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Primera edición, julio del año 2003

©2003

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA

UNIDAD XOCHIMILCO

© 2003

Por características tipográficas y de edición

MIGUEL ANGEL PORRÚA, librero-editor

Derechos reservados conforme a la ley

ISBN 970-701-325-7

I MPRESO EN MÉXICO

PRINTED IN MEXICO

Amargura 4, San Ángel, Álvaro Obregón, 01000 México, D.F.


Dinámicas metropolitanas y reestructuración

de la región centro de México: ¿hacia la metápoli?

Daniel Hiernaux-Nicolas*

Ma. Teresa Carmona Sánchez**

Introducción

DESDE hace más de dos décadas, México padece transformaciones sustanciales

de su territorio que han sido interpretadas de maneras muy diversas: para algunos

se trataría de una reestructuración del territorio que debe ser puesta en relación

con los esfuerzos de ordenamiento del territorio y planeación regional emprendidos

por los diversos niveles de gobierno desde los setenta; para otros, se estaría

frente un proceso de apertura de los mercados y aplicación de políticas neoliberales

que recomponen las fuerzas económicas y que trastorna el orden centralista

impuesto a México desde su fundación.

Sea como sea, el estudio del territorio mexicano no puede ser emprendido

solamente a partir de una visión general a escala nacional; es imprescindible

analizar las dinámicas de cada región, entender las transformaciones en curso

y verificar, eventualmente, la coherencia y adecuación de los análisis propuestos

desde ese nivel a las escalas inferiores de análisis.

En varios trabajos anteriores, intentábamos acercarnos no sólo al planteamiento

ideológico que sobre el territorio formula el modelo neoliberal, sino

también a la comprensión del modelo territorial que subyace en las transformaciones

recientes de México (Hiernaux-Nicolás 1998 y 2000). Sin embargo,

ese nivel no es suficiente y es pertinente llegar a otras escalas de análisis, donde

pueden presentarse procesos emergentes de gran relevancia para entender, a su

turno, los procesos globales. Dicho de otra manera, la comprensión del territorio

actual se deriva de dos dinámicas complementarias de investigación: la primera

que opera de arriba hacia abajo, es decir desde las escalas superiores (el sistema

global y el espacio-nación) y la segunda que pretende, a partir del estudio de

realidades particulares, derivar reflexiones generales sobre posibles ordenamien-

* Doctor en Geografía por la Universidad de la Sorbona Nueva, París III. Profesor-investigador del

Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa de la ciudad de

México, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 3. Correo electrónico: lares1 @attglobal.net

**Economista por la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco; profesora-investigadora

del Departamento de Producción Económica de la misma universidad. Correo electrónico: teresa_

carmona@hotmail.com

57


58 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T. CARMONA SÁNCHEZ

tos de las escalas superiores. Desde luego ambos enfoques son complementarios

y, con frecuencia, son realizados por diversos investigadores que trabajan, por razones

específicas, realidades distintas, por lo menos en sus escalas geográficas.

Otra observación que quisiéramos agregar al respecto, es que se ha insistido,

con toda propiedad, en que en las formas menores de organización social (entre

las cuales están las formas territoriales) es posible distinguir ciertas constantes

que reflejan los modelos de ordenamiento superiores: en otros términos, en lo

micro se encuentran claramente definidos y pautados, los procesos de orden

"macro".

En este trabajo, resultado de una primera etapa de reflexión comparativa sobre

las dinámicas metropolitanas en diversos contextos de reestructuración regional

que llevamos a cabo con el Laboratorio de Economía del Transporte de la Escuela

Nacional de Puentes y Caminos de Francia (grupo de Lyon), destacaremos los

aspectos más significativos de la transformación de la región centro de México

en las tres últimas décadas. Evitaremos caer en una presentación detallada de

los datos correspondientes, mismos que son plenamente accesibles a los investigadores

por medio de las estadísticas del INEGI, sino que trataremos de hacer

una síntesis de los procesos más relevantes que hemos observado en esta región en

particular. Cabe señalar, desde ahora, que nuestra delimitación de la región

centro incluye el Distrito Federal, y los estados de México, Morelos, Hidalgo,

Tlaxcala, y Puebla a los cuales decidimos agregar la entidad de Querétaro, por

diversos motivos que explicitaremos más adelante.

Definitivamente, el inicio del proceso de reestructuración de la economía

mexicana, se sitúa después de la gran crisis petrolera de 1982, que paró de

tajo los esfuerzos de reordenamiento territorial y de nivelación de las desigualdades

regionales que habían sido emprendidos durante el periodo 1970-1982,

o sea durante dos sexenios (los de Luis Echeverría y de López Portillo). En efecto,

el auge petrolero y las políticas regionales de acompañamiento, entre ellas el

impulso a los llamados "polos de desarrollo regional" (sean de base industrial

o turística), habían modificado algunos parámetros del sistema económico

mexicano, entre éstos la distribución de las inversiones públicas, particularmente

gracias a la inversión petrolera intensa que se dio al final del citado periodo. Como

lo verificó Hernández Laos (1984), lo anterior condujo claramente a una reducción

-que sería temporal- de las desigualdades regionales.

Pero es a partir de 1982, debido a la reestructuración impuesta a la economía

mexicana frente a la profunda crisis estructural, que se empezará a vislumbrar

una verdadera revolución que transformará el territorio, en forma más radical que

las políticas voluntaristas de las décadas anteriores.


DINÁMICAS METROPOLITANAS Y REESTRUCTURACIÓN 59

Pero ahora ya el ordenamiento no será desde el Estado sino a partir de la

transferencia del control de la economía a las fuerzas del mercado. No se requerirán

muchos años para notar que las inversiones privadas nacionales e internacionales

(cada vez más significativas) elegirán localizaciones a veces poco favorecidas

anteriormente, mientras que los viejos espacios de producción serán afectados por

un retroceso importante en producción y empleo o, en ocasiones, francamente

desestructurados por un proceso de desindustrialización intensiva, como por

ejemplo, el caso de las zonas petroleras.

