VE-11 MARZO 2015

rafasastre

Número 11 – Marzo 2015


Playa de la Malvarrosa – Evelyn Carell (Valencia)

http://evelyncarell.artelista.com

© de los textos: Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias,

fotografías o ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en

exclusiva a sus respectivos autores.

Ilustración de la portada: Literature watercolor thingy – Kelly McClellan

(EUA) http://javawombat.deviantart.com/

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

La literatura es libertad.

Susan Sontag (1933-2004)

Visita nuestro blog: http://valenciaescribe.blogspot.com.es/


Índice

Cumplimos un año (Rafa Sastre) Pág. 1

La perversión del tiempo (Sarah Martínez) Pág. 3

Esencia (Esther Moreno) Pág. 5

Olivier (Manuel Navarro) Pág. 7

El sueño de Méliès (Rubén Vázquez) Pág. 9

El amor en los tiempos de Meetic (Lu Hoyos) Pág. 11

Recórtame (Aziza Akherraz) Pág. 13

Amanecer (Marga Alcalá) Pág. 15

Sobre el comportamiento del

pájaro inane (Santiago Herrera) Pág. 17

Más lejos (Aldana Giménez) Pág. 21

Amor, sentimiento de locos (María Amorós) Pág. 23

La fecha de mi muerte (Pilar Descalza) Pág. 25

¿Quién soy? (Isabel Garrido) Pág. 27

Ambigüedades (Rafa Sastre) Pág. 29

No me arrepiento (Vicente Carreño) Pág. 31

La décima musa (Faine) Pág. 35

Jean Pierre (José LuisSandin) Pág. 37

El tejedor de palabras (Jorge Richter) Pág. 39

La última payasada de Black (Christine Carcosa) Pág. 43

El fin de la guerra (Nicolás Jarque) Pág. 47

Autoengaño (Asun Ferri) Pág. 49

La extraña historia de mi primo Antonio (P.Sanchis) Pág. 51

El hombre precavido (David Rubio) Pág. 55

Madeimoiselle Chisinau (Marisol Santiso) Pág. 59

Bar Mechanics (Pernando Gaztelu) Pág. 61

Travesía (María Isabel Peral) Pág. 65

El chico de la bici (Fran Rubio) Pág. 67

Haiku (Marga Alcalá) Pág. 69

Realidades paralelas (Concha García) Pág. 71


M. y el equilibrio de los sueños (Marco A. Torres) Pág. 73

Y Dios creó al hombre (Ricardo Mazzoccone) Pág. 75

Caballo ¡Espíritu libre! (Lucía Uozumi) Pág. 79

Como un suave aleteo (Elena Casero) Pág. 81

La certeza de la imagen (María Luisa Pérez) Pág. 83

Recuerdos de la infancia (Macu Joan) Pág. 85

Roto (Manuel Pérez) Pág. 87

La otra mirada (Adrián García) Pág. 89

Loco (Alejandro Ramos) Pág. 93

Nostalgias (Isabel Sifre) Pág. 95

Lo mejor de mí (Alicia Muñoz) Pág. 97

Los días deshabitados (Matilde Lledó) Pág. 99

La niña que quería ser hombre (Susana Gisbert) Pág.103

Adelina (Amparo Hoyos)

Pág.107


Cumplimos un año

¿Quién iba a predecir que llegaría la fecha y nuestra publicación

estaría más viva que nunca? Hasta un servidor necesita pellizcarse

para comprobar que no se trata de un bonito sueño. Para comprobar

que cada vez contamos con más amigos dispuestos a participar en un

proyecto que nace de la solidaridad y el amor a la cultura. Sin

ambiciones materiales, cosa que a la mayoría de los mortales costará

entender en el imperio de la rentabilidad, del tanto tienes, tanto vales.

Esta vez son 42 textos, entre cuyos autores encontramos nada

menos que a 13 nuevos compañeros, a los que nos complace dar una

calurosa bienvenida: Sarah Martínez, María Amorós, Isabel Garrido,

María Isabel Peral, María Luisa Pérez, Macu Joan, Alicia Muñoz,

Susana Gisbert, Manuel Navarro, Santiago Herrera, Vicente Carreño,

Jorge Richter y Pepe Sanchis.

Y si las cuentas no fallan, durante este año hemos publicado 387

textos de 75 autores distintos (por no hablar de los ilustradores y

fotógrafos que también nos han ayudado a crecer). Un buen balance,

cifras demostrativas de que si existe un sitio donde verdaderamente

no hay crisis, es en Valencia Escribe. Para celebrarlo estrenamos el

precioso logo que preside la portada, obra de la diseñadora Paula

Sastre.

Solo me resta desear que disfrutéis de la lectura de la revista,

como mínimo en la misma medida que nosotros hemos disfrutado

escribiendo todo esto que ahora regalamos.

Y recordad la frase de Antonio Gala: “La felicidad es darse

cuenta de que nada es demasiado importante”. Sed pues muy felices.

Rafa Sastre

1


Ilustración de Sarah Martínez

2


La perversión del tiempo

Sí, yo también me he enfrentado al apocalipsis del segundero, a

la espera de un cielo al final de las escaleras mecánicas del metro;

cual burgués decimonónico de tormentosas trivialidades.

Oscuridad, con el frío engaño del amor como revolución. Con el

frío de uñas carcomidas, de un garganta gruesa que duele.

Sí, el dolor es subjetivo. Pétalos de oscuro color caen en cascada

sobre mi vientre cansado.

Lo que yo quiero no existe y lo que existe me hace daño.

El sexo me debilita. Taparé de nuevo el corazón con mis pies

pequeños de sueño en sueño; apestoso letargo.

Valencia, tiempo indefinido, quizá en diciembre de 2013, quizá

en algún metro.

Sarah Martínez (Valencia)

www.alasombradelparnaso.blogspot.com.es

3


Muses – Conrad Roset (Terrassa) - http://www.conradroset.com/

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Esencia

Soy la luz que te despierta por las mañanas

Y cuando me miras te sientes viva

Soy las melodías que cantas

Y tú la música que me activa

Soy la playa de dulces aguas

Y tú el mar que me cautiva

De tus quimeras soy el resultado

Tú eres aquello imaginado

Soy la calma de tu corazón

Y tú la rabia de la espada

Soy ese sabroso escorpión

Y tú el veneno que faltaba

Soy la risa de asunción

Y tú el grito entre almohadas

De tus locuras soy la mecha

Tú eres la pólvora satisfecha

Esther Moreno Morillas (Valencia)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

5


Searching – Elena (EUA) http://elenaoprea.deviantart.com/

6


Olivier

A los pocos días de llegar a la playa, eché en falta a la mujer

francesa que solía jugar con el marido a las palas, metidos en el mar

con el agua hasta las rodillas. El hijo, un muchacho discapacitado, se

colocaba de pie en la orilla con una pala en cada mano, peloteando

consigo mismo, esperando que alguno de sus padres quisiera jugar

con él, cosa que no era muy frecuente. Así se pasaban los tres casi

toda la mañana.

Este año, el padre jugaba con el muchacho dentro del agua,

como lo hiciera en el pasado con su mujer. Me extrañó verles a ellos

dos solos, y me pregunté por qué no estaba la mujer. Había muerto,

eso es lo que pensé. Podía haber pensado que el matrimonio se había

separado o que ella se había quedado en Francia cuidando a su madre

enferma, o trabajando, pero pensé que ella había muerto. Era una

mujer muy delgada y tal vez había muerto de cáncer. No sé, una vez

los vi en el bar de la esquina de mi calle y ella estaba fumando. Cáncer

de pulmón, seguramente, eso pensé.

A partir de entonces, sentí lástima del marido y, sobre todo, del

hijo. Pero me alegré de ver cómo ahora se habían reencontrado los

dos. Incluso me pareció que el padre bromeaba con el hijo, le sonreía,

le daba palmaditas en la espalda; en una palabra, se necesitaban el

uno al otro. Cómo une a las personas el hecho de perder a un ser

querido. En una ocasión estuve a punto de preguntarles cómo había

sido, cuándo, pero no me atreví. Al fin y al cabo, solo los conocía de

haberlos visto anteriormente en la playa jugando a las palas, y al

chico bajando la sombrilla, clavándola en la arena y esperando con

las palas en la orilla del mar. Nunca había hablado con ellos.

Un día me decidí a preguntarle a Olivier, así me dijo que se

llamaba. Pero me pareció que debía sonsacarle la respuesta sin

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hacerlo sufrir con una pregunta directa. Así que le dije: «Olivier, ¿tu

madre no está?», y él se limitó a decir que no. Y yo no necesité más

preguntas ni más respuestas. A partir de ese día Olivier se acercaba a

saludarme cuando me veía y nos estrechábamos las manos, y yo le

hubiera dado un abrazo de pésame, pero no me parecía correcto, qué

pensaría su padre si me veía.

Me di cuenta más tarde de que Olivier no comprendía bien el

castellano, sabía solo algunas palabras. Así que cuando lo veía me

esforzaba por saludarlo en su propio idioma, y él me contestaba y

sonreía.

En eso, una mañana, cuando daba mi rutinario paseo, vi a la

madre jugando a las palas con el padre, con el agua hasta las rodillas,

y a Olivier esperando en la orilla con las dos palas y la pelota. Lejos de

alegrarme, me sentí contrariado. Supongo que porque ahora Olivier

estaba de nuevo solo.

(Publicado Amazon en el libro Cosas que nunca confesé a nadie)

Manuel Navarro Seva (Madrid)

http://manuelnavarroseva.blogspot.com.es/

8


El sueño de Méliès

Fotografía de Danna Juárez (Puebla, México)

Mar en calma

cama de arena

piel de luciérnaga

reflejo de mi anhelo

cameo de mis sueños

confidente de mi perdición.

Deja deslizar tu vestido,

sobre curvas de cobalto,

toma mi mano, gota a gota,

y que un rayo ahuyente mi alma,

para rellenar esos gramos menos,

con helio y sueños de Méliès.

Rubén Vázquez Charolet (Puebla, México)

http://dependientedeltiempo.wordpress.com/

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Reading a script in the windowsill, 1950 - Stanley Kubrik

10


El amor en los tiempos de Meetic

Yo he visto muchas cosas, demasiadas. La última es la locura de

una de mis mejores amigas, Amanda. Quedé con ella el sábado en el

café de La infanta. Apareció exultante. Había adelgazado varios kilos

desde que rompió con Juan. Iba perfectamente vestida y maquillada.

Nadie hubiera dicho al verla que pasaba de los sesenta. Nos sentamos

a una de las mesas del rincón de siempre y empezó con su confesión.

Cada vez que la veo aparece con una historia nueva.

-¡Que me he enamorado, Elvira, y esta vez va en serio! Me he

vuelto loca de remate por este hombre.

-¡No me digas! Pero quién es, cuenta, de qué lo conoces.

-No lo conozco, bueno, no lo conozco personalmente. Es de

Meetic.

-¿De Meetic? Y dices que te has enamorado pero ¿cómo es

posible?

-Como lo oyes, Elvira, nunca había conocido a nadie como él. Es

sueco, alto, fuerte, viudo, rico. Y lo mejor: dice que soy la mujer de su

vida, que ha encontrado un diamante y que va en serio, que no tiene

tiempo que perder.

-A ver, a ver, para. ¿Cómo sabes que todo eso es verdad?

-Porque lo sé. Tendrías que leer sus apasionadas cartas. Yo vivo

solo para ver su nombre: “Melvin Gunnar”, iluminar la bandeja de

entrada de mi Hotmail.

-Pero desde cuándo lo conoces?

-Desde hace una semana.

-¿Una semana y ya te has enamorado? Tú no estás bien.

-Yo sé lo que me hago, Elvira, Ya soy mayorcita.

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-Eso sí que es una verdad.

-¿El qué?

-Lo de que ya eres mayorcita como para andarte con esas

tonterías. No te acuerdas de lo que le pasó a mi amiga Irene, la de

Murcia.

-Mira, Elvira, he decidido poner las cartas sobre la mesa. Nadie

es perfecto. Hoy en cuanto llegue a casa le escribo. Voy a decirle que

no me importa que no sea sueco ni rubio ni alto ni rico. Que me da

igual que sea un scamer nigeriano. Que si necesita dinero que me lo

pida. Pero que no deje de enamorarme nunca con sus maravillosas

cartas.

