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0077 - Viento Sur

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noqueados... Pensad por

noqueados... Pensad por un momento, si es que podéis soportarlo, hasta qué punto ha descendido la credibilidad del Partido Demócrata como defensor del común de los trabajadores americanos. Por eso, la búsqueda de Kerry del voto indeciso conservador llevó el debate al terreno de Bush. Esa es la razón de sus idas y venidas en cuanto a la guerra de Irak, apoyando a Bush durante la invasión, criticándola durante las primarias para cubrir su flanco izquierdo y virando una vez más a la derecha tras la nominación. Aquellos que se sintieron motivados para expulsar a Bush por la guerra de Irak se encontraron con un rival demócrata que hacía gala de sus credenciales militares durante la convención demócrata y que llegó a declarar que hubiera apoyado la invasión de Irak aunque conociese que no existían armas de destrucción masiva. John Kerry, el antiguo veterano de Vietnam opuesto a la guerra, que una vez dijo ante el Senado: “¿Cómo se le puede pedir a un hombre que sea el último en morir por un error?”, se había convertido en John Kerry el candidato presidencial proguerra que usó su campaña para pedirle a muchos millares más que mataran y se dejasen matar por lo que él mismo considera “la guerra equivocada, en el lugar equivocado, en el momento equivocado”. En el terreno económico, Kerry trató de ganar puntos atacando el descenso de la presión fiscal sobre los muy ricos. Pero construyendo el centro de su política económica sobre el equilibrio presupuestario y del recorte fiscal para las compañías, Kerry no podía ofrecer más que austeridad y recortes del gasto social en lugar de las tan necesitadas partidas para los programas de vivienda pública, creación de empleo y lucha contra la pobreza. Muchos comentaristas liberales se han preguntado cómo es que tantos trabajadores han votado contra sus propios intereses para apoyar a Bush. Pero la pregunta debería ser la inversa: ¿Cómo es que los demócratas, el supuesto partido del pueblo llano, ha dado a los trabajadores tan pocos motivos para votarles? La verdad es que, tema tras tema, Kerry ha servido de caja de resonancia a Bush, sobre todo en la cuestión de Irak. Kerry no ha parado de repetir que él conduciría la ocupación de Irak mejor que Bush, al tiempo que prometía una y otra vez “matar a los terroristas”. Tal y como ha afirmado el periodista Doug Ireland, “Bush ganó vinculando Irak y la guerra contra el terrorismo, la gran mentira que Kerry no podía contrarrestar efectivamente, pues había caído en ella desde el principio”. Kerry incluso intentó desbordar a Bush por la derecha acusando a la Casa Blanca de ser demasiado suave con Irán y Corea del Norte. Una vez que Kerry y la dirección demócrata permitieron que Bush delimitara la agenda, la izquierda les siguió los pasos. El movimiento antiguerra, en lugar de enfrentarse a Kerry en el tema de Irak, se sumó dócilmente a su operación electoral. El escándalo de las torturas en Abu Gharib y la gran manifestación frente a la Convención Republicana de Nueva York apuntaba contra la “agenda Bush” más que contra la guerra y la ocupación. Todo esto fue justificado por los líderes del movimiento antiguerra como una jugada “táctica” y su enfoque estuvo siempre en consonancia con el sentimiento 10 VIENTO SUR Número 77/Noviembre 2004

“cualquiera menos Bush” para apelar a la base demócrata. El movimiento obrero fue mucho más lejos, inyectando decenas de millones de dólares a la campaña de Kerry a través de diversas organizaciones sin ánimo de lucro, sin imponer a cambio ningún tipo de agenda sindical. Puesto que la mayoría de lo activistas de izquierda, antiguerra y sindicales apoyaron a Kerry sin imponerle ningún tipo de demandas, éstas, que podrían haber motivado a los trabajadores, sindicados y no sindicados, apenas encontraron eco en el debate político. El único momento en que la izquierda se mostró agresiva fue a la hora de atacar a Ralph Nader y Peter Camejo por intentar construir una alternativa a los demócratas. Lo único que se sacó en claro de la campaña de Kerry fue un multimillonario distante afirmando que se preocupaba por el pueblo trabajador y prometiendo que “se acercaba la esperanza”. Los demócratas estaban tan aislados en su mundo de encuestas y grupos de muestreo que no fueron capaces de entender que las promesas de Kerry de un salario mínimo de 7 dólares la hora (el mismo, en términos reales, que hace 40 años) daban pocas razones para la “esperanza”. No es de extrañar que gente que de otra forma podría haber estado convencida, eligieran la religión o los “valores morales” para guiar su voto, mientras que otros se hundieron en el cinismo. Si las ideas conservadoras abrieron cuñas en el electorado es porque los demócratas de Kerry no hacían sino legitimar dichas ideas a cada paso, desde el apoyo a la ocupación de Irak y a la “guerra contra el terrorismo” a los ataques homófobos contra el matrimonio homosexual. Y si éstos son los puntos de partida del discurso político mayoritario, no debería sorprendernos que muchas personas los acepten y opten por quedarse con el conservador original, Bush, en vez de con la copia, Kerry. Una izquierda agresiva y movilizada podría haberse enfrentado a estos puntos de vista al tiempo que abriría el debate a nuevos temas durante la campaña. Sin embargo, izquierdistas y progresistas de renombre hicieron apología de los terribles posicionamientos de Kerry, o bien permanecieron en silencio en nombre del “cualquiera menos Bush”. Esta dinámica, tal y como señalara el socialista Hal Draper durante las elecciones de 1968, demuestra que el “mal menor” no hace más que legitimar las “malas” políticas en sí. “No se puede combatir el avance de las fuerzas más a la derecha sacrificando la propia independencia, sólo para apoyar a los elementos situados inmediatamente a su izquierda”, escribió. Dicho de otra forma, no se puede derrotar algo (Bush) con nada (Kerry). Por tanto la campaña republicana de “recaudar el voto” tuvo más éxito que la de los demócratas. El gran vuelco pro Kerry que algunos pronosticaban nunca se dio, especialmente entre los electores jóvenes que se suponía darían la ventaja a Kerry. El único espacio para un vuelco se encontraba en los estados “rojos” pro-Bush. Sin embargo, a lo largo y ancho de los EE UU, más del 45% de los posibles electores (principalmente pobres o de clase trabajadora) ni siquiera se presentaron a votar. Tal y como ha dicho Ralph Nader, “La reelección de Bush no habría tenido lugar si los demócratas hubiesen hecho algo por defender las necesidades del pueblo VIENTO SUR Número 77/Noviembre 2004 11

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