[Colección Historiar al Socorro: 3 Las convicciones] Giros historiográficos sobre la historia [turística] del Socorro (Colombia)

luisrubenp

Giros historiográficos sobre la historia [turística] del Socorro (Colombia)
Ensayos críticos sobre el imaginario popular acerca del movimiento 'revolucionario' de los comuneros y la insurrección armada de las Juntas de Gobierno Independentistas.

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Giros historiográficos sobre la

[TURÍSTICA]

Luis Rubén

Pérez Pinzón


GIROS HISTORIOGRÁFICOS SOBRE

LA HISTORIA [TURÍSTICA] DEL

SOCORRO

Luis Rubén Pérez Pinzón


2

Giros historiográficos sobre la Historia [Turística] del

Socorro.

Luis Rubén Pérez Pinzón.

Primera edición

Enero de 2015

ISBN 978-958-46-5807-4

Diseño, Edición y Publicación: Luis Rubén Pérez Pinzón

La reproducción total o parcial sólo se podrá hacer con

autorización del autor.

Publicado en Colombia.


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Contenido

1. La feria exposición del Socorro y la cebuización del

oriente de Colombia (1914 – 2014).

5

2. Turismo de salud (física, moral y espiritual) en la

Nueva Granada. Riquezas curativas, cultos milagrosos y

movimientos comuneros durante el siglo XVIII.

3. Los Comuneros. Imágenes, imaginarios e

imaginaciones sobre las comunidades, los comunes y la

«gente común» de 1781.

4. Los “socorros” de Nuestra Señora del Socorro, el

Socorro y los socorranos a la independencia del centro –

oriente de Colombia.

19

101

149

5. Arte moderno, determinismos socioculturales y

construcción de identidades regionales en los andes

colombo – venezolanos

6. ¿Qué dejó el bicentenario de la independencia de

Colombia al Socorro y los socorranos?

213

289


5

1. LA FERIA EXPOSICIÓN DEL SOCORRO Y

LA CEBUIZACIÓN DEL ORIENTE DE

COLOMBIA. (1914 – 2014) 1

Doctor Armando Martínez Garnica, Presidente de la Academia de

Historia, Respetados Miembros de la Academia de Historia, Invitados

especiales, Dr. Pedro Manuel Pérez Villarreal: Presidente de la Casa

de la Cultura del Socorro, estudiantes, colegas, amigos… señoras y

señores:

Al ser aceptado por la Junta Directiva de la Academia de

Historia de Santander como su miembro más reciente se

reafirma la importancia del riguroso proceso de revisión y

evaluación de la hoja de vida de quienes presentamos nuestro

nombre a consideración de una de las instituciones más

importantes en la gestión y promoción de las ciencias sociales y

humanas de la región. Así mismo, este tipo de ceremonias nos

obligan a hacer una pausa para reflexionar acerca de los logros

obtenidos alrededor de la vida, así como nos compromete a

disertar sobre un tema de nuestro interés investigativo.

1 Discurso leído el 20 de noviembre de 2014 en la Casa de Bolívar de

Bucaramanga durante la posesión del autor como miembro de la Academia

de Historia de Santander, así como sirvió para la presentación del libro de

investigación publicado como: PÉREZ PINZÓN, Luis Rubén. La Feria del

Socorro 1914 – 2014. Bucaramanga: Comité de Ganaderos de la Hoya del

Río Suárez – Casa de la Cultura del Socorro Horacio Rodríguez Plata – SIC,

2014.


6

En mi caso, he optado por presentar algunas reflexiones sobre

una investigación colectiva que recientemente hemos culminado

con el apoyo del Comité de Ganaderos de la Hoya del Río

Suárez, la Casa de la Cultura del Socorro “Horacio Rodríguez

Plata”, la Universidad Industrial de Santander y la Universidad

Autónoma de Bucaramanga acerca del primer centenario de

existencia de la feria exposición ganadera del Socorro.

Y digo que es una investigación colectiva porque si bien en cada

uno de los ejemplares se me reconoce como su autor, sin la

ayuda decidida y constante de muchas personas del Socorro, del

Dr. Pedro Manuel Pérez, del Sr. Mario Alberto Santos, no

hubiésemos logrado realizar la investigación histórica,

recolectar información desconocida visitando las principales

haciendas ganaderas de la región, perfeccionar siete veces el

manuscrito final y publicar el libro anhelado por todos en tan

solo cuatro meses.

La historia del Socorro tradicionalmente ha estado eclipsada y

limitada por la gesta del movimiento comunero de 1781 y su

protagonismo emancipador en julio de 1810 [ejemplo de ello es

el himno municipal del Socorro].

De allí que recientemente durante el bicentenario de la

independencia haya sido reafirmado ese imaginario patriótico al

ser intitulada “Capital histórica y turística de Colombia” o

“Cuna de la Libertad de América”. Ejemplo de esas

preocupaciones sigue siendo la emblemática y siempre

recordada producción historiográfica de socorranos como

Horacio Rodríguez Plata quien con extrema rigurosidad divulgó

sus hallazgos acerca de “Los Comuneros”, “La Antigua

Provincia del Socorro y la Independencia”, “La Inmigración

alemana”, entre otros. A ello se aúnan los relatos de Generales

como Lucas Caballero sobre la importancia que tuvo el Socorro


7

en la Guerra de los Mil Días al prepararse e iniciarse en la

Hacienda La Peña el último conflicto regular reconocido por el

Estado colombiano.

Así, la investigación que hemos culminado y el producto de

nuevo conocimiento que hoy presentamos ha tenido como

propósito alterno demostrar que El Socorro ha sido una

población, una provincia, un municipio, cuya historia no es solo

la de los revolucionarios o la de los “chisperos” de la historia de

Colombia. La historia del Socorro es también la historia de las

empresas y los empresarios comerciales que abastecieron con

dulces, tejidos, sombreros y alpargates la producción minera y

extractora de Antioquia hasta el siglo XIX. Es la historia de un

grupo de empresarios agrícolas que en el siglo XX se

constituyeron en los pioneros de la renovación genética de la

ganadería del oriente de Colombia, de allí que con acierto

expresidentes como Carlos Lleras y Virgilio Barco (siendo su

ministro de Agricultura) reconocieran al Socorro como el

“primer centro cebuístico del oriente de Colombia”. Quienes

conocen el devenir de la ganadería de los llanos orientales en el

último siglo de forma insistente nos recordaron que las

principales haciendas ganaderas aún exhiben en sus paredes las

fotografías de los toros, vacas y terneros de la raza cebú o

brahman que fueron comprados durante las ferias ganaderas del

Socorro.

Inicialmente se creía que no había nada escrito sobre el tema, o

que lo que estaba en la Internet sobre la ganadería socorrana era

una versión incompleta de un esbozo histórico que había

redactado Horacio Plata Gómez para Asocebú. Con lo cual,

durante más de tres siglos de existencia del Socorro

aparentemente solo se había escrito sobre los comuneros o la

venerada virgen del mazo. Sin embargo, al indagar la


8

producción historiográfica de la Escuela de Historia de la UIS se

encontraron tantos y tan importantes trabajos de grado que sus

informes finales nos permitieron redactar todo un capítulo sobre

las haciendas y la ganadería durante el período colonial. Así

mismo, el análisis de la producción y comercialización ganadera

de personajes como Juan Francisco Berbeo, Salvador Plata o la

familia de matarifes de apellido Ardila (los mal llamados

“placeros”) permitió reafirmar que tras el movimiento comunero

existieron intereses proteccionistas, gremiales y empresariales

por parte de sus caudillos, siendo ello reafirmado al leer

detenidamente las capitulaciones mercantiles y antitributarias de

Zipaquirá.

A partir de los vestigios del Archivo [Histórico] Notarial del

Socorro custodiado y protegido en una de las salas de la Casa de

la Cultura del Socorro han sido realizadas desde hace veinte

años investigaciones históricas profesionales sobre los orígenes

y las luchas de poder entre socorranos y sangileños, los cambios

demográficos de esas provincias, y especialmente, los cambios

que durante el período colonial tuvieron el mercado de tierras y

los semovientes:

Clara Carreño presentó en 2001 la investigación

“Surgimiento y composición de la Parroquia del Socorro

1700 – 1750”, cuya temática sociopolítica se

complementa con el sustentado en 2011 por Julián

Velasco titulado ““Distribuir justicia en beneficio de

aquellos leales vasallos”: La estructura de la justicia

capitular de la Villa de San Gil, 1739 – 1771”.

Los cambios y transformaciones demográficas del

Socorro colonial fueron estudiados reiterativamente por

María Cerón y Elizabeth Gélvez al sustentar en 1997 la

investigación “Demografía histórica del Socorro en el


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período colonial 1684 – 1810”; Guillermo Llache con el

trabajo de 2006 titulado “Bautismos, matrimonios y

defunciones en El Socorro, San Gil y Barichara, 1778 –

1837”, así como Alexander Triana había hecho su propia

interpretación cuantitativa al culminar en 2004 el

proyecto de grado “Demografía histórica del Socorro,

Simacota y Charalá 1800 – 1830”.

En cuanto a nuestro tema central de estudio sobre los

ganados y las ganaderías bovinas fueron muy

importantes los datos y las descripciones notariales que

se habían recolectado en los trabajos de grado de Luz

Castellón quien en 2003 presentó su investigación sobre

el “Mercado de la tierra, Socorro 1780 a 1810”, el de

1998 de Flor Ibáñez sobre “El crédito en la economía

colonial del Socorro en la segunda mitad del siglo

XVIII”, y especialmente, el artículo resultado de

investigación de Robinson Salazar titulado en 2009: “Las

haciendas sangileñas en el siglo XVIII: Infraestructura,

mercado y mano de obra”.

Para redactar la sección sobre el devenir de la ganadería durante

el período republicano y las transformaciones que tuvieron las

ferias ganaderas colombianas a inicios del siglo XX fueron

fundamentales los resultados de trabajos de investigación que

solo se conservan en las bibliotecas capitalinas, específicamente

me refiero a las obras de:

Emigdio Pinzón quien desde 1984 divulgó su “Historia

de la ganadería bovina en Colombia”;

El “Esbozo histórico agropecuario del período

republicano en Colombia” de Víctor Manuel Patiño

publicado en 2002 por el Instituto Caro y Cuervo;


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La obra de Adelaida Sourdis que publicó en 2008 la

Federación Colombiana de Ganaderos con el título la

“Ganadería en Colombia: Cinco siglos construyendo

país”;

Y en particular, “El libro de los bovinos criollos de

América” de don Jorge de Alba Martínez publicado en

México en 2011.

Para construir nuestra representación colectiva sobre la Feria

Exposición Ganadera resultaron fundamentales las fuentes y

técnicas asociadas con la investigación en tradición oral.

Apelando a la capacidad de agremiación y liderazgo del Comité

de Ganaderos fue posible entrevistar y obtener múltiples tipos de

información de los descendientes de los pioneros de la nueva

ganadería socorrana, así como de los propietarios de las

ganaderías que aún preservan y comercializan las innovaciones

genéticas socorranas. Es decir:

De los inigualables Alfonso y Álvaro Rugeles como de

su sobrina María Teresa Carlier conocimos de primera

mano las vivencias y testimonios sobre la ganadería

criolla e importada de Gregorio Rugeles y Alfonso

Carlier. A lo cual se sumó el testimonio de vida del

octogenario trabajador de la hacienda Tamacara, don

José Antonio González.

De los respetados Elsy Villareal de Gast, Eduardo Gast

Villareal y Luis Ricardo Gómez Gast profundizamos en

la vida del linaje alemán Gast, específicamente de las

acciones pioneras de Enrique Gast Galvis con los

ganados holstein y cebú como de su sobrino Eduardo

Gast Puyana con el ganado beefmaster y el nuevo chino

santandereano al cual se llamó “Comunero” en honor al

bicentenario conmemorado en 1981.


11

Sobre las ganaderías más afamadas y campeonas en las

ferias cebuinas indagamos acerca de Horacio Plata

Gómez con ayuda de su viuda Ofelina Gómez y su hijo

mayor homónimo, de la ganadería de Jesús Franco con

su hijo Fabio y de la ganadería de los hermanos

Orejarena con el médico Horacio Orejarena. De los

ganados Pardo Suizo de Saúl Rugeles contamos con el

apoyo de su viuda Lucila de Rugeles. Así como del

extinto ganado chino santandereano obtuvimos pistas

importantes gracias a doña Lucila de Santos, matrona del

linaje Santos que estuvo asentado en “los Morros”.

La última sección del libro centra su atención en las

nuevas alternativas productivas de la ganadería

socorrana, especialmente en los centros de acopio

lechero, para lo cual escuchamos con detenimiento las

historias empresariales de Ligia Galvis de Pinilla, Álvaro

Pinilla, Carlos Andrés Pinilla y Mario Alberto Santos.

Valga resaltar que los testimonios del Doctor Pedro

Manuel Pérez Villarreal, quien había estado a cargo del

Club del Comercio, el Hospital local del Socorro, la Casa

de la Cultura, la fundación de la UIS – Socorro, etc.,

fueron fundamentales para realzar la importancia de los

días de feria, los bailes de gala, y especialmente las

reinas. Como se podrá observar en el libro las singulares

fotografías sobre las reinas, los reinados y los días de

cabalgata son resultado de la exigente selección,

curaduría y narración descriptiva del mismo Dr. Pedro

Manuel.

Debo señalar finalmente la importancia que han tenido los

inmigrantes en el desarrollo de las empresas y los procesos

empresariales de Santander, en particular los alemanes. Para el

caso del Socorro, durante el siglo XIX fue muy importante la


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presencia de los hermanos Koop, así como la de Geo von

Lengerke y sus socios, particularmente su sobrino Lorent. Si

bien en el siglo XX se asentaron en la región algunos

descendientes de Lengerke, el linaje que lideró el proceso de

transformación de la provincia comunera estuvo asociado con el

inmigrante alemán Federico Gast, de quienes son de destacar sus

hijos: Augusto, Aurelio y Enrique Gast.

Sobre la importancia del científico biomédico Augusto Gast

Galvis y su dedicación al estudio de la fiebre amarilla en el

Socorro hemos realizado algunas aproximaciones a través del

texto compilatorio “Beneficencia, Higiene y Salud Pública en

Colombia: La experiencia médico-sanitaria en Santander.

Siglos XIX y XX. Trabajos de grado de la Escuela de Historia de

la Universidad Industrial de Santander asociados con la línea

de investigación en Historia de la Salud Pública y la

enfermedad”. Libro publicado en el año 2013.

Sobre el odontólogo Aurelio Gast, si bien en nuestra

investigación se reconoce su incursión en la ganadería socorrana

cebuina, fue su hijo Eduardo Gast Puyana quien logró el mayor

reconocimiento al desarrollar nuevos biotipos ganaderos a partir

del aprendizaje y la amistad que tuvo con don Gregorio Rugeles.

En honor a esos esfuerzos hoy día, en pleno centenario de la

feria del Socorro, su hijo: --el arquitecto Eduardo Gast

Villarreal--, guiado por su señora madre, lideran la exposición

del innovador y muy admirado ganado beefmaster.

Del pionero de la ganadería santandereana Enrique Gast Galvis

por razones editoriales y de equilibrio analítico es limitado lo

que se expresa en la investigación que hoy presentamos. Es por

ello que nuestra segunda fase de investigación de las empresas y

los empresarios agropecuarios de Santander deberá centrarse

particularmente en don Enrique y la generación que acompañó


13

sus procesos de transformación regional al liderar la creación del

Fondo Ganadero, Fedegan, el Banco Ganadero, entre otras. Para

ello se cuenta con los estudios que ha realizado el Dr. Adolfo

Meisel sobre el linaje alemán Held y “casa helda”, así como los

que próximamente divulgará sobre la ganadería del caribe y sus

relaciones comerciales con los ganaderos andinos.

De igual manera es un tema de interés para el grupo de

investigación en “Historia y Empresariado” que dirige y orienta

teóricamente el Dr. Carlos Aurelio Dávila, quien nos acompañó

hace algunos meses durante Ulibro 2014 y quien desde el

Doctorado en Administración de la Universidad de los Andes no

deja de animarnos para fortalecer esta naciente línea de

investigación en la región. Él no ha dejado de exaltar la

importancia que tiene que un gremio privado busque en las

universidades y los centros culturales apoyo para fortalecer su

identidad y proyectar desde la historia múltiples perspectivas de

desarrollo local.

Quiero cerrar mi disertación sobre el papel la Feria Exposición

del Socorro, la cebuización del Oriente de Colombia y sus

protagonistas históricos leyendo un fragmento, - que no hace

parte del libro que “será dado a luz” hoy en Bucaramanga,

mañana en el socorro-, centrando nuestra atención en el

susodicho Enrique Gast Galvis:

Desde 1967, la Feria exposición sirvió como medio para

exaltar a los ganaderos más importantes e innovadores de

la ganadería socorrana.

A la par de planear la visita del presidente Carlos Lleras

Restrepo, de divulgarse las gestiones de los diputados y

representantes de Santander por construir un “Hotel de

Turismo”, un Acueducto Municipal y un monumento a la


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raza en homenaje al cacique Chanchón, e incluso, de

denunciar la carencia de servicios públicos (agua

potable), su mal funcionamiento (telefonía) o el costo

excesivo de los mismos (electricidad), los organizadores

de la Feria y el Club Rotario del Socorro decidieron

durante un almuerzo y por unanimidad tributar un

reconocimiento y distinción pública “al distinguido

hombre de acción don Enrique Gast Galvis, con la

denominación de “el mejor socorrano”, presentando

para ello su nombre como candidato a obtener la “Orden

de la Patria Chica” (Acta 25 de 1967).

Igual decisión adoptaron los miembros de Acción

Comunal al proclamar dos de los presidentes de las

Juntas de Acción Comunal como “Socorranos

Meritorios”. El plan original era imponer el premio la

“Patria Chica, al mejor socorrano” conferido por el

periódico Vanguardia Liberal durante el coctel bailable

que se realizaba en el cuarto día de feria. Sin embargo,

ante la imposibilidad de contar con la presencia del

presidente Carlos Lleras durante varios días en el

Socorro se optó por condecorarlo el mismo tercer día de

la inauguración, de manos del primer mandatario.

La elección de Enrique Gast antes que otros personajes o

ganaderos socorranos que presidían y había triunfado

varias veces la Feria como eran los ganaderos Alfonso

Carlier, Pedro José Albornoz y Gregorio Rugeles,

quienes actuaban como Presidentes Honorarios de la

feria de 1967, se justificaba por ser un “distinguido

ganadero y hombre cívico”, por tener en cuenta los

gobernantes sus conocidas virtudes cívicas para encargos

públicos como alcalde o gerente y, por cumplir las


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condiciones de la casa periodística Vanguardia Liberal al

crear esa distinción en 1959 “…como un motivo para la

integración santandereana de todas las regiones bajo el

incentivo del servicio del conglomerado”.

Alejandro Galvis Galvis además de proclamar en su

periódico a Enrique Gast como “el mejor hijo de la

tierra socorrana”, en el editorial del 22 de noviembre

justificó entre sus copartidarios la presencia del

Presidente de la República en la Feria del Socorro por ser

“….una de las más importantes entre las que se vienen

celebrando en Santander y a ella acuden ejemplares

finos de razas vacunas de las distintas zonas del país”.

De igual modo, reafirmó las razones cívicas y

periodísticas que ameritaban condecorar públicamente a

E. Gast al expresar de forma extensa a sus lectores:

“La feria del Socorro ha venido mostrando año

por año un esfuerzo de superación que no ha

pasado inadvertido, que todos aplaudimos con

entusiasmo y que señala a quienes han sido sus

promotores y organizadores, a la gratitud del

pueblo por el que trabajan al acrecentar sus

propios intereses. Entre esos hombres se destaca

uno especialmente, que ha sido como el timonero

de la selección ganadera, el consejero autorizado

de quienes tratan de incrementar la producción

de carne y de leche, y el exponente de una

capacidad y una larga experiencia que todos

admiran y saben valorar en cuanto significan

como incentivos de desarrollo para la región. Es

don Enrique Gast Galvis, a quien todos señalan

como el hombre del día en esta conmemoración


16

cincuentenaria, y que a justo título ha sido

escogido por el plebiscito popular para honrarlo

con la Condecoración de la Patria Chica que hoy

le será impuesta por las propias manos del

presidente Lleras Restrepo, como un homenaje de

su ciudad y del departamento de Santander a

quien ha sabido destacarse por sus eximias

virtudes cívicas.

Porque Enrique Gast Galvis no ha sido

solamente un ganadero afortunado. Ha sido el

varón de perseverante espíritu público que trata

de servir a sus conciudadanos y los sirve con la

mejor voluntad y un ardiente deseo de cooperar

al bienestar general. Por ello sólo voces de

gratitud y simpatía se oirán en torno suyo en el

día de hoy, de parte de su pueblo que lo aclama

como al más sobresaliente de sus conciudadanos

que ha consagrado su vida a la labor fecunda

dentro de un callado ambiente alejado de la

ostentación y del reclamo honorífico. Porque si

hoy se le rinde homenaje no es porque él lo haya

querido y menos solicitado, sino porque la

espontánea y alborozada voluntad de sus

conciudadanos lo ha buscado para discernírselo.

Pues los hombres de valer son modestos y

sencillos, y así ha sido Enrique Gast a todo lo

largo de su meritoria existencia” (Vanguardia,

1967, 4).

El hacendado, político e ícono de la santandereanidad,

Luis Enrique Figueroa Rey, hizo lo propio en su columna

de opinión al presentarlo como el “Alférez Cívico de la


17

Ciudad Comunera”, así como recordó sus orígenes

alemanes al describirlo como “un hombre alto, delgado,

de piel rubicunda, que denota la ascendencia sajona”.

Como empresario agropecuario de Piedecuesta, Figueroa

destacaba de Enrique Gast la autoridad propia del

ganadero reconocido y respetado por sus colegas de

oficio al recordar la siguiente anécdota ferial:

“Quien llega a una Feria – Exposición

Agropecuaria en cualquier territorio

santandereano oye hablar de un juez

supernumerario y honorífico de todos los

juzgamientos. Cuando el expositor muestra los

trofeos y las escarapelas de sus ganados y sus

bestias triunfadoras, siente el orgullo de haber

cumplido una tarea fecunda en sus empeños de

mejoramiento de las razas. Pero también va

confesando una satisfacción más profunda y que

nos la cuenta en intimidad placentera: “no sólo

los diplomas firmados por el gringo o el

profesional veterinario tienen para mi

importancia, sino que estos animales le gustaron

mucho a Don Enrique” (Figueroa, 1967, 4).


19

2. TURISMO DE SALUD (FÍSICA, MORAL Y

ESPIRITUAL) EN LA NUEVA GRANADA.

RIQUEZAS CURATIVAS, CULTOS MILAGROSOS

Y MOVIMIENTOS COMUNEROS DURANTE EL

SIGLO XVIII 2 .

Introducción.

Durante el siglo XXI se han propiciado revoluciones políticoeconómicas,

socio-culturales, científico-tecnológicas, etc., que

han unificado la especie humana con el propósito de producir,

adquirir, intercambiar o consumir bienes y servicios en tiempos,

espacios y mercados comunes o regionales acorde a las ofertas

internas y las demandas externas, siendo formalizados esos

procesos con nombres como globalización, occidentalización,

externalización, etc. (Giddens, 2000).

Uno de los procesos económicos que se ha constituido en

alternativa de negocios y oferta de servicios glocales ha sido el

“turismo de salud y bienestar personal” caracterizado por la

venta de tratamientos, cirugías, terapias y demás servicios

clínico-hospitalarios, de carácter invasivo, sustitutivo o estético,

a ciudadanos extranjeros que demandan intervenciones médicas

2 Un fragmento de todo este texto fue publicado como: PÉREZ PINZÓN,

Luis Rubén. La crisis de los “frutos saludables” como factor determinante de

la “revolución de los comuneros”. En: Medunab. Bucaramanga: Facultad de

Salud Unab. 17 (1), 2015.


20

especializadas y la rápida recuperación de su bienestar

psicofísico. Confiando para ello en la existencia de facultativos

idóneos, establecimientos dotados con la última tecnología,

procesos clínicos certificados por cumplir estándares

internacionales y costos inferiores a los de su país de origen, a la

par de existir la opción de hacer turismo pasivo y alternativo a

través del país huésped durante las diferentes etapas de

diagnóstico, intervención, recuperación y retorno del turistapaciente

a su país de origen.

Esa articulación entre el turismo sociocultural, la salud personal

y el bienestar clínico-hospitalario ha originado y permitido la

consolidación de instituciones científico-médicas, inversiones

mixtas en zonas francas de la salud y servicios especializados

orientados a atender el ramo de la economía exportadora

denominado en Colombia como “Turismo de Salud y Bienestar”

(Mincomercio, 2012). Sector de la industria por medio del cual

se pretende impulsar la transformación productiva de la

economía colombiana con una nueva y diversificada oferta de

exportaciones “de alto valor agregado y sofisticación” para lo

cual desde el año 2010 se dispuso “posicionar a Colombia como

un destino de Turismo de Salud y Bienestar de clase mundial

(Mincomercio, 2012).

Para tal fin, el Gobierno Nacional en asocio con las grandes

organizaciones médico-hospitalarias de las diferentes regiones

económicas de Colombia acordaron “desarrollar una estrategia

de promoción internacional del país como destino de Turismo de

salud y Bienestar” a través de hospitales internacionales

articulados a grandes cadenas de hoteles, zonas francas para el

libre acceso, compra y venta de servicios en salud, así como la

oferta de módicos paquetes turísticos “que incluyan los

tratamientos médicos, hospedaje, alimentación, traslados y


21

recorridos turísticos posibles, de acuerdo con la complejidad de

los tratamientos” (Proexport, 2014).

Proyectos regionales como la zona franca permanente especial

en salud (Fosunab) o el Hospital Internacional de Colombia

(HIC-FCV) en el Área Metropolitana de Bucaramanga han

reafirmado hechos como: 1. En “Colombia aumentó en un 40%

el porcentaje de huéspedes extranjeros no residentes en Hoteles

por concepto Turismo de Salud y Bienestar en el primer

cuatrimestre del 2012 comparado con el año 2011”

(Mincomercio, 2012); 2. En un lustro se triplicaron los ingresos

obtenidos en 2007 en el sector industrial del Turismo de Salud y

el bienestar personal; 3. Ante la crisis del sistema general de

Salud Pública (Pérez, 2008) los gremios privados prestadores de

servicios especializados han creado “una respuesta a la

necesidad de cubrir el déficit de capacidad de atención en salud

que presenta la región” (Moreno, 2014, 16) y; 4. Los

profesionales e instituciones clínico-hospitalarias asociados a la

“innovación, investigación científica y desarrollo del

conocimiento, para la atención de pacientes nacionales e

internacionales” a través del Turismo de Salud han reafirmado a

Santander como uno de los departamentos “pioneros en las

ramas de la medicina, además de mejorar el servicio de atención

al usuario en la salud” (Moreno, 2014, 16).

Para cumplir el propósito histórico y global sobre lo que implica

ofertar turismo de salud, es decir realizar la actividad económica

y comercial en turismo “…mediante la cual, hoy en día, muchas

personas en el mundo viajan de su lugar de origen a otros países

para someterse a tratamientos médicos y, al mismo tiempo,

conocer los atractivos turísticos de las naciones visitadas”

(Proexport, 2014), los prestadores hospitalarios, hoteleros,

logísticos y turísticos de servicios han reconocido la necesidad


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de contar con “infraestructura, recursos humanos y

requerimientos alimenticios” (Portafolio.co, 2014) para “atender

adecuadamente a un turista internacional” y “dejar satisfechos a

sus visitantes”. Lo cual implica cumplir con los estándares de

calidad internacional dispuestos por cada gremio, cuestionar las

prácticas equívocas y adoptar estrategias de cambio, ser

juzgadas y cuestionadas las instituciones, organizaciones o

empresarios por su condición superior y eficiente al obtener el

sello “Colombia es Salud, Exportador de Servicios de Salud y

Bienestar” (Portafolio.co, 2014), y consigo, ser ponderadas y

jerarquizadas cada una de esas zonas con sus hoteles y

hospitales internacionales acorde a un orden de importancia y

prestigio local, nacional o internacional.

Doscientos cincuenta años después esas preocupaciones por

satisfacer las expectativas e intereses de los visitantes y cumplir

con los estándares básicos de calidad en los servicios, bienes e

interacciones socioculturales siguen siendo una constante de los

ciudadanos y parroquianos colombianos (Pérez, 2013b). En las

décadas previas a la formación de la República las autoridades,

médicos y prestadores de servicios públicos de la Nueva

Granada reconocían en sus crónicas e informes que para atender

la demanda interna como externa de servicios y bienes por parte

de los viajeros, así como para alcanzar las metas exportadoras

que la economía política y las visiones fisiocráticas de los

reformadores borbones habían proyectado para las materias

primas exóticas y los recursos naturales neogranadinos que

demandaban Europa y Norteamérica para su Revolución

Industrial, era necesario transformar las condiciones de vida

física, sanitaria, moral y espiritual de los vasallos reales, así

como ordenar y jerarquizar sus curatos y municipalidades de

acuerdo a la prosperidad material, riquezas, rentas y

productividad alcanzadas.


23

De tal modo, desde el período colonial ha sido una constante

nacional la exigencia de una infraestructura vial, hotelera y

hospitalaria, mejorar las condiciones de vida, sumisión y

obediencia de los ciudadanos, y especialmente, satisfacer las

necesidades alimenticias de los viajeros particulares y los

visitadores estatales que llegaban hasta las casas de posada o

descanso en cada curato. Necesidades entre las cuales se

encontraban la preparación de bebidas, alimentos y medicinas

tradicionales para prevenir, apaciguar o curar las dolencias y

enfermedades adquiridas en otras latitudes, así como contar con

recursos higiénicos como el agua potable, la escorrentía de

aguas negras, baños públicos y la eliminación de bichos y

roedores para prevenir nuevas molestias o males.

Acorde con esas preocupaciones históricas, el presbítero Don

Basilio Vicente de Oviedo (Socotá, 1699 - ?) a partir de 1761

puso a consideración de las autoridades españolas la publicación

de una obra de once volúmenes sobre la historia religiosa y la

geografía económica del cristianismo, el catolicismo y la iglesia

católica del Virreinato de la Nueva Granada a través de la vida,

organización y prosperidad de los curatos del Arzobispado de

Santafé conocidos y categorizados hasta mitad del siglo XVIII.

De todos esos textos el más conocido y publicado ha sido el

décimo titulado originalmente: “Pensamientos y noticias

escogidas para utilidad de curas del Nuevo Reino de Granada y

sus riquezas, y demás cualidades y de todas sus poblaciones y

curatos, con específica noticia de sus gentes y gobierno”

(Oviedo, 1930, 13).

