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LA LEYENDA DE EIROS Y CHARMION

(Prefacio, partes 1ª, 2ª y 3ª)

By Apolonio Guillian

Gabriel Añó Castelló


ÍNDICE:

o Prefacio de Eiros y Charmión o Un nuevo amanecer

(1995-1996)

• Página 3

o La leyenda de Eiros y Charmión parte 1 (2000-2001)

• Página 8

o La leyenda de Eiros y Charmión parte 2 (2009)

• Página 19

o La leyenda de Eiros y Charmión parte 3 (2010)

• Página 26

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PREFACIO DE EIROS Y CHARMION o UN NUEVO AMANECER

(1995-1996)

La basura me envolvía en mi pequeño cuartucho, había desperdicios de comida por

todos los rincones, heces y meadas rodeaban una vieja mesa y una desmochada

silla en el centro del habitáculo cuya pintura, antiguamente blanca, había mudado

de piel cambiándola por otra de un tono amarillento-marrón y a parcelas

agrietada, una diminuta ventana con los cristales rotos alteraba la patética

morfología de la pared y una sórdida bombilla, estropeada, pendía del techo

manchado por la humedad.

Sentado sobre la silla, mis manos servían de apoyo a mi cabeza, que hallándose

hundida y con los cabellos entre los dedos, servía de recipiente a mi aturdido

cerebro; creo no recordar el tiempo que estuvo parado, pero ahora comenzaba a

despertar fusilándome las sienes, parecía que mi cabeza reventaría en cualquier

momento.

Sobre la mesa había una botella de whisky barato, casi vacía y paquete de tabaco

negro con un solo cigarro; de un manotazo agarre la botella por el cuello y me la

empiné; pareciome que agujereaba todo mi ser, desde los pies hasta el último pelo

del cabello.

Mi inconsciente me bombardeaba con alucinaciones aterradoras, pero vivas; me

dominaba por completo, me oprimía y castigaba por todo aquello que había hecho.

Un pensamiento feroz y cortante cual un afilado cuchillo se atravesó y quedó fijo

en mi mente: merecía morir, mi vida era un basurero, era escoria humana, bazofia

que sólo molestaba y servía ni para comida de los animales más carroñeros, había

agotado mi tiempo y ahora me pasaría la definitiva factura con intereses incluidos.

Mi corazón pareció estallar, un ataque de pánico indescriptible se apoderó de mí

hasta lo más hondo de mis entrañas.

Salí corriendo de la habitación, corría por las desiertas y oscuras calles, mis ojos

miraban desorbitados al vacío infinito, los harapos de mi ropa ondeaban

tristemente sobre mis fláccidas extremidades. La gente que se cruzaba girábase,

asombrada, para ver a un loco con los ojos perdidos que corría tambaleándose por

las calles que ahora parecían muchos más tétricas.

Salí de la ciudad y caí extenuado en un campo con hierba alta rodeado de un

frondoso bosque, donde quede con los ojos cerrados y entrecortada la respiración.

Una suave y terrible melodía llegó a mi oído tornándome a una ofuscada realidad.

Levanté la cabeza y vi que la niebla me rodeaba como en un sueño espectral;

intenté adivinar de dónde procedía la aterradora canción; salió entonces una

sombra de la arboleda, parecía volar entre la densa niebla y espesa hierba, iba

directa a mí, en la mano blandía una guadaña que brillaba merced a la luna, yo

estaba sorprendido y asustado, al momento la amenazante silueta se plantó frente

a mí; una túnica de monje vieja, negra, rasgada tapaba la totalidad de su cuerpo

dejando sólo su cadavérica mano al descubierto.

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- Buenas noches joven mortal. - Una voz que alguna vez fue bella me dijo al tiempo

que me miraba con ojos de fuego.

- No tan buenas, creo. - Hablé, por decir algo. Su imponente figura era

sencillamente fascinante.

- Vengo a llevarte, tu tiempo aquí terminó.

Un huracán frío y gris me invadió el interior.

Me tendió su mano, blanca y flaca, casi transparente, que dudando así; era fría y

sólo su contacto estremecía los sentidos. Sin mas, la enviada, se elevó hacia la

profanidad de la noche. Pude ver las luces de las casas empequeñecer hasta

desaparecer y perderse en un hondo abismo de oscuridad.

Muchas dudas divagaban por mi cabeza con la fuerza de titanes, me decidí a

preguntar. Total, ¿qué perder?

- Ei! – Balbucí.

- Sí – Contesto sin girarse, mientras la dolorosa ascensión continuaba, apenas

podía abrir los ojos, la fuerza del aire se estrellaba contra mi cara, daba la

impresión de caer en vez de subir, todo era sombrío a mi alrededor, ni luna, ni

estrellas, nada gobernaba por encima del color negro.

- ¿Qué es la vida? – Pregunté decididamente - ¿Cómo se debe vivirla? ¿nos

consume el tiempo o se nos escapa? ¿qué “carajo” somos?... ¿y la muerte? ¿a

dónde nos lleva? ¿…

- Y dale que te pego, los que preguntan, siempre lo mismo – Me cortó con el tono

de voz hastiado. Empero continuó – Vida, tiempo y muerte. Tiempo, profunda y

abismal palabra; fresca es la vida, irremediable la muerte. Todo va unido, una

cosa sin las otras no existirían. Dentro del tiempo se nace y se muere, para

poseerlo es preciso vivir y la vida trae irremisiblemente la muerte. Todo forma

parte de todo. Hilar, devanar y cortar. Son tres y todas una – Calló unos

segundos – Pero ¿qué voy a decirte que no esté dicho y escrito en épocas

pasadas? – Lo tenía claro, pero no yo, respuestas, semi-respuestas y delirios de

otros ni me valían ni nada me decían.

- Tal vez tengas razón, ¿qué sé del tiempo si soy eterna, de la vida si no la tengo y

de la muerte si no he muerto? – Pareció adivinar mi pensamiento, giró su

cabeza, mirome con sus encarnados ojos donde puede adivinar una leve nota

de compasión o tristeza.

- No importa ya todo eso, joven mortal, a donde te diriges todo forma parte de

nada o la nada de todo – Concluyó con voz cavernosa e impasible surgida de lo

más hondo de su sotana.

Intenté no pensar en nada, pero eran muchos enigmas los que se cernían sobre mi

más próximo destino, atormentábame la idea del averno, no creía en él, pero el

sólo recordarlo me partía en dos; no había sido malo… pero tampoco bueno…. Un

poco más malo que bueno, pero sólo un poquito, pero eso no importaba, lo que

realmente importa… Intenté apartar pensamientos que no llevaban a ningún lugar

ni conclusión mínimamente aceptable. Resuelto, pregunté a la enlutada dama

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sobre mi pobre alma, nunca había creído en ella, pero dadas las circunstancias, mis

más ocultas, casi desaparecidas dudas sobre las creencias, afloraban a la superficie

cual burbujas en el agua.

- Preguntas por tu alma pero dudas si existe, y de ser así cómo es o está, a dónde

va, etcétera, etcétera…. – Calló unos segundos, pero sabía que deseaba una

respuesta.

- Ya no tengas prisa. – Prosiguió. – No tardarás en averiguarlo, todos lo

descubren o ya lo han, hace mil soles, un siglo, dentro de un hora, dos, cinco

lunas…-

Decidí no preguntar más. El aire fresco sacudía mi cara dejándomela helada, era un

témpano humano, pero no más frío que mi callada acompañante.

Dejome en un lugar oscuro, como todo lo que nos rodeaba, la luna brillaba en lo

alto me sorprendió verla, no la había visto en ningún momento, pero parecía que

siempre hubiere estado allí; había un lago o una especie de charca, la luna se

reflejaba en sus negras aguas, a nuestro alrededor sólo reinaba la obscuridad

visoreada por el silencio.

Vi la negra figura de la Parca alejarse en lo alto.

- ¿Y ahora qué? – Grité.

- Espera. Que importan ya dos o tres minutos más. En unos minutos se pueden

cambiar muchas cosas. – La ironía se entremezclaba en las palabras que

sonaban lejos y distantes como si las tinieblas que nos rodearan las engulleran.

Me asomé a las opacas y muertas aguas del lago, pareciome ver que mi rostro se

reflejaba por unos instantes, los ojos de la imagen se clavaron en los míos, vi en

ellos una expresión, no había reproches, pero si rasgos de tristeza y pesar. Volvió a

sumergirse y el silencio y la obscuridad recuperaron su cetro y altar.

- Óyeme… por favor. – Pude susurrar, las palabras flotaron un instante en el

fantasmal silencio.

La cara emergió, unas leves ondas en el agua enmarcaron por unos instantes la

aparición que se quedó ondeando majestuosa y tranquila sobre las aguas que

ahora parecían bellas merced a su grandiosa presencia.

- ¿Qué quieres decirme? – Contestó con voz suave, pausada, melodiosa…

Intenté hablar, pero mis ojos estaban fijos en el azul bello y profundo que

desprendía el iris la imagen. Esos ojos cargados de bondad y de infinita paciencia

se adentraban en los míos, parecían saber todo de mí… y lo sabían.

La morada de Hades que me rodeaba pareciose hacer diminuta hasta desaparecer

en el hermoso azul que me miraba, todo mi ser hallábase envuelto por esa cálida

mirada que esperaba que la mía le relatase la historia que encerraba.

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Mi mente hervía de imágenes vivas de mi vida, recuerdos olvidados de la infancia,

el niño que había vivido en mi interior, la inocencia descarada que lo marcó, los

abuelos, amigos, la primera bicicleta, la infinidad de cabañas construidas en el viejo

algarrobo, los años de aprendizaje en la escuela; mi adolescencia rebelde y loca, mi

amor platónico por una chica por la que todo hubiera dado, el primer beso y el

primer desengaño, la motocicleta con la que circulé por las calles de mi pueblo,

ahora ya retirada, aspiraciones que tenía en mi mano, libros y más libros que

guardaba en mi mente y la barnizaban (tal vez destruido); cuanta sangre había

fluido por el río y que ahora desembocaba en mi Estigia particular; las primeras

salidas nocturnas con sus excesos que, se prolongaron hasta lo más hondo de mi

juventud, mis cada vez más difíciles relaciones con los padres, mi adicción a la

noche y sus vicios que, con ellos y mi carácter empobrecido mellaron todo mi ser,

aparte de dejarme sin dinero cada vez que de él disponía; esos oscuros

pensamientos que daban vueltas a mi cabeza y se empalmaban unos con otros

hasta llegar al sin sentido rayando peligrosamente el hilo de la cordura que ya

creía haber perdido, divagaciones con las que intentaba llegar a algún sitio y me

transportaban donde la nada y la confusión eran la final conclusión. Todos los

anhelos con los que algún día había soñado tomaban forma de pesadilla al verme

incapaz de alcanzarlos, la casi obligación de vivir con la que me estrellaba todos los

amaneceres, el aislamiento en el que había caído mi cerebro mi cerebro que, yo

castigaba con alcohol y olvido intentando destrozar mis recuerdos, y casi lo

consigo. Hasta aquí había llegado todo, ya no había más, terminaba en un pozo

oscuro y laberíntico del cual parecía no encontrar nunca la llave de luz y salida.

