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Viaje

Baja California Sur

La mañana en que llegamos a Baja

California Sur, contra todo pronóstico, estaba

fresca, tirando a fría. Eso nos permitió recorrer

el inmenso desierto que rodea sus costas sin

padecer el potente sol que nos imaginábamos

encontrar. También tuvimos la gran suerte

de no recibir más que una tímida lluvia.

Fue, en muchos sentidos, la experiencia

perfecta de un viaje de aventuras: en medio

de las sierras vimos poblados congelados

en el tiempo, un rancho en el que aprendimos

a fabricar queso, la extraordinaria flora local,

que va mucho más allá de los cactus con que

se suele crear el cliché del desierto;

formaciones comparables a las del Gran

Cañón del Colorado, playas surrealistas, de

aguas cristalinas u opacas, de tonalidades

azules claro o verdes, incluso amarillas.

El viaje, para que valga la pena, debe durar

al menos una semana. ¿Nuestras armas

Cámaras de foto, zapatos cómodos, agua y un

coche. Tomamos la carretera Transpeninsular

que conecta Los Cabos con Tijuana, pasando

por los puntos más atractivos de esta región.

La Paz, puerto pacífico

La ciudad hace honor a su nombre; su vista

al Pacífico con un actitud semejante a la de

un viejo sabio, muestra toda la riqueza de su

vida marina a quien se asome a ella, y recibe

a los viajeros con su arquitectura neoclásica

del siglo xix bien conservada, con un ritmo en

Francisco Estrada

las calles que sigue siendo provinciano, y con

una vida nocturna digna de un puerto turístico.

Frente a su plaza principal está la antigua

Misión de Nuestra Señora del Pilar de la Paz

de Airapí que aunque fue fundada por los

jesuitas en el siglo xviii, al poco tiempo fue

abandonada por la escases de agua dulce

de la zona, y fue refundada casi un siglo

después, lo que explica que su arquitectura

se diferencie tanto de otras misiones

de la misma orden que se establecieron

en la península, mayoritariamente de piedra

de cantera, adobe y madera.

Este es el punto de desembarque de

los cruceros que vienen a recorrer el Mar

de Cortés, cuyo fondo marino, completamente

accidentado, deja ver valles, cañones y abismos

de más 3 km de profundidad, ofreciendo uno de

los paisajes más extraordinarios para quienes

practican buceo.

Al sur de La Paz, además, bajo las aguas

de este mar vive el arrecife de coral Cabo Pulmo,

y al oriente de la misma ciudad, la enorme isla

de Espíritu Santo, en la que es posible acampar,

practicar senderismo por sus acantilados

de roca volcánica o ir a nadar con los lobos

marinos que han hecho de Los Islotes —una

formación rocosa cercana a la isla— su punto

de descanso y guarida.

La Paz también es un sitio obligado para los

curiosos que buscan avistar ballenas: es más,

se la conoce como la capital mundial de estos

impresionantes mamíferos, dado que cada

año, entre enero y abril, la costa es visitada

por ballenas piloto, gris, tiburón ballena,

ballena jorobada y la azul.

A escasos kilómetros fuera de la ciudad

existe una de sus playas más famosas:

Coromuel, llamada así en honor a un pirata

inglés, Cromwell, que convirtió esta bahía

en su refugio y a quien el oído local transformó

el nombre. Como todas las playas de Baja

California Sur —excepto, quizás, por aquellas

que dan al Pacífico abiertamente—, es de aguas

calmas, cálidas, poco profundas y de un color

verde turquesa extraordinario, lo que las hace

ideales para nadar y jugar con niños, pero poco

atractivas para los surfistas.

A poca distancia se hallan La Concha

y Caimancito, dos pequeñas playas en las que

la gente de esta zona viene a pasar las tardes

y noches: se trata de una zona muy tranquila

y segura. La costumbre es trasladarse con

carro propio, llevando sillas plegables, comida

y algo de tomar. Sin embargo, si no trae víveres,

en la playa El Tecolote es posible probar la

gastronomía local.

La playa de enfrente también es un poco

más movida que las anteriores. La comida es

suculenta. Aquí también supimos un dato

curioso sobre los cuervos, pájaros que se ven

habitualmente en la zona: suelen robar en sus

vuelos por la playa los cubiertos de los

vacacionistas. ¿A qué se debe esta conducta

Nuestro guía nos explicó que a que a los

cuervos les gusta regalarles esas piezas

brillosas de metal a sus hembras.

