DE PUCHEROS Y SARTENES

arcadiabarcense

El pasado siempre vuelve, a veces como una losa, otras, como un refugio. Y en la tibieza del fogón ya apagado, en la penumbra conocida debajo de la mesa con su mantel mil veces manchado de todos los aceites del mundo, podemos reconocer nuestro miedo ilimitado y sentirnos reconfortados. Ésa es su razón de ser.

Periódico del I.E.S. "Aravalle"

Número 14: OTOÑO de 2014.

De pucheros y sartenes.

Depósito legal: AV 80­2013.

ISSN: 2341­3662.

Ediciones digital e impresa de libre difusión.

OJOS FUERA DE

Como las he mirado con amor,

Tengo los ojos repartidos por las cosas.

Fuera de mí: espesos

En la materia más espesa.

Libres de mí, me libran de mí mismo.

Antonio Zamarreño

Arcadia Barcense:

De pucheros y sartenes

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Es el poema:

se han encontrado, por primera vez, dos palabras

y se han tendido, juntas, hasta el fin de los tiempos.

Yo estaba allí cuando ocurrió el prodigio.

Yo estaba allí: venía de quererte

y acababa de dejar, junto al tuyo,

mi cuerpo al sol, tendido en esta página.

CRUCIFIXIÓN ENTRE DOS PADRES

La vertical ausencia de mi padre.

La horizontal ausencia de mi madre.

Y, entre las dos, un hueso izquierdo:

Allí

mi media ausencia sea crucificada.

Regresarán al sol las oropéndolas.

Pero, padre, jamás mi padre allí.

Pero, madre, jamás mi madre allí.

Pero, Dios mío, jamás mi Dios allí.

Pero jamás flor de retama allí.

Allí sola mi nuca entre ladrones,

rota de Dios, de padres, de retama,

aquel viernes sin lumbre y sin marías:

aquel sin viernes todo martillazos.

Antonio Zamarreño.

Antonio Zamarreño; un poema

para calentarse del frío

Charo Alonso.

Sobria, de estirpe

castellana, clásica, eterna… y

llena de calor, de emoción

contenida. La poesía del poeta

profesor Antonio Zamarreño

tiene la belleza austera del

campo de Castilla, esa que

hay que buscar en la raíz del

tiempo y que nos sorprende

con una hermosura inusual,

con su atemporal rito de las

estaciones que pasan. Este

poeta profesor enamorado de

su asignatura, que explica a

los clásicos con una emoción

que sus alumnos recuerdan

junto a su sentido del humor

más exquisito, es un poeta

hondo, dueño de versos que

germinaron en las revistas

Papeles del Martes, Álamo,

Cuadernos del Sonarbique, y

que florecieron en hermosos

libros que son de todos para

deleite de unos lectores

enamorados no solo de su

hondura, sino de la persona

llena de humanidad, de

humildad y de sabiduría, de un

poeta esencial, de un maestro

deslumbrado por los clásicos

que explica, estudia y habita.

Es un privilegio caminar los

versos suyos, los versos

enamorados de Antonio

Zamarreño.

Antonio Zamarreño.

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LOS UNICORNIOS ASESINOS

Lucía Gómez

Esto ocurrió una noche de Halloween en un

pueblo muy apartado, rodeado de bosques.

Los habitantes del lugar estaban talando los

árboles de los alrededores para agrandar el pueblo, y a

los unicornios que allí vivían desde tiempo inmemorial

se les ocurrió un plan para echarlos.

― Nos mostraremos ante los leñadores, nos dejaremos

ver por ellos, y cuando lo cuenten al volver al pueblo,

todos pensarán que se han vuelto locos y no los

dejarán volver aquí. Así ya no talarán nuestros bosques

― sugirió el unicornio más viejo.

Como a todos los demás unicornios les pareció

bien la idea, lo hicieron así. Pero sucedió que a las

pocas horas de comenzar las apariciones públicas de

los unicornios, comenzaron a aparecer las cámaras

fotográficas; los leñadores del siglo XXI tienen teléfonos

móviles, y los teléfonos móviles tienen cámaras

fotográficas. Así que muchos consiguieron fotografiar a

los mitológicos conjurados. Ante tal eventualidad, los

unicornios no tuvieron más remedio que matarlos a

todos a cornadas.

