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TERESITA ARCE LOS HERMANOS MUÑOZ DE BARAITA TULIO LOZA<br />

CARLOS RODRIGO CARLOS REBOLLEDO AUGUSTO FERRANDO<br />

CUCHITA SALAZAR CARLOS ONETO ANTONIO SALIM<br />

MABEL DUCLOS JORGE MONTORO LUIS ALVAREZ<br />

AURORA ARANDA ALEX VALLE ELMER ALFARO NERON ROJAS<br />

MARIO VELASQUEZ LUIS CABRERA JESUS MORALES<br />

RUBEN FERRANDO CONSUELO GARCIA CAMUCHA NEGRETE<br />

TERESA RODRIGUEZ RICARDO FERNANDES ALICIA ANDRADE<br />

ESMERALDA CHECA TAMARA BROWN ROMAN GAMEZ NORA GUZMAN<br />

CESAR URETA GUILLERMO ROSSINI ANGEL PINASCO<br />

ADOLFO CHUIMAN RICARDO TOSSO SONIA OQUENDO<br />

FELIPE PONCIANO MIGUELITO BARRAZA NESTOR QUINTEROS<br />

CLAUDIA DAMMERT ALBERTO SOLER VIOLETA FERREYROS<br />

HUGO LOZA GUILLERMO CAMPOS JUSTO ESPINOZA<br />

DELFINA PAREDES LEONIDAS CARBAJAL FELIPE SANGUINETTI<br />

HUGO SALAZAR OSWALDO VASQUEZ CARLOS TOSSO<br />

FERNANDO FARRES LUIS LA ROCA MARICARMEN URETA<br />

VICTOR PRADA RUTH REVOREDO RODOLFO CARRION<br />

RUTH RAZZETO ALVARO GONZALES ANA LUISA CABRERA<br />

JOSE VILAR LOURDES MINDREAU IVONNE FRAYSINET<br />

ETHEL MENDOZA PIWIT RICARDO CABRERA ELIAS ROCA<br />

RECARDO COMBI PEDRO YUFRA ANA SARAVIA FERNANDO DE SORIA<br />

MARGOT URETA HERNAN ROMERO SILVIA GALVEZ<br />

ENRIQUE AVILES ATILIA BOSCHETI MAR IANELA URETA<br />

JORGE SARMIENTO CARLOS CANO GUSTAVO MACLENAN<br />

PATRICIA FRAYSINET CECILIA CAMPOS TERESA OLMOS<br />

AMPARO BRAMBILLA JOSE CENTURION MOSSI GENSOLLEN<br />

BENJAMIN URETA RAUL MEDINA HUGO PORTOCARRERO<br />

1


RISA Y CULTURA<br />

en la televisión peruana<br />

3


Risa y cultura<br />

en la televisión peruana<br />

Luis Peirano<br />

Abelardo Sánchez León<br />

Centro de Estudios<br />

y Promoción<br />

del Desarrollo<br />

Asociación Civil<br />

de Estudios y<br />

Publicaciones Urbanas<br />

5


Carátula:<br />

Elena González<br />

Billy Hare<br />

Foto : Cesar "El Loco" Ureta, por<br />

Raúl Sagástegui, Archivo<br />

La República.<br />

© DESCO<br />

Centro de Estudios y<br />

Promoción del Desarrollo<br />

Av. Salaverry 1945. Teléf. 724712<br />

Noviembre 1984<br />

6


CONTENIDO<br />

PRESENTACIÓN 11<br />

DESTERNILLANDOSE:<br />

A MANERA DE INTRODUCCIÓN Y PROPUESTAS DE<br />

TRABAJO 21<br />

I PARTE:<br />

REALIDAD SOCIAL Y LECTURA DE PREJUICIOS 39<br />

Capítulo I:<br />

Populorum y la salita de la clase media 41<br />

Capítulo II:<br />

Los divos: osamenta cultural 75<br />

Capítulo III.<br />

Tulio Loza: "El cholo de acero inoxidable" 87<br />

Capítulo IV:<br />

Román Gámez: el "Ronco", ronca 107<br />

Capítulo V.<br />

Adolfo Chuiman: "¿Quién soy yo ¡Papa!" 125<br />

7


II PARTE:<br />

LA TELEVISIÓN "INCULTA" 145<br />

Capítulo VI:<br />

¡Señoras y señores! Pasando revista a los programas<br />

cómicos de la televisión 147<br />

Capítulo VII:<br />

Personajes y lenguaje 175<br />

Capitulo VIII:<br />

Los principales temas. Tres cosas hay en la vida... 219<br />

Capítulo IX:<br />

En los corrillos del set 271<br />

A MANERA DE COLOFÓN:<br />

"APAGA Y VÁMONOS, MALDITA SEA" 301<br />

BIBLIOGRAFÍA 313<br />

8


"Un país que hace de la broma un<br />

sustituto de la rebeldía".<br />

Pablo Macera - 1984<br />

9


PRESENTACION<br />

11


Hay niños que crecen en la calle, limpiando lunas de los autos, escupiendo<br />

perfectamente por entre los dientes, usando la cabeza para dar el golpe preciso;<br />

los hay también en su casa, protegidos por su mamá, bañados a sus horas y<br />

despreocupados por ganarse algo de dinero; para muchos niños, como para la<br />

gran mayoría de los migrantes que vienen a Lima, la ciudad es sólo la parcela<br />

inmediata en que se desenvuelven: la cuadra, la bodega, el parque o las<br />

inmediaciones de los cerros y los descampados. Antes —y este antes se asemeja<br />

al "había una vez" de los cuentos infantiles— algunos niños podían empinarse<br />

a través de la literatura hacia otros mundos, fuera de su esfera doméstica. Hoy,<br />

la televisión ha reemplazado al viejo libro que utilizaban los padres como<br />

preámbulo del sueño.<br />

La mansión de Monterrico, la casita enrejada de Magdalena y la morada a<br />

punta de esfuerzo de las barriadas, todas, casi todas, tienen una antena en el<br />

techo. Las implacables diferencias que separan a uno de otro desaparecen<br />

momentáneamente cuando se está frente al televisor; los dibujos animados, las<br />

telenovelas, los programas cómicos, los enlatados, constituyen horas en que<br />

todos los niños de Lima miran una misma imagen, participan de un mismo<br />

sueño, anhelan un idéntico deseo. Pero esta ilusión se desvanece cuando se<br />

apaga el televisor y surgen, de nuevo, las diferencias.<br />

Nuestra infancia no tuvo televisor en casa; apenas, cuando nos<br />

despedíamos de ella, algún vecino incorporaba a su vida diaria ese<br />

aparato en su sala: sin duda, como la máquina de escribir de<br />

un escritor, era el centro de todas las actividades. In-<br />

13


gresando a la pubertad, muy pocos se mantuvieron leales a la radio; Sandokan,<br />

La Escuelita Nocturna, El Zorro Iglesias, fueron quedando como parte de una<br />

memoria que, definitivamente, no guardaba relación con los nuevos tiempos.<br />

Para algunos, los programas nacionales de humor fueron siempre de mal<br />

gusto, chabacanos, simples; no debían ser vistos por los niños porque estropeaban<br />

su educación. Pero el Perú, esa gran abstracción, no ingresaba a la mente de los<br />

niños sólo a través de los textos escolares y las formas elaboradas para educarlos.<br />

Dicho groseramente, Miguel Grau o "Achicoria" tenían la misma presencia y, en<br />

cierta medida, "Achicoria" les resultaba más cercano. Expresiones típicas,<br />

personajes típicos, ambientes típicos, recreados por los programas cómicos,<br />

conformaban una galería en la mente de los niños como parte fundamental de su<br />

idea del Perú.<br />

Hoy ya estamos grandes. Hemos perdido parte de nuestra inocencia y ganado<br />

mucho en recelo, una forma astuta de ser también agresivos. Pero cuando la idea,<br />

de hacer un estudio de los programas cómicos se hizo insistente, encaramos la<br />

necesidad de vencer ciertos pudores y advertencias sobre los peligros de volver a ser<br />

niños sin ser pueriles, intentando combinar la mirada que ellos tienen, siempre<br />

encandilada y que equivale en mucho a la popular, con la de los adultos, siempre<br />

desconfiada y que en este caso se resume en la del intelectual. Ambas miradas<br />

debían valer para este tipo de estudio. No podíamos tratar el humor sin la alegría<br />

y la seriedad con la que se lucha y vive por el humor, y los tremendamente serios<br />

motivos sobre los que se basa.<br />

En el desarrollo del trabajo debíamos confirmar que no sólo nos estábamos<br />

refiriendo a los programas cómicos, sino que éstos nos remitían cada vez más a<br />

nuestro país y a nuestras propias vidas. Decidimos combinar así, en lo posible,<br />

este propósito, al realizar un tratamiento del tema que cuidase el rigor formal<br />

sociológico necesario, sin descartar la intuición y las ventajas del ensayo, así como<br />

la incursión, que las palabras permiten, en la experiencia vital de los autores y de<br />

nuestros múltiples entrevistados.<br />

Este libro pretende ser de aquellos que se pueden leer por<br />

partes, empezando por donde uno elija pero está dividido en<br />

.<br />

14


dos secciones. La primera referida a una lectura de la realidad social y de los<br />

prejuicios y estereotipos que aparecen en los programas cómicos de televisión, tal<br />

como funcionan, a cargo de los representantes de los diversos segmentos sociales<br />

que la componen y que son fuertes ente sesgados por la óptica de los sectores<br />

tradicionalmente rectores del ordenamiento ideológico y cultural del país. La<br />

segunda, a realizar un seguimiento de los programas cómicos que actualmente se<br />

propagan en la televisión nacional, en una referencia explícita y constante a la<br />

realidad que les sirve de base, los alienta y los celebra.<br />

La introducción da cuenta de los criterios y limitaciones del estudio, del<br />

procedimiento seguido para el abordaje del tema y de las principales propuestas<br />

de trabajo. De manera exprofesa, esta introducción elimina la discusión teórica<br />

sobre aquellos conceptos que utilizados implícitamente en el trabajo, resultan<br />

claves en la discusión actual sobre la orientación de este tipo de estudios en<br />

América Latina. Esto no significa rehuir la tarea del necesario avance y<br />

clarificación conceptual, ni la discusión sobre los aciertos y limitaciones de<br />

nuestra implícita manera de usar estos conceptos. La tarea debe ser retomada,<br />

queremos imaginar que también a partir de las respuestas y opiniones que<br />

merezca el avance que aquí intentamos.<br />

El capítulo I intenta resumir, a través de lo que den ominamos una lectura de<br />

prejuicios, el conjunto de concepciones que se manejan en el mundo popular<br />

urbano y que se expresan, con distintos grados de sutileza, en los programas<br />

cómicos de la televisión. Siendo el aspecto étnico-cultural elemento vertebrador de<br />

'estos prejuicios, los siguientes capítulos (II, III, IV y V) ilustran, a manera de<br />

osamenta cultural, el papel que juegan los principales cómicos de hoy día, a<br />

quienes hemos llamado divos, con una fundamentación que enfatiza los aspectos<br />

sociológicos antes que artísticos.<br />

La segunda parte se inicia con una breve historia de los programas cómicos<br />

de televisión. Si bien ésta interesa primordialmente para la ubicación<br />

y definición del "tronco común" de los mismos, se incluye un ordenamiento<br />

de los principales programas y sus protagonistas, hasta nuestros días,<br />

con el fin de alcanzar parte de la información sobre la que nos basamos y<br />

también a manera de homenaje a muchos de los que con la mejor vena y<br />

buena gana han dado su vida a este tipo de labores, sin intención<br />

.<br />

15


alguna de negocio. Tampoco queremos pecar de ingenuos, no, y dar la<br />

impresión de que todo este material es el más digno y representativo de la<br />

historia cultural del Perú. Pero el comercio y la utilización de los cómicos, en<br />

ocasiones alentados por ellos mismos, no debe inhibimos de reconocer el sentido<br />

y calidad de su aporte al entretenimiento y a la cultura del país. El capítulo<br />

VII ofrece elementos para el análisis de los principales personajes de estos<br />

programas a partir de la estructura y sus significaciones lingüísticas. Este es un<br />

campo para el cual estamos seguros el presente trabajo no es más que un<br />

estímulo que intentamos resulte sugerente. El capítulo VIII se refiere a tres<br />

tópicos principales y recurrentes de estos programas, a través de las relaciones<br />

que de ellos se derivan: la relación hombre-mujer, la jerarquía burocrática jefesubordinado<br />

y las que se originan en el manejo del dinero. Sin pretender<br />

extenderlas al resto de temas y situaciones que se repiten en los programas<br />

cómicos, resumen la mayor parte de las "preocupaciones" a partir de las que se<br />

ordenan los contenidos de los mismos. El capítulo IX se origina en el intento de<br />

volver a la realidad a la que se refieren los programas cómicos. Con un pie<br />

dentro de la pantalla y otro afuera, se dibujan algunas imágenes y se presentan<br />

otros tantos ejemplos para reformular el problema de la relación televisiónrealidad<br />

cultural, medios modernos de comunicación y procesos políticos y<br />

culturales. Finalmente, con el legendario estribillo de los cómicos: ¡Apaga y<br />

vámonos, maldita sea!, intentamos presentar un resumen de las principales<br />

incógnitas que nos quedan.<br />

No podemos dejar de señalar en esta introducción algo que un editor<br />

nacional señala como parte de la mejor tradición de la sociología nacional: que<br />

este libro es un trabajo exploratorio, una primera aproximación o avance sobre<br />

el tema. Y lo decimos tanto por la riqueza del mismo como por las dificultades<br />

para el tratamiento de problemas de esta naturaleza. En el futuro se debería<br />

realizar un mejor seguimiento de estos programas de televisión, especialmente<br />

en relación a sus audiencias.<br />

En esta oportunidad, señalamos la gama de expresiones culturales, de raíz<br />

popular urbana, en relación a una de sus manifestaciones más continuadas y<br />

de larga trayectoria, como son los programas cómicos.<br />

No debe resultar curioso ni paradójico que agradezcamos a los<br />

principales actores que nos han ayudado a realizar este tra-<br />

.<br />

16


ajo, si consideramos que no todo en él son elogios; pero debemos ser claros al<br />

respecto: la lectura de nuestra realidad sociocultural, sustentada en prejuicios y<br />

estereotipos que nuestra historia muestra casi inmutables, los exime de<br />

responsabilidad absoluta.<br />

Muchas personas han aportado, aun sin quererlo, al material que es aquí<br />

motivo de reflexión. Además de todos los anónimos colaboradores, debernos<br />

agradecer formalmente a Elizabeth Fox, del IDRC, por su entusiasmo, apoyo y<br />

confianza, para la realización del estudio. A Carlos Oneto, Hugo Muñoz de<br />

Baratta, Jorge Donayre, Luis Alvarez, Tulio Loza, Román Gámez, Enrique<br />

Victoria, Benjamín Arce, Augusto Polo Campos, Alicia Andrade, Alex Valle,<br />

Benjamín Ureta, Hugo Salazar, y otros actores y cómicos que sostuvieron<br />

largas y a veces accidentadas entrevistas con nosotros. A Silvia y María Blume,<br />

Alberto Isola, Hilda y Percy Urday, que generosamente nos grabaron los programas<br />

cada trimestre y/o nos prestaron sus sistemas de video para observar y<br />

analizar detenidamente los programas. A Julio Cotler, Orlando Plaza,<br />

Eduardo Ballón y Julio Calderón que leyeron los manuscritos, los comentaron,<br />

nos alentaron y nos hicieron numerosas críticas y sugerencias, a algunas de las<br />

cuales nos fue lamentablemente imposible dar mejor uso. A Elsa Bravo, Norma<br />

Remicio y María Gómez que pasaron a máquina y comentaron con nosotros<br />

muchas veces los manuscritos de este trabajo. Finalmente a Annie Ordoñez que<br />

cuidó esmeradamente la edición.<br />

17


"Es el único artefacto que se ve limpio, derecho. Parece recibir<br />

solícitos cuidados para evitar su deterioro. Se ubica en el<br />

lugar central de la casa y la vida cotidiana gira en torno a él.<br />

Su desperfecto alteraría la rutina y la vida volvería a la<br />

normalidad sólo cuando pueda ser reparado. En su interior<br />

está el mundo colorido y brillante. Fuera de él todo es oscuro,<br />

sucio, feo, desvencijado. Uno de nuestros entrevistados,<br />

justificando las cinco o seis horas diarias dedicadas a la T. V.,<br />

se paró y corrió un paño sobre lo que debería haber sido una<br />

ventana: `mire ¿qué ve mierda. ¿Dónde miraría Ud. en mi<br />

caso' ".<br />

Augusto Góngora<br />

La televisión del mundo popular. 1983.<br />

19


DESTERNILLANDOSE:<br />

A MANERA DE INTRODUCCION<br />

Y PROPUESTAS DE TRABAJO<br />

21


1. ¿QUE SE PRETENDE, Y POR QUE<br />

Este libro es, fundamentalmente, el fruto de una reflexión<br />

compartida entre los autores con el objeto de entender lo que sucede<br />

en la cultura de este país cuando se entreteje con los hilos de un medio<br />

de comunicación masivo. La tarea de conocer la dinámica cultural de<br />

nuestra realidad, en relación a la creciente e importante industria de<br />

los medios de comunicación, empieza en este caso por escoger una<br />

muestra de cultura que, probablemente, sea la que menos merezca en<br />

términos comunes el nombre de tal. Sin embargo, los programas<br />

cómicos de la televisión aparecen respaldados por la observación y el<br />

análisis más elemental —como por todas las estadísticas — como las<br />

más significativa, además de rentable, producción de la televisión peruana.<br />

Los medios de comunicación, como el humor, adquieren sentido<br />

por su referencia indirecta, pero contundente, con la realidad social en<br />

la que se producen. Por esta razón, los programas cómicos de la<br />

televisión son, en el presente estudio, motivo y recurso principal para<br />

referirnos a la realidad sociocultural. Más allá del estudio de la<br />

trascendencia cultural de la televisión por sí misma, de sus recursos<br />

técnicos y su programación, es importante entender desde qué bases<br />

culturales se gestan los productos que la caracterizan.<br />

En ese sentido, el trabajo no se reduce al análisis exclusivo<br />

de estos programas, sino que incluye también los elementos<br />

sociales que están presentes en la realidad y que son reproduci-<br />

23


dos por la televisión. Nuestro objetivo consiste en relacionar las<br />

expresiones culturales, expresadas a través de los medios masivos de<br />

comunicación, con los procesos culturales vigentes hoy en el país.<br />

Este objetivo, por su amplitud y pretensión, ciertamente funciona<br />

como telón de fondo de nuestras interrogantes y propuestas, pero de<br />

ningún modo se agota en este trabajo.<br />

EL HUMOR NACIONAL<br />

Las compañías que estudian el mercado de la televisión utilizan el<br />

término rating para designar los niveles de sintonía de la<br />

programación de los distintos canales que compiten en el medio (1).<br />

La competencia es parte del negocio y es obvio que en ella se<br />

superponen intereses diversos que a veces pueden disentir, pero que<br />

por lo general coinciden.<br />

Los rating de sintonía indican siempre que los programas cómicos<br />

son importantes por donde se les mire. Entre veinte y treinta puntos de<br />

promedio en el rating demuestran que, por más habilidad de<br />

manipulación que puedan tener quienes presionan interesadamente<br />

por mantenerlos allí, es obvio que estos programas tienen sintonía<br />

preferencial. Al margen de los rating, no es difícil constatar que el<br />

público los celebra, los comenta, los sigue.<br />

Al igual que los análisis clínicos, que muchas veces no hacen sino<br />

confirmar el diagnóstico médico hecho sobre los signos exteriores de<br />

una determinada enfermedad, los rating confirman, con cierto rigor<br />

empírico, el éxito de un programa. En todo caso, los análisis de los<br />

rating de los programas cómicos son ya un ajedrez más fino sobre la<br />

base de una garantía mínima de funcionamiento. Para este tipo de<br />

análisis interesa ya no el programa en sí mismo, cuanto qué otro<br />

programa le hace competencia y por qué razones. Pero de los datos<br />

más gruesos es posible extraer importantes comprobaciones.<br />

No todo el éxito de estos programas reside en que sean programas<br />

de humor, cuando en que sean programas de humor na-<br />

(1) Rating: relación porcentual entre el número de hogares que sintonizan un<br />

determinado medio y el total de hogares propietarios de dicho medio.<br />

24


Rating sintonía programas cómicos televisión (2)<br />

Promedios Dic. 1983 Abril 1984<br />

Risas y salsa 28.00 33.00<br />

Programas Tulio Loza 21.00 24.00<br />

Nacionales Te mato Fortunato 15.00 11.00<br />

Humor redondo 16.00 13.00<br />

Benny Hill 8.00 10.00<br />

Programas Show de los Muppets 15.00 13.00<br />

Nacionales Chavo del 8 13.00 13.00<br />

Super Agente 86 3.00 4.00<br />

Chespirito 6.00 10.00<br />

Nuevos Detectilocos -.- 19.00<br />

Programas Supershow del Ronco -.- 7.00<br />

El Dedo -.- 14.00<br />

Lo saben muy bien los programadores y gerentes de la televisión, lo<br />

confirman los rating de sintonía. Los excelentemente realizados<br />

programas extranjeros, como el Show de los Muppets y Benny Hill, no<br />

tienen nada que hacer con la sintonía de los nacionales Show de Tulio<br />

Loza o Risas y Salsa. Ni siquiera el excepcional programa mexicano El<br />

chavo del ocho, puede competir con los programas nacionales<br />

mencionados. Los peores, indefinidos y mediocres programas de risa<br />

y humor hechos en el Perú, tienen por lo menos un rating comparable<br />

a este último.<br />

Nos preguntarnos muchas veces por qué, especialmente cuando<br />

descubrimos que buena parte de los libretos de los programas<br />

nacionales vienen de afuera. Parece que un "algo" nacional procesa<br />

estos insumos, que a veces son copias directas de libretos extranjeros,<br />

y los refunde en una síntesis atractiva y entretenida para una<br />

vasta audiencia de televidentes peruanos. Es en la bús-<br />

(2) Cifras redondeadas sobre la base de los rating elaborados por las entidades<br />

especializadas en estudios de mercado a disposición de las agencias de<br />

publicidad en Lima.<br />

25


queda de este "algo" que nos empeñamos en este estudio. ¿Qué hace<br />

que el público siga mayoritariamente estos programas ¿Cómo y por<br />

qué son entretenidos ¿Qué pistas pueden darnos para entender<br />

quiénes somos<br />

Quiérase o no, los programas cómicos de la televisión son también<br />

hoy un lugar preferencial donde se puede hablar sin solemnidad y con<br />

crudeza sobre el Perú. No sólo por lo que se dice a través de las<br />

parodias o comentarios que los cómicos se permiten hacer con<br />

bastante frecuencia, sino por lo que muestran de las raíces culturales<br />

de donde se originan. Este fenómeno ha ido en aumento desde que los<br />

programas cómicos nacionales adquieren una mayor independencia,<br />

tanto en los libretos corno en el peso propio de sus principales<br />

intérpretes.<br />

En la historia del teatro popular, como de la radio y la televisión, se<br />

han dado casos en los cuales el éxito especial de un autor—libretista—<br />

guionista y sobre todo de actores que han adquirido un peso propio,<br />

indiscutible, les permite hacer y decir —sin más reparos que su propia<br />

censura— un poco lo que quieran, para bien o para mal.<br />

REIR, QUIÉN HABLA DE REIR...<br />

Canta Jesús Vásquez un famoso vals, dándonos a entender que el<br />

corazón sirve más para sufrir o llorar. La presencia de los programas<br />

cómicos en la televisión, sin embargo, constituye una terca muestra<br />

del afán de hacer reír a la población como criterio fundamental del<br />

entretenimiento. En el sentir común de la gente, e incluso de los<br />

productores y programadores, lo serio, el drama o la tragedia, no son<br />

equivalentes a "pasar un buen rato"; la risa, en cambio, sí garantiza<br />

que los momentos libres sean de descanso.<br />

Al margen de consideraciones valorativas desde el punto de vista<br />

artístico, los programas cómicos de la televisión constituyen una<br />

forma de entretenimiento que resulta más o menos válida en la vida<br />

cotidiana actual. Alguna vez el teatro popular fue su equivalente, pero<br />

corno todo en esta vida, el entretenimiento se presta también a las<br />

múltiples diferencias que los hombres han establecido entre sí a lo<br />

largo de la historia. Así, hoy como ayer, no todos nos entretenemos de<br />

la misma manera, y las diferencias en este rubro entre los distintos seg-<br />

26


mentos sociales son cada vez más complejas y sutiles. En este trabajo,<br />

perseguimos como objetivo establecer un vínculo entre el proceso de<br />

masificación del entretenimiento, a través de los medios de<br />

comunicación, y la perdurabilidad y evolución de las características<br />

sobre las que basan sus diferencias los distintos segmentos sociales de<br />

la realidad urbana.<br />

Sin duda, las sociedades contemporáneas se caracterizan por una<br />

respuesta propia: las fases avanzadas de industrialización y de<br />

transnacionalización de esta industria, han producido la masificación.<br />

El consumo masivo, que alienta consecuentemente la industria, es<br />

ratificado en realidad por todos los medios, incluso los de<br />

comunicación. Como quiera que estos medios constituyen una de las<br />

maneras principales del hombre moderno para satisfacer necesidades<br />

muy importantes y entretenerse, se han convertido —hoy por hoy,<br />

como dicen mucho los anunciadores por la radio— en el mejor<br />

ejemplo de la masificación del momento histórico que vivimos.<br />

¿Pero cuánto queda relegado y es distinto en el camino desde lo<br />

que fuimos hasta lo que somos No todo en el teatro popular de hoy<br />

es masivo, actual ni moderno; y, querámoslo o no, todavía el teatro, el<br />

teatro popular, es una referencia básica para en- tender estos<br />

programas. Entre lo colectivo popular de ayer y lo masivo popular de<br />

hoy hay un sinnúmero de diferencias y desbrozos que establecer.<br />

Sin embargo, éste no constituye un objetivo específico del trabajo.<br />

Nuestra preocupación está dirigida, más bien, a buscar y rebuscar los<br />

ingredientes populares que están presentes en los programas cómicos y<br />

la mutación que éstos sufren cuando se expresan a través de un medio<br />

masivo, tal como la televisión.<br />

Los programas cómicos, que son de origen popular y que continúan<br />

siendo --tal vez de modo distinto— básicamente populares, han sufrido,<br />

en distintas épocas, varios intentos de "lavadas de cara". La mayoría de<br />

estos intentos se han dado en la televisión y han terminado en una<br />

suerte de regresión hacia ciertas formas de jugar a "populachero", una<br />

especie de idéntico juego protagonizado por gente que viste mejor y se<br />

mueve en mejor ambiente, desnaturalizando sin talento los esquemas<br />

originales del género. Esta dinámica, ciertamente, nos dice mucho<br />

sobre los procesos culturales vigentes en el Perú, y es en esa dirección<br />

27


que el análisis de la evolución de las formas de la risa nos puede ser útil<br />

para una mejor comprensión de los mismos.<br />

En cierto modo, los programas cómicos en el Perú constituyen un<br />

"hecho cultural" excepcional, una voz, casi un grito, en medio del caos<br />

en que se encuentra la sociedad peruana y que debe expresarse de<br />

diversas maneras en la esfera de la cultura. En una época de conmoción,<br />

de cambios sociales, estos programas son también de alguna manera<br />

representativos y serios en el fondo, aunque cómicos en su forma. Las<br />

peripecias urbanas de los sectores populares, la presencia cada vez mayor<br />

de los sectores medios —ascendentes o pauperizados—, la mención<br />

constante a los ricos y al dinero, son, entre muchas cosas más, reflejo de<br />

una sociedad cuyos pilares se muestran débiles.<br />

Los objetivos mencionados suponen encarar el viejo problema de los<br />

conceptos y de las palabras cuando se habla de cultura popular. Como<br />

este trabajo no tiene como pretensión principal la elaboración teórica, los<br />

términos de cultura y de cultura popular son asumidos en su expresión<br />

más generalizada, especialmente en el último caso, el mismo que es<br />

empleado para referirnos a los esfuerzos y reivindicaciones populares por<br />

mantener y desarrollar sus valores, usos y costumbres, frente a aquellos<br />

impuestos por las clases dominantes. Usualmente, estos últimos son los<br />

que traen consigo los conquistadores o colonizadores de una región, y<br />

por tanto las reivindicaciones populares aparecen también vinculadas a la<br />

afirmación y defensa de lo propio, de lo nacional, frente a lo extranjero o<br />

ajeno a la identidad popular. Esto supone que la cultura popular es<br />

mayoría, como que la mayoría son los dominados o conquistados. La<br />

idea de resistencia y de reproducción resulta, por lo tanto, inherente a la<br />

existencia de la cultura popular, al punto de constituir a la cultura es<br />

decir a las formas propias de expresarse, entretenerse y divertirse, en<br />

núcleo principal de afirmación por la vida.<br />

El tratamiento del problema de la definición de la cultura popular<br />

es asumido, así, implícitamente. Para nuestros fines resulta principal,<br />

sin embargo, recordar que la cultura popular no es un objeto fácilmente<br />

aislable para su análisis directo, porque lo popular, como se ha afirmado<br />

muchas veces desde Gramsci, no es un dato homogéneo sino que, por el<br />

contrario, se ofrece dentro de la ambigüedad y conflicto propio de los<br />

procesos culturales. Esta observación cobra mayor relevancia referida<br />

a algunos de los productos de los medios masivos de comunica-<br />

.<br />

28


ción, donde se entrelazan manifestaciones culturales de diversas<br />

procedencias para configurar realidades peculiares en las que es fácil<br />

perder la raíz popular de la que se nutren. En la dirección de reconocer las<br />

bases sociales desde donde se construyen estos programas, se originan<br />

nuestras principales propuestas de trabajo. La cultura popular se<br />

manifiesta a través de productos culturales cada vez más distintos, donde<br />

interesa tanto sus raíces como su articulación con el todo social en el cual<br />

funcionan.<br />

2. PROPUESTAS Y POSIBILIDADES DE EXPLICARNOS EL<br />

PROBLEMA<br />

La propuesta que orienta el seguimiento de los programas cómicos de<br />

la televisión, consiste en que, de maneras distintas y con los recursos más<br />

variados, éstos reproducen y resumen —en forma disparatada, pero con<br />

una coherencia y fidelidad básica— la dinámica actual del cambio socio<br />

cultural de nuestro país.<br />

Es explicable que muchas personas no den crédito alguno a estos<br />

programas, considerándolos incapaces de poder formular algo que vaya<br />

más allá de lo vulgar y banal. Sin embargo, varios elementos contribuyen a<br />

refutar esta idea. En primer lugar, porque las características de los<br />

personajes que protagonizan las situaciones y conflictos de estos<br />

programas resumen en gran medida los 'arquetipos culturales básicos en el<br />

país. Resulta interesante y factible realizar un seguimiento de los<br />

programas a través de sus principales personajes en relación a su capacidad<br />

de representar los tipos que existen en la sociedad, su aparición, sus<br />

modificaciones, su extinción. La evolución de los personajes guarda<br />

relación con las ideas que de ellos se tiene en la sociedad y con las propias<br />

transformaciones sociales expresadas en los actores que los representan.<br />

Asimismo, la constante referencia y las sugerentes menciones que en los<br />

programas se hace de la realidad social, hace posible interpretar las<br />

imágenes y expresiones de nuestra historia, y de su condición política y<br />

cultural. Por último, porque a partir de definiciones más o menos propias<br />

de los principales personajes, todos los segmentos sociales representados<br />

aspiran a un mismo objetivo superior y común: prevalecer sobre los demás<br />

y encarnar la peruanidad como valor supremo.<br />

Como consecuencia de esta perspectiva de trabajo, la lectura e<br />

interpretación de los programas cómicos no puede agotarse en sí<br />

misma, como tampoco pretende explicar la realidad al margen<br />

.<br />

29


de los múltiples condicionantes que la constituyen. La dinámica sociocultural<br />

en el país, teñida por prejuicios que en su gran mayoría se<br />

originan en la justificación de un ordenamiento social determinado, es<br />

un complejo objeto de análisis en el que se articulan elementos<br />

culturales muy dispares. El orden social político y cultural, que se<br />

manifiesta en una escala jerarquizada, tiene elementos comunes para<br />

el manejo de estos prejuicios por los diferentes segmentos sociales.<br />

Los programas cómicos de la televisión recogen y elaboran los<br />

estereotipos que funcionan en la realidad, estableciendo una relación<br />

que confirma la validez y el peso de los prejuicios que sustentan, sin<br />

por esto dejar de mostrar, de alguna manera, las diferentes imágenes<br />

propias a través de las cuales cada uno de estos segmentos se asume<br />

socialmente con mayor libertad y espontaneidad.<br />

Nuestra propuesta reposa en que Lada vez más, la lectura de la<br />

realidad peruana se expresa a través de esta yuxtaposición de<br />

imágenes que da cuenta de una trama imbricada, donde lo dominante<br />

y lo dominado pasan a formar parte de un todo mucho más complejo,<br />

en buena parte debido al peso homogeneizador de los medios de<br />

comunicación. Así, los programas cómicos constituyen una lectura del<br />

ordenamiento social vigente en el país donde se intenta escudriñar en<br />

las imágenes originadas en los lugares comunes de todo el sistema<br />

social y aquellas que provienen de segmentos o grupos específicos,<br />

analizando cómo se confrontan mutuamente a partir del escape que<br />

permite la risa.<br />

Como correlato de la formulación anterior, el trabajo es en<br />

principio una lectura de prejuicios y estereotipos en la cual se Mezclan<br />

e intercalan los que existen en las audiencias (en la sociedad) en los<br />

realizadores y los cómicos (en los programas), e incluso tal vez en los<br />

autores, articulados desde la óptica que ha prevalecido en la historia<br />

del país, la del conquistador en sus diferentes versiones. Se indaga, a<br />

la vez, sobre las alternativas a estos prejuicios propuestas por los<br />

representantes de los distintos segmentos populares que acceden a los<br />

medios de comunicación a través de la necesidad de la risa.<br />

La preocupación de fondo de este trabajo y que amerita<br />

un desarrollo más amplio en el futuro, está en la interrogante sobre<br />

las formas en que se da la presencia de lo popular en los<br />

grandes medios de comunicación. Este caso circunscrito a los<br />

.<br />

30


programas cómicos en la televisión, nos conduce a una reformulación<br />

pragmática de la idea generalizada y romántica de que la cultura<br />

popular en el Perú se refiere a lo andino, a lo rural, a lo "puro" y<br />

"bueno".<br />

Nada nos garantiza que la cultura popular tenga algún grado de<br />

pureza frente a los llamados "males de la sociedad". De hecho, la<br />

cultura popular en el Perú está hoy casi por completo contextualizada<br />

y condicionada por la ciudad. La ciudad se expande a través de los<br />

medios de comunicación, pero también se "andiniza" con la presencia<br />

concreta de los migrantes que llegan de provincias. Toca a la ciudad<br />

contextualizar las circunstancias y las peculiaridades del mundo<br />

popular, responsabilidad que se expresa a través de los personajes<br />

populares de la radio y la televisión. Cuerpos narrativos de la cultura<br />

presentes en los medios se estructurarán temática y formalmente sobre<br />

un contexto urbano, cuestionando el esquema clásico de la<br />

manipulación y el manejo maquiavélico de los valores de las culturas<br />

nativas, que determinó muchos estudios de comunicación en la<br />

década pasada en América Latina.<br />

Un primer avance sobre este esquema se produjo a partir de la<br />

constatación antropológica de la resistencia cultural. No todo es<br />

dominación, también hay resistencia. El Perú es en este sentido,<br />

además, un terreno vasto y vivo para estudiar las múltiples formas de<br />

sobrevivencia de patrones culturales, anteriores a la llegada de los<br />

españoles y que, a través de diferentes formas de sincretismo, se<br />

mantienen vivos.<br />

Pero la defensa de la llamada cultura popular apareció también<br />

muchas veces, como una nueva forma de oposición entre sectores<br />

hegemónicos y de resistencia, idealizada y representando la vocación<br />

por un orden social justo y de compromiso con los sectores populares<br />

secularmente oprimidos. Frente a esta nueva forma de explicitación<br />

del conflicto incuestionable, se establece también la necesidad de una<br />

superación en el concepto de cultura popular que no lo reduzca a los<br />

límites más obvios de dicho conflicto. Pensamos que no todo en el<br />

campo de la cultura popular se explica por esta oposición. Hay<br />

terrenos donde la cultura popular no es perceptible exclusivamente<br />

por su antagonismo a la cultura hegemónica o incluso se encuentra<br />

incrustada en ella.<br />

31


Necesariamente presente y articulada en los medios de comunicación,<br />

por ejemplo, resulta obvio que no todo en la cultura popular es<br />

resistencia a la presión hegemónica de los sectores dominantes. La<br />

cultura popular no es, por lo tanto, tampoco necesariamente<br />

revolucionaria o exclusivamente alternativa, especialmente cuando,<br />

contextualizada en la ciudad, accede a la masificación cargando con<br />

todas las consecuencias.<br />

¿Qué hay de popular en la T.V., es una pregunta clave para el<br />

propósito de este estudio y puede ser formulada de distintas maneras.<br />

Ella parte prácticamente de una hipótesis que no exige mayor<br />

demostración y que, por tanto, tomamos aquí como un axioma. Esto es,<br />

que al margen de la definición analítica y la especificidad de la llamada<br />

cultura popular, lo que interesa es el análisis de la cultura como tal y de<br />

las maneras cómo se constituye en los medios masivos de comunicación,<br />

a partir de los valores, usos y costumbres auténticamente sentidos por las<br />

clases populares. Al separarse de sus primeros sentimientos indi g enistas,<br />

José María Arguedas abogaba por la superación de la añoranza y el<br />

deseo de recuperación de la pureza del legado cultural indígena y<br />

propugnaba, cada vez más, el seguimiento de esta nueva cultura mestiza,<br />

sin dejar de admitir, según anota Ángel Rama, inquietudes y suspicacias<br />

frente a los distintos roles que los mestizos cumplen en uno y otro bando,<br />

sin comprometerse moralmente con ninguno (3).<br />

A veces parecerá exagerado preguntarse por la presencia popular en<br />

los grandes medios de comunicación modernos. Sin embargo, no lo es.<br />

De muy diferentes maneras la radio y la televisión han constituido a lo<br />

largo de su historia en América Latina una serie de espacios de expresión<br />

de valores y usos populares, básica y principalmente en relación al<br />

entretenimiento. La herencia europea ha sido clave para definir las<br />

formas de expresar sus intereses, pero el aporte original para la formación<br />

progresiva de una cultura distinta no es despreciable.<br />

En este terreno es muy difícil separar el trigo de la paja y así<br />

resulta imposible hacer un claro deslinde listando los valores o el<br />

.<br />

(3) Crf. ARGUERDAS, José María... Formación de una cultura nacional<br />

indoamericana, Siglo XXI Editores, México, 1975 y 1977. Selección y<br />

prólogo de Ángel Rama.<br />

32


aporte popular de la cultura española, por ejemplo; como sería absurdo<br />

intentar un listado de diferencias precisas entre aquello que es popular<br />

frente a lo que no lo es. En la televisión, se hace evidente un complejo<br />

cultural de origen diverso y múltiple, que es sin embargo necesario<br />

desbrozar para empezar a entender el problema.<br />

A pesar de que no se ha realizado un sondeo exhaustivo de la<br />

audiencia de estos programas, es posible constatar la actitud de "guardar<br />

distancias" frente a ellos en ciertos sectores urbanos con educación<br />

media. Es casi un lugar común señalar que la vulgaridad y la simpleza de<br />

los personajes cómicos de la televisión no son dignas de consideración, a<br />

pesar de su éxito de sintonía. Al igual que las telenovelas, que tienen su<br />

público en las amas de casa, " en los enfermos y los ociosos", para lo que<br />

algunos entrevistados definen como una ideología moderna, educada y<br />

racional, los programas cómicos son relegados a la condición de pan fácil<br />

y barato para el populacho.<br />

Nuestra propuesta de trabajo nos lleva, sin embargo, también a<br />

relativizar esta opinión: el paulatino desplazamiento de las<br />

ambientaciones populares hacia los sectores medios urbanos, representados<br />

así, como antaño los populares, a través de personajes y<br />

situaciones preponderantes, nos hace pensar que la audiencia de estos<br />

programas no estaría conformada exclusivamente por lo popular, sino<br />

también en gran medida, y gracias a una paulatina presencia de<br />

personajes que los hacen sentirse representados, por los sectores medios.<br />

La hipótesis que de aquí se deriva consiste en que los personajes de<br />

mayor raíz cómica son los que menor estabilidad social tienen; la<br />

movilidad social —ascendente o descendente— alrededor de la idea<br />

de pertenencia a "la clase media" es lo que motiva la mayor risa, a<br />

pesar de la angustia o el nerviosismo propios de los personajes que<br />

buscan consolidar una posición en ella. Los blancos de la clase alta y<br />

los indios de la sierra, ausentes prácticamente en estos programas,<br />

tampoco los ven. Así, doblemente ausentes, darán risa sólo en sus<br />

referencias indirectas, mientras los sectores medios, en la<br />

heterogeneidad que les es propia, buscan una identidad social política<br />

y cultural con una vehemencia fácilmente susceptible de sátira y risa.<br />

El desarrollo de este estudio muestra también cómo, en otro nivel,<br />

los representantes de la comunicación masiva popular y<br />

33


los intelectuales en el país, se miran mutuamente. No podernos negar<br />

que las denominaciones para señalar estos interlocutores tienen un<br />

contenido muy grueso, pero lo podemos ejemplificar a través de las<br />

formas en que el mundo académico aparece en estos programas y<br />

cómo los intelectuales opinan y juzgan acerca de los cómicos.<br />

Los prejuicios contra lo popular masivo presente en la televisión no<br />

han sido, ni son, patrimonio de los sectores conservadores o de<br />

derecha. En los sectores progresistas o de izquierda puede encontrarse<br />

el mismo rechazo y actitud etnocentrista. Además, porque la sátira<br />

que en ellos se hace contra la solemnidad de la política los ha tocado<br />

fuertemente y porque los programas cómicos son también un medio<br />

de combate político y el macartismo suele ser una de sus<br />

características. Debe verse aquí que la actitud frente a lo cómico<br />

popular y masivo no depende de la línea política o ideológica y que,<br />

por lo general, los distintos grupos políticos han hecho caso omiso del<br />

problema que su tratamiento supone, reduciéndolo a la esfera de lo<br />

doméstico o personal.<br />

Al respecto, es interesante indagar, también, qué sucede al revés; es<br />

decir, qué piensan los cómicos de la televisión sobre los intelectuales y<br />

la denominada cultura "culta". Si bien la actitud básica es de<br />

exagerado respeto, en el que se mezclan la admiración con el<br />

desconocimiento, la condescendencia reciente por parte de los<br />

intelectuales, con una disposición más democrática y moderna, trae<br />

consigo una actitud similar por parte de los cómicos. Así como ya no<br />

resulta raro ver, por ejemplo, a un escritor participando en un<br />

programa de corte popular, saliendo de su castillo de seriedad<br />

intelectual, tampoco resulta raro que un cómico construya otra<br />

imagen del intelectual, más cercana al común de los mortales.<br />

A pesar de la vigencia de esta brecha entre los dos mundos y<br />

sus expresiones, debemos reconocer que un poco como los islotes<br />

culturales que tipifican a nuestro país hasta hace dos décadas,<br />

éstos empiezan a mirarse. Si bien no se entienden y no se<br />

quieren del todo, y desconfían mucho mutuamente, ya saben que<br />

existen. Un intelectual puede hablar sobre cómicos y programas<br />

de televisión y estos últimos saben de la existencia de<br />

escritores e intelectuales. Esta relación se ha visto enriquecida<br />

por la creciente aparición de algunos intelectuales en medios<br />

.<br />

34


de comunicación; éste es el caso de la televisión, donde antes no<br />

ingresaban, ya sea porque su status no guardaba relación con las<br />

exigencias del medio o porque los mismos intelectuales la miraban por<br />

sobre el hombro, considerándola muy por debajo de sus<br />

preocupaciones. Por último debemos señalar que pocos recursos<br />

existen en la actualidad que vinculen, como la televisión, la vida<br />

cotidiana con la gama de problemas que usualmente eran tratados por<br />

otros medios, permitiendo, de ese modo, eliminar progresivamente la<br />

frontera que separaba drásticamente lo "culto" de lo "popular".<br />

3. COMO ENFRENTAR ESTE TIPO DE PROBLEMAS<br />

Desde el punto de vista metodológico, el presente trabajo resume<br />

información obtenida por un conjunto de procedimientos aplicados de<br />

manera bastante abierta y heterodoxa. Nuestro interés por el estudio<br />

de la realidad cultural, a partir de aquellos aspectos indiscutiblemente<br />

populares que tienen una presencia masiva en la televisión, ha<br />

requerido de una aproximación que combinase una serie de recursos.<br />

El primero, y en muchos casos el principal, ha sido la entrevista<br />

abierta con muchos protagonistas de los programas cómicos de la<br />

televisión, sobre cuyas opiniones, juicios y comportamientos —dentro<br />

y fuera de la pantalla— se teje gran parte de la trama argumental que<br />

fundamenta nuestras propuestas de interpretación del universo<br />

cultural en el que la televisión funciona. Aunque también se ha<br />

entrevistado a libretistas, directores y productores con este propósito,<br />

el énfasis de este seguimiento ha sido puesto en los actores,<br />

atendiendo . tanto al análisis de su rol personal, como al de los<br />

personajes principales que interpretan.<br />

Desde el último trimestre de 1982 hasta el primero del presente<br />

año, hemos sido asiduos y atentos telespectadores de programas<br />

cómicos, sobre la base de una devoción fomentada en<br />

función de nuestro objetivo. Pero si bien hemos atendido a estos<br />

programas durante todo el período de estudio, el análisis más<br />

detallado —como la utilización de los ejemplos que se citan—<br />

corresponde principalmente a grabaciones de los programas<br />

correspondientes a las últimas semanas de cada trimestre. La<br />

ubicación e intento de definición de los personajes que aparecen<br />

en los programas cómicos de televisión, el seguimiento de<br />

35


su comportamiento en situaciones específicas recurrentes, su actitud<br />

frente a los problemas principales que deben resolver en su vida, la<br />

peculiaridad de su lenguaje, son los criterios del ejercicio analítico que se<br />

ha hecho tratando de establecer constantemente una analogía con la<br />

coyuntura y el devenir cultural en el que vivimos. Las largas sesiones en<br />

las que veíamos repetirse una y otra vez ocurrencias y chistes de<br />

personajes y situaciones ya muy conocidos, en las que ordenábamos el<br />

conjunto de elementos que componen estos programas, ha favorecido<br />

esta analogía imperfecta pero sugerente. La depresión que ella nos produjo<br />

muchas veces no eliminó, sin embargo, la sonrisa y aún la<br />

carcajada.<br />

La lectura y análisis de los guiones de los programas más representativos<br />

ha sido otra de las vetas de indagación sobre este<br />

fenómeno. Pero el aspecto más claro que queda de los mismos es que<br />

constituye un mero referente —y de ninguna manera el principal— para<br />

el espectáculo que finalmente producen los cómicos y que guarda una<br />

relación directa con la realidad social y cultural a la que aluden.<br />

Muchos de los temas, personajes y situaciones de estos guiones tienen<br />

un enorme parecido con sus similares extranjeros, pero éstos tienen una<br />

aceptación ostensiblemente menor del público, tal como se desprende del<br />

cuadro de sintonía presentado. Por esta razón, el seguimiento analítico<br />

ha puesto mayor énfasis en el desarrollo personal que de los guiones<br />

hacen los cómicos, que es, en definitiva, donde está presente buena parte<br />

de la materia cultural a la que se refiere este estudio.<br />

Los guiones, por otra parte, nos han mostrado la recurrencia<br />

permanente y válida más allá de los límites de este análisis, de temas,<br />

situaciones y personajes que usan los cómicos como punto de partida<br />

de su ingenio y creatividad. En este campo podría pensarse, como en<br />

realidad piensan algunos productores de televisión, que "no hay nada<br />

nuevo bajo el sol". Viejísimos libretos de sainetes y juguetes españoles<br />

e italianos son lugar de referencia obligada de los libretistas modernos,<br />

que funden y refunden las viejas tramas para actualizar pretextos sobre<br />

los que cómicos con talento puedan dar vida a un espectáculo. Un<br />

rastreo histórico elemental ha sido consecuencia de la necesidad de<br />

entender mejor las fuentes del quehacer de los cómicos populares,<br />

desde la época de los teatros y la radio hasta la televisión. Este esfuer-<br />

36


zo es, sin embargo, simplemente indicativo de un campo de<br />

investigación a ser cultivado en el futuro.<br />

Finalmente, la atención a las reacciones y juicios del público ha<br />

sido una vertiente importante para completar y configurar mejor<br />

nuestras propuestas. Si bien no hay aquí una presentación explícita de<br />

la actitud de los distintos sectores o segmentos sociales sondeados de<br />

manera informal por nosotros, gran parte de los juicios y propuestas<br />

de este trabajo se derivan de entrevistas con entusiastas espectadores<br />

de estos programas.<br />

Un análisis de audiencias más ambicioso aportaría elementos de<br />

entendimiento e interpretación de los procesos culturales, tal como se<br />

muestran a través de uno de los canales más importantes de<br />

socialización de los pobladores urbanos. Los niños, como los<br />

migrantes, tienen, a través de estos programas, una de las mejores vías<br />

para aprender cómo se sobrevive en las ciudades del Perú, sobre todo<br />

en su capital.<br />

37


I PARTE:<br />

REALIDAD SOCIAL<br />

Y LECTURA DE PREJUICIOS<br />

39


CAPITULO I<br />

POPULORUM Y LA SALIDA DE LA CLASE MEDIA<br />

41


"El concepto de raza adquiere en el Perú un contenido<br />

que no es biológico strictu sensu, porque tiene<br />

ingredientes económicos y culturales. Pertenecer a un<br />

grupo étnico implica ya una posición en la sociedad,<br />

arriba o abajo".<br />

Luis E. Valcárcel.<br />

Ruta Cultural del Perú. 1945.<br />

43


1. LIMA ES EL PERÚ<br />

En un país mestizo como el Perú, traumatizado por la conquista<br />

española y que no ha consolidado los elementos necesarios para<br />

construirse como nación, los tratamientos de índole étnico cultural<br />

suelen ser complicados. Nada mejor que un programa cómico de<br />

televisión para demostrarlo. En este capítulo vamos a preocuparnos en<br />

mostrar cómo es que aparecen los distintos tipos raciales en la<br />

sociedad peruana, especialmente urbana, vinculándolos a un modelo<br />

cultural común: el ser criollo.<br />

Esta aproximación toma en cuenta, sobre todo, la imagen que cada<br />

segmento étnico cultural tiene de sí mismo y de los otros. En una<br />

sociedad como la nuestra, en la cual los prejuicios y los estereotipos<br />

raciales se multiplican, es importante resaltar el hecho de que estas<br />

"miradas culturales mutuas" parten del modelo que la clase<br />

dominante, blanca de piel, traslada al resto de grupos y clases sociales.<br />

En la pirámide social, el color de la piel y las mixturas cobran valor,<br />

pero, sobre todo, la manera de entenderse, ubicarse y compararse,<br />

parte de la lógica de los que se hallan arriba: el cholo, el zambo y el<br />

negro harán suyo —en este nivel de los estereotipos— lo que los<br />

blancos piensan y valoran (positiva o negativamente) de los cholos, los<br />

zambos y los negros.<br />

Es importante hacer explícito al empezar el tratamiento de estos<br />

problemas, que los programas cómicos de la televisión han<br />

favorecido siempre a la ciudad para contextualizar las circunstancias<br />

y sus personajes de humor. No existe ningún pro-<br />

.<br />

45


grama de este tipo que haya escogido para su representación a la<br />

provincia o al campo, como personaje significativo a un campesino o<br />

a un indio, sea de la sierra o de la selva peruana.<br />

Si bien la complejidad del país se ve de ese modo reducida, el<br />

lugar ideal para estos programas es la ciudad de Lima, nuevo<br />

ombligo del Perú, terreno natural de los criollos, que el desarrollo de<br />

nuestra sociedad ha convertido en el hervidero de las expresiones<br />

culturales más variadas. Lima propicia la presencia de personajes<br />

disímiles que encuentran en ella vigencia, como es el caso del<br />

provinciano-serrano, del cholo, del zambo, del mulato, del negro, del<br />

chino y del blanco. Lima es el lugar escogido donde suceden todas<br />

las situaciones de humor, todos los sketches cómicos de la televisión,<br />

porque esto es garantía de éxito. Situar una circunstancia en la<br />

provincia, en el campo o en un caserío de la selva, significa no estar<br />

con los tiempos ni con las situaciones que motivan tensión o humor,<br />

pues en ellos no se reflejan las peripecias por las cuales pasa la gran<br />

mayoría de los tele-espectadores. En todo caso, tratar sobre Lima es<br />

tratar también, y a veces especialmente, sobre los provincianos: Lima<br />

es el gran horno de actualidad, conflicto y cultura. Si se trata de<br />

provincias, se trata de Lima: a los serranos, pero en Lima; a los<br />

"chontriles", a los cholos de la sierra, pero siempre en relación a los<br />

criollos nativos, populares como los zambos, y a los sectores medios.<br />

El famoso mosaico racial del que nos han hablado los antropólogos<br />

como esencia visual del país, encuentra así un denominador<br />

común en la ciudad de los programas cómicos de la televisión. Lima<br />

es el campo fértil para el humor que se-inspira, principalmente, en<br />

los programas que suscita la integración de los distintos segmentos<br />

sociales en este universo, la supervivencia y la reproducción en la<br />

ciudad.<br />

La heterogeneidad de la urbe, la convivencia conflictiva de<br />

diversos grupos y clases sociales, azuzados por las diferencias<br />

raciales, en un enorme espacio que incluye tanto zonas consolidadas<br />

como baldías, se pueden expresar a través de una amplia<br />

red de comunicación de masas, incluyendo, por supuesto, a la<br />

televisión, que permite la "integración visual", una supuesta<br />

homogeneidad de los distintos grupos sociales que la conforman.<br />

46


Como ejemplo, Pedro Camacho, el personaje de la novela La tía<br />

Julia y el escribidor de Mario Vargas Llosa, percibía claramente el<br />

problema cuando graficaba los distintos barrios de la ciudad de Lima,<br />

para conocer la distribución espacial de los distintos segmentos<br />

sociales que la componían con la finalidad de poder emitir sus<br />

mensajes, tipificando, previamente, a su audiencia. Pero Camacho<br />

había aislado su audiencia a través de círculos rojos que marcaban los<br />

disímiles barrios de Miraflores y San Isidro, de La Victoria y El<br />

Callao. Se preguntaba, por ejemplo: ¿San Isidro es un barrio de Alto<br />

Abolengo, de Aristocracia Afortunada De este modo, según su<br />

criterio, a Jesús María le correspondería -dentro de su estratificaciónel<br />

título de Me-socracia Profesionales Amas de Casa; a La Victoria y<br />

El Porvenir el de Vagos Maricones Maleantes Hetairas; al Callao el de<br />

Marineros Pescadores Zambos; y al Cercado y El Agustino el de Fámulas<br />

Operarios Labra-dores Indios.<br />

Esta caricatura de Lima, por imágenes sociales y culturales, resulta<br />

significativa, pues parte de una constatación empírica de cómo el<br />

común de los ciudadanos concibe que está distribuida la población.<br />

Esta caricatura remarca las diferencias, pero señala de qué manera<br />

Lima concentra diversas procedencias socio culturales del país: el<br />

abolengo rancio, las migraciones de fortuna, las clases medias, los<br />

zambos y los indios.<br />

De ello se deriva de antemano que los programas cómicos de la<br />

televisión privilegien el mundo popular vía el zambo (Callao, La<br />

Victoria), al indio—cholo (por las barriadas) y a los sectores medios<br />

(Jesús María). En estas zonas viven los personajes principales que<br />

suben a escena y constituyen la trama sustancial de su humor.<br />

Tulio Loza, por ejemplo inicia su carrera artística desde la barriada<br />

con su cholo provinciano bajo el brazo incorporándose luego a la<br />

ciudad tradicional. Los sketches del programa Risas y Salsa privilegian a<br />

los criollos nativos, a los zambos y a los blancos, a través de las<br />

actuaciones del "Ronco" Gámez y de Adolfo Chuiman, de Antonio<br />

Salim y Alex Valle. Por último, el fallido show de Rulito y Sonia y el<br />

reciente-mente suspendido Te mato Fortunato incorporan lo<br />

supuestamente blanco y sofisticado.<br />

Los programas cómicos de la televisión resaltan las diferencias<br />

sociales fundadas en la raza y sus condicionantes culturales de<br />

47<br />

}


manera excepcional. La ocupación y la clase aparecen siempre como una<br />

consecuencia. “¡Que tal raza! ", diría Tulio Loza. Esto puede encontrar<br />

su explicación por el uso cotidiano y la reproducción vertiginosa de este<br />

estereotipo profundo, que prolonga y acentúa las diferencias sociales<br />

expresadas en principio a través de los rasgos físicos.<br />

El lenguaje popular es rico en matices para señalar el grado de<br />

integridad e identidad que guardan los miembros de cada segmento<br />

étnico cultural. En el país, "cuñao", los blancos son los "firmes", los que<br />

la llevan. En el país, "paisa", los serranos, los provincianos, somos los de<br />

verdad. En el país, "familia", los negros somos los bacanes. Y en el país,<br />

"cholo", los cholos somos el Perú.<br />

A partir de estas expresiones, es posible recoger de las intervenciones<br />

explícitas de los cómicos la idea de que cada uno de ellos se<br />

propone como el símbolo de la nacionalidad, que encarna una raíz y<br />

tiene el grado suficiente de solidez para reclamarse como el espejo en<br />

el cual se refleja la gama, el mosaico racial peruano. Pero, frente a esta<br />

idea, se contrapone la figura del criollo como elemento vertebrador de<br />

las diferencias sociales y raciales. Este concepto, que no ha merecido<br />

todavía un tratamiento sistemático e integral, y que se usa más como<br />

estereotipo que como categoría sociológica, nos será útil para ver<br />

cómo cada uno de estos segmentos lo utiliza a su manera, para poder<br />

ser reconocido y valorizado en el conjunto de la sociedad urbana. La<br />

idea de lo criollo es recogida, posteriormente, por los principales<br />

actores divos de estos programas, que moldeando a sus personajes<br />

como representativos de un segmento social específico, se proponen<br />

luego como válidos para el conjunto de la sociedad por su capacidad<br />

de funcionar como criollos.<br />

2. ESE FISICO POPULAR<br />

La programación de la televisión en general hace evidente<br />

que lo popular en el Perú se filtra, irremediablemente,<br />

por lo menos en primera instancia, por las connotaciones<br />

raciales de sus miembros. No se concibe un origen<br />

popular si se es blanco, aunque este sea real; necesariamente,<br />

como condición previa, se debe ser cholo, negro o<br />

zambo. Estos tres componentes étnicos garantizan que<br />

se es popular. Un blanco causa extrañeza o desconfianza<br />

cuando se introduce en un barrio popular. Sin duda,<br />

.<br />

48


es cuestionado: es visto como un intruso, de igual manera que un<br />

cholo, un negro o un zambo si irrumpiera en los salones de la alta<br />

burguesía (4).<br />

IDENTIFICACION<br />

La mayoría de los actores de los programas cómicos populares de<br />

la televisión nacional provienen de los sectores populares o de los<br />

estratos bajos de la pequeña burguesía. Esto permite, entre la<br />

audiencia, una primera identificación popular y los mismos actores<br />

cómicos de la televisión harán explícita constantemente su<br />

extracción social expresada a través de sus rasgos físicos. Un recurso<br />

de identificación consiste en anteponer a su nombre su característica<br />

física o utilizarla como apodo. Así, por ejemplo, los principales<br />

actores de la televisión son reconocidos por ese rasgo: el Cholo<br />

Tulio Loza, el Zambo Ferrando. la Gringa higa. el Cholo Leonidas<br />

Carbajal. el Negro Gutapercha, el Negro Tribilín. Estos ejemplos<br />

hacen evidente la asociación que existe entre un actor determinado<br />

y el rasgo físico que lo particulariza. A su vez, este elemento racial<br />

le permite asociar. aún más, su nivel socio-cultural con un grupo<br />

social determinado, de un modo de vida que se desprende de lo<br />

anterior, de un modo de pensar. de actuar, de responder<br />

socialmente. Los actores cómicos funcionan casi como el tipo ideal,<br />

el modelo de conducta a seguir, y desarrollan, sobre esta base todas<br />

sus características.<br />

El humor que se practica en los programas cómicos responde<br />

también, en gran medida, a la vinculación que existe<br />

entre lo popular y lo racial. Esta característica física, necesario<br />

sustrato de lo popular, es casi como un carnet de presentación. El<br />

"Ronco" Gámez puede repetir las veces que quiere en sus en-<br />

(4) "En general todos los futbolistas venimos del barrio —dice Roberto<br />

Challe— y ahí es donde se ve que el Perú tiene buen fútbol. Lo que pasa es<br />

que nuestra gente es mestiza, ve un gringo y por ser gringo ya cree que<br />

tiene plata. Aquí el blanquito no puede parar con los negritos, el blanquito,<br />

que se vaya a Miraflores, eso se cree. Pero yo he convivido mucho tiempo<br />

con todos mis compañeros jugadores y todos hemos sabido respetarnos...<br />

Lo que pasa es que es difícil contentar al público. Sucede lo que decíamos<br />

sobre los gringos. Si eres negro, no gustas porque eres negro y si eres gringo<br />

porque eres gringo. Acá tienes que ser mezclado."<br />

QueHacer, No. 16, DESCO, Lima, 1982.<br />

49<br />

}


trevistas, por ejemplo, que de chico era pobre, pues es casi lógico que un<br />

zambo en el Perú lo sea. Un blanco puede hacer la misma afirmación,<br />

pero estará sujeto a una eventualidad, a un caso visto como extremo.<br />

Será uno de los que el "Ronco" Gámez denomina "gringos misios",<br />

herederos de migrantes empobrecidos excepcionalmente y por sorpresas<br />

del destino, que terminan afincados en un distrito pobre e incluso en un<br />

pueblo joven.<br />

Estos programas de gran audiencia en los sectores populares urbanos<br />

sirven para mostrar, sin pudor, las caras del pueblo. La burguesía<br />

peruana lamenta que nuestro pueblo sea tan feo, a diferencia del chileno<br />

o el argentino; por suerte histórica, enfatizan, los españoles no<br />

encontraron allí indios o los barrieron, y se produjo, luego, una<br />

avasalladora inmigración italiana o alemana. El Perú, dicen por lo<br />

general, es como México, ¡pobres!, con mucho petróleo pero con mucho<br />

indio. Pero a pesar de esto, el pueblo —especialmente el de la gran<br />

ciudad— sabe que si quiere sobrevivir y afirmarse tiene que mostrar la<br />

cara, y por esto se siente identificado con los actores que lo hacen por él<br />

en estos programas.<br />

Esta identificación racial parece ser exclusiva de los programas<br />

cómicos y tal vez, aunque en menor medida, de aquellos programas en<br />

los que explícitamente se ensalza la fuerza, la inteligencia y el éxito de un<br />

determinado personaje con caracteres raciales precisos. Pero estos<br />

programas son la excepción. El triunfador —y la risa es un mecanismo<br />

para ser un triunfador aún en las peores circunstancias— pone muy en<br />

alto el color social de su raza. Más aún, la condición de quien nada tiene<br />

que perder hace que el cómico se entregue a la lucha por triunfar con<br />

todos los recursos de la comicidad, desde la picardía y la gracia, y aún<br />

con la lisura hasta el límite de la grosería, en un medio que tiende desde<br />

su organización de base a negarle este derecho. Por el contrario, este<br />

fenómeno no está presente, por ejemplo, en las telenovelas, género donde<br />

por lo general, el respeto pudoroso a la legitimidad de la raza blanca<br />

prevaleciente es casi una necesidad y un punto de partida.<br />

VERACIDAD<br />

La procedencia social de estos actores, además, permite dar<br />

veracidad a la función que cumple su personaje. El público cree,<br />

verdaderamente, lo que sucede, asociando con facilidad el físico<br />

50


(del actor) con la acción (que cumple el personaje). El aspecto físico<br />

otorga una mayor consistencia y resalta, a través del humor, los<br />

aspectos sociales que se quieren evidenciar. No es curioso o<br />

accidental, por lo tanto, que se asocie lo popular a lo racial en la<br />

medida en que cada actor acentúa sus rasgos físicos y alienta un<br />

personaje cuyas acciones son coherentes con las de la vida diaria.<br />

Entre los actores no existe uno solo que represente el papel del<br />

burgués y tenga para ello los rasgos físicos y los modales que<br />

funcionen como respaldo material y veraz a su actuación. Sí existe,<br />

en cambio, la parodia sobre los sectores medios a través de actores<br />

secundarios, que representan esos roles en tono de sátira o burla.<br />

En estos programas no tiene cabida el humor en base a sutilezas<br />

propias de los salones aristocráticos. Llana y sencillamente, la<br />

burguesía peruana no aparece en estos programas. Solamente las<br />

actrices representan ocasionalmente roles estelares de clases<br />

acomodadas y, por esta razón, los principales personajes de este<br />

sector social suelen ser femeninos. Estas actrices son, por lo<br />

general, mujeres jóvenes y atractivas o mujeres que fueron guapas y<br />

hoy son de mediana edad y físico llamativo: sus personajes<br />

exageran abusivamente su gordura, sus rubios de peluquería, su voz<br />

altisonante y chillona.<br />

Sin embargo, resulta sintomática la relativamente reciente<br />

ambientación de estos programas en la clase media baja urbana,<br />

utilizando para ello decorados y estereotipos, adornos y vestidos<br />

que son representativos de los empleados, de los burócratas o de<br />

sus mujeres. Generalmente en los sketches hay un sofá aterciopelado<br />

o cubierto con un plástico y dos cuadritos al costado, unas Meninas<br />

de Velásquez y una bailarina de Degas, o un par de cisnes en un<br />

lago de celeste intenso con marco dorado. En estos ambientes<br />

surge, eventualmente, la presencia popular, ya sea a través de la<br />

doméstica, el mayordomo o de un mensajero desconcertado. A<br />

veces surge por la irrupción violenta del orden público en el<br />

personaje de, un policía, o más a menudo por unos ladrones: "<br />

¡rateros, rateros!", grita una señora gorda, y éstos aparecen: con<br />

barbas de días, gorra, polo de presidiario, cigarrillo en la boca,<br />

casaca de cuero, con un hablar entre grosero e impositivo.<br />

El aspecto físico, básicamente popular que caracteriza a estos<br />

programas, no se limita ya a los lugares típicos de los pobres en<br />

51<br />

}


la ciudad: barriadas, tugurios, callejones. Al contrario, lo popular<br />

tradicional cede parte de su lugar en los sets a los ambientes de la<br />

pequeña burguesía.<br />

UN EJEMPLO: ARRIBANDO EN ESTILO:<br />

"TE MATO FORTUNATO"<br />

La ambientación original de este programa fue en el Country Club<br />

de Lima, un hotel decadente y aún elegante, usado tanto por turistas<br />

gringos y despistados corno por la Federación Peruana de Fútbol para<br />

que la selección nacional se concentre. Allí aparece el personaje el<br />

Padrino (Jorge Montoro) con un atuendo que responde a los años de<br />

oro del hotel: una sarita, un "bastón", un terno veraniego, flor en el ojal.<br />

Las ambientaciones interiores tendrán una mayor sofisticación:<br />

cuadros abstractos en lugar del cisne en la laguna turquesa (color que<br />

subyuga a los habitantes de Pueblo Libre), mesitas de vidrio en la sala,<br />

sofás modernos (obviamente el programa ha logrado un canje<br />

publicitario con una firma de peso en el ramo), alfombras que no<br />

quieren ser colombianas imitación persa; en los exteriores se<br />

privilegian los cafés tipo Haití, aunque sea el del centro, restaurantes<br />

con mozos de blanco y corbata michi, nada de desarreglados,<br />

teléfonos para disculparse ante la esposa e invitar a la amante. Los<br />

personajes son de cuello y corbata. Las mujeres, bien asesoradas, han<br />

dejado la estridencia de un lado. Se comportan como una dama, sí,<br />

una dama. Definitivamente: " ¡estamos arribando!" dirían los<br />

productores del programa.<br />

3. DINERO, ESE PODEROSO CABALLERO, Y ORIGEN<br />

SOCIAL DE LOS ACTORES<br />

El cambio de ambiente —de lo provinciano popular urbano a los<br />

sectores medios— que es posible detectar en estos programas, está en<br />

relación al ascenso social de muchos de sus principales actores. Existe,<br />

de ese modo, una asociación entre el actor y sus personajes: su nueva<br />

situación social implica también concepciones distintas para sus<br />

personajes, una evolución paralela, envueltos todos en acciones que<br />

corresponden a otros ambientes.<br />

Si bien es claro que la procedencia social de los actores cómicos<br />

de la televisión es fundamentalmente popular. su modo<br />

.<br />

52


de vida por razón de sus ingresos, corno por el conocimiento y el<br />

prestigio que adquieren en la profesión se asemeja más, en algunos<br />

casos como una caricatura forzada, a la denominada clase media<br />

acomodada, es decir, a los llamados sectores medios instalados en las<br />

más saludables zonas de la ciudad. La mayoría de los cómicos<br />

considera que Augusto Ferrando es de clase alta. un millonario que se<br />

da todos los lujos y satisface todos sus gustos. Por más que Ferrando<br />

declare que nació en una caballeriza —quizá sea una metáfora por su<br />

afición a la hípica— y que fue, inicialmente, muy pobre, ninguno de<br />

sus colegas duda en considerarlo como el más adinerado de la<br />

profesión y. por eso, un zambo de la clase alta.<br />

La visión que tienen los cómicos de sí mismos y de sus colegas es<br />

muy particular y subjetiva, pero no por ello menos importante.<br />

Afirman que representan al pueblo, al po-pu-lo-rum. y por esta razón<br />

saben que venden una imagen. necesariamente cercana a lo popular.<br />

El "Ronco" Gámez dice, por ejemplo, que Tulio Loza y Augusto Polo<br />

Campos no son ya del pueblo, no viven con el pueblo; pero que por<br />

criterios comerciales no pueden expresar su conducta social distinta a<br />

la de los sectores populares.<br />

El caso de Tulio Loza es singularmente útil para ilustrar el<br />

problema. Primero, porque es un provinciano que procede de una<br />

familia cuya pobreza es relativa si la comparamos con el atraso<br />

económico y social de Abancay, capital del departamento de<br />

Apurímac. uno de los más atrasados del país. La pobreza<br />

provinciana de Tulio Loza, que vivió sus primeros 18 años en<br />

Abancay, se expresa en una relación muy cercana con los pobres:<br />

compañeros de aula, amigos. domésticos. y en el limitado ingreso<br />

de su padre. funcionario público de rango menor, con más de diez<br />

hijos que mantener. Tulio Loza, sin embargo, es el único que ha<br />

seguido estudios universitarios —en la Universidad de San<br />

Marcos— y uno de los muy pocos que tiene una biblioteca personal<br />

en su casa; biblioteca formada por libros de chistes, pero biblioteca.<br />

Tenemos así que mientras Augusto Polo Campos hace una<br />

apología de su ignorancia y el "Ronco" Gámez jamás va a espectáculos<br />

teatrales o al cine, Tulio Loza es una persona "formada".<br />

Del mismo modo, en la concepción del "Ronco" Gámez,<br />

Polo Campos es una persona que si bien nació en Puquio<br />

53


y creció en el Rímac no es del pueblo, porque es de "cuna de oro", y es<br />

una persona culta porque es capaz de hacer humor por escrito, o sea,<br />

de escribir libretos. La valoración que se tiene en los sectores<br />

populares de la capacidad de expresarse con la escritura es enorme, y<br />

es siempre garantía de inteligencia y formación, aunque el "Ronco"<br />

ignore que Polo Campos, aunque escriba, confiese que nunca leyó un<br />

libro.<br />

El desfase que existe siempre, a pesar de estos comentarios entre la<br />

pobreza inicial y la riqueza posterior (5), de acuerdo a los casos,<br />

permite explicar dos hechos importantes. Primero, la necesidad y la<br />

convicción personal de estar vinculado siempre a su origen social<br />

como requisito de éxito. Tulio Loza es muy claro cuando dice: "yo<br />

tenía que conquistar a los cholos provincianos de Lima, tenía que<br />

representarlos". Con el mismo criterio el "Ronco" Gámez afirma que<br />

su público, su "mancha", es el pueblo, los pueblos jóvenes. Y,<br />

segundo, la valoración de lo económico como único criterio sustancial<br />

a partir del cual podría cuestionarse la diferencia entre su origen y su<br />

estado actual. En este sentido, Tulio Loza es otra vez claro: "el dinero<br />

es el canal de ascenso social más importante, incluso capaz de romper<br />

las barreras raciales que existen en el país".<br />

Este tipo de planteamientos nos lleva a hacer evidente el avance<br />

vertiginoso de los sectores medios urbanos, sustentado aparentemente<br />

en el factor económico y no en lo social ni en el cultural.<br />

Los sectores medios, representados por estos cómicos<br />

de la televisión, irrumpen con la convicción de que la oligarquía<br />

mantenía su fuerza social en base a círculos cerrados,<br />

que la propia oligarquía denomina "nuestra gente, nuestros<br />

modales, nuestros gustos". En muchos casos es posible constatar<br />

el intento de formular una réplica o caricatura de las formas<br />

oligárquicas o de la clase alta, en la creencia de que a través del<br />

dinero se puede ascender y arrebatar el poder económico a la<br />

oligarquía. Los cómicos saben, por ejemplo, que Ferrando puede<br />

.<br />

(5) Es necesario aclarar que no todos los actores cómicos hacen dinero y arriban<br />

socialmente. La mayoría conserva una condición popular más o menos variable<br />

y están sometidos a salarios eventuales y condiciones impuestas por las empresas<br />

de televisión, frente a las que no tienen posibilidad de reclamo alguno.<br />

54


ser muy mal visto en el Club Nacional, pero saben también que puede<br />

darse gustos que muchos de sus socios no se pueden dar. Y eso es lo<br />

importante, por lo menos en primera instancia. Esto se expresa en<br />

muchos de los programas cómicos de la televisión, en los cuales las<br />

situaciones y los conflictos principales no se remiten ya a la vida en los<br />

pueblos jóvenes o en los barrios populares, sino a las salas y<br />

conversaciones de los empleados públicos, de los comerciantes<br />

urbanos que, aunque carentes de modales, tienen plata: "que es lo que<br />

importa en este mundo, hermano..."<br />

Los problemas que se derivan -de esta situación se expresan de<br />

distintas maneras. Una de las bromas vitales de los sectores medios,<br />

por ejemplo, es contra los nombres y los apellidos sonoros,<br />

compuestos, rimbombantes, con los cuales se asocia rápidamente no<br />

sólo el dinero, sino también la elegancia, la belleza física de las<br />

mujeres, el aplomo y la solvencia de los varones. La nueva clase<br />

media puede no tener nombre, pero tiene que tener plata. Los<br />

nombres importantes son como cáscaras vacías, viven del pasado,<br />

pero se comen las uñas. Eso se sabe en todos los segmentos sociales<br />

que aspiran a convertirse en legítimos representantes de la clase<br />

media, y por eso se hace burla, llamando pituco tanto a quien hace<br />

gala de su refinamiento des- de las clases altas, blancas del país, como<br />

al apitucado, es decir, a quien adquiere gustos refinados o demasiado<br />

complicados.<br />

Este desfase social entre el origen social de los actores y su nueva<br />

posición, marca por lo menos una línea importante del complejo<br />

espectro que presentan los procesos de transformación de la sociedad<br />

peruana. El comúnmente conocido fenómeno del arribismo está<br />

siempre expresado, tanto en el comportamiento de los cómicos, como<br />

en los motivos principales de sus ocurrencias y bromas.<br />

La afirmación y el éxito de los cómicos, logrado en base a su talento e<br />

identificación racial, se desbarata y debe reformularse en cada ocasión,<br />

con toda la irresponsabilidad que permite la risa. Pero al momento de<br />

plantear su nueva definición e identidad personal como parte de los<br />

sectores medios con más dinero, los cómicos y aún sus personajes hacen<br />

evidente un problema más complejo. Una aproximación psicoanalítica<br />

resultaría importante para poder entender los problemas que surgen en<br />

torno a la falta de identidad personal y social, ya que arribar no es<br />

55


sólo escalar económicamente posiciones en la sociedad —pasar de<br />

pobre a rico— sino que supone la definición de referentes sociales,<br />

políticos y culturales, cuya ambivalencia y ambigüedad se agudiza<br />

hasta el extremo de convertirse en el tópico de cuyo tratamiento y<br />

definición pueden resultar consecuencias de considerable<br />

trascendencia para la orientación del curso político, social y cultural<br />

de la sociedad peruana. El que viene de abajo y gana dinero es visto<br />

como un cholo o un zambo con plata; quien lo tuvo y lo -perdió es un<br />

"gringo misio". En el primer caso —especialmente en el cholo— hay<br />

un cambio de valores: debe comportarse como alguien que tiene<br />

(linero (es decir. como blanco). debe vivir y pensar, sobre todo<br />

políticamente. como ellos. Por lo general. quien se preocupó sólo por<br />

ganar (linero, el que se conoce comúnmente como el "arribista", suele<br />

ser, una vez logrado su propósito, políticamente conservador o<br />

reaccionario. Hace suya la defensa de los valores liberales y critica a<br />

los partidos de izquierda por representar a aquellos que están en<br />

contra de los que. como él, tienen lo que tienen porque se lo han<br />

ganado.<br />

En este sentido, algunos cómicos, sin dejar de reconocer que fueron<br />

pobres y tienen éxito porque los apoya el pueblo. preconizan una<br />

actitud favorable a posiciones políticas de corte clásico liberal. "Si<br />

todos queremos ser mejores. tener más dinero, vivir con comodidad y<br />

ventajas de todo tipo, hay que incentivar esto como se pueda", y el<br />

mejor ejemplo son ellos mismos. Esto nos indica que el problema que<br />

los cómicos y sus personajes evidencian, no se presenta por el obvio y<br />

justificado deseo de superación personal, que todo actor social, en<br />

mayor o menor medida, hace evidente y que la institucionalización<br />

del orden social reprimió ideológicamente acuñando el término i<br />

¡Arribista!! El problema también consiste para los cómicos. una vez<br />

logrado este propósito de hacer dinero y vivir con comodidad, en<br />

quiénes somos y cómo vivimos.<br />

A pesar de tener dinero y de calificar al otro (nunca a sí mismo)<br />

de ser "de clase alta", como lo hacen Tulio Loza, Polo Campos.<br />

Augusto Ferrando y el "Ronco" Gámez. es importante señalar<br />

que existe todavía en los cómicos cierto encono -muchas veces<br />

sutil, otras obviamente grosero- contra la "oligarquía" de los<br />

blancos. En este sentido, su mensaje político se ve nuevamente<br />

condicionado por lo racial: ellos son cholos, zambos, negros,<br />

con plata; un peruano, sí señor, con billete, pero no como<br />

56


los burgueses. En este cuadro social retoma vigencia aquel fenómeno<br />

histórico que produjo "los sin padre" --hijos de la gran violación<br />

histórica, la conquista- que saben quién es su madre, pero no su papá.<br />

Escandalizará el modo distinto de llamar a los progenitores. Pero la<br />

madre tiene siempre una aureola de santidad y fuego, los cómicos<br />

siempre se referirán a ella "poniéndose, muy serios" y con sumo<br />

respeto, mientras el padre, el papá, puede ser un pendejito cualquiera.<br />

Esta falta de paternidad cultural —asociada, además, a la violencia—<br />

explica en parte las declaraciones de Tulio Loza sobre el Perú corno<br />

un país donde faltan "huevos". donde los hombres no son valientes,<br />

emprendedores. arremetedores, ejecutivos, fundamentando un<br />

prejuicio que sustenta el del arribismo y que tiende a hacer más<br />

gaseoso. frágil y difícil de manejar el proceso de movilidad social en la<br />

ciudad. El color de la piel no es aparentemente la única barrera infranqueable<br />