Lu Hoyos (Valencia)

http://inventariodelucrecia.blogspot.com.es/

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Recórtame

Psycodelic – Greg (EUA) http://enminus.deviantart.com/

Recórtame, enhebra agujas hipodérmicas, une mis pentágonos

regulares, no untes tus zapatos de betún, contempla cómo mi

poliédrica mente se metamorfosea en un ovillo de amapolas, cómo

mis huesos carcomidos estallan dando lugar a un festival onírico

protagonizado por mariposas monocromáticas, cómo mis venas

violáceas causan estragos al intentar serpentear imitando a las

luciérnagas que trazan claves de sol en noches cerradas. Recórtame

mañana porque hoy los teléfonos descolgados amenazan con

nombrar a todos los poetastros que circulan por la autopista de peaje

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y quiero ser testigo de la acusación que pronuncien al unísono con

sus voces roncas. Recórtame mañana porque hoy las plumas

estilográficas reivindican el derecho a huelga y unas mejores

condiciones laborales mientras le escupen tinta a los dactilógrafos.

Recórtame mañana porque hoy tengo que asistir a la actuación de la

trapecista enana manca del brazo derecho que tiene dieciséis pecas

esparcidas en cada uno de sus pómulos y arroparla con mis brazos de

hojalata acariciados hace escasas horas por el frío invernal en

persona. Recórtame mañana porque hoy harán papiroflexia con mi

cuerpo, harán cisnes de cuellos magullados, harán grullas con cada

una de las incisiones en forma de pentagrama con líneas divisorias

que componen cada recóndito lugar de mi alma en homenaje a los

versos enterrados, harán barcos sin bauprés, sin timón, sin mascarón

de proa, sin trinquete, y sin mi cuello marinero y mi nuca

asistemática. Recórtame mañana porque hoy mis pies de porcelana

van a recorrer kilómetros y kilómetros por tu espalda invertebrada.

Recórtame mañana porque hoy espero la llamada del psicólogo

daltónico que pestañea cada cuatro segundos y observa imágenes de

ilusiones ópticas y hace sonidos guturales y le propina golpes a la

cafetera. Recórtame mañana porque hoy el salón está mudo, y voy a

aprovechar para romper tus preciados discos de vinilo y lanzarlos en

un bosque prohibido en el que las moralejas están en peligro de

extinción y las bibliotecarias fantasmas bostezan, babean y se

desangran cada vez que escuchan a los teléfonos descolgados que

habitan en cabinas abandonadas. Recórtame mañana, pero hazlo con

una de esas tijeras para niños, esas tijeras que utilizan para realizar

trabajos manuales y que requieren el sacar la lengua para una mayor

concentración. No silencies tu respiración traqueal. Dóblame,

redóblame, desdóblame, recórtame mañana y déjame caer.

Aziza Akherraz (Gibraleón, Huelva)

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Amanecer

Foto aportada por la autora

Tímido, va asomando el día

apoyado en la barandilla azul

del horizonte.

Ocultando su equipaje

de razones y sentires

nos envuelve y nos conforma.

Sabia luz en la memoria

que pertinaz retornas

al escenario de la vida.

Permítenos la ovación

de los que anhelan verte,

de nuevo, en tu barandilla azul.

Marga Alcalá (Valencia)

http://comolaspiedrasoelviento.blogspot.com.es/

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Ilustración de Santiago Herrera Gea

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Sobre el comportamiento

del pájaro inane

Turbio no era distinto de los demás pájaros de su especie. Tenía

un plumaje similar, piaba con voz similar y se posaba sobre las ramas

de manera similar a los demás. En todo habría pasado desapercibido

de no ser por su extraña forma de volar: donde todos sus congéneres

describían vuelos rasantes o trayectorias que les permitiesen

desplazarse de rama en rama, de árbol en árbol, él realizaba cabriolas

sin sentido, volaba enérgicamente hacia arriba para a continuación

dejarse caer en picado, giraba sobre sí mismo y extendía sus plumas

como si deseara agrandarse. Nadie entendía esa forma tan atípica de

moverse en el aire, carente de todo sentido práctico. Cuchicheaban

sobre él, hablaban de su salud mental, lo evitaban en lo posible.

No eran tan crueles, no obstante, y dejaban que se juntase con

ellos en más de una ocasión. Cuando la conversación piada -que

siempre giraba en torno a la mejor manera de atrapar una polilla o

una hormiga- estaba en su clímax, Turbio sugería de pronto lo

maravilloso que sería echar un vistazo más allá del bosque. Nadie,

nunca, se aventuraba fuera de la protección del ramaje. Nadie, nunca,

volaba tan alto entre las aves de su especie. Desde pequeños se les

enseñaba a fijarse en el suelo y en las ramas; nada había que pudiera

interesar a un pájaro más allá de las últimas hojas; aun peor, al

lunático que se aventurase a volar más allá seguramente lo atraparía

alguna terrible rapaz, o perdería oxígeno hasta caer muerto, o se

abrasaría con la cegadora luz del sol. No había destino benigno para

quien lo intentase. Se hablaba muy poco sobre el tema en las escuelas

para pájaros, y únicamente para mostrar ejemplos conocidos -

históricos, podría decirse- de intratables locos que decidieron acudir

a la llamada de la luz y desaparecieron para siempre. Los más

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espetados entre los pájaros expertos no sólo eran los más mayores,

sino aquellos que con mayor efecto habían teorizado sobre la

felicidad e idoneidad de permanecer bajo la sombra del bosque, o

sobre las irregularidades genéticas que hicieron de aquellos que

alguna vez contravinieron las normas, unos subpájaros incapaces de

igualarse a los demás, ya desde su misma salida del cascarón. Puede

entenderse, en fin, que cuando Turbio realizaba algún comentario

sobre la posible belleza del sobrebosque los demás se mirasen entre

ellos para dedicarle, en el mejor de los casos, un sonoro silencio.

El pobre pájaro recibía el mismo mensaje allá donde estuviese:

en la escuela, con sus compañeros, con su familia... Pobre del ave que

viviese ilusionada con lo desconocido, pues acabaría sus días muerta

o enloquecida. Los demás, en cambio, podían aspirar a cuanto de

bueno tiene la vida pajaril: caza de insectos, construcción de nidos,

piadas a coro. Más allá se extendía la nada, y hablar de observarla era

tanto como pensar en estrellarse.

Así pasaron los años hasta que Turbio, el incómodo pájaro,

decidió actuar pese a todos. Esa noche apenas durmió, al alborear

desayunó frugalmente y, antes de que la comunidad se levantase,

salió volando junto al amanecer y atravesó la copa de su árbol a toda

velocidad.

Al poco y ya despierta, su familia encontró una nota grabada en

su habitación: "He decidido volar de verdad, seguir el propósito de

mis alas. No os pido que lo entendáis. Sed felices. Yo también lo seré".

El padre balanceó la cabeza con tristeza conforme; la madre emitió

un suspiro, pero su corazón se alegró: en el fondo ella también creía

en lo imposible, solo que ya hacía tiempo que carecía de fuerza para

perseguirlo.

Cuando los conocidos de Turbio se reunieron y la noticia se

extendió, todos los pájaros de la comunidad estuvieron de acuerdo: el

desdichado estaría ya despedazado en el nido de algún halcón, o

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calcinado sobre arenas lejanas. En las escuelas, todos los académicos

emplearon el nuevo ejemplo histórico del incontrolado Turbio, quien

además tenía un ojo desviado y cojeaba, y cuya irremediable locura le

condujo a su perdición. Algunos padres, incluso, aprovecharon el

reciente suceso para crear moralizantes cuentos de terror con los que

amedrentar a sus polluelos.

Pero un día, en una rama de reunión, surgió otra nota

discordante. Un pájaro, que hasta la fecha a todos había parecido

normal y buen ave, afirmó que Turbio podría estar vivo, pues no se

halló ni una sola de sus plumas por el bosque. La mayoría ignoró o

aun se alejó del chiflado, pero unos pocos le dieron vueltas al asunto

en sus escondites, o mientras cazaban, o mientras todos a su

alrededor piaban sobre la perfección del día a día, del eterno

recomenzar y de la seguridad de lo conocido. Así, el virus del pájaroturbio,

nombre con el que algunos intelectuales bautizaron al

reciente mal, se fue extendiendo, siempre de manera minoritaria,

entre algunas aves de la especie. Los síntomas consistían en

ausencias repentinas de las ramas sociales, miradas pensativas a lo

alto de los pinos, contestaciones inesperadas en las aulas y, lo más

alarmante, algunos grabados sobre los troncos que decían cosas

como "Atrévete a volar" o "Quien no ha mirado, no puede saber". Una

mañana, desaparecieron cinco pájaros más, de golpe; nada se volvió a

saber de ellos y ninguna pluma apareció en el bosque.

Todos siguieron con sus vidas, pero cada vez más aves miraban

hacia arriba, con la luz de entre las ramas brillando en sus pupilas.

Santiago Herrero Gea, Valencia (España)

www.alasombradelparnaso.blogspot.com.es

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Huellas del pasado – Fotomontaje de Manuel Esteban (Valencia)

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Más lejos

Otra vez mi corazón

no juega a mi favor

y me tironea lejos,

sin darme sosiego.

Otra vez mi estupidez

pone el mundo de revés

y me enamora de ti,

me convence que sí.

Otra vez la angustia,

la distancia, las excusas,

y mis manos no te alcanzan,

ni mis brazos te abrazan.

Otra vez la misma piedra,

desmarcando mis huellas,

estoy lejos, más lejos,

y no ves cuánto te quiero.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

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Lovers in Paris – Dmytro Bagaiev (Bélgica) https://500px.com/dbagaev

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Amor, sentimiento de locos

Amor sentimiento irracional que da la razón a todo.

Amor, sentimiento de locos,

Sentimiento de unos pocos.

Pocos se atreven a sumergirse en su fragancia,

Pocos se atreven a bucear en su abundancia.

El amor, mil sensaciones en una:

Éxtasis que llena corazones,

Aventura pintada de colores,

Curva en forma de sonrisa,

Miradas fugaces que hablan,

Caricias que arropan el alma,

Abrazos que llenan y calman,

Besos que encienden las llamas,

¡Cuerpos que juntos estallan!

Amor, sentimiento de locos,

Sentimiento de unos pocos.

Pocos se atreven a perder su juicio,

¿Pero que hay más justo que un sentimiento libre y puro?

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El amor, libera, cura y limpia,

Rompe murallas que encierran corazones escondidos,

Los abre como flores en primavera, para que luzcan de colores y

llenen con su fragancia este mundo de sin sabores.

Amor, sentimiento de locos,

Sentimiento de unos pocos.

El amor,

Mágica energía,

Mágica emoción,

Mágico sentimiento que estalla en mi interior.

Busque razones en la razón,

Y todas me respondieron ¡Amor, Amor, Amor!

María Amorós Burguete (Valencia)

http://ateneabastet.blogspot.com.es/

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La fecha de mi muerte

Ilustración aportada por la autora

Ya está. Las peores sospechas se han confirmado. Me muero.

Todos podemos decir con seguridad cuándo hemos nacido pero

nadie puede decir con una certeza absoluta la fecha de su muerte.

En el día de hoy ya tengo una idea muy aproximada de cuando

será ese momento.

Mi médico me ha recomendado que ponga todos mis asuntos en

orden pues me queda poco tiempo para hacerlo. Ha sonado frío y

distante pero es la cruda realidad.

He vivido de prestado desde que hace un tiempo me

diagnosticaron la enfermedad.

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He intentado luchar contra ella con tratamientos que lo único

que me han producido son unos desagradables efectos secundarios

sin darme resultado alguno.

Y ahora ha llegado el final de esta batalla donde la perdedora he

sido yo.

Me pregunto cómo será morirse.

No me refiero a qué se siente físicamente, espero que cuando

llegue el momento no sienta dolor (soy muy cobarde), sino a lo que

me puedo encontrar más allá de la vida.

La muerte no me asusta.

Tengo curiosidad por ver si hay una brillante luz que te llama para

que entres en ella, o si me reencarnaré en una hormiga o un elefante,

o si me estarán esperando las delicias del paraíso con un montón de

hombres guapos a mi disposición.

Espero que donde vaya mi dirección sea de subida y no de

bajada. No he sido tan mala para merecer las llamas del infierno

suponiendo que exista ese sitio.

Haré caso a mi médico y dejaré todo atado y bien atado aunque

no sé qué más puedo hacer. No dejo en este mundo a nadie. Estoy

sola y sola me iré.

He salido de la consulta médica y voy andando por la acera

enfrascada con mis pensamientos.

Oigo el ruido de un motor acelerando y de pronto un frenazo.

Siento un golpe.

Veo oscuridad y... se acabó.....

Mi último pensamiento es que la fecha de mi muerte se ha

adelantado.

Pilar Descalza (Valencia)

http://micuartosecret.blogspot.com.es/

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¿Quién soy?

Scary mirrors motions – Laura Zalenga (Alemania)

http://laurazalenga.deviantart.com/

¿Quién soy? Me pregunto mirándome al espejo, contemplando

una y otra vez los mismos ojos que llevan interrogándome desde

hace veinticuatro años. Me lo digo en un susurro a solas, de esos que

erizan la piel y nadie más oye, es completamente en privado, en

mitad de la noche, mi reflejo y yo dialogando en el espejo.