Ese tomo fue publicado en 1930 por la Academia de Historia de

Colombia como parte de la “Biblioteca de Historia Nacional

aunque fue titulado con el nombre que tenía el pergamino

original en su lomo: “Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de


24

Granada”. La obra de B. Oviedo ha sido considerada por los

historiadores académicos de Colombia, específicamente por

Luis Augusto Cuervo (1930), como la mejor recopilación y

descripción acerca de las condiciones de prosperidad y bienestar

en la vida de los curatos y los parroquianos en cada parroquia

del virreinato desde la perspectiva de un presbítero que al

formarse al suroccidente del Reino y ejercer su ministerio al

nororiente del mismo viajó y trabajó a través de la mayoría de

las provincias reguladas por el Arzobispado de Santafé. De igual

modo, esa obra se constituyó en la guía más completa y

extraordinaria acerca de los problemas ambientales, riesgos

sanitarios, límites morales y necesidades socioeconómicas de las

provincias, curatos, partidos, parroquias, etc. bajo el dominio de

las órdenes de regulares y la clerecía católica.

Las descripciones de Oviedo fueron expresión del mundo

ilustrado asociado con las reformas borbónicas durante las

cuales los profesionales clericales dieron importancia a la

observación y descripción de los recursos naturales, la

identificación de las alternativas de las riquezas médicas y

económicas, y especialmente, a la información sobre las

prácticas utilizadas y las tradiciones aceptadas en cada provincia

neogranadina con la posibilidad de ser adoptadas e imitadas en

los demás reinos. Así, las pocas obras literarias de americanos

que fueron aprobadas y publicadas en Europa permitían obtener

de primera mano “el mejor conocimiento de la época colonial y

más acertada apreciación del ambiente purísimo que dio vida a

sus hombres y estimuló sus acciones y pensamientos” (Cuervo,

1930, XXIV).

Guiados por las primeras crónicas religiosas escritas por

franciscanos y dominicos acerca del “Nuevo Mundo”, los

presbíteros ilustrados (Vovelle, 1995) narraron como tema


25

excepcional de sus descripciones maravillosas los principales

lugares de curación y recreo usados por las comunidades

indígenas bajo su dominio. Fueron especialmente mencionadas

las fuentes naturales visitadas por los Reyes o Caciques mayores

como por los conquistadores europeos para aliviar sus dolores

crónicos o las enfermedades endémicas adquiridas en el viejo

mundo. Lugares exóticos con características similares a los

baños termales de Europa y el clásico Mundo Mediterráneo

(Acerenza, 2006).

B. Oviedo basó su obra en las copias de los informes y minutas

sobre los curatos del Nuevo Reino de Granada que obtuvo de

don Fernando Antonio Camacho Rojas y don Juan Machín

Herrera, así como de los informes de las órdenes religiosas sobre

los pueblos y misiones a su cargo, justificando sus narraciones

históricas y sus comentarios espirituales como un servicio a

Dios, el Rey y los Arzobispos, así como “para conocimiento y

alivio de los que pretendieren ser curas de este Reino, sin

pretender ni esperar otro premio que el de agradar a Dios y darle

alguna luz a quien sobre ello la necesitare” (Oviedo, 1990, 384).

La obra “literaria” de B. Oviedo sirvió para componer y

argumentar las obras de Antonio de Alcedo (“Diccionario

Geográfico ­ Histórico de las Indias Occidentales o América”,

Madrid, 1789), Manuel Ancizar (“Peregrinación de Alpha”,

Santafé, 1852) y Eladio Mantilla (“Geografía Especial del

Estado de Santander”, Socorro, 1880), sin mencionar los

historiadores y geógrafos del siglo XX quienes emplearon la

obra del cura párroco de San Gil y Mogotes como la principal

referencia acerca de la organización clerical, la economía

provincial y las contradicciones de la sociedad colonial antes de

los movimientos prerrevolucionarios que caracterizaron la

Nueva Granada (Perez, 2013b).


26

Desde las vivencias ambientales, las descripciones productivas,

los conflictos parroquiales y las consideraciones eclesiásticas

que expresó y compartió Basilio Vicente de Oviedo como cura

de Boyacá, Nemocón, San Gil y Mogotes, complementadas o

reafirmadas con las descripciones patológicas y los

pensamientos ilustrados del cura de Bucaramanga Don Juan

Eloy Valenzuela, éste ensayo hace un análisis de las

características geográficas, históricas, socioeconómicas,

sanitarias y ambientales que debían considerar en el siglo XVIII

los presbíteros adscritos al Arzobispado de Santafé al desear

ordenarse, obtener o permutar curatos. Constituyéndose además

la obra de Oviedo en una guía turística, geográfica, tributaria y

eclesiástica para las autoridades virreinales, diocesanas y

fiscales que debían recorrer el virreinato al igual que los viajeros

y científicos extranjeros.

Para tal fin, la primera parte del texto estudia la “plaga de

lepras” que padeció el autor y los remedios que conoció o aplicó

a su cuerpo para aliviar sus males, así como se describen las

riquezas medicinales existentes en el Reino para la curación o

prevención de las enfermedades endémicas o epidémicas que

afectaban a los neogranadinos, los riesgos mortales a los que se

exponían los viajeros y vecinos de las tierras calientes y

templadas ante la presencia de animales venenosos, así como los

remedios y prácticas que servían como “contras” contra los

venenos más letales al propiciarse y fomentarse el sincretismo

curativo entre la medicina botánica de americanos, africanos y

europeos ante la carencia de facultades e instituciones médicas

en las provincias distantes a Santafé.

La segunda parte se centra en las reflexiones y cuestionamientos

que la institución clerical hacia a las instituciones

gubernamentales y de hacienda real del virreinato al perpetuarse


27

las prácticas económicas y productivas prehispánico ante las

restricciones y monopolios estatales, la decadencia física, social

y moral asociada al consumo de bebidas fermentadas como la

chicha a falta de inversiones y disposiciones sanitarias

contundentes, los conflictos interinstitucionales por los cultos y

recaudos asociados con las imágenes y reliquias consideradas

como milagrosas, el fomento de los baños públicos en los sitios

de recreo y curación que habían empleado los caciques gentiles;

y finalmente, las acciones públicas que en favor de la salud

pública de los parroquianos emprendieron algunos curas

párrocos o los miembros algunas órdenes religiosas al promover

la creación, sostenimiento y funcionamiento de hospitales de

caridad, asumiendo así la doble condición y responsabilidad

pastoral como curas de los cuerpos y de las almas de sus

feligreses

Lepras y sarnas. Influenciado por las crónicas, narraciones y

noticias historiales de Antonio de Herrera, F. Pedro Simón, Ob.

L. Fernández de Piedrahita, F. Alonso de Zamora, F. Josef

Gumilla, F. B. Feijoo, entre otros historiadores, el presbítero B.

Oviedo hizo descripciones de sus viajes y vivencias desde 1725,

las cuales empezó a escribir y sintetizar como una visión

panorámica de las riquezas y cualidades del Nuevo Reino a

partir de 1761, dando singular importancia a los recursos

naturales y los lugares empleados por los indígenas y la gente

común para la curación de las enfermedades endémicas y

epidémicas. En especial, aquellas asociadas con las sarnas al

vivir afectado por un tipo de lepra (Pérez, 2004) caracterizada

por “fuertes erupciones” que le obligó a permutar ricos y

pacíficos curatos en las tierras frías por curatos pobres,


28

conflictivos y templados acordes con sus necesidades físicas

pero con pocos vecinos doctos, ricos u octogenarios.

La condición enfermiza de B. Oviedo justificó su creciente y

recurrente interés a lo largo de su obra por viajar a diferentes

parroquias o curatos andinos, identificar las plantas más eficaces

para curar las enfermedades padecidas en el Reino,

especialmente las asociadas con la piel, así como contribuyó a

recomendar a los curas párrocos que deseaban permutar sus

curatos o a los parroquianos que requerían cambiar de clima

cuáles eran los lugares del Reino donde se encontraban las

temperaturas, aguas, frutos y plantas más saludables o curativas

desde su propia y experimentada experiencia.

Ese interés de B. Oviedo como el de otros cronistas y geógrafos

del Reino propició oleadas internas de emigrantes enfermos que

cambiaron de residencia o vecindad en busca de las curas

milagrosas o los climas saludables que les recomendaban los

hombres más sabios del Reino, en su mayoría curas párrocos o

clérigos, siendo las provincias de Girón y San Gil entre las más

beneficiadas por esas estrategias de divulgación y oferta de

servicios curativos (Pérez, 2010). A ello se sumaron las

tradiciones culturales de indios y mestizos sobre los lugares de

recreación y sanación que acostumbraban visitar los indios

guane y muiscas, reafirmadas por las crónicas históricas de los

frailes franciscanos, dominicos y jesuitas como las síntesis de

las mismas por parte del obispo Lucas F. Piedrahita en la

segunda mitad del siglo XVII. Ejemplo de esas migraciones

turísticas en busca de curación o una mejor salud fue descrita

por el cura y protomédico de Bucaramanga, Eloy Valenzuela, al

anotar en 1797 sobre una de sus feligreses enferma de tisis y

oriunda de Barichara:


29

Su aspecto y ronquera, aunque no muy manifiesta, anunciaban

una tisis, que trajo desde que vino de Barichara, en donde

parece ser bien frecuente esta enfermedad, tal vez por lo árido

y polvoroso del suelo, y el viento seco que no falta. Su

mansión en un terreno húmedo, y un aire cargado de vapor

como es el país de San Isidro, habían mejorado algo su

aspecto. Al día siguiente del casamiento amaneció con el

pecho resentido, y la cabeza desvanecida. Emprendió así su

viaje y probablemente se aumentaron el dolor, atracamiento y

fatiga del pulmón, hasta el día en que murió, tal vez por la

efusión de pus, o por el embarazo y resistencia de la

inflamación de aquella entraña. Lo cierto es que el rostro

estaba cárdeno, y manaba podre y sanguaza (Valenzuela,

2006, 31).

La terapéutica de los parroquianos de las provincias cálidas en

las cuales ejerció su actividad pastoral B. Oviedo le permitieron

reconocer y recomendar la utilidad de árboles como el Otoba o

Sebo de árbol, empleado por los indios tunebos “para los granos

que llaman sarna, y sudores de que se les suele cundir el cuerpo

a muchos” (Oviedo, 1990, 55) y el canime, considerado

“antídoto universal para todo género de heridas y cualquiera otro

género de llagas” (Oviedo, 1990, 57). El canime se había

constituido en una fuente directa de ingresos para las misiones y

pueblos indígenas de los llanos del Casanare porque:

…sacan de las montañas, de unos árboles, una resina o aceite

que llaman canime, como el árbol, que es un antídoto

universal para todo género de heridas y sarnas y cualquiera

otro género de llagas, y también sirve de purga bebidas en

ayunas tres cucharadas de este aceite y teniendo en un agua

caliente, y mientras no dejare de beber agua caliente no cesará

la operación, tanto por boca como por curso, y para que cese

la operación se toma un jarro de agua fría y al instante para

(Oviedo, 1990, 294 ­ 295).


30

Desde su propia experiencia con las lepras vergonzantes (más no

aislantes o asilantes en hospitales) (Pérez, 2005) también

recomendaba el uso de la fruta del árbol llamado “coralito” así:

El árbol que llaman coralito, porque su fruta parece corales

finos: ésta es muy amarga, y mojada y estregada en las lepras

o manchas que brotan en el cuerpo, que unas llaman empeine,

otras carate y otras semejantes, muy inmundas y asquerosas,

las quita y destruye y deja la carne y cutis limpia sin señal de

la enfermedad que padecía (Oviedo, 1990, 56).

En la parroquia de Mogotes y demás parroquias que

conformaban las provincias de San Gil y Girón también era

posible encontrar hierbas curativas para las lepras y sarnas que

sufrían personas tan respetadas y privilegiadas como el cura

párroco B. Oviedo. Al respecto expresaba:

…y en éstas [tierras] donde esto escribo y en todos los lugares

circunvecinos, hay un arbolito de que abunda mucho el

terreno, unos le llaman la amargosa, porque lo es mucho; otros

varilla negra; otros orejita de ratón, que es admirable, de que

tengo mucha experiencia» que bebiendo el zumo de ella

estregada o mojada con agua caliente» o aunque sea sólo

cocida, luego se quitan las lepras y sarnas que salen en el

cuerpo (Oviedo, 1990, 58).

Los enfermos que viajaban a los andes nororientales podían

encontrar otras hierbas silvestres empleadas regularmente por

quienes padecían graves afecciones epidérmicas como el llantén

al ser “una de las más admirables hierbas; con su cocimiento se

desinflaman las llagas y heridas, y con su hoja puesta sanan.

Para eso mismo sirven las lechuguillas que hay de dos especies”

(Oviedo, 1990, 59). De igual modo se usaban las pencas de

zábila porque al ser cocido el “cristal” de su interior y puesto

sobre la afección se curaba la ictericia (Oviedo, 1990, 64).


31

Los curas párrocos también habían reconocido que algunas

afecciones dermatológicas de los neogranadinos podían ser el

resultado de la picadura de insectos pequeños y nocivos como el

llamado “arador”, el cual: “…labra y ocasiona penosa sarna que

ocasiona mucha comezón en el cuerpo a las gentes. Es muy

pequeño, a manera de los hijos de las niguas, pero aún mucho

más pequeño. Se cura con untarle la otoba, resina de árboles que

se saca mucha de los Llanos, que es donde se cría esta planta”

(Oviedo, 1990, 93). Valga destacar que la maloliente pero muy

medicinal otoba además de sanar las sarnas también era

empleada para curar los daños que en la piel ocasionaban las

niguas y las ladillas (Oviedo, 1990, 291).

Apelar a los zumos y aceites naturales tradicionales y el

mejoramiento de las condiciones sanitarias y de higiene

dispuestas por las cédulas, instrucciones y leyes decretadas para

las poblaciones de blancos permitían a su vez mejorar las

condiciones de vida en curatos que habían sido considerados

malsanos. Ese había sido el caso de la parroquia de Cepitá, sobre

la cual B. Oviedo exaltaba que sus habitantes padecían “un

género de herpes que llaman carate, pero ya se van extinguiendo

esa plaga y no la han contraído los que después se han

avecindado” (Oviedo, 1990, 254).

El carate era considerado para entonces como un endémico

“género de herpes que hace la piel de varios colores, colorado,

azul, blanco, a modo de empeine y peor, que causa una gran

comezón” (Oviedo, 1990, 290 ­ 291), a sus enfermos “los

deforma totalmente, poniéndoles la piel, en cara y cuerpo, de

diversos colores” (Oviedo, 1990, 322), “y aun se comunica en la

sangre a los hijos” (Oviedo, 1990, 309). A lo cual se sumaba la

coexistencia de esa enfermedad y sus enfermos en aquellos

sitios malsanos donde se encontraban concentrados el mayor


32

número de leprosos y gentes con cotos y bubas del Reino

(Oviedo, 1990, 322). Siendo a su vez considerado la lepra o mal

lazarino “peor que el gálico y la viruela; y solamente tiene la

ventaja de que aunque se hereda como aquel, peor no se pega o

se contamina como la otra” (Valenzuela, 2006, 40).

Las afecciones y alteraciones sistémicas de los demás órganos

corporales asociadas con el padecimiento del coto fueron

descritas por el cura párroco y protomédico de Bucaramanga al

anotar en la partida de defunción de uno de sus feligreses:

Sería como de 60 años, y la enfermedad del coto que le había

crecido mucho lo tenía muy agobiado. Hacía tiempo se le

hinchaban los pies, y de resultas de un aire con el cuerpo

sudoso, le cargó dolor y suma tensión al lado del hígado.

Luego que se vino al lugar, se le aplicaron los caldos

diuréticos con no poco cremor, que destruyeron la dureza;

después la purga de jalapa, y lavativas con 2 onzas de jabón

criollo le desataron copiosamente el vientre, lo cual y el sudor

continuo por más días a beneficio de jarabes de zarza,

salsafras, sen, y jalapa, evacuando témpanos negros,

atierrados, muy fétidos, y los últimos días hilachosos, sin dejar

por eso de continuar la orina muy tinta, y la hinchazón y

fatiga, aumentándose esta última con la tos, que aunque algo

se mitigaba no le dejó dormir ni acostarse los postreros días, y

seguramente provenía de lesión en los pulmones, como se vio

por la sangre que vertió en corta cantidad, y por la boca, al

tiempo de morir, y la postema que siguió echando después de

muerto (Valenzuela, 2006, 32).

Riquezas curativas. La búsqueda de curaciones eficaces para

las lepras y sarnas motivó al cura B. Oviedo a indagar, hacer

memoria y describir con la mayor veracidad posible cuáles eran


33

las plantas curativas más empleadas o recomendadas entre los

neogranadinos con el propósito de auxiliar la labor de los

párrocos como curas de las almas (confesores) y curadores de

los cuerpos (médicos) (Pérez, 2010) en las diferentes tierras y

temperaturas del Reino (calientes, templadas, frías, muy

frígidas, gélidas) hasta llegar a proponer prácticas médicas

integrales como las realizadas por el cura de Bucaramanga, el

gironés Juan Eloy Valenzuela(2006) entre sus parroquianos de

las provincias de Pamplona y Girón. Hombre docto que sirvió

como escribano y colaborador científico de la Real Expedición

Botánica a quien sus feligreses y contemporáneos, después de

medio siglo de curato, le cuestionaban en 1829 que: “…hasta

hoy no ha aparecido una sola memoria sobre tantas

enfermedades y epidemias que afligen a los pueblos, y que se

aguardaba ver remediadas por las ciencia químico ­ médica del

cura Valenzuela” (Anónimo, 2008, 182).

Si bien el principal interés de B. Oviedo al escribir sobre los

curatos del Reino era ofrecer a sus compañeros descripciones

geográficas e históricas útiles que les permitieran identificar y

diferenciar las características financieras, materiales,

ambientales, urbanas y viales de los curatos neogranadinos en

una escala jerárquica del primer al sexto orden, al compilar los

saberes botánicos de su tiempo le fue necesario advertir a sus

lectores sobre lo limitado de sus conocimientos, lo abundante y

desconocidas que resultaban ser las riquezas naturales de la

Nueva Granada, y consigo, la urgencia de una Real Expedición

Botánica que viajara por todos los rincones del Reino y

profundizara en la tarea que curas y sabios hacían solitariamente

en algunas provincias al observar preguntar o experimentar las

curaciones botánicas tradicionales (Valenzuela, 2006). Al

finalizar su tercer capítulo expresaba: “De todas las dichas

maderas abunda este Nuevo Reino, pues no haber dicho sino la


34

mitad cuando más, porque en este Reino no tengo de quién

instruirme, y que procuro seguir método breve” (Oviedo, 1990,

71).

La experiencia de viajeros y yerbateros de todo el Reino, aunado

a las tradiciones botánicas de indígenas, africanos y europeos,

permitía a las gentes ilustradas y privilegiadas poder identificar,

seleccionar y emplear remedios con los recursos naturales

existentes en sus huertas y propiedades, o al ser comprados a los

indios y campesinos a quienes eran solicitadas con anterioridad

durante los días de mercado. Para calmar las enfermedades de

los órganos internos los viajeros, funcionarios y curas párrocos

podían optar por: el Salsifraz “para quebrantar y deshacer las

piedras de vejiga que ocasionan el mal orina” (Oviedo, 1990,

54) o la costosa Otoba (“Sebo de árbol”) que era empleada por

lo indios tunebos (Uwa) para preparar “bebida con agua caliente

para expeler las frialdades del vientre” (Oviedo, 1990, 55).

También se acostumbraba el consumo del pez llamado pabón o

curbinata porque: “cría encima de cada ojo una piedra del

tamaño de una pepita de aceituna, pero blanca y transparente

como cristal, que tiene la virtud contra el mal de orina y deshace

las piedras que se crían en la vejiga” (Oviedo, 1990, 289).

Otros árboles útiles para mejorar la salud de las vísceras y las

enfermedades digestivas eran: los piñones y almendras al purgar

la cólera, la flema en vómito, la evacuación, las fuertes ansías y

en forma de vino “dicen que es el único remedio que se ha

descubierto por muchas experiencias contra el achaque llaman

gota” (Oviedo, 1990, 56). También se insistía en el uso de

plantas purgantes como el canime (Oviedo, 1990, 57, 295), la

esponjilla (Oviedo, 1990, 280), la leche tresna (“purga de los

pobres”) (Oviedo, 1990, 58) y la quinina o bledo morisco que al


35

ser molida y bebida servía para curar golpes, molimientos y

especialmente como purga (Oviedo, 1990, 58).

Para curar las afecciones y dolencias asociadas con la

hidropesía, “el achaque que más se padece en este Reino”, se

empleaban los extractos de los palos aromáticos llamados

salzafraz (o saxafraz), bálsamo copal, anime y la yerba

escorzonera (Oviedo, 1990; 57, 295, 302), oriundos de los llanos

del Casanare. El cura J. Valenzuela compartía esa generalización

del cura B. Oviedo a través de las descripciones etológicas y

patológicas que acompañaban sus partidas de defunciones, así

como al manifestar que las afecciones biliosas eran “la

enfermedad endémica de la América equinoccial, y se explica en

vómitos, cólicos, disentería, atrabilis, hidropesía, etc.“, “y por lo

mismo nuestros médicos deben hacer un estudio profundo de

aquella víscera y de este humor, auxiliados de la Anatomía y de

observaciones sostenidas y combinadas combinadas. Quizá la

amarillés, imbombera u opilación del Magdalena no tarda en

escalar el Aserradero y dominar la sabana, como lo han hecho el

coto y lo va haciendo el lazarino (Valenzuela, 2006, 40, 42).

Las enfermedades asociadas con fiebres, calenturas ardientes o

“tabardillos” (Valenzuela, 2006, 18) y fríos internos padecidos

en las tierras calientes también fueron muy importantes de

estudiar y curar para el cura párroco de San Gil, y luego de

Mogotes, al ser uno de los males más recurrentes que afectaban

la salud de sus feligreses, y consigo, la imposibilidad de obtener

la totalidad de los emolumentos, diezmos, congrua, etc.,

presupuestados anualmente para el sostenimiento del párroco y

su curato. Ejemplo de ello era el uso de la hierba chulco (y en

Nueva España “Juan Infante”) que se echaba “en las comidas

para los enfermos, especialmente atarbillados, porque corrige la

sangre y la purifica” (Oviedo, 1990, 60).


36

A ello se aunaba el uso de los frutos y cortezas de la Loja (la

bebida de la corteza en polvo servía para “las calenturas dichas

cuartanas”) (Oviedo, 1990, 55); los muelles (la miel de su fruto

servía “para purgar de achaques de frío, porque es muy frío”)

(Oviedo, 1990, 55); el Frailejón (la trementina de frailejón o

“Aucto” tenía muchos efectos eficaces para las enfermedades de

frío al ser muy cálida) (Oviedo, 1990, 56), la viravira (para los

achaques del frío) (Oviedo, 1990, 58), la pitaya (para las

calenturas) (Oviedo, 1990, 77) y “bebedizos de manzanilla,

agrio y dulce” (Valenzuela, 2006, 27).

Para los dolores corporales que precedían a las enfermedades

endémicas se sugería emplear la paularía, espadilla y abrojos

(para pleuríticos de costado) (Oviedo, 1990, 58), la zábila (para

dolor de costado) (Oviedo, 1990, 64) y en Girón se consumía “la

altamisa, que es reputada por calidísima” (Valenzuela, 2006,

26). Para los dolores de cabeza se acostumbraba a usar el Anime

(usado por los indios de los llanos como sahumerio en los

templos páganos y para confortar “la cabeza en los que padecen

vahídos”) (Oviedo, 1990, 55); la quinaquina (por sus frutos muy

saludables para los vahídos de la cabeza) (Oviedo, 1990, 56); el

Currucuay y la Caraña porque la trementina olorosa que

expelían servía para curar “las enfermedades originadas de frio,

en apósitos y sahumerio, para confortar la cabeza” (Oviedo,

1990, 55). De igual modo, se conocía el uso terapéutico de

sustancias de uso cotidiano como “beber chocolate para curar el

dolor de cabeza, de muela o la constipación; en caso de

debilidad extrema, algunos enfermos se colocaban las bolas de

cacao sobre la frente, amarradas con un pañuelo, para

beneficiarse de su poder reconfortante” (Alzate, 2012, 26).

Para afrontar y curar con confidencialidad y privacidad las

enfermedades venéreas que padecían los parroquianos, por


37

contagio o “herencia” (Valenzuela, 2006, 23), especialmente la

sífilis conocida como “el mal francés que llaman bubas y

calenturas” en tierras calientes como Girón (Oviedo, 1990, 243),

usualmente se recomendaban la hierba de bubas (“para expeler

el mal gálico, y hechas polvos y puestas en las llagas procedidas

de este achaque, las purifica, encarna y sana”) (Oviedo, 1990,

60), la zarzaparrilla (“excelente para el achaque o enfermedad

que llaman gálico”) (Oviedo, 1990, 280) y la yerba llamada piel

de osos (Oviedo, 1990, 91).

Para la higiene y limpieza de los órganos externos se empleaban

los extractos obtenidos de: las lechuguillas (para cuando se

inflama la boca o da un mal que llaman suin en los dientes)

(Oviedo, 1990, 59), los alfileres (sus hojas olorosas “traídas en

la boca quita aquel cáncer que da en los dientes y muelas que

llaman suin y el que llaman neguijón) (Oviedo, 1990, 60) y la

zábila (para el achaque de la garganta llamado esquitiencia o

esquilencia) (Oviedo, 1990, 64). Incluso, se recomendaba usar

de manera general la higuerilla (su aceite se consideraba “muy

medicinal para varias enfermedades”) (Oviedo, 1990, 56), el

cogollo de los curos (aguacates) se consideraba “medicinal para

varias enfermedades” (Oviedo, 1990, 77) y las hojas del naranjo

“sirve para remedios” (Oviedo, 1990, 78).

La curación de las enfermedades y dolencias de los ojos tenían

una terapéutica propia con la ayuda de plantas pues “en la época

no existía absolutamente ningún conocimiento médico que

librara de afecciones corrientes como las cataratas, la miopía, la

presbicia y el astigmatismo” (Rodríguez, 1995, 57). Para ello

era común emplear: los muelles (sus hojas para lavatorios, la

leche de su corteza para las “nubecillas que salen en los ojos”,

los cogollos para limpiar y apretar dientes y encías) (Oviedo,

1990, 55); el corilio del bejuco colorado (para el mal de los ojos


38

y para destruir en ellos cualquiera inflamación, nubes y

cataratas) (Oviedo, 1990, 57); la hierba de Santa Lucía (por ser

muy medicinal para el mal de ojos) (Oviedo, 1990, 59) y el agua

del bejuco colorado o agraz que “…aplicada a los ojos, estando

ellos enfermos, los sana de cualquiera inflamación y destruye las

nubes y cataratas que se crían en los ojos” (Oviedo, 1990, 295).

Así mismo, los neogranadinos conocían las bondades de árboles

y arbustos que podían contener las hemorragias producidas

durante las actividades de caza, extracción, cultivo o lucha

contra bestias salvajes (incluidos los indios flecheros). En los

llanos de Santiago o del Casanare se sabía de la existencia del

“palo de sangre” cuyos efectos hemofílicos fueron descritos de

la siguiente manera:

Hay en los mismos llanos un árbol cuya madera tiene una cruz

roja en el corazón, y le llaman palo de sangre, que es

admirable para estancarla, la cual virtud se descubrió con el

accidente de estar un negro cortando de estos árboles y se hizo

con la segur o hacha una grande herida en un pie, y entre los

desasosiegos causados del dolor reparó en que cuando ponía el

pie sobre el tronco del árbol dejaba de salir la sangre, y en

apartándole corría con abundancia, y con esta experiencia se

ató una astilla de aquel árbol al pie herido y se le estancó la

sangre del todo, y sanó sin hacerse otro remedio (Oviedo,

1990, 57, 297).

A los curas lectores se recomendaba emplear el efecto

coagulador de hierbas como el chulco (“restaña la sangre de las

heridas”) y la suelda con suelda (“reprime los flujos de sangre”),

así como se les recordaba que la hierba que generaba el efecto

opuesto al vómito y las hemorragias de sangre era la bretónica

(Oviedo, 1990, 60).


39

A esas acciones curativas para situaciones urgentes y

desesperadas B. Oviedo agregó en sus descripciones

parroquiales la importancia de adoptar hábitos para la

prevención de las dolencias, enfermedades y plagas por parte de

las gentes comunes. Por ejemplo, el consumo del agua cocida de

la hierba chulco era “la continua medicina de los indios pobres,

y castra, y refresca, y preserva de cáncer” (Oviedo, 1990, 60).

La hidropesía, resultado de “tercianas” o “escorbutos”

(Valenzuela, 2006, 20), podía ser controlada consumiendo las

prometedoras y afamadas quinas neogranadinas (Valenzuela,

2006, 27)) o pequeñas dosis de los bejucos o hierbas que

consumían los guíos (o anacondas) de los llanos para reducir su

gordura. De lo contrario, podían llegar a sufrir pues alguien que

consumió altas dosis de esas plantas fue hallado convertido “en

una agua gruesa o espesa hasta los huesos”. Siendo explicada

esa transformación por “haberse el sudor convertido en agua”

(Oviedo, 1990, 62-64).

Los forasteros residentes que llegaban hasta las provincias más

distantes, así como los vecinos nativos de las mismas debían

estar dispuestos a asumir y acatar las normas locales para

conservar la salud moral, la higiene pública y los hábitos

higiénicos fomentados por los alcaldes, síndicos y curas

párrocos de las provincias andinas también requerían ser

realzados al destacarse las prácticas de algunos animales

andinos como hábitos a seguir por los parroquianos y vasallos

reales. Al reconocer de las oropéndolas su costumbre de adoptar

la crianza de los huevos de las “cochas”, el tejer nidos de paja

semejante a los “talegos que aquí llaman mochilas capaces de

cargar en ellas cualquier cosa”, la causa de mayor admiración

para la salud moral era “que echaban sus pajas y no trabajaban

en los días festivos, que por instinto los conocen, esto es, los

domingos, que es un documento y ejemplar admirable de que


40

debían aprender los racionales cristianos”. Respecto a la salud

corporal de los neogranadinos B. Oviedo continuaba diciendo:

“También notaremos que hay un pájaro, aunque no por estas

tierras, y fuera bien que lo hubiera llamado justo, que oculta con

cuidado sus inmundicias para no infeccionar con su hediondez a

los hombres, los cuales sería justo que ocultasen sus ilícitas

operaciones para no infeccionar con sus malos ejemplos a los

prójimos” (Oviedo, 1990, 109).