—el cholo será cholo "por más telada que lleve encima"—<br />

sino que exige, a quien desea ascender. hacer suyo el<br />

comportamiento, las formas, los gustos y la ideología de los que sí<br />

tienen padre.<br />

Lo complejo es que este problema tiene una expresión política<br />

ambigua. Por un momento se resuelve gracias a un nacionalismo a<br />

ultranza expresado en la afirmación de lo cholo y de "lo nuestro",<br />

contrastado a lo blanco; por otro lado, por la asimilación de los<br />

valores de quienes tienen dinero, sin tomar en cuenta mucho el<br />

aspecto racial, incluso blanqueándose, desacholándose.<br />

El hombre de éxito surgido del pueblo no se concibe como alguien<br />

que abandonó a los suyos por otros —jamás un cómico de los<br />

mencionados haría una afirmación en ese sentido—, sino todo lo<br />

contrario: son ejemplos a seguir por parte del pueblo. el pueblo ya<br />

convertido en sólo una palabra borrosa y cubierta de polvo, sin una<br />

cotidianeidad ni identidad compartida. Tal vez por esto, y con la<br />

sola excepción del "Ronco" Gámez, se consideren de la clase media:<br />

clase media que oscila entre su lugar de origen popular y el de la<br />

clase adinerada, la clase que se encuentra en la búsqueda de su lugar<br />

histórico, de su dinero, de sus representantes políticos; clase media<br />

donde todos resbalan (de abajo y de arriba) y que busca definirse por<br />

donde se pueda, en medio de la crisis cada vez más generalizada.<br />

Las innovaciones en el lenguaje incluyen hasta la alternativa<br />

extranjera era como posibilidad: Tulio Loza mezcla así palabras<br />

57


nativas con términos ingleses, e incluso el propio "Ronco" —pueblo,<br />

pueblo— llega al extremo de lo burlón y lo desconcertante, cuando<br />

opta por el francés au revoir corno clave personal para despedirse.<br />

4. CRIOLLO POR LOS CUATRO COSTADOS: VIGENCIA DE<br />

UN ESTEREOTIPO<br />

El criollismo es un concepto utilizado en la sociedad peruana de<br />

manera compleja y subjetiva. En buena medida corresponde a una<br />

forma cultural urbana, a un código de comunicación y a una moral<br />

que se escabulle de los cánones éticos y legalmente establecidos. No<br />

existe una sistematización académica del término, más allá de una<br />

recopilación de características que son más o menos propias de<br />

quienes socialmente reconocemos como criollos. El criollo posee, ante<br />

todo, un estilo que conlleva, inherentemente, la gracia, el juego y el<br />

humor. Su contexto ideal es el marco festivo; su capacidad para<br />

convertir una situac . ión seria en motivo de risa no tiene límite.<br />

Recogernos aquí el término en su versión más estereotipada y propia<br />

del lenguaje de la calle, y por ende de los programas cómicos: valor<br />

cultural que está representado en aquellas personas de la costa,<br />

mestizas, que hablan castellano, ignoran idiomas indígenas y son<br />

"vivas", es decir, despiertas, astutas, a quienes nunca se podrá<br />

engañar.<br />

El criollismo constituye en los programas cómicos de televisión el<br />

recurso más eficaz del que disponen los sectores populares urbanos<br />

para su sobrevivencia y ascenso social. El criollismo no guarda<br />

condicionamiento necesario por el color de la piel: todos pueden ser<br />

criollos; es más, todos deberían serlo. La condición de criollo tampoco<br />

guarda relación con la clase social: antaño, era el "señorito" o el<br />

"señorón" de la clase alta, pero con el irrumpir de la clase obrera, la<br />

condición de criollo fue también patrimonio de las clases populares de<br />

Lima. Los barrios tradicionales populares —los ambientes donde<br />

nació y se cultivó el vals criollo— capitalizarán, en buena parte, el<br />

término. En general, quien se desligaba de su origen tuvo siempre la<br />

mejor chance para desarrollar una concepción de la vida y una<br />

conducta criollas. Con el tiempo, el criollismo —sus variantes y<br />

modalidades, como la criollada— fue progresivamente apropiado como<br />

estilo por los diferentes segmentos sociales que componían<br />

58


la ciudad. Al punto que hoy nadie puede reclamarse propietario de tal<br />

condición o estilo por razón de su clase o su color. El criollismo tiene<br />

ya sabor nacional.<br />

Sin embargo, este sabor también es fundamentalmente costeño y<br />

citadino. El conflicto de los Zorros, de José María Arguedas, está aún<br />

vigente: los del "pelo", los de la "lana", los "amamarrachados", o los<br />

"chontriles", "los crolos", los "ponjas", los "pitucos", los "blanquiñosos",<br />

juntos y a veces superpuestos o amontonados en una ciudad,<br />

conforman un vasto espectro en el cual lo racial, lo social y lo cultural<br />

intentan vertebrarse de alguna manera. En los programas cómicos de<br />

la televisión, esta posibilidad se expresa por el intento de presentar la<br />

imagen plural, la condición, los valores y la conducta del ser criollo.<br />

Si bien el dicho del abuelo: "Líbreme Dios de cholo con mando, de<br />

negro con plata y de blanco con hambre", no ha perdido del todo<br />

vigencia en este país, nuestra historia puede dar cuenta de una<br />

multiplicación progresiva de incumplimientos de este dicho<br />

segregacionista. El prejuicio que sostiene esta invocación divina trata<br />

justamente de preservar un orden y una jerarquía que ya ha dado<br />

muestras de resquebrajamiento. Y porque hay situaciones en que se ha<br />

transgredido el dicho —aunque sea de manera eventual— es que el<br />

mismo se refuerza.<br />

Sin embargo, las consecuencias de la diferenciación racial no<br />

impiden que existan canales de movilidad social. favorecidos por un<br />

ensanchamiento de los sectores populares urbanos y de los estratos<br />

bajos de la pequeña burguesía. El centralismo limeño —desde el nivel<br />

productivo, administrativo, financiero y de servicios— incluye<br />

también el aspecto cultural. Todos estos grupos, a través de distintos<br />

mecanismos y de acuerdo a sus propias características, pretenden<br />

hacer suyo el valor predominante de la ciudad: el criollismo. Y los<br />

actores más importantes de los programas cómicos populares de la<br />

televisión, pretenden encarnar o encarnan este valor cultural, ya sea a<br />

través del símbolo que propagan a través de su propia persona o por<br />

las caracterizaciones de los personajes que representan en calidad de<br />

actores.<br />

Puede así decirse que en el actual mundo popular el valor<br />

más cotizado es el criollo, garantía para sobrevivir en la ciudad,<br />

.<br />

59


para poder salir adelante, para contrarrestar los ataques inclementes<br />

del medio. El criollo. ¡se pasa! El que no es criollo, ¡se queda! El<br />

criollo se pasa sin sujetarse a principios morales clásicos o al<br />

ordenamiento legal, pero no importa: ser criollo equivale a ser pícaro,<br />

gracioso, simpático, cautivador. Siempre encontrará el perdón, la<br />

complicidad, la comprensión final de los demás, sobre todo si hay<br />

público que lo festeje, que lo absuelva. ¡Y vaya si tiene público un<br />

criollo que aparece en la televisión!<br />

El paso siguiente, reforzado a través de otras producciones de la<br />

televisión tales como los cortos publicitarios de productos nacionales,<br />

como por ejemplo la cerveza —cualquiera que sea la marca—,<br />

consiste en establecer una asociación entre criollo y peruano: criollo,<br />

entonces, es un grosero y gaseoso término que resume lo nacional.<br />

Criollo no es solamente el cultor de música criolla, el diestro<br />

bailarín. el mañoso seductor que ejerciendo el encanto del perfil. algo<br />

barrigón quizá, pero dando a entender que en cuestión de mujeres,<br />

señor. quien es criollo es un maestro: un bohemio o un jarro, cabeza<br />

de plomo, ágil en la conversación, amigo de conocidos personajes<br />

públicos. ¡grandes personajes! señores en el ambiente del fútbol, del<br />

comercio, hasta de la política...<br />

Ser criollo es. sobre todo en la actualidad, un valor cultural que<br />

se debe alcanzar para poder mantenerse en la sociedad limeña.<br />

Entre ellos, el más necesitado es el serrano, aquél que proviene de la<br />

sierra, provinciano por antonomasia, de las alturas. que baja a la<br />

costa, llega a la ciudad, y "recién bajado" es motivo de burlas,<br />

insultos y engaños. El serrano descubre que es mejor ser identificado<br />

como criollo que como serrano, pero también descubre que es difícil<br />

cambiar sus hábitos de vestimenta, su lenguaje, sus modales. Si bien<br />

los aspectos raciales son inamovibles, adquieren otra connotación<br />

cuando el comportamiento se rige de acuerdo a normas de conducta<br />

que responden a otro contexto social. Tulio Loza es probablemente<br />

el que más ha hecho uso de este doloroso proceso de<br />

"acriollamiento" del cholo. Aparentemente lo mucho que sufrió y<br />

soportó durante sus primeros años en Lima es tema recurrente de<br />

sus autobiografías periodísticas. Incorporarse a la vida limeña desde<br />

abajo es difícil y penoso: tugurios, en condición de alojado, en hoteles<br />

de mala muerte, formando barriadas, trabajando como do-<br />

60


méstico, como vendedor ambulante, como obrero no calificado,<br />

implica. también, adquirir nuevos valores. "Mientras más indio, más<br />

peor. Mientras menos indio, mejor". Ese parece ser el dilema y esa parece<br />

ser la decisión.<br />

UNA CIERTA IMAGEN: CRIOLLOS DE<br />

ANTAÑO Y DE HOY<br />

Cuando Lima era una ciudad más pequeña, sin la población y sin<br />

la superficie de hoy, el término criollo tenía una aceptación más<br />

particular. Sobre todo, criollo equivalía al señorón de antaño, al<br />

personaje de la ciudad, definitivamente blanco, de buenos modales, de<br />

porte, capaz de sacarse la corbata para estar entre aquellos que no son<br />

igual a él en términos sociales, pero que aún sabiéndolo, los trataba<br />

como si lo fueran; hábil en el piropo, con verso y sin agresión,<br />

dicharachero, amante de la comida, de la música, de las costumbres<br />

de su ciudad...<br />

En la actualidad, esta figura se ha ido diluyendo para dar paso a<br />

una imagen del criollo "no oligárquico", que no incorpora dentro de<br />

ese estereotipo la elegancia, los modales refinados y la seguridad en el<br />

trato, pero que conserva la rapidez mental, la fluidez en las respuestas<br />

y es siempre gracioso. La versión actual del criollo está, pues, mucho<br />

más vinculada a los sectores medios, que en los últimos 40 años han<br />

tenido una mayor presencia política y capacidad de consumo. La<br />

burocracia estatal, la compleja gama jerárquica de las dependencias<br />

públicas, los técnicos y los profesionales, forman parte sustantiva de<br />

este sector social: ternos planchados y lavados con esfuerzo, sacos a<br />

cuadros combinados con camisas y corbatas a cuadros; manos limpias<br />

aunque uñas sucias; palillo entre los dientes; lenguaje formal,<br />

pomposo y lisurero, de acuerdo a las circunstancias: viernes con<br />

cacho, mangas remangadas, corbata suelta y saco en el respaldar de la<br />

silla; anécdotas de amantes y de aventuras nocturnas, contadores de<br />

chistes, de gruesa carcajada y convencidos del estrépito como<br />

manifestación de la diversión. . . Podría ser ésta, quizás, cierta imagen<br />

de un tipo de criollo de la ciudad, de la clase media, con casita propia,<br />

mujer y amante, que hace carrera en alguna dependencia pública.<br />

Este estereotipo, así descrito, es uno de los más recurrentes<br />

en los programas cómicos de la televisión, así como el parroquiano<br />

más asiduo de la Peña Ferrando o de espectáculos de<br />

.<br />

61


evista como "Hablemos a calzón quitao" en el ex-.teatro Arequipa o<br />

de algún café teatro miraflorino, que alterna con naturalidad un chifa<br />

con pescaditos de colores, un bar o cantina del centro, el hipódromo y<br />

la tribuna de oriente del Estadio Nacional. Este estereotipo suele<br />

aparecer en estos programas en su casa, junto .a, su señora, shhhsss,<br />

que se piensa escapar esta noche, con los amigos o con una... como<br />

jefe secundario —el Gran Jefe sale poco o sólo se escucha su voz—<br />

coqueteando con su secretaria en la oficina, un lomito, pero un lomito<br />

que no hay que perder de vista...<br />

La paulatina ambientación de los programas cómicos en los<br />

sectores medios corresponde, pues, a un fenómeno creciente en la<br />

realidad. Este sector social funciona como el lugar de encuentro,<br />

mucho más viable que antes, para los emergentes sectores populares y<br />

para las hornadas de profesionales que provienen de la clase media<br />

acomodada. En una sociedad que hoy es inestable, resbaladiza, con<br />

toboganes y abismos, los sectores medios se amplían en su<br />

heterogeneidad: baja, media, alta, acomodada, pobretona, dignísima,<br />

guardando apariencias, emergiendo... Cada vez más los distritos<br />

limeños de Jesús María, Magdalena, Pueblo Libre, San Miguel o<br />

Lince, se aclaran y se oscurecen simultáneamente, y funcionan como<br />

receptores de los estratos arriba mencionados. De un lado son<br />

espacios consolidados de viviendas sólidas y enrejadas, pero de otro,<br />

son ambientes tugurizados, sobrepoblados y mal mantenidos en sus<br />

servicios. De allí que los programas cómicos escojan entre sus<br />

personajes a aquellos que provienen de esta amalgama que es la actual<br />

"clase media limeña", punto de referencia obligado para los de arriba y<br />

para los de abajo; asequible formal e ideológicamente, a través del<br />

criollo urbano.<br />

EL CRIOLLO ANTICOMUNISTA: EL TIPO ESCOGIDO EN LOS<br />

PROGRAMAS DE HUMOR<br />

Bien podríamos decir que para un criollo ser comunista,<br />

es el equivalente 'del "monse", del "tonto" del grupo, ¡pobrecito!,<br />

no sabe lo que hace. Los juicios negativos sobre el comunista no<br />

están en relación a un sistema determinado (pues los cómicos<br />

no leen ni han leído, según declaraciones propias, nada o casi<br />

nada), sino en relación a un juicio con características de<br />

comportamiento social: el comunista es un idiota o un farsante.<br />

Y esto está en relación con otro componente del demos criollo:<br />

.<br />

62


la viveza, la acción individual como garantía de éxito. El criollo sólo<br />

confía, paradójicamente, en otro criollo, aunque sabe que todo criollo<br />

es mañoso, esquivo, tramposo, mentiroso, y justamente por esas<br />

razones es que confía en él y desconfía de quien no lo es. De un<br />

serrano, jamás. Ese miente, se dice, nunca se sabe lo que piensa. Te da<br />

una mano y con la otra te mata. Dicen que decía el italiano acriollado:<br />

"serrano nunca son buono, y si buono nunca perfeto, y si perfeto, siempre<br />

serrano”. La desconfianza del criollo frente al comunismo se debe a<br />

que está compuesto por comunistas, por gente que dice ser buena,<br />

honrada, que se preocupa por el prójimo, por el pueblo, que lo representa,<br />

que todo es de todos, que no debe haber propiedad. Cuidado<br />

—dice el buen criollo, remangándose las mangas, aflojándose la<br />

corbata—, cuidado, mucho cuidado, acá debe haber gato encerrado.<br />

Esas personas dicen que no buscan lo que uno anda buscando (su<br />

platita, su "hembrague". su "jatito" para la noche. sus cositas), claro,<br />

esas cosas no se dicen, pero se hacen, se anhelan; por eso, algo se<br />

traen, como los serranos (6).<br />

La aversión al comunismo se acentúa sobre todo -y se insiste<br />

en esto por ser el ejemplo más extremo y a la vez más explícito<br />

en los programas cómicos—, en los libretos de Polo Campos<br />

que recita Tulio Loza como "Camotillo el Tinterillo". Además<br />

de triunfadores de acuerdo a los cánones de un sistema vigente,<br />

se sienten explícitamente comprometidos con los intereses de los<br />

que triunfaron. Pero, al mismo tiempo, valoran lo nacional, lo<br />

genuino, como elementos constitutivos del criollismo, de lo que<br />

son. Ciertamente, lo nacional está vinculado a un buen cevi-<br />

(6) Esta actitud también la tiene el criollo frente al cristianismo, especialmente a<br />

través de los interminables chistes sobre los curas y Jesucristo. Más allá de la<br />

irreverencia que lo caracteriza, hay en él un afán inocultable de humanizar a<br />

estos personajes a través de las tentaciones carnales. En los chistes el cura suele<br />

aparecer siempre como un mañoso, alguien que bebe el vino de la cocina o del<br />

cáliz, seductor con las mujeres o que utiliza su condición de cura para sacar<br />

provecho. San Pedro y Jesucristo son reasumidos desde la posición del criollo<br />

como personas desprovistas de divinidad; ambos suelen aparecer en los chistes<br />

con órganos genitales, prestos a ceder a las tentaciones y con debilidad y<br />

actitudes propias del hombre común. El mejor y más reciente ejemplo 4 de lo<br />

dicho lo personificó recientemente el actor Álvaro González, en el papel del cura<br />

criollo, lisuriento y vividor en el espectáculo Hablemos a calzón quitao, con libretos<br />

y dirección de Augusto Polo Campos.<br />

63


che, a su saltado y a la música nuestra, pero también está en relación<br />

a lo político. En ese sentido, tanto Ferrando, Tulio Loza como Polo<br />

Campos, se llenan la boca de lo nuestro, de lo lindo que es ser<br />

peruano, de lo genial que es ser cholo. La combinación de nacional y<br />

conservador tiene buenos exponentes, sin duda, en los políticos, pero<br />

es mucho más compleja y expresiva en los cómicos de la televisión:<br />

los tres personajes mencionados —y por ende sus programas—<br />

reclaman una connotación nacional para sus juicios políticos de<br />

derecha. Son así porque son criollos, y cuando se es de la clase<br />

media y de éxito se es más conservador aún, casi como el<br />

mayordomo de la hacienda o el administrador de la empresa.<br />

La aversión del criollo al comunismo se puede ver, claramente, en<br />

los sectores de la pequeña burguesía urbana, sobre todo entre los<br />

jóvenes, que vislumbran dos esferas: la vida cotidiana en torno a la<br />

necesidad de ganarse la vida, con un criterio de rentabilidad, y la<br />

"comunista/intelectual/universitaria", que los distancia de la vida<br />

del barrio. El universitario, el intelectual, y Finalmente el comunista,<br />

se vuelve sospechoso en una primera instancia porque abandona la<br />

vida y los valores culturales de su barrio, toma distancia, señala<br />

juicios sobre esas conductas diciéndoles que son flojos, apolíticos,<br />

borrachos, y se convierte, en gran medida, en el juez o el aguafiestas:<br />

quien da un mensaje, quien quiere abrirles los ojos, quien critica,<br />

"concientiza".<br />

Además, la sospecha se convierte en interrogante cuando los<br />

jóvenes de la pequeña burguesía urbana de un distrito popular<br />

reconocen que el móvil que mueve al comunista no es el dinero, sino<br />

un conjunto de ideas abstractas; que eso no le va a dar plata sino<br />

dolores de cabeza y, entonces, no lo entiende. Allí es que empieza la<br />

gran sospecha: debe ser, como dice Tulio Loza. que hay plata por<br />

algún lado, que los mantienen las grandes potencias, Rusia, así de<br />

grande como un oso, China o Cuba. "Claro, claruuu... —continúa<br />

Tulio Loza-- son esas potencias las que ponen sus chivilines —en<br />

textos de Polo Campos— para que estos comunistas criollos, que<br />

dicen que luchan por grandes ideales, tengan su platita, y hagan sus<br />

fechorías en esta tierra linda, querida, de gente buena y sencilla".<br />

Es en este punto que la sospecha se aclara y da lugar al juicio:<br />

son tan criollos como los criollos, lo de comunista —como<br />

lo de cura— no es más que un recurso para "ganarse", una arti-<br />

.<br />

64


maña, y es por eso que el comunismo criollo tiene ese nombre, no<br />

sólo porque sea de acá, sino porque está compuesto por criollos. Esta<br />

sospecha sobre el comunista es presentada coherentemente por los<br />

cómicos de la televisión, porque ellos, además, han internalizado el<br />

valor supremo del esfuerzo personal, y del dinero. ¿Qué podrá querer<br />

si no quiere lo que yo y todo el mundo quiere ¿Quién no quiere su<br />

dinerito "Por mi madrecita --diría Tulio Loza— que no los entiendo.<br />

Debe ser, pues, de ese mundo raro, triste, infeliz, frío, que llaman<br />

Rusia, de donde provienen los chivilines."<br />

DESGARRAMIENTO HISTORICO Y CHACOTA CRIOLLA<br />

La complejidad del mestizaje cultural en el Perú, y su expresión<br />

violenta y conflictiva en las relaciones sociales, no encuentra en los<br />

programas cómicos de la televisión toda su gama de variedad y<br />

riqueza. La "trabazón crujiente, la múltiple realidad peruana, los<br />

cuadros individuales y comunitarios, lo lugareño y lo nacional, lo<br />

mágico y lo realista, lo providencial y lo empírico, lo político y lo<br />

humano", que reconoce Alberto Escobar en la obra Todas las sangres<br />

de José María Arguedas, por ejemplo, está simplificada en este tipo de<br />

programas. Según Arguedas, "no hay país más diverso, más múltiple<br />

en variedad terrena y humana que el Perú, todos los grados de calor y<br />

color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados<br />

e inspiradores" (7). Ese país se circunscribe en los programas cómicos<br />

de televisión a Lima, a interiores —salitas, alcobas— o, a lo más, a<br />

algunos bares y a una calleja con su farol.<br />

La búsqueda de la peruanidad --anhelo y paradoja de los peruanos—<br />

que se sustenta en esta multiplicidad contradictoria que es el país,<br />

cobraría sentido si se lograra hacer confluir los opuestos en una unidad.<br />

Manuel González Prada señalaba esta posibilidad, Si de esta<br />

mezcolanza o fusión pudiera surgir "una síntesis humana, algo muy<br />

superior a lo antiguo y a lo moderno". Pero simultáneamente, González<br />

Prada señalaba las dificultades al afirmar que: "no forman el verdadero<br />

Perú las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de<br />

( 7 ) ARGUEDAS, José María, "No soy un aculturado". Palabras de Arquedas en<br />

el acto de entrega del Premio Garcilaso de la Vega, Lima, 1958; reproducido<br />

en LARCO, Juan (ed.), Recopilación de textos sobre José María Arguedas, Casa de<br />

las Américas, La Habana, 1976, p. 433.<br />

65


tierra situada entre el Pacífico y los Andes: la nación está conformada<br />

por las muchedumbres de indios diseminados en la banda oriental de la<br />

cordillera" (8).<br />

Curiosamente, justamente los habitantes que se encuentran en la<br />

franja que está entre el Océano Pacífico y los Andes, son los que<br />

aparecen en estos programas. Y es más: esta población donde viven hoy<br />

muchos más que los criollos y extranjeros de entonces, se jacta de ser<br />

criolla, en alma y cuerpo, y pretende resumir una definición del Perú.<br />

No obstante, podemos inferir por los rasgos de esta personalidad y por<br />

su conducta histórica —como veremos más adelante— que el ánimo<br />

que los habita es muchas veces el de un remedo de la peruanidad, sin<br />

sangre ni fuerza, pero cuya imagen aparece vigente y vigorosa como el<br />

mejor modelo cultural que nos anima. El criollismo puede entenderse<br />

también como sinónimo de mediocridad, de medias aguas, de gato por<br />

liebre.<br />

Esta idea debería llevarnos a analizar si la propuesta común a los<br />

distintos segmentos sociales representados en la televisión, esto es, el<br />

modelo de comportamiento criollo, funciona como alternativa de<br />

construcción del país. Lamentablemente, la mentira, el engaño, la<br />

trampa, la irresponsabilidad, el desgano, la desidia, parecen ser<br />

características irrenunciables del modelo que se presenta hoy en la<br />

televisión. Así como una lectura histórica nos muestra expresiones del<br />

fracaso sublimado, de la ira domesticada, de la rebeldía convertida en<br />

risa, de la voluntad en depresión... Ambas dimensiones aportan<br />

material para convencernos, muy en concreto, que en lugar de cambiar<br />

el país sólo se puede "trafear", a nivel individual, en beneficio propio.<br />

La visión que tenía Manuel González Prada de nuestra<br />

realidad socio-cultural, puede ser mejor entendida si analizamos<br />

el papel de los movimientos insurgentes indígena y criollo,<br />

consecuentes con la idea de que el Perú es una nación en formación.<br />

La independencia no pudo resolver el problema nacional<br />

producido por la conquista y la colonia que contrapusieron dos<br />

sociedades distintas económicas, cultural y racialmente. En este<br />

contexto. resulta sumamente didáctico el caso que Sinesio López<br />

ha confirmado en sus estudios sobre los diversos ciclos de lucha<br />

.<br />

(8) Ibid, p. 386.<br />

66


del movimiento nacional indígena. Los criollos provincianos, que en<br />

un primer momento trataron de encabezar estas luchas, no<br />

mantuvieron ninguna lealtad en su alianza con este movimiento.<br />

Ante el enorme movimiento de masas indígenas se replegaron,<br />

dejando la dirección en manos de algunos caciques cuya actividad<br />

principal era el comercio. Esta traición de los criollos y de los<br />

mestizos tuvo hondas consecuencias históricas, pues implicó la<br />

culminación militar del proceso socio-económico de la<br />

transformación de la sociedad andina en campesinado feudal<br />

colonial. Su triunfo hubiera señalado otro derrotero al curso de la<br />

independencia y a la posibilidad de la construcción del Perú como<br />

nación. Con la derrota del movimiento nacional indígena —concluye<br />

Sinesio López— el movimiento indigenista perdió su carácter<br />

democrático, su fuerza social y su filo revolucionario. Sobre su<br />

derrota se levantó el anémico movimiento nacional criollo, ambiguo,<br />

minoritario, elitista y predominantemente urbano. (9).<br />

La conciencia andina, eminentemente rural, tuvo su contraparte<br />

en la conciencia criolla que se identifica voluntariamente como<br />

conciencia urbana y costeña. Históricamente, el criollo carece de una<br />

raíz profunda, pero necesita no sentirse a sí mismo como un invasor.<br />

Por esta razón empieza a pregonar de diferentes maneras que este es<br />

su territorio, que si no nació aquí se siente ganado por el ambiente y<br />

por tanto aquí radican sus intereses aunque no tengan la fuerza<br />

ancestral de los del indígena. De esta manera intenta superar esa<br />

especie de "esquizofrenia cultural" que caracteriza a . la mayoría de<br />

los peruanos y que hace que muchas veces se sientan extranjeros en<br />

su propia patria. El indio, por haber sido despojado de lo suyo y<br />

ubicado en los estratos serviles de una sociedad ajena; el mestizo por<br />

su rol histórico de intermediario entre el indio y el español; y el blanco<br />

por invasor, gringo, hijo o nieto de padres o abuelos extranjeros.<br />

Ser criollo no fue siempre una panacea y produjo no pocos<br />

desgarramientos y complicaciones. Obviamente no frente al<br />

indio, cuanto en relación a quienes ostentaban el poder. Si bien<br />

(9) LOPEZ, Sinesio..., "De imperio a nacionalidades oprimidas", en Nuera historia<br />

general del Peri Mosca Azul Editores, Lima 1979.<br />

67


a los criollos "nadie les pisa el poncho", porque indios no son,<br />

¡imbécil!, por otro lado, deben rendirse frente a la aristocracia que por<br />

sangre o por dinero, reclama el poder político. César Arróspide de la<br />

Flor (10) recoge una frase de Luis Alberto Sánchez sobre don Pedro<br />

Peralta Barnuevo para ilustrar el caso: "de no haber sido limeño,<br />

habría llegado a Presidente de Audiencia, quizás a Virrey. Como<br />

criollo, hubo de contentarse con el Rectorado de la Universidad de<br />

San Marcos".<br />

El ejemplo de Pedro Peralta Barnuevo, a pesar del Don y de su<br />

apellido sonoro, ejemplifica su frustración en una sociedad dividida a<br />

rajatabla. Pero desde pocos años más tarde, a pesar de las excepciones<br />

de rigor, la movilidad ascendente se vio facilitada por el color de la<br />

piel. Al italiano o irlandés que ancló en el sur del país, le fue más fácil<br />

ingresar a los circuitos oligárquicos o pudientes que a un cholo de<br />

pura cepa, que a un japonés o a un chino (por favor, no mencionar a<br />

los zambos o a los negros). Llegar a los sectores medios fue el tope de<br />

la carrera social del cholo, que con su ambición de subir y subir<br />

disputa eventualmente al blanco el poder, pidiéndole a su hijo que lo<br />

ayude, que intente casarse con una blanca: "vaya con el cholo<br />

pretencioso, insolente había sido, qué lisura, qué se habrá creído", dice<br />

la mamá de la niña.<br />

Arróspide ha elaborado una excelente descripción del demos criollo<br />

en el siglo pasado, como la expresión local marginada del poder y<br />

alejado del sentir indígena. "Lejos del campo, la conciencia crítica del<br />

criollo da sus más significativos frutos en ambientes urbanos,<br />

dijéramos mejor, de barrio, como los cafés, los corrillos de plazuela o<br />

los teatros populares. Estos ambientes son la contrafigura de las<br />

'academias cortesanas, ampulosas, convencionales y formalistas y<br />

también de los círculos intelectuales’, realistas y científicos, dentro<br />

del nuevo espíritu, pero distantes culturalmente. El espíritu crítico<br />

callejero se hace definitivamente satírico, burlón y hasta irrespetuoso<br />

frente a la autoridad. Es más local que el de los intelectuales, todavía<br />

demasiado europeos por ser hijos espirituales de la Ilustración; pero<br />

esos criollos del llano, por más que viven el problema muy<br />

(10) ARROSPIDE DE LA FLOR, César... "El arte como expresión de nuestra<br />

identidad nacional", en Perú: Identidad nacional, CEDEP, Lima, 1979.<br />

68


personal y humano de la protesta, que hace de su impotencia<br />

despreocupación y burla, son demasiado criaturas de la urbe y de su<br />

agitación superficial para sentir profundamente la tragedia del indio"<br />

(1l).<br />

El humor que se realiza en los programas de la televisión corresponde,<br />

de ese modo, a una exageración extrema propia de la crisis<br />

actual de este sentir criollo, que nace de la ciudad, desde abajo, y llega<br />

a atisbar los salones de la burguesía y a instalarse, poco a poco, en los<br />

sectores medios. El desarrollo del espíritu criollo funcionó en principio<br />

como la contraparte de la aristocracia, su marco de referencia<br />

constante, en el afán de parecerse más a ella y alejarse de lo indígena.<br />

Hoy en día, los criollos se definen como contraparte de la burguesía<br />

intermediaria y su sub-cultura transnacional y, en su afán de parecerse<br />

a ella y separarse del migrante, especialmente serrano, del recién<br />

llegado, contraponen, más bien, los pasillos de los ministerios, los<br />

clubs recreativos, los chifas, los café-teatro.<br />

La semblanza antropológica del indígena es respetada en la literatura<br />

y como preocupación académica. Al común de los citadinos,<br />

sin embargo, la tiene sin cuidado y guardan hacia el indígena el<br />

desprecio de siempre... Sólo "la invasión de la costa", es decir, el<br />

proceso migratorio del campo a la ciudad que tuvo en la década de los<br />

años 60 el éxodo más importante, logró preocupar al citadino clásico,<br />

a aquél que muy pocas veces se ha movido de Lima y conoce tanto<br />

Europa como la sierra por lecturas o relatos de viajeros. El burgués<br />

aborrece al migrante desaliñado y analfabeto, síntoma sin discusión de<br />

la pobreza del país: los sectores medios, haciéndose campo con<br />

esfuerzo, pulcritud. e indiferencia, lo miran de soslayo y con insulto;<br />

los criollos populares "sacan su cuarta" para no ser confundidos con<br />

esa horda. José María Arguedas, en cambio, describió con rasgos de<br />

epopeya cultural los procesos migratorios en su inicio:<br />

"Después de 600 años, acaso de mil años, otra vez la gente de los<br />

Andes bajaba en multitud a la costa. Mientras los gobiernos abrían<br />

sus avenidas de cuatro pistas de asfalto y hacían levantar edificios<br />

'americanos' , mientras los periódicos y las revistas publicaban versos<br />

(11) ARROSPIDE DE LA FLOR... Op. cit., p. 451.<br />

69


onitos a la europea, y los señores asistían con tongo y levita<br />

a las invitaciones del gobierno, de las embajadas y de los<br />

clubs: los serranos, indios. medio mistis y 'cholos' , bajaban<br />

de la altura, con sus charangos. sus bandurrias, sus<br />

kirkinchos y su castellano indio". (12).<br />

En ese contexto se explica la anécdota que relata Rodrigo<br />

Montoya. En 1930 Moisés Vivanco —esposo y promotor de Ima<br />

Súmac y a su vez compositor ayacuchano— se indignó al fracasar su<br />

espectáculo de bailes folklóricos en una función realizada en el Teatro<br />

Municipal de Lima. Al terminar la función, frente a las 12 personas<br />

que quedaron hasta el término de la misma, Moisés Vivanco hizo la<br />

promesa —que cumpliría 20 años después— de llenar el Teatro<br />

Municipal cuando quisiera. El peso andino creciente en Lima, como<br />

producto de las migraciones hacia la capital, lo aseguraba.<br />

Pero la ausencia del indígena en la cultura urbana expresada en los<br />

medios de comunicación, es prácticamente total. En los programas<br />

cómicos de la televisión, los criollos excluyen a los indios o los<br />

retoman como mera referencia, objeto de burla y escarnio,<br />

refiriéndose a ellos como inferiores, social, cultural y mentalmente. El<br />

criollo y el cholo acriollado de la ciudad, utilizan al indio recién<br />

bajado como objeto de su burla. "Calla, calla, Huainán", le dice Tulio<br />

Loza en tanto "Camotillo el Tinterillo" a "Piquichón", como una<br />

especie de insulto o de marca de inferioridad: y Huamán es un<br />

apellido que en la ciudad suena a sierra, o a serrano, a indio (13).<br />

Un ejemplo: Fiesta nacional en la TV.<br />

Cuando Risas y Salsa rindió homenaje a la patria por un 28 de<br />

julio, realizó una programación especial en base a espectácu-<br />

.<br />

(12) Recogido por José Luis Rouillón en "Arguedas y la idea del Perú" en Perú:<br />

identidad nacional, p. 392-393, Ediciones CEDEP, Lima, 1979.<br />

(13) Huamán reemplaza a huevón, a tonto, en completa oposición al significado<br />

original de la palabra que quiere denominar una variedad peruana del halcón.<br />

Cfr. DEGREGORI, Carlos Iván... en Materiales para la comunicación popular,<br />

No. 2, Enero 1984 p. 21, Centro de Estudios sobre Cultura Transnacional,<br />

IPAL, Lima.<br />

70


los de canto y baile. Allí podríamos encontrar a "Las criollatas", a "la<br />

muchachada de Karamanduka" (conocido restaurant/peña frecuentado<br />

por la burguesía), al "Ronco" Gámez declamando versos al más<br />

puro estilo de Nicomedes Santa Cruz, a "Los boleros criollos", "Los<br />

Diábalos", "Cecilia Saltamonte": todos ellos criollos de ahora, de<br />

antaño, que nos harían revivir nuestra música; "moreno, píntalo a<br />

Cristo", en la voz de "Oscar Hábiles" ("por eso es que yo mismo soy.<br />

Oscar Avilés, otra vez") en medio de una gran jarana que concluye<br />

con una imitación de Luis Abanto Morales ("cholo soy, y no me<br />

compadezcas"), realizada por el "Ronco" Gámez, como el gran<br />

símbolo del migrante a Lima. El resto del país, por supuesto, fue el<br />

gran ausente en la Fiesta Nacional.<br />

5. SECTORES MEDIOS Y PROGRAMAS COM ICOS<br />

Los programas cómicos no se reducen exclusivamente al ámbito<br />

popular, a los sectores urbanos más empobrecidos de nuestra<br />

sociedad. Muestran de manera creciente la presencia de la clase media<br />

que ha tenido un auge significativo, y que marca. por lo menos en la<br />

televisión, la modificación sustancial de la imagen tradicional con la<br />

cual se caracterizaba al Perú de la primera parte de este siglo: un país<br />

que se dividía groseramente en una clase dominante, una minoría<br />

blanca, afincada en la costa, en la ciudad, cuya fortuna procediera de<br />

sus grandes latifundios, del comercio o de la banca; una gran masa de<br />

explotados, de indios, localizados en el campo. ; Hoy existe, por fin,<br />

señoras y señores, disfrútenla y rían con sus ocurrencias, la llamada<br />

clase media! los profesionales, los empleados, los intelectuales, los artistas,<br />

los burócratas, los técnicos; en fin, la clase media. Ella se<br />

merece lo mejor en los programas cómicos de televisión. Como la<br />

burguesía propiamente dicha, el proletariado tampoco existe en estos<br />

programas. Los obreros tienen, en la opinión de libretistas y cómicos,<br />

una definición laboral demasiado precisa para "sacarle punta" a un<br />

personaje. El amplio y surtido espectro de la antigua clase media es<br />

suficientemente rico para trabajar personajes y situaciones de risa.<br />

En la gama entreverada de personajes que conforman los sectores<br />

medios presentes en la televisión, existen dos extremos de<br />

estereotipos altamente significativos por la disonancia de criterios<br />

sobre los cuales sustentan su posición. Uno, el de clase media,<br />

de "color modesto" pero con dinero, y dos, el blanco (hi-<br />

.<br />

71


jo de migrante italiano, por ejemplo), sin mucho dinero, pero que<br />

tiene sus relaciones principales con cholos populares. En este segundo<br />

caso se trata muchas veces de cholear, de hacer evidente cierto<br />

menosprecio que haga evidente que él, o ella, no son racialmente<br />

como la mayoría. "Cholea" para no ser reconocido como tal o para no<br />

descender más, y así recalcar su condición de blanco de piel. No tiene<br />

plata pero sí buen color y frunce el ceño o levanta la ceja. Al hacerlo,<br />

sin embargo, hace el ridículo. Nos reímos de él. En el primer caso, se<br />

trata de aquél que tiene dinero y oculta su color codeándose con los<br />

ricos, con los de San Isidro, Miraflores, con los blancos "pituquitos".<br />

Se viste "raro", afecta su modo de hablar y caminar y, al hacerlo, hace<br />

también un papelón y por eso en los programas cómicos de la<br />

televisión es siempre motivo de burlas y sarcasmos.<br />

Los sectores medios representados como espacio social incipiente y<br />

significativo son siempre motivo de burla a través de una concepción<br />

satírica de la puesta en escena. A veces se opta directamente por la<br />

parodia y se ridiculiza el intento de los sectores medios de parecerse a<br />

la alta burguesía cuando tienen dinero. Lugar deseado pero inseguro<br />

éste de la clase media. Todos quieren estar allí pero sin sufrir el riesgo<br />

de hacer el ridículo. Los únicos que parecen no temerle, por lo menos<br />

mientras están en el set, son los cómicos de estos programas.<br />

El ama de casa cuyo esposo tiene dinero, pero no modales, ilustra<br />

el dicho "aunque la mona se vista de seda, mona se queda" y para<br />

abundar sobre el mismo tema aparecen microbuseros, comerciantes,<br />

camioneros y sus mujeres que lucen enormes aretes, vestidos<br />

llamativos y son gritonas, gordas, están fuera de lugar.<br />

Pero confirmada esta contradicción se retoman como motivo de<br />

humor, las relaciones inter étnicas que se entablan en la sociedad<br />

peruana, como una manera de intermediar, aunque no las<br />

reemplacen, a las relaciones entre clases sociales, propias del marco<br />

urbano. En el físico de los actores, como en el uso del lenguaje, de los<br />

gestos, los personajes típicos nos remiten siempre a los actores sociales<br />

de nuestro país.<br />

Un ejemplo: Nemesio Chupaca y el Danubio Azul<br />

En un sketch del programa Tulio de América, "Nemesio Chupaca"<br />

y su esposa "Ursula", están grotescamente vestidos para<br />

.<br />

72


no desentonar en la celebración de un matrimonio típico de la<br />

pequeña burguesía capitalina. "Chupaca", pícaramente, recolecta<br />

firmas entre los asistentes para hacer una supuesta bolsa a los novios y<br />

estafar, de ese modo, a la concurrencia. El fondo musical, a qué<br />

dudar, es el Danubio Azul. La decoración ambiental huachafa, remeda<br />

un hogar elegante. "Chupaca" se burla de la calidad del champagne y<br />

se queja de que no hay "papen" (comida). El matrimonio es una triste<br />

simulación de los de la burguesía. Al final "Chupaca" —sin saberlo—<br />

tropieza con el novio y le pregunta por la huachafa que está al fondo,<br />

que lleva inmensos aretes. "Chupaca" emite ese juicio desde su<br />

posición social —un advenedizo, alguien que se, ha "zampado" a la<br />

recepción y a ese círculo social desde abajo, acompañado por su<br />

esposa que no hace más que resaltar su dejo serrano: "Chopaca,<br />

Chopaca, Chopaca", recalcando en la pronunciación su procedencia<br />

provinciana— sin saber que esa mujer, justamente esa mujer, es la<br />

novia. Y por ese juicio los arrojan a los dos de la recepción.<br />

Paradójicamente, la clase media en estos programas no debe ser<br />

entendida a priori como políticamente conservadora. No. interesa<br />

hacer un recuento de los políticos, revolucionarios o artistas que<br />

surgen de su seno, ni afirmar que la clase media resulta parecida a<br />

aquella "mayoría silenciosa" norteamericana que emite su voto<br />

conservador en las elecciones. Importa, sí, reconocer a manera de<br />

hipótesis, que los sectores más dinámicos de la creciente clase media<br />

capitalina carece, para su integración, de marcos políticos e<br />

ideológicos estables más allá del precario pero permanente estímulo<br />

de la movilidad social empujada por el proceso migratorio. La<br />

inseguridad que le es propia es trasmitida al conjunto de la sociedad.<br />

Aún desde el punto de vista estrictamente político, el problema se<br />

expresa en las figuras de estos programas y la actitud de los personajes<br />

que representan. No son de derecha, ni de izquierda. Se sienten<br />

atraídos por la izquierda pero comen aceptando condiciones de<br />

trabajo y la precaria seguridad política que les ofrece la derecha. En<br />

cualquier caso, no tienen bases sólidas en las cuales apoyarse. Esta<br />

hipótesis se nutre de la comprobación de que, en estos programas, los<br />

personajes que tienen mayor arraigo humorístico son aquellos que<br />

presentan una gran inestabilidad y fragilidad económica, como social;<br />

aquellos que no tienen una historia de lucha propia, ni son<br />

representados objetiva y directamente por ningún partido político en<br />

el poder.<br />

73


74<br />

Estos programas pueden leerse también como una manera de<br />

exorcizar, de representarse —caricaturizándose, ironizándose— a sí<br />

mismos como los modelos que se propone imitar. Muchas veces, así,<br />

los problemas y peripecias de los personajes son adaptaciones de<br />

aquellos que pasan los propios actores en la vida real. Su humor será<br />

conflictivo, descarnado, violento, agresivo, y la manera de representar<br />

este sentimiento será a través del griterío, ¡en alta voz!, nerviosamente.<br />

En estos programas no hay lugar para sutilezas, para finezas. No. Se<br />

están jugando el pan con la obligación y el placer de decir las cosas<br />

por su nombre, aunque suene feo, desagradable, chabacano, cursi. Los<br />

blancos —temerosos acomodados—, como los tercos indios sojuzgados,<br />

como los precarios obreros encapsulados, no tienen humor<br />

público en este país. Tienen estabilidad en su bonanza, en su miseria,<br />

en su aparente seguridad. Están ubicados en la escala social. Cuando<br />

el migrante "se las juega" a ser criollo y quiere dejar de ser visto como<br />

tal, o cuando el blanco quiere mostrar más de lo que es, o entra en<br />

desgracia y quiere conservar las apariencias, recién se permite la risa.<br />

Quienes están metidos en la vorágine de los complicados procesos<br />

sociales de este país, están comprometidos con estos programas. No es<br />

casualidad que para ilustrar este proceso se escoja como protagonistas<br />

a los que de una u otra manera se reclamen criollos. Aquellos que, en<br />

su desgarramiento histórico, pueden utilizar la chacota, la<br />

palomillada, la gran pendejada, la extraordinaria criollada, como su<br />

tipo de humor, para revertir situaciones de frustración.


CAPITULO II<br />

LOS DIVOS: OSAMENTA CULTURAL<br />

75


1. LOS DIVOS<br />

Por lo común, se llama divo al hombre excepcional en el mundo<br />

del teatro. Un divo es un cantante, bailarín o actor extraordinario,<br />

generalmente cabeza indiscutible • de un elenco, antes de que surgiese<br />

el director en el teatro. Hasta finales del siglo pasado, y aún hasta bien<br />

avanzado el presente, un actor, llamado el primer actor, reunía todo el<br />

poder de la compañía y muchas veces le daba su nombre. El divo<br />

hacía y deshacía a conveniencia, al punto de expulsar a quien<br />

despuntaba sobre el resto del elenco y podía hacerle sombra. Su poder<br />

casi absoluto hasta el límite del capricho y el súbito arrebato, tenía<br />

como sustento el incuestionable apoyo y admiración del público, así<br />

como su indiscutible talento. El divo tenía poder al punto de<br />

cuestionar todo el sustento material de la empresa, aunque finalmente<br />

su arrebato no llevara siempre la sangre al río. Del divo se podía decir<br />

que hasta sus impromptus temperamentales tenían un aire de<br />

genialidad teatral que los hacían, al fin y al cabo, parte de su vida: el<br />

divo, con nombre y apellido muy propio, tenía también una manera<br />

excepcional de ser y de vivir.<br />

Todavía hay de estos divos en el mundo de la ópera, de la danza, del<br />

teatro, pero mucho ha variado su estilo y su performance excepcional. Los<br />

tiempos ya no son los mismos. El surgimiento del director, especialmente<br />

desde principios de este siglo, ha alterado mucho la actuación y el peso<br />

social de los divos en los conjuntos teatrales. La radio, el cine y la<br />

televisión han trastocado mucho este orden. Y "los tiempos" en general,<br />

no sólo los de teatro, han variado. María Callas, la excepcional<br />

77


cantante de ópera, una de las más famosas divas contemporáneas, así<br />

como Isadora Duncan, un mito cantado por doña Celia Cruz al son<br />

de la Sonora Matancera —probablemente uno de los pocos ritmos que<br />

la Duncan no llegó a bailar en su afán de búsqueda, de liberación a<br />

través de la danza—, son en cierto sentido herederos de los divos del<br />

pasado.<br />

Pero todavía existen los divos; y, aunque no son los mismos de<br />

antes los que tienden a convertirse en mitos, los de hoy tienen también<br />

un significado propio y muy importante para el conjunto social. Así<br />

como cada país tiene su teatro, su música, su danza, cuando no cine y<br />

televisión propios, también tiene sus divos. Hay así divos nacionales,<br />

como también divos internacionales, creados especialmente para un<br />

consumo masivo. Los medios de comunicación pueden fabricar un<br />

ídolo, aunque éste tenga pies de barro. Ahí están los Parchis, los<br />

Menudos y los Chamos, como el último exponente de este poder de<br />

fabricar figuras excepcionales de los que el público se prende y<br />

arrebata. El talento y el genio individual de ayer están reemplazados<br />

por el poder de utilización del medio y de la ilusión de que el conjunto<br />

de voces e instrumentos sumados a la imagen de TV y las luces de un<br />

espectáculo conocido, resulta genial.<br />

Pero un divo no es, en sentido estricto, un ídolo de barro. Por el<br />

contrario, es alguien que por su talento y/o carisma excepcional, ha<br />

logrado asimilar en sus actuaciones, incluso en las de su supuesta<br />

vida privada, todo el potencial magnético del gusto, las necesidades<br />

y el deseo de un público; de un conjunto significativo de personas<br />

que se divierten y aún gozan al mirarlo. El divo es, en este sentido,<br />

alguien cuya posición no es fruto de un capricho o gusto ocasional;<br />

por el contrario, su figura se encuentra sustentada en el esqueleto<br />

social a partir del cual se le puede explicar a cabalidad. Estudiar los<br />

divos no es, pues, un mero ejercicio psicológico, en tanto ellos<br />

aluden a una osamenta cultural que nos interesa entender. La<br />

significación social del divo nos induce a rastrear primero su historia<br />

personal, interesados más por sus características y fundamentación<br />

sociológica que por su talento y creatividad artística, aún en aras del<br />

sacrificio de obviar en el análisis sus contribuciones individuales de<br />

mayor originalidad. Los divos conocen intuitivamente la razón de<br />

su sustento social y saben de su vinculación vital con la osamenta<br />

que los sostiene. Algunos de ellos la manejan con mayor o menor<br />

grado de consciente sutileza, y es por ello que esta vía me-<br />

78


todológica de reconocer su historia aporta réditos sumamente ricos y<br />

novedosos, aunque nuestras posibilidades de conceptualizar<br />

sistemáticamente toda esa información sea todavía problemática.<br />

LOS DIVOS NACIONALES<br />

Es interesante hacer una breve historia de nuestros divos más<br />

recientes. Pocos se acuerdan de los divos del teatro peruano. Nuestro<br />

teatro fue un lugar de paso, inclusive para quienes nacieron aquí y<br />

emigraron, al incorporarse a las compañías itinerantes, dejando una<br />

estela demasiado pálida en círculos de elite atentos al teatro. El<br />

teatro costumbrista y el de revista fue quizás la excepción. En ellos,<br />

es posible rastrear actores, cantantes y bailarines que fueron, a su<br />

manera, auténticos divos. El teatro llamado culto, entre el que<br />

podemos considerar a la ópera, impone otro tipo de análisis del que<br />

vamos a prescindir aquí. Alejandro Granda, por ejemplo, el notable<br />

cantante peruano, es parte de la historia del arte culto de este país y<br />

tiene allí considerable significado propio, como lo tuvo don Pedro<br />

López Lagar, divo a cabalidad, que actuó mucho en nuestro país y<br />

de quien cuentan que abandonó y expulsó de su Compañía, en plena<br />

gira, a su propia hermana doña Carmen López Lagar, porque en<br />

Santiago de Chile la aplaudieron más que a él. Pero no son éstos los<br />

divos más importantes para nuestro propósito.<br />

Nos interesa aquí recordar, principalmente, a los divos del teatro<br />

popular: Carlos Rebolledo, Teresita Arce, Antonia Puro, Edmundo<br />

Moreau, Paco Andreu, y aún al cubano Carlos Pous, que se pintaba<br />

de negro para cantar en los teatros de revista. También a Betty Di<br />

Roma, Anakaona y Mara, nuestras "Isadoras" de los años cincuenta.<br />

Hay otros divos significativos en nuestra historia. Ernestina<br />

Zamorano y Pedro Ureta, por ejemplo, comediantes excepcionales<br />

que han dejado también huella en la historia del teatro, aquella que<br />

está fundamentalmente en las tablas, en la memoria de sus hombres<br />

y mujeres, antes que en ningún libro.<br />

Todavía andan por allí, radiantes y zumbones, don Alejandro<br />

Valle, Carlota Ureta Zamorano, hija de doña Ernestina (haciendo<br />

hoy teatro experimental con un grupo joven), y andaba, hasta<br />

hace muy poco, don Benjamín Arce, hermano de Teresita<br />

79


Arce, como los herederos más significativos de una importante<br />

tradición teatral. Todos ellos recuerdan sus días de gloria, aunque<br />

muchas veces también de hambre. Recuerdan así los años en los que<br />

eran asediados en el Jirón de la Unión por los transeúntes que<br />

buscaban estrechar sus manos. Recuerdan también "La pampa del<br />

hambre", el Café de León, que quedaba en el Jirón de la Unión frente a<br />

la Iglesia de la Merced. Los días sin trabajo y sin dinero, y aquellos en<br />

los cuales, por el contrario, llovían de un solo plumazo contratos para<br />

hacer mucho más de lo que es posible imaginar pudiese hacer un<br />

actor: trabajar en cinco o seis teatros la misma noche, por ejemplo, y<br />

luego hacer radio.<br />

LOS DIVOS COMO REPRESENTANTES SOCIALES<br />

Pero todo esto es historia y habrá que tratarlo como tal. Interesa sí<br />

señalar aquí que los divos peruanos, como los divos en general, fueron<br />

siempre representativos no solamente de las diferentes tendencias,<br />

estilos y formas de hacer teatro, sino de las distintas maneras y<br />

criterios sobre los que se ordena una sociedad. Los divos, como todos<br />

los hombres excepcionales, basan su poder en el manejo de<br />

características que los hacen representativos de vastos sectores<br />

sociales. Habrá que verificar históricamente y en detalle la validez de<br />

esta hipótesis, especialmente en una sociedad como la nuestra,<br />

básicamente plural y compleja culturalmente. Por tanto, estimamos<br />

muy sugerente el intento de rastrear una relación entre los personajes<br />

sociales, convertidos en divos a través de su figuración entre las<br />

diferentes manifestaciones del teatro popular, primero, y de la radio y<br />

los distintos medios de comunicación masiva más tarde, con sectores<br />

sociales que, agrupados en primer lugar con una fuerte base étnica,<br />

logran catalizar las líneas principales del desarrollo de las clases<br />

sociales en el capitalismo peruano.<br />

Los divos son en este sentido ampliamente útiles, no solamente para<br />

estudiar el desarrollo de la cultura y el teatro en el país, sino también<br />

ayudar a visualizar aquello que Valcárcel denominó la ruta cultural del<br />

Perú. La raza será un principio ordenador del auge de un personaje del<br />

teatro popular y del surgimiento de un divo. La raza y todo lo que ello<br />

implica culturalmente en el Perú, en donde coexisten múltiples orígenes<br />

y mezclas raciales. Una idea de objetivos, rumbos, de formas de ordenar<br />

la vida, que liarán referencia constante y machacona, variable hasta el<br />

80


límite de lo insólito, a través de la risa, a las formas más tradicionales<br />

de vida de los sectores mayoritarios de la población.<br />

2. QUIENES SON REALMENTE I:OS DIVOS<br />

Alberoni hizo un necesario deslinde cuando separó del concepto de<br />

divo a aquellos hombres de notable prestigio y excepción, pero que<br />

tenían poderes políticos y económicos concretos sobre los que se<br />

basaba principalmente su apoyo y adoración por vastos sectores y<br />

movimientos sociales. La falta y vocación de prescindencia casi<br />

absoluta del llamado poder formal, usualmente sustentado en el<br />

dinero o la posición política —de clase y/o de gobierno—, le parecía a<br />

Alberoni una característica fundamental. La prescindencia de un rol<br />

político y económico institucional en la consideración de la excepcionalidad<br />

de un hombre reconocido, seguido y apoyado por la gente,<br />

otorga en efecto la definición de un campo peculiar donde el sujeto<br />

puede ser analizado en una relación menos determinada por las<br />

llamadas estructuras sociales de una sociedad. Distanciándose de la<br />

tradición francesa propuesta por Morid (para quien eran divos tanto<br />

Charlie Chaplin como Mussolini, tanto Greta Garbo como Stalin),<br />

Alberoni recuerda el sentir de los italianos frente al término y del cual<br />

somos por lo general herederos (14).<br />

En América Latina a nadie se le ocurriría llamar divo a Pancho<br />

Villa, Fidel Castro o Juan Domingo Perón. Tampoco a políticos o<br />

empresarios, por más que algunos tengan "aires" de tal. Nuestros<br />

divos son Gardel, Cantinflas, Jorge Negrete o gente por el estilo.<br />

Ninguno con pretensiones de político u hombre de negocios, aunque<br />

todos llegaran a ser ricos y ganaran fácilmente una elección<br />

democrática si se les antojase. Tulio Loza, quizás el más importante<br />

de nuestros divos actuales, es perfectamente consciente de esto cuando<br />

explica que su popularidad ha crecido tanto la última década que, si<br />

hubiese habido elecciones, él les hubiese ganado fácilmente a sus<br />

codepartamentanos y que ahora podría ganar las elecciones para la<br />

presidencia.<br />

(14) ALBERONI, Francisco . . . en Introduzioni a COSTA, Nicoló . Il dirisino e il<br />

comico, Edizioni RAI, Torino, 1982. También ALBERONI, F. L 'elite senza<br />

podere, Milano Bompiani, 1973. ROSITI, Franco... Historia v teoría de la cultura<br />

de masas, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1980, Cap. III.<br />

81


No obstante, la posición moral, y a veces moralista, del divo,<br />

estriba en una actitud básicamente política; y el cuidado de su imagen<br />

le depara trabajo y sacrificios. "Mis caquitas —dice Tulio Loza—, si<br />

las hago, tengo que hacerlas lejos", y añade: "Es- toy jodido, hermano,<br />

yo no puedo salir a la calle así nomás, o ir al fútbol como cualquier<br />

vecino. Tengo que estar saludando y atendiendo a los reclamos de la<br />

gente para no parecer sobrado". Todo esto lo manejan también<br />

quienes lo acompañan. "El cholo tiene una casa muy buena y dos<br />

carros último modelo en la puerta, que le dieron por renovar el<br />

contrato con el canal de televisión, pero no puede salir así nomás;<br />

sobre todo al principio, tenía que cuidarse. ¿Cómo así, pues, iba a salir<br />

ese cholo pobre que representa con tal casa y tales carrazos...".<br />

La última observación nos obliga a unos pocos deslindes que<br />

referiremos a la adecuación entre el actor y el personaje que representa.<br />

El divismo no es un hecho casual o superficial en el campo<br />

de la cultura y por el contrario se ofrece, en palabras de Rositi (15),<br />

como un "centro de relaciones estructurales entre la cultura y la<br />

concreta actividad social" de las sociedades contemporáneas. En este<br />

sentido, es interesante estudiar la relación personaje(s)-actor en tanto<br />

de uno(s) y de otro proceden elementos que constituyen una figura<br />

final que es la significativa desde el punto de vista social y es la que<br />

analizamos aquí.<br />

Esto sucede no solamente a partir de la llamada industria cultural,<br />

con la televisión y el cine, como afirma Nicoló Costa (16), sino<br />

también en el teatro popular en sus diferentes etapas. La commedia<br />

dell'arte y, en general, el teatro popular marcan personajes para cada<br />

actor al punto de identificar uno con otro. En nuestra historia del<br />

teatro Carlos Rebolledo y Teresita Arce, cholos por definición, no se<br />

explican sin el "cachaco-cholo-Rebolledo" o la "chola Purificación<br />

Chauca". El extremo de esta identificación se ofrece cuando el<br />

personaje divo se origina, sustenta y desarrolla sobre el esquema<br />

personal de pensamiento-acción y movimiento del "actor" popular:<br />

nombre propio del personaje, animador popular, cantante, bailarín,<br />

actor de un solo personaje.<br />

(15) ROSITI, Franco, op. cit., pág. 110.<br />

(16) COSTA, Nicoló, op. cit., pág. 17.<br />

82


En las coincidencias y diferencias de las características propias del<br />

personaje, o los personajes, que representa el actor, así corno en las de<br />

los contextos sociales, económicos y políticos en los que unos y otros<br />

viven su cotidianeidad, se encuentra una de las claves más interesantes<br />

para obtener una imagen de la osamenta cultural del Perú.<br />

3. LOS DIVOS DE LA TV PERUANA<br />

A alguien le sonará extrema la calificación de divo conferida a los<br />

actores cómicos de la televisión peruana. Todavía hay quienes refieren<br />

el término con exclusividad a los exponentes máximos de las llamadas<br />

"artes cultas". A esto contribuye mucho una tendencia, señalada de<br />

alguna manera por Rositi, a ver el divismo clásico desde el punto de<br />

vista psicológico en base a un interés básicamente proyectivo, por la<br />

adoración o fascinación que el divo despierta en el público. Por el<br />

contrario, el divismo contemporáneo que nos interesa, sin olvidar la<br />

vieja perspectiva, enfatiza los aspectos de imitación que el divo<br />

propone. sin por ello neutralizar los aspectos de atracción y entretenimiento.<br />

"El divismo contemporáneo posee ciertamente muchos<br />

componentes proyectivos, pero lo que más lo caracteriza, respecto a<br />

épocas anteriores, es la riqueza de sus componentes imitativos, su<br />

representación no sólo a través de símbolos que indican una distancia<br />

insalvable entre el divo y el hombre común, sino también y sobre<br />

todo, a través de la exhibición de cualidades y virtudes o en cualquier<br />

caso susceptibles de ser sometidas a normales criterios de valoración:<br />

o sea, a través de la propuesta. rechazada o aceptada colectivamente,<br />

de modelos de comportamiento realizables". (17)<br />

En este sentido es que puede entenderse cómo la teleaudiencia<br />

nacional reclama, en sus programas cómicos, más claramente que<br />

nunca, un actor divo que represente para los distintos sectores<br />

populares una manera de integrarse a la vida moderna y<br />

urbana, de ser criollo, para poder defenderse en la vida. El<br />

conjunto de estos divos y sus relaciones nos ofrecen una osamenta<br />

cultural sobre la que discurren las situaciones de los programas<br />

cómicos y una serie de actividades complementarias entre las<br />

que destacan algunas fiestas urbanas, donde su presencia como<br />

.<br />

(17) ROSITI, Franco, op. cit., pág. 111.<br />

83


"animadores" es principal, y el uso de su figura para fines de publicidad<br />

comercial y, cada vez con mayor intensidad y de manera más<br />

obvia, para fines de apoyo político.<br />

La televisión ha producido divos cuya condición se nutre de su<br />

innegable raigambre y representatividad racial, como del talento de<br />

cada uno para explotar facetas originales en base a su ingenio y<br />

creatividad. A esto se añade con notable grosería, pero sin malograr<br />

del todo las características anteriores, un manejo manipulatorio<br />

propio de los intereses comerciales por mantener un elevado rating y<br />

mejorar las ventas publicitarias.<br />

La falta de poder formal —aquella característica que reconocimos<br />

como fundamental para definir al divo— es una bandera que los<br />

cómicos luchan por conservar como amuleto casi indispensable para<br />

su éxito y prestigio. Sin esconder sus ganancias, tampoco pueden<br />

hacer ostentación del dinero que poseen si no es con propósitos muy<br />

específicos, casi solamente cuando se ven forzados a ello y ven una<br />

excusa para hacerlo. Yo nací en la sierra, en el suelo, en una lancha<br />

pesquera o en la caballeriza de un stud —dirá cada uno a su turno (el<br />

lugar importa poco, pero será siempre pobre) — y pude hacer dinero.<br />

mis chivilines, unos cuantos dolarillos, hice la mía, con esfuerzo y<br />

sudor— concluyen tajantemente.<br />

Además de la estructura de la situación cómica, el esqueleto de<br />

relaciones inter étnicas y culturales que ofrecen los divos populares de<br />

la risa a través de la televisión, brinda un nivel de análisis importante.<br />

A diferencia de los actores famosos que protagonizan las telenovelas,<br />

estos divos nos remiten a lo cotidiano en términos que sólo la risa<br />

puede permitir, para darnos un retrato la más de las veces grotesco de<br />

nuestra propia realidad. El reconocerse feo es más que un recurso<br />

humorístico; el alarde del mal gusto, casi una necesidad de<br />

afirmación. Partir del nivel cultural más bajo, de lo que se sabe que el<br />

Perú es —aunque no le guste a nadie— para reconocerse y a la vez<br />

distanciarse de este nivel, es garantía básica de adhesión. Desde allí<br />

habrá de construirse un continuum de ascensiones que tienen en un<br />

con- junto de clichés sobre lo que significa la burguesía su punto límite.<br />

Los divos de la televisión tienen un poder informal considerable<br />

del que hacen muchas veces innecesaria y agresiva osten-<br />

.<br />

84


tación. Augusto Ferrando, por ejemplo, conductor de programas<br />

concurso de aspirantes a artistas de la canción, elige como<br />

interlocutores, de manera casi espontánea y regular en su programa<br />

semanal, a quienes ocupan altos cargos públicos. El propio Presidente<br />

de la República se merece frecuentemente un consejo o algunos<br />

comentarios porque es "su amigo", igual que el Canciller y otras<br />

autoridades políticas. Obviamente, los líderes de la oposición son<br />

también amigos, aunque finalmente, cuando el conflicto político se<br />

agudiza, sean ellos directa o-indirectamente el blanco de la crítica.<br />

Pero ésta es la más vulgar de las formas de definición política y la<br />

explicación de cómo y por qué sucede no requiere de mayor análisis.<br />

Es en la definición que los animadores de televisión hacen de su<br />

propia condición a través de su relación con la audiencia, y<br />

especialmente con sus ayudantes y colaboradores, que se presenta un<br />

valioso y sugerente material de estudio. Los más famosos cómicos de<br />

la televisión tienen, a la manera clásica del señor y el criado de la<br />

comedia occidental, una relación de dominación con otros personajes.<br />

En el caso de los programas populares de concursos y chistes sin<br />

argumento narrativo, esto se expresa por la existencia de "ayudantes"<br />

que sirvan para todo propósito, empezando por el de hacer evidente la<br />

superioridad, la capacidad y el talento del divo como guía del<br />

programa.<br />

Ferrando, por ejemplo, tiene cuatro ayudantes: una señorita criolla<br />

solterona y desenvuelta, un cholo fuerte de bigote y actitud de galán,<br />

una señora extranjera, gringa, alta y flaca que habla muy mal el<br />

castellano, y un negro callado, lento y tristón. Todos, sin excepción,<br />

son objeto de burla por parte de Ferrando, porque una es solterona, el<br />

otro ridículo, la otra chiflada y el último bobo. Dicho de mil maneras,<br />

repetido en cada edición del programa, el propósito es el mismo:<br />

reafirmar su condición de criollo por encima de estos frágiles<br />

representantes de la pureza de otras razas: la mujer blanca limeña, el<br />

serrano migrante, la gringa extranjera y el negro casi puro, "casi recién<br />

traído del África". Ferrando es, en este caso, el zambo limeño que se<br />

levanta por encima de los demás como el prototipo del criollo, de<br />

quien se maneja bien, de quien "la lleva".<br />

Pero es en los programas donde se presentan situaciones dramáticas<br />

en las que se explicitan con mayor profundidad estas<br />

nuevas relaciones de dominación. El personaje de "Camotillo el<br />

Tinterillo" es probablemente el más significativo. Su asisten-<br />

85


te es una caricatura del abogado, tal vez un tinterillo en el sentido<br />

estricto del término. Es el "misti" que los estudios de sociología rural<br />

en el Perú definían por su papel intermediario en los procesos de<br />

dominación. Este "misti", gracias a su manejo del castellano y algunos<br />

conocimientos legales, era el que explotaba a los serranos<br />

representándolos en juicios interminables de defensa de sus. tierras, y<br />

es ahora el asistente del serrano migrante ya acriollado. del cholo de<br />

"acero inoxidable".<br />

A continuación pasaremos a analizar los casos de Tulio Loza,<br />

Román Gámez, Adolfo Chuiman y Rulito Pinasco, quienes en mayor<br />

o menor medida, representan, cada uno a su manera, a un importante<br />

segmento de la sociedad peruana. Su importancia no se reduce al rol<br />

de actor en estos programas, por el contrario, se extiende de manera<br />

mucho más intensa fuera de la pantalla, como símbolos culturales de<br />

estos sectores.<br />

La situación de estos divos no es, sin embargo, la misma al interior<br />

de la industria de la televisión nacional. El caso extremo, de<br />

autonomía en la negociación de sus contratos y en la decisión de sus<br />

personajes, es el de Tulio Loza, cuya fama, corroborada por el éxito,<br />

le permite mantener su independencia. Adolfo Chuiman, en cambio,<br />

no está en la misma situación. Su personaje más famoso, como "Papá<br />

Manolo" en Risas y Salsa, no es el único; además, tiene que representar<br />

a otros personajes ----con su voluntad o sin ella-- que incluso<br />

contradicen el espíritu que alienta a ese personaje. Por ejemplo,<br />

Adolfo Chuiman, conocido por el gran público a través de su bacán<br />

"Papá Manolo", imita también, y con inusitada frecuencia, a<br />

personajes afeminados o tiene roles que, en mucho, son lo opuesto a<br />

"Papá Manolo": por ejemplo, el reciente sketch sobre la familia que<br />

tiene un hijo hippy y otro —Chuiman— "razonable y bien educado";<br />

en este caso, Chuiman es más bien el "monse" cuyo hermano, incluso,<br />

frecuenta a su supuesta novia. Respecto a Román Gámez y a Ángel<br />

Pinasco, debemos decir que ninguno de los dos es muy conocido por<br />

los personajes que representan: Gámez es más bien un animador y/o<br />

imitador, y Ángel Pinasco fracasó en su representación de "Mr.<br />

Jhonny". Sin embargo, estos cuatro actores son, en última instancia,<br />

los que en la actualidad tienen la capacidad de representar a vastos<br />

sectores étnico culturales que ven en ellos un símbolo, una síntesis, a<br />

través de su evolución y modificaciones posteriores, tanto en su vida<br />

real como actores o por los personajes que han creado en compañía de<br />

los libretistas.<br />

86


CAPITULO III<br />

TULIO LOZA:<br />

“EL CHOLO DE ACERO INOXIDABLE”<br />

87


"El indio se diluye en el Perú con una<br />

lentitud pavorosa"<br />

José María Arguedas<br />

El complejo cultural en el Perú, 1952.<br />

89


1. LIO DE CHOLOS<br />

"Si no trabaja, el cholo es un cholo flojo; y si trabaja. y el éxito le<br />

sonríe, es un arribista". Con esta sentencia se ha tratado de cerrar los<br />

canales de movilidad social existentes en nuestra sociedad, y reafirmar<br />

el espíritu de casta por el cual se consolidan las diferencias de clases<br />

que existen en el país.<br />

El cholo es un excelente emparedado en nuestra sociedad,<br />

desgarrado entre el indio y el blanco. Algo así corno "el hijo de la<br />

fusilada, de las 7 leches, de la chingada, en México" (18): el híbrido<br />

acerca del cual los antropólogos norteamericanos han desarrollado<br />

variadas tesis sobre las sociedades que han sufrido un proceso de<br />

conquista (19): el resumen de una de las más interesantes vetas de<br />

análisis sociológico de la realidad social peruana.<br />

La palabra cholo ha tenido y tiene todavía múltiples usos.<br />

Durante la colonia fue utilizada para designar al grupo de mestizos<br />

cuyos rasgos físicos eran todavía predominantemente indios,<br />

es decir, aquellos "que ya no eran indios ni racial ni cul-<br />

.<br />

(18) Sobre la repercusión literaria de este fenómeno de violación histórica véase<br />

FUENTES, Carlos... La nuera novela hispanoamericana. México, Editorial J.<br />

Mortiz, 1969,pp. 45.y 46.<br />

(19) Ver por ejemplo PARK, Roberto... Hace and Culture, Illinois, The Free Press<br />

Glencoe, 1950, entre otros.<br />

91


turalmente, pero cuya condición de mestizos era una barrera para ser<br />

admitido con todas las consecuencias en la sociedad occidental<br />

española, esto es en la casta dominante" . Pero, las barreras eran y<br />

siguen siendo más complicadas. Aquella que no pudo franquear don<br />

Pedro Peralta Barnuevo, quien en palabras de Luis Alberto Sánchez<br />

"por su condición de criollo debió contentarse con el Rectorado de<br />

San Marcos", abre otra de igual dimensión que se ha multiplicado y<br />

complicado. El Inca Garcilaso de la Vega sella el vocablo cholo como<br />

procedente de las islas de Barlovento, que quiere decir "perro, no de<br />

los castizos, sino de los muy bellacos y gozones; y los españoles usan<br />

del por infamia y vituperio" (20). Esta dimensión peyorativa ha<br />

permanecido hasta nuestros días y de alguna manera adquiere a veces<br />

una impresionante vigencia.<br />

Cuando Tulio Loza llegó a la televisión en 1964, Pedrín Chispa,<br />

considerado el mejor libretista cómico de ese entonces, buscaba un<br />

cholito que fuera motivo de "cachita", de risa, de burlas. Había, en<br />

todo caso, un tremendo antecedente histórico para que el cholo fuera<br />

concebido en estos términos y un consenso generalizado en la<br />

sociedad blanca urbana, que lo miraba de arriba para abajo, sobre el<br />

hombro, o no lo miraba en absoluto. Pero el cholo no aceptó.<br />

"Está Ud. muy equivocado. Los cholos no somos así, Los cholos,<br />

aunque parezca raro, somos vivos, sapos, acriollados", le dijo el<br />

cómico...<br />

"Pero yo quiero un cholo gil, tonto, al que lo engañan ", dijo Pedrín.<br />

"Búsquese otro ", fue la respuesta, y Tulio Loza se quitó del lugar<br />

muy seguro de sí mismo. (21).<br />

Finalmente, y a fuerza de empeño, le aceptarían más tarde su<br />

posición: haría de cholo "pendenciero, cachaciento, acriollado". El<br />

hombre de su personaje quería decirlo todo: "Nemesio Chupaca<br />

Porongo", más conocido como "el gringo Williams".<br />

(20) De manera especial, QUIJANO, Aníbal... Dominación y Cultura. Lima, Mosca<br />

Azul Editores, 1980.<br />

(21) La República, "Tulio Loza a Cholo Calato". Reportaje de Lorenzo Villanueva,<br />

pp. 21-24, 30 de Agosto de 1982.<br />

92


¡De cholo a gringo! ¡ ¡"Chupaca Porongo" dice, sobre sí mismo, ser<br />

más conocido con el alias de "gringo Williams"!! El ingreso del cholo<br />

a la televisión nacional a través de Tulio Loza, haría ostensible las<br />

diferencias a partir de las cuales su personaje podía buscar una<br />

identidad propia. Traía al indio y al gringo como los extremos sobre<br />

los que intentaba probar todas las vías para acriollarse. El criollo no es<br />

el indio, pero tampoco el extranjero. El criollo es oposición con lo<br />

extranjero; su identidad se reafirma a través de los valores nacionales<br />

—especialmente por la música costeña, su bohemia, sus peñas, su<br />

guitarra y su cajón— en contra de valores cosmopolitas. Sin embargo,<br />

esta combinación de indio—cholo—criollo—gringo, no es fortuita: en<br />

buena medida, y con los años, la cultura urbana costeña, y especialmente<br />

limeña, incorporó a través de los sectores dominantes un<br />

comportamiento y un conjunto de valores que provienen de la<br />

llamada cultura transnacional de origen principalmente norteamericano.<br />

Es un hecho que sectores medios y populares urbanos<br />

también incorporaron dichos marcos culturales a su actividad<br />

cotidiana, especialmente entre los jóvenes de los tugurios y de<br />

barriadas. Para ser criollo había ya que incorporar en su nombre, en<br />

su comportamiento, algo de gringo, aunque fuese "en joda".<br />

NOMBRE DE CHOLO<br />

El juicio despiadado de los niños—jóvenes de la ciudad y más<br />

propiamente de la burguesía, es contundente. -Oye, tú tienes nombre<br />

de cholo" . Los nombres tienen, como todos, sus connotaciones.<br />

Nemesio suele ser un nombre que, así como el de Gilberto tipifica<br />

al "gil", se refiere a quien tiene mucho de indio o de cholo, ¡nombre de<br />

campo, vamos! Existen nombres, propios del mayordomo o la<br />

empleada de la casa, como Segundo, Toribio, Celestino, Aquilino,<br />

Justino, Celedonia. Ernestina, Melchora, Cesárea. Como reacción<br />

resulta asombrosa la cantidad de nombres de estirpe nórdica que<br />

abundan en los pueblos jóvenes, entre aquellos adolescentes que<br />

nacieron alrededor de los años 60: Johnny (muchas veces Jhonny),<br />

Jenny, Glen, Doris, Henry, Willy, Fredy, son nombres que tienen una<br />

connotación moderna, extranjera, ajena a lo indígena, que sirve para<br />

aliviar o alejar toda asociación inmediata con su pasado serrano. De<br />

un porrazo, parece haberse perdido la continuidad que encarnó en sus<br />

93


nombres Andrés Ignacio Gacilla Condori, de Azángaro, líder de las<br />

sublevaciones de 1637. que resulta de la combinación entre lo nativo y<br />

lo hispano, sin la presencia aún de lo sajón y lo rubio descabellado.<br />

"Nemesio Chupaca Porongo", más conocido Como "el gringo<br />

Williams", cumple con lo insólito y crudo del humor. Su presentación<br />

es una cachetada en el rostro: el proceso de acriollarse del cholo<br />

implica como defecto, como situación ridícula, querer "asemejarse" al<br />

otro extremo: convertirse en un gringo cultural a través del nombre, de<br />

la camiseta, la peinada y el swing al caminar. Todo es ajeno y todo es<br />

legítimo como referencia. El g rupo existe y es bueno para reírse de él,<br />

para-saber cómo pasarla mejor y sacar más provecho a la vida.<br />

Al respecto. vale la pena hacer notar la variación del nombre del<br />

personaje de Tulio Loza: desde "Nemesio Chupaca Porongo", a su<br />

llegada a la radio hace casi treinta años, hasta "Nemesio Chupaca<br />

Seminario", protagonista de la película Compre antes que se acabe, coproducción<br />

argentino peruana, exhibida en 1983, en el pináculo de su<br />

fama. Seminario no es nombre de cholo, es nombre costeño, con un<br />

matiz ilustre, por los demás, pero que se integra al Chupaca para<br />

demostrar su -acriollatniento.<br />

Pero volvamos a la televisión. En los estereotipos de humor<br />

televisivo, el gringo representa siempre al "monse". Pero aún más,<br />

como una especie de venganza. como una forma de sacarle la vuelta<br />

al destino. a veces se generaliza y se identifica al blanco en general con<br />

el gringo. Hay situaciones en las que todo blanco es gringo: medio<br />

desteñido, sin gracia, azonzado, que no capta el chiste, que no da bien<br />

el paso. Se le puede robar la billetera en el micro en el medio de las<br />

mariposas en que anda metido, se le puede "atrasar" con su mujer,<br />

"pa' que conozca el gusto, primo".<br />

CONDICION DE CHOLO<br />

El drama del cholo, ha dicho Aníbal Quijano, es también el de<br />

funcionar como intermediario entre dos polos que no le son propios ni<br />

totalmente ajenos. Peón o mayordomo en la hacienda, sirviente o<br />

doméstico en la ciudad. ¡Trabajo de cholo!, ¡resistente al golpe!, ¡cholo<br />

barato!, ¡cholo chambero, duro, maceta, tronquito, cuadrado, recio,<br />

terco corno mula!<br />

94


El cholo, vía su ancestro indio, retorna el valor de la dureza, el<br />

tesón y el esfuerzo. En ese sentido, su proceso de "acriollamiento" es<br />

peculiar, distinto al acriollamiento del blanco, del negro o del zambo,<br />

todos estos quizás más perezosos, zánganos. traferos, pero al mismo<br />

tiempo más vistosos, más peliculeros. astutos y palabreadores.<br />

El cholo, por el contrario, ha sentido el peso del poder político y<br />

económico en sus espaldas desde que era indio; cargador, excelente<br />

cargador, considerado animal de carga en el campo, como peón de<br />

hacienda, será también cargador en La Parada. Lento en sus<br />

desplazamientos, con cierta dificultad para hablar, el cholo encuentra<br />

en la ciudad, sin embargo, un motivo de orgullo en su capacidad de<br />

trabajo, que es para él sinónimo de hombría y para los criollos<br />

urbanos síntoma de idiotez: es macho, un cholo macho, puro pecho,<br />

de piernas cortas, de pelo enjuto, pero con un tórax enorme.<br />

Este marco valorativo hace que el indio—cholo diga parcamente<br />

que el blanco sólo sabe mandar, pero no sabe hacer ,las cosas: o que el<br />

negro y el zambo sólo saben hablar, llenarse la boca de mentiras<br />

lindas. Cuando el periodismo, por ejemplo, analiza el fútbol<br />

provinciano a través del torneo Copa Perú, asocia inmediatamente al<br />

fútbol que se practica en las provincias —y, en especial, en las<br />

serranías— con el "fútbol fuerza, macho, guapo, de entrega" . El cholo<br />

Hugo Sotil era, más allá de cualquier interpretación, y por consenso,<br />

un jugador valiente, que no cuidaba las piernas y se andaba sin<br />

remilgos por el terreno de juego.<br />

Sin embargo, esto no exime la condición de servidumbre que<br />

caracteriza al cholo en la sociedad. Este es de todas maneras el<br />

principio de su historia. La mayoría de los personajes cholos en los<br />

programas cómicos están caracterizados como domésticos. El cholo<br />

de cuello, señor de la casa, será una excepción y aparecerá casi<br />

tentativamente en los más recientes programas de televisión.<br />

Sólo un ejemplo: en un sketch del programa Risas y Salsa se<br />

desarrolla la siguiente confusión absurda: Adolfo Chuiman<br />

espera a la tía de su mujer y a una nueva sirvienta. Ambas deben<br />

llegar a la casa casi al mismo tiempo y la confusión es la<br />

clave del humor. La sirvienta (a la cual Chuiman confunde con<br />

.<br />

95


la tía) exagera todos los rasgos estereotipados de la doméstica; es<br />

arequipeña, serrana con dejo, usa poncho, es gorda, y se comporta<br />

como la chola "caderona" tema de una "chicha" famosa; grita, limpia,<br />

ordena, consciente de lo que es. La tía llega después como<br />

representante típica de la clase media urbana, peinado de peluquería<br />

con laca, vestimenta llamativa, voz impositiva. algo chillona. Al<br />

abrirle la puerta Chuiman dice: "Usted debe ser la cho... la cholita.. .<br />

la chola de la agencia de servicios domésticos La perezosa". La<br />

asociación sirvienta—chola ha sido confirmada.<br />

EL CHOLO EMERGENTE<br />

La figura del cholo encarnada por Tulio Loza nos aleja, sin<br />

embargo, cada vez más de la del indio o serrano. Para algunos<br />

periodistas, y g ibe hacer notar que el periodismo ha tomado un notable<br />

y persistente interés en el tema, Tulio Loza Bonifaz es el hombre que<br />

encarna, mejor que nadie, al cholo emergente de nuestro país, "el<br />

cholo que reivindicó nuestra raza".<br />

El propio Tulio Loza, especialmente a través de su personaje<br />

"Camotillo el Tinterillo", se encarga de hacer gala de su condición<br />

cultural de cholo, aunque su personaje "Nemesio Chupaca" pueda<br />

obviar su acriollamiento a través de las funciones de soldado. "Quien<br />

olvida a su tierra, olvida a su madre", dice Tulio Loza, vestido de<br />

"Camotillo". Aunque esté vestido como el personaje es el mismo<br />

Tulio Loza, el actor—divo, el que habla cuando envía un saludo<br />

conmemorativo de un aniversario más de "Abancaycito" (capital de<br />

Apurímac) su tierra natal.<br />

Tulio Loza ha llegado al extremo de reivindicar para el cholo el<br />

papel de jefe, de dueño, de "quien la lleva" y decide qué hacer con los<br />

problemas, no sólo de su bufete, cuando hace de "Camotillo", ¡sino del<br />

país entero! A estos efectos es bueno repensar la relación entre<br />

"Camotillo" y su "Piquichón". Si alguna vez el indio—cholo fue<br />

explotado e insultado en su condición servil, el que supuestamente<br />

debió ser el abogado y se quedó en su condición de "misti", de tinterillo<br />

explotador, es hoy el peor de los "chulillos" de este nuevo cholo que<br />

avanza con una fuerza arrolladora. Hasta el elogio será motivo de una<br />

chanza, de una pulla de este cholo simpático pero mandón y directo<br />

como todo jefe que se precie de tal en la jungla diaria de la vida en<br />

Lima para cualquier migrante. En la caracterización de "Camo-<br />

96


tillo" parece confirmarse ese dicho de los blancos: "Líbreme Dios de<br />

cholo con mando". Al decirlo quizás avizoraban el peligro de<br />

convertirse en Piquichones en esta tierra de cholos cada vez más<br />

acriollados.<br />

Lo dicho hasta ahora no debe inducirnos a pensar que todo<br />

migrante provinciano serrano es automáticamente cholo. Si bien la<br />

manera de hablar, el estilo campestre —"hasta el olor" dirán los<br />

limeños más tradicionales y racistas— hace paisanos a los hacendados<br />

y principales de las provincias. Con los demás habitantes de la sierra,<br />

la diferenciación social en las provincias obliga a señalar notables<br />

diferencias en el proceso de integración de los migrantes en la ciudad.<br />

Interesa para estos efectos la construcción de una historia personal que<br />

Tulio Loza ha convertido a través de sus personajes en la anécdota<br />

privada de todo pobre migrante provinciano.<br />

Guardando las diferencias, con este migrante serrano ocurre lo que<br />

Juan Larco (22) señalaba como característica de la vida de Arguedas,<br />

cuya historia personal se ha convertido en resumen de la historia del<br />

país. En este caso, Loza construye y desarrolla anécdotas sencillas<br />

sobre su proceso personal, ofreciendo como una estructura edificada<br />

para la identificación de la masiva inmigración serrana a la par que<br />

como mecanismo de explicación de los problemas básicos que<br />

enfrenta el país. Esta vía simple tiene diferencias y hace homogénea<br />

una vasta audiencia migrante.<br />

Tulio Loza llegó de Abancay a Lima en 1956, una vez terminada<br />

su educación secundaria y, "como hijo de todo cholo, lo primero que<br />

me dijeron —cuenta con fluidez— es que tenía que seguir una<br />

profesión liberal. Si era abogado, mejor. Ustedes no saben lo que en la<br />

sierra es tener un abogado, un militar y un cura en la familia... Llegué<br />

a Lima —prosigue— e inmediatamente me presenté a la Universidad<br />

de San Marcos. Yo no necesité ir a las academias ni cojudeces que hay<br />

ahora para prepararse. Yo vine bien estudiado e ingresé a San Marcos.<br />

Por mi madre. En Abancay los Loza éramos famosos por chancones.<br />

Ahora somos famosos por cojudos", concluye sin perder la ocasión de<br />

un chiste.<br />

(22) LARCO, Juan... en Prólogo a Recopilación de textos sobre José María Arguedas,<br />

