la relación entre la economía política marxista<br />

y el pensamiento neoclásico debe plantearse en términos de no exclusión absoluta, puesto que es<br />

necesario considerar que este se compone de múltiples escuelas y tendencias, muchas veces contrapuestas<br />

entre sí; la acepción “pensamiento único” es útil solamente desde el punto de vista político<br />

general, pues sus aplicaciones en todos los modelos capitalistas no son iguales ni determinan los<br />

mismos resultados.<br />

7. Como hace evidente Ernesto Che Guevara (1964):<br />

En El Capital, Marx se presenta como el economista científico que analiza minuciosamente el carácter<br />

transitorio de las épocas sociales y su identificación con las relaciones de producción; no da paso a<br />

las disquisiciones filosóficas.<br />

El peso de este monumento de la inteligencia humana es tal que nos ha hecho olvidar frecuentemente<br />

el carácter humanista (en el mejor sentido de la palabra) de sus inquietudes. La mecánica de las<br />

relaciones de producción y su consecuencia, la lucha de clases, oculta en cierta medida el hecho<br />

objetivo de que son hombres los que se mueven en el ambiente histórico**.<br />

Es por eso que la crítica marxista de la economía, a partir de la crítica de Marx a la economía política,<br />

se desarrolla cada vez más sobre bases científicas, produciendo contenidos de crítica real y libre de<br />

prevenciones, no solo ante la economía burguesa, sino también ante la economía política marxista, en<br />

relación con la forma en que fue desarrollada y aplicada en muchos casos en los países del socialismo<br />

del área soviética.<br />

Queda claro que la economía política marxista es simultáneamente ciencia e ideología crítica, como<br />

todas las demás. Paradójicamente, ella limitó su propio desarrollo al definirse únicamente como ciencia,<br />

con lo cual se paralizó e ignoró determinadas realidades en nombre de una verdad preconcebida<br />

(Hinkelammert, 1997; 2001). La crítica no puede tener por objetivo el transformar la ciencia en un<br />

poder absoluto; en Marx, la crítica del pensamiento que lo precede conduce a un pensamiento de<br />

síntesis.<br />

La racionalidad de tipo económico debe conectarse con la racionalidad social del modelo, y no al<br />

contrario; en otras palabras, la racionalidad social necesita de la realidad económica como premisa,<br />

pero esta última no expresa automáticamente la racionalidad social. No se trata ni de la cantidad ni de<br />

la calidad de los bienes o servicios, sino más bien del modo en que estos se producen y de las relaciones<br />

sociales que a largo plazo derivan de ese modo de producción.<br />

Por ejemplo, según las ideas del Che Guevara, ese elemento podía poner en peligro la existencia<br />

misma del socialismo, preparando su reversibilidad. A este respecto, refiriéndose a un párrafo del<br />

Manual de economía política de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, en el cual se afirmaba<br />

que no existía una fuerza capaz de restaurar el capitalismo en aquel país y de minar el campo socialista,<br />

escribió Guevara:<br />

** (n.t.) La presente cita ha sido aquí transcrita del original en español, según lo reproduce el sitio web www.marxist.org.<br />

Corresponde a un texto publicado por primera vez bajo el título “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento”, en<br />

Nuestra Industria, Revista Económica, Nº 5, febrero de 1964, La Habana.<br />

Por una reconstrucción crítica de la fase actual del capitalismo en proceso de mundialización<br />

9


Afirmación que puede ser objeto de discusión. Las últimas revoluciones económicas de la URSS<br />

se asemejan a las que tomó Yugoslavia cuando eligió el camino que la llevaría a un retorno gradual<br />

hacia el capitalismo. El tiempo dirá si es un accidente pasajero o entraña una definida corriente de<br />

retroceso.<br />

Todo parte de la concepción de querer construir el socialismo con elementos del capitalismo sin<br />

cambiarles realmente la significación. Así se llega a un sistema híbrido que arriba a un callejón sin<br />

salida o de salida difícilmente perceptible que obliga a nuevas concesiones a las palancas económicas,<br />

es decir al retroceso (2006: 112) 5 .<br />

Por otra parte, es necesario contextualizar la crítica, considerando las hipótesis y condiciones de<br />

cada modelo y fase del capitalismo.<br />

8. Hoy, en la actual fase de la competencia global capitalista, hay la propensión a someter completamente<br />

el mundo, en toda dimensión y no solo en la económica, en todos los campos de lo humano,<br />

a la configuración de la empresa y de la ganancia, y quien sufre las mayores consecuencias es el individuo<br />

–singular y socialmente–, que se deja homologar sin oponerse, renunciando a su libertad y<br />

personalidad; cosa quizá ya por demás descontada, puesto que cotidianamente se reciben estímulos<br />

para convertirse en masa homologada, para asimilarse al imperio del capital.<br />

De hecho, los espacios y tiempos se hacen cada vez más reducidos y funcionales a la difusión de<br />

las ideas dominantes del capital comunicacional. Los medios de comunicación de masas, las computadoras<br />

y la telefonía móvil han convertido el globo en un pueblo pequeño, no solo por motivos<br />

informativos y culturales, sino también para hacer frente a las exigencias de un mercado día a día más<br />

mundial y para difundir e inculcar en la gente la mentalidad de la mercantilización: cada cosa tiene un<br />

precio, un preciso valor de cambio.<br />

Entonces la ideología capitalista y la cultura de empresa transmitida de variadas maneras a través<br />

de la comunicación nómada desviante, influencian no solo el intercambio sino también la producción<br />

y el consumo, en tanto que la primera deviene en comunicación –piénsese tan solo en el ejemplo del<br />

teletrabajo– y el consumo, como consumo de mercancía-mensaje y viceversa, resulta en comunicación;<br />

y aquellos que controlan la comunicación desviante son los agentes de la nueva clase dominante en el<br />

imperio del capital posfordista.<br />

La comunicación, en su forma social capitalista, se caracteriza por la tendencia a realizarse de manera<br />

total, sea en lo que concierne a la extensión, sea en lo que respecta a aquello que puede ser<br />

comunicado en el ámbito de la circulación de personas, bienes (y servicios) y mensajes. Bajo el modo de<br />

producción capitalista, comunicación es mercado, y el intercambio es esencialmente intercambio<br />

de mercancías (...) también los mensajes se convierten en mercancías, de la misma manera como<br />

las mercancías no podrían ser mercancías si no fuesen también mensajes. Como la circulación de<br />

mensajes-mercancía –antes que mercancías-mensaje–, y como la circulación de personas mediante<br />

medios de circulación que son también mercancía, toda la comunicación resulta convertible en<br />

mercado (Ponzio, 1997a: 53).<br />

El “tiempo libre de los pocos”, el de aquellos que, como clase dominante, detentan el control de la<br />

comunicación, es visto bajo la misma exigencia de evitar la pérdida de tiempo –mediante la aceleración<br />

de la comunicación y la eliminación de los intervalos y las mediaciones entre propósito y realización–<br />

que caracteriza “el tiempo libre de los muchos”. Con la evidente diferencia, sin embargo, de que los<br />

primeros pueden generalmente, y en ciertos aspectos exclusivamente, disponer de los medios para hacer<br />

cumplir tal exigencia (Ponzio, 1997a: 56).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

10


Sin embargo, a pesar de ese intento de hacer funcional el tiempo libre, el capitalismo sigue produciéndolo,<br />

y de manera siempre creciente, bajo la forma de desempleo estructural y de empleos<br />

intermitentes y precarios, con modos de vida y de reacción sometidos a las dinámicas del imperio del<br />

modo de producción capitalista. Marx pensaba que el sistema fabril había resuelto los problemas de<br />

la producción, vale decir, la escasez del producto y de sus frutos. Pero intuyó un nuevo problema: el<br />

de la distribución. La crisis de la distribución habría a su vez conducido a la revolución, con la cual<br />

los victoriosos trabajadores habrían cambiado radicalmente los itinerarios de la distribución burguesa.<br />

Esta especulación siguió tomando forma incluso mucho más tarde, en las visiones utópicas –tanto<br />

como bien ejemplificadas– de René Clair en la película A nous la liberté [Para nosotros la libertad].<br />

El film describe una época ubicada tras la gloriosa revolución, en la cual los trabajadores disfrutan la<br />

vendimia de un “cero trabajo” y viven solamente para festejar, beber y cantar, mientras las máquinas<br />

trabajan para producir los bienes necesarios para el advenimiento de esa utopía. Todas las principales<br />

corrientes del arte moderno (futurismo, constructivismo, Bauhaus) ilustraron esa inminente<br />

utopía secular.<br />

Sería, sin embargo, injusto endilgar a Marx la culpa del frecuentemente embarazoso optimismo<br />

del Novecientos. Aun habiendo demostrado que una economía capitalista racionalizada podría poner<br />

fin al problema de la producción, Marx comprende también que no basta con las mercancías para<br />

satisfacer a las personas. Y prevé que, en la era del capitalismo, al aumento de la producción correspondería<br />

un aumento de la alienación de nuestra humanidad con respecto a los procesos económicos, los<br />

productos de la economía y los demás seres humanos. En términos de condiciones psíquicas individuales,<br />

las cosas no mejorarían, sino más bien empeorarían de una torcida manera. Según Marx, una<br />

vez examinadas otras variables, más allá de las productivas, no existía ningún avance social “unilineal”<br />

(Critical Art Ensemble, 1998: 63-64).<br />

9. Actualmente, en plena época de declinante “éxito” ideológico del neoliberalismo, existen variadas<br />

fuerzas, partidos, instituciones y estudiosos –muchos de los cuales habían tenido algo que ver con el<br />

marxismo– que discuten el beneficio real, para algunos sectores sociales de masas, particularmente<br />

los menesterosos, de haber implementado la política económica del capital. Si se tiene en cuenta que<br />

el proyecto social (capitalismo atemperado de carácter social) de reestructuración capitalista consiste<br />

esencialmente en procesos regresivos de distribución de la riqueza, que permiten incrementar la acumulación<br />

mientras se reduce el consumo por parte de la población, no hay duda de que también este<br />

modelo tiene efectos positivos solo para algunos sectores de la sociedad; vale decir, los privilegiados.<br />

La profunda transformación que ha sufrido el mundo con la así llamada globalización de los procesos<br />

económicos y sociales, hecho que configura la actual fase imperialista de competencia global, ha<br />

permitido exponer con claridad los límites de muchos paradigmas teóricos, cuyos núcleos duros se<br />

ven debilitados o superados. Para Guadarrama (1996: 325), “ninguna concepción del desarrollo de la<br />

sociedad ha podido transitar sin tropiezos por el complicado sendero de la historia”.<br />

Toda teoría económica es signo del período en que fue escrita y aquellas que tienen la fortuna de<br />

predominar están en constante lucha con otras concepciones. La desaparición del campo socialista<br />

y el paso del bloque de Europa Oriental a la economía de mercado, han obligado a una profunda<br />

transformación en el sistema de referencia internacional por parte de los marxistas y, sobre todo, de<br />

países socialistas como Cuba, incluso con formas de acomodamiento económico interno que inciden<br />

Por una reconstrucción crítica de la fase actual del capitalismo en proceso de mundialización<br />

11


sobre aspectos importantes del modelo económico allí aplicado. Pero es en los países capitalistas,<br />

y particularmente en los llamados avanzados, donde se cierra con mayor violencia el debate con el<br />

pensamiento marxista, postulando el capitalismo y la economía burguesa como única verdad para la<br />

humanidad. Esto se verifica sobre todo en la academia, en la docencia y –valga como ejemplo– en los<br />

programas de estudio de los cursos de economía. Hasta los años setenta fue tangible la presencia de<br />

materias de crítica al pensamiento dominante: una diversidad de textos de autores marxistas, en los<br />

cuales predominaba un enfoque global de la economía como ciencia social.<br />

En los últimos años, el sistema imperante de dominación ideológica ha llevado incluso a muchos<br />

estudiosos a renegar del marxismo para no ser acusados de anticientificidad; ese ha sido, en la academia<br />

italiana, el precio que muchos han escogido pagar para afirmarse, hacer carrera, convertirse en hombres<br />

de poder, sin renegar del método de análisis de clase, sino más bien pasando a defender los intereses de<br />

la otra clase. Poniéndose de parte del capital contra los trabajadores.<br />

Se introducen así, en la instrucción universitaria, cursos orientados exclusivamente a la profundización<br />

del pensamiento neoclásico, produciendo la expulsión, fuera del ámbito científico oficial, de<br />

la crítica marxista de la economía e impidiendo la confrontación directa entre la economía política<br />

marxista, la macro y microeconomía y otras así llamadas ciencias económicas aplicadas de contenido<br />

más específico, que parten de la perspectiva teórica e instrumental neoclásica.<br />

Las relaciones interdisciplinarias, en todo caso, constituyen un complejo problema metodológico<br />

y científico, dado que el objetivo final de la interacción no es la ciencia en sí, sino el perfil profesional<br />

del futuro graduado y su campo de aplicación en el mercado. En un sentido general, afirmar, como<br />

se hace hoy en las universidades italianas, que nosotros los críticos marxistas de la economía no merecemos<br />

espacio científico porque el marxismo no se adapta a la interdisciplinariedad de los currículos<br />

estudiantiles, significa esconder que la interdisciplinariedad así entendida es aquella que se centra en<br />

las reglas del mercado y la ganancia, en las lógicas neoliberales, sepultando así la cultura general que<br />

debería exaltar la diversidad. Para hacer pasar ese mensaje se recurre una vez más a todos los recursos de<br />

la comunicación desviante, no solo a través de los “nuevos” contenidos de las disciplinas académicas,<br />

sino utilizando el conjunto de medios de una propaganda omnipenetrante que hace del estudiante un<br />

cliente; de la universidad, una empresa; de la cultura, una mercancía.<br />

10. Aun cuando el pensamiento económico actual homologa y engloba en sí mismo cualquier trabajo<br />

intelectual y todo tipo de ciencia, se sigue mirando en esa dirección con expectativa y deseo de continuas<br />

innovaciones tecnológicas que puedan acelerar no solo los tiempos de producción sino también<br />

los del intercambio y la venta.<br />

Keynes, los poskeynesianos y los neoclásicos encuadran la economía en un modelo en el que pocas<br />

constantes dirigen el mecanismo entero. El modelo que necesitamos debería hacer ver la economía<br />

como ecología, ambiente, y estar compuesto por unas cuantas esferas interactivas: una microeconomía<br />

de los individuos y de las empresas, especialmente multinacionales; una macroeconomía de<br />

gobiernos nacionales y una economía del mundo. Toda teoría económica precedente postulaba que<br />

una economía controlase totalmente las otras, como simples funciones independientes (...) Pero la<br />

realidad económica está hoy compuesta de variables parcialmente dependientes. Ninguna controla<br />

totalmente las otras. Ninguna es controlada totalmente por las otras. Y ninguna es plenamente<br />

independiente. Una tal complejidad puede a duras penas ser descrita. No puede ser analizada y no<br />

permite predicciones. Para hacernos de una teoría económica que funcione, necesitamos una síntesis<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

12


capaz de simplificar esta complejidad. Pero por el momento no hay señales de esa teoría. Y si no surge<br />

una nueva síntesis, podemos decir que hemos llegado al fin de la teoría económica (Drucker, 1988:<br />

149-150).<br />

11. Escribir hoy de marxismo sería un mero ejercicio teórico si no fuésemos capaces de “actualizar” las<br />

categorías marxistas para comprender el capitalismo contemporáneo. Si es cierto que uno de los más<br />

grandes legados del revolucionario de Tréveris*** es el representado por su metodología, a través de la<br />

cual es posible leer e interpretar las tendencias de la economía capitalista para poder luego accionar por<br />

su destrucción y superarla en el socialismo, entonces ningún marxista debe preocuparse por el hecho<br />

de que Marx no lo haya “dicho todo”: ¡sería tonto, más bien, pensar lo contrario!<br />

Por curso inexorable de sus propias leyes económicas, el capitalismo será superado, sin duda, por<br />

un nuevo régimen de producción, seguramente capaz de resolver las contradicciones latentes en la<br />

economía y la sociedad capitalistas.<br />

Parafraseando a Engels: la organización social de los hombres, impuesta por la naturaleza y la historia,<br />

será a partir de un determinado momento, y como resultado de la acción de las leyes económicas,<br />

obra propia y libre. Los poderes objetivos y externos de la historia se desplegarán bajo el dominio del<br />

hombre mismo. Solo a partir de ese momento esbozará el hombre su historia con plena conciencia de<br />

lo que hace. Y solo a partir de entonces comenzarán las causas sociales a producir, prevalentemente y<br />

cada vez en mayor medida, los efectos deseados; será como el salto de la humanidad del reino de la<br />

necesidad al reino de la libertad.<br />

A medida que crecía el movimiento de masas, crecía también la necesidad de comunicar a esas<br />

masas, de una manera accesible, los contenidos principales del marxismo, teoría que representaba los<br />

intereses de los explotados. Hacia 1893 comenzaron a circular en Europa los primeros resúmenes de<br />

la obra de Marx y fue Engels en esa tarea el más grande sostén. En 1921 se publica el primer texto<br />

sobre marxismo, de Bujarin, fuertemente criticado por Gramsci y Lukács en razón de su contenido<br />

reduccionista de la complejidad y su esquematización. Esa limitación real de los manuales y textos hace<br />

que se produzca, tras la muerte de Lenin, una pérdida de la cosmovisión revolucionaria del marxismo<br />

y un profundo déficit de nuevas ideas y conocimientos. El marxismo ortodoxo se oficializó en la dimensión<br />

propagandística burocrática y se dogmatizó. Fueron criticados, y a veces además etiquetados<br />

como antimarxistas, con la consecuente exclusión de la corriente principal, pensadores como Gramsci,<br />

Lukács, Althusser, Che Guevara y otros que no quisieron renunciar a su propia originalidad.<br />

El dogmatismo condujo a diversas interpretaciones extremas del marxismo, a un cierto teoricismo y<br />

a la pérdida de contacto con la realidad, tanto del mundo socialista como del capitalista; es esa una de<br />

las razones por las cuales el marxismo crítico e innovador no pudo concentrarse y denunciar eficazmente<br />

y a tiempo las contradicciones existentes en el campo socialista, que lo llevaron más tarde al colapso.<br />

12. Ya Engels, en varias cartas (a Francisco Mehring en 1883 y a Bloch en 1890), reconocía con<br />

honestidad que el énfasis puesto por él y Marx en el contenido económico había llevado al excesivo<br />

economicismo de sus discípulos. Hoy puede afirmarse, más de un siglo después, que una parte considerable<br />

del marxismo desde entonces difundido ha manifestado una incapacidad real de desmentir<br />

esta sentencia de Engels.<br />

*** (n.t.) Trier, la ciudad alemana donde nació Carlos Marx.<br />

Por una reconstrucción crítica de la fase actual del capitalismo en proceso de mundialización<br />

13


Fueron difundidas muchas verdades que no eran tales, como aquella del mito de la crisis general<br />

del capitalismo, olvidando el principio marxista de la unidad entre lo absoluto y lo relativo como<br />

camino para comprender la práctica en general. La interpretación del sistema de contradicciones del<br />

capitalismo como un proceso lineal, que marcha hacia el socialismo a través de etapas sucesivas de<br />

profundización de su crisis general, no solo es inconsistente, sino que no concuerda con la práctica.<br />

Se cometió un grave error de previsión al sobrevalorar las crisis de crecimiento del sistema en determinados<br />

períodos e interpretarlas como una crisis estructural del modelo de producción capitalista.<br />

Esto creó la confusión de concebir esta crisis como la posibilidad real de una caída de los pilares fundamentales<br />

del sistema en un tiempo no lejano; el mundo subdesarrollado, donde las contradicciones del<br />

capitalismo son cada vez más agudas, era presentado como el lugar de la expansión del ideal socialista y<br />

revolucionario. Todo ello provocó un gran conflicto con la práctica: una situación revolucionaria tiene<br />

diversos niveles de maduración y, por tanto, puede arribar o no a niveles de ruptura; al mismo tiempo,<br />

la maduración de una situación prerrevolucionaria y su conversión en revolucionaria propiamente<br />

dicha, no es de por sí garantía del triunfo de una revolución que, a su vez, puede no ser necesariamente<br />

socialista. Estas condiciones reclaman todavía un conjunto de factores adicionales, como el papel de la<br />

subjetividad comunista y de las vanguardias, la forma en que se articulan los diferentes movimientos<br />

políticos y la importancia de la correlación internacional de fuerzas.<br />

Lenin descubrió que la transición del capitalismo a un régimen superior podía realizarse en un solo<br />

país, y aun bajo determinadas circunstancias aparentemente desfavorables, acaso en los eslabones más<br />

débiles del sistema y no en aquellos donde el capitalismo hubiese agotado sus posibilidades de desarrollo,<br />

como previeron Marx y Engels. Esto torna más traumática toda transición, con el riesgo, incluso,<br />

de que sea esa la causa del fracaso de algunos movimientos revolucionarios, y ello no solamente en los<br />

países donde el capitalismo no había concluido siquiera con la formación del Estado-nación.<br />

Tras la crisis de la Europa del Este, se reestructuró el sistema de contradicciones del mundo<br />

contemporáneo: el conflicto entre socialismo y capitalismo fue transferido al de las contradicciones<br />

intercapitalistas, como la que se da entre los intereses de los Estados imperialistas y los de los países<br />

explotados del Tercer Mundo, o en la competencia global entre bloques imperialistas, hoy disfrazada<br />

de globalización de las interdependencias e interconexiones.<br />

No se pierda de vista la tesis del Che Guevara, según la cual muchos países subdesarrollados, a<br />

pesar de ser objeto de la más brutal explotación, tienen gobiernos – hasta democráticos y progresistas–<br />

aliados al capital financiero internacional: son, en una perspectiva más realista, polos semiperiféricos<br />

de expansión del capital.<br />

Contra la ortodoxia y la superficialidad que con frecuencia han infectado asimismo a muchos<br />

intelectuales que, en las décadas pasadas, han competido en la triste batalla de las citas, para aducir a<br />

su favor esa frase de Marx, aquella expresión recóndita; contra esos mismos pensadores que, cuanto<br />

más han utilizado el verbo marxista para apalear a los “desviacionistas”, tanto más rápidamente se han<br />

pasado, con armas y bagaje, al servicio del capital; contra esa utilización impropia y mística, además de<br />

políticamente (partidistamente) interesada, de Marx y de su obra, hoy los militantes, los intelectuales<br />

marxistas, partiendo de la lección del “maestro de la crítica de la economía política”, deben estar en<br />

grado de conducir una cerrada y despiadada crítica contra las nuevas formas que ha asumido el capital.<br />

Al intentar un esbozo de ese camino, nos ceñiremos a algunos temas que consideramos centrales en la<br />

actual dinámica del modo de producción capitalista.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

14


13. Una de las características esenciales del modo de producción capitalista es que los empresarios<br />

“compran” a los trabajadores, o mejor dicho su fuerza de trabajo, para producir bienes y servicios con<br />

el objetivo de obtener una ganancia.<br />

En un sistema económico capitalista, la mayoría de los bienes y servicios son producidos en las dependencias<br />

de un patrón (los llamados hombres de negocios, capitalistas o directivos de empresa) que<br />

busca obtener ganancias vendiendo esos bienes y servicios en el mercado. La mayoría de las personas<br />

que producen mercancías en una sociedad capitalista, trabajan para otra persona (el patrón) y reciben a<br />

cambio un sueldo o salario. Incluso en la subeconomía o sector informal, la mayor parte de los trabajadores<br />

son asalariados 6 . Por tanto, en la economía capitalista el trabajo se organiza en función de la ganancia;<br />

los productores de mercancías (para el mercado) no son los trabajadores, sino el capitalista o<br />

gerente que en ellos delega la tarea; y los bienes, los servicios y el tiempo de las personas (trabajo) se<br />

intercambian a través de los mercados.<br />

Para comprender el capitalismo debemos responder algunas preguntas fundamentales:<br />

– ¿Cómo se organiza el trabajo?<br />

– ¿Cómo funcionan los mercados?<br />

– ¿Quién determina el monto de la ganancia y el monto de los salarios?<br />

– ¿Quién determina las tecnologías?<br />

– ¿Por qué algunos trabajadores ganan más que otros?<br />

Las posibles respuestas que se pueden dar a estos interrogantes dependen, en gran medida, de la perspectiva<br />

con la que veamos la realidad económica; es decir, del tipo de teoría que se decida adoptar para<br />

interpretar la realidad. Nuestra escogencia de campo es la de la crítica de la economía política de Marx.<br />

Ciertamente, la teoría marxiana, y luego el marxismo****, no tienen las características típicas de las<br />

así llamadas “ciencias burguesas”. El marxismo interpreta las leyes de las ciencias naturales, sociales<br />

y económicas como un aspecto de la realidad concreta, un aspecto real y casi siempre independiente<br />

de la voluntad del individuo; hechos estrechamente conectados con las relaciones –y la correlación de<br />

fuerzas– entre las clases y con la modalidad del conflicto capital-trabajo en un determinado período<br />

histórico.<br />

Para llegar a ese resultado, se necesitan los más de 40 años de estudio que permitieron a Marx,<br />

en primer lugar, apropiarse de los instrumentos de la economía política, para luego someterlos a una<br />

crítica cerrada; elaborando así, siempre en clave científica, una teoría compleja para su superación y,<br />

con ello, para la superación del modo de producción capitalista.<br />

14. En las varias partes del Tratado se colocará siempre al centro del análisis la esfera productiva (el proceso<br />

productivo, como unión de proceso de trabajo, proceso de valorización y proceso de circulación),<br />

identificando, en la relación capital-trabajo, la dialéctica que funda el modo 7 de producción capitalista,<br />

que es también la contradicción inmanente y fundamental del modo-movimiento mismo y de la cual<br />

**** (n.t.) Como es usual en italiano y algunas otras lenguas, el autor utiliza aquí –y a todo lo largo de su Tratado– el término<br />

“marxiano” para referirse a la obra de Marx, propiamente dicha, y “marxista” o “marxismo” para aludir al pensamiento al que<br />

esta, posteriormente, ha dado pie. En la presente traducción, sin embargo, se ha optado por el uso común de “marxismo” o<br />

“marxista” para ambos casos, como se encuentra ya asentado en habla hispana.<br />

Por una reconstrucción crítica de la fase actual del capitalismo en proceso de mundialización<br />

15


derivan –o por la cual son en cualquier caso influenciadas– las demás contradicciones internas de<br />

la sociedad capitalista. Si la contradicción capital-trabajo es la fundamental, entonces es fuente del<br />

dinamismo pero también de la contradicción del modo-movimiento de producción capitalista.<br />

En este Tratado, en todo caso, por su misma naturaleza, no se podrá afrontar de manera orgánica<br />

el análisis del proceso laboral, en todas sus facetas e implicaciones. Se buscará, de todos modos, poner<br />

de relieve su centralidad en la explicación de buena parte de los fenómenos y de las tendencias típicas<br />

del modo de producción capitalista.<br />

— notas —<br />

1 Sobre este tema en particular, cfr. Pala (1981), donde entre otras cosas se someten a férrea crítica todas las varias teorías “subconsumistas”<br />

acerca de las crisis económicas (de Luxemburg a Keynes y a Sweezy).<br />

2 Ese proceso, fácilmente observable desde hace décadas –si no siglos– por cuanto concierne a la formación de monopolios y<br />

oligopolios de las materias primas, hoy es pavorosamente creciente aun en ámbitos poco menos que vírgenes unos pocos años<br />

atrás: piénsese en el agua, la biodiversidad, etcétera (hemos llegado incluso a la gestión monopólica del proceso de elaboración<br />

de mapas del DNA de poblaciones enteras: véase el caso de Islandia). Sobre esta y el conjunto de caracterizaciones directas e<br />

indirectas –en términos económico-productivos y sociopolíticos– de la actual fase de la mundialización capitalista, de aquí en<br />

adelante serán frecuentes en el Tratado las referencias, aun si no siempre explícitas, a trabajos previos del autor y particularmente<br />

a Martufi, Vasapollo (1999; 2000a; 2000b; 2000c; 2003); Cararo, Casadio, Martufi, Vasapollo, Viola (2001).<br />

3 Citado en Muñoz (2004: 55-63).<br />

4 Para una reconstrucción crítica de los orígenes de la escuela marginalista y una confrontación directa de esta con la crítica de<br />

la economía política marxista, cfr. Bujarin (1970).<br />

5 A este respecto, en el XX aniversario de la caída en combate del Che, señalaba Fidel: “hay muchas ideas del Che que son de<br />

una vigencia absoluta y total, ideas sin las cuales estoy convencido de que no se puede construir el comunismo, como aquella<br />

idea de que el hombre no debe ser corrompido, de que el hombre no debe ser enajenado, aquella idea de que sin la conciencia,<br />

y solo produciendo riquezas, no se podrá construir el socialismo como sociedad superior y no se podrá construir jamás el<br />

comunismo” (Castro, 1987: 93-117).<br />

6 La relación de trabajo asalariado va por tanto más allá de la forma jurídica más o menos válida, “encarnándose” en la sustancia<br />

de la relación social instaurada entre el que “da trabajo” y el trabajador.<br />

7 “Marx siempre usó la locución ‘modo de producción capitalista’. No casualmente, porque ‘sistema’ es un concepto ‘absoluto’,<br />

indeterminado, inconexo, siempre idéntico a sí mismo y, como tal, una abstracción ‘mental’, contraria entonces al método de<br />

Marx, fundado en la ‘abstracción real” (Ciufo, 2001: 195).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

16


capítulo i<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

1. La esencia del capitalismo<br />

1. En primera instancia, debe paragonarse aquello que es capitalismo con lo que no es capitalismo, a<br />

través de estas dos fórmulas:<br />

M - D - M* donde M = M* (circuito no capitalista) 1<br />

D - M - D* donde D < D* (circuito capitalista)<br />

M = mercancía<br />

D = dinero<br />

En este enunciado se resumen casi 100 años de comprensión de la economía, desde la clásica,<br />

pasando por Marx, hasta Keynes 2 (salvo la ortodoxia liberal, que interpreta la realidad de manera muy<br />

distinta). En estas dos fórmulas está la diferencia específica de lo que es el capitalismo.


2. No era capitalista la economía china del siglo vii, o la de los romanos en el Mediterráneo, porque<br />

ambas se correspondían con la primera de las fórmulas del párrafo anterior. En todas esas economías,<br />

incluida la de los viejos países socialistas de la Europa Oriental, la actividad económica consistía en<br />

un intercambio de mercancías por otras mercancías, por medio del dinero. En estos intercambios, las<br />

mercancías tienen el mismo valor: M = M*. Un zapatero vende sus zapatos y el dinero que obtiene lo<br />

utiliza para comprar dos camisas. Por tanto, las dos camisas tienen el mismo valor que los zapatos. Es<br />

un intercambio equitativo: quien da, recibe el equivalente de aquello que da. Es el principio fundamental<br />

de la igualdad; el principio del intercambio es un principio igualitario: así funcionan todas las<br />

economías que se definen como economía “con mercado”.<br />

A fin de que este sistema funcione, basta con que las personas se especialicen en producir algo que<br />

otros necesiten, vendan su producto en el mercado y reciban por ello un dinero; en pocas palabras, la<br />

división social del trabajo es una premisa. En estas economías, “dinero” no es equivalente a “poder”. El<br />

dinero es un medio de cambio y un equivalente universal de los valores. La gente puede tener dinero,<br />

pero eso no les otorga un poder de decisión sobre la dinámica de la sociedad. En las sociedades arcaicas<br />

construidas sobre este modelo, el poder político estaba en manos de los patricios, de los senadores, de<br />

los políticos o de los reyes, que no necesariamente eran quienes controlaban la actividad económica.<br />

3. El capitalismo no es una economía con mercado, sino una economía de mercado. Y hay en esto algo<br />

más que una sutil diferencia sintáctica.<br />

Si en los otros sistemas económicos de intercambio la división del trabajo permite un mejoramiento<br />

del nivel de vida y del disfrute de los bienes materiales, en el capitalismo el objetivo no es el intercambio<br />

equivalente. La actividad no comienza con dos personas que cumplen un trabajo productivo y<br />

venden sus productos en el mercado para así conseguir mejorar su propio nivel de consumo. El circuito<br />

económico comienza con el dinero (D). El dinero, entonces, no es ya un medio para organizar el<br />

mercado y facilitar el intercambio, sino que se convierte en el principio y fin de la actividad económica.<br />

El dinero sirve para comprar fuerza de trabajo y medios de producción, que a su vez sirven para<br />

cumplir un proceso productivo y fabricar una mercancía (M) que se pueda vender para, así, obtener, en<br />

conclusión, una cantidad de dinero que necesariamente debe ser mayor que la que se tenía al comienzo<br />

(D').<br />

Por tanto, para que el capitalismo funcione debe obligatoriamente producirse acumulación, de<br />

manera que en cada intercambio lo que se obtenga al final sea mayor que lo que se tuvo al inicio.<br />

Y es que, de no ser así, el capitalista no perdería su tiempo, por ejemplo, en construir un edificio o<br />

en contratar obreros para producir zapatos. El capitalismo se basa en un principio de desigualdad y<br />

desequilibrio 3 .<br />

4. En el capitalismo es preciso controlar el principio y el final del proceso. Solo quienes controlan el<br />

dinero tienen control de la propia vida, porque controlan su economía. Por ese motivo, en el capitalismo<br />

el dinero es igual a poder.<br />

Esto nos lleva a importantes conclusiones, una vez que se descubre que la mayor parte de la población<br />

no determina su propia actividad económica. Casi toda la población es fuerza-trabajo. Así, mientras<br />

el sastre es sujeto de su actividad económica, dado que tiene una cierta autonomía productiva, el<br />

trabajador de una fábrica textil es objeto de un proceso económico que no controla.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

18


Por tanto, hay un implícito y fundamental desequilibrio de poder que es consustancial al sistema y<br />

sin el cual ese sistema no existiría. Tomar conciencia de estas cosas contribuye a entender dónde están<br />

los nudos gordianos de las propuestas económicas y sociales y los límites reales de los proyectos que<br />

pueden realizarse a largo plazo.<br />

2. Dimensiones fundamentales del funcionamiento<br />

de un sistema económico capitalista<br />

1. Tradicionalmente, la metodología de análisis del sistema capitalista partía de la consideración de una<br />

estructura económica articulada con una superestructura jurídica-política y otra cultural e ideológica.<br />

Esta concepción parece hoy algo obsoleta debido a los cambios que se están produciendo, que hacen<br />

que la esencia económica sea cada vez más información-comunicación-conocimiento y que la dimensión<br />

cultural sea crecientemente objeto de acumulación capitalista.<br />

En consecuencia, es mejor analizar el sistema capitalista en tres dimensiones: la competencia –y<br />

por consiguiente la rivalidad–, el poder y el cambio. Estas tres dimensiones son consustanciales e<br />

irrenunciables para el funcionamiento de tal sistema.<br />

2. a) Competencia. Teóricamente, la competencia siempre existe en el capitalismo 4 . La existencia del<br />

mercado es la garantía y la institución a través de la cual se realiza la competencia.<br />

Tradicionalmente se habla de competencia entre empresas y entre capitales. Aun si hubiese solo una<br />

empresa en un mercado, que gozaría por tanto de una posición monopólica, es al mirar el mercado<br />

entero que no podremos hablar sino de competencia generalizada de capitales diferentes. Sería impensable,<br />

de hecho, la existencia de un único capital monopólico para todos los sectores económicos, con lo<br />

cual la competencia estaría anulada en todo el mercado 5 . Por otra parte, ocurre con frecuencia que un<br />

capital que actúa como monopolio en un sector, esté presente en otro en condiciones no monopólicas 6<br />

y, en consecuencia, sometido a un nivel de competencia mayor 7 .<br />

Otra competencia fundamental es la que se desarrolla entre capital y trabajo, debido a que la fuerza<br />

de trabajo absorbe una parte del dinero que se genera al final del ciclo. Cuanto mayor sea la parte que<br />

absorban los trabajadores, menor será el grado de remuneración del capital, incluyendo en esto lo<br />

destinado a la acumulación, es decir, lo que se retiene para recomenzar el ciclo.<br />

La compensación proporcionada a los trabajadores a cambio de su obra es el salario global (de<br />

clase); salario en forma directa, indirecta y diferida, que en esencia [l’entità del quale è] es fruto de la<br />

así llamada “redistribución” de los réditos. Cuando se habla de redistribución, sin embargo, es preciso<br />

distinguir entre un nivel primario y otro secundario. Mientras la retribución primaria es, en general,<br />

aquella que ocurre sobre la base de las relaciones sociales de producción, la redistribución secundaria<br />

es la recaudación de réditos a través de los impuestos y su posterior erogación bajo la forma de gasto<br />

social. Esa redistribución secundaria no podrá nunca sustituir la redistribución primaria que se realiza<br />

en el sistema capitalista. Por ese motivo, el hecho de que existan países con un alto nivel de protección<br />

social, de gasto social, de Estado social, se explica por el accionar histórico de los trabajadores, que a<br />

través de sus luchas han conseguido apropiarse de una parte sustancial de la riqueza generada en el<br />

proceso productivo.<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

19


Finalmente, la competencia, como categoría, refiere directamente al fenómeno de la competencia<br />

entre trabajadores. Esa competencia existe siempre porque el capital, en su movimiento, tiende a reducir<br />

el número de trabajadores ocupados, en relación con la masa creciente de medios de producción.<br />

En una sociedad capitalista concreta, ese fenómeno puede también presentarse como competencia.<br />

Sobre todo entre trabajadores ocupados y desocupados, pero también entre trabajadores urbanos y<br />

rurales, entre trabajadores asalariados del sector privado y trabajadores del Estado, trabajadores “internos”<br />

e inmigrantes, trabajadores de empleo estable y de empleo precario.<br />

En muchos casos, esta situación de competencia da lugar a conflictos entre los mismos trabajadores,<br />

con consecuencias ventajosas para la parte patronal que, con frecuencia, procura crear a su favor las<br />

condiciones de la competencia entre trabajadores. Un ejemplo de esto es la así llamada flexibilización<br />

del mercado laboral, que consiste en deteriorar las condiciones contractuales de una parte de los asalariados<br />

para romper la unidad de los trabajadores ante el capital; vale decir, para reducir las exigencias<br />

en materia de producción y distribución del excedente entre los trabajadores 8 .<br />

3. b) Poder. El poder es una dimensión económica y política fundamental en la sociedad capitalista.<br />

A diferencia de las economías no capitalistas, en aquella la jerarquía social se estructura en función<br />

del mayor o menor control que se ejerza sobre el circuito del capital. La jerarquía social reproduce la<br />

jerarquía del control del dinero: “dime cuánto dinero tienes y te diré cuánto poder tienes”.<br />

Es sin embargo verdad que, al dibujar los mapas y los entresijos del poder, se deberá tener en cuenta<br />

una multiplicidad de factores que actúan en el ámbito social, capaces de complicar enormemente el<br />

análisis de tales relaciones.<br />

Abandonada la dicotomía arriba apuntada: dinero-poder / ausencia de control sobre el dineroausencia<br />

de poder (dicotomía útil en niveles muy elevados de abstracción), y descendiendo a un grado<br />

de análisis menos abstracto, esas relaciones deben ser engranadas en estructuras analíticas mucho más<br />

complejas y difusas. Es al tener que experimentar esos pasos que se nos hacen necesarias las “teorías<br />

cojinete”, que nos permitan pasar de niveles altísimos de abstracción, típicos del análisis que hiciera<br />

Marx de los MPC, a niveles intermedios, útiles para el análisis económico, sociológico y político de<br />

las relaciones de poder (y, en general, de todas las relaciones sociales activamente operantes en el tejido<br />

humano) 9 .<br />

4. c) Cambio. El capitalismo es un sistema que ha cambiado y cambia continuamente. Por ese motivo<br />

es fundamental hacer un continuo y permanente análisis de las transformaciones que se están produciendo<br />

en el sistema a todos los niveles, tanto el de la economía mundial, la mundialización, la globalización,<br />

etcétera, como el de la economía nacional: cambios de la estructura productiva, del mercado<br />

de trabajo, de la propiedad del capital, de las inversiones estratégicas, cambios jurídico-legislativos sin<br />

los cuales ningún mercado funcionaría, etcétera.<br />

Sin solución de continuidad se están produciendo transformaciones en las estructuras de poder y<br />

de competencia.<br />

Por tanto, seguir el paso de los cambios que se producen en el ámbito de la economía que queremos<br />

analizar, es indispensable para garantizar la viabilidad de las propuestas que puedan elaborarse.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

20


3. Conceptos para la valoración del funcionamiento del sistema económico capitalista<br />

1. De seguidas, procedamos a una breve caracterización de los conceptos de eficiencia, justicia, igualdad<br />

y democracia, típicos del modo de producción capitalista, que deben, por tanto, servirnos de guía<br />

en la comprensión de sus dinámicas y, sobre todo, de la diferencia entre aquello que la realidad nos<br />

muestra y lo que ella es en su totalidad.<br />

2. a) Eficiencia. La eficiencia (maximizar los ingresos y minimizar los costos) es uno de los conceptos<br />

que más se escuchan nombrar, actualmente, en la civilización de la técnica. Es un criterio estratégico<br />

de valoración de toda actividad económica. Una empresa, pública o privada, una ONG o cualquier<br />

otra institución que no estime su eficiencia y que no desarrolle instrumentos adecuados de eficiencia,<br />

está expuesta al fracaso.<br />

No obstante, se discute el contenido del concepto de eficiencia. Desde el punto de vista más<br />

técnico-contable, se considera eficiente solo aquello que tiene un precio, que cuesta dinero. Así, por<br />

ejemplo, el empresario mide el grado de eficiencia de sus trabajadores en función de cuánto les paga.<br />

Desde una perspectiva macroeconómica, empero, habría que introducir toda una serie de factores<br />

que no tienen un precio, un costo monetario directamente contabilizado, como por ejemplo los factores<br />

ambientales. Es decir, el grado de transformación en las condiciones ecoambientales que genera<br />

toda actividad económica 10 .<br />

3. b) Justicia. Incluso la eficiencia tiene una dimensión social. Por ejemplo, la justicia, en términos<br />

económicos, es una de las dimensiones sociales que derivan de la actividad económica. El concepto<br />

de justicia, en este caso, corresponde a la distribución de las tareas y los beneficios de esa actividad,<br />

distribución en la que se establece a quién le toca el peso de la producción económica y quién utiliza<br />

aquello que se produce.<br />

Sobre este tema se determinan cosas curiosas. Shaikh y Tonak (1994) hicieron una investigación<br />

acerca de los sistemas de seguridad social en cinco países desarrollados, durante 20 años 11 . Tras estudiar<br />

el gasto público y el sistema de determinación del ingreso en esos países, concluyeron que todo el gasto<br />

social derivaba de los impuestos que pagaban los trabajadores, salvo en el período correspondiente a<br />

mediados de los años sesenta, cuando hubo una verdadera redistribución social. En la práctica, el así<br />

llamado “Estado de bienestar” había sido hecho posible gracias a una actividad de solidaridad entre los<br />

trabajadores (Diego Guerrero, de la Universidad Complutense de Madrid, realizó una investigación<br />

similar sobre el caso de España, arribando a los mismos resultados) 12 .<br />

4. c) Igualdad. El sistema capitalista se caracteriza por generar y reproducir desigualdad. Tender hacia<br />

la igualdad en la repartición de los costos y las ganancias implica el llevar a cabo políticas de intervención<br />

social contra la lógica del capitalismo, que actualmente tiene muchos nombres: eficiencia,<br />

competitividad, crecimiento... Producir igualdad quiere decir, en definitiva, frenar el funcionamiento<br />

del sistema.<br />

5. d) Democracia. La democracia es otro aspecto fundamental que ha de evaluarse en las estrategias del<br />

capitalismo. Se trata de un proceso con tres características: responsabilidad del poder, libertad pública<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

21


e igualdad política. La democracia supone que todos los encargados de las decisiones económicas<br />

deben poder participar en la toma de tales decisiones.<br />

Desde comienzos de los años setenta, este criterio es fuertemente cuestionado por sectores que están<br />

interesados en renunciar al principio de igualdad y, por tanto, en evitar que esa igualdad se traslade al<br />

ejercicio del poder. Tal posición es teorizada por varias organizaciones internacionales con argumentos<br />

que denuncian “excesos de democracia” en los países desarrollados. Sostienen que los problemas de la<br />

economía mundial derivan de una hipertrofia democrática, que llevarían a la clase política a adoptar<br />

decisiones “irresponsables” en materia de gasto público, impuestos y financiamiento del déficit 13 .<br />

6. En los programas económicos se habla siempre de eficiencia, pero nunca de democracia o de justicia,<br />

que son conceptos relativos a los programas políticos y que el Estado tiene el deber de tutelar. Pero un<br />

cambio de valores, incluso en la esfera económica, pasa necesariamente por la introducción de criterios<br />

de equidad, participación, igualdad, democracia y justicia en la gestión de los procesos.<br />

De otra parte, el esquema tradicional de la crítica marxista de la economía evidencia que la estructura,<br />

la dimensión económica, determina la superestructura ideológica y política, representada en<br />

última instancia por el Estado; luego, no tiene sentido pensar en un ejercicio de la democracia a nivel<br />

de superestructura si ello no modifica también los órdenes de la estructura.<br />

Uno de los problemas que registró la economía mundial en los años setenta fue el agotamiento de<br />

los espacios de acumulación de capital, por falta de productos o actividades nuevas que pudieran ser<br />

objeto de compra y venta en el mercado; es decir, de conversión en mercancía. El resultado fue que las<br />

industrias culturales comenzaron a formar parte del mercado, con una amplia perspectiva de desarrollo<br />

futuro. Los productos intelectuales (música, discos, imágenes, etcétera), incluso los que en sí mismos<br />

no tienen carácter directamente económico, se van transformando en mercancías. Por otra parte, desde<br />

la dimensión económico-productiva se van generando regulaciones que no pasan por la mediación<br />

político-institucional tradicional, que tienen mucha influencia en la reproducción del cuerpo social y<br />

en la vida de las personas.<br />

Así, de la misma manera en que se puede decir “dime cuánto dinero tienes y te diré cuánto poder<br />

tienes”, se puede también decir: “dime cómo trabajas y te diré cómo vives”. O sea, hay una evidente<br />

determinación de las formas de vida y de pensar de la gente por parte del proceso económico y del<br />

proceso de trabajo. Por tanto, seguir pensando en esquemas de estructura, infraestructura y superestructura,<br />

sin una actualización crítica en el contexto del capitalismo actual, nos hace perder de vista<br />

muchos fenómenos de interpenetración, como estos que hemos apenas mencionado.<br />

4. La vigencia del análisis marxista del sistema capitalista:<br />

una discusión aún abierta para la crítica de la economía política y aplicada<br />

1. Desde sus orígenes, el comunismo fue visto como un “fantasma” 14 que recorría amenazante Europa,<br />

debido a las derivaciones ideológico-clasistas de sus conclusiones. Por vez primera, una teoría<br />

abarcaba la posibilidad de sustituir el capitalismo como parte del propio orden de funcionamiento de<br />

ese sistema 15 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

22


Según Engels, “Marx era un hombre de ciencia (...) para Marx la ciencia era una fuerza histórica<br />

motriz, una fuerza revolucionaria (...) porque Marx era un revolucionario”. El propósito de<br />

desentrañar la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna fue cumplido a<br />

partir de la aparición de El Capital; la concepción materialista de la historia no es ya una hipótesis,<br />

sino una tesis científica demostrada. A partir de ese momento, Marx comienza a ser considerado<br />

como un estudioso con un especial interés por lo político; algo similar a lo ocurrido con Demócrito,<br />

cuya obra enciclopédica, a diferencia de la de Aristóteles, dejó de ser transmitida en la tradición<br />

manuscrita.<br />

En el epílogo de la segunda edición del primer tomo de El Capital, Marx se lamentaba de que el método<br />

de su libro había sido poco entendido en Europa, donde se le tachaba de metafísico y deductivo,<br />

con todos los inconvenientes de la escuela económica inglesa. Marx fue también acusado, en esa época,<br />

de utilizar el método de Hegel, pero en sentido negativo, es decir, idealista. Después de 1894, año<br />

en que se publica el tercer tomo de El Capital, nace la famosa polémica acerca de las contradicciones<br />

entre el primer tomo y el tercero, tanto desde la derecha, con Eugen Böhm-Bawerk, como desde la<br />

izquierda, con Eduard Berstein y Werner Sombart en Alemania y Tugan-Baranovsky en Rusia, quienes<br />

sometieron a una fuerte crítica el método y las conclusiones de Marx.<br />

En dos trabajos, Marxismo y revisionismo y Acerca de algunas particularidades del desarrollo histórico<br />

del marxismo, Lenin recoge las críticas al marxismo, no solo las provenientes de teorías hostiles, sino<br />

también las surgidas desde dentro del pensamiento marxista.<br />

Lenin observaba cómo los cambios que se habían producido en el desarrollo capitalista, así como<br />

la imposibilidad de interpretarlos teóricamente desde el punto de vista marxista, produjeron entre<br />

los estudiosos divergencias que podían desembocar en una crisis interna extremadamente grave, y<br />

utilizaba ya la expresión “crisis del marxismo”, muy en boga hoy. Lenin apuntaba también la necesidad<br />

de la cohesión de todos los marxistas en el rescate y la defensa de los fundamentos teóricos y de las<br />

tesis fundamentales del marxismo. En otro trabajo, Vicisitudes históricas de la doctrina de Marx, explica<br />

magistralmente el hecho de que los cambios en la práctica social, como la Revolución de 1848 y la<br />

Comuna de París, convierten al marxismo en una doctrina que comienza a ser relevante y que reafirma<br />

su fuerza y su veracidad a partir de la Revolución Rusa de 1917.<br />

2. Como resulta claro para Lenin, el contenido del marxismo, al igual que el de otras doctrinas sociales,<br />

puede ser dañado por una práctica que apunte fuertemente al politicismo y al economicismo. En el<br />

caso específico del marxismo, el asunto es comprender en todo momento que no se trata de un dogma<br />

ni de una doctrina acabada, sino de una guía para la acción que tiene la capacidad de asumir cada tanto<br />

los cambios que se producen en la vida social e interpretarlos.<br />

La caída del socialismo en la Europa del Este, el auge de la ideología neoliberal y neoconservadora,<br />

el grave retroceso de la izquierda y de los movimientos revolucionarios, han hecho bajar el telón sobre<br />

los problemas del capitalismo y propiciado una contraofensiva en torno a la crisis del marxismo 16 .<br />

Como en otros tiempos, estas ideas toman cuerpo tanto a lo interno de las fuerzas revolucionarias<br />

como fuera de estas.<br />

3. Los cambios actuales nuevamente relativizan los paradigmas homogeneizadores, en la pretensión de<br />

establecer un paradigma único: el neoliberal.<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

23


Francis Fukuyama, por estos días, ha descubierto de nuevo el fin de la historia 17 ; se proclama el fin<br />

de los paradigmas, de las utopías, del Estado y, como es lógico, del marxismo. Todos estos anuncios<br />

no son otra cosa que maneras de construir principios abstractos, en nombre de los cuales se adquiere<br />

legitimidad para continuar destruyendo las condiciones que hacen posible la vida de los seres humanos<br />

18 . Sería necesario retomar el imperativo categórico de Marx en la Crítica de la filosofía del derecho<br />

de Hegel: “el imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones sociales en que el hombre sea<br />

un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable”.<br />

Es necesario recordar que Marx le hizo notar en una ocasión a su yerno Lafargue que él mismo no<br />

se consideraba “un marxista”, queriendo con ello evitar el habitus dogmático y doctrinario para poder<br />

afrontar libremente la crítica de la economía política y el examen del pensamiento filosófico que lo<br />

había precedido.<br />

4. Es necesario reconocer, además, que después de Lenin se instauró una ortodoxia marxista que poco<br />

a poco se fue alejando del pensamiento clásico, hasta transformarlo en una caricatura. Existen muchas<br />

explicaciones acerca de por qué pudo esto ocurrir. Algunas interpretaciones asocian esta cuestión al<br />

autoritarismo de Stalin, que intentó transformar el marxismo en una ciencia funcional al poder constituido,<br />

despojándolo de su carácter crítico. En esta misma perspectiva, los críticos del marxismo no<br />

ahorran energías para señalar que las deformaciones no son otra cosa que el fruto evidente de las semillas<br />

de dogmatismo y autoritarismo contenidas en la obra de Marx, potenciadas por el “despotismo<br />

asiático” que se habría albergado en la persona de Lenin. Para ellos el estalinismo, con todos sus errores,<br />

no es más que la continuidad natural de una suerte de autoritarismo ya inherente al pensamiento de<br />

Marx y a la teoría y la acción política de Lenin, y con ello se liquida toda la concepción general de los<br />

clásicos del marxismo.<br />

La respuesta no consiste en canonizar a los clásicos del marxismo. Se trata más bien de rescatar el<br />

espíritu esencial de su obra, en medio de un creciente revisionismo, reconociendo las indiscutibles<br />

enseñanzas de su legado.<br />

Frecuentemente se pretende hacer análisis positivistas de la obra de Marx; ello constituye un deplorable<br />

error metodológico. No es el marxismo lo que está en crisis, sino las interpretaciones del marxismo<br />

caracterizadas por el dogmatismo y la esquematicidad. Esas versiones reduccionistas del marxismo<br />

se presentan a sí mismas como oficiales y rompen la delicada y compleja relación entre sistema y<br />

método, a beneficio del sistema. De esa manera se transfiguró el marxismo en un sistema cerrado,<br />

al concebir la ciencia como una construcción lógica de categorías congeladas en el tiempo. Es esa<br />

caricatura del marxismo la que está en crisis y en su esclerotización perdió, incluso, la capacidad de asimilar<br />

a importantes representantes de esta ciencia que sostuvieron un pensamiento crítico en Europa<br />

Occidental y en América Latina.<br />

5. Hay variadas interpretaciones de las causas de esta crisis, y también diversas actitudes o maneras de<br />

actuar en consecuencia. La primera ve en la crisis del socialismo real una señal de descomposición de la<br />

concepción marxista. Se ignora con ello que en los escritos clásicos del marxismo no estaban, ni podían<br />

estar, todos los componentes del modelo socialista, y que aquellos que estaban fueron ignorados en<br />

la práctica; las referencias al socialismo eran solo una serie de principios fundamentales, no siempre<br />

tenidos en cuenta.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

24


La segunda actitud es aquella que podría considerarse dogmática e incluye a quienes, fieles al legado<br />

marxista, pretenden, sin embargo, hallar respuestas clásicas a todas las preguntas, más allá de la realidad<br />

y de la práctica.<br />

Consideramos que tales posiciones no favorecen hoy ni al marxismo ni al socialismo. Es muy<br />

importante erradicar de la teoría revolucionaria la incapacidad de comprender los cambios sin revisionismo<br />

ni dogmatismo. La crítica marxista de la economía política y aplicada debe abarcar también la<br />

economía política marxista, es decir, la estudiada y concebida hasta ahora por los marxistas.<br />

Actualizada, la teoría de Marx, de hecho, produce no solo una nueva filosofía y una nueva economía<br />

política y aplicada, basada en las posiciones de clase del proletariado, sino también su crítica<br />

y su constante afinamiento; las contradicciones son el motor propulsor de todo progreso, incluido el<br />

progreso de la inteligencia. Para Lukács, el dejarse instruir constantemente por la realidad, el asimilar<br />

lo nuevo, es una condición esencial, de absoluta prioridad, en la praxis de la teoría marxista, que en<br />

todo caso mantiene, como dice Bujarin, el siguiente objetivo estratégico: “En la sociedad socialista,<br />

la economía política perderá toda razón de ser: quedará solo una ‘geografía económica’ –ciencia de<br />

carácter monográfico– y una ‘política económica’, ciencia normativa” 19 .<br />

Las ciencias sociales han desarrollado en los últimos años un amplio y complejo sistema de<br />

categorías, muy esnob, que frecuentemente es impuesto desde los grandes centros de poder intelectual<br />

de la burguesía y acríticamente asumido, también con frecuencia, por la llamada izquierda<br />

alternativa y radical. Los nuevos hechos deben ser explicados con nuevos modelos de análisis. Pero<br />

los viejos conceptos son defendibles mientras sigan siendo válidos para interpretar la realidad.<br />

De hecho, no se trata de condenar la ciencia a la repetición de aquellos viejos conceptos, pero sí<br />

de estar alertas contra el esnobismo cultural y de precisar la medida en que lo viejo y lo nuevo<br />

se presentan en cada caso concreto, como momentos de la realidad que se somete a análisis. Tomar<br />

seriamente en consideración esta actitud, enriquecería notablemente nuestra relación con las<br />

obras de los clásicos y nos pondría en guardia contra el exceso de teorización. Detrás de la excusa<br />

de “lo nuevo que avanza”, muchas veces se ocultan nuestra ignorancia y pereza analítica.<br />

La tercera actitud frente al marxismo es innovadora; o sea, considera el análisis marxista como<br />

algo vivo, capaz de adecuarse a las nuevas circunstancias superando todo dogmatismo y haciendo<br />

valer lo mil veces repetido y pocas veces comprendido: que el marxismo no es un dogma sino una<br />

guía para la acción. La teoría marxista del MPC refiere precisamente a las formas de movimiento del<br />

modo de producción y a sus tendencias intrínsecas en cada época. Está, además, formulada en un<br />

nivel de abstracción en el que no comparecen ni pueden comparecer, singularmente, los capitalismos<br />

históricos reales (esos que ya A. Labriola llamaba las configuraciones del modo de producción). Es<br />

necesario introducir teorías y modelos de menor nivel de abstracción para llevar cuenta de los datos<br />

de partida, de las tradiciones y condiciones de la capacidad productiva, de la habilidad y competencias<br />

técnicas, de las instituciones y de la cultura en general. Es dentro de ese medium que vienen actuando<br />

y modificándose las “leyes generales” del MPC (cfr. Marx, El Capital, tomo I, cap. XIII), y es a<br />

través de ese proceso cognoscitivo que se desarrolla, y eventualmente se modifica, incluso la teoría<br />

más general (como sucede en toda ciencia). Esta última es la única posición correcta, siempre que<br />

quede claro en qué dirección se intenta renovar y no se pretenda fundir el marxismo con supuestas<br />

corrientes actuales 20 .<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

25


6. En la discusión científica se hace necesario que los economistas de izquierda trabajen también sus<br />

modelos matemáticos y estadísticos y demás instrumentos, que, en todo caso, deben estar fuertemente<br />

caracterizados por la renovación de la crítica de la economía política y aplicada y centrarse en el<br />

análisis de clase, en la vigencia del análisis económico de Marx, en la cientificidad del materialismo<br />

histórico y del materialismo dialéctico. Asimismo, se debe partir del análisis de la fase actual de la<br />

globalización neoliberal, que, particularmente en los países de capitalismo maduro, modifica las mismas<br />

modalidades de producción y las relaciones sociales, siempre y de cualquier modo centradas en<br />

la extorsión de plusvalía; vale decir, en el mismo modo de producción capitalista, en la explotación<br />

capitalista.<br />

En la fase actual se asiste a una globalización de los mercados o, mejor dicho, a una cada vez<br />

más feroz competencia global 21 , causa y efecto del aumento de la competitividad y productividad del<br />

sistema económico en su conjunto y, en particular, de los operadores económicos individualmente.<br />

El mejoramiento de los transportes y de la comunicación electrónica, así como el desmantelamiento<br />

progresivo de las barreras arancelarias, incluidos los renovados acuerdos políticos y económicos<br />

internacionales, tienen aparentemente el carácter de una liberalización aumentada, pero en los hechos<br />

muestran una fuerte connotación proteccionista y competitiva, y han llevado a las empresas<br />

a confrontarse más directamente y a comportarse como si operasen en un mercado sin fronteras<br />

territoriales.<br />

El mercado, convertido en cada vez más dinámico y competitivo, parece hoy presentar una clara<br />

tendencia a convertirse en mercado único; pero se trata, en cambio, de un mercado que tiene una dimensión<br />

de feroz competencia mundial, en el cual se van definiendo las áreas de influencia de al menos<br />

tres polos imperialistas: Estados Unidos, la Unión Europea y Japón (o, mejor, variable imperialista<br />

del área asiática). Estas dinámicas se aceleran particularmente en el marco de la crisis de valorización<br />

iniciada en los años setenta, que todavía continúa.<br />

7. Junto con la internacionalización del proceso productivo se registran profundos cambios en los<br />

modelos conductistas subjetivos y sociales, que se hallan en la base de la manifestación de la demanda<br />

de bienes y servicios producidos. En los países que hasta no hace mucho eran definidos como industrializados,<br />

y que hoy se prefiere definir como área del capitalismo avanzado, el consumidor se ha<br />

convertido en un sujeto mucho más complejo con respecto al pasado, desde el momento en que la<br />

densa red de información de que dispone lo lleva a asumir conductas cada vez más flexibles y multidimensionales<br />

22 . Esto deriva de un contexto general en el cual la información electrónica nómada y la<br />

conexa comunicación desviada y desviante han asumido un rol estratégico y dominante, tanto en el<br />

terreno de la producción y la acumulación como en el del consumo y, sobre todo, en el plano social,<br />

como hipótesis de un totalitarismo cultural orientado a vaciar de contenido la democracia y destruir<br />

el papel de la política.<br />

Los paradigmas del progreso y la cohesión social son abandonados discretamente para ser sustituidos,<br />

respectivamente, por la comunicación y el mercado. La impresión general es que el mundo se ha<br />

desplomado en el caos. Cabalgamos estas grandes transformaciones, pero ignoramos a dónde nos<br />

están llevando. ¿Cuál será el escenario político, económico, social, cultural, ecológico del planeta<br />

cuando este tremendo terremoto del siglo llegue a su fin? Actualmente, nadie parece en capacidad de<br />

describirlo (Ramonet, 1999: 113).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

26


El flujo comunicacional electrónico es una de las más evidentes representaciones del poder, recurso<br />

clave y determinante de los profundos cambios socioeconómicos que han caracterizado estas<br />

últimas décadas, influenciando, al mismo tiempo, de manera notable, el ambiente territorial y social;<br />

un ambiente en el cual todo sistema de producción ha modificado profundamente su modo de ser, de<br />

presentarse y de actuar.<br />

Los cambios mencionados han empujado y empujan a los centros responsables de las empresas a<br />

elaborar y adoptar modelos decisionales apropiados para mantener y mejorar su propia posición en el<br />

mercado, en un esfuerzo por restablecer y reinventar la empresa no solo en el orden estructural, sino<br />

también y sobre todo en el de sus mecanismos de funcionamiento y de condicionamiento de toda<br />

estructura social. De tal manera, sean las opciones de tipo microeconómico o sean aquellas de carácter<br />

macroeconómico, imponen la cultura y los parámetros competitivos, de eficiencia empresarial, como<br />

valores sociales, como nuevos paradigmas del devenir social. Este novedoso totalitarismo, inducido<br />

por la sociedad del capital-información, es inicialmente de carácter empresarialista, pero en la realidad<br />

deviene en cultura de empresa que se impone en el territorio como idea competitiva general, como<br />

ideal de la “escala social” y, por tanto, como distribución de la forma política del vivir social 23 .<br />

8. Para cumplir dichas transformaciones se hace necesario actuar según el llamado principio de flexibilidad,<br />

que solo puede ser adoptado si la empresa y todo el cuerpo social están en capacidad de adecuarse<br />

con rapidez a los cambios en curso, haciéndose vehículo de la representación del poder en una fase de<br />

darwinismo socioeconómico, en la que el capitalismo escoge rasgos cada vez más salvajes 24 .<br />

Cuando se habla de sociedad de mercado, queda implícito que ella esté basada cada vez más en la<br />

flexibilidad empresarial, entendida como capacidad del empresario, del top management, de los centros<br />

decisionales de la empresa, para actuar de manera tal que se optimice el uso de los recursos, incluidos<br />

los informativos y comunicacionales, en el curso de vías adaptativas que permitan no solo producir<br />

bienes y servicios diversos dirigidos a mercados diversos, sino también, al mismo tiempo, gerenciar el<br />

delicado diseño estratégico empresarial de total condicionamiento social a la cultura de empresa.<br />

Se utilizan para tal fin estructuras sociales y recursos cada vez más inmateriales, siguiendo el principio<br />

del mínimo costo y máximo beneficio; recurriendo a recursos del llamado capital intangible, de<br />

un capital de la abstracción como conjunto de recursos inmateriales, a partir de la información, de la<br />

comunicación y el conocimiento; cumpliendo, en clave crecientemente estratégica, la lógica del máximo<br />

grado de adaptabilidad a las exigencias de un mercado que es también mercado del vivir social.<br />

9. Tales dinámicas identifican al bien llamado posfordismo, basado de manera cada vez más acentuada<br />

en la acumulación flexible, cumplida a través de los recursos del capital inmaterial de la abstracción. Se<br />

trata de un paradigma de la acumulación, capaz de imponer el paso de organizaciones sociales y empresariales<br />

fuertemente jerarquizadas a otras basadas en la progresiva descentralización de las funciones<br />

y en nuevas formas de asociación, de trabajo precario, flexible, con escaso contenido de garantías 25 . Es<br />

el mundo computarizado y matematizado, es la informatización de los procesos productivos y de las<br />

formas del vivir y el devenir social.<br />

En todo caso, el principio de flexibilidad incide, más allá de las relaciones con la fuerza de trabajo,<br />

también en los aspectos internos y típicamente propios de la dirección de empresa. Asimismo, experimenta<br />

importantes recaídas estructurales, comunicacionales y decisionales sobre la manera de<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

27


establecer la planificación y el control, y hace de la comunicación el recurso central también a lo<br />

externo de la empresa, hacia el cuerpo social en su conjunto, en las nuevas dinámicas de los flujos<br />

electrónicos de un capital de información nómada.<br />

En efecto, los procesos decisorios y evaluativos fundamentales de la empresa tienen posibilidad de<br />

ser aplicados y transformados en eficientes planes operativos de carácter social, en tanto que subordinados<br />

a una nueva función empresarial de valencia estratégica que invada la sociedad con un modelo<br />

de comunicación eficiente, que sepa concretizarla en programas de control, en una representación del<br />

poder capitalista como valencia total, dominio de los mecanismos sociales, económicos y culturales;<br />

por eso la definimos como comunicación desviada y desviante al mismo tiempo.<br />

La concatenación de la función estratégica empresarial con los modelos decisorios institucionales<br />

da vida a los procesos comunicacionales desviantes. Se trata de verdaderos planes ejecutivos con fases<br />

de control, que se vierten sobre los trabajadores y los sujetos presentes en el territorio, caracterizando la<br />

nueva fase de gestión del capitalismo, ahora orientada al dominio tecnosocial de todo el cuerpo social<br />

en un ámbito de competencia global totalizante.<br />

10. La verdadera renovación del marxismo parte, precisamente, del análisis de las transformaciones<br />

en curso, y puede ser ciencia del cambio radical solamente si conserva el dinamismo intelectual de<br />

su núcleo duro. La continua evolución de la crítica de la economía debe basarse, obviamente, en la<br />

asimilación crítica de cuanto de positivo se ha elaborado a lo largo de la historia del marxismo. Es<br />

necesario, además, entender con claridad que ninguna teoría puede explicar cada uno de los aspectos<br />

de una realidad que cambia velozmente, y aceptar con honestidad un cierto retraso gnoseológico del<br />

marxismo como producto de la actitud asumida por los propios marxistas, que han pretendido ubicar<br />

cada nuevo acontecimiento en marcos teóricos ya establecidos.<br />

En el plano ideológico ha habido un profundo retroceso del prestigio del marxismo en la conciencia<br />

de las masas, producto de la ofensiva ideológica del imperialismo, de la indiscriminada cadena de<br />

errores que se han cometido en la práctica de la construcción del socialismo real y de la influencia<br />

de este fenómeno en el movimiento obrero y comunista internacional.<br />

11. Ningún científico marxista coherente puede negar la necesidad objetiva de un profundo proceso de<br />

renovación del modelo sociopolítico-económico instrumentado en el viejo campo socialista. Mucho se<br />

ha escrito sobre este asunto; aquí nos concentraremos solamente en un aspecto que consideramos no<br />

suficientemente tratado al analizar la caída del socialismo.<br />

En el análisis marxista, las clases y la misma clase obrera, son un proceso real y relacional: constituyen<br />

una relación social históricamente construida; por tanto, ninguno de los condicionamientos<br />

objetivos o subjetivos viene dado de una vez y para siempre. Con la intención política de mantener<br />

el empuje de las masas, se difundió un grupo de “verdades” que en realidad no eran tales, como la<br />

absoluta armonía entre ideología individual e ideología oficial, la supuesta solución de los problemas<br />

de la nacionalidad o la juventud anagráfica como garantía del cambio político generacional.<br />

Todas esas interpretaciones negaban, en realidad, que la ideología se forma en un proceso muy<br />

heterogéneo de relaciones sociales y de influencias, y que es entonces necesario distinguir entre país<br />

social y país político. Se ignoró, por ejemplo, que los diversos sectores sociales de un país pueden ser<br />

atraídos, y en cierta medida pueden también ser organizados en formas y con motivaciones políticas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

28


que no reflejan sus intereses. Ya Lukács subrayaba la inconsistencia metodológica de considerar como<br />

definitivos determinados hechos que representaban únicamente momentos aislados e inmóviles de<br />

determinados procesos. En realidad, el proceso mediante el cual un sistema social, desde sus bases<br />

estructurales, va formando gradualmente en los hombres nuevas dimensiones de comportamiento<br />

ético, de conducta cotidiana, etcétera, no responde a una relación causa-efecto. Incluso, es este proceso<br />

lo que realmente revela si el ser social determina la conciencia social. La legitimación del sistema<br />

social se da en el nivel individual y, por ese medio, en el colectivo y, finalmente, en el de las masas en<br />

movimiento; eso es cierto si el sistema está legitimado individualmente, dado que la mayoría de los<br />

hombres se comunica en la historia construyendo su propia vida cotidiana.<br />

En los países de la Europa del Este se fue perdiendo lo que nosotros llamamos afirmación individual<br />

de la naturaleza clasista de la sociedad, toda vez que los principios esenciales del socialismo se distorsionaron<br />

gradualmente como norma cotidiana, dejando de ser aspiración común de la mayoría de los<br />

miembros de la sociedad, que a mediados de los años ochenta desconfiaba de la capacidad del sistema<br />

para resolver los problemas existentes. La población de los países de la Europa del Este y de la Unión<br />

Soviética aceptó pasivamente la destrucción del socialismo, no solo por la manipulación ideológica,<br />

sino también porque al centro de las necesidades y aspiraciones de las personas se habían asentado<br />

valores, modelos de conducta y expectativas que negaban los intereses esenciales del socialismo. Se<br />

produjo una suerte de desnaturalización clasista del sistema social, tanto en el plano de la reforma estructural<br />

como en el de los valores y el “marxismo oficial” no tuvo ante ello la capacidad de ponerse en<br />

guardia y mantenerse atento, sobre todo entre los muchos estudiosos marxistas “de cátedra”, desligados<br />

de los movimientos reales, que tienen el deplorable hábito de aplicar modelos y teorías sin ningún<br />

análisis crítico.<br />

En efecto, todas las teorías nacen refutadas y mueren refutadas, y esto es así tanto para las ciencias<br />

naturales como para las sociales: el marxismo no constituye una excepción. No obstante, en este<br />

caso no se trata de una crisis gnoseológica, puesto que el marxismo tiene todavía los instrumentos<br />

fundamentales para analizar el capitalismo y la realidad que este instaura 26 . La interpretación científica<br />

de la historia a través de sus diferentes formaciones socioeconómicas en conflicto, esa que se conoce<br />

con el nombre de materialismo histórico, permitió y permite a los hombres comprender y conocer las<br />

verdaderas leyes que rigen la sociedad.<br />

12. Por otra parte, la teoría acerca del modo de producción capitalista, la teoría de la forma del valor,<br />

la ley de la plusvalía y la ley general de la acumulación capitalista permiten un análisis en profundidad<br />

de las relaciones de producción de este sistema en su interrelación con las fuerzas productivas.<br />

La teoría del ciclo económico y la teoría de las crisis aportan una aproximación muy precisa a una<br />

de las regularidades más importantes entre las leyes fundadoras del sistema capitalista. Los clásicos<br />

no solo descubrieron de esta manera las leyes generales del proceso de producción, sino que también<br />

estudiaron, en la medida en que fue necesario, algunas leyes aparente o más inmediatamente perceptibles<br />

(es decir, visibles) del modo de producción capitalista, como la ley de la competencia, que, según<br />

Marx, “no explica las leyes ni las produce, simplemente las pone en evidencia”. Así como todas las leyes<br />

sociales se cumplen solamente a través de la acción de los hombres, también la competencia cumple<br />

las leyes económicas de la sociedad capitalista: “aquello que está implícito en la naturaleza del capital<br />

es hecho explícito como necesidad externa [mediante] la competencia” (K. Marx, Grundrisse, trad. it.,<br />

Lineamenti, vol. II, p. 333).<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

29


Sin la competencia no puede cumplirse la ley económica fundamental, la de la plusvalía y su repartición<br />

como ganancia, renta, interés, etcétera. Fundamentalmente, la competencia es, en la concepción<br />

marxista, una ley imperativa externa, es decir, actúa a través de la circulación. La competencia, un<br />

potente motor de regulación de las relaciones entre los capitalistas, es al mismo tiempo un poderoso<br />

instrumento de fetichización: mientras más abandonamos el proceso de valorización del capital, más<br />

vemos manifestarse la relación externa entre los capitalistas y más oculto queda el secreto de su mecanismo<br />

interno.<br />

El fetichismo de la mercancía es, de una parte, resultado del carácter privado del trabajo, que hace<br />

que la relación de producción entre hombres que producen mercancías aparezca como relación de<br />

cosas dotadas de valor. Pero cuando en el MPC se lleva a cabo la producción de mercancías y todo<br />

entra en el proceso productivo y sale como mercancía, el fetichismo se desarrolla posteriormente.<br />

En la superficie de la sociedad se muestran solo intercambios equivalentes de M - D, o también FT - D<br />

(donde por FT entiéndase fuerza de trabajo). A espaldas de estos intercambios se desarrolla el proceso<br />

que aparece fetichistamente como resultado de tres factores, capital, tierra y trabajo, de cada uno de<br />

los cuales brotan, como de un “árbol perenne”, las tres fuentes de ingreso: ganancia, renta y salario 27 .<br />

La vieja economía política no se ocupó de este problema. Para ella, la correspondencia entre factor<br />

de producción y réditos tenía un carácter natural y necesario; por eso no comprendió la característica<br />

propia del capitalismo, en el cual el proceso de producción, actuado por hombres, se impone sobre los<br />

hombres como automovimiento del capital.<br />

En todo esto, junto con la repulsión recíproca (la competencia) de los capitales, se desarrolla la<br />

atracción de unos por otros, que determina la acumulación de medios de producción bajo un solo<br />

capital; existe, como se puede ver, una estrecha relación entre competencia y centralización.<br />

13. En la teoría de Marx sobre el MPC, el movimiento que va de lo abstracto a lo concreto permite<br />

mostrar el fundamento de la producción burguesa, basada en el capital y la plusvalía, y luego también<br />

el proceso de esta producción, tal como se manifiesta a través de leyes visibles. Sin estas leyes visibles no<br />

se puede realizar la propiedad capitalista. Constituye así otra gran contribución de Marx al pensamiento<br />

clásico el esclarecimiento de la transfiguración de las categorías fundacionales (valor y plusvalía) en<br />

categorías de superficie (ganancia, precios); es decir, del fetichismo mercantil del dinero y el capital,<br />

mediante los cuales las relaciones reales, derivadas de una división del trabajo basada en la propiedad<br />

privada y en la explotación del trabajo vivo, aparecen transfiguradas en el sistema de relaciones económicas<br />

y sociales concretas. El fetichismo expresa un fenómeno real, pero es necesario trascenderlo para<br />

comprender el movimiento real del modo de producción.<br />

En el método aportado por Marx al criticar y superar a los clásicos, el análisis económico viene<br />

acompañado por la visión comprehensiva del proceso social a través del prisma de las relaciones y de las<br />

consecuencias políticas, dado que el desarrollo de todo sistema se realiza sobre la base de la división de<br />

los hombres en clases y grupos sociales que, conforme a su propia posición en el modo de producción,<br />

generan un sistema de intereses que los empuja a comprometerse con una u otra posición política<br />

respecto al sistema en cuestión.<br />

Es precisamente sobre la base de este punto de vista que los clásicos, primero, y Marx, más directamente<br />

después, analizan el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción en<br />

el capitalismo, cuyas contradicciones indican el límite histórico y la posibilidad allí dispuesta para la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

30


transición a una nueva forma de asociación y reproducción de los hombres en la naturaleza. He allí el<br />

carácter históricamente transitorio del capitalismo, puesto en evidencia justamente en las bases de sus<br />

leyes internas. Una renovación del marxismo, hoy, debe seguir antes que nada estos principios:<br />

a) Unidad orgánica entre teoría y praxis.<br />

b) Fusión entre objetividad científica y acuerdo ideológico con las masas trabajadoras.<br />

c) Adecuada unidad entre lo empírico y lo teórico.<br />

d) Dialéctica de lo universal, lo particular y lo singular.<br />

e) Dialéctica de lo absoluto y lo relativo, atención sistemática a la realidad.<br />

f) Humanismo; vale decir, el hombre como protagonista verdadero de los cambios sociales.<br />

g) Receptividad crítica ante todo elemento positivo concebido dentro o fuera del marxismo.<br />

De esa manera debe entenderse la proclama de Marx y Engels, cuando dijeron que “el comunismo<br />

no es para nosotros un estado de cosas que deba ser instaurado, un ideal al cual la realidad deberá<br />

conformarse. Llamamos comunismo al movimiento real que ha de abolir el actual estado de cosas” 28 .<br />

— notas —<br />

1 Para un análisis más profundo, podemos en cambio sostener que este proceso M - D - M* es típico también del modo de<br />

producción capitalista (MPC), en la medida en que el proceso de trabajo finalice en la realización de un output (valores<br />

de uso) y, por tanto, de mercancías. La particularidad del MPC, sin embargo, radica en el hecho de que el proceso de trabajo<br />

está “flanqueado” y “dominado” por otro proceso (que caracteriza el MPC en cuanto tal): el de valorización. La distinción<br />

neta entre proceso de trabajo y proceso de valorización corresponde a la producción capitalista, en la cual se generaliza la<br />

forma de mercancía y la misma fuerza de trabajo se convierte en tal: “Como unidad de proceso de trabajo y proceso de<br />

creación de valor, el proceso de producción es un proceso de producción de mercancías; como unidad de proceso de trabajo<br />

y de proceso de valorización, el proceso de producción es un proceso de producción capitalista, la forma capitalista de la<br />

producción de mercancías” (K. Marx, El Capital, tomo I, p. 231. Ed. Riuniti, Roma 1989, 1964. Si se quiere, véase también K.<br />

Marx, El Capital, tomo I, cap. I, nota 32). El proceso de valorización se efectúa solamente en el terreno mental, conceptual,<br />

puesto que es inexistente en lo práctico o material. Para un tratamiento más profundo de estos temas, véase más adelante,<br />

pero también Vercelli (1973).<br />

2 Marx utiliza este esquema interpretativo para explicar, en el capítulo III del primer libro de El Capital, la metamorfosis de la<br />

mercancía y, en el libro segundo, como esquema de interpretación del proceso de circulación del capital. Keynes leyó poco y<br />

mal a Marx, pero, cuando presenta su teoría sobre las inversiones, reproduce implícitamente el esquema de acumulación de<br />

Marx (ver, por ejemplo, la definición de inversión en la teoría general de Keynes).<br />

3 Algunos autores prefieren hablar de “construcciones asimétricas”.<br />

4 Aun cuando puede variar en intensidad, ser dislocada espacial y geográficamente, etcétera, es impensable, en todo caso,<br />

la ausencia total de competencia y la consecuente formación de un único capital mundial (tesis, sin embargo, sostenida en<br />

un pasado).<br />

5 De otra parte, cuando se habla hoy de mercado (de cualquier tipo y mercancía), debemos necesariamente referirnos al mercado<br />

mundial.<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

31


6 Resta añadir, y con mayor razón si pensamos en el nivel global, que difícilmente nos encontremos frente a monopolios verdaderos<br />

y propiamente dichos, en sentido técnico; es más correcto hablar de oligopolios.<br />

7 La competencia es fundamental en el modo de producción capitalista, porque de otra forma cederían algunas piedras angulares<br />

del funcionamiento mismo de su mecanismo. Esto es demostrable a nivel lógico, antes que empírico.<br />

8 Marx utiliza las tres formas de la competencia para desarrollar las leyes fundamentales del capitalismo: la ley de la sobrepoblación<br />

relativa, la ley de la concentración y centralización del capital y la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancias (cfr., a<br />

este respecto, el capítulo XXIII del tomo I de El Capital y los capítulos XIII-XV del tomo III).<br />

9 Sobre la necesidad de tales “teorías cojinete”, cfr. Mazzone (2005) y Fineschi (2001).<br />

10 La externalidad ambiental (vale decir, los efectos sobre el ambiente) y la crítica a la ineficiencia ambiental del mercado como<br />

mecanismo de asignación de los recursos, están en la base de los asuntos que se plantea la economía ecológica. Para una visión<br />

crítica del pensamiento económico a partir de los postulados de esta última, cfr. Nardo (1987). La revista Capitalism, Nature,<br />

Socialism promueve un análisis marxista de la ecología y de los problemas ambientales. Sobre el tema ha escrito el director de<br />

la revista O’Connor (1997) y ha intervenido Bellamy Foster (2000; 2002).<br />

11 Por último, véase también Shaikh (2003).<br />

12 Guerrero (1992).<br />

13 Crozier, Huntington, Watanuku (1975).<br />

14 Así lo definieron los propios Marx y Engels en el preámbulo del Manifiesto del Partido Comunista.<br />

15 Las hipótesis de superación del MPC por un MP más progresista e igualitario se fundamentan, precisamente, en la historicidad<br />

del mismo MPC. Siendo este una formación económico-social históricamente determinada, sería inconcebible e ilógico, y aun,<br />

justamente, antihistórico, postular su hipotética eternidad. Es precisamente contra el enfoque ahistórico de los clásicos, que<br />

daban por descontada la insuperabilidad del capitalismo y de sus “suertes magníficas y progresivas”, que se batieron en el plano<br />

teórico-científico Marx y Engels. Y es precisamente la historia (Althuser solía decir que Marx había abierto para los hombres<br />

el “continente Historia”), con su incesante movimiento, lo que ocupa el corazón del método por excelencia de la teoría y la<br />

práctica marxista: el materialismo histórico.<br />

16 Acerca de la “crisis del marxismo”, véanse dos diferentes problematizaciones: La Grassa, Soldani, Turchetto (1979) y Mazzone<br />

(2003).<br />

17 Solo para volver a ver la misma tesis, algunos años después, en uno de sus últimos trabajos.<br />

18 Alejandro Mazzone, en sus tantos trabajos (véase la bibliografía final), desde hace años afirma justamente que el problema del<br />

hambre en el mundo es en realidad planificado exterminio; es decir, negativa a destinar a la seguridad alimentaria de millones<br />

de seres humanos recursos que están disponibles y que se destinan, en cambio, al armamento, a políticas de apoyo a intereses<br />

estrictamente privados, etcétera.<br />

19 Aunque, en verdad, más que en la sociedad socialista, esto tal vez solo pueda ser posible en el comunismo, siendo en cambio<br />

necesaria una economía política marxista en la etapa de transición.<br />

20 Este tipo de análisis no es nuevo en absoluto, pero requiere ser muy diligentes en evitar los extremos y las mecanizaciones (no<br />

se debe olvidar, por ejemplo, que la teoría keynesiana perdió su vigor cuando fue adaptada al modelo IS-LM).<br />

21 Sobre estos temas, cfr. Martufi, Vasapollo (2000a); Vasapollo, Petras, Casadio (2004); Vasapollo (ed., 2003).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

32


22 Sobre estos conceptos, a lo largo del presente texto se hará frecuente referencia a investigaciones previas del autor, en particular<br />

a Martufi, Vasapollo (1999; 2000c; 2003).<br />

23 “A lo interno del proceso de elaboración tecnosocial, del proceso de programación, se delinean las alternativas que, por el contrario,<br />

han desaparecido completamente de la escena de representación política e ideológica. Dependiendo de la interfaz de uso<br />

que el programador realiza, la tecnología puede funcionar como elemento de control o como elemento de liberación del trabajo.<br />

El problema político es absorbido completamente por la actividad misma del trabajador mental, y particularmente del<br />

programador. El problema de la alternativa, del uso social alternativo, no puede ya ser separado de las formas de la actividad<br />

misma” (Berardi, 1998: 206-207).<br />

24 “La sociedad capitalista, para poder funcionar como sociedad fuertemente democrática, debe prescindir de la concreta existencia<br />

de los seres humanos; es decir, debe no tomar en cuenta la manera como las mujeres y los hombres viven realmente. Sobre<br />

la base de esta consideración, definimos como sociedad abstracta la organización capitalista de la sociedad, regulada por las<br />

instituciones de la democracia formal. Abstracta, no en el sentido de que sea una sociedad irreal, sino en el sentido de que hace<br />

abstracción de la realidad social. Sociedad abstracta, entonces, en el sentido de que es un sistema indiferente a las condiciones<br />

existenciales de los hombres y las mujeres de carne y hueso. El sistema de indiferencia social es el resultado de la combinación<br />

de la realidad del capitalismo con la forma de la democracia. Tal resultado se ha de imputar no a la forma democrática, sino a<br />

la realidad capitalista. Un rasgo fundamental de la sociedad sometida al capital en forma de democracia, es la separación de<br />

hecho de la esfera política con respecto a la esfera social. En la esfera política se afirman principios de participación, libertad,<br />

igualdad, fraternidad, justicia. La sociedad capitalista formalmente democrática es, por tanto, una sociedad ambigua. De una<br />

parte proclama principios, de la otra, crea presupuestos estructurales para que no se cumplan. En sustancia, es una sociedad<br />

amañada” (Viola, 1989: 15).<br />

25 La jerarquía no desaparece, aunque de interna pasa a ser externalizada y difuminada sobre la red empresarial en su conjunto.<br />

Sobre estos temas se hará en lo sucesivo frecuente referencia a Martufi, Vasapollo (2000c; 2003).<br />

26 Dos buenos ejemplos de lectura de la realidad económico-social contemporánea con instrumentos marxistas, una referida al<br />

capitalismo, en general, y la otra, más específicamente, a una de sus formas particulares (el liberalismo), son Saad-Filho (ed.,<br />

2002) y Saad-Filho, Johnston (ed., 2005).<br />

27 Vercelli (1973: 74 ss.) apunta cuatro formas fundamentales del fetichismo: 1) una relación social se manifiesta como relación<br />

entre dos cosas; 2) las leyes sociales se presentan como leyes naturales; 3) una relación social se presenta como relación entre<br />

una cosa y ella misma; y 4) las fuerzas productivas sociales del trabajo se presentan como fuerzas productivas del capital. Mientras<br />

las formas 1, 2 y 3 se fundamentan en la esfera de la circulación y derivan del intercambio de productos provenientes de<br />

los varios procesos laborales privados que producen mercancías diversas (división social del trabajo), la 4 se basa en la esfera<br />

productiva y surge de la división técnica (“manufacturera”) del trabajo, que se origina en un preciso plan del capital (voluntad<br />

extraña a los trabajadores e, incluso, contrapuesta a ellos). Sobre estos argumentos, cfr. todo el cap. III de Vercelli (1973).<br />

28 Marx, Engels (1974: t. III, 510); Marx, Engels (1972: t. v, 34).<br />

ORÍGENES HISTÓRICOS DE LAS CATEGORÍAS ECONÓMICAS<br />

33


Leyenda<br />

Se presentan a continuación los símbolos y abreviaciones más utilizados en las páginas que siguen, a<br />

fin de evitar el enlentecimiento de la lectura con continuas precisiones y tornar más ágil la consulta:<br />

A<br />

C<br />

Δ<br />

E<br />

j<br />

amortizaciones<br />

consumos privados<br />

movimiento de un valor<br />

expresión monetaria de la hora-trabajo<br />

jornada laboral<br />

tvus total de los valores de uso y servicios histórica y socialmente necesarios para la reproducción<br />

de la fuerza-trabajo<br />

G gasto público<br />

gf grado de explotación<br />

I inversiones<br />

K capital fijo<br />

L factor productivo trabajo<br />

capital variable<br />

v<br />

TN trabajo necesario para la reproducción de la fuerza-trabajo, que coinciden con el trabajo pagado<br />

TV trabajo vivo<br />

PST plus-trabajo, que coincide con el trabajo no pagado<br />

π productividad<br />

vn<br />

W<br />

ss<br />

X<br />

FL<br />

valor necesario para la reproducción de la fuerza-trabajo<br />

plusvalía<br />

salario social real<br />

exportaciones<br />

fuerza-trabajo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

34


Capítulo II<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX 1<br />

1. Antes de Marx<br />

1. El principio que está en la base de las obras de economía política que Marx leyó en París en 1844 –y<br />

sobre todo en Indagación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (1776), de Adam<br />

Smith– es que la felicidad de los individuos depende del bienestar de la sociedad; el bienestar de la<br />

sociedad crece con el aumento de la riqueza de las naciones; la riqueza tiene por fundamento el trabajo;<br />

el trabajo, en efecto, valoriza los productos naturales y está, de hecho y de derecho, en el origen de la<br />

sociedad.<br />

La economía política 2 clásica, si bien por una parte ponía el trabajo en la base del progreso humano,<br />

por la otra identificaba al sistema capitalista, fundado sobre la propiedad privada de los medios<br />

de producción y sobre el trabajo asalariado, como el único sistema económico racional y, por tanto,<br />

natural. Había que dejar hacer a las leyes naturales de la economía. Tal principio, que Smith heredó<br />

de los fisiócratas, devino en palabra de orden del liberalismo económico. Además, dejando hacer a<br />

la técnica, el progreso que ella reporta deviene en progreso general. Por poner un solo ejemplo, la


“economía política” defiende la división técnica 3 del trabajo porque de esa manera se incrementa la<br />

fuerza productiva, y ello se transmuta, naturalmente, en más riqueza para toda la sociedad.<br />

David Ricardo toma de Smith los fundamentos de su doctrina económica. En los Principios de<br />

economía política, lleva él adelante la investigación smithiana, al tiempo que la critica en sus puntos<br />

débiles. Ricardo comenzaba su obra afirmando de manera indiscutible que “el valor de una mercancía<br />

(...) depende de la cantidad relativa de trabajo que es necesaria para su producción”.<br />

2. En tiempos más recientes, Sylos Labini (2005) invitó, en un libro de fácil lectura, a “reestudiar los<br />

clásicos” de la economía política, apreciable invitación a la heterodoxia en un panorama donde la<br />

cansada teoría marginalista, en todas sus variantes y no de último también por parte del neoinstitucionalismo<br />

(Ankarloo 2002), todavía hace las veces de dueña de casa. En ese texto, y aun cuando no<br />

le dedica capítulos específicos, Sylos Labini mantiene frecuente diálogo con Marx, a quien ubica en la<br />

categoría de los “clásicos” junto a otros gigantes del pensamiento: Ricardo y Smith. Condición para la<br />

inclusión de Marx entre los clásicos, avisa el autor, es que se deje “de lado su proyecto revolucionario”<br />

(2005: 30) 4 .<br />

Una lectura radicalmente distinta, en la que Marx es interpretado como crítico incansable de la<br />

economía política clásica, la ofrecen Grossmann (1971) y Milios, Dimoulis, Economakis (2002: viii):<br />

La crítica de la economía política de Marx no constituye una “corrección” de los “errores” o de<br />

las “incomprensiones” de la economía política clásica, sino la formación de un nuevo campo<br />

teórico, que modela un nuevo objeto teórico de análisis y un nuevo “paradigma” de argumentación.<br />

A diferencia de la teoría del valor de Ricardo, la marxista es una teoría de la forma de valor del<br />

producto-mercancía, conectada por eso desde el inicio con su forma de dinero, y después de precio,<br />

y por tanto a la teoría monetaria. El valor de una mercancía no puede ser determinado en cuanto tal,<br />

sino solamente a través de su forma de aparición; no puede ser determinado aisladamente, sino solo<br />

en relación con todas las otras mercancías presentes en el proceso de intercambio. Esa relación del<br />

valor de cambio se materializa con el dinero. En el sistema marxista no puede existir ninguna otra<br />

“incorporación material” de trabajo (abstracto), ni ninguna otra forma cuantitativamente definida de<br />

aparición (o de medida) del valor. En la medida en que el dinero incluye la única forma de aparición<br />

del valor, las dos cantidades no pertenecen al mismo nivel de abstracción. En otras palabras, ellas<br />

son inconmensurables y, consecuentemente, no pueden ser materia de comparaciones cuantitativas<br />

y cálculos matemáticos. En el sistema de Marx, el valor no pertenece al mundo de las cantidades<br />

empíricamente individualizables (y mensurables): solo el dinero puede hacer tal cosa.<br />

3. En sus Principios..., Ricardo precisa que no es el genérico costo de producción –que incluye, además<br />

del trabajo, la ganancia y los intereses–, ni el trabajo que una mercancía puede comprar, sino el trabajo<br />

empleado en su efectiva producción, el trabajo fijado en la mercancía misma, lo que determina su valor.<br />

Y así critica a Smith, reprochándole el haber considerado válida la teoría del valor-trabajo solo para<br />

los tiempos primitivos que precedieron la apropiación del suelo y la acumulación de capitales, pues de<br />

tal manera no se atribuye a esa teoría un significado rigurosamente científico. Ricardo se opone a ello y<br />

sostiene que la intervención del capital no modifica en absoluto la validez de la ecuación valor-trabajo;<br />

que también en las sociedades precapitalistas, al igual que en la sociedad burguesa, los medios de producción,<br />

que en el capitalismo asumen la forma de capital, intervienen en la producción e influencian<br />

el valor, pero lo influencian en función de la cantidad de trabajo fijada justamente en el capital, la<br />

cual se suma a la cantidad de trabajo directamente empleado en la producción. En consecuencia, es<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

36


únicamente el trabajo lo que regula el valor. El valor, entonces, corresponde al costo de producción,<br />

pero el costo de producción se resuelve sobre todo en trabajo.<br />

2. La contribución de la escuela socialista<br />

1. La capacidad de incidir del socialismo premarxista residía precisamente en la crítica dura y feroz en<br />

relación con el capitalismo, el comercio, el mundo de la industrialización. La sociedad industrial es<br />

entonces el escenario socioeconómico del primer socialismo, e inherentes a ese tipo de desarrollo son<br />

los terribles daños de orden físico, cultural y moral provocados por la Revolución Industrial (trabajo<br />

infantil masivo, una expectativa de vida disminuida para la clase obrera a menos de 25 años, depauperación,<br />

degradación, prostitución, etcétera).<br />

El socialismo “premarxista” se originaba justamente de esos daños. Del examen del mundo del<br />

trabajo y de sus condiciones laborales se formó la conciencia de que la fábrica capitalista constituía<br />

una ruptura en la historia del trabajo humano, al reunir a un vastísimo número de trabajadores en un<br />

único espacio físico de ocupación, pero, al mismo tiempo, privarlos del resultado final del trabajo, la<br />

mercancía. Los “premarxistas” se plantearon, pues, el problema –que más adelante será centro de<br />

la discusión para Marx y Engels– de la reconstrucción de la posibilidad, por parte de los trabajadores,<br />

de intervenir en el proceso productivo, eliminando la apropiación capitalista de su resultado. Esto<br />

se resolvía en la previsión de la posibilidad, al alcance de todos los hombres, de vivir bajo una nueva<br />

organización social, en la cual habría una subdivisión equitativa de los productos, derivada de una<br />

producción racional, organizada comunalmente o influenciada por la colectividad, aun si continuara<br />

siendo privada.<br />

Planteada la cuestión en esos términos, se comienza a entrever una cierta diferenciación, entre los<br />

primeros socialistas, respecto al tema central de la propiedad privada. Consecuentemente, variaban<br />

las propuestas según se tratara de derrotar, reformar o condicionar a esta última. Algunos pensadores<br />

consideraban que la sociedad capitalista se podía reformar; otros sostenían que una transformación<br />

solo podía darse a través de una revolución, incluso violenta. Muchos, en cambio, tenían posiciones<br />

intermedias: estaban los asociacionistas, los colectivistas, los organizadores del trabajo, los cooperativistas,<br />

y no se olvide a aquellos que predicaban la insurrección permanente: los libertarios. Frente a esa<br />

multiplicidad de opciones, es posible identificar los puntos que aproximan a todos estos pensadores<br />

que legaron propuestas tan aparentemente divergentes.<br />

2. El primer punto de encuentro lo forman el rechazo pleno al mundo burgués y la propuesta de una<br />

sociedad democrática. En todos los socialistas “utópicos” se encuentra un concepto sustancial y no<br />

formal de democracia, que no se refiere nunca, o casi nunca, a formas políticas democrático-liberales.<br />

La suya es una democracia con participación directa del pueblo en la vida política, mediante la comunidad<br />

de vivienda, el asociacionismo, la unidad de producción industrial o agrícola, etcétera; una<br />

participación que, en la práctica, supera incluso las más avanzadas formas liberales-constitucionales.<br />

Y que con frecuencia corresponde a una democracia de clase que se expresa en la dictadura de la clase<br />

obrera, que no solo niega la sociedad conservadora, sino que tampoco tiene ningún punto de contacto<br />

con las instancias democráticas pluripartidistas.<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

37


3. Al pasar del premarxismo inglés al francés, las diferencias doctrinarias y de formulación salen inmediatamente<br />

a la luz. En el primero hemos notado una acentuada tendencia al análisis económico<br />

e, incluso, propiamente, al verdadero estudio y profundización de una ciencia, la economía política.<br />

En el movimiento socialista francés encontramos, en cambio, no a los desarrolladores o críticos de las<br />

teorías smithianas o ricardianas, sino a teóricos que se ponen en primera fila de los sucesivos asaltos<br />

revolucionarios y de las revueltas populares. En Francia el socialismo ganó, sin duda, por lo que respecta<br />

a la praxis, a la verdadera práctica revolucionaria, a expensas no tanto de la teoría como tal (de<br />

hecho, hubo también teóricos puros en el protosocialismo francés), como del desarrollo teórico en<br />

clave socialista de la ciencia económica.<br />

3. La utilización socialista de Ricardo<br />

1. El elemento filosófico que confirió características propias al núcleo central de una ideología socialista<br />

y que creó, por tanto, las condiciones para un espacio político propio del movimiento obrero, fue<br />

derivado de la teoría económica de Ricardo.<br />

La teoría ricardiana del valor-trabajo fue la base de la ideología socialista, particularmente la inglesa.<br />

El trabajo humano aparecía así como el elemento central de todo el desarrollo productivo, y el producto<br />

que de ello se obtenía retornaba solo en parte –en el salario– al trabajador que lo había constituido.<br />

Y, viceversa, la ganancia del capital aparecía como ganancia obtenida directamente del trabajo obrero 5 .<br />

El resultado político de esta ideología era clarísimo: el objetivo del movimiento obrero pasaba a ser la<br />

eliminación de esas condiciones de subordinación económica y la adquisición, para los trabajadores, de<br />

un papel social que se correspondiera con el económico, en el cual los trabajadores son los proveedores<br />

de trabajo, como elemento de valoración de las mercancías. Las posiciones teóricas ricardianas y su<br />

consecuente concepción de la ganancia, unidas a las cuestiones antes mencionadas, están presentes,<br />

aun con matices y acentos diferentes, en todas las principales figuras del socialismo premarxista, y<br />

especialmente en los teóricos del movimiento obrero inglés, de Owen a William Thompson, de Gray<br />

a Hodgskin y a John Francis Bray.<br />

En ese marco ideológico, dos elementos resaltan por su gran importancia: in primis, los temas<br />

socialistas tomados de la economía política sitúan los objetivos socialistas en el corazón del proceso<br />

industrial capitalista, antes que en la restauración de relaciones sociales que el industrialismo ha<br />

efectivamente trastornado. En segundo lugar, la ideología socialista se desarrolla sobre el mismo<br />

terreno de la nueva ciencia del industrialismo: la economía política, la ciencia de la cual se había<br />

recabado con mucha frecuencia la argumentación ideológica acerca de la inevitabilidad de la condición<br />

obrera. Es en este contexto que la teoría ricardiana del trabajo como medida del valor de<br />

cambio se transmitirá a la reflexión de Marx sobre la formación de la plusvalía. Finalmente, la clarificación<br />

del hecho de que la ganancia industrial nace del trabajo asalariado estuvo en la base del<br />

movimiento de cooperativas de producción, que fue característico del primer socialismo inglés. Si<br />

la producción ocurre mediante la libre asociación de los trabajadores, la ganancia queda eliminada<br />

y la cuota salarial se hace más elevada, próxima, vale decir, a la cuota de valor que el trabajo<br />

ha producido.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

38


2. Se puede entonces afirmar que en el período de la economía política ricardiana surge, simultáneamente,<br />

la oposición de los pensadores socialistas premarxistas. Si para Ricardo el interés predominante<br />

es comprender las relaciones de la producción capitalista y hacerlas valer como formas absolutas de la<br />

producción, estos otros se apoderan de las contradicciones y de los “misterios” inherentes al modo<br />

de producción capitalista para combatirlos desde la perspectiva del proletariado industrial. Ya estos<br />

autores comienzan a designar el surplus o la ganancia directamente con el término de “plusvalía”,<br />

producto del trabajo que el obrero cumple gratuitamente una vez concluido el tiempo de trabajo que<br />

reintegra o paga el valor de su fuerza-trabajo, y que produce el equivalente a su salario.<br />

En la misma medida en que había sido importante hallar la ecuación valor-trabajo, lo era también<br />

–y será este el punto central del análisis económico marxista– representar como plusvalía el plustrabajo<br />

que se cumple en un plusproducto*. Logran ellos, pues, por primera vez, intuir que si el valor tiene<br />

su origen en el trabajo, entonces la ganancia es sustracción del producto elaborado por el trabajador,<br />

y que se resuelve esto directamente en apropiación de un tiempo de trabajo por el cual el obrero no<br />

recibe retribución alguna. Luego, cualquiera que sea la forma del interés pagado a los capitalistas –sea<br />

en forma de renta o de interés monetario o de ganancia industrial–, es pagado por el trabajo ajeno. Por<br />

tanto, los intereses de capital, en general, se resuelven todos en plustrabajo, que a su vez se representa<br />

en un plusproducto; solo este último es propiamente capital. Todavía estos elementos se presentan de<br />

diversa manera en las varias figuras del movimiento socialista.<br />

4. Thomas Hodgskin<br />

1. Thomas Hodgskin atribuye solamente al trabajo la capacidad de producir valor y desarrolla el tema<br />

ricardiano con sentido clasista; vale decir, identificando el conflicto entre trabajo y capital. Denuncia<br />

él la forma de apropiación de los capitalistas, quienes reducen al obrero al salario más bajo posible y se<br />

embolsillan indebidamente toda la excedencia del valor producido por el trabajo.<br />

2. En particular, sobre la acumulación de capital y la relación con la ganancia, escribe:<br />

El capital fijo pertenece a una clase de persona que ni lo fabrica ni lo usa (...) El capitalista, en<br />

tanto que simple poseedor de los utensilios, no es un trabajador. Él no contribuye en modo alguno<br />

a la producción. Él adquiere la propiedad del producto de un obrero y la cede a alguien más, bien<br />

por un lapso de tiempo determinado, como ocurre con la mayor parte de los tipos de capital fijo,<br />

o para siempre, como en el caso del salario, si piensa que puede ser usado o consumido en su<br />

beneficio. No permitirá jamás que el producto de un obrero, venido en posesión suya, sea usado o<br />

consumido por otro obrero, si no es en su favor. Él utiliza o presta su propiedad para obtener una<br />

parte del producto y del rédito natural de los trabajadores, y toda acumulación de tal propiedad<br />

en sus manos significa extensión de su poder sobre el producto del trabajo e impedimento para<br />

el incremento de la riqueza nacional. Es eso lo que sucede actualmente (...) Al no permitir a los<br />

obreros fabricar o utilizar los instrumentos de trabajo a menos que obtenga por ello una ganancia<br />

* (n.t.) Entiéndese por “plustrabajo” el que cumple el obrero cuando –como ha explicado antes el autor–, una vez satisfecho<br />

mediante el salario el valor de su fuerza-trabajo, se dedica a generar plusvalía; y el “plusproducto”, como la mercancía que<br />

produce en ese tiempo adicional de su jornada laboral.<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

39


superior a lo que cuesta el mantenimiento de esos mismos obreros, el capitalista, como poseedor<br />

de todo el producto, le pone evidentemente al trabajo productivo límites mucho más restringidos<br />

que los que prescribe la naturaleza. A medida que el capital se acumula en las manos de terceros,<br />

aumenta la tasa de ganancia pretendida por los capitalistas, y así nace un impedimento artificial<br />

para la producción y para el incremento de la población (...) En el estado actual de la sociedad, en el<br />

que los obreros no son nunca los poseedores del capital, cada acumulación de capital incrementa el<br />

monto de la ganancia que a estos se les exige y elimina todo trabajo capaz de procurar una cómoda<br />

existencia (...) Si se admite que el trabajo lo produce todo, incluido el capital, es absurdo atribuir<br />

una fuerza productiva a los instrumentos que el trabajo construye y emplea (…) Los salarios, como<br />

los instrumentos, no promueven la producción. Es el trabajo, y no el capital, lo que paga todos los<br />

salarios (…) La invención y el uso del papel moneda han revelado que el capital no es cosa de ahorro.<br />

Mientras el capitalista, para lograr su riqueza o para disponer del trabajo de otros, tenía que poseer<br />

una verdadera montaña de metales preciosos o de mercancías, se podía pensar que la acumulación<br />

era verdaderamente el resultado de un ahorro, y que de ella dependía el progreso de la sociedad. Pero<br />

desde el momento en que fueron inventados el papel moneda y los títulos, y el poseedor de simples<br />

pedazos de papel o pergaminos obtiene un rédito anual en pedazos de papel, con los cuales consigue<br />

todo aquello de lo que pueda tener necesidad para su uso y consumo, si este poseedor se encuentra<br />

al final del año más rico que al comienzo, porque no ha gastado todos sus trozos de papel, o si al<br />

año siguiente tiene el derecho de cobrar un número mayor de trozos de papel, que le da la facultad<br />

de disponer de una cantidad todavía mayor del producto del trabajo, no hay duda de que el capital<br />

no es cosa de ahorros y que el capitalista individual no se enriquece por un ahorro real, material,<br />

sino mediante una operación que lo pone en condiciones (…) de adquirir una parte más grande del<br />

producto del trabajo (…) El empresario industrial posee moneda en metálico o papel, con la que<br />

paga los salarios. Sus obreros intercambian los salarios por productos de otros obreros, quienes a su<br />

vez tampoco conservan su salario, ni en moneda ni en papel. Eso regresa al industrial, quien les da<br />

a cambio el paño producido por sus obreros. Con eso paga de nuevo los salarios y así la moneda,<br />

metálica o en papel, reinicia su circuito 6 .<br />

Y Marx, en su Storia dell’economia politica (Teorie sul plusvalore), al analizar la obra de Hodgskin en<br />

relación con la caída de la tasa de ganancia, sostiene:<br />

Yo he explicado la caída de la tasa de ganancia, a pesar de la estacionalidad e incluso del aumento<br />

de la tasa de plusvalía, con el hecho de que el capital variable disminuye respecto al capital<br />

constante; es decir, el trabajo vivo presente disminuye con respecto al trabajo pasado, empleado y<br />

reproducido. Hodgskin y el autor de The Source and Remedy of the National Difficulty lo explican<br />

con la imposibilidad, por parte del obrero, de hacer frente a las pretensiones del interés compuesto,<br />

vale decir, de la acumulación del capital (…) El sentido general es el mismo. Si digo que la tasa<br />

de ganancia disminuye con la acumulación porque el capital constante aumenta en relación con<br />

el capital variable, eso significa que, al prescindir de la forma determinada por parte del capital, el<br />

capital empleado crece respecto al trabajo empleado. La ganancia cae, no porque el obrero sea menos<br />

explotado, sino porque en general se emplea menos trabajo en relación con el capital empleado<br />

(1993a: 321-322).<br />

5. John Gray<br />

1. También John Gray toma de Ricardo y de Owen el tema de la crítica al capital y el principio del<br />

valor-trabajo. Se hace él portavoz de una polémica contra la aristocracia terrateniente desde el punto<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

40


de vista de los fisiócratas y, como estos últimos, piensa que en la industria no hay creación de plusvalía.<br />

En cambio, los “agricultores pueden consumir todo su ingreso y todavía enriquecer al Estado, porque<br />

su trabajo crea un excedente llamado renta” 7 .<br />

Y Marx, al analizar la obra de Gray, sostiene:<br />

Es este el único escrito importante que se enlaza directamente con la doctrina fisiócrata (…) Este escrito<br />

contiene, en primer lugar, un óptimo y conciso resumen de la doctrina fisiócrata (…) Hay<br />

que distinguir netamente entre producción de plusvalía y transferencia de plusvalía (…) Y esta es<br />

la grandeza de la fisiocracia. Se pregunta ella cómo se produce y reproduce la plusvalía (que en él<br />

[Gray] equivale a renta). La cuestión de cómo se reproduce a escala ampliada, de cómo se acrecienta,<br />

pasa a un segundo plano. Se debe primero descubrir la categoría, el secreto de su producción (1993a:<br />

411-412).<br />

Partiendo de premisas mercantilistas, Gray consigue explicar, como los fisiócratas, que la ganancia<br />

de la industria no es otra cosa que profit upon alienation.<br />

Y continúa Marx: “Este inglés llega a la lógica conclusión de que esa ganancia solo es tal si el<br />

producto de la industria se vende en el exterior. De la premisa mercantilista extrae la lógica conclusión<br />

mercantilista” (1993a: 413).<br />

Entonces, esa ganancia solo es tal si la industria vende sus mercancías en el extranjero. Escribe en<br />

efecto Gray:<br />

Ningún industrial, sea cual fuere su ganancia personal, añade algo a la renta de la nación si su<br />

mercancía es vendida y consumida en el país. De hecho, el comprador (…) pierde exactamente<br />

tanto (…) cuanto gana el industrial (…) entre comprador y vendedor se produce un intercambio<br />

del cual no deriva ningún incremento de renta. Para remediar la falta de un excedente, el empresario<br />

agrega una ganancia de 50% a lo que gasta en salario; o seis peniques por cada chelín pagado en<br />

salario… y si el producto es vendido en el extranjero, esa será la ganancia nacional para tantos y<br />

tantos trabajadores 8 .<br />

2. Y, regresando directamente al problema de la ganancia, prosigue:<br />

Un industrial puede enriquecerse solamente en tanto sea un vendedor (en tanto produzca su producto<br />

como mercancía). Si deja de ser un vendedor, inmediatamente cesa su ganancia, porque no es una<br />

ganancia natural, sino artificial. El agricultor, en cambio (…) puede existir, prosperar y hacer crecer<br />

la suya, aun sin vender nada (…) Los vendedores no se enriquecen como resultado del aumento del<br />

valor nominal del producto (…) dado que lo que ganan como vendedores, lo pierden en la misma<br />

exacta medida en calidad de compradores 9 .<br />

6. Robert Owen<br />

1. Considerable fue también el análisis teórico realizado por Owen sobre temas del trabajo y la riqueza.<br />

Afirmó, siguiendo a Ricardo, que el valor de las mercancías únicamente podía medirse por el trabajo<br />

y que solo el progreso científico podía acrecentar el valor del trabajo; de esa manera, los trabajadores<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

41


no tendrían ya que estar sujetos a los sistemas de esclavitud que los habían oprimido en el pasado, sino<br />

que –haciendo referencia a los tiempos de trabajo efectivamente empleado para producir la riqueza<br />

nacional y más allá de todo “típico problema” de acumulación capitalista y por tanto de riqueza– se<br />

llegaría a la conformación de la nueva organización social.<br />

2. Escribe Owen:<br />

la unidad de medida natural del trabajo es, en principio, el trabajo humano, o las fuerzas humanas,<br />

manuales y mentales, que conjuntamente intervienen en él (…) del mismo modo se quiere calcular<br />

la media del trabajo y de la fuerza humana; y desde el momento en que ello constituye la esencia<br />

de toda riqueza, se puede también calcular el valor contenido en todo producto, y procediendo en<br />

modo análogo para todos los productos se pueden determinar las relaciones de intercambio entre<br />

ellos; el conjunto de estos valores permanecería constante por un determinado período. El trabajo<br />

humano vendría de esa manera a asumir su valor natural o intrínseco, que aumentaría con el progreso<br />

de la ciencia; es ese, en efecto, el único objetivo realmente útil de la ciencia. La demanda de trabajo<br />

humano no estaría ya sometida al capricho, ni el sostenimiento de la vida humana sería, como ahora,<br />

un artículo de comercio de valor siempre cambiante, y las clases trabajadoras no serían esclavizadas<br />

por un sistema artificial de salarios, más cruel en sus efectos que cualquier esclavitud jamás practicada<br />

por una sociedad, bárbara o civilizada (1971: 184-193).<br />

Owen intentó materializar su proyecto en la fábrica y ciudad cooperativa de New Lanark, en Escocia,<br />

organizada sobre principios de propiedad cooperativa de los trabajadores. Más allá de eso, New<br />

Lanark se convirtió además en una pequeña ciudad socialista, con asilos, escuelas, asistencia sanitaria,<br />

vida cultural, todo ello gestionado sobre bases comunitarias.<br />

7. Claude-Henry Saint-Simon<br />

1. Saint-Simon, uno de los más fecundos y geniales socialistas “utópicos”, dedicó toda su vida a proyectos<br />

de reorganización económica, política y social. Pero, aun cuando su mensaje fue radical, no puede<br />

ser clasificado como un socialista, si con tal definición se identifican los ideales de ruptura definitiva<br />

con el sistema capitalista. El suyo puede ser considerado un socialismo “industrial”, que se apoyaba en<br />

el progreso económico. Al criticar, pues, el atraso económico y social de las civilizaciones precapitalistas<br />

y atacar duramente la “anarquía” capitalista –incapaz de resolver los problemas sociales, puesto que era<br />

guiado por especuladores–, el problema emergente del análisis saintsimoniano era el de la adecuación<br />

de las estructuras sociales y políticas a un proceso de rápida industrialización y expansión productiva<br />

mediante la “reorganización” del capitalismo, para dar vida a una nueva dimensión de la sociedad, a un<br />

nuevo Estado de científicos, organizado jerárquicamente pero no autoritariamente. Los científicos, al<br />

administrar de manera más funcional los asuntos del Estado, debían sustituir a todo Gobierno político.<br />

En la célebre parábola de Saint-Simon (1819) se argumentaba acerca de la inutilidad de la nobleza,<br />

los senadores, los ministros, etcétera, frente a los verdaderos “productores”: obreros, maestros de arte,<br />

industriales, banqueros, etcétera 10 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

42


2. En todo el pensamiento de Saint-Simon es el mundo del trabajo lo que tiene importancia primaria.<br />

Los trabajadores, en cuanto productores de riqueza social, debían ser los llamados a asumir, junto<br />

con los científicos, la dirección del Estado. De un lado están los “productores”, aquellos que quieren<br />

construir la sociedad valiéndose de su propio trabajo y del conocimiento científico adquirido; del otro,<br />

los ociosos, los ineptos, esto es, nobles, curas, aristócratas que, aprovechándose de sus posiciones de<br />

privilegio, no solamente no son útiles al capitalismo industrial, sino que amenazan su sobrevivencia.<br />

El industrialismo saintsimoniano es por tanto progresista; su objetivo es organizar el sistema capitalista,<br />

pero manteniendo al individuo subordinado a la sociedad, es decir, al capitalismo renovado y<br />

reformado.<br />

Saint-Simon no distingue entre intereses de los patrones e intereses de los obreros; para él, se trata<br />

siempre de “productores”, a niveles diferentes; y si privilegia a los asalariados es solo porque quiere<br />

que mejore la situación de la clase más numerosa y más pobre. Nos encontramos, entonces, ante una<br />

sociedad en la que reina la colaboración entre las clases y desaparecen los antagonismos. Pero aun si el<br />

pensamiento de Saint-Simon pareciera interclasista, lo cierto es que, efectivamente, arrojó luz sobre la<br />

existencia de una lucha de clases entre los “productores” y los sectores más atrasados de la sociedad, los<br />

estratos improductivos. Aunque considerara que los empleadores y los obreros formaban parte de una<br />

única clase, con intenciones comunes pero sociológicamente diferenciados, al final de su vida cambió<br />

completamente de opinión.<br />

En el nuevo cristianismo, además de presentar un cristianismo renovado, una religión social que<br />

tuviera en cuenta la fe individual, se afirmaba sobre todo el principio de la conflictividad de clase en la<br />

historia y particularmente en la sociedad dominada por la propiedad privada de los medios de producción.<br />

Uno de los conceptos dominantes del ensayo era el relativo a la liberación del hombre, del obrero,<br />

de la opresión material, y el uso de la religión para lograr ese fin. Se concluía que, mientras en las<br />

reflexiones precedentes había buscado reorganizar el capitalismo para darle una mayor funcionalidad,<br />

ahora se planteaba en primer término organizar a la masa de trabajadores mediante una reforma de la<br />

religión que deviniese en cultura popular universal. Así comenzó por la realización terrena de la justicia<br />

y la emancipación de la “clase más numerosa y más pobre”.<br />

3. Al pensamiento de Saint-Simon hicieron referencia muchos seguidores que, aun con diferencias<br />

internas, conformaron la escuela saintsimoniana. El saintsimonismo fue un gran movimiento intelectual<br />

que encaró los argumentos típicos de las doctrinas socialistas: desde el tema de la igualdad hasta<br />

el de la libertad, la democracia, la propiedad, pero partiendo siempre de la consideración crítica del<br />

liberalismo y planteando la desaparición de la propiedad privada.<br />

8. Sismonde de Sismondi<br />

1. En el ginebrino Sismondi hallamos un análisis económico que ve en el “valor constituido” del<br />

tiempo de trabajo la fuente de todas las contradicciones de la industria y el comercio modernos.<br />

El valor mercantil de una cosa –dice– es fijado siempre, en última instancia, con base en la cantidad<br />

de trabajo necesario para crear la cosa evaluada; pero ese valor no corresponde al costo (de tiempo)<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

43


actual, sino al que se obtendría con medios quizá más perfectos; y esa tal cantidad, en tanto que<br />

difícil de valorar, viene siempre a ser fijada fielmente por la competencia (…) Tanto la demanda del<br />

vendedor como la oferta del comprador son calculadas sobre esa base. El primero podrá afirmar que<br />

esa cosa le costó diez jornadas de trabajo, pero si al segundo le parece que puede ser hecha en ocho, y<br />

si la competencia les ofrece a ambos la demostración, es en ocho jornadas que se estabilizará el costo<br />

de mercado y se reducirá el valor. Ambos contratantes tienen la percepción de que la cosa es útil,<br />

que es deseada, y sabrán que sin deseo no habría venta alguna, pero la determinación del precio no<br />

mantiene relación alguna con la utilidad 11 .<br />

2. Y Marx escribe:<br />

Sismondi, en sus Nouveaux principes, acepta la explicación exacta de la distinción smithiana (en el<br />

mismo sentido en que es aceptada como evidente también por Ricardo): la verdadera diferencia entre<br />

clases productivas e improductivas es esta: “Una intercambia siempre su propio trabajo por el capital<br />

de una nación, la otra lo intercambia por una parte del ingreso nacional” (…) Sismondi –siguiendo<br />

también aquí a Smith– escribe a propósito de la plusvalía: “Aunque el obrero haya producido con su<br />

trabajo diario mucho más que su remuneración diaria, es raro que tras la repartición del producto<br />

con el propietario inmobiliario y con el capitalista le quede algo más que lo estrictamente necesario”<br />

(1993: 163).<br />

Sismondi se da cuenta de que su época está caracterizada por el desarrollo cíclico del capitalismo,<br />

con sus crisis. Percibe que, en efecto, a los trabajadores se les da lo estrictamente necesario para sobrevivir;<br />

luego, entre el salario del obrero y el valor de lo que produce existe una diferencia, que él denomina<br />

como el “mejor valor”. Y dado que de esa plusvalía solo pueden beneficiarse los empresarios, es ella<br />

causa de una enorme desigualdad en la distribución de la riqueza; desigualdad que, por otra parte, está<br />

destinada a agravarse continuamente:<br />

Por una parte, en efecto, la plusvalía se hace tanto más grande en cuanto mayores son los progresos<br />

alcanzados por las artes y las ciencias en su aplicación a los procesos productivos; por la otra, la<br />

competencia entre los empresarios tiene el efecto de reducir su número. En realidad, quien inventa<br />

un nuevo procedimiento se cuida de no divulgarlo y de que no se haga colectivo, sino que antes bien<br />

lo utiliza en exclusiva, a gran escala, para reducir sus propios costos y arruinar de tal manera a su<br />

competencia (Denis, 1973: 41-42).<br />

9. Pierre-Joseph Proudhon<br />

1. La figura de este pensador domina la historia del socialismo, el francés y el europeo, en toda la etapa<br />

central del siglo xix. Economista y filósofo, o ni lo uno ni lo otro según el juicio de Marx 12 , con él<br />

nos encontramos ante una propuesta de socialismo, o más propiamente de socialismo libertario, que<br />

tiene por premisa no a la clase obrera como entidad modernamente concebida, sino a ciertos artesanos<br />

o, mejor, a la pequeña burguesía colocada a los márgenes en la sociedad de alto desarrollo industrial.<br />

En efecto, Proudhon no fue un socialista –“Yo estoy limpio de las infamias socialistas”, dice en su<br />

Filosofía de la miseria–, como no fue un utopista en el sentido exacto de la palabra. Fue un reformador<br />

que colocaba al centro de su pensamiento los problemas del crédito, del préstamo sin intereses, capaz<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

44


de hacer sobrevivir a una pequeña burguesía productora ya condenada por el desarrollo del capitalismo:<br />

fue, ante todo, un crítico de la sociedad industrial.<br />

Por cuanto atañe a su figura, Marx sostiene:<br />

El buen Proudhon confunde el dinero como medio de circulación con el dinero como capital (…)<br />

puesto que el capital es prestado en forma de dinero, él cree que es el capital-dinero –vale decir, el<br />

dinero en efectivo– el que posee esta cualidad específica. Todo debe ser vendido, nada prestado. En<br />

otras palabras: del mismo modo como aceptaba la mercancía, pero no el que se convirtiera en dinero,<br />

aquí acepta la mercancía y el dinero, pero no que se desarrollen hasta convertirse en capital. Lo cual,<br />

si lo despojamos de todas sus formas fantásticas, quiere decir simplemente que no debe pasarse de<br />

la pequeña producción campesina y artesanal a la gran industria. (…) Y por último, la plusvalía en<br />

forma de moral: “Todo trabajo debe suministrar un excedente”. Y con ese precepto moral queda,<br />

naturalmente, muy bellamente definida la plusvalía (1993a: 562-563).<br />

En una de sus obras más apreciadas, Che cos’è la proprietà? [¿Qué es la propiedad?], Proudhon estudia<br />

el derecho de propiedad en el mundo moderno, con sus derivaciones socioeconómicas y, tras calificar<br />

de irracional a la propiedad privada, arriba a la famosa conclusión de que “la propiedad es un robo”.<br />

De hecho, en esa obra el acto de apropiación es visto todavía como violencia y fraude; el trabajador,<br />

aun después de haber recibido su salario, tiene un derecho natural de propiedad sobre aquello que<br />

ha producido. Estando así las cosas, las líneas de desarrollo del proudhonismo estaban claras, pero la<br />

aplicación de su definición de la propiedad al análisis y a la perspectiva de acción en la sociedad lo<br />

llevaron hacia algunas posiciones que se desviaban de la línea trazada.<br />

Si la propiedad, vista en su origen, “es un principio en sí mismo viciado y antisocial, está sin embargo<br />

destinada a convertirse, por su misma generalización y por el concurso de otras instituciones, en<br />

el perno y el alma de todo el sistema social” (Proudhon, 1903).<br />

2. Proudhon hablaba de “conciliación” entre las clases, negaba la necesidad de la coalición y organización<br />

obrera y no se proponía en absoluto oponer al capitalismo algún otro sistema, sino que quería<br />

intervenir en él con medios reformistas, como los “bancos del pueblo” 13 y, finalmente, el “crédito<br />

gratuito”.<br />

Afirmaba que desde el momento en que hay tantas necesidades que satisfacer, ello presupone tantos<br />

bienes que producir y tantos hombres comprometidos en la producción; estando así las cosas, hay<br />

que presuponer un ciclo productivo basado en la división del trabajo, pero al suponer tal división es<br />

necesario pensar también en el intercambio y, en consecuencia, en el valor de cambio.<br />

Escribe Proudhon (1945):<br />

Los economistas han evidenciado muy bien el doble carácter del valor, pero no han conseguido<br />

dar cuenta con similar claridad de su naturaleza contradictoria, y allí se inicia nuestra crítica (…)<br />

No basta que hayamos señalado ese sorprendente contraste, propensos a enjuiciarlo como algo<br />

extremadamente simple: es preciso además mostrar que esa pretendida simplicidad esconde un<br />

pensamiento profundo que debemos penetrar. En términos técnicos, el valor de uso y el valor de<br />

cambio están en razón inversa uno del otro.<br />

Proudhon asimila el valor de cambio a la “rareza” y el valor de uso a la “abundancia”, de manera que<br />

a la escasez de oferta de productos –en relación con la demanda– corresponde un precio alto.<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

45


En realidad, no considera la demanda como categoría económica válida por sí misma, sino<br />

que identifica el valor de uso con la oferta y el valor de cambio con la demanda: lo que él llama<br />

la opinión; por tanto, habrá una eterna lucha entre lo que es útil y la opinión, entre productor<br />

y comprador.<br />

3. A estas alturas, se podría verdaderamente decir que toda la teoría del valor de Proudhon se basa en<br />

la sustitución del valor de uso y del valor de cambio, de la oferta y la demanda, por nociones completamente<br />

abstractas como la rareza y la abundancia, lo útil y la opinión. Pero Proudhon va todavía más<br />

allá, al introducir el concepto de valor “constituido” o valor venal. Parte para ello de la premisa de que,<br />

si se admite la utilidad y que el trabajo es la fuente del valor, y dado que la medida del trabajo es el<br />

tiempo, entonces el valor relativo de los productos es determinado por el tiempo de trabajo cumplido<br />

para producirlos. Finalmente, el precio no es más que la expresión monetaria del valor relativo de un<br />

producto y el valor “constituido” de otro producto cualquiera no es sino el valor que se constituye al<br />

considerar el tiempo de trabajo preestablecido. Consecuentemente, las conclusiones a las que arriba<br />

Proudhon –al partir del valor constituido basado en el tiempo de trabajo– llevan al hecho de que una<br />

cierta cantidad de trabajo y una jornada de trabajo equivalen a cualquier otra jornada de trabajo: en<br />

paridad cuantitativa, en términos de tiempo y de trabajo, el producto de uno puede ser intercambiado<br />

por el producto de otro sin que exista, entonces, ninguna diferencia cualitativa en el trabajo. Sostiene,<br />

además, que “el trabajo de todo hombre puede comprar el valor que ello contiene”. De seguir por<br />

ese camino, se podría también afirmar que todos los salarios son pagados en igual medida para un<br />

mismo tiempo de trabajo. En efecto, Proudhon supone que una cierta cantidad de trabajo contenida<br />

en un determinado producto equivale a la retribución del trabajador, es decir, al valor del trabajo, sin<br />

considerar en absoluto la formación de la plusvalía.<br />

4. En la práctica, Proudhon establece una relación –aún más: instituye una equivalencia– entre una<br />

cierta cantidad de trabajo y los productos que con ello se han creado, sin percatarse de que en tal forma<br />

se llegaría a suponer una sociedad compuesta por trabajadores que reciben como salario su propio<br />

producto y en la que las jornadas de trabajo equivalen todas unas a otras, pasando así completamente<br />

por alto el problema de la ganancia industrial y de su origen. Y si con la categoría de ganancia entramos<br />

en la oscuridad más completa, no es más clara su explicación del “excedente de trabajo”.<br />

Escribe Proudhon a ese propósito:<br />

un axioma generalmente admitido por los economistas es que todo trabajo debe dejar un excedente.<br />

Esta afirmación es para mí de una verdad universal y absoluta: es el corolario de la ley de la<br />

proporcionalidad, que puede considerarse como el sumario de toda la ciencia económica. Pero, y me<br />

disculpo con los economistas, el principio de que todo trabajo debe dejar un excedente no tiene en su<br />

teoría ningún sentido y no es susceptible de demostración alguna (…) Este principio del excedente<br />

del trabajo vale para los individuos solo en la medida en que ello emana de la sociedad, que así les<br />

confiere el beneficio de sus leyes (Proudhon, 1945).<br />

En otras palabras, quiere él afirmar que la producción del individuo social supera la del individuo<br />

visto aisladamente, que el excedente de trabajo se explica con la sociedad-persona y que los economistas<br />

no han captado la “personalidad de este ser colectivo”.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

46


Proudhon explica que el trabajo debe dejar a todo productor un excedente y que esto ocurre en<br />

tanto que toda nueva invención que permita producir con la misma cantidad de trabajo una mayor<br />

cantidad de mercancías, reduce el valor venal del producto. Y así afirma:<br />

He demostrado con la teoría y con los hechos que todo trabajo debe dejar un excedente (…) Pero<br />

este principio, tan cierto como una afirmación aritmética, está todavía lejos de cumplirse para todos.<br />

Y así, mientras cada jornada de trabajo individual va logrando, como consecuencia del progreso de la<br />

industria colectiva, un producto cada vez mayor, y el trabajador tendría por eso mismo que hacerse<br />

cada vez más rico, aun con el mismo salario, existen sin embargo en la sociedad algunas categorías<br />

que hacen progresos y otras que decaen (Proudhon, 1945).<br />

5. En pocas palabras, aun queriendo apoyar su anarquismo en un análisis económico, Proudhon cae<br />

continuamente en verbalismos y malas abstracciones.<br />

Es preciso, sin embargo, reconocerle el mérito de haber sido el primero en plantear una concepción<br />

antiestatal de la gestión económica. La Revolución de Febrero vio florecer en París y en Lyon una<br />

espontánea explosión de asociaciones obreras de producción. Y fue esa naciente autogestión de 1848,<br />

más que la revolución política, lo que para él constituyó el “hecho revolucionario”. El dato más importante<br />

era el hecho de que hubiese sido el pueblo quien le dio el primer impulso y no un teórico o un<br />

doctrinario o el Estado mismo. Pero su “colectivismo”, si quiere llamársele así, rechaza asimismo categóricamente<br />

el estatismo. En cuanto al comunitarismo, el preconizado por los comunistas era para él<br />

opresión y esclavitud; en consecuencia, Proudhon busca una combinación de comunidad y propiedad,<br />

y la encuentra en la “asociación”. Los instrumentos de producción y de intercambio, afirma, no deben<br />

ser gestionados ni por compañías capitalistas ni por el Estado, sino que su gestión debe ser encomendada<br />

a asociaciones obreras. Y del análisis de estas asociaciones pasa a teorizar sobre la “comuna autónoma”,<br />

como grupo natural que los hombres forman entre ellos, sobre una base local. Ella debe concebirse como<br />

un “ser soberano”, que tiene el derecho de gobernarse por sí mismo, de administrarse, de imponerse<br />

impuestos, de disponer de su propiedad: como la autogestión es incompatible con la existencia<br />

de un Estado autoritario, la comuna no puede coexistir con un poder centralizado de arriba abajo.<br />

10. Hacia el socialismo científico: Rodbertus, Weitling<br />

1. A través de la Renania, el socialismo premarxista había ido penetrando en Alemania. De Fichte a<br />

Marlo y a Rodbertus, el radicalismo crítico se trasladaba del terreno filosófico al económico. De Gall<br />

a Weitling, el utopismo derivado de Owen, Fourier y Saint-Simon se orienta hacia las formas del<br />

colectivismo, bien conocidas en la literatura francesa e inglesa.<br />

La “Liga de los Justos”, tras penetrar y difundirse en Suiza e Inglaterra, mantiene su centro ideal<br />

en aquellas poblaciones renanas donde se inicia la educación política de Marx, quien de la “Liga de<br />

los Comunistas” –sucesora de la primera– deriva uno de los elementos principales de la doctrina del<br />

Manifiesto: el internacionalismo.<br />

En ese marco, recordemos que los orígenes del socialismo científico se encuentran precisamente en<br />

Alemania, patria de Johann Karl Rodbertus (1805-1875), quien desde el punto de vista del análisis<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

47


económico representa el punto de ruptura entre socialismo ante litteram y socialismo científico; y<br />

patria de Wilhelm Weitling (1808-1871), gracias a cuyo pensamiento se llegó al fortalecimiento de la<br />

“Liga de los Justos”, organización obrera de los weitlingianos que fue la primera en plantear el problema<br />

de la necesidad de un partido autónomo de clase. El socialismo moderno, con todas sus variadas<br />

posiciones internas, halló su basamento en la economía política burguesa y en particular se refirió, casi<br />

exclusivamente, a la teoría del valor de Ricardo. Las dos tesis que Ricardo planteó, en 1817, como<br />

premisas de sus Principios, fueron:<br />

a) El valor de toda mercancía está determinado solo y únicamente por la cantidad de trabajo<br />

requerido para su producción.<br />

b) El producto del trabajo social es repartido en su totalidad entre las clases de los propietarios terratenientes<br />

o inmobiliarios (renta), de los capitalistas (ganancia) y de los trabajadores (salario).<br />

Tales premisas, como ya hemos visto, habían llevado en Inglaterra a conclusiones socialistas.<br />

2. Pero es solo en 1842, en Alemania, que un pensador consigue, a partir de las dos afirmaciones de<br />

Ricardo, extraer conclusiones completamente socialistas. El logro es de Rodbertus, que, de hecho, es<br />

considerado el fundador del socialismo prusiano.<br />

También Rodbertus sostenía que la renta de los terratenientes y la ganancia de los capitalistas<br />

constituían una deducción o exacción sobre lo producido por los trabajadores. Lo que en la economía<br />

marxista será definido como tasa de ganancia o tasa de la renta inmobiliaria, aparece en Rodbertus con<br />

el nombre de “magnitud de la ganancia del capital y del interés o magnitud de la renta”:<br />

La magnitud de la ganancia del capital y del interés es resultado de su relación con el capital (…)<br />

en todas las naciones civilizadas, la suma de capital = 100 es aceptada como una unidad de medida<br />

para calcular esta magnitud. Cuanto mayor sea la relación entre el monto de la ganancia y del interés<br />

correspondiente al capital y 100, o, en otras palabras, cuanto mayor sea el porcentaje que rinde un<br />

capital, tanto mayores serán la ganancia y el interés 14 .<br />

En ese punto, Marx lo contradice decididamente:<br />

Esto no está bien. La tasa de la renta inmobiliaria es calculada ante todo sobre el capital; luego, en<br />

cuanto excedente del precio de una mercancía, sobre el precio de sus costos de producción y sobre la<br />

parte del precio que constituye la ganancia (1993a: 65).<br />

Pero veamos todo el razonamiento de Rodbertus:<br />

Para un determinado valor producido o para el producto de una determinada cantidad de trabajo, o,<br />

lo que también es lo mismo, para un determinado producto nacional, la magnitud de la renta está en<br />

proporción inversa a la magnitud del salario, y en proporción directa a la productividad del trabajo.<br />

Más bajo es el salario, más alta es la renta; cuanto más alta es la productividad del trabajo, tanto<br />

más bajo es el salario y tanto más alta la renta (…) La magnitud de la renta depende del tamaño de<br />

la parte que le queda a la renta una vez deducido el salario del producto total, sin tomar en cuenta<br />

todavía la parte del valor producido que sirve para reponer el capital, que puede ser descuidada (…)<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

48


El salario es igual al importe del mantenimiento necesario; es decir, a una determinada cuantía real<br />

de producto, más o menos igual para un determinado país y un determinado período de tiempo (…)<br />

si el salario –en cuanto mantenimiento necesario– es una determinada cuantía real del producto,<br />

representará un valor mayor si el valor producido es alto, un valor menor si es bajo; y, en consecuencia,<br />

suponiendo igual el valor producido que debe ser dividido, absorberá una parte mayor si el valor<br />

producido es alto y una parte menor si es bajo, y finalmente dejará para la renta una cantidad mayor<br />

o menor del valor producido. Pero si es válida la regla según la cual el valor producido es igual a la<br />

cantidad de trabajo que este ha costado, la magnitud del valor producido es determinada únicamente<br />

por la productividad del trabajo, o por la relación entre cantidad del producto y cantidad de trabajo<br />

empleado para producirlo (…) De hecho, si una misma cantidad de trabajo se traduce en menos<br />

producto, o, en otras palabras, si la productividad disminuye, esa cantidad de producto contiene<br />

más trabajo. Pero la cantidad de trabajo determina el valor del producto, y el valor relativo de una<br />

determinada cantidad de producto determina la magnitud del valor-producto (…) Entonces, la renta<br />

será tanto más alta cuanto más alta sea la productividad del trabajo (…)<br />

Si para un determinado valor-producto se da la magnitud de la renta, la magnitud de la renta de la<br />

tierra y la de la ganancia del capital tienen entre sí una relación inversa (…) Cuanto más alta o baja<br />

sea la renta de la tierra, tanto más baja o alta es la ganancia del capital, y viceversa (…) La magnitud<br />

de la ganancia del capital es simplemente determinada por la magnitud del valor-producto en general<br />

y del valor del producto bruto, y del valor del producto manufacturado en particular, o por la<br />

relación de productividad entre el trabajo en general, el trabajo de producción bruta y el trabajo de<br />

manufactura en particular.<br />

Y he aquí algunas conclusiones a las que llega para Europa:<br />

1. (…) en las naciones europeas, la productividad del trabajo –del trabajo de producción bruta y<br />

de manufactura– generalmente aumenta (…) tras lo cual la parte de la ganancia nacional destinada<br />

al salario es disminuida, mientras se aumenta la que queda para la renta (…) Por tanto, la renta es<br />

generalmente aumentada (…)<br />

2. (…) la productividad de la industria aumenta en mayor proporción que la de la agricultura (…),<br />

y así, a pesar del aumento general de la renta, aumenta solamente la renta de la tierra, mientras<br />

disminuye la ganancia del capital 15 .<br />

Al leer atentamente el análisis de Rodbertus, entendemos que hemos llegado a un punto de fractura<br />

en el pensamiento económico socialista: en él se afronta el problema de la plusvalía no en términos<br />

emotivos, como había sido el caso de muchos protosocialistas, sino en términos de crítica económica<br />

basada en datos científicos. Y es también Rodbertus quien, además de adherir al principio de la propiedad<br />

colectiva de los medios de producción, explica –quizá por primera vez– la crisis de sobreproducción<br />

sobre la base del escaso poder adquisitivo de los obreros, contribuyendo así de manera notable a<br />

difundir la teoría del “subconsumo”.<br />

A esto se agregan las varias propuestas utópicas de Rodbertus, como el “bono de trabajo”, emitido<br />

por el Estado como anticipo a los capitalistas industriales, para que con él pagasen a los obreros. A<br />

su vez, estos comprarían productos con los bonos que recibirían en pago, con lo cual se produciría el<br />

retorno del papel moneda a su punto de partida.<br />

El economista alemán sostuvo que el socialismo sería fruto de una lentísima evolución, sin necesidad<br />

de lucha de clases o de revoluciones; los obreros eran invitados a esperar el transcurso de esa larga<br />

transición, sin hacer revoluciones que pudieran anticipar lo que históricamente había de cumplirse.<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

49


Entretanto, había que aceptar la renta de la tierra y la ganancia, puesto que los terratenientes y capitalistas<br />

cumplían algunas funciones socialmente útiles, pero económicamente improductivas. No es<br />

preciso hacer notar, en este punto, que Rodbertus arriba a conclusiones diametralmente opuestas a las<br />

de Marx.<br />

3. Otro momento importante y de tránsito hacia el nacimiento del socialismo científico, en torno al<br />

cual se fue coagulando el primer movimiento obrero alemán e internacionalista, con objetivos generales<br />

de clase y de resistencia enmarcados en una visión comunista, fue la “Liga de los Justos”, organización<br />

clandestina pero con apéndices legales, como las asociaciones de mutuo socorro y de prevención, tanto<br />

en Francia como en Inglaterra y en la misma Alemania.<br />

El estudioso, que puede ser considerado, hasta la aparición en escena de Marx y Engels, como el<br />

jefe reconocido de la “Liga de los Justos”, fue Wilhelm Weitling (1808-1871). Teórico de un nuevo<br />

modo de presentarse ante la clase –esto es, como estructura de partido internacionalista–, fue él mismo<br />

obrero y tuvo numerosos seguidores, los weitlingianos, quienes fueron más agitadores y organizadores<br />

de sociedades obreras que teóricos. Entre ellos surgió August Becker (1814-1871), tenaz difusor del<br />

comunismo no obstante las violentas persecuciones policiales que sufrió.<br />

4. En sus obras, y partiendo de un llamado al cristianismo primitivo, Weitling deducía un sistema<br />

igualitario en el que, además de satisfacerse la capacidad de los individuos, se aseguraba la libertad de<br />

todos los hombres, en un cuadro de armonía para toda la colectividad. Imaginaba una comunidad<br />

social, caracterizada por la obligación común de aportar una contribución en obras a la colectividad,<br />

a cambio de lo cual se obtenía la satisfacción de las necesidades primarias. Se basaba esa contribución<br />

no en el dinero, sino en la puesta a disposición de “horas comerciales”; vale decir, bonos de trabajo mediante<br />

los cuales se pondría en práctica la igualdad entre tiempo de trabajo y valor de una mercancía.<br />

Sus propuestas partían de una dura crítica del sistema burgués y, en consecuencia, de la propiedad<br />

privada, que debía ser abolida para llegar a un nuevo sistema “obrero”. El instrumento para alcanzar<br />

esa nueva sociedad debía ser la revolución, concebida como espontaneidad repentina, afincada en la<br />

preparación teórica y militar de un grupo organizado jerárquicamente.<br />

La revolución habría debido apalancarse no solo en la minoría organizada, sino también en los<br />

obreros, en todas las masas explotadas y en el subproletariado. Después de la revolución se habría de<br />

pasar por un período de transición en el que la propiedad privada sería abolida gradualmente, tras lo<br />

cual se llegaría a la completa comunidad de los bienes, o sea el comunismo.<br />

El comunismo de Weitling fue quizá infantil, pero contenía ya algunos principios del socialismo<br />

científico: la lucha de clases como elemento propulsor de la vida político-económica de la sociedad; la<br />

necesidad, para todos los explotados de organizarse políticamente, en plena independencia y fuera de<br />

toda influencia burguesa, para contraponerse como fuerza autónoma al capital.<br />

Aun si en su visión aparecen elementos utópicos, las ideas de Weitling se corresponden de manera<br />

precisa con las concepciones y posturas del movimiento obrero en el cual se desenvolvía e, incluso,<br />

por el que fue directamente inspirado, pues una característica de su teoría fue el no ser de escritorio,<br />

sino elaborada en la vivacidad de las discusiones de las ligas obreras, que por entonces se formaban. La<br />

descripción del porvenir de felicidad y perfección no obstaculizaba el accionar político en su presente,<br />

ya que la acción sindical era puesta siempre en primer plano.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

50


En la historia del movimiento obrero y del pensamiento socialista, Weitling se ubica como momento<br />

de tránsito entre el protosocialismo y el socialismo marxista, organizado políticamente en el partido<br />

de la clase obrera. Este partido de nuevo tipo, después de largos debates con intervención de Marx y<br />

Engels, se funda en 1847 y lo constituye la Liga de los Comunistas, que agrupaba a obreros, trabajadores<br />

e intelectuales de todos los países, aun cuando prevalecían entre sus miembros los alemanes. De hecho,<br />

la Liga de los Comunistas es hija de la Liga de los Justos, y nace cuando Marx entra en esa última<br />

organización y conduce una dura batalla política que hace prevalecer las tesis del socialismo científico.<br />

Efectivamente, la Liga de los Comunistas no tiene ya nada que ver con el protosocialismo, aun si<br />

representó su conclusión natural. Con la Liga de los Comunistas nos encontramos ante una concepción<br />

muy contemporánea: las tesis desarrolladas fueron aquellas que todavía hoy son comunes a las<br />

diversas tendencias del socialismo y la estructura organizativa concebida era similar a la de algunos<br />

de los partidos socialistas actuales de tipo “movimiento”; en particular, por ejemplo, los de América<br />

Latina o de otros países de la semiperiferia.<br />

Con la Liga de los Comunistas se cierra el discurso sobre ese socialismo frecuentemente llamado<br />

utópico, que todavía halló una precisa y efectiva confirmación histórica por muchos decenios y que,<br />

sin importar cómo se le juzgue, representó una etapa fundamental del pensamiento político en el<br />

mundo contemporáneo.<br />

11. La mistificación de la economía política, según Marx<br />

1. Con Marx, la crítica socialista a la sociedad capitalista gana un espesor teórico científicamente<br />

fundamentado y de nivel seguramente superior a la realizada por sus predecesores.<br />

La primera y fundamental mistificación de la economía política es, según Marx, tomar por objeto la<br />

producción, sin indagar en la formación de las relaciones de los hombres en la producción; relaciones<br />

que, por sí mismas, vienen a constituir una determinada forma de producción y de reproducción de la<br />

propia comunidad humana. En los clásicos se deriva una segunda mistificación: asumir un cierto tipo<br />

de economía, una particular forma social de la reproducción humana, como la economía y la sociedad<br />

tout court**. De tal manera, la economía no ve el capitalismo como una realización histórica que tuvo<br />

un inicio y tendrá seguramente un final. Luego, la historicidad de la formación económico-social<br />

queda obliterada en la economía política clásica. A fortiori, valdrá esto en la economía marginalista,<br />

que con respecto a los clásicos perderá también el enfoque dinámico, en el intento de calcular simultáneamente,<br />

estadísticamente, el equilibrio económico –de los salarios, de la distribución, etcétera– dado<br />

por la pluralidad de “factores productivos”.<br />

En las teorías marginalistas, distribución, cantidades producidas y precios relativos solo pueden ser<br />

determinados simultáneamente en la relación de unos con otros, sobre la base de los datos constituidos<br />

por los gustos de los consumidores, la dotación de “factores de producción” y las condiciones técnicas<br />

de producción. La determinación de estos datos es vista como algo que cae por amplio margen fuera<br />

de la esfera de la economía (Garegnani, 1981: 16).<br />

** (n.t.) La economía y la sociedad a secas.<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

51


Y es justamente la ausencia de una perspectiva histórica lo que permite ese proceso de “naturalización”<br />

de las instituciones capitalistas entendidas en calidad de “datos”, como marco en el cual resolver<br />

los problemas de optimización de la distribución de la riqueza.<br />

Resulta evidente que en dicha óptica la cuestión de la transformación social no puede ser objeto<br />

siquiera de hipótesis, puesto que el plano en que ello actúa es un dato externo a la indagación<br />

económica 16 .<br />

El estudio de la realidad del capitalismo en el país de su mayor desarrollo, Inglaterra, al que llega a<br />

través de los trabajos de Engels sobre la situación de los trabajadores ingleses, y de otra parte, el estudio<br />

de los autores socialistas, los premarxistas o socialistas utópicos como Proudhon, Fourier, Owen,<br />

convencieron a Marx de la irreconciabilidad de los presupuestos teóricos de la “economía política” y la<br />

realidad de la sociedad burguesa.<br />

Primero, en los Manuscritos económico-filosóficos (1844), Marx se refiere a los resultados del duro<br />

análisis al que la propia economía política somete a la sociedad industrial moderna. Los teóricos de la<br />

economía política afirman que el valor de una mercancía viene dado por el trabajo socialmente necesario<br />

para producirla, pero de igual forma demuestran que, con el salario, el trabajador obtiene apenas<br />

una pequeñísima parte del producto del trabajo. Al mismo tiempo, el salario es el precio de venta de la<br />

prestación, venta que el trabajador se ve necesitado de hacer, aceptando así, bajo la máscara de un libre<br />

contrato, una esclavitud similar en sus contenidos, si no en la forma, a la de la antigua sociedad esclavista.<br />

Los economistas defienden el progreso técnico, pero si bien es cierto que este incrementa siempre<br />

las ganancias de los capitalistas, también es verdad que significa para el obrero bajos salarios, pésimas<br />

condiciones de trabajo, desempleo y continua miseria. Además, la división del trabajo, al reducir la<br />

actividad laboral a operaciones mecánicas repetidas al infinito, le quita al trabajo todo atractivo y<br />

produce, aparte de daños a la salud del obrero, un embrutecimiento moral sin retorno.<br />

2. Si todo lo anterior es cierto, entonces la sociedad capitalista no es, en absoluto, un mundo de<br />

relaciones armónicas, sino más bien el lugar de una guerra generalizada. Obreros y capitalistas están<br />

en conflicto por la determinación del salario; terratenientes e industriales están en lucha porque los<br />

primeros quieren hacerse pagar el precio más alto posible por los productos de la tierra que sirven<br />

para el sustento de la clase obrera; mientras, a los industriales les interesa que el salario sea el más bajo<br />

posible; los pequeños propietarios y los grandes industriales están enfrentados porque las leyes de la<br />

competencia provocan la concentración del capital y la ruina de los primeros; los banqueros –el capital<br />

financiero– están en conflicto con el capital productivo –los industriales– por la tasa de interés sobre<br />

los préstamos. Los desempleados y los depauperados están enfrentados a los empleados estables en la<br />

guerra por la conquista o la preservación de una forma de sobrevivencia. Sobre todo, los “vendedores<br />

de trabajo”, siempre y necesariamente en sobrepoblación, están en permanente competencia entre sí.<br />

En síntesis, se puede sostener que en los Manuscritos del 44 Marx llegó a señalar la historicidad<br />

de las relaciones de producción y a percibir el carácter “contradictorio” de la sociedad capitalista. En<br />

ese momento, sin embargo, faltaba todavía una teoría económica marxista que diese razón de esas<br />

contradicciones y que explicase el funcionamiento de la sociedad capitalista.<br />

3. De Petty a Ricardo, la economía política clásica ha indagado en el nexo interno de las relaciones<br />

burguesas de producción, aportando importantes análisis sobre la estructura y sobre las dinámicas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

52


socioeconómicas, aun cuando desde la hipótesis del modo de producción capitalista como forma<br />

natural, y por tanto eterna, de la sociedad.<br />

La primera formulación socialista se desarrolla sobre el mismo terreno de la ciencia del industrialismo,<br />

sobre el terreno de la economía política, de la cual derivó la argumentación ideológica acerca de<br />

la inevitabilidad de la condición obrera. Es en ese contexto que la teoría ricardiana del trabajo como<br />

medida del valor de cambio influirá en los estudios de Marx y en la formación de la doctrina de la<br />

plusvalía. La propia identificación de la ganancia industrial que surge del trabajo asalariado, está en<br />

la base del movimiento de cooperativas de producción, que fue característico del primer socialismo<br />

inglés. Si la producción es realizada por trabajadores en libre asociación, entonces la ganancia queda<br />

eliminada y la cuota salarial será cada vez más alta, hasta hacerse próxima a la cuota total de valor que<br />

el trabajo ha producido.<br />

Los diversos pensadores del movimiento socialista inglés, aun cuando presentaban de maneras diferentes<br />

sus análisis, estaban preocupados por el hecho de que los salarios de los trabajadores pudieran<br />

siempre resultar –dada la teoría de la ganancia, derivada de la ecuación valor-trabajo– inferiores al valor<br />

de los bienes producidos. Así determinan, en efecto, una diferencia, de la cual el capitalista se apodera<br />

indebidamente, con la consecuencia de generar explotación y miseria; consecuencias que solo pueden<br />

ser eliminadas restituyendo el superávit sustraído arbitrariamente al trabajo. Los protosocialistas ingleses,<br />

en particular, parten en realidad de los problemas ricardianos. Estos pensadores comienzan ya<br />

a designar la plusvalía, o ganancia, directamente con el término de “plustrabajo”, o sea, como trabajo<br />

que el obrero realiza gratuitamente una vez cumplido el tiempo necesario para reintegrar el valor de su<br />

fuerza de trabajo y producir el equivalente de su salario 17 .<br />

Así como había sido importante hallar la ecuación valor-trabajo, resultaba ahora vital –y será esto<br />

piedra de toque en el análisis económico maduro de Marx– mostrar el carácter fetichista de esa ecuación,<br />

al cual habían quedado atados tanto Smith como Ricardo.<br />

Así, aunque solo con base en una teoría en la que el trabajo tiene una estructura conceptual que se<br />

articula en diversos grados de abstracción, se desarrolla una teoría coherente del valor y de la plusvalía.<br />

Los premarxistas, los socialistas utópicos, llegaron por primera vez a intuir que si el valor tiene origen<br />

en el trabajo, entonces la ganancia es sustracción del producto del trabajador y que esto se resuelve<br />

conceptualmente en apropiación de un tiempo de trabajo por el cual el obrero no recibe retribución<br />

alguna. Luego, toda forma de interés o forma de remuneración a los capitalistas, sea como renta,<br />

interés monetario o ganancia industrial, es una detracción, derivada del trabajo de otros.<br />

Todavía estos elementos se presentan diversamente ordenados en las varias figuras del movimiento<br />

socialista.<br />

Esta tendencia a la conformación de una economía vulgar, que Marx encuentra ya en los economistas<br />

que más admira, traduce los límites de clase de la economía política. A partir del momento en que<br />

la preocupación por la coherencia formal del sistema de categorías se impone sobre la voluntad<br />

de penetrar la realidad, al punto de enredarse si hiciera falta en soluciones contradictorias, en<br />

formulaciones equívocas, resulta de hecho inevitable que el fetichismo de la mercancía se trastoque<br />

en una especie de misticismo de las formas categoriales. Las abstracciones de la economía política,<br />

llenas de un contenido no explicado, parecen formar una ciencia rigurosa, autónoma, segura de<br />

su método, pero que en los hechos expresa una realidad mutilada, parcialmente cancelada. Esto<br />

hace que los economistas estén predispuestos a sucumbir a las presiones de la clase dominante, a<br />

asumir una actitud negativa en oposición a quienes ejercen la crítica de la economía política en clave<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

53


socialista, tanto como a desembarazarse de las categorías más consistentes (valor, trabajo, etcétera)<br />

para limitarse a aquellas que hacen de la economía una disciplina que concierne a un orden natural<br />

(Vincent, 1970: 224).<br />

— notas —<br />

1 Sobre algunos temas tratados en este capítulo, cfr. el prefacio a Vasapollo (ed., 2002) y Vasapollo (1996); en particular, para las<br />

escuelas y los pensadores del socialismo premarxista, véase la tesis de grado de Vasapollo: La categoria del profitto dal socialismo<br />

utopistico al socialismo scientifico [La categoría de la ganancia, del socialismo utópico al socialismo científico] Roma, 1980.<br />

2 El objeto de estudio de la economía política, las causas de la riqueza nacional y las leyes de su distribución (como resuena en<br />

su nombre alemán: Nationalökonomie), cambia después de la “ruptura epistemológica” de sello marginalista (los primeros<br />

años setenta del siglo xix ven aparecer las obras de Jevons, Menger y Walras). Para una reconstrucción crítica de ese paso, cfr.<br />

De Marchi, La Grassa, Turchetto (1994: 15-41). Un clásico de la historia del pensamiento económico que reconstruye bien ese<br />

período, aunque concentrándose sobre todo en la problemática de la teoría del valor y de la distribución, es Dobb (1999).<br />

3 Hay diferencia entre división técnica y división social del trabajo. Si esta última siempre ha existido y presupone la pluralidad de<br />

actividades laborales en el seno de cualquier sociedad posible, comenzando por la familia –es, luego, un “producto natural” de<br />

la evolución humana–, la división técnica es mucho más reciente y se sostiene en lo interno del proceso laboral. En la fase manufacturera<br />

fue impuesta por el capitalista para aumentar las tasas de productividad del trabajo, al especializar a los trabajadores<br />

en tareas individuales: es, entonces, una consecuencia “artificial” del desarrollo organizativo del proceso laboral (que adquiere<br />

nuevas formas, especialmente con la Revolución Industrial y en la evolución de la manufactura en industria). En el siglo xx (fase<br />

tayloriana), la totalidad del trabajo humano fue fragmentada en una pluralidad de tareas privadas de sentido para el ejecutor.<br />

Sobre este asunto, cfr. las clásicas páginas de Braverman (1998). Sobre el sinsentido del trabajo asalariado en la llamada fase<br />

posfordista y sobre la necesidad de reencontrar el sentido integral de la actividad laboral, cfr. Antunes (2002; 2006).<br />

4 La operación dirigida a despojar a Marx de su valencia o lado político es de vieja data, y hoy es desempolvada incluso por autores<br />

que alguna vez fueron rigurosamente marxistas y militantes revolucionarios. En algunos ambientes académicos se tiende a<br />

ceder ante presiones ideológicas adversas que intentan marginar excesivamente ese lado político –cuando es ese el verdadero<br />

objetivo de la crítica marxista de la economía política: “la comprensión de las leyes de movimiento de la sociedad burguesa”–,<br />

en favor de aproximaciones “reduccionistas” y confinadas al mero limbo de la academia. Tal es el peligro en el que parece<br />

incurrir uno de los mejores estudiosos marxistas actualmente vivientes, Fred Moseley (1995: 92), cuando escribe: “Considero<br />

que la probabilidad de una revolución de la clase trabajadora contra el capitalismo debe ser una cuestión completamente<br />

separada de la teoría económica de Marx, que no tiene ninguna relación con la validez de la teoría de Marx. El problema de la<br />

revolución implica una elaboración política acerca de cómo los trabajadores reaccionan ante el desarrollo capitalista, y no atañe,<br />

en cambio, a las teorías de Marx relativas a las tendencias objetivas de ese desarrollo”. Si bien es cierto que no sostenemos la<br />

identidad de lo político y lo económico, y que convenimos con Moseley en que ambos campos tienen tiempos y características<br />

de comportamiento completamente diferentes, debería sin embargo servir para algo, en la vertiente política, el conocimiento<br />

de las leyes objetivas del modo de producción capitalista.<br />

5 “Precisamente en consecuencia de su éxito en poner a la luz el estrecho nexo que une salarios y ganancias, el trabajo de Ricardo<br />

había revelado el potencial antagonismo que caracteriza la repartición del producto entre las dos clases. Con ello había debilitado<br />

seriamente la posibilidad de una visión armónica de la sociedad capitalista, y la influencia que su trabajo tendrá en los escritores<br />

socialistas del período inmediatamente posterior a su muerte, se encargará pronto de revelarlo” (Garegnani 1971: 22-23).<br />

6 Hodgskin (1827). Del mismo autor, cfr. Hodgskin (1970), una parte del cual puede ser leída también en Papi (ed., 1976), que<br />

recoge asimismo escritos de Owen y Ferguson.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

54


7 Gray (1797), cit. en Marx (1974: 335).<br />

8 Ibíd., vol. I: 335-336.<br />

9 Ibíd., vol. I: 337.<br />

10 Cfr. la bibliografía saintsimoniana de A. Mazzone, I.H. Mazzone (1962).<br />

11 Cit. en Marx (1974: 49).<br />

12 Reléase el celebérrimo Preámbulo de Marx a su Miseria de la filosofía (1988: 3): “El señor Proudhon tiene la desventura de ser<br />

singularmente desconocido en Europa. En Francia tiene él derecho de ser un mal economista porque pasa por buen filósofo<br />

alemán. En Alemania tiene derecho de ser mal filósofo, porque pasa por uno de los mejores economistas franceses. Nosotros,<br />

en nuestra doble calidad de alemanes y economistas, hemos querido protestar contra este doble error”.<br />

13 El acta de fundación y los estatutos de la sociedad del “banco del pueblo” fueron suscritos el 31 de enero de 1849. Se proponía<br />

organizar el crédito y procurar a todos, al más bajo precio, el uso de la tierra, de las casas, de las máquinas, los capitales y los<br />

servicios de todo género, así como facilitar a todos la venta de los productos y la colocación del trabajo en las condiciones más<br />

ventajosas.<br />

14 Rodbertus (1851), cit. en Marx (1974, vol. II: 7-75).<br />

15 Rodbertus (1851), cit. en Marx (1974, vol. II: 7-75).<br />

16 No por ello, sin embargo, puede definirse la economía marginalista como científica y “neutral”, en términos weberianos, ya<br />

que su escogencia inicial, consciente o no, es un juicio de valor: la aceptación del “sistema capitalista” como el mejor en producir<br />

y distribuir la riqueza nacional. Para algunas reflexiones al respecto, cfr. en particular el prefacio a Vasapollo (ed., 2002) y<br />

Vasapollo (1996).<br />

17 Enrique Dussel, en el curso de sus profundos estudios sobre la obra de Marx, ha escrito intensas páginas acerca del trabajo vivo<br />

y el plustrabajo como única fuente del valor, haciendo una distinción importante entre fuente (quelle, en alemán) y fundamento<br />

(grund) de valor. Para una profundización de estos problemas, cfr. Dussel (1999; 2004a; 2004b; 2005).<br />

LA TEORÍA ECONÓMICA: DEL SOCIALISMO UTÓPICO A MARX<br />

55


Capítulo III<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA<br />

(EL CORAZÓN DEL PROCESO PRODUCTIVO) 1<br />

1. Modo de producción capitalista y teoría marxista del valor<br />

1. El trabajo ha sido de siempre una actividad socioeconómica-productiva fundamental. Sea que fuese<br />

actividad de caza, pesca o pastoreo, desarrollada en comunidad o en régimen de apropiación privada de<br />

sus frutos, y aun si evaluada de distintas maneras según el período histórico y la pertenencia a un determinado<br />

estrato, clase, raza o etnia, y, en consecuencia, asumida bajo acepciones tanto positivas como<br />

negativas, ha sido la única actividad funcional –y necesaria en cuanto tal– a la supervivencia del género<br />

humano. Esto era inmediatamente perceptible durante los milenios de reproducción de la comunidad<br />

arcaica, en la que el trabajo cumplido socialmente era igual al trabajo necesario para la reproducción<br />

de la comunidad, y el plustrabajo general era inexistente o solo excepcional. Las economías en las que<br />

el superávit es nulo son llamadas estacionarias. En aquellas en las que existe un superávit, al sistema<br />

económico se le denomina progresivo 2 .<br />

Un modo de producción es un complejo, una totalidad de relaciones que estructuran las modalidades<br />

de interrelación entre los individuos que conforman una determinada comunidad 3 .


Es el modo en que esas relaciones determinan cómo han de producirse los bienes y servicios necesarios<br />

para la reproducción de una comunidad humana, históricamente determinada y espacialmente<br />

delimitada (el modo en que la naturaleza es apropiada y transformada por el hombre). Al vivir el<br />

hombre en comunidad y no aisladamente (excepto en las fantasías robinsonianas, que alguien ha<br />

pretendido que fuesen bases espistemológicas válidas de la teoría económica moderna) 4 , las relaciones<br />

que se desarrollan en ese contexto de vinculaciones humanas, intersubjetivas, son relaciones sociales.<br />

Todo modo de producción ha desarrollado sus propias relaciones sociales, que con el tiempo han<br />

definido también las diversas pertenencias a estratos, a castas, a clases, “creando” diferenciaciones ad<br />

hoc, incluso en forma pseudoracial.<br />

El modo de producción capitalista (MPC) se diferencia de modos de producción precedentes principalmente<br />

porque “libera” al hombre de los vínculos preexistentes de tipo personal, de sangre, de<br />

familia, esclavistas, típicos de las épocas anteriores. Así, al destruir –aun si no completamente– los<br />

viejos modos de producción (MP) y, en parte, su legado jurídico, el modo de producción capitalista<br />

genera una “revolución” en el ámbito social del derecho, consecuencia de la cual los hombres son todos<br />

formalmente libres e iguales ante la ley. El trabajador, entonces, no es ya el esclavo que tiene necesariamente<br />

que trabajar y servir a su patrón, no es el campesino enfeudado en la esfera jurídico-territorial<br />

de su “señor”; es ahora un hombre “libre” que puede, por iniciativa propia, vender su fuerza de trabajo<br />

en el mercado y alienarla al mejor postor. Luego, no hay constricción al trabajo, sino solamente conveniencia,<br />

oportunidad, interés.<br />

Históricamente, el proceso de “liberación” del hombre de los viejos vínculos feudales está desconectado<br />

de otro proceso paralelo, que Marx definió como “acumulación originaria” (del modo de<br />

producción capitalista). Se caracteriza este por la “carrera” hacia la privatización de los medios de producción,<br />

concentrados en las manos de (relativamente) pocas personas: piénsese en la privatización<br />

de las tierras (enclosures, cercamientos), en la progresiva destrucción de la práctica artesanal,<br />

que sustrae a los “maestros” de taller y a sus aprendices los instrumentos necesarios para la<br />

producción, etcétera.<br />

La privatización de los medios de producción implica que la mayoría de la población activa, en<br />

términos laborales, sea “expoliada” de toda posibilidad concreta (y no formal) de trabajar libremente<br />

por cuenta propia, al no tener acceso a esos medios, que pasan a ser apropiados privadamente y no<br />

colectivamente, como ocurría, por ejemplo, en muchas sociedades primitivas 5 . En el modo de producción<br />

capitalista, el trabajador (potencial), expropiado de los medios de producción necesarios para<br />

ejercer su propia actividad de manera libre, independiente y autónoma, posee solamente su fuerza de<br />

trabajo (que es también la única mercancía que, una vez vendida, le garantiza la supervivencia). En<br />

el mercado del trabajo (de la fuerza-trabajo), el trabajador vende la única mercancía que posee (cuyo<br />

valor de uso es el trabajo vivo); una mercancía fundamental para el capital, la única capaz de producir<br />

un valor excedente respecto al necesario para la propia reproducción.<br />

2. El trabajador parece, entonces, libre de vender su propia mercancía y el capitalista-comprador es<br />

libre de comprar la mercancía que necesite. Pero ninguno de los dos es libre de desentenderse uno del<br />

otro: su relación de producción es a un mismo tiempo funcional y conflictiva 6 .<br />

El trabajador, que posee solamente su propia fuerza de trabajo como mercancía de supervivencia,<br />

no puede hacer otra cosa que venderla al capital. Y el capital no puede no comprar fuerza de trabajo,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

58


desde el momento en que es esa la fuente de su valorización. El trabajador, en este proceso de nexos<br />

dialécticos en el que los dos polos se necesitan mutuamente, es libre e igual solo formalmente, pero no<br />

sustancialmente. Porque, en comparación con un dador de trabajo, no tiene él una fuerza contractual<br />

que le permita escoger si venderse o no, y ni siquiera cuándo, a qué precio, etcétera. El dador tiene<br />

siempre una fuerza adquiriente superior que la fuerza cedente (como lo había señalado ya A. Smith).<br />

El dador de trabajo, entonces, en la medida en que hay abundancia de oferta de fuerza de trabajo, tiene<br />

la libertad tanto formal como sustancial de comprar no ya la fuerza de trabajo en general –en cuanto<br />

está constreñido, de cualquier modo, a comprarla–, sino una particular fuerza de trabajo: tiene el poder<br />

de escoger, cosa que está negada para el (aspirante a) trabajador. En el poder-libertad de escogencia,<br />

que se origina en la propiedad de los medios de producción, se funda el poder del dador de trabajo,<br />

tanto en el mercado de la fuerza de trabajo como en el proceso productivo (triple comando del capital<br />

sobre el trabajo; véanse páginas anteriores).<br />

3. La libertad formal del trabajador actual no hace desaparecer un elemento que, en lo sustancial, ha<br />

sido común a todos los modos de producción en los que la propiedad de los medios de producción es<br />

ajena al trabajador. Este elemento es la relación de dependencia que se instaura entre patrón y trabajador;<br />

entre quien detenta el poder del comando y quien lo sufre. Es más que evidente que las formas<br />

de subordinación y de sumisión del factor trabajo al factor de señoría (que en el modo de producción<br />

capitalista asume las formas del capital) son muy diversas de un modo de producción a otro; lo persistente<br />

es el vínculo de dominación que existe entre los dos polos de la relación y que en el modo de<br />

producción capitalista asume la forma de relación de explotación.<br />

Podemos afirmar, entonces, que la producción capitalista es el reino de la “formalidad”, que oculta<br />

la sustancia de las relaciones sociales que en ella se instauran (véanse, a ese propósito, las categorías<br />

de fetichismo de la mercancía y fetichismo del capital). Más aún, la producción capitalista tiende a<br />

hacerlas desaparecer en el mundo de lo no dicho.<br />

La neutralidad de las instituciones sociales y la igualdad, garantizadas ambas por el derecho, son<br />

construcciones de origen histórico-social que derivan, en última instancia, de las relaciones de fuerza<br />

entre las clases (hegemonía).<br />

4. El punto de partida del análisis económico, o, mejor, de la exposición marxista, es la mercancía; es<br />

decir, la descomposición de un organismo complejo hasta llegar a su célula y, en esta, a la contradicción<br />

interna entre valor de uso y valor de cambio. Pero “en el análisis de las formas económicas de nada<br />

sirven el microscopio ni los reactivos químicos. El único medio de que disponemos, en este terreno, es<br />

la capacidad de abstracción” (Marx, Prólogo al tomo I de El Capital).<br />

El método de abstracción, al que Marx recurre, sirve para identificar en el fenómeno estudiado<br />

los elementos fundamentales, determinantes, abstrayéndolos de los secundarios o derivados, que solo<br />

posteriormente serán tomados en consideración.<br />

No se trata, pues, de plantar en el ruedo generalizaciones vacías de contenido real o empírico, sino,<br />

por el contrario, de distinguir, en la exposición científica, más niveles de abstracción. Los aspectos<br />

históricamente determinados, que representan la esencia, la verdadera clave de lectura de un modo<br />

de producción, se combinan en la realidad con muchos otros que determinan y especifican el modus<br />

operandi. Estos aspectos pueden ser analizados y desarrollados en un nivel de abstracción más bajo,<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

59


según el método consistente en remontar de lo abstracto a lo concreto; esto es, de reconstruirlo todo<br />

en sus momentos constitutivos. En la teoría de Marx, “el” capitalismo no existe (y el mismo término<br />

de capitalismo aparece raramente: se habla, por abreviación, de capital y de producción capitalista);<br />

objeto de la teoría es el MPC, en sus abstractas categorías fundamentales de especificidad históricosocial,<br />

y luego, a partir de allí, las configuraciones históricas efectivas de ese modo de producción: los<br />

diversos “capitalismos”, nacionales, internacionales, etcétera.<br />

A ese respecto escriben Roncaglia y Sylos Labini (2002: 7): “La economía, como todas las ciencias<br />

que estudian la sociedad, está históricamente determinada, ya que la sociedad misma cambia de manera<br />

irreversible en el tiempo histórico: las ciencias sociales han de ser vistas como cercos que en parte<br />

se superponen y que se mueven en la historia”.<br />

En los procesos de abstracción que los economistas construyen a partir de la realidad concreta,<br />

restringen ellos necesariamente su propio análisis (y las construcciones de sus propias teorías) a solamente<br />

unos determinados ámbitos: “aíslan algunos aspectos que escogen como objeto para su trabajo<br />

de análisis, y luego proceden a la construcción de teorías, introduciendo hipótesis simplificadoras<br />

para aislar aquellos elementos que consideran principales en el problema que se disponen a afrontar.<br />

Las diferencias entre los distintos enfoques dependen de las escogencias cumplidas en este proceso, y<br />

particularmente en su primera fase” (Roncaglia y Sylos Labini, 2002: 3) 7 .<br />

Es cierto que todas las épocas comparten características peculiares en cuanto al modo de producir,<br />

pero “las determinaciones que cuentan para la producción en general deben ser aisladas, de manera<br />

que en la unidad (…) no sea luego olvidada la diferencia esencial. En ese olvido consiste, por ejemplo,<br />

toda la sabiduría de los economistas modernos que demuestran la eternidad y la armonía de las relaciones<br />

sociales existentes” (Marx, 1978a: 7).<br />

La tarea que se plantea Marx es la de “develar la ley económica del movimiento de la sociedad<br />

moderna”, partiendo de la característica específica, históricamente determinada, de esa sociedad, como<br />

muy lúcidamente lo sugiere Alessandro Mazzone (1987b: 253):<br />

El modo de producción capitalista es un proceso en determinación de forma; por eso es infinitamente<br />

expansivo sobre sus propias bases, y trata sus propias precondiciones históricas como naturwüchsig,<br />

como presupuestos dados. Esto no excluye, sino que más bien implica, las contradicciones. De hecho,<br />

“a lo interno” del movimiento de las formas, o, para decirlo correctamente, como su contenido<br />

formado, se despliega otro proceso: el de la universalización del trabajo o cooperación. El “límite”<br />

de la producción capitalista es “el capital mismo” porque el contenido formado es infinidad positiva,<br />

y esta entra en contradicción con la forma de movimiento que le es (fue) propia. La teleología<br />

del modo de producción según sus portadores (“agentes” del “valor que se valoriza”, “verdaderos<br />

productores de mercancías”, en fin: capitalistas y derivados) es superada por la teleología del<br />

trabajo social, que es teleológico en cuanto trabajo, y cuya fuerza productiva social se incrementa<br />

incondicionalmente.<br />

5. La primera y fundamental diferencia del modo de producción capitalista con respecto a los precedentes,<br />

es el constituirse como producción generalizada de mercancías. Cada mercancía se presenta,<br />

ante todo, como un objeto con características muy precisas, listo para ser utilizado en cualquier modo.<br />

Esas características, sus cualidades naturales, como la forma, el color, la medida, el material, etcétera,<br />

distinguen una mercancía de otra. Está claro que el individuo que se ha procurado la mercancía por<br />

medio del intercambio, la consume. La consume porque las particulares cualidades naturales que ella<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

60


le aporta le son útiles, en cuanto puede usarlas. La utilidad de un objeto determina su valor de uso.<br />

Luego, el valor de uso de una mercancía es función directa de la utilidad que ella tiene para quien la<br />

consume o la usa 8 .<br />

Se puede decir, entonces, que en cuanto al valor de uso las mercancías son distintas entre sí porque<br />

tienen cualidades diferentes. A cada necesidad en particular corresponde una mercancía con cualidades<br />

particulares. Las mercancías son intercambiadas precisamente porque sus valores de uso presentan<br />

cualidades diferentes.<br />

El valor de uso está, pues, estrechamente ligado a la cualidad intrínseca de esa mercancía o, mejor,<br />

de esa cosa. La posesión de un valor de uso no es en absoluto característica únicamente de la mercancía<br />

(capitalista), entendida como cosa producida para el intercambio; en toda época y sociedad, los objetos<br />

de consumo poseen un valor de uso o utilidad.<br />

Marx considera de manera innovadora el valor de uso en el campo de investigación de la economía<br />

política, en tanto que esta última es la ciencia social de las relaciones entre seres humanos, y el valor de<br />

uso no implica en sí mismo, directamente, una relación social.<br />

En todo caso, el valor de uso tiene, sin embargo, un papel particular en la economía, puesto que es<br />

siempre necesario para el consumo.<br />

Pero la conexión entre los diversos tipos de valor ocurre solo mediante el intercambio de productos.<br />

En las formaciones económicas preburguesas, la característica fundamental de los productos era ser<br />

objetos de utilidad, valores de uso, y solo excepcionalmente se convertían en mercancías; en la formación<br />

económica capitalista, en cambio, es ante todo mercancía, valor de cambio. La utilidad de la mercancía<br />

es solo una condición para que pueda producirse el valor de cambio; es decir, para que la<br />

mercancía pueda tener un mercado, haciendo que se encuentren un comprador y un vendedor.<br />

6. Si es entonces cierto que las mercancías se distinguen por valores de uso diferentes, también es verdad<br />

que solo en el intercambio se establece una confrontación entre cosas, entre mercancías diversas;<br />

confrontación que en el intercambio presupone un “algo” común a las varias mercancías, y ese “algo”<br />

está ya presente antes del intercambio, en la esfera de la producción.<br />

Se debe ahora responder algunas preguntas: ¿Qué es el valor de cambio? ¿Sobre la base de qué<br />

elemento, de cuál principio, son las mercancías iguales entre ellas? ¿Qué cualidad, aparte de la de ser<br />

valor de uso, debe poseer una mercancía para tener la misma cualidad que tienen todas las mercancías?<br />

En primer lugar, Marx afirma decididamente que el valor de cambio es una relación cuantitativa,<br />

que corresponde a la proporción en la cual mercancías (valores de uso) de un determinado tipo se<br />

intercambian por mercancías (valores de uso) de otro tipo; por ejemplo: 2 metros de tela = 1 sombrero.<br />

Luego, desde el punto de vista del valor de cambio, es indiferente que un comerciante tenga<br />

un sombrero o dos metros de tela, en el sentido de que, a los fines del intercambio, ambas cosas son<br />

equivalentes, aun si tienen cualidades distintas. Se desprende de esto que el valor de cambio de una<br />

mercancía no está directamente relacionada con su valor de uso.<br />

Para responder las otras interrogantes, Marx se pregunta una vez más: ¿qué es lo que se intercambia?<br />

Mercancías. ¿Qué son las mercancías? Productos para el intercambio, que son valores de uso para<br />

quien los consume. No son realmente productos, sino productos para otros, que devienen realmente<br />

para otros solo a través de la mediación del intercambio. Lo que distingue inmediatamente a los productos<br />

respecto a los objetos de la naturaleza es el hecho de que los hombres han empleado trabajo para<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

61


transformarlos. Pero eso no es suficiente para convertirlos en mercancías: producto y mercancía son dos<br />

categorías distintas.<br />

Luego, para decir que dos mercancías tienen, en una relación determinada, el mismo valor de cambio,<br />

hay que precisar cuál es la característica que las emparenta. Por ejemplo, ¿qué tienen en común dos<br />

metros de tela y un sombrero? No el valor de uso, que ciertamente es distinto, pero sí el hecho de que<br />

para producir ambas cosas fue necesario invertir la misma cantidad de trabajo abstractamente humano.<br />

Así como los valores de uso de cada producto no son iguales, tampoco lo son los trabajos necesarios<br />

para su producción: son equivalentes solamente en el hecho de ser producidos por el trabajo abstractamente<br />

humano.<br />

7. El valor es el resultado del trabajo abstracto universal. Su magnitud se mide por la cantidad de<br />

trabajo que lo ha producido. La medida de valor está determinada, en consecuencia, por lo que dure la<br />

erogación de trabajo abstractamente humano: por el tiempo de trabajo empleado para producirlo.<br />

Si esto es así, como ya fue evidenciado por Marx, se podría concluir que mientras mayor sea el<br />

tiempo exigido para la producción de una mercancía, tanto más grande será su valor. De allí se podría<br />

deducir que un obrero lento produce mercancías que tienen un valor mayor que las que produzca otro<br />

que trabaje rápidamente; pero no se puede asumir, como escala de magnitud del valor, la prestación<br />

laboral de un productor en particular y su tiempo de trabajo individual. Para esto se debe partir de un<br />

nivel social medio de habilidad, en condiciones sociales medias de producción. Entonces, para las relaciones<br />

que se desarrollan en esas condiciones, se utiliza el concepto de tiempo de trabajo socialmente necesario,<br />

o tiempo medio necesario para producir un determinado objeto o servicio.<br />

Por consiguiente, el valor incorpora trabajo social, en el sentido antes explicado, y trabajo abstracto.<br />

¿Pero qué es el trabajo abstracto? Desde el momento en que se ha dicho que en el intercambio<br />

no se considera el valor de uso de las mercancías, desaparece toda diferencia entre las características<br />

particulares de los trabajos que las han producido. Los trabajos, por tanto, no se diferencian ya uno del<br />

otro, sino que son reducidos a un tipo de trabajo general, que es el mismo para toda actividad humana.<br />

Trabajo abstracto, entonces, porque se le considera en abstracción de las características particulares<br />

de todo tipo de prestación de fuerza de trabajo. Por ejemplo, un obrero que pasa de una fábrica de telas<br />

a una de sombreros, gasta igualmente energía muscular y mental, aunque produzca mercancías que<br />

tienen valores de uso diferentes. Luego, el trabajo es abstracto, en el sentido de que se ignoran todas las<br />

características particulares, específicas, especiales, que diferencian un género de trabajo de otro.<br />

El trabajo abstracto no es el trabajo en general: mientras este último existe en todos los modos de producción,<br />

el trabajo abstracto es la forma específica que asume el trabajo en general en este modo de<br />

producción. Entre ambos hay relación, pero no coincidencia. Marx tiene un nombre muy preciso para<br />

identificar esa relación: fetichismo de la mercancía.<br />

8. En este punto se introduce, en la teoría marxista, un cambio de horizonte que lleva a pasar del valor<br />

del trabajo al valor de la fuerza de trabajo, superando así aquellos problemas inherentes a la determinación<br />

del valor trabajo que la economía política clásica no había podido resolver.<br />

Uno de los elementos fundamentales que diferencian la teoría del valor de Marx de la de Ricardo<br />

es la distinción entre trabajo y fuerza de trabajo. El trabajo abstractamente humano es la medida del<br />

valor, no es entonces una mercancía y, como tal, no tiene sentido hablar de valor del trabajo.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

62


Pero la economía política clásica era incapaz de entender completamente este cambio de terreno o<br />

este desplazamiento de la problemática, dado que para ello habría tenido que superar el horizonte del<br />

modo de producción capitalista. Ciertamente, sería erróneo pensar que los más grandes pensadores<br />

de la economía política se sometieron directamente a los intereses de la burguesía y se negaron<br />

conscientemente a llevar más allá sus búsquedas. Marx, en las Teorías sobre la plusvalía, afirma por el<br />

contrario que la grandeza de Ricardo, con respecto a sus adversarios sentimentales (Sismondi, por<br />

ejemplo), es la de haber visto en el modo de producción capitalista el modo más favorable al desarrollo<br />

de las fuerzas productivas y a un superior desarrollo de la individualidad, y haber defendido, en<br />

función de ese punto de vista, el progreso de las relaciones de producción capitalistas, incluso, si fuese<br />

necesario, contra la burguesía misma. Tanto en él como en Smith se encuentra frecuentemente esa<br />

honestidad científica que no teme ni a las contradicciones que reflejan lo real, ni a las consecuencias<br />

de los nuevos conocimientos. Pero todo su mundo intelectual se insertaba, contemporáneamente,<br />

en un contexto burgués, y no lo inmunizaba contra las tentaciones de popularizar las categorías<br />

económicas, o sea, de limitarlas a su descripción superficial. Según Marx, el mismo Smith tenía ese<br />

defecto, ese tosco empirismo que quiere ignorar las contradicciones de lo real y se sublima mitificando<br />

las representaciones más inmediatamente conformes con la organización mental del investigador,<br />

y dejando de lado, por considerarlos secundarios, algunos aspectos fastidiosos, aberrantes, de la<br />

realidad (Vincent, 1970: 223-224).<br />

9. Es la mercancía fuerza-trabajo la que se vende y no el trabajo. Consecuentemente, lo que se constituye<br />

es un mercado de la fuerza de trabajo y no del trabajo. Cobra sentido, entonces, hablar solo de<br />

valor de la fuerza de trabajo 9 . Veamos por qué: la fuerza de trabajo se puede definir como la capacidad<br />

que tiene todo individuo de ejecutar un trabajo en términos genéricos. En una sociedad capitalista, los<br />

obreros tienen la característica especial de intercambiar en el mercado, con los dueños de los medios de<br />

producción (y por tanto de las mercancías), una mercancía particular: su fuerza de trabajo; es decir, su<br />

capacidad laboral, su “energía, músculos, sudor, intelecto”, para decirlo con Marx. Desde el momento<br />

en que el obrero vende (intercambia) su fuerza de trabajo; esta es una mercancía y como tal tiene un<br />

valor.<br />

¿Cuál es ese valor? Se puede decir que es un valor parejo a la cantidad de trabajo necesario para<br />

la producción, para el adiestramiento y la reproducción del trabajador mismo; esto es, a los medios<br />

necesarios para su subsistencia y para la procreación históricamente necesaria. El valor de la fuerza de<br />

trabajo, por tanto, no guarda relación alguna con la cantidad de trabajo que el obrero pueda ejecutar,<br />

es decir, con el valor de las mercancías que produce. Por ejemplo: para vivir un día, un obrero necesita<br />

un total de mercancías equivalentes a cuatro horas de trabajo; el patrón, entonces, lo remunera con<br />

el equivalente en salario a cuatro horas laborales, pero puede hacerlo trabajar cuanto quiera 10 (nueve<br />

horas, pongamos), apropiándose del producto de esas cinco horas adicionales de trabajo. Se entiende,<br />

entonces, que en ese intercambio el capitalista se apropia –sin remunerarlo– del valor correspondiente<br />

a cinco horas laborales.<br />

En otros términos, se podría decir que en la mercancía se cristaliza el trabajo de toda una jornada<br />

laboral, pero el obrero recibe en forma de salario el equivalente a solo una parte de ella: la parte que<br />

corresponde al valor de su fuerza de trabajo, valor definido por los medios necesarios para su mantenimiento<br />

y para la reproducción de la especie de los trabajadores. El salario, pues, corresponde solamente<br />

a una parte de las horas laborales diarias; las horas restantes crean la plusvalía, es decir, un valor que es<br />

producto del trabajo gratuito sustraído a los obreros, del plustrabajo, y del cual se apodera el capitalista<br />

en tanto que propietario de los medios de producción.<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

63


10. La relación capitalista de producción (es decir, la relación capital-trabajo) bien puede ser definida<br />

como el corazón del modo de producción capitalista, ya que determina (aunque no de manera mecánica<br />

ni lineal) la peculiar combinación (Verbindung) 11 de los trabajadores y los medios de producción<br />

que caracteriza un específico modo de producción 12 . El proceso de producción capitalista, a su vez, está<br />

sin embargo compuesto por la unión de dos procesos: el de producción inmediata y el de circulación.<br />

El proceso de producción inmediata (PPI), por su parte, también está constituido por dos procesos:<br />

a) laboral; b) de valorización 13 . El PPI está dirigido a la transformación de valores de uso existentes en<br />

otros nuevos y diferentes, así como a la conservación de los viejos valores de uso, a fin de que puedan seguir<br />

desempeñando sus funciones. Sin embargo, no son solo valores de uso los que “produce en cadena”,<br />

sino también valores de cambio.<br />

Y además:<br />

el proceso capitalista de producción, enfocado en conjunto o como proceso de reproducción, no<br />

produce solamente mercancías, no produce solamente plusvalía, sino que produce y reproduce<br />

el mismo régimen del capital: de una parte al capitalista y de la otra al obrero asalariado (Marx,<br />

1989: 634).<br />

Internamente, en ese proceso se hallan inmediatamente contrapuestas las clases sociales de los<br />

asalariados y de los capitalistas.<br />

Aun si en apariencia un trabajador se percibe a sí mismo (sobre todo en el proceso laboral) en una<br />

relación-posición de tipo técnico-funcional entre hombre y máquina 14 , una relación fundada en la<br />

racionalidad técnica y organizativa (de la cual el gerente es solo un “ejecutor”), en realidad es una<br />

relación social lo que se instaura entre capital variable y capital constante (entre quien proporciona<br />

el trabajo vivo y quien detenta el trabajo muerto que lo funcionaliza a sí mismo y al trabajo vivo).<br />

Esa contraposición no se plantea entre un trabajador y un capitalista, sino entre la clase trabajadora<br />

(trabajador colectivo) y la capitalista (o, mejor, clase de los capitalistas). En cada unidad de producción<br />

tenemos, por una parte, una fracción del trabajador colectivo –portador de fuerza de trabajo y proveedor<br />

de trabajo vivo–, organizada sobre la base de principios de cooperación, y por la otra, al capitalista<br />

individual, personificación del capital.<br />

Es en el proceso laboral 15 (PRL) donde se provee concretamente el trabajo vivo, donde resalta el<br />

trabajo concreto 16 (trabajo entendido cualitativamente), y ese proceso está determinado por el modo en<br />

que el capitalista (individual) organiza su propia empresa, por la manera como combina los factores<br />

productivos 17 (entre los cuales se cuenta la fuerza de trabajo) y organiza en la práctica la actividad<br />

empresarial. Es el “lugar” en el que el capitalista y el gerente ejercitan su mando y (re)producen las<br />

jerarquías internas de la empresa, que reverberan así a lo interno de la sociedad (véase, al comienzo, el<br />

triple comando del capital sobre el trabajo).<br />

El análisis del proceso laboral es entonces fundamental para comprender las novedades que incesantemente<br />

se introducen tanto en el ámbito de la organización técnica como en el de la gerencia de<br />

la empresa y del factor trabajo (y no solo allí), pero también, sobre todo, para entender las relaciones<br />

sociales, de poder y de subordinación que se generan 18 .<br />

El PRL es el corazón “técnico-organizativo” del proceso de producción inmediato: allí se experimentan<br />

las técnicas extractivas de plustrabajo. Sin embargo, no es “independiente”. Puede ser organizado<br />

de las maneras más diversas (que van desde la persistencia, todavía hoy, de sistemas de tipo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

64


decimonónico, hasta los más modernos, incluso combinados eficazmente entre sí), pero debe en cualquier<br />

modo ser funcional a otro proceso, que determina las características generales: el de valorización<br />

(es decir, el proceso productivo de plusvalía: PRV).<br />

Si una empresa capitalista solo tiene razón de existir en la medida en que produce ganancias, y si la<br />

única fuente de plusvalía es el trabajo vivo, es consecuencia lógica que el proceso laboral no pueda ser<br />

organizado siguiendo criterios no rentables, sino respetando las exigencias dictadas por el proceso de<br />

valorización, que pretende que la plusvalía sea siempre mayor que cero (W > 0); por tanto, podemos<br />

sostener que el PRL está subordinado al PRV.<br />

11. Mientras el PRL está orientado a producir valores de uso, el PRV produce valores de cambio. En<br />

el PRL se evidencia el plustrabajo. El PRV, en el que es en cambio relevante la plusvalía, está dirigido a<br />

producir más valor que el que haya sido introducido en el proceso (y más de cuanto sea necesario para<br />

reproducir la fuerza de trabajo). Lo que se evidencia en el PRV no es el trabajo concreto, cualitativamente<br />

diferenciado, sino el abstracto (que es la medida del valor y, por tanto, de la plusvalía). El trabajo<br />

abstracto prescinde de las cualidades específicas del trabajo concreto o específico (el peón cumple determinadas<br />

funciones y operaciones que no son las mismas del obrero metalmecánico o del trabajador de<br />

la construcción); luego, el trabajo es considerado solo desde el punto de vista cuantitativo (como gasto<br />

de energía muscular e intelectual), y calculado en horas-tiempo de trabajo efectuado.<br />

El trabajo abstracto es adecuado como medida del valor 19 debido a su intrínseca característica de<br />

homogeneidad 20 , que se presta para ser medida cuantitativamente, a diferencia del trabajo concreto<br />

que es siempre desigual.<br />

En el capitalismo, el valor de las mercancías viene dado por el nuevo trabajo abstracto empleado en<br />

su producción, más el trabajo abstracto contenido en los medios de producción; esto es, por la suma<br />

del trabajo nuevo y del trabajo pasado. Ese es el valor contenido en las mercancías. Solo el trabajo<br />

abstracto es valor de una mercancía (Carchedi, 2002: 122).<br />

A título de una mayor –aunque fugaz– precisión: la cantidad de trabajo contenida en una mercancía<br />

no es igual al precio de producción.<br />

Mientras el PRL está entonces orientado a producir un valor de uso (en el que destaca esa misma<br />

calidad: se compra un “objeto” por el valor de uso que posee, por sus “cualidades intrínsecas”), el<br />

PRV tiene por objetivo la producción de valores de cambio; el valor de cambio es la otra cualidad de<br />

la mercancía que permite realizar la plusvalía en el mercado. Ambos procesos están inseparablemente<br />

conectados, porque la misma mercancía producida es unión de valor de uso y valor de cambio.<br />

12. Pero el valor de cambio, con el avance del capitalismo, no es solamente un concepto que utilizamos<br />

para analizar la duplicidad del proceso de producción inmediato y por tanto de los valores (de uso y de<br />

cambio) de las mercancías, sino también una cualidad que cada vez más caracteriza concretamente el<br />

trabajo como actividad específicamente cumplida.<br />

Con el desarrollo del maquinismo (y con la incorporación de las funciones del trabajo vivo y del<br />

saber a las máquinas, trabajo muerto), el trabajo vivo es expropiado (por subsunción) cada vez con<br />

mayor fuerza de sus características, especificidad, particularidad, cualidad. Una consecuencia de esta<br />

tendencia es que el trabajo vivo resulta cada vez más homogeneizado; por ejemplo, el trabajo obrero<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

65


es frecuentemente reducido a funciones de control completamente similares, si no iguales, entre sí.<br />

Piénsese en los nuevos trabajadores así llamados “cognitivos”, para quienes la actividad de carácter “inmaterial”<br />

prevalece sobre la manual, allí donde las capacidades de problem solving o de procesamiento<br />

de datos, etcétera, son más o menos tendencialmente homogéneas, para no hablar de las funciones<br />

laborales típicas de los “nuevos servicios”.<br />

El trabajo abstracto, entonces, no es ya solo un concepto (solamente) intangible, sino el resultado<br />

de la necesidad del capital de usar una fuerza de trabajo tendencialmente cada vez más descalificada 21 ,<br />

menos especializada, flexible, adaptable (Cleaver, 2000: 112).<br />

Es el proceso de “banalización”, de nueva estandarización descalificada y precarizada del trabajo, del<br />

que se habla desde hace años en el ámbito de la así llamada fase posfordista. Estamos en presencia de<br />

una suerte de “metafisicación” del trabajo vivo.<br />

2. Plustrabajo-plusvalía<br />

1. De acuerdo con los principios de funcionamiento de la economía burguesa, el “factor” trabajo<br />

(productor de bienes y servicios) es remunerado con el “precio justo”. La prestación laboral es fruto<br />

de un intercambio (igualitario) entre el trabajador y el empleador: uno aporta su actividad laboral y el<br />

otro la remunera. Ambos son sujetos jurídicamente libres e iguales. Al encontrarse en el mercado, han<br />

concordado en el interés de suscribir un contrato 22 que, en condiciones de concurrencia perfecta y de<br />

equilibrio de los poderes recíprocos y de conocimientos, satisface a ambos: a uno porque ha vendido<br />

su prestación laboral al mejor oferente, al precio más alto obtenible al momento, en esas determinadas<br />

condiciones; al otro, porque la ha comprado al precio para él más conveniente, dadas las mismas<br />

circunstancias 23 .<br />

Pero está claro que si queremos analizar concretamente la sociedad capitalista y su movimiento,<br />

debemos abandonar el mundo de las formulaciones marginalistas y retornar al análisis de clase.<br />

Para Marx, el salario (social, puesto que de clase) no es otra cosa que el precio que paga la clase<br />

capitalista a la clase trabajadora por su reproducción como fuerza de trabajo. El salario es un precio<br />

(expresión monetaria del valor) histórica y socialmente determinado. Y aquí es necesario un breve<br />

asomo de crítica a la convicción generalizada de que hubo en Marx una teoría del empobrecimiento<br />

absoluto del proletariado, es decir, de la reducción constante del salario hasta más allá de los niveles de<br />

sobrevivencia de la clase trabajadora. Es bueno y prioritario precisar que Marx, cuando habla de leyes<br />

del capitalismo, se refiere a tendencias, y nunca a leyes mecánicas (a la manera de las leyes químicas,<br />

biológicas o físicas) 24 .<br />

El salario, además de su forma directa, comprende también la indirecta y la diferida, con una multiplicidad<br />

de componentes como, por ejemplo, prestaciones y aguinaldos, vacaciones, liquidaciones,<br />

pensiones, servicios de seguridad social, precios subvencionados y tarifas reguladas.<br />

2. El capitalista compra la fuerza de trabajo en su valor; es decir, paga al trabajador un salario apenas<br />

suficiente para adquirir los medios para su propia subsistencia 25 . Si, como hemos ya supuesto, ese valor<br />

es producto de un trabajo de cuatro horas, eso significa que cuando el obrero termina de trabajar las<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

66


primeras cuatro horas, ha agregado ya al valor de las materias primas y de las máquinas un superávit de<br />

valor suficiente para cubrir los medios necesarios para su propia subsistencia. Si el proceso productivo<br />

concluyese en ese momento, el capitalista vendería el producto a un precio igual a los gastos sostenidos.<br />

Pero el obrero se ha vendido al capitalista por una jornada completa. Si, como supusimos previamente,<br />

la jornada laboral es de nueve horas, en las cinco horas restantes el obrero continúa agregando valor, que<br />

excede ahora el destinado a comprar los medios para la subsistencia. Se trata, en términos marxistas, de<br />

plusvalía, de la cual el capitalista se apropia para su solo provecho. En otras palabras: en la producción<br />

capitalista, el producto del trabajo necesario va a manos del trabajador en forma de salario, mientras la<br />

parte no retribuida del trabajo, el plustrabajo, se la embolsilla el capitalista en forma de plusvalía.<br />

También en las sociedades esclavistas o feudales, de una parte del trabajo se apropiaba una clase en<br />

particular que de maneras diversas tenía el control de los medios de producción. Lo característico del<br />

modo capitalista de producción no es el hecho de que exista explotación de una parte de la población<br />

por otra, sino la forma que tal explotación asume; es decir, la producción de “plusvalía, por la cual el<br />

capitalista no paga ninguna equivalencia. Es sobre esta forma de intercambio entre capital y trabajo<br />

que se funda la producción capitalista, el sistema de trabajo asalariado, llamado a reproducir continuamente<br />

al obrero como obrero y al capitalista como capitalista” (Mandel, 1997b: 81).<br />

3. La producción de la plusvalía nace, entonces, de la prolongación del trabajo más allá de los límites<br />

del trabajo necesario para reintegrarle al capitalista el salario o precio de la fuerza de trabajo.<br />

En El Capital, Marx subraya, sin embargo, que no es solamente a través del alargamiento de la<br />

jornada laboral que el capitalista obtiene ese excedente: junto con esa forma de plusvalía, que denomina<br />

absoluta, analiza él la plusvalía que llama relativa, por cuanto depende de la incorporación de<br />

maquinarias e innovaciones tecnológicas, del incremento de los ritmos, de la reducción de los llamados<br />

“tiempos muertos”, del aumento de la productividad. Las nuevas tecnologías, en efecto, acrecientan la<br />

productividad del trabajo, al reducir el tiempo laboral necesario para remunerar el salario y aumentar<br />

correlativamente –invariable como queda la duración de la jornada laboral– la parte de plusvalía embolsillada<br />

por el capitalista, lo que equivale a decir que aumenta el plustrabajo con respecto al trabajo<br />

necesario.<br />

De lo hasta aquí escrito resulta que el valor de toda mercancía producida en la sociedad capitalista<br />

puede ser descompuesto en tres partes. La primera parte representa el valor de las materias primas y de<br />

las máquinas, y eso no sufre en el ciclo productivo ninguna variación cuantitativa de valor, siendo capital<br />

constante, que se representa simbólicamente como c. La segunda parte, la que incorpora el valor de la<br />

fuerza de trabajo, sufre en cambio una alteración de valor, en tanto que, además de reproducir el equivalente<br />

de su propio valor, produce también un excedente, la plusvalía, y es llamada, por tanto, capital<br />

variable, representado por la letra v. La tercera parte es la plusvalía en sí misma, designada con la letra p.<br />

Se puede, por tanto, escribir el valor de una mercancía con la siguiente fórmula:<br />

c + v + p = valor total<br />

4. El capitalista, cuando anticipa el salario, compra por una cierta cantidad de tiempo la fuerza de<br />

trabajo de sus “dependientes”, que inserta en su empresa. La fuerza de trabajo es el trabajo vivo en potencia,<br />

es la capacidad laboral que un sujeto posee y vende al capitalista para poder sobrevivir (siendo<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

67


esa su única fuente de acceso a valores de uso, por medio de valores de cambio). Esa fuerza solo tiene<br />

valor en el momento en que es subsumida en el capital y se transforma en trabajo vivo. Es un no-valor,<br />

no-capital, en cambio, si se mantiene al margen de esa subsunción y permanece por tanto improductiva<br />

de valor 26 . El trabajador, aun manteniéndose independiente del capitalista 27 , es expropiado, pierde<br />

la propiedad de su fuerza de trabajo: mientras dure ese tiempo, no es ya propietario sino portador de<br />

fuerza de trabajo. Al adquirirla, el capitalista asume su mando, su disponibilidad.<br />

En el plano de los objetivos, un capitalista no crea una empresa para permitir a los trabajadores<br />

sobrevivir gracias a su actividad empresarial, sin que pueda él obtener algo más 28 ; tampoco lo hace, en<br />

verdad, para satisfacer necesidades expresas del mercado. Esto último es más bien un instrumento para<br />

alcanzar su verdadero objetivo: obtener ganancia.<br />

5. El problema, entonces, es identificar la “fuente” de la ganancia. Las teorías sostienen puntos de vista<br />

que explican de manera diversa esta característica del MPC: hay quien sostiene que todos los factores<br />

productivos (capital, trabajo, medios de producción) producen ganancia 29 , y hay en cambio quien<br />

(Marx), partiendo de los clásicos de la economía política y diferenciando trabajo de fuerza de trabajo,<br />

sostiene que la ganancia tiene su fuente únicamente en el trabajo vivo (TV ) humano.<br />

Trabajo vivo es el que cumple concretamente el trabajador (actividad laboral transformadoraconservadora<br />

de valores de uso) en un proceso laboral. Al decir de la teoría marxista, una vez adquirida<br />

la fuerza de trabajo, el capitalista puede disponer de ella despóticamente y según sus exigencias, como<br />

propiedad suya 30 . El capitalista no se contenta con una cuota de TV = TN (TN: trabajo necesario),<br />

sino que en la jornada laboral (j) le impone a los trabajadores la obligación de proporcionar una cuota<br />

de TV > TN: ese superávit de horas laborales constituye el plustrabajo (PST ).<br />

El PST es precisamente esa parte del TV no pagada (se paga solo el TN) que determina la plusvalía 31<br />

(W), que a su vez representa la forma valorativa del PST, así como el valor necesario (VN) es la forma<br />

valorativa del TN. Una empresa capitalista solo tiene razón de existir si el PST > 0. Ese es el núcleo<br />

de la teoría marxista de la explotación, que no tiene nada de “humanista”, piadosa o moral: es una<br />

teoría científica, en la medida en que es capaz de demostrar “fríamente” el origen de la W (que genera<br />

ganancia).<br />

6. El límite de la jornada laboral, apartada la exigencia física (si se supera ese límite, a la fuerza de<br />

trabajo se la destruye, no se la reproduce), está determinado no de manera natural, sino histórica y<br />

socialmente por la lucha de clases 32 , que cristaliza aquí en la definición contractual del horario máximo<br />

de dicha jornada; ese límite es fijado por la capacidad de la clase trabajadora para hacer bajar el límite<br />

máximo legal de horas laborables y, por tanto, de aumentar la cuota de TN en la j.<br />

El PST absoluto reacciona contra ese límite contractual y busca desplazarlo hacia lo alto; una vez<br />

alcanzado el tope, procura aumentar el grado de densidad, reduciendo todos los tiempos muertos de<br />

la jornada laboral e incrementando, de hecho, la carga del trabajador (aumenta el tiempo en el cual<br />

se genera TV ). Esta tendencia es típica de las últimas décadas: véase el ejemplo del toyotismo, que,<br />

reduciendo a cero los “poros” improductivos y el desperdicio, ahorra tiempo de trabajo que sería de<br />

otra manera perdido; ello alarga la jornada de trabajo, aun habiendo sido determinada su duración<br />

máxima. Pero esta operación tropieza frecuentemente con limitaciones de diverso tipo, y el capitalista<br />

debe, por tanto, recurrir a la extracción de PST relativo. Ello opera sobre la productividad gracias a<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

68


la introducción de nuevas máquinas y de formas organizativas del proceso laboral más racionales,<br />

eficaces, eficientes y cooperativas, liberando, en consecuencia, excedentes de fuerza de trabajo.<br />

El aumento de la productividad implica una mayor cantidad de output producido por unidad<br />

laboral (o tal vez una menor cantidad de trabajadores en ella) y, una vez generalizado ese aumento,<br />

también para la producción de bienes que se “insertan” en la cesta de sobrevivencia-reproducción de<br />

la fuerza de trabajo.<br />

Escribe Mandel en su Tratado, a propósito de la W absoluta y relativa:<br />

El aumento de la plusvalía absoluta puede derivar de una intensificación del trabajo, lo que equivale<br />

en el fondo a una prolongación de la jornada laboral (…) Esta intensificación puede a su vez derivar<br />

de diversos procedimientos: aceleración del ritmo de trabajo, aceleración de la velocidad de las<br />

máquinas, aumento del número de máquinas que se debe controlar.<br />

El aumento de la plusvalía relativa deriva esencialmente del incremento de la productividad del<br />

trabajo gracias al uso de nuevas máquinas, de métodos de trabajo más racionales, de una más avanzada<br />

división del trabajo, de una mejor organización del trabajo, etcétera (1979b: 229).<br />

7. Si se quiere determinar en qué medida el capital se ha valorizado, se debe partir de la constatación<br />

de que la plusvalía deriva solamente del trabajo vivo. Por tanto, al calcular el grado de valorización del<br />

capital se puede considerar como igual a cero la parte del capital constante. Para determinar el grado<br />

de valorización se hace referencia solo al producto en valor realizado ex novo (v + p). La plusvalía debe<br />

por ello ser puesta en relación con el capital variable anticipado. Se obtiene así la fórmula de la “tasa<br />

de plusvalía”:<br />

tasa de plusvalía p' = p / v<br />

Durante una parte de la jornada laboral, el obrero produce, por tanto, un valor que es el de los<br />

medios de subsistencia para la reproducción de su fuerza de trabajo. Esta parte de la jornada es definida<br />

por Marx como “tiempo de trabajo necesario”, y el trabajo que se cumple en ella, como “trabajo<br />

necesario”. El trabajo que el obrero desempeña durante la segunda parte de la jornada laboral, produce<br />

solamente plusvalía para el capitalista. Ese trabajo lo llama Marx “plustrabajo”, y a la parte de la jornada<br />

en la cual ello ocurre, “tiempo de trabajo excedente”.<br />

La plusvalía es determinada por la duración de la parte excedente de la jornada laboral. De ello<br />

se desprende que la plusvalía se comporta en relación con el capital variable como el plustrabajo en<br />

relación con el trabajo necesario.<br />

La tasa de plusvalía es, pues, exacta expresión del “grado de explotación” a que es sometido el obrero<br />

por parte de los capitalistas. Se deduce de todo lo arriba expuesto que la ganancia no es entonces otra<br />

cosa que la plusvalía misma. Incluso, la ganancia es más propiamente la forma fenoménica de la plusvalía,<br />

es decir, el resultado del capital anticipado en su conjunto. La ganancia del capitalista deriva del<br />

hecho de que tiene para la venta algo que no ha pagado. La ganancia consiste en el excedente del valor<br />

de la mercancía sobre su costo; vale decir, en el excedente de la suma total de trabajo incorporado a la<br />

mercancía, respecto a la cantidad de trabajo pagado que esa mercancía contiene.<br />

8. Sobre una base rigurosamente científica, y como consecuencia de su análisis de la teoría del valor,<br />

Marx prueba que, a diferencia de todas las otras mercancías, el valor de la fuerza de trabajo se compone<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

69


de dos elementos. El valor de los medios vitales indispensables para la supervivencia de un obrero<br />

conforma solamente el límite inferior del valor de la fuerza de trabajo, su mínimo físicamente puro de<br />

sobrevivencia. El valor de la fuerza de trabajo es influenciado, más allá de factores culturales, históricos<br />

y sociales, por el nivel de vida tradicional en un determinado país, por las modas, etcétera. Pero, apunta<br />

Marx, también el volumen de las necesidades básicas y su modo de satisfacción dependen en notable<br />

medida del nivel cultural de la sociedad y son resultado de la historia. El límite de sobrevivencia<br />

inferior del valor de la fuerza de trabajo tiene tendencia a bajar (como consecuencia de la innovación<br />

tecnológica y de los aumentos de la productividad del trabajo, y, por tanto, de la disminución de la<br />

cuota de valor incorporado a los medios de subsistencia del obrero), mientras que su límite social,<br />

en viceversa, aumenta al crecer el nivel tecnológico, sociocultural y social en su conjunto de la clase<br />

obrera y esto a medida que el trabajo deviene en más complejo y que su grado de especialización crece<br />

junto con su cualificación. Con la revolución científico-técnica, el crecimiento del aporte intelectual,<br />

del conocimiento y de las capacidades inmateriales de los trabajadores, se convierte en una necesidad<br />

social, de lo cual toma gradualmente conciencia la clase que los agrupa, mientras los capitalistas se<br />

esfuerzan por todos los medios en obstaculizar su satisfacción.<br />

Luego de haber desarrollado, pues, la teoría de la plusvalía, Marx revela, por primera vez en la historia<br />

de la ciencia económica, el mecanismo de la explotación capitalista y lo hace de manera rigurosamente<br />

científica, partiendo del análisis del capital como trabajo apropiado, no pagado a la clase obrera.<br />

9. Pero Marx fue todavía más allá, para mostrar que la apropiación por los capitalistas del trabajo no<br />

pagado de los obreros se realizaba conforme a las leyes internas del capitalismo.<br />

Es fundamental, a este respecto, lo que explica con lucidez Alessandro Mazzone:<br />

La expresión “misión histórica del capital” no debe entenderse en sentido reductivo, como simple<br />

desarrollo cuantitativo “ilimitado” de las fuerzas productivas. Ad oculos, la expansión de la producción<br />

posible tiende ya a superar la de las exigencias relevantes, si bien no la de la demanda solvente de<br />

efectos útiles, que como valores de uso tienen forma de mercancía. Pero esto es un efecto derivado.<br />

Es en primer lugar el “desarrollo incondicional de la fuerza productiva del trabajo social o fuerza<br />

productiva social del trabajo” lo que, como medio infinitamente recurrente de la valorización, entra<br />

en contradicción con ese objetivo, primero, y por eso con la figura de relación, o de medida, en que<br />

ello aparece (el quantum de la ganancia). La contradicción, por tanto, es la del contenido formado,<br />

la fuerza productiva del trabajo capitalista, con su forma, el modo de producción; y esta se mueve<br />

dentro de la relación teleológica del producir, donde la incondicionalidad (¡como categoría!) del<br />

incremento de la fuerza productiva del trabajo social (“común” y “universal”) se opone al “objetivo<br />

limitado” de la valorización (…)<br />

Pero la expresión marxista “misión histórica del capital” tiene un sentido válido, incompatible con<br />

el utopismo (y, a fortiori, con el ilusionismo chiliástico, positivo o negativo). En ese sentido, merece<br />

ser retomada. La negatividad contenida en el concepto de “incremento incondicionado de la fuerza<br />

productiva del trabajo social” remite a la contradicción específica del modo de producción y, por tanto,<br />

a la posibilidad real de una nueva forma de movimiento de la actividad “trabajo humano” dentro<br />

y junto a las potencialidades y las actividades naturales que constituyen el “producir”. La teleología<br />

libre del trabajo, que su universalización capitalista ha hecho posible, es posibilidad real, puesta<br />

como libre en la dinámica del modo de producción en la época. Es meramente ilógico no ver que,<br />

en cuanto simple eventualidad, o posibilidad abstracta, esta posibilidad real tiene el mismo valor<br />

que otras, incluida la de la destrucción de la biósfera. Pero la materialidad del proceso es el tiempo<br />

real, y la actividad finalística, teleológica, es ella misma material. Así lo es la cualidad nueva del<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

70


continuum naturaleza-hombre que resulta de la universalización del trabajo. La posibilidad real<br />

del autogobierno racional de este continuum, que llamamos también libertad o comunismo, es dada<br />

por el movimiento del modo de producción, en su temporalidad específica como proceso material.<br />

Si –al final del siglo xx– pueda valer para el capitalismo el verso famoso de Schiller, “Der Mohr Hat<br />

Seine Schuldigkeit Getan / Der Mohr Kann Gehen”*, dependerá sin embargo de condiciones y<br />

variables, en laxo sentido sociopolíticas, que no aparecen en este nivel de análisis (1987: 259-260).<br />

Se deduce de ello que la clase obrera solo puede liberarse de la explotación capitalista mediante la<br />

superación del modo de producción capitalista. Esta deducción tenía, y tiene todavía, una importancia<br />

muy grande, puesto que pone resueltamente en discusión toda clase de ilusiones acerca de la superación<br />

de las contradicciones capital-trabajo dentro del modo de producción capitalista, por medio de<br />

reformas, cualesquiera que sean. Y esto es todavía más cierto para las leyes del desarrollo general.<br />

Sostiene Engels en su Anti-Dühring que, con la superación del capitalismo y la abolición de la<br />

propiedad privada sobre los medios de producción, al pasar esta a manos de los trabajadores se verán<br />

ellos liberados del yugo de las relaciones económico-sociales, porque habrán tomado así conciencia de<br />

las leyes objetivas y las aplicarán, también a plena conciencia, en interés de toda la sociedad 33 .<br />

10. Es solo en la medida en que son válidas las tesis arriba expuestas que podemos sostener, con Marx,<br />

que la ganancia no se origina en el intercambio, sino que proviene del hecho de que las mercancías se<br />

venden, precisamente, en su valor (la “paradoja de la ganancia”).<br />

Por otra parte, en el tomo II de El Capital evidencia Marx, de manera explícita, que en el costo del<br />

producto comparecen todos los elementos constitutivos de su valor, por los que el capitalista ha pagado<br />

o puesto su equivalente en la producción; y que, en consecuencia, esos costos deben ser reintegrados,<br />

para permitir que el capital se conserve y recupere su entidad original. Por eso, el valor de una mercancía<br />

viene dado por la duración del trabajo que se requiere para su producción, y solo una parte del<br />

total de ese trabajo es pagada. De otra parte, los costos de la mercancía son, en cambio, solo esa parte<br />

del trabajo que el capitalista ha remunerado.<br />

Tradicionalmente se ha buscado en el capítulo 9 del tomo III de El Capital la explicación de Marx<br />

acerca de la formación de una tasa general de ganancia (tasa media de la ganancia) y la transformación<br />

de los valores de las mercancías en precios de producción, partiendo del punto de que los precios de<br />

producción no son otra cosa que precios realizados al hacer la media de las varias tasas de ganancia<br />

de los diversos ámbitos productivos. Al agregar esa media a los precios de costo sostenidos por los<br />

mismos ámbitos productivos, se tiene la definición “clásica” de precio de producción. Los precios de<br />

producción, entonces, se basan en el hecho de que existe una tasa tendencial general de la ganancia, la<br />

cual a su vez se basa en el hecho de que las tasas de ganancia de cada ámbito productivo, en particular,<br />

han sido ya transformadas en otras tantas tasas medias de ganancia.<br />

Hace más de 30 años, Roman Rosdolsky escribía muy claramente:<br />

La plusvalía terminará por revestir la forma modificada de la ganancia, así como la tasa de ganancia<br />

adoptará la de la tasa de plusvalía. Pero este último desarrollo, escribe [Marx] en los Lineamientos<br />

fundamentales, entra “solamente en el análisis de numerosos capitales y no tiene todavía un puesto<br />

* (n.t.) “El Moro ha pagado su culpa, el Moro puede marcharse”.<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

71


aquí”, considerada la existencia de una tasa media de ganancia y la correspondiente transformación de<br />

valores en precios de producción, causada por la concurrencia, cuyo análisis queda excluido del sector<br />

del “capital en general”. Este desarrollo se desprende por completo del proyecto de obra económica<br />

trazado por Marx en los Lineamientos fundamentales. Como se ve, el esbozo de 1857 es, en el fondo,<br />

el programa de su obra definitiva. De hecho, según el mismo Marx, los tomos I y II de El Capital<br />

contienen solamente, como los Lineamientos fundamentales, “el análisis abstracto del fenómeno de la<br />

formación del capital”, o del proceso de reproducción y de circulación bajo su “forma fundamental”;<br />

en pocas palabras, del “capital en general”.<br />

El método solo cambia, efectivamente, con el tomo III. En este último, de hecho, Marx se esfuerza<br />

en analizar las formas económicas que “tienden progresivamente a sucederse en la esfera del capital”<br />

y “que aparecen en la superficie de la sociedad por la acción de los distintos capitales, unos sobre<br />

otros; por la concurrencia, en fin, así como se presentan en la conciencia normal de los trabajadores<br />

ocupados en la producción”. Es solo en este punto que la investigación sale de la esfera del “capital en<br />

general”, aunque Marx repita a ratos en el tomo III que lo que más que nada le interesa comprender<br />

es “la organización interna del modo de producción capitalista en su media ideal”, y que la teoría<br />

de la concurrencia propiamente dicha “se encuentra fuera del proyecto de su obra” y representa una<br />

“eventual continuación” (…) Son estos, entonces, los problemas que Marx dejó para una “eventual<br />

continuación”, y que trató en El capital solo de manera fragmentaria o en relación con otros temas.<br />

Nos parece que los problemas más importantes son los del mercado mundial, las crisis económicas<br />

y el “movimiento real de los precios corrientes” (que Marx declaró explícitamente querer conectar “a<br />

una particular investigación sobre la concurrencia”). Cabe lamentarse del hecho de que los marxistas<br />

hayan prestado muy poca atención a todas estas observaciones metodológicas (1970).<br />

En efecto, como lo explica Marx ampliamente en el tomo III de El Capital, las condiciones sociales<br />

de la producción son tomadas por cosas, y las condiciones materiales de la producción son entendidas<br />

como el resultado de hechos puestos en marcha arbitrariamente por los individuos.<br />

La teoría económica de Marx, como el resto de la teoría marxista en su conjunto, está caracterizada<br />

por su clara naturaleza social, por una intrínseca tendencia a la acción, a la práctica, por una estrecha<br />

ligazón entre teoría y práctica. Para los marxistas, conocer el mundo ha significado siempre transformarlo.<br />

Las leyes económicas objetivas de la sociedad capitalista se manifiestan en el curso de la lucha<br />

de clases por la superación del capitalismo.<br />

Marx reveló la tendencia objetiva de la producción capitalista a la máxima explotación de la clase<br />

obrera. Tal tendencia se ha verificado y verifica en el curso de toda la historia del capitalismo. La<br />

tendencia del capitalismo avanzado es a combinar la extracción de PST absoluto y relativo. Como la<br />

extracción de la W absoluta encuentra límites, también el aumento del PST relativo mediante la introducción<br />

de nuevas maquinarias comporta problemas. Un aumento de productividad puede implicar<br />

un incremento de los salarios reales en términos absolutos 34 (dado que cada unidad laboral produce<br />

más valor).<br />

Las prácticas de aumento de la productividad pueden tener, por eso, efectos contradictorios sobre los<br />

salarios. Un aumento de la productividad del trabajo 35 comporta la reducción del valor de la fuerza<br />

de trabajo (y por tanto del TN) y, en consecuencia, la reducción del salario (o al menos el relativo). El<br />

efecto contradictorio es el siguiente: si el aumento de la productividad “envilece el valor y los precios<br />

de muchos productos de lujo, desarrolla la producción en serie (…) incorpora en el mínimo vital una<br />

serie de nuevas mercancías (…) tiende por el contrario a acrecentar el valor de la fuerza de trabajo”<br />

(Mandel, 1997b: 244).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

72


Esto significa que el [capital variable] del trabajo colonial es constreñido a subsidiar el [capital<br />

variable] del trabajo de los países imperialistas, y este último recibe una parte de [plusvalía] colonial<br />

que contiene la reducción del [capital variable] colonial. Por esta razón la alta productividad no ha<br />

reducido los salarios en Estados Unidos y otros países (Jaffe, 1973: 98).<br />

A ese respecto, Jaffe habla, recordando a Engels, de desproletarización de la clase trabajadora occidental<br />

y de su progresivo aburguesamiento; es a partir de esa convicción que desarrolla de seguidas el<br />

concepto de plusvalía negativa:<br />

Al contrario, [el capital variable] ha aumentado en los Estados imperialistas, no obstante una<br />

declinación relativa del número de trabajadores productivos (…) Inversamente, [el capital variable]<br />

en las colonias ha disminuido relativamente, no obstante un incremento absoluto del número de<br />

trabajadores productivos coloniales (minería, yacimientos petrolíferos, plantaciones, transporte)<br />

(Jaffe, 1973: 98).<br />

Este fenómeno solo puede ser comprensible si se le interpreta como una cantidad de valor y no<br />

como una masa física (número de trabajadores).<br />

3. Las clases sociales<br />

1. Si Marx dejó alguna herencia “pesada” a la posteridad, es la de una definición orgánicamente completa<br />

de las clases sociales. Incluso aludir solamente a tal problemática nos resulta imposible: intentaremos<br />

solo delinear a grandes trazos qué es una clase social y con base en cuáles parámetros puede ser definida<br />

(obviamente, cuanto esbocemos en ese sentido deriva orgánicamente de lo expuesto más arriba).<br />

Contra la deriva weberiana de tanta izquierda local (pero, ¿ha habido nunca un verdadero análisis<br />

de clase no mezclado con idealismo mal digerido, en Italia y no solo en ella?), que sostiene el criterio de<br />

los ingresos como parámetro identificador de las clases sociales –¡pero no el único!–, nosotros sostenemos<br />

la necesidad de regresar a la esfera de la producción, a las relaciones de producción.<br />

Las clases sociales se definen sobre la base de las relaciones que mantienen en la esfera de la producción;<br />

el criterio de última instancia es jurídico: el de la propiedad de los medios de producción y, todavía<br />

más, el de la propiedad del producto terminado (Bordiga, 1980). El criterio, en su esencia, divide a la<br />

sociedad humana en dos macrogrupos: uno que es propietario de los medios de producción y de los<br />

productos, y otro que está privado de tal propiedad (la propiedad en sí, ontológicamente, es privación,<br />

negación: exclusión). Es el caso que en el MPC la clase que detenta los medios de producción y los<br />

productos tiene la necesidad de llevar estos últimos al mercado y venderlos para realizar una ganancia,<br />

que de seguidas, al menos en parte, es invertida: el modelo conductual del capitalista es dinámico.<br />

El motor de sobrevivencia de esta clase es la acumulación: lo recabado en el mercado es reinvertido<br />

(→ capital) en la esfera productiva para comenzar otro ciclo productivo. La clase capitalista no está<br />

fundada sobre privilegios de sangre, religiosos o culturales: esencial es la propiedad y, por tanto, la<br />

disponibilidad de capital.<br />

Frente a esta clase social y en oposición a ella se encuentra la de los trabajadores, que se define<br />

por su extrañamiento del capital, por su exclusión del libre acceso a los medios de producción y a los<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

73


productos: con el primero de esos elementos entra en contacto solo en cuanto trabajo vivo, y con el<br />

segundo, como consumidor 36 . No posee más que su propia capacidad de trabajar (fuerza de trabajo).<br />

Y su supervivencia, como clase, deriva de la venta de esa fuerza de trabajo (así como la clase capitalista,<br />

para valorizar su propio capital, necesita comprar fuerza de trabajo y “ponerla en acción”, esa fuerza es<br />

el único “factor productivo” especial, porque produce más valor de lo que vale). La clase trabajadora se<br />

divide internamente en “sector” productivo y “sector” improductivo (de plusvalía) 37 .<br />

2. Definidas las clases sociales fundamentales (atención, las de aquí arriba son definiciones muy abstractas<br />

y “puras”, y en la realidad difícilmente se les encontrará como han sido descritas), hay que aludir<br />

ahora a los criterios de “adscripción”, de pertenencia de un sujeto individual a una clase 38 u otra: el<br />

criterio utilizado es el de la función que desempeña el sujeto en el PRT.<br />

Un sujeto es capitalista si desempeña las funciones del capital y es propietario de los medios de<br />

producción y/o de los productos terminados (y por ende del capital); es en cambio un trabajador si<br />

cumple las funciones del trabajador colectivo. Con el desarrollo del capitalismo y del sistema organizativo<br />

empresarial, las tareas fundamentales del capitalista (coordinación y unidad del proceso de trabajo,<br />

decisiones, dirección, control y, de allí, coerción al trabajo) no son ya ejecutadas por un solo sujeto –el<br />

capitalista propiamente, que es también empresario y director material de su propia empresa–, sino por<br />

una pluralidad de sujetos que no pertenecen a la clase capitalista, puesto que no son propietarios de los<br />

medios de producción ni de los productos, y que solo tienen el dominio y el poder de disposición. Aun<br />

así, desempeñan algunas funciones del capital (por ejemplo, dirección, decisiones no finales, control).<br />

Es ese el fenómeno que da origen a las clases medias, con frecuencia caracterizadas por la mezcla de<br />

funciones pertenecientes tanto al ámbito del capital como al del trabajo. El grado de preponderancia<br />

de unas u otras define su mayor cercanía a la clase capitalista o a la trabajadora. Como resultado de<br />

reestructuraciones y de la incorporación de nuevas máquinas que cumplen por sí mismas actividades<br />

de control y de gestión (funciones del capital) anteriormente desempeñadas por las clases medias, estas<br />

pueden estar sujetas a la descalificación (superfluidad) de la fuerza de trabajo: son en tal caso víctimas<br />

de lo que se ha denominado “proletarización” del segmento medio, que no es una cuestión reducida<br />

al ingreso. Esa reducción es más bien solo un síntoma, un efecto de la función desempeñada por<br />

miembros de esta clase, que pierden el ejercicio de las tareas del capital y son “degradados” al rango del<br />

trabajador colectivo 39 .<br />

4. Marx y el valor: a manera de recapitulación<br />

1. Si para muchas teorías económicas (las marginalistas en primer lugar) la ganancia es fruto de diversas<br />

fuentes, independientemente de todos los “factores productivos” (trabajo, tecnología, capital), para la<br />

teoría marxista la única fuente de “creación de nuevo valor” 40 , y por tanto de plusvalía, es el trabajo<br />

vivo. Define este término a esa particular actividad humana, manual e intelectual, subsumida en el<br />

proceso de valorización del capital, que al transformar valores de uso dados en nuevos valores de uso,<br />

y al transferir valor al valor de cambio generado por el proceso de valorización, incrementa el valor del<br />

objeto de esa transformación. La plusvalía consiste en una cierta cantidad de valor creada por el trabajo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

74


vivo (el trabajo, por tanto, es sustancia del valor), pero cuya contraprestación en términos salariales<br />

simplemente no existe. El plustrabajo es esa parte del trabajo regularmente cumplido durante la jornada<br />

laboral que el capitalista no paga: es la fuente de la plusvalía. Luego, es solamente en la medida<br />

en que el capitalista logra extraer cuotas de PST a sus asalariados, que consigue “procurarse” el capital<br />

necesario para comenzar un nuevo ciclo productivo (expansivo).<br />

2. La teoría marxista del valor (de la producción del valor) se fundamenta entonces, necesariamente, en<br />

la teoría de la explotación, que “científicamente” (puesto que demostrable objetiva y empíricamente)<br />

ha sido derivada del modelo de “división” de la jornada de trabajo (cfr. arriba).<br />

Esa teoría de la explotación tiene un gran valor heurístico no solo desde el punto de vista de la ciencia<br />

económica y de las ciencias sociales en general, sino también en lo político. La fijación de límites<br />

a la jornada laboral y las mismas prácticas de clase desarrolladas en el proceso de trabajo, dirigidas a<br />

elevar las tasas de plusvalía (absoluta y relativa), son intrínsecamente políticas, ya que en última instancia<br />

rigen todo el modo de producción capitalista. Si el trabajo vivo (TV), y específicamente el PST,<br />

es la única fuente (viva) creadora de plusvalía (W ), y por ende de capital y de riqueza en la sociedad<br />

capitalista, todo el modo de producción entraría en crisis si viniera a faltar esa fuente. Y es ahí que<br />

se revela el carácter inmanentemente político de la lucha en torno a la jornada laboral y a las cuotas<br />

de PST.<br />

Pero la teoría del valor se desarrolla a todo lo largo del ciclo (re)productivo del capital, no solo en<br />

la esfera del proceso laboral (PRL). Actúa también en la esfera de la circulación (realización del valor<br />

de cambio contenido en las mercancías), donde produce, incluso, efectos desestabilizantes para el<br />

mercado capitalista.<br />

Si el valor de una mercancía es determinado por el tiempo de trabajo humano, ¿cómo puede<br />

calcularse ese tiempo? Hay al menos dos tesis principales a ese respecto. Una se remonta a las más<br />

antiguas civilizaciones chinas, de donde sigue un “hilo conductor” que en Europa podemos remontar,<br />

por intensidad de exposición y de elaboración, a Locke. Sostenía él no solo que la propiedad privada<br />

era la justa contraprestación del trabajo (“sudor”) propio, sino que el valor de una mercancía fuese<br />

determinado por las horas laborales invertidas en producirla. Una interpretación similar se desarrolló<br />

gradualmente hasta llegar a Ricardo y fue abrazada incluso por muchos marxistas (incluido Engels)<br />

que no comprendieron el fundamental paso adelante cumplido por Marx.<br />

3. Si la teoría clásica del valor hablaba de la cantidad de trabajo contenida en la mercancía, Marx (suya<br />

es la segunda tesis) se distancia de esa interpretación mecánica.<br />

La primera diferenciación importante sostenida por Marx es entre precios de mercado y valor. Si<br />

los primeros son algo empíricamente tangible e inmediatamente evaluable, y están sujetos a la ley de<br />

la oferta y la demanda (son clarísimos los pasajes al respecto en los Grundrisse). El segundo, el valor,<br />

es un concepto que no tiene un inmediato correlato material, visual; antes bien, es exclusivamente un<br />

cálculo, que puede llevarse a cabo sobre períodos más o menos largos, y es resultado de la media de los<br />

precios de mercado que efectivamente se realizan. El valor, luego, es una media, un cálculo (determinado<br />

necesariamente ex post, después de la venta de las mercancías).<br />

El valor no representa más que el trabajo socialmente necesario (dada la tecnología, dada la fuerza<br />

de trabajo) para producir la cantidad de mercancías que la “demanda” ha pedido. El valor es ajeno a<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

75


las interpretaciones y enfoques subjetivistas que pretenden poder calcularlo ex ante, con anterioridad<br />

a la venta de las mercancías, mediante un cálculo banal de la cantidad física de trabajo necesaria para<br />

producir una unidad de un producto (¡que todavía no se ha convertido siquiera en mercancía!). Con<br />

un procedimiento como ese no solo se salta el momento de la determinación de precios (sujeto a las<br />

leyes del mercado), sino que se pretende reducir el valor, que es una “magnitud” social, a un “número”<br />

aislado del contexto social, que determina el valor de una mercancía.<br />

4. En Marx (que no utilizó nunca la expresión “valor-trabajo”), la teoría del valor se fundamenta, en<br />

cambio, en un enfoque objetivo, que no prevé cálculos subjetivos, quizá propios de cada capitalista.<br />

Según Marx, los precios de producción de las mercancías terminan por coincidir con los precios realizados<br />

en el mercado. Ellos se separan siempre del valor, que es una media y un “punto” en torno al<br />

cual oscilan los precios (hacia arriba o hacia abajo). No hay, por tanto, coincidencia entre el valor de<br />

las mercancías y su precio de mercado. El valor es algo distinto que el precio de la mercancía y no tiene<br />

nada que ver con la cantidad física de horas de trabajo invertidas por un (grupo de) trabajador(es)<br />

para hacer el producto. Pone en evidencia, en cambio, solamente la cantidad de tiempo de trabajo<br />

socialmente necesario para la elaboración de esa mercancía (de la cual, ex post, se calcula precisamente<br />

el valor, como media). Pero esa magnitud es fundamental.<br />

Si se quiere, la economía política burguesa puede ser considerada como provista de lentes deformantes<br />

que, aun cuando permiten ver, le impiden penetrar hasta la base de las formas fenoménicas. Le<br />

resulta prácticamente imposible, sin superar las espontáneas representaciones de los agentes de la<br />

producción y el intercambio, arrojar luz sobre las relaciones entre la apariencia y la esencia, sea que<br />

considere estos fenómenos como manifestaciones de misteriosas esencias ubicadas fuera del campo<br />

del análisis económico, sea que se fie de las apariencias. Para Marx, por el contrario, las relaciones<br />

entre la apariencia y la esencia, que no son las descritas por Hegel en su Lógica, son relaciones<br />

analizables entre los movimientos visibles de los fenómenos y las fuerzas que dan origen a esos<br />

fenómenos y explican el movimiento. Solo arrancando el velo que cubre el mundo de la mercancía,<br />

hay posibilidad de descubrir la ley del movimiento del modo de producción capitalista, y es solo<br />

así que se pueden comprender tanto las variaciones de los fenómenos como el desarrollo de las<br />

contradicciones de ese mismo modo de producción. La esencia está indudablemente escondida, pero<br />

su naturaleza no tiene nada de misterioso, a partir del momento en que se elimina el obstáculo de la<br />

mística fetichista de la mercancía.<br />

Marx pudo así demostrar, en El Capital, que la renta y la ganancia tenían origen en la plusvalía y que<br />

el sistema de precios se explicaba como expresión fenoménica de la ley del valor en una economía<br />

capitalista (…) Los precios, en sus diversas oscilaciones, en sus desviaciones respecto al valor,<br />

manifiestan la necesaria relación con el tiempo-trabajo socialmente necesario. Aun si el valor no es un<br />

orden de magnitud concretamente mensurable con criterios microeconómicos o macroeconómicos,<br />

no es solamente una hipótesis del sistema. (Nota: estas pocas observaciones no pretenden, ciertamente,<br />

agotar el problema. Parten ellas de la idea de que el famoso problema de la transformación es un falso<br />

problema. Los precios, precios de producción, precios de mercado, no son formas modificadas de los<br />

valores –sobre todo no de los valores individuales–, sino formas fenoménicas autónomas que, a través<br />

de la concurrencia, expresan la ley del valor y sus contradicciones) (Vincent, 1970).<br />

Correspondió a Engels y a Marx encontrar una crítica de la teoría económica y política que demoliera<br />

los viejos esquemas, una teoría capaz de adaptarse y dialectizarse en todo momento con la<br />

realidad de clase. Para hacerlo se debía, y se debe, desembarazarse del enfoque de la ciencia económica<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

76


clásica y colocar la economía política en su justo punto: como elemento fundamental de una estructura<br />

dialéctica, articulada en diversos niveles, que diese razón también de las dimensiones jurídica,<br />

política, etcétera.<br />

5. Por un uso del análisis marxista en los desafíos actuales<br />

1. La situación actual de la clase trabajadora se caracteriza, en parte, por una brecha tendencialmente<br />

creciente entre el verdadero valor de la fuerza de trabajo y el salario real obtenido. Este hecho se explica<br />

por un aumento de las necesidades socialmente indispensables para la sobrevivencia de los trabajadores,<br />

y se debe también a la intensificación de los ritmos de trabajo y de la productividad social, con un<br />

crecimiento del nivel material, social y cultural de toda la sociedad. Como resultado, el salario real está<br />

fuertemente desfasado con respecto al valor social creciente de la fuerza de trabajo; el salario social integral<br />

sigue perdiendo en confrontación con la cuota destinada a la ganancia y, en general, a la apropiada<br />

por los capitalistas a manera de retribución del capital. La amenaza siempre inminente y creciente del<br />

desempleo –en particular, la actual convivencia de la desocupación coyuntural con la estructural– y<br />

el paradigma de acumulación flexible de la así llamada era posfordista, responden a la automatización<br />

de la producción y a la intensificación del trabajo. Todo ello ejerce una influencia sustancial en el empeoramiento<br />

generalizado de la situación mundial de la clase trabajadora en sus más diversos aspectos.<br />

La “inseguridad de la existencia”, de la que habló Engels, sigue acentuándose. Estos hechos objetivos<br />

son una confirmación convincente de la vigencia de la teoría marxista del empobrecimiento relativo.<br />

El desarrollo mismo del capitalismo contemporáneo ratifica completamente otra tesis fundamental de<br />

Marx: la de la intensificación del proceso de proletarización en el seno de la sociedad capitalista, y del<br />

incremento, si bien en formas diversas y articuladas, del trabajo subordinado y del trabajo asalariado.<br />

El actual problema económico-social del trabajo no está conectado solamente con el desempleo,<br />

de carácter cada vez más estructural, sino que atañe a una serie de temas, al mismo tiempo, de tipo<br />

cuantitativo y cualitativo, y por ende a las nuevas figuras del trabajo: en particular, al precario, al<br />

trabajo negado y al no-trabajo, figuras de cualquier modo internas, propias del modo de producción<br />

capitalista. El problema del trabajo existe, prácticamente, incluso para aquellos que tienen un empleo,<br />

dado que se trabaja cada vez más en condiciones más y más precarias, con un salario social absoluto<br />

–y también relativo para el trabajador individual– cada vez menor y con altos niveles de movilidad e<br />

intermitencia.<br />

2. La crisis actual del capitalismo –crisis también de sobreproducción y de demanda, a causa de la<br />

tendencia a la contracción en su conjunto del salario social de toda la clase trabajadora–, se debe por<br />

otra parte al pase de la acumulación material a formas inmateriales de acumulación del capital. Los<br />

nuevos procesos de acumulación están ligados a fuertes incrementos de productividad no redistribuida<br />

y a procesos de tercerización, que se acompañan con significativos desplazamientos en la renta financiera.<br />

Todo esto evidencia que el así llamado ciclo posfordista de la fábrica social generalizada produce,<br />

además de desempleo estructural, mil formas de trabajo atípico y flexible –es decir, precario–, que<br />

sin embargo corren paralelas a un fuerte crecimiento de la riqueza social, debido a los significativos<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

77


incrementos de productividad. Pero se trata de una riqueza social que, en modo alguno, retorna al<br />

factor trabajo.<br />

Así, se llega a identificar una economía marginal que evoluciona en el tiempo replanteando nuevas<br />

figuras sociales, nuevos sujetos que, si hasta no hace muchos años tenían garantías y eran funcionales<br />

al desarrollo, hoy en cambio son excluidos, precarizados, expulsados, marginados, hasta constituir esas<br />

áreas de pobreza en fuerte crecimiento que el actual modelo tiende a reproducir en formas parcialmente<br />

nuevas. En Italia, por ejemplo, ha habido en los últimos años un enorme aumento en la apertura de<br />

las llamadas “partida IVA”**, que se corresponde con el surgimiento de nuevos trabajadores autónomos,<br />

nuevos pequeños empresarios, atrapados como nunca en las reglas y los vínculos de explotación<br />

típicos de los regímenes de subordinación. Se trata de nuevas figuras del mercado de trabajo, que no<br />

son sino resultado de la decisión del capital de expeler mano de obra, de crear una actividad económica<br />

inducida y de carácter predominantemente terciario, mal retribuida y sin su carga contributiva; es ese<br />

el producto de un recurso generalizado a formas más o menos veladas de trabajo a destajo, en contraposición<br />

a toda forma de rigidez en lo laboral y retributivo. De esta manera, el mercado de trabajo se<br />

hace cada vez más flexible y compatible con el sistema de centralidad de la empresa y de la ganancia,<br />

al adaptar todo el cuerpo social, a través de las funciones del profit State –es decir, del Estado de la<br />

empresa y la ganancia– a la organización de la fábrica social generalizada.<br />

Hoy, en todo caso, la mayoría aplastante de la población de los países capitalistas está compuesta<br />

por trabajadores asalariados y el trabajo asalariado constituye la base del capitalismo –a una escala<br />

mucho mayor que en tiempos de Marx– en los procesos y las dinámicas de funcionamiento del modo<br />

de producción capitalista de siempre.<br />

3. Los cambios más recientes en la estructura de la clase trabajadora indican la extrema importancia de<br />

la categoría del obrero “colectivo”, introducida y analizada en El Capital. Esa categoría comprende por<br />

igual a los operarios del trabajo material y mental que participan directamente en la fabricación de un<br />

producto y que, en cualquier modo, son, respecto al capital, trabajadores asalariados, subordinados.<br />

Y así, a pesar del paso de la era fordista a la llamada posfordista, del obrero-masa al “obrero social”,<br />

de la centralidad de la fábrica a la fábrica social generalizada, de los “overoles azules” a los cuellos<br />

blancos, del trabajo material a los trabajadores del conocimiento y la inteligencia, aun así, también en<br />

los países de capitalismo avanzado se mantiene y arraiga el trabajo asalariado, con formas cada vez más<br />

sofisticadas e incisivas de explotación.<br />

En el capitalismo contemporáneo, el carácter colectivo del proceso laboral se acentúa todavía más al<br />

incrementarse la socialización de la producción, al ir más allá del llamado “obrero colectivo” y asumir<br />

el aspecto de los grandes complejos productivos, aun con externalizaciones y deslocalizaciones, pero<br />

de cualquier modo con modalidades que reúnen a todos los trabajadores en un mismo ámbito de<br />

subalternidad, de coerción y explotación. Con hechos como el aumento del número de trabajadores<br />

asalariados que son empleados fuera de la producción material propiamente dicha; con el aumento<br />

en general del número de los empleados, los flexibles, los precarios, los temporarios, los atípicos; con<br />

el incremento de la tasa de trabajo intelectual o del falso trabajador autónomo en la composición del<br />

trabajador colectivo, las tendencias actuales dan amplio testimonio de la “desproletarización” de la<br />

clase obrera o de la clase trabajadora en general 41 .<br />

** (n.t.) Código fiscal obligatorio para todo aquel que ejerce una actividad sujeta a impuestos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

78


Desde siempre, los trabajadores pertenecientes a estas nuevas categorías, al igual que el proletariado<br />

industrial, han sido constreñidos a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas. Hoy más que ayer, los<br />

obreros y los trabajadores en general están amenazados por el desempleo que sigue a la introducción de<br />

la automatización. Sus salarios son a veces inferiores al mínimo umbral de sobrevivencia; se acentúan<br />

así las diferencias con aquella parte de los trabajadores privilegiados que va a constituir la llamada<br />

“aristocracia obrera”.<br />

Estas diferencias –como por ejemplo el nivel salarial, el grado de satisfacción de las necesidades,<br />

la diversidad, incluso dentro de una continua precarización de todo el vivir social– pueden ser, sin<br />

embargo, factores de acercamiento. La misma inserción de las leyes fundamentales de la producción<br />

material en la esfera de la ciencia y de la cultura, es un factor que, aunque a primera vista parezca<br />

improbable, puede facilitar la superación del capitalismo.<br />

“Técnica” y “uso capitalista de la técnica” son dos cosas distintas. Y además, también la técnica del<br />

dominio tiránico puede ser estudiada y entendida. La tiranía del capital “global” no puede reproducir<br />

burguesías “orgánicas” ni en las metrópolis, donde ellas más bien se reducen, ni mucho menos en los<br />

países de la periferia, o en aquellos en los que ha sido derrotado el protosocialismo “real”. Las formas<br />

de dominación –desde la manipulación hasta la violencia bélica– pueden perpetuar la dominación,<br />

bloquear la vida que le está asociada, forzarla a una decadencia incluso prolongada. A ese respecto,<br />

nihil novi sub sole. Extraño y verdaderamente “nuevo” sería que la dominación, de por sí, se hiciese<br />

plena y progresiva hegemonía, forma al menos relativamente progresista de desenvolvimiento del<br />

corpus collectivum en sus configuraciones e instituciones, desarrollo de los individuos y de la sociedad<br />

sobre la base de lo que ha devenido posibilidad real, y por tanto actuación y ampliación de las<br />

potencialidades sociales humanas.<br />

La tarea, para nosotros, parece ser más bien la de reproducir, a la altura de los tiempos actuales, el<br />

análisis de todo el espectro de la reproducción social en su conjunto, y de las formas de hegemonía.<br />

Debemos averiguar cómo está hecha la cadena –es mucho allí el trabajo por hacer– antes de poder<br />

quizá identificar nuevamente, si lo hay, algún “eslabón” en el cual hacer presa verdaderamente, más<br />

allá de la justificada denuncia y condena.<br />

La tiranía moderna puede dominar, manipular, bombardear, exterminar. Pero no puede “resolver<br />

prácticamente” el problema planteado por Rousseau, resuelto de diferente manera por Hegel y después<br />

por Marx, y desde entonces devenido mucho más maduro en las cosas: el autogobierno racional de la<br />

comunidad humana. Por eso, me parece, todo aquello que es “razón”, “dignidad humana”, “cultura”<br />

y (obviamente) “democracia”, está hoy bajo ataque y se encuentra objetivamente de la misma parte.<br />

Aun el mostrar estas cosas será un trabajo largo. Pero no inútil, y no vano (Mazzone, 2000).<br />

4. Se llega así a una fase en la cual están aflorando rápidamente sobre la escena económico-social<br />

nuevas subjetividades, nuevas pobrezas y, por tanto, nuevas figuras que reagrupar en un proyecto<br />

de recomposición y organización del conflicto capital-trabajo, a partir de una ofensiva por parte de<br />

todos los trabajadores. Se trata de forzar el horizonte, a partir de la superación de las fronteras sociales<br />

entre la clase obrera propiamente dicha y los intelectuales, las nuevas figuras del trabajo, del<br />

trabajo negado, del no-trabajo, acomunando a estos grupos sociales en su lucha por la emancipación<br />

social y haciéndolos reencontrarse en los hechos del conflicto capital-trabajo, para superar en la lucha<br />

los esquemas de lo que algunos estudiosos –incluso de origen marxista– han decretado como el fin<br />

del trabajo.<br />

¡Pero cuál final del trabajo! Está cada vez más vivo el análisis científico de Marx sobre el trabajo<br />

asalariado, sobre la “proletarización” y el empobrecimiento, absoluto y relativo, de estratos cada vez<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

79


mayores de la sociedad del capitalismo avanzado, para no hablar de los niveles de esclavitud, de feudalismo<br />

y de miseria absoluta en el Tercer o Cuarto Mundo.<br />

Los exmarxistas, que hoy adoran definirse críticos del marxismo para caer en los brazos del neoliberalismo,<br />

que hablan al respecto de un final del trabajo, plantean falsos problemas. En la mejor de las<br />

hipótesis, se trata de una incorrecta lectura de la realidad que retoma los viejos esquemas sociales, económicos<br />

y teóricos: los liberales y neoliberales, los que quieren el capitalismo como fin de la historia.<br />

— notas —<br />

1 También para algunos contenidos de este capítulo, cfr. Vasapollo (1996; ed., 2002).<br />

2 Para una introducción sucinta pero eficaz a tales problemas, cfr. Romagnoli (2001: 63 ss.).<br />

3 “Si consideramos la sociedad burguesa en su conjunto, se presenta siempre, como resultado último del proceso social de producción,<br />

la sociedad misma, es decir, el hombre mismo en sus relaciones sociales. Todo lo que tiene una forma definida, como<br />

producto, etcétera, se presenta solo como momento, como momento evanescente, en este movimiento. El mismo proceso<br />

de producción inmediato se presenta aquí exclusivamente como momento. Las condiciones y objetivaciones del proceso son<br />

igualmente momentos de éste, y como sus sujetos aparecen solamente los individuos; pero los individuos ligados por relaciones<br />

recíprocas que ellos reproducen y producen ex novo. Es su peculiar y constante proceso de movimiento, en el que ellos se<br />

renuevan a sí mismos tanto como al mundo de la riqueza, que ellos crean”. Marx (1997: II, 410-411)***.<br />

4 Para una penetrante crítica de estos fundamentos de la “ciencia” económica burguesa de inspiración marginalista, con referencia<br />

sobre todo a la “escuela austríaca”, cfr. Bujarin (1970).<br />

5 En un proceso lento que llevará de la subsunción formal del trabajo al capital a una real (hoy en un estadio extremadamente<br />

avanzado y generalizado en todo el mundo).<br />

6 Cfr. Cazzaniga (1981).<br />

7 En su texto, Roncaglia y Sylos Labini (2002: 4) sostienen de seguidas que la principal diferencia entre el planteamiento clásico<br />

y el marginalista es que, mientras los clásicos concebían la economía política como ciencia que estudia la sociedad y su movimiento,<br />

y es por tanto una ciencia social, el segundo elabora una teoría totalmente centrada en el problema de la escogencia<br />

racional: optimizar la utilización de recursos escasos. En cuanto tal, es ese un problema de naturaleza lógica, susceptible de<br />

ser “plegado”, “restringido” a las lógicas cuantitativas de la matemática. En cuanto tal, esta aproximación es también eminentemente<br />

ahistórica: al abstraerse del contexto social en el que la escogencia racional debe cumplirse, y revelar solamente<br />

su lógica, su racionalidad (recuérdense los asomos de completud, transitividad y monotonicidad de la escogencia racional), y<br />

estando esta última orientada a la maximización de la ganancia (empresa), del bienestar individual (consumidor) y del sueldosalario<br />

(trabajador), la naturaleza de esa escogencia-comportamiento será siempre la misma, en prescindencia pues del contexto<br />

socioinstitucional en el que se toma y en que produce sus efectos (más aún, tales instituciones serían redundantes o incluso<br />

un estorbo para una formulación de este tipo). Es por eso que las instituciones políticas, jurídicas y sociales son “dadas” y no<br />

investigadas, y escapan de las preocupaciones intelectuales de los marginalistas. La escuela marginalista da vida, pues, a una<br />

ciencia axiomática, mientras que la clásica es una ciencia social.<br />

*** (n.t.) La cita se reproduce aquí a partir de la edición de los Grundrisse por la editorial Crítica, Barcelona, 1978.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

80


8<br />

Cfr. Grossmann (1971: 104) y Carchedi (1991: cap. 2).<br />

9 Cuando algún teórico, incluso de izquierda, clama contra la mercantilización del trabajo, no se da cuenta de que el trabajo<br />

(vivo) es el valor de uso de la fuerza de trabajo y no es producido como mercancía, por lo que no es mercantilizable; antes bien,<br />

es el único “factor de producción” que toma parte en el proceso laboral en condición de no-mercancía (cfr. Pala: 1981). Es<br />

justamente ese error el que anima el fetiche del intercambio simétrico entre “dador de trabajo” y trabajador. Es ese intercambio<br />

entre supuestos iguales lo que funda la discrepancia entre trabajo vivo y trabajo pagado, entre trabajo necesario y plustrabajo.<br />

Que se continúen cometiendo errores similares, todavía hoy, es rendir las armas.<br />

10 Está claro que en este punto estamos abstrayendo los conceptos de una serie de vínculos (contractuales, organizativos, etcétera)<br />

que en la realidad material son fruto tanto del desarrollo de la tecnología y de la ciencia organizativa, en general, como<br />

de las diversas prácticas de clase, y que varían según las coyunturas económico-sociales y la lucha de clases. Piénsese en el<br />

contrato de trabajo, que “garantiza” la existencia de límites en la utilización-explotación del trabajo vivo por parte del dador de<br />

trabajo. El contrato de trabajo es, precisamente, uno de esos vínculos (eminentemente político, por cuanto expresión formal de<br />

la relación de fuerza entre las partes de clases involucradas) que, en el nivel de abstracción en el que estamos aquí razonando,<br />

no hemos tomado en consideración.<br />

11 Hemos preferido traducir el término alemán Verbindung como “combinación”, antes que “unión” (a la manera en que frecuentemente<br />

lo hacen los traductores de Marx), por considerar que expresa mejor el proceso de organización y complementarización<br />

de factores productivos que determina el mismo proceso productivo.<br />

12 “El modo de producción (…) no depende tanto, y de seguro no directamente, de las fuerzas productivas como de las relaciones<br />

sociales de producción” (Jaffe, 1990: 69).<br />

13 Tal distinción, es bueno subrayarlo, no significa que existan dos procesos separados (laboral y de valoración), sino que se trata<br />

de dos aspectos diferentes del único proceso de trabajo que se da en la relación de producción capitalista. Al respecto, cfr.<br />

Vercelli (1973: 44 ss.).<br />

14 Mientras en la primera fase del desarrollo capitalista, en la que prevalecían todavía los artesanos y después la manufactura, la<br />

herramienta estaba en función del hombre y de su calidad “artesanal”, con el desarrollo del maquinismo y de la división no<br />

ya subjetiva sino objetiva del trabajo, el sistema de máquinas se convierte en un gran autómata del cual los trabajadores son<br />

apéndices funcionales.<br />

15 “El proceso laboral es una actividad orientada a la producción de valores de uso, a la transformación para fines humanos de los<br />

elementos naturales, a las condiciones de ‘recambio orgánico’ entre hombre y naturaleza. Es entonces, en sus relaciones más<br />

simples, condición ineludible e inmodificable de cualquier sociedad humana” (Vercelli, 1973: 44).<br />

16 El trabajo debe ser entendido en su doble composición de trabajo concreto y trabajo abstracto.<br />

17 El modo en que se estructura la relación inmediata entre trabajo vivo y máquinas, y las estrategias y tácticas de gestión y dominio<br />

de tal relación y de todas aquellas que surgen dentro de la empresa.<br />

18 En materia de estudios sociológicos del proceso laboral, el panorama italiano es, cuando menos, decepcionante. Si los primeros<br />

de esos análisis (piénsese en Panzieri), que “hicieron escuela” en diversas partes del mundo, se remontan a 30 o 40 años atrás,<br />

y los últimos aportes apreciables se detienen a fines de los años ochenta, es innegable que no se ha “explotado” nunca el<br />

estudio del proceso laboral en Italia, más allá de determinados ambientes (como la articulada experiencia obrerista). Todo esto<br />

a diferencia, por ejemplo, de Estados Unidos o la Gran Bretaña, donde todavía se producen análisis profundísimos y de largo<br />

alcance.<br />

19 Ha sido un error constante de mucha publicística marxista, que se remonta a Engels (cfr. Weeks, 1981: especialmente el cap.<br />

I), sostener que el valor de una mercancía es equivalente a la cantidad de trabajo incorporado (horas de trabajo) a la mercan-<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

81


cía misma (embodied labour), valor entonces definible subjetivamente, a priori, antes de la realización de la mercancía en el<br />

mercado. Weeks (1981: 56), en cambio, recuerda que el valor aparece solamente como precio (en lo cual concuerdan muchos<br />

teóricos marxistas contemporáneos que se han ocupado del problema del valor: de Carchedi a Moseley, Laibman, Shaikh, por<br />

solo citar algunos, ni siquiera pertenecientes todos a las mismas “escuelas”). El valor de la mercancía es solamente una “media”<br />

elaborable ex post, que define el trabajo socialmente necesario para producirla.<br />

20 Fue justamente la ausencia de homogeneidad entre los miembros de la ecuación lo que creo problemas de medida a los primeros<br />

clásicos (por ejemplo, Smith): cantidad de horas trabajadas-cantidad de output agrícola. Sobre este punto, cfr. Garegnani<br />

(1981: 16 ss.).<br />

21 Más que de descalificación, Rieser (2004) prefiere hablar de “calificación alienada” –es decir, no controlada ni controlable– del<br />

trabajador. De cualquier manera, al hablar de descalificación hay que tener siempre presente que se hace con esto referencia<br />

a una tendencia. Pero no solo. Se tiene en cuenta también el hecho de que hay al menos dos interpretaciones diferentes, y<br />

no necesariamente coexistentes, de descalificación: una en sentido smithiano, como parcelización cada vez más avanzada de<br />

las funciones laborales y, por tanto, pérdida de profesionalidad; y otra, marxista, que abarca la superfluidad del trabajo vivo<br />

expulsado del proceso laboral por haber sido sustituido por máquinas.<br />

22 Según la teoría marxista, “el contrato de trabajo (...) es un contrato de abdicación, de sumisión al capital, es la expresión de una<br />

relación de domino” (Gianquinto, 1976: 55). La relación jurídica que se instaura con el contrato de trabajo entre el capitalista y<br />

los trabajadores es una relación social de producción, una relación entre clases. Es un contrato que presupone la existencia de<br />

la clase capitalista y de la clase trabajadora, y que se fundamenta en el proceso de explotación (lo legitima al regularlo), que,<br />

en cuanto tal, es coerción al plustrabajo.<br />

23 Lo presupuesto es que las decisiones económicas sean entonces tomadas por sujetos racionales que actúan sobre bases utilitaristas:<br />

“Las empresas buscan maximizar cuanto más la ganancia; los consumidores buscan obtener la mayor satisfacción posible<br />

de sus compras y, como trabajadores, buscan maximizar sus salarios hasta el saldo neto de los costos de mantenimiento”<br />

(Sloman, 2002: 32).<br />

24 Por ejemplo, el revolucionario de Tréveris teorizó acerca de una tendencia al empobrecimiento claramente relativo y no absoluto<br />

(cosa esta última que sí hicieron algunos marxistas esclerotizados de la Unión Soviética. Mandel reporta en su Tratado<br />

(1997b) algunos ejemplos en las pp. 250 ss.).<br />

25 La subsistencia no es la biológica (aun cuando no faltan casos, períodos y lugares en los que el salario se ubica en esos niveles<br />

o incluso por debajo), sino la histórica y socialmente determinada; es decir, la que está en correspondencia con el desarrollo<br />

comprehensivo de toda la riqueza de la sociedad.<br />

26 “El trabajador asalariado existe en la medida en que puede vender su fuerza de trabajo, y toda otra forma de existencia ha sido<br />

para él, hasta ahora, prácticamente inimaginable” (Sottile, 2004: 1).<br />

27 Esta es una de las grandes diferencias del MPC con respecto a modos de producción anteriores, en los cuales los trabajadores<br />

estaban ligados por vínculos serviles o “naturales” a sus patrones, que disponían de sus vidas no solo durante el tiempo de<br />

trabajo, sino a todo lo largo de su existencia. El trabajador no era siquiera formalmente (como en el MPC) igual al patrón.<br />

28 En términos “ortodoxos”, el empresario no tendrá motivo alguno para invertir si no prevé al menos una “ganancia normal”; o<br />

sea: tasa de ganancia normal (%) = tasa de interés libre de riesgos + premio por el riesgo (Sloman, 2002: 56 ss.).<br />

29 La clásica y fundamental función de producción marginalista, es decir, y = f (L, K) –donde L es trabajo y K es el capital que comprende<br />

las materias primas–, presupone que todos los elementos de la función sean cualitativamente iguales, intercambiables,<br />

lo que niega la peculiaridad típica de la fuerza de trabajo; al proceder de esa manera, desaparece la diferencia fundamental,<br />

identificada por Marx, entre fuerza de trabajo y trabajo: la primera es la única mercancía que, adquirida e inmersa en el pro-<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

82


ceso productivo, puede producir más que lo que cuesta. A ese respecto escribe Pala (1981: 57): “Todos ellos [Bayles, Ricardo,<br />

Jevons, Marshall, Keynes, Sraffa] siguieron considerando, al menos para fines económicos, es decir capitalistas, productivos (o,<br />

mejor, ‘rentables’, para decirlo con Keynes), diversos elementos además del trabajo, y en primer lugar el capital como objeto,<br />

fetiche incluso, torvamente enmascarado como tiempo (...) Sobre eso reposa la errónea tesis de la pluralidad de los factores de<br />

producción, voluntariamente confundida con la real pluralidad de los determinantes del precio y de las formas de apropiación<br />

del producto. Todos esos factores son colocados como cualitativamente idénticos en el plano del proceso social de producción,<br />

es decir, como formalmente intercambiables (a la manera de Wicksell) en el ámbito de una función de producción o de una<br />

tecnología”.<br />

30 El análisis que venimos adelantando se cumple en un nivel de abstracción muy elevado; está claro que, en el terreno de lo<br />

concreto, las manifestaciones del poder empresarial y el de su comando de trabajo están limitadas por toda una serie de “topes”<br />

físicos, jurídicos, organizativos y prácticos, así como por la misma lucha de clases en general y por la resistencia que en el<br />

ámbito empresarial oponen los trabajadores al comando capitalista.<br />

31 “La plusvalía no es otra cosa que la diferencia entre el valor creado por el trabajador y los costos de su mantenimiento” (Mandel<br />

1997b: 154).<br />

32 Y por tanto políticamente. Aquí la política se pone de relieve en la medida en que es interpretada en la acepción más global<br />

del término (políticas de clase, de organización empresarial, de gestión de conflictos industriales, etcétera, solo por dar los<br />

ejemplos más cercanos a la materia que tratamos). Para dar también un ejemplo actual y concreto, piénsese en la directiva<br />

europea en materia de horario laboral aprobada el 12 de mayo de 2006. Esta permite una total “liberalización” de las gestiones<br />

de horario de trabajo (a favor del capital), de manera tal que el total de horas laborables es anualizado para posibilitar una<br />

flexibilidad extrema de los turnos laborales. Un trabajador no debe ya trabajar por una cantidad x de horas al día o a la semana.<br />

Dónde, cómo y cuándo trabajar, lo establece la empresa, o esta en concertación con los sindicatos. Con este sistema se puede<br />

llegar a trabajar 74 horas/semana. En ese caso, la lucha de clases ha reportado ventajas al capital europeo.<br />

33 Es cierto, sin embargo, que hoy esa problemática se ha hecho más compleja, para evitar que el socialismo se reduzca a la mera<br />

abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción (y las mercancías), mientras se deja tal vez persistir modelos<br />

organizativos típicos, si no idénticos a los de la burguesía (ontológica y teleológicamente diferentes a aquellos que deberían ser<br />

desarrollados en una sociedad socialista y comunista). Sobre estos puntos, cfr. Carchedi (1987; 2006a).<br />

34 Pero ello es posible solo cuando: a) el ejército industrial de reserva es limitado; b) las organizaciones sindicales reducen o eliminan<br />

la competencia entre los trabajadores y los organizan para reclamar, con sus luchas, aumentos salariales (Mandel, 1997b:<br />

240-241).<br />

35 El aumento de la productividad por medio de la incorporación de nuevas maquinarias (que para ser rentable desde el punto<br />

de vista del capital debe ser labour saving y profit-increasing) implica una modificación en la composición orgánica del capital<br />

(K / v), en la cual el componente del capital fijo (K) aumenta con respecto al componente del capital variable (v). La relación<br />

entonces no es entre la masa material de los instrumentos de trabajo y el número de trabajadores, sino entre el valor de los<br />

medios de producción y el precio de la fuerza de trabajo (Mandel, 1997b: 280). También Jaffe (1973: 17 y 77 ss.) sostiene esta<br />

tesis: la “composición orgánica del capital, que es un concepto de valor, es frecuentemente confundida con la ‘composición’<br />

físico-técnica; por ejemplo, el número de máquinas por obrero en una determinada industria, o el capital constante (valor) por<br />

obrero (un concepto que no es de valor)”.<br />

36 Las relaciones con los medios y los productos son mediadas, en el primer caso, por relaciones de producción, y en el segundo<br />

caso, por relaciones mercantiles, a su vez intermediadas por el dinero. Es solo al pasar al mercado que el trabajador deviene<br />

en consumidor y puede apropiarse de las mercancías que él mismo (como trabajador colectivo) ha producido, pagándolas por<br />

otra parte a un precio mayor, porque incluye la ganancia capitalista. En este caso la exacción se cumple dos veces: la primera,<br />

con la sustracción de la plusvalía; la segunda, con la exacción de dinero en cantidad superior al costo de producción de<br />

la mercancía.<br />

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES DEL ANÁLISIS MARXISTA...<br />

83


37 Sobre la productividad de plusvalía por parte de la clase trabajadora (los trabajadores productivos, precisamente), cfr. más<br />

adelante.<br />

38 Las clases sociales son siempre “indiferentes” a los sujetos individuales que a ellas pertenecen. Por poner un ejemplo, la movilidad<br />

social y el “éxito” de un sujeto que escala hacia la jerarquía clasista del capitalismo no implica el fin o la inexistencia de las<br />

clases sociales, sino apenas que la movilidad subjetiva es posible solo a lo interno de clases sociales que existen objetivamente<br />

y como totalidad, prescindiendo de la presencia individual de un sujeto u otro.<br />

39 Acerca de este tema, aquí apenas insinuado, cfr. Carchedi (1977).<br />

40 Sobre el neovalor (Neuwert), léase Perri (1997: 211-217).<br />

41 Por años, a causa de deformaciones y perezas teóricas (sostenidas también por traducciones “interesadas”), se ha confundido a<br />

la clase obrera con la clase que es referencia en los análisis de Marx. En verdad, el sujeto intermodal es la clase trabajadora entendida<br />

en su conjunto, en su generalidad y heterogeneidad (a este respecto son utilísimos los numerosos trabajos de Costanzo<br />

Preve y Gianfranco La Grassa). Fineschi (2001: 156) escribe a este propósito: “Forma asalariada (…) no significa en absoluto<br />

solo fábrica, sino realizar el proceso laboral como momento del capital. De hecho, Arbeiter significa literalmente ‘aquel que<br />

trabaja’, aquel que realiza el proceso laboral. Si la división entre capital y trabajo es una Verhältnis, es decir, una relación en<br />

sentido fuerte, ello es exhaustivo de la totalidad, y por tanto se deberá entender ‘clase de los trabajadores’ y no ‘clase obrera’<br />

(quedando como obvio que también los obreros son trabajadores). Si los obreros de fábrica, como tales, no son el sujeto histórico,<br />

entonces esa figura debe ser reconstruida a la luz de las determinaciones objetivas del conjunto de la reproducción social<br />

en su forma capitalista”. La tesis del autor se desprende tanto de una atenta lectura filológica de los textos de Marx, como de<br />

un profundo estudio del fundamento lógico de El Capital, que confirma la identificación de las clases sociales a partir de su<br />

noción lógico-funcional.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

84


Segunda parte<br />

CATEGORÍAS Y DINÁMICAS DEL SISTEMA CAPITALISTA


Capítulo I<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL 1<br />

1. Las categorías marxistas y su traducción estadística<br />

1. Como hemos visto previamente, las categorías fundamentales del análisis económico marxista se<br />

expresan en términos de valor, de tiempo de trabajo: K (capital constante) representa el tiempo de<br />

trabajo social indirecto incluido en los inputs físicos del proceso de producción; v (capital variable)<br />

representa el valor (de reproducción) del tiempo de trabajo social directo empleado en la producción<br />

de las mercancías, y W (plusvalía), el tiempo de trabajo social directo empleado en el mismo proceso<br />

de producción de las mercancías.<br />

Con tales categorías se construyen las relaciones fundamentales del análisis económico marxista: la<br />

tasa de explotación o tasa de plusvalía W/v, que expresa la relación entre tiempo de trabajo directo no<br />

pagado y pagado; la composición orgánica del capital K/v, que se presenta también como K/K + v, la<br />

cual expresa la distribución del capital entre tiempo de trabajo social indirecto y directo; y la tasa de<br />

ganancia W/K + v, o relación entre plusvalía realizada y capital anticipado.


Estas categorías de valor son esenciales para establecer la dinámica del capitalismo. En realidad, las<br />

leyes principales y el funcionamiento del sistema capitalista –la competencia, la concentración y centralización<br />

del capital, la determinación del salario en función de la existencia de una sobrepoblación<br />

(laboral relativa permanente) o la tendencia a la caída de la tasa de ganancia– se explican a través de<br />

estas categorías y relaciones.<br />

2. Un problema de gran importancia es la traducción de las categorías de valor en precios. En efecto,<br />

los valores-tiempo, como tales, no tienen una expresión contable en la sociedad capitalista, donde<br />

todas las relaciones económicas aparecen medidas en precios. Las categorías en valores-trabajo (o valortiempo)<br />

tienen una correspondencia en términos de precios que no siempre resulta evidente. Esta<br />

traducción de las categorías y relaciones, en términos de valor, a sus equivalentes monetarios o en<br />

precios, ha dado lugar a una abundante literatura económica en torno al llamado “problema” de la<br />

transformación 2 .<br />

El tema se complica, de otra parte, porque la economía convencional incluye un conjunto de<br />

nociones similares a las de Marx, pero con un contenido sustancialmente diferente.<br />

El más importante es el concepto de “capital”, que en Marx es una relación social (la relación que<br />

se expresa en el proceso de producción de mercancías-apropiación privada de la plusvalía), mientras en<br />

la economía convencional es un concepto polisémico, útil para designar indistintamente:<br />

a) El capital monetario.<br />

b) Los bienes de capital.<br />

c) La inversión productiva.<br />

d) La inversión financiera.<br />

e) El flujo de rendimientos en distintos períodos de producción, determinados por la tasa de<br />

descuento temporal, etcétera.<br />

Además, en la economía convencional no se considera la diferenciación fundamental que hace la<br />

economía marxista entre actividades productoras de nuevo valor y actividades consumidoras del valor<br />

creado; es decir, entre actividades productivas y consumidoras de plusvalía.<br />

3. La diferencia de perspectiva entre la economía marxista y la convencional impide, por tanto, utilizar<br />

directamente las estadísticas económicas para indagar en la evolución del proceso de acumulación<br />

capitalista. Para hacerlo se requiere un proceso previo de “reelaboración” de los indicadores estadísticos,<br />

de los agregados y de las funciones macroeconómicas, a fin de adaptarlos a las nociones y a los<br />

agregados propios de la economía marxista 3 .<br />

La imposibilidad práctica de hacer una traducción completa de los datos estadísticos a partir de las<br />

nociones marxistas, obliga igualmente a trabajar en muchas ocasiones con datos aproximados; es decir,<br />

con valores que no miden exactamente aquello que quieren medir, pero cuya evolución coincide, en<br />

gran medida, con la de la categoría en referencia. Por el mismo motivo, la lectura de los indicadores<br />

estadísticos y agregados convencionales, desde un punto de vista marxista, supone una relectura que<br />

hace decir a los datos “otras cosas”, diferentes a aquellas a las que alcanzan los analistas convencionales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

88


2. Limitaciones de los conceptos económicos neoclásicos convencionales<br />

1. La teoría económica convencional –esto es, la que interpreta la realidad en función de la perspectiva<br />

del capital– tuvo su bautismo a fines del siglo xix, en una espiral de popularización creciente, cuyo<br />

objetivo principal omitió la interpretación de la dinámica económica de la sociedad para devenir en<br />

justificación del orden existente. Las tentativas de Léon Walras (1900) (equilibrio general), de Alfred<br />

Marshall (1920) (equilibrio parcial) o Vilfredo Pareto (1945) (equilibrio óptimo y eficiente), entre<br />

otros, para desarrollar una “economía positiva” –es decir, neutral frente a los fenómenos sociales y<br />

basada en el principio de la información perfecta–, se produce paradójicamente en el mismo período<br />

histórico-científico (1870-1930) en el cual se establece el así llamado principio de indeterminación<br />

de Heisenberg (1927) en las ciencias físicas; principio que establece que, en las observaciones de la<br />

naturaleza, el acto mismo de observar modifica el comportamiento de los parámetros físicos y por<br />

tanto no corresponde nunca, teóricamente, a un conocimiento exacto de la realidad. Disponemos solo<br />

de una información relativa (probable), sujeta siempre a un margen de error.<br />

En consecuencia, desde fines del siglo xix venía la economía transformándose en una ideología que<br />

intentaba ocultar, tras un aparato de creciente complejidad matemática, un simplismo teórico cada vez<br />

más inútil a los fines cognoscitivos de la realidad.<br />

Habrá que esperar las grandes crisis de los años veinte y treinta para que entre los economistas de la<br />

academia surja un cierto espíritu de venganza contra el pensamiento analítico clásico 4 .<br />

Después de la Segunda Guerra Mundial se impone un pensamiento ecléctico que, sin renunciar al<br />

componente ideológico de la teoría económica, busca también una cierta capacidad normativa, a fin<br />

de administrar la intervención pública en el ciclo económico y en el cambio estructural a largo plazo.<br />

Esta nueva orientación dominante, conocida con el nombre de síntesis neoclásica, supone el control de<br />

la evolución de la ciencia económica, particularmente en Estados Unidos, donde se utiliza al stablishment<br />

académico para imponer esta nueva concepción doctrinaria de la economía.<br />

De esta manera, el desarrollo de los sistemas estadísticos y contables es un intento de crear una<br />

economía funcional a la necesidad de gestionar el capitalismo en la era del consumo de masas y de la<br />

producción fordista-taylorista.<br />

2. Con la publicación en 1936 de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, J.M. Keynes<br />

coloca en el centro de su análisis –fuertemente influenciado, como es obvio, por la gran crisis del 29– el<br />

hecho de que en el sistema económico capitalista no se cumplía automáticamente la plena ocupación,<br />

cosa que solo podía ocurrir mediante el sostenimiento de la demanda por parte del Estado y, por<br />

tanto, con intervenciones en términos de gasto público. Esto reforzaba el filón de estudios sobre la<br />

renta nacional y la ocupación, así como sobre la moneda, la balanza de pagos y la inflación, y entraba<br />

en abierta polémica con los neoclásicos. Sobre la huella de Keynes, se profundizan los estudios sobre<br />

las fluctuaciones cíclicas y sobre el desarrollo –es decir, sobre la dinámica económica, completamente<br />

abandonada por la formulación neoclásica–, para retomar temáticas ya analizadas por los clásicos y<br />

tratar de actualizar contenidos a lo largo de estas líneas de razonamiento, que llegan sucesivamente<br />

a desarrollar teorías sobre el comercio internacional, sobre la actualidad del intervencionismo estatal<br />

en la economía y sobre los problemas del subdesarrollo. Son precisamente las ideas de J.M. Keynes<br />

las que contribuyen en mayor medida a la aplicación práctica de la teoría económica. Las primeras<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

89


generaciones de economistas neoclásicos muestran una bien marcada tendencia teórico-empírica en la<br />

elaboración de sus análisis. A partir de los análisis pioneros de discípulos de Keynes como Roy Harrod,<br />

o de Jan Tinbergen (1939) y Ragnar Frisch, y a partir de los trabajos también pioneros de la Econometric<br />

Society, toda una generación de economistas norteamericanos –como Evsey David Domar,<br />

Lawrence Klein, Simon Kuznets, etcétera– se dedicó a la creación de modelos estadístico-económicos<br />

y contables que permitieron desarrollar la contabilidad nacional.<br />

Pero el aporte más relevante lo da Wassily Leontief, quien elabora las primeras tablas de inputoutput,<br />

el más sofisticado instrumento de la contabilidad macroeconómica capitalista. Esas tablas,<br />

por otra parte, descienden directamente de los instrumentos soviéticos de planificación. Si las tablas<br />

input-output son el instrumento estadístico “clásico” (marxista-ricardiano) de análisis de la economía,<br />

la contabilidad nacional es la traducción estadística de la visión neoclásica o convencional.<br />

Pero procedamos con orden, partiendo de la identificación de los fundamentos de la contabilidad<br />

nacional.<br />

3. La centralidad del debate sobre trabajo productivo e improductivo<br />

1. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, hoy no se puede hacer referencia a un sistema a fin de<br />

cuentas estable, que determinaba las condiciones para la reproducción del trabajo, sino que más bien<br />

hay que vérselas con una realidad en la que el crecimiento de la productividad se corresponde con<br />

un fenómeno de desempleo en masa. Tal desocupación se muestra como una evidente contradicción<br />

ligada a los procesos de acumulación. Con ello, seguramente, ha entrado en crisis el sistema de relaciones<br />

que hasta ahora había involucrado a los agentes sociales y el mismo Estado social cuyas acciones<br />

resultan ahora inadecuadas, y además ineficaces frente a las transformaciones que interesan los aspectos<br />

diversos del desarrollo del capitalismo maduro posfordista.<br />

La brecha entre crecimiento de la riqueza financiera y contracción de la riqueza real, entre economía<br />

real y economía financiera, ha sido favorecida en nuestro país no solo por la especulación<br />

internacional, por la falta de control, sino sobre todo por las decisiones de política económica que no<br />

producen ni distribuyen trabajo, renta y riqueza, sino que destruyen recursos.<br />

Si bien en lo inmediato la urgencia de una reforma es de naturaleza financiera, el proyecto neoliberal<br />

abarca bastante más que el intento de sanear el balance. No obstante los repetidos ataques, el welfare<br />

State sobrevive como residuo gastado pero todavía simbólico de la socialdemocracia keynesiana. Hasta<br />

que esa anomalía no sea removida, la revolución liberal posfordista de la acumulación flexible seguirá<br />

incompleta. La política social debe, en todo caso, mantenerse al paso de los tiempos de los nuevos<br />

procesos de acumulación del nuevo ciclo capitalista.<br />

Las decisiones de política económica forman parte de un proceso más general, basado en una<br />

total recomposición de los conflictos y de las tensiones sociales a través de una reestructuración de las<br />

relaciones económicas e industriales, con base en las lógicas del capitalismo salvaje. Todo esto se realiza<br />

a través de modalidades del consenso que se difunden mediante políticas de un nuevo consociativismo,<br />

que atraviesa e involucra el sistema de partidos, los sindicatos confederados, las asociaciones empresariales,<br />

las instituciones bancario-financieras y el sistema conexo de las comunicaciones de masas. Si el<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

90


consociativismo nace y se desarrolla ya a partir de los años setenta, es en los años ochenta y noventa que<br />

la tendencia clasista de la cogestión y concertación de las organizaciones históricas de los trabajadores<br />

encuentra su máxima expresión y su punto de no retorno.<br />

También el desarrollo del Estado social dependió en gran medida del modelo de acumulación<br />

fordista, del trabajo asalariado, del crecimiento y la plena ocupación; y como premisa tuvo la normalización<br />

del trabajo asalariado de un número creciente de personas, es decir, su transformación en<br />

ciudadanos-trabajadores, lo cual condujo a la generalización de la relación de trabajo fordista. Esa generalización<br />

encuentra hoy límites en la acumulación posfordista, que cuestiona el modelo tradicional<br />

del Estado social.<br />

Según ese modelo, la participación social de los ciudadanos estaba ligada esencialmente al estatus<br />

de trabajador asalariado y de ese vínculo se desprendía para los individuos la posibilidad de organizar<br />

el conflicto capital-trabajo, con el fin inmediato de mejorar los niveles de bienestar y de justicia social.<br />

La crisis del mercado de trabajo –vale decir, del principio predominante de distribución de la actividad<br />

y la renta– crea en cambio una situación en la cual el desempleo, así como las dificultades en aumento<br />

que para el vivir social confrontan estratos crecientes de la población, no pueden ya ser regulados<br />

a través de simples retoques de las magnitudes en el ámbito de las estructuras institucionales ligadas a<br />

la modalidad del welfare y de las premisas económicas de políticas expansivas. Entonces, es el modelo<br />

keynesiano lo que se pone en duda: la actual crisis del mercado de trabajo no encuentra explicaciones<br />

creíbles en la simple relación entre demanda de consumo y demanda de fuerza de trabajo, y no es<br />

regulable a través de una política económica y fiscal expansiva.<br />

El salario del trabajo está hoy cada vez más desconectado de la productividad, que sirve solo a la<br />

ganancia. Se corresponde esto con la separación que establece el posfordismo entre crecimiento de<br />

la producción y crecimiento de la ocupación, así como con la decidida financiarización de la economía,<br />

que implica una distribución de la renta todavía más desplazada hacia fuertes determinaciones del proceso<br />

de acumulación. La cada vez más inicua estructura redistributiva de la renta implica la decadencia<br />

del papel del Estado social, ya que el Estado se convierte en un agente que interviene directamente en<br />

el sistema económico para apoyar la acumulación, y que regula y controla no solo la redistribución de<br />

la renta sino todo el orden social en respaldo exclusivamente a la ganancia.<br />

La creciente internacionalización de los flujos financieros, así como el desarrollo del proceso de<br />

desindustrialización de los países occidentales, ha llevado a una disminución de la influencia de las<br />

políticas económicas impulsadas individualmente por los Estados, frente a mecanismos de acumulación<br />

cada vez más globales. Bajo un modelo de acumulación flexible, el Estado abandona el sistema<br />

de protección social porque este solo representa una rigidez y, como tal, debe ser abolido para poder<br />

asumir las funciones del profit State.<br />

2. El sistema empresa se afirma y desarrolla creando una simbiosis socioeconómica, psicológica y cultural,<br />

con los consumidores reales y potenciales y con todo el cuerpo social. Lejos de seguir de manera pasiva<br />

la evolución de la demanda genérica del mercado, impone a la sociedad todas las reglas de la ganancia<br />

y la cultura de mercado, fracturando la solidaridad del cuerpo social y rompiendo la unidad de clase.<br />

La comunicación desviante es así parte fundamental de los modelos estratégicos del capitalismo<br />

posfordista, que van a articularse exitosamente tanto con los procesos y los productos como con las<br />

dinámicas socioculturales –más que económicas– de la sociedad entera.<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

91


En esta evolución posfordista pierde terreno la comunicación publicitaria clásica, en tanto que<br />

surgen formas alternativas de modelos comunicacionales desviantes que utilizan nuevos instrumentos,<br />

como expresión del carácter y del modo de presentarse del sistema capitalista en su conjunto.<br />

Instrumentos como las campañas de opinión, la sponsorización o la participación en iniciativas<br />

de aparente contenido social, se convierten, en manos de los mass-media y de las diversas formas<br />

que asume el Profit State, en mensajes directos e indirectos de subordinación y sumisión a la única<br />

compatibilidad tenida por posible: la de las reglas del mercado, considerado como la única gran<br />

divinidad social 5 .<br />

Esa comunicación, a la vez nómada, estratégica y desviante, está entonces integrada y entendida<br />

como competencia de la empresa y de las instituciones, del profit State, en tanto que impresa en la<br />

cultura gerencial de la fábrica social generalizada. Con adecuados instrumentos y técnicas, se le difunde<br />

para activar, perdurablemente, procesos productivos de recursos inmateriales compatibles con la<br />

acumulación flexible posfordista.<br />

Se alcanzan así nuevas fronteras para el incremento del valor de empresa, para la acumulación flexible.<br />

Se trata de oportunidades para crear recursos innovadores y cualificadores de toda la estructura de<br />

acumulación del capital intangible. Una estructura buscada por el profit State mediante la transmisión<br />

de la cultura de la ganancia en todo contexto del vivir social, a través de la dominación técnico-social.<br />

A los bienes intangibles de gran relieve, como por ejemplo las competencias profesionales y tecnológicas,<br />

la cultura, la formación, se suma el recurso intangible de la comunicación nómada desviante.<br />

Pero todo es coartado por el patrón unívoco de la idea de mercado, de la cultura empresarial, capaz de<br />

interactuar con lo externo a esta y envolverlo, poniendo en marcha elaborados procesos de recíproco<br />

conocimiento para hacer plegar la sociedad al pensamiento único neoliberal.<br />

La comunicación, a su vez, asume valor de función de dominio técnico-social en el momento en<br />

que produce y difunde nuevos recursos intangibles como la imagen y la “cultura empresarial en lo social”.<br />

Comunicación estratégica desviante integrada, entonces, como función institucional estratégica<br />

que permite lograr la competitividad social de todo el sistema, a través de la adquisición y transmisión<br />

del nuevo conocimiento y la cultura del profit State. Es este el verdadero totalitarismo del profit State,<br />

del imperio del capital que aniquila el vivir social, al hombre y su humanidad, su ser, como centro de<br />

la organización social.<br />

La introducción de la producción con bajo contenido de trabajo ejecutivo no suprime el interés<br />

de los grupos del gran capital, más que de la pequeña empresa, por los espacios de producción deslocalizada<br />

con bajo salario; simplemente los impulsa a buscar sus bases importantes más cerca de los<br />

polos productivos tradicionales. Estos últimos siguen ofreciendo para la acumulación capitalista una<br />

combinación difícilmente igualable en cuanto a concentración de consumidores solventes, frecuentemente<br />

de alto ingreso. Zonas, pues, de libre cambio, con sistemas productivos caracterizados por<br />

especializaciones susceptibles de ser explotadas mediante procesos intensos de externalización de las<br />

partes del ciclo productivo con bajo valor agregado. Se trata de zonas caracterizadas por una movilidad<br />

total de las mercancías y de los capitales, y con marcada flexibilidad en las formas de trabajo y de<br />

salario. Son las áreas económicas impulsoras de la misma Unión Europea, donde el movimiento hacia<br />

la integración ha caracterizado y reforzado muchas variables, excepto las relativas a los salarios, a las<br />

condiciones de trabajo y a la seguridad social. De hecho, existen diferencias muy marcadas entre los<br />

salarios de los distintos países y regiones de la Unión Europea, diferencias cuyo fundamento se halla<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

92


no tanto en la productividad como en la desregulación de la relación salarial para hacerla funcional a<br />

la nueva acumulación posfordista.<br />

3. Es así que, en la sociedad de la acumulación flexible basada en los recursos del capital inmaterial, de<br />

la comunicación y el conocimiento, se hace fundamental discutir si, desde el punto de vista material,<br />

el mismo trabajo puede ser productivo o improductivo, si puede o no puede ser incluido en el sistema<br />

capitalista de producción según esté o no organizado bajo la forma de empresa capitalista.<br />

Según la definición de trabajo productivo aportada por Marx, el trabajo del empleado público, del<br />

policía, de los soldados y sacerdotes, no tiene nada que ver con el trabajo productivo. No porque sea ese<br />

un trabajo “inútil” 6 , o porque no se materialice en “cosas” o en servicios, sino tan solo porque está<br />

organizado sobre principios de derecho público y no en la forma de empresa capitalista privada. Un<br />

empleado del servicio estatal de correos no es un trabajador productivo, pero si ese servicio fuese<br />

organizado en la forma de una empresa capitalista privada que recabase dinero por la entrega de cartas<br />

y paquetes, los trabajadores asalariados de esa empresa serían trabajadores productivos. Está claro que<br />

la actual liberalización y privatización de los exservicios públicos en los países de capitalismo maduro,<br />

más allá de la forma aparentemente ajustada en muchos casos al derecho público, en términos reales se<br />

concretiza en formas de trabajo cuya finalidad es la extracción de plusvalía y, por tanto, esos servicios<br />

son identificados como la nueva frontera de un trabajo en todo caso productivo.<br />

Como vemos, cuando Marx define el trabajo productivo, lo abstrae totalmente de su contenido, del<br />

carácter y del resultado concreto y útil del trabajo. Lo considera únicamente desde el punto de vista de<br />

su forma social. El trabajo organizado en una empresa capitalista es trabajo productivo. El concepto<br />

de “productividad”, como los demás conceptos de la crítica de la economía política de Marx, tiene un<br />

carácter histórico y social. Por esa razón, sería sumamente incorrecto atribuir un carácter “material” a<br />

su teoría del trabajo productivo.<br />

Desde esa perspectiva, no se puede considerar como productivo solamente el trabajo útil para<br />

la satisfacción de necesidades materiales, excluyendo por ejemplo los que responden a necesidades<br />

culturales, ético-morales o espirituales. La naturaleza de la necesidad no tiene ninguna importancia.<br />

Del mismo modo, Marx no atribuyó un significado determinante a la diferencia entre trabajo físico<br />

e intelectual. De ello habló en un conocido pasaje del capítulo XIV de El Capital. Se supone que los<br />

trabajadores intelectuales, o también llamados cognitivos, sean “indispensables” para el proceso de<br />

producción y, por tanto, que “ganen” retribuciones derivadas de los productos creados por los trabajadores<br />

materiales 7 . Según Marx, sin embargo, aquellos crean un nuevo valor. Por ese valor reciben<br />

una retribución parcial, y dejan otra parte en manos del capitalista como forma de valor no pagado,<br />

de plusvalía.<br />

El trabajo intelectual necesario para el proceso de producción material no difiere en ningún aspecto<br />

del trabajo físico. Es “productivo” si está organizado sobre principios capitalistas. En este caso, es absolutamente<br />

igual que el trabajo intelectual esté organizado conjuntamente con el trabajo físico en una<br />

misma empresa, oficina técnica, laboratorio químico u oficina de contabilidad, o que sea separado en<br />

una empresa independiente, como podría ser un laboratorio químico experimental que tenga la tarea<br />

de mejorar la producción, etcétera.<br />

La siguiente diferencia entre tipos de trabajo tiene un importante significado para el problema<br />

del trabajo productivo: se trata de la diferencia entre el trabajo que “se concreta en valores de uso<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

93


materiales y el trabajo o los servicios” (Marx, 1978a, tomo I: 143) que no asumen forma objetiva.<br />

Es preciso recordar que se trata de una definición “secundaria”, válida solo si se aceptan las premisas<br />

mencionadas, es decir, si preliminarmente se supone el trabajo organizado en forma capitalista. En<br />

realidad, el mismo Marx señaló con frecuencia que el trabajo productivo –en el sentido ya definido– y<br />

el trabajo que produce riqueza material no coinciden, y que divergen en dos aspectos. El trabajo<br />

productivo, en efecto, incluye el trabajo que, aunque no se vea representado en cosas materiales, está<br />

organizado sobre principios capitalistas. De otra parte, el trabajo que produce riqueza material pero<br />

no está organizado en la forma de producción capitalista, no es trabajo productivo desde el punto de<br />

vista de la producción capitalista (Marx, 1993a). Si no adoptamos la “definición secundaria”, sino la<br />

“característica determinante” del trabajo productivo, que Marx define como trabajo que crea plusvalía,<br />

veremos que toda traza de trabajo concebido en clave materialista queda eliminada de la definición<br />

de Marx.<br />

4. A primera vista, la concepción del trabajo productivo desarrollada en algunos escritos de Marx no<br />

considera en esa categoría a los trabajadores y empleados del comercio y del sector crediticio (Marx,<br />

1978a, tomo II: cap. VI; tomo III: cap. XVI-XIX). Marx no considera productivo ese trabajo. Según<br />

muchos científicos sociales, incluida una gran parte de los marxistas, Marx se negó a considerar productivo<br />

ese trabajo porque no produce cambios en las cosas materiales. Según ellos, esto es un residuo<br />

de las teorías “materialistas” del trabajo productivo.<br />

Al referirse a la oposición de la “escuela clásica” a tal concepto 8 , alguien se ha preguntado con<br />

estupor: ¿cómo pudo Marx cometer ese error después de haber descubierto, con tanto ingenio, la<br />

psicología fetichista del productor de mercancías? Algún otro, después, ha criticado las teorías que<br />

separan los aspectos “intelectual” y “material” del trabajo, para luego agregar que esas concepciones de<br />

la economía política clásica no fueron sometidas por Marx a la crítica que ameritaban, dado que, en<br />

general, Marx apoyó esas concepciones.<br />

¿Corresponde a la verdad la aseveración de que los tomos II y III de El Capital están empapados<br />

de esa concepción “materialista” del trabajo productivo, que Marx sometió a una crítica detallada y<br />

destructiva?<br />

En realidad, no hay contradicción evidente en las ideas de Marx. No renuncia él al concepto de<br />

trabajo productivo como trabajo organizado sobre principios capitalistas, independientemente de su<br />

carácter concreto y utilitarista, típico del modo de producción capitalista. Pero si no es así, ¿por qué<br />

Marx no considera el trabajo de los vendedores y los empleados organizados en una empresa comercial<br />

capitalista como trabajo productivo? Para responder a esta pregunta debemos recordar que cuando<br />

Marx, en numerosos análisis previos a El Capital, escribía sobre trabajo productivo, comenzaba con<br />

el problema del capital productivo. Según esa teoría, el capital pasa por tres fases en su proceso de<br />

reproducción: capital-dinero, capital-productivo y capital-mercancías.<br />

Las fases primera y tercera representan el “proceso de circulación del capital”. En este esquema,<br />

el capital “productivo” no se opone al improductivo, sino al capital en “proceso de circulación”. El<br />

capital productivo organiza directamente el proceso de creación de bienes de consumo, en el sentido<br />

más amplio. Este proceso incluye todo el trabajo necesario para la adaptación de los bienes a los fines<br />

de consumo; por ejemplo, el almacenaje, el transporte, el empaquetamiento, etcétera. En el proceso de<br />

circulación, el capital organiza la “circulación pura”: la compra y la venta, por ejemplo, o la transferencia<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

94


del derecho de propiedad, abstraída de la transferencia real de productos. Este capital supera la fricción<br />

del sistema mercantil capitalista; fricción que, por así decirlo, obedece al hecho de que el sistema<br />

se encuentra escindido en unidades económicas individuales: precede y sigue al proceso de creación<br />

de bienes de consumo, aunque esté ligado a ello indirectamente. La “producción de capital” y la<br />

“circulación de capital” son en el sistema de Marx independientes y tratadas separadamente, aunque<br />

al mismo tiempo este no pierda de vista la unidad de todo el proceso de reproducción del capital. Esa<br />

es la base de la diferenciación entre el trabajo usado en la producción y el empleado en la circulación.<br />

Pero esa división no tiene nada que ver con una división del trabajo en “trabajo que produce cambios<br />

en los bienes materiales” y trabajo que no tiene esa propiedad. Marx distingue entre el trabajo utilizado<br />

por el “capital productivo”, o más precisamente por el capital en la fase de producción, y el trabajo<br />

utilizado por el capital-mercancías o el capital-dinero, o más precisamente por el capital en la fase de<br />

circulación. Solo el primer tipo de trabajo es “productivo”, no porque produzca bienes materiales, sino<br />

porque es utilizado por el capital “productivo”, y esa es la forma del capital en la fase de la producción:<br />

produce plusvalía.<br />

La participación del trabajo en la producción de bienes para el consumidor –no necesariamente<br />

bienes materiales– representa, para Marx, una propiedad adicional del carácter productivo del trabajo,<br />

pero no el criterio para establecerlo. Ese criterio sigue siendo la forma capitalista de organización del<br />

trabajo: el carácter productivo del trabajo es una expresión del carácter productivo del capital. El<br />

movimiento del capital por sus fases determina las características del trabajo que se utiliza. Aquí Marx<br />

permanece leal a su idea de que en la sociedad capitalista es el capital la fuerza motriz del desarrollo:<br />

sus movimientos determinan el movimiento del trabajo, que está subordinado al capital.<br />

Así, según Marx, es trabajo productivo todo tipo de trabajo organizado en las formas del proceso<br />

capitalista de producción o, más precisamente, el utilizado por el capital “productivo”, es decir, por<br />

el capital en su fase de producción. El trabajo del vendedor no es productivo porque es contratado<br />

por el capital en su fase de circulación (no aporta, pues, transformaciones en el valor de uso, ni preserva<br />

del deterioro su integridad) 9 .<br />

El trabajo del actor cómico al servicio del empresario teatral es productivo, aunque no provoque<br />

cambios en los bienes materiales y, desde el punto de vista de las exigencias de la economía social, sea<br />

menos útil que el trabajo del vendedor 10 . El trabajo del actor es productivo porque lo usa el capital<br />

en su fase de producción. El resultado de la producción no consiste en este caso en bienes materiales,<br />

sino en juegos, en chistes, pero esto no modifica el asunto. Los chistes del actor tienen valor de uso y<br />

valor de cambio. Su valor de cambio es mayor que el valor de la reproducción de la fuerza de trabajo<br />

del actor, es decir, supera su salario y los gastos en capital constante. Luego, el empresario obtiene<br />

plusvalía. Por otra parte, el trabajo del taquillero que vende los boletos para asistir al espectáculo del<br />

actor es improductivo, porque es contratado por el capital en la fase de circulación 11 , es decir, ayuda<br />

solamente a transferir el “derecho de ver el espectáculo”, el derecho de una persona a disfrutar de<br />

los chistes del actor (derecho adquirido mediante un intercambio de tipo mercantil: dinero contra<br />

mercancía-diversión).<br />

Es evidente, a estas alturas, que interpretar las categorías económicas de una manera y no de otra,<br />

incluso en el campo del socialismo realizado, implica un sistema de contabilidad nacional completamente<br />

diferente, con representación de órdenes socio económico-productivos también del todo<br />

diferentes.<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

95


4. La contabilidad nacional<br />

1. Toda ciencia –sea social, natural o humana– tiene necesidad, para poder avanzar y elaborar tesis, de<br />

una base de conocimientos de la cual partir, de datos, de un complejo de informaciones sobre el cual<br />

operar y desde el cual moverse para sus análisis.<br />

La ciencia económica burguesa, en sus diversos intentos de comprender y “dominar” o “provocar”<br />

una pluralidad de fenómenos sociales 12 , se resolvería en mero ejercicio mental improductivo si no<br />

tuviese un “campo de aplicación” (la sociedad) para sus propias teorías y no pudiese hacer uso de<br />

datos –y por tanto de los instrumentos que los proveen– para conocer ese “campo operativo” en el que<br />

pretende actuar 13 .<br />

Para desarrollar análisis económicos y proponer políticas económicas, un dato fundamental del cual<br />

partir es el de la riqueza nacional, conocible gracias al instrumento de la contabilidad nacional 14 . Sirve<br />

esta, precisamente, para el cálculo de la riqueza producida en una nación y por una nación 15 .<br />

2. Partiendo de la expresión contable implícita en las tablas de input-output, en las que el consumo<br />

intermedio equivale al consumo del capital constante en un período, y el valor agregado, al tiempo<br />

de trabajo directo pagado (remuneración de los asalariados-capital constante) y no pagado (excedente<br />

bruto de la explotación-plusvalía), se obtienen los principales conceptos contables. Pero antes de<br />

afrontarlos, describamos brevemente la naturaleza y función de los llamados “operadores económicos”.<br />

En la base de la contabilidad nacional “está la idea de que todo el sistema productivo depende, en<br />

su funcionamiento, de cuatro (…) grandes categorías de operadores económicos: familias, empresas,<br />

administración pública, exterior” (Cozzi y Zamagni, 1995: 78).<br />

5. Los operadores económicos<br />

1. Los operadores económicos son agentes-sujetos que permiten leer los movimientos productores y<br />

consumidores de riqueza en un determinado territorio. Se les define por la función que cumplen en el<br />

ciclo de producción-consumo y por la utilización que hacen de los bienes y servicios adquiridos (según<br />

sean finales o intermedios). Son, pues, los agregados de sujetos económicos homogéneos que permiten<br />

la identificación de amplios movimientos económicos dentro de un país.<br />

Mientras las familias individualizan al operador económico que desempeña exclusivamente la actividad<br />

de empleo –vale decir, el consumo de bienes y servicios adquiridos–, el operador empresas<br />

desempeña exclusivamente la actividad de producción de bienes y servicios (sean estos finales o intermedios)<br />

16 . Entonces, mientras la empresa es el sujeto económico que ofrece en el mercado bienes y<br />

servicios, la familia demanda bienes y servicios. Tal es la diferenciación fundamental utilizada por el<br />

SEC (Sistema Europeo de Cuentas Económicas Integradas) y que luego ha sido utilizada también en<br />

Italia por el Istat*, aun si deslindándose esta última, en algunos puntos, del modelo SEC.<br />

Al tomar en consideración las actividades de producción y consumo, debemos tener un espacio<br />

productivo y mercantil determinado como referencia para nuestros cálculos, o de otra forma<br />

* (n.t.) Instituto Nacional de Estadística.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

96


tendremos un modelo indeterminable de contabilidad nacional. “Las acciones económicas pueden<br />

ser definidas con respecto al territorio y/o a los operadores que las desempeñan” (Alvaro, 1999: 21).<br />

Eso significa que, con base en los resultados que tengamos intenciones de obtener, podemos hacer<br />

cálculos a partir de los operadores residentes en un determinado territorio (sea una nación, una región,<br />

una provincia, una ciudad, etcétera) u operantes en él. La distinción es importante si consideramos<br />

una economía no cerrada, en la que los operadores bien pueden cumplir su actividad en el exterior o<br />

desde el exterior.<br />

En lo que respecta a la población, esta puede ser dividida en una “porción” residente (habitualmente)<br />

y otra presente. Mientras con la primera definición excluimos a quienes no son residentes<br />

habituales, con la segunda no tomamos en consideración a los residentes que no están presentes, los<br />

que temporalmente se encuentran fuera de los confines. Es evidente que según el criterio escogido,<br />

obtendremos resultados diferentes.<br />

2. Si para la familia la identificación y la descripción son tareas más simples, para el operador empresa<br />

esto se complica un poco. Según el modelo tradicional, las empresas se clasifican en tres sectores económicos:<br />

agrícola, industrial y terciario. Las unidades estadísticas de definición son la firma o empresa,<br />

la unidad local y las instituciones 17 .<br />

A los fines del cálculo estadístico, la empresa es la<br />

unidad jurídico-económica que produce bienes y servicios destinados a la venta y que, con base en<br />

las leyes vigentes o en sus propias normas estatutarias, tiene la facultad de distribuir las ganancias<br />

obtenidas entre los propietarios, sean estos privados o públicos. El responsable está representado por<br />

una o más personas naturales, en forma individual o asociada, o por una o más personas jurídicas.<br />

Entre las empresas se incluyen: las empresas individuales, las sociedades de personas, las sociedades<br />

de capital, las sociedades cooperativas, las empresas especiales de municipalidades o provincias o<br />

regiones. Son considerados como empresa también los trabajadores autónomos y quienes ejercen<br />

profesiones liberales (definición de la Istat) 18 .<br />

Elemento determinante para esta definición son los fines de lucro.<br />

La unidad local, en cambio, es un establecimiento o un cuerpo de establecimientos situado en un<br />

determinado lugar, en el que materialmente se realiza la producción o la distribución de bienes o la<br />

prestación de servicios. Las unidades locales se subdividen en operativas y administrativas (que difieren,<br />

estas últimas, física o al menos funcionalmente de las operativas).<br />

La institución es una unidad con contabilidad propia y dotada de autonomía en sus decisiones,<br />

cuyas funciones principales son la producción de bienes y la provisión de bienes no destinados a la<br />

venta. Se financia ella predominantemente mediante:<br />

a) Pagos obligatorios que inciden en las familias y las empresas (y este es el caso de la Administración<br />

Pública, de aquí en adelante AP).<br />

b) Contribuciones voluntarias de familias y/o sujetos cuya organización esté dirigida a la gestión de<br />

intereses comunes (como es el caso de las instituciones sociales privadas).<br />

3. La Administración Pública, o las administraciones públicas, tercero de los operadores anteriormente<br />

citados, puede subdividirse en tres subsectores:<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

97


a) La administración central, cuya actividad principal es ejercida en la mayor parte del territorio<br />

nacional. Comprende ella el Estado y los entes nacionales de investigación, de asistencia y<br />

económicos.<br />

b) Las administraciones locales, cuya actividad incide solo en una parte limitada del territorio nacional<br />

(por ejemplo, región, provincia, comuna, servicio sanitario local –ASL–, ente económico<br />

local, etcétera).<br />

c) Entes de previsión (por ejemplo, INPS, Inail**).<br />

Si bien los servicios que presta la AP son tanto de consumo final como intermedios o productivos,<br />

en el sistema italiano de contabilidad nacional (calcado servilmente, en este caso, del modelo SEC),<br />

convencionalmente, todos esos servicios son considerados finales, es decir, para consumo de las familias.<br />

4. El operador “exterior”, llamado “resto del mundo” (RdM), que hoy adquiere un papel todavía más<br />

decisivo en las economías nacionales, está conformado por todas las personas –naturales y jurídicas–<br />

que, sin tener residencia en el país considerado, mantienen con él alguna actividad económica. La<br />

residencia de la persona jurídica coincide con el concepto de centro de interés, mientras que la de la<br />

persona natural mantiene su acepción habitual.<br />

5. Es oportuno, de pronto, entender mejor algunas configuraciones particulares relativas a los operadores<br />

y agentes económicos, para analizar mejor el contexto en que se opera. Por ejemplo, es importante<br />

establecer una distinción entre dos tipologías de empresas públicas: de un lado, aquellas cuyo capital<br />

social pertenece total o mayoritariamente al Estado; del otro, la empresa que se caracteriza por la<br />

presencia de factores extraeconómicos y, que por tanto, es diferente de la privada, sea por la propiedad<br />

o por su propia esencia. Este último caso se refiere a las empresas creadas para solventar problemas<br />

sociales (como, por ejemplo, para mantener el índice de empleo) o para facilitar el mantenimiento de<br />

un justo equilibrio de la economía entre lo público y lo privado.<br />

Es también oportuno hacer una clasificación de las diversas tipologías de empresa que pueden ser<br />

definidas como “públicas”. Se tienen así empresas del Estado, empresas que son propiedad del Estado<br />

y empresas financiadas por el Estado.<br />

Empresas del Estado son aquellas que están sometidas a su control directo y cuya contabilidad se<br />

inserta totalmente o en gran parte en los balances estatales. Las empresas propiedad del Estado, en<br />

cambio, son en todo similares a las empresas privadas, pero se caracterizan por una fuerte participación<br />

del operador público, lo que garantiza su control. Finalmente, las empresas financiadas por el Estado,<br />

aun siendo de carácter público, tienen en su gestión un determinado grado de autonomía.<br />

El objetivo de las empresas públicas no está en la maximización de la ganancia, sino en una serie de<br />

metas que deben ser alcanzadas en nombre de los intereses de la colectividad. Está claro, de hecho, que<br />

aun siendo para ellas fundamental el alcanzar resultados de gestión positivos, el reverso de esa exigencia<br />

es la necesidad de considerar seriamente todos los factores vinculados con la economía nacional.<br />

En ese sentido, puede decirse que entre los objetivos principales de una empresa pública está el lograr<br />

eficiencia en la asignación de los recursos, una eficiencia redistributiva y social que permita brindar la<br />

** (n.t.) Instituto Nacional de Previsión Social e Instituto Nacional para la Aseguración contra Infortunios en el Trabajo.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

98


máxima satisfacción a los consumidores, asegurar la mayor transparencia posible y corregir los fallos<br />

del mercado.<br />

Hay sectores específicos de la economía que desde siempre han estado sujetos a control por parte<br />

del Estado, en tanto que proveen servicios estratégicos esenciales para los ciudadanos y para otras<br />

empresas. Nos referimos a empresas que operan en el campo de la energía, del agua, de las telecomunicaciones,<br />

el transporte, etcétera, por no citar también los consumos colectivos, públicos por excelencia,<br />

como los de asistencia social, sanidad, defensa, previsión, formación escolar; vale decir, la “producción<br />

de welfare”. En estos sectores, la intervención del Estado es garantía para todos de un acceso igualitario<br />

a la calidad de los bienes y servicios producidos, que en caso contrario podrían estar distribuidos de<br />

manera no uniforme ni equitativa, sea en términos económicos o en un sentido social general.<br />

En confirmación de lo dicho baste recordar, por ejemplo, cuán importante fue en Italia, y especialmente<br />

en el Mezzogiorno (sur), la intervención del Estado durante la delicada fase de la reconstrucción<br />

de posguerra. La presencia de las empresas públicas en la economía caracterizó también a los demás<br />

países europeos, en particular a los más gravemente golpeados por los daños de la Segunda Guerra<br />

Mundial, en tanto que la intervención estatal fue capaz, por ejemplo, de cubrir la insuficiente oferta<br />

de capital de las empresas privadas.<br />

El viejo modo de ser de la empresa pública y el papel de la economía pública en su conjunto entran<br />

en crisis en los países de capitalismo maduro y, por tanto, también en Italia, en el momento en que<br />

naufraga el modelo keynesiano de sostenimiento del desarrollo. El éxito de las políticas keynesianas<br />

radica en su capacidad de hacerse intérpretes de las nuevas formas de acumulación fordista, neutralizando<br />

al mismo tiempo la carga revolucionaria y subversiva de las ideas de la revolución bolchevique<br />

del 17. La aplicación del modelo keynesiano es, ciertamente, una conquista debida a las luchas del<br />

movimiento obrero (Antoniello, Vasapollo, 2006), una conquista dirigida a favorecer formas de progreso<br />

civil y de mejoramiento de las condiciones de vida de las clases más desposeídas; pero al mismo<br />

tiempo es un proyecto de mediación, instrumental, porque funge de amortiguador del conflicto social:<br />

sirve a un desarrollo con una cierta redistribución, pero que, sin embargo, no toca los márgenes de<br />

rentabilidad de las grandes y medianas empresas capitalistas.<br />

La crisis del modelo fordista implica la crisis de las políticas keynesianas, desde el momento en que<br />

estas últimas representan la más avanzada síntesis del compromiso social.<br />

Desde comienzos de los años ochenta se ha verificado en todos los países de modelo capitalista, e incluso<br />

donde más marcada era la apuesta por la economía mixta, un proceso de redimensionamiento de<br />

la presencia pública en la economía. Ha sido esto así, al menos en la intención declarada, para tratar<br />

de adecuar la gestión productiva pública a las nuevas condiciones de la competencia internacional. En<br />

esencia, las motivaciones principales estaban más vinculadas con razones político-formales que con<br />

exigencias reales de eficiencia económico-productiva. Por tanto, la motivación de lograr para las empresas<br />

públicas una mayor competitividad, se vio después necesariamente sometida a lentitudes y controles<br />

burocráticos que con frecuencia no les permitieron un funcionamiento más ajustado e innovador.<br />

El variado papel asumido por el Estado en la regulación de la gestión de las empresas públicas ha<br />

pasado por el reforzamiento de los procesos de “privatización”, que han afectado incluso la producción<br />

dirigida a satisfacer necesidades colectivas básicas. Se llega así a una consecuente reducción del poder<br />

del “Estado-empresario” y, al mismo tiempo, a forzar el proceso de privatización del welfare State, imponiendo<br />

una restricción de sus características de universalidad en la prestación de servicios públicos<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

99


fundamentales. Se ha incentivado, de esta manera, el recurso creciente a la asistencia médica privada,<br />

a la instrucción y formación de connotaciones empresariales, a los sistemas integrados de pensión de<br />

carácter privado.<br />

6. EL PNB y el PIB 19<br />

1. El macroagregado más ampliamente utilizado hasta hace poco tiempo para el cálculo de la riqueza<br />

nacional es el producto nacional bruto (PNB), cuyos orígenes se remontan a las obras de Simon<br />

Kuznets (1901-1985). La importancia de este concepto reside en la posibilidad que brida de medir el<br />

valor total de la producción de un país y, por tanto, para decirlo con Samuelson y Nordhaus (1987: 98),<br />

de “medir el rendimiento de todo un sistema económico” 20 .<br />

El PNB es la medida monetaria 21 del valor producido y leído en su dinámica de flujo: flujo de bienes<br />

y servicios finales, más inversiones (privadas), más el gasto de la Administración Pública.<br />

A ese respecto escriben conjuntamente Cozzi y Zamagni (1995: 82):<br />

En la definición de PNB (… ) se ha hecho referencia al flujo anual de la producción global de bienes y<br />

servicios. Se ha llevado a cabo, por tanto, una agregación de producciones heterogéneas (pan,<br />

automóviles, etcétera) que solamente pueden sumarse unas con otras en términos de valor. Cada<br />

cantidad producida, expresada en su propia unidad de medida, ha sido entonces evaluada en su propio<br />

precio unitario.<br />

Samuelson y Nordhaus (1987: 101) justifican esa decisión: “Porque (…) los precios de mercado<br />

reflejan el valor económico relativo de los diversos bienes y servicios, es decir, los precios relativos de los<br />

diversos bienes reflejan el valor que los consumidores atribuyen a las unidades últimas (o marginales)<br />

de consumo de esos bienes”. Como se puede ver, el cálculo del PNB está estrechamente ligado a (y<br />

depende de) la teoría marginalista del valor. Que después esa correlación, en la realidad, no se corresponda<br />

con la verdad, ya es otra cosa.<br />

En pocas palabras, el producto nacional bruto es la cifra que se obtiene al aplicar la medida monetaria<br />

a los diversos tipos de computadoras, naranjas, cortes de cabello, naves de guerra y máquinas que<br />

toda sociedad produce empleando la tierra, el trabajo, los recursos de capital y el know-how de que<br />

dispone. Es igual a la suma de los valores monetarios de todos los bienes de consumo y de inversión,<br />

más las compras por parte del sector público (Samuelson y Nordhaus, 1987: 99).<br />

2. Ya con esto se puede empezar a entrever una particularidad típica de la contabilidad nacional de<br />

corte marginalista. Cualquier bien o servicio (excepto los intermedios y los “malos”, como los negocios<br />

ilícitos, criminales) produce valor y riqueza. El cambio de perspectiva con respecto a los clásicos es evidente.<br />

Estos últimos (incluido el más sólido crítico de la economía política clásica, Marx) reconducían<br />

las categorías constitutivas de la riqueza nacional a una distinción central (que lo será también para la<br />

teoría marxista del valor y de la explotación): la que hay entre trabajo productivo y trabajo improductivo<br />

(de valor) (sobre estos problemas, cfr. más adelante; por ahora, remítase a Shaikh, Tonak, 1994).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

100


Para simplificar al máximo la diferencia que cursa entre ambos enfoques, considérese que, según<br />

las actuales metodologías de contabilidad nacional, incluso la actividad profesional, de consultoría,<br />

de un abogado, produce valor, riqueza, y por tanto es calculada en la categoría de servicios finales a los<br />

que hemos aludido antes. Para un estadístico o un economista de enfoque clásico –o en cualquier caso<br />

heterodoxo–, eso resulta un absurdo imperdonable (desde el momento en que falsea enormemente las<br />

estadísticas nacionales): un abogado no produce valor, sino que más bien absorbe, en forma de dinero,<br />

el valor producido por otros en otras esferas.<br />

La diferencia fundamental entre estas dos perspectivas radica en el modo de ver el funcionamiento<br />

de la economía en la práctica. Los marginalistas buscan discernir, por medio de mediciones, si la economía<br />

se expande o contrae, o si hay una amenaza de recesión, o cuál es el nivel de desarrollo. Quien<br />

se inspira en los clásicos, como los marxistas, quiere entender las leyes económicas que atañen a las<br />

modalidades de acción y redistribución de la riqueza social, y no simplemente medir el funcionamiento<br />

estructural de la economía.<br />

3. Siendo el PNB una expresión monetaria del valor total, se enfrenta a las variaciones de precios que<br />

determina la inflación. Es evidente que si se adelantaran cálculos sin considerar esas variaciones, tendríamos<br />

estadísticas completamente inexactas en relación con la situación real de los flujos de riqueza<br />

nacional. Es para resolver ese problema que se recurre al deflactor (instrumento que, en pocas palabras, es<br />

una media ponderada de los precios que permite calcular la diferencia entre el PNB nominal y el real) 22 .<br />