Hábitos a los que se sumaban prácticas domésticas y privadas

conocidas desde la antigüedad por los hispanos de acuerdo a la

posición astronómica, fases de la luna y las corrientes aéreas

como eran:

La primera, que la librería y escritorios tengan la puerta y

lumbre del Oriente y estarán libres de polillo y mojo limpios;

Segunda, los dormitorios o aposentos para dormir tengan la

lumbre al Oriente, que para ser limpios y sanos hace mucho la

lumbre de la mañana; tercera, los graneros de trigo y otros

granos tengan la luna o puerta al Septentrión, donde viene el

aquilón, que es el Norte, para conservarse mejor; cuarta, las

bodegas de vinos acaten al Septentrión, asimismo, porque

estén siempre frías; quinta, el lugar donde se pone el aceite

tenga puerta hacia el Mediodía, o luz, que es región caliente.

Las frutas que se han de guardar, como uvas, manzanas,

granadas, etc., se han de coger en menguante, por la tarde, y

que no haya llovido sobre ellas, y el lugar donde se guarden

tenga lumbre hacia el Septentrión para que se conserven mejor

(Oviedo, 1990, 114).

Riesgos mortales. Los aprendizajes locales para sobrevivir a las

condiciones adversas eran sistematizados a través de las

prácticas curativas como en las normas de policía urbana de


41

cada curato o provincia, siendo en los climas cálidos y

templados donde resultaban ser exigidas con mayor severidad

ante la proliferación de invertebrados que hacían poco grata la

estadía y tránsito de los viajeros que debían residenciarse o

internarse en ellas.

Sin conocer o dar importancia aún a la condición de agentes

vectores y transmisores de enfermedades endémicas o

epidémicas (Pérez, 2013b) que tenían “los insectos pequeños y

nocivos”, B. Oviedo advertía a los curas, viajeros y lectores en

general de la existencia en las provincias neogranadinas de

piojos (que dan mucha comezón) entre los andrajosos y ociosos

de las ciudades (Oviedo, 1990, 93), las pulgas, las niguas

(pulguitas pequeñas de la tierra que “penetran en los pies, el

pellejo, y se siembran en la carne”) (Oviedo, 1990, 94), los

chinches o chapetones (“más largos y hediondos, que pican y

sacan mucha sangre”) que traídos desde el puerto de Girón

cundieron a San Gil y El Socorro (Oviedo, 1990, 94), así como

las garrapatas de Pamplona y Cúcuta, etc.

Sobre esas últimas su carácter de plaga de los valles que

circundaban el río Magdalena se explicaba porque: “es un

animalejo muy modesto, que se pega en el cuerpo a la gente y a

los animales y se prende de las carnes con todas sus paticas, que

causa sumo fastidio y comezón, y allí va creciendo, que para

despegarlo es menester estregar con tabaco mascado o mojado”

(Oviedo, 1990, 329). Cuando esos insectos parasitaban y hacían

parte del cuerpo de los roedores se reafirmaba la necesidad de

exterminio masivo al ser las animalañas que habían ocasionado

las peores pestes de Europa.

De allí que fuese necesario recordar a los curas y viajeros en

tierra caliente la importancia de contar en cada casa, además de

un perro fiero y sin “mal de rabia” (Valenzuela, 2006, 136), con


42

un gato doméstico porque: “son los gatos muy útiles para las

casas porque las limpian de los animales inmundos y nocivos,

como son culebras, escuerzos, arañas, cucarachas y otras

muchas sabandijas inmundas; pero para que lo que son más

necesarios es para destruir los ratones, que son su más gustoso

alimento y abundan en todas partes y en cuasi todas las casas.

Sólo en Girón se ha experimentado que no se crían, quizá por la

abundancia de gatos que allí hay” (Oviedo, 1990, 92).

También fueron reconocidas las bondades de otros animales que

ayudaban con la limpieza interna de las casas de residencia y los

templos parroquiales. Las hormigas negras o cazadoras se

destacaban porque “entran de bandadas en una casa y sin hacer

daño a las gentes limpian la casa de todas inmundicias de

cucarachas y otros animales y hasta a las culebras las matan”

(Oviedo, 1990, 94) o las culebras cazadoras “porque se entran

en las casas y sin picar a las gentes limpian las casas de todas las

lagartijas y cucarachas” (Oviedo, 1990, 97). No obstante,

especies de hormigas de gran tamaño, voracidad y agresividad

como las “culonas” (arrieras, cortadoras o attinas (del género

“Atta”)) obligaban a los parroquianos a reconstruir permanente

sus casas, e incluso a reubicar el lugar de fundación original de

sus parroquias (Pérez, 2014), pues al asentar sus gigantescos

hormigueros en los patios, plazas o calles cercanas a las

cabeceras parroquiales “…las hormigas lo destruyen todo,

porque se multiplican y avanzan en razón de la desidia y pereza

del hombre” (Valenzuela, 2006, 135).

Las guaras o guaracuras al estar presentes como los gallinazos

(“reyes” y “negros”) en todas las tierras y climas andinos,

reducían su existencia a “atajar las corrupciones de los animales

que mueren en los campos y en los lugares, porque luego los

divisan y se comen los cadáveres de cualesquiera animales”


43

(Oviedo, 1990, 106). Siendo a su vez regulada la existencia y

población de éstos últimos por las águilas llamadas “guacos”

que al matarlos “les chupan la sangre por la cabeza pero no

comen la carne. Con estos animales tienen aberraciones los

indios, y cuando canta un guaco dicen que ha muerto alguno, y

por su agüero acontece así”. (Oviedo, 1990, 106).

Con el nombre del “guaco” los miembros de la Expedición

Botánica también divulgaron desde 1788 la existencia de un

bejuco del valle del Magdalena que los esclavos empleaban para

curarse de las mordeduras de las serpientes tayas al ver a las

águilas comer sus hojas después de ser mordidas al tratar de

atraparlas o matarlas. Su uso terapéutico por parte de los curas

párrocos de tierras calientes al servir como protomédicos fue

descrito por el cura de Bucaramanga al sentar una partida de

defunción de 1791 sobre la muerte de tres feligreses cerca al río

de Cañaverales (Lebrija) al narrar:

El primero murió dentro de una hora, al segundo le dieron

vómitos, dolor de cabeza y de estómago, y para éste no le

quisieron dar bastante aceite aunque lo mandé, y murió dentro

de 8 días. Al último, que fui a confesar, le dieron prontamente

como 6 cucharadas de aceite y tal vez por eso no le dolió el

estómago ni la cabeza, ni vomitó. A las 24 horas llegué y le

hice pringar el brazo con el sumo del guaco-bejuco, que ya

estaba hinchado y acancerándose, y tragó algo del sumo. Al

cabo de 2 horas se pringó con aceite, de ahí con sumo de

almoraduz, y también con aguardiente, del que me dijeron

había bebido mucha cantidad aunque no se embriagó. Bebía

mucha agua de culantro o cimarrón, la hinchazón corrió

enormemente hasta el pecho, levantaban vejigas de agua

limpia, despedía sanguaza del brazo y la escupía, se apartaba

el pellejo y se ennegrecía la carne con muchas picadas, hasta

que se confirmó la gangrena, que se lo llevó a la sepultura

antes de las 50 horas (Valenzuela, 2006, 21).


44

En cuanto a los insectos voladores, se conocían los jejenes

(mosquitos “que pican y dan mucho fastidio”) del río Magdalena

y se convivía con los zancudos (“que son muy fastidiosos y

pican mucho”) (Oviedo, 1990, 94). Entre las moscas se

reconocía una especie que llegada de los Llanos a la parroquia

del Socorro se irrigó por toda la villa y provincia de San Gil

“…que parecen guerreras, y de éstas se crían unos gusanos que

entran en el cuerpo y crecen mucho y son muy fastidiosos, y los

llaman nuches, que atrasan mucho al ganado vacuno y también a

los perros y a otros animales y hasta las gentes” (Oviedo, 1990,

94). Las causas y tratamiento para los nuches y nacidos que

acostumbraban los neogranadinos se resumían de la siguiente

manera: “…otros mosquitos verdes que llaman de gusano, que

en picando depositan entre la carne un hueverío imperceptible,

de que se va criando un gusano que fastidia y da calentura y es

preciso sacarle con gran trabajo” (Oviedo, 1990, 287).

En cuanto a las plantas y frutos que podían causar la muerte, B.

Oviedo al igual que las gentes ilustradas y de ingenio de las

provincias andinas, conocía y diferenciaba su existencia entre

múltiples especies de la flora. Por ejemplo, los frutos del árbol

de castañeta que abundaba en las provincia de San Gil se sabía

que eran venenosos porque “dado a los perros los mata”

(Oviedo, 1990, 70). Para matar el comején y la broma o carcoma

que penetraban y podrían las maderas de las construcciones o

los objetos tallados se optaba por impregnarlas de hiel, así como

se optaba por enmaderar amarrándolas con fibras repelentes

como “el maguey que sale del fique y de la motua, y es

incorruptible” (Oviedo, 1990, 71 y 72). De igual modo, las

construcciones (calicanto) y la limpieza de las paredes o techos

se preservaban al emplearse como pegamento o pintura la “cal

fabricada en pueblos como el de Boyacá “con que proveen no

sólo a Tunja, más también conducen mucha a la ciudad de


45

Santafé, por ser la mejor que fabrican en el Reino” (Oviedo,

1990, 195).

No obstante, el interés de los neogranadinos de tierras templada

o caliente por conocer y experimentar con el uso de plantas y

animales útiles se centraba en conocer los mejores remedios

para contener o curar el efecto de picaduras, mordeduras o

contagio con sustancias venenosas de serpientes de los

piedemontes y tierra caliente (tatacoas, cascabeles, corales,

tayas, víboras, tintines), alacranes o escorpiones de Girón, los

sapos venenosos o escuerzos de los llanos, los caimanes del

Magdalena, las arañas de Neiva, etc. Por ejemplo, al describirse

a los venados con tres puntas en cada asta (“pelonas”) de los

Llanos se decía de ese atributo que: “…son más apreciables

estas astas porque son remedio, y unas y otras quemadas labran

lo que llaman piedra contra veneno de culebra y animales

ponzoñosos, y es muy eficaz para cualquier picadura, aunque

sea de una avispa que mojada con agua o saliva se aplica a la

picadura y se pega y quita el dolor, que de esto tengo

experiencia, y no se despega por sí hasta que saca el veneno”

(Oviedo, 1990, 89 ­ 90).

Para curar los efectos del veneno que salía del cuerpo de las

arañas coloradas al estallar sobre la piel, las gentes del valle del

Magdalena apelaban a remedios contrarios a la salud e higiene

personal como era: “beber excremento de gente desleído, o

quemarlos muy bien con paja de guayacán. De manera que

desnudan al picado y lo cogen entre dos y diestramente lo van

pasando todo y volviendo sobre la llama de dicha paja de

guayacán; y otro remedio es beber la raíz de la paja que llaman

amargosa” (Oviedo, 1990, 309).

De las gentes de los Llanos del Casanare se sabía además que la

“contra” para el veneno de las víboras era el consumo y


46

extracción de la fruta llamada Cobalonga porque “raspada y

bebida en polvos en agua tibia, y preserva trayéndola que toque

a las carnes” (Oviedo, 1990, 96 - 97), así como se acostumbraba

a beber agua en vasos hechos de la madera taray al ser

considerada medicinal contra “tabardillos y venenos”. Igual

sucedía con los vasos hechos de la madera llamada tarag

(abundante en las jurisdicciones de San Gil, Socorro y Vélez), al

ser demandados en todas partes como objetos medicinales de

uso cotidiano “porque dicen que es muy medicinal contra

veneno y flujo de sangre e hidropesía” (Oviedo, 1990, 66).

Sin embargo, la curación más efectiva como antiofídico se

consideraba que era la que se hacía en las provincias andinas de

San Gil y Girón al combinar las hojas del tabaco (Oviedo, 1990,

60), las flores del borrachero (Oviedo, 1990, 73), las hojas de

“vela chica” (Oviedo, 1990, 62) y el aceite (o sebo) de la otoba

(Oviedo, 1990, 62).

Tabaco curado y curativo. Desde la perspectiva de los

monocultivos y el uso de plantas que no requerían una búsqueda

exhaustiva entre bosques, montes o pajonales, el creciente

consumo y demanda del tabaco en las provincias donde había

ejercido B. Oviedo como párroco, el humo amargo que expelían

las hojas de esa planta al ser enrolladas como cigarros además

de ser fuente de “vicio colectivo” resultaban ser remedio eficaz

para repeler y alejar los insectos en las zonas cálidas y malsanas,

así como para elaborar las “contras” que servían para contener o

extraer diferentes tipos de veneno.

De allí que B. Oviedo como cura de una de esas parroquias y

provincias tabacaleras del Reino justificaba su libre cultivo y

consumo público al ser incuestionables sus efectos curativos ya


47

que: “el tabaco mascado y tragado el zumo, es el mayor remedio

para contra la picadura de culebras, sean las que fueren, de que

tengo mil experiencias” (Oviedo, 1990, 60). Así mismo, el humo

del tabaco acorde al Padre B. Feijoo servía para alejar la polilla

española que comía y destruía la ropa y la lana (Oviedo, 1990,

93).

La confianza de indios, campesinos, hacendados y hombres

ilustrados en el tabaco como agente medicinal antiofídico en las

tierras calientes fue de tales características y proporciones que

B. Oviedo narró que durante su permanencia como cura del

pueblo de Boyacá acostumbraba a emplearlo para atender, tratar

y curar las mordeduras de las culebras tayas de sus feligreses al

recordar que:

…pican a muchos, y decían que no tenían contra, y que al que

picase, fuese hombre o bestia, a las veinticuatro horas moría.

Y yo, advertido de un campesino, en cuanto les picaba les

hacía mascar y tragar mucho tabaco y beber el zumo, y

también beber mucho aceite [de otoba], y sudaban con mucha

abundancia, y en breves días sanaban y no les quedaba lesión

alguna. Pero en otra ocasión que estuve yo ausente, le picó a

una china (así llaman a las indias cuando pequeñas), y al

segundo día murió (Oviedo, 1990, 96).

El efecto antiofídico del tabaco se podía explicar además desde

el uso de las flores del árbol de borrachero, muchas veces

mezcladas en polvo o fumadas en rama con el tabaco en las

tierras calientes, considerando que:

…el que llaman borrachero, de unas flores amarillas muy

olorosas, que se produce en todas tierras templadas o frías. Su

virtud es contra el veneno de culebra; sus hojas se ponen al

rescoldo y así fogueadas se ponen o aplican a las heridas o

picaduras, y aunque haya penetrado la ponzoña y tocado en la


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sangre, la llama con tal violencia, que la hace destilar hasta

que totalmente queda purificada (Oviedo, 1990, 73).

Los efectos analgésicos y narcóticos de la flor del borrachero

eran también conocidos a través de la miel que producían las

abejas “chiquitas” al considerarse que esa miel “es nociva y a

los que la comen los enloquece y les dura esta locura tres días, y

es muy cálida y dañosa, y la fabrican por el mes de agosto, que

es cuando florean los árboles que llaman borracheros, que es de

la flor que labran”. (Oviedo, 1990, 95). Así mismo, “las hojas

del borrachero mojadas después de rescoldadas y puestas en la

herida de cualquier culebra, aunque haya tocado la ponzoña en

la sangre, la llama con violencia y la hace destilar”. (Oviedo,

1990, 96)

Los agregados pulverizados del borrachero o de la quinaquina

con los que se acostumbraba a mezclar al tabaco en polvo para

aprovechar mejor “su fortaleza”, antes que mascarlo o chuparlo

(Oviedo, 1990, 322), formaban un adobo que le daba un “olor

agradable y confortativo” (Oviedo, 1990, 56). B. Oviedo

recomendaba además agregar el polvo obtenido de las hojas

coloradas del árbol “vela chica” porque al ser “de cualidad muy

frígida y sirve en bebidas para cordiales y la echan también en el

tabaco de polvo para templar su actividad y color, y el de la cal

que le mezclan para molerlo disimulando con gran color este

vicio” (Oviedo, 1990, 62).

Fisiocracia. La creciente demanda del tabaco hizo inevitable su

control y monopolio tanto en el cultivo y cosecha como en la

comercialización y consumo por parte del Estado virreinal al

declararlo una década después producto estancado, renta real del

virreinato y producto de cultivo y compra solo a través de las


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reales factorías dispuestas por las autoridades reales en algunas

provincias andinas y ribereñas (Pérez, 2011). Así, a las

prohibiciones sobre la siembra, cosecha y comercialización de

los productos monopólicos producidos en las provincias de

España se sumaban los monopolios y restricciones a los

principales productos de la Nueva Granada.

B. Oviedo planteaba sus “Pensamientos…” sobre esa situación y

demandaba reformas librecambistas, al igual que las propuestas

radicales de los fisiócratas y extractores de materias primas que

hicieron parte de la Expedición Botánica neogranadina décadas

después, por ejemplo los “Pensamientos…” del sangileño Pedro

Fermín de Vargas (1944), al expresar:

Si en este Reino como en otras partes de estas Américas, Perú

y Méjico, se permitiera sembrar viñas y olivares, y sacar vino

y aceite, a fe que no nos vendieran tan caro el que se trae de

España, porque las parras se producen con grande abundancia

y fertilidad, y los racimos de uvas abundan en su licor en

cualquiera parte que las planten, como las he visto en la villa

de San Gil, en la ciudad de Girón y en la parroquia del

Socorro. La misma prohibición tiene el aceite de las olivas,

habiendo olivares en Leiva y en el territorio del pueblo de

Sutamarchán, de su jurisdicción (Oviedo, 1990, 76).

Consumir los productos simbólicos de la cultura española

requería depender de su importe y recarga tributaria desde

Europa, constituyéndose en un acto deshonesto y cuestionable

que las autoridades virreinales o eclesiásticas los sembraran y

consumieran de forma privada al cosecharlos en sus propios

huertos sin pagar los impuestos reales ni fomentar el comercio y

tráfico desde los reinos peninsulares. Ese era el caso del

consumo de vino en los curatos andinos porque en donde se

daban muchas parras “…no tiene el cura que comprar vino para


50

celebrar, porque tiene sus parritas y las cuida mucho para tener

de continuo el vino que necesita” (Oviedo, 1990, 274).

Los innumerables efectos y usos del tabaco también se podían

reconocer en otras riquezas naturales neogranadinas al poder

llegar a tener uso “industrial” y masivo al ser empleados solo

por algunas personas de forma artesanal. En el caso de los

árboles de caucho o uvitos, su leche tremantinosa podía ser

usada como barniz para pintar y recubrir los objetos de uso

personal (botas, zapatos, capotes, etc). De los frutos del dividivi

y el campeche se podían extraer las sustancias necesarias para

producir tintas de buena calidad requeridas en el Reino al ser

mezcladas con los abundantes minerales que ya se conocían para

ese fin (Oviedo, 1990, 56, 216).

Así, las expectativas del Reino por la extracción y exportación

de materias primas útiles y exóticas como los tintes se asociaban

con la identificación y explotación de minerales, animales y

plantas que los producían. Además de las minas de tierras finas

y de colores que existían en el Reino, Oviedo destacaba la

existencia de la grana, “que en este Reino la llaman cochinilla”,

cuyos tintes morados se extraían de los insectos que se

encontraban entre las pencas de las tunas que abundaban desde

la provincia andina de Tunja hasta la de Mérida (Oviedo, 1990,

61, 216).

El árbol del añil se encontraba en los climas templados de esas

mismas provincias de tejedores de lana, algodón y fique quienes

lo empleaban para obtener tintes azules y como “socorro

universal de este Reino con que se tiñen lienzo y tejidos de lana

de tan fino color como los de la Europa, dado que no les

excedan” (Oviedo, 1990, 61). Los colores rojo, carmín o

colorado lo obtenían de raíces. Los colores amarillos de mezclar

los arbolitos Servitá, el espino llamado moral, el morcote y el


51

amor seco con lejía. De la cáscara del encino y del “palo de

Brasil” se extraían tintes como el morado y el musgo, aunque el

morado más fino era el extraído de las cochinillas. El moral en

barro producía el negro y con otras tierras el naranjado. Así

como el tinte verde se obtenía del arbolito chilco y de un bejuco

(Oviedo, 1990, 61).

Los indios para obtener los tintes rojo y morado con los que

pintaban sus “mantas de pincel” empleaban la masa colorada

obtenida al cocinar las hojas coloradas del árbol “vela chica”

(Oviedo, 1990, 62). En las tenerías, se acostumbraba a emplear

para el beneficio y la tintura de los cueros las cortezas del árbol

casca (Oviedo, 1990, 73), así como de las cáscaras de la granada

también se podían obtener tintes (Oviedo, 1990, 76). De igual

modo, se contaban con riquezas minerales como el alumbre de

Girón cuyas propiedades para elaborar tintes podían reducir los

costos de producción y aumentar los bienes de exportación. El

cura ilustrado y fisiócrata de Bucaramanga en 1810 pedía

considerar su extracción y uso industrial porque:

Es de presumir que esta cuantiosa mina de alumbre prosiga

tan abandonada como hasta la fecha… sin embargo de tantos

cueros que fe desperdician, especialmente con el carguío de

tabaco, otros que se emplean o extraen al pelo: los de nutria,

ratón de agua y zorro amarillo, que son apreciables por su

finura y color, se quedan sin un beneficio, cuya base principal

es el alumbre, y que haciéndolos más dóciles, y más durables,

aumentaría el precio y el despacho.

Un auxilio, tan principal para la tintura, siendo nuestra la

cosecha de algodón y poseyendo, a más del añil de

Guatemala, otro silvestre abundantísimo y de fácil

manipulación, parece debían inclinarnos a la fábrica de panas,

terciopelos y otros géneros de aquel hilado, con lo que el

Reino ahorraría muchos miles y no costaría tanto el vestido


52

común y ordinario. Pero se prefiere el vender estos materiales

en rama, y juzgamos hacer grande ganancia cuando se

embarcan grandes remesas. ¡Engaño manifiesto! La utilidad es

para los compradores: bien pueden pagarnos muy caros

nuestros géneros, el valor que nos dan queda como en

depósito, para reintegrarse a su tiempo con enormes aumentos.

Un quintal de algodón que vendemos en menos de veinte

pesos, después lo pagamos en mil, que es decir, devolvemos el

principal que habíamos recibido, y veinte tantos más por

utilidades y maniobra. La libra de añil que les cuesta doce

reales viene cargada en los géneros azules que compramos;

pero ya no son doce reales los que se nos prorratean; se nos

vende al precio de Europa con otra infinidad de menudos

valores por las operaciones más despreciables, y materiales,

haciéndonos pagar hasta los orines y lejía que han empleado

en las tinas o peroles de teñir. ¡Por cierto que es muy

ventajoso nuestro partido! Y no hay para que extrañar que

siendo la América el país más rico de minas, sea el más escaso

de numerario y comodidades (Valenzuela, 2006, 72).

Así, las gentes del común empleaban recurrentemente los tintes

naturales y gratuitos para decorar las prendas de uso cotidiano

que elaboraran con fibras nativas como el algodón o el fique

acorde a las tradiciones indígenas heredadas. Respecto a la

motua y el fique, B. Oviedo las describía como las fibras más

populares de las provincias andinas al expresar:

Las grandes matas que se producen a manera de cardones,

pero son muy gruesas y anchas y en todo su canto por ambos

lados gruesas aunque cortas espinas, que las llaman motuas, se

producen en todas las tierras templadas. De éstas se saca la

pita, que a más de servir acá mucho, se lleva a España y

vienen mixturados de ella algunos tejidos de seda. Otros muy

semejantes a ellas, pero las más no tienen espinas, llaman

fique que sirve como el cáñamo en España para sogas y hacer

suelas del calzado que usan los pobres, los indios y


53

campesinos, y los llaman alpargates, de que se fabrican

muchos en el Distrito de Guane y otros pueblos como el de

Onzaga. En medio producen una vara muy larga que llaman

maguey, que sirve para enmaderar casas de paja porque es

incorruptible, y el corazón que es muy blando sirve para yesca

de sacar candela y para otras muchas cosas (Oviedo, 1990,

80).

En cuanto al algodón, las fibras, hilos, manufacturas, telas

(“lienzos”) (Oviedo, 1990, 185), “mantas de hilo listadas y

blancas, paños de manos finos” (Oviedo, 1990, 191), etc., que se

obtenían de esa fibra sustentaban la economía de las gentes de

las tierras calientes ante las variaciones en los precios y

cosechas del tabaco y el cacao, e incluso se constituía en la

moneda de cambio a falta de dinero metálico al ser

intercambiadas las “pelotas” (ovillos), carretes o rollos de hilos

por los demás productos del mercado (Oviedo, 1990, 345). Su

importancia para las rentas municipales y parroquiales de

provincias como las de San Gil y Vélez era explicada por B.

Oviedo, dos décadas antes de la insurrección popular de los

Comunes a causa de la carga tributaria que les fue impuesta

(Pérez, 2013a), al manifestar:

El algodón que se siembra en las tierras calientes, es el

socorro universal para todo el Reino, porque sus tejidos son

muy durables, y es de lo que viven todos los pobres y

campesinos y casi toda la tierra caliente; unos que llaman

lienzos se suelen fabricar casi al igual de las ruanas de España,

en especial el que fabrican en los llanos que llaman de

Morcote, por ser este pueblo donde más se fabrican. Hacen

también otros muchos tejidos que llaman manta, de varios

colores, que fabrican pabellones al tanto de los de Quito, en

particular en la jurisdicción de la villa de San Gil, y

sobrecamas de estos lienzos. Y de estas mantas se conducen

muchas cargazones para Mompós, para Neiva, para Antioquia


54

y otras muchas partes. Donde se siembran más algodones es

en los llanos y en las jurisdicciones de las ciudades de Vélez,

Girón y villa de San Gil, que también se producen en las otras

jurisdicciones de Santafé, Tunja, muzo y las demás (Oviedo,

1990, 82).

Los parroquianos del Socorro se destacaban por el “comercio de

varios géneros del país, lienzos, pabellones, mantas, paños,

sobrecamas, listados y muchísimas cosas de Castilla y de la

tierra” (Oviedo, 1990, 236) y los de Charalá pagaban cada uno a

su párroco el estipendio con “dos reales en hilos de algodón

grueso” (Oviedo, 1990, 236). Respecto al algodón y los tejidos

de la ciudad de Vélez, B. Oviedo sobreponía su excelsa calidad

de origen prehispánico en comparación a los lienzos (paños o

telas finas) de las demás provincias cálidas del Reino al

expresar:

Produce a más de lo dicho y mucho que omito una cantidad

suma y abundantísima de algodones, de que fabrican

muchísimo lienzo y mejor que el que fabrican en todas las

jurisdicciones de la villa del Socorro, San Gil, Charalá, Oiba,

Simacota y Guane y la jurisdicción de San Juan Girón. De

todo los cual saca de Vélez, de Santafé, Tunja, Villa de Leiva

y todas sus jurisdicciones, cada año, una suma inenarrable de

dinero, que no sale de Vélez si no es que salga en el juego,

porque para su alimento no gastan un real, acomodándose con

lo de la tierra, y en cuanto a vestidos, uno les dura toda su vida

(Oviedo, 1990, 222).

No obstante, la búsqueda y clasificación de los mejores tejidos

del virreinato llevó a B. Oviedo a reafirmar que los tejidos de los

Llanos del Casanare resultaban ser tan buenos que los

peninsulares y más finos que los de Quito, los cuales eran a su

vez de mejor calidad que los de Tunja, Vélez y Socorro. Además

de resaltar que los pueblos de indios de Támara y Morcote


55

pagaban sus obligaciones religiosas y los estipendios de curatos

con los refinados hilos o lienzos tejidos de algodón que

fabricaban, los demás curas del Reino fueron informados que:

Los indios de dicho Támara, son muy trabajadores, y a más de

sus comunes labores de labranzas de maíz siembran mucho

algodón, y fuera de los lienzos que fabrican tan buenos como

los de Morcote, que son los mejores de todo el Reino, que

compiten con el ruan de Castilla, fabrican muchos pabellones,

colchas y sobrecamas de hilo blanco y azul, con exquisitas

labores hechas al tejerlos, que igualan, sino exceden, a los

pabellones y colchas que traen de la Provincia de Quito.

Fabrican paños de manos, dobles, que llaman de manta, finos

y apetecibles por muchos de los señores y gentes de distinción

(Oviedo, 1990, 293).

[Los indios de Morcote]…siembran y cogen muchísimo

algodón y fabrican tejidos excelentes, como los de Támara;

muchísimo lienzo, el mejor de todo el Reino, tan fino como el

ruan de Castilla, ancho, delgado y tupido, valía antes la vara a

4 reales; hoy vale a 3; muchísimas mantas blancas, finas y

listadas, y paños de manos, muy finos, pabellones y colchas,

como la de Quito, y otros muchos tejidos curiosos (Oviedo,

1990, 294).

En las tierras frías de los andes neogranadinos los indios,

mestizos, zambos, zambaguijos y blancos pobres elaboraban

“géneros de la tierra” aprovechando las manadas de ovejas

existentes (“ovejeras”). Fibras animales que además de dotar y

sustentar las cofradías parroquiales, permitían obtener la materia

prima para elaborar los tejidos de lana llamados mantas

(Oviedo, 1990, 176), “ruanas, camisetas, frazadas, sayales,

bayetas, sombreros y otras muchas cosas, de que es cuantioso el

comercio para llevar a Santafé y las partes del Reino, y este es el

mayor subsidio que tiene para su conservación” (Oviedo, 1990,


56

171, 177). A lo cual se sumaban chumbres (Oviedo, 1990, 190),

sobrecamas y pabellones (Oviedo, 1990, 239), “jerga como de la

de Quito, de que hacen buenas ruanas de camino” (Oviedo,

1990, 191), etc., siendo vendidas las frazadas “muy grandes y

bien batanadas” (Oviedo, 1990, 187).

De los tejidos de Lana del Reino los más demandados por las

gentes de las provincias de tierras frías y calientes eran los

sayales elaborados en pueblos como el de Tota, los cuales eran

comprados y vestidos por los padres de la orden religiosa de San

Francisco, especialmente los “venerables de la Tercera Orden”.

Desde la perspectiva de un cura párroco que inhumaba algunos

de sus feligreses amortajados con esos sayales ello se explicaba

porque: “…como son muchísimos los que mueren, los que se

mandan a enterrar con hábito de San Francisco, y todo se provee

de aquel sayal, es muchísimo el consumo que hay de él y el que

fabrican con especial compite con el que traen de Quito”

(Oviedo, 1990, 187).