El silencio nos habla a las dos, los minutos transcurren y llega la

primera conclusión de la madrugada. La que me devuelve la mirada

tiene las pupilas fijas en mí, me interroga con sus iris, me taladra el

alma. Se adentra entre capas de piel y hueso, entre músculos y

vísceras, llega al otro lado, me atraviesa, pero se queda con la

sensación de un vacío inmenso. Como un fantasma. Sabe, pues, que

sigo siendo transparente, carne frágil y alma etérea, interior de hielo.

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Mi otro yo me mira, envueltos los ojos en pedazos de mí, el

latido del pulso en las sienes, la sangre circulando al mismo ritmo que

el mío. Parpadea y observa, lo hace con atención y calma, se

desprende de todo cuanto pueda estorbarle, se desnuda ante mi

mirada. Me ve, nos vemos, mucho más allá de superficie y llega la

segunda conclusión de la noche. Ambas somos complementarias,

ambas somos una, la cara y cruz de la misma moneda. Ambas nos

necesitamos para respirar mucho más de lo que podría suponerse y

sin la otra moriríamos, sin duda.

El diálogo en silencio continúa. ¿Quién soy? ¿Quién eres? Tengo

certezas, por fin las tengo, las saboreo en el paladar y se las susurro a

mi otro yo en el espejo, para que las oiga tan bien como yo y no me

estallen las palabras en el pecho.

Soy algo tan marchito, distante, alejado y libre que no hay

palabras para describirlo. Soy tantas caras, tantas aristas, que ni yo

misma sé cuántas tengo. Soy vida y muerte enlazadas. Soy una fuente,

un torrente de creatividad que funciona a latidos y que el día que

pare de escribir moriré en alma, pues el corazón que la hace volar

entrará en parada. Soy naturaleza corriendo en vena, el cielo azul o

gris en plena ciudad, pequeños detalles como siempre. Soy lejanía,

ambientes íntimos, cercanía en casos contados. Soy ese ave que vuela,

tan alto y lejos que te costará alcanzarme. Soy otro tiempo y otro

espacio. Estoy hecha de fragmentos y tengo las mismas vidas que un

gato.

Como dijo el poeta, “mariposa en arrullo, te pareces a la palabra

melancolía”. Me di cuenta hoy, ahora, en este instante. Me veo y me

contemplo por primera vez. Mi reflejo asiente, me da la razón. Por fin

nos encontramos ambas en un punto en común, nos miramos a los

ojos: sí, esa soy yo.

Isabel Garrido (Valencia)

http://cartasdeunaflor.blogspot.com.es/

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Ambigüedades

Blue Velvet – Nachan (Italia) http://nachan.deviantart.com/

Cuando aquel cabrón le dijo ‘te quiero’, ella interpretó ‘te amo’

en lugar de ‘te deseo’. Ayer encontraron su cuerpo sin vida, el bello

cráneo destrozado por una botella de Anís del Mono.

Esa gente que anda con ambigüedades es muy peligrosa. Sobre

todo cuando les da por utilizar metáforas inconscientemente.

Rafa Sastre (Valencia)

http://rafasastre.blogspot.com

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Thirsty? Taste some whisky... – Konrad (Polonia)

http://gwizdus.deviantart.com/

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No me arrepiento

“Nombre: Igor Cherysev. Alias: el Mongol. Lugar de nacimiento:

Kiev. Rasgos: ojos marrones y achinados, cicatriz en el lado derecho

de la cara, brazos llenos de tatuajes con cadenas. Complexión: fuerte.

Altura: 1,90. Antecedentes en Rusia: extorsión, protección y

proxenetismo, encarcelado por robo a mano armada en Moscú.

Denunciado en Francia por proxenetismo. Residencia actual: España,

habla español perfectamente. Hábitos: bebedor y fumador

empedernido, consumidor de cocaína”. Era él. Estaba sentado en una

mesa en lo más oscuro del local. Le reconocí inmediatamente. Había

visto muchas fotografías de aquel tipo durante mis investigaciones.

No me daba miedo. Me guardé el papel donde estaban apuntados los

datos extraídos de su ficha policial y le abordé.

—Eres Igor Cherysev —le dije mientras me sentaba frente a él.

Puse mi vaso, whisky Chivas sin hielo, encima de la mesa.

—No te conozco —me replicó y me lanzó una mirada que

llevaba veneno. Tenía ojos de asesino.

—Yo a ti sí. Quiero hablar contigo.

—¿De qué? ¿Quién eres tú? ¡Fuera de mi vista! —su vozarrón

atronó en el local.

—¿Y a esta chica la conoces?

Saqué de mi cartera la fotografía de una chica rubia, jovencita,

muy guapa. Se la quedó mirando como obnubilado.

—Se llamaba Miriam —le apunté.

—Nunca la he visto.

—Mientes, Mongol. Miriam tenía 20 años, la vida por delante, un

mundo por descubrir. Había sido una niña maravillosa y una buena

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estudiante hasta los quince años, quería ir a la Universidad, pero os

metisteis en medio. Corrompéis todo lo que tocáis.

—¿De qué me hablas?

—Era demasiado joven cuando os la llevasteis.

—No me importa lo que dices. Vete de aquí o te van a sacar con

los pies por delante —Igor Cherysev echó una mirada a dos matones

que habían salido de la barra y permanecían atentos a nuestra

conversación.

—Miriam se escapó de casa cuando tenía 18 años, desapareció

como si se la hubiera tragado la tierra. Ahora he averiguado lo que le

sucedió.

—No me importa nada la estúpida historia de esa chica.

—Yo creo que sí te importa, porque estuvo trabajando en uno

de tus infectos tugurios —le mostré otra fotografía en la que aparecía

él con Miriam del brazo en la barra de un bar de copas.

—Nosotros no obligamos a nadie —me dedicó una sonrisa

cínica y estuve a punto de saltar sobre él y borrársela de un puñetazo.

No lo hice, tenía otros planes.

—Vosotros la engañasteis, la introdujisteis en el mundo de la

cocaína, anulasteis su voluntad, la destruisteis. Sois una banda de

degenerados sin escrúpulos. La chica apareció muerta por sobredosis

hace un año. ¿No empiezas a recordar?

—No. Y, además, ese no es mi problema. Si esa chica estaba

desquiciada y enganchada a la cocaína, yo no tengo nada que ver. Hay

muchas así. Vete por donde has venido y déjame en paz.

—Miriam era mi hija —le dije.

—¡Echad a este loco de aquí! —gritó Cherysev a sus lacayos.

Demasiado tarde. No les di tiempo. Saqué la pistola que llevaba

en el bolsillo, una Sig Sauer que había comprado por internet. Disparé

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a bocajarro, directamente a la cabeza de Igor Cherysev. La bala le

estalló entre ceja y ceja. Murió en el acto.

Le he contado al juez lo que ocurrió, soy culpable. Me ha dicho

que nadie se puede tomar la justicia por su mano. Sé que van a

condenarme. No me importa. Cumpliré la pena que me impongan,

pero no me arrepiento. El mundo es un poco mejor desde que maté a

Igor Cherysev el Mongol.

Vicente Carreño (Leganés, Madrid)

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At The Fountain (1897) - William-Adolphe Bouguereau (1825-1905)

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La Décima Musa

El horror de vivir se mide

Por los despojos que el alma va dejando ebria de insatisfacción.

La acumulación de humanidades repitiéndose

En actos y teoremas, en actitudes de cancelación.

Y los pasos, se doblegan cansados de tanta algarabía fantaseada

De tanto reincidir en locuras y amenazas, en plumas sin papel.

Siento un uniforme de trajes desajustados

Que procuran ayunarme por las tardes ciegos en mi presencia

Administradores inconclusos de mi tiempo y de mi sangre,

De mi mente y de mi lengua,

Cuyas lentes, opacas de soles, rehúyen las fuentes verdaderas.

Y puedo resistir los frenesíes, la miseria de intentar

Encadenarme a golpes de tiniebla,

Sus coronas de espinas lamedoras de mi carne

Que me suplican que deje de morderme insomne

En esta tierra desencantada de no esperarse.

Mi culpa es haber visto cada mota de polvo evangelizar el aire

Y retroceder su savia inmortal desconocida de saber,

Advertir del cuerpo su desmesura recontada, encontrarme

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En los ojos maravillados de la infancia y al volver, otra vez,

A dormitar desesperada, reconocerme desde lejos

Sobreviviente en esta refriega de espadas.

Si el mundo es un redescubrir de pérdidas

Que desmagnetizan las miradas, un deudor de sombras

Que mis manos empalagan,

Un padecer de átomos que se disparan

Sin vergel ni luces, sin atisbos de esperanza,

¿Qué luna, qué hierba, qué aroma

De qué piel respirará la boca, si no hay fuego,

Si no hay olmo donde verter la memoria?

Huérfana de no tocarse, esta especie en bancarrota

Extirpa sus costados, sus besos, sus silencios de gaviota,

Como una renunciación de verdades y fondos

Legión de vidas que deshabitaran muertas.

Felicidad Domínguez - Faine (Silla, Valencia)

http://fadaluna-faine.blogspot.com.es/

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Jean Pierre

Spectacle – Gerard Hermand (Francia)

https://500px.com/Gerard_Hermand

No sé qué les pasa a estos franceses. Hasta ahora he tenido la

coincidencia de conocer a puros hombres llamados Jean Pierre. ¿Qué

no se les ocurre bautizarlos con otra cosa? "Es que Jean Pierre es mi

primer nombre, pero, en realidad, tengo 13 nombres y mi apellido", y

me explicó eso de que al tener solo un apellido, les ponían muchos

nombres, y cada quien escogía de ahí uno o dos nombres que más les

gustaran.

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La otra noche fue el colmo. Manolo y yo acudimos a una fiesta

muy internacional donde conocimos, por separado, a tres chicos

franceses muy majos:

—Jean Pierre.

—Jean Pierre.

—Jean Pierre.

No dábamos crédito que los tres tuvieran el mismo nombre,

pero se comprendía. La sorpresa vino cuando estuvimos todos juntos

y, si uno de ellos decía Jean Pierre, el Jean Pierre aludido respondía,

¿cómo sabía que era a él y no al otro? "Tenemos muchos nombres...",

nos expuso uno de los Jean Pierre. No lo escuchamos. La

conversación ya fluía en otra dirección.

—Jean Pierre.

— Dime.

—¿Tú crees que a Jean Pierre le gustaría ir a casa de Jean

Pierre? Resulta que Jean Pierre vino de Nantes anoche y estará ahí

hasta el fin de semana.

—¿Te gustaría conocer a Jean Pierre? También está Jean Pierre.

—Oh sí, he sabido de él gracias a Jean Pierre. Claro que me

gustaría conocerlo.

Tras las despedidas de rigor —original y dos copias—, los tres

Jean Pierre partieron de inmediato a casa de Jean Pierre.

—Manolo, ¿no te parece que esto ya es demasiado?

—Muchísimo.

—Mejor vámonos a casa de Manolo, que aquí ya me mareo.

—De acuerdo, Manolo. ¡Vámonos!

José Luis Sandin (Valencia)

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El tejedor de palabras

Old manuscript – Cristian Baitg (España) http://www.cristianbaitg.com/

Antiguas leyendas y escritos documentan que en tiempos muy

remotos, en un pequeño paso entre las montañas, existía una tosca

cabaña de troncos con pizarrillas por techo, el verde musgo cubría

uno de sus aleros. Dicen que apenas una senda permitía dar con ella.

Serpenteando el ascenso por un arroyo, hasta casi sus nacientes, tras

grandes tres piedras grises, después de la dejar atrás el salto de la

cascada... Manteniéndose siempre de la margen próxima a la

empinada pared, se llegaba a encontrar el disimulado sendero. Era

en esa cabaña donde el centenario personaje vivía.

El azar, en unas reformas de restauración de una antigua ermita,

dio con un tapiado sótano, lugar donde fueron encontrados los

escritos mencionados, protegidos en oscuros arcones de plata. No

tardó demasiado en surgir quien, aventurero al fin, decidió buscar,

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dando por real lo que atestiguaban los mismos. Año tras año lo que

parecía ser claro y descriptivo en indicaciones, se fue complicando.

Divergentes opiniones surgieron, tanto de estudiosos como de

ambiciosos.

Mientras, los años pasaban. Y se habían construido diques,

puentes de piedra, túneles que cambiaron el caudal de arroyos; con

ellos desaparecieron bosques y cascadas. Las piedras desprendidas

de obras y derrumbes multiplicaron por cientos muchas zonas. Fue

el mismo transcurso del tiempo el que fue despejando los primeros

ímpetus hasta el olvido.