Al referirnos más arriba a los bienes y servicios (a los precios de los bienes y servicios) utilizados<br />

para el cálculo del PNB, los hemos calificado como finales. La necesidad de calcular exclusivamente los<br />

bienes y servicios finales (los adquiridos por los consumidores) es evidente: de esa manera se eliminan<br />

del cálculo todos los bienes y servicios intermedios, que de otra forma implicarían una duplicación de<br />

los cómputos 23 . Es con esa finalidad que se utiliza el concepto de valor agregado, destinado a restituir el<br />

equilibrio de las cuentas: para obtenerlo, del valor de las ventas de una empresa debemos sustraer el valor<br />

de los materiales y servicios adquiridos de otras empresas; en términos más técnicos, el valor agregado 24<br />

se obtiene al sustraer, del valor de la producción vendible, el valor de los bienes y servicios intermedios.<br />

Definidos, pues, los elementos rudimentarios para el cálculo del PNB, podemos concluir con la<br />

fórmula clásica para una economía cerrada:<br />

PNB = C + I + G<br />

donde C son los consumos privados, I son las inversiones y G es el gasto público, es decir, los consumos<br />

públicos. En una economía abierta se considera también (X - M), donde X son las exportaciones<br />

y M las importaciones.<br />

Hay que agregar, sin embargo, que I representa las inversiones brutas, incluidas las amortizaciones,<br />

por lo que el valor representado en el PNB se ve alterado o, mejor, no logra describir acertadamente<br />

la realidad de la riqueza “corriente” del país. Es para evitar tal inconveniente que se utiliza otro índice,<br />

a pesar de ser más difícil de determinar por la escasez o imprecisión de los datos que comporta: el<br />

producto nacional neto (PNN), que viene dado por los consumos privados, más las adquisiciones del<br />

sector público, más las inversiones netas.<br />

Recapitulando con Samuelson y Nordhaus (1987: 108) 25 , el PNB (y el PNN) pueden ser definidos<br />

como suma de tres componentes principales:<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

101


a) Gasto personal por consumo de bienes y servicios.<br />

b) Gasto por inversiones, sean inversiones internas o exportaciones netas.<br />

c) Gasto público por bienes y servicios.<br />

Antes de proseguir, conviene recordar una diferenciación ulterior: mientras el PNB expresa el valor<br />

total de la actividad económica realizada dentro y fuera de un determinado país por sus residentes, el<br />

PIB mide solo el valor total de la actividad económica realizada dentro del país en cuestión, tanto por<br />

residentes como por no residentes.<br />

Hoy el PIB es más conocido y utilizado entre los economistas burgueses que el PNB. Se determina<br />

el primero de dos posibles maneras, completamente equivalentes: con el método de flujo de productos<br />

y con el de costos o réditos. El resultado es siempre el mismo:<br />

PIB = C + I + G + X - M<br />

Corresponde al conjunto de los réditos del trabajo y los réditos del capital (amortizaciones, rentas,<br />

intereses, dividendos, etcétera).<br />

La equivalencia se obtiene, entonces, al considerar genéricamente los componentes de la ganancia<br />

(junto con salario y renta), lo que se traduce en un saldo que se adecúa automáticamente a las variaciones<br />

de costos, réditos y valores.<br />

Mientras el concepto de PIB coincide con la sumatoria del valor agregado de las empresas que operan<br />

en el ámbito del país estudiado, el de PNB representa el producto interno más una cuota ideal de<br />

producción realizada en el exterior con factores productivos pertenecientes a los residentes del país en<br />

cuestión, a lo cual se resta la cuota ideal de producción realizada en el país con factores de producción<br />

que pertenecen a residentes del operador “resto del mundo”.<br />

El PIB y el PNB son los indicadores más utilizados para comparaciones internacionales y para<br />

cuantificar la tasa de acumulación, aunque en este caso sea mal empleado.<br />

4. Como acabamos de decir, el término “bruto” en el PIB, o en el PNB, señala que en el indicador se<br />

está agregando el valor de la amortización de capital, es decir, el valor monetario de la “reconstrucción”<br />

o sustitución de los bienes de capital consumidos en el período precedente. Por tanto, para medir el<br />

incremento neto de la producción habría que deducir la amortización del capital:<br />

o, mejor,<br />

PIB - A = PIN<br />

PNB - A = PNN<br />

donde PIN es producto interno neto y PNN es producto nacional neto.<br />

El producto se mide a precios de mercado o al costo de los factores. La diferencia consiste en la<br />

inclusión, en el primer caso, de los impuestos indirectos netos, vale decir, al neto de las transferencias,<br />

obtenidas del Estado o sobre el valor de la producción.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

102


La naturaleza de estos impuestos puede ser considerada de dos maneras: como una exacción sobre<br />

el valor monetario de la producción –caso en el cual se deducen del tiempo de trabajo no pagado o<br />

plusvalía–, o mediante la consideración de que para su pago se proceda a un incremento del precio de<br />

venta de los productos por encima de su precio de producción. La contabilidad nacional adopta esta<br />

segunda modalidad, con el resultado de que, cuando se agregan al producto, esto se llama “a precios de<br />

mercado” y, si no es así, se procede a medirlos “al costo de los factores”.<br />

El producto nacional neto al costo de los factores es el que, en términos de remuneración a los<br />

factores productivos, se denomina “renta nacional” (RN) en sentido restringido.<br />

El PNN CF<br />

o RN es la macromagnitud más significativa. Permite ella medir la renta per cápita<br />

(por persona) de manera más precisa que el PIB per cápita habitualmente utilizado, ya que deduce<br />

las variaciones de precios inducidas por las cargas impositivas a la producción, que pueden diferir<br />

sustancialmente entre países y entre períodos, distorsionando así las comparaciones internacionales.<br />

Si de la renta nacional se deducen el importe de los dividendos no distribuidos, los impuestos a las<br />

empresas y las cargas sociales (es decir, la parte de la plusvalía que se mantiene en la RN), se obtiene la<br />

renta personal (RP), que representa una medida aproximada de la capacidad de gasto de las economías<br />

internas, tanto de los trabajadores como de los capitalistas.<br />

Si de la RP se deducen los impuestos directos –en particular, el impuesto a la renta–, obtenemos<br />

la renta disponible (RD), que mide el potencial de consumo de las economías familiares en bienes de<br />

consumo y bienes de lujo durante un período determinado.<br />

5. El cuadro que sigue sintetiza los diferentes conceptos utilizados para medir “la producción” y su<br />

equivalente aproximado en términos de las categorías de valor-trabajo: capital constante (K) y plusvalía<br />

(W). La c minúscula corresponde al capital (constante) circulante, parte integrante –junto con el<br />

capital fijo– de K. Las letras griegas expresan una fracción de la categoría considerada:<br />

Valor bruto de la producción<br />

c + v + W<br />

– Consumo intermedio c<br />

Valor agregado = producto interno bruto a precios de mercado (PIB)<br />

v + W + αK<br />

– Impuestos indirectos – transferencias<br />

= Producto interno bruto a costo de factores<br />

– Amortización αK<br />

Producto interno neto a costo de factores [v + W ]a<br />

+ ingresos de los factores nacionales en el exterior – pagos a los factores extranjeros en el país<br />

Producto nacional neto a costo de factores = renta nacional [v + W ]b<br />

– (Utilidades no distribuidas + impuestos sobre la sociedad + cotizaciones sociales)<br />

+ Transferencias (prestaciones de la prevención social + intereses del débito público)<br />

= renta personal v + χW<br />

– impuestos directos<br />

= renta disponible β(v + χW )<br />

α = proporción destinada a la amortización de K.<br />

β = 1 – impuesto directo por unidad de rédito.<br />

χ = 1 – α – inversiones netas por unidad de plusvalía.<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

103


6. El cálculo del valor de la producción puede realizarse, en función de la disponibilidad de estadísticas,<br />

desde tres perspectivas:<br />

a) Desde el punto de vista de la producción, o de la oferta, o de la formación, uniendo los valores<br />

agregados de las distintas ramas de producción. Sería el método seguido mediante la utilización<br />

de las tablas de input-output, o de otros sistemas de estimación del valor agregado sectorial.<br />

b) Desde el punto de vista de la distribución de la suma total de valores agregados entre los factores,<br />

equivale, en cambio, al importe bruto de los ingresos o réditos de los trabajadores (sueldos<br />

y salarios), de los capitalistas (utilidades o ganancias) y de los rentistas (renta e intereses). Mediante<br />

la estimación del total de los ingresos obtenemos otro método de cálculo del valor de la<br />

producción en un período dado, es decir, de la distribución entre los factores.<br />

c) Desde el punto de vista de la utilización, mediante el cálculo de los consumos o las demandas<br />

de los distintos sectores institucionales se computa el total de consumos, que debe coincidir con<br />

el total de ingresos por rubro o definición, esto es, con el valor de la producción. Tradicionalmente,<br />

la contabilidad nacional desagrega esos consumos en sus diversas formas de utilización:<br />

consumo privado (C), consumo de capital fijo o inversión (I), consumo o gasto público (G)<br />

y saldo neto del comercio exterior (si el saldo [X - M] es positivo, supone un consumo en el<br />

exterior o ahorro; si es negativo, un exceso de consumo o endeudamiento nacional).<br />

La comparación de estas tres vías de cálculo es el fundamento sobre el que se basa la teoría del<br />

“equilibrio” entre oferta (producción) y demanda (consumo), que se postula como situación óptima<br />

de funcionamiento de la economía capitalista.<br />

En efecto, si<br />

consumo + inversiones + gasto público + (exportaciones-importaciones) = PIB; y<br />

réditos salariales + réditos capitalistas + rentas = PIB; y<br />

valor agregado agrícola + valor agregado industrial + valor agregado de los servicios = PIB; entonces<br />

valor agregado = producción = oferta; y<br />

C + I + G + (X - M) = consumo = demanda; entonces<br />

oferta = demanda<br />

Nótese, de paso, que en esta igualdad no se toma en consideración la existencia del Estado, salvo<br />

en la estimación del PIB por medio de la demanda; en la estimación por el ingreso o por la oferta<br />

se le considera, por tanto, en términos de distribución primaria o producción bruta al costo de los<br />

factores.<br />

7. Pero esta serie de igualdades o identidades no deja de ser, en definitiva, un conjunto de tautologías<br />

sin contenido teórico real. Si aplicamos los criterios de la producción material (tiempo y trabajo),<br />

propios de la teoría marxista, resulta evidente que la identidad final solo se sostiene si se elimina una<br />

de las dos variables reales del sistema analítico; es así que el tiempo desaparece en la teoría convencional<br />

de la oferta y la demanda, por cuanto, en realidad, la producción del período en consideración<br />

precede, temporalmente, al consumo de la mercancía final y, al mismo tiempo, esto es posible porque<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

104


la producción deriva de un proceso precedente de consumo (de bienes de producción y de fuerza<br />

de trabajo). La identidad es solo aparente, porque el contenido material del proceso de “consumoproducción-consumo”<br />

cambia en cada uno de los procesos, y en realidad el valor monetario de cada<br />

fase de producción difiere del valor monetario de la fase previa de consumo y de la fase siguiente de<br />

producción.<br />

Esta dificultad analítica y esta incomprensión teórica del ciclo de la producción (D - M - D'), más<br />

los problemas de medición y cálculo estadístico, explican el hecho de que, cuando se busca paragonar<br />

el valor del PIB según las estimaciones de los distintos procedimientos, este difiere sistemáticamente<br />

en mayor o menor medida.<br />

8. Los datos básicos de la contabilidad nacional, como se ha dicho, nos permiten identificar los grandes<br />

trechos de la evolución de la economía. Se podrá identificar, por ejemplo, e incluso con el valor agregado<br />

bruto (PIB) como único dato, la tendencia sostenida al estancamiento de la economía capitalista,<br />

con un crecimiento (tasa de acumulación) cada vez más reducido.<br />

La contabilidad macroeconómica permite identificar solamente en el trabajo la fuente de valor<br />

agregado del proceso de producción, por cuanto, obviamente, el gasto de materias primas no forma<br />

parte del valor agregado, pero sí incluye el valor de sustitución del capital en forma de amortización,<br />

al margen del valor neto de la producción.<br />

9. El valor agregado neto –agregado el PIN o el PNN, según se consideren los factores exteriores<br />

utilizados en el propio país (PIN) o los factores nacionales que se utilizan fuera (PNN)– es el indicador<br />

que mide con mayor aproximación la autovalorización del capital 26 . Si se considera tal agregado en<br />

relación con el tiempo de trabajo productivo, obtenemos una categoría analítica de gran utilidad: la<br />

expresión monetaria de la hora laboral (E ) 27 que, puesta en relación con la expresión monetaria del<br />

salario por hora (CL), nos permite identificar la evolución estadística de la explotación del trabajo, ya<br />

que E > CL (al menos a nivel macroeconómico, aun si no necesariamente al nivel microeconómico de<br />

cada empresa en particular).<br />

Como vemos, la primera categoría estadística de la economía marxista exige disponer simultáneamente<br />

de dos datos: la ocupación asalariada productiva y el valor agregado neto de la economía.<br />

10. Si recordamos que el PIN = PIB - A, es decir, que el producto interno neto a precios de mercado<br />

viene dado por el producto interno bruto menos las amortizaciones y que el PIN representa el valor de<br />

los bienes y servicios que, al pasar por el mercado, están destinados al consumo final, a las inversiones<br />

netas y a las exportaciones (PIN PM<br />

= C + [I - A] + X - M) 28 , entonces resulta que dicho valor abarca la<br />

transformación del contexto ambiental.<br />

Se toma en consideración el hecho de que el PIB, y por ende la renta interna bruta (RIB), engloban<br />

el desvalor agregado (DISVA), vale decir, el deterioro del ambiente en el que operan las empresas; si tales<br />

partidas de costos, conectadas con la transformación del contexto ambiental, no deben ser consideradas<br />

como elementos de remuneración de los factores productivos, entonces el monto de los recursos<br />

producidos que deben ser distribuidos entre los factores productivos estará dado por RIB - DISVA,<br />

donde DISVA representa el conjunto de costos conectados con la transformación o, mejor, el deterioro<br />

ambiental provocado por las empresas.<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

105


El DISVA se ha convertido en una variable económica importante y actual, particularmente<br />

en los estudios sobre valoración del impacto ambiental, ya que el deterioro del ambiente ha llegado<br />

a niveles tan elevados, que condicionan no solo el desarrollo económico sino todo el futuro de<br />

la humanidad.<br />

Si se quiere separar esos costos del valor de los bienes destinados a usos finales, se tendrá PINN<br />

= PIN - DISVA, y esto significa que el producto interno, el neto de las amortizaciones y del consumo<br />

de los elementos ambientales, viene dado por un PIN del que se sustrae el desvalor agregado.<br />

El concepto de desvalor agregado es muy importante en los estudios de valoración del impacto<br />

ambiental 29 .<br />

Es precisamente en el intento de elaborar nuevos modelos de medición de la riqueza nacional, pero<br />

que tengan presente también el impacto que las actividades económicas producen en el ambiente, que<br />

Samuelson y Nordhaus consideran oportuno sustituir el PNB por otro patrón de medida: el BEN<br />

(bienestar económico nacional) , que podría calcular toda una serie de “partidas” hoy no tomadas en<br />

cuenta (por ejemplo, la economía sumergida, el tiempo libre o, en lo que respecta a las “partidas con<br />

signo menos”, los daños causados al ambiente).<br />

11. Habiendo definido los principales instrumentos necesarios para calcular los valores totales de una<br />

economía nacional en su conjunto, adentrémonos ahora en los meandros de la producción de valor de<br />

una empresa o de un complejo de empresas.<br />

En un proceso productivo, la materia prima m a<br />

, una vez que ha cruzado los confines de la empresa<br />

A, es transformada, por los factores productivos trabajo (L) y capital (K), en producción vendible (pv).<br />

Si se considera la totalidad de las unidades que constituyen el sistema económico de un país, todas operando<br />

en el mismo intervalo de tiempo, se hablará entonces de producto interno bruto (PIB pm<br />

= PIB cf<br />

+ IIN, donde IIN representa los impuestos indirectos netos). En este caso la producción vendible, o la<br />

producción o demanda final, está dada por el flujo de bienes y servicios que haya cruzado las fronteras<br />

de la totalidad de las empresas y haya sido encaminado hacia las unidades de consumo del país, o bien<br />

hacia las unidades de consumo o de producción de otros países (exportaciones), o que habrían podido<br />

cruzar la frontera de la empresa (destinada a la formación de capital). Si es cierto que el valor agregado<br />

a los costos de producción está dado por la suma del producto de los bienes y servicios destinables a<br />

la venta y el de los servicios no destinables a la venta (que es, este último, el producto predominante<br />

de la AP), se deduce en consecuencia que, al sumar al valor agregado los costos de producción y los<br />

impuestos indirectos al neto de las contribuciones corrientes a la producción, se tiene el producto<br />

interno bruto a precios de mercado.<br />

Dado que los servicios de la AP no tienen un precio de mercado y no es posible calcular la diferencia<br />

entre producción y costos intermedios, en el caso de las administraciones públicas se evalúan<br />

directamente los elementos que constituyen el valor agregado, método que se sigue también para las<br />

instituciones sociales privadas y, en general, para los demás servicios que, junto con la AP, forman el<br />

ramo de servicios no destinables a la venta. Se considera, pues, para este ramo, lo facturado igual al<br />

costo, que está representado por los gastos de retribución del personal, de intereses y rentas, de compra<br />

de materiales y servicios corrientes: en síntesis, por las cuotas de amortización. Se suman, pues, las<br />

remuneraciones de los factores productivos y la amortización, puesto que los servicios son brindados<br />

sin contraprestación inmediata.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

106


7. Renta, consumo y ahorro<br />

1. La renta, en líneas generales, puede ser definida como el incremento, calculado en términos monetarios,<br />

de la riqueza de un sujeto 30 en un determinado período. Es una variable de flujo, contrapuesta<br />

al concepto estático de patrimonio, que identifica la cantidad de riqueza en un momento dado. Luego,<br />

mientras el primero es medido en referencia a un lapso determinado (usualmente un año) e identifica<br />

el flujo de moneda (riqueza) ganada o de alguna otra manera percibida (en razón de sueldo-salario,<br />

de eventuales réditos mobiliarios o inmobiliarios, beneficios, pensiones, etcétera), el segundo refiere al<br />

fondo monetario (riqueza) que un sujeto posee en un momento dado: he allí la estaticidad del concepto<br />

de patrimonio con respecto al de renta (cfr. Samuelson y Nordhaus, 1987: 548 ss.).<br />

Las transferencias de renta pueden ocurrir entre el operador familias, por una parte, y la AP y el<br />

resto del mundo por otra; o entre la AP y familias y el resto del mundo, por otra.<br />

Por renta nacional (RN) entendemos el agregado obtenido mediante la suma de todas las rentas<br />

personales producidas en un período de tiempo determinado. Para ser todavía más precisos, podemos<br />

definirla como el “flujo neto de bienes y servicios” (Graziani, 1977: 67) concretados en un período que<br />

va de t 0<br />

a t 1<br />

, donde por “neto” se entiende que se le han sustraído todos los bienes y servicios integral o<br />

parcialmente “destruidos” (utilizados) para producir nuevos bienes y servicios 31 .<br />

Por “empleo” de la renta nacional se entiende generalmente el conjunto tanto de transferencias de<br />

renta, con carácter obligatorio o voluntario, que acontecen entre los operadores económicos finales<br />

(y se habla en tal sentido de redistribución), como de consumos, es decir, las erogaciones de renta<br />

disponible realizadas por los operadores para la compra de bienes y servicios finales.<br />

Como renta disponible (RD) se conoce la cantidad de renta de que dispone realmente un sujeto,<br />

una vez deducida de su renta personal (RP) la cuota de los impuestos personales (IP). Se tendrá<br />

así que<br />

RD = RP - IP<br />

2. La RD se divide, entonces, en gastos de consumo (incluidos los pagos por intereses) y ahorro<br />

personal neto.<br />

La renta disponible del operador familias, por ejemplo, se obtiene al sumar a la renta atribuida<br />

el excedente de las transferencias recibidas de la AP, sobre las hechas a la misma AP y, además, del<br />

excedente de transferencias recibidas del resto del mundo, sobre las erogadas al resto del mundo.<br />

Consecuentemente, la renta disponible de la AP se obtiene al sumar a la renta atribuida el excedente<br />

de las transferencias recibidas de las familias con respecto a las hechas a las mismas familias y, al mismo<br />

tiempo, el excedente de las transferencias recibidas del mundo con respecto a las que ha hecho a este<br />

último operador. Si se consolidan las dos sumas anteriores, desaparecen las transferencias entre AP y<br />

familias y quedan solo las que se producen entre familias y resto del mundo, y entre AP y resto del<br />

mundo. En todo caso, para obtener la renta disponible del país es preciso todavía sumar el ahorro de<br />

la sociedad, es decir, el autofinanciamiento (renta no distribuida).<br />

La renta disponible del operador familias es en parte destinada a la adquisición de bienes y servicios<br />

corrientes, y en parte ahorrada 32 , y lo mismo ocurre en la AP, que en parte destina la renta disponible<br />

a la compra de bienes y servicios corrientes (consumos públicos) y en parte a la formación del ahorro.<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

107


Con referencia en particular a Alvaro (1999), y también a la simbología allí utilizada, considérese<br />

RNBD PM<br />

= CFN + ANB; donde se sabe que el primer miembro representa la renta nacional bruta<br />

disponible a precios de mercado, CFN son los consumos finales nacionales y ANB, el ahorro nacional<br />

bruto. Se define como propensión media al consumo la relación CFN/RNBD, o sea, cuál parte de<br />

cada posible unidad monetaria de RNBD es destinada al consumo, mientras que ANB/RNBD es la<br />

propensión media al ahorro; por eso se tendrá que CFN/RNBD + ANB/RNBD = 1. Como se infiere<br />

de allí, podemos sostener que la propensión media al consumo y la del ahorro son dos conceptos<br />

especulares, pues, dado que R = C + A, toda unidad adicional de renta es subdividida entre C adicional<br />

y A adicional. Luego, al conocer a una se obtiene la otra.<br />

Pero más allá de la propensión media al consumo y al ahorro, estamos en capacidad de conocer<br />

también las propensiones marginales al consumo (PMC) y al ahorro (PMA), obtenidas del siguiente<br />

modo: ΔC/ΔR; ΔA/ΔR. Un cálculo como este identifica las variaciones de un tiempo t 0<br />

a un tiempo<br />

t 1<br />

de C y A al variar de R.<br />

3. El ahorro es llamado positivo cuando, cubiertos ya los gastos de consumo, la familia consigue<br />

“conservar” una cantidad monetaria que va a engrosar el ahorro. El ahorro es llamado negativo si la<br />

renta de una familia no es suficiente para sostener todos los gastos de consumo y, por tanto, recurre a<br />

préstamos: en este caso es evidente que la cuota de ahorro no solo no es positiva, sino que encima es<br />

(algebraicamente) negativa. De una familia que no ahorra ni positiva ni negativamente, se dice que ha<br />

alcanzado el punto de equilibrio.<br />

Los gastos sostenidos para la “destrucción” (consumo) de bienes y servicios de la compra doméstica<br />

son los consumos privados (excepto la adquisición de viviendas, que son consideradas bienes de<br />

inversión). Por eso, los consumos privados coinciden con el total de los gastos efectivos y figurativos<br />

sostenidos por las familias –residenciadas en el país considerado, y en un intervalo de tiempo dado–<br />

para adquirir bienes y servicios corrientes que son parte de la esfera doméstica. Se admite entonces que<br />

el consumo coincida con el gasto; es decir, que un bien, por el solo hecho de ser adquirido dentro de un<br />

período, debe ser considerado como “destruido”, o completamente consumido, en ese mismo período.<br />

Si las convenciones de base son esas, entonces, a pesar de que en el precio de mercado de un determinado<br />

bien o servicio se incluya la imposición fiscal o parafiscal introducida por la AP en diversas<br />

fases del circuito de la renta, los impuestos debidos a la AP por servicios generales y las tasas por<br />

servicios particulares no deben ser incluidos en el cómputo de los consumos.<br />

De allí se deduce que los impuestos pagados (sea por las familias o por las empresas) deben considerarse<br />

una simple transferencia unilateral a la AP, ya que convencionalmente se considera que no<br />

constituyen la contraprestación de un servicio. Luego, los servicios colectivos no pueden ser tratados<br />

como servicios consumidos por las familias y las empresas, y lo son entonces como servicios que la<br />

AP produce y ella misma consume. La AP es así un operador al que se considera asimilado a las empresas,<br />

puesto que produce y presta servicios, y al mismo tiempo asimilado a las familias, en vista de<br />

que, convencionalmente, se parte de la hipótesis de que autoconsume los servicios que ha producido.<br />

Los consumos finales comprenden tanto los consumos de las familias (consumos privados) como los<br />

consumos colectivos de la AP y de las instituciones sociales privadas.<br />

Los consumos colectivos pueden ser clasificados según varios criterios; en cualquier caso, son servicios<br />

no destinados a la venta, y su prestación no depende de una demanda efectiva del mercado.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

108


Al no existir, para fines de contabilidad, un precio de mercado, los consumos colectivos son valorados<br />

con base en los costos asumidos para producirlos; es decir, por el gasto efectivo o figurado en que<br />

incurre la AP para la adquisición de bienes y servicios corrientes y para la remuneración de los factores<br />

productivos empleados en ello (la suma, por tanto, de los gastos de remuneración de personal, de compra<br />

de bienes y servicios corrientes, de alquiler de oficinas e inmuebles y de amortización de capitales<br />

fijos empleados por la misma AP).<br />

4. Se ha precisado ya que los operadores finales utilizan la renta en parte para el consumo y en parte<br />

para el ahorro, entendido este como el equivalente del valor de los bienes producidos pero no consumidos,<br />

y añadidos al capital preexistente. Identificado y definido el agregado de los consumos finales nacionales,<br />

queda con eso determinado el agregado del ahorro nacional bruto disponible, es decir, el valor<br />

que expresa y permite el proceso de acumulación del país en consideración. Generalmente, el ahorro<br />

no es utilizado por los operadores económicos finales para la compra de bienes de producción, sino<br />

que es puesto a disposición de las empresas, que lo emplearán para la formación bruta de capitales fijos,<br />

en inversiones fijas brutas y variaciones de existencias, vale decir, como capital de trabajo. No entran en<br />

el cómputo de las inversiones fijas brutas (que incluyen las amortizaciones) los bienes inmateriales<br />

(patentes, etcétera) ni los bienes no reproducibles (terrenos, yacimientos, obras de arte, etcétera), como<br />

tampoco los bienes duraderos adquiridos por las familias –salvo edificaciones de uso habitacional– o<br />

los adquiridos por la AP para fines de defensa militar de la nación, ya que son de rápida obsolescencia<br />

técnica y económica.<br />

8. La inversión como categoría central del sistema capitalista<br />

1. Para poder emprender una crítica sostenida de las actuales teorías y prácticas económicas, es necesario<br />

introducir algunos conceptos fundamentales utilizados por la ciencia económica dominante, que<br />

se han hecho también parte de nuestro lenguaje y de la vida cotidiana.<br />

Uno de los fenómenos más difíciles de entender y aceptar, en nuestro sistema económico, es la<br />

existencia simultánea, casi todo el tiempo, de fábricas improductivas y personas que buscan trabajo,<br />

a la vez que siguen habiendo necesidades humanas insatisfechas. Las personas tienen necesidad de<br />

productos que los trabajadores desempleados podrían producir si entraran a trabajar en las fábricas<br />

improductivas. Y sin embargo, no ocurre tal cosa. ¿Por qué?<br />

Porque en el sistema capitalista el objetivo de la actividad económica no es producir cosas útiles,<br />

bienes y servicios para satisfacer las necesidades básicas. Esa actividad, en efecto, es solo instrumental.<br />

El objetivo de la actividad económica es obtener una utilidad o ganancia.<br />

La inversión es el motor del proceso de acumulación de la economía capitalista, lo que determina<br />

la dimensión del proceso económico. La relación entre ganancia e inversión asocia las dos variables<br />

fundamentales en la dinámica económica de corto y largo plazo. La inversión solo se realiza si se prevé<br />

la obtención de una ganancia. La utilidad esperada determina la inversión, y la inversión determina el<br />

volumen de producción que se obtiene, el empleo y el desempleo.<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

109


La acumulación, y no la necesidad, es el origen de la producción capitalista. Es por eso que en la economía<br />

de mercado puede encontrarse un gran despilfarro: el uso que se hace de los recursos disponibles<br />

depende exclusivamente de la ganancia que con ellos se obtiene.<br />

Ganancias actuales y ganancias esperadas son, en la economía capitalista, los dos indicadores fundamentales,<br />

los que definen el nivel de la inversión y, por tanto, de la producción de mercancías. La tasa<br />

de ganancia dirige la conducta tanto de cada empresa en particular, como de la mayoría de las empresas<br />

y los sectores que constituyen y determinan las dinámicas macroeconómicas. Esta idea fundamental se<br />

expresa en cinco tesis básicas:<br />

a) El funcionamiento de la economía en su conjunto está estrechamente vinculado con el volumen<br />

de la inversión.<br />

b) La magnitud de la inversión que hacen los capitalistas depende de la tasa esperada de utilidad,<br />

del rendimiento que creen obtendrán con ella.<br />

c) La economía de un país forma parte de la economía capitalista mundial. Los niveles de inversión,<br />

ocupación y producción de la economía de un país no dependen solamente de la inversión<br />

y la renta nacionales, sino también de la inversión y de las ganancias existentes en otras partes<br />

del mundo.<br />

d) El volumen de producción y el número de personas empleadas dependen en el corto plazo de<br />

la demanda total de bienes y servicios. La inversión constituye una parte de la demanda total;<br />

por tanto, sus dinámicas dan lugar a oscilaciones de la demanda total y, en consecuencia, a<br />

fluctuaciones de la producción y la ocupación.<br />

e) La demanda de trabajo es siempre inferior a la oferta de trabajo. Eso hace que el desempleo sea<br />

un rasgo permanente del sistema capitalista.<br />

El volumen de producción y, por ende, de población ocupada, depende de la demanda total de<br />

bienes y servicios en un período determinado.<br />

Una de las características de la economía capitalista es que tiene fronteras, pero no conoce fronteras.<br />

La acumulación se realiza a escala nacional, pero también a escala mundial, de manera que la tasa<br />

de ganancia esperada depende de las condiciones nacionales de acumulación, pero también de la<br />

posible ganancia que se pueda obtener fuera del espacio nacional.<br />

2. Con lo hasta aquí escrito se puede definir un modelo del funcionamiento de los fundamentos<br />

económicos más relevantes. En todo caso, hay que tener en cuenta el hecho de que un modelo es<br />

una visión simplificada de la realidad: hay tantos modelos posibles como variables que considerar<br />

fundamentales. Por este motivo, todo modelo refleja las ideas de quien lo elabora, al mostrar algunas<br />

variables y esconder otras; se escoge siempre lo más relevante en función de las opiniones de quien<br />

establece el modelo. Luego, todo modelo tiene un carácter “no neutral”.<br />

En el modelo arriba descrito, se deduce que el nivel de producción final depende, en última instancia,<br />

del nivel de inversión inicial. La inversión está ligada a una demanda de bienes y servicios, a una<br />

demanda de materias primas, y determina el volumen de producción, vale decir, la oferta, que tiende<br />

siempre a adaptarse a la demanda.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

110


Como siempre hay recursos improductivos, el grado en que un euro invertido se transforma en un<br />

euro de producción, depende también del grado de utilización de los recursos productivos, y esto será<br />

un factor de determinación de la tasa de crecimiento de la economía. Cuanto más bajo sea el nivel de<br />

utilización, más habrá que invertir para obtener el mismo nivel de crecimiento de la economía. Ese<br />

nivel de inversión determina también la situación de la fuerza de trabajo. El desempleo, hemos dicho,<br />

es la diferencia entre la oferta de trabajo y la demanda de trabajo 33 .<br />

Los economistas “ortodoxos” endosan el fenómeno del desempleo a una pluralidad de factores:<br />

rigidez del mercado de trabajo (a causa de organizaciones sindicales demasiado fuertes y “egoístas”:<br />

piénsese en las vehementes acusaciones que a este respecto lanzara contra los sindicatos una de las<br />

más feroces escuelas económicas, la “escuela austríaca”), salarios demasiado elevados y rígidos “hacia<br />

abajo” (que son, entre otras cosas, consecuencia del excesivo poder sindical), sistemas asistenciales y de<br />

previsión excesivamente onerosos. Las causas de la ausencia de equilibrio en este particular mercado<br />

serían, en fin, factores exógenos. El mercado, si se le dejara estar, libre de actuar según sus propias<br />

leyes, a largo plazo conduciría a la desaparición del desempleo. La explicación es simple: así como<br />

el precio de equilibrio de una mercancía x se alcanza cuando la demanda iguala la oferta, así, si los<br />

trabajadores aceptaran las “reglas del juego mercantil” y accedieran a las rebajas salariales, los recortes<br />

en la seguridad social, etcétera, tales que el precio de su fuerza de trabajo se redujese a los niveles de<br />

la demanda, se alcanzaría el equilibrio y el desempleo quedaría eliminado. En tal estado de cosas, la<br />

única forma de desocupación que eventualmente sobreviviría sería la “natural”, “friccional”, necesaria<br />

y transitoria al ser causada por los desplazamientos interocupacionales de los trabajadores y por la<br />

búsqueda de nuevos empleos. Con toda justicia sostiene Cersosimo (1996: 27), en referencia a la teoría<br />

neoclásica, y con mayor razón en lo que toca a sus planteamientos sobre el desempleo, que ella es de<br />

“signo deliberadamente clasista”.<br />

9. Inversión productiva e improductiva<br />

1. El uso de los recursos es un factor muy importante para distinguir entre la inversión que genera<br />

nueva capacidad de producción y la que se dedica solo a producir medios de producción que ya<br />

existían previamente. La inversión neta es aquella que amplía los medios de producción disponibles,<br />

y la verdadera acumulación es la diferencia entre la inversión bruta y la depreciación o amortización<br />

del capital.<br />

A veces parece que la inversión es poco eficiente; esa constatación introduce el problema del grado<br />

de utilización de los recursos. Si es bajo, el volumen de esfuerzo de inversión que se requiere para<br />

ampliar la capacidad productiva será mayor.<br />

La eficiencia de la inversión está determinada por su propio volumen, por la utilización de los<br />

recursos que se invierten y por el nivel de producción que se obtiene.<br />

2. Inversión es también la financiera, que consiste, simplemente, en acumular más dinero (las inversiones<br />

financieras son del tipo D - D' sin pasar por M), si bien, como se ha subrayado, la inversión<br />

real es la llamada formación bruta de capital fijo (FBCF). En el lenguaje común, “inversión” tiene<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

111


un significado diferente, más amplio, más ambiguo. Invertir en la bolsa, en la compra de acciones,<br />

de oro o de viviendas, son actividades que por sí mismas no aumentan la capacidad productiva de la<br />

economía: se limitan solamente a redistribuir la riqueza o, mejor, en este caso, a destinar cuotas de PIB<br />

cada vez más altas a la renta, y no a la ganancia o los salarios. Por eso, los instrumentos para medir la actividad<br />

económica son muy ineficientes, puesto que las estadísticas públicas no ponen suficientemente<br />

en evidencia las diferencias de peso entre este tipo de inversión financiera y la inversión productiva.<br />

Invertir para construir una casa, genera un producto físico. Si se invierten € 500.000 y la casa se<br />

vende por € 700.000, los € 200.000 de diferencia pasan a ser parte del producto interno bruto (PIB,<br />

cuya definición veremos más adelante) por incremento de actividades inmobiliarias, aunque se trate<br />

de la misma casa. Si la casa se incendia o se derrumba por un terremoto y se percibe el pago de un<br />

seguro por € 700.000, también eso forma parte del PIB (aunque no exista ya la casa, el indicador del<br />

PIB nos dice, sin embargo, que la actividad económica está aumentando) 34 . O sea que, en teoría, si<br />

bien estamos hablando de la misma casa, hay más dinero. Este es un claro ejemplo de contradicción<br />

entre la estadística económica y la riqueza social. La riqueza social es solo una parte de aquello que la<br />

estadística económica mide.<br />

Desde el punto de vista del bienestar social, la inversión es más estratégica que la demanda o el<br />

consumo, ya que la demanda total (que es el consumo total) está formada por el consumo privado,<br />

el consumo público y la inversión. Un euro consumido por un ciudadano se agota al momento del<br />

consumo, dando por válida una decisión anterior de inversión y producción de una determinada<br />

mercancía, pero un euro gastado en inversión genera un efecto multiplicador, porque se traduce en<br />

demanda de fuerza de trabajo, que a su vez se traduce en demanda privada, en forma de salario, y<br />

genera finalmente un nuevo producto que consumir.<br />

3. La inversión da valor a una mercancía ya producida en el pasado (la compra de una máquina, por<br />

ejemplo) y promueve la creación de nuevas mercancías, proyectando hacia el futuro la decisión actual<br />

de invertir. Dado que los consumos públicos y privados varían muy lentamente, la variación de la<br />

demanda total depende, en buena medida, de la variación en las inversiones. El control de la inversión<br />

se transforma así en la variable clave del circuito de acumulación. Formalmente:<br />

Demanda total = demanda de consumo + demanda de inversión<br />

+ demanda del Estado (gasto público)<br />

Por ese motivo, los recursos disponibles para la inversión de hoy están condicionados por el consumo<br />

público y privado de ayer.<br />

Ahora bien, ese excedente de recursos disponibles para la inversión puede provenir también del<br />

exterior. Precisamente, el objetivo básico de los ajustes estructurales (que explicaremos más adelante)<br />

es reducir el consumo para aumentar el excedente.<br />

Como puede verse, temporalmente no es cierto que la inversión sea producto del ahorro nacional,<br />

como normalmente sostiene la teoría generalmente aceptada. Esto es todavía más evidente en el llamado<br />

mundo globalizado en que vivimos. Si el ahorro viene dado por la renta (o también el producto)<br />

menos el consumo, no es verdad que para invertir mañana debamos ahorrar hoy. Es posible aumentar<br />

la inversión sin reducir el consumo, gracias a la ayuda exterior.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

112


4. Lógicamente, los agentes claves para imprimirle mayor o menor dinamismo a la economía son aquellos<br />

que controlan la inversión. Los inversionistas son los capitalistas. Por tal motivo, es importante<br />

saber por qué los inversionistas deciden invertir o no invertir.<br />

Los factores que determinan la decisión de invertir son claves en la economía. Lo que se invierte es<br />

el excedente. Originalmente se consideraba el excedente como un conjunto de mercancías (toneladas de<br />

acero, de maíz, de azúcar, etcétera), pero es mejor contemplarlo como “cantidad de dinero”. El excedente,<br />

entonces, es la cantidad que le queda a los capitalistas después de pagar la maquinaria y a los trabajadores.<br />

¿Por qué invierten las personas? ¿Quién toma la decisión de invertir? Podemos diferenciar las sociedades<br />

en función de quiénes son los que toman esa decisión y en función de las razones que la<br />

determinan. Por eso en las sociedades capitalistas la mayor parte de las decisiones de inversión las<br />

hacen empresarios que buscan obtener ganancias. Los capitalistas controlan el proceso de realización<br />

de inversiones porque controlan la mayor parte del excedente. Ellos pueden emplear sus utilidades de<br />

seis maneras diferentes:<br />

a) Invirtiéndolas en el país.<br />

b) Elevando su propio consumo.<br />

c) Enviado los recursos al exterior para construir allí establecimientos, filiales, fábricas (inversión<br />

en el exterior).<br />

d) Buscando elevar esas utilidades mediante la inversión en actividades improductivas, como publicidad<br />

y gastos políticos.<br />

e) Prestando esas utilidades a cambio de intereses.<br />

f) Reduciendo el pago de intereses, al utilizarlas para cubrir las deudas que han contraído.<br />

5. Los capitalistas invierten para tener una utilidad futura. Dado que la razón para invertir es obtener<br />

utilidades, el volumen de la inversión dependerá de cuán elevada piensen que será la tasa de rendimiento.<br />

El orden de las seis mencionadas posibilidades de uso de las utilidades refleja también un orden que<br />

va de mayor a menor inversión productiva.<br />

La tasa de rendimiento no se puede conocer anticipadamente. Por ese motivo, los inversionistas<br />

potenciales establecen sus expectativas a partir de dos elementos centrales: la tasa esperada de rendimiento<br />

de los bienes de capital (bienes de producción) que se considera hoy y la utilización futura que<br />

se espera hacer de los medios de producción 35 .<br />

Las posibilidades futuras de venta de la producción y los costos de producción determinan la tasa<br />

de rendimiento. En consecuencia, los precios de las mercancías y el salario son los dos elementos de<br />

más arduo control –y más complejos– en la economía de mercado.<br />

Esto supone que las condiciones de la oferta y la demanda afectan la inversión y se influencian<br />

mutuamente, de manera que si las condiciones del costo son favorables (por ejemplo, una reducción<br />

de los costos salariales), las de la demanda tenderían a ser negativas (disminuyen las ventas porque<br />

los trabajadores asalariados tienen menor poder adquisitivo) y viceversa (aumenta la utilización de la<br />

capacidad instalada; mejoran las condiciones de la demanda; pero aumentan los salarios y disminuye<br />

el desempleo; empeoran las condiciones de costo).<br />

Para que el nivel de inversión sea elevado, la economía debe alcanzar un equilibrio entre las condiciones<br />

de costo y la demanda. Cuando las condiciones de la demanda o de costo son muy desfavorables,<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

113


el nivel de inversión es muy bajo; el excedente se utiliza para invertir en otros países o para elevar el<br />

consumo de productos de lujo. Una característica de los países desarrollados es tener una FBCF superior<br />

al 25% del PIB, mientras que en los países de semiperiferia menos desarrollados la FBCF es de<br />

menos de 15% del PIB.<br />

10. La dinámica de las inversiones fijas<br />

1. En macroeconomía, las inversiones están representadas por el complejo de bienes producidos por<br />

un sistema económico en un determinado período de tiempo, los cuales, al configurarse como bienes<br />

de fecundidad repetida y con largo ciclo de utilización, no sirven ni directa ni inmediatamente para<br />

satisfacer necesidades, sino para producir a su vez otros bienes y servicios; en microeconomía, la inversión<br />

corresponde a la compra o la producción propia de bienes de capital inmovilizados a mediano o<br />

largo plazo, o en todo caso temporalmente, como maquinarias, muebles, automóviles, plantas fabriles,<br />

equipamientos, instalaciones o suministros.<br />

Las inversiones se pueden subdividir en inversiones reales, que tienen el objetivo de fortalecer la<br />

estructura del patrimonio, el valor de los bienes productivos y la potencialidad de la renta; e inversiones<br />

financieras, que están constituidas por acciones, obligaciones, títulos del Estado, participaciones,<br />

productos financieros varios, etcétera. Una segunda subdivisión las diferencia en inversiones fijas, que<br />

se cuentan entre las reales y tienen que ver con la compra, por parte de la empresa, de maquinarias,<br />

equipamientos e instalaciones, que generalmente tienen un largo ciclo de utilización; e inversiones<br />

en suministros, que están representadas por variaciones en el stock de existencias o inventario de la<br />

empresa y que tienen por lo general una vida más breve que las fijas: usualmente un solo ejercicio contable,<br />

aunque de cualquier manera constituyen inmovilizaciones temporales y, por tanto, inversiones<br />

de corto período (sobre estos temas, véase Alvaro, Vasapollo, 1999).<br />

2. En primer lugar hay que subrayar que las inversiones, y más precisamente los procesos decisorios de<br />

la inversión, constituyen un objetivo prioritario y estratégico para el sistema empresa y, por tanto, vistas<br />

aquellas en su conjunto, para el sistema país. Desde el momento en que cualquier inversión presupone<br />

el empleo de recursos financieros con el fin de producir una utilidad en el futuro, resulta de inmediato<br />

evidente que la ausencia de certezas acerca de la efectiva realización y el monto de tal utilidad, hace<br />

que la decisión de invertir comporte la asunción de riesgos, debidos a la divergencia entre rendimiento<br />

efectivo alcanzado y rendimiento esperado. Una sana y eficiente gestión de empresa, en la lógica de<br />

la economía de mercado, implica una continua producción de propuestas y decisiones de inversión,<br />

en relación con las cuales se cuantifican y evalúan los respectivos flujos de caja; cumplido esto, siguen<br />

necesariamente otros momentos de decisión, referentes a la selección de las propuestas de inversión, en<br />

los que es preciso adoptar criterios oportunos de aceptación, que a su vez podrían plantear una revisión<br />

crítica de toda la decisión de inversión, incluso después de la fase de aceptación. El conjunto de estas<br />

decisiones lleva a la planificación estratégica de los procesos de expansión y de acumulación del capital.<br />

Los procesos decisorios de inversión pueden referirse a la expansión de procesos productivos y/o<br />

de productos existentes, o a la determinación de nuevos procesos y productos. La sustitución y la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

114


expansión de activos inmovilizados, y el desarrollo de recursos intangibles como la investigación, el<br />

conocimiento y otros, son parte del proceso de acumulación del capital. En cualquier caso, el problema<br />

de toda actividad económica de tipo capitalista es la adecuación de la capacidad productiva<br />

a las dinámicas evolutivas de la demanda futura o, mejor, a las dinámicas futuras del mercado, en<br />

una óptica de acumulación continua mediante previsiones y acciones económicas que se definen a<br />

través de momentos decisorios que, necesariamente, deben ser capaces de enlazar los programas de<br />

producción con los programas de inversión y de acumulación. Las decisiones de inversión se convierten<br />

así en valencia estratégica y son, por tanto, planificadas a través de técnicas de capital budgeting;<br />

es decir, técnicas capaces de definir reglas y procedimientos con base en los cuales se puedan<br />

disponer los medios de producción en forma de hacer frente a las dinámicas evolutivas del mercado.<br />

Todo ello, al mismo tiempo, preservando el grado máximo de economía y de conveniencia financiera,<br />

como fundamento para decidir la aceptación y realización de proyectos de inversión (Insinga,<br />

1992) compatibles con los planes de desarrollo de la empresa y las necesidades de acumulación<br />

de capital.<br />

3. Las decisiones de inversión tienen que ver con múltiples aspectos de la vida empresarial y de los<br />

mecanismos de desarrollo del capital: desde la sustitución o ampliación de los bienes de instalación, las<br />

inversiones de tipo financiero o las relacionadas con bienes inmateriales, hasta todas las llamadas inversiones<br />

indirectas, basadas en la continua disminución de los costos, como por ejemplo las reducciones<br />

salariales, el aumento de los ritmos de trabajo, la intensificación de la explotación del obrero, los incrementos<br />

de productividad no redistribuidos al trabajo, el ahorro en los costos referentes a la protección<br />

ambiental y a la prevención de accidentes. En todo caso, las decisiones de inversión forman parte de<br />

los procesos de planificación estratégica empresarial relacionados con la identificación y valoración<br />

de la nueva capacidad productiva que el sistema empresa debe adquirir en función de las dinámicas de<br />

acumulación. Los modelos decisorios de inversión son contrastados con las previsiones de evolución<br />

de la estructura del mercado y de la tipología de la demanda futura, además de, obviamente, con las<br />

potencialidades de la competencia y el previsible o hipotético desarrollo tecnológico, y no digamos con<br />

el progreso que efectivamente es posible aplicar al propio proceso productivo. Pueden ser diversas las<br />

tecnologías o tipologías de instalación o de recursos inmateriales por emplear en el ciclo productivo:<br />

precisamente, la gerencia está llamada a elegir la más conveniente entre aquellas que el progreso técnico<br />

torna disponibles. En su conjunto, un problema de capital budgeting tiene que ver con procesos de<br />

análisis global de costos, de la demanda, del precio, todo ello exhaustivamente y en relación con la<br />

adquisición de nueva capacidad productiva. Un modelo óptimo de decisión de inversión no puede<br />

prescindir, por otra parte, de la consideración de la variable tiempo, ni de todos aquellos elementos<br />

que, en algún sentido, puedan reconducir a la variable riesgo-incertidumbre (incertidumbre respecto a<br />

los rendimientos de los factores productivos, incertidumbre acerca del nivel de competencia presente<br />

en el mercado, incertidumbre sobre los precios, los gustos y las escogencias del consumidor, etcétera).<br />

Los criterios, pues, que deben inspirar y guiar la escogencia entre modelos alternativos de decisión<br />

para las inversiones empresariales, deben también estar en capacidad de evaluar la variable tiempo, en<br />

consideración del grado de incertidumbre acerca de los flujos de caja originados por cada una de las<br />

alternativas posibles. Al desfase temporal vinculado con la determinación de costos e ingresos se suma<br />

la incertidumbre en la estimación de sus montos efectivos.<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

115


El proceso decisorio puede llevar a la realización o no de las inversiones y a la modificación, con<br />

base en criterios de economía, complementariedad y sustituibilidad, de las fases y los procesos de<br />

acumulación de capital que se contemplan entre los proyectos alternativos de inversión. En todo caso,<br />

realizar una inversión es algo que, en la economía capitalista, requiere del empleo de recursos que sean<br />

capaces, a través del proceso productivo, de acrecentarse y producir así utilidad económica.<br />

En su complejidad, un proceso de inversión no es sino un conjunto de operaciones referentes a<br />

la transferencia de recursos en el tiempo. Tal procedimiento se compone de varias fases, las primeras<br />

de las cuales se caracterizan, predominantemente, por un egreso monetario neto, mientras que las<br />

finales ven prevalecer el ingreso monetario neto. En todo caso, los modelos decisorios de inversión se<br />

distinguen según las condiciones y el grado de certeza en la ejecución de los flujos de caja respectivos,<br />

más que por la predeterminación de los objetivos por los que el proyecto mismo es puesto en marcha.<br />

4. En lo que respecta a esa última especificación, la de los objetivos o fines, doctrinariamente se habla<br />

de “inversiones de expansión” cuando se persiguen incrementos cuantitativos o cualitativos de la capacidad<br />

productiva; de “inversiones de sustitución” cuando no es ese incremento lo que se busca y el<br />

dinero es empleado para remediar la obsolescencia técnico-económica de los bienes instrumentales;<br />

de “inversiones de racionalización” cuando se procura hacer disminuir los costos unitarios de producción,<br />

aumentando la productividad y los estándares cualitativos y cuantitativos; y, finalmente, están<br />

las llamadas “inversiones estratégicas en recursos inmateriales”, que tienen por objetivo primario el<br />

aumentar la productividad y ocupar nuevos nichos de mercado, acrecentando en su conjunto el capital<br />

intangible de la empresa.<br />

11. Distribución y redistribución de la renta<br />

1. La renta es atribuida a los factores productivos por la función que estos cumplen. La distribución<br />

funcional considera como uno solo los flujos de renta de capital y de trabajo, aun si en la práctica hay<br />

que tomar en cuenta su forma mixta. Dado que la producción se logra mediante el empleo de trabajo<br />

y capital, su equivalente monetario es repartido por las empresas entre quienes detentan tales factores<br />

productivos, para lo cual se representa la renta interna bruta a precios de mercado. Se intuye, por tanto,<br />

la siguiente igualdad: PIB PM<br />

= RIB PM<br />

36, en la que el primer miembro representa la fase de formación o<br />

producción de la renta o los recursos y el segundo, la fase de distribución.<br />

2. Detectar la distribución de la renta es tarea que presenta dificultades por varios motivos: por la presencia<br />

de rentas mixtas, por el hecho de presentarse la AP como empresa y como unidad de consumo,<br />

porque el operador “resto del mundo” se presenta como fuente y como destinatario de flujos de renta.<br />

Valga precisar que la PA, cuando es considerada como unidad de consumo, recibe rentas, intereses y<br />

dividendos sobre los capitales que posee.<br />

3. Si recordamos que PIB PN<br />

= PIB CF<br />

+ INN (donde PIB CF<br />

es producto interno bruto a costos de fábrica<br />

e INN son los impuestos indirectos netos), eso significa que el PIB representa para la empresa el costo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

116


de empleo de los factores productivos trabajo y capital (vale decir, sueldos, salarios, intereses, dividendos,<br />

ganancias, renta, amortizaciones). No obstante, para quienes detentan esos factores productivos,<br />

todo ello equivale en primera instancia a elementos de renta.<br />

Si se consideran analíticamente los componentes de la renta, se pone de relieve que una parte de<br />

la renta producida no da lugar a flujos, puesto que la unidad productora de renta es la misma a la<br />

que pertenecen los factores productivos (por ejemplo, las rentas mixtas de las empresas individuales);<br />

luego, esa renta es producida y atribuida, pero no distribuida. Tampoco en la sociedad es distribuida<br />

toda la renta, ya que una parte es reservada para autofinanciamiento, en forma propia e impropia (es<br />

decir, en forma de dividendos no distribuidos y de reservas para fondos varios y amortizaciones).<br />

Tomando en cuenta lo antes dicho, la renta nacional bruta disponible a precios de mercado puede<br />

ser destinada a consumos finales nacionales y al ahorro nacional bruto. Si además se considera que<br />

entre residentes y no residentes del país se pueden dar transferencias en cuenta de capital, entonces el<br />

ahorro nacional bruto disponible vendrá dado por la suma algebraica del ahorro nacional bruto y las<br />

transferencias netas a cuenta de capital en el exterior.<br />

Para que se produzca el paso de renta producida a renta distribuida, solo hace falta que una parte<br />

de la renta nacional bruta al costo de los factores fluya a la Administración Pública en calidad<br />

de imposición fiscal directa e indirecta. De allí que la AP tiene una renta disponible proveniente de<br />

los impuestos directos, de las contribuciones sociales y de los impuestos indirectos netos (impuestos<br />

indirectos percibidos por la AP menos las contribuciones corrientes a la producción).<br />

4. La renta bruta disponible de las familias es destinada al consumo final nacional de las familias y al<br />

ahorro bruto. El ahorro nacional disponible está conformado por la suma total del ahorro bruto de las<br />

familias y de la AP, más la renta producida y no distribuida de las empresas.<br />

— notas —<br />

1 Frecuentes en este capítulo serán los llamados a importantes obras sobre el tema; en particular, se tendrán como puntos de<br />

referencia los contenidos de Álvaro (1999), De Meo (1975), Giannone (1992), Guarini, Tassinari (1996), Samuelson, Nordhaus<br />

(1987) y Graziani (1977).<br />

2 Cfr. al respecto Vasapollo (ed., 2002). La crítica clásica de la teoría del valor-trabajo aparece en el texto de 1896 de Eugen von<br />

Böhm-Bawerk (1975).<br />

3 Son muchos los autores que han utilizado los datos de la contabilidad nacional para adaptarlos a una lectura bajo categorías<br />

marxistas. Un trabajo pionero a ese respecto es el de Eugen S. Varga (1948), al igual que el análisis de Shigeto Tsuru sobre comparabilidad<br />

de las categorías marxistas con los agregados keynesianos, Sugli schemi della riproduzione [Acerca de los esquemas<br />

de la reproducción], incluido como apéndice en Paul M. Sweezy (1942). El economista que mayores progresos ha hecho en esta<br />

reformulación de las estadísticas en categorías marxistas es Anwar Shaikh (1990); cfr. también Shaikh, Tonak (1994).<br />

4 Joseph Alois Schumpeter es quien mejor expresa la dimensión política e histórica de este razonamiento. Otros autores, como<br />

Michal Kalecki o Piero Sraffa, dotaron de perspectiva histórica esta suerte de pensamiento neoclásico. Será John Maynard<br />

Keynes quien, en sus obras de los años treinta, formulará el concepto de ruptura con el pensamiento vulgar.<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

117


5 Sobre el papel del Estado-empresa y las formas de control social a través de la comunicación desviante, cfr. Martufi, Vasapollo<br />

(1999; 2000b).<br />

6 Repetimos: no es la utilidad social, el contenido del trabajo, lo que determina ni mucho menos la productividad, sino la forma<br />

social en que este se produce (lo determinante es el aspecto formal y no el material, es decir, qué se produce).<br />

7 Es evidente que al definir a un trabajador como material o mental, establecemos a nivel conceptual una diferenciación que en la<br />

realidad no existe: de hecho, el trabajo, en el ejercicio concreto de la actividad laboral, es siempre tanto material como mental.<br />

No obstante, al definirlo como material o mental identificamos el aspecto predominante (desde el punto de vista social) del<br />

trabajo. Para profundizar en estos asuntos, cfr. Carchedi (1983; 1987; 1991).<br />

8 Para la escuela clásica, la concepción de Marx es tautológica: el trabajo productivo, o trabajo que crea valor, debe estar ciertamente<br />

representado en cosas “materiales”.<br />

9 Porque, como ya hemos dicho, son estos tipos de actividad (transformación, conservación) los que hacen productivo el trabajo.<br />

10 El actor produce, en cualquier caso, una mercancía inmaterial: la mercancía-diversión.<br />

11 El capitalista, en esa fase, no compra fuerza de trabajo para ponerla en el proceso productivo; o sea, no es utilizada para la<br />

transformación o conservación de valores de uso.<br />

12 Que ella, sin embargo, “naturaliza” las más de las veces, y con frecuencia, aplicando al estudio de los fenómenos sociales, los<br />

mismos presupuestos epistemológicos, los mismos métodos y las mismas técnicas utilizadas por las ciencias naturales.<br />

13 Leamos lo que escribe Alvaro (1999: 28) a ese respecto: “La economía política necesita ‘confrontarse’ continuamente con los<br />

datos de la observación, con la realidad económica medida y ‘estadisticada’. Es decir, con la estadística económica, porque sin<br />

la estadística económica la economía política se convierte en estudio, análisis, elaboración de modelos teóricos, aptos para<br />

describir el funcionamiento de sistemas económicos hipotéticos, cuya validez se agota en la verificación formal de su coherencia<br />

interna, en tanto que construidos sobre proposiciones deducidas del comportamiento de un irreal e imaginado homo<br />

oeconomicus”.<br />

14 Para un tratamiento más profundo de los temas confrontados en este parágrafo, cfr. Alvaro (1999).<br />

15 Esta distinción está en la base de la diferencia que corre entre producto interno bruto (PIB) y producto nacional bruto (PNB).<br />

Pero este tema se abordará más adelante.<br />

16 En verdad, esa diferenciación neta no refleja fielmente la realidad social. Bien pueden haber casos en los que algunos operadores<br />

desempeñen una actividad no relacionada con las incluidas en los modelos estadísticos, como, por ejemplo, familias que<br />

produzcan bienes y servicios, y sin embargo no sean calculados porque no pasan por el mercado.<br />

17 Para una profundización en los problemas relacionados con la definición e identificación de los operadores económicos, y para<br />

una más intensa descripción de las diferentes desagregaciones factibles en el marco de las categorías de operadores, cfr. Alvaro<br />

(1999: 31-71).<br />

18 Mientras que las empresas individuales y las sociedades carentes de personalidad jurídica (por ejemplo, empresas agrícolas,<br />

de servicios o industriales con, respectivamente, menos de 20, 50 o 100 asociados) son incluidas en la categoría “familias”.<br />

Por tal motivo es difícil distinguir, en estos casos, los gastos destinados a adquisición final (es decir, de consumo), de aquellos<br />

necesarios para la actividad empresarial. No obstante, y a diferencia del modelo utilizado por el SEC, el Istat distingue en dos<br />

cuentas separadas las actividades de consumo y de producción que cumplen las familias, en modo tal que logra proveer datos<br />

más precisos y desagregados en lo que respecta a las diversas actividades realizadas por estos sujetos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

118


19 Tanto en este como en los sucesivos parágrafos 7 y 9, aun cuando se incluyen llamados a algunos de los manuales introductorios<br />

a la economía política y la contabilidad nacional más utilizados en las universidades italianas, se hará referencia predominante<br />

a la destacada escuela de estadística económica de la Facultad de Estadística de la Universidad La Sapienza, de Roma,<br />

y a cuanto se expone detalladamente en las obras básicas de sus más importantes representantes, De Meo (1975), Giannone<br />

(1992) y Alvaro (1999).<br />

20 “Naturalmente, la gente no vive solo de pan, ni la sociedad vive solamente de su producto nacional bruto. Pero en nuestro<br />

camino hacia ese utópico estado de opulencia en que desaparecerá toda preocupación por el bienestar material, tendremos<br />

necesidad de una medida que resuma el rendimiento económico agregado” (Samuelson, Nordhaus, 1987: 98).<br />

21 El cálculo se basa en “precios de mercado”.<br />

22 PNB real = PNB nominal/deflactor PNB.<br />

23 “Quedan excluidas todas las adquisiciones de materiales y servicios de otras empresas (…) porque esas adquisiciones serán<br />

debidamente calculadas en el PNB con base en los estados de cuenta de dichas empresas” (Samuelson, Nordhaus, 1987: 104).<br />

24 En relación con esto, valga subrayar la diferencia entre “valor de la producción vendible” (que es el valor, en su conjunto, del<br />

bien producido) y “valor agregado” (el incremento de valor que una empresa lleva a cabo: en resumidas cuentas, su “cuota de<br />

participación” en la formación de la riqueza-renta nacional). Cfr. Graziani (1997: 68).<br />

25 Se ha utilizado en esta parte la terminología de Samuelson y Nordhaus, dada su difusión en el ámbito didáctico y académico.<br />

26 Como tema no resuelto se mantiene la necesidad de definir qué ramos o actividades no se deben considerar en este indicador,<br />

por ser simplemente consumidores de renta y no generadores de valor. Cfr. Gouverner (2002: cap. III).<br />

27 Este indicador es el inverso de la productividad aparente del trabajo.<br />

28 Donde C son los consumos finales; X, los “bienes y servicios destinados a la exportación”; I, los “bienes de inversión o formación<br />

de capital”; y M, el “monto de las importaciones de bienes y servicios”.<br />

29 También sobre este tema, de particular importancia son las consideraciones de Giannone (1992) y Alvaro (1999).<br />

30 Sea que se trata de una persona natural o jurídica, un conjunto de tales sujetos (operadores) o un país completo.<br />

31 En palabras de Graziani (1977: 65): “Se entiende por renta nacional el flujo neto de bienes y servicios que afluyen periódicamente<br />

a favor de una determinada colectividad, en el curso de un período de tiempo dado”. Aún más, la RN puede ser leída<br />

desde otra perspectiva: flujo de productos o flujo de pagos (desde el punto de vista de quien cede renta). Sobre estos temas,<br />

cfr. Samuelson, Nordhaus (1997: 957 ss.) y Graziani (1977: 71-73).<br />

32 El ahorro es, claramente, la parte de la renta que no es consumida. Por tanto, tenemos que S = Y - C, donde, como ya sabemos,<br />

S es igual a ahorro, Y a renta y C a consumo.<br />

33 En economía, la oferta de trabajo está constituida por las personas que quieren trabajar (no por las ofertas de empleo, que<br />

son la demanda de trabajo). En general, según la teoría económica dominante, cuando la demanda y la oferta se igualan hay<br />

equilibrio de mercado (con precio y cantidad de equilibrio relativos). En el mercado de trabajo encuentra la economía neoclásica<br />

una de las excepciones más estruendosas y problemáticas: el equilibrio entre demanda y oferta de fuerza de trabajo no se<br />

alcanza prácticamente jamás.<br />

34 El ejemplo de la casa incendiada ha sido tomado de Wim Dierckxsens (1998; 2002; 2004a).<br />

FUNDAMENTOS DE CONTABILIDAD NACIONAL<br />

119


35 El análisis de la influencia del uso de la capacidad instalada en los niveles de inversión es abordado por Josef Steindl (1976), un<br />

clásico en la materia.<br />

36 Con tal relación se establece la igualdad “desde el punto de vista cuantitativo”, tomando en cuenta que los dos agregados<br />

hacen referencia a “dos fases distintas del circuito de la renta”.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

120


Capítulo II<br />

CONTABILIDAD NACIONAL EN LA ECONOMÍA DOMINANTE<br />

1. Algunos problemas planteados por la contabilidad nacional<br />

1. A partir de la Segunda Guerra Mundial se desarrollan de manera articulada los sistemas de contabilidad<br />

nacional, con el objetivo de conocer el comportamiento de los principales agregados macroeconómicos<br />

y los efectos de las políticas económicas y sociales internas.<br />

El sistema socialista elaboró el modelo de balance de la economía nacional, desarrollado en la<br />

Unión Soviética en los años veinte y posteriormente transferido al resto del campo socialista y al sistema<br />

del Comecon 1 .<br />

En los países caracterizados por el libre mercado, los intentos de representación cuantitativa de<br />

la economía se remontan a William Petty (Sandoval González, 2004) y se desarrollan luego con los<br />

fisiócratas. Sin embargo, es solo a fines del siglo xix que nace la contabilidad nacional contemporánea.<br />

Las principales referencias conducen a Richard Stone. Sus trabajos dieron origen al sistema normalizado<br />

de contabilidad y sirvieron de base para la elaboración del sistema de Naciones Unidas.


Para Stone, “un sistema de contabilidad social es un medio práctico para describir lo que ocurre en una<br />

economía, en la medida en que ello puede ser expresado en términos de transiciones y en un conjunto<br />

de cuentas enlazadas bajo el principio de la partida doble” (2004: 12). Según este estudioso, el sistema<br />

se compone de cuatro clases de operadores: empresas, familias, Administración Pública y resto del<br />

mundo. Cada uno de ellos produce, consume y ahorra.<br />

Entre los trabajos pioneros en la construcción del sistema de cuentas nacionales (SCN en adelante)<br />

es necesario recordar también los del Grupo de Oslo, que organizó la disciplina en torno a un centenar<br />

de conceptos macroeconómicos, con una serie de ecuaciones de marco coherente.<br />

Mención particular exigen los trabajos de W. Leontief, quien, conocedor del sistema de balances de<br />

la vieja Unión Soviética, diseño el método input-output, ampliamente utilizado en muchos países; algo<br />

parecido, el balance intersectorial, había sido concebido por los planificadores de la Unión Soviética.<br />

La diferencia sustancial entre un sistema y otro es que en el campo socialista se tomaba en cuenta el<br />

indicador “producto social global”, que se centra en la producción de bienes y servicios directamente<br />

vinculados con la producción, circulación-distribución y comercialización de bienes materiales, según<br />

una particular interpretación de los esquemas marxistas.<br />

El primer SCN fue adoptado por la ONU en 1953 y desde entonces ha sido objeto de sucesivas<br />

adaptaciones. En 1989 comienza la aproximación entre el sistema que se aplicaba en el campo socialista<br />

y el utilizado por la ONU; entre ambos existen profundas diferencias. A partir de la “caída del<br />

muro”, esa dicotomía desaparece con el tránsito de los países del Este hacia la economía de mercado.<br />

2. Los principios de la contabilidad nacional implican la valoración de la actividad económica en un<br />

espacio (un país) y un período de tiempo (un año) determinados. Si bien los conceptos que sustentan<br />

la contabilidad macroeconómica se basan en teorías que describen valores y precios, la necesidad de<br />

alcanzar un cierto realismo en las mediciones permite vislumbrar cómo tras las naciones desarrolladas<br />

existe una teoría implícita del valor-trabajo.<br />

En la contabilidad nacional el valor agregado se interpreta, de manera realista, como la agregación<br />

de valor en el proceso de producción, sea que se clasifique este en términos sectoriales o globales. Sin<br />

embargo, un primer problema se deriva ya de las actividades comprendidas bajo la idea de “producción”.<br />

Por todo un período prevaleció la opinión de algunos autores que consideraban que la mayor<br />

parte de las actividades de servicios no debían sumarse a la producción material 2 . Pesenti (1984: 918-<br />

919) sostiene que el enfoque objetivista, clásico y marxista, se distingue del subjetivista posricardiano y<br />

de las modernas escuelas económicas porque el primero considera que la renta nacional está compuesta<br />

por el “flujo de nuevas mercancías, es decir, de bienes materiales producidos dentro del mismo año”.<br />

Para esa escuela del pensamiento, entonces, lo relevante es el “aspecto material del producto nacional”<br />

(918). Pesenti continúa asegurando que para la contabilidad nacional de los países socialistas, fundada<br />

sobre tales criterios, era fundamental la distinción entre “la esfera de la producción material y la de los<br />

servicios” (919). Tales diferencias, y la consecuente elaboración de un cierto modelo de contabilidad<br />

nacional alternativo –pero, como veremos, insuficiente– al ortodoxo, surgen de una bien precisa distinción<br />

entre trabajo productivo y trabajo improductivo, fundamentada en el aspecto material del primero<br />

e inmaterial del segundo (entendido como servicios; de allí, a través de los años, nacen también<br />

las diversas teorías que ven “productividad” solamente en la clase obrera de las fábricas). Esa diferenciación<br />

ha conllevado el surgimiento de enormes errores en el curso de la evolución del pensamiento<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

122


marxista, hasta hacer prevalecer, en lo que toca a este tema, el aspecto material del producto a los fines<br />

de calificar como productiva o improductiva la actividad que lo produjo, en lugar de valorar el aspecto<br />

formal preminente: el de las relaciones sociales de producción en las que se desenvuelve el proceso laboral.<br />

Es solo después de haber identificado las relaciones productivas (relevantes, repetimos, desde el punto<br />

de vista formal) que se puede pasar a una segunda fase: la de diferenciación entre las varias y diversas<br />

actividades que se cumplen en el mismo proceso de trabajo; esto es, entre trabajo productivo e improductivo<br />

(y no entre trabajo y no-trabajo), según esté o no dirigido a la transformación o conservación<br />

de un determinado valor de uso en un nuevo valor de uso (sobre estos problemas, véanse, por ejemplo,<br />

los textos de Carchedi, 1983; 1987; 2001). Pero ese proceso de transformación-conservación puede<br />

ser de naturaleza material o intelectual, por lo cual la materialidad del producto no es relevante a los<br />

fines de calificar el trabajo empleado en producirlo. Relevantes, en definitiva, son más bien: a) las relaciones<br />

sociales de producción (aspecto formal); b) el aspecto ontológico del trabajo empleado (si está<br />

o no dirigido a la transformación-conservación del viejo valor de uso, sea este material o intelectual,<br />

en un nuevo valor de uso). Es por ese motivo que la contabilidad de tipo soviético, en la que se tenía<br />

por predominante el aspecto material del bien producido, era insuficiente a los fines del cálculo de<br />

la riqueza nacional, y lo sería hoy todavía más: el marxismo soviético se encontraría completamente<br />

desconcertado en la lectura de la “sociedad de la información”, del “conocimiento”, etcétera, en las<br />

que una miríada de “trabajadores intelectuales” son altamente productivos (de plusvalía). Léase, por<br />

ejemplo, lo que escribe Pesenti: “La mescolanza de mercancías y servicios, establecida según la concepción<br />

y la contabilidad occidental, para la cual la producción es producción de ‘utilidad’ y no de bienes<br />

materiales, confunde las cosas y hace más difícil entender la correlación de fondo entre producto,<br />

renta y gasto”. A la luz de cuanto acabamos de sostener, está claro que una tesis como esta resulta<br />

insatisfactoria y desencaminada. Podemos, sin más, estar de acuerdo acerca del carácter equívoco de<br />

la contabilidad nacional neoclásica, que a todos los trabajos (y no-trabajos) los hace productores de<br />

valor, pero, en todo lo demás, hay que rechazar una definición como esa. Sobre el problema aquí<br />

expuesto, planteado por los diversos modelos de contabilidad nacional, cfr. en general Graziani (1977:<br />

66 ss.), donde se alude a la encendida discusión que suscitó en el siglo xix y en la que participaron<br />

economistas italianos del calibre de Francesco Ferrara (también ellos sosteniendo, entre otras cosas, la<br />

“materialidad” de los bienes por calcular a los fines de la contabilidad nacional).<br />

Actualmente predomina la idea de que las actividades de distribución y transporte, que absorben<br />

una gran cantidad de trabajo asalariado, implican modificaciones en las mercancías y, por tanto, deben<br />

sumarse en los cálculos del valor de la producción nacional.<br />

Más controversial es el caso de las actividades financieras y las de arrendamiento (inmobiliarias,<br />

leasing, etcétera). Estas actividades no producen valor nuevo, sino que simplemente absorben rentas<br />

provenientes del sector productivo.<br />

Un problema similar se presenta con los servicios públicos. Al no ser trabajo destinado a la producción<br />

de valor-capital, algunos autores sostienen que no se trata de trabajo productivo y que, por tanto,<br />

deberían excluirse del cálculo del valor (social) agregado. En este caso, a diferencia de las actividades<br />

que se basan en la obtención de una renta a partir de un derecho de propiedad (sobre un activo fijo<br />

material o sobre activos financieros), puede considerarse que los empleados públicos realizan una<br />

actividad funcional al proceso de reproducción capitalista y están, entonces, indirectamente sometidos<br />

al capital. Pero no por ello se insertan en la categoría de trabajo productivo, en sentido marxista 3 .<br />

CONTABILIDAD NACIONAL EN LA ECONOMÍA DOMINANTE<br />

123


Trabajo productivo, en los términos de Marx (que, como se ha visto en el parágrafo 3 del capítulo<br />

anterior, se contraponen radicalmente al modelo prevaleciente de contabilidad nacional), es solamente<br />

el utilizado por el capital para su propia valorización. Un trabajo de idéntico contenido puede ser<br />

productivo e improductivo. Ello depende de una consideración sobre la naturaleza del trabajo: si ese<br />

trabajo en concreto genera directamente plusvalía –es decir, revaloriza directamente el capital– o no.<br />

Es, pues, independiente del carácter más o menos útil de ese trabajo y se expresa cada vez más como<br />

trabajo colectivo, como “capacidad de trabajo socialmente combinada), menos vinculada a la forma y<br />

el contenido de los trabajos individuales. Es productivo (de plusvalía) el trabajo que tiene por objeto<br />

la transformación material o intelectual de un valor de uso, que es cambiado o conservado a los fines<br />

del proceso productivo 4 . Por largo tiempo prevaleció en el ámbito marxista una idea completamente<br />

“clásica”, debida a una incomprensión de fondo de los textos (en verdad, algunos no clarísimos) de<br />

Marx (aunque el todo se hace más comprensible si se tiene presente la naturaleza de muchos textos<br />

suyos que permanecían en forma de cuadernos no definitivos y no publicados). En concordancia con<br />

esa concepción “clásica”, se consideraba productivo solamente el trabajo material que produjese, es<br />

decir, un producto tangible, material también él. A partir de esas tesis, se nos privó por decenios de instrumentos<br />

de lectura de las transformaciones internas del MPC (piénsese en el variado y heterogéneo<br />

sector de los “servicios” –cfr. Carchedi, 2004–, todos igualmente considerados improductivos por “intangibles”).<br />

Para un análisis crítico de tal literatura, véase Guerrero (1990), donde el autor, entre otras<br />

cosas, señala el justo método, desde el punto de vista marxista, para identificar la productividad –o no–<br />

de la plusvalía. Es esa una determinación formal, no material. No tiene nada que ver con la materialidad<br />

o no materialidad del trabajo o del producto. El aspecto material, simplemente, no tiene relevancia<br />

para estos fines. Lo que cuenta es la inserción del trabajo (asalariado) en una organización capitalista y<br />

que sea empleado en la esfera de la producción. Y, como escribe Guerrero (1990): “ninguno de estos<br />

elementos hace referencia al contenido material del trabajo o al valor de uso obtenido”, tras lo cual precisa<br />

que “en Marx, el análisis ‘material’ o ‘técnico’ se refiere a los contenidos invariables del proceso de<br />

producción, mientras que el análisis ‘formal’, o específicamente ‘económico’, se ocupa de las variaciones<br />

de las formas, o sea de la dinámica de las relaciones de producción históricamente determinadas”.<br />

3. El concepto de trabajo productivo es de difícil traducción estadística, dado que en la contabilidad<br />

nacional se toma en consideración todo tipo de trabajo mercantil. Estas diferencias conceptuales y<br />

metodológicas obligan a introducir reacomodos en los datos estadísticos, a fin de adaptarlos a las<br />

categorías útiles para el análisis de clase.<br />

Estamos hoy en capacidad de elaborar estadísticas muy detalladas sobre la composición de la población<br />

activa, vista desde la óptica de la actividad laboral que desempeña y de las modalidades en que<br />

la ejerce. Piénsese en los datos que indican no solo las tendencias generales del MPC, sino también<br />

algunas variaciones ocurridas durante los últimos años en los varios “sistemas” capitalistas objeto de<br />

estudio 5 . Sin embargo, esos datos no nos dicen nada sobre la productividad 6 o no productividad de los<br />

trabajadores tomados en consideración.<br />

Los asalariados son la mayoría de la población 7 (en la Zona Euro, los 115,6 millones de asalariados<br />

de 1994 se convirtieron en 131,3 millones en 2005, lo que significa pasar de 82,3% a 83,7%). El<br />

número de capitalistas ha disminuido como consecuencia de la centralización del capital, mientras<br />

que el número de trabajadores autónomos ha aumentado, como efecto de la precarización creciente<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

124


del mercado de trabajo y de las nuevas formas de externalización o tercerización de los contratos en<br />

las empresas 8 .<br />

Más de la mitad de los ocupados de la Unión Europea de los 12* trabaja en la industria manufacturera<br />

y el comercio. El único cambio perceptible en los años más recientes es el incremento de la<br />

externalización de actividades por parte de las empresas industriales, que ha incrementado el volumen<br />

de los ocupados en servicios a las empresas que hoy desempeñan el mismo trabajo cumplido antes en<br />

la empresa matriz y que era imputado a la industria. El peso de los empleados públicos ha disminuido<br />

en la Unión Europea de los 12 en los últimos años.<br />

4. Donde se presentan las mayores dificultades para la estimación cuantitativa de los datos disponibles,<br />

es en lo que respecta a los criterios de la distribución del valor agregado que se expresa en los datos de<br />

la contabilidad nacional. No es casual que, en esta interpretación macroeconómica, la disputa mayor se<br />

plantee en torno a la definición de “capital” que utiliza la economía convencional. Es de sobra conocido<br />

que el concepto de “capital” empleado en la teoría económica dominante corresponde a un término<br />

polisémico, que incluye tanto el capital-dinero o capital financiero (del cual se obtiene una renta en<br />

forma de intereses) como los medios de producción de los cuales se obtiene la ganancia capitalista. Lo<br />

que esa teoría no explica es el origen de tales rentas y ganancias. Fue John Bates Clark, economista de<br />

la “nueva generación” posclásica, quien se preocupó por proponer diversas fuentes para las diversas formas<br />

de ingresos, con el propósito de eliminar el análisis de la explotación. Según él, en la producción<br />

intervienen permanentemente cuatro factores: el capital, que rinde intereses al capitalista; los bienes<br />

de capital, los medios de producción y la tierra, que reportan una renta empresarial; la actividad de los<br />

empresarios, que genera su ganancia; y el trabajo del obrero, que se remunera con el salario: “la libre<br />

competencia intenta dar al trabajo lo que crea con el trabajo; a los capitalistas, lo que se crea con el<br />

capital; y a los empresarios, lo que se crea con la función de coordinación” (Clark, 1899). Cuarenta<br />

años antes, Marx denunciaba ya la manera en que las formas transfiguradas de las relaciones capitalistas<br />

identificaban el proceso de trabajo con el proceso de creación del valor de la mercancía y hoy, en forma<br />

de teoría de los factores de producción, se presentan como una nueva apología que, bajo la máscara de<br />

la teoría económica burguesa, crea la apariencia de que las rentas de la sociedad dependen del papel<br />

que desempeñan la tierra (condiciones naturales), los medios de producción elaborados (capital) y el<br />

trabajo en el proceso de distribución del mercado 9 .<br />

Desde la formación del primer pensamiento neoclásico (marginalista), hacia fines del siglo xix, hasta<br />

nuestros días, la ganancia ha sido considerada desde una doble determinación: por una parte, como<br />

recompensa por la “abstención” de consumo, y por la otra, en una forma que genera un incremento<br />

del valor del capital mediante un proceso de autocrecimiento autónomo. De cualquier modo, esta<br />

explicación resulta excesivamente subjetiva hasta para sus defensores. Se aduce entonces la existencia<br />

de un rendimiento marginal decreciente de los factores, que reproduce la teoría de Ricardo aplicada a<br />

los medios de producción producidos, haciendo abstracción del hecho de que la tierra no “se produce”,<br />

mientras que los medios de producción sí. Esta segunda dimensión fue refutada definitivamente por<br />

Sraffa y los economistas neoricardianos hace casi cincuenta años 10 . Sin embargo, el argumento moral<br />

* (n.t.) La de los países que se integraron a ella antes de 1995: Bélgica, Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Gran<br />

Bretaña, Irlanda, Dinamarca, Grecia, España y Portugal.<br />

CONTABILIDAD NACIONAL EN LA ECONOMÍA DOMINANTE<br />

125


de la recompensa por la abstención sigue siendo, en última instancia, la base de la explicación que<br />

reciben los neófitos decididos a adentrarse en los arcanos de la ciencia económica dominante.<br />

La idea de que la remuneración del capital-medios de producción, o del capital financiero, o de la<br />

tierra, provenga exclusivamente de un derecho de propiedad sobre tal medio de producción, sea este<br />

dinero o tierra, precisamente, no forma parte de la realidad que quiere analizar la teoría convencional.<br />

Se termina así por considerar científico el argumento de la abstención, pero no se quiere admitir el<br />

justo peso jurídico-político de la propiedad.<br />

2. Análisis crítico del sistema de cuentas nacionales<br />

1. Para el sistema de contabilidad de la economía nacional, la producción se limita a las actividades que<br />

generan bienes materiales y servicios pertenecientes a la llamada esfera productiva. Las demás actividades<br />

–educación, salud, cultura, deportes, defensa, administración, etcétera– no crean producción: son<br />

clasificadas en la esfera no productiva y tratadas como servicios no productivos. En el SCN se computa<br />

como producción toda actividad socioeconómica que tenga un contenido mercantil, independientemente<br />

del hecho de que su origen sea o no productivo.<br />

En cuanto al ámbito territorial, el sistema de balance material (de enfoque soviético) se limita al<br />

espacio económico de un país, mientras que el SCN incluye los flujos de y hacia el exterior, vinculando<br />

así la economía interna con el operador “resto del mundo” mediante las relaciones que se establecen<br />

entre las cuentas que lo componen. De esta manera, se considera que el SCN suministra informaciones<br />

periódicas sobre las variables que permiten describir todo el estado de la economía de un país en su<br />

conjunto, en calidad y en valor. Las cuentas nacionales proveen el marco conceptual para describir<br />

las relaciones entre las variables macroeconómicas fundamentales: la producción, la renta y el gasto 11 .<br />

Se ha dicho igualmente que, en sentido general, la contabilidad nacional es un registro sistemático<br />

de los hechos económicos que cumplen los operadores de un país; en su acepción más restringida y<br />

práctica, es el conjunto de las diversas estadísticas sobre la formación y utilización del producto bruto,<br />

del gasto y de otros conceptos macroeconómicos, presentados en cuadros y computados según las<br />

normas generalmente aceptadas de la contabilidad. Otros autores consideran, más específicamente,<br />

que el SCN es una técnica estadística directa que brinda una representación cuantitativa, completa y<br />

coherente de la economía nacional.<br />

De un modo u otro, la intención es presentar el sistema como un modelo perfecto, tanto en el plano<br />

teórico como en relación con el tipo de información que provee. El objetivo, también en este caso,<br />

es construir una ciencia económica absoluta e indiscutible por su nivel de formalización: un intento,<br />

pues, de construir modelos que no necesariamente se preocupen por adherir a la realidad o al conjunto<br />

de las relaciones sociales. Y se trata, en cambio, de reconocer los límites de ese análisis y, después de<br />

haberlos determinado, buscar, con el máximo de objetividad, superarlos.<br />

Se debe empezar por reconocer que este análisis impone límites en el campo de los fenómenos<br />

que abarca; de hecho, solo permite tratar los fenómenos que son cuantificables en términos de mercado,<br />

excluyendo aquellos que no lo son o que son de difícil o imposible cuantificación, aunque se<br />

reconozca su importancia. Al utilizar la moneda como única unidad de medida, se tiene la ventaja<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

126


de poder agregar, modelar y presentar cuadros numéricos y análisis comparativos, pero de otra parte<br />

se dejan fuera todos los fenómenos no cuantificables o de difícil cuantificación en términos de<br />

valor monetario.<br />

Según Shaikh y Tonak (1994: 32-34), el SCN es de inspiración neoclásica y constituye una idealización<br />

de la realidad que se presupone de previsión perfecta. En la concepción neoclásica, una actividad<br />

es productiva siempre que sea considerada socialmente necesaria, es decir, con tal de que tenga<br />

demanda y las personas estén dispuestas a pagar directamente por ese producto. Sobre esa base, todas<br />

las actividades potencialmente mercantilizables son consideradas productivas. Por tanto, lo que no<br />

llega al mercado no entra en esta definición.<br />

Podrían discutirse muchos elementos de ese sistema, pero a los efectos de este trabajo nos limitaremos<br />

a algunas críticas de importancia indiscutible.<br />

2. El SCN presenta todas las relaciones de la sociedad en un único nivel metodológico, el estadísticoformal,<br />

e ignora en su totalidad los procesos reales que se dan tras ellas. Así, por ejemplo, detrás de la<br />

distribución de los capitales en los distintos ramos está el proceso general de distribución en el ámbito<br />

de la división internacional del trabajo. En el pensamiento clásico, en cambio, y sobre todo en Marx,<br />

se analiza la relación entre los productores de mercancías, que ante todo tienen como base la ley del<br />

valor-trabajo.<br />

La concepción de trabajo productivo que se asume en las cuentas nacionales introduce una permanente<br />

distorsión del sistema. En el capítulo 14 del tomo I de El Capital, escribe Marx:<br />

La producción capitalista no es ya producción de mercancías, sino que es, sustancialmente, producción<br />

de plusvalía. El obrero no produce para sí mismo, sino para el capital. Por eso, ahora, no basta con<br />

que produzca en términos generales, sino que ha de producir concretamente plusvalía. Dentro del<br />

capitalismo, solo es productivo el obrero que produce plusvalía para el capitalista o que trabaja por<br />

hacer rentable el capital. Si se nos permite poner un ejemplo ajeno a la órbita de la producción<br />

material, diremos que un maestro de escuela es obrero productivo sí, además de moldear las cabezas<br />

de los niños, moldea su propio trabajo para enriquecer al patrono. El hecho de que este invierta su<br />

capital en una fábrica de enseñanza en vez de invertirlo en una fábrica de salchichas, no altera en<br />

lo más mínimo los términos del problema. Por tanto, el concepto de trabajo productivo no entraña<br />

simplemente una relación entre la actividad y el efecto útil de esta, entre el obrero y el producto<br />

de su trabajo, sino que lleva además implícita una relación específicamente social e históricamente<br />

dada de producción, que convierte al obrero en instrumento directo de valorización del capital<br />

(1976: 425-426).<br />

En otras palabras, trabajo productivo es aquel “que se intercambia directamente por capital”; vale<br />

decir, el trabajo que el capitalista compra, como capital variable, con el propósito de utilizarlo como<br />

valor de cambio y plusvalía. Trabajo improductivo, nos precisa Marx, es aquel que no se intercambia<br />

por capital, sino directamente por renta, por salario o ganancia y, naturalmente, por los diversos elementos<br />

que forman la ganancia del capitalista, como pueden ser el interés y la renta del suelo.<br />

De las definiciones de Marx se deducen necesariamente dos conclusiones:<br />

a) Todo trabajo que el capitalista compre como capital variable con el fin de sacar de allí una plusvalía<br />

es trabajo productivo, independientemente de que este se materialice o no en objetos 12 ,<br />

CONTABILIDAD NACIONAL EN LA ECONOMÍA DOMINANTE<br />

127


o de que sea o no objetivamente necesario o útil para el proceso social de producción; por<br />

ejemplo, el trabajo de un payaso, usado por un empresario de circo.<br />

b) Todo trabajo que el capitalista no compre como capital variable es no productivo desde el punto<br />

de vista de la economía capitalista, aun cuando pueda ser objetivamente útil y pueda materializarse<br />

en artículos de consumo que satisfagan necesidades humanas de subsistencia.<br />

A primera vista, estas dos conclusiones son paradójicas y contradicen el concepto corriente de trabajo<br />

productivo. En la mayoría de los textos de economía política, y en el SCN, el trabajo productivo<br />

es abordado, de hecho, desde el punto de vista de su necesidad objetiva para la producción social en<br />

general, o para la producción de bienes materiales. En estos análisis, el factor decisivo es el contenido<br />

del trabajo, es decir, su resultado, que usualmente es un objeto material creado mediante la acción del<br />

trabajo.<br />

El asunto que aborda Marx no tiene nada en común con este concepto, salvo el nombre. Para Marx,<br />

trabajo productivo significa trabajo incorporado al sistema social de producción 13 .<br />

Al pensador de Tréveris le interesaba el problema del tipo de producción social, de cómo se explicita,<br />

en términos sociales, la actividad laboral de las personas que no están empleadas en esa producción<br />

(por ejemplo, el trabajo dirigido a la satisfacción de necesidades personales o al servicio de una casa).<br />

¿Cuál es el criterio que permite incluir la actividad laboral de los hombres en la producción social?<br />

¿Qué hace de esa actividad un trabajo “productivo”? A ese problema dio Marx la siguiente respuesta:<br />

todo sistema de producción se caracteriza por el conjunto de relaciones de producción determinadas<br />

por la forma social de organización del trabajo. En la sociedad capitalista, el trabajo está organizado en<br />

forma de trabajo asalariado y la economía se estructura en forma de empresas capitalistas, donde los<br />

asalariados trabajan bajo el mando de un capitalista.<br />

Los trabajadores productivos crean mercancías, producen servicios y, de cualquier manera, rinden al<br />

capitalista una plusvalía. Solo el trabajo organizado en las empresas capitalistas bajo la forma de trabajo<br />

asalariado, adquirido por el capital con el propósito de extraerle plusvalía, se agrupa valorativamente<br />

en el sistema de producción capitalista. Ese trabajo es trabajo “productivo”. Todo tipo de trabajo que esté<br />

comprendido en este sistema de producción inmediata puede ser considerado como productivo, es<br />

decir, todo tipo de trabajo organizado en la forma social característica del sistema de producción aquí<br />

considerado. Dicho de otra manera, el trabajo es considerado productivo o improductivo no por su<br />

contenido –es decir, no en términos del carácter de la actividad laboral concreta–, sino desde el punto<br />

de vista de la forma social de su organización, de su compatibilidad con las relaciones de producción<br />

que caracterizan el orden económico de la sociedad capitalista.<br />

Marx señaló frecuentemente esta característica, que diferencia su teoría de las más corrientes sobre<br />

el trabajo productivo, las cuales asignan un papel decisivo al contenido de la actividad laboral.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

128


— notas —<br />

1 Consejo de Ayuda Mutua Económica, instituido en 1949 por los países socialistas de Europa Oriental (Unión Soviética, Albania,<br />

Bulgaria, Checoslovaquia, Polonia, Rumanía y Ungría), con excepción de Yugoslavia, en contraposición al Plan Marshall y para<br />

coordinar las economías de los países comunistas. Posteriormente se incorporaron Cuba, Mozambique y Vietnam, mientras<br />

que Albania lo abandonó en 1962. Fue disuelto en 1990.<br />

2 Sobre este debate, cfr. Guerrero (1990).<br />

3 “Los funcionarios pueden convertirse en asalariados del capital, pero no por ello se transforman en trabajadores productivos<br />

(…) El trabajo productivo se intercambia directamente por dinero en cuanto capital, es decir, por dinero que en sí mismo es capital,<br />

que está destinado a funcionar como capital y que como capital se contrapone a la capacidad de trabajo” (Marx, 1985a:<br />

83).<br />

4 “El valor y la plusvalía producidos [en el proceso laboral productor de plusvalía] son resultado de la acción de una sola categoría<br />

de agentes: aquellos que, por medio de su trabajo concreto, transforman las características materiales e intelectuales de los<br />

objetos y de los instrumentos de trabajo en un valor de uso diferente, que es el del producto” (Carchedi, 1991: 31). Sobre este<br />

punto, cfr. también Carchedi 1977; 1987.<br />

5 Alessandro Mazzone es uno de los estudiosos más atentos a diferenciar entre MPC, que es un concepto concebido a un nivel<br />

muy abstracto de razonamiento, con leyes que norman su comportamiento general, sus tendencias, etcétera, y, de otra parte,<br />

los capitalismos en particular, que de manera concreta, en la cotidianidad económica, social, humana, geográfica, se manifiestan<br />

y se diferencian.<br />

6 Nos referimos aquí a la productividad de plusvalía y no a su acepción corriente.<br />

7 Y esto, póngase atención, en los países de capitalismo avanzado, donde debería más bien extenderse, al decir de algunos<br />

científicos atolondrados y superficiales, el fin de la clase obrera y del trabajo. Si se piensa en países como China, India, etcétera,<br />

las tasas de población asalariada son todavía más elevadas.<br />

8 Tras las cuales se esconden con frecuencia formas solo jurídicas y no sustanciales de “autoempresarialismo”. En Italia, la gran<br />

incidencia de trabajadores conocidos como “en partida IVA” ha llevado desde hace años a hablar de “trabajadores autónomos<br />

de última generación”, para identificar a un falso “autoempresariado” que nombra a asalariados atípicos expulsados, despedidos<br />

y obligados a “inventarse” un trabajo aparentemente propio pero absolutamente precario.<br />

9 “Por eso la economía vulgar no tiene ni la más remota idea de que la fórmula tripartita de que parte, a saber, tierra-renta,<br />

capital-interés, trabajo-salario o precio del trabajo, encierra tres combinaciones evidentemente imposibles. En primer lugar,<br />

tenemos el valor de uso tierra, que no tiene de por sí ningún valor, y el valor de cambio renta del suelo, con lo que se establece<br />

una proporción entre una relación social, considerada como una cosa, y la naturaleza, es decir, se establece una relación entre<br />

dos magnitudes inconmensurables. Luego, viene la relación de capital a interés. Si el capital se concibe como una determinada<br />

suma de valor expresada sustantivamente en dinero, es absurdo que un valor represente mayor valor de lo que vale. La fórmula<br />

capital-interés hace desaparecer, precisamente, todo eslabón intermedio y reduce el capital a su fórmula más general y, por<br />

tanto, inexplicable por sí misma y absurda. Es por eso que el economista vulgar prefiere la fórmula de capital-interés, con su<br />

cualidad oculta de valor desigual a sí mismo, a la fórmula de capital-ganancia, que nos acerca más a la relación real y efectiva<br />

del capital. Luego, movido por la intranquilidad de conciencia que le dice que 4 no es igual a 5 y que, por tanto,100 táleros, no<br />

pueden ser 110 táleros, salta del capital como valor de la sustancia material del capital, a su valor de uso como condición de<br />

producción del trabajo, de la maquinaria, de las materias primas, etcétera. Con lo cual consigue, a su vez, establecer, en lugar<br />

de la inconcebible primera proporción según la cual 5 = 5, una proporción perfectamente inconmensurable entre un valor de<br />

uso, una cosa material, de una parte, y de otra una determinada relación social de producción, la plusvalía, como ocurre en lo<br />

referente a la propiedad de la tierra. Tan pronto como llega a esta relación entre magnitudes inconmensurables, el economista<br />

vulgar lo ve ya todo claro y no siente la necesidad de seguir reflexionando, pues con ello ha llegado, en efecto, a lo ‘racional’<br />

CONTABILIDAD NACIONAL EN LA ECONOMÍA DOMINANTE<br />

129


de la idea burguesa. Finalmente, la relación entre el trabajo y el salario o precio del trabajo es, como se demostró en el libro<br />

I, una expresión que contradice antes que todo el concepto de valor y también el de precio, que no es de por sí, en términos<br />

generales, más que una determinada expresión del valor; hablar del ‘precio del trabajo’ es algo tan irracional como lo sería<br />

hablar de logaritmos amarillos. Pero al llegar aquí el economista vulgar se siente verdaderamente satisfecho, puesto que ha<br />

llegado a la profunda concepción del burgués, que paga dinero por trabajo, y además la contradicción de la fórmula frente al<br />

concepto de valor lo exime de comprender este mismo valor” (Marx, 1978a: tomo III, cap. XXIII).<br />

10 Sraffa (1982); Harcourt (1975).<br />

11 Dornbush, Fisher (1985).<br />

12 Piénsese en un software, que es hoy el prototipo de la mercancía inmaterial, aun si debe ser incorporado, para su uso, a un<br />

soporte material.<br />

13 Como dijimos anteriormente, el aspecto relevante y calificador es el formal, que identifica las relaciones sociales en las cuales<br />

se desarrolla la actividad laboral.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

130


Capítulo III<br />

PARA UNA CRÍTICA DE LA CONTABILIDAD NACIONAL<br />

1. El marxismo y el sistema de cuentas nacionales<br />

1. Para interpretar de manera exacta la idea de Marx, es necesario comprender con claridad que la fase<br />

de circulación del capital no equivale a una circulación del capital, no corresponde a una distribución<br />

real de productos, es decir, a un proceso de transferencia de manos de los productores a las de los<br />

consumidores, necesariamente acompañado de servicios de transporte, almacenamiento, empaquetamientos,<br />

etcétera. La función de la circulación del capital, que consiste solo en transferir de una<br />

persona a otra el derecho de propiedad de un producto, es por tanto una transformación del valor, de<br />

su forma mercancía a su forma dinero o, inversamente, una realización del valor producido. Son estos<br />

los “gastos de circulación, derivados del simple cambio de forma del valor, de la circulación idealmente<br />

considerada” (Marx, 1966: 120-121). “Aquí nos referimos solo al carácter general de los gastos de<br />

circulación que surgen de la metamorfosis puramente formal” (121). Marx demostró claramente la<br />

siguiente afirmación: “La ley general es que los gastos de circulación que corresponden simplemente a<br />

un cambio en la forma de la mercancía no agregan a esta ningún valor” (132).


Marx diferenció entre esta “metamorfosis formal”, que es la esencia de la fase de circulación, y<br />

la “función real” del capital-mercancía (1978a: 265). Y como parte de esa función real incluyó el<br />

transporte, almacenamiento, “distribución de las mercancías bajo una forma distribuible” (1966: 264),<br />

“expedición, transporte, distribución, venta al detal” (276-282). Debe entenderse que la realización<br />

formal del valor es la transferencia del derecho de propiedad sobre productos y se limita a servir de<br />

vehículo a su realización, y con ello, al mismo tiempo, al verdadero intercambio de las mercancías, a su<br />

paso de unas manos a otras, al metabolismo social. Pero teóricamente la realización formal, la función<br />

genuina del capital en la circulación, es totalmente diferente de las mencionadas funciones reales, que<br />

son, en esencia, ajenas a ese capital y tienen un carácter “heterogéneo”.<br />

En las empresas comerciales corrientes, estas funciones formales y reales se mezclan y entrelazan<br />

habitualmente. El trabajo del vendedor de un negocio sirve a la función real de la conservación, del<br />

embalaje, del transporte, y a las funciones formales de la compra y la venta. Pero es posible separar estas<br />

funciones, con base tanto en las personas como en los lugares: “Las mercancías preparadas para ser<br />

compradas o vendidas pueden imaginarse también en muelles y otros lugares públicos” (282) como,<br />

por ejemplo, en depósitos comerciales y de transporte. Marx consideró todas las funciones reales como<br />

“procesos de producción que simplemente se prolongan en la circulación, y cuyo carácter productivo<br />

se esconde bajo la forma de esta última” (tomo II: 121).<br />

2. Así, el trabajo que se aplica a estos “procesos de producción” es trabajo productivo, que crea valor<br />

y plusvalía. Si el trabajo del vendedor consiste en llevar a término funciones reales (conservación,<br />

transporte, empaquetamiento, etcétera), entonces es trabajo productivo, y no porque se encarne en<br />

bienes materiales (la conservación no produce tales cambios), sino porque es empleado en el “proceso<br />

de producción” y, por tanto, es empleado por el capital productivo. El trabajo del mismo empleado<br />

comercial es improductivo solo si sirve exclusivamente para la “metamorfosis formal” del valor, para<br />

su realización, para la transferencia ideal del derecho de propiedad del producto de una persona a<br />

otra. La “metamorfosis formal” que se produce en la oficina de ventas y que está separada de todas las<br />

funciones reales, exige también ciertos gastos de circulación y gastos de trabajo: llevar la contabilidad<br />

y los libros comerciales, la correspondencia, etcétera. Este trabajo no es productivo, pero, insistamos<br />

una vez más, no porque no crea bienes materiales, sino porque se utiliza en la metamorfosis formal, en<br />

la fase de circulación del capital en forma pura 1 .<br />

A pesar de cuan rigurosamente expone el análisis de Marx, a partir de una visión actual del problema<br />

se presentan algunos límites evidentes; sin embargo, las bases esenciales de análisis conservan su<br />

vigencia, y justamente al considerar el concepto de producción y reproducción reales de las relaciones<br />

capitalistas de producción.<br />

3. De cuanto se ha dicho, resulta evidente la enorme diferencia que existe entre una contabilidad<br />

nacional a la manera de Marx 2 y la de corte neoclásico. Que, a pesar de todo, es el único<br />

instrumento que actualmente nos permite conocer algunos comportamientos de los sistemas<br />

económicos.<br />

Aunque, de cualquier forma, sea actualmente de una considerable utilidad, las grandes limitaciones<br />

de este sistema (SCN) han sido señaladas desde el inicio por sus defensores y críticos. Graves limitaciones<br />

se encuentran, por ejemplo, en la descripción integral del proceso de desarrollo: aspectos como el<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

132


mejoramiento de la calidad de vida de la población y el efecto sobre los recursos naturales han quedado<br />

explícitamente fuera de ese sistema.<br />

Como parte de la macroeconomía contemporánea, el SCN asume, en cambio, un conjunto de<br />

reglas –conocidas y planteadas a priori– que evidencian incertidumbre y una infinidad de hipótesis<br />

teóricas que no necesariamente colocan sus principales puntos de referencia en la realidad, aunque se<br />

sostenga que el objetivo central de todo proyecto de contabilidad nacional sea el de buscar la estabilidad<br />

del sistema macroeconómico y su funcionamiento equilibrado.<br />

Sobre esa base, se encuentran en la literatura dos maneras principales de recoger los resultados de la<br />

macroeconomía contemporánea: el análisis clásico y el keynesiano.<br />

Se diferencian uno de otro, fundamentalmente, por sus presupuestos y sus conclusiones, así como<br />

por una multiplicidad de modelos y teorías que no en todos los casos cuentan con un mismo nivel de<br />

reconocimiento y difusión, pero que sirven de base a las políticas de ajuste estructural que durante los<br />

últimos años han sido aplicadas en todo el mundo.<br />

2. Hacia una macroeconomía alternativa<br />

1. Aunque frecuentemente ignorado por la ciencia económica oficial al servicio de las clases dominantes,<br />

es justamente El Capital de Karl Marx lo que permite delinear un modelo de reproducción<br />

del capital social que podría constituir la base para el desarrollo de una macroeconomía alternativa,<br />

centrada en la ley del valor, y a partir de la cual podría analizarse –enmarcados de otra manera– todo<br />

un grupo de procesos económicos y sociales.<br />

En el tomo II de El Capital se describe el proceso de reproducción simple y ampliada del capital<br />

social, y se demuestra que la reproducción del capital constante consumido en la producción del sector<br />

1 está unida a la reproducción de las clases sociales en el sector 2. Según Marx (1966, tomo II: 351),<br />

la esencia del problema consiste en “cómo se repone a base del producto anual el valor del capital<br />

absorbido por la producción, y cómo se entrelaza el movimiento de esta reposición con el consumo de<br />

plusvalía por parte de los capitalistas y el de salario por parte de los obreros”.<br />

En otras palabras, en la reproducción macroeconómica se entrelazan dos procesos: el de reproducción<br />

del capital social y el de las clases sociales, al mismo tiempo. Para Marx, también en la macroeconomía<br />

se manifiesta el sistema de relaciones de clase.<br />

La categoría central que se desprende de la sección tercera del tomo II de El Capital es la de capital<br />

global nacional. El capital global representa el conjunto de los capitales individuales de un país, lo que<br />

es igual al capital fijo, como base material para la reproducción, más el producto social, que es el valor<br />

anual de todos los bienes y servicios logrados por la sociedad, expresión del valor de todo el trabajo<br />

social y de todas las utilidades (Marx, 1966, tomo II: 382).<br />

Como es posible observar, de esta manera se suman tanto el valor de las partes del producto social<br />

que corresponden al capital, como las partes que corresponden al fondo de consumo.<br />

Esquemáticamente, el capital global puede ser representado como en el gráfico que sigue más abajo.<br />

Tanto para la reproducción simple como para la reproducción ampliada, Marx asume las mismas<br />

hipótesis:<br />

PARA UNA CRÍTICA DE LA CONTABILIDAD NACIONAL<br />

133


a) Se trata de una economía completamente capitalista y existen solo dos clases sociales: la de los<br />

trabajadores y la de los capitalistas.<br />

b) El precio de las mercancías coincide con el valor 3 .<br />

c) Se prescinde del comercio exterior.<br />

d) Se supone que O = D (con O por oferta y D por demanda).<br />

Producto social global<br />

Producto constante fijo<br />

Producto social<br />

Plusvalía<br />

Capital constante circulante<br />

capital constante circulante<br />

capital variable<br />

Producto del valor anual<br />

La división de la sociedad en dos sectores (el sector 1, productor de medios de producción, y el<br />

sector 2, productor de artículos de uso y consumo) sirve de base para prever hipótesis acerca de las<br />

relaciones intersectoriales basadas en intercambios de valor.<br />

Para Marx, “todo el valor social del producto se descompone en renta, en salario más plusvalía o,<br />

según su expresión, en salario más ganancia (interés), más renta del suelo” (Marx, 1966, tomo II: 386).<br />

Este concepto constituye una muestra de genio, por la cual deberían estar agradecidos los macroeconomistas<br />

modernos.<br />

2. El estudio de la reproducción del capital social debe basarse en el análisis del ciclo M-M', ya que esta<br />

fórmula expresa la realización de la mercancía.<br />

A su vez, en la reproducción del capital social en su conjunto debemos diferenciar la producción<br />

social en dos sectores fundamentales: el que produce medios de producción (MP) y el que produce<br />

medios de consumo (MC).<br />

En ambos sectores debe tenerse en cuenta tanto el valor de cambio y el valor de uso como la proporcionalidad<br />

entre ellos.<br />

También en este nivel de análisis, el problema básico es la realización del capital social. En el análisis<br />

de Marx, el único factor que convierte la reproducción simple en ampliada es que una parte de la<br />

plusvalía no se consume, se invierte.<br />

El sector 1 acumula y garantiza así una reproducción ampliada. Esto genera la necesidad y la<br />

posibilidad de que también el sector 2 acumule y desarrolle una reproducción ampliada. Por tanto, se<br />

garantiza así que los dos sectores de la producción crezcan y que el capital social en su conjunto cumpla<br />

el proceso de reproducción ampliada.<br />

Podemos ahora formular, a partir de allí, algunas consideraciones:<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

134


a) El desarrollo del sector 1 impulsa el desarrollo del sector 2.<br />

b) La reproducción ampliada del sector 2 presupone la reproducción ampliada del sector 1.<br />

c) Del desarrollo del sector 1 depende el desarrollo del sector 2. De aquí se deduce el papel preponderante<br />

de la producción de medios de producción con respecto a la producción de medios<br />

de consumo a nivel social.<br />

Una economía subdesarrollada se apoya más en la producción de bienes de consumo personal que<br />

en la industria. Esto puede condicionar tres tipos de situaciones:<br />

a) Crisis de sobreproducción.<br />

b) Exportación de los excedentes al mercado mundial.<br />

c) Inyección externa de recursos para incrementar el consumo de las clases sociales (remesas, créditos,<br />

transferencias).<br />

3. Una interesante aplicación del método marxista de análisis de las cuentas nacionales es la que presentan<br />

Shaikh y Tonak (1994). Estos autores someten a fuerte crítica el concepto neoclásico de actividad<br />

productiva, que considera como tal todo aquello para lo que existe una demanda social, aquello por<br />

lo que la gente está dispuesta a pagar y tiene, por tanto, un precio de mercado. Asimismo, ponen en<br />

discusión la concepción neoclásica presente en el SCN, en el que no se distingue entre las formas de<br />

consumo y las formas de producción. Así, por ejemplo, especifican que el trabajo de un guardia<br />

de seguridad es un trabajo necesario que garantiza consumo, pero no es un trabajo productivo (Shaikh<br />

y Tonak, 1994: 17-19). Presentan estos autores un análisis alternativo que se mueve entre el sistema de<br />

balance material aplicado antaño en el bloque socialista y el SCN, al considerar ambos como extremos.<br />

El comercio, la actividad militar, la policía y otras actividades alternativas no son consideradas por ellos<br />

como productivas, sino como formas de consumo social. El centro de su propuesta es la separación<br />

de las actividades no productivas que puedan ser necesarias pero no pertenecen a la esfera productiva.<br />

Shaikh y Tonak no establecen una proporcionalidad entre el incremento de la ocupación y el crecimiento<br />

de la producción, pero la correlacionan con el incremento del consumo; consideran, además,<br />

que detrás de las cuentas de producción está el trabajo humano que asume el concepto de trabajo<br />

productivo de Marx, al cual nos referíamos anteriormente. El objetivo de estos autores es presentar<br />

un análisis comparativo entre el sistema de categorías macroeconómicas, derivado del marxismo, y el<br />

modelo input-output para demostrar la posibilidad real de interpretar el SCN desde una perspectiva<br />

marxista y sin que, necesariamente, sean excluyentes el uno con respecto al otro.<br />

Por ejemplo:<br />

Categoría marxista<br />

Capital constante<br />

Capital variable<br />

Plusvalía<br />

Valor total<br />

K + V + W<br />

modelo input-output<br />

Demanda intermedia<br />

costo del trabajo<br />

ganancia<br />

Producto total (bruto)<br />

materias primas (consumos intermedios), salarios, ganancias<br />

PARA UNA CRÍTICA DE LA CONTABILIDAD NACIONAL<br />

135


En lo que respecta al uso, se podría proceder del mismo modo:<br />

Categoría marxista<br />

Costo de producción<br />

Producto necesario<br />

Plusvalía<br />

Valor total<br />

modelo input-output<br />

consumo intermedio<br />

consumo entre los trabajadores<br />

Consumo del capital e inversión total<br />

Producto bruto<br />

Partiendo de estos presupuestos, Shaikh y Tonak estiman empíricamente las principales variables<br />

macroeconómicas –como plusvalía, ganancia, crecimiento, productividad del trabajo, etcétera– de<br />

Estados Unidos, tanto desde el punto de vista marxista como del tradicional, y al comparar, en cada<br />

caso, los resultados, obtienen desviaciones entre un método y otro que tal vez puedan ser significativas.<br />

Otros economistas, como Mandel, Tonak, Aglietta y Vargas, han realizado, desde 1920 hasta hoy,<br />

el estudio de diferentes variables y procesos mediante el método marxista, demostrando el gigantesco<br />

potencial heurístico de esta teoría para el análisis macroeconómico.<br />

Estos estudios han sido ignorados o minimizados porque presentan un modelo de la realidad a<br />

través del lente de las variables reales y de las relaciones de clase.<br />

Al mismo tiempo, sin embargo, es preciso subrayar que no se ha sistematizado suficientemente el<br />

análisis macroeconómico marxista, lo que no implica imposibilidad de hacerlo ni niega la necesidad<br />

de ese enfoque alternativo.<br />

— notas —<br />

1 Guerrero (1990) escribe al respecto: “Marx diferencia muy claramente la circulación ‘real’ o ‘material’ de la circulación ‘pura’<br />

o ‘económica’, y sostiene que la primera no es auténtica circulación: ‘las industrias de la conservación y de la conservación de<br />

mercancías (…) deben considerarse como procesos de producción que persisten dentro del proceso de circulación’ (Marx). La<br />

circulación ‘pura’ consiste apenas en la transmisión de derechos de propiedad (o de arrendamiento, de uso, etcétera) sobre la<br />

mercancía, transmisión que aparece como una necesidad solamente en la producción mercantil”.<br />

2 Que no sirve, ciertamente, para satisfacer la aproximación puramente ideológica de algún militante marxista incapaz de un<br />

enfoque científico, pero permite conocer los verdaderos procesos de movimiento del modo de producción capitalista, los modos<br />

de acumulación, los sectores impulsores, productivos e improductivos, y, en fin, los orígenes sociales de la crisis. Estudios<br />

profundos en este sentido han sido llevados a cabo por Moseley (1991) y Wolff (1986).<br />

3 En este caso razonamos utilizando una “cláusula de abstracción” por la cual se supone que precios y valor coincidan, cosa que<br />

en la realidad no sucede porque el valor es solamente una media de los varios precios de mercado y, mientras estos últimos<br />

están sujetos a la ley de la oferta y la demanda, el valor es la media que escapa de las oscilaciones causadas por esa ley e identifica<br />

el trabajo social necesario para la producción de las mercancías.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

136


Capítulo IV<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO 1<br />

1. Indicadores macroeconómicos para los modelos de crecimiento cuantitativo<br />

1.1. Generalidades sobre la modelística del movimiento del capital<br />

1. El modo de producción capitalista, como significativamente expresa Alessandro Mazzone, es también<br />

movimiento de producción capitalista. Su dinamismo, a despecho de todas las teorías que buscan<br />

extirparlo quirúrgicamente para el propio uso y consumo, es intrínseco, inmanente al modo mismo.<br />

Por definición, no existe capitalismo sin dinamismo. Si el capital sobrevive solo en la medida en que<br />

se acrecienta, el mundo social en que vivimos necesita comprenderlo en su dinamicidad, en su procesualidad,<br />

en su movimiento continuo (y es justamente ese movimiento continuo el que nos constriñe a<br />

tener siempre presente la totalidad del modo en sí mismo) 2 .<br />

Toda forma de capitalismo nace en determinadas condiciones histórico-sociales, se desarrolla modificando<br />

su propio espacio social, humano y también geográfico, produce trastornos tan intensos que<br />

modifican la faz de la tierra, e induce, incluso, profundísimas perturbaciones antropológicas. Todo ello


sucede, además, a velocidades tan altas que tornan ridículos los tiempos de transformación típicos de<br />

los modos de producción precedentes. Y no porque, por obra de algún teórico chistoso, el capitalismo<br />

sea estático o el reino de lo económico esté “detenido”. Antes bien, porque el capital, por primera vez<br />

en la historia de la humanidad, pone en movimiento fuerzas transformadoras tan poderosas e intensas,<br />

gracias, precisamente, a su continua acumulación y, por tanto, a su continuo movimiento.<br />

Como hemos hecho notar en otras partes de este trabajo, el movimiento del capital, sin embargo,<br />

no es “indoloro”. Produce en su propia interioridad una tal cantidad de contradicciones (mucha atención<br />

a esto: contradicciones internas, endógenas y no exógenas), que vuelve sus vías de acumulación<br />

cada vez más frenéticamente convulsas y tormentosas, críticas. Luego, el mismo crecimiento de los<br />

“sistemas económicos nacionales” sufre esas consecuencias, aun si de manera distinta de un país a otro<br />

(las diferencias dependen también del grado de integración de cada “sistema-país” y del contexto de<br />

mundialización del capital).<br />

2. En el intento de elaborar instrumentos conceptuales idóneos para comprender los fenómenos de<br />

crecimiento de cada país, la economía dominante ha pasado los últimos siglos construyendo una<br />

múltiple variedad de modelos de crecimiento cuantitativo y de métodos de cálculo de la riqueza y del<br />

movimiento de la riqueza de un país, todo ello dirigido, por caminos diferentes y a veces contrapuestos,<br />

a alcanzar un conocimiento mejor del funcionamiento del sistema capitalista.<br />

Un modelo, en palabras de Graziani (1977: 17), es “toda teoría que establezca relaciones cuantitativas<br />

entre magnitudes” 3 . Es entonces un conjunto de ecuaciones que define y da solución a esas relaciones<br />

cuantitativas. Un modelo es, por tanto, una construcción mental, teórica, dirigida a la descripción<br />

y comprensión de la realidad económica. Característica fundamental es su extrema abstracción de<br />

toda una serie de variables y matices 4 que enriquecen enormemente la realidad en comparación con<br />

la representación simplificada del modelo, con la consecuencia de que, frecuentemente, la realidad es<br />

completamente otra cosa, algo muy distinto a lo estudiado.<br />

Es por ese motivo que frecuentemente son objeto de ataque por parte de críticos o de una particular<br />

construcción teórica 5 .<br />

Con las siguientes palabras resume Graziani (1977: 17) la naturaleza y objetivo de un modelo<br />

económico:<br />

La construcción de un modelo económico representa un intento de describir la realidad económica<br />

mediante un sistema de ecuaciones. Este intento se corresponde con la idea de que el sistema<br />

económico está constituido por un conjunto de magnitudes, ligadas entre sí por vínculos de<br />

interdependencia recíproca, y que tales vínculos pueden ser determinados y descritos sintéticamente<br />

como nexos funcionales entre variables.<br />

El complejo de ecuaciones –que siempre tiene al menos una solución– que dan vida a la estructura<br />

de un modelo, puede ser dividido en cuatro familias: a) técnicas; b) de comportamiento; c) definitorias;<br />

d) de equilibrio. Sin embargo, mientras las dos primeras categorías son verdaderas ecuaciones,<br />

las sub c), más que ecuaciones, son identidades, y las sub d), más que ecuaciones son condiciones de<br />

equilibrio (Graziani, 1977: 21-22).<br />

Para concluir brevemente el discurso introductorio a la modelística, léase una rápida clasificación<br />

de algunos tipos de modelos:<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

138


a) Integrado: la solución de todas las incógnitas del sistema de ecuaciones debe ser simultánea.<br />

b) No integrado: las incógnitas son agrupadas en conjuntos diferentes, cada uno de los cuales es<br />

resuelto con un conjunto distinto de ecuaciones.<br />

c) Causal: en presencia de varios subgrupos de ecuaciones (véase arriba), hay uno autónomo y los<br />

demás dependen de este para su solución.<br />

d) Completo o incompleto: el primero subsiste cuando todas las incógnitas encuentran solución en<br />

él*, y viceversa para el segundo caso.<br />

e) Estático: tiene una sola solución, que es la misma para todo lapso temporal que se considere.<br />

f) Dinámico: desemboca en una serie de soluciones que se suceden ordenadamente.<br />

g) Analítico: dirigido a reproducir los mecanismos de funcionamiento de la realidad económica.<br />

h) Estratégico-político-económico: además de desempeñar la función del analítico, está dirigido también<br />

a ejercer influencia en la solución.<br />

A continuación se introducen algunos indicadores macroeconómicos que son cotidianamente utilizados,<br />

en los mencionados modelos, para el estudio de aspectos particulares de la vida del sistema<br />

económico nacional e internacional.<br />

1.2. La relación consumo-renta<br />

1. La relación existente entre el agregado consumo y el agregado renta fue objeto de los estudios<br />

pioneros de Ernst Engel (1897), quien fue el primero en observar las relaciones cuantitativas de bienes<br />

y servicios con respecto a grupos familiares con diversa renta, lo que lo llevó a formular las primeras y<br />

famosas “curvas de Engel”.<br />

Estas curvas son construidas en modo tal de precisar cómo varían los consumos de familias con<br />

distinta renta (o los consumos de la misma familia al variar su propia renta), identificando para ello los<br />

bienes y servicios que más están sujetos a esa variación.<br />

En la base de la relación entre consumos y renta está una “ley psicológica fundamental” identificada por<br />

Keynes, quien sostuvo que al crecer la renta crece el consumo, pero en proporción inferior que aquella.<br />

Por tanto, al aumentar la renta tiende a disminuir la propensión marginal al consumo (PMC). Adicionalmente,<br />

se deduce de allí que los incrementos de renta deben ser superiores que los incrementos<br />

de consumo.<br />

2. Si tenemos la propensión marginal al consumo y la propensión media y las relacionamos entre sí,<br />

obtenemos otro indicador: el de la elasticidad del consumo con respecto a la renta, que, en caso de ser<br />

mayor que 1, en términos absolutos, indica que el consumo de bienes y servicios aumenta en medida<br />

más que proporcional al aumento de la renta. En caso de ser menor que la unidad, nos dice entonces<br />

que el consumo aumenta menos que proporcionalmente respecto a la renta, y por tanto los bienes<br />

y servicios tendrán una demanda inelástica. Para un análisis más a fondo de las relaciones entre renta y<br />

consumo, cfr. Alvaro (1999: 531 ss.), que trata las distintas teorías.<br />

Por ejemplo, la tesis de Duesenberry acerca de la naturaleza fundamentalmente proporcional en<br />

el largo plazo –pero no en el corto– de tal relación, en la que este identifica un proceso de lenta<br />

adaptación de los consumos con respecto a la variación de la renta. Allí se reporta también la tesis de<br />

* (n.t.) Al suo interno.<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

139


Friedman (1957), quien elabora la “teoría de la renta permanente”, según la cual la renta y el consumo<br />

están compuestos por dos sumandos, uno de carácter permanente y otro transitorio.<br />

El consumo permanente, que indica las preferencias usuales del consumidor, tiene una naturaleza<br />

más bien estable. El consumo transitorio depende, en cambio, de circunstancias cambiantes que se<br />

desarrollan en el tiempo. La renta permanente es esa parte de la renta que se percibe de manera estable<br />

(y la que se cree que se percibirá de esa manera en el futuro). La renta transitoria proviene de eventos<br />

accidentales, no previsibles ni calculables ex ante. Para Friedman, entonces, la única relación de proporcionalidad<br />

que se puede identificar es la que se da entre renta y consumos permanentes 6 .<br />

1.3. El multiplicador<br />

1. El multiplicador es un coeficiente que indica la magnitud del incremento de producción que viene<br />

determinado por cada incremento unitario de las inversiones. Cuando Keynes 7 concibe este instrumento,<br />

parte del presupuesto de que un aumento de las inversiones (I) conlleva un aumento del PNB<br />

en una cantidad multiplicada, mayor que la cantidad de la inversión misma. Eso es, justamente, el<br />

efecto multiplicador. Según el cual<br />

+ΔI → +Δ producción y ocupación;<br />

y<br />

-ΔI → -ΔI producción y ocupación.<br />

Una vez que se ha efectuado un gasto primario, con base en el efecto del multiplicador se deriva<br />

una cadena infinita de gastos de consumo secundarios. Cadena infinita, pero convergente, al ser finita<br />

su suma final. La consideración fundamental que surge de esa teoría keynesiana es que el nivel de<br />

equilibrio de la renta nacional está determinado por la igualdad entre ahorro e inversión, y que la<br />

divergencia ex ante entre estos dos agregados produce variaciones no intencionales de las existencias;<br />

por tanto, en términos ex post, la inversión estará dada por la suma de la inversión conjeturada y de la<br />

variación de las existencias.<br />

De esta manera queda claro, como lo destaca Gandolfo (1975), que los principios básicos de la<br />

teoría de la determinación de la renta nacional son colocados ex ante, y solo así el ahorro y las inversiones<br />

encuentran igualdad contable. Cosa muy diferente es la fase ex post de control, en la que<br />

necesariamente se realizan las separaciones entre los agregados de referencia del ahorro y los de las<br />

inversiones. Solo en ese sentido es comprensible la llamada teoría del multiplicador, que indica cómo,<br />

en una situación de equilibrio de subempleo, un aumento de la inversión autónoma produce un<br />

incremento de la renta de e-quilibrio como múltiplo del aumento de la inversión; simplificando, el<br />

efecto ocurre sencillamente porque los incrementos de gasto autónomo conducen a aumentos de la<br />

renta que, a su vez, por medio de la propensión al consumo, determinan aumentos de los consumos y,<br />

por tanto, ulteriores aumentos de la renta. El coeficiente multiplicador viene dado por el recíproco de<br />

la propensión marginal al ahorro.<br />

2. El valor del multiplicador, que depende de la propensión marginal al consumo, puede ser expresado<br />

también con la propensión marginal al ahorro. Leamos qué dicen al respecto dos manuales muy utilizados<br />

en los cursos introductorios de economía política de los primeros años universitarios:<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

140


Mayor es el gasto adicional de consumo, tanto mayor es el multiplicador. En viceversa, tanto mayor<br />

es la propensión marginal al ahorro, y por tanto la “dispersión” debida a nuevo ahorro en cada ciclo<br />

de gasto, menor será en definitiva el multiplicador (Samuelson, Nordhaus, 1987: 150).<br />

El incremento de las inversiones provoca, directamente, un incremento igual de la demanda<br />

global, la cual determina un incremento a la par de la renta. Este último dispara un mecanismo<br />

de retroalimentación (feedback). De hecho, provoca un incremento de los consumos y, por tanto, de<br />

demanda y de renta, el cual, a su vez, actúa nuevamente sobre los consumos, y así de vuelta. El<br />

proceso converge en un valor finito porque los sucesivos incrementos de la demanda son cada vez<br />

inferiores y tienden a cero (Cozzi, Zamagni, 1995: 335).<br />

La importancia del multiplicador para la economía de vocación neoclásica es enorme. Posibilita, en<br />

primer lugar, ese optimismo de fondo que impulsa las soluciones de política económica. Con su simplicidad<br />

y aplicabilidad, y sobre todo con su adherencia a fenómenos que aparentemente –pero solo en<br />

una visión superficial– podrían desencadenarse, el multiplicador enciende la atención del estudiante<br />

de macroeconomía cuando llega a estudiar las teorías poskeynesianas.<br />

1.4. Relación capital-producto<br />

1. Una empresa, para poder producir, necesita combinar los dos factores productivos: K (capital, entendiendo<br />

por ello las instalaciones) y L (trabajo).<br />

La relación capital-producto indica cuántas unidades de capital es necesario invertir para lograr,<br />

anualmente, un cierto número de unidades de producto nacional, precisando así, en efecto, el grado<br />

de utilización de los recursos productivos disponibles, cuyo mejoramiento debería obtenerse sin constreñir<br />

al colectivo a un ahorro excesivo. Efectivamente, la relación capital-producto será más baja en<br />

la medida en que los recursos productivos estén en régimen de pleno uso, y en esto puede ser fundamental,<br />

según los keynesianos y poskeynesianos, el papel intervencionista del Estado, al estimular las<br />

inversiones y el progreso tecnológico, asegurando la utilización plena del capital y el trabajo.<br />

Al utilizar las relaciones funcionales ligadas a la relación capital-trabajo, se pueden identificar los<br />

siguientes indicadores:<br />

1.4.1. Productividad del trabajo<br />

1. Por productividad del trabajo se entiende la renta producida por cada empleado en un determinado<br />

intervalo de tiempo. La productividad puede ser calculada tanto para el factor trabajo como para el<br />

capital, e incluso, si bien con mayor dificultad, para ambos factores simultáneamente. Se puede calcular<br />

la productividad media del trabajo mediante la división de la renta producida entre el número de<br />

empleados o el número de horas trabajadas (dos maneras diferentes, entonces, de calcular el factor L).<br />

Podemos además calcular la productividad marginal del trabajo, que indica el incremento reditual<br />

por unidad adicional de trabajo.<br />

De igual manera, se puede calcular la productividad del capital (producto o renta lograda por una<br />

unidad de K) sustituyendo en L el factor K.<br />

2. La productividad de L y de K puede ser clasificada de distintos modos: genérica, específica y global.<br />

Para el sistema económico en su conjunto se recurre a la relación entre PIB t<br />

(o el PIN t<br />

) y el número<br />

total de empleados o de las horas trabajadas. Esa productividad es conocida como producto por unidad<br />

de trabajo (PUL).<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

141


a) Productividad genérica: Por productividad genérica de L o K se entiende la relación entre la producción<br />

total alcanzada en un determinado tiempo y la cantidad de L o K empleada en el<br />

proceso productivo.<br />

b) Productividad específica: Indica la relación entre una parte del producto elaborado en un determinado<br />

tiempo por L o K y la cantidad total de L o K empleada en la producción.<br />

c) Productividad global: Combina la productividad de ambos factores (tanto L como K) utilizados<br />

en un proceso productivo para obtener la producción x. Una premisa para ese cálculo es, obviamente,<br />

que los dos términos sean sumables (homogéneos), por lo que es necesario reducirlos a<br />

una unidad de valor.<br />

1.5. Relación deuda pública-PIB<br />

1. Casi cotidianamente oímos hablar por televisión o leemos en los periódicos, artículos que aluden a la<br />

relación entre deuda pública y PIB. Sobre todo desde que, incorporados a la Unión Europea y suscritos<br />

los acuerdos de Maastricht y Ámsterdam, esa relación se convirtió en uno de los índices fundamentales<br />

de la “salud” de la economía nacional, al que es preciso tener bajo control para respetar los parámetros<br />

básicos fijados por las políticas comunitarias en materia económica 8 . Tratándose de un dato de stock,<br />

se puede calcular la deuda pública de un año t 1<br />

con solo sumar a la deuda pública del lapso precedente<br />

t 0<br />

las necesidades del sector público en el mismo año t 1<br />

.<br />

La deuda pública equivale en la práctica al total de los préstamos acumulados por el Estado, esto es,<br />

incluyendo el total de obligaciones que ha emitido y, por tanto, al conjunto de los pasivos del Estado;<br />

el déficit es un flujo y no un dato de stock del nuevo débito en que incurre el Estado en un año cuando<br />

gasta más de lo que obtiene en ingresos.<br />

Los criterios de Maastricht establecen que, para entrar en la Unión Monetaria Europea (UEM), un<br />

país debe tener baja inflación y una sana política fiscal. En otras palabras, las tasas de interés nominales<br />

deben ser bajas (lo que significa que los mercados confirman expectativas de baja inflación) y, al menos<br />

por los dos últimos años, estar exentos de devaluación.<br />

El déficit de balanza no debe sobrepasar el 3% del PIB, y la relación deuda-PIB no debería superar<br />

el 60%. Muchos economistas han puesto en duda la validez de los criterios de Maastricht y, sobre todo,<br />

su rigidez.<br />

1.6. El principio de aceleración<br />

1. Según el principio de aceleración 9 , y partiendo de la hipótesis de que el stock de capital sea utilizado<br />

plenamente 10 , a un aumento de producción debe corresponder un aumento del stock de capital, tal<br />

que la relación fija entre capital invertido y producción permanezca inalterada.<br />

En la base del principio de aceleración está, pues, la convicción de que, al menos en el corto plazo,<br />

existe y puede mantenerse esa relación fija entre stock de inversión y producción, a la que hemos<br />

apenas aludido.<br />

La variación de la renta determina, entonces, el coeficiente de aceleración. Es importante hacer<br />

notar que, mientras la teoría de la “dependencia de la inversión respecto al nivel de la renta” sostiene<br />

que “existe un flujo de inversión neta incluso si el flujo de la renta se mantiene constante”, según el<br />

principio de aceleración “la inversión (neta) es nula si la renta no varía” (Gandolfo, 1975: 36).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

142


2. En cierto sentido, el principio del acelerador es el inverso del multiplicador: el acelerador representa<br />

el efecto de la variación de la renta sobre las inversiones y el multiplicador analiza la influencia de las<br />

inversiones sobre la renta.<br />

La inversión depende de las variaciones de la renta y, al menos en el corto plazo, existe una relación<br />

fija entre stock de capital y producción; por tanto, si la producción aumenta, aumentará también<br />

el stock de capital –es decir, la inversión, ya plenamente utilizada–, de manera tal que se mantenga<br />

inalterada la relación antes mencionada, según lo establece el principio del acelerador. Este principio<br />

fue expuesto por primera vez en 1917, por G.K. Clark, para señalar, en efecto, que las variaciones en<br />

la demanda de bienes de consumo pueden ampliarse sobre la demanda de instrumentos de producción,<br />

ya que para producir un bien de consumo adicional se tendrá que recurrir a la adquisición de<br />

nuevas maquinarias, en el entendido, obviamente, de que los instrumentos de producción estuvieran<br />

en utilización plena. Se deriva de allí, como bien lo ha evidenciado Gandolfo (1975), que mientras el<br />

principio del acelerador analiza los efectos de una variación en la demanda de mercancías adicionales<br />

sobre el monto de gastos en maquinarias, el multiplicador, como se ha visto, considera el fenómeno<br />

inverso, es decir, los efectos de una variación de las inversiones sobre el monto del gasto en bienes de<br />

consumo en una –por así decirlo– cadena de relaciones causa-efecto. De manera simplificada: aumenta<br />

la ocupación entre los trabajadores o su salario; ello conduce al aumento de la renta y, en consecuencia,<br />

de la demanda de bienes de consumo, y esto determina una mayor actividad productiva, tanto en las<br />

empresas que producen bienes de consumo como en aquellas que producen maquinarias.<br />

Todo esto ocurre, justamente, bajo los términos de<br />

una relación en la que el incremento de la inversión<br />

Multiplicador k = 1/1 - c<br />

Renta<br />

Inversión neta provoca un aumento cada vez mayor de la<br />

Acelerador<br />

renta nacional, y ello según el coeficiente descubierto<br />

por Kahn: el multiplicador, que es igual al<br />

inverso de la propensión marginal al ahorro.<br />

1.7. Indicadores de distribución<br />

1. Los indicadores de distribución reciben en la economía convencional menos atención, a pesar de<br />

que el mismo Keynes consideró, con una visión próxima a la clásica, que la norma de distribución determina<br />

a largo plazo la senda de crecimiento. La distribución fundamental entre salarios y ganancias<br />

puede calcularse con relativa facilidad.<br />

Hay muchas otras formas de calcular esta distribución. Por ejemplo, en la relación PIB por ocupado<br />

y salario real, o bien considerando los costos unitarios del trabajo, que se determinan al dividir<br />

la remuneración salarial entre el valor agregado. Una caída de estos indica una distribución del valor<br />

agregado negativa para los trabajadores y, en consecuencia, una relación de fuerza peor para ellos. Es lo<br />

que se registra con claridad desde mediados de los años setenta en los principales países de capitalismo<br />

maduro.<br />

2. En la época de la llamada globalización capitalista, la distribución de la renta entre ganancia capitalista<br />

y rédito se ha transformado en un factor clave de la evolución económica. Hay diversas maneras<br />

de poner en evidencia esta evolución, analizando directamente el valor del excedente bruto empresarial<br />

en los sectores productivos y en los sectores rentistas. Pero puede hacerse también indirectamente.<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

143


Una regla clave es la relación entre la tasa de crecimiento del valor agregado y la tasa de interés a largo<br />

plazo. Si esta última crece más que el producto, se está en presencia de un proceso de transferencia<br />

creciente de valor del sector productivo al rédito financiero.<br />

Como puede observarse a partir de los datos oficiales, hay un claro cambio de tendencia desde<br />

1980, comienzo de las políticas neoliberales en Estados Unidos y Gran Bretaña. Desde esa fecha, la<br />

tendencia a la evolución creciente de las rentas de capital hacia formas de rédito financiero, en desmedro<br />

de posibles usos productivos (salarios o ganancias), ha sido una constante en el funcionamiento<br />

del capitalismo global.<br />

2. Modelos económicos<br />

2.1. La formulación de modelos<br />

1. Los indicadores económicos de los que se ha hablado nos permiten alcanzar “apreciables” niveles de<br />

conocimiento acerca del aspecto cuantitativo de los fenómenos económicos analizados. Sin embargo,<br />

presentan fuertes limitaciones, más allá de la crítica que se planteará a continuación; de hecho, no<br />

están en capacidad de decirnos nada sobre las causas y las modalidades de producción y desarrollo de<br />

los fenómenos económicos estudiados.<br />

Leamos lo que escribe Alvaro (1999: 611) a tal respecto:<br />

El sistema de cuentas económicas es un conjunto de identidades contables. Los agregados económicos<br />

que aparecen, en tanto que agregados determinados en términos ex post, cuando mucho indican<br />

cómo se manifestaron los fenómenos; no presentan referencia alguna en torno a la naturaleza de las<br />

causas que están en la base de su manifestación.<br />

Es justamente para hacer frente a tales lagunas que los economistas construyen modelos, con base<br />

en los cuales intentan una lectura más completa y compleja de los fenómenos económicos, con ayuda<br />

de la estadística. El modelo económico es una construcción conceptual o empírica que trata de explicar<br />

las “leyes de movimiento” del capital o ciclo económico. El ciclo económico está caracterizado por<br />

cuatro diferentes fases:<br />

a) Expansión o coyuntura favorable, con incrementos continuos de producción, ocupación de los<br />

factores productivos, precios y renta.<br />

b) Crisis, o interrupción del movimiento de crecimiento, con colapso de los precios de algunos<br />

bienes (se trata del llamado punto de inversión superior).<br />

c) Coyuntura desfavorable como fase de recesión o, en términos más generales, de contracción<br />

de la producción, de la ocupación de los factores productivos, de los precios y de la renta en su<br />

conjunto.<br />

d) Punto de inversión inferior, como preparación para una nueva expansión, es decir, una recuperación<br />

del crecimiento en cuanto a volumen de producción.<br />

2. La historia de la “modelística económica” puede ser dividida, simplificando, en dos macroperíodos.<br />

El primero surge con la economía política clásica y prevalece en los estudios económicos hasta fines<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

144


de los años cincuenta del siglo xx: es ese que, siguiendo un razonamiento de tipo deductivo, construye<br />

“modelos teóricos de economía pura” (Alvaro, 1999: 612) y les atribuye una validez temporal de largo<br />

alcance, concebidos como han sido para identificar y explicar las “leyes fundamentales” del sistema<br />

económico.<br />

La segunda fase es la que pone el viento a su favor a partir de la segunda mitad de la centuria. Se<br />

caracteriza por modelos sustentados en un enfoque metodológico de tipo inductivo, que trabaja sobre<br />

la base de datos observacionales y, a partir de ellos, identifica relaciones funcionales entre los varios<br />

agregados económicos, para darle así vida a esa rama de la economía bien conocida como econometría.<br />

Si el modelo keynesiano del multiplicador es seguramente prodrómico respecto a todos los desarrollos<br />

posteriores en materia de modelística, entre los primeros en ser formulados y entre los más<br />

seguidos figuran otros como el de Harrod y Domar que, entre otras cosas, fundan la moderna teoría<br />

del crecimiento cuantitativo y pertenecen a la primera categoría de modelos antes señalada, es decir, a<br />

los de “economía pura”.<br />

2.2. Los modelos de Harrod y Domar<br />

1. El problema que se plantean Harrod y Domar es el de encontrar-determinar la evolución de la renta<br />

que permite al sistema económico, a partir de una situación de equilibrio, continuar creciendo en<br />

equilibrio; es decir, igualando el nivel de la demanda agregada y el de la producción que se obtiene al<br />

utilizar de modo normal los bienes capitales que están a disposición.<br />

A continuación se hará una primera presentación de sus modelos, para retomarlos posteriormente<br />

como síntesis y en confrontación con el modelo de Keynes y al análisis de Marx.<br />

2. Bajo el modelo de Harrod, el tipo de medidas que podrían aplicarse para mejorar el crecimiento<br />

de una economía no debe asentarse en una política mixta, de combinación de medidas monetarias y<br />

fiscales. Según este modelo, para generar una senda de crecimiento sostenido a largo plazo es necesario<br />

reducir el ahorro; en otras palabras, se trata de evitar la existencia de un nivel de ahorro que esté por<br />

encima de las necesidades que la economía plantee para alcanzar la plena ocupación e introducir<br />

innovaciones tecnológicas. Por eso resulta fundamental la reducción del ahorro y la política económica<br />

debe enfocarse directamente hacia ese fin (Galindo, Malgesini, 1994: 21).<br />

En cuanto a la política fiscal, Harrod sugiere distribuir mejor el nivel de ahorro en la economía.<br />

El sector público debe ahorrar, si los agentes privados no lo hacen, y llevar a término las inversiones<br />

necesarias pero con un bajo volumen, sin incurrir en una inflación de la demanda derivada por una<br />

política fiscal expansiva.<br />

Para que el Estado pueda ahorrar más, tendrá que sacar fondos de los operadores privados, por lo<br />

que la demanda será menor y, en definitiva, los empresarios obtendrán menos ingresos. Según Galindo<br />

y Malgesini, puede suceder que los empresarios no estén ya dispuestos a invertir, y el esfuerzo habrá<br />

sido inútil.<br />

La solución que ofrece Harrod ante esa perspectiva es la introducción de la llamada “planificación<br />

indicativa”, que consiste en establecer, por ejemplo, una tasa de crecimiento que pueda cumplirse en<br />

cinco años y llamar a los empresarios a alcanzarla, tratando de obtener de ellos un compromiso activo.<br />

Si están de acuerdo, se sigue adelante y el Estado garantiza que la demanda se mantendrá e, incluso,<br />

podrá aumentar. Se deduce que la política fiscal y la política monetaria, juntas, pueden asegurar un<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

145


crecimiento de la demanda, conjuntamente con el potencial de oferta de la economía, pero esto puede<br />

conducir también a una inflación de la demanda. Es en ese sentido que la planificación indicativa<br />

desempeña un papel fundamental.<br />

Domar formuló posteriormente y de manera independiente su propio modelo de crecimiento.<br />

Publicado después del de Harrod, llega, aunque por vías distintas 11 , a las mismas conclusiones de este<br />

último.<br />

2.3. La generalización de la macrodinámica: el modelo de Harrod-Domar<br />

1. Los modelos macroeconómicos elaborados independientemente por el inglés Harrod y el estadounidense<br />

Domar parecen estar basados en un modelo análogo, elaborado en 1928 por el economista<br />

soviético Feldman. Tales modelos son frecuentemente reunidos bajo el nombre de modelo Harrod-<br />

Domar, aun si las fuertes diferencias entre los dos modelos originales no permitirían esa unión. Como<br />

se ha mencionado y se comprueba de la exposición previa, los modelos de Harrod y Domar, aun<br />

cuando invierten las posiciones de las variables, llegan al mismo resultado:<br />

Una variación de la demanda, y en particular de las inversiones, genera un incremento de producción,<br />

cuyo monto es definido por el multiplicador. A su vez, ese incremento pone en movimiento el<br />

acelerador, determinado así una ulterior expansión de las inversiones, y esto provoca un sucesivo<br />

aumento de producción, que corresponde al multiplicador, y el ciclo se reinicia (Alvaro, 1999: 621).<br />

[La ecuación Harrod-Dumar,] en sus términos más simples, indica que para lograr y mantener en el<br />

tiempo la plena ocupación de la fuerza de trabajo disponible en el sistema, como también la plena<br />

utilización de la capacidad productiva, hace falta que, en función de asegurar el financiamiento de<br />

las inversiones, la propensión al ahorro se iguale con el producto de la tasa natural de crecimiento<br />

y el coeficiente de capital producido. Y esa condición se debe verificar independientemente del<br />

modelo conductual de los operadores económicos y del marco institucional en que se opera (Alvaro,<br />

1999: 623).<br />

2. El modelo de Harrod-Domar amplía las ideas de Keynes a través de la macroeconomía dinámica, es<br />

decir, del análisis de las fuerzas determinantes de las tasas de incremento de las principales categorías<br />

de la demanda (bienes de capital, exportaciones, etcétera). En este sentido, según Galindo y Malgesini<br />

(1994), el modelo expone la importancia de las expectativas como factor que podría tener influencia<br />

sobre esas variables.<br />

Este modelo le agrega un punto de vista dinámico a las teorías de Keynes y establece, al mismo<br />

tiempo, una base para sucesivos y mejores desarrollos a través de la introducción de nuevas hipótesis<br />

o variables. Se llega así a determinar el hecho de que la tasa de crecimiento de la renta nacional<br />

debe ser igual a la relación que existe entre la propensión media al ahorro y la relación marginal<br />

capital-producto 12 .<br />

3. Frente a los elementos similares en ambos modelos, existen algunos aspectos que los diferencian,<br />

especialmente el hecho de que a Harrod le interesa la propensión media al ahorro y Domar, en cambio,<br />

considera relevante la propensión marginal. Por otra parte, este último no determina implícitamente la<br />

función de inversión, mientras el primero desarrolla la teoría a través del acelerador.<br />

En cuanto a los períodos de largo plazo, estos autores exponen dos dificultades distintas, a las que<br />

deben hacer frente las economías. Para Harrod es la escasez de mano de obra lo que puede perjudicar<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

146


el crecimiento. En cambio, para Domar es la escasez de inversión lo que puede llegar a ser perjudicial.<br />

Finalmente, son también distintas las visiones respecto a la situación económica. Mientras para Harrod<br />

el objetivo básico es eliminar la desocupación, en tanto que situación habitual, para Domar lo que<br />

perjudica la evolución de un país es la capacidad productiva no eficientemente utilizada.<br />

La tasa de crecimiento garantizada del modelo de Harrod está basada en la teoría de la demanda<br />

efectiva, de Keynes, la cual solo puede entenderse en el contexto de la demanda efectiva insuficiente<br />

y de la desocupación voluntaria. Pero la experiencia de los países en vías de desarrollo sugiere que<br />

la desocupación no es del tipo keynesiano; y si existe desempleo de tipo estructural, es evidente<br />

que la formulación del modelo de Harrod no ofrecería un marco conceptual adecuado para entender<br />

sus verdaderas causas.<br />

El problema de desempleo que preocupaba a Keynes se caracterizaba por la existencia de un exceso<br />

de capacidad instalada. El problema de la desocupación en los países en vías de desarrollo surge porque<br />

la capacidad productiva y la demanda efectiva no han estado nunca en un nivel apropiado.<br />

2.4. El modelo de Solow<br />

1. El modelo de crecimiento económico de Solow, también llamado modelo de crecimiento económico<br />

neoclásico, es el más conocido. Se basa en una función de producción neoclásica, en la cual el<br />

producto depende de la combinación de trabajo y capital, y utiliza las típicas premisas neoclásicas:<br />

productividad marginal decreciente, competencia perfecta, etcétera. Su principal conclusión es que<br />

las economías alcanzarán un estado estacionario, en el cual el crecimiento del producto per cápita es<br />

nulo. En ese estado estacionario, el nivel de producción depende de la función de producción, vale<br />

decir, de la tecnología y de la dotación de los factores. Sin embargo, en ese estado el capital aumenta<br />

la tasa de crecimiento de la población, y lo mismo hace la producción. Por eso, la producción per<br />

cápita se mantiene invariable si la tecnología no evoluciona a través del tiempo. Sucede esto porque la<br />

hipótesis de competencia perfecta en todos los mercados elimina las potenciales ganancias por mejorías<br />

tecnológicas, para las que no existen incentivos, ni recursos para invertir en tecnología.<br />

La regla de oro del crecimiento económico nos dice que la mejor tasa de ahorro es aquella que<br />

maximiza el consumo. Con una tasa de ahorro menor es posible aumentar el consumo. Sin embargo,<br />

una tasa de ahorro mayor implica un stock de capital tan elevado, que gran parte del ingreso debe ser<br />

utilizado para financiar su depreciación y no es entonces posible utilizarlo para el consumo.<br />

Solow consideró como eje central de la acumulación el capital físico, la creación de grandes empresas,<br />

la producción en serie y a gran escala. Solo después emergen como variables principales el<br />

capital humano, la instrucción y la calificación, por su capacidad para generar nuevo conocimiento y<br />

provocar, así, retornos crecientes (crecimiento endógeno).<br />

2. En el modelo de Solow, la acumulación de conocimiento como resultado del crecimiento económico<br />

tiene dos funciones. En primer lugar, el progreso tecnológico puede ayudar a explicar el “residuo de<br />

Solow”; segundo, permite que la formación de capital se incremente cada vez más.<br />

Según Weitzman (1996), la nueva teoría del crecimiento determina el residuo de Solow y la relevancia<br />

de la “endogenización” del conocimiento.<br />

En este modelo, el nivel del producto a largo plazo por habitante, en estado estacionario, depende<br />

de la tasa de ahorro de la economía, que es la que determina el stock de capital, y de la función de<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

147


producción, que depende del estado de la tecnología. En estado estacionario, la tasa de crecimiento<br />

de la producción agregada depende de la tasa de crecimiento de la población y de la tasa de progreso<br />

tecnológico, mientras que la tasa de crecimiento de la producción per cápita es independiente de la tasa<br />

de ahorro (inversión) y depende solo de un cambio tecnológico exógeno.<br />

Cuando el sencillo modelo elaborado por Solow, que sirvió y sigue sirviendo como marco analítico<br />

para el desarrollo de otras investigaciones teóricas –que analizan algunas cuestiones abstractas relativas<br />

al funcionamiento del sistema económico de mercado–, tiene como punto de referencia el modelo de<br />

Harrod, modifica la problemática de conjunto; el de Solow se caracteriza por ser un modelo de oferta,<br />

en el cual los problemas de mercado están ausentes y el ahorro es igual a la inversión; además, por<br />

hipótesis, la ley de Say queda verificada.<br />

3. Según Galindo y Malgesini (1994), el modelo de Solow parte de tres consideraciones:<br />

a) La población y la fuerza de trabajo crecen a una tasa proporcional constante, que se considera<br />

independiente de otros aspectos y variables económicas.<br />

b) El ahorro y la inversión son una proporción fija del producto neto, en cualquier punto del<br />

tiempo.<br />

c) Por lo que respecta a la tecnología, se supone que ella esté condicionada por dos coeficientes<br />

constantes; concretamente, la fuerza de trabajo por unidad de producto y el capital por<br />

producto.<br />

Para Galindo y Malgesini, el factor relevante en el crecimiento económico, desde la perspectiva del<br />

modelo de Solow, es la relación que existe entre el capital y el producto.<br />

Se formulan entonces las siguientes hipótesis: se supone que en la economía se produzca un solo<br />

tipo de bien, cuyo nivel de producción se expresa con la variable Y; además, se supone que al final todo<br />

el ahorro será invertido, lo que implica, a su vez, que no es necesario incluir una función de inversión.<br />

El modelo de Solow establece que el capital está positivamente relacionado con el ahorro y negativamente<br />

con el incremento de la población; además, integra las partes de la formalización del<br />

equilibrio general de Walras o, dicho de otra manera, admite la posibilidad de sustituir el capital y el<br />

trabajo; es decir, que una determinada cantidad de producción puede ser obtenida a partir de diferentes<br />

combinaciones de capital y trabajo.<br />

Por otra parte, el modelo admite la igualdad entre el ahorro y la inversión, de manera que el exceso<br />

o la insuficiencia de demanda, que jugaba un papel fundamental en el modelo de Harrod, está aquí<br />

ausente.<br />

Una de las conclusiones del modelo elaborado por Solow es que en un régimen transitorio, o<br />

breve, se observa una correlación entre tasa de inversión y tasa de crecimiento, mientras que la tasa de<br />

crecimiento a largo plazo no depende de la tasa de inversión.<br />

En los modelos que contemplan el progreso tecnológico, el crecimiento es más rápido cuanto mayor<br />

sea el nivel de conocimiento humano acumulado. En la visualización del modelo de crecimiento<br />

de Solow es posible reconocer tres factores determinantes de la acumulación: capital, progreso técnico<br />

y capital humano.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

148


4. En el ámbito de la teoría del crecimiento, el problema del nivel de desarrollo de una economía fue<br />

inicialmente considerado como un tema vinculado a los niveles de producto y capital per cápita con<br />

los que cuenta una economía: un país menos desarrollado se caracteriza por un producto o patrimonio<br />

de capital per cápita menor que el de uno desarrollado.<br />

5. Siguiendo el modelo de Solow, el estudio se detiene a indagar la posibilidad de que los países menos<br />

desarrollados alcancen, a largo plazo, a los más avanzados: es ese el terreno del análisis de convergencia<br />

del crecimiento.<br />

A tal fin, valgan las siguientes consideraciones sintéticas:<br />

a) El residuo de Solow se refiere a la parte del crecimiento del producto nacional que no puede ser<br />

atribuida a la acumulación de los factores.<br />

b) Desde la posición neoclásica respecto al crecimiento, el modelo de Solow, desarrollado a finales<br />

de 1950, está entre los más reconocidos. En un artículo publicado en 1956 por el Quaterly<br />

Journal of Economics, Robert Solow describe una manera diferente de analizar el crecimiento.<br />

Se pone allí en discusión la conclusión central del modelo de Harrod, en el sentido de que el<br />

crecimiento es inestable en las economías de mercado por una tendencia crónica al ahorro en<br />

exceso, por sobre las necesidades del capital.<br />

c) El estado estacionario hace referencia a una situación en la cual las variables crecen a una tasa<br />

constante, posiblemente igual a cero.<br />

d) El modelo tiene un punto estacionario único y estable que será alcanzado sean cuales fueren<br />

las condiciones iniciales, dado que, si el progreso técnico se difunde por el mundo entero, es<br />

posible prever que habrá convergencia de las tasas de crecimiento per cápita y los niveles de renta<br />

per cápita; es decir, que las economías en las que el capital por habitante es inicialmente bajo<br />

(regiones pobres), crecerán a tasas superiores a las de aquellas economías donde esa proporción<br />

es mayor (regiones ricas). Esa situación se señala como hipótesis de convergencia.<br />

e) Recuérdese que en la literatura sobre crecimiento económico, este modelo es conocido como<br />

neoclásico, pero también es clasificado como parte de la síntesis clásico-keynesiana.<br />

f) Las hipótesis de convergencia económica entre países ricos y pobres, o entre sectores tecnológicamente<br />

avanzados y atrasados y en los procesos de acumulación, tienen en la teoría del<br />

crecimiento, como base, la estructura del modelo neoclásico de Solow-Swam.<br />

3. Dinámica económica y modelos: los límites teóricos de la economía dominante<br />

3.1. La “revolución” de Keynes<br />

1. Uno de los progresos de Marx respecto a su tiempo fue el desarrollo de un modelo que explica el<br />

comportamiento general de la economía a partir de conceptos elaborados en un nivel agregado. El<br />

comportamiento microeconómico, en este caso, deriva del comportamiento macroeconómico en su<br />

conjunto: en Marx los fundamentos de la microeconomía son macroeconómicos.<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

149


Esta manera de analizar la realidad es diametralmente opuesta a todo lo que la escuela marginalista<br />

o utilitarista desarrolló en los últimos treinta años del siglo xix. En esta última, el comportamiento<br />

de las variables macroeconómicas (los precios, el bienestar y la utilidad) es determinado a partir de la<br />

agregación de conceptos creados para definir el comportamiento microeconómico de los agentes. Para<br />

la escuela marginalista, la macroeconomía tiene fundamentos microeconómicos 13 .<br />

La “revolución” de Keynes, en la primera mitad del siglo xx, consistió en un retorno a la visión<br />

que fue de Marx, con un modelo de interpretación económica basado en conceptos definidos a nivel<br />

general o macroeconómico (la “demanda efectiva”). Keynes, que no conocía muy bien la obra de Marx<br />

y era profundamente anticomunista, no reconoció nunca la paternidad de Marx sobre el “método<br />

agregado” 14 . El núcleo central de la revisión que hace Keynes del pensamiento neoclásico consiste en la<br />

refutación de la ley de Say (Sweezy, 1946) y del principio fundamental del equilibrio 15 .<br />

La teoría keynesiana no es sino un intento de encontrar salida a la crisis capitalista, y ese esfuerzo<br />

lo cumple poniendo inmediatamente en discusión que la situación normal, de equilibrio, del sistema<br />

económico, sea la de plena ocupación, o que las fuerzas espontáneas del sistema reporten automáticamente<br />

las situaciones críticas transitorias en la vía hacia la plena ocupación. El planteamiento keynesiano<br />

sostiene decididamente que el sistema puede no moverse de manera espontánea en situaciones<br />

de equilibrio estable de desempleo, y que a tal fin resulta indispensable la intervención del Estado,<br />

sin que esto signifique, de su parte, asumir la propiedad de los medios de producción. Por tanto, la<br />

intervención pública tiene el propósito de contribuir a regular una economía de crecimiento y de<br />

pleno empleo utilizando los instrumentos del gasto público, los instrumentos fiscales y monetarios,<br />

para combatir la fase de crisis.<br />

2. Sin embargo, las limitaciones propias del pensamiento económico de su época impidieron a la<br />

crítica formulada por Keynes ir más allá 16 , lo que facilitó a sus discípulos, sobre todo norteamericanos,<br />

la reelaboración de muchas de sus contribuciones en lo que vendría a ser conocido como la “síntesis<br />

neoclásica”: un Keynes “equilibrista”, que él mismo no consiguió refutar firmemente 17 .<br />

A pesar de todo ello, será Keynes, con su nueva visión, quien permitirá desarrollar los modelos de<br />

análisis macroeconómico que buscan mostrar la dinámica de la acumulación capitalista. Esos modelos<br />

constituyen el desarrollo más importante de su teoría y su crítica permite identificar mejor los progresos<br />

teóricos de la economía de Marx 18 .<br />

3.2. Keynes según Harrod<br />

1. La contribución más popular de la economía keynesiana es el modelo de crecimiento llamado<br />

de Harrod-Domar. Propuesto inicialmente por Harrod (1939: 14-33) y desarrollado más tarde por<br />

Domar (1948), estuvo en la base de las teorías del crecimiento en la posguerra 19 .<br />

Harrod usa el análisis de corto plazo de Keynes y lo introduce en un modelo de crecimiento de<br />

largo plazo. En la teoría de la demanda efectiva, la inversión es el motor principal de la demanda. Pero<br />

en el largo plazo, dice Harrod, la inversión es endógena y no solo crea demanda, sino que modifica<br />

también la capacidad productiva (Shaikh, 2006).<br />

Para elaborar un modelo de esta doble dimensión de la inversión, Harrod subraya que en el<br />

largo plazo:<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

150


a) El ahorro efectivo en la economía es una propensión constante de la renta total (producción).<br />

b) La fuerza de trabajo crece a una tasa constante, sin que esto signifique la existencia de rendimientos<br />

decrecientes: por el contrario, estos también son constantes (con esa hipótesis se aleja<br />

Harrod de los modelos neoclásicos).<br />

c) Se supone que exista una única combinación de capital y trabajo en la función de producción y,<br />

además, que no exista progreso técnico que pueda alterar esa relación, ni tampoco depreciación<br />

del capital.<br />

d) La inversión deseada por los empresarios es una proporción constante de la diferencia entre la<br />

producción de un año y la del año precedente.<br />

Por tanto, el nivel de producción es una función lineal de la producción del año precedente. Si se<br />

conoce el nivel de un período inicial y se precisan además las propensiones al ahorro y a la inversión,<br />

se pueden estimar los niveles de producción para todos los períodos que siguen.<br />

En el modelo de Harrod, un incremento de capital asociado con un aumento de la producción se<br />

expresa como aumento efectivo del stock de capital en un determinado período, subdividido entre el<br />

incremento efectivo de la producción. El stock de capital que se genera debe ser el que los empresarios<br />

consideran adecuado en función de las necesidades derivadas del nuevo nivel de producción y renta.<br />

Siempre según este modelo, cuando se produce un aumento de la renta, el nivel de ahorro es<br />

escasamente suficiente para cubrir la inversión deseada por los empresarios, dado que el ahorro cubre<br />

la inversión ya realizada.<br />

2. Para encontrar un equilibrio entre deseo y realidad, Harrod comienza por aceptar la igualdad entre<br />

ahorro e inversiones, de la cual se deriva lo que él mismo denominó ecuación fundamental. Establece<br />

dicha ecuación que, si se quiere que la economía mantenga en el tiempo el equilibrio entre las inversiones<br />

y el ahorro, la tasa de crecimiento de la renta nacional debe ser igual a la relación que existe entre la<br />

propensión media al ahorro y la relación capital-producto. Este tipo de crecimiento está representado<br />

por la “tasa de crecimiento efectivo”.<br />

De todo esto deriva Harrod, asimismo, la llamada “tasa de crecimiento garantizado”, que es la tasa<br />

de crecimiento que debe haber para lograr que los empresarios mantengan una tasa estable de inversión.<br />

Para hacer coincidir ambas tasas de crecimiento y llegar a un cierto equilibrio, es necesario que el<br />

incremento del stock de capital realizado por los empresarios sea igual al requerido, para que el stock<br />

obtenido se adapte a las necesidades del nivel de renta.<br />

En definitiva, el stock de capital que se posee llega a adecuarse al deseado cuando la producción<br />

aumenta al ritmo de la tasa garantizada.<br />

Por tanto, en opinión de Harrod, se tiene una senda de equilibrio que garantiza que las decisiones<br />

de inversión de los empresarios coincidan con la creación de una renta tal que permita, con la ya<br />

existente propensión al ahorro, llegar a un nivel de ahorro suficiente para cubrir la inversión de los<br />

períodos sucesivos. Cualquier desviación fuera de esta senda provocaría a su vez desviaciones y desequilibrios<br />

en la trayectoria del crecimiento económico.<br />

En otras palabras, para este autor existe un nivel de producto que crece a una tasa natural. Para que<br />

se dé un crecimiento sostenido y equilibrado con pleno empleo, esa tasa debe ser igual al crecimiento<br />

efectivo, que a su vez debe ser igual al crecimiento equilibrado.<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

151


El modelo de Harrod asigna al sector público una función reveladora: debe ahorrar, si no lo hacen<br />

los agentes privados, para así llevar a cabo las inversiones necesarias y, al tiempo que mantiene la plena<br />

ocupación, asegurar un crecimiento de la demanda agregada que sea acorde con el potencial de la<br />

economía, desde el punto de vista de la oferta.<br />

3.3. Marx y Keynes según Domar<br />

1. Domar formuló su modelo de crecimiento independientemente de Harrod. Partió para ello de la<br />

combinación de lo que se conoce como un “modelo keynesiano simplificado” y un “modelo marxista<br />

simplificado”.<br />

El primero pone en evidencia que el consumo y el ahorro equivalen a la renta nacional o producto<br />

nacional (el Estado, y por tanto las tasas, no existen en el modelo: el ahorro es función de la renta, las<br />

inversiones son función de la renta y de las expectativas, la inversión es igual al ahorro y la renta es igual<br />

a la capacidad productiva en plena ocupación). A ese marco añade el modelo simplificado de Marx,<br />

que coincide con lo anterior salvo en que:<br />

a) No hay una función de inversión.<br />

b) Cuando el stock de capital se mantiene por debajo de una cierta “cantidad crítica”, las inversiones<br />

coinciden con la variación en el tiempo de dicho stock.<br />

Ello significa que Domar introduce, gracias a esta versión modificada de los esquemas de Marx, la<br />

posibilidad de una acumulación del capital. Esa referencia a una “cantidad crítica” del stock de capital<br />

documenta una versión del aumento de la composición orgánica del capital que, según Marx, reduce<br />

la tasa de ganancia tendencial. En la versión keynesiana de las expectativas, por tanto, las modifica<br />

hacia abajo 20 .<br />

2. El modelo de síntesis de Domar coincide con su versión simplificada del modelo de Marx, al<br />

cumplir una función más: la capacidad productiva de una economía de plena ocupación depende del<br />

stock de capital y varía de modo continuo (lo cual expresa Domar con una ecuación diferencial) bajo<br />

la forma de una proporción constante de dicho stock. Esa proporción es la relación entre la capacidad<br />

productiva y el capital requerido por las condiciones técnicas del momento. La capacidad productiva<br />

de plena ocupación depende, por tanto, del nivel del stock de capital y de su grado de utilización.<br />

De esta manera establece Domar que la economía estará en equilibrio solamente si la tasa de<br />

crecimiento coincide con la multiplicación de la propensión al ahorro sobre la renta por la constante<br />

producción-capital (que, a su vez, es la tasa máxima de crecimiento que puede alcanzar la economía).<br />

Se trata, entonces, de una expresión muy similar a la que Harrod había llamado ecuación fundamental<br />

o tasa de crecimiento efectivo.<br />

Muestra asimismo Domar que la acumulación depende del mantenimiento de la distribución del<br />

valor agregado entre capital y trabajo:<br />

las rentas del capital (ganancias e intereses) se mantienen como fracción constante de la renta nacional;<br />

entonces [si las condiciones técnicas no cambian] se puede demostrar que el rendimiento medio<br />

del capital no se modifica, a pesar de la continua acumulación. Por lo que concierne a nuestro<br />

sistema, esa situación se puede prolongar indefinidamente (1949: 310).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

152


Pero si la tasa de crecimiento es inferior a la de equilibrio, parte del capital se mantiene inmóvil<br />

mientras baja la tasa de rendimiento sobre las inversiones; esto hace caer las inversiones y deja sin uso<br />

una porción todavía mayor del capital, por lo que la rentabilidad cae aún más: se pone así en marcha<br />

un proceso en cadena que conduce a una depresión y a la crisis. El modelo muestra, por eso, cuál debe<br />

ser la tasa de crecimiento de las inversiones para alcanzar el máximo nivel de crecimiento potencial<br />

en una senda de equilibrio y de renta efectiva. De allí la necesidad, sostiene Domar, de inversiones<br />

públicas, a fin de garantizar la tasa de crecimiento requerida para sostener la rentabilidad del capital y<br />

el equilibrio de la acumulación.<br />

3. Ambos modelos (o su síntesis) permiten deducir la existencia de una serie de dificultades inherentes<br />

al proceso de crecimiento en el tiempo, que pueden llegar a impedir un crecimiento equilibrado con<br />

plena ocupación.<br />

Harrod explica que no existe ningún mecanismo seguro para evitar que una economía llegue a<br />

igualar la tasa natural y la garantizada, siendo esta última inestable. Por su parte, Domar ubica el origen<br />

del problema en la existencia de una inversión de nivel demasiado bajo para la economía.<br />

Estos modelos muestran que la tasa de acumulación es función de las decisiones empresariales<br />

encaminadas a lograr ganancias, sin garantía alguna de que el nivel de inversión se ajuste al requerido<br />

por una economía de libre mercado. Una situación de depresión a largo plazo –que genera un volumen<br />

de desempleo mayor, junto con la subutilización de los recursos– es resultado de una posible evolución<br />

del proceso económico capitalista, y no de una perturbación externa al funcionamiento del sistema.<br />

El problema de desempleo que preocupaba a Keynes se caracterizaba por la existencia de un exceso<br />

de capacidad instalada.<br />

Los autores hasta aquí abordados son complementarios, en cuanto analizan el problema por sus<br />

dos lados: la tasa de crecimiento garantizado de Harrod se basa en la doctrina de la demanda efectiva<br />

de Keynes: solo puede entenderse en un contexto de demanda efectiva insuficiente y desocupación<br />

involuntaria. Harrod se concentra en el problema potencial de la subutilización de la mano de obra,<br />

que puede perjudicar el crecimiento: el desempleo es una de las situaciones habituales y eliminarlo<br />

debe ser el objetivo principal para garantizar el nivel de la demanda agregada. En cambio, para Domar<br />

es la escasez de inversiones lo que puede resultar dañino. Si el problema se enfoca especialmente desde<br />

el lado de la producción o de la oferta agregada, es la capacidad productiva no eficientemente utilizada<br />

lo que perjudica el crecimiento económico.<br />

3.4. La respuesta neoclásica: hacia la síntesis<br />

1. La conclusión central del modelo Harrod-Domar –el hecho de que el crecimiento es inestable en<br />

las economías capitalistas por causa de una tendencia crónica al exceso de ahorro, por encima de las<br />

necesidades del capital– produce fastidio en la economía ortodoxa, que busca siempre el modo de<br />

justificar la tendencia innata al equilibrio óptimo en el proceso económico capitalista de libre mercado.<br />

La carrera por asegurarse el control de África y Asia cambió la política de todas las naciones europeas,<br />

hizo surgir alianzas contrarias a todas las líneas naturales de simpatía y de asociación histórica,<br />

constriñó a toda nación del continente a consumir una parte cada vez mayor de sus recursos<br />

materiales y humanos en el equipamiento naval y militar, condujo a la nueva gran potencia, los<br />

Estados Unidos, de una posición de aislamiento a rivalizar de lleno en la competencia internacional;<br />

y, por el número, el alcance y la urgencia de los problemas que ha impulsado a las marquesinas de<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

153


la política, se ha convertido en un factor constante de amenaza y de perturbación de la paz y del<br />

progreso de la humanidad. La nueva política ha ejercido una influencia enorme en el arte de gobernar<br />

de las naciones que se han involucrado (…) Mientras Alemania y Rusia han sido quizá las más claras<br />

en su confesa decisión de considerar el beneficio material de su propio país como único criterio al<br />

cual conformar su conducta, otras naciones no han tardado en aceptar el mismo modelo. Y, aun si la<br />

conducta de las naciones en sus relaciones recíprocas ha sido en todos los tiempos determinada por<br />

consideraciones egoístas y miopes, la adopción consciente y deliberada de este criterio, en una época<br />

en la que el intercambio entre las naciones y su interdependencia para todas las cuestiones esenciales<br />

de la vida humana han crecido enormemente, representa un paso atrás, presagio de graves peligros<br />

para la causa de la civilidad 21 .<br />

La ortodoxia liberal no encontrará una alternativa hasta llegar a 1956. En ese año publicó Robert<br />

Solow su conocido modelo de crecimiento, que le valió el reconocimiento del mundo académico, del<br />

stablishment político y, como era inevitable, le facilitó la obtención del premio Nobel en 1987 (Solow,<br />

1956: 65-94).<br />

Al comienzo parece que el modelo de Solow va a explicar cómo el ahorro, el crecimiento demográfico<br />

y el avance tecnológico influyen en el aumento del producto en el tiempo. Pero que el verdadero<br />

objetivo es contradecir las conclusiones fundamentales del modelo Harrod-Domar, resulta evidente<br />

desde la primera página del artículo: “Cuando los resultados de una teoría parecen desprenderse directamente<br />

de una suposición especialmente crucial, entonces, si esa suposición es dudosa, los resultados<br />

también lo son. Quisiera probar que esto es así en el modelo de Harrod-Domar de crecimiento económico”<br />

(Solow, 1956).<br />

Si se le mira sin dejarse desviar por los ecos mediáticos y académicos, la respuesta de Solow se basa<br />

en un argumento más bien pobre desde el punto de vista teórico: el hecho de que el crecimiento equilibrado<br />

sea un filo de navaja a cuyos lados hay desequilibrio y estancamiento. Se basa eso únicamente<br />

en la suposición harrodiana de que la producción tiene lugar en proporciones fijas. Si se asume, en<br />

cambio, que capital y trabajo son perfectamente sustituibles por cualquier combinación de proporciones<br />

recíprocas, Solow considera que el argumento del filo de navaja se transforma en un caso particular<br />

y no puede ser aplicado al funcionamiento del capitalismo en general:<br />

La conclusión básica de este análisis es que cuando la producción tiene lugar bajo las usuales<br />

condiciones neoclásicas de proporciones variables y rendimientos constantes a escala, no es posible<br />

establecer una oposición simple entre tasas de crecimiento naturales y deseadas. Puede ser que no<br />

exista –y en el caso de la función Cobb-Douglas no existe nunca– un filo de navaja. El sistema puede<br />

ajustarse a cualquier tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo y llegar a un estado de expansión<br />

estable y proporcionada (Solow: 1956) 22 .<br />

2. El punto de partida de la acumulación no es, para Solow, la inversión, sino la demanda y oferta<br />

de bienes. Para determinar el volumen de la oferta, utiliza él la conocida función de producción 23 : el<br />

producto es el resultado de una determinada combinación de dos factores, capital y trabajo, cuyos rendimientos<br />

a escala son constantes: el incremento de la producción es siempre proporcional al aumento<br />

del uso de los factores y cada factor es retribuido conforme a su “productividad marginal” 24 .<br />

La función de producción es la clave del sistema neoclásico, dado que ella sirve para “demostrar”<br />

aquello que Clark proclamó, al principio del siglo xx, como el objetivo fundamental de la teoría<br />

marginalista:<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

154


la teoría debe orientarse hacia el capital, no al trabajo, al producto extra que un aumento de capital<br />

asegura [y que por tanto] bajo la influencia de la competencia completamente libre, el pago de todo<br />

el trabajo debe igualar el producto de todo el trabajo, y que el interés sobre todo el capital debe ser<br />

conforme al producto de todo el capital [y por tanto demostrar que] la ley natural (…) excluye toda<br />

explotación (1899).<br />

3. En los supuestos del modelo, si la economía se mantiene en estado estacionario –es decir, en un<br />

equilibrio de largo plazo–, el capital por trabajador alcanza un valor de equilibrio y permanece invariable.<br />

En consecuencia, también el producto por trabajador alcanza un estado estacionario. Luego, en<br />

un estado estacionario tanto K como Y alcanzan un nivel permanente.<br />

Ese estado estacionario se alcanza en el capitalismo por vía de la definición misma de los supuestos<br />

del modelo, que establece que el ahorro per cápita debe ser igual al aumento del capital, sin cambio<br />

técnico; es decir que el ahorro se invierte, o que se invierte solo cuanto se ha ahorrado y todas las<br />

inversiones amplían la capacidad de producción, pero no la intensifican.<br />

Si por alguna razón se produce un cambio tecnológico, o una variación en el volumen de la población<br />

(que es igual a la fuerza de trabajo), y la economía se aleja del estado estacionario, sea por exceso<br />

o por insuficiencia de capital por trabajador, hay fuerzas que la impulsan hacia el equilibrio de largo<br />

plazo del estado estacionario. Solow encuentra un ancla nueva para el equilibrio del crecimiento: los<br />

salarios. Una caída de los salarios en el momento justo (para compensar un aumento de la población,<br />

o un cambio del coeficiente capital-producto, derivado de nuevas tecnologías) resuelve el problema.<br />

“Este resultado contradice la posición de Harrod, según la cual se necesitará una tasa de interés en perpetua<br />

disminución para mantener el equilibrio” (Solow, 1956: 83). Las “consecuencias catastróficas”<br />

del desequilibrio en el modelo Harrod-Domar, derivadas de la hipótesis de las “proporciones fijas”,<br />

desaparecen, por cuanto en el modelo de proporciones variables de Solow la reducción del precio de la<br />

fuerza de trabajo se traduce en una disminución de la oferta de trabajo (o sea que los trabajadores, de<br />

allí en adelante, se desvanecen en el aire o se transforman en vagabundos) y el crecimiento reemprende<br />

su senda equilibrada.<br />

Suele decirse que el modelo de Solow constituye un progreso respecto al de Harrod-Domar, dado<br />

que toma en cuenta la influencia de un tercer factor de producción, ese al que hoy llamamos “tecnología”<br />

o “capital inmaterial”.<br />

Solow plantea que el cambio tecnológico incrementa la calidad del trabajo y el rendimiento de los<br />

trabajadores mediante la especialización, la instrucción y otros factores. El progreso técnico permite un<br />

crecimiento sostenido de la producción por trabajador, porque cambia la función de producción, que<br />

a su vez modifica la función del ahorro. La tasa de cambio tecnológico determina la tasa de crecimiento<br />

en estado estacionario de la renta per cápita, es decir, el crecimiento del producto por persona. Una<br />

vez que la economía se encuentra en estado estacionario, la tasa de crecimiento de la producción por<br />

trabajador depende solamente de la tasa del progreso tecnológico. De esta manera, el modelo de Solow<br />

demostraría que el progreso tecnológico es la única explicación del aumento constante del nivel de vida.<br />

Sin embargo, Solow considera un tipo de cambio tecnológico neutral, que no influencia las proporciones<br />

entre los factores, y que mueve la curva de la función de producción solamente hacia la derecha.<br />

Como él mismo reconoce, “cambios perfectamente arbitrarios en la función de producción (es decir,<br />

cualquier cambio tecnológico no proporcional) (…) difícilmente pueden conducir a conclusiones<br />

sistemáticas” (1956: 85) 25 .<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

155


3.5. Los modelos neoclásicos de crecimiento económico internacional<br />

1. El modelo neoclásico estándar de crecimiento presupone la hipótesis de convergencia si las economías<br />

tienen un estado estacionario común, por lo que aquellas que se sitúan a un nivel inicial inferior<br />

crecerán más rápidamente.<br />

La convergencia económica se refiere a la tendencia que tienen los niveles de producción per cápita<br />

a igualarse a través del tiempo. La convergencia económica simple se verificará cuando los países o<br />

regiones con mayor producción per cápita tengan un nivel de crecimiento económico menor que<br />

los países con menor producción per cápita. En presencia de factores idénticos, como instituciones,<br />

funciones de producción (tecnología) y tasas de ahorro, todos los países convergerán hacia un mismo<br />

estado estacionario. Dado que no todos los países tienen las mismas características, estudios empíricos<br />

indican que la convergencia solo se verifica entre países o regiones que posean características similares.<br />

Los países europeos con menor índice de PIB per cápita en 1960, crecieron durante los siguientes 40<br />

años más rápidamente que sus contrapartes continentales con índice mayor. La misma cosa se verifica<br />

entre los países de América Latina. Sin embargo, entre los países de África no parece verificarse la<br />

convergencia económica. En el caso de México, datos recientes muestran una diversidad de resultados:<br />

los estudios de Esquivel (1999), que examinan el período 1940-1995, presentan una convergencia<br />

de 1,64% anual entre diferentes Estados, pero estudios realizados para el período 1985-2003 no dan<br />

resultados similares.<br />

2. La hipótesis neoclásica de convergencia es excesivamente abstracta, no solo por las hipótesis que<br />

asume respecto a la existencia de una función de producción lineal del tipo Cobb-Douglas, sino también<br />

por su incapacidad para expresar las dinámicas reales de desarrollo de regiones enteras del mundo<br />

–desde el punto de vista de los ingresos, desarrollo tecnológico y nivel de vida en general– donde se<br />

verifica una profundización de la brecha frente a las regiones más avanzadas.<br />

3.6. Contabilidad del crecimiento económico<br />

1. La contabilidad del crecimiento económico se basa en el modelo neoclásico de crecimiento económico,<br />

y es utilizada en análisis empíricos para explicar cuáles son los factores que contribuyen a ese<br />

crecimiento. Esta contabilidad representa un punto de vista descriptivo.<br />

La ecuación básica para explicar las fuentes del crecimiento es la siguiente:<br />

pΔy = wΔL + (ρ + δ) ΔK + R (ecuación 1)<br />

Donde:<br />

p: nivel de precios (constante).<br />

Δy: variación en el producto (PIB).<br />

w: salario real (constante).<br />

ρ: tasa de retorno real del capital.<br />

δ: tasa de depreciación real del capital.<br />

ΔL: variación en la ocupación de mano de obra.<br />

ΔK: variación en el capital.<br />

R: residuo. Crecimiento no explicado por los incrementos en los factores tradicionales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

156


Operando algebraicamente, se llega a la siguiente ecuación:<br />

Tasa de crecimiento económico = tasa de participación del trabajo en el PIB<br />

x tasa de crecimiento de la cantidad de trabajo + tasa de participación<br />

del capital en el PIB x tasa de crecimiento del capital + residuo<br />

2. Las búsquedas empíricas dieron como resultado, en la mayoría de las economías, que gran parte del<br />

crecimiento fuera “explicado” con el argumento del residuo: con frecuencia el residuo “explicaba” más<br />

del 50% del crecimiento económico.<br />

La explicación que a su vez se dio como respuesta a esos resultados fue que para calcular la contribución<br />

del trabajo y del capital al crecimiento económico, debe agregarse el mejoramiento en la<br />

calidad del trabajo (capital humano) y el mejoramiento en la calidad del capital (progreso técnico).<br />

Bajo las premisas neoclásicas de competencia perfecta, el mercado adquiriría estas mejoras mediante la<br />

remuneración de los factores; es decir, las diferencias en la productividad de los diversos tipos de trabajo<br />

se reflejarían en salarios diferentes y las diferencias en la productividad de los distintos tipos de<br />

capital se reflejarían en diferentes remuneraciones al capital.<br />

En la contabilidad del crecimiento económico, la ecuación que incluye los mejoramientos en la<br />

calidad de los factores sería entonces:<br />

Tasa de crecimiento económico = tasa de participación del trabajo en el PIB<br />

x tasa de crecimiento de la cantidad de trabajo + tasa de crecimiento de la calidad del trabajo<br />

+ tasa de participación del capital en el PIB x tasa de crecimiento del capital<br />

+ tasa de crecimiento de la calidad del capital + residuo (R')<br />

En esta última fórmula, el residuo R' no incluye la contribución del cambio en la calidad del<br />

trabajo, ni la del cambio en la calidad del capital, al crecimiento económico.<br />

Las causas de la variación del residuo han sido analizadas por los economistas de distintas maneras.<br />

Algunos hablan de “cambio tecnológico”, otros de “incremento de la productividad total de los factores”<br />

y hay quien prefiere hablar de “reducción” de costos reales.<br />

El cambio tecnológico pide a los economistas que analizan las causas del crecimiento económico<br />

comenzar por las invenciones, la investigación y desarrollo, las innovaciones técnicas.<br />

El mejoramiento de la productividad total de los factores lleva a pensar, según diversas formulaciones<br />

teóricas, en externalidades de diferente tipo: economías de escala, distribuciones y complementariedad.<br />

La reducción de costos reales lleva a contemplar todas las mejorías posibles, desde el punto de<br />

vista gerencial de un director de producción o un empresario.<br />

3. Los economistas han ido concentrándose en algunas formas particulares de reducción de costos<br />

reales. Paul Romer (1986) se concentró en las recaídas que produce el “conocimiento”. Robert Lucas<br />

(1988) 26 se concentró en las externalidades que producen los incrementos del capital humano. Estos<br />

autores desarrollaron modelos de crecimiento que intentaban hacer endógeno el factor R o R' (por eso<br />

se llaman modelos de crecimiento endógeno), pero no representan la multiplicidad de la reducción de<br />

costos reales.<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

157


Desde esta perspectiva, los obstáculos al crecimiento económico pueden provenir solamente de las<br />

políticas económicas públicas o estatales.<br />

4. Por otra parte, hay determinados conceptos que, si bien no son condición necesaria para pasar de un<br />

estado de bajo crecimiento económico a uno elevado, pueden tornarse útiles para alcanzar un elevado<br />

nivel de crecimiento por un período prolongado. Dicho de otra manera, estos modelos constituyen<br />

el arquitrabe ideológico de los ajustes recomendados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el<br />

Banco Mundial (BM) como fórmulas mágicas para aplicar en todos los países del mundo.<br />

Los programas de ajuste estructural hunden sus raíces en el artículo 1 de la carta programática del<br />

FMI, donde puede leerse que se “favorecerá el crecimiento equilibrado del comercio internacional”.<br />

Por tanto, los países que regularmente presentan déficit comercial necesitan ser sostenidos financieramente<br />

para no ser excluidos del comercio internacional de bienes y servicios. Para responder a los<br />

problemas de balanza de pagos, a disposición de los países miembros que tienen bajo ingreso, ha puesto<br />

el FMI financiamientos en condiciones particulares, que de hecho se han revelado como auténticas<br />

condiciones de subalternidad política y de usura económica, bajo el dominio de los poderes de las<br />

multinacionales y del capital financiero internacional.<br />

Este tipo de financiamiento comenzó a ser ofrecido en 1986, en el marco del Servicio de Ajuste<br />

Estructural (SAE), que posteriormente, en 1987, se convierte en Servicio Reforzado de Ajuste Estructural<br />

(SRAE) y se constituye en elemento central de la estrategia de la institución para ayudar –así se<br />

declara– a los países pobres.<br />

En general, la aplicación del SRAE en los países se da en contextos de inestabilidad macroeconómica,<br />

en los cuales los problemas más relevantes son los déficit fiscales y de cuenta corriente, la<br />

declinación pronunciada de los ingresos reales y el aumento de la deuda externa.<br />

Para el FMI, esos países fueron llevados a tales condiciones de insostenibilidad por años de pésimos<br />

Gobiernos en lo económico y de shocks externos adversos.<br />

Por tanto, los programas del SRAE, con el total condicionamiento económico que comportan,<br />

constituyen para el FMI el instrumento perfecto para “ayudar” a esos países a superar los problemas<br />

externos y retornar al camino del crecimiento, mediante la aplicación de políticas económicas “correctas”<br />

y de reformas estructurales que posibiliten la asignación eficiente de recursos a través del mercado.<br />

5. Las recomendaciones en materia de política económica –que condicionan la posibilidad de percibir<br />

ayuda a través del SRAE– provienen del paradigma teórico neoclásico, según el cual el mercado<br />

funciona cuando, en condiciones “adecuadas”, se maximiza el beneficio para el productor y la utilidad<br />

para el consumidor, con lo que se maximiza también, de hecho, el bienestar de la sociedad. Así, las<br />

reformas están dirigidas a transformar las anticuadas estructuras económicas de países con bajo ingreso<br />

y convertirlas en exitosas economías de mercado.<br />

En ese esquema, los mercados deben funcionar libremente, para lo cual hay que eliminar las regulaciones<br />

que enlentecen su funcionamiento y apostar por fuertes proceso de privatización. Igualmente,<br />

se privatizan las funciones del Estado, con excepción de los “bienes públicos” (orden público y defensa<br />

nacional).<br />

Por todo lo dicho y a los fines del análisis, es posible dividir el SRAE en dos fases complementarias:<br />

la primera incluye la estabilización económica a corto plazo, que tiene como objetivo facilitar el rápido<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

158


etorno del país en cuestión a los mercados mundiales, a través de medidas económicas dirigidas,<br />

principalmente, a reducir el déficit fiscal y mantener bajo control la inflación; la segunda fase consiste<br />

en las reformas estructurales de la economía, propiamente dichas, que el FMI considere necesarias, las<br />

cuales permitirán al país una inserción exitosa en los mercados mundiales, a largo plazo, y por tanto<br />

pondrán fin a la necesidad del financiamiento facilitado.<br />

3.7. Equilibrio sin tecnología<br />

1. Las teorías se deben confrontar continuamente con la realidad. El funcionamiento de la economía<br />

capitalista no responde casi nunca al funcionamiento de los modelos. Esa falta de realismo, sin<br />

embargo, no parece fastidiar a la economía dominante, que sigue difundiendo, en los libros de texto<br />

que se usan, todo el aparato del keynesismo cocinado en salsa marginalista por la síntesis neoclásica.<br />

Como escribe Weeks (1989):<br />

El argumento generalmente difundido de que la economía capitalista tiende automáticamente al<br />

pleno empleo ha sido vaciado de varios contenidos básicos, a los que podemos encontrar todos en la<br />

literatura económica más avanzada:<br />

1. El mecanismo walrasiano del equilibrio de los mercados no es una guía adecuada para el<br />

funcionamiento de las economías reales (no existe ninguna buena teoría, como lo ha puesto en claro<br />

Hahn, de los movimientos que van de situaciones de menos que plena ocupación a situaciones de<br />

plena ocupación).<br />

2. Si hubiese una teoría satisfactoria del ajuste en desequilibrio, ello no implicaría necesariamente<br />

que moverse hacia la plena ocupación signifique, consecuentemente, una reducción del salario real<br />

(las parábolas que se basan en modelos de una mercancía no sobreviven a la prueba de un modelo<br />

multi-mercancías).<br />

3. Si hubiera una tendencia automática al pleno empleo y esta estuviera asociada a una reducción del<br />

salario real, el resultado no sería único (en el mundo real, el dinero no es neutral).<br />

Naturalmente, ningún libro de texto se toma en serio el argumento de que las economías capitalistas<br />

tienden automáticamente al pleno empleo. Pero, prácticamente sin excepción alguna, los textos<br />

estándar, tanto para licenciaturas como para especializaciones, repiten que, en abstracto, las cosas<br />

funcionan así; que la teoría pura es correcta en su lógica y que, en todo caso, se trata de una<br />

aproximación óptima, en relación con la cual se pueden juzgar los resultados del mundo real. Esa<br />

solución de compromiso perpetúa un dogma y su poderoso mensaje ideológico. Constituye esto una<br />

prepotencia ideológica no empíricamente probada y un caso especial desde el punto de vista lógico.<br />

Es grano para el molino de los ideólogos de derecha y una barrera para el desarrollo de una teoría que<br />

vaya a los problemas fundamentales de una economía capitalista.<br />

En particular, hay elementos muy relevantes cuyo tratamiento es completamente insatisfactorio en<br />

ambos tipos de modelo. De un lado, la formalización de los modelos se efectúa a través de ecuaciones<br />

algebraicas basadas en el principio de identidad. Del otro, el dinamismo tecnológico, una de las características<br />

que más claramente definen el modo de producción capitalista, recibe un tratamiento que<br />

fluctúa entre lo inadecuado y lo inexistente, según de cuál modelo se trate.<br />

2. Entre los modelos keynesianos y neoclásicos (así como en la síntesis de ambos, las curvas IS-LM)<br />

hay algunos lugares comunes: todos definen la existencia de caminos o trayectorias de equilibrio,<br />

más estrechos en el caso de los modelos keynesianos, más anchos en los modelos neoclásicos. Todos<br />

muestran que la acumulación capitalista puede desplegarse con un funcionamiento regular, siempre<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

159


que la tasa de acumulación se produzca dentro del sendero estrecho, o en las grandes “aeropistas”,<br />

del equilibrio.<br />

Nada mas lejano del modelo marxista de acumulación, aun cuando, como se ha visto, en algunas<br />

versiones keynesianas originales se recurre a la inspiración en el autor de El Capital para encontrar una<br />

solución que se presume satisfactoria.<br />

Para Marx, la acumulación capitalista no se produce nunca en condiciones de equilibrio. Al contrario,<br />

para Marx el capitalismo es una formación económico-social en la que el equilibrio es solo una<br />

excepción, y su verdadera condición “natural” es la de no-equilibrio 27 . La regularidad o irregularidad<br />

del proceso no depende de la verificación de determinadas identidades macroeconómicas, sino de algo<br />

más prosaico y menos formal, como es la lucha de clases y, como consecuencia de esta, de la forma en<br />

que se lleva a cabo la distribución del excedente productivo, o valor agregado. Marx pone en evidencia<br />

cómo el capitalismo, en su desenvolvimiento dinámico, implica una tendencia a la reducción de la tasa<br />

de ganancia, como consecuencia directa de la existencia de la competencia. Marx demuestra que lo que<br />

provoca esa caída no es un factor natural, como la evolución demográfica, la fertilidad decreciente de<br />

los suelos o la entrada en escena de un nuevo capital venido de fuera, sino una tendencia inherente al<br />

proceso de aumento del poder productivo del capital. Este es uno de sus principales aportes teóricos,<br />

vinculado al descubrimiento de la reproducción del capital constante, que no había sido analizado por<br />

sus contemporáneos de la escuela clásica 28 .<br />

El paradigma marxista es, por el momento, el único que le da a la tecnología el tratamiento interdisciplinario<br />

que requiere, si es que se busca comprender su papel en el proceso de acumulación. Las<br />

categorías de “fuerzas productivas” abarcan la intuición de Marx en el sentido de que el crecimiento<br />

capitalista incorpora siempre alguna forma de progreso técnico, precisamente por la necesidad de<br />

mantener a flote la tasa de ganancia y la participación de mercado frente a la competencia.<br />

De esa intuición deriva Marx su teoría de la acumulación, que no es una teoría del equilibrio<br />

sino una teoría de la crisis. El capitalismo no se desarrolla sobre un sendero de equilibrio, ni ancho ni<br />

estrecho; y lo contrario de esto no es una teoría del crecimiento no equilibrado, como la desarrollada<br />

por discípulos de Keynes durante varios decenios (Joan Robinson, Nicholas Kaldor et al.).<br />

En la concepción de Marx, la acumulación se expresa tanto en términos de equilibrio de pleno empleo<br />

(neoclásico) o de subempleo (keynesiano), como en términos de desequilibrio (poskeynesiano),<br />

y conduce siempre al estancamiento y la crisis, que acontecen en términos de exceso de mercancías<br />

(crisis de sobreproducción) o de exceso de capital (crisis de sobreacumulación), como crisis cíclicas o<br />

grandes depresiones.<br />

Al poner la crisis y no el equilibrio en el centro del análisis, la economía marxista permite entender<br />

mejor lo que ocurre en la realidad.<br />

3.8. La “no identidad” entre crecimiento económico cuantitativo y desarrollo real cualitativo<br />

1. A lo largo de la historia, la idea de desarrollo ha sido concebida en su dimensión esencialmente<br />

económica y la teoría del desarrollo se mantuvo ligada a su concepción neoclásica de crecimiento económico,<br />

es decir, a su identificación con el crecimiento de la riqueza 29 . Se usaron conceptos similares,<br />

incluyendo sinónimos del desarrollo como riqueza, evolución económica, industrialización, modernización,<br />

etcétera, pero el más utilizado fue y es la dimensión cuantitativa del crecimiento económico,<br />

entendida como aumento de la producción total de bienes y servicios durante un período, que se<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

160


evidencia a través del crecimiento del PIB de un país a mediano y largo plazo, y que se transforma en<br />

términos redistributivos, desde el punto de vista contable, con el incremento de la renta per cápita,<br />

etcétera.<br />

Un concepto más amplio, que recoge los aspectos no considerados por el producto bruto, es el de<br />

desarrollo económico comprehensivo, que incluye, aparte de aspectos como el nivel de producción, también<br />

datos estructurales como el grado de instrucción de la población, los indicadores de mortalidad,<br />

la expectativa de vida, etcétera. En el concepto de desarrollo comprehensivo se integran asimismo<br />

nociones más abstractas, como la libertad política, la previsión social y muchas más.<br />

¿Por qué no se usa el concepto de desarrollo económico y social comprehensivo, u otras mediciones<br />

del bienestar, en lugar del concepto de PIB, para medir el crecimiento económico? Esencialmente, por<br />

la dificultad de medir el desarrollo económico, que es un concepto muy amplio y sin consenso general<br />

para su definición exacta. Por otra parte, es también muy difícil llevar una observación de desarrollo<br />

económico a una medida numérica: por eso las comparaciones interregionales o intertemporales son<br />

muy dificultosas. El producto interno bruto es una medida numérica de fácil interpretación; además,<br />

se define y cuantifica bien en los modelos económicos, donde por lo general el producto de una economía<br />

es el resultado de la combinación de insumos o input.<br />

Entre otras cosas, eso le permite a la economía de mercado mantener escondidas, en la contabilidad,<br />

sus limitaciones y contradicciones; esto es, la dramática realidad de que la exaltación del crecimiento<br />

cuantitativo en el modo de producción capitalista conlleva necesariamente explotación, desigualdades,<br />

pobreza, desocupación, inequidad, enfermedades, guerras; vale decir: falta de verdadero desarrollo en<br />

términos sociales y políticos.<br />

Y todo esto porque un crecimiento económico no implica necesariamente una mejoría del bienestar<br />

social, de la igualdad de oportunidades entre todos los miembros de la sociedad.<br />

2. Los aportes del mundo científico e institucional a la discusión de la identidad entre crecimiento<br />

económico y desarrollo real han sido múltiples; se subrayan, en general, el carácter históricamente<br />

condicionado del desarrollo y la necesidad de la participación del Estado y de otras instituciones. No<br />

obstante, no son pocos los que consideran que el crecimiento económico automático, en condiciones<br />

de mercado, genera una especie de círculo virtuoso de desarrollo, por lo que las únicas políticas posibles<br />

son las congruentes con un mercado abierto y desregulado.<br />

En síntesis, este pensamiento postula cuanto sigue:<br />

a) Una baja tasa de interés es un atractivo para acceder a créditos que incrementen la producción<br />

y la recuperación de sectores deprimidos. Además, permite tener más recursos disponibles para<br />

el consumo, el ahorro o la inversión.<br />

b) La inversión real se incrementa con tasas más favorables, por el principio de actividad generadora<br />

de recursos.<br />

c) Cuando la inversión real se incrementa, conduce a la producción de recursos económicos que<br />

son usados para atraer nuevos capitales.<br />

d) Por esto se generan más puestos de trabajo, ya que se necesita mano de obra adicional en la<br />

nueva producción.<br />

e) Una mayor ocupación aumentará los ingresos de las unidades familiares.<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

161


f) Con ingresos adecuados, el consumo se estimula, y del mismo modo, si existen excedentes, estos<br />

serán destinados al ahorro.<br />

g) Este ahorro se canaliza hacia el sector financiero y, a su vez, retorna al círculo virtuoso como<br />

crédito generador de más inversión, empleo y consumo.<br />

3. Una visión fuertemente crítica establece que la pobreza no es causa sino consecuencia del subdesarrollo,<br />

y que los problemas que condicionan esta situación deben ser buscados, sobre todo, en las<br />

relaciones de dependencia existentes entre el norte y el sur, que entrañan la necesidad de reformular<br />

el marco de las relaciones internacionales y la cooperación para el desarrollo. Para esta corriente de<br />

pensamiento, el subdesarrollo y el desarrollo son dos caras de una misma moneda, una característica<br />

del sistema de relaciones internacionales del capitalismo 30 .<br />

Desde ese punto de vista se acentúa el hecho de que las causas del subdesarrollo son estructurales,<br />

en oposición a la corriente desarrollista, que ponía el peso en las causas endógenas. Como argumenta<br />

Paul Barán (1956), no se puede hablar de una sola historia del capitalismo, ni de la estructura que este<br />

ha tenido, sino de una colección de historias con una estructura similar, cada una de las cuales atraviesa<br />

en fechas distintas sus principales etapas.<br />

Se deduce que el objeto de estudio tiene que ser cambiado: no puede ser el desarrollo como crecimiento<br />

económico cuantitativo, sino el subdesarrollo como consecuencia de aquel, junto con la<br />

búsqueda de causas y soluciones para un problema tan extendido mundialmente como este.<br />

Uno de los núcleos fundamentales del debate de los años sesenta del pasado siglo fue el de las<br />

relaciones entre comercio y crecimiento. La teoría convencional del comercio internacional, tanto<br />

la clásica como la neoclásica, apostaba y sigue apostando por una relación positiva entre ambas<br />

variables.<br />

La atención de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) se dirigió a los<br />

beneficios crecientes obtenidos por los países ricos gracias a una transferencia sistemática de recursos<br />

sustentada en el deterioro de los términos de intercambio, mediante el cual se refieren los índices de<br />

precios de las exportaciones e importaciones y su variación respecto a un año considerado como base.<br />

Tras las conclusiones de la Cepal, muchos fueron los estudios sobre la relación de intercambio, y no<br />

pocos de ellos contradictorios entre sí por el horizonte de las investigaciones: las premisas adoptadas,<br />

los objetivos expuestos, los períodos contemplados, los productos incluidos o excluidos, las regiones<br />

abarcadas, etcétera. Pero una realidad es indiscutible: la relación entre comercio, crecimiento cuantitativo<br />

y desarrollo no es lineal, ni demuestra por qué deba ser necesariamente positiva para todos, como<br />

postula el pensamiento económico dominante.<br />

Todos, sin embargo, parecen convenir en los siguientes elementos como causa del deterioro:<br />

a) Inelasticidad de la demanda de productos primarios, motor del desarrollo de muchos países.<br />

b) Estructuras diferentes del mercado de trabajo entre los países desarrollados y los subdesarrollados,<br />

lo que se yergue como obstáculo para que las ganancias en productividad de estos últimos<br />

sean absorbidas a través del incremento de los salarios.<br />

c) Las prácticas proteccionistas y discriminatorias contra los países subdesarrollados.<br />

d) Los efectos de la relación de intercambio repercuten también sobre la capacidad de adquisición<br />

de las exportaciones.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

162


3.9. Crítica del desarrollismo: PIB, desarrollo humano y más<br />

1. La medición del crecimiento económico es usualmente utilizada para valorar los resultados económicos<br />

de un país en un determinado lapso y se calcula, generalmente, en términos reales para tomar<br />

en cuenta los efectos de las variaciones en los niveles de precios. Implícitamente, se supone que un<br />

alto crecimiento económico sea ventajoso para el bienestar de la población, por lo que, dicho de otra<br />

manera, sería ese un resultado deseado por las autoridades políticas y por la población misma del<br />

país en cuestión. Tanta credibilidad se le otorga a esta opinión, que se concibe una especie de círculo<br />

virtuoso del crecimiento, según el esquema presentado anteriormente. El creer que las cosas realmente<br />

funcionan según estos esquemas automáticos ha conducido a considerar que toda política racional<br />

debe ser congruente con tales postulados; se concluye, así, que son factores externos los que conducen<br />

a los países hacia la crisis y la inestabilidad.<br />

La utilización de la medida del crecimiento económico como parámetro del incremento del desarrollo<br />

comprehensivo equilibrado acarrea todos los problemas que surgen al considerar el producto<br />

interno bruto como medida del bienestar. Esa medida es limitada, de una parte, por problemas de<br />

medición, ya que, por ejemplo, no incluye algunas actividades como el trabajo doméstico o el trabajo<br />

“negro”, ni la dimensión social –como calidad de la enseñanza, salud, impacto ambiental–, para no<br />

hablar ya del impacto global del llamado desvalor agregado y, entre estas cosas, de los efectos de la<br />

economía de guerra. La magnitud de las actividades que no son incluidas en la medición del producto<br />

interno bruto varía de un período a otro y entre países; por tanto, las comparaciones intertemporales e<br />

interregionales del crecimiento económico se ven ligeramente distorsionadas cuando estas actividades<br />

alcanzan magnitudes considerables. Por otra parte, como medida del bienestar social, el PIB sufre de<br />

una serie de deficiencias conceptuales. Brevemente se puede decir que:<br />

a) No toma en cuenta los efectos negativos en el bienestar de muchas actividades que aumentan<br />

el producto interno bruto, como es el caso de algunos factores externos (por ejemplo, polución<br />

ambiental, producción bélica, etcétera).<br />

b) No considera la totalidad de los efectos positivos de actividades que incrementan el bienestar<br />

(por ejemplo, mejor distribución de la riqueza y de la renta).<br />

c) No registra aspectos intertemporales, como por ejemplo el consumo acelerado de recursos naturales,<br />

la depreciación del capital o el endeudamiento de una economía, que puede implicar que<br />

la generación actual goce de un alto crecimiento económico a costas de un menor producto para<br />

las generaciones futuras.<br />

Por estas razones, un mayor crecimiento económico cuantitativo no representa necesariamente un<br />

aumento del bienestar para la mayoría de la población.<br />

2. El PIB, al que se presenta como el indicador sintético más importante del sistema de cuentas<br />

nacionales, es la expresión máxima de ocultamiento de las diferencias entre la economía formal y la<br />

economía real. El concepto de valor agregado que le sirve de base presupone que el simple hecho de<br />

que el dinero pase de mano en mano significa generación de riqueza, no obstante la vacuidad del<br />

contenido de este movimiento. El PIB es esencialmente la medida del output neto, como sumatoria de<br />

las actividades económicas privadas: se asume que todo producto o servicio ofrecido como mercancía<br />

o moneda constituye, por definición, un aumento de la riqueza nacional.<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

163


El PIB no hace diferencias entre costos y beneficios reales, ni entre actividad productiva o improductiva<br />

(o incluso destructiva) y, menos aún, entre economías sustentables e insustentables. Es una<br />

especie de sumatoria que contabiliza el cómo hacer dinero, sin preocuparse de cómo se le ha obtenido<br />

ni para qué, por lo cual no incluye los costos sociales ni los naturales. Un indicador ignorante de todo<br />

aquello que sucede fuera del campo monetario (Dierckxsens, 2004b).<br />

El PIB mide todas las actividades que incluyan una transacción monetaria y hace caso omiso de todas<br />

las demás. Por ejemplo, si una persona sufre un accidente automovilístico e ingresa en graves condiciones<br />

a una clínica u hospital, se produce, por causa de los gastos de hospitalización, un crecimiento del<br />

PIB; la economía de guerra, las guerras de agresión contra los pueblos, al sostener la demanda por medio<br />

de los gastos militares, primero, y luego mediante la reconstrucción de los países destruidos por la<br />

guerra misma, seguramente acrecientan el PIB. E incluso, por ejemplo, la extracción de minerales o la tala<br />

de bosques producen riqueza, pero no se contabilizan las graves pérdidas ocasionadas al ambiente.<br />

Por otra parte, si el PIB crece más deprisa que la población, es indicio de un mejoramiento de la<br />

calidad de vida, mientras que, al contrario, el nivel de vida empeora si el PIB crece más lentamente que<br />

la población. Dado que el PIB per cápita no tiene en cuenta el costo de la vida en cada país, no puede<br />

ser considerado como un indicador válido del nivel de calidad de vida, desde el momento en que no<br />

considera el verdadero desarrollo humano, sea que se le mida por el poder adquisitivo real o por los<br />

beneficios sociales que recibe la población.<br />

Como ha quedado dicho, el PIB ignora la riqueza natural existente y, de esa manera, es incapaz<br />

de considerar el despilfarro y deterioro del ecosistema. El uso de los recursos naturales es considerado<br />

solo en términos de creación de ingreso monetario, de riqueza, mientras se desdeña e ignora el proceso<br />

simultáneo de pérdida de riquezas naturales y sociales relacionadas con esos recursos. Desarrollo y<br />

ambiente no deben ser objetivos antagónicos.<br />

Con el método actual, al tener que contabilizarse los gastos hospitalarios, el deterioro de la salud<br />

de la población termina siendo, en lugar de una pérdida, una ganancia. De la misma manera, resulta<br />

poco claro cómo la actividad especulativa y las actividades de bolsa puedan conducir a la creación de<br />

riqueza, si generan incluso crisis del mercado de valores y ataques especulativos capaces de desarticular<br />

social y económicamente a países enteros y aun regiones 31 .<br />

3. Incluso los economistas neoclásicos reconocen que existen tres grandes categorías de problemas de<br />

mercado: la tendencia de la competencia a autoeliminarse, el carácter corrosivo del interés material<br />

sobre el contexto moral de la sociedad y la existencia de bienes públicos y de factores externos.<br />

El término “factor externo” es muy controversial: presupone que los mercados son perfectos y que<br />

los problemas y contradicciones son supuestamente externos a estos, así como lo son en el pensamiento<br />

neoclásico. Uno de los factores externos más evidentes es el daño ambiental, tema que el SCN es<br />

completamente incapaz de analizar.<br />

En su análisis, Karl Marx (1966: 473) arriba a un resultado de gran actualidad: “la producción<br />

capitalista solo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción, minando<br />

al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre”.<br />

Para el autor de El Capital, la lógica de la plusvalía impone una tendencia al suicidio colectivo de<br />

la humanidad: aun con las debidas actualizaciones, está claro que Marx tenía plena conciencia de este<br />

problema.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

164


Este tipo de factor externo fue definido por Meade (1952) como una propiedad de la función de<br />

producción, aun cuando lo valorase en términos de mercado y lo asociara al hecho de que el output de<br />

una empresa no depende solamente de los factores de producción que utiliza, sino también del output<br />

de factores usados para otras cosas. No hay duda de que en las últimas décadas el problema que ha<br />

recibido más atención es el relativo al impacto ambiental de la producción.<br />

El SCN ignora los efectos de la actividad económica en el ecosistema y la función que este cumple,<br />

tanto en la absorción de emisiones y desechos como en el suministro de recursos. En su contabilidad<br />

se calculan solo algunos recursos naturales cuyo precio es establecido por el mercado, pero no los<br />

procesos naturales que tienen lugar en los ecosistemas y que constituyen incrementos o decrecimientos<br />

del patrimonio natural; tampoco se calculan recursos como el patrimonio genético, la flora, la fauna o<br />

las funciones ecosistémicas.<br />

Todo ello es consecuencia de considerar la economía como un sistema cerrado y autosuficiente. El<br />

SCN, en síntesis, muestra algunas limitaciones en lo que respecta a la relación entre producción de<br />

riqueza y ambiente (Claude, 1997); en particular, no considera el agotamiento de los recursos naturales<br />

como depreciación. Por el contrario, lo registra en la producción e incrementa el PIB, lo que no<br />

permite una orientación hacia un desarrollo eco-socio-sustentable. La mayoría de los expertos coincide<br />

en señalar que el agotamiento del capital natural debe ser registrado del mismo modo que el de otros<br />

bienes productivos.<br />

La degradación del ambiente no es contemplada en el SCN, principalmente en razón de la gran<br />

dificultad que entraña la estimación monetaria de los fenómenos ambientales, locales o globales. Los<br />

gastos de protección del ambiente contra la contaminación son incluidos en las cuentas de la renta<br />

junto con el consumo intermedio y final, y no son desagregables. Los bienes y servicios no comercializados<br />

se excluyen de la contabilidad o se consideran de manera inadecuada. Tampoco los esfuerzos<br />

realizados por un grupo de países, al adoptar un sistema de cuentas satélite, resuelven a fondo el<br />

problema, aunque al menos se han dado así los primeros pasos en la llamada contabilidad ambiental,<br />

en términos físicos y monetarios.<br />

4. El desarrollo, en lugar de lo anterior, debería ser capaz de combinar tres necesidades: la disminución<br />

de la pobreza, el crecimiento socioeconómico y la tutela del ambiente y de los ecosistemas<br />

naturales.<br />

El desarrollo del siglo xx favoreció exclusivamente a los países ricos, ligado como estuvo a la acumulación<br />

capitalista. El concepto de desarrollo, por el contrario, no debe estar ligado al concepto de<br />

crecimiento cuantitativo, en tanto que para poder lograr un desarrollo también en los países pobres,<br />

es necesaria una renuncia al desarrollo sin límites de los países ricos, al tiempo que su medición debe<br />

tener connotaciones socioambientales cualitativas.<br />

Frente al PIB, que analiza el progreso económico, Halstead y Cobb (1996) proponen un indicador<br />

alternativo: el indicador del progreso genuino (IPG). Este último mide el consumo y el deterioro<br />

de los recursos naturales, renovables y no renovables; de hecho, el IPG sustrae del PIB los costos de<br />

contaminación del agua y del aire, el consumo de energía no renovable y el deterioro de la capa de<br />

ozono. En este indicador no se consideran los gastos improductivos, sino solo aquellos que son útiles,<br />

es decir, que aumentan directa o indirectamente el bienestar humano, como las prestaciones sociales<br />

o la seguridad social; el principio de prevención, incluso, está por encima del de reparación. De esta<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

165


manera, se reclaman nuevas formas de medir la productividad, de forma tal que se garantice en cada<br />

caso una renta suficiente a los ciudadanos.<br />

5. La concepción del desarrollo como mero crecimiento del PIB entra en crisis ya en los años setenta,<br />

con la caída del sistema monetario internacional, la primera crisis energética y otros factores que golpean<br />

sensiblemente la dinámica del comercio internacional. Se hace evidente, además, la incapacidad<br />

del modelo existente para asimilar el crecimiento demográfico, mientras que las crecientes demandas<br />

de financiamiento externo terminan por generar, en los años ochenta, la crisis de la deuda externa y la<br />

detención del desarrollo.<br />

La respuesta teórico-ideológica de las clases dominantes fue el consenso para las políticas económicas<br />

de Washington y los programas de ajuste estructural, como condición reclamada por el FMI y el<br />

Banco Mundial a todo país que aspire a un auxilio financiero.<br />

Al decir de muchos economistas, la emergencia del neoliberalismo y la caída del campo socialista<br />

cambiaron la correlación de fuerzas a nivel internacional. Si en los años setenta se consideraba la<br />

propuesta del Nuevo Orden Económico Internacional (NIEO) 32 , con la cual se postulaba que el norte<br />

debía fundamentalmente adaptarse al sur del mundo, en los años ochenta es ya el sur el compelido a<br />

adaptarse supinamente al norte.<br />

La convicción de que indicadores monetarios como el PIB no están en capacidad de revelar el<br />

empeoramiento y empobrecimiento de los recursos, ha estimulado esfuerzos correctivos como los que<br />

llevaron a la creación del “PIB verde”, un indicador que toma en cuenta la degradación del ambiente<br />

y sus consecuencias para el desarrollo económico; sin embargo, se trata de un instrumento muy difícil<br />

de calcular, ya que es casi imposible definir los efectos del cambio climático, de las transformaciones<br />

culturales y científicas o de las recaídas de las crisis económicas.<br />

Emerge, pues, un nuevo concepto de desarrollo, en el que se asume el carácter más complejo, multidimensional,<br />

incluyente, plasmable, de todo el proceso y cuyo objetivo no es solo el crecimiento económico<br />

sino la erradicación de la pobreza, la redistribución de la renta y la protección del ecosistema.<br />

Es con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a fines de los años ochenta,<br />

que surge finalmente una manera de atender al desarrollo humano que presupone un cambio radical<br />

de los proyectos antes expuestos 33 . A partir de 1990, con la publicación de los Informes sobre Desarrollo<br />

Humano del PNUD, se abre una nueva etapa no solo en la concepción del desarrollo, sino en<br />

su medición 34 .<br />

El informe de 1994 se refiere a un nuevo paradigma de desarrollo, capaz de colocar al ser humano<br />

en el centro y de considerar el crecimiento como un medio y no como un fin, que proteja las oportunidades<br />

de vida de las generaciones futuras y respete los sistemas naturales de los cuales dependen todos<br />

los seres vivos. A tal fin, considera también la posibilidad de proceder a una reestructuración de los<br />

esquemas de distribución de la renta, la producción y el consumo a escala mundial, como condición<br />

necesaria y prioritaria. En el informe de 1997 se estudia el problema de la reducción de la pobreza,<br />

mientras que el de 2000 analiza los derechos humanos como parte fundamental del desarrollo y considera<br />

el desarrollo humano como medio para hacerlos realidad.<br />

En lo que toca a las mediciones, el PNUD diseñó un índice de desarrollo humano con base en<br />

tres componentes: longevidad, educación y renta per cápita. Aun siendo este un índice general, está<br />

claro que cuando las personas disponen de esos tres elementos pueden encontrarse en condiciones de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

166


acceder a otras oportunidades, en términos cualitativos. Aun en su imperfección, es una alternativa al<br />

PIB per cápita y se le utiliza cada vez más para evaluar el atraso de algunos países del mundo.<br />

Aunque la concepción del desarrollo humano representa un indudable paso adelante, es también<br />

cierto que no ha significado una verdadera recuperación del concepto de desarrollo, ya que ha predominado<br />

la tendencia –muchas veces ideologizada– de identificar, por ejemplo, como modelos únicos de<br />

desarrollo, aquellos que coinciden con el supuesto éxito de algunos países en determinadas etapas<br />

de su evolución: en el siglo xx fue así con el modelo japonés, primero, y en los años sesenta-setenta,<br />

con el de los “tigres asiáticos”.<br />

Pero es más tarde, con los programas de ajuste estructural, que el FMI y el Banco Mundial consiguen<br />

imponer nuevamente el ideal de un modelo único centrado en el equilibrio macroeconómico.<br />

Los Informes de Desarrollo Humano del PNUD han evolucionado en el tiempo. No obstante, y<br />

sin disminuir su mérito, es preciso admitir que se han convertido en una especie de certificación de<br />

agencia de rating internacional, que clasifica los países por su más alto o bajo desarrollo humano y<br />

mide las etapas y fases de su camino, etcétera 35 .<br />

De cualquier manera, estos indicadores no resuelven el problema, sino que lo postergan –ya que<br />

los costos humanos y monetarios de hoy tendrán necesariamente que recaer sobre las generaciones<br />

futuras–, y además lo desplazan en el espacio, aunque no pasa de ser una ilusión la idea de que existan<br />

todavía en el planeta lugares en los que se puedan revertir los estragos que hemos causado al ambiente.<br />

3.10. Modelos neoliberales, nueva macroeconomía clásica y teorías<br />

keynesianas de última generación: acumulación sin crecimiento<br />

1. Frente a la aplicación de políticas neoliberales a partir de los años ochenta, la economía política<br />

convencional retomó, incluso, la defensa de los mismos modelos que Keynes había criticado en los<br />

años treinta del pasado siglo.<br />

Esta “nueva” macroeconomía se manifiesta inicialmente con los llamados “modelos de oferta” 36 . Tal<br />

versión de la macroeconomía convencional se asienta en la constatación de la falta de operatividad de<br />

las políticas anticíclicas de demanda y propone actuar con medidas estructurales orientadas principalmente<br />

a la reducción del costo de la mano de obra y a la desregulación de la economía, o al<br />

relanzamiento de la demanda mediante el keynesianismo militar, con el argumento de que un contexto<br />

de mayor competitividad y salarios reducidos permitirá un incremento en la ocupación de la fuerza de<br />

trabajo y mayores tasas de crecimiento económico. Estos argumentos, que no han encontrado nunca<br />

comprobación en los resultados económicos y que se basan en un principio tan antiguo como la<br />

ley de Say (“toda oferta crea su demanda”), criticado tanto por Marx como por Keynes, sirvieron,<br />

sin embargo, como plataforma ideológica de los programas de privatización y desregulación –y de<br />

debilitamiento de las organizaciones de los trabajadores– impulsados por Margareth Tatcher y Ronald<br />

Reagan a comienzos de los años ochenta.<br />

La economía de la oferta fue el ataque más abiertamente político a las políticas keynesianas basadas<br />

en el pacto social y el gasto público. La desfiscalización de las rentas más elevadas se justificó con<br />

argumentos como la “curva de Laffer”, construido por encargo del Gobierno republicano norteamericano,<br />

que defiende la disminución de impuestos a los ricos con la tesis de que estos muestran una<br />

tendencia marginal al consumo inferior a la de los pobres y, dado que, por definición, todo lo que<br />

no se consume se ahorra; y dado además que el ahorro, también por definición, es igual a inversión,<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

167


entonces dejar el dinero en manos de los más ricos favorece la formación de una tasa mayor de<br />

inversión-acumulación 37 .<br />

Que el resultado principal de esta política fuera un largo período de estancamiento económico,<br />

acompañado por una redistribución brutal de los ingresos de los sectores medios y pobres hacia los<br />

ricos, con un aumento del gasto superfluo por parte de estos, así como por una orgía de inversiones<br />

especulativas financieras e inmobiliarias, no conmovió los fundamentos de la economía políticamente<br />

aceptable y acentuó todavía más el retorno al siglo xix. En particular, los nuevos modelos macroeconómicos<br />

consideran los recursos del capital intangible –la comunicación y la información, por ejemplo–<br />

como la nueva fuerza productiva en el marco metodológico neoliberal. Por ello postulan que a<br />

medida que los flujos de información circulan entre los operadores económicos, continúan reforzando<br />

la calidad de las decisiones, dado que el procedimiento que implementan los agentes de la información<br />

económica –y las consecuentes respuestas– se caracterizan por la racionalidad. De esa manera, sostienen,<br />

este postulado es garantía de equilibrio en la asignación del tiempo de trabajo social a las diversas<br />

producciones y, por tanto, de un equilibrio entre oferta y demanda que garantizará el crecimiento<br />

cuantitativo más elevado de la economía.<br />

Poco importa que la “racionalidad” sea tan antigua como Adam Smith, ya que no es otra cosa que la<br />

versión sofisticada, con formalismos matemáticos, de un comportamiento postulado doscientos años<br />

atrás por el homo oeconomicus; esto es, que las decisiones relativas a la asignación del tiempo económico<br />

individual deben tomarse en función, exclusivamente, de la obtención intertemporal del máximo rendimiento<br />

económico, medido en unidades monetarias. Este reduccionismo fue aplicado por autores<br />

como Gary Becker para tratar de explicar el comportamiento humano en su conjunto 38 . Poco importa<br />

que se trate de un psicologismo baratillo y más viejo que el capitalismo mismo: su única supuesta<br />

virtud es postular que el contexto más adecuado para el comportamiento racional de los individuos<br />

es el de una economía basada en los principios del mercado capitalista. Esta cualidad de justificación<br />

ideológica compensa, sin duda, las limitaciones eurísticas de la teoría.<br />

2. Estos postulados acerca del comportamiento básico de los seres humanos han dado vida a una<br />

columna cerrada de economistas que se proclaman fundadores de una nueva macroeconomía clásica 39 .<br />

Con el argumento de que los postulados microeconómicos de los modelos keynesianos no están suficientemente<br />

fundamentados, la nueva macroeconomía pretende basar el análisis de la acumulación en<br />

los comportamientos individuales de los agentes económicos que, se supone, toman decisiones con el<br />

objetivo de buscar la máxima ganancia monetaria hoy posible, o su incremento potencial en el futuro,<br />

y que para ello relacionan el beneficio potencial con el costo de oportunidad del “dulce ocio”, del no<br />

hacer nada: este criterio único de comportamiento se define como “expectativa racional” o razonable.<br />

A fin de que estas expectativas puedan manifestarse, se requieren algunas condiciones ambientales que<br />

eviten confusiones y ruidos en las señales que reciben los operadores. Estas condiciones son el punto de<br />

partida (racional) de toda actividad económica y se corresponden con las del modelo abstracto del equilibrio<br />

walrasiano. Se parte, entonces, de la hipótesis de que todos los mercados están siempre en<br />

equilibrio y son flexibles en precios y cantidades, condiciones que además son las únicas con las que<br />

puede funcionar correctamente la acumulación.<br />

La principal diferencia con respecto a los modelos de hace un siglo es que ahora la información no<br />

es perfecta y a los operadores les cuesta obtenerla, de manera que el costo de su obtención se incluye en<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

168


el tratamiento óptimo de las decisiones y en la anticipación del comportamiento de los mercados. Tal<br />

novedad está asociada al peso creciente de los mercados financieros y especulativos durante las últimas<br />

décadas. En realidad, los modelos de equilibrio basados en expectativas racionales fueron usados para<br />

intentar predecir el comportamiento de los mercados financieros globales, con el doble resultado de<br />

favorecer tanto la asignación de varios premios Nobel a los economistas que los crearon, como sonoros<br />

fracasos prácticos en la compraventa de títulos financieros, culminados en la explosión de la burbuja<br />

especulativa de la “nueva economía” y la quiebra de importantes agentes privados (y la consecuente,<br />

pero esta sí silenciosa y no teorizada, socialización de los costos).<br />

Esta nueva macroeconomía clásica persigue, sin embargo, el mismo objetivo ideológico que la<br />

economía de la oferta, y lo hace con modelos todavía más sofisticados desde el punto de vista matemático,<br />

pero con idéntica vulgaridad teórica: toda intervención pública que busque poner remedio a<br />

los desequilibrios –supuestamente siempre temporales–, en cualquier mercado, por ejemplo mediante<br />

estímulos generales o selectivos a la demanda, será siempre anticipada por los agentes, racionales, que<br />

anticipadamente adaptarán su propio comportamiento a las decisiones del sector público, eliminando<br />

así el impacto correctivo que este perseguía.<br />

Tal argumentación, tomada de las relaciones entre autoridades monetarias y mercados financieros,<br />

omite el hecho de que en este caso el volumen de los operadores privados es mayor que el de los Gobiernos<br />

(calculado por los activos líquidos que poseen, es decir, los respectivos portafolios de valores y<br />

reservas internacionales) y que operan además en un contexto de movimientos instantáneos y de desregulación<br />

total. No es ese el caso del resto de las actividades económicas, pero no tiene esto importancia<br />

cuando el propósito que se persigue es la justificación ideológica del neoliberalismo.<br />

3. De la manera como lo define la nueva macroeconomía clásica, el crecimiento económico cuantitativo<br />

tiene siempre origen en un factor externo, un shock, nunca explicado teóricamente, pero a partir<br />

del cual se postula un proceso de amplificación en ondas, como consecuencia de las pésimas decisiones<br />

a las que se ven impelidos los operadores por causa de las falsas percepciones a las que induce el factor<br />

externo perturbador. Cuando los economistas de dicha corriente han querido explicar el origen de<br />

estos factores perturbadores, se han limitado a recurrir al tema del carácter monetarista de las perturbaciones.<br />

Más recientemente, para dotar de mayor realismo al modelo, han postulado fluctuaciones<br />

vinculadas a la productividad. De esta manera, han construido modelos de crecimiento asociados a los<br />

ciclos de mercado, en los cuales los movimientos de acumulación se vinculan con decisiones posteriores<br />

de producción y consumo, mientras que el uso de la fuerza de trabajo, su oferta, se presenta como<br />

un factor externo, no explicado por el llamado modelo “real” 40 .<br />

La respuesta keynesiana a este tipo de modelos ha sido particularmente ambigua. Por una parte,<br />

apoyada en trabajos de don Patinkin o de A. Leijonhufvud, se ha desarrollado una corriente keynesiana<br />

que analiza el movimiento de la acumulación en términos de desequilibrios fundamentales de los mercados<br />

41 , en abierto contraste con los modelos de equilibrio general en boga, pero que, sin embargo, en<br />

relación con la dinámica del crecimiento económico no dice nada relevante que no pueda encontrarse<br />

en el fundador de la escuela. Los acomodos, en estos modelos, se realizan más sobre las cantidades que<br />

sobre los precios, ya que critican la hipótesis de ajuste instantáneo de los modelos neoliberales. Edmond<br />

Malinvaud ha llegado a explicar la existencia de dos causas del desempleo: el desempleo clásico,<br />

asociado a la existencia de salarios reales demasiado elevados, y el desempleo keynesiano, vinculado a<br />

una insuficiente demanda efectiva 42 .<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

169


Sin embargo, las teorías keynesianas de última generación no logran vincular la existencia de la<br />

desocupación, como rasgo permanente del capitalismo, con la tendencia a la formación de una sobrepoblación<br />

relativa, única garantía de que, a largo plazo, los trabajadores aceptarán, sin excesivo<br />

conflicto, las condiciones capitalistas de explotación.<br />

4. Otros autores, tras asumir la crítica a la falta de consistencia microeconómica del keynesismo, han<br />

pretendido reforzar esos fundamentos, dando así lugar a la conocida “nueva economía keynesiana” 43 ,<br />

que acepta la hipótesis de que la gente se comporta correctamente cuando responde a expectativas<br />

racionales, pero argumenta que en la formación de esas expectativas y en las decisiones consecuentes<br />

pueden producirse rigideces, sobre todo en los precios, que derivan precisamente de decisiones racionales<br />

de los operadores.<br />

La diferencia básica entre la nueva macroeconomía clásica y la nueva economía keynesiana radica,<br />

por tanto, en que la primera considera que no existe la desocupación involuntaria y que la única cosa<br />

que debe hacer la autoridad pública es favorecer la flexibilidad de los precios, particularmente en el<br />

mercado de trabajo; mientras que para la segunda sí existe la desocupación involuntaria, que debe ser<br />

combatida, temporalmente, con intervenciones públicas, sobre todo si van dirigidas a modificar las<br />

rigideces de cantidad, como, por ejemplo, facilitando los incrementos de productividad, más que de<br />

los precios.<br />

En líneas generales, por tanto, se asiste en las últimas décadas a una convergencia entre corrientes<br />

de pensamiento ortodoxas, en un intento de explicar el funcionamiento de la acumulación de capital<br />

como la simple agregación de comportamientos individuales. De todo esto deriva, a los efectos prácticos,<br />

una puesta en foco de políticas económicas que, por una parte, cargan sobre los trabajadores la<br />

responsabilidad de la situación de desempleo que sufren y, por otra, promueven intervenciones públicas<br />

orientadas a la flexibilización de los precios y de las cantidades en los mercados (en primer término,<br />

flexibilización hacia abajo del precio de la fuerza de trabajo), a la promoción de la inversión privada y<br />

de la oferta de bienes y servicios, al incremento de la productividad y de la cantidad de valores de uso<br />

que son llevados al mercado para producir ganancia (privatizaciones de servicios públicos).<br />

— notas —<br />

1 Entre otros importantes llamados, también en este capítulo serán referencia fundamental los escritos de la Escuela de Estadística<br />

Económica de la Facultad de Estadística (Universidad de Roma La Sapienza), en particular De Meo (1975), Giannone (1992),<br />

Alvaro (1999) y Guarini, Tassinari (1966).<br />

2 Sobre el concepto de totalidad y su centralidad para una teoría materialista y dialéctica de la sociedad contemporánea, siguen<br />

siendo fundamentales las páginas de Lukács (1991).<br />

3 Para un abordaje en profundidad de los problemas vinculados con la elaboración de un modelo y con sus varias tipologías, cfr.<br />

Graziani (1977: 17-34).<br />

4 Léase de nuevo lo escrito por Graziani (1977: 18): “Un modelo (…) está constituido por un conjunto de ecuaciones. Pero un<br />

conjunto de ecuaciones no puede representar más que el esqueleto de un fenómeno; en el esquematismo del modelo, los<br />

matices, las excepciones, los casos particulares, se pierden irremediablemente. Un modelo, entonces, solo puede dar una representación<br />

aproximada y parcial de la experiencia”.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

170


5 Es en el intento de superar la debilidad típica de los “modelos cerrados”, que muy frecuentemente, se les “abre” para dejar<br />

solo incógnitas sustituibles con datos exógenos y, por tanto, variables basadas en factores no incluidos en el modelo.<br />

6 Una teoría ulterior, a este respecto, es la elaborada por Modigliano, Ando y Brumberg: la “hipótesis del ciclo de vida”. Acerca<br />

de ella, cfr. Alvaro (1999: 538-539).<br />

7 “La proposición central de la economía keynesiana es que el nivel de equilibrio de la renta nacional se determina en correspondencia<br />

con el punto en que hay igualdad entre ahorro e inversión. En otros términos, dada la inversión (…) la renta de equilibrio<br />

es aquella que genera un volumen de ahorro exactamente igual a la inversión dada” (Gandolfo, 1975: 37).<br />

8 Con el Tratado de Maastricht, la Unión Europea ubicó en 60% del PIB el tope máximo para la deuda pública. Hoy día, Italia<br />

supera largamente ese límite (entre 2001 y 2006 su media fue de 108%).<br />

9 “El principio de aceleración (acelerador) es una teoría de las determinantes de la inversión. Establece que el capital necesario<br />

para la sociedad, sea que esté constituido por suministros o por equipos, depende principalmente del nivel de producción: los<br />

agregados al capital, las inversiones netas, ocurrirán solamente cuando la producción esté creciendo (Samuelson, Nordhaus,<br />

1987: 190).<br />

10 El acelerador determina “la cantidad adicional de capital técnicamente necesaria para hacer posible un incremento unitario de<br />

la producción, cuando un elevado grado de utilización de las instalaciones induce a efectuar nuevas inversiones para afrontar<br />

los incrementos esperados en la demanda final” (Cavalieri, 1994: 322).<br />

11 Mientras para Harrod la variable independiente es Y y la dependiente es I, para Domar es a la inversa.<br />

12 Se entiende por relación capital-producto el coeficiente de stock de capital requerido por las empresas, tomando en cuenta el<br />

crecimiento de la renta.<br />

13 Simplificando, se puede sostener que el sujeto microeconómico que toma en consideración la escuela neoclásica es el mismo<br />

sujeto, pero agregado, que opera a nivel macroeconómico. Así, una operación de suma elimina una infinidad de problemas<br />

ligados al comportamiento de los grandes agregados-operadores económicos. La operación haría temblar a cualquier científico<br />

social, pero qué importa. En el fondo, a los fines de la teoría marginalista, interesa solamente la actuación racional imputada,<br />

por axioma, al operador microeconómico de la misma manera que al macroeconómico. Para una crítica de estas operaciones<br />

de ábaco, cfr. Lunghini (2002).<br />

14 En su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Keynes afirma: “El gran enigma de la demanda efectiva, con el que<br />

Malthus había luchado, se desvaneció de la literatura económica. (…) solo pudo vivir furtivamente disfrazada, en las regiones<br />

del bajo mundo de Marx, Gesell y Douglas” (Keynes, 1963: 32).<br />

15 “(...) el principio de Say, según el cual el precio de la demanda global de la producción en su conjunto es igual al precio de<br />

la oferta global para cualquier volumen de producción, equivale a decir que no existe obstáculo para la ocupación plena.<br />

Sin embargo, si esta no es la verdadera ley respecto de las funciones globales de la demanda y la oferta, hay un capítulo de<br />

importancia capital en la teoría económica que todavía no se ha escrito y sin el cual son fútiles todos los estudios relativos al<br />

volumen de la ocupación global” (Keynes, 1963: 26). Keynes cita favorablemente a Malthus cuando este afirma, en sus Principios<br />

de economía política: “De todas las opiniones expuestas por hombres capaces e inteligentes que he encontrado, la de Say,<br />

quien afirma que ‘un produit consommé ou detruit est un débouché fermé’ (1, 1, cap. 15) me parece ser la más directamente<br />

opuesta a la teoría acertada y la más uniformemente contradicha por la experiencia” (Keynes, 1963: 364).<br />

16 “Keynes, de igual manera que los economistas que él mismo criticó, no ha considerado nunca el sistema en su totalidad,<br />

nunca ha estudiado la economía en su marco histórico; no ha apreciado nunca, de un lado, la interconexión de los fenómenos<br />

económicos, y del otro, de los fenómenos tecnológicos, políticos y culturales” (Sweezy, 1946: 104).<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

171


17 Por ejemplo, considérese la buena acogida que le dio a la interpretación que de su teoría general hiciera el joven Hicks en un<br />

artículo publicado en 1937 en la revista Econometria, “Mr. Keynes and the Classics: A Suggested Interpretation”, que serviría<br />

luego de base para el proyecto del modelo IS-LM, la más convencional de las interpretaciones del pensamiento keynesiano.<br />

18 No profundizaremos aquí en la crítica del modelo neoclásico, ni en su versión ortodoxa, keynesiana, ni en la de síntesis. El<br />

lector interesado puede consultar en Weeks (1989). También Dalle Magne (1972) y Linder, Sensat (1977) critican algunos<br />

planteamientos del manual de introducción a la economía (neoclásica, naturalmente) más vendido. Katouzian (1982) analiza<br />

la dimensión ideológica (vale decir, de falsa conciencia) que se oculta bajo la postura neoclásica. Un texto más breve es el de<br />

Herb Thompson (1079: 291-305).<br />

19 La presentación del modelo de Harrod se puede estudiar en Cardona Acevedo, Zuluaga, Díaz, Cano Gamboa y Gómez Alvis<br />

(2004).<br />

20 La diferencia principal entre la versión de Harrod y la de Domar consiste en la posibilidad de acumulación de capital y en el<br />

concepto de tiempo discreto, en el primer caso, y continuo en el de Domar: “Las variables de Harrod son discretas en el tiempo:<br />

cada una se mide en varios períodos finitos que están uniformemente distanciados. Las variables de Domar son continuas a<br />

través del tiempo: el elemento de continuidad necesita la medición de las variables como tasas de crecimiento en este preciso<br />

momento, más que como suma de un período” (Huang, 1970: 174).<br />

21 Cfr. Hobsbawm (1987: 62-63).<br />

22 Solow concentra su ataque en la versión temporal discreta de Harrod, olvidando que en el método de Domar se establece la<br />

posibilidad de variación marginal de los factores, a través de la ecuación diferencial que define la relación entre el stock de<br />

capital y el potencial máximo de producción.<br />

23 “La función de producción muestra la productividad marginal decreciente del capital: cada incremento del capital en una unidad<br />

causa en la producción un aumento menor que el derivado de la unidad de capital anterior. Esto significa que cuando se<br />

dispone solo de un pequeño capital, una unidad adicional de capital es muy útil y añade una gran cantidad de producción; cuando<br />

el capital es muy grande, en cambio, una unidad adicional es menos útil y acrecienta solo un poco la producción” (Ledesma<br />

2004: cap. 13).<br />

24 Solow (1956: 67-68, 77-79, 90) insiste en esto reiteradamente.<br />

25 Vale decir, que los cambios tecnológicos no son contemplados en el modelo.<br />

26 Un abordaje más extenso del tema se encuentra en Lucas (2005: 1-16).<br />

27 Aquí hay que precisar que frecuentemente se confunden desequilibrio y no-equilibrio. Los dos conceptos son completamente<br />

diferentes. Mientras el primero indica un estado de ruptura de una condición “natural”, que es la del equilibrio (y, en consecuencia,<br />

del desequilibrio se tiende al equilibrio y por eso es este un concepto utilizado también por el neoclasicismo), el<br />

no-equilibrio, en cambio, es el “estado normal de una economía, y el equilibrio (…) una excepción casual” (Carchedi, 2006b:<br />

101). Y es justo aquí que yace una importantísima divergencia de fondo entre marginalistas (y también muchos marxistas) y lo<br />

que sería una lectura más correcta desde el punto de vista del propio Marx.<br />

28 Itoh (1980: 100). Se trata del principio que está detrás de la “masa crítica” de capital que recoge Domar en su modelo, a partir<br />

de la cual la tasa de ganancia cae poco a poco a medida que se desarrolla la acumulación, pero que, como él mismo dice,<br />

requiere un mayor análisis para ser entendida correctamente en su funcionamiento efectivo.<br />

29 Para una introducción válida a la economía del desarrollo, como crítica de las teorías desarrollistas ortodoxas, cfr. Volpi (1999). Para<br />

una crítica radical de la idea burguesa de desarrollo económico que, para la ideología dominante, coincide con el progreso<br />

tout court, cfr. Jaffe (1990), donde se sostiene que la idea de “progreso” se desarrolla hacia fines del siglo xix en un “sentido<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

172


específico: ‘progreso’ significa proceder cada vez más rápido, producir cada vez más en un año, en un día o incluso en un<br />

segundo, conquistar cada vez más espacio, y, el más peligroso y errado de los significados, la idea de que la especie humana<br />

pueda ‘controlar’, y hasta ‘dominar’, la propia fuente originaria, la prehistoria y el ambiente, la ‘naturaleza’ misma”. Para una<br />

fuerte crítica del desarrollismo cuantitativo capitalista, cfr. Vasapollo (ed., 2006).<br />

30 Para Hosea Jaffe, el subdesarrollo es más bien consustancial, inmanente al MPC, y especialmente en la forma particular producida<br />

por el colonialismo. Para una lectura original de la literatura marxengelsiana, a la luz de la teoría y de la práctica colonialistas,<br />

cfr. Jaffe (1977), un clásico de este autor, donde elabora sus tesis fundamentales, como las que atañen a la plusvalía<br />

negativa y al aburguesamiento de la clase trabajadora occidental, integrada a las estructuras y los mecanismos de explotación<br />

de las democracias occidentales, opulentas, imperialistas y colonialistas (en prejuicio de la clase trabajadora de los países<br />

coloniales).<br />

31 De otra parte, como escribe Lunghini (2001), podemos, cuando mucho, pensar que la bolsa es un juego de suma cero, pero<br />

nada más. Es impensable, es absurdo pensar en la posibilidad de que la bolsa pueda “crear” riqueza, cuando puede solo redistribuirla.<br />

Sobre estos temas, desde la visión actual de los científicos cubanos, cfr. Vasapollo (ed., 2006).<br />

32 Véase la “Declaration and Action Programme on the Establishment of a NIEO” en Ebb, Kallab (1982). El NIEO fue propuesto<br />

en 1974 por los países del sur del mundo, bajo el impacto de la crisis petrolera de 1973.<br />

33 Esta noción se inspiraba, entre otras cosas, en los trabajos del premio Nobel Amarthya Sen, que plantean la necesidad de hacer<br />

del ser humano el centro y el fin mismo del desarrollo. No se confunda el concepto de desarrollo humano con otros como<br />

desarrollo económico, atención a las necesidades primarias o al bienestar humano, o con teorías sobre la formación del capital<br />

humano.<br />

34 No obstante las muchas críticas formuladas a la metodología del PNUD, lo cierto es que esta ha ido perfeccionándose y resulta<br />

hoy la más completa de todas.<br />

35 El tema puede ser profundizado en Vasapollo (ed., 2006).<br />

36 Hailstones (1983); Raboy (1982).<br />

37 Una crítica de la curva de Laffer, en la que se expone, además, cómo se argumenta tal formulación, puede verse en Bowles,<br />

Gordon, Weisskopf (2000) y en Sharpe (1990).<br />

38 Becker (1976; 1981; 1993).<br />

39 Sargent, Lucas (1981); Lucas (1985); Fisher (1992).<br />

40 Kydland, Prescott (1982: 1.345-1.370), (1988: 343-360); Cooley (1995).<br />

41 Benassy (1982); Drèze (1991).<br />

42 Malinvaud (1983).<br />

43 Mankiw, Romer (1991).<br />

LOS MODELOS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO CUANTITATIVO<br />

173


Tercera parte<br />

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA A LA<br />

ESTRUCTURA DE GESTIÓN: EL SISTEMA EMPRESA Y EL<br />

SISTEMA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA


Capítulo I<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

1. Los modelos de empresa y los sistemas de valoración<br />

1. En la práctica empresarial moderna se ha establecido un sistema de valoración de la empresa que,<br />

mediante modelos de cálculo del valor inmaterial, le agrega al valor material de sus inversiones (actividades)<br />

la consideración de aspectos como la capacidad organizativa, su inserción en los mercados,<br />

las redes de relaciones o la valoración del grupo de trabajo que labora por contrato o comisión para<br />

la empresa.<br />

En una comparación audaz, Gallino ha equiparado la empresa moderna con una república. Se<br />

trata de una imagen que solo calza parcialmente, ya que en la empresa el peso de las decisiones no se<br />

reparte equitativamente entre los actores (como sucede, al menos en principio, con los cargos electorales<br />

en las democracias modernas), pero que sin duda es útil para arrojar algo de luz sobre uno<br />

de los aspectos fundamentales de la actividad empresarial, caracterizada por relaciones que –en última<br />

instancia– pueden definirse como políticas, puesto que son “esencialmente relaciones de poder”<br />

(Gallino, 2005: 19).


En cualquier contexto capitalista, la empresa tiene como objetivo fundamental el maximizar la<br />

ganancia a través de la optimización de los índices de eficacia y eficiencia. De esta manera, se tiende<br />

a satisfacer a todas las partes interesadas o “poseedores de interés” (stakeholders) que, a diverso título,<br />

participan en la vida y los acontecimientos de la empresa.<br />

Las categorías de stakeholders directos son tres: los accionistas, los gerentes y los trabajadores, aunque<br />

en contextos de capitalismo como el renano o el japonés, a esas tres clases directamente interesadas<br />

se suman también los proveedores, los bancos, los clientes, los inversionistas financieros y la Administración<br />

Pública.<br />

Si es fácil recordar que entre los opositores de la empresa –es decir, quienes tienen intereses contradictorios<br />

con respecto a los objetivos y la finalidad de esta– se cuentan la competencia, los accionistas<br />

minoritarios y adversos, y las fuerzas hostiles de naturaleza política, social y del mundo de la información,<br />

también es preciso recordar, con igual claridad, que los poseedores de interés positivo (los<br />

verdaderos stakeholders) obtienen beneficios por su participación en los resultados de la empresa, la<br />

comunidad de objetivos y la solidaridad de propósitos. A ellos compete el control real de la empresa.<br />

Ese control no ha de entenderse en términos jurídico-formales (sentido en el que, de hecho, corresponde<br />

a la mayoría accionaria); se trata, en cambio, del control gerencial ejercido por los sujetos que<br />

deciden las estrategias empresariales y la medida y distribución de los resultados económicos obtenidos.<br />

Esas tareas son potestad de los sujetos económicos que efectivamente guían la empresa y que determinan<br />

y modifican, de ser el caso, los lineamientos de la planificación estratégica.<br />

En esa determinación, que llega a redefinir los modelos mismos de la empresa, los accionistas<br />

devienen, con frecuencia, en espectadores y, entonces, el control de los stakeholders deja de ser formal<br />

para hacerse sustancial y se divide de distintas maneras entre ellos. Esta tendencia es mayoritaria en el<br />

capitalismo de tipo anglosajón, en el cual prevalece el modelo de public company, que se traduce en un<br />

capitalismo gerencial en el que lo continuo es el reacomodo entre propiedad y control.<br />

2. Con base en las modalidades de gestión de la empresa, en los procesos de reacomodo entre propiedad<br />

y control, y en las escogencias que llevan a cada país a ubicarse en una u otras de las áreas de influencia<br />

del capitalismo internacional, muchos estudiosos 1 identifican y distinguen tres formas principales de<br />

capitalismo. Con la primera de esas formas, la más signada por una fuerte competencia empresarial e<br />

individual, se refiere al capitalismo de los Estados Unidos, que, desarrollado a partir del nacimiento de<br />

la gran empresa, se caracteriza por la presencia de un eficiente aparato gerencial, dotado de imponentes<br />

medios financieros en los que es perceptible la presencia de un mercado bursátil dominado por el alto<br />

accionariado empresarial.<br />

En razón de este modelo se habla, desde hace ya casi un siglo, de capitalismo gerencial, término<br />

cuya formulación acabada aparece ya en una histórica investigación de Berle y Means (1932, 1966),<br />

adelantada en Estados Unidos durante los años treinta con el beneplácito del Consejo para las Ciencias<br />

Sociales de la Universidad de Columbia, Nueva York. Según estos dos estudiosos, la transformación<br />

entonces en curso del capitalismo norteamericano, que mostraba –al menos en su superficie– el<br />

ascenso y la afirmación de las figuras empresariales por sobre los mismos propietarios de empresa,<br />

estaba determinada por una tendencia natural en la evolución del capitalismo nacional, dominado,<br />

en medida cada vez mayor, por las grandes compañías. La introducción de nuevas y costosas tecnologías,<br />

y la expansión de regímenes de competencia más despiadados cada vez, habían provocado, en<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

178


efecto, procesos de agregación y selección que solamente permitían la sobrevivencia y el éxito de los<br />

organismos capaces de afrontar las economías de escala. En esos contextos, como es obvio, la figura del<br />

patrón o dueño perdía materialidad, ya que no existía ningún capital privado individual que estuviese<br />

en capacidad de resistir ante aquellos gigantes empresariales. La difusión del accionariado entre esos<br />

colosos favoreció la emergencia de la figura del gerente: un técnico que asume la conducción de la<br />

empresa, en sustitución del propietario, y que por otra parte garantiza la separación entre el interés del<br />

dueño y el interés de la empresa.<br />

Son numerosas las críticas formuladas a esa visión 2 , pero de particular relevancia son aquellas que<br />

niegan del todo su validez y sostienen que el llamado capitalismo gerencial no ha llegado a ser del<br />

todo una realidad ni siquiera en Estados Unidos. El argumento más persuasivo, a ese respecto, es el<br />

que pone en evidencia el hecho de que los grandes gerentes son, por lo general, también accionistas<br />

destacados de las compañías que dirigen, de manera que resulta imposible separar, por principio, el<br />

interés de la empresa del interés del capital privado (Baran, Sweezy, 1968). Dos breves consideraciones<br />

pueden formularse: a) con frecuencia los gerentes son también propietarios de una ingente –o al menos<br />

suficiente– cuota accionaria que les permite “dictar la ley”, lo que implica, entonces, una difícil diferenciación<br />

entre ejercicio del poder de mando y propiedad privada; b) el gerente desprovisto de todo<br />

título accionario, y por tanto del derecho de propiedad, está obligado a responder ante alguien por su<br />

propio desempeño. ¿Y ante quién, si no los accionistas? Es decir, ante los propietarios. Quede claro que<br />

la posesión de acciones, por sí misma, no convierte a un hombre en capitalista: ese hombre puede ser<br />

tan solo un ahorrista. Es aquí que opera el engaño de la participación accionaria democrática, cuando<br />

una inversión de ahorros se hace pasar por un título de propiedad con poderes concretos de dirección<br />

y decisión. De ese poder están dotados solamente los grandes accionistas, que frecuentemente llegan,<br />

entre otras cosas, a controlar grupos enteros de accionistas con cuotas reducidas; esto, además, facilitado<br />

por la enorme dispersión del accionariado “popular”.<br />

Aunque similar en muchos sentidos al estadounidense, el modelo de capitalismo personal-individual,<br />

que refiere sobre todo al capitalismo británico, es de una naturaleza más personal-familiar. Esa<br />

naturaleza familiar y no gerencial de la propiedad ha llevado en Inglaterra al desarrollo de un sistema<br />

económico y social cerrado, atento, más que nada, a la conservación de privilegios adquiridos. A su<br />

vez, esta situación ha impedido el nacimiento de un sistema gerencial eficiente y competitivo, capaz de<br />

estimular un adecuado desarrollo de la economía británica.<br />

Alemania, en cambio –y de un modo similar el Japón–, le ha dado a su propio desarrollo capitalista<br />

características comunitarias: en ese orden, la empresa está constituida por diversos sujetos económicos,<br />

cada uno de los cuales desempeña su papel en aras de un objetivo común: el desarrollo a largo plazo.<br />

La ganancia inmediata reclamada por los stakeholders estadounidenses es sustituida por un incremento<br />

del valor de la empresa a largo plazo, de manera que la ganancia inmediata es menor, mientras en<br />

contrapartida es mayor la preocupación por una larga vida para la empresa. Parecido al capitalismo<br />

alemán, como ya hemos dicho, es el modelo existente en Japón, que quizá se sostiene más en el sentido<br />

de pertenencia a la “comunidad-nación”. Entre muchos estudiosos, el sistema de estos dos países recibe<br />

el nombre de modelo renano-japonés.<br />

Hay, entonces, países en los cuales resulta más interesante que en otros analizar los modelos operantes<br />

de capitalismo, dado que, además de representar las condiciones ya expuestas en áreas territoriales<br />

muy extensas, se caracterizan a veces por el éxito y por la originalidad de los modelos mismos. Entre<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

179


esos modelos, merecen particular atención los sistemas de gestión adoptados en Estados Unidos e<br />

Inglaterra (public company), en Japón y Alemania (empresa consociativa de tipo renano y japonés) y en<br />

Italia (empresa patronal-familiar).<br />

En el modelo anglosajón de capitalismo, las public companies se caracterizan por la fluidez del<br />

capital, ya que los accionistas, para minimizar riesgos, tienden a conservar sus paquetes accionarios<br />

por poco tiempo. El carácter predominantemente especulativo de la inversión, que busca resultados a<br />

corto plazo, hace que sean poco apreciadas las inversiones que no produzcan rendimientos inmediatos.<br />

Está claro que la reducción de la incertidumbre al mínimo, elemento característico de las Public<br />

Companies, tiene como consecuencia principal una menor rentabilidad del capital: los accionistas, en<br />

efecto, enfrentan un riesgo mínimo en sus inversiones, pero también obtienen un retorno muy inferior<br />

al de las inversiones calificadas de alto riesgo. Para suplir esa carencia resulta necesaria la intervención<br />

de gerentes altamente calificados, capaces de asumir la responsabilidad de las inversiones y del uso de<br />

los capitales adquiridos por la empresa.<br />

Es precisamente en ese contexto de “revolución gerencial” que las public companies han caracterizado<br />

el mercado. La diferenciación entre quienes poseen el capital y quienes efectivamente ejercen el<br />

control de la empresa es favorecida por la capilarización del capital accionario. Al estar el capital repartido<br />

entre una miríada de pequeños accionistas, los consejos de administración se ven imposibilitados<br />

para establecer las líneas de acción; de allí el papel fundamental del gerente, que, desvinculado de la<br />

propiedad de los capitales, condiciona y decide la política de la compañía.<br />

Los objetivos de la alta gerencia, en cualquier modo, tienden al logro de ganancias inmediatas para<br />

así satisfacer las exigencias de rentabilidad planteadas por los accionistas, quienes al final del ejercicio<br />

son los llamados a evaluar el desempeño del gerente y a aprobar o rechazar su continuidad al frente<br />

de la empresa. La consecuencia de esta visión es que el carácter exiguo de las inversiones destinadas al<br />

desarrollo futuro, a la expansión, imprime a estas compañías un cierto grado de rigidez e inmovilidad.<br />

En general, el modelo capitalista anglosajón se ha basado fundamentalmente en el mercado financiero,<br />

en el cual se llevan a cabo, en efecto, fuertes procesos de financiarización de la economía, toda<br />

vez que las finanzas se han convertido en autorreferente. Es justamente en ello que se basan, a su vez,<br />

los procesos de la llamada fase de globalización, mejor definida como competencia global.<br />

De hecho, en esta lógica el capital se desplaza a donde obtiene el mayor rendimiento: se persigue<br />

la ganancia a todo costo y en toda condición. Para ello, se utiliza el trabajo donde este cuesta menos, la<br />

producción se lleva a cabo allí donde menores son los controles sobre el impacto ambiental, se absorbe<br />

el ahorro y se adelanten procesos crecientes de separación respecto a la economía real. Se viene a<br />

crear, de esta manera, una realidad en la que es cada vez mayor la brecha y el desdoblamiento entre<br />

economía real y finanzas; incluso, una realidad en la que las finanzas premian los resultados negativos<br />

de la economía real (como por ejemplo la flexibilización de los salarios y la reducción de la ocupación).<br />

Se trata, en última instancia, de un modelo de capitalismo –y su correspondiente sistema empresarial–<br />

que se concreta en una economía financiera fuertemente especulativa, la cual prevalece sobre –y<br />

se lleva a pique– las exigencias de la producción y de la economía real. En ese sistema, globalización<br />

significa dominación del mundo por medio del empleo de un capital especulativo; a través de la<br />

expulsión, fuera del mercado, de las empresas que se demuestren débiles en la exclusiva carrera por<br />

la ganancia; mediante el crecimiento del desempleo y la utilización de un trabajo cada vez más superexplotado<br />

3 , todo lo cual se traduce en la ampliación de las bolsas de miseria y de las áreas en que esta<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

180


prevalece en su forma más absoluta. Y esto no solo en las periferias del imperialismo, sino también en<br />

su seno. Piénsese en la manera en que son organizados amplios sectores de los llamados “servicios”, o<br />

de la “producción inmaterial” (¿quién ha visto alguna vez cómo, a qué ritmos y con qué intensidad trabajan<br />

los jóvenes informáticos?), o de la “tradicional” producción material en fábricas reestructuradas<br />

ad hoc y conforme a los “principios japoneses”. Todavía hoy, por tanto, sigue siendo central el “tiempo<br />

de trabajo”, y la nuestra es, fundamentalmente, una economía del tiempo de trabajo.<br />

La empresa consociativa, típica del sistema alemán y japonés, se caracteriza –como hemos dicho–<br />

por la tendencia a incrementar su valor a largo plazo, así como por la fuerte presencia de operadores<br />

financieros entre los accionistas y de una alta gerencia. Pero además, se da en ella una estructura<br />

particular de la composición accionaria. Se distinguen, de hecho, un “núcleo duro”, constituido por<br />

los accionistas estables, dueños de la mayor parte del capital, y una multitud de accionistas menores,<br />

que poseen aquella otra parte que efectivamente se transa en el mercado. Los bancos, los inversionistas<br />

financieros y los más fuertes “poseedores de interés”, como los propietarios originales, controlan elevadas<br />

sumas de capital; no obstante, en este tipo de empresa no hay la posibilidad de que algún accionista<br />

alcance posiciones de mayoría absoluta. Consecuentemente, y en interés del desarrollo y crecimiento<br />

de la compañía, adquiere una importancia fundamental la figura del gerente, que tiene como objetivo<br />

prioritario la maximización del valor de la empresa en una óptica de expansión. Su papel es procurar<br />

una mezcla óptima de crecimiento, rentabilidad del capital invertido y dinamismo del desarrollo en<br />

su conjunto.<br />

Alemania se caracteriza por sus numerosas analogías con el sistema de empresa japonés. En su modelo<br />

se producen, en efecto, equilibrios entre accionistas, estructuras públicas y bancos. Sin embargo,<br />

en cuanto concierne a la estructura accionaria, hay que subrayar que en los últimos treinta años se ha<br />

verificado una caída consistente en la presencia de accionistas privados y del sector público, a favor de<br />

una creciente irrupción de las aseguradoras y los bancos.<br />

Rasgo principal del capitalismo alemán es el papel fundamental que desempeña la “banca universal”.<br />

En Alemania, el sistema bancario se caracteriza por la propiedad privada de los bancos y la existencia de<br />

la Hausbank* es decir, por una relación bancaria fundamental y fiduciaria, que nace de la convicción<br />

de que la estabilidad de las relaciones de financiamiento e intercambio cooperativo entre la banca y la<br />

empresa constituye un factor imprescindible para el crecimiento de esta última. Se manifiesta esto en el<br />

conferimiento al sistema bancario, directamente, de importantes tareas específicas en lo que respecta al<br />

mercado de capitales de riesgo, así como en la presencia de directivos del Hausbank en cuestión en los<br />

consejos de vigilancia de la empresa, con la finalidad de reducir las asimetrías informativas y de lograr<br />

una más correcta evaluación de los créditos y de su costo relativo.<br />

Al igual que el japonés, el modelo alemán se caracteriza asimismo por la existencia de un sistema<br />

de “cogestión”. En esencia, significa eso que entre los stakeholders presentes en la gestión se cuentan<br />

también los trabajadores, a través de sus representantes sindicales. En la práctica, la corresponsabilidad<br />

se aplica a través de los sindicatos y de su presencia en el consejo de empresa, en el cual se interpela a<br />

los trabajadores por los asuntos que atañen al personal, y en el consejo de vigilancia, que designa a los<br />

directivos, o sea el o los gerentes responsables de la gestión.<br />

Se determina, de esa manera, una compresión forzada de los conflictos sociales y una ausencia casi<br />

total de conflictos internos en la empresa; el sentido de pertenencia y de cooperación hacen muy fuerte<br />

* (n.t.) Banca de empresas: aquella cuya actividad principal y rentabilidad se basan en la relación con determinadas compañías.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

181


y estable la organización empresarial alemana. Los trabajadores que, como contrapartida de esta “paz<br />

laboral y social”, obtienen en este contexto salarios más elevados y horarios de trabajo más reducidos<br />

con respecto a las medias anglosajonas, demuestran un mayor sentido de “fidelidad” a la empresa, lo<br />

que fortalece la potencia del sistema económico alemán.<br />

A partir de los años ochenta, en Estados Unidos comenzó a plantearse la necesidad de limitar el<br />

excesivo poder de los gerentes. Se busca hacer más estable el accionariado mediante la intervención<br />

de inversionistas también estables, capaces de propiciar una mejor concentración de la propiedad. En<br />

esa perspectiva, se ha producido una disminución del número de inversionistas privados, acompañada<br />

por el nacimiento de las relationship investing: sociedades financieras que obtienen un rol directo en la<br />

gestión de las empresas al adquirir elevadas participaciones accionarias en ellas. Siempre en la óptica<br />

de concentrar la propiedad, se ha pensado en convertir a los gerentes en accionistas, para involucrarlos<br />

más directamente en la suerte de la compañía. Por otra parte, se busca también que los consejos de<br />

administración de las grandes sociedades, además de reunirse más frecuentemente, se manejen<br />

de manera tal que permitan una relación directa con los propietarios, en presencia de solo uno o<br />

máximo dos gerentes.<br />

3. La más importante y evidente limitación que condiciona el proceso de desarrollo real de las empresas,<br />

así como la recuperación de la competitividad de la economía, está en la estructura misma<br />

del sistema industrial y en la escasa propagación de los factores indispensables para la adquisición de<br />

características éticosociales, incluso en compatibilidad con la economía de mercado.<br />

La estructura de la economía italiana, por ejemplo, está compuesta por un número demasiado<br />

reducido de grandes empresas –en relación con la dimensión real de la economía nacional–, y por<br />

una pluralidad de pequeñas y medianas empresas, cuya dimensión promedio es inferior a la de sus<br />

similares en otros sistemas industriales. Se llega así a entender que la pequeña empresa es una realidad<br />

heterogénea, ya que responde a una diversidad de funciones que le permiten existir en el capitalismo<br />

maduro. Esa configuración empresarial responde a exigencias específicas de reestructuración del capital<br />

internacional y de división internacional del trabajo, así como a modalidades locales del capitalismo<br />

mismo, que en diversas zonas de Italia determinan algunas peculiaridades para un desarrollo explosivo.<br />

Para la pequeña empresa existen, de hecho, mecanismos de sobrevivencia que son comunes bajo los<br />

diversos modelos de capitalismo, pero que además encuentran terreno fértil allí donde el mercado<br />

de trabajo asume dinámicas particulares, como es el caso italiano. Por esto se desarrollan fenómenos<br />

económico-productivos que derivan su importancia no tanto del capital, como de la forma en que se<br />

evalúa la ubicación de Italia en la división internacional del trabajo.<br />

Más allá de lo dimensional, el elemento de mayor debilidad estructural en el sistema industrial<br />

italiano es la naturaleza de las estructuras de la propiedad y su difícil adaptabilidad a las exigencias que<br />

ese mismo sistema plantea actualmente, a los fines de su relanzamiento.<br />

Como es cada vez más frecuente en el mundo occidental –y desde hace algunos años también en los<br />

países de la Europa del Este–, los cambios tecnológicos, la introducción de nuevas técnicas de gestión<br />

empresarial y la especialización de los recursos humanos y financieros, requieren continuas adaptaciones<br />

en la propiedad del capital. En los últimos años se ha producido una evolución gradual de<br />

los sistemas de propiedad y de gobierno de las empresas, para tratar de equilibrar y minimizar las<br />

perturbaciones que estos modelos conllevan.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

182


En esencia, se asiste a una aproximación progresiva de estos modelos opuestos, el de las public<br />

companies y el de empresas consociativas: mientras el modelo capitalista anglosajón se pone en marcha<br />

hacia un accionariado más estable, en el modelo renano-japonés disminuye la incidencia de<br />

las llamadas participaciones cruzadas y tiende a ampliar la participación y la dependencia directa de las<br />

empresas respecto al mercado financiero.<br />

4. En Italia, como lo ha documentado ampliamente la revista Proteo (años 1998 a 2006) a través de<br />

encuestas sobre perfiles locales del desarrollo (que se resumirán de seguidas en sus líneas generales),<br />

la situación que realmente se ha venido a crear es la de una cada vez más efectiva concentración<br />

jerárquica en la gestión y en la propiedad de las empresas. Las formaciones de allí derivadas implican<br />

numerosos problemas; in primis, los relativos a la estabilidad de las decisiones empresariales: Gallino<br />

(2005: 70-71) observa que, al sucederse las generaciones, las grandes familias ven crecer el número de<br />

sus miembros interesados a título diverso en la conducción de la empresa, lo que hace más difícil el<br />

logro de una síntesis cuando no hay delegación en una gerencia autorizada 4 .<br />

A esta configuración del modelo italiano de capitalismo le resulta funcional la marginalización de<br />

la economía del sur del país y la formación periférica del centro-norte-este (C - N - E), al tiempo que<br />

se mantiene firme el hecho de que en el noroeste (N - O) existe todavía una formación industrial con<br />

características específicas que, por varias décadas, se ha plantado como la dominante en el desarrollo<br />

nacional, tanto en lo territorial como en sus varias articulaciones sectoriales.<br />

Este capitalismo de propiedad concentrada en las manos de grandes familias, por demás dominante<br />

en la economía italiana, se configura como centralista y se basa en una industria caracterizada por<br />

las mayores dimensiones de la empresa, mayor intensidad de capital fijo, mayor uso de tecnologías<br />

modernas y mayor innovación, así como por un carácter más estratégico de la producción, en relación<br />

con los restantes sectores. Sobre esas bases, el N - O ha parecido ser por mucho tiempo la única región<br />

en respetar los términos impuestos por tales parámetros, propios de la economía del capitalismo de<br />

grandes familias, y que, de alguna manera, también ha condicionado y hecho funcional a sus propios<br />

intereses el papel productivo y el peso político de las empresas públicas y de la economía pública en<br />

general, moldeando además todo el territorio circundante a sus propios imperios empresariales (piénsese<br />

en el ejemplo clásico de Torino).<br />

También el mundo de las pequeñas y medianas empresas (PYME) ha llegado a un momento crucial.<br />

En añadidura a las dificultades asociadas con la expansión e intensificación de la competencia, las<br />

PYME italianas enfrentan un importante y fundamental paso generacional que podría resultar decisivo,<br />

no solo desde el punto de vista de las estructuras de propiedad, sino también para la organización<br />

y la división del trabajo entre las empresas 5 .<br />

La condición fundamental para la consolidación del sistema local está entonces signada por variables<br />

como la innovación tecnológica-organizativa, el sistema informativo desarrollado, el recurrimiento<br />

creciente a los recursos inmateriales, pero, sobre todo, por la capacidad de controlar el mercado de trabajo,<br />

de desregularizar y precarizar las relaciones de trabajo, y por la flexibilidad de las remuneraciones.<br />

En otras palabras: por formas de regulación social compatibles con la nueva estructura productiva, que<br />

expulsen y marginen a los sujetos sociales no homologables, conflictivos y no compatibles. Y entonces<br />

el modelo de desarrollo local se adapta, se transforma en una multiplicidad de variantes locales, en el<br />

intento de plegar por cualquier forma la “resistencia” de la fuerza de trabajo y de los sujetos sociales.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

183


Al contrario de lo que ocurre en otros sistemas de PYME, las italianas son típicas empresas en las<br />

que propiedad y control coinciden en las mismas manos. Esta característica no representa, por supuesto,<br />

una limitación en sí misma: puede llegar al serlo en el momento en que, frente a una transición<br />

generacional, el control familiar no encuentre continuidad y, por tanto, la propiedad sea puesta en<br />

discusión.<br />

Cuando estas dificultades golpean empresas fuertemente integradas en el seno de distritos industriales,<br />

como ocurre con frecuencia en Italia, entonces los efectos de la transición pueden extenderse,<br />

incluso, a las organización de la producción y a la división del trabajo entre las empresas, para provocar<br />

el fraccionamiento de dichos distritos y la consiguiente pérdida de las economías asociadas a ese particular<br />

tipo de organización productiva.<br />

En cualquier caso, el modelo italiano asume todavía como recurso principal las nuevas formas del<br />

distrito industrial y de la economía de signo local. Eso significa especialización de las estructuras y de la<br />

fuerza de trabajo en el seno de redes de empresas en continua transformación, cuya actividad se reparte<br />

en múltiples localizaciones y se cumple bajo estructuras dinámicas y cambiantes. Al mismo tiempo, se<br />

recurre masivamente a la flexibilidad salarial, a la intensificación de los ritmos y a la acentuada división<br />

del trabajo, todo lo cual empuja a la precarización y a la negación de los derechos sindicales. Se arriba<br />

así al surgimiento de nuevos sujetos locales del trabajo, frecuentemente en los márgenes del sistema productivo<br />

oficial, que realizan labores subpagadas, trabajo “en negro”, y que, para garantizarse un mínimo<br />

ingreso, se ven obligados a aceptar condiciones cualitativas de trabajo típicas de comienzos de siglo.<br />

Más allá de esas limitaciones y de los elementos estructurales, el crecimiento del sistema industrial<br />

italiano está seriamente amenazado por la escasa propagación de los factores indispensables para un<br />

desarrollo equilibrado y socioambientalmente compatible. Resalta en ese sentido, en primer lugar, la<br />

ausencia misma de reglas de competencia en el mercado, todavía hoy falseadas por vínculos de corrupción<br />

con estructuras institucionales y con el sistema político-partidista, en lo que es mejor conocido<br />

como “sistema tangentopoli” 6 .<br />

Además de contribuir a alimentar el proceso inflacionario, la falta de competencia en el mercado no<br />

incentiva a las empresas a procurar innovaciones o una mejor calidad en sus productos y servicios. A<br />

ninguno de estos problemas, entre otros que amenazan la competitividad de la industria italiana, se les<br />

ha querido nunca resolver, ni aun en parte, mediante una acción de gobierno de la industria, es decir,<br />

una política industrial que debería estar acompañada por una eficaz política de competencia, todo ello<br />

unido al nuevo papel, no clientelar ni asistencial, de un Estado intervencionista y empleador.<br />

Aun aceptando por un momento las reglas liberales de mercado, la industria italiana habría necesitado,<br />

para poder adquirir una mayor competitividad, no solo un más elevado nivel de eficiencia en<br />

los mercados de factores productivos y de servicios, sino también un desarrollo y un reglamento de<br />

control estatal del mercado de derechos de propiedad, al mismo tiempo que la fijación de nuevas reglas<br />

redistributivas del valor, pero sobre todo de la riqueza, del nuevo patrimonio de la empresa.<br />

En el momento en que la Comisión de la Comunidad Europea volvió a hablar de política industrial<br />

–luego de que el término hubiera entrado casi en desuso–, en Italia no se comprendió la importancia<br />

y necesidad de una acción de gobierno de la industria, ni la propuesta de un modelo de desarrollo<br />

diferente y moderno, basado también en un papel productivo y estratégico de la empresa pública.<br />

Para la reapertura de un debate sobre los procesos de transformación de la economía y la sociedad,<br />

la reflexión habría tenido que partir de una primera fase de estudio, de profundización científica,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

184


dirigida a clasificar la economía y las modalidades de desarrollo de un territorio, de un área económicogeográfica,<br />

según las características de las unidades productivas allí localizadas, y así llegar, consecuentemente,<br />

a identificar la forma que espacialmente asumen la distribución y la interdependencia de las<br />

actividades productivas. Habría tenido que verificar, luego, si surgían especializaciones económicas<br />

capaces de generar modificaciones en el mercado de trabajo, en las tipologías de trabajo, en el tejido<br />

social, en la cantidad y calidad de los recursos humanos expulsados o puestos al margen del nuevo<br />

ordenamiento socioproductivo que se estaba definiendo.<br />

Siguiendo ese enfoque, una economía pública apropiada, articulada y orientada, incluso de carácter<br />

local, puede hacer que un determinado territorio adquiera nuevos rasgos sobre los cuales poner en<br />

marcha un desarrollo socialmente compatible, a partir de las nuevas características sociales y demográficas<br />

de su población residente. Para hacerlo, hay que saber identificar la forma que pueden asumir las<br />

empresas públicas en una economía tercerizada y, en algunas fases, lugares y sectores, con caracteres<br />

posfordistas; como también cuáles grupos sociales y en cuáles condiciones socioeconómicas estarían en<br />

capacidad de contraformar una economía pública diferente, comprehensiva y eficiente, de contenido<br />

y valor social.<br />

Y de allí, una cierta conformación también social del desarrollo, como, al menos en parte, fue<br />

anteriormente propio de la fábrica y en esta se identificaba y organizaba.<br />

En cambio, nunca más se ha elaborado alguna propuesta seria y alternativa de desarrollo. Tras haber<br />

eliminado la anomalía que representó el Ministerio de la Participación Estatal, se cometió el error de<br />

duplicar nuevamente la política industrial con dos ministerios, el de la Industria y el del Tesoro, que se<br />

hizo cargo del proceso de privatización.<br />

Solo a través de una ampliación de las bases de las grandes empresas públicas y del reforzamiento<br />

del tejido de las PYME, en el marco de una economía pública equilibrada y eficiente, habría podido<br />

la industria italiana remprender la carrera y recuperar aquellos márgenes de competitividad con características<br />

también sociales. Era importante para el país la recuperación tecnológica en sectores tradicionales,<br />

al igual que lo era aprovechar la adaptabilidad a las exigencias y alternativas que se presentan<br />

de tanto en tanto, como solamente es posible con un Gobierno serio, orientador del desarrollo, que<br />

no puede prescindir de la fundamental presencia pública en los servicios esenciales y en los sectores<br />

estratégicos de la economía.<br />

Era necesario entender el nexo indisoluble entre los cambios en los lineamientos del desarrollo y el<br />

papel local y central de la industria pública (y de la economía pública, en general). Por el contrario, se<br />

mantiene el viejo modo de entender y hacer política industrial: la industria tradicional (de producción<br />

estandarizada) es ubicada y utilizada en las áreas periféricas, con bajo costo del trabajo y baja conflictividad,<br />

elevando así los niveles de precariedad social; mientras que con la industria innovadora (de<br />

producción creativa), asentada en las áreas centrales, con un mercado de trabajo altamente especializado,<br />

se impulsa y determina una suerte de aristocracia salarial, convirtiendo así en marginales a los otros<br />

sujetos económicos del trabajo. Piénsese en los empleados públicos, en los artesanos, en los pequeños<br />

comerciantes, en los que desempeñan trabajos precarios, en los subocupados, en la creciente masa de<br />

desocupación abierta o más o menos oculta, hasta llegar a las áreas cada vez más densas de expulsión y<br />

completa marginalización productiva y social, carentes de toda forma de ingreso.<br />

Si la primera fase del llamado paso al posfordismo consistió en la introducción masiva de tecnología<br />

del tipo labour-saving, en la drástica reducción del personal de planta y en la destrucción de toda<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

185


forma de contrapoder obrero en los lugares de trabajo, en la siguiente se procede a desestructurar<br />

la relación laboral misma, alterando el esquema establecido de la unidad de tiempo, lugar y acción<br />

que caracterizaba la producción en masa. Se generalizan entonces los contratos atípicos: a término, a<br />

tiempo parcial, de formación-trabajo, los trabajos socialmente útiles, el trabajo “gris” y “negro”, todos<br />

caracterizados por la precariedad y por el redimensionamiento de los derechos y de la flexibilidad del<br />

vivir social.<br />

Simultáneamente cambia la forma misma de la empresa, que se vuelve descentralizada, deslocalizada<br />

y externalizada en su producción, mientras se refuerzan los nexos organizativos internos y de<br />

red. Continúa así la tendencia de nuestro esquema productivo a la tercerización, muchas veces lograda<br />

mediante la flexibilización del trabajo y de la remuneración.<br />

El proceso de reestructuración y redefinición del modelo italiano de capitalismo se desarrolla según<br />

las nuevas lógicas interpretativas del neoliberalismo: nuevos instrumentos de análisis económico que<br />

se ciñen al enfoque de la globalización neoliberal o, para decirlo mejor, a las reglas de la competencia<br />

global entre países y entre áreas económicas. Estos procesos de transformación crean nuevos sujetos<br />

económicos: precarios, no protegidos y frecuentemente ni aun considerados, ya que lo predominante<br />

es la cultura de la compatibilidad industrial.<br />

Es importante, en todo caso, interpretar la evolución del modelo de desarrollo considerando también<br />

el tercer agregado en su repartición territorial y social, ya que ello confirma la superación tanto de<br />

la vieja concepción del “dualismo industrial” como la del desarrollo económico basado en el llamado<br />

modelo de “piel de leopardo”, aun si esta última hipótesis, caracterizada por mil localismos sin denominador<br />

común alguno, no tiene ya confirmación posible.<br />

5. Dentro de la situación que genera en Italia el sistema de gestión empresarial que algunos estudiosos<br />

llaman “patronal”, se hacen presentes serias limitaciones financieras: antes de efectuar inversiones,<br />

la gerencia debe considerar los recursos inmediatamente disponibles, a menos que esté dispuesta a<br />

incurrir en fuertes endeudamientos. Hay, además, limitaciones económicas: un alto costo del capital,<br />

debido a las exiguas posibilidades que tienen los accionistas de diversificar su propio portafolios de<br />

inversiones. Finalmente, a menudo es poca la profesionalidad de la clase gerencial, en tanto que los<br />

cambios en su conducción siguen lógicas dinásticas, político-clientelares y no profesionales.<br />

Por otra parte, los objetivos de rentabilidad a corto plazo se han traducido en escasez de inversión<br />

en desarrollo tecnológico y, por tanto, en una limitada competitividad de las empresas italianas frente<br />

a las europeas en general.<br />

La empresa familiar siempre ha frenado el desarrollo de la cultura gerencial y, con ello, su propio desarrollo<br />

competitivo; ocurre así porque el pasar de manos, como herencia, no presupone continuidad<br />

en esos desarrollos. Una compañía con fines de lucro no puede fundarse en factores de continuidad<br />

genética, sino que debe dotarse de una gerencia activa, dinámica, capaz de promover estrategias eficientes.<br />

La familia patronal ha condicionado siempre la vida toda de la empresa y no es de extrañar que<br />

casi nunca logre actuar en sintonía con los gerentes.<br />

En ese contexto, la intervención del Estado se hizo fundamental –y hasta indispensable– para el<br />

capitalismo italiano y aun para las diversas modalidades de desarrollo equilibrado de la economía en<br />

el país. Fue eso lo que permitió implementar aquel modelo de “economía mixta” que pudo compensar<br />

las ineficiencias estructurales típicas del capitalismo familiar italiano y, al mismo tiempo, garantizar<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

186


una mínima salvaguarda de los intereses colectivos que ese mismo modelo, de características oligopólicas,<br />

habría, sin duda, descuidado y oprimido.<br />

Desde la perspectiva de esos propósitos –salvar a las empresas más débiles, incapaces de resistir el<br />

impacto oligopólico de las grandes familias y, simultáneamente, evitar la conformación de monopolios<br />

en los sectores económicos estratégicos del país–, se entiende el papel fundamental e irrenunciable que<br />

asumieran el ENI, el ENEL y el EFIM**.<br />

Para comprender mejor la importancia de estos entes de gestión estatal, baste recordar que durante<br />

el decenio 1971-1981 se ubicaron los tres, en términos de empleo, entre los diez grupos industriales<br />

más importantes de Italia.<br />

En los años setenta esa importancia estuvo en continuo crecimiento, sobre todo en lo referente a<br />

contener la crisis que golpeaba a la mayor parte de las empresas privadas, así como a la voluntad de<br />

concentrar los esfuerzos públicos en favor de las deprimidas áreas del sur o mezzogiorno. No hay más<br />

que reflexionar acerca de la fuerte incidencia de las inversiones en las participaciones estatales y su<br />

concentración en el sur de Italia. Por ejemplo, sobre el alto porcentaje que ello representó, respecto al<br />

total de inversiones realizadas en 1971 y 1972 por los mencionados entes.<br />

En esas circunstancias, y hasta el inicio de los años ochenta, el único accionista de dichos entes<br />

fue el Estado; el capital social, llamado fondo de gestión, financiaba las sociedades de participación<br />

estatal a través de la compra de acciones o mediante la concesión de préstamos. La masiva cantidad de<br />

inversiones realizadas por estos entes en el curso de los años, llevó no pocas veces a una insuficiencia<br />

del mencionado fondo que, aunque resulta por medio de la emisión de obligaciones o con préstamos<br />

bancarios, condujo a largo plazo a una situación de subcapitalización y al crecimiento de la relación<br />

entre endeudamiento y facturación.<br />

Se llegó así a una dependencia cada vez mayor respecto a los flujos de transferencia monetaria por<br />

parte del Ministerio del Tesoro y, por tanto, a un debilitamiento de la autonomía operativa de los entes<br />

de gestión.<br />

La gestión de empresas, realizada en Italia siempre en interés de unos pocos sujetos económicos,<br />

está llegando seguramente a una declinación –sobre todo en el nivel nacional– como resultado de las<br />

estrategias de globalización financiera y de competencia global del capitalismo internacional. El capitalismo<br />

italiano no ha sido capaz de construir empresas de nuevas características, dotadas de dinamismo,<br />

de autonomía, con facilidad de acceso al financiamiento y, más que nada, que no sean manejadas desde<br />

estrechos vértices, sino por una variedad de actores económicos.<br />

En Italia parece estar en curso un intento de adaptación al modelo de desarrollo del capitalismo<br />

anglosajón, más que al sistema renano. La escogencia no está necesariamente relacionada con el referente<br />

financiero respectivo: el mercado bursátil, en el caso del modelo anglosajón, y el vínculo bancaempresa<br />

para el renano-japonés. La decisión se juega más bien en las diferencias de interpretación de<br />

las funciones del Estado social, del sistema de solidaridades, de las garantías sociales. En el panorama<br />

económico-financiero italiano parece asomar una tesis de liberalismo salvaje, poco preocupado por<br />

las compatibilidades sociopolíticas del modelo de desarrollo económico, en el cual se querría otorgar<br />

progresivamente más espacio a los procesos de financiarización de la economía. Una financiarización<br />

cada vez más virtual y ligada a las lógicas de los grandes potentados financieros internacionales.<br />

** (n.t.) Los entes nacionales de hidrocarburos, de energía eléctrica y de financiamiento a las industrias manufactureras,<br />

respectivamente.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

187


6. En el profit State, la centralidad de la empresa se constituye para todas las instituciones en un factor<br />

de determinación política, social y económica que, a través de procesos de completa reestructuración<br />

económica e institucional –característicos de la época–, reafirma el ataque contra las condiciones de<br />

vida de los trabajadores y de los segmentos más débiles de la sociedad. Se convierte, además, en un<br />

intento por romper la unidad de clase para provocar y consolidar en la sociedad procesos de cambio<br />

sujetos a una lógica individualizante y solipsista, con el declarado propósito de instituir un pacto social<br />

omnímodo que, afincado en el consociativismo, aniquile toda forma de antagonismo y conflictividad.<br />

La crisis del Estado social es manifestación de una crisis general: la de la formación política y social<br />

a través de la cual el Occidente capitalista desarrolló una cierta relación entre momento productivo<br />

y momento social. La creciente internacionalización de los flujos financieros, primero, y después la<br />

ampliación del proceso de desindustrialización de los países occidentales, ha hecho que las condiciones<br />

económicas –y las políticas económicas– de cada país en particular tengan escasa incidencia en los<br />

mecanismos de acumulación, cada vez más globales y flexibles.<br />

Desde ese punto de vista, el proceso de internacionalización de la economía mundial transcurre<br />

en los cauces de un profit State global, fundamentado en una división del trabajo que lleva a los países<br />

occidentales a detentar, en concentraciones cada vez mayores, el poder financiero y tecnológico y el<br />

control de los flujos comerciales, lo que les permite someter a sus contrapartes en el Tercer Mundo.<br />

Resulta así más fácil globalizar también la cultura del “desastre mundial” que se produciría de no ser<br />

aceptadas las recetas del neoliberalismo: la cultura del mercado salvaje se convierte en “salvación de la<br />

humanidad”, ya que pareciera estar siempre a punto de producirse, en la economía internacional, una<br />

debacle que arrastraría incluso a los países occidentales a niveles de pobreza absoluta. Con ese mensaje<br />

se pone en marcha un terrorismo social que es perfectamente funcional a los planes de reestructuración<br />

del capital y a su redefinición de las áreas de influencia; un mensaje que han hecho suyo, incluso,<br />

Gobiernos de centro-izquierda, como también algunos antiguos líderes de lo que hoy, en forma de<br />

degeneración, queda del socialismo reformista, que han terminado por asumir el capitalismo como<br />

última posibilidad de gobierno de la humanidad.<br />

7. En el contexto de la financiarización de la economía, la comunicación asume connotaciones cada<br />

vez más financieras. En el modelo anglosajón, se trata de una comunicación que se orienta más a la<br />

adquisición y reforzamiento de la estructura accionaria, a la recuperación de recursos de capital de<br />

riesgo mediante la ampliación del accionariado difuso; en el modelo renano-japonés, en cambio, está<br />

más dirigida a reforzar e involucrar a los financistas externos en el largo plazo 7 .<br />

En ambos modelos se toma en cuenta que, en general, la comunicación financiera desviante tiene<br />

un fuerte valor informativo de carácter social. Se trata de una información atenta a todos los procesos<br />

comunicacionales que, de alguna manera, permiten no solo ejercer directa influencia, por ejemplo,<br />

en el precio de las acciones emitidas por la empresa, sino también, en clave indirecta, de conducir a<br />

todos los sujetos de un territorio hacia la financiarización de la economía. Se provoca así un impulso,<br />

incluso por parte de las clases populares, a la subscripción de acciones y títulos, como parte de un falso<br />

e ilusorio accionariado popular que lleva al sujeto a sentirse “dueño de casa” hasta en la misma empresa<br />

que explota su trabajo y le extrae plusvalía.<br />

De hecho, el principal objetivo de la comunicación financiera desviante es involucrar a los estratos<br />

populares, a los pequeños ahorristas, en calidad de operadores económicos fundamentales, con<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

188


supuesta capacidad de incidir en la evolución y los cambios de toda la estructura financiera de la<br />

empresa y en el desempeño de los títulos que conservan en sus propios portafolios, todo ello en clave<br />

útil, se entiende, al gran capital en esa su fase económico-bursátil.<br />

Lo que varía en la nueva sociedad globalizada no es solamente la modalidad de ejecución de los<br />

procesos productivos, sino el modo mismo de ser y presentarse del sistema empresa y, sobre todo,<br />

la coordinación de las tareas, el modelo que se establece para la toma de decisiones y su posición y<br />

función en la nueva estructura organizativa del trabajo y de lo social, en general 8 .<br />

La formación de los trabajadores, el modo de decidir y de imponer el consenso social y los procesos<br />

comunicacionales desviantes que le son propios, constituyen, pues, problemas complejos que de<br />

manera específica afronta la fábrica social generalizada, las instituciones del poder administrativo. Posiblemente<br />

no exista todavía hoy una base suficiente de investigaciones empíricas que permita ofrecer –si<br />

es que alguna vez ello es posible– un cuadro representativo de estos procesos.<br />

Se puede, sin embargo, ofrecer instrumentos para comenzar a identificar algunas de las modalidades<br />

de escogencia del sistema informativo conectado con la adaptación activa, con la flexibilidad, con<br />

la competencia global, con los cada vez más intensos procesos de aceptación de las compatibilidades<br />

y lógicas de la empresa. Tales procesos pueden jugar un papel extremadamente importante en los<br />

resultados –en el éxito, en la falta de éxito y muchas veces también en los fracasos– de un nuevo modo<br />

de entender y de hacer vivir el sistema de relaciones sociales y políticas a los trabajadores todos, los<br />

ocupados y los no ocupados, y en general al macrosistema ambiental.<br />

Sigue siendo cierto, por otra parte, que los hechos, problemas y procesos sociales fundados en las<br />

lógicas de la empresa y en los modelos decisionales del neoliberalismo son, en diversa medida, interdependientes.<br />

Los problemas son siempre interpretados por hombres e instituciones, por intelectuales<br />

que han aceptado convertirse en instrumento del totalitarismo neoliberal, en condición de expertos<br />

empresariales. Ellos interpretan y actúan en y sobre el cuerpo social con un enfoque propagandístico,<br />

difusor de la cultura del capital, utilizando un lenguaje y una cultura de tipo empresarial. Ni uno ni<br />

otra son nunca “objetivos”: las decisiones dependen siempre del sujeto transmisor y evaluador. Se<br />

concluye que los juicios de valor no revelan otra cosa que una “relación” entre el sistema-sujeto y el<br />

sistema-objeto en lo que respecta al proceso decisorio.<br />

En consecuencia, la definición de los problemas y las decisiones conexas dependen de la percepción<br />

global de cada uno de los sujetos que toman las decisiones, siempre dentro de su propia experiencia.<br />

De igual manera, el grado de acuerdo entre diversas personas, sobre un determinado problema, depende<br />

de qué tanto compartan una misma “visión del mundo”; en este caso, homologada al dominio<br />

tecnosocial de un capitalismo cada vez más centrado en las exigencias, las lógicas y la cultura de<br />

la empresa.<br />

La idea de fondo es que no basta con trabajar sobre las actitudes en sí mismas –aun si puede ser<br />

ese, a corto plazo, un método útil–, sino que es preciso remover las causas por las que se establecen<br />

actitudes negativas y promover, en cambio, aquellas que permiten instaurar posturas positivas hacia la<br />

cultura de empresa en el cuerpo social, por parte de los trabajadores y de todos, bajo un modelo fuerte,<br />

comprehensivo, de concertación y consociativismo. Es este un ámbito de totalitarismo que impone la<br />

cultura y los valores de la empresa como único referente en los procesos comunicacionales y decisorios,<br />

que así devienen en un modo del vivir social en el imperio del capital.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

189


8. Estas nuevas modalidades de determinación del valor empresarial reflejan el carácter social de la<br />

producción, como lo sostuvo Marx mucho tiempo atrás:<br />

la forma mercancía (…) proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de estos como si fuese<br />

un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos,<br />

y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la<br />

sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores<br />

(1978a, tomo I: cap. I).<br />

En efecto, fijarle un precio al capital de relaciones, organizativas o humanas, con un reflejo inmediato<br />

en la valoración financiera de la empresa, equivale a atribuirles un potencial de rendimiento<br />

ampliado como consecuencia de la mera forma empresarial, del proceso concreto de valoración del<br />

capital. El capitalismo ya ha transformado en mercancía la capacidad de generar valor (la fuerza de<br />

trabajo) y la expresión monetaria del valor (el dinero). Hoy, el propio proceso social de organización<br />

de la producción, la forma que reviste el proceso de valorización del capital –es decir, la empresa–, se<br />

convierte igualmente en mercancía, valor que se valora, expresión de la riqueza social capitalista, que<br />

adopta siempre la forma de una “ingente acumulación de mercancías”, a la cual se incorpora ahora el<br />

mismo instrumento de producción de mercancías, el capital social en marcha, la empresa.<br />

Las empresas socialmente difundidas en el sistema territorial apuntan hoy a sujetos económicos<br />

cada vez más complejos, consumidores expertos e informados, atentos no solo al precio de los productos<br />

sino también, y sobre todo, a los servicios que ofrecen, a la calidad y a los valores intangibles<br />

contenidos en el producto, pero que al mismo tiempo se hacen más susceptibles, de hecho, a los<br />

procesos de homologación conductual, a los imperativos y a las lógicas competitivas y meritocráticas<br />

de la empresa, de la ganancia, del mercado. En consecuencia, la fábrica social generalizada debe, en<br />

esencia, alcanzar una posición estratégica definida, de largo aliento, desde la cual transferir su propio<br />

perfil de marca, de imagen, de cultura, para llegar a adquirir el consenso de producto, pero sobre todo<br />

de comportamiento valorativo de un vasto número de consumidores.<br />

En el desempeño de su función productiva –que en todo caso tiene siempre por objetivo principal<br />

la creación de valor económico–, las empresas se están orientando de manera creciente hacia proyectos<br />

estratégicos de exaltación de la calidad, del capital humano, de los valores intangibles de comportamiento<br />

y, por tanto, de la comunicación desviante. Esta última se convierte en recurso intangible<br />

estratégico, irrenunciable, para la expansión del sistema empresa, para la afirmación del mensaje social<br />

y, en consecuencia, para los procesos de acumulación flexible, que necesitan de continuos recortes en<br />

la ocupación y ahondan la demanda social de trabajo, de cultura, de bienes, de tiempo liberado del<br />

trabajo.<br />

Si a esto se añade el nuevo tipo de distribución de la economía posfordista, caracterizada más por la<br />

producción de servicios y de información que por la simple distribución física de productos, se puede<br />

entender que ya las empresas no contemplen el área de ventas sino como simple medio de guerra<br />

comercial-comunicacional: como primer eslabón en la cadena decisional enfilada hacia los clientes y<br />

dirigida a imponer las reglas de la competitividad del mercado en todo el cuerpo social.<br />

Los consumidores son inducidos a ver el producto desde una perspectiva distinta: quieren siempre<br />

encontrar alguna nueva línea, su atención se desplaza del producto-mercancía a su contenido en términos<br />

de servicio, de recurso inmaterial. En ese sentido, el punto de venta, en sí mismo, se convierte<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

190


en dispensador de servicios y de comunicación del modelo de vida deseado por el capitalismo, y es solo<br />

posteriormente que se configura en mercancía-sustancia.<br />

En la práctica, el producto se hace protagonista, ya que se propone como punto de referencia de<br />

la iniciativa empresarial en lo que respecta al vivir social. Asimismo, se sintoniza con las tendencias en<br />

curso del modelo capitalista de referencia, en tanto que constituye no solo un objeto de consumo, sino<br />

un portador de “valores generalizados” que tienen por fin, con frecuencia cada vez mayor, los procesos<br />

de acumulación flexible basados en el capital intangible. Este nuevo tipo de producto debe saber<br />

imponer las tendencias socioculturales que penetran en los estratos más diversos de la sociedad, para<br />

así poder sumar los múltiples tipos de consumidores, de individuos sociales en general, a un proyecto<br />

de consenso en torno a la empresa y a los modelos valorativos del mercado y de la ganancia, todo<br />

ello a través de una guerra comercial definida por la comunicación estratégica desviante. Una guerra<br />

comercial comunicacional, en cuanto comunicación del modo de producir, de distribuir, de consumir,<br />

de vivir en el imperio del capital.<br />

De cualquier modo, la nueva tecnología influye, desde una óptica de control generalizado, en la<br />

sociedad que se está formando; sociedad en la que estarán presentes, de manera creciente y masiva, el<br />

comercio electrónico, el teletrabajo, la telemedicina, etcétera Elementos que condicionarán, seguramente,<br />

no solo el mercado de trabajo y el de consumo, sino el vivir social en su conjunto, el modo de<br />

ser del sujeto en el territorio.<br />

De todo lo anterior se desprende que el modo más eficaz de expandir y conquistar una red es disponer<br />

de información lo más rápidamente posible. Se tornan por eso esenciales los recursos relativos al<br />

uso, en términos productivos, del capital intelectual: es la guerra capitalista por la homologación y la<br />

conquista de las mentes, por la transformación de los hombres y de las mentes en factores del capital.<br />

9. Está claro, en todo caso, que la revolución de la información ha influido en la gestión de la lógica<br />

y de las necesidades empresariales de capital intelectual, sea este el de carácter más humano o el<br />

estructural; actualmente se le ha dado prioridad al desarrollo del primero, por ser más rentable. Sin<br />

embargo, esto ha creado problemas para el capital humano, que se ha visto impelido a perseguir su<br />

homologación en el eficientismo empresarial para poder mantenerse en el mercado, sometiéndose así<br />

completamente al imperio del capital y obligándose a vender “inteligencias” adecuadas a los tiempos<br />

cada vez más veloces del ciclo productivo capitalista.<br />

Se puede decir, entonces, que el capital intelectual, humano y estructural, está constituido por todos<br />

los conocimientos, informaciones y experiencias capaces de crear nueva riqueza. Se trata, en esencia,<br />

de elementos del capital humano y de la abstracción, de nuevos recursos humanos y no tangibles, que<br />

en estas últimas décadas adquieren importancia creciente en razón de estrategias de diferenciación<br />

para la competencia global. Estrategias que se llevan a cabo porque los procesos productivos acusan<br />

los efectos de todos los progresos obtenidos en el campo de la información, de la comunicación y del<br />

conocimiento.<br />

¿Pero dónde encontrar el capital humano de la empresa? Suele buscársele entre las personas que<br />

componen el sistema empresa, entre las estructuras empresariales y entre los clientes. Hay entonces tres<br />

tipos de capital intelectual: el humano, el estructural y el de los clientes.<br />

El capital intelectual humano está representado por todas las capacidades de las personas que actúan<br />

en función de las lógicas de la empresa y que son capaces de ofrecer soluciones para las necesidades<br />

empresariales:<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

191


el capital humano (…) es el lugar donde se inician todas las escalas: la fuente de la innovación, la<br />

home page de la intuición. Si el capital intelectual es un árbol (…) los seres humanos son la savia (…)<br />

que lo hace crecer. El dinero habla, pero no piensa; las máquinas cumplen, ejecutan, con frecuencia<br />

mejor que cuanto pueda hacerlo un ser humano, pero no inventan (Stewart, 1999: 136).<br />

Para atrapar lo mejor del capital intelectual humano, es necesario reducir lo más posible los trabajos<br />

que no requieren razonamientos. Un obrero que trabaja ocho horas al día en una cadena de montaje,<br />

no aporta en ese sentido nada realmente útil a la empresa, pues, para empezar, no externaliza nada de<br />

lo que conoce o podría conocer. El capital humano se hace mentalmente disponible solo al asumir la<br />

forma de capital intelectual humano homologado a los paradigmas del imperio del capital.<br />

Relevante, para esta nueva función del capital intelectual humano, es la capacidad de hacerse “portador<br />

calificado” de la comunicación nómada desviante, que podrá así difundirse mejor en el territorio<br />

e impulsar en la empresa flujos informativos de entrada y salida dirigidos al consenso social. De esta<br />

manera, el bagaje de experiencias de ciertos hombres de cultura, de aquellos que son tradicionalmente<br />

sensibles a las sirenas del poder, se transforma en patrimonio empresarial, en acumulación flexible, para<br />

recibir y distribuir en el cuerpo social, a los exclusivos fines de la empresa, el recurso información,<br />

para destruir las oportunidades creativas e innovadoras presentes en ese cuerpo.<br />

Impulsado, pues, por el sometimiento a las lógicas de la ganancia sobre el capital intelectual humano,<br />

el aumento del valor patrimonial de la empresa halla a su vez correspondencia en un incremento<br />

de su valor social. Un incremento capaz de enriquecer y caracterizar los procesos de desarrollo de<br />

todo el sistema económico, al exportar exclusivamente cultura empresarial a todo el territorio y al<br />

enriquecer en particular, cualitativamente, la función cultural de la empresa, a través de la adquisición<br />

de flujos informativos dirigidos a ejercer control sobre la complejidad y turbulencia del ambiente<br />

socioeconómico.<br />

De hecho, la función empresarial es así gobierno de lo diversificado, de lo multiforme, ya que, al<br />

difundirse en el territorio, crea imágenes y consenso dentro y fuera de la empresa y aumenta su valor<br />

prospectivo, sea en términos de capital intangible y de capital intelectual humano, o de posterior<br />

retorno como capital material y financiero. Finalmente, incrementa de esta manera los procesos de<br />

acumulación flexible 9 .<br />

2. Aspectos particulares y determinación contable del autofinanciamiento<br />

2.1. Dinámicas, valores y valoraciones de la empresa<br />

1. Todo proceso conductual y relacional se ve hoy determinado en función del nuevo modelo económico-social<br />

neoliberal, a su vez sustentado en una institución que ha devenido ya en divinidad social:<br />

la empresa. Y es solo a partir de los diferentes sistemas de empresa propuestos por las distintas formas<br />

de capitalismo y de sus interrelaciones con el macrosistema ambiental en su conjunto (accionistas,<br />

bancos, financistas varios, gerentes, trabajadores, Administración Pública, clientes, proveedores, instituciones,<br />

etcétera), que se puede realmente entender el alcance efectivo del choque que se viene<br />

produciendo entre los diversos componentes del “liberalismo global”.<br />

Todo modelo de empresa es fruto de las condiciones económicas, de la historia, de las tradiciones<br />

y de la cultura del país en el que actúa. Por tanto, la finalidad de todas ellas –la creación de valor<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

192


económico, el incremento de su propio valor por medio del proceso de acumulación, en sus diversas<br />

formas– puede ser alcanzada a través de diferentes modalidades de desempeño y objetivos de gestión,<br />

que, naturalmente, cambian en el curso del tiempo y deben tomar en consideración los aspectos<br />

económico-competitivos, culturales, tecnológicos, conflictivos y sociopolíticos.<br />

El control de una compañía, la facultad de tomar las decisiones estratégicas y operativas fundamentales,<br />

son elementos que dependen de las posiciones que asuman los operadores económicos.<br />

Varía esto desde el control típico de las public companies del modelo anglosajón, en el que los objetivos<br />

son establecidos por el vértice, hasta la situación opuesta en el modelo germano-japonés, en el cual<br />

la función de la gerencia es sobre todo de mediación, y su tarea es diseñar y ejecutar estrategias cuya<br />

decisión incumbe a los varios componentes de la empresa.<br />

En los últimos años se viene verificando una evolución gradual en los sistemas de gobierno de las<br />

empresas, para tratar de equilibrar y minimizar los inconvenientes que estos modelos presentan. Se<br />

asiste, en esencia, a un acercamiento progresivo de esos modelos opuestos, el de las public companies y<br />

el de las empresas consociativas. Mientras en Estados Unidos se inicia un movimiento hacia un accionariado<br />

más estable, en Japón disminuye la incidencia de los cruces accionarios y se tiende a ampliar la<br />

participación y la dependencia del mercado financiero. Ocurre que el modelo anglosajón, concebido<br />

sobre principios mucho menos igualitarios –y entre los que, antes bien, predominan la agresividad,<br />

el individualismo y el darwinismo económico–, se está difundiendo cada vez más, no obstante las<br />

evidentes injusticias socioeconómicas que implica, a expensas de las clases sociales más desfavorecidas.<br />

2. Son diversos los métodos utilizados por las diferentes disciplinas económico-empresariales para<br />

valorar las inversiones de la empresa y para considerar a esta misma como “inversión”, como proceso<br />

continuo de acumulación 10 .<br />

Mediante el conjunto de recursos informativos sobre los que se apoyan los procesos decisorios en<br />

este ámbito, resulta posible estimar la cantidad y calidad de las operaciones de las que es preciso partir<br />

para implementar nuevas formas de inversión. Al momento de emprender cualquier nuevo proyecto,<br />

deben estar ya bastante claros los procedimientos evaluativos de su rentabilidad y sus potenciales<br />

caídas en el curso de los procesos globales de acumulación de capital. La solución de ese problema<br />

puede provenir de aproximaciones de naturaleza subjetiva, basadas en valoraciones intuitivas que<br />

inmediatamente se traducen en momentos decisorios, o ser resultado de metodologías de carácter<br />

objetivo, con explícita estimación cuantitativa de los costos y beneficios de toda la inversión, incluido<br />

el retorno esperado. En otras palabras, se trata –a los fines de los procesos decisorios de inversión– de<br />

procedimientos de acción basados en la medición real de los procesos de acumulación vinculados con<br />

la rentabilidad global y la inversión misma 11 .<br />

Hasta no hace muchos años, los modelos decisorios eran esencialmente derivados de la contabilidad<br />

de gestión –es decir, de los valores inscritos en balance–, y había una fuerte correlación entre la<br />

dimensión de la compañía y la capacidad de crear valor a través de procesos de acumulación basados en<br />

inversiones materiales, de lo cual derivaban ventajas competitivas las grandes empresas, en relación con<br />

las pequeñas. Hoy, en cambio, una de las tareas más marcadamente estratégicas que cumple la gerencia<br />

posfordista es la de conocer y aumentar el valor de la compañía mediante procesos de acumulación<br />

flexible sustentados en recursos inmateriales, lo que le permite cumplir una gestión eficiente en medio<br />

de condicionamientos mayores, derivados de una desenfrenada competencia. La turbulencia misma<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

193


de los mercados y la desintegración de los viejos modelos de acumulación y de inversión, impulsan<br />

a la alta gerencia posfordista a reexaminar las decisiones de carácter estratégico, e influencian cada<br />

vez más los modelos relativos a la creación y distribución del valor empresarial mediante formas de<br />

acumulación de capital intangible.<br />

A diferencia del pasado, hoy se difunden también entre las pequeñas y medianas empresas los<br />

elementos que más fuertemente impulsan e influencian las decisiones empresariales de carácter estratégico,<br />

como la disponibilidad de –y la especulación con– factores de capital financiero, el recurso<br />

humano calificado, los procesos de deslocalización productiva y la externalización de algunas fases de<br />

su ciclo, en busca siempre de costos cada vez menores del trabajo, de disponibilidad de infraestructuras<br />

y servicios de alta calidad y de valorización de la información, de la comunicación y de todos los<br />

recursos del capital inmaterial.<br />

3. Se arriba así a una nueva manera de concebir la inversión, a una acumulación flexible crecientemente<br />

basada en aspectos financieros y en la inversión sobre activos fijos inmateriales, más allá de las<br />

dimensiones de la empresa.<br />

Si bien se asiste, en efecto, a una disminución significativa de esas dimensiones, también es evidente<br />

un proceso cada vez más intenso de globalización de la economía en sentido financiero, y particularmente<br />

bajo formas flexibles de acumulación macroeconómica y empresarial, con importantes y<br />

decisivas consecuencias sobre los modelos estratégicos, societarios y sectoriales que se adoptan para<br />

hacer frente a las circunstancias –siempre nuevas– que se presentan en la competencia capitalista<br />

internacional.<br />

Todo ello crea situaciones particulares que van a influir y modificar también los sistemas de valoración<br />

de las inversiones. En mercados más o menos estables, o en todo caso fácilmente controlables,<br />

bastaban simples reglas de corrección contable para derivar procesos decisorios; en un sistema de<br />

globalización, de internacionalización y de financiarización de la economía, en una época dominada<br />

por los servicios telemáticos e informáticos, en presencia de continuos procesos de reestructuración y<br />

de acumulación flexible, de tomas de control (takeover), de fusiones y concentraciones con sus respectivos<br />

e intempestivos cambios en los modelos decisorios de inversión, se hace más difícil cuantificar y<br />

monetarizar la acumulación de capital en su conjunto, así como es más difícil identificar cuáles son los<br />

modelos decisorios realmente capaces de crear y expandir el valor empresarial.<br />

Los procesos de competencia global en la economía y su financiarización, las nuevas formas de<br />

acumulación flexible y la turbulencia de los mercados, se convierten, por tanto, en factores de extrema<br />

importancia, capaces de influir fuertemente en los procesos decisorios de cuanto concierne a la creación<br />

de valor de las inversiones y a la acumulación en su sentido más amplio.<br />

4. Desde esta óptica, los sujetos del vértice empresarial –la gerencia en general– no pueden descuidar<br />

jamás el papel social y político que representa la empresa en su propio ambiente de operaciones.<br />

La comunicación desviada y desviante constituye, entonces, un recurso generador a su vez de otros<br />

recursos empresariales, pero sobre todo de valores sociales. Los pasos de los procesos comunicacionales<br />

deben ser desarrollados orgánicamente, con el propósito de incrementar la acumulación de capital y de<br />

inducir, a través de la información, a la persuasión social acerca de las virtudes del modelo neoliberal<br />

posfordista; todo en un marco de destrucción de la cultura existente en el territorio, para imponer<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

194


socialmente la cultura de la eficiencia empresarial, para romper la unidad de clase de los trabajadores<br />

mediante procesos de cooptación consociativa, en un modelo social de concertación que des-solidarice<br />

al cuerpo social en su conjunto 12 .<br />

Acompañados por verdaderas tragedias étnico-nacionales –ocasionadas por la redefinición y repartición<br />

de los territorios nacionales en función de los equilibrios entre potencias y de las necesidades<br />

del capitalismo internacional–, los resultados macroeconómicos evidenciados en estos últimos años<br />

han comenzado a poner en tela de juicio, de manera clara y definitiva, lo que se configuraba como un<br />

auténtico e irrefutable dogma socioeconómico, basado en un modelo de desarrollo no compatible ni<br />

con lo social ni con lo ambiental.<br />

Los verdaderos resultados emergen claramente: hacer de las finanzas un campo de especulación significa<br />

exportar por doquier un capitalismo financiero que ataca toda forma de solidaridad en nombre<br />

del individualismo, del darwinismo económico-social, y que crea aversión hacia todo lo que es público,<br />

hacia cuanto signifique relaciones sociales con valores no mensurables a través de la moneda.<br />

5. Esta serie de consideraciones hace ver claramente la necesidad de establecer un criterio de referencia<br />

para la guía de las sociedades. Muchos autores, especialmente los vinculados a la escuela japonesa, han<br />

ubicado ese criterio en la capacidad de gestionar y crear valor empresarial.<br />

Según esto, es fundamental optar por inversiones que produzcan ese valor, en lugar de destruirlo<br />

(Copeland, Koller y Murrin, 2002: 21-40). Y es que frecuentemente la remuneración del capital invertido<br />

(capital-gain) se consigue cuando este es desinvertido o liquidado a un valor superior al original.<br />

Pero el valor empresarial se crea y desarrolla manteniendo y reforzando los nexos con el ambiente<br />

externo a la empresa. Resulta cada vez más importante, entonces, vincular el microsistema empresarial<br />

al macrosistema ambiental.<br />

En las estrategias de inversión se ha visto ya que el empresario debe, ante todo, establecer las<br />

combinaciones óptimas de producto en función del mercado y evaluar, asimismo. las limitaciones<br />

derivadas tanto de la disponibilidad de recursos como –y muy especialmente– del contexto ambiental<br />

y de la estructura organizativa de la empresa. Como es evidente, en primer lugar hay que evaluar y<br />

determinar cuáles son las exigencias y necesidades que el nuevo producto puede satisfacer, en relación<br />

sobre todo con la tecnología, con las dimensiones y los segmentos del mercado que la compañía cubre.<br />

Siguen luego las investigaciones encaminadas a conocer y comprender el comportamiento de los consumidores<br />

y el de la competencia. Objetivo fundamental es acertar en la determinación de la “ventaja<br />

competitiva” en términos de eficiencia interna y externa de la empresa, ventaja que puede referirse o<br />

bien a los costos de producción o bien al precio del producto; se trata, en todo caso, de comprender el<br />

grado de diferenciación que alcanza la empresa con respecto a otras.<br />

6. Una vez efectuado un cuidadoso examen de la situación inicial de la empresa, se identifican las perspectivas<br />

futuras, aquellas que le permitirán adoptar comportamientos adecuados para llevar a cabo, en<br />

el curso de los años, sus objetivos estratégicos. Para ello es necesario, en primer lugar, determinar cuáles<br />

podrían ser los factores críticos en sus ámbitos de acción, principalmente a través de un análisis de sus<br />

fortalezas y debilidades. Asume también fundamental importancia, en lo que toca a las perspectivas<br />

estratégicas, el comportamiento social de la empresa, es decir, el complejo de relaciones que esta pone<br />

en marcha para vincularse con todo el macrosistema ambiental.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

195


En cuanto al análisis de los factores críticos para el éxito, vale recordar que se alude con ello a variables<br />

que caracterizan a la empresa en un determinado sector y que le otorgan una ventaja competitiva<br />

respecto a otras (por ejemplo, su propia imagen, los precios de venta, la distribución, etcétera). Es evidente<br />

que esos factores están ligados a sus llamadas fortalezas y debilidades, así como a las actitudes que<br />

asume el empresario ante el mercado; actitudes que pueden ser defensivas o, por el contrario, agresivas.<br />

En cualquier caso, las perspectivas estratégicas están estrechamente correlacionadas con la actitud<br />

social que asume la gerencia. No está de más recordar que toda empresa, en el cumplimiento de<br />

su propia actividad, provoca innumerables efectos sociales, por lo que resulta fundamental analizar<br />

la actitud de la alta gerencia en lo que respecta al ambiente, al compromiso social y a los valores de la<br />

sociedad. Esto último es de esencial importancia, ya que permite a la empresa dar el salto de la lógica<br />

económico-operativa –cortoplacista, ligada a las vicisitudes internas, atenta a maximizar la renta que<br />

se ha de distribuir en dividendos– a una visión valorativa de largo plazo, basada principalmente en las<br />

relaciones con el ambiente externo y dirigida al incremento continuo del valor de la empresa, en su<br />

más amplio sentido.<br />

7. Si a través del sistema de valores de la transformación económica-gerencial es posible obtener flujos<br />

de información acerca de la situación financiera patrimonial, y si a través del monto del resultado<br />

económico del ejercicio (REE) se obtienen flujos similares sobre la gestión económica en particular,<br />

entonces se puede afirmar, ciertamente, que para una empresa en plena actividad, la cuantificación<br />

de la renta ocurre de manera conjunta con la del capital de trabajo, ya que toda operación gerencial<br />

influye tanto en la potencialidad de la renta como en el capital 13 . Expresado esto en símbolos, es por<br />

tanto válida la siguiente relación:<br />

CN F(t)<br />

= CN I(t)<br />

+ REE<br />

De donde<br />

CN F(t)<br />

- CN I(t)<br />

= REE<br />

Donde CN F<br />

es el capital neto final (es decir, el saldo del estado patrimonial al concluir el ejercicio),<br />

CN I<br />

es el capital neto al inicio del ejercicio y REE es el saldo del balance del mismo período<br />

contable.<br />

Si REE = RN (renta neta) > 0, la empresa ha conseguido una utilidad o, en términos genéricos, una<br />

ganancia. Se puede entonces sostener que el REE se deriva de la contraposición de ingresos y costos<br />

de competencia del ejercicio, y no del aumento del monto del capital de trabajo; es más, se logra un<br />

incremento de dicho capital si la transformación económica obtiene utilidades.<br />

Al ser válida la relación CN I(t+1)<br />

= CN F(t)<br />

, entonces el capital de trabajo está representado por el<br />

sistema de valores capaces de conectar un período contable con el siguiente, de modo de asegurar la<br />

continuidad de gestión.<br />

Nótese como con esta formalización contable se expresa, precisamente, la fórmula básica del análisis<br />

marxista. Basta identificar el capital neto al inicio de ejercicio (CN ) con el capital monetario (D)<br />

que se emplea para adquirir medios de producción (c) y trabajo (v): CN F<br />

es el capital neto final, con el<br />

valor de c que resta al final del período, y REE es el saldo del balance del mismo período contable, con<br />

la diferencia entre D' y D, es decir, la plusvalía.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

196


De esta manera el ciclo D - M - D', en el cual D' > D, expresa un rendimiento neto positivo.<br />

Pero el nuevo ciclo comienza como acumulación ampliada, en función de: a) el capital constante no<br />

consumido en el período antecedente (no amortizado) y b) la tasa de ganancia (en nota contable, la<br />

relación REE - CN I<br />

).<br />

8. Prosiguiendo, pues, con la nota contable, se puede decir que:<br />

K de funcionamiento y ganancia = PN FIN<br />

+ RN<br />

↓<br />

si REE = RN > 0<br />

↓<br />

PN F<br />

> PN I<br />

(con REE = resultado económico del ejercicio;<br />

RN = renta neta; PN I<br />

= patrimonio neto inicial)<br />

Se han realizado entonces, en la compañía, transformaciones económicas positivas y el stock de<br />

recursos se equipara a la RN; luego, RN es la medida de la nueva riqueza lograda en el ejercicio. De aquí<br />

se sigue que RN > 0 (ganancia) es igual a la medida de la riqueza que, de ser distribuida (retirada), no<br />

afectará el stock de factores disponibles al final del ejercicio, con respecto a los existentes al momento<br />

del inicio. Si PN F<br />

= PN I<br />

, toda RN > 0 es distribuida en dividendos; si PN F<br />

> PN F<br />

, no toda RN > 0 es distribuida<br />

en dividendos, sino que parte permanece en la empresa como medio de autofinanciamiento.<br />

Pérdida y endeudamiento<br />

Si REE = RN < 0<br />

Si al final del ejercicio se quieren mantener intactos los factores productivos –como stock de factores<br />

iguales a los del inicio del ejercicio– y no hay nuevas aportaciones de los socios, entonces se hace<br />

necesario incrementar los pasivos financieros (PF), es decir, el endeudamiento.<br />

Si la empresa quiere mantener intacto su stock de factores (A = AR + AF = CI; donde A = actividades,<br />

AR = actividades reales, AF = actividades financieras y CI = capital invertido) tras haber obtenido<br />

una transformación económica negativa que redujo A, debe entonces contraer nuevos pasivos (PF),<br />

financieros o de funcionamiento (comerciales, de reglamento). Las deudas no cubren la pérdida, pero<br />

permiten reconstruir el mismo stock de factores (A), es decir, el mismo CI.<br />

9. Se ha visto el capital de funcionamiento como el conjunto de factores disponibles para las futuras<br />

transformaciones productivas, al conectar el pasado y el futuro con respecto al instante t. Se distinguen<br />

además, otras configuraciones del capital 14 :<br />

a) El capital de venta o cesión determina el valor de la empresa como complejo económico en<br />

funcionamiento. Ese valor lo representa el precio contratado entre las partes y alcanza una<br />

magnitud mayor o menor en función de la capacidad de renta o beneficio que, según se puede<br />

prever, tendrá ella en los años futuros (capital económico). El capital de venta es, entonces, un<br />

precio que no viene dado por la suma algebraica de activos y pasivos, ya que a su formación<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