Viejo pueblo minero

El día dos nos subimos a la camioneta

y nos dirigimos a El Triunfo, un viejo y semi

abandonado pueblo minero que posee un gran

encanto en las pocas calles que lo comprenden.

Para empezar, la vista está dominada por dos

enormes chimeneas de las que se dice, fueron

diseñadas por Gustave Eiffel. Lo que más

amamos de este sitio es su silencio, su rispidez

(pura roca, pura sierra, desierto), su silencio

y su cafetería… Antes de visitarla, sin embargo,

hicimos la parada de rigor en el Museo de la

Música. Este peculiar recinto conserva pianos

de Estados Unidos, Inglaterra y Francia que

datan del siglo xviii, y otros instrumentos

y objetos relacionados con la música (partituras,

atriles, etc.) de los siglos xvii al xix que fueron

donados por sus herederos. La cafetería

El Triunfo, localizada en la calle principal,

es prácticamente la única del pueblo.

No exageramos si decimos que los panqués,

el pan dulce y el café que sirven es inmejorable.

Una playa insólita y de las más bellas de la

península es Pocitas, un punto extraño que

une La Paz y Ciudad Constitución.Y tan extraño

como su paisaje árido salpicado de altísimos

cactus de dos o tres brazos, con rocas enormes

que se pierden en el fondo de la sierra

Páginas anteriores

Admirar estos paisajes

nos hace sentir como si

estuviéramos en otra dimensión.

Las playas son tranquilas, cálidas

y poco profundas. Cristalinas, de

un color turquesa muy hermoso.

Nada como hacer un viaje sobre

cuatro ruedas, para parar donde

se nos antoje.

La variada fauna marina nunca

dejará de sorprendernos, pero

poder verla y tocarla es un

verdadero privilegio.

La Paz, capital del estado, tiene

muchos atractivos que ofrecer.

Y como en todo buen viaje,

en El Triunfo la buena comida

está a la orden del día.

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— Baja California Sur 29


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de diferentes tonalidades ocres. Tan misterioso

y curioso resulta también el puesto de

artesanías, que es muy buena idea visitarlo

para probar unos burritos —muy buenos,

de machaca y frijoles y queso—, no tanto

para comprar un souvenir.

Bahía Concepción es uno de los sitios más

bellos de la península, cosa que explica porqué

todos los años hay una gran peregrinación de

canadienses y europeos que cruzan el océano

con sus campers a cuestas para poder transitar

las diferentes playas que forman parte de esta

bahía. Está además a tiro de piedra de las

pinturas rupestres El Tordillo. Vale la pena

recordar que Baja California Sur tiene las

pinturas de ese periodo más antiguas de

nuestro continente. Sin embargo, la playa

preferida de los viajeros es El Requesón,

dado que la marea cambia completamente

su fisonomía: cuando las aguas están bajas

su “isla” se convierte en una colina blanca.

Los viajeros siguen camino por Playa

Armenta, Buenaventura, El Burro, Los Cocos

y Concepción. Todas son breves, tranquilas y

considerablemente vírgenes. En ellas lo más

habitual es la práctica de esquí, buceo,

esnórquel y la pesca deportiva.

Loreto

Es un punto obligado para visitar uno de

los espacios naturales que conservan mayor

diversidad de mamíferos marinos de México.

Lo más interesante es su historia: aunque

fue de las primeras en establecer una misión,

la enorme y sobria Nuestra Señora de Loreto,

cayó con el tiempo en el olvido y ahora son

los descendientes de aquellos pobladores

que a mediados del siglo pasado le vieron

un potencial turístico; y son justo ellos quienes

están encargándose en devolverle la vida.

Sus 80 km de playa prácticamente virgen lo

convierten en un punto privilegiado dentro del

circuito de turismo de aventura y de descanso.

Paseamos brevemente por sus calles

y fuimos directo al Hotel Oasis: un hospedaje

con toda la pinta vintage que su construcción,

que data de fines de los cincuenta, ofrece.

Para nosotros el mayor atractivo estaba, sin

embargo, en la gastronomía… y es que en este

pequeño hotel familiar se prepara un platillo

tradicional de Loreto de origen prehispánico

que aún se conserva: las almejas tatemadas.

Para prepararlas, cuentan con un pozo de arena

en el que están ubicadas unas piedras tomadas

de los alrededores, sobre las cuales, luego de

calentarlas al fuego, se colocan las almejas

chocolate pescadas el mismo día. Este manjar

se cubre con una hierba aromática de la región

llamada chamizo. El resultado es una exquisitez:

aquellos moluscos toman un sabor ahumado

con un delicado aroma a algo similar al orégano.