Miseria aurífera. En contraste con las riquezas naturales y las

abundantes materias primas que en el Reino se podían

transformar en bienes para el comercio entre las provincias y

virreinatos, la mayoría de los neogranadinos consideraban que

las únicas fuentes seguras de riqueza eran y debían continuar

siendo los minerales metálicos extraídos de las minas o de

malsanos lavaderos. Tradicionalmente los metales preciosos,

especialmente oro, plata, platino y cobre, fueron los principales

atractivos de la Nueva Granada, y con ellos, los lugares donde

era posible encontrarlos como eran los arroyos, ríos y montañas

antes de ser transformado en minas (Pérez, 2012).


57

El hecho que la mayoría de los neogranadinos siguieran

asociando a la minería de metales preciosos como la principal

fuente de riqueza, trabajo y aprovechamiento de los recursos

naturales para su subsistencia, incluidos los curas párrocos que

preferían los curatos mineros a los manufactureros, se explicaba

por los curas y sabios ilustrados de la época porque:

…para cualquiera ministerio son muy hábiles los ingenios de

los naturales de Santafé y de casi todos los hombres del

Nuevo Reino de Granada; pero reina en él tan de asiento la

desidia o la pereza, que por ella no se aplican a las artes

mecánicas, y por esto faltan oficiales en todas, pues a los más

que se aplican, los que viven en los lugares, es (hablo de la

gente ordinaria) a tratantes, mercaderes o pulperos; muy pocos

se aplican a la pintura y escultura, y por esto hay tanta falta de

ello, a plateros, carpinteros, albañiles, y así de las demás artes

mecánicas. Lo mismo en el campo se aplican todos a la labor

y cultivo de las tierras, aunque no son con mucho esfuerzo, y

de esto procede la abundancia de los frutos y por la fertilidad

de las tierras, y de esto también proviene el haber mucha gente

ociosa (Oviedo, 1990, 134).

La condición de desidia, flojedad, pereza, pobreza, ignorancia,

etc., en la explotación de los metales preciosos y su pleno

aprovechamiento por parte de los neogranadinos que se

contentaban con “sus comunes labores” (Oviedo, 1990, 303), en

ser gente “muy floja y haragana, que solo se dedican a sus

labranzas” (Oviedo, 1990, 323) o en hacer lavados ocasionales

en los ríos después de las lluvias (Oviedo, 1990, 301), etc.,

también hizo parte del lenguaje despreciativo y excluyente que

usaron otros curas párrocos como el del Real de Minas de

Bucaramanga y Vetas al considerar a sus feligreses: “galicados y

entenizos, en cuyos nietos saldrán lazarinos”, hechor

consumido, pecadores tan lujuriosos como los felinos, burros o

toros al ser padres de bastardos y “coitos ilegítimos”, “llagados,


58

descarriados, pelados, amancebados y ladrones”, mendigos

advenedizos, hambrientos y encamisados, pícaros y holgazanes,

petardistas, haraganes y ociosos, “ canallas, vagabundas

paridoras, libertinas y livianas, “disolutas que no cuidan de su

honor”, “peconas, sin respeto, miramientos ni temor”,

amancebados padres de “hijos bobos”, “cofrades de la exacción

y pobreza”, “estúpidos, haraganes, malignos y revolucionarios”

(Valenzuela, 2006, 17 – 43), entre otras formas de expresar los

curas más antiguos del Reino sus “venganzas y odios”

(Anónimo, 2008, 185), así como justificaron décadas después la

expedición mineralógica de J. Delhuyar y la expedición botánica

de J. Mutis (Pérez, 2007) para mejorar las condiciones de vida

de mendigos, ociosos y malvados porque “la falta de artes y

oficios deja a muchos mozos sin destino y emigran a otros

lugares; y porque las enfermedades cada día se aumentan, y se

exasperan más” (Valenzuela, 2006, 40).

Los hábitos vegetativos y la vida frugal de los neogranadinos

sustentada con los plátanos, yucas, maíces y arroces que

recogían entre plantíos silvestres (Alzate, 2012, 30) fueron

reafirmados por el cura párroco de Mogotes al expresar sobre

los curatos de la jurisdicción de Vélez, y en especial sobre el

cerro de Itoco, que estaba compuesto “de minerales de plata y

otros metales, pero de esto no se cuida ni procura, porque todos,

o por haberse dedicado al cultivo de las tierras, en cuya labor

afianzan mayor certeza, o por la incertidumbre de la veta, o por

la inteligencia, por la suma pobreza y desunión de los naturales,

ninguno se ha determinado a investigarlas” (Oviedo, 1990, 233).

Existencia agrícola reafirmada por el cura de Bucaramanga (J.

E. Valenzuela) al oponerse, al igual que el de mogotes (B.

Oviedo), a nuevas segregaciones de los curatos para erigir

“modernas” cabeceras parroquiales, porque:


59

Somos, pues, agrícolas pero muy mal situados, sin los

socorros precisos, sin luces, sin estímulo y sin comercio, y por

lo mismo debemos constreñirnos a una parsimonia económica,

a una vigilante asistencia y a un continuo trabajo (Valenzuela,

2006, 49).

…los labradores deben dejarse en el campo y ayudarles para

que le cobren cariño y ojalá todo el Reino estuviere cubierto

de alquerías, hatos, labranzas y sementeras, de modo que a

cada legua, a cada cuadra, se hallara un huerto, un corral, una

quinta, etc. Se aumentarían los diezmos, las alcabalas, la

conveniencia y el comercio, y yo, a lo menos, no sentiría la

falta de poblaciones formales (Valenzuela, 2006, 50).

La incertidumbre geológica y la insuficiencia de recursos

tecnológicos también justificaban la falta de extracción

mineralógica en lugares legendarios como las minas de “La Veta

Real” de Pamplona, exploradas y catadas infructuosamente por

el protomédico virreinal Don José Celestino Mutis (Valenzuela,

2006, 5), a causa de motivos financieros e industriales porque:

“El curato de las Vetas es donde se labran muy ricas minas de

oro, que por haberse profundizado mucho no se pueden labrar

por ser muchos los costos y arriesgado, a quien si no se acierta

con la veta por estar tan profundas las labores, puede no

alcanzar el costo por esto, y las haciendas de cacao a que se han

dado los vecinos de Pamplona en el valle de Cúcuta, casi no se

labran dichas minas, y sólo los pobres de por allí se dedican a

labrar oro” (Oviedo, 1990, 256 - 257).

B. Oviedo reconocía entre las gentes de las provincias andinas

con mayor fama minera y potencial de riquezas metálicas que:

“De Vélez, San Gil, Girón y Pamplona se experimenta lo mismo

de ser ingenios agudos y perspicaces, festivos y hábiles para las

ciencias a que aplican por la mayor parte, aunque no tan

generalmente” (Oviedo, 1990, 136), además de ser “las mejores


60

del Reino y las únicas que dan frutos para la exportación a

España” (Valenzuela, 2006, 50). No obstante, a sus curas

párrocos no los consideraba hombres doctos al carecer de

comunicación con otros hombres más doctos o por no haber

culminado o continuado sus estudios como hombres de ingenio,

expresando al respecto: “en las partes más remotas se suelen

lograr más hábiles compañeros y a veces aun de mayores

talentos que los mismos curas. Una cosa puedo decir por

experiencia: que en estas partes más remotas de las

jurisdicciones de San Gil, Vélez y Girón, he visto de curas

mayor número; entre cincuenta curas no hay diez hombres

doctos” (Oviedo, 1990, 166-167).

Entre esos curas doctos, el del Real de Minas de Bucaramanga

explicaba tardíamente (1802) las causas de la improductividad y

el atraso minero de los neogranadinos al informar a las

autoridades reales:

Por lo que toca a la pereza y desidia, esta es casi general a

todo hombre desnudo de instituciones políticas y civiles; y

aunque los climas de la zona tórrida se juzgan más expuestos a

ella por la inercia, debilidad y flojera que naturalmente

influyen, se debe reflexionar que no todos los hombres son

para un mismo oficio y trabajo, que por acá carecemos de casi

todos los recursos y arbitrios, que no hay marina, no hay

ejércitos, no hay fábricas ni talleres ni infinitos otros destinos

por donde el europeo puede subsistir sin violencia de su

inclinación y escogiendo la vida que más le acomode. Por acá

no tenemos más balance que la labranza y esto en un

continente apartado de la costa por muchas leguas de

malísimos caminos rodeados de montañas y selvas eternas, en

las que un aire sumamente nocivo y deletéreo acaba

prontamente con el cultivador y su familia, y cuyos enormes

troncos necesitan todos los brazos del África y caudales

enteros para solo el hierro y acero, cuya libra nos ha costado


61

en la presente guerra del primero, a un peso fuerte, y del

segundo, hasta tres (Valenzuela, 2006, 49).

Visitar o residir cerca a los lugares de extracción tenía

propósitos económicos específicos porque: “todo el Nuevo

Reino está lastrado de minas de oro y de plata, es tan constante

esto, que en la misma ciudad de Santafé de continuo siempre

que llueve andan los muchachos registrando los caños de las

calles en que hallan no pocas veces puntitas de finísimo oro que

deben de despedirse de los cerros que dominan la ciudad”

(Oviedo, 1990, 48).

En ciudades y villas mineras como Ibagué y Zipaquirá o

Pamplona (Bucaramanga y Vetas) y Girón en las riberas del

“Río de Oro” contradictoriamente existía tanto oro y de tan altos

quilates (mínimo de veintitrés) que no era extraído por la

minería industrial a causa de los altos costos de producción y

tributación que acarreaba a sus pobres vecinos. De tal modo, se

sabía que en ciudades como Girón “producen mucho oro,

aunque pocos se aplican a lavarlo, si no es algunos pobres,

porque los que tienen alguna posibilidad se aplican a las

sementeras de cacao, tabacos y algodones” (Oviedo, 1990, 51).

La contradicción física y tributaria de explotar esas riquezas

estaba además asociada con el clima malsano y las penurias

alimenticias que se debía sufrir los habitantes de esos curatos,

razón por la cual uno de los curas de San Gil renegando del

calor de Girón expresaba: “Oh malhaya el oro / con tanto afán /

comiendo mal pan / y carne de toro” (Oviedo, 1990, 312).

Esa abundancia de metales y minerales preciosos en la Nueva

Granada era explicada por Oviedo y sus antecesores como

resultado de la acción divina del creador judeocristiano al

propiciar la relación entre la luz (o poder de Dios) y la tierra (o

poder de la naturaleza) porque, siguiendo a Plinio y a Ruco:


62

las piedras preciosas son hijas de la luz y de la tierra;

porque a unas engendra el sol a rayos y a otras la aurora a

sentimientos, en terreno dispuesto; y así la piedra más

preciosa pesa menos, y la que pesa más en menos fina; porque

siendo un compuesto de luz y menos de tierra porque la luz es

ligera y la tierra es pesada, y así es más fina, y por el

contrario, la piedra preciosa que pesa más (hablo

comparativo), tiene más de tierra y menos de luz, y así es

menos preciosa (Oviedo, 1990, 52).

Bebidas populares. La abundancia frugal y gratuita de metales

precisos, riquezas medicinales y cultivos de pancoger permitía

aseverar la existencia continua de “mucho alimento para los

pobres” quienes encontraban en su entorno “para todas

comidas” plantas como eran: plátanos (hartones, tocaimas,

guineos, dominicos, cambures) (Oviedo, 1990, 82), yucas (dulce

y amarga para “cazabe” (trigo o “pan de los llanos”)) (Oviedo,

1990, 83), turmas (papas criollas y turmas de año) (Oviedo,

1990, 83), frijoles, trigo con o sin riego “tan excelente como lo

será el de Andalucía en España” (Oviedo, 1990, 85, 217), e

incluso arroz.

Para entonces, la producción y comercialización de arroz se

había constituido en uno de los productos más rentables para los

parroquianos traficantes de la jurisdicción municipal de la villa

de San Gil, incluida la parroquia del Socorro. B. Oviedo

explicaba la importancia del arroz como alternativa agrícola,

fuente nutritiva y próspero ramo comercial al expresar: “Con

grande abundancia se produce de cosechas el arroz en tierras

templadas y cálidas en la jurisdicción de la villa de San Gil,

especialmente en Simacota; se produce con abundancia grande,


63

pues en las cosechas vale una arroba tres reales, y llevando a

otras partes, cuatro” (Oviedo, 1990, 84).

De igual manera, los pobres neogranadinos contaban con raíces

y tubérculos silvestres “de continuas y abundantes cosechas”

como eran las arracachas, batatas, ñames, hibias, cubias y

auyamas. Al respecto expresaba: “…las auyamas, que son muy

grandes y se crían en bejucos, y hay de varias especies. Las

mejores son pequeñas, que llaman del puerto, porque de donde

primero se trajeron fue de Girón. Y todo lo dicho, con tal

abundancia que jamás se ha padecido notable en este Reino”

(Oviedo, 1990, 83).

Sin embargo, desde tiempos prehispánicos el maíz y sus

derivados obtenidos en tres (en tierras calientes) o seis meses de

cosecha (en tierras frías) (Oviedo, 1990, 161) continuaban

siendo “el mayor alimento, especialmente para los pobres y para

los indios y gentes campesinas… es el trigo de las Indias, que se

produce sembrando en todas partes de este Reino” (Oviedo,

1990, 83). Y consigo, las cosechas que no eran atacadas por la

plaga del gorgojo se constituían en la materia prima para

elaborar la bebida más demandada y acostumbrada por la gente

común de la Nueva Granada como era la “chicha”, endulzada y

fermentada con el “dulce que llaman panelas” (Oviedo, 1990,

185), “melotes y azúcares” (Oviedo, 1990, 266) elaborados en

trapiches por mano de obra esclava (Oviedo, 1990, 222).

También se empleaban las mieles puras extraídas de las

diferentes clases de abejas silvestres, piñas (cuya cerveza ­

chicha “almadea y embriaga”) (Oviedo, 1990, 298), cacao

silvestre (Oviedo, 1990, 303), e incluso, las frutas del lechemiel

“porque la mitad de la uva está llena de miel y la otra mitad de

leche, divididas con una telilla” (Oviedo, 1990, 289).


64

Así, la chicha era una bebida fermentada elaborada con el fruto

maduro del maíz, la cual era considerada contradictoriamente

como vigorizante y saludable, y a su vez, enfermiza y ruinosa

para las gentes del Reino. Ello se explicaba porque el maíz

además de usarse para hacer pita con sus hojas, mazamorra con

su palma y arepas con su fruto, era incuestionable que desde

tiempos prehispánicos “de la fruta hacen gustosa chicha que

dicen es saludable” (Oviedo, 1990, 54).

En las ciudades y provincias donde abundaba el maíz y las

mieles de cañas pero no el agua potable como era el caso de los

curatos a orillas de los ríos Chicamocha y Suárez, por ejemplo

en la ciudad de blancos de Vélez o en el pueblo de indios de

Guane donde se decía que era “cálido y despreciable, y sus

aguas pocas y malas” (Oviedo, 1990, 242), el consumo masivo y

constante de chicha se justificaba entre todas las edades, castas y

géneros porque “su situación es poco acomodada; sus aguas son

muy malas y poco saludables, y por esto usan de continuo todos

la bebida que llaman chicha” (Oviedo, 1990, 220). De la misma

Vélez continuaba diciendo B. Oviedo:

Pero lo que se produce con grande abundancia es caña dulce,

que la siembran en excesiva cantidad, y de sus dulces provee

con grande abundancia a Santafé, Tunja, Villa de Leiva y sus

jurisdicciones, en que hay 150 lugares. La miel que conduce a

Villa de Leiva y a Tunja es en tanta cantidad, que todos los

días entran, en especial en Tunja, por partidas las cargas, y

toda se distribuye allí y lugares comarcanos, y se convierte en

una bebida, chicha, y macucos y aguardientes, y por tener

muchos pueblos comarcanos de indios y mestizos, y ser éstos

tan propensos y dados a esas bebidas, consumen y malbaratan

todo su trabajo y agencia, siendo así que son muy trabajadores

los indios en sólo esos licores, con que luego se embriagan y

pierde cuanto tienen, hasta las mantas con que están vestidos,

y se quedan de ordinario desnudos con sólo un jubón, que


65

llaman camiseta, a raíz de las carnes, y unos calzones anchos,

de lienzo burdo, y un sombrero basto, que es todo el vestido

de los indios; y las indias una cobija de manta y uno que

llaman chircate o pichón, que es a modo de faldellín, también

de manta, y nada más, porque las más ni usan camisa ni

sombrero sino solo un tocador de lana, y de todo lo demás de

su continuo trabajo, en labores de campo y tejidos de mantas,

camisetas, frazadas y bayetas, no les queda ni para vestirse ni

para comer, pues su comida por lo común solo es caldo mal

hecho, con ají y chicha, y no les queda ni para pagar los reales

tributos ni las obligaciones de iglesia y párroco en sus fiestas

y misas, que cierto y por la verdad que en lo que toca a

contribuir para adornos de la iglesia y misas, son muy devotos

todos los indios de este Nuevo Reino, y no les duele trabajar y

contribuir para su iglesia (Oviedo, 1990, 220 ­ 221).

Los excesos en el consumo de bebidas fermentadas además de

ocasionar su ruina material también incitaba a los indios a

realizar actos demenciales durante las fiestas religiosas y los

regocijos paganos de sus pueblos al enfrentarse como toreros a

toros bravíos a semejanza de los juegos y regocijos que

acostumbraban realizar los blancos mediterráneos en sus

ciudades, villas y parroquias. Entre los indios vaqueros los

efectos de la adicción al consumo de bebidas como la chicha

afectaban su comportamiento cotidiano a tal punto que: “en

dondequiera hay famosos toreadores, especialmente de a pie y

con espada. De modo que los más de los indios son toreadores,

aunque cuando están embriagados que es cuasi de continuo, es

cuando salen a torear” (Oviedo, 1990, 88).

El vicio a la chicha alteraba la policía moral y el orden urbano al

incitar a indios y mestizos a actuar de forma violenta y criminal

como era el caso de los habitantes del pueblo de Sogamoso,

descritos como “inquietos y revoltosos; allí se ejecutan muchas

muertes por las muchas bebidas, en especial de masuques


66

fuertes que allí se fabrican, que embriagan mucho, y no ha

muchos años que allí mataron a su Corregidor” (Oviedo, 1990,

176). La enfermiza dependencia a las bebidas embriagantes les

impedía explotar y aprovechar las riquezas de sus territorios

como era el caso de la sal en Nemocón, al tener “muy poca los

indios, porque son muy dados a la bebida, y en eso, leña y

gachas, lo consumen”, dando fe de ello B. Oviedo como su

anterior cura párroco durante dos años (Oviedo, 1990, 149).

Situación diferente sucedía con los indios del pueblo de Vijua (o

Chameza) quienes extraían con grandes beneficios comunitarios

la sal virgen, cristalina y dura de su mina al extraerla de “un ojo

de agua, de que se cuece una sal tan blanca como el cristal y tan

dura que dicen que puesto un pan en el campo, en todo un año

no lo deshace el agua” (Oviedo, 1990, 289).

Los escandalosos vicios y festejos de los indios neogranadinos

se justifican desde los años de conquista y reducción de los

indios a pueblos y resguardos en el siglo XVI al ser exigidos por

los caciques a las autoridades españolas la autorización y respeto

de sus ritualidades étnicos al igual que blancos y negros tenían

sus propias fiestas con carnavales, “toros y comedias” (Oviedo,

1990, 346). Por ejemplo, el cacique de Ubaque se presentó en

1561 ante la Real Audiencia “porque se las querían prohibir,

alegando para sacar permiso, que pues los españoles eran

permitidas las fiestas de toros, cañas y comedias, no sería razón

que a los naturales les vedasen los placeres que habían usado en

festejos para desahogar sus trabajos y otras cosas notables”

(Oviedo, 1990, 150).

Esos excesos y vicios no eran solo condición de los negros,

esclavos, indios, mestizos (“gente ordinaria” (Oviedo, 1990,

187) que se hacían llamar y reputar por “blancos” (Oviedo,

1990, 167-170; 189, 298), “vecinos agregados” (Oviedo, 1990,


67

343) o libres en los curatos pobres y lejanos, etc., porque en la

capital del Virreinato, a pesar de la cantidad de ordenes e

instituciones religiosas encargadas de moralizar las gentes y

preservar las buenas costumbres ordenadas por las “católicas

majestades”: “…no se niega por esto el que haya algunos

desórdenes, en especial de carnalidades, en la ciudad de Santafé,

habiendo tanta gente plebeya ociosa, por lo abundante del país

en orden al modo de pasar la vida; ni aun en los clérigos y

religiosos se niega ni es de admirar que haya tal cual

desarreglado y relajado; antes sería un milagro grande que de

esto no se viera ni oyera algo” (Oviedo, 1990, 133). Situación

contradictoria de convivencia entre lo moral e inmoral que se

reafirmaba en “el mujeriego de sobresaliente hermosura,

donaire, agudeza y discreción, con toda honestidad, piedad y

religión, muy devotos en la frecuencia de los santos sacramentos

y para celebrar las festividades de los Santos con largueza y

ostentación” (Oviedo, 1990, 134).

Para recuperarse el indio ebrio de su condición, así como para

restituir al enfermo su salud, las gentes de la Nueva Granada

recurrían al consumo de gallinas en forma de caldo o “sopa”

(Alzate, 2012, 30). Aves cuyo origen se remontaba a la

propagación que se dio con la llegada de la hueste del general

alemán Nicolás Federmán al Reino de los Muiscas en 1539 al

ser parte de los bienes de consumo que transportaba el

presbítero capellán Juan de Verdejo. Asimismo se reconocía que

era “comunísimo alimento de todos, y los huevos una

providencia para todos y para todo, que es superfluo hacer

relación de ello; y a los enfermos la comida que les dan es pollos

y gallinas” (Oviedo, 1990, 102).

No obstante, para los curas párrocos era importante señalar que

los indios tributantes que para entonces se reconocían en el


68

Reino si bien eran viciosos y pobres no dejaban de ser

trabajadores, piadosos y caritativos al pagar las contribuciones

para ornamentar y embellecer sus altares y templos. Cosa

contraria que ya no sucedía con los indios que denigraban o

negaban su condición étnica al declararse y vestirse como

mestizos, quienes al declararse como blancos pobres o “libres”

de tributación, de igual manera consideraban que no estaban

dispuestos a pagar los gravámenes e imposiciones tributarias

que les exigían las autoridades reales o eclesiásticas (Pérez,

2006). La motivación de los indios a transformarse y

mimetizarse como mestizos o blancos era explicada desde lo

acontecido a los pueblos de Oiba (Oviedo, 1990, 240) y

Simacota de la siguiente manera:

Se han producido del pueblo de Chanchón, el cual era pueblo

cuantioso de indios, y con el comercio de los blancos se

fueron transmutando en mestizos y de ahí en cuarterones,

puchuelos y blancos, dado que los más se han quedado en la

línea de mestizos y con esto se extinguió de indios el pueblo

de Chanchón, que quedó en solo 10 indios, que se agregaron

al pueblo de Guane, de quien procedieron la villa de San Gil y

parroquia de Barichara y la de San Joaquín de Zapatoca y la

mayor parte de la de Cepitá y la parroquia de Monguí [de

Charalá] procedió del pueblo de Charalá que también se

extinguió, pues solo quedan 10 o 12 indios mandados trasladar

al pueblo de Chitaraque. De lo que se deduce que los pueblos

de los indios no se han acabado o atenuado por muerte de

ellos sino porque se han convertido en mestizos y luego con el

tiempo y generaciones en blancos, y otros se quedan en

mestizos, bien con la diferencia que no son neófitos ni

transmarinos, y así en esto son muy dudosas las

dispensaciones, pues son cristianos viejos y gozan todos los

privilegios de españoles (Oviedo, 1990, 238 -239).


69

Esa alteración en el orden étnico, parroquial y policial había

llegado ya a situaciones extremas como las vividas en el curato

de Pedraza, en los andes de San Cristóbal, cuyos habitantes

eran:

…sumamente agrestes, sin política ni cultura alguna, y lo peor

es ver tan malos cristianos que a sus curas es a quienes menos

atienden, obedecen ni respetan. Su iglesia un caney de paja,

sin culto, sin jueces, un Alcalde de Antipara. Sus vecinos no

llegarán a 50, viviendo tan sin cuenta ni razón, que no se

confiesan ni en el artículo de la muerte, y de continuo ni cura

ni sacerdote alguno vive allí por lo enfermo y por la impiedad

de aquellas gentes que son unos zambos caratosos, de quienes

se puede decir lo que de los indios gentiles: que tienen cabeza

de ignorancia, sino es para la malicia, corazón de ingratitud,

pecho de infidelidad y espaldas de pereza. Y dado cao que

este curato produjera 300 pesos en aquellos géneros de la

tierra, tiene tantas molestias que nadie lo apetece, y si alguno

se ordena a título de él, como lo he visto, y ordenarse otro

clérigo a título de su sacristía, luego que han ido a dicho

curato se han vuelto a salir enfermos sin que los hayan podido

reducir el Ilustrísimo señor Arzobispo a que vayan de nuevo a

asistirlo, aunque les ha puesto sus pensiones y censuras

(Oviedo, 1990, 268).

De igual modo B. Oviedo llamaba la atención sobre el carácter

conflictivo y beligerante de los feligreses de la parroquia de

Nuestra Señora del Socorro (Pérez, 2009), adscrita aún a la

jurisdicción de la Villa de San Gil a través de un alcalde

ordinario y un alcalde de la hermandad de ese Cabildo (Oviedo,

1990, 236) a pesar de haber obtenido erróneamente el título de

Ciudad en 1711 por quien “no tenía facultad para ello” (Oviedo,

1990, 233) o ser llamada “Villa del Socorro” sin haber sido

erigida y titulada aún para esa condición, lo cual sucedió solo

hasta 1771. Desde la perspectiva del cura de Guane, San Gil y


70

finalmente de Mogotes, la abundante población de blancos del

Socorro representado en el aumento de entierros y casamientos

diarios, el creciente número de cofradías de feligreses y las

abundantes rentas que aportaban a la corona no se reflejaban en

sus espacios sagrados porque: “su iglesia de calicanto, buena,

con su torre, pero muy poco ornamentada y es más de notar esto,

considerando el tan cuantioso vecindario que tiene. Esto parece

plaga de los curatos de tierra caliente, a quienes les hacen

manifiestas ventajas en ornatos los pueblos de indios de la

jurisdicción de Santafé y de Tunja, y muchos más de lo ésta que

los de aquella” (Oviedo, 1990, 234).

La actitud beligerante y de permanente desacato y

cuestionamiento a las autoridades, especialmente contra los

curas, aunado a la condición de gente “pobre pero inquieta,

atrevida y montaraz, burdos, toscos y palurdos” (Oviedo, 1990,

236) que caracterizaba a los comunes de las provincias de San

Gil y el Socorro, desembocó en las rebeliones insurgentes y

antitributarias de finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX

(Pérez, 2007). El origen de ese malestar era explicado por B.

Oviedo al expresar desde su experiencia como cura párroco de

las diferentes etnias y castas del Reino que, en lo concerniente a

las contribuciones parroquiales, los indios eran mejores que los

mestizos “que llaman blancos, pues estos no hay por lo común

cosa que más repugnen que es el que les pidan para adornos de

las iglesias, aunque sea un real y los precisos. He aquí las

capitulaciones contra los curas, alegando que son muchas las

contribuciones que tienen, siendo así que aún en lo común,

contribuyen mucho más los indios, con ser sumamente pobres”

(Oviedo, 1990, 221). J. E. Valenzuela temía a su vez que esa

falta de control e irreverencia a las autoridades y obligaciones

por parte de las castas desembocaran en revueltas incontenibles

al expresar:


71

…es muy grande y general la holgazanería en estos países, y

aun añado que la embriaguez hace rápidos progresos y que el

robo y la rapiña van a sus alcances y talvez no tardará el

tiempo en que lleguen a la astucia y atrevimiento con que se

ejercitan en Europa y en algunas capitales de nuestra América;

en esto no hay duda y es cosa bien lastimosa considerar la

suerte de unas colonias que en el tiempo de un auge y

multiplicación abrigan y dejan crecer monstruos tan

perjudiciales; pero se debe confesar que esto proviene no tanto

del indolente y manso carácter de sus habitantes, cuando de la

falta de provisión y acomodo local en las leyes que, cuando se

hicieron, no podían tener presentes las circunstancias de

ahora, y también porque los jueces subalternos, que con algún

celo procuran atajar el daño, se ven enredados en costosos

recursos y litigios, suele faltarles el apoyo conveniente y, por

último, es muy momentánea su anual judicatura aun para

entablar o principiar el buen orden, cuanto menos para

cimentarlos y perpetuarlo. Si los alcaldes tuvieran a la mano

un castigo pronto, sumario, breve y doloroso, y pudieran

dispensarse de autos, informaciones, traslados y otros giros

judiciales, el mal se cortaba de raíz (Valenzuela, 2006, 48).

Cultos milagrosos. La clasificación de los curatos como de las

ciudades, villas y pueblos que caracterizó el ejercicio

descriptivo, etnográfico y geohistórico de la obra de B. Oviedo

demostraba que las peores rectorías y parroquias del virreinato

eran aquellas con corto número de pobladores pobres, la

condición ruin y desdichada de sus rentas y progreso material al

carecer de “nobleza, lustre y política, autoridad de magistrados,

esmero del culto divino y suntuosidad de edificios” (Oviedo,

1990, 127), la falta de piedad y cristiandad de sus habitantes al

ser el ideal clerical la existencia de “templos, tan magníficos en

todo el religioso culto, con tanto costo y adorno en medio de la


72

pobreza y escasez del Reino” (Oviedo, 1990, 129), “ser tierra

muy enferma”, contar solo con “gente muy mal introducida y

grosera”, estar rodeados y sitiados por indios gentiles (salvajes y

flecheros) (Oviedo, 1990, 122) o no poder cumplir con las

condiciones mínimas exigidas por las autoridades eclesiásticas

neogranadinas desde 1757 para graduar los curatos del primer al

sexto orden de importancia y aprecio.

Esas condiciones que debían cumplir todos los curatos estaban

relacionadas con: las rentas producidas por cada curato (congrua

y emolumentos) acorde a la decencia, nobleza, títulos y

distinciones de su párroco, teniente y sacristán, el número

suficiente de vecinos blancos capaces de pagar los emolumentos

de los curas por entierros y casamientos al no cobrarse a indios y

negros (Oviedo, 1990, 300), el número de iglesias y altares

ornamentados, los climas y temperamentos que permitían

actividades productivas en las que se sustentaban las rentas

clericales, la administración parroquial (fácil o trabajosa), la

distancia de los vecindarios, la calidad de los caminos (reales,

retirados, ásperos o extraviados; con peligros o sin

incomodidades), etc.