En un primer momento, se llamó "reconversión" a este proceso que iba a

reestructurar radicalmente no sólo el sistema económico, sino el orden territorial

mexicano. La palabra "reconversión" vislumbraba la posibilidad de que las

actividades económicas serían capaces de adecuarse a las nuevas reglas del juego,

entre éstas la competencia internacional, impuesta sin ninguna restricción a partir

de mediados de los ochenta, a una industria nacional que siempre había sido protegida

y que se caracterizaba por su baja competitividad, en relación con los estándares

de la época. De hecho no resultó así, y numerosas empresas mexicanas

llegaron a desaparecer en los primeros años de la mal llamada reconversión.

Por otra parte, la reestructuración territorial que acompañó a la "reconversión"

económica y que transformó el modelo territorial mexicano, no obedeció a las

expectativas de los planificadores territoriales de los setenta, que anhelaban un

territorio más "justo", en el cual las infraestructuras y los servicios de base serían

mejor distribuidos en beneficio de la población marginada del desarrollo nacional.

Por el contrario, desde su inicio, la reconversión del territorio puso en dificultades

las grandes metrópolis, provocó nuevas oleadas de migración hacia

ciudades que no contaban con condiciones adecuadas para la inserción laboral y

urbana de esta población nueva, o que no podían enfrentar el reto ambiental

que este crecimiento demográfico suponía, entre otros factores.

En cierto modo, se iba a asistir a una suerte de renovación del debate entre

economistas neoclásicos y neoliberales: los primeros defendiendo -en forma

cada vez más débil- una distribución más equitativa de las capacidades de producción

y desarrollo entre las diversas regiones del país, mientras que el modelo

impuesto a partir de 1982, más bien tiende a dar la razón a la corriente neoliberal,

que propone a las fuerzas del mercado como las encargadas de redistribuir

las capacidades, aceptando tácitamente que las desigualdades son fuente de riqueza

y crecimiento, así como que las ciudades son su motor natural.

También es central entender que, desde mediados de los años sesenta, venía

dándose una discusión decisiva sobre lo bien fundado de la dominación de la

ciudad de México como hipercentro del crecimiento económico y territorial del

país. La intervención planificadora de los setenta se había orientado a modificar

el patrón de centralidad, a partir de la puesta en práctica de políticas de reorgani-


60 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T CARMONA SÁNCHEZ

zación territorial basadas en la intervención pública (en planificación e inversiones

públicas). Es de crucial importancia entender que a partir de la aplicación directa

de un laissez faire neoliberal, empezaron a crecer las ciudades medias, y a frenarse

considerablemente el crecimiento de la ciudad de México en particular. De tal

suerte, las proyecciones catastrofistas de los setenta, que auguraban 33 millones

de habitantes para la capital del país en el año 2000, se equivocaron en una

forma tan drástica, que aún deben sonrojarse no pocos funcionarios de la época.'

No retomaremos aquí todas las discusiones posibles acerca de este nuevo

modelo territorial, sino que destacaremos, a partir del ejemplo de la región

centro, cómo se aplica el nuevo paradigma territorial en este espacio en particular.

Posteriormente, haremos una reflexión sobre el tema de la dinámica metropolitana

de la ciudad de México que es el verdadero centro de nuestro trabajo. A este

respecto tenemos una hipótesis, que es el núcleo de la argumentación de nuestro

trabajo: la ciudad de México está recuperando una posición de fuerza dentro del

sistema económico nacional, después de una fase de recomposición y de reestructuración

productiva significativa. En este contexto, se observa que la ciudad

tiende a funcionar como un sistema "metapolitano" en el sentido que da François

Ascher al concepto de metápoli. Posteriormente explicaremos con detalle el

sentido de este neologismo, argumentando, por el momento, y en forma simplificada,

que la ciudad de México constituye el núcleo duro de un sistema de

ciudades articuladas de manera cada vez más intensa.

La formación de un sistema de "región metropolitana" o "sistema metapolitano"

plantea también que existen fuertes diferencias intrarregionales de niveles

de desarrollo en la región centro de México.

Podemos formular nuestra hipótesis de trabajo de la manera siguiente:

• La ciudad de México, como área metropolitana y espacio urbano central del

país, pasa por una etapa de reestructuración económica y territorial, que implica,

entre otros factores, un redespliegue territorial de su población hacia la periferia,

sin un crecimiento demográfico sustancial. También, se advirtió una desindustrialización

parcial que parecería haber tocado fondo, y que se acompaña, en la última

década, por un aumento de la capacidad de gestión y dirección de la ciudad

sobre el sistema económico nacional, y en su relación con el resto del mundo.

• Este proceso de reestructuración de la gran metrópoli mexicana implica la reorganización

de la relación entre la capital y los espacios más distantes, como las

ciudades medias de la región centro, que participan cada vez más del modelo

industrial de la región, que reciben población que deja la ciudad de México y

se redistribuye en la región, y que adoptan modos de vida y modelos de orga-

1

Para una descripción detallada de las politicas de ordenamiento territorial en México, véase Hiernaux-

Nicolas, 2000.


DINÁMICAS METROPOLITANAS Y REESTRUCTURACIÓN 61

nización espacial intraurbana claramente copiados de aquellos que prevalecen

en la ciudad de México.