Un día, un despistado senderista equivocó su ruta de retorno al

pueblo. Tras un escabroso y peligroso descenso por una pared, se

encontró sin aparente salida fácil, entre estrechas paredes de roca,

desde donde apenas llegaba a divisar el cielo. Su situación no era

sencilla, la noche se le venía encima, el cambio de temperatura, sería

muy notable en esa época del año. Su imprudente equipamiento no le

daba muchas opciones, ni el lugar de ser fácilmente localizable; si es

que concurrirán en su ayuda. En los escasos metros del fondo del

seco barranco, creyó mejor buscar refugio debajo de un espacio de la

gran roca desprendida. En realidad resulto ser una idea muy

acertada, agachado y reptando por ella salió de otro lado de la misma,

así fue progresando de forma lenta y continua, en búsqueda de

escape. El pedregoso camino en un espacio se amplió y ante él, los

restos de un muro gris y oscuro de una pequeña vivienda, que aún

conservaba un ollado agüero realizado de también en piedra, donde

en otro tiempo se encontraría el llar, solo reflejaba su oscuro rostro

en estancada agua. Entorno a la misma un caos de desprendimientos.

Ello no sería un obstáculo a su voluntad para trepar. Aún con escasas

fuerza, sed, frío, concentrado en la única voluntad de sobrevivir.

Entrando la noche dio con un sendero, luego un pequeño camino por

el valle, continuó andando; ayudado por una Luna Llena y algunas

diminutas luces de viviendas en el horizonte; a punto de amanecer,

entraba en el pequeño poblado, donde poco después era asistido.

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Su nombre quedó olvidado, no así el haber confirmado la

existencia del hallazgo. Nuevamente los escritos revivieron. Análisis

de todo tipo fueron repitiéndose entre los restos. Al tiempo que las

comunicaciones entre pueblos, ciudades, países y continentes fueron

creciendo a un ritmo vertiginoso. Lo que había comenzado como una

curiosidad, pasó al mundo científico como un dato extrapolable,

encadenando relatos y documentos similares, realizados en distintas

lenguas y por distintas culturas. En unos había sido una cabaña, en

otros una gruta, en los de más allá, un templo en la piedra, cuevas, y

una variedad de asentamientos más.

Ya no era en un origen único sino varios, como las épocas a

través de siglos. No era buscar al alquimista de finos y largos dedos,

con ojos hundidos en profundas ojeras que resaltaban su larga

cabellera o el aparente abad entrado en kilos y siempre de aspecto

sonriente, con rojizos cachetes en su rostro. Las descripciones fueron

tantas que hasta de todos los colores de piel y raza tuvieron cabida

alguna; siempre de los centenarios, milenarios ocupantes, en

testimonios.

Cuando la bolita azul brillaba en el espacio en el inmenso

universo, y era contemplada ya como un punto en la distancia por el

astronauta. A bordo de una de las tantas naves que surcaban el

espacio. El avance técnico desarrollado en ese especial Planeta

Tierra, pareció dar con la clave del enigma: “Las letras no surgían del

crisol de ningún ermitaño, mago, alquimista, chamán, o solitario de

todos los tiempos, culturas y civilizaciones su vuelco en grafos,

piedras, runas, papiros, papel, ciberespacio, ecos y ondas. Tenían un

origen. Durante la fase de sueños, mientras el éter unía universos. Se

presentaba y susurraba en el oído del hombre. Y a partir de ese

susurro nacía otro: “tejedor de palabras”.

Jorge Richter Vázquez (Valencia)

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Head – Enigma Fotos (EUA) http://enigma-fotos.deviantart.com/

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La última payasada de Black

Dean Black había sido un gran payaso. Era cierto que, en alguna

que otra ocasión, la bebida había podido con él. En una o dos

actuaciones. Quizás en algún cumpleaños infantil. Puede que en el

cumpleaños de su hija de seis años.

La adicción, por supuesto, fue provocada por su ex-mujer.

Habían convivido durante ocho tormentosos años, y Rachel conocía

de sobra sus problemas con la bebida. Sus continuas depresiones.

Claro que jamás intentó comprender nada, por eso se separaron.

Seguramente el incidente contribuyó, como la gota que colma el vaso,

pero no fue el motivo principal. Rachel no quiso entender que había

sido una broma. Siempre era demasiado dura con él. Hizo las maletas

y se llevó a la niña. Luego llegó la denuncia. Dean jamás entendió los

motivos de la denuncia. Llegó a los tribunales y prometió portarse

bien. Llevó en todo momento la peluca de payaso. El juez le declaró

culpable y añadió algún cargo más, quizás porque Dean Black hizo

alguna carantoña durante el juicio. Rachel lloró en silencio al

escuchar la sentencia. Dean le lanzó un beso al aire y después contó

un chiste. Nadie rió. Fue humillante. Y después estaba AQUEL TIPO,

que abrazó a Rachel y le guiñó un ojo. Dean Black, el mejor payaso,

doblemente humillado.

Ingresó en prisión y le escribió muchas cartas a Rachel.

Demasiadas cartas, que probablemente terminaron pudriéndose en

el fondo del váter, aunque él confiaba en su redención. Todas sus

cartas terminaban con una carita sonriente. A Rachel le gustaban las

caritas sonrientes.

Su oportunidad de demostrar que era un buen padre llegó un

doce de junio. Libertad provisional bajo fianza. Claro que no

recordaba que el juez hubiese dictaminado nada. La salida no fue

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demasiado fácil, pero Dean tenía sus trucos de payaso. El cumpleaños

de su hija era el mismo día. Dios le estaba mandando una señal. Dean

Black sabía aprovechar las señales.

Se puso su mejor traje de payaso, se esmeró al máximo en

pintarse la cara. “Eres un gran payaso, Dean Black”, se dijo a si mismo

delante del espejo. El espejo estaba mal. Le devolvía una imagen

distorsionada, una burda caricatura del gran payaso que era. Se

enfadó y destrozó la burlesca imagen de un puñetazo.

Las cuatro de la tarde. Dean Black había terminado de

prepararse para dar comienzo a la mejor fiesta de cumpleaños del

mundo. Iba a culminar la tarde con el juego más importante de su

carrera, “El payaso resentido”. “¡Lo que van a disfrutar, damas y

caballeros, niños y adultos!”

Llegó a la fiesta demasiado puntual, como todos los payasos

educados. Una botella de bourbon coronaba la mesa de la sala de

estar. Dean Black sonrió al pensar en Rachel y la escondió en el

enorme bolsillo de su disfraz.

****

Rachel estaba terminando los preparativos del cumpleaños y

temblaba sin darse cuenta cada vez que presenciaba el reventón de

algún globo. “Está en prisión”, se recordaba a sí misma, “ya no supone

ningún peligro”. Pero el autoengaño nunca había funcionado con ella.

Dejó de doblar las servilletas y se quedó muy quieta, tratando de

escuchar algo más que el aparente silencio de su casa. No escuchó

nada porque no había nada que escuchar. Rachel lanzó una maldición

y se echó a llorar. Unas manos aparecieron de la nada y comenzaron a

masajear sus hombros. Su corazón dio un vuelco, y se preparó para

gritar, cuando la tranquila voz de Michael irrumpió en su cabeza:

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—Tranquila, sólo soy yo. Tienes que dejar de ir a esas pseudo

terapias, Rachel. No veo ninguna mejora, sólo más inseguridad y

nerviosismo. Vamos, ven aquí, quiero enseñarte el gran truco de

magia que tengo preparado para la pequeña.

Rachel asintió con la cabeza y se abrazó a aquel hombretón, que

había sido su mayor apoyo desde que Dean Black convirtiera sus

vidas en un auténtico infierno.

De todos modos, Dean Black difícilmente volvería a ser un

peligro para nadie. A la mañana siguiente, alguna anciana encontrará

una cabeza de payaso arrancada de cuajo dentro de algún

contenedor, dos calles más abajo.

Un nuevo jugador había irrumpido en la partida de Black. A

Rachel no le gustaban los payasos. ¿Qué opinará de los ilusionistas y

de sus macabros trucos de magia?

Christine Carcosa (Murcia)

http://christinecarcosa.wordpress.com

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Sangre y cenizas – Fotomontaje de Manuel Esteban (Valencia)

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El fin de la guerra

Dos semanas después de finalizada la guerra, emergió la cabeza

del Bernardo en el pilón de la fuente. Al día siguiente, en el camino

del cementerio brotaron como melones los Heredia, los cinco

hermanos, de mayor a menor, cubiertos de balazos. Sin tiempo para

asimilar el estupor, don Julián encontró en su pila bautismal los

restos de un lactante. Y como si se tratase de una plaga, a estos

hechos le sucedieron la aparición de los cuerpos putrefactos de la

partera y sus hermanas en el río; la lluvia de sangre roja que arruinó

la cosecha de trigo; la visión, ahora sí, ahora no, de una joven

desfigurada cerca de la iglesia; los lamentos desgarradores e

inexplicables que desvelaban a los paisanos durante las noches; y,

finalmente, el hallazgo del marqués ahorcado en uno de sus olivos.

Desde entonces, la paz regresó al pueblo.

Nicolás Jarque Alegre (Albuixech, Valencia)

http://escribenicolasjarque.blogspot.com

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Composición de Jeff Zoet (EUA) - http://www.jeffzoet.com/

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Autoengaño

Ya no hay faro ni guía que ilumine los caminos,

es el día enmarañado un circunloquio continuo,

y la noche no da pistas, ni escupe respuesta alguna.

Ahora tanteas senderos, sopesando los centímetros

de tu paso un pie tras otro, vigilando de reojo

las escondidas trampas de ingeniosos artefactos

que cuelgan en las maquinarias de los astros.

Tercamente obedeces la rutina,

¡no te resistas! sólo hay una diferencia:

en el circuito ovalado al que andas amarrado

distinguiste que la liebre era autoengaño,

un galgo afortunado que igualmente corre tras ella

con el empeño absurdo de desenmascararla.

Durante la carrera, aún sin atisbar la meta,

plegaste velas, soltaste amarras,

desprendiéndote del peso que te hacía sentir ligero

desechando los impulsos, genios locos, ideas idas,

que en el último minuto lanzaste a la papelera

con alarde de puntería antes del final del juego.

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Los instantes son paréntesis, espacios en blanco

del bloc de notas repleto de tareas ilusorias,

después de… estaré bien,

cuando termine… volverá el sosiego,

el día tal… encontraré la paz…

Calma, paz, tranquilidad…

viene y va, junto con irritación,

renuncia sin rendición,

buscando siempre algo mejor,

fotografías ciegas disparadas con Polaroid.

Asun Ferri (Valencia)

http://patadeelefanta.wordpress.com/

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La extraña historia

de mi primo Antonio

Fear – Seppoftw (Holanda) http://seppoftw.deviantart.com/

En la casa de campo de mis abuelos nos reuníamos todos los

veranos un gran número de hermanos, cuñados, tíos, sobrinos,

primos y primas. Aquella tarde de finales de Agosto unas negras

nubes presagiaban la tormenta. Efectivamente, al poco de acabar la

cena, un violento rayo partió en dos el cielo y el trueno posterior

pareció surgir de las entrañas de la tierra.

Se fue la luz.

Poco a poco las familias se fueron retirando a sus habitaciones.

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Cuando mi primo Antonio entró en la suya, le pareció notar un

extraño olor dulzón, y oír una respiración acompasada. Al estirar el

brazo para apartar la sábana, sus dedos entraron en contacto con una

superficie lisa pero musculosa. Presa del pánico, quiso retirar la

mano, pero sin darse cuenta la volvió a posar un poco más al interior

de la cama, y entonces lo que tocó fue algo que tampoco supo

identificar, algo como rugoso y peludo, que por puro miedo apretó

con todas sus fuerzas.

Se oyeron dos espeluznantes alaridos, como dos animales

salvajes librando un último combate mortal.

Desde aquella noche, mi primo Antonio ha sido incapaz de

entrar en una habitación a oscuras. Y mi tía Mercedes no ha vuelto a

dormir sin camisón.

Pepe Sanchis (Massalfassar, Valencia)

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Juan Luis López Anaya (Castell de Ferro, Granada)

http://dididibujos.blogspot.com.es/

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In the face of the future – Gilad Benari (Israel)

http://gilad.deviantart.com/

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El hombre precavido

Su caro reloj de pulsera marcaba las cero horas. El día en el que,

fuera como fuera, debía permanecer encerrado en su casa comenzaba y

todavía se encontraba a tres calles, dos pasos de peatones y un semáforo.

¡Cómo pudo olvidarse del tabaco! Al menos, las calles se veían tranquilas

a esas horas de la noche; mejor, estaban desiertas.

Llegó al último cruce. Se detuvo ante la luz roja del semáforo de

peatones, pese a que no transitaba ningún vehículo. Miró las balconadas

bajo las que debía pasar hasta su portal; afortunadamente, de ninguna

colgaban macetas que pudieran precipitarse.