Yo acababa ahí, pero esos ojos con su candor refulgente y benignidad eterna

seguían allí, mirándome y escuchando, esperando que prosiguiera mi historia, los

míos deseosos de hacerlo continuaron hablando.

Hablaban de una vida diferente, olvidada la vida infructuosa, pasado el gran bache

de la inútil y penosa autodestrucción, veían un cuerpo sano, recuperado, una

mente equilibrada y un descanso interior que no era mas que cuando haces las

cosas bien, un trabajo, un buen trabajo, activo y bien remunerado; mi cerebro

funcionaba al compás de los ojos; podía ver y sentir una mujer, que me amaba y

amaba, que sus ojos y los míos eran uno; una bella casa, con jardín, árboles y

columpios, unos niños jugando en él, riendo y contagiando de alegría el bello

paraje que nos acompañaba; lo veía todo con claridad, como envejecía al lado de mi

compañera y como cada día descubríamos en nuestras miradas algo nuevo,

marcado por la ternura, el cariño o la compresión o tal todo que no hacía mas que

fundir nuestros enamorados corazones que bombeaban sangre para vivir mil vidas

más; un bosque nos rodeaba, paseábamos cogidos del brazo, no hablábamos,

sobraban palabras, en nuestros rostros se reflejaba un corazón que latía feliz.

Fue la última imagen que recuerdo, ya no quería respuestas porqué no existían

preguntas, mis párpados se habían cerrado sobre los ojos, una lágrima sincera

recorría mi mejilla hasta llegar a la comisura de los labios donde se dibujaba una

leve sonrisa, mi corazón parecía pararse lentamente… Si eso era morir que dulce.

Pero aún no había vivido.

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La luz solar se filtraba a través del pequeño ventanuco que daba al callejón, las

motas de polvo volaban libremente por el aire de la habitación, haciéndose visibles

cuando atravesaban el chorro de luz, sonaban bocinas y se oía el rumor de gente

caminando por el empedrado de la calle; la vida volvía a la ciudad con los primeros

rayos de sol.

Lenta e inconscientemente abrí los ojos, levanté la cabeza y al recuperar la facultad

de pensar: solté un “oh” ahogado y caí de espaldas en el sucio suelo tirando

conmigo la silla y la vieja mesa, recordaba perfectamente todo lo acontecido la

noche anterior, ¿preguntas? Je, ahora vendría la acción; con una sonrisa, encendí el

último pitillo que me quedaba, di dos chupadas y lo tiré y con decisión salí a la

calle; no tenía ni idea, pero mi vida podía cambiar, cambiaría, ahí estaba yo para

eso.

Y como todo cuento todo cuento acaba este también tuvo su fin. Aunque para mí no

hizo mas que empezar.

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LA LEYENDA DE EIROS Y CHARMION (parte 1) 2000-2001

A Cesare Pavese y Edgar Allan Poe

“Todas las imaginaciones serán ciertas y la tierra se poblará de fantasmas”

La noche pronto había caído y la corteza terrestre con sus cuevas y montañas,

callaba silenciosa mientras los espíritus de los vivos reposaban de la jornada

diurna cerniéndose sus sombras ahora sobre las cosas mudas. El aire vibraba

intenso y tétrico en la muerte de los vivos dando vida a las formas espectrales que

proyectaban sus mentes y adormecidos cerebros; los fuegos recogidos a lo largo

del día y de múltiples despertares daban vida y color a la oscuridad natural de la

noche.

El espíritu del guerrero de la noche pronto iluminó a su paso el camino plagado de

seres enfermos, seres creados por las imaginaciones de todos los seres pensantes

que vivian de día. El himno de la noche sonaba de confín a confín de la pradera

repleta de entes imaginarios, y el guerrero de la noche avanzaba sin demorara en

pos de su ideal, la estrella de la luz, la estrella que más brillaba, y a cada paso, y en

la oscuridad de la noche absorbía su luz y color, y éste lo empapaba haciendo de su

cuerpo la materia cautivante de toda su magia y esplendor, te seguiré, hasta el

confín del mundo, oh estrella de la luz, tal es mi canción de amante, tal es mi canción

de amor, oh, sí, has de amarme, oh estrella de la luz- cantaba el guerrero en el fondo

de su corazón y en su más extrema locura, porque tú eres la que más brilla y

caminaré hasta que mis pies ya no puedan caminar más ¡oh estrella de la luz, tú eres

la que más brilla!

Un lago de nenúfares suspiraba quedamente y un hombre solitario con rostro de

dios y con la cabeza baja y el mentón reposado sobre el puño de su mano, pensaba

tranquilo y al pasar el guerrero tembló, y al abrir los ojos vio como el guerrero le

saludaba con un ademán en la mano; no habían preguntas, cada cual buscaba sus

respuestas y la noche siguió y los nenúfares suspiraron de alivio mientras una fina

llovizna empezó suavemente a desplegarse en el reino de la noche.

La noche en la llanura del monte del Brocken empezaba a empaparse de sangre,

pero la espada de Eiros aun no se había manchado. La noche de Walpurgis es

eterna, y los vampiros y las brujas y demás entes bailaban y entonaban sus cantos

de oscura liberación sobre las altas cumbres de las montañas Escabrosas. Hacia allí

se encaminó Eiros sin temor. Tal vez de día el valle sonreía, callado, aunque ser

alguno dotado de inteligencia superior lo habitara; cuantas guerras pintaron sus

verdes colinas, oh verdes colinas del valle tranquilo, y las estrellas lo contemplan

tal vez cansadas tal vez rememorando lo que allí pasó, dormitando con sus ojos

cansados y brillantes a las flores que no las mece el viento. El prado es intranquilo,

cualquier ondulación del ramaje y del follaje hace estremecer al más valiente de los

caminantes nocturnos, pero por allí camina Eiros, perturbando esa soledad mágica,

espectral e inmortal. Las nubes parecen respirar pesadas y negras sobre las altas

cumbres, y solo algún clavero deja ver algunas estrellas que no temen a esa noche

que tampoco teme al azul del cielo diurno, y surcan impávidas un cielo insonoro y

presuroso por esclarecer el día de los ojos violetas que como un jirón de luz ansían

y anhelan el color de la estrella que ilumina el planeta.

Oh, pero que hay allí, sobre aquellas azucenas que ondean y lloran junto a tumbas

terrenas y ajenas a cuanto ocurre en el cosmos inmenso de la noche; y ondean,

tristes, como un homenaje al rocío que pronto sempiterno va a caer y refrescar el

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manto terrestre... pero, aquello que brilla, aquellas dos lágrimas de rocío que lloran

como dos diamantes...

Qué ve Eiros al aproximarse, es la silueta de una bella mujer que llora,

transparente como la noche misma, transparente y nítida a excepción de esos dos

ojos que brillan en la noche; ojos azules que al mirar su profundidad son capaces

de absorber todo lo que en ellos se refleja, es ella, aunque Eiros no lo sepa, es

Charmión, la amada que busca en sus sueños; y como la noche ahora se presenta

apacible entablan una conversación:

Charmión: ves en esta noche oh caminante, tú que buscas la verdad y te impregnas

de los colores del día y avanzas de noche sin temer a nada... ves este camino, ves

esa cumbre tan alta pues allí los demonios y los fantasmas nunca descansan

(conversaban debajo de un enorme olivo), tú que buscas los laureles tanto tiempo

enmascarados, camina hacia allí y se trocaran en negro, aunque tal vez tengas

suerte y salga antes el día; en mi caminar nocturno, yo me detuve aquí... es un

camino oscuro y abrupto, es mi último abismo, y todas las luces que ves son

ángeles enfermos, y mi lágrimas se tintaron de rocío y ahora eso soy, un rocío

inmortal que nunca ceja de llorar... es la noche el icono y llegue aquí como pude

continuó y ves esto ¡esto es un clima salvaje, sublime y reacio que anhela fuera del

tiempo y del espacio! Gocé los valles sin fondo y los ríos vaciaron sus cauces, y las

grietas, y los cauces, y los titánicos árboles, árboles que lloran, y a los humanos sus

formas siniestras y bellas a sus ojos escamotean, y las lágrimas que por doquier

gotean no aciertan a anegar tales montañas y valles, valles y cumbres que hunden

sus laderas en mares quebrados y ásperos. Sus olas se elevan airadas hacia el cenit

impregnado en llamas. Los estanques y pantanos, oh, sus aguas solitarias, muertas

y cansadas, aguas quietas y heladas, tristes, frías y desoladas, llega de ríos y de sus

murmullos eternos y sombríos. Allí, junto al bosque gris, en la tenebrosa planicie,

dónde los espectros y los trasgos cavan sus tumbas y fosas, allí, dónde los ves

serenos, no son tumbas, ¡sino sus cunas! allí en los más ridículos y vulgares

rincones, allí, memorias del pasado, formas que suspiran inquietas y aterran al que

por allí se adentra... ¡son los restos de los amigos que dieron sus agónicos cuerpos

a la tierra!

No te demores viajero, no debes al atravesarla escrutarla, pues tus frágiles ojos

humanos podrían destrozarse al posar la vista en esos arcanos. Hay un rey que

todo lo veda y tú, durmiente que ves lo que ves detrás del tul de gasa cuidado con

tu párpado cerrado pues el fuego de la noche ciega y evapora hasta las lágrimas de

los enamorados. A lo que Eiros dijo:

Los fantasmas surcan el valle, y de confín a confín de la esfera celeste sus hilos

entretorcidos se entretejen, no soy el caminante de la luz, aunque brille, pues yo

traigo la oscuridad, oh, pero la oscuridad es bella, sólo soy un punto,negro, que

hacia al sol, anhelando su cuarto de luna, se dirigió y al volverse mi espíritu

sombrío, oscuro, profundo, tal esa oscuridad que destila , al ser tan pesada mucho

hacia ella se apresura y sólo, mi propia sombra, ese duende imaginario que una

vez, saliendo de su santuario me visitó, ¡oh Dios, era mi propia sombra, oh, un

reflejo de las estrellas! No nos ven los fantasmas, sólo los que más brillan, y

jugamos con ventaja, pues nosotros a ellos también les vemos, los hay diminutos

que a nosotros nos ven, pero no te importe un céntimo, pues son inofensivos.

Mientras hablaba la forma de Charmión iba cobrando luz, sus formas femeninas se

iluminaban.

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Vendrás conmigo, amiga de la noche, pues hoy te he conocido y no te dejaré aquí, y

no temas, pues mi espada estará presta para defendernos a los dos en su caso y si

hiciera falta.