• Es en ese sentido que hacemos nuestra la hipótesis de François Ascher, según

la cual las décadas fordistas habían creado un modelo de metrópoli que actualmente

está en fuerte reestructuración, entre otros en el marco de la aparición de

un nuevo modelo de organización de los territorios metropolitanos, en forma

de "metápoli". Podemos adoptar la siguiente definición de la misma, a partir de

los escritos de Ascher: "Se puede definir la metropolización como la consecución

de la concentración de las riquezas materiales y humanas en las aglomeraciones

más importantes..." (Ascher, 2000: 59) mientras que "...una metápoli es un

conjunto de espacios, dentro de los cuales todos o una parte de los habitantes,

de las actividades económicas y de los territorios están integrados en el funcionamiento

cotidiano (ordinario) de una metrópoli. Una metápoli constituye

generalmente, una sola cuenca de empleo, de residencia y de actividades. Los

espacios que la componen son profundamente heterogéneos y no son forzosamente

contiguos. Una metápoli comprende por lo menos unos cientos de

miles de habitantes" (Ascher, 1995: 147-162).

A continuación nos dedicaremos a expandir estas hipótesis y a iniciar su

comprobación parcial. Desde luego, no podemos, en el contexto de este corto

artículo, llegar a una comprobación detallada de nuestra argumentación, tanto por

falta de espacio como por la necesidad de emprender investigaciones más detalladas

sobre ciertos aspectos parciales de nuestro trabajo, hipótesis concretas que

requieren de una verificación empírica.

Dinámicas regionales en México:

centralización y desconcentración

En esta primera parte del artículo, retomaremos algunos aspectos centrales de las

dinámicas regionales recientes de México, que servirán de contexto para analizar

la problemática de la región centro en particular.

Concentración económica en torno a la ciudad de México

La concentración económica en la ciudad de México surgió de un proceso muy

conocido, sobre el cual regresaremos solamente en forma breve. Recordaremos

que ésta se ha manifestado constantemente, constituyendo inclusive un paradigma

multisecular. Las condiciones de esta concentración se forjaron mediante

numerosos eventos políticos, económicos y sociales, primero en el marco de un


62 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T. CARMONA SÁNCHEZ

modelo de tipo "centro-periferia" ligado a la explotación colonial de los recursos

novohispanos y, posteriormente, en el marco del proteccionismo destinado a

reforzar la economía mexicana independiente. Esta concentración también es el

resultado del modelo político centralista que será aún más reforzado después

de la Revolución Mexicana, a pesar de que, contradictoriamente, planteará el seguimiento

de un modelo "federalista" que debería caracterizar al México nuevo.

Por lo que se refiere a la concentración industrial durante el siglo XX, se

asistirá progresivamente a un aumento de la misma, en la medida de la industrialización

del país después de 1910. Particularmente, entre 1930 y 1970, la

concentración industrial en torno a la ciudad de México ha sido creciente. Pero

en menos de 20 años, especialmente entre 1980 y 1988, ésta se ha reducido

a niveles imprevisibles, llegando en la actualidad, a ser sensiblemente similar a la

de 1930 (véase cuadro 1).

Actualmente, casi el 70 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de la

ciudad de México se concentra en tres ramas centrales: alimentos, bebidas y

tabaco (23.2 por ciento), química, hule y plásticos (15.6 por ciento) y maquinaria

e industria metálica (30.6 por ciento) mientras que una rama como la

textil demuestra un retroceso persistente desde los años treinta, para llegar a

sólo representar 10 por ciento del PIB de la ciudad. Sin embargo, la concentración

económica se reforzó en el sector comercial y en materia de servicios.


Para el conjunto del sector terciario, la ciudad de México mantiene una participación

relativamente estable, alrededor de 40 por ciento desde 1960 a la actualidad.

No debe olvidarse su propio crecimiento demográfico, lo que en cierta forma

reduce esta concentración. A partir de 1988 se observa una tendencia clara al

aumentó de la concentración en torno a la capital, por lo que se refiere al comerció

mayorista y los servicios a la producción, mientras que su participación había

retrocedido durante la fase 1980-1988 por el freno generalizado de la economía

nacional y, particularmente, de la economía capitalina.

El impacto de la apertura en el redespliegue industrial

y el nuevo modelo territorial posfordista

Como ya lo señalamos, la apertura de los mercados provocó una reestructuración

importante del territorio mexicano, que abordamos en otros trabajos

(Hiernaux-Nicólas, 1998). Podemos sintetizar algunos de sus efectos esenciales

en los términos siguientes: el hecho de que la reestructuración industrial empezó

por la destrucción de las viejas capacidades de producción, algunas de inicios del

siglo XX o finales del XIX, los primeros afectados fueron los viejos centros industriales

del país; en particular los de fuerte acumulación, como la ciudad de México,

Monterrey, Guadalajara y Puebla. Empezaron a presentar tasas de desempleo supe-


64 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T. CARMONA SÁNCHEZ

riores a la media nacional, de hecho las más elevadas entre los principales centros

urbanos del país.

La reestructuración también afectó, de manera intensa, a las nuevas concentraciones

industriales que habían nacido de la explotación y transformación del

petróleo. En este caso, fueron los estados de Tabasco y Campeche los más

afectados. Pero el proceso más interesante en el marco de este trabajo, es el redespliegue

de las actividades industriales hacia el norte del país, en buena medida

como respuesta a los llamados a la integración emitidos por la economía estadounidense

y, en grado menor, por la canadiense.

Un estudio cuantitativo detallado de este proceso, demostraría un desplazamiento

del centro de gravedad de la industria mexicana hacia la región centro-norte

del país. Este crecimiento hacia el norte se debe esencialmente a tres tipos de

actividades: por una parte, el crecimiento de las empresas de tipo "maquiladoras"

especialmente en las ciudades fronterizas; 2 por la otra, la instalación de nuevas

plantas relacionadas con la exportación de productos como el cemento, el cobre

o la cerveza hacia los Estados Unidos en plantas tradicionales, aunque de mayor

productividad que sus equivalentes anteriores. Finalmente, la construcción

progresiva de un espacio automotriz norteamericano, integrando subespacios

de producción en los tres países de América del norte. Estos nuevos

nodos del espacio automotriz transnacional, se han aprovechado de localidades

como Hermosillo, Chihuahua, Saltillo-Ramos Arizpe y Monterrey donde

se han instalado plantas de montaje y, en las mismas ciudades o en centros

urbanos secundarios, plantas de subcontratación de las mismas, sean o no maquiladoras.