― ¿Qué se supone que vamos a hace ahora ―

preguntó angustiado uno de los unicornios al resto. ―

Al ver que no regresan, vendrá la policía y seguramente

un montón de curiosos, habrá investigaciones, y ya no

podremos vivir en paz.

― Es cierto; cuando se encuentren con esto, no

dejarán de buscar respuestas ― dijo otro.

― Haremos que parezca un accidente ― propuso el

unicornio anciano. ― Cogeremos de los árboles unas

ramas grandes y las pondremos sobre los cuerpos; que

parezca que les cayeron encima desde lo alto. Luego

meteremos ramas más pequeñas en los agujeros que

les hicimos con nuestros cuernos, y ya está. Ah, y no

olvidéis borrar las memorias de los móviles ― concluyó

el vetusto líder. ― ¿A quién podría ocurrírsele que una

mejor explicación de lo que aquí ha ocurrido es que los

unicornios no sólo existen, sino que viven en estos

bosques, y, además, van por ahí matando fotógrafos

Los fabulosos seres pusieron su plan en marcha,

y, así de socarrón es el destino, les funcionó. No

volvieron a ser molestados por humanos nunca más.

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TRANSILVANIA

Serafín Nicolae Popescu Rares

Hace tres años decidimos que en las

vacaciones íbamos a conocer Transilvania.

Como me fui muy pequeño de mi país, los

recuerdos son muy vagos, así que quería

conocer un poco su historia.

Con nosotros estaba una chica que era

nuestra quía. Se llamaba Clara. Antes de

llegar al destino, yo pregunté a Clara:

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DETRÁS DE LA IMAGEN

Más soluciones a nuestras preguntas:

Imagen 3. Veamos qué es este extraño artefacto que nos encontramos en La Horcajada.

¿Cómo se llama

Se llama noria o noria de sangre. La noria de sangre es una máquina compuesta

básicamente de dos grandes ruedas; una horizontal que, movida por un animal, transmite

su giro a otra vertical, instalada sobre la boca de un pozo, y lleva aparejada una cuerda o

tira circular con vasijas adosadas (canguilones) que cuelgan hasta el fondo de dicho pozo

y que, con el girar de la rueda, elevan el agua hasta la superficie.

¿Para qué se utilizaba

Se utilizaba fundamentalmente para elevar el agua delos pozos y regar; pero los árabes

la emplearon no sólo en la agricultura, sino también para el abastecimiento urbano y de

baños públicos.

¿Cómo funcionaba

Aunque en alguna época lejana su fuerza motriz fue humana, con el correr del tiempo,

esta responsabilidad pasó a animales de tiro; principalmente, mulos y asnos. Al dar

vueltas, hacían girar la rueda horizontal que transmite el movimiento a la vertical, y,

mediante los canguilones, conseguían transportar el agua desde el fondo hasta la

superficie.

¿En qué otros pueblos podemos encontrar artilugios parecidos

En muchos pueblos de la comarca hay vestigios de norias de este tipo, tales como: La

Horcajada, Santa María de los Caballeros, etc.

Más información en: http://es.wikipedia.org/wiki/Noria

Imagen 4. Hablemos sobre esta imagen que nos encontramos por el camino hacia la Laguna de

El Barco.

¿Cuál es el verdadero nombre de la comúnmente llamada "Laguna de El Barco"

Su verdadero nombre es Laguna de Galín-Gómez.

¿Cómo se llama el pico más pronunciado situado a la derecha en el horizonte

Es el pico de La Azagaya, de 2.367 m.

¿Y cómo se llama la cumpre a la izquierda con forma de pirámide truncada

Es el pico llamado Juraco, de 2.383 m. En medio de ambos está el pico de La Covacha,

de 2.399 m., el más alto de la Sierra de El Barco. Todos estos picos hacen de frontera

entre las provincias de Ávila y Cáceres.

Finalmente, ¿qué otras dos lagunas están a la izquierda de esta imagen

Debajo de estos picos está La Laguna de El Barco, o Laguna de Galín-Gómez, y a la

izquierda quedan las lagunas de La Nava y de Los Caballeros.

Más imágenes en: https://www.google.es/searchq=laguna+de+galin+gomez&client=firefox-a&hs=7dg&rls=org.mozilla:es-

ES:official&channel=np&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=v2lnVIrAB5DgaJm5gbAF&ved=0CDIQsAQ&biw=1 024&bih=468

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LA CUCHARA QUE QUERÍA SER TENEDOR

Alba Miñán Granado

Hacía casi un mes que María Cuchara quería ser

Pablo Tenedor.