Casa de las Américas, La Habana, 1976.<br />

97


Tulio Loza es un cholo abancaino educado en San Marcos; de su<br />

promoción de Derecho son, por ejemplo, personalidades como<br />

Alfredo Bryce Echenique, José Santos Chichizola, Aníbal Aliaga<br />

Iparraguirre, Félix Vernazza, etc. Cuando ingresó a la Universidad, su<br />

padre le mandaba 400 "mangos" mensuales para que "este cholo se<br />

gradúe de Presidente de la Corte Suprema. Era lo menos que pedían<br />

los viejos".<br />

La historia personal de Tulio Loza gravita sobre una concepción<br />

del humor expresada a través de situaciones en que está siempre<br />

presente su condición de cholo. Cuando lo expresa en primera<br />

persona, por ejemplo, a través de su personaje "Camotillo el<br />

Tinterillo", se refiere siempre a un cholo lleno de virtudes, bueno, con<br />

aire a campo, a salud. Su familia, su Abancay, su tierra, significan una<br />

especie de arcadia. La imagen del cholo de Tulio Loza es la del<br />

migrante a finales de la década de los años 50. a la usanza del vals de<br />

Luis Abanto Morales: "cholo soy y no me compadezcas".<br />

En la mejor tradición del "cholo Rebolledo" y la chola "Purificación<br />

Chauca". busca una identificación con los migrantes<br />

serranos. El primer bastión de Tulio Loza estará así en los pueblos<br />

jóvenes de Lima. Esta identificación podrá ser forzada, pero no es<br />

falsa. Ciertamente él no participó nunca en una invasión ni en la<br />

construcción a punta de "brazo y lampa" de aquellas ciudades al<br />

norte, sur y este de la capital, ni tampoco se ubicó como muchos<br />

cholos serranos en un cuarto en la azotea de un hotel de La Parada.<br />

Pero su identificación con los cholos de la barriada corresponde a la<br />

primera etapa de estos asentamientos humanos; a la época en que<br />

conservaban los lazos culturales con su lugar de origen, con sus<br />

parientes, donde el mecanismo de los "alojados" y de los "allegados"<br />

funcionaba.<br />

La imagen del cholo con camisa a cuadros, con blue-jean, anteojos<br />

ahumados, pelo hacia adelante, tipo cerquillo, y que corresponde a la<br />

imagen que propagara el jugador de fútbol Hugo Sotil a mediados de<br />

los años 70, y con la cual se identificó la mayoría de los jóvenes<br />

mestizos de Lima, es una imagen que Tulio Loza no tendrá en cuenta<br />

sino como un referente de burla muy eventual. El aculturado a la<br />

mala. lleno de angustias, es propio de un drama que no le interesa. Es<br />

por esto que a pesar de que Tulio Loza no es un cholo representante<br />

de la "mancha india" y es más bien un cholo blancón y de pelo en<br />

98


pecho, casi un español —moro en las serranías—, es consciente<br />

de que debe representar a ese provinciano, a ese cholo migrante<br />

(no indio) que llega perdido, en un primer momento, a Lima.<br />

De hecho, las situaciones que Tulio Loza narra en su premiada<br />

película Allpa—Kallpa son dramáticas y podrían desarrollarse en un<br />

tono trágico, tan chocante como la realidad. Pero Tulio Loza escoge<br />

otro camino: el del candor y la ingenuidad, aunados a la fortaleza.<br />

Recién bajado de la sierra se sube a un microbús, por ejemplo, con su<br />

loro al hombro como testimonio de vistosidad y de campo, de<br />

compañero de conversaciones, de extraño en el medio urbano, y le<br />

pregunta al chofer "donde vive su tío, si lo conoce".<br />

Hace así evidente su deseo, ahora consciente, de representar y<br />

reivindicar al cholo migrante en la capital. De un lado, porque el<br />

personaje es cercano a él y de otro porque lo que no tiene lo aporta la<br />

teleaudiencia por su necesidad de verse representada. El mismo hace<br />

sus cálculos, que son los que importan: más del 60 0 /o de los que viven<br />

en Lima son provincianos, ése es su principal mercado (23).<br />

2. LA BARRIADA: "LOS LORCHOS DEL PERU Y<br />

BALNEARIOS"<br />

El novelista Gregorio Martínez considera que la cholificación<br />

comienza en el campo. "Ser cholo —dice— significa usar el pañuelo en<br />

el bolsillo trasero del pantalón con la puntita salida. Y eso no es de la<br />

ciudad. Eso es del campo"—afirma con seguridad (24). Esta imagen<br />

corresponde literariamente a lo que Quijano estudió como el proceso de<br />

cholificación y que tiene, como es obvio, las características de todo gran<br />

problema: su inmediatez, su complejidad, su cada vez mayor<br />

importancia. El indio parece haber dejado de ser la preocupación central<br />

de la polémica sobre el problema cultural, como lo fue en los años 20,<br />

(23) Para conocer los cálculos recientes de un sociólogo y que no distan mucho de<br />

los del cómico, Cfr. VERGARA, Ricardo... Población y desarrollo capitalista.<br />

DESCO, 1982.<br />

(24) Quehacer, No. 16, Abril 1982, Entrevista con Abelardo Sánchez León y Luis<br />

Peirano.<br />

99


entre intelectuales como José Carlos Mariátegui y Luis Alberto<br />

Sánchez, entre otros: y de otro lado, la concepción del indio en la<br />

ciudad, convertido en cholo, no es solamente de mayor relevancia<br />

cuantitativa, sino que ha dejado de ser un problema de adaptación a<br />

nuevos marcos de conducta y de valores. Por el contrario, después de<br />

más de 30 años, el cholo de la ciudad es un personaje clave que ha<br />

recreado el contexto cultural en el que le tocaba actuar y al que las<br />

nuevas generaciones aportan elementos de agresividad y violencia. El<br />

cholo de ahora no tiene que "desembolarse" como dice el vals, no se<br />

amilana así nomás, no es, en definitiva, el simplón, el ingenuo, el<br />

"chontril" de antaño.<br />

La identificación de Tulio Loza con los cholos de los Pueblos<br />

Jóvenes responde en primer lugar a la idea de que el cholo de<br />

barriada, a diferencia de los tugurios y de las áreas más antiguas de la<br />

ciudad —el Rímac, el Cercado, los Barrios Altos, Surquillo o El<br />

Callao—, tiene una conducta que lo asemeja más a los primeros<br />

migrantes. Su actitud aparentemente ingenua y candorosa se condice<br />

con su actitud mental y física, ellos son igualmente confiados y<br />

solidarios. En ese ámbito no existirán tantos "achorados",<br />

delincuentes, criollos avezados, zambos ni negros. Allí existiría puro<br />

cholo de las alturas, trasladados a las pampas periféricas de la ciudad.<br />

Ese cholo se caracteriza por oponer su reciedumbre y su terquedad a<br />

la viveza criolla, su silencio a la habilidad y a la chispa del lenguaje, el<br />

esfuerzo a la picardía ese cholo suele recrearse más en un ambiente de<br />

campo que de ciudad, es el que escoge antes que una cantina un<br />

recreo, o se fabrica su cantina de esteras y ladrillo en la cual se<br />

combinan las funciones de vivienda, bazar, bodega, y se alterna la<br />

presencia de los nifios, los adolescentes, los ancianos y las mujeres, en<br />

torno a la actividad deportiva, escuchando "chicha", mezcla de<br />

huayno con cumbia. Un parlante narra los acontecimientos del barrio<br />

un día domingo, o las incidencias del partido de fútbol o de vóley<br />

entre distintas zonas del pueblo joven. Ese es el primer acto de la<br />

historia de los Tulios Lozas.<br />

Esta visión un tanto idílica que presenta Tulio Loza del cholo se<br />

emparenta con su necesidad de dar un mensaje positivo y de<br />

reivindicar al "cholo bueno, solidario, cooperativo" y que coincide con<br />

la primera aproximación culturalista a los habitantes de las barriadas<br />

de Lima. Porque entre las dificultades que el cholo enfrenta en la<br />

ciudad, debe existir siempre una esperanza.<br />

100


En el segundo acto, este anhelo entra en contradicción con la<br />

situación cada vez más alarmante de miseria en que viven los<br />

habitantes de las barriadas, y que ha producido una conducta que<br />

incorpora la violencia, el desacato, la desesperación. Es decir,<br />

incorpora a su conducta un ethos enfrentado con la realidad<br />

circundante, hostil, amenazante. Ante ella, es explicable que asuma<br />

un comportamiento agresivo, individual, que no se ciñe<br />

necesariamente a las normas sociales establecidas (que, por supuesto,<br />

no se limita a los sectores populares), y que ha modificado la imagen<br />

del cholo recién bajado, ingenuo, propenso a ser objeto de burlas.<br />

En oposición al cholo bueno, este tipo de cholo, en segunda o<br />

tercera generación, es un jovenzuelo que siente el peso de la dificultad<br />

económica y se mueve en relación a horizontes que no le ofrecen<br />

mayores alternativas. La frustración, la escasez de oportunidades, la<br />

miseria, condicionan su conducta, sin la resignación o la ignorancia<br />

de antaño.<br />

Tulio Loza no procesa directamente el mundo popular actual de<br />

vastas dificultades sociales (capitalizada por partidos políticos, las<br />

sectas religiosas y el consumo masivo) y empieza un proceso de<br />

distanciamiento y desconocimiento paulatino, pues ese mundo no se<br />

ajusta a la imagen que él mantiene del cholo, bueno sin ser servil,<br />

solidario, ingenuo, que intenta hacer trampitas pero que ríe siempre<br />

aunque salga perdiendo.<br />

Finalmente, la historia y la evolución personal de Tulio Loza lo<br />

introduce así cada vez más al ámbito de los sectores medios y se nos<br />

presenta como un síntoma del surgimiento de una cultura criolla<br />

mestiza nacional, que busca el apoyo de los sectores populares e<br />

intenta perfilarse como alternativa política en la sociedad peruana.<br />

Esta ubicación distinta, peculiar, abierta a la historia, es la que<br />

permite que Tulio Loza pueda salir fotografiado por la re- vista Caretas<br />

durante el verano de 1982, en el yate de un acaudalado notario,<br />

sonriendo con otra gente de modo y dinero en el balneario exclusivo<br />

de Ancón. Pero sobre todo, es interesante notar que no es<br />

simplemente Tulio Loza quien reclama esta posición entre los actores<br />

de la vida social y política del país. El cholo "Nemesio Chupaca", ya<br />

no se mueve necesariamente en el ámbito popular barrial.<br />

101


Desde una nueva perspectiva, la de los sectores medios, utilizará<br />

otros ambientes para lanzar sus abiertos mensajes políticos. El cholo<br />

"Camotillo el Tinterillo", aliado con el criollo Polo Campos, será<br />

quien elabore de manera excepcional los contenidos de humor político<br />

en la televisión. Ningún otro programa asume con tanto desenfado<br />

este tipo de temas. El cholo de los sectores medios que intenta<br />

prevalecer allí mayoritariamente. se alía con el zambo pícaro y<br />

conocedor de los ambientes criollos.<br />

"Mejorar la raza" es una idea generalizada en el ambiente popular<br />

urbano. Un razonamiento popular aplica así esa idea: lo negro puede<br />

llevar a lo zambo, a través de un emparejamiento con lo cholo y, más<br />

aún, a lo que se denomina "sacalagua", cuando lo hace con lo blanco.<br />

El cholo sería, así. el lugar de encuentro ideal, sobre todo si se es<br />

cholo costeño, buen partido para cualquier mujer. El cholo. además,<br />

puede ser cholo blanco y de ojos verdes; es decir, cholo blancón, es<br />

decir. casi no cholo, aunque hable quechua como Tulio Loza, --<br />

porque no todo el que hable quechua es cholo—; y. por lo tanto,<br />

puede aspirar. más que el negro o el zambo. a trabajar en lugares<br />

como los blancos en el comercio, en las dependencias del Estado; no<br />

como conserje, sino con cuello y corbata en invierno y guayabera en el<br />

verano.<br />

3. EL CHOLO POLITIQUERO<br />

El acceso del cholo a los llamados sectores medios tiene una serie<br />

de implicaciones políticas. donde no es difícil encontrar intenciones de<br />

conformar un grupo coherente e insurgente que busca representación<br />

en partidos políticos populistas, nacionalistas, antioligárquicos e<br />

incluso anti-imperialistas. Desde los cholos parece ser, a juzgar por sus<br />

opiniones, más fácil explicarse sentimientos políticos de nacionalismo<br />

y la reivindicación de lo propio frente a lo extranjero. "11 cholo de<br />

acero inoxidable" de Tulio Loza persigue, por supuesto, la<br />

reivindicación de la identidad del cholo, pero también, de manera<br />

creciente, el derecho de mejorar su situación en la escala social, a<br />

subir, a tener dinero, a "codearse" con los blancos y, por lo menos,<br />

compartir con ellos el poder, al no poder --o no querer— arrebatárselo<br />

del todo.<br />

El mensaje político del cholo está cargado gruesamente de<br />

oposición al poder y a quienes tienen el dinero y manejan al<br />

.<br />

102


país. En este sentido, los juicios de Tulio Loza sobre la oligarquía son<br />

contundentes: pero, al mismo tiempo, su identificación política (hecha<br />

pública) es con Luis l3edoya Reyes, líder del Partido Popular<br />

Cristiano, el partido de la derecha peruana. Tulio Loza aclarará, sin<br />

embargo, que no es porque sea de derecha, sino porque tiene su<br />

hombría bien puesta, valor sublime. Es decir, su identificación<br />

ideológica con Bedoya Reyes se ve reforzada por su físico: un hombre<br />

mestizo, oriundo de El Callao, ahogado como él, político cunda como<br />

él, buen hablador como él, polemista como él --que reconoce que a<br />

través de la política el cholo-criollo sector medio-profesional obtiene<br />

dinero y poder, individual y grupalmente y porque Bedoya se ha<br />

introducido en los sectores altos de la sociedad: es valiente, es arremetedor,<br />

es pragmático, eficiente, llega donde quiere.<br />

Según este personaje clave de la televisión popular en el mundo<br />

urbano de hoy, conviven: el cholo pobre popular y el cholo<br />

encorbatado de los sectores medios. Tulio Loza encarna a los dos,<br />

pero ha evolucionado del primero al segundo, y optado personalmente<br />

por el segundo. Con los primeros tiene una irremediable y creciente<br />

distancia, pues muchas veces viven cargados de agresividad y están<br />

ganados (son terreno abonado) por el inconformismo en todas sus<br />

variantes y pueden ser pasto de la violencia. Los segundos, en cambio.<br />

buscan consolidar un status en el sistema social, anhelan organizarse<br />

políticamente, ser alternativa de poder, ascender socialmente,<br />

enfrentándose o conviviendo con los rezagos del poder blanco<br />

oligárquico, cuyo ciclo histórico consideran caduco, mostrándose<br />

abiertos a una nueva alianza en la que puedan tener mayor peso y<br />

reconocimiento a su esfuerzo y habilidad.<br />

La identificación de Tulio Loza con este tipo de cholo lo convierte<br />

también en el portavoz de los demás sectores medios más modernos,<br />

ávidos en su ascenso, pero que sufren los embates de la crisis<br />

económica y temen la pobreza. así como por aquellos empeñados en<br />

la construcción de una burguesía nacional. En este aspecto sobresale<br />

fuertemente, por ejemplo, el cariz ideológico anti-comunista que<br />

tienen los mensajes políticos de humor de Tulio Loza. así como su<br />

alejamiento del mundo popular enfrascado en la lucha final por su<br />

sobrevivencia.<br />

Tulio Loza, a través de su personaje "Camotillo el Tinterillo",<br />

ha creado también su propio partido como una manera<br />

.<br />

103


de distanciarse de las organizaciones políticas que, bien o mal,<br />

representan con mayor crudeza los intereses de los sectores más pobres<br />

del país. Todo el mundo está en la mira de su crítica, pero los acentos se<br />

cargan con frecuencia sobre los dirigentes sindicales y parlamentarios<br />

de izquierda, así como a la CGTP y a la CNA cuando éstas han<br />

decretado un paro nacional o regional. Su mayor enfrentamiento ha<br />

sido con los que son, al margen de toda consideración política,<br />

probablemente los peores cholos del mundo: los cholos de Sendero<br />

Luminoso. Como muestra en este enfrentamiento radical hizo público<br />

que Sendero Luminoso lo había amenazado de muerte y tuvo que recurrir<br />

a protección policial permanente.<br />

Sendero Luminoso encarna el extremo opuesto del cholo asimilado,<br />

con cuello y corbata, que pretende ganarse un sitio en la sociedad<br />

establecida. Sendero Luminoso opta por la guerra, la dinamita y la<br />

acción violenta y, más allá de cualquier consideración étnica sobre la<br />

violencia armada que se desprende de los juicios de Tulio Loza,<br />

interesa conocer sobre qué bases establece sus diferencias, a pesar de<br />

que los dos parten originalmente de un lugar común: los rasgos étnicos<br />

y sociales de lo popular.<br />

Un reportaje concedido al periodista Hernán Velarde (25) es<br />

especialmente significativo en este aspecto. Tulio Loza alterna niveles<br />

distintos, pero complementarios, en la discusión para responder a<br />

preguntas sobre: su situación personal en relación a Sendero Luminoso,<br />

la democracia, la justicia social y, por último, su propia situación<br />

económica. Algunos puntos resumen su posición actual en relación a su<br />

evolución personal, aquella que propone como modelo de lo que son y<br />

pueden ser los cholos de este país.<br />

En primer lugar: el enfrentamiento Sendero Luminoso—Tulio Loza<br />

es entre hombres. "Pichón, ¿a los hombres", responde cuando el<br />

periodista insinúa que lo quieren matar. "Ellos tienen el poder de las<br />

armas, pero yo el de la risa".<br />

Luego afirma que "a ellos les falta, lo que a mí me sobra", —en sus<br />

propias palabras— "huevos, cojones, ser macho, caramba", para el que<br />

no ha entendido.<br />

(25) Expreso, 5.9.1982.<br />

104


Un segundo punto se centra en la discusión sobre la democracia y<br />

la filosofía, aunque el periodista aclara que no es el tema de ambos. A<br />

partir de las discusiones clásicas sobre la democracia se llega a la<br />

justicia social, donde, según Tulio Loza, estarían las coincidencias con<br />

Sendero Luminoso, aunque los métodos difieran. Tulio Loza, adjetiva<br />

duramente a los terroristas, llamándolos "perroristas", "traidores a la<br />

patria", que "reciben dinero de afuera para hacerle daño al país". Sin<br />

embargo, afirma que ellos también buscan la justicia social y, para<br />

asombro del periodista, declara finalmente que él "cree en cualquier<br />

doctrina que sea capaz de erradicar las lacras sociales del país, cortarle<br />

la mano a los ladrones y aliviar la tortura del hambre, porque yo no<br />

vine a 'este mundo como todos los niños, con un pan bajo el brazo,<br />

sino con un vale por un mendrugo".<br />

Y así aparece el tercer tema, el de su nueva situación económica En<br />

la introducción al reportaje, Hernán Velarde escribe: ¿,Qué pasa<br />

cuando un humorista millonario y más popular que el hambre se<br />

coloca en la mira de los fusiles terroristas y tiene que vivir con su<br />

respectivo policía de cabecera... Ajá, parece que lo agarraron a Tulio,<br />

infraganti, pero desde una perspectiva moralista, incapacitándolo, por<br />

su situación económica, de convertirse en el representante de los<br />

pobres que tanto reclama. Y es más: espetándole que ha hecho dinero<br />

de los pobres y de la miseria, que hablando de ellos es como se ha<br />

enriquecido.<br />

Ante tal arremetida, contesta: "Lo que da dinero es la calidad que<br />

es hija del sacrificio. No puedo evitar ganar mucho dinero, teniendo<br />

en cuenta que mi programa es el de mayor sintonía, y lo es, porque<br />

detrás de él están todos los cholos del Perú y Balnearios". Y por<br />

último, algo molesto, dice: "No me la hagas preguntón, te la<br />

responderé sin que me la preguntes: cierto que me hice rico<br />

defendiendo a los pobres, lo que es una paradoja, pero soy sincero<br />

cuando digo que al hablar de la miseria, lo hago principalmente a<br />

nombre de un chiquillo abancaino que nunca tuvo juguetes. Pero si<br />

ese chiquillo (por él) siguiera a los cuarentaitantos años sin tener<br />

juguetes, habría demostrado que no los merecía, y yo merezco todo lo<br />

que tengo, incluido mi felicidad con Mirna, Anita y Tulito (su mujer e<br />

hijos), anclas y hélices del motor que impulsa mi vida y si quieres,<br />

también de mi muerte, si ésta llega antes de lo previsto por Dios".<br />

105


La paradoja está resuelta a partir de una enumeración de los<br />

valores del cholo urbano: el esfuerzo personal es garantía de éxito,<br />

quien lo dice es un hombre de éxito, un millonario --así lo califica el<br />

periodista—, que no puede pensar de otro modo sin entrar en una<br />

contradicción personal. Sin embargo, repone sobre el tapete la escisión<br />

de Tulio Loza: ¿cómo poder seguir interpretando, representando y<br />

entendiendo a sus cholos, más allá de constatar su miseria, si no<br />

indaga en las causas y razones que la producen, sin cuestionar el<br />

sistema social vigente, sin ponerse a pensar ¿ , por qué cuernos son<br />

pobres ¿Será, quizá, porque son flojos, que no tuvieron juguetes y no<br />

quisieron como él tenerlos a los 40 años<br />

Sendero Luminoso, sin entrar a un examen detallado de este<br />

fenómeno socio-político, insinúa que sus seguidores son los más<br />

miserables del país, los no sindicalizados. al margen de todo aparato<br />

formal, que ven en esa posibilidad un asidero de transformación<br />

radical, opuesto a todo aquello que forme parte del sistema vigente,<br />

incluido no sólo lo más rancio y oligárquico, sino las capas medias,<br />

urbanas y del campo, los comerciantes. los burócratas, los<br />

quejumbrosos del centavo y de la miseria plena. Frente a este mensaje<br />

Tulio Loza acaba representando concepciones políticas de centro,<br />

aunque su afinidad como el líder del Partido Popular Cristiano lo<br />

distancia de sus "cholos inoxidables, de sus lorchos queridos de los<br />

pueblos jóvenes, de su Abancaisito, de sus indiecitos —, que con el<br />

correr de las décadas van volviéndose más complejos y para quienes la<br />

mención a su pobreza es sólo un lugar común, un punto de partida.<br />

que se repite con el riesgo de no convencerlos más.<br />

106


CAPITULO IV<br />

ROMAN GAMEZ: EL “RONCO”, RONCA<br />

107


108


1. EL ZAMBO<br />

En el Perú no sólo se ronca cuando se duerme; se ronca fundamentalmente<br />

a través del uso de la palabra. Mediante el vozarrón,<br />

inherente a Román Gámez, se puede fustigar, atacar, "cochinear" y se<br />

tiene la capacidad de destrozar al contrincante de turno, disminuirlo,<br />

vejarlo incluso, si fuera necesario, si, por casualidad, es un desatino,<br />

pretende responder.<br />

Tradicionalmente el cholo no es respondón y, cuando lo es, se dice<br />

que ha asumido una post- rebelde, irreverente, probablemente insólita,<br />

o que ha llegado al límite de su paciencia y ha sacado las garras, su<br />

otra cara, la verdadera, la expresión "se me subió el indio", alude<br />

precisamente a esto. Del cholo se espera siempre sumisión y<br />

obediencia, aunque sea a regañadientes. Se sabe también que puede<br />

responder y ser violento. Por esa razón su silencio es considerado por<br />

el blanco, como hipócrita, desconfiado y sus ocasionales reacciones<br />

abruptas han mostrado el fondo, lo que verdaderamente es. De ese<br />

modo, todas las otras actitudes no serían más que máscaras<br />

hábilmente urdidas, propias de su procedencia india, que está sujeto a<br />

la lógica de las dos caras debido a las condiciones estructurales de<br />

nuestra sociedad.<br />

El zambo, en cambio, es reconocido como una persona franca,<br />

directa, sin "pelos en la lengua", que dice las verdades a boca de jarro,<br />

que no tiene miedo y utiliza la palabra como su mejor arma. Así<br />

opinan sobre él los personajes que lo rodean en los programas cómicos<br />

de la televisión.<br />

109


De toda la gama socio-cultural de la Lima de hoy. el zambo<br />

parece haberse llevado todos los méritos por el desarrollo de esta<br />

capacidad. Esto le ha permitido desarrollar la imagen de que un<br />

zambo jamás será visto como un tonto, que es muy difícil que exista<br />

un zambo a quien se le toma el pelo, que sea el "peje", el "gil". el<br />

"lorna" o el "pavo", palabras todas que ha desarrollado el argot<br />

urbano para designar al "punto", es decir, al cual se puede hacer<br />

bromas, de buen y mal gusto.<br />

El zambo, a través de un elaborado léxico, en el cual cada palabra<br />

se amolda al gesto y es usada en el momento preciso, expresará su<br />

sentido del humor, peculiar en el campo del humor popular, donde<br />

la burla incluye a uno mismo. Parece que un zambo nunca se burlará<br />

de sí mismo y para confirmarlo con la excepción de rigor Ferrando<br />

aclara que él también es pobre y zambo, y que nadie debe ofenderse<br />

porque él le tome el pelo. "Es por jugar, con cariño". Polo Campos<br />

empieza su espectáculo Hablemos a calzón quitao, presentando a Alicia<br />

Andrade, que representa a una actriz de revista que llega borracha a<br />

la función y que lo insulta con palabras del más grueso calibre:<br />

zambo, ratero, maricón. Lo usual en el zambo, sin embargo, es una<br />

postura a la ofensiva: de un zambo se espera siempre que coloque<br />

apodos, que use su ingenio, la zamarrería, la travesura, la finta, el<br />

uso pintoresco de palabras y giros para desarmar y burlarse del otro.<br />

El zambo es esencialmente de la ciudad, de la gran ciudad,<br />

aunque no naciera en ella. En su caso no hay necesidad de ambientación<br />

a los edificios ni a la vorágine del tráfico. En la 'ciudad<br />

tiene sus barrios, sus amigos de infancia, su jerga, su humor. que<br />

tiene en el "cochineo" su máxima expresión. Cochinear es burlarse,<br />

tomar el pelo. El zambo nace en esa onda, especie de contraseña de<br />

la sobrevivencia. Se debe "cochinear" para no ser "cochineado". De<br />

eso el zambo ha hecho un arte: un arte de palabras que apunta a los<br />

defectos particulares o grupales de los otros sectores sociales.<br />

En Lima los zambos suelen vivir en los barrios antiguos y de<br />

franca connotación urbana: el Rímac o Bajo el Puente —sinónimo<br />

de habilidad. malicia. criollismo y eventual delincuencia— así como<br />

en El Callao, Surquillo —ex-famoso Chicago Chico—, en Barranco<br />

o Chorrillos.<br />

110


En términos de un ordenamiento cultural y social, el zambo. es la<br />

mezcla del negro con cualquiera de las ya mezcladas razas de la costa.<br />

FI pelo enmarañado, el rostro con tajo, barba de días marcan el<br />

prototipo del zambo portuario, que puede incluso lucir ojos verdes. El<br />

negro mezclado con el cholo y el chino diversifican sus variedades: los<br />

hay altos y color de aceituna, de ojos rasgados, parsimoniosos al<br />

andar, confiados en su talla y presencia, se saben dignos exponentes<br />

del habitante popular de Lima.<br />

Como el cholo, el zambo tiene también creado un estereotipo sobre<br />

su estilo cultural, su manera de ser, de expresarse, de ver el mundo y<br />

su gente. El zambo está apto para, superando su condición de negro<br />

esclavo, tratar de igual a igual a sus congéneres, sean quienes sean, y<br />

discutir el mejor lugar en el mundo popular urbano. El zambo puede<br />

"cochinear" tanto a los cholos y por supuesto los serranos, pero<br />

también a los blancos que rozan el mundo popular urbano.<br />

El estereotipo clásico del zambo urbano arriesgado y peleador lo<br />

remite al mundo del hampa, del lumpen, de la delincuencia. En los<br />

reportes policiales siempre se dice "un individuo de tipo<br />

`azambado'...". En esta línea se sitúa el personaje de la televisión<br />

"Roncayulo", interpretado por Antonio Salim, que curiosamente tiene<br />

también el significado de "roncar" en sus primeras sílabas.<br />

"Roncayulo" encarnaba al zambo cafichero, maloso, con barba de<br />

días. delincuentoso, originario de los barrios populares urbanos.<br />

UNA GARANTIA DE CRIOLLISMO<br />

Resulta curiosa la naturaleza y la aceptación que tiene el apodo<br />

genérico de zambo en la ciudad, especialmente entre los enes. Los<br />

adolescentes pueden llamarse entre sí zambo. zamhito: un mozo, es<br />

"oye. zambo": así como también un vendedor de helados o<br />

eventualmente cualquier peatón. Lo más interesante es que nadie se<br />

siente ofendido. Aunque tampoco halagado.<br />

El zambo funciona en la televisión como un lugar de encuentro<br />

cultural. En el mismo sentido que lo hace el cholo, pero sin<br />

los problemas de éste. Lo cholo reserva una connotación<br />

.<br />

111


capaz de aglutinar a una gran cantidad de personas, pero conservando<br />

ciertas características que son motivo de diferencia. El zambo, en<br />

cambio, aunque ha dado lugar a clasificaciones raciales específicas, se<br />

proyecta en lo primordial como un modelo de conducta urbana, con<br />

un espíritu capaz de ser generalizado a otras personas, como un<br />

modelo a seguir. Incluso en los colegios de la alta burguesía hay<br />

siempre "un zambo"; y ese "zambo" —de pelo encrespado, pero<br />

castaño, y de ojos verdes, por lo general descendiente de italianos—<br />

goza de mucho prestigio entre sus compañeros de aula por su<br />

habilidad en el deporte, su destreza en la gresca y por haber<br />

propagado aventuras fuera de los linderos convencionales en los que<br />

se mueven los de su edad y clase social.<br />

Podríamos hipotetizar en el sentido de que lo zambo en el Perú<br />

expresado a través de los medios de comunicación, constituye un<br />

modelo de valores y de conducta netamente urbana, que es capaz de<br />

llevarla a cabo y de generalizar a partir de su extracción popular. Los<br />

zambos, a diferencia de los cholos, parece que nacieron criollos y no<br />

sufren el síndrome de la escisión con su pasado, no tienen necesidad<br />

de acriollarse y no les interesa, tal vez porque no pueden, escalar<br />

posiciones hacia los sectores medios. Los auténticos zambos, por lo<br />

general, tienden a mantenerse en los sectores populares y de allí<br />

proyectan una imagen propia, apegada a sus valores, que no les<br />

produce vergüenza ni malestar.<br />

El zambo asume el criollismo con tal naturalidad debido a su<br />

ancestro negroide, ya que se entiende que la primera expresión<br />

popular de lo criollo fue el criollismo colonial de los negros y los<br />

pardos. Según Roberto Mac Lean ;26), el clima y el trabajo marcaron<br />

el destino del negro en el Perú y en otras partes de América. Los<br />

negros no pudieron aclimatarse en la región andina y se vieron<br />

obligados a establecerse en los valles de la costa. Allí desarrollaron sus<br />

actividades en el trabajo doméstico y rural en los ingenios azucareros<br />

de Lambayeque, Chicama, Saña, Pativilca, Supe y Cañete; en los<br />

olivares de Yauca e 'lo; en los viñedos de Lima, Chincha, Pisco,<br />

Moquegua y Lo'cumba; y en las curtiembres de Cañete, Ica y Piura.<br />

(26) Citado por Sinesio López. El mundo escindido de la cultura criolla, separata de la<br />

Jornada de Balance de Estudios Urbano-Industriales. PUC, 1982.<br />

112


LO ZAMBO TRAE Y LEVANTA LO NEGRO<br />

Lo interesante de rescatar para propósitos de este trabajo, es que el<br />

negro, a pesar de su situación de la más explícita y cruel dependencia,<br />

porque llegó al Perú en calidad de esclavo, desarrolló y mantuvo<br />

siempre una arrogancia peculiar que en mucho se asemejaba a la de<br />

sus amos en el campo y a la de sus patrones en la ciudad. El negro es<br />

el habitante popular primigenio de la urbe, el habitante de los barrios<br />

populares y de los callejones, de los barrios más antiguos, como El<br />

Cercado y su periferia, y de la primera expansión popular, como fue<br />

La Victoria.<br />

El mundo negroide en Lima ha estado caracterizado por la idea de<br />

cohabitar en un espacio específico. como en las rancherías de la<br />

hacienda, donde se ha desarrollado una cultura propia: canto, baile,<br />

lenguaje. La altivez —"sobradera"— del negro, siempre correctamente<br />

vestido, a la percha si era posible, con un porte alto para el promedio<br />

en el país, es producto de una extraña combinación histórica que<br />

incluye al mito: ser más fuertes y buenos amantes, las adolescentes<br />

blancas lo confirman, al menos como un deseo verbal.<br />

El personaje Candelario Navarro, de la novela Canto de Sirena de<br />

Gregorio Martínez, tiene una característica particular entre los negros;<br />

su no asimilación a la estructura económica y de poder en la hacienda.<br />

En buena medida, es un negro libre de las ataduras del sistema.<br />

Gregorio Martínez presenta al negro ideal, que corresponde con el<br />

deseo profundo del mismo: ser libre. El estereotipo del zambo parte<br />

del prejuicio del blanco sobre el negro. "Es más fiel, es más limpio...",<br />

dice el señor. En realidad, la imagen ratifica la condición servil del<br />

negro que se origina y es propia del contexto social de la Lima<br />

antigua, donde al igual que en las comarcas del sur norteamericano,<br />

era común ver a una ama negra, siempre vestida de blanco completo,<br />

con cofia y mirada austera, protegiendo por completo a la niñita<br />

blanca .y rubia, quien no solamente no le teme sino que la adora.<br />

Según el estereotipo, el ama negra es el ama por excelencia, como el<br />

portero de un club de prestigio tiene que ser negro, de impecable<br />

abrigo rojo y gorra negra. Un Mercedes Benz camina siempre mejor si<br />

el chofer es un negro. El negro tiene la connotación del doméstico<br />

elegante, de ser para el patrón y su señora un indudable signo exterior<br />

de riqueza, junto al perro afgano y la vajilla de plata.<br />

113


Superada su condición de esclavo, desde principios de siglo, la<br />

servidumbre del negro tiene peculiaridades que es importante resaltar,<br />

sobre todo en la ciudad. Al negro se le prefiere en las tareas<br />

"refinadas" como servir la mesa, manejar el auto o ser el ama de las<br />

niñas, cuando es mujer. Lo que mejor le queda son los guantes<br />

blancos, la corbata michi y el chaleco (27). La que friega y refriega los<br />

salones, los patios y los corredores, es la chola o la india. Esta<br />

pequeña. pero significativa diferencia de status, impregna el espíritu<br />

aristocratizante con que se quiere explicar la conducta del negro en la<br />

ciudad: una tendencia al aseo y los modales, una pronunciación<br />

exagerada de las palabras y una manera de caminar altiva y elegante.<br />

"Un negro fino", en rasgos y en conducta, es la observación que tiene<br />

el blanco sobre el negro, no así ante el cholo: para él, a lo más, el<br />

mejor piropo es: "un cholo fuerte".<br />

El negro encuentra una cada vez mayor integración en la sociedad<br />

a través del zambo, que si bien reconoce su ancestro en lo negroide,<br />

no se considera a sí mismo negro. El negro, convertido en zambo,<br />

logra superar las estrecheces de un espacio social y cultural<br />

exageradamente propio y singular, y desarrolla así nuevas<br />

características, producto de sus transformaciones raciales y culturales.<br />

No es curioso el rechazo que tienen los otros representantes étnicos<br />

de los sectores populares ante el negro, expresadas por lo general a<br />

través de las bromas, que en muchos casos no pueden escamotear el<br />

espíritu agresivo que las anima: "el negro sólo piensa hasta las doce"<br />

se le dice cuando está jugando fútbol y comete una falta garrafal. El<br />

negro comparte con el indio su condición de bestia, al fin y al cabo<br />

para eso lo trajeron. Este menosprecio no proviene, sin embargo,<br />

necesariamente de los blancos, para quien históricamente ha sido<br />

una especie de soporte y figura próxima, cuanto de los cholos de la<br />

ciudad. Por lo general, el "punto" en un partido de fútbol es un<br />

negro, de allí que sea excepcional o salga de la cancha.<br />

(27) Sebastián Salazar Bondy contaba durante los años sesenta que el día que<br />

invitó a comer a su casa a Nicomedes y Víctoria Santa Cruz, había<br />

confrontado uno de los más graves problemas del país: su empleada<br />

Dolores, vieja negra limeña, se negaba a servirle a esos "negros como yo,<br />

¡qué lisura!". El arreglo exigió que ella serviría a los blancos e Irma, su<br />

esposa, a los negros.<br />

114


El zambo, en cambio, jamás es visto de esa manera, porque tiene<br />

algo de blanco y de cholo. El zambo es, a nivel hipotético, el lugar de<br />

encuentro cultural de los sectores populares, que trae lo negroide<br />

como ancestro así como el cholo trae al indio. Cholo y zambo<br />

implican una relación más fluida que negro e indio. Los extremos del<br />

mundo popular peruano (física, social y culturalmente) encuentran en<br />

estas dos esferas culturales un vínculo que antes no existía: indio y<br />

negro, en sí mismo, superan las barreras de aceptación que producen<br />

en el conjunto social, a través del cholo y el zambo.<br />

No es raro, por eso, encontrar que los propios zambos en la televisión<br />

se burlen de los negros. El caso más extremo es el de Augusto Ferrando<br />

que tiene en su programa al popular "Tribilín", cuyo rol es hacer el papel<br />

de negro idiota, que no entiende absolutamente nada, que no sabe<br />

hablar, que usa una palabra por otra y su única misión es sonreír en el<br />

programa ante las burlas que le endilga Ferrando. Augusto Ferrando se<br />

burla del concursante "Dúo la Victoria", compuesto por un tío negro y su<br />

sobrino, cuando le dice al niño: "oye, ¿tu te peinas o te pintas el pelo".<br />

En esta óptica no resulta extraño que tanto el indio como el negro<br />

"puros" no tengan actores divos en los programas cómicos de la<br />

televisión, como lo tienen el cholo y el zambo. El indio no aparece, y<br />

el negro lo hace sólo a través de "Tribilín" o "Gutapercha", haciendo<br />

los roles de atrasados mentales aunque, como en todo, existan casos<br />

excepcionales como algunos papeles de Enrique Avilés en El Dedo.<br />

Los zambos de la televisión pueden mofarse de los negros, aunque<br />

sean los que están más próximos a ellos y los representan<br />

indirectamente, a veces hasta reivindicándolos. Así como al cholo le<br />

sale el indio, al zambo le sale el negro.<br />

"Líbreme Dios de negro con plata..." decía el blanco.<br />

2. " ¡QUE TAL!..." SOY EL RONCO<br />

Román Gámez es el representante de una variante del zambo<br />

urbano. Pero ésta se resume categóricamente al identificar su<br />

comportamiento con otros. El "Ronco" es el principio y Ferrando, tal<br />

vez, el final de las variantes del zambo.<br />

A pesar de haber nacido en Cañete, está identificado con<br />

Chorrillos, con su mar y la pesca. Un pescador no puede ser con-<br />

115


siderado como un "monse", un idiota, un "gil". Al contrario. es<br />

valeroso al extremo, como lo fue José Olaya, héroe chorrillano, barrio<br />

de mariscos, de malecones. de aire marino, zambo también. El<br />

pescador se encuentra a mitad de camino entre el marinero y el<br />

ciudadano, entre la aventura y la rutina, siempre en contacto con el<br />

peligro y el riesgo. El pescador es el símbolo de la fonda compartida,<br />

del estrépito y la alegría. Román Gámez representa al zambo<br />

saludable, vinculado a la naturaleza, canchero, que ha conocido la<br />

vida desde abajo.<br />

Autodefinido como "misio" (pobre), lo que más teme Román<br />

Gámez es la pobreza. "Y le temo —dice— porque la he vivido, la he<br />

sufrido". Sin embargo, la gran virtud del zambo es su identificación<br />

con lo que es: un zambo nunca tiene vergüenza porque ha impuesto<br />

respeto sobre los demás. "Igualito nomás es, compadre —dice—. Yo<br />

me siento igual, como sea, nada me va a cambiar ni la miseria ni la<br />

riqueza, si algún día soy millonario" (28).<br />

El humor de Román Gámez refleja los valores esenciales del<br />

zambo: la viveza y la trampa son los elementos inherentes a su humor<br />

y a su manera de concebir las relaciones sociales. En el colegio, por<br />

ejemplo, lo que más temía era el examen oral porque no se podía<br />

plagiar. Obviamente, reconoce que era un flojo como corresponde a<br />

un zambo que se jacta de ser tal, y goce del aprecio y del respeto de<br />

sus compañeros. Lo contrario —de manera simple— es ser el<br />

"chancón", el estudioso y disciplinado, que no corresponde a la<br />

conducta de un representante típico de su condición cultural casi<br />

congénita para ser eximio ejecutor del "vicio" en el aula escolar.<br />

En su proceso de socialización, el zambo es el palomilla; así,<br />

Gámez dice: "Cómo era de palomilla que el primero de media lo<br />

hice en 4 colegios. De todos me botaban por mala conducta.<br />

Cochineaba a los profesores y a los compañeros". En este<br />

proceso de socialización, sin embargo, resalta la lógica de su<br />

conducta: serle útil a los demás —especialmente por su capacidad<br />

y temeridad para romper las reglas establecidas— y sacar<br />

algún provecho de su acción. En el colegio, por ejemplo, había<br />

.<br />

(28) La República, 30.7.82, entrevista por Víctor Robles.<br />

116


un profesor miope y é1 tenía la capacidad de imitar la voz de todos<br />

sus compañeros, de tal manera que podía contestar la lista y dar los<br />

pasos orales por ellos. Esto, por supuesto costaba, y el "Ronco" tenía<br />

su tarifa establecida: 50 centavos por dar paso oral y 20 centavos por<br />

contestar la lista. Nunca lo hacía con cualquier profesor; sólo con el<br />

maestro miope, pues sacaba ventaja de esa limitación física, y de esa<br />

manera también se "recurseaba" unos centavos de los bolsillos de sus<br />

compañeros de clase.<br />

La imagen generalizada que se tiene del zambo en la sociedad<br />

urbana es que está hecho, como lo evidencia Román Gámez, en<br />

cuerpo y alma para la fiesta, el colorido y la alegría. Difícil concebir a<br />

un zambo enfrascado en sus pensamientos o sumido en una<br />

depresión, escarbando alguna idea que no logre plasmar en la<br />

convicción de los sentidos. Quizás, y corriéndonos el riesgo de ser<br />

parciales, Gregorio Martínez propicia la misma imagen que el<br />

"Ronco" Gámez: una de sus fotografías más conocidas (tomada por<br />

Carlos Domínguez) es sentado ante una enorme fuente de comida (de<br />

mar, por supuesto), rodeada de cervezas, con los botones de la camisa<br />

casi abiertos, y una sonrisa que evoca paz interior y fortaleza<br />

comprobadas. Ambos comparten, además, el gusto por contar<br />

historias, por contarlas primero, aunque éste luego las escriba, como<br />

continuación de su ancestro negroide. Así se socializan y transmiten<br />

los cuentos a la comunidad rural. La capacidad de encandilar ha sido<br />

desarrollada por los sectores populares vinculados a las tareas<br />

agrícolas a través del don de las palabras escogidas. Este hecho los<br />

faculta a convertirse en el centro de la atracción, aptos para el espectáculo,<br />

para el show.<br />

A ello podemos agregar otra característica propia de los zambos<br />

que se emparenta y que, probablemente, ha contribuido a delinear el<br />

humor criollo tal como se entiende en la actualidad: su actitud terca<br />

para evitar cualquier tristeza y transformarla, si es necesario, en un<br />

motivo de risa. El "Ronco" no concilia con la tristeza ni con la<br />

tragedia, ¡nada de dramas, nada de telenovelas con el zambo!: las<br />

lágrimas, definitivamente, no forman parte de su repertorio.<br />

El programa más popular del "Ronco", especialmente durante<br />

1983, ha sido el Concurso sencillo de las actrices, donde una<br />

concursante llama por teléfono para proponer el argumento de<br />

.<br />

117


una radionovela de la que luego interpretará el rol protagónico. El<br />

"Ronco". Kiko (su disc-jockey) y, eventualmente un artista visitante<br />

cualquiera, interpretarán los otros papeles. Todo el concurso, que<br />

luego pasó a llamarse "la radionovela", debido al interés de algunos<br />

hombres por participar, consiste en reír sobre las situaciones<br />

tragicómicas planteadas en el argumento. El "Ronco" califica y premia<br />

los argumentos y las interpretaciones con productos básicos que<br />

publicita en su programa: aceite, fideos, detergente, discos, etc. La<br />

ligereza, la picardía, la risa a flor de labios y la salida ingeniosa, antes<br />

que la observación detallada y el afán de indagación, no quiere decir<br />

necesariamente que el zambo sea superficial. Cuesta, es cierto,<br />

aceptarlo como filósofo o matemático en nuestra sociedad, como<br />

puede suceder con otro tipo de cholos no analizados aquí porque no<br />

existen para la televisión: por ejemplo el cholo Tello, "serial" entre sus<br />

huacos, sumido en sus estudios o como poeta, cuyo exponente<br />

máximo sería César Vallejo, melancólico, profundo, fruncido. aunque<br />

su risa —cuando reía— según relatan sus amigos, era como la de<br />

todos, sonora.<br />

La actividad principal del "Ronco" Gámez estuvo, hasta hace muy<br />

poco, en la radio y no en la televisión. En la televisión participó<br />

durante 1983 como actor en el programa Risas y Salsa, y ahora tiene su<br />

propio programa en el nuevo Canal 9: El Súper Show del Ronco. Sin<br />

embargo, desde hace unos años está en Radio Mar de lunes a sábado,<br />

de seis de la mañana a una de la tarde. La personalidad de Román<br />

Gámez y su significado socio-cultural es más obvia en la radio que en<br />

la televisión, don- de acostumbra hacer el papel de presentador-actor<br />

así como de imitador. En la radio, es la voz de los pueblos jóvenes de<br />

Lima. El "Ronco" vive en Chorrillos, donde está ubicada la radio: antes<br />

vivió en San Juan de Miraflores, luego de haber vivido en Cañete,<br />

y trabajó como vendedor de pescado desde que era niño.<br />

Román Gámez representa —por su manera de vestir, de hablar<br />

y de actuar— al ciudadano común de los sectores populares.<br />

Cuando trabaja en la radio lo hace con un blue jean local, en un<br />

ambiente estrecho y austero, que no ahuyente a las personas pobres.<br />

Estas suelen visitarlo constantemente para pedirle favores,<br />

que van desde el simple saludo por el cumpleaños de un pariente<br />

hasta trabajo. El "Ronco" asume este papel que el pueblo le ha<br />

encomendado: ellos dicen que prefieren ir donde él antes que a<br />

cualquier dependencia pública, porque lo sienten más cercano y<br />

.<br />

118


lo identifican como uno de los "suyos". Román Gámez reconoce que<br />

cuando termina sus funciones en la radio y sale a las calles<br />

chorrillanas, es un "pata más", igual al resto. Nada lo diferencia.<br />

Solamente —y cuando está trabajando— es capaz de decir lo que el<br />

pueblo siente. Muchas veces las relaciones con el público las realiza<br />

directamente, cuando van hasta el local; pero en otras oportunidades<br />

utiliza las ondas radiales para comunicarse con ellos. Serio muchas<br />

veces, para cumplir con su trabajo de hacer "comerciales" o de enviar<br />

mensajes de apoyo a la comunidad traídos por dirigentes de<br />

asociaciones de pobladores, monjitas o madres de familia, en<br />

ocasiones filosofa sobre noticias que le cuentan. A pesar de salir al aire<br />

desde las 6 a.m. hasta pasado el mediodía, nunca lee noticias aunque<br />

las piensa: "cuando voy al baño" - , dice sin reír.<br />

Román Gámez tiene una serie de "sobrinos", muchachos pobres,<br />

del barrio, de unos 12 a 14 años, que ven en él al "tío". Esta relación<br />

"familiar" se lleva a cabo a manera de consejos, de advertencias y de<br />

cariños. Uno de sus "sobrinos" —Jesús— trabaja de cobrador en la<br />

línea 14 de Chorrillos. Cuando su "sobrino" deja de visitarlo, el<br />

"Ronco" se comunica con él a través de la radio. Radio Mar se ha<br />

convertido en la estación de los microbuseros, de los pueblos jóvenes y<br />

de las zonas populares de Lima. A sus "sobrinos" les dice que se<br />

cuiden, que no se metan con los bolsillos ajenos. que se porten bien.<br />

Esta actitud de presentarse ante el público de manera espontánea es<br />

compartida por otros animadores. rol paternal o de "tío", debido a las<br />

características de sus programas que tienen un fuerte apoyo en los<br />

regalos, despiertan la imagen de generosidad, de sabiduría ganada en<br />

la calle y en la pobreza, que les per- mite dar el ejemplo y ser un<br />

modelo de conducta popular. Estas actitudes permiten vincular, según<br />

sus criterios, el factor económico y el moral. Ellos dedican buena parte<br />

de su tiempo a hablar sobre su propia condición, libre de toda culpa o<br />

sospecha, pues como persona pública, están obligados especialmente a<br />

portarse así. Ellos deben ser, además, modelo explícito de los valores<br />

tradicionales respecto a la familia: buen padre, buen marido. buen<br />

hijo.<br />

Román Gámez lleva al extremo estas obligaciones. Muchas<br />

veces tiene que hacer el papel del cura en el barrio con jóvenes<br />

que están al borde de la delincuencia o ante la tentación del<br />

alcohol, la droga o la flojera. Desocupados y abandonados de<br />

.<br />

119


toda índole —hasta ex-presidiarios— han llegado hasta la radio para<br />

pedirle trabajo.<br />

Romín Gámez privilegia los valores que se desprenden de la vida<br />

cotidiana. Su simpleza es la simpleza natural de las cosas, y acepta,<br />

sin mayores aspavientos ("ni que fuera un mérito, un sacrificio"), estar<br />

en el pueblo.<br />

Esto último, parece estar condicionado por la estructura social que<br />

exige del cholo una personalidad perseverante, una conducta que<br />

muestra sus ansias de "progresar", de "mejorar". El sentido del tiempo<br />

en el zambo urbano, sobre todo entre adolescentes, transcurre con<br />

displicencia. Sus expectativas no están fuera de su barrio, de su<br />

esquina. El zambo mira al pueblo y se mira a él mismo. En los<br />

programas cómicos, por ejemplo, no se preocupa por concebir o<br />

representar roles de connotación política o conflictivos socialmente;<br />

no es el caso del cholo, que genere conflicto porque no puede ser<br />

aceptado en determinados lugares de los sectores medios o altos, o<br />

cuando están en ellos establece diferenciaciones internas, jerarquías.<br />

3. UNA NUEVA IMAGEN: LOS ZAMBOS MADE IN USA<br />

La imagen idílica y armoniosa del zambo —como ejemplar<br />

netamente popular— parece confirmar plenamente los prejuicios de la<br />

clase alta citadina, que engríe al zambo y tolera, a regañadientes, al<br />

cholo. El blanco prefiere al zambo o al negro porque sabe que ocupan<br />

un lugar establecido en la jerarquía social. Sin embargo, el zambo se<br />

ha "inquietado" al haber descubierto que puede imitar a los zambos<br />

norteamericanos tomando como modelos a aquellos que la televisión<br />

y el cine trae a estos lares, e incluso a los latinos en las grandes<br />

ciudades norteamericanas, como son los panameños, los<br />

puertorriqueños y los cubanos, y asumir, de ese modo, una mayor<br />

modernidad en su conducta y una mayor aceptación en la sociedad<br />

local. La introducción de la "salsa", además, como género musical<br />

urbano de hoy, contribuye a esta asimilación de lo cosmopolita: Oscar<br />

D'León o Willie Colón podrían ser, a juzgar por su éxito, los<br />

representantes latinoamericanos que han logrado conjugar esta<br />

simbiosis que acá intentan realizar.<br />

El fenómeno musical de la década del ochenta, Michael<br />

Jackson, un negro norteamericano que a través de múltiples<br />

120


operaciones estéticas ha logrado "blanquear" sus facciones, es<br />

emulado por los jóvenes de Lima. Hay incluso "dobles" que, ayudados<br />

por la vestimenta, aumentan su parecido. La televisión no es ajena a<br />

este fenómeno y añade a los especiales musicales de este cantantebailarín<br />

en su programación, especiales y concursos en otros<br />

programas nacionales, como los de Belmont y Ferrando, ambos<br />

transmitidos el día sábado. A diferencia de otro impacto musical,<br />

como fue John Travolta, los concursantes en esta oportunidad, son<br />

cholos o zambos; los jóvenes blancos no están excluidos, pero no<br />

participan. La identidad con el cantante está fuertemente<br />

condicionada por el color, y los zambos locales se apropian de este<br />

modelo delimitando su nueva conducta modernizante.<br />

En las ciudades peruanas, el zambo tiene dificultades para ascender<br />

socialmente e integrarse al aparato burocrático institucional, porque a<br />

diferencia del cholo siente con mayor rigor el peso de los prejuicios<br />

raciales cuando intenta ascender socialmente. La imagen de los negros<br />

norteamericanos y de su versión latina en sus grandes ciudades,<br />

posibilita, en principio, una modificación en sus expectativas y<br />

conducta: la agresividad y la creación de una red laboral propia<br />

fortalece últimamente al negro estadounidense e, incluso, a los latinos<br />

en sus urbes.<br />

El reciente programa de Román Gámez, El Super Show del Ronco,<br />

muestra en parte estos sustanciales cambios en la cultura del zambo en<br />

nuestro país y en la evolución de su conducta caracterizada<br />

últimamente por una creciente asimilación de un modelo<br />

transnacional. Este show evoca, lingüísticamente, a los super shows<br />

norteamericanos, a los espectáculos en el Cesar's Palace, a los shows de<br />

los actores-comediantes-cantantes norteamericanos: Bob Hope, Frank<br />

Sinatra, Dean Martin, pero sobre todo a... Samy Davis Jr., ese<br />

zambito-negrito norteamericano casado una vez con sueca, de pésima<br />

dentadura, bizco, bajo, eximio bailarín, de atuendos llamativos,<br />

plagado de sortijas...<br />

De aquel zambo parlanchín, que es esencialmente Román Gámez, ha<br />

pasado a ser el animador de un programa de televisión, su figura estelar,<br />

un maestro de ceremonias de tipo popular. Para llevar a cabo este<br />

propósito toma como modelo dos vertientes: una local, interpretada por<br />

Augusto Ferrando, hablador por excelencia, cuyo público siempre pobre<br />

es igual al del "Ronco" y el ambiente musical que propaga la televisión<br />

.<br />

121


del espectáculo norteamericano. Al inicio del programa, el "Ronco"<br />

hace su ingreso —con una tonada típica- intentando una carrerita y<br />

moviendo su sombrero a la manera de saludo en una parada yanqui:<br />

tiene dos acompañantes mujeres —guapas y modernas—, viste<br />

pantalón blanco, a veces saco a cuadros —como una reminiscencia<br />

del Tío Johnny—, a la manera de una nueva versión del zambo local.<br />

La conducta del "Ronco", sin embargo, en su reciente programa,<br />

no equivale del todo a este tipo de zambo cosmopolita, cuyo atuendo<br />

estrambótico es, a su manera, una forma visual de la agresión, de<br />

identidad modernizante, de imposición al resto, en sociedades que lo<br />

marginan y humillan.. La imagen que la cinematografía<br />

norteamericana nos trae de los negros, zambos y latinos, en sus<br />

principales ciudades, está siempre vinculada a negocios ilícitos o<br />

clandestinos en los barrios bajos. No se trata exclusivamente de los<br />

ghettos negroides del Harlem en Nueva York o de Watts en Los<br />

Ángeles, sino, sobre todo, del Bronxs neoyorquino, lugar en el que<br />

hay tanto de negro como de zambo y latino. El sombrero llamativo, el<br />

arete. el collar, la camisa chillona, paseándose con una inmensa radio<br />

portátil en plena avenida de los rascacielos, es imitada acá a través de<br />

los mejores exponentes del éxito social: los futbolistas, los cantantes y<br />

las estrellas de la televisión. Sin descartar la "percha" inherente de los<br />

negros, los nuevos zambos limeños optan por una vestimenta que los<br />

asemeje a sus similares norteamericanos, corno expresión tal vez de<br />

una nueva conducta en la sociedad.<br />

La relación entre los zambos peruanos y los norteamericanos<br />

también se da en la realidad; para muchos zambos, Estados Unidos<br />

—en especial Nueva York— es un marco de referencia, don- de no<br />

habita solamente lo gringo tradicional, blanco, sajón, protestante,<br />

sino también lo latino, lo cutato. La Sonora Matancera, Celia Cruz,<br />

la charanga en Nueva York, los variados Combos Latinos, las salsas<br />

"Pedro Navaja" y "Plástico" forman parte del imaginario del zambo<br />

sudamericano que añade al color de su piel el color de su cultura y el<br />

de la metrópoli norteamericana. "Melcochita" —famoso zambo—<br />

cómico de la Peña Ferrando, cuando estuvo de gira por Estados<br />

Unidos, se fugó de la compañía con otros artistas para trabajar allá:<br />

la posibilidad de mejorar su situación económica estaba garantizada<br />

por el mercado de latinos que existe. No sólo de ese modo, la clase<br />

alta peruana toma como marco de referencia a los Estados Unidos.<br />

122


sino que los emergentes sectores medios y populares también lo<br />

hacen, pero con otros indicadores en su identificación cultural.<br />

Estas modificaciones en el estereotipo que proyecta el zambo<br />

actualmente en Lima, tiene un evidente carácter juvenil, que como<br />

veremos a continuación, reproduce Adolfo Chuiman en la imagen del<br />

blanco popular urbano. No es difícil advertir en este show, por parte<br />

del "Ronco", el intento de recuperar una cierta "blanqueada" cultural.<br />

institucionalizándose y ascendiendo socialmente, para acceder a otros<br />

estratos ocupacionales y de con- sumo en la ciudad. Así, modifica la<br />

idea que en la sociedad existe, por parte de otros segmentos sociales,<br />

de que el zambo se resigna o le encanta mantenerse en su ubicación<br />

tradicionalmente popular, al margen de una movilidad o cambio en<br />

sus valores. Para llevar a cabo este propósito, el "Ronco" rehúye la<br />

imagen juvenil y agresiva que proyecta Chuiman, por ejemplo, y que<br />

anteriormente proyectaba el personaje "Roncayulo", para diferenciarse<br />

del zambo "bueno, chistoso, gracioso" que había en los<br />

primeros programas cómicos de la televisión.<br />

Román Gámez es en la actualidad, también ,por ejemplo, un<br />

zambo capaz de hacer publicidad en la televisión y que en su show,<br />

muy naturalmente dice, a la manera de "un comercial y regreso" de<br />

Augusto Ferrando, "ya regreso; voy a hacer una llamadita por<br />

teléfono a Miami y regreso". No resulta difícil, por lo tanto, bosquejar<br />

la imagen de un nuevo zambo. Así como existe un cholo<br />

"encorbatado" propio de los sectores medios y otro "achorado" de<br />

raigambre, situación y conflicto popular, también el "Ronco" proyecta<br />

últimamente la imagen del zambo que ingresa a otros estratos sociales<br />

para turbar el sueño de los sectores altos. Esta nueva imagen no es la<br />

del zambo agresivo y delincuentoso que alimenta más bien la imagen<br />

norteamericana, sino la del zambo-show-bueno, siempre bajo la influencia<br />

del mismo modelo, made in USA.<br />

123


124


CAPITULO V<br />

¿QUIÉN SOY YO ¡PAPA CHUIMAN!<br />

125


126


1. REY DE BACANES<br />

El criollo no puede quedarse en esta vida que pasa así de rápido, y<br />

menos en Lima: "ponte mosca hermano, no te quedes, despierto, vivo,<br />

ligerito, ponte ágil. ponte en onda". La ciudad constituye para la<br />

juventud actual un vértigo en el cual: el que pestañea, pierde. Esta<br />

sentencia implacable tiene en los barrios populares —y populosos—<br />

de Lima, la característica de una verdad a toda prueba. Los días se<br />

suceden unos a otros en la incertidumbre, y las decisiones se deben<br />

tomar rápidamente hoy mismo.<br />

Esta rapidez citadina es relativamente nueva en Lima, que hace<br />

unos 40 años se caracterizaba por la molicie y la siesta. Hoy, la misma<br />

apariencia de la ciudad es la del caos y el movimiento, y la conducta<br />

debe ser diestra y ejecutiva. sea cual sea la acción o la meta a lograr,<br />

sobre todo para los jóvenes de los barrios populares ( 29).<br />

En esta vorágine desordenada y plena de acontecimientos<br />

simultáneos, sobre todo si se trata de una ciudad corno Lima,<br />

carente de servicios en los barrios populares y barriadas, se estimula<br />

la acción personal como una contraseña de la sobrevivencia.<br />

Y éste es el contexto propicio para que aparezca Adol-<br />

.<br />

(29) Con respecto a la evolución de la población véase VERGARA, Ricardo, op.<br />

cit., DESCO, 1982.<br />

127


fo Chuiman en el programa Risas y Salsa con su famoso "compadre, yo<br />

mismo soy. ¿Quién soy yo ¡Papá!"; es decir, el criollo bacán, en una<br />

versión moderna y juvenil.<br />

Entre todas las acepciones del término criollo, la del bacán es una<br />

que está enraizada como lugar común y se expresa especialmente en<br />

los jóvenes. La versión del criollo bacán supone un grado de<br />

agresividad y confianza en sí mismo excepcionales. Bacán<br />

corresponde —en sus variadas acepciones— a un tipo al que no le<br />

pueden hacer nada que lo veje o lo humille, que en todas las<br />

circunstancias sabrá salir adelante, siendo él quien pone las reglas del<br />

juego. El bacán, el trome, es el líder de la pandilla, de la esquina; es la<br />

voz cantante en las cantinas, el seductor de las muchachas, el<br />

peleador.<br />

El bacán urbano hereda del criollo lo esencial de la ortodoxa<br />

destreza de éste, su imagen está indudablemente coloreada con aire<br />

local: no tiene por qué ser un conocedor de las letras completas dé los<br />

valses, aunque los tararee todos y frecuente las Peñas Criollas del<br />

Rímac o los Barrios Altos; un bailarín heterodoxo de marinera, un<br />

bohemio acompañado ocasionalmente de guitarra y cajón; gracioso<br />

con los giros, poblando su léxico de ocurrencias.<br />

El criollo bacán no es una versión del nacionalista cultural, ni ha<br />

reelaborado su mensaje al interior de un ghetto negroide o andino.<br />

Tiende al cosmopolitismo desde su barrio (incluso desde su esquina),<br />

pero retorna del criollo la convicción de que es el mejor o que debe<br />

serlo: "el que la lleva".<br />

Por lo general, el criollo bacán es bueno para la "trafa" (engaño) ya<br />

sea en el trabajo o en su barrio (proximidad al robo ligero y a la<br />

estafa); es bueno para el licor (bebe pero no se emborracha<br />

estrepitosamente, no hace "papelones"); bueno para las mujeres (las<br />

seduce con convicción y machismo, sin avergonzarse de ser machista:<br />

las engaña o las burla y si es casado tiene su vida "por la libre"); es<br />

bueno para el liderazgo con los amigos (propone, hace y deshace);<br />

bueno para la gresca (usa los pies y la cabeza para golpear).<br />

Corno todos los demás representantes populares, el criollo bacán<br />

que aparece en la televisión tiene que ser una persona que<br />

añada al consenso externo un rasgo físico particular. Cholo no<br />

.<br />

128


puede ser (al menos que sea costeño y sin ápice de indio), porque este<br />

término tiene mucho de insulto reivindicado; negro tampoco, porque<br />

su marginalidad y singularidad lo convertiría sólo en bacán en sitios<br />

muy específicos; igual ocurre con el chino o el japonés, zambo quizás,<br />

pero éste permanecerá siempre en un segundo plano. Sólo queda para<br />

encarnar al criollo bacán el blanco popular; es decir aquella persona<br />

que siendo blanca no tiene dinero, pero tiene la confianza en sí<br />

misma, la certeza de gustar a las mujeres del barrio popular y la<br />

necesidad de demostrarle a sus amigos que no es un cobarde ("el<br />

gringo se hace la pichi") o un ingenuo. Nadie mejor que el tipo de<br />

Adolfo Chuiman para representar este papel en la televisión, y desde<br />

aquí se explica su gran éxito.<br />

EL AS BAJO LA PIEL<br />

El criollo juvenil de los barrios populares limeños está representado<br />

por este actor de tipo racial blanco, nacido en Breña, que tiene, como<br />

él mismo afirma, "mucha calle". La ciudad exige un roce con la vida,<br />

pero en la calle (maestra vida de todos los aprendizajes<br />

verdaderamente profundos), cuyo lenguaje se va reelaborando<br />

constantemente y donde ocurren todas las peripecias: los amigos, las<br />

mujeres, las palomilladas, e incluso el roce con los delincuentosos,<br />

con los avezados que habitan los corralones del costado, a dos cuadras<br />

del edificio, a la vuelta de la esquina, en el barrio de los negros —el<br />

"Congo" lo llaman— don- de hay chaveta, hay mitra, hay que pegar<br />

duro. El que se queda en su casa, en su ca-si-ta, se queda con su<br />

mamá, con su mamita. "¿Quién soy yo ¡Papá!, ¿con quién estás Con<br />

Papá. ¡ ¡ ¿Entonces! !:' El papá está en la calle, con los hombres, entre<br />

hombres, para buscar a las hembritas. Adolfo Chuiman declara que a<br />

él le gusta hacer personajes populares, como el microbusero por<br />

ejemplo; pero el que lo hizo más famoso, el que lo hizo famoso a<br />

secas, fue Papá, el trome, el firme, yo mismo soy.<br />

Es interesante constatar el grado de identificación que Adolfo<br />

Chuiman logró despertar en la teleaudiencia a través de la creación de un<br />

personaje netamente urbano, de origen social medio, de un barrio tan<br />

limeño corno Breña, distante del mundo de las barriadas, de los migrantes<br />

y de los provincianos. En cierta medida, Chuiman puede ser entendido<br />

como la respuesta a Tulio Loza, que representa al cholo proveniente de la<br />

sierra afincado en la capital, mientras que él encuentra en el li-<br />

129


meño una posibilidad de representarlo a través de aquellos barrios<br />

populares que no tienen la connotación de la barriada. Para muchos,<br />

para muchísimas personas, la barriada equivale a indiada. En cambio<br />

los tugurios, los corralones, los callejones de Barrios Altos, del Callao<br />

o de Surquillo, son netamente limeños. Pero, además, existen los<br />

edificios, los edificios escasamente mantenidos de hace unos 30 ó 35<br />

años en los cuales habitan los sectores medios y bajos, profesionales y<br />

empleados públicos, como son los de Lince, Rímac, Surquillo y en el<br />

centro de la ciudad. De ese mundo surge Chuiman y encarna especialmente<br />

a esa juventud, a través de una conducta que revive los<br />

espíritus propios del limeño, entendido como el propietario original de<br />

la ciudad, el auténtico, que en cierta medida se ha visto desplazado<br />

por el provinciano (recordemos el porcentaje de provincianos que vive<br />

en Lima), que teniendo en el cholo a su representante puede significar<br />

una amenaza a quien se sabe dueño del lugar, mazamorrero, pobre<br />

pero legítimo.<br />

La presencia de "Papá" Chuiman en el programa Risas y Salsa<br />

desencadenó, de esa manera, un espíritu fogoso, que tiene sus<br />

ancestros bien definidos en lo urbano; el más antiguo toque de la<br />

ciudad actual expresado a través de los nuevos jóvenes que se saben<br />

distintos al cholo, que oyeron toda su vida que debían distinguirse de<br />

él. Esa muchachada se encontrará hoy parada cualquier atardecer en<br />

las esquinas de una bodega, tomando, fumando, soñando, rumiando,<br />

odiando y amando, como los mismos dioses de la Unidad Vecinal. En<br />

el caso de Chuiman, el ámbito de lo político no existe; se trata, más<br />

bien, de una exposición costumbrista que tiene tradición en el teatro<br />

de revista de los primeros años de este siglo y que para algunos es<br />

heredera —aborto, insistirán otros— de la misma.<br />

"Papá" aparece siempre acompañado de "Machucao" (el tímido de<br />

la película) que lo sigue en todo, que lo ve hacer sus palomilladas, que<br />

lo observa impotente, que le teme pero finalmente lo admira. En todo<br />

barrio popular urbano existe el "Papa" y el "Machucao"; algo así<br />

como el bueno y el malo, el "trome" y el "monse". Y el gran éxito de<br />

"Papá" Chuiman es la travesura, que para muchos linda en lo inmoral,<br />

en lo incorrecto. En realidad, se opone a la imagen que Tulio Loza<br />

elaboró del provinciano, inicialmente, a través de "Nemesio<br />

Chupaca": tímido, sin ser zonzo, ingenuo, sin ser bruto, bueno sin ser<br />

el "punto".<br />

130


En Chuiman ocurre todo lo contrario: él parece decirle a todos los<br />

provincianos que quien la lleva en Lima, definitivamente. es el limeño<br />

de los barrios de adentro, de los barrios populares y populosos, donde<br />

los pitucos tienen miedo de entrar, donde hay sombra, hay fresco, hay<br />

maña, hay alguien siempre parado en la esquina para que vea; cuidado,<br />

a esa zona no entra cualquiera. Zonas de cantinas, de billares, de droga,<br />

de hembritas, de tono, donde moran los valientes y mueren los que no<br />

lo son. Esas zonas están intercaladas con las de los sectores medios —<br />

cuyos rasgos físicos son cholos o blancos-- y cuyos adultos llevan una<br />

vida cronometrada por el sistema. Barrios donde también se juega<br />

pelota, en pampones o en calles estrechas de Unidades Vecinales, de<br />

conversación en las escaleras, de reglas y rutinas. Chuiman es, en ese<br />

sentido, el blanco de extracción media. baja, que convive, por su<br />

proximidad, con los sectores populares —zambos, "criollos",<br />

"ponjas"— pero que no les teme; los conoce, les dice chau, qué tal, los<br />

maneja porque los ampaya.<br />

No está demás aclarar que la mayoría de los cómicos censura esta<br />

conducta, aunque la reconozcan como real. "Eso no se debe hacer en<br />

televisión, es una falta de respeto. No hay que ser moralista, pero sí hay<br />

que tener moral".<br />

2. EL BLANQUIÑOSO Y EL BLANCON<br />

El blanquiñoso es en realidad el blanco, una especie de desteñido,<br />

ajeno por completo al mundo popular. Sin embargo, el blanquiñoso no<br />

vive en los barrios populares, llega a él de cacería, se levanta a la zamba<br />

más guapa y luego la deja como el vals que cantaba el "carreta" Jorge<br />

Pérez: "el blanquiñoso que la tenía la abandonó, y dicen que está la<br />

negra sufrida para el castigo, que ella está de cualquier cosa y su hijito<br />

de mendigo".<br />

El blanquiñoso entra y sale de los barrios populares, nunca se queda.<br />

Entra y pica. Trae siempre sospecha y malicia en la población. ¡Qué<br />

querrá! (" ¡Qué quedrá, el gringo!; probablemente levantarse a una<br />

hembrita, sacarle algo y dejarla después"). El blanquiñoso llega y no<br />

busca bronca, saluda a los zambos que le silban "hojita 'de té" pero que<br />

se resignan a verlo pasar hasta la casa de donde sale satisfecho de<br />

zumbarse a la zamba.<br />

En el país, el blanquiñoso es entendido como el representante<br />

de aquella minoría étnica que ostenta el poder político y eco-<br />

.<br />

131


nómico, la oligarquía que tanto detesta Tulio Loza, la clase dirigente<br />

que históricamente tiene sus antecedentes más remotos en los<br />

conquistadores españoles y, posteriormente, en las corrientes<br />

migratorias europeas.<br />

Sin duda, el ánimo del blanquiñoso corresponde al del conquistador:<br />

avasallar, hacer suyo lo que es de otro, teniéndose la<br />

confianza cultural de que es superior. De acuerdo a la lógica del<br />

conquistador, como señala Manuel Burga, los españoles se repartieron<br />

el oro, después los hombres (encomiendas) y finalmente la tierra.<br />

Atahualpa, al igual que Moctezuma —continúa Burga—, dudó si eran<br />

hombres o dioses los que habían desembarcado en las costas de<br />

Tumbes. Pero muy pronto la masacre de Cajamarca, el saqueo de<br />

Pachacamac y la marcha violenta y devastadora sobre el Cusco<br />

mostraron a los linajes cusqueños la fragilidad de su imperio y los<br />

reales objetivos de los barbados "wiracochas". La conquista comenzó<br />

a adquirir, así, una dimensión de violencia pura y simple (30).<br />

Esta violencia no fue sólo económica y política, sino también<br />

cultural y sexual: el blanco irrumpió en todas las esferas, destrozó y<br />

asentó sus reales en estas comarcas. No es por eso raro que el blanco<br />

entienda su conducta con las mujeres populares —cholas, negras o<br />

zambitas— como lo recoge el vals de Jorge Pérez. Y esto . representa<br />

un trauma en los sectores populares que, históricamente, asumen la<br />

metáfora de la "gran violación histórica", los que carecen de<br />

paternidad, revelado en la actualidad por la versión de la "maroca", de<br />

la "pampita", de la "perrita".<br />

Los sectores populares han recreado la idea, como un mecanismo<br />

compensatorio, de que ellos, en cualquier momento, le hacen una<br />

jugada al blanco, le dan vuelta. Pero esto no deja de ser un mecanismo<br />

de defensa, porque el propio Román Gámez comparte esta idea, pero<br />

añade: lo más probable es que esos jóvenes (los blanquiñosos) sean los<br />

gerentes (de las empresas, la radio donde trabaja incluida) del<br />

mañana. Es decir, que los blancos se g uirán ejerciendo el control de la<br />

situación.<br />

(30) BURGA, Manuel… Nueva historia general del Perú, Mosca Azul Editores<br />

Lima, 1979<br />

132


Asimismo, la mujer blanca es vista por los sectores populares como<br />

un manjar que nunca habrán de comer, a menos que sea una de esas<br />

gringas locas que quieren aprender las costumbres locales, o viajando<br />

a Europa o a EE.UU. El blanquiñoso no es siempre el gringo: puede<br />

ser rubio. pero es de acá, el que cholea a la chola en su casa, el que<br />

tiene obreros o empleados, el muchachón de tabla hawaiana que hace<br />

su incursión por los barrios de Adolfo Chuiman para ver a quién se<br />

levanta... Pero el blanquiñoso es visto siempre por el pueblo como un<br />

mecanismo de compensación, como quien sólo goza de su señora,<br />

¡bien pavazo!, que probablemente hace mal el amor "y ella debería<br />

aprender a hacerlo con nosotros, que sí que sabemos, de eso que no<br />

quepa la menor duda".<br />

El blanquiñoso es también el que no sabe hacer otra cosa que<br />

trabajar; claro, tiene plata, pero no sabe nada del mundo, de las cosas<br />

de verdad. "Nosotros, en cambio, pa' qué vamos a comer bisté, si con<br />

frejoles estamos contentos". Entre la realidad y el deseo, entre lo que<br />

se siente y se piensa, los sectores populares urbanos elaboran una<br />

imagen del blanquiñoso: "el que vive bien, tiene comodidades, el que<br />

hace lo que no hacemos, pero a qué dudar, nosotros lo hacemos<br />

mejor": más chéveres con las mujeres, más cabeza para el trago, más<br />

astucia para los dados, más apetito para la comida, más bacilón para<br />

el tono, aunque no tengamos plata...".<br />

El "blancón", de otro lado, es el cholo que no actúa culturalmente<br />

como cholo sino como blanco, que vive con pobreza de barrio<br />

popular, con trabajo decente, corbata, familia, con pretensiones. El o<br />

ella es medio blanco o media blancona. Tira para blanca. Le sale lo<br />

blanco. Y le sale por la piel como por la manera de caminar y de<br />

hablar. Le sale, en realidad, por todos lados. El blancón tiene<br />

vocación de blanco. Se ha blanqueado, ha dejado de ser como era, es<br />

aspirante a cambiar de barrio, de amistades, de tentar otros trabajos.<br />

En los barrios populares como el Rímac, Surquillo o El Callao,<br />

los blancos jóvenes tienen la posibilidad de alternar con<br />

todos los tipos raciales de los sectores populares y pretender<br />

ser más que ellos. El blancón tiene siempre una ventaja que<br />

debe capitalizar. Si se trata de la mujer, lo más probable es que<br />

ponga los ojos afuera o en un blancón de su barrio, de pelo negro<br />

y hasta de ojos verdes. Lo más probable es que no invite a<br />

su casa a los otros, que no los invite a su fiesta de los 15 años o<br />

.<br />

133


a su matrimonio. Allí sólo irán los blancones y el resto la considerará<br />

una pituqueada, una que quiere casarse con un cholo costeño<br />

(universitario, militar o empleado bancario). La blancona también<br />

tiene ventajas que debe capitalizar, aunque en su caso debe<br />

administrarlas con mucha cautela. pues la tentación de caer con un<br />

blanquiñoso puede resultar mortal: para él, para un blanquiñoso, hay<br />

diferencias de color: ella no es más que una blancona. una mujer para<br />

levantarla en su auto, quererla, y después dejarla. En este abismo que<br />

las posibilidades le abren, ella suele escoger a personas de su barrio:<br />

existe por supuesto en la realidad y en la literatura. el caso de la<br />

blancona que intentó cazar al blanquiñoso y terminó siendo la hembra<br />

más apetecida por los otros, los "tutifrutis" del barrio: es decir, por la<br />

mancha. que ahora en su desgracia, pueden pretenderla (31).<br />

En el caso del hombre la situación tiende a ser menos confusa que<br />

para la mujer. El blancón tiende a ser el líder, pues todas las mujeres<br />

del barrio lo prefieren a él, y mientras más cosas haga con ellas mejor:<br />

si la seduce. si la hace abortar, tendrá más prestigio. Generalmente el<br />

blancón de los barrios populares comparte todas sus experiencias<br />

juveniles con el resto del barrio. Está con ellos en las cantinas, en los<br />

billares, en los prostíbulos, en el estadio, en el hipódromo, pero es el<br />

único que la blancona pituqueada del barrio invita a su casa..., y va...<br />

En ese momento deja a sus amigos. Amigos de farra, pero no de<br />

salitas. Amigos de juerga, pero no con las damitas. Esto motiva que el<br />

resto del barrio, los cholos, los zambos, lo tengan como de los suyos,<br />

pero no puedan seguirlo a todos los sitios.<br />

En este contexto, brevemente esbozado, la figura de "Papá" Chuiman<br />

cobra su verdadera dimensión: es la voz que habla por todos aquellos<br />

jóvenes de los barrios populosos de Lima que son, o se creen sobre todas<br />

las cosas, unos bacanes con las mujeres, con los amigos, y con el<br />

prójimo. El blanco de la ciudad, pero no el blanquiñoso, sino el blancón<br />

típico, el cholo o acholado que tira para blanco. A la blancona, a la<br />

pretenciosa, a la "pituqueada", que ni mira, que ni habla, ansiosa de<br />

subirse al carro del blanquiñoso, a esa, Chuiman, "Papá", como si nada se<br />

(31) Para mayores y mejores referencias Cfr. BARRIL, Maruja... "Pitucas y marocas en<br />

la narrativa peruana" en Hueso Húmero, No. 9, Lima, Mosca Azul, Abril de 1981.<br />