Caminaban a paso lento entre las rocas y las formas fantasmales sin que se

apercibieran de su paso los entes que allí se hallaban. Una vieja iglesia ondeaba sus

formas ruinosas siendo la más alta el campanario donde, no habiendo campanas

éstas, para los vivos y los muertos comenzaron a tañer, ora de una manera ora de

otra y Eiros se puso a cantar mientras prometían fiestas su campaneo actual:

Escuchad los trineos y sus campanas: ¡son plateadas! ¡cuánta diversión prometen

sus tonadas! ¡que graciosas tintinean en el gélido aire vespertino! Y las deliciosas

estrellas incontables parpadean, alegrando el cielo cristalino al compás, compás,

compás, con un rúnico rimar, del refrán que musical emana de las campanas,

campanas, campanas, campanas, campanas; del tañido y repicar de las campanas.

El aire se doblegó con una calidez intensa y extraña y de los ojos de Charmión

brotaron dos lágrimas de diamante, ella, sin comprender nada; y las campanas

volvieron a tañer elevando sus notas por encima del silencioso valle, o ruidoso,

según se mire o se sienta y Eiros se emocionó y volvió a cantar:

Escuchad las dulces y nupciales campanas: ¡son doradas! ¡que mundo de dichas

anuncian excitadas! ¡Cómo llenan de deleite con sus trinos el aire fragante y

vespertino! De las auroleadas notas, ¡que canción nítida flota hasta la tórtola o la

musa que escucha absorta, encumbrándose a la luna! ¡Oh, qué eufónico torrente se

desgrana voluminosamente de las notas delicadas! ¡Cómo emana! ¡Cómo clama

hacia el futuro! ¡Y proclama la emoción que hay encerrada en el tintineo y balanceo

de las campanas, campanas, campanas, campanas, campanas, campanas,

campanas; en el rimado repicar de las campanas!

Charmión le miraba centelleante y su sonrisa brilló cual un collar de perla de

estrellas y dos lágrimas de fuego le brotaron de los ojos y mientras éstas caían y se

perdían en la infinitud se transformaron en rubís y sonaron de nuevo las

campanas; y Eiros, que a Charmión no la miraba perdió su vista y su semblante

perdió un poco de color, ¿a donde miraba Eiros? se preguntó Charmión sin siquiera

saber su nombre mortal. Aireó Eiros su voz y dos lágrimas opacas y de acero

brotaron de sus ojos y salpicaron el suelo de diamantes que se fueron apagando

hasta que Charmión logró capturarlos todos, y su voz bramó en toda la esfera y aún

un poquito sus labios duros sonrieron mientras las campanas propelían ruidosos y

monotos acordes cada vez más acelerados:

Escuchad las sonoras campanas de alarma: ¡su bronce brama! ¡Qué historia

aterradora presagian excitadas! ¡Cómo llenan de histéricos aullidos al aturdido

oído vespertino! Demasiado horrorizadas para hablar, sólo atinan a chillar, a

chillar, y no aciertan ni una nota, en su clamoroso intento de rogar piedad al fuego,

en su loca controversia con el fuego sordo y fiero, que se estira al cielo, al cielo, con

efímero deseo y resuelta voluntad de posarse, ahora o jamás, junto a la pálida luna

que flota. ¡Oh, las campanas, campanas! ¡Que aterrorizadas narran historias

desgarrantes! ¡Cómo rechinan, chocan y braman! ¡Cuánta desesperación derraman

en el seno del aire palpitante! Pero el oído sin duda intuye, en el talán y el repicar,

cómo el peligro se mengua o huye; el oído sin duda se percata, en el doblar y el

balancear, cómo el peligro se crece o se aplaca; en el crecer o aplacarse del furor de

las campanas, de las campanas, de las campanas, campanas, campanas, campanas,

campanas; ¡en el clamor y el redoblar de las campanas!

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Charmión semidesconcertada y sin motivo contenta se puso a aplaudir, todos los

fantasmas de aquel sepulcral silencio los miraron y también aplaudieron y Eiros

hizo un gesto de complicidad a Charmión para que se callara y todos los fantasmas

fueron desapareciendo como si nunca allí nada pasara, the houers at night en otro

idioma pensó ella, eyes in the dark.

Y pasarán mil aves, dijo él, mientras las campanas insistentes continuaban con su

lamento, que a la vez fue rico y gutural; y silenciándose hasta los ojos y la ya

formada figura exterior de Charmión todo entonaba sus sentidos para escuchar de

las campanas su última canción, y Eiros, como no, el gran y solitario amante entonó

su otra canción:

Escuchad cómo doblan las campanas: ¡en hierro forjadas! ¡Qué solemnes

pensamientos su monodia propaga! ¡En el hondo silencio vespertino con qué

temor nos afligimos ante la triste amenaza de su acento! Pues cada sonido que

brota de sus gargantas rotas y oxidadas es un nuevo lamento. Y la gente, ah, las

pocas personas que en el campanario, a solas con el viento, tañen, tañen, tañen,

tañen, tañen, ese monocorde aliento y disfrutan, no se extrañen, oprimiéndonos el

pecho, no son mujer o varón, ni humano ni bestia son: ¡son demonios o espantajos;

y es su rey quien, a destajo, va agitando sus badajos hasta arrancarles de cuajo un

himno a las campanas! ¡Con que jactancia desgrana el himno de las campanas! Y

aúlla, baila se afana al compás, compás, compás, del jolgorio que dimana como un

rúnico rimar del tolón de las campanas, las campanas, campanas; del doblar de las

campanas, campanas, campanas, campanas, campanas, campanas; del lamento y el

clamor de las campanas.

Y entonces Eiros se giró con aire grave y miró a Charmión que ya lo miraba

seriamente y cometas multicolores rodaron por los ojos de Charmión mientras en

Eiros algo de su profunda mirada se desgranaba y casi llorosa dijo Charmión que

todo podía ser mentira y con una sonrisa en los labios y un destello de luz en los

ojos de Eiros le dijo que en efecto todo era mentira y reanudaron su marcha por el

valle encantado, cual una pareja de penitentes cada uno en sí pero en el otro

enjaulado como por un azar endiablado y sus pies se tornaron como bruma o alas y

hacia lo lejos los dos volaron; franqueando un amplio y espeso paraje. Era la noche

bella y apacible y sobre la espalda de Eiros Charmión se durmió y se desplomó

suavemente hacia abajo del valle y Eiros mirándola y con la vista siguiéndola la

dejó caer y Eiros quiso transformarse en dragón y cantó mientras Charmión caía la

siguiente canción; Charmión lentamente se desplomaba suave sobre un impávido

abismo de silencio:

En una noche de junio bajo el místico plenilunio me paro. La luna desprende un

vapor vago como de opio perfumado. Goteando, en las cimas quietas deja su rastro

y se adentra, soñolienta en el valle universal. Sobre la tumba de romero aflora, la

lila se dobla sobre la ola. Abrazadas a la neblina buscan reposo las ruinas. Igual que

el Leteo , ¡mirad!, el lago parece soñar y despertar jamás. ¡Allí, donde toda belleza

duerme junto a su sino yacen los amantes! Esa ventana, oh dama luminosa, abierta

a la noche, ¿no es peligrosa? Desde las copas, la brisa traviesa las rejas de hierro,

riendo, atraviesa; la brisa incorpórea, bruja ligera, por tus aposentos se pasea. Y

tan temiblemente se empecina en mover el dosel de la cortina sobre el orlado

borde donde tu alma adormecida se esconde que las sombras por el suelo y por los

muros ¡van y vienen cual lémures oscuros! Oh amada, ¿no existe miedo en ti? ¿En

que y por qué sueñas aquí? ¡Sin duda vienes de otros confines para el asombro de

estos jardines! ¡Que extraños son tus vestidos, el doblez de tu melena larga, tu

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lividez y, sobre todo, esa solemne placidez! La dama duerme. ¡Sea su letargo tan

profundo como largo, y sea compasivo con ella el gusano! Que en pleno bosque se

levante, adusto, un gran panteón que antaño desplegaba sus cancelas negras,

córvidas alas, dominando triunfal los palios crestados de los fastos fúnebres de sus

antepasados. Un sepulcro solitario y silencioso, oh muerte infranqueada, ¿eso eres

tú para los que aman?

Y la estela que fue dejando Charmión a lo lejos se perdió.

Navegó durante largo rato Eiros el éter nocturno sin dar notas de cansancio, pero

pronto en su mirada se vislumbró un atisbo de pesadez y temió como solía temer

él al sueño, al pesado sueño de los gigantes. Una leve y vivaz estrella roja tal vez

una luna de Charmión se había alojado en el interior de Eiros y ésta libre en sus

interioridades confundida y decidida se removía de lugar a lugar buscando

incansable causas y porqués.

El sueño se apoderó de la mente de Eiros y pesadamente hacia el vacío se

precipitó, tosca y como una piedra muerta; y cayó con sonoro y seco ruido en las

losas de una ciudad muerta y la estrella roja de Charmión le habló, le habló como si

hablara como el espíritu de los muertos:

Tu alma se encontrará sola entre las cosas, entre oscuros pensamientos de

fúnebres losas... De todo el gentío, nadie en verdad invadirá tu hora de intimidad:

No rompas el silencio de esa quietud que no es exactamente soledad... Los espíritus

de los muertos que en vida tú conociste, ahora, en la muerte, volverán a rodearte, y

su deseo por completo te eclipsará: mantente quieto. En la noche prístina pero

severa, las estrellas, desde la celeste esfera, no irradiarán hacia estos arrabales su

luz de esperanza a los mortales... En cambio, sus órbitas rojizas serán como una

opaca y enfermiza quemazón, una fiebre inclemente que azotará tu fatiga

eternamente. Ahora habrá ideas que ya no ahuyentarás y visiones que nunca

desvanecerse verás... Ya no pasarán por tu espíritu postrado como gotas de rocío

por un prado. La brisa, aliento de Dios, sed que jacta, mira cómo se aquieta y la

bruma que cubre la silueta de la colina, sombría pero intacta, es un símbolo y una

señal exacta... Cómo flota sobre los árboles frondosos: ¡he aquí un misterio

prodigioso!

Y de la estrella de Charmión brotaron dos lágrimas de rocío y un fresco aroma a

viento aireo los pulmones de Eiros que coloreando su oscuro color se levantó de

improvisto y vio, sentada junto a él a Charmión y, cogiendola de la mano suave

pero firme la llevó por una senda y Charmión a Eiros le enseñó como lucía el lucero

del alba. De improvisto Eiros tropezó y se dio de bruces en el suelo golpeándose la

cabeza contra una piedra y se puso a delirar y recito este poema desde lo más

hondo de su extraño e inofensivo delirio mientras Charmión, preocupada

intentaba que a aquel amante no le pasara nada:

Yo te vi mujer, presa del delirio punzante de mis adormecidos ojos, las agujas

fueron soles y las lunas despegaron y entonces descubrí que todo era un sueño

dentro de otro sueño. ¡Recibe en la frente este beso! Y, por librarme de un peso

antes de partir, confieso que acertaste si creías que han sido un sueño mis días;

¿pero es acaso menos grave que la esperanza se acabe de noche o a pleno sol, con o

sin una visión? Yo que guste de ti, forma femenina y anhelosa. Hasta nuestro

último empeño es sólo un sueño dentro de otro sueño. Y Eiros siguió con su delirio.