Los emolumentos que sustentaban a los curas párrocos y sus

superiores (novenos) eran básicamente los siguientes:

contribuciones anuales para las cofradías parroquiales;

estipendios por misas rezadas o cantadas, misas mensuales a los

patronos de cofradías y capellanías particulares, misas de

aguinaldo, misas de patronos con vísperas y procesión; misas

solemnes en las fiestas del corpus, octava y difuntos; imposición

y certificado de óleos; ceremonias por entierros rezados o

cantados, de balde o con posas; velación y ceremonia de

matrimonios; compra de bula de composición; ; pago de

primicias y estipendios por salves, credos cantados, romerías y


73

responsos (Valenzuela, 2006, 163). A lo cual se sumaban otras

cargas denunciadas y rechazadas durante las rebeliones de 1781

por parte de los “Comuneros” como eran:

B. Oviedo desde su crecida experiencia parroquial como el cura

más antiguo del Arzobispado consideraba y reafirmada como

las condiciones más importantes a tener en cuenta para ordenar

y graduar los curatos y municipios de la Nueva Granada las

siguientes:

…lo benigno nocivo de su temperamento o clima; si es sano o

enfermo y la bondad y perversidad de los vecinos; si son

dóciles y de buenas inclinaciones o ásperos y revoltosos; si se

conservan ancianos y mozos robustos; si feraz o estéril el

terreno; si los alimentos y aguas son oportunos y propicios; si

está en pareja oportuno para la comunicación de gente

honrada; si está en pareja fácil para conseguir compañeros

cuando se necesitare y para tener un cura oportunidad para el

trato y comunicación de sus dudas y negocios de su alma y

para alguna honesta creación conforme a su estado y para

solozar el ánimo en sus aflicciones y congojas; y por todo lo

cual juzgo más propios y apetecibles los curatos cercanos a la

ciudades en particular los de Santafé y Tunja (Oviedo, 1990,

139).

…buen temperamento, sano, ameno y deleitoso, oportuno a la

salud, comodidad y gusto, con buenos, dóciles y honrados

feligreses, con buena iglesia y bien ornamentada, en que se

conocerá lo bueno de los feligreses y bondad de los curas que

ha tenido, con fácil administración y en paraje oportuno para

el comercio de las principales ciudades, como son Santafé,

Mérida y Tunja, y con $1000 de renta, pagado un compañero,

corrientes... (Oviedo, 1990, 163).

Otra circunstancia hay que deben atender más que la renta

para no enumerar el curato en clase superior: como si es


74

enfermo el clima, si los feligreses son de malas costumbres,

indóciles e inquietos, si la tierra es muy costosa y poco

abastecida… (Oviedo, 1990, 164).

Las condiciones del relieve y el clima eran reafirmadas como

factores directos del interés o desprecio que un curato o una

provincia podía tener para los presbíteros, viajeros y enfermos

de la Nueva Granada. Ejemplo de ello eran los pueblos y

parroquias de tierra fría (o del Reino) en donde:

…si uno se pone al sol se quema y retirado a la sombra se

hiela; por esto se levantan vapores húmedos, que humedecidos

en el aire ocasionan por la mayor parte del año muchas

lluvias; y si éstas cesan por algún considerable tiempo, se

ocasionan enfermedades agudas de tabardillos y costados, y de

continuo muchas apostemas que se crían, pues dicen que estas

se crían de guisar todas las comidas con manteca de puerco,

que es lo común en estas tierras por la falta de aceite” “Su

clima ni es el del todo enfermo ni del todo sano, es sí más

favorable para los españoles que para los que allí nacen, y no

he visto hombre que allí nazca que llegue a cien años (Oviedo,

1990, 126).

De igual manera la calidad, salubridad y potabilidad de las aguas

resultaban relevantes, siendo recomendadas aquellas que se

caracterizar por aguas claras y saludables que corrían desde las

cordilleras hasta las desembocaduras en los grandes ríos, y

consigo, la manera como las aguas consumidas e infectadas eran

arrastradas por las puras no usadas al ser condición necesaria

para “la común limpieza allí muy necesaria para evitar

corrupciones de que proceden las enfermedades, y por industrias

son conducidas por cañerías” (Oviedo, 1990, 126 - 127).

De lo contrario, por encontrarse el curato en “tierra muy

enferma” se despreciaba, renunciaba o no se permutaba porque


75

como sucedía con El Pedral: “¿quién se irá allí sin cura a vivir y

morir como una bestia?” (Oviedo, 1990, 126 - 127). Así mismo,

algunos curatos terminaron siendo censurados y despreciados

por los presbíteros lectores de B. Oviedo al enterarse de

condiciones como las descritas de la siguiente manera: “Es San

Faustino un curato sumamente desdichado y tierra bien enferma

en total retiro y destierro. Tendrá 30 vecinos pobres,

montaraces, por el temor de los indios, y ser país enfermo; no

hay quien le habite” (Oviedo, 1990, 263). De tal modo, los curas

que decidían aceptar los curatos a los lugares más pobres,

agrestes, malsanos, enfermizos, etc., aceptaban marchar hacia

“unos destierros voluntarios para los clérigos que los quieren

apetecer, salvo que los reciban con el santo celo de procurar, que

no se pierdan aquellas almas, que cada una vale infinito, pues se

compraron con la sangre de mi Señor Jesucristo” (Oviedo, 1990,

282).

La importancia de ese sacrificio de los clérigos o frailes

peninsulares o capitalinos por los feligreses neogranadinos

resignados a sus “infelices y desdichados destierros” (Oviedo,

1990, 354) era reafirmada por B. Oviedo al considerar que:

Notaré que si después de servir un clérigo con perfecta

asistencia estos pobres y retirados curatos, cuidarán de

promoverlos a otros de alguna congruencia, yo sería fiador

que no faltarían clérigos de letras que se arrimasen a irlos a

servir cuidadosamente, y habría remedio para todo y para que

se instruyesen como era razón aquellas pobres gentes de los

mayores retiros, y no padecerían tanta ignorancia, madre de

innumerables errores y aún motivo de que se pierdan muchas

almas que costaron, como las nuestras, la Sangre de Cristo

Señor Nuestro, y se animarían a trabajar no pocos clérigos, y

no ya que se envía providencia, suele ser de los clérigos más

idiotas. El señor, por su infinita misericordia, comunique para


76

esto a quien conviene, luz y auxilio de su divina gracia

(Oviedo, 1990, 344).

Curatos malsanos. Muchos de los pueblos y curatos indeseados

o considerados útiles solo para destierro lograron ser mejorados

y ascendidos en el orden jerárquico existente desde que se

constituyeron sus templos y altares en sitios para la veneración,

peregrinación y curaciones milagrosas por la intercesión de

vírgenes y santos invocados. Ejemplo de ello fue el desarrollo

urbano que se fomentó alrededor del Convento de San Diego de

Santafé, “al fin de la ciudad por la parte del Norte”, al promover

oidores y obispos el culto a “los relicarios de virtud y se venera

en su iglesia una milagrosa imagen de Nuestra Señora de La

Concepción, esculpida en una piedra hermosa; y es la santa

imagen hermosísima” (Oviedo, 1990, 130 - 131).

De igual manera al oriente de Santafé se encontraban cultos

rentables y con sus propios capellanes a las “advocaciones de

Nuestro Señor” en los cerros de Guadalupe y Monserrate, a

Nuestra Señora de la Peña, la Señora de Belén, Nuestra Señora

de las Cruces y su efigie de Cristo Nuestro Señor, siendo la más

frecuentada “Mi Señora de Egipto, que es la más devota y

hermosísima imagen de Nuestra Señora” (Oviedo, 1990, 130 -

132). Sin embargo, la imagen y reliquia más afamada y

milagrosa de la ciudad resultaba ser la virgen del Topo cuya

historia fue narrada por B. Oviedo de la siguiente manera al

narrar que en el pueblo del Topo:

…se topó la milagrosa imagen de Nuestra Señora, que siendo

de Dolores le apellidan del Topo, y por industria de cierto

clérigo se llevó a la ciudad de Santafé y se colocó con

grandísima decencia y veneración en una grandiosa capilla, en


77

la iglesia catedral, donde por su medio obra el señor muchos

milagros y maravillas en beneficio de los fieles, y así cada vez

que se experimenta alguna necesidad o epidemia o falta de

aguas, acuden con novenas a su patrocinio y al instante

consiguen el remedio de la fuente de sus

misericordias(Oviedo, 1990, 354-355).

Partiendo desde Santafé hacia las provincias andinas del Reino

los peregrinos y viajeros católicos podían encontrar otros cultos

religiosos que daban lustre, identidad y prosperidad económica a

los curatos urbanos (rectorías) y rurales (parroquias o plevanías)

(Oviedo, 1990, 140, 323) como eran: en el pueblo de misiones

de Ubaté la “reliquia muy frecuentada de peregrinos, que es una

admirable y milagrosa imagen de Cristo Señor Nuestro

Crucificado” (Oviedo, 1990, 143). Los blancos e indios de

Ubaque adoraban “una insigne reliquia de una imagen de

Nuestra Señora la Madre de Dios, pintada en lienzo, que por si

se renovó” (Oviedo, 1990, 150). En la iglesia del curato y

pueblo de Tuso se rendía culto a “una imagen de la Madre de

Dios, Señora Nuestra, en su Concepción Purísima”, de la cual

decían “los Padres de San Francisco aseguraban que es muy

milagrosa aquella santa imagen” (Oviedo, 1990, 150).

En Tunja se encontraba “la reliquia de Santa Bárbara que es una

estatua de maravilloso primor” (Oviedo, 1990, 172). El pueblo

de Topaga tenía “por patrón al Apóstol San Judas Tadeo, muy

milagroso y es muy devoto” (Oviedo, 1990, 192). El pueblo de

Sátiva contaba con “una reliquia que visitan peregrinos y dicen

ser milagrosa, que es una imagen de Nuestro Señor Jesucristo

crucificado” (Oviedo, 1990, 207). El pueblo de Socotá tenía

como su patrona a “mi Señora de la Concepción y tiene otra

imagen de mi Señora de Monguí, que es la única que he visto

parecida en todo a su original” (Oviedo, 1990, 199).


78

Al respecto, en el pueblo de Monguí se hallaba la milagrosa

“advocación del Rosario, de Monguí” considerada el medio a

través del cual “obra Dios Nuestro Señor muchas maravillas y

milagros, y es asimismo como la de Chiquinquirá, aunque no

con tanta abundancia, visitada de los fieles devotos de todo el

Reino y aun de los prelados y magnates de Santafé, como son

señores oidores, etc.” (Oviedo, 1990, 174). De tal manera, para

blancos, mestizos e indios la más excelsa y adorada de las

imágenes era la que se encontraba desde hacía dos siglos en el

pueblo de indios de Sutamarchán (Oviedo, 1990, 218),

trasladada después al de Chiquinquirá. B. Oviedo expresaba la

importancia de ese culto bicentenario para los neogranadinos

andinos al expresar:

…es el pueblo que posee o goza el mayor tesoro de este

Nuevo Reino de Granada, que es la imagen de Nuestra Señora

Madre de Dios, en su advocación del Rosario de

Chiquinquirá, pues allí se renovó milagrosamente y por virtud

divina, a 26 de diciembre de 1586, entre las ocho y nueve de

la mañana, manifestándose a su devota sierva María Ramos,

para el mayor bien y asilo de este Nuevo Reino, con los

continuos milagros y maravillas para bien y beneficio de los

cristianos que la invocan… Fue en su principio un corto

pueblecito agregado al de Sutamarchán, y desde la dicha

maravilla de su aparición lo erigió en curato con cura propio el

Ilustrísimo señor Arzobispo don fray Luis Zapata de

Cárdenas, que aprobó muchos de sus milagros y la aparición

milagrosa (Oviedo, 1990, 172 - 173)… Su renta no es

uniforme porque pende lo más de las limosnas y ofrendas de

peregrinos que van en romería a lograr las gracias de aquel

celestial devoto de ellas (Oviedo, 1990, 173).

La afición, devoción y dependencia de los indios al culto

religioso de los santos y la celebración de sus fiestas patronales

era explicada desde la experiencia con los indios tunebos del


79

pueblo de Indios del Cocuy, quienes siendo recién conversos

actuaban como fieles devotos a Nuestra Señora del Rosario [de

las Nieves]. Ante ello se exaltaba que: “Los indios son muy

devotos en cuanto se convierten, y trabajadores, y dan sus

primicias a su cura, cuya renta es sólo ésta” (Oviedo, 1990,

210).

Así mismo, las limosnas que los peregrinos y devotos ofrecían a

la Soberana y Señora de los cielos en sus diferentes

advocaciones permitían el fomento y divulgación de nuevos

cultos marianos cuyos réditos se materializaban con santuarios y

monumentos religiosos que reflejaban la grandeza y

agradecimiento con las milagrosas imágenes veneradas. Ejemplo

de ello era el culto que se hacía en la capilla de la hacienda

agustina de Belén a una:

…reliquia, que es una imagen de la Madre de Dios, Señora

Nuestra, en su advocación de Belén, la imagen más admirable

en perfección y hermosura que yo pienso ver, y que me parece

será semejante al divino original que es adonde puedo llegar

para ponderar lo admirable de esta sagrada imagen; mas con

todo eso y ser milagrosa, parece quiere la Soberana Señora

mantenerse allí en pobreza, pues hace tiempo que le están al

fabricando capilla de nuevo y no acaba de cumplirse, y no está

con la decencia y culto que convenía con haber allí un

sacerdote de la religión que gobierna aquella hacienda

(Oviedo, 1990, 186).

La creación y fomento de nuevos lugares de culto y

peregrinación por las gentes de las tierras templadas y frías para

la realización, confirmación y peregrinación en agradecimiento

por los milagros recibidos de los santos celestiales conllevaba al

desmedro y pobreza de los demás curatos al verse reducidas o

divididas las limosnas, obras pías, sustento de cofradías y

donaciones piadosas por parte de sus parroquianos al solicitarse


80

segregaciones y nuevas erecciones (Pérez, 2014). Ese fue el caso

de la vecindad y los cultos promovidos desde el convento de

religiosos ermitaños descalzos de San Agustín, ubicado entre las

peñas y desierto de La Candelaria, pues desde la perspectiva del

cura párroco B. Oviedo: “Los inclinados al interés lo reputan a

desmedro, por lo que dicen pierde el cura en los entierros y

misas de los feligreses que quieren dejar sus bienes a aquel

convento y sepultarse en él. Los cuerdos y bien mirados lo

atribuyen a favor. Lo primero, por la gran reliquia y sus

beneficios de que participan o gozan. Lo otro por el alivio para

confesiones y comunicaciones de las dudas tocante al bien de

sus almas” (Oviedo, 1990, 215). El culto canario a “Nuestra

Señora de la Candelaria” fue replicado como propio por algunos

parroquianos neogranadinos como los del curato de Suaita

quienes la consagraron como su santa patrona (Oviedo, 1990,

229).

No obstante, el incremento en el número de santos, reliquias y

fiestas de culto trajo problemas en la organización del calendario

eclesiástico que debía cumplir cada parroquia de acuerdo al

Ritual Romano. El cura de Bucaramanga E. Valenzuela al

recordar los santos patronos del Arzobispado de Santafé

reafirmó su rechazo al crecido número de días festivos, “de

holganza y disolución” (Valenzuela, 2006, 163) que se habían

adoptado en la Nueva Granada porque:

Fenómeno último para eclesiásticos: cinco dominicas en que

ha tenido lugar el color verde, habiendo muchos años en que

ni una sola vez se usa. Esto nace de las muchas octavas, de los

muchos patronos y de santos forasteros, y oficios nuevos que

no se hallan en el rezo romano. Las octavas son 23, que

ocupan medio año. Los patronos generales del Arzobispado

son: Santiago el más antiguo; La Concepción por postulado de

Carlos 3º, cuyo confesor franciscano aconsejaría el rezo nuevo


81

de una continua y forzada alegoría en lugar del instructivo y

majestuoso que teníamos dispuesto por el sapientísimo Papa

San Pío V. Siguen Santo Domingo y San Luis Beltrán, Santa

Rosa y Santa Isabel, a los que añadidos los particulares de

cada lugar, que son muchos, tenemos una semana que pierde

Dios porque no se santifica, y pierde el Estado, porque no se

trabaja. Tenemos santos de Nicomedia, de Cerdeña, una de

Palermo y otra de Belén; oficios del Corazón, de la Corona,

del sanguis de los clavos, y ya vendrán el de Lancea, el de

Chiquinquirá y Monguí (Valenzuela, 2006, 158).

En las provincias que conforman el actual departamento de

Santander también se fomentaban cultos a imágenes milagrosas.

Los clérigos y las órdenes religiosas presentes en la ciudad de

Vélez, como en la de Girón, habían fomentado el culto a

reliquias como “Nuestra Señora de Las Nieves, que es la patrona

y es una imagen muy hermosa, y una hechura de Jesús Nazareno

muy linda y un Santo Cristo, aparecido en una piedra, bien

perfecto. Estas tres reliquias son de la iglesia parroquial

(Oviedo, 1990, 215). En el pueblo de indios de Charalá, adjunto

a la parroquia de blancos de Charalá, se encontraba dentro de

una “iglesia de paja, bien pobre y sin adorno” la imagen

milagrosa de de Nuestra Señora del Rosario, a la cual se le

ofrecían misas por parte de los feligreses de Charalá quienes

visitaban a “mi Señora del Rosario” (Oviedo, 1990, 243).

Así mismo, algunas parroquias de blancos institucionalizaron su

culto a un santo patrón o reliquia de culto al ser erigidas con su

apelativo religioso antes que el territorial (indígena o hispánico)

donde estaba asentado o el administrativo que se les había

adjudicado siendo pueblos de indios (Pérez, 2014). Ese era el

caso de los curatos de: Santo Ecce Homo, Corazón de Jesús [en

Vélez], Corazón de Jesús [de Bochalema], Nuestra Señora de

Loreto, [Santa Cruz y] San Gil, [Nuestra Señora de] El Socorro,


82

[Nuestra Señora de] Monguí, [Nuestra Señora de] Guadalupe,

San Joaquín [de Zapatoca], Santa Ana, San Benito [o Las

Juntas], entre otras.

Para contener los efectos de las tormentas eléctricas y su “plaga”

andina de rayos, al igual que en el litoral pacífico, en la mayoría

de las parroquias y sin importar sus reliquias de culto o sus

santos patronos se acostumbraba a revestir y colocar en altares

de los templos o exhibir a través de procesiones públicas “el

Santísimo Sacramento del Altar, que sea loado para siempre”

(Oviedo, 1990, 224). De allí que parroquias como la de Mogotes

atormentada por los daños y peligros causados por los rayos con

la presencia del Santísimo y la advocación divina de su cura

párroco, el mismísimo B. Oviedo, “en sus principios parecía

inhabitable por sus continuas tormentas de rayos, y ya hoy se

pasan los meses sin haber una tormenta, y las que hay no son tan

vehementes” (Oviedo, 1990, 224).

Baños saludables. Si bien B. Oviedo promovía con preferencia

el culto y afición de los parroquianos a sus reliquias religiosas

como a sus santos patronos a través de las cofradías, los ritos y

fiestas de guarda antes que incentivar el uso pagano de ríos,

quebradas y lagos provinciales como lugares medicinales para

aliviar, lavar o curar las llagas, heridas o enfermedades de los

feligreses, el cura de Mogotes reconocía y aceptaba la existencia

de esos sitios saludables y reconfortantes a los que acudían los

neogranadinos enfermos física o mentalmente. Al describir el

curato de Tabio manifestaba: “Tiene dos fuentes inmediatas una

de la otra, la una de agua fría y la otra de agua caliente, donde

eran los baños deleitosos del cacique o rey gentil de Bogotá”

(Oviedo, 1990, 145).


83

Junto al pueblo de indios de Bogotá, lugar de residencia y corte

del Rey gentil del primer cacicazgo del Reino (Zipa), se

encontraba el río de Bogotá caracterizado por una “inagotable

muchedumbre de pescado muy regalado y gustoso que le llaman

capitán” marcado con una cruz milagrosa en su frente (Oviedo,

1990, 146). Ese mismo río formaba el Salto de Tequendama, del

cual se decía “que mi Padre señor San Bartolomé, cuando vino a

predicar la ley de Cristo en estas tierras, hiriendo con un báculo

echó por allí el río, porque no inundara los llanos en daño de los

naturales” (Oviedo, 1990, 156).

Uno de los afluentes del río Bogotá a su paso por la provincia de

Tocaima era afamada por ser una fuente medicinal para los

habitantes del Reino al ser “…una quebradita cercana a la

ciudad, al lado del cerro, de aguas más agrías que el zumo de

lima, y por serlo tanto no la beben, pero es saludable para los

baños, contra sarnas y otras lepras, que bien la necesitan

aquellos caratosos con que ya su primera epidemia es ser aquella

ciudad o padecer suma falta de agua” (Oviedo, 1990, 322). Los

beneficios medicinales de esas aguas llegaron a ser tan inusuales

y milagrosos que su cuenca llegó a ser nombrada y reputada

como el “Agua de Dios” (Pérez, 2004).

Se decía que el cacique mayor de Tunja (Zaque) había tenido su

sitio de residencia y recreo de tierra fría en el pueblo de

Ramiriquí. De acuerdo a la tradición oral, allí “era donde tenían

los zipas y reyes de Tunja sus baños y adoratorios antiguos

gentilicios y hacia donde era la opulencia de Baganique, acerca

de lo que cuentan hipérboles y mentiras de grandezas y cuevas”

(Oviedo, 1990, 187). De la laguna de Fúquene se recordaba que

en sus márgenes asistían “jeques (así llamados sus sacerdotes)

para sus adoratorios frecuentes que allí hacían, distante dos

jornadas de dicha laguna, de la cual procede el río grande de


84

Chiquinquirá que llaman La Balsa, y bajando por la jurisdicción

de Vélez con el nombre de río Suárez” (Oviedo, 1990, 153).

En la medida que los curas y viajeros descendían del altiplano

de Tunja, abandonaban el consumo de esas aguas salubres y

cristalinas de lagunas o ríos y se aproximaban a los cañones de

los ríos Chicamocha y Sogomoso se reconocía en curatos como

Sativa, Soata o Boavita la existencia de la “epidemia de que se

crían muchos cotos, que es una enfermedad que hincha la

garganta notablemente” (Oviedo, 1990, 179), “una hinchazón

fastidiosa que crían las gentes en la garganta” (Oviedo, 1990,

181), “una enfermedad en la garganta que desde niños la

contraen sus habitadores, que deforma mucho los rostros, a

manera de aquel espejo en el templo gentilicio de Esmirna, que

las buenas caras las tornaba feísimas” (Oviedo, 1990, 184-185),

“y es achaque de por vida” (Oviedo, 1990, 332).

La epidemia de los cotos justificaba que las gentes de algunos

curatos cercanos al cañón y río del Chicamocha fueran

“abobadas” (Oviedo, 1990, 203) y se constituía en una

enfermedad representativa de los curatos de esa provincia al

expresar B. Oviedo de San Miguel que tenía “tierra sana, más

con la pensión o epidemia de los cotos, que lo padecen todos los

lugares cercanos, Capitanejo, Macaravita, Soatá, Boavita,

Cheva, Sátiva y Chita” (Oviedo, 1990, 209 - 210). Respeto de

Capitanejo insistía que “tiene la epidemia de muchos cotos, que

casi todos los naturales la padecen” (Oviedo, 1990, 209).

Hospitales de caridad. Acorde con el modelo ilustrado de cura

párroco (Vovelle, 1995), la principal atención que debía prestar

B. Oviedo en su relación sobre los curatos de la Nueva Granada

era la salud pública tanto física, moral como espiritual de sus


85

feligreses (Pérez, 2003) y sus complementos medicinales y

curativos asociados con plantas, lugares o actividades curativas.

Siendo materializados y centralizados todos esos esfuerzos con

la creación y financiación de hospitales como establecimientos

benéficos y filantrópicos dentro de sus parroquias. Ejemplo de

ello fue el hospital del curato de "Santa Cruz y San Gil", del cual

B. Oviedo declaraba ser su fundador y principal financiador, al

manifestar que: “he erigido con licencia y aprobación de vuestro

Virrey un hospital, donando para este efecto mis casas que son

de teja y la una de piedra y cal, la otra de tapias con un solar de

media cuadra, y que allí son costosos, y con competentes

oficinas” (AGN. Petición del doctor don Basilio Vicente

Oviedo. XVI, 495­496).

La generosidad de B. Oviedo para con sus feligreses se

reafirmaba al renunciar a sus emolumentos anuales y al dar tres

cuartas partes de sus rentas para la iglesia parroquial, las pobres

monjas, los sacerdotes y el pueblo pobre. Sin embargo, sus

ingresos resultaban ser muy pocos para pagar los crecidos gastos

del hospital, motivo por el cual apelando a su condición del

sacerdote más antiguo del reino le pidió al Rey a través de su

Virrey ayuda económica y protección territorial para su hospital,

teniendo en cuenta que: “solo podrá mirar el adelantamiento del

hospital que he costeado para el beneficio de aquellos pobres en

el recinto de las cuatro leguas que vuestra real persona, en fuerza

de vuestras reales leyes, le concedió a aquel lugar por su real

cédula” (AGN, Petición del doctor don Basilio Vicente Oviedo,

XVI, 495 ­ 496).

La importancia de contar cada parroquia con un hospital para la

atención y asilo de los feligreses más pobres, enfermos o

contagiosos se justificaba desde la perspectiva de los curas


86

enfermos como de los curas que actuaron como protomédicos

antes y después de la colonia virreinal porque:

La mortandad de tanta párvulo es precisa en la gente pobre por

falta de remedios, sustento y abrigo, y porque ni los padres se

apuran mucho por los chicos, ni los hijos por los padres:

carácter auténtico de las postreras épocas del mundo.

Aténgome a lo que decía el otro: primero un hospitalito que

cárcel, primero médico que político. Aún en la península, que

es el país menos ilustrado de la Europa culta, no había aldea

que careciese de un cirujano latino, o a lo menos, romancista,

es decir: que sabía sangrar, sacar una muela, curar una llaga, y

muchas de las enfermedades comunes por Tisot o Horilegio.

En nuestras parroquias perecen jóvenes por falta de una

sangría, de un remedio trivial o de una operación trivial en las

parturientes. Nuestra medicina se ha formado por sí, con solo

el auxilio de los libros y el talento aplicado de los criollos.

Debía fomentarse con preferencia que todavía no nos da un

pozuelo, ni una botella; y a cualesquiera otras facultades que

no alivian los males, ni prolongan la existencia. Siempre

repetiré lo del tío: dos ciencias me son precisas y preciosas, la

de salvarme, y la de curarme (Valenzuela, 2006, 39).

Sin dejar de recordar a sus lectores que haber sido cura de San

Gil durante una década había afectado su salud, rentas y

prestigio al deber enfrentar los juicios de desagregación de

Barichara y Cepitá (1751) (Oviedo, 1990, 237 y 240), así como

había como había comprometido los novenos de cura y sacristán

y la fábrica de iglesia para el “hospital que yo erigí y funde de

mis mismas casas” (Oviedo, 1990, 237), B. Oviedo reconocía

que el mejor hospital del Virreinato por su forma de gestionar y

obtener las limosnas e ingresos para funcionar, las instituciones

religiosas a cargo de la prestación de sus servicios y la atención

general de caridad que prestaba a las gentes pobres y comunes


87

llegadas a la capital del Reino era el de la ciudad de Santafé

(Pérez, 2004).

Ese Hospital, a diferencia de los administradores por los

Ermitaños Agustinos – Calendarios en los puertos del

Magdalena, contaba con un modelo de funcionamiento y

administración religiosa, replicado en el hospital de Vélez

(Oviedo, 1990, 219), el cual había sido estudiado y considerado

por B. Oviedo para la creación, adecuación y puesta en

funcionamiento del hospital de la Villa de San Gil donde había

ejercido su curato. Al centrar su atención en el hospital

capitalino señalaba:

El hospital de San Juan de Dios, cuyos religiosos sirven con

notable caridad al cuidado de los enfermos, que de ordinario

es de noventa a cien enfermos y a veces más, es cosa de

admiración el ver que de pocos años a esta parte que se

comenzó a establecer y fundar, dejado el otro en que servían

por estrecho, que hoy llaman San Felipe, que está a espaldas

de la Catedral, está tan adornada y lucida su iglesia antigua, y

que tienen competentes rentas, pues la de este hospital si se

atiende a las que le da el Rey, de las rentas decimales no

alcanzan ni para el pan ordinario en que se gastan al año

$1,800 más o menos; pero los pobres y la renta dicha sólo

llega a $1,300 más o menos, pero los pobres enfermos están

de continuo asistidos y regalados, lo uno porque la devoción

de los fieles concurre a esto con copiosas limosnas, y muchos

que han fallecido han dejado buenas cantidades al dicho

hospital, y el cuidado y esmero del Muy Reverendo Padre

Misionero Fray Juan Antonio de Guzmán, protomédico de

dicha ciudad, cuya caridad (no hablo aquí precisamente de la

caridad stricte sumpta, y aunque hablara), cuando adquiere

por su buen modo y por su oficio como hijo verdadero del

gran Padre San Juan de Dios, todo lo convierte en costear toda

la botica y medicina y alimento de los pobres y de los


88

religiosos y adorno de la iglesia y del convento, lo que no es

dable se haya hecho en menos de $200,000 en estos tiempos

en que está tan pobre el Reino y aún más la ciudad de Santafé,

y al presente se le ha hecho un aumento grandioso (Oviedo,

1990, 131).

Antes de constituirse en 1790 en un hospital público que debía

atender en un pabellón a la gente pobre y en otro a las tropas

acantonadas en Santafé después de los hechos de 1781,

separados entre sí de acuerdo a su género o gravedad (agudos o

comunes, graves o contagiosos y desahuciados), para evitar la

“promiscuidad” (Alzate, 2003, 58) y la falta de higiene,

especialmente al tratar los pacientes “gálicos” y “héticos”

(tuberculosos) (Alzate, 2003, 66), su condición de hospital de

caridad garantizó a los pacientes a su cargo una alimentación

básica costeada de sus rentas como "gasto ordinario".

La dieta y medicalización alimentaria estaba compuesta por:

“pan (2702 pesos, 12,63% de sus gastos), carne y aves (3316

pesos, 15,50%), y "diario sustento" (1539 pesos, 7,19%). De

este último rubro forma parte el llamado "ordinario de vituallas",

que comprendía la leche, el pago de una "lavandera de pobres",

la "ración semanal de la enfermera" (que corresponde

probablemente a su pago), los jornales de los mandaderos y los

gastos de correos” (Alzate, 2012, 22). Dieta necesaria para los

enfermos pobres que se constituía en una “"cura de nutrición"

que, junto con el reposo, les permitía mejorar significativamente

su salud, comiendo y viviendo un poco mejor que cuando

estaban fuera de él” (Alzate, 2012, 39).