3

En la morfología espacial de esta nueva industrialización aparece una nueva

frontera que pasa por el conjunto de ciudades antes mencionadas, e integra las

ciudades más relacionadas con una producción industrial de exportación del tipo

"posfordista-toyotista". Finalmente, cabe mencionar que el sur, está formado por

estados que no han logrado insertarse en ese proceso de industrialización, y que

sólo demuestran cierto crecimiento cuando se intensifica el establecimiento o la

consolidación de enclaves turísticos como Cancún (Hiernaux-Nicolas, 1999) o

por medio de la puesta en explotación intensiva de sus recursos naturales.

2 Cabe aclarar que la maquiladora inició actividades desde 1965, pero se intensificó después de la

apertura de mercados y en el contexto de la intensificación de los lazos económicos con Estados Unidos

y con la economía mundial en general. Remitimos al trabajo de Cuauhtémoc V Pérez en este libro, que

explica cómo se ha asistido a una redistribución progresiva de la actividad maquiladora hacia el centro y

sur del país, sin por ello desactivar el padrón dominante de concentración fronteriza.

3 La región noreste donde se sitúan Monterrey y Saltillo-Ramos Arizpe, se analiza en la contribución

de Diana R. Villarreal a este libro.


DINÁMICAS METROPOLITANAS Y REESTRUCTURACIÓN 65

La redistribución del producto regional

Sin lugar a dudas, el indicador tradicional más empleado para demostrar esta

nueva configuración territorial de la economía mexicana es el PIB regional.

Para ello, usaremos el producto total de 1980 a 1998, como referencia. Como

lo indica el cuadro 2, la participación de la región centro dentro del total nacional

se ha comportado de la manera siguiente: en primer lugar, una estabilidad en

torno a 43 por ciento durante el inicio de la década de los ochenta, para asistir

a una declinación en 1985 de 39.9 por ciento, seguido por una recuperación

parcial en los años posteriores. En suma, sobre un plazo de casi 30 años, no ha

variado sustancialmente la participación de la región centro en la generación

del PIB nacional.

Desde luego que otro tipo de cambios son perceptibles, y se relacionan con

el papel que juega la ciudad de México, específicamente el Distrito Federal

(D.E) en el total nacional y en la aportación de la región centro al mismo. En

relación con el total nacional, el de esta ciudad ha superado la crisis muy fuerte

que se hace patente por los resultados comparados de 1980 y 1985, cuando su

participación se reduce del 25.24 al 20.96 por ciento. Recordaremos que las

grandes metrópolis y, particularmente, la ciudad de México, fueron intensamente

golpeadas por el final del auge petrolero y la apertura casi inmediata. Su

comportamiento es similar a la participación de la región centro vista globalmente,

en relación con el total nacional. Lo anterior encuentra obviamente su

compensación en el crecimiento de la participación de todos los demás estados,

en forma desigual por cierto. En particular el Estado de México incrementó su

participación. A pesar de ello, la suma de los dos estados que representaba

36.21 por ciento del PIB nacional en 1980, sólo alcanza 33.13 por ciento en

1998, o sea una disminución del tres por ciento. La concentración se reduce

doblemente, primero del núcleo central de la región en relación con el total

nacional, pero además, a partir de una reducción del papel de la ciudad de

México, a favor del crecimiento del valle de Toluca, situación no demostrable

con estos mismos datos, pero bien conocida por otras investigaciones.

La recentralización funcional en torno a la ciudad de México

La redistribución regional del PIB no puede ser pasada por alto, particularmente

respecto a la nueva dinámica de participación industrial de estados que no conocieron

ninguna tradición de este tipo. Asimismo, la redistribución económica

es acompañada por una redistribución territorial del crecimiento demográfico

con una clara reorientación de las migraciones interregionales. Ésta es positiva


68 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T. CARMONA SÁNCHEZ

para quitar presiones a la saturada capital del país, además de que ha mejorado

la competitividad de la economía nacional y su inserción en la economía mundial.

Sin duda, lo anterior es sumamente positivo, pero al mismo tiempo, sería

erróneo sobre todo a partir de ello suponer que se ha erosionado sensiblemente

la centralización en torno a la ciudad de México. En ciertos campos, efectivamente

se observa una recomposición del poder económico, que se acompaña también,

de un proceso similar en lo politico. Pero apostar a una descentralización radical sería

una equivocación. Para entender mejor la dinámica metropolitana en la región centro,

hemos revisado varios indicadores que tienden a demostrar que la sola hipótesis

válida, es la que concluye en la intensificación de la centralización capitalina

en el sistema nacional. Veamos por lo menos dos facetas del citado proceso:

• en primer lugar mencionaremos la concentración de las empresas con inversión

extranjera directa: el nivel de concentración en torno a la ciudad de México es extremadamente

elevado. Lo anterior no se refiere a la ubicación de la capacidad de

producción, sino más bien a la sede social, es decir la localización de las oficinas

matrices o centrales de las empresas con capital extranjero. Lo mismo se puede

afirmar de las empresas exportadoras.

• En segundo lugar, la concentración de las mayores empresas de México. A este

respecto, a partir del análisis de los datos correspondientes podemos afirmar que

dichas empresas que constituyen la columna vertebral de la economía mexicana,

y que según la mayor parte de los analistas aportan más de la mitad del PiB nacional,

marcan una preferencia notoria hacia una localización en la ciudad de México.

