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Vol. 2, n.º 3. Marzo del 2001

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de usar un idioma de

de usar un idioma de forma eficaz en ámbitos diversos (como la consulta entre paciente y médico), conocer la terminología (en este caso, la relacionada con contextos médicos) y usar el registro (lenguaje formal o informal) apropiado. El intérprete profesional sabe que un idioma es mucho más que vocabulario y gramática. Como se mencionó anteriormente, la competencia lingüística está estrechamente ligada a la competencia cultural y el intérprete médico debe tener amplios conocimientos sobre los sistemas de creencias y los modelos populares de enfermedad y salud 12 . Es necesario comprender «no sólo lo que dicen los pacientes, sino también lo que quieren decir» 2 . El proveedor de salud y el paciente, es decir, los interlocutores, tienen que negociar el sentido de lo que se dice y el intérprete tiene que ser consciente de ello y de la diferencia entre los sistemas de creencias nativos del proveedor y del paciente. Igualmente, es esencial que el intérprete tenga una amplia experiencia respecto a los conocimientos, expectativas y realidades culturales respresentados en el hecho comunicativo. Además de experiencia con los sistemas de creencias que influyen en el discurso (diálogo) entre paciente y proveedor de salud, el intérprete necesita un entrenamiento especial en las diferencias translingüísticas, que consisten en mucho más que gramática y vocabulario. Es decir, el intérprete tiene que haber adquirido competencia interaccional. Según los estudios transculturales de Gumperz 13,14 , la comunicación sólo ocurre si los interlocutores comparten el mismo repertorio de lo que él denominó contextualization cues (CC). Estos importantes componentes del discurso incluyen patrones entonativos, tono, expresiones faciales, gestos, pausas, duración de pausas, cuánto se habla (taciturnidad vs. locuacidad), entre muchos otros. Los CC ayudan a los interlocutores a inferir la relación social que existe entre ellos, predecir lo que vendrá después en la conversación, determinar la intención del hablante y la relación entre lo que se está diciendo y lo que ya se ha dicho. Los CC no son universales, al contrario, todas las lenguas tienen los suyos propios y, por esa razón, pueden llevar a malentendidos y falsas interpretaciones en conversaciones entre dos personas con experiencias lingüísiticas y culturales distintas. El intérprete tiene que haber adquirido los CC de las dos lenguas y estar constantemente pendiente de esas diferencias para poder transmitir la intención verdadera de un interlocutor a otro. Por ejemplo, para el médico angloparlante los patrones entonativos y de acentuación de un paciente hispanoparlante podrían parecer de tono enojado o impaciente cuando, en realidad, el que habla está explicando sus síntomas de una forma que para él es perfectamente razonable y relajada. En una situación así es responsabilidad del intérprete saber transmitir al médico la verdadera intención del paciente para evitar malentendidos. Otro ejemplo son las pausas, que se distinguen en cuanto a duración y cantidad en diferentes idiomas. En ciertos contextos en español una pausa larga puede indicar que el interlocutor está pensando cuidadosamente en lo que dijo el otro interlocutor, mientras que para un angloparlante, sin embargo, una pausa de mucha duración le puede llevar a pensar que el otro interlocutor no tiene interés, que es maleducado o que no ha entendido lo que ha dicho y hay que repetírselo. El intérprete debe saber facilitar la comunicación en esos contextos sin salir de su papel como intérprete. Todo ello es de suma importancia en la comunicación y sólo posible con la colaboración de intérpretes profesionales. Los servicios remunerados ofrecidos por los intérpretes en hospitales, centros sanitarios y consultorios también deberían incluir la organización de talleres, con el apoyo de la plantilla, para entrenar a los médicos y otro personal en cómo utilizar de forma eficaz a los intérpretes. Durante los talleres, que deberían ser obligatorios para todo el personal, los participantes tendrían la oportunidad de aprender qué esperar durante una situación interpretada, cuál es el papel de cada persona involucrada y recibir información sobre el código de ética de los intérpretes. Se han presentado en esta sección sólo unos ejemplos para indicar que la interpretación es un Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001 61

proceso complicado que requiere conocimientos y experiencias especializados. Las características del intérprete profesional en instituciones de salud se resumen en el cuadro 1. Es necesario que se establezcan programas de formación de intérpretes especialistas en salud al igual que normas de certificación. Debido a la sofisticación sociocultural y lingüística que exige la interpretación, sería lógico que los programas de formación se establecieran a nivel graduado (programas de master o de doctorado). Mientras tanto, es imprescindible que los proveedores de salud realicen un proceso de selección riguroso cuando contraten a intérpretes, según las características apuntadas en el cuadro 1. La comunicación por escrito La comunicación por escrito en lenguas de poblaciones minoritarias es igual de importante dentro del contexto del cuidado sanitario. Las instituciones sanitarias constituyen una «cultura escrita» en la que los materiales impresos se utilizan para divulgar información sobre la salud a los pacientes Cuadro 1. Características del intérprete profesional 1. Dominio de dos o más idiomas · comunicación oral · lectura · escritura 2. Pericia en terminología médica 3. Amplia experiencia en los siguientes elementos de las comunidades · conocimientos socioculturales · expectativas culturales · realidades y cosmovisión 4. Competencia interaccional · dominio de los contextualization cues de los dos idiomas · capacidad para transmitir intenciones verdaderas 5. Comportamiento profesional · cumple con el código de ética de los intérpretes · sabe mantener su papel de intérprete en situaciones profesionales · proporciona talleres para el personal del hospital 6. Formación formal en interpretación · título, preferiblemente a nivel de maestría o doctorado y sus comunidades 15 . Los pacientes tienen que poder leer y entender folletos, etiquetas y otros materiales. De hecho, debido a que los conocimientos médicos son cada vez más complejos y la incapacidad de leer y escribir a cierto nivel supone una barrera al acceso a los cuidados médicos cada vez más importante 16 . Muchas investigaciones demuestran que los pacientes hispanohablantes en Estados Unidos tienen un bajo nivel de lectura y escritura en inglés 16,17 . Sin embargo, los estudios en este campo son muy limitados porque la mayoría de las pruebas de comprensión de lectura se hacen en inglés (la L2 de los hispanohablantes) o por medio de traducciones del inglés al español. El uso de textos traducidos presume que las características o rasgos distintivos de los textos escritos son universales en todos los idiomas y que se puede utilizar el mismo tipo de prueba para determinar los niveles de comprensión de lectura en todos ellos. Esto es totalmente falso. Pero incluso con sus limitaciones, estos estudios son útiles porque nos hacen reconocer que la literatura que preparamos para ciertas comunidades no sirve para nada si no consideramos el papel de la escritura y la lectura en sus vidas tanto como su nivel de alfabetización. Niveles de alfabetización Como se ha mencionado, la formación educativa y los niveles de escritura y lectura afectan el acceso a los materiales escritos sobre salud. Las personas con bajos niveles de alfabetización en inglés no pueden por lo general leer mensajes sobre prevención de enfermedades o promoción de salud en folletos, revistas, periódicos o carteles. Además, son menos propensas a participar en las pruebas exploratorias, acudir a las citas médicas y complementarias y tomar los medicamentos que se les han prescrito 15-18 . En los últimos años algunos investigadores han prestado más atención a este grave problema, llegando a la conclusión mencionada: es necesario buscar formas de preparar literatura adecuada para personas con problemas para leer y escribir. Doak y colaboradores 15 proponen las siguientes recomendaciones útiles para el desarrollo de folletos y otros materia- 62 Panace@ Vol. 2, N.º 3. Marzo, 2001

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