– Jo – pensaba – a mí nadie me hace caso. En

esta casa solo comen carnes y pescados. Me gustaría

ser como Pablo Tenedor.

Un día, estaba paseándose por el armario cuando

se le ocurrió una idea:

– Puedo pedirle a la sartén que se tome el día

libre, así tendrán que cocinar algo que se coma con

cuchara.

El plan funcionó, y esta vez fue Pablo Tenedor el

que se quedó en el armario.

Sin embargo, después de comer, María Cuchara

tuvo que probar un aparato horrible, totalmente

terrorífico, ¡el lavavajillas!

María Cuchara salió totalmente mareada de allí,

pero limpia y reluciente.

Sus aventuras no habían terminado. Al día

siguiente, los dueños de la casa se fueron de excursión,

y el hijo más pequeño, Hugo, agarró a María Cuchara

por el mango y decidió llevársela con él. La pobre María

deseaba con todas sus fuerzas que lloviera y tuvieran

que volver a casa; pero hacía un calor abrasador y los

padres de Hugo no querían regresar. Aquel paisaje era

precioso, aunque el medio de transporte de María

Cuchara no era nada cómodo; Hugo iba dando en las

rocas golpetazos con la cabeza de la pobre María y a ella

le estaba empezando a doler la cabeza ¡y mucho!

Al regresar estaba toda abollada; sin embargo,

reconocía que a pesar de los golpes se lo había pasado

bien.

María Cuchara ya no quería ser tenedor, porque

había aprendido que siendo cuchara se pueden hacer

bastantes cosas que los tenedores no pueden hacer.

PAVITOS, LINDOS PAVITOS

Alberto González Jiménez

Pavitos, lindos pavitos,

Pavitos de carne buena,

yo conocí la experiencia

de comerlos en nochebuena.

Alegrías y carreras

que cuestan unos eurillos,

pavitos, lindos pavitos,

pavitos de carne buena.

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LAS MANOS DE MI MADRE

Las manos de mi madre

parecen pájaros en el aire

historias de cocina

entre sus alas heridas

de hambre (Mercedes Sosa).

Para y por mi madre; para todas las madres.

Pucheros, fogones y sartenes... Mi madre lleva cocinando sesenta años de su vida. Son muchas las

horas invertidas pensando en qué preparo mañana, en tener cuidado de no repetirse demasiado, no vayamos

a poner en duda sus dotes de cocinera..., horas de compras en el mercado de los martes o en las pequeñas

tiendas del barrio cuando al pueblo no habían llegado aún las “moderneces esas” de las grandes superficies, y

donde te ponías al día con las demás clientas de lo que acontecía en el pueblo, charlabas con la tendera de

achaques o intercambiabas recetas de cocina. Cuando esas tiendecillas cercanas y caseras dejaron de ser

rentables y fueron desapareciendo una tras otra, no tuvo más remedio que acudir a los supermercados que le

gustan más bien poco o nada, como ella dice. Son años de docenas de capachos de esparto, luego de bolsas

de plástico, y ahora, cuando la artrosis aprieta, el socorrido carrito de la compra, que empuja con determinación

calle arriba.

Mi madre es una superviviente. Vivió siendo niña los años de la guerra y de la posguerra, en los que la

necesidad apretaba y en los que la imaginación debía trabajar para llevar a la mesa algo más con lo que

acompañar el pan negro como el tizón y más duro que una piedra que te asignaban en las cartillas de

racionamiento. Ella recuerda a su padre subiendo a Asturias, donde estaba destinado, desde su Andalucía

natal, con una maleta de madera llena de productos del cortijillo familiar: pan blanco, huevos duros, chorizo,

garbanzos, algún repollo,... No recuerda la sensación de hambre, pero sí la ansiedad y a veces el desconsuelo

de ver a su madre escogiendo las lentejas tan cotidianas de esa época, donde, si no tenías un extremado

cuidado, se podían colar piedrecillas y algún gorgojo que otro.