197


concurre el valor de rendimiento de la empresa (cálculo del K económico). De hecho, el precio<br />

de venta es acordado entre las partes sobre la base de la renta que esta sea capaz de producir<br />

en los ejercicios futuros, lo cual a su vez se determina mediante un conjunto de factores (la<br />

fidelidad de la clientela, la ubicación física de las plantas, la capacidad de mercadeo, el buen<br />

servicio de transportes, etcétera). Ese valor de rendimiento es un modo de ser de la empresa, una<br />

cualidad que le es inherente.<br />

b) El capital de liquidación –o disolución– se determina en el momento en que la empresa deja de<br />

funcionar, es decir, cuando cesa su actividad y el objetivo es establecer el monto –monetario–<br />

de la realización o venta de sus bienes; monto que no es sino el resultado de la suma algebraica de<br />

activos y pasivos, sin considerar las posibles conexiones subsistentes entre tales valores. Tampoco<br />

hay consideración de condiciones futuras, por lo que la evaluación refiere únicamente al instante<br />

de la liquidación.<br />

c) El capital de fusión o de incorporación establece, en un proceso de fusión –por unión o por<br />

incorporación–, el valor de los capitales de las empresas participantes y, luego, el de la empresa<br />

resultante.<br />

d) El capital de transformación determina el valor de la empresa tras un cambio en su personalidad<br />

jurídica.<br />

10. El capital económico es el valor de la compañía ya constituida y activa, considerada como objeto<br />

unitario de negociación (muy utilizado en las ventas y fusiones). El valor de rendimiento, como activo<br />

fijo inmaterial del adquiriente tras la compra, no es un elemento del capital de trabajo de la empresa<br />

activa y vendida. Es, en cambio, el mayor valor que se atribuye al capital de una empresa vendida<br />

en bloque, respecto al neto que se obtiene, y marca la diferencia entre el total de activos y el total<br />

de pasivos.<br />

El valor de rendimiento se origina en la organización eficiente, en la ubicación, en la clientela fiel<br />

y numerosa; vale decir, en el conjunto de condiciones que hacen próspera una compañía y le aseguran<br />

una renta. Solo figura entre los elementos activos del capital cuando ha dado lugar a un costo (lo que<br />

ocurre únicamente si se compra una empresa en funcionamiento) y en tal caso se amortiza en un plazo<br />

mínimo (normalmente no superior a cinco años).<br />

11. La doctrina concuerda en el hecho de que deben ser, al menos, tres los requisitos que cumpla una<br />

metodología eficaz y confiable de valoración del capital económico de la empresa 15 : la racionalidad –ha<br />

de tener firme consistencia teórica y validez conceptual intrínseca–, la generalidad y la objetividad, en<br />

el sentido de que debe fundamentarse en datos comprobados o por lo menos particularmente creíbles<br />

–y por tanto aplicables– y prescindir, por otra parte, de los intereses particulares de los sujetos involucrados<br />

en la negociación, en el caso de una valoración que tenga por fin la eventual compra-venta.<br />

Al ser el capital económico, entonces, una entidad de carácter abstracto, el proceso de estimación<br />

debe llevar a un concepto de valor que pueda considerarse general y común, y no a determinaciones<br />

individualizadas y ligadas a posiciones subjetivas específicas.<br />

A las concepciones empresariales que apuntan a resaltar el valor de rendimiento, concentrando<br />

esfuerzos en la conquista de segmentos de mercado y en el incremento de la ganancia, se contrapone<br />

hoy, definitivamente, otra que sostiene que el valor de una compañía no depende únicamente de las<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

198


utilidades que alcance. Según esta última concepción, ello más bien puede producir –y lo haría muy<br />

frecuentemente– una reducción del retorno en los flujos de caja y del valor creado para los accionistas,<br />

por lo que la actuación empresarial ha de ser medida cada vez más en términos de eficacia en el mercado<br />

de control societario. Atribuye esta postura un valor estratégico al volumen y a la composición de<br />

los distintos elementos de la empresa, incluidos los recursos de naturaleza intangible.<br />

12. Se considera entonces que 16 :<br />

AUTF = AUTFP + AUTFI<br />

AUTFI = AUTFI + - AUTFI –<br />

Donde<br />

AUTF = autofinanciamiento.<br />

AUTFP = autofinanciamiento propio.<br />

AUTFI = autofinanciamiento no propio.<br />

AUTFI + = las reservas acumuladas en el ejercicio.<br />

AUTFI – = son las reservas utilizadas en ese mismo ejercicio.<br />

Asimismo, si UB = utilidades de balance y DIV = dividendos,<br />

Se tiene que<br />

UB = DIV + AUTFP<br />

AUTF = AUTFP + AUTFI + - AUTFI –<br />

Donde, en tal caso, AUTF representa el autofinanciamiento neto total, puesto que refiere a la<br />

dinámica de las inversiones netas en el ejercicio considerado.<br />

13. Desde el punto de vista patrimonial, el autofinanciamiento puede considerarse como crecimiento<br />

neto de los recursos; desde una perspectiva financiera, en cambio, ofrece a la empresa la posibilidad de<br />

satisfacer parte de sus necesidades financieras sin recurrir –o, mejor, recurriendo en medida menor– a<br />

fuentes externas de financiamiento.<br />

Puede decirse, en un primer análisis, que el autofinanciamiento está constituido por las utilidades<br />

netas ahorradas, no distribuidas, a lo que se suman las amortizaciones del período y los fondos acumulados<br />

para gastos, riesgos y pérdidas, de los que es preciso restar los fondos efectivamente utilizados<br />

en gastos durante ese mismo lapso. Por tanto, la autofinanciación se puede definir como la suma de<br />

las utilidades netas ahorradas, de las ganancias y de las amortizaciones y reservas efectuadas al término<br />

del período en cuestión.<br />

Como puede verse, el autofinanciamiento total se determina de tal modo que equivale a la suma del<br />

autofinanciamiento propio y el autofinanciamiento no propio. Estas dos configuraciones provienen de<br />

dos fases diferentes del proceso de formación de la renta.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

199


En la fase de determinación, la renta asume una forma que es más la de un resultado de naturaleza<br />

contable que la de un efectivo rédito económico de la gestión y, en consecuencia, en términos contables<br />

es posible influir en la determinación del autofinanciamiento al actuar con base en los fondos de<br />

amortización y los fondos para gastos, pérdidas y riesgos futuros; por eso, en esta fase cobra relevancia<br />

el financiamiento no propio. En la fase de asignación de la renta es posible actuar sobre la entidad del<br />

autofinanciamiento propio; se autogeneran así recursos de capital, al retener utilidades que no se<br />

distribuyen entre los accionistas. De esta manera, al proceso de autogeneración se destina solamente<br />

una parte de las utilidades: la correspondiente a aquella ganancia cuya entidad no está condicionada<br />

por la determinación de la renta y las políticas de repartición de dividendos.<br />

14. El autofinanciamiento se puede definir en relación con todos los componentes, es decir, globalmente,<br />

en las dos fases mencionadas, o también por vía de una diferenciación entre inversiones<br />

netas (capital invertido, CI) finales y endeudamiento total (capital de crédito, CACR) final, una vez<br />

deducidas las inversiones iniciales del neto del endeudamiento total inicial. Recordando los símbolos<br />

ya utilizados, se tiene:<br />

AUTF t+1<br />

= (CI t+1<br />

- CACR t+1<br />

) - (CI t<br />

- CACR t<br />

)<br />

Naturalmente, habrá formación de autofinanciamiento si esta ecuación es positiva y a condición de<br />

que, si se han producido aumentos o nuevos aportes de capital social, estos sean de magnitud menor<br />

que el autofinanciamiento global.<br />

En efecto, si en el período considerado se han producido modificaciones del capital social (CASO),<br />

será necesario rectificar la fórmula anterior para deducir los nuevos aportes y sumar las reducciones por<br />

rembolsos. Y entonces, con los símbolos apuntados:<br />

AUTF t+1<br />

= (CI t+1<br />

- CACR t+1<br />

) - (CI t<br />

- CACR t<br />

) - ΔCASO + t +1 + ΔCASO - t +1<br />

De todo lo anterior se desprende que las fuentes de autofinanciamiento son cuatro:<br />

a) Utilidades ahorradas.<br />

b) Enajenación de bienes ya amortizados.<br />

c) Acumulación de reservas para futuros gastos, pérdidas y riesgos.<br />

d) Amortizaciones computadas en los costos plurianuales.<br />

Como se dijo anteriormente, podría también considerarse la línea de crédito de suministros como<br />

una quinta fuente. A primera vista, los flujos de ese origen podrían ser valorados conjuntamente con<br />

las utilidades ahorradas; no obstante, si se toma en cuenta rígidamente el significado contable –y<br />

sobre todo económico– del autofinanciamiento, esto no resulta aceptable, ya que la adquisición de<br />

este tipo de flujos implica el correspondiente endeudamiento con los proveedores que, en la práctica,<br />

anula el flujo financiero activo. Valga de todas formas recordar que, en la realidad gerencial, el crédito<br />

de suministros y la dilación en los pagos que genera constituyen, de hecho, una forma indirecta de<br />

autofinanciamiento.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

200


2.2. Privatizar para contrarrestar la devaluación del capital 17<br />

1. El valor de la empresa es siempre expresión de su propia capacidad –en cuanto manifestación de la<br />

relación social capitalista, es decir, de la propiedad privada de los medios de trabajo y producción– para<br />

a) incrementar el valor agregado en el proceso de producción y b) garantizar la apropiación por parte<br />

del capital, en forma de ganancia, de ese valor agregado, o de su mayor parte 18 .<br />

En los últimos veinte años ha cambiado notablemente el contexto en el que las empresas compiten.<br />

– Las cuotas de mercado de las grandes sociedades –y sus respectivas ganancias– han sufrido el<br />

embate de empresas de dimensiones menores que, gracias a su flexibilidad operativa y estratégica,<br />

logran incrementar su valor empresarial.<br />

– La disponibilidad de capital monetario, de capital financiero, no es ya prerrogativa exclusiva de<br />

las grandes empresas, sino también de las medianas y pequeñas. El capital, en efecto, busca y<br />

crea nuevas oportunidades de inversión, y de otra parte la disponibilidad aumenta por efecto de<br />

la presencia en el mercado financiero de nuevos operadores e instrumentos (bancas de inversión,<br />

fondos comunes, sociedades de inversión de capital variable, fondos de pensión, contratos de<br />

arrendamiento –leasing– y de venta de cuentas por cobrar –factoring–, financiamiento de proyectos<br />

–project financing–, etcétera).<br />

– Internamente, ha crecido en las empresas la importancia relativa de los servicios de soporte<br />

(transporte, distribución, colaboración externa, etcétera). Estos servicios son ahora un factor<br />

determinante para el éxito de las actividades empresariales, incluso las de modestas dimensiones.<br />

– El ciclo de vida del producto ha experimentado súbitamente una notable aceleración: ciclos cada<br />

vez más cortos exigen frecuentes inversiones futuras, capaces de preservar el valor de la compañía<br />

y, por tanto, de sus acciones 19 . Esto se traduce en una reducción del tiempo de rotación del<br />

capital y, por consiguiente, en un incremento de la plusvalía apropiada por el capitalista.<br />

– La mundialización de los mercados es ya un dato fáctico, que se evalúa atentamente en los procedimientos<br />

estratégico-decisorios y que exige a las empresas, allí donde sea posible, transformar<br />

los riesgos en ventajas competitivas. Ese objetivo solo pueden alcanzarlo mediante oportunas<br />

decisiones estratégicas, dirigidas a crear valor o al menos mantenerlo.<br />

– La integración vertical y horizontal y las sociedades multibusiness (los llamados conglomerados)<br />

han perdido importancia, en tanto que frecuentemente no están en capacidad de lograr las<br />

sinergias previstas y son muchas veces, por el contrario, fuente de deseconomías.<br />

– La volatilidad de las tasas de cambio y de interés ha inducido a las empresas a dotarse de eficientes<br />

estructuras financieras, capaces de preservar el flujo de caja existente y, con ello, su propio valor.<br />

2. A diferencia del pasado, también entre las pequeñas y medianas empresas es posible observar la<br />

difusión de los elementos que hoy más fuertemente impulsan e influencian las decisiones empresariales<br />

de carácter estratégico, como la disponibilidad y la especulación con factores del capital financiero,<br />

los recursos humanos calificados –y de allí el capital intelectual homologado–, los procesos de deslocalización<br />

productiva y de externalización de fases del ciclo –en busca de costos cada vez más bajos<br />

del trabajo–, la disponibilidad de infraestructuras y servicios de alta calidad, y la valorización de la<br />

información, de la comunicación y de todos los recursos del capital inmaterial. Se llega así a una nueva<br />

manera de desarrollar los mecanismos de acumulación, hoy ciertamente de características financieras,<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

201


asados en inversiones en activos fijos inmateriales y en capital intelectual humano muy calificado,<br />

pero también en búsqueda de nuevas oportunidades para inversiones productivas funcionales al paradigma<br />

de la acumulación flexible y de la producción ajustada (lean production), centrada en el control<br />

del sistema de red internacional.<br />

Por tanto, la empresa socialmente difundida en el sistema territorial, que podemos definir como el<br />

sistema de fábrica social generalizada, es una entidad abierta y dinámica que para crecer y desarrollarse<br />

debe saber crear, más allá de la producción de bienes, flujos adicionales de recursos inmateriales. En esos<br />

flujos, la información, la comunicación desviante y el capital intelectual homologado son elementos claves,<br />

ya que están en capacidad de circular libremente y sin obstáculos para el condicionamiento social.<br />

3. Para evitar la devaluación del capital ha sido adoptado un conjunto de medidas, como, por ejemplo,<br />

las operaciones cambiarias y con tasas de interés, las privatizaciones y la desregulación. El fenómeno<br />

de las privatizaciones, que ha caracterizado estos últimos veinte años, se ha manifestado en los países<br />

europeos con diversas modalidades e intensidad, precisamente como necesidad de los diferentes<br />

modelos del capitalismo internacional. Punto en común, sin embargo, ha sido el poner en tela de<br />

juicio las conquistas del movimiento obrero, comenzando por considerar incompatibles las políticas<br />

de mediación económico-social de sello keynesiano.<br />

Se comienza a configurar así para el Estado un papel que no es ya el de regulador y mediador del<br />

conflicto, sino el de un Estado-empresa que poco a poco derriba el welfare State, que destruye con las<br />

privatizaciones el papel de la economía pública: un profit State que transmite por todo el tejido social<br />

la idea-fuerza de las compatibilidades de la empresa, de la competitividad del mercado, de la ganancia.<br />

Es por eso mismo interesante analizar más de cerca las diferentes modalidades con las que este<br />

proceso se ha revestido.<br />

Valga recordar, en primer lugar, que son diversas las técnicas con las que es posible ejecutar las<br />

operaciones de privatización; todas, en cualquier caso, dirigidas a favorecer procesos de redefinición y<br />

repartición de la economía entre las grandes familias del capitalismo. Entre los sistemas más aplicados<br />

por varios países, en particular europeos, se encuentra sin duda la oferta pública de venta (OPV). En<br />

Inglaterra, en Francia y Alemania fue muy utilizado este método para las grandes privatizaciones, que<br />

también a escala internacional ha tenido amplio uso (baste recordar que en los años que van de 1984<br />

a 1992, 45% de las empresas privatizadas y 75% del valor total de las operaciones respondieron a esta<br />

técnica). Además, es importante considerar que países como Austria, Holanda, Japón, Francia, Gran<br />

Bretaña, Malasia, Tailandia y Portugal procesaron a través de las OPV casi 100% de sus privatizaciones.<br />

En los países del este europeo, en cambio, se recurrió mucho más a la subasta pública; de hecho, un<br />

procedimiento mucho más cónsono con la privatización de establecimientos de medianas y pequeñas<br />

dimensiones. De igual modo se dieron en estos países privatizaciones mediante “bonos”, convertibles<br />

luego en acciones, que fueron distribuidos al público a precios ventajosos, impulsando así una suerte<br />

de accionariado popular. En naciones caracterizadas por situaciones de extrema gravedad financiera<br />

y que necesitaban métodos de venta muy rápidos y simples, se apeló predominantemente a la negociación<br />

privada. Fue esta la opción adoptada por muchos países de América Latina, como México,<br />

Bolivia, Argentina, Chile, Brasil y Costa Rica.<br />

El sistema de employees buy out (o sea, la venta de las acciones a los empleados y gerentes de la propia<br />

empresa) ha sido muy frecuentemente utilizado en Francia, Chile, Venezuela, Inglaterra, Argentina,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

202


Costa de Marfil, Estados Unidos, Portugal, Nigeria y Pakistán. La concesión por contrato de actividades,<br />

aunque practicada solo a nivel local, ha encontrado alguna aplicación en Japón, Canadá, Estados<br />

Unidos e Inglaterra.<br />

Antes de presentar las diferentes aproximaciones al proceso de privatización cumplido en el ámbito<br />

internacional, es oportuno asentar algunas reflexiones de carácter general sobre los argumentos<br />

considerados, o voluntariamente adoptados, para justificar la venta de empresas públicas por parte del<br />

Estado; una política que alcanzó, incluso, a aquellas que presentaban buenos niveles de eficiencia económica<br />

y que respondió a la exigencia de rediseñar el desarrollo capitalista para revitalizar los procesos<br />

de acumulación en sus diversas formas.<br />

4. Si algo resulta inmediatamente evidente, desde la perspectiva actual, es que todo proceso de privatización<br />

ha tenido efectos negativos, cuantitativos y cualitativos, en la ocupación. Muchas veces,<br />

antes, las nacionalizaciones se dieron precisamente para preservar el puesto de trabajo en empresas<br />

que atravesaban momentos de seria crisis y que se exponían a ser expulsadas por un mercado salvaje<br />

y no reglamentado. En estos casos quedó afirmado el principio keynesiano de un Estado empleador y<br />

garante en los conflictos, y de un mercado regulado y tendente a la plena ocupación.<br />

Igualmente es preciso tener en cuenta que, aun en los casos en que una privatización resulta exitosa<br />

(en el sentido de que se crean condiciones económicas generales de estabilidad, que podrían,<br />

pues, posibilitar la absorción de algunas franjas de desocupación), ello de todas formas repercute<br />

en la reducción de los costos directos e indirectos del trabajo, así como de los gastos en una serie de<br />

factores: en la protección ante riesgos e infortunios, en la manutención ordinaria y extraordinaria, en<br />

el mejoramiento del impacto ambiental de la producción. Es precisamente al bajar esos costos que<br />

se obtienen, en el pase de lo público a lo privado, buenos resultados, que mejoran los valores de los<br />

indicadores de eficiencia y eficacia. No debe olvidarse, por ejemplo, que, en el mejor de los casos, con<br />

ese pase aumentan la movilidad y la flexibilidad del trabajo y del salario, y se incide negativamente en<br />

los ritmos, la condensación y los turnos de trabajo. A esto debe añadirse que casi siempre los procesos<br />

de privatización han provocado una disminución de garantías y limitación de derechos sindicales, hasta<br />

llegar, particularmente en los países de más bajos niveles de desarrollo económico y democrático, a la<br />

falta absoluta de toda forma de garantía en cuanto al ingreso, a lo sindical y a los derechos plenos de<br />

los trabajadores.<br />

5. La eficiencia, la competitividad y la mejor rentabilidad que, supuestamente, deberían resultar de la<br />

venta de una empresa pública, son también ilusorias y no hallan comprobación en los hechos; sobre<br />

todo porque es muy difícil establecer una relación de pertinencia entre la propiedad de una empresa<br />

y su eficiencia y, además, porque los indicadores típicos de productividad, eficiencia y eficacia empresarial<br />

no son casi nunca “transportables”, mediante simples criterios cuantitativos, de lo privado a lo<br />

público, o viceversa.<br />

No existen reglas fijas, precisas, dogmas económicos. La economía, en particular la empresarial, se<br />

estudia en los procesos de interacción entre realidades internas y externas, leyendo los vínculos reales<br />

–no los que vienen forzados por determinaciones político-partidistas y de negocios–, interpretando las<br />

dinámicas empresariales y las consecuencias sociales que tienen lugar entre macrosistema empresarial<br />

y macrosistema socioambiental.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

203


Se entiende así que, cualquiera sea el modelo de capitalismo en referencia, la opción por los procesos<br />

de privatización se hace fundamental para el neoliberalismo como exaltación del libre mercado;<br />

un mercado en el cual, aun bajo formas diferenciadas, prevalece siempre y en todo caso la economía<br />

financiera especulativa, en desmedro del factor productivo trabajo. Las privatizaciones, savia vital del<br />

capitalismo, resultan determinantes para hacer surgir los principios dominantes y tensar las fuerzas en<br />

pos de objetivos de ganancia, inmediata o a mediano plazo, que jamás se transforman en procesos de<br />

redistribución equitativa y utilidad social generalizada. Los equilibrios, la estabilidad, la rentabilidad,<br />

las metas que a través de las privatizaciones busca alcanzar el sistema capitalista internacional, el profit<br />

State global, se han revelado simplemente como procesos de desestabilización de los equilibrios políticos,<br />

sociales y ambientales.<br />

6. No hay que perder de vista el hecho de que, en última instancia, el valor de la empresa depende de su<br />

capacidad para explotar el trabajo, es decir, para sustraer, en beneficio del capital, ese valor agregado. La<br />

sustracción del valor agregado o plusvalía exige un control riguroso del tiempo, pues toda dilación en<br />

el uso productivo del capital (esto es, en poner en marcha la explotación del trabajo, o su convalidación<br />

en la distribución y venta) retarda el inicio de un nuevo ciclo de acumulación: el tiempo es oro cuando<br />

se emplea para explotar el trabajo. Por este motivo, el crédito de proveedores, el retraso en el pago de<br />

la mercancía adquirida, representa una apropiación de tiempo por parte de la empresa deudora y un<br />

retardo equivalente en el proceso de valorización de la empresa suministradora. Es en este contexto<br />

que se ubican los procesos de privatización forzada de los que se ha venido hablando, impuestos por el<br />

neoliberalismo a partir de los años ochenta del pasado siglo y dirigidos a una drástica rebaja del costo<br />

del trabajo mediante despidos, precarización, externalización y deslocalización.<br />

2.3. El valor de la empresa<br />

1. Como resultado de cambios notables en el ambiente competitivo de las empresas, en los últimos<br />

veinte-veinticinco años ha surgido la necesidad, tanto en el ámbito gerencial-operativo como en el<br />

académico, de reforzar o sustituir los principios y las teorías tradicionales de la actividad empresarial<br />

con nuevos planteamientos, capaces de dar cuenta de los principales aspectos de este cambio. Implica<br />

esto no solamente una aceleración de los procesos de centralización (acumulación autónoma) y concentración<br />

(fusión de capitales autónomos) del capital, sino también un cambio cualitativo implícito<br />

en el proceso de internacionalización y de valoración inmaterial propio de la actual fase de desarrollo<br />

capitalista.<br />

Hoy día, el principio que cumple papel fundamental en la economía moderna, que constituye el<br />

perno central de la actividad empresarial, es el concepto de valor de la empresa 20 . La razón es simple: la<br />

realidad económica y la actitud de sus operadores se han hecho cada vez más competitivas y agresivas<br />

(desafíos, competencia, ansia de éxito, etcétera). Además, junto al mercado de productos y servicios<br />

ha nacido el mercado de control de la sociedad; la disminución del déficit y, consecuentemente, de las<br />

tasas de interés pasivas pagadas por la deuda pública del Estado, ha liberado una enorme cantidad de<br />

recursos, que fluye hacia el mercado financiero.<br />

Por tanto, el número de accionistas se ha incrementado notablemente, y estos se encuentran cada<br />

vez menos dispuestos a tolerar resultados insatisfactorios, lo cual los lleva a hacerse mucho más partícipes<br />

de la actividad gerencial de la empresa. Por otra parte, también los capitales derivados del circuito<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

204


ancario han aumentado y están irrumpiendo en los mercados, sobre todo estadounidenses. De allí<br />

que a los gerentes modernos se les plantee el nuevo problema de la “gestión del valor”. Por eso, en este<br />

marco global de cambios, muchos autores apuntan a una misma teoría de referencia para el manejo de<br />

las empresas: la teoría de la creación de valor, que se muestra capaz de orientarlas en relación con las<br />

nuevas características de los mercados y, en líneas más generales, de todo su ambiente externo.<br />

2. Es importante recordar, sin embargo, que en la historia de las disciplinas empresariales son varios<br />

los principios y teorías que han contribuido a adecuar las funciones de la empresa a las cambiantes<br />

exigencias de la actual realidad competitiva. Estos principios y teorías pueden ser resumidos de la<br />

siguiente manera:<br />

– El principio de orientación al mercado. La evolución de los estudios de mercadeo ha enfocado<br />

hacia el cliente y el mercado la atención de las empresas (que en este caso son llamadas marketoriented).<br />

Asume entonces particular importancia la valoración de algunos bienes inmateriales:<br />

la marca, la imagen, etcétera. El capital, en su fase de expansión, amplía la esfera del mercado<br />

para insertar en este no solo las actividades del trabajo, crecientemente limitadas y controladas<br />

en su tiempo de vida por exigencia del proceso de acumulación (ciclo producción-distribución,<br />

o su equivalente para el trabajador: trabajo-consumo).<br />

– El principio de la ventaja competitiva. La búsqueda de condiciones de ventaja frente a la competencia<br />

es una de las principales vías que la empresa escoge, tanto para generar ganancias como<br />

para reforzar su propia posición en el mercado.<br />

– El principio de programación a largo plazo y el principio de orientación estratégica. Complementarios<br />

uno del otro, el primero de estos principios obliga a la empresa a tomar previsiones sobre<br />

posibles escenarios futuros, de manera que le sea posible poner en marcha diversas alternativas<br />

de desarrollo y de gestión. El segundo se caracteriza por una perspectiva temporal aún más<br />

prolongada, en tanto que su propósito principal es establecer o redefinir los fines de la actividad<br />

empresarial, el ámbito competitivo en que se concentra y las áreas que incluye.<br />

– El principio de excelencia. Desarrollado esencialmente en Japón, es solo recientemente que ha encontrado<br />

aplicación en Europa y, específicamente, en Italia. Su objetivo no apunta únicamente<br />

a la calidad del producto y del proceso (entendida como cumplimiento de las normas vigentes),<br />

sino que refiere principalmente al mejoramiento de toda la organización empresarial a través de<br />

la responsabilidad del personal, la flexibilidad organizativa, la participación de los proveedores<br />

(partnership), etcétera (Guatri, 1994: 4-6).<br />

Estos principios determinan la capacidad de la empresa para influir tanto en los ritmos que aceleran<br />

la composición orgánica del capital –y, por tanto, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia (principio<br />

de la calidad total)–, como en el incremento de la plusvalía relativa (principio de excelencia) y en la<br />

recepción de plusvalía generada fuera de la empresa mediante el alza de los precios de venta por encima<br />

del precio de producción (principio de orientación al mercado). Además, le confieren capacidad para<br />

prever las diferencias de rendimiento por sector y le brindan movilidad intersectorial a sus propios<br />

activos (principio de programación a largo plazo y principio de orientación estratégica).<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

205


2.4. La teoría de la creación de valor<br />

1. La teoría de la creación de valor se basa en el presupuesto de que la sobrevivencia y el desarrollo<br />

a largo plazo de una compañía solo se aseguran al generar nuevo valor. Es fundamental, entonces,<br />

elegir inversiones que produzcan valor empresarial, en lugar de destruirlo 21 . Esta “creación de valor”<br />

se refiere implícitamente al proceso de transferencia intersectorial de valor, analizado por Marx en los<br />

esquemas de acumulación, como consecuencia de las diferencias relativas en la composición orgánica<br />

del capital. No obstante, incorpora asimismo la idea (y el intento de cuantificar la capacidad en ese<br />

sentido) de alterar los precios de venta también a través de los precios de producción, a fin de obtener<br />

una “renta mercantil” en el proceso de valorización de las mercancías producidas, a expensas de las de<br />

otros capitalistas, sean del mismo sector o no. Es esa capacidad lo que se esconde tras expresiones como<br />

la “competitividad” o el “valor” de la empresa.<br />

Esa teoría puede ser analizada desde dos aproximaciones diferentes: la europea y la anglosajona.<br />

En esta última perspectiva, el objetivo primario es la maximización del valor de mercado del<br />

capital, mientras se da por implícita la optimización del capital económico. Se explica esto porque<br />

en los países anglosajones (Gran Bretaña y Estados Unidos) la eficiencia de los mercados financieros<br />

es superior a la de sus pares europeos, tanto por número de sociedades inscritas como por volumen<br />

de transacciones. Se desprende de allí que la vinculación entre el resultado que la empresa<br />

obtiene en el mercado de bienes reales y el que consigue en el mercado financiero es, sin duda,<br />

más directa.<br />

Sin embargo, en relación con este tema existen fuertes contradicciones, ya que los mercados financieros<br />

filtran los datos de la economía real según una lógica ligada únicamente a la ganancia (renta)<br />

financiera. Pero el rendimiento financiero de un activo no está necesariamente vinculado con los<br />

fundamentos económicos de la empresa –vale decir, con su capacidad de extraer plusvalía–, como sí lo<br />

está con las condiciones especulativas asociadas a un mercado en el cual no son solamente precios de<br />

producción los determinados directamente por la evolución de la oferta y la demanda (la mercancía<br />

que se compra y se vende no es la empresa cuyos activos fijos e inmateriales incorporan trabajo, sino<br />

su título de propiedad, que no incorpora trabajo alguno).<br />

Al respecto basta considerar que, como ocurre con creciente frecuencia, incluso si el desempeño de<br />

la economía real es negativo, el valor de los títulos que se transan en el mercado experimenta fuertes<br />

incrementos. Por ejemplo, en una fase de recesión económica es muy posible que, a causa del estancamiento<br />

del consumo, la inflación baje y, consecuentemente, crezcan las expectativas sobre una baja<br />

de la tasa oficial de descuento; esto favorece un crecimiento del mercado accionario que, sin embargo,<br />

refleja un momento negativo de la economía: un momento en el que la caída de dicha tasa no señala<br />

una posible recuperación económica, sino una oportunidad inmediata de ganancia 22 . Es oportuno,<br />

entonces, subrayar que el desempeño del mercado financiero puede divergir del verdadero estado de la<br />

economía. Sería por tanto deseable pasar de una noción de valor económico-financiero a una de valor<br />

económico-competitivo. De esa manera, el concepto de valor se completa y favorece al mismo tiempo<br />

la recuperación de la función socioeconómica de la empresa.<br />

Desde la óptica europea, la teoría de la creación de valor se refiere a la medida del valor del capital<br />

económico que representa una valoración de la empresa, ya no ligada a los valores del mercado, sino<br />

efectuada de manera general, racional, demostrable y objetiva 23 . El punto de referencia para la creación<br />

del valor no es el mercado accionario, sino la empresa misma en su capacidad de valorizar el capital,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

206


de generar plusvalía y apropiarse de ella. Luego, los flujos de renta y de caja que se producen en lo<br />

inmediato tienen un significado modesto para la valoración del capital económico, mientras que revisten<br />

gran importancia las potencialidades acumuladas para producir tales flujos positivos en un futuro.<br />

En esencia, el crecimiento del valor del capital económico es asegurado mediante la capacidad de<br />

generar flujos de caja positivos en el largo plazo, o una rentabilidad económica también positiva. Una<br />

vez creado el valor, en términos de capital económico, es deseable que este sea transferido a los precios<br />

de bolsa (que sea reconocido, pues, por el mercado), para que el accionista pueda obtener un beneficio.<br />

Recordemos que la ganancia de capital (capital gain) constituye el objetivo primario del accionista,<br />

quien, sea que participe o no participe en la gestión, es afectado por los resultados en tanto que titular<br />

de la sociedad, en sentido jurídico.<br />

Por tanto, si la gerencia no lograra transferir las variaciones del capital económico a los precios<br />

de bolsa, no estaría en capacidad de distribuir 24 el valor obtenido y con ello penalizaría al accionista<br />

y a la propia empresa, ya que los posteriores aumentos de capital no podrían ser obtenidos a precios<br />

adecuados y esta última vería así comprometida su situación financiera.<br />

2. La teoría de la creación de valor requiere, pues, una sana gestión empresarial, basada en una visión de<br />

largo plazo que sea capaz de identificar una serie de objetivos claramente definidos, ciertos e integrados<br />

entre sí. En un sentido práctico, la relevancia de esta teoría es reconocible en su capacidad de:<br />

a) Motivar a la gerencia, mediante incentivos sujetos al logro de desempeños factibles en el largo<br />

plazo.<br />

b) Integrar el contexto estratégico con el financiero.<br />

La estrategia y las finanzas tienen diferentes objetivos y utilizan conceptos diferentes de valor. La<br />

estrategia busca maximizar el valor para los clientes, mientras que las finanzas procuran maximizar para<br />

el accionista el rendimiento de la inversión. Sin embargo, en una perspectiva de largo plazo ambos<br />

objetivos pueden convergir; de hecho, una estrategia válida permite alcanzar una ventaja competitiva<br />

sostenible que, al tiempo que genere valor, resulte compatible desde el punto de vista financiero con el<br />

objetivo de crear nuevo valor.<br />

En 1974, desde The Wall Street Journal se criticó abiertamente el método de estimación del valor con<br />

base en la utilidad por acción, que resulta demasiado simple, por cuanto ignora muchos componentes<br />

contables. Como alternativa se propuso el método basado en los flujos de caja descontados (discounted<br />

cash flow), que tiene la ventaja de tomar en cuenta todos los posibles elementos que influyen en el valor<br />

societario. El flujo de caja es descontado a una cierta tasa que refleja el nivel de riesgo, mientras que<br />

en el método anterior el único dato de interés era la utilidad contable, que al ser multiplicada por un<br />

determinado coeficiente (por ejemplo, la relación precios-utilidad) daba el valor.<br />

La debilidad de este método se hace visible en un ejemplo simple: si tuviésemos que confrontar dos<br />

sociedades y sus utilidades resultaran las mismas, tendríamos que concluir que sus respectivos valores<br />

se igualan. Y esto es cierto solo si la utilidad refleja con buena aproximación el flujo de caja; en ese caso,<br />

el método es bueno. Pero cuando las cosas divergen, el enfoque resulta inconsistente. En efecto, puede<br />

ocurrir que una sociedad necesite invertir más capital para tener el mismo nivel de ventas y de utilidad<br />

que la otra, y entonces el valor de la primera será inferior al de la segunda. Además, este método no<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

207


considera la importancia de los ciclos, y el desempeño de las inversiones y de sus rendimientos no es<br />

tan fácilmente previsible, etcétera.<br />

3. Antes de identificar las intervenciones capaces de crear valor, es necesario identificar también, en<br />

un nivel estratégico, los factores determinantes del valor que constituyen la palanca que habrá que<br />

controlar y gestionar para incrementar los flujos de caja futuros. Esos factores son:<br />

– El spread o diferencial, o sea, la rentabilidad económica que para la gestión se deriva de la diferencia<br />

entre la tasa de rendimiento del capital propio (ROE) y el costo de ese mismo capital (CK):<br />

spread = ROE - CK<br />

– La tasa de crecimiento del capital propio (cp) que se expresa en la relación entre el ROE y la tasa<br />

de reinversión de las utilidades periódicas no distribuidas en forma de dividendos (rein):<br />

cp = ROE x rein<br />

– La duración temporal del spread. Es bueno recordar que en condiciones de competencia perfecta<br />

la ganancia es nula, según la teoría neoclásica, lo que debe ser interpretado como si no<br />

existieran diferencias entre las tasas de ganancia obtenidas por las diferentes empresas. Por<br />

tanto, para mantener en el tiempo una situación de ganancia, el comportamiento estratégico<br />

de la empresa debe estar dirigido a crear situaciones de ventaja competitiva, ya que solo de<br />

esa manera es posible mantener una condición de equilibrio y por tanto de ganancia (Guatri,<br />

1994: 31-35).<br />

La previsión del flujo de caja disponible consta esencialmente de cuatro fases:<br />

a) Definición de los componentes relevantes de los flujos de caja disponibles.<br />

b) Desarrollo de una perspectiva histórica de la sociedad.<br />

c) Desarrollo de hipótesis de previsión para los elementos del flujo de caja y los escenarios relevantes.<br />

d) Cálculo y valoración de los flujos de caja disponibles que se prevén en términos de creación<br />

de valor.<br />

2.5. Identificación de las intervenciones aptas para crear valor<br />

1. Para acrecentar su capital económico, una empresa debe apelar a todas las intervenciones –sin distinguir<br />

entre operaciones de carácter ordinario o extraordinario– que le permitan alcanzar su objetivo.<br />

Y, cuando resulta necesario, debe también volver a ponerlo todo continuamente en discusión.<br />

Esquemáticamente, se pueden identificar tres categorías de intervenciones capaces de crear valor:<br />

– Intervenciones internas. Son aquellas que se basan en las potencialidades internas de la compañía<br />

y que pueden desarrollarse a través de: a) el logro de una posición sostenible de ventaja<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

208


competitiva, alcanzable esencialmente mediante el liderazgo en los costos, la diferenciación, la<br />

focalización, etcétera; b) una eficiente política de control de riesgos, que en sí misma constituye<br />

un instrumento válido a los fines de aumentar el valor; c) una estrategia de la calidad, que<br />

sea compatible con las características del producto y con el mercado en el que este se posiciona;<br />

d) una política de mercadeo dirigida a maximizar la cuota de mercado, con respecto a la<br />

competencia; e) una política de dividendos que, al definir la tasa de retención de utilidades,<br />

determine el autofinanciamiento y, en consecuencia, el crecimiento. Este conjunto de intervenciones<br />

contribuye a modificar las condiciones de generación y realización de valor. La ventaja<br />

competitiva permite obtener una tasa de rendimiento superior a la media (normal) del sector de<br />

actividad y, por tanto, obtener superganancias. La reducción de los riesgos implica, asimismo,<br />

disminución de los costos de financiamiento y, por ende, de las transferencias de renta financiera,<br />

con lo cual se maximiza la parte del excedente que se mantiene como utilidad para la<br />

empresa. La estrategia de producto y la estrategia de mercadeo permiten maximizar la diferencia<br />

entre precio de producción y precio de mercado. La política de menores dividendos reduce el<br />

consumo capitalista en beneficio de la reinversión y, en consecuencia, del aumento de la tasa de<br />

acumulación.<br />

– Intervenciones de tipo externo. Consisten en el ingreso de la empresa a nuevos mercados o segmentos<br />

de estos, o en su salida de aquellos en que opera. Se realizan a través de la adquisición<br />

o la fusión con otras empresas o partes de ellas, y también mediante la venta de participaciones o<br />

de otros bienes o componentes de la empresa que se consideren superfluos a los fines de alcanzar<br />

sus objetivos. Apuntemos aquí que Marx señala cómo la expropiación de los pequeños capitalistas<br />

por la intervención de los grandes –hecho que acelera la centralización del capital– se deriva<br />

de la reducción de la tasa de ganancia, consecuencia a su vez de las presiones competitivas de las<br />

empresas. Sin embargo, este mismo proceso acelera la masa de la acumulación, aun cuando su<br />

tasa, ligada a la tasa de ganancia, esté disminuyendo 25 .<br />

– Intervenciones de reestructuración financiera y societaria. Las primeras se caracterizan por una<br />

modificación de la estructura financiera, o también solamente de la composición del capital<br />

propio o del capital de crédito. Las segundas refieren al logro de las potenciales sinergias que se<br />

podrían obtener con operaciones de adquisición y fusión con otras sociedades que operen en<br />

mercados más o menos vinculados.<br />

2. El mérito por la citada diferenciación de categorías ha de atribuirse a Copeland, Koller y Murrin<br />

(2002). De hecho, en su texto sobre el valor de la empresa se analiza primero la conducta estratégica y<br />

operativa del director general de una sociedad multibusiness y, de seguidas, se reelaboran y clasifican las<br />

intervenciones capaces de crear valor.<br />

En esta obra, además, se presenta un modelo denominado Pentágono para la valoración de las oportunidades<br />

de reestructuración, que puede ser de ayuda para poner en práctica el método del valor y para<br />

escoger la estrategia más conveniente desde el punto de vista económico:<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

209


Valor actual de mercado<br />

1<br />

Divergencias<br />

de percepción<br />

Máximo valor potencial para<br />

un takeover<br />

Valor de la<br />

empresa tal como<br />

se encuentra<br />

(valor efectivo)<br />

2<br />

5<br />

Valor óptimo<br />

tras la<br />

reestructuración<br />

Oportunidades<br />

estratégicas y operativas<br />

Oportunidades de<br />

reestructuración financiera<br />

de la empresa<br />

Valor potencial con<br />

mejoramientos externos<br />

3 4<br />

Oportunidades de<br />

venta-adquisición<br />

Valor potencial con<br />

mejoramientos internos<br />

Fuente: Copeland, Koller y Murrin (2002).<br />

Este modelo pentagonal sobre la creación de valor permite a la gerencia observar la empresa desde<br />

un punto de vista particularmente crítico: el de un hipotético comprador que pone en marcha un<br />

proceso sistemático de adquisición de acciones para llegar a controlarla (takeover). Esto conlleva, por<br />

una parte, a constatar las lagunas y puntos débiles de la compañía y, por la otra, a analizar mejor las<br />

preferencias de los accionistas. Los vértices del pentágono hacen referencia al proceso de valorización<br />

del capital en una situación de competencia abierta y en dinámicas sectoriales diversas.<br />

El valor actual de mercado y el valor efectivo reflejan el valor actual del capital y se diferencian solo<br />

por la tasa de descuento o devaluación del capital percibido. El valor potencial con mejoramientos internos<br />

solamente puede ser superior al anterior si existen condiciones sociales que permitan obtener un<br />

incremento en la plusvalía relativa. El valor potencial con mejoramientos externos incluye el cálculo del<br />

rendimiento potencial de la relación del capital con los activos-inversiones de la empresa en cuestión.<br />

El valor óptimo tras la reestructuración es superior al anterior si la centralización efectuada mejora la<br />

relación de fuerzas con el capital financiero y reduce el débito que este deduce –en forma de renta<br />

financiera– de las ganancias de la empresa. En la consideración del valor de mercado se incluye, por<br />

tanto, la diferencia entre el valor actual de su actividad y la rentabilidad potencial, mejorada esta última<br />

por medio de un proceso de intensificación de la explotación del trabajo y de otros cambios –tanto en<br />

las condiciones de competencia intrasectorial como en el rendimiento neto a través de transferencias<br />

de renta– realizables por vía de la centralización del capital.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

210


Por tanto, según este modelo, el primer elemento que se debe determinar –sobre la base de las estrategias<br />

internas en curso– es el valor efectivo de la empresa. Luego, al confrontarlo con el valor actual<br />

de mercado –obtenido directamente de la cotización corriente de las acciones–, se puede verificar si<br />

entre ambos valores existen divergencias, que se generan a partir de las diferentes percepciones que,<br />

con respecto a la visión interna, tienen los accionistas, los mercados financieros y el ambiente externo.<br />

Si entre el valor efectivo (el que tiene la compañía tal como está) y el de mercado hay una divergencia<br />

negativa, la empresa se encontrará en riesgo de ser objeto de un intento de compra o toma de control<br />

(takeover), y se deberá entonces proceder a una mejor gestión de las actividades. Resulta entonces<br />

necesario eliminar esa divergencia a través de la búsqueda sistemática de posibles oportunidades para<br />

aumentar el valor. Esas oportunidades, que se dividen en las tres categorías anteriormente citadas, son<br />

analizadas en un orden preciso: oportunidades realizables con mejoramientos internos, oportunidades<br />

ejecutables con mejoramientos externos y, finalmente, oportunidades concretables mediante operaciones<br />

de reestructuración.<br />

Por medio del análisis de las posibles mejoras internas se identifican y evalúan las principales palancas<br />

de que dispone la empresa para alcanzar su valor potencial. Ejemplos de esas palancas son la<br />

reducción de los costos operativos, el aumento de la eficacia en las actividades de investigación y<br />

desarrollo, o la puesta en marcha de una política de mercadeo más efectiva para aumentar los ingresos<br />

(punto 3 del pentágono de reestructuración).<br />

En la fase siguiente (punto 4 del pentágono) se considera el potencial incremento del valor de la<br />

compañía que podría lograr la gerencia con toda una serie de posibles mejoras externas; por ejemplo,<br />

la adquisición o la venta de actividades o de áreas enteras del negocio.<br />

Por último, la empresa puede también alcanzar su máximo valor potencial (punto 5 del pentágono)<br />

mediante un cambio en su estructura financiera, sea por vía de la disminución del costo del capital o de<br />

su recomposición. El hipotético comprador podría entonces renunciar a su propósito, al desaparecer<br />

su eventual ganancia: la constituida por la diferencia entre el valor de mercado y el valor real de la<br />

compañía reestructurada 26 .<br />

3. Llegados aquí, resulta indispensable circunscribir y definir el objeto del que estamos hablando: el<br />

concepto de valor de la empresa. El valor es el fruto de una estimación que puede hacerse en cualquier<br />

momento, en relación con determinadas exigencias. Valorar una compañía significa apelar a conceptos,<br />

criterios y métodos aptos para dar cuenta de una medida del capital; medida que ha de estar<br />

dotada de:<br />

– Racionalidad: debe derivar de un proyecto claro.<br />

– Demostrabilidad: debe ser posible atribuir valores controlables a los parámetros y a<br />

las variables.<br />

– Objetividad: ha de excluir el influjo perturbador de quien hace la estimación.<br />

– Estabilidad: no puede sufrir variaciones continuas por cambios de opinión.<br />

Pero el factor que le imprime realismo a esa valoración es necesariamente, como ya se ha dicho, el<br />

contenido de los recursos del capital intangible, ligados al conocimiento, al capital intelectual.<br />

¿Cómo valorar y cuantificar esa forma de capital?<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

211


Hay quienes no consideran muy ventajoso el invertir en la comunicación, en el capital intelectual,<br />

en el conocimiento, pues no ven los beneficios que se puedan derivar de ello. Por tal razón, muchos<br />

empresarios siguen prefiriendo las inversiones en “recursos financieros y materiales”, como dinero y<br />

maquinarias, inventarios, etcétera 27 . Sin embargo, “el capital fijo hoy necesario para crear riqueza no<br />

es la tierra ni el trabajo físico, ni las máquinas-herramientas ni las plantas fabriles: es un capital hecho<br />

de conocimiento” (Stewart, 1999: 8). Pero, ¿qué tanto de este capital está oculto y cómo se le puede<br />

clasificar?<br />

Para responder a esa pregunta hay que recordar que el capital intelectual se distingue por:<br />

a) El conjunto semipermanente del saber: en sustancia, la experiencia adquirida en el tiempo a través<br />

de la utilización del personal técnico interno, de gerentes y dirigentes, de obreros, empleados<br />

y cuadros, de consultores externos y de intelectuales “de área” disponibles y condescendientes.<br />

b) Los medios que acrecientan el conjunto del saber, como datos, conocimientos e informaciones,<br />

comunicaciones que “forman” a los trabajadores en la cultura de empresa gracias al papel desempeñado<br />

por los intelectuales homologados, internos y externos.<br />

Es fundamental, entonces, brindar a los trabajadores una formación adecuada, que les permita<br />

contribuir con ideas y soluciones a resolver los problemas y posibilitar una mejoría de la eficiencia<br />

productiva, de manera que asuman también ellos el papel de capital intelectual homologado.<br />

Se forma así el capital intelectual humano, un capital homologado a los esquemas de valores del<br />

totalitarismo capitalista por medio de la comunicación desviante estratégica y del propio capital intelectual<br />

homologado.<br />

2.6. La valoración de la empresa<br />

1. El desarrollo de la teoría de la creación de valor ha suscitado, como lógica consecuencia, el interés<br />

tanto del mundo académico como del gerencial-operativo por los métodos de valoración empresarial.<br />

Para valorar una compañía hay que tomar en cuenta todos los elementos que la componen, lo<br />

cual conduce a la estimación de su capital económico. Esa estimación puede ser obtenida mediante<br />

métodos directos e indirectos de valoración.<br />

Los primeros son aquellos que refieren a valuaciones efectuadas por el mercado. Por esa vía resulta<br />

fácil precisar el valor de las sociedades cotizadas en la bolsa, mientras que para aquellas cuyas<br />

acciones no se transan en el mercado, el único referente son los precios efectivamente pagados<br />

por ellas.<br />

Sin embargo, los métodos directos se revelan poco confiables. En efecto, el valor negociado en<br />

el mercado está frecuentemente condicionado por circunstancias subjetivas de negociación, muchas<br />

veces transitorias y contingentes. Además, es bueno precisar que las negociaciones desarrolladas en las<br />

bolsas europeas (excluida la inglesa) tienen por objeto, en lo cuantitativo, partidas más bien modestas<br />

y limitadas de títulos accionarios, que representan solo una pequeña parte del capital propio de las<br />

sociedades en cuestión. Eso significa que los precios de esos títulos no pueden dar cuenta del valor de<br />

una participación mayoritaria o de control y, por tanto, no son idóneos para facilitar la estimación del<br />

capital económico de una compañía. Se hace entonces necesario recurrir a metodologías indirectas,<br />

que no se basan en los datos del mercado.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

212


2. En general, este tipo de evaluaciones se plantea cuando resulta necesario:<br />

– Determinar si la compañía está en riesgo de sufrir un intento de compra hostil.<br />

– Establecer el precio de compras y ventas.<br />

– Precisar el precio de colocación para la cotización en bolsa.<br />

– Recurrir a un aumento del capital por pagar.<br />

– Estimar el momento oportuno para efectuar esa inversión de capital (Calori y Ubago Vivas,<br />

1990).<br />

Los métodos indirectos son procedimientos típicos para la estimación del capital económico. Se<br />

basan fundamentalmente en tres tipos de información:<br />

– Financiera: los flujos de caja que generarán, en el futuro, las inversiones acordadas.<br />

– Rentística: las rentas que producirán esas inversiones, también en un futuro.<br />

– Patrimonial: el valor patrimonial actual de las inversiones escogidas.<br />

Del uso de cada uno de estos tipos de información, toman nombre los siguientes métodos de valorización<br />

indirecta del capital económico: método patrimonial, método rentístico y método financiero.<br />

2.6.1. El método patrimonial<br />

1. El método patrimonial es el más simple y el más utilizado en la evaluación empresarial. Equipara<br />

el valor de una compañía con el de su patrimonio; a la par, pues, del valor del capital neto rectificado<br />

(rectificado por el eventual ajuste de los activos a los valores de mercado y de los pasivos a los valores<br />

de liquidación).<br />

El método patrimonial define el capital neto de balance como la diferencia entre los elementos<br />

activos y pasivos del capital de la empresa. En particular, al analizar esto último, se procede a la revisión<br />

contable de los elementos activos y pasivos y a la reformulación a valores corrientes de cada uno de los<br />

elementos activos no monetarios (por ejemplo, los inmobilizados técnicos) y pasivos del patrimonio,<br />

para determinar así una serie de plusvalías y minusvalías. De manera que el capital neto del balance de<br />

ejercicio nos informa sobre el estado actual del uso de las inversiones y de sus fuentes, pero no acerca<br />

de su valor de mercado (valor corriente); en consecuencia, se hace necesario transformar su valor<br />

contable en valor corriente, a través de las siguientes operaciones:<br />

a) Revisiones contables de cada elemento activo y pasivo.<br />

b) Reformulación a valores corrientes de los elementos activos no monetarios, para determinar así<br />

plusvalías o minusvalías.<br />

c) Actualización del valor de los débitos y créditos sin intereses.<br />

Más allá de este método de valoración patrimonial, definido como “simple” porque contempla en<br />

los activos solo los bienes materiales –además de los créditos y la liquidez–, existe también el método<br />

patrimonial complejo, así denominado porque comprende asimismo la valorización de los bienes<br />

inmateriales no contabilizados (marcas, capital humano, tecnología, etcétera). Este último se utiliza<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

213


cuando los bienes inmateriales adquieren una notable importancia, es decir, cuando se les considera la<br />

fuente más importante para el éxito a largo plazo.<br />

2. Naturalmente, los bienes inmateriales están sobre todo relacionados con las áreas de mercadeo<br />

y de tecnología, y reflejan las condiciones relevantes para conservar y desarrollar la capacidad de renta<br />

de la empresa 28 .<br />

Estos métodos, aunque tienen aspectos positivos (la simplicidad, la capacidad de informar sobre la<br />

amplitud y la solidez patrimoniales de la compañía), presentan algunos importantes elementos negativos;<br />

en particular, al darle relevancia al costo individual de los elementos patrimoniales –por sobre la<br />

combinación de los factores productivos–, ignoran completamente los resultados que se obtendrán en<br />

el futuro, descuidando así el aspecto dinámico y limitándose, de hecho, a un análisis de estado, de tipo<br />

agregado, sin llegar al análisis de sistema.<br />

En conclusión, puede afirmarse que este método, a los fines de conocer el capital económico, es<br />

necesario, en tanto que dicho valor se origina en el patrimonio, pero no es suficiente, ya que, como se<br />

ha dicho, el valor del capital económico no depende solamente de los elementos patrimoniales, sino<br />

de cómo estos se integran y funcionan en el transcurso del tiempo.<br />

2.6.2. El método rentístico<br />

1. Para el método rentístico, el valor de una empresa está en función de su capacidad de producir<br />

rentas en el futuro. Ese valor puede entonces expresarse en la siguiente fórmula:<br />

W = f(R)<br />

Donde<br />

W = valor de la empresa.<br />

R = renta futura.<br />

Pero si bien es esta una fórmula de fácil enunciación y de inmediata comprensión, se constata<br />

enseguida que es difícil traducirla en términos de cálculo, por ser demasiado simplista y escasamente<br />

explicativa. A fin de determinar ese valor, hace falta entonces especificar:<br />

– La función que conecta a W con R.<br />

– La definición de los parámetros de la función escogida.<br />

– La manera en que R debe ser definida y medida.<br />

2. El riesgo general de una empresa se sintetiza en la posibilidad de sufrir en su gestión pérdidas<br />

que amenacen el capital propio y su remuneración. La recompensa que por ello se espera puede ser<br />

deducida de la apreciación global de dicho riesgo. Por tanto, para su estimación resultan determinantes<br />

no solo los elementos de riesgo internos y externos y sus posibles desarrollos futuros, sino también la<br />

intuición y la experiencia del evaluador (Guatri, 1994: 65-67) 29 .<br />

La valoración rentística presenta algunas limitaciones. En particular, descuida algunos aspectos de<br />

la realidad empresarial (los relativos a su potencialidad) y, además, adolece de algunas incertidumbres<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

214


y dificultades que se hacen patentes, por ejemplo, al momento de estimar la renta media-normal<br />

prospectiva y la tasa de capitalización (Paganelli,1990: 47).<br />

2.6.3. El valor neto actual o Net present value (método financiero)<br />

1. La literatura anglosajona, y en especial la norteamericana, ha identificado en el Net present value<br />

(NPV) –también conocido como modelo de flujos de caja netos y actualizados– el mejor método<br />

para determinar el valor de la empresa. De hecho, la sucesión de flujos netos de caja –a los que una<br />

empresa dará potencialmente origen en el curso de su vida– es considerada actualmente como el único<br />

parámetro que permite precisar correcta y objetivamente ese valor y sus variaciones.<br />

Al contrario de lo que ocurre con los métodos rentístico y patrimonial, la utilización de los flujos<br />

de caja permite superar las rigideces convencionales que introducen los principios contables para poder<br />

medir aquellos componentes de la renta que no tienen expresión monetaria (amortizaciones, aprovisionamientos,<br />

inventarios de almacén). Este método obliga a considerar todas las variables; vale decir,<br />

aquellas de las que se derivan los flujos de entrada y salida, que tienen la capacidad de crear (o destruir)<br />

valor, sin omisiones ni duplicaciones (Paganelli, 1990: 49).<br />

Para determinar el NPV es preciso actualizar los flujos de caja que se producirán en el futuro, a una<br />

tasa de interés que tenga en cuenta el nivel de riesgo y la inflación esperada. En lo sustancial, esa tasa de<br />

actualización está constituida por el costo del capital, de débito y de riesgo, que grava sobre la empresa.<br />

El esquema procedimental para obtener el flujo neto de caja es el siguiente:<br />

Cuadro 1<br />

Utilidad neta<br />

+ amortizaciones<br />

+ inversiones en capital fijo y circulante<br />

Flujo de caja operativo<br />

+ disponibilidad de caja<br />

+ capital social<br />

- rembolsos de préstamos<br />

Flujo de caja disponible<br />

- gastos discrecionales<br />

Flujo neto de caja<br />

Fuente: Calori y Ubago Vivas (1990).<br />

2. El monto del NPV, determinado de esa<br />

manera, puede tener signo positivo, negativo o<br />

neutro.<br />

En el primer caso, el flujo que prevé generar<br />

la empresa, dadas las previsiones de inversión, es<br />

positivo. Eso significa que crea valor en beneficio<br />

de los accionistas, por un monto que en números<br />

absolutos es igual al valor estimado del NPV.<br />

Esta afirmación puede ser fácilmente explicada si<br />

se analiza la tasa de actualización utilizada en el<br />

denominador del término NPV.<br />

Si el NPV presenta signo negativo, quiere decir<br />

que la empresa destruirá valor a menos que modifique<br />

los planes de acción preseleccionados. De<br />

otra forma, se entiende que no podrá perseguir los<br />

objetivos que se había planteado y que se expondrá<br />

de hecho al peligro de una compra hostil.<br />

Un valor nulo del NPV indica que si la empresa pusiera en marcha el plan previsto, no acrecentaría<br />

el valor económico de su propio capital, pero tampoco lo destruiría. En ese caso, en efecto, los flujos<br />

previstos serían suficientes para pagar los intereses pasivos a los acreedores, distribuir dividendos y<br />

recuperar las inversiones contempladas en la planificación, pero no dejarían beneficio alguno para el<br />

accionista. Sin embargo, conviene precisar que un plan de acción que prevea un flujo de caja nulo no es<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

215


descartable a priori, ya que en algunas situaciones, caracterizadas por una fuerte competencia, podría<br />

ser con frecuencia el único viable (Calori y Ubago Vivas, 1990).<br />

El NPV no es el único método de valoración financiera, aunque se le considera ya, en su ámbito,<br />

el único instrumento idóneo para medir el valor de la empresa. Sin embargo, en la literatura no todos<br />

concuerdan con este juicio. Guatri, en particular, pone en evidencia que solo es utilizable si el horizonte<br />

temporal del análisis es limitado, ya que la confiabilidad de las previsiones sobre los flujos de caja<br />

resulta inversamente proporcional al paso del tiempo (al pasar más allá de 10 años, existe el riesgo de<br />

hacer cálculos carentes por completo de significado). Además, las pruebas empíricas de comprobación<br />

del método no siempre se han demostrado confiables 30 .<br />

Por tanto, el método financiero depende de la norma de distribución de la plusvalía entre la utilidad<br />

neta empresarial y la renta financiera. En la fase de la globalización neoliberal, el incremento del peso<br />

de las rentas financieras ha deprimido el valor neto actual del capital productivo, sin que ello haya<br />

implicado una alteración previa en las condiciones de producción y generación de valor; alteración<br />

que solo se ha producido en las condiciones de distribución de la plusvalía entre el capital productivo<br />

y el capital financiero.<br />

2.6.4. El método mixto patrimonial-rentístico<br />

1. Los métodos mixtos han sido ampliamente discutidos por la doctrina y son muy aplicados en el<br />

perfil operativo. Se les define como mixtos en tanto que representan una mediación entre los métodos<br />

patrimoniales y los rentísticos.<br />

El más simple entre los mixtos es el llamado método del valor medio, que atribuye el mismo peso<br />

al componente patrimonial y al rentístico. En ese marco, el valor del capital económico viene dado por<br />

la media aritmética simple del valor del patrimonio neto rectificado y del valor de capitalización de la<br />

renta esperada, estimada mediante la fórmula de la renta perpetua (R/i).<br />

En otros métodos mixtos, ese valor es estimado autónomamente y en su monto completo. De ellos,<br />

los principales son:<br />

– El método de capitalización limitada de la ganancia media.<br />

– El método de capitalización ilimitada de la ganancia media.<br />

Si bien los métodos mixtos son fruto de un compromiso, presentan en su aplicación una validez<br />

suficiente para que, con las debidas limitaciones, sean todavía aplicables.<br />

2. En definitiva, los diversos métodos de valoración de la empresa se basan en la estimación del<br />

rendimiento objetivo del capital, tomando en consideración tanto la evolución pasada como las previsiones<br />

capitalistas de rendimiento futuro.<br />

Pero estos métodos no necesariamente estiman ese valor objetivo. Por una parte, como se ha señalado<br />

antes, la norma de distribución del excedente (es decir, de la plusvalía) entre ganancia empresarial<br />

y rentas, sobre todo financieras, modifica el rendimiento esperado de la inversión productiva. Y, sin<br />

embargo:<br />

Esto no afecta para nada el nivel de la cuota general de ganancia, pues para estos efectos la ganancia<br />

es igual a interés + ganancias de todas clases + renta del suelo, siendo indiferente, en cuanto a dicha<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

216


cuota general de ganancia, la distribución que de ella se haga entre estas diversas categorías (Marx,<br />

1978a, tomo III: cap. XIV).<br />

Por otra parte, el desarrollo del capital mediante acciones bursátiles supone algo más que una nueva<br />

forma de participación en la propiedad de los medios de producción y en el capital, es decir, en la<br />

ganancia. Su mera existencia distorsiona los cálculos contables sobre el valor de la empresa, ya que el<br />

rendir siempre una ganancia inferior a la media en forma de dividendo, permite una estimación de<br />

ese valor muy por encima del rendimiento real de la empresa, si se compara su ganancia media con el<br />

rendimiento (dividendo) proveniente del capital por acciones.<br />

Es precisamente esa la causa que se esconde tras el auge de la llamada new economy, basada en una<br />

capitalización bursátil de las empresas de comunicación e informática a un valor muy superior al real,<br />

es decir, al que se deriva de la explotación directa del trabajo. La dificultad de traducir en ganancia<br />

capitalista media esa valorización empresarial, explica a su vez el hundimiento de su cotización en una<br />

de las crisis de devaluación más agudas de las últimas décadas.<br />

3. La moderna teoría de la empresa no es capaz, sin embargo, de determinar cuál es el nivel que<br />

puede adoptar el llamado valor ampliado, ese valor agregado extendido que se expresa en el precio<br />

asignado a un proceso específico de organización del trabajo social.<br />

En ausencia de una teoría real del valor –como la del valor-trabajo–, la teoría de la creación de<br />

valor de empresa puede solamente especificar los mecanismos de manifestación de ese valor y lo hace<br />

elaborando diversas técnicas para cuantificarlo en un momento dado, a partir de las señales que emite<br />

el mercado.<br />

El mercado, por su parte, remite a las transacciones financieras, en tanto que en el capitalismo la<br />

eficacia en la asignación de cantidades de trabajo social a la producción de mercancías se expresa y<br />

cuantifica en forma de dos cantidades de dinero que se relacionan entre sí, D y D', entre las cuales la<br />

mediación del proceso de producción es contingente: en el ciclo D - M - D', lo que importa es únicamente<br />

que la relación [D' - D] = Δ > 0. Y por eso no se puede, ni siquiera, pasar por la cuantificación<br />

de la magnitud de un valor de uso nuevo para el mercado (X ), sino solo lograr la asignación de dos<br />

magnitudes diferentes en dos momentos distintos para la misma cantidad monetaria.<br />

En el capitalismo, el dinero genera más dinero. La empresa, cuantificada en dinero, se manifiesta en<br />

la circulación de bienes en forma de más dinero (D') que el valor de sus actividades materiales.<br />

Pero la magnitud de esta D', en la que se expresa el valor de la empresa, tiene algunos límites<br />

bien definidos por el proceso de valorización social o, propiamente, por el proceso de valoración del<br />

capital, por la capacidad de gestionar una parte del trabajo social y traducirlo en valores capitalistas, en<br />

mercancías de un valor acrecentado.<br />

El valor de mercado de una empresa, en última instancia, expresa el ritmo al cual ella incrementa la<br />

capacidad productiva del trabajo:<br />

Por aumento de la capacidad productiva del trabajo entendemos un cambio cualquiera sobrevenido<br />

en el proceso de trabajo, por virtud del cual se reduce el tiempo de trabajo socialmente necesario<br />

para la producción de una mercancía; es decir, gracias al cual una cantidad más pequeña de trabajo<br />

adquiere potencia suficiente para producir una cantidad mayor de valores de uso (Marx, 1978a,<br />

tomo I: cap. 10).<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

217


En definitiva, ese valor de mercado está en relación directa con la capacidad y velocidad con la<br />

que contribuye a incrementar la plusvalía relativa. O, lo que es lo mismo, el valor de cambio de esta<br />

expresión contingente de la fuerza social de trabajo que es la empresa aumenta en proporción inversa<br />

a su contribución a la reducción del valor de cambio de las mercancías en general, disminuyendo así la<br />

fuerza de trabajo, los medios de producción o ambos tipos de capital al mismo tiempo:<br />

Al capitalista que la produce le tiene sin cuidado, de suyo, el valor absoluto que la mercancía tenga.<br />

A él solo le interesa la plusvalía que encierra y que puede realizar en el mercado. La realización de<br />

la plusvalía incluye ya por sí misma la reposición del valor que se desembolsó. El hecho de que la<br />

plusvalía relativa aumente en razón directa al desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, mientras<br />

que el valor de las mercancías disminuye en razón inversa a este desarrollo, siendo, por tanto, el<br />

mismo proceso que abarata las mercancías el que hace aumentar la plusvalía contenida en ellas, nos<br />

aclara el misterio de que el capitalista, a quien solo interesa la producción de valor de cambio, tienda<br />

constantemente a reducir el valor de cambio de sus mercancías (Marx, 1978a, tomo I: cap. 10).<br />

Las diversas técnicas de determinación del valor de mercado de la empresa esconden así, bajo la<br />

cuestión del precio individual, la valorización social de la economía de recursos en la organización<br />

(actividad intangible) de la fuerza de trabajo social para la formación de nuevos contenidos de valor<br />

(valores de uso) en condiciones de mayor rentabilidad capitalista, es decir, de mayor producción de<br />

plusvalía relativa. Pero no debe olvidarse que:<br />

Toda empresa de producción de mercancías es, al mismo tiempo, una empresa de explotación de la<br />

fuerza de trabajo; pero bajo la producción capitalista de mercancías, la explotación se convierte en<br />

un sistema formidable que, al desarrollarse históricamente con la organización del proceso de trabajo<br />

y los progresos gigantescos de la técnica, revoluciona toda la estructura económica de la sociedad y<br />

eclipsa todas las épocas anteriores (Marx, 1978a, tomo II: cap. 1).<br />

Por tanto, la evolución del valor de la empresa debe reflejar, inmediatamente o en forma mediata,<br />

la evolución actual y potencial de la explotación del trabajo. Esta determinación se establece entre el<br />

valor de la empresa a breve plazo y el que ha de tener a largo plazo. Cuando se produce una evolución<br />

en la determinación del precio de las inversiones (actividades), acompañada por factores que modifican<br />

el precio en el breve plazo –factores vinculados a la oferta y la demanda de actividades empresariales,<br />

como la disponibilidad de fondos de inversión y de ahorro, la evolución de las cotizaciones bursátiles,<br />

etcétera–, podemos detectar una evolución a largo plazo, necesariamente influenciada por el rendimiento<br />

asociado a las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

218


— notas —<br />

1 Sobre estos temas, y también para lo que sigue, véase por ejemplo Vasapollo (1996) y Martufi, Vasapollo (1999; 2003).<br />

2 Que sigue siendo, con todo, muy aclamada, incluso en sus variantes extremas. Desde esa perspectiva, la propiedad privada<br />

de los medios de producción, tras la irrupción del gerente, ha dejado de ser relevante (si no en lo formal, al menos sustantivamente):<br />

esa propiedad ha sido despojada de todo poder dentro de la empresa. Y por eso, los gerentes no solo serían los<br />

nuevos empresarios –en lo cual se podría muy bien concordar–, sino que se habrían convertido también en los “patrones” de<br />

la empresa. Ferrarotti (2005) da continuidad a la tesis central de la revolución gerencial cuando escribe: “Se produce un divorcio<br />

clamoroso entre poder y propiedad. Los gerentes profesionales tienen el poder sin tener la propiedad. El accionista, incluso el<br />

gran accionista, debe delegar el poder: no siempre está en capacidad de controlar las decisiones cotidianas, y ni siquiera las<br />

estratégicas. Se convierte, cada vez más, en un propietario ausente, una figura desvaída, en vías de extinción”(10).<br />

3 Sobre las transformaciones en curso en el proceso de trabajo y sobre las técnicas de organización laboral y de taylorización<br />

de amplios sectores anteriormente ajenos a tan intensos grados de explotación, véase el bien compilado libro de Linhart y<br />

Moutet (2005).<br />

4 La familia Agnelli cuenta hoy con cerca de 200 miembros; los Michelin, industriales del caucho, son 400; los alemanes Haniel<br />

son ya 900 (Gallino, 2005: 70).<br />

5 Los estudios sobre las PYME y sus distritos abundan desde hace décadas. Para una profundización en la crisis de este modelo<br />

empresarial –crisis reconocida incluso por los máximos exponentes del Club de Distritos italiano– y sobre la necesidad de<br />

promover procesos de centralización e integración, remitimos al número 3-2002 de la revista Economia Italiana, del grupo<br />

bancario Capitalia, donde, entre otras, se encuentran intervenciones de Geronzi, Becattini, Bellandi y Onida.<br />

6 Para una explicación sociológica e histórico-materialista del fenómeno tangentopoli*** y de la experiencia de Manos Limpias,<br />

cfr. Carlo (2000: 266-272).<br />

7 Acerca del dominio social de la comunicación desviante, véase, también para lo que sigue, Martufi, Vasapollo (2000).<br />

8 Sobre tipologías de empresa, modelos decisorios y procesos valorativos, como también para lo que sigue, cfr. Alvaro, Vasapollo<br />

(1999).<br />

9 Si se habla de capital intelectual humano, la organización en redes resulta mucho más adecuada que la que se construye sobre<br />

bases jerárquicas. Las redes permiten relacionar a las personas entre sí, a través de datos e informaciones. En estas, al contrario<br />

de lo que sucede en los canales jerárquicos, la información puede llegar simultáneamente a todos los interesados, sorteando<br />

muchos pasos burocráticos; el control y la supervisión se ven reducidos, pero aumentan los resultados en términos de eficiencia<br />

empresarial.<br />

10 Los procesos decisorios de inversión deben, en todo caso, responder a requisitos que son de extrema importancia. Un primer<br />

aspecto es el que atañe al análisis de las tendencias previstas en materia de ventas y recuperación, de los cuales se obtiene una<br />

referencia inicial para los presupuestos operativos y de caja del ejercicio administrativo subsiguiente, útil a su vez para estimar<br />

el importe bruto de los financiamientos que las operaciones corrientes hacen posibles. Referencia básica de las inversiones,<br />

dicho importe suministra respuestas adecuadas acerca de la eficacia de las diversas formas de actividad empleadas. Se trata, en<br />

última instancia, de un test de decisiones sobre los posibles desempeños de las inversiones o desinversiones.<br />

11 La técnica de análisis de costos-beneficios permite confrontar inversiones diversas, independientemente de su tipología o del<br />

sector productivo al que pertenecen. No obstante, los proyectos de inversión difieren entre sí en razón del desembolso inicial,<br />

*** (n.t.) Tangentopoli deriva de tangente, comisión o soborno; Manos Limpias fue el nombre con que se conoció un célebre<br />

proceso anticorrupción a comienzos de los años noventa, de inmensa repercusión en Italia.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

219


de las características y los tiempos del flujo de caja, de la extensión de su vida económica y de la economía global que representen<br />

uno a uno. Vale también considerar la tesis, muy frecuente en la realidad, de que el análisis de costos-beneficios no<br />

necesariamente concierne a la confrontación de proyectos diferentes, sino que puede estar dirigido, como proceso decisorio,<br />

a la implementación –o no implementación– de un único proyecto de inversión; por ejemplo, a los fines de poner en marcha<br />

procesos de expansión o modificación de estructuras de un componente cualquiera del activo patrimonial o, por el contrario,<br />

perseverar en su estructura actual.<br />

12 Sobre este tema, cfr. Martufi, Vasapollo (1999; 2000b) y Vasapollo (1996).<br />

13 Sobre los temas que siguen, véase, por ejemplo, Alvaro, Vasapollo (1999).<br />

14 Obsérvese que las diversas configuraciones del capital que se suman en la valoración mercantil de la empresa expresan, en<br />

última instancia, la contribución relativa que esta hace al mejoramiento de las condiciones generales de valoración del capital,<br />

contribución que puede manifestarse por distintas vías: en el aumento del rendimiento de las restantes empresas, al liberarlas<br />

de parte de la competencia (capital de liquidación); en el reforzamiento del proceso de centralización y concentración de capital<br />

(capital de fusión); en la reducción de las rentas que pesan sobre las utilidades del capital productivo (capital de transformación);<br />

o en el potencial conjunto de todas estas vías de incremento del rendimiento del capital social (capital de venta).<br />

15 Véase al respecto Guatri, 1987.<br />

16 Cfr. Alvaro, Vasapollo (1999), también para lo que sigue acerca de los diversos métodos.<br />

17 Para una profundización en el tema del Estado social y las privatizaciones, como también para lo que sigue del texto, cfr. Martufi,<br />

Vasapollo (2003).<br />

18 Para profundizar también en el valor de la empresa y los problemas que ello plantea, cfr. Alvaro, Vasapollo (1999).<br />

19 Actualmente, gracias a la informática y a la innovación tecnológica en materia de productos y procesos, la inversión inicial es<br />

rápidamente recuperada –si el producto ha sido bien concebido– y debe entonces ser sustituida por una nueva serie de inversiones,<br />

si es que se quiere aumentar o al menos preservar la cuota de mercado, por una parte, y por otra el valor de la empresa.<br />

20 El valor de la empresa se diferencia de la renta financiera (D'-D) derivada de la actividad empresarial, incluida la renta futura,<br />

por incluir el conjunto de los activos tangibles e intangibles; vale decir, la organización colectiva del trabajo social, como una<br />

nueva mercancía que puede representar en sí misma un valor (de cambio).<br />

21 Cfr. Copeland, Koller, Murrin (2002: 21-40).<br />

22 Otro ejemplo es el que se verifica cuando el valor de las acciones que una sociedad mantiene en bolsa se incrementa por efecto<br />

del despido de personal, ya que la mejoría de los resultados de gestión hace más rentable la compra de esos títulos.<br />

23 Una valoración se define como general cuando se produce en situaciones normales, o sea, haciendo abstracción de toda<br />

contingencia; por ejemplo, cuando una compañía debe ser comprada o vendida. Una valoración racional implica que el procedimiento<br />

evaluatorio debe ser coherente, inteligible y compartible. Una valoración es demostrable y objetiva cuando los valores<br />

utilizados para obtenerla son suficientemente creíbles (Guatri, 1990: 15-16).<br />

24 No casualmente, la teoría de la creación de valor es conocida en Europa también como teoría de la creación y distribución de<br />

valor.<br />

25 Cfr. Marx (1978a, tomo III: cap. XV).<br />

26 Cfr. Copeland, Koller, Murrin (2002: 240-241).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

220


27 “Para resumirlo todo en una frase, capital intelectual es todo aquel material intelectual –saber, información, propiedad intelectual,<br />

experiencia– que puede ser puesto a punto para crear riqueza” (Stewart, 1999: 8).<br />

28 Un bien inmaterial debe presentar las siguientes características: 1) transferibilidad (tiene que ser cedible o traspasable a terceros);<br />

2) mensurabilidad; 3) debe estar en el origen de costos con utilidad diferida en el tiempo.<br />

29 La dificultad mayor, sin embargo, estriba en el hecho de que R no es la misma si la empresa mantiene su actividad como capital<br />

privado, independiente, o si incluye un proceso de centralización que modifique las condiciones de competencia en su sector<br />

de actividad específica.<br />

30 Se puede profundizar en esta temática consultado Guatri (1990: 185-188); el texto, además, sigue siendo referencia fundamental<br />

para la teoría de la creación de valor y los métodos evaluativos.<br />

POR UNA TEORÍA CRÍTICA DE LA EMPRESA<br />

221


Capítulo II<br />

LA EMPRESA SOCIALISTA: MICROECONOMÍA DEL SOCIALISMO<br />

1. Reglas básicas de funcionamiento<br />

1. El socialismo puede tener, sobre todo en el plano político-económico, un carácter más o menos<br />

centralizado o descentralizado, y asumir por tanto muy diversas modalidades de organización sin<br />

comprometer los principios básicos de funcionamiento del sistema. En lo que toca a la planificación,<br />

la relación entre centralización y descentralización es un debate que nunca se ha cerrado. En algunas<br />

ocasiones se ha señalado que el grado de centralización depende del nivel de desarrollo de las fuerzas<br />

productivas, de manera que en países subdesarrollados la planificación debe ser, en sus fases iniciales,<br />

fuertemente centralizada, con muy poca autonomía de las unidades productivas. Por el contrario,<br />

en condiciones de desarrollo y de acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, el<br />

mecanismo decisorio permite una mayor descentralización del proceso de planificación, sin que ello<br />

implique pérdida alguna de eficacia (obtención de los objetivos perseguidos) o de eficiencia (obtención<br />

de esos objetivos con el mínimo costo).


En todo caso, cualquiera que sea la modalidad de organización socialista de la economía, el ámbito<br />

individual de decisión de los agentes económicos –vale decir, de las unidades productivas (empresas)<br />

y de los trabajadores y ciudadanos– requiere el desarrollo de nuevas técnicas microeconómicas para la<br />

toma racional de decisiones, como lo subraya Hugo Pons en muchos de sus trabajos, a los que se hará<br />

frecuente referencia en este capítulo y en los sucesivos de esta tercera parte.<br />

En ese sentido, se debe diferenciar entre nacionalización y socialización de las empresas, ya que la<br />

desaparición de la propiedad privada de los medios de producción no implica su socialización inmediata.<br />

De hecho, la “propiedad estatal” no garantiza el control de los trabajadores sobre su propio trabajo,<br />

pues de no avanzarse en la democratización de las relaciones económicas, estos se encontrarán, respecto<br />

al producto de su trabajo, en una situación de alienación similar a la vivida bajo el capitalismo 1 . La<br />

propiedad estatal, en sí misma, no quiere decir nada, ni garantiza el socialismo. Ella solamente implica<br />

un proceso de centralización, en un único sujeto jurídico-económico, de una serie de capitales, cuya<br />

propiedad pasa de una pluralidad de sujetos titulares y cotitulares a manos de uno solo. Hay entonces<br />

una reductio ad unum de los sujetos titulares. No sirve de nada sostener –como sin embargo se hizo en<br />

el pasado– que el Estado socialista, al centralizar los poderes directivos y la propiedad de las empresas<br />

estatizadas, garantiza de por sí, como representante de los intereses de la mayoría de la población, un<br />

correcto desempeño de la actividad empresarial a los fines sociales. Antes bien, ese monopolio resulta<br />

peor que la competencia capitalista: si no es controlado directamente por las masas populares, no puede<br />

ser sino presagio de ulterior autoritarismo, burocratismo e ineficiencia. El socialismo, en cualquier<br />

nivel, no es pensable ni construible si no está fundado sobre una sólida base de democracia directa. Sin<br />

ese control democrático, la propiedad estatal termina por crear y privilegiar una nueva clase social, que<br />

surge de la gestión monopólica estatal de los medios de producción.<br />

Solo cuando se produce el control social sobre el proceso de producción, la posesión de los medios<br />

de producción es ejercida por las propias unidades productivas y estas, desde su entorno espacial, toman<br />

decisiones acerca de las inversiones y el cambio tecnológico, se puede hablar de autonomía relativa<br />

de dichas unidades; autonomía que puede estar acompañada –o no– de la correspondiente forma jurídica<br />

que garantice la condición de “sujeto jurídico” (Betterlheim, 1993: 101-110). Cuando se pasa a<br />

la socialización del proceso económico, la dimensión microeconómica adquiere más importancia. En esta<br />

fase, la planificación debe articular las decisiones macroeconómicas, propias del nivel global de<br />

producción, con las microeconómicas, relativas a la organización del proceso de trabajo y las referentes<br />

al consumo.<br />

2. En este campo, la primera gran diferencia entre el sistema capitalista y el socialista concierne a las<br />

decisiones sobre precios. En el capitalismo, como se ha dicho, esa decisión se establece mediante un<br />

procedimiento microeconómico, fragmentado a nivel de las empresas y de los sectores. Estos determinan<br />

las normas de distribución, las estructuras de costos y los niveles factibles de diferenciación de<br />

ganancias, que se expresan en forma de precio de mercado. Por el contrario, en el socialismo se habla<br />

de precios de producción macroeconómicos, que expresan la asignación relativa de tiempo de trabajo<br />

social en cada producción.<br />

Esa característica implica una diferencia enorme en materia de contabilidad empresarial. Los elementos<br />

financieros del análisis contable pierden en el socialismo importancia, en beneficio de criterios<br />

más técnicos, reales, que permiten el desarrollo de una contabilidad física en términos de tiempos de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

224


trabajo, calculados en forma directa e indirecta. No se trata de precios, sino de la contabilidad del<br />

vínculo entre unidades de producción; así, la agregación de las contabilidades de esas unidades deviene<br />

en un gran mapa de la contabilidad social. Las técnicas contables son sometidas a un cambio radical.<br />

Los libros de partida doble ceden su sitial de honor a las tablas microeconómicas de input-output.<br />

No es posible describir los desafíos teóricos y prácticos que plantea ese cambio. En breve recuento,<br />

de un lado vemos que la teoría económica convencional, que en el sistema capitalista cumple un<br />

papel principalmente apologético, encuentra en el socialismo una funcionalidad práctica; del otro,<br />

hallamos que en este último se tornan obsoletas las técnicas contables que conocemos en la empresa<br />

del sistema mercantil. Los criterios de eficiencia microeconómica reclaman una mayor atención. Una<br />

vez más, sin embargo, la eficiencia financiera se ve sustituida por la eficiencia real. El objetivo central<br />

del análisis “empresarial” es ahora la reducción de los consumos intermedios sin pérdida de eficacia y,<br />

naturalmente, se requiere desarrollar nuevas técnicas de internalización de las deseconomías externas,<br />

tales como los costos ambientales de la producción. Bajo el socialismo, los sistemas de contabilidad<br />

ambiental adquieren relevancia. Aunque estos existen desde hace un tiempo, no son factibles en un<br />

sistema de precios de mercado vinculados a la generación social con apropiación privada del valor<br />

agregado (Nardo, 1987: capítulos 26-27; Georgescu-Roegen, 1973).<br />

3. Otros elementos que experimentan una notable mutación en el sistema socialista son el contenido y<br />

la forma de las funciones de utilidad microeconómicas. El socialismo no solo mantiene la posibilidad<br />

de distribuir el tiempo entre ocio y trabajo, sino que se organiza, justamente, para ampliar progresivamente<br />

las posibilidades de escogencia de la población en torno a este asunto, que se convierte en<br />

objetivo central del aumento de la productividad 2 .<br />

Uno de los errores de los sistemas socialistas del siglo xx fue, precisamente, desconocer esta dimensión,<br />

esencial para mantener la motivación y el consenso social.<br />

En el capitalismo, la expresión de las necesidades (la función de utilidad) se cumple a posteriori,<br />

una vez efectuada la distribución del valor agregado. El límite de las necesidades es establecido para la<br />

persona por la renta de que dispone; si esta es nula o casi nula, incluso las manifestaciones de la necesidad<br />

de sobrevivir le serán negadas. El gasto a cuenta de la renta personal torna válidas las decisiones precedentes<br />

en materia de asignación del trabajo social. En el socialismo, por el contrario, la expresión de<br />

las necesidades se convierte en un input del proceso de toma de decisiones en la producción. Es sobre<br />

la base de las necesidades individuales y colectivas (sociales, empresariales, ambientales, etcétera), corporizadas<br />

en su expresión a través de procedimientos técnicos adecuados, que resulta posible planificar.<br />

Así, en lugar de una fundamentación microeconómica de la macroeconomía, como ocurre en<br />

un sistema descoordinado de decisiones privadas, el socialismo requiere una fundamentación macroeconómica<br />

de la microeconomía, en la que los precios se hacen endógenos y las decisiones sociales<br />

determinan las decisiones de las unidades de producción, al tiempo que las decisiones relativas a la<br />

función de utilidad personal, que se suman en forma de función agregada del bienestar social, orientan<br />

las decisiones de inversión.<br />

4. Los elementos aquí señalados son solo principios o reglas básicas de funcionamiento. Sin duda, son<br />

muchas las posibles formas de organización social del proceso de producción socialista. El debate reciente,<br />

posterior a la desaparición de los Gobiernos socialistas de tipo soviético, testimonia la existencia<br />

LA EMPRESA SOCIALISTA: MICROECONOMÍA DEL SOCIALISMO<br />

225


de posiciones relativamente divergentes. Partiendo de la inevitable centralidad de la democracia económica<br />

(Devine, 1998), los modelos propuestos divergen sustancialmente, desde aquellos que plantean<br />

un socialismo basado en la socialización de la inversión, pero que mantenga la independencia jurídica y<br />

social de las empresas, incluida la propiedad privada (Schweickart, 1996), hasta los que piden un socialismo<br />

descentralizado, con un sistema de planificación construido por agregación de abajo hacia arriba<br />

(Albert, Hanhel, 1991; Albert, 2003). Hay, también, quienes ven en el desarrollo de las tecnologías de<br />

la información y la comunicación una posibilidad de poner en marcha la planificación centralizada 3 .<br />

En última instancia, la sustitución del capitalismo por el socialismo es una cuestión política e<br />

histórica y exige una reflexión que se aleja de los objetivos del presente trabajo. Sin embargo, al señalar<br />

los principios económicos básicos de este sistema, queremos mostrar que existe una teoría económica<br />

del socialismo, que puede incluso adoptar parcialmente los instrumentos técnicos de la economía<br />

neoclásica; naturalmente, con otros fundamentos teórico-prácticos, diferentes a los de la economía<br />

capitalista que los vio nacer.<br />

2. Algunas reflexiones sobre el doble carácter del proceso<br />

de gestión pública de la empresa socialista<br />

2.1. Los estudios sobre las modalidades de acción de la empresa socialista<br />

1. El proceso de reforma de la Administración Pública ha suscitado, durante los últimos años, un<br />

fuerte interés entre profesionales y académicos, políticos y electores, ricos y pobres. La readaptación<br />

de sus elementos ha sido y es un objetivo en la mayor parte de los países, dadas las condiciones que<br />

ha impuesto el neoliberalismo. El estudio de la Administración Pública, fundamental también para<br />

comprender las modalidades de acción de la empresa socialista, ha adquirido con el tiempo un carácter<br />

multidisciplinario, con un continuo intercambio entre disciplinas (Stillman, 1991) que lo nutren de<br />

diversas maneras; así, por ejemplo:<br />

– De la ciencia política ha tomado debida nota de la importancia del poder, de la política misma<br />

y de las políticas públicas.<br />

– De la ciencia administrativa ha recibido elementos relativos a las funciones de gestión, a la toma<br />

de decisiones y a los sistemas de información.<br />

– De la sociología ha heredado elementos de aproximación a los sistemas, así como la valoración<br />

de la importancia de la teoría organizativa y de la teoría de los recursos humanos.<br />

– La historia, la economía y la psicología, finalmente, han introducido el análisis de las decisiones<br />

administrativas, los instrumentos económicos sobre finanzas públicas, sobre balances y sobre<br />

política fiscal, y los estudios acerca del comportamiento de los actores y de los grupos que<br />

forman parte de las organizaciones públicas.<br />

Partiendo de dichas consideraciones, se busca seguidamente evidenciar algunos aspectos que signan<br />

el actual proceso de desarrollo de la Administración Pública, particularmente en los países subdesarrollados.<br />

Se procura asimismo presentar algunas ideas que, dentro de una estructura adecuada y<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

226


en una primera aproximación al problema, contribuyan a un análisis lógico que ayude a explicar las<br />

particularidades del papel de la empresa socialista y de su aparente doble carácter.<br />

2. Estar de acuerdo con Stillman no es un buen motivo para dejar de analizar otras opiniones u otras<br />

reflexiones que difieren de esa multidisciplinariedad en el análisis del proceso del sector público, en<br />

particular del vinculado a las actividades de gestión pública en la sociedad capitalista. Es necesario, por<br />

ejemplo, tener presentes las consideraciones de aquellos que afirman (Henderson, 2003) que, desde<br />

el momento en que los economistas introdujeron las categorías de producto nacional bruto (PNB) y<br />

producto interno bruto (PIB), estas se han convertido en punto de referencia incontestable para los<br />

políticos de todo el mundo.<br />

Basada desde siempre en valores patriarcales, la economía ha ignorado el trabajo de las mujeres en<br />

la educación de los hijos, la asistencia a los ancianos o las labores comunitarias de carácter voluntario,<br />

actividades que se consideran “no económicas” en términos de PNB; mientras, por el contrario, son<br />

apreciados como “económicos” los valores monetarios alcanzados mediante la destrucción ambiental,<br />

las catástrofes y las guerras.<br />

Los economistas han pasado a formar parte de los organismos gubernamentales para impartir<br />

consejos acerca del crecimiento económico cuantitativo, sin cuidar de su compatibilidad ecosocial y<br />

desde ese enfoque han pretendido organizarlo todo, de la educación a la salud, de la asistencia social al<br />

sistema de pensiones, y hasta las políticas comerciales y militares.<br />

Las cifras del PNB y del PIB han dominado los vértices del Grupo de los Ocho 4 , también conocido<br />

como G-8. Los economistas teóricos y aplicados han sobresalido con respecto a sus críticos y sus rivales<br />

de otras disciplinas como la ciencia política, la sociología, la psicología, el derecho 5 , la antropología,<br />

la ecología, la termodinámica, las teorías de sistemas y del caos, y los han sustituido en materia de<br />

políticas públicas. Así, por ejemplo, armados con sus modelos econométricos sobre la inflación y la<br />

ocupación, han logrado que, mediante la introducción de las políticas restrictivas y monetaristas y con<br />

la financiarización neoliberal, se provoque el desempleo de millones de trabajadores, la miseria y el<br />

hambre para 80% de la población mundial 6 .<br />

Al evaluar el estado actual del desarrollo humano, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo<br />

(PNUD) pone el acento en las pésimas consecuencias derivadas de los años noventa (Capdevila,<br />

2003). En ese período se registró una fuerte diferencia entre los países del sur que crecieron de manera<br />

dinámica y los que permanecieron paralizados. Durante esa década, el índice de desarrollo humano<br />

disminuyó en 21 naciones. En el plano económico, 54 tuvieron una tasa de crecimiento negativa,<br />

la matrícula escolar disminuyó en 12 y en 14 aumentó la mortalidad infantil. En el mismo lapso, la<br />

pobreza se incrementó en 37 de los 67 Estados de los que hubo datos disponibles.<br />

Es evidente, entonces, que el punto de partida para analizar el proceso de gestión pública, en las<br />

condiciones presentes, radica en el hecho de que este se basa en el reforzamiento del papel de coerción<br />

y dominio ejercido, en primer lugar, a través de las políticas neoliberales que actualmente dominan el<br />

mundo. Esto lleva a los países subdesarrollados a una reducción virtual de su capacidad para afrontar,<br />

de manera unilateral, un proceso de Administración Pública en beneficio de sus propias compatibilidades<br />

ecosociales. El impacto de las relaciones internacionales sobre las relaciones internas de cada<br />

país se hace, en virtud de la óptica de mercado, cada vez más agudo, hasta cancelar para las economías<br />

dependientes toda especificidad de los mencionados procesos.<br />

LA EMPRESA SOCIALISTA: MICROECONOMÍA DEL SOCIALISMO<br />

227


2.2. El proceso de gestión pública<br />

1. Hay una cierta y reciente tendencia a caracterizar la gestión pública como una articulada multiplicidad<br />

de procesos que se circunscriben a la esfera de la actividad económica y social, pero que se articulan<br />

con la proyección exterior de la política de cada país. En este ámbito no se valora el impacto externo<br />

de las políticas nacionales. Todo ello asume expresión particular en los países subdesarrollados, donde<br />

condiciona la situación de dependencia respecto a las formas superiores de dominación ejercidas por<br />

los países capitalistas desarrollados.<br />

La fragmentación de los procesos y de los componentes de la Administración Pública es usada<br />

como instrumento de sumisión y de dislocación de los países subdesarrollados, para así reducir su<br />

capacidad de maniobra frente a las economías desarrolladas y sus instrumentos de poder.<br />

Por otra parte, se tiende siempre a menospreciar la interrelación de la gestión pública y la política<br />

pública, olvidando que son dos caras de una misma moneda: la Administración Pública. De la misma<br />

manera, para eliminar el carácter integral de esa gestión, se enmascara su condición global y se deja de<br />

lado que sus acciones y resultados deben ser medidos por el impacto social que tengan.<br />

2. La gestión pública es la puesta en marcha de recursos propios por parte de una autoridad pública,<br />

con el propósito de ejecutar proyectos concretos, específicos e individuales (Meny, Thoenig, 1992). Esa<br />

autoridad dispone de distintos medios –personas, materiales, una imagen o créditos financieros–, que<br />

utiliza para transformarlos en bienes y servicios capaces de satisfacer las necesidades de la sociedad en<br />

la que se cumple el proceso de gestión.<br />

Es posible también encontrar estudiosos del tema (Robbins, De Cenzo, 1996) que ponen el énfasis<br />

en la planificación, la organización, la dirección y el control, como elementos esenciales para alcanzar<br />

los objetivos de la gestión pública. A ese fin se considera que:<br />

a) La planificación abarca objetivos, establece estrategias y desarrolla planes para coordinar<br />

iniciativas.<br />

b) La organización determina qué se necesita, cómo se hará y quién lo hará.<br />

c) La dirección se ocupa de encauzar y motivar a todas las partes involucradas, de escoger los<br />

canales de comunicación más efectivos y de resolver los conflictos.<br />

d) El control permite hacer el seguimiento de las actividades, para garantizar que se cumplan tal<br />

como fue planificado y para corregir cualquier desviación significativa.<br />

3. No hay por qué no estar de acuerdo en el hecho de que muchas cosas han cambiado, durante el<br />

último cuarto de siglo, al influjo de la teoría y la práctica del Estado. Así, se ha puesto en tela de juicio<br />

el papel del sector público y sus mecanismos de intervención. El avance del proceso de globalización ha<br />

hecho que las transformaciones del Estado se tornen propicias para la difusión de ideas que prometen<br />

soluciones, no obstante su escasa fundamentación científica (Echevarría, 2001). A ello se puede agregar<br />

que la desaparición del campo socialista, por la derrota del socialismo en Europa, sepultó lo que<br />

aparentemente era un nuevo paradigma para el proceso de administración y gestión pública. Desde el<br />

punto de vista de esa gestión, es necesario señalar que los cambios no ocurren en la oscuridad y que<br />

los relativos a la Administración Pública no se producen en el contexto de las acciones burocráticas,<br />

técnicas o metodológicas. Los cambios producidos deben modificar profundamente la fisionomía, el<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

228


estado y la participación de las clases sociales y de los grupos profesionales (Espina Prieto, 1994), así<br />

como su dinámica interna y de cambio; además, deben también reflejar de manera diversa las diferentes<br />

generaciones de ciudadanos (Domínguez, 1994).<br />

4. A partir de los temas presentados, que permiten caracterizar la gestión pública, es necesario hacer<br />

también referencia a una concepción diferente, como es aquella que se determina en el momento en que<br />

se construye el socialismo. Desde ese punto de vista, es posible definir la gestión pública socialista como:<br />

el proceso en el que el conjunto de las reglas y las decisiones están dirigidas a incentivar y a coordinar<br />

acciones y recursos con un grado de eficiencia y eficacia tal, que contribuya a garantizar la satisfacción<br />

equitativa de las necesidades sociales, en un contexto de justicia social y donde la condición empresarial<br />

esté sujeta a la capacidad de aportar mayores beneficios materiales y espirituales, que garanticen una<br />

amplia reproducción de las condiciones socioeconómicas en las que actúa la sociedad, protegida por<br />

el contexto de sus propias restricciones jurídico-políticas (Pons, González, 2002).<br />

Al margen de las insuficiencias del modelo tradicional de intervención del Estado en el desarrollo<br />

económico y en el proceso social, como también de la incapacidad del modelo neoliberal, está demostrado<br />

que es necesario aumentar la eficiencia en los procesos de gestión pública, para impulsar su<br />

administración hacia el perfeccionamiento.<br />

Son dos los motivos que llevan a todo Estado a desarrollar un enfoque particular de la gestión y<br />

administración públicas. Por un lado, todo sistema político tiene sus propias tradiciones, sus características,<br />

su contextualización, sus condiciones; por el otro, no hay una sola forma o una mejor manera<br />

de administrar y dirigir el Gobierno y los asuntos públicos. Hay una capacidad o competencia de intervención,<br />

como conjunto articulado y diferenciado de ideas, de modelos y de proyectos, cada uno con<br />

sus ventajas y desventajas, sus debilidades y fortalezas. La unión o combinación de esos dos motivos se<br />

ha llevado a cabo de manera muy diversa en las distintas modalidades de gobierno de la Administración<br />

Pública y de sistemas de gestión pública existentes en el ámbito internacional. Ciertamente, se pueden<br />

encontrar algunas similitudes, pero incluso allí donde los sistemas políticos presentan características<br />

comunes –por ejemplo, el de cuño británico que rige en Canadá, Australia y Nueva Zelandia, además<br />

de la propia Gran Bretaña–, existen importantes diferencias, puestas de relieve por diferentes autores.<br />

5. La gestión pública actúa y se desarrolla en ámbitos sectoriales. Está constituida por los organismos e<br />

instituciones que tienen responsabilidades públicas hacia la población y, como tal, establece las reglas<br />

de buen comportamiento y de control de las iniciativas en beneficio colectivo, al tiempo que ofrece<br />

directamente servicios públicos en los casos que considera necesarios.<br />

La dimensión, la estructura y las características del sector público varían de un país a otro. La<br />

particularidad de esta gestión puede ser analizada a partir de su comportamiento estructural, pero ese<br />

análisis debe contemplar también su impacto social. Una de sus características, que puede ser reconocida<br />

socialmente, es la calidad y la eficacia del servicio que ofrece a la población. Hay que considerar<br />

que la gestión pública está sometida a continua y cotidiana supervisión en cuanto tiene que ver con los<br />

servicios que abarca o que están sujetos a sus reglas. De allí la necesidad de introducir innovaciones en<br />

los métodos y procedimientos de trabajo, que aumenten la calidad de ese servicio y su eficiencia,<br />

en función de satisfacer las exigencias de los ciudadanos.<br />

LA EMPRESA SOCIALISTA: MICROECONOMÍA DEL SOCIALISMO<br />

229


Se hace entonces necesario, para prestar atención a las necesidades y prioridades, establecer un<br />

estrecho nexo con las comunidades locales, aumentando la capacidad de respuesta a sus exigencias<br />

e informando oportunamente a las personas o agrupaciones, cuando no sea posible satisfacerlas por<br />

limitación de recursos u otras causas.<br />

Naturalmente, la calidad y la eficacia no están separadas de la eficiencia al momento de utilizar los recursos.<br />

Se puede ofrecer un servicio de calidad y hacerlo eficientemente dentro de los límites impuestos<br />

por la disponibilidad de recursos, siempre que se busquen soluciones idóneas para ello. La adopción de<br />

métodos modernos de dirección y organización puede ser particularmente útil a ese respecto, sobre todo<br />

al existir un mayor conocimiento y dominio de las actividades gracias al permanente progreso humano.<br />

6. Es sabido que en la gran mayoría de los países se exige al Estado la creación de condiciones para el<br />

buen funcionamiento de la gestión empresarial privada, y que ello se hace a costas de su papel en la<br />

distribución de los ingresos en favor de las grandes mayorías nacionales, lo cual está agravando los ya<br />

altísimos índices de pobreza y marginalidad. Por otro lado, está claro que los esfuerzos en ese sentido<br />

y los recursos destinados al desarrollo continúan siendo fundamentales y, sobre todo, que son un problema<br />

de naturaleza interna, más allá de las soluciones que planteen los capitales privados nacionales<br />

o las inversiones gubernamentales (Aguilera et al., 2001).<br />

En la realidad, en cambio, se ha creado un movimiento que apunta hacia la virtual extinción de la<br />

participación del Estado nacional, en favor del reforzamiento del poder del gran capital transnacional<br />

y de las oligarquías nacionales, cada vez más dependientes estas de aquel. En ese contexto se ha promovido<br />

la liberalización de los mercados, la desregulación y la privatización, mientras la equidad y la<br />

justicia social pasan a ser asuntos secundarios.<br />

La llamada crisis del Estado ha sumido a los países pobres y subdesarrollados en una posición de<br />

debilidad para todo lo que concierne a sus intereses nacionales frente al proceso de globalización neoliberal,<br />

limitando sus posibilidades de ejercer una política independiente, en favor de sus respectivas<br />

poblaciones, y empeorando su ya precaria situación en el plano económico y social.<br />

2.3. El impacto de los cambios en la participación del Estado<br />

1. Los cambios político-económicos que han tenido lugar en el plano internacional durante los últimos<br />

veinte años, han generado una concepción distinta del papel de lo público; a ese propósito ha sido<br />

acuñado el concepto de nueva Administración Pública, que pierde toda coherencia de no ser sustentado<br />

en los elementos de la nueva gestión pública.<br />

En realidad, la denominación asignada a este nuevo concepto elude a las raíces que determinan el<br />

carácter y las particularidades de los procesos de Administración Pública, así como el contenido de<br />

esas características.<br />

No obstante, las versiones y consideraciones coherentes con el advenimiento del modelo neoliberal,<br />

y con su impacto sociopolítico, pretenden identificar las potencialidades que ofrece la gestión empresarial<br />

con las de la gestión pública. Estas innovadoras versiones podrían ocultar algunas hipótesis y<br />

esconder ciertas intenciones (Barzelay, 1993):<br />

a) La tendencia que se manifiesta en el sector público de algunos países occidentales, donde el<br />

aparato ejecutivo del Estado ha sido transformado mediante la introducción de técnicas de<br />

gestión empresarial y de organización económica.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

230


) La identificación de la nueva gestión pública como perspectiva innovadora para el análisis y la<br />

comprensión de los problemas de Administración Pública; perspectiva cuya contribución se<br />

basaría en el empirismo y en la aplicación de valores tradicionales del modelo administrativo.<br />

c) La concepción de la nueva gestión pública como un modelo, es decir, como una serie de principios,<br />

de políticas y de técnicas que son considerados de nivel superior y cuya aplicación,<br />

implícita o explícita, sería recomendable.<br />

2. Una característica de la llamada nueva gestión pública es que, en lugar de plantearse como objetivo<br />

la transformación de las instituciones políticas dentro y fuera del poder ejecutivo, persigue la preservación<br />

y consolidación del poder político, en el sentido de que no contempla, para esas instituciones,<br />

cambios que puedan influir en sus basamentos, su distribución o sus formas de legitimación, como<br />

tampoco en la naturaleza del régimen político, en las relaciones entre los poderes del Estado, en la<br />

estructura territorial del poder o en los sistemas de representación. Por otra parte, las reformas sustanciales,<br />

lejos de concentrarse en el carácter institucional y en el papel del Estado, se focalizan en las<br />

políticas públicas, desde las económicas hasta las sectoriales en materia de educación, salud, vivienda<br />

y otras más.<br />

En lo esencial, es en los países subdesarrollados donde los cambios en la gestión pública han tenido<br />

manifestaciones más peculiares. El eje en torno al cual han girado estos cambios es la búsqueda de una<br />

estabilidad macroeconómica basada en la aplicación de medidas de carácter fiscal y monetario. Estas<br />

medidas, que se ciñen a las políticas neoliberales, han provocado la reducción del papel del Estado y<br />

el abandono, por parte de este, de importantes responsabilidades públicas. Las economías subdesarrolladas,<br />

sujetas a los flujos de financiamiento multilateral, provenientes de instituciones internacionales<br />

–como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial–, han terminado por encontrarse más<br />

destrozadas de lo que ya estaban, en la medida en que la aplicación de soluciones que propician la<br />

expansión del capital privado –y sobre todo de las transnacionales, como su forma más presente y<br />

organizada– ha conducido a una reducción del impacto positivo que para lo social podría tener la<br />

nueva gestión pública.<br />

Una vez más, el proceso mismo establece los límites de sus soluciones y crea las causas de su necesaria<br />

desaparición.<br />

2.4. Empresa pública socialista y relaciones socialistas de producción<br />

1. Hay una posibilidad de abordar, desde ese punto de vista, la dualidad del proceso que se cumple en<br />

la empresa socialista, en el sentido de que esta se desdobla en dos formas: la empresa gubernamental<br />

socialista y la empresa pública socialista.<br />

Desde esa perspectiva, el concepto de empresa pública socialista puede ser discutible. A primera vista<br />

aparece como un ente de carácter temporal, condicionado por una determinada etapa de evolución<br />

de las relaciones sociales en el proceso de construcción socialista.<br />

No obstante, hay aspectos que deben ser tomados en consideración y cuya explicación trasciende<br />

el objetivo de este libro:<br />

a) El concepto y el carácter del Estado como representante de los intereses de la clase que detenta<br />

el poder.<br />

b) Las particularidades propias del grado de maduración de la propiedad social socialista.<br />

LA EMPRESA SOCIALISTA: MICROECONOMÍA DEL SOCIALISMO<br />

231


c) El nivel, las formas y las soluciones en la realización de la propiedad social socialista.<br />

d) El nivel de desarrollo del proceso de socialización de la producción.<br />

Se hace entonces necesario introducir de inmediato aspectos estratégicos de análisis, en consideración<br />

del hecho de que el Estado desaparece o, mejor dicho, se extingue. Y si bien ello marca un<br />

nuevo escalón en el desarrollo humano, su concreción debe ser puesta en relación con la materialidad<br />

representada por la empresa pública.<br />

2. Este simple razonamiento se confronta con una pregunta: ¿será la empresa pública socialista la<br />

manifestación más avanzada de la maduración de las relaciones socialistas de producción, como expresión<br />

del carácter de las relaciones de propiedad? Obviamente, la respuesta requiere de un estudio más<br />

profundo. En todo caso, se pueden esbozar algunos elementos que habría que considerar:<br />

a) La empresa socialista constituye el eslabón de base de la economía; concentra y representa el<br />

peso fundamental de la propiedad socialista sobre los medios de producción más importantes.<br />

La empresa pública socialista basa la propiedad social en los medios llamados a satisfacer las necesidades<br />

fundamentales para el ejercicio de la calidad de vida del ciudadano, como la educación<br />

y la salud, y con ello puede representar el proceso de construcción del socialismo.<br />

b) La satisfacción de las necesidades básicas para la reproducción material de la sociedad está condicionada<br />

por el funcionamiento de la empresa estatal socialista; el producto que realiza debe<br />

estar, cualitativamente, en capacidad de contribuir al beneficio social a través del mercado, pero<br />

sobre todo de otros tipos de distribución con los que realiza el intercambio. La empresa pública<br />

satisface las necesidades fundamentales de la sociedad sin recurrir al intercambio, a través de<br />

la acción directa. No es lo mismo recibir las medicinas a través del mercado, de una red de<br />

distribución minoritaria que pertenece a una empresa estatal socialista, incluso subvencionada,<br />

que recibirlas directamente de las farmacias de los hospitales sin costo alguno para el paciente.<br />

c) Con la empresa estatal socialista se cumple una particularidad de la propiedad social socialista:<br />

mientras se manifiesta en el proceso de producción a través del mercado, introduce todavía<br />

un momento de compromiso, de mediación, en el carácter de la socialización de la propiedad<br />

socialista. No obstante, ella debe estar de inmediato en capacidad de realizar efectivamente la<br />

propiedad social socialista de una manera más directa y madura, al no existir ya la necesidad<br />

ni del mercado ni del cambio, para arribar así a una distribución social sin distinciones, que<br />

establezca como parámetro real la más completa equidad.<br />

Otros aspectos y contenidos pueden ser desarrollados con mayor profundidad. Por el momento,<br />

el objetivo es introducir solamente aquellos que nos resultan necesarios para extraer conclusiones y<br />

contribuir, de alguna manera, a desarrollar las bases conceptuales que nos permitan enfrentar y dar<br />

directamente respuesta a ideas distorsionadas y malintencionadas, que desvían los contenidos ideológicos<br />

propios del proceso de construcción socialista.<br />

3. Como posibilidades superiores de autogobierno de la sociedad, los modelos de organización<br />

socioeconómica y política del y para el pueblo deben marcar, de manera efectiva, la ruptura en la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

232


continuidad y el desarrollo de sus mecanismos de gobierno, por medio del reforzamiento de la acción<br />

colectiva y del perfeccionamiento innovador del principio de representación en la explicitación de la<br />

economía socialista sobre una base territorial.<br />

Junto con el reconocimiento de la diversidad de las comunidades –condicionadas por los principios<br />

históricos, las tradiciones, las relaciones económicas y los espacios geográficos, como también por<br />

intereses comunes–, es necesario adoptar para la economía un nuevo papel social, como parte del cual,<br />

de una manera u otra, se hagan propias las competencias gubernamentales en toda la actividad productiva<br />

y de servicios distribuida en el territorio y se vincule, además, todo ello a la actividad política<br />

de gobierno, a las organizaciones de masas y a las entidades económicas más importantes (Instituto de<br />

Filosofía, 1997).<br />

Por otra parte, en el proceso de construcción socialista la gestión pública debe mejorar el trabajo de<br />

dirección y administración de las entidades económicas de carácter local y diferenciar claramente las<br />

funciones de gobierno de las administrativas; ello a su vez hace posible erradicar el desdoblamiento y<br />

separar la gestión política pública de la gestión pública.<br />

Obviamente, la preminencia que corresponde a la primera, con el ejercicio del poder público,<br />

se materializa en la definición de las tendencias que se expresan en sus políticas, en la valoración de<br />

coyunturas y en las funciones de control, que pueden ejercerse en una dimensión más amplia. Como<br />

forma esencial de organización popular, la política de gobierno de la economía debe ejercer una acción<br />

preferencial en la gestión de las políticas públicas, al igual que un papel de análisis y de estímulo de ese<br />

proceso en su contexto.<br />

De esta manera, vista a través del prisma de las particularidades del proceso de construcción socialista,<br />

la gestión pública está en condiciones de alcanzar su verdadero objetivo.<br />

Se puede afirmar, además, que solo de esa manera se muestra ella realmente como algo nuevo y<br />

sustancial en el devenir de un proceso de globalización solidario y socialista, en el que lo global sean<br />

los derechos de la humanidad, como un alto grado de dignidad humana y un profundo contenido de<br />

equidad social.<br />

— notas —<br />

1 Véase el vívido recuento que del trabajo en la Hungría socialista hace Miklos Haraszti (1989), en el que se ilustra la alienación<br />

del individuo por parte de la máquina productiva estatal: “Al final, la única cosa que me ayuda es transformarme en máquina”<br />

(54); “arriba, en sus oficinas, en la cocina secreta de la economía” (138); “y cuando los jefes hablan de ‘nosotros’, la cosa se<br />

torna peligrosa, ya que sin duda significa ‘debemos sacrificarnos’, equivalente a ‘deben sacrificarse” (10).<br />

2 En la Crítica al Programa de Gotha, de 1875, Marx escribió: “En el seno de una sociedad colectivista, basada en la propiedad<br />

común de los medios de producción, los productores no cambian sus productos; el trabajo invertido en los productos no se presenta<br />

aquí, tampoco, como valor de estos productos, como una cualidad material, poseída por ellos, pues aquí, por oposición<br />

a lo que sucede en la sociedad capitalista, los trabajos individuales no forman ya parte integrante del trabajo común mediante<br />

un rodeo, sino directamente. La expresión ‘el fruto del trabajo’, ya hoy recusable por su ambigüedad, pierde así todo sentido.<br />

De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino, al contrario, de<br />

una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el<br />

económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede. Congruentemente con esto,<br />

en ella el productor individual obtiene de la sociedad –después de hechas las obligadas deducciones– exactamente lo que ha<br />

LA EMPRESA SOCIALISTA: MICROECONOMÍA DEL SOCIALISMO<br />

233


dado. Lo que el productor ha dado a la sociedad es su cuota individual de trabajo. Así, por ejemplo, la jornada social de trabajo<br />

se compone de la suma de las horas de trabajo individual; el tiempo individual de trabajo de cada productor por separado es la<br />

parte de la jornada social de trabajo que él aporta, su participación en ella. La sociedad le entrega un bono consignando que ha<br />

rendido tal o cual cantidad de trabajo (después de descontar lo que ha trabajado para el fondo común), y con este bono saca<br />

de los depósitos sociales de medios de consumo la parte equivalente a la cantidad de trabajo que rindió. La misma cantidad de<br />

trabajo que ha dado a la sociedad bajo una forma, la recibe de ésta bajo otra distinta. (…) En una fase superior de la sociedad<br />

comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo y, con ella, el<br />

contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera<br />

necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y<br />

corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte<br />

del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡Dé cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus<br />

necesidades!” (http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe3/mrxoe303.htm). *<br />

3 Cockshott, Cottrell (1993). Una primera presentación de estas posiciones puede encontrarse en Arriola (2006).<br />

4 Grupo de coordinación de políticas integrado por las que han sido consideradas como las principales potencias del mundo capitalista<br />

y que, en cierto sentido, dirigen la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Está compuesto<br />

por Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, Japón, Italia, Alemania y Rusia.<br />

5 En el mundo anglosajón, y desde hace algunos años también en Italia, halla cada vez más difusión el “análisis económico del<br />

derecho”, completamente fundado en metodologías neoclásicas, aun si con frecuencia mezclado con análisis institucional. Cfr.<br />

uno de los manuales más difundidos en Italia y en Estados Unidos: Cooter, Mattei, Monateri, Pardolesi, Ulen (1999).<br />

6 Además de lo ya señalado, vale la pena considerar el hecho de que el Fondo Monetario Internacional impone políticas de estabilización<br />

que deprimen todavía más las condiciones sociales en los países sometidos a su “cuidado”, tanto así como para dar<br />

razón a Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, cuando declara: “Si Argentina le hubiese hecho caso al Fondo Monetario<br />

Internacional, estaría ahora mucho peor”; o también al director del Centro de Desarrollo Internacional de Harvard, Jefrey Sachs,<br />

quien ha manifestado: “El FMI recomienda soluciones anticuadas o falsas: cura los síntomas, pero no las causas”.<br />

* (n.t.) [La presente versión en español fue tomada de www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

234


Capítulo III<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO<br />

DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

1. Evolución de las bases conceptuales de la Administración Pública<br />

1. En los estudios sobre organización de la Administración Pública 1 , a partir de los años cuarenta y<br />

todavía hoy, se difunden las teorías de Max Weber, por ese entonces ya muerto. Weber explicó lo que<br />

llamaba “modelo ideal” de burocracia, basado en la división del trabajo, en la jerarquización y en la<br />

existencia de reglas y normas, con énfasis en la comunicación escrita y los funcionarios competentes.<br />

La teoría de Weber 2 sobre la administración burocrática fue retomada, explicada o criticada a todo<br />

lo largo del siglo xx. Si bien su concepto de burocracia no fue un aporte nuevo (las jerarquías venían<br />

siendo utilizadas desde tiempos antiguos en la estructura militar y lo mismo cabe decir de normas y<br />

reglamentos), hay que recordar que sistematizó y caracterizó la estructura organizativa de la Administración<br />

Pública. Por otra parte, los análisis críticos de su obra se sostenían en el hecho de que en su<br />

visión la burocracia constituye una estructura despersonalizada y formal, que se refleja en los resultados<br />

de la gestión pública.


Tras el establecimiento del sistema socioeconómico capitalista, como ineludible consecuencia de<br />

la naturaleza de su base económica, la Administración Pública es esencialmente neutral durante su<br />

primera etapa. Más tarde, frente a la urgencia y las exigencias de la colectividad, desarrolla formas<br />

propias que tienden a convalidar su actividad, pero sin transformar la base en la que se apoya. Nacen<br />

así fórmulas, instrumentos sostenidos en el derecho administrativo capitalista.<br />

2. Si esa es, en lo fundamental, la situación que se presenta en la Administración Pública de los países<br />

capitalistas, no se puede dejar de mencionar la evolución de otra Administración Pública que,<br />

primero en la Unión Soviética y luego en los demás países del llamado campo socialista, habría podido<br />

crecer y consolidarse bajo principios de igualdad y justicia social para la mayoría de la población.<br />

La actividad administrativa de un país que ha escogido el socialismo como vía de desarrollo pone<br />

su acento, durante la primera etapa de transformación de la base económica, en la conversión de la<br />

propiedad de los medios e instrumentos de producción. A tal propósito, esa actividad se intensifica,<br />

en expansión de la ya creada en condiciones de capitalismo monopolista, para cambiar la estructura<br />

clasista –y, con ella, la de esa base económica–, al tiempo que establece una democracia de base, en<br />

oposición a la democracia burguesa.<br />

Esta nueva Administración Pública conlleva el despliegue de una actividad capaz de determinar los<br />

desafíos del nuevo sistema en su período de transición, así como de crear las condiciones para afirmar<br />

jurídicamente la construcción del socialismo (Garcini, 1982).<br />

Para esta nueva administración, la socialista, las formas y fórmulas adoptadas por su predecesora no<br />

son del todo adecuadas. Aunque su uso y aplicación puedan ser válidos en determinadas circunstancias<br />

y condiciones, según las particularidades de la etapa en curso y las necesidades coyunturales, en términos<br />

reales no son apropiadas. Su aplicación está históricamente condicionada.<br />

3. La crisis económica que estalla en los años setenta del pasado siglo, caracterizada en su última etapa<br />

por el estancamiento económico y la inflación (fenómeno combinatorio conocido como “estanflación”),<br />

golpea duramente al sistema capitalista, aun si no tan profundamente como la vivida entre<br />

1929 y 1933.<br />

Es por esos años cuando se ponen en boga las teorías del neoliberalismo, impulsadas por Milton Friedman<br />

y basadas en viejas doctrinas del liberalismo económico que se fueron desarrollando a partir de los<br />

años cincuenta, aun cuando durante todo el período keynesiano se mantuvieron en un segundo plano.<br />

Los neoliberales desprecian la teoría keynesiana, acusan al Estado de ser el responsable de la inflación<br />

existente y proponen un cambio en la forma de intervención estatal en la economía, por<br />

considerar que el único factor que regula esta última es el mercado. Entre otros aspectos, promueven<br />

la disminución del gasto público, con el argumento de que niveles elevados no incentivan el trabajo 3 .<br />

Todo ello implica, como consecuencia, la contradicción entre el desarrollo económico cuantitativo de<br />

un país y el bienestar real de la mayoría de sus ciudadanos.<br />

La política neoliberal 4 , hoy imperante en el mundo, tiene repercusiones directas en la Administración<br />

Pública. Se manifiesta en la actualidad una fuerte crisis de los servicios que el Estado, obligatoriamente,<br />

debe proveer a los ciudadanos. La falta de soluciones, ante problemas cada vez mayores, provoca la desilusión<br />

de las mayorías hacia las llamadas sociedades democráticas. Los pobres son los más golpeados,<br />

pero los sectores que sufren el deterioro de su calidad de vida están en continuo incremento 5 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

236


El neoliberalismo hace que el Estado se ubique cada vez más lejos de los intereses de la mayoría de<br />

la sociedad, y que sea con capacidad y empeño cada vez menores que se dedique a resolver sus problemas.<br />

Sobre la Administración Pública se descarga el descontento social, pero también mucho más que<br />

eso, si se tiene en cuenta que en muchos países ella se ha ido contaminando con el fenómeno de la<br />

corrupción, que corroe sus estructuras y su credibilidad.<br />

4. Sin embargo, habría que analizar otros factores que influyen en los cambios y las reformas que se<br />

vienen produciendo en la Administración Pública a partir de los años noventa del pasado siglo. Veamos<br />

algunos:<br />

– Las crisis económicas: se manifiestan como crisis fiscales e incrementan la deuda externa, los<br />

déficit presupuestarios, la desocupación y la inestabilidad, no solo económica sino también<br />

social. Indiscutiblemente, los Gobiernos deben afrontar esa realidad y su repercusión en la Administración<br />

Pública, que ve cada vez más restringidos los recursos que destina a la solución de<br />

los problemas de los ciudadanos.<br />

– La globalización neoliberal: “La globalización neoliberal constituye la más impúdica recolonización<br />

del Tercer Mundo” (Castro Ruz, 2003). Su consecuencia más directa es provocar la dependencia<br />

de la industria y de los mercados menos favorecidos, respecto a los grandes capitales de<br />

los países desarrollados, lo que brinda a estos la hegemonía mediante una mayor penetración<br />

y control de las economías nacionales. Aumenta el movimiento de capital internacional, pero<br />

no con la misma rapidez la producción y los servicios. Se establecen nuevos tratados comerciales,<br />

desventajosos para los países del Tercer Mundo. Los Estados nacionales van perdiendo su<br />

sustento económico, en un marco globalizado. Crisis de valores y de la cultura nacional. Todo<br />

esto impone cambios en la Administración Pública, por la necesidad de adecuarse a las nuevas<br />

demandas de un mundo globalizado. “La globalización neoliberal destruye rápidamente la naturaleza,<br />

envenena el aire y el agua, deforesta las tierras, desertifica y erosiona los suelos, agota<br />

y dilapida los recursos naturales, cambia el clima. ¿Cómo y de qué vivirán los 10 millardos de<br />

seres humanos que muy pronto seremos?” (Castro Ruz, 1999b) 6 .<br />

– Los cambios políticos de los años noventa: la caída de la Unión Soviética y la disgregación del campo<br />

socialista generaron cambios importantes en el marco político internacional, que repercutieron<br />

en los ámbitos económicos y sociales del planeta entero. Se modifica así la geografía política<br />

del mundo, se agudizan las contradicciones étnicas y religiosas y los conflictos territoriales. El<br />

planeta asume un carácter unipolar, que da vía libre a la política impuesta por las potencias<br />

imperialistas. La contradicción fundamental es ahora entre norte y sur, entre centro y periferia,<br />

entre áreas y países desarrollados y subdesarrollados. Al mismo tiempo surge en los movimientos<br />

de izquierda una crisis de escala mundial y aumenta el escepticismo ante las propuestas políticas<br />

de cambio.<br />

– El desarrollo técnico-científico: la revolución ocurrida en la esfera tecnológica, y fundamentalmente<br />

en las comunicaciones, repercute con fuerza en la Administración Pública de los distintos<br />

países. Las nuevas formas de control y seguridad de la información, más allá de permitir un mejor<br />

uso de la gestión administrativa, marcan cambios importantes en este campo. La informática<br />

se tradujo en modernización de los servicios públicos, si bien significó también la sustitución del<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

237


hombre por máquinas, con la consiguiente y frecuente desocupación allí donde los cambios no<br />

se sostuvieron en una política dirigida a enfrentar dicho problema.<br />

– La crisis de gobernabilidad: el término gobernabilidad empezó a utilizarse con fuerza en los años<br />

setenta, frente al deterioro de la autoridad de los partidos políticos, los líderes, las instituciones y<br />

los Gobiernos, que ponía en peligro la estabilidad del sistema político. Las políticas económicas<br />

introducidas producen mayores crisis de gobernabilidad, dado que deterioran las condiciones de<br />

vida y aumentan las contradicciones, la pobreza, la marginalidad y la desocupación, al tiempo<br />

que se reducen los servicios y la previsión social, se resquebraja el sistema social de relaciones y<br />

todo ello se transforma en descontento crecientemente manifiesto. Esta situación, que puede<br />

observarse fácilmente en todo el mundo capitalista –sea avanzado, intermedio o de bajo nivel<br />

de desarrollo–, reimpulsa la reacción de los diversos sectores de la población, que comienzan a<br />

reanimarse en busca de soluciones ante las ineficiencias del sistema.<br />

5. Todo lo antes dicho conlleva la búsqueda de cambios en el modo de administrar los recursos para el<br />

bienestar social. Nacen nuevas ideas, o renacen algunas ya experimentadas, con el objetivo de dar solución<br />

a las cambiantes situaciones que debe afrontar la humanidad. Las transformaciones o reformas que<br />

de allí derivan tienen por meta común alcanzar decisiones para adecuar la organización del servicio público<br />

en las estructuras del ejercicio de gobierno, en cuanto gestión política del Estado (Aucoin, 2001).<br />

2. Los procesos de reforma en la gestión pública para la construcción socialista<br />

1. Las reformas de la Administración Pública están condicionadas, en cada país, por la dependencia<br />

del Gobierno respecto a los grupos de poder 7 , por las condiciones sociales y económicas, por el papel<br />

de los líderes, etcétera, lo que implica que no existe una forma única de administrar los recursos en la<br />

función pública y que no podemos, entonces, hablar de modelos ideales o simplemente mejores.<br />

Algunos estudiosos 8 afrontan el análisis de esas reformas desde dos diferentes niveles, que se fundamentan<br />

en las categorías de eficiencia y eficacia. Con esa óptica, para evaluar la eficiencia se analiza<br />

el bajo rendimiento de la Administración Pública (en este caso preferimos referirnos al operador<br />

Administración Pública) en relación con su elevado gasto, y se toman en consideración la cantidad<br />

de funcionarios públicos existentes, el despilfarro de recursos y de energía institucional y el uso de<br />

técnicas administrativas obsoletas.<br />

A partir de ese análisis, se recomienda la aplicación de fórmulas de reordenamiento de los aparatos<br />

administrativos y el uso de técnicas y métodos modernos, orientados a la reducción de las estructuras<br />

de personal necesarias para su operatividad. En general, son acciones tendentes a la reducción de<br />

costos, con las cuales se limita la responsabilidad del Estado hacia la sociedad: sirven a veces como<br />

justificativo para evadir esa responsabilidad frente a los contribuyentes.<br />

Estos dos niveles de análisis condicionan a su vez un tercero que refiere a la crisis de legitimidad, el<br />

cual permite afirmar que la no credibilidad en la gestión de gobierno genera la necesidad de cambios<br />

en la Administración Pública, pero que, al mismo tiempo, la ineficiencia y la ineficacia provocan una<br />

ulterior desconfianza. Se desarrolla así un círculo vicioso.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

238


La crisis de legitimidad se deriva de la incapacidad del Estado para satisfacer las demandas de los<br />

ciudadanos y dar solución a los problemas más agobiantes de la sociedad. El intercambio políticoeconómico<br />

entre clase trabajadora y Estado, que es base del “compromiso histórico” en el mundo<br />

occidental –vale decir, el origen del welfare State–, se fundamenta precisamente en el reconocimiento<br />

político-jurídico de esa clase social, de las organizaciones que representan sus intereses (los sindicatos)<br />

y de su practicabilidad institucional, así como en la obtención, para ella, de sistemas asistenciales, de<br />

prevención y de pensiones, y en la existencia de servicios “gratuitos” (aunque, en verdad, estudios<br />

recientes demuestran que buena parte del “peso” del Estado social fue sostenido por las mismas clases<br />

subalternas; cfr. Shaikh, 2003) o a precios subvencionados. A cambio, la clase trabajadora garantiza el<br />

respeto a las reglas, la no conflictividad, relaciones laborales más mórbidas, el control de los focos revoltosos,<br />

la moderación salarial: en definitiva, la paz social. Roto ese equilibrio, difícilmente los actores<br />

logran recompensarse alternadamente y con mayor razón cuando el Estado, justamente en crisis de<br />

legitimidad, no consigue ya garantizar la contrapartida de la paz social.<br />

La ineficiencia de los métodos de ejercicio del poder provoca el cuestionamiento del papel del<br />

Estado. Esta crisis se manifiesta en la escasa participación de los ciudadanos en las elecciones y en las<br />

decisiones gubernamentales, lo que a su vez impulsa tendencias a ampliar la consulta popular. Como<br />

respuesta, surgen en la sociedad civil las organizaciones no gubernamentales (ONG) 9 , que promueven<br />

la participación colectiva y la instauración de métodos más democráticos para la toma de decisiones.<br />

2. Es posible ahora analizar las reformas que se están adelantando en la Administración Pública como<br />

respuesta a los problemas de eficiencia, eficacia y crisis de legitimidad (Aucoin, 2001):<br />

a) Restricción del gasto. Se manifiesta en la racionalización de los servicios; es decir, en el recorte<br />

de los servicios públicos, en la reducción de los aparatos administrativos, en la disminución del<br />

personal y en el desechamiento de nuevos proyectos. El análisis que conduce a la escogencia de<br />

estas medidas tiene por único punto de mira la eficiencia, entendida como racionalización de los<br />

recursos para obtener mayores resultados. Esto, lejos de resolver los problemas, los exacerba, aun<br />

cuando en muchos casos sea real y preocupante el aumento considerable de los costos públicos<br />

en instituciones momificadas por el exceso de estructuras, ineficientes en su nivel de dirección<br />

y no en su componente trabajo. Este tipo de reforma provoca el incremento del desempleo.<br />

Podemos citar como ejemplo las reformas ejecutadas en el Reino Unido durante el gobierno de<br />

Margaret Thatcher –un clásico de las reformas administrativas–, proceso en el cual el número<br />

de los empleados públicos se redujo de 750.000 a 500.000. Para 250.000 personas, eso significó,<br />

entonces, la pérdida del puesto de trabajo. Pero la reducción de los gastos se logra también<br />

al comprimir el costo del trabajo: no hay sino que pensar en los cambios que en el ámbito del<br />

trabajo siguen a la privatización de entes públicos (económicos o no) y a la externalización o tercerización<br />

de funciones. Cambia la relación laboral, cambia el respectivo contrato y empeoran<br />

o desaparecen las garantías que antes estuvieron aseguradas. Piénsese, si no, en el caso de Italia,<br />

donde la externalización se ha masificado incluso en la Administración Pública.<br />

b) Privatizaciones. Esta modalidad ha sido muy utilizada en países de América Latina y Europa<br />

10 : la venta de concesiones, a la empresa privada, para la prestación de servicios públicos; de<br />

esta manera se reducen costos –sobre todo el del trabajo y el de mantenimiento ordinario y<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

239


extraordinario– y el Estado se exime de la responsabilidad respectiva. Durante los años ochenta<br />

y noventa, en todos los países capitalistas, el Estado vendió a empresarios privados todo tipo de<br />

servicios (cementerios, autopistas, parques y jardines, empresas productoras de servicios) 11 , con<br />

lo cual muchas veces cedió partes de la soberanía nacional a otros Estados o a multinacionales.<br />

La venta de servicios públicos aporta inicialmente al Estado algún pequeño capital, pero esta<br />

opción se ha ido cerrando porque no queda ya mucho que privatizar.<br />

c) Cobertura. El análisis se confronta con la realidad actual: ¿servicios públicos para todos?, ¿servicios<br />

públicos solo para los más necesitados? Basta revisar algunas estadísticas de países latinoamericanos<br />

para darse cuenta de que con las privatizaciones, lejos de resolverse la situación<br />

social, se incrementan la pobreza, la desocupación, las perturbaciones sociales, las necesidades<br />

más urgentes de la población. Como paliativo para estos problemas, se crean entonces nuevas<br />

estructuras que regulan la actividad de la empresa privada en el sector público. Como parte del<br />

proceso de privatización, se establece también la competencia, que puede ser externa (entre los<br />

sectores público y privado, como por ejemplo en salud y educación) o interna (entre diversos<br />

organismos del sector público). La competencia resulta ser así el falso elemento caracterizador<br />

que mantiene determinados servicios en la esfera de uno u otro sector. ¿Pero cuál competencia?<br />

La privada, orientada a la ganancia y no a las necesidades sociales, incluida la competencia entre<br />

los empleados del sector, basada en “el empeño en hacer bien”. Los servicios a la población se<br />

rigen por las normas del mercado (Aucoin, 2000: 23) 12 .<br />

d) Subcontratación y externalización. Se subcontrata al sector privado para la prestación de servicios<br />

y productos, sobre todo a lo interno, es decir, en el aparato administrativo (limpieza,<br />

servicios informáticos, etcétera) 13 . Aunque esta modalidad no sea algo nuevo, sí alcanza nuevas<br />

cotas: actualmente se están subcontratando servicios tales como el control de las prisiones, con<br />

el objetivo de reducir costos.<br />

e) Reconversión. Se procede a la liberalización o creación de estructuras estatales que operan con<br />

cierta independencia, sujetas a las presiones del mercado. Por otra parte, con la intención de<br />

reestructurar el servicio público se crean organismos basados en el cumplimiento de tareas<br />

de mercado, con metas y presupuestos que se determinan de acuerdo con objetivos económicos,<br />

y no ya sociales. Este es el caso de las reformas adoptadas inicialmente en Gran Bretaña y Nueva<br />

Zelanda. Se manifiesta esto en algunos casos como un proceso de reestructuración, con cambios<br />

de proyecto y en la gestión de procesos y operaciones, que se traducen en disminución de<br />

personal y de los costos del trabajo.<br />

f) Politización de la burocracia. Se ignora la profesionalidad del servicio público, dado que se considera<br />

esto un obstáculo para el cambio y, en consecuencia, dejan de valorarse el mérito y el<br />

conocimiento adquirido por el personal. En su remplazo, algunos líderes políticos tienden a<br />

nombrar en esos cargos a dirigentes del sector privado o a seguidores de sus partidos (piénsese<br />

en el spoil system o clientelismo y en la consultoría externa). De esta manera, se promueve el<br />

favoritismo, elemento que conlleva, entre otros males, la corrupción del sector público.<br />

g) Descentralización del Estado. Esta reforma se manifiesta no solo en el área administrativa, sino<br />

también en la esfera económica, social e institucional, por lo que repercute en toda la estructura<br />

de la sociedad. Actuando contra el interés general, se reorganizan instrumentalmente las funciones<br />

para otorgar mayor posibilidad de decisión y de gestión a los entes locales y territoriales,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

240


a los organismos y sectores. Las medidas que tienden a la descentralización pretenden ofrecer a<br />

los ciudadanos una mayor participación en el campo de las decisiones y reforzar así el concepto<br />

de democracia 14 . Sin embargo, para que esto funcione en su plena dimensión, el Estado debe<br />

descentralizar recursos, lo que parece ser la parte más crítica del proceso 15 .<br />

3. Cuando se analizan las reformas que tienen lugar en la Administración Pública, el punto central<br />

es identificar los esfuerzos por asumir técnicas y procedimientos de la administración privada. La idea<br />

es “hacer el gobierno lo más parecido posible a los negocios”.<br />

No podemos negar algunas semejanzas entre el sector privado y el público, pero las diferencias entre<br />

ambos marcan un límite para la extrapolación de métodos; de otra forma, el Estado se transforma en<br />

empresa, y abandona así el interés general para asumir como central el interés privado de la empresa.<br />

Eso, justamente, es el profit State.<br />

El sector público tiene como objetivo fundamental y primario la prestación de servicios para alcanzar<br />

el bienestar social, y esto sobre la base del interés colectivo, no individual. Además, esos fines deben<br />

ser trazados por los Gobiernos centrales y locales, en representación de la sociedad.<br />

Por otra parte, en el análisis se considera como una importante diferencia la falta de responsabilidad<br />

del sector público para atender al tema de la eficiencia a partir de la rebaja de los costos, sea<br />

por escaso interés de sus funcionarios o por las repercusiones políticas de su propia gestión. Se olvida<br />

que los ingresos de la Administración Pública provienen de fondos también públicos; vale decir, de<br />

un aporte financiero que se cumple en términos de contribución social, precisamente para recibir<br />

ventajas sociales.<br />

La tendencia a recurrir a métodos del sector privado implica también la propuesta de que el sector<br />

público se rija por los mecanismos del mercado, de la oferta y la demanda, para así aceptar que sean<br />

el sistema de precios y la elección del consumidor los que eleven la oferta, y que sea la pertinencia del<br />

resultado económico, como objetivo, lo que haga caer la ineficiencia. Sin embargo, con la introducción<br />

de mecanismos de mercado en la Administración Pública se pone en peligro la satisfacción de las<br />

necesidades colectivas y el logro del bienestar social.<br />

Todo esto presupone la idea de que al asumir las técnicas y los métodos del sector privado se<br />

estaría reinventando la Administración Pública en clave de mercado. Lo que no es más que un absurdo<br />

conceptual.<br />

4. En el proceso de desarrollo de la Administración Pública contemporánea, el principio de la dicotomía<br />

política-administración constituye el objeto de un importante debate. La administración puede<br />

considerarse como algo separado y distinto, pero siempre subordinado a la guía política (Aucoin, 2000).<br />

La función de la Administración Pública se concentra en aconsejar a los dirigentes políticos y en<br />

hacer aplicar la ley. Esta diferencia de funciones no es absoluta, ya que existe una estrecha interrelación<br />

entre la información para quienes deciden y la aplicación de normas, reglamentos y leyes, lo que<br />

provoca en muchos casos que ambas se interfieran. Si bien este elemento constituye una forma ideal<br />

de manifestación de la Administración Pública, en la práctica se comporta de manera diferente y no<br />

siempre las funciones de ambas partes están bien delimitadas.<br />

Quien gobierna necesita de la Administración Pública para delinear sus propias políticas, pero por<br />

otra parte hay que estar siempre atentos a su buen funcionamiento, en función de los intereses sociales.<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

241


3. Validez, eficacia y eficiencia en la Administración Pública<br />

1. Detrás del accionar público en su conjunto están las particularidades que la propiedad imprime al<br />

proceso en sí mismo. De esta manera, el Gobierno puede influir en la propiedad privada mediante<br />

el sistema legal y los mecanismos regulatorios, con el otorgamiento de subsidios directos e indirectos<br />

(subsidios provistos por vía fiscal, también conocidos como costos y beneficios fiscales), a través de<br />

la concesión de créditos (directos o en forma de garantías crediticias) o por la provisión de servicios<br />

públicos (Stiglitz, 1988).<br />

Para el estudioso, se trata de analizar los orígenes del gasto público y su impacto en la sociedad<br />

en su conjunto. Eso conduce directamente a la determinación de la eficacia del Gobierno o, mejor,<br />

del Estado como productor y distribuidor de recursos en favor del bienestar social. De igual manera,<br />

la eficiencia en el sector público es función de la provisión de bienes y servicios en relación con los<br />

objetivos y con los recursos asignados: es esto lo que permite hablar de productividad, como bien se<br />

argumenta en The Search for Government Efficiency, la obra publicada por Downs y Larkey en 1986<br />

(Lane, 1995: 244).<br />

Considerada, pues, desde el punto de vista de la productividad, esa eficiencia se mide a partir de<br />

datos que cubren un determinado período, de duración generalmente intermedia. La validez, por otra<br />

parte, puede ser focalizada de modo directo, al preguntarse cuándo un programa alcanzará sus metas<br />

y objetivos (Trillo, 2002).<br />

Es así que las categorías económicas de validez, eficacia y eficiencia alcanzan una dimensión que<br />

trasciende su valor económico, para llegar a su verdadera dimensión social desde el momento en<br />

que expresan, de manera particular, las interrelaciones existentes entre la base económico-productiva<br />

y su proyección en el conjunto de relaciones –ciertamente no solo económicas– que determinan el<br />

sistema político.<br />

En el contexto de la actividad económica, es necesario tomar en cuenta algunos aspectos conceptuales<br />

que desempeñan un papel determinante en el comportamiento de la economía y en la valoración<br />

de sus resultados. Esto adquiere todavía mayor importancia en el caso de una práctica económica<br />

orientada hacia la equidad y la justicia social, en la consolidación de un modelo que satisfaga las<br />

verdaderas exigencias del desarrollo humano.<br />

Ese conjunto de medidas está condicionado por la objetividad de las metas y los fines trazados,<br />

cuya expresión se concreta en los planes a través de sus distintos niveles y escenarios. Eficacia, en otros<br />

términos, es aquello que demuestra el grado de dominio –entendido como máximo conocimiento–<br />

ejercido sobre el ambiente o, mejor dicho, el macroambiente económico-social, más allá de la claridad<br />

y precisión de sus proyecciones. En ese sentido, se debe hablar de diversos grados de eficacia o de logro<br />

porcentual de los objetivos. Puede suceder que dos instituciones alcancen el mismo objetivo utilizando<br />

una cantidad de recursos completamente distinta cada una. Al analizar la eficacia no se evaluarán los<br />

beneficios adicionales que se deriven del logro de los objetivos, ni la posibilidad de que existan fórmulas<br />

alternativas para alcanzarlos (Trillo, 2002).<br />

El análisis de la llamada productividad, en este caso como productividad parcial de los factores, puede<br />

contribuir a la solución del mencionado problema. Para ello es preciso disponer de indicadores que<br />

establezcan la relación entre el resultado y los recursos económicos y sociolaborales necesarios para<br />

obtenerlo. Sin embargo, los indicadores de productividad, generalmente, tienen como límite lo que<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

242


puede obtenerse y, por tanto, pueden existir dos indicadores iguales con niveles diferentes de ingresos<br />

y egresos. También puede suceder que unidades eficaces se clasifiquen en posiciones peores que otras<br />

porque no aprovechan todas las posibilidades de la producción. El problema podría resolverse si se<br />

establece una correlación entre los indicadores de eficacia y el costo de la prestación de servicios,<br />

mediante un análisis de costos-beneficios (entendidos también como costos y beneficios sociales).<br />

Tales categorías cumplen un papel crucial en la proyección, el análisis, la formulación, la implementación<br />

y evaluación de las políticas públicas y, sobre todo, de la económica. Es de particular importancia<br />

el tener presente, en el análisis del sector público, que la política económica es determinante<br />

para el desarrollo y la evolución de las demás políticas.<br />

Mientras la Administración Pública socialista se ejerce a través de la propiedad social sobre los medios<br />

de producción, concentrada en el Gobierno como representante de los intereses de la sociedad, en<br />

las sociedades de economía de mercado la posibilidad de proyectar o planificar la política económica<br />

está sujeta a la aceptación de los propietarios-empresarios, que están fragmentados y carecen de la identidad<br />

de intereses comunes. Eso hace que, en este caso, el peso fundamental de la reglamentación de las<br />

políticas públicas se concentre en la política fiscal. De cualquier modo, la prestación y la aplicación de<br />

esas políticas está ligada de manera indisoluble a una categoría fundamental: la eficiencia.<br />

2. Las decisiones relacionadas con cambios de política tienen efectos tanto en la equidad como en<br />

la eficiencia económica. Consecuentemente, la literatura relacionada con temas de políticas públicas<br />

afirma que esos criterios son los modelos de base para la evaluación del bienestar en la sociedad<br />

(Hernández, Granadillo, 2003). En concordancia con lo señalado por Joseph Stiglitz, Hernández y<br />

Granadillo (2003), hacen referencia a la diversidad –y controversialidad– de las opiniones que a ese<br />

respecto se expresan en los debates actuales sobre los efectos de las políticas públicas. Hay quienes dan<br />

mayor importancia a la reducción de la desigualdad, por considerar que es ese el problema fundamental<br />

de la sociedad, mientras otros afirman que lo esencial, a largo plazo, es la eficiencia, puesto que<br />

garantiza un aumento de los niveles de producción y de renta, que llevará a su vez a la disminución de<br />

las desigualdades.<br />

En su trabajo Análisis costo-beneficio, Hernández y Granadillo dejan entrever algunos aspectos que<br />

han estado presentes en la conceptualización de la eficiencia y que en su contenido se asocian inevitablemente<br />

con el “principio de Pareto”, cuyo postulado establece que una acción es eficiente u óptima<br />

si mejora la situación de personas o entes sin perjudicar o empeorar la de otros. Ese mismo principio<br />

establece que una asignación de recursos será mejor que otra si con ella al menos un individuo pasa<br />

a encontrarse en una situación mejor que con las otras, mientras los demás individuos se mantienen<br />

en idéntica situación. Sobre esta base, cualquier cambio que mejore al menos las condiciones de un<br />

individuo, sin empeorar las de los demás, constituye un mejoramiento del bienestar social. Por el<br />

contrario, un cambio que no mejore la situación de nadie y empeore al menos la de uno, constituye<br />

una disminución de ese bienestar social.<br />

3. Así, según este criterio, para que una economía sea eficiente debe satisfacer tres condiciones, a<br />

las cuales se alude, indistintamente, como condiciones para la optimización o la eficiencia de Pareto.<br />

Se trata de la eficiencia en la producción (o asignación de factores), la eficiencia en el intercambio<br />

(o el consumo) y la eficiencia conjunta de intercambio-producción. Una vez alcanzadas estas<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

243


condiciones, no es posible efectuar otras redistribuciones de bienes o consumos que resulten eficientes<br />

en el sentido de Pareto.<br />

La eficiencia económica es expresión de la racionalidad determinada por la obtención de resultados<br />

cada vez mayores con un menor costo en recursos, al focalizar la atención en la optimización de los<br />

resultados a partir de los recursos empleados. Esto implica que la eficiencia, en su proyección práctica,<br />

conlleva la comparación; en otros términos, su comportamiento expresa una tendencia. La noción de<br />

eficiencia económica introduce la relación entre producción y recursos, mediante la aplicación de un<br />

principio de comparación entre comportamientos diferentes. Desde la perspectiva del sector público,<br />

interesa esta visión de eficiencia relativa, puesto que no se sabe cuál será el mejor entre los posibles<br />

comportamientos (Trillo, 2002).<br />

Según muchos autores, sin embargo, el estudio de la eficiencia técnica o productiva debe centrar su<br />

atención en el uso de los recursos humanos, o del capital, para la producción de uno o más bienes y<br />

servicios. Habrá eficiencia técnica si es posible aumentar la producción a partir de un determinado<br />

nivel de recursos, o si es posible reducir el uso de estos para lograr un cierto nivel de producción.<br />

4. En el caso de una sociedad que construye el socialismo, la eficiencia es el objetivo central de la<br />

política económica y constituye una de sus más importantes potencialidades. Esta afirmación reclama<br />

de la sociedad un mejor uso de los recursos, el incremento de la productividad del trabajo, el logro de<br />

mejores resultados económicos, pero con un alto impacto de compatibilidad social y con costos menores,<br />

también aquí económicos y ecosociales a un tiempo. De esa manera, se tendrá un efecto positivo<br />

en el balance financiero, se facilitará la participación en el comercio internacional y el acceso a los<br />

mercados de capital y de inversión, y se equilibrará el efecto negativo de acciones que puedan ser<br />

adoptadas y aplicadas por los enemigos políticos contra el país y su soberanía nacional 16 .<br />

A partir de la infraestructura económica y social existente, así como de los recursos humanos y naturales<br />

y de un desarrollo técnico-científico que debe ser usado eficientemente, crece la importancia del<br />

análisis de los componentes subjetivos que están detrás de la categoría de eficiencia y, especialmente,<br />

la acción del hombre sobre el ambiente, la forma en que hace uso de los recursos, el modo en que los<br />

asigna, distribuye y consume, y el impacto global que en lo social tienen las relaciones y las actividades<br />

productivas y económicas.<br />

Los problemas materiales que afronta un país en vías de desarrollo están acompañados por deficiencias<br />

de funcionamiento e ineficiencias que a veces concurren para agravar las dificultades. Las insuficiencias<br />

en el control interno y la contabilidad, la mala práctica de proyectar actividades económicas<br />

y hacer planes sin medir los costos ni exigir calidad, la tendencia a tomar decisiones no coordinadas<br />

con los intereses sectoriales, territoriales o de empresa, el olvido de que la primera misión de todo ente<br />

productivo es contribuir cada vez más a resolver las necesidades económicas y sociales del país –y no de<br />

las multinacionales o de los países imperialistas y neocolonialistas–, la actitud de algunos funcionarios<br />

que se dejan engatusar con regalos o invitaciones, la falta de iniciativas o de voluntad para promoverlas<br />

y el no tomar decisiones en el tiempo justo, por descuido o por exceso de precaución, son fallas que<br />

tienen un impacto social negativo y atentan contra la eficiencia del proceso económico y social.<br />

Al igual que las transformaciones que se suceden, la eficiencia de la sociedad debe mostrarse siempre<br />

en todas sus dimensiones: en el plano macroeconómico, a través de los procesos de regulación que<br />

favorecen la estabilidad a ese nivel, que promueven y garantizan la acción equilibrada de las políticas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

244


económicas; en el plano de la microeconomía, con la aplicación de un conjunto articulado de medidas,<br />

integrado en el sistema de perfeccionamiento empresarial, que contribuya al incremento de la<br />

eficiencia en el proceso productivo, concebido este en su sentido más amplio, como interrelación de<br />

la producción, de la distribución y del consumo.<br />

Además, los elementos determinantes de la eficiencia no pueden referir solo a la reducción de<br />

costos y al margen de ganancia empresarial, ni hacer de esa reducción el instrumento fundamental para<br />

medirla. Las manifestaciones de la eficiencia deben alcanzar el plano institucional, mediante la simplificación<br />

del momento de la toma de decisiones, a fin de que estas sean las adecuadas y se asuman en el<br />

momento justo, para así poder responder lo más rápidamente posible, de la manera más objetiva y con<br />

los necesarios reglamentos, con estructuras apropiadas y formas organizativas idóneas, a las demandas<br />

de la sociedad. Responder, pues, no solo en términos directamente económicos, sino también en los de<br />

una equidad social entendida en su sentido más amplio.<br />

5. Finalmente, valga decir que para una sociedad que construye el socialismo, el concepto de eficiencia<br />

real debe estar estrechamente ligado a la calidad del consumo final, ya que la no satisfacción del consumo,<br />

tanto social como individual, y tanto cualitativa como cuantitativamente, conduce al despilfarro<br />

de recursos. De allí se deduce que la eficiencia, en términos prácticos, debe ser analizada en su doble<br />

expresión: como costo cada vez menor de los productos, gracias al aumento de la productividad, y<br />

como incremento cada vez mayor de la satisfacción de las necesidades de la población.<br />

La eficiencia económico-social es una categoría en la que debe basarse el análisis detallado y exhaustivo<br />

para describir la capacidad de los recursos y las condiciones que pueden, por una parte, ampliar la capacidad<br />

de respuesta frente a las amenazas externas y, por la otra, potenciar la independencia económica.<br />

4. La necesidad de establecer sistemas e indicadores de control<br />

1. En términos de economía de gestión, de eficiencia y eficacia, solo es posible obtener resultados<br />

cuando los dirigentes del servicio público están activamente involucrados en la búsqueda y aplicación<br />

de soluciones en estos ámbitos, cuando eso es parte del desarrollo de sus funciones y ponen en práctica<br />

las medidas que contribuyan a su cumplimiento.<br />

Al referirse a estos aspectos, algunos estudiosos (Aucoin, 2001) señalan que la implementación de<br />

estos criterios es un proceso interactivo, que exige tener en cuenta que la especificación de los objetivos<br />

no es una simple función gerencial. De hecho, es también una función de la conducción política el<br />

establecer y aclarar, tanto como sea posible, los objetivos que deben cumplirse en cada una de las áreas<br />

de la actividad política o económica.<br />

Mediante la identificación de un conjunto razonado de indicadores de control de gestión, es posible<br />

obtener un instrumento muy eficaz para la evaluación de los resultados, cuya adopción representará<br />

un significativo paso adelante para toda la organización.<br />

Por norma, en el sector público, los dirigentes informan acerca de los recursos utilizados en la<br />

ejecución de las actividades; sin embargo, muchas veces se limitan al análisis de los consumos, a<br />

la comparación con las asignaciones previstas en el presupuesto y con los niveles de ejecución y de<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

245


consumo en períodos previos, con alguna referencia discrecional a la marcha de los planes. Esto no es<br />

suficiente. Es fundamental que se precise, de igual modo, si la utilización de esos recursos se corresponde<br />

con la correcta implementación de los objetivos trazados por la organización. Desde esa perspectiva,<br />

la introducción de un buen sistema de indicadores de implementación y cumplimiento, previamente<br />

definidos y aprobados por las instancias superiores, puede facilitar la evaluación necesaria, siempre<br />

que haya una clara correspondencia entre dichos indicadores y los recursos previstos y empleados en<br />

cada caso.<br />

2. Naturalmente, es importante asegurar la operatividad de los indicadores para medir el resultado y,<br />

cuando sea necesario, proceder a adaptarlos a través de ajustes en la información y en su estructura<br />

inicial. A ese fin, se entiende que todo indicador debe presentar las siguientes características:<br />

a) Tener una adecuada relación con el objetivo.<br />

b) Reflejar con claridad el nivel de dificultad del objetivo que se ha de alcanzar en un determinado<br />

período.<br />

c) Ser mensurable.<br />

d) Ser practicable, es decir, que permita obtener datos ciertos sobre el desempeño.<br />

e) Ser rentable: que los costos de obtención de la información sean económicamente justificables.<br />

f) Ser confiable en la información que ofrece, que además debe ser oportuna y comparable en el<br />

tiempo y el espacio.<br />

Por consiguiente, se considera importante que el sistema de indicadores sea completo, lo que implica<br />

que debe reflejar los aspectos más relevantes –y la importancia relativa de cada uno– del objetivo<br />

que se quiere alcanzar y hacerlo en el tiempo oportuno. Además, su estructura debe facilitar el análisis<br />

del resultado en términos de eficiencia, eficacia, relación costos-ingresos y calidad (Ministerio de Economía<br />

de España, 1997).<br />

3. Existe una gran cantidad de indicadores, que se refieren a materias distintas y a puntos particulares.<br />

En este sentido, se pueden señalar los tres tipos siguientes (Ávalos, 2001: 6-7; véase también Alvaro,<br />

Vasapollo, 1999):<br />

a) Indicadores de gestión:<br />

– Indicadores de eficacia.<br />

– Indicadores de eficiencia.<br />

b) Indicadores de resultados.<br />

c) Indicadores de impacto social.<br />

Ávalos (2001) propone una segunda clasificación, para la cual señala:<br />

según su orientación, los indicadores se pueden dividir en cognoscitivo-previsionales, normativos y<br />

prospectivos (de control y concomitantes de gestión). Además, existen propuestas para identificar<br />

la naturaleza de su construcción con base en cuatro distintos niveles: A = medios o recursos; B =<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

246


esultados o productos, bienes o servicios; C = usuarios, beneficiarios o clientes; D = contexto, de<br />

cuya relación se confirman los criterios de manera específica.<br />

A esto agrega Ávalos (2001) la tipología de indicadores que concibe:<br />

a) Indicadores de estructura:<br />

– Estructura de medios.<br />

– Estructura de actividades o productos.<br />

– Estructura de usuarios o clientes.<br />

b) Indicadores de relación medios-actividad:<br />

– Indicadores de capacidad.<br />

– Indicadores de productividad.<br />

c) Indicadores de resultados o de satisfacción al usuario:<br />

– Indicadores de eficacia.<br />

– Indicadores de eficiencia.<br />

– Indicadores de calidad del servicio o producto.<br />

d) Indicadores de resultados hacia el contexto:<br />

– Indicadores de cobertura o penetración.<br />

– Indicadores de incidencia.<br />

– Indicadores de impacto.<br />

– Indicadores de cambio contextual.<br />

4. Es preciso tener en cuenta que el sistema de indicadores debe estar en sincronía con las particularidades<br />

y características propias de cada proceso de gestión pública, o sea, del sistema político, país<br />

y coyuntura en que se actúa. Del mismo modo, los factores que determinan el carácter de la gestión<br />

de la política pública imprimen su sello en la concepción del sistema de indicadores que debe ser<br />

seleccionado y establecido.<br />

Durante los últimos veinticinco años, en los países de capitalismo maduro, el modelo de base<br />

keynesiana –en todas sus diversas formas de presentación– ha terminado por disolverse, cancelando así<br />

el concepto mismo de civilidad burguesa que, no obstante las enormes contradicciones, pervivía en él.<br />

El desmoronamiento de toda la estructura productiva preexistente destruye las formas de convivencia<br />

civil que ese modelo de mediación social llegó a determinar. Así, toda forma de garantía de la época<br />

fordista es eliminada de raíz por la transformación productiva propia del nuevo modelo capitalista, el<br />

posfordista de acumulación flexible.<br />

Lo que ahora hay es la univocidad de los propósitos perseguidos a través de los procesos de financiarización,<br />

así como de las nuevas modalidades de explotación del trabajo y de reestructuración del<br />

mercado, que únicamente determinan procesos expansivos de las ganancias empresariales. Esto es posible<br />

gracias a una función gerencial-empresarial puntual, que se vale del modelo de concertación con<br />

intervención directa del profit State 17 ; vale decir, del Estado como portador de cultura e intereses de<br />

empresa, encaminados al logro de metas que se miden no tanto ni solo en la capacidad de hacer uso<br />

de técnicas, métodos y actitudes innovadoras, como en la imposición de modelos conductuales que<br />

sepan expresar el más alto nivel de coherencia con la programación estratégica que está al fondo de esa<br />

cultura de empresa que se busca transmitir al cuerpo social.<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

247


5. El cambio más profundo se ha verificado en el sistema trabajo y en el sistema protección social. La<br />

crisis del sistema trabajo ha modificado sensiblemente la sociedad actual, en tanto que –como ya<br />

hemos visto– se ha producido una explosión de la desocupación estructural, junto con el fin de la<br />

fábrica como centro de la producción, la transformación del trabajo en sentido de inmaterialidad y el<br />

aumento de sus formas subordinadas y libres de toda norma, desarrolladas sobre todo entre las filas del<br />

nuevo ejército posindustrial de reserva, con la consecuencia de un creciente transvase del mundo de<br />

las garantías al de las no garantías.<br />

Prevalece cada vez más la economía financiera especulativa en perjuicio del factor productivo, sea<br />

en términos de ataque directo al salario y a las condiciones de vida de los trabajadores –aumento de<br />

los ritmos de trabajo, pérdida creciente de garantías y tutelas, flexibilidad y precarización laboral– o de<br />

minimización del salario indirecto, con embestidas cada vez mayores a toda la esfera de los derechos<br />

universales, a través de un redimensionamiento a fondo del Estado social.<br />

El activo papel desempeñado por el profit State en los nuevos procesos de acumulación flexible, en<br />

la reestructuración capitalista de la era posfordista, arrasa con el Estado social, garante del equilibrio<br />

entre capital y trabajo, que hasta los años setenta funcionó como un sistema que integraba en su seno<br />

las instituciones del trabajo, la participación de los trabajadores en la producción y las organizaciones<br />

de masas. Ese sistema, con las distintas formas de protección social que estaban ligadas a su organización,<br />

ha venido sufriendo desde hace veinte años un proceso de progresivo empantanamiento. Se ha<br />

acompañado esta política con la hipótesis de que la desocupación no debería tener causas estructurales<br />

y que, por tanto, no deberían favorecerse los procesos de desarrollo sostenido, por ser causa de una<br />

fuerte inflación. Así, el inicio de los años noventa se caracteriza, de hecho, por una auténtica renuncia<br />

a las políticas de desarrollo por parte de los Gobiernos y del nuevo pensamiento económico liberal.<br />

El objetivo del sistema capitalista así configurado no es ya la plena ocupación. Se inicia entonces,<br />

simultáneamente, una etapa de desmantelamiento del Estado social, que es visto como la persistencia<br />

de elementos de “socialismo” derivados de aquel consociativismo que, a lo largo de las décadas en que<br />

el movimiento obrero manifestaba toda su fuerza, atenuó los conflictos de clase.<br />

6. El Estado social que en los años de posguerra se planteó en los países occidentales, estaba basado<br />

en un modelo cuyo funcionamiento puede ser esquematizado de la siguiente manera: el desarrollo de<br />

la economía garantizaba el empleo y ese desarrollo avanzaba regularmente, de manera que el mercado<br />

debía ser capaz de resolver el problema de la ocupación; entretanto, el Estado intervenía colateralmente<br />

para cubrir las interrupciones temporales o las situaciones de marginación de la fuerza de trabajo y<br />

para asegurar así las condiciones de paz social, mediante la implementación de formas diversas de<br />

“solidaridad”, en los momentos en que decaía la relación con el mercado, fuese por causa de desempleo<br />

temporal, enfermedad, vejez o necesidades educativas.<br />

Ese modelo se fundamentaba en una organización social a su vez basada en el trabajo fordista a<br />

tiempo completo de los hombres, así como en la disponibilidad de las mujeres para garantizar las actividades<br />

de reproducción, frente a las cuales la intervención del Estado era completamente marginal.<br />

Tras esa organización se hallaba una fuerza contractual determinante, que se manifestaba en una alta<br />

y victoriosa conflictividad por parte del movimiento obrero. Tal modelo era posible gracias también<br />

a una visión de largo plazo –en clave antiobrera– de los Gobiernos conservadores y moderados, los<br />

cuales entendían que al no haber en el sistema espontaneidad alguna que tendiese al pleno empleo,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

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debía entonces ser imputada al Estado –en función de suplencia respecto a los empresarios privados– la<br />

carga de mantener la estabilidad de la demanda y la plena ocupación.<br />

El bienestar o welfare garantizaba la relación entre economía, política y sociedad como proyecto<br />

de gobierno político de la crisis, con propuestas de welfare compatible que definían ese pacto social,<br />

centrado en el gasto público que sostenía el viejo modelo de Estado. Con el incremento del gasto, era<br />

inevitable que surgiese el problema de la solvencia de los fondos del Estado y, con ello, de los límites<br />

que debían ponerse a su expansión.<br />

Los Gobiernos de los países occidentales, que solo parcialmente habían digerido la revolución<br />

keynesiana, tuvieron por tanto que empezar a confrontarse con el problema del bloqueo del gasto<br />

público. Pero apenas ese bloqueo se produjo, a partir de los años ochenta, la desocupación comenzó a<br />

crecer vertiginosamente en todas partes. La supuesta improductividad del Estado generó una auténtica<br />

redefinición política, económica y social, de signo restaurador, contra aquello que, por causa de la<br />

conmoción, se presentaba como verdadero despilfarro de recursos.<br />

Los cambios debidos al ciclo posfordista de acumulación flexible, que provocan también la crisis fiscal<br />

del Estado, determinan que los costos del bienestar o welfare no sean ya compatibles en un sistema<br />

de alta competitividad internacional, en el que no hay espacio para la mediación con las necesidades<br />

colectivas irrenunciables. Se llega así a una situación de profunda crisis, en la cual el Estado no puede<br />

ya ayudar a la masa cada vez más amplia de desocupados y de trabajadores precarizados: ha dejado<br />

de ser compatible con los modos de acumulación capitalista la existencia de un Estado que pueda<br />

garantizar una red de protección social mínima para todos y para las sucesivas fases de la vida; no es ya<br />

posible asegurar una relación estable de trabajo, que esté flanqueada por una oferta eficaz de servicios<br />

básicos y por políticas de sostenimiento hacia el más débil.<br />

7. El profit State funciona con escogencias de política económica que forman parte de un proyecto<br />

más general, basado en un rediseño total de los conflictos y tensiones sociales a través de la reestructuración<br />

de las relaciones económicas e industriales, que pasan a sustentarse en las lógicas del<br />

capitalismo salvaje. Todo esto se lleva a cabo mediante modalidades del consenso que se difunde por<br />

medio de las políticas de un nuevo consociativismo, que atraviesa e involucra el sistema de partidos,<br />

los sindicatos confederados, las asociaciones empresariales, las instituciones bancarias y financieras y<br />

el sistema conexo de la comunicación de masas. Si el consociativismo nace y se desarrolla a partir de<br />

los años setenta, es dos décadas después que la tendencia desclasada de la cogestión y la concertación<br />

encuentra en las organizaciones históricas de los trabajadores –sindicales y partidistas– su máxima<br />

expresión. Ese momento marca asimismo el punto de no retorno del proyecto neoliberal, sustentado<br />

en el desmantelamiento del Estado social y en intensos procesos de privatización.<br />

Si bien en lo inmediato la urgencia de la reforma del welfare es de naturaleza financiera, el proyecto<br />

neoliberal contiene bastante más que el simple intento de saneamiento de los balances. No obstante<br />

los repetidos ataques, el Estado de bienestar sobrevive como residuo desgastado pero todavía simbólico<br />

de la época keynesiana.<br />

La crisis actual del welfare State está ligada a una realidad que es de cambio en marcha del papel del<br />

Estado, ya que la extraordinaria fase de transformación que está viviendo la economía, de industrial a<br />

posindustrial, reclama una mayor flexibilidad del mercado de trabajo y torna inadecuada la forma estatal<br />

del ciclo fordista. Al cambiar también el papel y las figuras típicas del trabajador industrial masivo<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

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–para el que ahora está prevista una presencia intermitente en el mercado de trabajo, con escasísimas<br />

perspectivas de conservar “el puesto” por tiempo indeterminado–, se determinan y se agregan nuevos<br />

y graves problemas a los que ya caracterizaban el sistema de protección tradicional. En el caso italiano,<br />

no es ya compatible siquiera el giro “clientelar-asistencial” que se había impuesto al Estado social<br />

nacional en razón de sus peculiares categorías. El crecimiento de las prestaciones se había producido<br />

en Italia por medio de una contratación política y corporativa en la que se confrontaron, por un lado,<br />

las individualidades preocupadas solo por mejorar su propia situación, sin importarles los demás y, del<br />

otro lado, los partidos políticos interesados únicamente en incrementar su propio consenso social, lo<br />

que de hecho dio lugar a un sistema asistencial corporativo, clientelar y basado en la desigualdad.<br />

8. La acumulación flexible tiende cada vez más a manifestarse como eliminación gradual y reducción<br />

real de las ventajas aseguradas por el welfare, pero sobre todo como empobrecimiento progresivo de las<br />

capas sociales tradicionalmente protegidas por todas las áreas de la función pública: cuadros medios del<br />

sector terciario, artesanos y pequeños comerciantes; esto es, aquellas capas profesionales cuya identidad<br />

y seguridad estaban aseguradas por la presencia más o menos firme y garantizada de la protección<br />

social y de los servicios públicos. Las soluciones tecnocentristas que se van delineando en la Europa de<br />

Maastricht* prefiguran la conformación de un bloque de fuerzas económico-sociales cuya afirmación<br />

no puede dejar de producir, como consecuencia, el abandono de los excluidos y de las áreas geográficas<br />

mayormente expuestas a la marginalización, al tiempo que procura difundir la cultura rampante y<br />

autoafirmativa del mercado para crear el consenso del pensamiento único neoliberal, tan formidablemente<br />

interpretado por los Gobiernos europeos de centro-izquierda o de raigambre socialdemócrata.<br />

Efectivamente, desde los años ochenta, y particularmente desde inicios de los noventa, se acentúan<br />

en Italia las decisiones que llevan a formas de capitalismo con rasgos de auténtico darwinismo social.<br />

Tales decisiones se deben a la escogencia europeísta acríticamente asumida por el poder político, económico<br />

y financiero del país, que acepta, se somete e, incluso, sirve de promotor de las compatibilidades<br />

monetaristas de la Europa de Maastricht.<br />

La causa de la crisis estructural del welfare State reside en el hecho de que los esquemas de protección<br />

social –ante riesgos como el desempleo, la vejez, la invalidez, etcétera– entraron en contradicción<br />

con las necesidades y apetencias de control social producidas por la sumisión total a la cultura de<br />

empresa del profit State.<br />

La implantación de propuestas político-económicas se concentra ahora, con gradaciones varias,<br />

en políticas de recorte del gasto público, en incentivos y transferencias cada vez más conspicuos a las<br />

grandes empresas, en reformas institucionales y constitucionales de carácter presidencialista y crecientemente<br />

autoritarias, en el sofocamiento de las minorías y de las diversas incompatibilidades, al<br />

punto de poner en discusión hasta derechos democráticos elementales como la ley de representaciones<br />

sindicales unitarias y el derecho a huelga.<br />

Es evidente que la crisis del Estado social y la determinación de las formas del conflicto social<br />

deben ser asumidas como problemas centrales, al momento de reflexionar sobre la crisis de la idea<br />

de desarrollo y de elaborar una perspectiva de cambio radical del modelo de desarrollo. De hecho,<br />

hay que entender que la reforma del welfare es, simplemente, la manera institucional de secundar los<br />

* (n.t.) Por referencia al tratado constitutivo de la Unión Europea, suscrito en esa localidad holandesa en 1992.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

250


nuevos procesos de acumulación flexible: es el profit State, que interviene en la confrontación con las<br />

nuevas estrategias de inclusión y de exclusión planteadas por la globalización del modo de producción<br />

capitalista y del mercado.<br />

La afirmación de las culturas financieras y sus nuevos horizontes, que marcan la metamorfosis de<br />

los sistemas económicos y sociales del mundo capitalista, ha producido profundas transformaciones<br />

en el imaginario colectivo. Ideas-fuerza nacidas en el terreno propiamente económico-productivo del<br />

nuevo ciclo posfordista, han sido impuestas en la cultura social hasta instituir la imagen dominante<br />

del mercado global y de la individualidad sin vínculos sociales, sin solidaridad de clase.<br />

9. El Estado, en su función de garante de la seguridad social (en el campo de la salud, de la educación,<br />

de la prevención y la asistencia, en la tutela de las capas más débiles de la población), necesita no solo de<br />

un desarrollo económico equilibrado, sino también de altos niveles de ocupación y de un ponderado<br />

sistema tributario.<br />

En Italia, durante la fase anterior de desarrollo –la fordista y taylorista–, se configuró en lo sustancial<br />

una tendencia a la unificación del mundo laboral en algunas pocas figuras, capaces de representar<br />

toda el área del trabajo dependiente. Hoy, la nueva modalidad de la acumulación flexible impulsa,<br />

en cambio, una tendencia a la división, a la fragmentación, a la precarización de dicho mundo. Se<br />

organiza el mercado de trabajo de manera tal que la división, la intermitencia y la flexibilidad sean<br />

sus elementos característicos. Y el primer elemento divisorio es la implantación del desempleo como<br />

fenómeno masivo, permanente y estructural, que se acompaña con la redefinición privada de todo el<br />

vivir social.<br />

Es en esa perspectiva que el proceso de privatización comienza en Italia por golpear fuertemente el<br />

welfare, apuntando al desmantelamiento de la universalidad de los derechos y postulando un Estado<br />

social ahora dirigido exclusivamente, y de manera ineficiente, a la cobertura de las necesidades de los<br />

estratos más pobres de la población.<br />

Es así que nace y se desarrolla en Italia el nuevo consociativismo político y económico, el de la<br />

era de la globalización neoliberal, que también aquí plantea políticas económico-fiscales y de gasto<br />

público, etapas de privatización desenfrenada, el desmantelamiento del welfare State y reformas<br />

político-constitucionales, en general con el único condicionamiento de estar todo ligado a la lógica del<br />

mantenimiento del consenso electoral, con lo cual, de tanto en tanto, se satisfacen intereses particulares<br />

vinculados al mundo de la empresa, así como a una nueva partidocracia todavía más sedienta de poder<br />

que sus predecesoras, pero más compatible con los nuevos esquemas de reestructuración capitalista. Y las<br />

nuevas necesidades, por su parte, se basan no solo en el consumo de mercancías, sino sobre todo de servicios,<br />

para hacer también compatible la organización de la producción, sustentada en procesos de<br />

tercerización cada vez más intensos y funcionales a la adecuación general a la nueva realidad del capital.<br />

10. Se perfila para los trabajadores un horizonte más y más precario. Las clases menos favorecidas verán<br />

cómo se recorta cada vez más su salario directo e indirecto, sin que se establezca alguna política seria<br />

para estimular la ocupación, sin redistribución alguna de la renta, con incentivos y desgravámenes<br />

crecientes para las empresas, que se contrabalancean con la falta o la intermitencia de rentas para los<br />

bolsillos de la mayor parte de los ciudadanos, restringidos también en su acceso a aquel salario indirecto<br />

que, a través del welfare, garantizaba la universalidad de los derechos.<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

251


Incluso en una óptica reformista y absolutamente minimalista, los nuevos enfoques de una política<br />

de inspiración socialista deben estar completamente dirigidos a la lucha contra el desempleo<br />

estructural, para crear nuevas posibilidades de trabajo con utilidad social y colectiva, para impulsar<br />

una producción no necesariamente mercantil, para ampliar las posibilidades de empleo de las mujeres,<br />

de los inmigrantes, de los jóvenes y favorecer así, también, el reforzamiento del sistema público de<br />

prevención. Es necesario, además, poner en marcha una política seria de reducción generalizada del<br />

horario laboral, en correspondencia con el salario, que abarque también y decididamente el sector<br />

terciario –público y privado–, la pequeña empresa y la microempresa, así como reconocer una renta<br />

social mínima a los desempleados, a los precarizados y a quienes solo cuentan con la pensión mínima;<br />

en pocas palabras, dar impulso a un nuevo, moderno y eficiente welfare State.<br />

La capacidad de análisis científico y de iniciativa política debe hoy manifestarse en lineamientos de<br />

contratendencia frente a la sociedad de la empresa y la privatización; en la determinación de reglas para<br />

que el Estado vuelva a ser no solo el garante de los equilibrios, el contralor, sino al menos un Estado<br />

interventor y ocupador, que cree nuevos y diversos trabajos no mercantiles, que sea capaz de impulsar<br />

y regular la eficiencia de un sistema orientado hacia el reforzamiento de un nuevo welfare State, que<br />

garantice los derechos adquiridos de los trabajadores, de los pensionados, de todos los ciudadanos,<br />

que satisfaga nuevas necesidades, en un nuevo y más moderno sistema signado por la calidad de vida.<br />

5. Importancia y beneficios del control<br />

1. El proceso de control puede ser definido como el conjunto de acciones que permiten comprobar que<br />

las actividades en marcha se desarrollan según lo dispuesto en los planes correspondientes, y dentro<br />

de las normas y principios fijados por la organización pública o entidad para el logro de los objetivos<br />

previstos, al tiempo que facilitan la información necesaria para rectificar oportunamente ante cualquier<br />

desviación significativa que pueda provocar lo contrario. Una definición más breve permite también<br />

decir que “se trata de un proceso dirigido a garantizar que las actividades reales se adecúen a las actividades<br />

planificadas” (Stoner, Freeman, 1994: 638).<br />

Una vez que se disponga de planos correctamente elaborados y hayan sido bien definidos los objetivos<br />

de la organización o del ente público, es preciso verificar periódicamente si las medidas y acciones<br />

previstas para alcanzar esos objetivos se están cumpliendo en los tiempos y en la forma. Por ese motivo,<br />

para el proceso de dirección y de gestión resulta complemento indispensable un sistema de control<br />

bien proyectado y estructurado, que tome en cuenta las características de la actividad y cuyo costo y<br />

complejidad se mantengan dentro de los límites racionales, desde el punto de vista del impacto social<br />

en su conjunto.<br />

2. Si se analizan los criterios de los diferentes autores que estudian este proceso, se ponen en evidencia<br />

puntos en común en lo que atañe a los pasos fundamentales que se deben cumplir para organizar un<br />

buen sistema de control. Esos pasos básicos buscan una secuencia lógica que permita, desde el inicio,<br />

identificar con claridad y precisión lo que se quiere controlar, para así poder diseñar un instrumento<br />

apropiado que facilite, en función de sus resultados, introducir las rectificaciones necesarias en el<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

252


desempeño de la actividad. Una vez conocidos los pasos básicos que deben ser considerados en todo<br />

el proceso, será útil ahora una breve información acerca de los tipos de control a los que se refieren<br />

algunos autores.<br />

También a este respecto se encuentran puntos comunes. En general, se hace referencia a tres<br />

grandes tipos:<br />

a) Aquellos que se establecen con carácter preventivo, antes de iniciar la actividad (ex ante).<br />

b) Los llamados controles concomitantes, que se ponen en marcha mientras la actividad se está<br />

cumpliendo.<br />

c) Los de feedback, que se utilizan después que la actividad ha concluido (ex post).<br />

A cada una de estas tipologías corresponde un conjunto de indicadores de gestión de tipo preventivo<br />

(ex ante), de actividad (concomitantes) o de control final (ex post).<br />

Se reconoce que los controles concomitantes tienen la ventaja de funcionar mientras la actividad<br />

está en desarrollo, por lo que facilitan la aplicación de medidas inmediatas que permiten rectificar a<br />

tiempo cualquier desviación en los parámetros de actuación.<br />

Más complejo resulta establecer los preventivos, particularmente si no se dispone con anticipación<br />

suficiente de la información requerida.<br />

Los controles de feedback tienen el inconveniente de que su aplicación es posterior a la ejecución de<br />

la actividad: se trata de hechos cumplidos, que ya no es posible rectificar.<br />

En definitiva, la adopción de una u otra tipología, o de todas, depende de la actividad y de la<br />

situación coyuntural que vive la organización en un determinado momento.<br />

— notas —<br />

1 Con el término Administración Pública se aludirá en lo sucesivo a la implementación de decisiones y políticas del sector público,<br />

además de identificar al operador público AP (Administración Pública) propiamente dicho.<br />

2 En el curso de toda su vida, Weber –consciente o inconscientemente– osciló con frecuencia entre posiciones fuertemente idealistas<br />

y posiciones decididamente materialistas. Carlo (2000) revalúa muy cuidadosamente este segundo enfoque weberiano,<br />

utilizado tanto en el análisis de la religión –aunque no siempre– como en el de las clases sociales, fundadas en las relaciones de<br />

propiedad, y diferenciadas de las capas o estratos, fundados en cambio en las desigualdades de ingresos; así como en el análisis<br />

de la misma burocracia y de su papel de dominio, funcional a los intereses capitalistas.<br />

3 Al analizar este problema, Fidel Castro ha dicho: “Uno de estos estudios muestra cómo de 48 programas de ajuste del FMI,<br />

puestos en práctica entre 1986 y 1990, el 78% incluía la reducción del gasto público, sobre todo en la esfera social, y esta<br />

exigencia fue acogida de las siguientes maneras por los gobiernos de los países deudores: en 92% de los casos se redujeron<br />

los fondos relativos a la alimentación, a la salud o a la asistencia económica a la población; el 62% disminuyó los recursos<br />

destinados a dos de esos tres sectores, y un 29% rebajó todo el gasto social en más de 20%” (Castro Ruz, 1999b).<br />

4 Para una reconstrucción de los procesos de transformación de la Administración Pública en respuesta a las políticas y exigencias<br />

liberales, cfr. Cassese (2005), donde se recorre más de un siglo de historia de la organización de la AP italiana, con detenimiento<br />

especial en los últimos decenios, abrumadoramente influenciados por los parámetros dictados por la Unión Europea.<br />

POR UN USO SOCIALISTA DEL EJERCICIO DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA<br />

253


5 A medida que el Estado se retira, se promueve masivamente el desarrollo del llamado non profit sector o sector sin fines de<br />

lucro que, sobre la base del subsidio –que no de la gratuidad, como se verá en las páginas que siguen–, ofrece toda una serie<br />

de servicios sociales anteriormente provistos por la AP. La enorme diferencia es que mientras la antigua actividad de la AP respondía<br />

al principio de la obligatoriedad y a la búsqueda de la igualdad cualitativa en la prestación de los servicios, en el caso<br />

del non profit solo pueden reclamárseles al voluntarismo y a la capacidad de emprendimiento de los sujetos que lo integran.<br />

6 Véase también Castro Ruz (1999a), recopilación de discursos dedicados en su mayor parte a la globalización, al desastroso<br />

neoliberalismo y a las contradicciones del capitalismo actual.<br />

7 Piénsese una vez más cómo en Europa los grupos de poder han logrado, mediante instrumentos como el reglamento comunitario,<br />

la Directiva y la Corte de Justicia Europea, transformar profundamente en las últimas décadas las formas de la AP y, en<br />

general, de los Estados miembros de lo que fuera primero la Comunidad y luego la Unión Europea.<br />

8 En el texto The Search for Government Efficiency, de Downs y Larkey, escrito en 1986, se habla mucho de este tema, retomado<br />

también por Lane (1995).<br />

9 Las ONG de los países desarrollados pueden también constituir un vehículo de penetración de las ideas y acciones de los respectivos<br />

Gobiernos y grupos de poder, que a través de ellas promueven financiamientos e iniciativas en los países del Tercer Mundo.<br />

Para una crítica de las ONG, cfr. Petras, Veltmeyer (2002: 185-201), que dedican todo un capítulo al tema, como también<br />

Petras (2003: 313-328) y Pala (2001). Con esto, ciertamente, no se pretende sostener que todas las ONG son instrumentos de<br />

control y penetración, utilizados por el capital para actuar sobre y dentro de la “sociedad civil”.<br />

10 Sobre las privatizaciones en Italia y, en general, en Europa, cfr. Martufi, Vasapollo (2003). Con el sistema de concertación,<br />

durante los años noventa se cumplieron en Italia una serie de experimentos favorables al capital.<br />

11 Víctimas del frenesí privatizador fueron incluso los sistemas de alcantarillado y cloacas.<br />

12 Considérense los avanzados procesos de privatización, en distintos lugares del mundo, de un bien como el agua (¡!). En Italia,<br />

muchas comunas traspasaron a gestión privada sus sistemas de acueductos y redes de distribución del agua. Ciertamente, en<br />

respuesta han surgido movimientos ciudadanos de protesta (como es el caso de la significativa lucha napolitana).<br />

13 Este es, por otra parte, un proceso muy acentuado en el sector privado, donde las más modernas y grandes redes empresariales<br />

se basan en tal principio.<br />

14 En tal dirección apunta en Italia, por ejemplo, la ley del 8 de junio de 1990, Nº 142 (Ordenamiento de las Autonomías Locales).<br />

15 No se debe confundir el proceso de descentralización que implica la transferencia de poder de un nivel superior a uno inferior,<br />

con la descentralización que solo se refiere a la creación de organismos territoriales en los que el poder se mantiene en el nivel<br />

central. Estos dos procesos pueden ocurrir de manera paralela o independiente, si bien ambos son importantes para el desarrollo<br />

de la Administración Pública.<br />

16 Vale la pena recordar aquí la experiencia de Cuba, víctima de un bloqueo, por parte de Estados Unidos, que se ha prolongado<br />

por cerca de 45 años y cuyo impacto negativo en la economía del país supera los 80.000 millones de dólares**. En esas condiciones,<br />

resulta obligación política preguntarse cómo medir la eficiencia de la economía cubana.<br />

17 Sobre estos temas, cfr. Martufi, Vasapollo (1999).<br />

** (n.t.) Para el momento de la primera edición de este libro, en el año 2006.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

254


Capítulo IV<br />

ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS RELACIONES ENTRE<br />

ESTADO Y POLÍTICA ECONÓMICA<br />

1. Instrumentos y mecanismos<br />

1. Al día de hoy, sobre 200 Estados que hay en el mundo, más de la mitad mantiene en sus manos participaciones<br />

accionarias relevantes en empresas proveedoras de servicios como el agua, la electricidad,<br />

el transporte, etcétera En muchos otros ámbitos, el “inversionista público” controla cuotas de capital<br />

privilegiadas, o bien opciones que le permiten tener la última palabra en las decisiones cruciales de la<br />

industria respectiva y, en definitiva, de la economía nacional.<br />

Basten algunos datos gruesos para refutar ese lugar común que, desde hace una veintena de años,<br />

proclama el fin de la intervención estatal en la economía, bajo el signo de los procesos de desregulación<br />

y del avance de las privatizaciones en gran parte del mundo occidental (y no solo en este). Esa tendencia,<br />

en realidad, es todo menos indiscutible: en algunas situaciones que marcan ejemplo, la cesión al<br />

sector privado de cuotas de control tradicionalmente públicas ha generado dificultades y colapsos. Se<br />

reconoce tranquilamente que las privatizaciones han fallado en sectores como el energético, en el que


con ellas se han registrado incrementos de hasta 300% en las facturas y notables disminuciones del<br />

servicio (Gallino, 2005: 51; Martufi, Vasapollo, 2003).<br />

El renovado interés hacia el papel del Estado en los sectores fundacionales de la economía nacional<br />

(energía, infraestructura, transporte) reabre hoy el debate en torno a un siglo de intervención estatal en<br />

la economía, que ha caracterizado al capitalismo occidental mucho más de lo que la historiografía está<br />

dispuesta a admitir. Surgida frecuentemente de exigencias coyunturales (la gran depresión estadounidense<br />

o la crisis del sistema industrial y bancario italiano que llevó, en los años treinta, a la creación del<br />

Instituto para la Reconstrucción Industrial, IRI), la actuación episódica del Estado en la economía se<br />

transformó muchas veces –como puede históricamente demostrarse– en intervenciones estructurales y<br />

programáticas que determinaron el curso del desarrollo capitalista, mucho más de cuanto haya podido<br />

hacerlo la “libre evolución del mercado”.<br />

2. La intervención del Gobierno en la economía es tan antigua como el capitalismo, pero es solo durante<br />

el período de la Primera Guerra Mundial que comienzan a surgir preocupaciones acerca del control<br />

de los ciclos. La tradición neoclásica había olvidado este fenómeno y es en 1913, con la obra de Wesley<br />

Mitchel, Business Cycles [Los ciclos económicos], que se inicia su estudio social. Hasta ese momento,<br />

Estados Unidos había pasado por 30 ciclos. Fue entonces que se empezaron a aplicar algunas medidas:<br />

a) La primera medida “neutralizadora” del ciclo que se pensó implementar fue la de política monetaria,<br />

o sea, la organización de los agregados monetarios (M1, M2, M3).<br />

b) Posteriormente nace la política fiscal, lo que históricamente da lugar a dos variantes de política<br />

económica: la monetaria y la fiscal.<br />

La llamada gran depresión, o “crisis de 1929-1933”, demostró que la política monetaria, por sí sola,<br />

no era del todo eficaz como instrumento anticíclico. En condiciones de prosperidad, la organización<br />

de los agregados monetarios no puede, por sí misma, controlar el boom, y en períodos de depresión, la<br />

política monetaria más liberal no es capaz de impulsar la recuperación. Por tanto, es necesario utilizar<br />

otros instrumentos, considerados más poderosos. En realidad, es iluso pensar que los instrumentos de<br />

la política económica son infalibles, de la misma manera que sería un esquematismo el considerar que<br />

no pueden cumplir función alguna. Por lo que respecta a la política fiscal y en términos conceptuales,<br />

para el Estado se trata de organizar el gasto público, los impuestos, los préstamos que el propio Estado<br />

percibe y la deuda pública, de manera tal que permitan modificar los comportamientos y las decisiones<br />

de los diversos operadores económicos. Se pueden establecer dos grandes grupos de instrumentos<br />

concretos de política fiscal:<br />

a) Mecanismos estabilizadores.<br />

b) variación de las tasas.<br />

3. Adicionalmente, se puede hablar de otros instrumentos que, de hecho, controlan la llamada dinámica<br />

de movimiento de los mecanismos, como por ejemplo:<br />

a) Subsidios agrícolas: aumentan durante la depresión y disminuyen con la recuperación.<br />

b) Impuesto a la renta: de estructura progresiva, aumenta a la par de la renta 1 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

256


c) Seguro de desempleo: aumenta cuando se incrementan los salarios, transformándose en reserva<br />

para tiempos de depresión.<br />

d) Pagos por previsión social: disminuyen durante la recuperación, cuando aumenta el número de<br />

puestos de trabajo y se incrementan durante la depresión, cuando estos se reducen.<br />

Como puede observarse, se trata de mecanismos que –según lo establecido por la política fiscal–<br />

buscan controlar el flujo de los recursos estatales, adecuándolo a las necesidades concretas de cada<br />

momento del ciclo. Naturalmente, los cambios que se verifican en la economía pueden hacer que estos<br />

mecanismos, a su vez, sean cambiados o eliminados, para poner en marcha otros que respondan mejor<br />

a las necesidades de la dinámica cíclica de la economía.<br />

Todo ello pasa a través de las peculiaridades que la confrontación política y las dinámicas electorales<br />

imprimen al proceso de formulación y ejecución de la política económica, como resultado del debate<br />

político.<br />

2. Las funciones actuales de la Administración Pública<br />

1. Según el razonamiento de muchos autores (Aucoin, 2000), la Administración Pública afronta hoy<br />

desafíos en cuatro dimensiones: la gestión de las políticas públicas, la gestión de los organismos de<br />

Gobierno, la gestión de los servicios públicos y la gestión de los recursos humanos. Entre las cuatro<br />

existen interrelaciones que, si no se atienden eficientemente, pueden provocar irregularidades en la<br />

actividad administrativa:<br />

a) Gestión de las políticas públicas: la formulación de estas políticas ha pasado actualmente de<br />

un incrementalismo desarticulado 2 a la planificación estratégica 3 ; en consecuencia, se trabaja<br />

con estrategias que se mejoran en el curso mismo de su implementación. Bajo el enfoque del<br />

incrementalismo desarticulado se corre el riesgo de prestar poca atención a las innovaciones,<br />

disminuyen las posibilidades de coordinación interna y externa y se pueden perder de vista<br />

los objetivos o resultados originalmente planteados en las políticas públicas. Pasar al enfoque<br />

de la planificación estratégica permite descubrir nuevas opciones, mejorar el nivel de análisis,<br />

desarrollar proyectos alternativos, adecuar el número de participantes y diseñar una evaluación<br />

más eficaz de esas políticas 4 . Es un fenómeno “empíricamente” perceptible que la planificación<br />

asume una importancia cada vez mayor en la gestión de los asuntos públicos. Piénsese en el caso<br />

de Italia, donde, tras los fallidos intentos de “planificación global” de los años sesenta y setenta,<br />

durante los últimos años se ha reacentuado la tendencia a asumir la planificación –sobre todo a<br />

nivel local: región, provincia, ciudad metropolitana, comuna– como un auténtico instrumento<br />

de gobierno (en materia económica, territorial, urbana, ambiental, etcétera). Piénsese asimismo<br />

en la nueva forma de planificación “horizontal” (la llamada “programación negociada”: del<br />

acuerdo de programa al contrato de programa, y de allí al pacto territorial y así hasta el contrato<br />

de área). Un eminente estudioso del derecho administrativo, Palma (1966), sostiene que la programación<br />

es un verdadero “método de gobierno, es decir, se programa gobernando, se gobierna<br />

programando” (64).<br />

ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS RELACIONES ENTRE ESTADO Y POLÍTICA ECONÓMICA<br />

257


) Gestión de los organismos de gobierno: existen diversas maneras de organizar las estructuras administrativas,<br />

en consonancia con las características de cada país y cada Gobierno. Sin embargo, en<br />

ese campo el debate fundamental está centrado en la relación entre autoridad, responsabilidad,<br />

rendición de cuentas y centralización-descentralización. El equilibrio en este último binomio<br />

es muy complejo, por lo cual la discusión acerca de cómo y cuándo descentralizar o centralizar<br />

constituye un importante reto para la Administración Pública contemporánea. Por otra parte,<br />

la organización del Gobierno puede implementarse a través de estructuras especializadas y de<br />

coordinación, si bien el problema fundamental es, justamente, conseguir la coordinación y la<br />

cooperación entre ellas para lograr eficiencia en su gestión. En ese sentido, también la desburocratización<br />

de los organismos constituye un desafío. Para ese fin se aplican hoy sistemas modernos<br />

de control, que permiten hacer más ágiles los servicios públicos. Con idéntico objetivo se<br />

trabaja para implementar estructuras colegiadas y para incrementar la flexibilidad en el uso de<br />

los recursos.<br />

c) Gestión de los servicios públicos: en este caso se afianza la tendencia a la evaluación del desempeño<br />

como elemento ideal para mejorar los servicios públicos, ya que permite fijar objetivos, determinar<br />

resultados concretos y establecer normas. El enfoque se centra en los resultados y distingue<br />

entre la calidad del servicio y el servicio de calidad. Requiere, para ser eficaz, de una verdadera<br />

interacción entre funcionarios públicos y ciudadanos, en la que estos últimos participen más<br />

en las decisiones y avancen en el conocimiento y ejercicio de sus derechos como consumidores.<br />

Con el objetivo de mejorar los servicios públicos, se generan constantemente incentivos que se<br />

pueden resumir en la defensa de las normas de servicio y de los derechos de los ciudadanos, al<br />

darles a estos la posibilidad de participar en el proceso de mejoramiento a través de la consulta<br />

popular y mediante la implementación de sistemas de atención a los reclamos y protestas.<br />

La base de todas las mejoras está en un mayor acercamiento a los usuarios, para conocer sus<br />

necesidades y principios y exigir una también mayor responsabilidad de los funcionarios. Sin<br />

embargo, estas medidas no llegan a resolver completamente los problemas que se presentan.<br />

d) Gestión de los recursos humanos: el tema de los recursos humanos adquiere una gran importancia<br />

y constituye la prioridad en la estructura administrativa. Este concepto, que aparece en los<br />

años setenta, refiere a las personas que tienen una determinada y necesaria competencia y están<br />

dispuestas a ponerla en función de los objetivos de la organización. Entre otros aspectos que<br />

merecen aquí atención, destaca la relevancia de los valores morales de los funcionarios de la<br />

Administración Pública, dado el impacto que esto tiene en la aplicación de las políticas correspondientes.<br />

En este sector, esos valores se convierten en requerimiento indispensable para el<br />

desempeño laboral. La capacidad y el talento de los hombres constituyen un importante recurso<br />

para la organización. El trabajo de recursos humanos requiere de planificación y competencia<br />

por parte del personal que lo adelanta. En la Administración Pública se trabaja actualmente<br />

para hacer que los funcionarios ingresen a estos servicios por méritos profesionales y éticos, para<br />

evitar el proteccionismo político y el nepotismo, que tanto daño hacen al buen desarrollo de las<br />

actividades, así como la corrupción, uno de los desafíos de esta dimensión.<br />

2. Otro aspecto que se ha de tener en cuenta en este ámbito, para encontrar soluciones innovadoras a<br />

los problemas y al estudio y para conocer los planos de análisis, es la definición del carácter estructural<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

258


de las políticas públicas, que cobran expresión a través de los programas, los objetivos y los resultados<br />

que se espera alcanzar. Por otra parte, la capacidad de gestión de políticas públicas eficientes ha de<br />

considerarse sin comprometer ni sustituir la dinámica de la sociedad y del sistema político, con lo cual<br />

se manifiesta la influencia de la política en la gestión y viceversa.<br />

En este análisis hemos hecho referencia al contenido de la Administración Pública, lo que permite<br />

una aproximación a las condiciones actuales, a los retos que se deben afrontar y a los debates<br />

más frecuentes acerca de las reformas que podrían hacerla más eficiente. Contrariamente a lo que<br />

se supone, hay todavía mucho que hacer. Y en primer lugar, siguiendo la línea principal que debe<br />

caracterizar la política de la Administración Pública y de su operador (AP), hay que centrar siempre<br />

la atención en disminuir las desigualdades sociales, en lugar de aumentarlas. Quizá sea esta la misión<br />

más importante.<br />

3. El análisis de las políticas públicas como fuente de ejercicio<br />

de la Administración Pública<br />

1. En los últimos tiempos, la racionalidad y complementariedad de las políticas públicas son lineamientos<br />

trazados por los Gobiernos en los procesos de reforma, modernización y perfeccionamiento<br />

de la Administración Pública, que pueden estar en capacidad de resolver los problemas de la sociedad<br />

contemporánea.<br />

El concepto de Administración Pública corresponde a una estructura –la de las políticas públicas–<br />

que enuncia un proceso y un resultado. El primero –el proceso– es un concepto de stock, y el<br />

segundo –que corresponde a los resultados obtenidos– es una magnitud de flujo. La administración es<br />

un concepto de equilibrio y las políticas corresponden a un concepto de dinámica (Lahera, 2000). Las<br />

políticas públicas constituyen procesos dinámicos, en los que se mezclan aspectos de hegemonía y de<br />

interacción entre la sociedad y el sistema político en cuestión.<br />

2. Desde el punto de vista conceptual, existen definiciones tanto de políticos como de académicos que<br />

se ocupan del tema.<br />

En las definiciones, incluso muy articuladas, puede casi siempre notarse que hay un conjunto de<br />

factores que es interesante tener en cuenta:<br />

a) Las políticas públicas son acciones que los Gobiernos deciden cumplir o no cumplir.<br />

b) Las políticas públicas apuntan a problemas concretos.<br />

c) Conocer los objetivos de la sociedad o del sistema político que se toma como marco de referencia<br />

para la definición de las políticas públicas.<br />

Si el análisis se adelanta en una sociedad en la que existe la propiedad social de los medios fundamentales<br />

de producción, el camino se hace más complejo, pero a veces más objetivo y socialmente más<br />

válido, cuando la participación popular se lleva a cabo a través de las diversas formas organizativas de<br />

la sociedad, en cuyo caso la política pública podría definirse de la siguiente manera (Pons, 2000):<br />

ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS RELACIONES ENTRE ESTADO Y POLÍTICA ECONÓMICA<br />

259


Una vía propuesta por el Gobierno para resolver una necesidad o un problema social, que se presume<br />

vinculado a las condiciones históricas concretas que lo crean y a los intereses sociales, y en la<br />

cual las medidas aplicadas contribuyen al creciente bienestar y perfeccionamiento de la sociedad en<br />

su conjunto.<br />

3. Existen diversos criterios y enfoques conceptuales a partir de la reforma más general, concebida<br />

como política en su contenido tradicional, en el que se inscribe el conjunto de las materias que conciernen<br />

al Estado.<br />

Se deduce que las políticas pueden ser de distinto tipo (Pons, González, 2001: 30-31):<br />

a) Política pública: se manifiesta en un conjunto de decisiones, que abarcan el contenido previamente<br />

expresado en un contexto global.<br />

b) Política pública sectorial: se aplica en determinadas esferas de actividad socioeconómica, como<br />

las de la educación, la salud, el ambiente, la prevención social, etcétera.<br />

c) Políticas públicas institucionales: lineamientos que guían y enmarcan el proceso de gestión de un<br />

ente o de un organismo no directamente productivo. Declaraciones o acuerdos implícitos que<br />

generan pensamiento y acción en la toma de decisiones del ámbito en que se actúa; es decir,<br />

que limitan el área en el que deben adoptarse y tienden a asegurar la coherencia de los objetivos<br />

preestablecidos por el ente en cuestión.<br />

d) Políticas públicas empresariales: lineamientos que guían y enmarcan el plan de una empresa pública.<br />

Ese plan se convierte en el instrumento por excelencia de la política empresarial, en tanto<br />

que establece y determina sus vías de acción. En este caso, la política pública puede ser considerada<br />

como el mecanismo que articula la política de la empresa con los intereses socioeconómicos<br />

que se expresan en las políticas macroeconómicas y mesoeconómicas.<br />

4. Del ciclo de la política pública al análisis de la política pública<br />

1. En el estudio de la política pública, lo primero que debe tener presente un analista es el ciclo que<br />

recorre una política desde el momento en que se define y estructura el problema hasta llegar a la<br />

evaluación de esa misma política.<br />

El análisis de las políticas constituye una búsqueda para la acción e implica todo el proceso de la<br />

política pública, que se puede centrar en:<br />

a) Los aspectos externos a la Administración Pública, al ocuparse de un determinado problema, de<br />

sus dimensiones, gravedad, número de personas que afecta, etcétera.<br />

b) La implicación y el comportamiento de los actores sociales críticos involucrados en el proceso.<br />

c) Los objetivos y los resultados, para conocer los ajustes necesarios entre las previsiones y los<br />

resultados efectivamente alcanzados.<br />

d) Los medios utilizados –recursos humanos, financieros, organizativos y tecnológicos– para desarrollar<br />

la política (Tamayo Sáez, 1997: 282).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

260


2. Las políticas públicas conforman un proceso y su análisis busca responder a una serie de requerimientos<br />

que se plantean en cada una de las fases del ciclo. El papel del analista consiste en aplicar, en<br />

tanto le sea posible, sus conocimientos técnicos y la visión política del problema.<br />

El análisis de las políticas públicas es preventivo e incluye en sí mismo posibles alternativas en<br />

relación con los numerosos problemas que existen en la sociedad. Xavier Ballart (1996) sostiene que<br />

ese análisis se propone como una disciplina científica que produce información, útil para el proceso<br />

decisorio, acerca de las respuestas institucionales frente a situaciones problemáticas. Por otra parte,<br />

William N. Dunn (1994), uno de los autores más citados sobre el tema del análisis de políticas,<br />

sugiere que estas producen información muy importante, en el plano decisorio, acerca de las políticas<br />

que se deben aplicar y que pueden ser utilizadas para resolver problemas en circunstancias<br />

políticas concretas.<br />

3. Cualquier política puede quedarse rezagada en sus objetivos o resolver solo una parte de un gran<br />

problema. Considérese que (Patton, Sawicki, 1993):<br />

a) La política es eficaz a medida que logra, en breve tiempo, resolver el problema que le da origen,<br />

al alcanzar los objetivos y las metas que se propuso y generar impactos o efectos positivos en el<br />

objeto para el que fue planteada, todo ello con una utilización racional de los recursos en juego.<br />

La eficacia es expresión de la objetividad de las metas y de los fines trazados, que se concretizan<br />

en el plan a través de sus diversos niveles y distintos escenarios. A veces se piensa que la eficacia<br />

de una política o de un programa es el punto central de la optimización de los recursos. La<br />

eficacia o logro de las metas supera las cuestiones económicas y de eficiencia, aun cuando en<br />

términos de medida no sea posible cuantificarla o evaluarla sin hacer referencia a los costos y a<br />

la productividad, por lo cual en ámbitos políticos se habla de política eficaz en términos económicos.<br />

Podría darse el caso de que la política programada y ejecutada consiga sus propósitos y<br />

con ello, sin embargo, llegue a crear la posibilidad de programar otra política, sin restar por eso<br />

mérito a su eficacia. Y es que resulta normal, en un ámbito dinámico, que las políticas cambien<br />

o se combinen con otras.<br />

b) La política es válida cuando los resultados obtenidos son precedidos por un conjunto de acciones<br />

y medidas adelantadas por los actores políticos y ha habido una correcta selección de instrumentos<br />

políticos capaces de propiciar el logro de resultados extraordinarios, en correspondencia con<br />

un uso racional de los recursos asignados por el Gobierno para la ejecución de dicha política.<br />

La validez se explica como el conjunto de medidas y acciones necesarias para obtener resultados<br />

extraordinarios, en consonancia con los requerimientos de la sociedad en determinadas situaciones,<br />

que se alcanzan sobre la base de la racionalidad en la asignación de recursos apropiados,<br />

tanto en calidad como en cantidad.<br />

4. Por otra parte, para abarcar el papel del funcionario público, el análisis político ha de considerar<br />

que los responsables del servicio público deben estar dispuestos a desarrollar su propia visión, misión<br />

y tareas por vías que hagan posible la activación de nexos con otras organizaciones.<br />

Si los dirigentes no actúan en esa dirección, la coordinación interdepartamental sufrirá las consecuencias,<br />

sea en el terreno de la formulación de políticas o en el de su implementación.<br />

ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS RELACIONES ENTRE ESTADO Y POLÍTICA ECONÓMICA<br />

261


Es esa perspectiva sectorial o amplia lo que se espera de todos los dirigentes; vale decir, el consenso y<br />

la capacidad de ser parte de todo el accionar público del Gobierno, y no funcionar simplemente como<br />

dirigentes de organismos aislados e independientes (Aucoin, 2001).<br />

De esa manera se podrá lograr un adecuado servicio público, sustentado en políticas válidas y<br />

eficaces, que den solución a problemas sociales cruciales para toda la colectividad y favorezcan el uso<br />

adecuado de los recursos disponibles por parte de todos los actores políticos y económicos.<br />

— notas —<br />

1 Aunque existe también el criterio proporcional. Explicado en palabras simples: mientras el criterio progresivo (progresividad de<br />

la tasa) prevé una pluralidad de alícuotas ascendentes, que van a incidir sobre la renta a medida que esta aumenta, en el sistema<br />

proporcional existe, en cambio, una sola alícuota que vale para todas sus magnitudes y que se aplica, consiguientemente,<br />

a quienquiera que sea titular de una renta.<br />

2 Incrementalismo (o potenciamiento) desarticulado: tratamiento de las políticas sin visión de sistema; en la medida en que<br />

se reciben los resultados, se trabaja para mejorarlos. Implica una proyección hacia el futuro que parte únicamente de lo ya<br />

obtenido.<br />

3 Planificación estratégica: proceso que consiste en la búsqueda de una o más ventajas competitivas para la organización y en la<br />

formulación e impulso de estrategias en esa dirección.<br />

4 Para una introducción general a la función programática de la Constitución italiana y a las varias ramas de aplicación de los<br />

instrumentos programáticos en Italia, cfr. Tucci (2003), a quien remitimos también para una ampliación de la bibliografía de<br />

ámbito jurídico.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

262


Capítulo V<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA<br />

ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

1. Bases conceptuales y fundamentos de la concepción del Estado<br />

y de la Administración Pública contemporánea<br />

1. El estudio de la Administración Pública y de sus fundamentos ha sido objeto de análisis por parte<br />

de especialistas pertenecientes a diversas disciplinas y corrientes del pensamiento. En el ámbito internacional<br />

es posible encontrar una infinidad de definiciones, si bien entre ellas es una constante el<br />

considerar la Administración Pública en vinculación con las funciones del Estado que tienden a la<br />

satisfacción de las necesidades colectivas de los ciudadanos.<br />

Otra constante es la ausencia de indicaciones precisas acerca de las relaciones de propiedad, elemento<br />

necesario como punto de partida para conocer el contexto histórico en que se mueve la definición y<br />

para saber cómo se plantea alcanzar su objetivo fundamental: la satisfacción de las necesidades colectivas<br />

mediante actos concretos (González, Pons, 2001).


2. Los enfoques actuales analizan la Administración Pública desde diversos puntos de vista. Algunos<br />

centran su atención en las instituciones que la componen y en el comportamiento de sus trabajadores,<br />

otros consideran las diferencias o semejanzas con la administración privada y, finalmente, algunos<br />

estudiosos se interesan particularmente por las decisiones que llevan a la ejecución y desarrollo de las<br />

políticas públicas. En general, no se toman en cuenta las connotaciones de clase ni las particularidades<br />

del sistema político en el que la administración se desenvuelve.<br />

Para ciertos especialistas y estudiosos no es necesario, sino inútil, trabajar en una definición de la<br />

Administración Pública (Garcini, 1982). Pero, según la visión hoy más difundida, es necesario caracterizarla<br />

tomando en cuenta su función en la distribución de los recursos en la sociedad, para el bienestar<br />

colectivo, y esto es fundamental en el proceso de construcción de la economía y de la sociedad sobre<br />

una base socialista.<br />

3. Para tratar de definir un concepto de Administración Pública, es preciso considerarla no solo en<br />

su estructura sino también en su dinámica, complementada por los hechos concretos en que se exterioriza,<br />

para así poder comprenderla integralmente. Se debe entonces delimitar el contenido de las<br />

funciones que ella cumple en tanto que parte del Estado.<br />

Naturalmente, existe un estrecho vínculo entre Gobierno y administración. La importancia de<br />

esta relación fue subrayada por Lorenz von Stein en su concepción estructural de la Administración<br />

Pública: “El Gobierno debe no solo aplicar la ley, sino, hasta un cierto punto, dotarla de contenido”<br />

(Stein, 1987: 133). En este caso, el concepto de Gobierno se coloca directamente en el campo político,<br />

frente al cual se encuentra la administración (Forsthoff, 1958: 32). En consecuencia, negar la existencia<br />

de una función política claramente diferenciada de la administrativa, equivale a negar la presencia<br />

del gobierno y su expresión en la estructura y en los fines del Estado, lo que significaría afirmar su<br />

inexistencia (Garcini, 1982).<br />

En realidad, en su significado más amplio (Amato Muñoz, 1954: 23), la Administración Pública es<br />

el Gobierno; es decir: todo el conjunto del proceder humano que determina cómo distribuir y ejercer<br />

la autoridad política. Hay diversos enfoques para discernir sus problemas; uno de ellos diferencia la<br />

Administración Pública de otras ramas del Gobierno, la legislativa y la judicial, que respectivamente<br />

consisten en la creación de normas y en su aplicación para garantizar los derechos.<br />

4. Existen, además, diversas versiones y definiciones del concepto de Administración Pública, surgidas<br />

en épocas sucesivas con el desarrollo de las ciencias políticas. Sin embargo, es posible señalar su coincidencia<br />

en ciertos elementos comunes:<br />

a) Se observa que el proceder de la Administración Pública está estrechamente vinculado a la<br />

función del Estado, en sus aspectos internos y externos, para alcanzar sus fines y objetivos.<br />

b) No se evidencia el sistema político, que vendría a ser el escenario desde el cual se puede arribar<br />

a una visión clara tanto de la Administración Pública en sí misma como de su finalidad en la<br />

sociedad.<br />

c) No se alude a la participación popular en la toma de decisiones para trazar las políticas públicas<br />

ni, por tanto, a su contenido de clase.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

264


d) No se señalan las relaciones de propiedad, que servirían como punto de partida para saber en<br />

qué contexto histórico se inserta la definición y cómo sería posible alcanzar el objetivo fundamental:<br />

la satisfacción de las necesidades colectivas mediante actos concretos.<br />

Es entonces necesario, para fines de trabajo, plantear una definición del concepto de Administración<br />

Pública, que será entendida como<br />

El proceso en el que la política pública es capaz de expresarse en el conjunto de decisiones que se<br />

adoptan para alcanzar las metas sociales y satisfacer prioritariamente las necesidades de la mayoría<br />

de la sociedad, a través de la gestión pública, por los actores que participan en ella, mediante la<br />

planificación, distribución y control eficiente de los recursos disponibles y la coordinación precisa,<br />

organizada y eficaz de sus capacidades, bajo el amparo de los principios jurídicos, éticos y políticos<br />

que reflejan la capacidad creciente del autogobierno social (González, Pons, 2001)*.<br />

Hay criterios que vinculan el nacimiento de la Administración Pública al Estado. Sin embargo,<br />

en términos reales, la existencia del Estado está condicionada por un conjunto de hechos que, históricamente,<br />

se producen después de que el hombre se ve en la necesidad de organizar, reglamentar y<br />

distribuir los recursos a su disposición entre los miembros de su grupo o tribu.<br />

5. Según lo dicho hasta ahora, es absurda la pretensión de buscar en situaciones culturales diversas,<br />

relativas a etapas anteriores, las características de un fenómeno que por definición es exclusivamente<br />

contemporáneo. Las peculiaridades culturales de la polis griega, del Imperio Romano, del feudalismo<br />

medieval o de cualquier otra situación histórica, resultan significativas para nuestros problemas si, en<br />

lugar de imponerles categorías actuales, se analizan como experiencias pasadas, con objetividad, para<br />

considerar la importancia de diferencias y similitudes (Garcini, 1982).<br />

Es preciso reconocer que en esas formaciones culturales no existía la diferenciación de funciones<br />

de gobierno en sus ramas legislativa, ejecutiva y judicial, como ocurre hoy; no obstante, dado que la<br />

administración judicial, sistematizada desde la antigüedad, presenta analogías muy instructivas para<br />

la rama ejecutiva contemporánea y que el ordenamiento de los procesos políticos ha tenido siempre un<br />

significado fundamental para la Administración Pública, su historia tiene mucho que enseñar para la<br />

comprensión de los problemas administrativos de la actualidad 1 .<br />

Max Weber (1994) demuestra que en la antigüedad hubo ejemplos de una burocracia más bien desarrollada:<br />

el Egipto del período del Imperio Nuevo, el principado romano y, sobre todo, la monarquía<br />

diocleciana y el Estado bizantino fundado sobre esta última.<br />

El Estado, que hoy desempeña un papel fundamental en la administración de los recursos de la<br />

sociedad, tiene antecedentes que objetivamente se explican a través de la historia. Como entidad,<br />

nace cuando la sociedad primitiva se divide en clases sociales y aparece la esclavitud como forma de<br />

explotación de algunos hombres por otros.<br />

La propiedad privada es anterior al surgimiento del Estado; solo con la propiedad se inicia para<br />

los hombres la posibilidad de cambiar de posición respecto a los medios de producción: nacen así los<br />

* (n.t.) La presente versión en español fue tomada de “Reflexiones sobre las políticas públicas en la construcción del socialismo<br />

del siglo xxi”, ponencia presentada por Evelin González Paris en la III Conferencia Internacional sobre la obra de Carlos Marx y<br />

los desafíos del siglo xxi, según se reproduce en http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/congreso06/conf3_gparis.pdf.<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

265


desheredados –los nadatenientes– y los propietarios. Es de esa manera que se constituye la clase social<br />

dominante y, con esta, la necesidad de ejercer la coerción en defensa de sus intereses. El Estado y el<br />

derecho devienen en instrumentos para el ejercicio del poder y la defensa del privilegio conquistado<br />

por quienes detentan los medios de producción.<br />

En esta perspectiva, la existencia del Estado estuvo condicionada a la aparición y el desarrollo de la<br />

división de la sociedad en clases; por tanto, no siempre existió 2 . Su origen está indisolublemente ligado<br />

a esa su función primaria, que Weber esclarece con acierto, de aplicar sistemáticamente la violencia<br />

y de someter con ella a los hombres. Se trata de un producto de la sociedad cuando esta arriba a un<br />

determinado nivel de desarrollo: destinado a mantener el orden y el poder mismo, nace de la sociedad<br />

pero se coloca sobre ella y se distancia. Eso es el Estado, que existe, bajo diversas formas, para defender<br />

los intereses de la clase social que preserva y conserva el poder de propiedad sobre la parte fundamental<br />

de los medios de producción; es decir, aquella que concentra bajo su dominio la objetivación de la base<br />

económica de una sociedad 3 .<br />

En el papel de propietario que ejerce la fuerza pública, esa clase asume el derecho de recabar impuestos<br />

a través de funcionarios que actúan como órganos de la sociedad; necesitará, entonces, tomar<br />

en cuenta la posibilidad de que esos funcionarios se sientan en la prerrogativa de colocarse por encima<br />

de la sociedad.<br />

6. Como hemos visto, la Administración Pública no puede reducirse en su accionar a la llamada<br />

función ejecutiva. Sus actividades van mucho más allá de la simple aplicación de la ley. Se trata de una<br />

acción y una actividad dirigidas a cumplir finalidades estatales.<br />

Se puede entonces definir la función administrativa como la gestión de entidades económicoproductivas,<br />

a objeto de dar satisfacción a las necesidades colectivas de los ciudadanos, en el marco de<br />

las directivas dictadas por los gobernantes (Garcini, 1982: 6).<br />

El proceso de desarrollo de las instituciones del Estado, más allá de los elementos que permiten<br />

explicarlo, se basa en la evolución económica de un período histórico determinado, con el que se<br />

corresponde el comportamiento de la Administración Pública en su trayectoria evolutiva, a través de<br />

las diversas formaciones económico-sociales 4 . Es en esas condiciones que se manifiesta un significativo<br />

interés por el estudio de los métodos tendentes a lograr una administración más eficaz y eficiente,<br />

ligada a las prácticas de la actividad privada, en particular cuando el capitalismo entra en su fase<br />

imperialista.<br />

En ese primer momento, el estudio constata la influencia de los postulados de Taylor 5 , que responden<br />

a las necesidades del período de surgimiento y desarrollo de la fase imperialista del capitalismo.<br />

Una de las principales áreas de interés para Taylor, en cuanto científico de la organización del trabajo,<br />

eran los estudios sobre la eficiencia, en términos de movimiento y tiempo, aplicados al trabajo de los<br />

individuos y de las organizaciones industriales. Sus propios estudios se concentraron en la medición<br />

precisa de los movimientos de los obreros en relación con el tiempo, con la finalidad de proponer<br />

procedimientos más eficientes y económicos.<br />

Más allá de esto, Taylor advertía que los estudios sobre el tiempo y el movimiento, sobre la supervisión<br />

funcional, la contabilidad de los costos, los salarios diferenciados y otros elementos similares, eran<br />

solo detalles de su filosofía fundamental: la de la revolución intelectual, la del nuevo enfoque (Taylor,<br />

1911). La clave de su sistema era la aplicación del método científico –mas no por eso neutral– a todos<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

266


los problemas y niveles de la administración, incluida la formación de los trabajadores y su cooperación<br />

con el patrono, para hacer sentir sus efectos benéficos en todas las fases de las relaciones sociales.<br />

Los discípulos de Taylor (Stoner, Freeman, 1994: cap. I), entre los que se cuentan Gantt, Gilbreth,<br />

Emerson, Cooke, Brandeis, ampliaron luego el ámbito de su teoría y elaboraron postulados.<br />

7. En un segundo momento, el estudio de la Administración Pública adquiere un carácter más científico.<br />

No obstante, ese carácter estaba condicionado por la creencia de que los principios enunciados<br />

eran permanentes y que, una vez descubiertos y aplicados, sería posible incidir en los resultados del<br />

trabajo administrativo.<br />

El enfoque del llamado movimiento de la administración científica, que parte de la administración<br />

en el ámbito empresarial, ha dado contribuciones válidas a la disciplina, sobre todo por su insistencia en<br />

el método científico, por su interés en los problemas concretos de la práctica cotidiana y por haber<br />

elaborado técnicas específicas que se aplican con provecho a los organismos públicos. Esto es evidente<br />

en la organización y en los métodos, en la gestión de recursos humanos, en la planificación, en la<br />

administración financiera, en las relaciones humanas y en otras esferas de actividad.<br />

El proceso de nacimiento del socialismo como sistema socioeconómico, en la Unión Soviética,<br />

marcó un nuevo momento de desarrollo de las técnicas administrativas. En el mismo período en que<br />

el mundo se dividía en dos sistemas socioeconómicos, nacía una nueva manera de administrar y también,<br />

como resultaba evidente, una etapa de competencia por el desarrollo teórico en este campo. Sin<br />

embargo, en términos reales, el desarrollo de la teoría de la administración socialista fue insuficiente.<br />

El proceso de estudio y creación se concretó más en los elementos funcionales de la gestión que en<br />

su concepción como sistema. Por otro lado, la base teórica para el desarrollo de esta disciplina en el<br />

socialismo se concentró fundamentalmente en la teoría del Estado, con lo cual se limitó su proyección<br />

hacia los aspectos de la administración como proceso, que por su parte se centró básicamente en el<br />

terreno empresarial.<br />

En los años treinta del siglo xx se agudizan las contradicciones imperialistas; entre 1929 y 1933,<br />

el capitalismo sufre una gran crisis económica, proceso que al final resulta inherente a la estructura y<br />

dinámica de este sistema.<br />

El nuevo contexto, signado por esa difícil situación, pone en evidencia la necesidad de una nueva<br />

elaboración teórica sobre la economía capitalista, ante el agotamiento de la teoría del liberalismo<br />

económico y la crisis de la economía política burguesa previa. Lo importante era salvar el sistema.<br />

Hacia ese objetivo dirige sus esfuerzos Keynes 6 , que basa su teoría en un capitalismo regulado,<br />

propone soluciones a corto plazo y establece la necesidad de la intervención directa del Estado en<br />

las cuestiones económicas. Particularmente, Keynes sostiene que es necesaria esa intervención en el<br />

campo de las obras públicas, como instrumento para regular la intervención privada y provocar un<br />

incremento de la producción y del ingreso, que a su vez hará posible una mayor demanda de consumo.<br />

Esto produjo un cambio en el carácter de la Administración Pública, al aumentar la participación del<br />

Estado en la economía.<br />

8. Desde los años treinta y hasta aproximadamente los setenta, se desarrolla entonces el Estado social<br />

o Estado del bienestar, que refuerza sus características una vez terminada la Segunda Guerra Mundial<br />

(Fernández, 2001).<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

267


A todo esto se debe unir el papel de potencia principal que, como resultado de las transformaciones<br />

ocurridas a partir de ese conflicto bélico, pasó a desempeñar Estados Unidos. Este país no solo ha<br />

dado impulso a la tendencia moderna de la administración, sino que en la segunda mitad del siglo se<br />

convirtió en el principal centro de poder imperialista, con lo que amplió la capacidad de influencia y<br />

proyección de su modelo de Administración Pública.<br />

El funcionamiento del welfare State repercute en el desarrollo de esa administración mediante el<br />

incremento de los servicios, fundamentalmente los relativos a la previsión social, la educación y la<br />

salud; así, esta etapa trae consigo el nacimiento de vastos aparatos públicos y el aumento del número de<br />

empleados dedicados a esas actividades. Luego, con la crisis del welfare State en los últimos decenios, la<br />

maquinaria burocrática estatal es sometida a profundas transformaciones que inciden en las funciones<br />

del Estado y de la Administración Pública. Se abre paso un aparato que deja de actuar como instrumento<br />

de conciliación de intereses contrapuestos, que ya no busca promover compromisos interclasistas,<br />

sistemas participativos más amplios, sistemas retributivos más igualitarios o, en el proceso laboral,<br />

sistemas de relaciones industriales más “democráticos” 7 . Todo ello, naturalmente, en beneficio de la<br />

acumulación de capital bajo condiciones de aguda y avanzada lucha de clases (con la clase trabajadora<br />

en posiciones de fuerza paritaria, si no predominante, respecto a la clase capitalista).<br />

El Estado que sigue al “social”, tras la crisis de este último, asume otras formas y también funciones<br />

fuertemente orientadas a favorecer la lucha de clases que conduce la clase capitalista. Solo hay<br />

que pensar en las experiencias de Margaret Thatcher, de Reagan 8 y, en fin, de la construcción de lo que<br />

hemos llamado el profit State.<br />

Los estudiosos modernos de la administración definen el servicio público como la actividad que<br />

esta realiza cuando considera que la iniciativa privada no satisface, o no está en capacidad de satisfacer,<br />

una necesidad colectiva que no es posible desconocer, por lo que procede a ocuparse de ella directamente<br />

o a través de una empresa privada a la que encarga, mediante una concesión, la prestación del<br />

servicio, delegando a ese fin parte de sus poderes 9 .<br />

Lo hasta aquí dicho permite enmarcar la Administración Pública desde el punto de vista conceptual<br />

y estructural, en vinculación con los intereses de las clases sociales que detentan el poder político y<br />

económico, y en correspondencia con la base económica de cada sistema socioeconómico. Es así<br />

que al esclavismo, al feudalismo y al capitalismo corresponde una Administración Pública que está<br />

en función de la minoría en el poder. Esta característica se modifica con el surgimiento y desarrollo<br />

de la Administración Pública socialista, a partir de lo cual comienza a representar los intereses<br />

de la mayoría.<br />

2. Nota sobre algunas concepciones “débiles” del marxismo ortodoxo<br />

en lo referente al Estado. El contexto actual del profit State<br />

1. Un rasgo de la globalización –convertida en proyecto universal neoliberal– radica en pretender que<br />

se la pueda identificar con una suerte de despolitización y que, por eso mismo, pueda ella consistir,<br />

en última instancia, en la extinción de los Estados nacionales. Esta visión es fuertemente contradictoria,<br />

ya que justamente las concepciones neoliberales más rigurosas en el plano teórico, reclaman un<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

268


edimensionamiento estatal como condición para alcanzar el nuevo constitucionalismo necesario para<br />

un neoliberalismo disciplinado.<br />

La concepción que plantea como necesaria la extinción del Estado-nación se apoya en la dimensión<br />

supranacional que ocupan las empresas multinacionales. Con el acercamiento cada vez mayor a una<br />

economía mundial altamente internacionalizada, se avanzará probablemente hacia entidades políticas<br />

y económicas propias de Estados redimensionados en su proyección funcional regional, pero también,<br />

al mismo tiempo, hacia la creación de Estados capaces de cumplir un papel importante en el ejercicio<br />

–convenientemente articulado– de las regulaciones, así como en la formación y desarrollo de bloques de<br />

integración económica y en la conciliación de los conflictos de orden político que puedan presentarse.<br />

La internacionalización del capital y la producción, como ley económica del capitalismo, es expresión<br />

de las leyes universales de desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones sociales de producción.<br />

Obviamente, la acción crítica no debe estar orientada a luchar contra la internacionalización<br />

de esas fuerzas y esas relaciones, sino contra los efectos negativos de su forma capitalista y de las leyes<br />

que la regulan y, por consiguiente, contra los efectos y contra las propias relaciones sociales productivas<br />

del capitalismo.<br />

2. En el pasado, incluso en los estudios marxistas más meticulosos, no se entendía en profundidad<br />

la naturaleza del capitalismo monopolista de Estado (en lo sucesivo CME), independientemente de la<br />

forma en que se manifestaba y del tipo de políticas que ponía en práctica. Parece que todavía hoy, entre<br />

los marxistas se atestigua un análisis bastante claro acerca de la creciente influencia del Estado burgués<br />

en el proceso de desarrollo, pero la idea de su subordinación total a los intereses de los monopolios no<br />

es del todo exacta.<br />

En realidad, el Estado en todo momento favorece más a algunos sectores del capital que a otros, de<br />

manera que estos compiten –como parte del juego político– por acaparar para sí esos favores, aunque<br />

el Estado en todo caso debe cumplir una serie de funciones de regulación macroeconómica y social en<br />

beneficio del propio modelo de capitalismo. El CME no es solamente una modificación del capitalismo<br />

monopolista para lograr una forma más adecuada de funcionamiento del sistema, sino un medio<br />

con el cual el capital multiplica su capacidad para desarrollar las fuerzas productivas con base en los<br />

progresos tecnológicos y en la transnacionalización.<br />

Ello le da al capitalismo una gran capacidad de maniobra y adaptabilidad al poder, con la función<br />

principal de manipular permanentemente el conjunto de contradicciones para así evitar que su<br />

maduración conduzca a la destrucción del sistema. Esa capacidad ha sido decididamente mejorada<br />

en los últimos años, a través del dominio de las nuevas tecnologías de la información y mediante un<br />

poderoso andamiaje de manipulación ideológica mundial, nunca antes visto, que exalta las relaciones<br />

de producción del capital y se orienta, con fuerza cada vez mayor, a obstaculizar por todos los medios<br />

las posibilidades de lucha contra la construcción económico-social capitalista, al tiempo que se apoya<br />

en el hecho de que las condiciones para la maduración del factor subjetivo son mucho más complejas<br />

que las contradicciones objetivas 10 .<br />

Un elemento poco estudiado, y mal interpretado por la ortodoxia del marxismo, es el mecanismo<br />

de funcionamiento de la economía capitalista actual. De hecho, aun si se llega a reconocer el capitalismo<br />

monopolista de Estado, ello rara vez conduce a un análisis correcto y concreto de los cambios<br />

ocurridos en el mecanismo de mercado y de sus consecuencias políticas.<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

269


Como para otras cuestiones, también en este caso se ha perdido la capacidad de llevar el análisis de<br />

lo abstracto a lo concreto. Como se ha adelantado, el CME le brinda a la economía capitalista un mecanismo<br />

de regulación macroeconómica consciente, en el que interactúan dos contrarios: la influencia<br />

centralizadora del Estado y las relaciones del mercado monopólico. La recomposición espontánea de<br />

los contrarios se ha considerado siempre un atributo de la reproducción capitalista. Sin embargo, esa<br />

representación refleja en realidad solo un rasgo esencial del sistema capitalista, en una determinada<br />

etapa de su desarrollo.<br />

En el curso de este último siglo se ha producido un notable crecimiento de la intervención pública<br />

en la economía y en la producción. El nuevo rol asumido por el Estado con el compromiso fordistakeynesiano,<br />

el de un Estado empresario, intervencionista y empleador, caracterizó a casi todos los<br />

países industriales al menos hasta fines de los años setenta 11 .<br />

3. En las últimas décadas, con el desarrollo de los mercados telemáticos, la propaganda, la televisión,<br />

las bolsas, etcétera, ha evolucionado la información que está al alcance de los sujetos activos en el campo<br />

de la economía, hasta desarrollar en ellos la capacidad de conocer el mercado antes de llegar allí con<br />

mercancías y servicios. A nivel macroeconómico, esta economía altamente diversificada y compleja<br />

requiere todavía la participación del Estado, la ayuda de la inversión estatal directa. Al ejercer así su<br />

influencia en la dinámica del sector privado –a través de la política fiscal, monetaria, de inversión, de<br />

competencia comercial, etcétera–, el Estado brinda posibilidades de desarrollo.<br />

Esto no significa, en modo alguno, que con el desarrollo del capitalismo crezca absolutamente la<br />

intervención del Estado, que puede ser mayor o menor de un período a otro. En todo caso, el Estado<br />

neoliberal modifica la forma mediante la cual se ejerce la regulación de los mercados, pero sin que eso<br />

altere su capacidad real para regular los fenómenos políticos y sociales en beneficio del capital.<br />

De cualquier modo, la división dogmática entre anarquía total de la producción bajo el capitalismo<br />

y planificación absoluta en el socialismo no solo es poco concreta, sino antimarxista e incorrecta. Ya Lenin<br />

ponía de relieve que esa dicotomía extrema solo servía para simplificar y distorsionar el problema.<br />

La planificación no siempre es garantía de desarrollo armónico y equitativamente distribuido,<br />

como se demostró en la práctica. Puede surgir, en cambio, lo que se dio en llamar anarquía planificada,<br />

cuando las proporciones impuestas por el plan no concuerdan con las necesidades del desarrollo y con<br />

las expectativas de los agentes económicos. No puede identificarse planificación con estatismo.<br />

4. En el contexto antes delineado, la definición del modelo liberal de desarrollo centrado en el profit<br />

State 12 (un Estado del todo funcional a los intereses de la empresa) hace también plenamente comprensible<br />

el papel que la empresa pública debe cumplir en la economía total del país. Además, se entiende<br />

mejor cómo las diferentes funciones específicas atribuidas a la economía pública –a nivel central y en<br />

las áreas locales– son el tejido conectivo capaz de “enlazar” en un todo homogéneo el nuevo modo de<br />

ser y de presentarse del desarrollo capitalista.<br />

Es de esa manera que la empresa posfordista, devenida en empresa socialmente difundida en el<br />

territorio, una fábrica social generalizada, descompone las tareas, crea nuevos trabajos atípicos, rompe<br />

la unidad de clase de los trabajadores y basa sus procesos de acumulación flexible en el capital información,<br />

en la comunicación desviante, en la imagen de la competencia capitalista, en los recursos del<br />

capital de la abstracción, para irrumpir en el cuerpo social a través del papel de control total asumido<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

270


por el Estado-empresa, por un profit State que tiene todavía un papel fundador en los procesos de<br />

acumulación, muy al contrario de cuanto sostiene Berardi:<br />

El dinero (es decir, la economía) y el Estado (es decir, la política) no pueden ya gobernar ni<br />

disciplinar el mundo productivo, cuando al centro del mundo productivo encontramos no ya<br />

la fuerza descerebrada, el tiempo de trabajo manual igual, cuantificable, sino el fluido psíquico, la<br />

etérea sustancia de la inteligencia, que escapa a toda medida, que no se puede plegar a regla alguna<br />

sin producir enormes patologías, sin producir una verdadera locura, una auténtica parálisis en la<br />

cognición y en la afectividad (Berardi, 1998: 211).<br />

Pero a estas alturas, en la práctica es algo más lo que se requiere para responder a la complejidad<br />

real de las necesidades empresariales posfordistas: la cantidad y calidad de información, definida y<br />

reelaborada como capacidad de escogencia por parte del destinatario, debe transformarse en comunicación<br />

desviante total, que invade el cuerpo social para imponer la cultura de mercado y la imagen de<br />

la idea-empresa, con fuertes rasgos de coerción social global.<br />

5. Al transformarse el mecanismo de mercado, se transforman las relaciones de competencia, que<br />

se hace más aguda, y todo es arrasado por el dominio de los mercados mediante la expansión de la<br />

competencia global: todo eso está sucediendo, por ejemplo, en una fase como la actual, en la que<br />

el dominio de las condiciones de producción está determinado no por los factores tradicionales,<br />

sino por factores del capital intangible, como conocimientos, habilidades, innovaciones, formación<br />

continua, etcétera.<br />

En la teoría clásica de la información, asume relevancia fundamental la trayectoria de la cadena de<br />

transmisión que, a partir de la búsqueda y obtención de las informaciones, las transforma en procesos<br />

decisorios. De esa manera se producirá comunicación por parte del sistema, que tendrá la tarea de<br />

seguir programas operativos que posteriormente serán sometidos a definiciones que apuntan al control<br />

social, con un modelo unívoco de política comunicacional desviante que crea y gestiona imágenes 13 .<br />

La interacción e integración de las formas específicas de actividad comunicacional hacen posible<br />

transmitir e imponer la “idea-fuerza” empresarial en el tejido social, hasta condicionarlo y someterlo<br />

a la lógica de la ganancia. Se desarrollan de esa manera las sinergias comunicacionales desviadas y<br />

desviantes, en el sentido de que los flujos comunicacionales son orientados casi exclusivamente no ya<br />

a la conquista de cuotas de mercado por parte de una empresa en particular, sino al interés de homologación<br />

de la cultura y al modo de ser de la sociedad competitiva de la ganancia.<br />

Tales sinergias determinan un modelo único de comunicación estratégica desviada y desviante, que<br />

crea la estructura y la instrumentación estratégicas capaces de absorber y desarrollar conocimiento, al<br />

tiempo que valoriza e incrementa el patrimonio de imagen y credibilidad de la fábrica social generalizada,<br />

favoreciendo así los procesos de capitalización de estos recursos intangibles, como paradigma<br />

de acumulación flexible para el modelo neoliberal posfordista: el profit State del dominio tecnosocial.<br />

El paso a un sistema informativo automatizado, con la consecuente sustitución de las comunicaciones<br />

en papel por las de tipo telemático, plantea un intenso y peculiar nivel de sociohomologación<br />

dirigido a la cooptación, subordinación e individualización de la fuerza de trabajo. Sobre estos temas,<br />

por otra parte, no hay todavía un conocimiento lo suficientemente sólido como para traducirlo en<br />

criterios de proyección plenamente social del sistema comunicacional estratégico desviante.<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

271


La revolución informática es la revolución finisecular que ha contribuido notablemente al cambio<br />

económico, político y social de los últimos veinte años, al modificar la organización del trabajo y las<br />

formas de acción de la comunicación. Es posible ahora estar en relación con otros de una manera<br />

absolutamente abstracta, que permite compartir el espacio, los contenidos, el modo y el tiempo de<br />

la presencia. Hay en la relación con la realidad un deslizamiento hacia formas más virtuales, pero del<br />

todo conformistas y coercitivas, incluso impuestas en función de la paz social y sometidas al dominio<br />

de la cultura del mercado.<br />

Esta mutación de la comunicación, que se ha hecho cada vez más abstracta, más descontextualizada,<br />

más privada de referencias a las lógicas valorativas de las personas, cada vez más desviada y desviante,<br />

se ha reducido progresivamente a una autorrepresentación de los individuos, que quedan privados de<br />

referencias internas a la clase social: individuos aislados que solo tienen vínculos y espacios sociales en<br />

el contexto de la cultura de empresa.<br />

La representación del trabajo es cada vez más individualizada: el trabajador se siente cada vez menos<br />

parte de un grupo, de una clase, y pierde toda posibilidad de valorizar y socializar su escaso tiempo<br />

libre. Ocurre así no solo por causa de la elevadísima fragmentariedad de la clase trabajadora, que desde<br />

hace décadas sufre reestructuraciones a escala mundial, sino también debido al rol que ha asumido la<br />

forma-comunicación y a sus evidentes contenidos desviantes.<br />

6. La comunicación se convierte así en proceso de valorización económico-patrimonial del capital<br />

de la empresa socialmente difundida; por tanto, capital acumulado mediante nuevas y diversas modalidades.<br />

Este proceso de acumulación flexible deriva, sin embargo, de un modelo integrado, capaz<br />

de reconducir, coherentemente unidos, los flujos informativos y las varias formas de comunicación<br />

desviante impuestas al cuerpo social por el imperio del capital 14 .<br />

Es este un aspecto crucial en la interacción hombre-sistema informativo. Se deben definir, de hecho,<br />

las vías comunicacionales mediante las cuales el operador social recupera la información necesaria<br />

para establecer o experimentar una escogencia. Se trata, para el sistema de empresa, de formular planes<br />

de acción no automáticos, sino basados en conocimientos que hay que organizar, de manera consciente,<br />

en función de metas u objetivos explícitos, derivados de una programación táctico-operativa y<br />

de la planificación estratégica, determinada en el momento por el modelo de capitalismo y el respectivo<br />

sistema de empresa: una estrategia que para el trabajador individual puede ser poco visible. En<br />

sustancia, se trata de reglas de jerarquización en la presentación de la información y de los procesos<br />

comunicacionales desviantes, que a su vez van a influir en los procesos decisorios de toda la sociedad y<br />

que el trabajador, como operador, debe seguir.<br />

Para llegar a tales determinaciones, la organización empresarial y social institucional no necesita<br />

establecer reglas precisas, sino algunos principios que sirven de guía y que median, además de otras<br />

cosas, entre dos aspectos particularmente relevantes. Por un lado, tales principios se resienten de la<br />

estructura organizativa que el capital se ha dado en ese momento, a la que está conectado todo sistema<br />

hombre-comunicación. Por el otro, los principios-guía pueden también resultar no congruentes con<br />

las otras estructuras organizativas del modelo capitalista y dar así pie a comunicaciones ambiguas.<br />

En consecuencia, se tendrá que reforzar de seguidas el sistema de control del contexto social, precisamente<br />

a través de una más correcta supervisión de cuanto debe llegar al operador social por medio<br />

del canal comunicacional.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

272


La comunicación interna y externa, implícita y explícita, comercial, institucional y organizativa,<br />

personal, impersonal y telemática, de carácter estratégico o más estrechamente operativa: todas<br />

las formas de comunicación convergen en un único modelo comunicacional, nómada, integrado,<br />

desviado y desviante, buscado y determinado por el vigente modelo capitalista en su conjunto y<br />

transmitido en su territorio a través de la fábrica social difundida, trátese de la empresa privada o<br />

pública o, incluso, de la propia institución pública. Asume así un rol estratégico el profit State, sea<br />

como propuesta y mecanismo institucional central, o en las miles de formas de las unidades locales<br />

y periféricas.<br />

Toda planificación es, en el mejor de los casos, el resultado de un proceso de optimización en el<br />

que se toman en cuenta los numerosísimos parámetros y vínculos que todo modelo capitalista y todo<br />

sistema de empresa imponen a través del profit State, y que deben mantenerse claros y presentes a<br />

lo largo de la trayectoria que cumple el proceso comunicacional nómada desviante. Solo una parte<br />

de estos vínculos, y no necesariamente la preponderante, está constituida por criterios relativos al<br />

modo en que socialmente se reciben la información y las modalidades concretas de implementación<br />

de la comunicación desviante. Ya la sola optimización de las variables referidas a la transmisión de la<br />

información, por parte de cualquiera de las formas que asume el profit State, puede conducir a resultados<br />

no particularmente brillantes, sobre todo cuando se privilegian algunos vínculos con respecto<br />

a otros.<br />

Se hace preciso en todo caso, ya en la fase de planificación, recurrir a modelos comunicacionales<br />

desviantes suficientemente avanzados, así como proceder constantemente a la verificación de un criterio<br />

fundamental para la confiabilidad del modelo en cuestión, como es la capacidad de control que se<br />

requiere ejercer, genéricamente, sobre el operador social. En ese sentido, el control capitalista –ejercido<br />

a través de la fábrica social generalizada y del profit State– concierne no solo a los sistemas productivos<br />

de bienes, sino también a las actividades que implican el uso de tecnologías con base informática.<br />

Para ello se produce y desarrolla comunicación desviante, como recurso intangible y estratégico que se<br />

utiliza una y otra vez para los fines del proceso continuo de acumulación flexible del capital material,<br />

del financiero, pero también y crecientemente del intangible, del capital de la abstracción. Una suerte<br />

de economía virtual que devora la economía productiva real 15 .<br />

Surge así, para el neoliberalismo posfordista, la necesidad de una gestión unitaria, integrada, de<br />

una comunicación desviante encomendada directamente a un organismo empresarial-institucional<br />

de alto nivel: el profit State en sus miles de formas, capaz de coordinar el conjunto de las actividades<br />

comunicacionales desviantes y de superar todo conflicto de competencia, especialmente la separación<br />

funcional, la desorganización y contradicción ínsitas en el manejo fragmentado de esas actividades por<br />

distintos cuerpos de la estructura capitalista 16 .<br />

Todo esto está estrechamente ligado a la financiarización de la economía –resultado de las crisis<br />

energéticas de los años setenta–, con la cual se ha inmerso el capitalismo internacional en un proceso<br />

de mutación de carácter cada vez más degenerativo, en la ilusión de que el incremento de los medios de<br />

pago en papel o electrónicos pueda estar en capacidad de crear riqueza real.<br />

Pero hacer finanzas especulativas no significa crear riqueza real, no significa crear nuevos puestos<br />

de trabajo, no significa crear nuevos bienes, resolver nuevas y antiguas necesidades, dar respuesta a las<br />

aspiraciones individuales y colectivas de disfrutar de tiempo libre mediante la reducción del horario<br />

laboral. Significa, en cambio, exportar por doquier un capitalismo financiero que ataca toda forma<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

273


de solidaridad, en nombre del individualismo, y crea aversión hacia todo lo que es público, hacia<br />

todo lo que implique relaciones sociales cuyo contenido y valor no puedan ser medidos a través de<br />

la moneda.<br />

7. Ese es el verdadero significado de la globalización neoliberal: una globalización de los mercados<br />

financieros, en la que solo encuentra campo abierto la libertad absoluta de movimientos de capital, en<br />

desmedro del trabajo, mientras que el movimiento de las personas y de las mercancías sigue sometido<br />

a políticas proteccionistas, muchas veces de connotaciones explícitamente racistas. El movimiento de<br />

capitales en clave global es un fenómeno nuevo, que ha asumido características de irreversibilidad, en<br />

perjuicio del desarrollo de la economía real, al concentrar la riqueza en un número cada vez menor de<br />

sujetos, aumentar en el planeta las áreas de pobreza, los niveles y grados de marginalidad, y producir<br />

actividades extrañas y contrarias a la utilidad social colectiva.<br />

Es en ese contexto que se configuran, también en Italia, los ataques al Estado social, en una carrera<br />

hacia el individualismo utilitarista anglosajón, hacia el modelo del neoliberalismo salvaje y las políticas<br />

monetaristas –convertidas ya en ideología hegemónica–, que desarticula y arrasa hasta los principios<br />

mismos de la civilidad, como los de la tolerancia y la solidaridad entre grupos y generaciones diferentes.<br />

La superación de la era fordista abre una fase de redefinición del capitalismo, de características<br />

posindustriales que, de hecho, supera las lógicas interpretativas de tipo industrialista y obrerista, para<br />

pasar a una jerarquización de los modelos de desarrollo que se basa, principalmente, en modalidades<br />

de transformación social y económica de las que, crecientemente, emergen nuevos sujetos sin garantías.<br />

Se trata de una población directa o indirectamente ligada a esa nueva empresa socialmente difundida<br />

en el territorio, la fábrica social generalizada, que por otra parte está dotada de una muy específica<br />

capacidad de autocontención en relación con la oferta y la demanda de trabajo, que ejerce mediante la<br />

marginalización, la precarización, la desregulación y la expulsión de los sujetos económicos y productivos<br />

no compatibles. Es ya este un pueblo de nuevos desempleados y de extrabajadores regulares que<br />

han sido, de hecho, precarizados, privados de toda garantía de continuidad en el trabajo, expulsados<br />

de la empresa madre y sometidos a una nueva forma de trabajo a destajo, superexplotados; se trata<br />

muchas veces de nuevas formas de trabajo subordinado, de trabajos atípicos que quedan fuera de las<br />

garantías legales y retributivas, sociales y asistenciales, propias del trabajo dependiente. Baste ver, como<br />

ejemplo pasmoso, la institucionalización del precariado en la Administración Pública, con el empleo<br />

de personal que recibe garantías y salario fuertemente reducidos. También el enorme aumento de las<br />

partidas IVA, es decir, de los nuevos trabajadores autónomos, los nuevos pequeños empresarios, que<br />

no son sino el resultado de la decisión del capital de expulsar mano de obra, de procrear la llamada<br />

tercerización –mal retribuida, libre de cargas contributivas–, de apelar, por regla general, a formas<br />

más o menos disfrazadas del destajo corporativo en contraposición a toda forma de rigidez laboral y<br />

retributiva, hasta hacer que todo el cuerpo social sea flexible y compatible con el sistema de la centralidad<br />

de la empresa y de la ganancia, adaptándolo así, a través de las funciones del profit State, a la<br />

organización de la fábrica social generalizada.<br />

El mensaje social que cotidianamente se transmite en toda Europa, aun si con modalidades a veces<br />

diferentes, está siempre basado en la dogmática validación de los criterios de eficiencia del enfoque<br />

capitalista norteamericano, para así impulsar un auténtico darwinismo económico a través de todas<br />

las formas de flexibilidad social, laboral y salarial. Se busca la derrota de todo comportamiento que<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

274


se revele rígido, conflictivo, no homologable a las compatibilidades de la ganancia, a las leyes de un<br />

mercado cada vez menos regulado y cada vez más salvaje. Y esto se acompaña con continuos recortes<br />

del gasto público en todo el continente. El ciclo productivo se ha saltado los muros de la fábrica, para<br />

generalizarse en la sociedad entera.<br />

8. No obstante todo lo expuesto, las principales carencias cognoscitivas de la teoría marxista no se<br />

manifiestan en el estudio y explicación de la sociedad capitalista, sino en la explicación de los procesos<br />

de la sociedad socialista en construcción. Contra lo que es opinión corriente, la teoría económica de<br />

los primeros marxistas no atañe, en general, a los países socialistas: sus análisis son relevantes para<br />

estudiar la prospectiva del funcionamiento de las economías capitalistas. Con la expansión geográfica<br />

del capitalismo hacia el este de Europa, se hicieron además útiles para estudiar las tendencias de las<br />

nuevas economías de mercado. Por otra parte, como bien lo explicaron ellos mismos en sus trabajos,<br />

Marx y Engels solo pudieron esbozar ese análisis en términos muy generales; y Lenin, que vivió pocos<br />

años de la construcción socialista, se ocupó mucho más de la resolución de problemas prácticos que del<br />

análisis del sistema. Por eso, una de las grandes carencias de los estudios marxistas es la que viene dada<br />

por la inexistencia de una teoría que explique científicamente la transición al socialismo 17 .<br />

Ciertamente, no se debe culpar por ello a los “padres”. Para Engels, por ejemplo, la sociedad socialista<br />

no se hacía de una vez y para siempre: como todas las otras, estaba sometida a constantes cambios<br />

y transformaciones. Fueron los marxistas y los científicos sociales de los países del socialismo realizado<br />

quienes perdieron precisión y capacidad crítica al explicar las transformaciones en curso. No pudo determinarse<br />

siempre con claridad la velocidad de los cambios, ni medirse las consecuencias a largo plazo<br />

para decidir su aceleración. En concreto, no se desarrolló una ciencia acerca del ejercicio democrático<br />

del poder en los países socialistas. La relación entre poder y hegemonía, los problemas de liderazgo, los<br />

problemas del ejercicio democrático bajo la guía de un partido único, fueron temas poco estudiados.<br />

En sentido general, consideramos que el único dogma que se desprende de las obras de los padres<br />

es la ausencia de dogmatismo. En esas obras no encontramos las respuestas de todas las interrogantes<br />

(¿y cómo podría ser de otra manera?), pero hay un método de análisis que permite hallarlas.<br />

3. Para una aproximación al análisis del Estado en la fase neoliberal:<br />

profit State contra welfare State<br />

1. Con la consolidación de las políticas neoliberales, el Estado social se transforma en Estado-empresa,<br />

en profit State que asume como central la lógica del mercado, la salvaguarda y el incremento de la<br />

ganancia; que transforma los derechos sociales en donativos de beneficencia, que impulsa una comunicación<br />

social que lleva a asumir la ganancia, la flexibilidad y la productividad como nuevas formas de<br />

“divinidad social”, como filosofía inspiradora del único modelo de desarrollo posible 18 . El profit State<br />

sigue tributando condiciones favorabilísimas a los empresarios y aplicando descuentos excepcionales<br />

a la ganancia. Eso no se traduce siquiera en mejoras del gasto social (también porque disminuye el<br />

peso contributivo de las empresas), ni en incrementos de las inversiones en el mercado italiano, ni en<br />

reducciones del horario de trabajo, ni en aumentos de salario o en operaciones redistributivas a favor<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

275


del trabajo, ni crece el empleo. A todo ello se agrega la fuerte contracción que está sufriendo, en las<br />

más diversas formas, el welfare, el bienestar, con reducciones del gasto social que significan reducción<br />

del salario indirecto, del salario social.<br />

Sindicatos confederados, empresarios y Gobierno plantean continuamente mensajes apocalípticos<br />

sobre la caída y la privatización de las diversas formas de gasto social, que no son ya financiables por<br />

causa de la tendencia demográfica a un envejecimiento de la población y, consecuentemente, de la<br />

elevada incidencia que adquiere el gasto en pensiones y salud.<br />

Son tantos los métodos con los cuales es posible adelantar la llamada flexibilización y privatización<br />

del welfare… Piénsese, en primer lugar, en la venta de bienes de propiedad pública (las empresas, las<br />

viviendas de edilicia popular), y aun en el traspaso a organismos privados del manejo y provisión de<br />

servicios esenciales, incluso a través de la posibilidad de remplazar el servicio público por el privado<br />

(por ejemplo, las pensiones sociales, sustituidas por las pólizas de las compañías aseguradoras).<br />

También a manera de ejemplo, recordemos que dentro de esa óptica, dirigida a favorecer las políticas<br />

de flexibilidad y de privatización del welfare, se introdujo en Italia el trabajo interino; se privatizaron<br />

las oficinas de colocación o empleo (ya en 1997, con el Gobierno de centro-izquierda), que<br />

cedieron lugar a las agencias especializadas de los nuevos “caporales”; se optó por la descentralización<br />

y la privatización también de los servicios de empleo a nivel regional y provincial; y se propusieron<br />

todavía otras reformas, todas orientadas a la institucionalización del precariado y del trabajo “negro”,<br />

con incentivos para las empresas y ninguna garantía para los trabajadores.<br />

2. La formulación general de las políticas atinentes al trabajo está fuertemente inspirada en las lógicas<br />

contributivas y previsionales privadas, que no producen más que la disminución de las tutelas y promueven<br />

un empleo y un salario flexibles, sin regulaciones, con escasas garantías de conjunto. Un papel<br />

fundamental han jugado en esto la precarización (del trabajo y de las retribuciones) y la movilidad (son<br />

ya millones los que se han visto obligados a cambiar de sector laboral y constreñidos, muchas veces, a<br />

aceptar formas diversas de flexibilización del salario).<br />

Lo que hoy domina la escena económica es el derrumbamiento de cualquier rigidez en los costos y<br />

las normas, para favorecer a la empresa. Se trata de propuestas encaminadas al control de las capas más<br />

débiles de la sociedad, hasta hacerlas chantajeables y condicionadas por el poder. Para ello se activan,<br />

sin duda, factores que favorecen la conflictividad horizontal entre los varios componentes sociales, se<br />

obstaculiza la recomposición unitaria del mundo del trabajo y se estimula, en cambio, el surgimiento<br />

de verdaderos “asistidos sociales”, funcionales a una nivelación hacia abajo del conflicto social y político.<br />

Se cumple así, también, una utilización instrumental del sector terciario, acorde a las reglas de<br />

la eficiencia capitalista, mediante el aprovechamiento de la economía non profit [sin fines de lucro], de la<br />

llamada economía social y de la autorganización, que suplen el papel del Estado social.<br />

También a través de las modalidades de ejecución de los procesos de privatización es posible advertir<br />

cómo el neoliberalismo internacional se está remodelando, en términos sobre todo financieros, para<br />

reducir las opciones y las formulaciones de tipo público y colectivo que caracterizaron a las llamadas<br />

economías mixtas. En efecto, se asiste hoy, como ya hemos dicho, a una aproximación gradual de dos<br />

modelos opuestos: el de las public companies y el de las empresas consociativas. Mientras en Estados<br />

Unidos se avanza hacia un accionariado más estable, en Japón disminuye la incidencia de los cruces<br />

accionarios y se tiende a ampliar la participación directa del mercado financiero, con una creciente<br />

dependencia de las empresas respecto a este último.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

276


Considerando que el modelo renano se ha demostrado económica y socialmente superior, sería<br />

lógico esperar que ese sistema empresarial prevaleciera, en detrimento del modelo anglosajón. Pero<br />

eso no sucede. En la realidad, de hecho, este último tiende a imponerse, no solo en los países que<br />

buscan adoptar una vía media entre uno y otro, sino también en aquellos donde se originó el modelo<br />

renano-japonés.<br />

Pero la gestión de la crisis o, mejor, la forma de redefinición del proceso de acumulación capitalista<br />

hasta ahora usada, muestra elementos de debilidad: de un lado, acentúa la dicotomía del sistema oestenuevo<br />

este; del otro, produce, en el occidente de capitalismo avanzado, efectos sociales que vuelven a<br />

poner en discusión, ante todo, los propios arreglos políticos. Desde el punto de vista financiero, lleva<br />

al predominio de un ciclo de acumulación acrecentado y de tipo flexible, que no llega a pasar a través<br />

de intermediario productivo alguno: no hay transformación del capital en medios de producción, en<br />

producción efectiva y en realización del surplus de inversión productiva. En el plano local, la financiarización<br />

se suma a la sobrecarga enorme de la desigualdad en la distribución interna de la ganancia,<br />

que tiene por consecuencia un retroceso en las formas políticas y económicas que eran típicas de las<br />

democracias en Occidente.<br />

Hoy el capital reclama siempre mayores ganancias, con la excusa de la creciente competitividad<br />

internacional y de la globalización. A través de los modelos comunicacionales de la fábrica social<br />

generalizada y de las funciones del profit State, el pensamiento único neoliberal transmite a toda la<br />

sociedad su cultura de darwinismo económico y social, en nombre del mercado y de los exclusivos<br />

intereses de la empresa.<br />

3. Las informaciones necesarias para que las instituciones puedan desempeñar a cabalidad una decidida<br />

función estratégica de control social, acompañada por un coherente y eficiente programa operativo de<br />

ruptura de la solidaridad de clase de los trabajadores, tienen la característica de cubrir arcos de tiempo<br />

similares y refieren a las tendencias que durante ese período puedan evidenciarse en cuanto atañe<br />

a los factores tanto internos como internos-externos, o del todo externos, del modelo específico de<br />

capitalismo en cuestión.<br />

El propósito de la planificación estratégica del control social es, precisamente, identificar con la<br />

máxima anticipación las oportunidades que se perfilan para el conflicto social, con el objetivo de poner<br />

en marcha a tiempo las políticas de control y, si es posible, de homologación de las fuerzas antagónicas,<br />

a la vez que se diseñan las estructuras organizativas que mejor se presten para hacer frente a los cambios<br />

de situación.<br />

Dada su naturaleza, esa función la cumple, en el máximo nivel de responsabilidad, una autoridad<br />

institucional, un nuevo tipo de “patrón”, un nuevo tipo de “economía”, un nuevo tipo de “poder”.<br />

Son las mil caras del profit State, que requieren grandes cantidades de información, adecuados instrumentos<br />

y modelos comunicacionales nómadas desviantes de carácter estratégico, así como capacidad<br />

para reprimir, en el plano de la “cultura” y de la homologación, toda forma de disenso, de rebelión, de<br />

conflicto social.<br />

En los procesos decisorios, la separación estructural que se presenta entre los sujetos y los niveles<br />

sociales involucrados puede provocar, además de desarmonías en relación con el ambiente externo,<br />

también otras en el sistema institucional. Estas últimas pueden presentarse cuando las instituciones<br />

centrales y las correspondientes a la empresa (el profit State, en sentido general), que definen el<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

277


pensamiento estratégico del control, no han evaluado correctamente la situación operativa que se<br />

deriva del análisis de campo.<br />

La comunicación estratégica desviante encuentra así un límite en su función de control, ya que al<br />

dirigirse al conjunto de los sujetos presentes en el territorio, se basa en dinámicas siempre nuevas, que<br />

involucran competencias y culturas diversas, y que deben ser reconducidas a la unidad de lo que puede<br />

definirse como la cultura de la comunicación del profit State. Esa cultura es transmitida, en primer<br />

lugar, por las conductas de carácter integrador de las instituciones centrales y locales, conductas que se<br />

sustentan firmemente en la cultura de la empresa y del mercado, que se hace cultura social a través de<br />

las diversas representaciones de la fábrica social generalizada.<br />

La búsqueda de una cultura del profit State, que imponga la univocidad de sus propios modelos decisorios,<br />

debe tener en cuenta que una organización social y económica compleja produce “lenguajes”<br />

diversos en los varios subsistemas que la componen y, por tanto, requiere que la transmisión de sus<br />

mensajes sea reconducida a la unidad de un mismo modelo comunicacional, desviante e integrador.<br />

Un modelo elaborado y transmitido por medio de procesos conductuales y decisorios totalizantes, ejecutados<br />

para integrar y unir la estrategia y la comunicación del control social en un continuo devenir<br />

del dominio tecnosocial.<br />

4. La descripción que hasta aquí hemos hecho confirma que no es solo la gran empresa quien funge de<br />

directora de la vida socioeconómica del ciudadano común, sino la totalidad del sistema de fábrica social<br />

generalizada, que fija sus bases en la imposición de la lógica de la flexibilidad a todo el vivir social;<br />

lógica, por otra parte, desarrollada y transmitida gracias a la “disponibilidad” de un capital intelectual<br />

homologado de alto nivel.<br />

Ocurre así gracias al papel asumido por el profit State, que cuenta para ello con el acrecentado<br />

poder de algunos entes públicos, que se configuran en su homologación al sector privado y se convierten<br />

en entes-empresa; con la todavía más fuerte centralidad de los bancos, como sujetos que<br />

controlan y direccionan los recursos financieros para el desarrollo local; y con los sujetos políticocomerciales<br />

locales, que incrementan su poder específico respecto a los extralocales. En consecuencia,<br />

parece claro que el llamado a huir del localismo no es determinante, tampoco, desde el punto de<br />

vista de los procesos de redistribución del poder, que de manera creciente reflejan las dinámicas del<br />

modelo de desarrollo central basado en el Estado-empresa; es decir, en el profit State que constata,<br />

que atrae hacia sus propias lógicas y necesidades un capital intelectual homologado que se hace<br />

portador de los procesos de flexibilidad y de difusión social de los intereses y las lógicas del sistema<br />

empresarial.<br />

Cualquiera que sea el sistema de empresa, los diversos modelos de capitalismo confluyen en la<br />

univocidad de intenciones a través de procesos de financiarización, así como de nuevas modalidades<br />

de explotación del trabajo y de reestructuración del mercado, que únicamente determinan procesos<br />

empresariales expansivos. Tales procesos llevan al éxito de la empresa y la afirman en el largo plazo, cosa<br />

que logran a partir de modelos de acumulación flexible basados en inversiones financieras y de capital<br />

con rasgos cada vez más inmateriales.<br />

Para efectuar semejantes transformaciones se hace necesario actuar según el llamado principio social<br />

de la flexibilidad, lo que equivale a utilizar para ese fin estructuras institucionales que imponen en<br />

el cuerpo social el principio del mínimo costo y máximo beneficio; así como a aplicar, en sentido cada<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

278


vez más estratégico, la lógica del máximo en grado de adaptabilidad a las exigencias del mercado, que<br />

es también mercado del vivir social.<br />

La flexibilidad no tiene en el capitalismo un carácter neutral; antes bien, y con mayor razón en esta<br />

fase de predominio del capital sobre el trabajo, es absolutamente “parcial”: la administra el capital, a<br />

su placer y ventaja (cuando la fuerza de trabajo no consigue contraponerle sus propios intereses de una<br />

manera organizada, o cuando no tiene el valor necesario para arrancarle posiciones de privilegio). Por<br />

tanto, la flexibilidad en términos absolutos y neutros no existe. Y es precisamente por eso que la clase<br />

trabajadora no puede a priori, preconceptualmente, ser contraria a la flexibilidad como tal, pero sí a la<br />

que en su contra administra el capital. Es en el plano de las prácticas (conflictivas) de clase, y por tanto<br />

de la lucha de clases, que se arrancan mejores condiciones y mayores poderes en la gestión de la flexibilidad.<br />

Sin embargo, solamente en una sociedad liberada del dominio del capital sobre el trabajo y del<br />

trabajo mismo (el asalariado) podrá ser libremente administrada por los seres humanos una verdadera<br />

flexibilidad 19 . Como principio del vivir social, ella significa, en cambio, precariedad, pues se hace posible<br />

a partir de la extensión de la flexibilidad tecnológica, que actualmente permite tanto incrementar la<br />

productividad como flexibilizar la producción, lo que lleva a una notable contracción del volumen de<br />

la fuerza de trabajo y a una disminución del tiempo de labor necesario para la producción. El trabajo<br />

no está disponible para todos y la flexibilidad de las relaciones laborales torna precario e inestable el<br />

vivir, incluso para aquellos que todavía gozan de un empleo más o menos estable. El universalismo de<br />

los derechos se convierte en “welfare flexible”, es decir, en “welfare de los miserables”.<br />

Es en ese contexto de “soluciones compatibles” que se configuran, también en Italia, los ataques<br />

al Estado social, en una carrera hacia el individualismo utilitarista anglosajón, hacia el modelo del<br />

neoliberalismo salvaje y las políticas monetaristas, convertidas ya en ideología hegemónica. Se van<br />

de esa manera desarticulando y arrasando hasta los principios mismos de la civilidad, como los de la<br />

tolerancia y la solidaridad entre grupos y generaciones diferentes, principios-guía en un país como el<br />

nuestro, para el que tan significativo y fundamental ha sido, en el plano del condicionamiento de las<br />

decisiones de política económica y en el plano cultural, la contribución de las tradiciones y de la fuerza<br />

del movimiento obrero.<br />

La política económica neoliberal llevada adelante por Gobiernos de centro-izquierda y de centroderecha<br />

ha producido en Italia, por ejemplo, un cuadro macroeconómico que evidencia tendencias<br />

recesivas, contracción y precarización del empleo, reducción del salario real y una disminución de la<br />

inflación que se debe, principalmente, a la fuerte caída de la demanda, al aumento de las capas de<br />

pobreza y de las tasas de desocupación. La respuesta a las trágicas consecuencias de la globalización<br />

neoliberal no está dirigida a la preservación de los principios solidarios y la ejecución de políticas serias<br />

para salvaguardar también unas prestaciones sociales congruentes, sino a la creación de una estructura<br />

centrada en políticas de recorte del welfare, que golpean crecientemente a los estratos más menesterosos<br />

de la población. Para alcanzar esa meta se ha impuesto una política de ahorros en sectores fundamentales<br />

como la previsión y la salud, que tiene como objetivos prioritarios la movilidad y flexibilidad del<br />

trabajo, las privatizaciones y los recortes indiscriminados en el gasto público: la privatización misma<br />

del welfare.<br />

En última instancia, estamos en presencia de continuas proposiciones cuya valoración no tiene<br />

carácter social, sino que se basa exclusivamente en parámetros de eficiencia y eficacia competitiva en<br />

el mercado, indicadores típicos de la gestión de empresas, que ahora deben determinar las dinámicas<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

279


evolutivas del Estado social. Es la cultura de empresa, es la moralidad del liberalismo, es la lógica<br />

de la ganancia y del mercado, que debe ser cargada sobre las espaldas ya débiles de los enfermos, de<br />

los ancianos, de los desempleados y subempleados, de los precarios, de los pensionados, de todos los<br />

estratos marginados de la sociedad.<br />

Se trata, pues, de un profit State que asume la “carga” del welfare de la flexibilidad, abandonando<br />

completamente el deber de brindar protección social a todos los ciudadanos y abatiendo toda forma<br />

de universalismo de los derechos. Se incrementan así verdaderas formas de pobreza y de marginación<br />

absoluta, la miseria de un siempre creciente número de personas que no logra acceder siquiera a los<br />

niveles mínimos de sobrevivencia, a los más indispensables cuidados médicos y hospitalarios, a una,<br />

al menos mínimamente, digna vejez, a una aceptable calidad global de la vida. Eso es el welfare de los<br />

miserables, de los excluidos: el paso del universalismo de los derechos a la garantía escasa de la caridad.<br />

5. De lo previamente explicado sobre el papel activo que desempeña el profit State en los nuevos<br />

procesos de acumulación flexible, en la reestructuración capitalista de la era posfordista, se deduce<br />

inmediatamente por qué el Estado social, garante del equilibrio entre capital y trabajo hasta los años<br />

setenta (un sistema que integraba en su propia estructura las instituciones del trabajo, la participación<br />

de los trabajadores en la producción, las organizaciones de masas), ha sido arrasado por la transformación<br />

productiva. La política del Estado social, sustentada en la estructura estable de la producción, se<br />

vino a menos. Y su organización, con todas las diversas formas de protección social a ella ligadas, sufre<br />

desde hace veinte años un progresivo proceso de empantanamiento 20 .<br />

El Estado social que se planteó en la posguerra en los países occidentales se basaba en un modelo<br />

cuyo funcionamiento puede ser esquematizado de la siguiente manera: el desarrollo de la economía<br />

garantizaba ocupación y puestos de trabajo; el desarrollo avanzaba regularmente, de modo que el<br />

mercado estuviese en capacidad de resolver el problema del empleo, mientras que el Estado intervenía<br />

marginalmente para cubrir las interrupciones temporales del poder de compra de la fuerza de trabajo<br />

y para asegurar las condiciones de paz social, mediante distintas formas de “solidaridad”, en los momentos<br />

en que fallaba la relación con el mercado, por causa de desempleo provisional, enfermedad,<br />

vejez o estudios.<br />

Este modelo se engranaba en una organización social basada en el trabajo fordista a tiempo completo<br />

de los hombres, y en la disponibilidad de las mujeres para garantizar las actividades de reproducción,<br />

respecto a las cuales la intervención del Estado era puramente marginal. Ese modelo está hoy definitivamente<br />

agotado. Los cambios producidos por el ciclo posfordista de la acumulación flexible, que<br />

determinan la crisis fiscal del Estado y el aumento de los costos del welfare, lo hacen incompatible para<br />

un sistema de alta competitividad internacional.<br />

Para poner remedio a esta situación de profunda crisis, en la que una masa creciente de desempleados<br />

y de trabajadores precarios se ven desamparados, ya no es posible garantizar una red de protección<br />

social mínima para todos y para las distintas fases de la vida, porque ello no es ya compatible con<br />

los modos de la acumulación capitalista; ya no se puede garantizar una relación estable de trabajo,<br />

afincada en una oferta eficaz de servicios básicos y en políticas de discriminación positiva en favor de<br />

los más débiles.<br />

Es evidente que la crisis del Estado social, junto con la determinación de las formas del conflicto social,<br />

deben ser asumidas como cuestiones centrales al reflexionar sobre la crisis de la idea de desarrollo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

280


y para elaborar una perspectiva de cambio radical del modelo que ese desarrollo debe seguir. Es necesario,<br />

de hecho, entender que la reforma del welfare no es sino, simplemente, la forma institucional de<br />

secundar los nuevos procesos de acumulación flexible; es el profit State que busca confrontarse con las<br />

nuevas estrategias de inclusión y de exclusión que se expresan en la globalización del modo de producción<br />

capitalista y del mercado. La afirmación de las culturas y de los nuevos horizontes financieros que<br />

han signado la metamorfosis de los sistemas económicos y sociales del mundo capitalista, ha producido<br />

profundas transformaciones en el imaginario colectivo, derivadas de la imposición, en la cultura social,<br />

de ideas-fuerza nacidas en el terreno más propiamente económico-productivo del nuevo ciclo posfordista.<br />

De esa manera se ha instituido la imagen dominante del mercado global y de la individualidad<br />

sin vínculos sociales, sin solidaridad de clase.<br />

6. La experiencia del Estado social fue instrumentada en Italia por una capa político-dirigente de extracción<br />

medio-burguesa, que determinó la forma asistencialista y la degeneración de los mecanismos<br />

de inclusión administrados por la vía del clientelismo. Ahora, mientras se busca sofocar el conflicto<br />

entre trabajo y capital consintiendo una representación social de la empresa, la práctica de la solidaridad<br />

–en la forma en que fue inspirada y dirigida por el Estado social fordista– se vacía progresivamente<br />

de todo significado, a medida que la ideología y el ejercicio de la privatización generalizada destruyen<br />

los instrumentos de poder económico y de legitimación moral que habían permitido alimentar la<br />

solidaridad y el compromiso social con el gasto público.<br />

La acumulación flexible tiende cada vez más a manifestarse también como finalización gradual y<br />

reducción efectiva de las ventajas aseguradas por el welfare, pero sobre todo como progresivo empobrecimiento<br />

de las capas tradicionalmente protegidas, empezando por toda el área del empleo público, los<br />

mandos medios del sector terciario, los artesanos y pequeños comerciantes o esas capas profesionales<br />

cuya identidad y seguridad estaban aseguradas por la presencia, más o menos garantizada, de la protección<br />

social y de los servicios públicos.<br />

Por otra parte, es posible detectar, en las nuevas representaciones del mercado de trabajo, la inestabilidad,<br />

la intermitencia, la reversibilidad de los roles, de las competencias de los trabajadores, que<br />

dictaminan la superación de las formas fordistas y keynesianas de la relación entre capital y trabajo, entre<br />

economía y sociedad, para reconstruirla sobre las bases del profit State, más adecuadas y disponibles<br />

para los nuevos imperativos de mando deseados por la acumulación capitalista flexible y ejecutados por<br />

las élites del capital internacional, que operan sinérgicamente en el mercado global de las mercancías<br />

y las finanzas.<br />

7. Más allá de estos elementos, se deben considerar algunos aspectos de carácter financiero, como el<br />

gasto público. Con ese instrumento se ha buscado, a través de los años, “balancear las distorsiones<br />

producidas por el funcionamiento del mercado capitalista” y, en particular, redistribuir la riqueza producida<br />

y garantizar el equilibrio económico del Estado. Las crisis financieras han contribuido a incrementar<br />

la crisis fiscal del Estado, producto del desequilibrio creciente en el balance estatal y fiscal y de<br />

la desproporción entre egresos e ingresos de la masa financiera. A todo esto se deben agregar los movimientos<br />

monetarios, dirigidos a obtener incrementos de capital financiero en desmedro del equilibrio<br />

interno de las finanzas públicas, que han contribuido al crecimiento del déficit fiscal y favorecido a un<br />

restringido lobby económico-financiero.<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

281


El conflicto social que se plantea en varios sectores del welfare (pensiones, sanidad, siniestros, empleo)<br />

pone en evidencia la necesidad de una redefinición de la intervención estatal, principalmente<br />

en lo que corresponde al saneamiento de la gran fábrica, a la reconstitución del pleno empleo y al<br />

desarrollo de las políticas sociales: tres fundamentos del welfare completamente aniquilados.<br />

El welfare garantizaba una relación entre economía, política y sociedad, como proyecto de gobierno<br />

político de la crisis, con propuestas de bienestar compatibles y tendentes a definir el pacto social, centrado<br />

en la deuda pública, que sostenía el viejo modelo de Estado. Al crecer la deuda, era inevitable que<br />

surgiese el problema de la solvencia de las cuentas del Estado y, por tanto, de los límites que había que<br />

poner a esa expansión. Los Gobiernos de los países occidentales, que habían digerido solo parcialmente<br />

la revolución keynesiana, tuvieron por tanto que empezar a enfrentar el problema del bloqueo del gasto<br />

público. Pero apenas ocurrido ese bloqueo, a partir de los años ochenta, la desocupación empezó a<br />

crecer vertiginosamente por doquier. La improductividad del Estado generó una auténtica redefinición<br />

política, económica y social, de signo restaurador, contra aquello que –por causa del trastrocamiento–<br />

fue presentado como un verdadero despilfarro de recursos. Nacen, entonces, las nuevas soluciones,<br />

compatibles con el nuevo ciclo posfordista de la acumulación flexible.<br />

Se define el papel del nuevo profit State, por ejemplo, a través de las soluciones tecnocentristas que<br />

se van delineando en la Europa de Maastricht. Perfilan ellas la recomposición de un bloque de fuerzas<br />

económico-sociales cuya afirmación no puede sino producir, como consecuencia, el abandono de los<br />

excluidos y de las áreas geográficas más expuestas a la marginación, al tiempo que procuran difundir<br />

la cultura rampante y autoafirmativa del mercado para crear un consenso –políticamente peligroso–<br />

en torno a ese nuevo bloque neocentrista que busca estructurarse alrededor del pensamiento único<br />

neoliberal.<br />

El Estado, en su función de garante de la seguridad social (en el campo de la salud, de la educación,<br />

de la previsión y asistencia, en la tutela de las capas más débiles de la población), necesita, además de<br />

un desarrollo económico equilibrado, altos niveles de ocupación y una ponderada tributación fiscal.<br />

8. Con el inicio de los años noventa se acentúan en Italia las decisiones que apuntan hacia formas de<br />

capitalismo con rasgos de auténtico darwinismo social. Tal opción, que impone el paso del capitalismo<br />

italiano –fundado sobre un modelo de economía mixta– a formas neoliberales de capitalismo salvaje,<br />

basadas en hipótesis económicas monetaristas, se debe a una acrítica escogencia europeísta del poder<br />

político, económico y financiero de nuestro país, que acepta, se somete e, incluso, se hace promotor<br />

de las compatibilidades monetaristas de la Europa de Maastricht, la Europa deseada e impuesta por los<br />

grandes capitales financieros.<br />

El poder contractual de los trabajadores, el Estado social y la democracia de masas, son puestos<br />

en discusión radicalmente para construir –apoyándose en cada elemento de debate sobre los puntos<br />

de resistencia y de condicionamiento de la unidad de los trabajadores– una nueva fase del desarrollo<br />

capitalista. Fundamento de esa nueva fase es la reorganización de las formas del trabajo y del mercado<br />

de trabajo. En la fase anterior de desarrollo, la fordista y taylorista, se configuraba en Italia, sustancialmente,<br />

una tendencia a la unificación del mundo del trabajo, dependiente en algunas figuras que<br />

estaban en capacidad de representarlo en su conjunto. Hoy, la nueva modalidad de la acumulación<br />

flexible impulsa, en cambio, una tendencia a la división, a la fragmentación, a la precarización de<br />

dicho mundo. Se organiza el mercado de trabajo de una manera tal que la división, la intermitencia y<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

282


la flexibilidad sean los elementos característicos. Y el primer elemento de división radica en el hecho<br />

de que el desempleo se constituya en fenómeno de masas, permanente y estructural, acompañado por<br />

la redefinición privatizadora de todo el vivir social.<br />

Es desde esa óptica que el proceso de privatización comienza en Italia a golpear fuertemente el<br />

welfare, con miras a abatir la universalidad de los derechos, al tiempo que presupone un hipotético<br />

Estado social dirigido exclusivamente –y de manera ineficiente– a la cobertura de las necesidades<br />

de los estratos más pobres de la población. Es así como nace y se desarrolla en nuestro país el nuevo<br />

consociativismo político y económico.<br />

El consociativismo neoliberal de la era de la globalización plantea, también en Italia, políticas<br />

económico-fiscales y de gasto público, etapas de privatización desenfrenada, el desmantelamiento del<br />

welfare State y reformas político-constitucionales que, en general, no tienen más condiciones que las<br />

dictadas por la lógica de la preservación del consenso electoral, por lo que, de tanto en tanto, satisface<br />

intereses particulares ligados al mundo de la empresa, o al de una nueva partidocracia todavía más<br />

sedienta de poder que la anterior, pero más compatible con los nuevos esquemas de reestructuración<br />

capitalista.<br />

En Italia, la actual formación política y los proyectos de reforma del welfare State, del sistema<br />

electoral, del Estado y de la Constitución, encuentran su punto de referencia en el plano de la reestructuración<br />

productiva que sigue las prospectivas del modelo de desarrollo neoliberal. Un modelo<br />

basado, como siempre, en la intensificación de los procesos de acumulación y, luego, en las reformas<br />

institucionales, para plegar las nuevas necesidades sociales a las exigencias de conservación. Y esas<br />

nuevas necesidades, por su parte, se resumen en la necesidad de consumir no solo mercancías, sino<br />

sobre todo servicios; esto es, en hacer compatible la organización de la producción, sustentada a su vez<br />

en procesos cada vez más intensos de terciarización, funcionales a la adecuación a las nuevas realidades<br />

del capital.<br />

Los Gobiernos de raíz neoliberal han abatido y desmantelado definitivamente lo que quedaba del<br />

Estado social y de las conquistas alcanzadas por las luchas sindicales de los años setenta, que habían<br />

garantizado mejores niveles de vida para algunas capas de la población. Este recurso del poder del<br />

Estado se expresaba también en el ámbito de los grandes principios constitucionales, con la posibilidad<br />

de construir, junto a la esfera de la economía, una esfera desmercantilizada, la esfera de los servicios<br />

públicos del welfare, como garantía de la paz social. Había así una esfera de las instituciones de solidaridad,<br />

que se traducía en un complemento más o menos alto de la renta individual.<br />

La causa de la crisis estructural del welfare State reside en el hecho de que los esquemas de protección<br />

o seguro social (desempleo, vejez, invalidez, etcétera) entraron en contradicción con el desarrollo<br />

de las necesidades de control social, como producto de la sumisión completa a la cultura de empresa<br />

del profit State.<br />

Una ulterior consideración tiene que ver con la separación ya abismal entre el lugar donde se<br />

forman las necesidades y el lugar donde se producen los medios para satisfacerlas. Ya no se puede decir<br />

que el crecimiento cuantitativo se corresponde con una ampliación de la ocupación y del bienestar.<br />

Todos estos elementos han puesto fuera de juego y desestructurado los presupuestos del Estado social<br />

keynesiano de la época fordista, toda vez que se ha modificado la relación entre Estado y mercado y se<br />

han venido a menos las respuestas que este brindaba en su relación con la gente.<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

283


4. El servicio público en la construcción socialista<br />

1. La actividad del sector público se cumple a través de instituciones de variado tipo y de formas<br />

organizativas diversas. Su carácter viene dado por elementos de la Administración Pública y de las<br />

empresas públicas. Según algunos, la actividad económica del sector empresarial público se asemeja<br />

a la del sector empresarial privado en cuanto atañe a las formas de control de costos y objetivos. Sin<br />

embargo, en términos reales, la empresa pública actúa en función de minimizar los costos, mientras<br />

que la privada tiene como incentivo la maximización de la ganancia.<br />

Todo esto impone algunas consideraciones. En primer lugar, el Estado desempeña el papel de<br />

representante de la propiedad social sobre la mayor parte de los recursos productivos. Esto le imprime<br />

un carácter especial a la empresa estatal: su gestión, en efecto, está orientada, fundamentalmente y de<br />

manera directa, a la obtención de beneficios o utilidades para la satisfacción de las principales necesidades<br />

de la sociedad en su conjunto, sin diferencias individuales de ningún tipo.<br />

Sin embargo, existen diferencias que están condicionadas por la posición que se ocupa respecto a<br />

la sociedad. La empresa es una organización que persigue una finalidad interna, claramente orientada<br />

hacia un fin que se concreta en resultados que satisfacen, en primer lugar, el interés colectivo de<br />

sus miembros: el crecimiento de la propia empresa, el balance económico-financiero que refleja la<br />

capacidad de gestión, la porción de mercado que domina y que garantiza su autofinanciamiento y<br />

desarrollo. Se puede decir que la empresa, en términos generales, se define como proyectada hacia<br />

fines internos.<br />

La empresa estatal socialista, por su parte, debe ser el eslabón de base de la economía. Su actividad<br />

se organiza de acuerdo con el objeto social aprobado por la instancia política correspondiente, según<br />

las normas y reglamentos de cada país y en función de la descentralización de facultades, que persigue<br />

acercar la toma de decisiones al nivel en que se llevan a cabo los procesos productivos; con esto se busca,<br />

a su vez, desarrollar la iniciativa y lograr una mayor flexibilidad de la gestión, de manera que reviertan<br />

en un incremento del rendimiento social, en su sentido más amplio, para beneficio de la colectividad.<br />

Ello le da un carácter diferente al de esa proyección interna que define a la empresa capitalista.<br />

Así, en el proceso de gestión pública socialista, la dirección central del Gobierno debe establecer<br />

el ámbito regulador y las disposiciones del ejercicio de su función, en la cual la producción de bienes<br />

y servicios está llamada a privilegiar la creciente satisfacción de las necesidades de la mayoría de la<br />

población. Esto significa adoptar la función de canalizador de los recursos, con el impacto primario de<br />

satisfacer los objetivos sociales.<br />

2. A ese fin, la autoridad pública dispone de instrumentos de gestión como, entre otros, la planificación,<br />

la contabilidad, la gestión de recursos humanos, la informática y los procedimientos de organización<br />

del trabajo. Desde ese punto de vista, la actividad de una autoridad pública no es diferente a la de una<br />

empresa. Ambas administran situaciones que se pueden calificar con parámetros de productividad, de<br />

costos, de eficiencia.<br />

Esa realidad le imprime un carácter particular a la relación que se establece entre estos entes u<br />

operadores económicos: la empresa y el Estado. En este caso, la búsqueda de una mayor eficiencia y<br />

eficacia del aparato administrativo estatal no debe estar condicionada a la transferencia, hacia el sector<br />

público, de la lógica que ha prevalecido en la empresa. Más bien al contrario.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

284


A partir de la lógica en que se desenvuelve el papel del Estado, se debe definir y diseñar el comportamiento<br />

del ente empresarial en el que se sustenta su base económica; por ejemplo, promoviendo la<br />

obligatoria participación de los trabajadores en la definición y aprobación de los planes de producción<br />

y finanzas de la empresa, como medida para el perfeccionamiento de esta última.<br />

Se deriva de allí la necesidad de adoptar un enfoque de reforma de la Administración Pública,<br />

orientado hacia la transformación sustancial del funcionamiento del aparato del Estado y basado en<br />

un estilo de gestión democrático y participativo, en el incremento de la participación social, en el desarrollo<br />

del potencial de acción de la sociedad civil, en la concentración y el perfeccionamiento de los<br />

procesos de formulación, ejecución y evaluación de las políticas, sobre criterios de eficiencia, calidad<br />

y transparencia.<br />

Esto significa, entre otras cosas, desarrollar la capacidad de las políticas públicas para movilizar<br />

las potencialidades de integración y acción conjunta, para maximizar la eficiencia y la productividad<br />

social de los recursos asignados al sector público. Del mismo modo, se debe perfeccionar y desarrollar<br />

cada vez más la formación de mecanismos que aseguren, junto con una real participación social en los<br />

momentos particularmente importantes de la gestión pública, el ejercicio de los derechos de los ciudadanos,<br />

el funcionamiento democrático de sus estructuras, la transparencia de los actos públicos y<br />

su control social y la vigencia plena de la práctica de rendición de cuentas.<br />

5. La gestión pública socialista y el proceso de construcción del socialismo<br />

1. El desarrollo es necesario, decía el Che Guevara, para que un país mejore socialmente, para que toda<br />

persona, individualmente, obtenga un mejor salario y una vida mejor. Si es así, entonces toda persona,<br />

todo habitante del país, debe estar interesado en ese progreso y debe, por tanto, ser protagonista<br />

(Guevara, 1977).<br />

Otra manifestación podría derivarse del desarrollo de la gestión pública, en el proceso de construcción<br />

socialista, sobre la base de una economía subdesarrollada, que tendría características peculiares, y<br />

en una globalización verdaderamente destinada a superar los límites impuestos por el capital privado.<br />

Vale la pena considerar algunos aspectos que podrían definir una regla para profundizar en el análisis<br />

de las características de la gestión pública en tales condiciones.<br />

En la construcción de una sociedad socialista que dependa de las condiciones impuestas por<br />

la resolución del subdesarrollo, el sector público podría estar formado por las organizaciones que<br />

ejercen funciones de interés colectivo, a partir de lo establecido en el marco constitucional del país<br />

respectivo.<br />

No obstante, es necesario profundizar en algunas consideraciones. En primer lugar, sobre el ejercicio<br />

del Estado, en su papel de representante de la propiedad social sobre la mayor parte de los recursos<br />

productivos. Esto le confiere a la empresa estatal un carácter especial y distinto al que pueda darse<br />

en otras sociedades, en el que su gestión se orienta fundamental y directamente a la obtención de<br />

beneficios o utilidades que serán destinados a satisfacer las principales necesidades de la sociedad en<br />

su conjunto, sin diferencias individuales de ningún tipo. Es aquí que el grado y el carácter del proceso<br />

empresarial condicionan el ejercicio del derecho de propietario.<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

285


A este respecto, habría que recordar que<br />

las fábricas son propiedad de todo el pueblo y, como el pueblo está representado en nuestro país por el<br />

Estado, son propiedad del Estado. Este tiene la misión, encomendada por el pueblo cubano, de<br />

dirigir la producción hacia las metas propias de una revolución socialista. Precisamente, el carácter<br />

socialista de la Revolución Cubana determina las características generales de la producción; frente a<br />

la anarquía de la producción capitalista, se alza el plan racional de la producción socialista (Guevara,<br />

1977)**.<br />

En otras palabras, el hecho de que la Asamblea Nacional del Poder Popular sea la representación<br />

más genuina del Estado y de todo el pueblo de Cuba, conlleva implícitamente la necesidad de evaluar<br />

si la categoría empresa estatal debe mantenerse para todas las entidades o, como podría suceder, si la<br />

denominación de empresa gubernamental debe adoptarse en el momento en que esta es administrada<br />

directamente por un órgano de gobierno y no por el Estado mismo. El Estado cubano lo hace con<br />

aquellas entidades concebidas por el sector público socialista a través de las organizaciones y las entidades<br />

del poder popular.<br />

En consecuencia, las entidades y organizaciones que –sin distinción– son definidas como empresas<br />

estatales, deben ser consideradas en el ámbito de su función pública y en su función gubernamental.<br />

Esto quiere decir que son consideradas de manera distinta, vale decir, como expresión del grado de<br />

madurez y consolidación de la propiedad social socialista. Esta diferencia está condicionada por la<br />

posición que orgánicamente ocupa cada tipo de empresa respecto a la sociedad.<br />

2. La empresa es una organización dirigida a obtener resultados que deben responder a intereses propios,<br />

sean de sus propietarios o de sus miembros. Se puede afirmar entonces que ella, en cualquier<br />

sistema socioeconómico, manifiesta en general un carácter introvertido. La autoridad pública, por el<br />

contrario, está dirigida a lo externo, al interés colectivo. La razón de esto último se encuentra en la búsqueda<br />

de resultados y objetivos también externos, ya que sus actividades están dirigidas a la satisfacción<br />

de necesidades que lo son igualmente.<br />

Se manifiesta eso en la subordinación de las decisiones de la autoridad pública a los intereses de<br />

la sociedad, lo que implica la defensa de los intereses sociales antes que los colectivos e individuales.<br />

El proceso está, además, signado por el carácter social volitivo que manifiesta la construcción de una<br />

sociedad de este tipo. De cualquier manera, la autoridad pública actúa en función de provocar impactos<br />

que reporten beneficio a las grandes mayorías y posiblemente a toda la sociedad (resoluciones del<br />

Partido Comunista de Cuba, en particular de 1997).<br />

3. En el proceso de gestión pública, la dirección central del Gobierno debe establecer el contexto regulador<br />

y las disposiciones en que ejercita su función, así como aquellas que obligan, en la producción de<br />

bienes y servicios, a privilegiar la creciente satisfacción de las necesidades de los más amplios sectores<br />

de la población. Eso significa asumir las funciones de canalización de los recursos para satisfacer, como<br />

primer impacto, los objetivos sociales.<br />

** (n.t.) La presente versión en español fue tomada de “Discusión colectiva, decisión y responsabilidad única”, texto originalmente<br />

publicado por la revista Trabajo en julio de 1961, según se reproduce en www.archivochile.com.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

286


No se trata de una concepción teórica del proceso, sino de su propia y particular estructura. Por esta<br />

razón, en lo que respecta a la administración, la autoridad pública dispone de variados instrumentos<br />

de gestión, entre los que se cuentan la planificación, contabilidad, gestión de recursos humanos, informática<br />

y procedimientos de organización del trabajo.<br />

Desde ese punto de vista, la actividad de una autoridad pública no es diferente a la de una empresa:<br />

ambas administran situaciones que se pueden calificar con parámetros e indicadores de productividad,<br />

de costos y de eficiencia, entre otros.<br />

Esa realidad le imprime un carácter particular a la relación que se establece entre estos entes económicos:<br />

la empresa (como operador económico) y el Estado, en el proceso de construcción socialista.<br />

En este caso, la búsqueda de una mayor eficiencia y eficacia del aparato administrativo estatal no debe<br />

estar condicionada por la lógica que ha prevalecido en la empresa, sino más bien al contrario.<br />

A partir de la lógica que impone el papel del Estado, se debe definir y diseñar el comportamiento<br />

del ente empresarial en el que se sustenta su base económica; por ejemplo, la obligatoria participación<br />

de los trabajadores en la definición y aprobación de los planes de producción y finanzas de la<br />

empresa, es seguramente un asunto que debe ser tomado en consideración para el perfeccionamiento<br />

empresarial. Además, uno de los aspectos en los que se verifica la eficacia de la gestión estatal es el de la<br />

capacidad de previsión y proyección para enfrentar los desequilibrios en la esfera económica, de fuerte<br />

impacto para el ámbito social y político.<br />

4. Seguramente un hecho está claro: la extinción del Estado, con la desaparición de las clases sociales,<br />

no implica de por sí la desaparición de la Administración Pública. Ciertamente, es un gran problema<br />

de teoría política y administrativa el imaginar, en la fase de transición, nuevas instituciones políticas,<br />

jurídicas y administrativas que consientan la destrucción del Estado (también el socialista). Marx puso<br />

siempre de manifiesto la imposibilidad o dificultad de una simple proyección: los procesos históricos<br />

tienen sus propios tiempos y movimientos, que difícilmente pueden ser previstos con precisión. Por<br />

tanto, las instituciones del mañana serán un work in progress del futuro. Consideramos, sin embargo,<br />

que no es del todo improductivo comenzar a formular hipótesis acerca de eventuales instrumentos de<br />

transición que podrían experimentarse en la eventual práctica futura.<br />

La distribución de los recursos en función de la satisfacción de las necesidades de los miembros de<br />

la sociedad seguirá siendo tarea necesaria y el nivel de efectividad de ese proceso signará la eficacia del<br />

proceso de la administración socialista y comunista. El tipo de organización de base debe ocupar un lugar<br />

especial en la gestión pública socialista y debe, también, independientemente de las características<br />

particulares de cada país, llevar a la participación creciente de la sociedad en su propio autogobierno.<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

287


— notas —<br />

1 Para profundizar en este tema, cfr. Forsthoff (1958).<br />

2 Para una interesante reconstrucción de las primeras formas de gobierno y su evolución, analizadas desde el punto de vista<br />

antropológico, cfr. Rouland (1992).<br />

3 Para una disertación sobre las teorías marxistas del Estado, cfr. Jessop (1982).<br />

4 Nos referimos a las formaciones definidas por sus modos de producción: comunidad primitiva, esclavismo, feudalismo,<br />

capitalismo.<br />

5 Frederick W. Taylor (1856-1915), ingeniero norteamericano que dio un significativo aporte a la organización científica<br />

del trabajo.<br />

6 Keynes elabora una teoría en la que se plantea resolver las crisis económicas y políticas a corto plazo, fusionando los intereses<br />

del capitalismo con el Estado. Esa teoría refleja fundamentalmente los fenómenos de la esfera de la circulación.<br />

7 Cuando a este respecto se habla de “democracia”, hay que tener presente que se trata en todo caso de una “democracia<br />

controlada”, limitada a los grandes actores sociales, que finalmente son aquellos que pueden prometer y asegurar un control<br />

y un orden social más intensos, condiciones estas indispensables para esa “democracia” que en los lugares de trabajo se concede<br />

a cambio, justamente, de control y sedación de la conflictividad de clase y de base (piénsese, para el caso italiano, en las<br />

funciones cumplidas por el llamado Estatuto de los Trabajadores, ley del 20 de mayo de 1970, Nº 300).<br />

8 Lippit (2004) describe la administración Reagan como uno de los tres factores fundamentales que contribuyeron, en el curso<br />

del último cuarto del siglo pasado, a transformar fuertemente la estructura social de la acumulación (Social Structure of Accumulation)<br />

en Estados Unidos, al modificar profundamente la relación de fuerzas entre la clase trabajadora y la capitalista (a tal<br />

propósito reconstruye el papel no neutral de esa administración en la histórica huelga de controladores aéreos del sindicato<br />

Patco, iniciada el 3 de agosto de 1981 y duramente combatida por Reagan, que logró despedir en bloque a 11.000 controladores<br />

huelguistas). Los otros dos factores decisivos para esa evolución fueron los conflictos laborales terminados cada vez<br />

más frecuentemente en favor de los capitalistas (Lippit pone los ejemplos tajantes de la “huelga Caterpillar” en 1991-1995 y<br />

de la política antisindical de Wall-Mart) y “el papel cumplido por la globalización y el cambio tecnológico”, que garantizaron<br />

al capital un mayor margen de maniobra y un contundente poder de chantaje contra los trabajadores: “La externalización, la<br />

transferencia de fases productivas al extranjero, la automatización de las oficinas y la eficiencia hecha posible por la tecnología<br />

informática, sirvieron en conjunto para debilitar la más potente arma que posee el factor trabajo: la negativa a vender su propia<br />

fuerza de trabajo [por debajo de determinadas condiciones]” (342).<br />

9 Según la economía ortodoxa, un bien es público cuando sus externalidades positivas*** son tan elevadas con respecto a los<br />

beneficios del sector privado, que no puede ser producido por este último. Es entonces socialmente deseable, pero no rentable<br />

desde el punto de vista privado. Para ahondar en el tema, véase cualquier manual de microeconomía; por ejemplo, Sloman<br />

(2002: 204 ss.) o Schotter (1997: 723 ss.).<br />

10 Sobre estos asuntos, cfr. Martufi, Vasapollo (2000b).<br />

11 Acerca de estos temas resulta útil consultar Arriola, Vasapollo (2005).<br />

12 Sobre esta formación y sus consecuencias político-económico-sociales, cfr. Martufi, Vasapollo (1999).<br />

13 Sobre el tema pueden consultase muchos autores que provienen del obrerismo.<br />

*** (n.t.) Sus efectos positivos sobre terceros.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

288


14 También para lo que sigue, una profundización en la comunicación desviante –como caracterización del dominio social comprehensivo–<br />

puede hallarse en Martufi, Vasapollo (2000).<br />

15 “En definitiva, se ha ido configurando un paradigma productivo con un espacio y un tiempo propios, en discontinuidad respecto<br />

a la experiencia previa. Un paradigma que permite simular un espacio y un tiempo de la producción (en red y simultáneo),<br />

en cuyo seno se maximizan los objetivos del sistema económico financiero y se minimiza la ‘entropía’ local, puesto que voluntariamente<br />

se descuidan los efectos de desorden inducidos en la sociedad y en el ambiente, en los que se descarga el máximo<br />

de ‘entropía’ externa. Se ha creado así un lugar ‘mental’ (virtual) de la producción –el corazón del sistema de empresa– junto<br />

al lugar físico al que estamos habituados. Lugar que está hecho de puntos discontinuos pero interconectados, de comunicaciones<br />

y reacciones simultáneas, de tiempos no necesariamente secuenciales, de elevado orden. Su funcionamiento implica<br />

relativamente poca energía, toda concentrada en el intercambio de informaciones y en la simulación. La riqueza, la acumulación<br />

y, en definitiva, el poder, están aquí. En cambio, la producción material, la verdadera y auténtica, ocurre en un lugar ‘físico’,<br />

donde se llevan a cabo grandes dispendios e ingentes despilfarros, que se revierten sobre el ambiente social y natural. Y es allí,<br />

fuera del fortín ‘virtual’, donde se adoptan las decisiones estratégicas, donde se combate una auténtica guerra por la posesión<br />

y la expropiación del tiempo, que se difunde por todo el territorio y que ha sustituido aquella tradicional que se libraba por la<br />

posesión del espacio. Es el tiempo de las personas empleadas en la producción lo que se coloniza, y no ya o no tanto el espacio<br />

geográfico donde se asientan las industrias, dado que su movilidad por el planeta depende ahora de cuánto de su tiempo están<br />

dispuestos a ceder para su funcionamiento los habitantes de los países que las acogen (Melfi o las fábricas automotrices argentinas<br />

solo fueron construidas después que se aceptó el sistema de trabajo por turnos continuos)” (Agostinelli, 1997: 47-48).<br />

16 Para profundizar al respecto, cfr. numerosos artículos de Martufi y de Vasapollo en la revista Proteo (www.proteo.rdbcub.it).<br />

17 Una tal “teoría de la transición” no podrá ser “puramente económica”, sino que deberá ser una teoría general en la que el<br />

elemento político sea central.<br />

18 Para profundizaciones, cfr. Arriola, Vasapollo (2005).<br />

19 Sobre estos temas, véase también Tiddi (2002).<br />

20 Sobre la evolución-involución impuesta por el neoliberalismo a las políticas del Estado social, cfr. Martufi, Vasapollo (2003).<br />

POR LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA ESTADO<br />

289


Cuarta parte<br />

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA A LOS<br />

SISTEMAS ECONÓMICOS: REGULACIÓN Y PLANIFICACIÓN<br />

EN EL CAPITALISMO Y EN EL SOCIALISMO


Capítulo I<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

1. Cuál liberalismo, cuál economía de mercado, cuál globalización<br />

1. La crisis económica, y con ella el nuevo ciclo de profunda reestructuración capitalista que estamos<br />

viviendo, pueden remontarse a 1968, con la puesta en discusión del welfare State en Occidente. Otras<br />

de sus etapas fundamentales pueden ubicarse en 1971, antes de la crisis petrolera, con la supresión de<br />

la convertibilidad del dólar y el derrumbe de una forma de hegemonía estadounidense; y en 1975, con<br />

el proyecto de nuevo orden económico internacional presentado por los países no alineados y rechazado<br />

por los países occidentales, lo que abrió de seguidas la crisis de la deuda en el sur. Finalmente,<br />

entre los pródromos del cambio puede inscribirse el ingenuo proyecto gorbachoviano de perestroika,<br />

con la disgregación –entre 1989 y 1991– de la Europa del Este y la disolución de la Unión Soviética.<br />

Ya en 1970, el crecimiento económico y la expansión de los mercados se habían ralentizado notablemente,<br />

y para 1980 el mundo entero había entrado en un período de estancamiento. A partir de<br />

entonces, los mayores países capitalistas se han preocupado exclusivamente por gerenciar la crisis –en


dos terceras partes del globo– mediante la invención de nuevas salidas financieras, con un fuerte salto<br />

hacia los procesos de financiarización de la economía.<br />

De esa manera, el neoliberalismo se deja ver como una subcategoría de la globalización que “favorece<br />

el desarrollo del comercio internacional a expensas de los mercados locales y nacionales, y en<br />

nombre de la eficiencia” (Dierckxens, 2003: 37). El acaparamiento de cuotas cada vez más consistentes<br />

del mercado mundial, por parte de las empresas multinacionales respaldadas por los Gobiernos<br />

neoliberales, se corresponde con un aumento efectivo del capital financiero; estas empresas, también<br />

llamadas “transnacionales”, han experimentado un crecimiento vertical de sus cotizaciones en bolsa 1 .<br />

Tanto en el léxico económico como en el lenguaje común, es ya de uso corriente el término “globalización”,<br />

como señal irrenunciable de la tendencia del liberalismo económico a constituirse en el<br />

único modelo de desarrollo que la historia no logrará contradecir ni superar. Es desde el conjunto de la<br />

lógica de la globalización del modelo capitalista que se puede y debe entender la escogencia realizada,<br />

aparentemente irreversible a estas alturas, entre inversiones productivas en la economía real y procesos<br />

de inversión de carácter exclusivamente financiero-especulativo.<br />

Se va afirmando, en efecto, una separación cada vez más pronunciada entre la marcha de la economía<br />

real, con sus procesos políticos, económicos y sociales, de una parte, y las escogencias de financiarización<br />

de la economía, por la otra. Se trata, en este último caso, de modelos decisorios liberales que<br />

apuntan hacia inversiones financieras desligadas de la evolución de los procesos productivos reales y<br />

que únicamente siguen una lógica especulativa al insertarse por trechos en dinámicas desconectadas,<br />

e incluso muchas veces contrapuestas, al cuadro económico-político general, todo ello en pos de la<br />

maximización de la ganancia. Es en ese contexto de “burbuja financiera” que se siguen obteniendo ganancias<br />

sin fatiga, creando rentas financieras y de posición* que para la economía del país en cuestión<br />

se traducen en una ilusión de riqueza, mientras destruyen la eficiencia y la ocupación. Al desarticular<br />

los mecanismos del tejido productivo, los procesos de financiarización no solo se convierten en fuente<br />

de riqueza fácil para los inversionistas, sino que determinan el surgimiento de elementos rentísticos y<br />

patrimoniales de baja tributación, cuando no de completa evasión y elusión fiscal 2 . E Italia es terreno<br />

fértil para la especulación financiera internacional, que se ve favorecida por una bolsa joven, asfíctica,<br />

inestable, donde los nuevos mercenarios del capitalismo financiero encuentran conveniente recurrir a<br />

la ilusión de la riqueza de papel, la renta financiera.<br />

2. El liberalismo, en otras palabras, se ha demostrado incapaz de hallarle una salida a la crisis. Su<br />

práctica ha generado, más que ninguna otra cosa, la aparición de nuevas formas de caos económico,<br />

producto de la desregulación y de la globalización financiera. Para entender el liberalismo en todas sus<br />

implicaciones, hay que empezar por distinguir en él tres tipos diferenciados:<br />

a) El liberalismo doctrinario (thatcherismo).<br />

b) El social-liberalismo (Alemania, Suecia).<br />

c) El liberalismo de fachada (Japón, los reaganianos de Estados Unidos).<br />

Veamos de seguidas, con mayor detalle, las características de cada uno de ellos.<br />

* (n.t.) Renta diferencial que se deriva de una posición de ventaja respecto a otros.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

294


3. El liberalismo doctrinario pretende aplicar la doctrina liberal en su integridad. Es una ideología extremista,<br />

que sueña con la completa eliminación del Estado y con su sustitución por el reino universal<br />

del mercado. Su carácter doctrinario se revela en la urgencia que le imprime a las privatizaciones.<br />

Esta precipitación se explica menos por el deseo de obtener recursos financieros que por la voluntad<br />

ideológica de crear, en el campo de la opinión, una situación radicalmente nueva y quizá irreversible.<br />

Por lo demás, aplica todos los ingredientes tradicionales del liberalismo, en dosis todavía más elevadas:<br />

reducción del papel regulador e interventor del Estado en la economía, liberación de precios,<br />

del cambio y del crédito, desregulación financiera (eliminación de los controles de riesgo en la actividad<br />

bancaria) y del mercado de trabajo (reducción de la protección social, supresión de garantías<br />

ocupacionales).<br />

El social-liberalismo representa la aplicación de un liberalismo temperado con un poco de Estado<br />

social. Como el anterior, se caracteriza por su aversión hacia el Estado y su objetivo es debilitarlo.<br />

En el caso de Alemania, frecuentemente definida como una “economía social de mercado”, la<br />

aplicación del liberalismo se caracteriza por la negativa a oponer el mercado y lo social. Por eso, quienes<br />

participan en los diferentes mercados se obligan a observar un conjunto de minuciosas reglas del juego,<br />

que dan lugar a una abundante reglamentación. Con todo, el liberalismo alemán se caracteriza asimismo<br />

por una tendencia a aligerar el peso de las reglamentaciones (desregulación que se traduce, por<br />

ejemplo, en reducción de los controles de calidad por parte de los organismos gubernamentales), una<br />

conducta moderada en materia de privatizaciones y la voluntad de elevar la flexibilidad del mercado de<br />

trabajo, lo que repercute en un ligero incremento de la desocupación, una disminución sensible de los<br />

subsidios por desempleo y ausencia de inflación. Fuera de esto, se expresa en una política preventiva<br />

muy estricta y en una política monetaria que concede gran autonomía al Banco Central (al Bundesbank<br />

primero, y ahora al Banco Central Europeo).<br />

En Suecia (“socialdemocracia”), el liberalismo se caracteriza por una marcada apertura hacia el<br />

exterior. A lo interno rige una cierta libertad para la fijación de precios, moderada por una densa<br />

concentración industrial que asegura un fuerte control de los mercados. La moda liberal se traduce<br />

en Suecia en desregulación de las tasas de interés y en la puesta en marcha de una política monetaria<br />

de mercado. El mercado de trabajo sigue prácticamente reglamentado, gracias a la fuerte protección<br />

social, y tanto el gasto público como el ingreso fiscal se mantienen en niveles muy elevados.<br />

Japón presenta un liberalismo de fachada porque detrás de su apariencia de gran economía liberal se<br />

esconde la realidad de una economía perfectamente dirigida y protegida. La política económica no aspira<br />

a reabsorber el déficit. Si bien la economía financiera (los mercados de capitales) se ha liberalizado,<br />

la economía real es todo menos liberal. Existe un sistema fuertemente jerarquizado de subcontratación<br />

que permite a las grandes empresas controlar con facilidad toda la producción.<br />

Al otro lado del océano, en Estados Unidos, la ley de comercio promulgada el 23 de agosto de 1988<br />

permite al Gobierno adoptar medidas proteccionistas cuando un competidor “amenace la seguridad<br />

nacional”. Entre las que pueden adoptarse figuran la fijación de cuotas de importación y el bloqueo<br />

de las inversiones extranjeras. La ley admite también el aumento de los subsidios a los agricultores<br />

norteamericanos, con el fin de hacer frente a las exportaciones agrícolas de Europa. En materia interna,<br />

Reagan aplicó la desregulación de ciertos sectores económicos (especialmente transporte y comunicaciones)<br />

y redujo la carga fiscal. Ninguna medida de importancia se aplicó al mercado de trabajo. Por<br />

lo que se refiere al déficit público, la incapacidad de detener su crecimiento desde 1982 refleja una<br />

renuncia explícita a uno de los principios esenciales del liberalismo, el equilibrio fiscal 3 .<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

295


4. Cualquiera que sea el modelo de capitalismo que se considere, estará basado, siempre y en todos los<br />

casos, en la exaltación del libre mercado, en el cual prevalece también siempre –aun cuando en formas<br />

diferentes– la economía financiera especulativa, en detrimento del trabajo como factor productivo.<br />

Pero es ese mismo capital financiero el que, a través de sus flujos y de su síntesis monetaria, y al apuntar<br />

a la obtención de ganancias en las mejores condiciones, exporta al mismo tiempo las contradicciones<br />

de la organización capitalista en su conjunto. Así, por ejemplo, la percepción subjetiva de la crisis del<br />

Estado social determina, en los grupos que por distintas causas aparecen involucrados, dramáticos<br />

fenómenos de ruptura de la confianza hacia los sectores políticos del mismo Estado, conjuntamente<br />

con una profunda escisión respecto a las instituciones. Además, hay el miedo de perder esos pequeños<br />

privilegios que algunos grupos sociales intermedios habían ya consolidado, al pensarse como parte de<br />

los sectores y actividades de algún modo amparados por el Estado social.<br />

La privatización del empleo público, de los servicios públicos y la misma empresarización de funciones<br />

típicas del Estado social –como la educación, la salud, etcétera–, están generando por doquier fenómenos<br />

de desocialización y de unidad, al menos teórica, entre los que pasan a ser exsectores medios<br />

y la masa de aquellos contra quienes opera la exclusión definitiva del circuito laboral y la perspectiva<br />

de un futuro precario.<br />

Es evidente, al mismo tiempo, que los resultados que se derivan de las escogencias de política<br />

económica del nuevo ciclo posfordista, al centrarse en la fuerte privatización de la economía y de<br />

la cultura del cuerpo social –y en la flexibilidad generalizada, además–, terminan por configurar un<br />

proyecto más general. Lo que se busca es una completa recomposición de los conflictos y tensiones<br />

sociales a través de la reestructuración de las relaciones económicas e industriales, con base en la lógica<br />

de un capitalismo salvaje global que no puede ya aceptar los márgenes de mediación de la era fordista.<br />

Las contradicciones entre reglas de mercado y garantía de una vida digna para los ciudadanostrabajadores<br />

no pueden ya resolverse a partir de los automatismos internos de ese mismo mercado,<br />

impuestos por las políticas liberales a través de los espacios de mediación del Estado y de intervenciones<br />

de tipo keynesiano.<br />

La lógica imperante, ahora, es la de un capitalismo “salvaje”, sin ley, que persigue sin escrúpulos la<br />

pura realización de la ganancia y que, de esa manera, crea descompensaciones sociales, en términos de<br />

aumento del desempleo y disminución de la calidad de vida en general. El proceso de reconversión, de<br />

reestructuración, de innovación tecnológica, está basado exclusivamente en la caída de la ocupación,<br />

en la reducción de las rentas del trabajo dependiente: las “mejores” políticas empresariales son aquellas<br />

que se basan en mayores ganancias derivadas de recortes ocupacionales más fuertes y en la flexibilización<br />

del trabajo y del salario.<br />

Adelantada a través de inversiones que han sido posibles gracias al surplus de ganancias provenientes<br />

de incrementos de productividad nunca retribuidos a los trabajadores –y solo en muy pequeña parte<br />

destinadas a la inversión productiva–, la financiarización de la economía, junto con la liberalización<br />

del cambio y las ventajas de la libre circulación de mercancías, han asegurado a los grandes grupos<br />

industriales un mayor abanico de opciones para la diversificación no solo de tecnologías y de instalaciones<br />

–con el consiguiente incremento de los procesos de acumulación de capital–, sino también de<br />

la oferta y de la clientela.<br />

Todo el razonamiento remite a una lógica subordinada a esa burbuja financiera que no determina<br />

crecimiento real, sino apenas un crecimiento aparente, sostenido en la especulación y la ganancia fácil,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

296


y que a través de los soportes telemáticos permite el desplazamiento en pocos segundos de millares de<br />

millardos en divisas de todo tipo, con el solo fin de desestabilizar países, de controlar la economía y<br />

la política, de sofocar todo impulso hacia procesos de verdadera democracia económica. Y todo ello<br />

reconduce, a su vez, al pensamiento único liberal de un profit State “global”, esto es, a la asunción, a<br />

escala internacional, de los Estados que hacen propia la política y la cultura de la empresa.<br />

La política económica neoliberal, centrada en los procesos de privatización, ha conformado un<br />

cuadro macroeconómico que evidencia tendencias recesivas en muchas áreas, así como contracción<br />

y precarización del empleo, disminución del salario real, una reducción de la inflación que es sobre<br />

todo expresión de la fuerte caída de la demanda, altísimas tasas de desempleo oficial e “invisible” y la<br />

emergencia y difusión de nuevas condiciones de inquietud económico-social. La Unión Europea que<br />

se ha construido es la de la compatibilidad con los performances de la empresa: un profit State “europeo”<br />

que, como parte del Profit State “global”, no toma en cuenta la salvaguarda de un solo parámetro de<br />

compatibilidad social y ambiental, de siquiera una necesidad real del ciudadano trabajador, para no<br />

hablar de los estratos sociales todavía más débiles.<br />

5. Los cambios mencionados han empujado a las directivas de las empresas a elaborar y adoptar modelos<br />

decisorios apropiados para preservar y mejorar su propia posición en el mercado, así como a<br />

“reformular y reinventar” el negocio no solo en su esquema estructural, sino también y sobre todo en<br />

sus mecanismos de funcionamiento y de condicionamiento de toda estructura social.<br />

Para llevar adelante esas transformaciones, se hace necesario actuar según el llamado principio de<br />

la flexibilidad, que solo puede ser adoptado si la empresa está en capacidad de adecuarse rápidamente<br />

a los cambios en curso, tanto fuera como dentro de ella misma. Cuando se habla de flexibilidad<br />

empresarial, se hace esencialmente referencia a la capacidad del empresario, de la alta gerencia, de los<br />

centros decisorios de la empresa, para poner en marcha mecanismos adaptativos que permitan no solo<br />

producir bienes y servicios para mercados diversos, sino también, y simultáneamente, gerenciar el<br />

delicado diseño estratégico empresarial de condicionamiento de la sociedad a la cultura de empresa. Se<br />

utilizan para ese fin estructuras sociales y recursos cada vez más inmateriales, siguiendo el principio del<br />

mínimo costo y máximo beneficio y aplicando, en clave cada vez más estratégica, la lógica del máximo<br />

grado de adaptabilidad a las exigencias del mercado, que se ha convertido también en mercado del<br />

vivir social.<br />

La flexibilidad tecnológica permite actualmente tanto incrementar la productividad como crear flexibilidad<br />

en la producción, para provocar así en esta última una notable contracción del volumen de la<br />

fuerza de trabajo y una disminución del tiempo de trabajo necesario. El empleo no está disponible para<br />

todos y la flexibilidad de las relaciones laborales hace la vida misma precaria e inestable, incluso<br />

para aquellos que todavía gozan de un puesto de trabajo más o menos estable.<br />

De allí que toda forma de garantía de la época fordista sea eliminada completamente con la transformación<br />

productiva del nuevo modelo capitalista posfordista de la acumulación flexible. La crisis del<br />

sistema trabajo ha modificado sensiblemente toda la sociedad; sus consecuencias han sido la desocupación<br />

estructural, el fin de la fábrica como centro de la producción (al menos en los países de capitalismo<br />

maduro), la transformación inmaterial del trabajo y el aumento de sus formas subordinadas y no<br />

reglamentadas, que se desarrollan sobre todo entre las filas del nuevo ejército posindustrial de reserva,<br />

con un trasvase de trabajadores del mundo de las garantías al de las no garantías.<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

297


Además, el derrumbe del modelo fordista ha llevado al surgimiento de los nuevos modelos de<br />

acumulación flexible, caracterizados por una marcada diferenciación de los productos –hasta llegar a su<br />

personalización– para garantizar una más fuerte apetencia por parte de los consumidores. El principio<br />

que guía este modelo parte del hecho de que, al ser la demanda la que fija la producción –frente a una<br />

competencia aparentemente desenfrenada, si bien muchas veces imperfecta–, la base de esa competencia<br />

internacional radica cada vez más en la calidad del producto, mientras que la calidad del trabajo<br />

se caracteriza de manera creciente por los recursos inmateriales del capital intangible –secundados por<br />

el trabajo manual mal pagado, deslocalizado y cada vez menos reglamentado, y por servicios externalizados<br />

y con escasas garantías– y no ya por la relación entre cantidad producida y precio (elementos<br />

típicos del fordismo).<br />

6. En el mundo neoliberal, cualquiera sea la versión que se quiera considerar, los desequilibrios económicos<br />

primarios son la inflación, el déficit fiscal y el déficit de la balanza de pagos. El resto de los<br />

problemas, como la pobreza, por ejemplo, son simplemente problemas “sociales”. Como puede verse,<br />

se trata de una visión demasiado simplista y restringida de la economía. Para esta teoría, el desorden de<br />

los precios es la principal causa de todos los problemas. Y si estos, en general, están desequilibrados, se<br />

pueden producir desequilibrios particularmente entre precios:<br />

– Urbanos y rurales.<br />

– Internos y externos.<br />

– De producción y de venta.<br />

– Del dinero y de la fuerza de trabajo (salarios).<br />

Para los neoliberales, el problema del déficit fiscal se debe al excesivo gasto del Estado en relación con<br />

sus ingresos, por lo que solo puede cubrirse con la emisión de nuevas cantidades de la moneda nacional<br />

o mediante el financiamiento a crédito; es decir, apelando a la deuda pública. El punto es que, si se<br />

recurre al financiamiento del mercado, se terminará por competir con proyectos privados por el crédito<br />

disponible. El objetivo del FMI es forzar a los Gobiernos a que paguen la deuda externa, en todo caso.<br />

En la práctica, lo que generalmente hacen los Estados es utilizar parte de sus exportaciones para<br />

pagar la deuda externa.<br />

Sabemos que:<br />

PIB = C + I + G + (X - M)<br />

Normalmente se dice que la causa de los problemas está en el hecho de que el consumo es muy<br />

elevado, cosa que no permite que se paguen las deudas de la economía.<br />

La solución pasaría por la restricción del consumo y la reducción de las importaciones. Es decir:<br />

PIB = disminuir C + I + G + (aumentar X - disminuir M)<br />

Por eso, según esta teoría, el aumento de la inversión implica que disminuya el consumo y que<br />

esto favorezca el incremento de las reservas del Banco Central. Por tanto, si la inversión privada es<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

298


menor que el gasto público, la situación se puede resolver de dos maneras: aumentando la primera o<br />

reduciendo el segundo.<br />

Para reducir el gasto público hay que reducir los salarios, el empleo público, o los subsidios y el<br />

gasto social; es decir, hay que hacer que los precios reflejen los costos de producción. A fin de que las<br />

expectativas de ganancia disminuyan, deben reducirse las expectativas de demanda mediante la baja de<br />

la tasa de cambio. Con la devaluación mejoran las expectativas inflacionarias y disminuyen los salarios,<br />

para compensar el aumento de los costos y lograr así la disminución del consumo.<br />

7. Este sistema de apertura externa y de modificación de los precios relativos no siempre ha funcionado<br />

en la práctica, dado que, particularmente en los países de la semiperiferia, son las clases urbanas las<br />

que generan demanda de importaciones y es la gente que vive en zonas rurales la que genera productos<br />

para la exportación.<br />

Lo cierto es que con este proyecto neoliberal se consigue un incremento del nivel de reservas del<br />

país para pagar la deuda y posibilitar un crecimiento relativo de la economía. Sin embargo, el problema<br />

de fondo es que la sostenibilidad interna y externa se basa en la determinación de los niveles de consumo<br />

de la población. Por otra parte, en los años setenta y ochenta se aplicaron mecanismos de política<br />

económica que hoy ya no es posible utilizar. Por ejemplo, no parece conveniente que toda la lógica del<br />

crecimiento se apoye en el factor externo, por el gran costo social que eso produce. En la actualidad, es<br />

evidente que el fenómeno de la globalización se apoya en la hegemonía del capital financiero.<br />

Por tanto, si no hay una intervención del sector público que rompa con esa hegemonía del sector<br />

financiero, no se podrá resolver el problema.<br />

2. La financiarización de la economía<br />

1. En las facultades de economía, la macroeconomía vulgar o dominante explica que la tasa de ganancia<br />

es igual a la tasa de interés, puesto que en una economía equilibrada todas las actividades producen<br />

el mismo rendimiento, la misma utilidad, y también porque el dinero se movería de una actividad a<br />

otra. El equilibrio determina que la tasa de ganancia de las actividades productivas sea la misma de las<br />

actividades financieras.<br />

Si la tasa de interés es mayor que la tasa de ganancia, el dinero no se dedicará a producir zapatos,<br />

sino que se empleará en actividades financieras: en deuda o en depósitos a plazo fijo.<br />

Una de las principales características de la economía de los años ochenta fue el predominio del<br />

capital financiero. En todo el mundo, las tasas de interés fueron mayores que las tasas de crecimiento<br />

de la economía. Por tanto, a nivel mundial, una parte del excedente pagó tasas de interés crecientes.<br />

Las tasas de crecimiento de la economía se vieron reducidas por el crecimiento de las altas tasas de<br />

interés, lo que equivale a decir por el predominio del capital financiero. Esto significa que el drenaje<br />

de recursos de la economía productiva a la economía financiera fue, y es todavía, enorme. Sin duda, en<br />

estos casos se hace necesaria una reforma financiera, porque reducir el peso de este último sector es un<br />

factor clave de una reforma de la organización económica.<br />

Finalmente, otros determinantes esenciales de la inversión, sobre todo para las grandes empresas<br />

con capacidad de invertir en otros países, son:<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

299


– La tasa de ganancia esperada en el resto del mundo.<br />

– La tasa de interés nacional.<br />

– La tasa de interés en el resto del mundo.<br />

2. La tasa de interés (i) es el costo del dinero pedido en préstamo. Cuando una empresa debe hacer una<br />

fuerte inversión y necesita por tanto recurrir al dinero a crédito, considera la relación de los intereses<br />

activos (los que la banca cobra por los créditos) y pasivos (los que la banca paga por los depósitos) con<br />

la tasa de ganancia o de rendimiento esperado. Si las tasas de interés son muy altas, puede suceder que la<br />

empresa decida no solicitar el crédito para financiar la inversión; incluso, puede decidir no hacerla y,<br />

más bien, aprovechando esas elevadas tasas, utilizar sus propias utilidades para conceder préstamos de<br />

efectivo a otras empresas (compra de acciones u obligaciones de una compañía), a particulares o al<br />

Estado (compra de bonos del Tesoro o deuda pública).<br />

La tasa de interés no es para el inversionista solamente un costo, sino que también representa una<br />

oportunidad para ganar dinero sin invertir en bienes de capital. En consecuencia, el nivel de inversión<br />

será tanto mayor:<br />

– Cuanto mayor sea la tasa de ganancia esperada en el país en cuestión.<br />

– Cuanto menores sean las tasas de ganancia que puedan obtenerse en el resto del mundo.<br />

– Cuanto menores sean las tasas de interés en todo el mundo.<br />

Una de las características de la coyuntura actual –valga decir, de los últimos veinticinco años– es<br />

que el crecimiento de las tasas de interés es superior al crecimiento de los precios y mayor que la tasa<br />

de crecimiento de la economía. Si esta situación se prolonga ya por tanto tiempo, es solo porque los<br />

agentes que controlan el sistema productivo controlan también el sistema financiero. Pero, ciertamente,<br />

no es posible que pueda seguir sosteniéndose por mucho más.<br />

3. Si nos atenemos a las formulaciones doctrinarias, resulta que el sistema económico debe estar estrechamente<br />

conectado con el sistema financiero y, en consecuencia, los mercados de capital no deberían<br />

tener una vida autónoma, separada del contexto económico-social general, en tanto que constituyen,<br />

en las dinámicas del desarrollo capitalista, una suerte de termómetro de la credibilidad y del nivel de<br />

eficiencia de los sistemas-país y del sistema capitalista en su conjunto. Si se observa cuanto ocurre<br />

cotidianamente en la realidad de los mercados, se toma inmediatamente conciencia de que una vez<br />

más los esquemas más corrientes de la doctrina quedan desmentidos.<br />

Las leyes del capitalismo no tienen moral: las inversiones financieras siguen caminos especulativos con<br />

dinámicas propias que van más allá del marco económico-político, para perseguir la mayor remuneración<br />

y hacer cumplir la ley férrea de la ganancia a toda costa, debilitando en consecuencia la economía<br />

real. No existe una motivación científica que guíe el desempeño de las inversiones financieras; todo se<br />

coloca en una fe ciega en las leyes del mercado, en mecanismos que apuntan exclusivamente hacia las<br />

mejores condiciones de rentabilidad, provocando así altos costos sociales.<br />

Cuando priva esa fe ciega, cuando no hay mecanismos de control que puedan salvaguardar el<br />

interés social colectivo, ocurre normalmente que los buenos desempeños bursátiles, las ganancias financieras,<br />

crean condiciones para la contracción de las inversiones productivas y empujan la economía<br />

real hacia vías negativas, que provocan alta desocupación estructural e incrementan los costos sociales<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

300


en general. Muy frecuentemente se presencian fuertes bifurcaciones entre la marcha de la economía<br />

real y la dimensión del mercado de capitales. Baste pensar que en Inglaterra, donde se da la más alta<br />

tasa de capitalización bursátil, se acompaña esto con datos desconsoladores para la economía real; y<br />

viceversa: Alemania, que evidencia una fuerte hegemonía económica –por lo menos a escala continental–,<br />

muestra en cambio escasísimos resultados en términos de desarrollo del mercado bursátil. De allí<br />

se deduce que una fuerte capitalización de la bolsa no necesariamente asegura un desarrollo sólido y<br />

eficiente de la economía real: el “garito financiero” premia con frecuencia a las empresas capaces de<br />

recortar el empleo, de disminuir el salario real otorgado a los trabajadores, de incrementar al máximo<br />

la flexibilidad y la movilidad de los asalariados y de su retribución.<br />

Vivimos en un sistema capitalista de rasgos financieros, un capitalismo sin leyes, muchas veces incluso<br />

fuera de la ley, capaz de justificarlo todo con las hipotéticas e ilusorias virtudes autorregulatorias<br />

del mercado 4 .<br />

Con la financiarización de la economía, fenómeno que explota con las crisis energéticas de los años<br />

setenta, el capitalismo internacional se coloca en un contexto de mutación de carácter cada vez más<br />

degenerativo, en la ilusión de que el incremento de los medios de pago en papel o electrónicos pueda<br />

estar en capacidad de crear riqueza real. El vínculo indisoluble entre globalización y financiarización<br />

demuestra la enorme fragilidad de un modelo capitalista basado en la especulación financiera, que se<br />

distancia más y más del valor efectivo de la economía real.<br />

Ese es el verdadero significado de la globalización; una globalización de los mercados financieros,<br />

en la que solo encuentra campo abierto la libertad absoluta de movimientos de capital, en desmedro<br />

del trabajo, mientras que el movimiento de las personas y de las mercancías sigue sometido a políticas<br />

proteccionistas, muchas veces de connotaciones racistas 5 . El movimiento de capitales en clave global es<br />

un fenómeno que ha asumido características de irreversibilidad, en perjuicio del desarrollo de la economía<br />

real, al concentrar la riqueza en un número cada vez menor de sujetos, aumentar en el planeta<br />

las áreas de pobreza, los niveles y grados de marginalidad, y producir actividades extrañas y contrarias<br />

a la utilidad social colectiva.<br />

3. Liberalización financiera, el dinero capitalista y la asimetría monetaria 6<br />

3.1. El predominio del capital financiero<br />

1. La decisión de los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, en 1980, de llevar a cabo<br />

la desregulación del sistema financiero, la eliminación de los controles y la libre circulación de los<br />

capitales financieros, ha dado lugar a una situación en la cual la autoridad de los Gobiernos nacionales<br />

y los bancos centrales es sustituida por decisiones que derivan exclusivamente de las señales del<br />

mercado. Sin embargo, es solamente en el mercado financiero donde la autoridad del mercado es casi<br />

absoluta; “casi”, porque las monedas continúan siendo nacionales. Entonces, mientras los habitantes y<br />

las mercancías de un país tienen un mercado nacional y si quieren salir de esa nación deben pasar por<br />

los mecanismos del comercio internacional, las monedas de los países tienen un mercado mundial.<br />

La evolución futura del mercado financiero global, su dinámica y sus contradicciones, representan<br />

las condiciones y posibilidades de la acumulación mundializada. El proceso de globalización, así<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

301


condicionado por esa evolución, reclama la comprensión de sus propios determinantes para visualizar<br />

una prospectiva más regular de los cambios en curso. Pero el análisis de la evolución financiera exige<br />

un pequeño recordatorio sobre la condición del dinero en la sociedad moderna.<br />

2. En las sociedades precapitalistas, el dinero cumple la función de medio de cambio, unidad de cuenta<br />

y expresión del valor de las mercancías. Su aparición y generalización facilitan la división personal del<br />

trabajo, a través de la especialización de los trabajadores. A medida que el comercio se extiende a zonas<br />

más lejanas, el uso del dinero facilita asimismo la división espacial del trabajo, mediante la especialización<br />

productiva de las regiones que se relacionan entre sí por el intercambio comercial.<br />

Las sociedades precapitalistas, sociedades con mercado, funcionan con base en la lógica de la producción<br />

y del intercambio de equivalentes, según la bien conocida expresión que hemos visto en la<br />

primera parte del presente Tratado:<br />

M - D - M'<br />

M = M'<br />

Donde D representa el dinero y M la mercancía.<br />

Pero en las sociedades capitalistas el dinero amplía sus funciones y llega a cambiar de naturaleza. La<br />

reproducción social se efectúa bajo la lógica de la acumulación y la realización del valor:<br />

D - M - D'<br />

D < D'<br />

El dinero aparece como previo a la producción, e incluso el cambio llega a adquirir, en la reproducción<br />

social, autonomía con respecto a las mercancías.<br />

Durante los miles de años en que cumplió funciones de intermediario entre mercancías equivalentes,<br />

y aun en la primera etapa del capitalismo, el dinero fue siempre dinero-mercancía; es decir, tenía<br />

un valor intrínseco. Por tal motivo, se trataba casi siempre de dinero metálico (oro o plata) o de otros<br />

bienes con valor de uso propio (sal, camellos). La aparición del dinero fiduciario mantuvo siempre un<br />

vínculo con un valor de uso particular; como bien lo explica Marx, no era más que una representación<br />

subordinada del dinero real 7 .<br />

3. Pero la evolución del capitalismo muestra que este sufre en su desarrollo mutaciones estructurales<br />

importantes, que permiten hablar de distintas fases en su devenir histórico. También el sistema monetario<br />

está sujeto a modificaciones de carácter estructural, aun cuando estas no han recibido la atención<br />

debida por parte de los autores marxistas.<br />

Algunos economistas poskeynesianos han hecho importantes aportes a ese respecto. De acuerdo<br />

con Chick (1986: 111-126) y con Chick y Down (1988: 219-250), el sistema bancario ha conocido<br />

cinco etapas en su evolución orgánica bajo el capitalismo:<br />

a) Una primera fase en la cual los títulos bancarios no son todavía medios de pago y los bancos son<br />

simples intermediarios entre ahorristas e inversionistas.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

302


) Una segunda fase en la cual los depósitos y títulos bancarios (dinero bancario) son utilizados<br />

como medios de pago. El multiplicador de las reservas es menor mientras más descentralizado<br />

esté el sistema e inferior sea la cuota de mercado del banco en cuestión.<br />

c) En la tercera fase aparecen los préstamos interbancarios y aumentan tanto la coherencia del<br />

sistema como el volumen del crédito con respecto a las reservas.<br />

d) En la cuarta fase aparece una autoridad monetaria central, que acepta asumir en última instancia<br />

el papel de usurero. Las reservas continúan siendo exógenas. En todo caso, la oferta de crédito<br />

se torna mucho más elástica cuando el sistema bancario puede expandirlo sin peligro de encontrarse<br />

en una situación de escasez de reservas. En esta fase, la oferta de crédito para la inversión<br />

está determinada por la demanda. La expansión del crédito va más allá de las necesidades de la<br />

economía productiva y se produce un desarrollo de los mercados financieros, que reclaman una<br />

porción creciente. En etapas recesivas, esa demanda puede suponer una restricción del volumen<br />

de crédito disponible para las actividades productivas.<br />

e) En la quinta fase, la competencia interbancaria fuerza a los bancos a cubrir la demanda expansiva<br />

de créditos, para lo cual compiten por los depósitos de otras entidades financieras e, incluso,<br />

por atraer los fondos de ahorro a largo plazo allí depositados. La competencia se extiende a la<br />

conquista de la cuota crediticia de otros bancos y el resultado final es el alza de los intereses<br />

pasivos. En esta fase, la capacidad de la autoridad monetaria para controlar el volumen del crédito<br />

disminuye hasta el punto de que la disponibilidad de recursos financieros pasa a depender<br />

únicamente del mercado. Una parte creciente del financiamiento se destina a usos especulativos,<br />

con lo cual se rompe la relación entre el crédito bancario y el comercio financiero, de un lado, y<br />

la economía real, la de la producción y el comercio de bienes y servicios, del otro.<br />

En esa evolución, lo que importa subrayar es cómo el sistema bancario es capaz, en cualquier<br />

momento, de crear crédito independientemente del ahorro, cosa que rompe la identificación entre<br />

ahorro e inversión, tan estimada por la economía neoclásica. Cuando la evolución del sistema alcanza<br />

ese momento, el dinero bancario es dinero en el sentido más pleno de la palabra, al tiempo que deja de<br />

tener vinculación directa con una base de mercado real (el dinero-crédito sustituye al dinero-mercancía<br />

como equivalente general en el sistema productivo y se convierte, por convención, en una unidad<br />

de cuenta).<br />

4. A pesar de estas importantes profundizaciones analíticas, una limitación del análisis poskeynesiano<br />

radica, precisamente, en la insuficiente consideración de los aspectos internacionales de las relaciones<br />

económicas y sociales; insuficiencia esta que disminuye la capacidad de interpretar la génesis de la<br />

globalización financiera.<br />

En realidad, la quinta fase de esa evolución no culmina hasta tanto el sistema bancario nacional no<br />

rompe los últimos vínculos y establece la existencia de una autoridad monetaria central.<br />

La globalización financiera, con la aparición de los mercados europeos, ofrece esa posibilidad: la<br />

última fase evolutiva de los sistemas bancarios nacionales exige de estos la superación de su propia<br />

dimensión nacional. Se transforma así, esta fase, en el estadio terminal de dichos sistemas.<br />

Las nuevas tecnologías han contribuido de manera determinante a este desarrollo, al eliminar las<br />

barreras de tiempo y espacio en la circulación de los capitales financieros: un dólar puede encontrarse<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

303


en este momento en Hong Kong y, tras pulsar una tecla en la computadora, un instante después<br />

se ha desplazado a Nueva York. Se pulsa una más, y al segundo se cambia en euros en Frankfurt,<br />

Alemania.<br />

Son entonces también importantes las razones inherentes a las características del capital financiero<br />

y a las particulares facilidades que brinda la circulación del dinero: no hay peso alguno, no ocupa espacio;<br />

es posible transportarlo en cualquier cantidad con solo algunas operaciones contables y, gracias<br />

a esas nuevas tecnologías, el tiempo no es un elemento que cuente para su circulación de un punto a<br />

otro del planeta.<br />

De igual forma, el factor dimensión también es importante. La concentración y centralización<br />

de capitales ha llegado a un punto en el que los actuales mercados nacionales, incluso los más grandes<br />

(Japón, Estados Unidos), se han hecho pequeños para los volúmenes que pueden movilizar los<br />

grandes operadores financieros (bancos, fondos de pensiones, compañías aseguradoras).<br />

5. En principio, los bancos (multinacionales) sirven de apoyo para la realización del capital internacional<br />

en el circuito D - M - D'. El gran desarrollo del sistema mundial de crédito, a fines del siglo<br />

xix, acompañó a las empresas comerciales y productivas en la expansión hacia las colonias y en la<br />

formación de imperios, por una parte, y por otra en la creciente corriente de intercambios en Europa<br />

y Norteamérica. Hoy, por el contrario, la mayor parte de los fondos que negocian los bancos multinacionales<br />

se dedica a operaciones estrictamente financieras en los mercados de capital, operaciones en<br />

las cuales intervienen solo los grandes bancos, sea en la compra de divisas o en la concesión de créditos<br />

internacionales.<br />

El mercado internacional de capital, lugar donde se realizan las operaciones financieras, está constituido<br />

por una red de plazas repartidas por todo el mundo: Londres, Nueva York, Tokio, París, Frankfurt,<br />

Ámsterdam… pero también Singapur, Hong Kong, Panamá, Luxemburgo, Bahréin, Bahamas y las<br />

Islas Caimán. Esa red ha contribuido a fortalecer el carácter autónomo de la circulación financiera, a<br />

multiplicar la cantidad de operaciones que se cumplen estrictamente dentro de ese marco, no ligadas al<br />

proceso productivo real, y a incrementar cada vez más el carácter ficticio de los movimientos de capital<br />

(economía casino). Los organismos financieros han diseñado los mecanismos más refinados para hacer<br />

que “el dinero produzca más dinero”.<br />

La centralización de capitales en el sector financiero se ha acelerado con las medidas neoliberales<br />

de gestión de la crisis. Las políticas neoliberales tienden a transferir la utilidad del sector productivo al<br />

financiero, porque este último es el encargado de reconvertir las actividades productivas, reasignar los<br />

recursos para ellas y establecer qué y cómo producir. Es este sector el que pone en movimiento los nuevos<br />

procesos productivos: es siempre el dinero-crédito el que enciende la máquina de la producción,<br />

que consiste en fabricar mercancías con cuya venta obtener más dinero. El dinero es “el principio y el<br />

fin”, “el alfa y la omega”, “el Paraíso y el Apocalipsis” de la producción capitalista.<br />

3.2. El nuevo sistema: la globalización financiera<br />

1. A partir de los años ochenta, el papel fundamental de la divisa clave no es ya el servir como medio<br />

de pago internacional, sino ser la reserva monetaria de valor internacional: en el decenio de Reagan,<br />

Estados Unidos pone su política económica al servicio del mantenimiento de ese papel internacional<br />

para el dólar. Por eso, a falta de hegemonía comercial, crea un sistema paralelo de circulación<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

304


internacional del capital financiero, constituido por los mercados europeos, que permite mantener<br />

el dólar como divisa dominante y evitar que los desequilibrios comerciales y financieros de Estados<br />

Unidos se trasladen a su moneda.<br />

Para entender mejor la fase actual, podemos describir sintéticamente los distintos regímenes monetarios<br />

por los que ha pasado el sistema internacional de pagos desde la implementación de los acuerdos<br />

de Bretton Woods:<br />

– 1948-1971: Durante la eficiente regulación del sistema de Bretton Woods, la circulación internacional<br />

de mercancías consiste, en última instancia, en un comercio de trueque: los pagos se<br />

hacen en dinero metálico, es decir en (dólares respaldados en) oro. Este sistema logra funcionar<br />

mientras Estados Unidos garantiza unas reservas de oro y divisas equivalentes –o al menos en<br />

suficiente medida– al valor de las reservas acumuladas en dólares en los bancos centrales del<br />

resto del mundo.<br />

– 1971-1985: Sin embargo, cuando las condiciones estructurales se modifican y comienzan a aparecer<br />

los primeros déficit de cuenta corriente en la economía norteamericana, Estados Unidos<br />

rechaza el acuerdo y rompe las reglas del juego. Su dominio político-militar es garantía de la<br />

aceptación de un volumen de crédito no vinculado a sus necesidades de importación de mercancías.<br />

La crisis del sistema de Bretton Woods se presenta tradicionalmente como la dificultad de<br />

la divisa clave, el dólar, para honrar la promesa de convertir en oro todos los dólares depositados<br />

en los bancos centrales del resto del mundo, como consecuencia de un déficit en la balanza<br />

de pagos que supera las reservas federales en ese metal. La declaración de inconvertibilidad<br />

transforma automáticamente las reservas en dólares de los bancos centrales del mundo entero<br />

en títulos de deuda de la economía norteamericana, sin valor material y sin otra garantía que<br />

su aceptación como certificados bancarios de dichos títulos. La circulación internacional de<br />

mercancías se mantiene sobre esas bases durante casi una década, sin que los acreedores logren<br />

tener la fuerza suficiente para ejecutar los créditos, ni para establecer un nuevo sistema de pagos<br />

con garantía.<br />

– 1985-2006: Pero este pseudosistema genera fuertes presiones inflacionarias. La acumulación<br />

de dólares equivale a una emisión interna de liquidez por parte de los diferentes países, y la<br />

resistencia del banco central obliga a diseñar otro sistema de liquidación y de deuda internacional.<br />

La desregulación financiera, que comienza en 1980, culmina a mitad de la década con la<br />

generalización de los mercados europeos. Su punto de partida es una transacción en la que un<br />

valor producido en un país cualquiera (“resto del mundo”) se realiza en otro (Estados Unidos),<br />

sin que ello implique desembolso monetario alguno entre comprador y vendedor. Una transacción<br />

contable, dentro del sistema bancario, que se traduce en el pago desde una cuenta bancaria<br />

que está a nombre del importador a una cuenta a nombre del banco que actúa por encargo del<br />

vendedor dentro de Estados Unidos; de ese modo no se produce salida alguna de dinero-crédito<br />

ni, por tanto, aumento de la liquidez internacional. En lugar de eso, la banca que recibe el pago<br />

obtiene un permiso de emisión en una moneda que no es el dólar estadounidense: la apertura<br />

de una cuenta en eurodivisas –es decir, en cualquier otra eurodivisa–, a nombre del vendedor,<br />

que se transforma en un activo bancario cuando el banco comienza a emitir crédito en eurodivisas<br />

8 . En otras palabras, las transacciones de la era de la globalización financiera eliminan la<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

305


presencia de la autoridad monetaria y le asignan un nuevo papel a las instituciones bancarias,<br />

que se convierten en garantes de las transacciones reales a cambio de un derecho de emisión sin<br />

restricciones en el nuevo mercado financiero global.<br />

2. Estados Unidos consigue así pagar sus importaciones, pero no con exportaciones, ni con emisiones<br />

de deuda, sino creando una nueva mercancía, que podemos denominar permiso de emisión de crédito<br />

mundial. La creciente financiarización de la economía mundial se traduce entonces, además, en una<br />

mayor capacidad, por parte de Estados Unidos, para cubrir su desequilibrio de cuenta corriente mediante<br />

la absorción de liquidez internacional. De esta manera, Estados Unidos mantiene sus estrategias<br />

político-económicas sin tener que restringir su propio desequilibrio externo, a diferencia del resto del<br />

mundo, que en última instancia solo puede pagar sus importaciones con exportaciones. La asimetría<br />

entre el dólar y el resto de las monedas nacionales, que en el sistema de Bretton Woods se basaba<br />

en el dominio comercial y productivo de la economía norteamericana, ahora, en el no-sistema de la<br />

globalización, se fundamenta en cambio en el papel político de Estados Unidos, que sirve para generar<br />

la confianza necesaria en las transacciones inmateriales de los mercados europeos.<br />

Fase del sistema Bretton Woods Crisis de Bretton Woods Globalización financiera<br />

monetario internacional 1948-1971 1971-1980 1980-2006<br />

Medio de pago Dinero-mercancía Dinero-crédito nacional Dinero bancario<br />

nacional (dólar oro) (dólar no convertible) mundial (eurodivisas)<br />

Autoridad institucional fmi reserva Federal ninguna<br />

Límite del sistema balanza de pagos Credibilidad colapso de la cadena<br />

de Estados Unidos político-económica de creación-aceptación<br />

de Estados Unidos<br />

del dinero<br />

Riesgo del sistema solvencia de los pagos Credibilidad estatal Credibilidad bancaria<br />

En esta perspectiva y vista de conjunto, la globalización financiera aparece como un intento de preservar<br />

la hegemonía del imperialismo norteamericano. En términos de valor, el imperialismo implica<br />

una transferencia sistemática de riqueza social de los países y pueblos dominados hacia los dominantes.<br />

Gracias al sistema financiero global, Estados Unidos puede recibir, a través del comercio internacional,<br />

una masiva transferencia de riqueza incorporada a los bienes y servicios, y mantener intacta la cantidad<br />

de dinero-capital que sirve para el pago de las mercancías. De allí su interés en que el dólar siga siendo<br />

la moneda de reserva y, sobre todo, la moneda-refugio. En caso de que apareciera otra divisa que pueda<br />

cumplir el mismo papel, no habría manera de evitar la incorporación del país que la emita (o del polo,<br />

como sería la Unión Europea con el euro) al lado privilegiado de las transacciones internacionales,<br />

lugar que ahora ocupa con exclusividad Estados Unidos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

306


3.3. Nuevas rivalidades y competencia global<br />

1. Los mercados europeos son compatibles con una autoridad monetaria solo si esta es internacional;<br />

es decir, si la política monetaria se traslada a una autoridad global supranacional 9 . Se requiere, por<br />

tanto, un nuevo sistema monetario internacional, a fin de que dichos mercados dejen de ser libres y<br />

se conviertan en regulados. Además, hay que tomar en cuenta que el de la moneda no es un mercado<br />

como los otros, por al menos dos razones:<br />

a) Si los mercados de bienes son asunto de los operadores privados, y se puede considerar la presencia<br />

del Estado como la de un productor más (consumidor o agente), entonces el Estado (o<br />

la autoridad monetaria) juega un papel específico en el mercado de la moneda, dado que puede<br />

actuar unilateralmente sobre su oferta.<br />

b) A la moneda no se le quiere tener por sí misma, a diferencia del acero o de los servicios de<br />

peluquería. Puede construirse una función de utilidad o una demanda de moneda, pero estas se<br />

definen siempre en función del resto de la economía.<br />

En ausencia de una regulación estatal –es decir, en condiciones de libre mercado o mercado puro–,<br />

la creación y circulación de dinero no se traduce, en ningún caso, en un hipotético precio de equilibrio,<br />

ya que la carencia de equilibrio es la característica definitiva de un mercado de moneda en cortocircuito<br />

respecto a la circulación de valores reales.<br />

2. La realidad de la economía internacional presenta problemas adicionales. En particular, se considera<br />

que la moneda tiene simultáneamente dos precios:<br />

– Uno en el tiempo (tasa de interés).<br />

– Otro en el espacio, que es su precio en otra moneda (tasa de cambio).<br />

La tasa de cambio, como precio relativo de dos monedas, o de una en términos de otra, introduce<br />

en el mercado de la primera las consecuencias de las decisiones tomadas por el Estado de la segunda,<br />

y viceversa. Puede fijarse la tasa o tipo de cambio, pero hay que actuar sobre las balanzas de pago para<br />

equilibrar, o sobre las reservas, pero esto no puede durar más que un determinado tiempo.<br />

La crisis económica demuestra que aquello que se definió como una teoría no era más que un conjunto<br />

de hipótesis o postulados que, al costo de estrellarse contra la dinámica real de la economía, devino<br />

durante los años ochenta en ideología oficial de las agencias internacionales de financiamiento 10 .<br />

Desde que el sistema basado en el modelo dólar-oro comenzó a mostrar sus limitaciones, la Unión<br />

Europea tomó medidas para aislarse de la crisis monetaria internacional, con mayor rapidez y eficacia<br />

que Japón.<br />

La creación del Sistema Monetario Europeo, como medida de estabilización monetaria regional, es<br />

la respuesta a la decisión de Estados Unidos y el FMI de iniciar una etapa de desreglamentación de las<br />

tasas de cambio de mercado a escala mundial. La decisión de crear una moneda europea es la respuesta<br />

al intento de Estados Unidos, en el contexto de su pérdida de hegemonía comercial, de mantener el<br />

dólar como moneda internacional.<br />

Las reservas de los bancos centrales tienen una importancia estratégica en la conformación de la<br />

jerarquía imperialista mundial. Mientras la creación monetaria es un fenómeno nacional, los países<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

307


que logran que su moneda forme parte de las reservas de los bancos centrales del resto del mundo<br />

obtienen con ello una posición privilegiada en los intercambios reales: tener una divisa aceptada de esa<br />

manera, equivale a comprar –en el resto del mundo– mercancías, servicios y valores a cambio de títulos<br />

de crédito.<br />

Se obtienen, además, valores de uso específicos, importaciones, a cambio de meros signos de cambio<br />

genéricos. Los extranjeros que posean tales billetes pueden cambiarlos, en el país que los emite, por<br />

mercancías exportables, o gastarlos allí en cualquier bien o servicio no exportable. Así, mientras los<br />

países sin divisa de referencia se ven obligados a producir bienes exportables por un valor equivalente<br />

a las importaciones que desean, el país que cuenta con tal divisa puede importar con solo presentar a<br />

cambio su producción total de valores, como contrapartida potencial al valor de esas importaciones.<br />

Estas vienen a ser entonces una restricción menor en la asignación de los recursos, mientras que<br />

constituyen una restricción importante en los países que no cuentan con una moneda que sirva como<br />

instrumento de pago internacional; restricción tanto más significativa cuanto mayor sea la dependencia<br />

estructural de las importaciones. Esta asimetría se refuerza, en favor del país emisor de divisas, si<br />

sus billetes fungen como reserva de valor internacional; vale decir, si los bancos centrales convienen en<br />

mantenerlos en sus propias reservas por largos períodos.<br />

3. La estabilidad monetaria es una de las condiciones para que una divisa sea aceptada como reserva<br />

internacional de valor o, en otras palabras, para que su función de equivalente de valor sea estable en<br />

el tiempo. Pero la estabilidad de una divisa tiene dos caras: como medio de pago internacional, viene<br />

dada por el valor relativo de la moneda en términos de otras monedas nacionales (tasa de cambio); en<br />

cuanto reserva de valor, en cambio, la referencia de estabilidad es la cantidad de valores que permite<br />

adquirir en el país emisor. La inflación y la tasa de interés serán los signos claves para determinar el<br />

grado de estabilidad de una divisa que sirva de reserva internacional de valor.<br />

La reacción de Estados Unidos ante el proceso de creación del euro puede interpretarse a partir<br />

de su política de aumento de las tasas de interés y del mantenimiento de una tasa de cambio sobrevalorada,<br />

como parte de una estrategia dirigida a evitar que el euro desplace a Estados Unidos de la<br />

situación que actualmente disfruta gracias a su hegemonía en la constitución de las reservas de los<br />

bancos centrales del resto del mundo.<br />

4. Por otra parte, la globalización financiera genera importantes contradicciones en el proceso de<br />

acumulación de capital. No permite resolver los enormes problemas creados y acrecentados en los<br />

decenios de crisis, ni tampoco mediar entre las distintas fracciones del capital. Ciertamente, la globalización<br />

es de algún modo una extensión de la ley de la centralización y concentración del capital, que<br />

se expresa, por ejemplo, en el reforzamiento del poder económico y político de los grandes capitalistas,<br />

propietarios de las empresas multinacionales, y en la creciente subordinación a estas de las pequeñas y<br />

medianas empresas, limitadas al papel de subcontratistas y sujetas a control externo.<br />

En cierto sentido, la globalización neoliberal es también creación de condiciones para una centralización<br />

a mayor escala. Y es en este punto que se manifiestan algunas contradicciones graves entre<br />

fracciones del capital multinacional. En particular, hay una asimetría creciente entre las ganancias<br />

del capital productivo y las del capital financiero y especulativo, que abre hoy una brecha en la unidad del<br />

capital en torno a las políticas neoliberales vigentes.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

308


La historia del capitalismo enseña cómo el empleo masivo de la tecnología incrementó la productividad<br />

del trabajo humano y, hasta cierto punto, incluso los salarios, pero es preciso recordar que las<br />

leyes férreas del libre mercado exigen la máxima restricción de los costos de producción –sobre todo<br />

ese que se recupera con dificultad, como es el costo del trabajo– para poder mantener en óptimo punto<br />

el indicador de eficiencia, medido como relación entre sacrificios y beneficios, o sea, como costos de<br />

producción e ingresos (ganancias realizadas).<br />

La continua mutación socioeconómica de la sociedad capitalista, en los cambios culturales y en las<br />

necesidades inducidas, las transformaciones globalmente reconducibles al progreso tecnológico, han<br />

llevado, en el curso del último siglo, a la afirmación de varios modelos de desarrollo para la producción<br />

industrial en masa. Fue así que en Estados Unidos se afirmó, a comienzos de la pasada centuria, el<br />

llamado “modelo taylorista-fordista”, que se fundamenta en la incorporación de tecnologías mecánicas<br />

a la producción y en la subdivisión del proceso en numerosas operaciones individuales, que pueden<br />

entonces ser ejecutadas del mejor modo y en el menor tiempo posible 11 . La parcelización del trabajo<br />

y la producción en serie estandarizada y masiva de bienes caracterizan este modelo que, al depender<br />

de la demanda creciente de bienes de consumo, tuvo su crisis a comienzos de los años setenta con la<br />

saturación de la demanda y la disminución de la productividad.<br />

De igual forma, desde la posguerra hasta hoy se pueden identificar muchos “capitalismos”, es decir,<br />

muchos modelos geográficos y sociales de desarrollo económico. En particular, resalta el paso de un<br />

modelo de progresiva concentración territorial de la producción, de la renta y de la población, a otro<br />

de difusión local de las dinámicas de desarrollo, que ha afectado áreas de relevancia media. Esto, en<br />

cualquier modo, no ha llevado a la reducción de los desequilibrios norte-sur, ni a una disminución de<br />

las capas de pobreza absoluta o relativa, y en cambio ha dado lugar a formas de superación de la dicotomía<br />

ocasionada tanto por la diversificación económica de las regiones intermedias y el enlentecimiento<br />

de las más avanzadas, como, sobre todo, por el nacimiento de nuevos sujetos sociales y económicos<br />

marginales y marginados. Se va profundizando así la brecha entre un mundo rico y sectores cada vez<br />

más vastos de población excluida, precarizada, cercana al umbral de la pobreza; masas sociales a las que<br />

estos procesos de desarrollo marginan y empobrecen al punto de poder ser consideradas como parte<br />

de los “nuevos miserables” en la sociedad de la opulencia. Todos los períodos del desarrollo económico<br />

han provocado una creciente diferenciación territorial y social, puesto que sus fases acentúan los flujos<br />

migratorios y los procesos de urbanización y, con esto, los procesos de expulsión de las garantías de<br />

ingreso económico, con sus consecuentes fenómenos socioeconómicos que transforman las relaciones<br />

centro-periferia –en clave geográfica– y entre sujetos con garantías y sujetos sin garantías –en clave<br />

económica–, y que van engrosando así las filas de las nuevas marginalidades, de las exclusiones, de las<br />

nuevas pobrezas.<br />

Todo esto es aún más cierto hoy, en la actual fase de mundialización capitalista con características<br />

de auténtica competencia global.<br />

CRÍTICA A LA TEORÍA DEL LIBERALISMO HEGEMÓNICO<br />

309


— notas —<br />

1<br />

En el curso de los años noventa, la cotización accionaria en la bolsa neoyorquina se incrementó a más del doble. Esto es signo<br />

tangible de la financiarización creciente del capital mundial.<br />

2<br />

Mientras la evasión es el ocultamiento de una carga fiscal (para lo cual en Italia, por ejemplo, están previstas sanciones penales<br />

y administrativas), la elusión consiste en la aplicación (abusiva) de una norma favorable en lugar de aquella, más desfavorable,<br />

prevista por la ley para esa determinada carga fiscal. En palabras de uno de los mayores tributaristas italianos: “Quien evade,<br />

crea la carga fiscal, pero luego se sustrae a las consecuencias que de allí se derivan; quien elude, evita crear el caso tributario<br />

correspondiente a un determinado resultado económico, y crea otro equivalente, al que corresponde un tratamiento fiscal más<br />

favorable” (Tesauro, 2003: 249). Carlo (1979; 1986) ha insistido por años en el carácter estructural de la evasión fiscal empresarial<br />

para los fines de la acumulación capitalista.<br />

3<br />

Que hoy parece ser observado más por los Gobiernos “progresistas” que por los conservadores: véanse las políticas de<br />

los gobiernos de Bush en Estados Unidos y de Berlusconi en Italia, y confróntense con las políticas de rigor aplicadas por la<br />

administración Clinton y por los Gobiernos técnicos y de centro-izquierda en Italia.<br />

4<br />

Sobre la actual fase neoliberal de financiarización de la economía, se pueden consultar diversos textos publicados por el autor,<br />

solo o en colaboración con otros, en Jaca Book; cfr. la bibliografía final.<br />

5<br />

Véase por ejemplo, en materia de inmigración, la ley Bossi-Fini, promulgada en Italia durante el último gobierno de Berlusconi<br />

(2001-2006), que se caracterizó por una formulación claramente etnocéntrica e introdujo elementos “biológico-identitarios” a los<br />

fines de una definición de “italianidad”. Para una lectura de este orden, cfr. Bettini (2002: 831 ss.).<br />

6<br />

El presente parágrafo se remite a los contenidos del artículo de Arriola (2001b), de la misma forma en que, al aparecer estos<br />

mismos temas en las páginas que siguen, se hará frecuente referencia a algunos de sus trabajos.<br />

7<br />

“Das Papiergeld ist Goldzeichen oder Geldzeichen”. Marx: , MEW 23: 142 (cfr. 138-160).<br />

8<br />

Se puede ver el mecanismo desvinculante de este proceso en Krugman y Obstfeld (1995: 780 ss.), aun si no va más allá de su<br />

descripción mecánica. Cfr. también Gill (1983: 157).<br />

9<br />

La presencia de los euromercados, que ha conducido a la pérdida de control sobre los agregados monetarios a corto plazo de<br />

los bancos centrales, explica por qué el control de la inflación se logra hoy solamente mediante intervenciones de tipo reductivo<br />

en las variables que conforman la demanda de dinero, en particular los salarios.<br />

10 Las ideas anteriores han sido tomadas de la obra de Byé y Destanne de Bernis (1987), donde se encuentran ampliamente<br />

desarrolladas.<br />

11 La elevada fragmentación de las tareas laborales que llevó a cabo el taylorismo estaba dirigida, sobre todo, a la destrucción de<br />

uno de los mayores poderes de la clase trabajadora: el de contraponer su propio conocimiento, su calificación, a las exigencias del<br />

capital. La simplificación extrema de las labores y la consecuente especialización servían precisamente para eso. Y es en ese proceso<br />

que se produce la transformación del obrero-artesano calificado en obrero-masa escasamente calificado o fácilmente adiestrable.<br />

Cfr. Braverman (1998).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

310


Capítulo II<br />

SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN<br />

Y DE PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

1. Un repaso a los principios de la planificación<br />

1. La planificación ha sido muchas veces considerada únicamente como una fase fundamental de<br />

la actividad económica, particularmente ligada a la existencia del socialismo. Se trata, en cambio,<br />

de un proceso inherente al desarrollo de la sociedad y, por ende, de la especie humana. Uno<br />

de los elementos que han signado la evolución del hombre ha sido el saber equilibrar la disponibilidad<br />

de recursos y la satisfacción de las necesidades. Todo el mundo, de un modo u otro, siente<br />

la necesidad de planificar sus actividades vitales o, cuando menos, intenta hacerlo. Es esto lo que<br />

diferencia al ser humano de otras especies: la capacidad de proyectar teóricamente un fin u objetivo<br />

que se propone realizar. Por ese motivo, algunos autores consideran la planificación como un<br />

proceso en el que “organizamos nuestra acción tomando en cuenta un determinado fin” (González<br />

Gutiérrez, 2001).