Frente a la mar rugiente que castiga esta rompiente tengo en la palma apretada

granos de arena dorada. ¡Son pocos! Y en un momento se me escurren y yo siento

surgir en mí este lamento: ¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo retenerlos en mis dedos?

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¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera salvar uno de la marea! ¿Hasta nuestro último empeño es

sólo un sueño dentro de otro sueño?

Y Charmión emocionada le besó en la mejilla y le hubiera llenado el rostro de

besos, imaginando el abrirse de las rosas y ver sus capullos emerger al sol, pero,

Eiros, consciente le contestó que las plantas respiran por los pies y ella dijo que

buscan su esplendor hacia el sol, y sus labios y sonrisa y ojos fueron los mismos,

como un reflejo de si mismos en dos espejos, en dos distantes espejos; y una ráfaga

de huracán los arrebató a los dos y volaron por encima de ciudades misteriosas, y

al llegar a la última, a la más oscura y olvidada, aquella ciudad en la que ya nadie

pensaba sus dos voces se juntaron y al unísono clamaron: ¡oh extraño designio!

¿Qué quieres de nosotros! y Charmión sin creerse nada recitó:

Un caballero errante, garboso y galante, por florestas y por prados, cantando una

canción viajó y viajó en busca de Eldorado. Pero el paso del tiempo lo fue

envejeciendo y en su corazón templado una sombra anidó, pues el hombre no halló

ni sombra de Eldorado. Y ya cuando desfallecía a plena luz del día una sombra se

plantó a su lado. Sombra dime, dime, dime dónde en que lugar se esconde esa

tierra de Eldorado: más allá del horizonte de la luna y de sus montes y del valle de

las sombras y los hados cabalga, donoso caballero cabalga, -le dijo la sombra larga-,

si vas en busca de Eldorado.

Fue tal el arrebato de furia y pasión en el corazón de Eiros que firme y con decisión

agarró por la cintura a Charmión y la llevó a la ciudad en el mar y volvió cantar,

esta vez con más rabia y melancolía:

¡Ved a la muerte entronizada en una ciudad extraña y desolada que yace en lo más

hondo del oeste yermo, donde lo mejor y lo peor, lo bueno y lo enfermo duermen

ya su sueño eterno! Los templos, los palacios y las torres, allí ¡firmes pese al

trabajo del tiempo! En nada se parecen a los de aquí. En derredor, olvidadas por

los vientos, sumergidas bajo el cielo, resignadas, moran melancólicas las aguas. Ni

un solo haz del firmamento llega a la ciudad adormecida y ciega; mas una rara luz

que el propio mar destila remonta en silencio las torres tranquilas y a su albur los

pináculos rutilan; remonta cúpulas, agujas, regios salones, babilónicos muros y

panteones, pérgolas sombrías y olvidadas con hiedras y flores en piedra talladas,

remonta maravillosos santuarios en cuyos densos frisos estrafalarios se trenzan

lilas, violáceos y morados varios. Sumidas bajo el cielo, resignadas, moran

melancólicas las aguas. Torres y sombras, fundidas por igual, en el aire parecen

oscilar mientras la muerte gigantesca, vigila desde lo alto de su atalaya altiva.

Aunque allí bostezan templos y tumbas junto a las olas de luces profundas, ni la

riqueza que, dormida, brilla en los ojos diamantinos de las estatuillas, ni las joyas

que los muertos lucen a las aguas quietas tientan ni seducen; pues ¡ay! Nada las

olas cristalinas riza en esa inmensidad, ninguna brisa, ninguna cresta anuncia que

a lo lejos, en mares más felices, soplan vientos; ni las más leve ondulación sugiere

que hubiera mares menos serenos y crueles. Pero, ¡mirad!, el aire se conmueve. La

ola... ¡allí algo se mueve! Como si las torres, cediendo apenas, hubieran desplazado

la pálida marea; como si sus crestas en el cielo tenue hubieran abierto un claro

débilmente. Las olas adquieren reflejos rojizos, las horas emiten jadeos

enfermizos... calló un breve instante Y cuando por fin calle la tierra gimiente y esa

ciudad en lo más hondo se asiente, el hades, el averno, el orco, el infierno, ese gran

panteón por mil tronos ungido, el abismo... la reverenciará complacido... ¡oh

oscuridad, yo también te amo, se compasiva conmigo y acoge a mi espíritu en tu

mansión de las sombras, y así por fin ¡no te acabes guerrero de la luz y de la

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oscuridad! gritó Charmión y así por fin descansará tranquilo en su reposo eterno

toda mi atormentada búsqueda existencial, allí, mientras me acarician las sombras.

Y Charmión lloró hasta hacer brotar dos ríos de sus ojos que airosos se levantaron

para perforar los ojos de Eiros que no pudo aguantar su mirada y la apartó, y

bruscamente Charmión desapareció estampándose sus formas en la estrellada

atmósfera.

Fue Eiros caminando solo entre los fantasmas nocturnos sin apenas fijarse en ellos,

más ellos en él si se fijaban, pero nadie de los allí presentes osó interponerse o

decirle nada. Es el caminar del amante solitario, se lamentaban unas musas de

tiempos antaños ¡oh si pudiéramos rodar su cabeza! Aún a nuestras hermanas

enfermas despertara y nuestros sueños y anhelos se tintarían de formas

multicolor, más nuestro tiempo ya pasó y el caminante, con su sombra, eterna

acompañante, caminará en pos de ese ideal de su propia invención, tal vez falso tal

vez real.

Y Eiros caminó y caminó hasta llegar a lo alto de una platea donde, debajo de las

estrellas, contemplaba el mundo que dormido vivía a sus pies y se puso a gritar

desesperadamente: ¡oh diosa de la velocidad llévame más allá de las estrellas y el

universo nuestro será!¡oh, pero todo es nada! al despertar, no puedo contemplar

este drama de sangre y rotos corazones, de lágrimas y desesperaciones y pronto

me cansaré de caminar y mi voz pronto dejará de cantar pues ya mi garganta se

agujerea. Y desde esta última platea me dispondré a contemplar este último drama

de quimeras que hacen agonizar al individuo y al mundo, y, una vez recitado esto el

romanticismo del guerrero, que guerrea por guerrear habrá concluido y nuevos

avatares, si tal es mi destino se cernirán sobre mí. Grande el palco es donde ahora

me postro y las almas y espíritus pobladores de cuanto en Aidin se muestra,

estarán dispuestos a escuchar cuanto les voy a relatar, pues esto data de siglos

venideros al nacimiento de ese dios que no creó nada, ¿amor? Todos venimos de

un caos, cuantos nombres deben removerse en sus tumbas. Nadie en su muerte ha

gozado del favor de los dioses, así, que cada cual se aplique su cuento; por la

bendita época que nos dejó el romanticismo, yo lo cantaré, yo, el joven Dionisios o

Febo Apolo o el gran mentiroso:

¡Ved! ¡En la soledad de estos últimos años hoy es una noche de gala! Una bandada

de ángeles extraños, envuelta en velos y en lágrimas bañada, se dispone en la

platea a contemplar un drama de temores y quimeras mientras la orquesta ataca

sin cesar la música de las esferas. Mimos disfrazados de Dios en lo alto farfullan y

susurran por lo bajo y vuelan sin pausa y dan mil saltos; ¡meros fantoches,

deambulan a destajo al capricho de amorfas vastedades que sacuden sin piedad la

escena y al batir alas de cóndor le añaden una invisible pena! Estad seguros: ¡ese

drama inconstante jamás será olvidado! Con su fantasma perseguido a cada

instante por una multitud que no ha logrado ni logrará cazarlo y que, insegura, en

círculos concéntricos se afana; con mucho de pecado, y de locura, y el horror como

eje de la trama. Pero, ¡ved cómo una forma solitaria y reptante, una cosa rojo

sangre, se retuerce, haciéndose palmaria en medio del grotesco rifirrafe! ¡Se

retuerce, se retuerce! Y los mimos se estremecen y agonizan en sus fauces y van

bañando en sangre sus colmillos ante los ojos llorosos de los ángeles. ¡¡Fuera...

fuera luces... todas fuera!! Y sobre cada sombra palpitante cae el telón, esa

mortuoria tela, como una tempestad paralizante mientras que de las filas

marchitas de serafines ahora en pie surge un clamor: “Hombre” es el drama que

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ecitan; su héroe, el gusano conquistador. Oh, ¿qué queréis? ¿que vomite mi

corazón?

Y dicho esto desde su elevada platea se desplomó riéndose como un loco hacia las

profundidades de los abismos. Una luna roja a lo alto se encumbró y viola Eiros y

de nuevo volvió a volar, pero esta vez su vuelo ya no era el mismo, le faltaba

energía y la pesadez en su ligereza había hecho mella, y en las alas que en su

espalda se le dibujaron se le tintaron de sangre y la luna roja entró en Eiros como

una exaltación y espolvoreó la sangré hasta convertir sus alas en plumas, gemas,

diamantes, rubís y formas como las que esmaltaran antes los orfebres griegos, y

estas no pararon, y dibujaron mil cuentos de hadas batallando con sus ogros; y cual

una estrella en el interior de la mano de Eiros empuñó la espada y se lanzó ya sin

sus imaginarias alas cual un torbellino, airado y retador en pos de las alturas de las

montañas Escabrosas, para ver, otra noche más al fantasma del Broken, y rondar,

como mil veces antes los abismos de las cumbres en la noche eterna de Walpurgis.

Pero al llegar, otra vez bajo el olivo estaba ella, Charmión, sí, iluminada, pero con

una iluminación pálida.

Que bella eres pensaba él, no habría cosa más bella que pueda iluminar mi paraíso,

contigo marcharía para no regresar jamás en las canicas cósmicas que nos tiene

reservado nuestros supuestos padres, y jugaríamos y reventaríamos esferas en pos

de lo que es crear, porqué el hombre y la mujer en un planeta ya creado es lo que

debe de crear, y nosotros oh Charmión, nos creamos a nosotros mismos y nos

cocimos en el fuego más puro.

Ah incauto Eiros, Charmión le escuchaba sus pensamientos y con una débil sonrisa

dibujada en sus finos labios daba a entender, que en efecto, la noche de antes ya se

habían conocido, te equivocas amada respondió él por pensamientos, en este

mismo lugar, ya hace años nos conocimos cuando niños por vez primera, me diste

un beso en la mejilla y seguiste tu camino, y hoy es el primer paso por lo que nos

falta por conocer, sea pues lo que tenga que ser dijo y los anillos, empezando por

nosotros, puesto que es así empiecen a anillarse, más la noche termina, y el día, del

cual absorbemos su color para prodigarlo a las estrellas pronto llegará y nos

volveremos a separar y tan bien como yo sabes que no es fácil llegar a éste lugar si

no es por pura casualidad.