A falta de esos establecimientos públicos de caridad en los

demás curatos neogranadinos, los curas párrocos debían apelar a

las experiencias, tradiciones y observaciones de los presbíteros

más adultos y experimentados, que como B. Oviedo, estaban


89

dispuestos a compartir sus saberes y experiencias al atender y

curar las enfermedades o prevenir los padecimientos endémicos

de sus parroquianos, especialmente las mortales picaduras de

culebras de las tierras cálidas y templadas. Su condición de

curador y protector de almas debía extenderse a la de cura de los

cuerpos dispuesto a medicalizar y asistir terapéuticamente a sus

feligreses a falta de médicos titulados. Lo cual se justificaba por

la carencia de recursos, pues los Cabildos no poseían los

fondos necesarios para traer profesores y garantizarles el

sustento” (Alzate, 2003, 52).

Situación que motivó a B. Oviedo a pedir a adicionalmente a los

curas lectores de su obra considerar la posibilidad que en cada

curato, y en particular en dónde se contase con hospitales, optar

por el aprovechamiento y uso de las riquezas naturales y los

recursos de sanación que contaban en su alrededor. Sobre los

bejucos o yerbas curativas recomendaba específicamente:

Ahora lo que me parece a mí es que esta era una materia en

que se deberla poner exquisito cuidado y diligencia de

médicos peritos, y que éstos fuesen proporcionando la dosis

de este tal bejuco o hierba mezclándolo con varios simples

hasta ponerlo, con repetidas experiencias en animales, en un

temperamento proporcionado para que sirviese a los hombres

de medicina; porque cierto que si ello es así, no hay duda que

podría de ello sacarse un alexipharmaco auxiliar prodigioso y

admirable. Y no dudo que siendo, como se refiere el dicho

señor don José Solano, lo hará promover así para utilidad universal

(Oviedo, 1990, 64).

En cuanto a los árboles y arbustos recomendaba el uso industrial

con fines médicos y hospitalarios del guayacán, no solo por su

abundancia y demanda en las tierras cálidas y templadas como

una de las maderas más duras y resistentes del Reino (madera de


90

“hierro” o “piedra”) después del naumo, el tuno y el cucharo o

cucharillo) (Oviedo, 1990, 69 y 70) pues se constituía en una

planta de alta estima y encargo que era procesada por parte de

los facultativos y farmaceutas puesto que: “de las astillas de esta

madera usan los médicos en los jarabes que llaman magistrales,

para sacar de los huesos el humor gálico. Sus polvos muy sutiles

recibidos por las ventanas de la nariz descargan la cabeza con

grandes estornudos, porque son muy fuertes, para lo que sirven

también los polvos de las cortezas de los laureles” (Oviedo,

1990, 68, 73).

También sugería el uso medicinal y terapéutico del árbol

guarumo para las fracturas porque sus hojas y cogollos “puestos

al fuego, mojados, se hacen emplastos y se aplican a cualquiera

quebradura y la junta, solda y consolida”. De igual modo, las

cortezas del árbol casca servían para apretar “las encías y fijando

con firmeza los dientes” (Oviedo, 1990, 73). Algunos animales

también tendrían efectos terapéuticos de ser empleados en las

salas hospitalarias. Por ejemplo, la propiedad de las culebras

tatacoas de unir su cuerpo después de ser cortadas y separadas

debería ser aprovechado “para soldar quebraduras secas, y en

polvo se dan a veces para este efecto” (Oviedo, 1990, p. 95). De

los yátaros de los Llanos se debía masificar la extracción de su

lengua y pico al considerarse que servía “contra el achaque de

mal de corazón y gota coral” (Oviedo, 1990, 107).

No obstante, el ejercicio de la medicina y la realización de

tratamientos terapéuticos o curativos por parte de indios,

mestizos o esclavos no titulados en los colegios y universidades

capitalinos para “blancos”, previa certificación de su “pureza de

sangre” (Hering, 2011), conllevó a que sus saberes y

experiencias fueran despreciados y perseguidos por el

Protomedicato virreinal aunque los reformadores de los


91

hospitales neogranadinos a partir de 1790 dispusieron como

parte de las obligaciones de los médicos, durante sus horas de

descanso o escases de pacientes, aplicarse “al conocimiento de

las plantas indígenas y sus virtudes” (Alzate, 2003, 64). Los

sanadores de las castas eran considerados herederos o

continuadores de las prácticas prohibidas por siglos a los

chamanes, jeques o brujos indoandinos (Pérez, 2008) a la par de

la actividad de los mohanes, curanderos o hechiceros

afrocaribeños con quienes se dio en minas y haciendas

interandinas un “intercambio de saberes botánicos bastante

activo” (Maya, 2001, 31) en cuanto a yerbas, curaciones y raíces

“para sanar mordeduras de culebras venenosas” y con una ética

tradicional común: “utilizar su saber sobre las plantas para

curar” (Maya, 2001,33).

Esas contradicciones entre lo correcto y lo necesario, desde la

perspectiva de los curas párrocos andinos que debían actuar

como médicos de sus parroquianos, les llevaba a considerar que

la medicina natural tradicional resultaba más efectiva que los

conocimientos médicos durante los viajes hasta los puertos de

tierra caliente porque:

Los soles, calores, bochornos y malas noches de la

navegación; las comidas indigestas y mal sazonadas; los

desarreglos en Cartagena, y la no mucha caridad de aquellas

gentes con los enfermos, parece influyen mucho en los

desastres y accidentes de los forasteros, a quienes lleva el

interés del trato y comercio; pero falta añadir, aunque sea con

licencia de los señores facultativos, que el método curativo

que siguen por allá como que no está fundado en razón, con

arreglo a las circunstancias del temperamento y de los sujetos,

y es de sentir que la observación y experiencia o hayan

suministrado una práctica segura para salvar tantos infelices

que se fían a sus luces y talentos (Valenzuela, 2006, 28).


92

El menosprecio o prevención por los saberes ancestrales se hacía

manifiesto en el caso de los indios médicos del pueblo de

Chiscas, quienes para “el vulgo es fama común que son

yerbateros y brujos, pero esto es una cantinela de la gente

ignorante, de que no se debe hacer aprecio” (Oviedo, 1990, 204-

205). Igual situación sucedía a los indios del pueblo de los

Teguas, quienes eran “reputados en el vulgo por yerbateros y los

temen mucho; lo cierto es que por su retiro y por lo trabajoso de

sus caminos por ríos y fragosidades no tiene el cura dónde

acudir cómodamente para reconciliarse y comunicar sus dudas”

(Oviedo, 1990, 208). Igual sucedía en los andes de San Cristóbal

donde se reputaban como “brujos de nación” a los “indios recién

reducidos” del pueblo dominico de Zancudo (Oviedo, 1990,

262).

Conclusión. Antes de la creación y consolidación de las Reales

Expediciones que fueron creadas para el fomento y extracción

de materias primas de carácter botánico y mineralógico en la

Nueva Granada, el interés botánico y fisiocrático de curas

párrocos como Don Basilio Vicente de Oviedo desde la

Provincia de San Gil – Socorro y don Juan Eloy Valenzuela

desde la Provincia de Girón – Pamplona permitieron identificar,

comparar y describir las características de los curatos

eclesiásticos y las jurisdicciones municipales que los contenían,

así como contribuyó a que los funcionarios, visitadores, viajeros

y recién llegado al reino (chapetones) comprendieran desde la

geografía histórica las características ambientales, las riquezas

naturales, los conflictos socioeconómicos y los riesgos físicos

como sanitarios a los que se exponían los vecinos y residentes

de la Nueva Granada a finales del siglo XVIII e inicios del XIX.


93

Además de prestar atención a las rentas recibidas por cada cura

párroco, así como la ornamentación y dignidad que

caracterizaba a los templos, altares y casas de residencia de los

párrocos en cada curato del Arzobispado de Santafé, Oviedo

hizo la primera investigación sistemática y debidamente

fundamentada en informaciones oficiales sobre las

características del Reino que permitían reconocer las

interrelaciones socioeconómicas de la naciente Nación

neogranadina, las limitaciones del Estado virreinal al anteponer

los intereses de la hacienda real a las necesidades productivas y

comerciales de los parroquianos al reclamar políticas

librecambistas, y en especial al fomentar la prevención sanitaria,

la sanación comunitaria y la comunidad de saberes y recursos

sobre la flora, fauna y minería de la jurisdicción neogranadina.

Las narraciones, descripciones y recomendaciones que

caracterizaron la obra de Oviedo, reafirmadas con las

anotaciones terapéuticas y sanitarias de E. Valenzuela,

fomentaron el tránsito entre vecinos, la visita y residencia de

forasteros entre los curatos de la Nueva Granada, así como se

constituyó durante más de un siglo en referente necesario de

geógrafos, ingenieros y corógrafos para: identificar los curatos

infestados por la “plaga de lepras”, bubas, cotos, gálicos, etc.;

los tratamientos naturales que se conocían y acostumbraban

aplicar para aliviar las sarnas y plagas incurables; las riquezas

medicinales para la curación o prevención de las enfermedades

endémicas o epidémicas que afectaban provincial o

regionalmente a los curatos neogranadinos; los riesgos mortales

a los que se exponían los viajeros y vecinos de las tierras

calientes y templadas ante la presencia de animales venenosos y

climas malsanos; los remedios y prácticas que servían como

“contras” contra los venenos más letales; los efectos

socioculturales de bebidas fermentadas como la chicha; los


94

conflictos sociales e interinstitucionales por los cultos y

recaudos asociados con las imágenes y reliquias consideradas

como milagrosas; el fomento de los lugares que se podían

constituir en lugares de sanación corporal; así como la

importancia de garantizar la existencia de establecimientos

hospitalarios de aislamiento, asilamiento o sanación para los

parroquianos pobres, atendidos y administrados por médicos

pagados con las rentas públicas.

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100


101

3. LOS COMUNEROS.

IMÁGENES, IMAGINARIOS E IMAGINACIONES

SOBRE LAS COMUNIDADES, LOS COMUNES Y

LA «GENTE COMÚN» DE 1781 3

Un primer esbozo de esta conferencia fue expuesto en el año

2010, con motivo de los Encuentros Regionales que se hicieron

por parte de la Alta Consejería de la Presidencia de la República

para la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, en

particular durante el encuentro que se llevó a cabo en la

Universidad Autónoma de Bucaramanga (abril 13). Reflexiones

que han sido complementadas por una naciente línea temática de

investigación que he estado trabajando desde el año anterior en

asocio al grupo de investigación de la Universidad de los Andes

reconocido como “Historia del empresariado”, a la par de mi

reciente ejercicio como docente de esta sede de la UIS a cargo

de la asignatura “Historia Turística 1”.

Releer las Capitulaciones, repensar quiénes fueron los

Comuneros, o como ustedes ven allí en el título de la

presentación “a las gentes comunes de 1781”, desde una

3 Conferencia magistral presentada en el Auditorio principal de la Sede UIS

del Socorro el 17 de marzo del 2014 [CCXXXIII del grito comunero], a

nombre del Pregrado en Turismo (asignatura “Historia Turística I”) y como

parte de los eventos académicos conmemorativos de los 20 años de presencia

del Ipred – UIS en la Provincia Comunera.


102

perspectiva diferente a como tradicionalmente los hemos

estudiado resulta ser una tarea compleja porque, como decía una

estudiante socorrana, implica hablar de la familia, de nosotros

mismos. Referirse a los Comuneros en el Socorro implica

afectar la emocionalidad de la memoria histórica, es por ello que

les pido a lo largo de la conferencia no olvidar la perspectiva

académica con la que vamos plantear hipótesis y miradas que

probablemente puedan incomodar algunos de los presentes por

contrariar u ofender el ‘imaginario comunero’ aprendido y

defendido desde la niñez. Probablemente al finalizar a muchos

no les guste lo expuesto pero ese es el ejercicio en la academia:

hacernos preguntas, plantear miradas, sugerir debates y propiciar

un diálogo de saberes sobre lo que yo sé con lo que saben

ustedes.

Temas como el de los comuneros generan identidad, nos

permiten reconocernos como pertenecientes a una jurisdicción

territorial ante la cual la mayoría de los presentes se declararan

“socorranos” por nacimiento, por adopción, por descendencia,

etc., e inevitablemente, conllevan a redimensionar el papel que

tuvieron en la configuración del “ser colombiano” (1810, 1821)

como en la definición del “ser santandereano” (1857, 1910). Es

por ello que tres premisas guiarán mis siguientes argumentos,

como son:

1. En 1781, además del movimiento social y

antitributario de la Provincia del Socorro, también se

presentaron otros movimientos –comuneros- en el

Virreinato de la Nueva Granada.

Existieron otros comuneros en 1781, existen otras

formas de entender la lucha contra la famosa

restauración del impuesto para la armada de

barlovento que no solamente va hacer la


103

expresión de la provincia del Socorro sino como

vamos a ver más adelante otras provincias

también se van a rebelar. ¿Qué quiere decir esto?

Que al igual como pasó con el movimiento de

1810, del que siempre pensamos que todo ocurrió

en Santa Fe, resulta que también existe una

mirada sobre movimientos paralelos a los de los

comuneros, direccionados por un grupo

económico en particular.

2. Las representaciones e imaginarios del siglo XX sobre

los no reflejan los intereses de las

“Comunidades” del XVIII.

Las imágenes sobre los comuneros no

necesariamente nos cuentan ni nos están

revelando lo que paso. Es decir, aquellas

construcciones estéticas artísticas que hacen los

escultores, los pintores, los grabadores, etc., no

necesariamente coincide con los sucesos que

hemos encontrado que podríamos llamar “lo

histórico” (para no llamarlo verdad histórica).

3. El levantamiento de las comunidades y las gentes del

Socorro demostró la defensa de un proyecto político y

económico autonomista de un gremio específico.

Sobre esta premisa es donde quiero realmente

llamar la atención, pasando por alto las otras dos,

al ser mi propuesta concreta. En la provincia del

Socorro, un grupo socioeconómico específico,

desde mucho antes de 1810, ya habían planteado

la posibilidad de ser autónomos al promover un

proyecto político y económico paralelo pero sin


104

sometimiento absoluto a las autoridades

virreinales concentradas en Santa Fe. Quedará a

otros investigadores demostrar qué tanto fueron

los “comuneros” influenciados por las decisiones

asociadas con la capitanía de Venezuela, la

emancipación de Haití o la insurrección tributaria

de las colonias inglesas, un lustro antes de los

hechos de traición y deslealtad al Rey en el

Socorro.

¿Cómo representar a los comuneros? Tradicionalmente se ha

usado el “Galán” esculpido por Carlos Gómez Castro como

símbolo de los comuneros. Una escultura que durante mucho

estuvo rodando [cual desplazado] por Bucaramanga hasta que

finalmente fue ubicado en el parque de los niños. Ese icono se

convirtió en el símbolo del Sindicato de Educadores de

Santander. Cuando se pregunta a los profesores qué representa

para ellos, empiezan a contar crónicas asociadas con su lucha,

con sus preocupaciones, con el heroísmo reivindicador de

derechos, con el severo castigo que recibió.

Galán representa una visión y vivencia del movimiento

comunero: la del idealista que no estuvo presente en las

decisiones y los acuerdos firmados por líderes populares más

pragmáticos y ‘realistas’, en nombre de todos. De allí que la

visión de los “Comuneros” de Galán no esté presente en los

documentos de la época ni en los textos patrios posteriores a la

misma. La palabra “Comuneros” resulta ser una construcción

posterior al movimiento social original, es una mirada de

aquellos que construyeron la República desde la representación

historiográfica desde la perspectiva del insurgente vencedor.


105

Valga recordar que la experiencia con movimientos de

“comuneros” fue heredada los movimientos populares del siglo

XVI que se dieron en Europa, particularmente en España

contra el emperador Carlos I, porque la gente común de las

comunidades castellanas (1520 – 1522) representadas por el

gremio de hiladores y tejedores, manifestaron su desacuerdo con

la forma como el heredero germánico y sus ‘nobles señores’

administraban los reinos españoles y a sus vasallos. Esa

experiencia del siglo XVI fue relacionada de forma anacrónica

con lo acontecido en el siglo XVIII. Es anacrónica porque los

comuneros de Castilla también fueron vencidos y sometidos

tributaria y señorialmente al régimen central del monarca

alemán pero fue funcional para los padres de la historia patria de

la naciente República de Colombia porque se demostraba con

ella cómo el pueblo, la gente común, debía estar dispuestas a

levantarse contra sus autoridades o sus tiranos.

Otra representación del Galán ideal es la del noble abanderado,

acorde al dibujo de Alberto Urdaneta que fue divulgado por

medio del grabado de Antonio Rodríguez. El comunero que es

recreado por las primeras generaciones de republicanos esta

vestido a la usanza de los vecinos principales de villas como la

del Socorro, y consigo no está vestido en harapos como el de

Gómez Castro ni como el campesino empobrecido de los artistas

populares del siglo XX. Representación nobiliaria reafirmada

por el “Galán” militarista de Oscar Rodríguez, ubicada en el

centro del parque principal [de la Independencia] del actual

Municipio del Socorro. Así, la iconografía y la monumentalidad

nos permiten recordar los cambios en los discursos patrióticos

sobre los “comuneros”, en las miradas que desde diferentes

perspectivas artísticas y posiciones ideológicas recrean a las

gentes comunes asumidas como próceres primigenios de la

libertad y la independencia.


106

La monumentalidad patriótica ubicada dentro de los parques y

plazas también nos revela que un movimiento de gentes

anónimas fue reducido y recordado solo a través de algunos de

sus caudillos. Cuando se busca a los “comuneros” se terminan

reduciendo las opciones visuales a solo un hombre (J. Galán) o a

una mujer (Manuela B), como bien se reconoce en los

monumentos a los comuneros en el Parque Nacional del

Chicamocha o en la Universidad de Santander, cuyos íconos

sirvieron de referencia para los capítulos en historia crítica del

bicentenario, caricaturizada a trasvés de la serie animada “el

Profesor Super O”.

La literatura también evidencia esa reducción de las imágenes

colectivas de los comuneros a solo las representaciones e

imaginarios de algunos próceres predilectos. Para ello propongo

leer tres fragmentos de tres personajes diferentes sobre el

movimiento social que nos interesa. El primero es el poeta

chileno Pablo Neruda, quien en su “Canto general” dejó de

escribir sobre el amor espiritual para reafirmar el papel del

comunismo y las revoluciones socialistas en América. El

escribió en su oda a las revoluciones del pasado, el presente y el

futuro:

… fue en la Nueva Granada, en la Villa del Socorro,

donde los Comuneros sacudieron el cielo en un

eclipse precursor.

Llovieron contra los estancos, contra el manchego

privilegio,

levantaron la cartilla de las peticiones forales, se

unieron con armas y piedras, milicia y mujeres, el

pueblo se encaminó a buscar la libertad.

El gobernador de Antioquia, expresidente reelecto de Colombia

y actual senador de la república Álvaro Uribe Vélez vino el 9 de


107

julio del 2010 al Socorro para presidir los actos de

conmemoración del Bicentenario de la Independencia. Actos y

acciones que desde 2008 se habían propuesto reconocer que no

había existido una única independencia en Santa Fe porque se

dieron previamente movimientos de independencia en diferentes

lugares: en Santiago de Cali primero, luego en Pamplona, en el

Socorro y finalmente la presión de los movimientos

provinciales va a llevar al movimiento de la Capital Santa Fe.

Valga agregar que con el bicentenario se planteó que la única

conmemoración y celebración de la independencia nacional no

podía seguir siendo la del 20 de julio en Bogotá. Los hechos

acontecidos en Santafé fueron la consecuencia y no el punto de

partida del movimiento independentista promovido por las redes

de poder de las familias Socorranas que estaban en la capital

virreinal. Desde allí se empieza a preguntar a los Socorranos a

inicios de julio de 1810 si habían logrado lo planeado con

anticipación pues todo lo que se iba a realizar en Santa Fe

dependía de la presión militar y el éxito insurreccional del

Socorro.

El entonces presidente A. Uribe dijo en su discurso

conmemorativo que el movimiento comunero “fue una rebelión

contra el abuso que provenía de la autoridad monárquica, una

rebelión para sentar el precedente que solamente el pueblo

puede derramar tributos”. Mirada tributaria opuesta al

libertarismo de Neruda, que a su vez contrasta con el discurso

oficial de la Alcaldía del Socorro, basado en el de Wikipedia,

mediante el cual se reafirma la versión popular, según la cual, el

Socorro “…en 1781 es foco principal de la insurrección de los

comuneros y fue en su plaza en donde Manuela Beltrán rompió

los edictos de impuestos del Rey”.


108

Esos tres ejemplos literarios reafirman la dificultad de llegar a

un consenso sobre lo que fue o como interpretamos a los

“comuneros” desde perspectivas generacionales diferentes. Las

personas más adultas, quienes crecieron con las nociones de la

historia patria de 1910, tienen una mirada de los comuneros que

podríamos llamar gloriosa, heroica e incuestionable. Otros

adultos, quienes se criaron con los movimientos revolucionarios

y la idea de la revolución de la segunda mitad del siglo XX

como la única alternativa del cambio y la justicia social,

asumen a los “comuneros” como los pioneros de los caudillos

insurgentes y los propulsores de las acciones legítimas del

pueblo para llegar al poder por la vía de la asonada o la

ocupación armada.

Una tercera mirada, propia de las generaciones contemporáneas,

ven a los “comuneros” como un movimiento difuso y ecléctico

que no tienen impacto en sus vidas contemporáneas, aunque se

constituyó en el punto de partida para resolver preguntas

históricas del ser republicano como son: ¿es posible revelarnos

al rey?, ¿es posible pelear contra el ejército del rey?, ¿es posible

hacer algo para cambiar nuestro modo de vida?

¿Qué fue lo que sucedió en 1781? El movimiento de las

comunidades o de los comuneros del Socorro desde lo que está

escrito genera de entrada un debate muy importante porque en

los sucesos de marzo de 1781 a febrero de 1782 no se relacionan

ni generalizan con la palabra “comuneros”. En la documentación

conservada o compilada son reconocibles palabras que dan

identidad a los movilizados como son: las comunidades, la gente

común, los del común, más no “comuneros”.


109

En 2013, en Bogotá se presentó una obra de teatro sobre los

hechos de 1781 entre el Socorro y Zipaquirá pero para evadir

ese problema semántico los responsables de la producción de la

misma prefirieron titularlala insurrección de las hormigas”.

Los comuneros fueron así asociados metafóricamente con las

laboriosas y agresivas hormigas culonas de Santander,

endémicas de las tierras y provincias asociadas con el

movimiento comunero. Visualmente la obra también es muy

significativa porque Galán está acompañado de “comuneros”

anónimos, de personajes históricos que con rostros

fantasmagóricos y sin nombre o protagonismo definido

evidencian que para el guion teatral son tan importantes los

héroes monumentales como los anónimos cuyos gritos y

esfuerzos permitieron que el héroe se diera a conocer, se

consolidara y alcanzara sus metas.

Pero qué fue lo que llevó a las gentes comunes a rebelarse

contra el orden imperial español. Para ello debemos considerar

algunos antecedentes de carácter virreinal, provincial y local. A

inicios del siglo XVIII al gobierno de España, al imperio

español, llegó la dinastía francesa conocida como la “casa de los

Borbones”. Ellos evalúan y deciden finalmente que la manera

como administraba la casa reinante precedente, la casa de los

austro-hasburgos, cada uno de los reinos europeos y las colonias

americanas resultaba ser improductivo, ineficaz y genera

pérdidas.

Para subsanar ese problema fiscal disponen múltiples reformas,

cuya principal innovación era tener un mayor control y una

mayor fiscalización de los vasallos para incrementar las rentas

de la corona, siendo su principal objetivo hacer de cada

virreinato una colonia tan productiva como la pequeña isla de

Haití, de los dominios del imperio francés, cuya producción y


110

ganancias era comparable a las colonias españolas de tierra

firme. Lo curioso resultó ser que Haití después de la revolución

francesa va hacer el primer territorio americano que

formalmente se declara independiente de los imperios europeos.

Los estadounidenses también lo van a hacer pero durarán mucho

tiempo combatiendo y negociando el reconocimiento absoluto

de su soberanía.

Los borbones también promovieron una reforma a la burocracia

estatal. Dispusieron que por confianza, lealtad y para un mayor

control fiscal no se otorgarían puestos públicos ni funciones

reales a personas diferentes a las gentes venidas de España. Es

decir, los empleos públicos solamente debían ser otorgados a los

españoles – europeos. Así mismo al español llegado de Europa

tenía prohibido casarse, emparentarse o tener cualquier tipo de

vínculo con la gente de América, incluidos las gentes principales

consideradas “españoles – americanos”, al ser su principal tarea

servir plenamente al Rey y regresar al cumplir sus misiones.

La reforma al régimen de resguardos propició la expropiación de

pueblos de indios y sus minas de sal, el remate de sus tierras

ancestrales y la erección sobre sus pueblos de Parroquias para

los blancos. Fue de tales proporciones la afectación de las

comunidades indígenas que seguían siendo reconocidas como

indios tributarios que el líder indígena socorrano Ambrosio

Pisco, presentó quejas y denuncias públicas mediante las cuales

se mencionaba su desacuerdo con la expropiación de las tierras

y casas de los pueblos que no tenían indios, el desplazamiento

forzoso de los pocos indios que quedaban en algunos pueblos a

otras provincias, la forzosa mezcla étnica entre las comunidades

reducidas a nuevos pueblos y la venta por remate de los

resguardos que habían recibido directamente del Rey.


111

Ejemplo de ello fue la concentración en el pueblo de indios de

Guane (Barichara) de las familias expulsadas de Bucaramanga.

En 1776 el fiscal visitador Fernando Moreno Escandón al

inspeccionar el pueblo de Bucaramanga decidió que por tener

muy pocos indios, ser improductivos y convivir entremezclados

con blancos arrendatarios debían abandonar sus tierras y casas

para vivir en adelante reducidos a convivencia con los existentes

en Guane. Paralelamente fueron rematadas las tierras y solares

de los expulsados, así como los vecinos blancos de Girón y

Pamplona solicitaron la erección de la parroquia de Nuestra

Señora de Chiquinquirá y Bucaramanga.

Sin embargo, la reforma que causó el mayor malestar y reacción

popular fueron los incrementos tributarios dispuestos por la Real

Hacienda por concepto de alcabalas (4% al 6% a las ventas) y el

restablecimiento del impuesto bélico para la “Armada de

Barlovento” (“sisa”, 10% al consumo). Todo ello acorde con

una Real Orden del 17 de agosto de 1780 mediante la cual se

justificaba el incremento en las rentas reales para contar con los

recursos monetarios necesarios para proteger al imperio durante

la guerra contra Inglaterra (1779 – 1783). La cual se había

desencadenado por el apoyo que España y Francia prestaban a

los colonos norteamericanos en su guerra de Independencia

como “Estados Unidos”, así como para garantizar el dominio de

las posesiones españolas en la Florida, las Antillas y Gibraltar

Si bien las gentes americanas de las provincias cuya base de

riqueza se centraba en el comercio de bienes y servicios a los

cuales se les exigía el pago de esos tributos se resistieron al

considerarlos lesivos e impopulares, su riguroso cobro se

formalizó forzosamente al conocerse el triunfo de la armada

española sobre la temida e invencible armada inglesa. Las

autoridades españolas informaron a sus súbditos que sus


112

marinos habían derrotado de forma contundente dos convoyes

ingleses, conformados por 52 buques (9 agosto de 1780). Uno

de ellos iba a reforzar las tropas de las colonias americanas a

través de las Antillas y otro iba para la India. Ese triunfo arreció

los bríos de los administradores españoles y les comprometieron

a incrementar por todos los medios posibles las rentas para su

marina.

El incremento en los tributos imperiales impactó directamente la

producción y tributación de los bienes de consumo y comercio

provinciales. Producir y comercializar el tabaco se hizo

improductivo porque al incremento en los pagos por cada carga

vendida o puesta al público para el consumo se sumaba el

monopolio de su cultivo solo a las factorías de Girón y

Zapatoca. Con lo cual para los comerciantes socorranos su

actividad de intermediación de ese producto hacia las tierras

calientes del Casanare y Antioquia se constituía en una actividad

ruinosa al no poder contar con abastecimientos periódicos ni

precios competitivos.

Así mismo, la desestabilización de la intermediación y

especulación de los mercaderes afectaba los intereses de las

familias mezcladas con españoles quienes no estaban dispuestas

a renunciar a sus monopolios de mulas de arriería, abastos de

dulces y carnes o a las redes de poder que los abastecían desde

las periferias provinciales. A falta de tabaco para consumir y

transportar a las zonas de frontera agropecuaria donde eran

altamente demandado, aunado a la retención y especulación con

sus precios, propició amotinamientos de cosecheros e

intermediarios a las subfactorias de Simacota, Mogotes y

Charalá al finalizar 1781, al no ser plenamente abastecidas de

los tabacos gironeses. Siendo gentes de esas mismas parroquias

los primeros en acudir a los levantamientos del Socorro.


113

La producción y estanco del Aguardiente también se afectó en

sus volúmenes de producción. No solo bastaba con nombrar un

administrador exclusivo para la producción y comercialización

del aguardiente acorde a tarifas oficiales pues producir las

mieles anisadas requería contar con una producción constante de

los trapiches, el control en los precios de las mieles y las cargas

de los panes de azúcar, así como precios competitivos para

reducir el consumo de la chicha elaborada con las mieles, el

maíz o los corozos que se obtenían en la misma parroquia sin

depender de las fluctuaciones del mercado ni del incremento en

los precios como consecuencia de las alzas tributarias.

Los nuevos tributos para la guerra afectaban la producción local

del aguardiente, hacían menos rentable su comercio para los

arrieros e intermediarios, así como generaba rechazo y

desconcierto entre sus consumidores finales al incrementarse

periódicamente sus precios, especialmente en las zonas mineras.

Ya en el pasado los cambios en el estanco y los tributos para el

aguardiente y las bebidas fermentadas populares habían

generado levantamientos populares, siendo de resaltar los

ocurridos en los años 1752, 1764 y 1770.

Los incrementos en los costos de producción, comercialización

y consumo del tabaco como del aguardiente fueron detonantes

incuestionables de la insurrección antitributaria de los

socorranos. No obstante, eran productos que producían los

hacendados y comercializaban las familias más prestantes, razón

por la cual sus hombres cabeza de familia terminaron

involucrados finalmente como capitanes del ejército comunero

de ocupación de Santafé. De allí que el producto popular y de

primera necesidad para la gente común, el cual propició la

inherencia y reacción masiva de las comunidades parroquiales

de la jurisdicción del Socorro al ser afectado su precio de


114

compra por el incremento de los tributos imperiales fuese el

algodón.