2. Conceptualmente, el proceso de planificación ha sido interpretado de muchas maneras, según la<br />

época, las condiciones económicas y el lugar. Algunos autores sostienen que “comprende la definición<br />

de los objetivos o metas de la organización, la identificación de una estrategia general para alcanzar<br />

esas metas y el desarrollo de una completa jerarquización de planes para integrar y coordinar las actividades.<br />

De tal manera, comprende tanto los fines (lo que se quiere hacer) como los medios (el cómo<br />

hacerlo)” (Robbins, De Cenzo, 1996: 58-59).<br />

O también, para citar otra célebre definición: “Planificar significa (…) establecer las premisas decisorias<br />

para decisiones futuras; más brevemente, planificar significa decidir sobre las decisiones” (Luhmann,<br />

1990: 123).<br />

Obviamente, la planificación así concebida está circunscrita a una forma específica, en el contexto<br />

de un sistema de relaciones productivas en el que los objetivos finales no tienen, necesariamente, que<br />

estar orientados hacia la profundización de la justicia y la elevación del bienestar social, con sentido de<br />

equidad. En términos más apropiados, la aproximación de algunos autores cubanos, a partir de la obra<br />

de Alfredo González y más tarde también de muchos de los últimos trabajos de Hugo Pons –a cuyas<br />

formulaciones a este respecto se hace frecuente referencia en este texto–, permite acercarse a una definición<br />

que considera la planificación como una visión del futuro que implicaría en sí misma una<br />

valoración de la situación actual, su proyección dinámica y el proyecto de un hipotético futuro, y en<br />

la cual se inserta el proceso de control sistemático, periódico y permanente, que permite controlar la<br />

ejecución de las actividades y evaluar el resultado en función de priorizar el grado de satisfacción de<br />

las necesidades sociales 1 .<br />

La planificación no es solamente un modelo. Como proceso, ella significa, en primer lugar, actuar<br />

metódicamente según las circunstancias; es decir, considerar la importancia de una decisión tomada,<br />

cuáles son sus consecuencias, en qué momento es mejor tomarla, en qué momento se debe esperar<br />

(Rodríguez, 2000: 5).<br />

Como actividad, la planificación se inserta en el proceso de dirección. Sea que se trate de un ejército,<br />

una empresa o un equipo de fútbol, en la entidad respectiva deben estar presentes y activos cuatro<br />

elementos: la organización, la planificación, la dirección 2 y el control (González G., 2001).<br />

3. Al analizar estos elementos, González G. (2001) considera los contenidos más generales que los caracterizan<br />

y diferencian. Así, explica que la organización es la forma en que se reúnen y ordenan los<br />

diversos componentes y, en particular, las relaciones jerárquicas y las funciones. La planificación se<br />

concibe como la identificación de objetivos y la escogencia de las acciones que se emprenderán para<br />

alcanzarlos. La dirección es un proceso ejecutivo de toma de decisiones y, finalmente, el control es la<br />

comparación de los resultados con los objetivos inicialmente planteados.<br />

Estos elementos se sitúan en el marco de un proceso de carácter lógico, cada uno de ellos como<br />

punto de partida del otro, y en su conjunto constituyen la estructura del proceso de gestión:<br />

a) La planificación incluye metas, establece estrategias y desarrolla planes para coordinar actividades.<br />

b) La organización determina lo que se debe hacer, cómo se hará y quién habrá de hacerlo.<br />

c) La dirección se ocupa de coordinar y motivar a todas las partes involucradas, seleccionar los<br />

canales de comunicación más eficaces y resolver los conflictos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

312


d) El control permite hacer el seguimiento de las actividades, para asegurar que se ejecuten según lo<br />

establecido y corregir eventuales desviaciones significativas.<br />

Desde ese punto de vista es posible hablar de planificación en su significado más amplio. Cuando<br />

esta proyección dinámica se dirige hacia la actividad económica en sentido general, se habla de planificación<br />

de la economía nacional.<br />

En la literatura especializada en temas de administración, el tema de la planificación se identifica<br />

generalmente con la programación y acoge así las experiencias de las multinacionales y, en general, de<br />

la economía empresarial en el ámbito del mercado capitalista. No obstante, es posible encontrar recomendaciones<br />

útiles para el sector público, no solo en cuanto a la organización de las instituciones que<br />

lo componen, sino también en lo concerniente a las responsabilidades que les competen en la elaboración,<br />

introducción y control de los planes de desarrollo económico y social. Es asimismo útil conocer las<br />

experiencias de otros países y los tipos de planes que se elaboran como instrumento de dirección de<br />

las actividades económicas y de servicios, en función de los fines y objetivos de las organizaciones. Esta<br />

información puede constituir un punto de referencia para el perfeccionamiento de la planificación.<br />

4. Algunos autores sostienen que las organizaciones utilizan principalmente dos tipos de planes: los<br />

estratégicos, que están dirigidos al logro de sus objetivos generales, y los operativos, que indican cómo<br />

han de manifestarse las estrategias en las actividades rutinarias. Como primera fase, en todo caso, se<br />

debe alcanzar la definición de la “misión”, término por otra parte cada vez más difundido en el ámbito<br />

empresarial: una meta general que refleja las bases de la organización, sus objetivos, sus valores, su<br />

ámbito y el lugar que aspira a ocupar, como proyecto final, en el macrosistema espacial, sea que se trate<br />

de una empresa o del operador país 3 .<br />

El proceso formal está caracterizado, en todo caso, por la necesidad de enfrentar algunos aspectos<br />

particulares de la planificación, que la hacen variar según la naturaleza de los procesos socioeconómicos<br />

a los que se aplica.<br />

En el capitalismo, el control de la propiedad privada sobre los medios de producción aísla a los<br />

productores y los coloca en una guerra de todos contra todos, dado que cada uno actúa en su propio<br />

interés personal; más aún, es gracias a su actuación egoísta que, según la ortodoxia dominante, se<br />

alcanzaría el bienestar general (aunque, en verdad, la heterogeneidad de los fines está siempre pronta<br />

a desmentir tales axiomas).<br />

En estas condiciones, las leyes económicas son frecuentemente dictadas de manera espontánea e<br />

incontrolada, como potencias extrañas que se imponen a los hombres y los dominan, por efecto de las<br />

fuerzas ciegas del mercado o, mejor dicho, por causa de la formación de un mercado mundial en el<br />

que se evidencia el carácter internacional de las contradicciones entre burguesía y proletariado (AAVV,<br />

2002).<br />

Las condiciones del proceso de internacionalización del capital y la concentración de las actividades<br />

económico-productivas en manos de las grandes multinacionales, permiten ampliar la capacidad de<br />

influir sobre el comportamiento del mercado y de poner en práctica algunas formas de control basadas<br />

en técnicas de investigación cada vez más modernas y en tecnologías más y más desarrolladas. Sin<br />

embargo, el control social de la producción no se cumple en interés de toda la sociedad, sino en el de<br />

la burguesía monopólica. Además, esta posibilidad no elimina la extemporaneidad ni la anarquía<br />

de los procesos económicos (AAVV, 2002: 50).<br />

SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN Y DE PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

313


Antes bien,<br />

este intento de control monopólico estatal de la economía confirma la tesis marxista según la cual el<br />

desarrollo de las fuerzas productivas conduce en el capitalismo inevitablemente al control social de<br />

la producción; control que solo en el dominio de la propiedad social puede llevarse a cabo en interés<br />

de toda la sociedad (AAVV, 2002: 51) 4 .<br />

En el socialismo, por el contrario, la sociedad, devenida en sujeto único de la propiedad y de la<br />

gestión económica, tiene la posibilidad de dirigir y regular conscientemente el desarrollo de la producción<br />

social como proceso único, orientado a la realización de su finalidad suprema: el desarrollo libre y<br />

universal del hombre (AAVV, 1991).<br />

5. Es necesario señalar que el mecanismo de control estatal de la economía permite, en países con<br />

economía de mercado, influir en el curso de la reproducción capitalista, a partir de la aplicación de<br />

métodos que contribuyan a acelerar o desacelerar el proceso de estímulo para el avance económico.<br />

Sin embargo, es fundamental insistir en el hecho de que ese control no se ejerce en función de los<br />

intereses de la sociedad, sino en el de aquellos entes, empresas 5 y organizaciones privadas que dominan<br />

la actividad económica. Ese control no está en condiciones de eliminar la anarquía y espontaneidad<br />

de los procesos económicos; más bien los condiciona, dentro de límites que permiten la preservación de<br />

relaciones económicas convenientes para el nivel de propiedad privada alcanzado.<br />

Aunque es muy difícil hacer comparaciones eficaces entre países, dada la disparidad de los datos,<br />

puede decirse que en cualquier situación de control estatal de la economía de mercado, y al menos<br />

hasta concluir los años setenta, resaltó siempre un dato unívoco: la fuerte presencia de las empresas<br />

públicas, sus positivas consecuencias indirectas –en términos macroeconómicos– sobre los sistemas<br />

productivos y, por ende, su peso fundamental en la economía general de cada país en cuestión. Esa<br />

situación se mantuvo hasta el inicio del llamado “intenso proceso a etapas forzadas” de privatización,<br />

que ha afectado, aunque de maneras y con tiempos diversos, a la mayoría de los países europeos desde<br />

los primeros años ochenta hasta hoy.<br />

Es sabido que el objetivo de las empresas públicas no radica en la maximización de la ganancia, sino<br />

en una serie de metas de otra índole, que deben ser alcanzadas en nombre del interés de la colectividad.<br />

De hecho, aun cuando sea para ellas fundamental el lograr resultados de gestión positivos, deben por<br />

otra parte tomar muy seriamente en consideración todos los factores vinculados con la economía<br />

nacional y con el interés económico y social general. En ese sentido, puede decirse que una empresa<br />

pública tiene entre sus objetivos principales el logro de una eficiencia distributiva, redistributiva y social<br />

que permita llevar al máximo la satisfacción de los consumidores, asegurar la mayor transparencia<br />

posible y corregir las fallas del mercado.<br />

2. Reflexiones sobre el caso de Italia<br />

1. La necesidad de intervenir en sectores económicos en los cuales la iniciativa privada se encontraba<br />

en dificultades, llevó en Italia, por ejemplo, al surgimiento de las participaciones estatales, un sistema<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

314


que en el pasado dio notables resultados positivos, no obstante sus contradicciones y los nexos a veces<br />

perversos que se dieron entre el mundo partidista y la gestión económica. Baste recordar el impulso<br />

conferido al desarrollo económico italiano en el período que va de la posguerra a comienzos de los<br />

años setenta, aun cuando ese crecimiento se hizo acompañar por desequilibrios sectoriales y territoriales,<br />

además de económico-redistributivos. En confirmación de lo dicho, recuérdese asimismo la<br />

importancia que tuvo en Italia, y sobre todo en el Mezzogiorno, la intervención del Estado durante<br />

la delicada fase de la reconstrucción posbélica. Es fundamental recordar también que los objetivos de<br />

una empresa pública deben ser capaces de justificar la presencia del Estado en los sectores estratégicos<br />

para el desarrollo de la economía nacional, lo cual ha de traducirse en el apoyo a las empresas presentes<br />

en sectores caracterizados por una rentabilidad a largo pazo y a las inversiones de alto riesgo y, al mismo<br />

tiempo, en la aplicación de políticas estructurales de empleo (requisitos que el Ente Nacional para la<br />

Energía Eléctrica, ENEL, cumplió plenamente en su campo) 6 .<br />

Se trata de objetivos que exigen, pues, una valoración crítica de las fronteras entre Estado y mercado,<br />

así como una profunda reflexión político-económica y social previa a la realización de cualquier<br />

programa de privatización, particularmente, en los sectores estratégicos. Parece justo recordar que el<br />

artículo 42 de la Constitución italiana prevé dos formas de propiedad, la pública y la privada, y que<br />

está consagrado que esta última puede ser expropiada por motivos de interés público. No se menciona<br />

en ningún artículo que sea la propiedad pública la que haya de ser abolida. De la formulación de la<br />

carta magna del 48 se deriva el papel que debe tener una economía pública apropiada, articulada y<br />

dirigida, incluida la de carácter local, que puede hacer que el país se dote de un modelo económico<br />

sobre el cual impulsar un desarrollo compatible en lo social y en lo ambiental. Fue eso lo que se<br />

quiso hacer en Italia a través de la economía pública, no obstante las limitaciones y distorsiones.<br />

Perseguir tales objetivos sería aún más válido, desde el punto de vista económico y social, en esta<br />

fase del desarrollo italiano, en la que se asiste a intensos procesos de desindustrialización y de fuerte<br />

competencia internacional. Además, si desde siempre ha habido sectores específicos de la economía<br />

sujetos a control por parte del Estado, en tanto que proveedores de servicios estratégicos y esenciales<br />

para los ciudadanos y para otras empresas (de entre las cuales se hace referencia a aquellas que operan<br />

en el campo de la energía, del agua, de las telecomunicaciones, etcétera, sin considerar consumos<br />

colectivos, públicos por excelencia, como los de asistencia y salud, defensa, prevención social, es decir,<br />

la “producción de welfare”), hoy, justamente, la participación del Estado en esos sectores es todavía<br />

una garantía más para todos de acceso paritario a la calidad de los bienes y servicios que se producen.<br />

Para alcanzar esos objetivos, sin embargo, hay que saber identificar siempre, en los diversos<br />

contextos políticos y períodos histórico-económicos, la forma que pueden asumir las empresas públicas<br />

y cómo se debe distinguir una economía pública diferente, comprehensiva y eficiente, de valor<br />

social, que se acompañe de un crecimiento de la base de grandes empresas y de un reforzamiento del<br />

tejido de PYME.<br />

2. Ese podría ser el significado de una economía pública equilibrada y eficiente, capaz de lograr que la<br />

industria italiana adquiera la fuerza adecuada para ponerse de nuevo en competencia y recuperar los<br />

márgenes de competitividad que tanto necesita. Ello habría permitido, y todavía hoy permitiría, una<br />

importante recuperación tecnológica en sectores tradicionales para el país, además del aprovechamiento<br />

propio de la adaptabilidad a las exigencias y alternativas que se presentan de cuando en cuando.<br />

SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN Y DE PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

315


Todo esto solo es posible con una seria conducción y dirección del desarrollo, que no puede prescindir<br />

del fundamental y eficiente papel público en los servicios esenciales y en los sectores estratégicos<br />

de la economía. En cambio, se prolonga la falta absoluta de una propuesta seria y alternativa de<br />

desarrollo, que se centre también en el papel de una eficiente empresa pública.<br />

Después de haberse eliminado la anomalía representada por el Ministerio de las Participaciones<br />

Estatales, como ya se ha dicho, se cometió el error de duplicar nuevamente la política industrial con<br />

dos ministerios, el de la Industria y el del Tesoro, que se ocupó de dirigir el modelo de desarrollo hacia<br />

un intenso proceso de privatización.<br />

Al relanzamiento y redefinición del papel de la empresa pública no contribuye, ciertamente, la<br />

falta de claridad de los Gobiernos de centro-izquierda ni de los de centro-derecha, encabezados por un<br />

Berlusconi primero empresario y luego presidente del Consejo de Ministros. Se ha tratado siempre, en<br />

todos los casos, de lineamientos de dirección de la economía que parecen centrados exclusivamente en<br />

el tema de las privatizaciones, en el ataque a los derechos sociales y laborales, atentos solo a las compatibilidades<br />

del mercado, de la eficiencia, de la competitividad, de la eficacia de la empresa. Ello explica<br />

todavía mejor los rasgos cualitativos, además de cuantitativos, de la reestructuración del capital,<br />

así como la buscada redefinición de la economía mixta, o más bien su sustitución por una política<br />

unívoca de privatizaciones que asume un rol fundamental para cancelar, incluso, lo que de bueno<br />

había logrado la economía pública.<br />

En febrero de 1998, en un informe presentado al Parlamento, el entonces ministro del Tesoro,<br />

Carlo Azeglio Ciampi, enumeraba las principales tareas de la privatización en el país. Específicamente:<br />

a) Permitir una cesión selectiva del patrimonio estatal, con cuyo ingreso se influya en la contención<br />

de la deuda pública.<br />

b) Alejar al Estado de aquellos sectores en los cuales no es ya comprensible su papel de empresario.<br />

c) Contribuir al reforzamiento de los mercados financieros.<br />

El objetivo que se perseguía era la valorización de las empresas públicas para después venderlas. La<br />

exigencia que se plantea una empresa privada es obtener las máximas ganancias para sus accionistas, y<br />

ese objetivo se aviene mal con una estrategia de sector. ¿De qué manera, en términos de simple rentabilidad,<br />

sería justificable, por ejemplo, una intervención de potenciamiento eléctrico en una zona poco<br />

poblada o rural? Más aún: ¿cómo se podría pensar en justificar, en términos de ganancias, inversiones<br />

innovadoras de alto potencial tecnológico en las centrales eléctricas más viejas, situadas en zonas de<br />

bajo desarrollo económico?<br />

3. La empresa pública italiana fue llevada a operar, especialmente a partir de los años ochenta, en<br />

condiciones de absoluta incertidumbre, lo que seguramente no facilitó su ya de por sí difícil recuperación,<br />

que en algunos casos parecía, además, imposible. A generar incertidumbre concurrió muy<br />

probablemente, junto con la falta de una articulada política de desarrollo, la vertiginosa aceleración<br />

que se imprimió al proceso de privatización, con todas sus consecuencias económicas, políticas y<br />

sociales. Paradójicamente, el decaimiento del control político, que ciertamente representa un hecho<br />

positivo, produce el desplazamiento del sistema de empresas públicas, que de improviso se enfrentan a<br />

una redefinición de sus funciones y objetivos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

316


Operar en el mercado sin contar ya con protección alguna, ha representado para la empresa pública<br />

italiana un tránsito que pone en evidencia, dramáticamente, sus debilidades estructurales. La más<br />

evidente radica en su incapacidad de anticiparse al mercado y responder dirigiendo por sí misma los<br />

procesos de transformación que puedan imponerse. De igual forma, la lentitud para reposicionarse en<br />

el mercado y para la internacionalización de sus actividades es claro ejemplo de la debilidad ínsita de<br />

las escogencias que se adoptaron en su creación y determinación.<br />

Como ya hemos dicho, esto explica –con mayor claridad todavía– la sustitución de la economía<br />

mixta por una política de privatizaciones que cumple, por otra parte, un papel fundamental también<br />

en la contención de los conflictos de clase en sus diversas formas.<br />

4. En un país como Italia, que se había estructurado con base en esquemas de economía mixta, la intervención<br />

del Estado en la economía se derivó de necesidades contingentes que llevaban a compensar,<br />

integrar y en algunos casos sustituir la gestión privada en sectores que se hallaban en dificultad, para<br />

así cumplir con la tutela del interés colectivo. Conviene recordar, pues, que esa intervención se produjo<br />

para compensar las fallas e insuficiencias del sector privado; de hecho, sin la intervención pública, el<br />

capitalismo italiano no habría estado en capacidad de sobrevivir y fortalecerse a nivel internacional.<br />

En Italia es posible ubicar las primeras intervenciones estatales en apoyo de la economía ya en 1929,<br />

tras la crisis económica que afectó la economía mundial. Con mayor precisión, el origen del sistema<br />

de participaciones estatales se remonta a 1933, año en que se constituyó con carácter provisional el<br />

Instituto para la Reconstrucción Industrial (IRI, que en 1936 se transformó en permanente), con<br />

el objetivo de adquirir parte de los tres bancos mixtos italianos que se hallaban en evidente dificultad<br />

y garantizar así los depósitos y el ahorro de los ciudadanos.<br />

Después, en la segunda posguerra, se consolidó el papel del Estado como empresario. En esos años se<br />

tenía por fundamental la presencia pública en sectores estratégicos como las fuentes de energía,<br />

la química, la industria siderúrgica. El surgimiento de las llamadas economías mixtas, caracterizadas<br />

por la presencia conjunta de empresas públicas y privadas (las primeras para garantizar un desarrollo<br />

general y las segundas con reglas de ganancia), tenía el propósito de asegurar economías de escala y<br />

condiciones de paridad y, sobre todo, de impedir la aparición de monopolios.<br />

Hasta el inicio de los años noventa, Italia tuvo participaciones estatales en una vasta gama de<br />

servicios infraestructurales (ferrocarriles, gas, electricidad, comunicaciones, transporte, etcétera). El<br />

control público se ejercía a través de holdings también públicos, los entes, o de empresas autónomas o<br />

especiales. El Ministerio de las Participaciones Estatales controlaba directamente los tres grandes entes<br />

de derecho público: el IRI, el ENI y el EFIM*.<br />

En los años ochenta y durante la primera mitad de los noventa, con base en datos del Istat**<br />

relativos a las cuentas de los sectores institucionales, el sector público había alcanzado un peso superior<br />

al 20% en términos de la producción de valor agregado, y contribuía con el 38% a la formación de<br />

capital fijo y con más de 20% a la totalidad del empleo. Son los años en que nos encontramos ante ese<br />

capitalismo definido como patronal, familiar, en el que cuatro o cinco clanes controlan la economía<br />

del país, aun cuando la pequeña y mediana empresa tienen una fuerte capacidad de exportación.<br />

* (n.t.) Instituto para la Reconstrucción Industrial, Ente Nacional de Hidrocarburos y Ente de Participaciones y Financiamiento de<br />

Industrias Manufactureras, respectivamente.<br />

** (n.t.) Instituto Nacional de Estadística.<br />

SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN Y DE PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

317


El control real, político y económico, está directa o indirectamente en manos de aquellos grupos. No<br />

obstante, ese modelo patronal se ve moderado enseguida, después de la crisis del 29, por la vía italiana<br />

de economía mixta, es decir, por el papel de las participaciones estatales.<br />

5. Al menos hasta un cierto período, el papel de la empresa pública fue en nuestro país extremadamente<br />

relevante, dado que permitió bloquear la formación de monopolios y moderar siquiera los excesos<br />

del capitalismo de mercado puro, además de posibilitar algunas fases de desarrollo en áreas deprimidas,<br />

como el Mezzogiorno. Con esto no se pretende rescatar por completo el papel y las dinámicas de la<br />

empresa pública, pues no hay que olvidar que entre ella y el mundo político y partidocrático surgió<br />

reiteradamente un entramado perverso.<br />

Tangentopoli*** fue tan solo la representación de un sistema de cuya existencia se sabía desde años.<br />

El “factor K”**** fue determinante en el desarrollo de la economía: durante décadas, el bloque democratacristiano<br />

impulsó la economía pública en función, justamente, de controlar el eventual ascenso de<br />

los comunistas en Italia. Por otra parte, muchas veces los sindicatos confederados y el mismo Partido<br />

Comunista aceptaron las consecuencias del “factor K”, ya que a través de la mediación política, dentro<br />

de un modelo consociativo, obtenían las migajas del clientelismo a cambio del aplacamiento de las<br />

iniciativas de lucha del movimiento obrero italiano.<br />

Si tales escogencias político-económicas permitieron –aun si de manera oscilante y con serios problemas<br />

redistributivos– un significativo crecimiento, libre de excesos monopólicos, en un país como el<br />

nuestro, caracterizado por un típico capitalismo familiar, entonces es justo preguntarse: ¿qué es lo que<br />

ha cambiado hoy y en estos últimos diez años? La globalización neoliberal, la internacionalización de<br />

los mercados, los nuevos mecanismos de comunicación, ¿realmente han impuesto la total y desenfrenada<br />

privatización de los sectores públicos estratégicos? ¿Y con qué resultados? Una respuesta correcta<br />

solo puede darse si se considera el cuadro histórico-económico del cual surgió el paso de la economía<br />

mixta a la llamada “vía italiana a la privatización”.<br />

6. Hasta la Segunda Guerra Mundial, Italia fue un país basado en una economía predominantemente<br />

agrícola. Se ha señalado que el desarrollo industrial habido entre los años cincuenta y setenta se<br />

concentró solo en algunas zonas, sin extenderse a las áreas más deprimidas. En el contexto europeo,<br />

Italia –como se ha visto– se caracterizaba por esa posición diferente y variada que desde los años<br />

treinta asumió en cuanto se refiere a la intervención pública en la economía. Y es así que se llegó a<br />

crear un modelo de capitalismo completamente original, que históricamente presenta paradojas y<br />

contradicciones.<br />

El boom económico de los años cincuenta vio nacer las grandes familias capitalistas que, al pasar<br />

indemnes a través del proceso de transformación económico-social que siguió al conflicto bélico, han<br />

incidido profundamente en las modalidades del desarrollo en su conjunto. La industrialización que<br />

caracterizó esos años implicó una brecha entre el norte y el sur del país, determinada sobre todo por el<br />

hecho de que, mientras para la parte septentrional se adoptaron políticas de integración con los demás<br />

países europeos, el Mezzogiorno siguió cada vez más aislado económica y socialmente.<br />

*** (n.t.) Ver nota 6 del Capítulo I, Tercera parte.<br />

**** (n.t.) K por Komunismo. Término acuñado en 1979 por el periodista Alberto Ronchey para aludir al pacto no escrito que<br />

negó al Partido Comunista Italiano, el mayor de Occidente, toda posibilidad de acceso al gobierno.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

318


Fue entonces la familia patronal, fundada en aristocracias ciudadanas o caracterizada por una conjunción<br />

solidaria, la protagonista principal del desarrollo económico de nuestro país. Luego, con el<br />

tiempo, se pasó de la afirmación de la pequeña y mediana empresa familiar al desarrollo de la gran<br />

empresa familiar: son esas las modalidades que han constituido la columna vertebral de nuestro sistema<br />

económico.<br />

La intervención del Estado en la economía fue producto, como ya hemos dicho, de la necesidad<br />

de compensar la gestión privada o, incluso, de sustituirla en aquellos sectores donde confrontaba<br />

dificultades, a los fines de asegurar el interés colectivo. Junto a las empresas públicas tradicionales (ferrocarriles,<br />

monopolios, correo), aparecieron en la primera mitad del siglo una serie de entes de gestión<br />

(IRI, ENI, etcétera) que en 1956 se reunieron bajo el control de los ministerios de las Participaciones<br />

Estatales y de la Industria. Si se suman –como ocurrió luego– las diversas empresas municipalizadas<br />

(gas, electricidad, transporte) y las financiadoras regionales, se tendrá un cuadro completo de la vastedad<br />

de los sectores económicos controlados por el Estado.<br />

Las empresas de participación pública fueron posteriormente reagrupadas en holdings. Por ejemplo,<br />

el IRI controlaba las participaciones industriales, bancarias y de otros servicios; el EFIM, las que<br />

se daban en los sectores metalúrgico y mecánico; el ENI, las petroleras, petroquímicas y textiles; el<br />

EAGG, las empresas cinematográficas, mientras el Eagat se imponía en el sector de aguas termales y el<br />

EGAM en el de minerales.<br />

Históricamente, en los años setenta se ejecuta la llamada “descentralización productiva” que, tras<br />

desincorporar algunas fases del proceso productivo, las redirecciona hacia empresas de menores dimensiones.<br />

Con ello, la pequeña empresa se caracteriza cada vez más por su marcada independencia<br />

respecto a las grandes compañías a las que provee, en tanto que se especializa y se distingue por su capacidad<br />

innovadora. Se produce, en sustancia, una forma de industrialización difusa, que tiene la ventaja<br />

de asociar los beneficios de la pequeña dimensión con los de la grande. El escenario que presenta la<br />

realidad italiana en ese momento se caracteriza entonces, en primer lugar, por la presencia de los grandes<br />

holdings privados (de tipo familiar, con apoyo gerencial); siguen luego las empresas públicas que<br />

han impulsado el desarrollo y, finalmente, un elevado número de pequeñas y medianas empresas<br />

que destacan por su capacidad innovadora y alto nivel de eficiencia.<br />

7. Hasta la fecha, nuestro país está marcado predominantemente por la presencia de pequeñas y medianas<br />

empresas, mientras que las grandes compañías siguen sumando un número muy restringido.<br />

Esta situación se debe en gran parte a problemas de naturaleza político-económica e histórico-cultural.<br />

Italia, en efecto, es un Estado todavía joven, con una historia muy fragmentada a sus espaldas; en<br />

consecuencia, y a diferencia de países como por ejemplo Alemania e Inglaterra –caracterizados desde<br />

siempre por burocracias muy centralizadas–, no ha adquirido una “cultura de la organización”, por lo<br />

que solo hace énfasis en procesos de desarrollo individualistas, basados en la creatividad y la audacia<br />

de algunos individuos.<br />

Resulta claro, entonces, que para entrar con propiedad en los procesos de competencia global que a<br />

estas alturas identifican el sistema económico mundial, es necesario ingeniárselas para que se produzca<br />

una justa conciliación entre “familias y clan gerencial”. Es necesario superar el conflicto existente, en el<br />

capitalismo italiano, entre propiedad y gerencia, para propiciar entre estas dos fuerzas una cooperación<br />

que permita a Italia lograr un desarrollo unitario y estructural.<br />

SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN Y DE PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

319


Hasta hoy domina en Italia, sustancialmente, un capitalismo tripartito, compuesto por una forma<br />

de empresariado de élite típica de las grandes compañías, un empresariado de la pequeña y mediana<br />

empresa y, finalmente, un empresariado asistido.<br />

Esta situación pone de relieve el problema histórico de las “tres italias empresariales”, que tiene una<br />

explícita conformación geográfica: los empresarios de élite se concentran en la Italia septentrional, al<br />

centro se halla un tipo de empresariado difuso y al sur el llamado “empresariado asistido”, ligado de<br />

manera más directa y dependiente al sistema político-partidista-institucional.<br />

3. Particularidad de la planificación socialista<br />

1. Está claro que el Estado capitalista, aun en el caso de seguir la experiencia italiana de economía mixta<br />

–que hemos presentado en el parágrafo anterior–, no está en condiciones de regular directamente la<br />

política económica en función de favorecer los intereses de la mayoría de la población. La política está<br />

sometida a los intereses de los propietarios de las empresas y en particular de aquellas que tienen el peso<br />

mayor en las actividades económico-productivas: las grandes multinacionales.<br />

A la ejecución de las leyes económicas del capitalismo y a su ciega actuación, se oponen las leyes<br />

económicas propias del socialismo, en las que se expresa el carácter específico de la propiedad socialista<br />

y, en general, de las relaciones de producción socialistas. Estas leyes no actúan aisladamente, sino en<br />

estrecha interrelación, como un sistema, y, en correspondencia con esto, también su uso consciente<br />

debe ser un sistema (AAVV, 1991).<br />

La concepción marxista de la transición del capitalismo al socialismo, como fase intermedia para<br />

alcanzar el comunismo, se fundamenta en la teoría general de la caída del sistema capitalista mundial<br />

y en la visión de las esencias fundamentales del paradigma comunista (AAVV, 1996a). Por caída no ha<br />

de entenderse aquí “caída final”, mecánica y automáticamente concebida, como sin embargo muchos<br />

marxistas –y no marxistas– han teorizado. El término debe leerse más bien en la acepción grossmanniana*****<br />

(por décadas y todavía hoy malinterpretada), entendiendo por esto una crisis general del<br />

“sistema” capitalista, de características tales que crea los presupuestos para impulsar un nuevo ciclo<br />

de acumulación y expansión del capital, a través de la destrucción de capitales que, en comparación,<br />

resultan excesivamente ineficientes o no competitivos 7 .<br />

La caída, entonces, no señala el fin del capitalismo y el alba del socialismo, sino que se inserta en la<br />

dinámica de los ciclos económicos del capital.<br />

La posibilidad de hacer un uso consciente de las leyes económicas, condicionadas en su aplicación<br />

por las características del período de transición al socialismo, abre espacio a la organización planificada<br />

del desarrollo de la producción social. La capacidad de regular planificadamente la economía constituye,<br />

claramente, la ventaja fundamental del socialismo sobre el capitalismo, ya que hace posible trabajar<br />

por la utilización óptima de los recursos disponibles y por el desarrollo armónico y sustentable de la<br />

producción social, asegurando y haciendo prevalecer los intereses de la mayoría de la sociedad.<br />

***** (n.t.) Por alusión a Henryk Grossmann.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

320


Para poder desarrollarse, el socialismo debe, imprescindiblemente, basarse en la planificación a partir<br />

de la propiedad social de los medios de producción, sin la cual no es posible hablar de planificación<br />

socialista.<br />

La ley del valor y el plan son dos términos ligados por una contradicción y su solución; podemos,<br />

pues, decir que la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría<br />

definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la<br />

economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el ámbito de la sociedad comunista<br />

(Guevara, 1970)******.<br />

En una economía de mercado capitalista, en la que generalmente se utiliza el término programación<br />

en lugar de planificación,<br />

el objetivo fundamental de la conducción macroeconómica es tratar de atenuar los altos y bajos<br />

del ciclo económico y las contradicciones entre el comercio exterior y la economía interna. Estas<br />

políticas son generalmente de breve plazo y sus principales instrumentos son monetarios y fiscales<br />

(González, 2001).<br />

2. En el terreno empresarial existen diversos niveles de aplicación de las técnicas de planificación,<br />

cuya columna vertebral es la competitividad entre empresas. En el capitalismo pueden existir procesos<br />

parciales de esta índole, cuando una empresa o una multinacional planifica en parte o completamente<br />

los procesos en los que participa y, para hacerlo, puede recibir del Gobierno una planificación<br />

indicativa, con el propósito de buscar un crecimiento más homogéneo del sistema. Se delinean,<br />

pues, parámetros globales acerca de cómo se debe desarrollar la economía, para que el sector privado<br />

los tenga en cuenta en sus estrategias, aunque no se trata en modo alguno de directivas con<br />

valor impositivo.<br />

En la sociedad capitalista, la planificación en el ámbito de la empresa (y particularmente en el caso<br />

de las sociedades de capital) es percibida por los accionistas como una restricción del derecho de disponer<br />

libremente del capital propio. Por eso, aunque solo en el reducido espacio en que se manifiestan las<br />

actividades planificadoras en tales países, no deja de presentarse una dura confrontación ideológica, sobre<br />

todo entre la corriente neoliberal –clara enemiga de la planificación, partidaria de tornar absoluto<br />

el papel del mercado en la asignación de recursos– y aquellas que reconocen la necesidad y las ventajas<br />

de una mayor regulación y de la coordinación de la actividad económica nacional.<br />

3. A nivel macroeconómico, el sistema de planificación es un reflejo de la forma en que se produce la<br />

distribución del poder económico y político en un país. Cuando el poder de los grupos económicos<br />

predomina sobre los intereses de la sociedad, las formas sociales de la planificación se reducen al mínimo,<br />

hasta prácticamente desaparecer.<br />

En una economía socialista, la planificación nacional tiene objetivos mucho más amplios. No se<br />

trata de la simple regulación del ciclo económico, sino más bien de definir una estrategia de desarrollo<br />

económico y social y de llevarla a cabo mediante la programación del nivel de actividad y la definición<br />

****** (n.t.) La presente versión en español ha sido tomada de “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento”, texto<br />

publicado en 1964, según aparece reproducido en www.marxists.org.<br />

SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN Y DE PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

321


de las dimensiones fundamentales de la economía. Por eso, Rodríguez afirma: “En su más pleno sentido,<br />

la planificación solo es posible en el socialismo” (Rodríguez, 2000: 4).<br />

Dado que el Estado 8 es propietario de los principales medios de producción, son mucho más<br />

amplias sus posibilidades de tomar decisiones respecto a la actividad productiva y la distribución de<br />

los recursos en la economía.<br />

Es necesario precisar que la política económica, en el socialismo, se convierte en columna vertebral<br />

del sistema de políticas públicas. La posibilidad de incidir directamente en ella le ofrece al Estado un<br />

instrumento de acción directa y un conjunto de medios para poder responder eficazmente, y a corto<br />

plazo, ante las perturbaciones de la economía nacional. Aumenta, además, la capacidad de proteger la<br />

economía interna de los impactos que pueda sufrir por parte del sector externo, así como de redistribuir<br />

los efectos de una eventual crisis económica.<br />

En cuanto al ámbito empresarial, debe señalarse que aun cuando en una economía socialista existen<br />

relaciones monetario-mercantiles y un determinado nivel de iniciativa para las empresas, los productores<br />

operan en el marco de los objetivos y de las políticas generales fijadas para la economía en su<br />

conjunto. Eso hace posible la existencia de relaciones de coordinación y cooperación y una mayor<br />

compatibilidad entre los principios económicos y los sociales. Si bien esto no elimina un cierto grado<br />

de contradicción entre los intereses empresariales y los colectivos, tal situación se ve atenuada por el<br />

carácter de la propiedad y por el ejercicio de la Administración Pública socialista.<br />

4. Reflexión sobre la actualidad de la planificación socialista<br />

1. Los estudios sobre la planificación han sido muy influenciados en el mundo capitalista por la formación<br />

de una corriente de “sovietólogos”, presente en universidades de Estados Unidos e Inglaterra, que<br />

dedicó trabajos importantes al análisis de este tema, y que va desde posiciones radicalmente críticas,<br />

como las que se dan de Von Mises a Von Hayek 9 , hasta autores más cautos, como Alec Nove o Evsey<br />

Domar 10 .<br />

Desde posiciones de izquierda, es interesante el debate que tuvo lugar a mediados de los años<br />

ochenta en las páginas de la New Left Rewiew 11 que, sin embargo, quedó sepultado bajo los restos<br />

políticos de la caída del Muro de Berlín.<br />

En años más recientes, y particularmente en Estados Unidos 12 , se ha producido una revalorización<br />

de las posibilidades de la planificación central como forma de organización de la economía, más eficiente<br />

y alternativa a la anarquía del mercado.<br />

Como escribe Joaquín Arriola (2006: 12) en el prólogo a una recopilación de las principales posiciones<br />

presentes en ese debate:<br />

la decisión de la revista Science and Society de dedicar en 1992 un número monográfico a pensar la<br />

economía del socialismo futuro (“Socialism: Alternative Visions and Models”, vol. 56, n. 1, primavera<br />

1992), fue no solamente una decisión arriesgada en el contexto del gran colapso de los años 1989-<br />

91, sino que marca el inicio de una nueva etapa en la formación del pensamiento estratégico de la<br />

izquierda. (…) Hace quince años no eran muchos los que se atrevían a desarrollar un pensamiento<br />

estratégico en torno a la superación del capitalismo. De hecho, la mayor parte de las reafirmaciones<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

322


de fe socialista y comunista se basaban en un “ya lo decíamos nosotros” o en un “a pesar de todo”,<br />

sin mayor trascendencia teórica ni práctica. Las contradicciones del proceso de acumulación<br />

neoliberal, sin embargo, estaban dando lugar a nuevos espacios de conflicto social, nuevas formas<br />

de resistencia que poco a poco van cristalizando en nuevas prácticas políticas. Pero, como ya se ha<br />

señalado, un límite se impone a esta reconstrucción de las fuerzas anticapitalistas, por la carencia de<br />

un pensamiento estratégico que prefigure la nueva sociedad*******.<br />

2. Entre los elementos centrales de la búsqueda de una arquitectura económica alternativa al capitalismo<br />

se incluyen, por ejemplo, problemas como estos: ¿qué papel deben jugar los precios de mercado en<br />

la asignación de los recursos? ¿Qué compatibilidad hay entre centralización y descentralización en el<br />

proceso de planificación? ¿Es posible identificar un algoritmo distributivo o de asignación más eficiente<br />

que el mercado? ¿Cómo establecer un adecuado sistema de incentivos en una economía socialista?<br />

¿Pueden las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación hacer compatibles el equilibrio<br />

y la planificación centralizada?<br />

Como continúa diciendo Joaquín Arriola (2006: 14-15):<br />

Pese a las diferencias en el tratamiento de los mercados, de la planificación o de la necesidad y<br />

contenidos del período de transición desde el capitalismo a la nueva forma de organización social,<br />

todos ellos [los participantes en el debate sobre la planificación, N.A.] asumen de forma implícita<br />

o explícita algunos postulados, que distan aún de estar claros en los planteamientos y propuestas<br />

programáticas de la izquierda social y política en nuestros países:<br />

– La asignación de recursos por el mercado no es necesariamente la más eficiente desde el punto de<br />

vista del crecimiento económico y el bienestar de la gente.<br />

– La propiedad privada de los medios de producción no amplía sino que limita la libertad de la<br />

mayoría de las personas.<br />

– La eficacia y eficiencia de la organización socialista (cooperativa, colectiva) de la economía tiene<br />

una correlación negativa con las restricciones a la democracia.<br />

– La organización alternativa del proceso de producción es el centro de una propuesta alternativa,<br />

y no las propuestas de cambios en la norma de distribución.<br />

– La participación de las personas en las decisiones colectivas de producción otorga más libertad<br />

personal que la participación individual en las decisiones de consumo.<br />

– El imperativo del rendimiento capitalista es incompatible con el equilibrio ecológico.<br />

Este debate ha tenido por ahora poca repercusión fuera de ámbitos académicos minoritarios de Estados<br />

Unidos 13 , aun cuando comienza a resonar en países donde están en marcha formas de superación<br />

del orden capitalista mediante la construcción de un sistema económico alternativo, como Venezuela<br />

o Cuba, donde la demanda de un nuevo socialismo es realidad en construcción. Allí donde se perfila<br />

un orden social alternativo, el debate se torna más urgente.<br />

La búsqueda se va concretando en debates y propuestas específicas para la situación de estos países,<br />

como el “Nuevo Proyecto Histórico” 14 o los recientes debates sobre la reestructuración de la economía<br />

socialista en Cuba 15 . Pero también las reflexiones analíticas que se dan en diversos países de la periferia,<br />

acerca de las condiciones de eficiencia de la planificación proveniente del mundo anglosajón, resultan<br />

particularmente útiles en este nuevo ciclo de confrontación con el capitalismo global.<br />

******* (n.t.) Esta cita, y la que sigue del mismo autor, se reproducen aquí del original en español, tal como aparece en la<br />

página web www.lainsignia.org.<br />

SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN Y DE PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

323


En momentos en que las contradicciones presentes en los países centrales plantean nuevamente<br />

la alternativa entre superación del capitalismo y retroceso a una nueva barbarie –proceso recurrente<br />

en la historia de los últimos 150 años–, no hay duda de que la planificación económica global será<br />

redescubierta como un método eficaz y eficiente para la asignación económica de los recursos; y, sin<br />

que quepa tampoco duda, potencialmente más democrático que la asignación determinada por la<br />

distribución capitalista del dinero.<br />

— notas —<br />

1 Álvarez González (2006: 107) habla de planificaciones a mediano y largo plazo necesariamente vinculadas, interconectadas y<br />

complementarias: “Solo con una perspectiva de mediano y largo plazo es posible plantear objetivos de desarrollo económico<br />

y social que posibiliten, con el funcionamiento de dinámicas aceleradas, la erradicación de las deformaciones estructurales<br />

presentes en la economía y la sociedad”.<br />

2 En esta acepción, la dirección se entiende como mando.<br />

3 Sobre estos conceptos y las relaciones entre estrategias, planes operativos y programación administrativa en la empresa, cfr.<br />

Alvaro, Vasapollo (1999).<br />

4 Al compartir tales afirmaciones somos, sin embargo, más cautos que los autores en juzgar “inevitable” un proceso que es solo<br />

una posibilidad, quizá también una probabilidad, pero no una necesidad. La historia nos ha enseñado que el comunismo no<br />

es inevitable y que el capitalismo construye al máximo las bases objetivas para su conquista. La relación entre objetividad de<br />

las condiciones y subjetividad revolucionaria sigue siendo estratégica. Para una profundización de estos temas, léase Badaloni<br />

(1975).<br />

5 Piénsese en los poderosos y necesarios procesos de planificación de las grandes multinacionales.<br />

6 Sobre estos asuntos, cfr. Martufi, Vasapollo (2003).<br />

7 Para una interpretación similar, léanse las cartas de Grossmann a Paul Mattick en Grossmann (1971: apéndice), como también<br />

Pala y Giussani en Giussani, Moseley, Ochoa (1989), de donde tomamos algunos fragmentos: “Para leer bien sus exposiciones<br />

[las de Grossmann, N.A.] (especialmente cuando habla propiamente de la caída, de la concentración, de la conflictividad del<br />

mercado, etcétera), hay que leerlas en la óptica de lo cíclico y, por tanto, de la periodicidad de las crisis, tras las cuales ocurre<br />

la recuperación. Tal análisis resulta mucho más convincente que lo que se ha presumido, en el sentido del llamado ‘caidismo’,<br />

como tendencia casi espontánea del sistema. De esta manera se revalúa la obra de H. Grossmann, no como fin en sí mismo,<br />

sino más bien porque el suyo es quizá el análisis más completo de las tendencias del capitalismo contemporáneo en el campo<br />

del marxismo clásico” (Pala, ibíd., p. 40); “No existe ninguna teoría de la caída en H. Grossmann, fue un error de su parte<br />

escoger ese título para su libro (…) no hay ninguna teoría de la caída, sino una teoría de la crisis y punto; es decir, la crisis, la<br />

recuperación, la siguiente crisis, etcétera. De hecho, H. Grossmann sostenía que nadie había entendido nada, que en su teoría<br />

la caída coincidía con la revolución y que no era esto algo que ocurriera independientemente de lo que las clases y los hombres<br />

hicieran. La característica fundamental de H. Grossmann (…) es la de vincular la lucha de clases con el devenir de la acumulación<br />

y sostener que las posibilidades revolucionarias se abren cuando la acumulación ya no funciona” (Giussani, Moseley,<br />

Ochoa, 1989: 40-41).<br />

8 El Estado entendido no solo como representante de los intereses del pueblo, sino como pueblo mismo, lo que significa que<br />

“la masa de la población se eleva para intervenir por cuenta propia no solo en las votaciones y elecciones, sino también en el<br />

trabajo cotidiano de la administración” (Lenin, 1963).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

324


9 Cfr. Hayek (1944); Mises (1929).<br />

10 Nove (1991; 1993); Domar (1989).<br />

11 Mandel (1986; 1988); Nove (1987); Elson (1988).<br />

12 Una contribución relevante, proveniente de Gran Bretaña y anterior a este debate, es por ejemplo el libro de Pat Devine (1988),<br />

que prefigura algunos elementos del nuevo discurso socialista.<br />

13 Entre sus principales contribuciones se cuentan, en una perspectiva libertaria, Michael, Hahnel (1991a; 1991b); en defensa de<br />

un fuerte reformismo, con un cierto papel del mercado en una economía socialista, Schweickart (1996); y con un conjunto de<br />

respuestas críticas, particularmente sobre el socialismo de mercado, Bertell Ollman (1998). Por la defensa de la planificación<br />

socialista en la era de las nuevas tecnologías de la información, cfr. Cockshott, Cotrell (1993) y el ya citado libro de Pat Devine.<br />

14 Dieterich, Dussel, Franco, Peters, Stahmer, Zemelman (1999); Dieterich (2002).<br />

15 Carranza, Gutiérrez, Monreal (1995); Monereo, Riera, Valdés (2000); Bleitrach, Dedaj, Góngora Ricardo (2005).<br />

SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE PROGRAMACIÓN Y DE PLANIFICACIÓN EN ECONOMÍA<br />

325


Capítulo III<br />

OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

1. La transición al socialismo: los diversos enfoques<br />

1. Una economía socialista puede tener diversas formas de organización y eso depende, entre otras<br />

cosas, del grado de centralización o descentralización de las decisiones, del sistema de gestión económica,<br />

de la manera de organizar las empresas y de las diferentes formas de organizar los estímulos y los<br />

incentivos económicos.<br />

Como expresión de tales modalidades, existen diferentes tipos de modelos. Un tipo particular de<br />

aproximación modelística es el de simulación, que, como su nombre lo indica, refleja determinadas<br />

situaciones que pueden darse para obtener posibles resultados 1 .<br />

Usualmente se hace referencia al modelo soviético de planificación centralizada, al del llamado<br />

comunismo de guerra o al de la Nueva Política Económica (NEP), por solo citar algunos entre los más<br />

característicos. Por muchos años, el modelo de planificación centralizada, nacido en los años treinta en<br />

la Unión Soviética e introducido tras la Segunda Guerra Mundial en los países socialistas de la Europa<br />

del Este y en China, fue considerado como el paradigma del modelo económico socialista. Se basaba


en una alta concentración de las decisiones y en una asignación de recursos de carácter material que se<br />

conoció como “sistema de balance de los bienes materiales”.<br />

Sin embargo, ya a mediados de los años cincuenta comenzaba a ser objeto de discusión y se iniciaba<br />

un proceso de modificaciones y reformas. Las principales directivas de estos cambios fueron:<br />

a) Perfeccionamiento de la base científica de la planificación.<br />

b) Movilización política para la solución de las tareas económicas.<br />

c) Mayor utilización de las relaciones monetario-mercantiles y de los mecanismos de mercado.<br />

2. El debate sobre el plan y el mercado se plantea desde el comienzo del socialismo en la Unión Soviética.<br />

En la etapa del comunismo de guerra, las decisiones se modelaban con la asignación directa de<br />

los recursos económicos. Marx y Engels habían supuesto que el trabajo, en el socialismo, podría ser<br />

directamente social, y que no sería entonces necesaria la acción de la ley del valor para determinar los<br />

aspectos económicos; esta forma de regulación era percibida como más revolucionaria, en tanto que<br />

no utilizaba las categorías propias de la economía capitalista.<br />

La transición al socialismo, que se experimenta en países con niveles desiguales de desarrollo económico<br />

y político, debe resolver las tareas revolucionarias de acuerdo con las condiciones históricas<br />

concretas de cada uno de ellos. Para una problematización de tales procesos se puede leer a Nove<br />

(1986a: 37 ss.) que, al escribir sobre las posibilidades del socialismo y el socialismo posible, propone<br />

hacer profundos cambios en algunos conceptos básicos del marxismo clásico. Véase, por ejemplo, su<br />

cerrada crítica del concepto de “abundancia” (que considera sustancialmente irreal, a menos que surja<br />

algún asombroso descubrimiento científico), al que propone sustituir por el neoclásico de “escasez”<br />

(absoluta y relativa), mucho más realista, en su opinión, y útil para los fines del análisis económico y de<br />

los procesos de planificación. Nove es categórico, por ejemplo, cuando introduce en su modelo teórico<br />

un concepto muy utilizado por la economía dominante, como es el de costo-oportunidad: “siendo los<br />

recursos (y el tiempo) limitados, todo tiene un costo de oportunidad” (39).<br />

No hay, para la construcción del socialismo, modelos universales que puedan permitirse el no estar<br />

directamente conectados con las condiciones particulares de cada país.<br />

No obstante, el reconocimiento de la existencia de caminos diversos para la construcción del socialismo,<br />

que reflejan las condiciones nacionales y la especificidad del lugar (no solo desde el punto de<br />

vista económico, sino también sociopolítico: especificidad de su carácter, sus costumbres, la cultura,<br />

el pensamiento, las tradiciones, es decir, de todos los aspectos que se desprenden de la actividad del<br />

ser humano y del desarrollo de su conciencia), no niega ni los valores ni el carácter universal de la<br />

teoría marxista-leninista que sirve de fuente a esos desarrollos. El problema es conciliar la planificación<br />

nacional, ejercida directamente por el Estado, con los mecanismos de mercado, que están en constante<br />

movimiento y, además, utilizar esos mecanismos sin que se tornen dominantes en las motivaciones y<br />

en la conciencia de los hombres. Se pensaba que el modelo reformado podría dar una respuesta eficaz<br />

a este problema, pero en la práctica no fue así.<br />

La desaparición del campo socialista hizo más evidente y obligado el uso de instrumentos mercantiles<br />

y la experimentación de formas de economía mixta –bajo control estatal, en cualquier modo–, sin<br />

lo cual las empresas de un país de economía socialista no podrían sobrevivir en el voraz y cruel mercado<br />

internacional.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

328


Si bien la experiencia demostró que era necesario adaptarse a las oscilaciones de los precios y de<br />

la demanda, buscar financiamientos y, en general, actuar según las reglas legales, comerciales y financieras<br />

que rigen estas relaciones, se debe tener presente que, en la práctica, la existencia de relaciones<br />

monetario-mercantiles y la presencia misma del mercado constituyen elementos que limitan el desarrollo<br />

de las relaciones sociales de producción en la construcción de una nueva sociedad de carácter<br />

socialista. Además, generan incertidumbre en el diseño del proceso de planificación y de las políticas<br />

públicas asociadas, al punto que pueden ser una barrera para la determinación de los objetivos de la<br />

política social y la política económica. En tal caso, la guía y la orientación del Gobierno deben dirigir<br />

estratégicamente la gestión hacia la preservación de los valores principales y las metas fundamentales<br />

del proceso de construcción socialista.<br />

2. Cambios en los modelos económicos socialistas 2<br />

1. La primera directiva de cambio en la Unión Soviética se produjo a comienzos de los años sesenta,<br />

mediante el desarrollo de métodos de planificación más sofisticados, propuestos por economistas de<br />

prestigio como Kantorovich, Novozhilov y Strumilin. Se consideraba entonces que el uso de computadoras<br />

y de métodos económico-matemáticos, como la programación lineal y las tablas de inversión<br />

e interdependencia sectorial, podrían ser alternativas válidas a la introducción de mecanismos de mercado.<br />

Sin embargo, la directiva en cuestión no llegó a tener influencia decisiva en la Unión Soviética.<br />

Donde alcanzó, en cambio, su más alta expresión y resultados más favorables fue en la RDA (Alemania<br />

Oriental).<br />

La segunda directiva de cambio aparece en China, impulsada por Mao Zedong, con una primera<br />

fase en los años 1958-1960, conocida como el “Gran salto adelante”, y otra de 1966 a 1976, determinada<br />

por la Revolución Cultural. Esta última estuvo caracterizada por la movilización política de las<br />

masas para el cumplimiento de grandes objetivos económicos, así como por el desarrollo socioeconómico<br />

local en el ámbito de las comunidades, la fusión de los aspectos administrativos, económicos y<br />

políticos, la reducción al mínimo del número de productores privados y de las relaciones mercantiles<br />

y, finalmente, la lucha contra las estructuras y los estilos burocráticos, moderada por un alto nivel de<br />

control político y estatal de la cultura y de la vida cotidiana de los ciudadanos.<br />

La tercera directiva, conocida como la de las reformas de mercado (descentralizado), se prolongó<br />

desde 1965 hasta la primera mitad de los años ochenta. Iniciada en la Unión Soviética con transformaciones<br />

dirigidas al perfeccionamiento de la planificación, se fundió finalmente en un modelo<br />

combinado que conservaba las características esenciales del sistema centralizado y sumaba intentos de<br />

reforma hacia la descentralización. Esa orientación se vio acentuada en los países socialistas de Europa<br />

del Este, sobre todo en Polonia, Checoslovaquia y Hungría, donde alcanzó su máximo esplendor.<br />

2. Es necesario hacer referencia al agotamiento de las capacidades del proceso de construcción socialista<br />

en algunas de estas naciones, especialmente en Europa Oriental. Las condiciones históricas en las que<br />

se llegó a la construcción del socialismo dejaron su impronta en la región y en cada uno de sus países.<br />

En varios de ellos, como por ejemplo en Polonia y Hungría, la aceleración de los procesos políticos<br />

OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

329


ajo el impulso de fuerzas extrañas y la subvaloración de las características históricas nacionales dieron<br />

por resultado que la construcción socialista se iniciara a partir de condiciones impuestas, alejadas de las<br />

capacidades internas para dirigir el país hacia un rumbo acorde con sus características socioeconómicas<br />

(AA VV, 1991: 19; AA VV, 2002: 75).<br />

Las carencias del pensamiento socialista autóctono y el plagio del modelo soviético a despecho de la<br />

realidad nacional, unido al creciente alejamiento entre el partido y las masas, dieron pie a graves errores<br />

que alcanzaron su manifestación más crítica en la República Democrática alemana en 1953, en Hungría<br />

en 1956, en Polonia en 1956, 1970 y 1980, y en Checoslovaquia en 1968. Estas manifestaciones<br />

de abierto disenso golpearon también, en menor medida, a Rumanía y Bulgaria (AA VV, 1991: 19-20).<br />

Se debe, además, considerar el desgaste económico causado por la carrera tecnológica y militar,<br />

estimulada por las principales potencias imperialistas y secundada por la Unión Soviética, así como la<br />

penetración ideológica de las economías de mercado capitalistas en diversas esferas de dirección y en<br />

estratos más o menos amplios de la población. Finalmente, se debe tomar también en cuenta la falta<br />

de adecuación de los mecanismos de dirección social a los niveles de desarrollo alcanzados por varios<br />

de esos países. Todo esto impidió la legitimización política y económica de la orientación socialista en<br />

Europa Oriental.<br />

A todo lo anterior hay que añadir el proceso de aplicación de la llamada perestroika en la Unión<br />

Soviética, a partir de 1985, que aceleró la descomposición del mecanismo de construcción socialista,<br />

tal como hasta entonces se había concebido, al tiempo que profundizó las contradicciones del sistema<br />

y favoreció el avance de las tendencias antisocialistas, que finalmente llevaron a la construcción de una<br />

economía de mercado capitalista.<br />

3. Características particulares de algunos modelos de planificación económica<br />

3.1. Economía socialista y economía capitalista<br />

1. Se hace aquí necesaria una caracterización de los diversos modelos económicos para identificar sus<br />

peculiaridades y capacidades, con referencia también al desempeño de sus componentes y al cumplimiento<br />

de sus objetivos 3 .<br />

Los economistas clásicos consideran la economía como una ciencia que estudia los modelos y los<br />

procesos de formación y distribución de la riqueza de los países, mientras que los neoclásicos ponen<br />

el acento en los tipos de acción que los hombres realizan para satisfacer sus necesidades, puesto que<br />

tales acciones implican escogencias en función de los limitados medios que tienen a disposición. De<br />

allí se deriva para los neoclásicos el concepto de neutralidad respecto a los fines, ya que el objetivo del<br />

científico no sería otro que estudiar la manera óptima –es decir, racional y eficiente– de alcanzarlos.<br />

No obstante, la observación de la realidad ha demostrado siempre la inexistencia de ese concepto de<br />

neutralidad, entre otras razones porque todo modelo económico es de por sí la formulación sintética<br />

de una teoría económica, con la cual sus teóricos, en la sociedad capitalista, necesariamente van a<br />

dar sustancia explicativa a las formas de dominio político-económico-social del capital. Es por eso<br />

que la llamada economía de mercado –la liberal y en su actual acepción neoliberal– es un implante<br />

sistémico en el que todo debería ser dejado “al libre juego del sector privado en una situación de libre<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

330


competencia”, con apenas funciones mínimas para un Estado que es considerado un mal necesario.<br />

Todo esto, obviamente, en el plano teórico. La economía planificada, muchas veces también definida<br />

como colectivista, se traduce en un sistema económico en el que la propiedad de los medios de producción<br />

es estatal, y es justamente el Estado el que toma las decisiones respecto a las inversiones, la<br />

producción y la distribución de la renta, con una actualización concreta que puede asumir una forma<br />

centralizada o descentralizada. Por un cierto número de años, algunas economías de países de capitalismo<br />

avanzado aplicaron –y en esto Italia tuvo un papel prioritario– la llamada economía mixta, en la<br />

que, a pesar de que la propiedad de los medios de producción permanecía en manos privadas, el Estado<br />

asumía un rol dirigente de la actividad económica a través de políticas reguladoras, intervencionistas<br />

y capaces de crear empleo, sobre todo, a través de las empresas públicas. No es errado afirmar que<br />

algunos problemas son similares incluso entre sistemas económicos que se diferencian tanto en el método<br />

como en la formulación, aun cuando esos problemas tengan para unos y otros una importancia<br />

diferente y, ciertamente, sean completamente distintas sus soluciones.<br />

2. La diferencia fundamental entre la economía capitalista y la socialista, como se ha dicho repetidamente,<br />

se sitúa en el campo de los objetivos. En el capitalismo, el objetivo de la actividad económica es<br />

la obtención de la máxima ganancia, bajo la forma de excedente monetario o surplus. En el socialismo,<br />

en cambio, el objetivo es garantizar a la población el máximo nivel de bienestar. Esa diferencia fundamental<br />

es ignorada en la mayor parte de los análisis de economía comparada, a pesar de que sirve para<br />

determinar las reglas del funcionamiento económico y para fijar tanto el punto óptimo de producción<br />

como los criterios de eficacia y eficiencia en la producción y el consumo. Maurice Dobb (1972a)<br />

pone de relieve la incoherencia de los intentos de sostener una teoría del bienestar social sobre bases<br />

capitalistas, al demostrar la incompatibilidad entre la maximización de ese bienestar y la maximización<br />

de la ganancia.<br />

El capitalismo, en principio, solamente funciona si los medios de producción son de propiedad<br />

privada, porque solo así puede orientarse el proceso de producción hacia la maximización de las ganancias.<br />

La competencia entre capitales determina la asignación eficiente y eficaz de los recursos, en<br />

forma de rentabilidad final. Sin embargo, la existencia de empresas de propiedad pública no modifica<br />

ese criterio de organización de la producción, siempre que esas empresas acepten los criterios contables<br />

(costos y beneficios) propios de las leyes de la ganancia. Luego, a nuestros fines, cuando las actividades<br />

económicas se sujetan a las reglas de la competencia entre capitales privados, la propiedad pública<br />

equivale a una forma de propiedad privada. En ese contexto, los impuestos y las cargas fiscales representan<br />

una renta obtenida de los ingresos de los trabajadores y de los capitalistas, y su mayor o menor<br />

nivel, así como su destino social, no alteran los principios de funcionamiento del sistema.<br />

El grado de dispersión de la propiedad y el número relativo de operadores que adoptan decisiones<br />

de producción influyen en el funcionamiento del sistema económico capitalista, pero no en sus reglas<br />

fundamentales. Incluso en situaciones de monopolio sectorial, la competencia tiene lugar en sus tres<br />

formas principales: la que se da entre capitales, que orienta el flujo de inversiones hacia las actividades<br />

que se perciben como más rentables; la que se produce entre capital y trabajo, que determina la<br />

distribución del valor agregado entre las rentas del capital (ganancias) y los salarios; y la competencia<br />

entre trabajadores, que garantiza al capital la capacidad de apropiarse de una parte sustancial del valor<br />

agregado mediante la reducción de la relación salarios-productividad.<br />

OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

331


Estas tres formas de competencia se manifiestan tanto a lo interno de cada sector como entre unos<br />

y otros; vale decir, en la economía en su conjunto. Si una economía se organiza en respuesta a la lógica<br />

de la máxima ganancia, no puede sustituir ese principio sin transformar el orden jurídico y social sobre<br />

el cual se sostiene, o sea, el del predominio de la propiedad privada y del trabajo asalariado.<br />

En ese sentido no hay opciones intermedias, ni es posible alguna tercera vía: todos los sistemas sociales<br />

del siglo pasado fueron capitalistas, excepto algunos de carácter socialista. En ambos sistemas<br />

puede haber actividades basadas en principios distintos a los propios, pero de manera subordinada:<br />

piénsese en la aplicación de la NEP en la Unión Soviética durante los años veinte, que permitía<br />

la producción y los intercambios mercantiles –sobre todo en la agricultura– con tal que estuviesen<br />

subordinados al proceso productivo comandado por la producción industrial y el crédito socializados 4 .<br />

En los actuales procesos de reintroducción del capitalismo en Rusia y –en algunos aspectos– en China,<br />

podemos constatar que se requiere la desaparición de las estructuras sociales y jurídicas que garantizan<br />

el acceso universal a los bienes finales, independientemente del hecho de que su producción bajo el<br />

sistema anterior sea suficiente en cantidad o calidad.<br />

3. La incompatibilidad básica entre capitalismo y socialismo persiste a pesar de que puedan mantenerse,<br />

en el capitalismo avanzado, servicios sociales de vocación universalista; así, cuando en este último<br />

sistema se ha querido garantizar la cobertura universal, se ha tenido que hacer omitiendo la lógica<br />

mercantil capitalista, como en el caso de la educación y la salud.<br />

En Estados Unidos, el sistema de salud, basado en principios capitalistas, se traduce en un gran<br />

número de personas sin cobertura médica. Por el contrario, la educación obligatoria y universal es<br />

requisito para el funcionamiento del capitalismo, en términos de control social y de formación de<br />

mano de obra, y se cumple por medio de instituciones públicas y no mercantiles.<br />

No trataremos aquí la posibilidad de una transición gradual o acelerada de un sistema a otro, ni si se<br />

puede sustituir el capitalismo mediante un proceso de socialización de las estructuras de producción o,<br />

si se requiere, la modificación de las bases de su funcionamiento y no solo un cambio en las formas de<br />

producción, ni otros problemas teóricos importantes en el análisis de los procesos de transición 5 . Nos<br />

limitamos a señalar los aspectos principales del funcionamiento económico de una economía socialista,<br />

tanto a nivel macroeconómico como en el contexto microeconómico de la unidad de producción.<br />

3.2. Diferencias en los mecanismos básicos de la macroeconomía del socialismo y del capitalismo<br />

1. Las características fundamentales de una economía socialista se pueden resumir en dos principios:<br />

a) Predominio de la propiedad colectiva sobre los medios de producción fundamentales y el crédito.<br />

b) Orientación general de la economía hacia la maximización del bienestar social de la población.<br />

Estos dos principios significan que bajo el socialismo las decisiones macroeconómicas se toman<br />

antes que las microeconómicas, con lo cual se condicionan las decisiones de los agentes productivos<br />

individuales (procedimiento que es inverso en el capitalismo). A su vez, ese principio de determinación<br />

macroeconómica se traduce en tres características de funcionamiento que diferencian a las economías<br />

socialistas del capitalismo:<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

332


a) El nivel óptimo de producción en el socialismo no coincide con el del capitalismo.<br />

b) Las decisiones de inversión se basan en criterios macroeconómicos, mientras en el capitalismo<br />

son fundamentales las decisiones adoptadas con base en consideraciones microeconómicas.<br />

c) Los cálculos económicos se basan en precios de producción y no en precios de mercado, como<br />

en el capitalismo.<br />

2. El nivel óptimo de producción socialista no coincide con el capitalista ni en volumen ni en composición.<br />

En el socialismo, el nivel óptimo en volumen equivale al nivel máximo, con la sola restricción<br />

de la minimización de los excedentes. Las decisiones de inversión y de aumento o disminución de la<br />

producción deben articularse en tiempo y cantidad entre los diferentes sectores, sea que se trate de<br />

consumos intermedios o de productos finales.<br />

Según los principios capitalistas de máxima ganancia, por el contrario, el nivel óptimo de producción<br />

puede ser determinado no solo con el incremento del volumen de producción, sino también, en<br />

muchas ocasiones, con su restricción, para así alterar la relación oferta-demanda y obtener ganancias<br />

extraordinarias mediante un aumento de los precios de mercado. De hecho, mientras mayor sea el grado<br />

de concentración de la propiedad, tanto más se distancia el nivel óptimo de producción del máximo<br />

volumen potencial. El despilfarro es una realidad muy extendida en el funcionamiento económico<br />

del capitalismo 6 . En particular, se da un desperdicio masivo y permanente de recursos humanos, que<br />

son mantenidos en situación de desempleo y subempleo. Pero además, es frecuente la disipación de<br />

recursos materiales en producciones no necesarias socialmente; vale decir, no vendidas 7 .<br />

En esencia, el despilfarro es una necesidad del funcionamiento del sistema capitalista, en tanto que<br />

condición precisa para agudizar la competencia entre capital y trabajo, y entre capitales, a los fines de<br />

maximizar la ganancia.<br />

También en los sistemas socialistas se producen despilfarros. En las experiencias históricas de estos<br />

sistemas se encuentran numerosas demostraciones de disipación de recursos, tanto en niveles intermedios<br />

como finales de la cadena de producción. En este caso, sin embargo, derivan de una mala organización<br />

del sistema de producción y distribución. En particular, aumentan esos desperdicios cuando<br />

las decisiones de inversión se adoptan sin la participación democrática de los trabajadores y de los<br />

ciudadanos en general, lo que provoca una pérdida social que podría ser valorada con la contabilidad<br />

económica, si esta fuese organizada adecuadamente.<br />

3. La planificación macroeconómica existe tanto en las economías capitalistas como en las socialistas.<br />

Veamos dos citas que Johansen recoge. La primera, de 1938, es del economista británico H.D. Dickinson.<br />

Según esta definición, la planificación es la “toma de decisiones económicas fundamentales –qué<br />

y cuánto se debe producir, y a quién se le asigna– mediante la decisión consciente de una autoridad<br />

determinada, sobre la base de una revisión sistemática de todo el sistema económico”.<br />

En 1944, C. Landauer definía así la planificación:<br />

Planificar significa coordinar por medio de un esfuerzo consciente, en lugar de la coordinación automática<br />

que tiene lugar en el mercado, y este esfuerzo consciente debe hacerlo un órgano de la<br />

sociedad. Por eso la planificación es una actividad colectivista, en su carácter de regulación de las<br />

actividades de los individuos por la comunidad. Esto es cierto sin importar que el plan sea impuesto<br />

o que no lo sea. Aun si el plan es aplicado en sujeción a consejos voluntariamente aceptados, el peso<br />

se desplaza de las decisiones individuales a las deliberaciones de órganos colectivos 8 .<br />

OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

333


En el capitalismo, la planificación se limita a las decisiones de inversión que el Estado lleva adelante<br />

para proveer servicios sociales e impulsar obras de infraestructura. A su vez, algunos operadores<br />

privados hacen una planificación microeconómica de sus actividades, que, en el caso de los agentes<br />

financieros y de las grandes multinacionales, incide sobre precios y cantidades, condicionando así los<br />

equilibrios macroeconómicos. Pero tal planificación es realizada fuera de toda forma de coordinación<br />

ex ante por parte de los operadores. Es una planificación privada, que pasa siempre por la prueba<br />

del mercado para establecer ex post la propia adecuación al criterio de rentabilidad. También en las<br />

economías socialistas cumplen los mercados una función, al determinar algunos precios y, sobre todo,<br />

contribuir a revelar variaciones en la demanda. Como dice Laibman (2006b):<br />

No se insistirá nunca lo bastante en este punto: la ideología del mercado no adquiere la preponderancia<br />

de que goza por medio de la operación de “aparatos ideológicos” capitalistas (el Estado, los medios<br />

de comunicación, la educación); es la vida cotidiana la que la destila espontáneamente. De allí que<br />

resulte engañoso ver la ideología “del” mercado repetida por la izquierda en numerosos tratados<br />

eruditos que confunden el mercado con sus formas históricas específicamente capitalistas. Esto<br />

impide comprender una cosa esencial: los mercados son realidades que se insertan en la sociedad,<br />

que evolucionan, y que tienen formas precapitalistas, capitalistas y poscapitalistas.<br />

De cualquier manera, el mecanismo básico para la asignación de los recursos en el capitalismo es el<br />

mercado, ya que a través de este se convalidan las decisiones privadas de inversión y producción y la<br />

distribución del trabajo social que deriva de tales decisiones. La planificación es limitada –no influye<br />

en el corazón de las decisiones de inversión, como son aquellas que conciernen a la capacidad instalada,<br />

a su utilización y al cambio tecnológico– y, dado que es llevada a cabo por operadores particulares, es<br />

también fragmentaria, definida en el ámbito microeconómico del grupo empresarial o de la entidad<br />

financiera que la impulsa.<br />

Al centro de las diferencias se encuentra el proceso decisorio relativo a la inversión: en el capitalismo,<br />

las decisiones ocurren en el ámbito de la empresa y, por tanto, forman parte del funcionamiento<br />

microeconómico de la acumulación. La existencia de una importante porción de inversiones por parte<br />

del sector público, la cual se define en el ámbito macroeconómico, no contradice lo antes dicho, en<br />

vista de su carácter subordinado y principalmente limitado a la infraestructura y a servicios no mercantiles,<br />

como es típico de la inversión pública en el capitalismo. A este nivel, entonces, la diferencia entre<br />

los dos sistemas no reside tanto en la dicotomía mercado-planificación, como en el carácter de la planificación<br />

misma, que bajo el socialismo es coordinada y puede ser tanto central como descentralizada.<br />

En esas condiciones, es la planificación lo que determina tanto la asignación del trabajo social como las<br />

decisiones de inversión fundamentales en la economía, mientras que el mercado juega un papel reducido<br />

y subalterno. Las relaciones causales, en uno y otro sistema, se definen según el siguiente esquema:<br />

– Capitalismo: mercado (macro) → planificación (micro).<br />

– Socialismo: planificación (macro) → mercado (micro).<br />

4. También los contenidos de la planificación difieren sustancialmente de un sistema al otro. En la<br />

economía socialista, los planes se basan en el balance de recursos y gastos, que son contabilizados<br />

en términos materiales. En las economías capitalistas, los balances físicos existen todavía hoy en la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

334


contabilidad agraria. En las socialistas, los balances materiales se aplican tanto a las actividades agrícolas<br />

como a las industriales, para reflejar en un esquema único las interconexiones de los procesos<br />

fundamentales de la reproducción socialista ampliada. Naturalmente, estos balances se usan también<br />

en cada actividad específica.<br />

Así, para un determinado producto, como por ejemplo el acero, se tendrá un balance material<br />

específico:<br />

Recursos<br />

Gastos<br />

Existencias a comienzos Existencias a fines de año<br />

del año<br />

consumo interno previsto<br />

Previsiones de producción Detallado por región<br />

Detallado por ramas<br />

de producción<br />

cantidades exportadas<br />

Previsiones de importación<br />

Fuente: Brémond, Geledan (1985).<br />

5. Los balances materiales son establecidos a priori<br />

(“balance planificado de la economía nacional”) y<br />

a posteriori (“balance de resultados”), lo que permite<br />

comparar los cálculos y los objetivos perseguidos<br />

con lo que efectivamente se logró hacer. En el<br />

balance de resultados se pueden considerar índices<br />

no previstos en el plan (índice de fuentes adicionales<br />

de recursos, de pérdidas imprevistas, etcétera).<br />

En el balance de la economía nacional se reflejan, como elementos de un todo único, el trabajo<br />

social, la producción, la distribución, el intercambio, el consumo y la acumulación del producto<br />

social y la renta nacional. (…) Cada una de estas partes se halla representada en el balance de la<br />

economía nacional, en primer lugar, a través del correspondiente balance general, que comprende el<br />

“balance de los recursos de mano de obra en la economía nacional”, el “balance de la producción, del<br />

consumo y de la acumulación del producto social” y el “balance de la producción, de la distribución<br />

y redistribución del producto social y de la renta nacional en la economía nacional”. A su vez, tales<br />

balances se completan orgánicamente con un sistema de balances y cuadros parciales, cuyo objetivo<br />

consiste en reflejar, de la manera más detallada, determinados aspectos de la reproducción. Cada<br />

uno de estos balances tiene, además, un significado propio e independiente. Vale la pena citar, entre<br />

muchos, los siguientes: balance de los recursos de mano de obra según el territorio del país, balance<br />

de utilización del tiempo de los trabajadores en las diversas ramas de la economía nacional, balances<br />

materiales según los diversos tipos de artículos, balances de ingresos y egresos monetarios de la<br />

población, balance de los fondos básicos, cuadro de los índices de producción por habitante para los<br />

productos más importantes, y muchos otros (Borisov, Zhamin y Makarova, 1975).<br />

En la construcción de los balances materiales es fundamental el cálculo de las normas técnicas –o<br />

coeficientes técnicos–, que permiten establecer las necesidades unitarias de consumos intermedios y<br />

de trabajo en cada producción. El método habitual para la determinación de esas normas se basa en<br />

una contabilidad económica detallada de las operaciones, en términos de consumo y de producción 9 ,<br />

entre las diferentes ramas y sectores. Una vez establecida la composición y el volumen de producción<br />

que se quiere alcanzar, las normas permiten determinar las cantidades de mano de obra, de materias<br />

primas y de productos intermedios que serán necesarios para algunos millares de productos. Dado que<br />

continuamente se introducen modificaciones o innovaciones tecnológicas, todo se recalcula permanentemente.<br />

Toda diferencia entre el coeficiente y las condiciones técnicas reales de la producción se<br />

traduce en carencia o excedente de materiales 10 .<br />

OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

335


Con la introducción de los balances materiales y el cálculo de las normas técnicas, cada empresa<br />

recibe un conjunto de indicadores acerca de los objetivos que debe alcanzar. Esos objetivos establecen<br />

el volumen de producción respectivo, pero pueden también incluir otros aspectos, como por ejemplo<br />

techos para la determinación de costos (salariales, etcétera), consumo de materias primas, objetivos de<br />

recaudación por ventas, umbrales de rentabilidad y otros.<br />

Al momento de asignar los recursos, que son siempre limitados, la planificación establece una escala<br />

de prioridades de tipo sectorial. Los sectores que se consideran estratégicos reciben una suficiente cantidad<br />

de recursos, mientras que los otros deben subordinarse a los objetivos planteados para aquellos y<br />

aceptar también las diferencias técnicas en el cálculo de las normas de los sectores estratégicos. Este sistema<br />

de asignación de recursos se conoce con el nombre de “método de las conexiones conductoras” 11 .<br />

6. Los precios tienen un contenido y cumplen una función diferente en ambos sistemas. En la economía<br />

capitalista, se determinan una vez que se ha establecido la distribución del valor agregado entre el<br />

capital y el trabajo; es decir, cuando se tiene la tasa de ganancia media o “normal” de la economía. A<br />

partir de ese punto, los precios dependen de las condiciones técnicas de producción y de los costos de<br />

los inputs o insumos 12 .<br />

Las ventajas económicas de un sector (una más acentuada composición orgánica del capital, con<br />

productividad superior a la media sectorial), así como el dominio oligopólico, permiten a determinadas<br />

empresas fijar una tasa de ganancia superior (posibilidad que la economía convencional considera<br />

como aplicada por todas las empresas y que determina el markup). Esto facilita la acumulación de<br />

plusvalía en las empresas y sectores más avanzados tecnológicamente y con mayor poder oligopólico.<br />

El procedimiento –aquí brevemente descrito– de fijación de precios “de mercado” no tiene nada que<br />

ver, naturalmente, o muy poco, con la teoría del equilibrio de Walras, en la cual la fijación de los<br />

precios consiste en un procedimiento de subasta en el mercado, entre la oferta y la demanda, que<br />

presupone una producción llevada a cabo sin que hasta ese momento tenga precio.<br />

Dos precios muy especiales, el salario y el interés, expresan la participación de los productores en<br />

el valor agregado y la de los perceptores de renta en su división. A pesar de que el movimiento de los<br />

precios relativos está condicionado en el largo plazo por las variaciones relativas de la productividad,<br />

en el corto plazo los precios de mercado son señales muy inadecuadas para el proceso decisorio, pues<br />

ocultan más información de la que revelan, tanto en lo que se refiere a la estructura del mercado de<br />

los productos, como respecto a las condiciones de mayor o menor competencia sectorial en las que se<br />

desarrolla la producción.<br />

Puesto que los precios relativos dependen de la distribución, el conjunto de los precios solo se puede<br />

establecer de manera simultánea. Ello supone una contradicción entre la macroeconomía dinámica<br />

capitalista y el tiempo histórico, que establece una sucesión temporal y una articulación intersectorial<br />

de los flujos de mercancías y trabajo.<br />

Las crisis, como manifestación de valores no realizados –vale decir, de producción no convalidada<br />

por medio del intercambio mercantil de la cantidad de dinero que se expresa en el precio–, se convierten<br />

por tanto en la forma regular de funcionamiento de la economía 13 .<br />

En el socialismo, los precios son índice directo de los costos materiales, con lo cual expresan la<br />

noción clásica de precios naturales (Smith, Ricardo) o precios de producción (Marx). Como tales,<br />

deben reflejar con la mayor exactitud posible los contenidos de trabajo directo e indirecto presentes<br />

en la producción.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

336


La dificultad de medir simultáneamente los consumos de trabajo indirecto (incorporado en los<br />

consumos intermedios) es lo que impide hacer los cálculos directamente en términos de valor-trabajo,<br />

y exige un procedimiento secuencial a base de números índices y otros procedimientos técnicos para<br />

poder aproximar tales valores bajo la forma de precio. Cuando los cálculos se distancian de los valores<br />

de referencia, se producen desequilibrios sectoriales. Sin embargo, tales desequilibrios son estrictamente<br />

técnicos, vinculados a las limitaciones de las formas de medición y podemos, por tanto, definirlos<br />

como coyunturales. En el capitalismo, en cambio, los precios de mercado manifiestan la tendencia<br />

estructural al desequilibrio de la acumulación.<br />

En una economía planificada socialista, los precios no se usan para medir rentabilidades relativas<br />

entre las unidades productivas, en tanto que “lo que realmente interesa es la rentabilidad general del<br />

aparato productivo” (Guevara, 1976a: 213).<br />

El cálculo del tiempo de trabajo socialmente necesario, junto con un sistema adecuado de control<br />

de inventarios, números índices, tasas de depreciación, etcétera, determinan los precios internos de<br />

las empresas y, sobre la base de tales costos, se analiza el desempeño relativo de las unidades de producción,<br />

en términos de gestión y control de gastos. No obstante, las decisiones –económicamente<br />

necesarias– de favorecer o restringir el consumo de determinados bienes, pueden obligar a establecer<br />

precios diferentes al interno.<br />

Con este análisis, Guevara muestra cómo en las economías socialistas los precios finales pueden<br />

diferenciarse de los precios de producción. Tal diferencia, sin embargo, no se deriva de una regla económica,<br />

como en el capitalismo, donde los precios de mercado reflejan no solo los costos relativos, sino<br />

también la situación puntual de la oferta y de la demanda y el grado de competencia microeconómica.<br />

Por el contrario, la diferencia entre los “precios socialistas” y la contabilidad de sus costos responde<br />

a una decisión consciente, política, que se expresa a nivel político y sobre la base de consideraciones<br />

macroeconómicas.<br />

3.3. Experiencias de planificación socialista<br />

1. La planificación socialista ha tenido experiencias históricas muy diversas, cuyo balance todavía no<br />

se cierra y cuyo conocimiento es esencial para entender la posibilidad de desarrollar una economía<br />

alternativa.<br />

Las primeras experiencias de planificación socialista tuvieron lugar en la Unión Soviética a partir<br />

de 1926, una vez finalizada la etapa de la NEP, que había signado el período 1921-1926. El Comité<br />

Estatal para la Planificación (Gosplan) era el organismo encargado de elaborar los planes económicos.<br />

Durante la primera mitad de los años veinte, esos planes tuvieron un carácter muy similar a la posterior<br />

“planificación indicativa” francesa y estaban orientados, sobre todo, a coordinar las actividades de los<br />

sectores público y privado de la economía. Luego, los debates de la época dieron lugar a un cambio de<br />

dirección, que se concretó entre 1926 y 1928. A partir de entonces, los planes fueron manifestación del<br />

deseo de cambiar las relaciones sociales existentes, en lugar de tratar de reconciliarlas con los objetivos<br />

del Estado.<br />

El Gosplan adquirió así una nueva dimensión y desarrolló nuevos instrumentos teóricos y analíticos.<br />

Los planes quinquenales dieron concreción a la nueva modalidad de planificación, que aspiraba<br />

a cubrir toda la actividad económica. A partir de la proyección de los objetivos de producción de un<br />

conjunto de mercancías seleccionadas, que llegaba a varios centenares, el Gosplan elaboraba planes<br />

OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

337


anuales que se enviaban, a manera de proyecto, a las diversas empresas. Estas discutían sus contenidos<br />

y remitían de vuelta sus contrapropuestas. En las negociaciones que seguían se configuraba un plan de<br />

empresa que, una vez aprobado por la autoridad central, se convertía en base de la actividad industrial<br />

del año siguiente.<br />

Para hacer frente a la complejidad del plan, se establecía un cierto nivel de delegación de autoridad<br />

sobre una base sectorial, funcional o territorial. Inicialmente se pusieron en práctica las dos primeras de<br />

esas formas de delegación de poder, y así se crearon diversos ministerios industriales, que rápidamente<br />

crecieron en número: 3 en 1932, 20 en 1939, 32 en 1948. Asimismo, se crearon ministerios funcionales,<br />

como el del Trabajo. Con la colaboración de todos esos organismos, el número de productos<br />

incorporados a la planificación llegó a varios millares cada año.<br />

A partir de 1957, la distribución de competencias por sectores fue sustituida casi completamente<br />

por otra de tipo territorial, con lo cual se llegaron a conformar 103 consejos económicos regionales<br />

(sovnarjoz), que luego se reagruparían hasta ser solo 46 en 1963. Con esto se buscaba superar los<br />

problemas derivados de la falta de coordinación horizontal entre regiones, así como el hecho de que los<br />

ministerios industriales se habían convertido en una especie de imperios semiautárquicos para escapar<br />

del control ejercido por la estructura general del Gosplan. Por su parte, la estructura de cada sovnarjoz<br />

comprendía un consejo técnicoeconómico de asesores, un determinado número de departamentos<br />

funcionales y varios subdepartamentos, encargados de las principales ramas económicas presentes en<br />

su territorio. Entre el Gosplan y los consejos regionales se mantenía una relación de dependencia para<br />

algunas materias, aunque en la práctica, a partir de los años sesenta, solo un pequeño porcentaje de los<br />

sectores estratégicos se mantuvo solamente bajo la dirección central del organismo planificador. Como<br />

puede verse, el sistema soviético de planificación central tuvo, desde los años sesenta, un componente<br />

notable de descentralización (Dobb, 1972b).<br />

2. En los años sesenta y setenta se introdujeron diversas reformas para brindar mayor autonomía a<br />

las unidades productivas y así reducir los problemas de la oferta de bienes de consumo intermedios y<br />

finales a la población. Esas reformas seguían más o menos la misma orientación de la más famosa de<br />

ellas, la llamada “reforma Liberman”, que otorgó una cierta libertad en la fijación de precios y autonomía<br />

empresarial para las decisiones referentes a la repartición de los incrementos de productividad<br />

(Liberman, 1968) por encima de los objetivos definidos.<br />

Es muy poco conocido el hecho de que, a partir de los años ochenta, se adelantó en la Unión<br />

Soviética un proceso de democratización económica (Liberman, 1982), concebido para mejorar la motivación<br />

y la productividad de las empresas y, también, para tratar de superar los problemas existentes<br />

en las economías de los países socialistas industrializados, que eran iguales, por otra parte, a los que<br />

confrontaban las economías capitalistas industrializadas de la época. En palabras de Laibman (2006):<br />

Una resolución sobre economía promulgada en 1979, en la era de Brezhnev, puso en marcha vastas<br />

transformaciones destinadas a profundizar la democracia económica en la Unión Soviética: en las<br />

empresas se crearon consejos de los colectivos de trabajadores, que tenían la responsabilidad de<br />

planificar y aplicar sus propios planes y administrar sus propios fondos; se establecieron elecciones<br />

directas para seleccionar a los dirigentes de los equipos de trabajo y los administradores de las<br />

empresas; se desarrollaron sistemas participativos para determinar las bonificaciones (la parte variable<br />

del salario), así como nuevos criterios “normativos” para evaluar el trabajo de las empresas, de los<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

338


equipos de trabajo y de los individuos. La elección directa de los dirigentes de empresa tomó el<br />

carácter de un movimiento de masas, y en 1985 se había instaurado en toda la industria soviética.<br />

No hace falta aclarar que fue abolida cuatro años más tarde, cuando entró en conflicto con los<br />

prerrequisitos de la “propiedad privada”, según la entendían los privatizadores que más adelante<br />

florecerían en la mafia rusa de nuestros días. Ese breve momento de floreciente democracia industrial<br />

fue singular. No tuvo contrapartida en ningún otro país de la Europa Oriental o de Asia.<br />

El mismo Laibman reconoce, en el citado texto, que Cuba representa una excepción respecto a<br />

esa última afirmación, y su caso debe ser estudiado separadamente. En efecto, el sistema de planificación<br />

cubano muestra diferencias de gran importancia con el “modelo soviético estándar”. La<br />

planificación era fundamental para Guevara, quien en una crítica a la simulación de la ley económica<br />

fundamental del socialismo en el manual de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, declara:<br />

“Creo que existe y que debe considerarse la planificación como tal, la planificación debe considerarse<br />

como la primera posibilidad humana de regir las fuerzas económicas. Esto daría que la ley económica<br />

fundamental es la de interpretar y dirigir las leyes económicas del período” (Guevara, 2006: 102).<br />

Las nuevas técnicas de contabilidad permiten transferir las técnicas contables empresariales al desarrollo<br />

del sistema socialista, mediante la planificación. Esto fue visto por el Che ya en 1963: “en un país<br />

pequeño, con buenas comunicaciones, no solamente terrestres o aéreas, sino telefónicas e inalámbricas<br />

(…) [hay] base para un control continuado y al día” (Guevara, 1976a: 211).<br />

Las particularidades de una economía con tales características, como justamente es Cuba, le permiten<br />

al Che Guevara identificar las condiciones que hacen más eficiente la planificación centralizada,<br />

sin tener que pasar, como en la Unión Soviética, por sistemas de descentralización y de autonomía<br />

empresarial para eliminar los cuellos de botella en el flujo de producción.<br />

El control de costos es para el Che el mecanismo básico para verificar la eficiencia en las unidades<br />

productivas, que puede derivar de una “no coincidencia entre el costo de producción y el precio socialista<br />

del sector” (Guevara, 1976a: 212).<br />

3.4. Modelo de planificación centralizada<br />

1. Este modelo se caracteriza por el grado en que las decisiones en materia económica –con excepción<br />

de las personales o individuales– se concentran en los aparatos centrales del Gobierno y del Estado.<br />

Esas decisiones abarcan el volumen y la composición de las inversiones, del consumo y del comercio<br />

exterior; los niveles de producción y los recursos económicos para garantizarlos; los precios y los aspectos<br />

salariales; los servicios básicos y otras actividades no productivas. Como factor de coordinación<br />

económica y contable se utiliza el llamado método “de balance de bienes materiales”, que se expresa en<br />

términos físicos. Además, se toman en consideración algunos aspectos característicos:<br />

a) El contenido imperativo y la estructura jerárquica de los planes, al estar basados en las decisiones<br />

centrales, deben escindirse sucesivamente hasta llegar a los niveles inferiores. Predominan las relaciones<br />

de tipo vertical, mientras que las horizontales –como las de proveedor-cliente–, en tanto<br />

que subordinadas al sistema de dependencias verticales, tienen solo carácter complementario.<br />

b) El papel pasivo de los instrumentos y mecanismos financieros. El predominio de los cálculos<br />

en magnitudes físicas o cantidades conduce a la desactualización y desnaturalización de los precios,<br />

que pasan a ser de orden secundario, lo que incrementa la desconfianza hacia los cálculos<br />

OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

339


económicos. Las categorías monetario-financieras se convierten en reflejo pasivo de las decisiones<br />

adoptadas en la determinación directa de objetivos y recursos.<br />

c) El mercado de economía centralizada tiende a dejar insatisfecha la demanda del consumidor; los<br />

productores no se sienten presionados a reducir los costos y aumentar la productividad, ya que<br />

el mercado consume todo lo que se le ofrece. Además, se produce una inflación caracterizada no<br />

tanto por el aumento de los precios, como por el incremento del dinero circulante en manos de<br />

la población. En este campo fueron muy importantes los trabajos de Janos Kornai 14 . Sus conceptos<br />

se convirtieron en obligado punto de referencia en las discusiones sobre modelos económicos<br />

socialistas.<br />

3.5. Modelo de planificación descentralizada<br />

1. Este enfoque parte de la posibilidad de no considerar ya el mercado como regulador general de la<br />

actividad económica (ley del valor), pero manteniendo la utilización de los instrumentos de mercado,<br />

que están llamados a cumplir funciones económicas específicas dentro de un mecanismo más general,<br />

regulado, de planificación.<br />

Considérense algunas de sus características particulares:<br />

a) Métodos indirectos de decisión en lo que respecta a los niveles inferiores. En la esfera de decisión<br />

directa entran la cantidad y la estructura de los ingresos de la población, los fondos que<br />

aportan las empresas y los que están a su disposición, los fondos para el consumo colectivo y<br />

para la acumulación y, finalmente, su distribución entre los distintos sectores y la selección de<br />

las inversiones centralizadas.<br />

b) Las empresas pueden plantear y fijar libremente un conjunto de precios, tomando siempre en<br />

cuenta la voluntad expresa de combatir preventivamente las prácticas monopólicas.<br />

c) A partir de una dotación inicial de capitales fijos y circulantes, las empresas organizan de manera<br />

autónoma el proceso productivo, escogiendo la cantidad y la dinámica de producción, además<br />

de su estructura de costos.<br />

d) En las diversas fases de aplicación del modelo, las empresas pueden decidir el reposicionamiento<br />

y la modernización de su capacidad productiva.<br />

3.6. Modelo reformado<br />

1. En los países en que ha sido aplicado este modelo, se ha reconocido, en mayor o menor grado, la necesidad<br />

de combinar las modalidades existentes con una mayor utilización de las relaciones monetariomercantiles<br />

y una autonomía empresarial más eficaz. Veamos algunos de sus principios:<br />

a) En el plano teórico, Ota Sik 15 consideró que la producción mercantil es en el socialismo una<br />

necesidad objetiva, determinada por las posibles contradicciones que en el trabajo socialista se<br />

derivan del grado de desarrollo de las fuerzas productivas.<br />

b) El problema de la descentralización no es solo cuestión de conocimiento, sino también de<br />

conciliación de intereses, cosa que no puede lograrse con métodos administrativos. El modelo<br />

de gestión descentralizada no es una opción posible que va unida a otros modelos, sino una<br />

necesidad inherente a la producción socialista.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

340


c) Las inversiones debían ser financiadas por fondos o créditos de las empresas, y estas tomaban<br />

parte en la elaboración de los planes a largo plazo y en la escogencia de los proyectos.<br />

d) Las reformas estuvieron en realidad siempre acompañadas por fuertes desequilibrios internos y<br />

externos. En las empresas, las remuneraciones se incrementaban sin una respuesta productiva<br />

correspondiente. El crédito interno y el déficit presupuestario crecían de manera incontrolada,<br />

y aumentaban también la inflación y el volumen de importaciones para poder satisfacer la demanda<br />

interna. Según estudiosos como Kornai, gran parte de los avances económicos provenía<br />

de la llamada segunda economía (sector informal, privado, ilícito, no estatal).<br />

3.7. El modelo dual flexible<br />

1. Los períodos de transformación en China (de 1966 a 1976 con la Revolución Cultural, entre 1976<br />

y 1981, y 1984-1985, etapa vital a la que se refiere la reforma) crearon gradualmente un modelo dual<br />

que tuvo por resultado tres tipos fundamentales de empresa, que se explicitan de seguidas:<br />

a) Empresas estatales en áreas estratégicas, como las de energía, transporte, telecomunicaciones y<br />

producción clave de bienes intermedios.<br />

b) Sector de grandes y medianas empresas, en el que solo un pequeño porcentaje de la capacidad<br />

se emplea para la producción en el ámbito de la programación nacional. Mantiene facultades<br />

decisorias sobre el resto de sus actividades, aun cuando estas a su vez son reguladas por las<br />

políticas macroeconómicas.<br />

c) Sector de pequeñas empresas estatales, de propiedad colectiva y privadas, que funcionan en<br />

sujeción al mercado.<br />

2. El modelo dual flexible permite variar el grado de planificación y regulación del mercado en tres<br />

maneras: alterando el porcentaje de empresas en cada sector, cambiando en cada empresa el porcentaje<br />

de la capacidad productiva que está sujeto a objetivos obligatorios y diversificando la participación de<br />

las diversas economías territoriales. A mediados de los años ochenta se tomaron serias medidas para<br />

resolver el problema de la falta de control sobre los salarios, los créditos bancarios, las inversiones y las<br />

importaciones, así como para regular el alto déficit comercial externo, las presiones inflacionarias y el<br />

aumento de los precios del consumo. Los años noventa fueron un período de gran discusión sobre<br />

el modelo económico, en la que se analizaron las dificultades encontradas y los resultados obtenidos.<br />

El aporte más original del modelo chino ha sido la experimentación en el uso de instrumentos de<br />

mercado sin perder el control centralizado.<br />

— notas —<br />

1 Para profundizar en este tema, cfr. González Gutiérrez (2004).<br />

2 Para profundizar en el tema, véanse los siguientes textos: Itoh (1995); Novozhilov (1975); Strumilin (1966); Kornai (1992);<br />

González (1997: 2-11); AA VV (2002); AA VV (2004).<br />

OBJETIVOS DEL MODELO ECONÓMICO SOCIALISTA<br />

341


3 En este tema ha profundizado el economista cubano Alfredo González G. Sus trabajos son una importante fuente de consulta<br />

al respecto y sirvieron como punto de partida para caracterizar los modelos que se presentan a continuación, también abordados<br />

y articulados en muchos trabajos de Hugo Pons.<br />

4 Dobb (1972b), Carr (1978; 1984). Un resumen útil para entender la evolución económica de la Unión Soviética en los años<br />

veinte es el que provee Gangart (1976).<br />

5 Para profundizar en estos temas, cfr. Brus (1965).<br />

6 El despilfarro de recursos materiales se deriva también de la rápida obsolescencia de los productos. Antunes (2006), retomando<br />

a Meszáros, habla de la tasa de utilización decreciente del valor de uso de las mercancías.<br />

7 Bowles, Gordon, Weisskpof (1989) analizan el despilfarro en la economía norteamericana, acelerada con la aplicación de las<br />

recetas neoliberales de los años ochenta. Sauvy (1972) analiza la obsolescencia planificada de los productos como sistema<br />

normal de planeación y fabricación en el capitalismo de nuestros tiempos.<br />

8 Para una discusión de las diversas formas de planificación, véase el libro en dos volúmenes de Johansen (1977-1978).<br />

9 La tabla input-output de análisis macroeconómico de Leontiev deriva precisamente de la necesidad, en la Unión Soviética, de<br />

calcular tales coeficientes.<br />

10 En una economía capitalista esas diferencias se manifiestan a posteriori, como excesos de oferta o de demanda.<br />

11 Cfr. Brémond, Geledan (1985: 359).<br />

12 La presentación analítica de esta idea la encontramos en Sraffa (1982), que propone un modelo determinado (una vez que se<br />

ha establecido como numerario una mercancía) por n ecuaciones (equivalentes al número de productos diferenciados): p n<br />

=<br />

r * (1 – A) -1 + w * l (donde A es la matriz de coeficientes técnicos; w, la media salarial; l, el trabajo directo; r, la tasa de rendimiento).<br />

Es obvio que en el mismo momento en que se determina la ganancia normal, se establece la media salarial, a través de un<br />

procedimiento que no tiene mucho que ver con las productividades marginales (que solo se expresan como límite dinámico) y<br />

sí, en cambio, con las condiciones coyunturales y estructurales de la lucha entre capital y trabajo.<br />

13 Y la inflación, lejos de reflejar desequilibrios estructurales entre demanda y oferta, aparece como un instrumento en la lucha<br />

por captar cuotas mayores del valor agregado o excedente por parte de los capitalistas. Véase Mandel, Valzer, Jourdain (1970).<br />

14 Economista húngaro que cumplió un importante papel en el desarrollo teórico de la planificación. Más tarde se hizo revisionista<br />

respecto al proceso de construcción del socialismo y, finalmente, se convirtió en detractor de esta corriente del pensamiento.<br />

15 Economista checoslovaco que previó la posibilidad de construir el socialismo en presencia del papel del mercado.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

342


Capítulo IV<br />

CUBA: LAS DIVERSAS FASES DE LA PLANIFICACIÓN<br />

1. La visión de Guevara y la participación popular<br />

1. Con el triunfo revolucionario, se abrió para Cuba la posibilidad de iniciar un verdadero proceso<br />

de desarrollo basado en las aspiraciones del Programa del Moncada, dirigidas a dar respuestas institucionales<br />

y consistentes a las exigencias de una política de emancipación, y de coordinar de manera<br />

planificada los esfuerzos y los recursos de los diversos organismos del Estado.<br />

Con ese fin nace, el 11 de marzo de 1960, la Junta Central de Planificación (Juceplan), y poco<br />

después, tras el proceso de nacionalizaciones, en 1962, se instaura definitivamente el modelo de planificación<br />

centralizada. Este toma como referencia directa el método de planificación checoslovaco, en<br />

el que se hallan también presentes los métodos soviéticos, a partir de la elaboración de los “balances<br />

de bienes materiales”. En esta etapa, si bien no se definía aún el carácter socialista de la Revolución<br />

Cubana, la planificación centralizada respondía a la necesidad de ordenar y organizar el proceso de<br />

desarrollo en curso. Ya antes se había planteado el programa del Partido Socialista Popular, que era<br />

esencialmente un programa de desarrollo (Rodríguez, 2000: 4), como bien lo explican en muchos


trabajos Hugo Pons y Efraín Echeverría, a quienes se hará frecuente referencia en este capítulo y más<br />

adelante al abordar estos temas.<br />

2. Es en este período que madura el pensamiento del Che Guevara, quien reconoce que hay para el<br />

momento una serie de tesis, en desarrollo, para el perfeccionamiento de la planificación. En cuanto al<br />

modelo que se quiere desarrollar, el Che lo afronta con una concepción centralizada pero flexible, no<br />

solo como modelo de construcción económica, sino también como propuesta de conciliación de los<br />

intereses económicos y los intereses políticos.<br />

Al comienzo de los años sesenta, la dinámica de la Revolución Cubana seguía su curso. Diversos representantes<br />

del marxismo de la época visitaban Cuba y muchas de sus obras fueron publicadas en esa<br />

década. Lamentablemente, ese contacto del mundo científico cubano con numerosos representantes<br />

mundiales se irá perdiendo con los años, para ser sustituido por un contacto prácticamente exclusivo<br />

con la academia soviética y sus puntos de vista. En ese momento, sin embargo, se desencadena una<br />

intensa polémica sobre temas referentes a la construcción del socialismo, y el Che mantiene un enfrentamiento<br />

con el francés Charles Bettelheim, de quien fue uno de los principales críticos en el campo<br />

del pensamiento económico. Bettelheim defendía el modelo soviético, que, con ligeras y diversas gradaciones,<br />

se aplicaba en los países de la Europa Oriental. Como se sabe, ese modelo otorgaba validez<br />

a un conjunto de categorías propias del sistema de producción capitalista, como por ejemplo las de<br />

mercancía, dinero, crédito, etcétera, con la idea de que ellas cambiaban de contenido en un sistema<br />

socialista. La posición del Che era otra: para él, esas categorías eran un cuerpo extraño en el tejido del<br />

socialismo y habrían producido contradicciones tales que obligaban a crear mecanismos que, a largo<br />

plazo, podrían destruir el sistema. En la base de esta crítica estaba la convicción de que las etapas de<br />

desarrollo de la Unión Soviética no representaban tout court las etapas del socialismo.<br />

Así, en sus comentarios críticos al Manual de economía política de la Academia de Ciencias de la<br />

Unión Soviética, escribe –en la página 466– que “es muy discutible la existencia de esas llamadas categorías<br />

económicas. Como máximo son categorías económicas de la Unión Soviética, no del socialismo<br />

(por ejemplo, el cálculo económico)” (Guevara, 2006: 21).<br />

Según el Che, no se podía convertir la necesidad en virtud, y menos todavía en realidad del socialismo.<br />

El uso de relaciones monetario-mercantiles, unido a formas diversas de proteccionismo y a<br />

los mecanismos que de allí se derivan, son en realidad resultado de la inmadurez del desarrollo de las<br />

fuerzas productivas y de las relaciones de producción socialistas: si bien en la primera etapa de la transición<br />

son una realidad palpable, ello no significa, en su opinión, que sean necesarios. Las categorías<br />

mercantiles configuran en el socialismo un híbrido; no constituyen, en sí mismas, instrumentos de este<br />

sistema. Guevara concluye:<br />

se pretende conocer leyes económicas cuya existencia real es discutible. El resultado es que se les<br />

confunde continuamente con las leyes económicas del capitalismo que siguen existiendo en la<br />

organización económica soviética, se les embellece con un nuevo nombre y se sigue así adelante en el<br />

autoengaño (…) ¿hasta cuándo? No se sabe cómo se resolverá esta contradicción (Guevara, 2006: 122).<br />

Al reconocer esta verdad, el Che no perdía de vista la importancia de la conciencia en el desarrollo<br />

del socialismo. Una de sus mayores preocupaciones y fuente de frecuentes discusiones con los defensores<br />

del cálculo económico como método de gestión en los países socialistas, era el énfasis que estos<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

344


ponían en el desarrollo de las categorías capitalistas como instrumento para estimular, a su vez, un<br />

desarrollo más acelerado de las fuerzas productivas.<br />

Guevara no negaba que tal aceleración fuese posible; al contrario: afirmaba que esa posibilidad<br />

había sido históricamente demostrada por el capitalismo. Pero el problema era construir una sociedad<br />

nueva, en la cual se desarrollase un ser humano diferente, y esto no era posible con “las desafiladas<br />

armas del capitalismo”. Con esas prácticas se podía, probablemente, alcanzar un nivel más alto en la<br />

producción de bienes y servicios, pero no el hombre nuevo para la sociedad del futuro. Ese socialismo<br />

mercantilizado no le interesaba al Che, como lo dejó en claro muchas veces al hablar de este tema<br />

(Borrego, 2001: 208).<br />

Uno de los méritos teóricos del Che es haber sabido sintetizar, en su trabajo sobre la transición, dos<br />

elementos que en Marx, Engels y Lenin aparecen indisolublemente ligados: de un lado, la producción<br />

económica y, del otro, la producción y reproducción de las relaciones sociales en las que se desenvuelve<br />

la primera.<br />

Estos elementos fueron separados por los teóricos de la Segunda Internacional y también por la<br />

práctica de muchos países socialistas; simplemente, las ciencias sociales no reflexionaban sobre esa<br />

realidad.<br />

3. Según Carlos Tablada (1987: 56-66), el Che no idealizaba ni a los hombres ni a las clases sociales;<br />

conocía bien la teoría, pero pensaba que no bastaba la propiedad estatal de los medios de producción<br />

para definir como socialista un sistema de producción, y esto aun cuando en Cuba, durante los primeros<br />

años de la revolución, no se cometió el error de aplicar en la economía el mecanismo realista<br />

soviético de otorgar validez a algunas categorías económicas típicas del sistema capitalista (en Cuba ese<br />

camino sería aplicado más tarde, a mediados de los años setenta, cuando se introdujo un sistema de<br />

dirección y planificación económica copiado acríticamente del modelo soviético y de los demás países<br />

socialistas destinados al fracaso; ese error fue rectificado a partir de 1986).<br />

El Che estaba a favor del uso prioritario de los estímulos morales, sin olvidar los materiales, sobre<br />

todo los de tipo colectivo:<br />

Hemos reflexionado sobre este problema, hemos discutido, lo hemos visto en la práctica. Pensamos<br />

que debemos luchar con toda nuestra fuerza para que el estímulo moral supla al estímulo material<br />

dentro de lo posible y durante el mayor tiempo posible, es decir, estamos fijando un proceso relativo,<br />

no estamos fijando la exclusión del estímulo material, simplemente estamos fijando que debemos<br />

luchar porque el estímulo moral en el mayor tiempo posible sea el factor determinante en la actuación<br />

de los obreros. Proponemos crear una fórmula mixta y no cancelar el estímulo material, pero sí hacer<br />

que ese estímulo material no sea cuantitativo sino cualitativo 1 .<br />

4. Uno de los aspectos más discutidos en la teoría de la transición es el constituido por las medidas<br />

económicas, por el modelo y por las políticas económicas y sociales que se deben adoptar o aplicar.<br />

Para responder a estas cuestiones no se puede hacer referencia a los clásicos, cuyo objeto de estudio<br />

fueron las relaciones de producción del régimen capitalista y la consecuente creación de las premisas<br />

para la revolución comunista. Las formas concretas del ejercicio del poder por parte del proletariado no<br />

ocupan lugar relevante en esa literatura: fue la Revolución de Octubre, al ser la primera, la que habría<br />

marcado la historia respecto al camino que se ha de seguir.<br />

CUBA: LAS DIVERSAS FASES DE LA PLANIFICACIÓN<br />

345


El conjunto de medidas aplicadas en Rusia en los años veinte, conocido con el nombre de Nueva<br />

Política Económica (NEP), es considerado como controversial en el trabajo del Che sobre el sistema<br />

presupuestario de financiamiento. Dedica él un amplio espacio al análisis de esta experiencia 2 , que<br />

considera un retorno necesario hacia el capitalismo pero, al mismo tiempo, un paso adelante en comparación<br />

con el costo político y económico que debía pagar la joven revolución por causa de la ruina<br />

económica, de la guerra y del asedio de las potencias imperialistas. Para el Che Guevara, la NEP representa<br />

una táctica estrechamente ligada a la situación económica de aquel país y, por tanto, no se le debe<br />

dar validez universal. Se trata de una política de emergencia, de carácter transitorio, a la que Lenin<br />

nunca consideró como una fase del período de transición al comunismo, ni como fase obligatoria para<br />

todos los países que comienzan la construcción del socialismo.<br />

Otras posturas sostienen lo contrario. La más importante entre ellas es la del polaco Wlodzimier<br />

Brus (1969: 61). Esta concesión táctica promovía la libertad de comercio y eliminaba las medidas del<br />

comunismo de guerra, con el objetivo de favorecer una ofensiva mejor preparada contra el capitalismo.<br />

Según el Che, es en ese particular momento que se reorganizan las empresas, por lo que atañe a la autogestión<br />

financiera, con base en el cálculo económico. Este elemento, además, está estrechamente ligado<br />

a las características generales de la época en lo que respecta a las técnicas de control y las prácticas<br />

económicas más difundidas, sobre todo el taylorismo y el desarrollo de las técnicas de programación<br />

lineal, como la matriz de balance intersectorial y las tablas de input-output.<br />

La NEP dejó, en el campo de la teoría económica de la transición, una herencia para el abordaje<br />

de la relación entre racionalidad económica y racionalidad social, que diluyó la segunda en la primera.<br />

La identificación entre ambas surgía en un momento en que la eficiencia de la gestión económica<br />

determinaba la sobrevivencia del poder obrero, con lo cual impregnó la mente de muchos economistas<br />

que, a pesar de las advertencias de Lenin, comenzaron a ver la NEP como una forma necesaria y única<br />

de retorno a un referente del capitalismo.<br />

El Che, como Lenin, pensaba que la NEP era otra cosa:<br />

La referencia a la NEP es escueta, pero constituye uno de los pasos atrás más grandes dados en la<br />

URSS. Lenin la comparó con la paz de Brest-Litovsk. La decisión era sumamente difícil y, a juzgar<br />

por las dudas que se translucían en el espíritu de Lenin al final de su vida, si este hubiera vivido unos<br />

años más hubiera corregido sus efectos más retrógrados. Sus continuadores no vieron el peligro y así<br />

quedó constituido el gran Caballo de Troya del socialismo: el interés material directo como referente<br />

económico (Guevara, 2006: 112).<br />

Es sobre estas bases que se fundamenta su sistema de financiamiento presupuestario.<br />

5. El Che insiste varias veces en el hecho de que entre la ley del valor y el plan, o entre el mercado y el<br />

plan, hay contradicciones que no se pueden ignorar, si se quiere construir el socialismo. La planificación<br />

pone en evidencia una serie de aspectos cuyo contenido es sobre todo técnico; sin embargo, tiene<br />

en lo esencial un contenido de carácter político que la diferencia de otras técnicas para la asignación<br />

de recursos o para su control, como es el caso de la contabilidad o la programación. En particular, la<br />

planificación socialista basa su contenido político en la comunidad de intereses que se da a partir de los<br />

cambios que ocurren en la propiedad de los medios de producción, al establecerse sobre ellos la propiedad<br />

social. Es justamente esto lo que permite dirigir la sociedad desde un centro socioeconómico que<br />

refleja y persigue la satisfacción de los intereses de la mayoría de la sociedad.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

346


Al centro del sistema cubano se halla el concepto de estrecha unión entre economía y política. Para<br />

el Che, no puede haber teóricos que hablen de técnicas cuando está de por medio el destino de los<br />

pueblos.<br />

Durante el período de creación y consolidación del sistema socialista en Cuba, se produjo una<br />

intensa polémica entre los defensores del financiamiento presupuestario y los del cálculo económico,<br />

polémica difundida en los medios y cuyos máximos representantes fueron Carlos Rafael Rodríguez<br />

y el Che. Según este último, los primeros pasos del sistema en la transición hacia el comunismo no<br />

debían caracterizarse por el uso de la ley del valor y de las relaciones monetario-mercantiles, insidiosos<br />

cordones umbilicales que mantienen al hombre atado a la sociedad capitalista y que hacen imposible<br />

la redeterminación esencial de las relaciones sociales. En su opinión, la ley del valor es como un animal<br />

domesticado, que puede ser utilizado pero solo de manera consciente (Guevara, 1988: 18-19).<br />

De las cinco funciones que tiene el dinero, en la transición deben existir dos: el dinero como intermediación<br />

en el intercambio y el dinero como medio de circulación y distribución entre el Estado y<br />

los pequeños propietarios privados (que todavía existen) y el pueblo como consumidor. En el sistema<br />

de financiamiento presupuestario, las finanzas deben ser el mecanismo mediante el cual se controla,<br />

dirige, analiza y organiza la economía.<br />

El sistema bancario, en este marco, tendrá que desaparecer, pues la banca no tiene ya por función<br />

la concesión de créditos ni la obtención de dividendos; si lo hiciese, estaría obteniendo dividendos de<br />

un capital que no le pertenece, como lo hace la banca privada. Todo el mecanismo se completa con un<br />

sistema salarial, de estímulo, de emulación y de control sobre la base de estudios de la demanda, para<br />

hacer corresponder la oferta mercantil con la demanda proveniente de la población.<br />

El sistema presuponía la aplicación del principio de la discusión colectiva y la responsabilidad<br />

única. Se trata de una combinación acertada y equilibrada de un régimen ampliamente participativo<br />

con el ejercicio de la responsabilidad del dirigente a quien se delega la toma de decisiones.<br />

Rodríguez aceptaba que, en general, el sistema de financiamiento presupuestario podía ser un modelo<br />

más avanzado que el de cálculo económico, pero señalaba que exigía condiciones y premisas<br />

imposibles de alcanzar en breve plazo. Para él, ese sistema podía resultar mejor en un futuro lejano,<br />

más cercano al comunismo; asimismo, le atribuía un alto grado de centralización, lo que en su opinión<br />

implicaba la disminución de la independencia de las empresas y, por tanto, una merma en el estímulo<br />

a la eficiencia de la gestión.<br />

El Che presentó respuestas para estos problemas, pero ello no fue suficiente para convencer al resto<br />

de los cuadros que dirigían la economía del país. Después de un breve período de convivencia de<br />

ambos sistemas, en los años setenta se impuso en Cuba, definitivamente, el cálculo económico para<br />

toda la economía nacional.<br />

6. El Che Guevara había resumido de manera simplificada las ventajas del sistema presupuestario:<br />

a) Al proceder hacia la centralización, tiende a una utilización más racional de los fondos, con<br />

carácter nacional.<br />

b) Promueve una mayor racionalización de todo el aparato administrativo del Estado.<br />

c) Crea unidades empresariales de mayores dimensiones –dentro de ciertos límites–, lo que permite<br />

ahorrar fuerza de trabajo, aumentar la productividad y reducir los costos unitarios (economía<br />

de escala).<br />

CUBA: LAS DIVERSAS FASES DE LA PLANIFICACIÓN<br />

347


d) Garantiza mayores posibilidades de estandarización de los sistemas salariales a escala nacional.<br />

e) Simplifica el control de las inversiones.<br />

f) Contribuye a crear en el obrero la idea general de la cooperación entre todos, la conciencia de<br />

pertenecer a un conjunto que es el de la población del país, y es esto lo que impulsa el desarrollo<br />

de su conciencia del deber social.<br />

Un aspecto no menos importante es el de la planificación y los mecanismos a través de los cuales<br />

esta se expresa. La posición del Che, a este respecto, era que la persistencia de una producción mercantil<br />

durante un cierto período no implicaba que debiera recurrirse a mecanismos capitalistas para el<br />

funcionamiento del plan, ni que tuviera que expresarse a través de categorías capitalistas. La tendencia<br />

debía ser a la gradual extinción de esas relaciones, hasta su total desaparición.<br />

7. Entre la visión del Che sobre planificación y la de Carlos Rafael Rodríguez existen diferencias, pero<br />

en ambas hay aportes que aquí presentamos de manera sintética, aun a riesgo de ser repetitivos.<br />

La visión del Che, en lo que respecta a la planificación, puede ser sintetizada en estos puntos:<br />

a) Una vez alcanzado el socialismo, se deben utilizar categorías y métodos diferentes a los del<br />

capitalismo.<br />

b) La propiedad estatal de la gran fábrica; defensa de las posibilidades de la planificación centralizada.<br />

c) Utilización de los métodos capitalistas más avanzados de registro y control.<br />

d) Sistema de financiamiento presupuestario: un fondo económico-financiero común.<br />

e) Utilización del excedente no como utilidad, sino para la reducción de los costos (deber social<br />

contra motivaciones individuales-empresariales).<br />

f) Búsqueda de un vínculo más social y revolucionario entre hombre y sociedad.<br />

g) Carisma, pragmatismo, disciplina, sistematicidad, política de cuadros.<br />

La visión de Carlos Rafael Rodríguez, en cambio, implica los siguientes puntos:<br />

a) Amplio reconocimiento del aporte del Che al desarrollo de la economía cubana.<br />

b) El sistema de financiamiento presupuestario es un “aporte de excepcional valor” a la teoría del<br />

período de transición.<br />

c) Es injusto culpar al Che por lo ocurrido en los años 1967-1970, cuando se incurrió en errores,<br />

subjetivismos y aceleración de procesos que concluyeron con una crisis de abastecimiento.<br />

d) La planificación es la categoría que define a la sociedad socialista.<br />

e) El rendimiento empresarial no debe colocarse por encima de los objetivos globales de la<br />

economía.<br />

f) En nuestras condiciones históricas, es necesario admitir la presencia de las mercancías en las<br />

relaciones entre empresas.<br />

g) El cálculo económico deberá ser utilizado en un futuro previsible.<br />

h) Eso no significa aceptar la preponderancia del mercado en la determinación de las actividades<br />

económicas (utilización relativa del mercado).<br />

i) El comunismo es un fenómeno de conciencia y no solo de producción.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

348


j) En resumen: el financiamiento presupuestario tiene plena actualidad como proyección política,<br />

no en cuanto se refiere a condiciones concretas.<br />

8. El Che Guevara (1970: 322) se plantea un problema para nada banal, y para cuya respuesta no parece<br />

haber ejemplos en que basarse: “¿Cómo se puede producir, en un país colonizado por el imperialismo,<br />

sin ningún desarrollo de sus industrias básicas, en una situación de monoproductor, dependiente de<br />

un solo mercado, el tránsito al socialismo?”.<br />

El Che encuentra la respuesta en una combinación de técnica y de voluntad: la técnica de la planificación<br />

y la conciencia de la vanguardia política. En su razonamiento, la planificación centralizada<br />

es el modo de ser de la sociedad socialista y el conjunto de las empresas estatales es visto como una única<br />

gran empresa, por lo que no tiene sentido hablar de circulación mercantil entre empresas (Guevara,<br />

1970: 3); por tanto, los cálculos económicos no incluyen precios de mercado, sino costos físicos y<br />

rentabilidades materiales relativas.<br />

Para el Che, la capacidad de dominio que sobre la economía aporta la planificación, permite orientar<br />

conscientemente la evolución social y, de alguna manera, contribuye, mediante la reducción de la incertidumbre,<br />

a facilitar el proceso de asignación de recursos con mayor eficacia y eficiencia que el mercado.<br />

En este modelo de organización socialista se subraya la participación individual y colectiva. A<br />

pesar de lo que pueda pensarse a primera vista, un modelo de mayor centralización exige un mayor<br />

involucramiento individual por parte de todos aquellos que participan en la producción; así, el control<br />

del obrero sobre la calidad y cantidad del trabajo y sobre el consumo de materias primas debe poder<br />

expresarse mediante procedimientos de fijación de normas de trabajo y de evaluación de resultados,<br />

tanto para cada trabajador como para el colectivo laboral en su conjunto. La acción adecuada de los<br />

dos estímulos, el individual y el colectivo, es una de las condiciones del éxito en el continuo mejoramiento<br />

de los procesos técnicos de producción (Guevara, 1976a, vol. II: 216).<br />

Guevara sintetiza en dos aspectos fundamentales las diferencias entre los sistemas soviético y cubano<br />

de planificación (Guevara, 1976a: 251-285). Si el primero se basa en el cálculo económico y en la<br />

autogestión financiera de las unidades de producción, y en él cada unidad de producción tiene personalidad<br />

jurídica propia, el modelo cubano, sustentado en el sistema de balance del financiamiento de<br />

las empresas estatales, refuerza en cambio la dimensión unitaria de todo el proceso de producción y,<br />

por tanto, la dimensión macroeconómica del cálculo de la rentabilidad social.<br />

El dinero juega papeles diferentes en los dos modelos. En el cálculo económico, es un medio<br />

de pago; en el sistema cubano, una simple unidad de cuentas. En este caso, por tanto, las empresas<br />

carecen de fondos propios.<br />

También las reglas de trabajo difieren: en el modelo propugnado por el Che en Cuba destaca, por<br />

ejemplo, la ausencia del trabajo por piezas o por hora, usual en cambio en el sistema soviético.<br />

En materia de controles, la planificación soviética pone el acento en la verificación de los equilibrios<br />

financieros y, dado el caso, aplica sanciones monetarias, mientras que en el modelo cubano los controles<br />

y las sanciones son de tipo administrativo.<br />

9. La actitud hacia los incentivos materiales es otro elemento de diferenciación de ambos modelos:<br />

Este es uno de los puntos en que nuestras discrepancias alcanzan dimensiones concretas. No se trata ya<br />

de matices: para los partidarios de la autogestión financiera, el estímulo material directo, proyectado<br />

CUBA: LAS DIVERSAS FASES DE LA PLANIFICACIÓN<br />

349


hacia el futuro y acompañando a la sociedad en las diversas etapas de la construcción del comunismo,<br />

no se contrapone al “desarrollo” de la conciencia, para nosotros sí. Es por eso que luchamos contra su<br />

predominio, pues significaría el retraso del desarrollo de la moral socialista (Guevara, 1976a: 264)*.<br />

El Che reconoce que no tiene una respuesta definitiva para el problema de la relación entre estímulos<br />

materiales, desarrollo de la conciencia moral y aumento de la productividad. En todo caso,<br />

considera que el cambio de modelo de organización social tiene una finalidad, que es la de alcanzar el<br />

reino de la libertad, y pone el acento en el uso de las nuevas relaciones de producción para contribuir<br />

a modificar el comportamiento social.<br />

A este aspecto subjetivo se deben agregar factores de tipo técnico en la determinación de la remuneración<br />

y de los estímulos:<br />

A todo lo expuesto hay que agregar que no hay, o no se conoce, una norma matemática que determine<br />

lo justo del premio de sobrecumplimiento (como tampoco del salario base) y, por tanto, debe basarse<br />

fundamentalmente en las nuevas relaciones sociales la estructura jurídica que sancione la forma de<br />

distribución, por la colectividad, de una parte del trabajo del obrero individual (Guevara, 1976a: 269)**.<br />

En uno de sus textos más difundidos, el Che precisa cuál es el objetivo del nuevo horizonte socialista<br />

instaurado en Cuba:<br />

El hombre del siglo xxi es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no<br />

sistematizada (…) No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año<br />

se pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan<br />

comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno,<br />

con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad (Guevara, 1976b: 379-81)***.<br />

Por tanto, la economía socialista se plantea como objetivo aumentar la satisfacción material y<br />

espiritual de las personas, superando el carácter unidimensional de la producción mercantil y de las<br />

relaciones sociales que de ella se derivan. En ese sentido, la planificación es concebida como uno de<br />

los progresos de civilidad más importantes desde la Declaración de los Derechos del Hombre y el<br />

Estado de derecho.<br />

2. De fines de los años sesenta al Período Especial<br />

1. Entre 1967 y 1970 se produjeron en Cuba una serie de cambios como parte de la lucha contra<br />

la burocratización, que comprendieron, por ejemplo, la reducción de personal en los ministerios, la<br />

eliminación del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) 3 –cuyas funciones fueron descentralizadas<br />

y transferidas a los niveles provinciales– y la supresión del Ministerio del Tesoro.<br />

* (n.t.) La cita se toma aquí del original en español, según aparece en www.marxist.org. El texto íntegro fue publicado<br />

originalmente por Nuestra Industria, Revista Económica, N° 5, febrero de 1964, con el título de “Sobre el sistema presupuestario<br />

de financiamiento”.<br />

** (n.t.) Ídem.<br />

*** (n.t.) La cita se toma aquí del original en español, según aparece en www.marxist.org. El texto íntegro fue publicado originalmente<br />

por el semanario Marcha, de Montevideo, el 12 de marzo de 1965, con el título de “El socialismo y el hombre en Cuba”.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

350


Con base en las observaciones y críticas hechas al sistema –en cuanto se refiere al carácter de las<br />

relaciones monetario-mercantiles entre empresas estatales y al papel de los incentivos–, y en la idea<br />

de construir simultáneamente el socialismo y el comunismo, se redujo al mínimo el rol del dinero, de<br />

los precios y de las finanzas; se suprimieron los cobros y pagos entre organismos, como también la<br />

contabilidad y el balance preventivo, y se establecieron numerosas relaciones basadas en la gratuidad.<br />

Se llegó, en definitiva, a un grado extremo de centralismo –con un fuerte componente de motivación<br />

política– que en 1971, en particular, produjo resultados desfavorables tanto en el plano económico<br />

como en el social, al generar una renovada tendencia a la burocratización y excedentes en la circulación<br />

monetaria.<br />

2. De 1971 a 1975 se impulsa el perfeccionamiento de la planificación. Partiendo del análisis de los<br />

errores cometidos, se eliminan algunas relaciones económicas basadas en la gratuidad, se restablece el<br />

principio de distribución según el trabajo, se ejecutan medidas de saneamiento financiero, se refuerza<br />

la capacidad de inversión y se lleva adelante un desarrollo equitativo de los distintos sectores, de las<br />

labores de infraestructura y de las obras sociales. La etapa, sin embargo, estuvo caracterizada por un<br />

fuerte proceso de retorno al modelo tradicional de planificación centralizada.<br />

3. En la etapa que va de 1976 a 1985 se introdujo un modelo más integral, conocido como modelo<br />

de cálculo económico reducido, para aminorar la importancia de los mecanismos financiero-mercantiles,<br />

lo que incluía la adaptación de la contabilidad, de las estadísticas y de las finanzas, así como<br />

la reestructuración del sistema empresarial. Simultáneamente se cumplía un importante proceso de<br />

descentralización, con el traspaso de la gestión de una serie de actividades a los órganos decisorios<br />

de las economías locales territoriales. Además, se diversificó el modelo de dirección de la agricultura<br />

con la formación de cooperativas y el desarrollo de áreas de autoconsumo, lo que implicó la creación<br />

del llamado mercado paralelo para la venta de productos fuera del sistema de racionamiento, con<br />

precios cercanos a los de equilibrio. Por otra parte, la industrialización avanzó con gran éxito, gracias<br />

–entre otras cosas– a las condiciones crediticias brindadas por los países socialistas, sobre todo por la<br />

Unión Soviética, que fueron excepcionalmente favorables.<br />

No todo resultó como se esperaba: en 1984, diversos sectores mostraban retrasos y dependencias<br />

externas. En esta etapa, el endeudamiento había crecido sensiblemente; la situación mostraba los síntomas<br />

clásicos de una economía limitada en la oferta (nos referimos a la variedad y la calidad, no a la cantidad),<br />

con particulares dificultades en lo referente a la introducción del desarrollo científico-técnico.<br />

En esencia, el papel del plan se había deformado hasta convertirse en instrumento para la obtención<br />

de recursos cada vez mayores, sin que las condiciones y los resultados se tuvieran en cuenta para preservar<br />

los niveles de eficiencia cualitativa necesarios para el buen desempeño de la economía nacional.<br />

A partir de los años ochenta se analiza el impacto de lo que estaba ocurriendo en el contexto de la<br />

economía nacional y se inicia un proceso de búsqueda y adecuación a las condiciones del país, con lo<br />

cual se crean las bases para el período de rectificación de errores y tendencias negativas, que se instaura<br />

a mediados de esa década (Rodríguez, 2000).<br />

4. En 1986 comienza la reformulación del modelo de cálculo económico reducido. Este proceso de<br />

rectificación se desarrolla de manera gradual, a fin de incorporar nuevos elementos y madurar ideas en<br />

CUBA: LAS DIVERSAS FASES DE LA PLANIFICACIÓN<br />

351


la búsqueda de un modelo que responda a las necesidades y particularidades de Cuba, al tiempo que se<br />

procura eliminar los impactos negativos del “copismo” 4 típico de los años setenta.<br />

La experiencia adquirida en la rectificación previa, de comienzos de los años setenta, sirve de base<br />

para llegar –en el plano de la economía interna– a la aplicación de un conjunto de medidas que, de<br />

manera sostenida y eficaz, comienza a dar frutos en corto tiempo. Así, se va eliminando el mercado<br />

libre campesino, al tiempo que se apunta fuertemente a la recuperación de la disciplina laboral y a la<br />

erradicación de prácticas ilegítimas de gestión empresarial. En agricultura, la prioridad estratégica es el<br />

Programa Alimentario, como parte de la aplicación de un sistema de programas para el desarrollo. Se<br />

da, asimismo, prioridad al desarrollo del turismo y de la industria farmacéutica, a la biotecnología y a<br />

la investigación y desarrollo de aplicaciones médicas de alta tecnología, buscando con ello una rápida<br />

expansión de los ingresos en moneda libremente convertible, a partir de las condiciones de competitividad<br />

existentes en estos campos.<br />

No obstante el estancamiento que aquejaba a la economía nacional –acelerado y profundizado<br />

por el impacto cada vez más negativo de la coyuntura externa–, Cuba logró mantener los programas<br />

sociales, las inversiones para el desarrollo y la ocupación.<br />

5. Es con la caída del sistema soviético, y de las relaciones comerciales en el seno del Comecon****, que<br />

estalla la verdadera y profunda crisis de la economía y la sociedad cubana. Los años posteriores a esta<br />

traumática sacudida –que, aun manteniéndose en la senda de la construcción socialista, impondrán<br />

significativos cambios de dirección en la política, la economía, la administración y la planificación cubanas–<br />

son definidos como el Período Especial. En el cuatrienio que va de 1990 a 1994, Cuba vive una<br />

de las crisis económicas más profundas y lacerantes de las últimas décadas. Solo en 1994 se consigue<br />

imponer en la economía cubana una ruta inversa, con un PIB que vuelve a crecer y con importantes<br />

sectores económicos revitalizados tras someterse a intensas reestructuraciones. Para hacer frente a la<br />

crisis, los planificadores cubanos comienzan a experimentar con procesos y modelos de “desarrollo de<br />

estructura económica mixta (pública y privada)” (Bosco, 2000: 285).<br />

El devastador alcance de la crisis puede ser resumido en unos pocos datos 5 : bastaron apenas dos<br />

años (1990-1991) para que Cuba perdiera más de la mitad de su capacidad de compra y –con la desaparición<br />

del “bloque soviético” y el Comecon– cerca del 75% de sus mercados tradicionales; además,<br />

con ello se deshicieron las relaciones comerciales preferenciales de que gozaba la isla (piénsese en el<br />

azúcar) y, por tanto, se perdieron también los proveedores de primer rango y las fuentes de financiamiento<br />

externo (Bosco, 2000: 286) 6 .<br />

Es también en este período cuando se experimenta la intensificación del embargo o, mejor dicho,<br />

del total bloqueo estadounidense, con la aprobación de la ley Torricelli (1992) y la posterior y todavía<br />

más feroz Helms-Burton. La combinación de estos factores da origen a lo que se ha llamado doble<br />

bloqueo. Para hacer frente a tal situación se recurre a toda una serie de cambios estructurales en el<br />

ámbito económico (formas de mercado, mayor flexibilidad operativa para pequeñas empresas privadas<br />

–mientras las grandes se mantienen en manos públicas–, atención constante a la reconstrucción de<br />

redes de intercambio comercial exterior), financiero (nuevo sistema bancario e introducción de una<br />

**** (n.t.) Consejo de Ayuda Mutua Económica, también conocido como CAME, que agrupó a la Unión Soviética, Bulgaria,<br />

Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía, República Democrática Alemana, Mongolia, Cuba y Vietnam.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

352


segunda moneda, el peso convertible, paritario con el dólar) y administrativo (descentralización de toda<br />

una serie de funciones, incluso económicas, aun cuando se mantienen centralizadas las principales de orden<br />

administrativo, de planificación, etcétera). Todo esto, por otra parte, se lleva a cabo sin dejar de<br />

dedicar una especial atención a la preservación y defensa del sistema de protección social. Al decir<br />

de Bosco (2000: 299), el nuevo modelo de desarrollo implementado en Cuba se ha caracterizado por<br />

una peculiaridad: la de haber logrado que convivan las reformas estructurales y la justicia social:<br />

Las reformas institucionales y macroeconómicas en curso no han tenido un carácter social excluyente<br />

sino participativo, con un alto involucramiento de la población en muchos procesos de toma de<br />

decisión (…) no se han creado situaciones de marginalidad económica o social, dado que el nuevo<br />

modelo cubano de desarrollo económico, con economía mixta, se distingue por la gran atención<br />

prestada a las repercusiones sociales de las transformaciones estructurales que se han introducido, y<br />

ha conseguido resultados significativos en términos de equidad.<br />

Con esas transformaciones se crearon las condiciones para una recuperación que a estas alturas, aun<br />

con alternancias y con tasas variables, se mantiene desde 1996.<br />

3. Elaboración del plan y poder popular<br />

1. Para Cuba, la elaboración del plan económico y social es un proceso continuo de interacción entre<br />

los diversos actores económicos y sociales, un proceso dirigido al logro de los objetivos trazados por<br />

la sociedad y a su desarrollo. De esta manera, la planificación de la economía nacional es concebida<br />

como un proceso en el que el plan es un instrumento de gestión, mediante el cual se llevan a cabo<br />

las directrices que se plantean en la política económica y que luego se hacen parte de la estrategia de<br />

desarrollo; esta, a su vez, es entendida como la más alta expresión de la proyección socioeconómica y<br />

política de la sociedad cubana. Implica, pues, la concepción de los objetivos de desarrollo económico<br />

y social de la nación y su inserción en la economía internacional, además de las vías y medios principales<br />

para su ejecución. Todo esto, además, en las condiciones de un país cuya capacidad de desarrollo<br />

estratégico está determinada por la acción de factores externos, como consecuencia de medidas políticas<br />

que atentan contra su soberanía e independencia, como es el caso del bloqueo que unilateralmente<br />

le ha aplicado Estados Unidos desde hace más de 45 años.<br />

A través de la elaboración del plan, la planificación se configura como un proceso de ruptura y<br />

continuidad, relación que está presente en cada uno de sus niveles y en cada una de las formas que<br />

asume. La capacidad de responder adecuadamente a los requerimientos de la economía nacional, y<br />

de preservarla en lo posible de las fluctuaciones del ambiente internacional, está condicionada por el<br />

control ejercido sobre el comportamiento de las tendencias internas y externas.<br />

Como todo proceso, la elaboración del plan económico socialista tiene un punto de partida, que en<br />

este caso se origina, como se sabe, en la toma del poder político por parte de la clase obrera y de otras<br />

clases y capas que se unen para transformar la propiedad de la base económica de la sociedad, y que se<br />

concreta –a los fines del plan– en el reconocimiento del carácter social de la propiedad de los medios de<br />

producción fundamentales. Por eso, este punto de partida es crucial para el proceso y debe privilegiar<br />

los componentes esenciales para su realización.<br />

CUBA: LAS DIVERSAS FASES DE LA PLANIFICACIÓN<br />

353


El comienzo del proceso se concentra entonces, en primer lugar, como ya se ha indicado, en el<br />

plan del año en referencia. El control resulta por eso un elemento esencial, toda vez que es a partir<br />

del dominio y conocimiento de la realidad –según se manifestarán en su ejecución– que se hace<br />

posible proyectar los objetivos que se quiere alcanzar. En lo esencial, esto se consigue cuando tanto<br />

el plan como el control de su ejecución permiten conocer las desviaciones respecto a lo aprobado<br />

y, en particular, sus causas y los medios que han de adoptarse para subsanar las deficiencias. Sobre<br />

esta base, se deben actualizar los indicadores económicos a lo largo del año y mantener en todo momento<br />

contacto con las organizaciones correspondientes (Ministerio de Economía y Planificación,<br />

2002: 12).<br />

2. Las bases para el trabajo de elaboración del plan de la economía nacional, en todo el ámbito de la<br />

planificación, se encuentran en:<br />

– La Resolución Económica del V Congreso del Partido Comunista de Cuba.<br />

– El plan aprobado para el año en curso y los resultados de su ejecución.<br />

– Los trabajos realizados en los escenarios económicos y sociales.<br />

– Las directivas que para este fin emita el Gobierno.<br />

– Las instrucciones dictadas para ese mismo objeto.<br />

– Las proyecciones a mediano plazo u otras similares de que se disponga.<br />

– La participación y las motivaciones planteadas por los trabajadores en las asambleas para la<br />

eficiencia económica.<br />

Asimismo, la participación de los organismos centrales, de los consejos provinciales de administración<br />

y de otros organismos seleccionados, en acción conjunta con el Ministerio de Economía y Planificación<br />

(MEP), es una necesidad para la elaboración de las directivas del plan. Y esto no responde a<br />

un requerimiento administrativo, sino más bien al proceso de afirmación, en la práctica, del principio<br />

socialista de la propiedad social.<br />

3. Vale la pena reiterar la necesidad, obligatoriedad y conveniencia de la participación de los trabajadores<br />

en el proceso de elaboración del plan de la economía nacional, desde su punto de partida, en cada<br />

empresa y organización. No se trata de una medida que se adopta en función de las vicisitudes de la<br />

actividad planificadora, o que esté subordinada a factores de carácter coyuntural, sino que se sostiene<br />

a todo lo largo de la planificación socialista en Cuba, como una orientación sistemática y sistémica.<br />

Solo así se crea la posibilidad formal de que la propiedad socialista se convierta en una posibilidad real.<br />

Resulta por eso claro que la administración, en cada espacio de las estructuras que participan en el<br />

proceso de planificación, está encargada de incluir en el plan los criterios de los trabajadores, y debe<br />

responder por las desviaciones y por las modificaciones de que sean objeto sus propuestas, a fin de que<br />

sean nuevamente analizadas y aprobadas por ellos mismos.<br />

Este proceso implica otras acciones: después de ser evaluada la propuesta presentada por los organismos<br />

centrales, por los consejos de administración y los entes seleccionados, se procede a efectuar<br />

las reuniones con los ministros, antes de emprender los pasos finales, al más alto nivel de dirección<br />

colectiva, para concluir el proceso de planificación.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

354


Se debe aquí subrayar que el “sistema nervioso” central, en este caso, sería la estructura de dirección<br />

de la sociedad cubana, que interactúa con el “sistema nervioso” periférico. Se trata de la estructura en la<br />

cual se define y, en definitiva, aprueba el plan de la economía nacional, y que va del Comité Ejecutivo<br />

del Consejo de Ministros (CECM) al Consejo de Ministros (CM), pasando por las Comisiones de la<br />

Asamblea Nacional del Poder Popular (CANPP), para llegar finalmente a la Asamblea Nacional del<br />

Poder Popular (ANPP), cuya aprobación no le imprime ya carácter de ley, como antes del Período<br />

Especial, sino de directivas generales que trazan una norma de comportamiento para todas las organizaciones<br />

económicas y de cualquier otro tipo en la sociedad cubana.<br />

Es de esta manera que la administración de los recursos se hace realidad en la economía socialista<br />

de Cuba, toda vez que estas acciones, como proceso, cumplen un movimiento periódico. Quizá uno de<br />

los aspectos en los que se verifica la eficacia de la gestión estatal sea en la capacidad de previsión y<br />

proyección para afrontar los desequilibrios y las desviaciones de mayor impacto social y político en la<br />

esfera económica.<br />

4. Un lugar especial ocupan, en la gestión pública socialista, las formas de organización de base en las<br />

que se consolida el poder popular: respetando las particularidades y características del país en cuestión,<br />

están ellas llamadas a conducir a la creciente participación de la sociedad en su propio autogobierno.<br />

Las formas de organización del pueblo, como embriones superiores de autogobierno de la sociedad,<br />

marcan, en efecto, la senda en la continuidad del desarrollo de sus mecanismos de gobierno, al reforzar<br />

la acción colectiva y perfeccionar de una nueva manera el principio de representación territorial.<br />

Con el reconocimiento de la diversidad de las comunidades –determinadas por las especificidades<br />

locales e históricas, por las tradiciones, las relaciones económicas, las áreas geográficas y los intereses<br />

comunes allí configurados– se debe adoptar un nuevo enfoque en el que se les reconozca, asimismo,<br />

la facultad de gobierno en toda la actividad productiva y de servicios desarrollada en su territorio,<br />

cualquiera que sea el nivel de subordinación, e incorporar a sus organizaciones de masas y entes económicos<br />

más importantes a la actividad política de gobierno (Instituto de Filosofía, 1997).<br />

En el proceso de construcción socialista, por otra parte, la gestión pública ha mejorado el trabajo<br />

de dirección y administración de los entes económicos a nivel local. Al diferenciar más claramente las<br />

funciones administrativas y de gobierno, se ha hecho posible diferenciar también la gestión pública de<br />

la gestión de la política pública. La indispensable organización popular de gobierno, en sus diversas<br />

formas, debe ejercer una acción superior sobre la gestión de esa política pública, cumpliendo y desarrollando<br />

al mismo tiempo el papel de estimulador y evaluador de este proceso en su ámbito. A su vez,<br />

los órganos de dirección y administración, en la forma que asuman, ejercen la función superior en la<br />

gestión pública y participan directamente en la asignación y distribución de los recursos. Allí radica<br />

la importancia del proceso de elaboración del plan de la economía nacional.<br />

CUBA: LAS DIVERSAS FASES DE LA PLANIFICACIÓN<br />

355


— notas —<br />

1 Reunión bimestral del Ministerio de Industrias (Minind), 20 de enero de 1962, en El Che en la Revolución Cubana, vol. VI:<br />

145-146).<br />

2 E. Che Guevara, “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento”, 1964, en El Che en la Revolución Cubana, vol. VIII:<br />

506-507.<br />

3 El INRA tuvo un papel destacado en los primeros años de la revolución. Fue el más importante de los organismos administrativos,<br />

al abarcar en su gestión todo el peso de la actividad económica fundamental del país, concentrada en la producción<br />

agrícola y particularmente la de azúcar. La actividad de este instituto representó el paso más importante en el proceso de<br />

redistribución de la parte esencial de la propiedad de los medios de producción en Cuba.<br />

4 Se denominó así la copia y aplicación acrítica y mecánica, en Cuba, de los métodos y procedimientos de planificación y conducción<br />

de la economía implementados en la entonces Unión Soviética y en algunos países socialistas de la Europa Oriental.<br />

5 Para profundizar en toda esta materia, cfr. el óptimo trabajo de Bosco (2000) que, además de tratar cuestiones casi completamente<br />

veladas en Italia, tiene la ulterior virtud de contar con un lenguaje fluidísimo y de ser rico en datos e informaciones sobre<br />

la economía cubana de las últimas décadas.<br />

6 “La desintegración de la URSS provocó la pérdida de la más importante fuente para las importaciones de petróleo y de cerca<br />

de 700 diversos tipos de bienes que la isla adquiría a precios preferenciales (…) [Cuba sufre además] la imprevista pérdida de<br />

cerca de seis millardos de dólares en productos, materias primas, géneros alimentarios, etcétera, comercializados a precios<br />

preferenciales” (Bosco, 2000: 286).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

356


Capítulo V<br />

LA VALIDEZ DE ALGUNOS INSTRUMENTOS ANALÍTICOS<br />

DE LA MACROECONOMÍA<br />

1. Potencialidad analítica de las tablas input-output y otros instrumentos.<br />

Su utilización<br />

1. Las consideraciones anteriores nos permiten identificar algunos instrumentos de análisis económico<br />

diseñados para un sistema capitalista, pero que despliegan toda su potencialidad analítica en un<br />

sistema socialista, como, por ejemplo, las tablas input-output. Este instrumento es la más sofisticada<br />

representación de las interrelaciones presentes en el funcionamiento de una economía cerrada.<br />

Ciertamente, las expresiones que se recogen en algunas tablas input-output de corte capitalista<br />

(precios al costo de los factores, precios de mercado, valor agregado como suma de las rentas de los<br />

asalariados y surplus o plusvalía empresarial como rentas globales del capital) no coinciden con las que<br />

encontramos en sus equivalentes socialistas (valor-trabajo o precios de producción, valor agregado<br />

distribuido en rentas de los trabajadores –todos los trabajadores– y excedente destinado a la inversión).<br />

El nivel de desagregación de estas tablas no permite siquiera un análisis muy detallado de las interrelaciones<br />

y presenta algunas dificultades técnicas para convertirse en un instrumento adecuado para la


planificación general. Pero parece que es justamente en una economía planificada donde este instrumento<br />

puede ser más útil, no solo para ver –por medio de las matrices de coeficientes técnicos– cómo<br />

ha evolucionado la economía, sino también para establecer criterios de reasignación general de los<br />

recursos, a los fines de obtener el máximo output, prestando atención a las variaciones que el cambio<br />

tecnológico introduce en la composición técnica de la producción.<br />

Así como hay tablas de coeficientes técnicos, se podrían desarrollar otras de asignación del trabajo,<br />

para utilizar más eficientemente los recursos humanos y mejorar la potencialidad de crecimiento del<br />

producto social 1 .<br />

2. Otros de los principales instrumentos de la economía marginalista, que cumplen en el capitalismo<br />

una función más ideológica que analítica, pueden ser extremadamente útiles para el funcionamiento<br />

de una economía socialista.<br />

Las funciones de producción son ideadas en el postulado de un uso pleno de los recursos disponibles;<br />

esa puede ser una descripción de la realidad del socialismo, pero no del capitalismo, en el cual,<br />

como se ha dicho, hay un derroche consciente de recursos materiales y, sobre todo, humanos.<br />

La función de utilidad parte del reconocimiento individual de decisiones de consumo racional,<br />

que, una vez agregadas, forman lo que podría ser un nivel social óptimo.<br />

Aplicada al capitalismo, sin embargo, no distingue entre la racionalidad del consumidor final,<br />

basada en la satisfacción del valor de uso de los bienes, y la racionalidad capitalista, cuyo consumo<br />

(intermedio) está determinado por la búsqueda de la máxima ganancia, lo que no tiene nada que ver<br />

con el valor de uso de los bienes de capital y de la fuerza de trabajo que compra. Ocurre lo contrario<br />

en una economía socialista, en la que el valor de uso y el valor de cambio verdaderamente se igualan<br />

como resultado de la desaparición de este último.<br />

Las señales de precio que el consumidor percibe son expresión directa de los costos relativos y no<br />

sufren la influencia de decisiones especulativas por parte de productores o distribuidores. Esto facilita<br />

la consideración efectiva de las preferencias adoptadas en el proceso de planificación de las inversiones.<br />

El equilibrio es un objetivo concreto en el funcionamiento de una economía socialista y una quimera<br />

en la capitalista, en la cual no es posible interrumpir la acumulación y el crecimiento desequilibrados<br />

sin provocar un colapso económico.<br />

Las técnicas de elección social sobre la base de decisiones racionales de individuos con igualdad<br />

de condiciones solo pueden ser utilizadas correctamente, entonces, en una economía en la que la<br />

capacidad de “voto” de cada ciudadano no esté condicionada por la renta obtenida en ciclos de<br />

producción anteriores: solo la democracia económica permite elecciones racionales que conduzcan<br />

al equilibrio.<br />

3. Argumentos de esta naturaleza han llevado a Meek (1977: 172) al siguiente planteamiento:<br />

La tendencia marginalista, que comenzó como una dura oposición al marxismo, concluyó finalmente<br />

en la producción de teorías, conceptos y técnicas que se convirtieron en un indispensable auxilio para<br />

el marxismo; un auxilio, además, cuya importancia aumenta en lugar de disminuir, a medida que se<br />

amplían los medios de control centralizado de la economía. Hoy la gran pregunta, de hecho, es si en<br />

algún momento ese producto final del marginalismo se deba ver, en la economía socialista, no como<br />

un mero auxilio al marxismo, sino más bien como su sucesor.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

358


La economía marxista desarrolla un aparato conceptual para el análisis de la sociedad de clases,<br />

y en particular del capitalismo; vale decir, una sociedad en la cual la mayoría de la población es<br />

formalmente libre, pero ha sido expropiada de su capacidad de producir riqueza social, capacidad que<br />

solo puede ejercer vendiéndola de manera directa (trabajo asalariado) o indirecta (trabajo autónomo)<br />

a los propietarios de los medios de producción. Un sistema en el cual la dialéctica de la competencia<br />

condiciona el proceso de acumulación.<br />

Por el contrario, en el socialismo las características competitivas del proceso económico son sustituidas<br />

por las que se derivan de las relaciones cooperativas que surgen con la socialización de los<br />

medios de producción. Para analizar este sistema resultan particularmente adecuadas las técnicas de<br />

optimización, los análisis en términos de equilibrio y las funciones de utilidad social.<br />

La planificación socialista permite tomar decisiones de manera racional, ya que las asimetrías de<br />

información, tan presentes en el capitalismo, dejan de existir.<br />

Lo que se hace en un determinado punto, se ha decidido con completo conocimiento preventivo de<br />

lo que se está haciendo simultáneamente en todos los demás puntos. (…) sin esto, cada centro<br />

de decisión estaría impedido de ver lo que ocurre en el resto del sistema y, en el mejor de los casos,<br />

tendría que fiarse de una información imperfecta y de su propia intuición. (…) Es por esa razón que<br />

hay tantos aspectos desconocidos y aleatorios en un sistema no planificado, que en consecuencia se ve<br />

sometido a constantes oscilaciones y fluctuaciones (…) dichas fluctuaciones suponen, desde el punto<br />

de vista económico, un despilfarro considerable (Dobb, 1968: 85-87).<br />

2. El alto potencial de las tablas de interdependencias sectoriales<br />

2.1. Construcción y aplicaciones<br />

1. En la segunda mitad de los años treinta del pasado siglo, el economista ruso Wassily Leontief<br />

elabora los primeros modelos de tablas de interdependencias sectoriales, mejor conocidas como tablas<br />

input-output 2 (I/O). Las tablas de Leontief toman en cuenta los flujos productivos existentes entre<br />

los distintos sectores de toda la actividad económica de un país, al tiempo que permiten conocer la<br />

estructura productiva o, mejor, las relaciones entre los elementos que concurren para formar el valor de<br />

la producción vendible de los diversos sectores económicos, midiendo por tanto la interdependencia<br />

sectorial.<br />

Las tablas input-output son el más poderoso instrumento de análisis y representación de la economía<br />

capitalista desarrollado por el pensamiento convencional. Aunque el inventor de tal instrumento se<br />

basó en los esquemas de acumulación ampliada de Marx –contenidos en el tomo II de El Capital–, que<br />

aplicó a una desagregación sectorializada en ramas productivas de la economía norteamericana, sus tablas<br />

son el ápice de una larga tradición teórica que puede hacerse remontar a los fisiócratas y a Quesnay.<br />

2. El primer problema que se plantea Leontief es el de tratar de comprender cuál es la “ley tecnológica<br />

que conecta entre sí los flujos de productos” (Graziani, 1977: 47). Planteada la cuestión, Leontief<br />

desarrolla su modelo de medición, para el cual la cantidad de un factor x (input) adquirida por el<br />

sector A está directamente relacionada, en términos proporcionales, con la cantidad total de output<br />

LA VALIDEZ DE ALGUNOS INSTRUMENTOS ANALÍTICOS DE LA MACROECONOMÍA<br />

359


(producto) producido en el mismo sector (es decir, el A, el adquiriente). La relación que “rige” tal<br />

función se caracteriza, entonces, por coeficientes de producción 3 fijos: a la variación de la cantidad de<br />

output producida por un sector, corresponde una variación equiproporcional en las compras de todos<br />

los factores realizadas en los otros sectores productivos 4 . Si los flujos de bienes que pasan de un sector<br />

a otro son establecidos por exigencias de naturaleza tecnológica, entonces, una vez determinados, quedan<br />

también implícitamente establecidas las proporciones en las que los bienes de los diversos factores<br />

se intercambian entre sí y, por tanto, las relaciones de intercambio entre los productos individuales<br />

(Graziani, 1977: 43).<br />

Como se puede deducir de estas primeras aproximaciones, el sistema que de allí resulta es cerrado.<br />

Dado el circuito existente entre trabajadores y sectores productivos que intercambian prestaciones<br />

laborales y bienes y servicios, el sistema se autoalimenta; sin embargo, el presupuesto es que la productividad<br />

de los trabajadores alcance y mantenga niveles que posibiliten su reproducción. El modelo es<br />

cerrado, entonces, en la medida en que no necesita de factores externos para su reproducción. Resulta<br />

evidente que este modelo cerrado es rigurosamente estático, puesto que lógicamente excluye tanto la<br />

acumulación capitalista como el incremento de la riqueza. Todo el output es generado y “consumido”<br />

(destruido) en el mismo período de referencia.<br />

En el modelo descrito –que da lugar a ecuaciones tecnológicas–, la cantidad requerida por un sector<br />

no está en función del precio 5 del output, sino que es una función lineal de la cantidad producida<br />

por ese mismo sector. Y en lo que respecta al sector trabajo-consumo, la cantidad requerida de bienes<br />

y servicios de consumo está en función de la cantidad de trabajo cumplido. La medida utilizada para<br />

el cálculo es, entonces, la de unidades físicas y no de unidades monetarias. Es por este motivo que<br />

asumen importancia los coeficientes técnicos, que expresan la cantidad de bienes y servicios originados<br />

en un sector A que son necesarios para elaborar una unidad física producida en el sector B. Si la tabla,<br />

en cambio, se construye en unidades monetarias, se obtendrán coeficientes de gasto, que expresan el<br />

número de unidades monetarias correspondientes al bien producido en un sector A que se requieren<br />

para producir una unidad monetaria del bien producido en un sector B.<br />

3. La condición básica para la existencia de un modelo como el apenas esbozado es el equilibrio, ya que<br />

la cantidad de output realizada en un sector debe ser igual a la cantidad absorbida por todos los demás<br />

sectores en conjunto; por tanto, la demanda se muestra igual a la oferta y el producto se revela igual<br />

al consumo.<br />

[Sin embargo, este sistema] no determina la dimensión absoluta de los flujos de riqueza, sino solo las<br />

relaciones cuantitativas que se producen entre los diversos flujos. (…) El sistema puede ser conocido<br />

en su estructura, no en sus dimensiones absolutas: es como si de una figura geométrica supiésemos<br />

que es un cubo o una esfera, sin conocer la medida de los lados o del radio (Graziani, 1977: 51).<br />

En efecto, un sistema como este, al admitir la reproductibilidad del conjunto de los factores, no conoce<br />

límites para las dimensiones absolutas, puesto que permite precisar las proporciones cuantitativas<br />

y tecnológicas que se dan entre los factores, pero los factores mismos son asumidos como ilimitados,<br />

nunca escasos.<br />

Fue para hacer frente a ese problema cognoscitivo del modelo cerrado que se elaboró, posteriormente,<br />

uno abierto. Para “abrir” el sistema se necesita una serie de datos que permitan identificar las<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

360


dimensiones absolutas definidas, sin las cuales se torna imposible la lectura completa del sistema. La<br />

solución que se encontró fue excluir las actividades del consumo, las laborales y las inversiones, convertidas<br />

así en elementos exógenos, ya no dependientes de las magnitudes de los otros factores del sistema.<br />

De esta manera, los únicos bienes que permanecen con vida en la representación son los intermedios<br />

(ya que han sido “expulsados” los consumos, las inversiones, las adquisiciones de la Administración<br />

Pública y las exportaciones).<br />

Las aplicaciones del sistema abierto están esencialmente limitadas a fines de previsión. La característica<br />

del sistema es la de todos los modelos de equilibrio general, lo que permite calcular las repercusiones<br />

que pueden derivarse para todo el sistema de una modificación en cualquiera de sus partes (Graziani,<br />

1977: 60).<br />

Y de hecho, las tablas input-output han sido frecuentemente utilizadas, a los fines de la programación<br />

económica, para conocer las variaciones en las necesidades del consumo. Por ejemplo, dada<br />

y conocida una demanda final preestablecida, se puede usar la tabla para determinar los niveles de<br />

producción, las necesidades de importación y el nivel de retribución de los factores productivos.<br />

4. La utilización de las tablas input-output implica la construcción de un modelo desagregado, ya<br />

que las relaciones funcionales que identifican los vínculos entre los diversos agregados económicos<br />

hacen también referencia a las actividades de ramas o sectores que participan en el proceso productivo<br />

de bienes y servicios (cfr. Alvaro, 1999:703).<br />

Desde el punto de vista práctico, para la construcción de estas tablas se insertan en las filas los datos<br />

relativos a los outputs de cada sector y en las columnas, los referidos a los inputs.<br />

La tabla, por tanto, se construye de manera tal que cada industria es tomada en cuenta dos veces: en<br />

una fila se le evalúa como output (producto) obtenido y en una columna se le mide como input (factor<br />

productivo) necesario. La fila indica la asignación del producto bruto total de un sector A, output que<br />

es utilizado como factor productivo por los otros sectores. La columna, en cambio, señala los factores<br />

productivos (inputs) necesarios para producir aquel output.<br />

Flujos intersectoriales<br />

Agricultura<br />

Agricultura Industrias Servicios Trabajo de las familias Totales brutos<br />

manufactureras<br />

y otros factores<br />

Industrias<br />

manufactureras<br />

Servicios<br />

Consumos finales<br />

de las familias<br />

Totales brutos<br />

LA VALIDEZ DE ALGUNOS INSTRUMENTOS ANALÍTICOS DE LA MACROECONOMÍA<br />

361


En el esquema simplificado de una tabla input-output que utilizan Samuelson y Nordhaus (1987:<br />

781), se toman en consideración solamente tres ámbitos: las columnas están constituidas por los sectores<br />

de la agricultura, de la industria y de los consumos finales de las familias, y las filas, por la agricultura,<br />

por la industria y por el trabajo de las familias y otros factores. Quedan excluidos, pues, los datos y<br />

las relaciones referentes a la Administración Pública (AP), al comercio exterior y a las inversiones, que<br />

Leontief, en cambio, calcula.<br />

A manera de ejemplo, se incluye arriba una tabla concebida sobre el mismo modelo de la utilizada<br />

por Samuelson y Nordhaus, con una columna relativa al sector de los servicios.<br />

Las cifras relativas a las familias, junto con los otros factores productivos provistos por estas, componen<br />

la renta nacional o producto nacional neto (PNN).<br />

Siendo este un esquema simplificado, con exclusión de las inversiones y de las adquisiciones de la<br />

AP, el producto nacional bruto (PNB) = totales brutos (última columna). Si en cambio calculásemos el<br />

PNB con base en los costos de los factores y de los valores agregados (que es otro método para medir<br />

el PNB), indicados por los salarios, entonces PNB = totales brutos, pero en la fila.<br />

2.2. Problemas que plantean para un uso marxista<br />

1. Recapitulando brevemente, podemos resumir ideas para crear una tabla de comparación entre los<br />

indicadores de Leontief y los de tipo marxista: las tablas I/O forman un cuadro-matriz de ofertas<br />

(filas) y demandas (columnas) de todos los sectores entre sí. Cada punto de la matriz de consumos<br />

intermedios expresa el consumo realizado por un sector (vertical) en otro sector (horizontal). La suma<br />

de todos los valores de una columna equivale a la utilización de c en un determinado período. Bajo la<br />

matriz de consumos intermedios se sitúan los valores correspondientes al valor agregado, que se distribuyen,<br />

básicamente, en remuneraciones de los asalariados (v) y excedente bruto empresarial o plusvalía<br />

(W ), y eventualmente se redistribuye parte de este nuevo valor (impuestos indirectos netos, etcétera).<br />

La suma de los consumos intermedios y el valor agregado se denomina “valor bruto de producción”<br />

(o producción vendible, o total), y expresa, con los debidos ajustes, el valor social de la totalidad de la<br />

producción de mercancías en un período.<br />

Valor agregado<br />

Nociones de<br />

las tablas I/O CI + CT RFK = VBP<br />

↓ ↓ ↓ ↓<br />

Categorías<br />

marxistas c + v + W = M<br />

equivalentes<br />

Donde CI = consumo intermedio; CT = costo del<br />

trabajo; RFK = remuneración del factor capital;<br />

VBP = valor bruto de la producción; c = capital<br />

constante; v = capital variable; W = plusvalía; M =<br />

valor de la mercancía.<br />

2. Dicho lo anterior, también en las tablas input-output se encuentran dificultades para la traducción<br />

a categorías marxistas. En esta óptica crítica, la diferenciación entre ramas productoras de medios de<br />

producción, ramas productoras de bienes-salario o bienes de consumo obrero y ramas productoras<br />

de bienes de lujo para el consumo de los capitalistas, es esencial para estudiar la dinámica salarial, el<br />

movimiento general del capital y la evolución de las leyes fundamentales del sistema capitalista. Pero la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

362


estadística convencional no comprende estas diferencias y por eso resulta imposible organizar las tablas<br />

en función de la tipología marxista de ramas de producción 6 . Aun si se toma en cuenta el problema<br />

de la producción conjunta (ramas que producen simultáneamente bienes diversos), la posibilidad de<br />

organizar las estadísticas en sintonía con la clasificación marxista, técnicamente posible, se convierte<br />

en un problema político-ideológico.<br />

3. En términos agregativos, las tablas input-output reflejan la valoración monetaria de la producción<br />

de mercancías:<br />

– El consumo intermedio (CI) corresponde a la noción de capital constante, fijo y circulante,<br />

consumido en un ciclo de producción 7 .<br />

– El valor agregado (VA) expresa el “nuevo valor” generado en el proceso de producción, es decir,<br />

el capital variable (asimilable al costo del trabajo, CT, y a las remuneraciones de los asalariados)<br />

y la plusvalía (equivalente al excedente bruto empresarial o, genéricamente, remuneración del<br />

factor capital, RFK).<br />

4. Por todo esto, la equiparación de las categorías estadísticas con las categorías de la teoría del valortrabajo<br />

requiere un cierto proceso de reformulación de los datos de las tablas.<br />

Por una parte, en su estructura se agrega un conjunto de actividades de “no mercado” como,<br />

por ejemplo, los servicios de educación y de sanidad, que no producen plusvalía, ya que no ofrecen<br />

mercancías, sino bienes sociales producidos en forma colectiva y financiados con los impuestos, o con<br />

parte del valor agregado que se expresa en los salarios y en la remuneración del factor capital. A estas<br />

ramas se les asigna un excedente empresarial cero y como valor agregado se considera la remuneración<br />

de los asalariados, que en rigor no son asalariados capitalistas.<br />

Un segundo conjunto de actividades ha sido objeto de controversias. La materia en discusión es si<br />

se trata de actividades productivas de valor capitalista o meramente rentísticas; por ejemplo, el caso<br />

típico de algunas ramas financieras, inmobiliarias e, incluso, del transporte y la distribución, cuya<br />

actividad algunos estudiosos han considerado como renta, consumidora de valor 8 . Según la posición<br />

que se adopte, habrá que corregir los datos reportados en las tablas para recomponer los indicadores<br />

estadísticos del capital variable y constante y de la plusvalía. Uno de los principales ajustes consiste en<br />

reasignar el valor agregado de las ramas de no mercado a los impuestos sobre el salario y sobre la renta,<br />

como remuneración de capital, para establecer el verdadero nivel de v y de W.<br />

Con los ajustes requeridos, las tablas input-output son una fuente primaria de información sobre<br />

la contabilidad nacional.<br />

LA VALIDEZ DE ALGUNOS INSTRUMENTOS ANALÍTICOS DE LA MACROECONOMÍA<br />

363


— notas —<br />

1 Cockshott y Cottrell (1993) muestran cómo las nuevas tecnologías de la información pueden ayudar a superar muchas de las<br />

limitaciones técnicas de la planificación central del siglo pasado y, con el concurso de las tablas de consumo intersectorial de<br />

tiempos de trabajo y mediante el desarrollo de los algoritmos adecuados, aumentar al máximo los niveles de productividad y<br />

producción. Asimismo, permitiría esto prestar atención a las externalidades positivas y negativas (las ambientales, por ejemplo),<br />

para reducirlas al mínimo junto con los niveles de desperdicio.<br />

2 Sus principales obras a este respecto son Leontief (1953; 1966).<br />

3 El coeficiente de producción indica la cantidad necesaria de un medio de producción para obtener una unidad de output. Para<br />

una eficaz introducción a las tablas input-output, cfr. Romagnoli (2001: 76-87).<br />

4 Con la misma técnica analiza Leontief las variaciones internas en los sectores del consumo y del trabajo.<br />

5 Para una exposición detallada acerca de las diversas metodologías de construcción de una tabla input-output y sobre los problemas<br />

de medición, cfr. Alvaro (1999: 717 ss.).<br />

6 Al final del capítulo IV del tercer tomo de El Capital, Engels apunta la siguiente consideración: “la estadística guarda un silencio<br />

casi total sobre la relación de la porción constante del capital social con su parte variable. El fisco norteamericano es el único<br />

que ofrece lo que es posible saber en las condiciones actuales: la suma de los salarios pagados y de las ganancias realizadas en<br />

cada rama de la industria. Por cuestionables que puedan ser estos datos, dado que se basan en las indicaciones no verificadas<br />

de los propios industriales, resultan sin embargo muy valiosos, y son la única documentación que poseemos en ese sentido.<br />

En Europa tenemos demasiada delicadeza para solicitar de nuestros grandes capitalistas confidencias por el estilo”*.<br />

7 Recordemos que el capital constante C incluye también el consumo circulante (materias primas, energía, etcétera), y no solo la<br />

amortización del capital fijo en un período, sino también el conjunto de las inversiones en medios de producción.<br />

8 Anwar Shaikh y Ahmet Tonak (1994) resumen en su libro las principales posiciones al respecto de autores marxistas. Cfr.<br />

también Aglietta (1976).<br />

* (n.t.) La cita se reproduce aquí a partir de la edición de Editorial Cartago, Buenos Aires, 1973.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

364


Quinta parte<br />

CRÍTICA DE LA ECONOMÍA APLICADA AL SISTEMA MUNDO.<br />

LA ECONOMÍA ABIERTA: EL COMERCIO<br />

INTERNACIONAL Y EL IMPERIALISMO


Capítulo I<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS<br />

A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

1. Ciclos largos e internacionalización de los mercados<br />

1. En las disciplinas de naturaleza económica existe la tradición, ya consolidada en el tiempo, de<br />

darle un trato específico a las relaciones económicas internacionales, incluyendo en estas tanto los<br />

intercambios de bienes y servicios entre diversos países como las operaciones de carácter financiero.<br />

El conjunto de tales teorías, que usualmente se conoce con el nombre de economía internacional,<br />

asume obviamente una mayor importancia en la fase de la llamada globalización financiera y utiliza, al<br />

mismo tiempo, los instrumentos de la microeconomía y los de la macroeconomía. En este, como en<br />

otros casos, el aporte disciplinario distingue una parte teórica y otra descriptiva, aun si, como es usual,<br />

tal distinción es de carácter principalmente pedagógico.<br />

Desde nuestra perspectiva, interesa analizar los desequilibrios y las desigualdades provocadas por<br />

un desarrollo capitalista desigual y por el surgimiento de nuevos acuerdos internacionales, nuevas<br />

comunidades estatales, nuevas áreas de intercambio y nuevas áreas de divisas en el marco de la actual<br />

polarización capitalista, que se conecta con la también actual división internacional del trabajo y con


la especialización productiva a ella vinculada. También en este caso, la nuestra quiere ser una crítica<br />

de la economía que ponga en evidencia, de manera científica, los rasgos de la presente fase de mundialización<br />

capitalista, entendida como competencia global, es decir, como dimensión de la fase actual<br />

del imperialismo. Y esto porque seguimos convencidos de que una de las características específicas del<br />

capitalismo es la forma que adopta el imperialismo.<br />

Este tipo de relaciones de dominación existe desde hace mucho tiempo, pero el imperialismo<br />

asume, bajo el capitalismo, una forma esencialmente económica. En los últimos años, y sobre todo<br />

como resultado de las políticas internacionales de la administración neocons de Bush hijo, muchos<br />

intelectuales orgánicos del stablishment estadounidense (e inglés) respaldan el retorno a las políticas<br />

imperialistas, como una necesidad frente al caos mundial producido por Estados enemigos demasiado<br />

fuertes –piénsese en los afamados rogue States o Estados forajidos, sobre los cuales cfr. Chomsky (2001)<br />

y Blum (2005)– o por Estados demasiado débiles (Cooper, 1996; 2004). En definitiva, la política<br />

imperialista no sería ya una “desviación peligrosa” con respecto a las relaciones internacionales pacíficas<br />

y multilaterales, sino un valor agregado de la potencia Estados Unidos.<br />

Tales formulaciones –publicadas en revistas internacionales de geopolítica–, que mal que bien tienen<br />

el mérito de poner al desnudo las estrategias y las prácticas político-militares planificadas durante<br />

la última década por la Casa Blanca, tienen también sus límites: dan una visión parcial e interesada del<br />

imperialismo. Este es reducido al mero aspecto militar, con el cual los Estados Unidos y su Coalition<br />

of the Willings* tratan de resolver problemas de inestabilidad y criminalidad internacional (sean reales<br />

o potenciales). En definitiva, ese imperialismo (militar) sería la respuesta de un mundo occidental que<br />

se ve constreñido por el terrorismo internacional a salvar al planeta frente al Mal (los argumentos religiosos<br />

utilizados por Bush terminan siendo un desperdicio). Un enfoque como este es evidentemente<br />

reduccionista, cuando menos con respecto al marxista y radical. Este último, al concebir el imperialismo<br />

como una “fase” del capitalismo, elabora un concepto mucho más complejo, detallado en facetas<br />

y completo, que se origina en un estudio profundo de la estructura económica y de los procesos de<br />

centralización y valoración del capital 1 .<br />

2. Antes del capitalismo, el sometimiento político y económico al imperio era un mecanismo de apropiación<br />

de riqueza por parte del poder imperial, pero esto no ocurría sistemáticamente ni modificaba,<br />

en general, las estructuras sociales básicas de la sociedad sometida.<br />

Bajo el capitalismo, por el contrario, las relaciones imperiales condicionan la forma y el contenido<br />

de la producción material en los territorios sometidos, cuyas estructuras socioeconómicas se adaptan<br />

a las necesidades de consumo de riquezas y de valorización del capital de la potencia imperial. Esto<br />

ocurre independientemente de que el imperialismo sea de carácter colonialista, como en la época de la<br />

dominación franco-británica en África y Asia durante el siglo xix, o que tenga un contenido poscolonial,<br />

con independencia política formal de los territorios sojuzgados, como en el período del dominio<br />

imperial de los Estados Unidos de América.<br />

La necesidad del imperialismo económico para el correcto funcionamiento del capitalismo fue<br />

analizada inicialmente por el economista laborista británico J.A. Hobson (1902). Pero fueron autores<br />

* (n.t.) Coalición de los voluntarios o de los voluntariosos. El término, surgido en los años noventa, alude a las fuerzas militares<br />

de intervención que actúan sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

368


marxistas quienes elaboraron, a comienzos del siglo xx, una auténtica teoría del imperialismo: Karl<br />

Kaustky (1898), Rudolf Hilferding (1910), Rosa Luxemburg (1913) y Nikolái Bujarin (1915).<br />

Lenin (1917) sintetiza todos esos aportes en el texto de divulgación más conocido, El imperialismo,<br />

fase superior del imperialismo, en el que plantea todas las consecuencias políticas del análisis de la<br />

dimensión imperial del proceso de acumulación capitalista 2 .<br />

El fundamento del imperialismo capitalista consiste en la apropiación del valor agregado de los<br />

trabajadores de los países dominados por la potencia respectiva.<br />

No es nuestra intención desarrollar aquí los contenidos de la teoría económica del imperialismo, la<br />

cual, a pesar de los intentos de algunos autores que han pretendido asignarle padres adoptivos 3 , continúa<br />

siendo hija natural del marxismo. Lo que queremos resaltar es la posibilidad de utilizar el análisis<br />

y los indicadores básicos de la economía neoliberal para examinar algunos aspectos de la economía del<br />

imperialismo.<br />

3. Nos parece importante reflexionar acerca de la estrecha relación existente entre la dinámica de<br />

los ciclos largos de reproducción capitalista y el desenvolvimiento de la internacionalización del<br />

capital, para hacer también algunas consideraciones sobre el escenario internacional actual y sus<br />

tendencias.<br />

A medida que el régimen de producción interna se desarrolla, por necesidad interna y por su apetito<br />

de mercados cada vez más extensos, la expansión del comercio exterior no deja de transformarse.<br />

Los procesos de exportación de mercancías, unidos al dominio colonial del centro capitalista sobre<br />

la periferia, se erigen como características fundamentales de la internacionalización del capital en las<br />

condiciones del capitalismo premonopolista. En la dinámica a largo plazo del desarrollo capitalista, la<br />

primera onda larga expansiva en conocerse –que se prolongó, aproximadamente, de 1790 a 1823, y<br />

fue un fenómeno de naturaleza esencialmente británica– sirvió de escenario para la consolidación del<br />

sistema de dominación centro-periferia bajo la hegemonía inglesa.<br />

La segunda onda expansiva, que cubre aproximadamente los años que van de 1850 a 1873 y se<br />

acompaña con la instauración del modo tecnológico de producción mecanizada, propició un profundo<br />

avance en el desarrollo del transporte ferroviario y marítimo, así como en las comunicaciones, y<br />

permitió que nuevos países se unieran rápidamente al proceso de industrialización al apoyarse en el<br />

comercio exterior. De esta manera se amplió la influencia de la dominación periférica de los centros<br />

imperialistas; fundamentalmente Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania.<br />

La onda expansiva del tercer ciclo largo capitalista, que va aproximadamente de 1894 a 1914, para<br />

interrumpirse con la Primera Guerra Mundial y reactivarse de 1920 a 1929, marca un hito importante<br />

en la transformación cualitativa del proceso de internacionalización del capital, al irrumpir en la esfera<br />

de la producción. La exportación de capitales se suma a la de mercancías como uno de los rasgos<br />

esenciales en la internacionalización del dominio del capital, ahora transformado de simple capital<br />

industrial en capital monopolista financiero. Esta exportación de capitales, patrocinada por los monopolios<br />

internacionales, marca una nueva fase y una nueva determinación en la división internacional<br />

capitalista del trabajo entre países ricos y pobres.<br />

El proceso se completa con una doble repartición del mundo: en lo económico, por parte de los<br />

grandes conglomerados monopólicos; y en términos territoriales, entre las grandes potencias, con todo<br />

lo cual se perfila la existencia de un monopolio colonial que se va ampliando gradualmente desde<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

369


fines del siglo xix hasta comienzos del xx. En esta fase se disputan la hegemonía mundial Inglaterra,<br />

Alemania y Estados Unidos, pero sobre todo estas dos últimas naciones, ya que a partir de 1873 la<br />

Gran Bretaña no consigue mantener su nivel de desarrollo anterior, al perder su papel dominante en<br />

las innovaciones básicas y experimentar, simultáneamente, una disminución de las tasas de crecimiento<br />

de su producción industrial.<br />

Durante esta fase histórica, la característica fundamental de la división internacional capitalista del<br />

trabajo radica en la consolidación del proceso mecanizado de producción tecnológica, que se cumple<br />

en el llamado centro del capitalismo. En la periferia, en cambio, se consolidan, en un importante<br />

conjunto de países, fenómenos peculiares de economías de desarrollo regresivo: monoproducción,<br />

monoexportación, monomercado, desarrollo industrial y tecnológico escaso y unilateral: fenómenos<br />

que, a través del intercambio desigual y demás consecuencias de la internacionalización, transforman<br />

la economía en un contexto de mundo polarizado bajo el influjo del dominio del capital.<br />

La onda de impacto prolongado del cuarto ciclo largo de vida del capital, que se inicia alrededor de<br />

1945 y llega a 1973, tiene por escenario principal el nuevo modelo de acumulación de Estados Unidos,<br />

si bien Japón y algunos países europeos (especialmente Alemania) ganan también terreno. Al final de<br />

este período se confirma la presencia de tres centros imperialistas. Caracterizado tecnológicamente por<br />

la transición del modo de producción mecanizado al automatizado, pero todavía con gran incidencia<br />

del primero, este ciclo permite el definitivo crecimiento económico intensivo del centro capitalista y<br />

propicia el despliegue de un proceso de internacionalización del ciclo del capital productivo, guiado<br />

por las empresas transnacionales. Este proceso se distingue no solo por la proliferación cuantitativa<br />

de empresas multinacionales, sino fundamentalmente por el hecho de que estas empresas expresan<br />

una profunda interrelación entre capitales nacionales y transnacionales. Esto obliga, por primera vez,<br />

a concebir la reproducción capitalista como un proceso internacional. Por todo ello, esa etapa de<br />

desarrollo de la internacionalización es conocida con el nombre de “transnacionalización”.<br />

Durante esta fase, el modelo de acumulación se basa en los preceptos de las recetas keynesianas, y<br />

en ella se entretejen nuevas dimensiones y relaciones cualitativas en la división internacional capitalista<br />

del trabajo.<br />

4. La crisis estructural que desencadena la fase depresiva prolongada, que comienza aproximadamente<br />

en 1973-1974, condiciona un proceso gradual de redimensionamiento económico que abarca aspectos<br />

tanto de la reestructuración de las relaciones productivas como de las relaciones socioeconómicas en su<br />

conjunto, fenómeno que adquirirá al mismo tiempo carácter internacional.<br />

Ese proceso, que ha venido concretándose en las últimas décadas, ha sido también el escenario<br />

–como se ha dicho– de la transición del modo tecnológico de producción mecanizada al automatizado y,<br />

al mismo tiempo, de la plena manifestación de una nueva etapa en la internacionalización del capital<br />

y en la división internacional capitalista del trabajo.<br />

El reconocimiento de la existencia objetiva de ondas o ciclos largos y alternos de desarrollo acelerado<br />

o desacelerado, como característica normal y regular en la vida del sistema capitalista, nos prepara,<br />

desde el punto de vista del conocimiento científico, para comprender la insostenibilidad de todo<br />

discurso triunfalista –globalizador-externalizador– sobre el capitalismo, al tiempo que nos permite<br />

reconocer que vivimos un proceso doblemente importante en su existencia; esto es, que la plenitud<br />

del desarrollo de la fase imperialista, configurada actualmente en la competencia global, representa al<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

370


mismo tiempo la formación de la base material para su necesaria sustitución por un régimen económico<br />

más evolucionado.<br />

Junto con estos procesos se manifiesta un nuevo estadio del sistema de contradicciones del capitalismo,<br />

y de manera especial de las contradicciones entre riqueza y pobreza, desarrollo tecnológico y<br />

desocupación, o desarrollo tecnológico y ecosistema –que se expresan mejor en términos de conflicto:<br />

capital-trabajo, capital-ambiente, capital-derechos–, pero también, al mismo tiempo, en la valoración<br />

del capital o de la universalización de las relaciones sociales de producción capitalistas.<br />

5. Sobre la base de lo antes dicho, resulta interesante ahora evaluar la situación de las grandes potencias<br />

económicas para analizar de qué manera, y sobre todo en sujeción a cuáles directrices, ha respondido<br />

cada país al proceso de internacionalización de los mercados y a las dinámicas de la competencia global.<br />

Es preciso, ante todo, dejar en claro que el fenómeno de la internacionalización se produce a través<br />

del comercio internacional y de la inversión productiva directa en el exterior, con lo cual una determinada<br />

empresa asume las características de multinacional, al crear o adquirir filiales de producción en<br />

diversos países 4 . Las inversiones directas en el exterior (IDE) son realizadas, en la práctica, por empresas<br />

que quieren asentarse en otros países mediante la creación de un nuevo establecimiento productivo,<br />

o a través de la compra de cuotas de participación en sociedades o compañías ya existentes 5 .<br />

No es casual que nuestra atención se dirija específicamente al comercio internacional y a la dinámica<br />

de las inversiones exteriores, sean estas de portafolio (y por tanto más ligadas al carácter financieroespeculativo)<br />

o propiamente inversiones directas orientadas al control accionario (y en consecuencia<br />

de naturaleza más productiva). El análisis posterior apunta precisamente a estas dimensiones de la<br />

economía internacional, por cuanto son ellas, más que ninguna otra cosa, las que configuran hoy el<br />

imperialismo en su dimensión económica.<br />

2. El papel del comercio internacional<br />

1. No se pretende entrar de seguidas en cuestiones específicas de teoría pura del comercio internacional,<br />

entre otras razones, porque nos interesa poco el choque entre la visión neoclásica y las tentativas de<br />

retorno a los clásicos. En nuestro enfoque de crítica de la economía, el problema de fondo no es tanto<br />

el de reconstrucción de la teoría pura del comercio internacional, como el de precisar la manera en que<br />

esta funge de soporte fundamental para la actual dimensión y configuración de las relaciones internacionales<br />

entre los diferentes países, con miras a delinear la presente fase del imperialismo económico.<br />

Como se hizo en las partes precedentes con el fin de entender mejor la configuración y el modus<br />

operandi de los diversos polos geoeconómicos, también en este caso, más que la teoría, será la relación<br />

descriptivo-aplicativa la que nos ayude a identificar aquellos fenómenos relativos al intercambio internacional<br />

que efectivamente se verifican en la realidad, así como el contexto institucional en que se<br />

producen; en este capítulo, nos refiere eso al comercio internacional o a las dinámicas de las inversiones<br />

exteriores condicionadas por acuerdos internacionales y organismos supranacionales. Esto permitirá<br />

identificar nada menos que la actual dimensión del imperialismo en la competencia entre áreas y polos,<br />

en un contexto de globalización neoliberal que sería erróneo considerar de rasgos exclusivamente<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

371


financieros, aun cuando la iniciativa financiera ha asumido en los últimos veinticinco años un peso<br />

extremadamente importante.<br />

En efecto, las condiciones en que se produce la ampliación de la competencia a escala internacional<br />

son claramente visibles y materiales, y se definen históricamente en la afirmación y difusión de las<br />

tecnologías informáticas y telemáticas, así como en la disminución global del costo de los transportes,<br />

que permite el fácil desplazamiento de las mercancías y determina la conveniencia absoluta de la<br />

deslocalización de las producciones hacia contextos socioambientales más favorables al capital (AA VV,<br />

2003: 11).<br />

2. No es solamente a través de los movimientos de cuenta financiera que pueden identificarse los flujos<br />

vinculados a relaciones imperialistas. El comercio internacional se transformó, durante el siglo xix, en<br />

el sistema privilegiado por Gran Bretaña para imponer a todas sus colonias los mecanismos de apropiación<br />

internacional del valor, al extremo de destruir la capacidad productiva industrial de aquellas<br />

para favorecer las exportaciones manufactureras inglesas e imponer, así, una división internacional del<br />

trabajo en beneficio de la acumulación de capital de las empresas británicas 6 .<br />

Durante la transición del capitalismo competitivo al monopolista, desde 1876 hasta la Primera<br />

Guerra Mundial, la producción industrial mundial se cuadruplica y los intercambios internacionales<br />

se triplican, mientras que la población aumenta en poco más de 25% (véase el cuadro que sigue).<br />

En este período, el incremento del comercio internacional se produce de manera paralela entre el<br />

centro industrializado, que intercambia productos manufacturados, y las colonias y países dominados,<br />

exportadores de materias primas.<br />

En el período que corre entre las dos guerras mundiales se suceden una serie de eventos que golpean<br />

negativamente el comercio internacional: crisis monetarias, inflación galopante, devaluaciones, alteraciones<br />

del sistema monetario internacional, crisis de 1929, depresión de los años treinta, aumento del<br />

proteccionismo y bloqueo del comercio internacional. Sin embargo, crece el peso del comercio de la<br />

periferia hacia el centro, si bien a tasas más reducidas que en el período previo a la Gran Guerra, como<br />

consecuencia del necesario aprovisionamiento de la industria de los países desarrollados.<br />

Evolución del comercio internacional en relación con la evolución<br />

de la producción industrial y de la población (1875-1938)<br />

1876 1913 1929 1938<br />

Producción industrial 25 100 139 185<br />

Intercambio de materias primas y de productos alimentarios 31 100 113 117<br />

Intercambio de productos manufactureros 32 100 104 92<br />

Población 79 100 110 119<br />

Fuente: Bairoch (1999).<br />

Después de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo colonialista es sustituido por nuevas relaciones<br />

políticas y económicas que permiten a las antiguas colonias acceder a la independencia formal,<br />

al mismo tiempo que se establecen nuevos vínculos de dependencia y dominación determinados por<br />

la nueva potencia dominante: los Estados Unidos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

372


En el nuevo imperialismo poscolonial, la ideología del libre comercio desempeña un papel central<br />

en el reforzamiento de una división internacional del trabajo de raíz imperialista. Simultáneamente,<br />

la existencia de procesos revolucionarios anticapitalistas, que sustraen de la dinámica de acumulación<br />

capitalista una parte sustancial del territorio mundial, hace que la ideología económica invente en los<br />

años cincuenta un nuevo discurso, el del llamado desarrollismo, como vía subrepticia para el crecimiento<br />

y el mejoramiento del bienestar en los países de la periferia.<br />

El fracaso de las estrategias de desarrollo capitalista en la periferia se manifestó con la crisis que<br />

devastó América Latina y África en la década de los ochenta. Paralelamente, en el contexto de la confrontación<br />

entre capitalismo y socialismo –Guerra Fría–, se había desarrollado en el sudeste asiático un<br />

polo regional industrializado que abarcaba países como Taiwán, Corea del Sur y Singapur, basado en<br />

la ayuda norteamericana y las inversiones japonesas, así como en el impulso de un proceso acelerado<br />

de acumulación bajo la forma de un capitalismo de Estado proteccionista y distribuidor de recursos.<br />

3. Las estadísticas de la Unctad 7 permiten conocer la evolución estructural del comercio mundial, por<br />

regiones y grupos de países, para ese entonces. La participación es muy desigual: los países centrales<br />

concentran el 60%-70% del comercio mundial; los de la periferia, alrededor de 25%-30%; y los<br />

socialistas, 10%. Cerca del 70% del comercio de los países desarrollados se realiza entre ellos mismos,<br />

mientras que los intercambios con la periferia representan 25%, y con los países socialistas, 5%. En<br />

las décadas que van de 1960 a 1980, si bien el valor del comercio internacional se multiplicó por<br />

diez, su volumen aumentó solo tres veces, reflejo de un crecimiento sustancial del precio de los bienes<br />

exportables, derivado en su mayor parte de los países desarrollados.<br />

A partir de 1980 asistimos a una reestructuración de la división internacional del trabajo, en la<br />

cual no existe ya una marcada especialización por sectores productivos. Desde entonces, en efecto, los<br />

productos manufacturados representan un porcentaje creciente en todos los países periféricos, tanto en<br />

los menos desarrollados como en los de desarrollo relativo más elevado.<br />

Entre 1980 y 2002, el volumen del comercio mundial vuelve a multiplicarse por tres, como había ocurrido<br />

en el lapso similar anterior y su valor se multiplica por 3,1. Dicho de otra manera, el valor unitario<br />

del comercio mundial no crece. La razón apunta al cambio que se produce en la división internacional del<br />

trabajo en la era de la llamada “globalización”, que toma impulso con la década de los ochenta.<br />

En la nueva división internacional del trabajo, el espacio es ocupado por empresas multinacionales<br />

que pueden dividir el proceso de producción y deslocalizarlo, gracias a las nuevas tecnologías que posibilitan<br />

su fragmentación, para aprovechar las diferencias de costo de la fuerza de trabajo. Se crea así un<br />

nuevo y verdadero proletariado a escala mundial, en fuerte competencia internacional e intersectorial 8 .<br />

El marcado incremento de las exportaciones industriales de los países de la periferia obedece a su<br />

inserción en la “fábrica mundial” diseñada por las multinacionales, en la cual la instalación localizada<br />

en países pobres es la más “harapienta”, la que utiliza más laboratorios, pero al mismo tiempo la que<br />

produce menos valor agregado, con salarios más reducidos y tasas de explotación más elevadas.<br />

Como lo evidencian los datos relativos al valor unitario de las exportaciones, son obviamente los<br />

países periféricos los que han visto disminuir en los últimos años el valor agregado unitario, incluso<br />

el de los principales exportadores de manufacturas. Por el contrario, los países desarrollados, a pesar<br />

de los precios de dumping 9 que aplican a sus exportaciones agrícolas, han mejorado el valor unitario de<br />

sus exportaciones con respecto a las de 1980.<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

373


Estos cambios en la división internacional del trabajo y en las ventajas que del comercio obtienen<br />

algunos países, nos llevan a interrogarnos acerca de los fundamentos de la teoría del comercio internacional,<br />

que sigue siendo esencialmente la misma que enunció David Ricardo en 1816, en el capítulo<br />

VII de sus Principios de economía política y tributación. La crítica de esta teoría nos permitirá establecer<br />

los principios de la actuación imperialista en materia de comercio internacional.<br />

3. La teoría clásica del comercio internacional<br />

1. La escasa movilidad de los factores productivos, de los conocimientos, de las tecnologías y de los<br />

recursos naturales y su distribución desigual entre los diversos países, determina que la producción de<br />

bienes tenga costos diferentes para unos y otros. Para algunos países, entonces, resulta más conveniente<br />

la producción de ciertos bienes, mientras para otros países es más fácil otro tipo de producción, lo que<br />

lleva a determinar la llamada especialización productiva, de la que se deriva la necesidad del intercambio<br />

internacional.<br />

Recordemos que los economistas clásicos parten del presupuesto de que el valor de una mercancía<br />

está determinado por el trabajo que contiene; por eso la medida del costo resulta del tiempo de trabajo<br />

necesario para producirla, lo que puede variar de un país a otro.<br />

La teoría clásica del comercio internacional es usualmente atribuida a Ricardo, quien la formuló<br />

en sus Principios…, aun cuando en los escritos de Torrens están presentes algunas consideraciones que<br />

anticipan la formulación ricardiana 10 . Ricardo puso en evidencia un aspecto muy importante, como lo<br />

es el hecho de que el intercambio internacional no se produce en razón de la diferencia entre costos absolutos<br />

sino entre costos relativos, vale decir, “costos comparados”. En consecuencia, la razón está constituida<br />

por la relación que se establece entre los precios de dos bienes en el intercambio internacional.<br />

Según la teoría ricardiana, llamada de “costos comparados”, en el comercio internacional la ventaja<br />

está centrada en la variable tecnológica: a fin de que se pueda cumplir el intercambio internacional,<br />

debe existir una diferencia de “costos comparados”, que pone de manifiesto diferencias de técnica<br />

productiva. Esto redundará en ventajas para todos los países participantes en el intercambio.<br />

En consecuencia, toda vez que exista una diferencia entre los “costos comparados” de dos países,<br />

habrá beneficios para ambos, siempre que la razón de intercambio internacional entre las dos mercancías<br />

esté comprendida en tales costos.<br />

La teoría del comercio internacional actualmente vigente sigue siendo la misma que elaboró Ricardo<br />

hace casi 200 años 11 . El principio fundamental de esta teoría es una construcción arbitraria, que<br />

establece que la división internacional del trabajo en función de las ventajas relativas de los costos de<br />

producción (“costos comparados”) permite maximizar la producción mundial agregada y, por tanto,<br />

los ingresos de todos y cada uno de los países participantes en dicha división. En otras palabras, si<br />

cada país se especializa en producir los bienes en los cuales su diferencia de costos de producción es<br />

máxima con respecto a la de los demás países y si se especializa, por ende, en producir la mercancía<br />

relativamente más económica, obtiene una ventaja general en el comercio internacional.<br />

Esta teoría se basa en la aplicación, al comercio internacional, de algunas reglas de funcionamiento<br />

que no se cumplen en una economía nacional, en la cual la especialización o división del trabajo se<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

374


establece sobre el principio de la ventaja absoluta y no relativa. Si una región tiene costos inferiores en<br />

todos los productos, allí se concentrará toda la producción nacional.<br />

Son procesos de este tipo los que explican la existencia de importantes y crecientes diferencias<br />

espaciales dentro de los países, en términos de desarrollo, de ganancias y de especialización productiva.<br />

La teoría ricardiana, por tanto, debe ser vinculada a una hipótesis de plena movilidad de los factores<br />

productivos en el interior de un determinado país, y de total inmovilidad de tales factores entre un<br />

país y otro.<br />

2. La teoría de los “costos comparados” parte, pues, del presupuesto de que los distintos países poseen,<br />

en medida diferente, recursos productivos naturales y recursos productivos debidos a la acción del<br />

hombre. Esa diversa disponibilidad de recursos productivos presupone además que, en los países entre<br />

los cuales se realiza el intercambio, haya en las diferentes ramas de producción una productividad que<br />

permita una variada relación recíproca.<br />

Se deduce que, a fin de que se establezcan las condiciones para un ventajoso intercambio internacional<br />

por parte de todos los participantes, se debe determinar la condición según la cual un país<br />

resulta “superior” a otro en la producción de un determinado bien X (es decir, logra un menor costo<br />

unitario) e “inferior” (mayor costo unitario) en la producción de un determinado bien Y.<br />

Menos obvio, en cambio, es que pueda haber intercambio internacional incluso si uno de los<br />

dos países es superior al otro en la producción de ambas mercancías. El gran aporte de la teoría<br />

ricardiana fue, precisamente, mostrar las condiciones bajo las cuales también en ese caso es posible y<br />

conveniente (para ambos países) el intercambio internacional. Así, pues, la condición necesaria para<br />

el intercambio internacional es que en todo caso haya una diferencia en los costos comparados. El costo<br />

comparado puede ser definido de dos maneras: como la relación entre los costos (unitarios) absolutos de<br />

las dos mercancías en un mismo país, o como la relación entre los costos (unitarios) absolutos de la misma<br />

mercancía en los dos países (…). La proposición básica de la teoría en cuestión es que la condición<br />

para que haya intercambio internacional es la existencia de una diferencia entre los costos comparados.<br />

Esta, por otra parte, es solamente la condición necesaria; la condición suficiente es que la razón de<br />

intercambio internacional esté comprendida entre los costos comparados, sin ser igual a ninguno de<br />

los dos. Satisfechas ambas condiciones, para cada país será conveniente especializarse en la producción<br />

del bien para el que tiene una ventaja relativamente mayor (o una desventaja relativamente menor)<br />

(Gandolfo, 1986: 8-9).<br />

En la teoría de los “costos comparados”, un país puede tener condiciones más ventajosas que otros<br />

también para la producción de una serie de mercancías, condiciones que se distribuyen de manera<br />

desigual entre sus diversos sectores productivos. Esto hace que la “superioridad” del país en cuestión<br />

no sea la misma para todos los productos.<br />

Si el intercambio se realiza cuando un país lleva ventaja en la producción de ambas mercancías,<br />

pero mayor en una que en la otra, se incurre en la llamada “paradoja ricardiana”, según la cual puede<br />

resultar conveniente importar una mercancía que se produce internamente a un costo mejor, con la<br />

finalidad de reservar los recursos internos para producciones en las que sea evidente la “superioridad<br />

productiva”.<br />

Es obvio que las ventajas del comercio internacional se reparten de manera diferente entre los países<br />

participantes; entre otras cosas porque, si varios países ofrecen las mismas mercancías en el mercado<br />

internacional, esa competencia hará bajar los precios respectivos, mientras que se mantendrán altos los<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

375


de aquellas mercancías ofrecidas por pocos países o, en caso extremo, por uno solo. Muchos autores<br />

señalan, acertadamente, que para considerar conveniente un intercambio hay que tomar también en<br />

cuenta los costos de transporte, aseguración, etcétera, de las mercancías que se trasladan de un país<br />

a otro. Pero también en esta hipótesis permanece inalterada la estructura de la teoría de los “costos<br />

comparados”.<br />

4. La visión neoclásica del comercio internacional:<br />

el teorema de Heckscher-Ohlin (-Samuelson)<br />

1. Si en la teoría clásica (Ricardo) el comercio internacional basa su existencia en las diferencias sectoriales<br />

que se dan de un país a otro en las estructuras de productividad del trabajo, en la teoría neoclásica<br />

esa idea se modifica para atribuir tal existencia a las diferencias que, entre los países, se presentan en las<br />

proporciones de los factores de producción 12 .<br />

A partir de las bases asentadas por la teoría ricardiana, los estudiosos escandinavos Eli Filip Heckscher<br />

y Bertil Ohlin pusieron de relieve que en algunos países hay más abundancia del factor trabajo<br />

que del factor capital, mientras en otros sucede lo contrario. Cada país, entonces, se especializará<br />

en la producción de mercancías en las que utilice el factor productivo más abundante, que serán las<br />

que exporte. Por tanto, el teorema Heckscher-Ohlin (HO) establece que un país exporta los bienes<br />

producidos con cantidades relativamente grandes del factor relativamente abundante en su territorio.<br />

Este teorema parte de una acepción particular del concepto de “factores de producción”, que permite<br />

establecer su abundancia e intensidad relativas.<br />

Según esa perspectiva, hay un precio del capital y un precio del trabajo, que serían homogéneos y<br />

comparables entre países. Una imagen poco compatible con la visión de Ricardo, para quien el intercambio<br />

no se puede determinar mediante la comparación del valor del dinero en productos agrícolas,<br />

tejidos u otras mercancías, sino a través de la estimación del valor de la moneda de un país, comparado<br />

con la moneda de otro. Esto es así porque las diferencias de productividad determinan estructuras de<br />

precios diferentes. Si dos países tuvieran la misma estructura de productividad, desaparecería para ellos<br />

todo interés en el comercio mutuo. Pero ocurre que solamente con estructuras de productividad iguales<br />

resultan comparables los precios relativos de los factores y es posible definir la “abundancia” relativa,<br />

ya que solo en ese caso existe una abundancia absoluta de magnitud homogénea y parangonable.<br />

Las hipótesis simplificadoras adoptadas para llegar a tal resultado son, además de las usuales (ausencia<br />

de costos de transportación, libre comercio, competencia perfecta, inmovilidad internacional de los<br />

factores productivos), las siguientes:<br />

1. Las funciones de producción tienen productividades marginales siempre positivas y decrecientes,<br />

y son homogéneas de primer grado (rendimientos de escala constantes). Además, son idénticas en<br />

ambos países, aun siendo diferentes para los dos bienes; en otras palabras, la función de producción<br />

para el bien A es la misma en el país 1 y en el país 2, y es diferente a la función de producción para<br />

el bien B, que a su vez es idéntica en los dos países.<br />

2. La estructura de la demanda (es decir, las proporciones en que dos bienes son consumidos, para<br />

toda relación dada entre los precios) es idéntica en los dos países e independiente del nivel de renta.<br />

3. Queda excluida la inversión de las intensidades factoriales de los dos productos (Gandolfo,<br />

1986: 96-97).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

376


2. Paul Samuelson desarrolló posteriormente el teorema HO (que denominaremos por eso HOS,<br />

siempre por las iniciales de estos economistas) sobre la igualdad de los precios de los factores, al establecer<br />

que “el libre comercio en el mercado de bienes conduce al hecho de que el pago o remuneración<br />

de un mismo factor de producción sea igual en los dos países, en términos tanto absolutos como<br />

relativos”. Muchos estudios de economía aplicada, sin embargo, han confundido frecuentemente esta<br />

teoría. El caso más evidente es el representado por la llamada paradoja de Leontief, así denominada por<br />

el economista ruso-norteamericano que demostró que Estados Unidos, por ejemplo, exporta también<br />

mercancías producidas mediante un uso intensivo del trabajo, aun tratándose de trabajo altamente<br />

especializado. Leontief desarrolló este análisis a partir de un modelo de tablas intersectoriales inputoutput<br />

elaborado por él mismo, con datos de la economía estadounidense en 1947. Se habló de<br />

paradoja precisamente por ser notorio que Estados Unidos era el país con mayor dotación de capital,<br />

en comparación con aquellos con los que mantenía relaciones económicas y, sin embargo, exportaba<br />

principalmente productos con alta intensidad de trabajo e importaba mayormente productos con alta<br />

intensidad de capital.<br />

Estudios posteriores, como por ejemplo los de Stern y Maskus (1981), no pudieron confirmar la<br />

existencia de la paradoja de Leontief al utilizar la matriz intersectorial de 1972, si bien es justo señalar<br />

que estos dos estudiosos tomaron en cuenta el llamado capital humano, no considerado por Leontief.<br />

En líneas generales, se puede sostener que el teorema de Heckscher-Ohlin, perfeccionado por<br />

Samuelson, debe ser verificado caso por caso, contextualizándolo y refiriéndolo no tanto a un país en<br />

particular, sino sobre todo a las variables temporales, espaciales y sectoriales, cuidadosamente revisadas<br />

una por una 13 .<br />

3. En lo esencial, el modelo HOS establece el caso de dos países que producen solamente dos mercancías<br />

(caso clásico). Estas mercancías son bienes de consumo. No se utilizan medios de producción de<br />

hechura humana (bienes de capital); la producción se lleva a cabo directamente, por trabajo homogéneo,<br />

directo y terreno, de calidad también homogénea, con ocupación plena de la dotación de tierra y<br />

trabajo. No se producen ni se intercambian bienes de capital.<br />

El “truco” de la teoría ricardiana, y por extensión de la teoría neoclásica, a partir del teorema de<br />

Heckscher-Ohlin-Samuelson 14 (HOS), consiste en postular que la existencia de diferentes unidades<br />

monetarias, en los países que participan en la división internacional del trabajo, se traduce, por vía de las<br />

modificaciones de las tasas de cambio, en movimientos de los precios relativos, lo que favorece una disminución<br />

de los costos monetarios de los productos de especialización y un aumento de los costos de los<br />

productos que no tienen ventajas relativas y, a su vez, estimula la tendencia al “monopolio” de producción<br />

y a su repartición entre todos los participantes, en función de la respectiva especialización productiva.<br />

Los movimientos de precios equilibran los costos relativos y favorecen la especialización<br />

internacional.<br />

En realidad, los movimientos de dinero y de los precios de cada uno de los países con unidades<br />

monetarias diferentes, se mueven en el mismo sentido que el dinero y los precios en las regiones de un<br />

país que tiene una misma moneda. La salida de dinero desde la región con costos de producción superior<br />

hacia la región con costos inferiores no se traduce necesariamente en un aumento de la circulación<br />

de dinero en esta última, ni en un consecuente aumento de los precios nominales (aumento nominal<br />

de costos), simplemente porque el exceso de dinero obtenido por las ventas en la región sin ventajas se<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

377


loquea, se encaja, se dedica al consumo de bienes de lujo y servicios no exportables, o sencillamente<br />

se usa para adquirir propiedades en la región desventajada. Por otra parte, si ese flujo de dinero se<br />

deposita en la banca, su impacto monetario no es sobre los precios, sino sobre la tasa de interés; de hecho,<br />

esta aumenta en la región con desventaja absoluta y disminuye en la que tiene ventajas absolutas,<br />

donde se traduce en una expansión de la demanda de su producción. En definitiva, se profundiza la<br />

divergencia de costos de producción entre las dos regiones, que será tanto mayor cuanto más amplias<br />

sean las economías de escala de la producción.<br />

Se trata, por tanto, del mismo proceso que se puede ver actualmente en los flujos financieros y<br />

mercantiles entre los países centrales (aventajados) y los países de la periferia (desventajados): frente a<br />

las tasas de interés más elevadas y el déficit crónico que caracterizan a las economías de los segundos,<br />

contrastan las tasas de interés inferiores, los incrementos de la demanda y la reducción de los costos de<br />

producción en los primeros.<br />

Aplicado a un comercio internacional cada vez más liberalizado, el principio de las ventajas absolutas<br />

refuerza el desequilibrio mundial del desarrollo.<br />

5. Crítica de la teoría de la especialización internacional a través del comercio<br />

1. Las versiones más frecuentes del teorema de HOS, como por ejemplo el aporte de Jones (Jones<br />

en Villareal 1979), sustituyen la “tierra” del modelo de Samuelson por el “capital”, sin considerar el<br />

cambio cualitativo que esto significa.<br />

El concepto tradicional de “capital” considera no la tierra y el trabajo, sino los medios de producción<br />

elaborados o de hechura humana. La dotación de capital que se encuentra en muchos análisis HOS<br />

viene dada simplemente en cantidad: se trata, en apariencia, de un input homogéneo y frecuentemente<br />

no consiste en medios de producción, ya que los únicos sectores productivos considerados son los<br />

de bienes de consumo. Sin embargo, una dotación de capital no es lo mismo que una dotación de<br />

tierra; por tanto, las propiedades de un análisis HOS con una determinada dotación de capital no<br />

pueden ser las mismas que con una determinada dotación de tierra, por la simple razón de que el<br />

“valor capital” se define únicamente en términos de precios relativos, los cuales se resuelven dentro<br />

del análisis.<br />

2. De esta manera, resulta poco claro qué significa decir que un país tiene una dotación de capital de<br />

un valor determinado: ¿con qué unidad se mide esa dotación? Aun si estos enredos fuesen resueltos,<br />

está demostrado que la relación capital-trabajo, en cualquiera que sea el sector, no tiene por qué ser<br />

inversamente proporcional a la tasa de ganancia. Tampoco es necesario que, entre dos mercancías,<br />

aumente el precio relativo de la más intensiva en capital, incrementando la tasa de ganancia.<br />

Así, dos de las propiedades primarias del análisis HOS, basado en la tierra, no pueden ser transferidas<br />

–por mera analogía– a la versión basada en una determinada dotación de capital 15 . En consecuencial,<br />

la teoría HOS tiene poco que decir acerca del crecimiento del producto y el comercio, que<br />

depende siempre del incremento de las inversiones en bienes de capital. La teoría HOS no aporta<br />

siquiera una mejor comprensión del comportamiento del consumo en el comercio.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

378


Si la teoría HOS es todavía el cuerpo actual de la economía convencional dominante para interpretar<br />

el comercio internacional, hay que agregar que muchos estudiosos han aportado enfoques alternativos<br />

más o menos completos. Se habla, por ejemplo, de la llamada teoría de la disponibilidad o de<br />

las teorías de los efectos-renta (como la de Linder y la de Barker), hasta llegar a la más conocida teoría<br />

del ciclo del producto. Esta última, debida a Hirsch y Vernon, explica que todo producto cumple en<br />

su ciclo vital tres fases:<br />

a) La fase introductoria del nuevo producto.<br />

b) La de desarrollo o maduración.<br />

c) La de estandarización o madurez.<br />

De acuerdo con esta teoría, dado que no todos tienen las mismas posibilidades de acceso a la<br />

tecnología, cada país se especializará en la producción de ciertos bienes y los exportará según sea su<br />

capacidad para aplicar las tecnologías a la creación de nuevos productos. En general, los países con alto<br />

nivel de desarrollo industrial y tecnológico producirán y exportarán productos que se encuentran en<br />

su fase introductoria, es decir, recientemente inventados; otros países, con nivel medio de industrialización,<br />

producirán y exportarán bienes que están en la segunda fase de su ciclo vital, la de maduración;<br />

y, finalmente, los países en vías de desarrollo producirán y exportarán bienes que se hallan en su tercera<br />

fase, la de estandarización.<br />

La teoría del ciclo del producto atribuye, pues, una particular importancia a los niveles de conocimiento<br />

tecnológico alcanzados por un país, para explicar su actuación en el intercambio internacional.<br />

No obstante, ese enfoque no puede ser asimilado al de la brecha tecnológica, que asume principalmente<br />

el aspecto de retraso.<br />

Según Posner, del retardo en la imitación hay que sustraer el retardo de la demanda (demand lag), es<br />

decir, el tiempo que corre entre la aparición del nuevo producto en el país innovador y la aparición<br />

de la demanda respectiva en los otros países (...) la importación del producto tendrá lugar, entonces,<br />

solamente en el período resultante de la diferencia entre el retardo en la imitación y el retardo de la<br />

demanda (...) una vez producida la imitación, la importación tiende a cesar, pero, como sea que<br />

la aparición de nuevos productos ocurre continuamente, este aspecto del comercio internacional<br />

se perpetúa. Por otra parte, nadie ha dicho que todos los países tengan el mismo retardo en la<br />

imitación, por lo cual, aun si uno o más países logran imitar el nuevo producto, el país innovador<br />

tendrá siempre ventaja en otros mercados, donde ese retardo es más pronunciado, gracias a su mayor<br />

experiencia en la producción del bien en cuestión (Gandolfo, 1986: 337).<br />

6. La crítica de Joan Robinson<br />

1. La teoría ortodoxa clásica y neoclásica del comercio internacional considera que un sistema económico<br />

produce, a través de sus factores productivos primarios –como, por ejemplo, maquinarias que<br />

no son objeto de comercio internacional–, bienes finales de consumo que puede intercambiar en el<br />

ámbito internacional. En la práctica, el factor capital es presentado ficticiamente o, incluso, es obviado<br />

mediante el uso del factor “tierra”, como otro factor productivo que se agrega al trabajo. Obviamente,<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

379


cuando se habla de capital en general, hay que considerar tanto el circulante (remanentes y bienes<br />

intermedios) como el fijo (instalaciones y otros bienes inmovilizados). Los activos fijos materiales no<br />

son homogéneos entre sí, problema que sigue siendo de difícil resolución al momento de determinar la<br />

medida del capital agregado que resulta independiente de la distribución. Esto socava los fundamentos<br />

de la teoría ortodoxa del comercio internacional y en particular la teoría de Heckscher-Ohlin (se hace<br />

lógicamente imposible, en efecto, identificar las intensidades factoriales y las dotaciones relativas de los<br />

factores) y los planteamientos a ella vinculados (igualación del precio de los factores, etcétera).<br />

Estos estudiosos han buscado, pues, extender a la esfera del intercambio internacional el aparato<br />

analítico por el cual ha sido sometida a crítica la teoría ortodoxa (neoclásica o marginalista) del capital<br />

y de la distribución en una economía cerrada. Dado que ese aparato analítico, si bien puesto a punto<br />

solo en tiempos recientes, se reconecta con la visión de los economistas clásicos, y en particular la de<br />

Ricardo, se explica su designación con el adjetivo de “neoricardiano” (Gandolfo, 1986: 361-362).<br />

Robinson 16 , entre otros, demuestra en los años setenta que el comercio internacional no permite<br />

alcanzar ningún tipo de equilibrio, ni aun en condiciones de libre comercio; además, muestra cómo<br />

la relación entre los precios de cualquier país y los del resto del mundo se rige no solo por la tasa de<br />

cambio, sino también por el nivel de los salarios.<br />

Para empezar, Robinson señala que las políticas restrictivas, implementadas cuando hay un exceso<br />

en los precios o un exceso de importaciones, reducen la demanda de importaciones por causa de la<br />

reducción de la renta real, y no por el aumento de las tasas de interés. Para Joan Robinson, el análisis<br />

neoclásico no llega a distinguir claramente si el restablecimiento del equilibrio en la balanza de pagos<br />

es consecuencia de una política restrictiva interna o de la reconquista de ventajas competitivas, como<br />

resultado, a su vez, de una disminución relativa de los costos de producción nacionales. El factor<br />

esencial en el ajuste es, por tanto, la variación de los salarios. Puede darse una reducción de los salarios<br />

monetarios relativos cuando la demanda de importaciones se reduce a cero. Pero cuando las importaciones<br />

tienen un fuerte componente alimentario, puede suceder que su reducción se traduzca en<br />

una catástrofe: emigración y hambre, como dice Robinson, son la mano invisible que interviene, pero<br />

actúa por estrangulamiento.<br />

2. La conclusión de Robinson es clara: una variación de la tasa de cambio ejerce sobre los precios<br />

relativos nacionales y exteriores el mismo efecto que una variación similar de los salarios. Para eliminar<br />

el déficit de un país se requiere el mismo deterioro de su situación real en términos de capacidad de<br />

intercambio, sea que esto se lleve a cabo mediante una depreciación de la tasa de cambio o que ocurra<br />

por reducción de los salarios monetarios.<br />

6.1. Relación entre productividad y salarios<br />

En una situación de competencia, la variación del nivel de los salarios (v) depende de la productividad<br />

(P): v = f (P). Definiendo:<br />

P bruta = Y/L<br />

P neta = Y/L - k - t<br />

(Y: renta; L: trabajo; k: costo del capital; t: costo de la tierra)<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

380


Se establece así que la relación entre productividad y salarios monetarios determina los flujos del<br />

comercio internacional. Un país exportará aquellos productos para los cuales su relación salario-productividad<br />

neta sea inferior a la media internacional; de esta manera, las diferencias de productividad<br />

entre los diversos países se mantendrán aproximadamente compensadas por las diferencias en los salarios<br />

monetarios.<br />

Si se da una situación de desocupación ΔP > Δv, se puede hablar de “trabajo (relativamente) económico”,<br />

en tanto que su nivel será inferior al de la productividad marginal. Si, en este caso, un país<br />

tiene una relación<br />

ΔP > Δv<br />

venderá siempre a precios inferiores al resto del mundo, con lo cual aumentará su cuota de mercado<br />

para los productos que mantengan ese diferencial relativo entre productividad y salarios monetarios. A<br />

fin de que esta situación pueda mantenerse en el tiempo, bastará que el ejército industrial de reserva sea<br />

lo suficientemente grande para no provocar un alza de los salarios como consecuencia del aumento de<br />

la ocupación en el sector productor de bienes exportables. ¿Qué pasa entonces con el modelo neoclásico,<br />

si consideramos que existe un mercado mundial de capitales, es decir, si postulamos la existencia<br />

de préstamos internacionales de capital, como sucede actualmente? El análisis de Joan Robinson nos<br />

ilustra el caso.<br />

6.2. Variaciones en el salario y en la ocupación con préstamos internacionales<br />

En cualquier país en el que P > S (S: ahorro nacional en condiciones de plena ocupación), los<br />

salarios monetarios deben ser tales que permitan crear un excedente de importaciones que iguale la<br />

diferencia entre inversión (I) y S. Inversamente, en cualquier país donde la inversión sea inferior al<br />

ahorro nacional correspondiente a una situación de plena ocupación, el nivel de los salarios monetarios<br />

debe ser tal que pueda crear un excedente de exportaciones igual a la diferencia, es decir:<br />

y<br />

S - P = X - M<br />

[S > P] = [X > M]<br />

[S < P] = [X < M]<br />

Por tanto, dependiendo de la configuración relativa de la repartición de la inversión mundial, habrá<br />

una estructuración de equilibrio de los salarios relativos nacionales que variará a medida que varíe el<br />

destino de esa inversión mundial. Supongamos que aumente la transferencia internacional de fondos<br />

de inversión hacia un país: en tales circunstancias, aumenta en ese país la demanda de importaciones<br />

y comienza su expansión mundial. En ese caso, la tasa de interés en el resto del mundo debe aumentar<br />

hasta que la inversión en el resto del mundo disminuya en la misma medida en que aumentó en el país<br />

indicado.<br />

En el país receptor de la inversión, en la medida en que los fondos agregados de inversión se consumen<br />

en bienes de capital importados, el ajuste no provoca en el plano internacional variaciones de<br />

la ocupación, sino solo desplazamientos sectoriales de la producción para el consumo interno hacia la<br />

producción para la exportación al país del ejemplo.<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

381


Se pueden producir variaciones, en la medida en que la reducción de la ocupación en las industrias<br />

del mercado nacional sea mayor o menor que el aumento de la ocupación en las industrias que exportan<br />

hacia el país que recibe la inversión; si el efecto neto es:<br />

a) L↓ ⇒ V↓ ⇒ [X↑; M↓]<br />

b) L↑ ⇒ V↑ ⇒ [X↓; M↑]<br />

Esto hasta que se restablezca la plena ocupación, en el caso a), y los salarios monetarios se estabilicen,<br />

en el caso b), mientras se mantiene el incremento de la demanda de trabajo.<br />

Pero la inversión incrementada generará siempre un aumento de esta última demanda en el país<br />

receptor (ya que DY > DM siempre, puesto que una parte del DY está conformada por bienes no<br />

exportables), lo que producirá un aumento de los salarios monetarios:<br />

P↑ ⇒ L D ↑ ⇒ V↑ ⇒ [X↓; M↑]<br />

con L D = demanda de trabajo<br />

X↓ ⇒ L O ↑ ⇒ V↓<br />

con L O = oferta de trabajo<br />

El incremento de los salarios continúa hasta que la industria de exportación libera un volumen de<br />

trabajo suficiente para llevar a cabo la inversión, es decir, cuando se igualan los incrementos de la oferta<br />

y la demanda de trabajo:<br />

ΔL O = ΔL D<br />

En el resto del mundo, esto supone un ΔL destinado a sustituir con producción del resto del<br />

mundo la caída de las exportaciones hacia el país receptor de la inversión. Pero, como subraya Joan<br />

Robinson, no hay motivo alguno para que esos movimientos se compensen con exactitud. Al final, se<br />

llega a una posición de equilibrio en la cual los niveles de los salarios relativos son tales que cada país<br />

participa, directa o indirectamente, en el suministro del exceso de exportaciones del resto del mundo<br />

hacia el país donde P > S.<br />

Los países en los que el equilibrio implica un aumento de los salarios monetarios, en relación con<br />

el resto del mundo, gozan de una relación real de intercambio más ventajosa, ya que su renta real<br />

aumenta a medida que disminuye en los restantes países (Robinson, 1959: 156).<br />

6.3. Limitaciones de la teoría convencional<br />

Este análisis marca la limitación de la teoría convencional, neoricardiana o poskeynesiana, para interpretar<br />

los procesos internacionales del capitalismo. En efecto, si se considera a Estados Unidos como<br />

el país receptor de la inversión neta mundial, el análisis en términos de oferta, demanda y precios de<br />

equilibrio explica la asimetría de los intercambios según se expresa en las relaciones imperialistas. Pero<br />

si se amplía el análisis, la conclusión sería que, en general, todos los países receptores de inversiones<br />

netas mejoran los salarios monetarios y su propia relación real de intercambio, lo que evidentemente es<br />

absurdo. Al considerar la inversión internacional como un stock, la teoría convencional se hace incapaz<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

382


de analizar el proceso de autovalorización del capital a escala mundial y de distinguir entre las formas<br />

monetaria, productiva y mercantil del capital. E incapaz también, por otra parte, de identificar el<br />

carácter específico, en toda formación social, del sistema de precios relativos –determinado por la lucha<br />

que enfrenta al capital y el trabajo en torno a la distribución del excedente (es decir, la plusvalía)– y de<br />

la consecuente norma salarial nacional. De allí que no exista, pues, un sistema internacional de salarios<br />

en equilibrio.<br />

7. Crítica marxista de los costos comparados<br />

1. En general, hasta fines de los años setenta la teoría marxista se ocupó poco del análisis teórico del<br />

comercio internacional. Esto explica la ausencia de una crítica marxista de la teoría clásica en ese<br />

campo, al menos hasta la aparición de los escritos de Samir Amin y el surgimiento del debate en torno<br />

al intercambio desigual 17 .<br />

Otra razón para este escaso desarrollo teórico radica en el hecho de que, para poder hacer un<br />

correcto análisis de la circulación internacional de capital y de mercancías (comercio), debe antes desarrollarse<br />

el tema del dinero, especialmente la relación entre valor y precio, plusvalía y ganancia. Dado<br />

que la teoría marxista del dinero está todavía en fase de elaboración, no es casual que la interpretación<br />

ortodoxa del comercio internacional no haya tenido respuesta teórica hasta hace unas pocas décadas.<br />

De seguidas sintetizamos los aportes de dos de los autores marxistas que han analizado con mayor<br />

rigor el impacto del comercio internacional en la acumulación capitalista.<br />

2. Pierre Dockés (1980) señala que el problema de la teoría convencional del comercio internacional<br />

se encuentra en sus propios fundamentos, al haber una contradicción entre la teoría ricardiana sobre<br />

esta materia y su teoría del valor.<br />

En el capítulo sobre el comercio exterior, Ricardo admite que el valor de los bienes importados se<br />

mide con el valor de las mercancías “que damos a cambio”; es decir, según la cantidad de trabajo incluido<br />

en los bienes exportados. En el capítulo referente al valor, en cambio, critica la teoría de Smith,<br />

según la cual el valor de un bien está determinado por la cantidad de trabajo que permite obtener a<br />

cambio (el valor de la fuerza de trabajo estaría así determinado no por la cantidad de trabajo necesario<br />

para producirlo, sino por el valor de las mercancías que permite obtener, teoría absurda que niega la<br />

posibilidad de existencia de la plusvalía). El intercambio internacional no se realiza a valores iguales<br />

y por tanto puede, incluso, rendir un valor superior en las importaciones que en las exportaciones, al<br />

contrario de lo que piensa Ricardo.<br />

Pero Dockés se hace una pregunta fundamental: ¿la tasa de ganancia se modifica en el comercio<br />

exterior? Según Ricardo, no, porque el comercio deja intacta la masa de capital nacional y la totalidad<br />

del trabajo; por tanto, la masa de valores es constante. Dockés señala que a) en la generalidad de los<br />

casos, el comercio exterior deja inalterada la tasa de ganancia, pero b) esta puede ser modificada por la<br />

importación de bienes-salario.<br />

a) Adam Smith consideraba que si los capitales destinados al comercio exterior no están disponibles<br />

para la producción de bienes internos, la demanda se mantiene igual; por tanto, el precio de<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

383


estos sube y, como la tasa salarial se mantiene idéntica, aumentan las ganancias y su tasa. Ricardo<br />

responde que el comercio exterior no necesariamente reduce los capitales de otras actividades,<br />

pues se mueven capitales de bienes sostenidos con importaciones a bienes exportables, desplazamiento<br />

que libera capitales que permiten elevar la oferta: si Inglaterra utilizaba 1.000 horas<br />

laborales y 1.000 libras esterlinas de capital para producir, en autarquía, vino y tejidos, mientras<br />

que con el comercio exterior requiere solo 800 horas y 800 libras para exportar tejidos a cambio<br />

de vino, quedan liberadas 200 horas y 200 libras de capital para las producciones destinadas al<br />

mercado interno, lo que permite ampliar la oferta. La demanda se equilibra con la nueva oferta<br />

y con el ingreso que resta disponible para los consumidores de vino, que lo pagan menos caro al<br />

ser importado.<br />

En conclusión, el poder obtener bienes del exterior con exportaciones de menor valor que los bienes<br />

domésticos sustitutivos de esas importaciones, tiene dos consecuencias que se anulan recíprocamente:<br />

liberar una parte del capital disponible para otras producciones, liberar una parte del ingreso<br />

disponible para otras adquisiciones (Dockés, 1980).<br />

b) Si los capitalistas pueden, al importar los bienes de consumo de lujo, adquirirlos a menor costo,<br />

logran entonces elevar la tasa de acumulación si no destinan el ingreso disponible liberado a su<br />

consumo, sino al ahorro y la inversión; de esta manera, la tasa de acumulación se incrementa<br />

sin que aumente la tasa de ganancia, por efecto de la modificación en el uso de la plusvalía<br />

(excedente).<br />

De cualquier manera, el caso más interesante es el de la importación de bienes-salario. Recordemos<br />

que Ricardo, con su teoría del comercio, intentaba facilitar la eliminación de las corn laws, leyes que<br />

prohibían la importación de trigo (genéricamente, grano) de precio más económico que el doméstico.<br />

Su teorema fundamental enuncia que la tasa de ganancia varía en proporción directa a la productividad<br />

del trabajo en las industrias que producen bienes-salario, e inversamente a los precios de los bienes<br />

salariales y de la tasa de salario monetario. Si se renuncia a las ganancias y se invierten todos los ahorros,<br />

la tasa de acumulación es igual a la tasa de ganancia.<br />

El argumento ricardiano se basa en la hipótesis de rendimientos decrecientes en agricultura (productora<br />

de grano-salario) y en un salario constante en términos de grano, salario de subsistencia. El<br />

crecimiento de la población es constante junto con la tasa de acumulación, dado que hay complementariedad<br />

entre hombres y máquinas. Pero la tierra tiene fertilidad variable y, por tanto, el rendimiento<br />

de la producción de bienes-salario es decreciente: la productividad marginal en la producción de<br />

bienes-salario es decreciente. En consecuencia, el precio del grano se incrementa con el aumento de la<br />

renta, y crecen también el salario monetario y la tasa salarial, por lo cual disminuyen la tasa de ganancias,<br />

la tasa de acumulación y el crecimiento demográfico, y se debilitan el crecimiento de la renta y la<br />

velocidad de caída de la tasa de ganancia.<br />

La relación entre el producto (decreciente) menos la renta (constante) disminuye a medida que<br />

aumenta la población. Dado que el salario real es constante, al disminuir este producto neto por trabajador<br />

disminuye también la tasa de ganancia. Como el valor del capital en grano-salario por trabajador<br />

aumenta (sube el costo unitario de producción), la tasa de ganancia se reduce, y con ella también la<br />

tasa de acumulación.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

384


La conclusión de Ricardo es conocida: solo la importación de grano económico permite alejar en<br />

el tiempo el momento del estado estacionario, en el que la tasa de acumulación sea igual a cero por<br />

la caída de la tasa de ganancia. Dado que en otros países hay mucha tierra fértil no cultivada, la tasa<br />

de ganancia puede mantenerse elevada por mucho tiempo, con solo recurrir a las importaciones de<br />

grano-salario.<br />

Por lo que concierne al país exportador, hay que recordar que el análisis ricardiano de la especialización<br />

se basa en la hipótesis de precios unitarios constantes, mientras que actualmente se plantea la<br />

existencia de rendimientos decrecientes en la agricultura. Si se es coherente y se abandona la hipótesis<br />

de los costos constantes, una nación beneficiaria de rendimientos crecientes en una actividad y decrecientes<br />

en otra, se encontrará en una situación peor bajo el libre comercio que en condiciones de<br />

autarquía, cuando los costos comparados la lleven a especializarse en el bien “agrícola”, para el cual los<br />

rendimientos son decrecientes. La situación de cada uno de los dos países será mejor o peor que en<br />

autarquía, dependiendo de si el ingreso de uno sobrepasa la pérdida del otro, o viceversa.<br />

Este argumento (paradoja de Graham) es la base para reclamar protección para las “industrias<br />

nacientes”, de manera que un país pueda modificar sus ventajas comparativas para poder especializarse<br />

en actividades con costos decrecientes. Si a esto agregamos los costos sociales, el desempleo, la falta de<br />

equilibrio entre las distintas actividades, la desigualdad en la distribución, y no solo los costos privados<br />

de la especialización, se hace claro que la división internacional del trabajo puede resultar incluso<br />

negativa. El país que tiene en granos una productividad comparativamente más alta será llevado a<br />

especializarse, parcialmente, en la producción de ese bien, cosa que provocará un alza de su precio, un<br />

aumento de la renta y de los salarios monetarios, una reducción de la tasa de ganancia y una baja de<br />

la acumulación.<br />

Por tanto, la ley de los costos comparados garantiza en lo inmediato que los costos de la producción<br />

de consumo disminuyan, en general, pero al precio de una reducción de la tasa de acumulación.<br />

Se modificará, en consecuencia, la repartición del producto entre las clases sociales: tomarán ventaja<br />

los propietarios de las tierras, los asalariados permanecerán en la misma situación y los productores<br />

capitalistas verán empeorar su situación con la libre exportación del grano-salario. Esta es una clave<br />

para entender la historia de las políticas comerciales y de las doctrinas al respecto, y sobre todo los<br />

motivos por los que:<br />

– Los comerciantes se oponen a esta exportación.<br />

– Los fisiócratas, en su mayor parte franceses, piden la libertad de exportar el grano, precisamente<br />

porque lo hay en exceso en Francia.<br />

– Ricardo propone importar el grano sin gravarlo con impuestos, apoyando así la política de<br />

importación de bienes-salario con rendimientos decrecientes, más bienes y menos salario (fue<br />

de esta manera que el liberalismo inglés se hizo favorable a los industriales y a la acumulación de<br />

capital).<br />

3. Anwar Shaikh 18 aplica la teoría marxista del valor en una elaboración teórica sobre el comercio internacional,<br />

de cuya concepción clásica hace una crítica adecuada. Para este autor, las teorías marxistas<br />

más conocidas (la teoría del imperialismo o la teoría del desarrollo desigual) aceptan los principios de la<br />

ley ricardiana de los costos comparados, y es solamente a través de los movimientos internacionales de<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

385


capital que pueden afirmar la existencia de desigualdades en los intercambios internacionales. Shaikh,<br />

por el contrario, considera que los fenómenos del desarrollo internacional desigual nacen directamente<br />

del llamado libre comercio de mercancías; no es que el imperialismo –según este estudioso– “distorsione”<br />

la igualdad del intercambio, sino que los fenómenos del imperialismo se derivan del comercio libre<br />

y sin restricciones entre naciones capitalistas: “la ley de los costos comparados de Ricardo es falsa en sus<br />

propios fundamentos (…) el libre comercio es el desarrollo desigual” (Shaikh, 1990: 173).<br />

Shaikh analiza, en primer lugar, las teorías del valor y del dinero de Ricardo, en las que basa este<br />

su teoría del intercambio internacional, y las compara con las teorías del dinero y del valor de Marx.<br />

En esa comparación encuentra los elementos críticos necesarios para mostrar la inconsistencia de la<br />

teoría ricardiana.<br />

Dado que los precios de mercado gravitan en torno a los precios de producción, Ricardo se plantea<br />

una búsqueda en estos últimos para descubrir los “centros de gravedad”. Cree finalmente haberlos<br />

encontrado en las cantidades de tiempo de trabajo necesario para producir las mercancías (lo que<br />

representaría el “precio natural”).<br />

Por tanto, la gran causa de las variaciones en los precios de las mercancías es la variación del tiempo<br />

total de trabajo que se dedica, directa o indirectamente, a su producción. Un mejoramiento de los<br />

métodos de producción de una mercancía, que reduzca el contenido de trabajo, hará descender su<br />

precio de producción relativo al nivel de los de otras mercancías. Los precios relativos varían ante las<br />

variaciones del contenido de trabajo en la producción. ¿Qué es lo que hace variar el nivel de los precios<br />

monetarios? La respuesta a esta pregunta toma en cuenta la teoría ricardiana del dinero. El precio en<br />

dinero de una mercancía es su precio relativo en términos de mercancía-dinero. Durante la época<br />

clásica, su tasa de cambio estaba referida al oro. Como las mercancías se intercambian en proporción<br />

aproximada al tiempo total de trabajo requerido para su elaboración, los precios en dinero de esas<br />

mercancías se determinan por la cantidad de tiempo de trabajo requerido para su producción (del oro).<br />

El oro no puede tener un precio en dinero, porque es dinero. Pero para Ricardo, una cantidad de cualquier<br />

mercancía comprada con una cantidad de dinero puede ser vista como un “precio-mercancía”<br />

del oro. Luego, en la teoría ricardiana, el dinero tiene un “valor”. La cantidad de trabajo contenida en<br />

las mercancías está referida al trabajo contenido en la mercancía dinero-oro. Si la cantidad de monedas<br />

de oro supera los requerimientos de circulación de las mercancías, todos los precios-mercancía del<br />

oro bajan y este comprará menos cantidad de cada mercancía, que es lo mismo que decir que todos<br />

los precios en dinero aumentarán. El oro saldrá entonces de aquellos países en los que su “precio” es<br />

más bajo, para dirigirse a aquellos en los que es más alto. De esta manera, los flujos internacionales de<br />

dinero-oro llevarán a establecer un poder adquisitivo más o menos igual en todos los países (“paridad<br />

del poder de adquisición”).<br />

Con la teoría ricardiana de los precios, resulta que las ventajas absolutas de Portugal en el comercio<br />

con Inglaterra se resuelven en un aumento de los precios en el país más eficiente y su disminución<br />

en el país menos eficiente, hasta que una de las dos mercancías inglesas llegue a ser competitiva en<br />

relación con su contraparte portuguesa. Los tejidos ingleses tienen un 90% (100, 90) de la competitividad<br />

de los portugueses y el vino solamente un 66,6% (120, 80); por tanto, a medida que los<br />

precios bajen en Inglaterra y aumenten en Portugal, los tejidos ingleses serán el primer producto en<br />

alcanzar el precio de exportación de una mercancía portuguesa, con lo cual obtendrán una ventaja<br />

relativa en términos de precios, aun cuando la eficiencia absoluta sea siempre mayor en Portugal.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

386


Habrá siempre un intercambio en equilibrio, en el que cada país exporta la mercancía para la cual tiene<br />

ventaja relativa.<br />

Tras hacer esta revisión crítica, Shaikh analiza de seguidas las teorías del valor y del dinero presentes<br />

en El Capital de Marx. El pensador de Tréveris** diverge sustancialmente de la teoría del valor de Ricardo,<br />

en el sentido de que, para él, el valor de la mercancía no se resuelve cuantitativa sino socialmente:<br />

es la distribución del trabajo social, más allá de su cantidad, lo que determina el valor relativo –en<br />

trabajo– de una mercancía. Los valores no son solamente absolutos (tiempo de trabajo), sino que también<br />

han de considerarse en relación con los precios. Es necesario, entonces, considerar la distribución<br />

del trabajo en los diferentes procesos de producción de las mercancías. El tiempo de trabajo social<br />

tiene una doble dimensión. Una es el tiempo de trabajo efectivo: 2 horas para producir 10 metros de<br />

tejido; 40.000 metros = 8.000 horas de trabajo social consumido en la producción de tejidos. Pero si la<br />

necesidad social es de 30.000 metros, el tiempo de trabajo social necesario para satisfacer la demanda<br />

social de tejidos será de 6.000 horas. El primer aspecto define el valor total del producto, 8.000 horas,<br />

así como el valor social unitario (1/5 de hora por metro), mientras que el segundo criterio define<br />

la cantidad media de tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario para producir una unidad<br />

de mercancía.<br />

El primer criterio define el precio regulador de la mercancía (precio directo); el segundo, la relación<br />

entre precio regulador y precio de mercado (precio de producción). Imagínese, por ejemplo, que $ 1<br />

representa una hora de tiempo de trabajo abstracto y que, entonces, el precio directo de un metro de<br />

tejido es de $ 0,20. Pero supongamos que, con ese precio regulador, la necesidad social manifiesta es de<br />

solo 30.000 metros (3/4 de la producción), lo que significa que el precio de mercado caerá por debajo<br />

del precio directo (regulador) a, digamos, $ 0,15 el metro. Los 40.000 metros producidos se venderán<br />

no en $ 8.000, sino solamente en $ 6.000 y, dado que $ 1 equivale a una hora laboral abstracta, el<br />

valor realizado en forma de dinero será de 6.000 horas. Luego, un producto que representa un valor<br />

de 8.000 horas, se vende en el mercado por 6.000. De esta manera no puede realizarse el valor de toda<br />

la mercancía ni, en consecuencia, tampoco la plusvalía incluida en la parte no realizada o no vendida.<br />

La reproducción de la sociedad capitalista es necesariamente un proceso en perpetuo desorden, a<br />

través del cual se realiza la distribución del tiempo de trabajo social; un proceso de regulación turbulenta,<br />

y no una situación estática de equilibrio.<br />

Si suponemos que la distribución del trabajo social es tal que las mercancías producidas se corresponden<br />

con las diversas necesidades sociales, la oferta será igual a la demanda y el precio monetario de<br />

una mercancía será igual a su precio regulador (precios directos = precios de producción). En un año,<br />

la suma de los precios de todas las mercancías debe ser igual a la moneda en circulación, multiplicado<br />

esto por la velocidad de circulación, lo que representa una tautología. En un sistema de dinero-oro,<br />

la cantidad de oro requerida para la circulación es determinada por esa misma tautología, con una<br />

determinada cantidad de oro por cada moneda. Pero si se altera la cantidad de moneda-oro en circulación,<br />

el exceso de oferta presenta un perfil muy diferente al de un exceso de oferta de cualquier otra<br />

mercancía, ya que el oro no puede ser vendido, puesto que es dinero.<br />

Cuando hay un exceso de oro, este se acumula en las arcas de los bancos. Pero un tesoro en forma<br />

de reservas (R) es muy distinto de un tesoro en la cajafuerte del dormitorio: en la banca toma la<br />

** (n.t.) Trier, en alemán. Lugar de nacimiento de Karl Marx.<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

387


forma de un fondo de capital estático, un excedente de reservas por sobre el mínimo legal. Si R↑ ⇒ i↓,<br />

a medida que los bancos procuran transformar sus reservas en capital: “En lugar de elevar los precios,<br />

el efecto inmediato de un excedente de dinero-oro es el de hacer bajar la tasa de interés” (Shaikh,<br />

1990: 191).<br />

Al convenir en esta determinación causal, Shaikh se pregunta qué sucede entonces con el comercio<br />

internacional.<br />

Supóngase un país con surplus, en el cual comienza a entrar oro:<br />

y si<br />

O oro<br />

↑ ⇒ D↑ ⇒ Y↑ ⇒ D oro<br />

↑<br />

O oro<br />

> D oro<br />

⇒ i↓<br />

Un aumento de la cantidad de oro reduce la tasa de interés, y una reducción, la incrementa 19 . Las<br />

variaciones de los precios dependen de los tiempos de trabajo y las de las tasas de cambio, de la existencia<br />

de mercancías-dinero. Pero en Marx no existe esa conexión directa entre variación de la cantidad de<br />

dinero-oro y variación del nivel de precios; no es la suya una teoría cuantitativa del dinero.<br />

¿Cómo se vinculan estos desarrollos teóricos de la ley del valor y de la teoría del dinero con el<br />

comercio internacional? Según Shaikh, la diferencia fundamental entre Marx y Ricardo es la que<br />

establecen entre valor y precio. El precio en dinero es para Marx la medida externa del valor de una<br />

mercancía: su forma y nivel dependen de un conjunto de factores (oferta y demanda, límites sociales,<br />

etcétera), pero en última instancia se encuentra regulado por el valor. En el ejemplo de Ricardo, la salida<br />

de oro de Inglaterra hacia Portugal haría variar los respectivos niveles de precios hasta hacer posible<br />

el comienzo de las exportaciones de Inglaterra. Pero este argumento depende de la teoría cuantitativa<br />

del dinero, que en la realidad no funciona.<br />

Marx, a diferencia de Ricardo, no establece ningún vínculo directo entre movimientos de oro y<br />

movimientos de precios. Según Marx, la salida de oro fuera de Inglaterra hará disminuir la oferta de<br />

capital-dinero que pueda ser prestado. Subirá la tasa de interés. A medida que la producción inglesa<br />

sucumba ante las importaciones portuguesas, la producción interna y la inversión disminuirán. Por<br />

tanto, la salida de oro conduce a una disminución de las reservas bancarias, a frenar la producción<br />

y a tasas de interés más altas. Entretanto, los efectos opuestos se producen en Portugal. En algún<br />

momento será ventajoso para los capitalistas portugueses colocar su dinero-oro en Inglaterra. Cuando<br />

esto ocurra, el capital financiero de breve plazo se trasladará de Portugal a Inglaterra y allí la tasa de<br />

interés comenzará a descender, mientras sube la portuguesa, hasta que lleguen a igualarse. El equilibrio<br />

representa entonces una situación en la que Inglaterra mantiene un déficit comercial crónico que cubre<br />

con préstamos internacionales a corto plazo y Portugal, un surplus o excedente comercial que permite a<br />

sus capitalistas hacer empréstitos comerciales. Pero esta situación es solo temporal. Al final, Inglaterra<br />

tendrá que pagar los intereses de los préstamos y esto, unido a los pagos por las importaciones, llevará<br />

al hundimiento de su economía.<br />

En el libre comercio, la desventaja absoluta de un país tiene como resultado déficit comerciales<br />

crónicos y préstamos internacionales acrecentados. Las únicas mercancías que puede exportar ese país<br />

son aquellas en las cuales sus costos de producción son más bajos, gracias a ventajas específicas y locales<br />

que le permiten compensar su menor nivel de eficiencia general. “No importa que haya salarios más<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

388


ajos, porque, en el caso de los precios directos, el nivel de los salarios golpea las ganancias, pero no<br />

tiene efecto sobre los precios” (Shaikh, 1990: 199).<br />

En general, los países con ventajas absolutas de eficiencia productiva dominarán el comercio, al<br />

producir la mayoría de las mercancías a valores absolutamente más bajos y, por tanto, venderlas a<br />

precios de producción, en promedio, absolutamente más bajos. Esa situación es resultado de las tendencias<br />

naturales del libre comercio.<br />

No es el monopolio lo que determina un intercambio desigual, sino el libre comercio, que es un<br />

mecanismo para la concentración y centralización del capital internacional.<br />

Si el comercio se realiza entre países con niveles de desarrollo similar, es decir, con ventajas absolutas<br />

repartidas paritariamente para los diversos tipos de producción, es posible esperar un modelo de<br />

comercio más o menos equilibrado, en el que las estrategias comerciales, la experiencia, la disponibilidad<br />

de recursos y otros factores serán de gran importancia. Pero no entre un país con ventajas absolutas<br />

y otro con desventajas absolutas, vale decir, entre un país desarrollado y uno subdesarrollado. En<br />

ese caso, el resultado natural del libre comercio es necesariamente un desequilibrio estructural en la<br />

relación comercial (Shaikh, 1990: 199).<br />

Finalmente, algunas conclusiones esenciales del análisis marxista que contradicen la visión tradicional<br />

de la teoría del comercio internacional:<br />

– La especialización del comercio internacional no se establece en función de las ventajas relativas,<br />

sino de las ventajas absolutas.<br />

– Los términos de intercambio se determinan con la igualdad de las tasas de ganancia entre los capitales<br />

internacionales dominantes, dadas las diferencias existentes entre los salarios nacionales.<br />

– El comercio internacional entre países con desiguales niveles de desarrollo genera asimetrías<br />

básicas en términos de utilidades y pérdidas: no todos se aventajan de la misma manera, no<br />

todos toman ventaja del comercio internacional.<br />

— notas —<br />

1 Para una crítica aguda de la mencionada concepción reduccionista, cfr. Bellamy Foster (2002b), donde entre otras cosas se<br />

recogen interesantes fragmentos de las tesis de los nuevos gurús del rampante imperialismo estadounidense e inglés.<br />

2 Para un examen atento y articulado de este tema, cfr. Vasapollo, Jaffe, Galarza (2005).<br />

3 El más interesante se debe a Fieldhouse (1977; 1984).<br />

4 Esta forma de inversión responde a diversas exigencias, como “la imposibilidad de producir cantidades suficientes en el país de<br />

origen, particularmente en lo que respecta al sector primario, por razones vinculadas con la escasez de recursos naturales; la<br />

imposibilidad de vender cantidades suficientes en los países de destino, sea por motivo de la naturaleza misma de los productos<br />

o por la existencia de barreras proteccionistas; la posibilidad de beneficiarse de las ventajas comparativas macroeconómicas<br />

de los países de asentamiento, y en particular de los países en vías de desarrollo, que generalmente presentan bajos costos<br />

salariales” (Lafay, 1996: 40-41).<br />

COMERCIO INTERNACIONAL: DE LOS COSTOS COMPARATIVOS A LAS VENTAJAS ABSOLUTAS<br />

389


5 En otras palabras, “este tipo de inversión se realiza con el objetivo de obtener el poder de decisión en una empresa en el exterior.<br />

Esto comprende nuevas instalaciones, fusiones y adquisiciones entre las sociedades matrices y sus filiales en el extranjero;<br />

además, una parte de tales inversiones puede asumir la forma de adquisición de cuotas de capital de la sociedad en cuestión”<br />

(Eurostat, 1995: 241).<br />

6 Cfr. Walter Rodney (1972), útil además para recordarnos que el capitalismo colonialista es obra del imperialismo europeo y no<br />

del norteamericano.<br />

7 Véase United Nations Conference on Trade and Development (varios años).<br />

8 A este respecto, cfr. Martufi, Vasapollo (2000a); Casadio, Petras, Vasapollo (2003).<br />

9 Venta por debajo del precio de costo (precios de venta subvencionados).<br />

10 Para profundizar en este tema y, en general, en la teoría pura del comercio internacional, así como en los problemas a los que<br />

se hará de seguidas referencia, cfr. Gandolfo (1986).<br />

11 El texto puede ser consultado en línea en http://socserv2.mcmaster.ca/~econ/ugcm/3ll3/ricardo/Principles.pdf.<br />

12 Para un abordaje denso de la teoría del comercio internacional, de Smith a Ricardo y a los neoclásicos, cfr. Murat, Pigliaru<br />

(1990); referencia fundamental para el tema sigue siendo Gandolfo (1986).<br />

13 Para una mayor profundización, cfr. Gandolfo (1986).<br />

14 El teorema HOS solamente aporta a la teoría ricardiana la afirmación, no demostrada empíricamente, de que las ventas se<br />

establecen en función de la dotación relativa de factores: las ventajas se manifiestan en la producción de aquellos bienes en<br />

cuya producción interviene en mayor medida el factor (capital o trabajo) más abundante en el país.<br />

15 Un análisis crítico general del modelo neoclásico puede verse en Gérard Destanne de Bernis (1987, cap. I; IV; X).<br />

16 Cfr. Robinson (1969a, b).<br />

17 Acerca de este debate, cfr. Amin, Bettleheim, Emmanuel, Palloix (1973).<br />

18 Cfr. Shaikh (1990). Véase también Shaikh (1980; 1999).<br />

19 Es importante considerar que la inversión no depende de la tasa de interés, sino de la tasa de ganancia, que para Marx son dos<br />

cosas distintas: la primera es un indicador (financiero) de redistribución de la plusvalía, mientras la segunda expresa el nivel de<br />

explotación de la fuerza de trabajo y la rentabilidad que esto genera.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

390


Capítulo II<br />

EL ANÁLISIS ESTADÍSTICO-ECONÓMICO DE LAS<br />

RELACIONES INTERNACIONALES<br />

1. La estructura de la balanza de pagos<br />

1. Al abordar en páginas anteriores los problemas relativos a la contabilidad nacional, aludimos al<br />

operador resto del mundo (RdM), llamado también operador exterior. El término refiere, dentro del<br />

sistema de cuentas nacionales, al conjunto de operadores económicos no residenciados en el país que<br />

se examina. La suma de tales operadores representa las transacciones con el exterior.<br />

El flujo global de actividades económicas que entra y sale de un país se mide con la llamada<br />

balanza de pagos, que es el conjunto de las cuentas que permiten contabilizar los flujos económicos y<br />

monetario-financieros con el exterior. Es, por tanto, el documento contable en el que se lleva el registro<br />

sistemático de todas las operaciones efectuadas; es decir, todas las transacciones económicas cumplidas<br />

en un determinado período (normalmente un año) entre los residentes de un país y operadores extraterritoriales<br />

o residenciados en los demás países. La balanza de pagos resume los movimientos internacionales<br />

de dinero vinculado al comercio y cualquier otro tipo de flujo internacional capital-monetario.