Pasar la noche en Loreto es indispensable para

recargar las pilas antes de seguir rumbo a la

sierra desierta.

La cabra tira al monte

Una de las experiencias más auténticas

que se pueden realizar durante el viaje

es el Tour del queso en Rancho Viejo, camino

a la sierra La Giganta, a unos 50 minutos de

Alfredo Martínez / MD

Loreto. Para llegar, lo más recomendable

es hacer cita en el Hotel Oasis, ya que su

propietaria es quien animó a los dueños

del rancho a crear este tour. Eso sí: no espere

un recorrido acartonado ni un parque temático:

esta es la esencia de la vida en la sierra.

Tras subir largamente por un camino entre

cañadas, cactus y arbustos secos, encontramos

el rancho, donde nos explicaron lo básico:

su historia y los pasos que daríamos para

lograr que la leche de cabra que ordeñaríamos

terminara convertida en un exquisito trozo de

queso. Ordeñar una cabra no es tarea sencilla

para un ser urbano como nosotros: aunque

intentamos hacerlo. El largo y firme chorro

de leche fue por fin a parar a una jarra de latón.

Nos dijeron que una cabra puede dar un litro

de leche al día, siempre y cuando esté lactando.

Luego de este periplo, nos dirigimos a la

cocina abierta, donde vimos los pasos para

preparar el queso. Allí mismo preparamos

además tortillas de harina de trigo y las cocimos

para comerlas con un queso que ya estaba

preparado. Salimos satisfechos de nuestra

faena, particularmente de la última parte…

Mulegé

Retomando la carretera Transpeninsular

en dirección al norte, está Mulegé.

Pequeño, aunque lleno de vida, los viajeros

que se adentran hasta este punto saben lo que

hacen dado que es un sitio ideal para practicar

ciclismo de montaña y esnorquelear, pescar

—principalmente pez vela, peto y marlín—

y bucear (cada año también reciben cerca

de 20,000 ballenas grises), es por eso que

sorprendentemente, a pesar de su pequeña

población, hay un buen número de operadores

turísticos. Claro, quizás su mayor atractivo sea

la cercanía con las impresionantes pinturas

rupestres La Pintada, una cueva con murales

de 100 metros de largo y siglos de antigüedad.

También ahí se encuentra la modesta misión

jesuita Santa Rosalía Mulegé, edificada con

piedra y adobe que terminó de construirse

en 1766 y sigue prestando servicio religioso.

Santa Rosalía

Aunque su aspecto tiene algo de pueblo

nórdico, se trata de una vieja colonia francesa,

establecida en el siglo xix por una compañía

minera de ese país, llamada El Boleo. Muestra

una arquitectura que no se corresponde ni con

la cultura local ni con nada mexicano: eso

la hace tan especial. Las casitas de madera

y techos de dos aguas, todas de una planta,

pintadas en colores pastel le dan su aspecto

extranjero, pero la música, la decoración

y lo mejor, la comida, nos devuelven a donde

realmente estamos.

Se dice que Santa Rosalía llegó a ser tan

próspera gracias al cobre que se halló ahí que

incluso trajeron de Europa para ensamblarla allí

mismo a la iglesia de Santa Bárbara, diseñada

por Gustave Eiffel. Esta austera y hermosa

iglesia desarmable fue expuesta en la

Exposición Universal de París en 1889,

antes de seguir viaje hacia nuestro país.

La ciudad se mueve a un ritmo intenso

ahora que vive principalmente de la pesca y a

la elaboración de pan. Fuimos testigos de que

en ambos casos, el resultado es maravilloso.

Puede degustarse el pan típico, llamado pitaya

en honor a la fruta del mismo nombre, dado

que su forma es similar.

San Ignacio

Es hora de retomar el viaje en su último destino.

Hay dos visitas obligadas en este lugar: la

misión de San Ignacio y el oasis. Los jesuitas

batallaron en esta región por darle entrada al

catolicismo y la mayor dificultad no la dieron

los indígenas de la zona, si bien eran

El contraste entre el pasado y el

futuro es palpable en toda esta

zona de Baja California Sur.

La misión jesuita de Santa

Rosalía Mulegé data de finales

del siglo xviii.

Páginas anteriores:

Bahía Concepción es

uno de los lugares más

bellos de la Península.