Ese asesor financiero negaba el azar y los imprevistos. Para él no

eran más que la ignorancia de alguna variable. Por eso, a comienzos de

cada año, visitaba a una consultora de eventualidades de baja

probabilidad; o, para cualquiera que no fuera él, una vidente.

“El día doce del decimosegundo mes morirás”, ese fue el augurio

que le vaticinó ese año. Por supuesto que le produjo inquietud, pero él no

era hombre de lamentos y, de todas formas, para eso la consultaba: para

estar preparado ante cualquier imprevisto. Sin demora encargó a la

pitonisa un ritual para evitar la consumación de malos presagios.

Pero con eso no era suficiente, claro.

Lo más obvio y seguro era que, durante el día señalado,

permaneciera en casa. Eso reduciría las posibilidades de accidente:

aunque no las eliminaba. Podría haber un escape de gas, un incendio e,

incluso, el mismo bloque podría colapsarse. Y así fue como inició un

programa de reformas, no solo en su casa, sino en todo el edificio: renovó

la instalación eléctrica, la del gas y las tuberías del agua; rehabilitó la

fachada y hasta cambió el ascensor. Más le costó convencer a los vecinos

de la necesidad de apuntalar las columnas, tabiques y vigas. No por el

dinero, puesto que se comprometió a pagarlo todo de su bolsillo, sino por

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las molestias que suponía la sucesión de ingenieros y aparejadores en los

salones de sus casas. Afortunadamente, la tentadora promesa de sufragar

televisión de pago gratuita para toda la comunidad resultó un argumento

irrefutable.

Pero con eso tampoco bastaba.

Aun en la casa más segura podría morir por una enfermedad o por

un traicionero ataque al corazón. Fue así que, empezando por la A de

alergólogos, visitó a todos los especialistas de su seguro médico;

cardiólogos, endocrinos, nefrólogos, oncólogos, urólogos, y hasta

dermatólogos. Ninguno le detectó nada, ni leve ni grave.

Pero, por supuesto, la gente no moría solo por accidente o

enfermedad.

Tampoco podía descartar el asesinato. Vivir solo le facilitaba las

cosas, pero cabía la posibilidad de que alguien asaltara su casa. Contrató

un servicio de seguridad, con alarma y cámaras de vigilancia e instaló tres

pestillos de acero en su puerta. Aún y así, consideró oportuno aumentar la

pensión que le pasaba a su ex mujer, reconocer la negligencia que arruinó

a aquel inversor y regalar un bono anual de “La casita del placer” al

músico que vivía en el piso de abajo en compensación por la denuncia

que le interpuso por contaminación acústica.

Todo un año de perfecta planificación para olvidarse, en el último

momento, de comprar tabaco. Un descuido que le hacía estar fuera de

casa cuando habían transcurrido los primeros diez minutos de aquel día.

Al entrar en el portal de su edificio, suspiró. Pese a vivir en un ático,

decidió subir por las escaleras. Arribó exhausto, pero aliviado. Cerró la

puerta y echó los tres pestillos, la llave y conectó la alarma. Dejó el

abrigo sobre la mesa, al lado de la gastada guía médica. Se sentó en su

sofá, se descalzó, encendió un cigarrillo y exhaló una relajada bocanada

de humo.

Encendió la televisión. Apareció un presentador de informativos.

Tras él, en un recuadro, se observaba un avión de cuyos motores nacía

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una estela de llamas y humo que destacaba sobre el cielo nocturno. El

periodista explicaba que el aparato, con sus doscientos pasajeros, iba a

estrellarse de forma inmediata. Dio una profunda calada y se recostó

sobre el sofá. Se sintió orgulloso de su capacidad de previsión: esa que le

diferenciaba de los pobres ocupantes que iban a morir en ese avión.

Oyó un ruido en la calle, como el que hacen los camiones de basura

al vaciar los contenedores. Pese a solapar el sonido del televisor, no subió

el volumen. “Pronto se irá”, pensó. Pero el ruido dio paso a un

insoportable estrépito. Se puso en pie y fue a mirar.

Sus ojos se desorbitaron al ver las aterradas caras de los pilotos que

le observaban desde la cabina del avión, apenas a un par de metros de su

ventana.

David Rubio (Sant Adrià de Besòs, Barcelona)

http://elreinorobado.blogspot.com.es/

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Grandma – Andreia Ferreira (Portugal)

https://500px.com/Andreia_Ferreira

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Mademoiselle Chisinau

Ella aún no se había peinado pero se había pintado los labios de

un extraño color malva, se calzó al azar unas sandalias, se puso su

bata de seda roja y salió a la noche de enero, en el invierno más frío

que no recordaba.

Caminó despacio por calles vacías, contoneándose, con la misma

sensualidad de siempre, esos andares suyos, que no le habían

abandonado. Dejándose acariciar inconscientemente por el viento,

que la enredaba más, su melena plateada.

Los años le habían tintado las manos con las manchas del olvido.

La belleza exótica, de la que en un tiempo pasado presumió y, que la

hizo ser la mujer más deseada y envidiada del mundo, había

sucumbido al azote de la edad.

Sus pupilas vacías de la emoción de antaño, ya no contaban las

historias de pasión que había vivido, cuando, desesperada buscaba al

dueño del único beso, que ella había dado con verdadero amor una

madrugada sin nombre.

No supo con certeza que su mente se empezó a quebrar cuando

decidió huir del naufragio de su corazón.

Cansada de andar se dio la vuelta para volver a su casa, pero no sabía

dónde estaba, ni siquiera sabía donde vivía. Simplemente no lo

recordaba.

Se sumergió en la blandura equivocada del banco de piedra en

el que se había tumbado. El viento arreció y trajo consigo el olor de la

tristeza. Se arrebujó en la bata que la cubría. En ese instante sintió

como sus caderas se movían al compás de una habanera, que

agazapada dormía, en algún lugar remoto de su mente. El frío la

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azotaba sin piedad, pero ella sólo sentía el calor del público que en

pie, la ovacionaba.

Fue entonces cuando su rostro adquirió el extraño color de sus

labios malvas, que dibujaban una sonrisa gélida y, se dejó envolver

por la oscuridad de la noche mientras el telón bajaba.

Marisol Santiso Soba (Madrid)

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Bar Mechanics

Imagen aportada por el autor

Estoy en un bar oscuro, se llama algo de mecánicos, no sé, está

bien. La cerveza es buena y el ambiente, el ambiente es un poco

extraño. Tiene ventanales altos, parece un lugar antiguo, de culto.

Esto de aburre, lo sé. Bueno, no sé por qué me pides que te cuente

historias, no entiendo por qué lo haces. La chica de la barra es

simpática, mira de reojo a la gente, a su compañero, parece cansada y

a la vez excitada, es muy rara. En la calle unas sirenas. El resto de la

gente sigue como si nada. Ella tira cervezas como si se estuviera

arreglando el cabello. Las parejas hablan, discuten, se miran. En la

mega-pantalla los juegos olímpicos de invierno deslumbran a los que

están cerca y los que miramos de lejos giramos la vista. Lleva en la

camiseta el logo del bar, en relieve gracias a su anatomía. Un rock

suave aparece súbito para marcar terreno. Filadelfia, la costa este, el

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origen de todos los demás estados. Entra más gente al bar. La chica

de al lado me mira mientras termina su Martini, me mira mientras la

camarera habla con un tipo raro de reojo. Y sonríe. Me la encuentro

en el barrido del salón con mis ojos y sonríe. Es su trabajo. La chica

de al lado bebe de un trago el gin tonic y su novio pide otro. Las luces

tenues, rojas, amarillas, caen a un tercer plano. La camarera abre sus

brazos y se apoya en el fondo de la barra para dejar pasar a su

compañero a recoger unas copas. Es gay, no hay dudas. Ella lo mira, él

la mira y es gay. Ella huele un vaso de forma sutil antes de tirar una

Blue Moon, me ve y trata de disimular su enfado. Un tipo de barba

larga, más larga que mis pies, se levanta para ir al baño y al pasar

detrás de mí susurra "deja de mirarla" y desaparece cerca de la

gigantesca pantalla blanca llena de nieve.

Los tortolitos de mi lado derecho piden cuentas separadas y la

musa de detrás de la barra les entrega sonrisas acompañadas de

números. El enorme hombre de la barba larga no aparece y decido

echar un ojo al culo de sus sueños. No está mal, con un poco de cariño

podría estar mejor. Queda un hueco a mi lado y ella se prepara para

los siguientes bebedores. El logo del bar está realmente en el lugar

donde debe, turgente y directo a los ojos, a la vista de todos. Ella

sujeta con una mano el vaso y con la otra el grifo, se echa para

adelante un poco, suavemente, y levanta sin querer su trasero,

redondo, sonríe al verme mirándola y me ofrece otra cerveza, la

acepto y sonrío y él me mira, y detrás del grifo, del mismo lado de la

barra pero más lejos, él me clava los ojos y por primera vez en la

noche siento lo que es el miedo.

Tengo miedo y otra Yards desborda la pinta delante de mí

acompañada por una sonrisa que la delata: ella también tiene miedo

y el culpable es el amor del barbas. "¿Es algo tuyo?" le pregunto con

muy poco tacto y después de servir tres copas se apoya en la

estantería de los licores y susurra "está loco, ten cuidado".

El gay brazos tatuados me mira sorprendido y ella mira al suelo

y acerca a un amigo del barbas. Parece que este jueguito es un clásico

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de la casa. Un esquiador ilumina la sala y me transporta por un

segundo a Sochi, cuando despierto Barbas está mirándome y esta vez

le sigo el juego. Sin dejar de mirarlo llamo a su chica por su nombre,

Yanira, y dejo que me odie con todo su ser. Probablemente le haya

costado meses saber su nombre, probablemente aún no lo sepa, y no

creo que sepa que ella es de Puerto rico y que ha estado en Barcelona

en septiembre. Me odia y creo que podría pasar toda la noche en este

maldito bar porque él está cerca de la puerta, la única maldita salida

de este oscuro bar.

Pido una Great Lakes, estupenda, y ella me regala otro de sus

"¿está a gusto, señor?" y él me mira y otra pareja a mi lado y

empezamos a hablar en castellano y el Barbas se levanta al baño y se

toca la barba nervioso, alterado, fuera de sí y sus amigos tratan de

tranquilizarlo… Nos oye hablar, no debe entender nada y ella se sirve

un trago y el amigo de Barbas la llama. Hablan, ella vuelve conmigo, él

nos mira y ella sonríe, se ríe en voz alta.

Él se levanta, no puede más, se toma la cabeza con las dos

manos, luego se arregla el pantalón. Camina hacia mí...

* * *

Despierto en mi hotel de la calle 17th y después de una ducha

leo mis notas. Una noche larga, complicada.

Yanira. Ella sabe lo linda que es..., y ese tipo. Ahora mi cabeza

vuelve en sí y se estrella contra los últimos minutos en el bar, el

maldito Barbas, me duele la puta cabeza y quiero olvidarlo todo,

maldito gordo barbudo apoyando su panza en mis rodillas, su barba

en mi mentón y su asquerosa voz entrecortada diciendo: ¿qué, te

gusto?, vamos a algún lugar, más... íntimo.

Pernando Gaztelu (Iruña, Navarra)

http://lokos-a-disfrutar.blogspot.com.es/

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Banking – Son Nguyen (EUA) https://500px.com/stnguyen

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Travesía

Esperando

Lejos, muy lejos, en los confines del Sáhara, el milano se inquieta

Se acercan las tórridas hambrunas. Siente la llamada norteña:

despensa de alimentos

Busca compañeros de viaje para cuando asiente el clima. Aguarda

días serenos para volar a las tibias costeras mediterráneas

Volando

Milano negro mira el cielo alzado de brumas. Inicia el éxodo hacia la

alborada

Vuela, costea tentando el tiempo. Antes que sea demasiado tarde

emprende el salto a la contracosta. Viaja envuelto en las sombras,

abriendo camino en la noche, soportando el cansancio y el hambre

Contraviniendo

El aire: una barrera de hierro. Ventisca tan recia, tragadero infinito,

donde no se recupera el rumbo

Quebrantando

Cuando lleva cubierto un trecho, aprieta el viento, se cierran nubes y

descarga agua. Aguavientos. Arrecia el frío. Bate alas el milano negro.