Luego volveremos con mayor detalle a este aspecto.

La piedra angular del análisis puede ser la siguiente: a pesar del crecimiento

evidente de las infraestructuras de todo tipo, así como de la migración de población

con mejor capacidad profesional hacia las ciudades del interior, la ciudad de

México sigue ofreciendo mejores ventajas competitivas desde la perspectiva de la

localización de las funciones que Saskia Sassen llama "de mando de la economía".

De tal suerte, y tomando en cuenta que la intensa modernización de las comunicaciones

y de las vías de transporte de México ha impactado en una más ágil

articulación entre las ciudades del sistema nacional, la ciudad de México ofrece

las mejores condiciones y su posición se favorece tanto al ser la ciudad con la

mejor y mayor articulación con el sistema mundial.

Un aspecto que queremos destacar, aunque no se analizará detalladamente en

este trabajo, es el incremento sustancial de la infraestructura turística en la ciudad

de México, así como el crecimiento de la afluencia particularmente del turismo de

negocios, a pesar de condiciones sumamente desfavorables como la contaminación,

el tránsito y la inseguridad. En los últimos años, hemos asistido a la formación

de nuevos centros comerciales y turísticos en la ciudad (Perisur, Santa


DINÁMICAS METROPOLITANAS Y REESTRUCTURACIÓN 69

Fe, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México), así como a la consolidación

del eje Centro Histórico-Paseo de la Reforma, sin duda el espacio de

mayor concentración de dicha capacidad hotelera en la capital. Este crecimiento

sustancial del turismo de negocios y de la infraestructura turístico-hotelera

correspondiente, es una muestra del reforzamiento de la capacidad de la ciudad

de México para allegarse funciones de mando en el sistema nacional, así como de

jugar el papel de interlocutor directo con el sistema mundial como diversos

trabajos lo subrayan.

Esta recentralización funcional implica que la capital del país es, y con seguridad

seguirá siendo, el núcleo articulador nacional en dos dimensiones: en relación

con la direccionalidad y la intensidad de los flujos internos del país; y en lo que se

refiere a la articulación de los flujos entre diversos centros de producción nacionales

y la economía mundial, particularmente hacia y desde Estados Unidos, con

los cuales la interdependencia se ha acrecentado en forma gigantesca.

Cabe señalar que la posición de la ciudad de México es excepcional: una simple

mirada a la configuración del espacio de América del Norte nos invita a reconocer

que la capital nacional es el punto de apertura al sur para la economía de América

del Norte, tanto en relación con el sur mexicano, como con los países centroamericanos.

De ahí que el Plan Puebla Panamá sea impulsado en forma dramática

y se plantee como la alternativa no sólo para el sur mexicano, sino para la economía

mexicana en general. Obviamente existen serias contradicciones en los

documentos hasta ahora presentados, y en su verdadera contextualización política

(Hiernaux-Nicolas, 2002).

La región centro: nuevas dinámicas económicas

La región centro es uno de los espacios económicos más complejos del conjunto

nacional: formada por entidades con perfiles muy distintos, marcada profundamente

por la centralidad de la ciudad de México y, como se verá, fuertemente

desigual entre los subespacios que la componen, esta región está pasando por

un proceso de rearticulación sustancial que apunta a un cambio de su papel en

el sistema nacional y en la articulación con el sistema mundial. En esta segunda

parte del artículo, nos referimos a la dimensión económica de estos cambios,

misma que constituye, sin lugar a dudas, el eje de las transformaciones recientes,

y la base de su desarrollo futuro.

Dinámicas industriales

Hasta avanzada la década de los setenta, la ciudad de México imprimía la dinámica

central de crecimiento industrial de la región centro. Por su parte, Puebla


70 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T CARMONA SÁNCHEZ

como cuarta metrópoli en importancia a nivel nacional y, además, como nodo

de articulación con el este y sur del país, mantenía una tradición industrial importante.

Las demás ciudades importantes de la región centro, como Cuernavaca,

Tlaxcala, Toluca, Pachuca (destacando por la actividad minera) y Querétaro, no

demostraban tener un grado de industrialización sustancial, cumpliendo esencialmente

con funciones de capitales estatales, con una fuerte influencia comercial

y de servicios sobre sus regiones.

Lo anterior se verifica claramente en el menor crecimiento que tuvieron

estas localidades, tanto desde una perspectiva demográfica como económica,

durante el periodo de sustitución de importaciones en México. Más aún, todo

parece indicar que hasta avanzada la década de los setenta, la capital se pobló

de los inmigrantes venidos de los estados. Por ende, más bien se asiste a un

crecimiento centralizado en torno al Distrito Federal y a la parte del Estado de

México que se irá conurbando.

A partir de la década de los setenta, empieza a modificarse de manera sustancial,

la dinámica industrial de la región centro: por una parte, el Estado de México

no sólo seguía creciendo por el papel de los municipios conurbados de la ciudad

de México, sino además por la aparición de nuevos centros industriales, particularmente

en el valle de Toluca, en torno a la capital estatal. Similarmente, en

Morelos, se aceleró el crecimiento industrial de Cuernavaca; en Tlaxcala varias

ciudades empezaron a industrializarse; en Puebla, se extendió de modo importante

la industrialización hacia San Martín Texmelucan, y finalmente, Querétaro

demuestra un crecimiento industrial importante en torno a San Juan del Río y,

esencialmente, en torno a su capital.


