El retorno de las brujas

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El retorno de las brujas

LOS CONOCIMIENTOS DE LAS BRUJAS

“Las brujas parteras deben matar a los niños, sobre todo a los no bautizados,

porque así los privan de la salvación, además de que con su cuerpo

cocinado se puede preparar el ungüento volador y otros polvos

mágicos”. En caso de que las parteras no maten al niño, lo pueden

consagrar al Diablo, con el fin de aumentar el número de brujas ya que

los niños ofrecidos tienen un pacto tácito con él y pueden realizar maleficios

con su ayuda: 45 “las parteras no matan a los niños bautizados y

protegidos con la señal de la cruz y las oraciones”.

Se elegía a las parteras como brujas, porque así se podía explicar

el que muriesen tantos niños al nacer. Esta necesidad de dar una explicación

de un mal o daño para aquellos casos en que no hay una causa

física conocida y, sobre todo, la necesidad de encontrar un responsable

del daño al que se pueda castigar, se nota en muchas de las afirmaciones

del Malleus Maleficarum.

Nodrizas

Entre las acusadas por brujería, las mujeres encargadas de cuidar hijos

ajenos fueron tan numerosas como las parteras. Lynda Roper 46 ha mostrado

que muchas de las acusaciones por brujería, presentadas en

Ausburgo en los siglos XVI y XVII, surgieron por conflictos entre madres

y asistentes, encargadas de cuidar de ellas y de sus hijos, durante las

semanas después del parto. Las nodrizas eran blanco de acusaciones

sobre las enfermedades o malestar de los niños, y de ese modo se les

podía transferir la culpa por algún daño sufrido, pues en aquella época

esos males se relacionaban con la falta moral de los padres que eran

castigados por Dios. En el Malleus Maleficarum se afirma que algunas

brujas “les arrebatan a sus hijos y se los cambian por otros”. Los niños

“cambiados son pesados, deformes, no pueden crecer y no pueden ser

saciados con ninguna cantidad de leche”. 47

Las nodrizas fueron perseguidas porque eran mujeres a quienes

se les podía adjudicar la culpa por ciertos males o daños inexplicables y,

al igual que muchas curanderas que practicaban la magia, fueron acu-

45

Ibid., p. II, 224.

46

Roper, Linda (1991: 30).

47

Kramer, Heinrich y Jacob Sprenger (1976: VIII, 409-410).

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