Las almejas tatemadas es un

platillo tradicional de Loreto

con orígenes prehispánicos.

El verdadero sabor de un lugar

se vive al máximo al convivir

con la gente local.

Loreto es por mucho el destino

preferido de aquellos que buscan

la combinación perfecta entre

urbanización y naturaleza.

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Viaje — Baja California Sur

agosto 2013

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aguerridos, sino la escases de agua. Por esta

razón, aprovecharon cada punto remoto en

el que hubiera un oasis, río o fuente de agua

dulce para establecerse. Así, serpenteando

nuevamente entre enormes cañones y filosas

sierras, se ubica la misión San Ignacio de

Loyola, cuya arquitectura es considerablemente

más elaborada que las anteriores. Aunque

sufrió un nuevo abandono, fue restaurada en la

década de los años setenta y desde entonces

se mantiene en actividad. Apenas saliendo nos

encontramos con su oasis donde hay una zona

de acampar que es muy visitada por viajeros

como nosotros.

Nos detuvimos a descansar, decididos a,

en un próximo viaje, adentrarnos en la sierra

para conocer las pinturas rupestres: aunque

están a tiro de piedra, el recorrido dura tres

días pues únicamente es accesible en burro

o caminando, y si bien esto solo nos habría

aumentado poco el tiempo de recorrido,

entendimos que para conocer esta vasta región

del país lo mejor es dosificar en diferentes

estadías. Eso, para darnos el pretexto perfecto

de volver una y muchas veces más.

Contactos tours

En La Paz

Aventuras México Profundo

(Preparan tours a la medida para

visitar las pinturas rupestres de

la zona, tomar una excursión

a la Sierra de San Francisco

o acampar en medio de la sierra).

T. 01 (612) 166 1757.

mexicoprofundo.com.mx

En Loreto

Excursión a las islas del Parque

Nacional Bahía de Loreto.

T. 01 (613) 135 1979.

desertandsea.com

En Santa Rosalía

Kuyimá (Excursiones y

campamentos en la Reserva

de la Biósfera El Vizcaíno).

T. 01 (615) 154 0070.

info@kuyima.com

kuyima.com

En Mulegé

Mulegé Tours (Visita a las

pinturas de la Cueva La Trinidad,

pesca, excursión a las montañas

o avistamiento de ballenas

en temporada).

T. 01 (615) 153 0232.

mulegetours.com

A Guerrero

Negro, 73 km

San Francisco

Los Ángeles

V. Las Tres Vírgenes BAJA CALIFORNIA SUR

San Ignacio 146

Misión de San Ignacio Santa Rosalía

139

Misión de

Bahía Santa Inés

Santa Rosalía Mulegé

Laguna de

P. Concepción

El Tordillo P. Santispac

San Ignacio

El Requesón Bahía Concepción

P. Buenaventura

Calagua

Rosarito

62

Rancho I. Coronado

Viejo Loreto

I. El Carmen

I. Los Danzantes

Ciudad Insurgentes

Adolfo López Mateos

SIERRA LA GIGANTA

122

OCÉANO PACÍFICO

Mar de Cortés

Ciudad

Constitución

San Carlos

Punta Coyote

240

Isla Margarita

1

Isla Partida

Las Pocitas Isla Espíritu Santo

Bahía de

La Paz P. El Tecolote

Playa Coromuel

Isla Cerralvo

La Paz

El Triunfo

168 Los Barriles

223

La Ribera

San Pedro

Cabo San Lucas

Cabo

Pulmo

San José

del Cabo

Dónde comer

En La Paz

Corazón Café

Revolución esquina La Paz,

Centro.

T. 01 (612) 128 8985.

Stella (Frente a la playa)

Álvaro Obregón esquina

Márquez de León.

En Loreto

Hotel Oasis

(Son famosas sus

almejas tatemadas).

Domicilio conocido.

Domingos Place

Salvatierra 154, esquina

con Calle Muro.

T. 01 (613) 135 2445.

La Picazón

(No abre lunes ni domingo).

Playa El Bajo Km 7, frente

a Isla Coronado.

1697

Davis N18, Plaza Juárez,

interior del Hotel 1697.

T. 01 (613) 135 2538.

En Santa Rosalía

El Muelle Restaurante-Bar

Av. Constitución y Calle Plaza,

Centro.

T. 01 (615) 152 2600.

Panadería El Boleo

Álvaro Obregón 30, Centro.

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