Pasaron los años y la situación mejoró. De la cocina “económica” de hierro que había que alimentar con

carbón, madera y papel, al hornillo tosco, luego a las cocinas de gas con varios fuegos -¡qué lujo!-, para

terminar con la vitrocerámica, en la que, según afirma, las comidas no saben como antes. Años de lebrillos,

pucheros de barro, sartenes enormes para poner sobre las trébedes en el hogar familiar, tenazas, morteros de

piedra, cántaros para ir a la fuente a por agua,... Con los años, avanzó inexorablemente la modernidad, y los

utensilios y recipientes de cristal, los inoxidables y el plástico fueron dejando atrás los tradicionales de barro y

hierro, hasta culminar -¡al fin!- con el invento de los inventos en la cocina, según mi madre, ¡la olla exprés! Y es

ahí, en la olla exprés, dónde se ha quedado, no queriendo saber nada de robots de cocina ni de nada que

suene más que el silbido agudo de la pesa de la olla cuando comienza a girar como loca sobre sí misma

mientras el olorcillo de sus guisos se extiende por toda la casa.

Las manos de mi madre han pelado, troceado, picado, enharinado empanado, amasado, rellenado,

cortado, rallado, aderezado, cocido y guisado miles de ingredientes a lo largo de esos sesenta años; han dado

de comer a mucha gente y aún continúan activas, llenas de vigor y de amor “porque si le pones cariño y le das

su tiempo, las comidas saben mejor”.

Dice estar cansada de pensar y de guisar, pero sigue al pie del fogón cada día y se empapa de todos

los programas de cocina que echan por la televisión, por muy sofisticadas que sean las recetas que los

cocineros estrella o los esforzados concursantes lleven a cabo. Ella dice que no sabe cocinar; pero, ¡quién

como ella!

Su cocina es sencilla pero llena de matices, fiel reflejo de su personalidad. Ahora que llegan los fríos,

sus sopas de ajo, sus revolconas, su cocido con todos los ingredientes para cuando llegan los nietos, las judías

con chorizo y oreja, esa sopa de pollo que resucita a un muerto, o las patatas con costilla, el arroz con

verduras, las albóndigas, las croquetas, la carne con pimiento y tomate, los riñones al jerez, los callos o ese

lomo a la sal al que da un toque especial con la pimienta,...

Mercedes Sosa nos canta que su madre vuelve “lo cotidiano mágico”. Así son los platos de mi madre,

cotidianos y mágicos; han forjado nuestra memoria y han contribuido con ello a nuestra particular manera de

ser, de estar y de sentir. Mi madre con sus manos llenas de afecto da sabor a nuestra vida. Como dice su nieto

Jose, “la abuela es Dios cuando guisa” -y cuando no guisa, también, afirmo yo.

Para ella -que se está riendo a mi lado y dice que soy una exagerada- y para tantas esforzadas mujeres

que nos dan de comer a diario va este tributo de cariño y sincero reconocimiento.

Rosario-Teresa Blázquez Gómez.

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UN LEÓN ENTRE LOS LINCES

Fatema E. Alonso

Nadie sabe cómo llegó a aquel lugar. Ni tan siquiera él. Era tan pequeño que sólo sabía tres cosas:

tenía hambre y mucho frío y no sabía dónde estaba. De repente, algo le mordió suavemente el pescuezo y le

levantó por los aires. Era Stella, la mamá lince de los alrededores. Con su alma maternal le llevó a su cueva,

donde sus crías, Xenia y Yara, esperaban pacientemente. Al principio, al ver al recién llegado, se extrañaron,

pero luego durmieron a su lado aceptándolo para siempre en la familia de los linces.

Zack y su infancia

Cuando llegó el pequeño león a la familia de linces, Stella le puso un nombre: Zack. Y él se lo tomó

muy bien. Con ese nombre él se sentía el lince más fuerte del mundo.

Su infancia siempre fue apacible, salvo los días de tormenta, con sus rayos y truenos, y los días de

temporada de conejos y faisanes, que eran los días que venían los cazadores con sus temibles escopetas.

Sus primeros meses los pasó jugando a pelearse con sus hermanas rodando por la cueva. Más tarde, al

obtener el permiso de su madre para salir afuera, empezó a jugar a cazar insectos, ratones y ranas con

Xenia, o a saltar una y otra vez el riachuelo y las rocas cerca de la cueva con Yara. Así, ellos nunca se

aburrían. Lástima que no supieran que todo eso iba a acabarse.

Zack aprende a cazar

– Es hora de que aprendáis a cazar.– dijo muy seria Stella – Hoy os enseñaré a cazar conejos.

Para los tres hermanos fue muy difícil el comienzo. Xenia y Yara fallaron varias veces; pero luego le

cogieron el truco y fueron mejorando. Sin embargo, Zack demostraba la fuerza que ha de tener un león, pues

era capaz de matar un conejo de un zarpazo.