El Fondo Monetario Internacional recomienda actualmente que la estructura básica de la balanza<br />

de pagos se componga de tres cuentas principales:<br />

– La balanza de cuenta corriente, que incluye todos los movimientos de dinero asociados a movimientos<br />

de mercancías (comercio de bienes y servicios), rentas de los factores (capital y trabajo)<br />

y transferencias corrientes (principalmente, remesas de emigrantes y ayudas internacionales)<br />

que inciden en la renta disponible del país; vale decir, que influyen en la determinación del PIB<br />

y el PNB, o en sus conceptos derivados (PNN o RN, RP, RD). Esta balanza se subdivide en<br />

cuatro secciones básicas: bienes, servicios (que incluyen turismo y viajes), rentas y transferencias.<br />

Es importante resaltar, por tanto, que las rentas de trabajo y las rentas de inversión configuran<br />

una balanza con identidad propia, diferenciada de la de servicios. En tal sección de las partidas<br />

corrientes, la subscripción relativa a las partidas visibles o mercancías constituye la balanza comercial;<br />

frente a las exportaciones se registran las entradas de divisas y, tras las importaciones,<br />

su salida.<br />

– La balanza de cuenta de capital, que abarca las transferencias de capital y las adquisiciones y<br />

disposiciones de activos inmateriales. Allí se incluyen, por ejemplo, las transferencias de capital<br />

que revisten importancia entre países miembros de la Unión Europea.<br />

– La balanza financiera, que comprende las operaciones que tienen influencia en la posición acreedora<br />

o deudora del país: inversiones directas, inversiones de portafolio, derivados financieros 1 ,<br />

reservas y errores y omisiones son sus principales componentes. Las inversiones directas incluyen<br />

aquellas que reflejan la intención del inversionista de obtener un rendimiento permanente en<br />

la empresa en la que invierte, mediante un grado significativo de control o de influencia en sus<br />

órganos de dirección. La regla práctica especificada en el Quinto manual de balanza de pagos del<br />

FMI define como inversionista directo al propietario de 10% o más del capital de la empresa en<br />

la que se ha efectuado la inversión respectiva. Aunque esa regla no es determinante, puesto que<br />

es cosa aceptada que se puede alcanzar una posición decisiva en la directiva de una compañía o<br />

sociedad con una participación menor –o, por el contrario, que esta sea para tales fines insuficiente,<br />

aun superando el 10%–, el FMI aconseja utilizar dicho porcentaje como línea divisoria<br />

esencial entre las inversiones directas y las de portafolios, cuando se trata de propiedad accionaria.<br />

Las inversiones de portafolios abarcan las transacciones en valores negociables, con exclusión<br />

de aquellas que, habiéndose efectuado en acciones, cumplan los requisitos para ser consideradas<br />

como inversiones directas. No se incluyen los derivados financieros, aunque sean negociables.<br />

Esta balanza se subdivide en tres componentes principales: acciones, bonos y obligaciones e<br />

instrumentos del mercado monetario. La balanza de “Otra inversión” recoge, esencialmente,<br />

las operaciones de préstamos –comerciales y financieros–, separadas en corto y largo plazo, y las<br />

de depósitos, comprendidas por la posesión de billetes extranjeros. Por derivados financieros se<br />

entienden todos los instrumentos de esta naturaleza que puedan estimarse, siempre que exista<br />

un precio de mercado para el activo subyacente, independientemente de cuál sea ese activo y de<br />

que se negocie o no en mercados organizados 2 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

392


El cuadro que se reproduce seguidamente resume la estructura de la balanza de pagos y su división.<br />

Balanza de cuenta corriente<br />

Bienes (“mercancías”)<br />

Servicios<br />

Turismo y viajes<br />

Transporte<br />

Flotas<br />

Pasajes<br />

Aéreos<br />

terrestres y otros<br />

marítimos<br />

Otros servicios de apoyo y auxiliares del transporte<br />

Administración<br />

Construcción<br />

Seguros<br />

Servicios financieros<br />

Servicios informáticos<br />

Servicios prestados a las empresas<br />

Comerciales<br />

Leasing operativo<br />

Otros servicios prestados a las empresas<br />

Servicios personales, culturales y recreativos<br />

Audiovisuales<br />

Otros servicios culturales y recreativos<br />

Servicios gubernamentales<br />

Royalties (regalías) y rentas de propiedades inmateriales<br />

Rentas<br />

Rentas de inversiones directas<br />

Rentas de inversiones de portafolios<br />

Dividendos distribuidos<br />

De otras inversiones en valores negociables<br />

Rentas de otras inversiones<br />

Balanza de cuenta de capital<br />

Cuenta capital<br />

Transferencias de capital<br />

Administraciones públicas<br />

Sectores restantes<br />

Enajenación-adquisición de activos inmateriales no<br />

producidos<br />

Balanza financiera<br />

Inversiones directas<br />

Instituciones financieras monetarias<br />

Otros sectores residentes<br />

Inversiones de portafolios<br />

Banco Central<br />

Instituciones financieras monetarias<br />

Administraciones públicas<br />

Otros sectores residentes<br />

Otras inversiones<br />

Banco Central<br />

Otras instituciones financieras monetarias<br />

Administraciones públicas<br />

Otros sectores residentes<br />

Derivados financieros*<br />

Instituciones financieras monetarias<br />

Administraciones públicas<br />

Otros sectores residentes<br />

Reservas*<br />

Errores y omisiones<br />

*Un signo positivo supone una disminución de las<br />

reservas-entradas de capital y un signo negativo,<br />

un aumento de las reservas-salidas de capital.<br />

Transferencias corrientes<br />

Administraciones públicas<br />

Sectores remanentes<br />

Remesas de trabajadores<br />

Otros<br />

EL ANÁLISIS ESTADÍSTICO-ECONÓMICO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES<br />

393


2. La suma algebraica de las diversas secciones, en particular la de partidas corrientes y la de movimientos<br />

de capital, genera el saldo de la balanza de pagos (superávit o déficit), que es igual y de signo<br />

opuesto al saldo de movimientos monetarios, determinado por las variaciones debidas al eventual<br />

superávit en la disponibilidad total de divisas del país en cuestión o, por el contrario, por la manera<br />

en que se financia el déficit. El método utilizado para el cálculo es el de partida doble, en el que toda<br />

transacción se registra dos veces: la primera como ingreso y la segunda como egreso. Esto implica que,<br />

desde el punto de vista contable, la balanza de pagos siempre está en equilibrio. El equilibrio contable,<br />

quede esto en claro, es algo completamente distinto al económico (que por lo demás es bien difícil de<br />

garantizar).<br />

Un modelo básico de balanza de pagos es el que se compone de cuatro secciones (el FMI añade<br />

una quinta, cuyo saldo es igual a la suma algebraica de las otras y lleva el nombre de movimientos<br />

monetarios compensatorios):<br />

a) Partidas corrientes.<br />

b) Cuenta de capital (privada y pública).<br />

c) Discrepancia estadística.<br />

d) Transacciones oficiales.<br />

Como sub a) se incluyen las transacciones que tienen por objeto:<br />

– Mercancías, también llamadas partidas visibles (balanza comercial).<br />

– Partidas invisibles (servicios: fletes y seguros para el transporte de mercancías, flete de pasajeros,<br />

servicios de comunicación, de intermediación y de naturaleza comercial y financiera, servicios<br />

para las empresas, servicios de carácter cultural, viajes).<br />

– Exportaciones y subvenciones gubernamentales (como, por ejemplo, cometidos militares y también<br />

los alquileres pagados por bases militares o sedes de embajadas, etcétera).<br />

La primera sección mide la diferencia existente entre las importaciones y exportaciones totales de<br />

bienes y servicios entre un país y el operador exterior.<br />

Los flujos de capital calculados como sub b) indican los préstamos que el Estado y los ciudadanos<br />

obtienen de o conceden a otros Estados o ciudadanos residentes en el exterior. Por causa de diversos<br />

problemas, no todas las operaciones con el exterior son calculables (transacciones no registradas) y,<br />

por tanto, la tercera sección, llamada también “de errores y omisiones”, tiene por fin igualar el saldo<br />

de las partidas corrientes y de las cuentas de capital con el saldo de los movimientos monetarios<br />

(es esta la denominada discrepancia estadística, que equivale al valor neto de todas las transacciones<br />

no registradas).<br />

Por definición contable, la balanza de pagos debe estar en equilibrio; esto es, con ingresos y egresos<br />

a la par. Sin embargo, ni siquiera esta convención se cumple en términos apropiados. En casi todos los<br />

casos, la partida de “errores y omisiones” se ve considerablemente engrosada 3 , lo que refleja, por una<br />

parte, deficiencias en la estadística, pero también, y de manera cada vez más determinante, la existencia<br />

de una “economía sumergida” que internacionalmente va en aumento, vinculada al comercio ilegal, al<br />

crimen organizado y a las transacciones financieras en los paraísos fiscales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

394


Además, este equilibrio es un artificio contable. En realidad, la balanza de pagos permite identificar<br />

diversos tipos de movimientos de capital que no tienen razón alguna para estar en equilibrio armónico<br />

entre sí:<br />

– Movimientos de capital-mercancía, en forma de comercio de bienes y servicios. El subalance comercial<br />

refleja estos movimientos en forma bastante realista, aunque sin incluir el importante tráfico<br />

de mercancías ilegales, sobre todo drogas y fuerza de trabajo.<br />

– Transferencias de renta, en forma de rentas salariales (remesas), rentas fiscales (los pagos y los<br />

ingresos públicos a organismos internacionales, también en forma de donaciones) y rentas de capital<br />

(regalías, beneficios no distribuidos). Se pueden, asimismo, incluir los movimientos de<br />

capital a corto plazo o inversiones de portafolios, como parte de estas transferencias de renta que<br />

se traducen igualmente en transferencias de propiedad.<br />

– Movimientos de capital productivo, incluido en el capítulo de las inversiones directas.<br />

El resto de las partidas corresponde, en la mayor parte de los casos, a artificios contables utilizados<br />

por los Estados para “cuadrar el balance” y para diferir en el tiempo los pagos, en forma de acumulación<br />

de deudas por pagar (o por cobrar) como consecuencia de mercancías adquiridas (o vendidas) a crédito.<br />

Resumiendo, en general las exportaciones registran ingresos de divisas y las importaciones, flujos<br />

de salida de divisas: un saldo positivo en la balanza refleja un excedente; uno negativo, un déficit.<br />

Está claro, entonces, que la exportación de bienes y servicios comporta una entrada de divisas y la<br />

exportación, una salida de divisas. Por tanto, si un exportador del país en cuestión no hace el encaje<br />

de divisa exterior, sino de su contravalor en moneda nacional (euros, por ejemplo), aumentarán los<br />

créditos hacia el operador exterior y, al mismo tiempo, la exposición deudora de las instituciones<br />

monetarias centrales, que habrán aumentado la emisión de su moneda legal. Es por eso que el saldo de<br />

la sección de movimientos monetarios (compensatorios) influye en la gestión de liquidez del sistemapaís<br />

en cuestión; en efecto, si el saldo de los movimientos monetarios es negativo, se incrementará la<br />

circulación de moneda legal y se reducirá con saldo positivo.<br />

Una característica de la globalización neoliberal es el creciente peso de la inversión de portafolios,<br />

que no implica el control de la propiedad de los medios de producción, pero apunta a la obtención,<br />

en forma de renta (financiera), de una parte de la utilidad generada en el proceso productivo. Estas<br />

rentas, cuando se declaran, son incluidas en la balanza de pagos, en la partida de ingresos por rentas<br />

de inversión.<br />

Al reordenar las partidas en función de la clasificación indicada (capital-mercancías, renta y capital<br />

productivo), el análisis de la balanza de pagos permite identificar algunas tendencias claves en el proceso<br />

de acumulación capitalista.<br />

3. Con la creación del euro se modifica la definición del concepto de “reservas nacionales” en los países<br />

miembros de la Eurozona. Tales reservas son ahora definidas como “activos líquidos en divisa extranjera<br />

que los bancos centrales nacionales mantienen, en relación con los residentes de países distintos de<br />

la UEM”* (Banco de España, 2001).<br />

* (n.t.) Unión Económica y Monetaria.<br />

EL ANÁLISIS ESTADÍSTICO-ECONÓMICO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES<br />

395


No se considera, por tanto, ningún tipo de activos en euros, ni los activos en divisa extranjera de<br />

residentes de los países de la UEM. Por otra parte, las reservas del Eurosistema están constituidas, en<br />

su conjunto, por la suma de las de sus países miembros, más las que posee el Banco Central Europeo<br />

(BCE). En consecuencia, si se hace una transacción externa con un país que no pertenece a la UEM, se<br />

provoca un cambio en el volumen de las reservas nacionales y en el saldo del país miembro de la UEM<br />

en el BCE. Pero si la transacción se efectúa con un país de la UEM, solo se modifica el saldo de cuentas<br />

de los respectivos bancos centrales del Eurosistema, cosa que no influye en las reservas nacionales de<br />

los respectivos países.<br />

Los pagos en euros se efectúan por medio del sistema electrónico Target. Se trata de un sistema de<br />

compensación de grandes pagos y recuperación de créditos entre los países miembros, que cumple una<br />

función similar a la desempeñada por la Unión Europea de Pagos (UEP) de los años cincuenta: reducir<br />

las necesidades de liquidez efectiva para finiquitar los pagos. Este sistema liquida mediante compensación<br />

los saldos, incluso, de operaciones transfronterizas, siguiendo el sistema de liquidación de la Asociación<br />

Bancaria Europea. Los créditos transfronterizos que a través del sistema Target reciben los<br />

bancos nacionales, para sí mismos o para sus clientes, dan origen a un incremento del saldo de cuenta<br />

del Banco Central en el Eurosistema, y los fondos enviados para pagos producen una disminución de<br />

ese saldo. En la misma cantidad varía la cuenta que en el Banco Central mantiene el banco nacional que<br />

recibe o emite los fondos. La operación que se realiza entre el Banco Central y el Eurosistema es asentada<br />

en la balanza de pagos, por efectuarse entre una institución nacional y una extranjera, no así las<br />

variaciones de cuenta entre el Banco Central y la banca nacional, por ser operaciones internas del país.<br />

4. Valga precisar que el saldo de la balanza de pagos indica también, en estricto sentido, una demanda<br />

y una oferta de moneda extranjera, así como la tasa de cambio y el precio de compra-venta de diversas<br />

monedas entre residentes y no residentes. Si el aumento de la tasa de cambio es superior al incremento<br />

del índice de precios habido en un país dado durante un determinado período, eso significa que la<br />

moneda nacional, en términos de cambio, ha sufrido una devaluación superior a su pérdida de poder<br />

adquisitivo en el país en cuestión. En general, si el aumento de los precios es superior (o inferior)<br />

que el aumento de la tasa de cambio, se tendrá una pérdida (o una ganancia) de competitividad en el<br />

cambio. Si se producen así anomalías fuertes y perdurables en el mercado de cambios, generalmente<br />

no basta con los llamados desplazamientos espontáneos de la balanza de pagos para reequilibrarlo. Se<br />

tornan necesarias, entonces, las intervenciones de las autoridades monetarias o de los bancos centrales,<br />

interesados en inyectar o retirar cantidades de la divisa en tensión con el fin de corregir tales anomalías.<br />

Para seguir atentamente el comportamiento del mercado de cambios y, por tanto, la estructura de<br />

las dilaciones de pago que se registran con relación a las divisas, las autoridades monetarias elaboran<br />

–conjuntamente con la balanza de pagos propiamente económica, construida según los principios de<br />

la competencia– una balanza de divisas (esto es, de los encajes y desembolsos en divisas, y por ende referida<br />

al momento del pago efectivo de las divisas), justamente para considerar los desfases temporales<br />

entre entrada y salida de una mercancía y el pago correspondiente (la salida de mercancías hace surgir<br />

un crédito y la entrada, un débito). El desfase temporal entre flujos físicos y flujos monetarios depende<br />

de la naturaleza de los primeros y del período al que se refiere la balanza.<br />

El Banco de Italia define la balanza de divisas como una esquematización de la balanza de pagos,<br />

en la que se exponen los pagos efectivos en divisas de las transacciones con el exterior 4 . Las casillas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

396


de la balanza de divisas son más o menos las mismas que las de la balanza económica; de hecho, los<br />

movimientos en divisa, convertidos en moneda nacional, son diferenciados según se refieran a partidas<br />

corrientes, a movimientos de capital o a movimientos monetarios, y se contemplan tanto errores y<br />

omisiones como un saldo global positivo o negativo. No se consideran, por ejemplo, las transacciones<br />

unilaterales en especie (por motivos obvios), que en cambio están presentes en la balanza económica.<br />

A diferencia de esta última, que se da a conocer anualmente, la balanza de divisas está disponible mensualmente<br />

y es, por tanto, utilísima para seguir las fluctuaciones de carácter cíclico de la economía. El<br />

saldo de la balanza de divisas es igual –pero solo desde el punto de vista contable (ya que las entradas<br />

o elementos no coinciden)– al saldo de la balanza económica.<br />

El saldo de la balanza de pagos en divisas es también de importancia por su correlación con la base<br />

monetaria del país (esto es, con el conjunto de la moneda primaria, de los activos financieros equiparables<br />

a ella desde el punto de vista de la liquidez y de los activos fácilmente convertibles o a la vista).<br />

Recordemos que el saldo de esta balanza es la diferencia entre ingresos y egresos de divisas; entonces,<br />

un saldo activo determina aumento de las reservas oficiales, emisión de moneda y, con eso, creación de<br />

base monetaria, en tanto que un saldo negativo conlleva su destrucción. Pero el exterior no es el único<br />

canal de creación de base monetaria; también lo es el operador público, que la crea para cubrir el déficit<br />

estatal no financiado por la colocación de títulos públicos.<br />

Entre las situaciones de desequilibrio, muchas veces se tienen que enfrentar circunstancias de déficit<br />

en la balanza de pagos. En ese caso, como parte de los remedios se implementan políticas monetarias<br />

y fiscales de carácter restrictivo (en caso contrario se denominan expansivas), que frenan la demanda<br />

total (como puede ser la reducción del consumo y la inversión a causa de un alza de las tasas de interés),<br />

al tiempo que comprimen la propensión a importar y pueden, en cambio, estimular indirectamente la<br />

propensión a exportar, ya que los productores intentan, entonces, colocar en el exterior sus mercancías,<br />

penalizadas por la disminución de la demanda interna.<br />

Las políticas restrictivas, supuestamente pensadas para combatir en parte la inflación y, por tanto,<br />

frenar los precios internos, se traducen siempre para los trabajadores en contracción del salario directo<br />

e indirecto, dificultades para la obtención de créditos y, en consecuencia, empeoramiento de las condiciones<br />

de vida en general.<br />

2. Algunos factores críticos<br />

1. En definitiva, la riqueza, la naturaleza y el trabajo pueden ser propiedad de los ciudadanos de los<br />

países dominados, pero las estructuras socioeconómicas y las reglas de funcionamiento del mercado<br />

se organizan, cuando se está bajo el influjo de un país dominante, de manera tal que el disfrute<br />

de los recursos naturales y del trabajo queden para beneficio exclusivo de la potencia imperialista y de<br />

sus representantes locales. En términos económicos, ese condicionamiento de las estructuras se refleja<br />

en un sistema de precios y flujos de valor que los autores marxistas han caracterizado, mediante su<br />

análisis, como teoría del intercambio desigual o teoría del desarrollo desigual y combinado. Está claro<br />

que el desarrollo desigual y combinado implica la imposibilidad teórica de concreción de algunos de<br />

los objetivos de la Unión Europea, como la cohesión territorial, en el ámbito de la cual se cumple el<br />

EL ANÁLISIS ESTADÍSTICO-ECONÓMICO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES<br />

397


proceso de acumulación capitalista. Esto significa que los países de la Europa Oriental solo pueden<br />

incorporarse al modelo social y distributivo de la Europa Occidental si la Unión Europea, en su conjunto,<br />

refuerza su dimensión imperialista; es decir, si instala en otras regiones, extracomunitarias, los<br />

mecanismos de apropiación del valor que se utilizan para lograr la cohesión interna en todo el territorio<br />

de la Unión.<br />

Así, la fuerza de trabajo tiene en los países dominados un precio sustancialmente inferior al de los<br />

países imperialistas, y los precios de los bienes y servicios exportables están sujetos a comportamientos<br />

estructurales diferentes. Este es el tema capitular para comprender hoy la teoría del intercambio<br />

desigual.<br />

2. El análisis de la balanza de pagos permite captar<br />

al menos parte de los flujos de valor, mediante<br />

una interpretación adecuada de algunas de las<br />

partidas que la componen.<br />

Superada la fase del dominio colonial, en la<br />

que todas las instituciones y legislaciones se desarrollan<br />

en función de los intereses imperiales, actualmente<br />

es la inversión exterior el mecanismo<br />

habitual de estructuración imperial en el espacio<br />

económico mundial. Si bien es cierto que la<br />

mayor parte de los flujos de inversión discurren<br />

entre los países desarrollados, la inversión que se<br />

dirige hacia los países subdesarrollados, en pos<br />

del dominio imperial, genera tasas de ganancia<br />

mucho más elevadas, debido a la posibilidad de<br />

explotar al máximo la fuerza de trabajo y los recursos<br />

naturales.<br />

Dado que los Estados Unidos son hoy la potencia<br />

imperial más importante, podemos ver de<br />

seguidas, esquemáticamente, cómo se refleja ese<br />

poder en su balanza de pagos. Para esto, comparemos<br />

los movimientos de inversión hacia y desde<br />

Estados Unidos con su rendimiento declarado.<br />

3. Puede observarse que, a partir de la crisis del<br />

sistema monetario internacional, a comienzos<br />

de los años setenta, las ganancias logradas por las<br />

empresas norteamericanas superan ampliamente<br />

sus nuevas inversiones, mientras que a las empresas<br />

extranjeras asentadas en Estados Unidos<br />

les ocurre lo contrario. Aunque la situación para<br />

la inversión extranjera en Estados Unidos sigue<br />

Balanza de pagos de Estados Unidos 1960-2004<br />

(en millones de dólares, a precios constantes de 2000)<br />

Concepto suma 1962-2004<br />

Activos propiedad de<br />

Estados Unidos en el exterior - 7.791.411<br />

Inversiones directas en el exterior - 2.633.554<br />

Otras inversiones privadas en el exterior - 4.976.532<br />

Activos del Gobierno de Estados Unidos<br />

(sin reservas oficiales) - 181.317<br />

Ingresos por rentas de inversiones en<br />

activos en el exterior 6.247.138<br />

Ingresos por inversiones directas 3.060.776<br />

Ingresos por otras inversiones privadas 2.975.947<br />

Ingresos del Gobierno 210.406<br />

Activos en Estados Unidos<br />

propiedad de extranjeros 12.128.488<br />

Inversiones extranjeras directas 2.277.787<br />

Otras inversiones extranjeras privadas 7.849.433<br />

Activos extranjeros oficiales<br />

en Estados Unidos 2.001.256<br />

Pagos por rentas de inversiones<br />

en activos extranjeros - 4.833.220<br />

Pagos por inversiones directas - 716.144<br />

Pagos por otras inversiones privadas - 2.623.275<br />

Pagos del Gobierno - 1.493.812<br />

Fuente: Bureau of Economic Analysis.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

398


siendo hoy parecida, en particular desde comienzos de los años noventa, las multinacionales norteamericanas<br />

en el exterior no pueden percibir un porcentaje de utilidad tan alto como en las décadas<br />

anteriores.<br />

Al analizar la evolución de las rentas de inversión, podemos identificar otros elementos interesantes<br />

en la propia evolución del imperialismo económico. Los pagos por inversiones de portafolios<br />

en Estados Unidos han sido siempre superiores a los pagos por depósitos oficiales o por inversiones<br />

directas, que representan un porcentaje menor. Por el contrario, en las inversiones norteamericanas en<br />

el exterior, las inversiones directas representan el grueso de los ingresos. Ya desde la crisis del sistema<br />

monetario internacional de Bretton Woods, las inversiones de portafolios comienzan a representar,<br />

cada vez más, el porcentaje más importante de las entradas, compensando así la caída del ingreso<br />

durante la década de la crisis industrial mundial. A partir de 1980, con el inicio de la liberalización<br />

financiera, las inversiones de portafolios reportan un porcentaje del ingreso superior al de la inversión<br />

directa. En la última década, las rentas por inversiones de portafolios y las ganancias percibidas por<br />

inversión directa alcanzan un porcentaje similar.<br />

Esta evolución muestra cómo la llamada globalización financiera es utilizada por Estados Unidos<br />

para administrar sus problemas de balanza de pagos y para obtener liquidez internacional. Pero actualmente,<br />

como ya se ha podido observar con relación a las ganancias percibidas, el imperialismo<br />

norteamericano se ve sometido a crecientes dificultades para hacerse del valor internacional.<br />

La pérdida progresiva del dominio industrial y tecnológico se traduce en un costo creciente de los<br />

esfuerzos por administrar la balanza de pagos, de modo que, desde comienzos del siglo xxi, los pagos<br />

por inversiones extranjeras en Estados Unidos igualan casi las entradas que ese país obtiene por sus<br />

inversiones en el exterior, equilibrándose así la recepción de valor internacional a través de la inversión.<br />

Se trata de un signo inequívoco de la debilidad actual del imperialismo norteamericano y de la existencia<br />

de una fase de creciente rivalidad entre las potencias por la percepción del excedente (surplus, o<br />

sea plusvalía) mundial.<br />

— notas —<br />

1<br />

Cfr. Banco de España (2004: 119-120). Para profundizar en la estructura contable y en el significado tanto de las secciones<br />

como de los términos, véase Alvaro (1999) y Cozzi y Zamagni (1995).<br />

2 Transacción económica es el paso de un bien, servicio o instrumento crediticio de un sujeto u operador económico a otro. El<br />

concepto de residente no coincide con el de nacionalidad. En el caso de los fondos de la Unión Europea, las transferencias del<br />

FSE y el Feoga-Garantía** se clasifican como corrientes, mientras que las del Feoga-Orientación, Feder*** y Fondo de Cohesión<br />

y Pagos Nacionales a la Unión Europea se consideran (salvo los pagos al FES) como transferencias de capital.<br />

3 En Estados Unidos, entre 1960 y 1983, el importe de los errores y omisiones equivalía aproximadamente, cada año, a 0,5%<br />

del PIB. Desde 1984, en coincidencia con el inicio de la globalización financiera, esos valores representan el equivalente a 2% del<br />

PIB y en algunos años, por ejemplo en 2000 y 2002, ha superado el 4%.<br />

** (n.t.) Fondo Social Europeo, Fondo Europeo Agrícola de Orientación y Garantía.<br />

*** (n.t.) Fondo Europeo de Desarrollo Regional.<br />

EL ANÁLISIS ESTADÍSTICO-ECONÓMICO DE LAS RELACIONES INTERNACIONALES<br />

399


4 “La balanza de pagos constituye asimismo el aporte de cada país a la compilación de la balanza de pagos del área del euro,<br />

para las transacciones con los no residentes en el área. Dentro del área del euro, la balanza de pagos de Italia equivale a una<br />

balanza ‘regional’ y, en cuanto tal, no es un instrumento de la política monetaria y cambiaria, como lo es la balanza del área del<br />

euro. Es, sin embargo, un instrumento fundamental para el análisis económico a nivel nacional, y en particular para el análisis<br />

de la aformación y el uso de los recursos. Sobre la base de los aportes nacionales se calcula además, siempre a nivel del área<br />

monetaria, la ‘presentación monetaria de la balanza de pagos” (Banco de Italia, 2004: 15).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

400


Capítulo III<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES<br />

A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

1. El enfoque de Marx<br />

1. El estudio del operador resto del mundo, y por tanto de las relaciones económicas de un país con el<br />

exterior, no tiene sentido sin un análisis de la actual fase del imperialismo.<br />

En el llamado pensamiento único hay conceptos mistificadores, ampliamente divulgados por la publicística<br />

–como “fin de la historia”, “nuevo orden mundial”, “teoría neoliberal de la globalización”–,<br />

cuyo fin es promover un pensamiento funcional a los objetivos de la oligarquía financiera internacional,<br />

que quiere presentarnos el mundo en forma compatible con un orden social que haga seguro su<br />

proyecto de dominación a nivel mundial 1 .<br />

El punto central de la teoría económica de Marx, como hemos visto, es el análisis de las tendencias<br />

del capitalismo, independientemente de la voluntad y de la conciencia de los hombres. Marx descubre<br />

la ley económica interna en la que se apoya el movimiento del capital y nos demuestra, sobre esa base, el<br />

límite histórico del sistema capitalista y la inevitabilidad del triunfo del socialismo. Al no estar maduras


para eso las condiciones, describe el tránsito al socialismo como una tendencia histórica de la acumulación<br />

capitalista (sección VII, capítulo XXIV del primer tomo de El Capital) y afirma que el capitalismo<br />

prepara, inevitablemente, la expropiación de los expropiadores a escala mundial. En el análisis realizado<br />

por Marx se pueden identificar puntos claves para la interpretación de las relaciones internacionales:<br />

a) La constante concentración de la producción y del capital. Como resultado, se reduce incesantemente<br />

el número de los grandes magnates del capital 2 .<br />

b) Este proceso genera “el carácter internacional del régimen capitalista”.<br />

c) En estas condiciones históricas, el monopolio del capital se convierte en motor del régimen de<br />

producción. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan<br />

a un punto en que resultan incompatibles con su envoltorio o forma capitalista 3 .<br />

2. Dado que la práctica social es el criterio con el que se mide la exactitud de los principios teóricos,<br />

es necesario evaluar los nuevos fenómenos fundamentales surgidos en el seno del sistema capitalista.<br />

Aun si esos fenómenos no alteran la esencia del modo de producción, es indispensable descifrar la<br />

“maleza” de las nuevas formas que se presentan como andamiaje, como superestructura del viejo capitalismo,<br />

escondiéndolo todavía más. La fase imperialista no pone al descubierto su esencia capitalista, sino<br />

que antes bien la hace más compleja y la esconde tras una fachada que podríamos llamar “de segundo<br />

grado”. La esencia del surgimiento de la fase monopólica está íntegramente presente en el mecanismo<br />

de la acumulación capitalista, estudiado por Marx en la sección VII del primer tomo de El capital 4 .<br />

Es importante llamar la atención sobre el hecho de que la libre competencia se manifestó, a partir<br />

del capitalismo premonopolista, como antítesis del monopolio 5 y era esto lo que daba a los capitalistas,<br />

que gozaban de un monopolio temporal, el privilegio de disfrutar permanentemente de utilidades<br />

extraordinarias. No es correcto afirmar que el monopolio constituye la antítesis de la competencia.<br />

Como bien lo indica el propio Karl Marx, “el monopolio engendra la competencia, la competencia<br />

engendra el monopolio. Los monopolistas compiten entre sí, los competidores pasan a ser monopolistas”<br />

(Marx, 1974: 149).<br />

2. Formación del capital financiero (Kf)<br />

1. La importancia y complejidad de este fenómeno hacen necesaria una explicación previa.<br />

El capital ficticio crea la posibilidad real de fusionar el capital industrial y el bancario en el contexto<br />

de una unidad monopólica nueva, ya que en la práctica el capital monopolista industrial y el capital<br />

monopolista bancario se convierten en formas funcionales de existencia del capital financiero. En la<br />

práctica capitalista, los capitales efectivos invertidos en la industria y en la banca no pueden absorberse<br />

o disolverse uno en el otro y mantienen, por ello, una existencia independiente en sus respectivos<br />

procesos de reproducción y circulación. Todo esto prueba que, aun si el capital financiero es capital<br />

ficticio, existe sobre todo como capital financiero monopolizado.<br />

La fusión, como unión estructural en un único monopolio, se produce esencialmente en el capital<br />

ficticio, aun cuando tiene por fundamento el capital real y efectivo: el capital ficticio monopolizado<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

402


consta casi siempre de títulos, que pasan por las manos de los banqueros, antes de estar en posesión de<br />

sus propietarios, y el banquero sigue administrándolos incluso después que el propietario los recibe.<br />

Una parte considerable del capital ficticio de los monopolios industriales se halla en la propiedad<br />

directa de los bancos y, de esa manera, se convierte en una parte del capital efectivo.<br />

2. La combinación de un monopolio bancario con uno industrial se obtiene sin necesidad de que<br />

se unan en una nueva estructura monopólica. Es suficiente que haya entre ellos una estrecha unión,<br />

convalidada por vínculos financieros, por la presencia de grandes accionistas comunes, por personeros<br />

compartidos en ambas directivas, etcétera. Se trata de nexos muy estrechos y de niveles de subordinación<br />

que se establecen entre las formas funcionales del capital financiero; es decir, sobre la base de<br />

relaciones indirectas estables y flexibles, relaciones a largo plazo, relaciones de dependencia determinadas<br />

por la posesión de acciones en la bolsa. Lenin, al considerar algunas características del capital<br />

financiero, observó que se trataba de un capital particularmente móvil y flexible, impersonal y ajeno<br />

a la producción directa, que se presta con facilidad a la concentración y que puede ser combinado<br />

mediante distintas formas de participación.<br />

Todos estos fenómenos se manifiestan ya como parte de las condiciones del período de transición<br />

del capitalismo de libre competencia, aun cuando no todavía como formas dominantes.<br />

Fue Engels quien entendió algunos de ellos y Marx los intuyó en los problemas aquí analizados,<br />

pero tocará a Lenin el mérito de crear las nuevas formulaciones teóricas.<br />

3. La teoría del imperialismo en Lenin<br />

1. Lenin no se planteó la formulación de una teoría como objetivo intelectual: esa tarea le fue impuesta<br />

por su deseo de transformar la realidad social que lo circundaba. Por tal razón, en la obra de Lenin hay<br />

una búsqueda incesante de comprensión de la realidad para llevar ese conocimiento a la política, sobre<br />

la cual se funda toda su producción intelectual. Ya en sus primeras obras, a fines del siglo xix, comenzaban<br />

a surgir algunos elementos relativos al análisis de la transformación que se estaba dando en el<br />

capitalismo de libre competencia y en el capitalismo monopolista o imperialismo. Se nota que Lenin,<br />

en su elaboración teórica, había consultado el libro de Bujarin, La economía mundial y el imperialismo,<br />

sobre una base económica.<br />

El término “imperialismo” era ya bastante utilizado y se empleaba en sentido político para caracterizar<br />

o denominar la expansión colonial de las potencias capitalistas dominantes de la época.<br />

Con Lenin se transformó en un concepto basado en la economía política a partir de los aportes de<br />

su pensamiento, pues el imperialismo se convierte en un concepto que caracteriza como capitalismo<br />

monopolista una fase del modo de producción capitalista 6 .<br />

2. Lo que ocurrió en ese entonces es muy parecido a lo sucedido a finales del siglo xx, época en que<br />

los marxistas han tenido que afrontar tanto los cambios del imperialismo como las interpretaciones<br />

erróneas provenientes de sus propias filas.<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

403


Por esa razón, era preciso combatir las falsas o débiles interpretaciones que del imperialismo formulaban<br />

los dirigentes de la Segunda Internacional.<br />

La teoría leninista del imperialismo nace de la necesidad de interpretar los nuevos fenómenos del<br />

desarrollo del capitalismo. En esa coyuntura, Lenin desplegó un intenso trabajo de búsqueda que, en<br />

lo esencial, se resume en sus Cuadernos filosóficos (1914-1916), en sus Cuadernos sobre el imperialismo<br />

(1915-1916) y en El imperialismo, fase superior del capitalismo (1915).<br />

Hoy, en medio de los procesos de la llamada globalización neoliberal, sobre la estructura de fondo<br />

de los cambios ocurridos durante los años ochenta y –en general– en los últimos 25 años, en pleno<br />

desarrollo del capitalismo, tras la derrota del socialismo en Europa, se plantea a los marxistas una<br />

tarea casi igual a la que debió afrontar Lenin. Es necesario hacer una lectura científica –y alternativa<br />

al accionar de la derecha (y la izquierda) neoclásica– acerca de los sucesos actualmente en curso. Una<br />

interpretación actual de los fenómenos del imperialismo exige un instrumento metodológico que<br />

podemos encontrar en la dialéctica de Marx, pero también en las aplicaciones que hizo Lenin de los<br />

principios teóricos concebidos por Marx y Engels, acerca de la fase monopolista del capitalismo 7 .<br />

3. Primero que nada, Lenin aportó como base algunos aspectos filosóficos. Entre los conceptos desarrollados<br />

en los Cuadernos filosóficos y en Materialismo y empiriocriticismo, hay uno de gran importancia<br />

para la búsqueda acerca del imperialismo, que se refiere a los estudios y a la conceptualización de la<br />

“esencia” como categoría filosófica. Lenin elaboró la teoría de los “niveles” o “grados” de la esencia, vital<br />

para comprender qué cosa es el imperialismo –o la fase monopólica–, con respecto al capitalismo como<br />

modo de producción, y qué es el monopolio, concepto clave de la nueva fase, respecto a la esencia<br />

explotadora del capitalismo en su nuevo período histórico de desarrollo. Problema este que Lenin<br />

resuelve sobre la base de las siguientes consideraciones:<br />

a) El imperialismo está en la base del capitalismo monopolista, resultado del alto nivel de concentración<br />

de la producción y del capital obtenido por un pequeño grupo de potencias capitalistas<br />

principales.<br />

b) El imperialismo no es otra cosa que una superestructura del viejo capitalismo, por lo que el primero<br />

no existe sino sobre la estructura del segundo: no lo niega mecánicamente, sino en sentido<br />

dialéctico, es decir, superándolo y completándolo en una fase histórica superior de su desarrollo.<br />

c) Por tanto, el monopolio no niega la competencia: existe por encima de ella y con ella, la supera<br />

y al mismo tiempo la contiene; monopolio y competencia forman así una unidad dialéctica<br />

indisoluble 8 .<br />

d) El monopolio, pues, no niega la esencia más íntima del modo de producción, sino que la<br />

expresa en un nuevo nivel de su desarrollo; plusvalía y monopolio devienen así en dos niveles o<br />

grados de la esencia del modo de producción.<br />

e) En consecuencia, el imperialismo no es otra cosa que una esencia económica de segundo grado<br />

del modo de producción, esencia a su vez contenida en cada rasgo económico fundamental de<br />

la nueva fase.<br />

4. Resulta importante aclarar qué representa actualmente la globalización neoliberal, o mundialización,<br />

con respecto al imperialismo; si se trata de un momento completamente inédito en este último o<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

404


si, aun cuando presente fenómenos nuevos, no es sino la continuación de las tendencias ya contenidas<br />

en la fase imperialista, en esa que desde hace muchos años hemos definido como competencia global,<br />

ahora como configuración actual de la mundialización capitalista 9 . Razón por la cual no es difícil<br />

tropezar con interpretaciones que hacen del imperialismo un término definitivamente obsoleto, bien<br />

sea porque no se correspondería ya con una caracterización de la fase que actualmente atraviesa el<br />

capitalismo, o porque, a diferencia del capitalismo de los años ochenta, el actual sería un régimen<br />

de producción con “rostro humano”, que habría eliminado cuanto anteriormente podía ser objeto de<br />

crítica. Volveremos más adelante sobre estos asuntos.<br />

Pero la estructura de la obra del Lenin sobre el imperialismo no se parece a la de El Capital, dado<br />

que el conjunto de los problemas que estudia es, en general, nuevo, en tanto que trasciende la simple<br />

continuidad del estudio y búsqueda en torno al concepto de capitalismo. La obra fue escrita con<br />

intención divulgativa y bajo la censura zarista, que limitaba su contenido en las conclusiones políticas.<br />

Sería, sin embargo, un error desde todo punto de vista, separar el trabajo de Marx (y Engels) de la obra<br />

de Lenin: ambos conforman el contenido integral de la búsqueda marxista en el campo de la economía<br />

política como ciencia.<br />

Lenin inicia su estudio del imperialismo exactamente a partir del descubrimiento científico más<br />

importante que hiciera Marx, desde un punto de vista analítico concreto: los rasgos económicos fundamentales<br />

que asume el capitalismo en su nueva fase histórica de desarrollo. Ello le permite caracterizar<br />

ese momento como una fase.<br />

Los países entonces involucrados eran sobre todo Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos.<br />

Como ya lo había supuesto Marx, en esos países la concentración y centralización de la producción y<br />

del capital habían llevado a poner de relieve el dominio de un pequeño grupo de magnates del capital.<br />

La oligarquía financiera había usurpado y monopolizado todas las ventajas del proceso de socialización<br />

que se derivaban del desarrollo histórico del capitalismo. Lenin analiza la internacionalización del ciclo<br />

del capital que, como resultado del proceso de concentración y centralización del dinero y de la producción,<br />

sobrepasa ya las fronteras nacionales y da lugar al proceso de internacionalización capitalista,<br />

que muy claramente expresa el modo en que la riqueza y el poder se concentran todavía más cuando<br />

se inicia el predominio de los monopolios.<br />

Se trata del salto del proceso de acumulación capitalista a un nivel internacional, con un grado tal<br />

de concentración del poder que, incluso en el seno de la misma burguesía, se produce un fenómeno de<br />

diferenciación económica entre la oligarquía financiera (el ápice) y el resto de la clase. Este fenómeno<br />

tiene sus correlatos políticos, que de seguidas se pueden analizar sintéticamente.<br />

El primer y más importante efecto se da en la tendencia histórica de la acumulación capitalista.<br />

Al llegar a su culminación la fase de ascenso de la gran producción, en el encabalgamiento de los<br />

siglos xix y xx, el comercio produjo la internacionalización de las relaciones económicas y del capital,<br />

transformando así esa gran producción. Este análisis de la internacionalización es fundamental para<br />

comprender el surgimiento y desarrollo de los “mecanismos de transmisión” de los impulsos cíclicos<br />

desde los centros del capitalismo desarrollado hacia el resto de las economías del sistema.<br />

Lenin debe, necesariamente, evaluar cuál será el lugar que en la historia espera al capitalismo.<br />

Basándose, entonces, en el examen de las peculiaridades económicas del capitalismo moderno y del<br />

sistema en su conjunto, pone en evidencia tres rasgos cualitativos generales del imperialismo como<br />

capitalismo:<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

405


a) Capitalismo monopolista.<br />

b) Capitalismo parasitario y en descomposición.<br />

c) Capitalismo agonizante.<br />

Estos rasgos testimonian que la propiedad privada ha entrado, con el imperialismo, en su fase<br />

final, impulsando así las tendencias fundamentales del desarrollo capitalista ya descubiertas por Marx.<br />

No estamos hablando, ni lo hace Lenin, de que se pueda fijar el momento específico de la desaparición<br />

de la propiedad privada, pero las condiciones que genera y los obstáculos que deja en el curso de su<br />

desarrollo y funcionamiento, nos dicen que de ella no se puede esperar sino un proceso que indique<br />

de manera creciente y cada vez más aguda la necesidad de su desaparición. Esta tesis de Lenin es muy<br />

importante para comprender que, no obstante sus progresos coyunturales y a largo plazo, el capitalismo,<br />

como lo sostuvo Marx, planta las premisas de su propia superación. Lenin no necesita regresar<br />

a las leyes ya descubiertas por Marx. Al contrario, nos indica que el objetivo fundamental es revelar<br />

la influencia y las consecuencias que para el capitalismo han significado los cambios ocurridos en la<br />

economía entre fines del siglo xix y comienzos del xx, cuando se lleva a cabo el tránsito definitivo de<br />

todo el modo de producción a una fase superior de su desarrollo; un proceso en el cual no ha sufrido<br />

cambios el destino de ese modo de producción. Se trata, pues, de un análisis de cuanto ha ocurrido de<br />

nuevo con posterioridad a la obra central de Marx, El Capital, pero no desde una perspectiva histórica<br />

lineal. La esencia de estos cambios y transformaciones del capitalismo reside, en primer lugar, en el<br />

crecimiento incesante del dominio real del capital sobre el trabajo y en el aumento de la explotación de<br />

este último; y, en segundo lugar, en la agudización de todas las contradicciones antagónicas del capitalismo,<br />

que siguen impulsando su caída. Ese proceso no concluirá hasta tanto el capitalismo no haya<br />

agotado todos sus recursos de sobrevivencia. Es muy importante, y constituye un verdadero desafío<br />

para la humanidad, la manera en que el capitalismo se despedirá del escenario histórico.<br />

Por tanto, con el imperialismo no desaparecerán, sino que seguirán agudizándose, las contradicciones<br />

que puso Marx al descubierto. Se agudizará además la lucha por la sobrevivencia del régimen de<br />

producción y del sistema social como tal, y todo esto también en el plano internacional.<br />

Los años transcurridos entre finales del siglo xx y comienzos del xxi –tras la caída del socialismo en<br />

la Europa Oriental y en la Unión Soviética– han servido para confirmar que ni el socialismo ha perdido<br />

sus posibilidades como alternativa social, ni el capitalismo ha obtenido un triunfo que lo haga eterno<br />

como régimen. Basta observar las condiciones de enorme desigualdad y los conflictos –convertidos ya<br />

en fenómenos estructurales– determinados por la actual fase de mundialización capitalista. Al mismo<br />

tiempo, se pueden considerar las razones de la actualidad y necesidad del socialismo, siempre que las<br />

condiciones objetivas encuentren organizada la justa subjetividad revolucionaria.<br />

5. También se debe considerar que es imposible entender el capitalismo actual sin tomar asimismo en<br />

consideración los mecanismos extraeconómicos de la explotación capitalista y de su desarrollo, temas<br />

que fueron ampliamente tratados por Lenin. La explotación, en efecto, es un sistema dentro del cual<br />

se conjugan instrumentos económicos, pero también políticos, sociales, psicológicos y de poder. Las<br />

presiones ulteriores que el imperialismo ejerce para aumentar la explotación tienen una base y un<br />

substrato económico, pero muchas son extraeconómicas, ya que no están directamente vinculadas al<br />

ejercicio de la ley del valor, sino al ejercicio del poder de las clases dominantes y subalternas.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

406


En apoyo a esta explotación extraeconómica concurren mecanismos de sumisión a los intereses de<br />

la oligarquía financiera: organismos económicos internacionales, como el Fondo Monetario Mundial,<br />

el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, etcétera, que son al mismo tiempo “instrumento<br />

de transmisión” dentro del sistema capitalista y de la economía mundial.<br />

Pero todavía más importante es la red de poder imperialista que crea, en los distintos países, las<br />

clases y grupos subalternos que el imperialismo explota y controla para sus fines expansionistas.<br />

A ese fin, existen esencialmente cinco tipos de monopolios:<br />

a) El monopolio que es producto de la concentración de la producción y del capital; sus niveles<br />

más elevados de desarrollo solo los alcanza un pequeño grupo de potencias capitalistas, que no<br />

representa más de 10% de todos los países que forman parte del sistema a escala mundial.<br />

b) Los monopolios surgidos de la lucha por la conquista de las más importantes fuentes de materias<br />

primas y de todo tipo de recursos humanos, de la biodiversidad, etcétera.<br />

c) El monopolio nacido de los bancos, de aquellos que pasaron de ser modestos intermediarios a<br />

transformarse en monopolizadores del capital financiero, creadores de una oligarquía financiera<br />

que se convierte en multinacional, con una red propia de dependencia.<br />

d) El monopolio nacido de la política colonial, que deviene en instrumento básico para la creación<br />

de las redes de dependencia neocolonial, para el desarrollo de la exportación de capitales y el<br />

dominio de las grandes empresas multinacionales.<br />

e) El monopolio que, al querer aumentar continuamente sus ganancias, se vale de la violencia<br />

política, de la manipulación –en provecho propio– de los balances estatales y del incremento<br />

continuo del gasto militar, que es el perverso mecanismo de la política económica anticíclica<br />

del imperialismo, conjuntamente con una política de división del mundo en áreas de influencia<br />

económica y política, impuesta con la economía de guerra y con las guerras mismas 10 .<br />

El monopolio está por eso presente en todos los rasgos económicos fundamentales del imperialismo,<br />

donde representa algo similar a la esencia “de segundo grado” aun cuando se estructure sobre la base<br />

del funcionamiento de la ley de acumulación, dinámica específica con la que se manifiesta la ley de<br />

la plusvalía. Es lógico, entonces, que Lenin haya comenzado su análisis a partir de la “concentración<br />

de la producción y los monopolios” y que cada definición suya del imperialismo, desde la más esencial<br />

y sintética (fase monopólica del capitalismo) hasta la más amplia y compleja, esté vinculada a ese<br />

fenómeno. Ese es el vínculo directo con Marx, con la sección VII del tomo I de El Capital, donde este<br />

último analiza la “ley general de la acumulación capitalista” y de ella deduce tendencias históricas de<br />

ese modo de producción que la realidad actual confirma como verdades históricas y científicas.<br />

De seguidas, tomaremos la actualidad de Estados Unidos como ejemplo particular para hacer un<br />

análisis de la relación entre política y economía en la dimensión y configuración actual del imperialismo.<br />

4. Estados Unidos como economía imperialista<br />

1. Unos dos siglos atrás, Estados Unidos –que en 1790 estaba formado únicamente por 13 colonias<br />

orientales– era una sociedad agrícola y patriarcal con cuatro millones de habitantes, de los cuales<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

407


700.000 eran esclavos negros. Norteamérica podía contar, sin embargo, con un conjunto de factores<br />

que favorecían su desarrollo económico.<br />

Ya en 1894 ocupaba en el mundo el primer lugar en producción industrial. En el período posterior<br />

a la segunda conflagración mundial, de la cual salió Estados Unidos victorioso, su predominio<br />

económico se ve sostenido por un nuevo orden mundial, cuya estructura permanece prácticamente<br />

inalterada hasta el 11 de septiembre de 2001.<br />

La crisis económica de 1929-1933 representó una experiencia extraordinaria para todos los<br />

países capitalistas, pero en particular para Estados Unidos. Fue ese un momento de “separación de<br />

aguas” en la política económica, que marcó el surgimiento del New Deal y trastrocó buena parte<br />

de las creencias políticas y económicas anteriores, para dar paso a la masiva intromisión del Estado<br />

en la economía. Un paso que no fue ni indoloro ni tranquilo y que concitó fuerte oposición de la<br />

clase capitalista.<br />

Las ideas keynesianas comenzaron a apoderarse del pensamiento económico neoclásico hasta entonces<br />

vigente. Una vez superada, entre 1937 y 1939, la crisis económica más grande en la historia del<br />

capitalismo, la guerra interrumpe el curso normal del ciclo económico hasta que, a partir de 1945, se<br />

inicia una expansión ligada, por diversas razones, al proceso de recuperación de las economías capitalistas<br />

devastadas por el conflicto bélico. Fue durante el período posterior a 1945 –aunque ya desde<br />

1944, con la conferencia de Bretton Woods– que Estados Unidos se convierte en la potencia capitalista<br />

(imperialista) central del sistema a escala mundial. Las causas fundamentales de ese proceso se pueden<br />

resumir en los siguientes puntos:<br />

a) Estados Unidos, y su economía en particular, no sufrió las devastaciones que la guerra representó,<br />

en lo material, para las potencias capitalistas europeas y la Unión Soviética, que desde el<br />

principio fueron el centro crítico de la confrontación con la Alemania nazi y con el llamado eje<br />

Berlín-Roma-Tokio.<br />

b) La participación de Estados Unidos en la economía mundial alcanzaba en 1945 los siguientes<br />

porcentajes:<br />

– Participación industrial: 40%.<br />

– Exportaciones mundiales: 18%.<br />

– Recursos monetarios: 33%.<br />

c) La conferencia de Bretton Woods, realizada en 1944, llevó a la organización de un sistema<br />

monetario internacional único (hasta entonces inexistente) y a la creación, como ya se ha<br />

explicado, del FMI y el Banco Mundial. El “Plan White” triunfa como criterio de organización<br />

monetaria a escala internacional. Aun cuando se establece una cesta de monedas,<br />

supuestamente en paridad de condiciones, el dólar surge como centro del referido sistema<br />

monetario.<br />

Más de 90% de las mercancías entonces comercializadas podían ser compradas con la moneda<br />

norteamericana y, por tanto, la dinámica real del comercio determinó su papel como centro del sistema<br />

monetario. El dólar pasó así a ocupar un lugar que le permitía ejercer las funciones monetarias y<br />

financieras básicas: numerario de todas las monedas, medio de pago para el comercio internacional,<br />

recurso internacional y forma de atesoramiento.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

408


2. El Plan Marshall, con el cual contribuyó Estados Unidos a financiar la reconstrucción de cuanto fue<br />

destruido por la guerra en Europa, hizo avanzar todavía más la posición económica norteamericana a<br />

nivel internacional. La Unión Soviética fue excluida del plan, así como de todo beneficio proveniente<br />

de Estados Unidos. La economía estadounidense siguió produciendo al máximo, primero para abastecer<br />

el tercer frente y luego para financiar la recuperación económica de sus aliados. Esto representó<br />

una paradoja negativa para la superpotencia, ya que mientras sus aliados se restablecían y renovaban<br />

su aparato productivo, su propia economía seguía produciendo sobre la base del mismo potencial<br />

tecnológico con el que la había sorprendido la guerra. No obstante, a corto plazo constituyó esto una<br />

ventaja para Estados Unidos, ventaja que solo empezó a perderse cuando los aliados culminaron sus<br />

procesos de recuperación, hacia mediados de los años cincuenta.<br />

Entretanto, el único interés de Estados Unidos era conservar la hegemonía económica, de la cual<br />

puede decirse que disfrutó hasta mediados de los años sesenta. Es esa la paradoja del proyecto de<br />

dominio estadounidense surgido de la Segunda Guerra: se trataba de una hegemonía que, según parece<br />

indicarlo todo, respondía no tanto a la fuerza de la economía norteamericana durante los veinte años<br />

inmediatamente posteriores al conflicto, como a la casi inexistente competencia que le hizo frente<br />

durante tal período, así como a la debilidad que –como resultado de las devastaciones dejadas por la<br />

guerra– presentaban las economías que habrían debido competir con Estados Unidos.<br />

5. Imperialismo económico<br />

1. Se debe recordar que el imperialismo de las últimas décadas, y en particular de los últimos 25 años,<br />

ha producido muchos cambios; igualmente debemos considerar que se ha transformado y, con ello, ha<br />

dado lugar a una economía global con forma de competencia, en cuyo centro se encuentran los procesos<br />

de financiarización. No es posible comprender los fenómenos actuales del imperialismo sobre<br />

la base de una relectura mecánica de los textos clásicos de Rosa Luxemburg, Hilferding y Lenin, “no<br />

porque estén equivocados, como gusta decir a la derecha, sino porque el capitalismo es un sistema que<br />

muta, dinámico y, como escribieron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, es un sistema que ‘se<br />

auto-revoluciona incesantemente” 11 .<br />

Medio siglo atrás, cuando Marx escribió El Capital, la libre concurrencia era considerada por la mayor<br />

parte de los economistas como una “ley natural”. La ciencia oficial intentó aniquilar por la<br />

conspiración del silencio la obra de Marx, quien había demostrado, por medio del análisis teórico<br />

e histórico del capitalismo, que la libre concurrencia engendra la concentración de la producción,<br />

y que dicha concentración, en un cierto grado de su desarrollo, conduce al monopolio. Ahora el<br />

monopolio es un hecho. (…)<br />

Así, pues, el balance principal de la historia de los monopolios es el siguiente:<br />

1. 1860-1880, punto culminante de desarrollo de la libre concurrencia. Los monopolios no<br />

constituyen más que gérmenes apenas perceptibles.<br />

2. Después de la crisis de 1873, largo período de desarrollo de los cartels, pero estos constituyen<br />

todavía una excepción, no son aún sólidos, aún representan un fenómeno pasajero.<br />

3. Auge de fines del siglo xix y crisis de 1900-1903; los cartels se convierten en una de las bases de<br />

toda la vida económica. El capitalismo se ha transformado en imperialismo.<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

409


Los cartels se ponen de acuerdo entre sí respecto a las condiciones de venta, a los plazos de pago,<br />

etcétera. Se reparten los mercados de venta. Fijan la cantidad de productos a fabricar. Establecen los<br />

precios. Distribuyen las ganancias entre las distintas empresas, etcétera 12 *.<br />

Traducido al lenguaje común, esto significa: el desarrollo del capitalismo ha llegado a un punto<br />

tal que, aunque la producción de mercancías sigue “reinando” como antes y siendo considerada<br />

como la base de toda la economía, en realidad se halla ya quebrantada, y las ganancias principales<br />

van a parar a los “genios” de las maquinaciones financieras. En la base de estas maquinaciones y de<br />

estos chanchullos se halla la socialización de la producción; pero el inmenso progreso logrado por la<br />

humanidad, que ha llegado a dicha socialización, beneficia (…) a los especuladores. Más adelante<br />

veremos cómo, “basándose en esto”, la crítica pequeñoburguesa y reaccionaria del imperialismo<br />

capitalista sueña con volver atrás, a la concurrencia “libre”, “pacífica”, “honrada” 13 .<br />

Algunos escritores burgueses (a los cuales se ha unido ahora C. Kautsky, que ha traicionado<br />

completamente su posición marxista de, por ejemplo, 1909) han expresado la opinión de que los cartels<br />

internacionales, siendo como son una de las expresiones de mayor relieve de la internacionalización<br />

del capital, permiten abrigar la esperanza de la paz entre los pueblos bajo el capitalismo. Esta opinión<br />

es, desde el punto de vista teórico, completamente absurda, y, desde el punto de vista práctico,<br />

un sofisma, un medio de defensa poco honrado, del oportunismo de la peor especie. Los cartels<br />

internacionales muestran hasta qué grado han crecido ahora los monopolios capitalistas y cuáles son<br />

los objetivos de la lucha que se desarrolla entre los grupos capitalistas 14 .<br />

Los capitalistas se reparten el mundo, no como consecuencia de su particular perversidad, sino porque<br />

el grado de concentración a que se ha llegado les obliga a seguir este camino para obtener beneficios;<br />

y se lo reparten “según el capital”; “según la fuerza”; otro procedimiento de reparto es imposible en<br />

el sistema de la producción de mercancías y del capitalismo. La fuerza varía a su vez en consonancia<br />

con el desarrollo económico y político; para comprender lo que está aconteciendo, hay que saber<br />

cuáles son los problemas que se solucionan con el cambio de las fuerzas, pero saber si dichos cambios<br />

son “puramente” económicos o extraeconómicos (por ejemplo, militares), es una cuestión secundaria<br />

que no puede hacer variar en nada la concepción fundamental sobre la época actual del capitalismo.<br />

Sustituir la cuestión del contenido de la lucha y de las transacciones entre los grupos capitalistas por la<br />

cuestión de la forma de esta lucha y de estas transacciones (hoy pacífica, mañana no pacífica, pasado<br />

mañana otra vez no pacífica) significa descender hasta el papel de sofista 15 .<br />

No obstante los cambios, el capitalismo conserva su identidad estructural y sigue desempeñando<br />

una función histórica en la lógica de la acumulación capitalista mundial. Continúan vigentes las características<br />

y las connotaciones político-económicas que el imperialismo presentaba desde la Primera<br />

Guerra Mundial. En lugar de disolverse, los rasgos económicos fundamentales definidos por Lenin<br />

se han agudizado; la concentración de la producción y del capital, el dominio de los monopolios,<br />

la exportación de capitales, el capital financiero y la repartición del mundo en esferas de influencia<br />

económica y política, continúan desarrollándose. Incluso el vínculo entre imperialismo y guerra, ya<br />

analizado por Lenin, está más presente que nunca 16 .<br />

La globalización neoliberal, como fase actual, ha acentuado las asimetrías estructurales dentro del<br />

sistema, por obra de un pequeño grupo de potencias imperialistas que refuerzan así su capacidad de<br />

* (n.t.) Para esta y todas las siguientes citas de El imperialismo, fase superior del capitalismo, se utiliza en el presente volumen la<br />

traducción al español que realizara Ediciones en Lenguas Extranjeras (cuarta edición, Pekín, 1975), según aparece reproducida<br />

en http://juventud.psuv.org.ve.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

410


control de la riqueza y hegemonizan los flujos comerciales y financieros. Ella, además, consolida el<br />

dominio imperialista y refuerza la sumisión de los capitalismos periféricos, y de las clases y los grupos<br />

subalternos que la representan en el mundo, intensificando el dominio de la oligarquía financiera. Se<br />

trata de una oligarquía transnacional que opera a nivel planetario, que delinea la política y constituye<br />

casi un “Gobierno mundial” 17 .<br />

J.J. Rousseau subrayó la importancia de comprender cómo los dominados se ven inducidos a pensar<br />

que la obediencia es un deber moral. En esa línea de pensamiento, el imperialismo cuenta con<br />

un fuerte aparato de propaganda que utiliza ilimitadamente, a fin de que los dominados acepten su<br />

condición como algo natural e inmutable 18 .<br />

Por eso, es indispensable profundizar en la naturaleza del fenómeno imperialista, reconsiderar su<br />

surgimiento y someterlo a un análisis actual. Solo de esa manera se pueden determinar los rasgos<br />

histórico-económicos que asume en el presente y precisar los cambios ocurridos durante el último<br />

cuarto de siglo.<br />

El imperialismo implica, hoy más que nunca, la organización internacional de los mercados, de los<br />

Estados nacionales y de las clases dominantes en la lucha por la superación de sus límites históricos,<br />

bajo la dirección de una burguesía verdaderamente internacional, presidida a su vez por los centros<br />

capitalistas más desarrollados y con tendencia a la hegemonización político-militar del poder por parte<br />

de una sola potencia, imperialista e imperial al mismo tiempo: los Estados Unidos de América. Sin<br />

embargo, desde un punto de vista económico-financiero –y no tanto en el plano político-militar– se<br />

perfila claramente una competencia global, en la cual se pueden identificar al menos otros dos polos<br />

imperialistas, aparte del área del dólar, como son el área del euro de la Unión Europea y el del yen o,<br />

mejor, de la nueva variable asiática en formación.<br />

Dentro del actual imperialismo existe una coalición económico-financiera hegemonizada por la<br />

burguesía estadounidense, que al ser, sin duda, la más importante y más coherentemente organizada,<br />

se erige en centro de una oligarquía transnacional 19 . La burguesía monopolista estadounidense es, de<br />

hecho, la defensora de los intereses de una amplia formación del capital internacional y como tal acepta<br />

su papel dirigente, más allá de lo que la competencia, sobre todo en el plano económico, impone a<br />

los socios competidores. Se trata de una unidad de intereses contradictorios, que actúa como bloque<br />

hegemónico contra los intereses de todo el que se le oponga, sea en los centros capitalistas desarrollados<br />

o en el resto del mundo.<br />

El imperialismo ha surgido como desarrollo y continuación directa de las propiedades fundamentales<br />

del capitalismo en general. Pero el capitalismo se ha trocado en imperialismo capitalista únicamente<br />

al llegar a un cierto grado muy alto de su desarrollo, cuando algunas de las propiedades fundamentales<br />

del capitalismo han comenzado a convertirse en su antítesis, cuando han tomado cuerpo y se han<br />

manifestado en toda la línea los rasgos de la época de transición del capitalismo a una estructura<br />

económica y social más elevada. Lo que hay de fundamental en este proceso, desde el punto de<br />

vista económico, es la sustitución de la libre concurrencia capitalista por los monopolios capitalistas.<br />

(…) Si fuera necesario dar una definición lo más breve posible del imperialismo, debería decirse<br />

que el imperialismo es la fase monopolista del capitalismo. Una definición tal comprendería lo<br />

principal, pues, por una parte, el capital financiero es el capital bancario de algunos grandes bancos<br />

monopolistas, fundido con el capital de los grupos monopolistas de industriales y, por otra, el reparto<br />

del mundo es el tránsito de la política colonial, que se expande sin obstáculos en las regiones todavía<br />

no apropiadas por ninguna potencia capitalista, a la política colonial de dominación monopolista de<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

411


los territorios del globo, enteramente repartido. (…) El imperialismo es el capitalismo en la fase de<br />

desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha<br />

adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del<br />

mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre<br />

los países capitalistas más importantes 20 .<br />

Entendemos la crítica del imperialismo en el sentido amplio de esta palabra, como posición de las<br />

distintas clases de la sociedad ante la política del imperialismo en relación con la ideología general<br />

de las mismas.<br />

Las gigantescas proporciones del capital financiero, concentrado en unas pocas manos, que ha creado<br />

una red extraordinariamente vasta y densa de relaciones y enlaces, que ha sometido no solo a la masa<br />

de los capitalistas y empresarios medianos y pequeños, sino a los más insignificantes, por una parte,<br />

y la exacerbación, por otra, de la lucha con otros grupos nacionales de financieros por el reparto del<br />

mundo y por el dominio sobre otros países: todo esto provoca el paso en bloque de todas las clases<br />

poseyentes al lado del imperialismo. El signo de nuestro tiempo es el entusiasmo “general” por las<br />

perspectivas de este último, la defensa porfiada del mismo, su embellecimiento por todos los medios.<br />

La ideología imperialista penetra, incluso, en el seno de la clase obrera, la cual no está separada<br />

de las demás clases por una muralla china. Si los jefes del llamado Partido “Socialdemócrata” de<br />

Alemania han sido con justicia calificados de “socialimperialistas”, esto es, de socialistas de palabra e<br />

imperialistas de hecho, Hobson hacía notar ya en 1902 la existencia de “imperialistas fabianos” en<br />

Inglaterra, pertenecientes a la oportunista Sociedad Fabiana 21 .<br />

Por esto, las alianzas “interimperialistas” o “ultraimperialistas”, en la realidad capitalista, y no en la<br />

vulgar fantasía pequeñoburguesa de los curas ingleses o del “marxista” alemán Kautsky –sea cual<br />

fuere su forma: una coalición imperialista contra otra coalición imperialista, o una alianza general<br />

de todas las potencias imperialistas–, no pueden constituir, inevitablemente, más que “treguas”<br />

entre las guerras. Las alianzas pacíficas preparan las guerras y, a su vez, surgen del seno de la guerra,<br />

condicionándose mutuamente, engendrando una sucesión de formas de lucha pacífica y no pacífica<br />

sobre una sola y misma base de relaciones imperialistas y de relaciones recíprocas entre la economía<br />

y la política mundiales 22 .<br />

2. Marx afirmaba que estamos en la situación de quien sufre por el desarrollo del capitalismo del mismo<br />

modo en que sufre por su falta de desarrollo. No han desaparecido, pues, ni el internacionalismo<br />

del movimiento de los trabajadores ni el ciclo internacional de las luchas.<br />

Por todo ello, establecer un lenguaje común –sobre la base de una clara identificación del imperialismo–<br />

es tarea vital para planificar toda forma de antagonismo. Se podrán así ubicar los eslabones<br />

más débiles, y por tanto más vulnerables, e identificar el núcleo del capitalismo desarrollado, centro<br />

de la coalición imperialista, con su amplia red jerárquica de círculos concéntricos que giran en torno<br />

al poder de Estados Unidos. A partir de allí se busca articular los procesos de producción y circulación<br />

de la economía capitalista internacional, con instituciones que definen y concentran ideológicamente<br />

la dominación y cuyos representantes políticos son un grupo de oligarcas transnacionales que, desde el<br />

“Grupo de los Siete” o “de los Ocho” (G7, G8), coordinan las políticas del futuro: una estructura que<br />

se sostiene sobre una red de oligarquías, clases y grupos subalternos en las diferentes regiones. Cada<br />

centro constituye el mecanismo que rige estos procesos en América, en Europa y en Asia.<br />

Las categorías de “centro” y “periferia” brindan, si no otra cosa, una cierta capacidad para lograr una<br />

visión más refinada del sistema internacional. Esto sigue siendo importante, en tanto que la globalización<br />

neoliberal, con su creciente marginalización económica del sur, ha acentuado extraordinariamente<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

412


las asimetrías ya existentes, lo que se manifiesta en los cada vez más altos y dramáticos niveles de<br />

pobreza. Los informes del PNUD indican que en el lapso que va de comienzos de los años sesenta<br />

a hoy, se ha acrecentado de manera espantosa la diferencia que separa al 20% más rico de la población<br />

mundial del 20% más pobre. Estamos en presencia de una asimetría radical que, dentro de<br />

la economía internacional, separa a las naciones que no forman parte del centro de aquellas que sí<br />

lo constituyen.<br />

3. Al mismo tiempo, en otro plano de análisis, es absurdo considerar que los Estados nacionales<br />

estén próximos a su completa desaparición. La oligarquía transnacional insiste arteramente en que<br />

los Estados nacionales y las economías nacionales tienden a desaparecer, cuando lo que en realidad se<br />

puede sostener es que muchas de sus características y funciones están siendo reformuladas. ¿Contra<br />

quién va dirigida esta desnacionalización, si no contra aquellos que hoy ven amenazadas sus políticas<br />

nacionales y la conducción de sus economías? Todo esto no hace sino reducir todavía más la capacidad<br />

de los Gobiernos para dirigir sus procesos económicos internos, tendencia que puede ser observada<br />

claramente en el curso de los procesos de la actual competencia global.<br />

El concepto de libre movilidad de los factores de producción (excepto la fuerza de trabajo) se<br />

basa en el privilegio del libre mercado y la condena de toda intervención estatal que no reporte beneficios<br />

a los intereses monopólicos. Todo debe fluir fuera de las fronteras, a fin de que sea fácil<br />

presa de las multinacionales, desde el momento en que estas últimas tienen el 100% de sus bases<br />

en los centros capitalistas desarrollados. En consecuencia, como sabemos, la supuesta “libertad de<br />

movimientos” no es más que un engaño, no atañe a todos los miembros de la economía mundial y<br />

es tan asimétrica como el resto de las relaciones económicas. Ni la fuerza de trabajo ni la tecnología,<br />

las fábricas o los instrumentos gozan de movilidad ilimitada en el ámbito de la economía capitalista<br />

del presente.<br />

La movilidad actual no es tan libre como algunos quisieran hacer creer, ni los movimientos se desplazan<br />

en el mismo sentido que los intereses generales, como se quiere hacer ver. El capital se moviliza<br />

por la inexorable lógica de la producción de ganancias, cualesquiera que sean los costos sociales o<br />

ambientales que ello implique. Si la búsqueda de ganancia significó antaño disparar cañonazos, ahora<br />

significa utilizar misiles nucleares y bombas inteligentes. El capital se mueve por el mundo y se sitúa<br />

en cualquier parte. El no dejarlo moverse a donde más le plazca es ya motivo de “guerras preventivas”<br />

y de “guerras humanitarias”.<br />

Los Estados-cliente de la periferia subdesarrollada, en su mayor parte controlados por oligarquías<br />

subalternas, se benefician de ese capital. Para estas últimas, lo importante es mantener el poder y a ese<br />

fin crean condiciones de todo tipo que terminan siempre por perjudicar a la fuerza de trabajo: esa es la<br />

ley básica de la posición subalterna respecto a los capitales del centro.<br />

Estas dinámicas político-económicas, que caracterizan la fase actual del imperialismo, no han experimentado<br />

cambios sustanciales desde que Lenin analizara los aspectos económicos fundamentales<br />

del imperialismo, hacia fines del siglo xix y comienzos del xx; tan solo se han hecho más complicadas.<br />

Más bien puede afirmarse que algunos de esos aspectos, sobre todo los relativos al proceso de internacionalización<br />

del capital y de la producción, fueron anticipadamente intuidos por la teoría leninista y<br />

es solo después de las dos guerras mundiales que llegaron a delinearse hasta alcanzar hoy la forma no<br />

de meras caricaturas, sino de un poder inmenso.<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

413


Esto se convierte en un importante punto de partida teórico-metodológico para poder entender<br />

cómo en el último cuarto de siglo se han modificado los rasgos económicos fundamentales analizados<br />

por Lenin.<br />

Vastas partes de “Europa” se encontraban por eso, en el mejor de los casos, en los márgenes del núcleo<br />

del desarrollo económico capitalista y de la sociedad burguesa. En algunas regiones, casi todos los<br />

habitantes vivían en un siglo distinto al de sus contemporáneos y gobernantes; por ejemplo, sobre las<br />

costas dálmatas o en Bucovina, donde en 1880 el 88% de la población era analfabeta, contra el 11%<br />

en Austria inferior, que formaba parte del mismo imperio. Muchos austríacos cultos compartían la<br />

opinión de Metternich, en el sentido de que “Asia comienza en la puerta oriental de Viena”, y los<br />

italianos del norte consideraban generalmente a los italianos del sur como una suerte de bárbaros<br />

africanos. Pero en ambas monarquías las áreas atrasadas eran solo una parte del Estado. En Rusia, el<br />

dilema “¿Europa o Asia?” era mucho más dramático, ya que virtualmente toda el área comprendida<br />

entre Bielorrusia y Ucrania y las costas del Pacífico estaba igualmente lejana de la sociedad burguesa,<br />

con excepción de un pequeñísimo estrato de personas cultas. Ese dilema era en verdad tema de<br />

fervientes discusiones públicas (…) En 1880-90, Europa era no solo el núcleo originario del desarrollo<br />

capitalista que dominaba y transformaba el mundo, sino, de lejos, el componente más importante de<br />

la economía mundial y de la sociedad burguesa. No hubo jamás en la historia, ni lo habrá ya nunca<br />

más, un siglo tan europeo. Demográficamente, el mundo tenía un porcentaje de europeos más alto al<br />

final que al comienzo del siglo: tal vez uno de cada cuatro, en lugar de uno de cada cinco. No obstante<br />

los millones de personas que eran enviados del viejo continente a los diversos nuevos mundos, aquel<br />

crecía más rápidamente. Si bien el ritmo impetuoso de su industrialización hacía ya cierto el futuro<br />

de Estados Unidos como superpotencia económica planetaria, la producción industrial europea era<br />

todavía más del doble de la norteamericana, y los mayores progresos tecnológicos ocurrían todavía<br />

de ese lado del Atlántico 23 .<br />

4. El imperialismo no es el mismo del siglo pasado, aun cuando tampoco ha cambiado tanto: se ha<br />

creado una economía neoliberal global, en la que todos, a primera vista, son igualmente interdependientes.<br />

Para medir el alcance de las diferencias, basta constatar qué cosas han cambiado y hacer un<br />

balance de lo que Lenin consideraba como rasgos económicos fundamentales. Basta ver, pues, qué<br />

ha ocurrido con el monopolio, con el capital financiero, con la explotación de los capitales y con los<br />

asuntos relativos a la repartición económica y territorial del mundo.<br />

Pero el mundo desarrollado no era tan solo un agregado de “economías nacionales”. La industrialización<br />

y la depresión hicieron de ellas un grupo de economías rivales, donde los beneficios de<br />

una parecían amenazar la posición de las otras. No solo competían las empresas, sino también las<br />

naciones. De esta forma, muchos británicos sentían que se les erizaban los cabellos cuando leían<br />

artículos periodísticos sobre la invasión económica alemana: Made in Germany, de E.E. Williams<br />

(1896) o American Invaders, de Fred A. Mackenzie (1902). Sus padres no habían perdido la calma<br />

ante las advertencias (justificadas) de la superioridad técnica de los extranjeros. El proteccionismo<br />

expresaba una situación de competitividad económica internacional. (…) es indudable que entre<br />

1880 y 1914, la transformación de la estructura de las grandes empresas, desde el taller hasta<br />

las oficinas y la contabilidad, hicieron un progreso sustancial. La “mano visible” de la moderna<br />

organización y dirección sustituyó a la “mano invisible” del mercado anónimo de Adam Smith.<br />

Los ejecutivos, ingenieros y contables comenzaron, así, a desempeñar tareas que hasta entonces<br />

acumulaban los propietarios-gerentes. La “corporación” o Konzern sustituyó al individuo. El típico<br />

hombre de negocios, al menos en los grandes negocios, no era ya tanto un miembro de la familia<br />

fundadora, sino un ejecutivo asalariado, y aquel que miraba a los demás por encima del hombro<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

414


era más frecuentemente el banquero o accionista que el gerente capitalista. (…) Muchas veces se ha<br />

mencionado la coincidencia cronológica entre la depresión y la fase dinámica de la división colonial<br />

del planeta. Los historiadores han debatido intensamente hasta qué punto estaban conectados ambos<br />

fenómenos. En cualquier caso, como veremos en el próximo capítulo, esa relación era mucho más<br />

compleja que la de la simple causa y efecto. De cualquier forma, no puede negarse que la presión del<br />

capital para conseguir inversiones más productivas, así como la de la producción a la búsqueda de<br />

nuevos mercados, contribuyó a impulsar la política de expansión, que incluía la conquista colonial.<br />

“La expansión territorial –afirmó un funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos<br />

en 1900– no es sino una consecuencia de la expansión del comercio”. Desde luego, no era el único<br />

que así pensaba en el ámbito de la economía y de la política internacional 24 **.<br />

Desde mediados del decenio de 1890 hasta la Primera Guerra Mundial, la orquesta económica global<br />

realizó sus interpretaciones en el tono mayor de la prosperidad, más que, como hasta entonces,<br />

en el tono menor de la depresión. La opulencia, consecuencia de la prosperidad de los negocios,<br />

constituyó el trasfondo de lo que se conoce todavía en el continente europeo como la belle époque. El<br />

paso de la preocupación a la euforia fue tan súbito y dramático, que los economistas buscaban alguna<br />

fuerza externa especial para explicarlo, un Deus ex machina, que encontraron en el descubrimiento<br />

de enormes depósitos de oro en Suráfrica, la última de las grandes fiebres del oro occidentales, la<br />

Klondike (1898), y en otros lugares. En conjunto, los historiadores de la economía se han dejado<br />

impresionar menos por esas tesis básicamente monetaristas que algunos gobiernos de finales del siglo<br />

xx. No obstante, la rapidez del cambio fue sorprendente y diagnosticada casi de forma inmediata por<br />

un revolucionario especialmente agudo, A.L. Helphand (1869-1924), cuyo nombre de pluma era<br />

Parvus, como indicativo del comienzo de un período nuevo y duradero de extraordinario progreso<br />

capitalista. De hecho, el contraste entre la gran depresión y el boom secular posterior constituyó la<br />

base de las primeras especulaciones sobre las “ondas largas” en el desarrollo del capitalismo mundial,<br />

que más tarde se asociarían con el nombre del economista ruso Kondratiev (…) Los historiadores de<br />

la economía tienden a centrar su atención en dos aspectos del período: la redistribución del poder<br />

y la iniciativa económica, es decir, en el declive relativo del Reino Unido y en el progreso relativo<br />

–y absoluto– de los Estados Unidos y sobre todo de Alemania, y asimismo en el problema de las<br />

fluctuaciones a largo y a corto plazo, es decir, fundamentalmente en la “onda larga” de Kondratiev,<br />

cuyas oscilaciones hacia abajo y hacia arriba dividen claramente en dos el período que estudiamos.<br />

Por interesantes que puedan ser estos problemas, son secundarios desde el punto de vista de la<br />

economía mundial 25 .<br />

¿Cómo resumir, pues, en unos cuantos rasgos lo que fue la economía mundial durante la era del<br />

imperio?<br />

En primer lugar, como hemos visto, su base geográfica era mucho más amplia que antes. El sector<br />

industrial y en proceso de industrialización se amplió, en Europa, mediante la revolución industrial<br />

que conocieron Rusia y otros países como Suecia y los Países Bajos, apenas afectados hasta entonces<br />

por ese proceso, y fuera de Europa, por los acontecimientos que tenían lugar en Norteamérica y, en<br />

cierta medida, en Japón. El mercado internacional de materias primas se amplió extraordinariamente<br />

–entre 1880 y 1913 se triplicó el comercio internacional de esos productos–, lo cual implicó también<br />

el desarrollo de las zonas dedicadas a su producción y su integración en el mercado mundial. (…)<br />

Como ya se ha señalado, la economía mundial era, pues, mucho más plural que antes. El Reino Unido<br />

dejó de ser el único país totalmente industrializado y la única economía industrial. Si consideramos en<br />

conjunto la producción industrial y minera (incluyendo la industria de la construcción) de las cuatro<br />

economías nacionales más importantes, en 1913 los Estados Unidos aportaban el 46% del total de la<br />

** (n.t.) En esta y las siguientes citas del mismo autor, se ha recurrido aquí a la traducción de Editorial Crítica (Barcelona, 1998),<br />

según aparece parcialmente reproducida en www.innova.uned.es.<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

415


producción; Alemania, el 23,5%; el Reino Unido, el 19,5%; y Francia, el 11%. Como veremos, la era<br />

del imperio se caracterizó por la rivalidad entre los diferentes Estados. Además, las relaciones entre el<br />

mundo desarrollado y el sector subdesarrollado eran también más variadas y complejas que en 1860,<br />

cuando la mitad de todas las exportaciones de África, Asia y Latinoamérica convergían en un solo<br />

país, Gran Bretaña. En 1900 ese porcentaje había disminuido hasta el 25% y las exportaciones del<br />

tercer mundo a otros países de la Europa Occidental eran ya más importantes que las que confluían<br />

en el Reino Unido (el 31%). La era del imperio había dejado de ser monocéntrica 26 .<br />

Lejos de anularse y de transformarse en su exacto contrario, los rasgos económicos del imperialismo<br />

de fines del siglo xix y comienzos del xx, analizados por Lenin, se han desarrollado hasta alcanzar niveles<br />

insospechables. El primer cambio importante ocurrió con el traspaso de la supremacía interna del<br />

sistema capitalista, que Inglaterra cedió por completo a Estados Unidos entre la Primera y la Segunda<br />

Guerra mundiales. De esta manera, el papel de guía en la economía pasó de Europa a Estados Unidos.<br />

Por tanto, las condiciones objetivas para la existencia de una economía mundial (mercados, volúmenes<br />

de producción, tecnologías de transporte y distribución) se dieron prácticamente desde el fin de la<br />

segunda conflagración.<br />

Concluida esta, la historia del capital se encontró en una controversial encrucijada: ¿había que<br />

dar el salto a la economía mundial, o más bien perseverar en el sistema de relaciones internacionales<br />

entre naciones, que era un sistema jerárquico con una potencia hegemónica? Fue en torno a esa pregunta<br />

que se desarrolló el gran debate político acerca del ordenamiento del mundo occidental de la<br />

posguerra, que tuvo en la discusión del nuevo orden monetario y financiero uno de sus episodios más<br />

importantes. Como se sabe, finalmente no se creó una moneda mundial, pero se instauró un orden<br />

mundial con una moneda nacional, el dólar, devenido en guía y faro para el intercambio internacional.<br />

A este orden se le dio el nombre de Bretton Woods 27 .<br />

La consiguiente supremacía de Estados Unidos fue absolutamente hegemónica entre 1945 y 1965<br />

(no más de 20 años), aun cuando el armamento nuclear en manos de la Unión Soviética la hacía relativa.<br />

Hoy Estados Unidos no tiene la hegemonía económica, pero sí la hegemonía político-militar. Esta<br />

situación indica que el imperialismo ha avanzado en una dinámica que ninguna potencia ha logrado<br />

ocupar, como en el caso de Inglaterra, remplazada por Estados Unidos. El sistema no ha vuelto a<br />

aceptar una hegemonía en el plano económico, como la de Estados Unidos en los años sesenta. Y esto<br />

quiere decir que el sistema capitalista soporta la supremacía político-militar, pero no acepta ese mismo<br />

nivel de sumisión a una sola potencia en lo económico.<br />

Esta situación de hegemonía incompleta parece una condición para que las potencias capitalistas<br />

no entablen guerras por la repartición económica y territorial del mundo, sino que colaboren. Todo<br />

parece indicar que tal situación se mantendrá, dado que ninguna de ellas puede alcanzar a un mismo<br />

tiempo la supremacía tanto en el plano económico como en el político-militar. Lejos de representar<br />

un problema para la lucha antiimperialista, esa condición se convierte en ventaja: por consiguiente, la<br />

posición de Estados Unidos es transitoria.<br />

El propósito de la administración norteamericana de someter al resto de las potencias capitalistas y<br />

arrastrarlas a sus posiciones en materia de política exterior, está confrontando dos obstáculos muy importantes:<br />

de un lado, la competencia en el plano económico, que tiende a agudizarse nuevamente, y<br />

del otro, el peligro que esa imposición implica para quien no ve en la guerra la solución de sus propios<br />

problemas, o para quien no desea hacerse cargo de los costos de un conflicto que parece cada vez más<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

416


destinado a la derrota. Es exactamente esa la dinámica que recientemente comienza a manifestarse: la<br />

puesta en discusión de la política estadounidense por parte de algunos de sus aliados. Es sintomático<br />

que tan solo una potencia, Inglaterra, haya seguido ciegamente a Estados Unidos hasta ahora. El resto<br />

de los países parece alejarse de esa posición, en vista de que las acciones de Estados Unidos no logran<br />

triunfar.<br />

5. El segundo cambio importante ocurrido en los últimos años (a ser precisos, desde comienzos de los<br />

ochenta) fue el paso de la fase fordista-keynesiana, que tenía como base la industria metalmecánicaautomovilística-petroquímica,<br />

al nuevo paradigma tecnológico, que se sustenta en el llamado sector<br />

electrónico-informático.<br />

Estos cambios ponen de relieve el hecho de que la competencia global no homogeniza ni equilibra<br />

las relaciones de interdependencia, como se nos ha querido hacer creer, sino que lleva de vuelta a un<br />

sistema cada vez más contradictorio y desequilibrado, en el que se agudizan las incidencias de la ley del<br />

desarrollo económico y político desigual. En América Latina, en particular, la situación ha comenzado<br />

a caracterizarse por una creciente oposición a la globalización neoliberal y un aumento de la lucha<br />

antiimperialista.<br />

El paso al nuevo paradigma tecnológico no ha librado a la economía capitalista de los problemas<br />

del ciclo y las crisis económicas. Su desempeño sigue siendo el de un modelo que se beneficia de los<br />

progresos de la revolución científico-técnica sobre la base de un incremento de la explotación de las<br />

masas trabajadoras.<br />

El desarrollo capitalista ha alcanzado un nivel sin precedentes de internacionalización del capital<br />

y de la producción, en medio de una explotación masiva que se produce a pesar de esos progresos<br />

científico-técnicos, que son ampliamente utilizados para fines destructivos (problema ecológico, guerra<br />

militar y social) 28 .<br />

El primer objetivo sigue siendo, de cualquier modo, explotar al máximo a las masas de trabajadores<br />

e incrementar la ganancia por todos los medios posibles. En los últimos 25 años, las tendencias del<br />

imperialismo han desencadenado una dinámica de explotación y de abuso contra la naturaleza humana<br />

que supera radicalmente los ya graves niveles anteriores. El capital internacional, que representa los<br />

intereses de la oligarquía transnacional a todos los niveles y en todas las regiones del planeta, quiere<br />

disponer de recursos siempre mayores para conservar el control de todas las clases y grupos subalternos.<br />

Es así como se pueden mantener las plataformas de control multinacional imperialista.<br />

El imperialismo ha impulsado su expansión, en los últimos años, con la ideología del “globalismo”,<br />

haciendo creer a mucha gente que lo que conviene a las potencias industriales es conveniente para todos.<br />

Por tal razón, los países imperialistas cuentan con poderosos aliados dentro del Tercer Mundo. De<br />

esa manera, además, la oligarquía transnacional y su principal agente, la gran empresa multinacional,<br />

se aprovechan del anticuado sistema Estado-nación para obtener concesiones de la clase trabajadora a<br />

escala internacional, a través de las políticas consociativas y concertativas de los partidos y sindicatos<br />

históricos oficiales, comprometidos por demás con las opciones y las modalidades del desarrollo capitalista:<br />

una conducta que estos justifican afirmando que no se puede perder la gran oportunidad que<br />

ofrece el “banquete” de la globalización. Pero de seguidas veremos que la llamada globalización no es<br />

otra cosa que la competencia global –es decir, la dimensión actual del imperialismo–, y la fiesta, la de<br />

la repartición del mundo.<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

417


6. Hablar de actualización de la categoría económica de imperialismo significa dilucidar si son hoy<br />

válidos, y de qué manera, los conceptos de reproducción ampliada, oligopolio, monopolio y, por tanto,<br />

de evolución del capitalismo desde sus formas originarias hasta las imperialistas. En efecto, el imperialismo<br />

no es un fenómeno monolítico, sino que asume formas y modalidades expresivas diferentes<br />

según los períodos históricos en que se manifiesta.<br />

El capital, que se reproduce a escala mundial de manera ampliada, tiene la constante e inmanente<br />

necesidad de valorizarse, y la valorización implica expansión. Visto individualmente, el capital, en<br />

batalla continua contra sus “pares”, desarrolla tecnologías y nuevas técnicas organizativas, prefiere<br />

sectores “vírgenes” o que de alguna manera garanticen altas tasas de ganancia (que tendencialmente se<br />

equiparan hasta hacer poco rentable el sector escogido), actúa sobre los diversos factores productivos<br />

para hacer bajar el costo de sus propias mercancías y vencer en el mercado. El problema central del capital<br />

es aumentar la productividad de sus propios factores de producción (y, sobre todo, de la fuerza de<br />

trabajo) y para lograrlo necesita máquinas. Las máquinas inciden también contra el valor de la fuerza<br />

de trabajo, al incorporar funciones anteriormente cumplidas por esta, y progresivamente subordinan<br />

el trabajo vivo a sí mismas.<br />

La consecuencia es que un aumento de c deprime el valor de v, lo que conlleva modificaciones<br />

cualitativas (además de cuantitativas) en la composición orgánica interna del capital de una empresa.<br />

Son las máquinas, operadas por el trabajo vivo, las que permiten elevados estándares productivos con<br />

un gasto menor en términos de tiempo de trabajo socialmente necesario. El capital que triunfa en el<br />

mercado “regresa” a la esfera productiva para acrecentarse y, al valorizarse, expande progresivamente<br />

su propia base material. Ello implica el aumento también progresivo de la escala de las empresas<br />

capitalistas. Frente a capitales cada vez más grandes y competitivos, los “peces pequeños” tienen que<br />

adecuarse o sucumbir. El proceso de fagocitosis de los capitales menores comporta la creación de<br />

poderosísimos complejos empresariales que, en el estadio más avanzado del capitalismo, alcanzan dimensiones<br />

tales que su “masa” (y no se piense solo en el aspecto “físico”, sino en el de valor del capital<br />

poseído y operable) provoca su cambio cualitativo: el capital individual pasa de ser simple competidor<br />

en el mercado a adquirir y consolidar posiciones oligopólicas 29 . En determinados casos, los oligopolios<br />

pueden también asumir la forma de monopsonios 30 o monopolios de demanda.<br />

Detenerse en las políticas empresariales de los oligopolios sería extremadamente complejo, por lo<br />

que de seguidas delinearemos apenas un par de ejemplos, bastante concretos, de la formación y la actuación<br />

de estos grandes konzern multitransnacionales. La actual internacionalización productiva se va<br />

configurando fuertemente también a través de la cadena productiva internacional y con la explotación<br />

productiva de la inteligencia social, mediante el control de las patentes.<br />

5.1. Estrategias del imperialismo económico<br />

5.1.1. Las cadenas productivas<br />

1. Los nuevos métodos de comunicación, veloces e invasivos de todo el cuerpo social, han hecho cambiar<br />

las políticas de localización, con lo cual el concepto de distrito o zona industrial ha perdido algunas<br />

de sus especificidades, para tomar la forma de cadenas productivas y redes de carácter internacional, incluso<br />

con configuraciones peculiares de las empresas involucradas, como en el caso de la joint venture.<br />

En estos últimos años se ha difundido un nuevo concepto en la producción empresarial: el de<br />

cadena productiva. El término refiere a una serie de operaciones de transformación que permiten<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

418


producir bienes y servicios de una manera distinta a la consagrada en la época fordista-taylorista, al<br />

recurrir a sinergias y afinidades entre los diversos estadios de la producción, para identificar y estimular<br />

los sectores que están más sujetos a competencia –local y global– y tienen mayor contenido de valor.<br />

En una primera fase, el concepto de cadena describía un hipotético proceso productivo bajo la<br />

forma de operaciones técnicas que se suceden en el curso del tiempo; en el paso de las fases iniciales<br />

a las finales, no necesariamente debe haber la misma tecnología, en tanto que el elemento unificador<br />

es solo el producto transformado; más que otra cosa, por tanto, de esta manera se identificaba una<br />

cadena en el tiempo. Esta visión simplista fue cambiada por algunos industriales franceses, que consideraron<br />

no solo la división del ciclo en fases sucesivas, sino también la organización de cada una de<br />

ellas y los procesos de transferencia entre unas y otras. De esta manera se pone en evidencia el grado<br />

de interdependencia del tejido productivo, a la vez que se describen las estrategias de integración y las<br />

formas de organización tradicionalmente empleadas en la empresa, en el mercado y en la cooperación<br />

entre empresas, a través de acuerdos de naturaleza comercial, de provisión de partes, de transferencia<br />

de tecnologías, etcétera. Se dibuja, así, una suerte de cadena de carácter productivo y de tipo espaciotemporal,<br />

de rasgos internacionales, que estimula los procesos de competencia global de tipo productivo<br />

y financiero.<br />

2. Es así que las empresas tienden, dentro de los nuevos mercados globales, a asumir una estructura<br />

integrada, tanto en el campo de la producción como en el de los capitales. Estos últimos pueden hoy<br />

ser transferidos, en pocos segundos, de una parte a otra del mundo. Es el efecto de la llamada globalización<br />

financiera que, como se ha visto, en ningún caso asegura inversiones más eficaces, pero deviene<br />

en fenómeno que se conjuga con las nuevas formas de internacionalización productiva, centradas en<br />

procesos de acumulación flexible de los recursos del capital intangible, para determinar una verdadera<br />

competencia global internacional, aunque especialmente aguda entre los polos geoeconómicos (en<br />

estos momentos, particularmente entre Estados Unidos y la Unión Europea, o entre el área del dólar<br />

y el área del euro).<br />

Al abandonar el viejo modelo organizativo, que preveía para la empresa una estructura “orgánica”<br />

en la que quedaban comprendidas todas las fases productivas (desde la producción de know how y la<br />

planificación hasta la cadena de montaje y los equipos de limpieza), el gran capital financiero e industrial<br />

ha comenzado a adoptar una política de externalización de diversas funciones y fases del proceso<br />

laboral, ahora delegadas en terceros, en sujetos empresariales que son jurídicamente autónomos, pero<br />

bajo control económico y financiero.<br />

La cadena productiva internacional, en particular, asume una estructura piramidal que, mediante<br />

complejas relaciones de participación y de comisión, permite al capital financiero administrar de facto<br />

enormes grupos económico-productivo-financieros. El control financiero de la empresa matriz le asegura<br />

asimismo el control y poder económico, estratégico y decisorio en las políticas de todo el grupo.<br />

La cadena, en definitiva, es un sistema de “captación de capitales menores” que de otra manera<br />

permanecerían ajenos a las lógicas centralizadoras del gran capital oligopólico: dispersos, aislados y<br />

en conflictiva competencia, se arriesgarían a perecer en vano 31 . De esta manera, en cambio, son recuperados<br />

para las lógicas y las estructuras de acumulación del gran capital financiero. Se crean, por<br />

tanto, auténticas “estructuras integradas” de valorización (cadena de valor), en las que el poder central<br />

es sólidamente detentado por el capital financiero (monopólico e imperialista). Gracias a peculiares<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

419


elaciones de fuerza entre los diversos capitales, la empresa matriz consigue asimismo absorber parte de<br />

la plusvalía creada a lo largo de la cadena de valor, sustrayéndola a las empresas menores.<br />

Son tres los rasgos que caracterizan la cadena internacional:<br />

a) Una sucesión de operaciones productivas desarrolladas en diferentes países.<br />

b) Un conjunto orgánico y estructurado de relaciones económicas y financieras.<br />

b) Un conjunto coordinado de conductas y acciones económicas.<br />

La cadena internacional está entonces constituida por una red de conexiones tanto económicas<br />

como tecnológicas, que permiten implementar estrategias de asociación en ámbitos nacionales diversos.<br />

Un ejemplo de cadena es el que puede darse en el sector agroalimentario, en la cual la producción<br />

agrícola básica de un determinado país pasa a otro donde se procesa el producto final, que finalmente<br />

va dirigido al consumidor de un tercer país.<br />

5.1.2. Los distritos industriales internacionales<br />

1. Más allá de la nueva organización de la producción en cadena, en estos últimos años se ha visto el<br />

surgimiento de una suerte de distritos industriales de carácter internacional; vale decir, agrupamientos,<br />

en zonas nacionales o transnacionales, de empresas integradas entre sí como cadena productiva.<br />

Estos distritos no pueden considerarse como sistemas locales –o nacionales– independientes, firmes y<br />

estables, en tanto que confrontan muchas tensiones internas: algunos se agotan, otros se adaptan. Así<br />

como en el caso de sus pares locales o nacionales, puede haber distritos industriales internacionales de<br />

diversos tipos, según el nivel de desarrollo tecnológico de la producción, su tiempo de existencia, la<br />

naturaleza de las relaciones entre empresas, etcétera.<br />

Hay, en todo caso, una tendencia que parece ser común a todos ellos, como es su transformación<br />

por obra de la colaboración ofrecida por cierta categoría de empresas, que se convierten en punto de<br />

referencia y de cohesión de las “redes internacionales” así formadas. Las empresas de los distritos se<br />

organizan en forma vertical para operar a través de economías externas, lo que les permite ser competitivas<br />

aun desde su reducida dimensión. En este caso, las relaciones estratégicas que atañen al área<br />

comercial se constituyen usualmente fuera del distrito respectivo y asumen un carácter cada vez más<br />

transnacional. La empresa matriz, en cualquier caso, busca controlar las políticas de comercialización,<br />

a través de formas diversas de gestión asociada que abarcan las filiales ubicadas en diferentes países.<br />

2. Destaquemos que la entrada de nuevos actores, de más allá del distrito y especialmente de otros países,<br />

puede determinar en este cambios de forma y funcionamiento. Un ejemplo es el de la adquisición<br />

de empresas allí ubicadas por parte de compañías externas, incluso en forma de inversiones directas en<br />

el extranjero (IDE), sobre todo si aquellas son de grandes dimensiones; en este caso puede producirse<br />

un proceso de concentración. Se trata, en esencia, de un proceso –de carácter también internacional–<br />

organizado verticalmente, que puede crear no pocos problemas de interdependencia; por ejemplo, se<br />

hace difícil entender cuáles son las fronteras entre las diversas cadenas o subcadenas, y más aún por el<br />

hecho de que tienen carácter transnacional.<br />

En este caso, el objetivo de la empresa que forma la cadena no es lograr el control accionario de la<br />

mayor parte del ciclo productivo, sino asegurarse el control de una parte y en particular el de la cadena<br />

internacional. Esto lo consigue a través de los flujos de entrada y salida de las IDE en los diversos<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

420


países. Entonces, el perno fundamental de la cadena se ubica en su “centro de gravedad” estratégico,<br />

que en clave internacional equivale a decir el país donde se halla la sede de la empresa matriz.<br />

Para llegar al producto final hay que pasar por una serie de operaciones que requieren, a su vez, de<br />

un número creciente de nuevas producciones (bienes intermedios, suministros materiales y, cada vez<br />

más, recursos inmateriales, embalajes, etcétera). Cada una de estas fases exige la creación de una nueva<br />

cadena, específica, con empresas localizadas en diversos países, cada una de las cuales se ocupa de una<br />

determinada parte del ciclo. Se comprende entonces cuán importante es el “centro” de la cadena, lo<br />

que muchas veces significa el país central, el que está en capacidad de organizar las cadenas intermedias<br />

y donde se cumplen las fases del ciclo productivo con mayor valor agregado.<br />

Resulta interesante analizar el fenómeno de los distritos y cadenas internacionales para seguir la<br />

evolución y el comportamiento del mercado en las últimas décadas, así como para interpretar y representar<br />

las dinámicas de la “dislocación” de actividades productivas hacia el exterior (principalmente<br />

actividades manufactureras y de los sectores de nuevas tecnologías, sobre todo informáticas).<br />

3. Nuestro país cuenta con una muy fuerte interconexión económico-productiva de distritos industriales.<br />

Es sintomático el hecho de que en Italia, la nación de los “enanos gigantes”, de los distritos<br />

industriales tan alabados en todo el mundo, sean hoy –en el contexto de la competencia global de los<br />

grandes oligopolios multinacionales– cada vez más los economistas, los empresarios y los políticos alarmados<br />

por las dimensiones ridículamente pequeñas de las empresas italianas. Desde los bancos hasta<br />

las asociaciones empresariales, todos piden más integración, mayor “escala”, más centralización de<br />

capitales, y respaldan la transformación de los distritos en auténticas cadenas productivas, integradas<br />

no solo geográficamente, sino también financiera y económicamente.<br />

5.1.3. Las patentes<br />

1. Un poderosísimo instrumento de “garantía jurídica” para las posiciones mono-oligopólicas es el representado<br />

por las patentes. En una sociedad en la que todo está sujeto a patente, el logotipo forma de<br />

tal manera parte de nuestra vida cotidiana que nos parece un símbolo cualquiera, como tantos otros 32 .<br />

En realidad, tras él se esconde la despiadada guerra entre capitales y un principio de exclusión muy<br />

preciso, garantizado con la fuerza de la ley (incluso internacional). Así, en el ámbito de los acuerdos de<br />

naturaleza tecnológica se hallan siempre presentes los contratos de cesión de licencia (licensing), que<br />

se suscriben contra el pago respectivo y son, en sustancia, concesiones para la explotación temporal de<br />

derechos sobre patentes o marcas, etcétera. Entre estos acuerdos de naturaleza productiva se pueden<br />

citar la subproveeduría, la subcontratación y la coproducción.<br />

Naturalmente, la normativa de las patentes prevé límites teóricos para la apropiación de bienes. Para<br />

devenir en patente, un conocimiento cualquiera debe presentar características de “novedad absoluta”<br />

y “sin evidencia”; esto permite distinguir la invención, como fruto de las capacidades humanas, del<br />

descubrimiento, que puede ser fortuito y se adscribe antes bien a la actividad creadora de la naturaleza,<br />

más que a la de una persona. Por tales razones, una maquinaria puede obtener la patente respectiva,<br />

pero no así una nueva especie botánica descubierta en la naturaleza por algún investigador.<br />

Sin embargo, estos criterios están sujetos a la interpretación de las instituciones que se ocupan de<br />

garantizar la propiedad intelectual y no es raro que sean forzados en beneficio de una salvaje actividad<br />

de apropiación de bienes inmateriales por parte del capital privado (Foray, 2006: 104-105).<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

421


2. La patente, entonces, representa hoy una nueva forma (título) de propiedad privada (inmaterial)<br />

de los medios de producción y de los productos. Ella permite, a la empresa que la detenta, ejercer<br />

su dominio absoluto sobre una idea, sobre un proyecto que queda así protegido por una norma que<br />

prohíbe su libre reproducción. Esto, a su vez, se relaciona con la lógica articulación de un proceso de<br />

formulación estratégica de comunicación nómada desviante, por parte del profit State, que contempla<br />

una acumulación crítica de información, seguida por fases de síntesis operativa y de verificación en<br />

las que se delinea el plan operativo del control social. Se llega así a la puesta en marcha de la estrategia<br />

de control, a través del proceso decisorio de las diversas instituciones –incluso locales– diseminadas<br />

en el territorio. Y con esto, la patente significa dominar y poner en producción (capitalista) la<br />

inteligencia social 33 .<br />

Finalmente, se arriba a la fase más delicada de todo el esquema, que contempla las modalidades<br />

de comunicación de la estrategia de control que debe ser compartida y asimilada por todo el cuerpo<br />

social, gracias –en particular– al capital intelectual comunicacional, que vehicula el consenso en la<br />

forma de un verdadero dominio de carácter totalitario. La descripción del pensamiento estratégico de<br />

control, que constituirá luego el esqueleto de la actividad de la fábrica social generalizada, viene dada<br />

por la determinación de los objetivos y por la escogencia de unos u otros componentes de la estrategia,<br />

entre las varias alternativas posibles. Todo ello implica una separación estructural entre los sujetos que<br />

se han de involucrar y los niveles institucionales participantes, es decir, las diversas formas –centrales<br />

y locales– en que se presenta el profit State global. De esta manera, si el pensamiento estratégico es<br />

estricta competencia de las instituciones de alto nivel y se convierte, al mismo tiempo, en guía para las<br />

decisiones y las acciones, los planes operativos son casi siempre, en cambio, de naturaleza táctica, e involucran<br />

por tanto a las instituciones locales, las secciones del profit State y los subsistemas empresariales<br />

de la fábrica socialmente difundida en el territorio.<br />

El éxito de una estrategia de control social depende no solo de los criterios de formulación y de su<br />

grado de coherencia interna, sino, sobre todo, de los modelos comunicacionales nómadas desviantes<br />

que se seleccionen para la transmisión de todo el plan estratégico de dominio tecnosocial y de su<br />

fuerza de impacto para hacerlo comprender y tornarlo así operativo y eficaz. Es precisamente en este<br />

punto que el control de las patentes permite ejecutar los programas de impacto social para el dominio<br />

del capital.<br />

3. Una comunicación desviante con relevancia estratégica en la sociedad, impulsada especialmente a<br />

través de la empresa socialmente difundida en el sistema territorial, no puede dejar de tomar en cuenta<br />

la biunivocidad de los mensajes, del intercambio recíproco de flujos comunicacionales, en el doble<br />

sentido territorio-empresa y empresa-territorio.<br />

Comunicar una estrategia de control social a través del control de la patentabilidad, presupone la<br />

consumación del proceso decisorio por parte de la fábrica social generalizada, en la que se mantiene<br />

separada la fase de síntesis y verificación informativa, que tiene por objetivo el definir los programas de<br />

impacto social, de aquella otra que está en cambio más directamente dirigida al momento práctico del<br />

sometimiento coercitivo a los ideales-fuerza de la cultura empresarial. En este segundo nivel se ubica el<br />

control de la inteligencia social a través de las patentes, las marcas de fábrica y el copyright.<br />

Los procesos, las técnicas, los instrumentos, los flujos informativos y de planificación estratégica<br />

del control, de la inteligencia y la creatividad social, los programas operativos y los sistemas de control<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

422


social en su conjunto, son recursos del lenguaje del profit State global, que se transforma en comunicación<br />

nómada estratégica desviante generalizada, momento irrenunciable para el desarrollo y la<br />

consolidación de la acumulación flexible a través del capital intangible, que se explicita en un sistema<br />

mundializado, en red, cuyo control estimula los apetitos de las más grandes multinacionales. Al concentrar<br />

enormes masas de capital, los oligopolios pueden permitirse costosísimos centros de investigación<br />

para desarrollar nuevas tecnologías e inventar nuevos productos. El capital menor, que no tiene<br />

la fuerza para competir, o sucumbe o se hace incorporar. Si el oligopolio reduce de hecho al mínimo la<br />

competencia (y mediante acuerdos cartelizados puede reducirla por completo), jurídicamente, gracias<br />

a la patente, excluye a toda la humanidad del libre usufructo del producto de ese intelecto general, que<br />

es privatizado y capitalizado.<br />

El bloqueo del libre acceso a la tecnología patentada (que aplica también para los otros capitales)<br />

comporta una ulterior reducción de la competencia, cuya ausencia aleja los tiempos de reparto<br />

equitativo de la tasa de ganancia y preserva posiciones de privilegio que permiten incluso reducir<br />

los estímulos para la producción de nuevas tecnologías (de hecho, estas solo se introducen cuando los<br />

oligopolios compiten fuertemente entre sí o cuando han saturado el comercio).<br />

6. No solo Estados Unidos: el Europolo en la competencia global<br />

1. ¿Qué es la globalización? Si nos atenemos a la ideología oficial, es un complejo proceso de universalización<br />

de los intercambios comerciales, culturales y cognitivos, provocado por la universalidad<br />

del capital que, gracias a la new economy y a las nuevas tecnologías, puede “navegar” por el mundo<br />

sin naves, sin aviones, sin “transportistas humanos”, en virtud de una red informática que favorece<br />

enormemente el desplazamiento. Los capitales, las mercancías, los hombres, serían como nunca libres<br />

de andar a sus anchas por un mundo sin fronteras. Primera acotación a la fábula: si las mercancías y<br />

los capitales son mayoritariamente libres, los hombres no lo son en absoluto (a menos que sean turistas<br />

derrochadores u hombres de negocios). De aceptarse ese modelo descriptivo de la globalización, esta<br />

asumiría el semblante de una etapa del largo y obligado proceso de la evolución histórico-social lineal,<br />

del que es campeón tanto pensamiento europeo, y el término mismo adoptaría una connotación de<br />

“neutralidad”. Es evidente que no es así.<br />

2. Los elementos a partir de los cuales podría redeterminarse el mapa de las nuevas dinámicas geoeconómicas<br />

y productivas en el plano internacional, pueden identificarse a partir de un correcto análisis<br />

de la fase evolutiva de los diversos sistemas capitalistas y de las modalidades de desarrollo de los polos<br />

internacionales, aun si parece claro que en los tres mayores (Estados Unidos, Unión Europea y Japón)<br />

esas modalidades difieren, como ya hemos visto 34 .<br />

La reflexión necesaria para la reapertura de un debate sobre los procesos de transformación de la<br />

economía y de la sociedad debe partir de una primera fase de estudio, de profundización científica,<br />

que consiste en clasificar la geoeconomía internacional del capital, las características de cada polo y de<br />

sus áreas de influencia, para así llegar a identificar la forma que espacialmente asumen la distribución<br />

y la interdependencia de la actividad capitalista. Es por eso que en este análisis se procura indagar en el<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

423


fenómeno de la globalización o, mejor dicho, de la competencia global, a partir de la organización, de<br />

la estructura y del papel que desempeñan Estados Unidos y la Unión Europea como polos geoeconómicos<br />

–aun si contrapuestos uno al otro–, y al mismo tiempo controlar los objetivos autonómicos del<br />

polo asiático que se va configurando en torno al eje de China, Japón y la India, considerando también<br />

las variables de Rusia e Irán.<br />

La competencia global caracteriza esta nueva fase del capitalismo, que podemos resumir como<br />

competencia y crecimiento sin desarrollo, sin expansión del empleo; a largo plazo, además, se traduce<br />

puntualmente en “empobrecimiento absoluto”, al imponer la transformación de las clases trabajadoras<br />

y las capas medias en sectores cada vez más marginados de la sociedad. Este fenómeno se asocia al<br />

desarrollo de las nuevas tecnologías, sobre todo las informáticas y telemáticas, que hacen posible el<br />

aumento de la productividad, la caída del empleo y los procesos de dislocación, en tanto que nos<br />

encontramos en un contexto productivo cada vez menos ligado al puesto físico y al territorio.<br />

3. Para poder reflexionar, estudiar y actuar, es absolutamente necesario entender e interpretar el hecho<br />

de que la nueva fase de desarrollo capitalista 35 se define en torno a la centralidad del dominio<br />

internacional; dominio determinado a través de los roles que ejercen nuevos sujetos económicos del<br />

capital, sujetos económicos multinacionales y sujetos-país o, mejor, sujetos-polo, áreas de influencia<br />

bien delineadas (área del dólar para el polo Estados Unidos, área del euro para el polo Unión Europea,<br />

área yen asiática, etcétera).<br />

Es a partir de esa lectura que se pueden interpretar correctamente los fenómenos fundamentales del<br />

proceso de transformación, que han llevado a una redistribución territorial del dominio internacional<br />

en general. Vale decir, a partir de algunas características que han asumido las dinámicas de desarrollo<br />

–en sus diversas modalidades– vinculadas con una relación capital-trabajo que está siempre dirigida<br />

al control social interno, en cada país capitalista, y al enfrentamiento externo por la determinación<br />

del dominio global, mediante la expansión de las áreas de influencia geoeconómica de los tres grandes<br />

bloques internacionales 36 .<br />

La redistribución territorial del dominio no está determinada por una simple descentralización<br />

del capital, ni se produce exclusivamente por la valorización de recursos locales, sino que se debe ante<br />

todo a los intensos procesos de reestructuración del capitalismo, que, al buscar la competitividad en<br />

el plano internacional, logra la eficiencia a partir de la imposición de una fuerte movilidad espacial y<br />

sectorial de la fuerza de trabajo, así como mediante la diversificación de los proyectos de flexibilización<br />

del trabajo y del salario.<br />

4. Un elemento en discusión, en los últimos tiempos, es el nivel de crecimiento que alcanzan las<br />

economías nacionales. Entre tanto, parece existir consenso en torno a varios puntos: la economía<br />

marcha mejor en Estados Unidos que en Europa; las nuevas tecnologías de la información son el sector<br />

productivo estratégico para las próximas décadas; la economía europea encuentra uno de sus mayores<br />

problemas en la falta de flexibilidad del mercado de trabajo. ¿Será cierto todo eso? Vayamos en orden.<br />

A partir de los años sesenta, la Comunidad Europea empezó a crecer más que la economía norteamericana.<br />

Entre 1960 y 1969, la economía de los cuatro principales países europeos (Alemania,<br />

Francia, Gran Bretaña e Italia) creció más de 1,3% al año; entre 1970 y 1979, más de 3,9% anual; en<br />

la década 1980-1989, más de 2,1% al año. Pero desde 1992, la economía estadounidense creció cada<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

424


año (excepto en 1995) más que la de los principales integrantes de la Unión Europea. La evolución<br />

de los años noventa contrasta, pues, con lo que parecía una norma, y de allí se deriva el “complejo de<br />

inferioridad” de los líderes europeos. La economía norteamericana crece más que la de Eurolandia. Eso<br />

es un dato indiscutible. Pero su mayor crecimiento se basa en tres elementos: la venta de automóviles<br />

y electrodomésticos, la venta de computadoras y software y el consumo de productos importados;<br />

todo ello sostenido, sin embargo, en una forma de la economía de guerra: el keynesismo bélico. Por<br />

tanto, el mayor crecimiento de Estados Unidos se basa en el consumo de bienes duraderos por parte<br />

de las familias y las empresas, en particular el de automóviles, computadoras y software, además de<br />

tecnologías avanzadas. Este consumo se efectúa –en mayor medida que en Europa– a crédito: crédito<br />

a las familias, crédito a las empresas y crédito al exterior.<br />

Sin embargo, parece que los europeos se han dado cuenta del filón encontrado y explotado por<br />

Estados Unidos, donde software y electrónica se han transformado en el producto comercial guía, el<br />

segundo motor (después de los automóviles) que mueve la economía. Pero no como lo cuentan los<br />

medios de comunicación (el comercio electrónico, el trabajo vía Internet, etcétera), sino porque se<br />

trata de un producto caro que se renueva continuamente; un producto que, junto con el automóvil, es<br />

la auténtica novedad de la sociedad de los consumos y que está muy ligado a la industria militar, con<br />

lo cual sostiene, de hecho, la economía de guerra.<br />

Si nuestra sociedad, en lugar de cambiar de automóvil y computadora cada tres o cuatro años, lo<br />

hiciera cada diez, provocaría una catástrofe económica. ¡Eso es el capitalismo! Una economía drogada,<br />

además, en cuanto se refiere al sostenimiento de la demanda que se deriva del keynesismo militar, ya<br />

que el de las nuevas tecnologías es justamente el sector que dispara e impulsa todos aquellos que dan<br />

fuerza a la economía de guerra.<br />

5. Por lo demás, resta el problema de la distribución de ese mayor crecimiento. En efecto, Estados<br />

Unidos crece, pero reparte muy mal los beneficios de un crecimiento que se alimenta del producto<br />

del trabajo del resto de los países. Así, su nivel de endeudamiento interno es ya muy elevado; en<br />

consecuencia, la carga de la deuda puede representar a breve plazo un peso insoportable para esta<br />

economía.<br />

Los ingresos de Estados Unidos por venta de tecnología superan los de la Unión Europea y Japón<br />

juntos. En 1994, Estados Unidos tenía una balanza comercial tecnológica excedentaria por un valor<br />

de 17.000 millones de dólares, mientras la de Japón presentaba un surplus de solo 900 millones, y la<br />

de Alemania, Francia e Italia era negativa. El saldo de la balanza tecnológica de los cuatro principales<br />

países de la Unión Europea era negativo por un valor de 3.300 millones de dólares y el de Eurolandia,<br />

por 5.500 millones de dólares (la deuda de España, por otra parte, es la segunda más grande, tras la<br />

de Alemania) 37 .<br />

Es en estas actividades que la famosa “flexibilidad” de la economía norteamericana supera en larga<br />

medida a la europea. Pero cuidado: no se trata de la tan loada “flexibilidad laboral”, panacea universal<br />

para los males del capital, que un día sí y otro también prescriben los patrones de la economía y la<br />

política. Por el contrario, la flexibilidad de la economía norteamericana se halla sobre todo en el<br />

financiamiento y en la producción de innovaciones, es decir, en el sistema financiero y en las empresas.<br />

En Estados Unidos el capital está habituado a asumir mayores riesgos que en Europa y, por tanto,<br />

la creación de nuevas empresas en sectores emergentes es mucho más fácil y dinámica que en nuestro<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

425


continente, donde un nuevo sector productivo solo se implanta si cuenta directa e indirectamente con<br />

el apoyo del sector público.<br />

De tal manera, Estados Unidos ha sabido mantener su supremacía tecnológica mediante la inversión<br />

en investigación: entre 1988 y 1997 destinó a ese fin más de 1.668.000 millones de dólares,<br />

mientras que la “banda de los cuatro” europeos solo invirtió, en conjunto, 928.000 millones. Además,<br />

el esfuerzo inversionista de Estados Unidos (el peso del gasto en I + D en relación con el PIB) es mayor<br />

y más constante que en Europa: en el trienio 1989-1991 gastó por ese concepto 2,7 dólares por cada<br />

100 producidos, y los cuatro principales de la Unión Europea, 2,2. Pero en el trienio 1995-1997, Estados<br />

Unidos mantenía su gasto en 2,7 dólares sobre 100, mientras que Alemania, Francia, Gran Bretaña<br />

e Italia habían reducido su participación ponderada a solo 1,9 dólares por cada 100 de valor agregado.<br />

En el trienio 1998-2001 y entre 2002 y 2004, Estados Unidos bajó a 2,6% y los cuatro grandes países<br />

europeos se mantuvieron en 1,9%. Este es un aspecto relevante de la economía de guerra, ya que en<br />

Estados Unidos las inversiones en I + D están dirigidas, in primis, a objetivos militares y solo luego, en segundo<br />

lugar, reportan beneficios a los sectores de la economía civil.<br />

6. Aparentemente, el crecimiento de Estados Unidos genera más puestos de trabajo que el de Europa.<br />

Pero no todo es tan claro, aun si los medios de comunicación al servicio de la ocupación a bajo costo<br />

se valen cada vez más de oscuros mistificadores. En primer lugar, el desempleo se mide de diferente<br />

manera en los distintos países y, de hecho, la desocupación real en Estados Unidos se sitúa en torno a<br />

10%, no muy distante de la media europea.<br />

¿Y todo eso a qué costo? El sistema social norteamericano incluye, como una característica estructural,<br />

el racismo, que actúa como el sistema de castas en la India. Mientras en Europa una parte<br />

sustancial de los jóvenes blancos están desempleados, en Estados Unidos los jóvenes blancos mayoritariamente<br />

trabajan. Son los negros e hispanos quienes no encuentran ocupación laboral, pero en<br />

el sistema social norteamericano esto no es un problema económico, es un problema social. De esta<br />

manera, la depresión económica se limita oficialmente a las escasas zonas del país donde los blancos se<br />

han quedado sin trabajo como consecuencia de la crisis industrial.<br />

En general, desde el punto de vista laboral, ese sistema económico se caracteriza por el hecho de<br />

que no le permite, a unos cuantos millones de personas, huir de la pobreza a través del trabajo; pero no<br />

porque no lo tengan, sino porque la remuneración es excesivamente baja. La posible respuesta social<br />

se diluye en un sistema represivo que mantiene a más de un millón de ciudadanos en prisión y a cinco<br />

millones bajo libertad condicional o vigilada.<br />

No es en el terreno del empleo que toma Estados Unidos ventaja, sino en el de la producción de<br />

ganancias para el capital, sostenidas directa o indirectamente por la economía de guerra.<br />

7. La ventaja de la economía norteamericana sobre la europea radica en tres factores: el dominio<br />

tecnológico; la flexibilidad del sistema crediticio, que favorece una más rápida introducción de innovaciones<br />

en el sistema productivo y posibilita un mayor nivel de consumo a crédito; y una clase obrera<br />

controlada y fragmentada, de manera tal que junto a sectores fuertemente regulados (autos, minería,<br />

construcción, transporte), hay otros, y en particular los que producen bienes de consumo obrero<br />

(textil, alimentación, servicios a las familias), que se alimentan de un flujo permanente de inmigrantes<br />

que mantiene bajos los salarios y alta la jornada de trabajo; es decir: elevada explotación a bajos precios.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

426


El sistema tecnológico europeo no logra articular la inversión pública y privada con la misma<br />

eficiencia que el norteamericano, en el que el gasto público en innovaciones (desde la máquina-herramienta<br />

con control numérico hasta Internet, pasando por las computadoras y los motores a reacción)<br />

se ejecuta en empresas privadas y se transforma rápidamente en bienes de consumo privado. El sistema<br />

económico europeo tiene en la rigidez financiera su principal debilidad, como tantas veces se pone en<br />

evidencia en muchos trabajos de J. Arriola (véase, entre otros, Arriola, Vasapollo 2004 y 2005).<br />

En la Unión Europea, son sujetos de crédito solamente los ciudadanos con trabajo y las empresas<br />

activas y con utilidades; se debe dar previamente prueba de la renta percibida para acceder al crédito,<br />

sea para el consumo o la acumulación, mientras en Estados Unidos el sistema financiero actúa con<br />

mayor soltura ante la expectativa de ganancias y rentas futuras. El sistema laboral europeo, que garantiza<br />

una cierta correspondencia entre productividad y salarios, no permite alimentar los beneficios de la<br />

simple explotación del trabajo en sectores de baja productividad y bajos salarios, o al menos no de<br />

manera comparable a como ocurre en la economía norteamericana.<br />

Sin embargo, entre los gobernantes de la Unión Europea no hay sino una propuesta consensual<br />

en materia de flexibilización: la llamada “del mercado de trabajo”. Por lo cual no cabe duda alguna<br />

de hacia dónde va la “tercera vía” dominante en Europa: se quiere hacer recaer sobre los trabajadores<br />

aquello que los gobernantes son incapaces de pedir a las empresas y al sector público. Con una dificultad<br />

adicional: en Europa no hay suficientes ciudadanos negros e hispanos (los árabes son “extranjeros”)<br />

como para imitar el modelo norteamericano.<br />

8. La construcción de la Europa monetaria y los problemas económicos y sociales a ella conectados<br />

han venido a coincidir con la crisis asiática 38 . La economía internacional ha sido profundamente<br />

marcada por los efectos de la grave crisis financiera repentinamente desatada en el sudeste asiático. La<br />

turbulencia de los mercados de cambio, iniciada con la devaluación del bath tailandés, se transmitió<br />

rápidamente a Filipinas, Indonesia y Malasia, con repercusiones incluso en las más robustas economías<br />

de la región, y determinó una oleada de devaluaciones, de caídas de las bolsas locales y de quiebras<br />

bancarias. La difusión de la crisis, de Tailandia a las otras economías de la región, puso en evidencia<br />

cómo mercados financieros fuertemente integrados y reactivos, si bien pueden favorecer la eficiente<br />

asignación de los recursos, potencian, por otra parte, los riesgos de contagio entre países que en larga<br />

medida comparten factores de desequilibrio. La experiencia del Asia suroriental sacó a la luz, además,<br />

la estrecha interacción entre las crisis bancaria y de divisas y la globalización financiera, en un contexto<br />

posfordista caracterizado por políticas monetarias restrictivas que tienen fuertes consecuencias en el<br />

plano internacional, signado por la ruptura de los equilibrios precedentes.<br />

En efecto, la desintegración de la Unión Soviética y el final del bipolarismo dejaron con vida una<br />

sola superpotencia, Estados Unidos, y en añadidura ofrecieron al modelo de capitalismo norteamericano<br />

la tentación de interpretar el fin de las ideologías contrapuestas como una autorización para<br />

imponer su fuerza económica y política, en un contexto acentuado de “capitalismo salvaje”, en la<br />

certeza de su propia superioridad financiera y tecnológica.<br />

9. Por esas razones, la Europa de Maastricht fue pensada como una alternativa a la globalización<br />

salvaje practicada por Estados Unidos, de manera de contraponerle otro polo geoeconómico internacional<br />

que, en las intenciones, habría debido tener una formulación económico-social más propia<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

427


de un capitalismo moderado y temperado. Gracias a este proceso de internacionalización económica,<br />

comercial y financiera, el peso económico y comercial de Europa debe poder confrontarse con el de<br />

Estados Unidos y el del polo asiático, lo que conducirá a un gran giro de carácter “pluripolar” en las<br />

relaciones del mercado mundial, con diversas configuraciones geopolíticas y geoeconómicas para los<br />

nuevos bloques económicos subregionales.<br />

Los tres polos geoeconómicos están ya prácticamente constituidos, pero la confrontación entre ellos<br />

es todavía difícil 39 . El coloso americano extrae de su propia fuerza interna y de su hegemonía política<br />

una posición de primacía que le permite amortiguar, con gran facilidad, los efectos desestabilizadores<br />

que sus mismas políticas van produciendo en lo interno y en lo externo, mediante el rol y el “juego”<br />

de los mercados financieros. El polo asiático ha perdido el papel de guía que cumplía Japón y paga<br />

las consecuencias de la pronunciada debilidad provocada por la reciente crisis, pero puede contar<br />

con todo un entramado de intereses que abarca el eje ruso-chino-indio y, con referencias todavía<br />

estratégicas, también al Japón. Esto puede conducir a una política exterior y una política económica<br />

centralizadas.<br />

En cambio, para Europa es necesario impulsar un proceso que la lleve a adquirir, a través de profundas<br />

transformaciones, las características de una verdadera “economía continental”, con una planificación<br />

política unívoca 40 .<br />

10. A este respecto es bueno recordar que el proceso de integración europea tuvo su inicio a fines de los<br />

años cincuenta y que desde un comienzo fue manejado como un intento de resolver la crisis posterior<br />

a la Segunda Guerra Mundial.<br />

Los países europeos lograron reconstruir una economía de buen nivel, muchas veces en competencia<br />

con Estados Unidos, que inicialmente fue también promotor de la integración europea. De<br />

la indispensable necesidad de formar una unión monetaria se mostraron más convencidos los países<br />

miembros tras el otoño de 1992, cuando vieron su primer intento, iniciado en 1978, temporalmente<br />

destruido por la crisis financiera que repercutió en todo el contexto internacional.<br />

Las hipótesis iniciales suponían que a través de la Unión Monetaria podría Europa gobernar su<br />

propia demanda interna, como lo ha hecho desde siempre Estados Unidos, mediante una integración<br />

capaz de optimizar los mejores desempeños económicos nacionales, explotar el nivel continental y<br />

limitar el poder de Alemania.<br />

Pero la referencia casi obsesiva al modelo alemán, presente por completo en las hipótesis de Maastricht,<br />

es equivocada: Alemania ya no es una superpotencia. La antigua RDA se ha revelado un recurso<br />

difícilmente administrable para el modelo y los procesos capitalistas alemanes. La Alemania unida<br />

surgió acrecentada en población y territorio con respecto a la vieja República Federal, pero más débil<br />

en términos de equilibrios políticos, estructura económica, capacidad de gobernarse a sí misma y de<br />

ejercer una influencia internacional en clave de hegemonía geoeconómica.<br />

Esa influencia internacional con miras hegemónicas de bloque económico, en particular sobre el<br />

centro-oriente europeo, debe entonces asumirla el polo geoeconómico de la Unión Europea, bajo el<br />

nombre de “ampliación”, es decir, de anexión a la Unión Europea de los países del antiguo bloque socialista.<br />

El término ampliación es muy genérico y lleva a agudizar la competencia y los contrastes entre los<br />

países que quisieran ingresar a la Unión y aquellos más poderosos que ya la integran. Dentro de esta,<br />

los países más grandes buscan territorios de expansión económica y política en el área centro-oriental,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

428


siguiendo así prioridades geopolíticas e inclinaciones históricas y culturales, pero siempre con una<br />

fuerte determinación a afirmar el nuevo polo europeo con carácter geoeconómico internacional.<br />

A la luz del proyecto euro, geopolíticamente dirigido a identificar una primera Europa en torno<br />

al núcleo franco-alemán, las hipótesis de la ampliación corresponden a la extensión hacia el este<br />

de la esfera de influencia geoeconómica europea, para tener bajo control una región potencialmente<br />

inestable y utilizar sus recursos, comenzando por el bajo costo de un trabajo con buen nivel de<br />

especialización.<br />

Desde la perspectiva del polo geoeconómico europeo, es preciso garantizar a los países más fuertes<br />

y estables la seguridad de que no serán perennemente puestos en jaque por los más pequeños o más<br />

reticentes, desde el momento en que estos son eslabones débiles del “capitalismo europeo”. En ese<br />

sentido, la ampliación llevará a construir tres europas: la del núcleo fuerte, la de los restantes miembros<br />

actuales de la Unión Europea no admitidos en el euro y la de los antiguos países socialistas. Parece en<br />

particular evidente que la integración de estos últimos en la Unión Europea, y hasta en la Organización<br />

del Tratado Atlántico Norte (OTAN), está dirigida contra Rusia, con el propósito de empujar a la<br />

antaño gran potencia euroasiática hacia Asia, lo que potencialmente favorecería el reforzamiento del<br />

nuevo polo asiático con un elemento importante. El único sentido de la doble ampliación es fracturar<br />

la federación rusa y así liquidar para siempre el poderío de Moscú y expandir los confines del polo<br />

geoeconómico europeo hasta los Urales. Pero eso será difícil mientras no se alcance la unidad política<br />

en torno a una verdadera estrategia occidental europea. Por el momento, ese vacío geopolítico produce<br />

una alianza germano-británica, en la que los alemanes están interesados en ampliar el área del euro<br />

para difundir hacia el este sus intereses económicos y de seguridad, y los ingleses esperan que esa<br />

“ampliación” liquide de una buena vez toda aspiración a la unidad política europea.<br />

11. En un período en que la economía estadounidense ha seguido su propia expansión, muchas veces<br />

forzada y drogada, la voluntad de la Unión Europea de erigirse en polo antagónico al de Estados<br />

Unidos tiende netamente a agudizar la guerra económica entre ambos bloques, y así lo confirman las<br />

crisis que han golpeado el área balcánica y el área medio-oriental. En Europa, en particular, la inversión<br />

directa ha mostrado una fortísima aceleración desde mediados de los años ochenta, en concomitancia<br />

con el arranque del proceso de integración económica puesto en marcha por el mercado único, con<br />

una finalidad marcadamente competitiva en relación con Estados Unidos.<br />

El creciente papel de la Unión Europea está determinado no solo por la constitución de la Unión<br />

Monetaria, sino también por la fortísima aceleración de la inversión productiva, que, a diferencia<br />

del pasado, se orienta cada vez más hacia los países europeos de la antigua área socialista (los cuales,<br />

junto con los de la cuenca mediterránea, constituyen las zonas de efectiva competencia europea). Ello<br />

representa asimismo el motivo de la ampliación política-económica, incluso de Italia hacia el este, que<br />

se ha concretado particularmente en los últimos diez años.<br />

Todos los fenómenos conectados con la mundialización financiera son soporte del proyecto de la<br />

Unión Europea, tal como se está construyendo. Al mismo tiempo, el contexto de la situación económica<br />

y social que se está configurando a nivel mundial hace crecer el rechazo estadounidense a la Unión<br />

Europea.<br />

Se ha tomado conciencia, especialmente por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña, de que es<br />

tiempo de ver una Europa cada vez más en crisis, ya que este gran mercado puede ofrecer perspectivas<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

429


de desarrollo neoliberal alternativas al polo geoeconómico anglosajón, que en las áreas de Europa<br />

centro-oriental, África mediterránea y muchos países del Asia central, cuenta con cada vez menos voces<br />

de respaldo.<br />

El euro se inscribe en una lógica mercantilista, ya que busca crear un bloque regional europeo capaz<br />

de competir con Estados Unidos y Japón, aun cuando supuestamente la globalización significa, en<br />

cambio, apertura de mercados y fronteras.<br />

Basta ver, por ejemplo, la Cumbre de Río –concluida tras la guerra de la OTAN contra Yugoslavia–,<br />

en la cual plantó la Unión Europea las bases para la creación de un área transatlántica de libre comercio<br />

con la América Latina, sin Estados Unidos, y más bien en abierta contraposición al Área de Libre Comercio<br />

de las Américas (ALCA), el contendiente interamericano. La Cumbre de Río tuvo el declarado<br />

objetivo de contrarrestar, a un nivel económico internacional, la hegemonía del bloque geoeconómico<br />

estadounidense en el área latinoamericana, en un contexto en el que las exportaciones de Estados Unidos<br />

son tres veces mayores que las de la Unión Europea (para no hablar de los movimientos de capital),<br />

pero en el que esa supremacía no es ya incontrastable ni en el plano comercial ni en el de las inversiones.<br />

Por no mencionar los continuos choques económico-productivos de estos últimos diez años, que<br />

son el resultado de una guerra por la hegemonía económica, entre el polo Estados Unidos y el polo<br />

Unión Europea, que se torna cada día más explícita y frontal en todas las áreas del planeta. Y el choque<br />

se hará todavía más duro y favorable a la Unión Europea si el euro logra tener el tiempo y la oportunidad<br />

para fortalecerse como divisa de referencia internacional. El impacto del euro en las relaciones<br />

internacionales puede tener, ciertamente, efectos disruptivos en los actuales esquemas y equilibrios<br />

internacionales, a pesar de las ambigüedades y limitaciones –de carácter interno, especialmente– que<br />

se manifiestan en la Unión Europea.<br />

12. A la debilidad política se suma una impresionante debilidad social, impuesta por los vínculos<br />

monetaristas de la Europa de Maastricht y de Ámsterdam. Tal como ha sido construida, Europa contribuye<br />

a debilitar la acción político-social de dos maneras diferentes. En primer lugar, por vía del<br />

equilibrio de fuerzas en curso; desde hace más de veinte años, los países integrantes se pusieron de<br />

acuerdo para establecer una moneda única, pero se niegan a poner en marcha una acción pública eficaz<br />

para dar respuesta a las decisiones y necesidades reales de la sociedad.<br />

Se escoge la vía de las privatizaciones, que es mucho más fácil que la de impulsar y aprobar reformas<br />

para construir un sistema público eficiente, capaz de mejorar también las formas de la democracia<br />

económica y política representativa 41 .<br />

De hecho, es evidente que desde la firma del tratado de Maastricht la desocupación no deja de<br />

aumentar, el crecimiento económico se estanca, el Estado social está en crisis por doquier. La calidad<br />

de vida ha disminuido y la legitimidad de las decisiones político-económicas –comenzando por las de<br />

Italia– es puesta en discusión, sin que se entrevea una nueva y unívoca línea económica y político-social<br />

europea. Los criterios de convergencia de la Unión Monetaria, inscritos en el tratado de Maastricht,<br />

tienen como objetivo principal la estabilidad monetaria, son fruto de una política monetarista y neoliberal<br />

que tiene por meta central la tasa inflacionaria, y apuntan por tanto a la estabilidad financiera a<br />

través de la reducción de los déficit públicos de los diversos países.<br />

Hay, pues, mucho de cierto en la tesis europeísta-monetarista del vínculo externo, que ya desde el<br />

tratado de Maastricht ha impuesto el camino único de las privatizaciones, de las políticas monetaristas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

430


y de la reforma estructural del welfare State. Se siguen pidiendo a los ciudadanos fuertes sacrificios en<br />

aras de un vínculo externo y no en nombre de sus intereses, ni para satisfacer mejor sus necesidades de<br />

trabajo, de ingreso, de protección social. El vínculo externo mina la legitimidad y la autoridad política<br />

y económica de cada país en singular, ya que, si la sede de las decisiones está en un lugar muchas<br />

veces incontrolable y no democráticamente electo (véanse los varios organismos internacionales), no<br />

se entiende, a la larga, cuál es la función del Gobierno y del Parlamento europeo, la función misma de<br />

la unidad europea 42 .<br />

13. De este análisis se desprende claramente que la mayor parte de los países de la Unión Europea se ve<br />

obligada a adecuar sus situaciones económicas internas, de gran diversidad, a los parámetros de Maastricht.<br />

Todo ello en una desesperada carrera a la germanización, enmascarada apenas por la esperanza<br />

de una europeización de la superpotencia alemana, que provoca en la Unión Europea turbulencias e<br />

inestabilidades internas y que determina, en el duro conflicto entre las diversas economías capitalistas,<br />

la profundización del desarrollo desigual de los países europeos. La liberalización de los intercambios,<br />

junto con la desregulación y el desmantelamiento de la legislación tutelar del salario, ha permitido a<br />

los grupos multinacionales explotar mejor y simultáneamente las ventajas de la libre circulación de<br />

mercancías y de las fuertes disparidades entre los países, las regiones y las localidades situadas dentro<br />

del mismo mercado único europeo.<br />

Más allá de los conflictos de intereses, la Europa del euro es una escogencia propia de la lógica<br />

geoeconómica polar y divisionista, que se rige por los principios de la globalización financiera y la<br />

competencia global.<br />

El gran mercado continental asegura a los grupos económico-financieros de las multinacionales<br />

una total libertad de escogencia, entre los diferentes ajustes posibles en la combinación de factores<br />

productivos, para llevar adelante una producción integrada a nivel internacional, con rasgos propios<br />

de competencia oligopólica.<br />

Por tal razón, la Unión Europea transita actualmente el paso de la consolidación a la afirmación<br />

definitiva de un verdadero bloque económico autónomo y experimenta la contradicción interna de un<br />

desarrollo desigual y basado en modalidades diversas. Pero la suerte del euro está fuertemente condicionada<br />

por el contexto externo, sea que se trate de los mercados financieros del mundo o de la política<br />

monetaria de Estados Unidos. La hipótesis “euro” sigue tomando consistencia y perfilándose como<br />

instrumento de guerra comercial y, por tanto, Estados Unidos sigue haciendo cuanto está en sus manos<br />

por sofocarla. Para los estadounidenses, la mejor Europa posible es una suficientemente unida, pero<br />

bajo su dominio. En consecuencia, toman medidas para que esté lo suficientemente desunida como<br />

para impedir su afirmación como superpotencia competidora. Estados Unidos teme hoy más que ayer,<br />

pues, una moneda destinada a favorecer con el tiempo las exportaciones europeas y a amenazar el<br />

rango del billete verde como divisa de reserva mundial. La situación que se perfila es la de un verdadero<br />

cambio de fase económica, de fuertes rasgos conflictivos, entre Estados Unidos y la Unión Europea.<br />

He allí por qué el precedente análisis partió de la identificación de las modalidades del desarrollo en<br />

Europa y tomó como central la fenomenología de la competencia Estados Unidos-Unión Europea,<br />

con referencia siempre al conflicto capital-trabajo.<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

431


— notas —<br />

1 La ideología del “fin de la historia” no está representada únicamente por la variante radical de un Fukuyama (2003). Con construcciones<br />

lingüísticas y conceptuales más finas y elaboradas, es compartida también por muchos intelectuales de izquierda<br />

que, tras el fracaso de los sistemas comunistas del este, se convirtieron a la economía de mercado y adoptaron las ideologías<br />

liberales sin ningún enfoque crítico, salvo quizá aderezarlas con salsa welfarística. Sobre el tema de la globalización y del proyecto<br />

de dominio imperialista, véanse los muchos trabajos de Esteban Morales, en particular sobre el papel de Estados Unidos,<br />

a los que se hará referencia en este capítulo y los sucesivos, cuando se analizarán de manera específica los aspectos históricopolítico-económicos<br />

del imperialismo norteamericano.<br />

2 Tal “predicción y descubrimiento científico” le es reconocido a Marx incluso por un fiero pero agudo y honesto opositor, Mark<br />

Blaug (1995).<br />

3 Es preciso destacar, sin embargo, cómo la socialización se conforma según los parámetros capitalistas.<br />

4 Véase a este respecto Morales (2004b).<br />

5 Se recuerda aquí de paso que, según la clasificación “tradicional” de las diversas tipologías de mercado, este se divide en: a)<br />

competitivo; b) de competencia monopólica; c) oligopolio; y d) monopolio. Los tipos b) y c) son a su vez llamados “de competencia<br />

imperfecta”.<br />

6 Sobre la construcción teórica y el desarrollo histórico-político-económico del imperialismo, cfr. Vasapollo, Casadio, Petras, Veltmeyer<br />

(2004); Galarza, Jaffe, Vasapollo (2005).<br />

7 Liodakis (2005), en una interesante intervención en materia de globalización e imperialismo, sostiene que algunas tesis leninistas<br />

y algunas de sus formulaciones metodológicas están superadas. Critica, por ejemplo, el énfasis excesivo en la esfera<br />

de la circulación, mientras se menosprecia la productiva, así como la atención preferencial a los problemas vinculados con las<br />

rivalidades interestatales, que dejaría en segundo plano la conflictividad fundamental entre capital y trabajo.<br />

8 Concordamos con lo que escribe Liodakis (2005: 353): “Si bien el monopolio no es un fenómeno nuevo, el estadio monopólico<br />

y la ulterior monopolización del capitalismo contemporáneo serían concebidos como fases particulares en el proceso de concentración<br />

y centralización del capital, y no como una negación de la competencia, como lo han hecho algunos neomarxistas<br />

en el pasado. La competencia, así lo subrayó Marx, es la interacción recíproca de muchos capitales y es una característica<br />

inmanente del modo de producción capitalista. En cuanto tal, sigue siendo una característica dominante del capitalismo contemporáneo”.<br />

9 El término “globalización”, a menos que se le considere como un simple nombre, no es confiable. Galbraith afirma que se trata<br />

de una invención estadounidense para enmascarar su política de penetración en el exterior. James Petras (2003), en su reciente<br />

libro, es todavía más explícito. Según su punto de vista, no estamos frente a una globalización simétrica, sino ante una auténtica<br />

forma de imperialismo que, en sus últimas variantes, asume rasgos neocolonialistas. Es de subrayar que Petras, a diferencia<br />

de muchos intelectuales, incluso de la izquierda radical, sostiene que, aparte de Estados Unidos, son también de naturaleza<br />

imperialista otras dos entidades geopolíticas-económicas: Europa y Japón. Léase con provecho todo el primer capítulo del ya<br />

citado texto. Tales tesis son, por otra parte, coincidentes con cuanto venimos afirmando desde hace años (Vasapollo, Casadio,<br />

Petras, Veltmeyer 2004; Arriola, Vasapollo 2004; Casadio, Petras, Vasapollo 2003).<br />

10 Sobre estas políticas escribe desde hace años Chomsky, quien se interesa especialmente por Estados Unidos. Léanse con provecho<br />

al menos algunos de los libros de su infinita bibliografía (1999; 2002a; 2002b; 2003; y Chomsky, Herman, 2005; 2006).<br />

Instructivo a este respecto es también el ya citado Petras (2003), quien reporta algunos ejemplos tópicos acerca de cómo la<br />

política y los potentados económicos actúan de común acuerdo y de cuáles instrumentos se sirven (desde los servicios secretos<br />

hasta las fundaciones de beneficencia –cfr., por ejemplo, pp. 41-46, sobre los estrechos vínculos entre la Fundación Ford y la<br />

CIA– y, hoy por hoy, incluso de las ONG).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

432


11 Borón (1995).<br />

12 Cfr. Lenin (1974: 52-54).<br />

13 Cfr. Lenin (1974: 59).<br />

14 Cfr. Lenin (1974: 112).<br />

15 Cfr. Lenin (1974: 113).<br />

16 Sobre estos temas, cfr. Vasapollo, Casadio, Petras, Veltmeyer (2004); Vasapollo, Jaffe, Galarza (2005).<br />

17 Para profundizar a este respecto, cfr. Borón en la bibliografía final.<br />

18 Permítasenos hacer notar que también la religión –al menos la oficial– tiene en esto un papel fundamental. Sin embargo, no<br />

deja de ser cierto que la religión, en momentos de crisis, de turbulencia generalizada, puede asumir funciones distintas a las de<br />

sustentación del poder constituido e, incluso, convertirse en arma de los pobres y los oprimidos (piénsense en Fray Dolcino***<br />

o, en general, en la teología de la liberación). A este respecto, Carlo (2000: 271 ss.) habla de “religiones desviantes” o “disfuncionales”,<br />

pero como excepción ante aquellas oficiales, conservadoras, dominantes.<br />

19 Una oligarquía transnacional que ha comenzado, desde hace algunas décadas, a crear y perfeccionar sus propios canales de<br />

gobierno global, con miras a dictar la agenda de las políticas económicas de Estados tanto dominados como dominantes. Es<br />

en referencia a esto que algunos autores hablan de transnational capitalist state (Robinson, Harris, 2000; Cammak, 2003). Una<br />

extremización de esta tesis, en nuestra opinión no fundamentada en un estudio profundo y coherente de la actual estructura<br />

capitalista, es Hardt, Negri (2001). Para un interesante estudio, en cambio, sobre la nueva clase social (capitalista) transnacional,<br />

cfr. Sklair (2001).<br />

20 Cfr. Lenin (1974: 127-129).<br />

21 Cfr. Lenin (1974: 150).<br />

22 Cfr. Lenin (1974: 161).<br />

23 Cfr. Hobsbawm (1987: 21-22).<br />

24 Cfr. Hobsbawm (1987: 50-53).<br />

25 Cfr. Hobsbawm (1987: 54-55).<br />

26 Cfr. Hobsbawm (1987: 59-60).<br />

27 Cfr. Vasapollo, Jaffe, Galarza (2005).<br />

28 Para una profundización y análisis de los datos respectivos, cfr., por ejemplo, Martufi, Vasapollo (2000a); Arriola, Vasapollo<br />

(2004; 2005).<br />

29 En la tradición marxista se ha utilizado siempre el término monopolio en su acepción no técnica. Aquí utilizaremos el concepto<br />

de oligopolio, que nos parece más cercano a la realidad. Eso no significa que en determinados sectores y en algunos períodos<br />

históricos no se formen auténticos monopolios: Mandel (1997a) y Jaffe (1973) citan a ese respecto numerosos ejemplos.<br />

*** (n.t.) Fraile radical italiano, opositor acérrimo del feudalismo, torturado y ejecutado por la Inquisición en 1307.<br />

LAS RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES A PARTIR DE LA TEORÍA DEL IMPERIALISMO<br />

433


30 Lenin (2001: 35), hace ya casi un siglo, escribía: “Se monopoliza la mano de obra calificada, se acaparan los mejores técnicos”.<br />

El monopsonio, en todo caso, subsiste en la medida en que esa parte calificada y especializada de la fuerza de trabajo, que<br />

no tendría posibilidad ocupacional alguna fuera de la demanda monopsónica, debe aceptar su propia “descalificación” o su<br />

subutilización por parte de alguna otra empresa incapaz de utilizar sus cualidades.<br />

31 Respecto a su función útil y productiva, en una lógica de cadena, así como para profundizar en aspectos técnico-industriales,<br />

véase entre otros Panati, Golinelli (1991).<br />

32 Sobre los orígenes del logotipo, sus funciones y su capacidad modeladora de nuevos estilos de vida, cfr. Klein (2003).<br />

33 Para profundizar en el tema, cfr. Martufi, Vasapollo (2000b).<br />

34 Sobre estos temas se ha desarrollado, desde hace más de diez años, un intenso debate promovido por el Centro de Estudios<br />

Cestes, que ha llevado a la publicación de decenas de artículos, cuadernos, libros y otras publicaciones, en muchos de los cuales<br />

ha sido fundamental el aporte, entre otros, de R. Martufi y J. Arriola.<br />

35 David Laibman (lo más reciente, 2005) viene elaborando desde hace tiempo una teoría orgánica de los estadios del desarrollo<br />

capitalista, sobre la base de los principios del materialismo histórico; una teoría enfocada hacia la desarticulación temporal,<br />

en altos niveles de abstracción, que esté desligada del mero dato empírico, histórico, contingente, y que busque definir las<br />

líneas evolutivas del desarrollo capitalista, fundándose en un estudio profundo de la naturaleza del modo y del movimiento de<br />

producción capitalista.<br />

36 Sobre este punto, siguen siendo referencia de gran interés las intervenciones de ancho espesor político-cultural presentadas en<br />

algunos encuentros internacionales de la Red de Comunistas, para cuyos contenidos pueden consultarse las actas respectivas,<br />

como por ejemplo Vasapollo (edit., 2003; 2005).<br />

37 En años más recientes, sin embargo, las cosas no han marchado tan bien para Estados Unidos: desde 2003, en efecto, presenta<br />

un saldo comercial negativo para los productos de alta tecnología, debido especialmente a la competencia en la aviación comercial.<br />

38 Caracciolo (1997).<br />

39 Cfr. Martufi, Vasapollo (2000a); Casadio, Petras, Vasapollo (2003); Vasapollo (edit., 2003).<br />

40 Sobre estos temas y para el respectivo soporte de datos analíticos, cfr. Martufi, Vasapollo (2000a).<br />

41 Véase al respecto, en Martufi, Vasapollo (2003), un examen articulado de las privatizaciones en Europa y los retrocesos sociales<br />

que se les vinculan.<br />

42 Sobre la construcción político-económica de Europa y su impacto social, véase Arriola, Vasapollo (2004), rico también en datos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

434


Capítulo IV<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

1. El conflicto norte-sur, pero también este-oeste<br />

1. Según la economía dominante, para superar el retraso económico de los países en vías de desarrollo<br />

(PVD) sería necesaria una sostenida acumulación de capital, posible a través de un excedente de<br />

producción, para así lograr una renta superior al consumo necesario para el mantenimiento de la fuerza<br />

de trabajo, garantizar inversiones en nuevos bienes de capital y, por tanto, la perpetuación de la<br />

acumulación capitalista.<br />

Para el economista sueco Myrdal, sin embargo, en esas circunstancias se establece el llamado círculo<br />

vicioso de la pobreza, según el cual son justamente las características limitadas de la dimensión del<br />

mercado interno de los PVD lo que obstaculiza la creación de un excedente de producción sobre el<br />

consumo necesario. En otras palabras, la baja renta per cápita determina una baja propensión al ahorro,<br />

con la consiguientemente escasa capacidad de inversión. Los términos del circuito serían entonces<br />

tales que la producción y la renta per cápita no pueden crecer, ya que para superar la miseria se requiere<br />

un aumento de la productividad, que depende de la formación de capital y, por tanto, del excedente


de producción y renta por sobre el consumo necesario; pero tal excedente resulta excesivamente bajo,<br />

justamente por la escasa demanda de consumo característica de los PVD.<br />

Pero la verdadera razón y causa del subdesarrollo reside en la explotación impuesta a esos países por<br />

la división internacional del trabajo, centrada en la explotación capitalista.<br />

2. Como sostiene Hosea Jaffe en toda su obra, el modo de producción capitalista (MPC) nace con –y<br />

no podría sobrevivir sin– las colonias. Hobsbawm afirma que:<br />

De cualquier forma, si el colonialismo era tan sólo un aspecto de un cambio más generalizado en<br />

la situación del mundo, desde luego era un aspecto más aparente. Constituyó el punto de partida<br />

para otros análisis más amplios, pues no hay duda de que el término imperialismo se incorporó<br />

al vocabulario político y periodístico durante los años 1890, en el curso de los debates que se<br />

desarrollaron sobre la conquista colonial. Además, fue entonces cuando adquirió, en cuanto<br />

concepto, la dimensión económica que no ha perdido desde entonces. Por esa razón, carecen de<br />

valor las referencias a las normas antiguas de expansión política y militar en que se basa el término.<br />

En efecto, los emperadores y los imperios eran instituciones antiguas, pero el imperialismo era un<br />

fenómeno totalmente nuevo. El término (que no aparece en los escritos de Karl Marx, que murió en<br />

1883) se incorporó a la política británica en los años 1870 y a finales de ese decenio era considerado<br />

todavía un neologismo. Fue en los años 1890 cuando la utilización del término se generalizó. En<br />

1900, cuando los intelectuales comenzaron a escribir libros sobre este tema, la palabra imperialismo<br />

estaba, según uno de los primeros de estos autores, el liberal británico J.A. Hobson, “en los labios<br />

de todo el mundo (…) y se utiliza para indicar el movimiento más poderoso del panorama político<br />

actual del mundo occidental” 1 *.<br />

El capitalismo europeo, gracias a los grandes descubrimientos geográficos y las subsiguientes invasiones,<br />

logra acumular las primeras e ingentes riquezas que serán base material para las primeras<br />

formas de acumulación propiamente capitalista. En ese proceso, seguramente el año 1492 es una fecha<br />

de ruptura y nuevo inicio. Las colonias, al decir de Jaffe, resultan fundamentales para la acumulación<br />

capitalista, por su aporte en materias primas de las que Europa carece o no tiene en suficiencia. Las<br />

materias primas necesarias para acumular y producir riqueza no son solo los minerales (y más tarde el<br />

petróleo, el gas, etcétera), sino también, y sobre todo, una fuerza de trabajo primero esclavizada y luego<br />

subpagada, por superexplotada.<br />

De todas formas, no se puede negar que la idea de superioridad y de dominio sobre un mundo<br />

poblado por gentes de piel oscura, en remotos lugares, tenía arraigo popular y que, por tanto, benefició<br />

a la política imperialista. En sus grandes exposiciones internacionales, la civilización burguesa había<br />

glorificado siempre los tres triunfos de la ciencia, la tecnología y las manufacturas. En la era de los<br />

imperios también glorificaba sus colonias 2 .<br />

A diferencia de Hobsbawm, Jaffe, al elaborar su teoría de la superexplotación colonialista, no se<br />

limita a indagar en la esfera de la circulación, sino que explora un “momento” mucho más central para<br />

la teoría marxista: el proceso laboral y, sobre todo, el proceso de valorización. Y es a partir de la esfera<br />

* (n.t.) En esta y las dos siguientes citas del mismo autor, se ha recurrido aquí a la traducción de Editorial Crítica (Barcelona, 1998),<br />

según aparece parcialmente reproducida en www.biblioteca.org.ar.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

436


de la producción que este estudioso explica la subsistencia y la necesidad (para el capital) de la relación<br />

colonialista.<br />

Un argumento general de más peso para la expansión colonial era la búsqueda de mercados. Nada<br />

importa que esos proyectos se vieran muchas veces frustrados. La convicción de que el problema de la<br />

“superproducción” del período de la gran depresión podría solucionarse a través de un gran impulso<br />

exportador era compartida por muchos. Los hombres de negocios, inclinados siempre a llenar<br />

los espacios vacíos del mapa del comercio mundial con grandes números de clientes potenciales,<br />

dirigían su mirada, naturalmente, a las zonas sin explotar: China era una de esas zonas que captaban<br />

la imaginación de los vendedores –¿qué ocurriría si cada uno de los trescientos millones de seres<br />

que vivían en ese país comprara tan sólo una caja de clavos?–, mientras que África, el continente<br />

desconocido, era otra (…) Pero el factor fundamental de la situación económica general era el<br />

hecho de que una serie de economías desarrolladas experimentaban de forma simultánea la misma<br />

necesidad de encontrar nuevos mercados. Cuando eran lo suficientemente fuertes, su ideal era el de<br />

la “puerta abierta” en los mercados del mundo subdesarrollado; pero cuando carecían de la fuerza<br />

necesaria, intentaban conseguir territorios cuya propiedad situara a las empresas nacionales en una<br />

posición de monopolio, o cuando menos les diera una ventaja sustancial. La consecuencia lógica fue<br />

el reparto de las zonas no ocupadas del tercer mundo. En cierta forma, esto fue una ampliación del<br />

proteccionismo, que fue ganando fuerza a partir de 1879 3 .<br />

A partir de la mayor diferencia entre los niveles de productividad e intensidad del trabajo, de un<br />

país a otro, se desarrolla la mayor explotación a la que son sometidos los más pobres por parte de los<br />

más ricos en el contexto del mercado mundial, puesto que, económicamente, los más fuertes obtienen<br />

en el intercambio una mayor cantidad de trabajo que la que entregan. Entre los países, sobre la base<br />

incluso del respeto formal a la ley del valor, se produce un intercambio desigual que tiene influencia<br />

directa en los procesos de desarrollo, tal como ocurre con la relación de intercambio desigual que se<br />

opera entre el trabajo y el capital.<br />

Se debe tener muy presente que la dinámica impuesta por la ley internacionalizadora del capital<br />

presupone, necesariamente, la acción de otra ley, la del desarrollo económico y político desigual. Ambas<br />

derivan de la esencia económica del sistema y, por tanto, de la naturaleza del capital, para el cual la<br />

historia y los momentos de turbulencia, así como los cambios que se producen en las formas de manifestarse<br />

la internacionalización, constituyen, al mismo tiempo, historia y momentos de cambios cualitativos<br />

de similar naturaleza en la manifestación de la ley del desarrollo económico y político desigual.<br />

No hay que atribuir solamente a la globalización neoliberal el carácter de la dominación norte-sur<br />

y oeste-este (piénsense en el papel que cumple la Europa del Este para las dislocaciones productivas de<br />

los países centrales del continente o en las mismas dinámicas de la variable asiática); esto es, el carácter<br />

contradictorio y desigual que asume el proceso de internacionalización de las fuerzas productivas y<br />

de las relaciones sociales de producción bajo el capitalismo. La internacionalización del capital y de<br />

la producción se deriva de la acción de las leyes de acumulación y de desarrollo económico y político<br />

desigual del capitalismo, y en esto Lenin fue claro, directo, y se mantiene vigente.<br />

3. Con la saturación progresiva del mercado interno, el capital pierde su capacidad de valorizarse; así,<br />

la sobreproducción de mercancías a escala nacional genera la necesidad de exportarlas (primera fase<br />

del capitalismo). Luego, la superabundancia de capitales internos no valorizables implica la necesidad<br />

de invertirlos fuera de los confines patrios (y es esta la característica fundamental del imperialismo<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

437


que subrayara Lenin [2001: 75 ss.]). La exportación de capitales presupone que los países de destino<br />

e inversión estén ya insertos en la órbita capitalista: que sean ellos mismos capitalistas y no ajenos al<br />

MPC 4 . La economía capitalista, entonces, se mundializa, y lo hace en función de sus propias exigencias<br />

de valorización. El choque global de los capitales comporta una lucha permanente, que se combate en<br />

varios niveles: lucha económica (repartición de áreas mercantiles, acceso a materias primas), financiera<br />

(áreas monetarias o de divisas), jurídica (patentes, acuerdos internacionales de libre comercio, proteccionismo)<br />

y militar (con intervenciones directas o por interpuestas personas).<br />

Nuevos niveles de desarrollo desigual del capitalismo se registran así como producto de procesos<br />

de integración y de marginalización económica de los países, en un contexto mundial de dominación<br />

capitalista. A la concentración hegemónica del poder económico y político se contrapone la concentración<br />

de la marginalización y la pobreza en un conjunto de naciones, como genuina expresión de la<br />

internacionalización de la ley general de la acumulación capitalista.<br />

Todos los datos corroboran el incremento de las diferencias entre países ricos y pobres. Esto resulta<br />

evidente si se considera que en 1960 la riqueza de los primeros era 37 veces la de los segundos, mientras<br />

que en 1992 la brecha había crecido a 60 veces y en 2005 llegaba a 74 veces. Entre tanto, 90% de<br />

las patentes mundiales están en manos de los países desarrollados, que en los últimos cinco años han<br />

recibido en concepto de intereses de la deuda externa más de lo que han enviado al Tercer Mundo<br />

en forma de ayuda oficial para el desarrollo, y hablamos de una proporción de 1/6 entre cada dólar<br />

enviado y recibido.<br />

La combinación neoliberal de políticas económicas deja ver importantes contradicciones. Por<br />

ejemplo, las fluctuaciones de las tasas de cambio han sido en algunos casos utilizadas en el intento de<br />

controlar la inflación y, simultáneamente, ampliar las exportaciones. En otros casos, el movimiento<br />

de las tasas de interés internas, útil para estimular y atraer el capital extranjero y controlar las presiones<br />

inflacionarias, ha tenido implicaciones adversas para el crecimiento económico y la reducción de los<br />

niveles de pobreza; todo ello siempre y solo en función de la necesidad de favorecer los contradictorios<br />

procesos de acumulación de capital.<br />

Los países que el Banco Mundial considera pobres, o sea aquellos cuyos habitantes tienen un ingreso<br />

medio de menos de un dólar al día, y que en conjunto representan más de la mitad de la población<br />

del planeta, perciben 7% del PIB mundial, mientras que los países ricos, con 8% de la población<br />

mundial, concentran casi el 70%, además de 80% del comercio internacional, dos terceras partes del<br />

cual se realiza entre países desarrollados (Echevarría, 2004).<br />

Los desequilibrios en indicadores no solo económicos sino sociales –como mortalidad infantil,<br />

nutrición, derecho a la salud pública y a la asistencia médica, niveles de alfabetización y escolaridad,<br />

esperanza de vida al nacer, acceso a los medios de comunicación de masas– demuestran que en la<br />

dinámica capitalista actual ha prevalecido ese efecto diferenciador, que profundiza las desigualdades<br />

económicas y sociales.<br />

4. La carrera por acaparar las fuentes energéticas y materias primas es de vieja data. Las primeras expediciones<br />

europeas parten en pos del descubrimiento de nuevas tierras que explotar y de “fuentes” de<br />

riqueza que se pudiesen hacer manar con gran facilidad. Se puede decir, con Jaffe, que el colonialismo 5<br />

funda y da cuerpo al desarrollo y la sobrevivencia del MPC. La rapiña mundial que precede y corre<br />

paralela al desarrollo del capitalismo a escala mundial es sobradamente conocida: “El capitalismo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

438


se transformó en un sistema mundial de opresión (…) de la aplastante mayoría de la población del<br />

mundo por parte de un puñado de países avanzados” (Lenin, 2001: 17).<br />

Con el apoyo activo (político, jurídico, militar) de sus “propios” Estados, los grandes complejos<br />

financiero-industriales invaden el mundo entero con sus capitales y se reparten (conflictivamente o<br />

no) el planeta. Las relaciones entre las empresas imperialistas y las clases subalternas de los países dominados<br />

forman la base de las relaciones políticas de tipo colonial que se instauran entre los países<br />

dominantes y las colonias. Ya Lenin señalaba la diferencia entre colonias y semicolonias: estas últimas<br />

son formal y políticamente independientes, pero económica y financieramente dependientes. En la actual<br />

fase capitalista han desaparecido prácticamente, en nuestra opinión, las colonias de viejo estilo,<br />

pero la relación colonial se sigue perpetrando mediante la preservación de las formas semicoloniales de<br />

los países dominados. Estamos, pues, en presencia de un “imperialismo sin colonias” (Magdoff), lo que<br />

no significa que se haya venido a menos la relación colonialista de explotación: es solo que el imperialismo<br />

no tiene ya necesidad de ejercer su control político de manera directa, ni exclusivamente por vía<br />

militar, sino que logra imponerlo (y de manera más útil y rentable para el mismo capital) mediante su<br />

involucramiento indirecto en la vida económico-social del país dominado.<br />

Lenin, sin embargo, llega a sostener, al escribir acerca de las relaciones entre los países imperialistascolonialistas<br />

y las colonias, que gracias al imperialismo “el más rápido desarrollo económico se produce<br />

en las colonias” (Lenin, 2001: 116). En realidad, esa fue una convicción compartida por muchos<br />

marxistas de la época, que luego resultó ampliamente desmentida por la historia (cfr. también La<br />

Grassa, Bonzio, 1991). Un ejemplo de desarrollo no subordinado a las lógicas del capital imperialista<br />

es el de China, que con una valerosa y sabia política de apertura de sus mercados (sobre todo el de la<br />

fuerza de trabajo), con políticas proteccionistas y de apoyo a sus propias empresas, y mediante procesos<br />

acelerados de aprendizaje e implementación in loco de la tecnología occidental, logró obtener enormes<br />

ventajas, desde el punto de vista capitalista, y mantenerse no obstante desvinculada de las cadenas<br />

imperialistas y de la ideología oficial burguesa (Vaccà, Cozzi, 2002).<br />

Jaffe por el contrario sostiene, justamente, que las políticas imperialistas han sido fundamentalmente<br />

de tipo “subdesarrollista” y que han empeorado las condiciones económicas de los países dominados,<br />

al verse estos constreñidos a adoptar formas capitalistas de no-desarrollo (relativo) dirigido. Leamos:<br />

“No hubo relativamente ninguna industrialización de los países ‘subdesarrollados’. Estos siguieron siendo<br />

‘subdesarrollados’ por el imperialismo” (Jaffe, 1973: 69). Esto se debe a políticas colonialistas que han<br />

limitado el sector industrial a una “producción primaria”, que con frecuencia es “monoproducción”<br />

(minerales, materias primas, agricultura, subsistencia), mientras en el tejido productivo del país dominante<br />

se desarrolla en cambio la industria secundaria 6 , de la misma manera que en el sector agrícola<br />

han impulsado el “monocultivo” subordinado a los monopolios multinacionales, que ejercen auténticos<br />

poderes soberanos sobre los países dominados 7 (Mandel, 1997b: 741).<br />

El subdesarrollo industrial produce, asimismo, efectos inmediatamente visibles en el campo, donde<br />

se llevan a cabo procesos contrarios a los experimentados en los países de capitalismo maduro.<br />

La “presión sobre la tierra” (debida al desempleo de amplias capas de la población en el sector<br />

industrial) conlleva una subocupación crónica en el campo (sobrepoblación agrícola), que a su vez<br />

genera un incremento de la renta del suelo. De allí que toda la sobreproducción social es “atraída”, acaparada<br />

por la propiedad inmobiliaria y la usura, que en esos países rinden más que el sector industrial<br />

(Mandel, 1997b: 750 ss.).<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

439


Se cierra así el círculo vicioso. Se forma allí una burguesía compradora, dedicada a la adquisición<br />

de tierras, al comercio, a la usura (que no producen riqueza 8 , sino que apenas la consumen): adiós<br />

desarrollo 9 , bienvenidas las opulentas ganancias para las multinacionales occidentales que invierten en<br />

el sector primario, donde no tienen rivales y disponen de una abundante fuerza de trabajo subpagada<br />

y superexplotada.<br />

Además, la sobreproducción social acaparada por las multinacionales es generalmente “repatriada”<br />

en forma de utilidades.<br />

De esta manera, al no ser reinvertidas en el país de origen, las ganancias derivadas de la relación<br />

de explotación que se establece entre la clase burguesa imperialista y la clase laboral colonial, no son<br />

utilizadas in loco para impulsar el desarrollo; sirven, en cambio, para contrarrestar la caída de la tasa<br />

de ganancia en los países imperialistas, donde la lucha de clases ha impuesto compromisos históricos,<br />

entre capital y trabajo, que garantizan a la clase trabajadora “central” una mayor cuota de salario directo<br />

e indirecto sobre la totalidad del valor creado (aunque es preciso decir que en los últimos decenios<br />

esa relación ha sido alterada por el capital, en su propio beneficio, prácticamente en todos los países<br />

de capitalismo maduro).<br />

2. El desarrollo desigual y combinado<br />

1. Más allá de las posiciones político-culturales que cada quien pueda tener, a estas alturas es evidente<br />

para todos que el desarrollo capitalista no se reparte equitativamente, como lo demuestran las<br />

enormes desigualdades y desequilibrios existentes en el plano temporal, territorial, sectorial y social.<br />

Los teóricos de la economía dominante ubican las causas de tales desequilibrios, por ejemplo, en el<br />

comportamiento cíclico de la economía y en la diversa dotación físico-ambiental de los territorios, más<br />

o menos favorable a las actividades productivas, e identifican áreas centrales de desarrollo y áreas semiperiféricas,<br />

periféricas y totalmente marginales. Entre los desequilibrios estructurales señalan, también<br />

a manera de ejemplo, la así denominada “fuerza contractual” de determinadas empresas, industrias o<br />

sectores, con las consiguientes desigualdades en los ritmos de desarrollo. Asimismo, entre los llamados<br />

desequilibrios sociales identifican algunos problemas que “normalmente” acompañan todo proceso de<br />

desarrollo económico, debidos –entre otras causas– a la escasez de determinados recursos productivos<br />

o a fenómenos monetarios y a la redistribución desigual de la renta. Eso que en la economía convencional<br />

es calificado como asimetría del desarrollo o desequilibrio, no es otra cosa que –como bien señaló<br />

Marx– el carácter esencial, ínsito al modo mismo de producción capitalista, basado en la extracción<br />

de plusvalía y, por tanto, en la explotación y en una dimensión clasista de la sociedad y del desarrollo.<br />

En la llamada ley del desarrollo combinado y desigual, el elemento desigualdad está estrechamente<br />

correlacionado con el de la integración entre funciones, producciones y sistemas económicos: a la<br />

división del trabajo le es funcional la desigualdad de los salarios, a la expansión de los mercados le hace<br />

el juego la desigualdad de las condiciones económicas y de los costos de producción.<br />

“Desde el momento en que la combinación se produce como consecuencia de una desigualdad<br />

preexistente, se puede entender por qué tales características se presentan siempre unidas y acopladas<br />

en una única ley” (Novack, 2001: 150). Según la formulación de Novack se puede decir, pues, que<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

440


la desigualdad no es simplemente el resultado del sistema capitalista, sino que constituye además,<br />

de alguna manera, la premisa, el fundamento sobre el cual se desarrolla el sistema de acumulación<br />

capitalista con base en los criterios de la máxima ganancia. En la dinámica capitalista, la articulación<br />

del espacio requiere el desarrollo de asimetrías esenciales, a fin de facilitar el proceso de valorización<br />

del capital. En el ámbito internacional, ese proceso se traduce en la determinación de un espacio de<br />

acumulación para la explotación intensiva de la fuerza de trabajo, mediante la intensificación de la<br />

extracción de la plusvalía relativa (“el centro”), y un espacio para su explotación extensiva, mediante<br />

la extracción de la plusvalía absoluta (“la periferia”). Ambos espacios se articulan de manera tal que las<br />

estructuras del segundo se acoplan armónicamente a los requerimientos del primero, dando así lugar<br />

a las relaciones sociopolíticas de dominación o de dependencia.<br />

2. Al momento de decidir cuáles son las características esenciales del subdesarrollo de la periferia, la<br />

más importante parece ser la diferencia en la productividad por empleado, medida como valor agregado<br />

por empleado. El incremento de la productividad se cumple a ritmos más intensos o en términos<br />

absolutos mayores en los países desarrollados, donde se alcanza la mayor tasa de crecimiento, mientras<br />

que en los países de la periferia esa productividad crece a un ritmo menor.<br />

De esta manera, si entre los países más pobres y los integrantes de la Organización para la Cooperación<br />

y el Desarrollo Económico (OCDE) las diferencias de productividad (medida por cada trabajador<br />

efectivamente empleado de la población activa, no por cada empleado) era de 1 a 44 en 1960, en el<br />

año 2000 había subido a 1 a 58. Incluso en los países de la periferia o, mejor dicho, de la semiperiferia<br />

con mayor industrialización y nivel de ingreso, la diferencia en productividad relativa se incrementó<br />

en esos 40 años y pasó desde 1 a 4 hasta 1 a 5,5.<br />

Esta situación se produce cuando, de más de 560 millones de personas que trabajan en la industria<br />

mundial, solo 120 millones lo hacen en los países desarrollados. En los países de renta media-baja está<br />

el mayor volumen de trabajadores industriales (cerca de 260 millones), y en los de renta baja hay más<br />

(180 millones) que entre los miembros de la OCDE. No es cierto, entonces, que el subdesarrollo equivale<br />

a ausencia de industria. Lo que le resulta característico, en cambio, es la baja productividad. En<br />

efecto, cada trabajador industrial de los países del centro produce un valor agregado 16 veces superior<br />

al de sus colegas de los países de la periferia (5 veces mayor que en los países de ingreso medio-alto, 13<br />

veces mayor que en los de renta media-baja y 41 veces mayor que en los de ingreso bajo) 10 .<br />

Valor agregado por fuerza de trabajo activa (PIB-fuerza de trabajo)<br />

1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000<br />

(en US$, a precios constantes de 1985)<br />

285 35 383 427 458 517 539 596<br />

OCDE 23.323 53 244 14 09 44 22 24 03<br />

Países 129 15 182 208 212 223 231 256<br />

de la periferia 1.122 3 58 7 2 2 1 8 1<br />

Países de renta 618 74 913 107 969 959 101 107<br />

media-alta 5.400 7 64 9 23 2 0 10 87<br />

Continúa...<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

441


Países de renta 109 13 155 172 189 202 212 248<br />

media-baja 9 47 2 5 6 9 7 3<br />

Países de renta 65 103<br />

baja 531 579 6 701 766 850 958 964 2<br />

% respecto a la OCDE (=100)<br />

Países<br />

de la periferia 4,8 4,5 4,4 4,8 4,9 4,6 4,3 4,3 4,3<br />

Países de renta<br />

media-alta 23,2 21,7 21,2 23,9 25,1 21,1 18,5 18,7 18,1<br />

Países de renta<br />

media-baja 3,9 3,8 4,1 4,0 4,1 3,9 3,9 4,2<br />

Países de renta<br />

baja 2,3 2,0 1,9 1,8 1,8 1,9 1,9 1,8 1,7<br />

Fuente: Banco Mundial 2003 (elaboración propia).<br />

3. Si el subdesarrollo es un problema de poca productividad y el desarrollo es un proceso que se<br />

caracteriza por rápidos incrementos de productividad, ¿por qué entonces no crece esta en los países<br />

subdesarrollados a la misma velocidad que en los desarrollados, ni aun cuando tienen acceso a la<br />

tecnología moderna de la inversión extranjera?<br />

La explicación tradicional que da la teoría económica es la dotación de factores. Se supone que los<br />

países subdesarrollados se caracterizan por una baja dotación de capital y una elevada dotación de mano<br />

de obra; en consecuencia –según esa teoría–, prevalecen en ellos las industrias intensivas en mano de<br />

obra y de poco capital, por lo cual este último no se renueva y hay entonces una baja productividad.<br />

Pero ese argumento se contradice con algunos datos de la realidad. Leontief demostró que las exportaciones<br />

en las que se especializa Estados Unidos, un país que parece de alta productividad, son de una<br />

intensividad en mano de obra mayor que la de muchos de los productos que exporta el Tercer Mundo<br />

(Leontief, 1956). En segundo lugar, quienes sostienen esa teoría olvidan que en las naciones del Tercer<br />

Mundo que cuentan con inversión extranjera, esta es utilizada –al menos en el sector industrial– para<br />

comprar tecnología y procesos productivos intensivos en capital, con una productividad física similar a<br />

la de los países desarrollados; sin embargo, su valor, medido en precios de producción, continúa siendo<br />

menor al que se obtiene en las instalaciones productivas de estos últimos. Estas diferencias obedecen,<br />

por tanto, a una de las relaciones sociales más importantes, como es la existente entre productividad<br />

y niveles salariales: una relación que resulta imperceptible a todo lo largo de la teoría del equilibrio.<br />

Desde fines de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento económico de los países desarrollados<br />

se caracteriza –entre otras cosas– porque los salarios se incrementan, en principio, al mismo ritmo que<br />

la producción. Dentro de los países subdesarrollados, la productividad crece en el sector que utiliza<br />

tecnologías modernas, pero los salarios lo hacen mucho más lentamente. La productividad aparente<br />

del trabajo (es decir, el valor agregado por trabajador empleado) es más reducida en las naciones<br />

subdesarrolladas que en las desarrolladas, porque la relación salario-producto es menor en las primeras<br />

que en las segundas, y el valor unitario de los productos se expresa, asimismo, en una menor cantidad<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

442


monetaria estándar. Por otra parte, la estructura sectorial de la producción difiere profundamente<br />

entre los países del centro y los de la periferia. Mientras en el centro la industria se caracteriza por la<br />

existencia de una combinación de ramas productivas de bienes intermedios y finales, junto con bienes<br />

de capital, en la industrialización parcial de la periferia todos estos últimos están ausentes o, como<br />

mucho, asociados a los sectores de exportación.<br />

En lo que se refiere a la producción agrícola, el modelo es radicalmente diferente de uno a otro caso.<br />

Por ejemplo, en los países desarrollados la mayor parte de los cereales se destina al consumo animal,<br />

mientras en los subdesarrollados es para consumo humano. La carne y los lácteos son productos de alto<br />

valor agregado, en tanto que con los cereales ocurre lo contrario. La diferente especialización productiva<br />

refuerza a su vez las diferencias de productividad aparente del trabajo en las actividades agrícolas.<br />

En realidad, una tonelada de cereales para alimentar animales tiene un valor mayor que una tonelada<br />

destinada al consumo humano. Para la producción del primer tipo, hay en los países desarrollados un<br />

amplio uso de tecnología –tractores, trilladoras, embaladoras automáticas, etcétera–, mientras en los<br />

subdesarrollados se usa en mayor medida la mano de obra. El grado de elaboración de la alimentación<br />

humana configura un mercado que de por sí implica mayor valor agregado por producción media y<br />

por trabajador.<br />

4. Afrontar el problema del intercambio desigual quiere decir concentrarse en la esfera de la circulación.<br />

En rigor lógico, si hay desigualdad, esta reside en el intercambio y por tanto en el mercado.<br />

Si la principal desigualdad entre el “norte” imperialista y el “sur” superexplotado es esta, entonces el<br />

problema no se desprendería de las relaciones sociales instauradas en la esfera productiva, sino principalmente<br />

de las existentes en la esfera de la circulación.<br />

Ciertamente, el intercambio y el comercio no nacieron con el capitalismo; lo preceden por mucho.<br />

Las primeras formas de comercio de las que se tenga noticia se remontan a miles de años atrás y fueron<br />

estimuladas por la escasez de productos no disponibles y no construibles en determinadas comunidades<br />

(por lo general, pequeñas). Asimismo, fueron estimuladas, desde el comienzo, por las primeras<br />

apariciones de comerciantes extranjeros, que desde lejos llevaban nuevos productos e introducían en<br />

los mercados indígenas lo que allí faltaba. Este tipo de comercio presupone, pues, el desarrollo diferenciado<br />

de las comunidades 11 : una de ellas produce un bien x que falta en otra, donde en cambio se<br />

dispone de un bien y. El comercio nace, como es claro, cuando la primera comunidad necesita también<br />

el bien y, al tiempo que produce un exceso del bien x, que la segunda comunidad requiere a su vez;<br />

así, el bien x resulta intercambiable por y. El presupuesto del comercio, en otras palabras, es la existencia<br />

de un excedente o surplus. La población indígena adquiere así aquello que no puede o no sabe<br />

producir. Veamos lo que escribe Mandel (1997: 299):<br />

[La] ley del desarrollo desigual implica rápidos redireccionamientos de las corrientes comerciales, tan<br />

pronto un pueblo se apodera de la técnica artesanal –relativamente simple– de la pequeña sociedad<br />

mercantil, donde la ausencia de instalaciones industriales costosas facilita la transferencia de técnicas<br />

y de técnicos.<br />

Una sociedad, un pueblo que logra apoderarse de las técnicas necesarias para producir un bien<br />

que antes debía adquirir, obtiene ventajas de esa producción directa 12 , ya que se libera del “yugo” del<br />

comercio (que es por nacimiento especulativo) 13 .<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

443


El problema, como indirectamente lo hace notar Mandel, no se manifiesta en las primeras fases de<br />

desarrollo de las fuerzas productivas, cuando la técnica artesanal es relativamente sencilla y reproducible<br />

en otros contextos sociales, pero aparece apenas el desarrollo de las técnicas y tecnologías ha avanzado<br />

hasta el punto de no ser ya fácilmente adquiribles o “copiables” por otros pueblos, comunidades o<br />

sociedades, que se encuentran así en posición de desventaja. Que el comercio presupone un desarrollo<br />

económico desigual, no es un hecho típico solamente del modo de producción capitalista (MPC), sino<br />

de todas las épocas históricas.<br />

Es entonces absolutamente refutable la tesis (compartida incluso por mucho del marxismo del<br />

siglo xx) según la cual el desarrollo de las fuerzas productivas, del capitalismo y del comercio a escala<br />

mundial, homogenizaría el mundo entero en determinados niveles de producción.<br />

[El] marxismo no sería dialéctico si no admitiese la existencia, junto a sociedades en progreso (desde<br />

el punto de vista de la productividad media del trabajo), de sociedades en retroceso pronunciado. La<br />

ley del desarrollo desigual, cuya validez han querido algunos limitar a la sola historia del capitalismo,<br />

e incluso únicamente a su fase imperialista, es entonces, en realidad, una ley universal de la historia<br />

humana. En ninguna parte de la tierra hay un progreso rectilíneo (Mandel, 1997b: 160).<br />

Si imaginamos las teorías del desarrollo y del intercambio desigual en el marco de las bien aceitadas<br />

relaciones imperialistas de la fase actual del MPC a escala mundial 14 , podemos observar, aún más<br />

claramente, que son justamente esas relaciones las que permiten la persistencia de la desigualdad entre<br />

países imperialistas y países dominados.<br />

5. Hasta aquí, se trata de la teoría del intercambio desigual, que tiene su piedra angular en la tesis (sostenida<br />

por “euromarxistas” como Mandel y Emmanuel) según la cual la perpetuación de esa inequidad se<br />

fundamenta en las diferencias de productividad entre países de capitalismo maduro y países “atrasados”,<br />

coloniales, por lo que el “centro obrero” es más explotado (en términos marxistas: produce más plusvalía,<br />

W ) que la clase trabajadora “periférica” (que, al ser menos productiva, es fuente de menor plusvalía).<br />

Jaffe (1973) critica ampliamente tal interpretación al partir de un enfoque diferente: solo una<br />

pequeña parte del intercambio desigual se produce en el marco del complejo sistema de explotación<br />

de los países coloniales por parte de las naciones imperialistas-colonialistas. La verdadera fuente de<br />

desigualdad entre ellos reside en el proceso laboral (y, por tanto, en el de la valorización).<br />

En efecto, es solo gracias a la superexplotación a que está sometido el proletariado colonial que<br />

los países imperialistas, y todo el MPC, pueden mantenerse en pie. Jaffe sostiene que, privado del<br />

colonialismo, el capitalismo no podría sobrevivir un minuto más. Y es en ese marco que elabora la tesis<br />

de la superexplotación (y de la consecuente plusvalía negativa, es decir, W - ), en la que se apoya toda su<br />

teoría del capitalismo-colonialismo. La clase trabajadora colonial produciría, pues, una masa de W y<br />

tasas de ganancia tan elevadas, que hacen posible el aburguesamiento (inducido) de la clase trabajadora<br />

occidental (que no sería ya productora de W ni, por tanto, explotada, ya que gozaría ella misma de<br />

los frutos del colonialismo, al consumir parte de la W creada en las colonias, que resulta transferida a<br />

sus salarios).<br />

Luego, si para la teoría “clásica” del intercambio desigual el problema reside en las relaciones de<br />

tipo comercial (y político) que se instauran entre países dominados y países dominantes, para Jaffe se<br />

encuentra en el corazón mismo del proceso productivo del capital: el proceso laboral.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

444


En los países imperialistas, y durante algunas de sus fases, el capital alcanza niveles de crisis de<br />

rentabilidad, debido a la caída de la tasa de ganancia. En Occidente, desde hace décadas son bajas<br />

las tasas de ganancia de diversos sectores mercantiles (mientras para los oligopólicos la tendencia es<br />

más vasta y compleja, como se ha visto anteriormente). La lógica capitalista exige que, cuando esa<br />

tasa cae, el capital migre hacia sectores más rentables, o bien hacia “zonas” o espacios geográficos que<br />

todavía garanticen tasas más elevadas. Es en las colonias, explica Jaffe, donde las empresas imperialistas<br />

encuentran las relaciones económicas, políticas, laborales y contractuales más convenientes. Son las<br />

colonias, con sus ventajosos regímenes fiscales, con su reducida legislación ambiental y de defensa de<br />

los derechos de los trabajadores, con una fuerza de trabajo dispuesta a aceptar cualquier ocupación<br />

y salario (porque la alternativa es el hambre en un país pobre), el lugar en el que las multinacionales<br />

occidentales encuentran el verdadero “oro” en carne, músculos y cerebros.<br />

6. Los “accionistas mayoritarios” de instituciones como el FMI y el BM logran legitimar y garantizar<br />

jurídicamente auténticas maniobras de piratería y usura internacional mediante operaciones pseudohumanitarias,<br />

como los préstamos internacionales. Estos verdaderos “caballos de Troya” de los países<br />

dominantes no solo se aseguran, gracias a particulares cláusulas contractuales, el “libre ingreso” en las<br />

políticas nacionales de las naciones semicoloniales, sino también, con el uso de la deuda pública como<br />

instrumento, entradas fijas anuales (o en cualquier caso una fortísima capacidad de chantaje político)<br />

que, además de plegar política y económicamente a los países “prestatarios”, garantizan una ulterior<br />

transferencia de W del país dominado al país imperialista 15 .<br />

Al escribir sobre la globalización, James Petras manifiesta su juicio científico y político con una<br />

expresión mordaz y verdadera: la define como una global-loney, es decir, una mentira global. Y en la literatura<br />

crítica sobre el tema se encuentra ya difundido el asonante binomio globalise-globallies (Weeks,<br />

2001). El proceso de globalización capitalista, sobre el cual se desvaría actualmente, ha sido ya, de años,<br />

puesto en discusión –de una manera muchas veces no consecuente, cuando no contradictoria–, gracias<br />

a aquel movimiento bautizado en Seattle en 1999 y desarrollado en todo el mundo, particularmente<br />

en las “periferias”, donde se caracteriza por una mayor radicalidad.<br />

7. Hay más. La relación colonialista garantiza no solo una superganancia para las empresas inversoras,<br />

sino también un “bono” en la patria: en efecto, gracias a esas superganancias obtenidas en las colonias,<br />

las empresas capitalistas están en capacidad de pagar a sus propias clases trabajadoras salarios más<br />

elevados de cuanto en otras condiciones podrían.<br />

Jaffe sostiene que la clase trabajadora occidental recibe en salarios más de lo que produce. Hay<br />

un enorme ingreso de W, proveniente de las colonias, que va directamente a las arcas de las empresas<br />

imperialistas, pero que en parte es también distribuido entre los trabajadores que laboran<br />

para ellas. Si nos atenemos a la teoría marxista de la explotación, la clase trabajadora occidental,<br />

con excepción de algunos segmentos, no produce ya W, sino que más bien usufructúa la de otros.<br />

Así, participa de la explotación capitalista: su W no es ya positiva sino negativa (recibe más que<br />

cuanto produce).<br />

Todo este proceso socioeconómico genera asimismo efectos políticos muy evidentes: la “aristocratización”<br />

de la clase trabajadora occidental, engatusada en un compromiso capital-trabajo que se da<br />

a través del consociativismo de los partidos históricos de la izquierda y de la compatibilidad de los<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

445


sindicatos concertacionistas con el Gobierno y la patronal, en beneficio pleno de la clase capitalista<br />

imperialista y beneficio parcial de los trabajadores.<br />

El capital imperialista se garantiza así la paz social y una clase trabajadora más propicia a eventuales<br />

movilizaciones reaccionarias de masas, o cuando menos más reacia a involucrarse en experiencias de<br />

lucha de clases o simplemente reivindicacionistas, como podrían ser las de un reformismo de carácter<br />

estructural.<br />

El proletariado occidental (siempre según las tesis jaffeanas, en parte compartibles) deviene por<br />

lo general en colaboracionista y se torna peligroso para las experiencias de liberación de los pueblos<br />

coloniales oprimidos. Nosotros preferimos hablar de aquellas organizaciones políticas y sindicales de<br />

los trabajadores que, aun cuando aparentemente de izquierda más o menos radical, han renunciado a<br />

la lucha de clases, al conflicto, para escoger la vía consociativa, la vía de la burocratización y la corrupción,<br />

incluso y sobre todo en el campo de la ética, relativa a los valores fundacionales del marxismo.<br />

Es por ese motivo que Jaffe califica como imposible la conflictividad de la clase trabajadora occidental<br />

y denuncia, antes bien, su total integración a los procesos de explotación capitalista; es también por<br />

eso que sus propias esperanzas revolucionarias las coloca en las filas del proletariado y de los pueblos<br />

oprimidos del mundo (semi) colonial.<br />

8. Consideramos que, aun siendo extremadamente importante, el análisis de Jaffe sobre la W - debe<br />

ser integrado o “desmonolitizado”: no toda la clase trabajadora occidental es “parásita”. Más bien,<br />

retornando a las categorías marxistas fundamentales de función colectiva del trabajo y función colectiva<br />

del capital, y fundamentando en tales categorías el análisis marxista de la sociedad de clases contemporánea,<br />

podemos identificar a la aristocracia obrera en esa parte de la clase trabajadora (en nuestra<br />

opinión hoy no muy extensa, aunque no por eso menos importante) que, aunque sigue cumpliendo<br />

las funciones del trabajador colectivo, goza, gracias al desarrollo del capitalismo monopolista –y, por<br />

tanto, a las superganancias imperialistas–, de toda una serie de privilegios económicos, sociales y políticos<br />

que resultan garantizados por un triple origen material:<br />

Primero, dentro de cada bloque [económico], los países imperialistas someten a los países dominados<br />

a una expropiación sistemática de plusvalía, a través de instrumentos de política económica<br />

comunes a ese bloque, y posiblemente de una moneda única o de común referencia, que sería<br />

la del país hegemón en el bloque. Una parte de esa plusvalía puede ser usada para financiar a la<br />

aristocracia obrera. Segundo, dado que los bloques tienen diferentes grados de desarrollo económicofinanciero,<br />

la apropiación de valor se produce de un bloque a otro en su conjunto (véase la lucha<br />

entre el dólar y el euro por la supremacía internacional y, por tanto, por la apropiación de valor<br />

inherente a esa supremacía). Esta es una segunda fuente de financiamiento de la aristocracia obrera.<br />

Tercero, en la medida en que todos los países imperialistas tienen intereses comunes contra todos<br />

los países dominados (por ejemplo, la imposición de políticas monetarias y financieras a los que<br />

han sido golpeados por crisis financieras), hay apropiación de valor por parte de los primeros en<br />

perjuicio de los segundos. Y esta es la tercera fuente de financiamiento de la aristocracia obrera<br />

(Carchedi, 2005: 41).<br />

A este respecto, se podría sostener con Jaffe (aunque es esta una tesis que debe ser estudiada y verificada)<br />

que para esa parte de la clase trabajadora se cumple la producción de W - , así como la difusión<br />

del colaboracionismo de clases y del conservadurismo de masas en aquellos estratos que bien pueden<br />

hacerse portadores de ideologías capitalistas dentro de las filas del proletariado.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

446


9. Además, la teoría de la superexplotación colonialista de Jaffe puede ser utilizada para “leer” las<br />

formas actuales de apartheid económico, social, político y jurídico a que se ve sometida la fuerza de<br />

trabajo inmigrante en los países de capitalismo maduro.<br />

A este respecto, son muy interesantes y provechosas las páginas que Jaffe ha dedicado al apartheid<br />

surafricano. Sin pretender paralelismos excesivos, nos parece que, en esencia, el modelo histórico del<br />

apartheid, como forma de “colonialismo interno”, ha sido reproducido, actualizado y perfeccionado en<br />

las sociedades “avanzadas” de hoy.<br />

En los países imperialistas, los inmigrantes (al igual que las minorías étnicas, que en países como Estados<br />

Unidos son decenas de millones), aun cuando sean de segunda o tercera generación, difícilmente<br />

logran integrarse por completo a las sociedades “anfitrionas”. Viven en piel propia auténticas formas de<br />

exclusión de la vida social normal. Son privados de los derechos más elementales, representan la punta<br />

más avanzada de ese nuevo sujeto proletario que es el “precario de por vida”, fungen de permanente<br />

ejército industrial de reserva. La misma mercancía “fuerza de trabajo”, cuando es vendida, produce<br />

elevadísimas cantidades de plustrabajo y garantiza considerables tasas de ganancia a la clase capitalista<br />

interna que la explota.<br />

El proletariado migrante, en tanto que parte de la clase trabajadora en su conjunto y sin embargo<br />

separado de esta, parece asumir los rasgos de un auténtico sujeto colonial interno en los países de<br />

capitalismo maduro.<br />

10. Lo que no nos parece utilizable del análisis jaffeano, en este contexto, es el concepto de W - . En<br />

efecto, la W creada por la fuente viva inmigrante está concentrada totalmente en manos de capitalistas<br />

(muchas veces pequeños y medianos) que no tienen necesidad de aristocratizar a la clase obrera autóctona,<br />

a la que en cambio chantajean con la presión desde abajo del outsider inmigrante (que aun en<br />

caso de estar en regla, dentro de las normas legales, está de cualquier forma fuera de las redes jurídicas y<br />

sociales de protección, por lo que, al poder en cualquier momento pasar de la condición de empleado a<br />

la de desempleado –y por tanto ser expulsado 16 –, tiende a ser siempre un sujeto extraño con respecto<br />

a la red de garantías mínimas concedidas a un trabajador local; esto implica la precariedad continua de<br />

su situación laboral y vital, que lo obliga a aceptar las peores condiciones laborales con tal de conservar su<br />

“contrato de residencia”. Es de allí que surge la presión externa del inmigrante sobre la fuerza de<br />

trabajo “interna”).<br />

La clase capitalista logra mantener ese estado de explotación colonial dentro de su propio país<br />

gracias a las divisiones internas de la clase trabajadora (provocadas y sostenidas por el mismo capital)<br />

y gracias a los mecanismos –a veces no llamativos o bien enmascarados– de superexplotación, siempre<br />

brutal aunque sofisticada.<br />

11. En efecto, todos los parámetros macroeconómicos reflejan lo escrito anteriormente, confirmando<br />

todavía hoy la formulación neoliberal con el mismo comportamiento de los primeros años noventa: en<br />

general, tasas de desocupación real (masculina y femenina) que aumentan fuertemente, y retribuciones<br />

directas e indirectas (en términos de salario y de prestaciones sociales) que se incrementan de manera<br />

muy lenta, del todo ajenas a una redistribución equitativa, entre los factores productivos capital y<br />

trabajo, de los aumentos de valor agregado y de productividad, todo lo cual indica una fuerte carencia<br />

redistributiva en lo que toca a la remuneración del factor trabajo.<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

447


De este cuadro se deduce claramente que las ventajas de las que han gozado las empresas se han quedado,<br />

también en los países de capitalismo maduro, exclusivamente en los bolsillos de los empresarios,<br />

de los gerentes y accionistas, quienes de ningún modo han “socializado” ninguna de las condiciones óptimas<br />

de crecimiento cuando se han registrado buenos resultados. El crecimiento de las ganancias y de<br />

la productividad no se ha visto correspondido ni con incrementos salariales ni con el mejoramiento<br />

de la calidad de las condiciones de trabajo, disminución de los horarios laborales, aumentos del gasto<br />

social (sea en términos cuantitativos o cualitativos) ni, en fin, ha habido crecimiento del empleo.<br />

En la práctica, el capitalismo –sea en el centro, en la periferia o en la semiperiferia– continúa embolsillándose<br />

las ganancias sin crear oportunidades de empleo, al tiempo que reestructura el modo mismo<br />

de ser de la empresa para seguir exclusivamente un enfoque de competitividad basado en procesos<br />

de deslocalización productiva en el exterior, decrecimientos ocupacionales en los países donde actúa,<br />

superexplotación del trabajo mediante el incremento del empleo temporal y de los ritmos laborales,<br />

uso del trabajo “negro” y precario y con escasos derechos para los trabajadores y, en particular, de las<br />

nuevas figuras del trabajo atípico, con flexibilidad del salario y del trabajo mismo, con recortes continuos<br />

al gasto social y, por tanto, con salarios reales –directos o indirectos– de capacidad adquisitiva<br />

cada vez menor. Todo ello con el fin de obtener ganancias que, a pesar de las favorables condiciones de<br />

las que se ha hablado, no son utilizadas en inversiones productivas, sino para la especulación financiera<br />

o para inversiones en el exterior, en países donde se puede conseguir un trabajo especializado a bajo<br />

costo y con poca regulación legal.<br />

Si se considera la parte que los factores no económicos, como el patriotismo, el espíritu de aventura,<br />

las empresas militares, la ambición política y la filantropía, juegan en la expansión militar, podría<br />

parecer que nuestra tesis, al atribuir a los financistas una influencia política tan grande, estuviera<br />

viciada por una visión de la historia demasiado estrictamente orientada por los hechos económicos. Y<br />

es verdad que la fuerza motriz del imperialismo no es principalmente financiera; las finanzas son más<br />

bien el conductor del motor imperial, capaz de dirigir las energías y de determinar el funcionamiento,<br />

pero no son el combustible del motor, ni lo que propulsa la fuerza mecánica. Las finanzas manipulan<br />

las fuerzas patrióticas de políticos, soldados, filántropos y agentes de comercio: el entusiasmo por la<br />

expansión que proviene de esas fuentes, por fuerte y genuino, es anormal y ciego, mientras que el<br />

interés financiero tiene las cualidades de concentración y de previsión de cálculo que son necesarias<br />

para hacer funcionar el imperialismo 17 .<br />

3. Neoliberalismo y desarrollo desigual también en los países de capitalismo maduro<br />

1. Hemos visto por qué, con las políticas neoliberales, se registra una acentuación del desarrollo<br />

desigual, no solo entre los países más desarrollados y los que están en vías de desarrollo, sino también<br />

–y muy significativamente– dentro de aquellos que forman parte del centro capitalista.<br />

En efecto, la tasa de desocupación total en los países industrializados es superior a 8%, y la de los<br />

jóvenes está más allá de 15%. Hoy, más de 35 millones de personas buscan allí trabajo; más de 1/3<br />

de los adultos tiene un nivel de instrucción inferior a la escuela media superior; entre las familias, el<br />

40% más pobre recibe el 18% del total de ingresos; el salario de la mujer equivale a ¾ del que recibe<br />

el hombre; 100 millones de personas viven por debajo del límite mínimo de pobreza; 5 millones no<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

448


tienen vivienda. Añádase a esto la inseguridad ante las amenazas que representan la difusión de drogas<br />

“duras”, la contaminación, el sida y el crimen.<br />

Los avances en el proceso de producción tecnológica automatizada, que deben acompañar a largo<br />

plazo el devenir de una fase expansiva en el desarrollo del capitalismo, pueden conducir a la consolidación<br />

transitoria de las formas capitalistas, de este nuevo nivel de internacionalización neoliberal con<br />

reversos de competencia global –incluso de carácter militar– entre países imperialistas y con grandes<br />

posibilidades de progreso en términos de eficacia económica, competitividad y difusión del conocimiento,<br />

pero, al mismo tiempo, no podrán producir una verdadera, integral y equilibrada internacionalización<br />

mundial del nuevo paradigma tecnológico, ni la internacionalización generalizada de los<br />

niveles normales de desarrollo humano.<br />

La amenaza representada por la explosión de crisis financieras y de serios conflictos comerciales no<br />

debe ser descartada, aunque el capitalismo ha demostrado tener, frente a fenómenos de esa naturaleza,<br />

una capacidad de maniobra superior a la que muchos le habían atribuido. La solución de las serias<br />

contradicciones ya referidas, durante el proceso de instauración de un nuevo modelo de acumulación<br />

altamente internacionalizado, constituye el mayor desafío del capitalismo.<br />

Las contradicciones entre riqueza y pobreza, desarrollo tecnológico y desocupación, desarrollo<br />

tecnológico y ecosistema, valorización del capital y marginación de un numeroso grupo de países,<br />

son expresión de su debilidad y del carácter histórico transitorio, necesariamente, de la formación<br />

socioeconómica capitalista.<br />

2. La discordancia entre producción (industria, servicios, actividades públicas) y exigencias ocupacionales<br />

ha sido reformulada solo en la perspectiva de un desarrollo de las posibilidades de lucro, con rasgos<br />

cada vez más financieros, en la cual la valorización sociocultural de los recursos humanos representa<br />

solo un costo y no una gran ocasión para incrementar la demanda individual y colectiva, incluida la de<br />

un desarrollo con alta sustentabilidad socioambiental, que favorecería las actividades basadas en el incremento<br />

de la cultura, de la solidaridad y la civilidad. No todos los incrementos de productividad han<br />

sido correctamente redistribuidos. Por el contrario –como se ha visto en el curso del análisis–, se<br />

han usado casi exclusivamente para remunerar al factor capital, bajo la forma de una ganancia que<br />

no es reinvertida productivamente, sino que termina en su casi totalidad en la “burbuja financiera<br />

especulativa”, donde el beneficio es fácil pero no existe capacidad de crear empleos nuevos y reales.<br />

El saneamiento financiero público y privado no se ha complementado con un adecuado fortalecimiento<br />

de las inversiones en investigación y desarrollo o en innovaciones, y aunque el proceso se ha<br />

caracterizado por un fuerte incremento del progreso tecnológico, ha tenido como contraparte negativa<br />

una continua disminución del nivel de ocupación y la precarización del empleo, con el único objetivo<br />

de aumentar las ganancias y comprimir los costos del trabajo, vale decir, el salario social en su conjunto,<br />

tanto directo como indirecto.<br />

Ocurre esto también porque el Estado ha abandonado su función reguladora del conflicto social y<br />

ha hecho suyas las más rígidas políticas de eficiencia empresarial. Un profit State que se identifica con<br />

las lógicas de esas empresas que, desde hace ya muchos años, tienen por regla el que las ganancias en<br />

productividad, logradas gracias a la introducción de tecnologías cada vez más avanzadas, sean repartidas<br />

exclusivamente entre los accionistas y gerentes, bajo la forma de dividendos, incrementos de las<br />

inversiones financieras o beneficios de otra naturaleza, sin dejar nada para la conciliación social.<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

449


3. Este estado de cosas ha impedido, e impide, la redistribución de los incrementos de productividad<br />

a los salarios directos e indirectos de los trabajadores, quienes reivindican su derecho de recibir tales<br />

incrementos en formas remunerativas directas o indirectas, a través de retribuciones más elevadas o,<br />

en alternativa, de reducciones del horario de trabajo, crecimiento de la ocupación y mejoramiento del<br />

Estado social, es decir, formas de redistribución de la riqueza a los ocupados y los desocupados. En el<br />

análisis hasta ahora realizado se ha podido verificar que nada de esto ha ocurrido, y que la remuneración<br />

del factor capital se ha incrementado a expensas de los salarios y del factor trabajo, en general. Se<br />

han desechado los parámetros que garantizaban un compromiso generalizado entre capital y trabajo en<br />

los países de capitalismo maduro; el capital ha desmantelado progresivamente (sigue haciéndolo) todas<br />

las instituciones políticas, económicas, sociales y jurídicas que estructuraban aquel modelo de welfare.<br />

La clase trabajadora de estos países ha sido privada de todas las garantías y privilegios de los que<br />

gozó en décadas pasadas. Ha sido desarticulada y reorganizada en todos los sectores con un único<br />

objetivo: el de lograr nuevamente elevadas tasas de ganancia (aun cuando los niveles alcanzados en las<br />

colonias son difícilmente equiparables).<br />

Aun si se quisiera aceptar por bueno el análisis jaffeano, la fuerza de trabajo de estos países ha vuelto<br />

hoy (desde hace décadas) a producir plusvalía. Y con mayor razón si se piensa en sectores como el de<br />

informática, el de biotecnología, el agroalimentario y el de los cultivos genéticamente modificados,<br />

etcétera; sectores que hoy (gracias también a sus frecuentes posiciones de oligopolio, cuando no de<br />

verdadero monopolio) garantizan altísimas tasas de ganancia, pero que están concentrados en el “centro”,<br />

aun cuando se valgan muchas veces de una fuerza de trabajo instruida en otras partes (recuérdese<br />

el fenómeno del brain drain o fuga de cerebros, que golpea en general a todos los países coloniales y,<br />

en los últimos años, sobre todo a China en el sector de la ingeniería y a la India en el informático).<br />

Eso no significa que la aristocracia obrera haya desaparecido en los países de capitalismo maduro<br />

(ni en los coloniales). Persiste, pero es ahora más furtiva: los factores que concurren para estructurar su<br />

base material son múltiples y, sobre todo, en el seno de una clase trabajadora fragmentada, asume una<br />

forma menos homogénea.<br />

4. Imperialismo y financiarización en la fase actual de la mundialización:<br />

recaídas (no solo) económico-productivas de la competencia global<br />

1. El análisis del imperialismo quedaría trunco si dejásemos de afrontar el problema del papel creciente<br />

que desempeña el capital financiero en los marcos del modo de producción capitalista (MPC) avanzado.<br />

Si Hilferding hubo de pensar que, llegado un cierto grado de desarrollo del capitalismo, el capital<br />

financiero dominaría por sí solo la escena político-económico-social, Lenin llevó de nuevo la teoría<br />

marxista a su cauce original, contra aquella deriva que algo tendrá luego en común con el keynesismo.<br />

El imperialismo es fruto de la “combinación”, de la “simbiosis” (la idea es de Bujarin) del capital<br />

bancario y el industrial.<br />

Las dimensiones alcanzadas por los complejos empresariales multi(trans)nacionales son enormes:<br />

un informe emitido en 1993 por el Centro de Empresas Transnacionales de Naciones Unidas estimaba<br />

su número en 37.000, y consideraba que en la inmensa mayoría de los casos, sus sedes principales se<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

450


encontraban en los países ultraindustrializados. Cifras no oficiales, sin embargo, retraen esa fase del<br />

capitalismo mundial a los años setenta, período en el que 7.000 multinacionales se disputaban ya la<br />

conquista de los mercados mundiales. Conforme a estas últimas estimaciones, el número de trabajadores<br />

empleados en ellas era de 73 millones, equivalente al 3% de la fuerza de trabajo mundial (Lazar,<br />

2003: 79). No obstante esa “capacidad de fuego”, las empresas transnacionales no siempre logran<br />

afrontar, por medio del autofinanciamiento, los enormes gastos de inversión a los que están sometidas<br />

y, por lo general, deben recurrir a “fuentes externas”. Invariablemente encuentran en el poder financiero<br />

la disposición a conceder préstamos “asociados” y “colaboraciones” (participaciones) de largo plazo.<br />

Los bancos, y hoy día también las aseguradoras y los llamados “inversionistas institucionales” (fondos<br />

de pensiones y de inversión), son enormes “arcas” de dinero no invertido. Tienen necesidad de hacer<br />

rendir su propia liquidez y, para ello, aparte de la especulación bursátil de distinto tipo (que no crea<br />

riqueza y en el mejor de los casos puede ser considerada como un juego “suma cero”, donde el que<br />

pierde cede a otro la cuota de riqueza que ha “jugado” en los mercados monetarios y de títulos de todo<br />

el mundo, pero sin que nunca se cree nada nuevo), pueden invertirla en el sector productivo para así<br />

valorizar su propia masa de dinero, que de otra forma seguiría siendo no-capital.<br />

Todo el dinero ahorrado, incluso el del último obrero que logra juntar algo y lo pone en el banco<br />

o en un fondo cualquiera 18 , es recogido para hacerlo rendir, pero no solo improductiva o especulativamente,<br />

sino también con fines productivos.<br />

Si el capitalismo es un “imán recolector de mercancías”, también puede ser llamado “imán recolector<br />

de capitales”. El poder financiero logra entrar en los consejos de administración, designa a sus<br />

propios representantes, se ramifica en todo el mundo, superando, frecuentemente (sobre todo hoy),<br />

las limitaciones geográficas nacionales y crea complejos industrial-financieros de tipo transnacional (lo<br />

cual no significa, de todos modos, que no tengan una base nacional o supranacional de referencia para<br />

la defensa, en última instancia, de sus propios intereses) 19 . El imperialismo es, por tanto, esa peculiar<br />

conformación del capitalismo en la que el capital financiero domina sobre el industrial, sin que este<br />

último desaparezca ni deje de fungir siempre como sólida base material para la clase de los “corta<br />

cupones” 20 .<br />

2. La nueva y así llamada fase posfordista, de rasgos financieros, lleva al predominio de un ciclo fuertemente<br />

especulativo, en el cual el dinero invertido se acrecienta sin pasar a través de intermediario<br />

productivo alguno. En la práctica, no hay transformación del capital en medio de producción, en producción<br />

efectiva, y prevalece cada vez más la inversión financiera por sobre la tradicional productiva,<br />

impulsando contextos de “burbuja” especulativa.<br />

En el plano local, la financiarización va unida a un empeoramiento enorme de la desigualdad en la<br />

distribución interna de la renta y de la riqueza producida, que cada vez menos se dirige hacia el factor<br />

trabajo (sea en forma de salario directo, diferido o indirecto) y se desplaza hacia el factor capital en<br />

forma de surplus financiero, es decir, como elemento predominante de remuneración en forma de ganancia<br />

financiera pura. Consecuencia de este fenómeno es el riesgo de un retroceso de las democracias<br />

en Occidente, una desocialización, una degeneración de la política y una homologación de todo el<br />

cuerpo social a las lógicas de la ganancia.<br />

Es este el ejemplo más grande y claro que la historia presenta del proceso de parasitismo social<br />

mediante el cual un grupo con intereses financieros en el seno del Estado, usurpando las riendas<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

451


del gobierno, provoca la expansión imperial con el fin de atar el parasitismo económico a cuerpos<br />

extranjeros, a los que después priva de su riqueza para mantener su propio lujo doméstico. El nuevo<br />

imperialismo no difiere en lo sustancial de este viejo ejemplo. Ahora faltan o son subsidiarios los<br />

tributos políticos, y han desaparecido las formas más crueles de esclavitud; algunos elementos de un<br />

gobierno más sincero y desinteresado mejoran de calidad y enmascaran la característica naturaleza<br />

parasitaria. Pero la naturaleza no se engaña: las naciones no pueden huir de las leyes naturales que<br />

condenan al parásito a la atrofia, a la decadencia y finalmente a la extinción, más de cuanto puedan los<br />

organismos humanos (…) El imperialismo es una escogencia corrupta de la vida nacional, impuesta<br />

por intereses egoístas que sobreviven en una nación desde los primeros tiempos de lucha animal por<br />

la existencia, y que apelan a la avidez de grandes ganancias y a la imposición por la fuerza. El hecho de<br />

que sea adoptado como política equivale a una deliberada renuncia a cultivar esas nobles cualidades<br />

íntimas que, para una nación como para un individuo, constituyen la victoria de la razón sobre el<br />

instinto bruto. Es el vicio inveterado de todos los Estados que han tenido éxito, y, en el orden natural<br />

de las cosas, su castigo es inevitable 21 .<br />

Se produce así una suerte de “totalitarismo financiero” y de la cultura de empresa, que, en búsqueda<br />

de ganancias fáciles, cada vez más de tipo financiero-especulativo y no productivo, desestabiliza regiones<br />

completas (véanse las crisis de México, de Brasil, de Tailandia, de Corea, de Indonesia, de Rusia,<br />

de Argentina), provocando procesos de inestabilidad político-económica-social con consecuencias que<br />

se tornan más críticas y violentas por la utilización de las llamadas guerras étnicas, de los fundamentalismos<br />

religiosos, de la disgregación de las unidades nacionales, y con formas cada vez más sofisticadas<br />

de uso de la criminalidad 22 , todo ello completamente funcional a los paradigmas del Nuevo Orden<br />

Mundial.<br />

3. Un aspecto fundamental en todo este proceso de internacionalización es seguramente el relativo a<br />

la redefinición, en el sentido de centralidad de su papel, del sistema bancario y financiero en general,<br />

al que se ha encomendado la tarea de determinar los nuevos procesos de desarrollo internacional y las<br />

líneas estratégicas de la competencia global.<br />

Desde hace ya muchas décadas, en efecto, está en curso un proceso de grandes movimientos financieros<br />

que involucra el mundo entero, con un sistema interbancario que se apoya en intermediarios<br />

diseminados en todo el planeta. Los bancos universales cumplen directamente gran parte de las<br />

funciones demandadas por clientes privados y empresas, con grandes mercados interbancarios que<br />

vinculan entre sí los bancos radicados en el territorio y los ubicados en plazas financieras. Todo esto en<br />

un contexto de competencia global con fuertes rasgos financieros, en el que lo nuevo, dentro del viejo<br />

concepto de globalización, aparte de las tecnologías, es la interconexión de los fenómenos económicos<br />

(producción, consumo, intercambio, pero también el incremento y la centralización de capital, de<br />

técnicas e instalaciones, las nuevas formas de financiamiento, la empresarialidad, la competitividad, los<br />

nuevos procesos de acumulación).<br />

Estos factores tienden, sin embargo, al reforzamiento polar de los bloques económicos de los más<br />

poderosos países-áreas de la economía mundial (Estados Unidos, Unión Europea, polo asiático), dado<br />

el uso político de los nuevos procesos de financiarización de la economía.<br />

La nueva globalización polarizada o, mejor, la moderna competencia global, pone en juego no solo<br />

el papel de la empresa fordista y del proceso productivo conexo, sino también las estructuras financieras<br />

y bancarias internacionales, verdadero elemento de innovación en el proceso económico mundial.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

452


Lo que está sucediendo es el predominio no solo de un nuevo sistema productivo deslocalizado,<br />

sino también de un nuevo sistema financiero y una nueva acumulación de capital, la “acumulación<br />

flexible” de la era posfordista, basada justamente en procesos de financiarización de la economía y en el<br />

uso masivo, en términos de acumulación de valor, del capital intangible, de los recursos inmateriales,<br />

como el conocimiento, la información, la comunicación, etcétera.<br />

4. Con el tiempo, la usura internacional ha ideado asimismo sus propias “cámaras de compensación”<br />

internacionales y sus propias instituciones de reglamentación de los diversos poderes (imperialistas)<br />

concurrentes y conflictivos, como, por ejemplo, el FMI, el BM, la OMC o la ONU. Estos organismos<br />

constituyen la expresión más viva, aun si tambaleante, de las potencias imperialistas que dictan el<br />

orden del día, que proclaman las agendas, dictan los vetos, aniquilan toda forma de oposición –incluso<br />

solo verbal– por parte de “socios” que participan a título no paritario, y escriben el derecho internacional<br />

que luego harán respetar a su gusto.<br />

Hay quien piensa que estos instrumentos son el pródromo de un Gobierno global único, dirigido<br />

por una única clase dominante, libre de conflictos en su seno, bajo el que los Estados no representarán<br />

ya poder alguno, tras delegarlo todo en la “red” internacional de Gobierno global. En realidad, por el<br />

contrario, no hay un solo movimiento de estos sujetos, adelante o hacia atrás, que no sea consecuencia<br />

más o menos directa de las voluntades políticas de los Gobiernos que (a diverso título y con poderes<br />

desiguales) participan en tales instituciones. La presencia de los Estados es extremadamente visible y<br />

fuerte. Por otra parte, el derecho internacional no tiene otro sujeto jurídico de referencia (sujeto de<br />

imputación) que el Estado soberano e independiente, al menos formalmente.<br />

Bastaría alguna referencia a las teorías marxistas no mecanicistas sobre el Estado, elaboradas en los<br />

últimos decenios, para demostrar qué función desempeña todo ello y por quién es gobernado. Pero el<br />

verdadero problema de estos teóricos de la “posmodernidad inventada” es que su análisis de imperios,<br />

imperialismos y conflictos intercapitalistas no es desarrollable, está errado de raíz, desde el momento<br />

en que niega la sobrevivencia de toda función estatal.<br />

5. Imperialismo y economía militar estadounidense: el complejo militar-industrial 23<br />

5.1. El papel de la economía de guerra<br />

1. El mantenimiento de la estructura asimétrica de las relaciones económicas internacionales, y en<br />

particular de las relaciones imperialistas, requiere un uso central de la fuerza. Durante el siglo xix, la<br />

colonización capitalista se impuso mediante el uso de la fuerza y la existencia de una clara superioridad<br />

en ese terreno se manifestó necesaria para constituirse como imperio.<br />

Las décadas del imperialismo fueron prolíficas en guerras, muchas de las cuales estuvieron motivadas<br />

directamente por la agresión de las razas blancas contra las “razas inferiores”, y concluyeron con la<br />

conquista territorial por vía de la fuerza. Cada paso de la expansión en Asia, África y el Pacífico ha<br />

estado acompañado por el esparcimiento de sangre; cada potencia imperialista mantiene siempre listo<br />

un creciente ejército para misiones en el exterior: rectificación de las fronteras, expediciones punitivas<br />

y otros eufemismos utilizados en lugar de la palabra guerra, han estado en continuo aumento.<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

453


La pax britannica, que fue siempre impúdica falsedad, devino en grotesca muestra de hipocresía: a<br />

lo largo de nuestras fronteras indias, en el África Occidental, en Sudán, en Uganda, en Rhodesia, los<br />

combates no han cesado casi nunca (situación para 1903). Si bien las grandes potencias imperialistas<br />

no han combatido todavía una contra otra, salvo cuando el naciente imperio de los Estados Unidos<br />

encontró una ocasión propicia en la caída del imperio español, la autolimitación ha sido costosa y<br />

precaria 24 .<br />

Pero también en el capitalismo poscolonial de la segunda mitad del siglo xx, el recurso a la guerra ha<br />

sido imprescindible para mantener la hegemonía del capital norteamericano en el mundo capitalista.<br />

Como lo señala el economista cubano Osvaldo Martínez, Estados Unidos se ha especializado en<br />

comerciar con la guerra y hacer la guerra con el comercio.<br />

El papel de la industria militar y del gasto bélico se extiende, sin embargo, más allá del simple<br />

mantenimiento de las “fronteras seguras del imperio”, función que existía ya en los imperios de la<br />

antigüedad. La especificidad del capitalismo es que la actividad militar se transforma en el cerebro del<br />

proceso productivo, se hace fundamental en el proceso de innovación permanente y acelerada, propio<br />

del capitalismo, y en la regulación del ciclo económico, como expresión de un “keynesismo militar”<br />

que sobrevive incluso en la era del neoliberalismo 25 .<br />

El gasto militar cumple dos funciones esenciales en el funcionamiento del capitalismo norteamericano.<br />

Al ser fundamentalmente un gasto planificado por el sector público (en realidad, el Pentágono<br />

ha sido la economía planificada más grande del mundo, incluso en la época de la Unión Soviética),<br />

contribuye a contrarrestar las ineficiencias y los despilfarros de la economía de mercado. En efecto,<br />

mediante el gasto público militar se planifica una parte muy importante de la economía industrial y de<br />

los servicios en Estados Unidos. En esta planificación se incluye la distribución espacial de actividades,<br />

la ocupación, las interconexiones entre ramos o sectores, etcétera, que permiten reducir el impacto del<br />

ciclo económico en el nivel general de output.<br />

Este hecho fue uno de los descubrimientos de la economía virtualmente planificada durante la<br />

Segunda Guerra Mundial, período en el cual la economía norteamericana alcanzó la plena utilización<br />

de sus recursos productivos. Posteriormente, la economía de guerra ha contribuido a frenar las fases recesivas<br />

del ciclo, al favorecer el mantenimiento del empleo industrial y propiciar niveles aparentemente<br />

aceptables de crecimiento, medidos en términos de PIB.<br />

2. Es significativo que el gasto bélico en Estados Unidos presente un perfil cíclico. En ello influye no<br />

solamente la coyuntura económica interna, sino también la situación sociopolítica internacional. Pero,<br />

en todo caso, desde la guerra de Vietnam, el ciclo muestra un perfil muy similar, con un techo y un<br />

piso de gastos siempre muy altos (entre 300 y 400 millardos de dólares al año). La única discrepancia<br />

es la de los años del presidente Jimmy Carter, cuando, en un contexto de disminución del poder<br />

imperial norteamericano (lección aprendida por los sucesivos gobiernos), se produjo la reducción de<br />

dicho gasto.<br />

Ese papel político-económico del gasto militar explica el consenso existente a este respecto entre los<br />

ciudadanos estadounidenses, que soportan sobre sus espaldas la mitad de lo que el mundo entero gasta<br />

en este rubro. Pero, a diferencia de otros países, donde ese gasto es casi por completo de tipo corriente,<br />

para pagar a los militares, en la economía norteamericana dinamiza un sector industrial orientado a la<br />

producción de armas y actúa con un efecto de inversión propio del multiplicador keynesiano.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

454


En Europa, donde el gasto público es muy superior al de Estados Unidos, se trata de montos canalizados<br />

en su mayor parte hacia la infraestructura o los servicios sociales, que activan en medida mucho<br />

menor la capacidad industrial local. Por tanto, si bien cumplen también allí un papel en la regulación<br />

del ciclo –por ejemplo, para el funcionamiento de los estabilizadores automáticos de la demanda<br />

en caso de aumento del desempleo–, tienen un impacto estructural mucho menor en la capacidad<br />

productiva de los países europeos.<br />

La planificación del gasto militar norteamericano se ha transformado en la principal fuente de<br />

innovaciones productivas: desde la máquina herramienta de control numérico 26 hasta Internet, el<br />

cambio tecnológico de los últimos 40 años ha estado determinado por los respectivos avances en la<br />

industria bélica. La posibilidad de contar con ingentes fondos públicos, así como con una planificación<br />

detallada de las actividades de investigación y de los resultados perseguidos, está en la base de las ventajas<br />

tecnológicas de muchas ramas de la industria norteamericana, que posteriormente se transfieren<br />

a la competencia de los mercados de la industria civil. Ello explica por qué entre 60% y 80% del gasto<br />

público en investigación y desarrollo se destina en Estados Unidos a fines militares, porcentaje muy<br />

superior a la media de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que<br />

se sitúa en torno a 25%. Entre los países desarrollados, solo Francia, Gran Bretaña, España y Suecia<br />

destinan montos superiores al 20% del gasto público en investigación al sector militar.<br />

3. De esta manera, entre la fase del imperialismo colonialista del siglo xix y la del imperialismo poscolonial<br />

de matriz norteamericana del siglo xx, el militarismo se ha transformado en el garante del poder<br />

imperialista y elemento esencialmente político del proceso capitalista de producción, hasta configurar<br />

un triángulo de funciones que determinan el carácter del sistema en su conjunto: es a un tiempo el<br />

eje de la articulación intersectorial del sistema industrial norteamericano, el motor de la innovación<br />

tecnológica y el factor de ajuste frente al ciclo económico. Se ha desarrollado así, en Estados Unidos,<br />

un complejo industrial militar que expresa el conjunto de intereses del capital y el Estado, y que el<br />

proyecto paneuropeo de la Unión Europea aspira a reproducir 27 .<br />

La construcción de un aparato bélico y su creciente vinculación con la política del Gobierno y la<br />

economía, responden, en el capitalismo, a la necesidad cada vez mayor de dar respuesta al proceso<br />

de agudización de las contradicciones de este régimen de explotación. De hecho sirve todo ello, a un<br />

mismo tiempo, para sostener el orden imperialista y para proveer, tendencialmente, un instrumento<br />

regulador del ciclo de reproducción.<br />

Ese proceso, que no tiene su origen en el capitalismo, ha generado un continuo crecimiento de las<br />

fuerzas militares y un estrecho nexo entre estas y la economía, dando lugar, con el desarrollo de los<br />

monopolios, al nacimiento de una industria bélica que, de una manera profundamente contradictoria,<br />

satisface las necesidades de un permanente incremento de la ganancia y de concentración del poder<br />

económico y político en la sociedad capitalista actual. En el contexto antes descrito, el crecimiento<br />

del aparato militar, así como el desarrollo de sus fuentes materiales de sustentación y de la industria<br />

bélica, dejan de ser únicamente referencia de la acentuación constante del carácter agresivo-represivo<br />

del capitalismo, en general, y del Estado, en particular, para convertirse gradualmente en requisito<br />

para el funcionamiento del régimen capitalista de producción, un requerimiento de la reproducción<br />

en los centros de capitalismo maduro, con sus consecuentes repercusiones en el resto del sistema<br />

capitalista mundial.<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

455


4. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, el militarismo alcanzó su apogeo, consistentemente favorecido<br />

por las condiciones que entonces sirvieron de premisa objetiva para la política de guerra fría: el liderazgo<br />

absoluto de Estados Unidos, la debilidad relativa de un campo socialista en vías de formación y el fracaso<br />

de las conjeturas de las potencias imperialistas acerca de la posibilidad de que el eje fascista, con la Alemania<br />

de Hitler en primera línea, pudiera liquidar la experiencia socialista en la Unión Soviética. Así, no<br />

obstante la alianza establecida para derrotar al fascismo, la guerra, desde la perspectiva imperialista,<br />

no había logrado uno de sus objetivos fundamentales 28 .<br />

En ese contexto, las relaciones entre las grandes empresas monopólicas productoras de armamentos<br />

y la burocracia político-militar, que existían desde mucho antes, alcanzaron un nivel sin precedentes,<br />

debido al ambiente de guerra fría surgido al final de la contienda mundial 29 . Nace así lo que se ha<br />

conocido como “keynesismo militar”, “economía de guerra” o “economía del Pentágono”.<br />

Durante las dos conflagraciones mundiales se había venido perfilando el sistema de vínculos entre<br />

los monopolios y la burocracia política y militar, vínculos que se entrelazaban fuertemente en la organización<br />

y el funcionamiento de un aparato militar-industrial, lo que representaba una tarea de primer<br />

orden con vistas a operar en situaciones de guerra. Pero, al mismo tiempo, y a diferencia de lo ocurrido<br />

en etapas previas del capitalismo, poco a poco esos nexos dejaron de ser una medida coyuntural, impuesta<br />

por las crisis político-militares del momento, para transformarse en un fenómeno que se hacía<br />

cada vez parte integrante del mecanismo general de funcionamiento de la reproducción capitalista.<br />

Vale decir, pues, que la producción de armas –y la relativa a la guerra en general– se hizo gradualmente<br />

parte del mecanismo de reproducción del capital como un todo, bajo el fuerte estímulo, además, que<br />

para las grandes empresas industriales-militares representaba una producción a cargo del presupuesto<br />

del Estado 30 .<br />

En el caso específico de Estados Unidos, se conservaba una infraestructura industrial lo suficientemente<br />

sólida como para mantenerla en función de las exigencias de la defensa, fuese para “conservar<br />

la paz” o, como sucedió tras la Segunda Guerra Mundial, para sustentar la hegemonía obtenida por<br />

ese país. Esa hegemonía se reforzó cuando, ya por concluir el conflicto bélico, el entonces presidente<br />

Harry Truman decidió lanzar bombas nucleares sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki,<br />

con el pretexto de terminar rápidamente la guerra con Japón, cuando en realidad se trataba de<br />

un chantaje nuclear dirigido principalmente a la Unión Soviética, opinión esta compartida por un<br />

número cada vez mayor de especialistas.<br />

Durante el período de la Guerra Fría, las acciones encaminadas a reforzar la capacidad militar<br />

estadounidense (ya entonces también de tipo nuclear), objetivo en el que participaban todas las potencias<br />

imperialistas, eran definidas e impulsadas por la búsqueda de la superioridad estratégica sobre<br />

la Unión Soviética, superioridad que devino en punto central del discurso político imperialista. Desde<br />

entonces, la Unión Soviética apareció como el sujeto principal en torno al cual giraba la política<br />

militar –y en particular la cuestión nuclear– de Estados Unidos, que la definió como el “enemigo<br />

necesario”.<br />

5. La industria bélica ha estado siempre muy ligada a los progresos científicos y técnicos. Durante<br />

toda la Segunda Guerra Mundial y, más ampliamente, desde comienzos de los años treinta hasta<br />

la crisis económica de 1974-1975, esa industria se desarrolló por obra de dos factores fundamentales: la<br />

competencia en el plano militar y la disponibilidad de grandes recursos para el financiamiento de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

456


la investigación, que pudo así implementarse sin mayores preocupaciones por los costos. Desde entonces,<br />

muchos de sus resultados pasan a la economía civil, dado que los productores monopólicos están<br />

asimismo vinculados a ese sector. El presupuesto militar se ha convertido en un factor de impulso de<br />

los progresos científico-técnicos con objetivos militares, que después, en la mayor parte de los casos, pasan<br />

a la economía civil. Esta última, por otra parte, termina por crear componentes y productos que<br />

pasan a la economía militar.<br />

A diferencia del período de posguerra, cuando fue dominante el complejo automovilístico-metalmecánico-petroquímico<br />

–que constituyó la base material del ciclo fordista-keynesiano–, actualmente<br />

ese papel lo cumple la industria electrónico-informática, convertida en la nueva base tecnológica de la<br />

economía y de la sociedad. Este último complejo ha surgido como el núcleo de la producción social y<br />

de la acumulación de capital, lo que se ha traducido en un nuevo dinamismo y un nuevo ciclo industrial<br />

(BEA-News, 2004-2005). El resultado es un cambio en las características y en el comportamiento<br />

del ciclo económico.<br />

Esas transformaciones han tenido un notable impacto en la industria militar:<br />

a) Al lograr establecer estándares tecnológicos y contar con las ventajas de producir en función del<br />

presupuesto militar, esta industria puede disponer de mano de obra más calificada y de numerosos<br />

fondos para la investigación, con escasas preocupaciones respecto a los costos de producción.<br />

Todo esto le permite gozar de un monopolio “natural” que garantiza altas ganancias.<br />

b) La relación con las restantes actividades productivas, que se cumple a través de subcontrataciones,<br />

es mucho más directa e integrada.<br />

c) La demanda es estimulada por la oferta y esta, a su vez, por el creciente presupuesto militar. Por<br />

tanto, la industria bélica no está sometida, como las demás ramas industriales, a una oferta de<br />

precios decrecientes. Inmersa también ella en el nuevo paradigma tecnológico –que, como se<br />

ha dicho, tiene por núcleo dinamizador el complejo electrónico-informático–, la integración<br />

se realiza por vía de la oferta y no de la demanda. De esta manera, abarca en sí misma todas las<br />

ventajas tecnológicas, más allá del hecho de poder trabajar con el presupuesto estatal.<br />

La industria militar aprovecha, pues, las ventajas del nuevo panorama tecnológico y recibe, en los<br />

países capitalistas desarrollados, el estímulo de una política económica que privilegia la existencia de<br />

un presupuesto militar creciente.<br />

6. Se puede entonces deducir que, independientemente del efecto que tenga en la economía –y, por<br />

tanto, en el incremento del llamado presupuesto de defensa–, el gasto bélico está estrechamente ligado<br />

al interés económico de un grupo de importantes empresas monopólicas y al poder de una extensa<br />

burocracia político-militar, con sus respectivos grupos subordinados. Esa burocracia genera exigencias<br />

de investigación, propaganda, formación de dirigentes y trabajo ideológico, en general, que da trabajo<br />

a una amplia élite de intelectuales y técnicos que están a cargo de dicho presupuesto.<br />

El proceso descrito se repite, a grandes rasgos, en todas las potencias imperialistas, y en él se basa<br />

la existencia del llamado complejo industrial militar, como parte integrante e inseparable del sistema<br />

de relaciones político-económicas del capitalismo monopolista de Estado, fenómeno que no se limita<br />

al ámbito nacional.<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

457


La fusión de monopolios bancarios e industriales termina por generar su interconexión con el<br />

Estado. Ese entramado de relaciones ocasiona, a su vez, el fenómeno de una unión especial entre<br />

el Estado, los monopolios productores de armamento y, en general, todos aquellos que producen con<br />

cargo al llamado presupuesto de defensa o que de este obtienen beneficios.<br />

Esa comunión de intereses se convierte en garantía de obtención de la máxima ganancia, con una<br />

estructura de poder ramificado que llega incluso a generar un aparato ideológico propio. En su seno,<br />

el fenómeno de la competencia adquiere, cualitativamente, nuevas características. Cuando un sector<br />

tiene los privilegios estatales de los que goza la industria armamentista, no hace más que transformar la<br />

economía militar en un “compartimiento especial”, que termina por ser ajeno a las normas que rigen<br />

para toda la economía nacional.<br />

El imperialismo genera militarismo y este consolida, inevitablemente, el surgimiento de un grupo<br />

de monopolios estatales-militares, como también una amplia red de vínculos y relaciones entre la burocracia<br />

político-militar y la industria monopolista que nutre al aparato bélico. Todo esto, al impulsar<br />

e intensificar el proceso de militarización, provoca una espiral militarista que constituye uno de los<br />

rasgos más dinámicos y contradictorios del capitalismo actual. Esa vasta red de vínculos entre la industria<br />

militar y las estructuras políticas y gubernamentales se expresa también en el ámbito del personal<br />

de carrera, bajo la forma de un continuo intercambio de puestos en las juntas o cuerpos directivos de<br />

unas y otras, en ambas direcciones. El hecho es que las armas carecen de todo valor de uso para efectos<br />

del proceso de reproducción. También es cierto que esa dinámica no puede imponerse siempre,<br />

pues no es lógico suponer que las grandes empresas militares-industriales representen los intereses<br />

de todo el capital monopolista, ni que lleguen a constituir un supermonopolio que controle todo lo<br />

que atañe al orden económico y político. La racionalidad del proceso capitalista es tan contraria a la<br />

satisfacción de las exigencias humanas, que es capaz de producir mercancías para la destrucción, que<br />

son, a la vez, las que más completamente alcanzan el objetivo de esa racionalidad: la máxima ganancia.<br />

Una irracionalidad que se torna aún más aguda cuando se trata de armas de destrucción masiva<br />

o nucleares.<br />

Hay grandes empresas militares-industriales que obtienen ventajas al trabajar como contratistas o<br />

subcontratistas del Estado 31 , pero que al mismo tiempo son, fundamentalmente, productoras de mercancías<br />

civiles y que, como tales, requieren de un ambiente de paz relativa que favorezca el comercio y<br />

la inversión. Más allá de esto, existe todo un sector no monopolista cuya actividad está más ligada a la<br />

economía interna que a la producción bélica.<br />

7. Por todo lo explicado, no es posible presuponer que los intereses del sector industrial-militar, por<br />

más que puedan progresar, dominen conjuntamente todos los intereses de la economía capitalista. En<br />

este marco, pues, se producen contradicciones en el seno de la oligarquía financiera, dado que no todos<br />

sus miembros ven satisfechos sus intereses por un presupuesto militar creciente.<br />

Con el desarrollo de la economía militar, sin embargo, se crea una tendencia permanente a trabajar<br />

por el crecimiento de dicho presupuesto, además de una inevitable dependencia del ciclo general de la<br />

economía norteamericana respecto a la producción de armas y la guerra en general. La llamada producción<br />

para la defensa se transforma en una necesidad de la dinámica del ciclo de reproducción de toda<br />

la economía, que obedece al hecho de que ningún otro ramo productivo satisface tan completamente<br />

como este el objetivo racional de la producción capitalista y el continuo aumento de las utilidades.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

458


Por eso, para avanzar en la definición del complejo industrial militar podemos decir que la Segunda<br />

Guerra Mundial arrojó consecuencias que dieron impulso a la política de guerra fría y que aceleraron<br />

la formación de una estrecha alianza de los monopolios industrial-militares, los círculos bélicos<br />

y el aparato burocrático gubernamental vinculado a la seguridad nacional, hasta crear la fusión de<br />

las fuerzas conocidas con aquel nombre. Al hablar de fusión, nos referimos al entramado industrial,<br />

corporativo y financiero, estrechamente ligado al Estado, que forma un mecanismo único de poder<br />

económico y político que, aun siendo parte integrante del sistema político, ocupa dentro de este un<br />

espacio privilegiado, producto de su competencia en los problemas de la llamada seguridad nacional y<br />

de la defensa en particular.<br />

Este mecanismo devino, bajo la administración Bush (hijo), en centro del poder hegemónico en<br />

la sociedad norteamericana. Lo que ha llevado a aquellas grandes empresas a ser parte integrante del<br />

complejo industrial militar no es su nivel de actividad, y ni siquiera el hecho de producir armamentos,<br />

sino más bien el sostener un subsistema especial de relaciones y vínculos con el aparato estatal, con el<br />

presupuesto federal y, en particular, con las instituciones y las personalidades gubernamentales que se<br />

mueven en el ámbito de los problemas militares y de la llamada seguridad nacional. No hay cómo dejar<br />

de deducir, a partir de la historia de las guerras, la importancia que siempre han tenido las relaciones<br />

entre los Gobiernos y los productores de armas, así como el papel del dinero del Estado en la preparación<br />

de la guerra. Pero nada de esto dio lugar, en el pasado, a relaciones permanentes que llegaran a<br />

constituir una estructura de poder como la del complejo industrial militar.<br />

8. Lenin había ya manifestado que los intereses de la oligarquía financiera son opuestos a los de toda<br />

la sociedad. Sin embargo, esa definición se ve superada por los grandes grupos del poder político-económico-militarista,<br />

ya que se trata de un sector, dentro de la misma oligarquía, que detenta un poder<br />

del que no había gozado ningún otro, ni clase social alguna hasta hoy, pues se trata de un fenómeno<br />

generado por el desarrollo mismo del imperialismo.<br />

Es el complejo industrial militar quien constantemente cumple el papel de catalizador del proceso<br />

militar y de sus empresas asociadas; sus objetivos, entre otros, son el incremento de las asignaciones<br />

para gastos bélicos, la creación de una economía de guerra y el impulso de un comercio típico de los<br />

períodos de conflagración. Este fenómeno ha adoptado un carácter internacional, creando una compleja<br />

red de nexos y relaciones entre las principales potencias capitalistas, que consideran al resto de<br />

los países del sistema –los subdesarrollados– como mercado para la venta de armas y fuente de riqueza<br />

para esta política.<br />

La internacionalización de este complejo no es aislada: hay procesos de internacionalización del<br />

capital y de la producción, más allá del crecimiento de las empresas multinacionales y de la explotación<br />

de capitales por parte de aquellos monopolios que, además de ser los más importantes productores<br />

y comercializadores de mercancías, son también los más importantes contratistas de sus respectivos<br />

Gobiernos para la producción de armamento. Estos monopolios han diseminado sus filiales en el resto<br />

de las potencias capitalistas y entre los miembros del sistema, hasta crear una turbia masa de interrelaciones<br />

que ha servido de base para convertir al complejo industrial militar en un fenómeno que se<br />

localiza no solo en Estados Unidos. Desde los años cincuenta, en efecto, la influencia de esa estructura<br />

actúa sobre la dinámica económica y política de las principales potencias imperialistas, si bien con una<br />

evidente supremacía económica, política y tecnológica de Estados Unidos.<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

459


9. Está clara, entonces, la interconexión del aparato económico-productivo militar con otros sectores<br />

de la economía. Para estos últimos, las decisiones que se toman en la industria militar están influidas<br />

por la obtención de la máxima ganancia.<br />

La producción militar sirve de soporte material para la construcción de las estrategias militares y<br />

de aquello que podríamos llamar escenarios de seguridad. Se crean así opciones de defensa y se idean<br />

amenazas potenciales; de esta manera, los cambios que se han llevado a cabo en la producción militar, a<br />

partir de la Guerra Fría, son reflejo de cambios ocurridos en el escenario estratégico, en el sistema económico<br />

internacional y en las tecnologías.<br />

A fines del siglo xx y comienzos del xxi, en la industria militar se han realizado muchos cambios<br />

radicales, que se reflejan en los procesos de innovación tecnológica que da impulso a un mejoramiento<br />

continuo de los instrumentos bélicos, en términos de potencia, de precisión y de capacidad<br />

destructiva (Revista Española de Defensa, 2000: 9). Los ejércitos han mantenido sobre la industria una<br />

presión constante para obtener instrumentos modernos y competitivos. De esta manera, las empresas<br />

se han visto impulsadas a sostener un gran y permanente esfuerzo de investigación y desarrollo. La<br />

consecuencia es la correlación cada vez más compleja entre la tecnología civil y la militar. Muchos de<br />

los progresos que se han alcanzado en la microelectrónica o en las telecomunicaciones para el sector<br />

comercial, han sido aplicados en la industria militar, aun si no directamente.<br />

Europa y Estados Unidos han mantenido niveles similares de desarrollo científico, aunque Washington<br />

ha logrado, en general, una aplicación tecnológica militar más eficiente. Por eso la industria de la<br />

defensa, no obstante sus ventajas, no puede ser vista separadamente de la industria civil y menos por lo<br />

que respecta al ámbito económico creado por el desarrollo tecnológico de esta última en los países capitalistas<br />

desarrollados. Es esa una de las razones por las cuales la producción militar no puede ser aislada<br />

de la producción industrial en general: el ciclo de la industria bélica es parte del ciclo industrial general.<br />

La tasa de inversión productiva puede variar con los cambios que ocurren en el sector civil y en<br />

el militar, sobre todo si están fundamentalmente dirigidos al aumento de la producción militar con<br />

base en el presupuesto (Morales, 2004: 13). Este vínculo entre tecnologías bélicas y civiles refuerza la<br />

influencia del complejo industrial militar en la economía en su conjunto.<br />

10. Finalmente, si se quisiera definir de manera más directa el complejo industrial militar, se podría<br />

sostener que se trata de un subsistema de relaciones económico-político-militares que tiene como base<br />

el estrecho nexo establecido entre las grandes empresas de ese ramo y el Estado. Este subsistema ha<br />

creado, por otra parte, su propio aparato ideológico, reproductor de las ideas del militarismo. Su centro<br />

hegemónico está en Estados Unidos y se ramifica en el mundo como un subsistema multinacional<br />

de comercio de armas, licencias e inversiones para la producción conjunta de armamento. Se apoya<br />

en acuerdos militares y en el sistema de bases y programas de adiestramiento y colaboración militar, y en<br />

su expansionismo considera como un tesoro a los países subdesarrollados, que se ven así obligados al<br />

continuo incremento de sus gastos militares y a funcionar como oligarquías subalternas, que apoyan<br />

regionalmente los objetivos de la política imperialista.<br />

Estas relaciones se han transformado en una necesidad para el proceso de reproducción económica,<br />

política e ideológica del imperialismo, que en los umbrales del siglo xxi se ve reforzado por la posición<br />

hegemónica de Estados Unidos en el plano militar, estratégico y regional. Hoy el peligro que corre la<br />

paz mundial es mayor que en el período de la llamada Guerra Fría y la confrontación este-oeste.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

460


5.2. Factores de transnacionalización de la economía militar<br />

1. Hay un conjunto de factores que alientan, actualmente, el carácter multinacional del complejo<br />

industrial militar. Entre estos, los más importantes son:<br />

a) El amplio espectro de intereses económicos y político-militares de las potencias imperialistas<br />

en todo el mundo y particularmente los de Estados Unidos, que a fines del siglo xx reforzó su<br />

hegemonía militar.<br />

b) El impacto de una vasta red de bases militares norteamericanas fuera del territorio de ese país.<br />

c) La existencia de una extensa red de alianzas y pactos militares, ahora reforzada por la apertura<br />

de la OTAN y el ingreso a esta de algunos exintegrantes del Pacto de Varsovia.<br />

d) El brusco e inédito incremento del presupuesto militar norteamericano, alimentado por la llamada<br />

estrategia de “lucha contra el terrorismo”.<br />

e) La desmesurada ampliación del poder destructivo del armamento militar convencional de Estados<br />

Unidos, que tiende a cambiar las reglas de la guerra, al punto de que para defenderse de él<br />

solo se puede recurrir a las nefastas tácticas del terrorismo o al uso de armas nucleares.<br />

f) La tendencia a desarrollar un poder nuclear táctico, dirigido a disuadir a los países del Tercer<br />

Mundo de toda posibilidad de luchar contra el imperialismo.<br />

g) La política exterior de extrema agresividad con la que Estados Unidos ha inaugurado el siglo<br />

xxi, que no respeta las reglas de las instituciones internacionales. La visión del mundo que<br />

en ella se manifiesta es la de los sectores más reaccionarios de la política y la intelectualidad<br />

norteamericana.<br />

El terrible 11 de septiembre de 2001 fue considerado por las fuerzas de extrema derecha de ese país<br />

como la esperada oportunidad para restaurar un Estados Unidos imperial, dispuesto a intervenir en<br />

cualquier parte y con cualquier justificación, como ocurrió en Iraq. La Organización de las Naciones<br />

Unidas está paralizada ante el empuje de Estados Unidos y se ha convertido, de hecho, en un instrumento<br />

para imponer políticas expansionistas.<br />

2. Como ya se ha dicho, la economía militar no está separada del resto de la economía por líneas<br />

tajantes; por el contrario, se vale de los mismos mecanismos e instrumentos que caracterizan hoy al<br />

sistema de relaciones económicas capitalistas a escala mundial y constituye, de hecho, un subconjunto.<br />

Se trata de una transnacionalización encabezada por Estados Unidos y dirigida a incrementar su<br />

capacidad militar, sea nuclear o convencional; a reforzar su papel en el comercio mundial de armas<br />

y de tecnologías ligadas a su producción; a consolidar la capacidad disuasiva y agresiva de Estados<br />

que, como Israel, desempeñan un importante papel estratégico dentro de alguna región de particular<br />

interés; y a aumentar la capacidad de Estados Unidos para movilizar sus fuerzas militares sin tener que<br />

depender de las alianzas.<br />

3. La agresiva política del imperialismo requiere que los gastos militares de los países subdesarrollados<br />

aumenten continuamente, para así dar respuesta a la estrategia de militarización de la economía y a la<br />

política imperialista a nivel mundial, que esencialmente persigue los siguientes objetivos:<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

461


a) Sostener y desarrollar el sistema transnacional de altas ganancias para las grandes empresas productoras<br />

de armas.<br />

b) Apoyar el acceso a las fuentes de recursos energéticos y de materias primas, dondequiera se<br />

encuentren.<br />

c) Aprovechar la mano de obra calificada de bajo costo, especialmente en los países subdesarrollados<br />

que son clientes en el comercio de armamentos.<br />

d) Reforzar la capacidad ofensiva de una red de Estados que apoyan la política imperialista, dotándolos<br />

de cuanto sea necesario para reprimir todo movimiento de rechazo o resistencia a la<br />

explotación capitalista.<br />

e) Sustentar las posiciones internas de las oligarquías que facilitan o dan cobertura a las políticas de<br />

control y al saqueo de los recursos.<br />

f) Ampliar espacios, dentro de la competencia interimperialista, para el lucrativo negocio de la<br />

comercialización de armas.<br />

g) Crear tensiones regionales en torno a problemas como el narcotráfico, la emigración, las disputas<br />

territoriales, el ambiente, etcétera.<br />

Todo esto indica hasta qué extremo se ven obligados los países subdesarrollados a participar en el<br />

fenómeno de la producción y venta de armas, no obstante las ingentes y graves dificultades que deben<br />

afrontar en el plano económico y social.<br />

4. El neocolonialismo de las potencias imperialistas ha traído consigo, en particular tras la Segunda<br />

Guerra Mundial, nuevos fenómenos y mecanismos de dominación en este plano. Se ha acelerado<br />

el proceso de transnacionalización de la economía militarista, impulsada por el complejo industrial<br />

militar, y para apoyarlo han surgido diversos mecanismos, como los programas de ayuda a las fuerzas<br />

armadas, el sistema de escuelas militares y el adiestramiento de cuadros para respaldar a las oligarquías<br />

dominantes en los países subdesarrollados.<br />

Una clara manifestación de esa transnacionalización militarista la encontramos hoy en América<br />

Latina, con el llamado “Plan Colombia” o “Iniciativa Regional Andina”.<br />

La economía militar de Estados Unidos comenzó a jugar un papel fundamental desde los años<br />

treinta, pero sobre todo a partir del impulso que recibió el gasto bélico durante la Segunda Guerra<br />

Mundial.<br />

Ya en la política económica basada en el keynesismo, dicho gasto aparece como un factor importante<br />

de estímulo a la demanda efectiva. A partir de ese momento y –repetimos– especialmente con la<br />

Segunda Guerra Mundial, surge el fenómeno del complejo industrial militar, sobre el cual ya entonces<br />

el presidente Eisenhower advirtiera cómo tal alianza de intereses entre política e industria militar había<br />

perjudicado la seguridad nacional.<br />

Corea (1950-1953), Indonesia (1965-1974), la época de Reagan (1981-1989) y ahora Iraq son<br />

ocasiones en que la participación militar domina la agenda económica. El Asia meridional es actualmente<br />

una demostración del rápido crecimiento del imperio norteamericano, así como de la creación<br />

de nuevas oportunidades para que las grandes empresas multinacionales de Estados Unidos expandan<br />

el imperio económico. Los fenómenos que impulsan la necesidad del crecimiento industrial militar –y<br />

del complejo en el que ese crecimiento se produce– no provienen del funcionamiento de la economía<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

462


en procura de garantizar la ganancia, sino del máximo objetivo estratégico imperial, de mantener el<br />

poder hegemónico a escala mundial.<br />

La actual oligarquía detenta el poder como nunca antes y los sectores más extremistas, capitaneados<br />

por Estados Unidos, han llevado al mundo al borde de una guerra de proporciones indefinibles, en la<br />

que nadie podrá vencer. Esta realidad coincide con el hecho de que las relaciones político-militares han<br />

alcanzado en la sociedad norteamericana una condición estructural que las coloca, dentro del sistema<br />

político, en el mismo nivel que los subsistemas conformados por el Gobierno, los partidos y el sistema<br />

electoral. Y todavía se añade, para el complejo industrial militar, la ventaja de que sus relaciones<br />

se entrecruzan con los tres subsistemas y presentan, además, un nivel de transnacionalización no logrado<br />

por ningún otro componente estructural del sistema político norteamericano.<br />

5. De todo ello se deriva no solo el reforzamiento de las ansias de dominio global, a través de la transnacionalización<br />

de la economía militarista y contra los países en vías de desarrollo, sino también el<br />

peligro que para la paz mundial subyace en las mencionadas relaciones político-militares.<br />

Es con tales hipótesis, con tales escenarios de cambio de fase, de conflictividad aguda entre el área<br />

del dólar y el área del euro, con atención siempre a la variable asiática y al probable nacimiento de<br />

un polo ruso-iraní-indio-chino, y bajo fuertes miras expansionistas en Eurasia, en América Latina,<br />

contra todos los países en vías de desarrollo, que en el futuro inmediato será llamada la humanidad<br />

a un arreglo de cuentas, en un contexto en el que la competencia global asumirá rasgos cada vez más<br />

político-estratégicos.<br />

A estas alturas, hasta los organismos financieros internacionales comienzan a sostener, más o menos<br />

explícitamente, que los procesos de globalización no están ya bajo control de las autoridades monetarias,<br />

sino especialmente de las autoridades político-gubernamentales.<br />

Globalización significa financiarización, pero ya es evidente lo que desde hace tiempo sostenemos:<br />

que el proceso en curso no puede llamarse globalización. Se trata de una auténtica, dura y despiadada<br />

competencia global entre los tres principales bloques económicos; una competencia global, de carácter<br />

político-estratégico, con claros rasgos no solo de economía de guerra, sino también de explicitación<br />

estructural de una guerra que no dejará heridos en el campo.<br />

En juego está, en los próximos años, el papel estratégico internacional de Estados Unidos, de la<br />

Unión Europea y del polo asiático-japonés. Esto seguirá significando guerras comerciales, guerras<br />

financieras, guerras económicas globales, hasta llegar al uso indiscriminado de la guerra verdadera por<br />

la supremacía en áreas internacionales que se tienen por estratégicas. ¡Y todo ello de cara al mercado<br />

único y de una globalización unívoca en propósitos!<br />

Estamos seguramente en la fase de conflicto abierto y agudo entre bloques económicos, en el que<br />

la Unión Europea está jugando un papel estratégico en áspera competencia con Estados Unidos. Los<br />

problemas del bloque geoeconómico europeo serán centrales en los desarrollos políticos, económicos y<br />

militares del futuro próximo. Las tendencias que hemos identificado marcan la fase actual del conflicto<br />

económico y de la confrontación militar en la competencia global.<br />

Por tanto, las masas deben desarrollar una conciencia política de lucha en concordancia con esta<br />

realidad: una conciencia global, en la que se combinen armónicamente lo local, lo nacional y lo mundial<br />

(que no es solo global, sino multinacional). Las fuerzas del imperialismo están organizadas en un<br />

sentido transnacional, con una burguesía que tiene conciencia de sus funciones y que se las ingenia<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

463


para defender sus intereses. De allí que la respuesta no puede tener otro carácter. Una alternativa mundial<br />

de lucha solo puede ser un proyecto con un contenido y significado popular transnacional. Pero,<br />

al mismo tiempo, sin un modelo socioeconómico asequible a los sectores populares, se corre el riesgo<br />

de llegar al gobierno para tener que limitarse luego a la administración de la crisis del neoliberalismo,<br />

con la consecuente pérdida de legitimidad a los ojos de la clase trabajadora de todo el planeta.<br />

— notas —<br />

1 Cfr. Hobsbawm (1987: 70).<br />

2 Cfr. Hobsbawm (1987: 83).<br />

3 Cfr. Hobsbawm (1987: 78).<br />

4 Lenin así lo afirma explícitamente. Jaffe (1973) lo ratifica en varias ocasiones, incluso contra la convicción de Luxemburg, quien<br />

en cambio creía que los países “periféricos” eran extraños al MPC.<br />

5 Muchas veces los juristas logran, con su brutalidad y crudeza, ser mucho más claros y honestos que tantos economistas, científicos<br />

sociales y políticos. Así puede leerse en un manual de derecho colonial francés de los años treinta: “La razón primera de<br />

la colonización radica en el doble hecho de que el mercado nacional necesita de estas salidas suplementarias y también la industria<br />

requiere de mercados de aprovisionamiento de materias primas (…) Las poblaciones indígenas son incapaces de extraer<br />

provecho de las riquezas de sus países, y las potencias coloniales no quieren depender de sus rivales para obtener las materias<br />

que proveen las colonias. (…) El Estado colonial se enfrenta generalmente a poblaciones atrasadas, y esto es cierto incluso en<br />

el caso de muchos pueblos que se pueden considerar civilizados (Indochina, por ejemplo). En ciertas regiones esas poblaciones<br />

están en constante guerra unas con otras (…). Con la paz, los indígenas reciben seguridad para sus propias personas y bienes.<br />

La potencia colonial debe abolir los usos contrarios a la humanidad (esclavitud, sacrificios humanos) y suavizar aquellos que<br />

sean demasiado toscos (…). A estas críticas [las de los partidos radical y socialista, que ponían en duda la legitimidad de la empresa<br />

colonial] se puede responder que no es natural ni justo dejar tal vez la mitad del mundo en manos de pequeños grupos<br />

de hombres ignorantes, impotentes, verdaderos niños incapaces, diseminados por superficies inmensurables, como tampoco a<br />

poblaciones decrépitas, sin energía, sin guía, auténticos viejos incapaces de todo esfuerzo” (François, Mariol, 1929: 12, 17, 22).<br />

6 Por lo cual los países dominados deben producir, como colonias, las materias primas que sirven a la industria imperialista central<br />

para fabricar los productos “secundarios” que luego serán también exportados a las colonias, donde este último sector<br />

productivo no existe.<br />

7 Motivo por el cual esos países son llamados company countries.<br />

8 De allí, también, las numerosas guerras civiles, que tienen por fin la repartición de la relativamente escasa riqueza de estos<br />

países.<br />

9 Se utiliza el término en su acepción burguesa, cuantitativa. Sobre estos problemas y las diversas interpretaciones de los conceptos<br />

de “desarrollo” y “progreso”, cfr. Jaffe (1990) y Vasapollo (edit., 2006).<br />

10 Las cifras corresponden a estimaciones nuestras, a partir de los datos del Banco Mundial (2003).<br />

11 No necesariamente muy distantes entre sí. Sin embargo, la distancia debe ser relacionada con el grado de desarrollo de una<br />

determinada sociedad: 100 km no son la misma cosa si se recorren a pie y con bultos sobre la espalda que si se hacen en<br />

auto o tren.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

464


12 Si ella implica un costo menor al pagado previamente por la misma mercancía.<br />

13 Nótese cómo estas tesis están en radical oposición a las ideas “ortodoxas” sobre el comercio (internacional).<br />

14 El colonialismo presupone ya, si no un sistema mundial integrado, al menos un sistema interintracontinental integrado, pero<br />

en el fondo es la misma ley de desarrollo-movimiento capitalista la que presupone y tiende hacia el mundo.<br />

15 Además de la garantizada por la superexplotación de las semicolonias.<br />

16 Nos referimos aquí a la legislación italiana en materia de inmigración (la llamada ley Bossi-Fini), que en sus principios fundamentales<br />

no es muy distinta a tantas otras leyes similares de los países de capitalismo maduro.<br />

17 Cfr. Hobsbawm (1987: 97).<br />

18 La función principal de los fondos de pensiones es, precisamente, la de poner a disposición del capital una suma enorme de<br />

dinero que sería de otra forma no valorizable y que este utiliza para extender su poder a escala mundial mediante inversiones<br />

directas en el extranjero, participaciones e innumerables financiamientos. Piénsese tan solo en el caso de los “inversionistas<br />

institucionales” estadounidenses, que son los más avanzados desde este punto de vista y representan ya uno de los poderes<br />

financieros (e industriales) más extendidos. Con su ahorro, aun el que no tiene más fin que asegurar la propia pensión, cada<br />

ciudadano y trabajador alimenta hoy el poderío del capital imperialista.<br />

19 Véase nuestro análisis sobre las áreas de divisas y los polos imperialistas en Vasapollo, Casadio, Petras, Veltmeyer (2004) y<br />

Vasapollo, Jaffe, Galarza (2005).<br />

20 Hagamos notar cómo el análisis marxista, durante los últimos años, ha avanzado a este respecto. Piénsese en la vastísima<br />

obra de un La Grassa, que, al criticar las tesis que limitan el papel de la clase dominante financiero-imperialista y la clase de<br />

los parásitos corta cupones, califica en cambio de central su función estratégica. Los integrantes de esta clase serían agentes<br />

estratégicos que desempeñan una función eminentemente política, en el sentido de dirección global de la empresa en el salvaje<br />

mercado internacional. Véase especialmente La Grassa (2005), donde el autor destaca las continuas batallas internas de la clase<br />

dominante.<br />

21 Cfr. Hobsbawm (1987: 290).<br />

22 En los últimos 15-20 años se ha evidenciado un fuerte vínculo entre financiarización de la economía y criminalidad. Piénsese,<br />

por ejemplo, en el comercio de drogas, al cual se añaden tantos otros tráficos ilegales, como el de las armas, el mercado clandestino<br />

de desechos, la prostitución y el mercado de trabajadores esclavos en la así llamada economía sumergida (al sumar<br />

estos tráficos con el de la droga, se alcanza un rango de negocios de más de 1.000 millardos de dólares anuales). Un penetrante<br />

reportaje sobre el tema es el de Saviano (2006).<br />

23 Sobre estos temas, sigue siendo un texto histórico fundamental el de Baran y Sweezy (1968).<br />

24 Cfr. Hobsbawm (1987: 143).<br />

25 Lo que de seguidas se presenta es solo el esquema analítico de base para interpretar este fenómeno. Para profundizar en el<br />

tema se puede leer, por ejemplo, a Gabriel Kolko, uno de los investigadores que mejor han analizado la anatomía del capitalismo<br />

militar norteamericano: cfr. Kolko (1994; 2006). Un análisis específico de la dinámica actual del imperialismo militar se<br />

puede encontrar en Casadio, Petras, Vasapollo (2003) y en Vasapollo (ed., 2003).<br />

26 David Noble (1984) muestra cómo la introducción del control numérico en la industria, por no hablar de otras alternativas<br />

tecnológicas de automatización, fue resultado de una decisión de la Fuerza Aérea estadounidense, en un proyecto conjunto<br />

con IBM y el MIT.<br />

IMPERIALISMO Y COMERCIO INTERNACIONAL EN ACCIÓN<br />

465


27 Casadio, Petras, Vasapollo (2003: 81-185, 257-266). Cfr. también Arriola, Vasapollo (2004).<br />

28 Durante todo el período de la guerra, y con particular énfasis entre 1941 y 1945, Churchil y Roosevelt sostuvieron una política<br />

de alianza con la Unión Soviética, que se basaba en la contradicción del “aliado enemigo”. Harry Truman decidió finalmente<br />

considerar a la Unión Soviética como el “enemigo conveniente”.<br />

29 Ya en el National Security Case Nº 68 (NSC-68) se auspiciaba la reconstrucción inmediata y a gran escala de la fuerza militar<br />

estadounidense, y en general la de los aliados, con la intención de rectificar el equilibrio de poder y con la esperanza de que,<br />

al utilizar otros medios, no serían necesarios los de la guerra total.<br />

30 Se trata de un fenómeno transnacional que, visto en el actual contexto de la globalización, de la hegemonía estadounidense<br />

y de la llamada “lucha contra el terrorismo”, ha adquirido una amplitud inusual que hoy, como nunca, amenaza la paz a nivel<br />

mundial.<br />

31 Piénsese en el enorme papel desempeñado en la reciente guerra contra Iraq por empresas privadas que, desde la logística hasta<br />

el personal, gerenciaron fases enteras de la organización y ejecución de la guerra. Cfr. a este respecto Bulgarelli, Zona (2004).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

466


SEXta parte<br />

TENDENCIAS ACTUALES DEL CAPITALISMO:<br />

ENTRE EL CRECIMIENTO CUANTITATIVO<br />

Y LA CRISIS ESTRUCTURAL


Capítulo I<br />

ALGUNOS MODELOS Y CATEGORÍAS PARA LA INTERPRETACIÓN<br />

DE LA FASE ACTUAL DEL CAPITALISMO MUNDIALIZADO<br />

1. Cuatro criterios de relevancia general<br />

1. Durante todo el desarrollo de este trabajo hemos intentado mostrar la validez del análisis marxista<br />

para el estudio de los problemas de la economía política y de la economía aplicada. En la parte que<br />

sigue se aplica ese análisis a la comprensión de los fenómenos sociales contemporáneos, por medio de<br />

algunos criterios de gran relevancia.<br />

Una visión crítica de la llamada globalización permite identificar, detrás de ese concepto polisémico,<br />

la dinámica actual del capital.<br />

La aplicación del paradigma marxista al estudio de la política económica dominante, que a través del<br />

pensamiento único se expresa de manera tecnocrática en los programas de ajuste estructural, permite<br />

a su vez identificar los verdaderos objetivos y consecuencias de dichos programas, como instrumentos<br />

privilegiados de reproducción del desarrollo desigual combinado.<br />

La economía del conocimiento se manifiesta como la característica más notable de la nueva fase de<br />

acumulación capitalista. Contra la interpretación que pretende ver en el nuevo papel productivo del


conocimiento la base disolutoria de las más importantes leyes económicas desarrolladas por Marx (ley<br />

del valor), probaremos que la mejor manera de entender los fundamentos económicos del mundo<br />

actual es la aplicación de las categorías propias del análisis marxista.<br />

El nuevo ciclo de acumulación capitalista se comprende con mayor rigor y profundidad al analizar<br />

la relación capital-trabajo con las nuevas categorías derivadas de la formulación marxista, que permiten<br />

identificar el presente período de transición –en el proceso de acumulación capitalista– con la<br />

denominación de posfordismo, vale decir, con la apertura de un nuevo ciclo en la confrontación entre<br />

capital y trabajo.<br />

Esos serán los temas que trataremos de seguidas y que, por simple comodidad expositiva, estarán<br />

divididos entre esta sexta parte y la siguiente.<br />

Antes de examinar las dinámicas y los cambios que las economías capitalistas han experimentado<br />

durante estos largos años de crisis estructural, a fin de comprender cómo y de qué manera el proceso de<br />

globalización financiera y productiva –que de alguna manera incide en todos los países occidentales–<br />

ha influido en el sistema del vivir económico y social en su conjunto, es interesante regresar brevemente<br />

sobre los conceptos mismos de algunas categorías económicas de evaluación, por la importancia<br />

que tienen en el análisis del crecimiento cuantitativo, a través de indicadores y modelos. Se podrá así<br />

entender mejor cuáles son los factores que repercuten con mayor fuerza en los procesos productivos de<br />

las empresas y, por tanto, en los procesos de acumulación de capital.<br />

2. Competencia, concentración, monopolio<br />

1. Si bien la competencia pura en el mercado fue prevista y puntualmente teorizada en los primeros estudios<br />

de economía política de Adam Smith y sus seguidores, y lo es todavía hoy en la enorme mayoría<br />

de los manuales de economía de enfoque marginalista o similares, en realidad ella nunca ha existido.<br />

Ningún fenómeno que se concrete en la vida real y social de los pueblos, naciones o, incluso,<br />

pequeñas comunidades, se manifiesta nunca en estado “puro”, como si previamente algún estudioso<br />

lo hubiese pensado y minuciosamente hubiera abstraído de cada variable las “incrustaciones” que no<br />

dejaran funcionar el modelo ideado en el escritorio. El fenómeno social se desarrolla en contextos muy<br />

definidos de relaciones sociales y continuamente se “ensucia las manos con la realidad”. Necesariamente<br />

ocurre lo mismo también con la competencia, que es un “problema” eminentemente social. Por<br />

tanto, cuando se habla de competencia en el mercado capitalista, hay que imaginar siempre una cosa<br />

muy distinta a la idea “equilibrista” de Walras y sus discípulos. En el mercado se dan, sin embargo,<br />

diversos niveles de competitividad (nunca pura), de forma tal que estos pueden identificar épocas<br />

distintas del capitalismo y capitalismos diferentes.<br />

En el capitalismo de los orígenes, el de las primeras acumulaciones de capital, ningún “capitán de<br />

industria” en ciernes era capaz de plantearle límites generalizados o difusos a la competencia, ni de<br />

imponer sus propios precios (que eran “dictados por el mercado”: la famosa empresa price taker que<br />

todos estudiamos en los manuales de microeconomía). Esta se desarrolla poniendo en acción aquel<br />

mecanismo sociodarwinista típico del capitalismo, por el cual el capital más débil perece, sucumbe,<br />

porque no logra mantener la lucha contra otros capitales. Fenómenos de competencia empresarial se<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

470


encuentran muchas veces en las primeras fases de apertura de nuevos sectores mercantiles, antes inexplorados<br />

1 , o cuando en un sector ya “copado” se promueven revoluciones tecnológicas u organizativas<br />

capaces de trastornar todos los equilibrios previos.<br />

Un sector es competitivo cuando se da en él la presencia de innumerables capitales en lucha por la<br />

conquista de tajadas cada vez mayores de la demanda y, en última instancia, de poder. El desarrollo de<br />

una determinada tecnología que al comienzo no es accesible a todos, dado su excesivo costo, garantiza<br />

a quien la tenga, ganancias más altas que las de la competencia. La introducción de nuevas tecnologías<br />

está dirigida a reducir los tiempos de producción, a aumentar la productividad del trabajo. Para<br />

recuperar más rápidamente los costos de esa tecnología, la empresa podría mantener los precios de su<br />

mercancía al mismo nivel que la de otros competidores con productividad inferior. Al hacerlo así, se<br />

mantendría un cierto “equilibrio” de mercado en lo que respecta a la cantidad de mercancía vendida<br />

por cada empresa en particular. Además, la empresa más avanzada gozaría de una superganancia,<br />

debido a sus mayores niveles de productividad y costos más limitados.<br />

Pero el capitalista no puede contentarse con el status quo: necesita romper todos los equilibrios de<br />

mercado, quiere acumular cada vez más, debe vencer a sus competidores. El capitalista es por naturaleza<br />

dinámico (la crisis sobreviene siempre en momentos de estancamiento) y, en una situación en<br />

la que goce de una tecnología más avanzada que la de la competencia, preferirá vender su mercancía<br />

a un precio inferior al del mercado, pues la superioridad tecnológica le permitirá, en todo caso, mantener<br />

una tasa de ganancia sustanciosa. Esto implica una “competencia hacia abajo”: las mercancías<br />

propias tienen más demanda, hay que producir más; para hacerlo es necesario aumentar la escala de la<br />

producción y, por tanto, la masa de capital. En ese caso, nuestro capitalista-emprendedor con la mejor<br />

tecnología tiende a tomar una ventaja constante sobre sus competidores, que no pueden competir si<br />

no es dotándose al menos de la misma tecnología. Sin embargo, la única solución operativa para lograr<br />

ese objetivo es la de unir más capitales (centralización) en un mismo complejo empresarial.<br />

En ese proceso, la tendencia implícita es a la desaparición de los pequeños capitales reunidos en<br />

grandes complejos. La competencia se desplaza hacia “niveles” cada vez más elevados. La tasa de ganancia<br />

(junto con el instinto de supervivencia) guía las políticas de integración, fusión, adquisición,<br />

organización reticular y “en distritos” de las empresas que, para competir a escala mundial, necesitan<br />

usufructuar capitales cada vez mayores.<br />

2. La dimensión de una empresa capitalista (o complejo integrado de empresas: grupo) se corresponde,<br />

en condiciones de buena salud empresarial, con un mercado de referencia equivalente. Las mercancías<br />

allí llevadas deben ser realizadas: es ese el límite (ontológico) del mercado. Si potencialmente –obviando<br />

por un instante la ley del valor– las mercancías son infinitas 2 , el mercado en sí mismo es limitado,<br />

no solo geográficamente, sino también en cuanto al número (necesariamente finito) de consumidores.<br />

Se llega por tanto, en un mercado capitalista avanzado, a la saturación de sectores mercantiles enteros,<br />

por lo cual la cantidad de mercancías constantemente sustituibles (y en consecuencia por producir) es<br />

limitada. A un determinado nivel, ese límite torna imposible la evolución expansiva (crecimiento) del<br />

mercado. Este termina por ser de simple “sustitución” y la conquista de nuevas cuotas de consumidores<br />

se lleva a cabo en ese restringido marco. Dado el proceso de “selección”, las empresas que a largo plazo<br />

resultan vencedoras son aquellas que consiguen mantener cuotas de mercado tales que les garanticen<br />

la sobrevivencia y las ganancias. Esas empresas no pueden ser otras que las agrupadas en grandes<br />

ALGUNOS MODELOS Y CATEGORÍAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE LA FASE ACTUAL DEL CAPITALISMO MUNDIALIZADO<br />

471


concentraciones, frecuentemente oligopólicas; esto es una tendencia explícita y claramente identificable.<br />

El oligopolio no solo garantiza un mayor control sobre el mercado y facilita los acuerdos entre<br />

los actores involucrados, sino que además –y esto es fundamental–, gracias a una política de precios<br />

concertados o pseudocompetencia, asegura también elevadas tasas de ganancia, al imponer precios más<br />

altos –plusganancia oligo(mono)pólica– que los posibles y tolerados en un mercado competitivo. Esto<br />

no solo incide directamente en los bolsillos de los consumidores (es lo que, en la teoría dominante,<br />

se define como reducción del bienestar del consumidor), sino que perjudica también a los capitales<br />

menores, puesto que las cuotas de plusvalía social son transferidas hacia las empresas oligopólicas, en<br />

desmedro de las pequeñas y medianas.<br />

La competencia capitalista da continuidad al proceso de expropiación que está en los orígenes del<br />

MPC. Pero, en lugar de los productores independientes, ahora sus principales víctimas son los mismos<br />

capitalistas.<br />

“La historia del capital es la historia de la destrucción de la propiedad de los más, en beneficio de la<br />

propiedad de una minoría cada vez más restringida” (Mandel, 1997b: 272).<br />

3. Ese inmenso poder, tanto en la esfera comercial como en la productiva (poder para imponer los<br />

propios intereses y contratos... a los capitales menores, suplidores de “fases” del proceso productivo o<br />

de partes necesarias para la elaboración del producto final), así como las eventuales políticas de alianza,<br />

los trust, etcétera (que posibilitan la eliminación de la competencia, si no jurídicamente, al menos de<br />

hecho), determinan un menor estímulo a la investigación científica (históricamente muy vinculada<br />

a las exigencias de valorización del capital), a pensar y experimentar nuevas formas organizativas y a<br />

introducir nuevas tecnologías. Todo esto tiene una férrea lógica: si la carrera por modificar la composición<br />

orgánica del capital –mediante el incremento del capital fijo– es impulsada por la competencia,<br />

que produce así indirectamente un progreso técnico-tecnológico y organizativo, la ausencia de competencia<br />

genera (o puede generar), por el contrario, un cierto “estancamiento” de las inversiones en ese<br />

sector neurálgico de la empresarialidad capitalista (el capital no invertido de esa manera tendrá que ser<br />

utilizado de otro modo: he allí que se incrementa la inversión especulativa, financiera, bursátil).<br />

Los oligo(mono)polios ejercen, pues, una enorme presión sobre la determinación de los precios,<br />

dada su posición de predominio y control del mercado, como también lo hacen en el plano político,<br />

al punto de dictar, muchas veces, la agenda política de los Gobiernos. Además, gracias a su inmensa<br />

centralización de capital, logran establecer relaciones privilegiadas con el “mundo financiero” (que<br />

con frecuencia está involucrado en ellos, a través –por ejemplo– de consejeros de administración en<br />

los grupos multinacionales) y son, finalmente, vectores de “detención” tecnológica, de estancamiento,<br />

traba en el ámbito de la investigación para el surgimiento de nuevas tecnologías, nuevas ciencias<br />

organizativas, etcétera.<br />

3. Composición orgánica del capital y caída tendencial de la tasa media de ganancia<br />

1. La apertura de un nuevo sector mercantil despierta usualmente una fría atención y recelos difusos<br />

en el mundo empresarial, que por lo general invierte solo allí donde hay seguridad o, al menos, alta<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

472


posibilidad de atractivas ganancias; la tendencia, seguramente, es a invertir el capital propio allí donde<br />

la (tasa de) ganancia es más elevada 3 . En el momento en que ese sector esté visiblemente abierto para la<br />

ganancia, capitales considerables afluirán en masa. Pero la afluencia de capital es un proceso dialéctico<br />

que debe ser leído en sus múltiples facetas: implica la reducción (cuando no la “despoblación”) de<br />

capitales presentes en otros sectores con ganancias menos elevadas.<br />

Mandel (1997b: 265) describe así este proceso de múltiples consecuencias:<br />

Decir afluencia de capitales significa decir competencia exacerbada, expansión del maquinismo y<br />

racionalización del trabajo. Pero estas transformaciones llevan (…) a un aumento de la composición<br />

orgánica del capital. Y decir aumento de la composición orgánica del capital significa decir reducción<br />

de la tasa de ganancia.<br />

El reflujo de capitales (de un sector mercantil) reduce la producción, crea una escasez de mercancías<br />

en un sector determinado y hace, pues, subir los precios y las ganancias. La afluencia de capitales provoca<br />

en otros sectores, por el contrario, una competencia exacerbada y hace bajar precios y ganancias.<br />

Así, en el complejo de sectores se establece una tasa media de ganancia a causa de la competencia de<br />

capitales y mercancías 4 (Mandel 1997b: 263).<br />

2. La tasa media de ganancia es, pues, un valor matemático que promedia las tasas individuales de los<br />

distintos sectores mercantiles. Pero esto, que podría ser leído de manera estática, “esconde” un continuo<br />

movimiento (proceso) de capitales (fenómeno más fácil e inmediatamente observable si el análisis<br />

se plantea a escala mundial) que continuamente se desplazan de un sector a otro (o, permaneciendo<br />

en el mismo, migran hacia zonas geográficas, económicas o jurídicas de más alta rentabilidad). Esa<br />

emigración, hemos dicho, responde a una tasa de ganancia más elevada, pero ahora es preciso explicar<br />

por qué la tasa inicial de un sector tiende a “caer”.<br />

La competencia despiadada entre capitales conlleva la búsqueda espasmódica de técnicas de producción,<br />

de formas organizativas del proceso laboral y de máquinas y tecnologías cada vez más avanzadas,<br />

de manera que sea posible aumentar la productividad del trabajo humano y bajar los costos<br />

de producción, potenciando así las propias “habilidades” competitivas. Para lograr todo esto, aparte de<br />

una organización científica del trabajo más eficaz y eficiente –que de por sí no necesaria o principalmente<br />

incide en el desarrollo de la tecnología (pero quizá sí en una utilización diferente)–, es necesario<br />

actuar sobre la variable que podríamos llamar de la innovación tecnológica (que en última instancia<br />

está en función de la lucha de clases capitalista) y leerla desde un modelo dinámico de evolución de<br />

todo el capital constante (K): la variación de la composición orgánica del capital (COC).<br />

La COC es la relación que, en una empresa, un sector o en toda la macroagrupación intersectorial,<br />

hay entre K (capital constante) 5 y v (capital variable). Muchas veces el error que se comete es pensar la<br />

relación K/v (COC) como una relación entre masa física de máquinas y otros medios de producción<br />

comprendidos en K y el número de unidades de fuerza de trabajo. La relación es así “física”, prescinde<br />

del valor. Marx, en cambio, cuando habla de COC (y lo hacen también Jaffe y Mandel), lo refiere siempre<br />

en términos de valor: se trata, entonces, de una relación entre valor de los medios de producción y<br />

precio de la fuerza de trabajo.<br />

La competencia de capitales en lucha por la supervivencia y el poder exige recurrir a tecnologías y<br />

sistemas de máquinas cada vez más avanzadas y eficaces. El aumento del papel de las máquinas en una<br />

ALGUNOS MODELOS Y CATEGORÍAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE LA FASE ACTUAL DEL CAPITALISMO MUNDIALIZADO<br />

473


empresa cambia (y por eso la necesidad de una lectura dinámica) la relación entre K (c en los términos<br />

de Marx) y v (el equilibrio es solo un estado de excepción, destinado a ser roto), e incrementa el valor<br />

total de K respecto a v en la fracción que determina la COC (K/v). Pero si v es la única fuente de W<br />

y “cae”, quiere decir que la tasa de ganancia (W/K + v) decrece, puesto que es la cuota de trabajo vivo<br />

empleado (en términos de valor) lo que se hace inferior. Disminuye, pues, la cantidad de W extraíble.<br />

[El] incremento de la composición orgánica del capital, del trabajo objetivado con respecto al trabajo<br />

vivo, es la tendencia fundamental del modo de producción capitalista. La disminución tendencial de<br />

la tasa de ganancia es, por tanto, una ley de desarrollo de ese modo de producción (Mandel, 1997b:<br />

277).<br />

Decir que la tasa de ganancia cae, significa decir que una fracción creciente del producto anual<br />

consiste, simplemente, en mantenimiento de las reservas de capital existente, y que una fracción decreciente<br />

aumenta el valor de esas reservas (Mandel, 1997b: 278).<br />

3. Como ante toda ley social que describe, tampoco en este caso se limita Marx a delinear y analizar<br />

leyes y tendencias exclusivamente en su estado puro. Sabe perfectamente que estas leyes se inervan,<br />

se desarrollan dentro de sistemas sociales muy complejos que no “soportan” la pureza del concepto<br />

abstracto y muchas veces lo desmienten, lo “ensucian” con la tosquedad de la imperfección material<br />

del movimiento de desarrollo de la sociedad.<br />

Por tanto, si la descrita arriba es una tendencia (+Δ COC → - Δ tasa media de ganancia), ahora hay<br />

que afrontar las principales contratendencias (Mandel, 1997b: 279-283).<br />

a) Aumento de la tasa de plusvalía<br />

Considérese que el aumento de la COC implica un consiguiente incremento de la productividad<br />

del trabajo empleado, al cual puede corresponder un aumento de la plusvalía relativa y, por ende,<br />

de la tasa de plusvalía. Pero esto solo es posible en caso de que el incremento de productividad<br />

(y por tanto de W relativa y de la tasa de W) iguale al de la COC 6 . Sin embargo, aun en el caso<br />

de un aumento equivalente, hay un límite lógico-teórico y práctico: el incremento de productividad,<br />

en efecto, da origen a un crecimiento de las necesidades de los trabajadores y estimula<br />

luchas de reivindicación salarial y organización sindical que limitan la tasa de explotación. No se<br />

puede, pues, reducir a cero el trabajo necesario, mientras que en teoría el aumento de la COC no<br />

tiene límites (en realidad el límite, en el MPC, existe y está dado por la necesidad de valorizar;<br />

de hecho, si se eliminara por completo la fuerza de trabajo para sustituirla con máquinas, se<br />

pondría fin a la única fuente de plusvalía y, por tanto, de acumulación de capital de que dispone<br />

el capitalista).<br />

b) Envilecimiento del precio del capital constante<br />

Al ser una relación entre valores y no entre masas físicas, la COC genera una consecuencia ineludible:<br />

todo incremento de productividad determina una reducción del valor de cada mercancía<br />

en particular (objeto de este fenómeno son también las máquinas y los medios de producción en<br />

general). Se deriva de allí un constante “envilecimiento” de los precios de las máquinas y de K<br />

con respecto a v (lo que incide contra la caída tendencial de la tasa media de ganancia, ya que la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

474


elación K/v cambia en favor de v). Sin embargo, tal reducción da origen a un incremento numérico<br />

de esas unidades; por tanto, la caída del valor de una máquina se ve compensada por el alza<br />

del número de máquinas, de manera que el valor de la masa total aumenta.<br />

c) Ampliación de las bases de la producción capitalista<br />

Gracias a la relación colonialista y a la explotación de materias primas y de fuerza de trabajo colonial,<br />

las empresas de los países de capitalismo maduro gozan de un acceso privilegiado a tales<br />

“factores productivos”, a precios más bajos y ventajosos (respecto a los que pueden obtenerse en<br />

el corazón de los imperialismos), capaces de compensar la caída tendencial de la tasa media de<br />

ganancia.<br />

Pero en una perspectiva de largo plazo (como sería la de desarrollo capitalista en los países<br />

coloniales, si bien esto no se verifica siempre y es más una excepción que una regla), esa (contra)<br />

tendencia puede fallar. Y esto porque la ampliación de la base capitalista puede también<br />

generar desarrollo en países que logran desengancharse, aunque sea parcialmente, del juego<br />

colonialista-imperialista (piénsese en la China de hoy), y con ello crear un mercado interno,<br />

elevar sus estándares medios de vida, incrementar los salarios (aunque solo sea en términos<br />

absolutos), reducir las tasas de superexplotación propias de las colonias y semicolonias (véase el<br />

emblemático ejemplo de Corea del Sur, que de zona de inversiones en entrada se ha convertido<br />

en país de inversiones en salida, al encontrar más rentables a naciones como Vietnam, Tailandia,<br />

etcétera) e, incluso, desarrollar sectores industriales que compiten con los imperialistas, tanto en<br />

los confines patrios como en el extranjero.<br />

d) Aumento de la masa de plusvalía<br />

La expansión geográfica y mercantil del capitalismo genera un aumento del número de asalariados,<br />

seguido por un incremento de la masa de plusvalía (no porque varíe positivamente la<br />

tasa –que incluso decrece–, sino porque la masa crece).<br />

Ese proceso facilita, sin duda, la reducción del tiempo de rotación del capital (piénsese en los<br />

cada vez más veloces medios de transporte de mercancías).<br />

Citando de nuevo a Mandel (1997b: 283), subrayemos ulteriores consecuencias de la acción de<br />

la ley de caída tendencial de la tasa media de ganancia:<br />

El aumento de la masa de trabajo objetivado respecto al trabajo vivo no implica una creciente<br />

economía de trabajo humano, sino la creación de un vasto ejército industrial de reserva, bajo cuya<br />

presión el consumo de los productores queda limitado al producto necesario, mientras su esfuerzo<br />

físico se prolonga e intensifica.<br />

4. Un momento central del análisis de Marx sobre el modo de producción capitalista es el de la identificación<br />

de la relación crucial para todo el sistema, es decir, la tasa de ganancia.<br />

En el proceso de producción capitalista, justamente como consecuencia de los nuevos métodos<br />

de producción y de las innovaciones tecnológicas, termina por determinarse un grado mayor de explotación,<br />

que se ve acompañado por una progresiva tendencia a la disminución de la tasa general de<br />

ganancia. Pero es el propio Marx, en El capital (tomo III, sec. III, cap. 13), quien pone en evidencia<br />

que la ley de caída tendencial de la tasa de ganancia no excluye, en forma alguna, que aumente en<br />

ALGUNOS MODELOS Y CATEGORÍAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE LA FASE ACTUAL DEL CAPITALISMO MUNDIALIZADO<br />

475


términos absolutos la masa de trabajo puesta en movimiento y explotada por el capital social y, por<br />

tanto, también la masa absoluta de plusvalía de la cual este se apropia.<br />

La caída de la tasa de ganancia no se deriva de la disminución absoluta, sino solo de la disminución<br />

relativa del elemento variable del capital, con respecto al elemento constante. Se deduce de allí, pues, en<br />

el proceso capitalista de acumulación, que la incrementada masa de medios de producción puede libremente<br />

disponer de una también crecida población obrera o, mejor, de una masa de trabajadores asalariados<br />

en aumento. En ese sentido, puede darse un aumento de la masa de plustrabajo –y por tanto de<br />

la masa de ganancia– adquirida por el capital social, pero, simultáneamente, el valor del capital constante<br />

sigue aumentando más rápidamente que el del capital variable. De esta manera, el capital social<br />

consigue un incremento de la masa absoluta de ganancia y una disminución de la tasa de ganancia.<br />

Está claro que –tal como el mismo Marx previó al exponer el tema– hay influencias antagónicas que<br />

no dejan de incidir en esto y en parte neutralizan la acción de la ley de caída de la tasa de ganancia, que<br />

sin embargo se mantiene como tendencia (como, por ejemplo, el aumento del grado de explotación<br />

del trabajo, la reducción del salario por debajo de su valor, la disminución del precio de los elementos<br />

del capital constante, la sobrepoblación relativa o el comercio exterior).<br />

4. Renta y plusganancias<br />

1. En los países de capitalismo maduro, durante los últimos 25 años, en particular, el proceso de<br />

desarrollo industrial ha estado marcado por un fuerte aumento de la productividad del trabajo, al que<br />

ha correspondido un ahorro de trabajo que excede decididamente la creación de nuevas oportunidades<br />

de empleo.<br />

En efecto, los contundentes incrementos de productividad, debidos a intensos procesos de innovación<br />

tecnológica y a una consecuente redefinición del mercado laboral, se han traducido exclusivamente<br />

en aumentos vertiginosos de las ganancias y de las diversas formas de remuneración de un único<br />

factor productivo, el capital 7 . El factor trabajo no ha recibido ningún tipo de beneficio en términos de<br />

retribución real por esa causa, pues no se ha producido aumento alguno del empleo ni un incremento<br />

correspondiente de los salarios reales, ni mucho menos una reducción proporcional del horario laboral.<br />

Ni siquiera se han mantenido los niveles previos de salario indirecto, cuantificables a través del gasto<br />

social en su conjunto. En cuanto a la inversión, se nota un evidente enlentecimiento, ya que casi todos<br />

los países de los tres grandes polos económicos han reducido fuertemente las inversiones públicas<br />

(excepto las referidas a gastos militares en general), y la inversión privada real y material apenas crece<br />

penosamente, salvo en algunos casos que, de cualquier forma, se concentra sustancialmente en las<br />

nuevas tecnologías de la información y de los recursos inmateriales.<br />

Son estos los aspectos realmente innovadores de la fase actual de acumulación flexible y financiarización;<br />

este es el verdadero rostro de lo que con razón puede llamarse la new economy del crecimiento<br />

destructivo sin desarrollo social.<br />

2. Si el fenómeno que caracteriza al capitalismo es la (re)producción de capital, su (auto)valorización,<br />

¿cómo explicar entonces un hecho aun así actual y persistente como la renta, que no produce capital?<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

476


Ciertamente ella, como institución social y económica, precede al capitalismo, e incluso por muchos<br />

siglos. Su característica fundamental es que no instaura relación alguna de explotación ni de producción<br />

de capital: no hay fuerza de trabajo empleada. Por medio de la renta no se produce ningún valor.<br />

Es solamente una forma de distribución de plusvalía entre la clase dominante rentista 8 . Si lo que se<br />

distribuye es W, podemos sostener, en última instancia, que el trabajo vivo es fuente de riqueza también<br />

para una clase parasitaria como la rentista y no solo para la capitalista. Quede claro que la figura<br />

de quien “vive de la renta” (en contraposición a la clase que vive del trabajo, como la define Antunes)<br />

no es tan “rígida” e inmediatamente reconocible como aquella que se define en un nivel abstracto, o<br />

como las viejas –y en algunos casos todavía sobrevivientes– figuras típicas de rentistas (latifundistas,<br />

propietarios de grandes complejos inmobiliarios). La renta caracteriza hoy también a algunas capas de<br />

la burguesía media (o incluso del proletariado, si se piensa en eventuales herencias o en los intereses<br />

derivados de la propiedad de modestos paquetes de títulos accionarios). Es interesante observar cómo,<br />

en un período de crisis de las “capas medias”, como el actual, la renta puede cumplir una importante<br />

función de “amortiguación”, al permitir a las familias de esas clases sociales hacer frente a la disminución<br />

de su poder adquisitivo, gracias a la fuente adicional de ingreso que ella representa.<br />

La renta puede manifestarse de muchas formas concretas; las más importantes son la financiera, la<br />

inmobiliaria, la agraria y la de situación.<br />

La crisis de sobreproducción, con su exceso de mercancías producidas pero no valorizables, impulsa<br />

o puede impulsar al capital a buscar utilidades en el sector rentístico, en caso de no encontrar<br />

instrumentos eficaces para salir de la crisis o cuando esta alcanza niveles tales de acumulación que no<br />

permiten ya la inversión útil en otros sectores o lugares.<br />

La forma más agresiva de renta se encuentra en el sector financiero, que, sobre todo en los países de<br />

capitalismo maduro y a pesar de su aparente fragmentación, está extremadamente centralizado. Es en<br />

ese ámbito que el sector oligopólico consigue imponer su propia supremacía, incluso a los demás sectores<br />

de la clase capitalista y a las clases medias. Hoy este sector se caracteriza por un fenómeno típico de<br />

los países de capitalismo maduro, como es el de estructurarse en forma tal de incluir, en el mecanismo<br />

financiero de redistribución, a la clase trabajadora: gracias a la “democratización del capital” (¡como<br />

si fuesen suficientes unas pocas acciones para convertirse en capitalista!), las finanzas han logrado<br />

hacer entrar a la clase media y al proletariado en su “máquina” de guerra clasista (si el welfare State<br />

redistribuía hacia abajo, el juego “suma cero” de las finanzas lo hace siempre hacia lo alto). Ocurrió<br />

esto primero como efecto de los espejismos de la ganancia fácil en la bolsa, y luego ya como resultado<br />

de “coerciones legales”, directas o indirectas: seguros (privados) de vida y contra incidentes, fondos<br />

(privados) de previsión y de pensión (si no hay ya un Estado que te proteja con su red previsional…<br />

¡tienes que protegerte por ti mismo!) 9 .<br />

La clase capitalista recoge y cosecha, pues, los ahorros de aquellos a quienes previamente ha explotado.<br />

La parte del salario percibido que no es inmediatamente consumida, concurre a sostener esa<br />

desmesurada cosecha de capitales que caracteriza al MPC. Y si las inversiones bursátiles de las clases<br />

medias y proletaria tienden a menguar por insuficiencia del ingreso o del salario 10 , las grandes finanzas<br />

logran, de todas formas, recoger una enorme cantidad de dinero gracias, precisamente, a la privatización<br />

de las pensiones (fondos) y de los seguros 11 .<br />

Si un fenómeno como este puede no ser inmediatamente visible, más directamente destructivos de<br />

las condiciones de vida del proletariado y de las clases medias resultan, en cambio, las plusganancias<br />

ALGUNOS MODELOS Y CATEGORÍAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE LA FASE ACTUAL DEL CAPITALISMO MUNDIALIZADO<br />

477


o, mejor, superrentas, que se derivan del negocio inmobiliario (baste señalar como ejemplo los niveles<br />

estratosféricos que durante los últimos años han alcanzado en Italia los cánones de arrendamiento en<br />

las edificaciones residenciales).<br />

3. La renta, en definitiva, produce una clase dominante 12 que vive de la redistribución de la riqueza<br />

producida por la clase trabajadora, sin participar mínimamente en el proceso productivo. Y si en su<br />

forma financiera incide un poco sobre todas las clases sociales, en sus formas inmobiliaria y agraria 13<br />

afecta, sobre todo, a las clases subalternas, al proletariado (considérese la persistente centralidad de la<br />

renta agraria en los países subdesarrollados). La renta, pues, produce una clase de parásitos que viven<br />

del trabajo ajeno sin siquiera ensuciarse las manos con el proceso productivo.<br />

Eso significa que los procesos de inversión y de acumulación capitalista de tipo flexible están cambiando<br />

completamente el horizonte. La competencia global asume cada vez más rasgos financieros y,<br />

por tanto, los incrementos de productividad, que han tenido lugar para exclusiva ventaja de la ganancia<br />

y del capital, se transforman predominantemente en inversiones financieras, internas o externas, y en<br />

inversiones en recursos inmateriales del capital intangible, mientras que aquellas de tipo productivo,<br />

capaces de crear ocupación, se tornan completamente secundarias.<br />

En el caso de los países de la OCDE, cerca de tres cuartas partes de las operaciones de inversión en<br />

el extranjero han tomado la forma de adquisición y de fusión de empresas ya existentes, o de cambio<br />

de propiedad del capital existente, muchas veces seguido esto por reestructuraciones de procesos y de<br />

productos que han determinado desocupación y precariedad, sin creación alguna de nuevos medios<br />

de producción. Y allí donde se han producido inversiones productivas, estas no necesariamente han<br />

disminuido la desocupación y la pobreza, sino antes bien al contrario. La prioridad en las operaciones<br />

de adquisición y de fusión de empresas existentes concierne también a las inversiones fuera<br />

de la OCDE, en búsqueda de concentraciones compatibles con los movimientos internacionales del<br />

capital financiero.<br />

— notas —<br />

1 Esto, sin embargo, no siempre se cumple. Piénsese en esos sectores que nacen ya oligo(mono)pólicos, como las actuales biotecnología,<br />

nanotecnología, etcétera.<br />

2 El industrialismo, como forma organizativa de producción, permite superar potencialmente la escasez de mercancías, que es<br />

inducida-reintroducida solo por la ley del valor.<br />

3 Baste el ejemplo de las nuevas tecnologías informáticas y de Internet: hasta hace 15-20 años, nadie apostaba un centavo a<br />

su explosión como nuevo mercado. ¡Y sin embargo alguien (el empresario schumpeteriano*) lo intentó seriamente! Función<br />

que, en este caso en particular, y al menos en las fases iniciales, fue asumida por figuras de la ingeniería informática. Una bella<br />

“excursión” –casi un viaje antropológico– por el mundo del Silicon Valley de los ingenieros informáticos es la que se puede<br />

leer en Lewis (2000), que de hecho es la biografía de James Clark, es decir, el fundador de empresas como Netscape y Silicon<br />

Graphics e ideador de las telecomputadoras que una década más tarde comenzaron a popularizarse.<br />

* (n.t.) Por referencia a Joseph Alois Schumpeter, economista austríaco.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

478


4 Sobre estos problemas, sobre la metodología agregativa utilizada por Marx y sobre los procesos de establecimiento de la tasa<br />

media de ganancia, cfr. Baldissera (2003: cap. I). Pala (en Giussani, Moseley, Ochoa, 1989: 39-40) distingue entre caída tendencial<br />

y caída tout court de la tasa de ganancia. Mientras la primera es un proceso de amplio aliento y tiende a tener como<br />

momento de referencia la transición, identificando así una fase de crisis final del sistema capitalista, la segunda es de naturaleza<br />

cíclica y le siguen el reinicio en un nuevo ciclo de acumulación y, por tanto, la recuperación de dicha tasa: “La caída de la tasa de<br />

ganancia que inicialmente acompaña a la innovación tecnológica es un elemento de oscilación sobre esa tendencia de fondo<br />

[la de la caída tendencial de la tasa]” (39). Entonces, mientras la caída tendencial es “la contradicción de fondo, inmanente al<br />

modo de producción en sí; la otra es la contradicción cíclica, que atañe al momento de confrontación crítica entre las determinaciones<br />

de la producción y las de la circulación” (40).<br />

5 El capital constante se divide en K fijo y K circulante. En un proceso de acumulación T’’, posterior a T’, es K circulante lo que<br />

entra en los costos, y no K fijo (cfr. Jaffe, 1973: 77 ss.). Si el capital fijo indica el valor de los medios de producción, es decir, de<br />

los instrumentos de trabajo, en lo que toca a la parte consumida en el proceso productivo, el capital circulante indica el valor<br />

de las materias primas utilizadas, vale decir, el valor de los “factores productivos” totalmente consumidos durante ese proceso.<br />

Podemos entonces escribir: K = kf + kc, donde K es capital constante, kf es capital constante fijo y kc es capital constante<br />

circulante. Sobre estos temas, cfr. nuevamente Baldissera (2003).<br />

6 Un incremento de la tasa de W, en cierta forma consistente, aun si no equivalente a la de la COC, probablemente permitiría al<br />

capitalista seguir “apreciando” la tasa de ganancia derivada y permanecer en su sector productivo, pero eso no quita que la ley<br />

de la caída tendencial de la tasa media de ganancia actúe igualmente.<br />

7 Sobre estos temas, también más adelante, se hará frecuente referencia a Martufi, Vasapollo (1999; 2000a; 2000b).<br />

8 Cuando habla de clases sociales, Marx define su modelo “binario” de capitalistas-proletarios en referencia al MPC “puro”, pero<br />

no se olvida de incluir, en el análisis del MPC “concreto”, el hecho de que en este perviven instituciones propias de modos de<br />

producción previos al capitalismo, como la clase de los rentistas, que, aun sin ser capitalista, con base en su relación de renta,<br />

sobrevive y en cierto sentido prospera justamente gracias al capitalismo.<br />

9 Cfr., entre otros, Glyn, Hughes, Lipietz, Singh (1990).<br />

10 En Italia, por ejemplo, cerca de 50% de las familias dedica mes a mes todo su ingreso a la sobrevivencia y aún debe recurrir<br />

cada vez más al crédito al consumo. En tales condiciones es ciertamente difícil asumir formas de inversión especulativa.<br />

11 Gattei (1995: 117), a propósito de seguros y fondos de pensiones, escribe que “los grandes recolectores del dinero necesario<br />

para un eventual o posible proceso de acumulación del imperialismo del siglo xxi no son los bancos, no es el Estado; son, en<br />

cambio, las grandes compañías aseguradoras”. En esa perspectiva, el ahorro de las clases media y proletaria sirve precisamente<br />

para financiar nuevos ciclos de acumulación de capital.<br />

12 Que al reinvertir el dinero en forma tal de capitalizarlo, valorizándolo, puede convertirse en capitalista. Pero ya hemos dicho<br />

también que muchas veces son los mismos capitalistas los que se limitan a ser predominantemente “rentistas”, al no poder<br />

invertir su propio capital.<br />

13 Aunque la agraria en particular, gracias a las biotecnologías y a los OGM**, ha sido reintroducida, y lo será cada vez más contundentemente<br />

en el futuro en los países de capitalismo maduro.<br />

** (n.t.) Organismos genéticamente manipulados.<br />

ALGUNOS MODELOS Y CATEGORÍAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE LA FASE ACTUAL DEL CAPITALISMO MUNDIALIZADO<br />

479


Capítulo II<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

1. La primera revolución industrial<br />

1. Es preciso tener en cuenta el hecho de que los instrumentos de la teoría y de la política económica<br />

capitalista fueron diseñados en una fase de larga acumulación del capitalismo, que en tales momentos<br />

atravesaba un período de cambio y de crisis estructural. Así, cuando se pone el acento en la crisis del<br />

modelo socialista de planificación central, no se debe olvidar que la crisis del modelo de acumulación<br />

capitalista la precede en quince años.<br />

Los problemas del sistema capitalista mundial se han traducido en una pérdida de relevancia de<br />

las teorías económicas dominantes, en particular de la síntesis neoclásica keynesiana-marginalista, que<br />

dominó todo el período de la hegemonía mundial de Estados Unidos. El análisis de la crisis estructural<br />

del capitalismo es un elemento central en la posibilidad de reconstruir una economía política crítica,<br />

adaptada en sus conceptos e instrumentos de intervención sociopolítica a las nuevas reglas de funcionamiento<br />

del capital.


2. El capitalismo ha vivido dos grandes fases de acumulación, conocidas en la historia con el nombre<br />

de “revoluciones industriales”. A diferencia de las revoluciones políticas, las económicas duran varias<br />

décadas. Y apenas alcanzan todas sus dimensiones sociales y espaciales, configurando un nuevo modelo<br />

de desarrollo, este deja rápidamente de funcionar con regularidad y comienza a desmoronarse, dando<br />

lugar a la aparición de nuevos elementos que configurarán a su vez otro modelo de acumulación<br />

capitalista.<br />

Las modalidades según las cuales estos elementos se organizan para hacer realidad el fenómeno<br />

del crecimiento, es uno de los problemas que se plantearon los economistas clásicos, impactados por<br />

la evidencia del proceso en las primeras fases de la revolución industrial. Sus obras constituyeron, en<br />

buena medida, un intento de explicar las razones históricas que habían hecho posible aquel fenómeno,<br />

al tiempo que consideraban, asimismo, cuáles eran las repercusiones, las variables y las circunstancias<br />

necesarias para la repetición, la perpetuación o la corrección del ciclo (Ormerod, 1994: 16 ss.).<br />

3. La primera revolución industrial, que está en el origen del sistema capitalista, presupone importantes<br />

cambios estructurales:<br />

a) Nacimiento del Estado burgués, funcional al proceso de producción (función de apoyo al<br />

sistema).<br />

b) Creación de una acumulación de capital basada en la explotación del oro y la plata de América<br />

Latina y de la mano de obra esclava de África.<br />

c) Uso creciente de la energía mineral (carbón) para producir, en sustitución de la energía humana<br />

o animal.<br />

d) Comienzo del maquinismo.<br />

e) Transferencia del poder social, que pasa del rey y los emperadores (derecho divino) a Gobiernos<br />

civiles en representación de los propietarios capitalistas (derecho comercial).<br />

f) Aparición de las fábricas.<br />

g) Aparición de la clase obrera.<br />

La primera revolución industrial aportó grandes transformaciones de todo tipo: institucionales,<br />

sociales y tecnológicas. La gran invención de la época fue la fábrica (Marx, 1978: tomo I, cap. XIII).<br />

Llegar a concentrar en un espacio limitado a hombres y máquinas, y ponerlos a producir mercancías<br />

que eran propiedad del dueño de esas máquinas, presupuso uno de los mayores cambios en la historia<br />

de la humanidad, y no logró imponerse como sistema de producción sino tras décadas de lucha y<br />

conflicto, sobre todo para expulsar a los campesinos y a los pobres de las zonas rurales, concentrarlos<br />

en las ciudades y transformarlos en proletarios (Polanyi, 1989).<br />

Desde el momento en que la fábrica se va perfilando como la forma dominante de producción de<br />

bienes sociales, el escenario principal del conflicto social se traslada a su seno. Raramente la historia<br />

que se escribe incursiona en la fábrica; la imagen que tenemos de la realidad está distorsionada por ese<br />

hecho, ya que la historia oficial que conocemos se desarrolla toda o casi por completo en los espacios<br />

públicos y, como mucho, accede cada tanto a los conflictos para dar sus motivaciones en términos<br />

étnicos, religiosos o de celos e intrigas personales. Solo pocos historiógrafos nos cuentan lo que ocurre<br />

allí donde las personas se expresan como seres humanos socializados, es decir, en el puesto de trabajo 1 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

482


2. La segunda revolución industrial y el fordismo<br />

1. El modo en que se había organizado este sistema desde fines del siglo xviii, entra en crisis en 1871.<br />

En sus orígenes, la crisis de finales del siglo xix revela las contradicciones entonces existentes entre<br />

algunas potencias imperialistas, que cuestionan el dominio de Inglaterra sobre el comercio y los mercados<br />

de ultramar. Pero evidentes son también las contradicciones en el seno de las fábricas, donde el<br />

dominio de los propietarios es puesto en discusión, de manera creciente, por una clase obrera cada vez<br />

más consciente de sí misma y que desde algunas décadas atrás cuenta con un programa político y una<br />

alternativa social propia, basada en su emancipación como clase.<br />

Entre 1871 y 1896 se producen nuevos cambios estructurales que marcan el origen de la segunda<br />

revolución industrial, la cual tuvo, entre otras, las siguientes consecuencias:<br />

a) Se producen diversos avances tecnológicos<br />

(de la energía a vapor de agua y carbón se<br />

pasa a la eléctrica).<br />

b) Se completa la sustitución de la madera por<br />

el acero.<br />

c) La siderúrgica, base de la primera revolución<br />

industrial, cede el paso a nuevos sectores<br />

industriales (como el químico).<br />

d) Se produce una gran revolución en el sistema<br />

de transporte (de la vela al vapor).<br />

e) Se inventa el automóvil como medio de<br />

transporte individual.<br />

f) Se acelera la concentración y centralización<br />

del capital y se pasa de la competencia al<br />

monopolio, con la consiguiente aparición<br />

de las primeras multinacionales.<br />

Primeras multinacionales<br />

Estados Unidos: Singer (1867), United Fruit,<br />

Babcock Wilcox, Standard Oil, General Electric<br />

(1880-1883), Bethleehem Steel, Alcoa (1890-1891),<br />

Texaco, Coca Cola, Gulf (1905-1912).<br />

Alemania: BASF, Hoechst y Siemens (1878-1879).<br />

Holanda: Unilever (1888), Royal Dutch-Shell, tb.<br />

GB (1907).<br />

Suiza: Brown-Boveri, Ciba Geigy, Nestlé (1893-1899).<br />

Canadá: International Nickel (1902).<br />

Francia: Air Liquide (1910).<br />

Gran Bretaña: Courtlands (1911).<br />

Fuente: Arriola, Aguilar (1995).<br />

2. La segunda revolución industrial implica un nuevo salto en la productividad, es decir, en la capacidad<br />

de la economía para producir bienes y servicios. Las nuevas formas de organizar la producción y<br />

el consumo serán la novedad más radical de esta fase del capitalismo.<br />

En el siglo xix, la productividad crece mientras los salarios son de subsistencia, lo que determina<br />

que la diferencia vaya toda a la acumulación. Por el contrario, durante la segunda revolución industrial<br />

–que se desarrolla en la primera mitad del siglo xx– se produce un todavía mayor crecimiento de la<br />

productividad, pero también un gran cambio estructural, que parcialmente engloba a los salarios en<br />

la repartición del excedente.<br />

Si bien el inicio de esta fase varió de un país a otro según su grado de desarrollo, se le da el nombre<br />

común de fordismo, ya que fue el nuevo “contrato social” instaurado en la compañía Ford lo que sirvió<br />

de base para este cambio, este nuevo modelo.<br />

Henry Ford lleva a cabo un importante avance tecnológico que le permite producir una mayor<br />

cantidad de vehículos: la invención de la cadena de montaje, que se traduce no solo en incremento<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

483


de la productividad, sino también en disminución de los costos. Hasta ese momento, solo las clases<br />

sociales más altas compraban automóviles.<br />

Esa situación cambia a partir de la creación de la cadena de montaje y de una estrategia empresarial<br />

basada en el aumento de la productividad y de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, al subir<br />

los salarios a cinco dólares diarios, en lugar de los dos o tres que eran usuales en esa industria. Los<br />

trabajadores se hacen así poseedores del ingreso necesario para adquirir una parte de los vehículos que<br />

ellos mismos producen.<br />

La revolución tecnológica de la cadena de montaje se completó con la automatización de muchas<br />

fases del proceso productivo, y culminó en los años cincuenta y sesenta con el despliegue de las máquinas<br />

de control numérico y un nuevo impulso a la productividad.<br />

3. El fordismo implicó, pues, muchos cambios institucionales. Presupuso la participación del Estado<br />

en la actividad económica, con nuevas funciones expresadas en la política del New Deal del presidente<br />

Roosevelt, que teorizó John Maynard Keynes.<br />

El cambio de la función del Estado comienza a fines del siglo xix. Por una parte, se refuerza su papel<br />

en la organización de la explotación colonial (véase el Tratado de Berlín, de 1885, para la repartición<br />

de África) y, por otra, se introducen dos innovaciones radicales:<br />

a) El incremento de la legitimación, con el voto universal (masculino).<br />

b) La centralización del control monetario (aparecen los bancos centrales).<br />

A partir de la experiencia del New Deal norteamericano y también de la organización nacionalsocialista<br />

del Estado alemán, durante la Segunda Guerra Mundial –cuando se consolida la hegemonía<br />

estadounidense– se aplicará la tercera gran novedad en materia de regulación estatal: a través<br />

de la centralización monetaria, el Estado se inicia en la práctica de intervenir en la regulación del<br />

ciclo económico, vale decir, en la organización de una política económica, en su doble dimensión:<br />

macroeconómica y de políticas sociales (aparición de los primeros sistemas públicos de previsión<br />

social).<br />

4. Otros elementos constituyentes del período fordista son:<br />

a) La generalización de la negociación colectiva para regular la relación entre aumentos de productividad<br />

e incrementos salariales.<br />

b) La hegemonía de Estados Unidos, que sustituye a la Gran Bretaña en la cúspide de la jerarquía<br />

mundial, con una moneda (el dólar) que se convierte en sistema de pago internacional y que<br />

remplaza al oro como reserva de valor internacional en los bancos centrales.<br />

c) La subordinación de las antiguas colonias a una división internacional del trabajo por la cual se<br />

ven limitadas a suministrar materias primas a la industria, a precios decrecientes en relación con<br />

los precios industriales y de bienes de consumo obrero a bajo costo (como los textiles).<br />

d) Un elevado consumo de energía fósil, obtenida a bajo costo en los países periféricos (sustitución<br />

del carbón por el petróleo).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

484


Este modelo de desarrollo excluye de sus beneficios a casi toda la población mundial. La principal<br />

característica del subdesarrollo será la no participación de la mayoría de los trabajadores en el proceso<br />

de crecimiento de los salarios que acompaña a los aumentos de productividad.<br />

3. El concepto de crisis<br />

1. El nuevo modelo de desarrollo, que se va delineando durante la crisis de fines del siglo xix y el<br />

primer tercio del xx, se aplica en toda su dimensión a partir de la Segunda Guerra Mundial y hasta<br />

1971, año en que se resquebraja el sistema monetario internacional que regulaba el espacio de los flujos<br />

capitalistas de mercancías y dinero, con lo que se anuncia la nueva crisis global del sistema. El noequilibrio<br />

es un elemento esencial del funcionamiento de la economía capitalista, por más que la teoría<br />

económica convencional quiera ocultar esa realidad y se analicen los problemas desde una perspectiva<br />

de equilibrio. El no-equilibrio adquiere sus mayores dimensiones cuando se presenta en forma de crisis<br />

económica (en cuyo caso es mejor hablar de desequilibrio).<br />

Una crisis (estructural) se diferencia de una recesión o una depresión (cíclica) porque se combinan<br />

un conjunto de disfunciones que interactúan mutuamente, reforzando un modelo de comportamiento<br />

inestable que desemboca en la paralización del modelo de desarrollo, en la interrupción de la regularidad<br />

del proceso de acumulación.<br />

Las grandes crisis capitalistas se producen cuando las condiciones de la acumulación estable y<br />

sostenida pierden su efectividad.<br />

Cuando esto sucede, es todo el modelo de desarrollo, en todas sus dimensiones, lo que se pone en<br />

tela de juicio y la superación de la crisis exige la puesta en marcha de nuevas condiciones de acumulación,<br />

articuladas entre sí en un modelo que revitalice el sistema.<br />

2. Se pueden identificar cuatro áreas fundamentales de la economía que, al combinar sus problemas de<br />

funcionamiento, pueden desembocar en una crisis del sistema:<br />

a) La estructura macroeconómica (que los autores de la escuela francesa de la “regulación” denominan<br />

“régimen de acumulación”), que define la relación entre acumulación (inversión), productividad<br />

y consumo, y expresa el rendimiento del capital. Frecuentemente los economistas limitan<br />

su análisis a esta dimensión, disminuyendo así su utilidad como descripción de la realidad.<br />

b) El sistema de producción, que bajo el fordismo se caracterizó, como ya se ha dicho, por el predominio<br />

de la cadena de montaje y la automatización de las máquinas, que permitieron establecer<br />

un sistema de elevada productividad y explotación de la fuerza de trabajo a cambio de un<br />

crecimiento sostenido de los salarios y de la correlativa capacidad adquisitiva.<br />

c) Las reglas de coordinación (el “modo de regulación”, para la escuela de la regulación) 2 , que definen<br />

el ámbito institucional de la economía; es decir, la particular configuración de funciones y mecanismos<br />

de intervención social en esta. Las leyes normalmente plasman el conjunto de normas vigentes<br />

en un determinado modelo de desarrollo. Así, en los inicios del capitalismo, la supresión<br />

de las leyes sobre la pobreza –que obligaban al mantenimiento de los pobres y mendigos– fue<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

485


determinante para obligar a grandes masas de la población a ofrecerse como asalariados. En la<br />

India, las leyes que prohibían la fabricación de prendas de vestir favorecieron ampliamente a<br />

la industria textil británica. Y etcétera. En nuestros tiempos, las reglas fundamentales del modelo<br />

de desarrollo fordista son la negociación colectiva, el sistema fiscal de impuestos y transferencias<br />

públicas y la política anticíclica, por medio de la cual el Estado suaviza las oscilaciones de la<br />

economía entre períodos de crecimiento y de recesión.<br />

d) El orden internacional, que, sustentado en la hegemonía de Estados Unidos, se traduce en un<br />

sistema monetario internacional basado en el dólar como medio de pago e instrumento de<br />

reserva, así como en un intercambio desigual entre países del centro y de la periferia y en un<br />

sistema institucional que refleja el predominio de Estados Unidos y sus aliados sobre la mayoría<br />

de los países del mundo, en el cual el FMI, el BM, la OMC y la OTAN son las columnas fundamentales,<br />

mientras la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las Naciones Unidas<br />

desempeñan un papel secundario.<br />

3. La crisis normalmente se presenta como una situación especial en el funcionamiento del sistema.<br />

Sin embargo, en los últimos cien años se han producido tres grandes crisis mundiales: de 1871 a 1896,<br />

de 1921 a 1939 y de 1971 hasta hoy. En otras palabras, a lo largo del siglo xx han sido más los años de<br />

crisis que los de normalidad económica.<br />

Comoquiera que la crisis parece ser la normalidad, lo que hay que explicar no es por qué se produce<br />

la crisis, sino por qué en algunos años no la hay.<br />

En las crisis estructurales, la dinámica de la acumulación se deteriora, se rompe. Obviamente,<br />

entre los períodos de crisis hubo también fases de oscilación económica. Así, dentro de la larga fase<br />

de crisis en la que todavía estamos inmersos, la economía mejoró en los años que van de 1986 a 1990<br />

y empeoró de 1991 a 1994. Entre 1996 y 1998, la economía entró de nuevo en una fase de expansión y<br />

en 1999-2000, en una nueva fase recesiva.<br />

Por tanto, las crisis marcan el final de una fase en la acumulación capitalista y su superación, el inicio<br />

de una nueva fase histórica. Las crisis estructurales solo se superan cuando los bloques estructurales<br />

que las han producido son sustituidos con nuevas formas de organización social y económica.<br />

La “reina” de las crisis capitalistas es sin duda la de sobreproducción generalizada de mercancías. Pero<br />

no debe interpretarse esto como una crisis debida a la producción excesiva de bienes, con respecto a<br />

las necesidades reales de las masas. Hay sobreproducción, en sentido marxista, cuando la abundancia<br />

(relativa) de mercancías es tal que no resultan ya rentables. Esto significa que su eventual venta en el<br />

mercado no permitiría la realización de ganancias.<br />

Se han de diferenciar entonces los dos aspectos de la mercancía: como valor de uso, ella puede ser<br />

necesitada por las masas y, al mismo tiempo, como valor de intercambio, ser un excedente.<br />

Lo pone en evidencia Pal (1982: 119):<br />

Esa posibilidad de la crisis se torna real, pues apenas se considera la producción de mercancías en<br />

su efectivo sentido capitalista, vale decir, como proceso dirigido a la valorización del capital. En este<br />

caso, en efecto, no solo la compra y la venta son hechos separados, sino que la producción de valor (y<br />

de ganancia) y su realización, además de separadas, están sujetas a leyes sociales independientes una de<br />

la otra, en tanto que derivadas de centros de decisión que son en sí mismos realmente independientes,<br />

sean ellos capitalistas, sean trabajadores que venden su fuerza de trabajo, con los demás componentes<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

486


sociales capaces de adquirir las mercancías producidas. Todas estas circunstancias hacen que –con<br />

el despliegue de la producción, de la acumulación y del desarrollo cuantitativo sobre determinadas<br />

bases técnicas y sociales– la capacidad del capital para producir valores supere incesantemente su<br />

capacidad de crear las condiciones históricas para que esos valores sean absorbidos. Quede claro: lo<br />

que falta no son las condiciones de una comunidad que pueda absorber los objetos producidos, en<br />

tanto que capaces de satisfacer las necesidades de la población mundial; por el contrario, estamos<br />

muy lejos del momento en que todas las necesidades de las masas puedan ser realmente satisfechas.<br />

Lo que falta son las condiciones –capitalistas– para que los objetos producidos como mercancía<br />

sean vendidos, todos, a los precios que garanticen la ganancia a los capitalistas que las han hecho<br />

producir. Se trata, en fin, de la más grande paradoja de la historia: la subproducción de objetos de<br />

uso común para la humanidad entera se presenta en el capitalismo como sobreproducción generalizada<br />

de mercancías.<br />

4. El siguiente gráfico señala los puntos en los cuales se produce el factor de crisis en cada esfera y<br />

su confluencia en la crisis general de rendimiento o remuneración del capital (y por tanto, crisis de<br />

acumulación). Además este se complementa con el cuadro que resume las principales características del<br />

modelo de desarrollo fordista y los factores que desencadenaron su crisis.<br />

Macroeconomía:<br />

desaceleración de la productividad<br />

1967-1969<br />

Orden internacional:<br />

crisis de hegemonía de Estados Unidos<br />

y aumento de los precios de las<br />

materias primas<br />

1971-1973<br />

Disminución de la<br />

remuneración<br />

del capital<br />

Sistema de producción:<br />

resistencia obrera<br />

1946-1980<br />

Reglas de coordinación:<br />

crisis fiscal del Estado<br />

1975-1978<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

487


Régimen económico<br />

(definido por cuatro áreas; un modelo particular de desarrollo debe mostrar<br />

coherencia dentro de cada una y también entre ellas)<br />

contenido estructura de la Redimensionamientos de<br />

era dorada 1945-1968 la era dorada 1968-1979<br />

Estructura<br />

macroeconómica<br />

(régimen de<br />

acumulación)<br />

Relaciones macroeconómicas que<br />

aseguran la perpetuación de la vía<br />

de crecimiento:<br />

– Relación entre salarios y<br />

productividad.<br />

– Relación entre ganancias<br />

y capital empleado.<br />

– Relación entre inversión y consumo<br />

(cadena ganancias-inversionesproductividad-salarios-ganancias).<br />

– Rápido y simultáneo crecimiento<br />

de la productividad y<br />

del stock de capitales.<br />

– Crecimiento simultáneo<br />

de los salarios reales y la<br />

productividad.<br />

– Freno de la productividad.<br />

– Presión sobre las utilidades.<br />

– La tasa de ganancia y<br />

las inversiones.<br />

– La internacionalización.<br />

– Inflación.<br />

Sistema<br />

de producción<br />

Principios generales que rigen<br />

las técnicas de producción y la<br />

organización del trabajo (relación<br />

clave entre inversión e incremento<br />

de la productividad).<br />

Consolidación y extensión de<br />

los principios tayloristas de<br />

organización del trabajo:<br />

– Estandarización rigurosa<br />

de las prácticas de trabajo<br />

– Separación entre la concepción<br />

del trabajo (diseño,<br />

ingeniería) y su ejecución.<br />

Reglas<br />

de coordinación<br />

(modo de<br />

regulación)<br />

Producen compatibilidad entre el<br />

comportamiento individual y las<br />

reglas macroeconómicas:<br />

– Vía de crecimiento.<br />

– Sistema de determinación<br />

de salarios.<br />

– Sistema de determinación de<br />

precios (vías de redistribución<br />

entre salarios y ganancias).<br />

– Políticas fiscales y de crédito,<br />

que garantizan los ingresos<br />

y mantienen la demanda.<br />

– Etcétera.<br />

– Negociación colectiva<br />

de precios, salarios,<br />

productividad y ganancias.<br />

– Determinación de los salarios.<br />

– Estructura de mercado y<br />

determinación de precios<br />

de los bienes industriales.<br />

– Sistemas de transferencia<br />

del Estado social y crecimiento<br />

del sector público.<br />

– Política fiscal y expansión<br />

del sector público.<br />

– Oferta de crédito e inflación.<br />

– Presión sobre el crecimiento<br />

de los salarios reales.<br />

– Presión de la competencia.<br />

– Mantenimiento de los<br />

ingresos y el Estado social.<br />

Orden<br />

internacional<br />

Los países se ponen de acuerdo para<br />

formar un sistema con una particular<br />

configuración del comercio y de<br />

los flujos de capital, que reflejan<br />

una jerarquía de competitividad, y<br />

funciones que siguen ciertas reglas<br />

implícitas o explícitas<br />

– El Plan Marshall.<br />

– La economía mundial<br />

bajo hegemonía de<br />

Estados Unidos.<br />

1945-1968.<br />

– El colapso del sistema de<br />

Bretton Woods.<br />

– Interdependencia creciente de<br />

las economías industriales.<br />

– Orden internacional con<br />

tasas de cambio fluctuantes.<br />

– Países subdesarrollados<br />

y nuevos países<br />

industrializados.<br />

Fuente: Glyn, Hughes, Lipietz y Singh, 1990 (reelaboración propia).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

488


4. Retrato del poder de clase<br />

1. Hay varios factores que indican un cierto agotamiento del fordismo hacia fines de los años sesenta<br />

(Boyer, Durand, 1993). Por una parte, la saturación del mercado de productos ya existentes, introducidos<br />

de forma masiva al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Cuando los habitantes de los países del<br />

centro comienzan a tener todos los artículos de consumo necesarios (TV, lavadora, teléfono, vacaciones<br />

pagadas, etcétera), empieza a producirse una desaceleración en las ventas y por tanto en el crecimiento.<br />

El mercado potencial, que son las grandes masas empobrecidas de los países periféricos, no puede<br />

consumir porque su función en el modelo de desarrollo fordista consiste, precisamente, en trabajar a<br />

cambio de un ingreso de subsistencia, y producir a bajo costo las materias primas y algunos bienes de<br />

lujo o de consumo obrero que requieren los países centrales.<br />

Es sintomático que, desde el desencadenamiento de la crisis a comienzos de los años setenta, solo<br />

dos nuevos productos han entrado en el catálogo del consumo de masas de los países subdesarrollados:<br />

el televisor y la computadora. Donde se observan más cambios es en el contenido de los productos,<br />

más que en la aparición de nuevos productos con nuevas funciones: transistores por chips, acero por<br />

plástico, cables por fibra óptica, etcétera.<br />

Otro factor fundamental fue la redistribución del poder dentro de las fábricas, del capital hacia<br />

el trabajo. Una de las características del modelo es que hizo posible el llamado “pleno empleo” de<br />

la fuerza de trabajo, aun cuando este logro abarcó solamente al 20% de la población mundial y por<br />

un lapso no mayor de dos décadas, entre 1948 y 1968. En efecto, antes y después, en los más de<br />

doscientos años de capitalismo, no ha habido pleno empleo de la fuerza de trabajo, por lo que puede<br />

decirse que ese fenómeno representó más bien una excepción que otra cosa. A pesar de las limitaciones<br />

temporales y espaciales del fenómeno, su combinación con el fortalecimiento de los sindicatos y la<br />

expansión de la negociación colectiva facilitó la organización de la resistencia obrera ante los cambios<br />

tecnológicos en curso.<br />

Esto tuvo, entre otras, las siguientes incidencias (Beaud, 1986):<br />

– Aumento de la tasa de ausentismo 3 .<br />

– Rechazo a las tecnologías de la cadena de montaje y de control numérico de las máquinas.<br />

– Sabotajes a la cadena de montaje y a las máquinas automáticas.<br />

– Reducción de los ritmos de trabajo, impuesta por los trabajadores.<br />

Como resultado, la disminución progresiva de la productividad, unida al incremento constante<br />

de los salarios, da lugar a la consiguiente reducción del excedente empresarial y del rendimiento<br />

del capital.<br />

A todo esto hay que añadir el cambio del panorama político. El sistema internacional adopta la<br />

forma de una jerarquía, que responde al papel que desempeña cada país en la división internacional<br />

del trabajo. En la “pirámide”, en ausencia de autoridades mundiales, se coloca una determinada nación<br />

como “juez-árbitro”, que dicta las reglas del juego en función de las necesidades particulares de reproducción<br />

de sus propios capitales.<br />

A partir de 1871, Alemania y Estados Unidos ponen en discusión la hegemonía británica, que dominó<br />

el terreno durante el siglo xix. Inglaterra entonces comienza a perder parte de su influencia tanto<br />

en el campo militar (la Armada británica), como en el económico (la industria textil y siderúrgica) y<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

489


el financiero (la libra esterlina). La estabilidad de los años treinta no es sustituida por algún otro ordenamiento<br />

estable. Mediante las diversas guerras de la época, Estados Unidos (y el dólar) se coloca a la<br />

cabeza de la economía mundial. Estos cambios implican que se pasa de un sistema de poder británico,<br />

oro-esterlina, a un sistema dólar-oro, estadounidense.<br />

2. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era el único país acreedor y además no<br />

había sufrido los desastres de los otros países aliados; disponía, entonces, de la industria y el dinero<br />

suficientes para fungir de locomotora del desarrollo y reconstrucción de Europa y del mundo.<br />

Este sistema funciona hasta el momento en que la industria de Europa Occidental y de Japón<br />

retoma la carrera para disputarse con las empresas norteamericanas el mercado mundial.<br />

Los tiempos han cambiado. Actualmente (tras las guerras de Corea, Vietnam y las que siguen hasta<br />

el Iraq actual), le cuesta más a Estados Unidos mantener la hegemonía militar que a Inglaterra en el<br />

siglo pasado.<br />

Así, desde fines de los años sesenta, el oro de que dispone Estados Unidos, junto con los dólares<br />

dispersos por el mundo, no llegan a cubrir siquiera la quinta parte de sus haberes. Esto da origen a la<br />

caída del sistema monetario internacional, cuando el presidente Richard Nixon reconoce, en agosto<br />

de 1971, que Estados Unidos no puede ya garantizar la plena convertibilidad del dólar respecto al<br />

oro. Entonces el sistema económico internacional deja de funcionar como lo había hecho hasta ese<br />

momento. En 1976, cinco años después, el FMI reconoce que el sistema monetario ya no existe. Se<br />

dispara la cotización oficial del oro, se eliminan los controles de las tasas de cambio y, con ello, se<br />

concede mayor poder al mercado para fijar tales precios, decisiones estas que marcan el inicio del fin<br />

del ciclo de hegemonía financiera norteamericana hasta entonces existente.<br />

Es en ese momento que en Europa se decide crear el Sistema Monetario Europeo (1978), para<br />

regular sus propios intercambios, y posteriormente la moneda única (1999), para liberarse tanto de la<br />

obligación de defender las tasas de cambio frente a la especulación de los mercados, como de la tutela<br />

de Estados Unidos sobre el sistema internacional de pagos, que en realidad sigue ejerciendo ese país<br />

mediante la función de reserva activa que todavía hoy cumple de manera predominante el dólar.<br />

Otro elemento que influye en el proceso de crisis es el aumento de los precios de las materias primas<br />

en 1973. Hasta ese momento había altos costos salariales y una productividad creciente, asociados<br />

ambos a los bajos costos de aquellas materias. La situación cambia en 1973 y el aumento de sus precios,<br />

especialmente de la energía (petróleo), agrava la crisis de rendimiento iniciada con la desaceleración<br />

de la productividad a fines de los años sesenta. Es así que las ganancias de las empresas se desploman<br />

y muchos países llegan, incluso, a tener un PIB negativo (es decir, la economía no solo no crece, sino<br />

que se contrae).<br />

A esta sucesión de acontecimientos se enfrentan los Gobiernos de la época con las recetas habituales:<br />

se experimentan severas recesiones y se aplican las tradicionales soluciones de aumento del gasto<br />

público para contener la caída de la economía. Pero, como la crisis es de largo plazo, ese incremento,<br />

unido a la disminución o a la desaceleración del ingreso, desemboca en una crisis fiscal del Estado.<br />

3. A partir de 1980 se produce un cambio fundamental. Una nueva conciencia se venía apoderando de<br />

los líderes del mundo capitalista, que interpretan las dimensiones estructurales de la crisis. A fines<br />

de los años setenta, son tres los tipos de respuesta que se presentan como alternativa a la crisis:<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

490


a) Las escuelas convencionales neoclásicas y ortodoxas. Son las promotoras de la economía de la oferta<br />

(escuela de “Buchanan-Reaganomics” o de la Public Choise). Según esta visión, la causa de la<br />

crisis radica en el Estado y se debe a su gasto excesivo, que tiene como efecto la disminución de<br />

la tendencia al ahorro y la inversión. Dentro de estas escuelas, los monetaristas –como Milton<br />

Friedman y Anne Krueger– consideran que la culpa es de los políticos de inspiración keynesiana,<br />

ya que poner mucho dinero en circulación implica que se produzca inflación y, en consecuencia,<br />

la destrucción de la economía. Algo similar plantea la escuela austríaca de Friederick von Hayek,<br />

para la cual es el crédito lo que determina que se produzca inflación (del crédito). Estas corrientes<br />

del pensamiento están presentes en los partidos que se hallan en la oposición, dentro de los<br />

países occidentales, en el período que va de 1973 a 1979. Cuando los conservadores llegan al<br />

poder, en los años ochenta, es con esas ideas que aplican las nuevas políticas económicas.<br />

b) Las teorías keynesianas. Alain Barrére, James Tobin y John K. Galbraith son algunos de sus representantes.<br />

Consideran que hay una crisis de organización, originada en los resultados del sistema<br />

de producción y repartición. La alternativa keynesiana es crear un nuevo pacto social. La crisis<br />

se asocia al hecho de que las nuevas teorías y los políticos del nuevo poder ven a la clase obrera<br />

como parte del problema, no de la solución y, además, no garantizan un rápido aumento del rendimiento<br />

del capital, lo que podría lograrse al impulsar la demanda mediante políticas públicas.<br />

c) Los marxistas. Entre sus diversas corrientes destacan: 1) Los marxistas franceses, cuyos miembros<br />

más dinámicos forman parte de la escuela de la regulación. Alain Lipietz (1983, 1993; asesor<br />

de Miterrand, más tarde convertido en “verde”) sostiene que la crisis es resultado del ocaso de<br />

las leyes de la ganancia. Según esta teoría, se ha producido el agotamiento de los regímenes<br />

de acumulación, tanto extensivos (revolución industrial) como intensivos (siglo xx). 2) La<br />

corriente radical, defendida por economistas como David Gordon, Samuel Bowles, Thomas<br />

Weisskopf (1989) o Bowles y Edwards (1990), quienes analizan la crisis en términos de poder,<br />

tanto de las organizaciones sociales en relación al Estado, como a partir del caso peculiar de<br />

los países productores de energía. 3) La corriente de los ciclos económicos, descubierta a comienzos<br />

del siglo xx por el economista ruso N.D. Kondratiev y defendida, entre otros, por Ernest Mandel<br />

(1986b, 1997b), Mandel, Wallerstein y Kleinknecht (1982), Bernard Rosier (1975) y Rosier y<br />

Dóckes (1983), quienes consideran la existencia de grandes ciclos –de 50 años– en la historia<br />

económica, basados en la tecnología. Actualmente la economía transita un largo ciclo recesivo.<br />

En general, la alternativa que postulan pasa por la sustitución del sistema capitalista por otro en<br />

el que el mercado esté subordinado a la lógica social.<br />

La principal debilidad de los economistas marxistas está en el hecho de que sus propuestas no<br />

forman parte del programa político de ningún sector social relevante de los países desarrollados 4 .<br />

5. La contraofensiva del capital<br />

1. A partir de los años ochenta, los keynesianos quedan expulsados del Gobierno en Estados Unidos.<br />

Ronald Reagan sucede a Jimmy Carter y Margaret Thatcher, a los laboristas británicos. Desde entonces,<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

491


quien toma la iniciativa es el capital en su versión más dinámica, vale decir, el capital multinacional.<br />

Esa iniciativa será tanto política como económica.<br />

Para comenzar, en análisis y estudios como el Informe de la Comisión Trilateral sobre la “gobernabilidad”<br />

de las democracias, de Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki (1975), como<br />

culpable de la situación se señala un cierto relajamiento de los controles sobre la sociedad: un “exceso<br />

de democracia” habría generado una suerte de laxismo frente a las responsabilidades individuales, por<br />

culpa de un Estado excesivamente protector (plena ocupación y gasto social).<br />

Los años ochenta dan testimonio del inicio de la contraofensiva del capital, bajo un nombre con<br />

resonancias del setecientos: el neoliberalismo. Este se presenta como la estrategia más adecuada para<br />

resolver la sofocante crisis. Sus medidas más importantes fueron:<br />

a) Provocar una recesión mundial, con aumentos de la desocupación y de la precarización, para<br />

debilitar el poder de los trabajadores y los sindicatos (en lo que después se denominaría política<br />

de “flexibilidad”). Esta medida coyuntural se completó con la activación de nuevas tecnologías<br />

de automatización de los procesos productivos, que redujeron drásticamente la necesidad<br />

de trabajo.<br />

b) Desligar al Estado de toda apariencia de participación social efectiva, para ponerlo al servicio<br />

de la recuperación del rendimiento empresarial (políticas de “desregulación y competitividad”, de<br />

ajuste y de “privatizaciones”).<br />

c) Retomar el control en la orientación de las políticas de los países del Tercer Mundo.<br />

Para llevar todo eso a cabo se aplicaron las medidas más diversas: golpes de Estado (África y América<br />

Latina) en los años setenta; ataque contra el sistema de las Naciones Unidas, al concentrar el poder<br />

en el Consejo de Seguridad y provocar la crisis financiera de los organismos más vinculados al “Nuevo<br />

Orden Económico Internacional” (NOEI), como la Unctad o la Unesco, en los años ochenta; cambios<br />

tecnológicos para posibilitar la reducción del consumo de determinadas materias primas, abundantes<br />

en el Tercer Mundo (energía) y sustituirlas a largo plazo (con ramas como la fibra óptica); y, en fin, las<br />

políticas conocidas como “programas de ajuste estructural” para el control de las políticas económicas<br />

en los años ochenta y noventa, para lo cual se aprovechó la crisis de la deuda externa, que permitió<br />

debilitar la función redistributiva del Estado, reforzar su carácter de clase y privatizar sus actividades en<br />

beneficio del capital transnacional. Asimismo, continuar la Guerra Fría con el rearmamento ideológico<br />

del proyecto conservador (pasar en lo interno de la lucha defensiva –Estado social, keynesianismo– a<br />

la lucha ofensiva: posmodernismo, nuevo individualismo) e irrumpir en el espacio ocupado por el<br />

comunismo mediante la penetración de viejos y nuevos medios de comunicación de masas (cine,<br />

música, TV, video).<br />

En esta dimensión “cultural” hay otros componentes menos sutiles, como el deterioro de la calidad<br />

de la información en los periódicos y demás medios de comunicación, con el objetivo de reducir la<br />

participación del ciudadano y el exceso de democracia. Esto contribuye a reforzar el carácter elitista de<br />

los grupos que toman las decisiones que atañen al conjunto de los ciudadanos.<br />

Paralelamente a cuanto se ha dicho, los Gobiernos conservadores se propusieron echar nuevas<br />

bases para las relaciones entre países ricos y pobres. Un primer objetivo mundial del neoliberalismo<br />

fue el control de la OPEP. Además, se buscó poner bajo control a los países que, sin pertenecer a esa<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

492


organización, tuviesen petróleo (como en el mar del Norte), con la idea de fragmentarla internamente.<br />

Por otra parte, se procede a un reordenamiento de las instituciones multilaterales (ONU y organismos<br />

financieros internacionales).<br />

Este programa de restauración del poder y dominio del capital en el escenario nacional e internacional<br />

cuenta, entre sus componentes estructurales, con dos factores que sintetizan algunos de los rasgos<br />

más significativos, por el momento, del modelo de desarrollo capitalista que se está proyectando: la<br />

revolución de la información y la nueva globalización o mundialización de la economía.<br />

2. Considérese además que, en particular durante los últimos años de la década de los noventa, las empresas<br />

siguieron generando mucho dinero, que frecuentemente fluyó hacia la especulación financiera<br />

y hacia el incremento de los dividendos.<br />

Esto se explica mediante un simple razonamiento de puntos sucesivos:<br />

a) Se produce un aumento récord de las utilidades netas.<br />

b) Lo anterior no se acompaña con incrementos significativos ni de la facturación ni del valor<br />

agregado.<br />

c) Hay una estabilidad sustancial de los márgenes brutos y netos de operación o explotación.<br />

d) El valor agregado debe ser redistribuido al factor trabajo y al factor capital, pero el primero de<br />

ellos no recibe incrementos ni de salario directo ni de salario indirecto y diferido, y por tanto<br />

tampoco salario social en general.<br />

e) Disminuyen las cargas fiscales y tributarias.<br />

f) Las cargas financieras del endeudamiento caen como consecuencia del menor costo del dinero.<br />

g) En las empresas, los mayores flujos de dinero no se destinan a la inversión y, por el contrario, se<br />

enajenan actividades.<br />

h) Por varios años consecutivos, los dividendos son mayores que los incrementos de capital pagado,<br />

lo que provoca un saldo negativo entre ambos y penaliza de hecho el autofinanciamiento, ya que<br />

los poseedores de acciones continúan en la práctica recibiendo más que cuanto dan.<br />

i) Se registra, finalmente, un decidido mejoramiento de la estructura patrimonial de las sociedades<br />

y disminuye la relación entre débitos financieros y patrimonio neto, hasta tocar valores mucho<br />

más bajos en los últimos 10-12 años, incluso para la diminuta cuota de deudas contraídas con<br />

los bancos, en beneficio de financiamientos a breve plazo negociados con los asociados, gracias<br />

a la centralización de la gestión financiera en cada grupo.<br />

3. Del cuadro que dibujan los puntos anteriores se deduce claramente que las ventajas de que han<br />

gozado las empresas se han quedado exclusivamente en los bolsillos de los empresarios, los gerentes y<br />

accionistas, quienes en modo alguno han “socializado” las óptimas condiciones de crecimiento de estos<br />

últimos años y en particular, por ejemplo, de 1998, año en el que se registraron los mejores resultados<br />

de la última década.<br />

El profit State sigue brindando a los empresarios las más favorables condiciones y otorgando descuentos<br />

excepcionales a la ganancia, y esto no se traduce siquiera en mejoría del gasto social –dado<br />

que disminuye el peso contributivo de las empresas–, ni en un incremento de las inversiones en el<br />

mercado italiano, ni en reducciones del horario laboral, ni en aumentos de salario u otras operaciones<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

493


edistributivas en favor del trabajo. Ni siquiera, finalmente, ha aumentado la ocupación verdadera, a<br />

tiempo completo, con salario pleno y plenos derechos.<br />

Las multinacionales de nuevo estilo son grupos financieros con dominio industrial y una particular<br />

capacidad para acceder, de pleno derecho, a los mercados financieros, sea para colocar sus títulos o para<br />

operar como inversionistas. Este cambio tiene importantes consecuencias para el crecimiento cualitativo<br />

y el nivel financiero de los grupos multinacionales, que adoptan esta nueva forma para convertirse<br />

en grupos financieros de más alto nivel y con dominio industrial, pero con una actividad cada vez más<br />

importante como operadores en los mercados financieros y cambiarios.<br />

Surgen así formaciones industriales “en red”, caracterizadas por la multiplicación de los participantes<br />

minoritarios y por afincarse en numerosas empresas asociadas que tienen, muchas veces, poderíos<br />

económicos fuertemente desiguales.<br />

Efecto de esta evolución ha sido el unir más las fronteras de la internacionalización productiva al<br />

origen de un importante proceso de interferencia entre la ganancia y la renta financiera. Una parte de<br />

los resultados de la llamada empresa globalizada corresponde a sustracciones del excedente de otras<br />

empresas, mediante el trasvase de valores productivos en beneficio de aquellas de corte financiero, lo<br />

que se traduce en incrementos de renta y no en ganancias dirigidas a inversiones productivas capaces<br />

de crear empleo.<br />

6. La revolución de la información o tercera revolución industrial<br />

1. La tercera revolución industrial, que comienza a desarrollarse en los años ochenta, tiene como<br />

componente fundamental la tecnología de la información. También a esta revolución podemos considerarla<br />

como “industrial”. La concepción de la fábrica cambió con las tres precedentes. En la primera,<br />

se reagruparon las oficinas, las mismas máquinas que ya existían estaban en las fábricas y los artesanos<br />

eran los principales trabajadores, como parte del nuevo proletariado industrial. En la segunda, se<br />

introdujeron la cadena de montaje y la organización científica del trabajo, con control de tiempos<br />

y ritmos. Fue la fase de la llamada subsunción del trabajo al capital. El trabajador, aunque inmerso<br />

en una organización empresarial que no era suya ni podía controlar, podía todavía ejercer un cierto<br />

control sobre su propio trabajo (técnicas, calidad, ritmos). La hetero-dirección era menos intensa que<br />

la que sobrevendría luego gracias al maquinismo, que expropia al trabajador hasta de sus propios conocimientos<br />

y calificación, celosamente conservados porque fundamentaban el poder de resistencia de<br />

la fuerza de trabajo subsumida al capital. Será después, con los cambios en el ámbito organizativo, con<br />

la “revolución taylorista”, que el trabajo será despojado y despotenciado: trabajo desnudo y sometido,<br />

contra la potencia desplegada por el capital.<br />

Finalmente, en la tercera revolución industrial se produce, junto con las tecnologías de la información,<br />

la automatización de los procesos. Solo así se entienden casos como el de la FIAT, a comienzos<br />

de los años setenta, que no tuvo problemas en sustituir con robots a una veintena de trabajadores de la<br />

fase de pintura de la cadena de montaje en Turín, ya que si bien los robots eran más caros en términos<br />

contables, no hacían huelga ni provocaban ausentismo (Levidow y Young, 1981). En realidad, ya F.<br />

Taylor decía que lo que había que evitar con la organización científica del trabajo era el control que<br />

mantenía el trabajador sobre el proceso productivo 5 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

494


Otro problema del capital, para retomar el control total del proceso productivo, era la concentración<br />

de todos los trabajadores en la fábrica, lo que le facilitaba a estos la realización de huelgas y otros<br />

conflictos laborales y sociales que se traducían para los industriales en pérdidas. Esto desaparece con<br />

la segmentación y fragmentación de los procesos productivos. En otras palabras, las series largas de la<br />

cadena de montaje, cumplidas dentro de una misma edificación, se transforman en series breves que,<br />

además, se cumplen en diferentes locales. Así, por ejemplo, el Renault 5 tiene 25 distintas versiones<br />

con 25 precios diferentes, aunque esencialmente sea el mismo vehículo. La General Motors no fabrica<br />

ya todos los componentes de un mismo vehículo en una misma fábrica con 25.000 trabajadores. Hoy<br />

día, por ejemplo, el montaje se realiza en España, en una fábrica de 10.000 trabajadores (y con varias<br />

instalaciones de montaje, para disminuir los posibles daños por huelga), mientras que los motores<br />

se hacen en Hamburgo, Alemania, en una fábrica de 5.000 obreros y el resto de los componentes se<br />

subcontratan en su mayoría. Se ahorran así los costos de 10.000 trabajadores, se producen los mismos<br />

componentes y, además, se reduce la posibilidad de conflictos laborales.<br />

Por todo ello, la fragmentación, externalización, deslocalización y subcontratación son la clave de<br />

la nueva manera de producir 6 . Se desarrolla así un sistema reticular de empresas integradas, bien en un<br />

único grupo o en una hilera construida sobre la base de relaciones comerciales de comisión-provisión.<br />

Según las dimensiones y la complejidad del proceso laboral en su conjunto, la producción puede estar<br />

organizada en más o menos niveles, con lo cual se tiene una suerte de pirámide en la que la empresa<br />

madre o contratista principal se entiende con los proveedores de primer nivel, que a su vez comisionan<br />

“porciones” del proceso de trabajo o simples piezas a subproveedores de segundo nivel, tercer nivel,<br />

etcétera. Se construye, pues, una estructura que recibe el input de la gran empresa, posiblemente multinacional,<br />

y en la que de nivel en nivel se reduce la escala de los proveedores, hasta llegar a pequeñas<br />

o aun microscópicas empresas.<br />

El otro elemento de la tercera revolución industrial es el ahorro energético. Así, en los vehículos<br />

se sustituye el acero por plástico, para muchos de sus componentes. O se invierte en investigación<br />

y desarrollo 7 .<br />

De igual forma, una dimensión de la revolución tecnológica que tuvo importantes consecuencias<br />

en el panorama político mundial fue la victoria norteamericana sobre la Unión Soviética en la carrera<br />

armamentista. Esa carrera la ganó Estados Unidos porque los recursos destinados al armamento se<br />

obtienen a costa de disminuir los beneficios sociales, y este proceso fue allí más agudo y brutal que en la<br />

Unión Soviética. La competencia sirvió, indirectamente, para que el sistema capitalista funcionara desde<br />

el punto de vista de la acumulación, ya que el capital internacional logró, por esa vía, transformar<br />

el esfuerzo militar en producción de bienes y servicios de distribución universal. Los descubrimientos<br />

militares fueron financiados con empeño público y el Pentágono era la unidad económica planificada<br />

más grande del mundo. Los avances tecnológicos de la aviación militar, realizados mediante inversión<br />

pública, terminaron por aplicarse en Boeing, Lockheed o General Electric, es decir, en la aviación y<br />

la ingeniería civiles. Las máquinas de control numérico, al igual que Internet, son un claro ejemplo<br />

de tecnología militar transferida al uso civil. La incapacidad de los soviéticos para impulsar una transferencia<br />

de ese tipo generó un costo insoportable para el sistema. La tercera revolución industrial,<br />

que requiere mecanismos muy dinámicos de transferencia horizontal de información, inexistentes e<br />

incompatibles con el carácter totalitario del sistema soviético, se transformó en la barrera definitiva que<br />

le impidió a este último alcanzar el éxito en el plano de la tecnología y de la economía.<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

495


La caída del sistema soviético dejó en Occidente una víctima muy importante: el pacto social de<br />

la posguerra entre capital y trabajo, en los países desarrollados, que se apoyaba en el miedo de los<br />

capitalistas ante el peligro comunista, es decir, ante la posibilidad de perder nuevos territorios y sus<br />

respectivas poblaciones para la acumulación de capital. Muerto el perro, se acabó la rabia: desaparecido<br />

el miedo, la fuerza política que ejercían los trabajadores para imponer su propia participación en la distribución<br />

de la riqueza social se debilita considerablemente, al tiempo que se fortalece el pensamiento<br />

neoliberal centrado en la idea de la sociedad-empresa, en la que lo social es absorbido por el paradigma<br />

de valores empresariales (“lo que es bueno para la empresa, es bueno para la sociedad”).<br />

2. Una de las tecnologías más espectaculares es la de la informática o de la comunicación. Su ingreso<br />

al mercado, a partir de la segunda mitad del siglo xx, determinó un cambio de ritmo en los procesos<br />

generales de innovación de medios de producción, cuya vida útil (como tecnología dominante en un<br />

cierto período para determinadas tareas productivas) se ha hecho hoy mucho más corta. La vida media<br />

de una computadora no supera los tres años y la de un software en sin duda todavía más breve. Así, el<br />

éxito empresarial se basa frecuentemente, y de manera determinante, en la capacidad de renovación del<br />

patrimonio tecnológico (Foray, 2006: 52).<br />

Casi toda esta tecnología se desarrolla después de la Segunda Guerra Mundial. Es sobre todo a<br />

partir de los avances tecnológicos militares del Pentágono, por ejemplo, que la tecnología eléctrica<br />

es sustituida por la electrónica, en un proceso de cambio cuya hegemonía pertenece claramente a<br />

Estados Unidos.<br />

En el lenguaje corriente, con frecuencia se utilizan indistintamente los términos “información” y<br />

“dato”, como si fuesen sinónimos, aunque la mayoría de las disciplinas les atribuyen significados muy<br />

distintos. En general, se considera que el dato describe los aspectos elementales de un evento, aspectos<br />

todavía no evaluados desde el punto de vista de su utilidad, puesto que no tienen una elaboración<br />

inmediata. Por información, en cambio, debe entenderse un conjunto de datos correlacionados y<br />

elaborados para un determinado fin, de manera de satisfacer las exigencias de quien los utiliza, que<br />

puede transformarlos en capital-información primero y en flujo comunicacional después.<br />

Hasta hace poco informar era, de alguna manera, proporcionar no solo la descripción precisa –y<br />

verificada– de un hecho, un acontecimiento, sino también un conjunto de parámetros contextuales<br />

que permitieran al lector comprender su significado profundo. Era responder a cuestiones básicas:<br />

¿quién ha hecho qué?, ¿con qué medios?, ¿dónde?, ¿por qué?, ¿cuáles son las consecuencias? Todo esto<br />

ha cambiado completamente bajo la influencia de la televisión, que hoy ocupa en la jerarquía de los<br />

medios un lugar dominante y está expandiendo su modelo. El telediario, gracias especialmente a su<br />

ideología del directo y del tiempo real, ha ido imponiendo, poco a poco, un concepto radicalmente<br />

distinto de la información. Informar es, ahora, “enseñar la historia en marcha” o, en otras palabras,<br />

hacer asistir (si es posible en directo) al acontecimiento. Se trata, en materia de información, de una<br />

revolución copernicana, de la cual aún no se han terminado de calibrar las consecuencias (Ramonet,<br />

1999: 135).<br />

Si el uso indistinto de ambos términos –información y dato– puede permitirse en el lenguaje<br />

corriente; otra cosa es cuando se trata de lenguaje empresarial. En este código, el dato es la pura descripción<br />

de un evento, mientras que la información se entiende como un conjunto de datos agregados<br />

en función de una determinada finalidad.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

496


La legibilidad de un texto y la comprensión de un dictado comunicacional deben respetar algunos<br />

requisitos y reglas, so riesgo de degradar la información y el respectivo proceso comunicacional en el<br />

cual el operador está llamado a trabajar. A este respecto, sin embargo, las soluciones son todavía de<br />

naturaleza esencialmente “estética”, más que fundadas en evidencia experimental acerca de la efectiva<br />

eficacia y la aplicabilidad real y completa del capital información, que se transforma en procesos comunicacionales<br />

nómadas al adoptar determinados canales e instrumentos y establecer la interconexión en<br />

red en el espacio cibernético.<br />

La interconexión electromagnética entre computadoras hace posible el acceso al espacio cibernético,<br />

la comunicación interactiva a distancia como experiencia común. Este espacio, de más está decirlo,<br />

existe desde hace tiempo; pero lleva una suerte de vida larvaria, constreñido como está a una minúscula<br />

parte de sí mismo, la frecuentada por las comunidades científicas y los poderosos lobbies financieros.<br />

Ahora que en las ciudades comienzan los trabajos de construcción de las “autopistas electrónicas”,<br />

el espacio cibernético dilata su ámbito disponible en favor de millones de seres humanos que tienen<br />

poca o ninguna familiaridad con el saber físico-matemático, que la computadora objetiva. Quien usa<br />

la computadora no tiene necesidad de saber de física relativa o de cálculo lógico más de cuanto el<br />

automovilista deba su capacidad de conducir a sus conocimientos de electricidad y termodinámica<br />

(Piperno, 1997: 84).<br />

3. Toda empresa, para poder competir con un adecuado nivel de eficiencia en un contexto de competencia<br />

global, debe planificar su iniciativa a largo plazo y adoptar verdaderos planes estratégicos de<br />

y en lo social, basados en la optimización de sus recursos de gestión. El proceso de creación de valor<br />

significa, precisamente, producción de riqueza y para ello, en la actual fase de acumulación flexible, es<br />

indispensable acumular recursos, capital tangible e intangible, para optimizar y mantener en el tiempo<br />

el ciclo productivo, que es de acumulación de valor y de acumulación de formas de control social.<br />

De esta manera se van imponiendo procesos de flexibilidad generalizada, derivados de una empresa<br />

socialmente difundida en el sistema territorial: la fábrica social generalizada. En un comienzo, esto generó<br />

dificultades de adaptación a las empresas de grandes dimensiones, caracterizadas por una excesiva<br />

centralización y una fuerte rigidez del sistema productivo. En cambio, las empresas más pequeñas,<br />

dotadas muchas veces de alta tecnología y capacidad innovadora, fueron más rápidas en adoptar nuevos<br />

modelos informativos y comunicacionales, capaces de impulsar a un mismo tiempo la creciente<br />

flexibilidad, la coerción salarial y la reestructuración de las diversas formas de explotación del trabajo<br />

asalariado, fuesen estas tradicionales o “nuevas”. Este tipo de empresas, en efecto, es más proclive a<br />

adaptar su propia estructura a las cambiantes características de la demanda y de la desenfrenada competitividad<br />

del mercado, en lo que respecta a las nuevas exigencias de reestructuración productiva y del<br />

mercado del capitalismo financiero globalizado.<br />

Muchas veces, sin embargo, en algunos contextos particulares del desarrollo capitalista, se ha producido<br />

una alteración parcial de esta situación, en el sentido de que son las pequeñas empresas las que<br />

no siempre logran enfrentar la competencia de las mayores, mientras que estas últimas, en cambio,<br />

consiguen poco a poco adaptar sus estructuras –en particular, las informativas y comunicacionales– a<br />

la fase en curso. Tienden así a hacerse cada vez más flexibles, sobre todo en lo que respecta a la fuerza<br />

de trabajo, a la vez que descentralizan y parcelizan el ciclo productivo, diversifican la producción y la<br />

distribución y alcanzan, finalmente, modalidades de desarrollo empresarial que se definen como en<br />

hilera, de distrito, en red, etcétera. Se han producido de tal manera fuertes procesos de tercerización,<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

497


externalización y deslocalización, en los que la comunicación juega un papel prioritario, como recurso<br />

estratégico del capital de la abstracción 8 .<br />

Con el término “recurso” se entiende, en lenguaje empresarial, una entidad, material o inmaterial<br />

(tangible o intangible), a través de la cual toda organización actúa para alcanzar sus propios objetivos.<br />

Asumiendo esa definición, la palabra “recurso” tiene un significado amplio que abarca no solo las partes<br />

internas que componen un sistema organizado, sino también aquellas entidades como el mercado,<br />

la totalidad de los factores externos o el llamado ambiente externo con el cual, por ejemplo, interactúa la<br />

organización empresarial.<br />

En consecuencia, los recursos se clasifican en externos e internos. Los primeros son aquellos que<br />

forman parte de todo el macrosistema ambiental externo en cual vive, se mueve, opera e interactúa el<br />

sistema empresa 9 , y cuya presencia condiciona su actividad, hace posible su desarrollo y caracteriza,<br />

además, el “modo social” de ser y de presentarse que adopta esa empresa. Los recursos internos son<br />

aquellos que forman parte de la organización interna del sistema empresa, y se pueden clasificar en recursos<br />

de intercambio (es decir, el output provisto como respuesta a la demanda del mercado), recursos<br />

de estructura (o, mejor, el conjunto de los factores productivos utilizados) y recursos de gestión (que<br />

sirven para canalizar los demás recursos en forma cónsona con los objetivos preestablecidos).<br />

En este punto, se hace de vital importancia distinguir entre recursos –o bienes– tangibles e intangibles,<br />

entre capital tangible y capital intangible. Los recursos –o valores– intangibles son aquellos que,<br />

aun cuando no reflejen una medida material de la gestión económico-empresarial, son igualmente de<br />

fundamental importancia para la vida y la evolución armónica a largo plazo del sistema empresa. Se<br />

trata de los diversos componentes del recurso humano y de la cultura empresarial, constituidos por la<br />

calificación profesional, el conocimiento, la formación, las competencias, la capacidad organizativa, las<br />

ideas, la creatividad, la cultura gerencial, la imagen de la empresa.<br />

4. En síntesis, se puede sostener que, en una acepción amplia y general del término, es el capital<br />

información –y, en consecuencia, los modelos comunicacionales a él asociados– lo que va a constituir<br />

el recurso clave del capital intangible, y es en este sentido que se le puede definir como capital de la<br />

abstracción. Se puede sostener, incluso, que todos los recursos que directa o indirectamente se derivan<br />

de la información son capital de la abstracción, esto es, conjunto de recursos invisibles que se revelan,<br />

cada vez más, capaces de posibilitar la obtención de ventajas competitivas, con valor estratégico.<br />

Se trata de recursos determinantes para el desarrollo y el éxito a largo plazo del sistema empresa y<br />

de la empresa en particular, en tanto que esta última es una organización cuya finalidad es la ganancia<br />

a través de procesos de acumulación flexible, que se basan, sobre todo, justamente en los recursos del<br />

capital intangible.<br />

Allí desemboca una tendencia secular del capital, identificada tempranamente por Marx: el aumento<br />

del valor de recursos como la educación, la especialización, ha determinado las directrices<br />

históricas de la evolución del sistema, hasta colocar recursos y expectativas en la dimensión intangible<br />

del capital. Precozmente aclaró Marx cuál era el valor del conocimiento en el modo de producción<br />

capitalista, al cuantificarlo exactamente en el número de horas necesarias para la formación del trabajador<br />

calificado 10 .<br />

La relevancia del conocimiento –o, en términos empresariales, el know-how–, considerado un recurso<br />

fundamental del moderno ciclo productivo, ha aumentado vertiginosamente en la presente fase<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

498


histórica, gracias sobre todo a la irrupción en el mercado de las tecnologías informáticas, que desde<br />

los años sesenta han modificado los esquemas de los medios de producción. De cualquier modo, el<br />

criterio para cuantificar el valor del llamado capital intangible, junto con su tendencia a la expansión,<br />

se mantiene a grandes líneas inalterado (Foray, 2006: 37-38).<br />

Los datos y las informaciones caracterizan, por tanto, cada sección de la organización empresarial,<br />

donde determinan, analizan y controlan toda actividad. Pero simultáneamente establecen, cuando se<br />

transforman en modelos comunicacionales del capital de la abstracción, las líneas de caracterización y<br />

evolución de las relaciones entre sistemas-empresa y sistemas-país.<br />

Se produce así la difusión del dominio tecnosocial, que pasa del espacio de la fábrica fordista a todo<br />

el territorio de la fábrica social generalizada. Para evitar que el entrecruzamiento de informaciones de<br />

input y output genere confusión o parálisis operativa y no lleguen a transformarse en capital información,<br />

todo el sistema empresarial es dividido en subsistemas menos complejos. Cada uno de ellos<br />

se caracteriza por sus propios flujos de información de input y de output, que luego se integran en el<br />

conjunto del capital información para transformarse así en proceso comunicacional de empresa que<br />

invade el cuerpo social.<br />

En la moderna empresa posfordista este ensamblaje comunicacional caracteriza la composición e<br />

integración de los subconjuntos en un único sistema empresarial que se hace modelo para lo social,<br />

punto de referencia institucional para las diversas modalidades del control social generalizado, de las<br />

formas de dominio y de la coerción a partir del contexto de la fábrica social generalizada.<br />

5. Como lo han subrayado ya muchos teóricos del desarrollo tecnológico (cfr. Maldonado, 1997), en<br />

el desarrollo y la difusión de las tecnologías informáticas hay todavía un virus que amenaza al sistema<br />

de producción capitalista, sobre todo en su configuración tradicional, fundada en la centralización de<br />

los medios de producción. El home informático y, desde comienzos de los años noventa, la difusión<br />

de Internet como sistema de comunicación horizontal, constituyen, de hecho, en ciertos aspectos, un<br />

modelo eficaz de organización y distribución de recursos desde abajo, sin posibilidad de control por<br />

parte de los tradicionales detentadores del poder político y económico.<br />

Con su estructura capilar y acéfala 11 , la red posibilita hoy la circulación libre de datos e informaciones,<br />

la publicación poco menos que sin costo alguno de periódicos y el intercambio gratuito de<br />

recursos a los que el mercado atribuye un valor económico (música, libros, software, etcétera).<br />

El sistema digital, que ha sustituido al criterio analógico en prácticamente todas las aplicaciones<br />

tecnológicas, hace extremadamente fácil, en efecto, la difusión de productos y tecnologías: la reproductibilidad<br />

de una manufactura digital es simple y está al alcance de todos; además, la copia presenta<br />

la misma calidad del original (Foray, 2006: 145). De esta manera, el concepto de derechos de autor se<br />

torna rápidamente obsoleto y la tutela de las llamadas “obras del ingenio”, casi imposible.<br />

Bien visto, ese proceso resquebraja algunos de los principios fundamentales del capitalismo, como<br />

son el de la concentración de la propiedad de las mercancías y, gracias a la difusión del software libre,<br />

también el de la propiedad de los medios de producción.<br />

Se trata, en cualquier modo, de un proceso intrínsecamente ligado al largo camino recorrido para<br />

hacer más accesibles y menos costosas las tecnologías: en la época de la “reproductibilidad técnica” de<br />

las obras, que Walter Benjamin coloca ya a la altura de la primera revolución industrial (Benjamin,<br />

2000), resulta cada vez más difícil erigir vallas protectoras de la propiedad de las manufacturas y de los<br />

medios necesarios para producirlas.<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

499


6. Otra faceta de esta tercera revolución industrial es la sustitución de las materias primas inorgánicas<br />

por otras orgánicas (como lo prueban la biotecnología y el desarrollo de nuevos materiales, muchos<br />

de los cuales incluyen bacterias que permiten modificar la conductividad de ciertos minerales). Por<br />

eso, precisamente, las dos grandes áreas de investigación, dinamismo y acumulación económica son<br />

actualmente esa de la sustitución y la de las tecnologías de la información.<br />

Estos cambios tienen, asimismo, numerosas implicaciones en el plano de la cuestión agraria y de los<br />

bancos genéticos. Una gran parte del gasto en desarrollo tecnológico está dirigida a mejorar la productividad,<br />

incluso, en la agricultura: las vacas son ya auténticos mutantes, los pollos ya no comen maíz<br />

sino compuestos y la agroindustria dejó de ser una fase posterior al proceso de producción: no se trata<br />

de ordeñar una vaca y luego construir una planta lechera, ahora la vaca es industrialmente diseñada.<br />

Por eso se intenta aplicar la tecnología en la fase inicial del proceso productivo agrario –sin tecnología<br />

no hay producción vital en casi ningún área– y la actividad de investigación y desarrollo (I&D)<br />

presenta un mayor grado de concentración a escala mundial, al ser uno de los factores principales de<br />

acumulación de poder en manos del capital transnacional.<br />

7. Pobreza en la abundancia creada por la revolución científico-técnica<br />

1. El desarrollo capitalista no ha dejado de ser bipolar: en un polo sigue aumentando la riqueza y en el<br />

otro la pobreza. La pobreza aumenta y se expande; la riqueza se concentra cada vez más. Esta tendencia<br />

responde a varios factores, como por ejemplo:<br />

a) El incremento continuo del nivel de explotación de los trabajadores o de aquellos que viven del<br />

trabajo, sobre la base de la explotación capitalista de la sociedad del saber 12 .<br />

b) Las crisis económicas perjudican, como nunca antes, a las clases medias.<br />

c) Durante los últimos 25 años, a pesar de los cambios sustanciales ocurridos en la dinámica del<br />

capitalismo, dentro de este sistema no se ha resuelto siquiera uno de los problemas ya presentes<br />

al finalizar la Segunda Guerra Mundial.<br />

d) Junto con la continua concentración de la riqueza, crece también la pobreza.<br />

e) El llamado proceso de globalización neoliberal, lejos de globalizar el desarrollo y la riqueza,<br />

tiende a globalizar la pobreza.<br />

Se están creando desigualdades socioeconómicas cada vez mayores y crece la miseria en casi todos<br />

los países y regiones del mundo. Eso es consecuencia de la dinámica y de la operatividad generalizada<br />

que ha logrado el capital multinacional a escala mundial, siempre en búsqueda de ganancias más altas,<br />

dondequiera se encuentren.<br />

El proceso de reproducción del capital actúa en favor de la concentración de la riqueza en el<br />

segmento social privilegiado, que representa cerca del 20% de la población mundial; la diferencia<br />

entre ricos y pobres aumenta en cada país, de norte a sur; la desigualdad mundial en la distribución<br />

de la riqueza y del poder es una forma estructural de violencia permanente contra la mayor parte del<br />

mundo, que es preciso vincular más explícitamente a la globalización neoliberal.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

500


2. En todo caso, también en los países industrializados, a pesar del elevado consumo, hay pobreza,<br />

como privación y como desempleo, a causa de los procesos de precarización. En algunos, incluso,<br />

está en aumento. Ni siquiera aquellas naciones en las que el capitalismo se ha desarrollado más, están<br />

excluidas de estos problemas: los trabajadores se hallan en un nivel social del cual se puede caer fácilmente<br />

a las condiciones de indigencia 13 ; la clase media ha debido soportar en los últimos 30 años, cada<br />

vez más, la furia de las crisis económicas y de la explotación capitalista.<br />

Tal como siempre ha sido, en el capitalismo la pobreza 14 tiene una base estructural y no contingente,<br />

base que está constituida por el sistema de explotación capitalista del trabajo asalariado. Hoy<br />

día, esa realidad no desaparece, sino que se agudiza bajo el impulso de la flexibilidad y precariedad<br />

del trabajo, resultado de la actual revolución científico-técnica. Esta tendencia al incremento de la<br />

explotación puede notarse fácilmente al observar la distribución del valor entre salario y ganancias,<br />

como resultado del crecimiento de la productividad:<br />

Distribución de las utilidades resultantes de la productividad, a la ganancia (+) o al salario (-)<br />

Unión Europea (12) Unión Europea (15) Estados Unidos Japón<br />

1961-1970 0,0 0,0 -0,1 1,3<br />

1971-1980 -0,3 -0,4 0,1 -1,2<br />

1981-1990 1,2 0,9 0,2 1,1<br />

1991-2000 0,7 0,6 0,1 0,1<br />

Fuente: Statistical annex European Economy Spring, 2003 (elaboración propia).<br />

Es evidente que, del incremento de la productividad, al salario se le redistribuye muy poco. Por otra<br />

parte, la tercerización, la flexibilidad de la economía y la reestructuración capitalista, junto con otros<br />

fenómenos como la deslocalización y la precariedad, han hecho aumentar –sobre todo en estos últimos<br />

años– el número de trabajadores “flexibles” (Arriola, Vasapollo, 2005: 66-77).<br />

Esa situación se refleja en la población, como puede deducirse de su participación en el PIB, tanto<br />

en los países más pobres como en los más ricos. Esto quiere decir que, como parte del proceso de<br />

crecimiento de la pobreza, en el caso de los trabajadores y de los inmigrantes se unen varios factores,<br />

como por ejemplo:<br />

a) La desventaja de vivir en un país con bajos niveles de ingreso o de pertenecer a sectores cuya<br />

ocupación tiene un carácter precario.<br />

b) Dondequiera que sea, es también una desventaja ser parte de la inmigración no blanca, sobre<br />

todo africana o árabe, o provenir de los antiguos países socialistas.<br />

c) En el caso particular de América Latina, a la condición de obrero en un país subdesarrollado<br />

puede añadirse la de indígena o afrodescendiente.<br />

3. Por tanto, no se puede decir que la pobreza, en general, presente un comportamiento simétrico. La<br />

pobreza es también discriminante y asimétrica, y afecta más a los jóvenes y a determinadas categorías<br />

de trabajadores. Estados Unidos, por ejemplo, es la sociedad capitalista con nivel medio de vida más<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

501


alto, pero también con los niveles de distribución de la riqueza más desequilibrados entre todas las<br />

naciones capitalistas desarrolladas. “El 10% más rico de la población de Estados Unidos posee el<br />

81,8% del patrimonio inmobiliario, el 81,2% de las acciones y el 88% de los títulos” (Federal Reserve<br />

Bank, 1996: 5). “El 1% de la población de Estados Unidos posee el 60% de las acciones y el 40% de<br />

la riqueza total…” (Hawken, 1993).<br />

Esta concentración de la riqueza se corresponde con el grado de control que la oligarquía financiera<br />

ejerce sobre la sociedad norteamericana y también con el nivel de vulnerabilidad del ciudadano común<br />

ante los dictados políticos, sean internos o externos. Más que en cualquier otra sociedad capitalista<br />

desarrollada, la pobreza en Estados Unidos se identifica claramente, además, con una estructura de<br />

poder que se sustenta en la estratificación social, cultural y racial, con niveles que han sido instituidos<br />

desde la colonización hasta la consolidación definitiva del capitalismo en ese país. Existe allí, pues, una<br />

estructura social en la cual, en términos generales, la raza, la clase, el estatus social y el nivel de pobreza<br />

se coalicionan estructural y fuertemente, al punto de que no han podido ser destruidos en los 200 años<br />

transcurridos desde el nacimiento de esta nación. En consecuencia, hablar de pobreza en Estados Unidos<br />

es hablar también de racismo, discriminación y marginación social. Es evidente que el capitalismo,<br />

en lugar de reducir la pobreza, la ha incrementado continuamente, tendencia esta que no se detendrá.<br />

— notas —<br />

1 Edwar P. Thompson es el historiador que más ha contribuido a mejorar la visibilidad del proletariado en los orígenes del capitalismo,<br />

con libros como The Making of the English Working Class. El mismo resultado lo persiguió, en parte, Hobsbawm (1987).<br />

Noble (1993) brinda en cambio una lectura diferente, como es la que aporta, por ejemplo, sobre el movimiento ludista.<br />

2 Cfr., a este respecto, Boyer, Sayllard (1995).<br />

3 Para el caso de Italia se puede consultar una importante encuesta de la época, la primera realizada tras el “otoño caliente”*:<br />

Bianchi, Dugo, Martinelli (1972).<br />

4 Que por otra parte no es el único motivo. La fractura radical entre teoría y praxis ha sido señalada como una de las características<br />

fundamentales del “marxismo occidental” de Anderson (1977). Sin embargo, es cierto que dentro de la magmática<br />

categoría de marxismo occidental (definición que el mismo Anderson, ya en su trabajo de 1977, critica como insatisfactoria) se<br />

encuentran intelectuales militantes como Karl Korsch, cuya obra estuvo esencialmente dirigida a la renovación de la teoría y la<br />

praxis revolucionarias. La función de la dialéctica, según lo que escribe Carrino (1981: 111-112) en una biografía intelectual de<br />

Korsch, sería para este último la de “exponer” (Darstellungsweise) la totalidad histórico-social-natural, y proveer así las bases<br />

para una teoría de la revolución social.<br />

5 Léase lo que escribe Braverman (1998: 62) en su ya clásico texto: “El taylorismo [es una] ciencia del gobierno del trabajo ajeno<br />

bajo condiciones capitalistas. Taylor no estaba en búsqueda del ‘mejor modo’ [best way] de desempeñar el trabajo ‘en general’<br />

(…) sino que más bien [la suya] era una respuesta al problema específico de cómo controlar mejor el trabajo alienado, y<br />

eso significa fuerza de trabajo que es vendida y comprada”. Añade, además, que para Taylor era una absoluta necesidad el<br />

“imponer al trabajador la manera precisa en que debe ejecutarse el trabajo. (…) su ‘sistema’ fue simplemente el instrumento<br />

utilizado por la gerencia para lograr el control del modo efectivo de ejecución de toda actividad laboral, desde la más simple<br />

hasta la más compleja”.<br />

* (n.t.) De 1969, cuando se vivieron en ese país gigantescas movilizaciones obreras y fuertes conflictos sindicales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

502


6 Para profundizar en la temática, véase la vasta literatura sobre la “fábrica integrada” de la FIAT-SATA en Melfi, que constituye<br />

un ejemplar caso de estudio, bien investigado en Italia por estudiosos de diferentes escuelas del pensamiento. Aquí mencionamos<br />

solo dos sugerencias, de las que se puede luego extraer una más vasta bibliografía: Cavazzani, Fioco, Sivini (2001) y<br />

Pulignano (1997).<br />

7 Para conseguir, por ejemplo, que los vehículos consuman 4 litros de gasolina, en lugar de 20, por cada 100 kilómetros de recorrido.<br />

Hoy día, para producir una unidad de cualquier bien industrial se requieren dos quintas partes de las materias primas que<br />

se necesitaban en 1900. En 1984, Japón consumía solamente 60% de las materias primas que empleaba en 1973 para una<br />

misma producción. Una tonelada de cable de cobre puede sustituirse actualmente con 25 kg de fibra óptica, que se producen,<br />

además, con solo 5% de la energía que se requería para producir el cobre.<br />

8 Sobre estos temas, también en las páginas que siguen, se hará frecuente referencia a Martufi, Vasapollo (2000c).<br />

9 Para todo lo que sigue, por “sistema empresa” se entiende una entidad organizada con fines de producción o de consumo,<br />

actividad no necesariamente orientada a la ganancia; si, en cambio, el fin último es la ganancia, se preferirá usar, más correctamente,<br />

el término empresa, o sistema de empresa.<br />

10 Lo subraya Mandel en su análisis de la teoría marxista, al especificar que el “trabajo especializado” es considerado “como un<br />

múltiplo del trabajo simple, que se obtiene al multiplicarlo por un determinado coeficiente” (Mandel, 1997b: 24).<br />

11 Sobre el hecho de que la red sea efectivamente acéfala y carente de jerarquías, un lugar donde los conceptos de centro y periferia<br />

pierden sentido, algunos autores avanzan interesantes perplejidades. Maldonado: “El argumento es archiconocido: en la<br />

red todo sería centro y todo periferia. No existiría, por tanto, una sede privilegiada desde la cual se pueda ejercer una gestión<br />

comprehensiva de los flujos de comunicación. A primera vista, se puede decir que algo de cierto hay en eso. Pero cuando a eso<br />

que hay de cierto se le confiere, como en este caso, un carácter absoluto, más allá de todo contexto, resulta difícil sustraerse a<br />

una actitud de atenta perplejidad. En principio, con todas las consideraciones de rigor, puede ser justo decir, por ejemplo, que<br />

en la red no existe un centro, pero no que haya que excluir en ella, de partida, la presencia de toda forma de control sobre los<br />

usuarios. Existe ya la sospecha, e incluso la certeza, de que algunas formas de control, aun si distintas a las tradicionales, están<br />

presentes en la red” (Maldonado, 1997: 27).<br />

12 Como señala Antunes (2006), aquellos que viven del trabajo, en oposición a aquellos que viven del capital.<br />

13 El Euripes (2003)** habla de “pobreza fluctuante”, es decir, de un estado de inseguridad e inestabilidad permanente que no<br />

permite superar, de manera definitiva y constante, el umbral de la pobreza. Es justamente este tipo de pobreza el que incide,<br />

o al menos comienza a hacerlo, y de manera contundente, sobre segmentos medios ya integrados al mercado de trabajo precario.<br />

14 Al menos la relativa, aunque en determinadas fases económicas y espacios geográficos también la absoluta avanza<br />

poderosamente.<br />

** (n.t.) Instituto privado, italiano, de estudios políticos, económicos y sociales.<br />

LA ACUMULACIÓN CAPITALISTA Y SU CRISIS<br />

503


Capítulo III<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

1. Cómo se generan las crisis de subconsumo y sobreproducción<br />

1. Al igual que ocurre con otros modelos teóricos marxistas, también la sobreproducción capitalista<br />

de mercancías es interpretada en términos de valor y no de mera cantidad física de bienes producidos.<br />

La permanente lucha (tregua oligopólica aparte) entre capitales enfrentados comporta el desarrollo<br />

de tecnologías competitivas que posibiliten productividades más elevadas, ganancias más altas y mayores<br />

cantidades de mercancías. En el régimen capitalista, sin embargo, estas últimas solo se producen<br />

si su venta en el mercado permite cerrar el ciclo de (re)producción del capital, es decir, la valorización<br />

del capital, la realización del valor de intercambio ínsito en este.<br />

Una mercancía no se produce por el simple hecho de que alguien la necesite (cuestión que identifica<br />

solamente una de sus calidades: el valor de uso), sino porque alguien, que en efecto la necesita (la<br />

necesidad ajena es para el capitalismo un medio y no un fin), puede comprarla, y con ello permite la<br />

realización de su valor intrínseco.