Hasta entonces y hasta mediados del siglo XIX la producción de

textiles por parte de los socorranos fue fuente esencial de los

ingresos de las gentes comunes al ser demandados sus motas

burdas, hilos teñidos, lienzos y trajes de la tierra por las gentes

de los enclaves mineros, ganaderos y portuarios. De allí que por

su actividad textil la provincia del Socorro fuese considerada la

“Manchester” de América.

El algodón era un producto masivo, popular y ante todo era el

producto insignia del Socorro. Para entonces los virreyes y

funcionarios borbónicos hablabas del “lienzo del Socorro”, de

los ‘tejidos del Socorro’, de los ‘géneros del Socorro”. La

actividad manufacturera asociada con el algodón era muy

importante para los socorranos y al impartirse la orden imperial

de incrementarse los cobros en la compra, en la venta como en

el consumo del algodón en rama, procesado o manufacturado, el

mínimo vital de ingresos de los artesanos tejedores va a

desaparecer y consigo su capacidad de consumo y adquisición

de los demás bienes provinciales. Especialmente, los estancados

por el Estado.

Valga agregar que la afectación en la producción como en el

consumo del algodón al interior del Socorro como en sus

enclaves de comercialización preferencial también afectaba a las

parroquias y provincias aledañas que la abastecían de hilos e

insumos. No siempre las gentes comunes producían

manufacturas con los hilos, algunas comunidades solo se

dedicaban a hacer el hilo demandado por mercados artesanales

como el del Socorro. De tal manera las cargas de algodón en

rama, hilado o tejido como lienzo se convertían en moneda de

cambio ante los intermediarios comerciales urbanos, quienes por


115

lo general eran los propietarios de una tienda de barrio o una

‘pulpería”.

Esos tenderos se constituyeron a su vez en los representantes de

la inconformidad y el “Estancamiento” general por el que

pasaban las gentes de las cabeceras parroquiales al propiciar la

incapacidad de pago y consumo de los cosecheros y artesanos el

desempleo de los “señoritos” egresados de las universidades

capitalinas; la crisis de las redes de familias y empresarios

socorranas en Santafé (por ejemplo los Acevedo y Plata) al no

ser rentable comerciar con otras provincias; la quiebra de los

traficantes de mercancías y arrieros por el incremento en las

alcabalas, estancos y pontazgos; la reducción de las ventas

‘legales” entre los comerciantes al cobrarse “Barlovento” a los

consumidores de mercancías; la miseria de tenderos al pagar

más impuestos y no poder vender las mercancías y artículos

demandados por el común, a lo cual se aunó la hambruna

general agravada por una arrasadora epidemia de viruelas.

Mientras que para los ‘señoritos’, es decir los jóvenes que no se

han casado y están recién egresados de alguna universidad de

Santafé, la única forma de ostentar sus títulos como bachiller,

licenciado, maestro o doctor sin ocasionar deshonor a sus

familias era regresando al Socorro para aspirar a una asignación

municipal o un poder particular, o en su defecto permanecer

desempleados ante las limitaciones legales para ejercer cargos

públicos, los tenderos y comerciantes que tienen una actividad

permanente no pueden ejercerla porque las ganancias son

mínimas y el riesgo de quiebra y pobreza es desproporcionado.

De allí que entre los cosecheros descamisados y los artesanos

apertrechados fuese inevitable la presencia de comerciantes

reconocidos (Juan Francisco Berbeo, Salvador Plata), traficantes

intermediarios y doctos desempleados (Agustín Justo de


116

Medina, Juan Bautista de Vargas) dispuestos a reclamar,

redactar y pactar exigencias que redujesen la crisis coyuntural

que había desencadenado la crisis de precios consecuente al

incremento tributario probélico.

¿Cuáles otros movimientos de los “Comuneros” existieron?

El movimiento primigenio, más importante y abanderado de la

insurrección antitributaria de 1781 va a ser el alzamiento de las

gentes comunes del Socorro, cuyos líderes derrocaron al poder

municipal representado por el Cabildo y sus regidores, así como

con el apoyo de las gentes principales y comunes llegadas de las

parroquias, villas y ciudades cercanas conformaron durante los

siguientes tres meses de dominio insurgente un ejército popular

al mando de un capitán general. Siendo su accionar tolerado por

las autoridades capitalinas al mando del Regente y Visitador

General al estar centrada la atención bélica en la defensa de

Cartagena y los ríos de ingreso al virreinato de toda incursión

inglesa.

Las provincias más afectadas por el alza tributaria al sufrir el

incremento en los costos de los abastecimientos llegados desde

el Socorro se constituyeron en los territorios en donde

emergieron movimientos comuneros paralelos al del Socorro,

así como respetando la autoridad de las redes de poder

preexistentes acataron la jerarquía política y militar dispuesta

por los capitanes del ejército socorrano. Ordenamiento

insurgente interprovincial resultante de tres meses de

confrontaciones, discusiones y decisiones sobre el camino legal

y legítimo que debían seguir ‘los insurrectos’ para lograr la

anulación de las nuevas cargas tributarias y la reducción o

desaparición de las ya existentes, a lo cual se aunaron las

invasiones y combates armados con las provincias realistas


117

limítrofes como fue el caso de la invasión comunera a

Piedecuesta y Girón (mayo 29). De allí que la decisión de salir a

presionar por la debida atención y la firma de soluciones

efectivas por parte del “Real Acuerdo” los condujese a apoyar

la idea de ocupar por la vía armada a Santafe, con el apoyo

bélico, logístico y táctico de sus aliados en los puntos fronterizos

de ingreso al Reino.

Internamente el conjunto de movimientos comuneros tuvieron

unidad simbólica en el mando central pero tenían capitanes,

intereses y visiones territoriales específicas sobre lo que se

esperaba con su alzamiento del régimen virreinal, “…del mal

gobierno”. Como se recordará los comuneros no fue un

movimiento insurgente en contra del rey ni que pidió

reivindicaciones como libertad para los vasallos o independencia

soberana como Nación. Por el contrario, desde un primer

momento no dejan de gritar “Viva el Rey…”, y cuando negocian

con los representantes virreinales del rey cada una de las

capitulaciones piden por anticipado perdón por sus actos de

traición y juran lealtad como sus vasallos a perpetuidad.

La insatisfacción tributaria y las discriminaciones raciales no

llevaron a los blancos y mestizos del Socorro a límites

‘patrióticos’ como declararse en contra del Rey y sus

instituciones, incluidas las fiscales, no estaban en contra del

régimen gubernamental virreinal aunque cuestionaban las

decisiones tributarias ordenadas por el Visitador General, y

consigo, no estaban dispuestos a alterar la estructura estatal del

régimen borbónico. Fueron en esencia movimientos realistas,

leales a España, inconformes con una coyuntura tributaria mal

atendida y solucionada, cuyo detonante como se puede

reconocer en el actuar de los siguientes virreyes y gobernadores


118

fue neutralizado al reducirse los incrementos tributarios, las

injusticias fiscales y los monopolios productivos.

Situación contraria aconteció entre los movimientos comuneros

formados en los pueblos de indios del Casanare y Silos

[Pamplona], donde abiertamente sus caudillos declararon que ya

no se consideraban vasallos del rey de España y permanecieron

expectantes a las órdenes y decisiones que desde el Perú

emitiera Túpac Amaru y su movimiento emancipador. A

mediados de 1781 se sabía que Túpac se había declarado rey de

los pueblos indígenas de América, razón por la cual sus

hermanos étnicos deciden reconocerlo y declararse sus vasallos.

El problema de esa decisión fue que cuando ellos decidieron

emanciparse Túpac Amaru ya había sido capturado,

sentenciado y ejecutado por las autoridades virreinales peruanas.

Para entonces las noticias iban mucho más lentas que hoy en

día, literalmente iban a ‘lomo de mula’ a través de los Andes.

De tal manera, el movimiento realista de los criollos e indios del

Socorro (16 Marzo – 7 junio), cuyo fin último fue presionar

reformas tributarias radicales del virrey al amenazar con asonar

e invadir a Santafé, fue aprovechado por los movimientos

comuneros antirrealistas promovidos por los indios y criollos de

Pore (Casanare, 17 mayo) y Silos (Pamplona, 14 junio) para

hacer sus propias reclamaciones. Si bien, el 8 de junio, a las 8 de

la mañana los representantes del Rey y los capitanes comuneros

las proclamaron y reconocieron públicamente, y consigo,

recomendaron a las gentes insurgentes volver pacíficamente a

sus parroquias de origen al no ser necesario continuar su marcha

hasta Santafé, ese pacto no tenía validez alguna pues el Real

Acuerdo reunido en la capital virreinal la noche anterior lo había

firmado dejando constancia ante el Virrey y el Rey que lo

habían hecho bajo coacción y presión armada como un acto


119

desesperado para evitar la asonada socorrana. Igual argumento

esgrimió el virrey M. Flórez mientras que separaba de la defensa

de Cartagena un destacamento militar de veteranos que pudiese

regresar a Santafé, aseguraran su tranquilidad y reestablecieran

el orden de las provincias insurrectas.

El desconocimiento de las capitulaciones de Zipaquirá fue

asumido como un acto de burla y traición al movimiento

comunero socorrano en el cual se concentraron las expectativas

de las demás provincias. Tal frustración fue expresada con el

alzamiento insurgente del capitán J. Galán quien centró su

accionar en las provincias ribereñas al Magdalena atacando las

factorías de tabaco, enfrentando las autoridades y tropas

realistas, e incluso, proclamando la manumisión de los esclavos

mineros que apoyaban su causa. De igual manera durante las

siguientes semanas, curiosamente después de la fiesta de San

Juan, los criollos mineros y cosecheros de tabaco de Antioquia y

Neiva, así como los indios, criollos y mulatos de Pasto

influenciados por los hechos del Perú, conformaron

movimientos comuneros provinciales mediante los cuales

exigían cambios tributarios y antimonopólicos para sus enclaves

productivos sin renunciar a su lealtad y vasallaje al imperio

español. Los criollos de Cúcuta y Mérida hicieron lo propio al

conformar un movimiento comunero, que al igual que los

socorranos, optó por la ocupación de Caracas para exigir

cambios fiscales al Capitán General de Venezuela.

Esos nuevos movimientos comuneros que apoyaban, replicaban

o expandían el accionar socorrano se explicaban porque los

mercaderes del Socorro habían establecido fuertes lazos y redes

de poder para el abastecimiento de sus géneros a las tierras

calientes. Los principales compradores de dulces y textiles

socorranos eran los mineros de Antioquia y Mariquita, y para


120

mover las mercancías hasta allí tenían que hacer largos circuitos

a lo largo de los puertos del rio Magdalena. De allí el respaldo

que obtuvo el grupo insurgente de Galán como los movimientos

comuneros de los enclaves tabacaleros (Guarne, Ambalema) y

mineros (Sopetrán, Mariquita) interconectados por el Magdalena

medio. Las gentes de Cúcuta, San Antonio, San Cristóbal y

Mérida afectadas por los abastecimientos socorranos pactaron

ocupar Caracas y empezaron a moverse a través del estado de

Apure. A mitad del camino son enfrentados, detenidos y,

derrotados. Al igual que los socorranos firman unos acuerdos

mediante los cuales juran no volver a rebelarse para poder así

regresar a sus hogares y posesiones.

En el caso del movimiento comunero del Casanare, estudiado

ampliamente por Jane Rausch, fue un levantamiento popular

reconocido como directamente influenciado y coordinado por

los capitanes socorranos que tenían una gran presencia e

influencia en los llanos orientales como vendedores de géneros y

compradores de ganados flacos. Muchas de las órdenes que se

dieron desde el Socorro fueron cumplidas estrictamente en el

Casanare, muchas de las decisiones que tomaron en Casanare

fueron basadas en las órdenes impartidas por el Capitán general

a los capitanes comuneros del Socorro. Ello demostraba que

habían redes, grupos de personas que estaban interconectados

para alcanzar un propósito político – económico común. Esa

experiencia de 1781 fue nuevamente empleada por los criollos

conspiradores de 1795, entre 1809 y 1810, así como por las

guerrillas patriotas que apoyaban el ejército insurgente de los

llanos entre 1817 y 1819.

La experiencia insurgente de los comuneros del Socorro fue

muy importante para la definición y organización de los

movimientos comuneros postcapitulares. Ante la diversidad


121

social como criollos, mestizos, libres, indios, etc., los socorranos

habían optado por buscar un elemento común de identidad al

presentarse ante las demás gentes y autoridades imperiales como

“el COMÚN del Socorro” (Capitulación 17), quienes se

autoadjudicaban el poder de representación de la nación criolla

para lo cual hablan y toman decisiones en nombre de las

“ciudades, villas, parroquias y pueblos por COMUNIDADES,

que componen la mayor parte de este Reino, y en nombre de los

demás RESTANTES”.

De igual manera sus capitanes provinciales son presentados

como parte de una JUNTA de todo el Reino “ligado y

confederado”. Esa Junta del Común estaba regulada y presidida

por un “CONSEJO SUPREMO DE GUERRA” en cabeza del

Capitán General J. F. Berbeo). Gobernante absoluto,

extraordinario y temporal del común [Tirano] cuya autoridad fue

legitimidad en el preámbulo de las capitulaciones al expresar:

“con el mayor rendimiento por mí, y en nombre de todos los que

para dicha COMANDANCIA me eligieron, y de los demás que

para este fin se han agregado, presentes y ausentes…”.

¿Por qué decidieron levantarse en armas y rebelarse a las

autoridades virreinales? Las razones que expusieron los

capitanes de las “Comunidades” al solicitar “la quitación de

derechos y minoración del exceso que insoportablemente

padecía este mísero Reino”, así como al decidir “sacudirse” de

ellos “no pudiendo tolerarlos ya por su monto, ni tampoco los

rigorosos modos instruidos para su exacción”, se pueden resumir

en dos conjuntos de causas como son las cargas impuestas y el

despotismo de los funcionarios virreinales. Lo cual se explicaba

así:


122

Quitar las cargas al...

“…libertarnos de las cargas impuestas de Barlovento y

demás pechos impuestos por el señor Regente Visitador

general, lo que tanto ha exasperado los ánimos” (Cap.

35)

Sacudirse del despotismo…

“…para evitar las despotiqueces de Oficiales reales, que

son insoportables” (Cap. 15).

“Que habiendo sido causa motiva de los circulares

disgustos de este Nuevo Reino y el de Lima, la

imprudencial conducta de los Visitadores [...] no pudo

con el complemento de su necesidad y aumento de

extorsiones tolerar ya más su despótico dominio, que

cuasi se han semejado sus circulares hechos a deslealtad”

(Cap. 16).

Los empleados europeos “están creyendo ignorantemente

que ellos son los amos y los americanos todos sin

excepción sus inferiores criados” (Cap. 22).

Para tales fines la estrategia a seguir, después de vencer en la

batalla del Puente Real de Vélez (8 mayo) y de la exitosa

campaña militar contra las autoridades reales, el estanco y la

factoría de tabacos de Girón (29 mayo), fue invadir a Santafé

para enfrentar y expulsar al visitador regente, y consigo,

reformar el régimen tributario borbónico dispuesto en nombre

del rey. Con la invasión y asonada sobre Santafé se podría

transferir el poder político y administrativo de la Regencia

conferida al Visitador General a la Comandancia General

insurgente. Expulsando la causa de los males tributarios


123

conllevaría a remediar los problemas burocráticos y de

despotismo de los funcionarios reales. Y consigo, el Reino

volvería “a los buenos tiempos”.

La mítica edad dorada, propia de todas las culturas y las

civilizaciones, para el caso de los comuneros estaba asociada

con volver al ordenamiento colonial anterior a 1700. Durante el

régimen de los reyes austro-hasburgos cada provincia se

administraba de forma autónoma, contaban con sus propias

leyes, tenían su propio Gobernador y regidores, así como el

Estado intervenía poco en las decisiones de las provincias,

excepto cuando por denuncias de los vecinos se abrían juicios de

residencia a los gobernantes. Los borbones, por el contrario,

intervienen, penetran y piden ejercer plenamente la autoridad en

nombre del Rey y sus intereses. Centralización imperial que en

el Socorro, al igual que en el Casanare, va a generar el

descontento general al conocerse que la mayor parte de los

regidores del cabildo [hoy Consejo Municipal], son miembros

aliados o dependientes del Gobernador español. Es decir, que no

representaban realmente los intereses del pueblo, a las gentes de

sus gremios ni a las familias principales a las que pertenecían.

La estrategia de presión militar para el logro de los resultados

políticos y tributarios se dividió en tácticas de conmoción,

derrocamiento, insurrección (“sacudirse” o sublevarse), afrontar

acciones contrarrevolucionarias, y finalmente, someterse y

acatar las acciones de pacificación impuestas por el vencedor.

Ese conjunto de acciones que se dieron entre marzo y junio de

1781 fueron las siguientes:

Tácticas de conmoción, alteración del orden y desconocimiento

de la autoridad:


124

1. Rechazo público a las imposiciones tributarias y los

métodos de recaudación dispuestos por el Visitador – Regente

del Reino acorde a la Real Orden de 1780 (Instrucción

General), a través de oficios presentados por los síndicos

procuradores, Gobernadores y Cabildos.

2. Conspiración entre elites de ciudades capitales y criollos de

villas y ciudades (p. e. Marqués de San Jorge, pacto junto al

río Táchira).

3. Pactos entre elites de criollos para alterar el orden local (p.

e. “los mandones de la plaza”).

4. Divulgación de cartas ficticias del Rey – Inca Tupac Amaru

II entre los indios y “Nuestra Cédula” entre los criollos y

libres.

5. Motines, levantamientos e insubordinación pública por

parte de los trabajadores y dependientes de elites (p. e.

motines de minoristas y arrieros de J. F. Berbeo ante las

subfactorías de tabacos).

6. Insurrección y conmoción pública de gentes comunes en

plaza pública: desacato, desobediencia, destrucción de edictos

reales, disturbios contra guardas de las factorías y estancos

(p.e. Manuela Beltrán en Socorro, Loreno Alcantúz en

Simacota).

Tácticas de derrocamiento, usurpación del poder municipal y

régimen militar insurgente:

7. Desobediencia, burlas y ataques personales a Gobernador

(responsables de Edictos fiscales), Alcaldes (cobro de rentas

reales) y Párrocos (cobro de diezmos y respaldo a autoridades

municipales).


125

8. Nombramiento de mujeres comunes como “capitanes” con

la tarea de maltratar y perseguir a las mujeres blancas, esposas

o familiares de los funcionarios virreinales para presionar su

huida y destierro.

9. Amenazas simbólicas de muerte a autoridades reales con la

construcción de horcas públicas y la condena a muerte por

medio de pasquines y cartas anónimas.

10. Destitución de Gobernadores, alcaldes y regidores

defensores de las disposiciones reales.

11. Secuestro de bienes, incremento en el gasto público de las

rentas y alcabalas recolectadas, expulsión de Gobernadores y

destierro de sus familias.

12. Regulación de la autonomía provincial con el

nombramiento de Gobernadores entre los Comisionados y

Capitanes Generales de la Provincia.

13. Rechazo y destitución de regidores elegidos por influencia

del Gobernador.

Tácticas de insurrección, presiones al gobierno virreinal central,

centralización de las decisiones políticas, fiscales y militares en

un Consejo Supremo de Guerra y en un Comandante Supremo:

14. Rebelión armada a través del reclutamiento,

entrenamiento, dotación y pago de salarios a soldados de un

ejército irregular. Triunfo en batalla del puente Real contra

escuadrón enviado desde Bogotá e invasión y sometimiento

militar de provincias vecinas (Girón, Pamplona).

15. Reconocimiento del “Consejo Supremo de Guerra del

Socorro” conformado por Capitanes Generales, territoriales y

volantes bajo el mando de los capitanes socorranos.


126

16. Combates por el control de puentes y militarización de

caminos reales hasta la ciudad capital por medio de un ejército

irregular de capitanes (Santafé, Caracas).

17. Capitulaciones de paz y retorno al orden basadas en la

intimidación militarista y la superioridad armada de los

insurgentes ante debilidad de comisionados, derrota de

milicias y demora en la llegada de las tropas reales enviadas

desde Cartagena.

Tácticas contrarrevolucionarias, presiones periféricas de

disidentes y radicales a favor de la invasión de Santafé,

desconocimiento de las Capitulaciones pactadas con los

comisionados virreinales:

18. Insurgencia de capitanes disidentes al no estar conformes

con las capitulaciones juramentadas por sus comandantes y

comisionados.

19. Enfrentamiento con tropas reales, invasión y ocupación de

estancos y rentas reales en poblaciones realistas (p. ej. J. A.

Galán).

20. Unificación de ordenes al decretar la Junta Común y el

Consejo de Guerra del Socorro acatar lo capitulado y

juramentado por los capitanes (6 y 7 junio). Disponen retornar

a los lugares de origen, reestablecer y reconocer la autoridad

de los gobernadores y regidores depuestos, cesar las

hostilidades y cooperar en el restablecimiento de la paz entre

cada comunidad.

21. Protestas de facciones y levantamientos armados por el

rechazo a las capitulaciones firmadas en Zipaquirá y Santafé

con el Real Acuerdo. Protección y custodia de los comunes

por los capitanes firmantes de las capitulaciones.


127

22. Contrainsurgencia de milicias y mercenarios contra

disidentes insurgentes financiada por élites criollas de

ciudades capitales y provinciales (octubre). Destierro de

capitanes y sus familias a confines inhóspitos de acuerdo a la

gravedad de sus actos y castigo público de colaboradores por

medio de grillos y latigazos.

23. “Castigo Severo” para capitanes disidentes y criminales

(juicio criminal, suplicio, deshonra pública, patíbulo, horca,

descuartizamiento, secuestro de bienes, destierro de familia y

maldición a descendencia). Muerte y exterminio perpetuo de

Galán (Ahorcar, descuartizar, quemar, exhibir y

descomponer).

Tácticas de pacificación, restauración del orden virreinal y

municipal, represión militar, judicial y espiritual de las

instituciones borbónicas:

24. Perdón y sumisión al Rey. Petición de perdón por acciones

criminales cometidas. Justificación de la conmoción pública y

la insurrección por los excesos de la burocracia despótica.

Juramento de fidelidad al Rey.

25. Sometimiento y aprobación de élites a acciones de

pacificación y moralización (1782) como fueron:

nombramiento de gobernadores militares (Corregidor),

remisión de la orden disciplinaria de Capuchinos (16 julio),

exilio voluntario (Casanare, río Magdalena) o forzado

(Darién) de capitanes y envío de comisionados de paz a demás

provincias.

26. Adopción y cumplimiento parcial de las capitulaciones

tributarias y burocráticas (desde 20 octubre 1781) por parte de

los virreyes sucesores: Anulación del cobro de alcabala al

algodón en rama, hilo o tejido (desde abril 1781), Reducción

del precio del aguardiente y el tabaco al precio usual,


128

reducción de la alcabala al monto usual (2% en provincias del

Reino, 4% en provincias costeras).

27. Premios del Rey para los pacificadores: Virrey M. Flórez

es ascendido como Virrey de Nueva España (México, Antillas

y Filipinas); el Arzobispo A. Caballero es nombrado como

Virrey de la Nueva Granada; Juan Francisco Berbeo Moreno

es perdonado por arrepentirse de forma anticipada de sus

forzosos crímenes, después de ser enjuiciado le son

preservados sus privilegios, propiedades y actividades

comerciales, e incluso se le nombra como el primer

Corregidor del Socorro para garantizar la transición

pacificadora.

28. Perdón General del Virrey (20 octubre 1781) y del

Arzobispo – Virrey (Ante Dios - Ante el Rey) (7 agosto de

1782).

29. Sospecha y temor permanente de los «socorranos»:

Control militar de Gobernadores y alcaldes en las calles,

inquisición moral de capuchinos y párrocos desde los altares.

30. Represión ejemplarizante a las conspiraciones e

insurrecciones de los “universitarios” socorranos y

pamploneses (1795, 1799, 1809) con el apoyo de los

“comuneros” exiliados en el Casanare.

¿Cómo se ha explicado la insurrección neogranadina de

1781? La pacificación de las comunidades capitulantes propició

hasta la consolidación de la República una prevención

permanente y justificada de las autoridades españolas con los

socorranos, especialmente contra las élites ilustradas. Los

Socorranos fueron objeto de sospecha permanente, se

constituyeron en gente poco confiable y leal ante los objetos de


129

los gobernantes, así como se les asoció como parte de todas las

conspiraciones emancipatorias que fueron descubiertas y

castigadas hasta 1819.

Contrarios a esa asociación de las gentes del común con gentes

traicioneras y levantiscas, desde el tiempo de los historiadores

de la revolución republicana y la regeneración nacionalista,

quienes han estudiado a los “Comuneros” han planteado desde

referentes teórico-conceptuales específicos diferentes

explicaciones e impactos de lo acontecido a mediados de 1781.

De allí que esas posiciones analíticas presenten al movimiento

comunero como: rebeldes reformistas, insurgentes precursores,

comunistas revolucionarios, insurrectos inconformes, criollos

revoltosos, así como me atreveré a reafirmar que en el trasfondo

funcional de su lucha primigenia eran “traficantes de géneros –

autonomistas”.

La ‘Historia Patria’ construida y divulgada a todo el país desde

1910 planteó con certeza que los comuneros fueron

INSURGENTES PRECURSORES de la independencia política

de los neogranadinos y el Socorro fue “cuna de la independencia

de América” en donde heroicos criollos manifestaron su

inconformidad con los excesos del régimen español. Perspectiva

defendida por ‘descendientes’ de los comuneros de 1781 como

Pablo CARDENAS ACOSTA (1945, El movimiento comunal

de 1781 en el Nuevo Reino de Granada), Manuel BRICEÑO

(1977, Los comuneros), Horacio RODRÍGUEZ PLATA (1950,

Los comuneros), Enrique CABALLERO (1980, Incienso y

pólvora. Comuneros y precursores), Antonio GARCÍA (1981,

Los comuneros de la pre-revolución de independencia), entre

otros.

Otros estudios más moderados y comparativos con las

revoluciones que se dieron ese mismo siglo plantean que fueron


130

simplemente REBELDES REFORMISTAS “que buscaban la

disminución de los impuestos sin desafiar el derecho de España

a gobernar” (Rausch, 1996). Siendo ejemplo de ello los análisis

de Alberto URDANETA (1881, Centenario de los comuneros),

David PHELPS LEONARD (1951, The comunero Rebellion of

New Granada in 1781), John LYNCH (1973, The Spanish

American Revolutions 1808 – 1826), Armando GÓMEZ

LATORRE (1973, Enfoque social de la revolución comunera),

Inés PINTO (1976, La rebelión del común), etc.

La influencia de las revoluciones socialistas y comunistas que

ocurrieron en el planeta durante la primera mitad del siglo XX

motivó a varios estudiosos del fenómeno comunero a proponer

que sus acciones pioneras, las luchas de clases y sus exigencias

antiimperialistas demostraban plenamente su accionar como

COMUNISTAS REVOLUCIONARIOS y anticolonialistas

quienes en nombre de una causa común, de las gentes comunes

y con un ejército popular de las comunidades unidas

promovieron una revolución social desde abajo interrumpida y

“traicionada por los de arriba”. Perspectiva considerada en los

estudios de Indalecio LIEVANO AGUIRRE (1964, Los grandes

conflictos sociales y económicos de nuestra historia), Germán

ARCINIEGAS (1951, Los comuneros), Luis TORRES

ALMEYDA (1961, La rebelión de Galán, el comunero) y Mario

AGUILERA (1985, Los comuneros: Guerra social y lucha

anticolonial).

Desde una perspectiva internacional, menos ideológica y más

académica, al revisarse la documentación preservada sobre las

causas criminales seguidas a los capitanes comuneros se ha

planteado que los “Comuneros” fueron INSURRECTOS

INCONFORMES cuyo conflicto tributario con el gobierno

virreinal demostraba “una crisis política y constitucional aguda,


131

un antagonismo entre las fuerzas de la centralización imperial y

las de la descentralización colonial” (Rausch, 1996). Hipótesis

desarrolladas en las investigaciones de Manuel CARREÑO

(1910, Estudio sobre la índole de la insurrección de los

comuneros del Socorro), John PHELAN (1978, The people and

the king), Jane RAUSCH (1996, Los comuneros olvidados: La

insurrección de 1781 en los llanos del Casanare), entre otros.

El bicentenario de la independencia de Colombia planteó a su

vez un revisionismo analítico fundado en la tipificación criminal

de lo acontecido. Contrario a los imaginarios de precursores,

reformistas, revolucionarios o insurrectos de todo el siglo XX el

Gobierno nacional a través de sus ministerios de educación,

comunicaciones y cultura apoyó la categorización según la cual

las gentes inconformes de 1781 fueron tan solo CRIOLLOS

REVOLTOSOS y enajenados de las ideologías revolucionarias

ilustradas, cuyas exigencias y presiones de las élites rebeldes no

propiciaron reformas ni una revolución al régimen virreinal

español de la Nueva Granada aunque es indiscutible que

sirvieron de referente para las rebeliones de emancipación,

independencia y liberación posteriores.

El Ministerio de Educación Nacional a través del programa

animado ‘Historia Hoy: Profesor Super O (-histórico)”,

transmitido por el canal institucional Señal Colombia (2010,

6,33 min.), respaldó y divulgó a todas las instituciones

educativas del país el contenido histórico divulgado en el

capítulo 7, según el cual: “¿El movimiento de los comuneros fue

una revuelta o una revolución? (1,41 min.)… La gente quería

que les rebajaran la alcabala, lo que quiere decir que les

rebajaran los impuestos, y les dieran otras libertades pero no

querían cambiar el dominio español… es por eso que este

movimiento comunero fue una REVUELTA en vez de una


132

revolución porque una revuelta es cuando la gente necesita

cambiar algo pero no quiere tumbar a quien lo manda. En

cambio, en una revolución lo que se pretende es acabar con el

sistema que impera en el momento” (4,23 min).

Finalmente, nuestra propuesta de análisis del movimiento de los

comuneros plantea que los caudillos, promotores y reguladores

del mismo fueron esencialmente TRAFICANTES DE

GÉNEROS AUTONOMISTAS quienes a través de la vías de

hecho (insurrección, conmoción, rebelión, invasión)

pretendieron reformas radicales y absolutas en las decisiones

que en derecho (preferencia de criollos, reformas tributarias,

eliminación de empleos, privilegios provinciales) había

impuesto el régimen borbónico desde 1700 a través de sus

virreyes, siendo afectados así sus intereses familiares y

gremiales. De tal modo, los «vasallos» “principales” como

representantes de los gremios de campesinos y comerciantes

optaron por restablecer la autonomía provincial que el régimen

austrohasburgo había concedido a los criollos de autogobernarse

a través del régimen municipal (Regidores y Gobernadores

propios) desde el siglo XVI.