134


la lleva donde quiere: y no para casarse, porque "Papá"... "Papá" sabe<br />

lo que hace.<br />

3. ADOLFO CHU1MAN ENTRE LA CALLE Y LA CASA<br />

Adolfo Chuiman responde a un periodista Cuántos hijos tiene de la<br />

siguiente forma: "dos con mi esposa y tres con mi amante". Claro, no<br />

es verdad, es un chiste, sólo tiene dos con su esposa. Pocha: Giancarlo<br />

y Carla, de 4 y 8 años. nosotros lo confirmamos. "Ahí nomás, yo<br />

quiero tener más pero ella no quiere. Ella es la que se lo pierde". Pero,<br />

cómo perderse la oportunidad de hacer el chiste de la amante (a pesar<br />

de que en otro momento de la entrevista se autodefine como en el<br />

fondo muy "hogareño"), si ese es el valor del criollismo respecto a la<br />

mujer, el sexo fuera y dentro del matrimonio: y eso, por supuesto,<br />

además de hacerlo hay que propagarlo. Está de más decir que su<br />

mujer no puede repetir la misma broma. En su casa, es normal:<br />

imaginar a "Papá" Chuiman monógamo y hogareño debe ser toda una<br />

frustración entre los jóvenes "chéveres" del barrio de Breña.<br />

Para el criollo, y especialmente para el criollo bacán, es muy difícil<br />

creer que la felicidad pueda darse con su esposa y en su hogar.<br />

Aceptarlo significa no tener prestigio entre el grupo de amigos que lo<br />

llamarán "pisado", "saco largo". Esas son, además, parte de las<br />

bromas que hace Chuiman en la televisión: la "sacada de vuelta" a su<br />

mujer o el engaño, llano y simple, a la mujer. La esposa y el hogar, no<br />

pueden ser el lugar ideal para el criollo. Ya lo dijimos: Chuiman tiene<br />

mucha calle, allí sí, en la esquina, en el billar, en la cantina, en la<br />

vereda, el criollo encuentra su ambiente para las frases y las poses.<br />

La vida normal, rutinaria (con su mujer e hijos, junto al aparato de<br />

televisión), es la anti-vida del criollo bacán. El héroe de la televisión,<br />

el de las grandes criolladas, junto a su inseparable "Machucao", "se<br />

debe" a todas las mujeres que osen cruzarse con él. Adolfo Chuiman,<br />

como buen criollo pícaro, pues, se divierte y bromea, mientras trata de<br />

disminuir a su mujer, ratificando su condición de ama de casa que "no<br />

se divierte nada, al contrario, el único día que está riéndose es cuando<br />

llego con el sobre (del dinero), pero después...". Y se detiene:<br />

corrigiéndose mientras ríe: "No, es una broma. Soy un buen esposo,<br />

pienso que parte del éxito se lo debo a ella también".<br />

135


En el fondo, uno no sabe con certeza si Chuiman es un monógamo<br />

hogareño, que respeta a su mujer por su inteligencia y su lealtad, más<br />

allá del sueldo, o un mujeriego empedernido, lleno de amantes y<br />

aventuras, si no de hijos por todos lados. Pero lo cierto es que —<br />

aunque no lo sea— debe proyectar esa imagen, que es la de su<br />

personaje, un seductor de chiquillas, que es lo que otorga prestigio<br />

social. La casa, la mujer, los hijos, no es el ambiente digno para hacer<br />

criolladas bacanes, es un poco como son el comunismo o la Iglesia.<br />

¿Podemos, acaso, imaginarnos a un criollo con todas sus letras bien<br />

puestas, haciendo de las suyas en la atmósfera familiar, que sale de su<br />

casa al trabajo y del trabajo regresa a su casa ¿Podemos imaginarnos<br />

un criollo, militante del Partido Comunista, zalamero, gracioso,<br />

divertido... ¿A un criollo rezando o comulgando, sin estar enfermo y<br />

con dinero suficiente... La imposición de la imagen del personaje<br />

ratifica la imagen social del criollo y condiciona la que tendrá que<br />

asumir mientras pueda el actor. Adolfo Chuiman puede declarar que<br />

es casero —medio en broma, medio en serio— pero debe también<br />

insinuar que tiene sus "amantes" —medio en serio y medio en<br />

broma— como corresponde a todo bacán, a todo buen criollo.<br />

Consecuentemente, el criollo bacán representado por Adolfo<br />

Chuiman, al igual que sus personajes socios y colegas de los programas<br />

cómicos, tampoco se interesa por la política. La política queda<br />

como patrimonio del blanquiñoso y de la alta burguesía, la esfera<br />

financiera o de los salones, lugares ignotos en estos tipos de<br />

programas. El criollo bacán, Chuiman, no incursiona en política, a<br />

través de contenidos o sugerencias. El programa Risas y Salsa, hecho<br />

principalmente por zambos y blancones, no lo hace en general,<br />

privilegiando las situaciones costumbristas, de parodia y a lo más de<br />

crítica burlona. El mundo es el barrio. La historia es la escapada del<br />

hogar, la cerveza con los amigos, la travesura, la estafa, cuando no el<br />

robo. La crítica tiene como límite el humor ácido al interior del<br />

mundo burocrático ante las altas esferas del poder, siempre etéreas y<br />

nunca presentes.<br />

4. RULITO PINASCO: EL AGRINGADO MR. JOHNNY<br />

El gringo tiene también su imagen en el Perú. Su imagen y<br />

su lugar. El gringo es en principio "otra cosa"; no pertenece<br />

136


al lugar, aunque se haya apropiado de las tierras, las casas y las cosas<br />

que nos rodean.<br />

Pero, como en todo en la vida, el gringo produce también sus<br />

excepciones. Hay así gringos de la sierra y gringos que viven en<br />

barriada. Gringos que no son Henrys, Jennys o Willis, es decir, por<br />

puro afán de imitación de sus padres: sino que se apellidan Gibbons,<br />

Williams o Cockburn, haciendo sangre en la conjunción de razas y<br />

culturas que forman esta patria. El gringo ofrece una infinita gama de<br />

identificaciones visuales. Un gringo es también un costeño blanco y de<br />

ojos azules, en la medida en que recuerda al conquistador español,<br />

inglés o norteamericano. Pero hasta la concreción de la imagen de este<br />

último, se abre un abanico que muestra un conjunto parcialmente<br />

superpuesto de imágenes que ofrecen un juego social muy significativo<br />

y usualmente implícito o latente en las acciones sociales y la<br />

perceptividad de los pobladores urbanos, especialmente. "Todos, de<br />

una manera u otra —nos dice un actor metido a cómico— jugamos<br />

con los símbolos que nos identifican o nos separan de la idea,<br />

posibilidad, pecado o suprema aspiración, de ser gringo privilegiado<br />

en esta tierra de indios, cholos y derivados".<br />

En esta gama de posibilidades hay, por supuesto, varios clichés<br />

visuales o estereotipos que facilitan enormemente la manera de tratar<br />

la imagen, un tanto oscura o difusa, pero perenne y definitoria del<br />

gringo. Uno de estos estereotipos es el que ofrece la imagen del gringo<br />

inofensivo, torpe pero de buen humor, tonto pero con dinero en el<br />

bolsillo, soportable e interesante en función del período más o menos<br />

previsto de su presencia: el turista.<br />

El gringo turista ha sido recientemente en la televisión uno de los<br />

intentos más significativos por lograr una imagen que aspira a tener<br />

un lugar fijo en la osamenta cultural del país. Por una serie de<br />

circunstancias que vale la pena analizar, este gringo turista no tuvo<br />

éxito en la televisión peruana, a pesar de que hubo mucho dinero por<br />

hacer de él una necesidad colectiva en el inundo de las pantallas de la<br />

televisión. Pero rastreemos un poco esta historia.<br />

Después de una larga trayectoria por las pantallas, Luis Ángel<br />

"Rulito" Pinasco, incorporó en los últimos años a sus numero-<br />

.<br />

137


sos trabajos en la televisión, una nueva faceta: la del cómico, junto a<br />

su esposa Sonia Oquendo, conocida modelo y narradora de noticias.<br />

Rulito Pinasco era conocido, esencialmente. como maestro de<br />

ceremonias, y había recibido su espaldarazo en la televisión<br />

presentando a María Félix, allá por la década del 60, cuando, siendo<br />

todavía un jovencito --con su famoso rulito en la frente— reemplazó al<br />

animador titular, aquél que tuvo que renunciar porque María Félix le<br />

negó un beso en la mejilla, en el antiguo Canal 2. Luego, durante dos<br />

décadas, fue el hombre orquesta del Canal 4, alternando su función de<br />

maestro de ceremonias con las de locutor y comentarista deportivo.<br />

Su faceta de cómico era desconocida por la teleaudiencia hasta que se<br />

animó a realizar un show en el café teatro —junto a Sonia Oquendo—<br />

y demostró su talento histriónico.<br />

En el Show de Rulito y Sonia, creó un personaje que ya tenía vida en<br />

el café teatro y en la prensa escrita: "Mr. Johnny", un típico turista<br />

gringo con su bermuda a cuadros, su camisa tropical, su cámara<br />

fotográfica al cuello y su gorrito pretencioso. Este personaje repetía<br />

una frase que lo hacía conocido: hi, every-body, un equivalente al "qué<br />

tal" del "Ronco" Gámez o a "mis queridos lorchos del Perú y<br />

Balnearios" de Tulio Loza que, dicha en inglés, tenía otra connotación<br />

y se dirigía a otro(estrato social. El hi, every-body, pronunciado con un<br />

dejo americano, quería incorporar la malicia latinoamericana,<br />

acompañado de un movimiento de dedos que, con malicia o sin ella,<br />

era grosero, sin ambages: "ésta" o "con ésta", aludiendo al sexo<br />

masculino.<br />

"Mr. Johnny" no logró tener un significado social preciso; por<br />

momentos se trataba de un gringo que venía al Perú y en otros<br />

representaba el afán de "agringarse" que tienen los sectores medios en<br />

el país. En ningún caso producía una identificación con la<br />

teleaudiencia. No es difícil adelantar una hipótesis al respecto,<br />

señalando que el Show de Rulito y Sonia buscaba ganarse el apoyo social<br />

de un sector medio de la población a través de una concepción del<br />

espectáculo tipo show —con bailes, cantantes, movimiento y luces— al<br />

estilo de los clásicos de la televisión norteamericana, como pueden ser<br />

los de Sonny and Cher o los hermanos Donny and Marie. En esta estructura<br />

tenía vigencia la presencia del artista estelar, el agringado "Rulito Mr.<br />

Johnny —, que representaba el ansia generalizada del mito Es-<br />

138


tados Unidos, a través de sus costas de Florida, especialmente de<br />

Miami.<br />

No resulta curioso que su show apareciera a inicios de la década del<br />

ochenta, después del nacionalismo que propugnara el gobierno militar<br />

del general Velasco, en un momento en que se abrían las puertas a las<br />

importaciones y, por lo tanto, al gusto por el extranjero, por los<br />

productos de fuera: corn-flakes, papitas en latas, cualquier cosa<br />

importada. Los programas cómicos producidos en el país venían<br />

sufriendo modificaciones sustanciales, y comenzaban a ubicar sus<br />

sketches más en los sectores medios urbanos que en los típicos<br />

ambientes de los sectores populares. En ese sentido, podemos<br />

comparar el relativo éxito que tuvo Te mato Fortunato con el fracaso<br />

del Show de Rulito y Sonia.<br />

Mientras en el primer caso se plantea el personaje del cholo<br />

blancón con éxito económico incorporado en los sectores medios<br />

ascendentes, en el segundo se trata del "agringado", del gringo, del<br />

famoso "gringo bachiche saca tu pichi pa' hacer ceviche", como fue<br />

entendido por los sectores populares en los años cincuenta. Fortunato<br />

sí tiene una base social real, que existe en la ciudad, y que puede<br />

encontrar en él un tipo de identificación. Se trata, como se ha<br />

señalado, del cholo blancón con terno y corbata, con su casita en un<br />

barrio consolidado, con su mujer bien vestidita, con mucama que le<br />

dice señor, que se codea con los que se encuentran semi-arriba, pero<br />

que ya tiene ingresos que le dan aplomo. "Mr. Johnny", en cambio,<br />

era un personaje que si bien respondía a aspiraciones innegables de los<br />

sectores medios, tenía que luchar contra muchos prejuicios populares<br />

para tener aceptación y debía buscar, entre su clientela, al espectador<br />

con ánimos de parecer gringo sin avergonzarse, que tiene la ilusión de<br />

viajar a Miami, pero del que se puede hacer burla por su burda<br />

desfachatez para reconocerlo, por su falta de pudor, de conocimiento<br />

y de cuidado por lo propio del país.<br />

En este último aspecto, tenemos que aceptar que "Mr. Johnny"<br />

podía tener una base de apoyo social, pues es cierto que existe entre<br />

los sectores medios un cómico imitativo, en buena medida, de los<br />

"blanquiñosos" o "pitucos". Pero lo que no tenía correlato era la<br />

capacidad de burlarse, que requiere mayor elaboración por ambas<br />

partes.<br />

139


GRINGO, GO HOME<br />

En el Perú, especialmente en Lima, se confunde al "blanquiñoso"<br />

con el gringo —sobre todo al "blanquiñoso" niño, cuando es rubio, de<br />

pecas y blanquísimo, a tal punto que su mamá tiene que embadurnarle<br />

la cara con crema cuando va a la playa— y, una vez convertido en<br />

adulto, lo asocia a la conducta prepotente de aquél que tiene dinero y<br />

se ha acostumbrado a dar las órdenes.<br />

Sin embargo, el gringo despierta una cierta atracción entre los<br />

sectores medios, especialmente, por ser la persona que los puede llevar<br />

al éxito económico. Cuántas personas se jactan, y tienen un<br />

impresionante sentido de la suficiencia, cuando cuentan que trabajan<br />

con gringos o con los gringos en una empresa americana. Cuando un<br />

blancón es empleado de una transnacional siente que se ha<br />

blanqueado, que, en cierta medida, ha asimilado mucho de los valores<br />

del gringo, pero, sobre todo, que está ajeno a los vaivenes e<br />

inseguridades del patrón nacional.<br />

Las mujeres también tienen esa atracción por el gringo: se casó con<br />

un gringo quiere decir que llegó a la felicidad o que logró un<br />

imposible, que hizo realidad el sueño de muchas mujeres. El gringo,<br />

por lo tanto, a pesar de no ser querido en el continente, de despertar<br />

un rechazo generalizado en la población, encuentra canales por los<br />

cuales logra convertirse en necesario, no como habitante de los<br />

Estados Unidos, sino cuando se anima a llegar a estas tierras.<br />

"Mr. Johnny" es uno de esos casos. La mayoría de las escenas del<br />

show tenían una misma trama, que consistía en contarle a Sonia sus<br />

anécdotas en Estados Unidos o intentar "soplársela". es decir, llevarla<br />

a la cama. Por su lado, ella pretendía con él lo que pretenden la<br />

mayoría de las mujeres de la clase media, "pescarlo", es decir, casarse<br />

con él. En ese toma y daca de intereses contrapuestos reposaba el<br />

humor, pero sobre todo, se expresaba la trama social que existe<br />

cuando el gringo llega a América Latina. La gran novedad consistía<br />

en que el gringo de "Rulito" también era un pendejerete a su manera,<br />

pues es común entenderlo como el zonzo, el "punto", que, en este<br />

caso, la mujer "pesca".<br />

Mientras la mujer suele "fracasar" o arriesga demasiado cuando<br />

intenta "pescar" a un blanquiñoso local, cuando lo intenta<br />

.<br />

140


hacer con el gringo, el margen de error disminuye. Ella parte de un<br />

principio: el gringo es inocente, un "huevo frito" con dinero que puede<br />

sacarla de su estrechez económica o llevarla a los Estados Unidos,<br />

sinónimo del paraíso o la felicidad. En cambio, cuando se trata del<br />

blanquiñoso, hay demasiados riesgos, pues éste conoce de memoria<br />

los prejuicios nacionales y los distintos escalones de la jerarquizada<br />

escala social. En este caso, si la pareja se logra, la blancona sube, pero<br />

el blanquiñoso baja; el gringo que se casa con una blancona aquí ni<br />

sube ni baja, pero ella sí sube; quizá allá en los Estados Unidos no,<br />

pero acá sí, ante sus amigas, su familia, su barrio, sus compañeras del<br />

centro de trabajo.<br />

GOOD BY, MR. JOHNNY<br />

El fracaso del Show de Rulito y Sonia, programa que trasmitía el<br />

Canal 4 en su horario estelar de los sábados, puede deberse a muchos<br />

aspectos. Podemos discutir que "Rulito" Pinasco no fuese un buen<br />

actor cómico, juicio que comparten varios de los entrevistados en este<br />

trabajo, pero hay otras razones. Una de ellas estriba en su pretencioso<br />

objetivo de competir con Risas y Salsa, programa que trasmite el Canal<br />

5 los sábados a las ocho de la noche desde hace varios años. En este<br />

caso se trata de una razón que involucra aspectos sociológicos, aparte<br />

de los puramente técnicos o artísticos, si es que se caracteriza a Risas y<br />

Salsa como un programa estrictamente popular, en el cual aparecen las<br />

vías de acceso e identificación con los sectores medios y los personajes<br />

típicos del contexto urbano. El show, por el contrario, no logró<br />

despertar el interés del público por la dificultad de identificarse con el<br />

personaje estelar.<br />

Por último, la ambigüedad del personaje de "Rulito" Pinasco, que<br />

no lograba componer su imagen en situaciones concretas. Por un lado,<br />

le era extraño al público porque era extranjero, ya que venía de los<br />

Estados Unidos y contaba situaciones que le habían ocurrido allá; y,<br />

de otro, cuando actuaba con Sonia quería "soplársela" —siendo<br />

gringo— papel reservado para sus homólogos seductores locales.<br />

Preferible la situación en la que el cholo blancón se "soplara" a una<br />

blanquiñosa o a una gringa, corno hace Tulio Loza. Claro, el cholo de<br />

acero inoxidable tal como Chuiman, el gran bacán, se levantan a<br />

cualquiera.<br />

Esta posibilidad linda con la ofensa, y despierta viejos maremagmas<br />

del inconsciente histórico.<br />

141


Cuando, después de seis meses, se canceló el programa, los de Risas<br />

y Salsa les dedicaron una sátira titulada Good by, Mr. Johnny, corno<br />

respuesta a un endeble "hi, every body", porque ese "every body" no<br />

tenía olor de multitud, y menos de santidad, y buscaba un público<br />

que, si bien existe, no es mayoritario.<br />

El gringo no pudo competir en gracia, en habilidad, en pendejada<br />

con el cholo, el blancón o el zambo acriollados. Y corno "punto",<br />

como objeto de burla y risa, no tuvo para mucho. Del gringo se puede<br />

uno burlar pero no mucho rato sin repetirse, sin perder la gracia, que<br />

es de lo que se trata al contar un chiste. "Mr. Johnny", sin embargo,<br />

fue el primer intento y habrá de reaparecer con otra cara y nuevos<br />

bríos, porque lugar y razón tiene de sobra en el imaginario popular.<br />

"Henricito de la Piedra y Candamo", el novedoso personaje del<br />

reciente programa El dedo, del Canal 9, es otra versión del gringo, pero<br />

a través del "pituco" de cierta clase alta de nuestra sociedad. No se<br />

trata del hijo de familia de la antigua oligarquía con mansión en la<br />

avenida Salaverry, que hereda los negocios del padre o estudia<br />

abogacía para continuar con el bufete de sus antepasados, sino de un<br />

jovenzuelo desenvuelto e irreverente, tanto con su propia familia<br />

como con el resto del país: los cholos. Desde la óptica de "Henricito<br />

de la Piedra y Candamo", el 99 por ciento de la población peruana<br />

debe ser chola. Mientras en los sectores medios y populares esta<br />

definición se vuelve cada día más compleja, por la gama de<br />

posibilidades que existen y por la distinta manera de asumirse cada<br />

cual, desde la perspectiva de este rico, la mayoría del país es<br />

simplemente eso: chola.<br />

Este personaje, sin tradición en los programas cómicos de la<br />

televisión nacional, tiene corno antecedente inmediato a "Pepe del<br />

Salto", nacido de la pluma de Rafael León en la revista Monos y<br />

Monadas, y que fuera llevado a las tablas bajo el nombre de La divina<br />

comedia. Henricito es un jovenzuelo que habla la jerga de los sectores<br />

adinerados limeños: "Ya me vino la palta", "estás rayadasa, vieja"<br />

(ambos términos referidos a desórdenes mentales y/o depresivos)<br />

característicos del personaje, que, como si nada, les pide a sus padres<br />

"una camioneta Nissan Patrol del año pasado, porque no pide mucho,<br />

no pide la del año". Flojo. desadaptado, encerrado en su mundo<br />

de frenesí y (linero familiar, usa lentes ahumados y se contorsiona<br />

a la manera de jóvenes de la clase alta, americanizada a tra-<br />

.<br />

142


vés del consumo: motos areneras, navegaciones recreativas, alimentos<br />

enlatados.<br />

A pesar de sus dos apellidos, de la Piedra y Candamo, que<br />

recuerdan la común simbiosis entre la oligarquía agro exportadora de<br />

los años cincuenta y la formación intelectual, su Henricito le da un<br />

toque de modernidad que los mismos sectores populares y barriales<br />

buscan: el nombre gringo. Chuiman, por un lado, como "Papá<br />

Manolo", y Hugo Salazar, como "Henricito de la Piedra y Candamo",<br />

y ese "y" también es importante, son las dos expresiones de los jóvenes<br />

de la ciudad de Lima; uno, popular sin ser barrial, y el otro pituco, el<br />

canto del cisne, pero reaccionario cuando las contradicciones se<br />

azuzan y debe enfrentar la realidad fuera de su ámbito familiar.<br />

143


144


II PARTE<br />

LA TELEVISION “INCULTA”<br />

145


146


CAPITULO VI<br />

¡SEÑORAS Y SEÑORES!<br />

PASANDO REVISTA A LA HISTORIA DE LOS<br />

PROGRAMAS COMICOS DE LA TELEVISION<br />

147


148


1. LOS ANTECEDENTES LEJANOS<br />

La historia de los programas cómicos en el Perú es sumamente útil<br />

para analizar la progresiva transición de las formas del teatro popular<br />

de comedia, el teatro costumbrista y, finalmente, el de la revista, a las<br />

condiciones que impone el desarrollo de la radio y la televisión.<br />

Esta transición se da principalmente a través de la asimilación que<br />

la radio primero, y la televisión bastante después, hacen de los actores,<br />

directores y dramaturgos nacionales. Casi inmediatamente, sin<br />

embargo, se incorpora la utilización de materiales y recursos producidos<br />

en otros países donde la radio y la televisión habían avanzado<br />

más rápidamente.<br />

Argentina habría de jugar un papel preponderante en el desarrollo<br />

de los programas cómicos y de las telenovelas. La compra "al peso" de<br />

los libretos y guiones para estos programas, algunos de los cuales se<br />

reproducían casi idénticamente, contando con la adaptación de algún<br />

encargado ocasional —muchas veces también argentino— y el libre y<br />

espontáneo trabajo creativo de los actores. Si bien no todos los<br />

programas cómicos fueron hechos sobre esta base, existiendo notables<br />

excepciones, la mayoría supone la utilización de una estructura<br />

narrativa básica fabricada fuera del país, que era adoptada y utilizada<br />

agregándole ingredientes locales y los propios de la coyuntura.<br />

149


EL TEATRO POPULAR<br />

En este sentido es importante tomar nota del desarrollo del teatro<br />

popular en otros países de América Latina y, para el caso de la<br />

utilización de los esquemas clásicos de los espectáculos teatrales<br />

populares, atender a la historia del teatro argentino. Los condicionantes<br />

propios de la migración masiva a la Argentina hacen más obvias en ese<br />

país una serie de características propias del nuevo teatro popular que<br />

habría de forjarse también en nuestra patria. La formación de la ciudad<br />

de Buenos Aires a partir del aluvión de migrantes -los "agregaos al<br />

país", en la expresión de Leopoldo Marechal— ofrece, por ejemplo, a<br />

partir del fenómeno de los conventillos, así como los conflictos y<br />

enfrentamientos entre los porteños afincados y los nuevos migrantes,<br />

las situaciones básicas para la reformulación de los esquemas de la<br />

comedia italiana y española, explicando en parte el surgimiento de los<br />

nuevos autores (32). La zarzuela, el sainete, el género chico y aún el<br />

llamado "ínfimo", se expanden por Buenos Aires y más tarde por Lima<br />

en versiones con cada vez más notorias y notables contribuciones<br />

locales. En el Perú, tal vez el más significativo autor popular fue<br />

Leonidas N. Yerovi, quien reformula en situaciones locales esquemas<br />

sencillos y aún simplones del sainete popular español. Ajeno a todo<br />

interés de autor "serio" y a toda pretensión falsa de literato, se convierte<br />

en portador de las aspiraciones del entretenimiento popular. Sus<br />

pretensiones de lirismo son utilizadas por él mismo como objeto de risa<br />

y distracción. Al establecer esta relación entre su condición de creador<br />

de imágenes líricas, cultivadas y eruditas, y su capacidad de someterla a<br />

fiscalización y aún al ridículo, Yerovi instauró, tal vez, una de las claves<br />

para entender el humor de las formas del teatro popular en el país.<br />

A pesar de las variaciones históricas y la adopción de características<br />

propias de cada país, es evidente que el rastreo temático<br />

y formal nos llevará a las raíces del teatro cómico, cuyo antecedente<br />

básico es la formulación propia de la comedia del arte<br />

italiano y la utilización que de ella hicieron los clásicos. Sus<br />

representantes más inmediatos durante este siglo son probablemente<br />

el sainete y la comedia costumbrista, de incuestionable simili-<br />

.<br />

(32) Cfr. ORDAZ, Luis, Zarzuelistas y Saineteros, en Colección La Vida de<br />

Nuestro Pueblo, No. 25, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires,<br />

1981.<br />

150


tud básica a nivel estructural y temática. En realidad ése era el teatro<br />

popular propio de la época en que surgía en nuestras ciudades la<br />

radio. En muchos casos los programas cómicos de la radio se harían<br />

sobre la base de la presentación de los personajes principales de estas<br />

obras, especialmente de aquellas que habían logrado permanecer<br />

como tales a través de distintos espectáculos. Eran tiempos en los que<br />

el público teatral era, en cierta medida, comparable al radioescucha.<br />

Las compañías de teatro utilizaban este hecho programando los<br />

capítulos finales de la radionovela de éxito (algunos viejos actores<br />

recuerdan el caso de Cumbres Borrascosas, por ejemplo) en forma de<br />

obra teatral que cerraba —"con broche de oro"—, se solía anunciar,<br />

una brillante temporada de radio. Se daba también lo contrario: los<br />

personajes famosos del teatro debían pasar por la radio, y la gran<br />

mayoría accedió a ello como nueva fuente de subsistencia (33 ).<br />

Probablemente la característica más importante de estos programas<br />

cómicos fuera presentar personajes prototipo de la vida política y<br />

cultural limeña. Si bien algunos personajes tenían alguna raíz común<br />

o equivalente en otros países —en Argentina, por ejemplo—, desde los<br />

años treinta surgieron personajes auténticamente peruanos,<br />

representativos de las clases populares limeñas, tanto para satirizarlas<br />

y burlarse de ellas como para erigirse como verdaderos representantes<br />

de las mismas. Si revisamos la historia de los programas cómicos<br />

desde la época de la radio, y además pedimos opinión y juicio a los<br />

viejos actores y libretistas de aquella época, encontraremos un acuerdo<br />

casi absoluto en explicar la aparición de estos personajes protagónicos,<br />

representativos de las clases populares, basando su fuerza y eficacia en<br />

sus características raciales. El serrano, el negro en todas sus variantes,<br />

el chino y las distintas gamas del blanco criollo —cada vez menos<br />

blanco y más popular—, han de ser, de manera tan fuerte como el<br />

bobo clásico, el pícaro o el buscón, los protagonistas que reviven los<br />

mismos viejísimos cuentos y situaciones cómicas de la historia del<br />

teatro, al tiempo que van incorporando progresivamente sus<br />

problemas, su interpretación de la realidad, sus propios sueños.<br />

(33) Este fenómeno se dio muy fuertemente en la Argentina, Cfr. TERRERO,<br />

Patricia, El Radioteatro, en colección La Vida de Nuestro Pueblo, Centro Editor<br />

de América Latina, Buenos Aires, 1981.<br />

151


Entre los más famosos y recordados actores cómicos del teatro<br />

popular y la radio están precisamente dos cholos: el "Cholo<br />

Rebolledo" y la "Chola Purificación Chauca". Sus verdaderos<br />

nombres quedan, comparativamente, en el olvido frente a la contundencia<br />

de las figuras que logran imponer en una vasta audiencia.<br />

El cholo, es el serrano migrante que llega a la ciudad a ocupar<br />

posiciones de siervo en cualquiera de las muchas modalidades que el<br />

sistema oligárquico le ofrece. Sin embargo, hay cierto orden y<br />

preferencia con el que los blancos utilizan la fuerza de trabajo del<br />

cholo. Este no será, por ejemplo, mayordomo o portero del club, lugar<br />

que conviene mejor a un negro; ni cocinero, puesto que viene mejor a<br />

un chino. El cholo es bueno —en la concepción del blanco— para el<br />

trabajo duro, para el ejército o para guardián público en la ciudad. El<br />

primer cholo del teatro cómico de los treinta será, así, un policía<br />

urbano, un "cachaco". Carlos Rebolledo, más conocido como el<br />

"Cholo Rebolledo", interpretará al "cachaco" con gran dignidad.<br />

Gracioso, pero seguro de sus derechos, será vocero de muchos que<br />

como él pugnan por encontrar un lugar en esa ciudad que empieza a<br />

crecer vertiginosamente. El "Cholo Rebolledo" se hará respetar a pesar<br />

de las muchas circunstancias difíciles que tiene que vivir en un medio<br />

ajeno, donde ser criollo, ser blanco en principio, es la única<br />

posibilidad de identidad social permitida y avalada socialmente.<br />

Teresita Arce, actriz heredera de rancia familia de comediantes,<br />

será a través de la "Chola Purificación Chauca" el otro caso<br />

excepcional. Aprovechando su presencia escénica (es claro que no<br />

hemos hablado de talento, de carisma, en estos casos, pero lo damos<br />

por sentado), despliega una campaña turística y de vocación por la<br />

unidad nacional. Acuña así una frase que años más tarde habría de<br />

retomarse en la década del sesenta: " ¡Visite el Perú primero! ". La<br />

"Chola Purificación" actúa por la radio y también en los escenarios de<br />

cabaret nacional —boites fue la palabra de moda—, compartiendo<br />

aplausos con vedettes internacionales. En ambos casos se despide,<br />

para sorpresa de muchos, cantando huaynos. Continuará esta brega<br />

hasta avanzados los años cincuenta en los que, habiendo dejado la<br />

posta a otros nuevos cholos que pugnaban por ocupar un lugar como<br />

representantes de las grandes mayorías del país, parte sin mayor<br />

publicidad a recorrer el mundo convertida en misionera de una secta<br />

evangélica, hasta su muerte.<br />

152


.<br />

Ninguno de estos dos cholos, sin embargo, pretendió explícita y<br />

abiertamente ser criollo. Desde el siglo pasado lo criollo fue ajeno a<br />

los intereses mayoritarios; y a pesar de pleitos y diferencias (como la<br />

del teatro de Pardo y Aliaga y el de M.A. Segura, por ejemplo),<br />

continuó siendo así hasta el surgimiento de los movimientos urbanos<br />

de los años veinte, donde es posible seguir un proceso de<br />

incorporación popular de lo criollo. Este proceso habría de<br />

desencadenar un peculiar y progresivo recurso de apropiación de lo<br />

criollo. Así, el concepto de criollo se habría de desnaturalizar al<br />

asumir las nuevas capas urbanas, fundamentalmente migrantes, un<br />

peso cada vez más decisivo en la vida política y cultural del país. Fue<br />

ésta también, con las ocho horas, una conquista del naciente<br />

movimiento obrero.<br />

LA PRENSA POPULAR<br />

Así como el teatro de revista, la prensa popular aportó una<br />

vertiente considerable al humor nacional y a su reformulación a través<br />

de los medios de comunicación masiva. La revista Monos y Monadas<br />

contribuyó, tanto como el mismo Yerovi a través del teatro, a<br />

engrosar una vertiente de humor popular que habría de hacerse<br />

camino a través de los nuevos medios. Algunas veces la relación entre<br />

la prensa de humor y la radio fue obvia. Entre otros casos que<br />

mencionaremos luego, esto sucedió con Loquibambia, revista de humor<br />

que daría lugar a uno de los más celebrados programas de humor<br />

radial: "Loquibambia, la emisora que trasmite a toda hora ". De allí, como<br />

de Escuelita nocturna, habrían de surgir los actores de los primeros<br />

programas cómicos de la televisión. Sólo los que se inhibieron de lucir<br />

su cara, produciendo un fenómeno muy interesante de estudiar, salieron<br />

del elenco: Pablo de Madalengoitia y Joaquín Roca Rey, entre<br />

ellos, serían en adelante un compuesto y elegante maestro de<br />

ceremonias en la televisión y un famoso escultor que trabajaría en el<br />

extranjero. El célebre personaje de la "Dodiyuda" de este último<br />

habría de quedar, sin embargo, en la mayoría de nuestros<br />

entrevistados, como el más recurrente ejemplo de personaje original y<br />

representativo de los muchos creados en estos programas.<br />

LA RADIO<br />

De esa época, en la que los limeños seguían las aventuras de<br />

Sandokan o Tamakún, son también los éxitos de uno de los más<br />

153


famosos cómicos de la radio en Latinoamérica: El zorro Iglesias y sus<br />

múltiples personajes; y más tarde Herbert Castro. Y aunque nos<br />

sorprenda el hallazgo, todavía hoy pueden escucharse algunos<br />

programas aislados de uno de los más grandes programas cómicos de<br />

la radio peruana: Ceferino el Adivino con Carlos Oneto "Pantuflas" y<br />

Violeta Bourget a partir de los libretos de Sofocleto primero y de<br />

Pedrín Chispa después.<br />

2. LOS PRIMEROS PROGRAMAS COMICO--POPULARES DE<br />

LA TELEV!SION<br />

En estas cosas de producir espectáculos y entretenimiento, ser el<br />

primero es importante y significativo. El Muñoz de Baratta Show nació<br />

durante los primeros años de la televisión peruana (1959-62), en<br />

tiempos en que no existía el video-tape. El programa se transmitía<br />

durante dos a tres horas del horario estelar de los sábados o domingos,<br />

en el Canal 4 primero y luego en el Canal 2.<br />

Se trataba, fundamentalmente, de un show de parodias, vertiente<br />

típica del humor en el país, cuya tradición llega hasta la actualidad.<br />

Todo era motivo de burla: los personajes políticos y los del<br />

espectáculo, figuras de la historia e incluso de la literatura y de los<br />

programas de moda de la televisión, eran víctimas de los libretos de<br />

Daniel Muñoz de Baratta, bailarín extraordinario, ex-capitán del<br />

ejército peruano, que, junto con su hermano Hugo, fueron de jóvenes,<br />

cuando aún eran amateurs, la delicia en cualquier velada. Daniel<br />

muere en 1962. Con su fallecimiento termina este programa que<br />

marca, definitivamente, en vivo y en directo --sin videos tapes ni<br />

"trabajo de post producción"—, el ingreso del humor a la televisión<br />

peruana.<br />

Como en esa época no existían las grabaciones, las cosas tenían<br />

que salir bien. Para ello la gracia innata e instantánea, el aporte<br />

personal, la improvisación, eran indispensables. Juan Silva Villacorta,<br />

productor del programa, era además propietario de El Saoco (boite<br />

chorrillana que estaba de moda en aquella década) y traía, al<br />

programa y a la boite, a las más rutilantes y luminosas estrellas del<br />

cancionero latinoamericano. La lista es interminable: Bárbara Codina,<br />

Norma Marini, Mabel Duclós —entonces bellísima y escultural<br />

vedette antes que actriz cómica—, Rolando La Serie, Bienvenido<br />

Granda —"los bigotes que cantan"—. Toda una época; todos pasaron<br />

por el Muñoz de Baratta Show...<br />

154


Entre las grandes parodias que realizaron los Muñoz de Baratta<br />

estaba la de Xavier Cugat, aquel viejito genio merenguero<br />

acompañado por la monumental Abby Lane y su perrito chihuahua,<br />

que se acomodaba entre sus senos. Daniel hacía de Cugat, Hugo de<br />

modisto francés y Norma Marini de Abby Lane: fue por consenso lo<br />

mejor que hubo en parodia.<br />

En el show actuaban el gordo Daniel y Hugo; hizo su debut en TV<br />

Chuchita Salazar, Oswaldo Vásquez (34) —que de disc- jokey y<br />

primera imagen de prueba en Canal 4 fue llevado a la actuación—,<br />

Trini Cámera (algún cómico la recuerda así: "qué suerte la de algunas<br />

mujeres, se fue a USA, se casó con un millonario, enviudó y se vuelve<br />

a casar con otro millonario"), Leontina (una argentina), Cachencho<br />

(un chileno), Néstor Quinteros (su primera actuación fue imitando a<br />

Leo Marini, "la voz que acaricia"), Milita Brandon, Antonio Salim y<br />

otros.<br />

El Muñoz de Baratta Show contaba con varias partes o secciones.<br />

Entre las más celebradas estaban El hombre Philips nunca muere y El<br />

Concurso de los gordos ("su peso en soles"); sí, era un programa "para<br />

todos los gustos": de parodias, de concursos, de espectáculo, con<br />

bailes y cantantes, pero sobre todo de humor.<br />

Si bien el conjunto de artistas extranjeros era al principio<br />

numeroso, por esa época habían surgido ya varios programas cómicomusicales<br />

y de entretenimiento en el Canal 13 (hoy 5), con cada vez<br />

mayor número de cómicos y actores nacionales. El primero fue La<br />

bodega de la esquina, con libretos de Pedrín Chispa, protagonizado por<br />

Carlos Oneto que hacía el personaje del bodeguero Don José. En este<br />

programa surgió "Achicoria", el personaje más famoso de los muchos<br />

que interpretó Mario Velásquez, como dependiente de la bodega. Mario<br />

Velásquez conservaría el resto de su vida el apodo de "Achicoria"<br />

surgido de este personaje. También actuaron en La Bodega de la es-<br />

(34) Oswaldo Vásquez fue co-productor y animador con Humberto Vílchez<br />

Vera, del programa radial Los fantasmas se divierten, que tuvo un éxito<br />

extraordinario a fines de la década del cincuenta. Años más tarde Vílchez<br />

Vera se asociaría a Julio Winitzki, llamado "el hombre del domingo", para<br />

producir Domingos gigantes, el primer "programa ómnibus" de la televisión.<br />

155


quina Teresa Olmos, Carlos Velásquez, Benjamín Ureta, entre otros.<br />

A La Bodega de la esquina le siguió La Revista de Pantuflas, un<br />

programa cómico musical donde actuaba Antonio Salim y cantaba<br />

Humberto de la Cruz. además de artistas que pasaban por Lima.<br />

El Canal 13 programó luego La comedia de los sábados, que tuvo un<br />

espacio de dos horas, transmitidas, como siempre en ese tiempo, en<br />

vivo y en directo. Allí se presentaban adaptaciones de obras teatrales,<br />

así como obras breves originales de Pedrín Chispa, que además era su<br />

director. Actuaban Carlos Oneto "Pantuflas", Elías Roca, Teresa<br />

Olmos, Ricardo Tosso, Manuel Delorio, Enrique Victoria, Malú<br />

Gatica, Nelly Dougan y Manolo Salerno.<br />

Posteriormente, cuando terminó el Muñoz de Baratta Show, ambos<br />

hermanos iniciaron en el Canal 9 El juego de las cinco llaves, programa<br />

de concursos, pero también con sketches cómicos.<br />

Entre los primeros programas populares de la televisión estuvo<br />

también Bata pone el mundo a sus pies (Canal 5), conducido por Kiko<br />

Ledgard, que fue el segundo programa vivo de importancia en nuestro<br />

medio. Era un programa de concursos, pero tenía lo que los<br />

entendidos denominan "pantallazos cómicos"; allí actuaron Jesús<br />

Morales, Antonio Salim, Tulio Loza y "Patinan" (35).<br />

Pero parece ser incuestionable que Bar Cristal y El festival Cristal del<br />

cuento peruano fueron, en la década de los años 60, los principales<br />

programas cómicos en privilegiar, los sketches y los personajes nativos,<br />

modalidad preferida en los programas que habrían de producirse<br />

luego.<br />

(35) "Petarán", Justo Espinoza en la vida real, es sin lugar a dudas el más famoso<br />

enano de los programas cómicos de la televisión. Apareció en el viejo Canal<br />

9 en la Escalera del triunfo, producido por Guido Monteverde y animado por<br />

Augusto Ferrando; y "Pimbolo", payaso del "clan Cavallini", que reaccionaba<br />

con mímicas diversas de aprobación y/o desagrado a las bondades o<br />

desaciertos de los concursantes.<br />

156


Bar Cristal marca, probablemente, los inicios de la producción<br />

nacional de tele-series y tenía como sus principales libretistas a Jorge<br />

—"el Cumpa"— Donayre y a Benjamín Cisneros. En este caso ya<br />

existían personajes típicos de nuestra sociedad limeña: "Don Ramón"<br />

(interpretado por Jorge Montoro), "Rita" (por Betty Missiego),<br />

"Agustín" (por Guillermo Nieto) y "Rosaura" (por Saby Kamalich).<br />

Además, el Ingeniero Fernando Vargas Caballero (apodado "Plato<br />

Roto") que cantaba letras satíricas sobre canciones populares,<br />

contando con el apoyo de los finos versos costumbristas de Benjamín<br />

Cisneros y Jorge Donayre.<br />

El Festival Cristal del cuento peruano fue el programa donde se<br />

consagró por primera vez en la televisión un personaje popular:<br />

"Pablo Zambrano", creación de Jorge Donayre, que había aparecido<br />

antes en la revista Loquibambia y cuyas cartas fueron luego editadas en<br />

un libro con sugerente prólogo de Mario Castro Arenas (36). "Pablo<br />

Zambrano" fue interpretado por Luis Álvarez, actor cabal con<br />

notables recursos tanto para la vena cómica como para la dramática.<br />

Según el propio Donayre, se trataba de un "zambo pendejo, pero no<br />

malo, al cual había que redimirlo de su mala leyenda", aquella que<br />

hace que todos los partes policiales describan al delincuente como "un<br />

sujeto zambo o azambado".<br />

Bar Cristal presentaba por primera vez un esquema donde los<br />

personajes tenían un referente étnico-social en Lima: "Don Ramón"<br />

era así el propietario de la bodega con aires aristocratizantes o, en<br />

todo caso, pasadistas; "Rita", su hija, era una clásica limeña bonita y<br />

graciosa, a quien "Agustín" enamoraba; y "Rosaura" una amiga de<br />

"Don Ramón" y "Rita". El ambiente era agradable, el humor formal,<br />

no había ninguna insinuación a la grosería y, más bien, los libretos<br />

tenían el aura de la elegancia y el buen decir.<br />

Pero es en el Festival..., en cambio, donde los personajes adquieren<br />

todavía una mayor connotación popular: "Pablo Zambrano",<br />

era el zambo ya descrito; el "Travieso Lira" (interpretado<br />

por Jorge Montoro), el blancón criollo y zalamero; el "Mentado<br />

Arrieta" (interpretado por Carlos Andrade), el cholo acrio-<br />

(36) DONAYRE, Jorge... Pablo Zambrano, Prólogo de M. Castro Arenas, Lima,<br />

Editorial Imprenta Amauta, 1963.<br />

157


llado. Estos tres personajes tendrán un vasto y complejo desarrollo<br />

posterior y darán lugar, sin exageraciones, a importantes arquetipos<br />

para entender la cultura popular urbana.<br />

Otro programa que descolló en los años 60 fue La escalera del triunfo,<br />

conducido por Augusto Ferrando, que dio lugar al actual programa<br />

Trampolín a la fama. Era un espectáculo de canciones y regalos, donde<br />

había un espacio cómico-satírico que debemos rescatar: El Doctor<br />

Rochabús. Este fue el primer sketch de sátira política y en términos<br />

locales, el antecesor inmediato del actual Camotillo el Tinterillo de Tulio<br />

Loza. El "Dr. Rochabús" era un censor, interpretado por Alex Valle,<br />

que hizo así su ingreso a la televisión. Valle era un cómico de colendas<br />

en el mundo del varieté, y dicen algunos colegas suyos que tuvo<br />

dificultades para ingresar al set, pues era visto por los productores<br />

como poco elegante: la pantalla, desde esa concepción, era de élite, de<br />

smoking, y para ella parecía no importar que el "Mono" Valle hubiese<br />

trabajado desde los 15 años en el mundo del espectáculo. Pero Alex<br />

Valle impuso su entrada a la televisión por la puerta grande.<br />

El origen del "Dr. Rochabús", al igual que el de "Pablo Zambrano",<br />

proviene del nombre de la revista escrita. Era ésta una revista de<br />

humor cuyo responsable principal fue Guido Monteverde. El "Dr.<br />

Rochabús" era un viejito que podría tener su equivalente con Cordero<br />

Velarde, aquel orate urbano de la década de los 50 que, vestido de<br />

grandilocuente presidente de la República, deambulada por el Jirón de<br />

la Unión con la banda presidencial y cubierto de condecoraciones.<br />

"Juan Mamani" era el personaje complementario del "Dr. Rochabús",<br />

un indio flaco, "pionono" (obrero de construcción civil) o mozo de<br />

chifa, popular por excelencia, que conversaba con el Dr. sobre la<br />

política nacional, especialmente la cuestión petrolera, tema candente<br />

de la época.<br />

Cuando el "Dr. Rochabús" llegó a la televisión lo hizo acompañado por<br />

tres personajes políticos: uno era el popular "Belagogo", es decir Belaúnde,<br />

el Presidente de aquel entonces, interpretado por el mejor imitador de<br />

Belaúnde de todos los tiempos: Elmer Alfaro; "Falla de la Torre"<br />

(interpretado por Carlos Tosso) era, obviamente, Haya de la Torre; y el<br />

"General Podría" (interpretado por Nerón Rojas) era también obviamente,<br />

Manuel Odría, el "General de la Alegría". En la televisión, "Juan<br />

158


Mamani" —es decir don nadie— fue reemplazado por estos tres<br />

personajes. La lógica del scketch radicaba en una conversación del "Dr.<br />

Rochabús" con cada uno de los políticos mencionados. realizada en<br />

distintos ambientes y sobre diversos temas de interés político nacional.<br />

Entre los programas de la década de los sesenta debemos<br />

mencionar también el Supermarket Show, animado por Kiko Ledgard,<br />

y protagonizado por Carlos Oneto. Entre los elementos importantes a<br />

resaltar en este programa está la aparición en televisión de Tulio Loza.<br />

Pedrín Chispa fue el libretista, así como de Festejos con Cartavio que le<br />

habría de suceder en la programación del Canal 13, siempre con<br />

"Pantuflas", Tulio Loza, Benjamín Ureta y Enrique Victoria, entre<br />

otros.<br />

También debemos mencionar en esta somera revisión de los<br />

primeros programas de la televisión, a Charlas de Café, de Vicente<br />

González Montolivo, y a Cámara Pilsen que incluía Las cosas de Cuchita<br />

(Salazar) en Panamericana. Varios entrevistados recuerdan que César<br />

Durán sugirió la idea del programa: poner las "burradas" de Cuchita<br />

en televisión, pues era ésta una muchacha guapa e ingenua a la vez,<br />

cuyos comentarios revelaban una impresionante candidez. Cámara<br />

Pilsen fue un programa conducido por tres animadores: Pablo de<br />

Madalengoitia, Mario Cavagnaro y Norma Belgrano, para muchos<br />

uno de los mejores programas de la televisión peruana, que incluía<br />

bloques cómicos. Los directores musicales fueron Mario Cavagnaro y<br />

Augusto Polo Campos; los reporteros eran Luis Ángel Pinasco —que<br />

se iniciaba en la televisión—, Carlos Jiménez y Ricardo Müller.<br />

Otros programas de esta década fueron Romero y Julieta, en el Canal<br />

13, en 1965, donde actuaban Blanca Rowlands, Carlos Velásquez,<br />

"Pantuflas" y Cuchita Salazar, y Matrimonios y algo más, con el elenco<br />

de José Vilar, ex-miembro de la compañía española de Tarcila Criado<br />

que habría realizado una gira artística por América Latina. José Vilar<br />

se afincó e hizo teatro, fama y dinero en nuestro medio, especialmente<br />

con las obras del comediógrafo hispano Alfonso Paso.<br />

Terminando la década de los sesenta estaban en el aire<br />

El polifacético y Los tintilocos, antecesores inmediatos de El<br />

159


tornillo, que habría de durar ocho años en las pantallas nacionales.<br />

El polifacético tenía como protagonista a Mario Velásquez,<br />

"Achicoria", perteneciente al clan de los hermanos Velásquez,<br />

animadores del grupo teatral Histrión, y que hoy tiene a Carlos<br />

Velásquez como director artístico y libretista del programa Risas y<br />

Salsa. "Achicoria" era un personaje múltiple, apoyado en la capacidad<br />

histriónica de Mario Velásquez, prematuramente muerto, que<br />

explotaba, como el nombre del programa lo indica, todas las muecas y<br />

posibilidades del humor. En el elenco estaban, entre otros, Jesús<br />

Morales y Esmeralda Checa. Los tintilocos, por su parte, fue un<br />

programa cómico-musical, cuyo libretista era Enrique Manuel Puente,<br />

de nacionalidad mexicana.<br />

A MITAD DE CAMINO: LOS AÑOS 70<br />

El tornillo fue el programa cómico de la televisión más importante<br />

durante la década de los 70 (febrero 1968-enero 1975), y su principal<br />

director fue Carlos Oneto. El programa desarrolló situaciones y<br />

elaboró personajes que hasta el día de hoy quedan en la memoria de<br />

muchos tele espectadores (37).<br />

Uno de ellos fue Hugo Muñoz de Baratta, conocido en esa época<br />

como "Mon cheri", porque siempre decía: "cómo le va mi querido<br />

mon cheri", y creó entonces varios giros, como ñaca ñaca (previa<br />

movidita de mano, ondulante, con los cinco dedos juntos como si<br />

hiciese una ola); se hizo famoso como "Mon cheri" y "Che mon<br />

cheri". De acuerdo con el esquema clásico de la situación de conflicto<br />

típica de un conventillo bonaerense, representaba a un porteño de<br />

saco ribeteado y escarpines, y que enamoraba a "La morocha del<br />

abasto" (interpretada por Camucha Negrete) que era la esposa de<br />

"El ropero de 3 cuerpos" (interpretado por Luis Cabrera), también<br />

conocido como "Testaforte" -el clásico rival de Charles Chaplin-.<br />

La trama era simple y siempre la misma: "La morocha del abasto"<br />

le contaba sus quejas a "Che mon cheri", vecino del conventillo<br />

.<br />

(37) Es necesario reparar en el hecho de que El tornillo fue también exportado al<br />

extranjero y se programó frecuentemente en las principales ciudades de los<br />

Estados Unidos. En cierta forma, El tornillo abrió camino a otro fenómeno de<br />

la televisión peruana, la telenovela Simplemente María.<br />

160


y luego su marido, "El ropero de 3 cuerpos" le armaba la gran bronca,<br />

le pegaba, lo hacía volar, le sacaba el alma; pero al final, siempre "Che<br />

mon cheri" y "La morocha" se iban bailando una milonga. Una<br />

versión nacional de un motivo y clásica situación bonaerense.<br />

El actor y la solterona fue otro sketch de gran éxito, que mostraba<br />

mayor riqueza de elementos aportados por los actores nacionales, en<br />

El tornillo. El actor era Luis Cabrera —"Cabrerita"— y la solterona era<br />

una "huachafa", Jesús Morales, que salía con una nariz horrible, roja,<br />

pero pretendía ser una damita joven, aspirante a actriz.<br />

En la misma línea estaba el sketch Doña María, interpretado por<br />

Jesús Morales y Antonio Salim. Ambos eran grandes parlanchines,<br />

super habladores, que enumeraban las "virtudes" de sus hijos. Jesús<br />

Morales empezaba con las de la suya, "Mariquita" (tenía 14 años y ya<br />

sabía decir "papá y mamá"), y no dejaba hablar a Antonio Salim, que<br />

se desesperaba por empezar a enumerar las del suyo. El sketch concluía<br />

con la misma frase: "hay gente que necesita babero", dicha por Jesús<br />

Morales —justamente la que había hablado— refiriéndose a Salim, a<br />

quien no había dejado de hablar.<br />

Famoso por otra frase fue el sketch La santa paciencia, leit motiv que<br />

repetía el viejito Alex Valle ( ¡ya era un viejito!) que limaba las<br />

asperezas y discusiones entre Antonio Salim y Fernando Farrés,<br />

siempre encontrados en grescas y enfrentamientos. Como ejemplo,<br />

una situación típica: en una gestión, ante un reclamo burocrático, uno<br />

decía "yo, tú, usted", y el otro exigía que no lo tutearan... entonces, en<br />

plena discusión, ingresaba "La santa paciencia", hasta que le decían:<br />

"qué te metes viejito" y Alex Valle, olvidándose del viejo Job,<br />

respondía indignado: " ¡A los hombres!... ¡Qué cosa! !! ! !" con su<br />

típico chillido, imposible de imitar y de escribir. Alex Valle ha<br />

retomado este personaje —con muy leves variaciones— en el<br />

programa Risas y Salsa.<br />

"El poeta hippy", interpretado por Jorge Montoro, fue otro<br />

personaje que obtuvo gran éxito, a tal punto que relegó a un<br />

segundo plano a otros dos excelentes y representativos personajes<br />

suyos: "Don semilla" y "Don tembleque", con los cuales no<br />

tuvo sin embargo gran resonancia. En el primero imitaba a un<br />

.<br />

161


campesino piurano, lento en el hablar, que decía: "si hacen estos<br />

calores me voy a tener que bañar"; y, como el viejito "Don<br />

tembleque", era un excelente cantante y bailarín provinciano.<br />

"La vampi" fue otro personaje de gran suceso, dando lugar al<br />

desarrollo artístico de Camucha Negrete, que había surgido como la<br />

primera modelo de La escalera del triunfo en el Canal 9 y que luego pasó<br />

a Canal 5. El tornillo fue uno de los escasos programas que privilegió a<br />

las modelos, haciéndolas alternar papeles de damitas jóvenes con su<br />

función de tales.<br />

"Franz y Shultz" (Pepe Morelli y Ricardo Fernández, respectivamente)<br />

protagonizaron otro de los sketch de gran aceptación en la<br />

teleaudiencia. Eran dos alemanes, un general y su valet (con el grado<br />

de cabo) presentando situaciones tipo Otto y Fritz, con los cuales el<br />

humor criollo se burlaba del humor europeo, blanco, desarrollado,<br />

que podía tener todo menos salsa, chispa o picardía.<br />

"Juanacha" fue otro personaje importante en El tornillo; estuvo<br />

interpretado por Teresa Rodríguez, como la chola sirvienta "metete",<br />

siempre en relación con la patrona.<br />

También fueron importantes "Amadeo Tapera" y "Camilo<br />

Merengue" interpretados por "Pantuflas" . "Amadeo Tapera" era el<br />

cantante de tangos incapaz de concluir una intervención musical<br />

porque acababa sumido en llanto y por eso le decían "el pañuelo<br />

mayor del tango". "Camilo Merengue" era el kioskero buenmozo que<br />

voceaba: "La Cró... La Pré... El Có... Hóraaa. . ." (La Crónica, La<br />

Prensa, El Comercio, Ultima Hora...) y que dudaba de cualquier<br />

avance científico con su típica frase: (No puede ser pues,...) "Se sabría<br />

Ricardito, se sabría...".<br />

"Mesié Canesú" fue el primer afeminado importante. Lo tenía a su<br />

cargo Luis La Roca, y presentaba las ocurrencias y problemas de un<br />

modisto francés, que tenía como modelo a Camucha Negrete a quien<br />

siempre le demandaba: "muestra el detalle", dando ocasión a que<br />

luciera sus encantos.<br />

Otros personajes que tendrán un desarrollo mucho más rico<br />

en el programa posterior, Estrafalario, fueron "Roncayulo"<br />

(Antonio Salim) y "Doña Cañona" (Alicia. Andrade), ambos<br />

.<br />

162


creados por Augusto Polo Campos y ambientados en el mundo lisurero<br />

del callejón limeño, sin pelos en la lengua.<br />

A mediados de 1975, El tornillo se dividió en dos programas, La<br />

matraca en el Canal 5 y La cosquilla en el 4. Esto se debió a que la nueva<br />

administración televisiva en el país (38), optó por reducir la<br />

participación de los actores; como respuesta a esta medida de<br />

restricción y austeridad, se decidió dividir el programa en dos,<br />

separando de esa manera al elenco.<br />

Durante esta década estuvo también en las pantallas Epicentro médico,<br />

un programa dirigido por Hugo Muñoz de Baratta, de "pantallazos"<br />

cómicos localizados en una clínica y cuyas escenas privilegiaban<br />

ocurrencias sobre enfermos y médicos. Duró seis meses. Otro programa<br />

fue Se necesita muchacha, cuya protagonista, "Doña Evangelina", fue<br />

interpretado por Delfina Paredes, y La tuerca que dirigía Carlos<br />

Velásquez.<br />

Estrafalario fue otro de los grandes programas de esta década dirigido<br />

por el fallecido actor Felipe Sanguinetti, en el Canal 7. Este programa,<br />

al estilo de El tornillo, privilegiaba los sketches. Entre ellos se recuerdan a<br />

Los compadres, El profesor Jarabe, El consultorio médico, y los legendarios<br />

Loquibambia y Escuelita Nocturna que se remontan al humor radial. En<br />

Estrafalario actuaron Mario Velásquez, César —el loco— Ureta, Alicia<br />

Andrade, El "Ronco" Gámez, Cayo Pinto, Teddy Guzmán, Támara<br />

Brown, Nora Guzmán y el "Chino" Yufra, entre otros.<br />

Los sketches mencionados privilegiaban, como los programas<br />

anteriores, a los arquetipos étnico-sociales de los estratos populares,<br />

como fue el caso de "Los Compadres": éstos eran Rossini y el "Ronco"<br />

Gámez, el primero el esposo de "Doña Cañona" y el segundo su amigo,<br />

a quien ella, en expresión popular, "le tiraba el calzón", es decir, le<br />

"daba bola". Cada vez que Rossini se iba, Gámez llegaba a su casa,<br />

donde "Doña Cañona" le hacía todo tipo de firuletes.<br />

"El profesor Jarabe" fue otro personaje importante, pues se<br />

trataba de un serranito, un cholito, que sin tener la importancia<br />

.<br />

(38) Telecentro, entidad centralizadora de la televisión peruana, fue creada, a partir<br />

de la expropiación de las acciones mayoritarias de los medios de radio y<br />

televisión por el gobierno militar del Gral. Velasco Alvarado, como única<br />

productora.<br />

163


de "Nemesio Chupaca", fue un eslabón más en este arquetipo<br />

recurrente en los programas cómicos nacionales.<br />

En Estrafalario hubo grandes imitadores, entre ellos César Ureta que<br />

se hizo conocido en su interpretación de Rita Pavone, actriz y cantante<br />

italiana. Guillermo Rossini, famoso en la interpretación de Pepe<br />

Biondi, el cómico argentino; Miguelito Barraza y el "Ronco" Gámez.<br />

ENTRANDO A LOS AÑOS 80<br />

Un programa, relativamente singular en esta trayectoria de los<br />

programas cómicos, fue el que dirigió Enrique Victoria en el Canal 7<br />

llamado La comedia peruana. Se trataba de comedias costumbristas, de<br />

sainetes, que tenían como "estrella" a Eddy Guzmán. Este tipo de<br />

programas ha sido poco común en la televisión nacional, a pesar de<br />

tener un origen remoto y una presencia intermitente en la pantalla. En<br />

cierta medida, se entronca con El festival Cristal del cuento peruano, pero,<br />

sobre todo, con la veta humorística teatral, costumbrista y criolla, del<br />

humor costeño. No podemos dejar de percibir cierto parentesco con las<br />

obras del cholo Carlos Rebolledo, con los padres del teatro nacional<br />

que son Segura y Pardo, y posteriormente con el teatro costumbrista de<br />

Leonidas Yerovi ya mencionado, así como con el programa Este Lucho<br />

sabe mucho, del comediante nacional Lucho Córdova y su esposa Olvido<br />

Leguía, cuya carrera artística se hizo esencialmente en Chile.<br />

Los programas cómicos de 1980, con excepción del Show de Rulito y<br />

Sonia, se han mantenido los últimos años. Este show tuvo una excelente<br />

y ambiciosa producción —incluso pretendía competir con Risas y Salsa<br />

en el horario estelar, los sábados a las 8 de la noche— pero hubo una<br />

mala definición de su audiencia, así como libretos y personajes de<br />

menor calidad. Había bailes, se privilegiaba el espectáculo pero carecía<br />

del humor popular presente en El tornillo, Estrafalario y Risas y Salsa, en<br />

los cuales se puede percibir una más clara continuidad en su concepción<br />

del humor.<br />

Los nueve programas cómicos de más reciente difusión son los<br />

siguientes:<br />

A. Trampolín a la fama, cuya estrella máxima es Augusto<br />

Ferrando, producido y comercializado por Panamericana TV, Ca-<br />

164


nal 5. Horario: todos los sábados, a las 18 horas. 100 minutos<br />

efectivos de duración. Hasta hoy, ¡hoy!, más de 1,000 programas, más<br />

de 16 años viendo ustedes, los niños que ya son grandes, los grandes<br />

que ya son mayorcitos, los mayores que son ancianos, viendo esta<br />

imagen, escuchando esta voz, reconociendo el rostro de Augusto<br />

Ferrando.<br />

El programa es producido y animado por Augusto Ferrando, que<br />

también es publicista, relator hípico y empresario de espectáculos:<br />

cuando algo resulta bueno, "va para la Peña". A los comerciales del<br />

Canal le añade los suyos: "Uno más y regreso". Es el propio Ferrando<br />

quien consigue a los anunciadores, quien reparte los regalos en cada<br />

programa, quien maneja su propia agencia de publicidad. El público,<br />

señoras y señores, hace cola desde la madrugada del viernes para ser<br />

de los primeros en ingresar al local y tener acceso a los premios.<br />

¡Frazadas, ternos, medicinas, sándwiches, pelotas! Vea usted a<br />

Leonidas Carbajal, el popular "Enciclopedia"; a la "Gringa" Inga en<br />

su acento natural; a la "Solterona" Violeta Ferreyros; a Felipe<br />

Ponciano, "Tribilín".<br />

Ferrando es su propio libretista y maneja el programa sobre ciertos<br />

lineamientos básicos a los que añade inspiración, improvisación, el<br />

factor sorpresa, lo mejor de su personalidad. ¡¡Qué personalidad con<br />

más de 16 años en su pantalla!!<br />

B. Qué mejor que un lunes para presentarles a Tulio Loza, hasta 1984<br />

como Tulio de América a Cholocolor, ¡TATATATAAAN!, al "Cholo de<br />

acero inoxidable, por mi madre, por mi madrecita", y hoy a Camo-<br />

Tulio en el Canal 5, en el cual asocia explícitamente al actor y a uno<br />

de sus personajes de mayor éxito: "Camotillo el tinterillo". Luis<br />

Carrizales Stoll, de amplia experiencia en la TV, era el productor y<br />

director del programa en el Canal 4. El director artístico era el<br />

mismito Tulio Loza. Hoy ambos trabajan para el Canal 5.<br />

Sin cuestionamiento alguno, la estrella máxima del programa<br />

era Tulio Loza. Lo apoyaban: Ricardo Fernández, hoy convertido<br />

en la estrella del nuevo programa Los detectiocos, que produce<br />

el Canal 4 para llenar el vacío dejado por Loza. María del<br />

Carmen Ureta, Ruth Revoredo, Mirna Bracamonte, César Valer<br />

y Luis La Roca, quienes si bien podrían ser considerados acto-<br />

.<br />

165


es principales por su prestigio personal, no lo eran por su gravitación<br />

en el programa. Los personajes que interpreta Tulio Loza son<br />

diversos, pero la gran mayoría son, como él mismo, primero y<br />

fundamentalmente cholos. De todos estos personajes sobresalen dos:<br />

"Nemesio Chupaca" y "Camotillo el tinterillo". Lo que dice<br />

"Camotillo" lo escribe Augusto Polo Campos, quien también se<br />

cambió de canal con Tulio Loza. El programa no cuenta por lo<br />

general con un libretista oficial para los sketches del elenco. No hay<br />

concursos ni sorteos, pero ¡no importa!, hay imitadores. Entre 1982-<br />

1983 surgieron allí dos nuevos valores: Cecilia Campos y Hugo<br />

Salazar. Cecilia Campos podía ser, entre otras, Saby Kamalich, Elvira<br />

de la Puente, Betty Missiego; Hugo Salazar era Pocho Rospigliosi,<br />

Raphael, Mario Vargas Llosa, Ricardo Blume, Alfonso Tealdo;<br />

Vinko, eventualmente, Chabuca Granda o Miguel Bosé.<br />

C. Risas y Salsa es un programa de Producciones Panamericana S.A.,<br />

emitido y comercializado por Panamericana TV, Canal 5. Se trasmite<br />

todos los sábados a las 20 horas a nivel nacional. Tiene también una<br />

hora de duración (45 a 50 minutos efectivos). Ha superado con creces<br />

al resto de programas para convertirse en uno de los "fenómenos" de<br />

la televisión actual en el Perú.<br />

A diferencia de los otros programas, Risas y Salsa no tiene ninguna<br />

"estrella" o "cabeza de programa", pues sus productores dicen haber<br />

reunido a los mejores actores del medio. Actúan Alejandro (Alex)<br />

Valle, Antonio Salim, Mabel Duclós (argentina radicada hace años en<br />

el país), Alicia Andrade, Camucha Negrete, Adolfo Chuiman y<br />

Guillermo Rossini. Aquí trabajó también César "el loco" Ureta, que<br />

en paz descanse, y el "Ronco" Gámez antes de pasar al Canal 9 con su<br />

propio Supershow. Sólo hay sketches y musicales. El libretista fue durante<br />

mucho tiempo Aldo Vega, de nacionalidad argentina, Ché, que<br />

según los chismes de los actores: "no ampayaba ni una, porque aquí<br />

prima la inspiración, la magia, la cancha del actor nacional". El<br />

libretista fue luego Carlos Oneto "Pantuflas" y finalmente Carlos<br />

Velásquez, que también es el director artístico.<br />

Como es usual, los nombres de algunos personajes prototipo<br />

dan título a los principales sketches. Tal es el caso de "Toto",<br />

conformado por una pareja (Camucha Negrete y Guillermo<br />

Campos) huachafa, vulgar y arribista. "Lucas", el esposo pisado,<br />

.<br />

166


interpretado por Antonio Salim, teniendo como esposa a Camucha<br />

Negrete y como su madre a Alicia Andrade, quienes discuten siempre<br />

en torno a él, el pobre "Lucas". "El hombre invisible", interpretado por<br />

Antonio Salim, presenta a un invisible amante de las mujeres. "Don<br />

Hipócrita" una especie de "revival" del sketch del mismo nombre de El<br />

tornillo, y "Don Pésimo" interpretados por Alex Valle, a la antigua<br />

usanza de este veterano cómico nacional, se presentan como<br />

monólogos. "El novio" y "El pícaro", interpretado por Adolfo<br />

Chuiman, nos muestran a un jovenzuelo urbano popular de carácter<br />

amoral y, sobre todo, pendenciero, seductor, pandillero, flojo, que sale<br />

siempre con la suya, a pesar de su conducta anómala. "Madame<br />

Sapatini", interpretada por Esmeralda Checa, es una gitana que lee la<br />

suerte a través de su bola de cristal, fue reemplazada por Las clases de<br />

urbanidad, una especie de clases de charme. Sobresalen, El inspector,<br />

interpretado por Alex Valle (Un ayayero del "Dr. Chantada") y El<br />

jefecito (quizás el más recurrente y característico sketch del programa).<br />

En él intervienen Antonio Salim, el jefe; su secretaria "Chelita"; Analí<br />

Cabrera; y "Felpudini", interpretado por Rodolfo Carrión. En<br />

referencia a estas situaciones y personajes volveremos al estudiar los<br />

principales temas de los programas cómicos.<br />

D. Humor redondo es un programa producido por PROPAN y<br />

PANTEL que se transmitía los jueves a las 20.30 horas y hoy se<br />

mantiene en dos tandas semanales en horario variable. Se graba la<br />

tarde del martes muy fácilmente, porque el programa se limita a<br />

presentar a cinco cómicos que cuentan chistes. Hasta la fecha se han<br />

producido más de cien programas. El productor y libretista es Delfor<br />

(de nacionalidad argentina). Los cómicos que cuentan los chistes no<br />

son siempre los mismos, pero son básicamente los siguientes.:<br />

Miguelito Barraza, el "gordo" Cassaretto, Esmeralda Checa, Néstor<br />

Quinteros, Guillermo Rossini e incluso Alex Valle. El "animador" es<br />

un joven que se limita a saludar, presentar cada serie de chistes entre<br />

las tandas de comerciales y despedir el programa.<br />

E. Te mato Fortunato, también producido por PROPAN y<br />

distribuido por PANTEL, es un programa de sólo media hora<br />

grabado principalmente en exteriores y difundido los jueves antes<br />

o después de Humor redondo. Tiene una estructura narrativa<br />

excepcional por su pretensión y carácter episódico en las<br />

situaciones que presenta, en lugar de los sketches característicos<br />

.<br />

167


a estos programas de humor. Tiene un elenco de actores reunidos<br />

alrededor de la figura de Hugo Loza, hermano de Tulio, en el que<br />

sobresalen Jorge Montoro y Camucha Negrete. Se grabó primero en el<br />

antiguo y aristocrático Country Club Hotel, pero ha pasado luego a<br />

realizarse en el hotel "Carusso", típico ejemplo del gusto que se<br />

denomina huachafo en la ciudad.<br />

F. Matrimonios y algo más, nueva versión de un antiguo programa de<br />

Panamericana Televisión, que era conducido por el actor español José<br />

Vilar. Conocida en el ambiente de la televisión como "Argentinos y<br />

algo más", presenta una adaptación de los antiguos libretos<br />

argentinos, de Hugo Mosser a cargo del libretista Delfor. La dirección<br />

es de Leonardo Torres. Los principales actores son Fernando de Soria,<br />

Ricardo Combi, Ruth Razzeto, Gustavo Mac Lennan, Lourdes<br />

Mindreau, Ethel Mendoza, Claudia Dammert y Hernán Romero.<br />

Compuesto originalmente de sketches que resumían situaciones<br />

prototípicas de los problemas matrimoniales de los sectores medios,<br />

fue incorporando temas que intentaban ampliar el interés y sintonía<br />

del programa especialmente en los sectores medios. No tuvo el éxito<br />

previsto y ha sido reemplazado por Los Pérez-Gil, versión nacional de<br />

la antigua serie Gorosito y familia, también argentina.<br />

G. El dedo, es el programa cómico del nuevo Canal 9 Andina de<br />

Televisión. Para su producción fue contratado Carlos Oneto<br />

"Pantuflas", libretista, actor y director de programas cómicos, de<br />

amplia experiencia, quien produce y dirige el programa. Los libretos<br />

son de Fernando Barreto. El dedo ha reunido a un con- junto de<br />

jóvenes actores cuya procedencia de clase no es principalmente<br />

popular y algunos de los cuales tienen experiencia en el teatro<br />

propiamente dicho. Si bien nadie es presentado como estrella del<br />

programa, destacan lvonne Fraysinet, Piwit, Enrique Avilés, Manuel<br />

Moreno Martí, Isabel Duval, Hugo Salazar (el buen imitador que<br />

empezó en el show de Tulio Loza), Anita Saravia y Atilia Boschetti.<br />

Su audiencia está prevista entre los sectores medios y se encuentra<br />

probando cómo definirse. Tiene una hora de programación semanal<br />

los martes a las 9.00 p.m.<br />

H. El supershow del Ronco, es igualmente producido por Andina<br />

de Televisión para el Canal 9, con la misma estructura y estilo<br />

.<br />

168


que el programa de Ferrando; pero el "Ronco" le imprime su estilo<br />

peculiar e incluye sketches en donde actúa encarnando a algunos de los<br />

personajes creados durante su larga trayectoria en otros programas<br />

cómicos. El productor es también Carlos Oneto. Para la conducción<br />

del programa el "Ronco" cuenta con el respaldo de su colaborador en<br />

Radio Mar, el disc-jokey Kiko y dos guapas modelos Erika y<br />

Amparito. Se programa los miércoles por la noche en horario<br />

principal, de 8 a 10 de la noche.<br />

I. Los detectilocos es el programa creado por Canal 4, América<br />

Televisión, luego de que perdiese por mejor oferta del Canal 5 a su<br />

máxima estrella Tulio Loza, así como al libretista Polo Campos y al<br />

director de televisión Luis Carrizales Stoll. Los libretos y dirección<br />

están a cargo de Carlos Guille, experimentado guionista de amplia<br />

labor en el medio. Los roles estelares corresponden ahora a quienes<br />

secundaban a Tulio Loza: Ricardo Fernández, Enrique Victoria,<br />

Fernando Farrés, Ricardo Tosso, Ricky Tosso y Mirna Bracamonte,<br />

entre otros. Es una especie de serie continuada de incidentes sobre la<br />

base de las aventuras de, según reza el título, unos detectives-locos. Se<br />

programa los viernes a las 9.00 p.m.<br />

3. EN BUSCA DEL TRONCO COMUN<br />

La cronología de los programas cómicos de la televisión nos<br />

permite realizar una síntesis apretada de las características que le son<br />

comunes, y que serán guía del seguimiento de los mismos.<br />

LOS ARQUETIPOS ETNICO-CULTURALES<br />

Los arquetipos étnico-culturales privilegian los del cholo y el zambo.<br />

En el primer caso, debemos remontarnos a los ídolos de la radio y el<br />

teatro, que fueron Teresita Arce y Carlos Rebolledo, conocidos<br />

artísticamente como la "Chola Purificación Chauca" y el "Cholo<br />

Rebolledo". Ambos proponían una reivindicación de lo nacional a<br />

través de este mestizo cultural, arraigado y vilipendiado. Es importante<br />

acotar que la reivindicación autóctona de Teresita Arce se situaba frente<br />

a la música caribeña y no norteamericana, como ocurre en la actualidad,<br />

y escogía preferentemente para ello la música de las serranías. Era una<br />

chola con ancestro indio, principista, de autoridad moral, que<br />

representaba a la chola reivindicativa, luchadora, peleadora, cu-<br />

169


yo parangón más cercano es el programa que, en los años 70,<br />

representó Delfina Paredes como "Doña Evangelina".<br />

El cholo fue luego retomado en la imagen de Tulio Loza, a través<br />

de su famoso "Nemesio Chupaca Porongo", conocido luego con su<br />

alias del "gringo Williams" o el "gringo Julián". La primera aparición<br />

de "Nemesio Chupaca" fue por los años 60, y tenía una connotación<br />

popular mucho mayor que la que tiene ahora, donde acostumbra<br />

ubicarse en situaciones propias de la pequeña burguesía. "Camotillo el<br />

Tinterillo" también se enlaza a este tronco común, pero lo hace con<br />

características propias, al asumir un mensaje político e ideológico, en<br />

el cual es difícil separar al actor (Tulio Loza) del personaje.<br />

Posteriormente, lo cholo tendrá su expresión en estos programas a<br />

través de Teresita Rodríguez como "Juanacha", una chola que a<br />

diferencia de "Purificación Chauca", no sólo carece de un carácter<br />

reivindicativo, sino que está completamente instalada en la sociedad<br />

urbana en condición de empleada doméstica o sirvienta. "Juanacha",<br />

para hacer reír, será una chola respondona, que no encuentra "su<br />

sitio", aunque lo tiene muy preciso y delimitado. Teresita Rodríguez<br />

vuelve a representar a este personaje, ya no como "Juanacha", en Te<br />

mato Fortunato, pero con la misma lógica: será otra vez la sirvienta de<br />

"Fortunato", con su dejo de chola serrana, media sumisa, media<br />

"metete", pero sobre todo bien instalada, con su informe negro, su<br />

delantal blanco y su cofia.<br />

Otro personaje masculino que debemos rescatar es "Eleuterio" en el<br />

programa Te mato Fortunato, que hace de cholo acriollado en la urbe,<br />

siguiendo los pasos que "Nemesio Chupaca" ha ido dejando en su<br />

proceso de ascenso social. A diferencia de Teresa Rodríguez (tanto<br />

como "Juanacha" como en el programa de Fortunato), "Nemesio" y<br />

"Eleuterio" no son nunca domésticos. Los cholos de estos programas<br />

son seres que no están atados a un contrato ni están instalados socialmente<br />

en una modalidad de trabajo: son "informales", vendedores,<br />

trabajadores por cuenta propia, gasfiteros, plomeros, callejeros,<br />

móviles, transeúntes, migrantes en el pleno sentido de la palabra. La<br />

mujer siempre —con excepción de la "Chola Purificación" o de "Doña<br />

Evangelina"— está ligada a un trabajo estable, dependiente, al interior<br />

del sistema al cual es útil y funcional.<br />

170


El zambo, de otro lado, es un personaje que también tiene su<br />

tradición en los programas cómicos. Se remonta al famoso Carlos<br />

Rodrigo en la radio, un excelente actor de monólogos que interpretó<br />

al zambo costeño, de la ciudad. El zambo de Carlos Rodrigo fue<br />

antecesor del "Pablo Zambrano" de Jorge Donayre.<br />

El último zambo de esta secuencia es "Roncayulo", creado por<br />

Augusto Polo Campos y actuado por Antonio Salim. Vinculado al<br />

mundo del callejón popular urbano, con barba crecida y atuendo<br />

cantinflesco, jergoso y prepotente, "Roncayulo" está siempre en<br />

amores con "Doña Cañona", zamba lisurienta, callejonera también,<br />

graciosa y, sobre todo, con agallas. Todos ellos incluido el "Ronco"<br />

Gámez, merecían los calificativos que Jorge Donayre acuñó para<br />

"Pablo Zambrano": "son zambos pirigalleros, quimbosos,<br />

currupanteosos..."<br />

PRINCIPALES PERSONAJES<br />

Además del elemento racial, existen en estos programas de humor<br />

ciertos personajes con inclinaciones y características similares. Entre<br />

ellos, el más típico es el político, que en la actualidad tiene en<br />

"Camotillo" su mejor expresión. Este personaje tiene antecedentes<br />

tanto locales como extranjeros.<br />

El antecedente nacional más importante fue el "Dr. Rochabús", con<br />

el cual mantiene diferencias significativas. El "Dr. Rochabús" era un<br />

señor limeño —nativo, por cierto— y con ciertos aires pasadistas;<br />

mientras "Camotillo el Tinterillo" es de origen serrano, conquista la<br />

metrópoli e introduce una concepción agria del humor y un lenguaje<br />

con giros y expresiones populares creados en convenio con su<br />

libretista. Sin embargo, ambos recrean el lugar común del personaje<br />

político, de la trama política como motivo de humor, y asumen el rol<br />

de fiscal frente a las inmoralidades de la sociedad. A estos dos<br />

personajes podemos agregar a "Don Protestón", interpretado por Alex<br />

Valle, en Risas y Salsa. Este personaje puede ser interpretado como una<br />

réplica actual de "Camotillo", pues se trata de alguien que protesta<br />

ante cualquier cosa. Sin embargo, "Don Protestón" es un personaje de<br />

segundo rango, que escoge tanto temas políticos como costumbristas.<br />

171


LOS AMBIENTES<br />

Las ambientaciones y los temas también tienen vasos comunicantes<br />

entre los distintos programas cómicos de la televisión. En<br />

buena parte porque los libretistas son, por lo general, los mismos, e<br />

incluso, como se ha señalado, "voltean" libretos de otros países a las<br />

situaciones nacionales. Entre ellos, el deseo obvio por lograr una<br />

ambientación popular predomina, a través de personajes que le son<br />

propios. Sin embargo, podemos notar una evolución del ambiente<br />

popular tradicional (es decir, local, de esquina, de barrio) hacia dos<br />

vetas posteriores: una, hacia los sectores medios, con su salita, su<br />

ambientación en interiores, de hogar y flores de plástico; y otra hacia<br />

lo popular callejonero, de vecindario.<br />

El ambiente popular tradicional equivale a esa Lima que todavía<br />

no había sido remecida por el proceso migratorio, que tenía en esa<br />

esfera social un gusto por lo refinado, esencialmente blanco, criollo<br />

con residuos de abolengo, donde siempre había un "señor, aunque<br />

venido a menos" que, democráticamente, dialogaba con los criollos<br />

populares. La ambientación en estos casos se hacía en la vida de<br />

barrio, entre vecinos, en torno a la bodega o la esquina.<br />

Estas dos vetas indican modificaciones profundas en la sociedad<br />

peruana: de un lado, el incremento de los sectores medios urbanos,<br />

especialmente en Lima, y su ingreso al humor tratando de definir una<br />

ambientación propia. Las situaciones de clase media, sin embargo,<br />

son tratadas desde la perspectiva de los sectores populares que crean y<br />

representan las aspiraciones de vida de los estratos económicamente<br />

altos. Aparecen, así, la huachafa, ("Doña Epidemia"), el burócrata, el<br />

jefecito ("Federico Lanserote"), la señora de la casa con sus utensilios<br />

y sus pretensiones de ser o llegar a ser. Esta perspectiva propicia las<br />

principales intrigas: los amoríos extraconyugales y las inmoralidades<br />

laborales. Surge así una veta de humor que se repite hasta el infinito;<br />

las "sacadas de vuelta", los "cuernos", los seductores empedernidos y<br />

las esposas sumisas, celosas o intrigantes; y también los "ayayeros",<br />

los "coimeros", los supuestamente insobornables inspectores de la<br />

administración pública.<br />

La veta popular, por su parte, se verá enriquecida con las nuevas<br />

situaciones que ocurren en la sociedad urbana, como es la<br />

.<br />

172


violencia y la agresividad cotidiana. El mundo de la bodega de los<br />

primeros programas (recuérdese, por ejemplo, La bodega de la esquina),<br />

es reemplazado por el mundo del bar o la cantina, el robo y los asaltos<br />

como motivo de humor. Siempre en esta veta de argumentos está el<br />

pillo, el criollo nativo a acriollado, el pendejerete a flor de piel: pueden<br />

ser el "Travieso Lira" o el "Mentado Arrieta" de antaño, el zambo<br />

"Roncayulo", el mismo "Nemesio Chupaca" en sus más recientes y<br />

audaces intervenciones, o "Papá" Adolfo Chuiman, cuando representa<br />

al "blancón urbano bacán" en sus periplos populares. Los libretos<br />

contribuyen aportando un lenguaje descarnado, actualizado y<br />

jerguero. Podemos encontrar, sin embargo, como parentesco entre<br />

ambas situaciones, la misma violencia urbana contemporánea, pero<br />

mucho más abierta en los estratos populares, mientras que la otra veta<br />

opta por el andamiaje de las formas, de las aparentes buenas maneras,<br />

para realizar lo mismo: la mentira, la intriga, el desfalco o el robo.<br />

En los recientes programas de humor televisivo, como en las peñas<br />

o cafés teatros, se introduce como un toque de modernidad ambientes<br />

que permiten la aparición de afeminados y de mujeres bellas. En los<br />

primeros programas el tema de la homosexualidad no era tratado con<br />

la persistencia actual, en que aparece frecuentemente como motivo de<br />

una situación o tema de un chiste narrado. Incluso, como se verá<br />

posteriormente, actores como Tulio Loza o Adolfo Chuiman aparecen<br />

constantemente vestidos de mujer. Desde los tiempos de "Mesié<br />

Canesú", el primer exponente afeminado, ha existido una constante<br />

recreación sobre el tema, que ha llegado hasta hacerle un lugar<br />

imprescindible en el humor de estos programas.<br />

La presencia femenina también ha tenido virajes importantes en<br />

relación a los programas de antaño. Hasta El tornillo, las mujeres estaban<br />

en una situación secundaria, de adorno o apoyo a los actores masculinos.<br />

A partir de la aparición de Cuchita Salazar es que la vampi, la vampiresa,<br />

hace su aparición en la pantalla. Entre el modelaje y la actuación<br />

empieza a surgir una simbiosis interesante: la mujer aparece con sus<br />

encantos físicos y desarrolla breves papeles de actuación. Mientras<br />

Gladys Arista se mantenía exclusivamente como modelo, Cuchita<br />

Salazar irrumpe en la actuación, al igual que Camucha Negrete,<br />

Teddy Guzmán o Daysie Guzmán, sobre todo en los ambientes<br />

conyugales y de alcoba en el actual programa Matrimonios y algo más.<br />

173


174<br />

Es claro que los programas cómicos nacionales reproducen las<br />

situaciones que ocurren en nuestra sociedad, sus modificaciones, sus<br />

principales avatares. Al contenido de sus argumentos le sucede una<br />

forma particular de abordarlos, propia del espíritu costeño y criollo,<br />

que es una manera, una perspectiva, de ver el resto del país: aquel<br />

misterioso, lejano y sospechoso país de una mayoría de indios y<br />

serranos que, sólo convertidos en cholos, se hacen un lugar en la<br />

ciudad. Benjamín Cisneros, Jorge Donayre, Pedrín Chispa,<br />

"Pantuflas", Augusto Polo Campos, e incluso libretistas extranjeros<br />

como los hermanos Guille o Delfor, serán los encargados de imaginar<br />

las tramas, de dar léxico a los sketches. También, muchos de ellos,<br />

deberán crear los personajes, es decir, los arquetipos étnico-culturales<br />

del país, y con ello, una visión histórica, cultural y política, desde el<br />

humor de la ciudad costeña, de Lima, frente a otros exponentes<br />

culturales del país, a los cuales, además, se les concibe sin chiste, sin<br />

gracia, sin picardía.