Atraviesa la tempestad

Planeando

Corren ya pocas galernas. Luce sol claro. Abajo el Mediterráneo. El

espolón de Tarifa

Ya llega, ya llega. Mira el mar apaciguado. Libertad

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Confiando

Viento racheado le sorprende

Cae…

Abajo, ahogándose… hombres negros

María Isabel Peral del Valle (Valencia)

http://delostiempos.blog.com.es/

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El chico de la bici

Speed of life – Giusy Iescone (Italia)

https://www.flickr.com/photos/giusy60/

Un domingo, cuando ya estaba rota, desperté muy temprano con

los rescoldos de un sueño tibiándome el alma. De fondo, se perfilaba

Ojanes, el pueblo donde transcurrieron mis veranos de niña. No

estaba demasiado lejos en la distancia, apenas hora y media, pero sí

en el tiempo, como comprobé al deambular por sus calles. El

lavadero, el casino, el cine y la carnicería de la plaza habían

desaparecido, parecía que alguien estuviese borrando las pruebas de

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mi niñez. Decidí no bajar hasta el río para evitar golpes más duros.

Aun así, continué buscando mi infancia. En un par de ocasiones me

pareció verla pasar ante mis ojos como un pequeño relámpago, sin

acabar de concretarse, disfrazada de niño mellado montado en

bicicleta. La tercera vez me miró de frente, parada en mitad de la

cuesta de la iglesia, con sus coletas rubias por detrás y el mundo, todo

un mundo por explorar, en sus ojos de nueve años. Me atacaron por

sorpresa olores a albaricoque y cerezas, ancianas vestidas de negro

con su cesta de mimbre al brazo y tardes de biblioteca municipal

leyendo aventuras de Los Cinco o tebeos de Tintín mientras los demás

dormían la siesta.

Di media vuelta para regresar a casa. La mirada de la chica fija

en mi espalda me acompañó hasta el coche aparcado al final de la

cuesta. Esa noche, cuando al fin me dormía, los ojos de la niña de las

coletas continuaban mirándome. Decidí dejarla vagar por las calles de

Ojanes, tal vez todavía bajase por las mañanas a bañarse en el río.

Noté como algunas piezas se recomponían en mi interior. Y hasta

recordé el nombre del chico de la bici.

Fran Rubio (Tavernes de la Valldigna, Valencia)

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Haiku

Soplo de viento.

Suspendida en el aire

una gaviota.

Marga Alcalá (Valencia)

http://comolaspiedrasoelviento.blogspot.com.es/

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Black Magic – Nachan (Italia) http://nachan.deviantart.com/

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Realidades paralelas

No, esa noche no fue a la fiesta. La consigna, “máscara y capa

negra, nada más”, le había resultado demasiado atrevida. Estaba

adormilado viendo una película, cuando sonó el timbre.

Abrió y se quedó perplejo. A pesar de la túnica oscura que le

llegaba hasta los pies y de la gruesa máscara tras la que se ocultaba,

aquella figura le resultaba familiar.

Sin dejar de mirarle, la desconocida le cogió las manos y las

llevó bajo su manto. Sintió la suavidad y la tibieza de aquella piel, la

que presentía en la mujer con la que soñaba todas las noches.

El baile transcurría lento, en un deleite para los sentidos. El

ritmo se elevaba poco a poco. El cuerpo rotundo de ella, ya sin capa,

sobre el suyo. Su pelo, ondeando rítmicamente, y la máscara

impertérrita le excitaban sobremanera. Cuando se acercaba al éxtasis

quiso arrancársela, para descubrir el rostro de la mujer amada.

Entonces, el cuerpo de ella se desvaneció entre sus brazos,

desapareció.

Despertó en el sofá, junto a la máscara y la túnica que no se

había atrevido a usar la noche anterior. Un delicioso perfume de

mujer flotaba en el aire.

Concha García Ros (Cartagena, Murcia)

http://nosvemosenkairos.blogspot.com.es/

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Book shopping–Martin S. (Eslovaquia) http://marsphoto.deviantart.com/

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M. y el equilibrio de los sueños

(Donde se nos cuenta la triste historia de M., oficinista, escritor sin

escritura y soñador sin librería; y poco más, o menos)

El cartel de “SE ALQUILA” y el número de teléfono siguen

adornando su puerta. El local, que lleva meses, años, cerrado, es el

ideal. La fachada de piedra tiene un color terroso; el mismo color que

tienen los libros que M. sueña vender el día que ponga allí su librería.

Primeras ediciones de autores del 98 y del 27, alguna incluso de un

Galdós o un Clarín, un Valera o un Miró (Gabriel, por supuesto). Ir

más hacia atrás de ellos le parece a M. una temeridad; cuando alguien

sueña tiene que ser realista para que no se note demasiado que lo

que está haciendo es soñar. Hay que guardar un difícil equilibrio. Por

eso M. sueña que no sólo vende libros de esa categoría, sino también

viejos ejemplares a precios irrisorios; novelas de aventuras

decimonónicas en baratas ediciones de papel fumadero, raros

poemarios en tiradas numeradas, ensayos en alemán del período de

entreguerras, tratados de historia militar, cetrería y ajedrez. Tiene

pensado M. el nombre de su librería-sueño, pero se siente incapaz

siquiera de escribirlo para no gafarlo (cosas de escritores maniáticos

y soñadores que bordean los cuarenta).

Hoy, treinta de enero del año dos mil quince, M. bajaba a

trabajar y, como siempre, su mirada ha buscado el local en cuestión

para poder respirar antes de encerrarse en su oficina como un Pessoa

cualquiera. Y allí estaban; las puertas abiertas, los albañiles picando

las paredes, dos hombres trajeados con sus teléfonos de última

generación evitando las partículas de polvo. Y el cartel de “SE

ALQUILA” y el número de teléfono...ausente. M. ha entrado hoy a

trabajar algo más viejo y más cansado.

Marco Antonio Torres Mazón (Torrevieja, Alicante)

http://itacadeshabitada.blogspot.com.es/

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Big Bang!! – Nimit Nigam (India) http://nimitnigam.deviantart.com/

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Y Dios creó al hombre

24 de diciembre del año 2.033

El mundo cambió y la religión fue la razón.

La frase “Y Dios creó al Hombre” debió ceder su lugar a “El

Hombre creó a Dios.”

El ser humano dio como válida esta última creencia por la

necesidad ancestral de creer en algo y encontrarle el sentido a la

vida. La búsqueda de respuestas sobre el Origen y Dios había sido

infructuosa, milenios habían transcurrido en vano.

Mas un día, un grupo secreto difundió la creencia y el orbe se

hizo eco. “EL HOMBRE CREÓ A DIOS.”

Con esta nueva teoría se inició una era en la cual la tecnología

alcanzó metas inimaginables; las computadoras, robots y demás

creaciones dejaron ocioso al ser humano.

Los viajes espaciales y la investigación del Universo eran temas

excluyentes y en ellos se volcaban todos los recursos, económicos e

intelectuales.

El promedio de vida había alcanzado los doscientos años, pues

las enfermedades se encontraban erradicadas, la gente solo moría

por hastío a la vida.

Se reemplazaron todas las funciones que los animales, insectos

y plantas cumplían provocando que en poco tiempo desaparecieran

de la faz de la tierra. La naturaleza se había extinguido; ya no existía

el color verde de los bosques y campos, tampoco los colores.

Y los estudios astronómicos habían determinado que nuestros

“creadores” procedían de un planeta ubicado a 0.00079589 años luz

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o 50.7 UA. Las sondas espaciales habían llegado hasta allí luego de

nueve años de travesía. Lo llamaron Olimpo, por la morada de los

Dioses griegos.

Estas sondas enviaron la información sobre el lejano mundo

determinando nuestra ascendencia pues tenía tierra, agua, aire,

valles, montañas, bosques, vegetación, aves, animales, ciudades y

seres que parecían humanos.

La algarabía fue absoluta en el mundo; se había dado con los

creadores, con nuestros verdaderos padres.

Las pinturas rupestres y las evidencias arqueológicas se

convirtieron en algo real y con una explicación fehaciente y concreta;

una raza de extraterrestres nos trajo a este mundo y nos plantó. Las

señales encontradas a través de la historia ahora eran verdades.

Fue sin dudas el descubrimiento más importante de la

Humanidad, pues se confirmaba nuestro origen extraterrestre

dejando de ser Hijos de Dios…

24 de diciembre de 2.133. 100 años después.

En pocas horas estaría despegando la primera nave espacial

hacia Olimpo. La tripulación representaba casi todas las ramas, pues

viajaban físicos, ingenieros, militares, políticos, escritores,

matemáticos, filósofos, biólogos, pintores, astrónomos.

El viaje era trascendental para la raza, en pocos años

conoceríamos a los “creadores”, con lo que eso significaba; no habría

más preguntas sin respuestas. La alegoría de la caverna de Platón

pasaba a ser un cuento para niños.

Comenzó la cuenta regresiva y el despegue fue un éxito.

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Cuando la nave se encontraba a miles de kilómetros, se cruzó

delante de la misma una luz muy brillante y potente que cegó a todos

por un breve lapso.

Pasado el momento de zozobra, los tripulantes vieron con

preocupación que “eso” se dirigía a la Tierra.

Enviaron alertas más fue en vano ya que las comunicaciones

estaban interrumpidas.

Luego de unos minutos asistieron aterrados al impacto de esa

luz con el planeta.

El miedo se apoderó de todos, pues nadie tenía una explicación

razonable a lo que sucedía.

Mientras, la nave seguía su curso.

De pronto, en la cabina de mando apareció la figura de un

hombre, delgado, joven, con una túnica blanca y un halo de luz

rodeando su ser al mismo tiempo que la negrura del espacio iba

desapareciendo para dar paso a un arco iris celestial e infinito,

produciéndose un estallido de colores de una belleza incomparable

como si una mano mágica e invisible estuviera pintando la obra de la

vida eterna.

Extasiados, se quedaron contemplando aquel fenómeno.

Y el hombre habló.

-No temáis, estoy con vosotros, llegarán sanos y salvos al lugar

que han elegido y darán un gran paso hacia la evolución. Sean felices.

Dicho esto se desvaneció en el aire. Nadie sabía qué decir ni

hacer, por lo que el silencio duró un buen rato.

Mientras, en la Tierra ocurría algo extraordinario.

La mano invisible apareció e hizo renacer los campos y bosques,

el verde estalló, como así el color de cada flor, planta, árbol; la

naturaleza recobraba su vida, el mundo volvía a ser lo que era.

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Y de la nada los animales, insectos, peces y aves en parejas

aparecieron tomando sus viejos lugares.

Y lo más trascendental ocurría en un lugar muy remoto, donde

una mujer daba a luz a un niño, bellísimo, rodeado de un halo

celestial.

En el cielo un cúmulo de estrellas brillantes, eternas coronaba el

momento.

Y en todo el mundo se escucharon las siguientes palabras:

-SI VOSOTROS EXISTÍS, YO TAMBIEN EXISTO. EL UNIVERSO ES

DE USTEDES, ES MI REGALO.

Todo ser humano entendió el mensaje. Un silencio de

ultratumba se apoderó del planeta y fueron largos los minutos en los

cuales ningún ser humano emitió sonido.

Hasta que una dama muy anciana y memoriosa, comenzó a

rezar: “Padre nuestro, que estás en los cielos…” Y todos acompañaron

la plegaria en un solo, un mismo idioma desde cada rincón del

planeta.

Lo que comenzó como un susurro terminó siendo un estallido

de energía que traspasó los límites del Universo.

¿FIN, O NUEVO PRINCIPIO?

Ricardo Mazzoccone (Buenos Aires, Argentina)

http://ricardomazzoccone.blogspot.com

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Caballo ¡Espíritu libre!

Fotografía aportada por la autora

Espíritu libre, indomable, gallardo y airoso,

caminar presuroso, altivo y armonioso,

incansable, intrépido, de corazón férreo,

y determinación inquebrantable.

Peregrino de los tiempos,

compañero fiel de los caminos,

testigo mudo de mil historias,

de romances, serenatas,

y amores no correspondidos.

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De noches sin luna ni estrellas,

de batallas perdidas o ganadas,

de aventuras y desventuras.

Incansable guerrero,

fuerte y pertinaz,

luchador empedernido,

conquistador de mil tierras,

de los Alpes al Amazonas.

¡Caballo intrépido!

Obstinado corcel,

salvaje y rebelde,

paso ligero, trote marcial,

cincha y estribo rehúsas tener,

como el viento, libre, vivir y pacer.

Tu libertad quieren coartar,

tus cadenas puedes romper,

nadie tus alas puede quebrar.

Escucha al viento,

a tu espíritu ancestral,

impetuoso y desafiante,

indómito y persistente.

¡Corre, vuela, libérate, bravío alazán,

tu voluntad, nuca quebrantarán!

Lucía Uozumi (Miyazaki,Japón)

http://www.mishumildesopiniones.com/

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Como un suave aleteo

Il legno racconta – Massimo Piazzi (Italia) https://500px.com/fiemme

Como un suave aleteo, siento tu mirada sobre mí. Es un instante,

lo justo para asegurarte de mi presencia y regresar a tu mundo de

abstracción. Tus manos se mueven precisas sobre un trozo de

madera para convertirlo en algo decorativo. Me gusta verte trabajar,

la manera de acariciar los objetos, la sensibilidad manifiesta de tus

manos deformadas por los años, cubiertas de motas, como

salpicaduras de serrín. Tienes los ojos cansados, empujas las gafas

una y otra vez hacia arriba de la nariz. Sonríes satisfecho y me

devuelves esa mirada de tantos años, de tantos silencios, de tantos

pensamientos.