Cógete a mi brazo y volemos a nuestro destino, volemos a lo incierto dijo él todo

resuelto y ella sin ya nada que perder se fió y juntos empezaron su marcha hacia

las cumbres más altas, aquellas que se levantaban por encima de todos los valles y

llevemos nuestra canción de amantes a nuestros padres y que ellos ¡oh padres! Nos

leguen las estrellas puesto que de ellos heredamos nuestro amor, quemados por el

fuego eterno, purificándonos, construimos nuestras lunas, y los anhelos de Saturno

hora es ya de que los amantes sepan interpretarlos y anillarlos hacia la eternidad,

por los anillos nupciales, por todo lo que tenga que anillarse, por todo lo previsto

por nuestros padres, seremos los amantes inmortales y un millón o un millón de

millones de paraísos estelares crearán los amantes inmortales y rodarán las

cabezas de los que tengan que rodar por todo lo que se tenga que anillar. Por todo

lo que desea vivir y ser amado seremos los amantes sacrificados en pos de su amor

porque yo soy Eiros, y tú eres Charmión; aunque estas últimas palabras ella no las

entendió, aunque aquel poeta loco le parecía divertido.

Y juntos pasaron por las camas de todos los seres que amaban y al posarse sobre

un lecho, un lecho de un ser que Charmión amaba como centellas en sus ojos se

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dibujaron el verbo de las palabras que querían ser y ese ente al que hablaba era

Eiros en sus sueños:

The night you slept. También la noche se te asemeja, la noche remota que llora,

muda, en el corazón profundo, y las estrellas pasan cansadas. Una mejilla toca una

mejilla- es un estremecimiento frío, alguien se debate y te implora, solo, perdido en

ti, en tu fiebre. La noche sufre y anhela el alba, pobre corazón sobresaltado. ¡Oh

rostro tapado, oscura angustia, fiebre que entristece a las estrellas, hay quien,

como tú, espera el alba escudriñando tu rostro en silencio! Estás tendido bajo la

noche como un cerrado horizonte muerto. Pobre corazón sobresaltado, en un

tiempo lejano eras el alba. Y Eiros que no se enteró de la plegaria por él se rascó la

oreja y después la cabeza confuso.

Eiros se confundió de tal manera que pareció actuar como si estuviera nuevamente

solo, solo sin Charmión y cerró los ojos como deseando no ver nada, pues en su

mirada todas las formas se nublaban y Charmión convertida en luna roja eclipsó la

luna marrón de Eiros y como por encantamiento le habló a su confundida, al caos

de su mente:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos- esta muerte que nos acompaña de la mañana a

la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento o un vicio absurdo. Tus

ojos serán una palabra vana, un grito acallado, un silencio. Así los ves cada mañana

cuando te inclinas solo ante el espejo. ¡Oh querida esperanza, también nosotros

aquel día sabremos que eres la vida y la nada! La muerte tiene una mirada para

todos. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Será como abandonar un vicio, como ver

que emerge de nuevo un rostro muerto en el espejo, como escuchar un labio

cerrado. Descenderemos al remolino, mudos.

Sin abrir los ojos Eiros a Charmión le respondió:

La muerte tiene un sueño, un sueño que no puede definirse. Busco una forma que

no se me asemeja. En el dulce torbellino de mi tormento que cae, cae lento, que no

calla y cae mudo verán los ojos hundidos, la cara demacrada y la rosa que nació

mustia se marchitará mientras la noche sueña en las cabezas que mueren en las

almohadas y son las vidas colecciones de trenes, sin billetes de vuelta, y la saliva

que se traga sabe a sal que busca la sal y la saliva, y la lágrima es un cocodrilo que

llora, y el viento sopla y sopla y soplando sigue, seguirá coloreando el sol lo que

quede. Vendrá la muerte y tendrá tu cara y tus pensamientos serán una manada de

golondrinas que ya no volverán; las piedras que tiramos seguirán vivas, en su

interior, en el interior de las piedras, dónde vive el tiempo y no pregunta, tan sólo

pasa, pasa inmortal e inmortal descansa. Vendrá la muerte y tendrá mis ojos, sí, yo

lo se, vendrá la muerte y tendrá mi rostro, arrancará mi cara y mis huesos serán

tierra dónde el tiempo se erosione, mudo, en un remolino de polvo. Vendrá la

muerte y tendrá mis ojos, y las palabras ya no se escribirán, los poemas ya no se

leerán vendrá la noche y tendrá mi alma ¡esa esperanza que se nos escapa! Las

caras de las montañas respirarán y la roca se desgastará buscando el tiempo que

robó o el tiempo que le robaron, soñará el sueño de la última noche, oh amada,

antes del despertar tus últimos temores vendrán a atormentarte. La muerte tiene

una mirada para todos. Vendrá la muerte con su mirada y su mirada será lo que se

lleve. Es oscura la mañana que pasa sin la luz de tus ojos ¡oh ansiada alba!, ¡oh

ansiado despertar! ¡oh alborada de mi despertar!

Y Charmión llorosa a Eiros se abrazó. Había que proseguir con el camino y el cenit

se teñía de un color rojo encarnecido, violento, y los animales de la planura

aullaron lastimosamente como un viejo temor o la expiación de algún

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emordimiento mientras las pesadas nubes, incansables, pululaban de confín al fin

de la canica de Aidin y un pájaro viajero, sublime pasó ante sus vistas como

preludio de algo que debía ser, pero ¿sería hermoso o tan sólo una quimera?; otra

más pensó Eiros.

Los amigos dormían placenteramente, sólo alguno se angustiaba bajo la pesadez de

una noche sin estrellas y Eiros lloró a lo que Charmión contestó:

¿Qué le diremos esta noche al amigo que duerme? La palabra más tenue nos trepa

a los labios desde la pena más atroz. Miraremos al amigo, sus inútiles labios que no

dicen nada, hablaremos en voz baja. La noche tendrá el rostro del antiguo dolor,

que resurge cada tarde, vivo e impasible. El silencio remoto sufrirá como un alma,

mudo, en lo oscuro. Hablaremos a la noche que respira en voz baja. Oiremos cómo

gotean los instantes en lo oscuro, más allá de las cosas, en el ansia del alba, que

llegará súbitamente tallando las cosas contra el muerto silencio. La luz inútil

revelará el rostro absorto del día. Los instantes callarán. Y las cosas hablarán en

voz baja. Allá se fueron los niños que vivían en nosotros y tal vez en otras esferas

regresarán ¡oh ventanas de mi alma! ¡oh puertas cerradas! Oh exclamaciones sin

finalidad, oh, etéreos poemas.

Hay que seguir y el ocaso de nuestra noche nos espera, basta de platicar, no lo

demoremos más dijo Eiros como si hablara solo y el camino hacia la cumbre se

hizo más abrupto y escabroso.

Ya hemos llegado a las alturas y como ves los fantasmas que a nuestro paso se

cruzaron no nos hicieron daño, más dañó podríamos haberles causado nosotros a

ellos, no buscamos el mal, siquiera el bien, tan solo la libertad, ver si el amor es una

realidad, aunque sea en mi forma, oh, el amor sin nadie. Y mira en esta noche, pues

la noche es inmortal, al igual que el día como se truncan las formas, las épocas y las

figuras. Ya no es la noche romántica, ahora se convierte en clásica y cualquier

hechicería ya sea de la Edad Media o de la Antigua todo esta lejos de abarcar el

aparato fantástico de todos los tiempos; ya sea clásico, romántico o ancestral,

oriental o selvático en todo hay creaciones monstruosas y divinas y todo algún día

renacerá. Dime amada de la noche, ¿por que me sigues?

Charmión: No lo sé, busco el ideal de mi libertad, la pasión que me vio nacer y el

dar sentido a mi vida, y eso que se acerca es la atmósfera y quiere expedirnos fuera

de ella. No sé tu nombre creador; mas las estrellas en aquel lejano día nos lo dirán

pues el aire que respiramos ya se sale de la atmósfera, y el alba pronto empezará a

clarear y volveremos al lugar del día y eso por hoy será nuestro despertar, ¿puede

el amor dar sentido a la humanidad? No más palabras, no más gestos el aurora ya

empieza a clarear y el pájaro que vimos nos vuelve a visitar, y con su trino esta

monodia propaga, monodia multicolor si uno quiere tintarla, pronto

despertaremos a nuestras vidas mortales ¡grita guerrero! Lo que tengas que gritar

pues la atmósfera anhela que estemos fuera de ella:

Y en el caos de mi cerebro tú serás el rayo, tú serás la luz y juntos todo lo volveremos

a crear, y crearemos sin tiempo e incombustibles mientras los anillos y los cuartos de

luna empiecen a anillarse y a rodar. ¿Hasta cuándo?- gritó Charmión desesperadahasta

ver las cabezas de nuestros padres coronadas de laurel.

Y entonces -dijo ella con la voz de una diosa- volveremos para dar color al gran

anillo lunar, y todo lo que vivió en Aidin volverá a vivir y saldrá por la luna

anillándose todo hacia el universo y la eternidad, oh, y tendremos un millón de hijos,

payasitos y poetas.

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Y ambos dos en sus respectivas camas despertaron. Charmión lo olvidó, en Eiros

aún resuenan las ya huecas palabras. Y la leyenda prosiguió no sin alguna mentira

en un famoso relato de Edgar Allan Poe. Todo lo que aconteció después en sus

vidas fue falso pues este sueño se olvidó y sólo lo recuerdan las plantas y las flores

y el gran olivo del valle encantado, ¡oh, sí, también lo vieron las estrellas que

vivieron esa noche!, tal vez no lo recuerdan más, ¿volverán algún día a hablarse?,

Charmión fue una diosa en la tierra y Eiros murió solo, la luna aún espera a que

coloquen su primer cuarto de luna. Oh, que tristeza, los elegidos, se olvidan de sus

vidas y de su misión en la tierra, y la esperanza, esa señora que mantiene vivos los

deseos y los sueños imposibles está en los corazones de los que aman, y solo su

amor y su caos, podrá engendrar estrellas; oh, y qué son los cuartos de luna, sino

todo el odio que acumulamos en nuestro interior, ¡oh! almas humilladas, ya llego al

fin de este cuento, las mentiras se pierden entre fragmentos de luna, la voz de este

amante narrador ya se acatarra y la tierra solo anhela un despertar que no

despierta ¿habrá que anillar también los reflejos solares? sea, hasta hacer hervir la

sangre de nuestros padres, y que el color que pintó todas las generaciones vuelva a

salir y que todo lo que vivió en Aidin vuelva a vivir, entonces se trazarán las líneas

hacia la eternidad y todos los sueños se harán realidad mientras los solitarios al

fin, suspiria, vislumbran su despertar y como sanan sus heridas ¿se escribirá la

segunda parte?

End

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LA LEYENDA DE EIROS Y CHARMION (parte 2) 2009

A tants

“No puede separar la muerte aquello que en su núcleo más puro esta fundido”

Las cuchillas del amanecer habían cercenado la alborada resplandeciente.