Muchos economistas de escuelas diversamente subconsumistas (keynesianos en diferentes salsas,<br />

marxistas como Luxemburg, Sweezy, Baran) han teorizado acerca de un problema de “liquidez”, de<br />

poder adquisitivo de los consumidores (solucionable hasta con políticas de deficit spending, de apoyo al<br />

consumo), para explicar la crisis. El problema, que pertenece al plano de la esencia del capital (valorización<br />

imposible), se transforma en un problema de insuficiencia de demanda, desvinculado del tema<br />

de la valorización (¿será solo casualidad el que muchos de quienes sostienen tal tesis refuten o critiquen<br />

la teoría marxista del valor?).<br />

2. En más de una ocasión hubo Marx de criticar ante litteram teorías similares. El problema, leído en<br />

clave subconsumista, es insoluble, ya que un incremento momentáneo de la demanda, impulsado por<br />

el Estado con razones y medios diversos, no hace más que desplazar en el tiempo, posponiéndola, la<br />

crisis de sobreproducción, para que luego esta se replantee a un nivel más elevado y agudo. Esto es así<br />

porque la valorización momentánea de mercancías no estabiliza el mercado en una determinada cuota<br />

productiva (cabría imaginar solo un estancamiento). Por el contrario, estimula a la esfera productiva a<br />

proveer más mercancías que antes (y a seguir el “camino de la lucha” entre competidores, con todo lo<br />

que de allí se deriva para la composición orgánica del capital, los niveles de productividad y los salarios).<br />

La crisis de sobreproducción no puede eliminarse, puesto que inmanente al modo de producción<br />

capitalista, sediento de (auto)valorización, el capital empuja siempre más allá del límite último (momentáneo)<br />

para superarse e incrementarse. Esto significa más mercancías, más capital por valorizar y<br />

la imposibilidad de cerrar “en positivo” el ciclo de (re)producción del capital.<br />

2. Ciclos y crisis económicas<br />

2.1. Posguerra, ciclos y crisis<br />

1. En el país-guía de la economía planetaria, los ciclos y las crisis económicas se manifestaron, después<br />

de la Segunda Guerra Mundial, con la siguiente cadencia:<br />

Estados Unidos: 1948-1949; 1957-1958; 1966-1967; 1969-1971.<br />

Finalizada la contienda, la economía norteamericana experimentó inmediatamente varias crisis<br />

económicas breves hasta llegar a 1969, cuando la crisis definitivamente estalla y cierra el ciclo expansivo<br />

de la posguerra. En otros países, la situación fue la siguiente:<br />

Gran Bretaña: 1951-1952; 1962-1963.<br />

Francia: 1951-1952; 1962-1965.<br />

República Federal Alemana: 1957-1958; 1966-1967.<br />

Japón: 1962-1963; 1969-1971.<br />

Como se puede observar, las potencias capitalistas, devastadas por la guerra, mostraron un comportamiento<br />

similar, aun cuando en la RFA la crisis explotó un poco más tarde (dado que la zona<br />

occidental de Alemania, donde se concentraba el mayor potencial industrial, sufrió menos durante<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

506


la contienda). En el caso de Japón, la crisis estalló con mayor retardo todavía (1962-1963) porque su<br />

proceso de recuperación económica fue mucho más lento, a causa de la total devastación sufrida.<br />

Durante los 20 años que siguieron a ese conflicto bélico, las crisis económicas y los ciclos presentaron,<br />

en síntesis, las siguientes características:<br />

a) Asincronía general, aun cuando las economías europeas tendieron a acercarse durante las fases<br />

de crisis económica, por compartir las mismas condiciones de gran devastación intempestiva, los<br />

ritmos de recuperación económica y el papel central desempeñado en esta por Estados Unidos.<br />

b) Las crisis y los ciclos tendieron a ser de breve duración.<br />

c) En los años sesenta se empieza a observar una “tendencia al dominio” por parte de la economía<br />

norteamericana.<br />

d) Las crisis económicas no eran profundas y las economías se recuperaban bastante rápidamente.<br />

e) Con la caída de los niveles de producción, descendían también los precios.<br />

Entre 1945 y 1965 se produjeron cambios importantes en lo concerniente a la posición económica<br />

ocupada por Estados Unidos en el plano internacional, como resultado de tres factores fundamentales:<br />

a) Las economías devastadas por la guerra se recuperaban, comenzaban a competir y reclamaban<br />

espacios en la economía mundial.<br />

b) A partir de la crisis económica de 1969-1971, la economía norteamericana empezó a manifestar<br />

claros síntomas de agotamiento del modelo de acumulación de la posguerra.<br />

c) Se abrían caminos para un nuevo paradigma tecnológico, que se diferenciaba de la base material<br />

del ciclo fordista-keynesiano vigente durante el período posterior a la posguerra.<br />

Participación industrial<br />

1945 40%<br />

1980 23%<br />

Exportaciones<br />

1945 18%<br />

1980 12%<br />

Recursos monetarios<br />

1945 33%<br />

1980 10%<br />

Inflación<br />

1945 2,8%<br />

1980 10,4%<br />

Desocupación<br />

1945 4%<br />

1980 7,2%<br />

Nivel de utilización de las capacidades productivas<br />

1945 85,5%<br />

1974-1978 80,5%<br />

2. Por tanto, se abría asimismo un período en el<br />

que las posiciones económicas de Estados Unidos<br />

comenzaban a modificarse a escala internacional.<br />

Los datos señalados ponen claramente en evidencia<br />

cómo entre la segunda mitad de los años<br />

sesenta y 1980, y tanto en el plano interno como<br />

en el internacional, Estados Unidos comienza a<br />

presentar dificultades que le hacen perder espacio<br />

económico frente al resto de los competidores. Es<br />

esto una clara expresión de lo que se ha definido<br />

como “paradoja de la hegemonía”, representada por<br />

el relativo retraso tecnológico en que permaneció<br />

Estados Unidos, dentro de sus fronteras, por aprovechar<br />

las ventajas de un aparato productivo que<br />

había permanecido intacto tras la Segunda Guerra<br />

Mundial, mientras sus aliados-competidores resurgían,<br />

entre mediados y fines de los años cincuenta,<br />

con economías más avanzadas y dinámicas.<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

507


3. Los años de la gran crisis energética<br />

1. Los estudiosos del ciclo capitalista prácticamente habían desaparecido de las universidades norteamericanas<br />

y cuando a fines de los años sesenta –en 1969– la economía inició un proceso de contracción,<br />

los economistas neoclásicos burgueses no lo percibieron. La desaceleración, en todo caso,<br />

perduró y se tradujo en desempleo y caída del ingreso para millones de personas. La experiencia de los<br />

años 1964-1965 y 1966-1967, durante la guerra de Vietnam, cuando los gastos militares reanimaron<br />

la tasa de crecimiento industrial y repercutieron en el PIB, había creado en muchos la ilusión de que<br />

las caídas de la economía podían ser rápidamente superadas.<br />

No obstante, en el período que se iniciaba en 1969 y por primera vez después de la Segunda Guerra<br />

Mundial se verificó una caída real de los índices económicos –no provocada por daños de guerra–,<br />

acompañada de rápidos y continuos aumentos de los precios, fenómeno que se prolongó por más de<br />

un año.<br />

Comenzaba así el comportamiento cíclico de la economía norteamericana de los años setenta, que<br />

tuvo mucha importancia y una gran repercusión en la economía capitalista mundial y en la estadounidense<br />

en particular. Se trataba de las crisis de 1969-1971, en incubación desde los años sesenta, que<br />

perjudicaron a toda la economía capitalista, prisionera del desempeño económico de Estados Unidos<br />

y redujeron a polvo el espíritu optimista que prevalecía en los sectores académicos y en los círculos<br />

oficiales del Gobierno norteamericano 1 .<br />

2. Durante la crisis de 1969-1971, en la economía capitalista comenzó a cambiar uno de los rasgos<br />

que habían caracterizado la dinámica del ciclo y de las crisis durante el período de posguerra: en medio<br />

de la caída del PIB, los precios subían y se producía una sincronización de las fases de crisis con otras<br />

economías capitalistas desarrolladas. Si se buscara la causa más profunda de estos fenómenos, habría<br />

que hacerlo curioseando en el agotamiento de los procesos de dinamización que la Segunda Guerra<br />

Mundial había contribuido a imponer en la economía mundial y en la estadounidense en particular, al<br />

servir de palanca para la recuperación y actuar Estados Unidos como su principal financiador.<br />

A comienzos de los años setenta, las economías de Japón y de Europa Occidental habían concluido<br />

sus procesos de recuperación, no obstante lo cual la economía norteamericana continuaba su desenfrenada<br />

carrera productiva, que el fin de la guerra le había impuesto junto con la supremacía obtenida.<br />

Pero al término de esa década, los recursos de dinamización aportados por la guerra se habían agotado.<br />

No fue casual que ese fenómeno se hubiera ya manifestado con particular fuerza en la economía<br />

líder, confirmando lo que Karl Marx, con peculiar perspicacia, había demostrado y Paul Samuelson<br />

reafirmaba en 1955:<br />

Para las naciones democráticas, el ciclo económico representaba un desafío, casi un ultimátum: o<br />

aprendemos a controlar las depresiones y los períodos de prosperidad mejor de como lo hicimos<br />

antes de la Segunda Guerra Mundial, o la estructura política de nuestra sociedad se verá amenazada<br />

(Samuelson, 1955: 320-321).<br />

La crisis económica de 1969-1971 revistió la misma dinámica del proceso que antes, en el lapso<br />

1964-1967, había podido ser controlado y retardado gracias a la política económica de los altos mandos<br />

militares. Pero en la de 1969-1971 se manifestaron con fuerza las contradicciones económicas causadas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

508


por el agotamiento de los factores que, a partir de 1948, habían permitido superar las crisis anteriores,<br />

caracterizadas por caídas momentáneas, breves, no profundas y libres de presión inflacionaria.<br />

Un fenómeno fundamental, que comenzó a manifestarse en la economía norteamericana con particular<br />

evidencia a partir de la crisis de 1969-1971, fue la contradicción existente entre la producción<br />

y el consumo, contradicción agravada durante toda la década por los efectos negativos de la inflación<br />

en el ingreso de los trabajadores.<br />

Por lo que respecta a la relación entre salario y valor agregado, la situación en dicho período varió<br />

de la siguiente manera:<br />

Se observa claramente que en 1969 el salario<br />

Año Salario (como % del valor agregado) representaba solo 30,7% del valor agregado, lo<br />

que significa que, en comparación con 1947, los<br />

1947 40,7%<br />

trabajadores habían perdido 10% a causa de la<br />

1957 35,6%<br />

tendencia que empezó a manifestarse enseguida<br />

1969 30,7%<br />

después de la Segunda Guerra Mundial. No es<br />

Fuente: Perlo (1980: 26). difícil entender, con base en los datos que tenemos,<br />

de qué manera fue perjudicado el nivel de consumo<br />

de los trabajadores. A ellos se suman, además, los relativos a la cuota de plusvalía en el mismo período:<br />

146% en 1947; 18% en 1957 y 226% en 1969 (Perlo, 1980: 26).<br />

3. No es tampoco difícil darse cuenta de que, en el período analizado, el ingreso real o neto aumentó<br />

solo algo menos de 50% con respecto al incremento del índice de productividad; obviamente, esa<br />

situación se corresponde con los notables incrementos de la cuota de plusvalía. Todo eso no hizo<br />

más que restringir la base del mercado masivo de bienes de consumo de uso personal, como ya había<br />

ocurrido en la economía norteamericana.<br />

La situación se vio agravada por el proceso inflacionario. Existía la tendencia a identificar todo<br />

aumento de los precios con la inflación, aunque hubo períodos en que estos crecieron por otras causas,<br />

como en el caso de los incrementos estacionales y los cíclicos. Pero las continuas alzas de los precios<br />

durante la segunda mitad de los años setenta fueron sobre todo inflacionarias. La gran desproporción<br />

entre la emisión de dinero y el movimiento de mercancías y servicios fue la causa principal de esa<br />

tendencia ascendente; por tanto, era justo hablar entonces de inflación crónica. Sin embargo, aplicar a<br />

todo incremento de precios la definición de inflación, hace más fácil esconder las causas verdaderas –y<br />

más profundas– de ese fenómeno, lo cual, por otra parte, es una tendencia muy marcada en el pensamiento<br />

de algunos economistas norteamericanos, particularmente interesados en dejar las cosas sobre<br />

un plano meramente superficial. En realidad, la inflación monetaria no fue el único factor involucrado<br />

en la subida de los precios durante los años setenta y ochenta, ni fue el único instrumento de la política<br />

destinado a crear aumentos selectivos. Otros factores aceleraron e impulsaron ese proceso, a la vez que<br />

contribuyeron a la inflación monetaria e interactuaron con esta:<br />

a) El creciente proceso de monopolización de la economía norteamericana.<br />

b) La militarización de la economía, que en los años cincuenta dio lugar al fenómeno del llamado<br />

complejo industrial militar.<br />

c) La política económica del Estado burgués, en especial su política anticíclica, durante los años<br />

setenta.<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

509


d) La caída del dólar, devaluado en 1971 y declarado inconvertible en 1972.<br />

e) La tendencia de los monopolios a autorresarcirse por medio de reducciones de la oferta, sobre la<br />

base del aumento de los precios.<br />

4. La inflación entró, con la crisis de 1969-1971, en una etapa de empeoramiento sin precedentes, que<br />

se hizo definitivamente más profunda durante la crisis de 1974-1975, hasta llevar el proceso inflacionario<br />

a un callejón sin salida. No se trataba únicamente de la cuestión monetaria; intervino además<br />

otro fenómeno, que puede contribuir todavía mejor a comprender el significado de la inflación a lo<br />

largo de aquel período.<br />

Además de la simultánea caída de la producción y alza de los precios, que crearon el llamado fenómeno<br />

de la “estanflación”, se abría camino una dinámica especial entre precios mayores y menores. A<br />

partir de 1974, en efecto, el peso del aumento de los precios pasó de las empresas a los consumidores.<br />

Este fenómeno se manifestó cuando el espectro recesivo y el incremento de la desocupación impulsaron<br />

al sector monopólico, en particular, a subir los precios de venta para compensar, en términos de<br />

ingreso percibido, la disminución neta de las cantidades vendidas. En realidad, el alza no tenía por qué<br />

impactar a esa velocidad y con tales dimensiones contra el consumidor. Recuérdese que en los años<br />

setenta se crearon diversos mecanismos para la contención del aumento de los costos de producción en<br />

las empresas, como por ejemplo rebajas fiscales, incentivos varios, disminución del costo unitario del<br />

trabajo, aumento de la productividad y otros. Por eso es posible afirmar que los incrementos registrados<br />

en los índices de precios al consumidor norteamericano respondieron, más que nada, a una política de<br />

los monopolios para compensar la reducción de las ventas con el crecimiento de las ganancias.<br />

Hubo, ciertamente, otros factores internos, como la marcha de la productividad y la incidencia de<br />

la crisis en algunos sectores específicos de la producción, fenómenos generales que se expresaron también<br />

aisladamente en la crisis de la economía norteamericana. La política económica tuvo asimismo<br />

particular importancia, según se reflejó en la plataforma republicana de los años ochenta, en la cual la<br />

inflación era calificada como el “enemigo público número uno”.<br />

4. El carácter internacional del ciclo capitalista durante los años setenta<br />

y comienzos de los ochenta<br />

1. La situación que experimentó la economía norteamericana desde los años setenta hasta los ochenta<br />

no puede entenderse, no por completo, si no se toma en cuenta la relación entre la crisis económica<br />

de Estados Unidos y la crisis mundial que simultáneamente tenía lugar, en la que desempeñó un papel<br />

fundamental el desarrollo de los procesos de internacionalización económica capitalista definidos<br />

como “mecanismos de transmisión cíclica”. Se trata de una manera especial de manifestarse la llamada<br />

“interdependencia” entre las economías del sistema, siempre, claro, en el marco de los fenómenos de<br />

asimetría que lo caracterizan.<br />

2. El fenómeno de la internacionalización del capital y de la producción fue bien analizado por<br />

Lenin. Sin duda, el capitalismo es internacional; aun si, por su misma naturaleza, asume diversas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

510


configuraciones, es el primer modo de producción que se torna universal y que coexiste simultáneamente<br />

en diferentes partes del mundo. No sucedió lo mismo con la esclavitud y el feudalismo: el<br />

desarrollo de las fuerzas productivas, en particular de los medios de transporte y comunicación, no lo<br />

permitían. Pero el descubrimiento de América, junto con el desarrollo de la navegación, de la máquina<br />

de vapor y del telégrafo, facilitó extraordinariamente la comunicación a escala internacional. Más<br />

tarde, el descubrimiento y la utilización del petróleo y de la electricidad hicieron las cosas aún más<br />

sencillas. En ese contexto se produce un importante fenómeno: la formación del mercado mundial y<br />

su incesante desarrollo.<br />

A fines del siglo xix y durante los primeros 15 años del xx, Lenin logra formular la caracterización<br />

del capitalismo como modo de producción y sintetiza sus más importantes descubrimientos –como<br />

se ha dicho aquí anteriormente– en la obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, publicada en<br />

1915. Desarrollo de la concentración de la producción y del capital, nacimiento de los monopolios,<br />

exportación de capitales, capital financiero y repartición económica y territorial caracterizan esta fase<br />

del desarrollo del capitalismo, signada esencialmente por el predominio de los monopolios.<br />

En ese contexto, el capitalismo se hace más internacional, en la misma medida en que las relaciones<br />

que caracterizan el modo de producción, junto con el desarrollo de los medios de comunicación y de<br />

las empresas coloniales, extendieron la internacionalización hasta convertirla en el rasgo más evidente<br />

del desarrollo capitalista después de los años setenta del siglo xx.<br />

3. En el desarrollo de la internacionalización de las relaciones capitalistas han incidido varios fenómenos<br />

que, al dar cuenta de la internacionalización del ciclo del capital mundial, no hacen sino confirmar<br />

lo que Marx estableciera en el tomo II de El Capital. Para Marx, el capital industrial no es otra cosa que<br />

la unidad e interrelación de los tres ciclos: dinero, mercancía, producción. Al analizar históricamente el<br />

ciclo y las relaciones de mercado –es decir, el intercambio de mercancías–, las que primero se desarrollan<br />

son las relaciones monetarias, aun si más lentamente que las relaciones productivas, que obtienen<br />

su mayor impulso con el surgimiento de las empresas multinacionales, en tanto estas intervienen en<br />

la actividad productiva de diversos países como si fuesen secciones de una misma unidad productiva.<br />

Así, la economía capitalista, tal como comienza a operar a partir del final de la Segunda Guerra<br />

Mundial, se convierte en capital industrial a nivel internacional. Según lo afirma Marx, “en su continuidad,<br />

el ciclo efectivo del capital industrial no está constituido por la unidad del proceso de producción<br />

y circulación, sino, sin excepción, por la unidad de los tres ciclos: capital dinero, capital<br />

productivo y capital mercancía” (1978, tomo II: 92). En realidad, el capital financiero, como simple<br />

interrelación entre el capital bancario y el industrial, existía como fenómeno antes del siglo xx. Las<br />

mismas empresas multinacionales son un fenómeno previo al desarrollo imperialista del capitalismo.<br />

Empresas como Singer, International Harvester y Westinghouse Electric tenían sus sedes en la Rusia<br />

zarista. También Gillette, Otis, Parke Davis y Ford tenían unidades de producción con sedes fuera de<br />

sus países de origen. Eso quiere decir que tanto el capital financiero como las empresas multinacionales<br />

existían ya antes de que se pudiera hablar de los monopolios como formas dominantes en el modo de<br />

producción capitalista.<br />

Por tanto, todo parece indicar que, así como se puede hablar del capital comercial y del capital<br />

de préstamo como formas independientes que operan en la circulación –en tanto que no son todavía<br />

formas dependientes del capital industrial–, también se puede hablar de capital financiero y de<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

511


monopolios transnacionales que operan en la actividad productiva, mucho antes de que los monopolios<br />

se convirtieran en la forma dominante de la producción capitalista. Eso quiere decir que con<br />

el surgimiento del primer capitalismo, se dio también una primera etapa en la que los monopolios<br />

no eran todavía dominantes, pero empezaban de todas formas a labrarse camino sus modalidades<br />

de relación.<br />

Los ciclos del capital, especialmente a través del dinero y la mercancía, actúan en un espacio que se<br />

internacionaliza desde un comienzo; ambos se encuentran vinculados, sea en el ámbito del comercio<br />

de mercancías o desde el punto de vista de la exportación de capitales, y este es el rasgo dominante,<br />

por lo que, hacia los años sesenta del siglo xix, tanto Francia como Inglaterra exportaban capitales.<br />

De la misma manera en que dinero y mercancía, una vez desarrollado el mercado, pueden operar<br />

independientemente en la circulación como capital mercancía y capital de préstamo, también pueden<br />

operar a nivel internacional en el comercio y en la exportación de capital dinero, que es la forma en<br />

que originalmente se manifiesta la exportación de capitales.<br />

4. El desarrollo del ciclo del capital, que comienza por ser un fenómeno nacional, se internacionaliza<br />

en dos etapas. Durante la primera, el capital dinero y la mercancía se abren camino en el campo internacional<br />

por medio de la creación del mercado mundial. Durante la segunda, entre fines del siglo xix<br />

y comienzos del xx, en el ámbito de la concentración del capital y de la producción, en un reducido<br />

grupo de países capitalistas nace el monopolio. Se crea así un proceso de internacionalización. Sobre<br />

esa base se genera capital financiero y exportación de capitales, hasta llegar al dominio de los monopolios<br />

a escala internacional por medio de la repartición económica y territorial.<br />

El proceso antes analizado crea la internacionalización de las relaciones bajo la forma de capital<br />

industrial, es decir, como unidad de los ciclos de dinero, productividad y mercancía, bajo el control de<br />

un reducido grupo de potencias capitalistas que terminan por dominar a las demás.<br />

No es difícil, pues, entender el carácter de la dinámica cíclica de la economía capitalista a nivel<br />

mundial, como parte consustancial del proceso de desarrollo de la internacionalización del capital y de<br />

la producción. Esto se manifiesta actualmente por medio del llamado proceso de globalización neoliberal,<br />

fenómeno al cual nos hemos referido en numerosas oportunidades en el contexto de este trabajo.<br />

5. El carácter internacional del ciclo capitalista<br />

1. A lo largo del análisis hasta aquí realizado, se ha enunciado sintéticamente un fenómeno que tiene<br />

importancia determinante para comprender el carácter actual del ciclo capitalista. Junto con el desarrollo<br />

–y como resultado– de la internacionalización del capital y de la producción, después de la<br />

Segunda Guerra Mundial han surgido a escala internacional –y alcanzado niveles inusuales desde los<br />

años setenta– lo que hemos llamado “mecanismos de transmisión cíclica” o de “transnacionalización<br />

del ciclo”. Se trata de mecanismos que sirven de base y trampolín para la transformación del ciclo<br />

capitalista: algo que va más allá de los posibles impactos que dan lugar a una simple interrelación de<br />

los ciclos capitalistas nacionales por medio del mercado mundial y que crea, como nuevo fenómeno,<br />

un “ciclo transnacional controlado”, dentro de la tendencia más general a la formación de un “ciclo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

512


industrial mundial”. Eso quiere decir que, en el contexto de la interrelación de los ciclos nacionales,<br />

que era un fenómeno ya existente, resultado del proceso mismo de formación del mercado mundial,<br />

el ciclo capitalista tiende a revestirse de un carácter internacional, multinacional y controlado. Es este<br />

un fenómeno cuya consideración resulta necesaria para una evaluación científica del fenómeno de la<br />

internacionalización de la ley de la plusvalía, es decir, del sistema de la exportación capitalista a nivel<br />

mundial. La mayor parte de las crisis económicas tuvo este carácter, incluyendo las crisis de 1957-<br />

1958, que, como hemos dicho, no fueron violentas, pero sí tuvieron un gran impacto en el mundo<br />

capitalista, al punto de contribuir a la creación de las condiciones que hicieron posible la sincronía<br />

de la fase de crisis del período 1974-1975, el cual paralizó a las principales economías capitalistas y<br />

bloqueó su pase definitivo a la fase de recuperación económica.<br />

2. La sincronización del ciclo en su fase de crisis, entre las diversas economías capitalistas, estuvo<br />

influenciada por un conjunto de “mecanismos de transmisión”, entre los más importantes de los cuales<br />

cabe recordar, por ejemplo, el comercio exterior, la exportación de capitales, las empresas multinacionales,<br />

el desarrollo del comercio de armas y las relaciones bancarias, monetarias y financieras.<br />

La actuación de estos factores explica tanto la sincronización cíclica en la fase de las crisis que<br />

caracterizaron los años 1974-1975, como el desempeño posterior de todas las principales economías<br />

capitalistas durante el resto de los años setenta, período que se identificó por un proceso de recuperación<br />

lenta, asimétrica y con altos niveles de desempleo e inflación hasta llegar a 1980, año en que<br />

sobreviene nuevamente la crisis.<br />

6. El papel del comercio exterior en la transmisión del ciclo<br />

1. La importancia y el dinamismo de este factor, como elemento transmisor de los impulsos cíclicos en<br />

la economía capitalista, aumentó durante los años setenta, no obstante la intensificación del proteccionismo<br />

durante la época de persistencia de la crisis. Solo en el primer trimestre de 1978 hubo una<br />

disminución de las importaciones.<br />

En el conjunto de la economía capitalista, disminuyó la participación de Estados Unidos en el<br />

comercio mundial, como puede observarse en el cuadro siguiente.<br />

Participación de algunas potencias capitalistas en las exportaciones mundiales (%)<br />

País 1950 1960 1970 1975 1977<br />

Estados Unidos 27 24 19 18 16<br />

Alemania occidental 5 13 15 16 16<br />

Japón 2 5 9 10 11<br />

Francia 8 8 8 9 9<br />

Gran Bretaña 18 12 9 10 11<br />

Otros 39 38 40 40 40<br />

Fuentes: Statistical Yearbook (UN) 1978: 443; Handbook of international trade-development statistics, Unctad, 1977.<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

513


Aun cuando la importancia de Estados Unidos siguió siendo significativa, lo cierto es que a fines<br />

de los años setenta había disminuido considerablemente la participación que ese país tuvo en las<br />

exportaciones mundiales desde que terminara la Segunda Guerra Mundial.<br />

Está claro que para las potencias que habían sufrido las devastaciones de la guerra, excepto Francia, el<br />

salto no fue significativo; en el caso de Inglaterra se produjo, incluso, un decaimiento, mientras que Alemania<br />

y Japón avanzaron a importantes posiciones. Se observa, en cualquier modo, una participación<br />

en el comercio mejor distribuida. Además, puede notarse cómo Estados Unidos cede terreno en favor<br />

de sus más fuertes competidores, expresión de una caída de la influencia de su hegemonía económica en<br />

el período analizado. No obstante, debe considerarse que dicho fenómeno esconde a veces la competencia<br />

de los mismos monopolios norteamericanos a nivel mundial, ubicados en diversas áreas geográficas.<br />

2. La desventaja que para Estados Unidos significa la caída de su participación porcentual en el comercio<br />

mundial de las exportaciones, puede verse en parte compensada por el hecho de que los otros<br />

competidores dependen más de los estadounidenses para el crecimiento económico de su comercio<br />

exterior, comercio en el cual, indudablemente, Estados Unidos tiene un importante e influyente papel<br />

con respecto al resto de los países capitalistas desarrollados. Esto es todavía más válido si se considera<br />

que en esos países la dependencia de las fuentes de energía externas (y en primer lugar del petróleo) es<br />

muy superior a la de Estados Unidos, en tanto que este último posee el mercado real más grande del<br />

mundo. Todo ello se convierte en un importante instrumento de negociación para la faceta económica<br />

de la política exterior norteamericana. Además, debe tenerse en cuenta que, al ser Estados Unidos un<br />

mercado importante –casi siempre el más importante para los principales países capitalistas– , su ciclo<br />

económico influye continuamente, por medio del comercio exterior, en el movimiento cíclico de las<br />

demás economías.<br />

En 1977 la situación se mantuvo estable, con algunas ligeras variaciones. El comercio exterior<br />

de Estados Unidos se desarrolló junto con el de otras tres potencias capitalistas, Canadá, Japón y<br />

Alemania, que eran también sus más fuertes competidores. De otro lado, el comercio con los países<br />

en vías de desarrollo, en general, no tiene un peso importante en el contexto de la actividad comercial<br />

estadounidense.<br />

Eso pone en evidencia la poca diversificación del comercio exterior de esos últimos países, que<br />

dependen, tanto para sus exportaciones como para su capacidad de importación, de un reducidísimo<br />

número de productos, algunos de los cuales, por otra parte, pueden representar un riesgo estratégico<br />

para Estados Unidos, en la eventualidad de que se repita la experiencia de la OPEP. Este es un elemento<br />

que tiene repercusión importante en la agresividad desplegada para el control de los mercados de<br />

algunas materias primas –en particular el petróleo–, en relación con las cuales manifiesta la economía<br />

norteamericana una significativa dependencia.<br />

7. La dependencia de las materias primas<br />

1. Es importante destacar el fenómeno de la dependencia de materias primas en que se encuentran los<br />

países desarrollados con respecto a los subdesarrollados. Al comienzo de los años setenta, la dependencia<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

514


de Estados Unidos era mucho menos grave que la del resto de las potencias imperialistas. Pero esa<br />

realidad, que en lugar de resolverse se agudizaba, repercutía en la política exterior norteamericana para<br />

impulsarla a mantener, a todo costo, su control sobre los países productores.<br />

Esa situación explica por qué las demás potencias se ven obligadas a apoyar a Estados Unidos en<br />

la mayoría de sus iniciativas a escala mundial, no obstante las contradicciones y los puntos de vista<br />

discrepantes.<br />

El hecho es que Estados Unidos controla un conjunto de productos estratégicos, de los cuales no<br />

pueden prescindir las otras potencias si quieren mantener sus posiciones competitivas a nivel internacional.<br />

Esta es un arma importante para la influencia política y económica norteamericana sobre el<br />

resto de las potencias imperialistas. Se trata de un tema que ocupa un espacio privilegiado en el ámbito<br />

de la política exterior estadounidense y ha sido siempre un punto importante de fricción con sus socios<br />

competidores.<br />

Para Estados Unidos, es esta una situación compleja, en tanto que atañe no solo a sus relaciones<br />

competitivas con las demás potencias capitalistas, sino también a su confrontación –ya en curso para<br />

entonces– con los países del llamado Tercer Mundo; cuestión que se comprende mejor si se analiza la<br />

alta dependencia de la industria norteamericana con respecto a algunas materias primas estratégicas.<br />

Hacia los años de la crisis económica, los setenta, esa dependencia daba también cuenta del alto<br />

impacto del ciclo de la economía estadounidense en los países exportadores.<br />

2. En todo el período, la posición privilegiada de Estados Unidos en el ámbito del comercio mundial<br />

no se presta a dudas, aun cuando países como Alemania occidental y Japón compiten fuertemente<br />

por esta (y sobre todo este último, que logra penetrar profundamente en el mercado estadounidense).<br />

Luego, no está fuera de la realidad afirmar que, a pesar de perder terreno en la competencia por el<br />

mercado mundial capitalista, Estados Unidos mantuvo su posición de líder, en tanto que su ciclo productivo<br />

tenía una importancia determinante para el comercio y para el ciclo de las restantes economías<br />

que conforman el sistema.<br />

El comercio mundial de mercancías sería insuficiente para explicar el problema de la transmisión<br />

del ciclo, es decir, de su carácter mundial y de la posición de Estados Unidos en el proceso. Es evidente<br />

que en los años setenta, y sobre todo durante la crisis de 1974-1975, Estados Unidos estaba a la cabeza<br />

del comercio mundial, tanto en el sector manufacturero como en el de las materias primas estratégicas.<br />

Esto tenía un fuerte impacto en los ciclos económicos del resto de los países capitalistas y, en particular,<br />

de los subdesarrollados.<br />

Hay que decir asimismo que en el comercio de armas se manifestaba la supremacía norteamericana,<br />

lo que explica el fenómeno del llamado complejo industrial militar y de la transnacionalización de la<br />

economía militar estadounidense.<br />

8. Las relaciones monetario-financieras y la transmisión del ciclo<br />

1. El fenómeno de la transmisión del ciclo de la economía norteamericana a la economía mundial ha<br />

sido una consecuencia directa de la situación en que se encontraban ambas, como parte del sistema<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

515


capitalista mundial, al término de la Segunda Guerra Mundial. Esa situación puede ser sintetizada,<br />

esquemáticamente, de la siguiente manera:<br />

a) Durante la guerra, Estados Unidos fue el principal proveedor de los países capitalistas europeos,<br />

que terminaron devastados, mientras su propio potencial industrial, comercial y financiero no<br />

sufrió, sino que por el contrario aumentó.<br />

b) Al concluir la contienda, Estados Unidos contaba con las mayores reservas de oro del mundo<br />

capitalista.<br />

c) Estados Unidos invadió el mercado mundial con sus productos; para comprar muchos tipos de<br />

mercancías había que tener dólares, que comenzaron a ser considerados sobre la base del mismo<br />

valor del oro, hasta imponerse, además, como moneda de reserva.<br />

d) El sistema inaugurado en Bretton Woods delineó, en el plano internacional, el control de Estados<br />

Unidos sobre el movimiento monetario-financiero capitalista.<br />

e) Aunque el sistema monetario que emergía debía estar regido por una “cesta de monedas”, en la<br />

cual el dólar sería una entre tantas, las circunstancias ligadas al dominio político-militar determinaron,<br />

en la práctica, que la estadounidense ocupara una posición central respecto a todas las<br />

demás monedas.<br />

2. Es solo sobre la base de esos antecedentes que se puede entender lo que sucede posteriormente en el<br />

sistema monetario capitalista.<br />

A pesar de todo, el sistema monetario emergente significó un paso importante en la organización<br />

de las finanzas del mundo capitalista, al establecer un organismo (inexistente hasta entonces) diseñado<br />

en función del control exclusivo por parte de Estados Unidos; de hecho, este sistema estuvo desde un<br />

inicio vinculado a las fluctuaciones de la economía norteamericana. Por esa razón, influyó sobre el<br />

resto de las economías capitalistas y ocasionó los siguientes problemas:<br />

a) Las dificultades de la balanza de pagos de Estados Unidos, de sus desequilibrios comerciales y<br />

hasta del financiamiento de aventuras militares, en las que se vieron involucrados, después de<br />

la Segunda Guerra Mundial, países de Asia (Corea, Vietnam) y África, junto con otros eventos<br />

que tuvieron influencia determinante en las finanzas mundiales.<br />

b) El proceso inflacionario experimentado por la economía norteamericana durante los años setenta,<br />

que influyó seriamente en el resto de las economías capitalistas.<br />

c) La política implementada por Estados Unidos a través del FMI y el Banco Mundial, encaminada<br />

principalmente a preservar el papel del dólar como instrumento del proceso de expansión<br />

del capital financiero estadounidense, que tuvo gran influencia sobre todo en 1971, cuando el<br />

dólar fue devaluado, y en 1972, cuando se declaró su inconvertibilidad, cosa que puso en tela<br />

de juicio el propio sistema monetario instituido en Bretton Woods en 1944.<br />

3. Es necesario, para comprender el período, reconocer que aunque Estados Unidos fue la causa principal<br />

de la crisis del sistema monetario-financiero capitalista, por haber trasvasado en este último 2 sus<br />

dificultades económicas de los años setenta y los primeros ochenta, las otras potencias se vieron siempre<br />

obligadas (y todavía lo están) a apoyar las medidas de la política monetaria que Estados Unidos<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

516


puso entonces en marcha (y todavía lo hace) porque, no obstante las pérdidas sufridas, el dólar no fue<br />

sustituido (y todavía hoy es así) como centro de la dinámica monetario-financiera a nivel mundial.<br />

El resto de las potencias capitalistas, a pesar de contar con el apoyo de sus fuertes potentados<br />

económicos e industriales, partían del presupuesto de que una parte importante de su propio futuro<br />

estaba ligado al de Estados Unidos. Sus razones para pensar de esa manera, todavía hoy válidas, pueden<br />

sintetizarse esquemáticamente en los siguientes puntos:<br />

a) Las potencias imperialistas estiman, sobre todo desde el punto de vista estratégico, que sus posibilidades<br />

de expansión y de supervivencia dependen de la política exterior de Estados Unidos,<br />

de su dominio, de su control sobre los países del Tercer Mundo y de su presencia militar en<br />

Europa y otras partes del planeta, a pesar de que hoy no haya justificación posible en el “peligro<br />

del comunismo”, como se postulaba durante los años setenta y ochenta 3 .<br />

b) Los grandes monopolios de esas otras potencias imperialistas obtienen beneficios muy concretos,<br />

en términos de requerimientos militares, mercados, oportunidades de inversión y otros<br />

privilegios, en los países controlados por Estados Unidos.<br />

c) Aun cuando compiten por los mercados militares, esas potencias no logran disputarle a Estados<br />

Unidos su posición estratégica militar a escala mundial, por lo que prefieren más bien asumir<br />

un papel de potencias de segundo orden 4 .<br />

Otros dos fenómenos desempeñaron un papel muy importante, durante los años setenta, en la<br />

internacionalización del ciclo de la economía norteamericana y en la transnacionalización de las dificultades<br />

cíclicas. Se trata de la exportación de capitales y las empresas transnacionales: dos ámbitos de<br />

la dinámica de la economía mundial capitalista en los que Estados Unidos ejerció un fuerte dominio<br />

al finalizar la Segunda Guerra Mundial y que continúa ejerciendo.<br />

9. Exportación del capital e internacionalización del ciclo<br />

1. Desde comienzos del siglo xx, y con base en el predominio de los monopolios, se produce un<br />

crecimiento y un desarrollo importante de las exportaciones de capital.<br />

Durante la Primera Guerra Mundial se contabilizaba ya una exportación de capitales por cerca<br />

de 46 millardos de dólares, con evidente ventaja de Francia e Inglaterra. Antes de ese conflicto, las<br />

principales potencias imperialistas mantuvieron esas exportaciones en un promedio cercano a 47 millardos<br />

de dólares y durante el período de posguerra, 1945-1970, se verificó un salto extraordinario en<br />

esas cifras.<br />

2. Tras la Segunda Guerra Mundial se hizo evidente la superioridad de Estados Unidos en este proceso,<br />

al punto de manejar más de 50% de las exportaciones de capital. Ya antes, entre la Primera y la<br />

Segunda Guerra, había superado definitivamente a Inglaterra en el ámbito de la economía mundial<br />

capitalista. Desde entonces, Estados Unidos se convirtió en el modelo capitalista por excelencia y<br />

procuró representar el mundo del siglo xx, tal como lo había hecho Inglaterra hasta el xix.<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

517


10. El ciclo económico de los años ochenta, la política macroeconómica<br />

y el nuevo paradigma tecnológico<br />

1. Los períodos de 1974-1975 y 1981-1984 fueron extremadamente importantes para la economía y<br />

para la sociedad norteamericana en general. Estados Unidos sufrió la crisis económica más importante<br />

después de la Segunda Guerra Mundial, en coincidencia y como resultado de un proceso de acumulación<br />

que, tras empezar a madurar al final de la posguerra, puso en evidencia la crisis del modelo de<br />

acumulación y de la política económica keynesiana, que la “estanflación” había hecho inoperantes.<br />

Con la administración de Ronald Reagan, a partir de 1981, comienzan los procesos de reestructuración<br />

de la política económica. Las previsiones apuntaban a la reducción rápida y sostenida de la<br />

inflación, la disminución del desempleo y el drástico recorte del déficit fiscal.<br />

La lógica de la política económica sería dirigida hacia una política de restricción monetaria, que<br />

implicaría una disminución de las presiones inflacionarias, y hacia una política fiscal que estimularía un<br />

incremento de la oferta; vale decir, una combinación entre la “ortodoxia monetaria” y las “recomendaciones<br />

de oferta”, en la consideración de que este círculo vicioso conduciría a un proceso dinámico y sostenido<br />

que rompería el encadenamiento caracterizado por la combinación de estancamiento e inflación.<br />

2. Pero aquello que se podría llamar “reaganismo originario” tuvo consecuencias, como una lenta rigidez<br />

de la “política monetaria” en 1981, que implicaron un crecimiento inicial de M1 cercano a 10%,<br />

para posteriormente tener un aumento equivalente solo a 4,7% y luego decaer entre abril y noviembre<br />

de 1981 y ser cancelado definitivamente 5 .<br />

Las mencionadas medidas de política monetaria tuvieron efectos no previstos por la teoría:<br />

a) Un crecimiento sustancial del costo del crédito, es decir, un aumento de las tasas de interés.<br />

b) Un impulso al alza de la tasa de cambio efectiva.<br />

c) Un impacto recesivo en el nivel de actividad económica, por cuanto limitó fuertemente la<br />

demanda y la producción.<br />

d) No funcionó el llamado principio de la “curva de Phillips”, según el cual un incremento de M1<br />

produciría un incremento del ahorro, que habría de traducirse en un aumento de la inversión<br />

productiva.<br />

En realidad, el incremento de M1 fue directo a un ahorro que no tuvo que ver con la inversión<br />

productiva, sino con la industria de la diversión y de la especulación, como resultado del nivel nada<br />

estimulante en que se encontraba la tasa de ganancia, todo lo cual provocó el aumento de las tasas de<br />

interés.<br />

Durante ese período, la economía se vio inmersa en el peor momento recesivo de la posguerra. La<br />

recuperación del último trimestre de 1982 no dependió solo de la política económica: la perspicacia<br />

de los llamados economistas de la oferta (supply side economics) no consistió tanto en la política que<br />

habían recomendado, como en darse cuenta de que el modelo de acumulación de la posguerra se había<br />

agotado y que la economía norteamericana, en particular, estaba pasando a un nuevo paradigma tecnológico,<br />

dentro del cual el objetivo de la política económica no debía ser ya el estímulo directo a la<br />

“demanda efectiva”.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

518


Todo esto ocurría porque se estaba pasando progresivamente del ciclo fordista-keynesiano, basado<br />

en el paradigma tecnológico de la industria metalmecánica-automovilística-petroquímica, a un ciclo<br />

llamado posfordista, que tiene su base tecnológica dominante en el paradigma electrónico-informático.<br />

11. El proceso de formación de la política económica en Estados Unidos<br />

1. El principio según el cual el incremento de la inversión es necesario para aumentar el consumo<br />

constituye uno de los aspectos revolucionarios de la teoría keynesiana, ya que los clásicos creían que el<br />

consumo y la inversión tenían un carácter alternativo.<br />

Keynes les dio un carácter complementario. Se trata, en efecto, de determinar el grado en que<br />

puede aumentar el consumo o el ahorro en función de un aumento dado de la inversión; la forma en<br />

que se reparte un aumento del ingreso entre consumo y ahorro depende del multiplicador. Como lo<br />

explica en muchos de sus trabajos Esteban Morales, estos principios teóricos básicos del keynesianismo<br />

son fundamentales para profundizar en el proceso de formulación de la política económica en Estados<br />

Unidos, tal como se manifestaba esta antes de que la crisis de 1974-1975 agotara el modelo de acumulación.<br />

La política económica y las políticas en general se formulan sobre la base de mecanismos en los<br />

que actualmente están presentes, por ejemplo, los siguientes factores:<br />

a) Un nivel de actividad económica en el que se hace indispensable la intervención de los mecanismos<br />

del Estado-Gobierno, en primer lugar para evitar las crisis económicas, y luego para regular<br />

el ciclo y asegurar la ganancia de los monopolios, como principio básico de funcionamiento.<br />

b) Un capitalismo imperialista en el que se conjugan:<br />

–Alto nivel de producción agrícola.<br />

–Alto nivel de producción industrial.<br />

–Banca desarrollada y transnacionalizada.<br />

–Alto nivel de circulación de mercancías, con mercados internos e internacionales grandes y<br />

localizados.<br />

–Alto crecimiento del comercio exterior.<br />

–Creciente y compleja legislación económica.<br />

–Un sistema de organismos económicos internacionales que funcionan bajo las directivas de<br />

las potencias capitalistas más desarrolladas, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el<br />

Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros.<br />

–Bloques económicos regionales como el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA,<br />

extensión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte), la Unión Europea (UE), el<br />

Bloque Asia-Pacífico (APEC), el Mercado Común del Sur (Mercosur) y otros.<br />

–Grupos capitalistas de coordinación, como el G7 (G7+1).<br />

–Simultáneamente, un proceso de reestructuración de la dinámica integracionista en América<br />

Latina y el Caribe, con el Mercosur y la llamada Integración Bolivariana (ALBA).<br />

c) Los esfuerzos de Estados Unidos para promover el Tratado de Libre Comercio de América del<br />

Norte, por medio de tratados bilaterales con los países de América Latina y el Caribe.<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

519


Todo esto instaura una dinámica muy compleja en el proceso de formulación de la política económica,<br />

a nivel tanto interno como internacional. Sin duda, la economía norteamericana se encuentra<br />

completamente inmersa en el nuevo paradigma tecnológico dominante, diferente al que sirviera de<br />

base al ciclo fordista-keynesiano, que la economía dejó definitivamente tras de sí.<br />

Los desafíos actuales de la economía norteamericana no están determinados por el crecimiento del<br />

PIB. Eso puede ser visto claramente en las tasas de crecimiento alcanzadas a partir de 2002, pero sobre<br />

todo de 2004.<br />

2. La economía norteamericana siguió creciendo entre 2003 y 2006, aunque con tendencia al estancamiento<br />

y, en algunos casos, a la recesión. No obstante, las dificultades mayores no provienen de la<br />

caída del PIB, sino de otros factores que, al no haber sido resueltos, continuarán incidiendo sobre el<br />

crecimiento de la economía en los períodos siguientes. Entre esos factores, los más importantes se<br />

pueden citar sintéticamente:<br />

a) El déficit fiscal, que alcanzó ya niveles inaceptables para la garantía de crecimiento del PIB. Se<br />

trata de una acumulación de deuda externa con grandes acreedores (China y Japón) y por un<br />

monto, si se consideran otros inversionistas, de cerca de dos billones de dólares.<br />

b) La deuda pública que, dada la población actual de 298.577.000 ciudadanos, significa que cada<br />

uno de ellos nace con una deuda de 27.627 dólares.<br />

c) El presupuesto militar sigue creciendo y los gastos de guerra en Iraq y Afganistán se contabilizan<br />

aparte.<br />

d) La desocupación real se mantiene en un nivel alto.<br />

e) La dependencia de las importaciones de petróleo aumenta en cerca de 40% el déficit comercial.<br />

f) La devaluación de las monedas de Asia oriental hace las exportaciones de esa región más interesantes<br />

para los consumidores estadounidenses y desequilibra la balanza comercial en prejuicio<br />

de la producción norteamericana.<br />

g) El desastre natural y social ocasionado por el huracán Katrina, que todavía no ha sido del todo<br />

afrontado, representa un peligro latente que –junto con los altos precios del petróleo– continúa<br />

haciendo presión sobre el crecimiento del PIB, lo que a su vez aumenta la presión sobre el dólar.<br />

h) El déficit corriente salta de 3,8% en 2001 a 5,7% en 2004.<br />

3. Por todo lo anterior y por otros problemas más, se puede decir que la mayor dificultad de la economía<br />

norteamericana, actualmente, es la de encontrarse bajo presión por la manera ineficiente e<br />

irresponsable en que es administrada.<br />

En este escenario de profunda y continua crisis internacional del capital, se replantea a pleno título<br />

el “brazo de hierro”* entre Europa y Estados Unidos, en una aguda competencia que apunta al dominio<br />

de Eurasia y con características geopolíticas y geoeconómicas que se concretan principalmente a<br />

través de las IDE.<br />

Durante la última década del siglo xx y los primeros años del xxi, los cambios de naturaleza política<br />

y económica que han caracterizado el contexto internacional, involucran el ordenamiento capitalista<br />

europeo, particularmente en las relaciones exteriores de índole político-económica.<br />

* (n.t.) Prueba de fuerza.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

520


En el período posterior al nacimiento de la Unión Europea se asiste, pues, a una aguerrida lucha<br />

económica entre esta y Estados Unidos por el control de los países exsocialistas de la parte centroccidental<br />

europea, especialmente de aquellos que pertenecieron al área asiática de la antigua Unión<br />

Soviética, todos considerados de notable interés estratégico para el dominio económico y político del<br />

mundo.<br />

En ese contexto, Italia juega cada vez más un papel de primer plano. En el área que los geopolíticos<br />

denominan Eurasia se concentran enormes recursos materiales (petróleo, gas metano, minerales<br />

preciosos, etcétera) y una significativa disponibilidad de capital humano (trabajadores especializados a<br />

bajo costo y con mínimos derechos): todo ello constituye un óptimo terreno para las ganancias industriales<br />

y hace de esos países un área estratégica de contienda primordial. Se trata, de hecho, de países<br />

que justo en estos años adelantan una intensa aproximación a las políticas neoliberales en el empeño<br />

de acceder a Eurolandia.<br />

4. Seguramente las tendencias de fondo del contexto económico internacional están cambiando, como<br />

se ha visto en las páginas precedentes. Hasta el momento, al incremento de la liquidez internacional<br />

no se han sumado tensiones inflacionarias, ya que en Estados Unidos la inmigración, el aumento de<br />

la productividad y las importaciones frenan esa posibilidad, y en Europa los proceso de inflación están<br />

limitados por las políticas restrictivas del salario directo y del gasto social, de la ausente redistribución<br />

del ingreso y la riqueza y, por tanto, de contención del consumo.<br />

Pero hoy, como se ha visto, la inflación vuelve a ser una variable central: se percibe en el aumento de<br />

los precios del petróleo y las materias primas, que provocan un alza de las tasas y una alta volatilidad<br />

de las cotizaciones accionarias. Son los organismos financieros internacionales los que advierten sobre<br />

el incremento de los riesgos de inestabilidad vinculados a la estructura de los mercados financieros<br />

internacionales, en los cuales tan solo los inversionistas institucionales mueven capitales –en dólares–<br />

aproximadamente equivalentes a todo el producto bruto mundial. Basta que las expectativas de<br />

ganancia sobre los capitales invertidos estén en baja, para hacer huir enormes masas de dinero hacia<br />

los paraísos fiscales. Se ha llegado así a pensar que solo una tremenda sacudida monetaria y una caída<br />

de las cotizaciones bursátiles podrían restablecer una correcta relación entre el mundo financiero y<br />

el mundo de la economía real, en un sistema monetario internacional que tenga como referencia<br />

mayor los equilibrios fundamentales de la economía entre el polo estadounidense, el polo europeo y el<br />

polo japonés.<br />

A través de la guerra del dólar contra el euro, de una crisis petrolera comandada desde Norteamérica<br />

y de la gestión de la new economy en el contexto general de la financiarización de la economía,<br />

Estados Unidos juega sus cartas para sofocar los intentos de afirmación y expansión del nuevo polo<br />

geoeconómico de la Unión Europea.<br />

El arma de la crisis del petróleo fue usada ya en los años setenta: dos terribles ataques piloteados<br />

por enormes encarecimientos del precio del petróleo pusieron en crisis el primer intento europeo de<br />

crear un bloque económico antagónico al estadounidense, a través de la construcción de la “serpiente<br />

monetaria”**. Apenas nacida la moneda europea, temiendo que esta pudiese fortalecerse en los<br />

** (n.t.) Denominación informal que recibieron los acuerdos monetarios estipulados en 1972 por la entonces Comunidad Económica<br />

Europea.<br />

COMPORTAMIENTO CÍCLICO DE LA ECONOMÍA EN LA POSGUERRA<br />

521


mercados y convertirse en instrumento de reserva internacional de divisas, se inició el ataque frontal de<br />

Estados Unidos, que fue capaz de atraer hacia sí enormes cantidades de capitales europeos mediante la<br />

oferta de altas tasas de interés y la hipertrofia de una economía financiada, precisamente, con el dinero<br />

proveniente de la vieja Europa.<br />

Esta última decidió, por una parte, implementar políticas monetaristas restrictivas con respecto a<br />

los criterios financieros de Maastricht, que provocaron desempleo y acrecentaron el malestar social;<br />

y por otra, se sintió políticamente demasiado débil y fragmentada para enfrentarse de inmediato al<br />

superpoder estadounidense. A ello se añade que la política monetaria implantada por el Banco Central<br />

Europeo tiende a imponer vínculos restrictivos a los Gobiernos, aprovechando las situaciones<br />

económicas favorables para sanear los presupuestos y reduciendo la deuda pública sin intervenciones<br />

expansivas sobre la economía, en términos ocupacionales.<br />

Europa apunta, en realidad, a una continua competencia con el crecimiento estadounidense, sobre<br />

la base de la estabilidad de los precios y el estímulo a la expansión de una economía de intercambios<br />

fáciles con alta rentabilidad en los servicios, especialmente en su faceta financiera, así como a reforzar<br />

los procesos de financiarización e imponer reformas estructurales que lleven a la liberalización (es decir,<br />

privatización) de los desempeños sociales y a la remoción de toda forma de rigidez en el mercado del<br />

trabajo; esto es, flexibilidad y precarización ampliadas al máximo.<br />

— notas —<br />

1 En realidad, la economía se había contraído desde 1964, pero las fuertes inversiones determinadas por la guerra de Vietnam<br />

contribuyeron a retrasar la crisis, que se manifestó como recesión en el período 1966-1967. Para profundizar en el tema, cfr.<br />

Vasapollo, Casadio, Petras, Veltmeyer (2004).<br />

2 Todavía hoy, China y Japón compran grandes cantidades de bonos del tesoro norteamericano, con lo cual fungen de garantes<br />

de Estados Unidos frente al creciente déficit, que no parece tener solución a mediano plazo.<br />

3 Se trata de algo tan importante, que el llamado peligro comunista devino, después de la Segunda Guerra Mundial, en el factor<br />

de articulación de la política exterior estadounidense; y lo mismo vale hoy para el embargo o, mejor dicho, el bloqueo total y<br />

los continuos actos de sabotaje contra Cuba, culpable de llevar adelante una vía de autodeterminación socialista.<br />

4 Lo cual no quiere decir que no exista competencia en ese plano. La Unión Europea desarrolla su industria armamentista con el<br />

apoyo, a veces, de multinacionales norteamericanas, para así asumir más directamente el aprovisionamiento para su defensa.<br />

5 Véase al respecto el Economic Report of The President, 1981, Washington, Estados Unidos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

522


Capítulo IV<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL:<br />

LA INTERPRETACIÓN DE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL Y DE<br />

LA NUEVA DIVISIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO<br />

1. Consideraciones e interpretaciones en torno a la globalización neoliberal 1<br />

1. Una gran contribución del pensamiento de los clásicos es seguramente la teoría sobre la división<br />

social del trabajo, inseparable del análisis de las clases y de las relaciones de clase y el excedente económico<br />

(el surplus) 2 , estudiado por Marx como plusvalía. La conexión entre surplus, división social<br />

del trabajo y primeras formas de comercio –o intercambio– es de clara lectura. Solo en la medida<br />

en que existe un excedente, puede concebirse el intercambio de bienes diferentes. Por lo tanto,<br />

cuando la célula básica de la sociedad (familia, clan, etcétera) deja de ser autárquica (es decir, la<br />

que produce por sí misma todo lo que necesita y solo para sí misma) y cada quien comienza a especializarse<br />

en la producción de un bien en particular, entonces, con el desarrollo de la técnica y<br />

con el mejoramiento de las habilidades individuales, es posible obtener de la actividad laboral un<br />

excedente. Luego este puede ser intercambiado para obtener otros bienes que se necesitan pero no<br />

se producen.


Pero la división social del trabajo produce también las primeras formas de división en clases, capas,<br />

castas, etcétera. Solo gracias al excedente la sociedad puede crecer y especializarse en nuevas actividades<br />

–sobre todo, inventarlas–, y el hombre puede dedicarse a actividades distintas a las meramente<br />

manuales, como serían las intelectuales, especulativas, religiosas, políticas, etcétera. Solo en la medida<br />

en que hay alguien que produce suficiente excedente como para mantener a otro que no participa en<br />

el proceso productivo, las actividades no manuales pueden difundirse.<br />

El camino que lleva de la cooperación simple a la manufactura y a la gran industria, no solo como<br />

etapas del desarrollo técnico y de la coordinación del trabajo, sino como métodos para la obtención<br />

de plusvalía, es parte consustancial del sistema. La división capitalista del trabajo se basa en una producción<br />

de mercancías que involucra por primera vez a toda la sociedad. Como parte de su proceso de<br />

desarrollo, el capital supera las fronteras nacionales y, en el marco de la ley de la internacionalización,<br />

crea primero el mercado mundial y luego su complemento: el sistema de relaciones económicas internacionales,<br />

como una compleja red que transforma a todas las naciones del mundo en un gigantesco<br />

campo de producción y apropiación de plusvalía.<br />

Como dijera Marx:<br />

La producción capitalista tiene por base el valor o desarrollo del trabajo abstracto materializado en<br />

el producto y su transformación en trabajo social. Para ello, son indispensables el comercio exterior<br />

y el mercado mundial. Estos factores son, pues, a la vez, condición y resultado de la producción<br />

capitalista (Marx y Engels, 1972, tomo 25, parte I: 274).<br />

2. En materia de relaciones económicas internacionales, los estudiosos marxistas han tenido muy<br />

poco que agregar: solo algunas indicaciones al paso del desarrollo internacional del capital, el análisis<br />

fundamental de la época del imperialismo que hiciera Lenin, seguido por Baran y Sweezy, y elementos<br />

de una construcción incompleta desarrollada por A. Emmanuel y P. Palloix. Otros elementos<br />

actuales para considerar son la teoría de los intercambios mercantiles y financieros internacionales<br />

y la de las áreas monetarias a escala mundial, así como los elementos de análisis de una teoría del<br />

comercio exterior que, referidos contextualmente a su tiempo, estaban ya presentes en las obras de<br />

los clásicos.<br />

Por todo lo dicho, y tomando en cuenta las consecuencias y el ambiente político del proceso en curso<br />

de globalización neoliberal, puede afirmarse que durante los años setenta y ochenta, como respuesta<br />

al proceso de crisis estructural capitalista –parte consustancial de la manifestación de agotamiento del<br />

modelo de acumulación capitalista instaurado en la posguerra–, se inicia un fenómeno de reestructuración<br />

económica en el corazón del capitalismo.<br />

Se trata de un proceso caracterizado esencialmente por la tendencia a la sustitución del modo<br />

mecanizado de producción tecnológica por la automatización, unido a un proceso de renovación<br />

del mecanismo económico, dada la obsolescencia de las viejas recetas keynesianas para garantizar la<br />

regulación económica por medio del Estado. A ello se añaden un intenso proceso de financiarización<br />

de la economía –que apunta más a la renta que a la ganancia–, las inversiones productivas basadas en<br />

el progreso tecnológico y las nuevas condiciones objetivas de desarrollo de algunas fuerzas productivas,<br />

ligadas en lo sustancial a la primacía de la electrónica, la informática, la robótica, los nuevos materiales<br />

y la biotecnología, entre otros progresos científicos 3 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

524


3. El proceso de transformación que ha afectado a los mercados internacionales durante estos últimos<br />

años ha tenido entre sus más directas consecuencias, como ya hemos dicho, un cambio fundamental en<br />

las modalidades del proceso productivo. Las empresas más pequeñas han tenido que combinarse entre<br />

sí para posibilitar el cambio ocurrido, de local for global (o sea, productos y producción nacional, mercados<br />

internacionales) a global for global (es decir, productos y producción multilocal, mercados globales).<br />

Se ha producido así el surgimiento de “sistemas de empresas virtuales”, que pueden operar temporalmente<br />

como si fuesen una sola. Se genera una situación de redes integradas a diversos niveles y<br />

a lo largo de una misma cadena de negocios, constituida por núcleos interactivos articulados en grupos<br />

y subgrupos, que comparten algunas infraestructuras (sistemas informativos, sistemas de gestión,<br />

valores) y están en capacidad de responder creativamente a los continuos cambios de escenario y del<br />

mercado. Este tipo de red, donde lo que circula son las informaciones, más que los bienes físicos, es<br />

definida como “sistema alónico”.<br />

Se debe considerar, además, que el alto nivel de conocimiento tecnológico y científico hace indispensable<br />

un nexo cada vez más estrecho entre los diferentes sectores de las empresas en cada país. El<br />

desarrollo de los medios de comunicación y de transporte, por otra parte, anula de hecho las distancias<br />

entre países y hace que las empresas consideren el mercado internacional en su globalidad, desencadenando<br />

una competencia global cada vez más feroz. Si a eso se agrega la notable transformación de los<br />

procesos productivos, que ha impuesto la necesidad de pasar de una producción con elevado uso de<br />

mano de obra (labour-intensive) a un modelo industrial basado en capitales materiales (es decir, instalaciones<br />

y equipamientos, capital-intensive) y con un alto incremento de los gastos dedicados al capital<br />

inmaterial –como la información, la investigación y el desarrollo–, se comprende que, para la empresa<br />

capitalista, competir en un sistema global significa mantener costos fijos muy elevados y conseguir la<br />

manera de recuperarlos, puesto que, además, los costos variables no son ya de valor estratégico. Resulta<br />

entonces asimismo indispensable tener socios internacionales que puedan contribuir a amortizar los<br />

costos fijos, con los cuales definir estrategias que permitan maximizar la rentabilidad de la empresa,<br />

a través de la compresión del costo del trabajo directo e indirecto y la reducción de la imposición<br />

fiscal y tributaria.<br />

Condicionados por las nuevas exigencias de la valorización del capital, estos fenómenos –asumidos<br />

ya por las empresas multinacionales– han alcanzado dimensiones internacionales y se entrelazan con<br />

otros en el proceso de mundialización del capital, como la reestructuración de las relaciones económicas<br />

internacionales y la conformación de una nueva división internacional (capitalista) del trabajo.<br />

4. En el contexto de este escenario se comenzó a hablar de globalización, que hoy día resulta ser el<br />

término económico más usado y abusado: ha devenido en una suerte de palabra mágica que todo lo<br />

explica, muchas veces sin tocar siquiera el real antagonismo internacional que esconde.<br />

De ahí la necesidad de un debate en torno a la objetividad y subjetividad de la actual globalización,<br />

en el que resulta interesante poner en primer plano las siguientes interrogantes: ¿Qué cosa es realmente<br />

la globalización? ¿Constituye simplemente un fenómeno conceptualizable o es acaso susceptible<br />

de ser asumido como categoría económica? ¿La internacionalización del capital es parte integrante<br />

del proceso de globalización, o quizá la globalización es parte orgánica de la internacionalización del<br />

capital? ¿Debe atribuírsele un efecto homogeneizador o disgregador? ¿Qué puede esperar en verdad de<br />

ese proceso el Tercer Mundo?<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

525


5. El contenido efectivo de la globalización está dado no por la libre circulación de los hombres, no<br />

por el libre intercambio entre las culturas, no por la mundialización del comercio, sino solamente por<br />

la de las operaciones del capital, tanto en su forma productiva como en la financiera. En el origen<br />

del crecimiento de la esfera financiera se encuentran flujos que llevan hacia ella partes de una riqueza<br />

surgida en el campo de la producción y que, antes de ser trasvasadas –en diversas formas y<br />

en diferentes países– a dicha esfera, asumían la forma de sueldos y salarios o, en cualquier caso, de<br />

réditos del factor trabajo. Esos flujos están en el origen de los perversos mecanismos de acumulación,<br />

en los que la cacería desatada contra las economías nacionales está dirigida a afianzar el dominio<br />

del capital financiero y es parte de la relación de competencia internacional entre polos geoeconómicos,<br />

competencia mediada por compromisos internos en las organizaciones supranacionales del<br />

capital financiero.<br />

La globalización neoliberal de los mercados es, como hemos dicho, un elemento característico de<br />

estas últimas décadas. Las instituciones políticas, económicas y culturales deben confrontarse cada<br />

día con este fenómeno, que está provocando la disgregación de las culturas, de las fronteras y de las<br />

economías nacionales, entre otras razones porque ha asumido siempre la forma de competencia global<br />

posfordista de la era de la acumulación flexible.<br />

Incluso en la óptica del desarrollo capitalista, se presentan problemas jurídicos, sociales y directamente<br />

económicos ligados a este fenómeno. En primer lugar, no hay controles eficaces para el funcionamiento<br />

de los mercados financieros, en la medida en que los operadores pueden desplazar ingentes<br />

sumas de dinero de una parte a otra del mundo; esto, en un contexto de desregulación, significa actuar<br />

exclusivamente según las propias exigencias de ganancia, sin que haya ningún control político ni,<br />

mucho menos, instrumentos de intervención de las autoridades monetarias.<br />

Se producen, por otra parte, efectos devastadores para el modelo y el ciclo productivos, en tanto<br />

que hay una demanda cada vez mayor de recursos especializados y con un alto nivel de inmaterialidad<br />

y flexibilidad. En cambio, las fases más débiles del ciclo, con bajo contenido de valor agregado, son<br />

excluidas, externalizadas, deslocalizadas en el exterior en pos de trabajo especializado no regulado y<br />

con bajo salario.<br />

6. Por eso, una de las primeras críticas que se pueden formular a quienes hablan del “fin del trabajo” es<br />

la de ser eurocéntricos (rectius: “occidentalocéntricos”). Una visión restringida a los países de capitalismo<br />

maduro los lleva a declarar con toda simpleza que el trabajo llega a su fin.<br />

Esto tiene como consecuencia una pluralidad de errores. En primer lugar, su ideología 4 no tiene<br />

en cuenta la (nueva) división internacional del trabajo (NDIT); oblitera el resto del mundo, para<br />

concentrar su esfuerzo en una parte limitada y minoritaria del planeta (la inmensa mayoría de la clase<br />

trabajadora se encuentra hoy en las llamadas periferias y semiperiferias). Según estos teóricos, el trabajo<br />

termina, desaparece, porque el “trabajo industrial” ha desaparecido en los países “posindustriales”.<br />

Sin embargo, no solo no ha terminado, sino que está en fortísima expansión. El punto es que hoy se<br />

expande no en los países de capitalismo maduro, sino en los PVD; en otras palabras, el sector de la<br />

producción industrial es “externalizado” fuera del mundo occidental (siguiendo así un razonamiento<br />

típico del eurocentrismo, para el cual el Otro no existe o existe solo en tanto que es negado 5 : si el sector<br />

industrial es exportado a otro mundo, inexistente, entonces desaparece, se convierte en un problema<br />

que no es nuestro).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

526


Un segundo error, que antecede y funda el anterior, es la identificación de trabajo (y trabajador)<br />

fordista con trabajo (y trabajador) tout court. La crisis del modelo organizativo empresarial fordistataylorista<br />

y su “superación” (en la sociedad de los servicios, del poscapitalismo, del posfordismo, de la<br />

inmaterialidad) 6 implica, en consecuencia, la crisis de la sociedad del trabajo y el ingreso a la sociedad<br />

del no-trabajo. Alguien, encaprichándose, habla de sociedad del ocio, como cosa ya en marcha. El<br />

razonamiento que despliegan los nuevos gurús es este: si el trabajo es reducido al trabajo fordista y este<br />

último desaparece, es el trabajo mismo lo que ha desaparecido; si la sociedad fordista está basada en el<br />

trabajo y el trabajo ya no existe, tampoco existe la sociedad fordista; si la sociedad capitalista está basada<br />

en el trabajo y el trabajo ha desaparecido… ya no hay siquiera capitalismo. No es solo que el trabajo<br />

nunca fue del todo homogéneamente fordista, sino que no ha desaparecido: tan solo se ha exportado<br />

un modo de organizarlo. Por tanto, aunque sea solo para contentar al sociologismo más “escolástico” y<br />

superficial, podemos desde ya afirmar que el trabajo “a la vieja manera” ha sido simplemente desplazado<br />

y no suprimido. Pero ciertamente no podemos contentarnos con esa constatación.<br />

El haber hecho coincidir el trabajo con el trabajo manual es otro error epistemológico fundamental<br />

(quizá el primero en orden de importancia, y a él no han sido tampoco inmunes muchos<br />

marxistas más o menos ortodoxos) de quien sostiene que ha llegado el fin del trabajo. Partamos de<br />

la constatación básica de que ningún trabajo humano es nunca puramente manual o intelectual, y<br />

que implica siempre actividad tanto cerebral como muscular. El trabajo manual era identificado con<br />

el de la fábrica: sucio, peligroso, masificado, descalificado y… explotado. Aun quien no compartía la<br />

teoría científica de Marx sobre la explotación, tendía a reconocer los efectos en la relación de subordinación<br />

del obrero. La explotación era palpable, se veía, se “sentía”, se “oía” y, sobre todo, no estaba<br />

separada de la figura del obrero alienado de la fábrica fordista. Superada la cual, y superado el obrero<br />

alienado, la nueva economía neoartesanal del trabajo autónomo de última generación cede la propiedad<br />

y el control a la propia actividad laboral y a la vida misma. Consecuencia: fin de la explotación<br />

capitalista.<br />

El trabajo intelectual, en cambio, ha sido siempre concebido como el típico trabajo de cuello<br />

blanco o de las clases dominantes. Por años se pensó que no podía producir plusvalía 7 (y no podía,<br />

por tanto, ser explotado). Sin embargo, un trabajador 8 es productivo no en razón de su manualidad o<br />

intelectualidad, sino de su integración en el proceso productivo (de plusvalía).<br />

La desaparición del trabajador manual en los países de capitalismo maduro (que en todo caso está<br />

por demostrar) no significa entonces, por sí misma, la desaparición del trabajador productivo, y todavía<br />

menos de la clase trabajadora (que está compuesta por trabajadores productivos e improductivos).<br />

El trabajo permanece; solo ha cambiado de forma (ni siquiera del todo) y sigue siendo explotado 9<br />

dentro del mismo modo de producción capitalista.<br />

La gran crítica metodológica que se puede aportar a la teoría “fin-laborista” es entonces la de no<br />

considerar la economía-mundo (un único MPC integrado), sino leer fenoménicamente (y ni siquiera<br />

bien, porque su lectura es limitada) solo algunas tendencias, que además son propias únicamente de los<br />

países de capitalismo maduro. La economía, en cambio, es global desde hace siglos. Y, aunque se habla<br />

tanto de globalización, los “fin-laboristas” desglobalizan sin motivo su propio análisis, atrincherándose<br />

en las murallas de un pensamiento débil y posmoderno.<br />

Es impensable un discurso acerca de la reestructuración capitalista y las nuevas formas de control<br />

del capital sobre el trabajo sin una correcta visión global del fenómeno. La división del trabajo es, pues,<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

527


necesariamente, hoy más que nunca, división internacional del trabajo. Mientras el modelo fordistataylorista<br />

ha sido exportado a las periferias (pero no del todo), el toyotismo se ha difundido en los países<br />

de capitalismo maduro (pero también en los PVD más avanzados). Sin embargo, ambas estrategias<br />

siguen conviviendo en el capitalismo avanzado (el taylorismo ha sido difundido en los “servicios” y en<br />

la gran distribución, y la reestructuración de sectores económicos completos, anteriormente públicos<br />

y ahora sometidos a la ganancia, sigue las enseñanzas de Taylor).<br />

Lo que hoy presenciamos es un complejo proceso de “combinación” de variadas estrategias organizativas,<br />

que conviven a escala nacional y mundial.<br />

Es por todo eso que el cuadro de la economía mundial integrada, y por tanto de la nueva división<br />

internacional del trabajo que a ella corresponde, no puede ser leído sino con los lentes teóricos de la<br />

categoría conceptual de imperialismo.<br />

7. La relación de dependencia de las “periferias” (colonias, para Jaffe, que además, correctamente,<br />

resalta cómo en realidad es el capitalismo “central” el que depende de aquellas) está fundada en la<br />

subordinación económica, política y cultural de los países dominados a los dominantes. Sobre esas<br />

relaciones, a su vez, se basan las políticas estratégicas de internacionalización y deslocalización productiva<br />

de la empresa capitalista, incluso en la forma de fábrica social difundida. Tras la crisis de<br />

sobreproducción (y por tanto de rentabilidad) de las últimas décadas, las clases capitalistas imperialistas<br />

de Occidente han recurrido a diversas estrategias para elevar de nuevo la tasa de ganancia (y,<br />

por tanto, la tasa de explotación). En las “periferias” (para Jaffe: colonias y semicolonias), la fuerza de<br />

trabajo produce una superganancia que, al balancear las encogidas tasas de ganancia alcanzadas en el<br />

“centro”, garantiza la supervivencia de los complejos industriales centrales y del capitalismo mismo 10 .<br />

Es la ley del valor lo que nos permite comprender correctamente la nueva reestructuración mundial y<br />

la nueva división internacional del trabajo 11 . Lo que se resquebraja, en comparación con el pasado, es<br />

la relación privilegiada que la clase trabajadora occidental mantuvo en las décadas pasadas con la clase<br />

capitalista-imperialista.<br />

En el curso de los años –y con amplia divulgación en numerosas publicaciones–, Jaffe ha elaborado,<br />

en paralelo a una lectura particularmente interesante de Marx, Engels y Lenin, la que posiblemente sea<br />

la más consecuente y radical teoría de la explotación generalizada que adelantan los países de capitalismo<br />

maduro (imperialistas) en detrimento de las clases explotadas de los países coloniales.<br />

Lo que diferencia a Jaffe de tanta literatura marxista e incluso de la más radical en la materia, es su<br />

teorización acerca de una plusvalía negativa (que en sus escritos representa con el signo S - ). La teoría<br />

marxista “clásica” habla de la aristocracia obrera 12 como un estrato de la clase trabajadora de los países<br />

de capitalismo maduro, que goza de los frutos del imperialismo en su propia casa, aun cuando sigue<br />

siendo –en los términos de Marx– parte de la clase explotada; es decir, produce todavía W (plusvalía),<br />

pero ss = v + ϕ, donde ϕ es una cuota agregada de W producida internacionalmente por las clases<br />

trabajadoras de los países dominados-coloniales.<br />

Y ahí se sitúa la ruptura radical de Jaffe con todo el pensamiento del “marxismo occidental” 13 .<br />

Sostiene él lo que podríamos definir como un concepto de “aristocracia obrera difusa”: es toda la clase<br />

trabajadora de los países de capitalismo maduro (salvo sus fracciones realmente explotadas, compuestas<br />

por lo general por minorías étnicas e inmigrantes) la que constituye una inmensa aristocracia obrera<br />

que ya no es explotada –en términos marxistas–, puesto que no produce ya plusvalía; antes bien,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

528


consume ella misma plusvalía producida en otra parte (en las colonias) por otros: las clases trabajadoras<br />

coloniales (excepto sus fracciones privilegiadas, como por ejemplo lo fueron los “blancos” en la<br />

Sudáfrica del apartheid).<br />

8. En el caso de la clase trabajadora aristocrática de los países de capitalismo maduro, el saldo de plusvalía<br />

es por tanto negativo: sus salarios son mayores que el valor producido por su fuerza de trabajo.<br />

Las economías de esos países se desenvuelven “pacíficamente” (desde el punto de vista de los conflictos<br />

de clase) gracias no solo a la superexplotación-superganancias de las colonias, sino también a una clase<br />

trabajadora interna (de los países imperialistas) que, al no ser ya explotada y vivir ella misma de la<br />

explotación de las clases trabajadoras de los países coloniales, pierde todo interés en la conflictividad y<br />

se hace subsumir completamente en las lógicas e ideologías de sus propias clases dominantes.<br />

De allí se deriva el “colaboracionismo difuso” de la clase trabajadora “central” con el imperialismo<br />

doméstico (cfr., finalmente, Jaffe 2005). El llamado “pacto keynesiano” es entonces solamente una<br />

estrategia política-económica-social de compromiso histórico entre clases sociales opuestas y conflictivas<br />

en los países de capitalismo maduro, con base en la explotación generalizada de las colonias y<br />

de su fuerza de trabajo; y esa explotación sirve, precisamente, para negar la base material-objetiva de<br />

la conflictividad obrera en Occidente. De allí surgen las dificultades (o imposibilidades) de la clase<br />

trabajadora “central” para asumir el conflicto. Y por eso la esperanza de un otro mundo futuro reposa,<br />

para Jaffe, en las clases trabajadoras coloniales y en sus diversos movimientos de liberación, que, al<br />

poner en discusión el sistema colonial, ponen en crisis el sistema capitalista.<br />

Si esa interpretación de las asimétricas relaciones internacionales puede ser sugerente y convincente<br />

para el período “fordista-keynesista” 14 , creemos, sin embargo, que en la fase actual es solo parcialmente<br />

cierta. Tras la crisis de los años setenta y la reestructuración mundial, el capitalista colectivo ha logrado<br />

restablecer su dominio despótico sobre el trabajo a escala planetaria, y también en los países de capitalismo<br />

maduro.<br />

La clave de la lectura del modo de producción capitalista está, también hoy, durante la llamada<br />

era posfordista de la acumulación flexible, en la estructura y las dinámicas de la plusvalía.<br />

2. La globalización como proceso objetivo<br />

1. La globalización, en un primer acercamiento a su interpretación, no es más que el desenvolvimiento<br />

de una etapa cualitativamente nueva y superior en el desarrollo de la internacionalización del capital,<br />

que, si bien no presupone la manifestación de una nueva fase en el desarrollo del modo de producción<br />

capitalista, es evaluada como una nueva etapa en el proceso de expansión internacional, en particular,<br />

del capital financiero.<br />

Como bien se ha señalado en los trabajos de Efraín Echavarría –a quien entre otros se hará en lo<br />

sucesivo referencia–, la globalización es un término que se usa para denominar la nueva forma que<br />

reviste, en la actualidad, la esencia internacionalizadora del capital, y que se transforma en realidad en<br />

un concepto que puede ser subsumido en otro, dado su grado de generalidad: el concepto de internacionalización<br />

o de mundialización capitalista, que se convierte en categoría económica.<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

529


Los procesos referidos acerca de la relación dialéctica entre la internacionalización, concebida como<br />

ley, y la ley del desarrollo económico y político desigual, ayudan a explicar fenómenos positivos de la<br />

coyuntura actual de largo plazo en la historia del capitalismo y hacen que la política económica –que<br />

en estos momentos viste el hábito de política globalizadora neoliberal– asuma una validez universal y<br />

permanente, referida fundamentalmente a las condiciones económicas objetivas, que son en realidad<br />

históricamente transitorias, como lo fueron en la historia del capitalismo otros procesos expansivos.<br />

Ejemplos de ese efecto positivo se pueden encontrar en la recuperación desigual de una serie de<br />

indicadores en los países del centro del capitalismo, como fenómeno típico de las ondas largas expansivas:<br />

crecimiento de la producción –que se expresa de diferentes maneras–, de las inversiones, de la<br />

productividad y del margen de ganancia, así como la promoción del comercio mundial que, desde mediados<br />

de los años ochenta, ha tenido entre los países desarrollados una expansión anual del 10%. Se<br />

concreta esto también en un mayor y mejor acceso informativo, tecnológico, mercantil y de servicios<br />

producidos en las diversas regiones del mundo, y en las posibilidades de incrementar la eficiencia y el<br />

rendimiento del capital a través de procesos mediante los cuales se produce la internacionalización de<br />

los ciclos de los componentes funcionales del capital financiero y su entrecruzamiento. Por otra parte<br />

se registra, en conjunto, desde el punto de vista de la calidad –y sobre todo de la calidad del desarrollo–,<br />

todo un sistema de desigualdades en lo que concierne al bienestar de la población, desigualdades<br />

acentuadas por el proyecto globalizador neoliberal.<br />

En cuanto a la globalización como proyecto universal neoliberal, aplicado tanto en los países subdesarrollados<br />

como en los de mayor desarrollo capitalista, lo más importante es conocer la realidad,<br />

puesto que de ello se debe derivar, y en verdad se deriva, la actitud del saber teórico, que contribuye a<br />

despojarnos de la subjetividad que acompaña a dicho proyecto en el campo de lo político, que pretende<br />

presentarse como parte consustancial y universalizable del fenómeno.<br />

2. La génesis de la globalización radica en la vocación internacional del capital. Concebirla simplemente<br />

como un fenómeno nuevo en la configuración actual del imperialismo como competencia global,<br />

sin una explícita referencia a la internacionalización del capital, significa ignorar la dialéctica de las<br />

leyes económicas del sistema, en tanto que correlación entre el desarrollo de la esencia internacionalizadora<br />

y la dinámica de sus formas de manifestación.<br />

La internacionalización del capital tuvo en primer lugar que cumplir incursiones en la esfera de la circulación,<br />

fenómeno típico del capitalismo premonopolista, para adentrarse luego en la esfera de la<br />

producción, con el imperialismo. La génesis de la manifestación de la esencia internacionalizadora del<br />

capital se percibe dialécticamente vinculada a la génesis de la manifestación de la proyección internacional<br />

de la ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo (Marx, 1976, tomo I: 505).<br />

Este fenómeno resulta muy importante en lo teórico, metodológico y político, dado que las leyes<br />

de internacionalización y del desarrollo económico y político desigual capitalista expresan acciones<br />

contrapuestas: la fuerza de la primera tiende a la igualación, y la de la segunda, a la diferenciación, si<br />

bien los efectos de una y otra no pueden evaluarse aisladamente.<br />

3. Los principales fenómenos que permiten dar base a la actual formación de una nueva etapa de<br />

la mundialización capitalista, y que –obviamente– presuponen nuevas formas de manifestación de la<br />

esencia del fenómeno de la internacionalización, son, por ejemplo:<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

530


a) La creciente interdependencia económica internacional.<br />

b) La elevada internacionalización del ciclo del capital productivo, que se expresa en la gran segmentación<br />

de la producción en distintos puntos del planeta, en la producción just in time y en<br />

el nivel de movilidad internacional de las mercancías y los capitales.<br />

c) La estandarización, que significa homogeneidad de las mercancías y de la demanda respectiva,<br />

sistema común de pesos y medidas, difusión de avances tecnológicos –en el contexto del capitalismo<br />

llamado posfordista, o del toyotismo a la occidental– con producción ajustada (lean manufacturing)<br />

y continua, automatización flexible, rápida difusión o transmisión instantánea de<br />

grandes cantidades de datos a largas distancias –mediante redes interempresariales e Internet–,<br />

disminución del coeficiente de capital por unidad de producto, etcétera.<br />

4. En el ámbito macroeconómico, los principales fenómenos de la fase actual de la mundialización<br />

capitalista pueden ser sintetizados como una intensa reestructuración del espacio económico internacional,<br />

que se manifiesta en:<br />

a) Desintermediación financiera y proceso de reestructuración de las instituciones financieras y<br />

comerciales internacionales.<br />

b) Desarrollo pleno del mercado mundial, unido a la internacionalización de la oferta y de la competencia<br />

entre productores; internacionalización también de la demanda, en muchos sectores,<br />

mediante inversiones en publicidad y mercadeo a nivel mundial.<br />

c) Estructuración de una nueva división internacional del trabajo, capitalista, en correspondencia con<br />

las exigencias del tránsito a la instauración del modo de producción tecnológico-automatizado.<br />

d) Alto nivel de concentración del capital financiero internacional, condicionado por la finalización<br />

de la internacionalización del ciclo de sus partes funcionales, con exaltación en esta etapa<br />

de la internacionalización del ciclo del capital monetario-financiero y de su forma sui géneris de<br />

existencia: el capital ficticio, como conjunto de los recursos del capital intangible e inmaterial.<br />

e) Tendencia fuerte a la formación de bloques económicos, como parte de procesos de integración<br />

que también caracterizan esta etapa como componente de la nueva fase de la internacionalización,<br />

que responde a las contradicciones y exigencias de la valorización del capital en un contexto<br />

en el que la interpenetración de las economías se va conjugando con nuevos modelos de eficacia<br />

y competitividad. En ese contexto, las políticas económicas y mecanismos de autorregulación<br />

resultan insuficientes, por lo que se presenta la necesidad de potenciar las posibilidades de éxito<br />

de las economías con una visión regional y local, recurriendo a los procesos de complementariedad<br />

que puedan derivarse de tales mecanismos.<br />

3. La globalización como fenómeno subjetivo: el proyecto político<br />

de la globalización neoliberal se transforma en competencia global<br />

1. El concepto de globalización, que en diversos trabajos hemos identificado como competencia global<br />

15 , demuestra una vez más tener escaso valor heurístico, cuando no ser directamente mitificante, si<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

531


se tiene presente el desarrollo del comercio internacional en todo el mundo. Este se muestra cada vez<br />

más concentrado, al menos relativamente, dentro de los contrapuestos polos geoeconómico-políticos<br />

imperialistas y sus respectivas zonas de influencia (América Latina para Estados Unidos, euro-mediterráneo<br />

y “Eurasia” para la Unión Europea, la zona costera de China para Japón, y cada vez más el<br />

Asia entera para China misma) (Martufi, Vasapollo, 2000a). Las batallas comerciales están en el orden<br />

del día. Y en los últimos años han desencadenado también más guerras indirectas (antigua Yugoslavia,<br />

Afganistán, Iraq) entre el polo estadounidense y el polo europeo. Los Estados (supra)nacionales cumplen<br />

en esta dialéctica profundamente política, un papel fundamental.<br />

La función de la geoeconomía política es cada vez más importante; el acceso directo a las fuentes<br />

energéticas y materias primas garantiza la autonomía relativa frente a otros polos imperialistas. Muchas<br />

veces, las políticas geoeconómicas de los polos son dictadas más por la necesidad de “debilitar al adversario”<br />

(Lenin, 2001: 109) que por la exigencia de aprovisionamiento directo o de apertura de nuevos<br />

mercados (véase la guerra de Iraq, dirigida visiblemente contra los intereses europeos y chinos en la<br />

zona, en disputa por el crudo que ahora pasa por los oleoductos estadounidenses).<br />

En este marco de competencia generalizada entre los polos imperialistas, hay que tener presente<br />

el problema, poco estudiado, de las “áreas de divisas” (dólar, euro, yen, yuan, islamic banking, por<br />

ejemplo). El predominio monetario mundial garantiza lo que algunos llaman el “señoreo” (que en<br />

última instancia se concreta en la transferencia de plusvalía a las propias arcas) y la inmensa cosecha de<br />

capitales provenientes del mundo entero en el espacio geopolítico-monetario propio. Es esclarecedora<br />

a ese respecto la batalla continua que se viene dando desde hace años entre el dólar y el euro, al igual<br />

que los diversos intentos del stablishment estadounidense de hacer naufragar el proyecto del euro,<br />

incluso con abiertas amenazas.<br />

2. Tras el frecuente estallido de guerras (promovidas por el “frente occidental”, Estados Unidos en<br />

primera línea) durante la “década larga” de los años noventa, sobre todo después de la aceleración<br />

beligerante que siguió al 11 de septiembre, se ha comenzado de nuevo a hablar de imperialismo, tanto<br />

en los ámbitos del poder como entre la gente común. Se diría que la globalización está en crisis, o<br />

habría en todo caso que sostenerla mediante “políticas imperiales” que, frente a un competidor universal<br />

antiglobalización, deben aplanar por la fuerza el camino de la construcción de nuevos Estados<br />

democráticos (nation building), filo-occidentales, que garanticen la libre circulación de mercancías,<br />

de capitales y de las finanzas del oeste (en un marco de pax imperialis que, por sí sola, puede crear los<br />

presupuestos para una nueva globalización). En esa óptica, el imperialismo es reducido a una categoría<br />

estrictamente militar y, como mucho, política. Parece apenas la otra cara (potentemente armada y<br />

necesariamente amenazadora) del policía global, que de las políticas de disuasión pasa a las de pena<br />

capital. El imperialismo asume así una connotación “violenta”, y no es ya de naturaleza predominantemente<br />

socioeconómica. Se reduce a una política militar, a la que recurre Occidente para defenderse<br />

del enemigo.<br />

Pero la dimensión militar no es sino el brazo armado de las contradicciones económicas del imperialismo:<br />

basta mirar el escenario que se despliega en el marco macroeconómico mundial de los años<br />

noventa, caracterizado simultáneamente por muy débiles tasas de crecimiento del PIB (incluyendo a<br />

países como Japón, que desempeñó una función conductora con respecto al resto de la economía mundial);<br />

por una coyuntura mundial extremadamente inestable, intercalada de sobresaltos monetarios y<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

532


financieros; y por un aumento de las inversiones, en particular las financieras, que se acompaña del<br />

crecimiento en masa de la desocupación, proceso este último de naturaleza tecnológica y estructural,<br />

estrechamente ligado a la contención del salario real, a la flexibilización y precarización del trabajo y a<br />

condiciones laborales de tipo medieval, en muchos países en los que la mano de obra es explotada al<br />

extremo.<br />

Se determina, de esta manera, una acentuación de las desigualdades en el ingreso y en las condiciones<br />

de vida, incluso dentro de los grandes bloques económicos capitalistas, que viene seguida por la<br />

marginación de regiones enteras del globo –que quedan fuera del sistema de intercambio– y por una<br />

competencia internacional cada vez más intensa. Como consecuencia de tan grande crisis estructural,<br />

el imperialismo vuelve a vestir sus trajes guerreros (Iraq, Balcanes, Afganistán, de nuevo Iraq, Medio<br />

Oriente, etcétera).<br />

3. Se desarrolla así, de manera todavía más fuerte y decisiva, la competencia entre Europa y Estados<br />

Unidos, que tiene por objetivo el dominio de Eurasia y reviste características geopolíticas y geoeconómicas<br />

definidas, tanto con la colocación de las inversiones directas en el exterior (IDE) como con la<br />

intervención en términos de globalización financiera. En este último caso, al explotar las utilidades de<br />

las IDE, se reciclan estas en Occidente para favorecer formas de especulación financiera con ganancia<br />

fácil, capaces de destrozar las economías débiles o de niveles medios de desarrollo, en beneficio de<br />

las instituciones financieras, en particular de las no bancarias, en las que se basa el crecimiento de los<br />

grandes bloques económicos. Estos elementos deben ser interpretados como los primeros signos de la<br />

madurez de un nuevo y gran régimen de acumulación mundial, una acumulación flexible, cuyo funcionamiento<br />

está sometido a las prioridades del capital privado y financiero altamente concentrado,<br />

y en el que la Unión Europea procura jugar un papel de primer plano en abierta competencia con<br />

Estados Unidos.<br />

Este es el contexto de la competencia global, ampliamente tratado en páginas anteriores, en el cual,<br />

seguidamente, profundizaremos en otros aspectos.<br />

4. La competencia global como fase actual del imperialismo<br />

1. Como se ha visto, abordar el fenómeno de la globalización neoliberal significa partir de varios<br />

puntos de vista teórico-metodológicos fundamentales, que de seguidas intentaremos recapitular sintéticamente<br />

en sus posiciones más significativas, lo que nos ayudará a reflexionar acerca de los mitos y<br />

las realidades de este fenómeno:<br />

a) La globalización como sinónimo de interconexión económica de los países más ricos, que tienen<br />

libertad de movimiento de personas y bienes.<br />

b) La globalización como un proceso de interconexión de “los norte” –concebido tanto en lo<br />

interno de los países desarrollados como en lo interno de los subdesarrollados–, pero también y<br />

al mismo tiempo de exclusión de “los sur”.<br />

c) La globalización como sinónimo de capital mundializado, proceso que supone la transición del<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

533


capitalismo de una base nacional a una base mundial ya creada, con lo cual se considera como<br />

principal obstáculo la existencia del Estado-nación.<br />

d) La globalización como momento en el desarrollo del capitalismo, que marca el fin de la historia 16 .<br />

e) La globalización como arco del triunfo del capitalismo en tanto sistema, considerando que la<br />

competencia entre capitalismo y socialismo fue remplazada por la competencia entre versiones<br />

alternativas de la economía de mercado o modelos capitalistas, en un contexto de “fin de la<br />

Guerra Fría”.<br />

f) La globalización considerada –entre otros aspectos– como una creciente interdependencia y<br />

creación de bloques y áreas económicas, con sus respectivos mecanismos de regulación, órganos<br />

de decisión, etcétera, que conducen a una revisión teórico-histórica del Estado y del concepto<br />

mismo de soberanía. Todo ello asociado al fin de la bipolaridad y al surgimiento de una tripolaridad<br />

económica entre los grandes líderes y sus respectivos bloques económicos: Estados<br />

Unidos, Japón y Alemania. Desde este punto de vista, se toma asimismo en consideración la<br />

formación simultánea de alianzas estratégicas entre países para lograr una estructuración económica<br />

que eleve la capacidad exportadora en la competencia entre bloques, la cual es también<br />

evaluada como una batalla entre “diversos tipos de capitalismo”.<br />

g) La globalización como síntoma de una transformación estructural de la economía mundial.<br />

h) La globalización asociada a la crisis de los modelos sociales, en lo que la revolución conservadora<br />

de los años ochenta denominó “fin de la Guerra Fría”.<br />

i) La corriente del pensamiento que vincula la globalización a la vocación internacional del capital.<br />

2. Ante todo se debe confirmar la necesidad de distinguir –como ya se ha indicado– entre la globalización<br />

como proceso objetivo y su conversión en proyecto político, que es un fenómeno subjetivo (el<br />

universalizable discurso neoliberal globalizador).<br />

Nuestra posición acerca de las interrogantes expuestas y en relación con los principales aspectos<br />

del debate teórico y del discurso globalizador, la hemos expuesto en varios trabajos anteriores, y aquí<br />

en varios capítulos del texto, en particular cuando se ha afrontado el tema de los bloques geoeconómicos<br />

y geopolíticos que identifican la fase actual del imperialismo en un evidente contexto de<br />

competencia global.<br />

La globalización es un concepto recurrente en el cual hay de todo, un término-comodín que casi<br />

nunca explica nada y oculta en cambio una realidad fundamental; en otras palabras: un subterfugio<br />

que se usa para obligar a la gente a aceptar el empeoramiento de sus propias condiciones de vida y<br />

de trabajo.<br />

En estricto sentido, la “globalización económica” hace referencia al proceso de formación de un<br />

sistema económico mundial. Pero si la globalización existe como una de las nuevas tendencias del<br />

proceso económico, no se puede afirmar que la economía sea una realidad completamente globalizada,<br />

ni que se someta únicamente a las tendencias que apuntan a su mundialización.<br />

Una economía, definida de manera rápida, es una estructura de estructuras en la que se ponen de<br />

acuerdo operadores económicos, sistemas de producción y sistemas de intercambio. Los operadores<br />

económicos fundamentales son los empresarios y los trabajadores, que al mismo tiempo son consumidores;<br />

la estructura de producción está formada por las empresas y las estructuras de distribución<br />

son, en lo esencial, las que se derivan de la existencia de un mercado regulado, es decir, un mercado<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

534


en el que cada cosa tiene un precio y hay un precio para cada cosa: por eso es necesaria una unidad<br />

de medida. Las economías modernas son economías monetarias, por lo que una economía establecida<br />

en un plano mundial requiere la existencia de emprendedores y fuerza de trabajo mundiales,<br />

precios mundiales y una moneda mundial, cosas que hoy o no existen o están “en curso de… pero<br />

todavía no”.<br />

La expresión “globalización económica”, vista como estructura, hace referencia a la existencia de un<br />

mercado mundial, en el cual circulan libremente los capitales financieros (dinero, préstamos y créditos<br />

internacionales, inversión extranjera), comerciales (bienes y servicios) y productivos (mediante la segmentación<br />

de los procesos de producción y la deslocalización en diversos países, que buscan maximizar<br />

las entradas y reducir los costos al utilizar materias primas y mano de obra a bajo costo).<br />

Las condiciones de existencia de un mercado incluyen una estructura de precios relativos, que<br />

permite comparar el precio de un bien o servicio con otro, y una moneda que establece una soberanía,<br />

un tiempo y un espacio en la determinación de los valores sociales.<br />

Existen, por los momentos, solo monedas nacionales, es decir, soberanías nacionales. Hay circulación<br />

internacional del trabajo (migraciones) y de bienes y servicios (comercio), pero no mercado<br />

mundial, porque no hay un precio único en todo el mundo para trabajos, bienes y servicios que sean<br />

iguales; no hay, en verdad, ni siquiera un espacio económico único, puesto que la circulación de trabajo,<br />

bienes y servicios se estrella en la existencia de fronteras nacionales. A fin de que haya un mercado<br />

único, tendrían que desaparecer las fronteras económicas y existir una autoridad regulatoria unificadora<br />

a escala planetaria, funciones estas que las instituciones actuales (Fondo Monetario Internacional,<br />

Organización Mundial del Comercio, etcétera) están lejos de asumir.<br />

3. Cabe subrayar que la explotación del trabajo, que nace del desarrollo de la producción mercantil,<br />

deviene en universal, pero ello no necesariamente implica cambiar las formas de producción sobre la<br />

base del trabajo asalariado. Es suficiente someter esas formas de producción a las leyes de la explotación<br />

y del mercado capitalista. Eso quiere decir que el capitalismo es universal en tanto que somete<br />

a sus leyes las diversas formas de producción: mercantil simple, esclavista, feudal, primitiva, etcétera;<br />

todas esas formas son llevadas al mercado para que se realicen. El capitalismo compendia en sí mismo todas<br />

las formas previas de explotación, sobre la base de la generalización de la explotación del trabajo<br />

asalariado, y eso sucede aun si no es del trabajo asalariado que se obtiene el 100% de la producción:<br />

toda la producción que no se realiza con los métodos capitalistas, está dominada por las leyes de la<br />

producción mercantil capitalista.<br />

Luego, el capitalismo es universal no porque homogenice en términos absolutos todas las formas<br />

de producción, sino porque las somete, las domina. No las sintetiza en un solo modelo de producción,<br />

pero las hace girar continuamente en torno al modelo dominante, aprovechando las asimetrías y las<br />

desventajas que estas formas de producción inferiores presentan con respecto a la producción capitalista<br />

17 . Por eso hemos podido resaltar, en diversas partes del texto, que lo que se ha definido como<br />

el actual modelo posfordista de acumulación flexible convive hoy con la estructura fordista y con la<br />

dimensión esclavista, incluso en los mismos países de capitalismo maduro.<br />

Este problema, el de la manera en que el capitalismo deviene en modo de producción y se universaliza,<br />

es importante para entender cómo requiere, para existir, de un nivel más alto de desarrollo de<br />

las fuerzas productivas; y, no obstante, contradice ese desarrollo, en tanto que no lo generaliza. Por<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

535


el contrario, mantiene la diferenciación de los niveles de desarrollo, ya que la necesita como alimento.<br />

Razón por la cual la ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo es una ley<br />

todavía actual.<br />

Un segundo aspecto es el que se refiere a la forma misma de funcionamiento de la economía capitalista,<br />

es decir, al carácter “cíclico” de su producción.<br />

Fenómeno por el cual se debe retomar a Marx, en particular el tomo II de El Capital, donde el autor<br />

define la ley que rige la producción capitalista y la expone con conocimiento de causa, comenzando<br />

por la mercancía misma. Debido a conocidas vicisitudes históricas, Marx solo pudo terminar el tomo<br />

I de El Capital, publicado en 1867, y dejó a Engels el trabajo de los otros tomos de la obra en tres<br />

volúmenes, publicados en 1885, dos años después de la muerte de Marx, y luego en 1895, poco antes<br />

del deceso de Engels. Algunos investigadores plantean que quizá Engels cambió algunas cosas en lo que<br />

era el pensamiento de Marx, pero en lo sustancial fue muy respetuoso de su análisis y lo aclaró, por otra<br />

parte, como nadie más habría podido hacerlo. En ninguna otra obra de Marx está tan coherentemente<br />

expuesta su metodología como en El Capital y en las Teorías de la plusvalía, tomo IV. Luego, no hay<br />

la más mínima duda de que, si queremos profundizar en el problema de la llamada globalización, el<br />

punto de partida fundamental es el estudio de la circulación del capital, pero no porque la globalización<br />

sea en esencia un fenómeno de ese campo, sino más bien porque la circulación del capital, con<br />

el estudio del ciclo, es lo que permite ver en su dinámica el proceso que nos facilitará la comprensión<br />

del fenómeno.<br />

4. El capitalismo se generaliza sobre la base del surgimiento de dos mercados separados: el de los medios<br />

de producción y el de la fuerza de trabajo. Ocurre esto en razón de la separación del productor con<br />

respecto a sus medios y condiciones en este proceso. Ello pone en evidencia el doble carácter de todas<br />

las categorías económicas que Marx utiliza y que lo distancian de la idea de que el capitalismo pueda<br />

ser eterno, una última y definitiva forma de producción social, como pensaban los clásicos Petty, Smith<br />

y Ricardo. La fuerza de trabajo, como conjunto de capacidades físicas e intelectuales que el hombre<br />

posee para ejercer la función del trabajo –es decir, la transformación de la naturaleza para adaptarla<br />

a sus necesidades–, ha existido siempre, pero es solo con el capitalismo que deviene en mercancía, al<br />

igual que todos los resultados de la producción, sea o no creada con métodos mercantiles.<br />

Son los fenómenos que ocurren en el proceso de la llamada “acumulación originaria” los que históricamente<br />

hacen surgir las condiciones sociales del régimen de producción capitalista. Esto solo sucede<br />

a partir del nacimiento del capitalismo, no antes. Conocimientos sociales dispersos los había ya mucho<br />

antes del capitalismo, pero solo este último hace posible, con la universalidad de sus leyes, la aparición<br />

de las ciencias sociales como cuerpo coherente e integral de conocimiento.<br />

Con el desarrollo del mercado mundial y con el surgimiento de los monopolios internacionales,<br />

este fenómeno traspasa definitivamente las fronteras nacionales y deviene universal, sometiendo al<br />

resto de los movimientos en el contexto de la economía mundial. Este proceso, consustancial a cada<br />

país capitalista, se internacionaliza sobre la base del comercio de mercancías.<br />

Pero el crecimiento del excedente relativo de capital en los países capitalistas desarrollados, resultado<br />

del fenómeno de la concentración y centralización del capital y de la producción, suma a<br />

este proceso la exportación de capitales y establece relaciones económicas más sólidas entre todas las<br />

regiones del mundo, en un solo mercado mundial: el deudor está más fuertemente unido al acreedor<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

536


que el vendedor al comprador. Surge así el predominio de los monopolios internacionales y el proceso<br />

se acelera a nivel mundial; se produce asimismo un desarrollo de las fuerzas productivas que permite<br />

el incremento, hasta límites insospechados, del comercio de mercancías, del flujo de capitales y de la<br />

formación de nuevos ámbitos productivos, comerciales, tecnológicos, etcétera, que ya empezaban a<br />

abrirse cuando las empresas multinacionales hicieron su aparición. También el Estado y su papel en la<br />

economía aceleran este procedimiento.<br />

Se trata de un proceso que ocurre sobre la base del predominio tecnológico, comercial y financiero<br />

de un conjunto de potencias capitalistas principales que todavía hoy siguen siendo dominantes, y en<br />

el que la única excepción es Japón, que se agregó al concluir su recuperación económica después de la<br />

Segunda Guerra Mundial. Aparecen así varios fenómenos, como la formación de una dinámica cíclica<br />

a nivel mundial, creada por la interconexión de los ciclos nacionales. Además, entran directamente a la<br />

escena países cuya característica fundamental, desde el punto de vista de sus dinámicas de desarrollo,<br />

es la de no tener un ciclo propio y depender del mercado exterior para completar el proceso productivo<br />

interno; o, para decirlo mejor, el hecho de que una parte importante de sus procesos productivos<br />

ocurre en el mercado mundial, pues carecen de una base material propia para completar el proceso de<br />

reproducción. Se asiste también al surgimiento y desarrollo de mercados reconocidos a nivel internacional,<br />

con una extraordinaria tendencia a la monopolización.<br />

En consecuencia, surge un tipo de monopolio internacional (multinacional o, mejor, transnacional)<br />

que, con bases en un determinado país, extiende sus tentáculos por el mundo, se relaciona con<br />

países y regiones como si fuesen meros departamentos de su actividad internacional y lleva a cabo una<br />

parte sustancial y creciente del comercio y del flujo de capitales, de tecnologías y de recursos.<br />

Dados los niveles de monopolización alcanzados, el flujo de mercancías y de capitales se convierte<br />

en mecanismo transmisor de los impulsos cíclicos, generados en los países capitalistas desarrollados,<br />

hacia los menos desarrollados. Se manifiesta así el fenómeno de la llamada interdependencia, de “alineación<br />

con respecto al líder”, que deriva en un carácter reflejo para las crisis, las depresiones y otros<br />

fenómenos económicos de la dinámica cíclica del capitalismo.<br />

5. La fase actual de la competencia global –el llamado fenómeno de la globalización neoliberal– debe<br />

ser vista, en primer lugar, como el resultado lógico del proceso de internacionalización del capital y<br />

de la producción. Se trata, por tanto, de un fenómeno objetivo, independientemente del hecho de<br />

que se presenta también como un proyecto hegemónico de la oligarquía transnacional, que busca la<br />

reestructuración del capitalismo a nivel mundial –y, como parte de ello, la “modernización” del sistema<br />

neocolonial inaugurado tras la Segunda Guerra Mundial–, para tratar de salir de la crisis estructural de<br />

acumulación que este afronta, cuando menos, desde mediados de los años setenta. Podemos afirmar,<br />

entonces, que el ciclo del capital se cumple cada vez más en un espacio mundial, sea a través del ciclo<br />

del capital dinero, del capital productivo o del capital mercancía.<br />

La internacionalización del espacio en el que se cumplen estos procesos constituye un fenómeno<br />

relativamente nuevo, sobre todo para los ciclos del capital dinero y del capital productivo, anteriormente<br />

confinados a un espacio más o menos estrecho. El capital mercancía ha constituido y mostrado,<br />

desde los orígenes del capitalismo, un ciclo que se desarrolla en el espacio internacional e impone los<br />

modos de operar y competir del comercio y de los flujos monetarios, que repercuten con gran fuerza a<br />

escala mundial y minan, cada vez más, los conceptos de independencia y soberanía, como reacción al<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

537


vínculo y la integración, por ser más fuerte y porque, aun involuntariamente, no responde al dominio<br />

y al control.<br />

Precisamente, la complejidad de este proceso reside en el hecho de que no tiene nada de voluntario,<br />

en tanto que ocurre bajo el predominio de los monopolios internacionales, multinacionales, de un<br />

conjunto de potencias imperialistas encabezadas por Estados Unidos.<br />

6. Pero la globalización neoliberal no es solamente un fenómeno objetivo. Acerca de su significado<br />

existen tres interpretaciones con enfoques diferentes, que podríamos definir como neoliberal, de extrema<br />

izquierda y, finalmente, de los “arrepentidos”.<br />

El enfoque neoliberal considera la globalización como el triunfo definitivo del capitalismo a nivel<br />

mundial y nos la muestra como el mejor de los mundos posibles. La interpretación de izquierda la considera<br />

apenas una estratagema, un proyecto de extrema derecha para subvertir el mundo, sin tomar en<br />

cuenta sus especificidades político-económicas actuales. Finalmente está la visión de los “arrepentidos”,<br />

entre los que se cuentan académicos, políticos, estudiosos –vale decir, “arribistas” en general–, que,<br />

apenas caído el socialismo en la Europa del Este, renegaron de todo análisis marxista. Liodakis (2005)<br />

sostiene que dentro del enfoque tradicional de la globalización se abren dos direcciones políticas:<br />

una es la conservadora y la otra es socialdemócrata. Ambas tienen variantes optimistas y pesimistas.<br />

Mientras las segundas son críticas, por motivos diversos, las posiciones optimistas tienden a coincidir<br />

en muchos puntos. Para los neoliberales (conservadores optimistas) la “globalización es una necesidad<br />

económica inevitable e irreversible, que produce beneficios para todos, e impone la necesidad imperativa<br />

de una política neoliberal y de la competencia a escala internacional” (347). En cuanto a los<br />

socialdemócratas optimistas, ellos están<br />

ampliamente de acuerdo con este análisis [el recién citado de los neoliberales], diferenciándose solo<br />

en el tema de la reglamentación política. Este enfoque, en todo caso, no solo implica una política de<br />

austeridad –determinada por intereses de clase– y una depresión salarial, sino que además oblitera esa<br />

característica –solo parcialmente entendida– de la globalización que refleja una específica estrategia de<br />

clase del capital transnacional, ampliamente promovida a través de las empresas transnacionales y de<br />

organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el FMI, la OMC, el G8, etcétera. (347-348).<br />

No faltan tampoco aquellos que, sin que puedan ser acusados de comunistas, están ya afirmando<br />

que se debe estudiar a Marx para comprender el capitalismo. Tómese como ejemplo, entre otros, a<br />

Sylos Labini.<br />

En realidad, ninguna de las tres aproximaciones permite dar una interpretación real de la actual<br />

fase del imperialismo.<br />

7. No es posible analizar el fenómeno de la globalización sin considerar los problemas de la actual<br />

revolución científico-técnica, que reestructura el capitalismo y permea hacia la periferia por medio<br />

de los “mecanismos de transmisión”. Se trata de una propagación diferenciada, condicionada por la<br />

capacidad de absorción y la competencia, que ciertamente no crea beneficios para la periferia. Esos<br />

mecanismos de transmisión son la exportación de mercancías, las inversiones, las finanzas y las políticas<br />

dirigidas por los centros capitalistas desarrollados, sobre todo, por medio de sus multinacionales.<br />

Se controlan así también drogas, ambiente, propiedad intelectual, etcétera.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

538


Por otro lado, las políticas keynesianas resultan obsoletas para salir de la crisis estructural, pues cambian<br />

los parámetros de la política económica. Las fuerzas productivas se modifican cualitativamente y<br />

pasan a caracterizarse por la supremacía de la electrónica, de la informática y de procesos que amplían<br />

las capacidades físicas e intelectuales del hombre hasta niveles insospechados en el proceso de trabajo;<br />

además, esas fuerzas productivas son apoyadas por la biotecnología, por las materias primas sintéticas,<br />

por los nuevos materiales, etcétera. Vehículos o agentes de este proceso son las grandes empresas multinacionales,<br />

mediante el control y la supremacía en las instituciones económicas internacionales y el<br />

supercontrol de organismos de coordinación, como el G-7 (o G-8, en plan de eufemismo) o la OCDE,<br />

sin faltar los militares, como la OTAN, etcétera.<br />

En los últimos años, una serie de eventos de naturaleza política y económica y escala internacional<br />

han modificado los esquemas del mercado mundial, al provocar en las relaciones de competencia<br />

global fuertes cambios que se han concretado, desde el punto de vista del análisis de la instrumentación<br />

económico-productiva, en un crecimiento exponencial de las importaciones, de las exportaciones y, en<br />

particular, de las inversiones directas en el extranjero (IDE) 18 .<br />

Tales procesos se deben –y están fuertemente ligados– a la actividad de las empresas multinacionales<br />

que, ante los continuos cambios del mercado internacional, vinculados al desarrollo tecnológico y<br />

a las políticas de liberalización, han impuesto crecientes niveles de competencia e implementado con<br />

éxito una serie de estrategias de carácter expansivo.<br />

Así, a través de operaciones de adquisición y de fusiones más allá de las fronteras, han creado auténticas<br />

redes de producción a escala internacional. Se pone de esta manera en evidencia el verdadero<br />

carácter de la globalización, que se configura cada vez más como competencia global, de naturaleza<br />

geopolítica y geoeconómica, para los polos internacionales.<br />

La relación entre capital transnacional y áreas de influencia está determinada por la división internacional<br />

del trabajo y, en consecuencia, por la manera en que cada una de las economías nacionales se<br />

ubica en función de la ampliación o la redefinición de los polos geoeconómicos internacionales.<br />

Estas dinámicas, que actúan contra las economías débiles, determinan superganancias para las instituciones<br />

financieras –en particular las no-bancarias–, en las que se basa el crecimiento de los actuales<br />

procesos especulativos. La composición y la diferencia entre las modestas tasas de crecimiento de la<br />

formación del capital fijo en el sector privado de los países de la OCDE y las del monto de los activos<br />

financieros, nos coloca ante una de las dimensiones más críticas de la mundialización, centrada en lo<br />

financiero y especulativo.<br />

El acelerado crecimiento de la esfera financiera fue seguido al poco por la liberalización y desregulación<br />

de los respectivos sistemas nacionales, en un régimen de carácter internacional en el cual una<br />

parte extremadamente grande de las transacciones financieras se produce en el coto cerrado de las<br />

relaciones entre instituciones especializadas, sin contraparte alguna ni en el ámbito del intercambio<br />

de mercancías y servicios ni en el de las inversiones productivas. Existen, sin embargo, nexos muy<br />

fuertes y de gran capacidad económica y social entre la esfera de la producción deslocalizada y la de las<br />

finanzas. El capital financiero privilegia las operaciones de inversión financiera a breve plazo, a fin de<br />

poder reciclar inmediatamente los fondos disponibles en inversiones directas en el extranjero, dirigidas<br />

inicialmente al sector productivo para después regresar y estar otra vez disponibles para la especulación<br />

financiera.<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

539


5. Aspectos del actual panorama económico-financiero mundial frente<br />

al mito globalizador: el ejemplo de los fondos de pensión<br />

1. Cabe señalar que el valor del comercio mundial es apenas un tercio del valor del producto mundial<br />

bruto; eso indica que dos tercios de dicho producto se realizan en los mercados nacionales y no en<br />

un hipotético mercado global. La apertura externa de las economías es menor en los países más desarrollados<br />

que en aquellos de bajo nivel de desarrollo. La inversión extranjera ha financiado –aunque<br />

desigualmente– transformaciones productivas, ha propiciado el incremento de la producción destinada<br />

a la exportación y ha aumentado la productividad y la competitividad, permitiendo así a los países<br />

en vías de desarrollo, en proporción diversa, hacerse de economías de escala a través de sistemas de<br />

producción internacional.<br />

Sin embargo, más de 75% del total de los flujos mundiales de IDE se mueve entre países desarrollados;<br />

en realidad, ese flujo está concentrado en poquísimos países, no más de 15 economías.<br />

Este fenómeno tiene un límite en el hecho de que las oscilaciones de las economías receptoras, hacia<br />

adelante o atrás, son frecuentemente muy débiles. Esto significa que el crecimiento económico, la protección<br />

social y el empleo generados a través del efecto multiplicador pueden ser relativamente bajos.<br />

Luego, el reforzamiento del mercado financiero, de las ganancias fáciles sin inversión productiva,<br />

de las rentas financieras, se produce como resultado del ataque no solo al salario directo y al salario<br />

indirecto, sino también al diferido, con la contrapartida de un empeoramiento de las condiciones de<br />

vida de todos los trabajadores, ocupados o no.<br />

2. Es desde esta perspectiva que se lee la fase actual del capitalismo mundial y de casi todos los organismos<br />

internacionales, hoy sometidos a las lógicas monetaristas de la contrarreforma del welfare State,<br />

sostenida en el desmantelamiento de las conquistas sociales, económicas y de civilidad, a partir de la<br />

demolición del sistema público de pensiones. El verdadero objetivo del capital, en este terreno, no es<br />

definir de otra manera el Estado social, sino derribarlo; así, por ejemplo, no se trata de reformar las<br />

pensiones, sino de privatizarlas, de hacer pagar a los trabajadores una alta contribución para enriquecer<br />

al cartel de las aseguradoras.<br />

Se introduce así, pesadamente, la lógica forzada de echar mano a los fondos de pensiones, sin considerar<br />

los crack financieros y las repercusiones extremadamente negativas que para la economía real<br />

han generado, por ejemplo, los fondos ingleses y estadounidenses. Piénsese que los fondos de pensión<br />

del área del capitalismo anglosajón (Estados Unidos y Gran Bretaña) y del renano (Alemania y Japón)<br />

mueven varias decenas de millones de millardos de liras que, al circular en mercados no disciplinados,<br />

no controlados, en los que predomina un capitalismo salvaje que no persigue sino la mera realización<br />

de la ganancia, crean serias descompensaciones sociales en términos de sustracción de recursos para la<br />

inversión real, y por tanto mayor desempleo, mayor reducción de la calidad de vida en general y mayor<br />

derrumbe de las garantías sociales colectivas.<br />

Los fondos de pensión administran cifras impresionantes, que se desplazan de un país a otro en<br />

pos de las inversiones de mayor rentabilidad: movilizan colosales intereses internacionales, aprovechan<br />

toda ocasión favorable que ofrezcan los mercados y producen, así, inesperados apoyos para la cotización<br />

de los títulos durante las tendencias alcistas e impresionantes caídas cuando la incertidumbre<br />

predomina. De esta manera, se convierten en factor desestabilizador no solo de dicha cotización, sino<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

540


del mismo ordenamiento económico-social y político de los varios países que, de tanto en tanto, son<br />

el blanco de la especulación financiera internacional. Considérese, además, que un fondo de pensiones<br />

se constituye con el fin de brindar, con una cadencia preestablecida, una prestación en favor del<br />

beneficiario, bajo la forma de renta o de liquidación del valor de los capitales. Se trata, en cualquier<br />

caso, de prestaciones financieras generalmente honradas en el largo plazo, cuya gestión debería, por<br />

tanto, estar ligada a políticas de inversión a mediano-largo plazo. Para ese fin se configuran los fondos<br />

como inversionistas institucionales, que tendrían que actuar en función de una alta predictibilidad<br />

para flujos de entrada y salida.<br />

También en Italia, desde un punto de vista teórico, se intenta atribuir a la introducción de los<br />

fondos de pensión la capacidad de desarrollar fuertemente el mercado bursátil, pero esto, ciertamente,<br />

no puede ser válido para el mercado italiano, todavía asfíctico y atrasado con respecto a los de otros<br />

países de capitalismo avanzado. Afirman, además, las más autorizadas fuentes institucionales, partidistas<br />

y sindicales, que los fondos de pensión deberían tener un efecto estabilizador y capacidad para<br />

posibilitar una prolongación de la vida media de la deuda pública, estimular la propensión al ahorro a<br />

través de una diversificación de los instrumentos financieros que se ofrecen a los ahorristas y favorecer<br />

un proceso de redistribución de la propiedad de las empresas de nuestro sistema productivo, con todo<br />

lo cual fungirían de vehículo para la difusión del accionariado popular y del ensanchamiento de las<br />

bases de la democracia económica. Pero la realidad es otra. En los países donde los fondos de pensión<br />

están más difundidos, países cuyos mercados financieros tienen un espesor y una extensión mucho más<br />

significativos que en Italia, se han producido dramáticos episodios sociales que ponen en tela de juicio<br />

la propia estructuración de esos fondos y revelan su verdadera función y finalidad.<br />

De por sí, un fondo de pensiones debería estar caracterizado por un margen de riesgo no excesivamente<br />

alto, ya que tendría que realizar solo operaciones de mediano-largo plazo. Pero la realidad ha<br />

demostrado que la carrera por la ganancia ha incentivado la implementación de políticas especulativas<br />

de corto plazo y la inversión de los fondos en el mercado accionario, en abierto contraste con los objetivos<br />

de tipo previsional que debían privar, lo que en momentos de baja bursátil ha llegado a provocar<br />

auténticos derrumbes, con impresionantes repercusiones para la estabilidad del fondo en cuestión y<br />

para la marcha de la economía en general.<br />

La experiencia ha demostrado, pues, que los fondos de pensión han tenido mayormente un efecto<br />

desestabilizador del mercado, acompañado muchas veces de una elevación de los precios accionarios<br />

por causa de la excesiva liquidez. Es entonces absurdo pensar que los problemas relacionados con la<br />

crisis de la previsión pública puedan ser resueltos con el desarrollo de la previsión privada. La solución<br />

ha de buscarse, en cambio, en el aumento de su nivel de eficiencia y en la procura de un equilibrio estructural<br />

entre ingresos y gastos, entre modos de financiamiento y tipos de prestación. Esto solo puede<br />

ocurrir a través de la ampliación de la base ocupacional, a partir de políticas de reducción inmediata del<br />

horario de trabajo, con idéntico salario, y de la recuperación de la certeza de los derechos adquiridos.<br />

3. La perspectiva debe ser la de canalizar el ahorro hacia las inversiones productivas, capaces de crear<br />

trabajo, de crear riqueza que pueda medirse no exclusivamente en términos de PIB, sino también de<br />

civilidad y humanidad, de impulsar asimismo una producción no mercantil, de desarrollar un tipo<br />

de trabajo que pueda aportar mejorías significativas en el conjunto de las condiciones de vida, de las<br />

relaciones sociales y de la protección social.<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

541


El incremento del grado de civilidad de una comunidad se mide por la capacidad de satisfacer las<br />

exigencias colectivas de equilibrio económico-social, resolviendo los problemas de los ciudadanos más<br />

débiles, para reducir las tensiones sociales y no para acrecentarlas con la inseguridad ante el futuro. Una<br />

inseguridad que se debe también, por ejemplo, al efecto disruptivo de la falta de perspectivas ciertas,<br />

efecto que la introducción y desarrollo de los fondos de pensión pueden provocar, tanto desde el punto<br />

de vista individual, de cada trabajador, como, según se ha visto, en relación con el condicionamiento de<br />

la economía real.<br />

6. De la globalización de la pobreza y la desigualdad a la globalización<br />

de los derechos de la humanidad<br />

1. Como se ha visto, la financiarización de la economía se concreta, por ejemplo, a través de fondos<br />

de pensión que, dentro de las dinámicas de la globalización, actúan en un contexto especulativo que<br />

combina actualmente los efectos de la división de los mercados solventes a nivel internacional, de la<br />

tecnología innovadora y de la internacionalización de las unidades de investigación y desarrollo, del<br />

nuevo régimen jurídico del intercambio internacional y de los movimientos de capital, y que determina<br />

las tasas de rendimiento y, por tanto, la escogencia de la localización de las inversiones. Estas últimas<br />

pueden tener, pues, carácter productivo, y en tal caso se trata cada vez más de inversiones directas en el<br />

extranjero, ejecutadas por empresas que quieren ubicarse en otros países a través de la creación de nuevos<br />

establecimientos productivos, o mediante la compra de cuotas de participación en sociedades ya<br />

existentes 19 . De esta manera se puede hacer que las utilidades alcanzadas sean de nuevo dirigidas hacia<br />

la inversión financiera, en pos de ganancias más fáciles e inmediatamente disponibles como masa de<br />

dinero virtual, capaz de determinar procesos de desestabilización de las economías, incluso aquellas<br />

de nivel medio-alto.<br />

Se imponen así, de forma directa o indirecta, las vías geopolíticas y geoeconómicas de la “estabilidad”,<br />

particularmente en América Latina, en la Europa central y oriental y en los países del Asia<br />

central, punta de avanzada de los países con niveles medios de desarrollo.<br />

Todo esto tiende a conformar una nueva división internacional del trabajo y representa un mundo<br />

de posibilidades, pero también de desafíos, si se considera que la globalización neoliberal no ha sido<br />

pensada para impulsar positivamente a los países en vías de desarrollo. A partir de este escenario se<br />

empieza a hablar realmente de globalización.<br />

2. En términos teóricos, pues, la globalización no es una categoría económica, como en cambio sí lo es<br />

la internacionalización, que es más amplia y la contiene. En realidad, la globalización neoliberal, que<br />

hemos caracterizado como la fase de la competencia global, es solo un concepto para indicar un paso<br />

ulterior en la internacionalización del capital. La globalización es un fenómeno nuevo, pero con raíces<br />

en el carácter internacional del capital, en el proceso de internacionalización del capital (que abarca la<br />

centralización y la concentración).<br />

La internacionalización del capital solo puede entenderse sobre la base del proceso de movimiento<br />

en la esfera de la circulación y en su paso posterior a la producción, que corresponde históricamente<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

542


al surgimiento y desarrollo de las fases premonopólica y monopólica del capitalismo. Este último<br />

concepto, que expresa relaciones económicas, de producción, de circulación y cambio, no puede, por<br />

su grado de generalidad, ser sometido a otro.<br />

No se puede olvidar que este proceso de internacionalización da lugar a la formación de un sistema<br />

capitalista de economía mundial, constituido por agentes interactuantes de diverso nivel de desarrollo<br />

y diferente estatus político: primero colonias, luego semicolonias y posteriormente neocolonias.<br />

Esa diferencia es resultado de la acción a nivel internacional de la ley del desarrollo económico y<br />

político desigual, que es alimentada por un fenómeno sin el cual el sistema capitalista, en su estado<br />

actual, no podría sobrevivir. Se trata del “intercambio desigual”, que surge de las diferencias en los<br />

niveles de intensidad y de productividad existentes entre los agentes del sistema, diferencias que hacen<br />

que algunos países cedan a otros parte del valor que han creado.<br />

La globalización neoliberal no es un proceso de homogenización del crecimiento del capitalismo,<br />

que lleve a todos los miembros del sistema a un nivel superior de desarrollo. No se puede decir que<br />

en los límites del capitalismo no se produzca crecimiento, pero este, aunque se derrama sobre la<br />

periferia, se nutre del desnivel, de desigualdades que persisten entre unos y otros países. Este tipo<br />

de globalización no tiende a eliminar las disparidades, ni tampoco puede. Por eso la globalización<br />

neoliberal surge dejando tras de sí el obstáculo determinado históricamente por el capitalismo en<br />

su desarrollo.<br />

3. Todo el proceso de desarrollo del capitalismo ha transcurrido de esa manera: dejando tras de sí<br />

los obstáculos de la desigualdad en los niveles de desarrollo, de las desigualdades estructurales, la<br />

pobreza que afecta a estratos cada vez más amplios de la población mundial, los ciclos dependientes,<br />

las asimetrías y la ausencia de bases materiales para los mismos ciclos. Esos desniveles y desigualdades<br />

no han sido superados, a pesar de que el capitalismo alcanzó altos niveles de internacionalización<br />

durante la Segunda Guerra Mundial. Fundamentalmente, la transnacionalización ha dado impulso a<br />

la influencia de las multinacionales, al comercio mundial, a las inversiones y a la actividad financiera,<br />

que han aumentado desmesuradamente. Un grupo de naciones capitalistas desarrolladas, comenzando<br />

por Estados Unidos, controla –con evidente tendencia a la hegemonización– los elementos claves de la<br />

economía mundial: producción, comercio, tecnologías y patentes, moneda, biodiversidad, economía<br />

de mercado, narcotráfico, ambiente, licencias y demás.<br />

Como fenómeno de mercado, la globalización es impulsada por una aparente capacidad de progreso<br />

que la lleva a reducir el costo de los bienes, los servicios, el trabajo y la información. Las empresas<br />

multinacionales han adquirido, a través de la deslocalización, una capacidad extraordinaria<br />

para fragmentar geográficamente los procesos productivos, y esto ha tenido como contrapartida el<br />

fortalecimiento de la manufactura y de la inversión internacional.<br />

La visión de la globalización neoliberal como fenómeno que los incluye todos, tiene como característica<br />

la simplicidad, ya que es un fenómeno objetivo de internacionalización, unión y control de las<br />

relaciones del capital: no puede eliminar las diferencias ni las desigualdades en el desarrollo, por tanto,<br />

no puede consumar la existencia de un mundo totalmente globalizado.<br />

La globalización neoliberal no abarca todos los contextos, en consecuencia es un fenómeno diferente,<br />

que representa la fase actual del imperialismo: la de la competencia global. Mientras la internacionalización<br />

y la transnacionalización son categorías analíticas, que están en el sustrato de todos los<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

543


procesos internacionales, la globalización todavía no lo es, en tanto que no es un fenómeno general,<br />

sino una tendencia que aparece y que todavía choca con la diversidad y con las “razones del desarrollo<br />

social”, a las que no llega ni es posible que pueda llegar.<br />

4. La globalización neoliberal –vale decir, la fase actual de la mundialización capitalista, configurada<br />

como competencia global– es, pues, una tendencia a la estandarización y homogenización de procesos<br />

que se manifiesta en otras tendencias imperialistas, que a su vez remodelan el actual sistema neocolonial.<br />

Al fenómeno de la globalización neoliberal lo acompañan también, en la superestructura de las<br />

relaciones internacionales, las siguientes tendencias:<br />

a) Erosión de la soberanía de los Estados, como fenómeno objetivo, influenciado por los procesos<br />

económicos, a veces impuestos (y la consiguiente formación de organizaciones supranacionales,<br />

de las cuales la Unión Europea es un caso emblemático).<br />

b) La necesidad de integrarse para responder a los procesos de fortalecimiento económico y lograr<br />

una participación ventajosa en la economía mundial obliga a los países que se integran a ceder<br />

cuotas de soberanía, en función de políticas económicas que refuerzan los organismos supranacionales<br />

y, de manera indirecta, a cada país miembro.<br />

c) Existen las tendencias de la globalización política, sobre la base de la necesidad de regímenes<br />

“democráticos”, pluripartidistas, con economía de mercado y “procesos electorales libres”, es<br />

decir, libres para agentes externos en función de intereses del capital y del poder transnacional.<br />

5. Cuanto se ha dicho es impulsado por un proyecto político que nos muestra la globalización no en<br />

sus tendencias positivas y negativas, sino solamente como el mejor de los mundos posibles; que por<br />

todos los medios intenta hablar de cosas en proceso como si fuesen fenómenos cumplidos y que<br />

considera como algo objetivo el inducir modalidades de comportamiento para contribuir al paso de<br />

lo ideal a lo real.<br />

La globalización neoliberal es un fenómeno objetivo, que representa la etapa actual del proceso de<br />

internacionalización del capital y de la producción. La transnacionalización, como fenómeno que es<br />

parte de la internacionalización, lleva al control multinacional de los mercados, del flujo de capitales,<br />

de las tecnologías y de la información. Pero el capitalismo no anula los procesos que lo caracterizaron<br />

en sus estadios previos de desarrollo. Por eso, junto con los niveles de concentración y centralización<br />

presentes en los procesos globalizadores, hay en el capitalismo regiones o áreas que, aunque sometidas<br />

e influidas por los procesos de la actual mundialización capitalista, se mantienen en estadios anteriores<br />

de desarrollo. Lo mismo ocurre con los países a escala internacional.<br />

El capitalismo somete bajo su ley al resto de las formas de producción, propias de regímenes y<br />

modos de producción anteriores, pero no puede eliminarlas, y más bien se alimenta de ellas. Así, por<br />

ejemplo, junto con la producción altamente monopolizada e internacionalizada, sobrevive la pequeña<br />

producción mercantil 20 . En los países en vías de desarrollo, y también en los desarrollados, este es el<br />

caso de la llamada producción o economía informal.<br />

Si bien es un proceso objetivo, que se basa en el desarrollo mismo del capitalismo, la globalización<br />

neoliberal es también un proyecto de dominio. Este proyecto responde a las intenciones de acaudillar<br />

tanto los procesos económicos como los políticos e ideológicos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

544


6. Vista como proceso, la globalización es el punto culminante de la dinámica histórica de expansión<br />

del capitalismo, a la vez que efecto de sus leyes económicas: la centralización, la acumulación externa,<br />

la concentración de capital y la acumulación interna, que se cumplen ahora a escala mundial y según<br />

los principios neoliberales. En este proceso se intenta eliminar todos los obstáculos y las restricciones<br />

que los países imponen al ingreso de capitales financieros y de bienes y servicios provenientes<br />

del exterior.<br />

Lo previsible, entonces, es un crecimiento sin formas redistributivas, un crecimiento sin políticas<br />

expansivas globales, un crecimiento que significará, una vez más, fortalecimiento del factor capital en<br />

detrimento del factor trabajo, incremento de las ganancias –y sobre todo de las rentas– en perjuicio<br />

del salario social integral. Un crecimiento destructivo de lo social, producido en un contexto en el<br />

que se constriñe a todos los países a competir globalmente y se miden exclusivamente los incrementos<br />

cuantitativos de los ritmos de crecimiento. De nada sirve disertar acerca del “crecimiento diversificado”<br />

y los nuevos modelos de desarrollo sustentable, ni sobre vías para incrementar los recursos alternativos,<br />

si ello no responde a la compatibilidad con los nuevos procesos internacionales de acumulación de<br />

capital. En el modo de producción capitalista solo hay espacio para el máximo crecimiento cuantitativo,<br />

del todo indiferente a la calidad del valor de uso convertido en mercancía; se trata, pues, de<br />

crecimiento (cuantitativo) sin desarrollo social (cualitativo).<br />

Triunfa entonces, al menos momentáneamente, el sistema capitalista estadounidense, que ahora<br />

está en mayor capacidad de unificar e influenciar el mundo a través del modelo de capitalismo anglosajón.<br />

Pero eso, ciertamente, no significa ruptura de la política multipolar impulsada con continuos<br />

actos de guerra económica, que cada vez más asumirán la forma de guerra simple y llana por la afirmación<br />

de las jerarquías.<br />

7. Probablemente Italia y los demás países europeos se preparan para políticas que no serán ya de<br />

carácter fuertemente restrictivo, políticas de crecimiento, pero no sobre el clásico modelo keynesiano.<br />

Se tratará de políticas restrictivas temperadas, moderadas, que sepan hacer convivir la recuperación<br />

económica con el saneamiento del presupuesto estatal y la reducción de la deuda pública, para así<br />

relanzar definitivamente el euro con una estabilidad asentada en las llamadas reformas estructurales<br />

fuertes. Un euro que debe tener la función de catalizador de reformas de corte cada vez más “privatizador”,<br />

de manera que la competencia sea más y más desenfrenada y pueda la Unión Europea jugar<br />

duro en ese escenario global. Pero para eso todavía son útiles las políticas de recorte del Estado social<br />

y del sistema previsional y asistencial, con escasas posibilidades de crecimiento para la masa salarial y<br />

las retribuciones en general y, por tanto, sin formas significativas de redistribución de la renta y en<br />

particular de la riqueza producida 21 .<br />

El escenario previsible apunta, pues, a la búsqueda de un reequilibrio entre la cotización del dólar y<br />

la cotización del euro que, en lo sustancial, redefina y ponga en evidencia la estabilidad y potencialidad<br />

de crecimiento económico de una Europa cada vez más cercana al modelo del neoliberalismo salvaje;<br />

que al mismo tiempo haga resaltar las debilidades y los desequilibrios internos y externos de Estados<br />

Unidos.<br />

¿Y si el problema fuese Estados Unidos y no Europa? ¿Y si, en perspectiva, el verdadero problema<br />

no fuera el euro sino el dólar? El duelo geoeconómico internacional entre el área del dólar y el área<br />

del euro se juega precisamente sobre este punto, y los escenarios de guerra económico-comercial y de<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

545


guerra llana y simple, como ajuste de cuentas entre los dos polos, son factor de inestabilidad, pero de<br />

gran presencia y actualidad.<br />

En Europa, y en particular en Italia, el nuevo escenario será, en cualquier caso, el de un crecimiento<br />

que no se acompaña con desarrollo económico-social general; es decir: con expansión del empleo,<br />

incrementos del consumo y mecanismos redistributivos de la riqueza hacia el factor trabajo.<br />

Cabe asimismo destacar una nueva dimensión objetiva del desarrollo de la internacionalización,<br />

no solo en su aspecto económico, sino también por lo que toca a su incursión en todos los órdenes<br />

de la vida, con lo que se entrelazan –si bien de forma desigual– la integración de las economías y un<br />

complejo sistema institucional de políticas que abarcan un amplio abanico de temas, desde sociales y<br />

culturales hasta militares, de seguridad y de relaciones exteriores.<br />

8. Los instrumentos actuales de la democracia económica, incluida aquella de falso contenido representativo<br />

(véanse los sistemas electorales de la mayoría de los países capitalistas), deben ser considerados<br />

como un espacio para la discusión de proyectos, más que como un vehículo político legitimador<br />

de proyectos económicos específicos.<br />

Así, sobre la base de una posición democrática participativa, es preciso fortalecer la conciencia<br />

social, a partir de la formación de un conocimiento teórico acerca de la globalización neoliberal y del<br />

análisis de los proyectos económicos y políticos que giran en torno a ella. Es importante que haya<br />

correspondencia entre conocimiento teórico y trabajo político en lo que respecta a las contradicciones<br />

de esta globalización neoliberal, para, de esa manera, fortalecer los movimientos internacionales de<br />

lucha y de resistencia en el terreno de la superación del capitalismo.<br />

— notas —<br />

1 Autores como Hirst y Thompson (1997) subrayan mucho el lado subjetivo-proyectivo de la globalización, a la que en modo<br />

alguno consideran un destino de la humanidad o un proceso irreversible. Referencia importante para nuestro trabajo siguen<br />

siendo Casadio, Petras, Vasapollo (2003); Vasapollo, Casadio, Petras, Veltmeyer (2004); Vasapollo, Jaffe, Galarza (2005); Arriola,<br />

Vasapollo (2004).<br />

2 Sobre este histórico momento, véase el primer capítulo de Mandel (1997b) y Carlo (2000).<br />

3 A este respecto, cfr. en particular Petras, Veltmeyer (2002).<br />

4 Se trata de una teoría no demostrada y que no tiene prácticamente ningún valor cognoscitivo para la realidad social; por tanto,<br />

no es científica.<br />

5 El encubrimiento de que habla Dussel.<br />

6 ¿Pero estamos verdaderamente seguros de que los mismos principios fundamentales del taylorismo no son aplicados hoy día<br />

en los “nuevos sectores” económicos de los países de capitalismo maduro?<br />

7 Tantos males acarreó a la teoría marxista la peligrosa rigidez (también en lo político) del obrerismo italiano (primera versión),<br />

que veía en el obrero fordista-manual el único sujeto productor de plusvalía e identificaba, por tanto, al sujeto revolucionario<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

546


únicamente con la clase obrera de tipo “manchesteriano” (con base en un proceso de reducción de la clase trabajadora a la<br />

clase obrera).<br />

8 Lo que caracteriza a un sujeto como trabajador o no-trabajador son las funciones que cumple en el proceso productivo: si<br />

desempeña o no la función del trabajador colectivo o la del capital. La pluralidad de funciones simultáneas, como serían la de<br />

trabajador colectivo y la de capital, determina lo que Carchedi (1997) define como “nuevas clases medias”.<br />

9 En un discurso más completo habría que tener presentes también a los trabajadores no productivos que, en todo caso, forman<br />

parte de la clase trabajadora: aun cuando en términos de Marx no son explotados (ya que no producen plusvalía), sí son económicamente<br />

oprimidos.<br />

10 Cfr. también Petras (2003).<br />

11 La superexplotación es garantizada incluso legalmente, gracias a la conformación de “zonas de apartheid laboral” como las<br />

maquiladoras, las “zonas francas” y las llamadas export processing zones, donde no rige más ley que la del empresario local,<br />

que hace custodiar los perímetros de su fábrica con guardias armados, impone jornadas de trabajo que alcanzan tranquilamente<br />

las 16 horas y… todo ello sustraído al más mínimo régimen tributario (cfr. las interesantes páginas de Klein 2003: 256 ss.).<br />

12 “Es evidente que una superganancia tan gigantesca (ya que los capitalistas se apropian de ella, además de la que exprimen a<br />

los obreros de su ‘propio’ país) permite corromper a los dirigentes obreros y a la capa superior de la aristocracia obrera” (Lenin,<br />

1001: 20).<br />

13 En lo que toca a este punto, Jaffe ha criticado en más de una ocasión a los “euromarxistas” al estilo de Mandel, Bettelheim,<br />

etcétera, por su sobrevaloración (“de matriz liberal”, al decir de Jaffe) de la alta productividad del trabajo en el “centro” como<br />

fuente de salarios mayores y posiciones privilegiadas.<br />

14 Jaffe recoge en varios de sus libros (1977; 1990) datos acerca de las diferentes tasas de ganancia logradas en los países de<br />

capitalismo maduro y en los coloniales, que son interesantes e inducen verdaderamente a la reflexión.<br />

15 Cfr., por ejemplo, Casadio, Petras, Vasapollo (2003); Vasapollo, Casadio, Petras, Veltmeyer (2004).<br />

16 Dicho sea de paso: esta no es la primera globalización sino la tercera, y tiene por antecedentes las que se experimentaron en<br />

las primeras décadas del siglo pasado y en torno a los años cincuenta y sesenta.<br />

17 Sin duda, las ventajas de la producción capitalista se basan en la tecnología, en la organicidad de la producción y en su subordinación<br />

al mercado.<br />

18 Recuérdese que el manual de balanza de pagos del FMI define como “directa” la inversión que se hace para adquirir una “voz<br />

efectiva” (o un interés duradero) en una empresa (direct investment enterprise) que opera en un país distinto de aquel en<br />

que reside el inversionista. Las inversiones directas asumen tres formas principales: adquisición de participaciones accionarias<br />

o de otro tipo en el capital de la empresa extranjera (equity); reinversión de utilidades no distribuidas por parte de la empresa<br />

extranjera; otorgamiento de otros capitales non-equity (préstamos intersocietarios). El FMI incluye entre las direct investment<br />

enterprises solo aquellas sociedades por las cuales el inversionista adquiere al menos 10% de las acciones ordinarias o del poder<br />

de voto, aun cuando admite la posibilidad de utilizar criterios complementarios, capaces de identificar la presencia o ausencia de<br />

un interés duradero entre el inversionista y la contraparte extranjera. Las direct investment enterprises son, a partir de allí,<br />

subdivididas en associates (sociedades consolidadas en las que el inversionista posee hasta el 49%), subsidiaries (sociedades<br />

controladas, 50% o más) y branches (filiales, 100%). Cfr. Banca d’Italia (1998: 101-102), Relación de la Asamblea General<br />

ordinaria de participantes, celebrada en Roma el 30/05/1998.<br />

19 En otras palabras, “este tipo de inversión se efectúa con el objetivo de adquirir el poder de decisión en una empresa en el extranjero.<br />

Eso incluye nuevas instalaciones, fusiones, adquisiciones corrientes entre las sociedades matrices y sus filiales en el<br />

UN INTENTO DE SALIR DE LA CRISIS ESTRUCTURAL...<br />

547


exterior; además, una parte de tal inversión puede asumir la forma de adquisición de cuotas del capital de la sociedad”. Cfr.<br />

Eurostat, L’Europa in cifre, III: 241.<br />

20 Hasta el mismo esclavismo, que hoy continúa afectando a varias decenas de millones de personas en todo el mundo, incluyendo<br />

niños de cortísima edad.<br />

21 Sobre estos asuntos, además de los libros citados en páginas anteriores, se hará en lo sucesivo frecuente referencia a Martufi,<br />

Vasapollo (2003).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

548


séptima parte<br />

ESCENARIOS NEOLIBERALES Y VIGENCIA<br />

DEL ANÁLISIS CIENTÍFICO DE MARX EN LA CRÍTICA<br />

DE LA ECONOMÍA APLICADA


Capítulo I<br />

EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA<br />

REVOLUCIÓN INDUSTRIAL 1<br />

1. ¿Cómo continúa la revolución industrial?<br />

1. En los cambios de fase de la acumulación capitalista tiene una importancia fundamental la evolución<br />

tecnológica. Dado que hoy la nueva fase concentra en un breve período de tiempo una gran<br />

cantidad de transformaciones cualitativas del proceso de producción, se puede usar, ciertamente, el<br />

término “revolución”.<br />

Es entonces posible identificar, en la presente fase, una revolución industrial, que modifica el comportamiento<br />

estructural del sistema capitalista mientras conserva sus principios básicos de funcionamiento,<br />

ahora bajo una forma más completa de socialización productiva. Con cada nueva revolución<br />

industrial capitalista se modifican las formas de explotación del trabajo, alterando así las condiciones<br />

para la manifestación de los conflictos de clase.


2. “Al igual que la primera, la segunda revolución industrial cambia esencialmente las fuentes de<br />

energía de la producción y del transporte. Junto con el carbón y el vapor, el petróleo y la electricidad<br />

hacen girar las ruedas y las máquinas” (Mandel, 1997: 617).<br />

Partiendo de esa cita de Mandel, se puede definir la revolución industrial como un proceso cualitativo<br />

que modifica radicalmente las fuentes energéticas primarias que aseguran la reproducción de<br />

todo el proceso productivo (aun cuando se sigan utilizando las fuentes “previas”), y que implica el<br />

surgimiento de nuevos sectores en la producción de mercancías (como, por ejemplo, la industria<br />

química, la metalmecánica, etcétera).<br />

Sin embargo, esa revolución no es solamente un problema de materias primas, pues para que<br />

estas puedan ser explotadas se requiere también de una nueva tecnología, que “salta” de un estadio<br />

anterior a otro cualitativamente nuevo (y es ese salto cualitativo lo que posibilita la posterior difusión<br />

cuantitativa). Pero el acceso a una nueva técnica implica una revolución en la estructura básica de la<br />

actividad empresarial. Así, por ejemplo, de la organización productiva artesanal y familiar (“sistema<br />

doméstico”), que precede a la primera revolución industrial, se pasa a las primeras formas de manufactura,<br />

para luego llegar a la fábrica y, finalmente, a la llamada fábrica social difundida posfordista de<br />

la actualidad.<br />

Este proceso de evolución técnico-organizativa no es neutro. La revolución técnica tiene como<br />

presupuesto fundacional la sustitución del trabajo vivo (humano) por trabajo muerto incorporado en<br />

las máquinas.<br />

El artesano que posee un arte, un oficio, es progresivamente despojado de sus capacidades-cualidades<br />

laborales, sean intelectuales (de diseño, de elaboración conceptual) o manuales (de transformación<br />

material de un valor de uso en otro nuevo). La tecnología lo reduce a simple ejecutor de movimientos<br />

dictados por las máquinas (que han incorporado trabajo humano, intelectual y manual). El lugar de<br />

trabajo y los instrumentos (medios) de producción ya no le pertenecen: son alienados a otros sujetos<br />

que no desempeñan actividades laborales, sino solo de control, decisión y mando (coerción al trabajo).<br />

La revolución industrial, sea desde el punto de vista de la técnica que desarrolla, de la organización<br />

empresarial que se deriva de ella o de las materias primas y fuentes energéticas que se utilizan o explotan<br />

en el proceso productivo, no es neutral, si se le analiza en el marco de las relaciones entre capital<br />

y trabajo.<br />

De hecho, la revolución industrial permite además otra clave de lectura, no solo como dimensión<br />

productiva, sino también como dimensión de una revolución cultural empresarial. Si esa revolución se<br />

concibe como el proceso histórico-técnico-social 2 que transforma cualitativamente la relación capitaltrabajo<br />

y, por tanto, las modalidades de control del primero sobre el segundo, el “salto” entre la primera<br />

y la segunda revolución industrial puede ser identificado en el generalizado proceso de automatización<br />

del control del capital sobre el trabajo (la construcción de máquinas que se subsumen cada vez más a sí<br />

mismas y, en consecuencia, también a las lógicas capitalistas que las regulan y fundan, el trabajo vivo).<br />

3. Por revolución tecnológica debe pues entenderse un conjunto de innovaciones (de continuidad<br />

sobre una misma base tecnológica) radicales (de ruptura con ella) que puede involucrar al conjunto de<br />

los nuevos sistemas tecnológicos, con repercusiones directas o indirectas en casi todos los sectores<br />

de actividad: se trata de un cambio de paradigma tecnológico. Piénsese en el cambio representado por la<br />

fase fordista-keynesiana del capitalismo, vigente desde los años treinta hasta los setenta.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

552


El modo de producción de la base de desarrollo identificada con el concepto de taylorismo tiene<br />

como principios de dirección y organización del trabajo:<br />

a) La separación entre la concepción, la programación, el control de calidad del trabajo y su<br />

ejecución.<br />

b) La parcelación y la estandarización del trabajo.<br />

c) La pérdida de la visión de conjunto del proceso de trabajo por parte del obrero (Ordóñez, 2004).<br />

El motor a combustión interna y la electricidad ofrecieron la base tecnológica que permitió aplicar<br />

los principios de la mecanización avanzada. La crisis del fordismo hacia fines de los años setenta,<br />

traducida en crisis estructural de la economía mundial, hizo necesaria la búsqueda –que cumplieron<br />

los economistas norteamericanos– de nuevos puntos de vista teóricos para superar la debacle en que la<br />

estanflación había dejado los viejos paradigmas.<br />

El nuevo ciclo industrial y el propio ciclo económico surgieron entonces de la electrónica y la<br />

informática, como novedosa base tecnológica de la economía. Ello llevó a la sustitución del complejo<br />

automovilístico, metalmecánico y petroquímico por el complejo electrónico-informático, como nuevo<br />

núcleo integrador y dinamizador de la producción social y de la acumulación de capital. Todo esto se<br />

traduce, actualmente, en un nuevo dinamismo económico o ciclo industrial.<br />

Por lo que respecta a la estructura de los consumos nacionales, cabe destacar que la globalización<br />

financiera y la internacionalización de la economía han influido en los equilibrios económicos, al<br />

punto de que la distribución del ingreso a nivel nacional y la demanda de consumo no tienen ya la importancia<br />

fundamental que revistieron en el modelo fordista. En esencia, se modificó también el papel<br />

del Estado como operador económico y redistribuidor del ingreso a los factores de la producción. El<br />

cambio ocurrido en el terreno productivo ha llevado a la desestructuración del trabajo y, simultáneamente,<br />

a la crisis del sistema general de garantías.<br />

De esa manera, se desarrolla un sistema económico en el cual el gasto público no tiene por objetivo<br />

un verdadero fortalecimiento infraestructural de la economía nacional, ni una eficiente producción<br />

de servicios; por el contrario, se instituye una sociedad con mayores diferencias sociales, en la que se<br />

reduce cada vez más el sistema de protección social de las capas ciudadanas más débiles. Esas capas no<br />

dejan de crecer, hasta llegar a abarcar estratos a los que, hasta hace pocos años, se consideraba protegidos<br />

(empleados públicos, artesanos, comerciantes). Se crean así nueva pobreza, nuevas necesidades y se<br />

amplía, en definitiva, el área de la marginación social y absoluta.<br />

Esta transformación, para efectos de la teoría económica, no es solo formal. Se trata, ni más ni menos,<br />

de un cambio sustancial en el desarrollo de las fuerzas productivas, con lo que tiende a modificarse<br />

también la aproximación teórica a la dinámica económica, en particular la del ciclo.<br />

Estados Unidos es el país en el que el llamado capitalismo del conocimiento ha alcanzado su pico<br />

máximo 3 , aun cuando eso ha provocado un conjunto de contradicciones, propias de las tensiones<br />

implícitas en la aplicación de la revolución científico-técnica en una sociedad tan clasista y explotadora<br />

como la del capitalismo norteamericano.<br />

A esto se agrega que las exportaciones mundiales de la industria electrónica y de los instrumentos de<br />

comunicación superan las automovilísticas, metalmecánicas y químicas, consideradas separadamente.<br />

Eso no significa que estos tres últimos sectores no tengan ya importancia, pero sí hay en todo caso<br />

EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL<br />

553


señales claras de que han dejado de constituir el núcleo fundamental y dinamizador de la producción<br />

social y de la acumulación de capital.<br />

El complejo o sistema electrónico-informático (SE-I) es un nuevo sector productivo, que no solo se<br />

diferencia como tal sino que también toma distancia de las recaídas económicas generales del complejo<br />

automovilístico-metalmecánico-petroquímico.<br />

4. La dinámica del ciclo industrial del SE-I tiende, en comparación con la del ciclo fordista-keynesiano,<br />

a modificar la marcha del ciclo económico de las siguientes maneras:<br />

a) La fase expansiva del ciclo es más larga y el incremento de la productividad es mayor, debido al<br />

papel dinámico de la oferta (a precios decrecientes) sobre la demanda, a su mayor integración<br />

al resto de las actividades económicas y a la tasa más acelerada de innovación de la nueva base<br />

tecnológica.<br />

b) La fase de contracción del ciclo es menos duradera y recesiva (Ordóñez, 2004: 15-16).<br />

c) El tiempo de rotación 4 se ha reducido al mínimo: baste pensar en la posibilidad de adquirir<br />

un producto informático un segundo después de su ingreso al mercado (o incluso antes) y sin<br />

siquiera intermediarios comerciales 5 .<br />

La relación oferta-demanda, en la política económica, es por tanto escasa en inversiones, que deben<br />

ser recuperadas en el ámbito de las nuevas formulaciones.<br />

Las nuevas medidas de política económica a las que este ciclo induce parecen ser las siguientes:<br />

a) Apoyo al surgimiento y desarrollo de sectores productivos claves en el SE-I, con efectos multiplicadores<br />

en la conversión y en la producción.<br />

b) Estímulo al desarrollo de una infraestructura del SE-I, conforme a una estrategia integral que<br />

considere un nuevo tipo de articulación en el ámbito de las restantes actividades económicas, así<br />

como la importancia del trabajo intelectual calificado en los procesos productivos.<br />

c) Promoción en el SE-I de una oferta creciente con precios decrecientes y medidas que eviten la<br />

perpetuación del monopolio natural y estimulen la innovación tecnológica (Ordóñez, 2004).<br />

De hecho, el SE-I surge como un sector clave en tres sentidos fundamentales:<br />

– Brinda una mayor contribución al progreso tecnológico, tema central para el crecimiento económico<br />

a largo plazo.<br />

– Cuenta con una tasa de retorno mayor que la de cualquier otra actividad económica.<br />

– Tiene efectos externos, como la aceleración de la innovación tecnológica, que benefician al resto<br />

de la economía 6 .<br />

5. Especialmente en la economía norteamericana, principal beneficiaria de la dinámica cíclica introducida<br />

por el nuevo paradigma tecnológico, se produjo un fenómeno de reactivación económica que,<br />

iniciado a fines de 1982 (noviembre), se prolongó hasta el año 2000, con un solo y breve período<br />

recesivo en 1991 (Bureau of Economic Analysis-BEA, 2004; 2006).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

554


También Europa juega, con sus especificidades, un papel clave en los esquemas de la nueva revolución<br />

industrial.<br />

Los tratados de Maastricht y de Ámsterdam 7 son la expresión de una política que sanciona el<br />

predominio absoluto del mercado en la carrera por la definición y estabilización de un modelo de<br />

capitalismo europeo, fuertemente imitativo del modelo estadounidense-anglosajón y al mismo tiempo<br />

en competencia con él, con el fin de fortalecer el bloque polar geoeconómico europeo.<br />

Pero Europa, a diferencia de Estados Unidos o Japón, o de otros países de Asia, no tiene una<br />

política de crecimiento productivo de carácter unívoco y homogéneo, sino una serie de modelos de<br />

crecimiento cuantitativo, que no son necesariamente de desarrollo económico y social, heterogéneos, a<br />

veces nuevos, pero cualitativamente diversos. Lo que hace falta, en cambio, es una política que afronte<br />

activamente los problemas ocupacionales y de protección social. El problema de la desocupación<br />

masiva existe en toda Europa: no es tan solo un problema de la coyuntura económica, sino un fenómeno<br />

estructural. Nos encontramos ante una situación en la que ni siquiera una plena recuperación<br />

económica hace disminuir el número de desempleados: el crecimiento cuantitativo de la economía<br />

no significa ni desarrollo socioeconómico comprehensivo ni crecimiento igual y territorialmente<br />

homogéneo.<br />

La despolarización productiva, el desarrollo económico-demográfico no metropolitano, la desindustrialización<br />

acompañada de procesos de deslocalización y descentralización territorial, la desconcentración<br />

productiva signada por la disminución de las dimensiones de la empresa, la formación y<br />

el desarrollo de sistemas productivos locales caracterizados por su alta especialización, sus pequeñas<br />

dimensiones y sus interrelaciones productivas: nada de esto se deriva de una naturaleza fisiológica<br />

del proceso de difusión territorial, ya que esta es vista, en cambio, como el resultado de algunas<br />

contradicciones del anterior modelo de desarrollo, así como de particulares condiciones exógenas y<br />

endógenas a las áreas de “difusión” y de procesos de redefinición del modelo y el proyecto del capitalismo<br />

internacional.<br />

La redistribución territorial no está determinada por una simple descentralización del capital, ni<br />

es producida exclusivamente por la valorización de los recursos locales, sino que se debe, sobre todo,<br />

a intensos procesos de reestructuración de los diversos capitalismos, incluso los de área regional con<br />

connotación nacional (como la Unión Europea, por ejemplo) que, en busca de competitividad en el<br />

plano internacional, determinan eficiencia a partir de la imposición de una fuerte movilidad espacial<br />

y sectorial de la fuerza de trabajo, así como de la diversificación de los proyectos de flexibilización del<br />

trabajo y del salario.<br />

Entre las condiciones exógenas que favorecen la difusión, resaltan entonces el forzado incremento<br />

de la productividad del trabajo –debido al papel de las nuevas tecnologías, que ya no son incorporadas<br />

a grandes instalaciones (difusión horizontal)– y la crisis provocada de los mercados de productos estandarizados,<br />

además de la disminución de las barreras de entrada para nuevas empresas. Por consiguiente,<br />

pequeña empresa y desarrollo difundido caracterizan un nuevo modo de organizar la producción con<br />

profundas características de autonomía, pero siempre basado en formas más o menos sofisticadas de<br />

explotación creciente de la fuerza de trabajo.<br />

6. Todo parece indicar que la nueva fase de desarrollo del capitalismo, con todas sus crecientes contradicciones,<br />

se caracteriza por aprovechar la valorización del conocimiento como principal fuerza<br />

EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL<br />

555


productiva. Esto presupone una nueva forma de producción social, un nuevo ciclo industrial y una<br />

nueva dinámica económica, dentro de la cual la explotación del trabajo tiene nuevos perfiles.<br />

El paso hacia un nuevo paradigma tecnológico y hacia el modelo de acumulación, que tiene por<br />

base tecnológica fundamental el llamado sector electrónico-informático, no debe hacernos creer que<br />

la base tecnológica del sistema se ha modificado tanto como para haber eliminado las contradicciones<br />

cíclicas y la base del ciclo fordista-keynesiano. Ante todo, porque el capitalismo nunca ha podido<br />

homogeneizar su base tecnológica ni podrá hacerlo, ya que, como régimen de explotación, se nutre<br />

de las asimetrías y de un conjunto de desigualdades sin las cuales no podría sobrevivir. Este paso a un<br />

nuevo ciclo de acumulación, que no es el fordista-keynesiano y cuyo paradigma tecnológico es el sector<br />

electrónico-informático, no es siquiera, al menos al comienzo, un fenómeno de los centros capitalistas<br />

desarrollados, ni en general de aquellos que forman parte de la OCDE. No ha desaparecido tampoco<br />

el “meollo racional” de las políticas keynesianas, es decir, la intervención del Estado en la economía.<br />

Más bien, como siempre ha sucedido, el capitalismo avanza sobre la base de la ley del desarrollo<br />

económico y político desigual, analizado por Lenin ya en El imperialismo…, y mantiene sus leyes en el<br />

sistema empresa.<br />

2. ¿Choque entre modelos de capitalismo?<br />

1. En cualquier contexto espacio-temporal capitalista, la empresa tiene como objetivo fundamental<br />

maximizar la ganancia a través de la optimización de los índices de eficacia y eficiencia, para satisfacer<br />

a todos los poseedores de intereses (stakeholders) que a diverso título participan en la vida y los acontecimientos<br />

de la empresa misma.<br />

Con base en las modalidades de gestión de empresas, en los procesos redistributivos entre propiedad<br />

y control, en las escogencias de ubicación de cada país en las áreas de influencia del capitalismo<br />

internacional, muchos estudiosos han llegado a identificar y distinguir varias formas principales de<br />

capitalismo 8 .<br />

Una primera forma, más caracterizada por la fuerte competencia empresarial e individual, refiere al<br />

capitalismo de Estados Unidos, que, desarrollado con el surgimiento de la gran empresa, se caracteriza<br />

por la presencia de un eficiente aparato gerencial, por estar dotado de imponentes medios financieros<br />

y por el predominio de un mercado bursátil dominado por un alto accionariado empresarial. El modelo<br />

de capitalismo personal-individual, que refiere sobre todo al caso británico, aun siendo en muchos<br />

aspectos similar al norteamericano, es de naturaleza más personal-familiar. La naturaleza familiar y<br />

no gerencial de la propiedad ha llevado en Inglaterra al desarrollo de un sistema económico y social<br />

cerrado, que aspira sobre todo a la conservación de los privilegios adquiridos; esa situación no ha permitido<br />

el nacimiento de un sistema gerencial eficiente y competitivo, capaz de promover un desarrollo<br />

adecuado de la economía británica.<br />

Alemania, y de manera similar Japón, han sustentado su desarrollo capitalista en rasgos comunitarios,<br />

en los cuales la empresa está constituida por diversos sujetos económicos que trabajan, cada<br />

uno en su propio papel, por el logro de un objetivo común: el desarrollo a largo plazo. La ganancia<br />

inmediata exigida por los stakeholders estadounidenses es sustituida por el incremento del valor de la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

556


empresa a largo plazo, de manera que la ganancia inmediata es menor pero la preocupación por una<br />

vida empresarial de larga duración es mayor. Similar al capitalismo alemán, como se ha dicho, es el<br />

modelo existente en Japón, posiblemente más basado en el sentido de pertenencia a la “comunidad<br />

nacional”. Para muchos estudiosos, el sistema de estos dos países se denomina modelo renano-japonés.<br />

En el modelo de capitalismo anglosajón, las public companies se caracterizan por la fluidez del<br />

capital, ya que los accionistas, para minimizar los riesgos, tienden a conservar por poco tiempo sus<br />

paquetes accionarios; el carácter predominantemente especulativo de la inversión, dirigida a obtener<br />

resultados a corto plazo, hace que aquellas que no produzcan rendimientos inmediatos sean poco apreciadas.<br />

En un contexto de “revolución gerencial”, las public companies marcan la pauta en el mercado.<br />

En efecto, la distinción entre quienes detentan el capital y quienes efectivamente ejercen el control de<br />

la empresa se ve favorecida por la capilarización del capital accionario: al estar el capital subdividido<br />

entre una miríada de pequeños accionistas, resulta imposible establecer líneas de acción desde el respectivo<br />

consejo de administración. De allí el papel fundamental del gerente que, desvinculado de la<br />

propiedad de los capitales, condiciona y decide la política de la empresa.<br />

2. En general, el modelo de capitalismo anglosajón se ha basado fundamentalmente en el mercado<br />

financiero, donde se cumplen, en efecto, fuertes procesos de financiarización de la economía: allí las<br />

finanzas se convierten en autorreferente; justamente en eso se basan los procesos de globalización.<br />

En esa lógica, el capital se desplaza a donde rinda más, persigue la ganancia a todo costo y en toda<br />

condición: utiliza el trabajo donde cuesta menos, lleva a cabo la producción allí donde menores son los<br />

controles sobre el impacto ambiental, absorbe el ahorro y adelanta, cada vez más, procesos de separación<br />

con respecto a la economía real. Se crea así una realidad en la que son cada vez mayores la separación<br />

y el desdoblamiento entre la economía real y las finanzas, y en la que estas últimas, incluso,<br />

premian los desempeños negativos de aquella (como, por ejemplo, la flexibilización de los salarios y la<br />

disminución del empleo).<br />

Se trata, en última instancia, de un modelo de capitalismo –con su correspondiente sistema empresarial–<br />

que se concreta en una economía financiera fuertemente especulativa, que prevalece sobre<br />

las exigencias de la producción y de la economía real y las ahoga. Un sistema en el cual globalización<br />

significa dominación del mundo a través de la usura del capital, expulsión de las empresas más débiles<br />

–fuera del mercado y de la exclusiva competencia por la ganancia–, crecimiento del desempleo y<br />

uso cada vez más desenfrenado del trabajo superexplotado, todo lo cual amplía las bolsas y áreas de<br />

miseria absoluta.<br />

A partir de los años ochenta, en Estados Unidos muchos se dieron cuenta de la necesidad de limitar<br />

el poder excesivo de los gerentes y se ha intentado hacer más sólido el accionariado a través de inversionistas<br />

estables, capaces de propiciar una mejor concentración de la propiedad. En esa perspectiva, se<br />

produjo una disminución del número de inversionistas privados y surgieron las relationship investing,<br />

sociedades financieras que obtienen un papel directo en la gestión de las empresas mediante la adquisición<br />

de elevadas cuotas accionarias. Siempre en la óptica de concentrar la propiedad, se ha pensado<br />

en transformar a los gerentes en accionistas, para involucrarlos más directamente en la suerte de la<br />

compañía, y se ha establecido que los consejos de administración de las grandes sociedades, además de<br />

reunirse más frecuentemente y en presencia de solo uno o máximo dos gerentes, deben manejarse en<br />

una relación más estrecha y directa con los propietarios.<br />

EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL<br />

557


Con una estructura particular de la composición accionaria, la empresa consociativa, típica del<br />

sistema alemán y japonés, se caracteriza por su orientación al incremento del valor a largo plazo, por la<br />

fuerte presencia de operadores financieros entre los accionistas y por su elevada noción de la gerencia.<br />

Hay en este tipo de empresa un llamado “núcleo duro”, constituido por los accionistas estables, que<br />

detentan la mayor parte del capital, y una multitud de accionistas menores, que poseen solo la parte<br />

que efectivamente se transa en el mercado. Los bancos, los inversionistas financieros y los poseedores<br />

de fuertes intereses empresariales –como los propietarios originales– concentran elevadas sumas de<br />

capital; no obstante, ningún accionista tiene posibilidad de alcanzar posiciones de mayoría absoluta.<br />

El sistema empresarial alemán se caracteriza por sus numerosas analogías con el japonés. En este<br />

modelo se establece, en efecto, un equilibrio entre accionistas, estructuras públicas y bancos. Cabe<br />

destacar, sin embargo, que en el curso de los últimos 30 años se ha producido una caída consistente de<br />

la presencia de accionistas privados y del sector público, en favor de una participación creciente de las<br />

compañías aseguradoras y los bancos. Se producen frecuentemente cruces accionarios entre los bancos<br />

y las empresas, o entre estas últimas. El modelo alemán, al igual que el japonés, se caracteriza asimismo<br />

por su sistema de “cogestión”: en esencia, entre los stakeholders presentes en la gestión se cuentan también<br />

los trabajadores, por medio de sus representantes sindicales. En la práctica, la corresponsabilidad<br />

se aplica a través de los sindicatos, del consejo de empresa (en el cual son interpelados los trabajadores<br />

por asuntos de personal) y del consejo de vigilancia (que postula al director o gerente responsable de la<br />

gestión). Se determina de esta manera una compresión forzada de los conflictos internos. El sentido de<br />

pertenencia y de cooperación hace a la organización empresarial alemana muy fuerte y estable.<br />

Los trabajadores, que en este contexto obtienen (como contrapartida de la “paz empresarial y social”<br />

pactada) salarios más elevados, al trabajar un horario menor que el promedio anglosajón, demuestran<br />

un mayor sentido de “fidelidad” a la empresa, con lo que aumenta el poderío del sistema<br />

económico alemán.<br />

3. En todo caso, cualquiera sea el sistema de empresa, los diversos modelos de capitalismo han encontrado<br />

univocidad de intenciones a través de los procesos de financiarización, de nuevas modalidades<br />

de explotación del trabajo y de la reestructuración del mercado, todo lo cual se traduce exclusivamente<br />

en procesos expansivos de las empresas, que las conducen al éxito y las afirman en el largo plazo. Esto<br />

se torna posible gracias a una puntual función gerencial y a la intervención directa del profit State,<br />

como portador de la cultura y los intereses empresariales, con miras a un éxito que se mide no solo<br />

y no tanto en capacidad de utilización de técnicas, instrumentos y desempeños innovadores, como<br />

en la imposición de modelos conductuales que sepan expresar el más alto nivel de coherencia con la<br />

programación estratégica de fondo de la cultura empresarial, para transmitirla al cuerpo social. La<br />

gerencia que actúa en la realidad operativa del día a día debe tener un alto nivel de adaptabilidad a los<br />

cambios técnico-organizativos internos y a las volubles condiciones ambientales externas; sobre todo,<br />

debe basarse en la flexibilidad de las estructuras del mercado de trabajo, que varían continuamente.<br />

Además, debe saber convivir con la formulación estratégica de fondo, centrada en el control social,<br />

para determinar las formas de ser –en lo económico y lo social– de una empresa difundida socialmente<br />

en el tejido territorial.<br />

Con este nuevo modo de ser, la empresa estará lista para afrontar los desafíos del nuevo siglo<br />

con eficiencia y sentido innovador, y sabrá implementar planes operativos para la acción de control<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

558


social, con la justa combinación de “táctica y estrategia”. Capacidad, pues, para activar metodologías<br />

actualizadas en la gestión de los procesos de control de la fuerza de trabajo, con alta potencialidad<br />

anticipatoria pero también con datos de flexibilidad para rápidas correcciones de tiro.<br />

Esto solo es posible si la empresa flexible, al diseñar su estrategia, considera como un elemento<br />

primario de esta la inserción planificada de su propia cultura en el cuerpo social. Una conjunción de<br />

planificación y estrategia, donde la estrategia se entiende como acumulación sistemática de conocimientos<br />

y capacidad de escoger entre alternativas variadas, de manera planificada, para así participar<br />

con las “armas” adecuadas en el conflicto competitivo del mercado. Se trata de una lucha que impone<br />

la sobrevivencia de los más fuertes en un espacio vital limitado y defendible solo mediante una planificación<br />

empresarial estratégica que asume las características de una “operación militar” contra la<br />

competencia, pero en particular contra el cuerpo social, a fin de provocar procesos de acumulación<br />

flexible.<br />

3. Nuevos esquemas en el gobierno de la empresa<br />

1. Es la función empresarial en el cuerpo social lo que predomina con respecto al sujeto. En consecuencia,<br />

la nueva figura empresarial no puede ser sino de naturaleza plural e identificarse, casi exclusivamente,<br />

con el top management, aunque a veces también puede ser aportador de capital de riesgo.<br />

Se trata de un nuevo sujeto o, mejor dicho, de un pool de sujetos, capaz de dinamizar la función empresarial,<br />

y en particular para todo lo que corresponde a su imagen en el cuerpo social. Esa imagen se<br />

identifica como una iniciativa empresarial cualquiera, caracterizada por la innovación, la subjetividad y<br />

la gestión racional del consenso en torno a la cultura de la empresa, que se derivan de una innovación<br />

de cualquier tipo proyectada en el territorio.<br />

La función empresarial es gobierno de lo diversificado, de lo multiforme, porque al difundirse en el<br />

territorio crea para la empresa imagen y consenso, tanto interno como externo, y aumenta así su valor<br />

futuro, sea en términos de capital intangible o de retorno de inversión, en capital material o financiero,<br />

con lo cual incrementa, en última instancia, los procesos de acumulación flexible.<br />

Relevante para la función empresarial es difundirse en el territorio, establecer para la empresa flujos<br />

informativos de entrada y de salida, dirigidos al consenso social. El bagaje de experiencias empresariales<br />

y gerenciales se transforma así en patrimonio de la empresa, en acumulación flexible, al recibir y<br />

distribuir en el cuerpo social, a sus propios y exclusivos fines, el recurso “información”, con el objetivo<br />

de ampliar las oportunidades creativas y de innovación.<br />

De esa manera, al aumento del valor patrimonial de la empresa le corresponde un incremento de<br />

su valor social, capaz a su vez, este último, de nutrir y caracterizar los procesos de desarrollo de todo el<br />

sistema económico, al exportar hacia el territorio únicamente cultura empresarial; al mismo tiempo, se<br />

enriquece cualitativamente la función empresarial con la adquisición de flujos informativos, dirigidos<br />

a controlar la complejidad y turbulencia del ambiente socioeconómico 9 .<br />

Fundamental, para ese fin, es establecer flujos informativos continuos con el exterior, tanto de<br />

entrada como de salida, y administrar y controlar el recurso “información” en términos de incrementos<br />

de valor, de acumulación flexible.<br />

EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL<br />

559


2. La evolución de la información ha ocasionado, pues, un importante cambio en la función empresarial.<br />

La importancia del recurso “información” se deriva del hecho de que toda unidad o persona<br />

que esté a cargo de las decisiones en la empresa, necesita buscar, adquirir y elaborar informaciones<br />

para adelantar una gestión económica equilibrada. La empresa, al insertarse en mercados cada vez más<br />

complejos y dinámicos, debe producir y transmitir flujos informativos de calidad cada vez mayor, en<br />

paralelo con la intensificación de la complejidad ambiental y con el crecimiento de las formas que<br />

potencialmente asume el antagonismo social. Si la función empresarial tiene como tarea estratégica<br />

modificar el equilibrio del mercado, entonces la información se convierte en recurso intangible de valor<br />

estratégico, y será cada vez más utilizada por el decision making para las estrategias globales de control<br />

social, a los fines que impone la competitividad del mercado. La gran habilidad reside, entonces, no<br />

solo en recabar información, sino en utilizarla de manera altamente competitiva y a la vez diferente<br />

a la de la competencia, con el único vínculo común de transmitir al cuerpo social las ideas-fuerza del<br />

mercado, que deben convertirse en ideas-guía para la sociedad entera.<br />

3. Esas dinámicas identifican al posfordismo, basado cada vez más en la acumulación flexible a través<br />

de los recursos del capital intangible.<br />

Como se ha destacado ya anteriormente, desde las formulaciones de Marx acerca de la diferencia<br />

entre trabajo simple y trabajo calificado, el capital tiende a aumentar la relevancia de los recursos inmateriales,<br />

que posibilitan márgenes más amplios de ganancia y con menores condicionamientos. En<br />

los años sesenta, esa característica del sistema capitalista fue identificada y tematizada para explicar las<br />

cualidades específicas de las sociedades occidentales de consumo, caracterizadas por marcados procesos<br />

de tercerización y potentes impulsos homologadores. En la original y heterodoxa disertación de Guy<br />

Debord sobre la sociedad del espectáculo, que utiliza las categorías marxistas a la luz del nuevo paradigma,<br />

el peso de los recursos inmateriales en el nuevo curso es ejemplificado con el valor que asumen la<br />

publicidad, la marca, la exhibición del valor, que Debord clasifica bajo el término de “espectáculo”. En<br />

la célebre tesis 34 del texto, el espectáculo es definido como “el capital a un grado tal de acumulación<br />

que deviene en imagen” (Debord, 2002: 64).<br />

El recurso inmaterial maximiza el proceso de acumulación, al tiempo que lo hace flexible y adaptable<br />

a las fases del mercado. En la organización de la producción, ha implicado el paso de modelos<br />

empresariales fuertemente jerárquicos a otros que están basados en la progresiva descentralización de<br />

las funciones y en nuevas formas de trabajo precario, flexible, escaso en garantías.<br />

4. Las funciones del sujeto empresarial en los diversos modelos de capitalismo son hoy, por tanto,<br />

también diversas, porque lo es asimismo el punto de observación que influye o regula las relaciones<br />

entre empresa y sociedad. En verdad, es ya predominante la idea de que en la sociedad civil el interés<br />

general debe ser el de la cultura de empresa 10 . Consecuentemente, la función primaria de la fórmula<br />

empresarial es sin duda la de comunicarse de la mejor manera posible con toda la colectividad,<br />

superando definitivamente la valoración y la concepción centradas en el papel de la organización<br />

tradicional de la empresa como fuente exclusiva de una acumulación basada en el solo trabajo de sus<br />

propios integrantes.<br />

Es en función de esa nueva realidad que se hace cada vez más evidente la separación entre sujeto económico<br />

propietario (empresario-propietario) y sujeto gestor y de control (empresario-gerente-gestor),<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

560


eservándose para este último la guía de la empresa, la capacidad de impulsar las potencialidades de los<br />

procesos innovadores y la facultad de adoptar decisiones de carácter estratégico. Las dos especificidades<br />

se reúnen, eventualmente, en las funciones unitarias de un sujeto plural con facultades estratégicas<br />

totales, capaz de sintetizar la profesionalidad gerencial y el espíritu dinámico y orientado al riesgo del<br />

empresario en un todo único de capacidades para la acumulación flexible, derivadas de procesos de<br />

explotación de todo el cuerpo social y no solo de los trabajadores de la empresa.<br />

Ya la figura clásica del empresario individual, como poseedor del capital pero también de la creatividad,<br />

innovación y capacidad de riesgo, figura ligada a la fase de desarrollo de la empresa “fordista” o<br />

“tradicional”, ha quedado relegada a las sociedades de pequeñas dimensiones. Hace más de diez años<br />

se abrió la fase de desarrollo definida por el management empresarial, seguida por la era de la empresa<br />

gerencial, hasta llegar ahora a la fase de la empresa posgerencial, que en la era posfordista proyecta<br />

una empresa socialmente difundida en el sistema territorial y centrada en los recursos del capital<br />

comunicación.<br />

5. La última fase en el desarrollo de las empresas –que estamos ya viviendo– constituye una nueva<br />

época, por la complejidad y vitalidad de la relación entre empresa y contexto organizativo y territorial<br />

en su conjunto. En esa óptica, tanto la propiedad como la dirección están llamadas a desempeñar roles<br />

diversos, en función de un ambiente complejo, turbulento, caracterizado por el marcado dinamismo<br />

competitivo del mercado y por la potencialidad de conflictos sociales, que deben ser dominados preventivamente.<br />

La sumatoria de la eficiencia gerencial y el innovador carácter patronal constituye la<br />

nueva frontera para las funciones de gobierno empresarial sobre el completo macrosistema territorial<br />

de una fábrica social generalizada. Las funciones de control son incorporadas progresivamente a las<br />

máquinas, de manera tal que su utilización obedezca a códigos conductuales inscritos en estas; vale<br />

decir, previstos, programados, inducidos e impuestos por el capital.<br />

4. Empresa posfordista y economía del conocimiento<br />

1. La industria informática avanza ya hacia la llamada “tercera fase”. Cabe recordar que la primera<br />

está asociada a los grandes procesadores, los grandes terminales no-inteligentes, utilizados solo por las<br />

empresas mayores y únicamente para la administración y la contabilidad. La segunda, que abarca los<br />

últimos 10-15 años, se distingue por la fuerte expansión de la automatización individual gracias a la<br />

presencia de la computadora personal, que entró no solo en las oficinas sino también en las casas de<br />

una gran cantidad de personas, al tiempo que las empresas se han visto cada vez más forzadas a invertir<br />

en telecomunicaciones e informática. La tercera fase, en cambio, se caracteriza por la información<br />

multimedia que difunde, con presencia de tecnologías siempre novedosas que deben ser actualizadas<br />

constantemente, mediante la cooptación salvaje de intelectuales de diverso tipo; en última instancia,<br />

se distingue sobre todo por el totalitarismo de la comunicación estratégica desviante.<br />

El capital intelectual estructural es lo que transforma a “un monje escribano que cumple precisas<br />

pero lentas labores de caligrafía en el hombre-imagen cautivante y homologante de la comunicación<br />

televisiva desviante”; es lo que difunde y amplifica las potencialidades y el valor del capital<br />

EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL<br />

561


intelectual humano, y permite que sea utilizado y reutilizado para crear nuevo valor, nuevo patrimonio<br />

empresarial.<br />

Y todavía más:<br />

El capital humano, es decir, la savia que corre bajo la corteza del árbol, produce innovación<br />

y crecimiento, pero ese “anillo” de crecimiento deviene en maciza madera, se convierte en parte<br />

integrante de la estructura del árbol. Lo que el capitán de industria debe hacer (...) es contener y<br />

preservar el conocimiento, a fin de que se transforme en propiedad de la empresa. Es lo que llamamos<br />

capital estructural (Stewart, 1999: 164).<br />

El capital intelectual estructural tiene, pues, la tarea de recoger en la empresa el conocimiento para<br />

no dejarlo perder, y tiene además el objetivo de vincular a los hombres con los datos, con las competencias,<br />

con los consultores, con los recursos estratégicos intangibles.<br />

El capital intelectual clientes está representado en el valor de la relación establecida entre la empresa<br />

y aquellos que recurren a sus servicios, y se vale de indicadores apropiados para conocer la tajada de<br />

mercado que se ha conquistado y la manera de hacer frente a las exigencias de la clientela. El capital<br />

intelectual humano homologado se convierte en dinero a través de la relación con esta última, que<br />

constituye el capital más precioso para el sistema empresa. El capital clientes es una suerte de consenso<br />

social en torno a los paradigmas de la ganancia.<br />

La comunicación integrada se hace desviante no por ser un recurso del capital intangible empresarial,<br />

sino porque, a través del capital intelectual humano homologado, es a su vez función creadora en<br />

lo social de recursos intangibles compatibles, como el conocimiento interactivo continuo, la imagen y<br />

las conductas ético-sociales de la empresa: en pocas palabras, la “cultura empresarial de y en lo social”.<br />

El modelo comunicacional desviante integrado, que el profit State ha hecho suyo, transmite una cultura<br />

desviante, lo que permite a sus varios interlocutores medir la capacidad de la empresa para involucrarse<br />

en la preservación de un justo equilibrio entre rentabilidad, competitividad, economicidad de la<br />

gestión e imposición de los valores ético-sociales del mercado a todo el cuerpo social.<br />

2. La imagen social de la empresa se forma a través de las conductas que un capital intelectual humano<br />

homologado y de alto nivel hace propias y transmite. La homologación resulta mejor representada<br />

y es más eficaz sobre el público en general, si la vehicula y dirige un sujeto intelectual moderno y<br />

“alternativo”, características que son más propicias para llevar a un tipo de involucramiento basado en<br />

la comprensión y aparente respeto de los intereses colectivos, mediante la consolidación de un “garantismo<br />

económico consociativo”. Garantismo entendido como salvaguarda de la libertad económica,<br />

de los intereses de la empresa, pero siempre en un sentido de homologación de la sociedad civil a los<br />

parámetros de la competencia capitalista.<br />

3. Se trata de una auténtica guerra de la cibernética y de la posinformación, ya que el imperio del<br />

capital ha terminado por asumir el recurso de la comunicación desviante como elemento fundamental<br />

del domino y control social, de la acumulación flexible basada en el uso privado de todo espacio productivo<br />

y social. Una lucha, pues, por el dominio del capital de la abstracción y del capital intelectual<br />

humano homologado, que restringe los espacios vitales para la intelectualidad independiente, es decir,<br />

aquella que quiere seguir siendo cultura y no convertirse en capital.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

562


Sin forzar la terminología, y muchas veces ni siquiera las modalidades de acción (ya que encuentran<br />

correspondencia en la realidad operativa de cada día), puede decirse que la cultura empresarial, en esta<br />

dimensión de control social, además de operativo, se inspira en doctrinas militares; por eso, ella presupone<br />

necesariamente un procedimiento metodológico y un proceso sistemático que contempla táctica<br />

y estrategia, como proyecto global de alta interdependencia interna y proyectado al exterior sobre el<br />

cuerpo social en su conjunto. Esa concepción se formó en (y es típica de) los modelos culturales de la<br />

gerencia occidental, en la cual el enfoque administrativo del recurso información es de tipo cuantitativo<br />

y persigue la optimización del ciclo productivo, por lo que refiere a análisis de costos-beneficios casi<br />

siempre exclusivamente centrados en el aporte-consumo de recursos materiales.<br />

Distinto es el enfoque, por ejemplo, de las empresas japonesas, cuya gerencia apuesta muchas de las<br />

posibilidades de éxito (las personales como las organizacionales) a la gestión de los recursos intangibles,<br />

basados en la información y, consecuentemente, en su acumulación. De allí que busque crear un<br />

capital intangible de carácter directa o indirectamente informativo.<br />

En este tipo de cultura de la gestión empresarial, la información, y por tanto el conocimiento y<br />

la comunicación, asumen relevancia estratégica. Es en la inversión de esos recursos que se juegan las<br />

posibilidades de conseguir para la empresa ventajas competitivas de carácter permanente, utilizando<br />

la comunicación como vehículo para plantar la imagen de la cultura de empresa en el territorio.<br />

En este enfoque, es la creatividad de la gerencia lo que, a partir del conocimiento, desarrolla nuevo<br />

conocimiento, al tiempo que identifica, en el desarrollo de los recursos intangibles, las modalidades<br />

de acción de las técnicas de acumulación flexible, basadas en la comunicación y en las técnicas del<br />

ciclo productivo en su conjunto. En consecuencia, tanto la estrategia general de la empresa como las<br />

decisiones contingentes de carácter táctico-operativo se recomponen en el capital cognoscitivo del cual<br />

la gerencia debe ser portadora, gestora y creadora, en un contexto de continuo aprendizaje enfocado<br />

hacia la acumulación flexible, centrada a su vez en el conocimiento y en los recursos intangibles, en<br />

sentido general.<br />

4. De esta manera, en cualquier modelo de capitalismo o sistema empresarial, si la táctica es el arte<br />

de las decisiones contingentes, el pensamiento estratégico elabora modelos decisorios de consenso en<br />

torno a las actividades que constituyen el aparato motriz de la empresa. Esas actividades, tanto las ya<br />

iniciadas como aquellas en las que es posible insertarse, tienen en todo caso el objetivo de impulsar<br />

políticas realizables y coherentes con las prioridades y finalidades últimas de la organización, basadas<br />

en la imposición de la propia cultura al cuerpo social. Si la eficiencia, como relación cuantitativa entre<br />

input y output, es considerada por muchos como un indicador de corto plazo, la eficacia total de la<br />

acción empresarial se mide por el impacto global que tiene sobre el ambiente externo a largo plazo. En<br />

definitiva, es la evolución de la relación empresa-mercado o, mejor dicho, el mejoramiento global de la<br />

calidad del vínculo empresa-ambiente, en términos de dominio, lo que determina el éxito, el desarrollo<br />

eficiente y eficaz de la empresa como sistema de control y dominio social.<br />

5. Ha sido este tipo de enfoque el que ha llevado a la afirmación del modo de hacer empresa del<br />

capitalismo japonés, que luego se ha difundido en los sistemas empresariales occidentales. Se trata,<br />

en última instancia, de un modelo cultural comprehensivo, generalizado, basado en la valorización de<br />

los recursos intangibles, en la canalización de los vínculos derivados del contexto ambiental externo<br />

EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL<br />

563


hacia el propio provecho, en el concepto de cooperación y el espíritu de colaboración. En ese sentido,<br />

la optimización de los resultados de la gestión empresarial debe conjugarse con un aparente bienestar<br />

de los trabajadores y con el interés general de la colectividad, pero siempre sometidos, ambos, a los<br />

intereses y a la cultura de la empresa, que se hace cultura del cuerpo social.<br />

Esta nueva comunicación y cultura de lo social es, pues, coercitiva, pero al mismo tiempo poderosamente<br />

creativa, nómada y dinámica, tanto la de tipo interno como –sobre todo– la externa. Es permanentemente<br />

utilizada para desarrollar, mantener y defender constantes contactos socioeconómicos de<br />

aparente satisfacción mutua, tareas en las que tiene como vehículo un capital intelectual homologado<br />

–es decir, recursos, inteligencias y hombres al servicio de la cultura de la ganancia– que crea consenso<br />

social y valoriza todos los recursos y la cultura de la empresa.<br />

6. Algunas consideraciones en torno a los razonamientos anteriores, para arribar luego a conclusiones:<br />

a) El proceso de sometimiento real del trabajo al capital es el fundamento ideal de la sociedad<br />

capitalista, ya que permite subordinar al obrero tanto en la producción como fuera de esta.<br />

b) Ese proceso crea condiciones nunca antes sospechadas para la endogenización del progreso<br />

científico-técnico en la producción, lo que al mismo tiempo reduce el trabajo inmediato a una<br />

cuota mínima, objetiva el conocimiento en el capital y lleva a altos niveles la productividad del<br />

trabajo.<br />

c) Si la producción de riqueza se mide en el capitalismo por el tiempo de trabajo inmediato, la<br />

difusión de las máquinas impulsa el desarrollo del conocimiento y su determinación como<br />

fuerza productiva general, con lo cual propicia asimismo el desarrollo del individuo social.<br />

d) Sin duda, el capitalismo se resiste y mantiene su medición del tiempo de trabajo como significado<br />

de riqueza para su apropiación gratuita; intenta, pues, medir con el tiempo de trabajo la<br />

magnitud de las fuerzas sociales y reducirlas a los límites requeridos, para que el valor creado se<br />

conserve como tal.<br />

e) La apropiación privada de los resultados de la producción y el crecimiento autosostenido del<br />

valor son la razón de ser del capital. Para el capitalista, el desarrollo del conocimiento, de la<br />

ciencia y de la tecnología, así como las relaciones sociales en las cuales se inscriben esos procesos,<br />

no son más que instrumentos para alcanzar el objetivo de incrementar el trabajo ajeno y, por<br />

tanto, la explotación de los trabajadores.<br />

f) En esas condiciones, si el trabajo inmediato deja de ser la fuente de la riqueza, el tiempo de<br />

trabajo deja de ser su medida; por tanto, el valor de intercambio deja de ser la medida del valor<br />

de uso. A partir de esta conclusión de Marx, se puede decir que en la nueva sociedad que supera<br />

al capitalismo, el tiempo de trabajo no es la medida de la riqueza, ni el valor de su expresión más<br />

inmediata. De allí la histórica polémica acerca de la vigencia de la ley del valor y de las relaciones<br />

monetario-mercantiles en el socialismo.<br />

g) Ese desarrollo apunta a que la reducción del tiempo de trabajo inmediato incremente el libre<br />

desenvolvimiento de la individualidad y aumente el tiempo libre, que podrá ser dedicado a la<br />

formación artística y científica.<br />

h) En ese contexto, la riqueza real es la fuerza productiva de todos los individuos y su medida no<br />

es ya el tiempo de trabajo sino el tiempo disponible, el tiempo libre del trabajo.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

564


i) Las fuerzas productivas han alcanzado un desarrollo tal, que no pueden seguir atadas a la apropiación<br />

privada de la plusvalía, sino que es la masa obrera, es decir, la clase que vive del trabajo,<br />

la que debe apropiarse de su plustrabajo.<br />

— notas —<br />

1 Sobre los temas tratados en este capítulo, serán frecuentes las referencias a Vasapollo (1996) y Martufi, Vasapollo (2000b).<br />

2 Se pretende aquí solamente una lectura parcial de la revolución industrial, haciendo abstracción de las relaciones intercapitalistas-interimperialistas<br />

y entre Estados dominantes y Estados dominados (colonias, en cualquier caso, como diría Jaffe) que, sin<br />

embargo, son elementos fundamentales del movimiento de producción capitalista y están asimismo en la base del “estallido”<br />

y la difusión de las revoluciones industriales.<br />

3 La Unión Europea procura seguirle los pasos y superarlo. Al menos, esos son los objetivos que se planteó en Lisboa en el año<br />

2000: “convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de impulsar un<br />

crecimiento económico sostenible, con nuevos y mejores puestos de trabajo y una mayor cohesión social”.<br />

4 Sobre la importancia de la compresión del período de rotación, véanse las bellas páginas de Dussel (2004b: cap. 13), que lee<br />

los Grundrisse.<br />

5 Ciertamente, este sector está también más expuesto al peligro de la duplicación “libre” y gratuita.<br />

6 Para profundizar, cfr. Ordóñez (2004: 16-17).<br />

7 Tres óptimos libros construidos sobre el análisis de clase de las políticas de integración europea son Carchedi (2001), Bonefeld<br />

(2001) y Arriola, Vasapollo (2004), todavía más importantes si consideramos que, desde un punto de vista marxista, son pocos<br />

los análisis tan orgánicos y completos sobre los procesos constitutivos de la Unión Europea y las políticas económicas de esta<br />

última.<br />

8 Piénsese en el clásico de Albert (1993), que distingue entre capitalismo de “modelo renano” y capitalismo de “modelo anglosajón”.<br />

Pero también en los más recientes Regini (2003) y Arriola, Vasapollo (2004).<br />

9 En la relación territorio-empresa insiste sobremanera mucha literatura contemporánea. Un ejemplo, entre los más elegantes y<br />

“románticos”, es el representado por Dioguardi (1995), que identifica en la producción de “cultura empresarial” –dentro de la<br />

empresa misma, pero sobre todo en el territorio limítrofe– uno de los objetivos centrales para el futuro de la empresa-red del<br />

tercer milenio.<br />

10 Por otra parte, se ha adoptado desde hace años la infeliz expresión “empresa-Italia”, que pretende destacar cómo una nación<br />

entera se identifica (o debe identificarse) con su aparato empresarial.<br />

EL PARADIGMA POSFORDISTA Y LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL<br />

565


Capítulo II<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA<br />

ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO 1<br />

1. Modelo comunicacional y control social<br />

1. A escala internacional, la reconversión económica contemporánea está dominada por los grandes<br />

grupos de la industria manufacturera, que encaran una rivalidad muy fuerte por parte de grupos<br />

equivalentes de la distribución concentrada.<br />

De cualquier forma, las modalidades de acumulación del sistema dependen de mecanismos internos<br />

de los sectores financieros, a los cuales se ha adaptado y sometido momentáneamente la inversión<br />

industrial, aun cuando se empieza a avizorar un conflicto intercapitalista por la recuperación del predominio<br />

de los mecanismos característicos de la inversión productiva. De hecho, una vez concluido<br />

el proceso de largas y complejas fusiones, las grandes multinacionales estadounidenses y europeas<br />

concentran en sus manos actividades estratégicas decisivas. En todo el sector empresarial de la OCDE,<br />

más de 80% de los gastos en investigación y desarrollo –que son los más vinculados al control del<br />

capital intelectual homologado– corresponde a sociedades clasificadas como grandes empresas.


La época histórica que se conoce como “capitalismo”, aunque en realidad se debería hablar de capitalismos,<br />

se caracteriza por someter todos los procesos de producción social a la relación de explotación<br />

capitalista, es decir, a la producción, mediante el trabajo ajeno, de mercancías que son apropiadas por<br />

el interés privado y susceptibles de ser alienadas a través de un intercambio mercantil monetario. De<br />

esta manera, las formas de expresión de la realidad social se reducen en nuestra época cada vez más a la<br />

producción mercantil de esas formas sociales, transformadas en mercancías.<br />

En la fase actual de evolución del capitalismo, el aspecto más relevante de ese proceso de mercantilización<br />

de la vida social es precisamente el que concierne al conocimiento. Eso no quiere decir únicamente<br />

que este último, como producto material en forma de ideas y pensamientos, se ha convertido en<br />

una actividad humana susceptible de expresarse como mercancía –cosa que sucede desde hace mucho,<br />

al menos desde la primera vez que alguien pagó para que le predijesen el futuro–, sino que las formas<br />

que adopta el proceso de producción del conocimiento se estructuran cada vez más bajo la forma de<br />

relación mercantil.<br />

Incluso en los países donde las pequeñas y medianas empresas son fuertes, su existencia depende en<br />

gran parte de las oportunidades que les ofrecen los grandes grupos, que a estas alturas son esencialmente<br />

multinacionales de la comunicación o, en sentido más general, de la economía del conocimiento.<br />

Se puede entonces decir que la comunicación, por mucho tiempo considerada sinónimo de libertad,<br />

de difusión del conocimiento y el saber, se ha convertido en lo contrario. De hecho, ha sometido<br />

todos los aspectos de la vida social, política y cultural, hasta convertirse en opresión, dominio social<br />

totalizante, nueva forma de institución total, nuevo sistema de “ergastulización”, reducción forzada al<br />

ostracismo social de toda forma de rebelión contra la homologación impuesta por la competencia<br />

capitalista global.<br />

En sus implicaciones sociales, esta situación de subrepticio dominio, ejercido a través de la gestión<br />

de los flujos informativos, se manifiesta en la forma de una ulterior simulación de la realidad, de<br />

los fenómenos físicos, con lo cual la experiencia de los sujetos es alejada de los contextos concretos.<br />

Adelantada con eficiencia científica, la virtualización de las relaciones, de las necesidades y hasta de<br />

los afectos de los individuos, ha reducido de hecho los espacios de la crítica, al tiempo que propone<br />

un modelo único de sociedad que, cuando mucho, puede ser de alguna manera declinado, pero que<br />

no deja espacios culturales relevantes a las posibles alternativas. Ese proceso, ya agudamente enfocado<br />

por Theodor W. Adorno (1994: 64 ss.), ha posibilitado, de hecho, la instauración de nuevas formas<br />

de dominio mediático, que utilizan los flujos informativos y los sistemas representacionales para llevar<br />

adelante, entre otras cosas, el control social (Frasca, 1996: 53).<br />

Es la comunicación nómada estratégica desviante integrada, no como simple transferencia de información,<br />

sino como activación de procesos de producción de conocimiento, de ideas-imágenes,<br />

de cultura, de estímulo a la comprensión de la idea-fuerza del mercado por parte de la sociedad y de<br />

control de la sociedad por parte de la fábrica social generalizada, en un modelo concertacionista que se<br />

mueve en un plano de afrontar y resolver los problemas desde una aparente dinámica de salvaguarda<br />

de intereses recíprocos, pero que en los hechos actúa de manera totalitaria, para la compresión de toda<br />

forma de antagonismo social.<br />

Queda así del todo superada la concepción circunscrita a una actividad pretendidamente divulgativa,<br />

en sentido general, de la comunicación. Definida, planificada y administrada por las instituciones,<br />

por el profit State y por las empresas, la actividad comunicacional debe, a lo sumo, hacer convivir el<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

568


aspecto productivo de los elementos inmateriales capaces de cualificar los bienes y servicios que se<br />

ofrecen –aumentando así su apetecibilidad por parte del mercado–, con un capital intelectual humano<br />

homologado que determina y guía la actividad comunicacional interactiva desviante, dirigida a la<br />

producción y difusión de los atractivos de la imagen empresarial y de la cultura de la ganancia.<br />

2. Toda la actividad comunicacional interactiva se convierte entonces en elemento fundamental de la<br />

acumulación flexible, vehiculado a través de un capital intelectual humano homologado que transforma<br />

los verdaderos valores sociales en capital empresarial, gracias al papel del capital intangible y a la entidad<br />

del espacio cibernético. Por otra parte, al invertir en este último se consolida y acrecienta el consenso<br />

social del profit State en otra intersección: la de la interpretación de la dimensión espacio-temporal para<br />

fines productivos capitalistas, superando así la humanización de los procesos del vivir social.<br />

De esta manera, nuevamente gracias al papel del capital intelectual humano homologado, se mantiene<br />

siempre la correspondencia en el tiempo de los distintos procesos sociales que son portadores de<br />

actividades informativas y procesos de decisión, a través de una continua evolución y adaptación del<br />

sistema comunicacional desviante a los mecanismos de la acumulación flexible; mecanismos capaces<br />

de acelerar los procesos de determinación del dominio tecnosocial total en una contextualización<br />

paradigmática de la fábrica social generalizada en el territorio, que destruye la política y las prácticas<br />

sociales de resistencia hasta determinar el problema de la remodelación de la propia mente humana.<br />

Se llega así a determinar la construcción de un sistema diferente, que modela la organización social<br />

a partir del capital intelectual humano homologado y de los recursos del capital de la abstracción,<br />

derivados de un modo de administrar información y comunicación nómada desviante, para proyectar<br />

luego sobre el territorio toda la cultura de empresa, que es cultura del sofocamiento de toda forma<br />

de resistencia.<br />

3. A lo largo del texto se habrá notado varias veces que, al introducir un discurso sobre el paradigma<br />

posfordista, el patrón de comparación utilizado ha sido evidentemente el fordista. Por eso, de seguidas<br />

se presentan esquemáticamente las bases de la formulación del modelo de acumulación de ese período;<br />

modelo que todavía es central en países de la semiperiferia y sigue desempeñando un importante papel<br />

también en los países de capitalismo maduro.<br />

Características de la fase de desarrollo fordista-keynesiano<br />

Base tecnológica.<br />

Modo de producción y crecimiento económico.<br />

Sector de articulación<br />

y de dinámica del crecimiento.<br />

Modo de organización y solución de<br />

conflictos entre clases y grupos sociales.<br />

Ideología.<br />

Cultura.<br />

Forma de Estado.<br />

motor de combustión interna y electricidad.<br />

Fordista-keynesiano.<br />

complejo industrial metalmecánico, automovilístico y<br />

petroquímico.<br />

corporativismo social, con solución del conflicto<br />

social en la distribución del ingreso.<br />

estilo de vida norteamericano (american way of life).<br />

cultura de masas, consumo de masas.<br />

estado social (welfare State).<br />

Fuente: reelaboración de Comercio Exterior (2004), España.<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

569


Pero el nuevo proceso, llamado posfordista, no puede verificarse si las transformaciones en curso en<br />

la economía no se acompañan de cambios en la organización y en la solución de los conflictos entre las<br />

clases y los grupos sociales, así como en la ideología y en la cultura, entendida como modo de vida; y<br />

eso quiere decir que se debe constituir una nueva unidad orgánica entre economía política, ideología<br />

y cultura. Eso significa que se va cumpliendo un complejo proceso en el que los cambios, si bien tienen<br />

origen en la economía (y particularmente en la forma de producción), no pueden concretarse sin<br />

transformaciones en la política, en la ideología y en la cultura (Ordóñez, 2004: 5).<br />

En la determinación capitalista posfordista, el sistema fábrica, al movilizarse en pos de la realización<br />

de sus objetivos, pone en marcha procesos de gestión en los que cada una de las acciones que inciden<br />

en la realidad operativa empresarial están, a su vez, rígidamente conectadas a los flujos de información<br />

y a los modelos decisorios que de allí se derivan, en un contexto de ensamblaje comunicacional<br />

orientado al cuerpo social, en el cual el sujeto territorial es fuente y, al mismo tiempo, receptor del<br />

capital información; es decir, una suerte de hombre-información flexibilizado en la producción, en el<br />

consumo y en todo momento del vivir social.<br />

4. Se puede ciertamente sostener, en síntesis, que la gestión de una organización social cualquiera –y no<br />

solo la empresarial– es hoy reconducible al circuito dato-información-decisión-acción, para luego tornar<br />

nuevamente al capital información. Si la decisión es el elemento motor del circuito, la información<br />

es el que lo une estrechamente al propio ensamblaje comunicacional nómada posfordista. Veamos de<br />

qué manera.<br />

Es ya doctrina y praxis consolidada que sin sistema informativo la organización empresarial no<br />

tiene razón de existir, ya que este constituye su estructura neurálgica, formada por el conjunto coherente<br />

y orgánico de todos los flujos informativos, con carácter tanto cualitativo como cuantitativo. El<br />

desarrollo de los sistemas informativos empresariales se ha producido gradualmente, con una sucesión<br />

de fases que ha incidido progresivamente en los niveles operativo, sectorial y directivo, y parcialmente<br />

en concomitancia con la evolución tecnológica de los dispositivos para el procesamiento de datos y de<br />

las técnicas respectivas.<br />

En estos últimos años ha surgido la exigencia, por parte de la gerencia de empresa, de afrontar el<br />

problema de la gestión de la información no ya con islas de mecanización, separadas unas de otras,<br />

sino en un marco orgánico, en el que se entrelacen los diversos aspectos organizativos. Al considerar<br />

así la información como recurso estratégico y el sistema informativo como estructura de fines productivos<br />

con larga vida útil, se puede incidir de manera determinante en la competitividad y la eficiencia<br />

empresariales 2 .<br />

En ese sentido, surge el capital información como recurso intangible y complejo en un sistema de<br />

fábrica social generalizada, y ese elemento del capital de la abstracción, como todos los otros recursos<br />

inmateriales, tiene como característica fundamental la de ser utilizable para fines diversos, pero de<br />

difícil coincidencia. El capital información requiere, por tanto, de continuas e ingentes inversiones,<br />

si se quiere optimizar su eficiencia y eficacia y evitar su rápida obsolescencia técnica y económica.<br />

De hecho, hoy, con la disruptiva innovación tecnológica en curso en el ámbito de la informática y<br />

la telemática, los sistemas informativos empresariales envejecen con extrema facilidad y exigen, por<br />

tanto, fuertes inversiones ya en la fase misma de implementación, para disponer inmediatamente de<br />

un sistema integrado y altamente eficiente.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

570


5. A tal fin, es fundamental saber con precisión qué cosa es hoy la comunicación en la empresa y qué<br />

papel juegan los modelos comunicacionales en el esquema sociocultural en su conjunto en el territorio<br />

y, por tanto, qué papel y cuál función asumen en y para la fábrica social generalizada de la llamada fase<br />

posfordista.<br />

En el análisis de la evolución de los mercados, de las estructuras organizativas de las empresas y de<br />

los modos de ser del control social general sobre el territorio, cabe destacar entonces la importancia<br />

que ha asumido la comunicación desviante externa, la cual permite a todos los sujetos económicos<br />

interactuar con el modelo cultural de empresa y ejecutar decisiones de todo tipo sobre la base de<br />

las informaciones obtenidas. Resulta claro que en tanto más amplia sea la red informativa a la que<br />

puede acceder la empresa, tanto mayor será el conocimiento de los mercados, de los productos, de<br />

las exigencias de los consumidores, de los trabajadores y de las diversas subjetividades presentes en el<br />

territorio, que deben ser plegadas a las lógicas empresariales y de control social en general. Así, bajo<br />

una misma lógica y a un mismo tiempo, a través de la comunicación desviante, la cultura de empresa<br />

y de la ganancia invade el cuerpo social.<br />

Es necesario, sin embargo, que el capital intelectual humano se convierta en valor de intercambio<br />

para la ganancia, en una sociedad en la que la comunicación, con la telemática y la automatización, se<br />

inserta en la producción como recurso estratégico.<br />

En la actual fase de comunicación nómada desviante total y mundial, el sistema de producción<br />

capitalista alcanza el máximo nivel de “desocialización”. De allí las razones de la dosificación y de los<br />

diversos grados de involucramiento determinados por el capital intelectual homologado en un contexto<br />

de organización social compleja, en la que los flujos comunicacionales nómadas desviantes deben<br />

tomar en cuenta todos los factores de impacto: desde las diversas competencias de las instituciones<br />

locales, hasta los procesos productivos difundidos en el territorio a través de la reestructuración ad<br />

hoc del mercado de trabajo, las tecnologías, las cambiantes condiciones del ambiente externo y los<br />

problemas vinculados a la compresión del conflicto social, incluso a través de formas de cooperación<br />

y homologación concertacionista de segmentos cada vez más consistentes de trabajadores. Todo esto<br />

explica la variada sincronización, en los procesos comunicacionales, de los objetivos estratégicos de<br />

control, tanto a lo interno como a lo externo del sistema empresarial tradicional, en un todo único con<br />

las funciones empresariales.<br />

6. A través de los modelos comunicacionales nómadas desviantes correlativos al principio de flexibilidad,<br />

la empresa, además de afirmar su propio nombre y adquirir notoriedad entre el gran público, crea<br />

en torno a sí misma ese “consenso” que le permite mantener y mejorar su posición en el mercado 3 , así<br />

como proyectar su cultura por medio de continuos incrementos de valor a largo plazo, basados en la<br />

acumulación flexible, e invadir la sociedad en todas sus dimensiones. Encuentra así modalidades de<br />

acción la nueva empresa de difusión social en el territorio, fábrica social generalizada que invade lo social<br />

con formas diversificadas y cada vez más eficientes de control social.<br />

La comunicación desviante deviene, de esta manera, en modelo comunicacional social, recurso<br />

estratégico del capital intangible, ya que está constituida por una serie de informaciones, mensajes<br />

y comportamientos que el nuevo sistema de empresa asume y proyecta hacia destinatarios diversos,<br />

externos o internos, para reforzar su propia posición en el mercado, para definir su propia imagen y la<br />

cultura de la competitividad del mercado, y explicitar el control social total.<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

571


Para poder coordinar y controlar mejor sus varios subconjuntos, la fábrica social generalizada posfordista<br />

recubre toda la realidad social con modelos decisorios derivados de procesos de elaboración<br />

interna en los sistemas de empresa, que deben tener en cuenta los vínculos ambientales.<br />

Para optimizar sus funciones operativas y en clave de optimización de su desempeño todo, la nueva<br />

empresa posfordista convierte el sistema informativo en elemento del patrimonio; es decir, capital de<br />

la abstracción, compuesto por datos e informaciones conectados a procesos de aplicación, a través<br />

de un conjunto de procedimientos y de instrumentos utilizados para su tratamiento y gestión.<br />

El sistema de la acumulación flexible en el mercado globalizado debe dotarse de un conjunto de<br />

estructuras y de recursos humanos altamente calificados y responsables, capaces de gerenciar de manera<br />

eficiente y competitiva esos procedimientos.<br />

Consecuentemente, las distintas formas de organización capitalista-empresarial del trabajo, del vivir<br />

social, deben incluir, en todas las estructuras y en todos los niveles jerárquicos, recursos humanos<br />

que tengan como tarea la gestión de las decisiones, la recolección de datos e informaciones para luego<br />

distribuirlos y difundirlos, creando así comunicación nómada desviante. Se viene a constituir así un<br />

auténtico sistema informativo social, como desarrollo de procesos decisorios de tipo empresarial surgidos<br />

de los recursos del capital información, que invade globalmente el territorio.<br />

7. Se llega así, pues, al desarrollo cada vez mayor de una empresa socialmente difundida 4 .<br />

Esa situación influye también en la posición de los trabajadores, ya que las empresas son llevadas<br />

cada vez más a contratar personas con un alto nivel de instrucción –o sea, los “trabajadores del conocimiento”–<br />

que, además de ser retribuidos en medida superior a los trabajadores manuales, obtienen<br />

incentivos y gratificaciones si se esfuerzan en seguir cursos que mejoren su posición profesional.<br />

Trabajadores, entonces, que van a constituir después la élite de los técnicos o a integrar esa cada<br />

vez más difundida “aristocracia obrera” que se contrapone a la desocupación estructural provocada por<br />

el desarrollo tecnológico y de la info-producción: un vínculo perverso entre crecimiento económico,<br />

desempleo, riqueza social, carencias redistributivas, aumento de la productividad y nuevas pobrezas.<br />

2. La economía del conocimiento para los paradigmas de la sociedad<br />

de la comunicación desviante<br />

1. Es evidente que las modalidades de intervención informativa tienen gran relevancia en los sistemas<br />

complejos de alto riesgo, sea que se hable de riesgos de implantación, riesgos productivos o, más en general,<br />

económico-financieros. Por tanto, dicha intervención tiene una utilidad no desdeñable tampoco<br />

en los procesos productivos, donde la caída de la confiabilidad informativa comporta una pérdida de<br />

productividad o un deterioro de la calidad del producto.<br />

Durante el período de los años sesenta y setenta, la comunicación empresarial era entendida, especialmente<br />

en Italia, como un conjunto de informaciones de carácter comercial (personal selling) que<br />

hallaba fundamento cultural en las condiciones socioeconómicas, de la empresa y de toda la sociedad,<br />

para el momento histórico-político en cuestión. Ya para fines de los años setenta, y especialmente<br />

con los años ochenta, la comunicación asume cada vez más la caracterización de recurso estratégico<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

572


desviante; desviante porque se hace instrumento exclusivo, o casi, del interés capitalista general –no<br />

de la empresa en particular–, en un modelo de auténtico totalitarismo neoliberal centrado en el capital<br />

información.<br />

Los cambios en la estructura organizativa de la empresa, así como la adaptación de los modelos<br />

comunicacionales al principio general de la flexibilización empresarial de y en lo social, tienen notables<br />

incidencias en la estructura y organización del trabajo y en la adaptabilidad de los trabajadores a la<br />

intensa relación con la innovación tecnológica, con la informática y con una comunicación cada vez<br />

más centrada en técnicas, instrumentos y modelos con alto nivel de determinación y control de toda la<br />

fuerza de trabajo, y por tanto de comunicación nómada desviante como recurso estratégico del capital<br />

de la abstracción.<br />

Está claro que las empresas son sistemas abiertos y dinámicos, en los que el empresario decide con<br />

base no solo en los objetivos de naturaleza estrictamente económica, sino en los de tipo social también;<br />

sus decisiones deben entonces derivar, necesariamente, del intercambio informativo global que se establece<br />

con todo el macrosistema ambiental. Es de la sinergia entre los objetivos y las informaciones<br />

comerciales y sociales que nacen las estrategias, los planes, los programas que deberán después ser<br />

comunicados a todos los sectores de la organización empresarial y social, para posibilitar en todo el<br />

territorio los comportamientos más adecuados a las exigencias empresariales.<br />

En el caso de la comunicación desviante externa de tipo comercial, adquiere una importancia fundamental<br />

el mensaje que la empresa quiere hacer llegar, no solo al mercado del producto, sino a la sociedad<br />

entera; un mensaje, pues, que deberá ser comprensible para todos, atraer la atención, crear interés y<br />

curiosidad, y que debe además vehicular modalidades de condicionamiento y control tecnosocial. A tal<br />

propósito será necesario adelantar un serio monitoreo de la sociedad, de la competencia y del mercado<br />

en general, a través de sistemas informativos de mercadeo de “producto social”, que constituyen una<br />

suerte de sensores internos y externos de la empresa. La nueva comunicación que la empresa dirige<br />

al mercado no es ya un instrumento que tenga por objetivo el obtener una ganancia a través de la<br />

persuasión, homologación, masificación y manipulación de los gustos y hábitos de los consumidores.<br />

2. Hoy la comunicación se hace desviante porque está cada vez más atenta a manipular la libertad<br />

individual de escogencia con respecto a todo el vivir social, en una falsa exaltación de la diversidad<br />

que busca hacer creer, al ciudadano-consumidor, que cada día está en mayor capacidad de decidir<br />

libremente sus intereses.<br />

Nace y se desarrolla asimismo la comunicación desviante externa de tipo organizativo, ligada a una<br />

suerte de mercadeo social derivado del conjunto de los flujos del capital de la abstracción y estrechamente<br />

conectado a estos, que tienen el objetivo de difundir la idea guía, la imagen, crear consenso en y<br />

para la lógica de empresa. Se trata, pues, de una comunicación sociocomercial, que es completamente<br />

distinta a la publicidad y capaz de transformarse en un único y complejo modelo de comunicación<br />

integrada nómada desviante de valor estratégico, para la determinación de las directrices del consenso<br />

en y del cuerpo social.<br />

También la comunicación financiera, dirigida a los operadores y a las instituciones respectivas,<br />

reviste para la empresa un papel fundamental y es de carácter desviante. Se trata, en este caso, de<br />

un tipo de comunicación que puede eventualmente tener tanto las características definitorias de la<br />

comunicación institucional, como algunos rasgos típicos de la sociocomercial, de la organizativa y del<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

573


mercadeo social. Cada transformación financiera necesita, en efecto, de capitales de riesgo y préstamos;<br />

se hace entonces indispensable para la empresa producir comunicación desviante para demostrar a los<br />

financistas –que cada vez más deben ser también los propios trabajadores y los pequeños ahorristas,<br />

en una óptica de accionariado popular controlado–, como también a las instituciones públicas de<br />

control, que es competitiva en el mercado y tiene una estructura organizativa eficiente, autónoma, que<br />

participa de las decisiones, para así garantizar mejor la recuperación de los medios financieros.<br />

Se trata de comunicación financiera desviante, sobre todo, porque debe imponer el sistema empresa<br />

como referente social totalizante, es decir, como punto de referencia incluso conductual en todo el<br />

territorio, un modelo cultural al que debe aspirar la nueva capa media, el nuevo pequeño ahorrista, de<br />

manera que la financiarización de la economía, el “juego de la bolsa” para crear ganancias y enriquecer<br />

a los pocos de siempre, se convierta en el “juego de todos” para aspirar al enriquecimiento fácil.<br />

3. El principio de la flexibilidad social y del trabajo es aplicado, por tanto, como sistema de control<br />

social. Pero un sistema rígido puede provocar perturbaciones evidentes y conflictos con las empresas.<br />

Hay entonces que reforzar los métodos tradicionales de control con nuevos instrumentos alternativos,<br />

que contemplen conductas coercitivas innovadoras, que permitan orientar hacia la colaboración y la<br />

cooperación a los diversos sujetos del recurso humano presente en la empresa y en el cuerpo social –incluido<br />

el sujeto sin empleo–, y adoptar para eso un modelo coercitivo-punitivo global. Estos procesos<br />

fueron ampliamente experimentados con el “modelo tipo” de fábrica integrada (luego fábrica modular)<br />

en la FIAT-SATA de Melfi, donde se crearon muchos sistemas de control basados en el lenguaje,<br />

incluso el electrónico; piénsese en los sistemas de comunicación audiovisual de los llamados “Andon” o<br />

de los semáforos que dictan las órdenes o los ritmos de producción. O piénsense también en el sistema<br />

del “kanban”, en el que, tras la aparente neutralidad del pedido externo a la unidad laboral, se esconde<br />

el imperativo productivo dictado por la empresa (cfr. Fiocco, 1998-1999). Y aún más: el enfoque<br />

discursivo caracteriza fuertemente a los departamentos de relaciones industriales y de relaciones sindicales<br />

de la empresa, al privilegiarse el “trato personalizado” para resolver los más diversos problemas<br />

(de ritmos, permisos, pausas, feriados, etcétera) directamente con el trabajador, en lugar de hacerlo<br />

con las organizaciones sindicales. Finalmente, la misma estructura del proceso de trabajo, organizado<br />

en múltiples “microempresas” dentro de la empresa madre –y en las que los premios de producción<br />

dependen no del desempeño individual, sino de todo el equipo–, impulsa e impone un espíritu de<br />

grupo que favorece el control horizontal y recíproco entre los mismos trabajadores. Eso significa que<br />

si hay un “haragán”, son sus mismos compañeros quienes lo “regañan”, ya que están directamente<br />

interesados en el desempeño positivo de toda la actividad laboral del equipo.<br />

La comunicación, entonces, es desviante porque está completamente sujeta a la mentalidad de<br />

producción, intercambio y ganancia de la política económica actual, con lo cual sustituye la función<br />

hasta ahora cumplida por el “progreso”. En todos los sectores y en todas las instituciones, la palabra de<br />

orden es ahora la misma: comunicar eficiencia y competitividad, las ideas-guía del poder capitalista.<br />

El cambio de la ideología del progreso por la de la comunicación está produciendo innumerables<br />

trastornos, en tanto que se hace cada vez más áspera la lucha entre el poder y la comunicación de masas.<br />

Los medios de comunicación no conocen fronteras, ya que<br />

La transmisión de datos a la velocidad de la luz (…) la digitalización de textos, imágenes y sonidos,<br />

el hecho ya cotidiano de recurrir a los satélites de telecomunicación, la revolución de la telefonía, la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

574


generalización de la informática en la mayoría de los sectores de la producción y de los servicios, la<br />

miniaturización de los ordenadores y su conexión a redes a escala planetaria, poco a poco han ido<br />

cambiando, de arriba a abajo, el orden del mundo” (Ramonet, 1998: 78).<br />

4. Esa suerte de anonimato que se deriva de la difusión generalizada de estos nuevos medios de comunicación,<br />

provoca una abrupta reducción de las relaciones sociales y políticas en la colectividad; lleva,<br />

más todavía, a la negación de la política. En efecto:<br />

La desaparición de las distancias que provoca esta teleciudad mundial, produce inmediatamente<br />

la desaparición también del espacio nacional –lugar, desde hace siglos, de la regulación social– y<br />

el resurgimiento del caos que destruye la base del Estado nacional y genera esos fenómenos de<br />

descomposición con los cuales los medios de comunicación nos entretienen cotidianamente<br />

(Latouche, 1995: 31).<br />

Las hipótesis de la web democracy, que fascinaron a los teóricos a comienzos de los años noventa,<br />

han revelado la última de las utopías. La ilusión de una participación mayor y más directa, de una<br />

intervención libre de mediaciones en la cosa pública, se agotó en la breve vuelta de un decenio, al<br />

quedar en claro que la posesión difusa de un medio capaz de acortar las distancias y sincronizar los<br />

tiempos no coincidía forzosamente con la adquisición de las competencias e informaciones necesarias<br />

para integrar al ciudadano común en el espacio decisorio reservado a los gobernantes. Por el contrario,<br />

la web se ha convertido en un vector de modas, tics sociales y clichés que contribuyen a la masificación,<br />

incluso, de sociedades y grupos étnicos “remotos” en términos de cultura y tradiciones (Maldonado,<br />

1997: 22-27).<br />

Se asiste a un aplastamiento de las culturas y un aplanamiento de las diferencias entre los países.<br />

Todos beben Coca-Cola o usan jeans: se convierten, en definitiva, en “hombres idénticos”; lo cual no<br />

niega, sin embargo, que las grandes diferencias existentes entre las clases sociales se tornen cada vez más<br />

profundas, marcadas y penetrantes. De esta situación, obviamente, extraen ventaja aquellos que detentan<br />

y vehiculan el poder del capital a través de los medios de la comunicación desviante. Se trata de un<br />

componente fundamental y calificador del nuevo modo de entender la acumulación a través del capital<br />

intangible de la abstracción; un modo que todo lo homologa a la imagen y a la cultura del mercado y la<br />

ganancia, de manera totalitaria, ya que se presenta en ropaje de pensamiento único de la lógica empresarialista,<br />

más allá de las alineaciones partidistas de derecha o de izquierda; un modo completamente<br />

sometido y portador de los intereses económicos de un capitalismo cada vez más salvaje, que impone<br />

las formas del desarrollo sociocultural, homologa a los intelectuales todos –o casi–, extingue la función<br />

de la política y llama gobierno de la cosa pública al ejercicio del poder administrativo no en función de<br />

las necesidades de la gente, sino exclusivamente como soporte del poder económico del capital, a través<br />

de la comunicación desviada y desviante. Es el imperio del capital sobre la comunicación.<br />

5. El crecimiento sociocultural de capas cada vez más amplias de la población, las cambiantes condiciones<br />

del mercado por causa de la intensificación de los factores comerciales, la afirmación de la telemática<br />

y de medios de comunicación más y más sofisticados, provocan una decidida evolución del concepto<br />

de comunicación, que no se entiende ya como simple proceso de transmisión de informaciones de<br />

carácter predominantemente comercial, a lo interno o a lo externo, sino como capacidad organizativa<br />

de lograr consenso en el cuerpo social. Una comunicación desviada y desviante, como componente<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

575


clave del sistema cognitivo totalizante de la fábrica social generalizada posfordista, capaz de orientar los<br />

conocimientos y las conductas organizativas como polos de transmisión de la idea-empresa a toda la<br />

sociedad, por medio de procesos informativos y decisorios que se convierten en modelo del vivir social.<br />

Una estructura organizativa flexible, dotada de un fuerte modelo comunicacional ya en la fase<br />

estratégica de la planificación, favorece el desempeño de modelos concertacionistas y consociativos,<br />

aparentemente dirigidos a dar participación en las decisiones a todos los componentes de la empresa<br />

–en lugar de adoptarlas en la cúpula–, aunque en realidad concebidos para reducir y comprimir la<br />

conflictividad del mundo del trabajo, del no trabajo y del trabajo negado. Se logra esto al utilizar,<br />

junto con los medios tradicionales, también otros instrumentos que toman en consideración los deseos<br />

de la empresa, de los trabajadores, de figuras externas al ciclo productivo y de los clientes, y que<br />

permiten que las decisiones impuestas a la colectividad que se quiere transformar sean ejercidas por un<br />

conjunto de “portadores de interés” empresarial (desde los accionistas, gerentes y financistas hasta los<br />

proveedores, clientes, administradores públicos, trabajadores y ciudadanos en general, diversamente<br />

involucrados).<br />

En ese contexto juega un papel fundamental la comunicación desviante que, según el principio de<br />

la flexibilidad social, debe perseguir objetivos encaminados a controlar a los trabajadores mediante su<br />

involucramiento, pero solo aparente, en los procesos decisorios de la empresa; sin embargo, los estímulos<br />

e incentivos económicos buscan involucrarlos solamente en las decisiones no estratégicas, aquellas<br />

que no atañen a los mecanismos de acumulación o a las modalidades redistributivas de los incrementos<br />

de valor, dado que este modelo fuertemente concertacionista es y debe seguir siendo funcional a las<br />

estrategias del capital.<br />

6. La comunicación desviante se convierte así en un medio para salvaguardar los intereses de la clase<br />

dominante en el cuerpo social, en el territorio, en una empresa difundida socialmente, en una fábrica<br />

social generalizada, en la cual la comunicación es momento evolutivo del capital información y renuncia<br />

a la prioridad que le había competido desde su nacimiento: la comunicación como circulación de todas<br />

las ideas, como difusión de nuevas culturas, nuevas invenciones y descubrimientos.<br />

El modelo comunicacional estratégico desviante integrado es, por tanto, un marco unitario de<br />

información, conocimiento, ideas, decisiones y conductas que tienen por fin transmitir, a los diferentes<br />

destinatarios sociales, elementos fundamentales del conocimiento y la cultura de empresa, para así<br />

afirmar la identidad capitalista. De esta manera se define y gestiona la imagen empresarial y, al mismo<br />

tiempo, la del valor del modelo neoliberal, reforzando y valorizando la gestión económica, social y del<br />

consenso, centrada en las leyes del mercado, en la que es fundamental el papel de agente totalizante<br />

que desempeña el profit State.<br />

La comunicación estratégica desviante asume, en consecuencia, las características de comunicación<br />

nómada social integrada y se hace parte de una nueva cultura de empresa de carácter plurifuncional,<br />

de alta coherencia y capacidad sinérgica interna, en la que las conductas de todas las empresas y de<br />

los sujetos institucionales de la organización capitalista son, en sí mismos, mensajes comunicacionales<br />

desviantes.<br />

La complejidad de los procesos de toma de decisiones en cualquier función de tipo laboral o,<br />

más en general, económico-social, produce distorsiones interpretativas que afectan la correcta asimilación<br />

del contenido de la comunicación y limitan la pretendida precisión absoluta del proceso<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

576


comunicacional. Una solución a este problema es el uso de especificidades organizativas y productivas<br />

del propio sistema empresa, que, sin embargo, muestra un alto grado de sensibilidad a variaciones en<br />

los factores que inciden en el control social que se ha de imponer en el territorio, incluso a través de<br />

las diversas formas y contenidos con los cuales se presenta el profit State en su multiforme explicitación<br />

del dominio tecnosocial.<br />

7. El uso de un enfoque de este tipo, si es de muy alta confiabilidad en su contenido y modalidades de<br />

transmisión de la comunicación desviante, puede ser un ejemplo de aplicación de un específico modo<br />

de ser de las relaciones hombre-sistema informativo, capaz de hacer interactuar, de manera rígidamente<br />

controlada, los procesos comunicacionales desviantes y los procesos decisorios de toda la sociedad.<br />

En una situación definida por la distribución eficiente y controlada de funciones entre el sistema<br />

empresa, el profit State y el sistema comunicacional desviante automatizado –y en la que este último sea<br />

no solo soporte de las decisiones, sino que establezca también vínculos con la actividad del operador<br />

en el trabajo y del operador social en general–, el comportamiento decisorio puede ser caracterizado,<br />

al menos preliminarmente, con base en algunos vínculos fundamentales:<br />

a) Tipo de información y modelo comunicacional desviante que se ha de utilizar para el control de<br />

la fuerza de trabajo y del cuerpo social en general.<br />

b) Tiempo de recaída de las decisiones tomadas con respecto a las actividades corrientes de producción,<br />

o sociales en general.<br />

c) Dirección social privilegiada de la comunicación desviante, transmitida en consecuencia de la<br />

decisión tomada.<br />

Al usar estos tres parámetros se pueden identificar trayectorias de decisión suficientemente homogéneas<br />

y coherentes, con una correcta y eficiente relación entre recursos humanos y sistema comunicacional<br />

desviante, relativa a planes analíticamente distinguibles. Tales modelos decisorios gozan de<br />

una elevada coherencia dentro del modelo capitalista de referencia y con la manera como el profit State<br />

adapta el modelo general de dominio tecnosocial a las situaciones específicas.<br />

El elemento clave de los procesos decisorios sociales es, entonces, el tipo y la organización de la<br />

comunicación desviante que surge de la reestructuración capitalista y se convierte en estrategia fundamental.<br />

Esto es así porque la organización de la comunicación es –y ha de ser considerada– un recurso<br />

que debe ser manejado y administrado con los mismos criterios gerenciales con los cuales se tratan las<br />

ventas y las adquisiciones, ya que contribuye al desarrollo estratégico de larga duración y a la eficiencia<br />

no solo empresarial, sino de la fábrica social globalizada posfordista, que representa la intervención<br />

del modelo capitalista de referencia en el cuerpo social. La flexibilización tecnológica y el papel de las<br />

tecnologías del lenguaje y de la comunicación desviante han posibilitado la flexibilización social en<br />

apego al modelo de producción posfordista. Las del lenguaje son esencialmente tecnologías de proceso,<br />

que determinan acumulación flexible, aparte de un fuerte desarrollo de la innovación de productos,<br />

capaz de absorber, solo en parte, la desocupación generada por las transformaciones tecnológicas.<br />

8. El capitalismo posfordista es, en efecto, un sistema social dinámico, caracterizado por un progreso<br />

tecnológico constante, cada vez más sobre bases inmateriales, que expele fuerza de trabajo, mientras<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

577


que en el pasado era funcional a una acumulación de tipo más material, que creaba mercados nuevos<br />

y reabsorbía en parte el exceso de trabajadores. Esto hoy ya no sucede, porque las tecnologías del<br />

lenguaje son tecnologías permeantes, en tanto que el lenguaje es un instrumento intangible y no un<br />

bien producido. Por primera vez un salto tecnológico, como es el de la informática, no tiene que ver<br />

con la fuerza dinámica para el desarrollo social, sino que se basa esencialmente en el consenso social.<br />

Al mismo tiempo se mantienen niveles de crecimiento sin posibilidades de redistribución de la<br />

riqueza producida, que de esa forma no garantiza desarrollo ni ocupación, ya que no hay compatibilidad<br />

con la acumulación flexible, que se difunde e incide en el vivir social como una fuerza permeante<br />

inmaterial.<br />

La fábrica social generalizada crea un extraordinario nexo entre la planificación estratégica general<br />

del profit State y la estrategia de comunicación nómada desviante; más aún, la planificación estratégica<br />

de la producción y de las conductas sociales se convierte en el flujo comunicacional originario y primario<br />

para imponer la cultura de empresa en el cuerpo social. Hay prácticamente un momento en que<br />

los recursos intangibles basados en la información se ligan indisolublemente y encuentran expresión en<br />

las estrategias comunicacionales nómadas desviantes, dirigidas a impulsar, a través del capital imagen,<br />

los procesos de imposición del modelo neoliberal en el territorio.<br />

9. En esa óptica, en tanto que parte de la capacidad de la organización y la cultura de la empresa, la<br />

comunicación desviada y desviante de valor estratégico, implementada a través de los mensajes de la fábrica<br />

social generalizada, se hace recurso del capital intangible para la acumulación flexible del modelo<br />

posfordista. Todo ello siempre dirigido a la gestión del consenso social a través de la imposición de la<br />

cultura-imagen de empresa, en una fase de reestructuración capitalista centrada en modelos de producción<br />

y acumulación flexible, con un rol para el sujeto territorial que no es ya el de simple consumidor.<br />

Es ya esa forma de capital, con la conexa modalidad de la acumulación, lo que adquiere cada vez<br />

más un carácter estratégico, en tanto que determina la nueva frontera de la acumulación flexible para<br />

todo el sistema capitalista posfordista, en una óptica de control y explotación de los sujetos sociales<br />

tanto en el momento de la producción como en todo el curso de su vida. Comunicación estratégica<br />

desviante y comportamientos integrados, capaces de ofrecer, a todos los sujetos que a distinto título<br />

interactúan con el sistema de la empresa difundida socialmente en el sistema territorial, un escenario<br />

de univocidad de esfuerzos, dirigido al resultado final del control social.<br />

Ocurre así gracias a la ruptura de la unidad de clase de los trabajadores y a la absorción del conflicto<br />

social mediante las diversas modalidades en las que se presenta en el territorio el modelo neoliberal<br />

concertacionista y consociativo. De esta manera, a través de la capacidad de buscar soluciones innovadoras,<br />

derivadas de competencias innovadoras en la gestión óptima de los recursos invisibles, se<br />

forma y se impone el modelo conductual integrador-concertacionista de la fábrica social generalizada,<br />

capaz de integrar –y reconducir a unidad– la planificación estratégica del control, la comunicación<br />

estratégica desviante y la comunicación nómada integrada.<br />

10. La imagen asume, entonces, atuendos de recurso intangible de relevancia estratégica, lograda mediante<br />

la comunicación nómada integrada desviante; es entonces recurso fundamental para el desarrollo<br />

y el éxito de la fábrica social generalizada. La imagen, si es correctamente utilizada, se acumula hasta<br />

transformarse en capital intangible de función productiva para la empresa posfordista y para todo el<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

578


sistema de profit State, que está unívocamente dirigido a favorecer las nuevas formas de acumulación<br />

del capital.<br />

Se trata, en última instancia, de capital imagen como elemento focal y de enlace de un sistema<br />

de modelos comunicacionales desviantes de carácter global e integrado, sobre el cual confluyen en<br />

síntesis unitaria como conjunto de recursos inmateriales de capital y acumulación con determinación<br />

inmaterial.<br />

La imagen de la sociedad homologada a la cultura del imperio del capital, como elemento multidimensional,<br />

es uno de los aspectos que más fuertemente condicionan todas las fases del vivir social, si se<br />

le entiende como la percepción de un contexto cultural unívoco por parte no solo de los clientes, de los<br />

consumidores potenciales y efectivos y de los dependientes, sino de todo el microsistema ambiental;<br />

en síntesis, por parte de todos aquellos que operan en el territorio y deben ser sometidos a la divinidad<br />

del mercado.<br />

El “producto fuerte” es el consenso social y este se representa mediante su homologación a formas<br />

competitivas empresariales, pero sobre todo a la cultura del mercado, a los mecanismos meritocráticos<br />

de la empresa, al individualismo exasperado, mediante lógicas de competencia desenfrenada, de<br />

conflictividad horizontal entre los trabajadores, entre clases subalternas, sin entrar nunca en conflicto<br />

con el capital.<br />

En esta nueva concepción de publicidad-comunicación social –dirigida al reforzamiento de las posiciones<br />

de la cultura del mercado–, una comunicación externa integrada y eficaz permite, además de<br />

dar a conocer y resaltar los rasgos distintivos de cada empresa con respecto a la competencia, satisfacer<br />

mejor las exigencias del capital, en particular del financiero, y consolidar toda la imagen de la sociedad<br />

individualista del bienestar, imagen derivada de la sumatoria de los valores y los incrementos de valor<br />

de cada empresa.<br />

11. El valor total de la empresa depende entonces, cada vez más, de la cuantificación del capital<br />

intangible, del incremento de valor que obtiene de la comunicación, de la calidad de los recursos informativos<br />

inmateriales producidos, utilizados y capitalizados por el sistema en su conjunto. Para obtener<br />

un alto nivel de consenso y, al mismo tiempo, crear y difundir valor empresarial, es fundamental, en<br />

una organización capitalista compleja, que se creen y refuercen las relaciones interfuncionales entre<br />

todos los grupos, entre todos los sujetos que operan en el territorio a partir de cada unidad empresarial.<br />

Se establece así un continuo intercambio de ideas, informaciones y conocimientos, para hacer posible<br />

un clima de “serena” y compatible convivencia y de coparticipación activa que involucra sobre todo<br />

a los trabajadores, a los ciudadanos como sujetos del trabajo, del no trabajo y del trabajo negado, en<br />

un proyecto de homologación al mecanismo meritocrático y competitivo impuesto por las empresas,<br />

pero guiado y plegado a la voluntad del capital financiero, en primer lugar.<br />

Es solo en los últimos años que se ha resaltado la importancia de los estímulos y de la libertad de<br />

organización de la actividad empresarial, basada en modelos de fuerte concertación y de corresponsabilidad<br />

entre propiedad, gerencia, instituciones gubernamentales y organizaciones de los trabajadores.<br />

Ha sucedido así gracias a la aceptación de la concertación por parte de las grandes organizaciones<br />

sindicales, pero también por causa de un clima cultural distinto, que ha llevado a toda la sociedad –y<br />

por tanto también a los trabajadores– a renunciar a la lucha a cambio de otros objetivos reivindicativos,<br />

muchas veces de bajo perfil y casi siempre de naturaleza exclusivamente salarial.<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

579


La propiedad y los gerentes jugaron anticipadamente y horizontalizaron los conflictos sociales, al<br />

comprender que se ha hecho necesario involucrar a las organizaciones sindicales concertacionistas en<br />

los procesos de decisión; es decir, en aquellos de bajo contenido real pero de alto significado coparticipativo-coercitivo,<br />

con la “ñapa” de conocer y someter, en clave falsamente “decisoria”, a la opinión<br />

pública interna de los trabajadores.<br />

Está claro, pues, que los medios de comunicación constituyen instrumentos de poder del nuevo<br />

ciclo de acumulación del capital intangible, del capital de la abstracción; es decir: de la sociedad del<br />

totalitarismo comunicacional.<br />

El capital información es entonces un recurso importante, como el trabajo y el capital material y<br />

financiero; incluso, la operatividad del sistema empresa está cada vez más ligada al “factor productivo<br />

inmaterial información”, en tanto que capital intangible por acumular, ya que resulta determinante<br />

para los procesos de incremento de valor empresarial y de todo el sistema capitalista.<br />

De allí la necesidad que afronta la empresa posfordista de optimizar el recurso información, de manera<br />

de lograr una gestión social generalizada y exhaustiva, que sepa proveer a cada uno de sus propios<br />

niveles las bases para construir modelos decisorios coherentes y eficientes y, con ellos, la capacidad de<br />

transmitirlos como momento de totalitarismo político-social en forma de cultura de empresa, que<br />

domina y controla el territorio y todo el vivir social.<br />

Es posible identificar las informaciones necesarias y guiar los recursos hacia los objetivos empresariales<br />

–y en general sociales– haciendo referencia a los procesos y no a las estructuras, ya que es a<br />

partir de la integración de los recursos, a través de los procesos conexos, como se determina el funcionamiento<br />

global del sistema empresa y, en las dinámicas de la fábrica social generalizada, del sistema<br />

social en su conjunto. En consecuencia, la estructura organizativa empresarial y social se modifica al<br />

incorporar funciones homogéneas en relación con los objetivos trazados, que son y siguen siendo los<br />

ya prioritarios para el capitalismo globalizado en la era posfordista de la acumulación flexible.<br />

Se crean así subsistemas de carácter autónomo con objetivos específicos, que confluyen unitariamente<br />

en las finalidades últimas de la empresa, primero, para luego ser proyectados al cuerpo social a<br />

través de las escogencias derivadas de los modelos decisorios adoptados. Entonces la empresa, al actuar<br />

por el logro de los objetivos estratégicos mediante la ejecución de los planes tácticos, se convierte en un<br />

sistema flexible 5 a las determinaciones valorativas del capital y, en tanto que proyectado hacia el condicionamiento<br />

del macrosistema ambiental, es al mismo tiempo un sistema que impone socialmente<br />

el modelo de la flexibilidad social.<br />

3. Sociedad y procesos inmateriales en la economía del conocimiento:<br />

una aproximación desde la teoría marxista<br />

1. Como se ha visto ampliamente en los diversos capítulos del presente Tratado, una de las características<br />

de la fase actual de acumulación capitalista es el fortalecimiento del papel de la producción no<br />

material, o producción intangible. Esa realidad ha sido definida como “economía del conocimiento”;<br />

con ello se indica que el conocimiento se ha transformado en una fuerza productiva, con una presencia<br />

cada vez más importante en el proceso de valorización y reproducción del capital.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

580


Algunos han querido ver en esa evolución del capitalismo una pérdida de sustancia del concepto<br />

marxista de “valor”. Con ese fin, se argumenta en torno a una supuesta “materialidad” del proceso<br />

de producción de valor-mercancía, que no existiría en el proceso de generación del conocimiento. Se<br />

considera que la producción de este último no se vincula a la producción material (física) de bienes<br />

y servicios, y que es un proceso anterior al de producción capitalista, mediado este por la relación<br />

salarial y el intercambio monetario. Por eso la producción del conocimiento sería también anterior a<br />

la producción de valor.<br />

En esas condiciones, se puede hacer referencia a una economía del conocimiento, a la cual la<br />

economía política marxista (que, como se ha evidenciado en la nueva especificación que damos en este<br />

libro, preferimos definir como crítica marxista de la economía política y aplicada) no ha dado, desde<br />

la perspectiva de la teoría del valor-trabajo, respuestas completas y pertinentes. Esto, por dos razones<br />

fundamentales: de un lado, por las innovadoras cuestiones que se conectan al tema del capital inmaterial<br />

y del conjunto de los recursos intangibles, que requieren un mayor desarrollo teórico para poder<br />

lograr su generalización; y del otro, por el retraso de la ciencia social marxista en estos últimos años.<br />

Por otra parte, como el conocimiento es generado directamente y mediante procedimientos específicos<br />

y particulares de los seres humanos, se argumenta que su “producción” no puede medirse con<br />

una categoría de valor, que está determinada por la noción de trabajo abstracto, como trabajo social<br />

indiferenciado.<br />

De esta manera, si el conocimiento se ha transformado en el factor clave de la acumulación capitalista,<br />

esta ya no podría ser “medida” mediante la categoría del valor-trabajo, que habría perdido así<br />

todo sentido práctico en las actuales circunstancias históricas. No es este un problema menor, pues hay<br />

quienes a partir de ese presupuesto circunstancial hacen derivar un replanteamiento de las coordenadas<br />

de actuación social. El sujeto político central no sería ya la clase trabajadora, como generadora del<br />

valor-trabajo que da sentido social al proceso de producción capitalista, sino que habría sido sustituida<br />

por una multitud polimorfa, expresión del proceso no regulado, complejo y multidimensional que está<br />

implícito en la generación del conocimiento.<br />

En esa argumentación hay un uso equívoco de la categoría de valor, al menos en tres aspectos: en su<br />

vínculo con la idea de “materialidad” de los procesos sociales, con la categoría de “producción” y con la<br />

propia noción de “trabajo”. De allí se deriva una utilización indeterminada de la idea de conocimiento<br />

como fuerza productiva.<br />

2. En la historia de la humanidad es solo desde hace poco que las personas han comenzado a explicarse<br />

determinados fenómenos naturales y a conocer sus aspectos esenciales. La aplicación de innovaciones<br />

técnicas no ha sido en la historia un fenómeno nuevo, sino una constante en el devenir de la sociedad.<br />

Valga recordar aquella afirmación de Marx según la cual las épocas históricas no se diferencian por los<br />

objetos que producen, sino por los instrumentos de trabajo que utilizan, y es justamente en la época<br />

moderna cuando se han producido los principales cambios, que en medida más o menos global han<br />

modificado nuestras sociedades.<br />

Hay una apreciable cantidad de autores que identifican tres períodos fundamentales como grandes<br />

hitos en el desarrollo científico-tecnológico. El primero refiere a la revolución industrial, que provocó<br />

cambios decisivos en el paso de la producción artesanal a la producción industrial. Ese proceso definió<br />

claramente la individualización de dos clases fundamentales en la sociedad capitalista: capitalistas y<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

581


obreros. El segundo período, caracterizado por la contundente irrupción de la producción industrial,<br />

por la electricidad y por el uso a gran escala de los hidrocarburos, transcurre entre fines del siglo xix<br />

y comienzos del xx. La tercera revolución industrial –calificada como “revolución científico-técnica”<br />

por la escuela soviética, y como nuevo paradigma técnico-económico por el pensamiento económico<br />

marxista occidental–, en la que se generaliza la aplicación de los progresos científico-tecnológicos,<br />

cambia el modelo de acumulación capitalista, masifica la esfera de los servicios y de las tecnologías de<br />

la información, y lleva las comunicaciones a niveles nunca antes sospechados en la vida económica y<br />

social de las grandes naciones capitalistas. Esta tercera revolución industrial, que se enmarca en los años<br />

cincuenta y comienzos de los sesenta del siglo xx, alcanza su mayor connotación aproximadamente<br />

veinte años después, con un impulso inigualable a la utilización del conocimiento para el desarrollo<br />

científico-tecnológico y para la propia configuración económico-productiva de la llamada fase posfordista<br />

de la acumulación flexible. En la actualidad, el uso indistinto de los términos revolución<br />

científico-técnica y paradigma técnico-económico, por parte de los economistas marxistas, responde a<br />

la confirmación, tras un análisis crítico de dichas denominaciones, de que los grandes cambios sociales<br />

no tienen su arranque en las solas revoluciones tecnológicas: se requieren transformaciones en el orden<br />

de las relaciones de propiedad para que se produzca un cambio social que modifique la calidad del<br />

sistema de relaciones de producción hoy dominante. Dicho de otra manera, los cambios tecnológicos<br />

no modifican de por sí las relaciones de propiedad y, por tanto, tampoco las relaciones de una sociedad.<br />

3. Es en este punto que aparecen los conceptos de “economía del conocimiento” y “sociedad del<br />

conocimiento”, con términos anexos y específicos como “sociedad inmaterial”, “recursos del capital<br />

intangible”, “capital cognitivo”, “capital inmaterial”, “trabajadores del conocimiento”, “trabajo inmaterial”,<br />

“trabajadores cognitivos”, etcétera.<br />

Medido por el contenido de conocimientos que está presente en los productos y exportaciones, los<br />

países desarrollados, que representan 20% de la humanidad, participan actualmente con más de 90%<br />

en la creación del conocimiento científico mundial, mientras el 80% de los habitantes del planeta,<br />

que pertenece al mundo subdesarrollado, dispone de una capacidad de generación de conocimientos<br />

inferior a 10%.<br />

Según una relación de 1999 difundida en París por la OCDE, en 1997 Estados Unidos invirtió<br />

206,5 millardos de dólares en investigación y desarrollo, mientras Japón invertía 130,1 el mismo año.<br />

Tales datos dan cuenta, por sí solos, de la prioridad que estos poderosos países imperialistas conceden<br />

actualmente al conocimiento y a sus aplicaciones. Por magnitud, esos recursos financieros representan<br />

entre 2% y 3% del PIB respectivo de estos países, y superan el producto nacional bruto del conjunto<br />

de las naciones africanas subsaharianas en el mismo año (Font, Mario, 2002: 51).<br />

Mientras los países desarrollados concentran esos recursos en la producción manufacturera, en la<br />

mayoría de los subdesarrollados se canalizan hacia las industrias primarias. Una situación similar se<br />

repite en la estructura de gastos corrientes dedicados a la I&D por tipo de actividad. Allí se refleja un<br />

alto porcentaje destinado al desarrollo experimental en los grandes centros de producción y comercialización<br />

científico-tecnológica, a diferencia de los países subdesarrollados, que invierten más los recursos<br />

en investigación básica y aplicada.<br />

Los países subdesarrollados participan con menos de 25% de los científicos y 16% de las publicaciones<br />

existentes a escala mundial. En relación con las patentes, que constituyen una medida directa<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

582


de la capacidad de generar conocimientos, estos países han logrado patentar en Estados Unidos y<br />

Europa 1% del total mundial. El acceso al conocimiento universitario es exclusivo y clasista en los<br />

países capitalistas. Una situación similar se produce en los terrenos de la salud y la ocupación. Por<br />

otra parte, no es una paradoja afirmar que el muy material problema del hambre depende, en última<br />

instancia, del conocimiento inmaterial de que una sociedad dispone. De hecho, solo la disponibilidad<br />

y el dominio de tecnologías pueden resolver situaciones y cambiar esquemas que han adquirido, con<br />

el tiempo, un carácter casi estructural. El problema, desde este punto de vista, está en el hecho de que<br />

los países subdesarrollados difícilmente disponen de conocimientos y tecnologías –o de la capacidad<br />

de inversión necesaria para producirlas– que les permitan salir del impasse. Como destacan algunos<br />

estudiosos de la sociedad del conocimiento, la actual revolución científica y tecnológica es la única<br />

que ha tenido, en la historia reciente, un carácter esencialmente privado: el know-how no es un recurso<br />

disponible, sino celosamente custodiado; para los países que más lo necesitarían, el acceso a ese recurso<br />

está poco menos que negado (Curien, Foray, 2000).<br />

No obstante esas evidentes diferencias entre los países capitalistas desarrollados y los subdesarrollados,<br />

hay autores que, al estudiar la “sociedad del conocimiento”, han afirmado de manera inequívoca<br />

que es “muy probable que en los próximos 10 o 20 años se produzcan nuevos y sorprendentes milagros<br />

económicos, mediante los cuales los países pobres y atrasados del Tercer Mundo se vean transformados,<br />

de punta en blanco, en potencias económicas de rápido crecimiento” (Drucker, 1993: 15). La<br />

historia ha confirmado, y confirma, el exagerado equívoco de Peter Drucker, autor de esa afirmación<br />

en su libro Post-Capitalist Society. El libro fue escrito en 1993. Todo comentario sería superfluo.<br />

4. La novedad de la llamada “sociedad del conocimiento” consiste en el hecho de que acelera la velocidad<br />

de su difusión y su alcance global a través de culturas, clases y geografías, hasta alcanzar una<br />

expansión nunca antes vista, en un ámbito de dominio social generalizado y no limitado a la sola esfera<br />

de la producción.<br />

Esta transformación ocurre bajo el impulso de un cambio radical en el significado del conocimiento.<br />

De esta manera, el conocimiento se aplica no solo a los procesos productivos, sino también al<br />

conocimiento mismo. Como ejemplo clásico de la velocidad de aplicación de los progresos científicotecnológicos,<br />

el teléfono requirió siete años para llegar a sus primeros 50 millones de usuarios. Internet<br />

alcanzó la misma cifra en la mitad del tiempo, cuenta actualmente con más de 400 millones de usuarios<br />

y muestra incalculables posibilidades para la comunicación.<br />

El impacto de las tecnologías de la información y la comunicación, junto con el uso de la informática<br />

y la telemática, revolucionan la información. El desarrollo de la tecnología de fibra óptica ha elevado<br />

enormemente la velocidad de transmisión de datos y ha hecho posible la existencia de auténticas<br />

autopistas de la información que atraviesan países, continentes y océanos, con distancias ya cercanas<br />

al millón de kilómetros y velocidad de hasta 10 gigabytes por segundo. Son cambios profundos, que<br />

marcan época y obviamente superan, por su alcance internacional y por las transformaciones en el<br />

flujo de información, la revolución que en esta esfera provocó en 1450 Gutenberg, al inventar los tipos<br />

móviles e introducir en Europa las primeras máquinas tipográficas 6 .<br />

El capitalismo medirá siempre el contenido de su riqueza a partir del tiempo de trabajo, como<br />

creador de valor, para conservarla y lograr su autocrecimiento. Resulta que en el momento de negociar<br />

conocimientos, la producción que se vende como mercancía es el conocimiento; este aparece aquí<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

583


como producto final (patentes) de la siguiente manera: la venta del producto-conocimiento es una<br />

mercancía, y este producto tiene un valor y también un precio, que es el resultado del trabajo complejo.<br />

Surge en este punto la contradicción entre la transformación del conocimiento en valor y el valor<br />

del conocimiento como mercancía.<br />

5. El retraso de la teoría marxista del valor-trabajo en explicar, de una manera más convincente, el<br />

significado del conocimiento en la creación del valor bajo las condiciones actuales, no desdice el hecho<br />

de que detrás del intercambio entre nuevas tecnologías, nuevos productos y nuevos conocimientos,<br />

están presentes unas relaciones económicas y sociales que, en el proceso de producción y de servicios,<br />

generan en el mundo actual un conjunto de desigualdades, por causa del dominio monopólico de los<br />

grandes centros de poder. En este escenario internacional, la “economía del conocimiento” ha generado<br />

un nuevo paradigma técnico-económico.<br />

En los últimos informes del Banco Mundial se reconoce el aporte del conocimiento al crecimiento<br />

económico. Pero ya en la tradición económica, sobre todo en los decenios cincuenta y sesenta del<br />

pasado siglo, se había entendido la fórmula matemática que permitía acercarse a este fenómeno. El<br />

modelo de Solow tuvo la virtud de demostrar que una parte importante del crecimiento económico<br />

no podía ser explicada con ninguno de los factores de producción tradicionales; este modelo puso en<br />

evidencia que el progreso técnico era determinante para explicar las dinámicas de crecimiento, aunque<br />

simultáneamente reconocía que tenía esto un carácter exógeno. Otros importantes aportes fueron<br />

obra de Arroz, Machulp, Galbraith y Bell (Triana, 2005: 26). En los años ochenta, con los trabajos<br />

de Romer, el tema vuelve a adquirir relevancia. El conocimiento siempre ha sido aplicado al sistema<br />

productivo. El trabajo, al fin y al cabo, es intercambio de fuerzas físicas y mentales entre el hombre y<br />

la naturaleza. Lo que hoy marca la diferencia es la aplicación instantánea del conocimiento y el hecho<br />

de que este sea el factor determinante de la ventaja competitiva.<br />

6. No es posible identificar un sector del conocimiento que esté separado del resto de las actividades<br />

productivas y de servicios. Su intangibilidad le permite llegar a todas las esferas de la vida del hombre<br />

y, en particular, a un proceso de reestructuración que lleva implícita la importancia del conocimiento,<br />

su aplicación a los procesos tecnológicos y a los factores organizativos e institucionales en la determinación<br />

de la competitividad internacional de los países.<br />

Existen, en todo caso, algunos elementos que pueden definir sintéticamente las características de<br />

una economía basada en el conocimiento:<br />

a) Surgimiento de nuevos sectores a partir de la producción, la distribución y el uso del conocimiento.<br />

b) El conocimiento mismo se transforma en un factor productivo y en un producto, y deviene así<br />

en elemento decisivo para la ocupación, la creación de valor y el crecimiento económico a largo<br />

plazo.<br />

c) La inversión en conocimientos tiene rendimientos crecientes, que pueden contrabalancear el<br />

rendimiento decreciente de otros factores.<br />

d) Necesidad del aprendizaje, de la formación continua y de la innovación.<br />

e) El conocimiento se transforma en el elemento central del mejoramiento de la productividad, del<br />

trabajo y de la competitividad.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

584


En una economía basada en los recursos del capital intangible, la productividad total de los factores<br />

no proviene esencialmente de los factores tradicionales, sino del conocimiento.<br />

La actividad central de la creación de riqueza no será ni la asignación de capital para usos productivos<br />

ni el trabajo.<br />

En estas nuevas condiciones, las teorías económicas convencionales que imperaban en los siglos<br />

xix y xx, incluidos los clásicos, los neoclásicos y los keynesianos, no se adaptan a las demandas y<br />

exigencias del alcance y dinámica de la producción de conocimientos; el recurso económico básico no<br />

es ya el capital, ni los recursos naturales, ni la tierra, ni el trabajo: es el conocimiento. En este contexto,<br />

las tradicionales ventajas comparativas, en el ámbito de las relaciones económicas internacionales, son<br />

sustituidas por ventajas competitivas, en las que se preserva un uso exclusivo del conocimiento como<br />

factor de competencia.<br />

La revolución tecnológica que hoy se desarrolla en las grandes potencias capitalistas ha sido resultado<br />

del descubrimiento de la forma en que los oficios y el conocimiento de convierten en libros y en<br />

metodologías. A fin de cuentas, la aplicación del conocimiento constituye la base del desarrollo tecnológico.<br />

Este proceso se ha realizado y consolidado en determinados contextos culturales e ideológicos;<br />

por tanto, su devenir, impacto y aplicación no son neutrales. Desde su nacimiento, la tecnología está<br />

íntimamente vinculada a la estructura sociocultural y clasista y, por tanto, al conjunto de valores al que<br />

responden sus artífices.<br />

7. Conviene recordar que el proceso de producción implica un proceso físico de transformación de<br />

la materia a través del trabajo. Pero no es por consecuencia de ello que el trabajo se convierte en la<br />

medida del valor social de la producción, sino por la forma histórica capitalista de organización social<br />

del proceso de producción general, vale decir, del proceso de reproducción de la vida social humana. Y<br />

las formas de organización social son una realidad material, tan real como las piedras, los minerales y<br />

la materia orgánica implicados en el proceso de producción. En verdad, no existe una separación real<br />

entre el proceso de producción, que implica el uso de materia orgánica, y el proceso de producción<br />

de las relaciones sociales, como se deja ver en ciertas interpretaciones del papel del conocimiento<br />

en el proceso de producción capitalista, que conducen a una concepción premarxista de la realidad<br />

material.<br />

En su juventud, Marx había hecho la crítica del materialismo filosófico, que limita la realidad<br />

objetiva a los procesos de la naturaleza y reduce el campo de análisis material de la realidad humana<br />

a los aspectos naturales, físicos, químicos o biológicos, y más recientemente también estadísticos.<br />

Los aspectos espirituales, el conocimiento y las relaciones sociales se interpretan como epifenómenos,<br />

derivaciones de los procedimientos “naturales” que actúan en el hombre. El conocimiento sería así<br />

un mero producto de procesos cerebrales y, por tanto, una propiedad de la materia como puede serlo<br />

cualquier secreción humoral de los seres vivos.<br />

Pero la filosofía de Marx supera también el dualismo filosófico, que establece una separación entre<br />

materia y espíritu y aplica esta doble dimensión a todo fenómeno de la naturaleza, hasta establecer,<br />

incluso, una relación de determinación del espíritu sobre la naturaleza.<br />

El defecto fundamental de todo el materialismo anterior –incluido el de Feuerbach– es que solo<br />

concibe las cosas, la realidad, la sensorialidad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no<br />

como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

585


activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero solo de un modo<br />

abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal (Marx,<br />

1ª Tesis sobre Feuerbach).<br />

Por el contrario, en el materialismo histórico (el materialismo de Marx y Engels) los fenómenos<br />

espirituales –los que se generan y perciben a través del conocimiento– son de número limitado y se<br />

caracterizan por situarse en un nivel superior que el de los procesos puramente sensibles. El conocimiento<br />

forma parte de la realidad objetiva dada por las sensaciones y pertenece al mismo campo real<br />

de la naturaleza tangible.<br />

El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema<br />

teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad,<br />

es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o<br />

irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica es un problema puramente escolástico (Marx,<br />

2ª Tesis sobre Feuerbach) 7 .<br />

En realidad, conciencia y conocimiento no son una “reflexión” sobre la realidad, sino el contenido<br />

mismo de la realidad (Dietzgen, 1973). Pero solo surge como realidad material mediante un proceso<br />

social históricamente determinado. Y el proceso social se estructura precisamente mediante el trabajo.<br />

“La sociedad es la naturaleza transformada por el trabajo”: esta aserción de Pannekoek (1976: 54)<br />

ilustra bien la cuestión.<br />

El conocimiento no nace espontáneamente, no es fruto de una actitud individual de reflexión<br />

íntima sobre la realidad externa al individuo pensante, sino que aparece en el proceso de producción<br />

de la vida social como vida material. En cada época histórica, el conocimiento se ve determinado<br />

por las condiciones del desarrollo social y expresa el alcance y los límites propios de la sociedad del<br />

momento. Es por tal motivo que el conocimiento está históricamente determinado, pero no solo eso:<br />

está también determinado por la clase a la que pertenece.<br />

El conocimiento no es neutral, sino de clase.<br />

4. ¿El valor del conocimiento o el conocimiento creador de valor?<br />

1. La industrialización del conocimiento, el control –por parte de los propietarios de los medios de<br />

producción– de la energía humana y de la fatiga humana de pensar, de la abstracción, es actualmente la<br />

forma dominante de generación del conocimiento, y lo dota de un mayor poder de dinamización de las<br />

fuerzas productivas materiales de la sociedad que en otras fases del desarrollo histórico del capitalismo.<br />

Toda producción de bienes materiales o de servicios requiere una determinada cantidad de conocimiento.<br />

El problema consiste en determinar y precisar cuándo el conocimiento se transforma en el<br />

componente fundamental de esos procesos y se hace imprescindible para el desarrollo de las nuevas<br />

producciones de bienes y servicios.<br />

Para un primer acercamiento al tema de la economía del conocimiento desde la perspectiva de<br />

la teoría marxista del valor-trabajo, resulta necesario hacer dos aclaratorias metodológicas. En primer<br />

lugar, para Marx el valor de las mercancías está determinado por el trabajo abstracto, indistinto,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

586


indiferenciado: la magnitud del valor como cantidad de trabajo socialmente necesario para la producción<br />

de una determinada mercancía. El trabajo humano creador de valor puede ser trabajo simple,<br />

que es el empleo de esa fuerza de trabajo que todo hombre común, en término medio, posee en su<br />

organismo, sin necesidad de una instrucción especial o trabajo complejo, que no es más que el trabajo<br />

simple potenciado o, para decirlo mejor, multiplicado por una pequeña cantidad de trabajo complejo,<br />

y que puede equivaler a una cantidad grande de trabajo simple.<br />

Desde nuestro punto de vista, el conocimiento es trabajo complejo, es decir, en palabras de Marx,<br />

trabajo simple potenciado que se incluye en el proceso de producción y de servicios y en el propio<br />

conocimiento, y comprende un elevado nivel de productividad y, por tanto, de competitividad. Este<br />

conocimiento incluido puede generar, y en realidad genera, innovación para el producto, como también<br />

nuevas tecnologías y nuevos conocimientos. El trabajo intelectual como trabajo complejo es<br />

creador de valor.<br />

En segundo lugar, el trabajo es la sustancia del valor, pero el trabajo en sí mismo no tiene valor (es<br />

la fuerza de trabajo la que lo tiene): el trabajo crea valor.<br />

2. Para profundizar en el análisis del pensamiento de Marx acerca del papel del conocimiento, del<br />

desarrollo de la ciencia y de los procesos tecnológicos y su aplicación en la producción como fuerza<br />

productiva directa, es necesario precisar que el estudio debe organizarse a partir de una sociedad históricamente<br />

determinada, no una sociedad en abstracto, y eso nos refiere a la sociedad capitalista. El<br />

análisis de Marx se focaliza siempre en el carácter histórico del capitalismo y en cómo la fuerza del<br />

capital apunta a su destrucción y no a su desarrollo; dicho en otros términos, su desarrollo conduce<br />

irremediablemente a su destrucción.<br />

Acerca de la subordinación real del trabajo al capital, explica Marx en los Manuscritos del 57 y 58:<br />

El valor objetivado en la maquinaria se presenta, además, como supuesto frente al cual la fuerza<br />

valorizadora de la capacidad laboral individual desaparece como algo infinitamente pequeño (Marx,<br />

1976, tomo II: 121).<br />

La acumulación del saber y de la destreza, de las fuerzas productivas generales del cerebro social,<br />

es absorbida así, con respecto al trabajo, por el capital, y se presenta por ende como propiedad del<br />

capital, y más precisamente del capital fijo, en la medida en que este ingresa como verdadero medio<br />

de producción al proceso productivo (220).<br />

Una demostración que refleja el análisis histórico concreto del papel de las máquinas en función<br />

del capital, es la siguiente:<br />

El volumen cuantitativo y la eficacia (intensidad) con los que el capital se ha desarrollado en cuanto<br />

capital fijo, indican por ello en general el grado en que el capital en cuanto capital, en cuanto poder<br />

sobre el trabajo vivo, se ha desarrollado y ha sometido a sí mismo el proceso de producción en<br />

general (222).<br />

En la misma medida en que el tiempo de trabajo es considerado por el capital como único elemento<br />

determinante, desaparecen el trabajo inmediato y su cantidad como principio determinante de la producción.<br />

Marx continúa explicando cómo el trabajo inmediato es reducido a una proporción exigua y<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

587


subordinada a la aplicación tecnológica de las ciencias naturales. Este análisis le permite concluir que<br />

el capital trabaja, así, en beneficio de su propia disolución como forma dominante de la producción.<br />

3. Para reafirmar la idea de que el conocimiento es trabajo complejo, es conveniente recurrir de nuevo<br />

a Marx, quien subraya que<br />

si bien, por un lado, la transformación del proceso productivo a partir del proceso simple de trabajo<br />

en un proceso científico –que pone a su servicio las fuerzas naturales y, de esa suerte, las obliga a<br />

operar al servicio de las necesidades humanas–, se presenta como cualidad del capital fijo frente al<br />

trabajo vivo. (Marx, 1976, tomo II: 223).<br />

Es responsabilidad de los economistas políticos de hoy desentrañar las condiciones de la amplia<br />

difusión del conocimiento y de su mercantilización, así como desentrañar también las bases metodológicas<br />

y conceptuales sobre las cuales transita la creación del valor en la época de la economía del<br />

conocimiento. Hoy, un correcto análisis marxista debe seguramente partir de la consideración de que<br />

la supuesta especificidad del proceso de elaboración de conciencia social, de conocimiento, no es tal, y<br />

que se parece más bien a procesos anteriores de sometimiento directo del trabajo no mercantil al trabajo<br />

mercantil: la producción de alimentos y su preparación por parte de trabajadores industriales, o<br />

la generación de leyendas y mitos, actividades que hasta no hace mucho se realizaban en gran medida<br />

en el contexto del trabajo doméstico, han pasado a ser parte de la realidad mercantil en forma de<br />

supermercados, restaurantes y programas televisivos.<br />

4. Finalmente, la sociedad del conocimiento, al ser esencialmente una sociedad capitalista, se caracteriza<br />

por haber sometido la actividad espiritual del hombre a la relación mercantil.<br />

Y el valor mercantil no tiene otro contenido material que el valor-trabajo, la aplicación de energía<br />

humana, física y mental, a la producción de mercancías, entre las cuales se encuentra, ahora, el propio<br />

conocimiento.<br />

La posibilidad de patentar el conocimiento, de traducirlo en rendimiento financiero privado (por<br />

ejemplo, las patentes del genoma humano, o de determinadas secreciones de especies vegetales), es una<br />

clara demostración de que la “economía” del conocimiento es otra expresión de la economía mercantil<br />

o capitalista, que sistemáticamente aplica la medida del rendimiento mercantil al conocimiento y no<br />

constituye, por tanto, excepción alguna a la aplicación de la teoría del valor-trabajo, que precisamente<br />

explica cómo se constituye esta noción de rendimiento mercantil.<br />

Al mismo tiempo, la economía del conocimiento no puede reputarse externa o extraña a la relación<br />

predominante en el capitalismo, es decir, la relación capital-trabajo, por lo que no determina sino una<br />

nueva configuración de ese mismo conflicto en la llamada fase posfordista.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

588


— notas —<br />

1 En el desarrollo de este capítulo serán frecuentes las referencias a Martufi, Vasapollo (1999; 2000b).<br />

2 “La introducción de la informática –y en particular de la robótica, de la telemática y de los sistemas expertos– en el mundo<br />

del trabajo lleva a una evolución profunda e irreversible del modo de producir y distribuir bienes y servicios. Simultáneamente,<br />

también la organización social tiende a evolucionar bajo el impulso de las nuevas tecnologías: se modifica para el hombre la<br />

manera de intervenir en la producción, pero también la de colaborar, interactuar socialmente y vincularse en lo privado” (Missikoff,<br />

1984: 42).<br />

3 Sobre estos temas vuelve con frecuencia Dioguardi (1995), desde una perspectiva y con finalidades completamente diferentes<br />

a las nuestras.<br />

4 Dioguardi (1995) sostiene que los medios principales de difusión de la cultura empresarial, tanto hacia adentro como hacia<br />

afuera de la empresa, son en cambio las organizaciones sindicales. Estas deben desempeñar el papel de difusoras de cultura,<br />

de estímulo cultural, entre todos los dependientes (nótese la completa subsunción de los sindicatos a las exigencias y políticas<br />

empresariales, que los convierte en una simple ramificación). A su vez, los dependientes deben ser productores “autónomos”<br />

de cultura y estímulos continuos, de manera tal que, al interactuar con la empresa y con el territorio, todas las relaciones se<br />

conviertan en estímulos para la producción cultural. Así, pues, toda la sociedad cumple un papel indirectamente “empresarial”.<br />

5 Cabe destacar que un sistema flexible como este no implica la desaparición de la jerarquía, del poder centralizado de decisión<br />

y planificación. Antes bien, esa estructura flexible y operativamente descentralizada está principalmente centrada en las funciones<br />

generales de control, dirección y planificación. Sobre estos temas, cfr. Smith (2000).<br />

6 Antes de Gutenberg había en todo el continente europeo apenas unos 30.000 libros, que en su enorme mayoría eran biblias<br />

o comentarios de esta. Hacia 1500 ya eran más de nueve millones, sobre los más variados temas. Cfr. Gates (1995: 8).<br />

7 Marx escribe las “Tesis sobre Feuerbach” en un cuaderno de notas en 1845, a sus 26 años, edad en que había ya elaborado<br />

los fundamentos de su filosofía materialista de la historia. Cuando Engels las publicó, en 1888, las consideró como “el primer<br />

documento en el que está contenido el germen inicial de la nueva concepción del mundo”.<br />

LA CONFIGURACIÓN SOCIOPRODUCTIVA DE LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO<br />

589


Capítulo III<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS<br />

EN LA COMPETENCIA GLOBAL 1<br />

1. El sistema internacional de dominación político-económica<br />

1. El programa neoliberal, como ya hemos visto en el texto, abarca no solo una determinada política<br />

macroeconómica, sino también importantes cambios estructurales en el campo tecnológico e institucional,<br />

en la política y en las relaciones entre las fuerzas sociales.<br />

Para aplicar ese programa, los Gobiernos conservadores de centro-derecha y centro-izquierda llevan<br />

adelante una ofensiva contra el movimiento sindical clasista, que ya desde los años setenta se traduce<br />

en serias derrotas para el movimiento obrero. El fracaso de la huelga de los sindicalistas británicos del<br />

carbón se tradujo en una reforma de la legislación laboral, que transformó a Gran Bretaña en el país de<br />

la Unión Europea con mayores restricciones legales al derecho de huelga. Las privatizaciones (bajo la<br />

ideología del “capitalismo popular”) y el deterioro de las condiciones de trabajo tuvieron su punta de<br />

iceberg en el sistema británico de servicios públicos y generaron, con su precarización, un mercado<br />

de trabajo que no garantiza que el trabajo sirva para salir de situaciones de pobreza.