CAPITULO VII<br />

PERSONAJES Y LENGUAJE<br />

175


176


1. LA BOQUILLA Y EL ATARANTE:<br />

DOS EXPRESIONES DEL PALABREO<br />

En el terreno de las imágenes, el Perú es un país silencioso. La idea,<br />

propagada durante siglos, de que el indio es un individuo taciturno y<br />

callado, encuentra su asidero en la conquista española, que lo redujo a<br />

ser un ciudadano de "tercera categoría". El quechua y el aymara son,<br />

en principio, lenguas reducidas a una porción de la población y a<br />

espacios determinados de la geografía nacional.<br />

El idioma predominante, el que se escucha más fuertemente,es el del<br />

criollo, el castellano salpicado con "peruanismos": jerga y bacanería.<br />

En ninguna dependencia del Estado ni en ningún barrio limeño se<br />

habla el lenguaje de los indios. Ellos, para poder hablar, deberán sufrir<br />

un proceso de acriollamiento, deberán aprender a hablar "como Dios<br />

manda". Esta imagen de país silencioso se extiende curiosamente a la<br />

vida urbana. A los personajes andinos y desteñidos que habitan en<br />

Lima, se añade la idea de su silencio político, no a la manera de la<br />

"mayoría silenciosa" americana, que en cierto modo decide sacar del<br />

bolsillo su voto conservador en las elecciones, sino en la incapacidad<br />

de expresar sus reivindicaciones y su manera de ver las cosas a través<br />

de los canales formales de comunicación social.<br />

Tal vez para graficar esta imagen generalizada, el narrador<br />

Julio Ramón Ribeyro puso como título a la colección de sus<br />

cuentos La palabra del mudo, una alegoría que le permite<br />

representar a aquellos que no tienen la oportunidad de expresar-<br />

.<br />

177


se en este país. No en vano existe la expresión "lío de blancos", para<br />

dar a entender que muchos de los problemas nacionales y su difusión<br />

no logran superar la barrera de una minoría social.<br />

Sin embargo, no todo tiene el vaho de la melancolía en este mundo<br />

de bocas cerradas. Los programas cómicos de la televisión son la<br />

expresión máxima de lo contrario, al privilegiar el humor que se<br />

desprende de quienes son los protagonistas de la vida en la ciudad:<br />

esos individuos hábiles en el verbo, graciosos y pícaros en los giros<br />

lingüísticos y la palabra. Estos individuos son, por supuesto, los<br />

criollos, porque no hay criollo callado;ellos desarrollan esa diversidad<br />

en el uso de la palabra que se ha dado en llamar "el palabreo", "la<br />

boquilla", "el atarante".<br />

De los programas cómicos se desprende un lenguaje característico y<br />

un orden condicionado por el mismo. En el mundo en que se<br />

desenvuelven sus personajes, la palabra cobra un valor insólito,<br />

porque sólo a través de ella se puede construir un mundo a la<br />

dimensión de sus expectativas, disconformes con la realidad que les<br />

toca vivir, los criollos no aceptan su condición de existencia. Para<br />

superar esa situación nada mejor que "atarantar", utilizando "la<br />

boquilla" como arma de ataque y defensa.<br />

Una característica del mundo popular urbano es la agresividad<br />

verbal; el insulto se expresa oralmente a través de un comportamiento<br />

gestual que evita el enfrentamiento corporal. "Pura boquilla", eres<br />

"pura boca", "pura palabra". Pero en esa capacidad de usarla, está el<br />

"atarante" que permite desconcertar a la otra persona, achicarla,<br />

bajarla, reducirla. Mucho de este "atarante" se orienta a los rasgos<br />

étnicos de la otra persona: cholo, negro, indio; o todo a la inversa:<br />

blanquito, blanquiñoso, "rosquetón". El que habla primero y más<br />

rápido es quien gana. No es necesario para ello un ring de box;<br />

cualquier lugar es suficiente para un cambio de palabras. Por eso hay<br />

que estar siempre prevenido. No hay que lamentarse después: "le<br />

hubiera dicho esto y replicado de esta otra manera...".<br />

Con las palabras, además, se conquista a una mujer. Un buen<br />

criollo diría: "no hay mujer que diga que no, si está bien trabajada". Y<br />

el trabajo, en este caso, se da, principalmente, a través del palabreo.<br />

.<br />

El don de la palabra se convierte, de ese modo, no sólo en símbolo<br />

de prestigio sino también en una herramienta de lucha<br />

178


social indispensable. La sociedad urbana en el Perú -sobre todo en<br />

Lima- carece de un ordenamiento claro y explícito; por esa razón el<br />

palabreo encuentra su lugar con naturalidad en el ánimo del criollo,<br />

permitiéndole actuar en ese medio ambiguo y de fronteras no precisas.<br />

"Me lo palabrié" quiere decir lo convencí, que atracó con mi mentira,<br />

que se la creyó. Puede ser una mujer, una jovencita, un burócrata en<br />

pleno trajín de los trámites, un comerciante; cual quiera, en realidad,<br />

puede ser el atarantador o la víctima. De lo que se trata es de vender la<br />

imagen de que se es fuerte, poderoso, ingenioso o hábil. Que no se es<br />

"monse", sobre todo eso. En el Perú que muestran estos programas de<br />

televisión, se confunde bondad con estupidez; apego a las normas con<br />

"boludez"; seriedad con imbecilidad. Una de las formas de alterar este<br />

orden de valores es mediante la palabra, pero como palabreo, con<br />

"boquilla".<br />

Los principales personajes de estos programas cómicos son siempre<br />

parlanchines, charlatanes, imitando el profundo sentido latinoamericano<br />

que representó "Cantinflas", el gran charlatán, enredado, pero<br />

legítimo al mismo tiempo. Sin la lógica de Pascal y con el<br />

barroquismo español de la colonia, estos cómicos nacionales se<br />

dedican principal-mente a hablar en la pantalla. Sus personajes<br />

sustentan su humor y su personalidad en la capacidad de hablar. A<br />

veces son monólogos con la teleaudiencia, en los cuales hablan "hasta<br />

por los codos", aunque la lógica del discurso no sea muy exigente.<br />

Inventan palabras, retoman jergas, reviven expresiones antiguas,<br />

utilizan giros de otros idiomas. Todo vale, la cuestión es hablar. Los<br />

"vivos" son los locuaces, los "puntos" son los silenciosos. Los<br />

personajes más conocidos son los que más hablan. Los secundarios,<br />

los callados.<br />

No deja de ser interesante el carácter compensatorio que tiene el<br />

valor de la palabra en los sectores populares urbanos, como una<br />

manera de sobrevivencia y de dejar constancia de que, en esta jungla,<br />

hay que creer en quienes pueden –porque saben- hablar. En la<br />

televisión la lógica está en "pitear", en hacer pública la crítica o la<br />

queja. Tulio Loza calificó su sentido del humor "como de queja", pues<br />

claro, él es el "gran protestante", porque protesta. El hombre de la<br />

calle no lo puede hacer, pero cuando ve en la televisión a alguien,<br />

como "Camotillo el Tinterillo", que dice hablar en repre-sentación del<br />

pueblo, sesiente cerca de ese personaje.<br />

179


El palabreo, de otro lado, aparece en los programas cómicos de<br />

televisión como una forma de responder a los enredos formales que<br />

impiden una aproximación directa al objeto. El palabreo va<br />

socavando un mundo establecido, intrincado, burocrático, a través de<br />

su desorden verbal, que es como una catarata, que funciona como una<br />

manera de ingresar a aquel aparato inexpugnable, aunque no en forma<br />

directa y franca, sino a través de recovecos.<br />

Al respecto, el "atarante" no es más que la versión vanidosa y<br />

agresiva del palabreo; en este mundo de grandes y chicos, de blancos y<br />

cholos, de ricos y pobres, establecido a raja tabla y sin concesiones, el<br />

"atarantamiento" es otra herramienta que utilizan los sectores<br />

populares para revertir ese orden, aunque sea verbalmente. De ese<br />

modo, una persona no tiene por qué aceptarse como es visto por el<br />

estereotipo que propagan los sectores dominantes: "cholo<br />

desgraciado", "zambo pretencioso", "negro bruto", sino al contrario:<br />

ser alguién que va a desconcertar a los otros, comportándose de<br />

acuerdo a una personalidad que él pueda valorar. Habrá que analizar<br />

las características psicológicas de este comportamiento, pero es<br />

innegable que, de esta manera fácilmente verificable, los sectores<br />

populares empiezan a verse a sí mismos con más respeto, con más<br />

dignidad.<br />

El país silencioso y la ciudad solitaria serían, pues, solamente<br />

imágenes de una realidad que bulle en la bullanga interna, igual a una<br />

carraspera. Alberto Escobar dice "que la lengua suele inspirar desde<br />

atracción hasta rechazo y temor mágico" (39). En el problema que nos<br />

ocupa esto es cierto, desde varias perspectivas. No puede ser de otro<br />

modo en una sociedad donde la realidad se torna insoportable, la vida<br />

es demasiado estrecha y la lengua una manera de superar sus límites y<br />

defenderse con agresividad. Atracción -sin duda- por la capacidad que<br />

tiene la lengua de modificar un estado de cosas; de poder combatir<br />

con los contrincantes de clase o de color; de poder confundir<br />

un ordenamiento económico que se sustenta en la desigualdad y<br />

funciona burocráticamente; de poder crear una nueva realidad que,<br />

aunque irreal, permite sentirse más de lo que uno es y atacar<br />

-sin matar- con sendas habilidades verbales. Atracción también<br />

.<br />

(39) ESCOBAR, Alberto... "El problema de la lengua y la identidad nacional" en<br />

Perú: identidad nacional, Lima, CEDEP, 1979, p. 169.<br />

180


por el regocijo que su uso produce. Pero también rechazo cuando no<br />

se entiende, o no se quiere entender. Finalmente temor, porque la<br />

palabra -aún como palabreo- constituye una posibilidad de verse<br />

agredido; la palabra puede introducirse, fustigar y romper la<br />

solemnidad de lo hecho, de desordenar lo ordenado. Probable-mente,<br />

para el espíritu criollo, irónico y cáustico, burlón y zalame-ro, la<br />

boquilla y el atarante como expresiones populares de la confusión, del<br />

mal hablar, rápido y desordenado,constituyen una forma de evitar las<br />

responsabilidades de la precisión y moverse mejor en el terreno del<br />

aprovechamiento de la situación que produce la ambiguedad. La finta,<br />

además, la gracia y la picardía, necesitan de la frondosidad del<br />

lenguaje y no de su desnudez lógica y mesurada.<br />

El volumen tiene también algo que decir. Los gritos, la voz alta o<br />

en cuello, también se derivan de este estilo de utilizarla boquilla y el<br />

atarantamiento. No se trata de convencer a la otra persona o mostrar<br />

sus argumentos a la luz de la razón y el equilibrio; no, justamente es<br />

todo lo contrario, en el torbellino de la gritería, en el<br />

desencadenamiento de las palabras, en los tonos altos, es que uno<br />

puede atarantar y palabrear; es decir, engaña, confunde, mezcla,<br />

salpica de aquí y de allá. "Heme aquí, aquí heme" - dice "Camotillo el<br />

Tinterillo"-, el mejor exponente de este ánimo churrigueresco traído<br />

desde los Andes, voz que descolla desde abajo, de su aparentemente<br />

simple condición de tinterillo.<br />

La habilidad en el lenguaje, costeño, criollo, soterrado, establece la<br />

relación entre el cómico y el "populorum", entre el "vivo" y el "punto",<br />

entre el criollo y el intelectual, entre el gracioso y el serio.<br />

La mayoría de los cómicos reconoce que sus programas y su<br />

persona tiene como principal audiencia al "populorum", a "la<br />

mancha" o "mi mancha", como la llama el "Ronco", "porque de otra<br />

manera no nos entienden, y de lo que se trata es que lo entiendan a<br />

uno", repite constantemente hasta en los sorteos que hace por la radio:<br />

"El nombre del ganador es... Rosa...Rosa... Rosa..., ¡el apellido no se<br />

entiende, no vale, eliminado, lo que no se entiende no vale!", concluye<br />

decidido el "Ronco".<br />

El cómico principal del programa será siempre el "vivo" y no el<br />

"punto". Y es a través de su habilidad con los giros que se<br />

.<br />

181


convierte en un pícaro: el criollo que "pitea" y dice las cosas con<br />

gracia, bien dichas, con humor. El "punto", que siempre existe como<br />

segundo, es su víctima, a menos que sea otro criollo y se arme un<br />

contrapunto, cosa excepcional.<br />

El lenguaje de los cómicos se debe diferenciar del lenguaje que<br />

utilizan las personas serias; cuando se parodia un acontecimiento se<br />

cambian las palabras como una manera de hacerlo gracioso y<br />

accesible al gran público. Casi es una traducción del lenguaje formal al<br />

informal. Lo sacan de sus cuatro paredes y lo proyectan al<br />

"populorum". Asimismo, el lenguaje popular de los cómicos se<br />

convierte en un bunker frente al intelectual, pues ambos funcionan casi<br />

como dos ríos paralelos, sin mayores vínculos entre sí.<br />

2. LAS CHAPAS O CHAPLINES<br />

Una de las maneras más explícitas de utilizar la boquilla es a través<br />

del uso de los apodos, "chapas" o "chaplines". Allí sí que se está en el<br />

reino "impajaritable" del humor, del ingenio que trastoca los nombres,<br />

de la matadera de risa. Cuántos "puntos" son los que han circulado<br />

por los programas cómicos de la televisión, desde el popular<br />

"Corneto", el que tú Chávez, el político Héctor Cornejo Chávez. La<br />

lista es numerosa: "Gallo hervido" (Carlos García Bedoya), "Cara de<br />

flecha", "Cara de caigua", "Ancla de buque" (el ex-Premier Manuel<br />

Ulloa), "el karateca" (el Presidente Belaúnde), "Moco seco" (el ex-<br />

Ministro Pedro Pablo Kuczynski), "Lechuzón" (Javier Alva<br />

Orlandini).¡Líbreme Dios!, debe exclamar un político nacional, de<br />

tener un defecto físico o un rasgo demasiado protu-berante, como la<br />

mandíbula de Manuel Ulloa o la nariz de Luis Bedoya Reyes.<br />

Pero el uso de los ápodos no se reduce a los políticos; incluye<br />

también a los periodistas metidos en política y conocidos por las<br />

cámaras de televisión, como César Hildebrandt, parodiados como<br />

"César Hitlerman", serio y con sus bigotitos; Mario Castro Arenas,<br />

conocido como "Mario Apenas un saco", o Enrique Zileri Gilbson,<br />

más conocido en Risas y Salsa como "Enrique Sile Di un Guiso".<br />

Otros puntos clásicos son las figuras de la televisión que<br />

son motivo de "cochineo", y el "cochineo" empieza por casa, por<br />

lo inherente del humor, su "chapa": "Los trabajadores criollos"<br />

.<br />

182


son los Embajadores Criollos, "Pablo Mal de la Gota" es Pablo de<br />

Madalengoitia, "Calvito Pinasco" es Rutilo o Angel Pinasco,n cuando<br />

no es "Rulito Del Asco" y Sonia Oquendo, su mujer y partenaire,<br />

"Sonia Horrendo"; Tulio Loza es "Chullo" Loza, Oswaldo Cattone es<br />

Oswaldo "Cuetone", "Choclo" es Chocco –el peinador-, César<br />

"Murió" o "Mirón" es César Miró, etc. (40).<br />

A partir de los apodos, como motivo de burla, el personaje escogido<br />

adquiere una nueva personalidad con la cual alcanza un peso y<br />

consideración mayor. Por ejemplo: "Calvito" Pinasco alude al moño<br />

que en algún momento le caía con mayor naturalidad por la frente;<br />

"Chullo" Loza permite una tomadura de pelo a su condición de indio<br />

o cholo; "Cuetone" y "los ojos más lindos que Silva Maccera" da a<br />

entender, incluso por los movimientos de su imitador, su<br />

amaneramiento, como sucede con el peinador Chocco ("Choclo"), a<br />

quien se le dice que tiene un "peinado salchipapa". El criollo se burla y<br />

luego remata exclamando, a través de Adolfo Chuiman: " ¡como esto<br />

se pega, yo me voy!".<br />

La burla de lo serio como elemento constitutivo del humor criollo<br />

adquiere en los programas cómicos de la televisión un ingrediente<br />

más: la agresividad. Cierto que el moralismo es una limitación de la<br />

inteligencia, pero no podemos negar que el humor de los apodos<br />

apunta -como expresión del ingenio verbal- a resaltar aquello que<br />

desagrada o incomoda a la otra persona. En este sentido, el lenguaje<br />

de los apodos en estos programas no hace sino reproducir la<br />

agresividad que caracteriza a los muchachos de barrio o de los<br />

colegios. Virolos, cojos, mancos, gordos, flacos, enfermos y tímidos,<br />

son motivo de un apodo implacable. Y, filosofías aparte, el humor<br />

puede trastocar lo triste por lo alegre, de tal modo que la desgracia o la<br />

limitación ajena acaba siendo motivo de risa.<br />

Sin embargo, podemos distinguir dos tipos de apodos en los<br />

programas de televisión; uno, sobre todo en los programas de Tulio<br />

Loza, que relaciona el apodo a una determinada corriente ideológica;<br />

y otro, sobre todo en Risas y Salsa, que podríamos denominar<br />

costumbrista.<br />

(40) En el humor escrito el periodista Luis Felipe Angell -Sofocleto- es, sin lugar a<br />

dudas, el padre de esta tradición del apodo o sobre-nombre para los hombres<br />

públicos.<br />

183


. .<br />

Genaro Ledesma, líder del FOCEP, miembro de la Izquierda<br />

Unida, es conocido como "Geranio" y constituye un motivo<br />

inacabable de burla para Tulio Loza. En la mayoría de sus programas<br />

aparece como el bobo de la familia, atrapado en su aserranado<br />

comunismo. Esto bordea la contradicción con su propósito declarado<br />

de reivindicar lo serrano, porque, por supuesto, Ledesma es el mejor<br />

ejemplo para ridiculizar a la izquierda, al parlamentario de izquierda.<br />

¡Que bestia! dirá cualquier tele espectador, cuando se usa la figura de<br />

Ledesma que aparece satirizado en su condición de comunista, de<br />

"rábano", con su pronunciación de eses y erres exageradas y una cara<br />

que ahuyenta a quien valore en algo la virtud de la inteligencia. Así<br />

como judío y comunista era entendido como un doble pecado en la<br />

Alemania Nazi, en las imitaciones de Ledesma hay el doble pecado de<br />

ser serrano y comunista.<br />

La mejor manera de "levantar" o "bajar" a un político, es a través<br />

del humor, y en eso Tulio Loza no tiene ningún temor de simplificar:<br />

el comunista es el "idiota" (Ledesma), el "sucio" (Blanco), el "traidor"<br />

(Diez Canseco), mientras que por otro lado se habla de "ciego" como<br />

Luis Alberto Sánchez, "alcohólico" como Morales Bermúdez, "volado"<br />

como Fernando Belaúnde Terry, sin asociar, necesariamente, esos<br />

rasgos personales a una corriente ideológica determinada.<br />

En Risas y Salsa se privilegia el apodo costumbrista, ingenioso para<br />

dar en el clavo o por hacer una asociación descabellada. En este caso,<br />

con algunas excepciones, el apodo reemplaza el nombre del personaje.<br />

Resalta por ejemplo, La Banda del Choclito, un sketch del programa,<br />

cuyos miembros tienen sus alias convertidos en nombre, al estilo del<br />

hampa: "Guayabera Loca", "Mapache", "Mango Chupado", "Sancochado",<br />

"Tombo de Funeraria", todos dirigidos por el popular "Choclito",<br />

que tiene además de su nombre-apodo, varios alias más:<br />

"Medio Cuy" y "Bocadito de Judío", porque es enano. Tan recio como<br />

enano.<br />

3. LA CARA TIENE SU LENGUAJE<br />

Estos programas no dejan de tomar en cuenta el aspecto físico<br />

de los personajes como motivo de humor. Mario Vargas Llosa<br />

declaraba en un reportaje a propósito de su novela La tía Julia<br />

y el escribidor que lo que más lo había desconcertado en el<br />

mundo interno de las radionovelas era el divorcio que existía<br />

184


entre el físico de los locutores, generalmente feos (as), gordos (as), o<br />

viejos (as) y el rol que representaban, a través de una voz grata, de<br />

personajes bellos o interesantes. En la televisión, sin embargo, ocurre<br />

todo lo contrario: existe una relación estricta entre el físico del actor y<br />

su personaje; e incluso una comunicación gestual y muchas veces<br />

silenciosa, utilizando para ello su propio cuerpo.<br />

La aparición de los rostros de los cómicos en la televisión significó<br />

un cambio substancial en los mismos, especialmente con respecto a<br />

los programas cómicos de la radio. El paso de las radionovelas a las<br />

telenovelas ilustra este cambio más grosera-mente. ¡Cuántos galanes<br />

de bella voz quedaron en el camino! Y cuántas sorpresas al ver a la<br />

joven simpática de melodiosa y sensual voz luciendo volúmenes<br />

físicos nada coherentes con su imagen. La televisión obligó a buscar<br />

rostros bellos y a empezar a dibujar imágenes de acuerdo a las que los<br />

personajes sugerían en los espectadores. La telenovela<br />

latinoamericana es todo un arte del dibujo que merece estudiarse<br />

como tal. Pero los cómicos no tuvieron este problema. Salvo algunos<br />

personajes (significativa-mente aquellos que venían de sectores medios<br />

más bien altos, y que se auto excluyeron de hacer en la TV lo que<br />

hacían por la radio), el resto puso su cara y su alma con gran felicidad.<br />

La historia debería haber registrado este paso trascendental de la<br />

historia del teatro cómico, cuando los actores volvían, luego de varios<br />

años de encierro en la radio, a sentir algo fundamental en el teatro,<br />

como es saberse mirado por completo. La ausencia del video-tape en<br />

este caso fue grave. Como todos los momentos gran- des del teatro,<br />

este acontecimiento quedará sólo en la memoria de quienes lo<br />

presenciaron y vivieron (41).<br />

Con la excepción de Te mato Fortunato, la mayoría de estos<br />

programas resaltan la fealdad de los rostros a través de una serie de<br />

gestos y movimientos faciales, que acompañados por la gordura, la<br />

delgadez o el ropaje llamativo, pretenden ya hacernos reir.<br />

(41) Cuando Alfonso Rospigliosi ingresó al mundo de la televisión, enfrentó el<br />

mismo problema. "A mí me dijeron que yo era gordo, que Koko era viejo, que<br />

Izusqui era cholo, que el otro era flaco, que Chung era chino, y que todo eso no<br />

iba a triunfar en la TV. Fuimos y triunfamos". Entrevista en Debate No. 23,<br />

Noviembre 1983, .<br />

185


El finado César Ureta, el ―Loco‖ Ureta, fue quien llevó al extremo<br />

de lo inverosimil la deformación del rostro. Era un actor bajo, casi<br />

calvo, de dudosa dentadura, siempre con unos mechones desordenados,<br />

que hacía de su cara un proteico esperpento vigente. Alicia<br />

Andrade y Esmeralda Checa, entre las mujeres de mediana edad,<br />

caracterizan a la mujer que se divierte a gritos sin importarle su<br />

gordura.<br />

"Es que la cara tiene su lenguaje", dicen los cómicos, y es muy<br />

cierto especialmente por el manejo clave de códigos subyacentes que<br />

no están en el texto ni en el lenguaje verbal. No es solamente que el<br />

color sea fundamental como recurso expresivo, -y vale la pena repensar<br />

en el color rosado del frac de "Camotillo"- al constatar la<br />

reacción del público cuando pasa a la televisión a color. Es el conjunto<br />

de gestos y movimientos que tienen para el público referentes<br />

fácilmente comprensibles, aunque sea práctica-mente imposible<br />

explicitar un código específico y menos una gra-mática. Viendo estos<br />

programas (que obviamente unos entienden y siguen más que otros) y<br />

tratando de descubrirlos, adquiere mucho sentido la especificidad del<br />

lenguaje teatral como algo distinto al texto literario y al lenguaje<br />

formal cotidiano. Es en este simulacro de acontecimientos donde se<br />

encuentra lo medular del teatro; y del teatro cómico, especialmente.<br />

Estos "códigos" del movimiento y la fugacidad de un gesto, son los<br />

más propios de los actores y los que se transmiten a través de las<br />

familias o las "escuelas" de teatro. Es quizá a través de las imágenes<br />

donde puede percibirse mejor las exigencias del análisis del lenguaje<br />

cómico, especialmente allí donde, como en el Perú, bajo la apariencia<br />

de un solo lenguaje existen varios. Las imágenes de relación hombremujer,<br />

por ejemplo, nos sugieren muy distintos niveles de lectura.<br />

Desde el cuestionamiento absoluto de las formas institucionalizadas<br />

de esta relación, como en el matrimonio, hasta el más estricto<br />

moralismo. Son los gestos sobre los que se definen, las más de las<br />

veces, las situaciones cómicas y especialmente los resultados de cada<br />

aventura.<br />

La predominancia de los físicos "no bellos" –pongámoslo<br />

entre comillas implica, además, en algunos casos, el uso de<br />

un determinado tipo de lenguaje, más bien grosero, de baja<br />

estofa. En buena medida, el lenguaje se amolda a los físicos<br />

que salen en la pantalla, además. de la capacidad que ya tienen de<br />

exprsarse y comunicarse visualmente. A su vez, estos cuerpos permi-<br />

.<br />

186


ten desarrollar el tipo de humor que estos programas privilegian; es<br />

decir, estrafalario (como se llamó un programa dirigido por el<br />

desaparecido actor Felipe Sanguinetti), bullanguero, estrepitoso,<br />

utilizando los recursos del griterío, de las persecusiones y las caídas<br />

aparatosas. Ver a una gorda persiguiendo a su marido debe dar mucho<br />

más risa que si lo hiciera una mujer esbelta. Las escenas de amor son<br />

mucho más graciosas si quienes se acarician en la banca de un parque<br />

público son un gordo y una gorda, en lugar de dos personas bellas o<br />

"normales". Sin dudas, da mucho más risa ver a un enano haciéndose<br />

pasar por un niño que a un niño; o a una gorda en minifalda<br />

caracterizando a una niñita, que a una niñita. Es el caso de los<br />

prototipos que resumen el enano, las gordas, el feo.<br />

EL ENANO<br />

El humor del enano empieza por su tamaño, como el de Esmeralda<br />

Cheá, Alicia Andrade y Mabel Duclós por su gordura. El enano hace<br />

del hijito de la familia, con pantalones cortos y bigotes, baila con un<br />

polito Roller Boogie o es el jefe de la banda, conocido como "Choclito".<br />

En todos estos roles se busca concientemente, como ingrediente clave<br />

del humor, vincular dos elementos opuestos que den como resultado<br />

lo absurdo y lo grotesco. El enano, como jefe de la banda, bien<br />

premunido de abrigo y sombrero, es ya un absurdo, pues es el líder de<br />

un conjunto de delincuentes mucho más grandes que él, mucho más<br />

fieros, pero que son unos tremendos manganzones. El enano "Medio<br />

cuy", como se le conoce, o "Choclito", su nombre más legal, les llega<br />

al vientre, pero es capaz de imponer su ley y les pega, obligándolos<br />

previamente a arrodillarse frente a él.<br />

Sin embargo, el enano y el manganzón podrían tener –exagerando,<br />

como todo recurso de humor- un parecido con Sancho y el<br />

Quijote. Tan absurdo resulta un enano líder como un hombre alto,<br />

fuerte, de pelo en pecho, totalmente azonzado, sumiso, dependiente.<br />

Toda la banda de "Choclito", como el regimiento de soldados en el<br />

programa de Tulio Loza, o como la mayoría de los maridos pisados<br />

en estos programas, aparecen como manganzones: para ello hay que<br />

afear el rostro, idiotizándolo, privilegiando las expresiones de atraso<br />

mental, de indecisión, de atolondramiento. Este recurso ofrecerá<br />

una de las herramientas más comunes del humor de la televisión, a<br />

partir de las que se proponen situaciones absurdas -por ende gro-<br />

.<br />

187


tescas- como la de ver a un enano pegándole a un hombre muy alto, a<br />

un conjunto de soldados vestidos de uniforme en el más completo<br />

desorden, o a un marido mareado de imbecilidad.<br />

LAS GORDAS<br />

Alicia Andrade realiza elaboraciones con el mismo criterio para<br />

desarrollar su humor. En un espectáculo de farándula aparece como<br />

niña, o vestida de niña, con su minifalda, sus mediecitas blancas<br />

cubanas que no guardan armonía con su gordura. Es absurdo pensar<br />

que vestida así pueda decir tantas malas palabras juntas durante más<br />

de media hora, sola en el escenario, como lo hizo durante varios<br />

meses en Hablemos a calzón quitao, un espectáculo de revista, con<br />

libretos y producción de Augusto Polo Campos que duró mucho<br />

tiempo en cartelera. Igualmente resulta difícil imaginar que esa mujer<br />

-y la actriz maneja esto perfectamente- tan gorda y entrada en años,<br />

pueda ser un peligro para la esposa que está con su marido en la<br />

platea, cuando ella empieza a piropearlo. El absurdo y lo grotesco de<br />

la situación es el elemento de la risa; ver a la gorda de niña, o a la niña<br />

lisurienta, a la gorda seduciendo a un señor espectador cualquiera; al<br />

revés la risa sería imposible.<br />

Esmeralda Checa en su rol de "Madame Sapatini" o el de Maricarmen<br />

Ureta en el de "Ursula", la esposa de "Nemesio Chupaca",<br />

resaltan también su humor vía la gordura. En ambos casos se trata de<br />

resaltar la papada o los rollos de los brazos; aunque "Ursula", con el<br />

pelo pintado de rubio, es para Tulio Loza un claro ejemplo de las<br />

posibilidades y pretensiones de "mejorar la cara" que tienen los<br />

sectores populares cholos en el país. Para muchos, "Ursula" puede ser<br />

sólo una chola pintarrajeada, bañada en agua oxigenada, alienada;<br />

para otros puede reflejar otra vez lo grotesco sustentado en lo<br />

inauténtico, pero para Tulio Loza refleja un ansia de superación y<br />

pretensión femenina que no debemos boicotear.<br />

Al presentar su espacio Correo Sentimental, "Madame Sapatini"<br />

se define a sí misma "gordasa como un camión" y su eventual<br />

cliente, que recurre a ella por problemas amorosos, le dice<br />

que "es una bestia, pero cuando quiere ser finol" aludiendo a<br />

que, a pesar de su físico, pues ella también es gorda, puede asumir<br />

poses elegantes o refinadas ("finol"). En el transcurso de la<br />

conversación, "Madame Sapatini" le dice "que con ese<br />

.<br />

188


verbo de oro -con el cual se expresa- se mete a la censura en el . . .<br />

bolsillo", dando a entender con esa pausa, con los puntos suspensivos,<br />

que podría meterse a la censura en otro sitio por todos conocido. El<br />

nombre del ex-esposo de la cliente, "Machucafuerte Quispe", va al<br />

pelo con el asunto que están tratando, y que "hace ratón (rato) que lo<br />

hice"; en cambio, con su esposo, "como diría Martínez Morosini -el<br />

relator del fútbol, de quien se prestan una expresión muy propia- no<br />

pasa nada".<br />

Nuevas apariciones de "Madame Sapatini" dejan de lado El correo<br />

sentimental, para privilegiar las Clases de urbanidad, entendida como "la<br />

diplomacia ciudadana", cuyo público podría encontrar una similitud<br />

con las Clases de charme que se dictan en los almacenes Sears. En este<br />

caso no se trata de aprender a moverse, sentarse y caminar con<br />

distinción -lo que no se hereda es aprendido por los emergentes<br />

sectores medios- sino a utilizar las palabras adecuadas a cada<br />

situación. Los diálogos vuelven a apoyarse en el físico de las actrices,<br />

siempre gordas y con la picardía a flor de labios; haciendo obvia la<br />

contradicción visual, entre el cuerpo y las expresiones propias de<br />

supuestos y ajenos salones; entre la gorda pendejereta a quien le bailan<br />

los ojos y la manera como habla. "¿Agape ¿Qué es". Ay madrina,<br />

sólo faltaría que "Madame Sapatini" le citara el poema de nuestro<br />

vate, César Vallejo, para desconcertarla totalmente, y le añadiera un<br />

toque de cultura a su refinado vocabulario. "Madame Sapatini" en sus<br />

Clases de urbanidad resulta muy diferente, por cierto, a "Doña Cañona",<br />

aquella mujer de la Peña Ferrando que es de armas tomar, de los<br />

callejones limeños, amedrentadora de hombres y espíritus, sin pelos<br />

en la lengua, que llama a cada cosa por su nombre (42).<br />

(42) Este tipo de mujer no es una rara excepción. En la literatura tiene equivalentes<br />

muy precisos, con Alejandrina Custodio, "el vientre que dio vida a 24 hijos,<br />

una negra espigada y retinta que hablaba con ojos y boca, ensartando el<br />

nombre de Dios y el de la Vírgen Purísima con una retahila de ajos y<br />

especerías. A cada trecho de la conversación le metía su condimento y una<br />

vez que le pagaron una libra esterlina para que no dijera una sola lisura en<br />

toda la reunión, a los 5 minutos ella prefirió devolver la moneda de oro con<br />

tal de desatarse la lengua y decirle al pan, pan; y al vino, vino". QueHacer No.<br />

16, Abril 1982, avance de ―Los músicos negros de Cahuachi‖ de Gre-gorio<br />

Martínez.<br />

189


"Madame Sapatini" y sus Clases de urbanidad señalan la sofisticación<br />

de algunos exponentes de los sectores medios que tienen que añadirle<br />

a su ascenso social un cierto encanto de la burguesía, a través de<br />

cualquier medio, aunque sea a través de "Madame Sapatini", una<br />

mujer decadente, con aires de aristocracia latinoamericana,<br />

vestimenta estrambótica, que se las desquita con su secretaria, la cual<br />

acude, por momentos, a la ciencia y la especialización. "Doña<br />

Cañona" en cambio, es el pueblo a flor de labio. Au revoir, se despide<br />

"Madame Sapatini", igual que el "Ronco" Gámez, muy a la francesa;<br />

mientras "Doña Cañona" diría "chau, cumpa", y en lugar de ágape,<br />

diría simplemente "merco", "combo".<br />

EL PATITO FEO<br />

Buscando adjetivos, comparaciones y recursos para entender la<br />

utilización pícara de la fealdad, podemos encontrar dos vertientes<br />

principales: la primera es la del simple rechazo y desagrado. La<br />

segunda es la de la celebración festiva de los defectos que todos, al fin<br />

y al cabo, de una u otra manera, tenemos. En estos programas<br />

predominan los feos graciosos, contentos, dicharacheros, incluidas -y<br />

a veces especialmente- las mujeres. El actor Guillermo Campos, por<br />

ejemplo, se ha especializado en ser el "feo de la película". En todos los<br />

sketches se alude a su fealdad: habla lenta y perezosamente, como si le<br />

pesaran las ideas en la cabeza. Cuando Campos representa a un<br />

delincuente en la parodia del programa político Frente a Frente, en este<br />

caso titulado Cara a Cara, el reportero entrevista a la banda del<br />

delincuente Federico Perochena, y cuando llega a Guillermo Campos<br />

(-que ni lo vea su mamá, más feo que nunca-) sus amigos de la banda<br />

le dicen "no saques la cara porque no te la devuelven".<br />

Las mujeres no pierden ocasión de reirse de la transgresión de las<br />

normas, echando por tierra toda preocupación por las proporciones<br />

del cuerpo femenino. En el programa Risas y Salsa, las exponentes de<br />

la simpatía, de la gracia y la gordura, Mabel Duclós, Alicia Andrade y<br />

Esmeralda Checa, vestidas de caribeñas, bailan teniendo como fondo<br />

un paisaje tropical, mueven sus canastas y sus delantales verdes igual<br />

que todas las partes posibles de su cuerpo, entre palmeras, con<br />

pañuelos en la cabeza y sendos aretes, cantando: "y con esta hierba se<br />

cura usted", se cura de todo lo feo, de todo lo enfermo, de todo lo que<br />

no queremos.<br />

190


4. EL NOMBRE DE LOS PERSONAJES<br />

El nombre de los personajes nos remite siempre a un esquema<br />

socio-cultural determinado. En muchos casos, el nombre es el sobrenombre<br />

o lo que se conoce como un apodo, o en su defecto el nombre<br />

va antecedido por un apodo o "chapa". Hay nombres que parecen<br />

"chapas", pero no lo son, aunque suenen como tal. Entre el nombre<br />

curioso y ambiguo y el sobrenombre que deforma el esquema físico y<br />

cultural hasta la caricatura, se resuelve un nombre definitivo y<br />

original.<br />

Hay buenos ejemplos sobre la posibilidad de indagar a través del<br />

nombre. Jorge Luis Borges en su Milonga a Jacinto Chiclana indaga<br />

sobre el mismo a partir de su nombre. Lo único que el poeta conoce es<br />

el nombre: Jacinto Chiclana.Sin embargo, esa seña, esa sonoridad,<br />

constituirán el camino por el cual se llegará hacia el personaje. "Quién<br />

sabe por qué razón -escribe- me anda buscando ese nombre; me<br />

gustaría saber cómo habrá sido aquel hombre". Y concluye: "señores,<br />

yo estoy cantando lo que se cifra en el nombre".<br />

Gran parte del humor en estos programas cómicos empieza con la<br />

elección del nombre. Los cómicos saben que éstos deben tener sonido<br />

y rapidez para ser retenidos por el espectador, así como cualidades<br />

que permitan sintetizar su personalidad. Su elección no es gratuita.<br />

Además de ser gracioso, es evidente su intención de guardar relación<br />

con un tipo cultural o extracción social, como "Nemesio Chupaca",<br />

"Fortunato" o "Juanacha"; y finalmente algunos pretenden convertirse<br />

en un prototipo más complejo de la vida social, un símbolo mayor,<br />

como "Papá", "Machucado", el "Jefecito", "Felpudini". Todos<br />

resumen, en mayor o menor medida, una determinada y especial<br />

característica del personaje, o un conjunto de características o rasgos<br />

secundarios que componen también un tipo.<br />

Además de los diálogos entre los personajes, o en las frases o giros<br />

que éstos utilizan, también es importante rescatar el principio verbal<br />

expresado en los nombres y apodos con que son conocidos. Allí se<br />

inicia, de un lado, el humor, y de otro la raigambre íntima de los<br />

personajes. Los cómicos parten, en su afán de ganarse al público, de la<br />

orientación personal que les ofrece un nombre, al señalar un tipo, un<br />

esquema de acción, que les permite improvisar más allá de cualquier<br />

libreto o guión de televisión.<br />

191


Revisemos algunos de los nombres y apodos de los personajes más<br />

representativos de los actuales programas cómicos de la televisión.<br />

NEMESIO, FORTUNATO Y ELEUTERIO<br />

Estamos sin duda alguna frente a los tres cholos más conocidos de<br />

la pantalla de la televisión actual; tres cholos de cuerpo y alma pero,<br />

sin embargo, con toques distintos. Aparte de "Nemesio Chupaca" el<br />

público recuerda, y tal vez solamente, a otro Nemesio famoso, el exfutbolista<br />

Nemesio Mosquera. Nombre peculiar el de Nemesio que<br />

junto al apellido Chupaca, agarra un fuerte olor a sierra: "Chupaca" o<br />

"Chopaca", como lo llama su esposa "Ursula", suena a auquénido, a<br />

puna, a papas, tierra y poncho. "Fortunato" y "Eleuterio", por su parte<br />

tienen un aire a antiguo, como Belisario o Nicanor; a provincia, a<br />

campo.<br />

Resulta interesante reparar en la presencia de estos tres personajes<br />

simultáneamente, tal como aparecen en dos programas distintos:<br />

―Nemesio‖ en el Show de Tulio Loza; "Fortunato" y "Eleuterio" en Te<br />

mato Fortunato. No es extraño que Risas y Salsa no tenga un personaje<br />

cholo, pues el programa privilegia, casi como testimonio de una<br />

actitud más modernista y empresarial, a los criollos natos de la<br />

ciudad: el blanco y el zambo.<br />

Cada uno de estos cholos de la televisión representa una situación<br />

distinta del cholo en la ciudad. "Nemesio", a aquél que se va<br />

aclimatando a la urbe y está consolidando su ascenso social hacia los<br />

sectores medios: su mujer se llama "Ursula", nombre occidental y<br />

moderno, y es blanca y rubia, símbolos de belleza. "Fortunato" es un<br />

cholo de cuello y corbata, adentrado desde el inicio en los sectores<br />

medios acomodados; maneja su auto, es novio o esposo<br />

(alternadamente), de una mujer guapa, cena en restaurantes elegantes,<br />

frecuenta el Country Club, su hogar está arreglado con esforzado<br />

esmero y gusto, tiene sirvienta, etc. "Eleuterio", por su parte, es el<br />

cholo que ocupa el puesto que "Nemesio" deja vacante: el<br />

desarraigado sin destino fijo a corto o mediano plazo, mezcla de todo,<br />

popular, "sapo", despercudiéndose cada vez más, superando sus<br />

complejos. Como testimonio de su informalidad trabaja a domicilio -<br />

arregla y desarregla los aparatos eléctricos-, pero no está integrado ni a<br />

los de arriba ni a los de abajo.<br />

192


MADAME SAPATINI Y DOÑA GERTRUDIS<br />

Las mujeres que aparecen en estos programas suelen tener un rol<br />

bastante secundario, sujeto a las aventuras y peripecias de los<br />

hombres, de los que son esposas, novias, amantes o secretarias. Rara<br />

vez hacen algo más de lo debido o aparecen en la pantalla más tiempo<br />

del necesario. Ellas son, más bien, soportes de las acciones varoniles,<br />

réplica en los diálogos o simples comparsas en el set. Por eso quizá sus<br />

nombres sean aparentemente insípidos o intrascendentes, anónimos,<br />

propios de la muchedumbre. Es el caso de "Chelita", la secretaria del<br />

"Jefecito" en el programa Risas y Salsa: de "Ursula", la esposa de<br />

"Nemesio Chupaca"; de "Leonor", la esposa celosísima; "Doña<br />

Lucha", "Ruth" la esposa de "Fortunato", o "Margarita" la esposa de<br />

Tito, o, simplemente: la secretaria, la novia o la esposa.<br />

La excepción más notable la constituyen "Doña Gertrudis" y<br />

"Madame Sapatini", estrellas rutilantes de dos secuencias de este tipo<br />

de programas, el núcleo central de la risa. Ambas, curiosamente, no<br />

guardan relación alguna con un hombre. No son madres, ni esposas,<br />

ni amantes, ni hijas o abuelitas. Ellas salen solas, están solas, como<br />

mujeres independientes, libres y casi soberanas. Realizan labores<br />

bastante singulares, como son la adivinanza y la consultoría<br />

sentimental. Pero, ¡oh, sorpresa!, "Doña Gertrudis" es un hombre que<br />

hace de mujer, un travesti nacional bastante descuidado en su aspecto<br />

físico, que es nada menos que Tulio Loza.<br />

Así, como están las cosas, la única mujer-mujer con nombre,<br />

prestancia e importancia en uno de estos programas, es "Madame<br />

Sapatini", puesto que "Doña Gertrudis" es sólo una parodia de la<br />

coquetería de la mujer, de sus tribulaciones por los ministerios, del<br />

engaño que es capaz de hacer con un bajar de ojos, para lograr su<br />

cometido.<br />

"Madame Sapatini", curiosamente, no deja de ser popular a pesar<br />

del nombre, en principio extraño: vestida con atuendos llamativos<br />

(típicos de las gitanas), sofisticada en el hablar, llena de cábalas<br />

y conocimientos extraños, es un personaje reconocido por los<br />

sectores populares como una versión excepcional que mezcla las<br />

características de la adivina, la gitana y la bruja popular con la<br />

imagen de los autores de ciertas columnas de los<br />

.<br />

193


periódicos o programas de la radio, persona que conoce y atiende las<br />

penas del corazón.<br />

Para poder cumplir con este rol prototípico se busca desarrollar<br />

cierta singularidad por el lado de lo extraño, de lo ajeno. No puede ser<br />

una señora más que hace las compras en el mercado, sino todo lo<br />

contrario: debe ser sofisticada y nada mejor para ello que una<br />

afrancesada. Madame, mamá protectora, por encima de la<br />

cotidianeidad trivial, a la cual regresa en base a su experiencia y sus<br />

conocimientos. Ella tiene algo de decadente, de aristocracia venida a<br />

menos, y que la inserta en lo popularcomo un bicho raro, pero que<br />

puede comunicarse con la genteporque no tiene nada que perder. El<br />

ánimo cosmopolita de los sectores populares urbanos, la atracción por<br />

los confines desconocidos, por lo extraño allende los mares, está<br />

encarnado enesta mujer que tiene en la callejonera y legendaria "Doña<br />

Ca-ñona" su extremo opuesto. Ella es Sapatini, de zapato, mezcla de<br />

francesa con criolla, como chuzo que viene de chús (shoes), o chusco;<br />

por más europea —au revoir o turbante o arete—que pretenda ser:-<br />

"Madame Sapatini" no es Madame Bovary.<br />

"Doña Gertrudis" es también una mujer singular como sunombre,<br />

nombre que difícilmente tendría una secretaria o una doméstica. Una<br />

adivina no es un ser común; "Doña Gertrudis" escapa a la norma y<br />

posee un conocimiento extraño e inaccesible, una bola de cristal, que<br />

le permite acercarse al más allá y a los misterios de la vida.<br />

No exageramos al comprobar que ambas exhiben afanosamente<br />

una supuesta esencia cultural masculina en su comportamiento.<br />

Primero, no dependen de ningún lazo familiar o sentimental; no<br />

tienen que responder ante nadie de sus acciones, viven solas, tienen<br />

un oficio y lo ejercen con corrección. Además, podríamos decir<br />

que las dos poseen también el ánimo criollo de la picardía, la trampa<br />

y la astucia. Son casi hombres vestidos de mujer (y en el caso<br />

de "Doña Gertrudis", esto estotalmente cierto), ya que su<br />

mismo oficio se los permite. Claro, la trampa está latente en<br />

cada adivinadora o consultora sentimental, actividad cuya subjetividad<br />

y clandestinidad facilita el engaño. para tomar al cliente<br />

como "punto-. Su conducta sería una especie de venganza de la mujer<br />

frente a loshombres, si no tuvieran una conducta propia de los<br />

hombres, desde el nombre que las saca del anonimato y la comparsa,<br />

.<br />

194


hasta su conducta desenvuelta, pícara, coqueta, independiente, que<br />

incluye la trampa y la estafa.<br />

Otro elemento, que ya hemos señalado, está referido a que ambas<br />

mujeres no son ni jóvenes ni bellas. Todo lo contrario son personas de<br />

edad, gordas. No atractivas por su belleza en cualquier caso. Todo<br />

hace suponer, por los ejemplos que nos brindan estos programas, que<br />

las mujeres bellas no dan risa. Para que una mujer nos haga reir tiene<br />

que ser gorda y fea, nunca joven ni bonita. "Chelita" provoca otras<br />

pasiones. Pero la esposa de "Federico Lanserote", "Ursula" o<br />

"Leonor" la esposa celosa, nos dan risa cuando las vemos envueltas en<br />

conflictos conyugales, persecusiones o emboscadas, exagerando sus<br />

caras pintadas y deformes (43).<br />

Por eso es que la mujer, en tanto mujer, antepone a su nombre el<br />

Doña o el Madame, como testimonio de su edad, que conlleva un<br />

físico y una actitud ante la vida. A esa edad, por el modo como estos<br />

programas presentan a las mujeres, pareciera ser que ellas han perdido<br />

su encanto, su cualidad esencial de atraer físicamente. Y es más: a esa<br />

edad adquieren una independencia social y psicológica que las<br />

aproxima a una conducta masculina -entendida según los criterios que<br />

rigen en nuestra sociedad. "Doña Cañona", por ejemplo, es una mujer<br />

de callejón que trata a los hombres como si ella fuese hombre, de igual<br />

a igual, y utiliza para ello un lenguaje picante. "Doña Gertrudis" y<br />

"Madame Sapatini" -ya feas y entradas en años— protagonizan con<br />

derecho propio aventuras y tribulaciones, que son propias de los<br />

hombres.<br />

DON PROTESTON, DON PESIMO Y DON HIPOCRITA<br />

Alex Valle, el más antiguo cómico en ejercicio, es quien lleva<br />

a cabo estos tres personajes que no necesariamente coinciden<br />

en cada programa de Risas y Salsa. Tres Dones, como las Doñas<br />

en el caso de las mujeres, exhiben como credencial, en primer lu-<br />

.<br />

(43) La presencia más notable que marca la línea opuesta a estos personajes es la de<br />

la vedette Amparo Brambilla, de exhuberante físico, en Risas y Salsa, así como<br />

lo fueron, en su momento, Camucha Negrete y Cuchita Salazar. Debemos<br />

mencionar, sin embargo, que Amparo Brambilla no actúa en episodios<br />

cómicos; sólo baila en su espectáculo aparte dejando concentrada en las Doñas<br />

la representación femenina.<br />

195


gar, su edad. Alex Valle ya es una persona mayor, grande como dirían<br />

los mexicanos, y puede hacer estos monólogos tanto por su propia<br />

representatividad profesional como por su experiencia artística. Se<br />

trata, en cada caso, de un individuo que, como sus diversos nombres<br />

lo indican, tiene un rasgo esencial que es el que va a desarrollar: como<br />

hipócrita, como pesimista y como protestón. Se trata de secuencias<br />

cortas, en las cuales realiza variaciones sobre una misma idea, hasta<br />

que esa idea se agote y canse al espectador.<br />

La hipocrecía y el pesimismo pueden ser dos actitudes universales,<br />

pero, para Alex Valle, en el Perú adquieren formas peculiares. "El<br />

hipócrita" es un tipo de mentiroso, que como Tartufo, el legendario<br />

hipócrita de las letras francesas, oculta su rostro para mostrar otro.<br />

Alex Valle no llega a esa elaboración ni a sutilezas tales en estos<br />

sketches, pero en cambio sí permite entender un tipo de comportamiento<br />

sustentado en la doble cara, la careta, diciendo lo que no<br />

piensa y mostrando sentimientos que no siente.<br />

"Don Pésimo" es mucho más local y tiene más posibilidades de<br />

variedad. El pesimismo en el Perú no tiene esa connotación de crítica<br />

y de ansia de transformación, sino de "que hagas lo que hagas, todo te<br />

saldrá mal"; el desengaño de los esfuerzos es nuestro pan de cada día,<br />

y "Don Pésimo" no hace sino atestiguarlo.<br />

"Don Protestón", en cambio, es un personaje que podría parecer<br />

una respuesta al "primer protestante" de la televisión, "Camotillo el<br />

Tinterillo". "Camotillo" representa en la actualidad al "piteador" por<br />

excelencia y, por eso, podría entenderse que "Don Protestón" es la<br />

respuesta de Risas y Salsa a ese personaje. Se trata de monólogos en los<br />

cuales Alex Valle se queja, protesta, pitea, sobre cualquier tema que su<br />

libretista le propone y escribe unas cuantas líneas de partida. Pero, en<br />

realidad, este es un personaje con varios antecedentes en la historia de<br />

estos programas.<br />

Estos tres nombres -por cierto no muy originales- son un<br />

recurso viejo del humor, facilitando las cosas para que el espectador<br />

se entretenga. Son nombres síntesis del contenido, de la<br />

esencia de la situación que, sin embargo, podría tener un asidero<br />

en los rasgos que se presentan como importantes de la idio-<br />

.<br />

196


sincracia nacional. Se habla hasta la saciedad de un peruano promedio<br />

(en abstracto, por supuesto), mentiroso, tramposo, trafero, que también<br />

puede ser hipócrita como una variante de lo anterior; pesimista,<br />

pues reniega de su suerte antes de haber empezado, y protestón,<br />

porque todo le parece mal a la primera de bastos, que levanta su voz,<br />

pero sin una acción que la acompañe. Véalo, si usted no conoce a este<br />

estereotipo de peruano, a través del más viejo actor cómico peruano<br />

en actividad: AlexValle.<br />

5. CAMOTILLO EL TINTERILLO<br />

Las preocupaciones políticas de Tulio Loza, lo que él mismo llama<br />

su "vocación política", puede explicar la creación de este personaje,<br />

hace ya más de 15 años atrás. Hemos sustentado la tesis de que el<br />

cholo, ubicado en los sectores medios de la sociedad urbana, es el más<br />

preocupado por la política nacional, pues entre todos los exponentes<br />

étnicos del mundo popular es el que más posibilidades de ascenso<br />

social tiene. La explicación de esta tesis nos lleva a señalar la existencia<br />

de dos tipos de cholos: el que se ha quedado en los sectores populares,<br />

pobre, con una conducta activa a través de una búsqueda de<br />

canales de protesta, propicio para ser reclutado entre los partidos de<br />

izquierda; y el cholo de "cuello y corbata", burócrata, empleado, que<br />

se encuentra al medio, entre los sectores dirigentes (blancos, pitucos,<br />

oligárquicos, industriales o financieros) y la"mancha o populorum".<br />

"Camotillo el Tinterillo" responde a las preocupaciones políticas de<br />

Tulio Loza. Augusto Polo Campos, su actual libretista, asume esta<br />

misma perspectiva. Al mismo tiempo, sin embargo, este personaje es<br />

un complemento lógico de "Nemesio Chupaca". "Camotillo el Tinterillo"<br />

vendría a ser la posibilidad latente, los pensamientos, las actitudes,<br />

la posición política de "Chupaca" si éste lograra enfrentar el problema<br />

de la política como preocupación vital en su vida. La política y<br />

los problemas de fondo superan los límites de la acción de "Chupaca".<br />

De allí la necesidad de un nuevo personaje y del extenso monólogo<br />

como recurso expresivo. La relevancia del tema lo amerita.<br />

EL TINTERILLO<br />

El viejo dicho popular: "Cusco me nace, Arequipa me cría<br />

y Lima me enseña la politiquería", y que usualmente se dice en<br />

.<br />

197


castellano motoso original del quechua hablante, permite sintetizar el<br />

camino seguido por Tulio Loza, que empieza con su personaje<br />

"Nemesio Chupaca" y culmina con la creación de "Camotillo el<br />

Tinterillo". Dicen, ¿cómo será, que la sierra es el lugar de trabajo<br />

apropiado para los litigantes, para los tinterillos, los abogaduchos de<br />

segunda categoría, hábiles con la labia y los giros, enredados barrocos,<br />

mitad mentira, mitad verdad, que prolongan los líos hasta el infinito<br />

por el afan de lucro y el placer de pelear con las leyes y las personas.<br />

Dicen que la pobreza del medio explica esa conducta. Los lotes y las<br />

aguas que quedan a las comunidades luego de la voracidad con la que<br />

se expanden las haciendas, son escasas, y este condicionamiento<br />

natural explica la presencia del tinterillo y el leguleyo, que tienen<br />

como clientes suyos a los indios, a los campesinos, debido a líos entre<br />

las comunidades y los hacendados, o porque las comunidades<br />

requieren integrarse al sistema legal vigente, si a conocer el idioma y<br />

los procedimientos legales básicos. El tinterillo aparece, así, como "el<br />

ángel de la guarda", el intermediario entre el sistema legal y el indio,<br />

la persona que es capaz de ayudar y, al mismo tiempo, de engañar, de<br />

darle vuelta, utilizarlo, robarle su dinero en trámites y discusiones<br />

infinitas.<br />

El tinterillo, este torvo personaje de las serranías, existe por-que el<br />

indio lo necesita, tiene un trato utilitario con él, que in-cluso motiva<br />

su personalidad esencial: confusionista, barroca,entreverada (44).<br />

Esta es la clave sociológica elemental sobre la que surge<br />

"Ca-motillo el Tinterillo" en la televisión. Para hacer más<br />

evidente su compleja interioridad psicológica, utiliza una estrafalaria<br />

vestimenta: un tongo, un enorme pañuelo, un frac<br />

rosado. Es casi un payaso que remeda la vestimenta del poder,<br />

pero que lejos de burlarse de las condecoraciones que caracterizan<br />

a los militares, dictadores y presidentes civiles latinoamericanos,<br />

pretende apropiarse -vía la chacota- de ese ropaje. Asume<br />

como suyo el bagaje propio de Occidente, de la costa, del Perú<br />

moderno: sus leyes, sus expresiones en latín, sus gestos, su grandilo-<br />

.<br />

(44) Sobre este punto se concentraron muchos de los mejores esfuerzos de las<br />

ciencias sociales en el Perú durante los años sesenta. Cfr. Cambios y<br />

dominación en el Perú rural, MATOS, COTLER y otros, IEP, 1968.<br />

198


cuencia, su demagogia, su populismo a través del don de la palabra<br />

que ha descubierto como la clave para llevar a cabo sus propósitos.<br />

La diferencia sustancial entre "Camotillo" y los tinterillos de la<br />

sierra es que su preocupación es política y no legal. La política, ¡sí<br />

señor!, con todas sus palabras, es la fuente de humor de "Camotillo el<br />

Tinterillo". Por momentos su posición es propia de un editorial<br />

periodístico, desprovisto de toda gracia; en otros, reasumirá a través<br />

de la risa toda la irresponsabilidad, y el sabor que, al fin y al cabo, lo<br />

justifican.<br />

PA PE PI PO PU<br />

Pa de Partido, pe de peruano, pi de picante,<br />

po de popular y pu de puñales.<br />

No se requiere un serio análisis político para reconocer que las<br />

preocupaciones políticas que se desprenden de los textos de<br />

"Camotillo", aluden a la inexistencia en el país de un partido de<br />

centro, con la capacidad de aglutinar y representar los intereses de los<br />

heterodoxos sectores medios.<br />

"Camotillo" no es lo que en principio aparenta ser: un político<br />

charlatán suelto en plaza. Por el contrario, como todo político<br />

peruano que se precie, tiene su partido propio: ¡el PA PE PI<br />

PO PU! Bromas aparte, un partido de centro, nacionalista, no<br />

comunista, antioligárquico. Aunque nadie se identifique con el<br />

lugar político señalado por "Camotillo", todos quisieran ocuparlo<br />

(45). El carácter antioligárquico y anti-comunista que produce<br />

un cholo de "acero inoxidable", que rechaza por igual al<br />

gringo, al extranjero, al que "se la mama toda y nos deja sin<br />

nada", como al que quiere "quitarnos el alma y que pensemos<br />

como ellos", que son los comunistas. Difícilmente puede encontrarse<br />

en el repertorio ideológico de nuestro país mejor vía de<br />

llegada para una propuesta política. Sobre ella, hay que reconocerlo,<br />

surgió también Velasco, le sobrevive Tulio Loza y aprovechará<br />

quien sepa hacer del problema del desarrollo de la naciona-<br />

.<br />

(45) Véase al respecto las opiniones del ex-Premier y Senador Manuel. Ulloa en<br />

Debate, No. 22. Lima, setiembre de 1983.<br />

199


lidad un esquema que capitalice el autentico deseo de los sectores<br />

mayoritarios de este país.<br />

NACIONALISMO: RACISMO Y ROJIMIOS<br />

El cholo acriollado para Tulio Loza, es la síntesis de todas las<br />

diferencias; lo más profundo, lo mejor del Perú. Tulio Loza aprovecha<br />

muy bien este planteamiento para desarrollar su crítica a quien no esté<br />

de acuerdo con él.<br />

En sus monólogos, ―Camotillo‖ desarrolla frecuentemente una<br />

prédica anti-racista: ―somos un país racista -afirmó una vez- aquí están<br />

prohibidos los negros, los cholos, que sólo aparecen en el fútbol o en<br />

el box. ¿Acaso se ha visto –pregunta- un Almirante, un Obispo, un<br />

Senador, un Diputado negro En USA discriminan al azulito, allá<br />

tienen hasta su Casa Blanca; si allá van los tres reyes magos, el negro<br />

se queda. ¡Hay racismo en el Perú! -afirma enfático-, bueno es<br />

culantro, pero no mucho. En el concurso Miss Mundo hubo muchas<br />

gringas, como si fueran gringas auténticas; acá nosotros somos cholos<br />

o zambos, no gringos‖, quejándose que la Señorita Perú era rubia y de<br />

ojos claros.<br />

El nacionalismo a ultranza de ―Camotillo‖ -enemigo feroz de la<br />

Thatcher y los ingleses, durante el conflicto de las Malvinas- redunda<br />

en un anti-comunismo feroz, satanizado especialmente por provenir<br />

de fuera.<br />

―Estamos en las entretelas, por la crisis de los textiles, ya que todo<br />

es importado... de Rusia.., hasta la cancha salada...‖ (haciendo<br />

referencia a un comercial de televisión en el cual se anuncia una<br />

bebida a través de personajes rusos) para afirmar luego ―amigos entre<br />

comillas, los yanquis‖, porque son los que verdaderamente atentan<br />

contra los textiles nacionales. El ataque a los yanquis justificado por el<br />

bloqueo a la exportación de productos textiles del Perú a USA, se ve<br />

de esta forma amenguado con otro ataque sin ninguna relación directa<br />

más allá del comercial, a los detestables rusos. Pobres rusos, son más<br />

osos que nunca en boca de ―Camotillo‖, con gorro, bota, colmillo,<br />

cuchillo,sangre de niño y todo lo demás... ―Y Cuba y Nica...<br />

ragua...‖,dos de sus hijos dilectos, son también motivo de<br />

preocupaciónpor la expansión comunista. Y para rematar, un chiste:<br />

―Cuba es el territorio más grande de América, porque tiene a su pobla-<br />

.<br />

200


ción en Miami, a su casa de Gobierno en Rusia y a su ejército en<br />

Angola. Y Nica... ragua...qué queremos eso para nosotros‖.<br />

Con Estados Unidos, ―Camotillo‖ emplea la misma lógica pero<br />

con otro contenido. Ante ellos sólo se trata de demostrarles que<br />

nosotros, los valientes, tenemos que jugarles de igual a igual. Así,<br />

―Camotillo‖ le exige a Belaúnde que ―saque al gringo al fresco (lugar<br />

de las peleas) y que le demuestre que los cholos somos de acero<br />

inoxidable‖. El Pacto Andino es un motivo de euforia para<br />

―Camotillo‖, pues representa a la Región, a América Latina Unida y<br />

debe obligar a los gringos ―a jalar la pita‖.<br />

Sin embargo, como ya hemos señalado, las críticas más ácidas<br />

corresponden a los comunistas criollos, a los sapos de acá, a los<br />

avispados. ―Saca choro, por mi vieja‖, exclama. ―Hay que señalar a<br />

los pendencieros, a los que se prendieron del Sinamos, a los que se<br />

prenden de la teta dictatorial, qué más mejor, que se vayan a buscar<br />

las democracias de la URRSSS..., de Cuba, de Pulunia... Como decía<br />

un famoso filósofo chino -continúa- Choncholi Calato, los lobos ya se<br />

comieron a todas las Caperucitas Rojas, hasta a Lulú‖.<br />

Con ocasión de un Paro Agrario convocado por la CNA y la CCP,<br />

―Camotillo‖ les dirigió todas sus flechas llamándolas comunistas:<br />

―cerrarle el camino al papeo popular, éstos que se disfrazan de<br />

campesinos pobres son sus verdugos, manyan y chispean‖. ―Queridos<br />

flacuchentos sin zapallo ni culantro... no hay para pagar el país, nos<br />

dejaron la coronta y se comieron el maíz. Quieren embarrar la época<br />

de democracia, prefieren las dictaduras rojas o verdes (comunistas o<br />

militares)‖.<br />

―Marca choro‖ -se amarga, porque ―Camotillo‖ se amarga y mira<br />

feo por la televisión-. Después se ríe, claro, saca su risita, ―por mi<br />

madre‖, porque ―en casa soy muy católico, pero en pantalla me<br />

vuelvo el primer protestante...‖.<br />

―¿Huelga de panzas caídas‖, interroga serio. ―¿Quién ganó‖,<br />

vuelve a interrogar, más serio todavía. ―That is the question‖, exclama,<br />

hamletiano, y responde más serio aún: ―los que recibieron su<br />

aguinaldo de fuera, Ni... caragua‖.<br />

Por último, arremete con todo: ―mercenarios, crean el caos,<br />

esos partidos y sus representantes cobran en el Congreso, hay<br />

.<br />

201


que darles una buena yuca, fresca como lechuga‖. Ah, y a<br />

continuación, seguidito, el mismo día niega toda posibilidad de ayuda<br />

a Nicaragua. ―Ni..., país donde impera la dictadura, financiados por<br />

los Taparoscas, los Rusos... El Perú les va a prestar 10 millones, así<br />

fuéramos ricos. Ni... ca... ragua, por mi madre...‖.<br />

MI POPULORUM QUERIDO<br />

Pero hay que repartir bien, tampoco ―Camotillo‖ es zonzo, y ―hay<br />

que darle a todo el mundo‖, como repite constantemente su libretista<br />

Polo Campos. A derechas e izquierdas, nadie debe salvarse; cuando<br />

hacen algo malo, ―Camotillo‖ les cae. El PA PE PI PO PU es un<br />

partido nacionalista y del pueblo, el ―populorum‖, no puede ser<br />

olvidado, pues, y como todo partido nacionalista y de centro, cuenta<br />

con su voto.<br />

Luces, cámara y acción: la principal crítica al gobierno, para estar<br />

bien con el ―populorum‖, tiene que ser el ―papeo‖. El ―papeo‖, el<br />

―combate‖, el ―combo‖, la comida. Sí, sí, sí, con su risita: ―estamos en<br />

el paraíso, todos calatos, robando en los árboles; los hombres las<br />

manzanas y las mujeres, los miembrillos‖.<br />

―Las casas para tuertos, cuestan un ojo de la cara. Un cuchitril por<br />

200 dólares, con baño común, ¡no joroben! Y la ley (del inquilinato)<br />

que no la dan, no la dan, no la dan, (con obvias connotaciones<br />

sexuales). Ellos son los fabricantes del embudo, lo ancho para ellos, lo<br />

angosto para el que no pudo. Qué tal conciencia, de dónde michi,<br />

pregúntale a Chávez (el ministro), si tú no Chávez, yo tampoco ché.<br />

Más mejor, pues. En el Perú todo está muy Caracas‖.<br />

―El 'populorum' , los lorchos del Perú y Balnearios‖, conforman<br />

para el partido PA PE PI PO PU su clientela esencial. Ellos son el<br />

producto de la crisis económica y su pobreza no puede mantener<br />

indiferente a ―Camotillo‖, ni su conciencia tranquila.<br />

Ah, ―populorum‖, confirma tu suerte con los epítetos<br />

de ―Camotillo‖. ―Heme aquí, aquí heme, 'Camotillo el Tinterillo';<br />

queridos huelequesos, como el que más gana y el que<br />

no a la cana, más fríos que pan de hospital, mis queridos calaveras<br />

gordas, calapitrinches, enemigos en huelga de vitaminas caídas,<br />

tramboyos sudados, supaypahuahuas, amadísimos carcanchas<br />

.<br />

202


ambulantes, queridísimos muertos de hambre, no estiran la pata<br />

porque no tienen dónde caerse muertos...‖.<br />

Este ―populorum‖, así adjetivado por ―Camotillo‖, debe ser fiel a<br />

su suerte y destino, pues pareciera que tratara de identificarse con él,<br />

pero solamente a través de una constatación, no para cambiarlo.<br />

Apenas aparecen las críticas de la oposición al gobierno, ―Camotillo<br />

opta‖ por este último y por atacar a la oposición. Pobre sí,<br />

calapitrinchis sí, pero no me vengan con críticas, revueltas, paros,<br />

huelgas; no pues, mi ―populorum‖ querido, hasta elegante, refinado,<br />

con esos modales no.<br />

Entonces, el ―populorum‖ está para ser ―populorum‖: con hambre,<br />

porque de otro modo no sería ―populorum‖. Los políticos que<br />

encarnan la lucha contra el gobierno o el sistema establecido serían<br />

meros infiltrados, disfrazados de campesinos pobres, falsos obreros,<br />

ambulantes ficticios, que comen bien, se visten bien, que no son<br />

―populorum‖, pues no son pobres, no tienen hambre, viven y obtienen<br />

sus aguinaldos de fuera. ―Qué tal conciencia, por mi madre. Los más<br />

pobres no tienen refrigeradora, y quienes han ejecutado esta canallada<br />

(por el Paro Agrario) apoyan a los terroristas, te dan un balazo por la<br />

espalda‖.<br />

EL REY DEL PALO<br />

Las constataciones de miseria del pueblo por parte de ―Camotillo‖<br />

no lo llevan a cuestionar el actual sistema social; a lo más, constata<br />

que la corrupción y el delito forman parte del gobierno por todo lo<br />

ancho y largo del territorio nacional.<br />

―Tanto comechado, tanto sinverguenza; día de los muertos (1 de<br />

noviembre) en nuestro pueblo, todos muertos, y los vivos, los muy<br />

vivos, tremendos...‖.<br />

El Perú, cruzado por el tráfico de drogas, que origina<br />

nuevas y violentas fortunas, merece una explicación de ―Camotillo‖,<br />

pero esta explicación no alude nunca para nada, a las llamadas<br />

instituciones tutelares. ―Claro, en Cocache (Tocache), en Tocache,<br />

han cambiado en un banco de dos por dos, 5 mil millones<br />

de soles, dinero con el cual -hay que propagandear la ideología<br />

del PA PE PI PO PU en el 'populorum'- comerían todas las<br />

barriadas durante un mes. Las mafias se matan –confirma<br />

.<br />

203


'Camotillo'- como en Chicago, como en las coboyadas, sólo falta que<br />

alguien jale la cadena. Al Zar (un traficante trujillano) le deberían dar<br />

cadena perpetua, por blanca nieves, por cocaloca, pero éstos entran y<br />

salen (de la cárcel) y se van a los toros‖.<br />

Al que pitea, le doy, y con palo, pareciera ser el lema del PA PE PI<br />

PO PU. Acá critico yo, ―Camotillo el Tinterillo‖, pareciera decir<br />

Tulio Loza, los otros a verme en la pantalla. Esos rabanitos, esos<br />

piteadores, esos mercenarios, esos traficantes, traidores a la patria,<br />

esos sucios, esos que se visten de pobres, esos no son mi<br />

―populorum‖, no son mis lorchos del Perú y Balnearios.<br />

CAMOTILLO EL CARBONERO<br />

Cuando la oposición arreció en sus críticas a su amigo el ex<br />

Premier Manuel Ulloa, ―qué miércoles‖, dijo ―Camotillo‖, ―ellos se<br />

dan el gusto y dejan de pagar...‖ (utilizando otro comercial de<br />

televisión que tenía ese slogan publicitario, para señalar que la<br />

oposición sólo critica sin prever las consecuencias). ―Ojo por ojo,<br />

diente por diente, chupamedias, choclossin dientes, huevos sin yema<br />

ni clara... Cuando hay elecciones todos ofrecen mentiras y tiran por la<br />

culata. A ver, a ver, saquenlos dos sus cosas al fresco (por el caso<br />

Vollmer, que comprometía al ex-Premier) hagan el aclare... Que haiga<br />

el premio Vollmer, que salga el Karateca Bruce Lee (por el Presidente<br />

Belaúnde) que esto se pone color Violeta (por su esposa). Onstá,<br />

entonces, la libertad de expresión, qué tal conciencia. Quién pisa la<br />

babita o son unos babosos, chicheros norteños en huelga de potos<br />

caídos, qué gane el más mejor. Cara de flecha, Cara de caihua, te están<br />

sacando la chochoca, pero cuidado, no mojen que no hay quien<br />

planche‖, advirtiendo que no critiquen tanto, no joroben tanto, que<br />

existen en la democracia los canales apropiados para hacer las críticas<br />

y no a través de la fuerza y la exigencia.<br />

En la concepción de ―Camotillo‖ existiría una zanja entre<br />

el pueblo y la oposición, que invalidaría moralmente a representarlos.<br />

Quien los representa es él, ―Camotillo‖ quien pitea es él,<br />

―Camotillo‖, y no la oposición, a la cual descalifica para esa tarea,<br />

incluso en el Congreso, donde está justamente para cumplir esa<br />

función. ―Camotillo el Tinterillo‖ puede criticar, sin embargo, hasta<br />

al Canciller con motivo de la demarcación de los hitos en la<br />

frontera con el Ecuador. ―Es un Canciller brillante, lo pu-<br />

.<br />

204


len todos los días‖. Pero ¡ay! de la oposición si ella hubiera hecho una<br />

crítica al Canciller.<br />

Llegando la Navidad, en lugar de merry christmas, nos dice‖very<br />

crisis‖ y discursea: ―Hay una crisis moral, cuyo origenes sucio, narcos,<br />

coimas, contrabando‖. Para ―Camotillo‖ la oposición no está<br />

conformada solamente por los que viven con Caperucita Roja (los<br />

rojos, los comunistas) sino también por los apristas. Claro, como dice<br />

―Camotillo‖, ―lo del clima no es no-vedad: todos estamos calientes‖,<br />

pero apenas uno alza la voz opitea, palo con él. ―Estamos fritos y con<br />

esta ola de calor, estamos calatos de pies a pelos, Hayan García, el<br />

bebecrece y la izquierda, puro blablablá.‖ Paradójicamente,<br />

―Camotillo‖ se burla de la izquierda por habladora, cuando su propio<br />

poder reposa en la palabra. Pero intenta descalificar también a la<br />

oposición por su incapacidad de gobierno: una cosa es gobernar y otra<br />

criticar, sugiere con malicia, cuando propone a Ledesma como<br />

Ministro de Energía y Minas y a Hugo Blanco como Ministro de<br />

Salud, cuyo programa se iniciaría construyendo duchas...<br />

La crítica de ―Camotillo‖ a la actual situación de crisis no logra<br />

superar la constatación de la pobreza del populorum y a burlarse,<br />

poniendo apodos a los gobernantes más conocidos. Incluso, cuando el<br />

Premier Ulloa renuncia, se lamenta de no tener a quién tomarle el<br />

pelo: ―a quién vamos a cochinear si ya no está el 'Flaco Cara de<br />

Ancla'; sólo quedaría el 'karateca', porque incluso el 'Flaco Moco<br />

Seco', más 'Seco que Caquita de Dromedario'. (por el ex-ministro<br />

Pedro Pablo K.) se fue también a Estados Unidos‖.<br />

Mientras descalifica a la oposición para gobernar por –―ignorante,<br />

sucia o infantil‖- plantea que no se puede criticar al entonces nuevo<br />

ministro Carlos Rodríguez Pastor por haber trabajado en Estados<br />

Unidos. ―Qué quieren, un analfabeto de Cocachacra‖ interroga<br />

poniéndose muy serio. Claro, el ―populorum‖ es pobre, de Cocachacra,<br />

analfabeto, no sabe, son ―tramboyos sudados, calaveras gordas‖,<br />

y la oposición no es el pueblo, son unos disfrazados de campesinos<br />

pobres, sus líderes no reúnen las condiciones, además, los rojitos están<br />

financiados de fuera, de Rusia, ―qué tal con... ciencia...‖. A los<br />

gobernantes hay que reconocerlos, ponerles apodos pero respetarlos,<br />

porque vivimos en una situación de crisis económica que pareciera<br />

caída del cielo, donde algunos individuos corruptos, de Tocache,<br />

.<br />

205


contrabandistas, coimeros, producen y se aprovechan de la crisis<br />

moral. Nada más, mis queridos lorchos del Perú y Balnearios.<br />

Y para ti, tele espectador, ¡viva el rating!, qué importa si a alguien<br />

no le gustó: ―choncholi calato, never in the life, pichón, wiflas‖.<br />

6. PALABRAS EN JUEGO<br />

Los divos de los programas cómicos utilizan giros y expresiones<br />

-generalmente creados por ellos mismos- para facilitar ser<br />

identificados por la teleaudiencia y el público en general. Con<br />

frecuencia, muchas de estas expresiones son utilizadas también en<br />

diversos momentos de la vida social e incorporadas al lenguaje común<br />

y son la envidia de los publicistas. La facilidad con que se identifica a<br />

un cómico con una frase nos lleva a entender esta relación como una<br />

necesidad básica, un prerequisito de la popularidad.<br />

―Qué tal‖, ―au revoir‖, exclama el ―Ronco‖ Gámez al saludar y al<br />

despedirse en sus programas radiales o televisivos, y todos saben que<br />

esas expresiones son del ―Ronco‖.<br />

-―Un comercial y regreso‖ es la típica expresión de Augusto<br />

Ferrando. Cada vez que su programa se ve interrumpido por una<br />

tanda de comerciales, usa su conocida expresión, que identifica a su<br />

programa con un sorteo de regalos y permite; a la vez, introducir los<br />

cortes comerciales. Tan popular es esta expresión que la muchachada<br />

de los barrios limeños la utiliza cada vez quealguno quiere ir al bario:<br />

―un comercial y regreso‖. El mismoTulio Loza, en uno de sus<br />

programas como ―Camotillo‖, le ha dado toda la vuelta y la utiliza en<br />

ese sentido: ―voy al pichin room y regreso‖.<br />

-―Hi every body ― decía ―Rulito‖ Pinasco cuando interpretaba a su<br />

personaje ―Mr. Johnny‖, en su afán de introducir expresiones en<br />

inglés. En realidad, no deja de ser altamente significativa la cantidad<br />

de frases y giros sajones en los cómicos de la televisión, especialmente<br />

entre los divos cuando ejecutan monólogos ante los tele-espectadores.<br />

-―Wiflas, pichón, choncholí calato‖ es una de las tantas expresiones<br />

de Tulio Loza, hábil creador de giros y palabras, mu-<br />

.<br />

206


chas de ellas provenientes de su propia cosecha. Tulio Loza tiene<br />

cantidad de expresiones inglesas como ―never in the life, pichón<br />

wuiflas‖, que suponen un cierto rebuscamiento en su léxico. El<br />

famoso ―Nemesio Chupaca Porongo‖ -conocido como el ―Gringo<br />

Williams‖- tiene, pues, que hablar su poquito de inglés.<br />

-―¿Quién soy yo ¡Papá!‖, es la contraseña de Adolfo Chuiman en<br />

su personaje de ―Papá Manolo‖, el bacán blancón de los barrios<br />

populosos de la gran Lima. Muchos jóvenes de la ciudad la utilizaron<br />

frecuentemente cuando estuvo de moda el personaje sinónimo de<br />

virilidad y mando, de autoridad y picardía: ―papito, el capo, el men, el<br />

que la lleva‖, como ustedes quieran, son giros que derivaban del<br />

famoso ―papá‖ que, teniendo antecedentes suficientes en el habla<br />

popular, Adolfo Chuiman llevó al extremo de la popularidad los<br />

primeros años de los ochenta.<br />

Esta costumbre responde a una larga tradición de los programas<br />

cómicos, desde las épocas en que Hugo Muñoz de Baratta introdujo el<br />

famoso ―mi querido mon cheri‖, ―ñaca ñaca‖ o ―chochera/<br />

chocherita‖, como exclamación típica de su personaje (antes de la<br />

aparición en el firmamento futbolístico de Chochera Castillo en los<br />

años 80), o ―mis queridos hanny boy's‖. Incluso Hugo Muñoz de<br />

Baratta introdujo -como lenguaje visual- una serie de objetos, como<br />

los anteojos, para ser identificado por el público, y se dejó crecer el<br />

pelo -para imitar a John Canon de la serie televisiva El gran chaparralhasta<br />