Asesinada la mañana en el nacimiento oblicuo en los haces desperdigados en el

palustre de arco iris que sembraba semillas de rocío transparente y puro como el

corazón de Charmión. El fuego dividido en la purificación del Último Día Soñado

requemaba inmisericorde el ansia carnal en el tormento irredento del espíritu de

Eiros. Las metamorfosis plenas en el auge de la evolución deística hacia Materia

Eterna topaba crudamente contra los muros de la habitación y los fantasmas de la

almohada, el deseo renacía doloroso en la búsqueda de la conclusión, en los anillos

que al juntarse formarían las curvas infinitas donde el Amor desplegaría en toda su

majestad y plenitud sus Divinas Alas. Oh eclosión de las formas en la perpetuidad

del cosmos creador y expansivo, ¿no es Eiros el reflejo de Charmión? ¿Acaso no se

doraron sus almas en el fuego más puro allí junto a los dioses? Si la muerte alcanza

a uno de los dos sin consumar la Profecía los niños soñados en los campos del

anhelo no serán, no serán las cataratas tumultuosas donde los descendientes de

Apolo y Afrodita gozarán a un nivel insospechado.

Los edificios de hormigón se erigen amenazantes recortando la estrella del día. Las

sombras se pertrechan en suburbios y arrabales y observan maliciosas arañando

los destellos dorados que salpican las partículas del aire. Los hombres refugiados

contra sí, en el odio preternatural cultivan muescas irreales en el devenir de las

corrientes racionales de la Tierra, no perciben que nada les pertenece, que todo es

un préstamo y que su desnudez será materia de pago, que el estado de sus cuerpos

diminutos rendirá cuentas ante la Gran Llama, y que la combustión terrena dictará

lo que saldrá del agujero negro de la tripa. Oh nube guarda en tu memoria que

nosotros también vivimos, y amamos, y que cuando el cosmos refresque los

pulmones de Gea podamos presentar nuestra candidatura para el fuego eterno,

¡qué no nos borre sin condena! ¡Qué los hijos del Amor (nosotros) puedan tocar el

fino cristal de Atmósfera!

Caminado ha Eiros blasfemando contra aquello que los Arquey consideran

sagrado. Eiros no ha hecho sino mas que cavar una profunda fosa donde perecerá

en la pira incombustible sin redención, ni su alma, forjada en el Fuego de la Verdad,

merece postergarse en los reinos y prados estelares. Él ha mancillado el don

adquirido en la herencia genética del devenir astral en la conjunción seminal de

Ángeles y Dioses. No hay perdón para quién ha disparado, ha proferido gestos

obscenos y ha estampado un excremento en la cara del representante de Zeus, el

Cero. Eiros debe morir con dolor y amargura y debe renacer con la máxima pena,

sólo tendrá su Eterno Retorno, en las Montañas de la Magia.

Pero oh amado, ¿qué será de Charmión?¿Vas a permitir que se consuma en vida?

¿Dejarás que se seque su vientre y que sus hijos no revistan la Vía Láctea? ¿Vas a

consentir que Charmión, heredera de los Arquey, muera sin conocer el amor?¿A qué

su alma gemela y contrario, Eiros, maldito por impedir que los hombres contaminen

Atmósfera y renunciar él mismo a su divinidad condenándose por todos sus

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hermanos no merezca siquiera acariciar un solo pelo del mágico cabello de

Charmión? Mi amado debes consentir que el agua de los cauces del destino funda la

nieve y el desierto en uno, ¿cómo si no podrá nuestra forma asegurar su perpetuidad

en un cosmos sin memoria? ¿Prefieres a los hijos de Pazuzu y Ereskigal? En verdad

Eiros es maleducado, ¡pero él solo detuvo la nada con sus manos! El amor es su

fracaso y Charmión es la almohada de su corazón. Charmión es la canción Charmión

es la única que podrá rodear su cabeza con las dos manos.

Querida me rompes el alma en dos, fragmentas mi esperanza en lágrimas y me

haces apretar los labios. Sabíamos que era arriesgado emparejar a nuestra más

bella hija con nuestro hijo más rebotado. Pero Eiros ha sobrepasado su insolencia,

la ventaja de Ser con la Forma le permite concebir ideas y aplicarlas sin respetar

nada y él la aprovecha para poner a su especie, ¡por arriba de los dioses! Con todos

sus defectos, quiere incluso reconquistar el Tártaro, y echar a Pazuzu a patadas,

eleva a las mujeres por arriba de las nubes, las saca al espacio y las hace volar,

¡cómo osa insultar a los Ángeles, cómo se atreve a afirmar que los hombres son los

Dioses de la Tierra! Eiros morirá y su cuerpo será arrojado a la Ghenenna.

¿Entonces el Amor de Charmión perecerá junto con toda su descendencia?¿Siquiera

quieres ver el rostro de sus hijos o al baile en las órbitas y a los guerreros y

guerreras? Eres cruel Theothormon temes que Eiros y Charmión y su descendencia

nos superen.

Si en verdad Charmión puede amar y terminar con alguien como Eiros, sea, pero si

Charmión rechaza ¡O Eiros la ofende y agrava! Éste acabará en la peor de las

condenas. ¡Qué el pletórico despliegue de átomos cerce su cuello y que las dagas de

mineral forjado en Núcleo atornillen hasta la demencia sus sesos.

Ave de majestuosas alas, lirio vestido de hermoso blanco, ¿a qué ser inmortal sin

un solo momento de amor? Aquel que nace acunado por las nubes y el sol en la

primera infancia y se encamina con paso firme hacia las tinieblas, rodeado de

cuadros pintados por la mano de los haces en el efímero transcurso de la vida,

¡preñado de luz! pero el reguero sangriento que emana tras los pies como ríos de

muerte dirigen la proa mientras todo se derrumba, abrazado a sí mismo y al horror

de sus pesadillas. La mortandad nacida de las manos en la fantasía agónica del

sumiso conejo que dobla la cabeza y en el maltrato al pollo que huye porque no

quiere morir. ¿Pero es acaso la redención seguir pecando hasta el final sin nada

que la haga menguar? Y el potente corcel de la niñez se ha convertido en un

despiadado asesino, una lengua vulgar que batalla desatada y sin rumbo contra la

nada, perdida en los filamentos de Etérea.

Los aperos cortan los insectos perdonados por la necesidad y el trabajo. La cosecha

en el corazón de Eiros son truenos, relámpagos y terremotos, él es brillante por

fuera pero dentro se introdujo el fuego de la Ghenenna. Exceso de amor ha

derrapado en los barrancos que se abren en los lindes del deseo y el desvarío ha

arraigado con las zarzas del odio despedazando a toda flor. Y grita el hierro al

forjarlo, arrancado del Alma de las Montañas, llora el plástico en el molde, borrado

le han el rostro a los ladrillos, calaveras la identidad del hombre, máscara que el

horror recubre.

20


Sola en el alcoba granítica y pegada a unas marmóreas sábanas heladas, el calor del

amor no ha venido, no han venido ni las caricias ni los reconfortantes abrazos, no

han venido los besos, sólo el quedar aplastada contra la pared lágrimas nocturnas

y suspiros a la madrugada que anhela pero se estrella en la necesidad mojada. El

castigo por el derroche de bondad y amor se paga con soledad. Allá en la parada

estacional en el abrigo onírico donde las reinas se perlan desnudas, baila

enamorada con el reflejo de su amado: aquel que sabe colorear y dar forma a todas

las manifestaciones de su corazón. Ella es Charmión la bendecida por los

Elementos y tocada con el Lapislázuli de la creación. Se marchita la espera y la

desesperanza glotona se adueña de las fibras que hacen latir los glóbulos rojos de

Charmión que hierve de amor, y ella con una sonrisa bella y sincera se muestra,

pero sola llora la falta del ser que la completa, aquel que un día le dará la llave para

que abra las Puertas Eternas: y que fluya en una expansión continua la breve y

esquiva aurora de todos aquellos tocados por la divinidad.

Corren las horas en los relojes, las hojas desaparecen de los calendarios, parece

larga la mortalidad pero la espera en Idilia es corta. Alargar como sea los tramos

que guían al hombre a la muerte, estirar el Eterno Retorno, con todo el dolor del

mundo, con toda la amargura que existe ¡cuándo nada más quieres que morir oh

Eiros! Delinear cada rostro de mujer en el Atmósfera para que puedan llegar a él al

caer el cuerpo inerte, enamorar a la Luna para que en su día nos abra ventanas

estelares para poblar el vacío de la Vía Láctea ¡¿importa que nadie te comprenda o

te tilden de loco de atar?! Tienes ventaja al jugar los dioses te han mostrado tu

inmortalidad: empalado por siempre jamás.

Yo he resurgido de las cenizas de la sombra que acecha al espíritu, me adentré en

los macabros valles y laberintos cerebrales para llegar a los extremos más

despreciables. Convertido en un anciano junto al abismo detuve el devorador

avance de la Nada, sin nadie más a sabiendas de la condena que me cargarán los

dioses hasta el final en mi espalda. Pero en verdad oh amantes de la verdad no me

debo a nadie mas que a Sol y a Tierra y que las demás estrellas que brillan en la

lejanía no me hacen falta. He renunciado al amor de grandes mujeres en mi bajel

han viajado todas las prostitutas y me he rebajado para que pase el último de los

hombres. También hoy despuntará el día en la virginidad del rocío y muriendo

contra la tumba de la cama desearé morir más todavía, no tardará en venir la

imagen de Charmión para restregarme lo inútil y fútil de mi vida. El declive que

aboca a mis pasos a sumergirse en los escalones que me enfocan hacia el trono de

Ereskigal son matemáticos, Ella espera terrible, Ella despedaza a sus amantes y no

ama a sus hijos. Eones hace que las huestes de Pazuzu me persiguen pero yo los

dirijo hacia un indolente vacío ¿hasta cuándo aguantaré? ¡Qué más da mi premio

será un picacho atravesándome la espalda! ¡Mi recompensa será ver a todas mis

amadas ignorándome, fundiéndose con Otros que no las amaron ni mitad que yo!

¡Charmión que vuelas por encima de todos mis amores reestructura tu genética y

busca en otro el que te ha de dar los hijos más maravillosos de todo el Universo!

Pues de mí sólo nacerán espectros infernales.

Mala suerte la mía que el dolor ya mitigaba cuando él apareció. El recuerdo de alas

de Murciélago me arañaba todavía de mis últimas experiencias, y creí ver en él la

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eencarnación de mi búsqueda y espera ¿pues qué es el mundo sin Amor, qué es la

vida sin la chispa que anima las bases donde se fundamentan los seres

excepcionales, o concebir hijos que puedan superar a nuestros abuelos? Pero él

trastornado en la vocación demente de la más descalabrada poesía se iba

humillándome y poniéndome furiosa. Eiros es un enfermo un convaleciente de

amor que sólo hallará paz con la muerte.