El desarrollo del marco legislativo del neoliberalismo incluye, como primera medida, generar una<br />

recesión para provocar así un aumento de la desocupación, evitar el pleno empleo y debilitar el movimiento<br />

sindical organizado y clasista, con el objetivo de poder contar con una mano de obra disciplinada.<br />

Recesión que desemboca, por vía monetarista, en incremento de las tasas de interés (y es<br />

lo que hace el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Paul Volker, en 1982, con lo cual<br />

provoca de improviso el aumento de la deuda externa de los países periféricos y la consecuente crisis<br />

de la deuda). A los ciudadanos no se les dice que el aumento del precio del dinero tenga ese objetivo;<br />

se sostiene, en cambio, que se provoca la recesión porque hay inflación, y que para combatirla es<br />

preciso contener el gasto –y por ende el consumo– y adaptar la capacidad adquisitiva a la capacidad<br />

de producción.<br />

Otros componentes del ajuste legal son la flexibilización del salario y el empleo, la privatización y la<br />

desregulación por vía legal, es decir, la precarización institucional: reducción del conjunto de normas<br />

que regulan el funcionamiento de la economía y reducción también de la capacidad de intervención<br />

directa en la economía por parte del Estado y el sector público en general.<br />

La flexibilización es asimismo un componente de la desregulación. Consiste en reducir los obstáculos<br />

para el despido de los trabajadores y facilitar al mismo tiempo la contratación parcial. A su vez,<br />

la flexibilización salarial, vinculada a la negociación colectiva, busca la individualización de los salarios<br />

para reforzar la disciplina en el trabajo y aumentar la productividad individual, lo cual encuentra legitimación<br />

jurídica a través de las decenas de contratos de trabajo llamado atípico (vale decir, precario).<br />

La privatización contribuye, por otra parte, a la saturación de la demanda de productos tradicionales.<br />

Con la privatización se transforma en mercancía un conjunto de actividades que estaban hasta<br />

ese momento en manos del Estado; en particular, las actividades más dinámicas de la nueva revolución<br />

industrial, es decir, las comunicaciones (teléfonos, líneas aéreas), o incluso la energía y los servicios<br />

sociales. Y todo esto, se dice, para garantizar el éxito del sistema-país en la competencia global: todos<br />

los ciudadanos son llamados a competir por el bien común de la globalización.<br />

2. Una de las imágenes hoy más difundidas es la que muestra que vivimos en un mundo globalizado,<br />

en el que los márgenes de maniobra de los partidos políticos se van reduciendo, independientemente<br />

de las ideologías. Sin embargo, hay que considerar cuáles son los actores concretos, para darse cuenta<br />

del hecho de que los márgenes de maniobra no vienen dados, sino que se construyen a partir de la<br />

fuerza de cada quien.<br />

El capital financiero de muchos pequeños países de la periferia se está empleando en estos circuitos.<br />

También muchas grandes empresas productivas se mueven por la vía de la financiarización e interrumpen<br />

en gran parte la producción, pues lo que se necesita producir es dinero a partir del dinero, a través<br />

de las mil formas de finanzas especulativas, que es lo que produce mayor rendimiento. Empresas como<br />

la General Electric obtienen hoy mayores ingresos de sus inversiones financieras que de la actividad<br />

productiva. En el marco de las instituciones nacionales e internacionales, los nuevos actores que aparecen<br />

en el mercado global de divisas saben hacer presión sobre los organismos respectivos y superan a<br />

muchos Gobiernos tanto en fondos como en capacidad de negociación.<br />

La innovación tecnológica, la homogeneización mundial de las necesidades de los consumidores,<br />

la disminución de las barreras aduanales y las transformaciones productivas están, sin duda, entre las<br />

principales motivaciones “oficiales” de este nuevo proceso, que afecta ya al mercado mundial.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

592


3. El contenido efectivo de la globalización neoliberal no está dado por la mundialización de los<br />

intercambios y el libre desplazamiento internacional de los hombres, sino por el de las operaciones y<br />

los movimientos del capital, sea bajo la forma de inversiones productivas o financieras.<br />

Para los diversos organismos institucionales y para quienes están ligados al mundo de las empresas,<br />

este nuevo contexto de la competencia global polarizada se asimila a un concepto de libertad y de<br />

supresión de todo tipo de barrera económico-social, pues, sostienen que, a través de las inversiones, las<br />

reestructuraciones, las alianzas, las adquisiciones y las deslocalizaciones se puede construir una organización<br />

empresarial capaz de ocupar áreas geográficas y sectores de mercado profundamente vinculados<br />

entre sí, para mejorar de esa manera las condiciones generales de vida de la población. Pero, como se<br />

ha visto anteriormente, esto es, en la mejor de las hipótesis, pura ilusión frecuentemente sustentada<br />

en trucos contables. Se trata, en efecto, de falsedades que solo buscan hacer “digerir” mejor los costos<br />

sociales de la acumulación capitalista flexible del llamado ciclo posfordista.<br />

Desde un punto de vista económico-social, la globalización neoliberal –esto es, la fase actual del<br />

imperialismo, configurado en la competencia global– se inserta en la dinámica generada en el mundo<br />

por la nueva división internacional del trabajo, que pretende dotar al capital de una flexibilidad<br />

mucho mayor, mantener su tasa de ganancia y elevar su rendimiento, facilitando así su circulación a<br />

escala mundial.<br />

Los profundos cambios socioeconómicos de las últimas décadas han influido notablemente en el<br />

ambiente territorial, en el que todo sistema de producción ha modificado profundamente la manera<br />

de ser, de presentarse y de actuar de toda la estructura empresarial.<br />

Se asiste en la fase actual a una mundialización de los mercados, causa y efecto del aumento de<br />

competitividad y de productividad del sistema económico en su conjunto y, más particularmente,<br />

de los operadores económicos. El mejoramiento de los transportes y las comunicaciones y el desmantelamiento<br />

progresivo de las barreras aduanales –favorecido además por renovados acuerdos internacionales,<br />

políticos y económicos– han llevado a las empresas a confrontarse más directamente,<br />

y a comportarse como si operasen en un mercado sin fronteras territoriales. El mercado, cada vez<br />

más dinámico y competitivo, parece hoy presentar una clara e irreversible tendencia a convertirse en<br />

mercado único, vale decir, de dimensión mundial.<br />

Junto con la internacionalización del proceso productivo se registran profundos cambios en los<br />

modelos conductuales que están en la base de la manifestación de la demanda de bienes y servicios. En<br />

los países que hasta no hace mucho eran llamados industrializados, y a los que hoy se prefiere definir<br />

como área del capitalismo avanzado, o mejor maduro, el consumidor es ahora un sujeto mucho más<br />

complejo que en el pasado, desde el momento en que la intrincada red de informaciones de que dispone<br />

lo lleva a asumir actitudes cada vez más flexibles y multidimensionales, derivadas de un contexto<br />

general en el que la información y la comunicación han asumido un papel estratégico y dominante.<br />

4. El nuevo proceso de internacionalización ha sido, pues, afirmado en los mercados, como proceso<br />

de competencia global, por la empresa difundida en el cuerpo social (es decir, de tipo posfordista)<br />

en la época de la acumulación flexible. De hecho, si se excluye el circuito de los consumos locales y<br />

tradicionales, para la enorme mayoría de los productos no hay ya diferencias de estatus o de percepción<br />

entre producción nacional y transnacional; usualmente, los productos que provienen de otros países,<br />

o que están dirigidos a otros países, reciben el mismo trato que los nacionales.<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

593


Las empresas tienden ya a considerar el mercado interno como una de las partes de otro más amplio,<br />

articulado en muchas unidades nacionales: un mercado transnacional, en el cual la competencia<br />

global se desarrolla en clave microeconómica como competencia entre empresas, y en una óptica<br />

macroeconómica como competencia entre polos geoeconómicos. Las empresas, en todo caso, son el<br />

eje impulsor de la internacionalización, en tanto que de una parte han dictado los tiempos y modos de<br />

la transnacionalidad y por otra han extraído de allí el máximo beneficio.<br />

El desarrollo de la internacionalización se vincula así con la crisis del fordismo; de hecho, la liberalización<br />

de los mercados nacionales tiene un efecto muy disruptivo en la estructura de poder y de<br />

equilibrio de este último. Por una parte, las empresas empujadas a la competencia internacional se<br />

desprenden de la protección pública, mientras por otro lado disminuye el poder regulador del Estado,<br />

que pasa a ser profit State global 2 .<br />

En ese sentido, la globalización neoliberal representa el inicio de una nueva fase en la historia<br />

del capitalismo, surgida del fin de la sociedad nacional de consumo de masas, que había concedido<br />

demasiado poder a las clases obreras nacionales en perjuicio de los capitalistas y, al debilitar así la tasa<br />

de ganancia, generó las condiciones para la gran crisis de los años setenta.<br />

En la práctica, la internacionalización deviene deregulation, según lo cual no hay todavía una verdadera<br />

y sistemática reorganización posfordista, sino una pérdida de viejas fórmulas organizativas para<br />

pasar a un nuevo esquema, funcional a la acumulación flexible. La desregulación consiste, precisamente,<br />

en un gradual desmantelamiento de las reglas que son identificadas como rigideces del sistema.<br />

Su mayor impacto lo tiene, por ejemplo, en el aparato asistencial y regulador típico del welfare State.<br />

Experimentada originalmente en tierra estadounidense, propagandizada por una ideología neoconservadora,<br />

individualista, liberal y aparentemente antiestatista, y pilote de la política económica de la<br />

administración Reagan (la llamada reaganomics, de la cual se habló en otra parte de este Tratado),<br />

la desregulación apuntó a la abolición de los instrumentos de control (leyes y entes públicos) sobre la<br />

iniciativa empresarial privada, que eran garantía de la eficiencia del sistema económico. Hoy es la<br />

bandera de todo Gobierno neoliberal.<br />

La perspectiva posfordista no es de menor organización; antes bien, requiere una sistematización<br />

más compleja, que debe gobernar una red de interdependencias mucho más amplia que la de la empresa<br />

fordista. Asimismo, debe coordinar el cambio que se produce también en los recursos de capital,<br />

cada vez más de valor intangible.<br />

De cualquier manera, la creciente internacionalización de los mercados, la ampliación del proceso<br />

de innovación tecnológica y la expansión de la acumulación informativa, cognitiva y del capital inmaterial<br />

en general, han cambiado las estrategias y las modalidades de crecimiento tradicionales de las<br />

empresas, de los países, del vivir social como nuevo modelo político-socioeconómico de los bloques<br />

geoeconómicos.<br />

La alternativa proyectada consiste en generar una sociedad de consumo de masas que permita<br />

fragmentar internacionalmente a la clase obrera, que se había unificado a escala nacional; por ejemplo,<br />

parte de la clase obrera textil de Alemania son los trabajadores de Singapur y Malasia que laboran<br />

en empresas textiles alemanas; una parte de la clase obrera de la industria automovilística de Estados<br />

Unidos son los trabajadores mexicanos o argentinos de la Ford, etcétera.<br />

Al mismo tiempo se aumenta la capacidad de consumo de una franja de la población de los países<br />

pobres, minoritaria pero suficiente para hacer rentable el comercio internacional de productos con<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

594


alto valor agregado e, incluso, la comercialización interna de parte de la producción de las multinacionales.<br />

Estos nuevos consumidores sustituyen a aquellos que se empobrecieron y quedaron fuera de la<br />

categoría de los generadores de demanda, de los cuales, por otra parte, hay en los países desarrollados<br />

en número suficiente para que la desocupación –el ejército industrial de reserva– permita tener bajo<br />

control a los trabajadores.<br />

5. El sistema de dominación internacional se incardina en la evolución de la economía a través de la<br />

dinámica del capital, como bien lo puso en evidencia Hobsbawm ya en las condiciones de fines del<br />

ochocientos y comienzos del novecientos.<br />

La carrera por asegurarse el control de África y Asia cambió la política de todas las naciones europeas,<br />

hizo surgir alianzas contrarias a todas las líneas naturales de simpatía y de asociación histórica,<br />

constriñó a toda nación del continente a consumir una parte cada vez mayor de sus recursos<br />

materiales y humanos en el equipamiento naval y militar, condujo a la nueva gran potencia, los<br />

Estados Unidos, de una posición de aislamiento a rivalizar de lleno en la competencia internacional;<br />

y, por el número, el alcance y la urgencia de los problemas que ha impulsado a las marquesinas de<br />

la política, se ha convertido en un factor constante de amenaza y de perturbación de la paz y del<br />

progreso de la humanidad. (…) Mientras Alemania y Rusia han sido quizá las más claras en su<br />

confesa decisión de considerar el beneficio material de su propio país como único criterio al cual conformar<br />

su conducta, otras naciones no han tardado en aceptar el mismo modelo. Y, aun si la<br />

conducta de las naciones en sus relaciones recíprocas ha sido en todos los tiempos determinada por<br />

consideraciones egoístas y miopes, la adopción consciente y deliberada de este criterio, en una época<br />

en la que el intercambio entre las naciones y su interdependencia para todas las cuestiones esenciales<br />

de la vida humana han crecido enormemente, representa un paso atrás, presagio de graves peligros<br />

para la causa de la civilidad 3 .<br />

La confirmación de este análisis se verá posteriormente reforzada por la dinámica geográfica de los<br />

flujos de inversión directa en el extranjero (IDE), que en los años noventa del siglo xx constituyeron<br />

el instrumento principal del dogma de mando de la “estabilidad” político-económica global, devenida<br />

en elemento prioritario de la política de control y de dominio e impuesta en el mundo gracias al nuevo<br />

papel asumido por los organismos político-económicos internacionales (FMI, BM, CEI, OCDE,<br />

OMC, etcétera).<br />

Una “estabilidad” que se convierte en ley de dominación, tanto política como económica, para el<br />

control en todo el mundo de las áreas de interés estratégico-económico para las dinámicas políticas,<br />

sociales y de las crisis económicas, de manera que se resuelvan siempre a favor de las grandes multinacionales<br />

occidentales y de los intereses de los más importantes bloques geoeconómicos y geopolíticos,<br />

Estados Unidos y la Unión Europea antes que todos.<br />

6. Se puede hablar de cuatro formas del capital: el financiero (o mejor capital-inversión), el productivo,<br />

el “humano” (fuerza de trabajo) y el llamado social, o mejor “capital humano social”, que sería la<br />

acumulación de conocimientos y prácticas productivas.<br />

Por capital-inversión no debe entenderse un cuerpo único, sino una unidad diferenciada y jerarquizada<br />

en la que se funden el capital productivo (incluyendo las IDE), el capital comercial y el capital<br />

financiero (o sea, la inversión financiera), que en comparación con el pasado ha asumido un carácter<br />

puramente especulativo.<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

595


El capital productivo –en el caso de las IDE– y la inversión financiera actúan mancomunadamente<br />

para disponer de la masa de dinero necesaria para desestabilizar la economía –es decir, imponer la<br />

“estabilidad” deseada por los grandes bloques geopolíticos– de aquellos países hacia los que se dirige<br />

la inversión productiva. Las áreas de interés estratégico, como la Europa centro-oriental y la parte<br />

asiática de la antigua Unión Soviética, la Eurasia, junto con la misma América Latina, constituyen<br />

de hecho el campo de batalla donde los dos mayores polos económicos (Estados Unidos y Unión<br />

Europea) combaten su guerra económica por el control global 4 .<br />

Ello es posible, entre otras cosas, gracias a medidas de internacionalización financiera, que permiten<br />

que las utilidades de las IDE sean recicladas en Occidente bajo distintas formas de especulación<br />

financiera para una ganancia fácil.<br />

El capital productivo está todavía sometido a las leyes de los Estados: una máquina no se transporta<br />

tan fácilmente de un lugar a otro. El capital productivo se mueve en un espacio internacional porque<br />

las empresas multinacionales establecen una lógica de acumulación que reúne sus actividades en diversos<br />

países como un único proceso productivo.<br />

El capital humano enfrenta todavía mayores barreras: además de pedir permiso en las fronteras,<br />

debe tener pasaporte, y lleva más tiempo transferirlo que a una máquina. La fuerza de trabajo se mueve<br />

en un espacio internacional con diferentes formas de regulación y en el que es valorizada de distintas<br />

maneras.<br />

Por su parte, el capital social –la acumulación de conocimientos y experiencia, el know-how, la<br />

cultura productiva– es casi estrictamente nacional, e incluso muchas veces regional o local (piénsese en<br />

el fenómeno de los distritos industriales en Italia).<br />

Por tanto, las distintas dinámicas económicas viven en este planeta a velocidades y con barreras<br />

muy diversas.<br />

7. Hoy, el único mercado mundial realmente existente que haya superado los límites de la regulación<br />

de los Estados nacionales, es el mercado del capital financiero global.<br />

Como tal, la globalización neoliberal es una realidad inacabada, sujeta por tanto a cambios imprevisibles<br />

en su devenir. Pero hay otra dimensión de la globalización neoliberal que avanza, en cambio, rápidamente:<br />

en materia ecológica hay problemas regionales (como la lluvia ácida o la contaminación del<br />

aire, la tierra y el agua), pero también mundiales (como el fenómeno de la capa de ozono, la reducción<br />

de la biodiversidad y el sobrecalentamiento de la atmósfera), cuyo análisis requiere de profundizaciones<br />

específicas y más amplias que las efectuadas en este trabajo.<br />

En definitiva, podemos decir que existe la posibilidad de la globalización, pero su punto débil o<br />

menos avanzado es el institucional.<br />

La ausencia de una moneda nacional se completa con la inexistencia de una legislación laboral<br />

mundial, más allá de las propuestas deliberativas representadas en los acuerdos y reglamentos de la<br />

Organización Internacional del Trabajo (OIT).<br />

De hecho, el modelo consolidado de democracia capitalista, en todas sus diversas variantes, ha<br />

quedado disuelto en los últimos 25 años.<br />

El cambio más profundo se ha cumplido en el sistema trabajo y en el sistema de protección social.<br />

La transformación es tanto cuantitativa, con una desocupación elevadísima en la Europa excontinental,<br />

como cualitativa, según hemos mostrado en las páginas anteriores.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

596


2. El mercado del capital financiero global<br />

1. En el origen del crecimiento de la esfera financiera se encuentran flujos que llevan hacia ella partes<br />

de una riqueza surgida en el ámbito de la producción real, y que antes de ser trasvasadas en diversas<br />

formas a dicha esfera asumían la forma de riqueza determinada en la esfera de la producción real. Esos<br />

flujos están en el origen de los perversos mecanismos de acumulación que determinan economías<br />

nacionales sometidas al dominio del capital financiero como instrumentos de la relación de competencia<br />

internacional entre polos geoeconómicos, competencia mediada por compromisos internos en las<br />

organizaciones supranacionales (G8, BM, FMI, OCDE, BRI, ONU).<br />

Tales procesos de globalización, de connotaciones financieras, siguen simplemente su lógica interna,<br />

tendente a una maximización de las rentas financieras sin efecto propulsivo sobre la economía<br />

real; rentas que se suman a ganancias industriales cada vez más altas, debidas a inmensos incrementos<br />

de la productividad del trabajo. Se trata de incrementos que, al no ser redistribuidos socialmente, han<br />

acrecentado las cuotas de riqueza destinadas al factor capital, por lo general en forma de renta y cada<br />

vez menos en forma de inversiones capaces de crear ocupación; en beneficio siempre de dividendos,<br />

intereses y capital gain que destinar a la especulación financiera o a inversiones en países con mano de<br />

obra barata y escasos derechos.<br />

El mayor grado de desarrollo de la globalización financiera, en comparación con los procesos en<br />

los que participan el capital productivo o los trabajadores –que se mueven todavía en la escala del<br />

intercambio internacional–, explica ampliamente el feo giro especulativo del capitalismo actual. Varios<br />

factores caracterizan la aparición de un mercado global de capitales.<br />

La crisis económica estructural que se iniciara en los primeros años setenta significó la desestabilización<br />

de los mercados de trabajo y de los sistemas de organización de la producción. Hoy sigue<br />

existiendo un sistema de circulación de personas (visas, permisos y autoridades migratorias); sigue existiendo<br />

un sistema de circulación de mercancías (permisos de importación y exportación, autoridades<br />

aduanales), pero no existe un sistema monetario internacional, no hay una divisa mundial, no hay una<br />

autoridad monetaria que regule el espacio internacional de circulación del dinero.<br />

La decisión de los gobiernos de Ronald Reagan y de Margaret Tatcher, en 1980, de llevar a cabo la<br />

desregulación del sistema financiero, es decir, eliminar los controles y garantizar la libre circulación de<br />

capitales financieros, dio lugar a que la autoridad de los Gobiernos nacionales y de los bancos centrales<br />

fuese sustituida por decisiones que derivan exclusivamente de las señales del mercado. Solamente en el<br />

mercado financiero es casi absoluta la autoridad del mercado. Y el “casi” es porque las monedas siguen<br />

siendo nacionales o de un área específica.<br />

Entonces, mientras los habitantes y las mercancías de un país tienen un mercado nacional y si<br />

quieren salir del país deben pasar por los mecanismos de migración o del comercio internacional, las<br />

monedas de los países tienen un mercado mundial. No hay comercio internacional de monedas, sujeto<br />

a regulaciones como todo comercio, sino compra-venta global o mundial de monedas.<br />

2. La globalización financiera se derivó, sobre todo, de la decisión de Estados Unidos de manejar sus<br />

problemas de balanza de pagos sin un ajuste real de su economía y evitar así las presiones que ejercían<br />

los bancos centrales del resto del mundo para que no siguiera pagando sus deudas corrientes con dólares<br />

de papel, no convertibles. Dado que Estados Unidos tiene la capacidad de atraer una gran parte del<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

597


ahorro mundial depositado en fondos de pensión y de inversión, logra financiar así, con ese surplus de<br />

capital, su déficit en materia de transacciones reales.<br />

Por ese motivo, Estados Unidos mantiene un déficit de cuenta corriente, comercio y transferencias<br />

unilaterales que rondaba los 500.000 millones de dólares a fines de 2005, frente a los 100.000 millones<br />

de surplus de Eurolandia. Al mismo tiempo, Estados Unidos debe mantener las tasas de interés a un<br />

nivel superior al de Europa, a fin de atraer el capital privado necesario para compensar su déficit en<br />

cuenta corriente. En estas consideraciones reside todo el misterio: hay mayor demanda de dólares que<br />

de euros porque el precio en el tiempo (tasa de interés) del dinero norteamericano es mayor que el del<br />

dinero europeo 5 .<br />

De esta manera, Estados Unidos permitió que se generase un enorme mercado mundial de divisas,<br />

en el cual el dinero genera más dinero (D - D') sin pasar por una producción real. Pero los problemas<br />

que se generan en estos circuitos globales de divisas se trasladan al circuito de la economía real, donde<br />

provocan las crisis de las instituciones bancarias no rentables y con ellas, de paso, de todo su portafolios<br />

de clientes.<br />

3. Legalmente, el FMI 6 no puede intervenir en los mercados globales de divisas para ayudar a regularlos,<br />

ya que, estatutariamente, la cuenta capital de la balanza de pagos no es competencia suya, sino<br />

exclusivamente de los Gobiernos nacionales. En cualquier caso, no es posible mantener en equilibrio<br />

ese mercado a largo plazo. Siendo un mercado esencialmente especulativo, el equilibrio consiste en<br />

un hecho simple: lo que unos ganan, lo pierden otros. Pero una pérdida concentrada en uno o dos<br />

agentes supone un verdadero desequilibrio del mercado financiero global, ya que produce a su vez una<br />

gran pérdida de confianza y entonces el desequilibrio se traslada a la economía real. Lo que no se sabe<br />

es cómo evitar que los desequilibrios temporales que golpean a algunos de los agentes se transformen<br />

en un desequilibrio del sistema. El problema no es que quiebre un banco, sino que quiebre uno de<br />

los diez bancos mundiales que manejan entre sí el 50% del volumen total de transacciones. Si alguno<br />

de estos bancos cayera en una crisis de confianza, se produciría una catástrofe financiera mundial de<br />

dimensiones imprevisibles.<br />

Sin embargo, para los grandes inversionistas y las multinacionales, la existencia de los mercados<br />

financieros globales es una gran ventaja, ya que les brinda acceso a un crédito no limitado por las<br />

disponibilidades nacionales.<br />

De esa manera, pueden solicitar un crédito global incluso cuando el Gobierno de su propio país,<br />

por razones de política económica, procede a restringir el crédito nacional (mediante el aumento de las<br />

tasas de interés o con limitaciones mayores a la capacidad de oferta de los bancos nacionales).<br />

Se agrava así la desigualdad en el acceso a recursos financieros para impulsar el proceso de acumulación<br />

y centralización de capital, ya que las pequeñas y medianas empresas y los consumidores están<br />

sujetos al crédito disponible en el espacio nacional y a las condiciones particulares que este ofrece. La<br />

existencia de mercados globales de capital, a disposición exclusiva de las muy grandes empresas, acelera<br />

ese proceso de centralización.<br />

Un claro ejemplo de esto lo encontramos en lo que ha sucedido durante estos últimos años con la<br />

industria farmacéutica, en la que se adelanta un proceso de reconversión a través de la fusión de empresas.<br />

El envejecimiento de la población en los países desarrollados favorece el progreso de esta industria,<br />

que tiene un alto valor agregado y que, por otra parte, mantiene en muchos países un carácter familiar.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

598


Precisamente, esa es la razón por la cual muchas empresas transnacionales están accediendo intensa<br />

y rápidamente al crédito internacional, para seguir absorbiendo poco a poco las pequeñas industrias<br />

farmacéuticas nacionales.<br />

Por todo esto, el mercado global de capitales acelera actualmente el proceso de centralización del<br />

capital y refuerza así el papel económico, político, estratégico y social de las empresas transnacionales.<br />

3. Los instrumentos para la “interdependencia económica”; es decir,<br />

las estrategias para imponer la dependencia en la competencia global<br />

1. A falta de una ruptura radical con la estructura de la dependencia económica total, los países de<br />

desarrollo medio (y en Europa son ejemplo evidente los del área balcánica y del antiguo bloque socialista),<br />

así como gran parte de América Latina (particularmente en lo que respecta al intercambio con<br />

Estados Unidos) y del Tercer Mundo se ven constreñidos a desarrollar su industria y su producción<br />

agrícola de una manera tal que beneficie a las naciones que sirven de vehículo a los proyectos de las<br />

multinacionales. Jaffe sostiene en varios de sus trabajos (1973; 1990) que los países coloniales han<br />

sido obligados a “desarrollarse” en sectores productivos que son poco adecuados para ellos. Pone como<br />

ejemplo la agricultura africana que, dadas las características ambientales de ese continente, sería el<br />

sector menos adecuado para un desarrollo eficaz y eficiente, por no decir ventajoso; mientras que resultaría<br />

mucho más ventajoso intensificarla y expandirla en terrenos más fértiles y aptos, como las grandes<br />

llanuras verdes de Europa. En cambio, el desarrollo dictado por las lógicas colonialistas ha hecho que<br />

en el norte (Europa) se desarrollara a marcha forzada el sector industrial y en el sur (África) el agrícola.<br />

Con el resultado de que el desarrollo en sectores más dinámicos, como el industrial conlleva tasas de<br />

productividad bastante más elevadas, además de la posibilidad de incrementar las fuerzas productivas a<br />

niveles no alcanzables en sectores todavía atados a límites físicos y naturales, como el de la agricultura.<br />

Esto agrava ulteriormente la brecha existente entre norte y sur.<br />

Hong Kong, Singapur, Taiwán y otros países asiáticos han convertido los procesos de transformación<br />

y su desarrollo está ya directamente sometido a las exigencias del mercado europeo y estadounidense.<br />

Una de las propuestas de los especialistas para que los países subdesarrollados puedan alcanzar a<br />

los desarrollados es aprovechar los “escenarios de oportunidad”. Esta propuesta supone que los países<br />

que están colocados en la frontera tecnológica pueden hacer uso de las posibilidades del paradigma<br />

técnico-económico actual; es decir: aprovechar los reducidos tiempos de formación y el relativo bajo<br />

costo de un recurso humano suficientemente calificado.<br />

Ese análisis rechaza la teoría del ciclo del producto, según la cual los países subdesarrollados reciben<br />

exclusivamente tecnologías obsoletas que han agotado ya sus cualidades innovadoras.<br />

Los teóricos neoschumpeterianos del cambio tecnológico afirman que una visión dinámica del<br />

desarrollo podría hacer posible para los países subdesarrollados, bajo las condiciones actuales, una<br />

producción competitiva durante las fases “calientes” del desarrollo de las tecnologías. Se basa esta<br />

afirmación en el hecho de que los ciclos de vida de toda innovación son cada vez más breves, por lo cual<br />

los innovadores deben recuperar la inversión a breve plazo y están, en consecuencia, más interesados<br />

en proteger y vender patentes que en mantener el control monopólico. Según varios autores 7 , eso<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

599


efuerza la ventaja de los costos que presentan aquellos países. Pero aun cuando esa posibilidad exista,<br />

no se puede ignorar que este proceso acontece en la fase monopolista del capitalismo, en la que la<br />

competencia no disminuye, sino que se agudiza para mantener ganancias extraordinarias.<br />

Por eso resulta excesivamente optimista la concepción neoschumpeteriana, que considera que el<br />

nuevo paradigma tecnológico tiene capacidad real para superar la brecha norte-sur en sus diversas<br />

manifestaciones<br />

La evidencia empírica niega esas conclusiones. Las regulaciones impuestas por la OMC al comercio<br />

internacional dan cuenta de los niveles crecientes de protección a la propiedad intelectual, y el 90% de<br />

las patentes está controlado por los países capitalistas desarrollados. Otras son también las perspectivas<br />

que se derivan del fuerte papel del gasto en I&D como requisito para desencadenar cualquier proceso<br />

de innovación verdadera en un país. La tesis marxista según la cual el capital es internacional por su<br />

naturaleza, encuentra su mejor confirmación en la estrecha interdependencia económica de los países,<br />

expresión concreta, a su vez, de la globalización, que no es más que la manera en que actualmente se<br />

presenta la mundialización capitalista.<br />

2. Es la demanda externa de los dos grandes polos geoeconómicos, Estados Unidos y la Unión Europea,<br />

lo que modela la amplitud y la orientación del proceso de acumulación del capital asiático en<br />

función del paradigma de la acumulación flexible occidental.<br />

La América Central y del Sur, el África subsahariana, el sur de Asia e Indochina tienen un aparato<br />

estatal y productivo débil, por lo que no son todavía capaces de impulsar un proceso de industrialización<br />

que sea autónomo y, por tanto, funcional a auténticos procesos de colonización por parte de los<br />

dos grandes polos. Hay también en esas áreas países que desde los años setenta han experimentado un<br />

crecimiento industrial, bajo la acción combinada del capital extranjero y del controlado por la burguesía<br />

interna. Un papel dominante cumple en esto el capital multinacional, que ha intentado modificar<br />

los términos de la dependencia con un nuevo impulso industrializador para la construcción de procesos<br />

de dominación que dependan también de las importaciones, al tiempo que mantiene una estructura<br />

salarial en la que no deben permitirse crecimientos que se alejen de los niveles mínimos de subsistencia.<br />

Finalmente, en los países exportadores de petróleo, que cuentan con importantes recursos financieros,<br />

o en aquellos que tienen gran abundancia de recursos naturales y coyunturas económicas muy<br />

favorecidas por Occidente, el mercado interno se expande de manera significativa y da impulso a<br />

una industria totalmente dependiente del capital occidental (como, por ejemplo, Colombia, Chile,<br />

Nigeria, Indonesia, etcétera).<br />

El crecimiento económico de algunos de estos países se debe al proceso de acumulación y de<br />

transformación tecnológica, que ha creado un nuevo y sólido modelo de dependencia financiera y<br />

tecnológica con respecto a los dos grandes bloques económicos. La reproducción a vasta escala del<br />

moderno aparato industrial está basada en la importación de equipos y maquinarias.<br />

El alto nivel de importaciones inherente a este modelo de crecimiento, así como la falta de dinamismo<br />

del sector exportador, la relación de intercambio desigual, la dinámica de las IDE, los movimientos<br />

de capitales financieros y la remesa de utilidades a las empresas extranjeras son algunos de los elementos<br />

que por décadas han originado un desequilibrio macroeconómico y una tendencia continua al déficit<br />

de balanza comercial, frente al cual se apela cada vez más al recurso del endeudamiento externo y a un<br />

excesivo empleo de capitales extranjeros para restablecer el equilibrio.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

600


La política económica determina, cada vez más, decisiones monetaristas y neoliberales, que dejan<br />

intactas las causas profundas que originan los desequilibrios en la estructura productiva y profundizan<br />

así el déficit comercial.<br />

3. Siguiendo indicaciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, numerosos Gobiernos<br />

continúan aplicando políticas de “reforma estructural” y de apertura comercial acelerada,<br />

con privatización de las empresas estatales, desregulación económica y medidas antinflacionarias. Las<br />

primeras repercusiones son la caída del salario real, el aumento del desempleo, la desindustrialización<br />

y la ausencia de inversiones reales y productivas por parte del capital interno, y de allí la ampliación<br />

de la dependencia total respecto a los grandes bloques económicos. Con el incremento de la deuda<br />

pública y del uso de capital extranjero, crecen la rentabilidad de este último y la distribución hacia el<br />

exterior de las utilidades, al tiempo que se refuerza el desequilibrio en el sector de las exportaciones. El<br />

refinanciamiento de la deuda acumulada provoca el aumento del capital extranjero, nuevos flujos de<br />

capital, en la idea de que ayudarán a detener la descapitalización. En lugar de eso, se sigue financiando<br />

un desarrollo dependiente, con la ilusión de obtener una utilidad duradera. Para mantener los niveles<br />

de rentabilidad se incentiva el uso de capital extranjero y la dependencia de sus equipos e instalaciones,<br />

se explota a los trabajadores, se reducen las inversiones públicas y se aplican políticas restrictivas, todo<br />

lo cual lleva a un círculo vicioso de dependencia financiera y tecnológica que incrementa la deuda<br />

externa y hace cada vez más difícil la sobrevivencia de pueblos enteros.<br />

Los criterios clásicos de internacionalización resultan entonces cada vez menos eficaces, sobre todo<br />

por causa de la expansión del ambiente empresarial y de su dinamismo. En las condiciones actuales, la<br />

internacionalización alcanza un grado muy superior en su desarrollo, al punto de contribuir decisivamente<br />

a pasar al nuevo paradigma técnico-económico. El acelerado cambio tecnológico de las últimas<br />

décadas y el reconocimiento del relevante papel del conocimiento en la competitividad, han incentivado<br />

los estudios teóricos y empíricos acerca de la relación entre cambio técnico y competitividad<br />

en el comercio internacional. Toda la teoría del comercio internacional, incluyendo una de sus tesis<br />

más antiguas, la conocida ley de las ventajas comparadas de Ricardo 8 –según la cual la especialización<br />

comercial de los países se basa en ventajas relativas–, ha sido revisada y discutida por los economistas.<br />

La teoría tradicional del comercio internacional dominó en el pensamiento económico por mucho<br />

tiempo. En la concepción de Ricardo, la ventaja comparada garantiza que el comercio beneficie a<br />

todos los países, siempre que cada uno de ellos se especialice en la producción de aquellos bienes que le<br />

representan menores costos relativos, de manera que el intercambio dependa más de la productividad<br />

de los factores que de la dotación de recursos. Desde esa perspectiva, el comercio internacional siempre<br />

genera ganancias.<br />

Los modelos clásicos y neoclásicos se han basado siempre en un conjunto de hipótesis restrictivas<br />

de la realidad concreta: competencia perfecta, rendimientos constantes de escala, movilidad nacional de<br />

los factores, preferencias idénticas de los consumidores y libre difusión de la tecnología. Por otra parte,<br />

las ventajas relativas, fundamento de la especialización internacional, surgen de la comparación de la<br />

estructura intersectorial de costos relativos entre un país y otro, es decir, de la confrontación de las<br />

estructuras intersectoriales internacionales.<br />

Desde hace varios años se han producido aportes científicos para la creación de una teoría del<br />

comercio que abarque los factores tecnológicos desde una perspectiva no ortodoxa, ya que los modelos<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

601


clásicos y neoclásicos se han demostrado incapaces de explicar satisfactoriamente la realidad de estos<br />

tiempos. Se pueden mencionar, por ejemplo, varios autores que incorporan conceptos de la teoría<br />

neoschumpeteriana y desarrollan la concepción de competitividad estructural, basada en ventajas absolutas.<br />

Los desfases tecnológicos que se producen entre los países, resultado de la brecha tecnológica,<br />

generan diferencias significativas en la productividad de los factores y dan lugar a ventajas absolutas<br />

en el comercio.<br />

Esta situación conduce a una especialización comercial basada en ventajas absolutas que no tienen<br />

que transformarse en costos relativos, dado que los competidores no son capaces, por sus limitaciones<br />

tecnológicas, de imitar la producción del bien en cuestión. Paradójicamente, la conclusión es que el<br />

acelerado cambio tecnológico conduce a un mecanismo de acomodamiento, basado en la ventajadesventaja<br />

absoluta, y produce cambios en la competitividad del país, en sus ingresos reales y en su<br />

inserción internacional.<br />

Los países subdesarrollados, tanto en la concepción de las ventajas comparadas de Ricardo como<br />

en la de las ventajas absolutas de Smith –que se concentra en las ventajas competitivas–, encuentran<br />

en el comercio internacional una barrera irremontable, que limita su desarrollo y, por tanto, sus niveles<br />

de competitividad. Estas desigualdades se reflejan asimismo en la dinámica de las ventajas comparadas,<br />

ya que de partida son limitadas las bases para garantizar infraestructuras, continuidad de los procesos<br />

de formación, capacidades científico-tecnológicas endógenas, etcétera.<br />

Todos los modelos concuerdan en concluir que esto solo es posible si el país logra disponer del<br />

“capital humano necesario”, un término cada vez más utilizado en la literatura científica y en el léxico<br />

político para identificar a la fuerza de trabajo o, mejor dicho, al recurso humano. Es muy común<br />

referirse al capital humano social para aludir al conjunto de características y cualidades de las personas<br />

que integran una organización; es decir, a sus aspectos intangibles, como pueden ser la educación,<br />

la formación, la salud, las condiciones de vida y de trabajo, los saberes tradicionales y adquiridos, la<br />

predisposición al cambio, etcétera.<br />

El capital humano social es el stock de conocimientos y habilidades “útiles” que interesan al capital<br />

9 . Por el lado de la teoría marxista, la concepción de capital humano ha recibido fuertes críticas. En<br />

efecto, esta categoría separa la relación técnica de la relación social, con lo cual la dimensión sociopolítica<br />

de la empresa es ignorada y se puede así ignorar también la relación de explotación de la fuerza de<br />

trabajo. Los economistas de Estados Unidos han calculado que 70% de la riqueza de ese país asume la<br />

forma de capital humano. Tal vez esto explique por qué las últimas caídas de la bolsa no han provocado<br />

una fuerte reacción en la economía real: por la simple razón de que ¾ del capital es humano y tiende<br />

a variar independientemente del rendimiento del capital financiero bursátil.<br />

4. La creciente interdependencia de los mercados y la innovación tecnológica han hecho cambiar todos<br />

los sistemas locales de empresas. Las ventajas derivadas de la ubicación en distritos empresariales –cooperación,<br />

cercanía de los mercados, circulación rápida de las comunicaciones– no fueron suficientes<br />

para darle al sistema una completa ventaja.<br />

La innovación tecnológica, la forzada homogeneización mundial de las necesidades de los consumidores,<br />

la disminución de las barreras aduanales y la transformación productiva, están, sin duda,<br />

entre las principales motivaciones “oficiales” de este nuevo proceso, que incide ya en el mercado<br />

mundial.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

602


La verdad es que, a través de las multinacionales, del comercio exterior, de las inversiones directas<br />

en el extranjero y del papel de las cadenas productivas y empresas en red, el empresario internacional<br />

está en continua búsqueda de nuevos mercados finales, pero sobre todo de nuevos mercados de acaparamiento<br />

a bajo costo del recurso humano, el trabajo, y de materias primas, por lo que garantiza el<br />

capital en las áreas que se prestan a ser “islas felices” y paraísos fiscales.<br />

La generalización de la producción flexible, con sus exigencias de cercanía entre quienes hacen los<br />

pedidos y quienes proveen piezas, semiproductos y servicios, tiene un peso similar en la escogencia<br />

de la localización, en detrimento de los países de desarrollo medio y, en particular, por ejemplo, de<br />

aquellas industrias de América Latina, de los Balcanes y del este europeo en las que se conjugan el bajo<br />

costo del trabajo y niveles medios-altos de especialización de la mano de obra. Esto afecta igualmente<br />

a algunas que hacen uso intensivo de mano de obra.<br />

Estos mismos factores explican la marginación no solo de gran parte de los países en vías de desarrollo,<br />

sino de otros de la Europa centro-oriental, de América Latina y del África mediterránea. Las<br />

oportunidades que representa la deslocalización de la producción hacia países con muy bajo salario,<br />

posible hoy gracias a la liberalización casi completa de los intercambios, solo se traducen para esos<br />

países –y para partes enteras de grandes continentes, esencialmente África– en movimiento mundializado<br />

del capital, origen de un nuevo colonialismo que se manifiesta en forma de marginación<br />

absoluta.<br />

Por todo lo anterior, no hay la menor posibilidad de ver el fenómeno de la globalización –según<br />

algunos ideólogos de derecha (y no solo) intentan hacernos creer– como si se tratara de un proceso<br />

homogeneizador del desarrollo del capitalismo a escala mundial. Mientras un pequeño grupo de potencias<br />

capitalistas ha llegado a un altísimo nivel de desarrollo tecnológico y sus ciclos reproductivos<br />

han pasado ya al nuevo paradigma tecnológico, la mayoría de las economías del mundo se encuentra<br />

en un nivel casi primitivo. El nuevo orden económico mundial que las potencias imperialistas pretenden<br />

imponer no se caracteriza por la homogeneidad en los niveles de desarrollo, sino más bien por<br />

un proceso de “modernización” del viejo colonialismo inaugurado tras la Segunda Guerra Mundial.<br />

Razón por la cual puede decirse que ni la caída del socialismo europeo, ni los cambios tecnológicos<br />

de alta significación que han tenido lugar en los últimos 25 años, han producido modificación alguna<br />

en la esencia del sistema de explotación capitalista, ni en términos de erosión de la explotación de<br />

los trabajadores –en particular de los obreros asalariados– ni, mucho menos, en términos de cambio<br />

en las relaciones neocoloniales que durante casi un siglo han caracterizado el sistema capitalista de la<br />

economía mundial.<br />

5. El proceso de internacionalización, fundamentado inicialmente solo en las exportaciones, se ha<br />

ampliado en el transcurso de los años hasta convertirse en un conjunto de actividades organizadas, que<br />

van desde el diseño del producto y la localización de la producción, hasta el mercadeo y la comercialización.<br />

En efecto: mientras anteriormente llamábamos exportación a la simple venta en un mercado<br />

más amplio, en el que por lo general ignorábamos casi del todo las necesidades de los consumidores<br />

respectivos y colocábamos nuestros productos no más allá de la superficie, hoy la palabra exportación<br />

designa un conjunto de operaciones que se inicia con el conocimiento de las necesidades, pasa por<br />

un análisis de costos del producto, de estructuras y accesorios, y termina con un bien-servicio que<br />

optimiza todos los factores.<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

603


La internacionalización se define como el conjunto de operaciones que cumple una empresa para<br />

hacerse internacional, pero en realidad significa tener factores productivos y clientes en los mejores<br />

lugares del mundo entero y no solamente en un nicho. Se trata, en esencia, de una deslocalización del<br />

proceso productivo. Es cierto, sin embargo, que ese proceso deslocalizador preserva las llamadas core<br />

activitties, las actividades laborales de mayor valor agregado, con más alta concentración de trabajo<br />

mental y know-how y más estratégicas para la supervivencia y el éxito de la empresa. Piénsese en los<br />

procesos de desmembración que, con los años, han experimentado megaempresas como la Nike. Hoy<br />

esa gran trasnacional del deporte no produce ya nada desde el punto de vista material: no tiene fábricas,<br />

no tiene trabajadores consagrados a la “producción inmediata”. Solo produce branding, nuevos<br />

estilos de vida por medio de design y publicidad altamente refinada, en términos del análisis semiótico<br />

del mensaje publicitario y también por lo que atañe al aspecto “meramente” gráfico 10 .<br />

Está claro que al emprender un proceso de internacionalización, la empresa sufrirá la presión de los<br />

competidores no solo del mercado interno, sino también del externo. Y esa es la competencia global.<br />

6. Las nuevas formas de internacionalización pueden ser clasificadas en diversas categorías, que contemplan<br />

acuerdos de naturaleza tecnológica (joint ventures, alianzas de diverso tipo, cesión de licencias,<br />

etcétera), acuerdos de naturaleza productiva para la realización de operaciones complejas o de determinados<br />

productos (subcontratos, coproducción y subproveeduría) y acuerdos de mercadeo, asistencia y<br />

distribución (contratos de distribución, franchising).<br />

Muchas veces los dirigentes empresariales que no logran detentar la totalidad o la mayoría accionaria<br />

de una sociedad extranjera constituyen, como se ha visto en otras partes del texto, joint<br />

ventures para alcanzar mayor eficacia gerencial, mayor rentabilidad y, por tanto, utilidades más elevadas:<br />

“Una joint venture es la participación de dos empresas en la propiedad, dirección y control de<br />

una tercera, creada para rendir beneficios a ambas” (Biscarini, 1996: 97). En lo sustantivo, se trata<br />

de una colaboración entre empresas distintas, a nivel internacional, para desarrollar un determinado<br />

proceso productivo o para llevar a cabo una determinada obra o negocio, por un período de tiempo<br />

variable 11 .<br />

Si se quiere hablar de joint ventures, hay que partir del análisis de la situación de Japón, en tanto<br />

que ese país se ha distinguido fuertemente por la creación y desarrollo de tal tipo de empresas. Baste<br />

pensar que cerca de dos tercios de las sociedades extranjeras más importantes en el mercado nipón se<br />

originaron bajo esa modalidad que, además, representa un tercio de la industria petrolera. La creación<br />

de estas empresas se inició en Japón en los años setenta, período en el que constituyeron el mejor instrumento<br />

para superar las barreras que obstaculizaban la entrada en ese mercado. Después de algunos<br />

años, sin embargo, hubo una drástica reducción de su número, en parte por el estallido de la “burbuja<br />

financiera” de fines de los ochenta y porque, además, hasta hace pocos años, el papel de las compañías<br />

occidentales consistía en aportar productos o tecnologías de vanguardia a cambio de la posibilidad de<br />

entrar al mercado local. Hoy, en cambio, las empresas niponas han aprendido a dotarse por sí mismas<br />

de esas tecnologías.<br />

Dado que la internacionalización productiva es un fenómeno cada vez más frecuente –a nivel<br />

microeconómico, en la gestión de empresas, y a nivel macroeconómico, para las principales economías<br />

mundiales–, valga aclarar que con ese término se designa un proceso que implica la gestión, permanente<br />

y estable, de actividades de naturaleza económica en dos o más países.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

604


A tal respecto es necesario hacer una precisión: la internacionalización productiva refiere a los<br />

aspectos reales y característicos de la gestión de empresas, y no a los financieros (posesión de paquetes<br />

accionarios en empresas que operan en el exterior).<br />

Cuando se habla de empresas internacionalizadas, es necesario establecer una distinción fundamental<br />

entre integración horizontal, caso en el cual la empresa controla numerosas instalaciones que elaboran<br />

el mismo tipo de productos en diversas áreas geográficas, e integración vertical, en la que el output<br />

de una instalación es el input de otra unidad productiva localizada en un área geográfica distinta.<br />

Los factores que impulsan al sistema empresa a adoptar este tipo de política pueden estar conectados<br />

tanto con el desarrollo de su posición competitiva internacional, como con la adecuación o la<br />

explotación de los estímulos provenientes del ambiente externo. En el primer caso se tiende a resaltar<br />

la estructura interna de la empresa, mientras en el segundo se ponen en evidencia los impulsos que tienen<br />

origen externo. En particular, se habla de oportunidades y de condiciones ambientales favorables<br />

a tal proceso.<br />

Cuando este fenómeno atañe a un gran número de empresas del mismo país y se acompaña con<br />

líneas directrices derivadas de las decisiones político-económicas del sistema-país, entonces es fruto<br />

de una formulación macroeconómica de internacionalización productiva, reconducible en el ámbito de<br />

lo que hemos llamado competencia global, y se explica a través de una combinación de causas que<br />

pueden ser sintetizadas de la manera siguiente:<br />

a) Adquisición de ventajas competitivas en el ámbito de la confrontación global entre empresas y<br />

polos geoeconómicos, de por sí determinadas por la gestión de la presencia internacional.<br />

b) Explotación en nuevas áreas geográficas de ventajas competitivas poseídas en el mercado originario,<br />

como capacidad de influencia geoeconómica y geopolítica.<br />

c) Búsqueda en áreas externas de condiciones que puedan traducirse en elementos de ventaja competitiva<br />

para la empresa, pero sobre todo para el sistema-país.<br />

En cuanto a los aspectos estratégicos, el proceso se concreta especialmente a través de la activación<br />

de inversiones directas en el extranjero, con características estructurales en el tiempo.<br />

La expansión hacia el exterior obliga, pues, a las empresas interesadas, a revaluar y adaptar su propia<br />

organización al nuevo sistema. En ese sentido es fundamental mantener un equilibrio entre el impulso<br />

internacionalizador y la adecuación a la estructura local en la que se opera. Esto se logra a través de<br />

condiciones políticas del sistema. Asume, pues, un papel principal la correcta coordinación de las<br />

relaciones de integración entre la empresa corporate, las subsidiarias y los sistemas-país involucrados,<br />

con sus respectivas políticas económicas.<br />

Se llega así a la conformación de una red integrada de relaciones entre empresas diversas, lograda<br />

mediante la consideración de las experiencias alcanzadas a nivel local y las políticas estratégicas impuestas<br />

por los diferentes polos geoeconómicos. Se trata, pues, de un modelo basado en la interdependencia<br />

de las unidades del grupo, en la flexibilidad y en el control geopolítico.<br />

Hay que tener presente que, en términos de áreas territoriales de influencia,<br />

el país que nos interesa tiene un amplio mercado, acceso a un mercado regional, bajo costo del<br />

trabajo, mano de obra experta, excelentes factores productivos (costo de materias primas, alquileres,<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

605


electricidad y otros), bajas tasas y la posibilidad de disfrutar de incentivos gubernamentales. Todos<br />

estos puntos pueden darnos indicios tanto del dónde invertir como del cómo obtener la ganancia que<br />

la empresa espera de su inversión (Biscarini, 1996: 105-106).<br />

La respuesta teórica que a ese respecto brinda una parte de la doctrina económica y económicoempresarial,<br />

consiste en asegurar que, dadas ciertas condiciones económicas, sociales y técnicas, existe<br />

para una determinada unidad productiva una localización “óptima” o cuando menos “más satisfactoria”<br />

que otras, aun cuando sea de difícil identificación.<br />

Existe también una segunda tradición en las teorías de la localización, cuyo fundamento radica en<br />

la explícita consideración de los costos de transporte (Panati y Golinelli, 1995: 296).<br />

Es preciso considerar, sin embargo, que hay otros factores que inciden en la escogencia de la localización<br />

óptima. Se habla entonces de infraestructura industrial, genérica y específica, de los input<br />

de producción, del trabajo (vale decir, de sus costos y nivel de especialización), de los servicios de<br />

interés industrial, de factores concernientes al mercado (medidos por la extensión del mercado local<br />

y regional y por los niveles de competencia) y, finalmente, por las condiciones de asentamiento y vida<br />

de la población.<br />

El proceso de internacionalización productiva implica, entonces, una revisión significativa de las<br />

escogencias de localización de la empresa y, por tanto, un cambio en el intercambio de mercancías.<br />

Hay que verificar entonces si las inversiones en el exterior favorecen o no el comercio. En los<br />

estudios de las realidades productivas de varios países se evidencia que las IDE crecen, de hecho, con<br />

el comercio internacional y que, en esencia, ambos fenómenos están entrelazados. El crecimiento de<br />

las empresas multinacionales en el exterior contribuye, en efecto, al conocimiento de los mercados y<br />

acelera procesos que serían mucho más lentos si únicamente contaran con el comercio internacional.<br />

Desde el punto de vista de la identificación de las zonas de actividad productiva, hay dos modalidades<br />

complementarias: el nuevo “sector” posfordista y la cadena internacional.<br />

Se habla de sector cuando es posible hallar una cierta homogeneidad de la manufactura, o cuando<br />

la materia prima empleada cumple el papel de denominador común en varios ciclos productivos. En la<br />

cadena, en cambio, no hay homogeneidad tecnológica en las distintas fases del ciclo y el principio unificador<br />

está representado por el producto final transformado; en esta modalidad se asignan al exterior<br />

algunas fases de la elaboración, a través de procesos de deslocalización productiva.<br />

Se llega así a la conformación de la “empresa global”, que considera el mercado internacional en<br />

su conjunto. La diferencia entre este nuevo tipo de empresa global y la empresa multinacional radica,<br />

sobre todo, en el hecho de que para la primera el mercado internacional está compuesto por todos los<br />

mercados de todos los países, sin distinción, mientras que la segunda tiende a mantenerlos separados.<br />

7. La consecuencia más evidente de tal escenario es que, desde hace algunos años, la economía mundial<br />

está sometida a un proceso de competencia global y mundialización de los mercados, con características<br />

deslocalizadoras, mediante empresas-red multinacionales y cadenas productivas internacionales. Al<br />

mismo tiempo se asiste a fuertes y continuos procesos de concentración de la propiedad empresarial,<br />

todo ello en un contexto de especulación financiera.<br />

En lo sustancial, entre los factores que influyen en el proceso de deslocalización los hay naturales, como<br />

por ejemplo la disponibilidad y características geológicas del terreno, el clima, etcétera; técnicos,<br />

como la provisión de energía, la organización de los transportes, la disponibilidad “conveniente” de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

606


materias primas, etcétera; y demográficos, relacionados tanto con las posibilidades de hallar mano de<br />

obra como con las oportunidades que brinda la demanda para la venta de productos.<br />

Es evidente, en todo caso, que los factores de localización más importantes en esta fase del desarrollo<br />

capitalista, caracterizada por la acumulación flexible, son los de naturaleza más directamente<br />

económico-financiera; vale decir, capital libre de circular allí adonde es mayor la ganancia esperada<br />

y menor la tasa impositiva, donde el trabajo es más especializado, menos pagado y menos normado,<br />

donde son más fácilmente explotables, en términos productivos y de control, la información y los<br />

recursos del capital intangible.<br />

El factor trabajo, cada vez más estratégico, actúa como factor de localización en diversas maneras,<br />

según el tipo de industria: por el lado de las industrias tradicionales y las producciones estandarizadas,<br />

la necesidad de control impulsa la localización en áreas periféricas internacionales, que se caracterizan<br />

por el trabajo barato y no reglamentado 12 ; las industrias innovadoras, en cambio, tienen necesidad de<br />

mayor autonomía y de una más alta calificación del trabajo, por lo que sus localizaciones se orientan<br />

hacia áreas a veces más centrales y que, en cualquier caso, ofrezcan un mercado de trabajo muy especializado<br />

y flexible.<br />

En ese sentido, las empresas de pequeñas y medianas dimensiones se han convertido en protagonistas<br />

de un sistema de “especialización flexible”, con un modelo alternativo al de la gran producción<br />

en masa, en el que se conjugan la búsqueda de recursos y materias primas, de trabajo especializado y a<br />

bajo precio y de disponibilidad inmediatamente explotable de fuertes concentraciones de recursos del<br />

capital intangible.<br />

8. En los últimos años, tras un período de alta concentración de las actividades productivas, se ha dado<br />

un proceso de deslocalización que, iniciado en Estados Unidos y trasladado luego a Europa –y también<br />

a Italia–, afecta a países periféricos, pero mucho más cercanos al centro del proceso; así, Italia y Europa,<br />

en general, se deslocalizan cada vez más hacia la Europa balcánica y centro-oriental, y se interesan<br />

fuertemente en los mercados euroasiáticos.<br />

Paul Krugman (1995) sostiene que para entender el funcionamiento de la economía internacional<br />

hay que empezar por observar lo que ocurre dentro de cada país y, en consecuencia, por el análisis de<br />

la especialización local: así, la interacción entre rendimientos de escala y costos de transporte puede<br />

tal vez explicar los desarrollos regionales desiguales, en los que las áreas dotadas de alguna ventaja productiva<br />

sustraen la producción industrial a las áreas en desventaja. Esto es cierto también para Europa,<br />

donde se postula una creciente deslocalización de las industrias aun cuando ello implique problemas<br />

de ajuste, compensables probablemente por una mayor eficiencia.<br />

Europa, según Krugman, se caracteriza por una separación muy acentuada entre centro y periferia,<br />

si se considera el poder adquisitivo. Las diferencias de ingreso son en Europa mucho más grandes que<br />

en Estados Unidos y se asocian a la ubicación geográfica.<br />

En esa perspectiva, es posible explicar cómo muchas veces la descentralización productiva y, por<br />

ende, los procesos de deslocalización económico-productiva, si bien son fenómenos de desconcentración<br />

geográfica de la producción, se asocian al mismo tiempo a intensos procesos de concentración<br />

financiera y de la propiedad.<br />

La descentralización productiva constituye, en esencia, un fenómeno opuesto a la concentración<br />

territorial de la producción, pero no a la concentración de la propiedad y las finanzas; implica, pues,<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

607


únicamente el abandono de las áreas más centrales, a las que se deja solo el ensamblaje productivo<br />

y el comando del ciclo, ya que la descentralización es también una desconcentración técnica, con la<br />

consecuente descomposición de los ciclos productivos.<br />

9. Resulta evidente, pues, que a partir de los procesos de internacionalización económica y de los procesos<br />

de deslocalización productiva, las multinacionales juegan un papel fundamental. Por esto se debe<br />

poner el acento en los procesos de adquisición y fusión ligados a la “nueva geografía”, tanto sectorial<br />

como en términos de propiedad, de las multinacionales.<br />

La competencia global y el desarrollo tecnológico han influenciado fuertemente la gestión, las dinámicas<br />

sectoriales, la localización y la organización de los procesos productivos de las grandes multinacionales,<br />

que por muchos años se apegaron a un modelo jerárquico diseñado en función de expandir<br />

sus dimensiones y controlar cada fase del proceso productivo. Se tenía así la “casa matriz”, que asumía<br />

el predominio sobre las otras empresas y tomaba las decisiones de carácter estratégico, y las filiales, que<br />

estaban sujetas a control y constituían la parte más directamente operativa del sistema.<br />

La intensificación de la competencia, la innovación tecnológica y la disminución de los intervalos<br />

de tiempo entre diseño y comercialización de los productos, junto con las características generales de<br />

la globalización financiera y la competencia global, han hecho que muchas veces las filiales nacionales<br />

experimenten situaciones de crecimiento y eficiencia muy superiores a las de la casa matriz. Esto ha<br />

propiciado el paso del modelo jerárquico al llamado reticular, de organización no jerárquica, circunstancia<br />

que se ha visto facilitada por un mercado interno y externo favorable a esa formulación.<br />

En el sistema reticular no existen ya una casa matriz y sus filiales, sino que se hace fundamental<br />

una fuerte interdependencia entre las diversas unidades, que deben saber trabajar en conjunto sin una<br />

intervención específica del centro. De hecho, se habla de centro y periferia para resaltar la ausencia de<br />

una empresa líder que organiza y controla a las otras.<br />

Se viene a crear así una suerte de “red de empresas”, constituida por un conjunto de relaciones<br />

con socios que están en los países de asentamiento. Este sistema de partnership permite disminuir<br />

los aportes de capital, integrarse mejor en el contexto local y manejar directamente las problemáticas<br />

nacionales. La gran empresa centralizada es sustituida por una red que se extiende a escala mundial,<br />

dentro de la cual hay formas de partnership internas (por ejemplo, la franchising) y externas (como las<br />

joint ventures).<br />

Las empresas multinacionales trabajan sobre dos dimensiones geográficas: la global y la regional.<br />

La primera reúne a las empresas que operan en sectores con alto contenido tecnológico (como el de la<br />

informática), mientras en la segunda se agrupan aquellas que actúan en función de las ventajas asociadas<br />

a la organización de las actividades por regiones o macro-áreas (como la posibilidad de explotar la<br />

homogeneidad de los mercados, las mejores condiciones fiscales o un mercado de trabajo de bajo costo<br />

y con profesionales especializados de buen nivel).<br />

10. Es importante recordar, además, que hay dos criterios organizativos fundamentales: el vertical y el<br />

horizontal. En las empresas multinacionales integradas verticalmente, los diferentes estadios de la producción<br />

se localizan en lugares distintos, según las ventajas –señaladas anteriormente– que se puedan<br />

obtener en cada caso. La relación entre las filiales tiene entonces que ver, fundamentalmente, con la<br />

transferencia de los productos intermedios de un estadio al otro, a lo largo de los confines territoriales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

608


En las empresas multinacionales integradas horizontalmente, en cambio, un mismo estadio de la<br />

producción se repite en otro u otros países; se produce así un mismo bien, tanto en la casa matriz<br />

como en la filial en el extranjero, por lo que se debe escoger entre la exportación y las modalidades<br />

de inversión.<br />

Desde el momento en que la venta implica un producto acabado, la creación de una filial en<br />

el exterior sirve muchas veces para eludir tarifas, cargas fiscales, barreras administrativas, costos de<br />

transporte y legislaciones laborales, así como para comprimir al máximo los costos del trabajo. Con la<br />

integración horizontal se intenta, además, evitar la entrada de otras empresas al mercado, por razones<br />

de competencia.<br />

Las empresas multinacionales cumplen, en cualquier caso, un papel fundamental en el proceso<br />

de integración, difusión y ampliación de los intercambios, siempre en una perspectiva de “guerra<br />

productiva y comercial” entre bloques económicos, particularmente en esta fase de aguda competencia<br />

global. Las diversas operaciones de fusión, las alianzas y acuerdos productivos y comerciales, la propia<br />

dinámica de las IDE y, en suma, los procesos de internacionalización de estos últimos años, dan una<br />

idea del papel desempeñado por las multinacionales en la competencia económica mundial de los<br />

polos geoeconómicos.<br />

En los últimos años se han multiplicado las concentraciones industriales, bancarias y comerciales<br />

en todos los países de capitalismo avanzado, como resultado de la necesidad de implementar alianzas<br />

entre las empresas.<br />

Frente a los procesos de internacionalización económica y de deslocalización productiva, en los más<br />

importantes polos capitalistas se producen continuas fusiones, adquisiciones y concentraciones financieras<br />

e industriales, que muchas veces asumen la forma de procesos de carácter nacional-capitalista en<br />

búsqueda de espacios competitivos.<br />

Valga recordar que gran parte de los movimientos internacionales de adquisición y fusión se lleva<br />

a cabo en los tres grandes bloques mundiales constituidos por la Unión Europea, Estados Unidos y<br />

Japón, y que precisamente son esas las áreas donde los fenómenos de concentración cobran forma.<br />

Ocurre así justamente para rediseñar el papel de las multinacionales en los conflictos geopolíticos y<br />

geoeconómicos de la competencia global. Pero así como las adquisiciones de empresas y las fusiones<br />

han crecido notablemente en estos últimos años, también es cierto que tales operaciones ya no se concentran<br />

tan predominantemente como antes en las áreas económicas desarrolladas, sino que se registra<br />

también un crecimiento en las de niveles medios de desarrollo.<br />

El interés de las multinacionales hacia esas áreas se debe al hecho de que sus economías presentan<br />

bajos costos de los factores productivos y estándares muy competitivos de calidad y organización;<br />

es el caso, por ejemplo –aparte de regiones ya históricas de Asia–, de la Europa balcánica y<br />

centro-oriental.<br />

11. Crecen, pues, la difusión de la empresa global y el papel de las multinacionales a través de la deslocalización<br />

productiva internacional. Esas dinámicas de expansión territorial se ven correspondidas<br />

con nuevas formas e intensos procesos de ampliación del control, mediante fuertes mecanismos de<br />

concentración de la propiedad.<br />

En la casi totalidad de los casos de concentración de la propiedad, se invocan la eficiencia y la<br />

competitividad, que se traducen en drásticas reducciones de personal y en la externalización de fases<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

609


del ciclo, lo que acrecienta el trabajo “negro”, precario y flexible. Así, los fuertes incrementos de productividad<br />

se ven acompañados de condiciones y formas de redistribución siempre favorables al capital<br />

y su ganancia.<br />

4. Los programas de ajuste estructural (PAE) como estrategia política de la<br />

globalización neoliberal 13<br />

4.1. Ejes, temas e intervenciones a través de los PAE<br />

1. Quizá fue en América Latina y África donde con mayor desfachatez se aplicaron las recetas liberales,<br />

desde el momento en que la crisis de la deuda provocó allí la debacle de las políticas tradicionales, más<br />

o menos keynesianas, vigentes hasta entonces.<br />

Los denominados programas de ajuste estructural (PAE) constituyen, junto con las políticas de estabilización,<br />

el conjunto de medidas de política económica recomendado por los organismos financieros<br />

internacionales a los países periféricos. En lo esencial, consisten en el mismo diagnóstico y recetario<br />

que, bajo el nombre de neoliberalismo, han sido aplicados en los países desarrollados tras el cambio de<br />

clima político mundial impuesto por la victoria de los conservadores a comienzos de los años ochenta.<br />

Tres son los ejes de los programas de ajuste estructural:<br />

a) El incremento de la competencia en los mercados: agricultura, industria y comercio mundial.<br />

b) El mejoramiento de la capacidad de respuesta de los mercados de los factores: capital, trabajo y<br />

conocimiento.<br />

c) La eficiencia del sector público: regulación, políticas sociales y financiamiento.<br />

Por tanto, el ajuste estructural atañe a una gran variedad de temas económicos:<br />

a) Educación y capital humano (calidad del financiamiento).<br />

b) Investigación a largo plazo (papel de los Gobiernos, infraestructura, relaciones de la investigación<br />

básica con la industria y la cooperación internacional).<br />

c) Mercado de trabajo y relaciones laborales (sistemas de relaciones laborales, conexión con la<br />

actividad económica, reformas).<br />

d) Sistema financiero (evolución de los mercados financieros, financiamiento de la industria, cooperación<br />

internacional).<br />

e) Agricultura (políticas agrarias, los desequilibrios y su tratamiento).<br />

f) Industria (políticas nacionales, gobierno y acuerdos industriales, desarrollo tecnológico, estrategias<br />

de apoyo).<br />

g) Comercio mundial.<br />

h) Sector público.<br />

i) Regulación (de industrias competitivas, de monopolios naturales).<br />

j) Políticas sociales (salud, pensiones, respaldo a los desempleados).<br />

k) Financiamiento del sector público (crecimiento, carga fiscal, reforma impositiva).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

610


2. Los PAE cubren un amplio abanico de intervenciones estatales en materia económica, comercial y<br />

social. En distintas dosis y con diferentes ritmos temporales, según cada caso, incluyen las siguientes<br />

políticas:<br />

a) Liberalización comercial.<br />

b) Privatización de industrias y servicios.<br />

c) Liberalización agrícola (precios y cantidades).<br />

d) Desmantelamiento de instituciones reguladoras y mecanismos de otorgamiento de licencias.<br />

e) Desreglamentación del mercado de trabajo y flexibilización de la relación salarial.<br />

f) Reducción y mercantilización de los servicios sociales (mecanismos de costos compartidos, criterios<br />

más estrictos de acceso a la previsión y asistencia social, exclusión social de los grupos más<br />

débiles, competencia de mercado entre las instituciones estatales y públicas, privatización de<br />

servicios sociales como los hospitales públicos, etcétera).<br />

g) Atención menor a los problemas ambientales.<br />

h) Reformas educativas orientadas a la educación para el trabajo, en lugar de la formación ciudadana<br />

o del reforzamiento de las bases culturales.<br />

i) Políticas familiares que empeoran la situación de las mujeres y los niños.<br />

Para todos estos elementos se pide una contundente intervención estatal que, mediante la modificación<br />

del marco legislativo, de las normas y los parámetros de acción, modifique sustancialmente<br />

el espacio y las perspectivas de la actuación pública, para centrarse ahora, de manera prioritaria, en la<br />

ampliación del campo de acción de las relaciones de mercado en la vida social y económica.<br />

4.2. Diagnosis<br />

1. Los PAE son la consecuencia, en materia de política económica, de un diagnóstico de la crisis,<br />

que identifica las causas de la inestabilidad en las variables macroeconómicas. El siguiente esquema<br />

diagnosis-objetivos-políticas económicas resume los contenidos macroeconómicos de los planes de<br />

estabilización que se dan en el marco de esos programas:<br />

a) La inflación es causada por las distorsiones de los precios internos (incluida la tasa de interés) y<br />

externos (especialmente la tasa de cambio). Se considera que los precios actuales no son de equilibrio<br />

u óptimos, ya que la oferta no es igual a la demanda en todos y cada uno de los mercados,<br />

lo que da lugar a constantes aumentos.<br />

b) El déficit fiscal se explica por una tendencia consolidada a elevar el gasto público por encima<br />

del ingreso; de esta manera, el ahorro público se torna negativo y el Estado se abastece con los<br />

capitales disponibles, en competencia con los proyectos privados de inversión. La necesidad de<br />

financiar el déficit sería una de las causas principales tanto de la inflación, por vía del aumento<br />

de la masa monetaria, como de la contracción de las inversiones, por causa del encarecimiento<br />

de las tasas de interés.<br />

c) El déficit de la balanza de pagos. A comienzos de los años ochenta, este indicador estaba en la<br />

mira de los organismos internacionales, y especialmente del FMI, por cuanto se pensaba que<br />

la capacidad de hacer frente a los acuerdos de pago internacional, y en particular los relativos al<br />

servicio de la deuda, dependía de la existencia de una balanza comercial positiva.<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

611


4.3. Objetivos<br />

1. Los objetivos explícitos de los programas de ajuste estructural son, en esencia, los siguientes:<br />

a) Balanza de pagos.<br />

b) Reducción de la inflación.<br />

c) Eficiencia macroeconómica (productores y consumidores).<br />

d) Aumento de la tasa de crecimiento.<br />

e) Mejoramiento de la distribución de la renta.<br />

Restablecer el equilibrio de la balanza de pagos y reducir la inflación son los objetivos convencionales<br />

de los planes (o políticas) de estabilización, que se ejecutan por medio de políticas restrictivas de<br />

la demanda (puesto que se consume más de lo que se produce, hay que consumir menos para lograr el<br />

equilibrio macroeconómico básico).<br />

2. Mejorar la eficacia macroeconómica de productores y consumidores y aumentar la tasa de crecimiento<br />

de la economía serían las novedades introducidas por los PAE en el tratamiento de las variables<br />

macroeconómicas. El objetivo perseguido consiste en elevar la oferta estructural (puesto que se produce<br />

menos de lo que se consume, hay que producir más para equilibrar las cuentas).<br />

De esta manera, los PAE se presentan como innovadores frente a los planes tradicionales de estabilización,<br />

ya que incorporan medios de ajuste de la oferta que –se supone– generarán el cambio de<br />

comportamiento estructural que se persigue; es decir, imponen el paso del desequilibrio al equilibrio.<br />

4.4. Políticas económicas<br />

1. En concordancia con los objetivos antes enunciados, los PAE imponen casi invariablemente un paquete<br />

de medidas de intervención que en algunos casos coincide con las de los planes de estabilización,<br />

pero en otros no.<br />

En términos generales, se pueden mencionar las siguientes clasificaciones de las políticas:<br />

a) Demanda agregada: política propia de los planes de estabilización. Se concreta en la aplicación<br />

de políticas fiscales y monetarias restrictivas (bajo crecimiento del dinero y restricción del gasto<br />

público).<br />

b) Oferta agregada: política propia de los PAE. Se instrumenta mediante la aplicación de “precios<br />

corrientes” a la economía, lo que normalmente se produce con la liberación de los precios, el<br />

aumento de las tasas y tarifas y, en general, con la alineación de los precios internos al nivel<br />

de los internacionales (salvo en el caso de los salarios, a los que se busca reducir o frenar su<br />

crecimiento).<br />

c) Tasa de cambio: medida aplicada tanto en los planes de estabilización como en los PAE. En<br />

principio, se promueve la devaluación de la tasa de cambio, como medida coadyuvante al objetivo<br />

de reducir la demanda interna (sin riesgo de que se produzca un desplazamiento de la<br />

demanda, puesto que o bien no existe un sustituto nacional para los productos importados, o<br />

los precios internos se están alineando con los externos) e incentivar el crecimiento de la oferta<br />

exportadora.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

612


d) Financiamiento externo: medida aplicada tanto en los planes de estabilización como en los PAE.<br />

En todos los casos, el financiamiento de las políticas de estabilización y ajuste comprende un<br />

incremento de los flujos externos de capital para alcanzar los objetivos previstos. En materia de<br />

estabilización, las entradas de capital contribuirían a reequilibrar la balanza de pagos y a frenar<br />

la inflación, al incrementar la base monetaria y facilitar así una expansión no inflacionaria de la<br />

masa monetaria. Desde el punto de vista del ajuste, los flujos de capital externo ayudarían a mejorar<br />

la oferta (inversión directa) o a aumentar la eficacia del capital y de la inversión (inversión<br />

de portafolios).<br />

2. Los PAE incluyen en cada caso un conjunto de políticas específicas, centradas esquemáticamente en:<br />

a) Crecimiento hacia el exterior: eliminación de aranceles, barreras no aduanales, medidas de contingencia,<br />

etcétera.<br />

b) Incremento de los precios pagados a los agricultores: se considera que en los países subdesarrollados<br />

la política de precios agrícolas discrimina el ingreso de los campesinos en favor de la capacidad<br />

de consumo de los habitantes de la ciudad, con lo cual disminuyen los incentivos para la expansión<br />

de la oferta de productos agrícolas.<br />

c) Tasas de interés realistas: para reducir el nivel de endeudamiento de la economía, se procede a<br />

elevar las tasas de interés, a fin de frenar la tendencia alcista del consumo y, al mismo tiempo,<br />

facilitar la entrada de capital externo. Se incrementa así la remuneración de los pasivos en el<br />

momento en que se desregula el control de los movimientos internacionales de capital.<br />

4.5. Aspectos institucionales<br />

1. Si los planes de estabilización eran tradicionalmente tarea del FMI, mientras que el Banco Mundial<br />

se dedicaba a financiar proyectos y programas de desarrollo a largo plazo, ahora se ha modificado la<br />

percepción de lo que son políticas adecuadas de largo plazo, ya que el BM centra actualmente sus<br />

intervenciones en el diseño y aplicación de programas de ajuste estructural. En el área de los países<br />

desarrollados, la OCDE se transforma en el principal vehículo –también cultural y comunicacional–<br />

de dichos programas, en completa sintonía con los organismos antes mencionados.<br />

Un atento estudio de los informes anuales del FMI permite elaborar el cuadro que sigue más adelante,<br />

en el que se refleja el eje de las políticas recomendadas recientemente por ese organismo, además<br />

de sus propuestas contingentes sobre puntos específicos (las cifras entre paréntesis remiten a la página<br />

del informe respectivo en la que se desarrolla con mayor énfasis la recomendación en cuestión).<br />

Estos programas son resultado de un diagnóstico que determina cuáles son los males de la economía<br />

para los que hay que buscar alternativas y la alternativa es el ajuste estructural.<br />

En principio, los PAE parten de la autoevaluación que hacen el BM y el FMI de sus políticas<br />

tradicionales y del fracaso de estas.<br />

Actualmente, la coordinación de políticas entre el FMI y el BM es mayor que nunca, gracias a la<br />

aplicación de mecanismos de “condicionamiento cruzado” que garantizan que el acceso de un país al<br />

financiamiento de cualquiera de las dos organizaciones pase por la aprobación de la otra, para todo lo<br />

que se refiere a la política económica que deberá aplicar ese país, de acuerdo con criterios establecidos<br />

por esas instituciones internacionales.<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

613


Año del informe Tema general Recomendaciones principales Recomendaciones principales<br />

a los países desarrollados a los países subdesarrollados<br />

Mayo 1994 R reducir los salarios (40). Reducir las empresas públicas (58).<br />

Octubre 1994 R reducir el déficit fiscal (45). Reducir el gasto público (59).<br />

Mayo 1995 El ahorro global. Reducir el endeudamiento Política monetaria y crediticia<br />

público y el crecimiento<br />

restrictiva: aumentar las<br />

del gasto (22). tasas de interés (45).<br />

Octubre 1995 R reducir el déficit fiscal (39) Liberalizar el comercio (53).<br />

y los costos salariales (41).<br />

Mayo 1996 La política fiscal. Adecuación fiscal, reducir Reducir el gasto público mediante<br />

el gasto en salarios y<br />

la reducción del empleo<br />

prestaciones sociales (69). en el sector (81).<br />

Octubre 1996 Control de Flexibilizar el mercado. mejorar la reglamentación y la<br />

la inflación.<br />

supervisión bancaria y eliminar<br />

el crédito subvencionado<br />

al sector público (72, 82).<br />

Mayo 1997 La globalización. Flexibilizar el mercado externalización y privatización (99).<br />

de trabajo (66).<br />

E<br />

etcétera, etcétera,<br />

hasta hoy.<br />

Abril 2005 Globalización y Devaluación del dólar (10). Liberalización del comercio (17).<br />

desequilibrios Corrección fiscal y<br />

externos. flexibilidad del trabajo (11, 21).<br />

Septiembre 2005 Creando corrección fiscal (14). más apertura (18); mejorar<br />

instituciones. Moderaciones salariales la rentabilidad de las inversiones<br />

y rebajas fiscales (27).<br />

extranjeras (39); corrección<br />

fiscal (35, 38).<br />

Abril 2006 Globalización Flexibilizar el mercado los países con excedente activo,<br />

e inflación. de trabajo (26, 29). revaluar la tasa de cambio (51);<br />

R reducir el déficit fiscal (42). los deficitarios, reforzar los<br />

derechos de propiedad y facilitar<br />

las inversiones extranjeras (55).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

614


2. En todo esto se establecen criterios diferentes según se trate de un plan de estabilización o, más<br />

ampliamente, de un programa de ajuste estructural:<br />

a) Al comienzo, la estabilización exige fijar un techo para el crédito total, con un sublímite para el<br />

crédito que se conceda al sector público.<br />

b) Por su parte, los PAE tienen algunos criterios más extensos, como:<br />

– Aumento de las tarifas de los servicios públicos.<br />

– Devaluación.<br />

– Reducción de aranceles.<br />

– Reforma impositiva.<br />

– Privatizaciones.<br />

Hoy, de cualquier modo, es virtualmente imposible para un país periférico obtener financiamiento<br />

de los organismos internacionales o refinanciar su deuda externa, si no se ha sometido a un programa<br />

de ajuste estructural.<br />

4.6. La política fiscal impuesta por el FMI<br />

1. Según los paradigmas del neoliberalismo, se puede sostener que el principal responsable de los<br />

problemas económicos de los países es el Estado, sea que se trate de agregados macroeconómicos<br />

específicos o de trastornos estructurales. Los modelos en los que se basa el FMI para promover medios<br />

de política económica son muy variados, pero en general provienen de las teorías de la economía de la<br />

oferta, de la teoría cuantitativa de la moneda y de la economía de la información.<br />

2. Se comienza por analizar los temas macroeconómicos para justificar la reducción del déficit público; se<br />

analizan las reformas propuestas para aumentar el ingreso y, posteriormente, reducir el gasto público.<br />

Como ya se ha dicho, los países que se someten al ajuste presentan grandes desequilibrios externos.<br />

Estos, a su vez, son provocados principalmente por un enorme déficit fiscal (déficit público o corriente),<br />

asunto que se demuestra mediante la igualdad macroeconómica básica:<br />

S - I = (G + Tr - T ) + Xn<br />

En la parte izquierda de la ecuación, donde S representa el ahorro e I la inversión, se encuentra<br />

el exceso de ahorro del sector privado. La parte derecha muestra el déficit público, donde T<br />

representa los ingresos estatales (tasas e impuestos), G el gasto público y Tr las transferencias; Xn<br />

representa el saldo de cuenta corriente de la balanza de pagos, es decir, las exportaciones menos las<br />

importaciones.<br />

En un sentido más preciso, la brecha entre ahorro e inversión es igual al resultado de las decisiones<br />

agregadas de los operadores económicos, tanto del sector privado como del público. El modelo supone<br />

que los operadores privados optimizan sus resultados al tomar en cuenta las limitaciones preventivas,<br />

como las limitaciones tecnológicas, burocráticas y políticas. Por tanto, la fuente del desequilibrio externo<br />

es el desequilibrio de las finanzas públicas, consecuencia, a su vez, de la ineficiencia en el gasto<br />

que se efectúa sin contar con el ingreso adecuado. En este caso se produce un efecto de desplazamiento,<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

615


en el cual el Estado, a través del déficit, golpea las decisiones de inversión de los operadores privados y<br />

obstaculiza el uso eficiente de los recursos por parte de estos últimos.<br />

Otro punto de vista para justificar la imperativa reducción del déficit fiscal es el de la “absorción”,<br />

según el cual el elevado gasto público genera un “sobrecalentamiento” de la economía y la lleva a crecer<br />

más allá de sus posibilidades reales. En este caso, la expansión del nivel de ingreso provocado por el déficit<br />

crea un exceso de demanda interna (absorción), que a su vez implica un aumento de las importaciones;<br />

esto deteriora todavía más la balanza comercial y empeora, por tanto, la situación externa del país.<br />

Es necesario aclarar que en este modelo los incrementos de la renta nacional provocan el aumento<br />

de las importaciones, pero no tienen ningún efecto en las exportaciones, y es por eso que empeoran el<br />

saldo de balanza corriente. La solución que se ofrece es una reducción del gasto público que deprima<br />

la economía y, por tanto, la renta nacional, para de esa manera reducir las importaciones.<br />

3. Otro problema que en el marco neoclásico se relaciona con el déficit fiscal es la inflación, el enemigo<br />

público número uno de la asignación eficiente de recursos en una economía de mercado.<br />

Como se sabe, en una economía de ese tipo son convencionalmente los precios, determinados<br />

por el “libre” juego de las fuerzas de la oferta y la demanda, el parámetro que guía las decisiones<br />

económicas y determina así la asignación de los recursos. La inflación introduce incertidumbre en<br />

esas decisiones, principalmente a través de la variación de los precios relativos de bienes y servicios,<br />

que puede llevar a los operadores privados a tomar decisiones erróneas y, por tanto, a una asignación<br />

ineficiente de recursos.<br />

En el caso que se está tratando, el déficit fiscal introduce la incertidumbre de la inflación por dos<br />

vías: en primer lugar, porque la elevada demanda agregada causada por el gasto lleva a que los incrementos<br />

de aquella no tengan reflejo en un correspondiente aumento de la producción; y en segundo<br />

lugar, porque eso impulsa al Estado a financiar su déficit a través de la emisión de moneda. En este<br />

último caso, según la teoría cuantitativa monetaria, al no tener como contrapartida un aumento de<br />

la productividad, el crecimiento de la oferta de dinero se traduce directamente en un incremento del<br />

nivel de los precios.<br />

La solución, en ambos casos, es la reducción del déficit, si bien los efectos se producen con mecanismos<br />

de transmisión diferentes. En el primero, la reducción del gasto público lleva a una disminución<br />

de la demanda agregada, lo que a su vez, al haber una menor actividad económica, determina la<br />

reducción del nivel de precios de la economía. En el segundo caso, la solución propuesta implica evitar<br />

a todo costo que el déficit fiscal sea financiado con emisión de moneda, lo que deja solo dos opciones:<br />

la reducción del gasto hasta llegar a niveles sostenibles o la emisión de títulos que permitan al Estado<br />

recoger dinero suficiente para financiar el déficit sin recurrir a la emisión monetaria.<br />

Como se ha dicho, el FMI condena el financiamiento del gasto a través de la emisión de moneda,<br />

por considerar que esta maniobra es una fuente de inflación; en consecuencia, solicita la emisión de títulos<br />

tanto en los mercados nacionales como en los internacionales. Por otra parte, la emisión de títulos<br />

en el mercado nacional permitiría la evolución de los mercados de capital, en caso de que estos ya<br />

existan, o su creación, en caso contrario.<br />

4. Los planes de ajuste contemplan asimismo entre sus objetivos una reforma fiscal que, en primer<br />

lugar, permita el aumento del ingreso percibido por vía impositiva, a través de un sistema con menos<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

616


costos administrativos y, en segundo lugar, distorsione lo menos posible la asignación de recursos por<br />

parte del mercado.<br />

Simultáneamente, las reformas plantean la aplicación de impuestos simples a las ganancias y utilidades,<br />

con una pequeña tasa progresiva marginal, para no desestimular la actividad económica. Además,<br />

y como consecuencia de otras reformas que implican la liberalización comercial, se hace necesaria<br />

la reducción progresiva –hasta alcanzar su eliminación– de los impuestos a las importaciones y, en<br />

general, al comercio exterior.<br />

Otra forma de generar ingresos a corto plazo es la privatización de las empresas y sectores públicos<br />

que, según las instituciones financieras internacionales, están sujetas a una pésima administración por<br />

parte de los funcionarios públicos, que son los responsables de gran parte de los pasivos del Estado.<br />

La privatización conlleva algunos beneficios, ya que, además de aportar capital extranjero y por tanto<br />

valiosas divisas que pasan a engrosar las reservas internacionales del país, permiten también una reducción<br />

del gasto público y con ello del déficit fiscal.<br />

La focalización del gasto está íntimamente relacionada con la privatización de las empresas públicas,<br />

lo que incluye servicios básicos como educación y salud. El modelo neoliberal impone estas<br />

políticas porque parte de una consideración centrada en la eficiencia económica, sin salvaguarda social<br />

alguna, según la cual la producción de bienes y la prestación de servicios por parte de empresas<br />

estatales no refleja las condiciones del mercado: al estar protegidas de la competencia por las reglas<br />

de los monopolios estatales, tales empresas no hacen un uso eficiente de los recursos y antes bien los<br />

despilfarran. En este punto entran en juego la privatización y el mercado, que harán posibles –gracias a<br />

la competencia– servicios más eficientes y a un menor costo. Pero ya que existen “grupos vulnerables”<br />

dentro de la población, que no podrán acceder a estos servicios en condiciones de mercado, se propone<br />

otorgar un subsidio, en la práctica una dádiva caritativa, a algunas personas, a fin de que puedan con<br />

eso pagar en una institución privada la prestación del servicio y no queden excluidas de sus beneficios.<br />

En términos generales, se sostiene que las medidas para reducir costos generarán a mediano plazo<br />

un ahorro sustancial. Además, según los estudios del FMI, gracias al crecimiento económico propiciado<br />

por las reformas, se generará un aumento del nivel de ingresos de la población en su conjunto, lo<br />

que hará cada vez menos necesaria la utilización de los llamados préstamos subvencionados.<br />

4.7. La política monetaria<br />

1. A mediados de los años ochenta, una gran cantidad de países subdesarrollados sufría crisis de hiperinflación.<br />

En un ambiente en el que las variaciones del nivel de precios eran la constante, y en<br />

una situación altamente inestable para la tasa de cambio, resultaba imposible pensar en condiciones<br />

endógenas que propiciaran la inversión y el crecimiento. En tales circunstancias, y con un alto grado<br />

de incertidumbre respecto a las tasas futuras de cambio y de interés, los operadores económicos posponían<br />

indefinidamente sus decisiones y eran impulsados a las prácticas especulativas.<br />

Como se ha recordado, las políticas neoliberales identifican al Estado como el operador culpable<br />

de introducir incertidumbre económica y condiciones inflacionarias en el sistema. La aplicación por<br />

años de políticas monetarias permisivas había llevado a que estas se convirtiesen en la perturbación<br />

principal del ciclo económico.<br />

Las grandes emisiones monetarias llevadas a cabo por los bancos centrales de aquellos países, con el<br />

objetivo de financiar el “ineficiente” gasto del Estado, habían producido tasas de inflación insostenibles,<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

617


junto con altas tasas de interés nominal que desestimulaban la inversión y constantes devaluaciones<br />

de la moneda, todo lo cual hacía disminuir continuamente el valor de las inversiones, en términos de<br />

divisa internacional, y las posibilidades de atraer capitales extranjeros. Además, las devaluaciones continuas<br />

aumentaban el importe de las obligaciones internacionales, factor que acrecienta las presiones<br />

sobre la balanza de pagos.<br />

2. El FMI plantea entonces la aplicación de políticas monetarias restrictivas, con techos de emisión y<br />

tasas de cambio fijas para alcanzar objetivos específicos de reducción de la inflación, y así comenzar a<br />

preparar el terreno para una fuerte y duradera fase de expansión económica.<br />

Se sostuvo que, en un primer momento, las medidas propuestas tendrían lamentables consecuencias<br />

recesivas, pero que a mediano y largo plazo se comenzarían a experimentar los beneficios, en primer<br />

lugar con las tasas de interés. La aplicación de los techos de emisión monetaria provocó un alza continua<br />

en las tasas de interés del mercado, que en corto plazo redujo la inversión y, por tanto, la demanda<br />

agregada. Pero a mediano plazo, con la reducción de la inflación –producto de las medidas tomadas<br />

durante el ajuste–, las tasas nominales de interés comenzaron a adaptarse a los nuevos niveles de precios,<br />

que hicieron disminuir el spread efectivo entre tasas de interés reales y nominales. La disminución<br />

de ese spread se tradujo, a su vez, en un aumento de la inversión y, con ello, de la dinámica económica.<br />

Por su parte, la estabilización de la tasa de cambio abre dos vías para reducir la inflación a niveles<br />

sostenibles: la primera, a través de los flujos comerciales externos, y la segunda, por medio de los flujos<br />

financieros. En la primera hipótesis, la tasa fija de cambio incentiva la entrada de importaciones a<br />

un precio menor que el de la producción nacional, lo que introduce presiones competitivas sobre el<br />

sector productivo y lo obliga a reducir costos y, por tanto, también el nivel de precios. A su vez, este<br />

mecanismo de presión refuerza los objetivos de la liberalización comercial, al favorecer la desaparición<br />

de los sectores ineficientes –por efecto de la competencia externa– y propiciar así el desplazamiento de<br />

recursos hacia un naciente y competitivo sector exportador. A largo plazo, el país aprovechará la tasa<br />

fija de cambio para aumentar continuamente sus reservas internacionales, gracias a los excedentes de<br />

cuenta corriente generados por la posición favorable del sector exportador en la economía mundial.<br />

3. En el caso de los flujos financieros, el compromiso del Gobierno central de mantener una determinada<br />

tasa de cambio genera un cierto grado de confianza en los inversionistas extranjeros, que<br />

responderán generando un flujo positivo de capitales hacia el país en cuestión. Ese flujo, sea que se<br />

canalice hacia las IDE o hacia inversiones de portafolio, brindará un alivio en la situación exterior del<br />

país, al permitir que aumenten las reservas internacionales y asegurar así la capacidad de pago de la<br />

deuda externa a corto plazo. Se sostiene que todo esto reforzará también la confianza de los mercados<br />

internacionales en el proceso de ajuste, con lo cual aumentarán los flujos de inversión y mejorarán las<br />

perspectivas de crecimiento económico.<br />

Como puede verse, para el FMI vale la pena sacrificar el crecimiento económico a corto plazo, con<br />

el objetivo de lograr una disminución de la tasa de inflación que sea compatible con el crecimiento<br />

económico a largo plazo. Al final, el objetivo implícito de las medidas es crear un sistema de precios<br />

coherente con las necesidades de una economía de mercado que, al estar libre de regulaciones, ofrezca<br />

a los operadores económicos una información precisa e impulse así hacia una mejor utilización de los<br />

recursos para alcanzar el crecimiento económico.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

618


Todo esto, obviamente, es válido teóricamente. La práctica, por su lado, demuestra que las recetas<br />

del FMI han significado un duro ataque a las condiciones de vida de la gente: empobrecimiento en<br />

masa, condiciones de auténtica usura en el manejo de la deuda externa, superexplotación de la población<br />

y sofocamiento de las aspiraciones a un desarrollo social más equilibrado.<br />

5. Consideraciones generales sobre las reformas estructurales<br />

1. Las reformas estructurales en su conjunto son la razón de ser de las políticas neoliberales impuestas<br />

por el FMI, según el cual no tiene sentido impulsar las reformas necesarias en materia de política<br />

económica, ni alcanzar un cierto grado de estabilidad a través de los indicadores macroeconómicos, si<br />

no se atacan al mismo tiempo los problemas estructurales de la economía.<br />

Entre las reformas estructurales necesarias para los países con baja renta, el FMI da prioridad a<br />

aquellas que incentivan rápida y directamente la inversión y la iniciativa privada. Por eso los programas<br />

deben estar dirigidos a promover las privatizaciones y crear un fuerte sistema bancario, en un “marco<br />

legal de reglas ciertas”.<br />

El espíritu de esas reformas se desprende de un marco teórico desde el cual es imposible pensar en<br />

un crecimiento económico de perspectivas duraderas sin el libre concurso de las fuerzas del mercado. A<br />

ellas compete la responsabilidad de promover ese crecimiento en países que están hundidos en la pobreza,<br />

según la visión neoliberal, por culpa de sus Gobiernos tiránicos o populistas, en los que el único modelo<br />

de programación es la planificación centralizada. Son los operadores económicos privados quienes,<br />

gracias a los incentivos que ofrece la competitividad del libre mercado, comenzarán a implementar una<br />

asignación óptima de los recursos, para así crear dinámicas empresas exportadoras, capaces de competir<br />

en los mercados internacionales, allí donde antes solo había ineficientes monopolios estatales.<br />

Pero, además, la asignación eficiente de recursos, lograda con la desregulación de los mercados,<br />

no solo producirá cambios altamente positivos en el equilibrio externo del país, sino que mejorará<br />

también notablemente –se sostiene– el bienestar de la población, por obra de las reformas internas.<br />

La privatización de los servicios de salud y educación permitirá a la población acceder a ellos con una<br />

mejor calidad y menor precio, una vez que los más pobres superen su dependencia de la ayuda estatal<br />

y comiencen a generar renta.<br />

La realidad siempre ha demostrado que tales políticas constituyen una verdadera masacre social<br />

contra los trabajadores y otros amplios sectores de la población.<br />

2. Es necesario aclarar que los objetivos de la privatización van mucho más allá de las estructuras de<br />

propiedad. Se relacionan más bien, de manera directa, con lo que planteara Adam Smith en 1776<br />

acerca de las funciones del Estado, que puede resumirse en neutralidad respecto a la actividad económica.<br />

Toda intromisión del Estado provocará peores resultados que los que se hubiesen tenido sin su<br />

intervención. Es por eso que, según la visión neoliberal, la privatización debe desempeñar un papel<br />

central en los ajustes previstos por los acuerdos de reforma estructural.<br />

En el enfoque y las políticas del FMI, una economía no puede pretender desarrollarse mientras<br />

los sectores estratégicos –como las telecomunicaciones, la minería, la energía y el petróleo, así como<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

619


los servicios públicos– estén bajo el control de la administración estatal. Así, según los organismos<br />

financieros internacionales, los modelos sustentados en la planificación centralizada, y por tanto en<br />

una política estatal activa a través de empresas de propiedad pública, están condenados al fracaso. ¿Por<br />

qué? Porque los criterios en los que estas se basan para tomar decisiones son criterios “paternalistas”,<br />

cuyo objetivo principal es lograr el mayor grado posible de equidad y, al hacerlo así, promueven de<br />

hecho la ineficiencia y destruyen los incentivos para la actividad económica.<br />

Las decisiones deben basarse estrictamente en criterios de desregulación y liberalización económica,<br />

que son dictados por el mercado. Es “inmoral” que la población tenga que financiar la actividad<br />

de empresas públicas en bancarrota, que deberían desaparecer o ser reestructuradas. Es así como se<br />

justifica y se afirma que el ingrediente clave para transformarse en una economía de mercado es la<br />

privatización, lo que implica que el Estado debe retirarse aceleradamente de toda actividad económica.<br />

Solamente la fuerza del mercado y los criterios de racionalidad económica pueden romper esos atascos<br />

institucionales para favorecer el crecimiento.<br />

Además, se sostiene que los inversionistas extranjeros consideran en términos rentables las políticas<br />

de privatización, que de tal forma constituyen el medio más rápido y eficaz con el que puede contar el<br />

Estado para resolver los problemas del déficit y la deuda.<br />

3. Llegados a este punto, conviene aclarar asimismo que en el tipo de economía de mercado que promueve<br />

el FMI, el proceso de acumulación de capital, tecnología y conocimiento no se produce en todos<br />

los sectores, sino solamente en aquel que, según el modelo, debe ser el responsable del éxito económico<br />

del país a largo plazo, vale decir, el sector exportador. Debe entonces el Estado tomar medidas para favorecer<br />

ese cambio estructural. Esto nos lleva al siguiente punto de análisis: la liberalización comercial.<br />

La importancia de esta reforma estructural se deriva del objetivo mismo del ajuste, que no es sino<br />

alcanzar la estabilidad externa en países con una enorme deuda y condiciones de permanente déficit<br />

comercial.<br />

En ese contexto, el proceso de acumulación debe encaminarse a la creación y fortalecimiento de<br />

un sector exportador nacional capaz de competir a nivel mundial, objetivo que el mercado puede<br />

alcanzar de manera natural si se le deja actuar en libertad. La primera tarea es entonces eliminar las<br />

barreras proteccionistas y permitir así la entrada de competidores extranjeros, que ofrezcan incentivos<br />

para aumentar la eficiencia en determinados sectores en los que el país presente una pequeña ventaja<br />

comparativa. En consecuencia, el FMI recomienda explícitamente medidas destinadas a facilitar el<br />

proceso de incremento de la eficiencia sectorial, a través de la eliminación de restricciones cuantitativas<br />

a las importaciones y la disminución gradual de las licencias e impuestos de exportación 14 .<br />

Con esas medidas espera el FMI que comience un proceso de transformación estructural, como el<br />

descrito por primera vez en el siglo xviii por David Ricardo. Este análisis, bastante refinado y evolucionado<br />

hoy día, presupone que la liberalización comercial incremente la eficiencia en la asignación<br />

de recursos a través del principio de la ventaja comparada. Este principio nos dice que la economía de<br />

un país no debe centrarse en aquella actividad que presente los mejores resultados en términos absolutos,<br />

sino en la que lo haga en términos relativos, es decir, aquella que muestre un menor costo de<br />

oportunidad con respecto a los socios comerciales.<br />

En el caso de los países que se someten al ajuste, se afirma que la aplicación de barreras comerciales<br />

incentiva una producción ineficiente de bienes, que sin tales barreras no estarían en capacidad de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

620


competir con los que se producen en el exterior a un menor costo. Por ello se promueve la especialización<br />

del país en aquellos sectores que presentan un menor costo de oportunidad, con el objetivo<br />

de aumentar la productividad y ampliar así el umbral inicial de ventaja respecto a sus competidores.<br />

Las ganancias derivadas de la especialización permitirán al país contar con ingresos suficientes para<br />

comprar en el exterior, a precios inferiores, los bienes que antes producía en casa.<br />

Así, a medida que la competencia externa sigue desplazando la producción nacional de los sectores<br />

improductivos, más recursos estarán disponibles para ser invertidos en aquellos que sí manifiestan una<br />

ventaja comparativa, lo que nuevamente refuerza el proceso de especialización. Al final, por esa vía de<br />

la especialización, el libre comercio internacional permite una mayor productividad y, por tanto, el<br />

mejoramiento de los niveles de vida de los países que se insertan en el mercado global.<br />

4. Según el FMI y el BM, la mejor forma de llevar a cabo el proceso de liberalización comercial es la<br />

unilateral. Se parte de la hipótesis de que las políticas comerciales no afectan la balanza comercial; es<br />

decir, que los cambios en las importaciones son iguales a los cambios en las exportaciones. Al dar así<br />

paso a la fuerte presión de la competencia externa sobre los sectores ineficientes, estos desaparecerán<br />

rápidamente y eso liberará más recursos para su posterior utilización en el sector exportador, que<br />

generará a su vez un crecimiento del valor agregado de la producción, elemento clave que permite al<br />

comercio exterior transformarse en motor del crecimiento.<br />

Otro elemento clave en el proceso de conformación de dicho sector exportador es la participación<br />

de inversionistas extranjeros. Una de las mejores formas de atraerlos, además de la privatización, es la<br />

liberalización financiera, que tiene por objetivo no solo facilitar los procesos de inversión, sino también<br />

asegurar verdaderas condiciones de mercado, para así asignar eficientemente los recursos.<br />

El FMI resalta a continuación las ventajas de esta última liberalización y de la integración a los<br />

mercados financieros globales –desregulados–, ya que promueven una asignación más eficiente de<br />

recursos a escala mundial. Valga entonces analizar algunas de estas afirmaciones del FMI. Respecto<br />

a la eficiencia, se dice que la desregulación permitirá al sistema bancario desempeñar un papel<br />

importante. La privatización del sector bancario nacional, unida a su desregulación para posibilitar<br />

la libre determinación de las tasas de interés por parte del mercado, creará un ambiente altamente<br />

competitivo, en el que los recién privatizados bancos lucharán por mantener una determinada<br />

cuota del naciente mercado de capitales nacionales, lo que se traducirá en una reducción de las tasas<br />

de interés y una mejoría de la calidad de los servicios financieros. Gracias a una mayor perspectiva<br />

de ganancia y a flujos de información más precisos, esos dos hechos incentivarán aumentos<br />

sucesivos de la tasa de inversión, que a su vez favorecerán la creación de puestos de trabajo y<br />

el crecimiento a largo plazo. Simultáneamente, la desregulación estimulará la entrada de capitales<br />

extranjeros, que permitirán iniciar la acumulación del capital necesario para impulsar un proceso<br />

de crecimiento.<br />

Queda claro, así, que el factor clave en los mercados de capital es la confianza de los inversionistas<br />

hacia el país. Para el FMI y los mercados, los auxilios y las inversiones son efectivos solamente en términos<br />

de estímulo al crecimiento, que dependerá de la calidad del marco macroeconómico. Por tanto,<br />

es de esperar que gradualmente fluyan más auxilios e inversiones hacia los países que hayan llevado a<br />

cabo el ajuste y en los cuales se estén aplicando las políticas “correctas”, ya que los mercados confían en<br />

que esas medidas prepararán adecuadamente el terreno para una fase de expansión.<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

621


Por el contrario –asegura el FMI–, es de esperar que los países que no se sometan al ajuste no solo<br />

sufran la continua aplicación de políticas equivocadas y los problemas que ellas comportan, sino también<br />

un aislamiento que los privará del aporte de los flujos financieros internacionales y los sumergirá<br />

en un atraso todavía mayor con respecto al resto del mundo.<br />

Entretanto, las economías que se hayan sometido al ajuste presentarán claras señales de éxito. Pero,<br />

¿en realidad ha sido así?<br />

6. Consecuencias de la aplicación de las políticas neoliberales<br />

1. Si la evolución económica de los últimos años, en los países que han instrumentado los proyectos<br />

y acuerdos de reforma estructural, estuviese en línea con las expectativas generadas en torno a esos<br />

planes 20 años atrás, seguramente no existiría el debate actual acerca de la validez de tales políticas<br />

económicas y su capacidad para generar crecimiento y lograr la estabilidad externa.<br />

La experiencia reciente demuestra, en la mayoría de los casos, que la aplicación de las llamadas<br />

“reformas de mercado” no solo han provocado un deterioro de las condiciones económicas, sino que<br />

han llevado a los países a puntos de no retorno en materia de política económica y de estabilidad social,<br />

hasta perder prácticamente toda capacidad de tomar decisiones soberanas e independientes.<br />

Cada día son más los países que entran en lo que muchos estudiosos definen como la zona de<br />

vulnerabilidad económica: una combinación de elevados préstamos extranjeros con alto componente<br />

de liquidez, una tasa de cambio desfavorable y bajas tasas de inversión interna. En ese contexto, las<br />

economías son cada vez más sensibles a eventos económicos o políticos adversos, al tiempo que disminuyen<br />

las posibilidades de escapar de tal situación, como país, sin sufrir grandes costos sociales y<br />

económicos por largos períodos.<br />

Pero, en realidad, ¿a qué se debe que esos planes tan “bien” intencionados resulten tan malditamente<br />

complicados? Nos atrevemos a suponer, en la mejor de las hipótesis, que podría ser una conjugación<br />

de efectos no previstos de esas políticas y reformas lo que lleva a la aparición de cuadros tan graves,<br />

sobre todo en términos sociales, como los observados. Ese hecho debería obligar a replantear o, por lo<br />

menos, a volver a analizar la validez de algunos de los postulados de la teoría neoclásica hoy dominante.<br />

Lo primero que se ha de mencionar es el hecho de que el sistema financiero internacional obliga<br />

a los países a trabajar en ambientes de baja inflación y estabilidad cambiaria, cuando las realidades<br />

estructurales y macroeconómicas no son capaces de promover tales condiciones.<br />

¿Por qué? En general, los países que se someten al ajuste lo hacen para reconstruir sus reservas<br />

internacionales y así poder seguir tomando parte en el comercio internacional. Esas reservas se vieron<br />

erosionadas principalmente por dos hechos: constante déficit corriente y aumentos del servicio de la<br />

deuda externa. De allí se deriva que la solución pasa por dos vías: una es la de incrementar el ingreso<br />

a través de mejoras en el intercambio comercial, y la otra es la reducción de los pagos de la deuda, sea<br />

mediante el refinanciamiento de la deuda pendiente o por default.<br />

Como consecuencia de la forma en que se manejó la crisis de la deuda de los años ochenta, el<br />

componente financiero del desequilibrio externo aumentó en amplia medida y se resolvió no a partir<br />

de excedentes comerciales o de la cancelación de los saldos pendientes, sino mediante el regreso de los<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

622


países en default a los mercados internacionales de capital, donde pudieron nuevamente pedir créditos<br />

en condición de deudores soberanos y de tal modo refinanciar la deuda para evitar problemas de<br />

liquidez en el breve plazo.<br />

De esa manera, los países se ven obligados, para atraer masas cada vez mayores de capital que<br />

permitan refinanciar indefinidamente la deuda, a mantener políticas de baja inflación y estabilidad<br />

cambiaria, a pesar de que, en primer lugar, continúen los déficit corrientes y, luego, la estabilización<br />

de dichos indicadores provoque un daño irreparable a la capacidad productiva del país y, por tanto,<br />

a la estabilidad de los restantes indicadores macroeconómicos “reales” y claves, como el crecimiento y<br />

la ocupación.<br />

2. Dicho esto, resulta claro el motivo por el cual se califica de fundamentales las políticas de baja inflación<br />

y estabilidad: de hecho, es esa la única forma en que estos países pueden asegurarle rendimiento<br />

al capital extranjero y de esa manera incentivar su ingreso, con el fin de seguir financiando los déficit<br />

comerciales y el aumento de la deuda. Se crea así un círculo vicioso de endeudamiento y recesión que<br />

obstaculiza la aplicación de políticas económicas que permitan sacar al país de la crisis.<br />

Ese círculo vicioso, directamente relacionado con las políticas de desregulación y de liberalización<br />

impuestas con el ajuste estructural, no solo no permite salir de la crisis, sino que crea condiciones<br />

únicamente para empeorarla.<br />

Las primeras políticas en producir tal efecto son las de estabilización económica a corto plazo y<br />

más precisamente la brusca reducción del gasto público, la disminución de la oferta monetaria y la<br />

estabilidad de la tasa de cambio. La combinación de estas políticas provoca un ambiente de altas tasas<br />

de interés y perspectivas de baja ganancia, que ni aun en las mejores circunstancias generaría un crecimiento<br />

estable y duradero. La reducción del gasto público con el fin de controlar la inflación provoca<br />

una contracción de la actividad económica, lo que reduce el ingreso de la población y, por tanto, el<br />

consumo futuro; se golpea así al sector productivo nacional, con el añadido de un grave empeoramiento<br />

de las condiciones laborales y sociales en general para los sectores más desposeídos del país. Al<br />

mismo tiempo, la contracción de la oferta monetaria provoca el alza de las tasas de interés que, si bien<br />

favorece el objetivo de atraer en el corto plazo capitales extranjeros que permitan financiar el déficit<br />

de cuenta corriente y reducir los índices de inflación, obstaculiza el desarrollo del sector productivo<br />

nacional al imponer un costo prohibitivo de la inversión.<br />

Finalmente, cuando la estabilización de la tasa de cambio se produce en presencia de altas tasas de<br />

interés, provoca una entrada de capitales extranjeros que sobrevalora la tasa de cambio. Esta apreciación<br />

lacera la producción nacional de dos maneras: impone en la práctica un “impuesto” a las exportaciones,<br />

haciéndolas más caras en términos relativos –cosa que golpea al sector exportador–, y rebaja<br />

al mismo tiempo el costo de las importaciones, con lo cual incentiva su consumo. La combinación de<br />

estos dos factores intensifica el desequilibrio externo inicial, reforzando la necesidad de atraer nuevos<br />

capitales para financiar el aumento de las importaciones.<br />

3. Los efectos negativos de las políticas de estabilización se ven ya reforzados con la aplicación de las<br />

reformas estructurales que condicionan la concesión de los préstamos.<br />

Comencemos, por ejemplo, con la liberalización financiera. No obstante el aumento de las tasas<br />

de interés, se produce un salto en el crédito, como consecuencia de la competencia entre los bancos<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

623


comerciales para atraer nuevos clientes. Esa competencia crea una burbuja financiera que a su vez se ve<br />

reforzada por la entrada de capitales, para favorecer así la especulación. El cuadro empeora si se toma<br />

en cuenta que gran parte del crédito no se dirige a la inversión, ni por tanto hacia el sector productivo,<br />

sino que tiene el propósito de financiar un aumento del consumo de bienes importados, impulsado<br />

principalmente por la liberalización comercial.<br />

A su vez, la entrada de capitales, propiciada por las condiciones antes mencionadas, genera una<br />

apreciación de la tasa de cambio. En el caso de que se haya adoptado una política de tasas fijas de<br />

cambio, esa entrada de capitales generará entre los inversionistas extranjeros una percepción favorable<br />

de la economía, que redundará en sucesivos flujos de capital. Esos flujos, muy sobredimensionados con<br />

respecto a lo que las condiciones productivas del país están en capacidad de asimilar, crean condiciones<br />

para el ejercicio de prácticas especulativas por parte del sector privado. En todo caso, la entrada de<br />

capitales golpea directamente al sector exportador y, en consecuencia, a la capacidad del país para<br />

generar condiciones endógenas “reales” para superar los desequilibrios externos.<br />

Otro efecto adverso de la entrada de capitales son los sucesivos aumentos de la tasa de interés como<br />

consecuencia de la reducción de la oferta monetaria nacional, que refuerza el desfavorable ambiente<br />

interno.<br />

Un problema adicional, para tener en cuenta, es cómo se financia el déficit, ya que cualquiera de las<br />

soluciones propuestas atenta a largo plazo contra el equilibrio macroeconómico del país. Para empezar,<br />

tenemos el alza de los impuestos con el fin de aumentar los ingresos del Estado y reducir de esa manera<br />

el déficit, cosa que golpea el rendimiento del sector productivo nacional, en un ambiente recesivo de<br />

altas tasas de interés y competencia externa a precios bajos.<br />

Además, dada la prohibición tácita que ha hecho el FMI de financiar tal déficit por medio de emisiones<br />

monetarias, a lo anterior se debe sumar que el Estado se ve obligado a endeudarse a través de<br />

títulos, que aumentan cada vez más la parte del gasto destinada al pago de la deuda.<br />

Este elemento constituye un punto vital para explicar el hecho de que las políticas de ajuste están<br />

destinadas al fracaso desde antes de su aplicación.<br />

4. Continuando con el análisis, es posible ver que en la mayoría de los casos se han estabilizado los<br />

indicadores económicos considerados como fundamentales por los mercados internacionales. Este es<br />

uno de los argumentos que permiten al FMI defender los ajustes y afirmar que han tenido éxito,<br />

es decir, que han logrado reducir la inflación y estabilizar la tasa de cambio en los países que se han<br />

sujetado a los planes.<br />

Lo que no dicen las instituciones internacionales, como el FMI y el BM, es que esa estabilización se<br />

consigue al costo de hipotecar el futuro del país, ya que el problema básico se mantiene: el déficit comercial<br />

continúa y la única forma de sostener la situación económica es, entonces, promover la entrada<br />

de más capitales, no solo para pagar las deudas acumuladas, sino también para acrecentar las reservas<br />

internacionales y así mantener una imagen positiva que genere confianza hacia la tasa de cambio.<br />

Ahora es necesario explicar por qué los desequilibrios fundamentales permanecen intactos y de qué<br />

manera se transforman en el principal impedimento para que la estabilización económica se traduzca<br />

en crecimiento.<br />

La causa más importante de los desequilibrios comerciales es la prematura apertura comercial.<br />

Como ha dicho Stiglitz, no se puede ser tan miope como para simplemente esperar que se creen nuevas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

624


oportunidades de trabajo a medida que se pierden los empleos generados por las barreras proteccionistas,<br />

cuando no existen condiciones económicas adecuadas para que ello ocurra. Por el contrario,<br />

la liberalización crea condiciones idóneas para bloquear un proceso de ese tipo, al impedir que los<br />

mecanismos de ajuste natural actúen y posibiliten el retorno al equilibrio.<br />

Al poner simultáneamente en marcha la liberalización comercial, se liberalizan los movimientos<br />

de capital, que no producen más que efectos negativos para el sector productivo nacional. Con las<br />

políticas neoliberales, la entrada de capitales y el consecuente excedente en cuenta capital de la balanza<br />

de pagos hacen que la tasa de cambio deje de estar transitoriamente determinada por la situación que<br />

arroja la sección corriente de la balanza misma.<br />

En tales condiciones es natural, pues, que la tasa de cambio no responda rápidamente a las variaciones<br />

de los flujos comerciales o a los cambios de política económica que afectan las entradas, sino<br />

más bien a factores financieros y expectativas volátiles. Esto se traduce como impedimento para que<br />

la tasa fluctúe y permita la aplicación del principio de la paridad del poder adquisitivo, reflejando<br />

al mismo tiempo los diferenciales de productividad –y por tanto de precios– y posibilitando así el<br />

equilibrio externo. Por eso las tasas de cambio, al comportarse de tal modo, no solo no producen<br />

convergencia entre las economías involucradas en el intercambio comercial, sino que, por el contrario,<br />

generan divergencia. En consecuencia, la producción nacional debe entrar a competir en los mercados<br />

con la desventaja inicial que determina la apreciación de la tasa de cambio, provocada por los flujos<br />

externos de capital. A esa desventaja inicial hay que sumar las altas tasas de interés, que obstaculizan<br />

el endeudamiento con fines productivos; el alza de los impuestos, implementada con el objetivo de<br />

aumentar los ingresos estatales para disminuir el déficit; y las perspectivas recesivas en la economía,<br />

que deprimen todavía más la inversión. Todo esto conforma un cuadro bastante desalentador para los<br />

productores nacionales.<br />

Por otra parte, es necesario decir que, en la práctica, los procesos de liberalización comercial favorecen<br />

la especialización en sectores en los que el país presenta una ventaja competitiva, pero no<br />

comparativa. Esto conduce a la sobreproducción en el mercado mundial, por parte de los países sometidos<br />

al ajuste, de bienes de consumo primario o de materias primas, como café, caucho, etcétera,<br />

lo que provoca la caída de los precios respectivos. Esa dinámica golpea los términos de intercambio de<br />

estos países, empeorándolos en términos absolutos, especialmente si se tienen en cuenta los constantes<br />

aumentos de los precios del petróleo durante los últimos años, así como de los bienes de capital<br />

importados para equipar al sector exportador. Por esa razón, dicha dinámica es incompatible con el<br />

crecimiento y el equilibrio externo a largo plazo.<br />

5. La actual gestión liberal (y por consiguiente neoliberal) de la economía se basa en los principios de la<br />

austeridad preventiva y del rigor de la política monetaria. La experiencia nos muestra que, en lugar<br />

de austeridad preventiva, es justo lo contrario, y es la eficacia de ese contrario lo que demuestra la<br />

ineficacia de la austeridad. La teoría neoliberal afirma que los déficit preventivos, en razón de un efecto<br />

de desplazamiento (el Gobierno absorbe una proporción mayor de recursos para financiar el déficit),<br />

reducen la inversión, y con ello el empleo y el crecimiento de la economía. Pero la experiencia nos<br />

enseña, por el contrario, que los países con mayores déficit son también los que logran los mejores<br />

resultados económicos generales y en materia de ocupación: la política de enormes déficit ha sido,<br />

por ejemplo, sostén principal del crecimiento norteamericano durante la última década. El motor<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

625


del crecimiento estadounidense en los últimos años ha sido el enorme déficit público, que ha podido<br />

financiar recurriendo al ahorro internacional, alimentado por el déficit externo.<br />

El rigor monetario ha podido tener los efectos esperados, pero dio también lugar a efectos inesperados<br />

que, al ser de signo negativo, anularon aquellos logros. En la ideología neoliberal, el objetivo de<br />

la política monetaria es controlar las dinámicas propias de la moneda y, por ese medio, la inflación.<br />

Ciertamente, se observa una misma dirección en la desaceleración de las dinámicas monetarias y de la<br />

inflación. Lo que no resulta claro es que esta (la disminución del incremento de los precios) obedezca<br />

a aquella (la desaceleración de la cantidad de moneda) y no a otros factores, como el aumento de la<br />

competencia, la reducción del salario real u otros.<br />

En cualquier caso, la utilización de la cantidad de moneda como instrumento para controlar los<br />

precios tiene un efecto indirecto: las tasas de interés aumentan. La desaceleración de los precios, más<br />

fuerte que la de las tasas de interés, dio lugar a la aparición de tasas de interés reales, positivas y<br />

crecientes. Esto elevó el precio del acceso al crédito y desalentó la inversión empresarial. Además, las<br />

inversiones financieras se convirtieron en la actividad más lucrativa y fue así como la mayor parte de<br />

los recursos se destinó a la especulación financiera y la bolsa.<br />

Es difícil precisar hasta qué punto las tasas de interés reales constituyen un obstáculo para el<br />

crecimiento. La política monetaria restrictiva (control de las dinámicas monetarias) contribuye a reducir<br />

la tasa de inflación, pero, al aumentar las tasas de interés reales, reduce el crecimiento de la<br />

economía.<br />

La salida de la crisis exige la intervención del Estado con una política de crédito y de inversión<br />

expansiva. Pero esa intervención no puede tener éxito si no nos desembarazamos en primer lugar de la<br />

restricción externa; dicho de otra manera, si no se rechaza el puesto asignado al país en el libre intercambio<br />

entre las naciones, el papel impuesto en la división internacional del trabajo. Es una tarea más<br />

fácil de decir que de cumplir, pero es el único camino posible si la aspiración de un Gobierno va<br />

más allá de ser una simple porción de un mercado mundial al servicio de las multinacionales y de los<br />

especuladores globales.<br />

6. Todos los fenómenos citados –reducción del gasto, contracción monetaria, liberalización comercial<br />

y financiera– llevan irremediablemente a una caída de la actividad económica, salvo que se le evite<br />

mediante un aumento del endeudamiento. Puede producirse, entonces, un crecimiento basado en tal<br />

endeudamiento, más que un crecimiento de las exportaciones, un crecimiento endógeno y compatible<br />

con el equilibrio de las principales variables macroeconómicas. En tales casos, el incremento de la<br />

deuda solo provocará el reforzamiento de las medidas destinadas a atraer capitales, hasta crear así<br />

para el país una situación todavía más desfavorable frente a sus acreedores, cuando llegue el inevitable<br />

momento del colapso.<br />

Un defensor de las políticas de ajuste podría decir que esa caída de la actividad económica es buena<br />

para el equilibrio externo del país, y por tanto contribuye al éxito del ajuste, gracias principalmente<br />

a la presión que esto genera sobre los precios internos, lo que favorece tanto la competitividad de las<br />

exportaciones en los mercados internacionales como la reducción de las importaciones por la caída del<br />

ingreso. Pero ese sistema de ajuste no funciona en las economías que implementan también la liberalización<br />

financiera, ya que –como se ha mencionado– los flujos financieros superan por mucho los<br />

flujos provocados por la actividad comercial y, de esa manera, permiten el financiamiento del déficit;<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

626


en otras palabras: aunque el ingreso cae, las importaciones no solo no disminuyen, sino que tienden a<br />

aumentar como consecuencia de los bajos precios.<br />

7. Regresando al tema anterior, cuando esa caída de la actividad económica se produce, se deriva<br />

una serie de consecuencias que aumenta la presión sobre el país –no solo por parte de los mercados<br />

internacionales, sino también del organismo financiero internacional– para inducirlo a adecuarse a las<br />

condiciones impuestas al momento de la concesión del financiamiento.<br />

La recesión conlleva, naturalmente, una fuerte disminución de los ingresos fiscales, como consecuencia<br />

de la caída de la renta. El problema reside en el hecho de que el FMI no le presta atención al<br />

déficit fiscal estructural, sino al dinero contante, por lo que presiona a los países para que lleven a cabo<br />

reducciones del gasto y aumentos impositivos, con el objetivo de alcanzar el equilibrio fiscal. En un<br />

contexto recesivo, esto se traduce en políticas que exacerban la recesión inicial.<br />

Aun así, y debido principalmente a que la inflación y la tasa de cambio se mantienen estables, la<br />

entrada de capitales sigue golpeando directamente los fundamentos económicos del país.<br />

Esos flujos tienen por lo general tres posibles destinos: el primero es la adquisición de empresas<br />

públicas y sectores económicos estratégicos, recientemente abiertos a la inversión extranjera; el segundo<br />

es la compra de títulos de deuda emitidos por el Estado para financiar el déficit, y el tercero, el<br />

financiamiento de la deuda privada. En este último caso, el endeudamiento externo se ve incentivado,<br />

en particular, por el spread existente entre las tasas de interés externas e internas y por las condiciones<br />

generadas por la liberalización financiera, que facilitan el endeudamiento de las empresas en el exterior.<br />

Este último aspecto adquiere especial relevancia en el momento en que explotan las crisis, ya que<br />

los rescates organizados por el FMI están encaminados, precisamente, a salvar los préstamos “malos”<br />

otorgados por los grandes bancos internacionales en los llamados mercados emergentes. Es decir que<br />

al final son los contribuyentes, en su conjunto, quienes deben pagar por la imprudencia y excesiva<br />

confianza del sector bancario internacional.<br />

El hecho de que se afronten los déficit de cuenta corriente con crecientes entradas de capital, lleva<br />

a reforzar las condiciones que favorecen la entrada de capitales. A medida que aumenta el papel de los<br />

agentes privados externos en la economía, aumenta también su aversión al riesgo.<br />

Esa aversión pasa a reflejarse en un aumento de las tasas de interés que el país se ve obligado a<br />

pagar en los mercados internacionales. A estas alturas, las autoridades han perdido ya el control de la<br />

política económica de su país, que se encuentra completamente indefenso ante cualquier shock externo:<br />

lo único que queda por hacer es reforzar las medidas recesivas y mantener la credibilidad de los<br />

mercados internacionales, en la esperanza de que la balanza corriente empiece a mostrar créditos como<br />

consecuencia de la misma recesión. Así, aunque la economía comience a mostrar excedentes en cuenta<br />

corriente, los saldos no serán suficientemente grandes para poder pagar al menos las obligaciones a<br />

corto plazo.<br />

Al final, el encargado de poner la lápida sobre la tumba de la economía es la tasa de interés. Como<br />

hemos dicho, el proceso de ajuste aumenta considerablemente el papel de las finanzas en las relaciones<br />

exteriores.<br />

En el caso más específico del gasto público y como consecuencia del constante endeudamiento del<br />

Estado en los mercados nacionales e internacionales, la parte de ese gasto que se destina al pago de la<br />

deuda sufre consecutivos aumentos, hasta alcanzar un peso determinante.<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

627


El FMI pone el énfasis en el cumplimiento de los acuerdos suscritos por el Estado con los acreedores<br />

internacionales, a fin de no perjudicar la credibilidad del país y preservar la posibilidad de obtener préstamos<br />

adicionales en el futuro. De esta manera, no obstante los esfuerzos del Gobierno para reducir el<br />

déficit a través de recortes del gasto público y aumentos de los impuestos, resulta cada vez más difícil<br />

alcanzar los objetivos planteados en los compromisos con el FMI, al tener como obligación principal el<br />

pago de una deuda que se torna cada vez más onerosa como consecuencia del alza de las tasas de interés.<br />

8. Por todo ello, el FMI es el responsable directo de las catástrofes económicas y sociales, ya que por<br />

un lado apoya medidas de reducción del gasto y control de la oferta monetaria en contextos de liberalización<br />

financiera y comercial, que no reducen ni el déficit fiscal ni el desequilibrio externo, y por<br />

el otro hace aumentar la tasa de interés, con lo que crecen también las obligaciones del país y se torna<br />

imposible salir de la crisis.<br />

El momento clave y culminante del proceso de caída lo marca la reducción de las reservas internacionales.<br />

Esto golpea la confianza de los inversionistas internacionales hacia el esfuerzo del país por<br />

mantener estable la tasa de cambio y hacia su capacidad de hacer frente a las obligaciones a corto plazo<br />

sin tener que recurrir al refinanciamiento de la deuda.<br />

Al final del ciclo, el país termina con una deuda mayor, mayor dependencia y por tanto mayor<br />

vulnerabilidad externa, con un Estado ya incapacitado para hacer frente a las necesidades básicas de la<br />

mayoría de la población y un sector productivo nacional que ha quedado fuera del mercado.<br />

Las contradicciones que surgen durante la aplicación del proceso de ajuste llevan al fracaso de sus<br />

objetivos.<br />

9. Así que ahora nos preguntamos: ¿qué lecciones pueden sacarse de la aplicación de los planes de<br />

ajuste, cuáles son sus grandes defectos, los que al final terminan por transformarse en la razón de su<br />

fracaso? (Davies, 2003: 6, 12).<br />

En primer lugar, el hecho mismo de enrostrar al Estado y a las políticas públicas la culpa de los<br />

desequilibrios externos. Como se ha precisado, el problema no radica en reducir el déficit público para<br />

lograr ese equilibrio, lo que puede llegar a ser una condición necesaria pero no suficiente, sino que pasa<br />

más bien por crear condiciones que permitan liquidar las existencias y activar finalmente las capacidades<br />

productivas del país, para así alcanzar resultados positivos en cuenta corriente de la balanza de<br />

pagos. Al contrario de lo que esperan los organismos financieros internacionales, las reformas estructurales<br />

que promueven la reducción del peso económico-productivo del sector estatal no favorecen el<br />

equilibrio externo. Y no pueden favorecerlo porque el sector público debe desempeñar un papel clave<br />

al momento de promover políticas nacionales que permitan superar las carencias productivas.<br />

En realidad, con la aplicación de las reformas lo que se favorece es la destrucción de los sectores<br />

productivos de los países que se someten a ellas, al tiempo que se crean ambientes recesivos en los que<br />

desaparece la protección del Estado a los sectores claves de la economía. En tal forma, la única salida<br />

que queda es la aplicación de una política económica activa, que impulse el reforzamiento del sector<br />

productivo nacional y la recuperación económica, para buscar a través de esta última un aumento de<br />

los ingresos que permita a largo plazo amortizar el déficit.<br />

En segundo lugar, se hace necesario analizar más profundamente el hecho de que actualmente no<br />

es el déficit público el responsable del efecto de frenado macroeconómico, como sostiene la teoría<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

628


neoclásica: son las políticas recesivas las culpables de los bajos índices de inversión existentes en las<br />

economías sometidas al ajuste. Por más ampliamente que se incremente el ahorro nacional como<br />

consecuencia de la reducción del déficit, la inversión no aumentará en un contexto macroeconómico<br />

que incluye altas tasas de interés, provocadas por la política monetaria, por las perspectivas de bajo<br />

crecimiento del PIB y por la reducción del gasto público, en particular el de índole social.<br />

En tercer lugar, resulta hoy día obsoleto el punto de vista económico que identifica los balances<br />

externos con la balanza comercial y con el presupuesto determinado por salarios y gasto público.<br />

En cuanto concierne a los balances externos, valga precisar que desde hace ya algunos años, y como<br />

consecuencia de las políticas de desregulación financiera, la balanza comercial ha dejado de ser el<br />

centro de los desequilibrios, ya que los flujos financieros han sido más que suficientes, en el caso de<br />

muchos países, para financiar los desequilibrios comerciales, con lo que han pasado a transformarse en<br />

el núcleo fundamental de las relaciones económicas internacionales.<br />

Por otra parte, en lo que se refiere al presupuesto público, hoy día en ese gasto toma mayor importancia<br />

el pago de la deuda externa, como resultado, principalmente, de las altas tasas de interés y del<br />

endeudamiento adquirido en los mercados internacionales por los países sometidos al ajuste. De esta<br />

manera, las políticas dirigidas a resolver los problemas de déficit y desequilibrio no tienen incidencia,<br />

ya que dependen de un indicador distinto que, a su vez, responde negativamente a las políticas aplicadas<br />

para reducir el ingreso y agrava así el problema inicial: la tasa de interés.<br />

En cuarto lugar, la liberalización comercial y financiera, tal como ha sido impulsada por los organismos<br />

financieros internacionales (vale decir, atenta solo a la creación de las condiciones necesarias para<br />

superar los problemas estructurales derivados del déficit comercial, al tiempo que, de hecho, obstaculiza<br />

la formación de un proceso de acumulación endógena e impone presiones sobre una estructura<br />

económica ya deformada por años de dependencia y explotación), no tiene más capacidad que la de<br />

sacrificar la economía nacional al capital extranjero, mediante intensos procesos de privatización en los<br />

sectores estratégicos, hasta hacerla sucumbir del todo bajo el peso de dicho capital.<br />

7. Los resultados de las políticas neoliberales:<br />

saqueo y explotación bajo ropaje “tecnocrático”<br />

1. El gran crecimiento de los países industrializados en los años cincuenta y sesenta estuvo acompañado<br />

por una declinación gradual de la importancia de los países en vías de desarrollo (PVD). La parte<br />

que correspondía a estos en las exportaciones mundiales cayó de 31,1% a solo 18,4% entre 1950 y<br />

1973. También la exportación de productos industriales de los países de la OCDE hacia la periferia<br />

declinó de 1955 a 1979, al pasar de 33% a 19%. Hasta las empresas multinacionales perdieron interés<br />

en los PVD: si antes de la Segunda Guerra Mundial todavía transferían hacia ellos cerca de 50% de<br />

las inversiones directas, durante los años setenta ese porcentaje descendió a 25%. Esta tendencia a la<br />

marginación parecía golpear en una misma dirección a todos los países subdesarrollados.<br />

Con el advenimiento de la crisis mundial comenzaron a manifestarse tendencias diversificadas en<br />

algunas áreas: OPEP, nuevos países industrializados (Corea, Taiwán, Hong Kong, Singapur, México,<br />

Brasil y Argentina). En los años ochenta, prácticamente en la totalidad de los países de la periferia, las<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

629


características económicas fundamentales eran la deuda externa y una recesión profunda y duradera.<br />

En esas circunstancias, las nuevas tecnologías alimentarias y las innovaciones en general, hicieron<br />

prever que los países industrializados serían cada vez menos dependientes de las importaciones tradicionales<br />

provenientes de los PVD. Pero el impacto más grave no fue la tendencia a la marginación,<br />

sino, por el contrario, la articulación de la periferia en función de la estrategia de recomposición del<br />

capital internacional.<br />

Cuando el discurso liberal se transfiere a la América Latina, encuentra que los trabajadores asalariados<br />

desempeñan en el proceso de acumulación un papel menos relevante que en los países desarrollados.<br />

Esto explica por qué los programas de ajuste estructural, impuestos por la política neoliberal<br />

del FMI en Latinoamérica, prestan tanta atención al sector público: déficit público y privatizaciones<br />

son, respectivamente, los dos grandes objetivos de las políticas de estabilización y de los programas<br />

de ajuste.<br />

El ataque al Estado que se llevó a cabo en esa región durante la década de los noventa dejó secuelas<br />

que exigirán al menos dos generaciones para ser superadas. En América Latina, y también en África,<br />

durante las décadas anteriores a la crisis de la deuda, el Estado ejercía un papel fundamental desde los<br />

puntos de vista tanto del consumo como de la inversión: con su actividad, suplía de alguna manera<br />

las deficiencias del proceso de acumulación, es decir, la debilidad del sector capitalista nacional en casi<br />

todos los países de esas regiones. Las privatizaciones cumplieron una tarea esencial en favor del capital<br />

transnacional, que actualmente explota la mejor parte de los recursos nacionales.<br />

En consecuencia, la dependencia –término tan insultante como real– no solo sigue siendo lo que<br />

mejor define la situación estructural de América Latina, sino que se renueva y profundiza en doble<br />

dirección: el creciente control transnacional de los procesos nacionales de acumulación se completa<br />

en el continente con el debilitamiento de algunos Estados hasta el punto de que no pueden cumplir<br />

siquiera las funciones reguladoras mínimas, en términos de creación de infraestructura y reducción del<br />

costo de reproducción de la fuerza de trabajo (salud y educación, fundamentalmente).<br />

Para estos países de la periferia, el nuevo siglo se inicia bajo el peso de la deuda, que funciona como<br />

mecanismo de transmisión forzosa del excedente hacia el centro: entre los años 2000 y 2006, África<br />

pagó 194.000 millones de dólares en intereses de la deuda y el volumen de esa deuda permaneció<br />

inalterado. Las naciones de América Latina y el Caribe, por su parte, pagaron en el mismo período<br />

1.100 millones de dólares, lo que no impidió que creciera el monto total de su endeudamiento 15 .<br />

2. Por último, la observación más relevante con respecto a los planes de ajuste estructural es que no se<br />

puede –ni se debe– pasar fácilmente de las recomendaciones de política económica subyacentes en un<br />

modelo teórico a su aplicación en el mundo real.<br />

Aunque obviamente hayan sido elaborados con el propósito de crear instrumentos confiables de<br />

trabajo para los responsables de la política económica, estos modelos solo son capaces de explicar el<br />

comportamiento de ciertas variables en determinadas y muy específicas circunstancias. Así, la sola<br />

existencia de diversos fenómenos institucionales, sociales y políticos, que varían en los diferentes países<br />

del mundo, desaconseja la formulación de modelos que permitan recomendar una serie de políticas<br />

“correctas” para todos y cada uno de los casos.<br />

En realidad, es necesario aclarar que no existe tal cosa como una política universal, unívoca y correcta.<br />

Cada país debe buscar de manera soberana y según su propia vía democrática, independiente y<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

630


autodeterminada, los modelos adecuados para la formulación de políticas económicas que le permitan,<br />

en un determinado momento histórico, iniciar un proceso de desarrollo económico que tenga como<br />

motor las principales fuerzas endógenas.<br />

El hecho mismo de que durante la aplicación de los ajustes estructurales se sigan recomendaciones<br />

de política económica basadas en un marco teórico, el neoclásico, hace inevitables los desastrosos<br />

resultados que han tenido que sufrir en carne propia millardos de personas en todo el mundo.<br />

Aun cuando pareciese, en términos políticos –más que económico-productivos–, que se está<br />

abriendo una “nueva fase revolucionaria” del capitalismo, todo parece indicar que está en curso, y<br />

particularmente en las áreas semiperiféricas (América Latina, por ejemplo), un nuevo estadio de la<br />

toma de conciencia por parte de los pueblos, a partir del hecho de que el capitalismo no tiene nada<br />

nuevo que ofrecerles. Por tanto, después de los sucesos que intentaron modificar el período histórico<br />

como época que considerábamos de la transición al socialismo, pareciera que se ha creado un “reflujo”,<br />

para después emprender un “retorno” que se ha iniciado con el siglo xxi: se trata de un período de<br />

cambios revolucionarios, de lucha antiimperialista y de búsqueda de alternativas al capitalismo, más<br />

que de proclamación de un nuevo socialismo.<br />

Este último fenómeno, que sin duda expresa una agravamiento de las contradicciones políticas<br />

del imperialismo, se observa con particular claridad en el caso de Estados Unidos, país en el que las<br />

contradicciones tienden a agudizarse y respecto al cual se observa una creciente pérdida de prestigio<br />

internacional. ¿Se tratará de un fenómeno coyuntural, resultado del carácter extremadamente agresivo<br />

y egocéntrico de la administración de George Bush? ¿O se trata de un fenómeno en el que se manifiestan<br />

las tendencias de una agudización de la lucha antiimperialista y por el socialismo a comienzos<br />

del siglo xxi?<br />

No tenemos duda alguna en cuanto al hecho de que vivimos un período extremadamente peligroso<br />

para la paz mundial, pues todo parece indicar que la actual administración norteamericana, no obstante<br />

las derrotas que está sufriendo, tanto internamente como a nivel internacional, ha decidido jugar las<br />

cartas de una extrema agresividad en su política.<br />

Prueba de ello es su llamada estrategia de lucha contra el terrorismo.<br />

— notas —<br />

1 Sobre este tema, cfr., por ejemplo, Martufi, Vasapollo (2000a) y Vasapollo, Casadio, Petras, Veltmeyer (2004).<br />

2 Para profundizar, cfr. Martufi, Vasapollo (1999).<br />

3 Cfr. Hobsbawm (1987: 62-63).<br />

4 Sobre estos temas se hará frecuente referencia, también en lo que sigue, a Martufi, Vasapollo (2000a) y Arriola, Vasapollo<br />

(2004; 2005).<br />

5 Profundizaciones en este análisis pueden encontrarse en Arriola (2001b).<br />

6 Para profundizar críticamente en la naturaleza y las funciones del FMI, se pueden leer Pala (1996) y Donaher (2005).<br />

DINÁMICA Y ACCIÓN DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS EN LA COMPETENCIA GLOBAL<br />

631


7 Cfr. García, Sánchez (1999). Estos temas han sido también retomados y articulados, entre otros, por Efraín Echevarría.<br />

8 Para una crítica de esta teoría y otras tesis sobre el intercambio desigual, de origen neomarxista y tercermundista, cfr. Orati<br />

(2003).<br />

9 Una crítica de matriz marxista a esta concepción la encontramos en Herrera (2004: 136-140).<br />

10 La Nike no vende ya zapatos, ha escrito alguien, sino “emociones”, estilos de vida, tendencias, pertenencia. Sobre este punto<br />

es muy interesante y rico en documentación el libro de Klein (2003).<br />

11 La joint venture puede ser contractual o societaria. En el primer caso, las empresas interesadas, que mantienen su autonomía<br />

económica y jurídica, suscriben un contrato de colaboración con límites de tiempo; en el segundo, se constituye en cambio<br />

una nueva sociedad de capitales. Puede haber, entonces, joint ventures con adquisición de participaciones internacionales, con<br />

creación de una empresa en un tercer país, con creación de una sociedad mixta con un socio local público o abierta a socios y<br />

accionistas privados.<br />

12 Baste hacer referencia a lo que está siendo del África septentrional integrada a los acuerdos internacionales de la Euromed*.<br />

13 Para algunas de las consideraciones sucesivas, cfr. Arriola (1992: 627-644; 1993: 3-28).<br />

14 Hay solo un pequeño detalle que los economistas neoliberales del FMI no toman en cuenta para la elaboración de sus recetas<br />

(que, por otra parte, son prácticamente iguales para todos los países –como si cada uno no fuese una historia aparte–, lo cual<br />

dice mucho de las metodologías que utiliza): la historia económica, que nos enseña que ningún país ha logrado nunca desarrollar<br />

sectores productivos enteros abriendo indiscriminadamente sus propias fronteras. Por el contrario: fue solo con cautelosas<br />

medidas proteccionistas que los grandes países capitalistas –como Inglaterra–, luego convertidos en campeones del liberalismo,<br />

lograron niveles tales de producción y productividad que les permitieron enfrentarse sin temor a la competencia externa. Sobre<br />

estos temas, cfr. Chang (2002; 2003).<br />

15 Fuente: FMI, “Perspectivas de la economía mundial”, abril 2006.<br />

* (n.t.) Acuerdo de la Unión Europea para la cooperación con los restantes países de la cuenca mediterránea, suscrito en 1995.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

632


Capítulo IV<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN<br />

DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

1. El proletariado moderno en las nuevas contradicciones capital-trabajo<br />

1. El modelo fordista-taylorista en crisis, que explotaba predominantemente el trabajo manual de los<br />

obreros de fábrica, ha sido hoy en parte sustituido, al menos en los países de capitalismo maduro, por<br />

un más intenso y totalizante proceso laboral, funcional a las nuevas exigencias del capital: este ya no se<br />

contenta con extraer “plustrabajo manual”, sino que pretende sobre todo “plustrabajo mental”. No<br />

se contenta ya con los brazos, quiere que el trabajador empeñe también su cerebro, sus pensamientos,<br />

exige un empeño mental (commitment) en el proceso de trabajo, exige y estimula (impone) el<br />

involucramiento total del trabajador en la empresa (y cuando también las “esferas mentales” quedan<br />

involucradas, se sabe que el trabajo ya no termina nunca: si se trabaja con una fresadora, al salir de<br />

la planta se separa uno de ella no solo física sino mentalmente; un trabajo mental, en cambio, involucra<br />

la vida entera, los pensamientos de cada momento de la propia jornada de vida, y no solo de<br />

la laboral).


Ello necesariamente implica una ulterior subsunción del trabajo al capital y un más intenso proceso<br />

de alienación, en el que al trabajador no le pertenecen ya ni sus pensamientos, que deben ser funcionales<br />

a las exigencias capitalistas 1 .<br />

Se persigue ese objetivo por medio de una superación dialéctica del taylorismo allí donde este ya<br />

operaba 2 y con su implementación en muchos ambientes laborales en los que, hasta hace unas pocas<br />

décadas, estaba ausente. Piénsese en el difuso mundo de los servicios: desde los personales o del hogar,<br />

hasta los de asistencia técnica, informática, “intelectual”. A través de la organización científica del proceso<br />

laboral en esos sectores, así como del uso –donde resulte posible– de computadoras, se ha logrado<br />

descalificar amplios estratos de “trabajo intelectual”, que en lo sucesivo son serializados, estandarizados<br />

y homogeneizados (véase también el trabajo de oficina, cada vez más controlable gracias a la utilización<br />

de sistemas computarizados). Hay quien, a este respecto, habla de cybertariado. El proletariado moderno<br />

de los países de capitalismo maduro convive con formas “viejas”, decimonónicas, de proletariado,<br />

que se están difundiendo en los PVD (América Latina, Rusia, China, India, Vietnam, etcétera), allí<br />

a donde ha sido exportada la “fase anterior” del proceso laboral occidental. Pero en el mismo centro<br />

también conviven, al lado de experiencias de neo-proletariado intelectual (investigadores científicos,<br />

programadores informáticos, etcétera), formas laborales típicas de siglos precedentes, y el trabajo a<br />

domicilio es un ejemplo emblemático (véase el teletrabajo actual). Sin olvidar las “manchas” de proletariado<br />

inmigrante, que fungen de “amortiguador social” pero en apoyo del capital, cuando este tiene<br />

necesidad de bajar los salarios, fortalecer su mando sobre el trabajo, crear divisiones internas en la clase<br />

trabajadora o llenar huecos ocupacionales que han dejado libres los “autóctonos”, esperanzados de<br />

obtener algo más de la vida o simplemente sometidos a competencia con los inmigrantes.<br />

2. La metamorfosis del trabajo, el cambio de la prestación laboral en los últimos 25 años, ha puesto en<br />

evidencia la superación de la organización taylorista-fordista, para dar paso a una fase caracterizada por<br />

el modelo de la acumulación flexible. Como se ha visto repetidamente en este texto, es justamente el<br />

proceso de transformación socioeconómica del trabajo lo que determina las líneas maestras del actual<br />

contexto económico-social, las nuevas formas que asumen los modelos de la economía capitalista.<br />

A pesar de que hasta los momentos no se ha delineado todavía una convincente y definitiva lectura<br />

de la sociedad actual, el contenido de la transformación económica en curso pone en evidencia que ha<br />

cambiado tal vez la esencia del trabajo y con seguridad su organización. Emergen, ciertamente, nuevas<br />

funciones, nuevas figuras económicas y sociales que son todavía objeto de estudio y que, seguramente,<br />

no tienen ya nada que ver con las fases económico-sociales inmediatamente anteriores, pero en las<br />

que se identifica siempre una centralidad del trabajo asalariado y se evidencian así los típicos vínculos<br />

de subordinación, característicos de la relación capital-trabajo en el clásico modo de producción<br />

capitalista.<br />

La realidad económica está en rápida e ineludible evolución, pero tiende a hacer más notoria la línea<br />

de demarcación entre el capital-propiedad y una clase trabajadora 3 que se ve cada vez más precarizada<br />

y flexibilizada no solo en su vida laboral, sino en todo el vivir social, en tanto se reducen más y más las<br />

formas redistributivas de la riqueza y los mismos márgenes de vivencia social, política y cultural, en sus<br />

más amplios sentidos.<br />

Resulta así esencial el análisis de la organización del ciclo productivo, de las características del<br />

tejido productivo y social, de las relaciones entre las áreas internacionales, de la estructura económica<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

634


de cada una de ellas, para identificar las nuevas determinaciones sociales a través de la comprensión<br />

crítica de la nueva estructura y organización del mercado de trabajo, impuesta por los nuevos procesos<br />

de acumulación del capital.<br />

El desarrollo de la sociedad fordista-keynesiana, con su compromiso social capital-trabajo y el<br />

crecimiento posbélico de las clases medias, llevó a muchos sociólogos, economistas, politólogos y políticos<br />

a proclamar a todo grito, en el curso de las últimas décadas, el fin de la clase obrera (identificada<br />

tout court con la clase trabajadora en su conjunto). En un análisis no superficialmente “sociologista” o<br />

reduccionista de la composición-división de la sociedad capitalista, la realidad resulta ser otra.<br />

3. Si la teoría marxista del valor-trabajo –y por tanto la teoría de la explotación de una clase por otra–<br />

es válida, entonces el proletariado persiste hoy en los países de capitalismo maduro. Es precisamente la<br />

cientificidad de la teoría marxista lo que nos permite ir más allá de la superficie. Hoy el proletariado no<br />

solo existe todavía, sino que está en franca expansión por todo el mundo. Solo que esa difusión implica<br />

diversificación, no homogeneidad de formas y subjetividades.<br />

Si el elemento fundamental para definir al proletariado es el de constituir la clase social privada de<br />

medios de producción y, sobre todo, de los productos de su propio trabajo (Bordiga, 1980), entonces<br />

hoy podemos perfectamente sostener la tesis de su supervivencia y “renacimiento”. La clase trabajadora<br />

solo puede ser entendida como un todo y no contraponiendo unos trabajadores a otros o promoviendo<br />

formas diversas de exclusión (basadas, tal vez, en infundados criterios acerca de “subjetividades particulares”<br />

en la nueva composición de clase, que se consideran exclusivas de unos y no comunes a los<br />

demás).<br />

Hay al menos dos características fundamentales e inmediatamente perceptibles que objetivamente<br />

uniforman al proletariado mundial de nuestros días: la salarización a destajo, difundida ya a escala<br />

planetaria bajo una miríada de formas diversas (hay un auténtico retorno al sistema salarial del siglo<br />

xix) y la creciente precariedad de las posiciones laborales, lo que comporta precariedad de derechos, de<br />

prevención, de pensiones… y de vida.<br />

Las funciones del sujeto del trabajo –y del no trabajo y del trabajo negado– son actualmente diversas<br />

en los diversos modelos de capitalismo, porque diverso es también el punto de observación que<br />

influye y regula las relaciones entre empresa y sociedad. Con todo, es ya prominente que el interés<br />

general de los trabajadores debe ser el mismo de la cultura de empresa, materializada a través del papel<br />

del capital intelectual homologado, en un modo de producción capitalista que se centra en la explotación<br />

del trabajo asalariado, bajo las diferentes formas en que este se presenta hoy día. Esto presupone la<br />

desocialización de la propiedad privada y su concentración cada vez mayor, lo que a su vez determina<br />

la destrucción de todo vínculo social como condición de trabajo libre, hasta hacer que la fuerza de<br />

trabajo se pueda presentar en el mercado como mercancía con escasa capacidad contractual, flexible,<br />

precarizada, dispuesta a todo. Un trabajo diferente, pero cada vez más subordinado y explotado: la<br />

nueva forma del trabajo asalariado subordinado, antes que trabajo autónomo o liberado.<br />

4. Pero es cada vez más cierto que mientras más se capitaliza el trabajo, mientras más se desarrolla el<br />

capital y el trabajo se convierte en capital, tanto más se convierte el trabajo vivo en antagonista de tal<br />

desarrollo. Cuanto más se presenta el capital como creador de ganancia –vale decir, como fuente de la<br />

riqueza, independientemente del trabajo–, más aún se extraña socialmente el trabajo de las modernas<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

635


formas del desarrollo capitalista. Y como lo subraya Marx, la determinación antagónica del trabajo es<br />

inherente a la duplicidad de la ley de la tasa de ganancia. Si de un lado la ganancia es ferocidad en la<br />

utilización y en el aumento de la masa de trabajo vivo, por otra parte choca con las condiciones de su<br />

propia producción.<br />

La tendencia al aumento de la ganancia se evidencia inmediatamente en el trabajo vivo directamente<br />

explotado, aun con su innovación y creatividad; pero, al mismo tiempo, la tendencia a la caída<br />

de la tasa de ganancia identifica la voluntad antagónica, aun si no siempre organizada, del trabajo vivo<br />

contra el poder del capital.<br />

Al analizar la contradicción entre la base de la producción burguesa (medida de valor) y su desarrollo,<br />

se explica cómo el sistema mismo crea las condiciones de su propia destrucción. Por esta<br />

razón puede Marx demostrar que la riqueza efectiva se hace menos dependiente del tiempo de trabajo<br />

inmediato que cuesta su producción, con el que no conserva relación alguna, pero sí depende, todavía<br />

más, del estado general de la ciencia y del proceso tecnológico, o de la aplicación de la ciencia a la<br />

producción (Marx 1976, tomo II: 228).<br />

En estas condiciones, el trabajo ya no se muestra aprisionado en el proceso de producción, sino<br />

que el hombre aparece como supervisor y regulador de la producción. Hay un pasaje de Marx que<br />

sintetiza su pensamiento y que al mismo tiempo refleja la tendencia de la producción mecanizada<br />

como antecámara para el nacimiento de nuevas relaciones sociales y, por tanto, para el desarrollo libre<br />

de la individualidad (Marx 1976, tomo II: 228-229).<br />

Visto desde las circunstancias actuales, lo dicho hasta ahora nos confirma el fundamento metodológico<br />

y conceptual del pensamiento de Marx para la explicación del carácter endógeno del progreso<br />

científico-técnico del capitalismo. El eje del análisis marxista se mueve en torno a la producción de<br />

plusvalía, que constituye el objetivo del sistema.<br />

Para Marx, la reducción del tiempo de trabajo inmediato es resultado del papel de las máquinas en<br />

estas nuevas condiciones de producción capitalista. Expresado en el lenguaje de hoy, se hace referencia<br />

a productos tangibles. En la época de Marx no existía lo que hoy llamamos recursos o productos<br />

intangibles (venta de conocimiento-mercancía). No obstante, esto nos deja una importante reflexión,<br />

que nos confirma que el capitalismo medirá siempre el contenido de su riqueza a partir del tiempo de<br />

trabajo como creador de valor, para conservarlo y lograr su autocrecimiento.<br />

5. Esta aclaración de Marx es de máxima importancia para comprender en qué medida es válida –o<br />

no– para exponer la idea del valor del conocimiento o su precio. El conocimiento, entendido como trabajo<br />

que se fija en un determinado producto tangible, no tiene valor, ni como precio ni como trabajo.<br />

Por ese motivo, al hacer referencia a lo que hoy denominamos economía del conocimiento, sería<br />

más exacto decir que el conocimiento crea valor y lo incluye en el producto, pero el conocimiento<br />

en sí mismo no tiene valor. Luego, la discusión se concentra en cuándo el producto que se vende es<br />

conocimiento.<br />

Para la teoría marxista, el estudio del conocimiento como creador de valor es un importante desafío,<br />

que requiere una mayor profundización.<br />

El desarrollo exponencial de la comunicación desviante pone en evidencia, de manera exasperante,<br />

el carácter de separación, indiferencia y soledad previsto por el sistema capitalista posfordista-taylorista,<br />

en el cual el desarrollo es funcional a una producción de carácter individual; es decir, a un falso trabajo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

636


autónomo, a un desarrollo que al mismo tiempo crea desocupación y trabajo cada vez más servil. El<br />

máximo de la comunicación, en este contexto, es el máximo de la desocialización, especialmente en el<br />

mercado de trabajo.<br />

Se deriva de allí, consecuentemente, que la afirmación del paradigma de la acumulación flexible<br />

ha provocado un profundo cambio en la relación producción-ocupación, en las dinámicas salarioproductividad,<br />

y ejerce una fuerte influencia en la estructura de las inversiones, de la demanda y el<br />

consumo nacional.<br />

Por lo que respecta a la relación producción-ocupación, cabe destacar que si a toda disminución de<br />

la producción le corresponde siempre una disminución de la ocupación, no se puede decir lo mismo<br />

en sentido contrario (cuando aumenta la producción, no siempre se acompaña con un aumento de la<br />

ocupación). La introducción de nuevas tecnologías, que ha conducido a niveles cada vez más altos de<br />

productividad sin un aumento correspondiente de la ocupación, ha perjudicado al factor trabajo, con<br />

la consecuencia de un incremento todavía más acentuado de los índices de desempleo. Se acrecientan<br />

entonces las notables discordancias entre salario y productividad, toda vez que la tecnología toma cada<br />

vez mayor ventaja con respecto al hombre en casi todos los procesos productivos.<br />

6. En la sociedad actual todo gira en torno al recurso comunicación, devenida en piedra angular para<br />

la homologación social a través del control y el dominio de la cultura y de las mentes.<br />

En el mercado de trabajo, el trabajo de las mentes –es decir, el que se busca y se ofrece, el que se<br />

tiene y no se tiene– existe desde tiempos relativamente recientes. Es resultado de un proceso histórico<br />

que, aunque se inició con el capitalismo manufacturero y ha avanzado con ritmos y formas diversas<br />

según el país donde se cumple, está siempre basado en la “compra-venta” de trabajo (cada vez más<br />

intelectual) y en su consideración como mercancía que se mide en horas, como mercancía “fuerza de<br />

trabajo”, sobre cuya explotación se sostiene el modo de producción capitalista. Esto se basa cada vez<br />

más en el dominio de las mentes, en la cooptación de las intelectualidades: dominio también en el plano<br />

de la propia identidad individual, que fundamenta en las formas sociales capitalistas su realización<br />

en el trabajo, de manera que carecer de este, más que una pérdida económica, es visto como pérdida<br />

de la identidad social, como pérdida del sentido de la vida.<br />

En el caso del conocimiento, por otra parte, el proceso de acumulación presenta un rasgo peculiar:<br />

la ciencia y la tecnología, en todas sus formas, solo se incrementan a partir de conocimientos anteriores,<br />

que constituyen la base para nuevas conquistas. El conocimiento, entonces, reúne no solo las<br />

características de recurso que se consume en los procesos productivos, sino también las de “capital de<br />

inversión”, útil para crear nuevo valor (Foray, 2006: 84).<br />

Un importante cambio en la función empresarial es, pues, el que ha sido ocasionado por la evolución<br />

de las informaciones, por el papel que asume el capital de la abstracción en función del control del<br />

trabajo (el intelectual en particular), de la inteligencia social, de las capas intelectuales disponibles para<br />

la homologación.<br />

La importancia del capital información se deriva del hecho de que toda unidad o persona que esté a<br />

cargo de las decisiones en la empresa, necesita buscar, adquirir y elaborar informaciones para adelantar<br />

una gestión económica equilibrada, al tiempo que controla la inteligencia social y la conflictividad<br />

de clase. La empresa, al insertarse en mercados cada vez más complejos y dinámicos, debe producir<br />

y transmitir flujos informativos de calidad cada vez mayor, en paralelo con la intensificación de la<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

637


complejidad ambiental y con el crecimiento de las formas que potencialmente asume el antagonismo<br />

social, incluso en la reivindicación del tiempo libre del trabajo asalariado, el tiempo de reapropiación<br />

del modo de ser y de vivir social.<br />

Se desarrolla al mismo tiempo un capital intelectual completamente sometido que, con la excusa de<br />

satisfacer los deseos no expresados del consumidor, se las ingenia exclusivamente para crear y mantener<br />

un clima de opinión favorable a los ideales y valores de empresa. Con ese objetivo, si bien procura y<br />

consigue diferenciarse de la competencia, asume unitariamente la transmisión del estilo de vida requerido<br />

por el modelo capitalista del pensamiento único. Se ejerce así el totalitarismo de la comunicación<br />

estratégica desviante sobre las mentes y se define el papel del capital intelectual homologado.<br />

7. La fase posfordista de la acumulación flexible caracteriza un momento histórico-económico en el<br />

que la salvaguarda de las ganancias unitarias se conjuga con una reducción de los costos unitarios de<br />

producción, aun en presencia de recesión, y ello gracias al recorte de los salarios reales y a una sensible<br />

disminución de la ocupación, con la consecuente y fuerte contracción del consumo.<br />

La brecha entre crecimiento de la riqueza financiera y contracción de la riqueza real, entre economía<br />

real y economía financiara, ha sido y es favorecida no solo por la especulación internacional y la<br />

falta de control, sino sobre todo por escogencias de política económica que, al absolutizar la lógica<br />

privada y la centralidad cultural del profit State, no producen y distribuyen trabajo, renta y riqueza,<br />

sino que destruyen recursos, porque eso es funcional a los nuevos procesos de acumulación en la actual<br />

configuración histórica del capitalismo, con su nuevo soporte tecnológico.<br />

8. En la teoría económica de Karl Marx, el análisis de la tecnología se proyecta en las siguientes<br />

direcciones:<br />

a) Su impacto en la acumulación de capital y en la cuota de ganancia.<br />

b) El cambio tecnológico, automatización y trabajo colectivo.<br />

c) La ciencia y el problema del capital fijo.<br />

Se deriva de allí que todo el movimiento de la economía capitalista es impulsado por la valorización<br />

del capital; y es en la competencia capitalista que asumen significado y se materializan la lucha de<br />

clases, las regulaciones institucionales y los acomodos intratécnicos e intertécnicos.<br />

La expresión “sociedad del conocimiento” es ambigua por su contenido. Todo conocimiento se<br />

produce en la sociedad y esta última, a su vez, está determinada por relaciones de producción que delimitan<br />

sus objetivos. Por tanto, el conocimiento no es neutral, no existe en abstracto. Así como la actual<br />

desigualdad en la distribución mundial de la riqueza se deriva directamente del modo de producción<br />

capitalista, otro tanto ocurre con el acceso al conocimiento y a su utilización.<br />

9. Por ejemplo, la integración entre los países de la Unión Europea ha permitido a las grandes empresas<br />

encontrar mano de obra a bajo precio dentro de ese mismo mercado, sin tener que deslocalizar excesivamente<br />

sus producciones fuera del continente. Las mismas diferencias todavía existentes de un país<br />

a otro, en lo que corresponde a servicios sociales (asistencia a las familias, por ejemplo, o las diversas<br />

formas de ingreso mínimo, garantizado solo para los niveles de pobreza absoluta), hacen comprender,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

638


todavía más claramente, que la Europa monetaria y los objetivos del tratado de Maastricht –alcanzados<br />

con enormes dificultades, demoras y obstáculos varios– no han tenido para nada en cuenta los aspectos<br />

sociales y ocupacionales.<br />

Si desde el punto de vista económico, monetario y financiero el ciclo posfordista configura una<br />

relativa y aparente correspondencia entre los países, ciertamente no garantiza al mismo tiempo una homogeneidad<br />

en los aspectos sociales, que reclaman adecuaciones y cambios reales en cada uno de ellos<br />

(antes bien, agudiza ulteriormente el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores). Objetivos<br />

no cumplidos, porque los países miembros, y en particular Italia, han escogido descuidar y profundizar<br />

problemas fundamentales, como el de la ocupación y el de un plan de desarrollo propio y coherente<br />

para alcanzar los parámetros impuestos por la Unión Europea.<br />

Aumento de los ritmos de trabajo, disminución de los salarios reales, desocupación, trabajo precario,<br />

subpagado y sin derechos, recortes del Estado social, aumento de la pobreza, marginación, empeoramiento<br />

de las condiciones de vida: ese es el precio pagado y todavía por pagar para la Unión Europea,<br />

como uno de los bloques derivados de la redefinición de las áreas de intervención y de dominio en la<br />

lógica de repartición del mundo que adelanta un profit State global, cara institucional de las diversas<br />

configuraciones del capitalismo internacional.<br />

2. La desocupación estructural y la precariedad como características<br />

del sistema posfordista<br />

1. La demanda de trabajo –que es la ocupación, incluido el autoempleo– está determinada por el nivel<br />

de inversión y de trabajo que se requiere para poner a funcionar las máquinas. Un rasgo de la economía<br />

capitalista es que la demanda de trabajo es siempre inferior a la oferta. Por eso la desocupación es una<br />

característica permanente del funcionamiento del sistema.<br />

Los cambios en las actividades laborales y en la estructura del empleo corresponden a cambios<br />

generales en la sociedad, como expresión de un nuevo modo de desarrollo capitalista, y también a<br />

cambios específicos relacionados con una nueva senda en el proceso de acumulación nacional. La<br />

evolución de las estructuras de empleo en los países centrales está dominada por una tendencia secular<br />

al aumento de la productividad del trabajo, que constituye su característica económica más específica.<br />

Las diferentes actividades del proceso de producción, distribución y gestión están estructuralmente<br />

vinculadas con el objetivo de alcanzar los incrementos pautados de productividad. Este aspecto común<br />

se mantiene actualmente, pero adquiere formas muy distintas según la posición que ocupa cada economía<br />

en particular en la estructura global.<br />

A medida que avanza el proceso de globalización neoliberal, deben continuar diluyéndose las fronteras<br />

económicas, entre ellas las que separan las condiciones de vida y de trabajo de algunos países con<br />

respecto a otros. La unificación del mercado de trabajo a escala mundial deberá significar, en algún<br />

momento, la igualación de las condiciones de los trabajadores en todo el mundo. Eso probablemente<br />

lleve a un ulterior deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores en los países desarrollados<br />

y a un mejoramiento relativo en los países subdesarrollados, que se incorporan a la nueva división<br />

internacional del trabajo.<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

639


2. La libre movilidad de la fuerza de trabajo es un mito, ya que el capitalismo no puede funcionar sin<br />

mecanismos de coerción de sus trabajadores, como la desocupación, la precarización o las diferencias<br />

de remuneración en función de características que muchas veces son solo un distintivo de estatus<br />

social, pero no un factor vinculado realmente a la productividad (producen lo mismo un albañil y un<br />

ingeniero, pero el primero recibe un salario muy inferior; es igual la productividad de un maestro de<br />

escuela elemental que la de un profesor de liceo, pero la remuneración es diferente; la especialización<br />

es la misma en un psicólogo y en un abogado, pero este tiene mayores ingresos que aquel, etcétera).<br />

La unificación del mercado de trabajo se enfrenta también a diferencias culturales, de idioma, de<br />

clima, etcétera, que impiden que las condiciones de los trabajadores de un mismo sector de la producción<br />

sean iguales en diferentes países o, incluso, regiones de un mismo país (piénsense, por ejemplo,<br />

en el norte y el sur de Italia misma).<br />

No hay posibilidad alguna de lograr la unificación del mercado de trabajo igualando a todos con<br />

las condiciones de los trabajadores de los países desarrollados, puesto que los recursos existentes en el<br />

planeta no podrían soportar esos niveles de consumo. Y esa es otra gran contradicción del desarrollismo<br />

capitalista: el consumismo universalizado contradice los niveles de sustentabilidad ambiental y<br />

de recursos.<br />

Especialmente en los países ricos, este proyecto solo se puede llevar a cabo mediante una verdadera<br />

contrarrevolución social, que elimine en los Estados nacionales toda traza de poder de los trabajadores.<br />

Todo sería posible si se elimina completamente la democracia en esos países. Esto solo puede lograrse<br />

mediante profundas convulsiones sociales, que transformarían las guerras mundiales del siglo xx y la<br />

lucha contra el fascismo en una pelea de niños.<br />

Por todo esto, es bastante improbable que la globalización neoliberal pueda alcanzar su plena forma.<br />

Aquí surge otra fuente de contradicciones, ya que un sistema basado en la emulación y en la promesa<br />

de recompensa no puede permitir que estas se muestren ilusorias, pues de inmediato comienza a<br />

generar en su seno mecanismos de resistencia, que debilitan su capacidad de reproducción como forma<br />

social hegemónica.<br />

Las tres formas permanentes de sobrepoblación, tal como las expone Marx en El Capital, resultan<br />

muy útiles para explicar la dinámica actual de la desocupación en países de capitalismo maduro, como<br />

por ejemplo España e Italia:<br />

a) Sobrepoblación fluida, vinculada a los altos y bajos de los ciclos de producción, medida por la<br />

expulsión y atracción de trabajadores en el proceso de producción.<br />

b) Sobrepoblación latente, en forma de población trabajadora no incluida actualmente en la oferta<br />

de trabajo, como la sobrepoblación en áreas rurales o la población migrante.<br />

c) Sobrepoblación estática-estancada, que es parte de la población trabajadora con condiciones<br />

muy irregulares de empleo, como los trabajadores temporeros o a tiempo parcial. En las actuales<br />

condiciones, la forma estática de la sobrepoblación está creciendo muy rápidamente en los<br />

países centrales. Marx describe tres grupos dentro de esta categoría:<br />

– Personas en condiciones de trabajar: actualmente jóvenes, inmigrantes y, en algunos casos, mujeres<br />

potencialmente incorporables a la oferta de trabajo.<br />

– Huérfanos y niños pobres: este grupo, muy numeroso en los países periféricos, se ha convertido<br />

en un estrato muy reducido en los países desarrollados, gracias a lo que queda de los sistemas de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

640


protección universal. Sin embargo, las estadísticas de empleo infantil y de trabajo “negro” dicen<br />

que sigue siendo una eventualidad, que puede ser rápidamente tomada en cuenta, como señala<br />

Marx, cuando hay necesidad de engrosar el ejército industrial de reserva, incluso en las condiciones<br />

sociales de los países más desarrollados.<br />

– Personas inhabilitadas para el trabajo, discapacitados, también tóxico-dependientes (de drogas<br />

o alcohol) y enfermos en general, constreñidos al trabajo “negro”, servil, sin reglas, precisamente<br />

por la ausencia o el continuo desmantelamiento de la protección social para estos sectores<br />

débiles. Representan una elevada proporción de la población total y su número crece sustancialmente<br />

en períodos de crisis económica como la actual, hecho que muestra la vinculación de su<br />

génesis con el proceso de acumulación.<br />

La ley general y absoluta de la acumulación capitalista explica cómo el ejército industrial de reserva<br />

incrementa al mismo tiempo el volumen absoluto de la clase trabajadora y la fuerza productiva de su<br />

trabajo. Así como en la fase expansiva de los años cincuenta y sesenta aumentaron simultáneamente<br />

el volumen relativo de ese ejército y la riqueza social –y por tanto el capital operativo–, hoy sus filas<br />

crecen en los países centrales con la incorporación de inmigrantes a la población activa. Actualmente,<br />

el volumen relativo de su número se expande así con fracciones de la población local.<br />

3. La evolución de las actividades laborales y de la ocupación en países del centro como, por ejemplo,<br />

Italia y España, es un buen indicador de cómo se manifiestan las asimetrías en la interdependencia de<br />

la economía global.<br />

En primer lugar, el rápido proceso de reducción de la fuerza de trabajo en las áreas rurales, acelerado<br />

en años recientes, difiere de procesos similares en otros países europeos por la brevedad del lapso en<br />

que se produce esa reducción masiva y genera problemas adicionales que golpean negativamente el<br />

crecimiento de la productividad. Un ejemplo opuesto, a este respecto, es Portugal, donde, en ausencia<br />

de un rápido proceso de industrialización, el mantenimiento de las estructuras agrarias se traduce en<br />

una menor incidencia de las tasas de desocupación.<br />

En segundo lugar, el incremento de las actividades inmateriales no se concentra en los servicios<br />

para la producción, que son los estratégicos en la nueva economía global. En Gran Bretaña, Estados<br />

Unidos o Francia, la ocupación en este tipo de servicios se duplicó entre 1970 y 1990, hasta llegar a<br />

10%-15% del empleo total, mientras en España, por ejemplo, abarca solo 5%. Los servicios sociales<br />

han aumentado en los últimos años, pero la ausencia de un sistema desarrollado de protección social<br />

los mantiene en un reducido nivel de ocupación relativa. Los servicios de distribución, fragmentados<br />

y con un bajo nivel de centralización, requieren una fuerza de trabajo de bajo perfil. Solamente los<br />

servicios personales, con escasa incidencia en la productividad, mantienen una elevada repercusión en<br />

la creación de puestos de trabajo.<br />

Los costos unitarios de la mano de obra, que reflejan estadísticamente la relación entre la evolución<br />

de la productividad y el salario medio, brindan también cierta información políticamente relevante<br />

acerca de la evolución de la correlación de fuerzas. Se puede observar, por lo que respecta a los seis<br />

principales países de la escena capitalista mundial (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia y<br />

Gran Bretaña), que los aumentos de los costos unitarios de la mano de obra se mantuvieron controlados<br />

entre fines de los años sesenta y mediados de los setenta. Pero aun así, la evolución reciente de<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

641


esos costos refleja, más que las disparidades de productividad media entre Estados Unidos y Europa, la<br />

imposibilidad de hacer soportar a los trabajadores de los países desarrollados, en su conjunto, el costo<br />

de generar los recursos para una nueva oleada de centralización de la riqueza mundial.<br />

Por el contrario, la relación entre la tasa de crecimiento de la economía y las tasas de interés a largo<br />

plazo, como referencia de la tasa de ganancia del capital financiero, muestra un marcado contraste<br />

entre antes y después de 1980. Anteriormente, la economía crecía a un ritmo superior a la tasa de<br />

interés a largo plazo. Esa relación se invierte bruscamente a partir de 1980; es decir, con la afirmación<br />

de las políticas neoliberales. Desde entonces, la existencia de algunas tasas de interés superiores a los<br />

índices de crecimiento del PIB pone en evidencia que una parte creciente del producto social se está<br />

desplazando hacia el capital financiero, en lo que no es sino una centralización de recursos –en forma<br />

de dinero– en este sector.<br />

Ese capital financiero es el arma que usa el capital para imponer sus reglas del juego. Así, en la medida<br />

en que los propietarios del capital financiero y del capital productivo no son las mismas personas<br />

–o, en general, los mismos sujetos económicos–, esta lógica de funcionamiento de la globalización, en<br />

detrimento de la producción y en beneficio de las finanzas, puede generar importantes contradicciones<br />

entre las multinacionales capitalistas, que se reflejarán en el terreno político y social.<br />

4. Otro factor que explica en parte los elevados niveles de desocupación estructural en España e Italia,<br />

con respecto a la Unión Europea, es el proceso de construcción del ejército industrial de reserva. Una<br />

de las complejidades del actual proceso de globalización neoliberal es la obligación impuesta a la clase<br />

obrera de mantener su reproducción en el marco de las economías nacionales, hasta tanto se forme un<br />

ejército industrial de reserva global.<br />

Durante los años de expansión económica, ese ejército se completó en los países centrales con<br />

población obrera inmigrante. Estos sustituyeron a la desaparecida población rural en la función de<br />

completar la sobrepoblación relativa, necesaria para compensar el latente exceso de demanda de fuerza<br />

de trabajo. Estados Unidos desarrolló un más sofisticado sistema estructural de utilización de la población<br />

migrante para ese fin, al incluir en ese sistema la fuerza de trabajo de alta calificación.<br />

El proceso de reproducción de la fuerza de trabajo siguió en Europa central un camino similar,<br />

sobre todo para los sectores de baja calificación.<br />

En los años ochenta se produce un cambio hacia una mayor proporción de “contenido local” en el<br />

ejército industrial de reserva. La situación agrava el problema de la desocupación en España e Italia,<br />

tradicionalmente países con sobrepoblación relativa por las necesidades de valorización del capital y<br />

que antiguamente encontraban en la emigración una válvula de desahogo, ahora cerrada.<br />

La acumulación de capital se tradujo, por una parte, en crecimiento económico, y por otra, en modificación<br />

de la composición técnica del capital, con una tendencia al incremento de la composición orgánica<br />

(es decir, en la práctica, de la maquinaria empleada por unidad de trabajo). En la medida en que<br />

el cambio técnico es más acelerado que la tasa de acumulación, el resultado será una reducción de los<br />

requerimientos de trabajo. En términos estadísticos, se trata de la relación entre el crecimiento de<br />

la productividad y el del producto: todo aumento de la productividad que sea mayor que la tasa<br />

de aumento del producto se traducirá en una reducción del empleo. Pero en una economía abierta<br />

la estabilidad de la ocupación no depende solamente de esta relación nacional entre productividad<br />

y crecimiento.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

642


5. El problema actual del trabajo no está vinculado únicamente con la desocupación estructural, sino<br />

con una serie de problemas de carácter a la vez cuantitativo y cualitativo, que tienen que ver con las<br />

nuevas figuras del trabajo y del no trabajo, con la nueva dimensión de lo precario y, más en general,<br />

con la precariedad de la vida. El problema “trabajo” existe también para quienes tienen uno, dado que<br />

se trabaja siempre más y en condiciones cada vez más precarias, no tuteladas, por un pago cada vez<br />

menor y con altos niveles de movilidad e intermitencia. Es el fenómeno que en el mundo anglófono<br />

se conoce como de los working poors, es decir, trabajadores que, aun cuando cuentan con un contrato<br />

de trabajo, perciben un sueldo-salario insuficiente para superar el umbral de la pobreza. Fenómenos<br />

similares se han difundido ya por todo el mundo. Por otra parte, basta pensar en los tantos trabajos de<br />

tiempo parcial hoy existentes, que son estructuralmente “pobres” desde el punto de vista del ingreso.<br />

Las economías avanzadas del modelo posfordista, que han marcado en particular los últimos 25<br />

años, han dado lugar a un fenómeno de desregulación de las relaciones de trabajo con alto contenido<br />

de precariedad. Ese fenómeno se caracteriza por diversos aspectos distintivos del nuevo ciclo de la<br />

acumulación flexible.<br />

Investigaciones adelantas en Europa y en Estados Unidos sacan continuamente a la luz el problema<br />

de las nuevas pobrezas, figuras sociales que surgen junto a la de los desocupados, constituidas por<br />

un consistente número de ciudadanos que desempeñan un trabajo precario e intermitente, con alta<br />

movilidad. Estos trabajadores están expuestos al riesgo de aceptar salarios mínimos, a hacer más larga<br />

la jornada laboral, a someterse a formas moderadas o generalizadas de trabajo a destajo. Sus salarios son<br />

muchas veces por jornada: son salarios de hambre.<br />

Se intensifica la falta de un trabajo estable o indicativo de un papel social, en especial para los<br />

jóvenes y para las mujeres, lanzados a las más diversas ocupaciones precarias, que no permiten la<br />

acumulación de experiencias profesionales homogéneas ni, por tanto, alcanzar una posición social y<br />

económica definida por un papel laboral. El drama de los jóvenes, de las mujeres, de quienes alguna<br />

vez tuvieron un empleo a tiempo completo y con garantías, es el desempleo de corta o larga duración.<br />

La desocupación se acompaña con la precariedad del trabajo y del vivir social como “normalidad”,<br />

con la prolongación de una existencia precaria y dedicada a trabajos que no guardan relación<br />

unos con otros.<br />

La descentralización productiva, la deslocalización y los procesos de externalización puestos en<br />

marcha por las pequeñas empresas –pero también por las grandes–, reducen más y más la cuota de<br />

agrupamientos empresariales en los cuales las condiciones de trabajo no escapan a la reglamentación.<br />

La relación con el trabajador tiene cada vez más un carácter individual, carente de garantías. A ello<br />

se suma la expansión del fenómeno de miniaturización de la empresa, hasta llegar a la meramente<br />

personal, con el consiguiente crecimiento del sector del trabajo autónomo de última generación, que<br />

reúne a estratos crecientes de trabajadores expulsados de la empresa madre y constreñidos a ejercer un<br />

trabajo precario y desreglamentado, de hecho todavía más subordinado que el que alguna vez tuvieron.<br />

6. La introducción de la producción con bajo contenido de trabajo ejecutivo no elimina el interés de los<br />

grupos del gran capital, así como de la pequeña empresa, por los lugares de producción deslocalizados<br />

y con bajo salario: simplemente los impulsa a buscar bases importantes más cerca, en las vecindades<br />

de los polos productivos tradicionales. Estos últimos siguen ofreciendo a la acumulación capitalista<br />

una combinación difícilmente igualable, en tanto que concentración de consumidores solventes, con<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

643


frecuencia de alto ingreso; zonas, vale decir, de libre intercambio, con sistemas productivos caracterizados<br />

por determinados tipos de especialización, susceptibles de ser explotadas mediante intensos<br />

procesos de externalización de partes del ciclo productivo que son de bajo valor agregado. Se trata,<br />

en fin, de zonas que se distinguen por la movilidad total de mercancías y capitales y por una marcada<br />

flexibilidad en las formas de trabajo y en los salarios.<br />

Son estas las áreas impulsoras de la economía en la Unión Europea, donde el movimiento hacia la<br />

integración ha signado y reforzado muchas variables, pero con excepción de las relativas a los salarios,<br />

a las condiciones de trabajo y a la seguridad social. De hecho, existen evidentes diferencias salariales<br />

entre países y entre regiones de la Unión Europea, y el fundamento de tales diferencias se halla no<br />

tanto en la productividad como en la desregulación de la relación salarial, en función de la nueva<br />

acumulación posfordista.<br />

La desaceleración del desarrollo económico durante estos últimos 25 años –causa de un fuerte<br />

crecimiento del desempleo– ha hecho que se incrementen desmesuradamente los niveles de presión<br />

fiscal. Los trabajadores, en particular, han advertido acerca de las consecuencias de ese incremento, en<br />

tanto que no se ha querido aumentar la tributación del capital, con el argumento de que los capitales<br />

son cada vez más móviles y convergen hacia los países en los que el costo del trabajo es muy bajo.<br />

Esto es así porque la actual situación económica se caracteriza por una globalización financiera y<br />

una competencia económica muy fuerte y dura, que en el plano global hace que cada país procure<br />

aumentar la productividad mediante la reducción de los costos del trabajo. En la mira están ahora los<br />

salarios, los aportes sociales y el sistema social en su conjunto. El capital cancela el Estado social como<br />

compromiso y amortiguador social, para hacer prevaler una política monetarista neoliberal; es decir,<br />

una política de mercado puro, que tiene cada vez menos contenidos regulatorios. Las exigencias del<br />

capital privado, de la riqueza no reinvertida ni redistribuida, son lo primero que se respeta, y en el<br />

centro de las actividades políticas –además de las económicas– está el crecimiento de la ganancia de<br />

la empresa privada. Una política tal significa desocupación en masa, precariedad y desmantelamiento<br />

del Estado social, todo lo cual conduce a una Unión Europea en la que no hay convergencia sobre<br />

contenidos sociales de la política económica. Los criterios de tal convergencia no deben ni pueden ser<br />

solo monetarios.<br />

3. Colocados en la poscrisis: retomar las filas del conflicto<br />

capital-trabajo en la dimensión internacional<br />

1. Ya desde 1994-1995 no se habla casi, a pesar de todo, de crisis internacional. La razón es que han<br />

entrado prepotentemente en escena, con su efecto incluso ideológico, los principales elementos de la<br />

nueva fase de la historia económica mundial: la clase obrera aparece derrotada en el escenario político y<br />

en el escenario productivo (la empresa), la tasa de ganancia comienza a recuperarse y, si bien todavía no<br />

se pone en movimiento el nuevo proceso de acumulación –porque todavía no se resuelve el problema<br />

de la jerarquía internacional entre los países desarrollados–, la aceleración de la centralización del<br />

capital ha liberado de escombros el terreno de juego y reforzado el poder económico y político de las<br />

multinacionales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

644


La hegemonía del neoliberalismo es casi total en el mundo occidental. Los espacios para proyectar<br />

una estrategia alternativa son escasos, tanto en el mundo político como en el académico. La debilidad<br />

principal de los análisis que se ofrecen radica en su incapacidad para comprender las transformaciones<br />

que están viviendo los países del área de capitalismo maduro, tanto en lo que se refiere al proceso de<br />

acumulación como a las características y expectativas de los operadores presentes.<br />

La crisis socioeconómica de superación de la era fordista, que estamos viviendo, comenzó a fines de<br />

los años sesenta con la puesta en discusión del welfare State en Occidente y, antes de la crisis petrolera,<br />

con la supresión de la convertibilidad del dólar. Consecuentemente, se produjo el derrumbe de una<br />

forma de hegemonía estadounidense, determinándose en 1975 el proyecto de un nuevo orden económico<br />

internacional, presentado por los países no alineados y rechazado por los países occidentales,<br />

lo que abrió de seguidas la crisis de la deuda en el sur, que comenzó con la primera crisis de la deuda<br />

mexicana, en 1982.<br />

El último elemento de esta crisis de la era bipolar es la caída del sistema soviético, en 1985, con la<br />

preanunciada derrota del proyecto gorbachoviano de perestroika y con la disgregación –entre 1989 y<br />

1991– de la Europa del Este y la disolución de la Unión Soviética.<br />

Ya en 1970 el crecimiento económico y la expansión de los mercados se habían ralentizado notablemente<br />

y, desde 1980 hasta hoy, los países del G7, influenciados por las políticas del Fondo Monetario<br />

Internacional y el Banco Mundial, se han preocupado exclusivamente por gerenciar la crisis –en dos<br />

terceras partes del globo– mediante el relanzamiento de políticas monetaristas y restrictivas con altísimos<br />

costos sociales.<br />

2. La gestión de la crisis del modelo fordista-taylorista consiste en evitar una enorme devaluación del<br />

capital mediante la invención continua de nuevas salidas financieras, en un contexto especulativo de<br />

globalización financiera y de intensa competencia global. Para evitar la devaluación del capital se ha<br />

adoptado un conjunto de medidas, como por ejemplo el cambio flexible, las muy elevadas tasas de<br />

interés, las privatizaciones, la desregulación, el ataque a los salarios de los trabajadores y al welfare State,<br />

hasta abatir las políticas de protección social y precarizar cada vez más el mundo del trabajo.<br />

La degradación del Estado es una realidad general, especialmente en materia de protección social<br />

e inversión pública. No obstante, el Estado renueva sus funciones de legitimación con procesos democráticos,<br />

que se presentan como el marco más adecuado para implementar las políticas de ajuste y<br />

estabilización, con el consenso de una nueva fracción de la clase dominante.<br />

La gestión de la crisis fordista, tal como hasta ahora ha sido implementada, muestra elementos de<br />

debilidad: de un lado, acentúa la dicotomía del sistema oeste-nuevo este, más que norte-sur; por el<br />

otro, en el occidente de capitalismo maduro tiene efectos sociales que pueden llevar a poner en tela de<br />

juicio los modelos político-económicos y, ante todo, las políticas sociales.<br />

De nuestro análisis se desprende con claridad cómo la economía capitalista ha roto definitivamente<br />

los vínculos de solidaridad y de salvaguarda del interés colectivo. Se profundizan las diferencias<br />

socioeconómicas entre occidente y el este europeo, crece en todo el mundo la brecha norte-sur y la<br />

misma supervivencia material está en discusión para más de tres cuartas partes del planeta. Un modelo<br />

capitalista que empuja a ritmos forzados hacia lógicas sociales que reproducen las de la empresa, hacia<br />

un tipo de sociedad centrada en el individualismo darwinista y que interpreta las relaciones sociales<br />

como modalidades de la selección natural de las especies.<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

645


Tales decisiones se han hecho todavía más evidentes en estos últimos 25 años, cuando, frente<br />

al enorme progreso tecnológico, el neoliberalismo ha escogido el camino de la involución social y<br />

cultural, para lo cual ha desatado un fortísimo ataque del capital contra el trabajo, contra los salarios<br />

directos e indirectos, y puesto en discusión las más elementales formas de supervivencia, empobreciendo<br />

así a capas cada vez mayores de la población, que hasta hace pocos años contaban con garantías y<br />

un buen nivel de ingreso. La acentuación de la competencia global hace que apenas poco más de 200<br />

multinacionales concentren hoy cerca de un tercio de toda la facturación mundial, lo que les permite<br />

desempeñar, de hecho, el papel del verdadero poder en la nueva sociedad capitalista. La financiarización<br />

de la economía conduce a la disminución de las inversiones productivas –que son las que crean<br />

ocupación–, para así tener a disposición enormes masas de capital, libres de circular, para adelantar<br />

especulaciones internacionales que someten a los Gobiernos, países y economías enteras que no se<br />

muestren inmediatamente disponibles y compatibles, en particular, con el modelo de capitalismo<br />

anglosajón, que hoy parece prevalecer. Un capitalismo salvaje que quiere ser modelo universal y que<br />

ataca sin mediación de otros polos geoeconómicos, en particular el japonés y el europeo.<br />

Un modelo que tiene por centro a Estados Unidos, país que puede vanagloriarse de una situación<br />

interna en la que 1% de la población percibe un ingreso igual al del 40% más pobre, y donde ese 1%<br />

ha visto duplicarse su renta en los últimos 20 años, mientras que en el mismo período los salarios<br />

medios han aumentado sólo 25%; y esto sin considerar que el ingreso de la población más pobre ha<br />

disminuido cerca de 15% con respecto a los 10.000 dólares anuales de pocos años atrás. A esto se agrega<br />

el enorme crecimiento de la población totalmente marginada, que no puede garantizarse siquiera<br />

las condiciones más elementales de sobrevivencia.<br />

Una economía seguramente “drogada”, en la que la demanda interna se sostiene por completo<br />

en fuertes endeudamientos internos y externos, cada vez más dependiente de las importaciones, del<br />

endeudamiento exterior y de un dólar cuyo curso es inflado por altísimas tasas de interés que permiten<br />

atraer capitales extranjeros. La locomotora económica Estados Unidos está en crisis. Pero está en crisis<br />

estructural, de acumulación, y no solo de credibilidad ético-moral y social, todo el esquema del sistema<br />

capitalista internacional.<br />

3. Al mismo tiempo, las prácticas tradicionales de la izquierda –que se enfrentan a veces a dictaduras o<br />

guerras de agresión y avanzan otras por las vías institucionales de la lucha social, reivindicativa, urbana,<br />

civil y obrera– tienen en este contexto dificultades, en términos de eficacia. En América Latina 4 , durante<br />

las dos últimas décadas, las fuerzas armadas de muchos países se han transformado aparentemente en<br />

uno de los sectores más dinámicos y modernos: tras ser sujeto portador del interés imperialista a través<br />

de feroces dictaduras, han pasado ahora a desempeñar –siempre en interés del imperialismo– un papel<br />

preponderante en diversos ámbitos de dominio de la economía: sector financiero, industria militar y<br />

aeronáutica, comercialización y aun actividades de contrabando, que son relativamente importantes<br />

en países económicamente deprimidos. Por otra parte, la transición de los regímenes militares de los<br />

años setenta a las democracias poco participativas de los ochenta ha mantenido a los ejércitos en un<br />

papel político activo: se habla de “democracias vigiladas”, en el sentido de que las posibilidades de<br />

transformación social por medio de elecciones populares encuentran su límite inicial en las fuerzas<br />

armadas. En África, la desintegración de los Estados ha llevado a cerrar las luchas armadas de liberación<br />

nacional, que han sido sustituidas por luchas civiles entre clanes y bandas criminales, sin proyecto<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

646


social alguno. En los países desarrollados, la investigación científica pública está dominada por intereses<br />

militares y es la inteligencia militar la que realiza los diagnósticos más profundos en materia de<br />

política internacional (OTAN).<br />

También en este último cuarto de siglo se produjo la derrota de la experiencia socialista en Europa.<br />

Sobre la base de ese hecho, la derecha ha tratado de imponer tres ideas básicas: que esa derrota fue<br />

resultado de haber perdido el socialismo la batalla contra las fuerzas sociales evolutivas del capitalismo;<br />

que es expresión del triunfo del capitalismo como sistema; y que para el socialismo ha desaparecido<br />

definitivamente toda oportunidad de ocupar un espacio a nivel mundial. Al haber presentado siempre<br />

el socialismo como el “monstruo negativo”, responsable de todos los males de la humanidad, se ha<br />

pretendido, además, hacer ver su derrota como resultado de esa negatividad, y al sistema que quedó en<br />

pie, el capitalismo, como la salvación.<br />

No obstante, después de unos pocos años podemos darnos cuenta de que la derrota de un tipo<br />

de socialismo, el socialismo realizado, no ha significado la solución de ninguno de los problemas que<br />

afligían a la humanidad. Los males han seguido y están aumentado, tanto en los países capitalistas<br />

desarrollados como en los demás. El verdadero significado de la derrota empezó a manifestarse en la<br />

comprensión de que lo que había desaparecido era el polo alternativo y equilibrador de las imposiciones<br />

negativas del capitalismo y de que la llamada fase de “Guerra Fría” fue un período mucho más<br />

tranquilo y equilibrado.<br />

Se abría así un mundo en el que las potencias imperialistas, y Estados Unidos en particular, empezaban<br />

a imponer su hegemonía; un mundo, por tanto, muy peligroso, en tanto que las decisiones están<br />

en manos de aquellos que ven en la guerra un instrumento de dominación.<br />

Pero además, la resistencia internacional antiimperialista y anticapitalista ha demostrado también,<br />

tras la derrota, que el socialismo no ha desaparecido como oportunidad ni como alternativa. Por el<br />

contrario, la misma intención imperialista de imponer un solo poder y un solo pensamiento, sin que<br />

ello significase la solución de los problemas de la humanidad, hizo que se comenzara a pensar que los<br />

males están ligados al dominio del imperialismo y que las soluciones, aun cuando incompletas o<br />

criticables, están en manos del socialismo, con lo cual se creó una paradoja: la derrota ha revaluado la<br />

necesidad del socialismo.<br />

En todos los antiguos países socialistas, incluida la Unión Soviética, se ha evidenciado que el socialismo,<br />

no obstante las ineficiencias o imperfecciones que presentó, puede ser mejorado. Se ha producido,<br />

pues, una rectificación del período, en términos tanto de reorganización de la izquierda como<br />

de renacimiento de las ideas del socialismo. Se diría que, en correspondencia con la aceleración de los<br />

cambios tecnológicos, con el incremento de la velocidad de los descubrimientos científicos y con la dinámica<br />

que va de estos a su aplicación tecnológica, algo similar está sucediendo en el ámbito de los procesos<br />

políticos.<br />

4. La década de los años ochenta dio asimismo testimonio de una importante transformación en la<br />

estructura de las sociedades, especialmente en América Latina. Asistimos entonces a la aparición de<br />

nuevos actores sociales y políticos. La población urbana, que representaba 57,2% del total en 1979,<br />

pasó a ser el 64,9% en 1980, y hoy es el 75%. Este enorme salto cuantitativo transformó el tipo de problemas<br />

que golpean a los países del subcontinente en una dimensión que no ha sido suficientemente<br />

captada por los países desarrollados, ni tampoco por los políticos latinoamericanos: la contaminación<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

647


ambiental de las grandes zonas urbanas y el desarrollo de enfermedades derivadas de la polución,<br />

que van a la par con la deforestación acelerada, al punto de darle al problema ecológico una nueva<br />

centralidad política y social.<br />

A su vez, las políticas de ajuste han modificado profundamente el mapa social. El incremento de las<br />

actividades informales se ha visto acompañado en las ciudades por el deterioro de las condiciones de<br />

trabajo y por el peso numérico y social de la clase obrera y de los asalariados en general. El crecimiento<br />

de las zonas marginales y la creación en ellas de redes de sobrevivencia de uno u otro tipo, han transformado<br />

a los “marginales” en un sujeto político con voz propia, todavía no suficientemente articulado<br />

con las prácticas políticas institucionales.<br />

Como parte de las dinámicas de la economía marginal, cabe sin duda considerar las relaciones que<br />

todas las estructuras de la economía establecen con las realidades productivas periféricas y semiperiféricas<br />

del mundo. Relaciones que cambian con el tiempo, pero que siguen configurando vínculos<br />

funcionales de subdesarrollo, impulsados específicamente por la evolución del sistema en otras áreas,<br />

para la reproducción y la expansión de la estructura central de la economía. Se pasa así de la función<br />

atribuida al sur del mundo como depósito de mano de obra, regulador del costo máximo del trabajo –y<br />

con ello, de contradicciones sociales y productivas–, a su consideración como área de ventas, en apoyo<br />

de empresas que ven contraerse sus ganancias en campos tradicionales.<br />

Ciertamente, esto es resultado de una relación de dominio con auténticas características de colonización<br />

de las áreas meridionales del mundo, en las que predominan la alta desocupación, la precarización<br />

y el trabajo subpagado y “negro”, por lo que encuentran mayores posibilidades de desarrollo<br />

aquellas actividades que mejor se prestan a tales condiciones. Se trata de una verdadera relación de<br />

expropiación-apropiación, de superexplotación del trabajo, en la que las empresas matrices ubicadas en<br />

las áreas periféricas conservan para sí las funciones estratégicas y más rentables del ciclo de producciónmercantilización.<br />

La consecuencia es que, al implementar procesos de deslocalización productiva hacia<br />

el sur del mundo, muchas veces se ubican allí establecimientos y casas filiales, mientras los centros de<br />

dirección permanecen en otras zonas; determina esto que también en la producción tradicional se manifieste<br />

una debilidad que es causa de la precoz mortalidad de tantísimas empresas y filiales. Sobreviven<br />

solo algunas pequeñas y pequeñísimas empresas de producción fuertemente local, que se resignan a<br />

una situación de micromercado y a los efectos de la lógica residual.<br />

También estos procesos de marginación de la economía periférica y semiperiférica responden al<br />

proyecto de la globalización neoliberal, que ha forzado al capitalismo a optar por un modelo de desarrollo<br />

distribuido en el territorio y basado fundamentalmente en formas cada vez más presionantes<br />

de deslocalización, de tercerización implícita y explícita, de producción difundida, con la consecuente<br />

precarización del trabajo y fragmentación de la unidad de clase.<br />

Esta situación no sería muy diferente de la que se vive en los países desarrollados, si no fuese por<br />

la existencia de esas mayorías populares que, confrontadas con la necesidad de sobrevivir pese al total<br />

abandono de lo que ya de por sí era precaria tutela del Estado, se han visto obligadas a actuar desde sus<br />

propias condiciones de vida y de reproducción social, para así generar nuevos espacios de socialización,<br />

nuevas formas de acción colectiva, que ahora se tendrían que articular políticamente.<br />

Por ese motivo, en América Latina y otros países semiperiféricos, la mayoría de los partidos políticos<br />

de izquierda debate actualmente el problema de la gobernabilidad, de la toma del poder y la puesta<br />

en práctica de un cambio en el control de clase sobre el aparato del Estado, aun si todavía no se sabe<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

648


muy bien qué tipo de ejercicio gubernamental se pretende implementar o cuáles son las orientaciones<br />

claves para un programa de gobierno que apunte a la transformación social para superar el capitalismo.<br />

5. En los países desarrollados, lo usual es que los partidos políticos de izquierda no logren deslindarse, a<br />

pesar de todo, de un discurso corporativo y consociativo que focaliza el problema del cambio social en<br />

la apertura de espacios de representación electoral e institucional y, por tanto, en el control del aparato<br />

del Estado. Pero estamos hablando de un Estado que en el entretanto se ha modificado sustancialmente<br />

por efecto de los programas neoliberales.<br />

En efecto, la nueva economía de los Estados europeos apunta exclusivamente a la contracción total<br />

del costo del trabajo, a las altas tasas de productividad por períodos prolongados, a un crecimiento<br />

sostenido, sin inflación y sin recuperación de los salarios, que antes bien comprima el salario directo<br />

e indirecto mediante la flexibilización del trabajo y del welfare State y la privatización del sistema de<br />

pensiones y de los diversos instrumentos de protección social. De esta manera, se intenta compensar<br />

la debilidad de Europa con respecto a Estados Unidos –completamente política– por vía de la adaptación<br />

al modelo estadounidense y de la implementación de una verdadera new economy, que hay que<br />

diferenciar de la net economy, que constituye solo un aspecto.<br />

Tales cambios en el Estado han tenido repercusiones sociales importantes, algunas de ellas analizadas<br />

previamente en su dimensión más económica, pero que pueden resumirse en una aseveración simple: la<br />

gente ya no cree tanto como antes que el Estado pueda resolver los problemas sociales y redistributivos<br />

del ingreso. La acción reivindicativa ha perdido fuerza y esto es así porque las energías de la acción<br />

colectiva no se canalizan ya prioritariamente hacia la toma del poder por parte de la clase trabajadora.<br />

6. Los cambios que se están produciendo, ¿representan tendencias o son simples respuestas coyunturales?<br />

Empezando por Estados Unidos, no parece que los fenómenos políticos internos, ni las relaciones<br />

que se están estableciendo en la política exterior norteamericana obedezcan a una mera situación<br />

coyuntural. El primer factor que ha de considerarse ya fue analizado previamente, cuando hicimos<br />

referencia a los fenómenos de la hegemonía en el contexto del imperialismo actual. No obstante las<br />

evidentes intenciones estadounidenses de imponer su política exterior, se abre paso lentamente una<br />

actitud contestataria, tanto de sectores políticos internos como de actores políticos de otros países, que<br />

no aceptan las imposiciones norteamericanas, en tanto que no dan resultados satisfactorios. Al mismo<br />

tiempo, está en aumento y es irrefrenable la pérdida de prestigio de Estados Unidos a nivel internacional,<br />

a lo que contribuye un conjunto de sucesos que van desde la derrota en Iraq y Afganistán, el uso<br />

de la tortura por parte del ejército norteamericano y los problemas de la CIA, hasta el huracán Katrina<br />

y, en fin, su total pérdida de credibilidad como locomotora de la economía mundial.<br />

La puesta en discusión de la actual política norteamericana ocurre en tres escenarios internacionales:<br />

Iraq, Palestina y América Latina. Los hechos que han tenido lugar en Iraq y en Palestina tienen<br />

carácter de confrontación militar; son dos conflictos signados por la resistencia popular y por la ausencia<br />

de perspectivas de solución, ya que estas dependen en ambos casos de cambios que Estados Unidos<br />

no acepta.<br />

En América Latina se presenta una situación de creciente cuestionamiento de la política neoliberal,<br />

que, a partir del papel estratégico de Cuba, está produciendo cambios de gobierno que han llevado al<br />

poder a figuras de izquierda o de tendencia progresista. Se han abierto procesos políticos articulados<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

649


de diversa manera, pero seguramente progresistas y basados en la autodeterminación, en Venezuela,<br />

Brasil, Bolivia, Uruguay, Chile, Ecuador, etcétera. El carácter de los movimientos sociales y populares<br />

es cada vez más de fuerte impronta antiimperialista, que se refuerza y extiende bajo el ejemplo y la guía<br />

de Cuba revolucionaria y socialista.<br />

En realidad, los intereses de Estados Unidos y de las potencias imperialistas en general, que buscan<br />

producir un fenómeno de reestructuración del sistema colonial, han empezado a chocar fuertemente<br />

con las tendencias que, al menos en América Latina, van en dirección contraria, por el camino de la<br />

democracia participativa y con fuerte referencia al enfoque socialista de Cuba y de Venezuela.<br />

En esa perspectiva, la izquierda histórica de los países occidentales debe plantearse inmediatamente<br />

el problema de cómo darle representación política al nuevo bloque social del trabajo y del trabajo negado,<br />

partiendo de la convicción de que el Estado no puede ser el eje de la transformación social, sino que<br />

es más bien un punto de apoyo necesario para tal fin. Si la lucha de clases se manifestó históricamente<br />

en torno al control de los medios de producción y de los procesos de trabajo, es decir, como lucha por<br />

la reapropiación de parte de la plusvalía extraída, la articulación política del conflicto tuvo siempre<br />

como objetivo final la conquista de la cúspide del Estado, vale decir, la conquista del poder. Hoy los<br />

sindicatos y los partidos históricos de la izquierda han escogido la vía consociativa, concertacionista, y<br />

aducen como excusa que el socialismo efectivamente realizado perdió, que la revolución no funcionó,<br />

cuando lo que se necesita, en cambio, es recomenzar desde el “fondo” de la economía y la producción,<br />

del territorio, para relanzar la ofensiva del nuevo mundo internacional del trabajo y del trabajo negado.<br />

7. La sociedad de la llamada globalización neoliberal crea nuevas necesidades, pero con su actual<br />

modelo de desarrollo crea al mismo tiempo nuevas exclusiones. Resulta entonces estratégico colocar<br />

en el centro del debate la capacidad de proyectar un modelo de desarrollo distinto, solidario y socioeco-compatible,<br />

en el que sean esenciales las compatibilidades ambientales, la calidad de vida, la satisfacción<br />

de las nuevas necesidades, la centralidad del trabajo y la valorización del tiempo liberado, el<br />

reforzamiento de un Estado social diferente con la redistribución del ingreso y el valor y la socialización<br />

de la acumulación, de la riqueza producida en su conjunto. A manera de “no-conclusión”, eso significa<br />

construir la alternativa al capitalismo a partir del territorio, recomenzando por Marx.<br />

8. No se trata, entonces, de reproducir simples formas de intervención en lo que respecta exclusivamente<br />

a la distribución del ingreso, sino de retomar con nuevos instrumentos el conflicto capital-trabajo,<br />

que de hecho es ahora más duro y diverso, a partir de los nuevos sujetos del conflicto social. Se trata de<br />

reorganizar la unidad de intereses del mundo del trabajo, con la solidaridad y la fuerza que en los años<br />

sesenta y setenta alcanzó la clase obrera mediante su organización en las fábricas y que ahora, con la<br />

fábrica difundida en el cuerpo social, es preciso alcanzar con la organización del nuevo movimiento de<br />

trabajadores del territorio.<br />

El territorio, en el sentido de ambiente social, viene a asumir nuevos rasgos de clase a partir de las<br />

nuevas características sociales y demográficas de la población residente, para identificar la forma que<br />

espacialmente asumen las áreas residenciales y los grupos sociales que las distinguen, para definir una<br />

subjetividad* social diferente, que anteriormente era propia de la fábrica y con ella se identificaba y<br />

* (n.t.) Una “diversa soggettualità sociale”. Se ha optado aquí –y en párrafos sucesivos– por traducir como “subjetividad” el<br />

neologismo soggettualità, que refiere no al modo individual de pensar sino al de un sujeto colectivo.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

650


organizaba, y que ahora representa la nueva composición de clase derivada de la nueva fábrica social<br />

difundida en el territorio de los países de capitalismo maduro.<br />

Un proceso de transformación profundo, como este, debe necesariamente llevar a reconsiderar las<br />

viejas categorías económicas y sociales, las políticas económicas de antigua estampa, en tanto que superadas<br />

por la evolución de los tiempos, como también las hipótesis de intervención para un proyecto<br />

de antagonismo, de alternativa, de salida del capitalismo.<br />

Valores y comportamientos derivados y orientados por la presencia de un modelo de desarrollo<br />

que, a causa de la reestructuración de la empresa y del capital, incide profundamente en el territorio.<br />

Territorio que representa el centro hacia el cual converge una parte relevante de los intereses de la<br />

colectividad, de la clase, de las nuevas subjetividades que operan en una fábrica social generalizada en<br />

el sistema territorial, nuevos sujetos que se recomponen en un único cuerpo organizado, como una<br />

totalidad de partes interactuantes, y que se dotan de una determinada caracterización social porque<br />

derivan de una determinada caracterización productiva de la reconversión neoliberal, del modo de<br />

producir y de proponer socialmente la centralidad de la empresa, de la ganancia y del mercado.<br />

Es evidente que ha terminado por crearse un nuevo tipo de trabajadores: los precarios, los trabajadores<br />

intermitentes, los trabajadores autónomos de última generación, los parasubordinados. Se<br />

trata, en efecto, de las nuevas formas y modalidades de un trabajo que sigue siendo subordinado: de<br />

la nueva cara del trabajo asalariado. Nuevas figuras en las cuales calzan mayoritariamente los jóvenes<br />

y las mujeres, pero no solo ellos. A estas alturas, son ya muchos más que los clásicos y tradicionales<br />

trabajadores dependientes; son todos aquellos que cumplen labores mal retribuidas, ocasionales, de<br />

tiempo parcial, sin derecho a tutela alguna. Es el nuevo mercado de trabajo, de altísima precarización<br />

y flexibilidad, impuesto por el nuevo ciclo de la acumulación flexible que crea el nuevo bloque social<br />

del trabajo y del trabajo negado.<br />

El mensaje social que cotidianamente transmite la izquierda liberal y liberalista, aun con modalidades<br />

a veces distintas, está siempre basado en la consideración dogmática de la validez de los criterios<br />

de eficiencia de la formulación empresarial, de la centralidad social del binomio empresa-ganancia,<br />

para impulsar así toda forma de flexibilidad social, del trabajo y salarial, con el fin de abatir todo comportamiento<br />

que se revele rígido, conflictivo, no homologable a las compatibilidades de la ganancia y<br />

a las leyes de un mercado cada vez menos regulado y más salvaje. La implantación de las propuestas<br />

político-económicas se centra entonces, con gradaciones diversas, en políticas de recorte del gasto<br />

público, en más y más enormes incentivos y transferencias a las grandes empresas, en reformas institucionales<br />

y constitucionales de corte presidencialista y cada vez más autoritarias, en el sofocamiento<br />

de las minorías y de las incompatibilidades; todo ello sin considerar jamás los costos sociales de un tal<br />

modelo, las exclusiones, las diversidades, las marginaciones, las nuevas pobrezas provocadas por este<br />

modo de ser del desarrollo económico.<br />

En un procedimiento objetivo y científico, se debería en cambio contemplar, dentro del mismo<br />

ámbito de estudio, un análisis económico territorial para verificar las modalidades de asentamiento del<br />

sistema económico espacialmente concentrado, especializado en un cierto sector o en ciertas modalidades<br />

productivas, y relacionarlo con una población coherentemente caracterizada en términos sociales,<br />

vale decir, capaz de poner en marcha contradicciones económico-sociales y procesos de socialización.<br />

No se toma en cuenta el elemento económicamente más importante: que las políticas de welfare<br />

están en dificultades porque –debido a las decisiones patronales, que apuntan a la preservación de la<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

651


ganancia mediante la reducción de la cantidad de trabajo y de su costo– no existen ya las condiciones<br />

que antes caracterizaron las fases tendentes a la plena ocupación y al incremento de la nómina salarial,<br />

de cuyos aportes provenía el financiamiento del Estado social.<br />

Hoy, por efecto de la desocupación en masa, la precarización perseguida por las políticas neoliberales<br />

ligadas a los procesos de globalización y por la consiguiente contracción de las nóminas salariales<br />

–acompañada de una evasión fiscal institucionalizada–, se ha creado una situación macroeconómica<br />

en función de la cual cae, consecuentemente, el principal mecanismo de financiamiento del welfare.<br />

Se desarrolla de tal manera un sistema económico en el cual el gasto público no está dirigido a un<br />

verdadero reforzamiento infraestructural de los países y a una eficiente producción de servicios públicos,<br />

sino a la creación de una sociedad con mayores diferencias sociales, en la que se reduce cada vez<br />

más el sistema de protección social para las capas ciudadanas más débiles, capas que crecen más y más<br />

hasta englobar también a estratos sociales a los que, hasta hace pocos años, se consideraba protegidos<br />

(empleados públicos, artesanos, comerciantes). Se crea así nueva pobreza, nuevas necesidades, y se<br />

amplía, en definitiva, el área de la marginación social y absoluta.<br />

9. El objetivo de controlar el Estado cambia de orientación con respecto al proyecto socialista clásico,<br />

que tuvo en Occidente dos versiones: llegar al socialismo por la vía más corta (comunismo soviético<br />

en Europa, revolución armada en África y América Latina) o llevar a término la incumplida revolución<br />

burguesa, con un enfoque completamente ligado a la socialdemocracia moderada.<br />

Las formas de lucha por el poder están en manos de los trabajadores, de los pueblos, de sus procesos<br />

de autodeterminación. En Occidente, en los países de capitalismo maduro, donde las condiciones<br />

son menos favorables para la izquierda clasista, se podría impulsar, al menos, un proceso táctico de<br />

reformas estructurales para el cambio social, a partir de un programa mínimo de contratendencias 5 . Se<br />

podría aprovechar, por ejemplo, la existencia de un capitalismo incompleto y en crisis estructural, que<br />

presenta por tanto grandes huecos, formas de producción, mayorías excluidas del consumo de masas,<br />

para articular nuevas formas de producción y consumo que se orienten no hacia la búsqueda de ganancias,<br />

sino a la resolución de los problemas de la pobreza y la marginación. El objetivo de controlar<br />

el aparato del Estado debe concentrarse, en principio, en favorecer estas nuevas formas de producción<br />

y distribución “a escala humana”, comunitarias y cooperativas.<br />

No se logra entender que, aun desde una óptica reformista y absolutamente mínima, los nuevos<br />

lineamientos de política económica deben estar completamente dirigidos a la lucha contra la desocupación<br />

estructural, contra la precariedad, para crear nuevas posibilidades de trabajo con utilidad<br />

social y colectiva, impulsar producciones no necesariamente mercantiles y ampliar las oportunidades<br />

de empleo para las mujeres, para los inmigrantes y para los jóvenes. Se trata de poner en ejecución<br />

una seria política de reducción generalizada –en sentido tanto sectorial como territorial– del horario<br />

de trabajo con preservación del salario, que abarque también el sector terciario público y privado, así<br />

como las pequeñas empresas y microempresas.<br />

Para llevar todo eso a cabo hay que saber conjugar un fuerte y renovado sindicalismo del trabajo<br />

con un nuevo y moderno sindicalismo del territorio, que reivindique la redistribución social de la<br />

riqueza e incida profundamente en los procesos de acumulación capitalista, a partir de una política<br />

fiscal redistributiva que finalmente golpee y no favorezca de manera indiscriminada al factor capital.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

652


En este proyecto todavía son zona oscura –no definida– la articulación con el Estado o el papel del<br />

capital transnacional, pero están claras las nuevas características y demandas de los sectores populares,<br />

el balance de perdedores y vencedores de las políticas de ajuste estructural y los acuerdos de estabilidad,<br />

como también los espacios de acción que se abren en un posible nuevo ciclo de democracias participativas,<br />

radicales en tanto que centradas en el contenido de clase de la transformación político-económica.<br />

En el orden del día se debe incluir la capacidad de impulsar, en términos no solo estrictamente políticos,<br />

sino también a partir de consideraciones macroeconómicas alternativas –esta vez, sí, de carácter<br />

global–, la necesidad de un modelo de desarrollo radicalmente diferente, capaz de generar nueva y distinta<br />

ocupación, así como una riqueza también distinta, con rasgos cualitativos y fuerte compatibilidad<br />

social, y un nuevo modo del producir y del vivir social. Un modelo de desarrollo que apunte hacia la<br />

distribución del trabajo, del ingreso y de la acumulación del capital; una modalidad de desarrollo con<br />

calidad social y, por ende, ecocompatible y solidaria, centrada de inmediato en formas de socialización<br />

de la acumulación capaces de crear una riqueza diferente y de distribuir valor difundiéndolo socialmente.<br />

Esto solo es posible a partir de una estrategia que se trace como objetivo el control del aparato del<br />

Estado, es decir, llevar los intereses de los trabajadores al poder.<br />

10. ¿Se llegará a establecer una nueva articulación política de grupos y clases sociales en torno a una<br />

propuesta de desarrollo alternativo? En la espera, el neoliberalismo comienza a agotar su tiempo.<br />

Es por tal motivo que el sistema capitalista debe ser superado, pero eso no está necesaria ni exclusivamente<br />

ligado a la acción de la ley de caída tendencial de la tasa de ganancia.<br />

Se demuestra así la actualidad del pensamiento de Marx, que en su teoría económica distinguió<br />

siempre entre el contenido material de la economía capitalista, las tendencias progresistas de su desarrollo<br />

y las tendencias reaccionarias determinadas por su ser social en conflicto contra el trabajo.<br />

Este es el método de la teoría marxista, que todavía hoy permite leer e interpretar las formaciones<br />

económico-sociales-productivas y políticas del capitalismo contemporáneo y construir al mismo tiempo,<br />

desde el nuevo movimiento internacional de trabajadores, su antagonista.<br />

Es por eso que el análisis de Marx y la teoría marxista en su conjunto refuerzan las características<br />

sociales que marcan una fuerte determinación a la práctica de la transformación radical del actual<br />

estado de cosas.<br />

Todo esto significa retomar el estudio de la actual fase de la mundialización capitalista con la “caja<br />

de herramientas” de Marx, desde la teoría del valor y sus conexiones con la teoría de la explotación<br />

hasta el análisis de clase del conflicto capital-trabajo, para llegar así a una actualización de todo el<br />

marco científico del análisis realizado por Marx y de los estudios marxistas en general. Solo así será<br />

posible un proceso de profunda renovación para una transformación económico-social –y por tanto<br />

política– fundamentada en una estrategia posible para establecer la alternativa al capitalismo.<br />

— notas —<br />

1 Desde Estados Unidos se ha impuesto, en las grandes empresas pero también en las universidades privadas, una gestión totalizante<br />

de la vida y de las mentes del cuerpo docente. Estas instituciones tienden cada vez más frecuentemente a organizar<br />

encuentros lúdicos, veladas –de gala o frívolas–, cocktail parties, etcétera, para ocupar también las horas de “ocio” de sus<br />

NUEVA COMPOSICIÓN DEL MUNDO DEL TRABAJO Y CONSTRUCCIÓN DEL BLOQUE SOCIAL ANTICAPITALISTA<br />

653


empleados. La particularidad es que en tales encuentros no se hace otra cosa que reproducir el ambiente laboral bajo ropajes<br />

diferentes, aparentemente de “tiempo libre”, pero donde en verdad no se hace más que hablar de trabajo, resolver problemas,<br />

averiguar, intercambiar informaciones y conocimientos: trabajar, en suma… para el propio “proveedor de esclavitud”. Sobre el<br />

tema de la puesta en producción del tiempo libre, así como sobre otros que explican la actual fase del conflicto capital-trabajo<br />

en el llamado posfordismo, cfr. en particular Arriola, Vasapollo (2005).<br />

2 Se niega el taylorismo solo para hacerlo aparecer bajo otros hábitos, al menos en sus principios fundamentales. La negación es<br />

dialéctica porque la nueva ciencia organizativa subsume en sí misma el taylorismo y lo mejora: no es sino superación, avance,<br />

perfeccionamiento.<br />

3 Antunes (2006), como se ha visto, la llama “clase-que-vive-del-trabajo”.<br />

4 Cfr. Antunes, Petras, Veltmeyer (2005).<br />

5 Hablamos, pues, de “programa mínimo” para la izquierda clasista, en una fase no revolucionaria, como la actual, al menos en<br />

los países de capitalismo maduro, tal como se presenta, por ejemplo, en Martufi, Vasapollo (1999; 2003) y en Arriola, Vasapollo<br />

(2004; 2005).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

654


octava parte<br />

CAPITAL CONTRA NATURALEZA 1


Capítulo I<br />

CÓMO EL CAPITALISMO DESTRUYE A LA HUMANIDAD<br />

1. Una “desnaturalizada” mundialización del capital<br />

1. El modo de producción capitalista sobrevive hoy solo a través de la dominación y la explotación cada<br />

vez más intensivas y brutales de los recursos humanos y naturales del mundo.<br />

Los desastres ambientales que se abaten sobre el planeta, cada vez más frecuentes, han hecho comprender<br />

a los economistas el fracaso de la teoría clásica, basada en la divinidad del “libre mercado”. La<br />

economía mundial está cambiando profundamente. La globalización neoliberal, las privatizaciones, la<br />

liberalización del comercio y de los mercados de capital han empeorado los estándares de vida incluso<br />

en las naciones de capitalismo maduro, y los países en vías de desarrollo se ven en el peligro de atrasarse<br />

todavía más.<br />

En estos últimos años, después de la caída del Muro de Berlín y de la desaparición de la Unión<br />

Soviética, los grandes poderes económicos han impuesto una globalización unipolar, primero, y luego<br />

una competencia global que, al implantar a su vez los dictámenes de la economía imperialista, ha


puesto en marcha al mismo tiempo una explotación acelerada de la naturaleza y del trabajo. Han<br />

aumentado vertiginosamente, por eso, las alteraciones causadas por la producción salvaje y sin límites<br />

de un desarrollismo cuantitativo, orientado solo por las reglas de la ganancia del capital internacional.<br />

El sistema, pues, se basa por una parte en la acumulación de riqueza y de ganancias en manos de<br />

unos pocos y, por la otra, en el desmesurado crecimiento de las desigualdades entre ricos y pobres, al<br />

punto de que estos últimos se constituyen cada día más en ejército de miserables.<br />

Todo está subordinado a la voluntad de acrecentar la ganancia: los hombres, los animales, la sociedad,<br />

la naturaleza, cada cosa debe someterse a las reglas del desarrollo del modo de producción<br />

capitalista y, en esta fase en particular, a los dictámenes de la especulación financiera.<br />

Cada año, los movimientos internacionales de capital superan treinta veces el valor del comercio<br />

mundial. El crecimiento de las rentas y ganancias ha tenido como contrapartida la disminución de los<br />

salarios directos, indirectos y diferidos. Esto ha aumentado las diferencias entre las clases sociales y la<br />

concentración de la riqueza en pocas manos.<br />

Efectivamente, los procesos de financiarización de la economía permiten a los países imperialistas<br />

apropiarse de cuotas crecientes de plusvalía y someter a sus deseos político-económicos el mundo<br />

entero, toda la humanidad.<br />

La financiarización de la economía es así una de las mayores causas de las crisis económicas mundiales.<br />

Es también la escogencia del capital internacional para tratar de salir o, mejor, esconder la crisis<br />

estructural de acumulación que se prolonga ya por más de 35 años. Generan esos procesos una riqueza<br />

ficticia, desvinculada del trabajo, sin trabajo verdadero, que parece, sin embargo, incontrolable.<br />

De esa financiarización no se ha salvado siquiera la naturaleza. En efecto, mecanismos predominantemente<br />

centrados en la economía financiera, y por tanto no directamente productivos, son utilizados<br />

en la explotación de ambientes naturales, como es el caso del perverso Clean Development Mechanism<br />

(CDM) y sus Certified Emission Reductions (CER). El CDM, contemplado en el Protocolo de Kyoto,<br />

prevé la posibilidad de que las empresas de países industrializados que tienen limitaciones de emisión,<br />

puedan adelantar en los países en vías de desarrollo –que no están sujetos a tales restricciones– proyectos<br />

dirigidos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.<br />

El país al que pertenece la empresa en cuestión obtiene con ello una determinada cantidad de<br />

créditos CER, que puede “abonar” en su propia cuenta de reducción de emisiones o, en caso de no<br />

necesitarlos, venderlos a un tercero. En lo esencial, esto genera tres fenómenos económicos: primero,<br />

las empresas de las naciones industrializadas pueden así hacer negocios escasamente controlados con<br />

los países en vías de desarrollo (PVD); segundo, logran abstenerse de reducir sus propias emisiones de<br />

gases-invernadero y, por tanto, seguir produciendo sin restricciones ambientales; y, tercero, se crea un<br />

mercado financiero y especulativo de CER.<br />

Lo mismo vale para el programa Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation<br />

(REDD), que abre las puertas a los mecanismos de mercado al permitir a los inversionistas privados<br />

financiar proyectos llamados a frenar la deforestación; con lo cual ahora se ven millardos de dólares de<br />

ese origen invertidos en el sector forestal del sur del mundo. El REDD ofrece incentivos a los PVD<br />

para que reduzcan las emisiones asociadas a la deforestación. De esta manera, los bosques producen<br />

créditos de carbono, como parte del sistema de compensación de emisiones. Con el programa REDD+<br />

se incluye también la valorización del stock de carbono de los bosques. Forman así ambos, REDD y<br />

REDD+, un sistema basado en mecanismos de mercado y en procesos financieros, que son manejados<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

658


por los grandes emisores de créditos europeos y norteamericanos, así como por las redes de la criminalidad<br />

organizada.<br />

Pero además, el tráfico de créditos de carbono –o sea, el permiso de emitir carbono en los países de<br />

capitalismo maduro, a cambio de la compra de áreas protegidas en los PVD– crea nuevas amenazas<br />

para las poblaciones autóctonas de estos últimos: el crecimiento del valor de los bosques que habitan<br />

atrae nuevas oleadas de inversionistas y pone en peligro los derechos de los indígenas sobre sus propias<br />

tierras. Por si fuese poco, entre los proyectos de reducción de las emisiones se incluirán también, con<br />

fines productivos, plantaciones extensivas de especies ajenas al medio en cuestión, que provocarán<br />

numerosos daños al suelo, a la estabilidad climática, a los ecosistemas y a la biodiversidad 2 .<br />

Si esto ocurre a escala mundial, tampoco en el plano local faltan mecanismos de especulación<br />

financiera con la naturaleza. Tal es el caso, por ejemplo, de los “certificados verdes” en Italia. Quien<br />

produce energía, debe incluir en su producción un determinado porcentaje de tipo renovable; quien<br />

no lo haga o no llegue a cumplir la cuota establecida, debe comprar “certificados verdes” por un monto<br />

equivalente al porcentaje faltante. Quien produce energía renovable en cantidades mayores de la exigida,<br />

puede vender sus certificados, y si no consigue hacerlo, se los compra de todas formas el Gestor<br />

de Servicios Energéticos (GSE), una sociedad controlada por el Ministerio de Economía y Finanzas,<br />

que es también la encargada de emitirlos y el intermediario general entre compradores y vendedores.<br />

Es evidente, entonces, que producir energía alternativa es algo que en Italia no sirve para disminuir<br />

la producción de la energía que se obtiene a partir de fuentes no renovables, sino para que el capital<br />

financiero y las multinacionales vendan y compren “certificados verdes”. Por otra parte, las sociedades<br />

que producen “energía negra” no tienen ningún interés en reducir su producción, ya que no solo<br />

pueden comprar certificados, sino que muchas veces los adquieren de sí mismos mediante mecanismos<br />

societarios de “muñeca rusa” o “caja china”.<br />

Existen muchos otros tipos de especulación financiera a costa de la naturaleza, como por ejemplo<br />

el de las concesiones u ordenanzas edilicias: basta cambiar la calificación de uso de unas tierras, de<br />

agrícolas a edificables –con todos los problemas de tipo ambiental y social que ello comporta–, para<br />

que el capital financiero multiplique inmediatamente su propio valor. Y siempre se puede, además,<br />

vender luego los terrenos comprados para reciclar el crédito especulativo.<br />

La salvaje economía de mercado –de la cual constituyen las finanzas un aspecto cada vez más característico<br />

de la actual fase– y la creciente desigualdad entre oferta de mercancías y necesidades efectivas<br />

de las personas, son resultado de una competencia global centrada en el desarrollismo capitalista, en un<br />

crecimiento cuantitativo para pocos, sin distribución de la riqueza, sin frenos y sin límites.<br />

Ya Naciones Unidas, en su informe sobre desarrollo humano para 2001, ponía en evidencia que 86%<br />

del PIB planetario estaba en manos de la quinta parte más rica de la población mundial, mientras que a<br />

la quinta parte más pobre le correspondía 1%. El ingreso de 609 millones de personas (la población de<br />

los países menos avanzados) era de 169 millardos de dólares, lo que representaba 15% del patrimonio<br />

de los primeros 200 multimillardarios del mundo 3 . Hoy esa polarización está todavía más acentuada.<br />

La llamada globalización, que no es sino la mundialización del capital en la actual era de la competencia<br />

global, no ha respetado sus promesas de prosperidad y desarrollo para las enormes mayorías.<br />

“La economía del dinero no presta atención a la economía de la naturaleza” 4 .<br />

Los tiempos biológicos de otros seres vivos no coinciden con los tiempos generacionales de la actual<br />

especie humana. Además, los equilibrios del ecosistema (y de los ecosistemas) comprenden, aparte de<br />

CÓMO EL CAPITALISMO DESTRUYE A LA HUMANIDAD<br />

659


los factores bióticos, también los abióticos, como el clima, el agua, rocas y minerales, etcétera, que<br />

contribuyen en todos los aspectos a hacer habitable el planeta Tierra para la especie humana (que<br />

evolucionó en ese contexto). Todo eso hace que la naturaleza sea limitada, tanto desde el punto de vista<br />

cuantitativo como del cualitativo.<br />

El sistema capitalista no se deja condicionar por esos equilibrios y no establece un límite a la producción,<br />

en tanto que su fin es generar la valorización del capital y, por ende, ganancia y acumulación.<br />

El concepto de crecimiento cuantitativo ilimitado, imprescindible para el capitalismo, ha sido siempre<br />

justificado por una presunta y pretextada fe en la ilimitabilidad, irrefutabilidad y neutralidad de la<br />

ciencia y la tecnología.<br />

Ha sido así especialmente desde mediados del siglo xix, con las teorías de J.S. Mill, que se contraponían<br />

a las de Ricardo, Smith y Malthus, más atentas y realistas. Para Mill, en efecto, el límite no<br />

existe, en tanto que continuamente es desplazado por el progreso. Por ejemplo: una vez alcanzado el<br />

límite de escasez (como podría ser el agotamiento de las tierras fértiles), se activa espontáneamente la<br />

investigación tecnológica para acabar con ese límite o expandirlo. La investigación es impulsada por el<br />

mayor retorno de inversión que se da en condiciones de escasez, al encontrar soluciones para aumentar<br />

la productividad de las tierras existentes y desplazar así hacia lo alto su potencial cuantitativo, sin<br />

tener que poner en cultivo nuevas tierras. Conceptos que son retomados, desarrollados y enfatizados<br />

por los neoclásicos de fines del siglo xix y del xx, hasta llegar a los neoliberales contemporáneos, que<br />

otorgan en sus teorías una total confianza al progreso tecnológico y no conciben que se considere los<br />

límites de la naturaleza como tope del crecimiento. El mercado sería, pues, siempre capaz de resolver<br />

la escasez mediante las variaciones del precio, que incentivan la investigación, la inversión tecnológica<br />

y los productos sustitutivos 5 .<br />

El crecimiento económico cuantitativo ha significado ignorar los problemas sociales y los límites<br />

de la naturaleza.<br />

Basta pensar en el desastre vinculado con la explotación y neocolonización del Tercer Mundo,<br />

que no contempla protección alguna del trabajo y del ambiente, para comprender cuál es el alcance<br />

verdadero del problema.<br />

Como lo anticiparon Marx y Engels, la competencia global capitalista ha provocado dramáticos<br />

problemas para la humanidad, con sus continuas inversiones destructivas de la naturaleza:<br />

La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta a otra del planeta. Por todas<br />

partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones. La burguesía, al explotar<br />

el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. (…)<br />

Brotan necesidades nuevas que ya no logran satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino<br />

que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas 6 .<br />

A lo largo de los siglos se han sucedido tres fases principales: la colonización de países, con el<br />

consecuente surgimiento de los imperios coloniales europeos; la fase del desarrollo capitalista, que permitió<br />

a Estados Unidos apropiarse de los antiguos mercados europeos; y, finalmente, la globalización<br />

neoliberal, que es el nuevo nombre de la mundialización capitalista como política hegemónica de los<br />

países ricos contra los pobres.<br />

Pero, en realidad, el llamado “desarrollo verdadero” no se ha cumplido jamás. Ha habido únicamente<br />

un desarrollismo cuantitativo, vinculado a la historia de los países occidentales, que a través de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

660


la explotación de los recursos humanos y naturales ha mercantilizado las relaciones entre los hombres<br />

y la naturaleza, solo para obtener ganancias y rentas para unos pocos.<br />

El capital incluye y subordina la naturaleza, la pliega a sus necesidades: la producción capitalista<br />

se nutre de un mundo natural que le es necesario a gran escala y que resulta, por tanto, cada vez más<br />

mercantilizado. En esta subsunción, la naturaleza se presenta como una fuerza productiva del capital.<br />

Los efectos de esto se manifiestan en la contaminación, la deforestación, el deterioro territorial, el<br />

cambio climático, la depauperación y la excesiva producción de desechos.<br />

La actual globalización no es otra cosa que la continuación en el tiempo del llamado mito del<br />

desarrollo, considerado como el medio que permitirá a todos los seres humanos gozar de una existencia<br />

digna y satisfactoria.<br />

2. Para reforzar este sistema, el capital internacional ha constituido organismos que, al decir de sus<br />

creadores, constituyen el principal apoyo del desarrollo mundial paritario: la Organización Mundial<br />

del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.<br />

En realidad, estos organismos han servido para dar carácter central a la posición de monopolio<br />

de las grandes empresas occidentales, y sobre todo estadounidenses. Las reiteradas crisis asiáticas y la<br />

persistente falta de desarrollo en los países del llamado Tercer Mundo han mostrado el verdadero rostro<br />

de estas instituciones, que, al servicio como están de los poderosos, no han producido beneficio alguno<br />

para quienes realmente lo necesitan.<br />

La OMC ha acentuado la brecha existente entre países ricos y pobres, de manera que estos últimos<br />

se encuentran cada vez más atrapados por la enorme deuda externa.<br />

A través de la disminución del gasto público y los salarios, de la expropiación y completa mercantilización<br />

de la naturaleza, de la supresión de todo obstáculo para la intervención de los capitales<br />

extranjeros, de la devaluación de las monedas locales y, en fin, de las grandes privatizaciones, esos<br />

países –completas regiones periféricas y semiperiféricas– se han hecho cada vez más “esclavos” del gran<br />

capital financiero y del mercado salvaje.<br />

El crecimiento incesante de la deuda de los llamados países del Tercer Mundo con las grandes<br />

potencias occidentales, ha hecho que tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional<br />

les continúen exigiendo a aquellos, como condición para obtener nuevos préstamos o refinanciar los ya<br />

existentes, la aplicación de programas de ajuste estructural plenamente alineados con las exigencias del<br />

capital financiero y con las estrategias tendentes a reducir los costos en las grandes empresas.<br />

Pero además de esos organismos, el sistema capitalista ha tenido que dotarse de tratados internacionales<br />

y de organismos nacionales y supranacionales –siempre funcionales a sus propios intereses y<br />

mecanismos de acumulación– en el campo específico de los temas ambientales. En efecto, tras comprender<br />

en las últimas décadas que se ha ido creando y fortaleciendo entre los ciudadanos una creciente<br />

sensibilidad hacia la salvaguarda de la naturaleza y como resultado también de la presión en ascenso<br />

del sur del mundo, se ha activado en este campo el circuito massmediático del consenso, que incluye<br />

una vasta y diversificada organización de encuentros internacionales de gran relevancia. Es preciso<br />

considerar en ese sentido, entre otros ejemplos, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio<br />

Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), de Río de Janeiro, o la Conferencia de las Partes sobre Cambio<br />

Climático, o la suscripción de tratados como el Protocolo de Kyoto, Agenda 21 y la Convención<br />

Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), así como también el intento<br />

CÓMO EL CAPITALISMO DESTRUYE A LA HUMANIDAD<br />

661


de otorgar credibilidad a organismos engañosos como Green Climate Fund. De esta manera se busca<br />

desplazar la atención de las causas a los efectos, obviamente sin resolver las primeras y postergando<br />

infinitamente la solución de los segundos.<br />

3. Como modelo económico, el neoliberalismo ha agudizado todavía más las desigualdades e injusticias<br />

sociales. Con sus objetivos de consumismo, el tan ensalzado aumento del PIB ha significado –también<br />

en los países de capitalismo maduro– un crecimiento cuantitativo sin desarrollo de calidad, que antes<br />

bien ha conllevado un ataque al Estado social y un incremento del desempleo y de la explotación del<br />

trabajo, aparte, claro está, de profundizar la brecha cada vez mayor entre ricos y pobres.<br />

El continuo ataque a las garantías sociales es mitificado a través de una suerte de celebración de la<br />

inestabilidad, a la cual se presenta como la posibilidad, abierta a todos los trabajadores, de adquirir<br />

nuevas experiencias mediante la aceptación, como hecho normal, de trabajos inestables y por tiempo<br />

determinado, es decir, precarios. El puesto de trabajo estable es sustituido por el trabajo a término, en<br />

nombre de la flexibilidad y la competitividad.<br />

El llamado modelo del capitalismo social o temperado no es ya compatible con las difíciles condiciones<br />

de la acumulación de capital. Así, de hecho, el capitalismo renano (¡que sigue siendo capitalismo!)<br />

es sustituido hoy por el modelo anglosajón, que se caracteriza por menores garantías sociales y menores<br />

costos del trabajo, vale decir, por el ataque a las condiciones generales y a los derechos laborales.<br />

La globalización, que debía producir el milagro de un mayor bienestar y una mejor esperanza<br />

de vida para todos, en realidad ha incrementado los problemas. La competitividad sin control y la<br />

explotación del hombre y de la naturaleza han llevado no solo a la destrucción del ambiente y a crecientes<br />

desigualdades entre ricos y pobres, sino también a crisis cada vez más graves del sistema, que<br />

se traducen en desempeños económicos cada vez más inciertos y en el colapso de multinacionales, de<br />

países y aun de áreas económicas como un todo.<br />

En lo sustancial, la globalización neoliberal es la continuación de la expansión desarrollista y de las<br />

colonizaciones que la precedieron. Es por eso que, desde tiempos en que ello resultaba insospechable,<br />

la hemos definido y estudiado –al igual que en este texto– como competencia global.<br />

Las desigualdades siempre mayores entre el norte y sur del mundo, el fin del Estado social, el<br />

imparable monto de la deuda de los países del sur con los del norte y la destrucción de los recursos<br />

ambientales, son solo algunos de los daños provocados por la llamada globalización neoliberal.<br />

Los graves problemas ambientales que afectan a nuestro planeta se muestran en todo su dramatismo<br />

justamente en la actual fase de la mundialización capitalista, caracterizada cada vez más por una<br />

despiadada competencia global.<br />

Se trata de un imperialismo y neocolonialismo que ponen en evidencia la explotación monopólica<br />

y oligopólica de los recursos naturales mundiales, como condición necesaria en el intento de configurar<br />

un nuevo modelo internacional de acumulación y una nueva división internacional del trabajo, en la<br />

cual la mundialización de los capitales debe ser cada vez más funcional a los intereses de las oligarquías<br />

financieras.<br />

Es con esa óptica que debe leerse la destrucción de la naturaleza a escala mundial, la explotación<br />

ilimitada de los recursos energéticos, la emigración y la explotación global de la fuerza de trabajo.<br />

Es por eso que los llamados países en vías de desarrollo definen la contaminación atmosférica como<br />

colonización de la atmósfera.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

662


2. La sociedad del consumismo y del desarrollismo cuantitativo<br />

1. En el actual sistema capitalista, las grandes empresas nacionales, financieras y transnacionales, al<br />

seguir solo sus propios intereses, generan un desarrollo desigual. Es por eso fundamental el demostrar<br />

que el sistema capitalista actual y las teorías que lo legitiman son injustos y generan pobreza, desigualdades<br />

y trágicos problemas de sobrevivencia.<br />

Giorgio Nebbia concluye su ensayo El desarrollo sustentable (Lo sviluppo sostenibile, Edizioni Cultura<br />

della Pace, Firenze, 1991) con una importante observación:<br />

Es preciso impulsar un gran movimiento de liberación para derrotar las injusticias entre los seres<br />

humanos y contra la naturaleza, una nueva protesta por la sobrevivencia, capaz de hacernos pasar<br />

de la ideología del crecimiento a la del desarrollo. Nadie nos salvará, si no son nuestras manos,<br />

nuestro sentido de responsabilidad hacia las generaciones futuras, hacia ese “prójimo del futuro”<br />

de quien no conoceremos nunca el rostro, pero cuya vida y felicidad dependen de lo que nosotros<br />

hagamos o no hagamos mañana y en las décadas por venir. La construcción de un desarrollo<br />

sustentable y la paz se conquistan solamente con la justicia en el uso de los bienes de la Tierra,<br />

nuestra única y común casa en el espacio, y con una justicia planetaria para un hombre planetario<br />

[Ernesto Balducci]. Sin justicia en el uso de los bienes comunes de la casa común, del planeta Tierra,<br />

nunca habrá paz 7 .<br />

Valga recordar que, todavía hoy, más de tres cuartas partes de la población mundial se encuentran<br />

en condiciones de extrema pobreza y son muchísimos los que viven con menos de un dólar al día. Los<br />

países del norte utilizan más de 70% de los recursos disponibles, de manera que, para que los países<br />

subdesarrollados puedan alcanzar un nivel de vida aceptable, el norte del mundo tendría que disminuir<br />

su consumo y despilfarro.<br />

Pero el despilfarro es funcional al sistema capitalista: le sirve para optimizar la ansiada valorización<br />

del proceso económico-productivo y mejorar los resultados contables de la empresa, ya que el consumo<br />

desenfrenado es la esencia misma del sistema.<br />

Una de las fases de la valorización material del capital –y la conceptual del dogma del PIB–, y por<br />

tanto de la realización de la ganancia, es la comercialización de las mercancías. Para ello el capital<br />

necesita transformar los bienes en mercancías y atribuirles un valor de cambio, haciéndoles perder su<br />

valor de uso.<br />

Tampoco se pone límites el capital al transformar la satisfacción de necesidades en determinación<br />

de consumos inducidos. No importan las desigualdades distributivas: las mercancías deben ser<br />

vendidas, aun si el desenfrenado consumismo cuantitativo significa destrucción de la naturaleza, sea<br />

en la producción o en la circulación y comercialización de las mercancías, o en la disposición de los<br />

desechos derivados: también en este caso, todo es funcional al modo de producción capitalista y está,<br />

incluso, subsumido en él.<br />

Los problemas ambientales, económicos y de los pueblos han sido agudizados por la globalización<br />

neoliberal, en tanto que la financiarización de la economía solo ha conducido a un crecimiento económico<br />

ficticio.<br />

En las últimas décadas, el crecimiento de la producción alimentaria no ha sido en modo alguno<br />

suficiente para resolver el problema de las necesidades de sobrevivencia. Se calcula que entre los<br />

años 2002 y 2004 fueron oficialmente más de 950 millones las personas subalimentadas, cifra que<br />

CÓMO EL CAPITALISMO DESTRUYE A LA HUMANIDAD<br />

663


marca un fuerte incremento con respecto a años anteriores y que aumenta todavía más en los datos<br />

más recientes.<br />

El Informe sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, de la Unesco, calcula que<br />

más de un millardo de personas no tienen acceso al agua potable, que 40% de la población mundial<br />

no puede permitirse el lujo de utilizar agua dulce para una mínima higiene y que en los próximos 20<br />

años la cantidad de agua disponible para cada persona disminuirá en 30%.<br />

Para los países industrializados y de capitalismo maduro, la preocupación no es por la escasez de un<br />

recurso vital y estratégico como el agua, cuya carencia pone fuertemente en entredicho la sobrevivencia<br />

misma de millardos de personas; lo que cuenta para el capital es la creciente dificultad de reposición<br />

de este recurso como factor fundamental de la producción. En efecto, el agua es una fuente energética<br />

importante y un elemento primario e indispensable para la producción de cualquier mercancía, o<br />

para la reposición de otras materias primas, por tanto al capital le resulta fundamental controlarla. Por<br />

poner solo un ejemplo: para fabricar un automóvil se requieren –a lo largo de todas sus fases productivas–<br />

cerca de 150.000 litros de agua.<br />

El agua es, entonces, el factor esencial de la pobreza, de la vida indigna de millones de personas<br />

y de la posibilidad misma de vida; su control es el elemento principal de numerosas guerras que los<br />

polos imperialistas han desencadenado –y desencadenarán con mayor frecuencia y ferocidad en el<br />

futuro– contra los pueblos 8 .<br />

2. Basta releer a Malthus, que con su ensayo sobre la población fue de los primeros en señalar la escasez<br />

y el carácter limitado de los recursos de la tierra, y recordar después a John Stuart Mill, para comprender<br />

que el problema de la relación entre población y consumo debe ser afrontado.<br />

A tal fin, hay que considerar el pronunciado incremento de la población mundial en estas últimas<br />

décadas: si en 1900 los habitantes del planeta eran 1.600 millones de personas, en el 2000 se llegó a<br />

6.000 millones; cada año son más de 70 millones de personas las que se suman a esa población, que,<br />

según se prevé, rondará los 7,5 millardos en el año 2025.<br />

Está claro que a medida que crece el número de habitantes, mayores deben ser los recursos que se<br />

destinen a su sostenimiento. Si se considera que los recursos materiales de la naturaleza no aumentan,<br />

sino que, por el contrario, disminuyen con el crecimiento de la población, es lícito pensar que, de<br />

mantenerse los actuales ritmos y el actual sistema de producción, en el futuro tanto pobres como ricos<br />

sufrirán la carencia de bienes naturales.<br />

Los problemas que recaen sobre la naturaleza por causa del aumento de la población no han sido<br />

resueltos ni podrán resolverse confiando en el progreso tecnológico, si este no es sometido a la centralidad<br />

de la política, es decir, una política que recupere el predominio sobre las decisiones económicas.<br />

La organización conservacionista World Wide Fund for Nature (WWF) ha calculado en 1,8 hectáreas<br />

el espacio bioproductivo necesario para cada persona. Si se considera que un ciudadano de<br />

Estados Unidos consume el equivalente a 9,6 hectáreas y un europeo 4,5, resulta inmediatamente claro<br />

cuán lejana está la igualdad en el planeta, especialmente si a ello se agrega que más de tres millardos<br />

de personas viven hoy con menos de dos dólares por día. Hay que analizar, también, los llamados<br />

progresos socioeconómicos –con sus respectivos cambios en el consumo– ocurridos en los países del<br />

norte, donde se encuentra una población cada vez más anciana y con diversas necesidades, así como el<br />

creciente número de inmigrantes que se trasladan de los países pobres hacia los más ricos.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

664


Prevé la ONU que, de mantenerse el actual ritmo de crecimiento de la población mundial, para el<br />

año 2050 habrá en el planeta casi nueve millardos de personas y aumentará la proporción de aquellos<br />

que no tienen agua suficiente para la supervivencia. Al día de hoy, son cerca de 1,7 millardos las<br />

personas que sufren problemas vinculados con la falta de agua y se calcula que la cifra llegue en 2025<br />

a casi cinco millardos.<br />

Con base en estimaciones de las reservas de agua y de los productos alimentarios de primera necesidad,<br />

todos los expertos del mundo coinciden en afirmar que no hay en los próximos años garantía de<br />

un adecuado desarrollo para las poblaciones pobres.<br />

El consumismo desenfrenado de los países desarrollados, que producen y adquieren mercancías<br />

potencialmente inútiles y efímeras, hace que no se tome en cuenta para nada el problema ambiental o<br />

el carácter limitado de los recursos naturales.<br />

3. La carrera por la máxima ganancia exige una explotación siempre creciente del hombre y de la<br />

naturaleza, y no considera siquiera el principio –sancionado por la ONU– de que todos los hombres<br />

tienen el derecho de vivir en un ambiente adecuado para su salud y su bienestar.<br />

En el pasado, y en parte todavía hoy, la aún no resuelta contradicción hombre-naturaleza dio lugar<br />

a una peculiar visión ambientalista que no ha sabido captar la verdadera esencia del problema; se trata<br />

de una visión engañosa del conflicto capital-naturaleza, que se constituye entonces en mera variante<br />

–aun si involuntaria en algunos casos– del pensamiento y la acción del sistema capitalista.<br />

Solo recientemente se ha producido una toma de conciencia por parte de movimientos, asociaciones<br />

y personas progresistas en general, acerca de los daños ambientales que ocasionan la producción<br />

industrial y el llamado progreso técnico, con lo cual se está comenzando a comprender que la utilización<br />

de la naturaleza bajo las reglas del capital conduce, inevitablemente, a desastrosas consecuencias<br />

que hacen al hombre víctima de su propia degradación.<br />

La explotación, la privatización y la mercantilización de los recursos naturales tienen como consecuencia<br />

una polarización creciente del ingreso: los ricos tienden a ser cada vez más ricos, los pobres<br />

cada vez más pobres.<br />

Cincuenta años de desarrollismo cuantitativo no han producido mejoría alguna en el tenor de vida<br />

de los países en vías de desarrollo. De hecho, sus habitantes tenían en 1950 un ingreso per cápita que<br />

equivalía solo a 5,3% del ingreso promedio en los países industrializados, pero medio siglo después, en<br />

1998, los más de 5 millardos de habitantes de los países pobres percibían una renta equivalente a 4,9%<br />

de la que correspondió a los 800 millones de habitantes de los países ricos.<br />

A comienzos de 2003, la quinta parte más rica de la población planetaria poseía 86% del PIB mundial,<br />

frente al 1% que correspondía a la población más pobre. Además, los tres mayores millardarios<br />

del globo tenían un ingreso mayor que el que conjuntamente recibían los 600 millones de habitantes<br />

de los países más pobres 9 .<br />

Las estadísticas oficiales acerca de pueblos que viven en condiciones de analfabetismo, pobreza y<br />

enfermedad, confirman que más de un millardo de personas sobreviven con menos de un dólar al<br />

día; el mismo número de seres humanos no tiene la posibilidad de utilizar agua potable ni seguridad<br />

en su suministro, ya que menos de 1% del agua dulce está hoy disponible para el hombre; luego, son<br />

más de 2,5 millardos las personas que no disfrutan de servicios higiénicos de calidad. Por otra parte,<br />

los recursos energéticos no son todavía accesibles a todos y el sector está dominado por combustibles<br />

CÓMO EL CAPITALISMO DESTRUYE A LA HUMANIDAD<br />

665


fósiles que producen residuos gravemente perjudiciales y contaminan el aire. La economía mundial<br />

está sometida a la volubilidad del mercado del petróleo.<br />

Todo el sistema de bienestar y salud de la población mundial está sometido a las decisiones impuestas<br />

por el modelo neoliberal. Enfermedades como el sida, la malaria y la tuberculosis repercuten con<br />

gran peso en los presupuestos de los países en vías de desarrollo, al ser administrados en beneficio de<br />

las multinacionales.<br />

En el modo de producción capitalista, la ciencia y la tecnología asumen un papel central, pero<br />

exclusivamente en cuanto fuerza productiva; se convierten así, básicamente, en factor de producción y,<br />

por tanto, en parte activa de los procesos de colonización y de los dictámenes del imperialismo.<br />

De esa manera, la ideología de la clase dominante interviene también en el trabajo teórico y en las<br />

finalidades de la ciencia, para despojarla de sus objetivos como conocimiento, como necesidad del saber<br />

humano, y prescindir de su uso controlado por la política: antes que ninguna otra cosa, debe asumir la<br />

centralidad de los determinantes de la economía de la ganancia y, con ello, su papel en el desarrollo de<br />

la tecnología como aplicación del conocimiento científico al modo de producción capitalista.<br />

Las leyes de la máxima productividad para la acumulación capitalista han anulado también la motivación<br />

propia de la ciencia y la tecnología; han eliminado el sentido y significado universal de la ciencia,<br />

en el que es independiente de la tecnología y esta última, a su vez, es consecuencia posible de la<br />

ciencia. El desarrollismo capitalista le ha dado un cometido universal a la tecnología, al punto de crear<br />

el concepto de tecnociencia y de utilizar exclusivamente de esa manera el saber científico.<br />

En ese mecanismo no hay lugar para “principios de precaución”. Las consecuencias que esto tenga<br />

para los ambientes naturales, para la salud pública y aun para la posibilidad misma de vida de las<br />

personas, no pueden ni deben ser consideradas.<br />

La presunta confianza en el proceso tecnológico, que nadie puede asegurar a priori, se revela entonces<br />

como requisito para mitificar la necesidad incontrastable de explotar la naturaleza “cueste lo que<br />

cueste”, aunque mejor si económica y productivamente cuesta lo menos posible 10 .<br />

La economía capitalista, en efecto, refleja una lógica de colonización y mercantilización de todas las<br />

relaciones, sea entre los hombres o de estos con la naturaleza.<br />

El mercado y sus leyes trastruecan todos los espacios, todos los bienes comunes, y a eso se le considera<br />

como proceso necesario de modificaciones para el desarrollo, para el bienestar social, para el verdadero<br />

progreso. El mundo de comienzos del siglo xxi, ese mundo en el que imperan la explotación,<br />

el egoísmo, la injusticia, en el que diez millones de niños mueren cada año por falta de medicamentos<br />

que cuestan apenas céntimos –y que podrían salvarse si Estados Unidos y Europa redistribuyeran tan<br />

solo una pequeña parte de lo que gastan en mercancías fútiles–, ese mundo sigue esperando por una<br />

oportunidad para su progreso.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

666


— notas —<br />

1 Esta sección del libro es una revisión corregida, actualizada y ampliada de la septima parte de L. Vasapollo, La crisi del capitale.<br />

Compendio di Economia Applicata: la mondializzazione capitalista. Editorial Jaca Book, Milano, 2009. El autor agradece a<br />

Domenico Vasapollo –investigador de Natura Avventura– por su importante colaboración en la fase de revisión y actualización.<br />

2 http://www.salvaleforeste.it/Foreste-e-Clima-REDD/.<br />

3 Cfr. Latouche (2005).<br />

4 Nebbia (2002).<br />

5 J.S. Mill, Essays on Some Unsettled Questions of Political Economy, 1844.<br />

6 K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1848.<br />

7 Poggio (2003: 24).<br />

8 http://www.unesco.org/new/en/natural-sciences/environment/water/wwap/wwdr/.<br />

9 Cfr. Per uno sviluppo durevole e sostenibile (Por un desarrollo duradero y sustentable), textos a cargo de Cristina Rapisarda<br />

Sassoon, en colaboración con Stefania Anghinelli, Francesca Feller y Daniele Ferrero, 2005, Milano, p. 15.<br />

10 C. Modenesi y G. Tamino (ed.), Fast science, Jaca Book, Milano, 2008.<br />

CÓMO EL CAPITALISMO DESTRUYE A LA HUMANIDAD<br />

667


Capítulo II<br />

UN “DESARROLLO SUSTENTABLE” DE MERCADO, DENTRO DE LAS<br />

DINÁMICAS DEL DESARROLLISMO CUANTITATIVO DEL CAPITAL<br />

1. ¿Cuál desarrollo, sustentable cómo, por qué y por quién?<br />

1. La actual globalización no es otra cosa que la continuación en el tiempo del llamado mito del<br />

desarrollo mercantil, considerado como el medio que permitirá a todos los seres humanos gozar de<br />

una existencia digna y satisfactoria. La globalización neoliberal es ese tipo de desarrollo; de hecho, no<br />

puede ser separada del sistema de producción capitalista que se configura como desarrollismo, como<br />

crecimiento cuantitativo sin redistribución de la riqueza social, sin verdadero progreso.<br />

En esencia, el desarrollo capitalista es manifestación de la voluntad de los países occidentales de<br />

dominar el mundo a través del mercado, la tecnología y la ciencia, es decir, a través del modo<br />

de producción capitalista, basado siempre y en todos los casos –aun si en contextos diferentes– en la<br />

explotación del hombre por el hombre y de la naturaleza por el hombre.<br />

La creciente multiplicación de las emergencias ambientales ha sacado a la luz nuevos problemas.<br />

La pregunta es: ¿hasta cuándo es posible seguir explotando los recursos de la naturaleza? ¿Hasta qué<br />

punto se puede continuar con un modelo de crecimiento cuantitativo?


Para tratar de resolver el problema ambiental se introdujo el concepto de “desarrollo sustentable”,<br />

vale decir –según los dictámenes de la ONU–, un desarrollo capaz de satisfacer las necesidades del<br />

mundo actual sin perjudicar la satisfacción de las necesidades del mundo futuro.<br />

Para alcanzar ese objetivo, han sido muchas las providencias adoptadas por la comunidad internacional<br />

en el curso de los años: desde la Declaración de Estocolmo de 1972 y el Informe Brutland de<br />

1987 (que definió el desarrollo sustentable como “aquel que satisface las necesidades de la generación<br />

actual sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”), hasta llegar<br />

en 1992 a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, que en su<br />

Declaración de Río proclamó 27 principios sobre derechos y responsabilidades de las naciones para un<br />

desarrollo consciente.<br />

En 1994 se produjo la Declaración de Aalbborg, Dinamarca (declaración de las ciudades europeas<br />

por el desarrollo sustentable); en 1996, el Plan de Acción de Lisboa; en 1997, el Protocolo de Kyoto<br />

(con el compromiso de los países industrializados de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero);<br />

y en 1999, durante la Tercera Conferencia Europea de Ciudades Sustentables, el Llamado de<br />

Hannover, Alemania.<br />

En 2001, con el Sexto Programa de Acción Ambiental, para los años 2001-2010, se trazaron objetivos<br />

en materia de ambiente, salud, naturaleza, biodiversidad y cambio climático. En 2002 se celebró<br />

la conferencia de la ONU en Sudáfrica, y en 2004, la Cuarta Conferencia Europea de Ciudades<br />

Sustentables, nuevamente en Dinamarca.<br />

En 2007 tuvo lugar en España la Quinta Conferencia Europea de Ciudades Sustentables. Luego se<br />

llega a la cumbre de la FAO sobre alimentación, celebrada en Roma del 3 al 5 de junio de 2008, sobre<br />

la cual se escribirá más adelante.<br />

En diciembre de 2009 se realizó en Copenhague la decimoquinta Conferencia de las Partes, en la<br />

que participaron 192 países. La motivación principal era formular nuevos objetivos vinculados con<br />

la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, ante el vencimiento en 2012 del Protocolo<br />

de Kyoto. El resultado, conocido como Acuerdo de Copenhague fue un compromiso para mantener<br />

por debajo de 2 ºC el aumento de la temperatura terrestre, pero sin ningún objetivo vinculante para<br />

tal fin ni para reducir las mencionadas emisiones. Sobre este último propósito, se dejó –de hecho– en<br />

manos de los países industrializados la potestad de decidir y asumir por sí mismos compromisos voluntarios<br />

e individuales para el período 2012-2020. Por otra parte, se estableció un fondo que deberá<br />

financiar la conservación de los bosques y se acordaron compromisos de ayuda a los países en vías de<br />

desarrollo, que deberían llegar a 100 millardos de dólares anuales en 2020. Pero no está claro quién ni<br />

mediante cuáles mecanismos asignará esos recursos.<br />

2. Ya en 1987, el citado Informe Brutland subrayaba, tras definir el concepto de desarrollo sustentable,<br />

la necesidad imperiosa de involucrar a todas las partes sociales en el crecimiento económico.<br />

El desarrollo sustentable se fundamenta en la integración de 10 componentes: ambiente, economía,<br />

sociocultura (dimensiones del desarrollo), equidad social, equidad interlocal, equidad intertemporal<br />

(dimensiones de equidad), diversidad, subsidiariedad, partnership, networking y participación (dimensiones<br />

de sistema).<br />

Se habla entonces de desarrollo sustentable; esto es, de un modelo que debe ser capaz de responder<br />

combinadamente a tres necesidades: el crecimiento, la disminución de la pobreza y la protección de<br />

los ecosistemas.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

670


Pero en realidad lo que se ha impulsado así es un programa compatible con el modo de producción<br />

capitalista. El concepto de desarrollo sustentable se ha revelado como la falsa idea de satisfacer las<br />

necesidades sin comprometer los recursos: si esto fuese cierto, entraría en conflicto con las leyes del<br />

libre mercado y de un capitalismo cada vez más salvaje.<br />

Un desarrollo sustentable, entonces, basado en el crecimiento del PIB, lo que entre otras cosas implica<br />

el aumento de la producción de mercancías y el consecuente agravamiento de la contaminación<br />

ambiental.<br />

En esta lógica, el crecimiento cuantitativo es indispensable para alcanzar los otros dos objetivos.<br />

Se sobrentiende que el crecimiento es aumento de las cantidades producidas, pero para ser creíble y<br />

equilibrado tendría que estar acompañado por alfabetización, educación básica y avanzada, el mejoramiento<br />

de la salud y las condiciones de vida de toda la población, y todo esto en el sentido que aportan<br />

las definiciones que dan los organismos internacionales.<br />

Cabe entonces recordar la definición que estableciera la ONU en 1992: “Por desarrollo sustentable<br />

se entiende un mejoramiento de la calidad de vida sin sobrecargar la capacidad de los ecosistemas que<br />

le sirven de soporte”; como también la que en 1994 estableciera el International Council for Local<br />

Environmental Initiatives (Iclei): “desarrollo que ofrece servicios básicos ambientales, sociales y económicos<br />

a todos los miembros de una comunidad, sin amenazar la operatividad de los sistemas naturales,<br />

edificados y sociales de los cuales depende la provisión de tales servicios”.<br />

Se hace cada vez más manifiesto el vínculo entre esta idea de desarrollo sustentable y el problema<br />

del progreso social. La enorme mayoría de las actividades productivas mercantilizadas influye sobre el<br />

ambiente natural y social para condicionar negativamente el bienestar de la población mundial.<br />

2. Los límites de un crecimiento sin progreso y sin desarrollo solidario<br />

y autodeterminado<br />

1. Nace así la extravagante idea, occidental-céntrica, pero al mismo tiempo peligrosa para el desarrollo<br />

solidario de la humanidad, de la limitación del crecimiento, como si ello resolviese los problemas y<br />

desastres del modo de producción capitalista y pudiese, además, hacerlo desde adentro, sin alterarlo,<br />

sin plantearse su superación. Así, para tratar, por ejemplo, de poner freno a los cambios climáticos derivados<br />

de tales modificaciones, se pide una limitación, un decrecimiento de los consumos de energía<br />

y de mercancías.<br />

Si esa limitación del consumo resulta inaceptable para los ciudadanos del llamado Primer Mundo,<br />

lo es todavía más para aquellos (más de 4,5 millardos de personas) que habitan en los países del sur del<br />

planeta, que justamente necesitan “consumir” al menos un mínimo que les permita vivir dignamente<br />

(con agua, corriente eléctrica, alimentación, frigoríficos, educación, salud, etcétera: lo necesario para<br />

la sobrevivencia).<br />

Se considera que hay procesos de desertificación en marcha en todos los continentes, con la sola<br />

excepción de la Antártida. Al día de hoy, las tierras áridas ocupan más de 40% de la superficie terrestre<br />

y están pobladas por más de 2 millardos de personas.<br />

De los países del sur del mundo, sometidos a un estado de vejación y “esclavitud” por los países<br />

ricos, no se puede pretender que actúen de manera respetuosa hacia el ambiente.<br />

UN “DESARROLLO SUSTENTABLE” DE MERCADO, DENTRO DE LAS DINÁMICAS DEL DESARROLLISMO...<br />

671


Es importante no perder de vista las responsabilidades históricas y actuales en la destrucción de la<br />

naturaleza. Si se analiza, por ejemplo, la producción de CO 2<br />

en el tiempo, que es causa principal –y<br />

antrópica– del cambio climático, se puede ver que el incremento de tales emisiones comenzó hacia<br />

mediados del siglo xix, es decir, cuando se produce lo que se ha conocido como “la revolución industrial”.<br />

El salto, sin embargo, se da, aproximadamente, cien años después, cuando la industrialización<br />

se extiende, en líneas generales, por todo el llamado Primer Mundo. Bastaría solo eso para atribuir las<br />

responsabilidades, a escala mundial, por la emisión de gases contaminantes. Todo eso, además, es refrendado<br />

por los datos actuales de emisión de CO 2<br />

per cápita, según se puede ver en el cuadro siguiente 1 .<br />

Producción anual per cápita de CO 2<br />

en algunos países industrializados<br />

Estados Unidos<br />

Australia<br />

Canadá<br />

Japón<br />

Unión Europea<br />

En algunos países llamados emergentes<br />

Sudáfrica<br />

China<br />

Brasil<br />

India<br />

En algunos países en vías de desarrollo<br />

Venezuela (el más alto de América Latina)<br />

Argelia (el más alto de África del norte)<br />

Nigeria (el más alto de África si se excluye Sudáfrica)<br />

20 toneladas (aprox.)<br />

20 toneladas (aprox.)<br />

19 toneladas (aprox.)<br />

10 toneladas (aprox.)<br />

cerca de 9 toneladas en promedio (con países que<br />

superan las 10-12 toneladas; Italia está en la media con 8,7)<br />

9 toneladas (aprox.)<br />

5 toneladas (aprox.)<br />

3 toneladas (aprox.)<br />

1,5 toneladas (aprox.)<br />

6 toneladas (aprox.)<br />

4 toneladas (aprox.)<br />

6 toneladas (aprox.)<br />

En los llamados países desarrollados, en los que viven cerca de 1,5 millardos de personas, las necesidades<br />

primarias y secundarias se encuentran casi siempre satisfechas y el abuso contra los recursos<br />

naturales provoca notables daños en la naturaleza. ¿Qué pasaría si los 4,5 millardos de personas que<br />

viven en pobreza en el sur del mundo comenzaran a disponer, en justa cantidad y calidad, de los bienes<br />

necesarios para satisfacer sus necesidades?<br />

Los recortes del gasto social, la disminución de las tasas de empleo, la reducción de las ayudas y<br />

los subsidios a los habitantes de los países en vías de desarrollo y, en general, el desmantelamiento del<br />

Estado social en los países europeos, han hecho que entre quienes viven por debajo del umbral de la<br />

pobreza se cuenten ya no solo los pobladores del Tercer Mundo, sino también una creciente capa de<br />

personas que viven en el norte del planeta, pero que han sido expulsadas del bienestar y la vida digna<br />

como resultado de la desocupación, de la precariedad del trabajo y del vivir social, de la carencia de<br />

una adecuada protección social, para pasar a engrosar las filas de los nuevos pobres con y sin trabajo.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

672


Pero hay todavía otro aspecto que considerar: ¿qué pasaría si se produjese hoy, de manera repentina,<br />

una reducción sustancial en la producción de mercancías que, si bien pueden en cierto modo ser consideradas<br />

superfluas, garantizan por otra parte a millones de trabajadores la posibilidad de un salario?<br />

Una eventual disminución del crecimiento, es decir, un decrecimiento, procuraría una mayor injusticia<br />

para los pobres del mundo entero, que serían los primeros en sufrir las consecuencias de la<br />

reducción del consumo.<br />

No tiene sentido hablar de decrecimiento, en tanto que “crecimiento” y “decrecimiento” son, de<br />

cualquier manera, indicadores cuantitativos e instrumentos de medida estrechamente ligados a un<br />

modelo económico y social basado en el consumo y la ganancia; vale decir, al modo de producción<br />

capitalista. Es una idea extravagante, aunque completamente económica, que responde a una lógica<br />

política occidental-céntrica, pero que al mismo tiempo es peligrosa para el desarrollo autodeterminado<br />

y solidario de la humanidad, como si ello resolviese los problemas y desastres del sistema capitalista,<br />

cuando en cambio equivale a mantenerse refrenado dentro de este, sin plantearse el problema de su<br />

transformación y superación.<br />

Si el decrecimiento es una idea inaceptable en los países de capitalismo maduro, lo es todavía más<br />

si se razona en términos globales, al considerar que alrededor de 80% de la población mundial vive en<br />

condiciones de pobreza o de pobreza extrema, con cerca de un millardo de personas que no disponen<br />

de comida suficiente para llevar una existencia digna, sana y activa, con 950 millones de analfabetos,<br />

con más de 1,2 millardos de personas que no tienen acceso al agua potable, con cerca de 2,5 millardos<br />

que no disponen de servicios sanitarios básicos, con casi 325 millones de niños y niñas que no van a<br />

la escuela y con el drama de 11 millones de niños menores de cinco años que mueren cada año por<br />

causas que podrían ser evitadas 2 .<br />

Como tampoco tiene sentido hablar de green economy, frente a un desarrollo económico que se basa<br />

en la acumulación capitalista y en el que el PIB sigue siendo el gran indicador, construido en forma tal<br />

que no se consideran los daños sociales y ambientales; una green economy que no puede producir milagro<br />

ocupacional alguno, dado que las relaciones de producción y sus fines, como también las relaciones<br />

sociales, siguen siendo las mismas, es decir, las de la explotación de la naturaleza por el hombre y del<br />

hombre por el hombre. Resulta evidente, entonces, que se trata de un intento del capital para activar<br />

un nuevo y rentable sistema de acumulación que le permita salir de su crisis, que, sin embargo, no es en<br />

esta ocasión simplemente coyuntural, sino que va incluso más allá de lo estructural para configurarse<br />

como una crisis de carácter sistémico, en la que son los mismos mecanismos de acumulación los que<br />

no logran reactivarse de manera rentable.<br />

2. Los continuos ataques al macrosistema ambiental, la deforestación sin límites, la desertificación de<br />

los suelos y la contaminación del aire y de las aguas son ya evidentes.<br />

Basta analizar unos pocos datos: la temperatura media del planeta aumentó cerca de 1 grado en los<br />

últimos 50 años y se prevé que suba todavía de 1 a 3 grados en los próximos 50; en el último medio<br />

siglo, las emisiones mundiales de CO 2<br />

pasaron de 3 a 5 toneladas per cápita, aproximadamente, mientras<br />

el consumo mundial de energía pasó en los últimos 40 años de poco más de 1 tonelada de petróleo<br />

per cápita a 2 (datos de la ONU: 7,5 toneladas anuales per cápita en Canadá, 7 en Estados Unidos, 6<br />

en Australia, 4 como promedio europeo, 3 en Italia, 1,7 en China), y estamos en una fase pico de la<br />

extracción de petróleo; por otra parte, en los últimos 20 años se ha producido una pérdida de superficie<br />

UN “DESARROLLO SUSTENTABLE” DE MERCADO, DENTRO DE LAS DINÁMICAS DEL DESARROLLISMO...<br />

673


forestal cercana a los 130 millones de hectáreas; en el mundo se producen 4 millardos de toneladas de<br />

desechos al año (0,73 toneladas anuales per cápita en Estados Unidos, 0,45 como promedio europeo,<br />

0,50 en Italia, 0,11 en China); y cabe considerar el riesgo existente para el futuro mismo de toda<br />

la humanidad cuando, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (foro de la<br />

ONU), 70% de las especies vegetales y 30% de las especies animales están en peligro.<br />

En 1972, un libro titulado I limiti dello sviluppo [Los límites del desarrollo], comisionado por el Club<br />

de Roma, analizó el problema del crecimiento sin control:<br />

Si la población mundial sigue creciendo a la velocidad de estas décadas, y si la producción agrícola<br />

e industrial de bienes requeridos para satisfacer las necesidades de esa población continúa también<br />

creciendo a las mismas tasas de estos decenios, la producción de desechos, el empobrecimiento de las<br />

reservas de minerales y de las fuentes de energía, así como de la fertilidad del suelo, aumentarán tan<br />

rápidamente que provocarán guerras por la conquista de las materias primas, aumentos de precios<br />

de los bienes esenciales a escala planetaria, enfermedades y conflictos que llevarán, a su vez, a un<br />

enlentecimiento del crecimiento poblacional y a su disminución absoluta; y quizá, entonces, un<br />

relajamiento de la situación de crisis podrá permitir la recuperación del desarrollo de la humanidad 3 .<br />

3. Pero esa situación no podrá cambiar mientras persista el actual modo de producción: los principios<br />

en que se basa el capitalismo no permiten, en efecto, otra posibilidad que la de alcanzar la máxima<br />

ganancia a través de la explotación sin reglas del hombre y de la naturaleza.<br />

El modelo neoliberal en curso necesita de la producción ajustada y flexible, capaz de reducir al<br />

máximo los costos y de desdeñar, por tanto, las necesidades reales de los consumidores, empujados a<br />

gastar cada vez más en objetos frívolos y sin utilidad verdadera.<br />

Con el programa “Ambiente 2010: nuestro futuro, nuestra decisión”, la Unión Europea se propone<br />

implementar planes para contrarrestar el cambio climático, la desertificación, la contaminación, el<br />

incremento de los desechos, etcétera, y salvaguardar así la flora, la fauna, el ambiente, la salud y los<br />

recursos naturales.<br />

Para alcanzar entonces un desarrollo equitativo, cabe al menos considerar los principios de una<br />

economía ecológica:<br />

Mientras la economía ambiental es una especialización de la economía neoclásica, basada en realidad<br />

en la yuxtaposición de conceptos económicos y ecológicos, la economía ecológica discute sobre la<br />

esencia, el método, los instrumentos e, incluso, sobre el estatus de la economía, sacándola fuera del<br />

aislado universo de los valores de cambio entre los cuales se desenvuelve tradicionalmente, para hacer<br />

de ella una disciplina obligadamente transdisciplinaria.<br />

Si los países ricos continúan entendiendo la cooperación solo como un medio para hacer a los<br />

países pobres cada vez más pobres y dependientes, y si siguen provocando guerras, ¿cómo se puede<br />

hablar de desarrollo sustentable? ¿Cuál sustentabilidad y para quién?<br />

Está claro que si los países pobres comenzaran a tener niveles de consumo cercanos a los de los<br />

países ricos, nuestro sistema macroambiental afrontaría consecuencias desastrosas en pocos años.<br />

Pero, ¿se puede acaso pensar en negar el agua, fertilizantes y energía a las poblaciones más pobres<br />

del mundo y contribuir así a empeorar la situación de países donde los muertos se cuentan por miles<br />

cada día?<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

674


La explotación de los recursos naturales y humanos en busca de la máxima ganancia, la agresión<br />

siempre creciente contra la naturaleza y contra los pueblos, no son otra cosa que una nueva forma de<br />

conquista y de dominio; el llamado desarrollo o, mejor, el desarrollismo del crecimiento cuantitativo,<br />

con todos sus efectos negativos, es el indicador ligado al modo de producción capitalista.<br />

Si se consideran las condiciones de miseria en que viven tres cuartas partes de la población mundial,<br />

se pone en evidencia, nítidamente, que este sistema de producción capitalista ha llegado a una fase en<br />

la que ya no es posible seguir adelante por las mismas vías utilizadas hasta ahora, y eso significa que la<br />

crisis capitalista en curso es estructural y sistémica.<br />

— notas —<br />

1 Datos de la ONU para 2007, con actualización para 2010.<br />

2 M. Pallante, Un programma politico per la decrescita, Edizioni per la Decrescita Felice, Roma, 2008.<br />

3 Cfr. Meadows, Behrens, Meadows, Randers (1972).<br />

UN “DESARROLLO SUSTENTABLE” DE MERCADO, DENTRO DE LAS DINÁMICAS DEL DESARROLLISMO...<br />

675


Capítulo III<br />

EL CAPITAL DESTRUYE Y LUEGO SE MIDE<br />

1. Maldito PIB<br />

1. En años pasados, la ininterrumpida producción de mercancías fue siempre considerada como un<br />

factor positivo y el crecimiento cuantitativo, como un indicador válido para medir el bienestar social y<br />

nacional. Ahora, en cambio, se empieza a comprender que un aumento incondicionado de mercancías,<br />

en áreas ya sobrecargadas, puede comprometer negativamente tanto el ambiente como la posibilidad<br />

misma de producir en el futuro; en otras palabras, que el desarrollismo atenta contra la supervivencia<br />

de la humanidad.<br />

La idea de medir el crecimiento a través del valor del producto interno bruto (PIB) muestra todas<br />

sus ineficiencias reales. Este indicador, en efecto, resulta cada vez más inexacto. Baste pensar, por<br />

ejemplo, que un accidente automovilístico que produce víctimas hace crecer el valor del PIB. De<br />

hecho, este índice mide solamente el modo de acumular valor y no establece diferencia alguna entre<br />

si el crecimiento se debe a medidas económicas favorables o contrarias al ambiente, a la salud humana, al<br />

crecimiento cualitativo de las condiciones de vida.


El PIB ignora la riqueza natural existente y, por tanto, no toma en cuenta ni el despilfarro ni el<br />

deterioro del ecosistema. El uso de los recursos naturales es considerado solo en términos de creación<br />

de un ingreso monetario como riqueza, mientras se omite el proceso simultáneo de pérdida de riquezas<br />

naturales y sociales.<br />

Desarrollo, ambiente y progreso no deben ser considerados como objetivos antagónicos.<br />

La idea de que un incremento del PIB sea algo bueno y un objetivo que deben perseguir todos los<br />

países, se enmarca siempre en el concepto de mundo globalizado, se entronca con las políticas neoliberales,<br />

que tienen por valores esenciales los del mercado, los de la economización y mercantilización<br />

capitalista del mundo.<br />

Concebido como un instrumento para medir la capacidad productiva en el período bélico, el PIB<br />

se ha convertido con los años en una suerte de patrón del bienestar de una nación: su crecimiento<br />

suscita aplausos, su estancamiento genera preocupación. Esto ocurre por diversas razones, incluso<br />

compartibles, entre las cuales se cuenta su reflejo en la ocupación. Y sin embargo, el mismo Simon<br />

Kuznets, su principal creador, ha subrayado en varias oportunidades el error intrínseco de la fórmula<br />

“más PIB = más bienestar”. Dado que el PIB aumenta cada vez que se produce una transacción en<br />

la economía, su crecimiento tiende inevitablemente a conectarse con gastos que, en algunos casos,<br />

constituyen un indicio de malestar, antes que de bienestar, como son aquellos asociados, por ejemplo,<br />

a desastres ecológicos, a la lucha contra la criminalidad o a los divorcios. Los gastos sostenidos para<br />

la limpieza de un derrame petrolero, o para el tratamiento de un tumor por contaminación, aun<br />

cuando hacen crecer el PIB, son síntomas de un daño al ambiente y al hombre. En ese terreno, aun<br />

el más capaz de los abogados defensores se ve en problemas para socorrer al PIB. Un crecimiento del<br />

gasto en Prozac, aunque estimule el PIB, no implica una mayor felicidad 1 .<br />

2. El PIB es el patrón con relación al cual los países se miden, se comparan, pero es necesario dejar<br />

siempre en claro cuáles son las limitaciones de este indicador, cosa que por nuestra parte hemos<br />

analizado en muchas publicaciones desde hace ya unos 20 años. En primer lugar, el PIB mide todas<br />

las actividades que implican una transacción monetaria y se desentiende de todas las demás. Así,<br />

por ejemplo, si una persona sufre un accidente automovilístico e ingresa en graves condiciones a un<br />

hospital, se produce un crecimiento del PIB; también la economía de guerra y las guerras de agresión<br />

contra los pueblos impulsan la demanda y, por tanto, lo acrecientan.<br />

La idea obsesiva del crecimiento del PIB hace que toda producción mercantil, incluso aquella que<br />

resulte nociva, sea evaluada positivamente.<br />

Otra característica de este indicador es que contabiliza solo los daños y reparaciones al ambiente.<br />

Si se le calculase tomando también en cuenta los daños ecológicos y sociales, su valor se vería notablemente<br />

reducido en todos los países.<br />

Es entonces mera ilusión pensar en un desarrollo sustentable (¿sustentable para quién?: sustentable<br />

para las leyes del mercado), puesto que toda producción de mercancías provoca un empobrecimiento<br />

de los recursos naturales y tiene devastadores impactos sociales. La conciencia de que los indicadores<br />

monetarios, como el producto interno bruto, no toman en cuenta el empeoramiento y empobrecimiento<br />

de los recursos, ha llevado a la formulación de algunas propuestas –consideradas alternativas–<br />

para introducir correcciones en el PIB. Sin embargo, son propuestas que se mantienen en el campo de<br />

la compatibilidad con un sistema de contabilidad nacional que mide las dinámicas económicas, todas<br />

ellas propias del modo de producción capitalista, con fórmulas cuantitativas de mercado.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

678


El impulso de hacer crecer el PIB, que todos los países capitalistas ponen en práctica, no es otra cosa<br />

que una “mentira estadística”, ya que en definitiva su aumento no significa necesariamente un mejoramiento<br />

cualitativo del nivel de vida de todos los ciudadanos de un país. Está claro que se trata de un<br />

índice-paradoja, que premia todo lo que hace crecer el mercado; premia las reglas de la sociedad del<br />

capital.<br />

2. Los llamados indicadores alternativos y las leyes ambientales.<br />

¿Cuál “perspectiva verde”?<br />

2.1. Los indicadores macroeconómicos no propiamente alternativos<br />

1. Se habla desde hace muchos años de incorporar a la contabilidad nacional el concepto de “desvalor<br />

agregado”, para intentar medir el impacto negativo de la producción en el sistema socioambiental, sea<br />

mediante la corrección del PIB o la creación de nuevos indicadores que tomen en cuenta la degradación<br />

del ambiente y detecten los costos asociados, por ejemplo, a la introducción del convertidor<br />

catalítico en los automóviles, a los incineradores, etcétera.<br />

Se han elaborado así diversos indicadores “alternativos”, como el Índice de Desarrollo Humano<br />

(que se basa en la renta per cápita, el nivel de instrucción y la longevidad), el Genuine Progress Indicator<br />

(GPI, que se obtiene al restar del PIB los costos generados por la contaminación del aire, del agua,<br />

etcétera) y aun el PIB verde (que considera la degradación del ambiente), entre otros.<br />

Hay muchos otros ejemplos de indicadores “alternativos”, pero valga decir que hasta hoy no se han<br />

superado las dificultades y obstáculos para la aplicación de ninguno de ellos.<br />

2. El producto interno bruto verde (PIB verde) es, esencialmente, un indicador que toma en cuenta<br />

las consecuencias del desarrollo económico en el ambiente. Sin embargo, y al igual que el llamado<br />

desvalor agregado, es muy difícil de calcular, ya que se enfrenta a la prácticamente imposible tarea<br />

de estimar cuantitativamente los efectos del cambio climático o de los cambios culturales, científicos<br />

y económicos. A veces recurre a indicadores físicos, ejemplo de los cuales podría ser el cálculo de las<br />

emisiones anuales de anhídrido carbónico o del “despilfarro per cápita”.<br />

Otro ejemplo es el del GPI o indicador del progreso genuino (Genuine Progress Indicator), también<br />

llamado índice de progreso efectivo o indicador del progreso real. Su peculiaridad estriba en distinguir<br />

entre gasto positivo (como por ejemplo el de bienes y servicios) y gasto negativo (como el provocado<br />

por la contaminación, la criminalidad o los accidentes). A diferencia del PIB, que contabiliza como<br />

positivos todos los gastos, el GPI no considera que toda transacción monetaria se corresponda con un<br />

incremento del bienestar.<br />

En concreto, el GPI deduce del PIB los costos sociales vinculados con la contaminación, la degradación<br />

ambiental y la criminalidad, al tiempo que suma el valor del trabajo cumplido en voluntariado<br />

y del desempeñado en el seno de la familia. Además, toma en consideración la distribución del ingreso,<br />

de manera que mientras mayores sean la equidad o la disponibilidad de tiempo libre, más altos son<br />

los valores del índice, e incorpora asimismo el costo de bienes duraderos, obras de infraestructura,<br />

etcétera.<br />

EL CAPITAL DESTRUYE Y LUEGO SE MIDE<br />

679


3. Por considerar que el PIB per cápita, tal como está estructurado, es muy limitado –o más bien distorsionado–<br />

como indicador del desarrollo, algunos estudiosos franceses han concebido un PIB diferente<br />

y rectificado: un índice de desarrollo humano que, como su nombre lo indica, introduce ese último<br />

elemento –junto con factores sociales como la educación, la salud y la nutrición– en la determinación<br />

del producto interno bruto. El Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) define el<br />

desarrollo humano como “un proceso de ampliación de las posibilidades humanas, que permita a los<br />

individuos gozar de una vida larga y sana, recibir educación y tener acceso a los recursos necesarios<br />

para un nivel de vida digno” 2 .<br />

Los objetivos generales que persigue el desarrollo humano son el crecimiento económico de todos<br />

y, en especial, de las poblaciones pobres; el fortalecimiento de la instrucción y la educación básica, y el<br />

mejoramiento de la salud humana y de las condiciones ambientales. Debe, por tanto, tener en cuenta<br />

el ingreso individual, el nivel de salud y el nivel educativo 3 .<br />

De allí la necesidad, cada vez más indispensable, de introducir nuevos indicadores económicos,<br />

capaces de tener en cuenta todas las relaciones económicas, ambientales y naturales.<br />

Un primer ejemplo de esto es el Human Development Index (índice de desarrollo humano), que<br />

debería considerar las diferencias existentes entre poblaciones “ricas” y “pobres”, pero lo hace siempre<br />

a través de cánones de definición “occidentales” –y por tanto de connotación capitalista–, en un contexto<br />

que no toma en cuenta otras civilizaciones, usos y costumbres que crean necesidades diferentes.<br />

El Informe sobre Desarrollo Humano de 2005 permite observar cómo este índice ha ido alcanzando<br />

valores bastante mejorados en los últimos años, con excepción de los países del África subsahariana<br />

(sobre todo por causa del sida) y los de la antigua Europa Oriental (debido a una economía en declive).<br />

Entre los primeros puestos se encuentran, obviamente, Europa, Norteamérica y Oceanía.<br />

3. Los indicadores estadístico-empresariales para la medición del impacto ambiental 4<br />

1. Es evidente que las empresas, en el desempeño de sus actividades, entran en contacto con el ambiente<br />

externo, que influye y condiciona las decisiones que aquellas asumen. La empresa, como parte del<br />

sistema social, es influida por el ambiente externo y viceversa, ya que cumple un papel tanto económico<br />

como social; por tanto, debería actuar en una perspectiva socioeconómica, es decir, en una óptica<br />

de interdependencia entre calidad del ambiente y desarrollo económico, a fin de mejorar la producción<br />

mediante la utilización de las tecnologías más avanzadas en lo que respecta a las normas ambientales y<br />

el control de la contaminación.<br />

Resulta ya claro, y también para los procesos de gestión en el ámbito empresarial, que cada día es<br />

mayor la importancia del elemento ecológico, el cual puede ser considerado como una fuerza externa<br />

–en términos capitalistas, un factor de producción, como recurso del capital externo– que actúa<br />

y condiciona el desenvolvimiento de toda la producción de la empresa. Para esta, la valoración del<br />

patrimonio propio y de su renta estaría, pues, ampliamente condicionada por el respeto a las normativas<br />

ambientales. El ambiente se transforma así en recurso estratégico, en factor del capital, en tanto<br />

que los elementos calificadores de la actividad empresarial a mediano-largo plazo deben tender a la<br />

redefinición de las relaciones de poder entre sujetos empresariales y sociales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

680


También en el campo microeconómico resulta indispensable el empleo de indicadores que sean<br />

buenos instrumentos para medir el desarrollo sustentable, a fin de poder adoptar decisiones prudentes<br />

–entre las varias alternativas posibles– que conduzcan a la activación de la eficiencia de la empresa<br />

capitalista, no solo en términos de gestión sino sobre todo en su carácter “social” y, en particular, frente<br />

a aquellas circunstancias en las que la empresa se encuentra comprometida desde el punto de vista<br />

ecológico y no está en capacidad de evaluar la situación real por causa de datos técnicos no fácilmente<br />

interpretables.<br />

Se torna entonces necesario, para la empresa, el disponer de medios de gestión e información,<br />

de instrumentos de medición capaces de expresar, de manera clara y precisa, la composición de los<br />

factores que deben ser utilizados en la actividad productiva y el impacto que esta tendrá en el ambiente<br />

y en el contexto social en general, así como de extender ese conocimiento a cuantos externamente lo<br />

utilicen y necesiten; siempre en la perspectiva de obtener una ganancia con fines capitalistas, con una<br />

“ética” que, obviamente, tiene muy poco de verdaderamente social y, por tanto, tampoco de capacidad<br />

redistributiva en el cuerpo social, dada la determinación de los procesos de acumulación capitalista.<br />

2. En particular, para hacer frente a los mencionados efectos de la actividad empresarial en el patrimonio<br />

natural, se suelen distinguir dos tipos de indicadores: los de impacto ambiental y los de desempeño<br />

ambiental.<br />

Se establece esa distinción por ser diverso el significado que puede asumir la medición de la actividad<br />

de una empresa con relación a su impacto en el patrimonio natural. En efecto: si bien es posible<br />

medir esa actividad en términos de uso de los recursos, de emisiones, de desechos producidos, etcétera,<br />

para determinar su impacto global en el ambiente es preciso recurrir a valoraciones subjetivas, a estimaciones<br />

que puedan dar cuenta de las consecuencias derivadas de la gestión productiva.<br />

Valga recordar, a este respecto, que los indicadores de impacto ambiental analizan la incidencia de<br />

la actividad productiva a través de la determinación de magnitudes físicas que refieren a la producción<br />

de un determinado establecimiento, como por ejemplo el efecto invernadero, el nivel de toxicidad para<br />

la salud humana, para la fauna, para la flora, etcétera. Tales indicadores pueden ser calculados desde un<br />

punto de vista físico o monetario.<br />

Los indicadores físicos dan cuenta de la contribución de la empresa al cambio de las condiciones<br />

ambientales, a escala tanto local como global, y constituyen una medida de su eficiencia en la administración<br />

de los recursos. Para su construcción, el método más utilizado hasta hoy es el de vincular los<br />

flujos físicos con algunos de sus efectos en la salud humana, en los ecosistemas y en el empobrecimiento<br />

de los recursos presentes en la naturaleza. Se tiene así, en primer lugar, una clasificación de los flujos<br />

físicos con base en los efectos que producen en el ambiente; se procede luego a una caracterización<br />

de dichos flujos, en la que se consideran los impactos ambientales en términos de efecto invernadero,<br />

disminución de la capa de ozono, toxicidad –y los consiguientes peligros para los hombres, la vegetación<br />

y los animales–, energía, desechos, esmog, etcétera. Finalmente se realiza la verdadera evaluación,<br />

fundamental si se trata de una situación en la cual los resultados o valores de impacto contrastan entre<br />

sí; en ese caso es necesario saber confrontar dichos resultados para tomar las decisiones pertinentes.<br />

Los indicadores monetarios, en cambio, sirven a la empresa para medir desde un punto de vista económico<br />

–en términos de valor monetario estimado– las alteraciones causadas en el patrimonio natural,<br />

lo que le permite incorporar la variable ambiente en sus distintos procesos de decisión económica.<br />

EL CAPITAL DESTRUYE Y LUEGO SE MIDE<br />

681


Los indicadores de desempeño ambiental, por su parte, proveen información cualitativa y cuantitativa<br />

que posibilita una valoración de la eficiencia, de la eficacia y del consumo de recursos, con lo<br />

cual facilitan a la alta gerencia la tarea de adoptar las mejores estrategias para alcanzar al máximo los<br />

objetivos ambientales; lo que incluye también una mejor comunicación externa acerca de los resultados<br />

(dirigida, por ejemplo, a los stakeholders o partes interesadas en la empresa).<br />

El uso de tales indicadores en relación con el consumo de materias primas, de energía, etcétera,<br />

permite a la gerencia empresarial evaluar su eficiencia en el manejo de los recursos ambientales (indicadores<br />

de proceso), siempre en términos de balance como empresa capitalista con fines de lucro.<br />

No obstante, esa eficiencia debe ser evaluada también en términos más estrictamente económicofinancieros,<br />

por lo cual se utilizan indicadores ecofinancieros a objeto de correlacionar las intervenciones<br />

en favor del ambiente con los costos de inversión y de gestión que estas implican.<br />

Por otra parte, la empresa puede controlar su propia capacidad de alcanzar sus objetivos en este<br />

campo por medio de los llamados indicadores de gestión ambiental, que permiten medir continuamente<br />

el grado de conformidad con las leyes y políticas ambientales y su integración con otras funciones<br />

similares.<br />

3. En síntesis, tales indicadores le permiten a la empresa prestar una mayor atención a la política ambiental,<br />

mediante una formulación de objetivos más clara, específica y sectorial, así como desarrollar<br />

su sistema de gestión ambiental y mejorar tanto la comunicación externa como la prevención, control<br />

y reducción de las emisiones, y sobre todo de los costos asociados.<br />

La primera observación que puede hacerse a este respecto, en cuanto al uso de los diversos instrumentos<br />

de gestión y control de la sustentabilidad ambiental, es que en ellos el ambiente es considerado<br />

como un factor de la producción capitalista y, por tanto, es sometido a las leyes de valorización del<br />

capital; de hecho, se habla del “capital naturaleza”, que no es otra cosa que el “ambiente del capital”. Se<br />

trata, pues, de una política ambiental de mercado, que apela tanto a la publicidad como a las relaciones<br />

públicas y tiene muchas veces como primer objetivo el mejorar la imagen de la empresa.<br />

Los operadores de mercadeo deben, en todo caso, crear responsabilidad entre los consumidores,<br />

aun en los menos sensibles, mediante estímulos que tiendan a producir motivaciones incluso entre<br />

quienes no perciben una ventaja inmediata en la adopción de políticas ambientalistas.<br />

Es preciso hacer comprender al consumidor la importancia y las ventajas que derivan de la utilización<br />

de productos ecológicos y artículos “verdes”, y poner especialmente en evidencia los beneficios<br />

personales que esto conlleva, en términos tanto económicos como de salud.<br />

Cabe subrayar que, aunque todos los indicadores ambientales disponibles para la empresa –y sobre<br />

todo los de impacto ambiental– presentan un alto nivel de complejidad e incertidumbre en cuanto<br />

a su validez científica, su utilización de manera integrada permitiría adoptar actitudes y orientar las<br />

decisiones empresariales hacia objetivos de sensibilidad económica y socioambiental. Obviamente, la<br />

consideración será completamente diferente según se trate de una empresa capitalista, en la que todo<br />

está relacionado con la obtención de la máxima ganancia, o de una socialista, o en todo caso sujeta a<br />

lógicas ajenas al mercado –o, mejor, no de mercado–, en las cuales el logro del máximo resultado se<br />

mide en términos redistributivos y de salvaguarda de los intereses socioambientales.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

682


4. Las leyes ambientales: instrumentos de control para el análisis de gestión<br />

1. “Vivimos en un planeta que se inserta en una delicada e intrincada red de relaciones ecológicas,<br />

sociales, económicas y culturales que regulan nuestra existencia. Si queremos alcanzar un desarrollo<br />

sustentable, debemos demostrar una mayor responsabilidad en relación con los ecosistemas de los<br />

cuales depende toda forma de vida, considerándonos parte de una sola comunidad humana y en<br />

relación con las generaciones que seguirán a la nuestra. La Cumbre de Johannesburg 2002 representa<br />

una oportunidad para el compromiso de construir un futuro más sustentable” 5 .<br />

Estas palabras de Kofi Annan, pronunciadas en 2002 en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo<br />

Sustentable, dejan ver cómo se ha hecho general e improrrogable la elaboración de leyes nacionales e<br />

internacionales que tengan por objetivo la defensa del ambiente en que vivimos, y cómo también para<br />

las instituciones, los organismos internacionales y las empresas, la solución más eficaz parece ser la de<br />

cambiar el modelo actual de desarrollo siguiendo los principios de la sustentabilidad y la solidaridad.<br />

En la perspectiva de la salvaguarda ambiental, la actividad general de la empresa debe preservar<br />

–tanto en sus relaciones internas como en las externas– el patrimonio que ella tiene “en préstamo” y<br />

que requiere para una gestión que acreciente su valor, es decir, que sea capaz de impulsar procesos de<br />

acumulación de capital que determinen las relaciones de dominio social.<br />

Las leyes ambientales promulgadas por el legislador, o de otras fuentes, son normas jurídicas que<br />

salvaguardan tales relaciones de dominación y de poder capitalista.<br />

Junto con esas leyes, existen también las llamadas normas de cumplimiento voluntario, emanadas<br />

de organismos tanto nacionales (la UNI, por ejemplo, en Italia) como europeos (Comité Europeo de<br />

Normación, CEN) e internacionales (ISO), que sirven para orientar a las empresas hacia un tipo de<br />

producción que tenga en cuenta las necesidades ambientales.<br />

2. La búsqueda de un hipotético equilibrio entre los intereses empresariales y los ecológicos ha llevado,<br />

en los países de la Comunidad Europea, a la creación de algunos instrumentos económicos y de<br />

autorregulación.<br />

El Reglamento de la Comunidad Europea introdujo en 1993 (Nº 1.836) un nuevo instrumento<br />

de gestión y control, conocido como Environmental Management and Audit Scheme (EMAS), que<br />

puede ser aplicado voluntariamente por las diversas organizaciones (empresas, entes públicos, etcétera)<br />

a fin de mejorar su propio desempeño ambiental y transmitir datos y noticias sobre esos asuntos a<br />

cuantos puedan estar interesados.<br />

La segunda versión de ese instrumento, el EMAS II, fue difundida por la Comunidad Europea con<br />

el Reglamento 761/2001, y posteriormente modificada por el Reglamento 196/2006 6 .<br />

3. En lo que respecta a los “instrumentos voluntarios”, cabe destacar la Ecolabel (Reglamento CE Nº<br />

1.980/2000), vale decir, el sello europeo de calidad ecológica, que mediante una etiqueta certifica que<br />

el producto o servicio en cuestión tiene un reducido impacto ambiental en todo su ciclo de vida.<br />

La Ecolabel otorga en esencia una oportunidad de mercadeo, en tanto que responde a la creciente<br />

exigencia de productos “limpios”. Constituye también una estrategia de prevención, pues limita la introducción<br />

al mercado de productos que podrían causar daños ambientales y, al ser un sello registrado,<br />

deviene en garantía de la calidad ambiental del producto. Además, es un instrumento de certificación,<br />

EL CAPITAL DESTRUYE Y LUEGO SE MIDE<br />

683


que tiene por objetivo garantizar la transparencia necesaria para la introducción en el mercado de<br />

productos “verdes”. Se trata, pues, de un instrumento voluntario que garantiza una calidad superior a<br />

la exigida por los estándares legales. Cabe destacar que:<br />

El año 2007 marcó un récord en la historia de la Ecolabel europea en Italia, con un crecimiento en<br />

el número de licencias equivalente a 111% con respecto al año anterior; de hecho, se pasó de 86<br />

licencias y 1.384 productos para fines de 2006, a 174 licencias y 2.474 productos al concluir 2007.<br />

Ahora, 2008 será un año de compromiso para la APAT y el Comité, dado que la Comisión Europea<br />

le ha encomendado a Italia el desarrollo de criterios para la concesión del sello Ecolabel europeo<br />

al grupo de productos “Edificios”, así como la revisión de algunos grupos de productos entre los<br />

que se cuentan “Papel de copia y papel gráfico”, “Servicios de recepción turística” y “Servicios de<br />

campamento”.<br />

Cabe destacar, en particular, la importancia del sello Ecolabel para los edificios. Se trata de un<br />

importante proyecto, que prevé un abordaje integral de las problemáticas ambientales vinculadas<br />

con la construcción, el uso y la demolición de edificios, en el ámbito de todo su ciclo de vida. Esta<br />

certificación ambiental será de carácter voluntario y se unirá a la certificación energética obligatoria<br />

prevista en el decreto legislativo 311/2006, que hace posible informar a los ciudadanos acerca de los<br />

consumos de un edificio 7 .<br />

4. Las normas de la serie ISO 14000 proveen instrumentos gerenciales a las organizaciones que manifiestan<br />

su voluntad de poner bajo control sus propios aspectos e impactos ambientales, para mejorar<br />

así sus desempeños en este campo.<br />

Valga señalar que todos los requisitos ISO 14000 son de naturaleza voluntaria. Su aplicación corresponde,<br />

por tanto, a una decisión de tipo estratégico que debe estar a cargo de la directiva empresarial.<br />

La ISO 14000 es una norma que puede ser impulsada por cualquier tipo de organización que se<br />

proponga alcanzar una mejoría en el ejercicio de sus actividades, mediante la adopción de un sistema<br />

de gestión ambiental; como tal, ha sido reconocida en el nuevo Reglamento EMAS. Además, en un<br />

progresivo acercamiento del sistema internacional a los esquemas europeos, a ella se han añadido las<br />

normas del subconjunto ISO 14030 para la evaluación de los desempeños ambientales, y está por<br />

agregarse la norma ISO 14063 para la comunicación ambiental. El subconjunto ISO 14020 regula,<br />

por su parte, diversos tipos de etiquetas y de declaraciones ambientales, al tiempo que estandariza<br />

diferentes niveles de información al público acerca de los desempeños ambientales de productos<br />

y servicios.<br />

Desde ese punto de vista, las etiquetas y las declaraciones cumplen un papel importante a los<br />

fines del consumo sustentable, en tanto que definen, de manera creíble y transparente, un límite que<br />

distingue los productos más compatibles con el ambiente de aquellos menos compatibles. A todo esto<br />

se suma la ISO 14040, que establece la metodología aplicable en el estudio del ciclo de vida 8 .<br />

5. Como parte de su quinto programa de acción, la Comisión Económica Europea (CEE) aprobó, en<br />

marzo de 1992, un reglamento que instituye un esquema voluntario de gestión y auditoría ambiental,<br />

con el fin de promover una mejoría del desempeño ambiental en las actividades industriales.<br />

Esta auditoría, concebida en Canadá durante los tempranos años setenta para garantizar la seguridad<br />

y la higiene en el ambiente laboral, se extendió posteriormente a todos los temas de seguridad ambiental.<br />

Consiste en una evaluación sistemática, objetiva y documentada (y ejecutada periódicamente)<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

684


del funcionamiento de la organización empresarial con respecto a los desempeños ambientales, con lo<br />

cual se busca hacer concordar las políticas de la empresa con las diversas políticas ambientales 9 .<br />

Otros instrumentos que contribuyen a analizar y evaluar el impacto global de la empresa sobre el<br />

macrosistema socioambiental, además de la ecoauditoría, son el balance social y el balance ambiental.<br />

6. Hasta el momento, el instrumento al que se considera más válido para visibilizar las demandas y<br />

las necesidades de información y transparencia del consumidor –siempre en el ámbito del enfoque<br />

contable y cuantitativo– es el balance social. Es decir:<br />

la utilización de un modelo de rendición de cuentas acerca de las cantidades y calidades de las<br />

relaciones entre la empresa y grupos de referencia representativos de toda la colectividad, con miras<br />

a delinear un marco homogéneo, puntual, completo y transparente de la interdependencia entre los<br />

factores económicos y los factores sociopolíticos inherentes a las decisiones tomadas 10 .<br />

El balance social es un documento muy difícil de redactar, ya que, al tomar en cuenta muchas<br />

variables socioeconómico-ambientales, debe responder a las exigencias informativas de todos aquellos<br />

que han “apostado” a la suerte de la empresa y que esperan retornos económicos y financieros.<br />

En consecuencia, debe informar a los diversos ámbitos de la empresa acerca de los desempeños<br />

sociales que esta impulsa y orientar con base en ellos las decisiones futuras. La empresa debe saber administrar<br />

el consenso social a través de un mejoramiento de su imagen, capaz de conciliar los intereses<br />

de los sujetos empresariales. Así, junto con el balance de ejercicio, que ha de responder a los requisitos<br />

y reglas normativas, el balance social debe proveer informaciones “pertinentes, imparciales y claras”.<br />

Cada uno de estos principios se subarticula en sucesivos postulados, de manera que la pertinencia<br />

alude a la oportunidad, significatividad y periodicidad de la información; la imparcialidad, a su completitud,<br />

ponderación y aceptabilidad; y la claridad, a su comprensibilidad, concisión y corrección 11 .<br />

7. Desde los años setenta, el problema de la contabilidad de las externalidades se ha manifestado<br />

en toda su importancia, ya que las empresas que sostienen los costos de la salvaguarda ambiental se<br />

encuentran en desventaja frente a las que no lo hacen, pues presentan un valor agregado inferior. En<br />

consecuencia, para lograr una determinación más equilibrada de sus resultados de ejercicio, resulta<br />

necesario incluir en la contabilidad el renglón de los “costos ambientales”.<br />

A diferencia del balance social, el balance ambiental se ocupa de una determinada parte de la<br />

actividad empresarial, a la cual analiza con parámetros específicos que siguen lineamientos definidos<br />

por diversas organizaciones internacionales, como el Council of European Chemical Industry (Cefic),<br />

la Public Environmental Reporting Initiative’s (PERI) o la Fondazione ENI Enrico Mattei (FEEM).<br />

En lo sustancial, el balance ambiental debe tener una estructura que se acerque lo más posible a<br />

la del clásico balance de ejercicio, con una parte numérica y otra descriptiva. Es necesario, además,<br />

garantizar la transparencia ambiental de la empresa. En definitiva, dentro de esta debe surgir y consolidarse<br />

una auténtica filosofía gerencial, capaz de administrar los recursos, la producción y la calidad en<br />

función del logro de ganancias y de la creación de valor.<br />

Si bien es cierto que el impacto sobre el ambiente puede ser limitado con medidas idóneas para<br />

disminuir los efectos negativos de la contaminación, cabe también subrayar que muchas veces las empresas<br />

tienden a adoptar una conducta orientada, sobre todo, a evitar controles y medidas coercitivas<br />

EL CAPITAL DESTRUYE Y LUEGO SE MIDE<br />

685


por parte de las autoridades, así como a cumplir las leyes solo parcialmente y a los fines de evadir<br />

procedimientos en su contra, en la convicción de que el problema ambiental solo ocasiona costos<br />

agregados para ellas.<br />

El balance ambiental debe tener una estructura capaz de aportar información exacta de la relación<br />

con el ambiente, de la misma manera que el balance de ejercicio establece una comparación de pérdidas<br />

y ganancias que permite la evaluación económico-financiera de la actuación de la empresa.<br />

En ese sentido, su estructura debe posibilitar la evaluación del desempeño en la relación existente<br />

entre empresa y ambiente, a fin de poder optimizar el ahorro en lo que de hecho es considerado como<br />

“capital ambiente”.<br />

Cabe precisar que mientras el retorno del capital financiero puede ser medido con elementos de su<br />

misma naturaleza (dinero contra dinero), en el caso del “capital ambiente” se produce una situación<br />

distinta, ya que el retorno respectivo se mide en términos del “valor” que la empresa provee a la colectividad.<br />

¿Pero de qué valor se trata? Ciertamente, no un valor de progreso social y para el cuerpo social,<br />

sino un valor para los procesos de acumulación de capital.<br />

5. Los indicadores de sustentabilidad<br />

1. Los indicadores de sustentabilidad buscan brindar una medida de la diferencia, en el uso del ambiente,<br />

entre la situación efectiva y la que se ha definido como “sustentable”. Es evidente que su dificultad<br />

y su utilización “interpretativa” dependen, entonces, del concepto de sustentabilidad que se asuma.<br />

El concepto de sustentabilidad está estrechamente ligado al concepto o modelo de sociedad, lo<br />

que no puede ser asimilado exclusivamente a los aspectos económico y ecológico; en consecuencia, el<br />

umbral de sustentabilidad de un indicador no puede ser definido de manera unívoca.<br />

En la literatura económica-ecológica, por lo general compatible con el modelo social, político y<br />

económico del sistema capitalista, se han definido tres principios relativos a la gestión sustentable de<br />

los recursos:<br />

– Las tasas de utilización de los recursos renovables no deben superar sus tasas de regeneración.<br />

– Las emisiones contaminantes no deben superar la capacidad asimilativa de los ecosistemas.<br />

– Los recursos no renovables deben ser utilizados de una manera “casi sustentable”: en otras palabras,<br />

sus tasas de utilización se deben limitar a la tasa de creación de sustitutos renovables.<br />

Los principales pasos que se han de cumplir para derivar indicadores a partir de estas reglas básicas,<br />

son (Opschoor, Reijnders, 1991):<br />

– Identificación de los elementos principales del capital natural y de sus funciones económicas.<br />

– Selección de los más importantes de aquellos elementos cuya integridad se vea potencialmente<br />

amenazada, para determinar un conjunto de indicadores.<br />

– Determinación de estándares (valores-umbral) sobre la base de las reglas previas de gestión<br />

sustentable.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

686


– Construcción de indicadores que reflejen las condiciones efectivas del ambiente, en comparación<br />

con los estándares de sustentabilidad.<br />

Sobre la base de estos principios se han adelantado esfuerzos para definir algunos indicadores, como<br />

por ejemplo la “huella ecológica” (ecological footprint) o la “huella de carbono” (carbon footprint), que,<br />

sin embargo, tropiezan con muchas limitaciones por causa de un “defecto básico” común a todos ellos.<br />

Esas limitaciones son subestimadas y su resolución se remite a estudios e investigaciones ulteriores.<br />

Algunos autores plantean, esencialmente, dos principios-guías en la construcción de sistemas de<br />

indicadores:<br />

– El principio de “golpear la orilla”, que afirma que impreciso pero relevante es preferible a preciso<br />

pero inútil; desde esta perspectiva, acercarse al objetivo es suficiente, cuando precisarlo con<br />

exactitud requiere demasiado tiempo, esfuerzos y recursos.<br />

– El principio del “grupo”: si para el análisis de un problema se requiere información muy confiable<br />

y los indicadores disponibles son considerados demasiado imprecisos, es mejor utilizar un<br />

conjunto de tales instrumentos en lugar de procurar uno solo y perfecto. Si todos los indicadores<br />

del grupo dan la misma señal, esta puede ser considerada confiable.<br />

Hasta los momentos, los indicadores de sustentabilidad que se han elaborado pueden agruparse en<br />

tres categorías:<br />

– Indicadores de carga crítica y nivel crítico.<br />

– Indicadores socioecológicos.<br />

– Indicadores de medición del desarrollo sustentable (sustainable development records, SDR).<br />

La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa ha desarrollado indicadores de carga<br />

y nivel crítico que persiguen establecer el nivel crítico de los desechos, especialmente los contaminantes,<br />

en los ecosistemas. El término “carga” se utiliza para los desechos, mientras que el “nivel” refiere a<br />

las concentraciones de estos.<br />

Los indicadores socioecológicos han sido desarrollados por algunos autores suecos, como por ejemplo<br />

Azar, Holmberg y Lindgren. Tienden a determinar el aspecto causal, es decir, a ubicar en la sociedad<br />

aquello que determina los efectos en el ambiente, pero no a indicar –como falsamente se podría<br />

deducir de su nombre– los nexos de desarrollo futuro entre sociedad y ambiente. Asimismo, buscan<br />

superar los defectos de los restantes indicadores de sustentabilidad, que se manifiestan, por una parte,<br />

en el retraso temporal que media entre una actividad específica y la correspondiente manifestación del<br />

daño que se le imputa (lo que significa que pueden dar la señal de alarma con demasiado retardo, o<br />

solamente indicar si ciertas actividades del pasado fueron o no sustentables); y por la otra, en la imposibilidad<br />

de prever todos los posibles efectos de una determinada actividad, dada la complejidad de los<br />

ecosistemas. Muchos daños ambientales son conocidos, pero otros no lo son todavía. Los indicadores<br />

actuales consideran, por lo general, solamente los daños conocidos y comprobados científicamente.<br />

Los indicadores de medición del desarrollo sustentable reflejan, todavía más que los otros, su formulación<br />

economicista y propia de la lógica del capitalismo. De hecho, sus creadores los han derivado<br />

EL CAPITAL DESTRUYE Y LUEGO SE MIDE<br />

687


de la gestión empresarial estratégica; utilizan, pues, la metáfora de la empresa para comprender el desarrollo<br />

de una sociedad. El objetivo del análisis es entender las interacciones entre instituciones sociales<br />

y ambiente, y su modelo de referencia está estructurado en tres partes: la base de recursos, el sistema y<br />

el servicio. Los tres componentes son considerados esenciales para hacer funcionar la institución social.<br />

El primero de ellos está constituido por el ecosistema, los recursos financieros y el conocimiento. El<br />

sistema está formado por el capital fijo y operativo, y el servicio es el producto del sistema 12 .<br />

La limitación de tales indicadores es del todo evidente, incluso para los organismos que determinan<br />

los criterios de selección, como en primer lugar la Organización para la Cooperación y el Desarrollo<br />

Económicos (OCDE), que ha identificado algunos requisitos insoslayables para la escogencia<br />

de un indicador.<br />

En efecto, todo sistema de indicadores debería ser utilizado en el marco de un proceso de planificación<br />

estratégica y de evaluación ambiental también estratégica; por tanto, su escogencia debería ser<br />

compartida y la construcción del sistema final tendría que realizarse mediante un proceso participativo,<br />

inspirado por el conjunto de los objetivos ambientales y sociales que se busca satisfacer.<br />

— notas —<br />

1 Cfr. http://www.lavoce.info/news/view.php?cms_pk=927. PNUD, “Rapport mondial sur le dèveloppement humain”, Economica,<br />

París, 1992.<br />

2 PNUD, “Rapport mondial sur le développement humain”, Economica, París, 1992.<br />

3 “El concepto de desarrollo humano fue elaborado a fines de los años ochenta por el Programa de las Naciones Unidas para<br />

el Desarrollo (PNUD), a fin de superar y ampliar la acepción tradicional de desarrollo, centrada únicamente en el crecimiento<br />

económico. El desarrollo humano abarca algunos ámbitos fundamentales del desarrollo económico y social; la promoción de<br />

los derechos humanos y el apoyo a las instituciones locales, con particular referencia al derecho a la convivencia pacífica, la<br />

defensa del ambiente y el desarrollo sustentable de los recursos territoriales; el desarrollo de los servicios sanitarios y sociales,<br />

con atención prioritaria para los problemas más extendidos y los grupos más vulnerables; el mejoramiento de la educación para<br />

el conjunto de la población, con particular atención a la educación básica; el desarrollo económico local, la alfabetización y la<br />

educación para el desarrollo, la participación democrática y la equidad en las oportunidades de desarrollo y de inserción en<br />

la vida social”. En Utopie-Onlus. Cfr. http://www.utopie.it/sviluppo_umano.htm.<br />

4 Cfr. L. Vasapollo, “Nuovi strumenti statistico-aziendali per la misura della compatibilità sociale d’impresa. Gli indicatori socioambientali<br />

dell’attività produttiva”, en Finanza Italiana, año V, n. 11-12, nov.-dic. 1997.<br />

5 Kofi Annan, entonces secretario general de la ONU, en Johannesburg, Sudáfrica, 26 agosto-4 septiembre 2002.<br />

6 “El objetivo de EMAS consiste en promover el mejoramiento continuo de los desempeños ambientales de las organizaciones,<br />

mediante, entre otras, las siguientes medidas:<br />

– la introducción y aplicación, por parte de las organizaciones, de un sistema de gestión ambiental;<br />

– la información sobre los desempeños ambientales y un diálogo abierto con el público y demás sujetos interesados, incluso a<br />

través de la publicación de una declaración ambiental.<br />

El sistema de gestión ambiental planteado por el estándar EMAS se basa en la norma ISO 14001/2004, de la que se exigen<br />

todos los requisitos, mientras que para el diálogo abierto con el público se prescribe que las organizaciones publiquen<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

688


(y mantengan actualizada) una declaración ambiental en la que se reporten informaciones y datos resaltantes de cada organización<br />

en relación con sus aspectos e impactos ambientales.<br />

La declaración ambiental debe contener (Anexo II del Reglamento EMAS 761/2001/CE):<br />

– una descripción clara, libre de ambigüedades, de la organización que solicita su registro en el EMAS;<br />

– la política ambiental de la organización y una breve descripción de su sistema de gestión ambiental;<br />

– una descripción de todos los aspectos ambientales, directos e indirectos, que determinen impactos ambientales significativos<br />

por parte de la organización, y una explicación de la naturaleza de dichos impactos;<br />

– una descripción de los objetivos y targets relacionados con los aspectos e impactos ambientales significativos:<br />

– un sumario de datos disponibles acerca de los desempeños de la organización en lo que respecta a sus objetivos y targets<br />

sobre impactos ambientales significativos;<br />

– otros factores concernientes a los desempeños ambientales, incluidos los que corresponden a las disposiciones legales;<br />

– el nombre y el número de acreditación del verificador ambiental y la fecha de convalidación.<br />

En cuanto a los datos e informaciones suministrados en la declaración ambiental, el reglamento comunitario precisa que deben:<br />

– proveer una valoración cuidadosa de los desempeños (ser precisos);<br />

– ser comprensibles y estar exentos de ambigüedad;<br />

– posibilitar su confrontación de año en año;<br />

– posibilitar su confrontación con los requisitos normativos.<br />

Las organizaciones registradas en el EMAS deben utilizar un logotipo idóneo, sujeto a los procedimientos y requisitos de uso<br />

establecidos en el reglamento comunitario.<br />

Para obtener (y conservar) el reconocimiento del EMAS (registro), las organizaciones deben someter sus propios sistemas de<br />

gestión ambiental a la evaluación de conformidad por parte de un verificador acreditado, y hacer validar por este su declaración<br />

ambiental (y sus actualizaciones, normalmente anuales).<br />

El procedimiento de registro prevé que la declaración sea examinada también por el órgano nacional competente del EMAS, y<br />

sometida además a un control –exigido por ese mismo organismo– por parte de las autoridades ambientales locales (las ARPA),<br />

que deben emitir un nulla osta (“sin objeciones”) de tipo legislativo (en cuanto a leyes, autorizaciones, etcétera).<br />

En Italia, los registros EMAS con acreditación italiana son 714, que corresponden a más de 900 sitios (al 05/11/2007, según<br />

listado de organizaciones registradas en el sitio APAT). El número es todavía relativamente bajo, en particular si se compara con<br />

el de certificaciones ISO 14001 acreditadas en Italia para el 31/10/2007: 7.243 certificados y 11.505 sitios (fuente: Sincert)”.<br />

Cfr. Network Sviluppo Sostenibile (Milano).<br />

7 Cfr. Cfr. APAT - Agencia para la Protección del Ambiente y para los Servicios Técnicos, Sección Ecolabel. http://193.206.192.245/<br />

giorgio/CrescitaEcolabelItalia2007.pdf.<br />

8 Cfr. Copyright © 2000 Reporting R.P. http://www.bilanciosociale.it/bilancio_sociale.html.<br />

9 Cfr. APAT - Agencia para la Protección del Ambiente y para los Servicios Técnicos. http://www.apat.gov.it/site/it-IT/Temi/Mercato_verde/Standards_ISO_14000/.<br />

10 Matacena (1984: 131-134).<br />

11 Cfr., entre otros, Copyright © 2000 Reporting R.P. http://www.bilanciosociale.it/bilancioambientale.html.<br />

12 Cfr. www.sistemacosea.it/pdf/pubblicazioni/ind_sost.pdf.<br />

EL CAPITAL DESTRUYE Y LUEGO SE MIDE<br />

689


Capítulo IV<br />

LAS ENERGÍAS “LIMPIAS” DEL CAPITAL: LOS AGROCOMBUSTIBLES<br />

Y LOS CRÍMENES PROGRAMADOS CONTRA LA HUMANIDAD<br />

1. Producir combustibles con alimentos: la monstruosidad del crecimiento<br />

1. José Antonio Díaz Duque señala que:<br />

Son diversos los productos agrícolas que se emplean para la producción de energía, los que genéricamente<br />

se identifican como agroenergéticos, entre ellos están la caña de azúcar, el maíz, la remolacha,<br />

el sorgo, la palma de aceite, la colza y otras oleaginosas. Además, se incluyen en esta categoría subproductos<br />

agropecuarios tales como la paja, el bagazo, las hojas, los tallos, las cáscaras, el aserrín, las<br />

vainas, el estiércol, la gallinaza y otros muchos derivados de la elaboración de alimentos, de productos<br />

agrícolas y forestales y del sacrificio de animales. En resumen, la biomasa es una fuente de energía<br />

localmente disponible que puede proporcionar electricidad, calor y energía mecánica, a partir de<br />

combustibles líquidos, gaseosos o sólidos, y contribuir así a la sustitución de los combustibles fósiles<br />

y a la diversificación de las fuentes de energía 1 .<br />

Se sostiene, por ejemplo, que los agrocombustibles son limpios y verdes. Eso no es verdad, porque<br />

para producir una tonelada de aceite de palma se generan 33 toneladas de emisiones de anhídrido


carbónico, o sea, cerca de 10 veces más que en el caso del petróleo. Para producir etanol a partir de la<br />

caña de azúcar –hecho que conlleva, además, la destrucción de bosques tropicales– se emite 50% más<br />

de gas invernadero que para el equivalente en gasolina. Se dice que los agrocombustibles no provocarán<br />

deforestaciones; también eso es falso, basta ver –por ejemplo– el caso de Indonesia, donde la pérdida<br />

de bosques responde precisamente a las plantaciones de palma de aceite para el biodiesel. A esto se<br />

deben agregar la contaminación de suelos y acuíferos por el uso masivo de herbicidas, abonos químicos<br />

y antiparasitarios, el creciente desarrollo de organismos genéticamente modificados o transgénicos para<br />

aumentar la producción, el empobrecimiento de la biodiversidad agrícola por la expansión constante<br />

del monocultivo y el uso desmesurado del agua para la irrigación.<br />

Se llega incluso a declarar que los agrocombustibles promoverán el desarrollo rural. También ese es<br />

un mito que es preciso destruir: considérese que en los trópicos, 100 hectáreas dedicadas a la agricultura<br />

familiar proveen 35 puestos de trabajo, mientras que la palma de aceite y la caña de azúcar reportan<br />

10, el eucalipto solo 2 y la soya apenas 0,5. Se dice, además, que los agrocombustibles no provocarán<br />

más hambre. Según la FAO, la comida que hay en el mundo sería suficiente para saciar a todos, pero<br />

la pobreza –ligada también a los altos precios de los combustibles, que hacen aumentar los rubros<br />

alimentarios– no permite que todos puedan nutrirse adecuadamente. Aquella es, entonces, una mera<br />

utopía, desde el momento en que no es, seguramente, aumentando la producción de agrocombustibles<br />

como se pondrá remedio al hambre en el planeta 2 .<br />

2. Muy claro ha sido Fidel Castro en sus reflexiones a este respecto:<br />

Pienso que reducir y además reciclar todos los motores que consumen electricidad y combustible es<br />

una necesidad elemental y urgente de toda la humanidad. La tragedia no consiste en reducir esos<br />

gastos de energía, sino en la idea de convertir los alimentos en combustible.<br />

Hoy se conoce con toda precisión que una tonelada de maíz solo puede producir 413 litros de etanol<br />

como promedio, de acuerdo con densidades, lo que equivale a 109 galones.<br />

El precio promedio del maíz en los puertos de Estados Unidos se eleva a 167 dólares la tonelada. Se<br />

requieren por tanto 320 millones de toneladas de maíz para producir 35.000 millones de galones de<br />

etanol. (...) el maíz convertido en etanol; los residuos de ese maíz convertidos en alimento animal con<br />

26% de proteína; el excremento del ganado utilizado como materia prima para la producción de gas.<br />

Desde luego, esto es después de cuantiosas inversiones, al alcance solo de las empresas más poderosas,<br />

en las que todo se tiene que mover sobre la base de consumo de electricidad y combustible. Aplíquese<br />

esta receta a los países del Tercer Mundo y verán cuántas personas dejarán de consumir maíz entre<br />

las masas hambrientas de nuestro planeta. O algo peor: présteseles financiamiento a los países pobres<br />

para producir etanol del maíz o de cualquier otro tipo de alimento y no quedará un árbol para<br />

defender la humanidad del cambio climático.<br />

Otros países del mundo rico tienen programado usar no solo maíz, sino también trigo, semillas de<br />

girasol, de colza y otros alimentos para dedicarlos a la producción de combustible. Para los europeos,<br />

por ejemplo, sería negocio importar toda la soya del mundo a fin de reducir el gasto en combustible<br />

de sus automóviles y alimentar a sus animales con los residuos de esa leguminosa, especialmente rica<br />

en todos los tipos de aminoácidos esenciales 3 .<br />

Y sostiene además Fidel Castro:<br />

La energía es concebida como una mercancía más. Tal como lo advirtiera Marx, esto no ocurre debido<br />

a la perversidad o insensibilidad de este o aquel capitalista individual, sino que es consecuencia<br />

de la lógica del proceso de acumulación, que tiende a la incesante “mercantilización” de todos los<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

692


componentes, materiales y simbólicos, de la vida social. El proceso de mercantilización no se detuvo<br />

en los humanos y simultáneamente se extendió a la naturaleza: la tierra y sus productos, los ríos y<br />

las montañas, las selvas y los bosques fueron objeto de su incontenible rapiña. Los alimentos, por<br />

supuesto, no escaparon de esta infernal dinámica. El capitalismo convierte en mercancía todo lo que<br />

se pone a su alcance.<br />

(…) La transformación de los alimentos en energéticos constituye un acto monstruoso.<br />

El capitalismo se dispone a practicar una masiva eutanasia de los pobres, y muy especialmente de<br />

los pobres del Sur, pues es allí donde se encuentran las mayores reservas de la biomasa del planeta<br />

requerida para la fabricación de los biocombustibles 4 .<br />

Desde el punto de vista ambiental, la producción masiva de agrocombustibles sería más dañina que<br />

el problema de contaminación que se intenta resolver.<br />

3. Los agrocombustibles son presentados como alternativa al petróleo y como medio para combatir el<br />

recalentamiento global y, por eso, las mayores empresas internacionales se están lanzando a este nuevo<br />

mercado que, sin embargo, resulta contrario a las necesidades alimentarias de los pueblos.<br />

La FAO afirma que entre marzo de 2007 y marzo de 2008 se registró en el precio de los cereales un<br />

aumento de 88%, mientras el de grasas y aceites fue de 106%. El Banco Mundial sostiene que en el<br />

último año y medio el precio de los granos se incrementó en más de 80%.<br />

En los países de capitalismo desarrollado, la superficie agrícola per cápita es el doble de la existente<br />

en las áreas subdesarrolladas: 1,36 hectáreas por persona en el norte, contra 0,67 en el sur, por el simple<br />

hecho de que en las zonas subdesarrolladas vive cerca de 80% de la población mundial 5 .<br />

Los precios de los alimentos básicos han aumentado muchísimo en estos últimos meses, lo cual<br />

penaliza todavía más a las comunidades más pobres. El del maíz, por ejemplo, creció en un año más de<br />

50%, y no es este un aumento provocado por escasez de producción; por el contrario, en estos últimos<br />

años se ha producido mucho más maíz que en los precedentes.<br />

La causa principal de ese incremento de precios debe imputarse al que a su vez experimentan los<br />

cereales utilizados para la producción de biocarburantes, así como al de los costos del gasoil y los fertilizantes,<br />

y también al del consumo de carnes, que tiene como consecuencia el aumento de la demanda<br />

de alimentos para animales.<br />

No es posible que se les quite la comida, el agua y la tierra a las comunidades pobres para sostener<br />

los lujos del occidente del mundo.<br />

La desnutrición amenaza hoy a 52,4 millones de suramericanos y caribeños, o sea, 20% de la<br />

población del continente. Con la expansión de las superficies convertidas a la producción de etanol,<br />

se corre el riesgo de transformar los llamados “biocombustibles”, de hecho, en “necrocombustibles”,<br />

en depredadores de vidas humanas 6 .<br />

Con el cautivante y engañoso término de biocombustible se consuma la nueva y monstruosa estafa<br />

de los agrocombustibles; vale decir, la explotación capitalista –por parte de las multinacionales– de<br />

bienes agrícolas que se destinan al mercado energético, en un intento de remontar la crisis con nuevos<br />

experimentos en las modalidades de acumulación, ante la conciencia de la gravedad de los rasgos<br />

sistémicos de esa misma crisis.<br />

La crisis actual, en efecto, es la prueba definitiva del fracaso del sistema capitalista, y su irreversibilidad<br />

se evidencia de manera incontrastable. La crisis económica y la crisis ecológica son dos caras<br />

LAS ENERGÍAS “LIMPIAS” DEL CAPITAL...<br />

693


de una misma moneda, y aun la misma cara de la misma moneda, porque dependen una de la otra.<br />

Una crisis ecológica de la cual el sistema capitalista no podrá salir, ya que los medios que están a su<br />

disposición no lo permiten. O, mejor dicho, no lo permiten los fundamentos mismos de su modo de<br />

producción: mientras más intente salir de la crisis económica, tanto más agravará la crisis ecológica,<br />

con lo cual aquella se torna irreversible.<br />

La escasa atención a los problemas ambientales y a su solución no es, como algunos intentan hacernos<br />

creer, una consecuencia de la actual situación de crisis económica –que impediría destinar recursos<br />

económicos a ese estratégico problema–, sino una condición necesaria e inherente al funcionamiento<br />

mismo del modo de producción capitalista. Los intentos de salir de la actual crisis de acumulación<br />

exigen la puesta en discusión o, más todavía, el completo abandono de las reglas de la democracia<br />

representativa, así como la anulación de todo límite: el energético, el alimentario, los que se derivan<br />

de la naturaleza misma del Estado de derecho y aun los que imponen los vínculos de tipo ambiental.<br />

Se trata de un fracaso, entonces, del modo de producción capitalista en su propia naturaleza y en<br />

sus reglas, tanto en el campo social como en el ambiental. Y es por eso que, desde hace ya tiempo,<br />

reiteramos que es la naturaleza del conflicto capital-trabajo lo que determina y subordina, hasta sofocar<br />

el modo de producción capitalista en su conjunto, la dirección y el contenido de la crisis energética y<br />

de la crisis alimentaria, que a su vez remiten al conflicto capital-naturaleza y, finalmente, al conflicto<br />

capital-Estado de derecho.<br />

El hombre, en su quehacer, manipula la calidad y la diversidad de los recursos naturales. Hoy, la<br />

situación indica que las demandas son mayores que las posibilidades de esos recursos.<br />

2. Ejemplos de cumbres y controversias<br />

1. Un total de 43 jefes de Estado y más de 5.000 delegados, en representación de 181 países, se reunieron<br />

por tres días en Roma, del 3 al 5 de junio de 2008, en la Cumbre Mundial de la FAO sobre<br />

Alimentación.<br />

Entre los temas más “candentes” estuvieron el de los agrocarburantes y el de las políticas agrícolas y<br />

comerciales, en los que se enfrentaron de un lado los países latinoamericanos y del otro Estados Unidos<br />

y la Unión Europea.<br />

En la declaración de clausura de la cumbre se manifestó la necesidad de dar una respuesta duradera<br />

a la crisis alimentaria, que requiere de acciones coordinadas de la comunidad internacional.<br />

Todos los países y organizaciones asumieron el compromiso de destinar 6,5 millardos de dólares a<br />

auxilios alimentarios: el Banco Mundial se comprometió con 1,2 millardos; Estados Unidos, con 1,5 y<br />

Francia con otro tanto; el Reino Unido, con 590 millones de dólares; Italia, con 190 millones de euros.<br />

La cumbre concluyó de manera decepcionante, con la simple disposición de los jefes de Estado y<br />

de los tantos ministros presentes de asumir un compromiso genérico para combatir el hambre en el<br />

mundo, sin identificar en absoluto las responsabilidades políticas de las grandes potencias occidentales,<br />

de las multinacionales y de la crisis estructural del modo de producción capitalista.<br />

Pero junto con la declaración final, pudo verse la clara toma de posición de algunos países de América<br />

Latina, encabezados por Cuba. Al dar lectura a la declaración de su país ante la sesión final de la<br />

asamblea general de la FAO, el viceministro para la Inversión Extranjera de Cuba, Orlando Requeijo,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

694


eiteró y reforzó algunos elementos claves de la intervención que el día anterior había realizado el jefe<br />

de la delegación cubana, Ramón Machado Ventura.<br />

Para reforzar esa argumentación intervino también Ecuador. “Venezuela, Argentina y Cuba no<br />

están solas. Somos muchos los países que no estamos de acuerdo” 7 .<br />

La delegación cubana denunció abiertamente que el poco significativo resultado que se alcanzó<br />

en la declaración final de la cumbre, era producto de la falta de voluntad política de los países de<br />

capitalismo maduro para brindar soluciones sustanciales y duraderas a una crisis alimentaria mundial<br />

que está hoy fuertemente vinculada a la crisis energética y ambiental. Asimismo, denunció que en el<br />

documento final no había referencias al impacto proteccionista de los subsidios agrícolas, al control<br />

monopólico de la distribución de alimentos, a la estrategia criminal de utilizar agrocombustibles en<br />

contraposición al uso de los cereales para resolver los problemas alimentarios del sur del mundo;<br />

como tampoco había referencia alguna al tema fundamental del cambio climático provocado por los<br />

modelos de producción y de consumo impuestos por el neoliberalismo, a todo lo cual se unen las<br />

consecuencias de la especulación financiera en el aumento de los precios de los alimentos.<br />

2. Los delegados de Argentina, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Venezuela apoyaron la posición de Cuba.<br />

En particular, la embajadora de la República Bolivariana de Venezuela ante la FAO, Gladys Urbaneja<br />

Durán, subrayó en su intervención que la crisis alimentaria no es un problema técnico, sino social y<br />

político:<br />

es la mayor demostración del fracaso histórico del modelo capitalista. (…) Todas estas causas se<br />

podrían resumir en una sola: el carácter de mercancía que tienen los alimentos en la actual estructura<br />

económica internacional, sustentada en el modelo de producción y consumo capitalista, que<br />

privilegia la maximización de la ganancia, en desmedro del bienestar colectivo de los pueblos y del<br />

aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.<br />

Es por tales motivos, manifestó la delegada de Venezuela, que es preciso darle un fuerte impulso al<br />

ALBA –es decir, la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América–, para contraponerse<br />

así a la lógica capitalista, a la lógica de la ganancia y la competencia global. Propuso, además, la creación<br />

inmediata de un fondo agrícola especial, al que se destine un porcentaje consensuado del precio<br />

del barril petrolero, para financiar la mecanización de la agricultura y sus tecnologías y desarrollar la<br />

producción de alimentos, para lograr así una verdadera soberanía alimentaria de los pueblos frente a<br />

los intereses de las multinacionales.<br />

La delegación de Cuba, al agradecer el apoyo recibido de la mayoría de los países presentes para<br />

exigir el fin del criminal bloqueo impuesto por el Gobierno de Estados Unidos, reiteró que su país<br />

seguirá trabajando en defensa de la justicia, de la equidad y de la solidaridad, “a fin de que el hambre<br />

se convierta lo antes posible en un flagelo erradicado de la historia de la humanidad”.<br />

3. Esos importantes planteamientos de las delegaciones cubana y venezolana, fuertemente apoyados<br />

por Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, fueron también las ideas centrales de quienes quisieron<br />

promover una cumbre alternativa, una contra-cumbre, en conjunto con diversos centros de estudio,<br />

asociaciones y movimientos de base, para acusar directamente al actual orden económico internacional,<br />

que incrementa cada vez más la pobreza, la desigualdad y la injusticia.<br />

LAS ENERGÍAS “LIMPIAS” DEL CAPITAL...<br />

695


Tal situación nos obliga a comprender que no es posible ya pensar como justo este sistema económico,<br />

que no se puede pensar solo en el logro de la máxima ganancia, de la acumulación y de la explotación<br />

del hombre y del ambiente, sino que se debe empezar a considerar que todos los países están obligados<br />

a velar por la conservación y a colocar en el centro de sus modalidades de desarrollo, al hombre, la<br />

naturaleza, los ecosistemas, la diversidad biológica y los recursos naturales.<br />

El macrosistema ambiental, y no el capital, como elemento determinante de la economía. La política<br />

autodeterminada por los pueblos, en función rectora de la economía, y no la economía del capital<br />

al gobierno de la política.<br />

En efecto, la crisis alimentaria, la crisis energética y la crisis ambiental son producto de la crisis<br />

sistémica del modo de producción capitalista, de un modelo que se sostiene en el consumismo desenfrenado<br />

y que, para hacer posibles las ganancias de las multinacionales, provoca cada vez más guerras,<br />

explotación, miseria y hambre. Y es por eso que surgen y se crean inmediatamente alternativas radicales<br />

en apoyo de las experiencias en curso de construcción del socialismo del siglo xxi.<br />

Una visión, pues, basada en la democracia participativa, que tenga como fin la compatibilidad<br />

socioambiental, la solución de los problemas sociales, el progreso social y el desarrollo colectivo y<br />

autodeterminado y, por tanto, también la salvaguarda de la naturaleza como elemento central. Un<br />

proceso de renovación cultural que vuelva a dar importancia a los valores de uso, a los bienes comunes,<br />

al bienestar colectivo, a los derechos de la humanidad, a la solidaridad, a la equidad, a la repartición, a<br />

la reciprocidad. Una sociedad que será también capaz de superar la simple relación oportunista con la<br />

naturaleza, y en la que no se trate de preservarla para explotarla más y mejor, sino de vivir en armonía<br />

con ella y utilizarla en la medida de lo necesario.<br />

Un cambio que presupone la transición a un modelo social que se base en nuevos presupuestos;<br />

que requiere, como nuevo paradigma, anteponer la macroeconomía a la microeconomía y el bienestar<br />

social al mercado y que, en consecuencia, considere a la naturaleza como patrimonio de la humanidad<br />

y por su valor en sí misma.<br />

4. Luego de lo que muchos calificaron como el fracaso de la Conferencia de Copenhague, y en previsión<br />

de otras experiencias similares, el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales,<br />

convocó para abril de 2010, en Cochabamba (Bolivia), la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre<br />

el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra.<br />

El motivo principal que impulsó al presidente Evo Morales a convocar esta conferencia fue el<br />

fracaso de la cumbre de Copenhague. De hecho, en su discurso de apertura dijo:<br />

Debemos unir nuestros esfuerzos en defensa de la Madre Tierra. Nos negamos a plegarnos a los<br />

intereses económicos capitalistas que hicieron naufragar la Conferencia de Copenhague. Para que eso<br />

no se repita, trabajaremos todos juntos en la articulación de una propuesta compartida y concreta,<br />

capaz de incidir en las políticas globales que amenazan la supervivencia de nuestro planeta.<br />

Los temas principales de discusión fueron los siguientes:<br />

Para afrontar el cambio climático debemos reconocer a la Madre Tierra como fuente de vida y<br />

plasmar un nuevo sistema basado en los principios de:<br />

– armonía y equilibrio entre todos y con todo;<br />

– complementariedad, solidaridad y equidad;<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

696


– bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos, en armonía con la<br />

Madre Tierra;<br />

– respeto a los derechos de la Madre Tierra y a los derechos humanos;<br />

– reconocimiento del ser humano por lo que es, y no por lo que posee;<br />

– eliminación de todas las formas de colonialismo, imperialismo e intervencionismo;<br />

– paz entre los pueblos y con la Madre Tierra.<br />

Después de seis días de discusiones, en las que participaron más de 15.000 delegados –entre militantes,<br />

estudiosos e intelectuales– provenientes de 170 países, así como 90 delegaciones en representación<br />

de otros tantos Gobiernos, se llegó a un documento final consensuado que recibió el nombre de<br />

Acuerdo de los Pueblos 8 .<br />

En la parte política de dicho documento se subraya:<br />

– los responsables históricos y actuales de los desastres ambientales son el capitalismo y los países<br />

desarrollados, y corresponde a ellos solucionar tales problemas;<br />

– la descolonización de la atmósfera de los países desarrollados debe lograrse a través de la reducción<br />

y absorción de sus propias emisiones;<br />

– los países desarrollados deben asumir los costos y las necesidades de transferencia tecnológica de<br />

los países en vías de desarrollo, debidos a la pérdida de oportunidades de desarrollo que se derivan<br />

del vivir en un espacio atmosférico restringido; deben hacerse responsables de los centenares de<br />

millones de personas que se ven obligadas a emigrar por causa del cambio climático que ellos han<br />

provocado, eliminar sus políticas restrictivas en materia de migración y ofrecer a los inmigrantes<br />

una vida digna, con usufructo de todos los derechos existentes en sus países; y asumir los costos de<br />

adaptación vinculados a los impactos del cambio climático en los países en vías de desarrollo.<br />

En la parte práctica se plantea proponer e impulsar:<br />

– la aprobación, en la Asamblea de las Naciones Unidas, de una Declaración Universal de los<br />

Derechos de la Madre Tierra;<br />

– la creación de un Tribunal Internacional para la Justicia Climática y Ambiental;<br />

– la realización de un referéndum mundial sobre cambio climático;<br />

– la constitución de un Fondo de Adaptación para afrontar el cambio climático, como parte de un<br />

mecanismo financiero administrado y dirigido, de manera soberana, transparente e imparcial, por<br />

los países en vías de desarrollo;<br />

– la reducción del límite aceptable de sobrecalentamiento del planeta a 1ºC, en lugar de 2ºC como<br />

se planteó en Copenhague.<br />

Propuestas estas que más adelante serían hechas propias por los Gobiernos del ALBA (Cuba, Venezuela,<br />

Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Dominica, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda)<br />

durante las negociaciones oficiales en Cancún y en Durban, aunque lamentablemente con escasos<br />

resultados.<br />

En su discurso de clausura, el presidente Evo Morales dijo, entre otras cosas:<br />

Si no cambiamos el sistema capitalista, cualquier medida que decidamos adoptar tendrá un carácter<br />

limitado y precario. Debemos construir un nuevo sistema, basado en la armonía con la naturaleza<br />

y con los demás seres humanos. No puede haber armonía alguna en un modelo en el que 1% de<br />

la población mundial concentra en sus ávidas manos el 50% de la riqueza del planeta. El poder de<br />

LAS ENERGÍAS “LIMPIAS” DEL CAPITAL...<br />

697


cambiar las cosas reside en la fuerza de los pueblos. Solo los pueblos unidos pueden vencer contra<br />

los poderes económicos y políticos que imponen estas políticas de exclusión y de destrucción (…) Si los<br />

Gobiernos del mundo no asumen el desafío de salvar el planeta, serán los pueblos quienes tendrán<br />

que hacerlo.<br />

5. En diciembre de 2010 se efectuó la COP16 en Cancún, México. También allí, los temas principales<br />

fueron el futuro del Protocolo de Kyoto –que vence en 2012–, las decisiones vinculantes con respecto<br />

a los cambios climáticos y las emisiones, y los compromisos financieros en favor de los países en vías<br />

de desarrollo, que deben ayudarlos a obtener tecnologías energéticas limpias para reducir sus propias<br />

emisiones de gases de efecto invernadero. Entre sus resultados, esta décimo sexta conferencia planteó la<br />

necesidad de “acciones urgentes” para evitar un aumento superior a 2 grados en la temperatura media<br />

del planeta y pidió a los científicos determinar si ese límite se debe fijar en 1,5 grados, pero no estableció<br />

objetivos precisos y vinculantes para lograr la reducción de los mencionados gases. Asimismo,<br />

acordó exhortar a los países a “ampliar sus propias aspiraciones” y manifestó la necesidad de comprometer<br />

de inmediato 30 millardos de dólares para el período 2010-2013 –y movilizar posteriormente<br />

100 millardos de dólares anuales hasta el año 2020–, a fin de ayudar a los países en vías de desarrollo<br />

en el mencionado objetivo de obtener tecnologías limpias para reducir sus emisiones de gases de efecto<br />

invernadero; todo esto a través de un nuevo organismo internacional denominado Green Climate<br />

Fund. Se habló, pues, de necesidad y no de certeza; de movilizar y no de asignar. Pero sobre todo,<br />

se habló sin precisar de dónde saldrán esos fondos y quién los administrará. En concordancia, se<br />

arribó a un compromiso no vinculante para mantener el aumento de la temperatura terrestre por<br />

debajo de los 2 grados. No hubo compromiso alguno para prorrogar el Protocolo de Kyoto tras su<br />

vencimiento en 2012.<br />

En diciembre de 2011 tuvo lugar en Durban, Sudáfrica, la COP17. Dados los escasos resultados<br />

de las dos cumbres anteriores, los temas planteados fueron casi los mismos: el futuro del Protocolo de<br />

Kyoto, compromisos vinculantes respecto a los cambios climáticos y las emisiones de CO 2<br />

, obtención<br />

y administración de los recursos de la Green Climate Fund. También en esta oportunidad, los resultados<br />

fueron un tanto decepcionantes; de hecho, y en lo esencial, el cónclave concluyó con el solo<br />

compromiso formal de llegar a 2015 con un acuerdo vinculante que entre en vigor en 2020.<br />

— notas —<br />

1 Cfr. “La faccia oscura degli agrocombustibili”, de José Antonio Díaz Duque, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular,<br />

viceministro del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Ambiente de la República de Cuba, en Vasapollo, Martufi (ed., 2008)*.<br />

2 “I cinque miti degli agrocombustibili” (Los cinco mitos de los agrocombustibles). Fuente: Missione Oggi. http://www.trentinosolidarieta.it/article/articleview/2020/1/156/.<br />

* (n.t.) El fragmento que aquí se incluye es tomado de la versión original en español, titulada “La cara oculta de los biocombustibles”,<br />

según se reproduce en http://rsandres.wordpress.com/category/medi-ambient/.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

698


3 Reflexiones de Fidel. http://www.granma.cu/italiano/2007/marzo/juev29/fidel.html**.<br />

4 Reflexiones de Fidel. http://www.granma.cu/italiano/2007/marzo/juev29/fidel.html***.<br />

5 http://www.granma.cu/italiano/2007/mayo/juev10/sintensifica-il-dibattito.html.<br />

6 Cfr. Frei Betto, “I necrocombustibili”, in http://www.che-fare.org/news/Frei%20Betto%20I%20necrocombustibili.html.<br />

7 Cfr. 2008-06-06 12:53; “FAO: vertice chiuso, approvata la dichiarazione finale”; http://www.ansa.it/opencms/export/site/visualizza_fdg.html_77952538.html.<br />

8 http://cmpcc.org/2010/04/24/acuerdo-de-los-pueblos/#more-1757.<br />

** (n.t.) El fragmento que aquí se incluye es tomado de la versión original en español que, con el título de “Condenados a muerte<br />

prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo”, se publicó el 28 de marzo de 2007 y se reproduce<br />

en www.cubadebate.cu.<br />

*** (n.t.) El fragmento que aquí se incluye es tomado de la versión original en español que, con el título de “Se intensifica el<br />

debate”, se publicó el 9 de mayo de 2007 y se reproduce en www.lajiribilla.cu.<br />

LAS ENERGÍAS “LIMPIAS” DEL CAPITAL...<br />

699


Capítulo V<br />

LINEAMIENTOS CONCLUSIVOS: PARTIR DE LAS LUCHAS<br />

DE LOS MOVIMIENTOS DE BASE Y DE UNA<br />

TEORÍA ECONÓMICA SOCIOECOLÓGICA-POLÍTICA PARA UN<br />

DESARROLLO FUERA DEL MERCADO<br />

1. En lo sustancial, un concepto está ya claro: nuestro sistema macroambiental no puede seguir reproduciéndose<br />

a través de la explotación continua y descontrolada de los recursos naturales. La solución,<br />

sin embargo, no puede ser el crecimiento cero o detención del desarrollo, ni está en falsas alternativas<br />

que en realidad son crímenes contra la humanidad, como el uso de agrocombustibles.<br />

El empeoramiento de las condiciones de vida de las clases subalternas en el mundo entero, agudizado<br />

por las guerras necesarias para los nuevos esquemas del modo de desarrollo del capitalismo, pone<br />

de relieve las posibilidades para una solidaridad internacional renovada. El internacionalismo renovado<br />

y militante de los movimientos de clase no es ya postergable: lo hace más y más necesario el contexto<br />

de “guerra infinita”, la que batallan ejércitos y la que se cumple en el terreno social.<br />

Los desafíos de la globalización (desempleo, subempleo, cambios en la estructura del trabajo,<br />

declinación de los servicios públicos y otros más) son problemas sociales que van más allá del puesto<br />

de trabajo. Aceptar el desafío significa actuar de manera tal que el movimiento obrero se convierta en<br />

un movimiento social que promueva los intereses de todos los trabajadores, tanto de los organizados<br />

como de aquellos que no lo están.