tal punto que por esa época a todo señor de mediana edad con<br />

pelo largo y canoso, le decían ―mon cheri‖.<br />

Esta costumbre, ciertamente, también tiene su asidero en las<br />

situaciones de los programas de humor, donde se facilita la retención<br />

del mismo con una expresión característica: La santa paciencia era la<br />

frase preferida de Alex Valle; ―muestra el detalle‖ era la expresión del<br />

sketch de ―Monsieur Canesú‖, para que Camucha Negrete pudiera<br />

enseñar lo más atractivo de su cuerpo.<br />

Estas expresiones no sólo se reducen a las escenas de los<br />

programas sino que forman parte sustancial de la acción de los<br />

divos; por ejemplo, cuando venden su imagen para hacer<br />

comerciales televisivos o en pancartas, aparecen sus rostros con<br />

palabras que les son propias. Augusto Ferrando sale anunciando<br />

cualquier producto -en la Tienda del Descuento, entre otras-<br />

.<br />

207


con todo su vocabulario querendón que le es tan familiar: ―ven primito,<br />

ven hermanito, ven a la tienda del descuento‖. Cuando el ―Ronco‖<br />

Gámez hace un comercial de un banco utiliza su clásico: ―¡Qué tal!‖<br />

sumado a ―yo ahorro en el Continental‖...<br />

Muchas de estas expresiones quieren decir lo mismo, pero cada cómico<br />

debe utilizar vocablos propios, distintos. Ser original es un requisito<br />

primordial. Nadie se copia, ni repite sin citar, al autor de un vocablo<br />

o expresión, popularizada a través de los medios por un actor.<br />

Entre mi ―mancha‖ del ―Ronco‖ Gámez y mi ―populorum‖ de Tulio<br />

Loza sólo hay diferencias sonoras, pero su significado es el mismo.<br />

Para ambos quiere decir el pueblo, esa porción masiva y dispersa que<br />

constituye la gran realidad del país, de la ciudad, y de su audiencia.<br />

Los dos se dirigen a ella, pero decir pueblo, suena barato y hasta político,<br />

por eso mejor se opta por ―la mancha‖ o el ―populorum‖. La diferencia<br />

más sutil está en que, hipotéticamente, los zambos responden<br />

más al primero y los cholos al segundo.<br />

Las palabras, los giros y las expresiones, han dejado de provenir<br />

solamente de la vida social para ser producto de la voluntaria creatividad<br />

de sus autores; ellos son conscientes de ello al punto de exigir una<br />

especie informal de copyright o derechos de autor por sus expresiones<br />

lingüísticas. Cada cual prefiere arriesgar e inventar nuevos giros, muchos<br />

de los cuales llegan a formar parte del léxico cotidiano de los<br />

habitantes. El carácter ―popular‖ de estas palabras no nace así siempre<br />

del pueblo; muchas veces pasa lo contrario: nacen en la televisión y de<br />

allí se introducenen la vida social. Esto es importante, porque otorga a<br />

la televisión y a los cómicos un papel activo, algunas veces decisivo en<br />

el habla, especialmente entre los jóvenes. Aquel mundo que encierra<br />

la pantalla, no sólo recoge situaciones sociales, sino que también crea<br />

e introduce sus palabras e imágenes en la sociedad.<br />

7. PARA MUESTRA UN BOTON: EL LENGUAJE DE LOS<br />

PERSONAJES DE TULIO LOZA.<br />

EL HUMOR GRASOSO DE CAMOTILLO<br />

Cuando Tulio Loza interpreta a ―Camotillo el Tinterillo‖ su<br />

humor no es, -lo dice él mismo-: ―gracioso, sino grasoso‖; es<br />

decir, áspero, duro, casi como el cholo chambero de las barriadas<br />

que interpretó en un primer momento con toques de picar-<br />

.<br />

208


día criolla. Su personaje ―Camotillo‖ -el político, el fiscal, el metete, el<br />

tinterillo- no es duuuulce, ni usa palabras duuuuuulces, melosas, al estilo<br />

de Augusto Ferrando -―hermanito, primito‖- sino que es agresivo<br />

y punzante; por momentos, no hace humor, sino crítica abierta; ataca,<br />

insulta, agrede. Sus palabras preferidas optan por la ch que con-tiene<br />

muchas de las palabras que sirven para insultar: ―chato de...‖, ―cholo<br />

de...‖, ―chu... cha‖ (la vagina en jerga popular), ―achorado‖,<br />

―churreta‖, ―chupa‖. ―chapa‖. ―chelfa‖, ―chuchumeca‖ (prostituta en<br />

jerga), ―choro‖ (ladrón en jerga), ―chupajeringa‖ (vividor en jerga),<br />

―cachalote o Chapalote‖ (utilizado en Te mato Fortunato como quien<br />

manosea a las mujeres), etc. Las palabras de ―Camotillo‖ sirven para<br />

la agresión, para el maltrato, unas veces en contextos de humor y<br />

otras simplemente como mensajes ideológicos, políticos, coyunturales.<br />

Su principal víctima es ―Piquichón‖. su acompañante, el ser<br />

diminuto, vestido con su terno pintoresco, que está allí para sobarlo y<br />

recibir los insultos. (46).<br />

- ¡Ay! ¿Para qué se le ocurrió a ―Piquichón‖ decir: ―su<br />

franqueza le alabo‖ Para que ―Camotillo‖ le responda:<br />

―calla, calla, cara de nabo‖.<br />

Y, por el estilo, diez veces por noche:<br />

- ―Ud. siempre es el men‖;<br />

―calla, agua de culem‖.<br />

- ―Colón, Colón‖;<br />

―calla. hue...‖.<br />

- ―El gobierno torea su cuarto toro‖;<br />

- ―calla, caca de loro‖.<br />

- ―Señores, campo y anchura para que pase su<br />

magistratura‖:<br />

―calla, hijo de cura‖.<br />

- ―Eso ya lo dijo Agamenón‖;<br />

―calla, gue...n ... hombre‖.<br />

(46) O cualquiera de las variantes que, por razones de distinta índole que se tratan<br />

en el último capítulo, asume el personaje de su secretario o ayudante.<br />

209


- ―Yo me opongo‖;<br />

―calla, mondongo‖.<br />

- ―Calla, lávate el juanete...‖<br />

La agresividad de ―Camotillo‖ con su ―Piquichón‖ arranca desde<br />

el momento en que no lo deja hablar. Cuando ―Camotillo‖ habla, y sí<br />

que habla, nadie puede interrumpirlo. Curiosamente, el sentido democrático<br />

que tanto halaga ―Camotillo‖ en el actual régimen y lo define<br />

a él como el ―paladín de la libertad de expresión‖, no lo cultiva con su<br />

propio acompañante: ―Calla‖, le dice, y después viene el insulto. Muchas<br />

veces las interrupciones de ―Piquichón‖ no tienen relación con el<br />

mensaje que está exponiendo ―Camotillo‖, pero sirven para que Tulio<br />

Loza haga alarde de su capacidad de crear frases y respuestas. Sobre<br />

todo respuestas, a la usanza medieval, cuando los versadores eran<br />

considerados por su capacidad de responder al reto de un verso con<br />

otro, de un insulto con otro, de una insinuación con otra. Esta costumbre<br />

llegó a nuestro país a través de los criollos de la ciudad, de los<br />

bohemios, de los cantores de valses, tal vez como herederos del canto<br />

español. Clásicas han sido las disputas en diferentes peñas limeñas<br />

entre verso y verso, como sinónimo de ingenio e inteligencia. Y<br />

―Camotillo‖ -el tinterillo- el gran palabreador, el men de la boquilla, la<br />

utiliza a través de la modalidad del atarante. ―Grasoso y atarantador‖<br />

puede ser el humor de ―Camotillo‖. siempre rápido con las palabras y<br />

sus respuestas. Acá no sólo se trata de quién golpea primero, sino de<br />

qué se debe responder para apabullar definitivamente.<br />

Por eso, el libretista Pedrín Chispa se inventó un pseudónimo para<br />

explicitar que no puede haber un libretista sin chispa, elemento<br />

necesario para derrocar al contrincante en las batallas verbales. Cu, en<br />

boca de ―Camotillo‖, implica lo, pero después del silencio de ley,<br />

optar por la tangente; juanete suena tanto a pie como a nalga. El<br />

humor del doble sentido sirve para acrecentar el insulto, llevándolo al<br />

terreno coprolálico: excrementos, anos y avatares naturales de orines,<br />

urinarios, mingitorios, baños, ropa interior y comarcas adyacentes.<br />

No debemos olvidar que ―Camotillo‖ es ―el rey de la puna‖,<br />

que viene de su Abancaysito, que huele a sierra. Llegado a la<br />

ciudad se instala y vencida su primera timidez, irrumpe. Su<br />

léxico y su humor será entonces duro, ni finamente gracioso<br />

ni querendón, como el del zambo y el negro. ―Camotillo‖ con<br />

.<br />

210


frecuencia está ―asado‖, está ―recontra asado‖ y con su cara de<br />

molesto, de malhumorado, agriará su lenguaje. Después soltará su<br />

risita, esa risita que parece que lo inflara más en su gordura para<br />

después desinflarlo. ―¡Marca choro!‖, exclama confrecuencia, es decir,<br />

―dá pica‖, cólera. ―Camotillo‖ tiene muchas cóleras, su personaje es<br />

colérico, amargo, hasta ―achorado‖. ―¡Marca choro!‖, porque la<br />

realidad que él describe es desagradable, fea, injusta, pobre, mezquina.<br />

La realidad, vista por ―Camotillo‖, se traduce en la calificación que<br />

dá a sus televidentes. Los adjetivos que utiliza se extienden<br />

infinitamente en el mismo sentido: ―muertos de hambre‖, ―loncheras<br />

de perro‖, ―fantasmas sin sábanas‖, ―amadísimas momias‖. También<br />

acá es duro, no dulce, sino agresivo: ―Camotillo‖, como buen<br />

―protestante‖, según su propia definición, no pone el dedo en la llaga<br />

como Manuel González Prada, sino en el ...‖quetejere...‖; ―en el<br />

quetedije‖, en el ―quetejeri‖,en el ―quetejedi‖, es decir, en el culo.<br />

LA CARCAJADA COPROLALICA<br />

Es teniendo a la política como tema central, que Tulio Loza<br />

desarrolla principalmente su humor coprolálico, aunque, en realidad,<br />

el conjunto del programa tiene ese espíritu oloroso como trasfondo<br />

esencial. Si analizamos la presentación del programa, desde que<br />

aparecen los créditos van surgiendo una serie de situaciones entre las<br />

que destaca una, que se resuelve cuando, desde el fondo de su<br />

excusado, taza de baño o water, sale una mano que intenta coger a una<br />

señora dispuesta a hacer sus necesidades corporales: en otra<br />

secuencia, que también enmarca los créditos, vemos luego a Tulio<br />

Loza en un juego que lo muestra orinando, mientras esconde tras su<br />

cuerpo una manguera con la que, en realidad nos muestra luego que<br />

riega un jardín. Este sentido del humor grotesco/grasoso, es<br />

compartido sobre todo por los shows y/o espectáculos de café teatro y<br />

afines. El nombre de uno de los programas de más éxito en 1983 era,<br />

Hablemos a calzón quitao, título que alude directamente a un tipo de<br />

lenguaje, sin pelos en la lengua, y en el cual se utilizan la lisura y la<br />

coprolalia abiertamente.<br />

El lenguaje de ―Camotillo‖/Loza, resume la idea de que la política<br />

es un asunto que interesa, pero también es desagradable. En<br />

la política abundan los coimeros, los comechados, hay mu-<br />

.<br />

211


cho conchu.... hay demasiado roche, mucha gente indigna. Desde su<br />

óptica, los políticos de la izquierda merecen más estos adjetivos, pero,<br />

de todas maneras, es un rasgo general de los políticos. Y siendo la<br />

política un asunto desagradable, su lenguaje lo será del mismo modo.<br />

- ―Para tí mi voto‖ -exclama ―Piquichón‖:<br />

- ―Lávate el pescuezo‖ -le responde ―Camotillo‖.<br />

En realidad, lo que debería lavarse ―Piquichón‖ es el trasero, lugar<br />

recurrente del humor de ―Camotillo‖ y que en este dime y te contesto,<br />

tiene estricta relación con la política: ―voto/poto‖ es, para<br />

―Camotillo‖, un juego sonoro de palabras, pero también el<br />

equivalente de un programa político. Voz y Voto, transmitido por el<br />

mismo canal, y él le añade este ingrediente elemental de grosería,<br />

clásico de la vida popular que contiene la palabra poto en nuestro<br />

lenguaje. Al momento, una nueva obra de café teatro se anunciaba en<br />

pleno período electoral: Dame tu... voto.<br />

El espíritu que impregna la visión política de ―Camotillo‖, aparece<br />

expresado también 'en la sátira a los ―comechados y los coimeros‖ de<br />

la política nacional en el programa Risas y Salsa. De la misma forma<br />

que en ese programa, pero no a partir de situaciones sino a través de<br />

monólogos, ―Camotillo‖ va a referirse a la política nacional,<br />

desnudando su fealdad. De manera asociativa, enumera el significado<br />

de cada mes en el país: así agosto está identificado como ―haga su<br />

agosto‖ (especialmenteen términos comerciales de grandes gangas y<br />

rebajas) pero también de aprovecharse, de sacar partido: en política,<br />

según ―Camotillo‖, los políticos ―hacen su agosto‖: cómo no, en<br />

agosto y en el resto del año. Tan sucia es la política que, jugando con<br />

los nombres, ―Camotillo‖ dirá: ―el país se asemeja a una gigantesca<br />

peña, porque está llena de choros (ladrones)‖ e incluso han metido a<br />

un ministro que se apellida Hurtado. ―que es indudable que no viene<br />

de hurtar‖, se apresura a aclarar ―Camotillo‖, porque es pariente<br />

político del Presidente. ―Choros‖, ―marca choro‖ -o ―roche‖- son<br />

palabras constantes en su léxico. La primera alude a los ladrones y la<br />

segunda a su ira, ira por los robos que lastiman su autotitulada<br />

honestidad.<br />

Sin embargo, la suciedad de la política -y el lenguaje ad hoc<br />

para referirse a ella- tiene sus bemoles. ―Camotillo‖ asume un<br />

.<br />

212


ol moral para referirse a la suciedad de la política, por eso está<br />

―asado‖, ―recontrasado‖, porque le ―marcha choro‖ lo que ve, y desde<br />

esa condición se permite eliminar moralmente a algunos políticos.<br />

Veamos, por ejemplo, un programa que toma como tema el caso<br />

del ex-ministro Javier Silva Ruete. ―Camotillo‖ afirma que Silva<br />

Ruete está ―moralmente prohibido‖ de hacer juicios políticos,<br />

―prohibido de poner su cachete‖ -de nuevo alude al poto o a las nalgas<br />

(cachete también significa nalga)- ―porque los comodines sólo sirven<br />

para los juegos de naipes‖ (criticándolo de ser un ―comodín‖, es decir,<br />

de haber estado en distintos regímenes políticos). ―Menestrón de<br />

arquitecto‖ (menestrón/ministro), luego se ―reclutó con los milicos‖,<br />

―se quedó con Cuartelón‖ (por el ex-presidente Morales Bermúdez),<br />

―apristón‖ y ―quién juega así con su cachete‖, no tiene para<br />

―Camotillo‖ nivel moral para opinar en política‖. En este caso, la<br />

palabra ―cachete‖, de doble referencia corporal, a la cara y a las<br />

nalgas, ejemplifica los riesgos de la política. Cómo se usan los<br />

―cachetes‖, lo más íntimo y sagrado, sugiere una manera de sacar la<br />

cara y de entregarse sexualmente.<br />

Si analizamos un poco más los mensajes políticos de ―Camotillo‖<br />

encontraremos una ambiguedad constante. Para él sólo existen tres<br />

caminos políticos para el Perú de hoy: ―otro golpe militar, situación<br />

en la cual sólo veríamos comer a los milicos‖, pero como éstos no son<br />

―cojinovas‖ (es decir, cojudos...), ―no quieren golpe porque las vacas<br />

están flacas‖. Podemos deducir, con la lógica de ―Camotillo‖, que si<br />

las vacas estuvieran gordas sí buscarían el golpe, para hacer ―su<br />

agosto‖. como ambicionan todos los políticos. El segundo camino es<br />

―más peor‖: ―amarrarnos con los rojos, para que estemos tan felices<br />

como detrás de la Cortina de Hierro‖. Y el tercer camino es la<br />

democracia,‖ con los artistas, los populistas‖.<br />

―Camotillo‖ sabe que ―estamos hasta el perno‖ en política, ―porque<br />

hay malos funcionarios, hay robo, hay coima‖, pero esto no es lo más<br />

importante porque hay libertad para enjuiciarlos, ―como lo hago yo,<br />

cada semana‖. El punto de partida sigue sin ser modificado: la<br />

política, incluso en el actual régimen, incluso con libertad, es sucia:<br />

robos y coimas, pero en este caso no está tan ―asado‖, ni le ―marca<br />

choro tanto choro suelto‖.<br />

213


No dejan de ser recurrentes las expresiones de ―Camotillo‖ que<br />

mezclan el sexo con la política. ―Mis queridos pipi-richongos: ni de<br />

huaylas hay que tenerle miedo a nada, nadie se muere la víspera, sino<br />

en el día‖. La apreciación que Tulio Loza tiene de la virilidad y del<br />

valor, tiene estricta relación con la capacidad sexual: mientras que los<br />

cojinovas son los cojudos, los cojones son los testículos, los huevos,<br />

símbolo del valor. Testículos con las mujeres y huevos con los<br />

hombres, parece ser sulema en la lucha por la vida, sin tenerle miedo a<br />

nadie, ni a los terroristas, que lo amenazaron de muerte. Tulio Loza<br />

repite sin empacho en entrevistas personales que los peruanos son<br />

cobardes y maricones, que, en su opinión, a los peruanos les faltan<br />

huevos porque no enfrentan las situaciones. Su discurso se enriquece<br />

cuando Loza insinúa, de diferentes maneras, que entre la virilidad y el<br />

dinero existe un vínculo esencial: la frase ―un huevo de plata‖, para<br />

escoger la más sencilla y repetida, permite relacionar lo sexual con lo<br />

económico, ambos como garantía de potencia, de virilidad y de valor.<br />

En este país, cada vez más, hay que tener dinero para tener mujeres, y<br />

no miedo. Esta relación curiosa, pero recurrente en sus chistes -dinero,<br />

virilidad y valor-, es curiosamente lo que le falta a esta sociedad en su<br />

conjunto.<br />

DERRAMANDO LISURA<br />

En el camino de la insinuación a la grosería, está la lisura. En el caféteatro,<br />

Tulio Loza puede decir todas las lisuras que quiera sin límite<br />

alguno; no así en la televisión. Casi todos los cómicos afirman que la<br />

lisura libera al auditorio, especialmente a las mujeres, porque pueden<br />

oir en público lo que no pueden decir. El ―humor grasoso‖ de<br />

―Camotillo‖ es coherente con la violencia que hoy existe en Lima y el<br />

Perú. Su filosofía del chiste es la del ―humor con golpe‖, para que<br />

duela, utilizando la lisura con frecuencia para agredir y humillar. A<br />

―Piquichón‖ se le humilla; a la teleaudiencia se le humilla; puede que<br />

esto guste, puede que les guste escuchar la verdad, que les digan sus<br />

pobrezas y miserias.<br />

- ―Ud. siempre es el padre‖, le dice ―Piquichón‖;<br />

- ―calla, concha...‖ le responde ―Camotillo‖.<br />

A diferencia de ―Nemesio Chupaca‖, las lisuras de ―Camotillo‖ no se<br />

refieren casi nunca a actividades sexuales o amorosas, sino a las zonas<br />

inferiores del cuerpo humano.<br />

214


―Si el pueblo no tiene pantalón ni calzoncillo, heme aquí, aquí<br />

heme, Camotillo el Tinterillo‖.<br />

Como todo lisurero, ―Camotillo‖ se defiende con lisura: ―¡ché, su<br />

madre! ¿cuál lisura... ¡Nunca!, que se laven bien las del burro!!!‖. Así<br />

pone ―las cosas en su sitio: los oyentes son los que tienen la conciencia<br />

sucia cuando creen entender lisuras donde no las hay‖, dice<br />

―Camotillo‖; pero de inmediato, añade: ―lávense las del burro‖,<br />

animal conocido tanto por las dimensiones de un falo como de sus<br />

orejas. Y Loza se apura en aclarar aún más las cosas: ―yo pongo mis<br />

chapas propias, mis frases propias‖, no uso lisuras, aunque todos<br />

saben que las insinúa como soporte de su humor.<br />

Las lisuras queman en la boca cuando no se pueden decir, y si<br />

existe el lema nacionalista ―Viva el Perú... Carajo‖ (recogido en un<br />

extenso poema de Jorge Donayre Belaúnde y llevado al disco en la<br />

voz de Luis Alvarez), que fuera utilizado por el candidato Bedoya<br />

Reyes del PPC en las elecciones de 1980, ¿porqué, carajo, los cómicos<br />

se van a quedar con las ganas: ―qué tal con... ciencia.‖<br />

Con los tiempos, la televisión va mostrando con más crudeza la<br />

realidad y el lenguaje cotidiano. Tulio Loza es en este sentido para<br />

bien o para mal un pionero, punta de lanza y audaz innovador. Cada<br />

vez más claras las lisuras; y, aunque no se ufana, lo reconoce, ―sí, yo<br />

la llevo.‖<br />

Pero quien dijo una mala palabra, una lisura completa por la TV.,<br />

todita, no fue ―Camotillo‖ sino ―Piquichón‖. ¡Vaya uno a creer!, justo<br />

a quien no lo dejan hablar. Un lunes, a mediados de 1983,<br />

―Piquichón‖ se sale de su papel, pierde los papeles, totalmente, se<br />

pone liso como ―Camotillo‖, y empieza a hablar contra los políticos<br />

de izquierda, acallando a su jefe: ―Mercenarios, crean el caos y cobran<br />

en el Congreso, hay que darles una buena yuca, pero fresca como<br />

lechuga‖. Interrumpido por ―Camotillo‖ con una frase que termina en<br />

...ierda, ―Piquichón‖ le responde con todas sus letras: ―ándate a la<br />

mierda‖. Toda la palabra se hace presente en la televisión, como en<br />

los teatros ―achorados‖, como en el café-teatro. ―Piquichón‖ de<br />

inmediato se retracta, pide disculpas, se pone sumiso: ―me mandé de<br />

hacha‖ le dice, y ―Camotillo‖, reasumiendo su papel, remata: ―calla<br />

cucaracha‖.<br />

215


VIVA EL SEXO! ―NEMESIO CHUPACA‖<br />

ESTA DE JUERGA<br />

El ―humor grasoso‖ de ―Camotillo‖, se modifica cuando‖ Nemesio<br />

Chupaca‖ saca a relucir toda la gracia de las palabras que invitan a<br />

mujer. Sí; ―Nemesio‖ es un personaje que ama a las mujeres, a su<br />

Ursula, a Orsola, a todas las que se le cruzan por el camino.<br />

―Nemesio‖ no dice ―una ca... che.., te voy a dar‖, esas expresiones<br />

son para ―Camotillo‖, el ―recontrasado‖.‖Nemesio‖ es zamarro y<br />

pendejerete, y sus palabras tendrán la gracia de la picardía.<br />

UNA SITUACION APARENTEMENTE AJENA...<br />

Un detective privado, ―Chupaca‖, se dirige a la agencia de<br />

detectives dispuesto a enfrentar una tarea dificilísima, a la manera de<br />

la serie Misión imposible. Se presenta como ―Nemesio Chupaca<br />

Porongo‖, gran espía extra motor oil... Su atuendo es estrambótico y<br />

utiliza unos anteojos con lunas oscuras, donde, cuando le agarran la<br />

nariz, aparecen unas mujeres danzando.‖Agárrame la nariz‖ le dice al<br />

jefe de la agencia, ―agárramela otra vez‖ y en su cara de pícaro nos da<br />

a entender que le agarre otra cosa. ―Soy un espía que se pasa de<br />

vueltas, me ocuparé de esta gran movida‖. La movida, ―eso es lo que<br />

voy a hacer‖: movida como sexo y movida como pendejada, jugada<br />

astuta, zamarra, criolla. Cuando el jefe le habla sobre la ―movida‖,<br />

sobre la misión, Nemesio responde ―tengo voluntad para la movida‖.<br />

La historia, ―la movida‖, trata de una aventura con jeques y<br />

harenes, donde la hija del jefe ha sido raptada. ―Al jequetepeque por<br />

el jeque lo pongo en jaque‖, responde ―Nemesio‖ con naturalidad.<br />

Entonces, el jefe le dice que ―ellos tienen los planos (motivos de la<br />

trama) en su poder‖; ―Nemesio‖, como buen Nemesio gracioso,<br />

responde: ―tienen los pies planos por joder‖. De pronto, como el jefe<br />

es francés, claro, tenía que ser francés para dar el toque exótico, le dice<br />

Chupacá, y ―Nemesio‖ le responde Chupa-yá. Como buenos detectives,<br />

sacan una radio a través de la cual van a comunicarse a la distancia<br />

cuando ―Chupaca‖ vaya a cumplir su misión. Cuando el jefe francés<br />

le muestra cómo usarla y saca la antena, Chupaca exclama: ―uy, qué<br />

larga la tiene, es de largo alcance...‖<br />

216


En el momento crucial, cuando ―Chupacá-Chupayá‖ llega al harem<br />

del jeque donde está detenida la hija del jefe francés (―ay qué lindo‖,<br />

exclaman todas las mujeres, ¡qué lindo!!!‖ y ―Nemesio‖ responde: ―y<br />

eso que no me puse mi ropa de domingo‖), el desorden cunde en la<br />

trama de la historia, resolviéndose la situación por el juego de<br />

palabras. Luego de fricciones y bailes, donde ―Chupaca‖ hace de las<br />

suyas, llega donde la hija: ―en qué buena me has metido‖ dice ella, y<br />

―Nemesio‖ responde ―yo no he metido nada‖. Y, juácata, los agarran<br />

a los dos, entonces ―Chupacá‖, de pronto se vuelve latino y se<br />

autotitula ―El Preso Número 9‖, vieja canción del repertorio del<br />

continente. Una vez en la cárcel, coge su radio y habla: ―Aló, sí, aquí<br />

KH3/AP/AP2/FRENATRACA‖, donde mezcla desde productos<br />

farmacéuticos con siglas de partidos políticos. Desde el otro lado,<br />

escucha la voz del jefe francés que le dice: ―hemos tomado Palacio‖,<br />

―el karateka (por el presidente Belaúnde) no está aquí‖. Y súbitamente<br />

cuando ―Chupacá‖ y la hija están en la celda en pleno romance,<br />

aparece el jefe con sus tropas para liberarlos. Como recurso<br />

permanente, Tulio Loza le presta a ―Nemesio Chupaca‖ su capacidad<br />

de contar chistes, chistes colorados, rojitos, no rojimios.<br />

- ―Un hombre sale con un calzón en la mano y dice: 'busca<br />

puesto, pero debe llenarlo bien'―.<br />

- ―Cómo se aman los erizos‖ -pregunta a una rueda de<br />

amigos-:<br />

―con mucho cuidado‖.<br />

- ―Qué le dice el timbre al dedo‖:<br />

―si me machucas, grito‖.<br />

217


218


CAPITULO VIII<br />

LOS PRINCIPALES TEMAS<br />

TRES COSAS HAY EN LA VIDA...<br />

219


220


… LA RELACION HOMBRE-MUJER,<br />

LA JERARQUIA BUROCRÁTICA JEFE-SUBORDINADO<br />

Y EL PROBLEMA DEL DINERO<br />

Hurgar en estos programas ofrece un cúmulo de sorpresas. ¡Cómo<br />

no! La sorpresa es una característica básica de la comicidad. Sin<br />

embargo, estos programas tienen como característica principal la<br />

repetición. Su historia nos la ha mostrado claramente. ―En esto, por lo<br />

demás, el libro manda‖, nos dijo repetidamente un libretista al<br />

reconocer que la mayor parte de los libretos de hoy son versiones<br />

nuevas de los de ayer; y los de ayer, como ya vimos, se compraban ―al<br />

peso‖ donde se hubiese desarrollado más el género, principalmente en<br />

la Argentina.<br />

Pero no es ésta -la carencia de libretistas nacionales y/o de<br />

originalidad en el planteo de situaciones cómicas- la razón principal<br />

de la repetición. Más emparentada con el cuento y con la tradición<br />

oral que con la literatura y el teatro moderno, la repetición de<br />

situaciones, de personajes y de motivos de conflicto entre ellos, parece<br />

ser una necesidad inherente al género. El talento de los cómicos, por<br />

su parte, no parece estribar tanto en inventar situaciones nuevas,<br />

como en recrearlas en función de nuevos contextos sociales, a partir<br />

de los cuales adquieren sentido. Son los contextos los que, de una u<br />

otra forma, condicionan las características de los personajes y sus<br />

acciones, así como las situaciones concretas que los entretienen y les<br />

dan motivos para el desarrollo de su ingenio personal.<br />

Es interesante tomar en cuenta, para explicar la variación de los<br />

contextos de estos programas, los distintos lugares en los que<br />

.<br />

221


se ubican sus principales situaciones. Desde la plaza pública (la misma<br />

desde la cual siglos atrás los juglares de feria llamaban la atención de<br />

los transeúntes) y, en general, la calle, los espacios abiertos, hasta su<br />

abandono en una sucesión de escenarios cada vez más privados y<br />

domésticos.<br />

En nuestros programas se suceden así la bodega de la esquina -o la<br />

esquina simplemente-, el callejón en sus diferentes versiones, el<br />

restaurant, el café, el bar, como lugares públicos, pero siempre<br />

vinculados a la familia y al barrio. Nos encontramos luego con las<br />

oficinas y lugares de trabajo de los sectores medios urbanos de cuello<br />

blanco. Nada de fábricas o de trabajo manual. Las oficinas públicas y<br />

dependencias administrativas oficiales han tenido presencia relevante<br />

en los últimos tiempos, así como las salitas, sencillas pero correctas,<br />

equipadas con todos los muebles y adornos propios de un hogar<br />

promedio de la realidad urbana, que es su referente principal. Los<br />

dormitorios y, más recientemente, el mismo lecho conyugal,<br />

completan este conjunto de escenarios que grafican muy bien la<br />

evolución propia del género.<br />

La abundante y profusa referencia coyuntural que desarrollan estos<br />

programas no es accidental. En realidad, ésta es una de las más<br />

socorridas vías de actualización de viejas situaciones protagonizadas<br />

por entusiastas descendientes de antiguos personajes. Las referencias<br />

constantes a la coyuntura política y social del país, en todos sus<br />

niveles y estamentos, y la utilización de expresiones lingüísticas muy<br />

recientes (el lenguaje de moda), elevan el factor novedad y el recurso<br />

sorpresa, favoreciendo el reconocimiento de uno mismo y de<br />

personajes públicos de hoy en una situación más cercana.<br />

Pero el tópico en discusión, así como los conflictos que enfrentan los<br />

personajes, son repeticiones, formuladas con mayor o menor calidad,<br />

y programadas con intuición y habilidad por los productores de estos<br />

programas.<br />

En la estructura de los programas actuales encontramos un<br />

sin número de situaciones repetidas a lo largo de la historia<br />

de estos programas en el país; pero también temas y situaciones<br />

que se repiten semanalmente, a veces durante largos períodos.<br />

En ocasiones dos programas en competencia tratan un mismo<br />

.<br />

222


tema, y al mismo personaje en una idéntica situación: y el chiste con<br />

el que termina el sketch, está fraseado casi idénticamente, quedando<br />

libradas sólo al talento del actor la originalidad y vitalidad del mismo.<br />

Usualmente, los tópicos más recurrentes son los que propician un<br />

conflicto vital a resolver por la vía cómica. De los conflictos y<br />

atracciones, rechazos y necesidades, exaltaciones y negociaciones,<br />

semejanzas y diferencias presentes en los diferentes tópicos tratados<br />

reiteradamente en estos programas, existen tres muy representativos<br />

de la curiosa combinación entre lo mucho que se repite y está siempre<br />

presente, y lo mucho que se ofrece hoy como paliativo de la risa a los<br />

problemas de la salud, del dinero y el amor: aquellas tres cosas que<br />

hay en la vida y que canta el valsón con su tundete invariable.<br />

La primera tiene como referente principal el matrimonio y sus<br />

avatares. No se trata, necesariamente, del amor, sino de su caricatura:<br />

los excesos, los celos, la evasión. Las ―sacadas de vuelta‖, las disputas<br />

y las discusiones de pareja son el motivo fundamental. En estas<br />

situaciones participan también los novios, los suegros, los amantes,<br />

como personajes típicos e indispensables a los problemas propios de<br />

estas relaciones. La ubicación social predominante es cada vez más<br />

caracterizada como propia de la clase media presentada en sus<br />

diferentes variantes, a través de sus salitas, sus sofás o alguna esquina<br />

clandestina cerca al propio lugar de trabajo, cuando las relaciones son<br />

conla secretaria.<br />

El amor, esa bella palabra que invoca pañuelos y suspiros, no es el<br />

tema central de los programas de humor. El amor es el tema de las<br />

telenovelas, que conmueve a los espectadores de toda edad y sexo. En<br />

estos programas el amor no es mero motivo de parodias o burlas, sino<br />

de un análisis despiadado de los avatares degradados que de él se<br />

desprenden.<br />

El dinero constituye de manera diferente pero constante, una<br />

segunda preocupación central de estos programas, sobre todo<br />

en los que de una u otra manera se concursa y/o compite por<br />

un premio. Tal es el caso del programa de Augusto Ferrando,<br />

que, entre la música y la risa, tiene como mecanismo fundamental<br />

llevarse un regalo. El dinero es siempre en estos programas el<br />

resumen constante de una gran mayoría de las acciones de los<br />

.<br />

223


sketches o situaciones. Las relaciones hombre-mujer están también<br />

contaminadas por el dinero, y resulta difícil diferenciar una de otra en<br />

tratamiento aparte. En las relaciones de trabajo y en las del amor, el<br />

dinero está siempre presente.<br />

Por último, las relaciones jerarquizadas de poder constituyen una<br />

réplica importante de la realidad social urbana de las oficinas, los<br />

pasillos de los ministerios, las gestiones en las entidades del Estado, la<br />

oficina de correos, etc., lugares predilectos para ambientar el humor<br />

de estos programas.<br />

Se trata, sin duda, del manejo de lo popular en los sectores medios<br />

encorbatados, de sueldo ajustado, de pequeños jefes, de subalternos,<br />

secretarias, porteros, clientes, que se ven envueltos en un conjunto de<br />

relaciones sociales jerarquizadas, de las cuales no pueden escapar.<br />

La evolución hacia los sectores medios se ve agudizada en estos<br />

programas cuando se presentan tres esferas de su vida diaria: el hogar<br />

(relaciones hombre-mujer), el trabajo (relaciones laborales), ambas<br />

enlazadas bajo las circunstancias de consecusión y uso del dinero.<br />

I. PALIZAS Y ARRUMACOS<br />

Como el triángulo clásico de los melodramas, estos programas<br />

giran en torno a las aventuras extra conyugales, como tema<br />

clave del humor. Estas relaciones parecieran reflejar directamente<br />

preocupaciones vitales de nuestra sociedad, especialmente en<br />

la ciudad, y sobre todo en los sectores medios. Podríamos construir<br />

una hipótesis sobre la base de la siguiente secuencia lógica presente en<br />

estos programas: el arribismo, en todas sus variantes, como característica<br />

sustantiva de quien aspira, a como dé lugar, a ubicarse en los<br />

sectores medios, genera la necesidad de complementar a la esposa<br />

(conocida como ―la señora‖ que está en el hogar, con los hijos, y<br />

cumple con las tareas domésticas) con la amante. En realidad, el<br />

ascenso social de una gran parte de los sectores medios urbanos no se<br />

decide ni conforma exclusivamente a partir de una mayor comodidad<br />

económica, sino por una mayor complejidad en el manejo de símbolos<br />

culturales y relaciones sociales. Para quien llegó a los sectores medios,<br />

el hogar le resulta estrecho para su realización individual, porque<br />

su mujer no tiene las mismas oportunidades que él para<br />

. .<br />

224


alternar con nuevas relaciones; superada su condición de novia, su<br />

lugar está en la cocina, o en la cama, mientras no esté gorda.<br />

Una de las principales características de los hombres de éxito -que<br />

sirve como modelo a seguir-, es el reemplazo que hacen los esposos de<br />

su mujer por una juvenil belleza, que se fija en él a partir de su nueva<br />

situación. Uno de los casos más publicitados por la televisión y la<br />

prensa fue el del boxeador Carlos Monzón, que dejó de lado a su<br />

señora por la vedette Susana Giménez al obtener el título mundial de<br />

los medianos.<br />

Sin embargo, esta veta rica y variada, que tiene como denominador<br />

común el hecho de mirar como mujer a la que está fuera, y como<br />

estorbo a la que está dentro de casa, no sirve para plantear el hecho de<br />

la separación. Ese no es tema de humor, ese es tema demasiado<br />

dramático, válido para una telenovela. La separación de cuerpos y<br />

almas, el divorcio y sus trámites, la herencia y la educación de los<br />

hijos, no producen una pizca de humor; al contrario, son garantía de<br />

lágrimas y suspiros. El humor, en estos casos, reposa en la picardía, en<br />

la aventura, en las ganas y el prestigio de salir con otra mujer, sin<br />

alterar su vida conyugal. ―La casada es ella‖, es una famosa frase del<br />

espíritu criollo masculino de nuestra sociedad, que quiere decir que la<br />

que está prisionera en su hogar y en el matrimonio es la mujer, pero<br />

no el hombre. ¡Qué va; al contrario! El hombre, el verdadero, es aquél<br />

que está constantemente piropeando, seduciendo a la secretaria, a<br />

aquella que está en la calle y puede ser ―levantada‖.<br />

El matrimonio y la familia es, no obstante, el contexto privIlegiado<br />

para que se lleven a cabo las relaciones entre el hombre y la mujer. No<br />

es por accidente que un programa de larga historia en la televisión<br />

argentina y peruana lleve como nombre Matrimonios y algo más. El<br />

matrimonio es más que una institución, una cárcel para la pareja, una<br />

jaula en el zoológico de los sentimientos y pasiones del hombre y la<br />

mujer.<br />

- ―Mira compadre‖ -exclama uno de los personajes de este<br />

programa- ―mi matrimonio es como la nación: el Ministro del<br />

Interior es mi suegra; el Ministro de Economía es mi esposa y<br />

el Ministro de Turismo es mi hija‖.<br />

225


- ―Y tú eres el Presidente‖, le responde incrédulo su interlocutor.<br />

- ―No, ¡qué va!, yo soy el pueblo que lo aguanta todo...‖.<br />

El matrimonio es así: la síntesis del amor, donde el amor muere. Lo<br />

interesante, sin embargo, es que el tipo de matrimonio que presentan<br />

estos programas es cada vez más el de los sectores medios, el de los<br />

empleados y los profesionales. En Matrimonios y algo más, se lo<br />

presenta como un engranaje aceitado en su más descarnada<br />

cotidianeidad. El matrimonio no sólo es un contrato por lo civil, sino<br />

que funciona de manera evidente como una rueda sin fortuna en la<br />

esfera de lo doméstico. Ese programa nos muestra a una joven esposa<br />

que realiza sus tareas diarias: pone las tazas, sirve la mesa, levanta la<br />

mesa, lava las tazas. Cuando llega el esposo preguntando si está lista<br />

la comida, ella responde, gritando, que sí, que ya puede sentarse, sin<br />

ocultar su cólera. Esta cólera se quiere presentar como propia de la<br />

mujer de los sectores medios, en la antesala de la conducta feminista<br />

reciente en el país y que hace su aparición cada vez más en este tipo<br />

de programas.<br />

Incluso puede verse aquí una corriente de humor que se proyecta<br />

cada vez más hacia los sectores de altos ingresos en relación a la vida<br />

matrimonial. En uno de los sketches de Matrimonios y algo más, una<br />

esposa le cuenta sus cuitas a su amiga. Lecuenta que su esposo -un<br />

ejecutivo muy moderno, por cierto- se ha comido un reloj y tiene su<br />

vida programada desde el desayuno hasta las diez de la noche, en que<br />

se acuesta para dormir. La vida ordenada y programada descarta lo<br />

esencial de la vida y del humor: el sexo. Pobre chica, pobre mujer,<br />

pobre esposa. A ella sólo le dedica un minuto. Su protesta tiene eco en<br />

su amiga quien decide actuar. Después de una conversación con el<br />

marido, logra convencerlo de que decida que lo operen y le saquen el<br />

reloj. Desde entonces éste modifica su horario, para incluir una<br />

dedicación sexual a su esposa cada dos horas, de día y de noche. El<br />

otro extremo es la única alternativa al inexorable abandono de la<br />

esposa por el trabajo, los amigos o la amante.<br />

Los principales personajes de estos programas son casados y<br />

tienen aventuras extraconyugales. Podemos citar a ―Nemesio<br />

Chupaca‖ y su esposa ―Ursula‖, a ―Federico Lanserote‖, o al<br />

.<br />

226


. .<br />

novio/esposo ―Fortunato‖. Los tres, a su manera y con distinto éxito,<br />

están constantemente envueltos en escenas de ―sacada de vuelta‖.<br />

Curiosamente, no hay posibilidad de presentar escenas ―de cuernos‖<br />

en las cuales el hombre sea el engañado, posibilidad que generaría el<br />

rechazo del público y lesionaría la moralidad más conservadora.<br />

―CHUPACA‖ Y ―URSULA‖<br />

Este cholo, que ha sufrido una gran transformación con el correr de<br />

los años, suele aparecer en la televisión con su esposa ―Ursula‖, pero<br />

responde ante cualquier mujer con naturalidad, saludablemente:<br />

hembra que ve, hembra que sigue, sin cuidado por la que tiene en<br />

casa.<br />

Las relaciones de ―Nemesio Chupaca‖ con su esposa ―Ursula‖ son<br />

armoniosas; no hay peleas, no hay disputas, ella no lo tiene en jaque<br />

averiguando dónde va ni con quién. Al contrario, ―Ursula‖ es dulce,<br />

comprensiva y fiel. Las aventuras de ―Chupaca‖ nunca la involucran.<br />

El las tiene por su cuenta, con prescindencia total de su esposa, y se<br />

comporta con acierto. No las busca, las encuentra. Son como la<br />

tentación que se asume con naturalidad. Generalmente ocurren de<br />

improviso y adquieren un toque de modernidad desconcertante,<br />

tratándose de ―Chupaca‖, con su ancestro indio, chontril y lorcho.<br />

Esto no quiere decir que ―Ursula‖ sea tonta y no sepa castigar con<br />

energía las ligerezas de su marido, pero lejos de ser fiscalizadora, su<br />

actitud es permisiva y cariñosa.<br />

En estas escenas ―Chupaca‖ deja de ser un poco ―Chupaca‖,<br />

el personaje se esfuma para mostrar al mismo Tulio Loza,<br />

que sale en pantalla un poco tal cual es, con su terno, su corbatita,<br />

su panzita, su risita, poniendo en acción sus habilidades de<br />

seductor. Los encuentros no tienen prolegómenos, de pronto<br />

se encuentra con una mujer en un parque y están sentados en<br />

una banquita: ―mi chelfa‖ le dice, ―un chupete, dos dientes de<br />

oro, acá en el quetejedi‖; en otras oportunidades la escena es<br />

más audaz, como la vez aquella en que entreabre una puerta<br />

y se encuentra a una atractiva mujer que baila sola, le explica<br />

que entró ―porque la vi abierta..‖ (la puerta) y él es el cobrador<br />

de la casa. La Yuca (cuya connotación en el país denota sexo; ―nos<br />

metieron la yuca‖ es decir, nos engañaron). Una vez dentro,<br />

227


Tulio Loza prosigue: ―he venido... se me viene...n... malas ideas... por<br />

unas facturitas...‖. En esta oportunidad ―Nemesio Chupaca‖ es<br />

conocido ya no por el ―gringo‖ Williams de antaño, sino por el<br />

―gringo‖ Julián, que olvidando su condición de cobrador empieza a<br />

bailar con la mujer.<br />

―Que bien mueve la cocktelera‖ exclama Tulio Loza, ―págame en<br />

efectivo‖, y la mujer acepta. Cuando le da un beso -ambos empiezan a<br />

divertirse y quedan en ropa interior-mientras ella le dice: ―te doy la<br />

cuota inicial‖. Súbitamente ―Chupaca‖ recapacita y dice: ―voy a traer<br />

a mi socio‖. ―Tráigalo, nomás‖ dice la mujer, y aparece Guillermo<br />

Campos, el feo de la película poniendo su peor cara. ―Chupaca‖<br />

remata el sketch, diciendo: ― ¡Al rey de la puna le van a vender<br />

llamas!‖.<br />

Recién con esta frase ―Chupaca‖ recupera su verdadera<br />

personalidad referida al hombre de los Andes, al serrano. Chupaca no<br />

es sólo un mujeriego, también es alguien que sabe comportarse con las<br />

mujeres y no se deja engañar por ellas. Ya es un lugar común en la<br />

literatura peruana la imagen de la mujer que, utilizando sus encantos,<br />

hace de las suyas con los hombres, a quienes roba o engaña. Pero a<br />

―Chupaca‖ no le pasa eso, porque él es, en una variante moderna y<br />

musical, como la de este sketch, el serrano a quien ya no le hacen el<br />

―cuento del tío‖. ―Chupaca‖, por supuesto, no evade el reto: va a la<br />

hembra cuando ella está; es más, se comporta a la altura de los<br />

acontecimientos, baila raro, pero con mucha gracia, y su rostro<br />

expresa diversión e incredulidad ante los ritmos modernos. Por<br />

último, él es quien la engaña, mandándole a su feo socio y saliendo<br />

bien de la escena. ―Nemesio Chupaca‖ no es la persona infiel por<br />

prestigio social o aburrimiento conyugal; ―Ursúla‖, por su parte, es<br />

cariñosa y, lo más seguro es que se resigne a esta conducta de<br />

―Chupaca‖: ―Chopaca‖, al fin y al cabo, es su hombre.<br />

A ―Ursula‖, no se le pasa por la cabeza ―sacarle cuernos‖<br />

a su marido; esa idea no responde a una necesidad corporal ni<br />

social. Ella está feliz, como es, como está. Es una madonna gorda,<br />

de pelo rubio pintado, buenísima, casera, sencilla, hasta ingenua.<br />

A ―Chupaca‖, en su condición de esposo, tampoco se le ocurre<br />

que ella, su mujer, podría tener una aventura; si esa remota<br />

posibilidad ocurriese, le rompería todos los esquemas. Para<br />

―Chupaca‖, ―Ursula‖ es el símbolo de la mujer: no le hace problemas,<br />

nunca lo cuestiona, y si por casualidad se enterase de las<br />

.<br />

228


aventuras de su ―Chopaca‖ hasta lo admiraría, porque en esas<br />

aventuras hay prestigio, prestigio social, ya que involucran a mujeres<br />

jóvenes, bonitas y modernas, que no son como ella, sino de otra escala<br />

social.<br />

Las aventuras de Tulio Loza guardan relación con la actitud<br />

personal que tiene ante las mujeres y el sexo, casi, casi como comer,<br />

como cambiar de camisa, suave, como el jabón, se desliza entre ellas,<br />

sin ocurrírsele que eso podría molestar a su ―Ursula‖. Esta idea se ve<br />

reforzada cuando las aventuras de ―Chupaca‖ suceden en ambientes<br />

exóticos, distantes, como el señalado líneas arriba, con una mujer que<br />

se contorsiona en un departamento al ritmo de la música moderna, o<br />

en un harem, con tules y bailes de los 7 velos. Las aventuras extra<br />

conyugales de ―Chupaca‖ no se pueden asociar a lugares populares, ni<br />

a mujeres de procedencia social provinciana o de los sectores medios<br />

limeños. Por lo general, las mujeres de ―Chupaca‖ son la antítesis de<br />

su esposa: mujeres modernas (por su vestimenta o costumbres) que sí<br />

tienen la posibilidad de hacer el amor por el amor mismo, sin<br />

remilgos, ni malas conciencias. Casi podrían representar a las<br />

―gringas‖ que se acuestan con el primero que les gusta, según la<br />

concepción del criollo, y ante las cuales, como buen criollo, el hombre<br />

responde al reto. ―Chupaca‖ no es un seductor: él ―se encuentra‖ a las<br />

mujeres ―que se le mandan‖, mujeres que le hacen el camino fácil,<br />

ante las cuales no necesita de prolegómenos ni de la capacidad del<br />

―amante latino‖ para llevarlas al lecho de un hotel. Allí está su gracia.<br />

LA ETERNA TRAVESURA DE FEDERICO LANSEROTE<br />

―Federico Lanserote‖, el ―Jefecito‖, es un caso distinto que el de<br />

―Nemesio Chupaca‖, cuando de aventuras se trata. ―Federico‖ está<br />

casado con una mujer que no tiene nombre propio, es simplemente ―la<br />

esposa‖ y lo tiene constantemente vigilado; está en guardia ante<br />

cualquier intento de que su marido se escape con ―Chelita‖, su<br />

secretaria.<br />

A diferencia de ―Chupaca‖, ―Federico‖ tiene en ―Chelita‖ a la<br />

única mujer de sus aventuras. La relación entre ambos se apoya<br />

en que él es el jefe y ella su secretaria; ella es gentil no sólo<br />

porque le guste, sino por jerarquía; coquetea, pero no sólo por<br />

placer, tal vez por obligación. En ese sentido, ―Federico‖ es<br />

para la teleaudiencia un seductor de segunda mano, forzado,<br />

.<br />

229


que no cumple su rol a cabalidad y lo hace como parodia. ―Federico‖<br />

representa a la persona ―que quiere pero no puede‖, y ―Chelita‖ es la<br />

mujer que se deja estar tal vez en busca de algún provecho.<br />

A diferencia de ―Nemesio Chupaca‖, las aventuras de ―Federico‖<br />

incluyen siempre la presencia de su esposa. Ella nunca es indiferente y<br />

está dipuesta a intervenir desde el hilo telefónico, mediante el cual se<br />

entera de las intenciones de su esposo. ―Federico‖ es una persona que<br />

no quiere separarse de su mujer, pero que aporta a sus aventuras con<br />

―Chelita‖ una serie de planes a futuro. Le dice lo que podrían hacer, le<br />

comenta sus proyectos en caso de salir bien. Sus planes no son, por<br />

cierto, muy santos. Implican un engaño a su esposa, no sólo amoroso<br />

y sexual, sino económico. Planea desfalcos, secuestros, semi-robos,<br />

para poder zafarse e irse con ella. ―Federico‖ es, en esencia, inmoral.<br />

Todo vale, pero nada le sale bien. ―Por la mermelada‖, en expresión<br />

de ―Federico‖, es capaz de todo, haciendo muy difícil de diferenciar si<br />

su acción trae consigo desembarazarse de su esposa, escapar con el<br />

dinero o huir con ―Chelita‖ por amor. ―Federico‖ no ama a su esposa.<br />

Cuando ella está secuestrada, se alegra, y planea todo a partir de ese<br />

suceso. Pero ella siempre logra capturarlo y humillarlo, ya sea<br />

golpeándolo a carterazos, desvistiéndolo en la vía pública o<br />

arrojándole huevos en la cara. En uno de los sketches ―Federico‖<br />

planea, por ejemplo, un autosecuestro de 30 millones, y aunque le<br />

diga a ―Chelita‖ que él es ―su cachetoncito del alma‖, cuando hacen<br />

los brindis por la idea que, se le acaba de ocurrir, ―lo hacen por su<br />

afecto, su amistad y por el gran negocio‖.<br />

La actitud de ―Chelita‖ es diametralmente opuesta a la de<br />

―Ursula‖, la esposa de ―Chupaca‖. Mientras ―Ursula‖ es la esposa de<br />

la casa y del hogar, ―Chelita‖ es la chelfa, la mujer de la calle, la<br />

hembrita que se debe seducir. Entre los prejuicios comunes del<br />

ambiente burocrático de las oficinas públicas en el país, está la idea<br />

generalizada de que la secretaria es propicia para ser llevada a la<br />

cama. Esta idea se ve reforzada con los condicionamientos raciales<br />

que se han expuesto en otro capítulo: la secretaria suele ser ―la<br />

cholita‖ y el jefe ―el blanquito‖. Ambos entablan una relación<br />

desigual, en el supuesto de que la primera desea ascender, casarse con<br />

un blanco, y el segundo aprovecharse de esta situación sin hacer<br />

mayor esfuerzo.<br />

230


―Federico Lanserote‖ no es, en definitiva, el gran galán, porque no<br />

está ―sacándole la vuelta‖ a su esposa con una mujer blanca,<br />

moderna, un hembrón que motive el asombro, la envidia y el elogio<br />

entre sus compañeros de trabajo, sino con una ―cholita o una<br />

morenita bien potable‖, pero que no es más que eso. Además, el único<br />

testigo de sus aventuras es un pinche: ―Felpudini‖, un don nadie, con<br />

su visera de tramitador de documentos de poca monta y su saco a<br />

rayas de pretencioso sin gusto.<br />

El ambiente de la oficina, de otro lado, reduce el ámbito en que<br />

estas situaciones suelen darse en la sociedad peruana, que suponen el<br />

traslado físico de los blanquitos a los barrios populosos de la ciudad.<br />

De esa forma, ―Federico Lanserote‖ tiene a su ―cholita‖ cerca, a su<br />

―Chelita‖, bien delgadita, arregladita, simpática, coqueta, a quien<br />

puede pretender. Sin embargo, la relación entre los dos es turbia, no<br />

amorosa en el sentido clásico de pasión honesta o sentimientos nobles,<br />

capaz de emocionar a la platea, por más extraconyugal que sea. Se<br />

trata de una relación que incluye, por parte de ella, también una<br />

manipulación de la situación: aprovecharse, obtener ciertos permisos,<br />

trabajar menos horas, en fin, hacer otras cosas sin él, pero a través de<br />

él. ―Federico Lanserote‖, a su vez, es un personaje ambiguo, porque si<br />

bien responde a la imagen de un jefe de segunda categoría, también,<br />

en ciertas ocasiones, refuerza su atractivo a partir de una sólida<br />

posición económica. ―Lanserote‖ habla con desparpajo de millones,<br />

de empresas, de status, pero a diferencia de ―Chupaca‖ sus aventuras<br />

no son producto del azar: al contrario, es un obsesivo carnal que<br />

nunca logra su objetivo.<br />

LA ESPOSA CELOSA Y EL CASADO PALOMILLA<br />

El amor para el humor está desagregado en dos esferas: en el<br />

romance de los pretendientes y en el hogar matrimonial, con el<br />

ingrediente de los celos femeninos, las escapadas de los maridos, y<br />

―las pisadas‖ de la mujer. Las dimensiones psicológicas principales se<br />

expresan tanto a través de los celos, de la disminución física del<br />

hombre, de su conducta don juanesca, y de la estrecha vinculación<br />

afectiva con la madre.<br />

Los celos matrimoniales sí que son un tema de humor. Celos<br />

enfermizos, carcelarios, dominan la mayoría de las escenas ma-<br />

.<br />

231


trimoniales en estos programas. Esto se explica porque ninguna de las<br />

mujeres casadas es bonita: al contrario -son como ―Ursula‖, como<br />

―Leonor‖, como la esposa de ―Federico Lanserote‖- gordas, feas,<br />

entradas en años, simples, verdaderas pesadillas para cualquier hombre<br />

medianamente inteligente, un suplicio, un Gólgota. Entre los<br />

cónyuges ya no hay posición ni entendimiento intelectual; sólo parece<br />

haber rutina, costumbre, pero que ninguno de los dos quiere romper.<br />

La aventura masculina no significa dejar a su mujer; sólo significa<br />

que quiere vivir, ser libre, tener una chelfa guapa a su costado, pero<br />

siempre regresa a casa, a su esposa, con una resignación que no<br />

excluye la alegría. Esta ambivalencia no deja de ser curiosa, porque,<br />

también en estos programas, está presente el ―esposo pisado‖,<br />

altamente representativo de un estereotipo de marido en la sociedad<br />

peruana. La imagen del ―esposo sacolargo‖ se asocia directamente<br />

con la madre, muy presente en estos programas: el esposo cuando<br />

regresa, sobre todo en el caso de ―Leonor‖, lo hace como si regresara<br />

al regazo materno. Ella es, obviamente, gorda, en el fondo bonachona<br />

y comprensiva, y le perdona siempre sus aventuras, como si fuese su<br />

hijito, su lindo hijito, y ella su dulce mamá.<br />

―La celosa‖ es un sketch de Risas y Salsa, interpretado por Alicia<br />

Andrade y Guillermo Campos (actores que siempre representan a la<br />

gorda y el feo, respectivamente). Ella hace el papel de la esposa<br />

guardiana y él de un caballero supuestamente atractivo. ―Leonor‖ no<br />

hace otra cosa que perseguirlo y decirle cosas agradables cuando está<br />

en casa: ―acurrúquese a este pechito‖ (que muestra sus dos enormes<br />

senos), pero al mismo tiempo indaga: ―el olor de tu ropa... por qué<br />

tartamudeas, boludo‖.<br />

Los argumentos son breves y tienen en el malentendido<br />

la base del humor. En realidad él no es un don Juan, sino que sus<br />

amigos siempre le hacen bromas, como por ejemplo, rociar en su<br />

ropa el perfume de la muchacha que acaba de contratar<br />

como secretaria en la oficina. El nudo de la acción llega a su<br />

clímax cuando la secretaria llega de visita a su casa y huele como él:‖<br />

¡es el mismo perfume!‖ exclama iracunda ―Leonor‖ y él se disculpa<br />

ante la secretaria explicándole que ―cuando mi señora<br />

está cruzada... cualquier cosa puede pasar‖. Explicada la broma,<br />

―Leonor‖ se vuelve hacia su esposo y lo colma de caricias:<br />

―arrebatador‖ le dice, ―estampa varonil, exótico, combinación<br />

.<br />

232


de lord inglés y bestia, mi muñeco, el hombre más bonito del mundo‖.<br />

Otra vez, por supuesto, el humor tiene su base en la contradicción de<br />

los sentimientos y el físico de los personajes. Ambos son feos, ella<br />

gorda y él con cara de espantamuertos, pero sumidos en la más<br />

violenta pasión de los celos.<br />

Pero el tema de los celos llega a su clímax con la pareja de<br />

―Federico Lanserote‖. Son tales los celos de la esposa, que llegan a<br />

modificar la conducta de su marido no sólo en su casa, sino en la<br />

oficina, considerada casi ―como un motelito‖, el lugar de sus caricias<br />

y arrumacos con su ―Chelita‖. A través de unos micrófonos ocultos<br />

logra intervenir, escuchando sus conversaciones, tipo escándalo<br />

Watergate; así la esposa lo obliga a cambiar totalmente su conducta<br />

fuera del ámbito del hogar: es decir, convierte a su oficina en la casa, y<br />

a ―Chelita‖ la transforma en ―la esposa‖.<br />

Por ejemplo, ―Federico Lanserote‖ deja de llamar a su secretaria<br />

―Chelita‖ y lo hace como señorita Chela. Cuando ella se acerca<br />

encaramelada exclama indignado ―soy don Federico‖ o ―el Señor<br />

Gerente‖. De pronto, se convierte en un hombre duro que deja de<br />

darle permisos y la amenaza con que, si no lo obedece, ―tendrá que<br />

atenerse a las consecuencias, según ley‖. Prohibe los cotorreos y<br />

chismes propios de los empleados: ―no debe haber nada fuera de los<br />

intereses de la compañía‖. El espionaje de su esposa ha modificado<br />

totalmente su conducta, e incluso es ella quien se permite tratar a la<br />

secretaria desde su condición de mujer legítima: la llama ―cara de<br />

toffee‖ o ―anchoveta en tiempo de guerra‖. De pronto, la secretaria es<br />

la fea y ella la bonita; ―Federico‖ es su ―cachetoncito‖, como si fuese<br />

su amante, y ella la ―palomita‖. Al final, el dominio llega a tal<br />

extremo que a partir de los celos, el control de la esposa sobre su<br />

marido es total; y vemos al pobre de ―Federico‖, al ―Jefecito‖,<br />

probando todos los micrófonos que ella ha instalado en la oficina para<br />

vigilarlo: ―el uno, el dos, el tres, probando probando...‖.<br />

EL SACO LARGO Y EL SAPO CRIOLLO<br />

Pero el hombre no siempre goza de mejor condición. El<br />

matrimonio para los muchachos de barrio es una jaula. El<br />

―saco largo‖, ―el pisado‖, el ―machucado‖, son un tipo de<br />

marido protagonista de estos programas. Uno de ellos ―Lucas‖,<br />

interpretado por Antonio Salim en un sketch de Risas y Salsa que-<br />

.<br />

233


ía tal vez representar la idiosincracia del esposo latinoamericano,<br />

entre su esposa y su mamá. La primera lo tiene totalmente ―pisado‖ y<br />

la segunda lo protege como gallina a su polluelo. ―Lucas‖ recurre a su<br />

mamá y huye de su esposa; las disputas finales son entre las dos<br />

mujeres y ―Lucas‖ es sólo el motivo de las discusiones, una persona<br />

desprovista de la capacidad de enfrentarse a las circunstancias.<br />

El extremo opuesto del Don Juan está puesto de manifiesto por<br />

personajes como El hombre invisible, que curiosamente representa el<br />

mismo actor, Antonio Salim. Esta es la historia del hombre que<br />

desaparecía, se convertía en fantasma, para poder agarrar a las<br />

mujeres. Era, como en las fantasías de los primeros años de la<br />

adolescencia, la posibilidad de ver desnuda a una mujer en el baño,<br />

sin ser visto. Como el clásico reprimido sexual, El hombre invisible<br />

puede hacer todo con las mujeres pero no conquistarlas como hombre,<br />

porque no existe. Este Gasparín criollo, zamarro, no tiene el encanto,<br />

la inteligencia ni la pinta para seducir a una mujer; desprovisto de<br />

físico, sólo muestra su incapacidad de poder hacerlo.<br />

Este tópico está también presente en un sketch de Te mato Fortunato,<br />

cuando varios hombres descubren unos anteojos que permiten ver a<br />

las mujeres en paños menores. No se trata de la incapacidad de El<br />

hombre invisible, sino de la ocasión de aprovecharse de un instrumento<br />

para acercarse al sexo. Antes de comprar los anteojos, cada uno de los<br />

personajes se los prueba, y uno le dice al otro, ―estás casado, tienes<br />

cara de casado‖, dando a entender que se lee en su cara las ganas de<br />

ver a través de los anteojos. Claro, un soltero empedernido como ―el<br />

padrino‖, personaje representado por Jorge Montoro, es a pesar de su<br />

edad, un ―chapalotodo‖, un ―cachalote‖, que no necesita de los<br />

anteojos; en cambio el casado, este sí, está fregado y a la primera,<br />

¡zaas! pierde los papeles.<br />

Sin embargo este último programa, de toques modernizantes,<br />

permite que las mujeres, por descuido o casualidad, también<br />

vean a través de los anteojos. Sin embargo hay decepción: aquellas<br />

les sucede lo contrario que a los hombres, ellas se desmayan.<br />

No se sabe si sus desmayos son porque los hombres desnudos<br />

son feos o porque no están acostumbradas a verlos así. Mientras<br />

los hombres quieren ver más y más, las mujeres se desmayan: aunque,<br />

de todas maneras, se empeñan en ver, y al final<br />

..<br />

234


del sketch las vemos a todas tumbadas, unas encima de otras, por la<br />

gran impresión.<br />

BLANCO Y RADIANTE ESTA EL NOVIO<br />

El novio, en cambio, otro sketch interpretado por Adolfo Chuiman,<br />

lleva como protagonista de la situación al sujeto pendenciero; es el<br />

eterno novio, un zángano que no piensa trabajar, y menos casarse.<br />

Entre ser novio y esposo, radica la gran diferencia entre el astuto y el<br />

imbécil. Para la mujer, en cambio, es a la inversa. No se trata<br />

exactamente de Rosita la Soltera, pero como en el Lenguaje de las Flores,<br />

la novia tiene que medir muy bien sus acciones para llegar al<br />

matrimonio antes de marchitarse como aquella...<br />

En este toma y daca está el humor: seducida y abandonada sería<br />

demasiado mediterráneo, demasiado sol, demasiada pasión desencadenada;<br />

el humor criollo se queda en algo mucho más tibio, en el<br />

novio palomilla que la hace larga, que se aprovecha, que no trabaja, y<br />

hace puros firuletes. A diferencia de El hombre invisible, ―el novio‖ sí<br />

saca la cara, ―su instrumento de trabajo‖, y cuando Alex Valle (el<br />

padre de la novia) intenta pegarle por su conducta, responde: ―en la<br />

cara no, en la cara no‖,preservando su pinta, aquello que le permite<br />

ser como es.<br />

Mientras se es soltero -porque el novio es, ante todo, un soltero- se<br />

puede ser ―un vividor‖, un pendenciero, alguien que la pasa bien; una<br />

vez casado, se convierte en el ―pisado‖, en el ―saco largo‖. Cómo si<br />

no, entender al ―Padrino‖ o ―Chapalote‖ del programa Te mato<br />

Fortunato, el eterno soltero feliz, que ve pasar con indiferencia y<br />

sabiduría los problemas conyugales de los otros personajes. Este<br />

―viejo verde‖, que está siempre acompañado por muchachitas en el<br />

hotel Country Club o el Carusso, es la feliz encarnación del soltero en<br />

nuestro medio, de quien la supo hacer. Además, su nombre es<br />

―Chapalote‖, que quiere decir que puede chapar, agarrar, coger a los<br />

lotes, y los lotes son los ―lomos‖, las hembras, las mujeres.<br />

Este ―padrino‖, cuyo estilo sugiere reminiscencias de la maffia<br />

italiana y le atribuye un rol por encima de las cosas, capaz de proteger<br />

y decidir sobre el destino de las otras personas, es sin embargo, mucho<br />

más local, casi como ―el tío‖, la persona buena gente, soltera, que se<br />

aprovecha y goza de la vida.<br />

235


Las muchachas lo invitan y él responde ―no, no... no puedo decirte<br />

que no‖.<br />

―El padrino‖, de Te mato Fortunato y ―el novio‖ de Risas y Salsa, son<br />

los dos extremos de la imagen social del soltero. El primero, como<br />

decíamos, es un viejo sabio, cuya relación con las muchachitas en flor<br />

es eso, sexo sublimado pero intenso, que goza del placer de la<br />

compañía femenina, pero no establece ninguna relación continua. ―El<br />

novio‖, en cambio, está ad-portas del matrimonio, y va a dejar de ser<br />

soltero para ingresar a las terribles cuevas del pisito conyugal. De allí<br />

su esfuerzo por mantenerse en esa condición, y nada mejor para llevar<br />

a cabo su cometido que no trabajar, ser un zángano por excelencia.<br />

Como todo novio que se jacte de serlo, éste debe ser un excelente<br />

vividor. ―Abelardo‖, uno de los novios de Matrimonios y algo más, es<br />

una continuación del ―novio‖ de Risas y Salsa. ―Llegó el autogol‖,<br />

exclama cuando su suegro irrumpe en la sala en la cual visita a su<br />

prometida. ―Atorrante‖, le grita el suegro, indignado por tanta flojera.<br />

―Hace diez años que visita a la nena, y nada‖. Luego viene el típico<br />

comentario sobre la comida -recurso también utilizado en los sketches<br />

de Risas y Salsa- para demostrar que el novio es un vividor, un<br />

zángano, alguien que está engañando a su hija. ―Ya comí, pero quiero<br />

más‖, exclama ―Abelardo‖. Y la novia irrumpe, junto a la madre:<br />

―dentro de diez minutos estarán los fideos‖. ― ¡Fideos no, fideos no!‖,<br />

grita indignado ―Abelardo‖, ―todos los días es lo mismo...‖. Por<br />

último, de improviso, ―Abelardo‖ se decide y le pide a su prometida<br />

una ―prueba de amor‖. Como este programa ya se permite licencias y<br />

sutilezas propias de los sectores medios, los espectadores tienen<br />

derecho a pensar que va a exigirle ―una entrega por amor‖, cuando en<br />

realidad se ha quitado la camisa, la camisa, sólo para que se la<br />

planche, ¿qué mejor prueba de amor<br />

Este personaje tiene que establecer adicionalmente una relación<br />

continuada con una mujer (su novia) y al mismo tiempo con otro<br />

personaje típico: el suegro. Mientras el personaje es soltero, el suegro<br />

cumple el papel principal: casado ya, es que aparece la suegra como el<br />

símbolo de la antimujer. Según ―Fortunato‖, a la mujer hay que tratarla<br />

como a una rosa, una orquídea, ―la mujer es la flor de la naturaleza, la<br />

madre, la esposa, la hermana... ¿La suegra, la suegra... claro, también<br />

hay flores que son carnívoras‖. Es importante recalcar que ―Fortunato‖<br />

.<br />

236


Ha olvidado adrede a la mujer que no está en los status mencionados,<br />

a la mujer-mujer, de lo cual podríamos deducir que, en ese caso, ya no<br />

es flor, sino carne: flor sólo es como madre, esposa o hermana.<br />

―El novio‖, de ese modo, establece relaciones intensas tanto con su<br />

novia como con el futuro suegro; la principal preocupación del padre<br />

de la novia es que el futuro esposo de su hija la mantenga<br />

económicamente bien, que sea alguien que trabaje, con status y<br />

prestigio.<br />

A diferencia del suegro, la suegra aparece en estos programas<br />

cuando la pareja está ya casada. Se supone, y con razón, que el padre<br />

sólo se preocupa por su hija mientras no está casada; una vez que se<br />

consuma la relación, desaparece de su mente, y a veces de su bolsillo,<br />

el motivo de preocupación. En ese preciso instante es que surge la<br />

suegra en escena, como una especie de confidente de las relaciones<br />

maritales. Pero también lo hace, como lo hacía ―el novio‖, de una<br />

manera interesada. Mientras se sea novio se es un vividor o un<br />

―recostado‖, pero cuando se convierte en el marido, la suegra asume<br />

ese rol. El marido, en todos estos programas, es un excelente saco<br />

largo, un ser idiotizado, cuando no cumple el papel del que ―saca la<br />

vuelta a su mujer‖. ―Lucio‖, uno de los personajes de El dedo, tiene<br />

una suegra a la que llama ―elefante‖. Ella vive con la joven pareja y<br />

no los deja ni a sol ni a sombra. La suegra interfiere en todos los<br />

momentos pero, sobre todo, concentra su atención en las finanzas<br />

familiares, tal vez como una revancha por lo que hacía el esposode su<br />

hija cuando sólo era novio.<br />

En uno de sus más recientes roles, Adolfo Chuiman, protagoniza<br />

Avelino y su negocio, sketch en el cual está presente este trío: los dos<br />

novios y el suegro. La muchacha está ansiosa porque su novio debe<br />

llegar anunciándoles que ha conseguido trabajo, mientras el suegro<br />

afirma ―que va a traer un hambre deasilado político‖, ―Don Picho,<br />

Don Pichón‖, exclama Avelino al entrar, y el viejito le responde<br />

indignado: ―Pepe o Pepito‖, así nomás puedes llamarme, ―Tobías,<br />

porque te llamas To...bías, tuabía... todavía... no encuentras chamba‖.<br />

El novio es el gran pícaro: quiere su comida, que su Carmencita se la<br />

prepare,‖un tatu-tacu, su vaina así, su apanao, su calentao‖. Ya no<br />

hay dudas: la trama gira no sobre el amor, sino sobre el dinero.<br />

237


―¿Y el trabajo‖ pregunta el suegro, y no sale de su asombro cuando<br />

Avelino le responde que es El Rey del Volante. El ansia de grandeza y<br />

ascenso social del suegro se hace presente en la fantasía de imaginar a<br />

su yerno trabajando en la fábrica Maserati, en las Escuderías Alfa<br />

Romeo, corriendo al lado de Fitipaldi, un Negocio de Arriba, mucho<br />

Circuito. Pero de inmediato duda y aparece otro lado mezquino de los<br />

hombres, cuando piensa: ―se quiere aprovechar, como vienen mis<br />

beneficios sociales, éste quiere morder de allí‖. Una vez más, el<br />

supuesto amor de los novios es reemplazado por el engaño, los turbios<br />

deseos, las ganas de aprovecharse, de evitar el matrimonio. El Rey del<br />

Volante, sólo iba a ser el mejor distribuidor de votantes. Entonces,<br />

entre los dos, lo arrojan de la casa a empujones, expulsan al ―mal<br />

partido‖.<br />

DE PAPA MANOLO A TITO EL DOMINADO<br />

Adolfo Chuiman es el principal actor en ocasiones importantes del<br />

programa Risas y Salsa; como el criollo bacán, soltero, en El Pícaro, y<br />

como ―Tito‖ en el Departamento compartido, parodia de la película La<br />

pareja dispareja. En el primero es ―el rey del mambo‖, un joven<br />

netamente urbano que tiene como acompañante de aventuras a<br />

―Machucao‖, que, como su nombre lo indica, está totalmente<br />

opacado por el ingenio y el desparpajo de ―Manolo‖ ante cualquier<br />

circunstancia de la vida.<br />

Como recurso clásico de la literatura, para que la inteligencia, la<br />

belleza o el ingenio puedan sobresalir, estos sketches necesitan de la<br />

simpleza, de la fealdad: de ―Machucado‖. Sherlock Holmes, el<br />

famoso personaje de Conan Doyle, tiene como acompañante al Dr.<br />

Watson, un hombre de menores luces que el famoso detective. Para<br />

que ―Manolo‖ pueda ser El Pícaro verdadero del sketch, necesita de la<br />

compañía opaca y simplona de‖Machucao‖.<br />

Las bizarrías de ―Manolo‖ involucran necesariamente a la<br />

mujer, que en este caso es la víctima de sus engaños o estafas.<br />

En estos sketches la mujer es una persona anónima, encontrada<br />

casualmente por ―Manolo‖; no sabemos nada de su vida y<br />

resulta útil en la trama para que el popular ―Manolo‖ haga<br />

de las suyas y se convierta en el héroe de su barrio. Las peri-<br />

.<br />

238


pecias de ―Manolo‖ hacen que se encuentre, unas veces arriba, otras<br />

abajo, casi en el fango, pues es una persona que no tiene trabajo fijo y<br />

vive a salto de mata. Sin embargo, es la persona que sabe llevarla, salir<br />

adelante y que busca a ―Machucao‖ cuando está en situaciones<br />

difíciles y necesita ayuda. ―Machucao‖, en cambio, es una persona<br />

que intenta ―regenerarse‖ trabajando en un horario y en un puesto<br />

estable. Sus encuentros suelen mostrar dos actitudes distintas ante la<br />

vida, pero ―Manolo‖ posee el don de la persuasión y siempre logra<br />

convencerlo. De este modo, cuando ―Machucao‖ acepta participar en<br />

alguna de las picardías de ―Manolo‖, se convierte, irremediablemente,<br />

en su ―punto‖, en su víctima: saldrá mal de todas maneras.<br />

En un sketch que puede ejemplificar los principales rasgos de estos<br />

personajes, ―Manolo‖ está en una cantina con unos impresionantes<br />

anteojos ahumados y con tres botones de la camisa abiertos. El<br />

ambiente de bulín está garantizado por la música y la presencia de<br />

varias personas alrededor de las mesas. ―Manolo‖, apoyado en el bar,<br />

observa cual lince qué puede suceder cuando, ¡justo!, hace su<br />

aparición ―Machucao‖ que viene acompañado por unos compañeros<br />

de la empresa donde trabaja. ―Manolo‖, inmediatamente, trata de<br />

convencerlo para que lo ayude, ―yo tu maestro, el que te hizo<br />

hombre‖ le dice cuando ―Machucao‖ instintivamente se niega.<br />

―Manolo‖ le cuenta que ha estado de mal en peor de: ―choro (ladrón)<br />

en el Callejón del Buque‖, de ―vendedor de chancay en La Colmena‖,<br />

no puede abandonarlo, no puede dejarlo así, porque en definitiva:<br />

¿‖quién soy yo y seré siempre, con quién estás y estuviste ¡Con<br />

Papá!‖.<br />

Manolo representa, en su relación con ―Machucao‖, a la<br />

persona que se quedó en un modo de vida propio de los adolescentes<br />

cuando, pasados los años, los demás compañeros de juerga<br />

y picardía han sentado cabeza o pretenden hacerlo. Es común<br />

en los barrios populares del centro de Lima que el paso de la<br />

juventud a la adultez motive un cambio de símbolos en el<br />

comportamiento y en la referencia a distintos valores culturales<br />

y sociales: el bacán juvenil empieza a perder consistencia cuando<br />

pasa el tiempo y la mayoría decide pasar a otra forma de<br />

vida y ―claudicar‖, en cierto sentido, de lo que hacían en las<br />

pandillas cuando eran jóvenes. El criollo bacán -necesariamente<br />

joven- se aferra entonces a seguir viviendo como tal y se ve obligado a<br />

.<br />

239


ecurrir a argumentos nostálgicos, o a plantear como irremplazables<br />

los valores propios de esa edad.<br />

Entonces ―Manolo‖ le cuenta su plan. A diferencia de ―Federico‖,<br />

que se lo cuenta a su secretaria ―Chelita‖, con un vago trasfondo de<br />

romance, ―Manolo‖ se lo propone a su compañero ―Machucao‖. Se<br />

trata de la recompensa por una hija raptada que tiene tres lunares y<br />

una cicatriz en la nalga izquierda. ―Machucao‖ debe vestirse de mujer<br />

(otro elemento cada vez más frecuente del humor de estos programas)<br />

para poder cobrar la recompensa, haciéndose pasar por la hija. Para<br />

eso, gran parte de las escenas consisten en transformarlo en mujer y<br />

pintarle los tres lunares en el muslo. La preocupación central es el<br />

dinero, la recompensa: ―el medio palo‖ ofrecido, ―la guita‖, ―la<br />

mermelada‖. Una vez vestido de mujer ―Manolo‖ le dice ―igualito es<br />

compadre‖ cuando pretende arreglarse en exceso: ―ponte mosca‖,<br />

―mosca‖, y ―Machucao‖ protesta: ―ya pues hermanón‖, aludiendo<br />

con esta expresión varonil y de barrio a una contradicción con lo que<br />

el teleespectador está viendo: la imitación procaz y grotesca de una<br />

mujer. El desenlace es el esperado: cuando los padres de la hija<br />

raptada están a punto de aceptar a ―Machucao‖ como su hija, la<br />

verdadera hace su aparición desconcertando a todos. Mientras<br />

―Manolo‖ se da a la fuga, ―Machucao‖ intenta mostrar la cicatriz en<br />

la nalga izquierda, y es descubierto, golpeado y humillado.<br />

Recientes programas de Risas y Salsa muestran a Adolfo Chuiman<br />

en otro rol, totalmente distinto al de ―Papá Manolo‖. Se trata de<br />

―Tito‖, un turbio personaje, separado de ―Margarita‖, que suele estar<br />

sumergido en las tareas domésticas y constantemente aparece como<br />

travesti. De aquel pícaro-bacán, Chuiman pasa a representar al exesposo<br />

pisado, con delantal, que limpia la sala y le tiene pavor a su exmujer.<br />

Ella, curiosamente, es bonita, joven, desenvuelta, y no tiene<br />

ningún reparo en pegarle cada vez que puede. A diferencia de los<br />

criollos netos, ―Margarita‖, está en la calle y ―Tito‖ en la casa; los<br />

papeles se han invertido y la mujer rompe con las concepciones<br />

tradicionales de los sketches del programa que la colocan como la<br />

celosa, la engañada, la esposa fea y simple.<br />

En departamento compartido, ―Tito‖ aparece limpiando, luciendo<br />

corbatita michi, chaleco y delantal, por supuesto; más que marido,<br />

parece un eficiente mucamo de hotel. En ese mo-<br />

.<br />

240


mento aparece ―Utropio‖ (interpretado por Antonio Salim ), le cuenta<br />

que se ha quedado en la calle, que su mujer lo abandonó, y le propone<br />

a ―Tito‖ reemplazar a su esposa porque su mamá va a llegar y no<br />

quisiera que lo encuentre solo. ―Tito‖ se niega, ―soy un hombre‖<br />

exclama, pero luego acepta y lo disfrazan de Periquita. Cuando llega a<br />

casa, la mamá de ―Utropio‖ le pide que le de un besito a su mujer:<br />

―dale un besito en la boquita‖. ―Ya guarda, guarda...‖ le responde<br />

―Tito‖. En esos momentos hace su aparición ―Margarita‖ y le pega e<br />

insulta: ― ¡es un taparrosca!‖ dice parafraseando un comercial sobre<br />

gaseosas con tapa rosca y que estaba en el aire con gran éxito por<br />

aquella época; pero lo que importa es que lo insulta: es rosca,<br />

rosquete, maricón.<br />

LA FEMINISTA<br />

Tal vez sea poco ortodoxo afirmar que el feminismo es un<br />

ingrediente del humor en estos programas de la televisión; pero lo<br />

cierto es que Te mato Fortunato, dentro de su preocupación por arribar<br />

a los sectores medios, por hacer un programa moderno, ambientado<br />

en lugares más bien selectos de la ciudad, trae consigo un personaje<br />

con aires feministas.<br />

La concepción de este programa propone una trama única a través<br />

de episodios que se suceden aunque no tengan necesariamente que ver<br />

entre sí. Los episodios más importantes por el tiempo que tienen en<br />

cada programa, se concentran en las situaciones protagonizadas por<br />

―Fortunato‖, su esposa ―Ruth‖ y sus aventuras; otro por ―el padrino‖<br />

(o ―chapalote‖) y sus amiguitas; y, por último, una pareja, más bien<br />

seria, siempre peleando, discutiendo temas alturados y sin<br />

comunicación alguna entre sus miembros.<br />

Esta última pareja, secundaria en relación a ―Fortunato‖,constituye<br />

una novedad: se trata de un marido que en lugar de salir con otras<br />

mujeres intenta entender a su mujer y sus reivindicaciones, pero<br />

también quiere consolidar sus ideas tradicionales sobre lo que debe ser<br />

el matrimonio: es decir, la mujer debe estar donde la naturaleza la ha<br />

confinado, en la cocina y el dormitorio. Lo otro no equivaldría más<br />

que a forzar sus leyes elementales.<br />

241


Pero ella no acepta estas ideas sobre el matrimonio. Es una mujer<br />

moderna, guapa, bien vestida, sin aspavientos, gorduras, ni aretes<br />

deslumbrantes. El, un caballero de mediana edad, con bigotes, terno y<br />

corbata, o bien vestido a lo sport. Tienen un Volkswagen como<br />

muchos en Lima. entran y salen de su casa, no se habla de hijos, de<br />

domésticas, ni de peluquerías.<br />

Lo que se escucha es: ―que me anulas como mujer‖ y ella es ―una<br />

mamacita para la gente de la calle... casada con un infeliz‖. Sus<br />

inquietudes por lograr una independencia, por ―ser‖ mujer, la llevan<br />

en una ocasión a intentar integrarse a un grupo de baile. Por supuesto<br />

que el encargado de estos grupos de danza, muy de moda en Lima<br />

hoy, gimnasios con música, adelgace usted bailando, en un<br />

afeminado. Es lo normal, lo moderno. ―Levanten más las piernas,<br />

cualquiera diría que han tenido una noche agitada‖, les reclama,<br />

indignado.<br />

Cuando su esposo se entera de sus deseos de superación artística,<br />

no entiende nada y la reduce al simple rol de bataclana. Ella teme el<br />

papelón, ―yo no puedo triunfar‖, le dice, en un acto de debilidad<br />

femenina, pero él dale que te dale, sólo le preocupa una cosa: ser<br />

cornudo porque ella se ―exhiba encueros‖.<br />

Estamos lejos de la celosa ―Leonor‖, de la esposa de ―Federico<br />

Lanserote‖ o de la comprensiva ―Ursula‖: esta mujer es de polendas<br />

porque no discute como ―Margarita‖ con ―Tito‖, su antecesora<br />

inmediata, que lo abandonó, o como ―Chelita‖ la secretaria –solteraespíritu<br />