DINÁMICAS METROPOLITANAS Y REESTRUCTURACIÓN 71

Lo anterior puede entenderse como resultado de varios factores: la edificación

de parques industriales como parte de la política oficial de la época; el impulso a

la descentralización industrial desde el gobierno federal, y la mejoría de las vías

de comunicación que permitieron que la capital fuera fácilmente accesible desde

las principales ciudades de la región centro. Así, para 1980, varias empresas

importantes, todas pilares del desarrollo industrial sustitutivo de importaciones

en México, se desconcentraron o se crearon directamente en las ciudades medias

de la región centro. Lo anterior implicó una modificación de la distribución del

PIB estatal dentro de la región y en relación con los totales nacionales (véase

cuadro 2). Nos colocaremos en el lapso de las últimas dos décadas (más precisamente

de 1980 a 1998) para entender esta evolución.

Entre 1985 y 1999, el empleo manufacturero en la Región centro ha pasado

por dos etapas (véase cuadro 4): la primera fue de una leve reducción entre

1985 y 1989 de 54,192 empleos que provienen de la disminución del empleo

en el Distrito Federal, Hidalgo, Tlaxcala y Estado de México, mientras progresan

Querétaro y Puebla. Posteriormente, se incrementa el empleo manufacturero

en forma sustancial, llegando en 1999 a 1,481,130 empleos, casi una cuarta

parte más que en 1985. Lo anterior debe entenderse como una reconstitución de

este tipo de empleo, pero no en la ciudad de México, sino en torno a Toluca (lo

que explica el crecimiento económico del Estado de México), a Puebla, en forma

tan dinámica que casi se duplica su empleo industrial, así como en Tlaxcala y en

Querétaro, con variaciones similares.

El crecimiento por ramas indica varias situaciones interesantes: en primera

instancia, una tendencia a la desaparición de las industrias metálicas básicas

(que pasan de 43,645 a 13,942 empleos de 1985 a 1999) particularmente por

su declinación en el Distrito Federal y el Estado de México. Las producciones

metálicas, maquinaria y equipo también tienen una cierta reducción, pero no

equiparable a la anterior. En el otro extremo, la rama textil acusa el mayor crecimiento

del empleo en todas las entidades, particularmente en Hidalgo, Puebla

y Querétaro. También crece en forma importante el empleo en producción de

alimentos, bebidas y tabaco en todas las entidades principalmente en el Estado

de México y Puebla.

Lo anterior parecería indicar que el empleo manufacturero no sólo se desconcentra

sino que, además, se especializa en ciertas actividades que no son intensivas

en capital, como por ejemplo en la rama textil. 4 De tal suerte, que los

sectores tradicionales como las industrias metálicas básicas o la química y sus

derivados, no explican el crecimiento del empleo manufacturero en la región

4 El ensayo de Cuauhtémoc Pérez en este libro, va en el sentido de afirmar que se observa un crecimiento

maquilador importante en torno a esta rama, que parecería reemplazar capacidades ociosas en otras ramas

por cierre de empresas.


74 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T. CARMONA SÁNCHEZ

centro, sino más bien aquellos sectores más ligados a la mano de obra excedente

y a la existencia de infraestructura productiva simple, como la ofrecida en los

parques industriales. Parece ser que la presencia de población campesina e,

inclusive, indígena en varias zonas de la región centro, podría ser argumento

para que las empresas de los mencionados sectores opten por ubicarse en los

estados periféricos de la región.

Desindustrialización en el núcleo de la región centro e industrialización

intensiva de mano de obra y poca innovación en los demás estados, parecen ser

el modelo actual. Además, es en las principales ciudades dotadas de parques

industriales donde se ha concentrado dicha industria, que cuenta así con condiciones

elementales pero adecuadas para su desarrollo.

Otras dinámicas económicas

Como ya se mencionó, existen otras actividades económicas necesarias de explorar

para entender la dinámica global de la región centro: lo anterior exige un

trabajo a detalle para entender no sólo la dinámica de ramas, sino de subramas

y de empresas en particular. En este inciso, nos centraremos en subrayar algunas

de ellas, que han aparecido a partir de datos parciales y del seguimiento de las actividades

económicas de la región.

En primer lugar, queremos manifestar el papel de la ciudad de México en

la reestructuración financiera nacional. Ésta ha sido difícil desde la perspectiva

de los ahorradores, pero también de las empresas correspondientes. En una

primera fase, la banca que había sido nacionalizada en 1982 empezó, después

de su reprivatización, a concentrarse en grandes bancos nacionales ligados con

la capital del país. La tentativa de descentralización anterior abortó entonces. La

reconcentración ha dado a la ciudad de México un papel determinante en el control

del sistema financiero nacional. Posteriormente, la venta de los mismos bancos

a empresas extranjeras provocó que esta función de la capital de la República,

se tornara en el enlace del sistema financiero nacional con el sistema mundial.

Una marca muy clara de la globalización y del papel de la capital en ella. Los

datos de crecimiento del sector financiero, particularmente en el Distrito Federal,

son muy claros al respecto.

Por otro lado, el comercio ha tenido una profunda reestructuración a partir

de la concentración y de una creciente participación de capitales extranjeros de

buena parte de las cadenas de distribución que antes pertenecían al capital nacional,

entre otros en la compra que ha realizado Wall Mart. El control de las grandes

superficies comerciales se encuentra también cada vez más en manos extranjeras,

con un control directo de la ciudad de México, aunque sobrevivan cadenas regionales,

como Chedraui en el golfo y el sureste o Soriana en el norte.