Cuando por fin dominaron el arte de la caza, Stella tomó una importante decisión.

Zack se marcha

Cuando Stella les dijo que tendrían que irse cada uno por su lado, se entristecieron profundamente.

Los tres hermanos pasaron los que creían sus últimos días juntos con una espina clavada en sus corazones.

Sin ganas, decidieron dónde iría cada quien. Zack se marcharía al sur; Xenia, al este, y Yara, al oeste.

Al despedirse, cada uno de los hermanos deseó con fuerza volver a ver su familia unida algún día.

Zack y los humanos

Después de días de marcha, Zack se encontró con algo que le llamó profundamente la atención. Era

Sevilla, con todos su sevillanos. Había enormes edificios, que él nunca había visto, y coches que gruñían e

iban rápidamente por las calles. Lo que más gracia le hizo fueron esas criaturas más bien desnudas, pues no

tenían plumas ni escamas, y que sólo tenían pelo en la parte de arriba de sus cabezas. El joven león estaba

maravillado observando todas esas extrañas cosas y seres.

Pero Zack no fue capaz de percibir que desde que puso sus garras en aquella ciudad, unos ojos le

observaban intensamente.

La sevillana

En un momento de su alborotada fascinación, Zack se giró y vio que una de aquellas extrañas

criaturas más bien desnudas le estaba observando directamente. Llevaba una especie de enorme piel

encima, que Zack era incapaz de comprender; tampoco sabía decir de qué podía estar hecha. Por su gran

colorido, supuso que desapercibida precisamente no quería pasar. La cabeza de aquel ser era extraña; el

pelo estaba sujeto de una forma rara que Zack nunca antes había visto en ningún otro animal. Pero lo que

más le sorprendió fue su boca; una boca grande, completamente abierta y que parecía querer articular

sonidos, pero a la que no se le oía nada. Después de un rato, sí, se le oyó, un grito largo y penetrante. “¡Un

leóoonnnnn!” salió de aquella boca sevillana. Y Zack, indignado, respondió entre flamantes rugidos: “¡No soy

un león, soy un lince!”.

La atronadora respuesta asustó más a la sevillana, que salió corriendo como una gacela, a pesar de

sus tacones. Zack, sorprendido y confuso, decidió poner tierra de por medio, especialmente al ver que se

acercaban más bichos de aquellos medio desnudos. Así que salió como un disparo de los límites de la ciudad,

dirigiéndose al norte.

De vuelta al hogar

Después de haber vivido esta aventura, y otras muchas que no os contaré, a Zack le ocurrieron tres

cosas muy notables en su vuelta por España. En primer lugar, se paseó con toda tranquilidad por el circo

romano de Mérida, pero tuvo que salir por patas al ver que todos los turistas allí se le echaban ya encima para

hacerle fotos. Posteriormente, se pegó un buen remojón en Valencia, sorprendiéndose de que el agua fuese

así, salada. Y finalmente, asaltó a unas personas que estaban de picnic cerca de Guijuelo, comiéndose todo

su jamón al lado del Pantano.

Ya cansado, Zack llegó a la conclusión de que lo mejor sería regresar a Doñana. Pero él no sabía ni

dónde estaba. Así que se puso a rugir y a rugir, a rugir y a rugir, confiando en que en algún momento, y con

una buena dosis de suerte, le oyeran sus hermanas.

Continúa en la siguiente página.

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Viene de la página anterior.

Juntos otra vez

Con toda la fuerza de sus pulmones, Zack rugió y rugió, y volvió a rugir, asustando a toda la

población de los pueblos cercanos.

Después de muchos y largos rugidos, de repente, mientras caminaba desanimado ya por un

polvoriento sendero, dos figuras salieron de entre unas enormes encinas. “¡Xenia¡, ¡Yara!”, gritó lleno de

emoción Zack, y las hermanas se abalanzaron sobre él entre lametazos y empellones cariñosos.

“¿Cómo es que estáis aquí”, preguntó Zack, que no cabía en sí de la alegría. Xenia le contó que

se sentían solas y que habían decidido volver a casa; que tenían la esperanza de encontrarse con él y

juntar de nuevo la familia.

Y gritó Zack: “¿Entonces qué hacemos aquí ¡Vamos!”, y fueron desde ese momento tres las

figuras que atravesaron el país hasta acabar de nuevo en Doñana.