O con tu presencia Charmión. Él nunca tendrá paz los seres que no saben nada más

que odiar le rozan Ahora con sus nefandas y mugrientas uñas. Él ha estado en

sitios que nadie conoce y ha combatido contra seres de ultramundo en el dudoso

límite que separa las dimensiones, ¿o acaso sólo el hombre tiene conciencia de su

existencia y sólo existe lo que él ve? Él te amaba enfervecidamente mas que diga

que sólo quiere la muerte ¡quiere morir para dejar de devastar! ¡Quiere morir con

las manos limpias puesto que tú eres La Taza de Amor que han depositado en

Eideen los dioses!

El eco de los violines invisibles remueven el viento y los papeles de las ciudades

calcinadas por El Cometa, las aves siguen volando en los límites ajenas a la agonía

terrena de las gardenias que ya no tiene quién las riega. Sólo ha desaparecido el

hombre, el fuego ígneo devastador ha arrasado lo no digno de la Tierra, aquello

que no debía ser se ha borrado en la Purificación, la lentitud en la elipse del Sol

apenas se percibe en el resurgir de las especies extintas que han retornado porque

en el aire todavía estaban impresas sus huellas. Eideen ha revivido, el paraje

terreno rebrota, el fuego justo del Apocalipsis se ha llevado lo que se tenía que

llevar. La humanidad no hacía más que enturbiar un jardín a todos los cósmicos

niveles singular.

Charmión somnolienta e incrédula camina por las calles desiertas de la mítica

ciudad de Doria, no hay nadie paseando o comprando nada, sólo perros y gatos y

aves. Amartillada por el resentimiento vagabundea a la deriva por las plazas y

bulevares, entrando en alguna ocasión en tiendas para comer algo y repartir

comida entre los animales. Un pájaro pía descontento en la jaula que lo encarcela,

pero las manos de Charmión dulces y misericordiosas abren la puerta para que

vuele y despliegue el potencial. Desorientada como el pájaro, que la sigue, llega a

las inmediaciones de la ciudad y piensa que es un mal sueño, pero no puede

despertar. Es el fin del mundo vuelve a pensar. Y allá en sus pensamientos que se

pierden allende las colinas que se contraponen al cielo piensa en Eiros. Al

momento un tangible viento la acaricia y le mece el corazón mientras se le cuela

por los cabellos.

¿Eres tú amor?

El viento la rodea marcándole el camino una luz repentina ilumina a los árboles

que ahora la miran y sonríen, Charmión puede ver las caras en los troncos como la

observan y la hacen su cómplice, y las piedras que fueron consideradas inertes le

mostraban sus rostros extraños y alegres en una multiformidad brillante y nítida.

Ella podía percibir a las cosas como entes vivos y vitales, ella tenía una nueva

conciencia que se abría paso y se dirigía hacia la Verdad. Eiros le trenzó

nuevamente el hermoso cabello negro y ella se dio cuenta de que podían

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transmitirse los pensamientos y comunicarse en la perfección de los raíles que

empiedran el sendero de los átomos y las partículas que se entrechocan en el vasto

y sublime Eideen.

Estampido en la fosa nuclear, El Fuego de la Purificación, ha consumido la

continuidad del hombre, sólo queda Charmión. Todos los animales se le unen a su

paso suave y acariciador, las plantas, flores y todo cuanto se cruza en su camino

adquiere un vivo y resplandeciente color. Pero allá en el frente, a lo lejos ¿qué

oscurece toda la claridad?

¿Quién es ese que me espera?

Es Pazuzu que aguarda a la nueva Reina de la Tierra para pudrirla con sus

podridos genitales, el hedor de su aliento, es sólo un cruento sueño, un excremento

que quiere emponzoñar la belleza y restregar su victoria ante los Arquey que

reparten las esencias. Pero Pazuzu no es nada más que una sombra, nada más que

un vestigio de un pasado remoto y prehumano, que no puede ni vivir ni morir, ¡Él

no puede entrar en Charmión porque lo no digno no puede penetrar en lo digno! Y

ahí le deja Charmión, Enroscado al pie de un Manzano en una temporalidad

monstruosa contra todo que tiene que durar por delante. Una mueca se forma en

los labios del diablo mientras una lágrima de ceniza le recorre la mejilla

chamuscándole la cara.

¡¡Charmión!! Bramó cavernoso el Cifrador del Orco en el desliz del Sonido, pero en

los Lomos del Viento cabalgó la Música y la Máquina enfurecida descargó al Rayo

Primigenio perforando las distancias prohibidas autorizado por la Intervención

Celeste.

Charmión pudo oír como el demonio se petrificaba para desmoronarse contra el

suelo y al girarse ver los contornos coloreados de Eiros limpiando los restos

calcinados que había dejado El Morador Tenebroso y al Manzano florecer. Toda

Eideen debía permanecer limpia en la inmediatez del momento y Eiros era su

guardián y guerrero.

Charmión atrapó el perfil de Eiros y se besó con él en un beso que duró lo que le

costó a la luna repoblarse de verdes y blancos y azules. Los volcanes rugieron en el

fragor de las trompetas de Gabriel, y el fuego volvió a colorear de rojo las mejillas

de Innana, ella volvía a amar a los hombres y a las mujeres, amaba a Eiros y

Charmión, Ella que había muerto por la tierra cuando esta nació a los ojos del Sol y

se concibió la Suprema Esperanza. Fue cuando las musas entonaron el cántico en el

Inicio que hizo brotar los Mares en la primera conglomeración del Pangea, pero el

hombre no ha sabido modelar los continentes en su misma forma, pues tenía la

Cabeza y la Pierna y Todo Lo Demás. La sonora voz articulaba el orden que

disponía el aroma de la Fidelidad en los que generaban nueva vida a la vida y

honraban a Gaia. Pero el Arrojado fornicó a cuanta mujer pudo pudriendo desde el

Origen la evolución de todo a la conversión, cuando el Viejo Sueño despertó, en

agujeros negros devoradores de materia y asesinos sin piedad, pues todos los

rostros que caminaron por la Tierra estuvieron allí mas que olvidaron el Principio,

y el Fin se convirtió en lo que era un alto en el camino, aprovisionando lo que tiene

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que fenecer y no lo inmortal. Pero el llanto inmaculado se corrompió cuando lo que

estaba fuera de la humanidad quiso entrar en ella y ésta lo adoptó, pudriendo a las

semillas que debían prolongar la Forma y el Espíritu Arquey.

Bloqueada la tinta que embadurna la dulce piel de los árboles no concibe el nuevo

acontecer de mis padres antes de que yo naciera en la faz de las fibras aéreas. Las

manos tendidas hacia la flor perfumada que ofrece las rendijas que abren paso a la

Vía Láctea testimonian el torrente salvaje de pasión con que se amaron. Los hijos

del deseo no han perecido cuando el Apocalipsis borró lo que estaba manchado de

ponzoña. Y yo llamado Alba por los Arquey he venido a vosotros para relataros la

Verdad ¡los hijos del amor sincero son! ¡Pero nadie los ve! Eiros y Charmión, mis

padres, fundieron lo real y lo imaginario en un abrazo que todavía perdura y

separa el bien del mal en las fronteras que reinician lo que ha sido en las capas

efervescentes de Etérea. Mas los que fueron ya no tienen poder y viven como entes

sin materia perdidos en Limbo, pero Gea en la piedad armada de benevolencia les

deja bucear en la densidad aérea y, mientas Eiros y Charmión se besan, si

encuentran a la media naranja les permite volar hacia la Vía Láctea para que

puedan desarrollar las auroras celestiales que vivieron, en el impoluto manto de la

Galaxia.

Forjados de Amor las barreras físicas en la contaminación del Ying y el Yang

cuando se rompan los cristales y al fin pueden abrazarse físicamente Ellos, todo lo

que no se ve se verá, los castillos estrellados construidos con el paso de los siglos al

lado de los abismos prenderán sus luces y sus portones se abrirán; al batir de alas

de dragón las nubes mostrarán sus caras y Eiros y Charmión serán con todo un

Amor que jamás concibió Dios alguno en sus más delirantes sueños.

Pero se ha roto la bola que contenía esta inconexa historia, el vaso se ha

desbordado de la locura y soledad que contiene a las lágrimas en el vagón que se

suicida en los ojos cuarteados de Eiros. El Mundo se agranda en la impotencia del

despertar, la purpúrea guillotina astral decapita las fibras con que se cosía el

Sueño, un día más sin Charmión, un día más sin Amor.

Y Charmión majestuosa se reclina contra el espejo y empuña en la mano el Corazón

sediento en la lejanía mientras nota contra su pecho la presión que repite la

palabra mil veces Amor Amor Amor, te quiero Amor, y un dulce aguijón se le clava

en la distancia y el translúcido transporte terrenal donde viajan los sentimientos

de los dos en la fricción de las almas explota en átomos y centellas, oh telúricos

raíles, oh fricción demuestra nuestra unión al Núcleo y la expansión de las estrellas

y planetas que han de ser Aquí Primero, oh Aquí Abajo, enseña a los hombres su

eternidad. La extinción de Lo Que Se Ve se arrincona en la erosión calcárea de la

Tumba, abrazaros a lo que podáis o caed hasta el final, la distancia que separa

Ahora a Los Que Aman es la línea que hará entrar en lo Eterno a los Que No Aman.

No hay profecía válida mientras los Lagartos respetan al Profeta en la búsqueda de

calzado para contar a Uno lo que ha sido, es y será.

No tiene final un cuento que ni ha empezado ni finalizado, el término de lo que en

una burbuja Es amaga lo cierto del mandato divino, potencia cósmica que empuja a

mi mano a encubrir la Verdad en lo Falso revestido de caligrafía. Ya llama mi

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abandono de la pluma, se cierne sobre mí y mi morada lo Oscuro, pues yo he

nacido, PERO MIS PADRES TODAVÍA NO ESTÁN JUNTOS. ¡Qué el Amor sea con

vosotros hombres del mañana!

Fin de la segunda y última parte de Eiros y Charmión (¿Se escribirá una tercera?)

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LA LEYENDA DE EIROS Y CHARMIÓN (3ª parte) 2010

I Preludio

Oh chispa imperecedera antorcha de las estrellas

Llama eterna océano de infinita esperanza

¿El amor prevalecerá o será la tristeza?

Guillian

Restallan luminosos relámpagos violentos alumbrando negras nubes voluptuosas.

Los eléctricos resplandores rosáceos enervan la tormenta herida entre sonoros

truenos desgarrantes de sonido en el sepulcral silencio. La lluvia furiosa derrama

caudales de gotas que repiquetean fieramente contra el suelo estallando en

múltiples gemas refulgentes en el barro oscuro. Remotos valles olvidados y colinas

abruptas en alguna parte perdidas por surcos limítrofes con las tinieblas del

mundo, porción de esperanza hundida entre el lodo del hombre y la cornisa

crepuscular más alta donde la Atmósfera enciende los nocturnos Carruajes

anillados en la verdad, cuando la Luna empiedra el sendero por el que escalan

hacia la noria de la eternidad aquellos ligeros que han visto los escalones con

baranda hacia elevadas posibilidades, catapultadas de estrellas coloradas por

haces de firmamento que anuda los rayos celestes hacia la conclusión de las formas

que Son perpetuadas para Ser en los Universos que rigen poderosos las riendas

sublimes de supremas creaciones, pintadas con la varita mágica de los que Serán

en la enredadera de constelaciones varadas en una deriva espacial, potencia que

expansiona cosmos inmensos buscando propagarse en el vacío de las galaxias

entre los terremotos de realidad, mordiscos sangrantes en las venas de Etérea y

nadires de terciopelo que separan los orbes que en breve nacerán sobre Eideen.