Elena Casero (Valencia)

http://elenacasero.blogspot.com.es/

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A broken man – Steven Worthey (EUA)

http://stevenworthey.deviantart.com/

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La certeza de la imagen

Deslizó sus gafas sobre la nariz y concentró la mirada ¡no era

posible lo que estaba viendo! Ella estaba en aquella foto, riendo, feliz,

sin aparentes problemas. Buscó la fecha, el lugar, la noticia, y

encontró la tristeza, el engaño, la melancolía. Cerró el periódico, se

reclinó en una de las orejeras del sillón y su pensamiento atravesó el

tiempo hacia atrás, cuando no había imagen sino presencia.

Pero era injusto culparle. El alejamiento de ambos desencadenó

la ruptura y ahora, ensimismado en el recuerdo, nota que los ojos se

le llenan de lágrimas, no por el dolor de la ausencia, sino por la rabia

que siente sobre sí mismo por ser tan idiota. Ha perdido la

oportunidad de ser feliz, y en ese caso no sería erróneo afirmar que

éste es verdaderamente el principio del fin.

María Luisa Pérez Rodríguez (Valencia)

http://marialuisaperezr.blogspot.com.es/

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American Association of the Red Cross (1918)

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Recuerdos de la infancia

Se llamaba Isabel, pero todos la conocían como Doña Isabelín.

Era una mujer pequeña ataviada con su sempiterna bata de

enfermera, que se elevaba sutilmente del suelo gracias a unos

impolutos zuecos blancos. Incluso cuando visitaba a domicilio se

presentaba de aquella guisa, exhibiendo en el rostro el orgullo casi

enfermizo de quien cree ejercer su profesión por designación divina.

Debía andar ya por la cuarentena, pero seguía soltera y sin

descendencia, lo que me llevó a creer durante años, amparada cómo

no por mi pueril ignorancia, que el personal sanitario se asemejaba al

sacerdocio en la soledad obligada de su profesión.

Doña Isabelín hacía gala de un carácter enérgico y resuelto,

moviéndose con desparpajo entre gasas y agujas. Y si la recuerdo al

detalle es porque durante el tiempo que tardó en completarse mi

involuntaria cartilla de vacunación infantil, me ayudó a desarrollar en

sumo grado la imaginación, ya que cada vez que mi madre nos

programaba una cita yo debía urdir alguna artimaña para

desaparecer del mundo durante horas. Fue así como descubrí la

lógica diferenciada de niños y adultos, pues mientras mis padres se

centraban en explorar los bajos de camas, sillas y demás muebles en

un vano intento por desvelar mi escondite, yo me decantaba por el

horno o la lavadora, electrodomésticos que no abandonaba hasta oír

la exasperada voz de mi progenitora disculpándose al teléfono ante la

practicante. Sólo entonces salía de mi reducto y capeaba la regañina

con la cabeza escondida entre las rodillas, rezando para que nadie

advirtiese en mi mirada el rescoldo de victoria que perduraría hasta

que lograsen concertar una nueva visita.

Pero entonces llegaba lo peor, porque aquella mujer se

presentaba en mi casa dispuesta a ayudar con la búsqueda y, cuando

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al fin conseguía clavar la aguja en mi lozano trasero, el olor a fenol,

alcohol, acetona y demás brebajes me provocaba tal enajenación que

pasaba de alternar coces y gritos cual caballo desbocado al

desfallecimiento prematuro que me hacía dormir como los angelitos.

Fíjense la fuerza que debí malgastar en aquella época que, aún hoy, al

entrar en cualquier hospital o consultorio médico, el mero olor a

salubridad deriva en una flaqueza que me obliga a agarrarme a las

paredes para no caer en redondo. Y en el instante que precede al

desmayo me acuerdo de Doña Isabelín y pienso en lo feliz que

hubiese sido en su día de haberme encontrado en semejante estado

de docilidad inducida.

Macu Joan (Carlet, Valencia)

http://macujoan.blogspot.com.es/

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Roto

Foto aportada por el autor

Llegué a creer que la muerte era un dulce sueño del que nunca

despertaría, un jardín en el infierno por el que corría. Mi dorsal, el

nueve, ondeaba como bandera en mi espalda. Y en mis pies, alas. En

el horizonte, teñido en policromías, la meta: una ensaladera de plata,

vítores, abrazos, cava… y tras la valla una hermosa mujer sonriendo

divertida, sus labios aguardando los míos, sedientos de su húmedo

aliento.

Pero entonces irrumpió el amanecer, como agua en la hoguera,

como yunque en el espejo, como uñas afiladas que sangran tus

mejillas. Abro los ojos y, frente al nuevo día, aparezco muerto en vida,

igual que un muñeco sin pilas. Pronto llegarán las enfermeras

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impolutas, y tras ellas la voz de un padre que sufre por dentro, un

hermano que no puede disimular su pena, una esposa que cuenta

abatida las horas muertas, el amigo que recuerda lo que ya nunca

podrás ser, un cirujano que escribe impasible su parte de guerra…

¿Por qué la mente despierta cuando el cuerpo ya solo es un

recipiente de sangre y heces?

Prefiero la inexistencia, o en su defecto el mágico manto de la

noche, mentiroso y protector, a las sábanas blancas de la cama donde

yago casi inerte, obligado a otra eterna jornada de luz anhelando el

ocaso, añorando el sueño, deseando regresar a mi otra vida.

Manuel Pérez Recio, “Nelo” (Valencia)

http://www.neloescribe.blogspot.com.es/

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La otra mirada

¡Viva la poesía! – Jorge Mejía Peralta (Nicaragua)

https://www.flickr.com/photos/mejiaperalta/

¡Libre! ¡Es lo que quiero ser!

Atrapada solo por los sentimientos

Que como grandes carceleros

Encierran todo lo que tocan

¡Pura! ¡Me quiero mantener!

Sin ser violada por fines políticos

Pues en una posición u otra

Las cadenas me rozan

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¡Bella! ¡Mi mayor aspiración!

Hacer de las desgracias

Rosas cubierta de espinas

Que sangran conmovidas

¡Sincera! ¡El triunfo de mi anhelo!

Como la más vil mentira

Que se arraiga como las raíces

De un árbol centenario

¡Amada! ¡Mi reflejo!

Pues soy la hija solitaria

De padres inciertos

Que se la lleva el viento

¡Incorpórea! ¡Mi estado!

Como fantasma que vuela

Que sin jamás ser visto

Soy por todos percibido

¡Infinita! ¡Es y será mi condición!

Cuando no hay forma alguna

Ni frontera en esta tierra

Que escape de mi veneración

Adrián García Raga (Valencia)

http://unaestrellaenelcosmos.blogspot.com.es/

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Juan Luis López Anaya (Castell de Ferro, Granada)

http://dididibujos.blogspot.com.es/

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Bipolar – Eugenia Loli https://www.flickr.com/photos/eugenia_loli/

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Loco

Llevo arrastrando las cadenas desde que salí del manicomio,

arreando cabras de un lado a otro, y no es ninguna metáfora; cargo

con un par de cadenas, una unida a cada una de mis piernas. Las

cabras son mi nuevo trabajo, arreo un rebaño para ganarme el pan de

cada día.

Este señor me dijo que los loqueros de la ciudad le robaron a su

hijo de pequeño, le aprendieron por un crimen menor y le

diagnosticaron una enfermedad en la cual mostraba un claro

desorden de personalidad múltiple.

No había problema con que yo trabajara para él, pobre hombre,

decía que no tenía nada contra el estado mental de su hijo; era como

tener a dos hijos en un mismo cuerpo. Aprendió a lidiar con ellos e

incluso le parecía divertido tratar de adivinar con quien hablaba cada

instante. Una de las vecinas dijo a las autoridades que él criaba un

monstruo loco, pues el pobre niño se peleó con uno de los perros de

arreo y lo devoró a bocanadas frente a ella.

Con los ojos llorosos y la voz quebrada me contó esta historia mi

papá, antes de dar un sorbo a su café y aceptarme como su empleado;

por primera vez en mi vida no adivinó con quien hablaba al verme.

Manuel Alejandro Ramos Ayala (Naica, México)

http://chatomusik.blogspot.mx

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Les dimanches de La Rochelle - Francine Van Hove (Francia)

http://www.francinevanhove.com/

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Nostalgias

Me hace falta tu olor, tu cercanía

porque me son extraños

el huerto y el aljibe,

la casa y las adelfas del camino

la luna que me acecha

tras el visillo lila

y el sol que entra a raudales por el patio.

Me hace falta tu aliento y que tus brazos

me agarren otra vez por la cintura

porque me duermo al filo de la madrugada

reviviendo

pero a medida que amanece

la luz se me hace turbia

y me voy con las horas marchitando.

(Del libro Boceto para una noche)

Isabel Sifre Puig (Valencia)

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Lost love – Jukka Alasaari (Finlandia) https://500px.com/JukkaAlasaari

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Lo mejor de mí

A veces dudo de que existieras, me parece irreal el tiempo que

viví contigo, fantaseo con que todo han sido imaginaciones mías pues

apenas quedó rastro de ti. Pero, entonces se me acerca un rostro

amable de ojos grandes y me besa para recordarme la existencia de

una vida anterior en la que yo no fui la misma, una vida a millones y

millones de horas de distancia, muy lejos de mi actual cielo.

Nos abrazamos en el sofá y siento mi corazón descansar y mi

espíritu se eleva y puedo respirar profundamente hasta que mis

pulmones se ensanchan de tal manera que acaban en una explosión

de felicidad. Están unidas nuestras mejillas y los olores se confunden.

Reposa su mano en mi cuello, se enredan nuestros cabellos y

nuestras piernas quedan entrelazadas, ¿de dónde salió esta especie

de hada que me produce tanta paz?

De repente caigo en que salió de mí misma y por momentos la

quiero aún más. Pero, vuelves a aparecer tú también en el recuerdo,

irremediablemente unido a sus comienzos, aunque no consigues

estropear el momento, el mejor momento del día, de todos los días.

Alicia Muñoz Alabau (Valencia)

https://www.facebook.com/PonerseAlas

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Grace combines – Ilya Lokalin (Rusia) https://500px.com/IlyaLokalin

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Los días deshabitados

Llevaba dos horas mirando aquella fotografía. Nada. La página

seguía intacta, inmaculada. Ni una sola línea. Solo un folio con ese

color sin color, símbolo de pureza, salvo que seas escritor. Entonces

se convierte en el temido pánico a la hoja en blanco. A la hoja o la

pantalla vacía de un frío ordenador.

¡Qué extraña pasión ésta de la escritura! Hay días en los que una

consigue media página que cree gloriosa. Entonces te inflas como un

globo y sacas a pasear tu plumaje de pavo real. Pero luego están esos

otros días, los deshabitados. Esos en los que tu cerebro vaga en el

vacío del espacio sideral. Lo más probable, entonces, es que acabes

llenando de hojas el cesto de la basura o la papelera de reciclaje.

Hay que echarle narices para ponerse a escribir esos días.

Tienes que armarte de valor y esperar que un adjetivo inadecuado no

te encoja el corazón.

Aquel era uno de esos días. Y allí andaba yo, gravitando sin

rumbo fijo.

-Tierra llamando a inspiración.

-¡Anda mira el cinturón de Orión!

Ya está, pensé, invocaré a Calíope, Clío y Melpómene. Cualquiera

de ellas servirá con tal de que me regalen un segundo de iluminación.

Enseguida recobré el juicio. Recordé que las musas es solo una

estación de metro. Nunca he creído yo en señoras mitológicas que

faciliten la tarea.

Así que baje a la tierra y volví a la foto de marras. Era una foto

en blanco y negro de una pareja joven que viajaba en un

descapotable. Los dos eran atractivos. Aunque en realidad a mí quien

99


me llamaba la atención era la chica. Creo que mi espíritu feminista se

está haciendo cada vez más fuerte.

¿Qué iba a hacer con aquella mujer que me sonreía ajena desde

el papel? Confieso que mi primera idea fue la de estrellar el coche.

Vale, cuatro líneas y los tiro por un barranco. Pero me sucedió algo

fatal para un escritor. Me impliqué con mi personaje. ¿Cómo iba a

hacerle eso a aquella chica que parecía tan alegre?