La familia de los linces volvía a ser feliz.

Epílogo

Os preguntaréis cómo acabó un cachorrillo de león en las marismas de Doñana. Solamente os

transcribiré el siguiente titular de periódico:

Desaparición extraña en el circo. El favorito de todos los niños, el cachorrito de león Monty, ha escapado.

La policía lo busca por todas partes, sin que hasta el momento se haya encontrado rastro alguno de su

paradero. La directora del equipo de búsqueda ha señalado que están perdiendo toda esperanza de dar

con Monty, ya que “no parece que un león pueda sobrevivir mucho tiempo en un hábitat tan diferente al

suyo”.

¿Qué cómo ha sobrevivido Con mucho, mucho cariño de su madre y sus hermanas.

LA NIÑA PENA, por Coral Izquierdo Alonso

El día de Halloween, bastante tarde en la

noche, Pena paseaba a su perrito, como de

costumbre. Pero, quién sabe por qué, de repente

se vio a las puertas del cementerio del pueblo, y

allí le ocurrió algo inesperado y digno de

contarse.

Se oye un ruido como de mucha gente

acercándose por todas partes.

– ¿Quién anda ahí – pregunta la niña

sobresaltada y mirando de un lado a otro.

– Ven, Pena, no te asustes; queremos hablar

contigo – dice una voz espectral que parece

provenir de muchos sitios a la vez. El perro de

Pena ladra con furia.

– No hablo con desconocidos – contesta la niña

aterrada, al mismo tiempo que, zigzagueante,

retrocede y se acerca al esqueleto reseco de lo

que alguna vez fue un ciprés enorme. – ¿Quiénes

sois – insiste con la espalda ya totalmente

pegada a su rugosa y tibia corteza.

– No tengas miedo, te queremos ayudar, Pena –

es la respuesta.

– ¿Ayudarme ¿Por qué ¿Acaso me conocéis

de algo ¡No necesito vuestra ayuda! – exclama

la niña con voz quebrada y temblorosa mientras

aprieta un cigarrillo viejo en el bolsillo del abrigo.

– Te conocemos desde hace tiempo; sabemos

que lo estás pasando mal, mi niña. ¡Ven,

acompáñanos, somos la solución de todos tus

problemas!

– Pero yo no os conozco de nada, ¡no sé quiénes

sois!. ¿Y mi familia qué – grita Pena, que ya no

siente la manos ni los pies entre el pánico y el

frío. La idea de que se trate de un truco de la

mismísima muerte para llevársela la hace cerrar

los puños con fuerza. El perrito no para de ladrar;

cuesta creer que nadie se acerque a ver lo que

ocurre ante tanto escándalo; después de todo, se

trata de un pueblo muy pequeño.

– Nos tenemos que ir pronto, mi niña; déjanos

contarte una historia cortita y nada más – dice la

voz con extraña dulzura.

– Está bien – responde Pena sin saber muy bien

qué otra cosa hacer.

Al cabo de una media hora.

– ¿De verdad son así las cosas – pregunta

ahora la niña con la extraña serenidad que dan el

agotamiento total y una sincera curiosidad. –

¿Puedo pensármelo unos días – agrega.

– No hay nada que pensar, Pena; nos tenemos

que ir ya; ¿vienes o no – sentencia la voz con

languidez. El perro duerme profundamente sobre

la hierba.

Despuntando el alba, el perrito de Pena

volvió a casa, solo. Meneaba la cola con alegría;

esa alegría inmotivada que muchas veces tienen

los perros. Pero esta vez sí que había una razón:

estaba feliz de saber que su familia tenía ahora

un nuevo ángel de la guarda.

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DIÁLOGOS NOSTÁLGICOS

Carlos Ferreira

Los sistemas estructuralmente estables

propenden a la discontinuidad, la divergencia y

la histéresis. Un sistema puede sufrir cambios,

de comportamiento o en sus resultados, hasta

un punto en que dichos cambios provocan una

transformación cualitativa de dicho sistema; lo

que era se convierte en otra cosa. Las

pequeñas divergencias tienden a provocar

grandes divergencias; los cambios sin

importancia terminan acarreando cambios

radicales. Aunque los cambios provienen de

una situación de partida, después de cierto

límite se hace imposible regresar a dicha

situación; hay una frontera después de la cual

los cambios son irreversibles.

Teoría de las catástrofes.