DINÁMICAS METROPOLITANAS Y REESTRUCTURACIÓN 75

Finalmente, en materia de servicios a la producción, es evidente que la

capital del país representa el núcleo de mayor dinámica a nivel nacional. Faltaría

un estudio particular al respecto, pero existen indicios de que la capital ofrece

en forma creciente servicios especializados para las empresas, como los relacionados

con bufetes jurídicos, contables, diseño y proyectos, informática, comunicación

y mensajería, etcétera. En ello, se pueden identificar capitales extranjeros,

pero también una fuerte presencia de capitales nacionales, que surgen a partir de

la fuerte expansión de los servicios a la producción. Esos servicios pueden ser

prestados a todo el país, particularmente a las ciudades medias, pero el papel

de intermediario de la ciudad de México es fundamental, tanto entre los centros de

producción provincianos y la misma capital, como en las demandas que puedan

surgir de la expansión de un segmento internacionalizado de la producción de

bienes y servicios. De tal suerte, la capital nacional no sólo crece en forma

sustancial, sino que además ocupa un papel privilegiado en relación con las demás

ciudades del país, de manera tal que este tipo de funciones se vuelve una de

sus especialidades dominantes.

La disponibilidad de estos servicios a la producción, así como del sistema

financiero, entre otros, son fundamentales para el crecimiento económico y la

consolidación del modelo existente, de tal manera que se vuelve vital para muchas

empresas de cierto alcance, ubicar por lo menos sus funciones de mando en la

ciudad de México.'

Podemos agregar que los datos relativos a las 500 empresas más grandes de

México apuntan a lo mismo. La ubicación en la ciudad de México es de alrededor

del 60 por ciento del total de las empresas. Resulta difícil afirmar que esta proporción

es creciente, ya que existe una variación anual en la muestra de empresas

según el nivel de respuesta a la encuesta de Expansión. Pero lo significativo es

que las primeras empresas enlistadas son de alcance nacional e internacional, como

las que se relacionan con la distribución comercial, entre otras. De paso, estas

empresas destacan por el empleo generado (éste sí no siempre en la capital), el

nivel de exportación y por características financieras bastante favorables por lo

general.

Resultaría ocioso, en el marco de este trabajo, abundar más sobre los detalles

de estos registros de grandes empresas, salvo para evidenciar otra situación de

importancia: todas estas empresas se sitúan en una porción reducida de la zona

metropolitana, esencialmente en el Distrito Federal y más particularmente en

el eje Reforma-Santa Fe, que se vuelve así el verdadero nodo de mando de la

ciudad. Lo anterior nos hace constatar que no es solamente asunto de concen-

Remitimos al trabajo de María Antonia Correa en este libro, por lo que se refiere a la concentración

de las empresas con inversión extranjera directa.


76 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T CARMONA SÁNCHEZ

tración por entidad federativa, sino de una especialización creciente de la ciudad,

que ha desarrollado ya un "núcleo duro" de mando, donde todas las condiciones

de operación y de vida en los alrededores, distan mucho de ser las que dominan

en el resto de la ciudad, inclusive en el oeste de la misma, donde se concentran los

segmentos de mayor ingreso de la población. Como se observa, se está formando

un verdadero hub (núcleo) de crecimiento y articulación al sistema mundial

dentro de la ciudad de México, núcleo que domina también al sistema urbano de

la región centro y al sistema económico nacional. Desde una perspectiva morfológica,

si se toma en cuenta que el Anillo Periférico articula la conexión

Querétaro-Ciudad de México, pero también de ésta con Cuernavaca y, vía Paseo

de la Reforma, con Toluca, parece que el área de Polanco se sitúa como el verdadero

centro de la ciudad y, en especial, se ubica como el eje articulador de salida

a las diversas ciudades medias de la región centro. Lo anterior se verifica, entre

otros, en el mercado inmobiliario, cuando se sabe que la renta de un departamento

grande, aunque antiguo en Polanco puede llegar a costar más de 2,500 dólares,

y una casa sola más de 4,000.

Dinámicas demográficas

modos d vida

Las dinámicas demográficas propias de la región centro son muy distintas de las

que rigen su economía y, en buena parte, dependen de la evolución de esta última.

Veamos entonces en primer lugar, el crecimiento total de la región centro; en

términos generales, desde la década de los ochenta, ha sido inferior al total

nacional. Hasta 1960, el Distrito Federal solía crecer más que el conjunto de

la región, pero a partir de esta fecha se ha reducido en cuanto a la tasa de crecimiento

en sí, en relación con el promedio regional. De tal suerte, esta entidad

demuestra una tasa de crecimiento cercana a cero, lo que implica que es mayor

la emigración que la inmigración en el Distrito Federal.

En el cuadro 5 podemos observar la evolución de la población total de la

región y de sus entidades en relación con el total nacional. Un primer aspecto

significativo, es que la región centro incrementó su participación en el total

nacional entre 1950 y 1980 con un máximo de 35.21 por ciento en ese último

año de referencia, para volver a un porcentaje inferior, entre 33 y 34 por ciento

durante las dos décadas siguientes. Lo anterior refleja una dinámica interna por

la cual es el Distrito Federal el que más reduce su participación que es de sólo

8.82 por ciento en el 2000. Su retroceso se completa con un proceso similar

aunque de menor magnitud, en los estados de Puebla e Hidalgo acompañado

por un estancamiento o ligera reducción en el estado de Puebla, mientras que

el Estado de México tiene un fuerte crecimiento, tanto porque el valle de Toluca


DINÁMICAS METROPOLITANAS Y REESTRUCTURACIÓN 77

ha despuntado como área industrial, como por el hecho del redespliegue de

población desde el Distrito Federal hacia los municipios conurbados, constituyéndose

así una amplia área conurbana de más de 1,500 km 2 y 27 municipios.