Los sindicatos deben ser capaces de expandirse más allá de los lugares de trabajo y de abarcar comunidades<br />

más grandes, mediante la construcción de alianzas con organizaciones ambientalistas, locales,<br />

religiosas, femeninas, de derechos humanos, de agricultores y de otros géneros 1 .<br />

Está claro que darle voz a las exigencias ambientales y sociales no debe implicar, en contrapartida,<br />

que se produzcan repercusiones negativas para las ya precarias condiciones salariales. El temor, en<br />

efecto, es que la empresa, para conformar la producción a las exigencias ambientales y negada a tocar<br />

para ese fin los recursos destinados a las ganancias y las rentas, ataque con tal propósito los que corresponden<br />

a la retribución del trabajo, ocasionando así un empobrecimiento adicional de las clases<br />

más desposeídas. Eso no se debe permitir. Los costos de la salvaguarda del ambiente deben correr por<br />

cuenta de la empresa y recaer, por tanto, en el factor productivo capital y no sobre el costo del trabajo.<br />

Pero esto solo será posible si las organizaciones sindicales asumen un rol de madurez, si ubican y<br />

enfrentan las contradicciones capital-naturaleza en el marco del conflicto capital-trabajo, sin sacrificar<br />

–o, todavía peor, contraponer– las cuestiones ambientales a los problemas de la retribución; vale decir,<br />

si desarrollan una visión unificadora de las luchas por el trabajo y por el ambiente y si logran construir<br />

relaciones de fuerza que sean en su conjunto favorables al mundo del trabajo.<br />

Es ya indispensable poner freno a la carrera desbocada en pos de la ganancia, así como definir y<br />

establecer, en materia de condiciones sociales, ambiente y trabajo, estándares mundiales mínimos a los<br />

que todos los Gobiernos deban ceñirse y hacer respetar 2 .<br />

2. Dado que la sobrevivencia biológica de la especie humana y su sobrevivencia social están estrechamente<br />

ligadas, resulta necesario, para posibilitar un crecimiento equilibrado e igualitario de la<br />

sociedad, superar el modo de producción capitalista y poner en discusión el lugar de la economía en<br />

la vida cotidiana. Una economía hoy drogada y de papel, ya que únicamente determina las leyes de la<br />

búsqueda desenfrenada de ganancias por parte de los capitalistas.<br />

El desafío planteado es, pues, el de lograr una sociedad que vaya más allá del capital, pero también,<br />

al mismo tiempo, el de dar respuestas inmediatas a la barbarie que flagela la vida cotidiana del ser social<br />

que trabaja, es decir, de la clase trabajadora.<br />

Es necesario, desde ya, desarrollar batallas de contra-tendencia, con un programa de fases bien definidas<br />

sobre las compatibilidades socioambientales, que sea primero de carácter político para después<br />

buscar influir en las decisiones económicas.<br />

Los límites de la naturaleza deben ser considerados también en su relación con las necesidades reales<br />

de los llamados países en vías de desarrollo, y con su derecho a la autodeterminación para emprender<br />

caminos propios de emancipación social y económica.<br />

Resulta evidente, pues, que se requiere una redistribución de la riqueza natural, a través de la soberanía<br />

jurídica y económica de cada Estado sobre sus propios recursos naturales, como también una<br />

nueva geopolítica ambiental basada en la descolonización del suelo y de la atmósfera por parte de los<br />

llamados países desarrollados o de capitalismo maduro.<br />

Es preciso plantear asimismo en escala ambiental los problemas vinculados con la inmigración.<br />

Son cada vez más los emigrantes ambientales; es decir, las personas que no tienen ya esperanza de sobrevivir<br />

en sus tierras de origen por causa de factores relacionados con la destrucción de la naturaleza,<br />

como son la sequía, la desertificación, la erosión, la falta de recursos hídricos, entre otros, o debido<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

702


a problemas emergentes como el cambio climático, o como consecuencia de ciclones, tempestades,<br />

aludes y otros desastres naturales. Efectos ambientales que son provocados por los países industrializados,<br />

a los que se considera desarrollados y avanzados cuando, de hecho, son portadores de las<br />

devastadoras consecuencias de su modo de producción y de la actual forma de ser del colonialismo<br />

y el imperialismo.<br />

En lo concreto, el verdadero responsable de la migración de cientos de millones de personas por<br />

motivos ambientales es el modo de producción capitalista, que origina esas causas. Y deben ser entonces<br />

los países de capitalismo maduro los que se hagan cargo de esas desesperadas migraciones, para lo<br />

cual deben eliminar sus políticas restrictivas en la materia, garantizar la plena y libre circulación de los<br />

seres humanos y ofrecer a los inmigrantes una vida digna, con los mismos derechos que sus propios<br />

ciudadanos.<br />

Se ha de reconocer a los países de la periferia productiva el daño sufrido por la pérdida de oportunidades<br />

de desarrollo, derivada de la colonización, del imperialismo, de la imposición de vivir en un<br />

espacio atmosférico restringido, del saqueo de sus recursos naturales. En esa perspectiva, debe también<br />

retomarse decididamente la propuesta de condonar la deuda de los países en vías de desarrollo y de<br />

que sean los industrializados quienes asuman los costos de la transferencia tecnológica hacia aquellos,<br />

así como la conformación de un fondo de adaptación que esté a su disposición para afrontar los graves<br />

problemas suscitados por el cambio climático, como parte de un mecanismo de resarcimiento administrado<br />

por ellos mismos de manera soberana, transparente e imparcial.<br />

No se puede seguir aceptando un comercio que, además de contemplar la compra-venta de la<br />

naturaleza, permite adquirir o vender, monetariamente, el derecho a destruirla, hasta llegar al punto<br />

de mercantilizarla. Resulta decisivo, pues, eliminar todos los mecanismos de comercio en materia de<br />

cambio climático y del mercado de carbono, como los certificados de reducción de emisiones (CER)<br />

y los créditos forestales (REDD).<br />

3. Solo de esa manera se pueden detener para siempre y dondequiera las guerras de agresión y de<br />

expansión imperialista, a la vez que redistribuir la riqueza al mundo del trabajo y del trabajo negado,<br />

y vincular el concepto de desarrollo a los de Estado social, de progreso y de buen vivir para todos:<br />

un desarrollo, pues, cualitativo y autodeterminado, con fuerte compatibilidad social y ambiental,<br />

basado en la centralidad del hombre y de la naturaleza y, por tanto, enfocado en los derechos de<br />

la humanidad.<br />

Desde hace mucho, Cuba ha hecho de la protección del ambiente una prioridad nacional. Así, por<br />

ejemplo, la superficie de sus bosques ha aumentado en 33.631 hectáreas.<br />

La isla dispone hoy de 2.696.589 hectáreas de terrenos boscosos, sin contar las 170.253 hectáreas<br />

de plantaciones jóvenes, con menos de tres años. Gracias a un programa nacional de mejoramiento de<br />

suelos, en 2006 fueron tratadas 515.000 hectáreas, lo que permitió disminuir la contaminación ambiental<br />

en 3,8% con respecto a 2005. Cuba es uno de los pocos países del mundo cuya superficie<br />

forestal es actualmente superior a la de 50 años atrás 3 .<br />

Todo esto se traduce en una aproximación diferente a la naturaleza, gracias a un mayor involucramiento<br />

con el territorio, a su conocimiento profundo, a la percepción exacta de las necesidades y de<br />

los recursos territoriales disponibles, a una visión de valorización y de valía de la cultura local, como<br />

también a una visión cosmocéntrica de la naturaleza misma.<br />

LINEAMIENTOS CONCLUSIVOS: PARTIR DE LAS LUCHAS DE LOS MOVIMIENTOS DE BASE...<br />

703


En ese terreno está trabajando la revolución cubana y, no obstante las grandes limitaciones impuestas<br />

por la agresión imperialista, alcanza resultados sociales y ambientales que son reconocidos por los<br />

más importantes organismos internacionales.<br />

Por ejemplo, en un despacho de la agencia ANSA, de hace algún tiempo, puede leerse:<br />

Ambiente: Cuba, único país con desarrollo sustentable, estudio<br />

(ANSA) – Londres, 6 octubre 07 – El “desarrollo sustentable” puede haber sido el centro del discurso<br />

de muchos políticos en estos últimos tiempos, pero, según un reciente estudio, el país donde se le<br />

puede ver realizado es uno solo: Cuba. Una investigación de la Global Footprint Network, reseñada<br />

por el semanario británico New Scientist, ha comparado las condiciones de vida de 93 países (en<br />

términos de PIB per cápita, instrucción, salud, expectativa de vida, etcétera) con su “huella ecológica”,<br />

un índice que mide el impacto ambiental del estilo de vida de una determinada nación. El estudio,<br />

que será publicado en la revista Ecological Economics, es parte de una investigación más amplia en<br />

150 países, que será presentada en el Día de la Deuda Ecológica Mundial (mañana). Los resultados se<br />

correspondieron, en larga medida, con lo esperado: los países occidentales tienen estándares de vida<br />

muy elevados, pero consumen demasiados recursos. Los científicos autores de la investigación han<br />

calculado, además, que si toda la población mundial viviese según los estándares estadounidenses, se<br />

requerirían cinco planetas como la Tierra.<br />

En el otro extremo de la escala, los países de África, América Latina y buena parte de Asia consumen<br />

los recursos de la Tierra en proporción sustentable –tanto así, que el planeta bastaría tranquilamente<br />

para hacer vivir a todos como un ciudadano, por ejemplo, de Malasia–, pero los niveles de vida son<br />

demasiado bajos. La única nación donde el desarrollo parece marchar de acuerdo con la sustentabilidad<br />

es, sorprendentemente, el país dirigido por Fidel Castro. “Los cubanos –explica Mathis Wackernagel,<br />

coordinador del estudio– tienen altos niveles de educación y de expectativa de vida, y han sido<br />

obligados por el embargo petrolero a tener una pequeña huella ecológica”. “Nadie tiene el valor de<br />

decir qué es en verdad la sustentabilidad –agrega el científico–, pero nosotros creemos haber provisto<br />

una sólida medición”. 05/10/2007 12:51 (ANSA). Z08-NS 4 .<br />

Y justamente porque los medios de producción son del pueblo, puede Cuba, con todas las dificultades<br />

y contradicciones de un proceso socialista obviamente todavía inacabado, plantear una relación<br />

distinta con el cuerpo social y con el macrosistema ambiental, ya que la producción está orientada a<br />

la resolución de las necesidades de la gente, a las posibilidades de redistribución social y, por tanto, al<br />

respeto y protección de la naturaleza.<br />

4. Tal como hoy se presenta, el desarrollo es solo expresión de la civilización capitalista, que se caracteriza<br />

por su exclusividad al confrontarse con otras civilizaciones del planeta. Remite, pues, a un<br />

crecimiento cuantitativo que presenta el modelo de desarrollismo capitalista como única perspectiva<br />

de la humanidad.<br />

En el actual sistema capitalista, las grandes empresas nacionales, financieras y transnacionales, que<br />

actúan únicamente en función de sus propios intereses, generan un desarrollo desigual. Es fundamental<br />

demostrar que ese sistema y las teorías que lo legitiman son injustos, que generan pobreza, desigualdades<br />

y trágicos problemas de supervivencia, porque son las mismas leyes del modo de producción<br />

capitalista las que determinan el conflicto social con la naturaleza, como reflejo de la contradictoria<br />

dinámica que establecen entre desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones de producción.<br />

Se impone, por tanto, el establecimiento de relaciones internacionales de nuevo tipo, basadas<br />

en la cooperación real, en la solidaridad activa, en el respeto recíproco y el desarrollo social y<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

704


autodeterminado. Sobre esa base se puede desarrollar una alternativa mundial de lucha que se oponga a<br />

la competencia global y a la mundialización del capital, vale decir, un proyecto con significado popular,<br />

transnacional y anticapitalista, transversalizado por la democracia participativa y por la globalización<br />

de la solidaridad entre los pueblos.<br />

Esto puede hacerse posible mediante el desarrollo de un movimiento internacional de los trabajadores,<br />

entendido como movimiento de los ocupados, de los desocupados, de los precarios, de los<br />

pueblos originarios, de los emigrantes, que sepa construir una estrategia de lucha común contra las<br />

leyes del modo de producción capitalista.<br />

En otras palabras, vincular, dentro de un nuevo proceso internacionalista, a los movimientos sociales<br />

y políticos que en los países de capitalismo maduro actúan en el marco de la contradicción capitalnaturaleza,<br />

con aquellos que lo hacen en la periferia productiva, todo ello en una visión indisoluble de<br />

sus respectivas instancias frente al conflicto capital-trabajo.<br />

De allí nuestra atención política y cultural, exenta de todo enfoque romántico o nostálgico, a<br />

la realidad de esa América indio-africana que, por causa de la reestructuración neoliberal, ve profundizarse<br />

cada vez más la brecha entre riqueza y pobreza. El rol de semiperiferia económico-productiva<br />

asignado a la América de los pueblos originarios, hace de ella el área en que más marcada<br />

y directa es la centralidad del conflicto capital-trabajo, y donde se configuran de manera más concreta,<br />

salvaje y sin mediaciones las contradicciones capital-naturaleza, capital-ciencia, capital-democracia<br />

y capital-derechos (por no hablar de la negación del Estado de derecho a través de la brutal<br />

represión de los movimientos de base), todo en clara explicitación de las dinámicas del conflicto<br />

de clases.<br />

El socialismo del siglo xxi –al que quizá mejor sea definir como socialismo en el siglo xxi– se llena<br />

así de verdaderos contenidos de clase. Esta formulación, aparentemente genérica, encuentra un contenido<br />

concreto precisamente en la vida cotidiana, con las decisivas reformas estructurales de Chávez,<br />

de Evo Morales, de Correa, que por la radicalidad de sus formas y contenidos representan, junto con<br />

Cuba, el horizonte revolucionario de América Latina, a su vez referencia para todo el universo de las<br />

luchas sociales globalizadas de resistencia y de recuperación de la ofensiva social. Y es fundamental que<br />

estas acciones tengan, en su naturaleza más profunda, una dirección esencialmente contraria a la lógica<br />

del capital y del mercado.<br />

5. El reto, como ya hemos dicho, es lograr una sociedad que vaya más allá del capital. Un modelo de<br />

sociedad –y por tanto de desarrollo autodeterminado– que se centre en la planificación económica<br />

y social como instrumento de igualdad y de justicia, en el que sea posible un desarrollo socio-ecosustentable<br />

que se oriente hacia nuevas relaciones entre los hombres y entre el hombre y la naturaleza,<br />

y por tanto hacia la redefinición de las relaciones de producción, de las relaciones entre las fuerzas<br />

productivas y de sus finalidades.<br />

En la economía planificada, y en particular en la socialista, el postulado primario es la propiedad<br />

colectiva de los medios de producción fundamentales, seguida por la propiedad colectiva de los sectores<br />

productivos estratégicos, comenzando por el crédito.<br />

Una planificación, entonces, incluso no del todo centralizada y acompañada por diversas formas<br />

de descentralización, en la que pueden tener cabida posibles relaciones mixtas entre centralización y<br />

autogestión local.<br />

LINEAMIENTOS CONCLUSIVOS: PARTIR DE LAS LUCHAS DE LOS MOVIMIENTOS DE BASE...<br />

705


En definitiva, una ya impostergable planificación, capaz de prever los recursos que se han de emplear,<br />

con base en la disponibilidad y en una racionalización –en términos económicos, científicos y<br />

ecológicos– en la cual los recursos, aun los de tipo natural y energético, puedan ser no solo nacionales<br />

o internacionales, sino sobre todo locales, al igual que los destinatarios de las mercancías y los servicios<br />

producidos.<br />

Accesos inmediatos a una planificación que, en sus sucesivas fases transitorias, convierta a los trabajadores<br />

de cada unidad productiva en protagonistas de la determinación de objetivos, de las decisiones<br />

ordinarias y de las ejecutivas –y por tanto de toda la gestión–, y en la que estos puedan disfrutar de los<br />

resultados positivos y sostener en parte los riesgos.<br />

La ciencia y la tecnología podrán entonces asumir su intrínseco valor social, como “simple” crecimiento<br />

del conocimiento humano, como mejoramiento de la calidad de vida, como instrumento para<br />

adaptar los comportamientos sociales a la naturaleza; así, aun cuando adquieran el valor de medios de<br />

producción, no estarán subordinados –por ser de propiedad colectiva– a la obtención de ganancias,<br />

con lo cual se podrá efectivamente aplicar el principio de precaución, el hipocratiano primum non<br />

nocere (lo primero es no hacer daño) 5 .<br />

Además de este postulado primario, en la planificación socialista rige el principio de que las decisiones<br />

políticas y económicas, y por ende las relaciones sociales que de ellas se derivan, están orientadas<br />

hacia la maximización del bienestar social de la población. Esto le brinda una visión completamente<br />

distinta a la concepción de la naturaleza. En efecto: si esta última es –como lo es– un elemento fundamental<br />

para la vida del hombre, debe ser obligatoriamente concebida como necesaria para su bienestar,<br />

y por tanto conservada.<br />

De estos dos principios se deriva que el nivel óptimo coincide, en el socialismo, con el máximo<br />

y, en consecuencia, con la minimización de los excedentes. El desperdicio de recursos materiales en<br />

producciones que no sean socialmente útiles no tiene razón de ser. El excedente, útil al sistema capitalista<br />

para facilitar el mejoramiento de los resultados contables de las empresas, es eliminado por la<br />

organización del sistema de producción y distribución típico de la planificación predominantemente<br />

macroeconómica. Esto reduce notablemente el impacto ambiental de dicho sistema en todas sus fases,<br />

que es en cambio considerablemente alto en el sistema capitalista de excedencia y consumismo.<br />

Al imaginar el futuro en esa dirección, debemos, sin embargo, saber también reconocer los errores<br />

del pasado, como los ocurridos en algunas experiencias históricas de planificación. En la Unión Soviética,<br />

por ejemplo, el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque de propiedad social y no dirigidas a<br />

la acumulación capitalista, se dio muchas veces bajo los mismos mecanismos del modo de producción<br />

capitalista, a pesar de la intención de utilizarlas para liberar al hombre de la necesidad y suprimir la<br />

explotación. Eso se tradujo en desarrollo cuantitativo, en un crecimiento a marcha forzada de la industria<br />

pesada que, al exigir un continuo aprovisionamiento de materias primas y recursos energéticos,<br />

produjo contaminación y una explotación excesiva de la naturaleza, y se manifestó igualmente en un<br />

desarrollo tecnológico peligroso para esta, como es el caso, por ejemplo, de la energía nuclear. Aunque<br />

no orientado directamente por mecanismos de acumulación como los capitalistas, en la Unión Soviética<br />

el desarrollo asumió frecuentemente un carácter cuantitativo y de alto impacto ambiental.<br />

Los esfuerzos deben entonces orientarse a tomar de las experiencias cumplidas sus mejores partes, a<br />

saber actualizarlas y a ser capaces, también, de contaminarlas con “nuevos” paradigmas socioecológicos<br />

de carácter político y anticapitalista 6 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

706


Se trata, en fin, de una planificación socialista basada en la democracia participativa, que tenga por<br />

fin la solución de los problemas sociales, el progreso y el desarrollo colectivos, la creación, preservación<br />

y máxima socialización de los bienes comunes y, en consecuencia, también la salvaguarda de la naturaleza<br />

en todas sus manifestaciones y expresiones. Todo esto en el ámbito de los planes nacionales, pero<br />

también de los locales y sectoriales.<br />

6. Un proceso de renovación cultural que vuelva a dar importancia a los valores de uso, a los bienes<br />

comunes, al bienestar colectivo, a los derechos de la humanidad, a la solidaridad, a la equidad, a la<br />

repartición, a la reciprocidad, a la coparticipación.<br />

Ese proceso, sin embargo, no puede ser interpretado de manera unívoca, sino que será necesaria<br />

–como ha sido el caso en las experiencias cumplidas y en las que se están realizando– una aproximación<br />

subjetiva a cada experiencia en particular.<br />

Una superación, pero que desde un comienzo se plantee la perspectiva de cambio. Que sepa identificar<br />

y crear de inmediato la sociedad alternativa.<br />

El problema tiene dos caras. La primera consiste en pasar de los movimientos sociales a la construcción<br />

de una organización política en forma de partido, con un grupo dirigente y con capacidad para<br />

conducir numerosas formas de lucha hacia un horizonte estratégico no solo antiimperialista, sino sobre<br />

todo anticapitalista, es decir, hacia un gobierno alternativo al modo de producción capitalista, utilizando<br />

para ello las formas y modalidades objetivas y subjetivas que las condiciones reales impongan.<br />

Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la<br />

realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas<br />

actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente 7 .<br />

Entretanto, hay que tener muy claro que esto es un proceso y, como tal, se realiza en el tiempo. Así,<br />

por ejemplo, no cabe pensar en la eliminación del mercado, por lo menos a corto plazo. Aunque no<br />

será una economía de mercado, al menos inicialmente tendrá que ser con mercado, pero eso en todo<br />

caso no determinará las decisiones ni las inversiones productivas.<br />

Está claro que solo con una guía y una subjetividad política organizada podrán los movimientos de<br />

masas avanzar en el fortalecimiento de una etapa de transformaciones con sentido realmente alternativo,<br />

para colocarse así inmediatamente en el terreno de la superación del capitalismo.<br />

Los caminos para la realización de un proceso de transformación radical deben necesariamente<br />

estar ligados a las condiciones particulares de cada país. Las especificidades del lugar, desde el punto<br />

de vista de su devenir histórico y de su economía actual, como también de su cultura, sus tradiciones,<br />

sus costumbres, y aun de sus condiciones geográficas, geomorfológicas y de disponibilidad de recursos<br />

naturales, determinan las posibles trayectorias.<br />

Por tanto, también la relación entre planificación y salvaguarda de los ambientes naturales puede<br />

discurrir por distintas vías, aunque sin negar los valores universales que las vinculan; vale decir,<br />

sin negar la necesidad de eliminar gradualmente, en la sociedad socialista, toda contradicción con la<br />

naturaleza 8 .<br />

Una sociedad que será capaz de superar asimismo la simple relación oportunista con la naturaleza,<br />

y en la que no se tratará ya de preservarla para explotarla más y mejor, sino para vivir en armonía con<br />

ella y utilizarla en la medida de la necesidad.<br />

LINEAMIENTOS CONCLUSIVOS: PARTIR DE LAS LUCHAS DE LOS MOVIMIENTOS DE BASE...<br />

707


Un enfoque completamente diferente de la producción, de la circulación de mercancías y personas,<br />

del consumo y los servicios, para la optimización de las necesidades materiales y culturales, además de<br />

las primarias y, que por tanto, no podrá tener sino efectos positivos en los recursos naturales, ya que se<br />

colocará al margen de la lógica de la ganancia y de la acumulación capitalista –y en particular de la que<br />

corresponde a su fase imperialista–, que subsume la naturaleza 9 .<br />

7. Construir, pues, una globalización de la solidaridad entre los pueblos, de manera tal que se equilibre<br />

con las reglas de un desarrollo cualitativo, compatible y sustentable en el plano social y ambiental y en<br />

el de los derechos humanos, civiles y del trabajo, y resulte así realmente eficaz para todos los países: una<br />

globalización, entonces, de los derechos de la humanidad.<br />

Solamente siguiendo los lineamientos de Cuba, de Venezuela y de Bolivia pueden consolidarse las<br />

reformas parciales; y las tácticas y las luchas por reivindicaciones parciales transformarse en verdaderas<br />

estrategias para la superación del capitalismo. Es por eso que el socialismo en el siglo xxi sigue teniendo<br />

como referencia prioritaria a Cuba, su revolución, su gobierno, y que han asumido carácter de revolución<br />

socialista tanto la alternativa de Chávez y la revolución bolivariana, como la de Evo Morales y el<br />

movimiento indígena del “vivir bien”.<br />

Es necesario, entonces, ya en lo inmediato, desarrollar teorías alternativas y luchas sociales para<br />

imponer la redistribución del ingreso y de la riqueza en favor de los trabajadores, de los desocupados,<br />

de los indígenas, así como salvaguardar el ambiente y la salud y fortalecer la educación, la formación, la<br />

cultura y el saber social, a partir de una renovada crítica de la economía aplicada, capaz de configurarse<br />

como economía política socioecológica para un desarrollo fuera del mercado y alternativo al capitalismo,<br />

y por tanto en capacidad de superar, en una perspectiva socialista, las leyes de la explotación del<br />

hombre y de la naturaleza.<br />

Es así que, en una economía política socioecológica, el estudio y desarrollo de teorías alternativas<br />

de crítica de la economía aplicada se realiza como soporte e intercambio de experiencias con los movimientos<br />

internacionales de lucha de los trabajadores y de los indígenas, en el entrelazamiento de la<br />

teoría y la práctica de la lucha de clases, al tiempo que la contradicción capital-naturaleza se asume<br />

por completo dentro de las dinámicas del conflicto capital-trabajo, para la superación del modo de<br />

producción capitalista en la construcción y concreción del socialismo del y en el siglo xxi.<br />

Resulta indispensable un nuevo modelo de desarrollo en el que las desigualdades sean corregidas por<br />

buenas políticas para el progreso social, que den voz a las minorías y a las marginaciones creadas<br />

por el sistema de producción capitalista; es decir, una nueva teoría de la economía política socioecológica,<br />

que tenga por centro las compatibilidades sociales y ambientales perseguidas e impuestas por las<br />

luchas del movimiento de clase, para así lograr de inmediato un cambio profundo. Un socialismo del<br />

siglo xxi, posible, necesario, irrenunciable, impostergable, a partir de un programa mínimo de grandes<br />

reformas estructurales: ¡pero ahora, ya mismo! Mañana podría ser demasiado tarde.<br />

Se trata de una batalla única, que hay que vencer unidos para poner fin a las causas del cada vez<br />

más inhumano sistema social capitalista, siempre en pos del horizonte de la construcción del socialismo,<br />

pero en un mundo en el que se afirmen procesos inmediatos del socialismo posible, que resulta<br />

necesario ahora mismo.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

708


— notas —<br />

1 Brecher, Costello (2001: 194).<br />

2 Cfr. Vasapollo (ed., 2006).<br />

3 Granma, “La superficie des forêts augmente dans l’île”, 27 de dicembre de 2006.<br />

4 http://www.ansa.it/ambiente/notizie/notiziari/mondo/20071005125134454118.html.<br />

5 C. Modenesi y G. Tamino (ed.), Fast science, Jaca Book, Milano 2008.<br />

6 L. Vasapollo e Y. Farah, Pachamama. L’educazione universale al Vivir Bien, vol. 1 y 2, Natura Avventura Edizioni, Roma 2010 y<br />

2011.<br />

7 K. Marx y F. Engels, La ideología alemana.<br />

8 L. Vasapollo, Il tocororo e l’uragano. La pianificazione socio-economica come risposta alla crisi globale, Jaca Book, Milano 2011.<br />

9 Rete dei Comunisti [Red de los Comunistas], Capitale e natura, 2011.<br />

LINEAMIENTOS CONCLUSIVOS: PARTIR DE LAS LUCHAS DE LOS MOVIMIENTOS DE BASE...<br />

709


NOVENa parte<br />

LA CRISIS SE TORNA SISTÉMICA.<br />

LA SOLUCIÓN ES POLÍTICA


Capítulo I<br />

UNA CRISIS LARGA Y PROFUNDA, QUE VIENE DE LEJOS<br />

1. Un poco de historia y de teoría económica<br />

1. La crisis económica del capital internacional, originada en los primeros años setenta como crisis<br />

general de acumulación, ha manifestado su profundidad en estos últimos años. Desde hace más de tres<br />

lustros, en diversos trabajos 1 , la hemos identificado como una crisis de naturaleza estructural que ha<br />

asumido luego carácter sistémico: diferente, por tanto, de aquellas “normales” en que se desenvuelve el<br />

modo de producción capitalista por causa, precisamente, de su intrínseco desequilibrio 2 .<br />

Independientemente de que su profundidad se haya puesto en evidencia en las bolsas y en las<br />

prácticas especulativas de los grandes sistemas bancarios, hemos señalado que no se trataba de la<br />

clásica crisis financiera 3 , ya que en tales circunstancias, consideradas “normales”, no se interrumpen los<br />

procesos internacionales de acumulación del capital.<br />

Ya hacia fines de los años setenta, diversos sectores productivos de los países de capitalismo maduro<br />

evidenciaban un cierto agotamiento del modelo de organización capitalista centrado en la fábrica<br />

fordista, el llamado “fordismo”.


Por una parte, se había producido la saturación del mercado sobre la base de productos existentes,<br />

introducidos masivamente (consumo de masas) al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Cuando<br />

los habitantes de los países desarrollados comenzaron a disponer de todos los artículos de consumo<br />

necesarios (TV, lavadora, teléfono, posibilidades de viajes y vacaciones, etcétera), se produce una<br />

desaceleración de las ventas y por tanto del crecimiento económico. El mercado potencial, que está<br />

formado por las mayorías empobrecidas de los países periféricos, no fue incorporado al consumo<br />

porque su función en el modelo de desarrollo fordista consiste, precisamente, en trabajar a cambio<br />

de un ingreso de subsistencia y producir a bajo costo materias primas y algunos bienes de lujo y de<br />

consumo obrero que requieren los países centrales. Otro factor fundamental del fracaso del modelo de<br />

organización capitalista (entiéndase como organización fordista) fue la redistribución del poder dentro<br />

de las fábricas, del capital al trabajo. Una de las características del modelo fue que se alcanzó, de hecho,<br />

el pleno empleo de la fuerza laboral, aun cuando esto involucró solo al 20% de la población mundial<br />

y por un lapso no superior a 20 años –entre 1948 y 1968–, mientras que en los restantes 200 años de<br />

capitalismo, antes y después, no se produjo nunca ese fenómeno, que ha resultado así ser una rareza.<br />

Por otra parte, a lo ya señalado es preciso agregar la dinámica política mundial, que redujo todavía<br />

más el margen de maniobra del capital. A todo esto hay que añadir el cambio del panorama político.<br />

El sistema internacional adopta la forma de una jerarquía de naciones, que responde al papel que<br />

desempeña cada país en la división internacional del trabajo.<br />

En la cúspide, en ausencia de autoridades mundiales, se coloca el Estado imperial, Estados Unidos,<br />

que ejerce el papel de “juez-árbitro” internacional y dicta las reglas del juego en función de las necesidades<br />

particulares de reproducción de sus propios capitales.<br />

Desde los inicios de la segunda revolución industrial (1871), las nuevas potencias que dominan las<br />

tecnologías modernas, Alemania y Estados Unidos, ponen en discusión la hegemonía británica, que<br />

dominó el mundo durante el siglo xix. Inglaterra, entonces, comienza a perder parte de su influencia<br />

tanto en el campo militar (la Armada británica) como en el económico (la industria textil y siderúrgica)<br />

y el financiero (la libra esterlina). La Primera Guerra Mundial no da lugar a un nuevo período de<br />

estabilidad político-económica, dado que Alemania no consigue imponer su dominio y Estados Unidos<br />

no ejerce todavía el liderazgo mundial. Los años veinte y treinta constituyen entonces un período<br />

de fragilidad objetiva del dominio capitalista, que favorece el triunfo de la Revolución Rusa y reclama<br />

un nuevo ciclo de enfrentamientos militares para dirimir la jerarquía mundial del capitalismo (hay que<br />

subrayar que los grandes poseedores de capitales, no obstante su manifiesto “elogio” del libre mercado,<br />

recurren siempre a la acción organizada del Estado y a la fuerza militar para establecer las jerarquías de<br />

poder, dentro y fuera de los confines nacionales, cuando estas son puestas seriamente en entredicho).<br />

2. Puede también suceder que la crisis financiera se acompañe con un cambio radical del modelo<br />

de acumulación capitalista y del correspondiente sistema productivo. Esto probablemente solo ha<br />

ocurrido una vez, en 1929, y provocó radicales cambios político-institucionales que se asociaron a la<br />

definición de un nuevo modelo de producción y de desarrollo. En este caso la crisis asume rasgos de<br />

estructuralidad y puede hacer surgir un nuevo modelo de acumulación capitalista, como sucedió tras<br />

el año 1929 con el modelo keynesiano en sus diversas formas y manifestaciones.<br />

En octubre de 1929 se produjo, en efecto, la fatídica caída de la economía mundial, que involucró<br />

a todos los países industrializados. La gran depresión, recordada como el “crack de Wall Street”, tuvo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

714


consecuencias devastadoras en todos esos países y provocó, además de drásticas reducciones del ingreso,<br />

la caída también del comercio mundial, de la agricultura y de la producción en general. Incontables<br />

fueron los análisis realizados para explicar esa grave crisis económica que, iniciada en Estados Unidos,<br />

se había extendido a todo el mundo. Galbraith, entre otros, explicó que además de la errada distribución<br />

del ingreso, como causantes había que inculpar también, sin duda, a la especulación financiera y<br />

a la desacertada estructura del sistema bancario.<br />

La crisis bancaria fue en primer lugar sobreproducción de capital, falta de reglas firmes, etcétera,<br />

pero seguramente también se trató entonces (como hoy) de una crisis de carácter estructural y por tanto<br />

inherente al sistema de producción en sí mismo; es decir, crisis de una determinada conformación<br />

del modelo de producción capitalista y de su paradigma de acumulación.<br />

En los años que siguieron se produjo una recuperación económica mundial que conoció, sin embargo,<br />

variadas crisis de menor impacto y pequeñas recuperaciones, hasta llegar a la solución de la crisis<br />

misma con la Segunda Guerra Mundial, que hizo posible la explicitación –en todas sus formas– de la<br />

economía de guerra y el keynesianismo, con su caracterización militar en términos de sostenimiento<br />

de la demanda tanto para la guerra como para la posterior fase de reconstrucción.<br />

Si la crisis es un evento “normal” y no excepcional, como piensan los keynesianos, ínsito al modo de<br />

producción capitalista y útil para destruir ese capital en exceso que atasca los mecanismos de acumulación<br />

y de crecimiento de la tasa de ganancia, entonces también la propia economía de guerra es una<br />

modalidad “normal” para sostener la demanda (inducida e impuesta) en los períodos de subconsumo<br />

o de sobreproducción de mercancías y de capitales. Es así que las crisis se repiten, como ha ocurrido,<br />

por ejemplo, con las últimas que recordamos, desde aquella del sistema monetario en 1992 4 a la de las<br />

bolsas asiáticas en 1987, y también la de Wall Street en 2001, con el consecuente estancamiento que<br />

se ha prolongado por largos años.<br />

Es solo después de la Segunda Guerra Mundial que Estados Unidos (y el dólar) se colocan a la<br />

cabeza de la economía mundial. Al concluir ese conflicto bélico, en efecto, Estados Unidos era el único<br />

país acreedor de cierta importancia; además, sus territorios no habían experimentado la devastación<br />

sufrida por los demás países aliados, y tenía la industria y el dinero suficientes para convertirse en el<br />

centro del desarrollo y de la reconstrucción de Europa y del mundo.<br />

Ese sistema funciona hasta el momento en que Europa Occidental y Japón ven reconstruidas sus industrias<br />

y se presentan en la competencia internacional para disputarle a las empresas estadounidenses,<br />

cara a cara, los mercados internacionales.<br />

3. A partir de los años sesenta, los tiempos cambian rápidamente y a Estados Unidos le cuesta cada vez<br />

más mantener su hegemonía económica, por lo que debe recurrir constantemente a la política militar<br />

(guerras de Corea, Vietnam, etcétera). Desde finales de esa década, el oro de la Reserva Federal de<br />

Estados Unidos, que sirve para garantizar los dólares esparcidos por el mundo, no logra cubrir siquiera<br />

la quinta parte de su valor.<br />

Así, cuando el presidente Richard Nixon reconoce –en agosto de 1971– que su país no puede ya<br />

asegurar que pagará con oro los dólares, da origen al derrumbe del sistema monetario internacional:<br />

se suprime la convertibilidad del dólar con respecto al oro y el sistema económico internacional experimenta<br />

una caída. Mediante un acto de fuerza unilateral, se decreta el fin de los acuerdos de Bretton<br />

Woods y en 1976, cinco años después, el FMI reconoce que el sistema monetario ya no existe: se<br />

UNA CRISIS LARGA Y PROFUNDA, QUE VIENE DE LEJOS<br />

715


suprime también la cotización oficial del oro, se elimina todo control de las tasas de cambio y, en<br />

consecuencia, se otorga mayor poder al mercado para fijar dichos precios. Estas decisiones marcan el<br />

inicio del fin del ciclo de hegemonía financiera estadounidense.<br />

El debilitamiento del dominio norteamericano se traduce en el surgimiento de condiciones propicias<br />

para que los países exportadores de materias primas reclamen un precio mayor para sus recursos.<br />

Hasta 1973, el modelo fordista había generado para el capital una rentabilidad suficiente, que le<br />

permitía funcionar con altos costos salariales en razón de la productividad creciente y de los bajos<br />

costos de las materias primas. Esa situación cambia y el aumento de los precios de estas últimas, en<br />

particular de la energía –petróleo–, agrava la crisis de rentabilidad iniciada con la desaceleración de la<br />

productividad a fines de esa década: las ganancias de las empresas se van a pique y el PIB de muchos<br />

países se torna, de año en año, claramente negativo, o sea, sus economías empeoran cada vez más.<br />

Si Keynes y la planificación económica –también llamada, en sentido capitalista, programación-regulación<br />

o gobierno programado de la economía– habían influido en los resultados macroeconómicos<br />

hasta los años setenta, a partir de los ochenta y noventa son el monetarismo y el aparataje neoliberal los<br />

que dominan el mundo, al que gobiernan con el “mercado desregulado, sin limitaciones y sin reglas”.<br />

Es en ese momento que los europeos, encabezados por el eje franco-germano, deciden crear el<br />

Sistema Monetario Europeo (1978) para regular sus propios intercambios y, de seguidas, la moneda<br />

única (1999), para defender sus modelos de cambio ante la especulación de los mercados y liberarse de<br />

la tutela que, de hecho, sigue ejerciendo Estados Unidos sobre el sistema internacional de pagos gracias<br />

a la función que todavía, de manera predominante, cumple el dólar como activo de reserva.<br />

Entonces, con el objetivo de aniquilar la unidad y la fuerza que la clase obrera había manifestado<br />

en toda su potencialidad durante los años sesenta y setenta, se imponen procesos de descomposición<br />

de clase que apelan a la externalización, la deslocalización, la precarización del empleo mediante las<br />

mil formas del trabajo atípico. En otras palabras, incrementos de la explotación, que junto con un<br />

significativo descenso de los costos del trabajo conducen al establecimiento de relaciones cada vez más<br />

individuales y desagregadas de la clase trabajadora.<br />

A partir de los años ochenta se cumplió así en Europa –aunque de manera diversa en cada país– un<br />

intenso proceso de privatización que, en el empeño de redimensionar la presencia pública en todo el<br />

sistema productivo, impuso duros sacrificios al mundo del trabajo. Las acciones emprendidas por los<br />

Gobiernos durante estos años confirman su voluntad de ejecutar todo un programa de entrega de las<br />

empresas públicas, bajo la motivación oficial de resolver problemas productivos y económicos. En esto<br />

marcaron excepción algunos países, como Francia y en parte Alemania, que defendieron la presencia<br />

pública en los sectores estratégicos y estructuraron de tal manera un modelo productivo más fuerte y<br />

equilibrado para la competencia global.<br />

2. Crisis del proceso de acumulación<br />

1. Una característica estructural del proceso permanente de acumulación capitalista es que su desaceleración<br />

se transforma automáticamente en crisis. Dicho en otras palabras: el estado estacionario es una<br />

situación imposible bajo las reglas de la economía capitalista.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

716


El proceso de acumulación se produce mediante la incesante transformación de la riqueza natural<br />

–por medio del trabajo o de las máquinas– en mercancías, en objetos destinados a alimentar la<br />

acumulación o el consumo final. Esto se realiza en sujeción a las reglas del mercado que exige que todo<br />

aquello que entra en el proceso del trabajo y todo cuanto sale del proceso del mercado, sea mercancía<br />

(además de basura o desechos industriales). El dinero, tradicional mediador entre dos mercancías que<br />

se intercambian en el mercado, adquiere en la economía capitalista un nuevo papel como regulador<br />

del ritmo de la acumulación. En esa función, adquiere asimismo una cierta autonomía con respecto al<br />

intercambio de mercancías.<br />

La dimensión del dinero en tanto que equivalente general del valor, en su función de mediador entre<br />

dos mercancías en el mercado, está determinada por el valor de las mercancías que en un momento<br />

dado están disponibles para el intercambio y en términos monetarios se expresa en forma de precios.<br />

Por tanto, el volumen del dinero equivale al volumen de los precios que se deben negociar en el<br />

mercado y se expresa en términos monetarios como la masa de dinero por su velocidad de circulación.<br />

En la circulación mercantil simple, el dinero es endógeno y determinado por la demanda (necesidad<br />

de dinero).<br />

Pero cuando nos confrontamos con la acumulación prolongada, la situación cambia. En ese punto<br />

el dinero no es solo un intermediario: es el motor de la transformación de las mercancías en capital<br />

(medios de producción, trabajo asalariado) y promesa de realización (venta) del nuevo valor creado en<br />

el proceso de trabajo. El dinero se ha convertido en crédito.<br />

El dinero de crédito es exógeno y su volumen depende de las expectativas de los acreedores (creadores<br />

de crédito) en cuanto a la tasa de acumulación que pueda obtenerse. Los operadores de crédito<br />

deben realizar un ajuste para vincular el dinero de hoy (D) con el valor de mañana (M) y con la cantidad<br />

de dinero requerida, para vender esos valores a los precios de mercado (D'), que aproximadamente<br />

equivalen a los precios de producción, es decir, al valor bruto de las mercancías producidas.<br />

Tal ajuste es difícil de realizar, por tres razones principales: dos vinculadas a los tiempos del proceso<br />

de producción (es decir, la suma de los procesos de elaboración y de intercambio) y a las contradicciones<br />

que en esos tiempos se generan, y la tercera debida al hecho de que el interés (precio del dinero) es<br />

una renta, y las rentas son por definición el resultado de precios especulativos, es decir, de precios que no<br />

están en relación con los valores. Brevemente exponemos las tres causas:<br />

a) En síntesis, el dinero del crédito se hace disponible para adquirir medios de producción y fuerza<br />

de trabajo, con la promesa de una recuperación –tras la venta de las mercancías– mejorada por<br />

el interés, o de parte del nuevo valor creado en el proceso de elaboración. Pero la oferta no crea<br />

su demanda, por lo cual puede ocurrir que las previsiones no se cumplan y una parte de las<br />

mercancías no se realicen o vendan, y no sea entonces posible embolsillarse el dinero del crédito<br />

mejorado por su renta.<br />

b) En un período indeterminado de tiempo, los generadores de dinero de crédito pueden ayudar<br />

a la valorización del capital con el crédito al consumo y su renovación más allá del plazo de<br />

vencimiento. Pero en el largo plazo, si el problema de la realización de parte de las mercancías<br />

se repite durante varios ciclos de producción, puede producirse una acumulación de crédito o<br />

de las correspondientes exigencias de renta financiera, incompatibles con la generación de una<br />

ganancia capitalista que resulte suficiente para sostener la acumulación.<br />

UNA CRISIS LARGA Y PROFUNDA, QUE VIENE DE LEJOS<br />

717


Este es un problema recurrente en el capitalismo, y adquiere forma de crisis cíclicas o, incluso,<br />

de crisis estructural. El pensamiento económico ordinario suele calificar esos períodos de<br />

desequilibrio en el proceso de acumulación como “crisis de demanda”. Pero un análisis más<br />

profundo del problema revela que las crisis “financieras” no son crisis “de demanda”, sino que<br />

son al mismo tiempo crisis de inversión. En efecto: por un lado (D - M) se produce un exceso<br />

de acumulación de capital productivo, y al mismo tiempo se tiene por el otro (M - D') una<br />

escasa realización monetaria de los valores mercantiles. El término más adecuado es “crisis de<br />

sobreacumulación” y esta no se resuelve con una mayor inyección de liquidez (dinero de crédito)<br />

en el mercado, sino mediante una profunda reestructuración del ciclo de acumulación,<br />

que pasa por una rotunda destrucción de capitales. Los partidarios fanáticos de la incentivación<br />

de la demanda olvidan que la crisis de los años treinta no fue resuelta con inyecciones<br />

“keynesianas” de liquidez, sino con una guerra mundial que destruyó masivamente capital físico<br />

y fuerza de trabajo.<br />

c) Cuando se produce un problema estructural que limita la valorización del capital, adquiere<br />

mayor relevancia una característica que acompaña la autonomía del proceso de creación del<br />

dinero: el dinero de crédito es un dinero producido mediante reglas de mercado; se transforma en<br />

mercancía dentro de un proceso mercantil, pero el dinero no tiene valor: el precio que se paga<br />

por esta mercancía (la tasa de interés) es solamente una renta. Además, en las economías mercantiles,<br />

la especulación permite percibir rentas sin pasar por la producción de valores. El capital<br />

monetario define un espacio de autorreproducción que busca facilitar el nacimiento de capital<br />

monetario a partir de otro capital monetario. Aparentemente, la circulación del capital<br />

monetario se autorreproduce a una escala más amplia en un simple circuito crédito-mercancía<br />

(D - D'). Pero ese capital monetario solo puede valorizarse cuando es restituido de la ganancia<br />

capitalista como una parte de ella misma (la ganancia). Por eso una reproducción excesiva en<br />

la circulación financiera da lugar a una acumulación de capital ficticio o “especulativo”. Por<br />

otra parte, también cuando la crisis se presenta con la apariencia de una enorme acumulación<br />

de deuda, refleja en realidad las dificultades para la valorización del capital en general y no<br />

únicamente del capital “financiero”.<br />

2. Son esas las premisas teóricas necesarias para entender mejor las causas y los efectos del peso determinante<br />

que, con el neoliberalismo, asumen en la política económica el sector financiero y los procesos<br />

especulativos posibilitados por la desregulación financiera, inicialmente impulsada por los gobiernos<br />

de Reagan y Thatcher. Se eliminó así toda restricción al movimiento de capitales –y en particular el<br />

ficticio–, en relación a lo cual se cumplió efectivamente una globalización, pero no la mundialización<br />

plena de las economías en general, sino simplemente una incontrolada internacionalización financiera.<br />

Se eliminaron de esa forma los fondos bancarios de garantía, se multiplicaron los paraísos fiscales, se<br />

permitió la proliferación de las finanzas creativas y la posibilidad de apostar o jugar en la bolsa no<br />

solo con los flujos de los instrumentos financieros, sino también de las materias primas, de las tasas de<br />

cambio y de los alimentos; en otras palabras: la renta especulativa, generar especulación para obtener<br />

una ganancia fácil e, incluso, superganancias mediante la determinación, por esa vía, de los precios<br />

del petróleo, los granos, el maíz, sin importar para nada el hecho de que tales rentas signifiquen luego<br />

hambre, miseria y destrucción para continentes enteros.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

718


A partir de los años ochenta, y hasta hoy, el juego de la bolsa se ha convertido en una carrera por la<br />

masacre social: por una parte se “engordan” los fondos líderes de inversión, los fondos de pensiones y<br />

los grandes especuladores, y por otra se transforma en miserables a los productores de materias primas<br />

del sur del mundo (asalariados de las plantaciones, campesinos, mineros y obreros) y en nuevos pobres<br />

precarizados a los trabajadores del centro del imperio. De esta forma, además, las posibilidades de inversión<br />

en la economía real son transferidas a las cuentas de la especulación financiera, aparentemente<br />

más rentables, y se destruyen voluntariamente los excedentes de capital para fines productivos.<br />

— notas —<br />

1 Cfr. Vasapollo, L.; Casadio, M.; Petras, J.; Veltmeyer, H. (2004) y Vasapollo, L.; Casadio, M.; Petras, J., Clash! Scontro tra potenze.<br />

La realtà della globalizzazione, Jaca Book, Milano, 2004. Por lo demás, para la redacción final de esta novena parte han<br />

sido fundamentales las contribuciones de J. Arriola y R. Martufi.<br />

2 Cfr. Vasapollo, L., Trattato di Economia Applicata. Analisi Critica della Mondializzazione Capitalista, Jaca Book, Milano, 2007 y<br />

Martufi, R.; Vasapollo, L. (2000a).<br />

3 Cfr. Vasapollo, L.; Arriola, J., Crisi o Big Bang?, Eprint Edizioni, Roma, 2009; y Vasapollo, L.; Martufi, R. y Arriola, J., Il risveglio<br />

dei maiali. PIIGS, Jaca Book, 2011. Este último texto ha sido base de referencia y de fundamental importancia para la redacción<br />

de esta novena parte.<br />

4 En 1992 se produjo, en efecto, la llamada crisis del sistema monetario europeo, causada por la “especulación internacional”,<br />

que atacó primero a la lira (finalmente devaluada) y luego a la libra esterlina.<br />

UNA CRISIS LARGA Y PROFUNDA, QUE VIENE DE LEJOS<br />

719


Capítulo II<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

1. Crisis contra trabajo<br />

1. En los países de capitalismo maduro, la fuerza de trabajo ha vuelto entretanto a producir plusvalía.<br />

Con mayor razón si se piensa en sectores como el de informática, el de biotecnología, el agroalimentario<br />

y el de los cultivos genéticamente modificados, etcétera; sectores que hoy (gracias también a sus<br />

frecuentes posiciones de oligopolio, cuando no de verdadero monopolio) garantizan altísimas tasas<br />

de ganancia, pero que están concentrados en el “centro”, aun cuando se valgan muchas veces de una<br />

fuerza de trabajo instruida en otras partes (recuérdese el fenómeno del brain drain o fuga de cerebros,<br />

que golpea en general a todos los países coloniales y, en los últimos años, sobre todo a China en el<br />

sector de la ingeniería y a la India en el informático).<br />

Eso no significa que la aristocracia obrera haya desaparecido en los países de capitalismo maduro<br />

(ni en los coloniales). Persiste, pero es ahora más furtiva: los factores que concurren para estructurar su<br />

base material son múltiples y, sobre todo, en el seno de una clase trabajadora fragmentada asume ella


una forma menos homogénea. El saneamiento financiero público y privado no se ha complementado<br />

con un adecuado fortalecimiento de las inversiones en investigación y desarrollo o en innovaciones,<br />

y aunque el proceso se ha caracterizado por un fuerte incremento del progreso tecnológico, ha tenido<br />

como contraparte negativa una continua disminución del nivel de ocupación y la precarización del<br />

empleo, con el único objetivo de aumentar las ganancias y comprimir los costos del trabajo; vale decir:<br />

el salario social en su conjunto, tanto directo como indirecto.<br />

El endeudamiento generalizado es parte de esta perspectiva financiera, que se ha afirmado en el<br />

tiempo gracias a un largo ciclo de bajas tasas de interés y a una salvaje desregulación, así como al papel<br />

central de los organismos internacionales y en particular del FMI, que ha impulsado un sistema de<br />

pagos internacionales capaz de garantizar la continuidad de una voluntaria situación de desequilibrio,<br />

en la cual el increíble endeudamiento estadounidense pudiese ser suplido con el enorme excedente de<br />

Japón, Alemania y China.<br />

Es obvio que una tal estructura de pagos introduce en el sistema una gigantesca concentración de<br />

liquidez, proveniente de las grandes multinacionales, administrada por los grandes bancos y las grandes<br />

sociedades financieras. Para canalizar esos excesos de liquidez hacia el sistema financiero, se han<br />

contraído todavía más las inversiones productivas, con la consiguiente reducción del ingreso potencial<br />

de los trabajadores.<br />

Tanto así, que ya desde la misma OCDE –y muchos otros organismos internacionales– se ha<br />

confirmado cómo en el conjunto de los países de capitalismo maduro, durante los últimos 35 años, la<br />

participación de las rentas del trabajo en el PIB se ha reducido en más de 10%, mientras se ha producido<br />

un aumento correspondiente de las rentas del capital y, por tanto, de la masa de plusvalía. Y no<br />

responde esto a un desarrollo proporcional de la productividad del trabajo, sino a un vuelco estructural<br />

en la redistribución del ingreso.<br />

El exceso de liquidez, entonces, se deriva de esa modificación estructural de la redistribución del<br />

PIB, que desde los años ochenta fluye con marcada ventaja para el capital y en desmedro del trabajo.<br />

A esto debe agregarse que otro tanto sucede con los incrementos de productividad del trabajo, que<br />

durante los últimos 25 años solo en una pequeña parte han sido redistribuidos a las nóminas salariales.<br />

Por último, contribuyen también a esa acumulación de liquidez los procesos de centralización del capital,<br />

resultado de fusiones, incorporaciones, liquidaciones, quiebras más o menos verdaderas y cierres<br />

de empresas, que han multiplicado las filas del ejército de los desempleados y los precarizados.<br />

Al reducirse la participación del salario en la redistribución del PIB, ha disminuido también, obviamente,<br />

la capacidad adquisitiva y la propensión al ahorro del operador familia, de los trabajadores, que<br />

de ahorristas-acreedores se han convertido en consumidores pobres y deudores, obligados a recurrir a<br />

las mil formas de endeudamiento para cubrir, incluso, sus consumos de primera necesidad.<br />

Al mismo tiempo, la cada vez más evidente redistribución del valor agregado hacia las rentas de capital<br />

y la transformación de las ganancias en renta, desincentivan de hecho la propensión a la inversión<br />

productiva, a lo cual contribuyen también la disminución del consumo de las familias y el aumento de<br />

las ganancias, que torna menos importante o estratégica la necesidad de recurrir al endeudamiento<br />

de la empresa.<br />

Se viene a configurar así un nuevo equilibrio entre los sujetos económicos, en el cual es ahora el<br />

operador familia –es decir, los trabajadores– quien más recurre al endeudamiento, a los préstamos bancarios<br />

y de las sociedades financieras; el operador empresa, en cambio, se convierte en el nuevo sujeto<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

722


ahorrista y canaliza sus recursos hacia la especulación financiera; mientras que el sistema bancario ya<br />

no dirige los grandes flujos de liquidez –provenientes de dicha especulación– hacia los créditos para la<br />

producción, sino a los préstamos para el consumo. Todo esto produce un fuerte endeudamiento del<br />

operador familia, al mismo tiempo que genera en los procesos de acumulación un bloqueo estructural,<br />

que lleva a dirigir los incrementados ingresos del capital hacia la búsqueda de rentas financieras.<br />

Si se considera que en 2008 las rentas de capital fueron de más de 1,7 millardos de euros, mientras<br />

que en los países de la OCDE la inversión total privada en capital fijo fue para ese mismo año de 8<br />

millardos de euros, se comprende claramente hasta qué punto las rentas financieras –a las que se suman<br />

las inmobiliarias y las de posición ventajosa– sustraen recursos a la productividad real, al canalizarse<br />

hacia procesos de aceleración especulativa que necesariamente concluyen en el agotamiento del ciclo,<br />

representado por el estallido de las burbujas especulativas.<br />

2. Sea en el centro, en la periferia o en la semiperiferia, el capitalismo continúa, en la práctica, embolsillándose<br />

las ganancias sin crear oportunidades de empleo. Para ello ha reestructurado el modo mismo<br />

de ser de la empresa, que se atiene ahora exclusivamente a una óptica de competitividad basada en<br />

procesos de deslocalización productiva en el exterior, decrecimientos ocupacionales, superexplotación<br />

mediante incrementos del sobretiempo y de los ritmos, utilización creciente de un trabajo “negro” y<br />

precario que contempla escasos derechos para los trabajadores; todo esto acompañado con las nuevas<br />

figuras del trabajo atípico, con flexibilidad del salario y del trabajo mismo, con recortes continuos al<br />

gasto social y, por tanto, con salarios reales –directos e indirectos– que tienen cada vez menor capacidad<br />

adquisitiva. El objetivo final es obtener ganancias que, a pesar de tan favorables condiciones, no<br />

son luego utilizadas en inversiones productivas sino en la especulación financiera o, en todo caso, en<br />

inversiones productivas en el exterior, que se desplazan hacia países donde el trabajo especializado está<br />

disponible a bajo costo y con escasa regulación legal.<br />

La explosión de crisis financieras y de serios conflictos comerciales es una amenaza siempre actual,<br />

aunque el capitalismo ha demostrado tener, frente a fenómenos de esa naturaleza, una capacidad de<br />

maniobra superior a la que muchos le atribuían. La solución de las serias contradicciones mencionadas<br />

constituye ahora el mayor desafío del capitalismo, durante el proceso de instauración de un nuevo<br />

modelo de acumulación, altamente internacionalizado.<br />

Las contradicciones entre riqueza y pobreza, desarrollo tecnológico y desempleo, desarrollo tecnológico<br />

y ecosistema, valorización del capital y marginación de un numeroso grupo de países, son<br />

expresión de su debilidad y del carácter histórico necesariamente transitorio de la formación socioeconómica<br />

capitalista.<br />

Hemos visto por qué, con las políticas neoliberales, se registra una acentuación del desarrollo desigual,<br />

no solo entre los países más desarrollados y los que están en vías de desarrollo, sino también –y<br />

muy significativamente– dentro de aquellos que forman parte del centro capitalista.<br />

Añádase a esto la inseguridad ante las amenazas que representan la difusión de drogas “duras”, la<br />

contaminación, el sida y el crimen.<br />

Este estado de cosas ha provocado, y provoca, la falta de redistribución de los incrementos de<br />

productividad a los salarios directos e indirectos de los trabajadores, quienes reivindican su derecho<br />

de recibir tales incrementos en formas remunerativas directas o indirectas, a través de retribuciones<br />

más elevadas o de reducciones del horario de trabajo, crecimiento de la ocupación y mejoramiento del<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

723


Estado social, es decir, formas de redistribución de la riqueza a los ocupados y los desocupados. En el<br />

análisis hasta ahora realizado se ha podido verificar que nada de esto ha ocurrido y que la remuneración<br />

del factor capital se ha incrementado a expensas de los salarios y del factor trabajo en general.<br />

Se han desechado los parámetros que garantizaban un compromiso generalizado entre capital y<br />

trabajo en los países de capitalismo maduro; el capital ha desmantelado progresivamente (sigue haciéndolo)<br />

todas las instituciones políticas, económicas, sociales y jurídicas que estructuraban aquel modelo<br />

de welfare, y se pasa así al warfare.<br />

3. La crisis internacional de los países centrales se manifiesta como:<br />

– Crisis financiera global.<br />

– Crisis de crédito.<br />

– Crisis fiscal.<br />

Si se tratara de una crisis financiera, su manejo, planificado por los Gobiernos centrales y basado<br />

en nuevas reglas financieras y mayores controles por parte de las autoridades monetarias, podría llevar<br />

a una solución interna, es decir, de características capitalistas. En ese contexto, la respuesta de las<br />

izquierdas debe centrarse en la reducción drástica de las dimensiones de las finanzas globales y la<br />

prohibición de las operaciones especulativas de “cobertura de riesgos” (¿por qué se necesita un mercado<br />

de productos derivados de 600 millones de dólares, cuando el producto mundial es de 60 millones? Se<br />

trata de un evidente mecanismo financiero de transferencia de valores entre agentes especulativos, que<br />

se debe eliminar), así como en la estimulación del sector público en la actividad productiva financiera<br />

(creación de una banca pública de fomento, de empresas públicas y de empleo en el sector público para<br />

el desarrollo de los servicios sociales, etcétera) o en el control de los bancos centrales, a fin de que estos<br />

tengan como prioridad el crecimiento y no solo la estabilidad de los precios.<br />

Pero, aunque la crisis se manifestó inicialmente como crisis de las finanzas internacionales, esa no es<br />

en absoluto su causa profunda. Las medidas para reducir el peso del mercado internacional del dinero<br />

y del crédito pueden constituir un programa de emergencia, pero no una alternativa a la crisis global.<br />

Ante una crisis que golpea en mayor medida a los países que tienen fuerte endeudamiento externo,<br />

la izquierda responde con la tesis de una “crisis de demanda” y, en consecuencia, propone como alternativa<br />

un ajuste fiscal más lento, para así favorecer la generación de un volumen de inversión pública<br />

que habría de transformarse en motor del crecimiento.<br />

El problema es que no se trata de una crisis de demanda. La demanda mundial, que creció incluso<br />

en los momentos más graves de la crisis (2008-2009), no deja de aumentar. Solo en 2009, el PIB<br />

mundial se redujo en 3,3 millones de dólares, lo cual dice mucho acerca de la profundidad de la<br />

crisis. Y sin embargo, a pesar de esa caída, la inversión mundial se mantuvo en los niveles habituales<br />

(21,4% de aumento, frente a una media de 22,3% en los 10 años previos al estallido de la crisis, entre<br />

1998 y 2007). Todo eso significa que los capitalistas, a escala mundial, no han percibido un problema<br />

keynesiano de “demanda efectiva”, de realización del valor (de hecho, en paridad de poder adquisitivo,<br />

el PIB mundial aumentó en 239 millones de dólares en 2009), y que han seguido invirtiendo sus<br />

capitales como siempre, con solo cambios de ubicación espacial y sectorial (datos del FMI: World<br />

Economic Outlook Database). Si la crisis no es de demanda, la solución no puede ser una política de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

724


sostenimiento de la demanda, de los salarios de los trabajadores y del Estado social (keynesianismo de<br />

izquierda) o de las empresas y del Estado mayor industrial militar (keynesianismo privado y militar).<br />

2. Armas y finanzas contra los trabajadores<br />

1. La construcción de un aparato militar y su vinculación creciente con la política gubernamental y la<br />

economía, responden, en el capitalismo, a la necesidad cada vez mayor de hallar salidas para el proceso<br />

de agudización de las contradicciones que es inherente a este régimen de explotación. De hecho sirven,<br />

al mismo tiempo, para sostener el orden imperialista y para proveer un instrumento regulador del ciclo<br />

de reproducción.<br />

Como nunca antes, la actual oligarquía detenta el poder, y esa realidad coincide con el hecho de<br />

que las relaciones político-militares han alcanzado –no solo en la sociedad norteamericana, sino directamente<br />

en Europa y también, por ejemplo, en Italia– una condición estructural que las coloca, dentro<br />

del sistema político, en el mismo nivel que los subsistemas conformados por el Gobierno, los partidos<br />

y el sistema electoral, con la ventaja de que las relaciones del complejo industrial militar se entrecruzan<br />

con los tres subsistemas y presentan, además, un nivel de transnacionalización no logrado por ningún<br />

otro componente estructural del sistema político-económico-productivo, con lo cual reproducen, de<br />

hecho, lo que desde hace décadas ocurre en el sistema norteamericano.<br />

Entre la fase del imperialismo colonialista del siglo xix y la del imperialismo poscolonial de matriz<br />

norteamericana del siglo xx, el militarismo se ha transformado en el garante del poder imperialista y<br />

elemento esencialmente político del proceso capitalista de producción, hasta configurar un triángulo<br />

de funciones que determinan el carácter del sistema en su conjunto: es a un tiempo el eje de la articulación<br />

intersectorial del sistema industrial norteamericano, el motor de la innovación tecnológica y el<br />

factor de ajuste frente al ciclo económico. Se ha desarrollado así, a partir de Estados Unidos, un complejo<br />

industrial militar que expresa el conjunto de intereses del capital y el Estado, y que el proyecto<br />

paneuropeo de la Unión Europea aspira a reproducir (incluso en su especificidad italiana).<br />

Hay grandes empresas militares-industriales que obtienen ventajas al trabajar como contratistas o<br />

subcontratistas del Estado, pero que al mismo tiempo son, como actividad fundamental, productoras<br />

de mercancías civiles, frecuentemente en sectores no monopolistas cuya actividad está más ligada a la<br />

economía interna que a la producción bélica para el exterior.<br />

La posibilidad de contar con ingentes fondos públicos, así como con una planificación detallada<br />

de las actividades de investigación y de los resultados perseguidos en el campo militar, está en la base de<br />

las ventajas tecnológicas de muchas ramas de la industria norteamericana, que posteriormente se transfieren<br />

a la competencia de los mercados de la industria civil.<br />

En general, es significativo el hecho de que el gasto militar influye no solamente en la coyuntura<br />

económica interna, sino también en la situación sociopolítica internacional. El gasto militar dinamiza<br />

un sector industrial orientado a la producción de armas y actúa con un efecto de inversión propio del<br />

multiplicador keynesiano.<br />

Resulta además claro que también para los países del polo europeo –en el que Italia desempeña cada<br />

vez más un papel de alto nivel–, la agresiva política del imperialismo requiere que los gastos militares<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

725


de los países subdesarrollados aumenten continuamente, para así dar respuesta a la estrategia de militarización<br />

de la economía a nivel mundial. Se trata de una estrategia internacional del imperialismo que,<br />

además de sostener y desarrollar el sistema transnacional de altas ganancias para las grandes empresas<br />

productoras de armas y apoyar el acceso a las fuentes de recursos energéticos y de materias primas, dondequiera<br />

se encuentren, debe reforzar la capacidad ofensiva de una red de Estados que apoyan la política<br />

imperialista, dotándolos de cuanto sea necesario para reprimir todo movimiento de rechazo o resistencia<br />

a la explotación capitalista. A ese fin resulta instrumental la creación de tensiones regionales en<br />

torno a problemas como el narcotráfico, la emigración, las disputas territoriales, el ambiente, etcétera.<br />

2. Pero los principios en los que se sustenta el capitalismo –propiedad privada de los medios de producción,<br />

competitividad y máxima ganancia– deben ser preservados a todo costo. ¿Y qué hacen entonces<br />

los Gobiernos estatales y del capital?<br />

Protegen a los ricos y nacionalizan las empresas para socializar sus pérdidas a expensas de los trabajadores.<br />

Primero que nada, es necesario destacar que las soluciones instrumentadas para intentar<br />

ponerle freno a la amenaza cada vez más real de recesión, no están en línea con el concepto neoliberal<br />

según el cual el Estado debe permanecer ajeno a la economía, ya que es justamente con la intervención<br />

de los Gobiernos que se procura subsanar los desastres del libre mercado, mediante inmensas inyecciones<br />

de dinero público en la economía. Dinero que se sustrae del gasto social con un keynesianismo de<br />

empresa y de guerra que destruye el welfare y ataca duramente el salario social, en el empeño histórico<br />

de hacer pagar la crisis a los trabajadores, a través del profit State, el warfare, el welfare de los miserables.<br />

Es interesante reseñar lo que ha escrito Fidel Castro sobre estos temas:<br />

El lunes 13 [de octubre de 2008] se anuncian las cifras multimillonarias de dinero que los países<br />

de Europa lanzarán al mercado financiero para evitar un colapso. Las acciones subieron con las<br />

sorprendentes noticias.<br />

En virtud de los acuerdos mencionados, Alemania había comprometido, en la encuesta de rescate,<br />

480.000 millones de euros; Francia, 360.000 millones; Holanda, 200.000 millones; Austria y<br />

España, 100.000 millones cada uno, y así sucesivamente hasta alcanzar, junto con la contribución de<br />

Gran Bretaña, la cifra de 1,7 millones de millones de euros, que ese día –ya que varía constantemente<br />

la relación de cambio entre una y otra moneda– equivalían a 2,2 millones de millones de dólares, que<br />

se sumaban a los 700.000 millones de dólares de Estados Unidos.<br />

(...) Los países capitalistas europeos, saturados de capacidad productiva y mercancías,<br />

desesperadamente necesitados de mercados para evitar paros de obreros y de los especializados en<br />

servicios, con ahorristas que pierden su dinero y campesinos arruinados, no están por tanto<br />

en situación de imponer condiciones y soluciones al resto del mundo. Así lo proclaman los líderes de<br />

importantes países emergentes y de los que, pobres y saqueados económicamente, son víctimas del<br />

intercambio desigual 1 .<br />

La desigualdad ha aumentado en dos tercios de los países que forman parte de la OCDE –admite<br />

la misma organización–, y esto se explica porque “las familias ricas han alcanzado resultados particularmente<br />

positivos en comparación con la clase media y con las familias que se ubican en los niveles<br />

más bajos de la escala social” 2 .<br />

Se ha puesto así en evidencia que el 10% más rico de la población posee más del 30% de toda la<br />

renta disponible; asimismo, es importante recordar que en Italia la tasa de pobreza entre los menores<br />

de edad supera el 15%, frente a una media de 12% en el conjunto de la OCDE.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

726


3. Este cuadro macroeconómico evidencia igualmente que, con tales escenarios de cambio de fase,<br />

de conflictividad aguda entre el área del dólar y el área del euro, con atención siempre a la variable<br />

asiática (China, Rusia, Irán, India) y bajo fuertes miras expansionistas en Eurasia, en el Asia central y<br />

en América Latina, en el futuro inmediato seremos llamados a un arreglo de cuentas, en un contexto en<br />

el que la competencia global asumirá cada vez más los rasgos político-estratégicos de un conflicto<br />

interimperialista.<br />

Entonces hay que preguntarse: ¿quién pagará los costos de los rescates financieros emprendidos por<br />

los Gobiernos? No parece haber duda acerca de la respuesta. Serán como siempre los trabajadores, las<br />

clases más débiles y marginadas: aumentarán el desempleo y la precariedad del trabajo y del vivir social,<br />

se recortarán los gastos para el welfare y serán incontables las zozobras de las familias que, al no poder<br />

pagar las hipotecas de sus viviendas, se quedarán sin techo.<br />

Pero esta crisis es más grave que la de 1929, pues nada dice que los nuevos países competidores y<br />

emergentes –como por ejemplo China, Rusia, India– puedan compensar la caída de Estados Unidos,<br />

justamente porque este último tiene un peso notable en el comercio mundial y en las funciones del<br />

mercado financiero, y por el hecho de que, hasta hoy, más de dos tercios de las reservas monetarias<br />

internacionales están en dólares. Además, esta crisis tiene consecuencias inmediatas y directas para los<br />

trabajadores, tanto en términos de una aún más grave desocupación y de recortes al salario directo,<br />

indirecto y diferido –lo que incluye la quiebra de fondos de pensiones–, como de un previsible crecimiento<br />

de la masa de nuevos pobres y de la polarización hacia abajo de parte de las capas medias, que<br />

pasarán a acompañar a los verdaderos pobres, a aquellos que cada vez más se quedan sin vivienda y ven<br />

reducirse más y más su poder adquisitivo.<br />

Es por eso que desde hace tiempo hablamos de una crisis estructural irresoluta, transformada en<br />

auténtica crisis sistémica –fomentada y prolongada a través de la desregulación financiera–, que ha<br />

determinado una suerte de dominio del capital ficticio, aunque no su exclusividad: de manera alguna<br />

se podrá nunca decir que esa forma del capital sea el elemento fundacional o precursor de los procesos<br />

de acumulación.<br />

Se podría a este respecto hacer referencia a los ciclos largos de Kondratiev 3 que, después de una<br />

larga fase expansiva –la que va desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los primeros años<br />

setenta–, permiten identificar un largo ciclo de crisis desde fines de los setenta hasta hoy, ciclo en el que<br />

los capitalismos han intentado obtener ganancias especialmente a través de la especulación financiera.<br />

La particularidad de esta crisis es su carácter estructural y sistémico, que determina, seguramente,<br />

el fin del predominio del capitalismo y el imperialismo estadounidenses y que, al mismo tiempo,<br />

preanuncia la fase terminal del mismo sistema capitalista, justamente porque las posibilidades de acumulación<br />

real del sistema han alcanzado su límite. Y si bien el modelo keynesiano y los Estados de<br />

bienestar permitieron durante la larga fase expansiva el crecimiento cuantitativo del capital, ahora la<br />

financiarización de la economía, las privatizaciones forzadas, el ataque a los derechos y al costo del<br />

trabajo, así como al salario directo, indirecto y diferido en todas sus formas, no han podido resolver<br />

esta crisis a través de la destrucción del valor del capital, precisamente porque es una crisis del sistema.<br />

La financiarización de la economía no ha llevado a la solución de la crisis, sino a una burbuja<br />

financiera sin precedentes y al agravamiento de la crisis económica general.<br />

La privatización de la economía tampoco ha aportado soluciones, al punto de que hoy tanto los<br />

progresistas y la izquierda como los conservadores quieren regresar al papel intervencionista del Estado,<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

727


ajo una forma de keynesianismo que tiene características no solamente militares y de sostenimiento<br />

de la economía de guerra, sino también de fuerte apoyo a las empresas, a la banca y a las aseguradoras,<br />

que en esta fase estaban destinados a fracasar sin dejar a cambio espacio alguno para el sostenimiento<br />

de la demanda mediante el gasto social.<br />

Tampoco ha ayudado la tercera vía intentada para salir de la crisis, la de la compresión del costo del<br />

trabajo y el ataque al salario social en su conjunto, que en cambio ha provocado una contracción general<br />

de la capacidad adquisitiva y, por tanto, le ha sumado a la crisis de sobreproducción los contenidos<br />

y los efectos de una crisis de subconsumo.<br />

4. Se pone así en marcha lo que en varias ocasiones hemos llamado el relanzamiento del keynesianismo,<br />

del llamado keynesianismo “privado”, que en última instancia se traduce en la habitual socialización de<br />

las pérdidas. Esto significa sustraerle al salario y al welfare tajadas consistentes del gasto público para<br />

socorrer a ese sistema criminal de los bancos, que después de provocar desastres son auxiliados con<br />

dinero público; es decir, con impuestos que se sustraen al gasto social y se destinan a esa última forma<br />

de privatización que es la “deuda soberana”.<br />

Se trata, simplemente, de un incremento de la deuda pública que es absorbido por el rescate del<br />

sistema privado de bancos e instituciones financieras.<br />

Resulta evidente que está en marcha un auténtico ataque político y especulativo, por parte de los<br />

mercados financieros internacionales –dominados por los grandes bancos y los fondos de pensión e<br />

inversión–, para desacreditar el papel del Estado. Crear en la opinión pública, como ocurre hoy, la<br />

idea de que los Estados están al borde del fracaso, significa ocultar la crisis económica general de acumulación<br />

del sistema capitalista y el desastre de los mercados crediticios y financieros, para promover<br />

al mismo tiempo la necesidad de socializar las pérdidas del sistema bancario mediante el dinero y los<br />

impuestos de los trabajadores y a través del recorte del Estado social y del costo del trabajo.<br />

Así, por ejemplo, fueron los bancos europeos –y en particular los de Italia– los que financiaron la<br />

burbuja especulativa de los precios inmobiliarios mediante la fuerte reducción de las tasas de interés; y<br />

son los bancos los que han cerrado para las empresas el acceso al crédito y lo han tornado cada vez más<br />

oneroso para las familias. Y luego resulta que son los bancos los que reciben la ayuda pública del keynesianismo<br />

“privado-estatal”, los auxilios fiscales, incluso para beneficiar el carry trade, lo que significa<br />

que los bancos centrales les suministran dinero, con tasas de interés por debajo del 1%, para que ellos<br />

luego recompren los títulos de la deuda pública a más o menos 5%. Además, el Banco Central Europeo<br />

no compra deuda pública, pero acepta los títulos de deuda pública de los bancos privados para que<br />

estos sigan recibiendo liquidez y puedan volver a comprar deuda pública.<br />

Más de 40% de la capitalización de las bolsas se perdió entre fines de 2007 y fines de 2008. Las<br />

cifras hablan claro: casi 26.000 millardos de dólares y solo Wall Street llegó a perder 7.000 millardos.<br />

En los primeros seis meses de 2010, los bancos europeos y estadounidenses perdieron 568 millardos de<br />

euros de capitalización. Si HSBC y el Santander se mantuvieron en la primera y segunda posición, e<br />

Intesa Sanpaolo confirmó su sexto lugar, UBS descendió de la quinta a la séptima posición, UniCredit<br />

cayó de la tercera a la octava y el Royal Bank of Scotland terminó en la cola con una caída de capitalización<br />

de 75%, a 14,6 millardos 4 .<br />

La contracción “está afectando incluso a los más meritorios consumidores de crédito y amenaza<br />

al sector bancario, ya en fuertes dificultades, con otra oleada de pérdidas masivas, tras una época en<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

728


la que pudo cosechar ganancias récord con el negocio del crédito fácil, que contribuyó a crear”. En<br />

el primer semestre de 2008, explica el NYT, las sociedades que ofrecen tarjetas de crédito devaluaron<br />

créditos de riesgo por 21 millardos de dólares “porque muchos clientes no logran ya pagar las deudas.<br />

Y con sociedades que despiden a decenas de miles de trabajadores, el sector espera –según los analistas–<br />

pérdidas por otros 55 millardos durante el próximo año y medio”. De 2009 al inicio de 2010, “las pérdidas<br />

totales llegan a 5,5% de la deuda en tarjetas de crédito, pero podrían superar el nivel de 7,9%<br />

alcanzado en 2001 tras el estallido de la burbuja de títulos tecnológicos” 5 .<br />

Eso significa que la constante sobreproducción de mercancías y capitales que tiene lugar en los<br />

países de capitalismo maduro, no encuentra ya solución ni en las distintas formas de presentarse y de<br />

salir de las crisis coyunturales ni en las de naturaleza más estructural, y que se va configurando cada vez<br />

más una crisis de carácter global acompañada por una crisis sistémica.<br />

Esto es así porque las mismas relaciones de producción entran en conflicto con carácter endémico,<br />

destruyendo incluso, por primera vez, la forzada convivencia patrón-trabajador. La actual crisis<br />

sistémica llevará probablemente al fin del dominio de Estados Unidos, que será sustituido por nuevos<br />

centros de poder representados por Europa, China, India y algunos otros países, como Rusia y Brasil.<br />

La historia demuestra que el capitalismo ha atravesado siempre crisis económicas más o menos graves<br />

y que muy frecuentemente las ha resuelto por medio de la guerra.<br />

3. Una competencia global con fuertes rasgos financieros<br />

1. La crisis actual va más allá de la crisis financiera y la recesión. Es el síntoma del fin del ciclo de<br />

acumulación capitalista, que se traduce en dos aspectos esenciales:<br />

a) El fin del ciclo de la hegemonía del capital estadounidense, en curso desde los años sesenta y, en<br />

consecuencia, el agotamiento de los procedimientos puestos en marcha por dicho capital desde<br />

fines de los años setenta y comienzos de los ochenta para seguir captando recursos materiales y<br />

trabajo en forma de bienes comerciales del resto del mundo, siempre a crédito.<br />

b) La desaceleración de la productividad, que genera dificultades para ampliar la masa de ganancias<br />

y frena la tendencia al crecimiento, provoca también la caída de la tasa general de ganancia. Este<br />

fenómeno hace surgir un problema clave, de cuya respuesta depende la perspectiva de salir de<br />

la crisis: ¿cómo es posible que, transcurridos veinte años de la “nueva revolución industrial”, la<br />

economía no crezca? ¿Qué significa el estancamiento económico a largo plazo de los países<br />

centrales, justo en medio de una revolución científico-técnica como la llamada “revolución<br />

de la información y de la materia viva”? Los avances de productividad que se esperaban tras la<br />

introducción masiva de los nuevos procedimientos de automatización del saber obrero y con<br />

la reducción de la demanda de materias primas mediante la nanotecnología y las biotecnologías,<br />

no han reportado los frutos prometidos. La crisis del capitalismo industrial de los años setenta<br />

se ha traducido, para los países centrales, en tasas muy bajas de incremento de la productividad.<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

729


Tasa de variación anual media del valor de la producción por trabajador<br />

(PIB constante año 2000)<br />

1961-1970 1971-1980 1981-1990 1991-2000 2001-2010<br />

Alemania 4,2 2,4 0,7 1,3 0,2<br />

España 6,0 4,6 1,0 -0,8 -0,8<br />

Francia 4,5 2,7 1,8 0,8 0,1<br />

Italia 6,7 2,2 1,3 1,8 -0,8<br />

UE15 4,5 2,5 1,2 1,2 0,0<br />

Estados Unidos 0,5 -1,2 -0,5 0,4 1,7<br />

Japón 7,3 2,8 2,5 0,7 1,4<br />

OCDE** 2,7 1,1 0,8 0,8 0,9<br />

* Variación del PIB-variación de la ocupación civil (personas). fuentes: Base de datos Ameco y elaboración propia.<br />

** UE15+Estados Unidos+Japón+Canadá+Australia+Nueva Zelanda.<br />

En los países centrales, el capitalismo se encuentra en una situación de profundo estancamiento de<br />

la productividad. El desarrollo de las fuerzas productivas se ha tropezado con el límite objetivo de las<br />

formas actuales de las relaciones sociales de producción.<br />

La solución a ese problema la ha encontrado el capital en el pensamiento neoliberal, a través de dos<br />

puntos centrales.<br />

Una primera respuesta ha sido la deslocalización del capital productivo. El capital ha intentado<br />

recuperar la tasa de ganancia mediante procedimientos de explotación extensiva. La deslocalización<br />

y la reducción de las tasas salariales son, en el centro, la principal receta aplicada, que ha generado en<br />

la periferia un aumento de la fuerza de trabajo asalariada y un crecimiento económico orientado al<br />

ensamblaje de exportación y a productos de bajo valor agregado. En este este momento se produce un<br />

nuevo impulso en esa dirección, sobre todo por parte del capital europeo. De hecho, una reducción<br />

de los salarios en Europa se puede compensar, en términos de demanda agregada y de expectativas de<br />

rentabilidad, con un aumento salarial en la periferia, como en efecto ocurre. De esta manera, la estrategia<br />

sindical y su versión de keynesianismo salarial –que debería servir para enfrentar la crisis– se<br />

encuentra en Europa en un callejón sin salida.<br />

La segunda vía emprendida por la potencia dominante es la financiarización de la economía. Estados<br />

Unidos ha promovido la privatización de los tipos de cambio y la desregulación financiera, para así<br />

subvencionar con mayor facilidad su enorme desequilibrio comercial. En muchos países, el volumen<br />

del crédito ha crecido de manera sustancial por causa de dicha desregulación y en el caso de Europa<br />

(el área euro), por la drástica reducción de las tasas de interés en los países de la periferia europea (los<br />

llamados Piigs). Así, el estancamiento de la acumulación se mantuvo oculto, en la medida en que se acumulaba<br />

una masa cada vez mayor de deuda, sobre todo privada.<br />

2. El cierre del ciclo especulativo del verano de 2007, con la caída del mercado mundial del crédito,<br />

conduce a un regenerado intervencionismo del Estado de los países de capitalismo maduro, solo que no<br />

dirigido al relanzamiento de la productividad en la economía real, sino al rescate del sistema bancario<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

730


Crédito-producto interno bruto<br />

1998 2010<br />

Eurozona 1,29 1,81<br />

Bélgica 1,62 1,54<br />

Alemania 1,53 1,51<br />

Irlanda 1,31 3,35<br />

Grecia 0,87 1,60<br />

España 1,12 2,47<br />

Francia 1,12 1,65<br />

Italia 0,96 1,68<br />

Países Bajos 1,55 2,43<br />

Austria 1,32 1,66<br />

Portugal 1,12 2,47<br />

Finlandia 0,60 1,10<br />

Turquía 1,23 4,15<br />

Estados Unidos 0,78<br />

Japón 1,62<br />

(EA11-2000, EA12-2006, EA13-2007, EA15-2008,<br />

EA16-2010, EA17)<br />

Fuente: Calori y Ubago Vivas (1990).<br />

y financiero, mientras se vislumbran nue-vos escenarios<br />

que preanuncian el estallido de una nueva<br />

y gigantesca burbuja financiera, inflada por el juego<br />

especulativo con los derivados de última generación<br />

sobre derivados anteriores.<br />

Tales operaciones, que buscan brindar oxígeno<br />

a los bancos, aumentan fuertemente el déficit fiscal<br />

de los países centrales, tanto por la magnitud<br />

de las cifras empeñadas (la Comisión Europea estima<br />

que en 2009 los países de la Unión Europea<br />

se jugaron literalmente el potencial de cerca de<br />

un tercio de su PIB en auxilios a los bancos en<br />

crisis, considerando el conjunto de inyecciones de<br />

capital, las garantías bancarias, el restablecimiento<br />

de la liquidez y el saneamiento de las inversiones<br />

financieras de mala calidad) como por la caída de<br />

la recaudación fiscal, debida a la desaceleración de<br />

las inversiones productivas como resultado, a su<br />

vez, de la reducción del crédito a la producción<br />

que, de hecho, bloquea los procesos de crecimiento<br />

de la acumulación capitalista.<br />

El papel de los bancos y las finanzas en el capitalismo global es el mismo que en el capitalismo<br />

nacional. La diferencia es de escala: el proceso de centralización y concentración del capital se acelera,<br />

favorecido por el acceso al crédito internacional de que disfrutan los grandes capitales multinacionales.<br />

Al mismo tiempo, las finanzas globales sostienen la “fábrica global” de muchas marcas productivas, al<br />

financiar la fragmentación internacional de los procesos productivos (factor que impulsa la competencia<br />

entre los trabajadores a escala internacional).<br />

Por último, la caída del rendimiento global que experimenta el capital por la pérdida de eficiencia<br />

en los procesos mercantiles necesarios para la generación de valor (que se traduce en aumentos escasos<br />

de productividad, logrados mediante la intensificación del trabajo), es compensada a escala global por<br />

la transferencia de las rentas desde los lugares de producción a los de realización del valor, rentas que<br />

son en su mayor parte financieras (y en menor medida ganancias de capital por inversiones directas<br />

en el exterior).<br />

Se ha tratado, en efecto, de una gigantesca operación en beneficio de los bancos, del sistema financiero<br />

y de las empresas –en su mayoría grandes y medianas–, para transformar la deuda privada<br />

en deuda pública. Se traslada así la crisis del capital a un ámbito más grave, como es el de la crisis<br />

económica y política de los Estados soberanos, bajo la forma de crisis de la deuda pública.<br />

3. Todo eso en un contexto de competencia internacional con fuertes rasgos financieros, en la cual lo<br />

único que ha cambiado del viejo concepto de globalización es –si se excluyen las tecnologías– la interconexión<br />

de los fenómenos económicos (producción, consumo, intercambio, pero también el incremento<br />

y centralización de capitales, de técnicas e instalaciones, las nuevas formas de financiamiento,<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

731


la empresarialidad, la competitividad, los nuevos procesos de acumulación). Estos factores tienden, sin<br />

embargo, al reforzamiento polarizado de los bloques económicos de los más poderosos países y áreas<br />

de la economía mundial (Estados Unidos, Unión Europea, polo asiático), a través del uso político de<br />

los nuevos procesos de financiarización de la economía.<br />

Desde que se produjo la extinción forzada –y perseguida– de los acuerdos de Bretton Woods,<br />

Estados Unidos no ha dejado de recurrir a los préstamos para financiar su inmenso déficit: durante los<br />

años que van de 2002 a 2007, más de 48% del financiamiento neto del déficit corriente de ese país<br />

fue cubierto por Gobiernos extranjeros. La política fiscal de Bush produjo en el sistema financiero un<br />

hueco equivalente a más de 7% del PIB y a eso se agregó el creciente endeudamiento de las familias<br />

estadounidenses, que por años han seguido gastando por encima de sus propios ingresos. Hasta el año<br />

2006 se había registrado en Estados Unidos un muy fuerte aumento de los precios de la vivienda, que<br />

subieron más de 124% en poco menos de diez años (1997 a 2006). Esa situación, sin embargo, tuvo<br />

como principal determinante la decisión de responder a la asfixia de la demanda con un desmesurado<br />

aumento del endeudamiento de las familias estadounidenses, cada vez más vinculado al pago de hipotecas<br />

para la adquisición de viviendas y también al consumo.<br />

Para sostener el crecimiento “inflado” del PIB, el sistema norteamericano hizo que los bancos<br />

comenzaran a conceder créditos a los llamados clientes Ninja (no income, no job and assets: sin ingresos,<br />

sin trabajo y sin activos); es decir, a personas que no tenían un trabajo estable, un patrimonio<br />

propio ni cobertura financiera de ningún tipo, pero que pagaban alquileres sumamente altos, muchas<br />

veces superiores a su propio salario. Esta práctica permitió a muchas familias de precarias condiciones<br />

económicas obtener un préstamo hipotecario con tasas de interés que inicialmente eran muy<br />

favorables. Obviamente, esa situación no podía prolongarse mucho. Cuando aumentaron las tasas de<br />

interés, esas familias no pudieron pagar las cuotas de su deuda y perdieron sus viviendas por ejecución<br />

de hipotecas.<br />

No obstante, la situación se mantuvo hasta llegar a una auténtica burbuja especulativa con un<br />

marcado aumento de las tasas de interés. Eso hizo que la inmensa mayoría de los estadounidenses que<br />

tenían préstamos hipotecarios con tasas variables no pudiesen cancelar sus mensualidades y sus hogares<br />

fueran embargados. En cadena se derrumbaron los activos titulizados y se produjeron las conocidas<br />

quiebras de bancos e instituciones financieras. Es así como la crisis tiene el efecto –normal– de destruir<br />

el exceso de capitales (y de empresas).<br />

El aumento de los precios inmobiliarios registró un brusco frenazo en 2007, por causa de un desmesurado<br />

pero previsible incremento de las tasas de interés hipotecarias que convirtió en insolventes<br />

a muchos deudores –especialmente entre los no garantizados– y dio paso a una serie de embargos<br />

que afectó a muchas familias estadounidenses. Se produjo así una debacle económica del sistema, que<br />

aparentemente tuvo como factor desencadenante la llamada crisis subprime, o sea, la quiebra de los<br />

bancos que tenían por práctica cotidiana la concesión de hipotecas a personas que no podían garantizar<br />

su solvencia. La crisis hipotecaria norteamericana empeoró desastrosamente en 2008 y para julio de<br />

2009 el número de procesos de embargo contra propietarios de viviendas se había incrementado en<br />

más de 170% con respecto a julio de 2007, con lo cual más de 800.000 de esos propietarios corrían el<br />

riesgo de ver expropiados sus hogares.<br />

El marcado aumento de las tasas de interés condujo a una crisis de insolvencia y a la quiebra de un<br />

elevado número de familias estadounidenses (cerca de dos millones).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

732


En junio de 2008 se registraba una altísima tasa de insolvencia en los préstamos subprime: en el caso<br />

de las hipotecas otorgadas en 2005, por ejemplo, más de 37% de los titulares confrontaban problemas<br />

de pago y por tanto de solvencia. En 2006 la situación empeoraba y el porcentaje subía a más de 40%,<br />

para luego registrar una leve disminución en 2007 y detenerse en torno a 29%.<br />

En el ámbito de los juegos de las finanzas “creativas”, los bancos que habían concedido esas hipotecas<br />

“de segunda categoría” o subprime pensaron en titulizarlas 6 . Se introdujeron así en el mercado<br />

títulos absolutamente inseguros que, al estar en cierto sentido “camuflados” –avalados por la complicidad<br />

de “confiables” agencias de clasificación–, fueron con frecuencia adquiridos por los titulares de<br />

fondos de pensiones. De tal manera, estos se encontraron al poco con portafolios abultados por títulos<br />

que no eran sino “papel de desecho”: el mundo del trabajo resultaba así golpeado y el salario social<br />

disminuía todavía más.<br />

4. No bastó siquiera la rebaja de la tasa de descuento dictaminada por la FED. Esta grave situación se<br />

produjo en Estados Unidos, fundamentalmente, por causa de la especulación financiera e inmobiliaria:<br />

es eso lo que explica que, durante los últimos 20 años, el precio de los inmuebles se duplicara aproximadamente<br />

cada cinco. No por un efectivo aumento del valor o de los costos, sino como incremento<br />

forzado por la especulación. Solo en parte fueron simples ciudadanos, deseosos de adquirir su primer<br />

hogar, quienes solicitaron préstamos hipotecarios; en la mayoría de los casos se trató, en realidad, de<br />

especuladores –incluso pequeños especuladores, que tentaban la suerte– sin otro propósito que el<br />

de revender a precio duplicado en pocos años.<br />

Valga recordar que en julio de 2007 se llevaron a cabo en Estados Unidos 179.599 embargos de<br />

viviendas, lo que representó un aumento de 9% respecto al anterior mes de junio y de más de 93% en<br />

relación con 2006. El escenario, pues, es catastrófico y se extiende hacia los países europeos.<br />

En 2007, en efecto, el temor a una debacle todavía mayor de las subprime provocó una muy acentuada<br />

caída de todos los índices de la bolsa, que se extendió también a Europa.<br />

Después de 30 años de endeudamiento creciente de toda la economía estadounidense, se llegó al<br />

límite final. Frente a un PIB mundial de 44.000 millardos de dólares, la deuda pública de Estados<br />

Unidos supera los 11.000 millardos. En 2007, su endeudamiento llegó a 13,8 trillones de dólares –más<br />

de un trillón por encima del año anterior– y la deuda per cápita alcanzó a 46.115 dólares, es decir,<br />

184.460 para una familia de cuatro personas.<br />

Esa grave crisis, que resaltó por sus rasgos financieros, se acentuó en Estados Unidos y afectó en<br />

cadena a todas las bolsas occidentales. Lehman Brothers era uno de los mayores actores del capitalismo<br />

subprime, y cabe recordar que Fannie Mae y Freddie Mac, los dos colosos del ramo, concentraban<br />

más de la mitad de los 12.000 millardos de dólares en hipotecas sobre las viviendas de los ciudadanos<br />

estadounidenses. La quiebra de colosos bancarios como Lehman Brothers –el mayor en todo el país–,<br />

junto con la caída de todas las bolsas, llevó al Gobierno de Estados Unidos a nacionalizar, de hecho,<br />

a los gigantescos Fannie Mae y Freddie Mac, al convertirlos en sociedades públicas por un período<br />

indeterminado.<br />

5. Otro elemento importante para comprender las causas de la explosión de esta burbuja especulativa<br />

inmobiliaria y financiera son los datos que muestran cómo el mercado, a partir de las llamadas hipotecas<br />

subprime, creció en Estados Unidos hasta el punto de alcanzar un valor total –en titulizaciones e<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

733


hipotecas inmobiliarias– de 531.000 millardos de dólares, equivalentes a diez veces el PIB mundial.<br />

A esto es preciso sumar un hecho más: el extraordinario aumento de los precios del petróleo y de los<br />

alimentos. Desde comienzos de la explosión de la crisis de 2007, en efecto, y hasta concluir el verano<br />

de 2008, se registraron en los precios del petróleo incrementos mayores que nunca, que llevaron el<br />

barril a casi 150 dólares.<br />

Resulta claro que ese desproporcionado aumento no fue causado por una mayor demanda de crudo,<br />

sino por una especulación determinada a conseguir superganancias cada vez mayores. Así ocurrió,<br />

ya que tales ganancias fueron a dar, principalmente, a manos de las multinacionales que lo exportan y<br />

no de las empresas que lo extraen, que en su mayoría son de propiedad estatal.<br />

También el aumento de los alimentos respondió a la especulación. Con el pretexto de desarrollar la<br />

nueva energía alternativa –los agrocombustibles–, se impulsó la explotación y el comercio sin límites<br />

y con fines no alimentarios de bienes primarios como el maíz, el aceite de palma, etcétera, que son<br />

básicos para las economías de los países más pobres. También en este caso se llevaron a cabo pavorosas<br />

especulaciones de carácter financiero. Resulta evidente que la especulación con recursos energéticos y<br />

alimentarios no es sino otra forma de la financiarización de la economía, que a través del capital ficticio<br />

intenta desesperadamente hallar solución para una crisis que tiene, claramente, caracteres sistémicos.<br />

Los bancos, y hoy también las aseguradoras y los llamados “inversionistas institucionales” (fondos<br />

de pensión o de inversión), son enormes arcas de dinero no invertido. Necesitan “poner a rendir” su<br />

propia liquidez y para eso, además de recurrir a especulaciones bursátiles de distinto tipo (que no crean<br />

riqueza y que en el mejor de los casos pueden ser consideradas a largo plazo como un juego “suma cero”,<br />

en el cual el perdedor cede a otro la riqueza que ha “jugado” en los mercados de títulos y monedas,<br />

pero sin que nunca se cree nada nuevo), pueden invertir en el sector productivo y así valorizar su propia<br />

masa de dinero, que de otra forma seguiría siendo capital no valorizado, en términos de acumulación.<br />

6. El sistema bancario-financiero cumple, además, otra función central en el proceso de circulación del<br />

capital: la de poner a disposición de este último, a través de los sistemas de crédito y financiero, una enorme<br />

suma de dinero que sería no valorizable y que puede utilizar para extender su propio poder a escala<br />

mundial, mediante inversiones directas en el exterior, participaciones y financiamientos de todo tipo.<br />

Luego, la financiera y la productiva son simplemente dos funciones del capital que cada vez más<br />

conviven en un mismo operador económico, incluso como mescolanza de actividades técnico-materiales<br />

y actividades de especulación financiera. Esto se ha acentuado particularmente en los últimos<br />

25 años, gracias a la desregulación del sistema financiero y a la utilización de los instrumentos de las<br />

llamadas finanzas alegres y creativas.<br />

En realidad, los bancos están aprovechando el incremento de la oferta de deuda pública para reestructurar<br />

sus fondos de inversión y colocarlos en papeles de menor riesgo, con el objetivo de brindar<br />

una mayor garantía a un cliente que, tras la aparatosa caída, no se muestra en absoluto dispuesto a seguir<br />

apostando en la ruleta rusa del riesgo-alta rentabilidad. Los bancos necesitan asimismo modificar la<br />

composición de sus propios activos, cargados de títulos y valores inmobiliarios en proceso de devaluación<br />

acelerada. En esa circunstancia, los títulos de deuda pública resultan un valor de cobertura perfecto.<br />

Es, en síntesis, un juego de masacre, en el que las víctimas (los Estados) proveen a su verdugo (el<br />

sistema bancario y financiero) el arma de ejecución, la soga de ahorcamiento (la liquidez), para ser así<br />

no solo colgados sino también burlados.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

734


En Italia, todo esto es producto de haber vendido el gran patrimonio constituido por uno de los<br />

mejores sistemas bancarios públicos.<br />

Pero si el juego es así evidente, ¿cómo logran los bancos y los mercados financieros convencer a la<br />

opinión pública de que los dos puntos débiles de la economía italiana, y europea en general, son el alto<br />

costo del trabajo y el déficit fiscal, con la conexa acumulación de deuda pública?<br />

4. La crisis es provocada por la ruptura de los fundamentos de la economía<br />

y refuerza las finanzas especulativas<br />

1. La actual crisis del capital viene entonces de lejos y muestra su condición estructural ya desde los<br />

primeros años setenta, con tendencia al estancamiento y con fuertes y continuas tensiones recesivas,<br />

en parte atenuadas por los también continuos procesos de recomposición en la localización de los<br />

centros de acumulación mundial del capital, y con una reducción temporal de los ciclos de las crisis<br />

financieras.<br />

Tales crisis dejan ver cómo las diversas y crecientes formas de endeudamiento, interno y externo,<br />

público y privado, han garantizado, de alguna manera, la supervivencia de los centros históricos de<br />

acumulación del capital de Norteamérica y de Europa Occidental.<br />

Las distintas formas de endeudamiento presentes en esta crisis son resultado del desesperado esfuerzo<br />

del capital por prolongar en el tiempo su propia reproducción, por mantener el aumento del<br />

consumo de masas en concordancia con el aumento de la productividad del trabajo y con la reducción<br />

de los salarios y, en general, de la masa salarial implicada en el valor agregado. Es un tipo de sobrendeudamiento<br />

que responde, también, al objetivo de retardar el momento en que la caída de la rentabilidad<br />

se traduzca en una fuerte disminución de los bienes y de la masa de ganancias, momento en el que se<br />

produce un fatal desequilibrio entre los ritmos de la producción, de la realización y de la valorización<br />

del capital, condición última de la crisis.<br />

Es por eso que se nos quiere hacer creer, mediante un deshonesto juego massmediático, que la<br />

actual crisis es de naturaleza financiera y se debe a una excesiva liberalización y desregulación de los<br />

mercados, que habría provocado tanto las burbujas especulativas, financieras e inmobiliarias, como la<br />

sustitución de las ganancias del capital productivo “bueno” por las del capital financiero “malo”, dado<br />

el exceso de rentas financieras, inmobiliarias y de situación. Al estallar las burbujas y caer los precios<br />

de los activos financieros del capital ficticio, con las consecuentes y variadas situaciones de insolvencia<br />

bancaria, se fueron evidenciando las diferentes crisis regionales, como por ejemplo la de Japón en<br />

1992, la de México en 1995, la de los tigres asiáticos en 1997, la de Rusia en 1998, etcétera, hasta<br />

llegar a la de 2007, que fuera erróneamente definida como crisis financiera de Estados Unidos y que<br />

en 2008, por efecto de la articulación del sistema bancario internacional, golpeó a todos los países de<br />

capitalismo maduro –y no solo a ellos–, para luego revertirse fuertemente sobre los países de la Europa<br />

mediterránea, los llamados Piigs.<br />

Se busca así sobrevivir de la mejor manera posible, intensificando la sustitución de las funciones del<br />

capital productivo por la financiarización, deslocalización, externalización y privatización; reduciendo<br />

drásticamente los costos de producción mediante un ataque violento y generalizado al costo del<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

735


trabajo, a las propias garantías y derechos del trabajo, al salario directo, indirecto y diferido; provocando<br />

desempleo estructural y precarización institucionalizada; apelando al uso chantajista de la fuerza de<br />

trabajo inmigratoria para expulsar mano de obra local, más costosa y exigente en términos de derechos<br />

y garantías.<br />

El capitalismo actual está condicionado por las finanzas y por el abandono de las políticas keynesianas<br />

de sostenimiento de la demanda a través del Estado social. Las finanzas se han hecho así dominantes<br />

y el más desenfrenado liberalismo es aplicado no solo a las mercancías y productos, sino sobre todo<br />

a los movimientos de capital, lo que no deja de suscitar muchas dudas, incluso entre quienes respaldan<br />

la economía dominante.<br />

2. Pero aquello que se podría llamar “reaganismo originario” tuvo algunas consecuencias, como una<br />

pesada rigidez de la “política monetaria” en 1981, que implicó un crecimiento inicial de M1 7 cercano<br />

al 10%, para posteriormente tener un aumento equivalente solo a 4,7% y luego decaer entre abril y<br />

noviembre de 1981 y ser cancelado definitivamente 8 .<br />

Las mencionadas medidas de política monetaria tuvieron efectos no previstos por la teoría:<br />

a) Un crecimiento sustancial del costo del crédito, es decir, un aumento de las tasas de interés.<br />

b) Un impulso al alza de la tasa de cambio efectiva.<br />

c) Un impacto recesivo en el nivel de actividad económica, por cuanto limitó fuertemente la<br />

demanda y la producción.<br />

d) No funcionó el llamado principio de la “curva de Phillips”, según el cual un incremento de M1<br />

produciría un incremento del ahorro, que habría de traducirse en un aumento de la inversión<br />

productiva.<br />

En realidad, el incremento de M1 fue directo a un ahorro que no tuvo que ver con la inversión<br />

productiva, sino con la industria de la diversión y de la especulación, como resultado del nivel nada<br />

estimulante en que se encontraba la tasa de ganancia, todo lo cual provocó el aumento de las tasas<br />

de interés.<br />

Durante ese período, la economía se vio inmersa en el peor momento recesivo de la posguerra. La<br />

recuperación del último trimestre de 1982 no dependió solo de la política económica: la perspicacia<br />

de los llamados economistas de la oferta (Supply Side Economics) no consistió tanto en la política que<br />

habían recomendado, como en darse cuenta de que el modelo de acumulación de la posguerra se había<br />

agotado y que la economía norteamericana, en particular, estaba pasando a un nuevo paradigma<br />

tecnológico, dentro del cual el objetivo de la política económica no debía ser ya el estímulo directo a<br />

la “demanda efectiva”.<br />

Está claro que para llegar a esa situación de liberalismo sin reglas de las finanzas, fue preciso introducir<br />

antes la libre circulación de capitales, que el sistema monetario de Bretton Woods 9 no permitía<br />

y que, de hecho, no existió siquiera hasta hace pocas décadas.<br />

El actual sistema monetario, que los economistas estadounidenses llaman “Bretton Woods II”,<br />

no se basa ya en la convertibilidad dólar-oro, sino en tasas de cambio fluctuantes y en la creciente<br />

capacidad de los países asiáticos para financiar el déficit de Estados Unidos, que tras haber crecido<br />

desmesuradamente arruina nuestros días.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

736


3. Para insertarse en el nuevo contexto de las finanzas globales, el capital europeo creó el euro. Necesitaba,<br />

en el espacio europeo de la acumulación, una estabilidad monetaria imposible de alcanzar con<br />

las finanzas privatizadas que fueron típicas de los años ochenta y noventa.<br />

El euro posibilitó una drástica reducción de las tasas de interés en los países de la periferia del continente.<br />

Sin embargo, en ausencia de mecanismos públicos y sociales que hubiesen podido canalizar<br />

el crédito mínimo hacia las actividades productivas y la creación de empleo –para así satisfacer las<br />

necesidades sociales–, se ha permitido que el capital utilice dicho crédito para ocultar el estancamiento<br />

de la acumulación a través de una enorme acumulación de deuda privada.<br />

¿Cómo se traduce esto en la práctica? Si antes de la entrada en vigor del euro bastaban en Italia<br />

0,68 céntimos de euro en créditos para generar 1 euro de valor agregado, en 2010 se requerían 1,6<br />

euros en créditos para tal fin. En España se pasó de 1,12 euros en 1998 a 2,47 en 2010. En Grecia, de<br />

0,87 a 1,60; en Portugal, de 1,12 a 2,47; en Irlanda, de 1,31 a 3,35. Todos los países de la Eurozona<br />

han experimentado ese incremento del peso del crédito en la creación de valor (de 1,29 a 1,81, en<br />

promedio), salvo uno: Alemania, que si en 1998 necesitaba 1,53 euros en créditos para generar un euro<br />

de valor, en 2010 lo sigue haciendo con 1,51 euros.<br />

La gran expansión del crédito se ha traducido en una crisis del crédito global, ya que las expectativas<br />

de rentabilidad no se han cumplido: la velocidad con la que se multiplica el crédito, ponderada por<br />

la reducción de las tasas de interés, ha sido mucho mayor que las tasas de crecimiento alcanzadas por la<br />

economía del capitalismo central. En consecuencia, no se ha producido plusvalía suficiente para remunerar<br />

el capital financiero como cabía esperar por la deuda acumulada.<br />

El pacto del euro es la respuesta que dictó el capital a los Gobiernos europeos para intentar resolver<br />

ese problema. Ante la necesidad de destruir la enorme acumulación de capital para relanzar la acumulación<br />

privada, el capital plantea el pacto del euro, que quiere hacer pagar a los trabajadores el costo<br />

del ajuste al privatizar los bienes comunes para compensar esa destrucción de capital, necesaria para<br />

retomar la vía de la acumulación capitalista.<br />

4. En 1981 comenzaron los procesos de reestructuración de la política económica. Las previsiones<br />

apuntaban a la reducción rápida y sostenida de la inflación, la disminución del desempleo y el drástico<br />

recorte del déficit fiscal.<br />

La lógica de la política económica sería dirigida hacia una política de restricción monetaria, que<br />

implicaría una disminución de las presiones inflacionarias, y hacia una política fiscal que estimularía<br />

un incremento de la oferta; vale decir, una combinación entre la “ortodoxia monetaria” y las “recomendaciones<br />

de oferta”, en la consideración de que este círculo vicioso conduciría a un proceso dinámico<br />

y sostenido que rompería el encadenamiento caracterizado por la combinación de estancamiento e<br />

inflación.<br />

Además, el arma de la crisis del petróleo había sido ya usada fuertemente en los años setenta: dos<br />

terribles ataques piloteados por enormes encarecimientos del precio del petróleo pusieron en crisis, de<br />

hecho, el primer intento europeo de crear un bloque económico antagónico al estadounidense, a través<br />

de la construcción de la “serpiente monetaria”*.<br />

* (n.t.) Denominación informal que recibieron los acuerdos monetarios estipulados en 1972 por la entonces Comunidad Económica<br />

Europea.<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

737


Apenas nacida la moneda europea, temiendo que esta pudiese fortalecerse en los mercados y convertirse<br />

en instrumento de reserva internacional de divisas, se inició el ataque frontal de Estados Unidos,<br />

que fue capaz de atraer hacia sí enormes cantidades de capitales europeos mediante la oferta de altas<br />

tasas de interés y la hipertrofia de una economía financiada, precisamente, con el dinero proveniente<br />

de la vieja Europa. Esta última decidió, por una parte, implementar políticas monetaristas restrictivas<br />

con respecto a los criterios financieros de Maastricht, que provocaron desempleo y acrecentaron el<br />

malestar social; y por otra, se sintió políticamente demasiado débil y fragmentada para enfrentarse de<br />

inmediato y adecuadamente al superpoder estadounidense. A ello se añade que la política monetaria<br />

implantada por el Banco Central Europeo tiende a imponer vínculos restrictivos a los Gobiernos, con<br />

el fin de aprovechar las situaciones económicas favorables para sanear los presupuestos y reducir la<br />

deuda pública sin intervenciones expansivas sobre la economía, en términos ocupacionales.<br />

Europa apunta, en realidad, a una continua competencia con el crecimiento estadounidense, sobre<br />

la base de la estabilidad de los precios y el estímulo a la expansión de una economía de intercambios<br />

fáciles y alta rentabilidad en los servicios, especialmente en su faceta financiera, así como a reforzar los<br />

procesos de financiarización e imponer reformas estructurales que lleven a la liberalización (es decir,<br />

privatización) de los desempeños sociales y a la remoción de toda forma de rigidez en el mercado del<br />

trabajo; esto es, flexibilidad y precarización ampliadas al máximo.<br />

— notas —<br />

1 Cfr. Le Riflessioni del Compagno Fidel, “L’insolito”, http://www.granma.cu/italiano/2008/octubre/juev16/reflexiones.html**.<br />

2 http://www.tgfin.mediaset.it/tgfin/articoli/articolo430703.shtml.<br />

3 Las ondas de Kondratiev (también llamadas ondas k) son ciclos regulares, con forma sinusoidal, de la moderna economía mundial<br />

capitalista. La duración de cada onda o ciclo largo varía entre 50 y 70 años, durante los cuales se alternan una fase ascendente<br />

y una descendente. A la fase ascendente corresponden períodos de crecimiento veloz y especializado, y a la fase<br />

descendente, períodos de depresión. Este tipo de ciclos económicos resulta más evidente en los datos relativos a la producción<br />

internacional, que en los individuales de las distintas economías nacionales, y atañe más a la producción que a los precios<br />

(Fuente: http://it.wikipedia.org/wiki/Onde_di_Kondrat%27ev).<br />

4 http://www.ilsole24ore.com/art/SoleOnLine4/dossier/Finanza%20e%20Mercati/2008/crisi-credito-borse-governi-banche-centrali/borse-analisi/banche-10-mesi.shtml?uuid=e84043a8-a00c-11dd-b23c-4c4868599d2c&DocRulesView=Libero.<br />

5 http://www.ilsole24ore.com/art/SoleOnLine4/Mondo/2008/10/crisi-carte-di-credito.shtml?uuid=7b83e2d4-a5a1-11dd-bd0e-<br />

74972eef3b4a&DocRulesView=Libero.<br />

6 La titulización (securitisation, en inglés) es la cesión de actividades –o más propiamente de bienes financieros que proporcionan<br />

derechos de crédito– de una sociedad, técnicamente conocida como originator, a través de la emisión y colocación de títulos<br />

financieros. El crédito es así traspasado a terceros y el rembolso debe garantizar la restitución del capital y de los intereses<br />

correspondientes a la obligación. Si el crédito resulta irrecuperable, el comprador de la titulización pierde tanto los intereses<br />

como el capital desembolsado. Por lo general, esos bienes están constituidos por créditos, aunque también pueden ser<br />

** (n.t.) La versión que aquí se reproduce ha sido tomada del original en español, tal como aparece en www.juventudrebelde.cu.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

738


inmuebles, instrumentos derivados u otros. Los bienes son traspasados a una sociedad-vehículo (SVP, sociedad cesionaria habilitada<br />

para emitir títulos, a los que se incorporan los créditos cedidos en venta), que los retribuye con el beneficio obtenido a<br />

través de la emisión y colocación de los títulos respectivos. Las obligaciones emitidas pueden ser de distintas clases (AAA, AA,<br />

BBB, BB, etcétera, hasta la participación accionaria) y su solvencia es menor en tanto sea más alto el nivel de subordinación para<br />

la restitución de la deuda en cuestión. Cfr. http://it.wikipedia.org/wiki/Cartolarizzazione.<br />

7 Valga recordar cómo se subdivide la masa monetaria. Masa monetaria M0 es la moneda creada por los bancos centrales:<br />

billetes en circulación y haberes de los bancos en cuenta corriente de aquellos; el banco central ejerce, pues, una influencia<br />

directa sobre la masa monetaria M0. Luego siguen las masas monetarias M1, M2 y M3. El agregado monetario restringido M1<br />

comprende el efectivo (billetes y monedas) y los saldos que puedan ser inmediatamente convertidos en efectivo o utilizados<br />

para pagos, así como los depósitos a la vista. El agregado monetario intermedio M2 abarca, además de M1, los depósitos con<br />

vencimiento no mayor de dos años y los depósitos rembolsables con preaviso de hasta tres meses; la definición de M2 refleja el<br />

hecho de que el análisis y la observación continua de un agregado monetario que, además del circulante, comprende los depósitos<br />

líquidos, reviste un particular interés para todo banco central. El agregado monetario amplio M3 incluye, además de M2,<br />

algunos instrumentos negociables emitidos por el sector de los intermediarios financieros, y cuyo elevado grado de liquidez y<br />

certidumbre de precio convierten en sustitutos de los depósitos; en consecuencia, y en relación con las definiciones de moneda<br />

más restringidas, M3 resulta menos influido por fenómenos de sustitución entre las diversas categorías de activos líquidos, y es<br />

por eso más estable. A diferencia de M0, las masas monetarias M1, M2 y M3 están compuestas en su mayor parte por moneda<br />

creada por los bancos. Cfr. http://www.gambelli.org/download/banche%20-%20finanza/Capire_l’emissione_monetaria.pdf.<br />

8 Véase a este respecto el Economic Report of The President, 1981, Washington, Estados Unidos.<br />

9 La conferencia de Bretton Woods tuvo lugar del 1 al 22 de julio de 1944 en la localidad homónima cercana a Carroll (New<br />

Hampshire), para establecer las reglas de las relaciones comerciales y financieras entre los principales países industrializados del<br />

mundo. Los acuerdos de Bretton Woods fueron el primer ejemplo, en la historia del mundo, de un orden monetario totalmente<br />

acordado, pensado para regir las relaciones monetarias entre Estados nacionales independientes. Cuando todavía no cesaba<br />

la Segunda Guerra Mundial, se preparó la reconstrucción del sistema monetario y financiero, al reunir a 730 delegados de 44<br />

naciones aliadas para la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas (United Nations Monetary and Financial<br />

Conference) en el Hotel Mount Washington de la ciudad de Bretton Woods (New Hampshire). Tras un encendido debate, que<br />

duró tres semanas, los delegados firmaron los Acuerdos de Bretton Woods, que establecían un sistema de reglas y procedimientos<br />

para la política monetaria internacional. Sus temas principales eran dos: el primero, la obligación de todo país de<br />

adoptar una política monetaria dirigida a estabilizar la tasa de cambio en un valor fijo con respecto al dólar, que resultaba así<br />

elevado a divisa principal, sin permitir más que pequeñas oscilaciones de las demás monedas; y segundo, el deber de solucionar<br />

los desequilibrios causados por los pagos internacionales, tarea asignada al Fondo Monetario Internacional (FMI). El plan creaba<br />

tanto el FMI como el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (más conocido como Banco Mundial). Ambas<br />

instituciones solo se harían operativas cuando un número suficiente de países hubiesen ratificado el acuerdo, lo que ocurre<br />

en 1946. En 1947 se suscribió el Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (General Agreement on Tariffs and Trade, GATT),<br />

que se unía al FMI y el Banco Mundial en la tarea de liberalizar el comercio internacional. Fuente: http://it.wikipedia.org/wiki/<br />

Conferenza_di_Bretton_Woods.<br />

UNA COMPETENCIA GLOBAL CONTRA EL MUNDO DEL TRABAJO<br />

739


Capítulo III<br />

¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

1. Crisis del mercado capitalista: la planificación socialista como única solución<br />

1. La crisis económica que hoy viven los países capitalistas más desarrollados es una de las más profundas<br />

en la historia del capitalismo. Independientemente de que haya nacido en Wall Street y de las<br />

prácticas especulativas de los grandes bancos, hay que ver si se trata de una crisis financiera “normal”<br />

–ya que, como se puede observar en el gráfico siguiente, durante las crisis financieras no se interrumpe<br />

la acumulación mundial de capital– o más bien del agotamiento del modelo de acumulación capitalista<br />

–como ocurrió en el año 1929–, pues solo con una crisis de las estructuras institucionales y<br />

productivas como la de entonces, o durante las guerras mundiales, retrocede la acumulación capitalista<br />

de manera significativa y provoca una fractura que abre posibilidades para cambiar el modelo de<br />

producción.


Crisis financiera y crecimiento de la economía mundial (1870-2008)<br />

Fuente: FMI, World Economic Outloook, octubre de 2009.<br />

En lo que respecta a las economías desarrolladas, nos encontramos entonces en un largo período de<br />

tendencia al estancamiento, que incluye la reubicación de los centros de acumulación y la reducción<br />

de los ciclos de las crisis financieras mundiales. La llamada globalización es un proceso de cambio<br />

espacial de los centros de acumulación y las crisis financieras de los últimos 15 años constituyen, de<br />

hecho, una manera de mantener, a través del endeudamiento creciente, los niveles de acumulación en<br />

el centro tradicional, que corresponde a Europa Occidental y Norteamérica.<br />

Numerosos análisis de la crisis se concentran, sobre todo, en la dimensión financiera o macroeconómica.<br />

Usualmente se da por “culpable” al largo período de crecimiento económico que, junto con<br />

la liberalización financiera, permitió la creación de un mercado financiero mundial que ha alimentado<br />

las burbujas especulativas en el sector inmobiliario y la inflación de los activos. Después de varios<br />

episodios de crisis financiera, caracterizados por la caída de los precios de los activos del capital ficticio<br />

y por situaciones de insolvencia bancaria que provocan, con mayor o menor violencia, la destrucción<br />

del empleo y del capital productivo, con impacto sobre todo regional –países nórdicos, 1991; Japón,<br />

1992; México, 1995; los tigres y dragones asiáticos (o sea, las economías de Hong Kong, Singapur,<br />

Corea del Sur y Taiwán), 1997; Rusia, 1998; dotcom, 2001–, en agosto de 2007 estalló en Estados Unidos<br />

una crisis financiera que a fines del año siguiente embestía también al conjunto de las economías<br />

desarrolladas y articuladas en el sector bancario internacional.<br />

Desde la perspectiva financiera, esta evolución se debe a un largo período de bajas tasas de interés<br />

(“dinero fácil”) y a la falta de supervisión y reglamentación de las actividades bancarias y financieras.<br />

Como factor desencadenante se habla, según el caso, de crisis bancaria, crisis de la bolsa, crisis del<br />

crédito o crisis inmobiliaria.<br />

Desde una perspectiva macroeconómica, en algunos análisis –sobre todo de organismos internacionales<br />

como el FMI o la OCDE– se explica esa evolución como resultado de la existencia de un sistema<br />

internacional de pagos que facilita la acumulación de enormes desequilibrios en cuenta corriente (el<br />

impresionante déficit estadounidense y el enorme excedente de China, Japón y Alemania) y, por tanto,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

742


de una alta concentración de reservas líquidas que circula por el mundo en búsqueda de la máxima<br />

rentabilidad financiera.<br />

Análisis más profundos advierten que la acumulación de liquidez se encuentra en manos de las<br />

grandes multinacionales y responde, por un lado, a un largo ciclo de superganancias que se basan en<br />

la reducción constante de la participación del trabajo asalariado en el valor agregado y, por otro, a<br />

procesos de centralización del capital mediante la liquidación o cierre de empresas. Esa liquidez ha sido<br />

redirigida, masivamente, hacia los mercados financieros.<br />

En efecto, recientemente la propia OCDE constató, estadísticamente, la existencia de un largo<br />

período de escasa participación de las rentas del trabajo (asalariado o autónomo) en el PIB de todos los<br />

países desarrollados (aunque de esa evidencia nadie parece haber extraído una lección política). En 30<br />

años, el trabajo ha perdido en los países centrales 10 puntos de participación en el PIB. Eso significa<br />

que el capital genera cada año más plusvalía, con un volumen que equivale a 5 millardos de dólares<br />

(al cambio de 2008), con respecto a lo que obtenía tres décadas atrás. Esto no es consecuencia del<br />

desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, sino de una modificación estructural de la distribución<br />

de las rentas entre capital y trabajo.<br />

Mientras el número de trabajadores asalariados aumentaba en los países de la OCDE, entre 1993<br />

y 2008, en más de 20%, las rentas salariales y los aportes sociales crecían solo 20%. Por su parte, el<br />

consumo y la inversión no productiva de los capitalistas se incrementaron en 211%. Esas rentas del capital,<br />

que solo en el año 2008 fueron equivalentes a cerca de 1,7 millardos de euros (cifra superior a la<br />

de toda la economía italiana de ese año, que fue de 1,6 millardos), no se destinaron a la productividad<br />

(la inversión en capital fijo alcanzó en la OCDE, en 2008, a 8 millardos de euros) sino a su multiplicación<br />

en forma de rentas de la propiedad, a través de inversiones en activos que experimentaban un<br />

acelerado proceso de revaluación especulativa, proceso que halló su límite en el agotamiento del ciclo<br />

especulativo del verano de 2007.<br />

2. El colapso del mercado mundial del crédito llevó a los Gobiernos capitalistas de los países centrales<br />

a organizar costosas operaciones de rescate bancario, que generaron un rápido crecimiento del déficit<br />

fiscal, tanto por causa de las sumas empleadas para restablecer la liquidez y solvencia de los bancos 1 ,<br />

como por la caída del ingreso que experimentaron muchos países como consecuencia de la reducción<br />

del crédito, que frenó el rimo de acumulación.<br />

Desde fines de 2009, la atención de las políticas públicas se ha centrado en el déficit fiscal y<br />

la deuda pública. En términos cuantitativos, esto es solo una parte menor del problema real de la<br />

deuda externa: en la Eurozona, la deuda externa soberana equivale a 44% del PIB, mientras que la deuda<br />

bancaria –que además es en gran parte de corto plazo– representa casi el doble. Solamente en Grecia se<br />

constituye la deuda externa soberana en la parte principal del problema. En Gran Bretaña y en Estados<br />

Unidos, la deuda externa de las empresas (deuda corporativa y deuda intrafirm) es superior a la deuda<br />

de los Estados de la Eurozona.<br />

Luego, el asalto emprendido contra la deuda soberana por los grandes bancos que controlan los<br />

mercados financieros y los principales fondos especulativos es, sin ninguna duda, una postura política<br />

que busca lanzar sobre las espaldas del Estado la visión crítica de la opinión pública, que hasta ahora<br />

solo ha experimentado el desastre del mercado en la gestión del crédito y en la necesidad de emprender<br />

rescates bancarios mediante el dinero sustraído de los impuestos ciudadanos.<br />

¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

743


Tratar de imponer en Europa un modelo de ajuste estructural similar al que provocó, en los años<br />

ochenta, una gravísima regresión de los niveles de bienestar en América Latina y África, es una manera<br />

de salvar el mercado. De hecho, cuando la medicina del endeudamiento creciente ya no funciona, se<br />

dota al mercado de nuevos espacios para la acumulación –mediante la privatización de los servicios<br />

básicos– y se promueve un nuevo sector del valor, más propicio a las ganancias y rentas, obviamente<br />

en perjuicio de los salarios.<br />

Hay dudas sobre la posibilidad de que estas iniciativas puedan hacer aumentar las ganancias (las<br />

privatizaciones) y la tasa de ganancia (el ajuste salarial), ya que es sabido que en los países centrales la<br />

productividad tiende al estancamiento desde los años setenta.<br />

La evolución de la productividad es consecuencia<br />

del profundo cambio ocurrido en las interrelaciones<br />

entre centro y periferia, cambio que ha<br />

desplazado la acumulación de capital hacia esta<br />

última, y sobre todo hacia el Asia oriental. Sin embargo,<br />

el nuevo modelo de crecimiento se basa predominantemente<br />

en la realización del valor agregado<br />

en la periferia de los países del centro, lo que<br />

ha hecho posible, con la reducción del consumo en<br />

Europa y Norteamérica, que la crisis se haya convertido<br />

en crisis sistémica del capitalismo mundial.<br />

Tasa de crecimiento económico<br />

Período centro Periferia<br />

1969-1975 5,0 7,5<br />

1976-1982 3,7 6,0<br />

1983-1989 3,8 5,3<br />

1990-1996 3,4 4,7<br />

1997-2003 2,6 5,6<br />

2004-2010 2,4 7,3<br />

Fuente: FMI, World Economic Outloook, abril, 2010<br />

y elaboración propia.<br />

Tasa de crecimiento del valor producido (PIB), por regiones<br />

2007 2008 2009<br />

Mundo 5,2 3,0 -0,6<br />

Mundo (tipos de cambio de mercado) 3,9 1,8 -2,0<br />

Países centrales 2,8 0,5 -3,2<br />

Unión Europea 3,1 0,9 -4,1<br />

Eurozona 2,8 0,6 -4,1<br />

G7 2,2 0,2 -3,4<br />

Países centrales excepto Eurozona y G7 4,9 1,7 -1,1<br />

Periferia 8,3 6,1 2,4<br />

América Latina y el Caribe 5,8 4,3 -1,8<br />

Magreb y Machrek 5,6 5,1 2,4<br />

África subsahariana 6,9 5,5 2,1<br />

Europa central y oriental 5,5 3,0 -3,7<br />

Comunidad de Estados Independientes 8,6 5,5 -6,6<br />

Periferia de Asia 10,6 7,9 6,6<br />

Nuevos países industrializados de Asia 5,8 1,8 -0,9<br />

Asean-5 6,3 4,7 1,7<br />

Fuente: FMI, World Economic Outlook Database.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

744


Esa posibilidad –que algunos creen reconocer en los signos de la burbuja inmobiliaria de China<br />

o en la caída del calor de la producción en Rusia (-7% en 2009)– es la clave para interpretar la crisis.<br />

Aun si el crecimiento sigue siendo (¿todavía?) importante en gran parte de la periferia, los signos más<br />

recientes apuntan en esa dirección.<br />

En 2009 el crecimiento mundial resultó negativo y la periferia –con excepción de América Latina<br />

y Europa del Este– siguió acumulando capital, pero con un ritmo muy reducido en comparación<br />

con años anteriores. Con solo considerar este hecho –que puede ser analizado como un estancamiento<br />

de las fuentes de crecimiento de la plusvalía relativa–, se puede entender la enorme presión que<br />

ejerce el capital para extraer una mayor plusvalía absoluta del trabajo, al aplicar reformas jurídicopolíticas<br />

dirigidas a reducir sustancialmente la participación de los trabajadores asalariados en el<br />

valor agregado.<br />

3. La crisis actual es mucho más que una crisis financiera de dimensiones mundiales. Es el síntoma del<br />

agotamiento de los procedimientos puestos en marcha por el capital estadounidense, desde fines de<br />

los años setenta y comienzos de los ochenta, para continuar saqueando recursos materiales y trabajo<br />

en forma de bienes, siempre a crédito. Al mismo tiempo, plantea problemas claves de cuya respuesta<br />

dependen las perspectivas de salida de la crisis.<br />

¿Cómo es posible que, transcurridos veinte años de la “nueva revolución industrial”, la economía<br />

no crezca? ¿Qué significa el estancamiento económico a largo plazo de los países centrales, justo en<br />

medio de una revolución científico-técnica?<br />

El final de un largo ciclo de dominación imperialista se manifiesta siempre como un período de<br />

inestabilidad político-financiera, puesto que no se han creado todavía los fundamentos institucionales<br />

del nuevo régimen de acumulación, con reglas de dominio que incluyan la administración de<br />

la moneda-medio de pago internacional y los mecanismos de dominación militar necesarios para<br />

establecer –y hacer respetar– las normas de los créditos internacionales asociados al comercio y<br />

la inversión.<br />

Así, por ejemplo, antes de que el dominio británico se estableciera sobre la base del control tecnológico<br />

de la primera revolución industrial, en Europa se vivió un período de fuerte inestabilidad<br />

político-financiera (era la época de las revoluciones liberales, de 1814 a 1848), durante el cual Francia<br />

le disputó a Gran Bretaña el control de Europa y de las colonias.<br />

En el período de la segunda revolución industrial, el dominio de Estados Unidos encontró resistencias<br />

en los liderazgos de esos países. Entre 1871 y 1896 se produjeron cambios estructurales que dieron<br />

origen a la segunda revolución industrial.<br />

Estas fueron algunas consecuencias:<br />

– Se producen muchos cambios tecnológicos (de la energía producida por vapor y carbón se pasa<br />

a la eléctrica, generada con petróleo).<br />

– La madera es sustituida por el acero como material básico para la construcción.<br />

– La siderurgia –sector clave de la primera revolución industrial– cede el paso a nuevos sectores<br />

industriales (como por ejemplo el químico-plástico, nuevamente a través de la explotación del<br />

petróleo como materia prima).<br />

– Ocurre una gran revolución en el sistema de transporte (de la vela al carbón).<br />

¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

745


– Se inventa el motor de combustión interna, que favorece el surgimiento del automóvil como<br />

medio de transporte individual.<br />

– Se acelera la concentración y centralización del capital, por lo cual se pasa del monopolio a las<br />

primeras multinacionales.<br />

En Alemania, la aplicación de los nuevos avances tecnológicos le permite a ese país aspirar, a<br />

lo largo de medio siglo, al dominio mundial, hecho que entre los años veinte y treinta se traduce en un<br />

largo período de crisis económica, financiera y política.<br />

De igual manera, la crisis actual indica el fin de un ciclo de hegemonía y el tránsito a una tercera<br />

revolución tecnológica, en la que se producirá la aplicación masiva de nuevas invenciones y tecnologías<br />

que favorecerán el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo y el relanzamiento del proceso de<br />

valorización del capital.<br />

De cualquier manera, aunque el contexto conserva algunas características de fases anteriores, otros<br />

aspectos, no menos cruciales, hacen que de esta ocasión resulte un escenario completamente nuevo.<br />

4. Las revoluciones tecnológicas anteriores constituyeron un enorme desarrollo de las fuerzas productivas<br />

del trabajo y de su medida estadística, la productividad. Para lograrlo, se aceleró la planificación<br />

microeconómica o programación empresarial. La organización del proceso de trabajo a través de la<br />

cadena de montaje conllevó el aumento de la productividad y, también, a una importante disminución<br />

de los costos unitarios. Hasta ese momento, solo las clases sociales más poderosas podían comprar un<br />

automóvil. Esa situación cambia con la aplicación de una innovación crucial, la cadena de montaje y<br />

con una estrategia empresarial basada en el incremento de la productividad y la reducción de los costos,<br />

que hace posible a los trabajadores adquirir una parte de la producción masiva. Mantener el flujo<br />

de capital en las nuevas condiciones del consumo de masas, fue algo posible solo gracias al desarrollo de<br />

instrumentos idóneos a la planificación macroeconómica, como la contabilidad nacional y las políticas<br />

de corto plazo (políticas fiscales, monetarias y de ingreso).<br />

Desde el momento en que la fábrica se convierte en la forma dominante de producción de bienes<br />

sociales, el escenario principal del conflicto social se traslada a su seno. La historia oficial se desarrolla<br />

toda o casi por completo en los espacios públicos, y solo algunos historiadores nos cuentan lo que<br />

ocurre allí donde las personas se expresan como seres humanos socializados, es decir, en el puesto<br />

de trabajo.<br />

Inicialmente, la crisis-transformación de la primera mitad del siglo xx revela las contradicciones entonces<br />

existentes en el seno de las fábricas, donde el dominio de los propietarios es puesto en discusión,<br />

de manera creciente, por una clase obrera cada vez más consciente de sí misma y que desde algunas décadas<br />

atrás cuenta con un programa político y una alternativa social basada en su emancipación como<br />

clase. En ese sentido, el fordismo –denominación asociada a la transformación social que determina la<br />

transición del capitalismo del siglo xix al del siglo xx (y que tuvo más éxito que el concepto gramsciano<br />

de americanismo)– presuponía también un procedimiento de regulación obrera: intensificación de<br />

los ritmos de trabajo a cambio de una mayor participación en la distribución del valor, negociación<br />

colectiva y sindicato como instrumento de regulación del conflicto de clase.<br />

La tercera gran oleada de transformaciones tecnológicas no se tradujo en un nuevo proceso de aceleración<br />

del desarrollo de la fuerza productiva del trabajo. La acumulación capitalista se hizo extensiva;<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

746


de hecho, es productiva solo en los nuevos espacios que se incorporan al mercado mundial como<br />

lugares de producción basados en las antiguas normas fordistas, asociadas a la producción en cadena<br />

(China y sudeste asiático).<br />

5. En un sistema fundado en el trabajo asalariado y en la asignación privada del trabajo social para la<br />

producción de bienes y servicios que se distribuyen en forma de mercancías a través de mecanismos<br />

de mercado, las crisis nacen cuando una parte sustancial de los recursos es desperdiciada, como puede<br />

ser el caso de recursos (trabajo y medios de producción) no utilizados y productos no vendidos. En la<br />

historia del capitalismo, es un hecho comprobado que tales crisis se presentan de manera recurrente,<br />

en una sucesión cíclica de fases de recesión, estancamiento y expansión con mayor o menor magnitud.<br />

En todas las fases se manifiesta, además, como crisis de rentabilidad del capital, que es el factor clave<br />

en la demanda de factores productivos y en su asignación a la producción de cantidades variables de<br />

cada mercancía. Es la rentabilidad del capital lo que determina la tasa de acumulación y sus contenidos<br />

materiales.<br />

Identificar esta sucesión de fases recurrentes en la dinámica global de la acumulación no es muy<br />

difícil: basta disponer de algunos datos estadísticos básicos. El problema se presenta cuando se quiere<br />

determinar si esa sucesión de fases obedece a una particularidad específica cualquiera del sistema capitalista,<br />

a través de la cual se pueda comprobar la existencia de límites objetivos (lo que no quiere decir<br />

definibles en el tiempo) en el proceso de acumulación. Es este un problema teórico que no puede ser<br />

resuelto con análisis historicistas, basados en la mera selección de datos descriptivos, sino que exige su<br />

resolución en el campo de la teoría.<br />

La teoría económica convencional solo ha prestado una atención marginal a este problema y en los<br />

años del predominio del pensamiento neoclásico (o sea, desde la Segunda Guerra Mundial) abandonó<br />

completamente el tema. En contrapartida, en los fundamentos teóricos de la economía marxista encontramos<br />

su solución; y la respuesta teórica nos dice que, más allá de las fases cíclicas de expansión<br />

y contracción, es posible identificar un factor de fondo que limita a largo plazo las posibilidades de la<br />

acumulación bajo formas capitalistas. Ese factor no es otro que la propia competencia capitalista, que<br />

existe y se produce entre agentes del capitalismo, entre capitalistas y trabajadores y entre los mismos<br />

trabajadores: la competitividad es la parte sustancial del funcionamiento de la economía de mercado<br />

y puede ser administrada bajo formas menos reglamentadas (capitalismo liberal) o más reglamentadas<br />

(capitalismo monopólico), o con diversas modalidades de intervención del Estado, agente regulador de<br />

la acumulación capitalista en última instancia.<br />

La teoría que analiza esa característica del capitalismo constituye uno de los logros más relevantes<br />

del método de análisis desarrollado por Marx. Esa teoría aparece cada vez que se compendian los<br />

esquemas de reproducción y también se le encuentra expuesta en su forma más amplia, como un<br />

modelo económico, en una parte de los manuscritos que componen el tercer tomo de El Capital;<br />

concretamente, en la sección segunda (“La transformación de la ganancia en ganancia media”) y en la<br />

tercera (“Ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia”).<br />

6. En este momento estamos viviendo las consecuencias de una contradicción de fondo entre el desarrollo<br />

de las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas, contradicción que genera<br />

estancamiento e incapacidad, por parte del capital, para remontar la crisis mediante un reimpulso de<br />

¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

747


la productividad, es decir, para generar mayor plusvalía relativa. La tendencia a reducir la participación<br />

de los trabajadores asalariados en el valor agregado ha provocado, obviamente, dificultades adicionales<br />

para la realización del valor, y es justamente por eso que la crisis se manifiesta, para algunos, como<br />

crisis de sobreproducción-subconsumo. Pero hay que añadir algo que no atañe a la dinámica usual<br />

del funcionamiento del sistema, sino a los nuevos aspectos estructurales del proceso de producción,<br />

asociados a la llamada “tercera revolución industrial”.<br />

Esta nueva revolución estalla en los años cincuenta y tiene dos componentes principales: la información<br />

como fuerza productiva y la vida orgánica como materia prima fundamental (las biotecnologías<br />

y el desarrollo de nuevos materiales, muchos de los cuales están compuestos por bacterias que<br />

modifican la conductividad de algunos materiales). Esto determina una creciente socialización del<br />

proceso de producción y reproducción material que, al articularse –con base en la propiedad privada–<br />

como norma de reglamentación social y con la depauperación como norma de gestión de la fuerza de<br />

trabajo, produce, sin duda alguna, ineficiencia social y económica.<br />

Casi toda esa tecnología ha sido desarrollada después de la Segunda Guerra Mundial. Es con desarrollos<br />

logrados en el campo militar, sobre todo por el Pentágono, que la tecnología eléctrica pudo ser<br />

sustituida por la electrónica, en un proceso de cambio tecnológico en el que la hegemonía pertenece<br />

seguramente a Estados Unidos, no obstante su incapacidad para traducirlo en desarrollo general de la<br />

productividad del trabajo. A este respecto, uno de los datos más importantes refiere al tratamiento de<br />

la información: de 1965 a nuestros días, el costo de procesar un millón de operaciones se redujo de 1<br />

dólar a 0,00000001 céntimos de dólar (L’Expansion, abril de 2009).<br />

Actualmente, la tecnología más reciente de los lenguajes comunicativos o simbólicos busca desarrollar<br />

máquinas pensantes, dado que hasta ahora el límite principal es que la máquina solo puede pensar<br />

después que los programadores le han introducido la información. Para superar esa circunstancia se<br />

están diseñando, dentro de los programas respectivos, procesos de decisión con base en algoritmos dinámicos,<br />

que cambian con el aprendizaje acumulado por la máquina cada vez que hace una escogencia.<br />

Esta nueva tecnología ha sido aplicada a los procesos de trabajo desde hace un tiempo. En un<br />

primer momento, la revolución tecnológica de la cadena de montaje fue complementada con la automatización<br />

de muchas fases del proceso productivo, hasta llegar, en los años cincuenta y sesenta, a la<br />

distribución de las máquinas de control numérico y a un nuevo impulso a la productividad. Más tarde,<br />

los procesos de automatización parcial de la producción contribuyeron a reducir el número de obreros,<br />

mientras que la tecnología CAD-CAM ha hecho posible centrifugar la localización de los procesos de<br />

trabajo y ha favorecido así el desarrollo de la fábrica mundial (descentralización productiva, ejército<br />

industrial de reserva de escala mundial).<br />

Por tanto, el problema de la crisis no radica en el desarrollo de las fuerzas productivas, sino en las<br />

relaciones sociales de producción, que no están en capacidad de traducir adecuadamente la aplicación<br />

de la ciencia a las técnicas de producción en un sistema de producción eficiente y compatible con la<br />

escasez de muchos recursos naturales.<br />

Algunos dirigentes políticos y económicos han tenido intuiciones a este respecto; de hecho, muchos<br />

insisten en las políticas de R + S + i, que son vistas como bálsamo de Fierabrás para todos los<br />

males del sistema. Pero, constreñidos por la lógica de reproducción del capital, apenas logran darle<br />

a esas intuiciones un contenido cuantitativo (el famoso objetivo de destinar 3% del PIB a gastos de<br />

investigación y desarrollo tecnológico).<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

748


7. Ahora, más de 80 años después del fatídico 1929, nos encontramos de nuevo ante una de las crisis<br />

económicas y financieras más graves que el mundo occidental recuerde.<br />

La crisis actual tiene características sistémicas que no se manifestaron en otras anteriores, como<br />

la de la bolsa en 1987 y la informática –o, mejor dicho, de la new economy– en 2001. En la presente<br />

situación no solo están en peligro los instrumentos y las estructuras financieras, sino que ha sido<br />

directamente golpeada toda la fuerza de trabajo, especializada o no, capas bajas y capas medias-altas,<br />

sin que existan amortizadores sociales ni mediaciones algunas que salven, al menos en parte, para el<br />

equilibrio del sistema, el poder adquisitivo y el salario social en su conjunto.<br />

La población trabajadora se encuentra sin vivienda y sin posibilidad alguna de sanear su propia<br />

situación deudora. En añadidura, se registran quiebras de fondos de pensión y, una vez más, quienes<br />

pagan las mayores consecuencias son los ciudadanos que fueron compelidos a invertir en fondos de<br />

capital que debían garantizarles su pensión. Valga decir que el terremoto que ha embestido contra las<br />

bolsas internacionales a partir del llamado “septiembre negro”, puede ser paragonado –según Paul<br />

Samuelson, premio Nobel de economía– con la caída del Muro de Berlín para el comunismo:<br />

En el último año, las bolsas mundiales han perdido 41% de su capitalización, lo que equivale a 25,9<br />

trillones (miles de millardos) de dólares. Y Wall Street ha pagado el precio más alto: 7 trillones. Son<br />

números tan grandes que no se consigue siquiera imaginarlos. Lo que decimos es que los inversionistas<br />

mundiales han perdido en los últimos doce meses el producto interno bruto generado por el mundo<br />

entero en siete meses 2 .<br />

En ese momento se hizo notar que las pérdidas sufridas equivalían a cerca de 70% del PIB mundial.<br />

Pero, cuidado, porque el capital financiero, al jugar en el sistema del capital ficticio y no productivo,<br />

no produce plusvalía, no genera riqueza real, y por tanto la bolsa no quema riqueza sino que, en una<br />

suerte de juego suma cero, a mediano-largo plazo hace que lo que pierda uno lo gane otro. Las finanzas<br />

han cambiado de papel y de sostén de la economía real ha pasado a sostenerse a sí misma.<br />

8. La crisis actual muestra los límites de la planificación capitalista, tanto micro como macroeconómica.<br />

Y es que las normas capitalistas de producción y consumo son incompatibles con un sistema<br />

racional de programación político-económica a largo plazo y con un sistema de planificación estratégica<br />

macroeconómica y social. Esa incompatibilidad entre mercado capitalista y gestión racional<br />

de la economía a largo plazo, deriva de la imposibilidad de adelantar una gestión centralizada de los<br />

recursos en un contexto de competencia capitalista, como también de garantizar el libre desarrollo de<br />

las fuerzas vivas del trabajo: dado que el capital necesita un dominio absoluto del trabajo durante el<br />

proceso productivo, le resulta indispensable mantener su protagonismo en la toma de decisiones micro<br />

y macroeconómicas, a fin de que la revolución tecnológica de la información y la comunicación se<br />

traduzca en ganancias de productividad.<br />

Esa incapacidad para avanzar en la racionalización del mercado capitalista, sin sustituirlo por las<br />

nuevas relaciones sociales socialistas, se explica porque –a diferencia de las fases anteriores de la revolución<br />

científico-técnica– en esta fase el capitalismo no ha sido hasta ahora capaz de lograr la transformación<br />

energética que marca el éxito de las fuerzas productivas del trabajo. Si durante la primera<br />

revolución industrial el carbón sustituyó a la leña, con el fordismo el petróleo deviene en símbolo de<br />

la supremacía tecnológica estadounidense. En todo caso, confrontado hoy con el agotamiento de los<br />

¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

749


ecursos energéticos fósiles, el capitalismo se ha demostrado incapaz de abrir paso a nuevas tecnologías<br />

energéticas. Una de las razones es que las energías renovables son más eficientes con un uso descentralizado,<br />

lo que resulta incompatible con el capitalismo fuertemente centralizado de nuestra época.<br />

La energía atómica vuelve a ser tema de debate como una alternativa que lleva al cumplimiento de los<br />

objetivos de control y centralización que exige el capital, pero debe afrontar un fuerte rechazo social.<br />

En la nueva fase de transformación productiva, el capital debe afrontar el conflicto capital-trabajo<br />

de una manera distinta: consciente de que su organización de la clase trabajadora en la fábrica fordista<br />

se agotó en los años setenta, ahora propone la precariedad como modelo social: la destrucción social de<br />

la colectividad obrera, a través de un proceso de pérdida de la subjetividad colectiva del conflicto y de la<br />

introyección del idealismo individualista del mérito personal. Esta “solución” del conflicto se revelará,<br />

de hecho, como uno de los límites estructurales del capitalismo mundial del siglo xxi.<br />

Esos tres aspectos (incapacidad para relanzar la productividad, carencia de una alternativa energética<br />

y solución contradictoria del conflicto de clases) determinan los límites de la nueva fase de acumulación<br />

capitalista. De ellos derivan, por ejemplo, la fuga hacia la financiarización de las ganancias, la<br />

lucha despiadada por el control de los recursos energéticos fósiles y la imposibilidad de proyectar un<br />

orden capitalista mundial nuevo y reglamentado.<br />

2. Dinámica de la acumulación capitalista y crisis sistémica<br />

1. Según Marx, ya desde los orígenes de la sociedad humana, los individuos tienen la capacidad<br />

de poner en movimiento, a través de su trabajo, un número creciente de medios de producción, de<br />

manera que los avances técnicos y el aumento de la productividad del trabajo se manifiestan inmediatamente,<br />

gracias al crecimiento de los medios de producción en relación con la fuerza de trabajo. Sin<br />

embargo, en el sistema capitalista de producción de mercancías se presenta un rasgo específico, como<br />

es el hecho de que esa relación entre medios de producción y fuerza de trabajo –para la generación de<br />

un producto– no se establece únicamente a través del proceso de trabajo, sino también de un proceso<br />

de valorización que exige que la relación entre ambos (y la tendencia a incrementar constantemente<br />

la masa de medios de producción movilizados por el trabajo vivo) se exprese siempre mediante la<br />

generación de un excedente, que sobrepasa la reproducción del valor de los medios de producción y<br />

de la fuerza de trabajo. Obviamente, ese excedente debe ir a manos de los propietarios de los medios de<br />

producción, con lo cual se manifiesta la contradicción entre el carácter social de la producción (que<br />

incluye el trabajo de generaciones pasadas, cristalizado en los medios de producción y en el trabajo de<br />

la presente generación) y el carácter privado de la apropiación del excedente o ganancia.<br />

La dificultad (teórica) de interpretar este modelo aparece cuando se pierde de vista el carácter dual<br />

del proceso de producción capitalista, ya que es la consideración de ese carácter lo que lleva a Marx a<br />

poner en discusión la idea de que el proceso de producción y de aumento constante de la productividad<br />

del trabajo pueda hacerse permanente.<br />

Este aspecto fue estudiado detalladamente por Henryk Grossmann hacia fines de los años veinte<br />

del siglo pasado, en su libro –tan citado como poco leído– La ley de la acumulación y del derrumbe del<br />

sistema capitalista, en el que analiza los fundamentos lógicos y matemáticos de los límites estructurales<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

750


de la acumulación capitalista, en lo que denomina “tendencia al derrumbe”. David Laibman (Un<br />

ensayo sobre la estructura y la dinámica de la sociedad capitalista, Realidad Económica, Buenos Aires)<br />

presenta una versión moderna del análisis de Grossmann.<br />

En términos macroeconómicos, el problema se desprende de la búsqueda constante de incrementos<br />

en la productividad del trabajo, requisito ineluctable de la competitividad capitalista, en tanto que<br />

condición para captar una parte creciente del valor agregado en forma de ganancia. Pero las ganancias<br />

de productividad son decrecientes en relación con cada unidad homogénea de medios de producción<br />

(homogeneidad que se mide por el valor de dichos medios), y eso provoca a largo plazo la reducción<br />

de la rentabilidad del capital, aun cuando esa tendencia a la reducción de la tasa de ganancia pueda ser<br />

ocultada, durante un largo período, por la realización de una masa creciente de ganancias.<br />

Cuando la inversión creciente en medios de producción va de la mano con períodos más o menos<br />

largos de caída de la rentabilidad (que expresa el valor agregado, asumido como ganancia, en relación<br />

con cada unidad de valor invertido en medios de producción y trabajo), surge una crisis de liquidez<br />

y de devaluación de vastos sectores del capital. Si, por el contrario, el aumento de la composición del<br />

capital se compensa con una reducción de la participación del trabajo vivo en el valor agregado, a la<br />

larga se presenta un problema de realización del valor, de lo cual se deriva la crisis de demanda (pero<br />

no como causa, a pesar de que así lo interprete la mayoría de los economistas).<br />

Luego, la acumulación del capital fluctúa siempre entre dos límites: uno inferior, que acompaña la<br />

caída de su rentabilidad y que se expresa como crisis de la oferta; y uno superior, asociado a la máxima<br />

participación de la ganancia en el valor agregado, que se manifiesta como crisis de la demanda. La<br />

teoría expuesta por Marx, Grossmann y otros intelectuales demuestra que, en ausencia de factores que<br />

modifiquen el valor homogéneo de los medios de producción o de la fuerza de trabajo, estos dos límites<br />

tienden a entrecruzarse.<br />

Simples estadísticas, desarrolladas por la economía capitalista en las últimas décadas, demuestran<br />

de la manera más clara el funcionamiento de estas dos tendencias: la caída de la rentabilidad marginal<br />

del capital, por un lado, y el aumento de la participación del excedente bruto empresarial, por el<br />

otro. Entre 1961 y 1970, la participación de dicho excedente en el producto total (la cual se contrapone<br />

a la de los salarios) era de 28% en la Eurozona (15 países), de 30% en Estados Unidos y<br />

de 28% en Japón. Esa participación ha ido creciendo: durante la primera década del siglo xxi llegó<br />

a 34% en la Eurozona y en Japón y a 35% en Estados Unidos. Al mismo tiempo, sin embargo, la<br />

eficiencia marginal (rentabilidad) del capital decaía: en la Eurozona cayó de 23% en los años sesenta<br />

a 6% en el decenio 2001-2010; en Estados Unidos, de 28% a 8%, y en Japón, de 41% a 3%<br />

(fuente: Ameco 11/2011).<br />

2. La globalización financiera ha sido desarrollada como un procedimiento de retardo temporal del<br />

colapso del consumo y de la rentabilidad del capital, que había manifestado ya sus límites ante el brutal<br />

estancamiento productivo del capitalismo central.<br />

Tradicionalmente, el comercio internacional ha sido utilizado como un mecanismo para compensar<br />

la devaluación del capital en los países centrales. Dado que las tasas de ganancia son mayores<br />

en tanto menor sea la relación entre medios de producción y trabajo vivo, la formación de una tasa<br />

media para la competitividad en un mercado presupone una transferencia de valor entre capitales, en<br />

función de su composición relativa. El comercio internacional no se basa en un intercambio de valores<br />

¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

751


equivalentes, ya que –como en el mercado nacional– los precios del mercado mundial se rigen por<br />

los mismos principios que se aplican en virtud de un capitalismo conceptualmente aislado. Por tanto,<br />

también aquí hay una tendencia que impulsa las tasas de ganancia hacia una tasa media. Las mercancías<br />

de un país capitalista avanzado, donde es mayor la intensidad de medios de producción por unidad de<br />

trabajo vivo (e inferior la tasa de ganancia), se venderán a precios internacionales “de equilibrio” (precios<br />

de producción) superiores al valor incorporado. En cambio, a las de un país atrasado, con mayores<br />

intensidades de trabajo y mayores tasas de ganancia, se les asignan precios (internacionales) de producción<br />

inferiores a su valor. En definitiva, las empresas que tienen niveles de intensidad y productividad<br />

del trabajo por encima de la media internacional, logran modificar sus tasas de ganancia gracias a<br />

las mercancías producidas en el espacio internacional (ganancia extra), en desmedro de aquellos que<br />

producen y venden en dicho mercado con técnicas que están por debajo de la media social (a pesar de<br />

que la tasa de ganancia realizada por estos últimos sea mayor que la de los otros).<br />

Esos procesos de compensación en razón del comercio a escala internacional se han hecho cada<br />

vez más complejos, dada la fragmentación de los procesos internacionales de producción. La deslocalización<br />

productiva es un instrumento utilizado en el intento de modificar el valor de los medios de<br />

producción y de la fuerza de trabajo, para compensar así la tendencia a la combinación de los límites<br />

de la acumulación.<br />

Una parte creciente del llamado “comercio internacional” consiste en la transferencia de componentes<br />

semielaborados entre instalaciones diversas de una misma empresa multinacional, o entre esta<br />

y sus subcontratistas internacionales. Las ganancias extraordinarias que se obtienen con este procedimiento<br />

son gigantescas, ya que la deslocalización (la empresa destinada a producir componentes para<br />

el mercado mundial, y no solo para el local) permite alcanzar elevados niveles de productividad, y con<br />

un menor aumento de capital cuando se remunera el trabajo vivo local en países más atrasados que<br />

cuentan con condiciones tecnológicas medias, a precios inferiores. El sudeste asiático y los antiguos<br />

países socialistas han provisto la fuerza de trabajo requerida para poner en práctica esta estrategia.<br />

Sin embargo, esos procedimientos para la gestión de la tasa de ganancia a escala global –que han<br />

permitido prolongar la agonía del capital por 30 años– muestran claros signos de pérdida de su eficiencia.<br />

En ausencia de una devaluación masiva del capital –posible solo con una guerra mundial de<br />

proporciones equivalentes a las experimentadas durante la primera mitad del siglo xx–, las perspectivas<br />

apuntan a una prolongada fase de estancamiento y de empobrecimiento en los países centrales, parcialmente<br />

compensada por la ampliación de los espacios de acumulación en la periferia. En consecuencia,<br />

la alternativa posible solamente puede nacer de la unión de las luchas actuales de la clase obrera,<br />

mediante una revitalización de los objetivos finales de superación del régimen comercial capitalista.<br />

3. Una época histórica en disolución: la crisis es también de civilización<br />

1. La pregunta de quién podrá asumir el liderazgo capitalista en el nuevo ciclo histórico de acumulación<br />

puede entonces ser resuelta sobre la base de los procesos políticos, más que de los datos puramente<br />

económicos. En efecto, para administrar el desarrollo de las fuerzas productivas se requiere también de<br />

otras cosas; hace falta, de hecho, eliminar la formalidad de la apropiación privada del conocimiento,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

752


que se traduce –por ejemplo– en un sistema de patentes y legislaciones sobre derechos de autor que es<br />

incompatible con la transversalidad y con la apertura de los flujos de información.<br />

Para hacer que las nuevas tecnologías se conviertan en desarrollo de las fuerzas productivas del<br />

trabajo, es necesario un conjunto de relaciones sociales que se basen en la participación y en el disfrute<br />

colectivo del saber, incompatible con toda idea de determinar a priori la participación de un ciudadano<br />

cualquiera en el producto del trabajo social, sobre la base, por ejemplo, del diploma o certificado que<br />

previamente haya obtenido.<br />

Se trata, pues, tanto de la socialización de la vida política y cultural como de la condición fundamental<br />

para el nuevo desarrollo histórico: el uso del saber social, del conocimiento y de la naturaleza,<br />

en cuanto fuerza productiva. En el entendido, claro está, de que el “modelo” histórico del socialismocomunismo<br />

fracasó por los mismos motivos que ahora está experimentando el capitalismo en crisis<br />

estructural. Con la tercera revolución industrial se quiere la institucionalización de los flujos abiertos<br />

de información y su transferencia horizontal, en redes capaces de autoalimentarse gracias a su propio<br />

dinamismo. Esta nueva institución, inexistente entonces, hubiese sido incompatible con el carácter<br />

limitado, centralizado y jerarquizado del flujo soviético de información, tanto en lo que respecta a la<br />

tecnología como a la reglamentación de los flujos. Precisamente por tal motivo ese sistema fracasó en<br />

el plano tecnológico y económico.<br />

Hay que recordar, a este respecto, una dimensión de la revolución tecnológica que ha tenido importantes<br />

consecuencias en el panorama político mundial: la victoria estadounidense sobre Rusia en<br />

la carrera armamentista.<br />

Esa disputa la ganó Estados Unidos porque los recursos que requería para el armamento los obtenía<br />

al costo de disminuir las ganancias sociales. Pero en el fordismo estadounidense, la carrera armamentista<br />

formaba parte del sistema de acumulación de capital: aunque absorbía gran parte del gasto público<br />

y no beneficiaba a las empresas públicas, servía indirectamente para alimentar dicha acumulación a<br />

largo plazo, puesto que a través de ese gasto se lograba transformar el esfuerzo militar en producción<br />

de bienes y servicios de distribución universal. Los avances militares, así financiados, se reflejaban<br />

en el presupuesto público administrado por el Pentágono, que es la unidad económica planificada<br />

más grande del mundo. Los desarrollos tecnológicos de la aviación militar, logrados con la inversión<br />

pública, terminaron por ser transferidos a la Boeing, a Lockheed o la General Electric, vale decir, a la<br />

aviación y la ingeniería civil.<br />

Los desarrollos tecnológicos de la nueva fase provienen también del mismo mecanismo keynesianomilitar<br />

de reglamentación social. Las máquinas de control numérico e Internet son claro ejemplo de<br />

tecnología militar transferida al ámbito civil. La incapacidad de los soviéticos para implementar un<br />

sistema equivalente de reciclaje de la inversión militar a la civil, produjo un costo social permanente<br />

y creciente, como consecuencia, de hecho, de una carrera armamentista insostenible para ese sistema.<br />

Actualmente, sin embargo, es el capitalismo el que se manifiesta incapaz de desarrollar las condiciones<br />

sociopolíticas necesarias para traducir los avances de las nuevas tecnologías en un auténtico<br />

desarrollo económico y social.<br />

El recurso creciente a la fuerza militar parece marcar la transición de un ciclo de dominio en el capitalismo,<br />

que, en relación con modelos de producción anteriores, tiene la gran capacidad de traducir<br />

el esfuerzo bélico en factor de reforzamiento de la acumulación. En todo caso, no se puede pensar en<br />

un nuevo “ganador” de la competencia global capitalista a partir de la imposición, manu militari, de<br />

¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

753


nuevas reglas de funcionamiento, justamente porque no existen nuevas reglas estables de funcionamiento<br />

del capitalismo en la era de la información como fuerza productiva. La salida de la crisis solo<br />

podrá ocurrir en dos circunstancias: tras un largo ciclo de inestabilidad permanente, acompañado por<br />

el estancamiento de la productividad y la reducción progresiva de la riqueza social a escala mundial,<br />

o con un socialismo nuevo que haga suyas todas las ventajas de los nuevos componentes de la fuerza<br />

productiva social.<br />

2. En el caso de la crisis actual, desde hace tiempo hemos puesto en evidencia que su aspecto sistémico<br />

convive con el de una verdadera crisis global. De hecho, al ser simultánea con la crisis económica<br />

general de acumulación y sus fenómenos conexos de naturaleza financiera, resulta claro para todos,<br />

incluso para quienes no son partidarios del trabajo, que el modo de producción capitalista evidencia<br />

hoy una agudización del conflicto capital-trabajo, que de manera creciente saca a la luz las dramáticas<br />

consecuencias de otras crisis simultáneas, como la ambiental, la energética, la alimentaria, la del Estado<br />

de derecho y la de las formas mismas de representación democrática. Se llega así a una auténtica globalidad<br />

de la crisis, y aun de los valores éticos que fundamentan la teoría y la práctica de la era capitalista,<br />

que en el pasado habría cumplido su función evolutiva.<br />

Eso significa que la constante sobreproducción de mercancías y capitales en los países de capitalismo<br />

maduro, no encuentra solución ni en sus diversas formas de entrar y salir de las crisis coyunturales<br />

ni ante aquellas de naturaleza más estructural, sino que se va configurando cada vez más su carácter de<br />

crisis global acompañada de crisis sistémica. Esto es así porque las mismas relaciones de producción entran<br />

en conflicto con carácter endémico, destruyendo incluso, por primera vez, la forzada convivencia<br />

patrón-trabajador. El fin de la relación social esclavo-patrón pone todavía más en evidencia una crisis<br />

sistémica, ya que golpea los elementos mismos de la convivencia social y la civilización.<br />

Para el capital internacional, es una crisis irreversible que va más allá del agotamiento de un modelo<br />

de acumulación capitalista, como ocurrió en 1929, y que al provocar una profunda ruptura en<br />

términos de relaciones políticas, abre grandes posibilidades de cambio, no para el simple modelo de<br />

producción, sino para las perspectivas generales de la humanidad, ya que se rompe definitivamente la<br />

aspiración a la relación y a devenir otro sujeto de clase.<br />

3. En este punto, el análisis conduce directamente a las condiciones políticas. ¿Qué puede esperarse<br />

de potencias capitalistas cuyo papel de dominio comienza a pertenecer a una época histórica en<br />

disolución?<br />

Si el mundo afrontase simplemente una crisis financiera, aun de grandes dimensiones por las interconexiones<br />

bancarias derivadas de la globalización, pero sin mayores implicaciones que limiten el<br />

modo de producción capitalista y la gestión planificada de la crisis por los Gobiernos centrales –gestión<br />

basada en nuevas reglas financieras y mayores controles por parte de las autoridades monetarias–,<br />

entonces sí: podría haber una solución. A este respecto, la alternativa socialista debe apuntar hacia la<br />

reducción drástica de las dimensiones de las finanzas globales (¿para qué, por ejemplo, se necesita un<br />

mercado de productos derivados de 600 millardos de dólares, cuando el producto mundial equivale a<br />

600 millardos? Se trata de un evidente mecanismo financiero de transferencia de valores entre agentes<br />

especulativos, que se debe eliminar), así como hacia el crecimiento del sector público en la actividad<br />

productiva y financiera (creación de una banca pública de fomento, de empresas públicas y de empleo<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

754


en el sector público para el desarrollo de los servicios sociales, etcétera) o hacia el control político de<br />

los bancos centrales, a fin de que estos tengan como prioridad el crecimiento y no solo la estabilidad<br />

de los precios.<br />

Si estamos viviendo una crisis estructural que se caracteriza ya como sistémica del modelo de producción<br />

capitalista –no solo de su forma fordista–, y sin un programa de socialización masiva de la<br />

actividad productiva, la única alternativa es un ajuste hacia abajo en la participación de los trabajadores<br />

en el valor agregado, junto con la privatización de las nuevas áreas de intervención del Estado, en la<br />

esperanza de que la productividad logre crecer (o sea, que aumente la intensidad de la explotación del<br />

trabajo, para relanzar la acumulación de capital), o que el capitalismo renazca, y eso significaría volver<br />

a una fase de acumulación o reacumulación originaria a escala mundial. En otras palabras, volver a<br />

un modelo en el que la polarización social excluye la participación de la fuerza de trabajo obrera en el<br />

consumo de masas.<br />

El programa propuesto por la Unión Europea se basa en esa perspectiva. Un comunicado de la Comisión<br />

Europea (Reinforcing economic policy coordination COM(2010) 250 finale Bruxelles 12-5-2010)<br />

cita algunas variables que deben ser supervisadas sistemáticamente para garantizar un mayor control<br />

de esa Comisión sobre la evolución de la distribución del valor entre los países miembros y el exterior<br />

(cuentas corrientes, saldo neto de los activos extranjeros, tasa de cambio real vigente), entre el capital<br />

y el trabajo (productividad, costos laborales unitarios, ocupación), y entre el capital productivo, el<br />

Estado y el capital financiero (deuda pública, crédito al sector privado, precios de los activos, etcétera),<br />

para planificar una vía de acumulación favorable al capital:<br />

El Consejo (...) a partir de una propuesta de la Comisión (...) hará recomendaciones precisas sobre<br />

política económica (...) que podrán estar dirigidas tanto al sector de los ingresos como al de gastos y<br />

de política fiscal (...) para frenar el aumento del crédito excedente o los crecimientos exorbitantes de<br />

los precios de los activos. (ob. cit., p. 7).<br />

La Unión Europea se dispone a retroceder cerca de 80 años en materia de política económica,<br />

en la voluntad de instaurar una política prefordista de equilibrios contables que, como lo enseña la<br />

experiencia histórica del siglo xix, o la de América Latina en los años ochenta, lanza el peso del ajuste<br />

sobre los trabajadores y sus salarios. De esas respuestas depende la transformación neoliberal europea.<br />

La deslocalización hacia la periferia –con todo lo que a eso sigue– y el endeudamiento masivo<br />

del centro son las dos caras de la voluntad de prolongar la existencia del modelo de producción y<br />

consumo de masas, pero sin modificar los fundamentos de las relaciones sociales de producción, que<br />

es lo que requiere el actual nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. La crisis de producción,<br />

que lentamente está llegando también a la periferia mundial –primero América Latina y Europa del<br />

Este, y de seguidas el sudeste asiático–, marcará el final del intento de considerar la producción como<br />

única variable central del sistema.<br />

La alternativa ínsita a la crisis ya desde los años setenta, se hace cada vez más clara: o abrir camino<br />

para la superación del capitalismo con el socialismo, o continuar la barbarie en una crisis de civilización<br />

que no tiene posibilidad alguna de salida en clave económica.<br />

Si la crisis fuese expresión de una crisis más amplia del capitalismo, de su capacidad para garantizar<br />

nuevos y sostenidos aumentos de la productividad, acompañado esto por el cuestionamiento de la<br />

continuidad de la civilización capitalista, la alternativa socialista no se limita a las propuestas del<br />

¿EN QUÉ PUNTO ESTÁ LA CRISIS?<br />

755


“keynesianismo de izquierda”. Una crisis del capitalismo significa que las reglas del proceso de acumulación<br />

–o sea, el modo en que se trabaja, las normas de distribución del valor entre el capital y el trabajo<br />

y entre capital productivo, financiero y rentístico, los espacios de intervención del Estado, las formas<br />

de aplicación del cambio técnico, la división internacional del trabajo– han dejado de funcionar y deben<br />

ser sustituidas. Es justamente en esa fase que se agravan las contradicciones sociales y las reglas de<br />

control social pueden saltar en pedazos. En una coyuntura de esa naturaleza, la evolución de la lucha<br />

política es el factor crítico. No se puede descartar que la evolución de la lucha de clases en la periferia<br />

(en China, pero también en América Latina, en India y en Rusia) agrave los desequilibrios económicos<br />

mundiales y transforme la coyuntura de crisis en crisis del modelo de producción.<br />

El programa consiste en sustituir las reglas del mercado y de la acumulación de capital con la planificación<br />

social de los recursos y con su distribución racional. Sin duda, establece la socialización total<br />

de los recursos financieros, pero sobre todo la socialización de los recursos productivos. O sea, sacar del<br />

mercado toda la producción de bienes básicos y de consumo universal, así como la salud, la educación,<br />

la vivienda, la energía, los alimentos, el sector textil y las telecomunicaciones, etcétera.<br />

— notas —<br />

1 La Comisión Europea estima que en 2009 los países de la Unión Europea comprometieron cerca de un tercio de su PIB en auxilios<br />

a los bancos en crisis, considerando inyecciones de capital (2,7% del PIB), garantías bancarias (24,6%), restablecimientos<br />

de la liquidez y saneamiento de inversiones financieras de mala calidad (4,1%). (Datos tomados de European Economic Forecast,<br />

otoño 2009. European Economy 10, 2009, pág. 61.) Para el conjunto de los países centrales, esos auxilios equivalen, en<br />

términos de porcentaje del PIB, a 3,4% en inyecciones de capital, 4,1% en adquisición de activos de mala calidad por parte de<br />

los bancos centrales, 13,9% en garantías, 7,6% en inyecciones de liquidez y 5,7% en financiamientos directos del Gobierno<br />

(FMI: The State of Public Finances Cross-Country Fiscal Monitor: November 2009 Staff Position Note 2009/25, pág. 11).<br />

2 http://it.biz.yahoo.com/09102008/92/liquidazione-non-sta-risparmiando-niente-nessuno.html.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

756


Capítulo IV<br />

EL PAPEL ACTUAL DEL EUROPOLO Y DE LOS PODERES FINANCIEROS<br />

1. Cómo se llega al Eurobang<br />

1. Esta nueva fase, llamada posfordista de rasgos financieros, conduce además al predominio de un<br />

ciclo fuertemente especulativo, en el cual el dinero invertido crece sin pasar a través de intermediario<br />

productivo alguno: en la práctica, no hay transformación del capital en medios de producción, en<br />

producción efectiva, y la inversión financiera prevalece cada vez más con respecto a la productiva, con<br />

lo que se generan contextos de “burbuja financiera” especulativa.<br />

El lugar en que se efectúa la producción ha sido históricamente determinado por el costo del<br />

trabajo, por la especialización de los trabajadores y por la infraestructura. Hoy, lo que influye en el<br />

surgimiento y desarrollo de los asentamientos productivos no es ya la ubicación geográfica vinculada<br />

a la explotación de recursos materiales, sino los factores económicos, sociales y políticos relacionados<br />

con las dinámicas del costo del trabajo y con los procesos de creación de monopolios.


Pero mucho más impresionante es la globalización efectuada en estos años en el mercado financiero,<br />

y es seguramente en ese sentido como mejor se ha evidenciado y cumplido una de las condiciones<br />

de la fase actual de la mundialización capitalista.<br />

La diferencia entre el aumento de la exportación de mercancías, el crecimiento y la movilización<br />

de capitales ha sido sorprendente; basta pensar que en los países de “capitalismo avanzado”, de 1964 a<br />

1992, la producción creció en 9%, las exportaciones en 12% y los préstamos internacionales en 23%.<br />

Hoy día, cerca de 2.500 millardos de dólares se desplazan de un punto a otro del planeta a través de<br />

la especulación financiera. Los grandes establecimientos industriales que hasta hace pocos años se<br />

colocaban entre las primeras diez empresas del mundo, han sido sustituidos por emporios financieros<br />

(como por ejemplo los grandes fondos de pensión de Estados Unidos y Japón). Además, los capitales<br />

se desplazan fundamentalmente entre Europa, Estados Unidos y Japón, mientras que solo 15% de las<br />

transferencias involucra a los mercados emergentes. Objeto de la especulación financiera no son ya<br />

las oscilaciones en los precios de las mercancías, como ocurría en los años ochenta, sino las divisas: tan<br />

solo en 1999, el valor de las actividades financieras de los principales países capitalistas se calculó en un<br />

monto equivalente a 365% del PIB respectivo.<br />

El control de las divisas y del capital financiero permite determinar las tasas de cambio y, por tanto,<br />

acumular ganancias cada vez más altas; sin embargo, esto solo provoca un movimiento ficticio de la<br />

plusvalía entre capitales, y no un movimiento real, determinado por las mercancías.<br />

2. La competencia determinada por la unificación internacional, entendida como la actual fase de<br />

la mundialización capitalista, ha impuesto en los últimos años las reestructuraciones de empresas,<br />

innovaciones tecnológicas que, en lugar de crear nuevo empleo, reducen los puestos de trabajo. Una<br />

realidad sin analogías en el pasado, que ha convertido el desempleo en uno de los fenómenos más dramáticos<br />

de nuestro tiempo, y de características cada vez menos coyunturales y más estructurales. Esto<br />

también porque muchas empresas, para reducir el peso de la seguridad social y el costo del trabajo, al<br />

tiempo de acrecentar su eficiencia y productividad, recurren cada vez más al llamado outsourcing, o sea,<br />

la externalización de fases y proceso productivos enteros.<br />

Ha nacido así el dominio de la “producción ajustada” 1 que, unida a fuertes procesos de financiarización,<br />

permite alcanzar rápidamente altas ganancias. Para que este sistema se haga cada vez más<br />

eficaz, las empresas se organizan sobre la base de nuevas técnicas y tecnologías que ensanchan la parte<br />

del ciclo productivo que puede ser descentralizada, con lo cual logran responder más rápidamente a las<br />

oscilaciones de la demanda y las solicitudes de los clientes-consumidores.<br />

En el plano local, la financiarización se une al enorme agravamiento de la desigualdad en la distribución<br />

interna del ingreso y de la riqueza producida, que cada vez se dirige menos al factor trabajo (en<br />

forma de salario directo, indirecto o diferido) y más al factor capital en forma de excedente financiero,<br />

es decir, con la ganancia financiera como elemento predominante de remuneración.<br />

Consecuencia de este fenómeno es el riesgo de un retroceso de las democracias en Occidente, una<br />

desocialización, una degeneración de la política y una homologación de todo el cuerpo social a las<br />

lógicas de la ganancia.<br />

3. Hasta hace algunos años, al incremento de la liquidez internacional no se sumaban tensiones inflacionarias<br />

porque en Estados Unidos la inmigración, el aumento de la productividad y las importaciones<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

758


frenaban esa posibilidad; y en Europa, por su parte, los procesos inflacionarios estaban limitados por<br />

políticas restrictivas en materia de salario, de gasto social, de redistribución del ingreso y la riqueza y,<br />

por tanto, de contención del consumo.<br />

Pero desde hace algún tiempo, como se ha visto, el comportamiento de la inflación se ha convertido<br />

en una variable central, como se percibe en el aumento de los precios del petróleo y las materias primas,<br />

que provoca el alza de las tasas y una alta volatilidad de las cotizaciones accionarias.<br />

Son los organismos financieros internacionales los que advierten sobre el incremento de los riesgos<br />

de inestabilidad vinculados a la estructura de los mercados financieros internacionales, en los cuales tan<br />

solo los inversionistas institucionales mueven capitales –en dólares– aproximadamente equivalentes a<br />

todo el producto bruto mundial. Basta que las expectativas de ganancia sobre los capitales invertidos<br />

estén en baja, para hacer huir enormes masas de dinero hacia los paraísos fiscales. Se ha llegado así a<br />

pensar que solo una tremenda sacudida monetaria y una caída de las cotizaciones bursátiles podrían<br />

restablecer una correcta relación entre el mundo financiero y el mundo de la economía real, en un<br />

sistema monetario internacional que tenga como referencia mayor los equilibrios fundamentales de la<br />

economía entre el polo estadounidense, el polo europeo y el polo japonés.<br />

Por otra parte, si la crisis la caracterizamos no como una crisis capitalista, sino como una crisis del<br />

capitalismo, del modo de producción basado en la propiedad privada de los medios de producción<br />

–conocimiento incluido– y en reglas de mercado para asignar el trabajo social, entonces las limitaciones<br />

estructurales de las políticas de ajuste y austeridad se tornan evidentes. Tal política económica<br />

puede brindar una salida temporal, al recuperar las tasas de ganancia, pero sobre la base de un fuerte<br />

empobrecimiento de la fuerza de trabajo de los países centrales.<br />

Pretender, por ejemplo, que la regulación centralizada de la gestión de la deuda en la Eurozona se<br />

convierta en salida para la crisis, sea mediante un ajuste estructural o con la expansión de la demanda<br />

(con o sin emisiones centralizadas de títulos de la deuda pública), es una quimera. Incluso, más realista<br />

es la vía de las políticas restrictivas o del ajuste en austeridad, ya que al menos contribuye a la destrucción<br />

de capital (medios de producción y fuerza de trabajo), en el propósito de alcanzar un nuevo ciclo<br />

de acumulación a largo plazo.<br />

Cuando la especulación ha alcanzado un volumen tal que supera todas las posibilidades de crecimiento<br />

de la productividad, de sustentabilidad en la explotación de los recursos naturales y de desarrollo<br />

de las fuerzas productivas, la única alternativa a la desvalorización (destrucción) masiva de<br />

capitales es desmercantilizar el dinero. No se trata de darle nuevas funciones a un banco central, sino<br />

de nacionalizar el sistema financiero, comenzando por sus agentes principales, y transformar el capital<br />

monetario en dinero público, en bien común, para destinarlo a la producción, sobre la base de una<br />

planificación democrática de la actividad productiva (algo parecido a lo que en el siglo pasado llamábamos<br />

“socialismo”).<br />

Una “estabilidad” que se convierte en ley de dominación, tanto política como económica, para el<br />

control de las áreas de interés estratégico-económico en el mundo, de las dinámicas políticas y sociales<br />

y de las crisis económicas, de manera que se resuelvan siempre en favor de las grandes multinacionales<br />

occidentales y de los intereses de los más importantes bloques geoeconómicos y geopolíticos, Estados<br />

Unidos y la Unión Europea primero que todos.<br />

Es a través de la guerra del dólar contra el euro, de la crisis petrolera comandada desde Norteamérica<br />

y de la gestión de lo que han definido como “la más grave crisis del capitalismo”, como bien se<br />

EL PAPEL ACTUAL DEL EUROPOLO Y DE LOS PODERES financieros<br />

759


ha puesto en evidencia anteriormente, y en el contexto general de la financiarización de la economía,<br />

que Estados Unidos ha jugado sus cartas para sofocar los intentos de afirmación y expansión del nuevo<br />

polo geoeconómico de la Unión Europea.<br />

2. Globalización polarizada y acumulación flexible: cómo se llega a la crisis<br />

de la deuda soberana<br />

1. Un aspecto fundamental en todo este proceso de internacionalización es seguramente el relativo a<br />

la redefinición, en el sentido de centralidad de su papel, del sistema bancario y financiero en general,<br />

al que se ha encomendado la tarea de determinar los nuevos procesos de desarrollo internacional y las<br />

líneas estratégicas de la competencia global. Desde hace ya muchas décadas, en efecto, está en curso un<br />

proceso de grandes movimientos financieros que involucra el mundo entero, con un sistema interbancario<br />

que se apoya en intermediarios diseminados en todo el planeta. Los bancos universales cumplen<br />

directamente gran parte de las funciones demandadas por clientes privados y empresas, con grandes<br />

mercados interbancarios que vinculan entre sí los bancos radicados en el territorio y los ubicados en<br />

plazas financieras.<br />

Se produce así una suerte de “totalitarismo financiero” y de la cultura de empresa que, en búsqueda<br />

de ganancias fáciles, cada vez más de tipo financiero-especulativo y no productivo, desestabiliza regiones<br />

completas (véanse las crisis de México, de Brasil, de Tailandia, de Corea, de Indonesia, de Rusia,<br />

de Argentina y ahora de los Piigs europeos), provocando procesos de inestabilidad político-económicasocial<br />

con consecuencias que se tornan más críticas y violentas por la utilización de las llamadas guerras<br />

étnicas, de los fundamentalismos religiosos, de la disgregación de las unidades nacionales y con<br />

formas cada vez más sofisticadas de uso de la criminalidad, todo ello completamente funcional a los<br />

paradigmas del Nuevo Orden Mundial. En los últimos 25 años se ha evidenciado un fuerte vínculo<br />

entre financiarización de la economía y criminalidad. Piénsese, por ejemplo, en el comercio de drogas,<br />

al cual se añaden tantos otros tráficos ilegales, como el de las armas, el mercado clandestino de desechos,<br />

la prostitución y el mercado de trabajadores esclavos en la así llamada economía sumergida (al<br />

sumar estos tráficos con el de la droga, se alcanza un rango de negocios de más de 1.500 millardos de<br />

dólares anuales).<br />

La nueva globalización polarizada o, mejor, la moderna competencia global, pone en juego no solo<br />

el papel de la empresa fordista y del proceso productivo conexo, sino también las estructuras financieras<br />

y bancarias internacionales, verdadero elemento de innovación en el proceso económico mundial.<br />

Lo que está sucediendo es el predominio no solo de un nuevo sistema productivo deslocalizado,<br />

sino también de un nuevo sistema financiero y una nueva acumulación de capital, la “acumulación<br />

flexible” de la era posfordista, basada justamente en procesos de financiarización de la economía y en el<br />

uso masivo, en términos de acumulación de valor, del capital intangible, de los recursos inmateriales,<br />

como el conocimiento, la información, la comunicación, etcétera.<br />

Se habla entonces de una acumulación flexible, que se distingue de las rigideces del fordismo. Tal<br />

modelo de acumulación requiere de una clase trabajadora flexible, condescendiente, que no pueda<br />

combatir, carente de una estructura de clase organizada, fragmentada, descompuesta y, por tanto,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

760


individualizada y precarizada. El capital retoma así la ofensiva imponiendo un dominio social global,<br />

que se basa en una determinada flexibilidad en relación con los procesos productivos, los mercados de<br />

trabajo, los productos y los modelos de consumo.<br />

2. Una de las imágenes más difundidas es la que muestra que vivimos en un mundo globalizado, en<br />

el que los márgenes de maniobra de los partidos políticos se van reduciendo, independientemente de<br />

las ideologías. Sin embargo, hay que considerar cuáles son los actores concretos, para darse cuenta del<br />

hecho de que los márgenes de maniobra no vienen dados, sino que se construyen a partir de la fuerza<br />

de cada quien.<br />

El capital financiero de muchos pequeños países de la periferia se está empleando en estos circuitos.<br />

También muchas grandes empresas productivas se mueven por la vía de la financiarización e interrumpen<br />

en gran parte la producción, pues lo que se necesita producir es dinero a partir del dinero, a través<br />

de las mil formas de finanzas especulativas, que es lo que produce mayor rendimiento. Empresas como<br />

la General Electric obtienen hoy mayores ingresos de sus inversiones financieras que de la actividad<br />

productiva.<br />

En el marco de las instituciones nacionales e internacionales, los nuevos actores que aparecen en<br />

el mercado global de divisas saben hacer presión sobre los organismos respectivos y superan a muchos<br />

Gobiernos, tanto en fondos como en capacidad de negociación.<br />

La discordancia entre producción (industria, servicios, actividades públicas) y exigencias ocupacionales<br />

ha sido reformulada solo en la perspectiva de un desarrollo de las posibilidades de lucro,<br />

con rasgos cada vez más financieros, en la cual la valorización sociocultural de los recursos humanos<br />

representa solo un costo y no una gran ocasión para incrementar la demanda individual y colectiva,<br />

incluida la de un desarrollo con alta sustentabilidad socioambiental, que favorecería las actividades<br />

basadas en el incremento de la cultura, de la solidaridad y la civilidad. No todos los aumentos de<br />

productividad han sido correctamente redistribuidos. Por el contrario –como se ha visto en el curso<br />

del análisis–, se han usado casi exclusivamente para remunerar al factor capital, bajo la forma de una<br />

ganancia que no es reinvertida productivamente sino que termina en su casi totalidad en la “burbuja<br />

financiera especulativa”, donde el beneficio es fácil pero no existe capacidad de crear empleos nuevos<br />

y reales.<br />

Es Grecia la que ha evidenciado una deuda externa soberana por encima de la media y particularmente<br />

ingente, ya que en Estados Unidos y Gran Bretaña, por ejemplo, la deuda externa privada (de<br />

las empresas, incluida la deuda intrafirm) supera la deuda soberana de los países de la Eurozona.<br />

España tenía a comienzos de 2010 una deuda externa de aproximadamente 2 millardos de euros,<br />

en su mayor parte acumulada tras la sustitución de la peseta por el euro. Su deuda pública externa está<br />

cerca de 300 millardos de euros, mientras que la privada es de 400 millardos, la de las empresas sube a<br />

475 millardos –ambas en su mayor parte a largo plazo– y la de los bancos es de 800 millardos de euros,<br />

de la cual más de 50% es a breve plazo.<br />

La situación actual en España –uno de los primeros países en verse bajo ataque de la especulación<br />

financiera– indica que por cada euro de deuda externa soberana, las empresas privadas deben al extranjero<br />

un euro y medio, y los bancos casi tres.<br />

Ciertamente, es una situación muy diferente de la griega, donde la deuda pública representa más de<br />

55% de la deuda externa total. En España esa proporción es de solo 18%, pero la parte del león, entre<br />

EL PAPEL ACTUAL DEL EUROPOLO Y DE LOS PODERES financieros<br />

761


quienes poseen sus títulos de deuda externa, está justamente en manos de los bancos que operan en los<br />

mercados especulativos internacionales, seguidos por fondos de pensión y de inversión.<br />

El déficit italiano, en cambio, es relativamente bajo, pero su deuda es la tercera del mundo: 123%<br />

del PIB.<br />

Deuda externa italiana por sector (en millones de US$)<br />

Gobierno Autoridades Bancos Otros Préstamos Posición de la<br />

general Monetarias sectores entre empresas deuda externa bruta<br />

2002Q4 550.462 5.356 312.163 233.960 15.015 1.116.957<br />

2011Q2 191.641 3.907 909.053 370.620 209.256 2.684.477<br />

Fuente: Banco Mundial, Joint Debt Hub.<br />

En la última década, la deuda externa italiana aumentó en 2,5 veces, al pasar de 1,1 millardos de<br />

dólares en 2002 a cerca de 3 millardos en 2012.<br />

Ha cambiado su distribución sectorial: en el cuarto trimestre de 2002, la deuda pública (Gobierno<br />

y Banco de Italia) representaba 50% del total, mientras a los bancos correspondía 28% y a las empresas<br />

22%. En el segundo trimestre de 2011, la deuda pública estaba en 45%; la de las empresas,<br />

en un porcentaje análogo, y la de los bancos había llegado a 38% del total. En la deuda empresarial<br />

es notable el incremento de los préstamos entre filiales de empresas multinacionales, que pasa de<br />

15.000 millones en 2002 a más de 200.000 millones en 2011. Este tipo de préstamo, entre empresas<br />

de un mismo grupo multinacional, es uno de los instrumentos financieros que facilitan la evasión<br />

fiscal internacional. La deuda externa italiana, privada y pública, representaba a mediados de 2011<br />

el 10% de la deuda externa de los países de la Eurozona (incluida la contraída entre ellos mismos),<br />

el 17% de la deuda pública, el 8% de la bancaria y el 7% de la empresarial. Por tanto, la estructura<br />

de la deuda externa italiana se parece a las de Grecia y Portugal (mucha deuda pública, menos deuda<br />

bancaria) y se diferencia de las de países como España o Irlanda, donde prevalece la deuda bancaria<br />

y empresarial.<br />

El peso de la deuda pública italiana en el PIB (123%) es uno de los más altos de los países centrales:<br />

superado solo por Japón (233%) y Grecia (166%), es mayor que el de Irlanda (109%), Portugal<br />

(106%) y Estados Unidos (100%), y muy superior a la media de la Eurozona (89%). La evolución del<br />

endeudamiento permite observar, sin embargo, que el actual nivel de deuda pública es análogo al de<br />

1993-1994 (datos del FMI, WEO Database). En el período 1988-2011, el nivel medio de la deuda<br />

fue de 110% del PIB, solo 10% menos que en el último año.<br />

El déficit de Portugal es de 9,3%, y el de Irlanda, de 11,5%. La loca decisión de perseguir la reducción<br />

del déficit en el lapso dictado por la UE –“entre 2011 y 2013”–, suministra a los especuladores un<br />

parámetro de referencia y, al poder utilizar los derivados, disponen de una palanca financiera superior<br />

a la de los Estados que se encuentran bajo ataque. Irónicamente, las municiones las provee el BCE,<br />

que acepta los títulos del Estado como garantía para las emisiones de efectivo 2 .<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

762


Deuda pública italiana, en % del PIB<br />

Fuente: FMI, World Economic Outloook, octubre de 2009.<br />

Considérese, además, que se mantendrá la política de sustraer recursos de los presupuestos públicos<br />

para sostener a empresas, bancos y finanzas, en un contexto en el que, ante el empeoramiento de las<br />

condiciones sociales por causa de la misma crisis, habría más bien que aumentar las cuotas de recursos<br />

para el welfare. Habrá entonces recortes difíciles de ejecutar, para no verse expuestos a auténticas<br />

rebeliones sociales y costos cada vez más altos para el gasto social.<br />

Ciertamente no será la tasa de inflación lo que de alguna manera pueda reducir el peso de la deuda<br />

pública, puesto que allí donde la situación se vuelva “insostenible”, el Banco Central Europeo intervendrá<br />

inmediatamente para redimensionarla.<br />

Como también es cierto que los bancos alemanes que poseen tales títulos de deuda, junto con<br />

las hipotecas subprime estadounidenses y los títulos inmobiliarios especulativos, hacen que el crédito<br />

potencial sea probablemente inexigible en su mayor parte.<br />

Es por eso que Alemania persiste en mantener precios y salarios moderados, en términos relativos,<br />

para favorecer su propio modelo de desarrollo basado en la exportación, e intenta agredir a sus socios<br />

con un relanzamiento de las exportaciones extraeuropeas. Pero China y Estados Unidos, ciertamente,<br />

no están en papel pasivo de observadores: la guerra continúa.<br />

3. Por qué los keynesianos yerran el análisis de la crisis<br />

1. En las interpretaciones de la actual crisis mundial, asistimos a una polifonía directa de la evolución<br />

aparente y específica de los acontecimientos: de cuando en cuando, la crisis internacional de los países<br />

centrales es explicada como crisis financiera global, crisis de la deuda, crisis fiscal y pasajera, una consecuencia<br />

de los salarios excesivos (crisis de competitividad) o de los salarios demasiado bajos (crisis<br />

de demanda). Esta última interpretación tiene cierto número de seguidores entre organizaciones que<br />

EL PAPEL ACTUAL DEL EUROPOLO Y DE LOS PODERES financieros<br />

763


se consideran “de izquierda” y que, ante los ajustes fiscales y salariales, proponen como alternativa un<br />

ajuste fiscal más lento, que permitiría generar un volumen de inversión pública que se transforme en<br />

motor del crecimiento, de manera que, gracias al crecimiento, se podría postergar en el tiempo “el<br />

ajuste” de los otros componentes de la crisis: los precios, las finanzas, el crédito, el comercio exterior.<br />

Desde ese punto de vista, apuntar a un ajuste fiscal y a la reducción drástica de los salarios en el<br />

corto plazo, solo llevaría a la contracción de la demanda, a detener el crecimiento del PIB y a aumentar<br />

el peso que en este tiene la deuda.<br />

El problema de esta interpretación es que parte de un análisis errado, porque la crisis no es en<br />

absoluto una crisis de demanda, como piensan los economistas keynesianos o los tantos que dicen<br />

remitirse al análisis marxista. La demanda mundial, que creció incluso en los momentos más graves de<br />

la crisis (2008-2009), no deja de aumentar. En términos corrientes, el PIB mundial se redujo solo en<br />

2009, cuando registró una caída de 3,5 billones de dólares con respecto al año anterior, dato que dice<br />

mucho acerca de la profundidad de la crisis. Sin embargo, a pesar de esa caída, la inversión mundial<br />

se mantuvo en los niveles habituales (21,7% del PIB) y siguió aumentando en 2010 y 2011 (22,9%<br />

y 23,6%), frente a una media de 22,3% en los 10 años previos al estallido de la crisis (1998-2007).<br />

En consecuencia, en 2010 el PIB mundial creció en 5,2 billones de dólares y en 7,1 billones en 2011:<br />

¿dónde está entonces la crisis de demanda?<br />

Todo eso significa que los capitalistas, a escala mundial, no han percibido un problema keynesiano<br />

de “demanda efectiva”, de realización del valor (de hecho, en paridad de poder adquisitivo, el<br />

PIB mundial aumentó en 68.000 millones de dólares en 2009), y que han seguido invirtiendo sus<br />

capitales como siempre, aunque obviamente han cambiado de manera sustancial la geografía de la inversión,<br />

tanto en lo espacial como en lo sectorial (datos del FMI: World Economic Outlook Database<br />

09/2011).<br />

Si se tratara de una crisis financiera, su manejo, planificado por los Gobiernos centrales y basado<br />

en nuevas reglas financieras y mayores controles por parte de las autoridades monetarias, podría llevar<br />

a una salida capitalista del problema. En ese contexto, la respuesta de las izquierdas debe poner el<br />

acento en la reducción drástica de las dimensiones de las finanzas globales y prohibir directamente<br />

las operaciones especulativas consideradas –falsamente– como de cobertura de riesgos (¿por qué se<br />

necesita un mercado de productos derivados de 600 billones de dólares, cuando el producto mundial<br />

es de 60 billones? Estamos ante un auténtico mecanismo financiero de transferencia de valores entre<br />

agentes especulativos, que se debe eliminar). Las izquierdas deberían incentivar el crecimiento de la<br />

participación del sector público en la actividad productiva financiera (creación de una banca pública<br />

de fomento, de empresas públicas y de empleo en el sector público para el desarrollo de los servicios<br />

sociales, etcétera) o el control político de los bancos centrales, a fin de que estos tengan como prioridad<br />

el crecimiento y no solo la estabilidad de los precios.<br />

Pero, aunque la crisis se manifestó inicialmente como crisis de las finanzas internacionales, tampoco<br />

esa es su causa profunda. Las medidas para reducir el peso del mercado internacional del dinero y<br />

del crédito pueden constituir un programa de emergencia, pero no son jamás una alternativa a la<br />

crisis global.<br />

La crisis actual es mucho más que una crisis financiera de dimensiones globales. Es el síntoma de<br />

dos fenómenos estructurales: de un lado, el fin del ciclo de la hegemonía del capital estadounidense,<br />

en actividad desde fines de los años sesenta y, en consecuencia, el agotamiento de los procedimientos<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

764


puestos en marcha por dicho capital desde fines de los años setenta y comienzos de los ochenta para<br />

seguir captando recursos materiales y trabajo en forma de mercancías del resto del mundo, siempre<br />

a crédito.<br />

Por el otro, una desaceleración neta de la productividad, que genera dificultades para ampliar la<br />

masa de ganancias y frenar la tendencia a la caída de la tasa general de ganancias.<br />

Por ejemplo, en los años setenta la eficiencia marginal del capital (entendida como el aumento del<br />

PIB a precios constantes en un año, por cada unidad de formación bruta del capital fijo, determinada<br />

cinco años antes) era en Estados Unidos de 0,28; en Japón, 0,41; y en Alemania, 0,20. Entre 1971<br />

y 2000, descendió a 0,20 en Estados Unidos, a 0,12 en Japón y a 0,13 en Alemania. En la última<br />

década ha caído todavía más, hasta llegar a 0,08 en Estados Unidos, 0,03 en Japón y 0,05 en Alemania<br />

(Ameco Database, 11/2011).<br />

2. Estos fenómenos plantean un problema clave, de cuya respuesta depende la perspectiva de salir de<br />

la crisis: los avances de productividad que se esperaban tras la introducción masiva de los nuevos procedimientos<br />

de automatización del saber obrero y con la reducción de la demanda de materias primas<br />

mediante la nanotecnología y las biotecnologías, no han reportado los frutos prometidos. La crisis del<br />

capitalismo industrial de los años setenta se ha traducido, para los países centrales, en tasas muy bajas<br />

de incremento de la productividad.<br />

En los países centrales, el capitalismo se encuentra en una situación práctica de estancamiento de la<br />

productividad desde hace varios años. Si la crisis se torna crisis del capitalismo, crisis de productividad,<br />

es porque el desarrollo de las fuerzas productivas se ha topado con un límite objetivo impuesto por las<br />

formas actuales de las relaciones sociales de producción; y todas las medidas basadas en la “regeneración”<br />

de la acumulación capitalista están condenadas al fracaso.<br />

Una primera respuesta a esta crisis de las estructuras ha sido la deslocalización. El capital ha intentado<br />

recuperar las ganancias mediante procedimientos de explotación extensiva: la deslocalización y<br />

la reducción de las tasas salariales son, en el centro, la principal receta aplicada, y ahora asistimos a un<br />

nuevo intento de continuar en esa vía.<br />

La segunda respuesta ha sido la financiarización de la economía. En muchos países, el volumen del<br />

crédito ha crecido de manera sustancial, sobre todo la desregulación financiera internacional, y en el<br />

caso de Europa (o sea, el área euro), por la drástica reducción de las tasas de interés en los países de la<br />

periferia europea. Entre 1998 y 2010, el peso en el PIB del volumen del crédito aumentó en la Eurozona<br />

de 1,29 a 1,81 (datos de Eurostat). Excepto Alemania y Bélgica, todos los países experimentaron<br />

aumentos similares: de 1,12 a 1,65 en Francia, de 1,55 a 2,43 en Holanda, de 0,96 a 1,68 en Italia,<br />

de 1,12 a 2,47 en España, de 1,132 a 2,47 en Portugal; curiosamente, en Grecia, país que no se ha<br />

caracterizado por una economía que se funde en la inflación del crédito, ese peso subió de 0,87 a 1,69,<br />

asunto que refuerza el carácter excepcional del endeudamiento griego.<br />

Así, el estancamiento de la acumulación se mantuvo oculto, en la medida en que se acumulaba una<br />

masa cada vez mayor de deuda, sobre todo privada.<br />

La expansión del crédito, al no estar acompañado por un incremento en la producción y en la<br />

realización de valor, se ha traducido en una crisis del crédito global, ya que las expectativas de rentabilidad<br />

no se han cumplido: la velocidad con la que se multiplica el crédito, ponderada por la reducción<br />

de las tasas de interés, ha sido mayor que las tasas de crecimiento alcanzadas por las economías del<br />

EL PAPEL ACTUAL DEL EUROPOLO Y DE LOS PODERES financieros<br />

765


capitalismo central. En consecuencia, no se ha producido plusvalía suficiente para remunerar el capital<br />

financiero como cabía esperar por la deuda acumulada.<br />

3. En un contexto como ese, las propuestas de expansión por la demanda y por el gasto público son<br />

claramente insuficientes e ineficaces, dado que una crisis del capitalismo implica que las reglas del<br />

proceso de acumulación –o sea, el modo en que se trabaja, las normas de distribución del valor entre el<br />

capital y el trabajo y entre capital productivo, financiero y rentístico, los espacios de intervención del<br />

Estado, las formas de aplicación del cambio técnico, la división internacional del trabajo– han dejado<br />

de funcionar y deben ser sustituidas. Lo que se plantea son instancias de cambio estructural que no<br />

pueden surgir de la “caja de herramientas” keynesiana, en ninguna de las dos versiones.<br />

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el peso del Estado en la actividad económica giraba en<br />

torno a 10% del PIB. Hoy, en los países centrales, fluctúa entre 30% y 50%. En 1960, el peso de las<br />

remuneraciones de los asalariados en el PIB de esos países (OCDE) era de 70%. Actualmente apenas<br />

supera el 55%. Una política sindicalista de estímulo de la demanda salarial no podría tener ahora el<br />

mismo impacto que tuvo en los años cincuenta o sesenta sobre el crecimiento económico, ni se podría<br />

financiar del mismo modo.<br />

Esta evolución es una clara manifestación de la ineficiencia de las soluciones de mercado en el capitalismo<br />

moderno, cuando la socialización de las fuerzas productivas ha alcanzado un nivel tan elevado<br />

que se necesita una centralización profunda de las decisiones relativas a la asignación del trabajo social,<br />

a la producción y a la distribución.<br />

De la capacidad de respuesta de los trabajadores dependerá el resultado de las transformaciones<br />

neoliberales en Europa.<br />

Hoy las propuestas keynesianas de gestión de la demanda a través del envío de señales al mercado,<br />

para su activación, no funcionan porque el Estado está directamente a cargo de asignar una parte fundamental<br />

de los recursos del trabajo social. Es una incongruencia histórica, incluso dentro del mismo<br />

desarrollo capitalista, que los recursos financieros continúen siendo privados. Que se pretenda aplicar<br />

una política económica de incentivos a la inversión privada a través de la activación de la demanda, es<br />

un absurdo que únicamente refleja el despiste histórico de quien lo propone.<br />

Para cuanto concierne a la dimensión nacional de las economías, la situación es diferente. Los<br />

procesos de deslocalización masiva de la producción hacia la periferia han modificado los circuitos<br />

de incremento y acumulación del capital. Actualmente, la demanda que permite movilizar recursos de<br />

inversión para generar empleo –que se basa en las expectativas de los inversionistas privados en cuanto<br />

al aumento de capital– no se manifiesta a escala nacional, sino mundial.<br />

4. Como ya se ha recordado, actualmente no se presenta ningún problema en el escenario mundial. De<br />

hecho, una reducción de los salarios en Europa se puede compensar, en términos de demanda agregada<br />

y de expectativas de rentabilidad, con un aumento salarial en la periferia, como en efecto ocurre. De<br />

esta manera, la estrategia sindical y su versión de keynesianismo salarial para enfrentar la crisis se<br />

encuentra en Europa en un callejón sin salida.<br />

La gestión de la crisis ha desembocado en el control del gasto público y en una nueva oleada de privatizaciones,<br />

ya que el capital quiere extender su espacio de valorización –hoy en fuerte estancamiento–<br />

hacia los servicios públicos de uso universal, para capturar así espacios hipotéticamente seguros.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

766


De cualquier manera, ni aun esa medida permite responder al problema fundamental que repercute<br />

sobre el actual contexto global. El desarrollo de las fuerzas productivas ha avanzado hacia procesos<br />

socializados de creación de riqueza. La idea de que el conocimiento es una fuerza productiva, se resiste<br />

a los intentos de administrarlo mediante reglas de mercado y de propiedad privada, puesto que el<br />

conocimiento es, por definición, un patrimonio común de los sujetos operativos, que solo puede<br />

desarrollarse eficazmente a través de un flujo continuo, compartido (no compartimentado) y libre (no<br />

privado).<br />

Las economías de escala se han agrandado y han tornado así ineficaces los procedimientos competitivos<br />

para la gestión de muchos bienes y servicios que necesitan de un manejo centralizado de recursos,<br />

en el que las alternativas se establezcan con base en sistemas públicos y colectivos de distribución o<br />

monopolios privados con drenaje de las rentas extraordinarias del resto de las actividades y de los<br />

sectores sociales.<br />

La crisis energética responde a la inaplicabilidad de las energías alternativas en un contexto de centralización<br />

de la propiedad, inherente al modelo energético capitalista; de esta manera, el agotamiento de<br />

los recursos energéticos tradicionales torna ineficaces los mecanismos descentralizados de los precios<br />

de mercado para determinar el nivel óptimo de consumo.<br />

Son entonces los propios mecanismos del capitalismo para la asignación de recursos (los mercados<br />

privados y sus sistemas de precios) los que resultan incompatibles con la resolución del problema<br />

que plantea el agotamiento del modelo energético y con la adopción de los progresos de la tercera<br />

revolución industrial.<br />

La alternativa, entonces, no es entre un determinado modelo de gestión capitalista (el rigor, el ajuste)<br />

y otro (la expansión, el crecimiento). Si nos encontramos en todo el medio de una crisis sistémica<br />

y sin un programa de socialización masiva de la actividad productiva, la única alternativa es un ajuste<br />

hacia abajo en la participación de los trabajadores en el valor agregado, junto con la privatización de<br />

las nuevas áreas de intervención del Estado, en la esperanza de que la productividad logre aumentar y<br />

retomar el camino del crecimiento (o sea, que aumente la intensidad de la explotación del trabajo, para<br />

relanzar la acumulación de capital).<br />

Quienes creen en el relanzamiento de la acumulación del capital, hacen bien en no prestar atención<br />

a los discursos keynesianos de una izquierda en bancarrota. Pero aquellos que quieren reforzar el poder<br />

de los trabajadores, deben apresurarse a abandonar esa perspectiva –que persigue un pacto imposible<br />

entre intereses contrapuestos– si en verdad tienen la intención de vencer.<br />

El programa necesario no puede fundarse hoy en una gestión de la demanda y de los desequilibrios<br />

fiscales que no se corresponde con el grado de desarrollo del capitalismo en Europa, ni con las nuevas<br />

contradicciones que manifiesta.<br />

Ahora es necesario un programa que permita llevar adelante la socialización de los recursos, en una<br />

nueva fase que vaya más allá de la socialización que hizo posible la creación de los sistemas de protección<br />

social que hoy día se quieren pasar al mercado. Para eso hay que construir una nueva correlación<br />

de fuerzas, que debe basarse en un programa de ruptura con las estructuras político-financieras que<br />

han generado la situación actual.<br />

EL PAPEL ACTUAL DEL EUROPOLO Y DE LOS PODERES financieros<br />

767


— notas —<br />

1 Con el término producción ajustada (del inglés lean manufacturing o lean production) se identifica una filosofía industrial<br />

inspirada en el Toyota Production System, que tiene por objetivo minimizar los desperdicios hasta eliminarlos del todo. Entre<br />

los desperdicios se consideran los de materias primas, de tiempos muertos, de inventarios inutilizados, de sobreproducción, de<br />

productos defectuosos, etcétera.<br />

2 Tomado de Movisol: http://www.criticamente.it/globalizzazione/9364-la-crisi-del-debito-sovrano-si-allarga.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

768


Capítulo V<br />

EL CONFLICTO CAPITAL-TRABAJO SIGUE SIENDO CENTRAL<br />

1. Mundialización neoliberal y aumento de la desigualdad<br />

1. Seguramente las tendencias de fondo del contexto económico internacional han cambiado mucho<br />

en los últimos años. En la instalación estructural productiva, por ejemplo, las empresas han pasado de<br />

una estructura productiva horizontal a una vertical, con la consecuente segmentación y concentración<br />

de la producción y del capital. La disminución de los costos de transporte, la supresión generalizada de<br />

los aranceles, la creciente eliminación de los derechos portuarios y aeroportuarios y de los monopolios<br />

ferroviarios, marítimos y aéreos, están creando un mercado de mercancías en el que la localización del<br />

centro de producción resulta cada vez menos relevante.<br />

En la producción ajustada, la comunicación –el flujo informativo– accede directamente al proceso<br />

productivo: comunicación y producción se hacen coincidir. El programa de producción se formula<br />

exclusivamente a partir de las exigencias de la oferta del mercado. La deslocalización, la fragmentación<br />

y la dispersión de los lugares físicos de la producción no implican, en absoluto, una disminución del


poder de la gran empresa capitalista: ella mantiene su poder, justamente, gracias a la concentración<br />

financiera y el downsizing (enflaquecimiento). Se conforman así las cadenas productivas nacionales y<br />

también internacionales, en busca de lugares de producción donde el factor trabajo sea especializado<br />

y bajos sus costos y las garantías sindicales.<br />

Todo esto sucedía porque (como se ha anticipado parcialmente) se estaba pasando progresivamente<br />

del ciclo fordista-keynesiano, basado en el paradigma tecnológico de la industria metalmecánicaautomovilística-petroquímica,<br />

a un ciclo llamado posfordista, que tiene su base tecnológica dominante<br />

en el paradigma electrónico-informático. La acumulación flexible 1 (bautizada así por David Harvey)<br />

se confronta directamente con las rigideces del fordismo: se trata de la flexibilidad de los procesos<br />

productivos, de los mercados de trabajo, de los productos y de los modelos de consumo que determinan<br />

los cambios en el proceso desigual de desarrollo, sea entre sectores productivos o entre regiones<br />

geográficas, con un aumento vertiginoso del sector servicios y el surgimiento de industrias en regiones<br />

subdesarrolladas.<br />

Se podría también decir que la globalización neoliberal se opone a la multinacionalización que<br />

implica que una empresa, aun estando presente en diversos países, esté ligada sobre todo a uno en<br />

particular, usualmente el de origen.<br />

Hoy, en cambio, la empresa multinacional decide su estrategia productiva en función, cada vez<br />

más, de los costos relativos de producción en los diversos lugares, así como de la diversificación de un<br />

producto final que se venderá en el mayor número posible de países, o de un producto ensamblado<br />

en la empresa matriz con componentes que llegan desde filiales situadas en todas partes del mundo.<br />

La mundialización neoliberal favorece el crecimiento de la desigualdad. En los países empobrecidos,<br />

eso es lo que ocurre entre la mayoría popular, de un lado, y los propietarios, los que detentan el capital<br />

y los administradores del sistema, del otro (hay un método verdaderamente simple para distinguir, en<br />

los países de la periferia, a los incluidos y los excluidos de la competencia global: podemos identificar<br />

quiénes son pobres y quiénes no porque estos últimos son sujetos de crédito y tienen acceso a los bancos,<br />

como grandes o pequeños clientes, mientras los otros no; en casi todos los países del Sur, de hecho,<br />

solo un porcentaje de entre 5% y 25% de la población tiene acceso al crédito y realiza operaciones<br />

bancarias, lo que se traduce en una tasa de exclusión que fluctúa entre 75% y 95%).<br />

Además, sigue existiendo un sistema de circulación de mercancías (permisos de importación y<br />

exportación, autoridades aduanales), pero no existe un sistema monetario internacional, no hay<br />

una divisa mundial, no hay autoridad monetaria que regule el espacio internacional de circulación<br />

del dinero.<br />

Por tanto, consideramos la globalización financiera como el resultado de la decisión de Estados<br />

Unidos de enfrentar sus problemas presupuestarios sin un fortalecimiento real de su economía y evitando<br />

las presiones de los bancos centrales del resto del mundo para que no siga pagando sus deudas<br />

con dólares no convertibles. Así se torna más aguda y directa la competencia global en busca de<br />

la concentración de la riqueza en pocas manos, con escenarios cada vez más frecuentes de guerra<br />

económico-financiera, guerra comercial, guerra social contra las clases subalternas y guerra militar<br />

expansionista por la conquista y el dominio de los recursos energéticos –más escasos cada vez– para<br />

sostener los ritmos del proceso de acumulación internacional.<br />

La dificultad para activar un modelo de acumulación nuevo y rentable hace esta crisis única, al<br />

tiempo que pone seriamente en tela de juicio el propio modo de producción capitalista, por lo que es<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

770


de carácter sistémico. El carácter particularmente destructivo de la actual crisis está relacionado con<br />

su carácter sistémico y estructural, que tiene impacto no solo económico y financiero sino energético,<br />

ecológico, alimentario, social y también en la ideología y la moral, por lo que requiere un gran esfuerzo<br />

de coordinación internacional para afrontarlo. Esta circunstancia es, tal vez, lo que mejor explica la alta<br />

influencia de esta crisis en el PIB, producto de una caída múltiple del sistema.<br />

La crisis ecológica mundial ha llamado la atención sobre el agotamiento de materias primas por el consumo<br />

intensivo puesto en marcha por la sociedad industrial. Se puede disentir de la idea de que ese<br />

consumo intensivo tenga en la salud del planeta un impacto tan grave como lo afirman los partidarios<br />

del crecimiento cero (los “limitadores” como Sicco Mansholt y el Club de Roma y los “decrecentistas”<br />

al estilo de Serge Latouche o Nicolás Georgescu-Roegen, hasta llegar a los últimos y confusos economistas<br />

de la llamada izquierda alternativa libertaria y ecologista); sin embargo, es indudable que la utilización<br />

de criterios de mercado en la administración de tales recursos resulta francamente irracional.<br />

Tanto por parte de quienes persiguen la reproducción del sistema capitalista mediante acomodos<br />

técnicos específicos para cada fuente de polución o recurso en vías de extinción, como de quienes<br />

critican la validez general del crecimiento económico, el problema ambiental carece de un fundamento<br />

analítico y teórico que permita entenderlo en su dimensión histórico-social, cosa que en cambio es<br />

posible al adoptar las categorías histórico-materialistas de la crítica marxista de la economía política.<br />

Valga asimismo subrayar que desde hace tiempo hablamos de crisis sistémica porque su globalidad<br />

y condición estructural hacen evidente la tendencia a la caída de la tasa de ganancia en los países más<br />

desarrollados o, como los hemos definido siempre, de capitalismo maduro. Es clara allí la evidencia<br />

de la enorme destrucción de “fuerzas productivas en exceso”, sean estas fuerza de trabajo o capital<br />

como explicitación de formas de trabajo anticipado; por tanto, no hay ya condiciones para poner en<br />

marcha un nuevo modelo de valorización del capital que sepa dar “justa” rentabilidad a las inversiones<br />

y crear posibilidades para un nuevo proceso de acumulación capitalista, ni aun a través de un cambio<br />

de modelo de producción.<br />

La crisis actual es sistémica, entonces, porque amplía cada vez más la brecha entre desarrollo de las<br />

fuerzas productivas y modernización y socialización de las relaciones de producción, al punto que se<br />

han disociado no solo estas últimas, sino incluso las relaciones sociales en todos los países de capitalismo<br />

maduro. Debido a que los nuevos sujetos del trabajo, del no trabajo y del trabajo negado, es decir,<br />

el sujeto que se torna clase proletaria explotada no obstante la modernidad de las formas, no acepta ya<br />

esa situación y no ve en la sociedad del capital posibilidades de emancipación política, cultural, social<br />

ni económica. Se vienen a menos las mediaciones motivacionales del sujeto de clase del trabajo, aun<br />

cuando su rebelión contra la sociedad del capital asuma formas ajenas a la organización de clase, en<br />

las mil modalidades del descontento juvenil, de la ilegalidad metropolitana, del suicidio a través de las<br />

drogas, de las revueltas campesinas en Asia y América Latina, de las “locuras” asesinas y terroristas de<br />

la insatisfacción del vivir.<br />

2. En términos generales, la globalización –o la actual fase de la mundialización capitalista– puede ser<br />

definida como un proceso a escala mundial de redistribución del poder entre las clases sociales (de los<br />

trabajadores hacia los capitalistas) y entre territorios (de las zonas rurales a las urbanas, de la periferia<br />

de las ciudades a los centros de negocios, de las regiones menos desarrolladas a las más desarrolladas:<br />

en suma, de las periferias al centro).<br />

EL CONFLICTO CAPITAL-TRABAJO SIGUE SIENDO CENTRAL<br />

771


Así, en la Unión Europea, por ejemplo, no hay reducción de las disparidades nacionales en términos<br />

de ingreso (a diferencia de lo que sucede con las medidas nacionales), a pesar de las importantes<br />

transferencias vinculadas con fondos estructurales.<br />

Obviamente, a escala internacional y sin ningún tipo de transferencia del centro a las periferias,<br />

no es difícil imaginar cómo han aumentado las diferencias: en 1960, el 10% más rico de la población<br />

mundial tenía un ingreso medio 46 veces más alto que el 10% más pobre (11.080 dólares contra 256<br />

dólares, a precios constantes de 1995). En el año 2000 la diferencia era de 144 veces (35.210 dólares<br />

contra 245 dólares): en esos 40 años, los más pobres se empobrecieron todavía más, mientras los más<br />

ricos triplicaron su riqueza (datos calculados de World Development Indicators, 2004). En la Italia de<br />

los años noventa fueron precisamente los Gobiernos técnicos y de centroizquierda (Ciampi, Amato,<br />

D’Alema, Prodi, etcétera) los que mejor respondieron al dictado de los poderosos de Europa. Fueron<br />

los Gobiernos de centroizquierda los que abrieron camino a la liberalización, a las privatizaciones, al<br />

recorte del welfare, a la precarización del trabajo. Todo en nombre del “divino” euro.<br />

La construcción de la Europa de Maastricht y la imposición de sus parámetros de sustentabilidad<br />

–mantenimiento de un bajo déficit fiscal y una baja deuda pública– hicieron que el operador Administración<br />

Pública, es decir, el Estado, intentara reducir la oferta total de títulos de la deuda pública y<br />

contrajera así más tarde, por medio de atractivos intereses, las posibilidades de crear ingresos adicionales<br />

para las familias (y esto vale tanto para Italia como para los otros países miembros).<br />

Por otra parte, en los mercados financieros internacionales se producen operaciones similares para<br />

resolverle a Estados Unidos su problema de liquidez y financiar así el gigantesco déficit de su balanza<br />

comercial, debido a su fortísima exposición a las importaciones. En este caso, el sistema de operaciones<br />

financieras es gerenciado por bancas de inversión estadounidenses, suizas, francesas y alemanas.<br />

Es así como la construcción del Europolo, basada en los parámetros de Maastricht, no es otra cosa<br />

que la definición de un escenario de confrontación –abierta y directa– de los países europeos en su<br />

participación como protagonistas en esa economía globalizada o, mejor dicho, en esa competencia<br />

global en la que el choque se mide por la definición de las áreas de influencia y de dominio de las tres<br />

hipótesis liberales: la estadounidense, la japonesa-asiática y la europea, comandada por el eje francogermánico<br />

2 . La fuerza de estos dos últimos países no se deriva de la política, sino, como ya se ha dicho,<br />

de la solidez de sus respectivos sistemas productivos.<br />

3. Los intensos procesos de competencia global en la economía mundial han llevado a Alemania, en<br />

privilegiado eje con Francia, a intentar una hipotética solución de los problemas de la competencia<br />

internacional mediante la construcción de un área económica y monetaria centrada en las exigencias<br />

exportadoras del modelo germano, y con una nueva división internacional del trabajo que asigna a<br />

los países de la Eurozona mediterránea el papel de importadores y de proveedores de servicios. Con<br />

ese mismo fin ha deslocalizado su propio sistema industrial hacia los países del Este europeo, lo que<br />

le permite grandes ahorros en los costos del trabajo y obtener, al mismo tiempo, una mano de obra<br />

especializada.<br />

Desde que entró en vigencia la moneda única, es decir, desde el año 2000 y hasta 2011, los países<br />

centrales han tenido un saldo comercial medio equivalente a 3,2% de su PIB –frente a 1,7% durante<br />

los diez años previos–, mientras que los países periféricos han experimentado un déficit comercial de<br />

1,7% del PIB al año, frente a un activo de 0,6% del PIB en la década previa al euro.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

772


Se entiende entonces claramente por qué Alemania controla esas variables, ya que su crecimiento<br />

está basado en la exportación, y por qué necesita el déficit de los países europeos del área mediterránea<br />

(incluidos no solo los llamados Piigs, sino también Francia), pues los títulos de deuda pública que<br />

adquiere de estos últimos constituyen una forma de inversión para sus acumulados excedentes. En<br />

definitiva, el excedente de la balanza comercial alemana se hace rentable gracias a su inversión en deuda<br />

de los países europeos con déficit de balanza. Y es el sistema bancario alemán el que administra ese<br />

excedente, junto con el de otros países del norte de Europa.<br />

Se trata, pues, de una vía europea que, en nombre de un mal llamado progreso, de un liberalismo<br />

cada vez más salvaje, se lanza al encuentro-choque con la economía mundial y deja a un número cada<br />

vez mayor de personas sin protección y en la miseria, al aumentar las desigualdades económico-sociales<br />

en nombre de la gigantesca mitificación europea.<br />

Al aplicar la misma moneda, indistintamente, a los países en los que la acumulación de capital se<br />

basa en las exportaciones y a aquellos que son estructuralmente importadores, la política monetaria<br />

se demuestra, sin embargo, incapaz de conciliar las necesidades de los primeros (que necesitan una<br />

moneda estable para sostener en las exportaciones la acumulación a largo plazo) y de los segundos (que<br />

requieren devaluaciones periódicas para facilitar el ajuste externo). Al final, la política aplicada defenderá,<br />

obviamente, los intereses de los más fuertes, vale decir, de los países exportadores de la Europa<br />

central, frente a los débiles países europeos de la periferia mediterránea.<br />

En la práctica, salvar la Unión Europea –y por tanto el modelo exportador alemán– significa, simplemente,<br />

destruir las posibilidades de desarrollo autónomo y autodeterminado de los países europeos<br />

del área mediterránea.<br />

Si nos encontramos en todo el medio de una crisis sistémica y sin un programa de socialización<br />

masiva de la actividad productiva, la única alternativa para “sus señorías del euro” es una política de<br />

austeridad y ajuste estructural hacia abajo en la participación de los trabajadores en el valor agregado,<br />

junto con la privatización de las nuevas áreas de intervención del Estado, en la esperanza de que la productividad<br />

pueda crecer (o sea, que aumente la intensidad de la explotación del trabajo, para relanzar<br />

la acumulación de capital).<br />

Para llevar a cabo el amplio programa de privatización de los bienes públicos, se pone la deuda<br />

pública en el centro de las políticas. En ese sentido cabe interpretar las acciones de la Unión Europea<br />

que, carente de toda capacidad política autónoma, impone a los países deficitarios las mismas reglas<br />

de los planes de ajuste estructural que el FMI ha aplicado durante los últimos 30 años en los países de<br />

América Latina para practicar la usura y condicionar las modalidades de desarrollo, con lo cual se hace<br />

jugar ahora a Europa, como entonces a la América Latina, un papel central en las reglas del Banco<br />

Mundial y del Fondo Monetario Internacional.<br />

EL CONFLICTO CAPITAL-TRABAJO SIGUE SIENDO CENTRAL<br />

773


— notas —<br />

1 David Harvey escribió en 1989 La crisis de la modernidad, uno de los textos fundamentales de las ciencias sociales sobre el<br />

posmodernismo, que es, según el autor, la ideología del capitalismo tardío y no de la época de la posmodernidad. Explica allí<br />

cómo, desde los años sesenta, Occidente ha pasado de un modelo de producción fordista a un modelo posfordista, en el cual<br />

el modo de producción está regido por formas de acumulación flexible, capaces de integrar –de articular en redes– modos,<br />

tiempos y lugares de producción muy diferentes entre sí. Pero para Harvey esto podría no ser un verdadero cambio de época y<br />

de paradigma económico, sino una mutación del capitalismo, que se hace flexible para escapar de la crisis reduciendo el costo<br />

del trabajo y disminuyendo los tiempos que transcurren entre la inversión y la realización de la ganancia. La relación entre espacio<br />

geográfico, tiempos económicos y capital se convierte en el focus central de reflexión en el pensamiento del autor. Fuente:<br />

http://it.wikipedia.org/wiki/David_Harvey.<br />

2 Véase también para lo que sigue, Vasapollo, L.; Martufi, R.; Arriola, J., Il risveglio dei maiali. Piigs, Jaca Book, 2011.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

774


DÉCima parte<br />

A CRISIS SISTÉMICA, SOLUCIONES POLÍTICAS


Capítulo I<br />

NO HAY YA ESPACIO SIQUIERA PARA EL<br />

“WELFARE DE LOS MISERABLES”<br />

1. El Europolo de la pobreza<br />

1. La crisis financiera refleja en la Eurozona una configuración institucional diseñada de modo particular<br />

desde hace décadas. Los trabajadores de los países del euro sufren las consecuencias de la crisis<br />

estructural y sistémica del capitalismo, incapaces de obtener mejores beneficios a partir de sus incrementos<br />

de productividad, que dependen también de la importante revolución tecnológica en curso.<br />

Pero más allá del reciente comportamiento recesivo de la economía, común a todos los países de<br />

capitalismo maduro, el Europolo se ve particularmente golpeado por causa de un sistema monetario y<br />

financiero especialmente inmaduro, que agudiza las tensiones y amplifica el impacto de la crisis.<br />

Muchos economistas poscapitalistas, en particular norteamericanos, habían señalado desde hace<br />

años que la moneda única agrupaba bajo una misma política monetaria formaciones sociales muy<br />

diferentes, y advertido que, en ausencia de mecanismos fiscales de compensación, eso agudizaría las<br />

desigualdades hasta materializar todas las contradicciones de un modelo monetario mal diseñado,


incluso para los mismos parámetros capitalistas. Las previsiones en tal sentido de personajes como<br />

Krugman, Dornbush, Modigliani, Becker y otros parecen haberse confirmado en la coyuntura financiera<br />

de esta crisis estructural y sistémica.<br />

A estas alturas, el contexto económico, social y político ha creado una situación en la que sectores<br />

sociales completos están fuera de los campos tradicionales del welfare (trabajo y salud), al tiempo que<br />

capas cada vez más vastas de la población acusan un creciente malestar social vinculado a factores<br />

como la toxicodependencia, la inmigración, la precariedad, el trabajo atípico y flexible, el desempleo<br />

estructural, la nueva pobreza y la marginalidad, que se suman a los “viejos” problemas no resueltos de<br />

la salud, la prevención y la asistencia. Hay que resaltar, además, que factores como el envejecimiento<br />

de la población, la disminución de la natalidad y la precarización del trabajo han planteado la necesidad<br />

de un desempeño más intenso en los sectores de pensiones, sanidad y servicio social.<br />

De esa manera, se desarrolla un sistema económico en el cual el gasto público no tiene por objetivo<br />

un verdadero fortalecimiento infraestructural de la economía nacional, ni una eficiente producción<br />

de servicios públicos. Con las últimas leyes financieras –y el discurso vale en general para todos los<br />

países de la Unión Europea, sea que tengan Gobiernos de centro-derecha o, todavía más, de centroizquierda–<br />

ha continuado el ataque contra las clases más desposeídas, que cada vez ven recortarse más<br />

su salario directo e indirecto, sin ninguna política seria para el tema del empleo, sin redistribución<br />

alguna de las rentas a cargo del capital, con incentivos y desgravámenes cada vez más fuertes para<br />

las empresas, frente a la falta o la intermitencia de ingreso para los bolsillos de la mayor parte de los<br />

ciudadanos. Se crea así una sociedad con mayores diferencias sociales, en la que se reduce cada vez más<br />

el sistema de protección de las capas ciudadanas más débiles, capas que no dejan de crecer, hasta llegar<br />

a abarcar estratos a los que, hasta hace pocos años, se consideraba protegidos (empleados públicos, artesanos,<br />

comerciantes). Se crea así nueva pobreza, nuevas necesidades y se amplía, en definitiva, el área<br />

de la marginación social y absoluta: aumentan, pues, los “miserables”, a los que, por no ser reconocidos<br />

como tales –porque pueden, por ejemplo, tener un pequeño ingreso en algún trabajo precario e intermitente–,<br />

no se les reconocerán siquiera los derechos mínimos de protección social y de ciudadanía.<br />

Mientras hace cada vez más larga la fila de los pobres y los excluidos, el Europolo restringe constantemente<br />

la protección social. El paso del universalismo de los derechos a las garantías caritativas para los<br />

miserables se convierte así, con el keynesismo para los privados, en auxilios y apoyos a los bancos y<br />

los patrones, es decir, en “welfare del baile enmascarado de las celebridades”.<br />

Se incrementan las formas de más verdadera pobreza y de marginación absoluta y relativa, aumenta<br />

la miseria de un número siempre creciente de personas que no logran ya acceder siquiera los niveles<br />

mínimos de sobrevivencia, ni a una mínimamente digna calidad de vida. Es así que regresa, como<br />

en los años noventa, el “welfare de los miserables”, de los excluidos, pero todavía más restringido,<br />

más selectivo.<br />

2. La crisis llevará a la formación de un sistema multipolar en el que Estados Unidos deberá compartir<br />

el poder con otras naciones, y esto podría significar el inicio de un período de competencia cada vez<br />

más aguda y en perjuicio, como siempre, de la clase trabajadora. Para el capital internacional, es una<br />

crisis irreversible que va más allá del agotamiento de un modelo de acumulación capitalista, como<br />

ocurrió en 1929, y que al provocar una profunda ruptura en términos de relaciones políticas, abre<br />

grandes posibilidades de cambio, no para el simple modelo de producción, sino para las perspectivas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

778


generales de la humanidad, ya que se rompe definitivamente la aspiración a la relación y a devenir otro<br />

sujeto de clase.<br />

Es en ese ámbito que se desencadena la especulación de los mercados financieros con títulos de<br />

Portugal, Italia, Grecia y España, los vulgarmente llamados PIGS (cerdos), y con Irlanda, Piigs. En particular<br />

contra Irlanda y Grecia, y en una segunda batida contra los demás, ya que las mejores apuestas<br />

son por la baja de las obligaciones de esas economías-países, lo que hace imposible para estos últimos<br />

reducir los ya muy altos niveles de las relaciones déficit-PIB y deuda pública-PIB.<br />

El nuevo papel de los bancos reoxigena el sistema financiero y mete toda la economía en el “maldito”<br />

juego de las multinacionales y transnacionales privadas; todo esto con dinero derivado de tasas<br />

e impuestos que gravan sobre todo a los trabajadores, quienes en contrapartida solo obtienen lo que<br />

desde hace años hemos definido como el “welfare de los miserables”.<br />

Es ese el contexto en el que a partir de 2009 se desencadena la crisis de la deuda soberana,<br />

de las políticas públicas vinculadas y del gobierno de la economía, que ha producido la hemorragia de<br />

dineros públicos: Estados Unidos ha gastado más de 2.500 millardos de dólares en auxilios a su sistema<br />

bancario (con operaciones de restablecimiento de la liquidez, intervenciones para la solvencia bancaria,<br />

garantías, saneamiento de las inversiones financieras de mala calidad y financiamientos directos al<br />

capital accionario de bancos e instituciones financieras al borde de la quiebra, etcétera), y Gran Bretaña<br />

ha destinado a operaciones similares más de 1.000 millardos de dólares.<br />

En realidad, la cuestión de la deuda pública ocupa, en términos cuantitativos, un lugar secundario<br />

dentro de los problemas generales de la deuda externa. En la Eurozona, por ejemplo, la deuda externa<br />

soberana equivale aproximadamente a 45% del PIB, mientras que la deuda bancaria privada, casi toda<br />

de corto plazo, llega a 90% del PIB.<br />

Los datos de las instituciones financieras internacionales ponen en evidencia que, en el total de la<br />

deuda externa de cada país, la parte predominante es la de los bancos y las empresas, con un peso cada<br />

vez más alto con respecto a la deuda pública soberana externa. Tanto así que en la Eurozona, de una<br />

deuda externa conjunta que equivale a 183% del PIB, solo 44% es deuda soberana de los Gobiernos,<br />

mientras que 83% es de los bancos y 51% de las empresas (incluida la deuda intrafirm). Y no es cierto,<br />

en absoluto, que la situación empeore en los cómputos de la Europa de 27, ya que en su deuda externa,<br />

de 152% del PIB, solo 37% es deuda soberana gubernamental, mientras la bancaria es de 101%, la<br />

privada, de 40% y la empresarial, de 20% (incluida la intrafirm).<br />

Lo que está en curso es, simplemente, el desplazamiento de las deudas, que pasan de los balances<br />

de algunos grandes monstruos bancarios, aseguradores, industriales y financieros, a los presupuestos<br />

públicos. Tanto así, que el FMI calcula que en los diez mayores países del G20 la relación deuda<br />

pública-PIB llegará en 2014 a 120%; en todo el G20, a 100%; en Japón, a 220%; en Europa, a 100%,<br />

y en Francia, Alemania y Reino Unido, a 90%.<br />

Considérese, además, que continuará la política de desplazar recursos de los presupuestos públicos<br />

para apoyar empresas, bancos y finanzas, en un contexto en el que empeoran las condiciones sociales<br />

por causa de la crisis y habría, por tanto, que aumentar la cuota de recursos destinados al welfare.<br />

En consecuencia, habrá recortes difíciles de implementar, para no exponerse a verdaderas rebeliones<br />

sociales y a costos crecientes para el gasto social.<br />

Es evidente la diversidad de formas de deuda y cómo, en la estructura de la deuda externa, la parte<br />

o porcentaje de la gubernamental o soberana no es ciertamente la más preocupante. Lo que está en<br />

NO HAY YA ESPACIO SIQUIERA PARA EL “WELFARE DE LOS MISERABLES”<br />

779


curso es, simplemente, el desplazamiento de las deudas, que pasan de los balances de algunos grandes<br />

monstruos bancarios, aseguradores, industriales y financieros, a los presupuestos públicos.<br />

3. De la misma manera en que una familia es económicamente estable, aunque esté endeudada, si<br />

tiene un sólido patrimonio (inmobiliario, pero sobre todo en términos de saber, cultura y tradiciones),<br />

también un Estado puede tranquilamente endeudarse para invertir si mantiene la solidez de su<br />

patrimonio general, que no puede ser solo cuantitativo, medido por el PIB, sino que debe incluir las<br />

bases cualitativas fundamentales del desarrollo, como la cultura, los monumentos, tradiciones, saberes,<br />

bienes comunes, etcétera.<br />

El mismo Estados Unidos tiene un endeudamiento sostenido en parte por Alemania, además de<br />

China. La competencia, sin embargo, es hoy cada vez más fuerte, y los Brics quieren su espacio. Estados<br />

Unidos no tiene ya la fuerza política y militar para imponer en el mundo su modelo de desarrollo,<br />

basado en su endeudamiento. Se ha dicho que la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE)<br />

fue diseñada especialmente en función de las necesidades de Alemania, cuyas políticas de moderación<br />

fiscal y salarial han provocado la disminución de la demanda interna, por lo que necesita tasas de<br />

interés bajas para no disminuirla todavía más. Eso ha implicado una baja de las tasas reales en los países<br />

periféricos del continente, que se distinguen por una inflación estructural superior a la media europea.<br />

Piénsese, además, que hay una Europa débil y dividida, una Unión Monetaria que no es todavía ni<br />

económica ni política, y que esa restricción de la deuda estatal tiene más bien por objetivo justificar y<br />

concretar la construcción del Estado político supranacional europeo.<br />

Se entiende así claramente que la campaña de terrorismo massmediático sobre la deuda pública y la<br />

deuda soberana tiene simplemente el objetivo de dirigir contra el Estado, contra lo público, la crítica<br />

feroz de la opinión pública y, al mismo tiempo, salvar el sistema empresarial y bancario mediante la<br />

socialización de las pérdidas, es decir, ponerlas a cargo del Estado, que deberá entonces liberalizar, privatizar,<br />

recortar salarios y welfare, e infligir así otro duro golpe al poder adquisitivo de los trabajadores<br />

y pensionados.<br />

Pero las políticas de usura en clave europea no necesariamente funcionarán en toda su capacidad<br />

expansiva, ya que hoy, incluso en los países de capitalismo maduro, la productividad está estancada<br />

desde hace más de 35 años, lo que ha hecho que la acumulación de capital –y la producción fordista<br />

que se le vincula– se haya desplazado a los países de la periferia y semiperiferia, en particular de Asia<br />

oriental y de América Latina.<br />

La Unión Europea es el proyecto neoliberal de Europa, al menos desde el giro político representado<br />

en 1986 por el Acto Único, consolidado por el Tratado de Maastricht. La construcción de una Europa<br />

alternativa es incompatible con los tratados vigentes de la Unión. Por tanto, una alternativa a la Unión<br />

Europea implica el abandono de la “constitución europea”, el Tratado de Lisboa.<br />

Todo proyecto alternativo para Europa implica una alternativa a la Unión Europea, y no admitirlo<br />

así solo puede conducir a la frustración política de las expectativas de cambio.<br />

La alternativa no puede limitarse a reivindicar otras formas de administrar la crisis. En particular, el<br />

BCE es una institución inadecuada para administrar estrategias distintas al ajuste, dada su dependencia<br />

estructural (legal y política) del capital financiero.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

780


2. ¿Cómo salir de la crisis del capital? Propuestas ante todo políticas y luego<br />

económicas<br />

1. El euro ha servido para reforzar los patrones exportadores de los países centrales del Europolo, es decir,<br />

el polo geoeconómico europeo, y para debilitar la posición comercial y subordinar la dinámica de<br />

acumulación de los países periféricos del Mediterráneo a la división internacional del trabajo impuesta<br />

por aquellos. De esa manera, Portugal, Italia, Grecia y España (Piigs, con el agregado de Irlanda) se<br />

convierten cada vez más en reserva de servicios turísticos y residenciales, o de servicios generales a las<br />

empresas, y se someten a un proceso de desindustrialización más o menos acelerada.<br />

Las finanzas especulativas, que deberían ser las que estén en crisis, asoman de nuevo con prepotencia<br />

e inventan nuevas armas y nuevos terrenos de combate. La especulación financiera está allí,<br />

como un buitre, y con sus instrumentos creativos agrede a quien no acepte las reglas de dominio o no<br />

emprenda ataques cada vez más fuertes contra el salario directo, indirecto y diferido.<br />

Para salir del problema de la deuda pública se están preparando nuevos instrumentos de finanzas<br />

creativas que difieren el endeudamiento y crean las premisas para nuevos colapsos. Los Piigs son impelidos<br />

a endeudarse cada vez más para responder a las reglas del euro, a sofocar sus propias economías<br />

y masacrar el mundo del trabajo para garantizar que la “cuestión del euro” se mantenga funcional al<br />

desarrollo exportador de Alemania y, en segundo lugar, a los intereses franceses, hasta que termine por<br />

tocarle también a Francia hacer de cerdo servido en la mesa alemana (y es por eso que muestra los<br />

músculos, como en la agresión contra Libia).<br />

Las finanzas siguen cumpliendo el papel de masacre y especulación, y esto a costas de las arcas<br />

públicas, de los salarios, del Estado social. Está claro, sin embargo, que el problema planteado no es<br />

tanto ni solo de crisis financiera, sino el de una crisis del modelo de acumulación: en crisis está todo<br />

el sistema capitalista.<br />

2. La política de austeridad no es una solución, porque, como señalan muchos analistas, la reducción<br />

de las inversiones reduce la acumulación a largo plazo, y la reducción del consumo público restringe<br />

la demanda global y, por tanto, también el crecimiento a corto plazo, al punto de que el aumento de la<br />

desocupación y el cierre de empresas reducen la base impositiva fiscal, de manera que el problema<br />

del déficit, lejos de corregirse, se agrava. La política de ajuste tiene entonces el único fin de resolver el<br />

problema de liquidez en que ha caído la banca europea, mediante una transferencia masiva de rentas<br />

de los trabajadores al capital, por vía directa con el ataque a las condiciones de trabajo y al salario, y<br />

por vía indirecta con la reducción de las transferencias sociales.<br />

Se invierten así los comportamientos y el papel del ciclo expansivo keynesiano. En efecto, en esa<br />

construcción, que se remonta al modelo teórico de equilibrio de la contabilidad nacional keynesiana,<br />

el papel del operador bancario es el de intermediar entre el operador familia, que tiene por objetivo<br />

institucional el consumir y ahorrar, mientras el operador empresa, en tanto que dedicado a la actividad<br />

productiva, debe sostenerla con el autofinancimiento y sobre todo con el endeudamiento. En ese<br />

contexto, el modelo de keynesismo social juega un papel de amortizador del conflicto capital-trabajo,<br />

ya que es capaz de redistribuir ingresos (y por tanto valor agregado, y por extensión PIB) a los trabajadores.<br />

Estos últimos, gracias a la fuerza manifestada en el gran ciclo de luchas victoriosas de los años<br />

cincuenta y sesenta, conquistan una mayor capacidad adquisitiva y con ella una fuerte propensión al<br />

NO HAY YA ESPACIO SIQUIERA PARA EL “WELFARE DE LOS MISERABLES”<br />

781


consumo, sostenida en sus propios salarios. Con tan alta capacidad adquisitiva se logra incluso crear<br />

abundantes fuentes de ahorro que, a través de la intermediación bancaria, impactan en el endeudamiento<br />

de las empresas para permitir inversiones y, por tanto, impulsar el ciclo de acumulación de<br />

capital.<br />

Todo esto llevaría a considerar la escogencia de la financiarización de la economía como un proceso<br />

momentáneo de reajuste del capital internacional, mientras que se trata, efectivamente, de un<br />

ilusorio intento de salir de la crisis estructural, tomando en cuenta la incapacidad e imposibilidad de<br />

impulsar un nuevo modelo de acumulación capitalista a través de un eventual cambio del modelo<br />

de producción.<br />

De esta manera el proceso de privatización, puesto en marcha desde el inicio de la fase neoliberal en<br />

el intento de ocultar los efectos de la crisis de acumulación del capital –acompañada por los procesos<br />

de financiarización y el ataque general al costo del trabajo–, da su última estocada al someter a los Estados<br />

a una crisis de naturaleza fiscal. Un Estado que, con fuertes carencias de recursos, debe transferir<br />

tajadas consistentes del gasto social al sector privado, a las grandes empresas y al sistema bancario y<br />

financiero, para sostener así a quien ha sido el primer artífice de la crisis económica general.<br />

Se entiende entonces claramente por qué Alemania controla esas variables, ya que su crecimiento<br />

está basado en la exportación, y por qué necesita el déficit de los países europeos del área mediterránea<br />

(incluidos no solo los llamados Piigs, sino también Francia), pues los títulos de deuda pública que<br />

adquiere de estos últimos constituyen una forma de inversión para sus acumulados excedentes. En<br />

definitiva, el excedente de la balanza comercial alemana se hace rentable gracias a su inversión en deuda<br />

de los países europeos con déficit de balanza. Y es el sistema bancario alemán el que administra ese<br />

excedente, junto con el de otros países del norte de Europa. Son entonces los bancos los que realizan<br />

la mayor parte de las transacciones en los mercados de productos financieros derivados, son los bancos<br />

–y los fondos de pensión y de inversión– los mayores especuladores, y la crisis financiera no ha frenado<br />

en absoluto las transacciones en esos mercados, sino que las ha multiplicado de manera frenética.<br />

3. En este marco de acentuada competencia global, parecen prevalecer tres estrategias europeas para<br />

salir de la crisis.<br />

La primera es la receta alemana para lo que considera la periferia europea, que apunta a la desestructuración<br />

del mercado del trabajo con una mayor austeridad y mayor liberalización, mientras se<br />

reducen también las formas de protección social. En ese sentido, las políticas de ajuste estructural en<br />

clave europea tienen el único objetivo de salvar bancos, empresas privadas y mercado, a través de un<br />

siempre creciente endeudamiento público que ve luego su salvación en la privatización de los servicios<br />

públicos básicos, para así crear un nuevo espacio de acumulación a través de la nueva cadena de<br />

valor que se realiza sobre la privatización de los servicios sociales. Una idea, pues, de estabilidad en la<br />

austeridad, dentro de los rígidos parámetros europeos impuestos por Alemania, que favorece procesos<br />

recesivos con un fuerte condicionamiento negativo para el mundo del trabajo, en términos de costos,<br />

de especialización y de derechos. Pero hay que decir que esto podría tener un impacto negativo sobre la<br />

productividad, al favorecer a las empresas menos productivas, que utilizan mano de obra a bajo costo,<br />

y perder capacidad en términos de innovación tecnológica.<br />

Una segunda hipótesis es la británica y de una parte de los potentados de la llamada izquierda<br />

euroescéptica, que auspician la creación de un “segundo euro”, en la idea de devaluar y reestructurar la<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

782


deuda pública en su totalidad, a la vez que impulsar políticas de nacionalización de ciertas empresas y<br />

políticas industriales de mejoramiento de la productividad. Esta estrategia radical de salida del “euro 1”<br />

carece por los momentos de posibilidades reales, tanto por las fuertes presiones proteccionistas como<br />

por una segura fuga de capitales y por la creación de condiciones que reducirían en el sistema europeo<br />

las capacidades de inversión interna.<br />

La última hipótesis es la de la izquierda europea, incluida la llamada radical y alternativa, que, al<br />

partir de una hipótesis de análisis de la crisis como de subconsumo, propone una nueva oportunidad<br />

para las ilusiones de los keynesianos de izquierda: superar la crisis a través del sostenimiento de la<br />

demanda y de un imposible reforzamiento de los gastos de caracter social y de la inversión en infraestructuras<br />

públicas, tecnologías, educación, etcétera.<br />

El error de tales keynesianos de izquierda no está solo en identificar la crisis como de subconsumo,<br />

sin poder entender su carácter sistémico y negando toda formulación teórica de origen marxista;<br />

además, su hipótesis de un “euro bueno” choca con su propia lectura del crecimiento en las compatibilidades<br />

capitalistas: es impensable conjugar políticas de austeridad y rigor con políticas expansivas<br />

de crecimiento.<br />

De hecho, se multiplica en ese sentido la idea de elevar el denominador de la relación deuda pública-<br />

PIB, para reducir el impacto de tal índice a través de las extravagantes ideas de los keynesianos de<br />

izquierda para estimular el crecimiento: green economy, proyectos ambientales y proyectos infraestructurales<br />

tan fantacientíficos como inútiles; a todas estas, las soluciones de financiamiento podrían<br />

derivarse de la emisión de nuevos instrumentos financieros, como los eurobond, para atraer liquidez<br />

del resto del mundo y sostener tales modalidades de inversión en un nuevo crecimiento que llevaría,<br />

en consecuencia, a la privatización del mismo gasto social (hospitales privados, universidades privadas,<br />

fondos de pensión, etcétera). No se dan cuenta de que tales hipótesis debilitarían gravemente el euro<br />

en los mercados internacionales y pondrían en marcha una competencia internacional aún más fuerte,<br />

mortal para la Unión Monetaria Europea y para el futuro del área del euro.<br />

Si se considera que los Estados europeos están poco a poco perdiendo su autonomía por causa del<br />

diktat de la Unión Europea, resulta seguramente contradictorio pensar que el problema sea el aumento<br />

de la deuda pública, y no la completa pérdida de independencia de cada Estado, sobre todo al saber<br />

que en el Europolo cerca de 60% de la deuda es de naturaleza privada.<br />

4. Suponiendo que toda la deuda pública se financiara a las tasas actuales para la deuda de largo plazo,<br />

la Eurozona estaría transfiriendo hoy (primeros meses de 2012) cerca de 400.000 millones de euros<br />

anuales del fisco al capital privado, en forma de intereses (la cifra exacta debería tomar en cuenta las<br />

tasas históricas de las sucesivas emisiones, cuya rentabilidad ha cambiado en el tiempo, y considerar la<br />

parte de la deuda a corto plazo, que genera una rentabilidad menor para el capital financiero, pero a<br />

cambio de mayor liquidez y de un mayor costo relativo de refinanciamiento para los Gobiernos; a los<br />

efectos de esta hipótesis, podemos presuponer una tasa única de referencia: la de los bonos del Tesoro<br />

a diez años).<br />

Si se estableciera un sistema de títulos de deuda europeos, la tasa de interés se situaría por lo menos<br />

al nivel de la media de las tasas actuales. Con base, entonces, en los datos sobre tasas de interés de<br />

octubre de 2001, los eurobond deberían pagar no menos de 5,6% al año, menos de lo que hoy pagan<br />

Italia (6%), Grecia, España, Portugal, Eslovenia, Chipre y Estonia, pero más de lo que pagan otros<br />

NO HAY YA ESPACIO SIQUIERA PARA EL “WELFARE DE LOS MISERABLES”<br />

783


países de la Eurozona. En ese caso, la transferencia de rentas de interés al capital financiero se elevaría a<br />

470.000 millones de euros al año. Pero aun suponiendo tasas excesivamente optimistas, como la media<br />

ponderada del peso de la deuda de cada país, la tasa de interés resultante, de 4,6%, implicaría un cierto<br />

aligeramiento del servicio de la deuda para Italia (cerca de 26.000 millones de euros menos), Grecia<br />

(-50.000 millones), Portugal (-12.000 millones) y España (-5.000 millones). En cambio, Alemania<br />

tendría que pagar cerca de 56.000 millones más por su deuda; Francia, 28.000 millones; Austria,<br />

3.500 millones; Holanda, 8.000 millones; Finlandia, 2.000 millones, y Bélgica, 1.400.<br />

¿La izquierda europea no ve otro camino que redistribuir la carga de la deuda entre los distintos<br />

países, dando por asumida la transferencia de ingresos públicos al capital financiero?<br />

Es evidente la diversificación de las formas de deuda, como también que en la estructura de la deuda<br />

externa no es ciertamente el porcentaje de la deuda gubernamental o soberana lo más preocupante. Lo<br />

que está en curso es, simplemente, el desplazamiento de las deudas, que pasan de los balances de algunos<br />

grandes monstruos bancarios, aseguradores, industriales y financieros, a los presupuestos públicos.<br />

Valga considerar, sin embargo, que también fuera de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y la<br />

Unión Europea hay países con elevados déficit y deuda pública, como Japón, Gran Bretaña y Estados<br />

Unidos. Japón, por ejemplo, tiene una deuda pública de más de 200% del PIB, y la de Estados Unidos<br />

supera el 100%. ¿Y por qué, entonces, esos países no sufren ataques especulativos como los países de<br />

la Eurozona?<br />

Hay que decir que al área del euro se le considera débil e incierta porque no es apta para soportar<br />

crisis económicas que golpeen uno o más países en su seno.<br />

5. En los últimos 30 años, el modelo capitalista de base keynesiana –en todas sus diversas formas– se<br />

ha disuelto, cancelando así el concepto mismo de civilización. El desmoronamiento de toda la estructura<br />

productiva preexistente destruye las formas de convivencia civil determinadas por el modelo de<br />

mediación social del keynesismo.<br />

Probablemente esto signifique la destrucción de las condiciones de vida de los trabajadores en los<br />

países desarrollados y una ligera mejoría de las condiciones de vida de los trabajadores de los países<br />

subdesarrollados que se inserten en la nueva división internacional del trabajo.<br />

La perspectiva futura no puede apuntar a otra cosa que al endeudamiento creciente de los países de<br />

capitalismo maduro, para tratar así de mantener sus niveles de vida. La nueva estructura de la división<br />

internacional del trabajo llevará a un juego por el dominio financiero de la deuda, en el que, por ejemplo,<br />

los nuevos países emergentes del llamado BRIC (Brasil, Rusia, India, China) seguirán comprando<br />

títulos occidentales e incrementando la competencia entre el euro y el dólar.<br />

Considérese que China y Japón, conjuntamente, poseen más de 50% de la deuda estadounidense.<br />

Bastaría con que esos dos países decidieran diversificar su posesión de títulos públicos para determinar<br />

una reorganización definitiva del ahorro y de las reservas mundiales, agudizando así la competencia<br />

internacional. Y considérese, además, que muchos piensan ya en una reestructuración, no de la deuda<br />

de los países europeos individualmente, sino de toda la deuda soberana de ese continente, lo cual,<br />

afirman, podría aportar mayor estabilidad y crecimiento y brindarle una estructura y un papel político<br />

a la Unión Europea.<br />

Pero se insiste en la necesidad de recortar el gasto social y se alega para ello, falsamente, que Europa<br />

en general es un sistema en déficit, cuando en verdad resulta claro lo contrario, es decir, la ausencia de<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

784


una deuda exterior europea (aunque esto sea resultado de partidas compensatorias, cuyo acreedor por<br />

excelencia –Alemania, junto con algunos países del norte de Europa– posee los títulos de deuda de los<br />

Piigs y de otros países fuertemente endeudados).<br />

La agudización de la crisis de la deuda de los Estados integrantes de la Unión Europea hizo que se<br />

echara mano a los presupuestos, e impuso un continuo ataque a la economía pública y a los salarios<br />

y derechos de los empleados públicos, junto con recortes del gasto social, con el fin de sostener a los<br />

bancos y la especulación del sector privado. La característica de esta fase es una consistente transferencia<br />

de riqueza de una parte a otra de las sociedades europeas.<br />

Italia se comporta como Estados Unidos, porque ambos difieren el problema de la deuda para más<br />

adelante. Es decir que, para hacer frente al déficit –que es un dato coyuntural de flujos–, lo transforman<br />

en exposición estructural de stock, con lo cual lo convierten en deuda que masacrará a las futuras<br />

generaciones de trabajadores.<br />

Más allá de la estabilidad (la relación deuda pública-PIB fue en 2012 más o menos del mismo nivel<br />

que en 1993-1994), hay que subrayar que el peso de la deuda pública externa de Italia (53% del PIB)<br />

es inferior al de muchos países de la Eurozona, como Grecia (83%), Irlanda (64%), Austria (58%),<br />

Bélgica (57%), Portugal (56%) y Francia (54%). La deuda pública externa de Italia está en los niveles<br />

medios de la Eurozona (48%), no muy lejos de la misma Alemania (45%) (datos del Banco Mundial,<br />

JDH Database). Lo que define el golpe contra el Ejecutivo italiano es la imposición de un gobierno de<br />

eurócratas con el mismo carácter de eslabón débil de la cadena que el gobierno de Berlusconi, más que<br />

el poder de los acreedores externos.<br />

6. Es evidente que con las privatizaciones, con el ataque al costo del trabajo, al sistema del welfare, a los<br />

derechos y con la financiarización de la economía, el capital internacional ha buscado salir de la crisis<br />

o al menos ocultar su carácter estructural y sistémico. Una vez más la economía, en nombre del dios<br />

ganancia, impone su dominio y determina las escogencias de política económica.<br />

En consecuencia, los países del Euopolo no disponen de instrumentos económicos eficaces para hacer<br />

frente a la crisis económica. En ese escenario, las organizaciones sindicales de los trabajadores están<br />

llamadas a desarrollar un nuevo ciclo de luchas, con un programa de fases sucesivas, por el trabajo y las<br />

eco-socio-compatibilidades solidarias, para recuperar en términos redistributivos los inmensos incrementos<br />

de productividad que se han logrado en las dos últimas décadas, para reivindicar de inmediato<br />

una reducción generalizada de la jornada laboral con pago de salario completo, para poner las bases<br />

de una nueva ocupación a partir de empleos con compatibilidad social y ambiental y de utilidad pública,<br />

con plenos derechos y plena retribución, para crear “puestos fijos”, para reforzar al mismo tiempo<br />

el welfare State con incrementos del ingreso en los presupuestos públicos, mediante la tributación de<br />

los capitales, de manera de poder incluir en el gasto social un “ingreso social mínimo” europeo que se<br />

otorgue a los desempleados, a los precarizados, a los marginados.<br />

Los economistas críticos y heterodoxos, en sus distintas vertientes, están tratando de lograr acuerdos<br />

para un programa de contratendencia y progresivo que se pueda proponer y practicar conjuntamente,<br />

con el sindicalismo conflictivo y clasista en papel central, in primis las organizaciones pertenecientes a<br />

la Federación Sindical Mundial (FSM).<br />

El movimiento de clase de los trabajadores debe hoy partir de la inversión de esa relación, reivindicando<br />

y practicando la supremacía de la política sobre la economía. En segundo lugar, hay que afrontar<br />

NO HAY YA ESPACIO SIQUIERA PARA EL “WELFARE DE LOS MISERABLES”<br />

785


decididamente el problema del control de la tecnología. El cambio tecnológico puede constituir un<br />

progreso técnico y social si es fruto de una decisión colectiva de los trabajadores, mayoritaria, responsable,<br />

abierta al diálogo, negociada y contratada. Siempre fue una decisión que se dejó en manos de los<br />

empresarios y del capital. Invertir esa tendencia secular implica entender de otra manera el desarrollo<br />

democrático, y comprender que el debate sobre tecnología, que es parte del debate entre marxistas,<br />

exige de los trabajadores una cultura tecnológica.<br />

Si está en marcha un proceso de rápido agotamiento de determinados recursos naturales, la posibilidad<br />

de forzar transformaciones tecnológicas y comportamientos sociales que conduzcan a su menor<br />

utilización solo puede ser resultado de una decisión política. No es este, entonces, un problema de<br />

precios, sino de mecanismos institucionales para determinar quién y cómo se decide el acceso a esos<br />

recursos y cómo se distribuye ese acceso entre la población mundial.<br />

Si una primera respuesta puede consistir en lanzar una campaña, en el mundo del trabajo, contra<br />

las reglas de masacre social impuestas por las compatibilidades económico-financieras del euro, el segundo<br />

problema que se plantea en el orden del día es impulsar una serie de políticas para una eficiente<br />

nacionalización y estatización de los bancos y de los sectores estratégicos de la economía.<br />

Ante una política monetaria que obliga al ulterior ataque contra los derechos y el costo del trabajo,<br />

es necesario crear una nueva moneda que demuestre mayor flexibilidad al representar una tasa de<br />

cambio que refleje una capacidad adquisitiva determinada por la verdadera situación económica de las<br />

regiones periféricas del área monetaria.<br />

La deuda soberana se está convirtiendo para los países débiles en un nudo porque con los dineros<br />

públicos se financia a los bancos. Por tanto, la primera nacionalización debe ser la del sistema bancario.<br />

Y después, desatar inmediatamente los nudos de la energía, el transporte y las comunicaciones, como<br />

sectores estratégicos que deben estar en manos del Estado. Rechazar la deuda permitirá una rápida<br />

reorganización social a través de la destrucción del capital ficticio y facilitará las bases para impulsar<br />

la actividad productiva y socialmente útil a través de la concesión de líneas de crédito social para<br />

inversiones de utilidad pública y propiedad colectiva.<br />

La nacionalización de los sectores estratégicos de la comunicación, energía y transporte no solo<br />

puede constituir una justa retribuición a los ciudadanos por los impuestos que pagaron al Estado y<br />

que fueron destinados a rescates bancarios o a la privatización de amplios ramos y sectores productivos<br />

públicos, sino que al mismo tiempo aportará los recursos necesarios para implementar una estrategia<br />

de impulso productivo a breve plazo, que permita crear las condiciones para que millones de desempleados<br />

de los países de la periferia europea mediterránea comiencen a producir riqueza social en el<br />

menor tiempo posible.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

786


Capítulo II<br />

EL CAPITALISMO NO CIERRA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD<br />

1. Por un sistema de relaciones internacionales horizontales<br />

1. La evolución previsible del sistema, en ausencia de fuerzas alternativas, conduce hacia el debilitamiento<br />

de los mecanismos democráticos de participación social y hacia el reforzamiento de los mecanismos<br />

represivos y de control de masas, comenzando por la “TV basura”, la vigilancia electrónica,<br />

la metrópoli como cárcel ideológica, la subordinación del sistema educativo a las necesidades de las<br />

compatibilidades del capital, etcétera.<br />

El proceso de centralización y concentración del capital llevará al reforzamiento del poder de las<br />

multinacionales y de los organismos internacionales de la compatibilidad con el capitalismo agresivo,<br />

como el FMI y el BCE. La democracia seguirá perdiendo su propia consistencia, transformándose en<br />

un orden plutocrático de represión ideológica, funcional al dominio de la ganancia. La existencia de<br />

monopolios no inhibe la acción de las fuerzas competitivas que definen la lógica profunda del conflicto<br />

social, en la activación de una nueva dinámica del conflicto directo entre el capital y el nuevo mundo<br />

del trabajo y del trabajo negado.


Por más difícil que sea la sustitución del sistema de propiedad privada, todavía más increíble resulta<br />

pensar que el capitalismo pueda garantizar un nivel de vida digno a toda la población mundial. Al<br />

menos en ese punto, los Estados que participaron o participan en el área socialista han demostrado<br />

mayor capacidad para dar solución a las necesidades básicas de la población.<br />

En la búsqueda de alternativas, la posición utópica cree posible reformar el sistema capitalista –sin<br />

sustituir sus principios esenciales– para resolver los problemas de la pobreza, la miseria y la exclusión.<br />

La puesta de límites a la explotación y el uso del Estado como mecanismo de transferencia del ingreso,<br />

nivelador de las desigualdades, solo han sido posibles en áreas muy limitadas del sistema y con la<br />

contrapartida, además, de la existencia de otros segmentos de la fuerza de trabajo mundial sometidos<br />

a niveles de expolotación que compensan la reducción de las ganancias en el centro del sistema, donde<br />

ha dominado el Estado redistribuidor.<br />

Actualmente, las propuestas de regeneración del capitalismo por medio de un nuevo contrato social<br />

(sea que se le llame neokeynesismo, tercera vía, etcétera) solo son concebidas en los llamados países<br />

desarrollados. Ninguna de esas propuestas aporta algo sustancial con miras a integrar a las masas explotadas,<br />

de la misma manera que las esperanzas depositadas en la superación del desempleo no acaban<br />

con esa indigna situación, sino que apenas determinan una posición en la fila de los precarizados y<br />

los nuevos desocupados, con menos garantías aún. La esperanza de lograr un capitalismo “civilizado”<br />

responde únicamente a las aspiraciones ideológicas de la “clase media-alta”, de mejorar su propio nivel<br />

de consumo y de protección social, sin planificar ninguna vía socioeconómica de alternativa para los<br />

obreros y los trabajadores en general, para los excluidos y los desheredados de la Tierra.<br />

2. En el actual contexto socioeconómico internacional, la configuración de esta crisis sistémica hace<br />

que la fe en Keynes y en un capitalismo reformado sea, simplemente, demostración de la sumisión de la<br />

izquierda, incluso la radical, a las ideas de la democracia política y económica impuesta por el modo de<br />

producción capitalista. Por eso las hipotéticas soluciones de la crisis son todas compatibles con la reproducción<br />

y continuación de un sistema de relaciones internacionales ya antiguo, superado, inadecuado.<br />

No existe argumento teórico alguno que justifique la idea de que el capitalismo sea la última etapa<br />

en la evolución de la socialización humana; entre otras razones, porque en muchos sentidos constituye<br />

un retroceso con respecto a sistemas anteriores: nunca como en el capitalismo ha sido puesta en discusión<br />

la propia supervivencia de la especie humana, tanto por la técnica (las únicas bombas atómicas<br />

que han acabado con vidas humanas, y muchas, fueron lanzadas por un país capitalista) como por la<br />

destrucción del ecosistema (cosa grave en un sistema que solo valoriza aquello que tiene un precio, o<br />

sea, aquello de lo que se apropia en forma privada, y hace caso omiso del costo del amplio consumo de<br />

bienes naturales no renovales). Es por eso que hablamos de crisis sistémica.<br />

El tratamiento adecuado de una fuente de riquezas como lo es la Tierra, no puede responder a una<br />

valoración similiar a la que se hace del producto del trabajo humano, valoración que bajo las relaciones<br />

capitalistas se expresa en forma de precio. Desde el momento en que los recursos físicos se transforman<br />

en objeto de compra-venta a través de su apropiación privada, se echan las bases de la insustentabilidad<br />

ambiental.<br />

Al reconocer, desde un punto de vista antropológico, que solo la Tierra es fuente de riquezas y que<br />

cuando el hombre interactúa con ella –a través del trabajo y de los medios de trabajo– genera cosas<br />

útiles que refuerzan el dominio humano sobre la biósfera, puede entenderse el absurdo de algunas<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

788


formas de interacción que generan más perjuicio colectivo que utilidad individual agregada en los<br />

productos del trabajo.<br />

De las dos fuentes de riqueza, solo una, el trabajo, tiene conciencia, y por tanto capacidad para<br />

valorar sus actos y modificar sus comportamientos a corto plazo.<br />

3. Desde un punto de vista teórico, es posible concebir un sistema en el cual la división del trabajo se<br />

establezca a través de un sistema de relaciones internacionales horizontales, basado en actos de reciprocidad,<br />

y en el que el mercado no prescinda de la gratuidad y el conflicto no se base en la dicotomía<br />

posesión-no posesión. Eso significa que, cualesquiera sean las formas de un sistema poscapitalista, para<br />

representar un avance social y humano tendrá que acabar con la separación capitalista entre la economía<br />

y la política, la cual solo permite a unos pocos privilegiados pasar de una región a otra como ciudadanos.<br />

Por eso la democracia participativa, política y económica es una dimensión clave de cualquier<br />

proyecto de futuro poscapitalista: ser integralmente ciudadanos (también en la empresa), ser universalmente<br />

ciudadanos (ciudadanía global). De esta manera, cuando la actividad económica deje de ser<br />

parte de la esfera de lo privado, se estará transitando hacia un mundo diferente al capitalismo.<br />

La evolución del capitalismo real ha conducido a una situación en la que las exigencias democráticas<br />

aparecen como aspiraciones radicales.<br />

La sociedad del terciario avanzado crea nuevas necesidades, pero con el actual modelo de desarrollo<br />

crea al mismo tiempo nuevas exclusiones. Resulta entonces estratégico poner en el centro del debate<br />

un proyecto global hacia un modelo de desarrollo diferente, solidario, socio-eco-compatible, en el que<br />

sean fundamentales las compatibilidades ambientales, la calidad de la vida, la respuesta a las nuevas<br />

necesidades, un lugar más alto para la educación, la recuperación de culturas y saberes tradicionales, la<br />

centralidad del trabajo y la valorización del tiempo liberado, la redistribución del ingreso y del valor y<br />

la socialización de la acumulación, de la riqueza producida en su conjunto.<br />

Es posible, entonces, dar una vuelta definitiva de página a las decisiones de política económica<br />

y de política industrial, puesto que las innovaciones tecnológicas permiten una más alta productividad<br />

en la empresa que, de manera directa o indirecta, se deriva exclusivamente del incremento de la<br />

productividad del trabajo. Incrementos que son entonces riqueza social en su conjunto, y deben por<br />

eso ser utilizados para mejorar la calidad del trabajo y la calidad de la vida –a partir de la reducción<br />

del horario laboral, que podría estar acompañado por un aumento del trabajo voluntario y social–,<br />

para su redistribución al factor trabajo, y por tanto a los desocupados, y no solo para las ganancias y<br />

las rentas inmobiliarias, especulativas, de posición, financieras, como ha ocurrido particularmente en<br />

estos últimos 30 años.<br />

No se trata, pues, de reproducir simples formas de intervención, ni de actuar exclusivamente en<br />

el frente de la distribución del ingreso, sino de retomar con nuevos instrumentos el conflicto capitaltrabajo,<br />

que de hecho es ahora más duro y diversificado, a partir de los nuevos sujetos del conflicto<br />

social, así como de reorganizar la unidad de intereses del mundo del trabajo, la solidaridad y la fuerza<br />

que la clase obrera se dio en los años sesenta y setenta a partir de su organización en la fábrica. Para<br />

eso hay que saber conjugar un fuerte, renovado y antagónico sindicalismo del trabajo con un nuevo y<br />

no menos antagónico sindicalismo del territorio en la fábrica metropolitana, que reivindique la distribución<br />

social de la riqueza y que incida profundamente en los procesos de acumulación capitalista, a<br />

partir de una política fiscal redistributiva que finalmente golpee al factor capital en lugar de favorecerlo<br />

EL CAPITALISMO NO CIERRA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD<br />

789


indiscriminadamente, para así adoptar un nuevo welfare que atienda tanto las necesidades primarias<br />

(trabajo, derechos, casa, ingreso social, educación, formación, salud) como las nuevas necesidades y<br />

garantice los bienes comunes en su más amplia acepción.<br />

4. Los proyectos de los diversos capitalismos internacionales enumerados en este libro permiten ver<br />

que la tendencia político-económica está cada vez más orientada a la ganancia, a la liberalización de los<br />

servicios públicos, la privatización más desenfrenada y sin límites.<br />

La brecha entre crecimiento de la riqueza financiera y contracción de la riqueza real, entre economía<br />

real y economía financiera, ha sido y es favorecida no solo por la especulación internacional y la<br />

falta de control, sino sobre todo por escogencias de política económica que, al centrarse en una lógica<br />

privada y en la centralidad cultural de las compatibilidades económicas y sociales de la empresa, no son<br />

capaces de producir o distribuir trabajo, ingreso o riqueza, sino que destruyen recursos.<br />

Es una vía exclusiva para la ganancia, que no tendrá en cuenta, de ninguna manera, las exigencias<br />

de los trabajadores, de las clases más débiles de la sociedad: en nombre del “dios mercado desregulado”,<br />

se seguirán eliminando hasta las mínimas garantías de Estado social que todavía persisten, aunque ya<br />

de manera casi residual. Cuando se habla de privatizar la energía, los transportes, la escuela, la sanidad,<br />

el agua, los servicios locales, se comprende fácilmente cuáles podrán ser las consecuencias para los<br />

ciudadanos, para los trabajadores, para los desocupados y todas las figuras sociales precarias, marginales<br />

y de bajos ingresos. Pero lo que está en juego es el modelo mismo de participación en la vida política<br />

a nivel local.<br />

En el futuro inmediato, también las exigencias de mayor democracia y participación serán rápidamente<br />

conflictualizadas.<br />

La contradicción entre las reglas salvajes de mercado y la garantía de una calidad de vida digna<br />

para los ciudadanos-trabajadores no tiene resolución posible en los automatismos internos del propio<br />

mercado, que imponen las políticas neoliberales. La lógica no puede ser la de un capitalismo agresivo<br />

y “sin ley”, que no persigue más que la realización de la ganancia, sin escrúpulos, sin reglas, y crea de<br />

tal suerte serias descompensaciones sociales, en términos de desempleo y de disminución de la calidad<br />

de vida en general.<br />

El proceso de reconversión, de reestructuración y de innovación tecnológica no puede basarse en<br />

la caída del empleo, no se puede seguir exprimiendo el limón de las rentas del trabajo dependiente,<br />

las mejores políticas empresariales no pueden ser las que se basan en mayores ganancias derivadas de<br />

más altos recortes de la ocupación. El ahorro debe ser canalizado hacia inversiones productivas en su<br />

más amplio sentido, capaces de crear riqueza y trabajo y de impulsar un mejoramiento general de las<br />

condiciones de vida y de la protección social.<br />

Es por eso que puede ser a la vez explosiva y recomponedora del bloque social del trabajo y del<br />

trabajo negado la capacidad de sostener, en términos no ya estrictamente políticos, sino con consideraciones<br />

macroeconómicas ahora sí de orden global, la necesidad de un modelo de desarrollo<br />

radicalmente diferente, capaz de generar ocupación nueva y diferente, así como diferente riqueza y<br />

una manera diferente de producir y del vivir social. Un modelo de desarrollo cualitativo que apunte<br />

hacia la distribución del trabajo, del ingreso y de la acumulación de la riqueza social; una modalidad de<br />

desarrollo, pues, socio-eco-compatible y solidaria, basada en formas de economía que se centren en el<br />

valor de uso, capaces de crear una riqueza diferente y de distribuir el valor difundiéndolo socialmente.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

790


2. Poner de nuevo en el centro los intereses del mundo del trabajo:<br />

un programa mínimo de contratendencia<br />

1. Las tendencias que hemos identificado marcan la actual fase del conflicto económico y social y de la<br />

confrontación política y militar en la competencia global. Las fuerzas del capital están organizadas de<br />

manera transnacional, con una burguesía que tiene conciencia de sus funciones, se afana en defender<br />

sus intereses y hace pagar su agonía con guerras financieras, comerciales, económicas y sociales, pero<br />

también con represiones y guerras militares.<br />

Mientras se intenta sofocar el conflicto entre trabajo y capital permitiendo una representación social<br />

de la empresa que recae sobre la vida de todos los ciudadanos, la práctica de la solidaridad, inspirada<br />

y dirigida por el Estado social fordista, se vacía progresivamente de todo significado, a medida que la<br />

ideología y el accionar de la privatización generalizada destruyen los instrumentos de poder económico<br />

y de legitimación moral que habían hecho posible el compromiso social con el gasto público.<br />

Es el momento de relanzar, de poner en el orden del día una iniciativa político-económica desde<br />

abajo, que reivindique un welfare más grande para los derechos universales y para los nuevos derechos<br />

de la ciudadanía.<br />

Con las actuales tendencias, no queda dentro del sistema fuerza alguna por descubrir que permitiese<br />

pensar en la posibilidad de una recomposición de las condiciones del pacto social del período de<br />

posguera, que dio origen al llamado “milagro económico” con el Estado social keynesiano en los países<br />

centrales, ni mucho menos en su eventual expansión haca la mayoría expropiada y empobrecida del<br />

planeta.<br />

La alternativa posible y necesaria exige la conjugación inmediata de una etapa táctica reinvindicativa,<br />

dentro de las luchas y el conflicto social, con una perspectiva estratégica de poder para la superación<br />

en clave socialista del modo de producción capitalista: un programa mínimo de contratendencia<br />

(PMC), y por tanto una mayor calificación y sofisticación en las exigencias y en el análisis de los<br />

trabajadores y de sus representantes, de los ciudadanos y de sus organizaciones.<br />

Se trata de distribuir la acumulación de valor a quien la ha creado y a quien le ha sido impedido<br />

entrar a un mundo del trabajo con pleno salario y plenos derechos. Es en la práctica del conflicto social<br />

donde se ha de ver que es posible producir y no “inflar los bolsillos” de esos potentados económicos<br />

que hacen de la especulación financiera y de la codicia de ganancias su razón de existir. Si se continuase<br />

por el camino de la privatización de los entes centrales y de desmantelamiento de los servicios públicos,<br />

Italia asumiría, junto con toda Europa, la peor cultura de empresa, la cultura de la globalización<br />

financiera de ganancia fácil y bajísima compatibilidad ecológica y social, una cultura que se convertiría<br />

en terreno de iniciativas concretas para administrar también la convivencia social según principios de<br />

darwinismo económico.<br />

2. Hasta ahora, el proceso de producción se ha mantenido al margen de la decisión reflexiva y colectiva<br />

de los ciudadanos. Así, la principal fuerza de crecimiento, la innovación tecnológica, se ha transformado<br />

en una reserva personal en manos de una élite de militares, políticos, industriales y profesionales<br />

de la ciencia. Es bajo su responsabilidad y su acción que, de la bomba atómica a la devastación ecológica,<br />

la fe en la ciencia y la tecnología como motores del progreso adquiere caracteres de mito de<br />

nuestro tiempo.<br />

EL CAPITALISMO NO CIERRA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD<br />

791


Lo grave es que el control de las empresas sobre el avance de la ciencia está generando una marcada<br />

ineficiencia y desperdicio de recursos. En lugar de orientar ese avance hacia el mejoramiento de las<br />

condiciones de vida de todos, se le dirige hacia actividades cada vez más lucrativas desde el punto de<br />

vista económico y financiero. Recientemente hemos visto algunos ejemplos de esta práctica aberrante:<br />

las patentes de las medicinas contra el sida, la planificada carencia de recursos para desarrollar vacunas<br />

contra enfermedades tropicales, que salvarían millones de vidas, etcétera.<br />

Y la crisis ecológica del sistema, ¿hasta dónde llegará, cómo, cuándo, cuánto?<br />

En todo cuanto concierne a los recursos físicos en vías de extinción –o a los de acceso cada vez<br />

más difícil–, como es el caso de diferentes metales y de materias orgánicas como el petróleo, el marco<br />

capitalista de producción y consumo y el sistema de contabilidad de inventarios y flujos que lo<br />

acompaña, el sistema de precios, se demuestran claramente ineficaces para encontrar alternativas de<br />

administración de los recursos a largo plazo.<br />

La economía política clásica destaca la irracionalidad implícita en un sistema que trata los productos<br />

de la naturaleza como mercancías. La pretensión de la teoría económica neoclásica –para la<br />

cual valor y precio son una misma categoría– de establecer para los recursos naturales renovables un<br />

“precio” que refleje las condiciones físicas (que no sociales) de su proceso de agotamiento, y esperar<br />

que la evolución de dichos precios envíe “señales” que induzcan al surgimiento de transformaciones<br />

tecnológicas que posibiliten su utilización sustentable para fines productivos a largo plazo, es una<br />

apuesta irresponsable en la mayor parte de los casos. Y es que no hay manera de asegurar que el ritmo<br />

de variación de los precios se adapte a las reservas y no a la producción, ni tampoco de que el cambio<br />

tecnológico “inducido” se produzca a tiempo, ni de que garantice la sustentabilidad a largo plazo en el<br />

consumo de los productos naturales no renovables.<br />

Los precios aplicados a los recursos naturales no se derivan de su “valor”, que no existe, sino de la<br />

apropiación privada que se expresa en su producción, es decir, en su extracción y colocación como<br />

mercancía en el mercado, por lo que en ningún caso reflejan su mayor o menor disponibilidad en la<br />

naturaleza.<br />

La propiedad privada de estos recursos significa que su asignación se cumple a través del mercado, de<br />

manera que la contabilidad de los recursos no renovables, en los términos neoclásicos de valor-precio,<br />

reflejan la relación oferta-demanda, un flujo variable que en todo caso incluye el valor agregado por el<br />

trabajo de extracción-producción –vale decir, la transformación de la materia física en materia prima–,<br />

pero que en ningún caso expresa la condición de stock agotable de la materia prima en cuestión.<br />

Desde el momento en que el control de los recursos está sometido a las reglas de la propiedad<br />

privada, el problema de su agotamiento no tiene solución posible. Y esto es así por el hecho de que<br />

los recursos están sujetos, por una parte, a las relaciones asimétricas de poder entre propietarios y<br />

copropietarios, que establecen un proceso creciente de exclusión a medida que cada recurso escasea,<br />

y, por otra, a las leyes de funcionamiento de las relaciones sociales capitalistas, que determinan<br />

que solo se tomen en cuenta los flujos que se expresan en el mercado en el tiempo abstracto del<br />

equilibrio oferta-demanda, los valores-precio efectivos, y no se considere el tiempo histórico de los<br />

procesos materiales (es decir, sociales y naturales), que no son “estimables” mediante la contabilidad<br />

del mercado.<br />

La contaminación que destruye y altera a gran velocidad la biósfera (efecto invernadero, polución,<br />

reducción de la biodiversidad) es un proceso que se desata como resultado de la actividad humana,<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

792


como un efecto del proceso social de producción y consumo. El análisis de ese proceso social tiene como<br />

categoría central la del “trabajo” y, por tanto, mantiene como central el conflicto capital-trabajo.<br />

Si existe un proceso de agotamiento rápido de determinados recursos naturales, la posibilidad de<br />

forzar transformaciones tecnológicas y comportamientos sociales que aseguren su menor uso solo<br />

puede ser resultado de una decisión política. No es este, por tanto, un problema de precios, sino<br />

de mecanismos institucionales que establezcan quién y cómo se ha de decidir sobre el acceso a esos<br />

recursos y cómo se ha de distribuir dicho acceso entre la población mundial.<br />

Cada vez resulta más evidente que solo la planificación socioeconómica y racional puede permitir<br />

una gestión sustentable de los recursos naturales.<br />

3. Después de unas tres décadas de distribución del valor cada vez más en beneficio del capital y con<br />

criterios contables impuestos por Estados Unidos a escala internacional –que obligan a valorar las<br />

empresas en función de los activos realizados a precios de mercado–, la determinación y regulación de<br />

la economía capitalista va dejando de estar en manos del Estado y de las empresas productivas, para<br />

ahora favorecer cada vez más al capital financiero, que concentra un volumen creciente de capitales en<br />

espera de ser asignados a un uso productivo. Frente a las exigencias apremiantes del capital financiero<br />

para que se sostengan y amplíen las tasas de rendimiento, la tasa de interés predomina cada vez más<br />

sobre la tasa de ganancia, lo que lleva directamente a la contracción salarial para balancear la pérdida<br />

de eficacia del capital productivo, sometido a bajas tasas de productividad y, por tanto, a rendimientos<br />

marginales siempre decrecientes.<br />

Los mercados competitivos, comandados por un indisoluble entramado en el que el sistema político,<br />

el mundo de los negocios y las finanzas se protegen y favorecen recíprocamente, encubren cotidianamente<br />

diversos fenómenos de “criminalidad financiera”. Ante esa realidad, hay que restablecer el<br />

papel mediador de la política, con un sistema que se someta al control de la autoridad pública, pero<br />

independiente de las lógicas partidistas y del poder económico.<br />

El mercado no se puede disciplinar a sí mismo. Necesita de la mediación política, de una intervención<br />

del Estado que imponga la transparencia y la eficiencia, que preserve el interés social general, que<br />

garantice condiciones de igualdad a los participantes y canalice los recursos financieros hacia quien<br />

esté en capacidad de conjugar rentabilidad y justicia social y distributiva, para así crear una riqueza<br />

socialmente redistribuida y trabajo verdadero, con salario pleno y plenos derechos.<br />

En el proceso general para salir de la financiarización de la economía, la parte más importante es<br />

la nacionalización de los bancos. Hasta tanto no se cumpla ese objetivo, continuará el deterioro de la<br />

calidad de vida y se mantendrá la concepción de que el trabajo no tiene más fin que aumentar la tasa<br />

de ganancia. Romper la lógica del capital financiero significa nacionalizar las decisiones de inversión<br />

para favorecer las actividades socialmente útiles, bajo un criterio de rendimiento social y ecológico, que<br />

son criterios de mediano y largo plazo. El control social de las inversiones es imprescindible para dinamizar<br />

la actividad productiva, así como para orientar el crédito en función del máximo desarrollo de<br />

la ocupación y de la utilidad social, funciones estas muy diferentes de las que aplica la banca privada,<br />

orientadas siempre por el criterio de la máxima ganancia a corto plazo.<br />

La nacionalización de los bancos que se encuentran en situación de insolvencia y que dependen de<br />

los auxilios públicos es también un requisito para evitar la fuga de capitales y para erradicar la dramática<br />

e histórica tradición capitalista de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.<br />

EL CAPITALISMO NO CIERRA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD<br />

793


Todo esto es posible únicamente con una seria conducción del desarrollo, que no puede prescindir<br />

del papel fundamental y eficiente del sector público en los servicios esenciales y en los sectores estratégicos<br />

de la economía.<br />

4. Más allá de las limitaciones y los elementos estructurales, el crecimiento del sistema industrial<br />

italiano –como el de todos los países europeos, en modalidades diversas– está seriamente amenazado<br />

por la escasa difusión de los factores indispensables para un desarrollo equilibrado con características<br />

de compatibilidad socioambiental. El primero y más importante de los obstáculos es la ausencia<br />

misma de reglas de competencia en el mercado, todavía hoy falseada por vínculos ilegítimos con las<br />

estructuras institucionales y con el sistema político-partidista, en un verdadero sistema de corrupción<br />

partidista-empresarial mejor conocido como “sistema tangentopoli”, al que nunca se ha querido<br />

poner coto.<br />

Además de contribuir a alimentar el proceso inflacionario, la falta de competencia en el mercado<br />

no incentiva a las empresas a buscar innovaciones y calidad en sus productos y servicios. Nunca se ha<br />

querido en verdad resolver estos y otros problemas que amenazan la competitividad real de la industria<br />

italiania, ni siquiera a través de una acción socialdemócrata de gobierno de la industria, es decir, de una<br />

política industrial que debería acompañarse de una eficaz política socioambiental y de un nuevo papel,<br />

no clientelar y asistencia, sino intervencionista y ocupador, para el Estado.<br />

Solo a través de una ampliación de las bases de las grandes empresas públicas y del reforzamiento<br />

del tejido de las PYME, en el marco de una economía pública equilibrada y eficiente, habría podido<br />

la industria italiana remprender la carrera y recuperar aquellos márgenes de competitividad con<br />

características también sociales. Era importante para el país la recuperación tecnológica en sectores<br />

tradicionales, al igual que lo era aprovechar la adaptabilidad a las exigencias y alternativas que se<br />

presentan de tanto en tanto, como solamente es posible con un gobierno planificado y orientador del<br />

desarrollo, que no puede prescindir de la fundamental presencia pública en los servicios esenciales y en<br />

los sectores estratégicos de la economía.<br />

Era necesario entender el nexo indisoluble entre los cambios en los lineamientos del desarrollo y el<br />

papel local y central de la industria pública (y de la economía pública, en general).<br />

Perseguir tales objetivos sería aún más válido, económica y socialmente, en esta fase del desarrollo<br />

italiano, en la que asistimos a intensos procesos de desindustrialización y fuerte competencia internacional.<br />

Además, si siempre ha habido sectores específicos de la economía sujetos a control por parte del<br />

Estado, en tanto que proveen servicios estratégicos y esenciales a los ciudadanos y a las demás empresas<br />

–nos referimos a las empresas que operan en el campo de la energía, del agua, el transporte, telecomunicaciones,<br />

etcétera, sin dejar de considerar los consumos colectivos, públicos por excelencia, como los<br />

de asistencia, sanidad, defensa, prevención social, etcétera, es decir, la “producción de welfare”–, hoy la<br />

intervención del Estado en tales sectores sería todavía más una garantía, para todos, de acceso paritario<br />

a la calidad de los bienes y servicios producidos, intervención que debería acompañarse con la nacionalización<br />

de las empresa que experimentan crisis estructurales y la eliminación de la especulación, que<br />

agrava los caminos de la bancarrota.<br />

Una parte de la deuda pública es resultado de las acciones emprendidas por los Gobiernos para<br />

auxiliar a capitales locales fuertemente endeudados: a los bancos, en primer lugar, pero también a<br />

las empresas (de los 4,7 billones –miles de millardos– de euros en deuda externa acumulados para<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

794


comienzos de 2011 por España, Portugal, Italia y Grecia, cerca de 32% correspondía a la deuda soberana<br />

gubernamental, 4% a las autoridades monetarias, 38% a los bancos, 17% a otros sectores<br />

empresariales y 8% a deudas generadas dentro de los mismos grupos multinacionales). Este intento<br />

fallido de estabilización, adelantado por los Gobiernos con los recursos de todos los ciudadanos, debe<br />

tener una compensación.<br />

La nacionalización de los sectores estratégicos de la comunicación, la energía y el transporte, no<br />

solo puede ser un precio justo, sino que al mismo tiempo puede aportar los recursos necesarios para<br />

implementar una estrategia de impulso productivo a breve plazo, que permita crear las condiciones<br />

para que millones de desempleados de los países de la periferia europea mediterránea comiencen a<br />

producir riqueza social en el menor tiempo posible. Estos sectores estratégicos son, al mismo tiempo,<br />

las actividades productivas que hoy obtienen mayores beneficios, como resultado de una gestión de los<br />

recursos naturales no renovables que se basa en la socialización intensa de costos que no se reflejan en<br />

los balances de las empresas (los costos de la contaminación, de la destrucción de recursos naturales,<br />

etcétera), así como por el hecho de que esos sectores se benefician de la privatización de tecnologías y<br />

redes de comunicación que en su mayor parte fueron desarrolladas con recursos públicos.<br />

5. En estos últimos 30 años, la desaceleración del desarrollo económico ha provocado, junto con el<br />

marcado crecimiento del desempleo, un desmesurado incremento de la presión fiscal. Las consecuencias<br />

de ese incremento las han percibido sobre todo los trabajadores, por cuanto no ha sido posible o<br />

simplemente no se ha querido aumentar la tributación fiscal del capital, con el argumento de que los<br />

capitales son siempre móviles y se desplazan hacia los países en los que el costo del trabajo es más bajo.<br />

El sistema fiscal italiano insiste, con absoluta persistencia, en proteger la evasión y la elusión y en<br />

brindar continuas y masivas transferencias, facilidades e incentivos a las empresas. Baste considerar<br />

que, durante los últimos años, generalmente más de dos terceras partes de las sociedades de capital<br />

declaran un Irpeg* negativo, y más de 25% de ellas asegura tener una renta imponible inferior a<br />

los 10.000-15.000 euros. Esto sin considerar que la enorme mayoría de los trabajadores autónomos<br />

declaran rentas menores que las de sus empleados. La evasión fiscal y contributiva llega así a más de<br />

350.000 millardos de viejas liras, casi 200 millardos de euros. Por el contrario, para los trabajadores<br />

dependientes, los pensionados y los ingresos familiares, los tributos y cargas fiscales han alcanzado<br />

niveles insostenibles.<br />

Es preciso, entonces, implementar políticas y sistemas de control efectivamente capaces de sacar<br />

de sus escondrijos a los grandes evasores fiscales: eliminar las exenciones de que gozan la ganancia y la<br />

renta, e invertir así la tendencia que desde 1970 ha hecho que las cuotas de transferencia de ingresos al<br />

Estado aumenten cada vez más en perjuicio de las familias y disminuyan en beneficio de las empresas.<br />

Valga entonces plantear, como eslabón central de las políticas económicas, una lucha seria contra<br />

la evasión y la elusión fiscal, de manera de ampliar las posibilidades de intervención del Estado social.<br />

Hay que abandonar las políticas restrictivas de tributación de las rentas de capital y de empresa, las<br />

políticas neoliberales de recortes al gasto social, de movilidad y flexibilidad, de transformación del sistema<br />

de derechos en benévola “caridad para los excluidos”. Hay que implementar una incisiva política<br />

de ingresos que finalmente apunte a una verdadera reducción de la evasión fiscal y a una tributación<br />

seria por parte de todos los capitales.<br />

* (n.t.) Impuesto sobre la renta para personas jurídicas.<br />

EL CAPITALISMO NO CIERRA LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD<br />

795


Es absolutamente irrenunciable la necesidad de invertir el flujo de los recursos para que vayan del<br />

capital hacia el Estado y la sociedad, de las rentas financieras hacia los salarios directos e indirectos.<br />

Este cambio radical en la política fiscal puede proveer los recursos necesarios para poner en marcha,<br />

en una primera fase, un vasto programa de relanzamiento económico y de mejoramiento de la calidad<br />

de vida.<br />

Evidentemente, una política de esas características requiere un cambio radical en la relación de<br />

fuerzas entre capital y trabajo.<br />

Gravar finalmente y de diversos modos al capital, hasta imponer tributos también a la innovación<br />

tecnológica –que carguen sobre ella los impuestos de la fuerza de trabajo que va a sustituir–, e implementar<br />

controles apropiados a través de un registro patrimonial y de un eficiente registro tributario:<br />

todo eso significa hacer que las capas más desposeídas de la población, los trabajadores –ocupados y<br />

no ocupados–, se reapropien de la riqueza que ellos mismos han producido y realizado, y que se ha<br />

concretado, a lo largo del tiempo, en esos incrementos de productividad que hasta ahora han beneficiado<br />

exclusivamente al capital. La perspectiva debe ser la de canalizar el ahorro hacia inversiones<br />

productivas, capaces de crear trabajo, de crear una riqueza que no se mida exclusivamente en términos<br />

de PIB, sino de crecimiento de la sociabilidad, de la civilidad y la humanidad.<br />

6. En una sociedad en la que el vivir social se convierte en fenómeno de precarización institucionalizada,<br />

la propuesta de instituir una renta social mínima (RSM) para los desempleados y para quienes<br />

tienen trabajos precarios o pensión mínima, puede constituir una respuesta fuerte en términos de<br />

reformas estructurales.<br />

El valor para poner en el orden del día, inmediatamente, un nuevo sentido del interés social y<br />

general, puede partir de la idea de garantizar pensiones dignas para los nuevos trabajadores atípicos<br />

y de reforzar el sistema de pensiones con un financiamiento que canalice en esa dirección no solo<br />

rentas del trabajo, sino también del capital. Impuestos al capital y una fuerte y coherente tributación<br />

patrimonial –que muchos de nosotros, economistas de la escuela marxista, hemos propuesto desde<br />

hace años–, también para financiar la renta social mínima para los desempleados y precarizados, y<br />

para cubrir los gastos adicionales de nuevas contrataciones por tiempo indeterminado –y con salario<br />

y derechos plenos– en la Administración Pública; es decir, para poner fin, en general, a la vergonzosa<br />

precarización institucionalizada.<br />

Son reclamos de mejoramiento social, pero también de ampliación de los espacios de decisión<br />

democrática y participativa, para inaugurar una fase de transformación tecnológica en la que las decisiones<br />

de producir y distribuir estén bajo el control de todos los trabajadores. Decisiones, además,<br />

subordinadas a un proceso político y social de discusión del papel que deben ocupar las máquinas y la<br />

ciencia en nuestras vidas. Es inaceptable que el avance tecnológico, en vez de liberar a la humanidad<br />

del trabajo pesado, provoque desempleo; en vez de mejorar la calidad de la vida, provoque nuevas formas<br />

de contaminación; en lugar de incrementar el saber social, secuestre el conocimiento y lo esconda<br />

tras el muro de las patentes y los derechos de propiedad.<br />

No hay trabajo disponible para todos y la flexibilidad de las relaciones laborales hace que el vivir sea<br />

precario e inestable incluso para aquellos que todavía gozan de un puesto de trabajo más o menos estable.<br />

Toda forma de garantía de la época fordista es eliminada de raíz por la transformación productiva<br />

del nuevo modelo posfordista de la acumulación flexible.<br />

Tratado de métodos de análisis de los sistemas económicos<br />

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La solución hay que buscarla en el reforzamiento del sistema de welfare, en un aumento de su<br />

eficiencia, en el equilibrio estructural de ingresos y gastos y de formas de financiamiento y tipos de<br />

desempeño. Y esto solo puede surgir del restablecimiento de la certeza de los derechos adquiridos,<br />

de la ampliación de la base ocupacional, de la regulación de las mil formas de trabajo “negro” y atípico,<br />

de políticas para la inmediata reducción de la jornada laboral con salario integral, de una seria<br />

lucha contra la evasión y elusión fiscal, de gravámenes significativos a las rentas financieras y a los<br />

movimientos de capital de carácter especulativo, de la institución de una renta social mínima para<br />

los desempleados y los trabajadores precarizados y de la formación continua y remunerada.<br />

La construcción pública de viviendas con alojamiento gratuito para quien tiene bajos ingresos, las<br />

inversiones productivas, la creación de verdaderos puestos de trabajo con plenos derechos, una equidad<br />

fiscal que golpee la evasión y la especulación de los capitales de inversión financiera, con formas generales<br />