de amante del jefe, que saca provecho de la situación. No: acá<br />

estamos -sin mucho humor- en la discusión dentro del matrimonio,<br />

sobre el matrimonio.<br />

En este mismo programa hay también concepciones mucho<br />

más despercudidas y machistas sobre lo que es el amor y el<br />

sexo. El hermano de ―Ruth‖, la esposa de ―Fortunato‖, (―mi<br />

hermanito, el bebe'', o sea el ―atorrante ése, de 25 años‖, como<br />

lo llama ―Fortunato‖) acaba de embarazar a la flaquita de la<br />

bodega de la esquina y hay que ayudarlo a salir del problema en<br />

que se ha metido. Claro, para la familia se trata de una mataperrada<br />

que nada tiene que ver con el amor. La idea de que debe<br />

casarse es rápidamente descartada por el cónclave familiar. Por<br />

tradicional, esta posibilidad es quizá válida para quienes van a la<br />

iglesia de la Virgen del Pilar. Pero para ellos, no funciona. Además,<br />

.<br />

242


―esa flaquita, es una mayorista de novios, han habido 5 antes que él,<br />

entonces que otro cargue con el hijo‖. El tema es, más bien, propio de<br />

una telenovela, El derecho de nacer, por ejemplo: pero en busca del<br />

humor produce más un diagnóstico frío que puede ocasionar algo de<br />

risa. Lo curioso es que todos. ―Fortunato‖ y ―Pocho‖, su cuñado,<br />

cuando conversan ―entre hombres‖ y las mujeres después, cuando<br />

participan de las discusiones, piensan que ―la flaquita‖ es la culpable y<br />

la conducta a seguir es el viaje, la desaparición o el olvido. Ya<br />

hablarán con el padre de la muchacha y lo entenderá...<br />

Sin embargo, el tema del feminismo vuelve a aparecer con<br />

insistencia. Aunque el retruque final vuelva a ser machista. En<br />

Matrimonios y algo más, la feminista adquiere por fin una personalidad<br />

más cuajada. La actriz, encargada de representar este estereotipo es<br />

Claudia Danunert, quien hace verosímil un tipo de actitud feminista.<br />

Pero la feminista viene con trampita en este programa, cuando se<br />

encarna en la hermana de una esposa totalmente esclavizada. El caso<br />

de la esposa puede tener un cierto aire a época superada, pero con la<br />

presencia de la hermana/feminista las escenas encuentran su<br />

complemento polémico. El esposo está, por cierto, echado en la cama<br />

un domingo a las once del día. La esposa llora desconsolada porque<br />

tiene que hacer todo el trabajo y no recibe cariño ni atenciones. La<br />

hermana/feminista reclama de ella una acción decidida, ―al menos<br />

que tenga alma de mujer‖. ―¡Si este esposo fuera mío...!!‖, exclama<br />

constantemente. Le pide que reclame sus derechos, que reivindique su<br />

condición, su verdadera condición de mujer. Después de discutir en la<br />

sala, ambas ingresan al dormitorio donde yace el guerrero en reposo, y<br />

lo despiertan a gritos reclamándole que se levante y haga el mercado,<br />

que trabaje en algo de la casa, que no sea un... Recuperado de la<br />

primera impresión, el esposo no es débil y se defiende pone ―las cosas<br />

en su sitio‖ y ordena que le sirvan el desayuno rápido. Su esposa<br />

obedece y sale entre lágrimas del cuarto y, para su desconcierto, con la<br />

aprobación de su hermana/feminista. Una vez solos (y en la cama), la<br />

hermana feminista desata su pasión ante el asombro del marido: ―si<br />

este esposo fuera mío‖, repite pícaramente apachurrándolo.<br />

La presencia reciente de este estereotipo de mujer responde<br />

a la intención, cada vez más obvia, de ―modernización‖ de estos<br />

programas, planteando situaciones más propias de los sectores<br />

.<br />

243


medios urbanos. La feminista suele ser aquí la mujer casada (o no)<br />

que se rebela ante las reglas tradicionales de la vida conyugal. Su<br />

presencia, sin embargo, se relaciona con las escenas conyugales más<br />

clásicas que, sin ser las de Ingmar Bergman, están muy bien<br />

localizadas en Jesús María o Miraflores.<br />

HOJITA DE TE<br />

Los programas cómicos de televisión reflejan el temor común en la<br />

costa del Perú de ser o parecer un maricón. En ninguna esquina de<br />

barrio, en ninguna dependencia pública o centro de educación se<br />

admite abiertamente, así nomás, a un homosexual. Muchas son las<br />

palabras para designarlo. Una de ellas, bastante antigua y sofisticada,<br />

es ―hojita de té...‖. Su sutileza ha quedado reducida al silbido propio<br />

que la acompañaba y simplificado su sentido: maricón, homosexual,<br />

rosquete. En la televisión, por cierto, no se usa ninguna de las<br />

múltiples y groseras palabras que tiene el argot criollo para nombrar al<br />

homosexual, aunque en los cafés-teatros, sí. Los gestos amanerados,<br />

sin embargo, lucen todo su esplendor en las pantallas de la televisión y<br />

son motivo constante de los chistes que cuentan en Humor redondo; los<br />

actores cómicos de mayor calibre, a su vez realizan frecuentemente<br />

versiones criollas de travestis.<br />

En Humor redondo el gordo Cassaretto y Miguelito Barrazano<br />

pueden con su genio: la mayoría de sus chistes reflejan muy bien la<br />

obsesión popular por el tema. ¡Ellos no son maricones, qué<br />

ocurrencia!, apenas terminan el chiste; ponen voz varonil y toman<br />

distancia, ―hacen su aclare, sacan su cuarta‖. Un buen contador de<br />

chistes es siempre buen criollo y el buen criollo jamás es maricón. Les<br />

toma el pelo, los imita, eso sí, pero no es como ellos. Miguelito<br />

Barraza cuenta un montón de chistes de maricones, pero una vez<br />

terminados, aclara que nada que ver, que con él no van esas cosas.<br />

Igual sucede con el ―Ronco‖ Gámez y Guillermo Rossini. Cuando<br />

Adolfo Chuiman imita al peinador Chocco -conocido como<br />

―Choclo‖-: concluye su imitación de un golpe: ―eso se pega‖ dice y se<br />

aleja rapidito.<br />

Los maricones suelen aparecer en los programas cómicos a<br />

propósito de imitaciones o como eventuales colaboradores para el<br />

mejor desarrollo de un sketch.<br />

244


En el primer caso, se toma como punto de referencia a personas<br />

que son ―asumidas públicamente‖ como afeminados o amanerados,<br />

sean o no homosexuales. Por lo general, son personas que no asumen<br />

el criollismo como valor de su vida, como por ejemplo Pablo<br />

Madalengoitia, imitado por Guillermo Rossini en su sátira El centro de<br />

notitas (por el Centro de Noticias), donde no sólo imita su voz a la<br />

perfección, sino que exagera sus ademanes. El actor teatral Osvaldo<br />

Cattone es otra de las víctimas, frecuentes de este tipo de sátira, y es<br />

conocido en Risas y Salsa como ―Osvaldo Cuetone‖. Los cantantes<br />

Raphael y Miguel Bosé no pueden tampoco escapar a las burlas de los<br />

imitadores nacionales, especialmente cuando están en giras por el<br />

país.<br />

Tal vez en relación directa con una moda internacional generada a<br />

través de los grandes medios, la tendencia a presentar personajes<br />

femeninos interpretados por actores ha tenido un notable aumento.<br />

Tulio Loza hace lo propio con frecuencia, interpretando a ―Doña<br />

Lucha‖, una ―viejita‖ buena, coqueta, ingenua, que le gusta bailar,<br />

mover el huerequeque, acercarse a los hombres. El caso de Chuiman<br />

es mucho más extraño, porque después de representar al ―Papá<br />

Manolo‖ -un bacán machista- encarna constantemente roles de mujer<br />

o de homosexual.<br />

En una oportunidad, en Risas y Salsa se presentaba una imitación<br />

de Pocho Rospigliosi entrevistando al entrenador de volei nacional,<br />

Man Bo Park. El asunto no pasaba de ser una imitación del programa<br />

deportivo que conduce Rospigliosi, hasta que hizo su aparición<br />

Chuiman, vestido como marica, deschavado, camisa abierta, collar<br />

inmenso, peinado hacia adelante, pantalón apretadito. Se trataba de<br />

una imitación del peinador Chocco, ―Choclo Couffiure‖. Aparece en<br />

el set justo cuando ―Karate Manbo, qué rico manbo‖ le explicaba a<br />

Pocho que si quería ―hacía puré a una de las chicas‖ (del volei).<br />

―Choclo‖ lo interrumpe diciendo: ―es un chino machista, está<br />

resentido conmigo‖. Man Bo Park amenaza con irse -‖esto no me<br />

gusta‖- y cuando ―Choclo‖ insiste: ―chino pegador de mujeres<br />

desarmadas, eres un machista‖ termina explicándole a Pocho el nuevo<br />

deporte, ―el juego de los ñocos‖. Cuando Pocho entiende de qué se<br />

trata el juego, ―Choclo‖ le pregunta: ―¿Te gustó‖ Al final del sketch,<br />

Chuiman/‖Chocco‖ termina peleando con ―el feo‖ Guillermo<br />

Campos (que hace de boxeador Rocco) totalmente amariconado,<br />

hasta caer noqueado.<br />

245


En Matrimonios y algo más la atracción de presentar personajes<br />

femeninos protagonizados por hombres llega a su cúspide. En uno de<br />

los sketches del programa aparecen cinco o seis ―mujeres‖ entre jóvenes<br />

y viejitas. Todos son actores vestidos de mujer que actúan, hablan y se<br />

contorsionan como tales. ―Los hombres las prefieren rubias‖, dice una<br />

de estas gatas pintarrajeadas con una inmensa peluca. ―Creí que me<br />

ibas a encender (el cigarro) con el fuego de tus ojos‖, dice otra gata<br />

cuando un joven llega a la casa a recoger a la menor, a quien ha<br />

conocido en el ―fútbol rápido‖. Cuando la pareja abandona la sala, las<br />

demás bailan desatadas, gritando a coro a este único hombre en<br />

escena: ―señor jugador de fútbol, métame un gol a mí también‖,<br />

agitando en el aire, y mostrando a la cámara con su mejor y más<br />

provocativa sonrisa, un banderín del club Alianza Lima, el club de los<br />

negros más famosos del Perú.<br />

En el caso de Adolfo Chuiman se trata, con frecuencia, de<br />

imitaciones de cantantes afeminados. Miguel Bosé es uno de sus<br />

favoritos. Bajo el nombre de Miguel Nosé, Chuiman juega en dos<br />

planos. Uno de ellos se da en una entrevista que concede al<br />

periodismo local y el otro cuando actúa cantando y bailando. En ese<br />

plano, Chuiman/‖Nosé‖ baila jugando con el micro entre las piernas,<br />

contorsionándose con un pantalón apretado y un polo naranja. En el<br />

transcurso de la entrevista que sigue a su actuación, no entiende<br />

cuando le preguntan si es gay, pero se irrita ( y se afemina) cuando su<br />

mánager le articula el oído que gay quiere decir maricón.<br />

Como el hippie, el ―raro‖, la oveja negra de toda la familia, la<br />

feminista y el homosexual son los representantes de cierta modernidad<br />

que estos programas empiezan a privilegiar. Los afeminados aparecen,<br />

justificados, en el mundo del espectáculo, de las luces, de los grandes<br />

círculos del jet set, donde no cuenta principalmente la familia, antes<br />

que en los sectores medios o populares de Lima. ¡Allá ellos! parecen<br />

decir estos programas, si les gusta o se les ve contentos: pero en el<br />

fondo desagradan, no gustan y por eso es mejor burlarse de ellos.<br />

Las insinuaciones que las mujeres hacen sobre la homosexualidad<br />

de los hombres, llamándolos incluso maricones, son un notable<br />

índice de la evolución que van teniendo estos programas, por<br />

decir lo menos, antes más recatados y restringidos al mundo<br />

.<br />

246


popular. En los escenarios de la pequeña burguesía, e incluso en<br />

lugares más sofisticados, se justifica, se ve como ―normal‖ que<br />

aparezcan homosexuales o mujeres que se refieren a los hombres (a<br />

sus ex-esposos o novios) como ―taparroscas‖. En este caso, la<br />

mariconada es un insulto abierto, sobre todo porque atenta contra la<br />

virilidad y proviene de una mujer. El hombre criollo puede ser<br />

cualquier cosa: feo, gordo: pero nunca ―atrasado'' ni maricón. Es más:<br />

cuando la mujer insulta al hombre diciéndole maricón, lo hace porque<br />

éste asume una pose de debilidad, no sólo física, sino económica. En<br />

el sketch de La pareja dispareja, ―Tito‖ (otra vez Adolfo Chuiman) hace<br />

del ex esposo abandonado y pisado, sin trabajo y que limpia la casa.<br />

Ha perdido todo prestigio, está alicaído, pobre, bajetón, y por lo tanto<br />

ha perdido su virilidad, su dinero, su posición. La mujer puede<br />

llamarlo, entonces. ―taparrosca‖.<br />

La mariconada aparece, por otra parte, como signo de modernidad,<br />

de liberación, de asumir la ida cosmopolitamente; en las ciudades<br />

conservadoras ( como Lima) rompe prejuicios muy hondos, sobre<br />

todo en la cultura popular y en los sectores medios. La alta burguesía<br />

puede permitirse incluso, desde esta concepción, muchas más<br />

liberalidades: la mujer que tiene relaciones extraconyugales es<br />

―liberal‖ y no ―pampera‖: así como el hombre puede ser maricón de<br />

verdad y encontrar su círculo sin que le fastidien la vida. La<br />

modernización paulatina de los sectores medios -que se refleja en estos<br />

programas- podría explicar en parte la aparición constante del<br />

homosexual, pero no su incorporación y, por lo tanto, se burlan de él,<br />

y con él de todos los ―raros‖, los artistas y cantantes peculiares, los<br />

personajes públicos reconcentrados y serios, que para los criollos,<br />

muchas veces, por serios son maricones, así como el ―chancón‖ del<br />

colegio era, qué duda cabe, un excelente rosquete, porque leía mucho,<br />

porque escuchaba música clásica, o porque iba al teatro.<br />

Algunos ejemplos literarios y artísticos nos han mostrado<br />

cómo se ubica al homosexual en nuestro país. Vargas Llosa,<br />

en Conversación en la Catedral, nos da un buen ejemplo cuando<br />

Zavalita descubre que su padre tenía relaciones homosexuales<br />

por boca de su chofer, el negro Ambrosio: el típico caso del<br />

homosexual camuflado, de las altas esferas sociales, donde el<br />

poder y el dinero van junto a la política y las intrigas. Al otro<br />

extremo, encontramos en Los amigos, corto cinematográfico<br />

. .<br />

247


de Francisco Lombardi, que forma parte de Cuentos Inmorales, al negro<br />

popular que por accidente se descubre maricón, al fin de un encuentro<br />

de antiguos compañeros de colegio: una imagen novedosa, y por<br />

novedosa desconcertante; porque la idea que vende nuestra sociedad<br />

es que los de arriba, en su sofisticación, pueden ser maricones, pero en<br />

los sectores populares donde la familia y las relaciones heterosexuales<br />

son sagradas, jamás. Lombardi desconcierta al espectador<br />

presentando al negro, al más fuerte de los amigos, como el maricón.<br />

Para guardar las distancias, es mejor reconocer que hay maricones<br />

y presentarlos como motivo de burla o insulto; como a todos aquellos<br />

mundos cerrados y difíciles, tal como el de las elites intelectuales en el<br />

país, que no se entienden, que no se pueden asir. Hablar y<br />

comportarse con maneras no usuales merece el calificativo de raro,<br />

maricón; para no ser tal, hay que evidenciar distancia con ellos a<br />

través del lenguaje, ¡qué mejor que la jerga y la lisura!<br />

Un cómico nos contó la anécdota de Don Jacinto Benavente, el<br />

dramaturgo español, de quien cuentan que era homosexual.<br />

Preguntado en una entrevista de manera abusiva cómo había<br />

comenzado a serlo, contesto: ―preguntando, hijo, preguntando‖.<br />

Dicen también que en otra oportunidad cuando caminaba por<br />

Madrid, un grupo de adolescentes empezó a silbarle: volteando con<br />

dignidad, Benavente les dijo: ―cuidado muchachos, así empecé yo‖.<br />

El temor adolescente, el nerviosismo que explica la aparición agresiva<br />

tan frecuente del motivo homosexual en el humor y los chistes de los<br />

programas de la televisión nacional, merece atención muy especial.<br />

Los cómicos lo saben muy bien.<br />

2. LA AUTORIDAD ENCORBATADA<br />

El universo cotidiano de los sectores medios en los programas<br />

cómicos de la televisión tiene una ambientación recurrente y expresiva<br />

en el mundo de las oficinas y los burócratas. Esta amplia y<br />

heterogénea capa social -de difícil medición y cuya presencia<br />

oscila entre la entelequia y su chocante imposición realse hace<br />

sentir cada vez más en la ciudad: el empleado, la secretaria, el<br />

jefe y el jefecito se encuentran entre los principales prototipos<br />

de estos programas. Como una versión aparentemente irremediable<br />

del orden de la vida, desde el que está más arriba<br />

.<br />

248


hasta el que está más abajo, toda la escala tiene un ordenamiento<br />

rígido: hay quienes mandan y quienes obedecen. Ya no se trata<br />

exclusivamente de los pobres y de sus ambientes tugurizados y<br />

barriales, sino de una escala jerarquizada de relaciones sociales de<br />

poder y subpoderes, de órdenes y obediencias, sostenidas por criterios<br />

formales que deben ser respetados. El lenguaje, en ese sentido,<br />

contribuye a un rebuscamiento exagerado, un trato complicado y<br />

oscuro entre las personas, que a veces se queda en la superficie, y que<br />

se presta a lograr eludir una solución bajo el recurso del ordenamiento<br />

burocrático.<br />

El mundo de las oficinas funciona también como la prolongación<br />

del hogar. Si bien los sketches se ubican por un lado en la casa de los<br />

personajes, y de otro en la esfera laboral, la intimidad del primer<br />

contexto y el supuesto anonimato del segundo van encontrando, sin<br />

embargo, profundos lazos y traen como consecuencia que la oficina<br />

sea, muchas veces, el lugar de la intimidad, así como el hogar, el sitio<br />

de las formalidades. Para ―Federico Lanserote‖, por ejemplo, la<br />

oficina es el lugar de sus pasiones amorosas: allí, entre los trámites y<br />

las alfombras, rodeado de teléfonos, intentará encontrar su intimidad.<br />

En esta ambientación las caracterizaciones étnicas de los personajes<br />

van perdiendo importancia, a diferencia de las ambientaciones<br />

populares o callejeras. No importa tanto si se es cholo o no, blanco o<br />

blancón, zambo zamarro o negro pillo; lo que verdaderamente<br />

importa es en qué lugar de la escala burocrática está uno, cuál es su<br />

poder, su autoridad, su capacidad de dar órdenes. En ese sentido,<br />

surgen otras reglas de juego que reflejan, en síntesis, las que<br />

reglamentan la conducta en el país, a partir del ―dime quién eres y te<br />

diré como te trato‖, con el respaldo del poder y el dinero. Estamos en<br />

el mundo de las formalidades pequeño burguesas -con todo lo triste y<br />

ridículas que puedan ser- vestidos con ternos y sastres, que exigen un<br />

lenguaje escogido.<br />

Es obvio que detrás de estas situaciones cómicas está la idea común<br />

de que el ascenso social de los sectores medios se da principalmente<br />

en la burocracia: allí está la trocha en el follaje, los cuerpos que se<br />

deben pisotear, los cadáveres que deben dejarse de lado. La burocracia<br />

estatal se guía por los cánones formales e informales que la gobiernan<br />

y su aprendizaje resulta fundamental.<br />

249


En ninguno de los sketches que tienen lugar en ambientes como las<br />

oficinas aparece la viejita por jubilarse o el señor que malgastó sus<br />

mejores años en esos lugares; no, la burocracia en estos programas<br />

tiene la vitalidad de la esperanza del ascenso social, el tema del dinero<br />

suficiente y siempre seguro, del poder nada definitivo pero<br />

permanente, de las órdenes nada trascendentes pero escritas, pero<br />

también de la habilidad y la destreza en el manejo del reglamento, en<br />

el empuje, el empujón, y el serrucho. No es un mundo muerto, tiene el<br />

encanto de la juventud, que busca finalmente hacerse de un sitio que<br />

la haga respetable.<br />

Entre las distintas posiciones a las que es posible aspirar, los<br />

programas cómicos parecen hacer obvia la preferencia por el rol de<br />

jefecito de rango intermedio, que puede ―darse aires degran cosa‖,<br />

ínfulas, como dicen las mujeres: el rol de secretaria, que con su<br />

inteligencia y coqueterías al jefe puede ―lograr algo‖; también hacen<br />

obvias las tácticas de los ―ayayeros, de los sobones y de los traferos‖,<br />

todos siempre en guardia, siempre diestros, siempre pícaros: es decir,<br />

criollos, aunque pasen como ―puntos‖.<br />

Lo importante y significativo de las ideas básicas de estos<br />

programas, es que se ven respaldadas por las opiniones de la mayoría<br />

de los actores cómicos, que, en cierta medida, representan en propia<br />

vida los avatares de sus personajes. Se trata de personas que han<br />

logrado un prestigio y ocasionalmente un real ascenso social y<br />

económico, y que se ven en la obligación de presentar con humor las<br />

situaciones conflictivas que produce vivir en este nuevo estrato social.<br />

Subir, subir, hasta donde se pueda, es casi una obligación, una<br />

necesidad de crecimiento, de expansión, de encontrar un equivalente<br />

político y moral en la sociedad peruana. Ninguno de los personajes<br />

goza ciertamente de la aprobación absoluta del público, se comparte el<br />

drama y la ambivalencia de la conducta, aunque no se justifique su<br />

actividad, poco ética pero conveniente a sus fines. Con el Gran Jefe, el<br />

―jefecito‖ debe ser sumiso, pero con los ―pinches‖, se presenta como<br />

el Gran Jefecito. La secretaria debe coquetear al jefe para salir<br />

adelante: aunque no sea su gran amor, debe hacerle creer que lo es. El<br />

―pinche‖, por último, mensajero o portapliegos, debe crear sus propias<br />

intrigas para no quedarse en la calle.<br />

250


EL ―DR. CHANTADA‖ Y SU INSPECTOR AYAYERO<br />

No es accidental que los nombres de los personajes tengan relación<br />

directa con su manera de ser. Tal es el caso de los coimeros, ayayeros,<br />

sobones. Las características mencionadas son una temática recurrente<br />

en los programas, y van a ser el motivo principal de humor, así como<br />

el tema de la vida extra-marital lo es en los sketches sobre el amor<br />

conyugal. Los nombres funcionan a manera de santo y seña, de<br />

presentación del prototipo de los principales personajes que pueblan<br />

los pasillos, los ascensores y las oficinas de los ministerios.<br />

El ―Dr. Chantada‖ es, por ejemplo, uno de los casos más representativos<br />

de lo dicho. En el Perú la palabra ―chantada‖quiere decir<br />

algo así como ―siéntate‖, ―quédate quieto‖, ―pon tu plata‖, ―te<br />

agarraron‖, y permite asociarla con la coima; ―chántate‖, ―cáete‖,<br />

―ponte‖, cuando se trata de una diligencia que, por supuesto, no es<br />

gratis, sino que permite agilizar los trámites por vías paralelas e<br />

ilegales. La coima en el Perú, como en muchos países latinoamericanos,<br />

es una institución vinculada a la ciudad y a la burocracia.<br />

Para nadie resulta un secreto que la coima genera sus propias reglas de<br />

juego, sus fajos por lo bajo, sus propinas, sus regalos: porque si no, de<br />

otro modo, la cola inmensa y la ventanilla inmunda serían el único<br />

desganado interlocutor de nuestras gestiones.<br />

Tan amplio es el sentido que tiene la palabra ―chantada‖ en el<br />

vocabulario nacional, que incluye la connotación sexual: ella revela<br />

una especie de posición incómoda ―entre la espada y la pared‖,<br />

cuando alguien se encuentra en una situación límite y no tiene manera<br />

de escapar.<br />

―Chántate‖ le dice el hombre a la mujer cuando la obliga a hacer el<br />

amor: ―tuve que chantarme‖ dice un hombre cuando fue asaltado,<br />

emboscado, o estuvo en una situación límite: ―me chanté‖, es decir,<br />

―no había más remedio‖.<br />

Alex Valle representa a uno de los personajes típicos de la<br />

burocracia nacional: al inspector. Supuestamente este cargo<br />

quiere decir que se está al lado de la ley, del orden, de los<br />

valores sacros de nuestra sociedad anónima y jerarquizada.<br />

Alex Valle interpreta a un viejito de saco y corbata que podría<br />

estar en uno de los tantos pisos de un edificio estatal: su apariencia<br />

.<br />

251


es la de un funcionario enérgico y rígido, serio y compuesto,<br />

ciudadano decente, que cumple la ley al pie de la letra. Pero cuándo,<br />

cuándo se habrá visto que un criollo en la concepción nacional reúna<br />

estos atributos; corresponden entre los estereotipos posibles, al de un<br />

lord inglés, o al de un idiota o ―monse‖. El criollo nacional, en el<br />

mejor de los casos, se hace pasar por ―punto‖, o sea una persona leal a<br />

los dispositivos vigentes. En este caso preciso se trata, justamente, de<br />

un farsante, de alguien que se hace pasar por un correcto inspector.<br />

Pero, claro está, acá en el Perú, un inspector es todo lo contrario, y al<br />

que diga que no, ¡ya verá! La única diferencia entre este personaje y<br />

los inspectores de la aduana, por ejemplo, es que éste no usa anteojos<br />

ahumados ni tiene facha de maloso, para exteriorizar su pequeña pero<br />

importante autoridad. El inspector de Risas y Salsa tiene la presencia<br />

de un jefe formal, pero que tiene encima a otro jefe, al verdadero: al<br />

―Dr. Chantada‖, quien da sentido al sketch. En realidad, el inspector<br />

sólo es un jefe de rango medio, obedece al Gran Jefe: es su eco, su<br />

representación física. En el fondo, es un tramitador de las órdenes<br />

superiores, que en la mayoría de los casos deben ser modificadas de<br />

acuerdo a la conveniencia del ―Dr. Chantada‖.<br />

En una ocasión, el inspector de la Compañía de Teléfonos empieza<br />

diciéndole a la muchacha, muy guapa: ―estoy acostumbrado a ver<br />

llorar a mucha gente, pues han venido mil solicitudes de línea<br />

telefónica antes que Ud.‖ para, casi luego, asumir una postura de<br />

sorpresa, al comprobar que la mujer resulta ser la esposa del ―Dr.<br />

Chantada‖. Entonces empieza el típico intercambio de frases<br />

―sobonas‖ como ―que rico perfume tiene‖, y cuando la señora le<br />

ofrece coima, el inspector se la devuelve, ―su plata no vale‖, le dice;<br />

pero al final acepta cuando le insinúan que ―es para su carrera, para su<br />

gasolina‖. En este caso, está representando al burócrata ―coimero y<br />

sobón‖, características que, por lo general, van juntas.<br />

Por otra parte, ―la vara‖, típica ―institución‖ nacional, está vinculada<br />

al mundo de la empleocracia: los sectores medios vendrían a ser<br />

los meros tramitadores, los jefes de segundo rango, los jefecitos,<br />

de los intereses políticos y económicos de la alta burguesía, que<br />

también necesita de estos canales formales. El ―tarjetazo y la<br />

vara‖, el nombre y el parentesco, todavía tienen vigencia. Los<br />

ministerios y los jefes existen como corredores sin alfombras,<br />

para que éstos se lleven a cabo. Este inspector, in-<br />

.<br />

252


solente al principio, como en todo pequeño poder, cambia de actitud<br />

una vez que conoce el nombre de la persona que viene a hacer su<br />

trámite. En una oportunidad le dice a una de las personas ―que regrese<br />

a su pueblo, que ya arreglaron la carretera, que es una saboteadora,<br />

que va por muy mal sendero‖, pero apenas recibe la tarjetita en la cual<br />

dice que es pariente del ―Dr. Chantada‖, surge ―una amistad que nos<br />

acerca‖. La primera reacción no sólo expresa el desdén que estos<br />

funcionarios tienen por las personas anónimas, sino por los<br />

provincianos, que carecen de dinero, de poder. Además, en este caso,<br />

cuando menciona el ―mal sendero‖, está aludiendo al movimiento<br />

terrorista que convulsiona al departamento de Ayacucho. Pero,<br />

cuando se entera que es pariente del jefe, todo cambia, y aparece el<br />

típico pañuelo del inspector, el pañuelo del sobón, que limpia<br />

asientos, escritorios, trajes, cuerpos, etc.<br />

―FELPUDINI‖: TRABAJA POR LO BAJO<br />

―Felpudini‖ es el felpudo, el personaje de abajo, que anda por<br />

abajo, y que todo el mundo pisa siempre. Vive arrastrándose, pero<br />

alterna su sumisión característica con la maquinación y la intriga.<br />

Alejado de las relaciones de poder, asume que es un don nadie, un<br />

poca cosa, pero no se amilana y saca provecho de ser visto como el<br />

enemigo pequeño. A diferencia del inspector, sumiso con el ―Dr.<br />

Chantada‖ y fuerte con el débil, ―Felpudini‖ no necesita de ese doble<br />

rostro: él sólo tiene una alianza que le da ―poder‖, una extraña alianza<br />

que va más allá de los linderos de la burocracia, con la esposa de<br />

―Federico Lanserote‖, su‖ ―jefecito‖. Su conducta debe, pues,<br />

explicarse a partir de esta lealtad y sociedad con ella.<br />

―Felpudini‖ es quien desbarata siempre las relaciones entre ―el<br />

jefecito‖ y su secretaria: a veces utiliza un método por el que trata de<br />

aparentar que lo hizo sin querer, pero frecuentemente es un ardid<br />

tramado para hacerlo caer. ―Lanserote‖ tiene al enemigo en su<br />

oficina. Su pinche es quien lo hostiga. El débil es quien vence al<br />

fuerte. Su astucia lo lleva incluso a utilizar a la secretaria para sus<br />

fines, y muchas veces entre los dos traman contra ―el jefecito‖. Se<br />

trata acá de una situación inversa: los de abajo controlan los hilos del<br />

poder sobre una debilidad del jefe -su atracción por la secretariaaunque<br />

muchas veces tampoco se sabe si la ama o sólo quiere ―un<br />

plancito‖.<br />

253


Entre los cuatro personajes se entablan siempre relaciones falsas:<br />

todas las caras son dobles, mentirosas, con argucias y engaños. Entre<br />

ellas, la de ―Felpudini‖ es la más clara: es un felpudo, no puede llegar<br />

más abajo y por esto es capaz de cualquier cosa. Su alianza con la<br />

esposa de ―Lanserote‖ es una manera de mantenerse en el trabajo, de<br />

tener poder, de no ser sólo ―Felpudini‖. Todo él es la imagen de la<br />

mentira: traiciona, rehuye, escapa, acepta castigos y humillaciones,<br />

pero triunfa, y eso es lo que queda.<br />

―Felpudini‖ es el típico ―serruchador‖, pero no para escalar<br />

posiciones sino para mantenerse en la propia: éste es su recurso de<br />

defensa y supervivencia en el mundo jerarquizado de la burocracia.<br />

Mientras los otros aspiran a subir, y por eso soban y son ayayeros.<br />

―Felpudini‖ es una hiena acorralada que recurre a la intriga para no<br />

morir, para no perder su condición de último lugar de la escalera. El<br />

no soba, se humilla: no halaga, se calla: maquina por abajo porque<br />

conoce -por su oficio de portapliegos-los recovecos de los pasillos.<br />

Escucha siempre las conversaciones detrás de la puerta, husmea a los<br />

grandes, o supuestos grandes, conoce los chismes, es chismoso, eso sí,<br />

chismoso, intrigante, informado, que no está en las nubes, ¡nunca en<br />

las nubes!, siempre en los pasillos, con su vicera, su saco a cuadros, su<br />

corbatita humilde, con su cara de mosca muerta, pero que las conoce<br />

todas, sobre todo la influencia de la esposa de ―Lanserote‖ sobre su<br />

―jefecito‖.<br />

EL CULTO AL PAÑUELO<br />

Además de ser útil para secar lágrimas y limpiar mocos, y de ser<br />

el símbolo universal de la tregua, el pañuelo tiene en la burocracia<br />

nacional el significado de la sumisión. Para ―el inspector‖, el pañuelo<br />

es una herramienta de supervivencia, que a su vez lo va a<br />

caracterizar, pues es común verlo en distintas situaciones limpiando<br />

cuanto objeto lo rodea, especialmente el teléfono, que le<br />

sirve para comunicarse con el ―Dr. Chantada‖. También para<br />

―Piquichón‖, el acompañante de ―Camotillo el Tinterillo‖, el pañuelo<br />

es su contraseña personal, el objeto que lo identifica. ―Saca,<br />

saca‖, le responde molesto ―Camotillo‖ cada vez que ―Piquichón‖<br />

lo ―soba‖ con su pañuelo o con su cepillo, y ―Piquichón‖ lo<br />

soba todo el tiempo, cada vez que puede. En los programas<br />

cómicos el pañuelo no es instrumento de agresión, al estilo<br />

de una ―guerra de pañuelos'', conflicto verbal, formal, a<br />

. .<br />

254


medias tintas, sin que la sangre llegue al río. Su uso es explícitamente<br />

sumiso, humillante, rebajado. Hay el fuerte y el débil: está el jefe y el<br />

que obedece.<br />

―El inspector‖ y ―Piquichón‖ están unidos a través del pañuelo por<br />

un mismo significado frente a la autoridad. En los dos casos, están<br />

ante un jefe que los humilla constantemente, porque el mantenimiento<br />

de su poder exige denigrarlos, demostrarles que el jefe es uno: y el<br />

resto -ellos- sus dependientes.<br />

―Felpudini‖, en cambio, no necesita sobar en forma tan descarada.<br />

Su intriga es más importante que su soberanía. Su fuerza guarda<br />

estricta relación con su capacidad de ir mellando, por debajo,<br />

minando la estabilidad del competidor, serruchando. Los otros dos, en<br />

cambio, se afirman en cierta posición ganada mediante el pañuelo. El<br />

caso de ―Piquichón‖ es tragicómico: cada vez que soba es insultado,<br />

porque ―Camotillo‖, el líder, el político, el fiscal de nuestra sociedad,<br />

conoce a los ―Piquichones‖ del Perú: porque también él, en el fondo,<br />

es un ―Piquichón‖ frente a los poderosos personajes de la política<br />

nacional. El rol de ―Piquichón‖ es el del tradicional personaje de<br />

nuestra sociedad que halaga a quien tiene poder, y en este caso<br />

―Camotillo‖ representa el papel del político en estricta relación con la<br />

realidad nacional. Es quien tiene el poder de la palabra y de la<br />

audiencia, y ―Piquichón‖ sólo representa al pueblo, al ―populorum‖<br />

que para sobrevivir se apoya en su líder.<br />

A otro nivel, ―Piquichón‖ tiene una similitud con los personajes<br />

del programa de Augusto Ferrando. Cuando no existen sketches<br />

argumentales, los divos, como Ferrando, utilizan a sus acompañantes<br />

con un propósito similar al que cumplen ―Piquichón‖ o ―Felpudini‖.<br />

En estos casos, existen como meros ayudantes que sirven de apoyo<br />

a la acción de la estrella principal. En ese sentido ―Tribilín‖, la<br />

―gringa Inga‖ o la ―señorita Violeta‖ son sus puntos, ¡porque tiene<br />

que haber puntos!, ¿,qué quieren que haga, podría responder<br />

Ferrando, ―a la gente le gusta‖. En este caso no se trata de escenas y<br />

de personajes, sino que el propio Ferrando es el Jefe, la autoridad, el<br />

poder y sus ayudantes sus ―Piquichones‖, necesarios en escena para<br />

que los divos se puedan lucir. De ese modo, tanto Ferrando como<br />

Tulio Loza -en el rol de ―Camotillo‖- están solos frente a la audiencia,<br />

pero necesitan de estos soportes capaces de aguantar<br />

de todo en aras del lucimiento de su jefecito... ―Piquichón‖<br />

.<br />

255


está allí como lo está ―Tribilín‖, para ser motivo de burla. Esa y no<br />

otra, es su función.<br />

El rol de ―Piquichón‖ es un complemento de la personalidad y el<br />

poder de ―Camotillo‖. ―Camotillo‖ es una especie de cholo aculturado<br />

-tinterillo hábil con las palabras y con el poder político-, que<br />

requiere de su ―Piquichón‖ para demostrar que tiene poder. ¡Cómo, si<br />

no, van a darse cuenta que tiene poder! El poder requiere<br />

demostraciones, de formas sólidas y consistentes, a veces drásticas,<br />

como en este caso. No estamos ya en el poder oligárquico, que<br />

empleaba a intermediarios y testaferros para que sacaran la cara,<br />

manteniendo en el anonimato sus crueldades. No es fácil recordar las<br />

caras de nuestros terratenientes de antaño ejerciendo una ―función de<br />

castigo‖. Su recuerdo se conserva mejor en los salones. ―Camotillo‖,<br />

aparece como un poder nuevo, emergente, que sale del silencio y de<br />

los golpes de la historia: amoratado, pero capaz de reconocer su nueva<br />

fuerza en la historia nacional. Y, para demostrar que es autoridad,<br />

agrede, tiene su pinche. Porque tener poder y autoridad es eso: golpe,<br />

humillación, insulto. Con el cholo los oligarcas hicieron eso, ahora él<br />

hace lo propio. ―Piquichón‖,el misti venido a menos, es el personaje<br />

necesario para que ―Camotillo‖ tenga su contracara. A ―Camotillo‖<br />

no le van a vender cuentos así nomás: el cholo de acero inoxidable ha<br />

conocido de la vida en las serranías de Abancay, y ahora tiene siempre<br />

un ―Piquichón‖ para dar veracidad al ejercicio de su poder.<br />

CHANTADA Y CAMOTILLO: EL ROSTRO INVISIBLE Y LA<br />

CAROTA EN LA PANTALLA<br />

Así como entre ―el inspector‖ y ―Piquichón‖ existe un lazo<br />

fundamental, que es el sometimiento a las reglas del poder y<br />

la humillación ante sus jefes mediante el uso del pañuelo, entre<br />

el ―Dr. Chantada‖ y ―Camotillo‖ hay una gran diferencia. El<br />

primero representa a la autoridad burocrática del Estado y el segundo<br />

al caudillo, al político nacional. El ―Dr. Chantada‖ no aparece<br />

en la pantalla de la televisión -sólo su voz, a través del hilo<br />

telefónico- nos hace saber que existe, y está allí, vigilante<br />

y fiscalizador. ―Camotillo el Tinterillo‖, en cambio, presenta<br />

todas las dimensiones de su cara. El primero es el poder i<br />

ntrincado, cotidiano, nebuloso, que está en la médula del<br />

funcionamiento social y burocrático; el segundo es el buscador de<br />

poder político, sonoro, aparatoso. El ―Dr. Chantada‖ no tiene ideas o<br />

.<br />

256


o las expresa en realidad; no tiene por qué hacerlo. ―Camotillo‖ sólo<br />

tiene ideas, posiciones, opciones, se encuentra siempre en campaña.<br />

El ―Dr. Chantada‖ representa la autoridad, en silencio, pero en<br />

funcionamiento sustentado con la misma estructura institucional del<br />

Estado. ―Camotillo‖ dialoga con el poder,e rigiéndose en<br />

representante de la mente y conciencia del pueblo. ―Camotillo‖ es un<br />

fiscal, según declaraciones de varios representantes del gobierno, a<br />

estas alturas casi un fiscal de la nación.<br />

Mientras el ―Dr. Chantada‖ y ―el inspector‖ se mantienen al<br />

―interior del televisor‖, es decir, en la trama de los argumentos<br />

coherentes en sí mismos, como representación de la realidad,<br />

―Camotillo el Tinterillo‖ tiene como principal interlocutor a los<br />

políticos de la realidad, fuera de la pantalla del televisor. ―Camotillo‖<br />

se dirige a los que están en la vida, con nombres y apellidos, o a través<br />

de sus apodos. ―Camotillo‖ sigue la coyuntura política de la semana y<br />

la reordena a su manera, combinando ficción y realidad.<br />

―Camotillo‖ es un ciudadano privilegiado. Mientras el resto de los<br />

mortales no podemos entablar un diálogo con las personalidades<br />

políticas, él lo hace de tú y vos, con sus ―jamones‖, ―cochineándolos‖.<br />

―Camotillo‖ se dirige al Presidente, a los ministros, a la oposición, a<br />

Sendero, a los sindicatos, a todos. A ―Piquichón‖ ni lo mira, o lo hace<br />

por sobre el hombro. Su público está afuera, en la audiencia, es decir<br />

con sus ―lorchos del Perú y Balnearios‖ y los políticos con nombre y<br />

apellido. Esta característica de Tulio Loza -a través de ―Camotillo‖-<br />

también la tiene Augusto Ferrando, sin representar a ningún<br />

personaje. Con toda naturalidad se dirige al Presidente, le hace<br />

sugerencias y le pide favores; que haga tal o cual cosa, que piense en<br />

tal o cual asunto.<br />

Otro rasgo peculiar y sugerente, es que tanto el ―Dr. Chantada‖<br />

como ―Camotillo‖ son personajes sin vida privada. El primero por su<br />

―invisibilidad‖. El ―Dr. Chantada‖ es un ser desconocido: sabemos<br />

que existe, pero no quién es. ―Camotillo‖es igualmente inasible;<br />

aparece en la televisón, como salido de la nada, y regresa a la nada<br />

exactamente como surgió.<br />

En este caso, sin embargo, hay una asociación directa entre<br />

el actor (Tulio Loza) y su personaje (―Camotillo‖): podríamos de-<br />

.<br />

257


cir que son la misma persona, que las ideas expresadas son las del<br />

actor, que sus problemas y concepciones son las suyas, porque<br />

incluso, en ciertos momentos, ―Camotillo‖ habla de sí mismo como si<br />

fuese Tulio Loza: su Abancaysito, sus indios, su infancia, su universidad,<br />

sus penas y alegrías. Tulio ―el Tinterillo‖ es igual a ―Camotillo‖<br />

Loza. Su más reciente programa en Panamericana Televisión se llama<br />

finalmente así: Camotulio. De ese modo, el diálogo con la realidad<br />

―fuera de la pantalla‖ resulta más claro y, por ende, mucho más verídico,<br />

porque quien está hablando no es el personaje, sino el actor;<br />

quien piensa lo que piensa tiene carne y hueso, es fácilmente reconocible;<br />

quien tiene tal o cual posición política vive en tal dirección y<br />

tiene ese teléfono. Eso no sucede con el resto de los personajes cómicos<br />

de estos programas, con excepción de Augusto Ferrando quien,<br />

como hemos dicho, nunca intentó ser otro personaje que las diferentes<br />

facetas de sí mismo. Debido a esta singularidad de ―Camotillo‖, es<br />

que Tulio Loza denunció haber recibido cartas anónimas que amenazaban<br />

su vida luego de sus ataques a Sendero Luminoso y necesitó de<br />

un policía que vigilara su casa. Las cartas no amenazaban la vida de<br />

―Camotillo‖, sino la de Tulio Loza. Al ―Dr. Chantada‖ no se le puede<br />

eliminar físicamente porque no se le ve, no porque no exista; en su<br />

caso habría que destruir el ordenamiento social sobre el cual se apoya.<br />

Al ―inspector‖ o a ―Federico Lanserote‖ tampoco se les podría matar,<br />

porque son tipos representativos del sistema burocrático nacional, hay<br />

miles como ellos: coimeros, traferos, sobones, ayayeros, que sirven de<br />

enlace entre ―la mancha‖ y el poder. A Tulio Loza sí se le puede<br />

matar porque personifica una posición política e ideológica, que juega<br />

una opción ante cada coyuntura.<br />

No es curioso, por lo tanto, que Tulio Loza tenga un recuerdo<br />

ingrato del gobierno militar de 1968, porque fue en esa época que<br />

entró en conflicto con el poder real: su programa televisivo y su<br />

Café Teatro fueron censurados. La actitud pomposamente antisolemne<br />

que representa Tulio Loza a través de su personaje ―Camotillo‖<br />

no fue aceptada por el Gobierno Militar, que no admitía ese poder<br />

verbal, que no requiere de una consistencia muy rigurosa en su interpretación<br />

de la realidad, sino que interfiere, opina, se burla y califica<br />

al poder real. Porque debemos repetirlo: ―Camotillo‖ es un personaje<br />

político tan importante como aquellos que reclaman esa condición. Lo<br />

que digan los comentaristas políticos defendiendo posiciones ideológicas,<br />

tiene su equivalente en lo que dice Tulio Loza como ―Camotillo<br />

258


el Tinterillo‖. Su acceso a un público más amplio, al que va a<br />

entretener mediante la risa y el lenguaje asequible, le otorga, además,<br />

otro punto a su favor.<br />

3. EL LUJURIOSO ENCANTO DEL DINERO<br />

Las relaciones de pareja, así como las relaciones de trabajo, están<br />

enlazadas por las circunstancias propias de la consecusión, manejo y<br />

uso del dinero. La vida matrimonial funciona muchas veces en estos<br />

programas, tanto debido a una supuesta pasión amorosa ( ¡cómo no,<br />

algo de amor tiene que haber!), como a una intrigante obsesión por el<br />

dinero. Así vemos a la pareja que, luego de arrumacos y caricias<br />

exageradas, palabritas ininteligibles para demostrarse rápidamente la<br />

felicidad de estar juntos y compartir la vida, discute inmediatamente<br />

sobre dinero, las carestías de la vida y la necesidad ―de ganar más‖.<br />

Ellos evidencian así que solos o juntos, no son nadie sin dinero y esto<br />

habrá de decidirse en la esfera laboral; no por la dignidad o el interés<br />

que les depare el trabajo, cuanto porque de su condición laboral y su<br />

habilidad para buscarse la vida dependerá una manera de clasificarse<br />

como persona más o persona menos en la sociedad en la que viven.<br />

La tendencia señalada de contextualización progresiva de las<br />

situaciones cómicas en los sectores medios trae consigo una particular<br />

concepción del dinero. Este es visto siempre, y por todos, como el<br />

canal más eficaz de ascenso social. El dinero es garantía de<br />

sobrevivencia y de ser, por lo menos, respetado en la sociedad.<br />

Tenerlo será una exigencia, un estímulo, la forma más convincente de<br />

superar las barreras de índole racial o cultural que postergan a los<br />

contingentes mestizos urbanos en su afán de incorporarse a una vasta<br />

y heterogénea clase media.<br />

Como consecuencia de la concepción propia de los sectores en<br />

ascenso, la cuestión del dinero está referida a la necesidad compulsiva<br />

de obtenerlo, de cualquier forma; y no a la pobreza, a la falta real de<br />

dinero. En otras palabras, en estos programas ya no aparecen los<br />

miserables de la ciudad, enfrascados en una búsqueda patética del<br />

dinero que garantice su sobrevivencia. Aparecen, en cambio,<br />

burócratas y empleados luchando por ganar más, por empujar más,<br />

por salir adelante en la selva de las oficinas públicas.<br />

259


La conducta de muchos de estos personajes suele ser abiertamente<br />

inmoral: quedan atrás los buenos sentimientos, las relaciones de base,<br />

el amor a la familia, la lealtad a los amigos: eso, no produce risa de<br />

acuerdo al espíritu básico que anima cada vez más a estos programas.<br />

Los que aquí aparecen son personajes envueltos en una cacería de<br />

dinero, en la cual las normas básicas de la convivencia han sido<br />

reemplazadas por la ley del más astuto, del más pendejo.<br />

La mención al dinero no sólo es frecuente en aquellos programas<br />

que reposan en un mecanismo de regalos y concursos. De hecho,<br />

quien más ha desarrollado una obsesión por el tema así como una<br />

terminología verbal para referirse al dinero, es Tulio Loza. El utiliza el<br />

legendario ―mangos‖, por los soles de hace varias décadas y el<br />

sofisticado ―fiduciario‖, como los jergueros ―chivilines‖ y ―solifacios‖,<br />

tanto como el agringado ―money‖. En tanto ―Camotillo el Tinterillo‖ o<br />

―Camotulio‖, Loza asocia frecuentemente los temas de sus monólogos<br />

con el dinero. El dinero parece guardar una estricta relación con su<br />

concepción de la política y la sensualidad. Si tuviéramos dinero... lo<br />

que haríamos con él sería: ¡qué duda cabe! sumergirnos en los más<br />

profundos placeres de la carne. Tener dinero, sin embargo, supone<br />

necesariamente una serie de acciones reñidas con los principios<br />

morales más elementales y fatalmente verse envueltos en coimas y<br />

chantadas. De ese modo, el tema de la sucia política que entretiene y<br />

fascina a Tulio Loza, implica una mención constante del dinero y de<br />

las sucias maneras de obtenerlo.<br />

Además de las múltiples referencias verbales al dinero en los<br />

monólogos, son muchas las situaciones que presentan tramas<br />

motivadas en la consecución y uso del dinero. Las formas en las que<br />

se lo menciona, en estos casos, también son variadas: ―un kilo‖, ―un<br />

loco‖, ―un palo‖, ―cinco o diez melones‖, ―la mermelada‖, ―la<br />

marmaja‖, términos frecuentes para referirse al motivo que<br />

compromete una determinada situación: Me costó ―un palo‖, me gané<br />

―un melón‖, dice uno para señalar respectivamente las desventajas del<br />

dinero cuando se debe pagarlo, ventajas del mismo cuando se cobra.<br />

EL DINERO EN LOS PROGRAMAS DE CONCURSOS<br />

En la televisión nacional han existido varios programas que tienen<br />

en el dinero su eje fundamental. Podemos mencionar al<br />

.<br />

260


famoso Haga negocio con Kiko, animado por el popular Kiko Ledgard y<br />

actualmente Diga lo que vale de Johnny López. Ambos, versiones más<br />

o menos inteligentes de programas de la televisión norteamericana y<br />

europea. En ellos, el dinero aparece y circula de mano en mano entre<br />

los asistentes. Igual sucede con el reciente Juego real que ha copiado<br />

esencialmente el estilo y la mecánica de los dos anteriores, añadiendo<br />

una dosis propia de excentricidad ítalo-peruana. También pueden<br />

mencio-narse programas en los cuales el concurso requiere de cierto<br />

conoci-miento o habilidad, como La pareja seis de antaño y<br />

programado en la actualidad como Confidencias o Musicalísimo, y<br />

aquellos que son abiertamente de concursos sobre la base del<br />

conocimiento: La pregunta de los diez millones, animado por Pablo de<br />

Madalengoitia, tuvo su primera versión hace muchísimos años con<br />

Helen Curtis pregunta por los 64,000 mil soles. . .‖ ¡Correcto, y muy bien<br />

contestado‖.<br />

Pero hay programas concurso populares que son también, en buena<br />

parte, programas cómicos, tal es el caso de Trampolín a la fama de<br />

Augusto Ferrando y del reciente Super Show del Ronco (Gámez).<br />

Augusto Ferrando<br />

En este caso, la persona y el programa hacen obvia, y a veces<br />

grosera, la presencia y la necesidad del dinero. Augusto Ferrando es<br />

un personaje que mueve dinero, que significa dinero y es<br />

principalmente y antes que nada un publicista. Su imagen pública está<br />

vinculada no sólo a los círculos del dinero sino a la proyección de una<br />

imagen comercial de su vida, a la capacidad del zambo criollo de<br />

hacer plata, de ―moverla‖ y de reprodu-cirla.<br />

Augusto Ferrando es un publicista que hace de todo. Tiene una<br />

intensa actividad de producción y actuación en bastantes comerciales<br />

que se transmiten por la televisión y la radio. Su rostro aparece<br />

frecuentemente en carteles y periódicos, haciendo publicidad en<br />

relación directa con su capacidad de saber cómo se hace dinero. Este<br />

aspecto muestra claramente su imagen ligada a la incorporación de los<br />

sectores populares urbanos a la actividad económica formal.<br />

261


Cuando Ferrando fue contratado por los empresarios del Centro<br />

Comercial HIPER, en el distrito barrial de Comas, utilizaba la<br />

siguiente expresión por la televisión: ―te estás abrochando,<br />

hermanito‖; es decir, ―te estás ganando‖, estás haciendo una inversión<br />

–―la inversión de tu vida‖- repite sonriente en otro comercial, en un<br />

gran cartel a un lado de la carretera Panamericana Norte, muy cerca<br />

de Comas y del Centro Hiper.<br />

En su caso, no resulta extraño que combine dos expresiones de<br />

origen disímil: ―te estás abrochando‖, que tiene un origen popular y la<br />

―mejor inversión de tu vida‖, de reminiscencias bancarias,<br />

especulativas o financieras. Ferrando siempre hace cortes publicitarios<br />

en relación a un producto que tiene como consumidor directo a los<br />

sectores populares; en este caso, a los pobladores y comerciantes de<br />

Comas.<br />

Otro ejemplo nos muestra a Ferrando cumpliendo ostensiblemente<br />

este papel. Se trata de la venta de terrenos en la urbanización popular<br />

San Eulogio, en el distrito barrial de Carabayllo, promovida por un<br />

aviso que muestra su cara, al interior de un billete, al estilo de<br />

Washington en los dólares norteamericanos o de Bolognesi y Grau en<br />

los billetes nacionales. Fuera del billetese lee el siguiente texto:<br />

―PARA VIVIR GANANDO.. .<br />

Ahora que tu plata vale, gánale a la vida hermanón y asegura a<br />

tu familia comprando en San Eulogio de Carabayllo.<br />

Tienes movilidad, colegio, luz, agua, desagüe, y muy buen<br />

ambiente para tus hijos.<br />

Compra hoy mismo tu terreno desde 120 m2. En San Eulogio<br />

de Carabayllo.<br />

Y te lo asegura Ferrando... comprar en San Eulogio<br />

. ¡es vivir ganando!‖<br />

Esta publicidad vuelve a mostrarnos a un Ferrando vinculado<br />

al consumo popular, pero sobre todo a realzar su imagen de<br />

empresario, de hombre de finanzas, de aquél que utiliza, invierte...su<br />

dinero: te lo asegura Ferrando. Más claro no canta el gallo: su<br />

rostro, su cabello engominado, su papada saludable, se parecen<br />

al billete, huelen a tal, llaman a la plata. Ferrando tiene el significado<br />

de la plata sin planchar, que se obtiene por el negocio<br />

-y no necesariamente por el estudio o la actividad profe-<br />

. .<br />

262


sional-. El suyo es un dinero incipiente, que viene desde abajo, del<br />

comercio, del intercambio, de la consolidación progresiva de algunos<br />

miembros de los sectores populares que se incorporan a base de los<br />

sectores medios.<br />

En esta misma línea podemos mencionar su publicidad sobre la<br />

Tienda del descuento o de los transportes terrestres TEPSA. En ambos, la<br />

lógica del mensaje no está en relación a la calidad del producto o del<br />

servicio, sino a la capacidad de hacer un buen negocio, privilegiando<br />

la capacidad adquisitiva del consumidor, los precios, las gangas, el<br />

mercado.<br />

Su programa está atravesado por el mismo espíritu que su<br />

personalidad: se trata de la oportunidad, de la ocasión, de ganarse<br />

algo. En teoría, los únicos que podrían tener un premio o regalo serían<br />

los cantantes/ concursantes, pero, en realidad, también pueden ser<br />

merecedores de algún tipo de recompensa los asistentes. Se trata de un<br />

público pobre que, muchas veces, tiene que pernoctar en las veredas<br />

aledañas al canal para tener acceso al local. Ingresar es un mérito:<br />

pasan la noche envueltos en frazadas, acompañados de termos de café<br />

con leche, de algunas viandas, conversando entre sí, acuclillados,<br />

echados, semidormidos en la madrugada. Para Augusto Ferrando este<br />

hecho podría ser la respuesta más contundente a sus detractores y el<br />

símbolo visual de su éxito. Sin embargo, la gran mayoría de ese<br />

público, sumamente pobre, tiene como motivación principal poder<br />

ganarse algo, no importa qué: una frazada, una pelota Vinibol, una<br />

bolsa de detergente, y, eventualmente, dinero, dinero contante y<br />

sonante.<br />

Su programa, de dos horas de duración, todos los sábados<br />

de seis a ocho de la noche, también está atravesado por la publicidad.<br />

¡Cada cinco minutos, un corte! ―Un comercial y regreso‖ es su<br />

famosa expresión, para volver a la publicidad cuando da un<br />

regalo o premio. Ferrando juega con la plata; la saca de un bolsillo,<br />

la guarda en otro, la manosea, la regala. Con los objetos<br />

sucede lo mismo. Hay en el mecanismo del programa una subjetividad<br />

creciente por parte del animador, ya que depende de él a<br />

quién escoge. Al que le pide lo margina, él, por simple impulso<br />

decide a quién y cuánto da de acuerdo a su estado de ánimo,<br />

de la apariencia de la otra persona, de su habilidad, gracia o capacidad<br />

de responder o aguantar las bromas que le endilga Ferrando.<br />

La mayoría de las veces los concursantes o asistentes tienen que<br />

.<br />

263


soportar las bromas (de buen o mal gusto) de Ferrando para poder<br />

llevarse algo a casa. Pareciera ser que Ferrando les dijera: ―miren<br />

hermanitos del alma, para ganarse alguito tienen que dejarse fastidiar,<br />

y si no les gusta, a la calle; ustedes tienen que hacer el programa<br />

conmigo, pararse allí, aguantar todo, responder fuerte sin ser<br />

respondones, y... allí sí se ganan su colchón Paraíso, su cama<br />

Comodoy, su pelota Vinibol‖.<br />

Mientras transcurrían los programas de Ferrando del año pasado<br />

surgió un fenómeno que, si bien tiene equivalentes esporádicos,<br />

adquirió ribetes de indicador excepcional de las motivaciones<br />

peculiares por el dinero de la cultura popular presente en la televisión<br />

comercial. Un corto publicitario, que presentaba una cola de<br />

ahorristas frente a una de las ventanillas del Banco Agrario, recreaba<br />

en cada uno de sus protagonistas representantes de los distintos<br />

estratos y niveles de condición social, una razón para guardar allí su<br />

dinero. De todos ellos, uno, una versión de zambito criollo que movía<br />

las cejas y los labios expresivamente, sustentaba su opinión con<br />

sencillez y contundencia: ―tú pones aquí tu platita... y en muy poco<br />

tiempo... ya te estás ganando alguito‖. Este ―ganando alguito‖, que<br />

dio lugar aque la frase se repitiera como expresión de ―moda‖,<br />

continúa siendo todavía un chiste popular pero que tiene un referente<br />

material muy concreto y crudo. Esto es lo que persiguen quienes<br />

hacen cola desde la madrugada por asistir a las grabaciones del Show<br />

de Ferrando y desde aquí, desde esta necesidad real, expresada<br />

sencillamente, es que se empieza a construir la maquinaria que<br />

capitaliza las necesidades y aspiraciones populares para el negocio de<br />

la televisión. Con modestia y buen humor, además de no poca<br />

resignación, ganarse alguito es ganar algo,tener con qué, no morirse<br />

de hambre ni de pena.<br />

Este trato de tú y vos que tiene Ferrando con el dinero le ha<br />

dado una fama de dadivoso, de buena gente, y muchas personas<br />

del pueblo lo confunden con un excelente Papá Noel local. Su<br />

fluidez con el dinero impide distinguir con certeza cuándo los<br />

billetes son suyos, de una empresa o producto de un canje publicitario.<br />

Un ejemplo. En uno de sus programas sabatinos, se<br />

dirigió a un joven que estaba con su esposa embarazada. Cuando<br />

se enteró que se llamaba Pablo Mesías, indagó con la prudencia<br />

de los tíos buenos si era pariente del periodista de espectáculos<br />

Pablo Mesías Antón... ―¿Pablo Mesías Antón es tu viejo<br />

¡bravoooo!‖; aplausos para él. La situación se ofrece propicia<br />

. .<br />

264


para contar ―que hacía algunos días Pablo Mesías Antón le había<br />

hecho un reportaje lindo sobre su Peña, sobre los Café-Teatros, y ya<br />

que a tu viejo -le dijo al muchacho- no voy a darle dinero jamás<br />

porque es un periodista, y es uno de los mejores amigos que tiene<br />

Ferrando, y fue el primero que defendió con pruebas las falsedades<br />

que quisieron imputarme en relación al caso de Lucha Reyes, yo soy<br />

grato -le repite al joven- yo soy grato Pablito, hermanito lindo, recién<br />

vengo a conocerte, para que te compres, hermanito, lo que quieras,<br />

toma 10 mil, 15, 20, 25, 30 mil y 35, 40 y 45, 50, 55, 60 mil, ¡para qué<br />

traje tanto, Dios mío!, 70, 75, 80, 85, 86, 87 mil, lo único que he<br />

traído, para que le compres a tu hijo lo que quieras, 87,000 soles‖.<br />

Aplausos, ―Señoras y señores, qué lindo es ayudar a un muchacho de<br />

21 años que ya va a ser padre a los 21 años, y que es un hijo de un<br />

hombre que yo quiero tanto, Pablo Mesías Antón. ¡Un comercial y<br />

regreso!. . .‖<br />

El Ronco Gámez<br />

En su programa de Radio Mar, Román Gámez desarrolla una<br />

personalidad muy parecida a la de Augusto Ferrando. No con la<br />

imagen del magnate dadivoso, pero sí la del amigo de barrio a quien le<br />

va bien en la vida, que ha sabido escapar al destino aparentemente<br />

ineludible de todo muchacho pobre que juega su futuro entre la<br />

prisión, la cantina o el vagabundeo sin perspectivas. En Radio Mar, el<br />

―Ronco‖ regala cosas elementales a la gente pobre, pobrísima:<br />

detergentes, discos, jabones, aceite, utensilios livianos de cocina, entre<br />

un público esencialmente femenino, casero, de mediana edad. Al igual<br />

que Ferrando, despierta la imagen de la generosidad, del amigo, casi<br />

un cura, bonachón, regalón, que se preocupa por el destino de su<br />

―mancha‖, los provincianos como él que viven en los pueblos jóvenes.<br />

Román Gámez recién va incorporando a su imagen personal<br />

un ¿ toque de modernidad, que lo saca de su pobreza inicial y<br />

lo lleva por un camino ascendente. En el comercial que protagoniza<br />

para el Banco Continental, aparece, con el cuello de la<br />

camisa encima del saco, por supuesto, diciendo que ahorra en<br />

el Continental, y no bajo el colchón; pero, sobre todo, que<br />

puede ahorrar. Esta imagen moderna se ve reforzada por su<br />

reciente programa El super show del Ronco, que, como el de<br />

Ferrando, reposa en gran medida en los concursos, los premios y los<br />

regalos. En este caso tampoco el ―Ronco‖ está en capacidad de dar<br />

.<br />

265


uenos regalos a su ―mancha‖, pero continúa en la línea de Ferrando<br />

-concursantes/cantantes, apoyo logístico, dos guapas jóvenes, unos<br />

cuatro muchachos que le traen las cosas o se las llevan- acompañando<br />

estas secuencias con su gracia personal, sus dichos y la improvisación<br />

de sketches cómicos al estilo de los otros programas de humor en los<br />

que siempre es el protagonista.<br />

El programa del ―Ronco‖, a pesar de los sketches cómicos, se<br />

asemeja mucho al de Ferrando. También está presente de variadas<br />

formas la necesidad de reirse de los concursantes, sabiendo que éstos<br />

van al programa en pos de ganarse unos cuantos billetes, y<br />

demostrándoles de ese modo que si quieren ganarse un regalito, tienen<br />

que colaborar con él para hacer humor, aunque sea a costa suya.<br />

Hablarles y hacerlos hablar es la vía de entrada; preguntarles por ellos,<br />

su familia, su enamorada, dándole motivo para lucir su gran habilidad<br />

y rapidez con las palabras. Enfrentarse al ―Ronco‖ o a Ferrando es<br />

sumamente difícil, porque a su capacidad de hablar se añade su<br />

condición de factotum del programa: ellos son los que dan los premios<br />

y el dinero.<br />

La burla se extiende también a sus propios acompañantes. En esto<br />

Ferrando tiene una larga tradición con el negro ―Tribilín‖, la ―Gringa<br />

Inga‖ o con la ―Señorita Violeta‖, pero el‖Ronco‖ recién empieza en<br />

esa dirección teniendo como ―puntos‖ a Erika y Charito, sus dos<br />

acompañantes. Su burla surge casi sin quererlas lastimar,<br />

consecuencia espontánea de hacer comentarios sobre ellas frente al<br />

público. La primera luce jeans cortos a la moda y el ―Ronco‖ le dice<br />

―que están con los pantalones para cruzar el río‖, y a la segunda ―que<br />

el sol le ha malogrado el pelo y que mejor se ponga encima una<br />

peluca‖. Ellas ríen con clásica sonrisa de modelo.<br />

En el fondo, la imagen dadivosa que ambos se esfuerzan por<br />

proyectar entre los espectadores, se alterna violentamente con una<br />

crudeza frente a los asistentes y los concursantes. Para ganarse los<br />

regalos tienen que trabajar, hacer algo, casi soportar sus burlas. El<br />

poder del dinero -que ellos representan en tanto animadores de sus<br />

programas- trae consigo una cierta superioridad sobre el resto de los<br />

mortales, sobre todo si los concursantes son, ante todo, muy mortales,<br />

muy pobres, muy necesitados, incapaces de responder, de reclamar<br />

nada.<br />

266


LAS SITUACIONES DEL DINERO<br />

No resulta difícil constatar a estas alturas que estos programas<br />

reproducen un estereotipo que intenta erigirse en la imagen constante<br />

de la vida urbana en el Perú, de la gran ciudad. Como en Nueva York,<br />

aquí también tenemos ya la jungla de cemento, la conducta individual<br />

expresada en una afirmación del individuo bajo la excusa del sálvese<br />

quien pueda. El problema de la identidad cultural en el Perú tendría<br />

que definirse así, desde la superación del prejuicio racial, a partir de la<br />

validez del manejo del dinero como el valor más importante.<br />

Los pobres -como hemos visto- aparecen cada vez menos en estos<br />

programas; ellos tienen necesidad, pero de comida más que de dinero,<br />

y por eso no interesan tanto. Más adelantados en el oficio, como en su<br />

tratamiento del hombre y el dinero, los mexicanos tienen, con El<br />

Chavo del ocho (programa de considerable sintonía también en nuestro<br />

país) un claro ejemplo de la diferencia entre uno y otro tema. ―El<br />

Chavo‖es muy pobre y tiene un hambre galopante, es capaz de hacer<br />

cualquier cosa por comer y come con voracidad, su hambre enternece<br />

y entretiene porque es real y vale la pena tomarlo en cuenta. Este tipo<br />

de personaje no existe en nuestros programas, como si no tuviera<br />

referente inmediato en la realidad. En cambio, privilegian los<br />

personajes que quieren tener plata o más plata.<br />

Los ejemplos son muy elocuentes a partir del recurso de la<br />

discusión conyugal. El amor a la cama, y el dinero al bolsillo:<br />

podría ser el lema de estos programas. Pero, cuando el amor empieza<br />

a desvanecerse y marchitarse, el bolsillo demuestra más su voracidad.<br />

En la nueva versión que se hizo recientemente de Matrimonios<br />

y algo más, como en todos estos programas, aparece la historia del<br />

secuestro. Han secuestrado a la mujer, a la esposa, a la señora. Gran<br />

alegría, o alegría cauta, calculadora, como la de este caso. La escena<br />

es simple pero llevada al extremo: por un teléfono los secuestradores<br />

le piden al marido una cantidad de dinero por su esposa, cantidad<br />

que el marido rebaja a la mitad, luego a un tercio, luego a casi<br />

nada, luego a 10,000 soles. Desesperado, uno de los secuestradores<br />

decide visitarlo a su casa para rogarle que le dé algo, aunque sea<br />

5,000 soles. Ante la negativa del marido, el secuestrador decide darle<br />

dinero para librarse de esa ―mujer que tiene un genio inso-<br />

.<br />

267


portable‖, a la que ya no resiste. Entonces el marido acepta a<br />

regañadientes. Pero no importa, al fin y al cabo, contando el dinero<br />

recibido, algo ha ganado. Le devuelven la esposa –gran desgraciapero<br />

tiene unos billetes entre manos.<br />

El secuestro es hoy, lamentablemente, una realidad en el país; pero<br />

aún antes, tal vez por la influencia argentina, fue un recurso conocido<br />

en estos programas. El ―Jefecito‖ de Risas y Salsa planea<br />

constantemente secuestrar a su esposa o se alegra cuando ella es<br />

secuestrada por terceros. Pareciera ser que ante la disyuntiva del<br />

divorcio, estos personajes prefieren que otros les allanen el camino<br />

haciéndola desaparecer.<br />

El dinero, como hemos visto que se expresa en el lenguaje de Tulio<br />

Loza, tiene el significado de virilidad y poder. De hecho, la mayoría<br />

de los personajes de estos programas muestran esta asociación de<br />

ideas. El caso de ―Federico Lanserote‖ es uno de los más explícitos,<br />

aunque su situación económica sea muchas veces presentada con<br />

contradicciones: unas veces pareciera ser jefe de segundo rango y otras<br />

un gerente potentado de una empresa privada, lo que verdaderamente<br />

es. Sus escarceos amorosos con su secretaria están teñidos siempre por<br />

el dinero; no sólo planea con ella secuestrar a su esposa o realizar<br />

desfalcos en la oficina, sino que adquiere, como seductor, una mayor<br />

seguridad cuando menciona cantidades de dinero. No hacerlo así lo<br />

pone en condición menor, más cerca de ―Felpudini‖, esto es, de un<br />

cualquiera.<br />

Esta asociación también existe en el personaje de ―Papá<br />

Manolo‖. ―El pícaro‖ sustenta toda su personalidad y su conducta en<br />

la obtención del dinero por medios ilícitos. En su caso, sin embargo,<br />

no necesita del dinero para alardear de virilidad frente a las mujeres, o<br />

de prestigio frente a los hombres, sino que la conquista amorosa<br />

(sexual, sobre todo) lo lleva irremediablemente al engaño o al robo.<br />

No existe ninguna aventura de ―Papá Manolo‖ que no tenga al dinero<br />

como motivo central de la trama o al engaño como recurso de<br />

seducción. Las mujeres -desde su perspectiva- son como el dinero:<br />

tienen la fugacidad al pasar de mano en mano; son casi el instrumento<br />

por el cual lleva a cabo sus cometidos. Sólo en una oportunidad<br />

―Papá Manolo‖ no logró seducir a las mujeres que pasaban por<br />

la vía pública. A una le dijo ―Anticuchito sin palo‖ y obtuvo<br />

como única respuesta ―¡anda a freir camotes!‖. <strong>Desco</strong>ncertado<br />

.. .<br />

268


se muestra débil y temeroso, porque no entiende qué sucede con sus<br />

encantos. En ese momento, suerte para él, ¡qué alivio!, lo vemos<br />

desperezarse en una banca pública y descubrir que todo ha sido una<br />

pesadilla, producto del libretista. Entonces, montando en ira y<br />

amargo, se levanta y se dirige a él para increparlo por este guión en el<br />

cual no ha podido ser el verdadero ―Papá‖.<br />

El ámbito laboral, por su parte, constituye muchas veces en estos<br />

programas de humor un buen escenario para una continuación de los<br />

percances cotidianos de la vida conyugal. En ambos predomina la<br />

sensación de encarcelamiento y las relaciones comerciales de<br />

intercambio. Sólo los novios están fuera de la esfera conyugal y<br />

laboral. ―El pícaro‖ Chuiman o ―Abelardo‖ de Matrimonios y algo más<br />

son, por encima de todas las cosas, grandes vividores, seres que no<br />

trabajan o ―trabajan‖ tan sólo a la novia. El alter ego institucional en<br />

estos casos, el suegro, quien constantemente los llama al orden, les<br />

exige una decisión, los insta a trabajar, a establecerse. Pero los novios<br />

prefieren la vida a salto de mata. ―Abelardo‖ es casi un gígolo. En uno<br />

de los sketches de Matrimonios y algo más, tirado en la cama, le ordena a<br />

su prometida que le saque los zapatos, que le planche la camisa, que le<br />

traiga un café. Chuiman -como ―El novio‖ o ―Avelino‖- cumple igual<br />

papel.<br />

Pero una vez casado, sin embargo, el amor ha sido reemplazado<br />

por otros intereses, por una maquinaria que no quieren o no pueden<br />

romper vía el divorcio. En la esfera laboral estos esposos están<br />

igualmente atados: introducidos en una escala jerarquizada, suplen<br />

sus frustraciones con pequeñas ―sacadas de vuelta‖ al engranaje<br />

institucional. Justamente, en ese funcionamiento con sus reglas<br />

formales y sus trampas subterráneas, ubicamos a los principales<br />

personajes de estos programas de humor.<br />

No podemos eludir la tentación de reseñar un sketch que deja<br />

una interrogante bastante grande y extrema al respecto. Sentados<br />

en un bar, una mujer entera -pero de cierta edad- y un caballero<br />

bien conservado, conversan para dar pie a una situación de<br />

Matrimonios y algo más. De pronto, ella le anuncia su deseo de<br />

casarse con él y enumera sus virtudes para aspirar a convertirse<br />

en su mujer: continúa siendo una mujer atractiva, a pesar del<br />

paso de algunos años, es bonita, todavía, (y es cierto, podemos<br />

confirmarlo) pero sobre todo es rica, millonaria. La mujer<br />

.<br />

269


ha enviudado y tiene en el banco 50 millones de dólares, pero una<br />

soledad espantosa durante las noches. El, el caballero, sería un<br />

excelente marido. Lamentablemente, el caballero no puede aceptar la<br />

propuesta de la atractiva viuda y se disculpa con elegancia y<br />

corrección. Entonces, ella, con dignidad, se despide ys e va. Frente a<br />

la cámara surge entonces el rostro desesperadodel caballero, que grita:<br />

― ¡50 millones de dólares!, maldición,Dios mío, quién fuera hombre‖,<br />

mientras se coloca un clavelen el ojal.<br />

La situación interesa porque no es prototípica. Los homo-sexuales -<br />

lejos de las limitaciones de los grandes cantantes-están fuera de la vida<br />

conyugal y laboral en estos programas. Como están fuera de los<br />

ámbitos establecidos, no pueden sacar provecho de esas situaciones y<br />

por lo general no aparecen. A diferencia de los novios/pícaros que se<br />

aprovechan, parasita no hurtan, desde su inmoralidad, o de los<br />

maridos establecidos por la instituciónalidad tanto em-presarial como<br />

estatal, los homosexuales se encuentran al margen. ¡Quién fuera<br />

hombre!, ¡quién pudiera tener la virilidad necesaria para poder<br />

conquistar, arrasar, llegar a la mujer, a la viudita misericordiosa, a su<br />

dinero, a los 50 millones de dólares. . .! Pero no: el homosexual, sin<br />

virilidad, no tiene dinero, no tiene poder, no tiene familia, no tiene<br />

acceso a la mecánica institucional laboral ni a la pendejada criolla. El<br />

homosexual es demasiado, no nos pertenece.<br />

270


CAPITULO IX<br />

EN LOS CORRILLOS DEL SET<br />

271


272


1. EL HUMOR CERRADO<br />

Para entender muchos de los chistes y de las situaciones que ocurren<br />

en estos programas, los espectadores deben ser grandes consumidores<br />

de la televisión. Por lo menos deben pasarse un par de horas diarias<br />

frente a la pantalla y tener un radio de conocimiento bastante amplio<br />

acerca de la programación semanal.<br />

Los cómicos de la televisión en general, pero de manera muy<br />

peculiar aquellos que son animadores, gracias a la posibilidad de<br />

juntar su personaje más importante con su esquema físico y<br />

psicológico más espontáneo, son vistos así por los televidentes como<br />

un amigo. Saludarlo por la calle es casi una obligación, ¡cómo no!, si<br />

tiene una constante presencia en la casa de uno. Hablarle de tú es lo<br />

corriente y no sólo para los niños. Por el contrario, recuperar la<br />

condición de ―desconocido‖ frente a uno de estos peculiares actores<br />

de la televisión es un tantofrustrante para los niños, de la misma<br />

forma que exige un proceso de racionalización, a veces un tanto<br />

humillante, para los adultos televidentes cuya primera reacción<br />

equivale a la del niño.<br />

Muchos elementos nos hacen sentir a la audiencia<br />

parte comprometida y reconocida por los amigos de la televisión.<br />

El lenguaje coloquial es rigurosamente mantenido como un<br />

recurso que pretende retener para la comunicación masiva -para la<br />

televisión- la presencia y la respuesta del público, del interlocutor,<br />

tal como sucede en el propio teatro y en la comunicación<br />

interpersonal. El televidente se identifica con las reaccio-<br />

. .<br />

273


nes de quienes asisten al show o al concurso, de quienes ganan o<br />

pierden, de quienes, en fin, sufren y se divierten de alguna manera. Si<br />

el público no está allí realmente presente, se simula que lo está. Risas<br />

grabadas y aplausos festejan en reemplazo de un público que se mide<br />

ya de otra manera, por el rating de sintonía; pero la necesidad de<br />

hablar de tú a tú, ¿qué tal amigos, está presente en el más solemne de<br />

los presentadores de la televisión, y la seguridad de que se es<br />

escuchado y se le atiende no puede perderse.<br />

Por esto la necesidad de que cada actor-divo sienta y haga explícita<br />

la obligación de compartir con el público sus penas, sus angustias, sus<br />

preocupaciones y sus ganas de reir. Un ejemplo límite: cuentan, no<br />

nos consta que sea cierto pero resulta verosímil y excelente muestra de<br />

lo dicho, que el recientemente desaparecido buen actor César Ureta,<br />

conocido como el ―loco‖ Ureta, empezó un día su intervención en el<br />

programa cómico en el que actuaba saliéndose del libreto; cosa<br />

más que usual, pero esta vez para dirigirse directamente a los<br />

telespectadores más o menos en estos términos: ―Perdonen, amigos,<br />

pero yo quiero interrumpir este programa un ratito nada más para<br />

hacerles llegar mi protesta. Yo soy un actor que me gano la vida<br />

decentemente haciendo comicidad y, como hago cosas raras para<br />

hacerlos reir, me dicen loco, el 'loco' Ureta. Pero una cosa muy<br />

distinta es que algunos crean que soy realmente loco y cuando me<br />

vean por la calle me griten ¡loco, loco, mira ahí va el loco, hola loco!<br />

A mí eso me parece mal porque yo soy un ser humano y tengo familia<br />

y mi sensibilidad, y a nadie le gusta que lo llamen loco, porque<br />

además eso no es verdad, y aunque lo fuera... a nadie le gusta. . . (y<br />

estando a punto de enjugar una lágrima, recupera el aliento para<br />

terminar) además, para terminar, les voy a decir la verdad, señores,<br />

¡yo no soy loco! la verdad, señoras y señores, amigos míos, es que yo<br />

soy un LOCASO!!!‖. Pantallazos de distintos close-ups muestran sus<br />

gestos más estrambóticos, se revuelve el pelo, saca la lengua, arruga el<br />

rostro, contorsiona el cuerpo (risa y aplausos), una fanfarria final<br />

celebra la sorpresa de miles de televidentes a punto de conmoverse<br />

con las confesiones del señor actor, del gran ―loco‖ Ureta.<br />

No todos los actores-divos llegan, sin embargo, a estos extremos<br />

al burlarse de sí mismos, gran parte del humor reposa, en burlarse<br />

no sólo de los actores que se encuentran en la com-<br />

.<br />

274


petencia, sino de los demás programas; en definitiva, de la televisión<br />

misma. En los tiempos actuales viene ocurriendo un fenómeno<br />

interesante de observar: la televisión se constituye, cada vez más, en la<br />

verdad de la imagen (y del color). Nada que sea trasmitido por sus<br />

pantallas estará al margen de la posibilidad de ser usado por los<br />

cómicos, y todo aquello que no pase por sus pantallas quedará en la<br />

sombra y el olvido. La información, la publicidad, el comentario y las<br />

―estrellas‖, forman parte de este conjunto de aconteceres y personas<br />

conocidas por el gran público. A partir de esta constatación, podemos<br />

inferir que la televisión empieza a sentir una autocomplacencia, una<br />

especie de ―etnocentrismo‖ creciente, una sensación de que se basta a<br />

sí misma. Y los programas cómicos van a ser los espacios que más van<br />

a evidenciar este fenómeno: para qué remitirse a la realidad, si la<br />

―realidad‖ de la televisión es suficiente. Además, la realidad se<br />

reproduce en la televisión, vuelve a aparecer a través de las imágenes,<br />

de los comentarios, de las parodias, de los editoriales y los noticieros...<br />