— El tiempo pasa, y la lengua castellana se ha

enfrentado a lo largo de la historia a todo tipo de

transformaciones; transformaciones que la han llevado a

ser esto que usamos tú y yo, Caraotica; esto que

usamos para hablar, para leer y escribir, y hasta para

pensar. Sí, Caraota boquiabierta, para pensar también;

nuestro pensamiento es habla interiorizada; pensamos

como hablamos. Lo dijo hace varios años un ruso que

solía ser muy mentado y del que ahora poca gente se

acuerda. ¡Caraota, hoy también se enfrenta el castellano

a importantes cambios!, y muchos de esos cambios son

peligrosos, Caraota.

— ¿Peligrosos ¿Cómo que “peligrosos”, profe

— Sí, mi atezada alubia; suponiendo que la lengua

castellana sea algo con identidad, y suponiendo que

dicha identidad merezca ser protegida, la lengua

castellana se enfrenta hoy a cambios muy peligrosos.

— ¿Por qué son peligrosos esos cambios que

mencionas, profe

— Porque muchos de ellos violentan principios

estructurales y funcionales del castellano, aproximando a

los hablantes a una situación de caos muy parecida a la

que ya han vivido otras lenguas en su momento, como el

latín. ¿Sabías, mi estimado Caraotica, que el latín, la

lengua más bella y potente en el mundo antiguo, fue

incapaz de superar la vulgarización a la que se vio

sometida, y terminó reventando en mil pedazos

— Sí, profe, me suena. ¿Pero no dio eso lugar a la

aparición de nuevos idiomas, las llamadas lenguas

romances; entre ellas, por cierto, el castellano.

— Efectivamente, mi estimada niger faba. Sobre la

tumba yerta del latín nacieron las lenguas romances;

entre ellas, la nuestra, el castellano. ¿Pero crees que

habrían querido Cicerón, Séneca, Horacio, Virgilio, Cayo

o Ulpiano que su amada lengua terminara de tal guisa

Lengua muerta la llaman hoy, Caraota, ¡lengua muerta! Y

entre las causas de tal tropelía estuvo muy seguramente

Página 10


Viene de la página anterior.

la relajación descontrolada en su uso, la adulteración

caprichosa de sus vocablos, construcciones y

pronunciación por mor de la ignorancia y, quizá en

muchas ocasiones, de la flojera mental o del deseo de

parecer más cultos, estimándose que cuanto más raro y

rebuscado el palabro, más elevada habría de parecer a

discípulos, clientes, vasallos, amigos y circunstantes la

estatura del intelecto. ¡Craso error, preto feijão!, craso

error... Pues, ¿qué hay más culto que la búsqueda

minuciosa de la palabra exacta, por antigua que ésta

sea, o, cuando tal fuere imposible, la elaboración casi

artística de la mejor perífrasis que nuestra mollera y

nuestro corazón tuvieren capacidad de concertar

— Pero, profe, se ha dicho y se dice: “si lo bueno,

breve, dos veces bueno!

— ¡Ah, Baltasar Gracián, el criticón de Calatayud!

¿Crees que si este ilustre aragonés, gloria de nuestras

letras, hubiera sabido hasta dónde podían conducir sus

ingeniosas elipsis y sus lúcidos neologismos, no se

habría cuidado muy bien de guardarlo todo bajo siete

llaves Quizá haya que releer a Gracián para intentar

mejor comprender el turbulento punto en que nos

encontramos; por qué se nos antoja mejor “visionar” que

“contemplar”, “escrutar”, “revisar”, o simplemente “ver”;

por qué “explosionar”, mejor que “hacer estallar”,

“provocar o inducir la explosión de...” o directamente

“detonar”...

— Profe, las palabras “explosionar” y “visionar” han

sido reconocidas por la Academia.

— ¡Ay, Señor, llévame pronto! Mi querido frijol

renegrido, ya lo sé; pero, cuando queramos hacer

referencia al sustantivo que recoja la acción de tales

palabros, cuando queramos sustantivarlos, ¿que

diremos, ¿explosionación, ¿visionación... “Hoy

hemos asistido a la visionación formal de la

explosionación del castellano”; así rezará la inscripción

en la lápida de nuestra lengua como no hagamos algo

para detener o al menos moderar tan excesiva

liberalidad.

— Pues, no sé que decir, mi profe...