Mi tránsfuga inspiración buceó desesperada en todos los tópicos

acostumbrados ¿Qué tal le iría la tan manida historia del príncipe

azul? El chico era guapo y no hacían mala pareja. Lo descarté de

inmediato. Nunca me han gustado los príncipes y ni mucho menos

azules. Algunos destiñen descaradamente. En otros, el azul toma un

degradado tono violeta. En esos casos la chica suele acabar confusa,

consolándose con la idea de haber encontrado al menos un amigo.

Ese amigo capaz de hablar durante horas de emociones, sin bostezar

ni echar un vistazo al resultado de los partidos. Pensándolo bien, no

estaba tan mal la idea. Pero no, yo no quería eso para mi

protagonista.

La coloqué de espía rusa, amante despechada, ingenua

adolescente, niña de familia bien que va a la hípica, asesina

despiadada. Hasta pensé en un androide llegado del futuro para

acabar con el género humano.

Pero nada. Los días deshabitados son así. Cualquier idea

termina en un bucle y vuelve de nuevo al comienzo sin haberse

definido.

Miré de nuevo la foto y me dirigí a la chica en voz alta.

-Te doy la libertad, le dije. Puedes hacer lo que quieras. Ama, ríe,

sueña, juega si te apetece. O, si lo prefieres, para en el próximo desvío

y dile a tu acompañante que abandone el coche.

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-Cenicienta, te otorgo el volante de tu carroza de 220 caballos. A

partir de ahora sólo tú conduces tu vida.

Me pareció que la muchacha levantaba los brazos en señal de

júbilo. O quizás ya los tenía levantados desde el principio. De lo que sí

estoy segura es que al levantarme de la mesa escuché una pregunta:

-Perdona, ¿es diesel o gasolina?

Matilde Lledó Pérez (Madrid)

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Karly & Jarly – Christina

https://www.flickr.com/photos/23472122@N04/

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La niña que quería ser hombre

-Cuando yo era como vosotros, de mayor lo que quería ser era

hombre.

Por más tiempo que viva, jamás olvidaré esta frase, salida de los

labios de una mujer muy mayor ante un grupo de escolares de doce a

catorce años. Era una actividad del colegio, consistente en charlas de

familiares nuestros sobre sus respectivas profesiones. Y ella era

Soledad, tía abuela de una de mis compañeras y probablemente, la

mujer que más haya marcado mi existencia.

Su afirmación me dejó anonadada, y ya no pude dejar de

escucharla. Soledad había nacido en un pueblo pequeño, de ésos

donde todos se conocen, y era la segunda de cuatro hermanos, todos

varones menos ella. Desde niña, odiaba los lazos y vestidos que le

ponía su madre, y envidiaba profundamente los pantalones cortos de

sus hermanos. Cuando protestaba ante su madre, ésta la recriminaba

porque debía vestir como una niña, y no como un chicote. Por las

mismas razones la reñía cuando volvía del colegio con manchas en la

ropa, por más que a sus hermanos no les dijera nada. Y pronto

empezó a llamarle la atención porque quería jugar con la pelota en

lugar de con las remilgadas muñequitas que le habían comprado. Con

el tiempo, las diferencias entre sus hermanos y ella se iban

acrecentando, y a Soledad la obligaban a fregar los platos mientras

sus hermanos estaban repantingados en un sofá. Y cuando

protestaba, siempre la misma cantinela, que ella no era un chico y

debía comportarse como una señorita. Y así, una vez y otra. Si

hablaba su padre, ella tenía que callar porque era mujer, y hacer lo

que dijera aunque no estuviera bien o no fuera justo. Y mientras, su

madre, siempre sumisa, siempre callada, aunque su padre le gritaba,

y la llamaba inútil, y torpe, y mil cosas más. Pero nunca protestaba. Y

103


le decía a Soledad que él era su marido, y los maridos siempre tenían

razón.

Hasta que llegó el día en que Soledad acabó los estudios

primarios. Era una estudiante excelente, y quería hacer el bachiller, y

luego una carrera, y convertirse en abogada, o en maestra. Pero su

padre dijo que debía quedarse en casa a ayudar a su madre hasta que

se casara, y su madre no se opuso. Soledad lloró y protestó, pero no

hubo modo de que cambiaran de opinión. No entendía cómo su

hermano mayor, que era un desastre en los estudios, tenía esa

oportunidad que a ella le negaban pese a merecérsela tanto.

Le dijo a su madre que no pensaba casarse, y que tendría que

aprender un modo de ganarse la vida. Pero su madre no quiso ni

escucharla. Se casaría con un buen hombre, como su prima Purita,

que tampoco quería casarse y ahora era tan feliz con sus tres hijos. O

eso decían.

Así que no le quedó otro remedio que permanecer confinada en

la casa mientras esperaba su oportunidad de liberarse. Ella seguía

protestando, y su madre, cada día más cansada y anciana, continuaba

diciéndole que aquello era porque era una mujer, y eso era lo que

debían hacer las mujeres. Y asunto zanjado.

Así que un buen día, después de enterarse que su prima Purita

había muerto al dar a luz a su quinto hijo, decidió marcharse. Se fugó

de noche, a escondidas, vestida con la ropa de uno de sus hermanos, y

con el poco dinero que había ahorrado y el aderezo de su Primera

Comunión por todo patrimonio. Subió en un tren que la llevó a otro

pueblo, y de ahí a otro, y consiguió sobrevivir fregando escaleras. De

hecho, era para lo único que la habían educado. Y se las arregló para

ir estudiando en sus ratos libres, y comenzó a escribir, y descubrió

que más allá del papel había otro mundo, ése al que a ella jamás le

dejaron acceder. Con el tiempo, Soledad consiguió publicar una

novela, y a ésa le siguió otra, y otra más. Pero la mejor era la última,

104


aquélla en que por fin había conseguido desnudar su alma, y contar la

historia de su madre, aquella mujer que se caía tantas veces, que

siempre tenía moratones en todas las partes de su cuerpo, aquélla

que decía de sí misma que era tonta y torpe sólo porque su marido

así se lo decía, aquélla que se consideraba una inútil y que acabó

quitándose la vida bebiéndose una botella de lejía un año después de

que Soledad se fuera de casa. A ella, cuya historia conoció cuando ya

era tarde, le dedicó su libro “No me quieras tanto, quiéreme mejor”.

Y la niña que entonces era yo decidió que de mayor quería ser

mujer. Una mujer como Soledad.

(Relato ganador del Premio Literario Mujeres de Benetússer 2013)

Susana Gisbert Grifo (Valencia)

http://conmitogaymistacones.com/

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Fotografía aportada por la autora

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Adelina

El marido de Adelina regresó de las selvas amazónicas afectado

de una rara enfermedad. Los médicos, desde el principio, auguraron

un fatal desenlace ya que no existía ningún remedio para curarla. Las

altísimas fiebres y los espantosos dolores, la obligaban a permanecer

pegada a su lecho, sin apenas salir de la habitación. En los momentos

de lucidez, él le decía lo mucho que le gustaba su precioso pelo,

negro como la noche y lo hermosa que era. Le pedía que lo

mantuviera siempre largo y cuidado, tal y como lo llevaba el día en

que se conocieron.

Un día, mientras se miraba al espejo, Adelina juró que si él no

mejoraba, jamás se cortaría el cabello. Lo mantendría largo, brillante

y perfumado sólo para que, al acercarse, el enfermo percibiera su

aroma y pudiera acariciar los sedosos bucles.

Los días pasaban, el pelo de Adelina había crecido tanto que le

llegaba hasta la cintura. Ni siendo una jovencita lo había llevado tan

largo. Todas las noches lo cepillaba con sumo cuidado, hasta cien

veces antes de ir a dormir, como su madre le había enseñado. Por las

mañanas, después de cepillarlo otras cien veces, acercaba sus labios a

la frente del enfermo y le besaba con cariño, tomaba su mano y la

dejaba descansar en su regazo, cerca de sus rizos, para que él se

percatara y pudiera rozarlos.

Las estaciones del año, se sucedían. Adelina no perdía la

esperanza, su larga melena ya sobrepasaba la longitud de sus rodillas,

dentro de nada le llegaría hasta los tobillos. Tuvo que contratar los

servicios de una doncella, sus fuerzas empezaban a flaquear y no por

cuidar de su marido, precisamente, sino por lo costoso que resultaba

mantener la limpieza de su pelo. El peso, sobre los hombros y la

columna, comenzó a producir mella en su compostura; su cuerpo

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comenzó a doblarse, debido también a la posición adquirida durante

el tiempo que permanecía reclinada sobre la cama de su esposo. Por

ningún motivo se apartaba de su lado.

Un día la doncella le sugirió que recogiera su melena. Las puntas

ya rozaban el suelo, era difícil evitar que se mantuviera limpia de

polvo, incluso algún pequeño insecto había intentado anidar en ella y

era muy costoso que las púas del cepillo pudieran terminar con éxito

la tarea de deshacer los nudos que se le formaban. Ella se negó, le dijo

que era así como le gustaba a su marido y que por nada del mundo se

lo iba a recoger y menos aún cortar.

Una fría mañana de invierno, él dejó de luchar. Su corazón se

paró y sus párpados se quedaron cerrados para siempre. Adelina lo

zarandeó repetidas veces entre gritos de angustia y sollozos. El

sufrimiento hacía que se arañara la cara y diera estirones a su pelo

hasta conseguir arrancar mechones enteros. La doncella no podía

detenerla, tal era la fuerza de su propia enajenación. El forcejeo entre

ambas desembocó en una pelea, que terminó con el cuerpo de la

muchacha rodando escaleras abajo. Quedó inmóvil, tendida en el

suelo y con una brecha abierta en la cabeza de la que manaba gran

cantidad de sangre.

***************

- Leopoldo, creo que es en esta casa donde nuestra hija entró a

trabajar...

- Parece abandonada... no puede ser. Puede que estés

equivocada. Saca la carta, anda.

- Es aquí, el número diez de la calle de San Lázaro ¡Qué raro!

- La puerta está cerrada. Vamos a llamar al timbre.

- ……………………

- No hay nadie, no se escucha ruido alguno ¿Qué es lo que sale

por debajo de la puerta?

108


- No sé, parece… Es pelo, mechones de pelo negro… ¡Voy a

derribar la puerta!

Leopoldo y su mujer entraron en la casa. Lo primero que

percibieron fue un desagradable olor. El cadáver de su hija yacía a los

pies de la escalera. No se lo podían creer… Aún así, el padre subió la

escalinata, quería saber qué había sucedido. En la habitación

principal encontró en la cama dos cuerpos: un hombre y una mujer.

Ella llevaba en una de las manos unas tijeras, largos mechones de

pelo negro como la noche cubrían el suelo. En la otra mano, un papel,

en el que aún se podía leer “tuya para siempre…”

Amparo Hoyos (Valencia)

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El astronauta de la Lonja de la Seda – Eulalia Rubio (Valencia)

http://jardinesrioturia.blogspot.com.es/

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Todos los participantes: foto de familia (Irene Sastre)

En la tarde del pasado 7 de febrero algunos de los miembros de

VE y simpatizantes del grupo, residentes en Valencia o cercanías, nos

reunimos para recitar textos (cuentos o poesías) propios o prestados.

El acto se celebró en Kaf Café, un local ubicado en el inquieto barrio

de Benimaclet, que se está convirtiendo en espacio mítico para

cualquier amante de la cultura.

Esperamos repetir más pronto que tarde, pues resultó una

sesión muy agradable en la que todos sin excepción disfrutamos

como enanos -incluso aquellos compañeros que nos habían

confesado su temor a sufrir pánico escénico-.

Quienes estéis interesados en ver los vídeos grabados y editados

por Irene Sastre, podéis encontrarlos en Youtube, tan solo poniendo

en la casilla de búsqueda las palabras Valencia Escribe.

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¿Quieres leer números anteriores de VALENCIA ESCRIBE?

Número 3 (Junio 2014)

https://www.yumpu.com/es/document/view/25553855/valencia-escribe

Número 4 (Julio/Agosto 2014)

http://www.yumpu.com/es/document/view/26206365/valencia-escribe

Número 5 (Septiembre 2014)

http://www.yumpu.com/es/document/view/27009334/valencia-escribe

Número 6 (Octubre 2014)

https://www.yumpu.com/es/document/view/27265105/valencia-escribe

Número 7 (Noviembre 2014)

https://www.yumpu.com/es/document/view/28678666/valencia-escribe

Número 8 (Diciembre 2014)

https://www.yumpu.com/es/document/view/31901336/valencia-escribediciembre-2014

Número 9 (Enero 2015)

https://www.yumpu.com/es/document/view/33276829/valencia-escribe

Número 10 (Febrero 2015)

https://www.yumpu.com/es/document/view/36668955/valencia-escribe

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Enric Solbes (Alcoi, 1960 - Alzira, 2009)

Si quieres descargar esta revista en formato pdf puedes hacerlo aquí:

http://www.mediafire.com/view/0lcj22c4c8tgz2n/VE-11_MARZO.pdf

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