Pero lo que demuestra un análisis más fino es un proceso complejo desde

la perspectiva demográfica, que convendrá analizar a detalle a partir de los resultados

del Censo Nacional de Población y Vivienda del 2000. En primer lugar,

observamos que en cierta forma, existe una mejor repartición de la población

en el territorio regional, principalmente por la disminución del peso del área

metropolitana en el conjunto total, pero esta redistribución plantea serios problemas

en cuanto a las condiciones de vida en la misma área: en efecto, la extensión

creciente de la metrópoli provoca un crecimiento de los viajes diarios (movimientos

pendulares trabajo-residencia o escuela-residencia, etcétera) que, a su turno,

afectan las condiciones de circulación e impactan en el ambiente. Por otra parte,

el crecimiento de las ciudades medias de la región centro, tiene ciertas ventajas

pero, al mismo tiempo, grandes defectos. Las primeras son reducir la presión

sobre el nodo central de la región, y reconstruir mercados de trabajo subregionales

significativos. Pero, al mismo tiempo, entre los segundos está la carencia de

propuestas innovadoras en materia de modelos de crecimiento urbano, y los

modelos aportados por los mismos emigrantes de la ciudad de México adoptados

a su vez por las poblaciones locales, que reproducen en forma absurda las

bajas densidades de la periferia de la ciudad de México.

Así, las ciudades de la región centro, reproducen el modelo de fraccionamientos

periféricos de diversos niveles de ingresos, la mayoría cerrados, con bajas densidades,

uso intensivo del automóvil, concentración de los servicios, generalmente

focalizados en torno a centros comerciales, etcétera. Por otra parte, una de las

tendencias que convendría verificar posteriormente, es el movimiento migratorio

interno a la región, que provoca la llegada a la capital, de grandes contingentes

de población de bajos ingresos, sin formación ni capacitación. Lo anterior

empuja también a la periferización popular y a una presión sustancial sobre el

mercado de trabajo metropolitano, que tiene tendencia a volverse cada vez más

informal, tanto por el decrecimiento del empleo formal, como por el crecimiento

de nuevos sectores que sólo pueden subsistir mediante estrategias de supervivencia

basadas en actividades informales.

Conclusión

Un punto importante que no hemos podido trabajar en este proyecto, son los

flujos de mercancías y de personas, así como de capitales, información, etcétera,

que se verifican en la región centro. Lo anterior es resultado de la fuerte carencia


78 D. HIERNAUX-NICOLAS Y M.T. CARMONA SÁNCHEZ

de información dinámica, mientras que los censos y otras variables disponibles

son estáticas y no de movilidad. Algunas observaciones pueden ser hechas de

cualquier manera: se asiste a un incremento sustancial de los flujos carreteros

particularmente en dirección de Querétaro y, en buena medida, por razones

relacionadas con los flujos del TLCAN. Pero sería importante detectar los flujos

intrarregionales y extrarregionales, para entender en qué medida se incrementa

la tendencia a un sistema de nodos y radiales (hubs and spokes) que es una clave

de la hipótesis de la "metapolización".

Ciertos datos disponibles como los conteos en autopistas, confirman que

existen flujos pendulares diarios significativos, entre otros de la ciudad de México

a los valles de Cuernavaca y de Toluca (Corona y Núñez, 2002). Estos movimientos

son para fines laborales, pero también turísticos o recreativos como en

los casos de Cuernavaca-Cuautla o Valle de Bravo.

La metapolización nos parece un proceso en marcha, a tres escalas o radios

de acción:

1. El primero contiene el centro (ciudad de México) de la región, con las ciudades

de Toluca y Cuernavaca, así como sus alrededores. En algunos casos, como lo

comprueba por cierto una imagen radar del centro del país, la conurbación es

casi completa: Cuautla con el valle de México, y la ciudad de México con Toluca

vía Lerma. En otros casos, es menos evidente, pero los flujos demuestran un

fuerte crecimiento.

2. La segunda escala, engloba la anterior así como a Puebla-Tlaxcala por una parte,

y Pachuca por la otra. Cabe mencionar que, de haberse seleccionado Tizayuca

para el nuevo aeropuerto internacional, esta segunda orientación noreste se

hubiera acelerado.

3. La tercera escala incluye Querétaro, con la cual los flujos son más fuertes,

pero la creación de un mercado de trabajo articulado con la ciudad de México es

obviamente menos evidente, pero una decisión de mejorar el acceso a partir de

un proyecto de tren regional, como el que proponía Vicente Fox para Guanajuato

cuando era gobernador, puede modificar tan radicalmente la situación, como es

demostrable mediante la experiencia europea de los trenes de gran velocidad

(TGV; Ave, Thalys, etcétera).

Esta hipótesis debe ser entonces la llave para construir una fase posterior

de trabajo de campo y de análisis de otro tipo de datos, particularmente de

movilidad. Finalmente, queda por mencionar lo que implicaría esta metapolización:

en nuestra opinión, la metapolización de la región centro que está en marcha,

implica una complejización radical en el territorio. La movilidad remueve, en

efecto, todas las teorías tradicionales y provoca una flexibilización del territorio.


DINÁMICAS METROPOLITANAS Y REESTRUCTURACIÓN 79

Por ejemplo, una buena comunicación entre ciudades y condiciones económicas

de la población para enfrentar las necesidades de movilidad, puede provocar

una redistribución de funciones en la región, pero no para recrear núcleos integrados,

sino para intensificar el sistema de telaraña que cubre cada vez más el

territorio central de México.

De tal suerte, conceptos como "concentración" o "centralización" empiezan

a perder potencial explicativo, ya que los centros pueden ser descentrados y la

desconcentración reconcentradora de los recursos. Falta mucho que decir al

respecto, particularmente porque esta primera fase de investigación partió de

discusiones con especialistas, de revisión de la bibliografía y de consulta de datos

tradicionales. Se requiere, para una segunda fase, rebasar esta forma de trabajar, e

intentar con otro tipo de instrumentos, darle un sentido práctico y comprobar

el concepto de metápoli. A partir de esas reflexiones de primer y segundo grado,

es que podrá delinearse una política de ordenamiento del territorio, acorde

con esta nueva realidad que los planificadores tradicionales no integran aún a

su quehacer.

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