— Escucha lo que te digo yo, my litlle black bean; lo

que viene luego son “recepcionar”, en vez de “recibir”;

“audicionar”, en vez de “oír”; y, ¡válganos el cielo!, llegará

el día en que “inscripcionar” sustituirá a “inscribir” y

“cancionar” ocupará el lugar de nuestro dulce “cantar”, ya

lo verás.

— Bueno, siento interrumpirlo, profe, pero ya me

tengo que ir.

— Muy bien, dilecto Caraota, el tiempo da para lo

que da; otro día seguimos nuestra conversa.

— Lamento irme tan pronto; es que tengo que hacer

un trabajo para entregar mañana en la Universidad; una

temporalización de ésas, ya sabe...

— ¡¡¡¿Cómo dices!!!...

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De cómo el Studii Aravallensi, desgranato pero xunto, púso-se a enmendar

la plana a quanto escribiente viniere a inventar palabros.

Cofrades e cofradesas de la mi congregaçión

Dispersos por concursillo o traslado de inspecçión,

Non dexares los recuerdos del convento aravallón,

Que los tiempos dell Barco d'Avila lo son de contentaçión.

Sean los legos repartidos por toda aquesta comarca

Buscando nuevos destinos por mares e lontananzas,

Mas no olviden sus merçedes ahí donde se apalancan

Los ratiellos bien pasados en aquesta remembranza.

Es por tales referências que nos damos libertad

De comenzar conneste número a collejas dispensar

A todos los truhanes com costumbre de faltar

A los cánones de R.A.E. y del recto redactar.

Que se escrebe com sangría e non se diz audicionar,

Que iniciales no son siglas; suena horrible explosionar.

Temporal no es calendario ni hay temporalizar;

Que la coma no es ubicua; ¡hora de puntualizar!

Quiso darle la Gloriosa río e vergel palatino

A aquesta tierra nuestra tan glosada a lo divino.

No la olvide nadie nunca, no cometa desatino,

Que recordar sus virtudes meresçe un vaso'e vino.

Era aqueste nuestro centro un lugar muy renombrado,

El Padre Abat lo decíe, de aquí se sale plorado.

Aunque te den el Mateo u otro destino bien logrado,

Como el Aravalle no se encuentra ningún centro más loado.

Comença así la cabalgata del heroico recordar

Que lingua no es doncelha pra quien queira mancillar

La, que as regras e os principios sâo de respeitar,

P'ra loas com fundamento conseguir endereitar.

Así es que Diálogos nostálgicos habrán de fustigar

A palabros malsonantes, neologismos petulantes,

y enunciados irritantes, y os pulir y esplendorar.

EN ESTE NÚMERO DE ARCADIA BARCENSE COLABORAN:

TEXTOS

Antonio Zamarreño. Poeta invitado.

Charo Alonso. Profesora I.E.S. "Mateo Hernández". Salamanca.

Rosario Teresa Blázquez Gómez. Maestra C.E.I.P. "Juan Arrabal". El Barco de Ávila.

Carlos Ferreira. Orientador E.O.E. General Gredos. El Barco de Ávila.

Javier Aparicio. Profesor I.E.S. "Aravalle".

Coral Izquierdo Alonso. Alumna I.E.S. "Aravalle".

Lucía Gómez. Alumno I.E.S. "Aravalle".

Serafín Nicolae Popescu Rares. Alumno I.E.S. "Aravalle".

Alba Miñán Granado. Alumna C.E.I.P. "Juan Arrabal". El Barco de Ávila.

Alberto González Jiménez. Alumno C.E.I.P. "Juan Arrabal". El Barco de Ávila.

Fatema E. Alonso. Alumna del C.E.I.P. "Rufino Blanco". Salamanca.

FOTOGRAFÍA

Alba Rivera. Exalumna I.E.S. "Aravalle".

Irene Santaella. Exalumna I.E.S. "Aravalle".

Javier Aparicio. Profesor I.E.S. "Aravalle".

DISEÑO GRÁFICO

Carlos Ferreira. Orientador E.O.E. General Gredos. El Barco de Ávila.

COORDINACIÓN EN I.E.S. "ARAVALLE"

M. Elena García Plaza. Jefa del Departamento de Lengua Castellana y Literatura.

ANAGRAMA DE ARCADIA BARCENSE

Carlos González Díaz. Profesor I.E.S. "Hermenegildo Martín Borro". Cebreros.

Depósito legal: AV 80­2013.

ISSN: 2341­3662

Impresión: Gráficas Bretón. Béjar.

Página 12

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