II Perdidos

Astros floreciendo en brillantes cúpulas de diamante, cristal solidificado en la

transparencia de la verdad de los árboles y las rocas y las poéticas ecuaciones. Oh

Lucero del Alba Isla que empaña luminiscente el Peldaño Primero Inicio del

Paraíso hacia Saturnia Estación de Paso, allende bahía desemboca mar estelar de

atolones y precipicios abismos de ensueños y pesadilla barrancos sin fondo ni alas

propulsoras ni nada: sólo desconocimiento.

III Reencuentros en nieblas subterráneas

Oh amantes llegados de los lindes del dolor y la desmemoria las chispas del viento

os han mostrado en la Oscuridad del avance hacia Donde No Sabemos ¡Eso es

bueno! ¡Vamos hacia Quién Sabe Dónde! Pero nuestros pasos ya tienen una misión:

crear Protones en el Aire. Dejar Eideen sembrada y anegada de escaleras para Los

Que Han de Venir Después.

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IV Elegidos o nota del autor I

Cuando los Lobos ahullan de placer viendo en las lágrimas de la Luna el rostro de

los Hombres Dios que rugen en la tormenta de cuerpos que se retuercen bajo el

palio sangrante del amor que agoniza en las fauces de los Hombres Feroces de

falso poder. Pero los colmillos del Hombre Dios desgarran las cortinas de odio y

corrupción que han tejido los intereses humanos y su voz se eleva desde las

catacumbas mortuorias en las que yo me de refugiar. Notas que se desperdigan en

el aire cual liras y espadas que un día abrirán las puertas del universo para los que

saben amar (ya me repito). Los ojos en las sombras dictan el camino hacia los

barrancos donde muchos pronósticos se cumplirán: ¿A quién quieren engañar?

Cantad cantad cantad.

V Despejando incógnitas o nota del autor II

Pero el aura mágica que entorna mi obra se desliza por entre vosotros buscando

los lejanos terrenos ignorados atravesando vuestros estómagos para pulir los

escalones de cristal que marcan el camino estrellado hacia la Luna: puerta estelar

para aquellos que sepan remontarse sobre átomos torneados de amor y excelsitud.

(Bostezo). Alargada mi obra hasta el extremo en los confines dementes que anillan

vuestra insignificancia sobre la tierra le pondré también la servilleta a Don Gusano.

VI Plegaria palpitante

Oh luz hiriente que provienes del inmenso esplendor saliente en la balanza que

sopesa las glorias pasadas recortadas en el horizonte por la Montaña, fugaz

devenir frontera del paso del tiempo sobre el hombre. Pero oh Montaña ¿dejarás

que nos desintegremos como polvo pasajero en el intermedio mortal de las

metamorfosis? Voz hallada en la Cima: "cosa vuestra es".

Pero la estrella de Charmión siempre brillará junto al dolor en el corazón de Eiros

por su anhelo no correspondido. Estirados hasta el extremo los hijos de los dos un

día correrán por el firmamento lustrado con el fuego del Amor.

VII Maldición de la Poesía

Oscuridades sombrías avanzan lentamente lamiendo la cresta de las piedras más

altas de la montaña. Las lágrimas de la desesperanza se tintan en óleos

multicolores empastrando los mares del devenir de la juventud combate entre el

deseo y la frustración maremotos de odio y de dulzura que chillan en la batalla

perdida: ¿Por qué Charmión? ¿Por qué no terminamos juntos los dos? ¿Por qué ha

ganado el demonio en mi corazón? ¿No predijeron los dioses acaso nuestra unión?

Elevado sobre el mar y los montes he crecido entre los demás hundido en mi derrota

viendo nítidamente el futuro acontecer sobre las efervescentes olas en la desgastada

cumbre más vieja de Eideen ¿no eran mis visiones presagios cuando te soñaba? Oh

Charmión la peor de tus dagas en mi dolorido pecho. Remata de una vez lo que

empezaste y hunde el filo hasta matarme. No quiero ver más a tu espectro

torturarme no quiero despertar y ver tu silueta desvanecerse con mi espíritu

enredado en las faldas de la Muerte, no quiero al fin saber que todo lo que sentíamos

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ha sido mentira ni quien rodeará en breve tu cintura ni el nombre que te llevarás a la

Tumba .

VIII Ya es sólo repetir palabras

Desiertos repletos de arena venida anterior a toda vida conocida, encrucijada de

caminos distantes como los Puntos Polares como el Norte y el Sur de los más

divinos pecados, talismán para lo venidero Teas candentes imantadas por igual en

la muerte y la vida, diluyéndose meteoros ardientes en el vaso del universo

completando huecos ahora rellenos con los hijos de ambos.

Guirnalda nacarada diadema de pétalos nacientes tangente de deseo coordenada

sideral candado que ha de blindar el sendero por el cual han de ascender los niños

que se quedaron atrás.

Oh vuelo de amantes sobre el cieno y la miseria que el hombre anega sobre la

inocencia alada anhelosa del cuerpo y alma de su contrario, contradicción gemela

que no haya la autopista para correr sin parar buscando el despegue final ceniza

que sólo siente y ama la carne ansiosa de húmeda profundidad.

Látigo incandescente endiosada la amargura terrestre acariciando lo celeste

increíbles flores eternas parturientas de divinos frutos con nombre de niños y

niñas.

Inflamada Turba fulgor de nuevas y poderosas semillas ensimismadas entre la

distancia de una amorosa sembranza. Invierno nevado mágico baile encendido de

ojos a ojos que desgranan lo invisible de la realidad imposible no es nada, el Amor

ha sacado La Espada y niños majestuosos surcan reinos y paraísos hacia los lindes

de la Atmósfera (un no lejano día volarán más allá).

Baile virgen órbitas esclavas de la rotación de los mundos que emergen de las fosas

humanas que impedían elevar universos al universo, espacio que transforma la

evolución hacia lo excelso, fragmentos de ideas eclosionadas cuya raíz se agarra a

la tierra que desparrama jubilosas lágrimas al ver la vida de las sombras emerger.

IX Cepos de Bendición

En la colina más escarpada del violado Helicón Charmión como un secreto sostiene

su dulce corazón contra el pecho mientras musita quedamente una triste canción:

Oh copa donde junté mi alegría y deseo y los escancié sobre el dorado cabello de mi

tormento aún sabiendo que no sería. Fortaleza sucumbida ímpetu destructivo oh

fricción en la lejanía ya nada fue y nada más va a ser. Pero ahí en el aire hemos

dejado todo oh amor nuestros hijos aureolados de sentimiento y poder de conclusión

a la búsqueda de Lo Que Tiene Que Vivir cuando Los Agujeros se Compriman en los

Estigmas Dorsal Elemental que ha de tragar Las Esquirlas No Dignas y encerrarlas

en los Cuartos de la Luna. Pero esos nuestros hijos serán la redención al destrozo, a la

furia de una pasión desmedida al peligro de un amor que nos inundó en exceso

pudiendo destruir nuestras vidas. Por eso te dejé marchar yo no podía retener tu

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vuelo tenía que dejarte caminar aún estimándote con locura. Mas te amo todavía. Y

si tú quieres nos amaremos toda la vida.

X Máximo Voltaje

El viento sacude los álamos. El huracán mece el agitado mar y lo lanza contra las

rocas que se apostan en la costa. Los pensamientos se enredan en la hiedra que se

agarra firmemente a las columnas y los arcos de las ruinosas edificaciones

humanas. El musgo crece ajeno a la hipocresía que desprenden los hombres. La

plenitud de una hoja se yergue en la punta más apartada del sauce. Las palmeras

abren sus ramas bendiciendo la tierra dando gracias al sol. Las aves planean

volátiles en lo aéreo a la caza de comida para no desfallecer. Los insectos limpian

sus alas bajo la lluvia. El Tiempo devana las sogas que anudan el cuello de la Fe en

el cadalso de las Injusticias. Lo Inmortal ata con hilo de seda las Inconscientes

Goletas Efímeras que dejan Amarga Huella extraviadas en la piel de Gea.

XI El aliento de los suspiros

En la distancia más apartada de las estrellas que contornan la bóveda acribillada

de constelaciones ventiladas por un vacío cósmico que ahora empieza a llenarse

con los sueños de Los Que Supieron Interpretar la Vida, en los extremos más

apartados que separan los Planetas bajo tierras y aguas reposan los cuerpos de

Eiros y Charmión por toda la eternidad (hasta que Los Cuartos se anillen no habrá

redención no verán el rostro de sus hijos nacidos en el aire ni tendrán paz en su

interior).

Expiración

Epílogo o tributo: Caminar desnudos o Consumación del Génesis enigmático Umbral

que ha de encender los lumínicos destellos proféticos del porvenir.

Proa mágica bordando la inmensa vastedad del Aurora, timón de hermosura idílico

misterio sosiego que desborda manantiales de acuarelas y grabados melodía

vespertina acorde de ecos llegados desde Antes del Inicio musicalizados por

divinas trompetas y arpas diluyendo los colores en un ponto de maravillosas

rarezas. Oh gratitud perpetua oh nieves en lo alto arrebatadas por el pico de

poderosas Águilas y la Luna Brillante Espejo de Eideen reflejando prados mares

montañas y corazones forjados con la Lava de la Deidad Primigenia. Atravesando

agradecidas tempestades hielo agrietado ante el paso del ígneo fuego depurador,

los descendientes de Eiros y Charmión arrastrando a sus moribundos padres en los

confines del Amor que ya revive la Llama Primera Germen de Ideas que

concibieron los Ancestros para que todo fuera y se postergara en el Alma

Universal.

Los Rayos se Calman la Tormenta Escampa

Albergados en lo profundo cuevas marinas conchas preservadas para los sucesores

de Apolo y Afrodita dormidos ya despiertan: Los Ángeles engalanan el Cielo Las

Musas bailan contentas con las criaturas de Gea Y los Vástagos que Ahora Son

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miran cómo Sus Padres enamorados conciben nuevos rostros que ya brillan en las

pupilas que se acercan sedientas las manos que se rozan los labios mojados que se

ansían. Amanece de Nuevo. El Sol gobierna las Alturas. Abrazados Eiros y

Charmión saludan a la Tierra que emerge del Reino de las Mareas y las Incesantes

Espumosas Olas Danzarinas que rompen contra la suave y fina Arena de la

Mediterránea Playa donde empezó todo.

¿Fin?

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Autor:

GabrielAno-Castello

Página personal: http://Apolo13.bubok.com

Página del libro:

http://www.bubok.com/libros/201026/La-leyenda-de-Eiros-y-Charmion-com

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