Así como una obra literaria se interpone entre la realidad y el lector, la<br />

televisión hace lo mismo, pero con una pretención de veracidad: no es<br />

necesariamente ficción lo que en ella ocurre, sino la reproducción de<br />

la realidad, y para los efectos concretos, tal vez la realidad misma. De<br />

ese modo, se puede prescindir de esta última remitiéndose<br />

directamente a su aparato, en su casa, en contacto directo, vía satélite,<br />

casi en carne y hueso. Y esta realidad va a ser la privilegiada por los<br />

programas cómicos.<br />

De ese modo, los programas de humor evidencian un aspecto<br />

interesante de lo que ocurre en el mundo de la cultura; los marcos de<br />

referencia inmediatos empiezan a ser otros productos culturales -y no<br />

la realidad misma-; así como señalaba un estudioso de la historia del<br />

arte, que un referente vital de la poesía de un nuevo autor son, en<br />

cierta medida, los poemas producidos antes que los suyos, incluso por<br />

encima de la realidad misma; y el de la pintura, los cuadros de los<br />

grandes pintores antes que la naturaleza. Las referencias a la televisión<br />

y a la realidad que ella muestra son la base para recrear el mundo que<br />

comparte la audiencia de televisión. Esto, indudablemente, lleva a<br />

plantearnos el carácter ideológico que los programas tienen; pero<br />

sobre todo el papel que la televisión juega irremediablemente en la<br />

cotidianeidad familiar, en el lenguaje, en las síntesis culturales que ella<br />

produce.<br />

275


En una entrevista con el ―Ronco‖ Gámez, el cómico definía su<br />

gusto televisivo como evasivo; prefería los programas que no le<br />

hicieran pensar en sus propios problemas y, por lo tanto, le gustaban<br />

los balazos y las series policiales. Consideraba que los programas<br />

políticos eran demasiado serios, incluso aburridos, pero sobre todo, lo<br />

remitían a la realidad que él quería olvidar en sus momentos de ocio o<br />

entretenimiento. Estas apreciaciones perso-nales de Román Gámez no<br />

valen aparentemente para lo que ocurre en los programas cómicos;<br />

aunque muchos de ellos tienen una relación directa y coyuntural con<br />

la realidad política semanal, la aparente falta de razonamiento y<br />

análisis permite, en lugar de hacer olvidar a los televidentes los<br />

sucesos ocurridos, que se los vuelvan a presentar, pero con humor,<br />

parodiándolos.<br />

La realidad vuelve a aparecer en los programas de humor a través<br />

de la imitación y la parodia de lo que la televisión ya mostró antes ―en<br />

serio‖, tal como se supone que es en la realidad. La imitación/parodia<br />

o la parodia/imitativa nos hacen suponer que la vida, en el fondo, es<br />

seria o triste, pero que el talento del cómico puede convertirla en<br />

motivo de risa. El gran criollo, el gran pendejo, es aquél que (desde la<br />

esquina, el barrio, el colegio, la universidad, el centro de trabajo o la<br />

calle) es capaz de cambiarle la cara a la vida: dejar la seriedad por lo<br />

ligero y la tristeza por la gracia. En la televisión este rol lo cumplirán<br />

los actores cómicos, todos ellos grandes palomillas, excelentes<br />

criollos, cómicos innatos.<br />

El humor cerrado, la televisión como motivo de humor, parte de la<br />

imitación de otros programas y de sus principales animadores. A la<br />

gracia de los apodos, le añaden también la imitación de sus<br />

actuaciones. Para que esto nos produzca risa, debemos conocer de<br />

antemano al personaje escogido, haber visto sus programas, conocer<br />

los detalles personales. Pero los programas cómicos parten de este<br />

supuesto, porque creen con firmeza que la televisión es el Centro del<br />

Mundo, el Gran Ombligo de la Humanidad. El Perú Entero.<br />

Cuando un cómico imita al actor Ricardo Blume en su papel<br />

de presentador de la serie Lo mejor de la televisión mundial, los<br />

telespectadores deben haberlo visto para poder reir. Igual ocurre<br />

con las imitaciones de César Miró -como presentador de<br />

programas culturales- y de Alfonso Rospigliosi, como conduc-<br />

.<br />

276


tor del programa Gigante deportivo. Entre los cómicos también se<br />

imitan, se toman el pelo y se tiran ―palos‖, como entre casa. El<br />

―Ronco‖ imita a Ferrando o a Tulio Loza, otras veces le toca a él<br />

mismo ser sujeto de burla, pero siempre bajo el supuesto inicial: todos<br />

conocemos perfectamente a las personas imitadas porque tienen vida<br />

en sus respectivos programas.<br />

La lógica de muchos de los chistes en estos programas, consiste en<br />

remitirse a la televisión misma, imitando, parodiando, no sólo a las<br />

personas que allí trabajan sino a los productos de todo tipo que ella<br />

ofrece, como es el caso de las series televisivas. Esta es una antigua<br />

tradición que se remonta a los años de la década del sesenta.<br />

¡Allá van los ejemplos recogidos del programa pionero, el Muñoz de<br />

Baratta show!<br />

Barrigón de Chiclayo. . .era... la parodia de la serie polícial Ballinger de<br />

Chicago.<br />

Jim Hueso, la parodia de Jim West. . .<br />

El Pepe B.I… de la legendaria serie policial FBI.<br />

La ciudad en bikini. . . de La ciudad desnuda.<br />

Sólo se bebe dos veces, de Sólo se vive dos veces.<br />

En ese entonces, pero hoy muchísimo menos, la parodia se salía de<br />

los marcos de la televisión, pero para recurrir a la ficción literaria.<br />

Los tres chicheros. . . en lugar de Los tres mosqueteros.<br />

El sordo . . . en lugar de…<br />

James Ron, el agente cerdo, cerdo, siete .. .<br />

Miguel en Tragos, el Corrido del Bar .. .<br />

Marco el Tongo y Cleopatra (vestido de romano pero con tongo).<br />

O Salomón y la Reina del Sábado .. .<br />

277


En la actualidad, los programas cómicos continúan esta tradición<br />

privilegiando a las telenovelas. Hace poco Dancing day's, una<br />

producción brasilera, hizo furor en el Perú, y Risas y Salsa no dejó<br />

pasar esta oportunidad para parodiarla Como Panzas day's. En este<br />

caso, el reto para reir era mucho más exigente, pues suponía, casi, ser<br />

miembro del club de los que ven telenovelas. La parodia no reposaba<br />

en los personajes -aunque el humor consistía en cambiarles de<br />

nombre, como ya es obvio-: en lugar de Sonia Braga, la atractiva<br />

mulata brasilera. era Sonia ―Traga‖ y su partenaire ―Bragueta<br />

Carioca‖. Las dificultades de esta parodia están en reproducir con<br />

sentido la trama de la telenovela, como por ejemplo, el romance entre<br />

Julia y Carlos, del cual el espectador debe estar mínimamente<br />

enterado. Pero su importancia como revés del papel principal que<br />

juega el melodrama en nuestros países, es fundamental.<br />

La parodia de esta telenovela -que reposa en un código bastante<br />

restrictivo en una especie de circuito cerrado del humor- era caótica,<br />

pues introducía escenas de la vida diaria, intercaladas sin pausa.<br />

Adolfo Chuiman, el imitador de Carlos, estaba trabajando en ese<br />

momento en un show de café teatro en Miraflores, haciendo el rol de<br />

―Papá Navaja‖, y en la parodia de la telenovela aprovechaba la<br />

ocasión para mencionar su espectáculo, hacerle un comercial, y decir<br />

que a Chuiman le iba muy bien...<br />

Esta especie de subcultura televisiva, de pequeñas informaciones<br />

previas, de relecturas aparentemente banales de la realidad, de<br />

diversos planos mezclados, de espejos borgianos, se sostiene también<br />

en la idea de que muchas de las imitaciones y parodias no toman a la<br />

realidad como su punto de partida, sino a los otros programas: a la<br />

―realidad de la televisión‖.<br />

Las imitaciones llegan, en algunos casos, a ocuparse de<br />

obras de ficción o de la dramaturgia, siempre y cuando tengan<br />

que ver de alguna manera con la televisión. A guisa de ejemplo<br />

fue El diluvio que viene, el espectáculo teatral producido por<br />

Oswaldo Cattone en el teatro Marsano, parodiado en Risas y<br />

Salsa como El disturbio que se viene. En este caso, el telespectador<br />

debía saber de qué se trataba el asunto, pero no era imprescindible<br />

haber ido al teatro, porque ya sabe, por la televisión,<br />

quién es Cattone; lo ha visto en telenovelas y diversos progra-<br />

.<br />

278


mas, como en los avisos publicitarios que la televisión propala sobre<br />

esta obra donde se le puede ver bailando vestido de cura, con sotana.<br />

La imitación concluye, sin embargo, con una referencia explícita al<br />

mundo de la televisión, y remitiéndose a un programa que el tenía en<br />

la televisión: Comiendo con Cattone. Sacándolo del contexto de la obra<br />

de teatro, Cattone, vestido de cura, le dice al ―Ronco‖: ―a tí nunca te<br />

he invitado a cenar en mi programa porque eres chusco, comes con las<br />

manos‖. De esta manera el ―Ronco‖ tenía en bandeja la ocasión<br />

devestir su imagen popular, de defenderse diciéndole a su ―mancha‖,<br />

a sus pueblos jóvenes, a su ―collera‖, que él, al igual que ellos, no era<br />

aceptado en una cena de esa ―categoría‖. El ―Ronco‖ reivindicaba así<br />

su condición de clase; él no pedía ira la comida de Cattone, pero<br />

tampoco era maricón.<br />

Hay ejemplos más complicados aún que ilustran las diferentes<br />

dimensiones en las que actúa el lenguaje televisivo, en los que se<br />

alterna la realidad externa imitada, en su versión televisiva, con la<br />

imitación propiamente dicha: el producto finales un collage cuyas<br />

partes tienen tantos elementos de fuera como de adentro. Su uso más<br />

evidente es cuando se parodia a cantantes, alternando las imágenes de<br />

la imitación con las del verdadero show que el cantante realiza en la<br />

televisión de Lima, Sao Paulo o Nueva York, no interesa dónde. La<br />

mezcolanza resulta en una fusión que —fuera del dudoso logro<br />

artístico— ilustra la síntesis que la TV reclama a como dé lugar en<br />

estos programas. Los políticos son un material muy rico para este<br />

propósito, como se verá más adelante.<br />

Muchas veces, sin embargo, la presencia de los otros programas en<br />

los sketches cómicos no responden siquiera a imitaciones o parodias,<br />

sino a meras intromisiones en los diálogos e imágenes de la trama.<br />

Sutilezas aparte, y como ingrediente de este tipo de humor, el<br />

telespectador debe estar también al tanto de las pequeñas frases y<br />

gestos que son típicos de otros actores o animadores, y que dan risa<br />

fuera de su contexto habitual. Tomemos, por ejemplo, la risa<br />

estentórea de un miembro de una familia telespectadora; él conoce<br />

el motivo de la risa, y esto provoca un murmullo de explicaciones<br />

y a veces de tímidas disculpas de los que no saben, de los<br />

menos ―versados‖ de la familia; aclaradas las cosas pueden<br />

.<br />

279


volver reconcentrados todos a no perderse ninguna ocurrencia, chiste<br />

o viveza del cómico de moda.<br />

—―Acá no pasa nada, como diría Martínez Morosini‖ —exclama<br />

―Madame Sapatini‖ en una oportunidad, cuando su cliente le cuenta<br />

que su esposo no hace nada con ella por las noches. Esta expresión la<br />

hizo conocida Martínez Morosini como locutor de fútbol, para indicar<br />

que el marcador estaba en blanco, sin goles.<br />

—―Pidan nomás, ¡yo mismo soy!‖ exclama el ―Chino Yufra‖,<br />

cuando hace de mozo y unos parroquianos pretenden beber sin<br />

cancelar la cuenta. En esta oportunidad, la referencia alude a una<br />

expresión utilizada en el mismo programa, por el personaje de Adolfo<br />

Chuiman.<br />

—―Churro, igual al Puma‖ —exclama la ―Selvática‖, la mamá del<br />

chunchito, cuando quiere explicarle a su amiga cómo es su vecino.<br />

Claro, se trata de José Luis Rodríguez, ―El Puma‖, el furor de las<br />

adolescentes, el cantante venezolano, conocido en el Perú por la<br />

televisión.<br />

— Otro apodo que le endilgan a ―Mapache‖, aquel fiero miembro<br />

de la banda de ―Choclito‖, es ―el abuelo de la Abeja Maya‖,<br />

aludiendo a una serie televisiva infantil de dibujos animados.<br />

—―La voz de Blume‖— exclama una vecina que se despierta<br />

sobresaltada para referirse a la gravedad de una voz que la moviliza;<br />

voz sonora, actoral, llena, como la de Blume.<br />

Y etc.<br />

2. LA GUERRA DE LOS CANALES<br />

La libre competencia que se reinstaura en la televisión<br />

nacional con el gobierno de Fernando Belaúnde en 1980, trajo<br />

consigo un enfrentamiento entre los diversos canales que no<br />

excluye, por cierto, a los programas cómicos. Así como en el colegio<br />

los niños de la burguesía se pulsan entre ellos enumerando los<br />

bienes que tienen sus padres, de igual modo los empresarios<br />

—en boca de los cómicos— enumeran sus virtudes frente<br />

a los otros canales. ―Mi canal es mejor que el tuyo. ¡ya!‖ podría<br />

.<br />

280


ser el lema de fondo de muchos de los avisos publicitarios que se<br />

hacen a través de sus estrellas.<br />

Estas estrellas, en el firmamento del espectáculo, cubren numerosas<br />

páginas en los periódicos cuando son contratadas por otro canal. Sólo<br />

los jugadores de fútbol reciben la misma atención cuando firman por<br />

otro equipo. Los casos recientes más sonados han sido el paso de<br />

Tulio Loza, que pasó del Canal 4 al 5, su eterno rival, y el de Román<br />

Gámez del Canal 5 al 9. Cuando Tulio Loza era ―el alma mater‖, la<br />

estrella indiscutible del Canal 4, en el programa de Risas y Salsa se<br />

burlaban de él cada vez que podían. El popular ―Chullo‖ Loza —así<br />

era conocido en ese programa— dejó de ser motivo de las burlas una<br />

vez que fue contratado por los hermanos Delgado Parker. Antes, en<br />

cambio, era utilizado por los empre-sarios del Canal 4 para defender<br />

también sus intereses; por ejemplo, recién iniciado el régimen de<br />

Acción Popular se desató una disputa por el uso de las micro-ondas<br />

con la Compañía Peruana de Teléfonos. En esta oportunidad, Tulio<br />

Loza criticó duramente en la pantalla —a la manera de un editorial de<br />

su noticiero— a los de Canal 5 que habían sido favorecidos con el uso<br />

exclusivo de las micro-ondas; lo hacía con gracia, pero era el eco de<br />

los intereses de sus gerentes.<br />

A pesar de haber estado ligado hace muchos años a los del 5, Tulio<br />

Loza era entonces el hombre del 4: en uno de los últimos aniversarios<br />

de ese canal, se detuvo ―Camotillo‖ a hacer un elogio del equipo que<br />

trabajaba en ese entonces en el 4. Oigámoslo: ―contamos con los<br />

mejores prógramas y con las mejores estrellas; los del 5 cada vez que<br />

ponen el 4 se ponen en 4... A nosotros nos sintonizan desde los chicos<br />

hasta los grandes; con el señor Salinas y ―Rulo‖ nos pasamos para el<br />

Cusco; en la politiquería tenemos a César Hildebrant —―torero de<br />

cuy‖— y a Alfredo Barnechea, ―el churro‖; en la cultura a César<br />

Miró y a Vinko. Además, tenemos a los grandes ―lomazos‖. Mauricio<br />

y Nicanor (Arbulú y González, los gerentes del canal) han heredado<br />

lo mejor de sus viejos, esos capos‖.<br />

El contrato entre Tulio Loza y el Canal 5 motivó una serie<br />

de titulares en los periódicos acerca de la cantidad de dinero<br />

que éste iba a ganar. Incluso motivó, de parte de Eloísa<br />

Angulo, celebrada cantante de música criolla, un ácido comenta-<br />

.<br />

281


io: ―no sé por qué se pelean tanto por los payasos y a los artistas no<br />

nos pagan ni la quincena‖. Lo cierto es que tanto el sueldo millonario<br />

de Tulio Loza, como la enfermedad que padeció Augusto Ferrando<br />

hace algún tiempo o el fallecimiento de su señora esposa,<br />

constituyeron en su momento noticias que sacaban a los divos de la<br />

pantalla, colocándolos en su condición de figuras públicas.<br />

El caso de Román Gámez, a pesar de no haber tenido el peso de<br />

Tulio Loza, también fue motivo de comentarios periodísticos, pero,<br />

sobre todo, replanteaba una situación relativamente propia del<br />

ambiente de la televisión: la necesidad que tienen los empresarios de<br />

contar entre sus filas con una persona que los represente, que lejos de<br />

ser un logotipo, un gerente, un símbolo de eficiencia y voluntad de<br />

trabajo, será primero una persona agradable, de rostro familiar, que<br />

los televidentes sepan aceptar como un amigo. Esta persona no puede<br />

ser por tanto un actor, alguien que represente varios papeles; en lo<br />

posible tiene que ser quien se representa a sí mismo como un<br />

interlocutor cuyo encanto esté fuera de duda y a quien sepamos<br />

perdonar una que otra torpeza. No hay duda así que la voz de<br />

Humberto Martínez Morosini es la de Panamericana y el Canal 5,<br />

tanto en cuerpo como en alma, y las de Luis Angel Pinasco y Eduardo<br />

San Román son las del Canal 4. Si bien Román Gámez estuvo<br />

siempre más identificado con Radio Mar que con el Canal 5, su<br />

contrato con el Canal 9 le provocó un interesante sentimiento de<br />

culpa, cierto malestar, cierta sensación de haber traicionado a sus<br />

compañeros de trabajo. Veamos por qué.<br />

En sus primeros programas en el Canal 9, Román Gámez no pudo<br />

evitar referirse varias veces, y con insistencia, a este asunto. En cierta<br />

medida, estaba con un pie dentro y con el otro fuera. Traía al programa<br />

su problema personal y hacía de él un motivo de confidencia<br />

y acercamiento al público a través del humor. ― ¡Qué tal!, tu Canal 9,<br />

mi canal 9, y de aquí nadie me mueve, nadie nos mueve‖. En esos<br />

momentos, el ―Ronco‖ Gámez no sólo no estaba seguro de la<br />

aceptación que su programa tenía en el público, tampoco lo estaba<br />

de que su contrato fuera mantenido. Pretendía establecer, de esta<br />

forma, sobre la base de una aceptación cotidiana de ese nuevo<br />

canal, cierta seguridad de ser aceptado. Por otro lado —en una esfera<br />

muy moralista—, estaba también afirmando que no haría lo que<br />

.<br />

282


hizo en el otro canal; es decir, abandonarlo por una mejor perspectiva<br />

económica.<br />

El primer objetivo en su nuevo programa consistió en plantear una<br />

identificación bastante brusca, por lo reciente, con su nuevo canal, al<br />

modo de los militantes periféricos en los partidos políticos: y hacía<br />

suya la camiseta de la empresa por la cual estaba recién trabajando.<br />

Asimismo, enumerar repetidamente las características de su<br />

programa: ―La alegría, la payasadita, el espectáculo‖. ―Con el show –<br />

afirmaba- el pueblo peruano tiene música, alegría y regalos‖. Estas<br />

eran explicaciones no pedidas, ya que los programas suelen hablar por<br />

sí solos, sin necesidad de anunciador o presentador. Este caso, sin<br />

embargo, lo exigía más que ningún otro. En la búsqueda de un tono<br />

coloquial y familiar el ―Ronco‖ hace un alto para dirigirse a la<br />

teleaudiencia y explicarle que ciertos periodistas consideraban que, en<br />

su nuevo programa, no era ni animador ni humorista; por lo tanto<br />

―estoy en la calle‖ deducía molesto. Pero no hay mejor recurso que<br />

resolver situaciones de duda con un tercero que permita decir las cosas<br />

claras: ―Sancochao‖ un muñequito tipo los Muppets. Este personaje<br />

permitía al ―Ronco‖ poner sus ideas en boca de este muñequito que<br />

compartía con élla carga de las acusaciones y, de paso, la animación<br />

del show. Proyectando en el muñequito su propia situación, el<br />

―Ronco‖ discutía a ―Sancochao‖ el derecho a tener su propio show<br />

para el ―populorum‖, porque había sido ―tentado por otro canal‖ y<br />

quería irse. En el diálogo entre ―Sancochao‖ y el ―Ronco‖ iban<br />

apareciendo, estratégicamente, las maquinaciones que suelen hacer los<br />

cómicos en una economía de mercado para defenderse y promoverse,<br />

anunciando que se van, para que les mejoren el sueldo. Cuando el<br />

―Ronco‖ le dice a su muñequito ―que tiene su carta libre, que puede<br />

dejar el canal y aceptar su nuevo contrato‖ (de paso bromea sobre él<br />

mismo), ―Sancochao‖ se retracta: ―no -dice- era sólo una estrategia,<br />

¡del 9 nadie me mueve!‖.<br />

La necesidad del Canal 4 de tener otro programa cómico<br />

que reemplazara al de Tulio Loza, lo llevó a crear Los<br />

detectilocos, cuya estrella principal es Ricardo Fernández. En<br />

opinión de Tulio Loza, éste es un excelente actor secundario,<br />

dispuesto siempre a cumplir su rol sin intentar sobresalir<br />

y dándole todas las facilidades al actor estrella para que pueda<br />

lucirse. Pero, una vez que se fue Loza al 5, Ricardo Fernán-<br />

.<br />

283


dez se convirtió en la estrella; y, de paso, en uno de los primeros<br />

programas —sin mencionarlo por su nombre— aludió a Tulio Loza,<br />

cuando alguien ha sido secuestrado y deciden no buscarlo ―porque se<br />

ha ido al Canal 5‖. Anteriormente, esto mismo le sucedió al maestro<br />

de ceremonias Pablo de Madalengoitia. Antes de que fuese contratado<br />

por el canal 4, trabajaba, entre otras cosas, como relator del noticiero<br />

del canal 5. Entonces en Risas y Salsa, a través de Guillermo Rossini,<br />

fue imitado en el sketch El centro de notitas y con el apodo de Pablo Mal<br />

de la Gota.<br />

La guerra entre los canales se expresa a través de los propios<br />

programas, en los cuales el humor se apoya muchas veces en poner<br />

apodos al actor que se fue a otro canal. El ―Ronco‖, uno de los reyes<br />

de las ―chapas‖ y las ―puyas‖, recibe de sus excolegas del Canal 5 una<br />

andanada de bromas a las que debe responder solito. Antes, el<br />

―punto‖ del ―Ronco‖ era Tulio Loza, hoy, Justo Espinoza -entre otros<br />

de Risas y Salsa- utiliza la chapa ―Cara de 0lla‖ que le han puesto al<br />

―Ronco‖, para burlarse de él, pero utilizando la misma trama de su<br />

sketch. Llorando como el personaje niño que se llama ―Chunchito‖,<br />

papel que representa por su bajísima estatura, se muestra castigado<br />

por su mamá frente a un televisor en el que tiene que ver El dedo,<br />

programa de reciente aparición en el Canal 9. Sus compañeros ríen<br />

mientras él llora por el tremendo castigo de ver un programa escrito<br />

por el libretista que trabajaba antes con ellos y que ahora les hace la<br />

guerra por el rating. Pero éste no es un hecho aislado: en otra ocasión<br />

―Chunchito‖ llora desesperado, llora a chorros, porque esta vez el<br />

castigo es todavía peor: ¡tiene que ver el show de ―Cara de olla‖!<br />

EL DUEÑO DEL NOMBRE<br />

Los problemas externos y propios al mundo del espectáculo<br />

y los artistas también constituyen escenas, tramas y motivos<br />

de humor. El caso más saltante fue el que protagonizó el<br />

actor Víctor Prada cuando interpretaba al famoso ―Piquichón‖,<br />

en el programa de Tulio Loza ―Camotillo el Tinterillo‖. Ambos<br />

constituían una yunta inseparable, complemento del humor;<br />

pero, cuando Víctor Prada pidió un aumento de sueldo que<br />

le fue negado y el Canal 5 supo de la ocasión, fue contratado<br />

de inmediato para integrarlo al equipo de Risas y Salsa, surgiendo<br />

. .<br />

284


un problema filosófico/literario/legal: Víctor Prada podía irse, pero<br />

―Piquichón‖ debía quedarse. El actor sí, pero el personaje no. Esta<br />

situación -lejanísima del marco de la pantalla- fue trasladada, sin<br />

embargo, a los sketches. Cuál no sería el asombro de los telespectadores<br />

cuando vieron a Víctor Prada dándole vida a ―Piquichón‖ en Risas y<br />

Salsa mediante un libreto novedoso que dejaba a su personaje libre,<br />

despercudido de su antiguo rol de ayayero de ―Camotillo‖: ―si algo te<br />

sacó pica, aquí `Piquichón' te replica‖. Con esta frase se hacía<br />

evidente, además del enfrenta-miento entre los canales resuelto por la<br />

vía económica, el pleito por los personajes. El Canal 5 se llevó a<br />

Víctor Prada, a ―Piquichón‖, y lo liberó, de paso, del yugo de su<br />

antiguo rol.<br />

En Risas y Salsa no tenían lugar ―Camotillo‖ ni ―Piquichón‖, pero<br />

éste último lo traía a escena a partir de constantes referencias, que<br />

hacían evidente tanto los líos entre ambos canales como la con-dición<br />

de triunfador del Canal 5. En sus primeros papeles en este programa,<br />

Víctor Prada -siempre con el nombre de ―Piquichón‖- representaba a<br />

un candidato a alcalde de Las Totoritas. Este candidato, este<br />

personaje ―es el auténtico 'Piquichón' , no el del anterior programa,<br />

sino en carne viva, en vivo y en directo‖, afirmaba. El problema legal<br />

del nombre se convertía, de ese modo, en un motivo de risa. ―El<br />

hombre es dueño de su nombre -explicaba este 'Piquichón'- el nombre<br />

con el cual es reconocido. Cada uno es lo que es -y por último se<br />

interrogaba-: ¿acaso se sabe quién le puso el Manco de Lepanto a<br />

Cervantes o el Chueco a Honores‖<br />

No todos los casos tienen la misma repercusión que el de<br />

―Piquichón‖, pero algunos problemas externos condicionan las<br />

tramas de los sketches. Uno de ellos fue el alejamiento momentáneo de<br />

Hugo Loza -la estrella principal de Te mato Fortunato. Este programa<br />

debió concebirse sin ―Fortunato‖, dando lugar a que todo el peso<br />

reposara momentáneamente en Jorge Montoro, que representa el rol<br />

del ―Padrino‖. Otro caso, confuso en su aspecto legal, fue el del<br />

personaje ―Roncayulo‖, creación de Augusto Polo Campos,<br />

propiedad del Canal 5, y que no podía ser representado porque su<br />

creador trabajaba en otro canal. Cuando Polo Campos fue contratado<br />

por el Canal 5, su ―Roncayulo‖ pudo volver a las pantallas. El actor<br />

Antonio Salim de Risas y Salsa puede, entonces, en el programa de<br />

Tulio Loza, volver a interpretar a su famoso ―Roncayulo‖ junto a<br />

.<br />

285


―Doña Epidemia‖, que se había quedado ―viuda‖ en escena, sin poder<br />

compartir el humor con su famoso zambo del callejón.<br />

3. LOS ANIVERSARIOS Y LA PUBLICIDAD<br />

Los aniversarios de algunos de estos programas constituyen una<br />

buena oportunidad para confundir planos y borrar fronteras, no sólo<br />

entre la realidad y el set, sino entre los personajes de un mismo<br />

programa.<br />

En estos aniversarios, a diferencia de la célebre obra de Luigi<br />

Pirandello, ninguno de los personajes está en busca de autor<br />

complaciéndose en el ejercicio de una libertad absoluta, por encima de<br />

la usual. Cuando Tulio Loza celebrada todavía con su más famoso<br />

ayayero un aniversario más de su programa en el Canal 4, aparece<br />

―Piquichón‖ suelto en el set, motivando una serie de enredos, jugando<br />

con diversos planos de la ficción. ―Piquichón‖ aparece como<br />

―Piquichón‖, pero cuando se acerca a ―Ursula‖ -la esposa de<br />

―Nemesio Chupaca‖- ella le dice que sólo tiene ojos para su Doctor,<br />

asociando libremente a ―Chupaca‖ como ―Camotillo‖ (los dos<br />

personajes de Tulio Loza). En otro pasaje, ―Piquichón‖ descubre al<br />

Señor ―Chupaca‖, ―allá está‖ –dice- acercándose y preguntándole por<br />

el Doctor, por ―Camotillo‖, ―para brindar con champagne‖. ―Anda,<br />

¡calla Huamán!‖, le responde ―Chupaca‖, como si fuese el otro<br />

personaje.<br />

Este tipo de enredos se acentúa últimamente cuando se aprovecha<br />

la oportunidad de hacer publicidad a otros programas de humor que<br />

se transmiten por el mismo canal. En su show, el ―Ronco‖ aprovecha<br />

para decir ―que El dedo está entrando suavecito. . .‖, es decir -mal<br />

pensado-, que el reciente programa El dedo está haciéndose un lugar<br />

entre la audiencia. Un chiste, un comercial publicitario.<br />

La autocomplacencia del humor cerrado llega al colmo<br />

cuando Risas y Salsa saca su ―Concesionario de TELO AVISO<br />

PASTEL, CALLE LOS DEDOS 999, preguntar por Cara de olla‖,<br />

en una sátira no sólo de los TELE AVISOS PANTEL del<br />

Canal 5, intercalados en su noticiero matutino Buenos Días, Perú,<br />

-la televisión dentro de la televisión, su referente inmedia-<br />

.<br />

286


to-, pero también su pequeña auto-publicidad graciosa, su ayudita, y<br />

finalmente la burla a otro canal. Al mismo tiempo que los del 5 se dan<br />

una manito mencionando su sistema de publicidad barata, aprovechan<br />

para meterle su ―palo‖ a los del 9 y a su programa El dedo: el gran<br />

finger, la gran trafa, el gran engaño, en una de las acepciones que tiene<br />

el dedo en el argot urbano. Y, por supuesto, ―Cara de olla‖, el<br />

―Ronco‖, es hoy motivo de burlas; al gran zambo, a ése, poniéndole<br />

apodos como si fuera Caquita de Dromedario o Cara de Buque. . . un<br />

politiquero de por allí.<br />

En Matrimonios y algo más, programa que también propala el Canal<br />

5, se hace la misma publicidad, pero utilizando la trama del sketch. En<br />

esa oportunidad -al estilo de las grandes parodias- se realiza uno de los<br />

matrimonios históricos, entre Nerón y Popea. Ella, echada<br />

cómodamente, le dice: ―te lo aviso Nerón‖, como una réplica al<br />

también publicitario ―tele guisos pastel‖.<br />

Pero los programas cómicos, en otra veta de humor de larga<br />

tradición en el medio, remedan, como parodia, a la publicidad que<br />

aparece en la televisión. Otra vez, para poder reir, se debe mirar hasta<br />

los comerciales. Este mensaje cotidiano que tiene a la pantalla como<br />

su principal medio de comunicación, vuelve a aparecer (y a su manera<br />

como una publicidad) en estos programas. Hace algún tiempo, la<br />

cantante y compositora Chabuca Granda hacía un comercial para la<br />

compañía estatal Aero Perú. Ese comercial se caracteriza por la frase<br />

final: ―que encanto. . . mi gente‖.<br />

Nancy Cavagnari la imitaba, no sólo parodiando la manera de<br />

decir la frase característica de Chabuca Granda, sino que escogía para<br />

acompañarla unos personajes miserables que se arrastraban por el<br />

suelo, mutilados, pobrísimos, zarrapastrosos. Ese ―¡¡qué encanto, mi<br />

gente. . .!!‖ surgía en oposición a los personajes bellos, sanos y<br />

opulentos del comercial.<br />

La publicidad es una de las formas que tiene la televisión<br />

para la reconversión y el manejo de la realidad. Los chistes<br />

de ―Camotillo‖ se apoyan frecuentemente en la actualidad<br />

de los principales acontecimientos políticos. No puede perderse,<br />

por esto, la ocasión en la que el Presidente Belaúnde<br />

aparece enfrentando el peligro en un desfile de Fiestas Patrias<br />

.<br />

287


desde un carro descubierto, aunque protegido por un chaleco<br />

antibalas. ―Camotillo‖ insinuó que había frío y que se escuchaba<br />

primero TUN, segundo TAN y TATATATAN. .. por los balazos que<br />

se venían, utilizando para hacer explícito el sonido de las balas un spot<br />

publicitario de Guillete difundido en esos momentos por la televisión.<br />

El caso contrario es el de la publicidad que gran parte de los actores<br />

de Risas y Salsa realizan para la cerveza Cristal: ―yo tomo Cristal,<br />

porque es mejor‖, dice el spot publicitario, repetido por personas<br />

desconocidas. En este caso, sin embargo, se escoge a los cómicos, no<br />

como individuos-ciudadanos cualquiera, sino en relación a sus<br />

personajes, aunque estén fuera de contexto. Adolfo Chuiman dice<br />

―¡cómo no!‖ y a una mujer ―mamita‖ -como si fuese ―Papá‖ Manoloy<br />

―Chunchito‖/―Petipán‖/Justo Espinoza sale exclamando que para<br />

él, ―una botella chica, porque es chiquito‖. Los estamos vieendo... nos<br />

estamos vieendo. . ., son ellos, están en otro sitio, pero son: toman<br />

―Cristal‖, y no en Risas y Salsa, pero como si lo fuera...(47).<br />

4. LA TELEVISION POLITICA<br />

Pero estos programas no sólo se preocupan de los personajes que<br />

aparecen en el marco de la pantalla televisiva. Imitan a personas y<br />

parodian situaciones de la realidad, pero a través de una óptica que<br />

privilegia los aspectos más obviamente susceptibles de crítica:<br />

resaltando los defectos físicos de las personas, las frases que les son<br />

típicas hasta la deformación, el amaneramiento, o sacando a las<br />

personas de su contexto habitual.<br />

Los personajes políticos constituyen con todo mérito la<br />

veta principal al respecto; pero, a diferencia de los artistas o cantantes,<br />

ellos aparecen a menudo en situaciones recogidas y anun-<br />

. .<br />

(47) La misma cerveza no tardó en desatar otra campaña contratando a Tulio Loza<br />

y su compañera para realizar un comercial. Y allí es posible ver a Ricardo<br />

Fernández y a Mari Carmen Ureta, como ―Ursula‖, acompañando a Tulio<br />

Loza. ¡TATATATAAAN!: cuando ―Ursula‖ le roba el vaso, Tulio Loza saca<br />

una copa enorme (dándole a entender que a ―Chupaca‖ nadie le engaña) y se<br />

la toma toditita<br />

288


ciarlas por la TV, o en situaciones ficticias, creadas por los imitadores.<br />

Al margen del personaje imitado, lo que importa es la situación que se<br />

parodia. Los políticos aparecen, por lo general, en situaciones propias<br />

a su función cubiertas por la TV o en los programas políticos de la<br />

televisión.<br />

En el primer caso, las imitaciones recogen los tics y las obsesiones<br />

de los políticos, como son, en el caso del Presidente Belaúnde, la<br />

maqueta y el puntero. Su imitador Elmer Alfaro recurre siempre a este<br />

detalle fundamental: tan importante como la imitación de la voz del<br />

Presidente o su postura, resultan estos dos instrumentos de trabajo.<br />

Sin embargo, debemos mencionar que en este tipo de imitaciones<br />

también se recoge de la realidad política los últimos acontecimientos.<br />

El fallido viaje del Presidente Belaúnde a los Estados Unidos en 1983<br />

fue una oportunidad para que Alfaro lo recreara de la siguiente<br />

manera: ―el viaje de la gran ruta, con un presupuesto más arrugado<br />

que el alcalde Orrego, empezó por la meseta del Quete, en Colombia:<br />

luego a Cuba -el territorio más grande del mundo- porque tiene su<br />

casa de gobierno en Rusia, su ejército en Angola y su población en<br />

Miami y, por Arequipa, Ciudad Blanca‖, en lugar de la Casa Blanca.<br />

Otros ejemplos sobre el mismo tema son las imitaciones de la época<br />

sobre la Primer Ministro británico, Margaret Thatcher, y el expresidente<br />

argentino Leopoldo Galtieri, a propósito del conflicto de<br />

las islas Malvinas. Pero también -como un recurso más creativo- se<br />

imaginaban situaciones políticas que no habían ocurrido, contando<br />

para ello con un texto apropiado. Por ejemplo: una conversación entre<br />

el presidente Belaúnde y el ex-presidente Francisco Morales<br />

Bermúdez, en el cual cada uno insiste en su propia obsesión: uno, los<br />

mapas y el otro, el alcohol.<br />

La gran característica, sin embargo, de las parodias políticas,<br />

es la imitación de los programas políticos de la televisión. ―¡Cara a<br />

cara, frente a frente, codo a codo, Frejolito a Frejolito!‖, imitan<br />

los de Risas y Salsa al alcalde de Izquierda Unida, el Doctor<br />

Alfonso Barruntes Lingán, teniendo como invitado especial al<br />

Doctor Alfonso Grados Bertorini, su ex-rival en las elecciones<br />

municipales, su tocayo-tocayito. El programa que dirige el<br />

periodista Alfonso Baella Tuesta, en el Canal 4. Frente a<br />

.<br />

289


Frente, constituye, así, motivo integral de una parodia política. En esa<br />

misma oportunidad aparece, además, ―Jugo‖ Blanco -el líder<br />

trotskista en Polvos Azules- para que ―Frejolito‖ dé su opinión acerca<br />

de él y ―Jugo‖ Blanco opine sobre ―Frejolito‖. La conversación entre<br />

el alcalde de Lima y Grados Bertorini resulta pasada, pero ambos se<br />

hicieron conocidos por el gran público cuando la televisión los juntó<br />

en la Universidad del Pacífico, a propósito de una mesa redonda entre<br />

los candidatos a la alcaldía provincial y en la cual ambos<br />

monopolizaron la polémica.<br />

La parodia repite lo que ya vimos por otras vías: la televisión se<br />

imita a sí misma y no necesita recurrir a la realidad. Así, señoras y<br />

señores, a la semana tienen ustedes su programa político y su parodia.<br />

Uno en serio y otro en broma, pero cuidado, por la broma también se<br />

llega al terreno espinoso de la vida política. Esto supone, en una<br />

primera instancia, que los telespectadores deben haber visto el<br />

programa político y tener cierta opción o preferencia para poder reir<br />

con el cómico y, obviamente, que conocen los acontecimientos<br />

políticos para poder seguir el hilo del humor. En caso de que no hayan<br />

visto el programa político, y sólo hayan visto el segundo, tendrán de<br />

todas maneras una versión de lo que ocurrió en la realidad: se opta en<br />

nombre del televidente y se le convence de reir sobre esa opción.<br />

La televisión sin embargo, tiene un mismo lenguaje que se hace<br />

uniforme, un solo cuerpo. especialmente cuando se trata de eventos o<br />

personajes públicos de importancia. La diferencia entre los canales<br />

pasa a ser accidental y en todo caso a un segundo plano. Si el<br />

entrevistado de la semana en el programa político del Canal 4 fue el<br />

Vicepresidente Javier Alva Orlandini. en elprograma Risas y Salsa del<br />

Canal 5, aparecerán el sábado próximo ―César Hitlerman‖ y ―Javicho<br />

Alván Lechuzón‖ o ―Calva Reblandini‖. El motivo de la discusión<br />

puede ser el presupuesto general de la República o los líos internos<br />

entre Alva Orlandini y Manuel Ulloa. No importa. Lo que sí importa<br />

es que la imitación será reemplazada por la parodia, en la cual el<br />

personaje maneja por igual la situación. Por supuesto que Risas y Salsa<br />

no puede parodiar de la misma manera el programa político del Canal<br />

5, pero a esto contribuye tanto la ausencia de un conductor de<br />

programa político igualmente sujeto de imitación como al hecho de<br />

que siempre la parodia es una forma de guerra entre los canales, parte<br />

de su competencia económica.<br />

290


LAS MICROBIONDAS Y EL CANTA CLARO<br />

Estos dos recursos que utilizó mucho Tulio Loza en el Canal 4 para<br />

refrescar el monólogo de ―Camotillo el Tinterillo‖, son dos excelentes<br />

ejemplos que nos sirven para ilustrar la autocomplacencia de la<br />

televisión en su propia importancia.<br />

Al final de su programa, ―Camotillo‖ llama a su ―Piciuichón‖ de<br />

turno para que traiga al set ―una pantalla mágica‖, parodiando, así,<br />

una de las últimas técnicas visuales de información, de extendido uso<br />

en la actualidad: la transmisión por unidades móviles desde el lugar de<br />

los acontecimientos de las noticias de último minuto.<br />

Además de la transmisión desde las unidades móviles, ―Camotillo‖<br />

enriquece esta moderna técnica aplicada en los mejores programas<br />

presentando una doble imagen simultáneamente en las pantallas: la<br />

del comentarista o realizador del programa, en este caso él y su<br />

―Piquichón‖, y la de su entrevistado a través de las unidades móviles,<br />

presente en la pantalla mágica que este último sostiene. Este recurso<br />

televisivo fue utilizado tanto en el programa Visión, conducido por<br />

César Hildebrant, como en el de Tulio Loza, ambos a cargo de uno de<br />

los mejores entrenados directores de la televisión local. Luis Carrizales<br />

Stoll. En el primero se puede ver, por ejemplo, al propio conductor del<br />

programa en el set y a su entrevistado en otro lugar, su casa o su<br />

oficina, entablando una conversación. El espectador tiene la sensación<br />

de estar viendo a través de su pantalla dos situaciones que discurren<br />

en espacios diferentes pero al mismo tiempo, vinculados por esta<br />

técnica que da la impresión de dos planos en una misma trama.<br />

En el programa de Tulio Loza se parodia esta técnica llamándola<br />

―microbiondas‖, y se utiliza para ello un cartón en el que se ha<br />

dibujado una pantalla de televisión. ―Camotillo‖ está, así, en el set y<br />

ordena a su ―Piquichón‖ que lo abra para que aparezca la imagen.<br />

Ambos (y nosotros) miran entonces dos televisores al mismo tiempo,<br />

dos imágenes que luego se concentran en una.<br />

Esta técnica reemplaza la imitación y la parodia por un<br />

montaje de la imagen con el audio. En esta ―pantalla<br />

.<br />

291


mágica‖ que coge ―Piquichón‖, aparece un político al cual le han<br />

doblado la voz, repitiendo un texto que lo saca de su contexto<br />

habitual, pero que dice algo con sentido puesto por el autor del libreto.<br />

Podemos así ver a Javier Pérez de Cuéllar, a Luis Alberto Sánchez o a<br />

Fernando Belaúnde prestando declaraciones a la prensa, rodeados de<br />

micros, de periodistas, conversando sobre lo que se le ocurre al<br />

guionista Augusto Polo Campos. La situación no sucede en el set, ni<br />

en otro programa político parodiado, sino en el ombligo mismo de la<br />

televisión, en el útero materno: la realidad ha sido trasladada a la<br />

pantalla por doble vía, hasta su interior mismo. Cuando concluye esta<br />

parte, el ―Piquichón‖ cierra ostentosamente la ―pantalla mágica‖<br />

dando por concluido ese show, y entonces concluye también el<br />

programa: Tulio Loza se despide, los especta-dores pueden cambiar el<br />

canal, soportar con estoicismo los comerciales o apagar definitivamente<br />

el televisor. Es lunes y el primer día laboral de la semana<br />

está por terminar.<br />

Para gusto ya está bueno, ya.<br />

292


CUATRO ILUSTRACIONES<br />

El género humano no soporta demasiada realidad.<br />

T. S. Eliot<br />

293


294


I<br />

El 27 de marzo de 1984, el Perú entero se estremeció por el<br />

amotinamiento de unos reclusos en el centro penal El Sexto ,que<br />

habían capturado, como rehenes, a más de una docena de<br />

trabajadores. Esa cruda realidad duró aproximadamente unas 15<br />

horas y la televisión se ocupó de seguirla con sus cámaras,<br />

ininterrumpidamente. Los televidentes peruanos pudimos contemplar,<br />

en vivo y en directo, desde el televisor de casa, las más crudas<br />

escenas de horror captadas por las unidades móviles. Algunos niños y<br />

aún adultos entraron en crisis, cuando descubrieron que lo que allí<br />

veían no era película, sino la realidad al instante; que lo que estaba<br />

ocurriendo, era "verdad" y no "mentira". Por coincidencia, a eso de<br />

las 21 horas, en el Canal 9, que fue el único en seguir paso a paso todo<br />

el terrible acontecimiento, casi desde su inicio por la mañana hasta<br />

avanzadas horas de la noche, empezaba uno de los más recientes<br />

programas cómicos: El dedo, que salió efectivamente al aire pero era<br />

interrumpido frecuentemente para propalar las imágenes del motín y<br />

el rescate de los rehenes. Cumplido el informe, continuaba El dedo<br />

imperturbable. La tragi-comedia de la vida adquiría, así, su máximo<br />

exponente: por unos minutos los espectadores tenían la risa y en otros<br />

el espanto. Para colmo, la muerte de los rehenes se mezclaba con el<br />

desenlace de una parodia skakesperiana donde todos los actores del<br />

show acababan tirados en el suelo agonizantes, en la parodia de esa<br />

tragedia teatral, "hasta el autor había muerto".<br />

La rapidez con que la televisión llega como noticia del lugar<br />

de los hechos, ha eliminado las barreras del tiempo a las que<br />

.<br />

295


nos tenía acostumbrados la prensa escrita. Al comentario tardío de las<br />

revistas, la televisión le opone la información inmediata de los hechos.<br />

Esto trae consigo, y refuerza, el fenómeno de autocomplacencia que<br />

tiene la televisión con capacidad de borrar las fronteras, cada vez más<br />

frágiles, entre la realidad y la imagen: ésta ocurre, con frecuencia,<br />

simultáneamente con los acontecimientos.<br />

El pasado mes de junio. cuando el programa Visión fue violentamente<br />

censurado e interrumpido, para desconcierto de los<br />

telespectadores, inmediatamente fue reemplazado por Los detec-tilocos,<br />

el reciente programa cómico del Canal 4. No hubo explicaciones. Las<br />

imágenes de humor adquirirán continuidad con lo anterior a partir de<br />

una lógica interna que le daba sentido: era el mundo articulado de la<br />

televisión, que prescindía de la otra realidad, la externa.<br />

II<br />

La televisión también sale de los estrictos marcos de la pantalla<br />

para incorporar la vida, la cotidianeidad. Los premios que Augusto<br />

Ferrando o Román Gámez regalan a la audiencia permiten hacer<br />

hincapié en este proceso: son los bienes útiles en la vida doméstica, y<br />

los animadores recuerdan, constantemente en sus monólogos, la<br />

importancia que tienen estos programas -es decir, estos premios y/o<br />

regalos- para la gente pobre en la vida inmediata. Si bien los asistentes<br />

y concursantes pasan un momento de diversión o descanso, su meta<br />

última no está en el programa o en la capacidad que éste tenga de<br />

hacerlos reir: lo que están buscando con ansiedad es un premio -una<br />

frazada, una botella de aceite, un detergente- para llevárselo a su casa,<br />

para usarlo, no en el set, ni ante cámaras, sino fuera de ella: en su vida.<br />

III<br />

Televisión, y realidad conforman, así, una sola unidad: y estos<br />

programas de humor lo evidencian cuando llevan y traen la realidad<br />

a la escena, pero también cuando la ficción llega y transita por<br />

las aceras de la realidad. Qué desconcierto, qué furor causó hace<br />

años el matrimonio de la heroína de la célebre telenovela<br />

Simplemente María. Un cura real se ofreció a casar a la pareja<br />

reemplazando al actor que debía hacerlo y "no lo hacía<br />

.<br />

296


tan bien‖. La mutitud aclamó a la pareja que debió subirse a los<br />

techos de la casa parroquial para saludar a quienes se habían quedado<br />

fuera de la iglesia. De manera parecida, qué aconte-cimiento fue hace<br />

poco el matrimonio entre "Chelita", la secretaria de "Federico<br />

Lanserote", y "Felpudini", el don nadie de Risas y Salsa. Esta vez<br />

ocurría lo imposible de pensar, lo opuesto al happy end de la<br />

telenovela. Lo que nunca pudo el "Jefecito", lo logró "Felpudini", pero<br />

fuera de los libretos, de la pantalla, del guión, de su personaje y de los<br />

maderos del set. Analí Cabrera y Raúl Carrión no hubieran sido<br />

capaces de concitar la atención del público por el sólo hecho de<br />

contraer matrimonio. ¡Aunque lo hicieran en la capilla contigua a la<br />

Catedral de Lima un sábado a las seis de la tarde! Para el público se<br />

casaban "Chelita" y "Felpudini", nadie más: para la gente, a manera<br />

de reivindicación social, ocurría lo que no estaba en los libretos de<br />

Delfor, Carlos Oneto o Carlos Velasquez.<br />

¡En cuántas oficinas públicas del país habrá algún empleado que<br />

apodan "Felpudini"!; ―no seas 'Felpudini', meloso, sobón…‖ ¡Cuántos<br />

"Papás" habrá en las esquinas de los barrios populosos de Lima!,<br />

porque hasta Chuiman traslada su personaje a su vida diaria, cuando<br />

aparece fotografiado -en tanto actor- con un polito veraniego en el<br />

cual está escrito "Papá". No interesa tanto que en Risas y Salsa deba<br />

representar otros papeles, incluso contradictorios con "Papá Manolo",<br />

o afeminado en sus imitaciones: Chuiman y "Papá" conforman una<br />

unidad, una misma persona, en el set y fuera de él, cuando es<br />

requerido por la prensa para un reportaje.<br />

De buenas a primeras, como una manada sin rumbo, los personajes<br />

más conocidos de los programas de humor hacen su aparición<br />

en la vida diaria. Se empieza a hablar como ellos: "mi querido<br />

moncheri" es todavía una expresión que personas que pasan de los 35<br />

años utilizan antes de darse un abrazo. Giros y personalidades se<br />

entremezclan en los diálogos y situaciones de la vida con comodidad,<br />

poniendo énfasis en la estricta relación que existe entre ambos<br />

mundos.<br />

IV<br />

Pero el tránsito de los personajes del mundo de la televisión a la<br />

realidad puede adquirir un carácter más sutil: en algunas<br />

.<br />

297


oportunidades no requieren salir de la pantalla, sino que desde ella, y<br />

sin necesidad de asumir un personaje, influyen con sus ideas y<br />

opiniones personales en la vida de las personas. Como ya vimos, el<br />

caso de Augusto Ferrando es el más explícito: fuera de los<br />

comerciales, a través de los distintos medios de información, es sobre<br />

todo, un hombre de la televisión. Escúchenlo a él y, después, a Tulio<br />

Loza como "Camotillo el Tinterillo".<br />

Ferrando habla de Schwalb (enero de 1983)<br />

―. . . en lo de anteanoche el pueblo esperaba otra cosa de los<br />

congresistas, verdad que sí. Se había pensado que iba a ser un diálogo<br />

agradable, por supuesto con una oposición, pero no tan exagerada y<br />

que llegara a los insultos, y que Ud. veía a través de Panamericana<br />

que batió un récord. 14 horas sin un solo aviso.<br />

En verdad, que a mí hubo momentos en que me daba ganas de<br />

apagar el televisor, porque esa gente había ido a exponer un plan, un<br />

programa, y estuvieron expuestos a insultos, a agravios, menos mal,<br />

menos mal, que el Sr. Schwalb, a quien no tengo el gusto de<br />

conocerlo, al final, improvisó un discurso, pero tan humano, tan<br />

emotivo, tan lindo, que aquella persona que no le quiera creer, mejor<br />

que se dedique a otra cosa y no a estar ofendiendo a esa persona, que<br />

como él, estuvo 8 años desterrado, y ha venido a su país porque lo<br />

quiere, lo adora, él cree que con esa gente, ese gabinete que ha juntado<br />

el gobierno podríamos salir adelante, en un momento tan difícil, no<br />

solamente para el país, sino también para todo el resto del mundo.<br />

Yo le pido a la oposición, a la oposición moderada, perdón, a<br />

aquellos que se extralimitan, que tengan un poquito de paciencia,<br />

porque el pueblo, si hubiera una encuesta en este momento, todo el<br />

mundo estaría con esta opinión que estoy vertiendo: o sea, apoya a<br />

este nuevo gabinete, déjenlo trabajar, por lo menos déjenlo traba-jar,<br />

no han comenzado y ya le están tirando que da pena. Por esto dijo el<br />

Sr. Schwalb no hemos comenzado y ya me han dicho que estoy<br />

muerto. Tuvo palabras tan lindas, que veo que han convencido a todo<br />

el mundo, ahora esperamos, Sr. Presidente del Consejo de Ministros,<br />

que convenza con hechos a este país que está tan afligido, que sigue<br />

creyendo en la gente honorable como Ud. y con la gente que lo<br />

acompaña.<br />

298


Y lo digo un día que no hay quien le haya tomado más elpelo a<br />

Belaúnde Terry que Augusto Ferrando. Alguna vez en elcine de<br />

Chancay nosotros parodiábamos a Fernando BelaúndeTerry, esperó<br />

que saliéramos, nos cuadramos los 26, y a uno poruno nos fue dando<br />

la mano, felicitándonos por el espectáculo dela Peña. Demócratas<br />

como él hay muy pocos en el mundo. Un hombre que respeta la<br />

libertad de expresión. Verdad que hoydía venía con ganas de<br />

improvisar, de hablar cosas más impresionantes, pero no, estoy<br />

pensando en lo que debe estar sufriendo el Presidente de la República,<br />

no se le puede insultar en la forma en que se le insultó anteayer, es un<br />

hombre que quiere a su patria, es un hombre que Ud. lo vé, está lleno<br />

de canas, desesperado, todo lo que ocurre en el norte, en el centro, no<br />

hay plata, hay crisis, y sobre eso le siguen dando, le siguen dando,<br />

ojalá que este gabinete acompañe a Fernando Belaúnde Terry. Y<br />

aquel que pidió la vacancia de la Presidencia, que la próxima vez pida<br />

su propia vacancia para que deje trabajar a los que quieren a este país.<br />

Muchísimas gracias." (Aplausos).<br />

Es costumbre de Ferrando hablar y expresar sus opiniones<br />

("pensaba decir otra cosa") al modo de un editorial, dentro de una<br />

amplia gama de posibilidades. Y a ese discurso le introduce otra<br />

publicidad -la del propio canal- y la de su Peña, "cuando actuaba en<br />

un teatro de Chancay". En estos distintos niveles, no sólo la realidad<br />

externa se infiltra con naturalidad, sin decir permiso, buenas tardes,<br />

un minuto, ¡un flash!, nada, ¡así nomás!, sino que ingresa a los<br />

hogares como si estuviese conversando en la calle, exponiendo sus<br />

puntos de vista.<br />

El espectador de este programa está acostumbrado a estas visitas,<br />

pero, lo más importante, es que si no pudo ver el debate en la<br />

transmisión del Canal 5, lo hizo en el programa de Ferrando, en el<br />

mismo Canal, pero con otro tono, más cariñoso, más meloso, y con su<br />

aproximación. De tal manera que hubo dos transmisiones del debate:<br />

las dos muy válidas, pero una de ellas en un programa de concursos,<br />

de humor, de descanso.<br />

Camotillo habla de Schwalb (marzo de 1984)<br />

Inmediatamente después de la renuncia de Fernando Schwalb<br />

López Aldana como Primer Ministro del régimen de Fernando<br />

Belaúnde Terry, "Camotillo‖ no podía quedarse callado: antes<br />

.<br />

299


300<br />

de que se vaya definitivamente de la escena política, como noticia y<br />

motivo de parodias e imitaciones, ―Camotillo‖ tenía que darle su<br />

despedida al "viejito, al abuelito" Schwalb: ―Schwalb-Schialb-<br />

Schuachsss- como un trapo viejo… como un trapo…‖ -abría y cerraba<br />

la boca guturalmente ―Camotillo‖ ¡Qué diferente al discurso pleno de<br />

entusiasmo, de elogios, de Augusto Ferrando, cuando asumía el<br />

cargo! De los elogios iniciales, a la leña del árbol caído. Dos discursos<br />

de tiempos diferentes, dos presencias de la realidad en la televisión,<br />

una en primera persona y otra mediante un personaje.


A MANERA DE COLOFON:<br />

¡APAGA Y VAMONOS, MALDITA SEA!<br />

301


302


EL ―TOMA Y DACA‖ DE LA TV.<br />

El ―Zorro‖ iglesias, uno de los más famosos actores cómicos de la<br />

radio durante la década del cincuenta, terminaba su programa con el<br />

grito: ―¡APAGA Y VAMONOS, MALDITA SEA!‖. Hacía obvia de<br />

ese modo la temporalidad de su presencia; la incursión especial que,<br />

como él, la mayoría de los cómicos hacían a la radio, para luego<br />

dejarla y volver al teatro o, simplemente, a la vida.<br />

Los cómicos de hoy saben que la televisión no permite este tipo de<br />

relación eventual con quienes trabajan en ella; menos aún si se trata<br />

de sus actores estrellas, sus divos, aquellos que funcionan como su<br />

permanente carta de presentación. La televisión vive en pos de un<br />

público cautivo, cuya sintonía casi eterna, así como su diversificada y<br />

permanente presencia, pueda cumplir el propósito, primordial de<br />

alimentación que ella requiere. Por esta razón los canales se sienten<br />

disminuidos cuando una de sus estrellas los abandona y este divorcio<br />

es motivo principal para la prensa que cubre el mundo del espectáculo<br />

y que utiliza la competencia en este mercado como noticia de primera<br />

plana. Los actores cómicos de hoy, los divos de los programas<br />

cómicos de televisión, establecen una relación entrañable con el medio<br />

a través de la presentación de un arquetipo étnico-cultural que les<br />

permite una relación más amplia entre su personaje y un vasto sector<br />

de la audiencia, fortaleciendo a través de una presencia cada vez más<br />

diversificada la continuidad que le es indispensable a la televisión.<br />

303


Presentándose como la fuente principal de lectura de la realidad, la<br />

televisión aspira a que todos seamos uno: un mosaico social<br />

homogéneo e inquebrantable. Si bien no podemos seriguales porque<br />

no todos tenemos el mismo sexo, la misma edad, o la misma cuenta<br />

bancaria, la televisión no ve por qué no podamos pensar y sentir de<br />

una misma manera: sobre todo entretenernos y entender el mundo.<br />

Este afán homogeneizador cobra mayor vigencia si asumimos que<br />

las interpretaciones sociológicas que planteaban el dualismo<br />

estructural o el pluralismo cultural, no responden ya de la misma<br />

manera a las exigencias de entendimiento de la amalgama cultural de<br />

hoy y que encuentra en Lima su mejor expresión. Sabemos que Lima<br />

no es el Perú, y la frase de leyenda de Abraham Valdelomar que veía<br />

al Palais Concert del Jirón de la Unión como su ombligo, ha merecido<br />

ya suficientes comentarios. Pero Lima permite una curiosa mezcla<br />

cultural que la televisión recoge, señalando diferencias, para luego<br />

integrarlas. Los programas cómicos entienden el resto del país desde<br />

su capital. La visión histórica oficial vuelve a cobrar fuerza en los<br />

programas cómicos, que con la más nutrida, diversificada y<br />

permanente audiencia, plantean las diferencias que existen siempre y<br />

cuando se expresen en la ciudad, en Lima, y puedan luego, de alguna<br />

manera, reformularse en una propuesta de homogeneización.<br />

Como reflejo y versión de la realidad, la programación televisiva no<br />

puede negar las diferencias que existen en el país. Presentarlas será<br />

una obligación para la cual, recurre, de inmediato, a los prejuicios más<br />

valiosos del sistema cultural. A partir de ellos, los programas cómicos<br />

se convierten en los mejores exponentes de un doble propósito: de un<br />

lado, buscar la identificación y el segui-miento de las audiencias<br />

populares a través de distintas vías, para señalar las diferencias y el<br />

derecho a una autoafirmación cultural de quienes se sienten distintos<br />

por razones históricas, económicas y sociales: de otro lado, y de<br />

manera inmediata, busca integrar las diferencias presentadas a partir<br />

de una visión que se apoya en los prejuicios y estereotipos heredados<br />

del ordenamiento tradicional, reformulados por la machacada e<br />

imperiosa necesidad de construir una nación a como dé lugar,<br />

combinación a través de la cual se asignan valores y normas que no es<br />

posible rehuir.<br />

304


El criterio racial, puesto de relieve en este trabajo, hereda por cierto<br />

un conjunto de aproximaciones valiosas hechas sobre el tema, tanto<br />

por las ciencias sociales como por la literatura en el Perú. Pero el<br />

predominio del mismo ha sido una constatación que hemos debido<br />

aceptar a lo largo del seguimiento de los programas cómicos.<br />

Pareciera ser que los sectores populares, cuando acceden a la<br />

televisión a través de los programas cómicos, son un portento<br />

paradójico de afirmación de su propia condición racial, por un lado, y<br />

de exponentes del racismo, por otro. En estos programas, la televisión<br />

reconoce una sociedad de clases, pero donde sobresale ―el color de la<br />

clase‖ para empezar a señalar las diferencias. Como reacción frente al<br />

racismo clásico, cada segmento se auto-afirma, pero se apoya mostrándose<br />

superior a los demás, mientras, simultáneamente, se resigna<br />

a aceptar una condición supeditada al esquema prevaleciente, donde<br />

ser blanco, todavía, es mucho mejor. La televisión se encarga de<br />

mostrar las rivalidades y desaveniencias populares debidas al color, y<br />

no a la clase, al interior de la sociedad, dando posibilidad de escape a<br />

este conflicto interior a través del diseño de una utopía criolla que se<br />

identifique con sus necesidades de homogeneización.<br />

La esquizofrenia y la paranoia encuentran, así, un lugar<br />

preponderante en los programas cómicos. Por encima de la aparente<br />

seguridad de cada personaje, nadie sabe muy bien quién es quién<br />

socialmente y todos tienen un tanto de verguenza sobre lo que cada<br />

uno es como individuo accionando finalmente tan sólo por temor a la<br />

visión e inter-pretación de los demás sobre sí mismos. Los segmentos<br />

sociales han elaborado en estos programas una serie de criterios para<br />

clasificarse y entenderse unos a otros; a la manera de espejos, el status,<br />

la condición social que cada uno posee y lo identifica en un segmento<br />

social que agrupa a los individuos similares, no es más que la forma<br />

como cada quien es asumido por los demás, cómo uno y la clase de<br />

uno, son vistos por los demás.<br />

El Perú es un caso complejo a juzgar por las características<br />

de los personajes populares que muestra la televisión.<br />

Nuestro proceso histórico deriva en una situación en la cual,<br />

nadie, o muy pocos, poseen un equilibrio psicológico suficiente<br />

que les permita una formulación cultural que guarde fidelidad<br />

con un pasado, una tradición, un proyecto coherente; y quienes creen<br />

tenerlo, deben mantener un enfrentamiento constante con<br />

.<br />

305


los medios de comunicación que les niegan toda posibilidad de<br />

expresión, se burlan de ellos o los ignoran, no porque el medio sea<br />

necesariamente así, cuanto por la instrumentalización política que de<br />

él se hace.<br />

En este sentido, los cómicos que representan, a través de su propia<br />

figura o de su personaje, a un segmento socio-cultural, no pueden<br />

afirmar en exceso su procedencia, así como su auténtica vocación política.<br />

Su postura carecería entonces de la gracia necesaria: un cómico<br />

que reclamase este derecho no podría burlarse de sí mismo, requisito<br />

inherente al humor. Asumiendo una postura en exceso reivindicativa,<br />

perdería también la ambiguedad en la que necesita moverse para<br />

garantizar no sólo la gracia, el chiste, cuanto la homogeneidad que la<br />

televisión reclama. La comicidad acaba así convirtiéndose en la<br />

televisión en una forma de rehuir posiciones drásticas a las que<br />

podrían llevar un excesivo énfasis en las diferencias que, en principio,<br />

los cómicos no pueden dejar de señalar.<br />

Los estereotipos a través de los cuales cada segmento se ve y<br />

entiende mutuamente, tienen como eje vertebrador una propuesta<br />

común que los resume. El sistema cultural, que reconoce las diferencias<br />

raciales, no hace hincapié en ellos, en aras de un mensaje más<br />

consecuente con la vocación homogeneizadora, y no conflictiva, de la<br />

televisión. Así, ser criollo resulta más ambiguo y a la vez más rentable<br />

que ser ―cholo, zambo, ponja o blancón‖. Estas diferencias raciales y<br />

culturales, que en el Perú van acompañadas por procedencias de clase<br />

muy marcadas, encuentran en el criollo una sola voz, una sola fuerza,<br />

una sola expresión cultural, que los programas cómicos se esmeran en<br />

presentar.<br />

El criollo es el personaje por excelencia de la ambiguedad, e<br />

incluye, en su proceso histórico, tanto al blanco nativo (como fue don<br />

Pedro Peralta y Barnuevo), al señorón de antaño (representado en<br />

José Antonio de Lavalle), al artista bohemio, de origen urbano, poeta<br />

de las Peñas (como Pinglo y Acosta Ojeda), y al limeño de los sectores<br />

populares en proceso de incorporación a los sectores medios; pero no<br />

incluye de igual modo, al proletariado urbano ni al indio o al<br />

campesino.<br />

El criollo, tal como aparece en los programas cómicos, es hoy aquél<br />

que conoce las reglas de la institucionalidad social y sabe<br />

.<br />

306


cuándo y cómo puede trasgredirlas. El ánimo del criollo, tal como<br />

aparece en la televisión, corresponde a la población que se halla<br />

dentro de la institucionalidad social, funciona en la jerarquía<br />

establecida y comparte los valores dominantes. El criollo puede hacer<br />

―criolladas‖ porque el sistema lo permite y fomenta, como una forma<br />

de sobrevivencia individual y colectiva. La significativa ausencia en<br />

los programas cómicos del obrero y del indio resulta, así, sintomática:<br />

ellos no son criollos. Para el estereotipo de los programas, un obrero<br />

es un resentido, un amargado, hace huelgas, ―friega‖ al país, se<br />

enfrenta al sistema, y no trata (porque no puede/ no es criollo) de<br />

sacarle provecho. De igual modo, el indio es un hipócrita, otro<br />

resentido, otro amargado, que no forma parte del sistema cultural<br />

criollo. Además, ambos son buen pasto para el comunismo y merecen<br />

toda la desconfianza del criollo.<br />

Aunque la condición del criollo no tiene por qué convertirse<br />

exclusivamente en símbolo de lo popular, el sistema cultural que<br />

propone la televisión busca siempre asociar y proyectar la imagen de<br />

que se es popular sólo cuando se es criollo. Es decir, escéptico,<br />

tramposo, frustrado. El criollo es hoy funcional al sistema, forma<br />

parte del mismo: un criollo ―de adentro‖, es jaranista, timbero,<br />

zalamero, dicharachero, gracioso; está fuera del marco de la hacienda,<br />

de la comunidad o la puna, y próximo al contexto urbano-costeño... ―<br />

¡Ah, si un obrero pudiera ser criollo, y no parte de la clase<br />

trabajadora!‖.<br />

De la misma forma que el obrero -que alguna vez reivindicó para sí<br />

la condición de criollo-, el mundo popular, andino, representa lo anticriollo<br />

que debe acriollarse para sobrevivir. Una manera que utiliza el<br />

criollo para entenderlo es ―humanizándolo‖ dentro de los parámetros<br />

del criollismo, así como ―humaniza‖ a la Iglesia o al Sindicato,<br />

presentándolos como tramposos para hacerlos humanos, bajados de<br />

su pedestal exótico e inaccesible, contaminados con su lógica.<br />

El crecimiento de los sectores medios urbanos, sobre todo<br />

en la capital, lleva consigo que en estos programas de humor,<br />

el criollo sea su representante. A través de la pantalla, lo popular<br />

será también las salitas y los comedores de las casitas de San<br />

Martín de Porres o de Magdalena; los empleados en el recreo o<br />

en los ministerios, la trama de sus pequeñas intrigas, sus quejas,<br />

sus frustraciones, su arribismo, en una sociedad que los relega<br />

.<br />

307


del poder, pero no los confunde ni con los obreros ni con los indios.<br />

Desde este contexto, es importante analizar cómo en los programas<br />

cómicos, el espectro de lo popular se amplía cuando incorpora lo criollo<br />

a los sectores medios, pero se reduce cuando margina a la clase trabajadora<br />

y al campesinado indígena. La clase media es tan ambigua<br />

como lo criollo, y, en ambos casos, permite disminuir lo racial y crear<br />

mecanismos sociales más capaces de reconocer en lo económico la<br />

verdadera fuerza motriz.<br />

―El cholo de acero inoxidable‖ es un intento representativo, pero<br />

aislado -a manera de slogan- de presentar conjuntamente elementos<br />

culturales articulados, con procesos que rebasan ampliamente a su<br />

personaje. Su afán de presentar al cholo en su proceso de acriollamiento<br />

en la ciudad, conservando idílicamente su procedencia india,<br />

se concreta, sin embargo, en la ambiguedad; hoy se trata de un cholo<br />

universal metido en los sectores medios, pero que clama audiencia en<br />

los ―lorchos del Perú y Balnearios‖ (antes era Lima y Balnearios /en<br />

la actualidad es Lima y sus Pueblos Jóvenes), que se remite siempre a<br />

su Abancaysito, pero que ataca sin contemplaciones a todo ese Perú<br />

no criollo, no acriollado, que no está en Lima, a pesar del esfuerzo<br />

que realiza por asociar a Lima con el Perú, en su conjunto y variedad.<br />

La actitud romántica y académica de seguir vinculando lo popular<br />

a lo andino como lo puro, se complementa con una interpretación<br />

más pragmática, a la cual las peculiaridades del proceso de urbanización<br />

de la sociedad peruana y el desarrollo de los medios de<br />

comunicación contribuyen: la urbe y la costa se deben fortalecer en<br />

favor del desarrollo y la definición de la identidad nacional. Esta es en<br />

el fondo la idea que permite explicar por qué los programas cómicos<br />

de la televisión recogen y proponen a lo popular desde lo criollo,<br />

articulando como valores preponderantes, la vida urbana, el arribismo,<br />

el racismo, el machismo. Estos elementos son vitales en los<br />

programas cómicos de televisión, que son vistos y gustados por todo el<br />

segmento social que se asume en Lima -más allá de las clases socialescomo<br />

criollo. El Perú, así, sigue siendo recreado, interpretado, como<br />

lo fue desde la colonia, desde Lima, la costa, a través de una nueva<br />

manera de ser criollo.<br />

La alianza de la imaginación y la chispa criolla, muestran también<br />

en toda su gama y riqueza, el círculo vicioso (de la impo-<br />

.<br />

308


tencia) que queda irresuelto gracias a la carcajada estrepitosa. La<br />

resignación convincente que la televisión, como resumen satisfactorio<br />

de la realidad, celebra.<br />

2. A TENER EN CUENTA<br />

Con cargo a enriquecer y discutir los alcances de un listado preliminar<br />

de esta naturaleza, el abordaje de las manifestaciones culturales<br />

populares en la televisión debe tomar en cuenta los siguientes<br />

lineamientos:<br />

. La risa, en sus diferentes dimensiones, es la principal vía de acceso<br />

de las formas populares a la televisión peruana.<br />

. Las vertientes o fuentes de este humor provienen, en primera<br />

instancia, del teatro popular europeo latino y de libretos o guiones<br />

comprados a la televisión argentina: pero ha desarrollado, de manera<br />

significativa en extremo, el aporte creativo nacional, que se constituye<br />

en la actualidad en base del éxito de un programa.<br />

. Las referencias a la coyuntura política y social del país son<br />

fundamentales en la elaboración de estos programas y consti-tuyen<br />

crecientemente parte principal de los mismos.<br />

. Los personajes principales de los programas cómicos de tele-visión<br />

resumen los arquetipos culturales básicos del país.<br />

. El ingrediente primero o punto de partida para la constitución de un<br />

personaje cómico con arraigo popular, y que aquí hemos llamado<br />

divo, es su definición a partir de uno de los tipos étnicos<br />

prevalecientes o representativos de la variedad existente en el país.<br />

. Los elementos culturales sobre los que se hacen los programas<br />

cómicos de televisión son múltiples y resumen la dinámica cultural<br />

que tipifica la vida urbana en el Perú, centralizada de manera<br />

macrocefálica en su capital, Lima.<br />

. Como la ciudad de Lima es el referente principal, el campesino,<br />

especialmente indígena, es uno de los pocos protagonistas sociales<br />

ajenos al desarrollo de los programas, apareciendo sólo ocasionalmente<br />

como mero referente.<br />

309


. De igual manera el trabajador industrial, obrero, como el burgués<br />

propiamente dicho son personajes que no tienen lugar principal en<br />

estos programas.<br />

. El análisis de los prejuicios sobre los que se sustenta cada personaje<br />

es la vía de acceso a su definición, así como a las relaciones que es<br />

posible esperar de cada uno. A su vez, la aparente superación de<br />

estos prejuicios es uno de los motivos más constantes del juego<br />

cómico.<br />

. Parte del juego de superación de la condición social que impone el<br />

origen étnico estriba en la audacia de hablar de todo, de tocar<br />

cualquier tema o situación de la vida pública nacional, y de<br />

arriesgar una opinión y/o un chiste sobre el mismo.<br />

. Siendo la condición del cholo, zambo y blanco criollo los prototipos<br />

básicos sobre los que se sustenta la definición de los principales<br />

cómicos y animadores populares de la televisión, cada uno intenta<br />

presentar la anécdota de su historia personal como resumen de la<br />

de vastos sectores de la población activa del país.<br />

. El propósito final de cada uno de los divos de la televisión no es,<br />

sin embargo, limitarse a representar a quienes comparten su ori-gen<br />

étnico-cultural, intentando -cada uno a su manera- promoverse<br />

como representante del componente común a la nacionalidad, de la<br />

necesidad irreductible de ser criollo.<br />

. La televisión, a través de los programas cómicos, es el lugar donde<br />

se cocinan los componentes más fuertes de la necesidad imperiosa<br />

de acriollarse como una manera de sobrevivir y de lograr una<br />

identidad en el país. La evolución histórica del concepto de criollismo<br />

logra su referente más moderno a través de estos programas<br />

de televisión.<br />

. Todos los cómicos de la televisión son de origen popular; nacidos<br />

en la provincia, de familia más bien pobre. Sin embargo, todos<br />

aquellos que han logrado sobresalir sobre la base de un incuestionable<br />

talento y habilidad, como sobre la base de los elementos<br />

mencionados anteriormente, tienen ingresos considerables que los<br />

colocan en posiciones económicas privilegiadas en los sectores<br />

medios.<br />

310


. Por esta razón, entre otras, los programas cómicos han empezado<br />

a desarrollar cada vez más intensamente situaciones, personajes y<br />

conflictos, propios de los denominados sectores medios, sin que por<br />

esto se pierda el contacto con la problemática popular.<br />

. La vocación homogeneizadora de la televisión se expresa en estos<br />

programas a partir de la integración de los valores culturales<br />

populares en situaciones y ambientes cada vez más urbanos y<br />

modernos que se titulan como de clase media.<br />

. Las formas lingüísticas y visuales del lenguaje televisivo constituyen<br />

cada vez más un foco de definición y recurso expresivo original<br />

de estos programas. Las características más saltantes de las<br />

formas lingüísticas son las que resumen el afán de enfatizar una<br />

posición activa y protagónica para cada personaje. El palabreo<br />

aparentemente sin sentido y los distintos recursos para la agresión<br />

verbal constituyen ocasión para experimentar y ensa-yar esfuerzos<br />

de definición de una manera de hablar el castellano cada vez más<br />

propia, original y generalizada en el país.<br />

. El elemento visual básico, sobre el que también se elabora<br />

lingüísticamente, es el aspecto físico de los personajes. Reconocerse<br />

feo, a veces hasta el colmo de la deformidad, es un recurso sobre el<br />

que se elabora en pos de una identidad social. Los ingredientes van<br />

desde el color étnico-social, pasando por el tamaño, el peso, la<br />

configuración del rostro, y los defectos del alma humana, hasta el<br />

color político e ideológico de los personajes. Todos merecen por<br />

igual experimentación con el lenguaje, en el lindero mismo<br />

-usualmente rebasado- de la coprolalia.<br />

. La parodia del personaje de éxito es sin duda uno de los recursos<br />

más permanentes de los cómicos. Pero su referente es siempre la<br />

imagen que de este personaje hace la televisión, no importa de qué<br />

canal siempre y cuando sea la televisión.<br />

. Entre los temas más recurrentes sobre los que se elaboran<br />

situaciones en estos programas está en primer lugar el de las<br />

relaciones hombre-mujer, teniendo siempre como referente<br />

principal a la institución matrimonial y, a través de ella pero nunca<br />

de manera directa, a la familia.<br />

311


. El tema de la jerarquía burocrática jefe-subordinado es un segundo<br />

tema recurrente en estos programas populares. Finalmente, tiñendo<br />

tanto éste como el anterior, aparece siempre el tema-problema del<br />

dinero. Su constante aparición nos hace pensar en casi la<br />

imposibilidad de plantear programas de este tipo sin referencia a<br />

estos tres tópicos- problema.<br />

. La publicidad comercial se encuentra eslabonada con los programas<br />

cómicos tanto en sus similitudes esquemáticas como en la<br />

constante utilización mutua. Los comerciales de televisión son<br />

constantemente utilizados por los actores en busca de elementos<br />

fácilmente reconocibles por el público a partir de los cuales pueden<br />

improvisar un chiste, y las compañías de publicidad usan<br />

frecuentemente de la fama de los actores para elaborar y presentar<br />

comerciales.<br />

. El debate político propio de cada coyuntura se hace también<br />

evidente a través de los programas cómicos de televisión, que<br />

prueban ser un lugar de confrontación y manejo de las distintas<br />

fuerzas políticas en pugna.<br />

312


BIBLIOGRAFIA<br />

313


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de Editorial Alfa S.A.<br />

Pasaje Peñaloza 166<br />

Teléfono 234160<br />

Lima 1- Perú<br />

321


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