Esas pretensiones autonómicas fueron influenciadas y

respaldadas hasta 1810 en el discurso de independencia de las

colonias inglesas (1776) de Norteamérica (Estados Unidos), la

revolución francesa (1789) y la independencia de la principal

colonia francesa (1791) en las Antillas (Haití). Discursos

ilustrados y demoliberales abiertamente expresados por los

junteros emancipadores en la Constitución provincial del

corregimiento del Socorro de 1810. Antes que pretensiones

igualitarias para con los indios y negros o participación

democrática en los puestos estatales en los manifiestos públicos

como en las capitulaciones concebidas en El Mortiño


133

(Zipaquirá) fue recurrente el malestar de los traficantes e

intermediarios ante el incremento en las exigencias tributarias.

De allí que en el pasquín de autor anónimo titulado “Noticia de

la conmoción popular ocurrida en el Nuevo Reino de Granada y

su capital Santafé y de otras incidencias en el asunto. Año de

1781” se recordase al público que:

“Todo está gravado: el capital y la renta,

la industria y el suelo,

la vida y la muerte, el pan y el hambre,

la alegría y el duelo”.

Para poder mejorar las condiciones productivas y laborales del

gremio de comerciantes se requería contar en el mercado con un

mayor número de productos, con menos gravámenes, que

permitieran un mayor consumo tanto de las gentes comunes del

Socorro como de las gentes residentes en los distantes enclaves

productivos hasta donde llegaban los mercaderes socorranos. A

mayor consumo de los productos que debían pagar impuestos se

podían alcanzar las metas fiscales esperadas al aumentarse los

gravámenes a esos mismos productos aunque consumidos en

menor volumen. De allí que al revisarse las treinta y cinco

capitulaciones acordadas preliminarmente por los reconocidos

comerciantes J. Berbeo y J. Lozano (marqués de San Jorge), las

primeras exigencias y acuerdos que pidieron a las autoridades

virreinales aceptar fueron:

Capitulación 1: Fenecer el Ramo de la Real Hacienda de

“Barlovento”.

3: Extinguir el ramo estancado de “Barajas”… (*Libertad de

comercio*).

4: Reducir y mantener fijo el precio del papel sellado.


134

5: No hacer cobros ni aplicar multas a los alcaldes de

hermandad y pedáneos.

6: “extinguir la renta frescamente impuesta del estanco del

tabaco”.

7: Reducir y mantener fijo la contribución forzosa de indios

tributantes y mulatos requintados.

7’: No cobrar los curas párrocos a los indios y pobres los

derechos por sus obvenciones rituales.

8: Reducir y mantener fijo el costo de la Renta de

Aguardiente por botija y botella.

9: No cobrar la Alcabala a los frutos comestibles ni al

algodón.

10: Reducir y mantener fijo el pago de Alcabala al 2% sobre

la venta de granos de Castilla, lienzos, mantas, cacaos,

azúcares, conservas, tabaco, cabalgaduras, ventas de tierras,

casas, ganados y demás de comercio”.

11: Reducir y mantener fijo el costo en los portes por

correos.

12: Reducir y mantener fijo el costo de la Bula de la Santa

Cruzada solo a la mitad de su precio.

14: Reducir el costo de la arroba de sal vijua sometida a Real

Estanco.

15: No cumplir la Real Orden que ordena “que cada persona

blanca le contribuya con dos pesos, y los indios, negros y

mulatos con un peso, expresando en ella ser éste el primer

pecho o contribución que se haya impuesto”.

19: Reducir y mantener a la mitad los aranceles de los

escribanos.


135

21: Reducir y mantener el precio de la libra del estanco real de

pólvora.

23: Eliminar el Arzobispo los derechos eclesiásticos.

24: Los gastos de los visitadores eclesiásticos deben ser

asumidos por el Arzobispo u obispos.

25: Reducir y mantener el monto de los derechos parroquiales

(y no por partidos) a pagar a los jueces particulares de

diezmos.

27: Reducir y mantener el precio de la carga de salitre al ser

de “beneficio público”.

Así mismo, los costos finales de los productos estancados que

llegaban al Socorro o aquellos géneros socorranos que eran

comercializados en Cúcuta, el Casanare, Neiva o Antioquia no

podían continuar incrementándose por factores adicionales

como eran los sobrecostos por pagos de impuestos municipales

asociados con el uso de puentes, caminos, pasos, obras públicas

en construcción, etc. De tal manera, un segundo grupo de

capitulaciones además de reafirmar el rechazo al alza en los

tributos reales (alcabala y barlovento) y municipales,

reclamaban la extinción de las cargas tributarias indirectas

impuestas y exigidas a los comerciantes o sus representantes a lo

largo de los circuitos comerciales. De allí que demandasen la

extinción o reforma de los siguientes aspectos:

Capitulación 2: Cesar el uso de Guías para el tránsito de

viajeros y mercancías.

10. Reducir el pago de la contribución para el arreglo de la

entrada a Santafé solo a sus comarcanos.


136

26. Junto a los caminos reales los dueños de las tierras debían

dejar para el uso franco y común las rancherías y los pastos

para mulas… de no actuarse así “…se franqueen los

territorios, y que de no ejecutarlo el dueño de tierras, pueda el

viandante demoler las cercas”.

28. No se debe pagar por el uso de pasos y puentes para

beneficio particular. “…sólo deban pagar a beneficio de los

propios de las villas y ciudades”.

29. Reducir el costo de la contribución para el puente de

calicanto de Chiquinquirá, así como debe ser asumido como

una contribución de esos vecinos y comarcanos.

Siendo esos males y excesos tributarios complementados por un

estamento burocrático y despótico dispuesto a exigir con

exactitud todos los pechos tributarios exigidos, o en su defecto

imponer multas o embargar cargas y recuas de transporte cuando

no se habían pagado o no se contaban con la debía

documentación (guías y recibos). Y en caso de cumplirse con

esas exigencias los comerciantes se veían agobiados en tener

que atender las exigencias voluntarias o forzosas que a través de

la figura de ‘contribuciones’ eran recolectadas por alférez,

escribanos, notarios, síndicos, ejecutores, etc., aunque la mayor

preocupación de los comerciantes capitulantes era exigir ser

librados de responsabilidades municipales como regidores o

servidores públicos que conllevase a tener que abandonar sus

ocupaciones mercantiles, e incluso, a tener que hacer aportes

monetarios no deseados.

Siendo ese el caso de J. Lozano en Bogotá como el de J. Berbeo

en el Socorro, quien se desempeñaba como regidor al

conmocionarse la villa el 16 de marzo de 1781, en las

capitulaciones reconocidas, firmadas pero no aprobadas por el

Real Acuerdo se planteaba de forma explícita la eliminación de


137

cargos y responsabilidades burocráticas que afectaban

directamente a los comerciantes y su autonomía productiva

como eran:

Capitulación 5: Extinguir en los Cabildos el nombramiento

forzoso como Alcaldes Ordinarios de la Hermandad y

Pedáneos.

7. Extinguir en los Cabildos el nombramiento forzoso como

Alférez para las fiestas.

16. “que nunca para siempre jamás se nos mande tal empleo

(Visitador General), ni personas que nos manden y traten

con semejante rigor e imprudencia”.

19. Deponer de sus oficios a los escribanos públicos y a los

notarios eclesiásticos que excedan el cobro de sus aranceles.

30. Eliminar el uso de los Jueces de Residencia, debiendo ser

trasladadas las quejas a los Tribunales.

32. No pagar a los porteros de las cárceles (castellanos)

ningún derecho “si fuere larga la prisión” y solo de dos reales

por el uso de la “puerta de salida”. Evitar convertir en

“bodegas” a las cárceles.

33. Impedir que los “Fieles-ejecutores de las ciudades y

villas la menor intervención en los pesos y medidas”. Debían

ser responsabilidad de dos miembros del cabildo.

Ese panorama de exigencias ante los excesos tributarios,

parafiscales y de responsabilidades o presiones burocráticas a

las que estaban condicionados las elites comerciales del Socorro

y la red de gentes comunes que dependían de la dinámica de sus

tráficos, adquisiciones e intercambios con las demás provincias

neogranadinas fue complementado con un plan específico de

exigencias, que al igual que las exenciones fiscales y


138

burocráticas, beneficiaba de forma directa a los vecinos

principales antes que a las gentes ‘del común’.

Plan de reorganización del virreinato a favor de mayores

autonomías territoriales, cuya consecuencia mediata fue la

reorganización de la provincia del Socorro como Corregimiento,

a lo cual se aunó exigencias asociadas con una mayor

participación burocrática de los criollos letrados, autonomías

estatales para el gobierno provincial, provincianismo fiscal, e

incluso, el reconocimiento al derecho de las gentes para poder

apelar a la conmoción y levantamiento público ante las

injusticias estatales.

En lo concerniente a la participación de los criollos en la

burocracia virreinal y en las responsabilidades estatales, en las

capitulaciones de Zipaquirá se plasmaron las preocupaciones e

intereses de la élite ilustrada y desempleada, cuya problemática

fue reafirmada en 1809 en el memorial de Camilo Torres. Los

comisionados capitulantes acordaron las siguientes reformas:

CAPITULACIÓN 22: BUROCRACIA CRIOLLA “…en los

empleos de primera, segunda y tercera plana hayan de ser

antepuestos, y privilegiados los nacionales de esta América a

los europeos”.

34. DESCONOCIMIENTO DEL REGENTE Y VISITADOR

GENERAL: Eximir y dejar libre de las multas impuestas por

el Visitador – Regente a los particulares… “sin que ahora ni

en ningún tiempo se les haya de hablar ni hacer cargo sobre el

asunto de su diligencia”.

35. SOMETIMIENTO AL REY, NO A SUS

FUNCIONARIOS: “habiendo sido nuestro principal objeto el

libertarnos de las cargas impuestas de Barlovento y demás

pechos impuestos por el señor Regente Visitador general”.


139

35. SUMISIÓN AL REY Y RECHAZO AL RÉGIMEN

VIRREINAL: “nuestro ánimo no ha sido faltar a la lealtad de

leales y fieles vasallos, suplicamos rendidamente a V.A. que

se nos perdone todo cuanto hasta aquí hemos delinquido”.

La oposición al régimen gubernamental virreinal y a los excesos

de los funcionarios que ostentaban y abusaban de su condición

de españoles peninsulares motivó a los comerciantes criollos

que comandaban el ejército del común a proponer para el

Socorro un territorio provincial autónomo (Corregimiento del

Socorro) con sus propio gobierno, ejército y rentas propias de

sostenimiento que permitiese dar cumplimiento a las exigencias

y expectativas burocráticas de las familias principales.

Evidencias de ello se plasmaron en las siguientes propuestas:

CAPITULACIÓN 17. GOBERNADOR CRIOLLO Y

VECINO: “el Común del Socorro pide que en aquellas

villas haya un Corregidor, Justicia mayor, al cual se le

ponga el sueldo de un mil pesos en cada año, y que en

éste no haya de haber jurisdicción de la capital de Tunja,

con tal que quienes ejerzan este empleo deban ser

criollos nacidos en este Reino, sin que pretenda primacía

alguna de estas villas, sino que asista en una de las dos,

que son San Gil y Socorro”.

18. EJÉRCITO PROPIO: “todos los empleados y

nombrados en la presente expedición de Comandante

general, capitanes generales, capitanes territoriales, sus

tenientes, alféreces, sargentos y cabos hayan de

permanecer en sus respectivos nombramientos”.

13. RENTAS PROPIAS: No cumplir la Real Orden que

dispone que las rentas principales de las comunidades


140

“se internen en cajas reales y allí se les contribuya con un

cuatro por ciento”.

20. PROMOCIÓN DE INMIGRACIÓN: “ningún título

ni causa se continúe el quebranto de las leyes y repetidas

cédulas sobre la internación, mansión y naturaleza de los

extranjeros en ninguna parte de este Reino”.

Territorio con una burocracia y gobernantes criollos cuyos

sueldos debían ser financiados con recaudaciones fiscales

propias, reinvirtiendo así en los mismos socorranos los recaudos

hechos por sus convecinos. La propuesta de un nuevo sistema

fiscal acorde a las expectativas e intereses de los comerciantes

socorranos desde su condición privilegiada como capitanes se

reconocía desde los siguientes postulados:

CAPITULACIÓN 10. INVERSIONES PÚBLICAS:

Reinvertir el sobrante de las contribuciones pagadas para el

arreglo de la entrada a Santafé: “… no es justo que llevando el

mayor gravamen los vecindarios de Vélez, Socorro y Tunja,

hayan quedado sin parte alguna en la composición de sus

caminos, por lo que es muy conforme el que cese la singular

contribución, y que si la de Santafé la necesita, sólo lo haga

con su demarcación”.

14. CONTROL DE PRODUCCIÓN: La fábrica y beneficio de

las salinas (sal vijua) sometidas a estanco debían ser devueltos

a “sus antiguos dueños los indios…, y si éstos en sus

traslaciones gozan de iguales comodidades de las que antes

tenían, las beneficien los vecindarios de las salinas”.

15. CONTRIBUCIONES VOLUNTARIAS: Al negarse a

pagar una contribución o pecho obligatorio de acuerdo al color

y casta se propone: “para conservación de la fe o parte,

aunque sea la más pequeña parte de su dominios,

pidiéndosenos donativos, lo contribuiremos con grande gusto,


141

no solo de este tamaño, sino hasta donde nuestras fuerzas

alcanzaren, ya sea en dinero, ya en gentes a nuestra costa, en

armas o víveres, como el tiempo lo acreditará”.

31. PROTECCIÓN DE PEQUEÑOS COMERCIANTES: Los

propietarios de las tiendas de pulpería solo deben pagar como

contribución o pensión “la de alcabala y propios”.

Para que ese nuevo régimen territorial y administrativo fuese

efectivo y complaciera los intereses de las comunidades

conmocionadas por las élites comerciales arruinadas por los

tributos fiscales y parafiscales autorizados por la burocracia

virreinal dominante, los capitanes, comandantes y demás

miembros de la Junta del común dejaron plasmadas en las

capitulaciones su derecho de rebelarse una vez más en caso de

no atenderse las peticiones burocráticas y tributarias exigidas, o

de no adoptarse su plan de reformas.

En la capitulación 16, al advertirse a los comisionados del Real

Acuerdo sobre el inminente retorno a los levantamientos, clima

de conmoción y conatos de invasión y asonada armada a la

capital virreinal en respuesta al envío de nuevos visitadores

generales, despóticos y extorsionadores o la llegada de oficiales

reales que actuasen con excesivo rigor en el cumplimiento de las

disposiciones fiscales o policivas, los comisionados del común

tajantemente expresaron: “siempre que otro tal así nos trate,

JUNTAREMOS TODO EL REINO, ligado y confederado, para

ATAJAR CUALQUIERA OPRESIÓN que de nuevo por ningún

título ni causa se nos pretenda hacer”.

Decisión táctica adoptada por los movimientos comuneros

periféricos y postcapitulares al expresar los capitanes de los

comunes de los Llanos del Casanare y los indios del Cocuy a sus

seguidores que si su Gobernador “…trata de castigarlos


142

LEVÁNTESE EN CONTRA SUYA y si no elimina los

impuestos vamos a Santafé de Bogotá para HACERLE LA

GUERRA A LOS SANTAFEREÑOS”.

Finalmente, ese espíritu autonomista, belicista y beligerante de

los criollos del Socorro que participaron en la conmoción de

1781 fue reafirmado en el imaginario político y el accionar

revolucionario de sus descendientes durante las siguientes

décadas de conflicto entre los españoles americanos

anticolonialistas y los españoles peninsulares defensores del

régimen virreinal neogranadino. Desde el levantamiento

insurgente que inmortalizó a los socorranos como los pioneros

de la emancipación colonial el Socorro se ha caracterizado por

esa tendencia de mantenerse distante y autónomo para poder

desarrollar sus propias actividades económica, políticas,

sociales, etc.

Recuerden ustedes que en el año 71 del siglo XVIII los

socorranos obtuvieron el título de Villa. Título tramitado y

comprado ante las instituciones virreinales, siendo

complementado dos años después por un escudo de armas

mediante el cual el Rey y sus representantes reconocían que la

villa y sus vecinos le habían prestado servicios acordes a la

nobleza y lealtad esperada de sus vasallos, especialmente

durante las guerras externas o los conflictos internos. Con ese

título y escudo, los socorranos pudieron reclamar y desarrollar

sus actividades socioeconómicas sin estar condicionados por las

autoridades de San Gil, Vélez o Tunja al contar con su propio

régimen municipal y fiscal.

En 1796 se reafirmó la reorganización de la provincia del

Socorro como un Corregimiento fragmentado de Tunja, acorde

al plan de reorganización territorial del virreinato del marqués J.

Lozano, quien conocía los intereses jurisdiccionales de los


143

capitanes del común desde 1781 al participar como comisionado

real en la revisión y aprobación de las capitulaciones de

Zipaquirá.

Además de la amenaza de conmoción, asonada e invasión

armada de Santafé de no convocarse y aprobarse una Junta

suprema de Gobierno, acorde a la estratagema usada desde

1781, los junteros socorranos de 1810 al derrocar al régimen

gubernamental provincial, elegir su propia Junta de Gobierno y

acordar su propio ordenamiento estatal al redactar y aprobar un

acta constitucional autonomista, condicionaron su lealtad y

vasallaje al imperio español a la inusual petición de exigir al

Rey que viniese a vivir y gobernar entre los neogranadinos, al

igual como había hecho el rey portugués con los brasileños.

Actitudes autonomistas reafirmada después de las batallas de

1819 al exigir los socorranos ser reconocidos como una

provincia con su propia representación y administración

dispuesta a hacer parte de la república como de la confederación

neogranadina. De igual modo en 1857 al decretarse la

integración de la provincia del Socorro con las de Pamplona,

Cúcuta (Santander), Soto y una parte de Vélez para conformar el

Estado de Santander, los socorranos preservaron su autonomía

fiscal y administrativa al ser reconocido su territorio como el

departamento del Socorro.

Cuando cesó el régimen federal y fue regenerado el régimen

nacional centralista fue reconocida y reestablecida su

jurisdicción colonial y republicana como provincia del Socorro,

que acorde con la constitución de 1886, debía estar regida por

un Jefe provincial, quien además de ser reconocido y aceptado

por las municipalidades que conformaban la provincia debía

cumplir funciones burocráticas, impartir justicia y recaudar

rentas para ser reinvertidas en las obras requeridas por sus


144

convecinos. Prácticas autonómicas preservadas hasta la

conmoción institucional y territorial propiciada por el golpe

militar de 1957, a partir del cual desaparecen gradualmente las

jefaturas provinciales para imponerse representantes nacionales

del estamento militar en el poder, así como en un gesto de

patriotismo populista fue reconocida y nacionalizada la

condición autonomista primigenia de los socorranos al ser

decretada y reconocida la existencia de la “Provincia

Comunera”.

Hasta entonces las provincias funcionaban como entes

administrativos semejantes al régimen de finales del siglo XVIII

pero desde mediados del siglo XX pasaron a ser solo

jurisdiccionales nominales y simbólicas dependientes del

capricho de los gobernadores al querer cambiarles sus nombres

o reformar sus propósitos intermunicipales, no representando en

la práctica ninguna función económica o política real.

No obstante, desde las exigencias capitulares de 1781 las elites

empresariales socorranas fueron coherentes con su visión

autonomista y emancipatoria para poder desarrollar sin

limitaciones ni condiciones de ningún tipo sus actividades

productivas y socioeconómicas internas como con los mercados

regionales interprovinciales. Tendencia que desde el Acta

Constitucional de la Junta del Socorro del 15 agosto 1810 ya

resultaba diciente y evidente al manifestar la generación

heredera de los levantamientos de los comunes que:

“14. El Gobierno del Socorro dará auxilio y protección a

todo Pueblo que quiera reunírsele a gozar de los bienes que

ofrecen la libertad e igualdad que ofrecemos como

principios fundamentales de nuestra felicidad.


145

No habiendo reconocido el Cabildo del Socorro al Consejo

de Regencia hallándose ausente su legítimo Soberano el señor

don Fernando Séptimo, y no habiéndose formado todavía

Congreso Nacional compuesto de igual número de vocales de

cada provincia para que reconozca y delibere sobre los

grandes intereses del cuerpo social, y los de paz y guerra,

reasume por ahora todos esos derechos. Cuando se haya

restituido a su trono el Soberano, o cuando se haya formado el

Congreso Nacional, entonces este pueblo depositará en aquel

cuerpo la parte de derechos que puede sacrificar sin perjuicio

de la libertad que tiene para gobernarse dentro de los límites

de su territorio, sin la intervención de otro gobierno”.

Los representantes de San gil decidieron no firmar o no seguir

con este proyecto de Constitución que los junteros socorranos

habían adoptado. Los socorranos en represalia invaden a San

Gil, éstos a su vez piden ayuda a la Junta Santa Fe, quienes a su

vez invaden y someten a los socorranos al régimen

constitucional de Cundinamarca, y así acaba la historia del

primigenio Estado republicano del Socorro. El 1812, los estados

federalistas hacen un intento por invadir a Santafé pero el

heroico A. Nariño con sus soldados del ejército centralista del

estado de Cundinamarca impiden que Baraya y los combatientes

socorranos la tomen, y por el contrario, lograr reprimir a los

sitiadores. En el año 1814 se concreta finalmente la invasión de

Santafé comandada por Simón Bolívar, quien para entonces

actuaba como mercenario de la facción federalista, siendo

reconocido el protagónico heroísmo del Batallón de socorranos

que tomaron rápidamente la capital centralista, así como

aseguraron la consolidación del poder federalista y la

unificación de la Nación neogranadina.

Bolívar no estuvo de acuerdo con muchas decisiones que se

tomaron, se marcha para Jamaica a establecer un proyecto de


146

república real materializado en su famosa carta de Jamaica de

185 donde manifiesta que no está de acuerdo en la manera como

estaban organizados los neogranadinos, rechazando a los

federalistas por considerarlos mentirosos, ficticios e imitadores

de las instituciones estadounidenses sin haber llegado sus

provincias a ese nivel de desarrollo. Una ironía histórica más:

hoy día cuando los gremios quieren hacer algo para que los

gobernantes tomen en serio sus peticiones se amenaza entonces

con la toma de Bogotá. Los sindicatos se toman las calles de

Bogotá, los paperos se toman las vías nacionales que llevan a

Bogotá, los camioneros encerraron a Bogotá e impidieron a sus

gentes poder salir o entrar. Los estudiantes de la UIS también lo

han hecho cada vez que hay problemas estructurales que no se

solucionan provincialemente. Así, tomarse a la capitalina

Santafé de Bogotá sigue siendo una constante histórica que

desde el tiempo de los comunes del Socorro seguimos imitando

para lograr las reformas, cambios y actos de justicias de los

regímenes gubernamentales en el poder.

Quiero concluir reafirmando mi intención de demostrar con esta

conferencia que existieron, a la par del socorrano, otros

movimientos de los comuneros como fueron los del Casanare,

Cúcuta, Antioquia y el valle del Magdalena articulados y

regulados por los comerciantes del socorro. En segundo lugar,

insistimos en que las representaciones e imaginarios del siglo

XX sobre los no reflejan los intereses de las

“Comunidades” del XVIII. La representación y los imaginarios

que tenemos sobre los Comuneros varían, son cambiantes, y

ello nos condiciona a ser críticos con lahistoria patria’ pero

también nos condiciona a reconocer la intencionalidad que hay

tras cada cuadro, cada escultura, cada imagen comunera.


147

El levantamiento de las comunidades y las gentes del Socorro, a

diferencia de las interpretaciones patriotas, nacionalistas o

socialistas del siglo XX, evidencia la defensa de un proyecto

político y económico autonomista promovido por redes de

comerciantes afectadas por el intervencionismo tributario del

centralismo borbón. El proyecto político y económico que

tenían los socorranos desde 1781 les llevó a conformar un

estado soberano donde la capital va hacer el Socorro,

demostrándose así que gran parte de la lucha y las

intencionalidades comuneras correspondían con la forma de

entender la economía y la defensa de los intereses personales,

gremiales y patrimoniales por parte de los socorranos altivos

que, acorde a su himno, “juraron que la patria tendría libertad”.

Gentes de las cuales muchos de ustedes son descendientes.


148


149

4. LOS “SOCORROS” DE NUESTRA SEÑORA DEL

SOCORRO, EL SOCORRO Y LOS SOCORRANOS A

LA INDEPENDENCIA DEL CENTRO – ORIENTE

DE COLOMBIA 4

Introducción. Durante doscientos años la historia y la

historiografía nacional han presentado los hechos ocurridos el

20 de julio de 1810 en Santafé como los factores causantes y

decisorios de la insubordinación, emancipación, separación e

independencia absoluta de los neogranadinos del régimen

monárquico y de regencia. No obstante, la inexistencia de un

proyecto nacional o estatal entre los neogranadinos, y consigo,

el creciente proceso de secesión y guerras interprovinciales

denominado tradicionalmente como la “Patria Boba”, sumado a

las representaciones locales y provinciales de la historia

nacional según las cuales fue en territorios disímiles y distantes

entre sí donde se originó, desarrolló, concluyó o consolidó la

4 Versión oficial de uno de los tres ensayos que obtuvieron el primer puesto

del “Concurso nacional en historias locales” organizado por la Presidencia de

la República a través de la Alta Consejería de la Presidencia para el

Bicentenario y la Universidad Externado de Colombia. La entrega de

certificados y reconocimiento público se realizó durante el Congreso

Internacional “Encuentro con la Historia” (Premio). Cartagena, Octubre 23 de

2009. El ensayo completo y original fue publicado como: PÉREZ PINZÓN,

Luis Rubén. Historiar la muerte: II Representaciones sociopolíticas sobre el

“buen morir por la patria” entre los revolucionarios de Colombia.

Bucaramanga: Ediciones UIS, 2013.


150

independencia nacional, ha hecho necesario reconocer que las

principales provincias o localidades de la Nueva Granada

propiciaron y desarrollaron paralelamente a los hechos de

Santafé un proyecto revolucionario, independista y republicano

que obliga a pensar y conmemorar un bicentenario de varios

procesos de independencias más no de una “independencia

nacional”, y consigo, a revisar la versión tradicional y centralista

del proyecto de formación del Estado-Nación.

Un caso particular de esas reconstrucciones nacionales desde los

imaginarios y las experiencias históricas locales son las luchas

revolucionarias entre los habitantes de la provincia del Socorro,

el papel insurgente los sacerdotes de las parroquias socorranas y

sus poderosos objetos e imágenes de culto, las acciones

patrióticas del cabildo de la Villa de El Socorro al conformar su

Junta Superior y darse su propia constitución republicana, así

como el heroísmo de los socorranos antes de la independencia

con la rebelión tributaria de 1781 y los movimientos armados

consecuentes a la misma, durante la subversión independentista

del 9 y 10 de julio de 1810 al sitiar y derrocar al gobernador

provincial, y finalmente, durante las guerras soberanas al

conformar ejércitos y guerrillas para luchar contra el

centralismo de los cundinamarqueses y el monarquismo del

ejército expedicionario.

Para tal fin, el primer apartado rescata el legado historiográfico

de escritores e historiadores santandereanos como José

Fulgencio Gutiérrez (“Santander y sus Municipios”), Juan de

Dios Arias (“Historia Santandereana”), Horacio Rodríguez Plata

(“La antigua provincia del Socorro y la independencia”) y los

demás miembros de la Academia de Historia de Santander,

cuyas crónicas e historias sobre el honor y gloria de los héroes

santandereanos de la independencia no solo contribuyeron a la


151

definición primigenia de los valores y principios que han

caracterizado la “santandereanidad” después de la secesión

legislativa entre santandereanos y nortesantanderanos (20 julio

de 1910) pues se constituyeron en la versión oficial de la historia

departamental que ha sido divulgada a través de las

publicaciones didácticas, escolares, oficiales y publicitarias

sobre Santander y los Santandereanos. Los apartados siguientes

presentan las revisiones y los cuestionamientos historiográficos

que desde la Universidad Industrial de Santander se han

planteado a las versiones “oficiales” de la historia regional fruto

de las investigaciones científicas y las compilaciones

documentales lideradas por los miembros de la Escuela de

Historia de esa institución.

1. ¿Cuál ha sido el imaginario rebelde, revolucionario e

independentista preservado en la provincia comunera por

los socorranos?

El himno del Departamento de Santander, compuesto por Pablo

Rueda Arciniegas en l988, se ha constituido en una apología al

espíritu belicoso y revolucionario de los insurgentes de las

parroquias, villas y ciudades de la Provincia del Socorro que en

marzo de 1781 decidieron rebelarse contra el régimen tributario

Borbón optando por una invasión de la provincia de Santafé

como la única forma de encontrar atención y solución eficaz a

sus exigencias por parte de la Real Audiencia a falta de virrey.

De allí que los santandereanos de ayer, hoy y mañana sean

presentados de la siguiente manera: “Somos nosotros los

herederos / de las banderas que del honor,/ ayer clavaron los

comuneros / sobre esta tierra, bajo este sol”.


152

Sumándose a esa experiencia insurgente, el lema de las guerrilla

comandada por José Antonio Galán quien al oponerse a las

capitulaciones de Zipaquirá y a la represión dispuesta por el

Arzobispo-virrey Antonio Caballero llamaba a sus paisanos a

enfrentarse a las milicias y las fuerzas militares del Estado

español yendo “siempre adelante, ni un paso atrás”. Ideal

renovado doscientos años después en el coro del himno

santandereano, así como fue empleado como un lacónico

llamado popular a la insurrección política por otro mártir del

ideario liberal de los santandereanos como fue el caso de Luís

Carlos Galán Sarmiento.

El heroísmo guerrillero de los mártires comuneros fue

continuado por los subversivos y criminales que huyendo de la

justicia estatal y la represión militar se ocultaron en las selvas y

cuencas asociadas con el río Magdalena actuando como bandas

de ladrones y asesinos en complicidad con los negros huidos y

los indios “flecheros” como pudieron evidenciar las autoridades

virreinales en las memorias e informes de sus antecesores,

siendo finalmente rescatados y reafirmados los ideales

comuneros con el movimiento alzado en armas que a mediados

de 1809 organizaron desde los llanos del Casanare los

conspiradores José María Rosillo y Vicente Cadena con el fin de

invadir y derrocar por la fuerza al gobierno virrreinal. No

obstante, y al igual que la guerrilla de Galán, sus crímenes

contra el Estado fueron pagados con la represiva e intimidatoria

decapitación y cersenación de sus cuerpos. Así, la victoria

insurgente y guerrillera de los socorranos sólo se obtendría entre

la noche del 9 de julio y la mañana del 10 de julio de 1810 con

el derrocamiento a sangre y fuego del corregidor (gobernador)

provincial al ser sitiado y derrotado en el convento de los

capuchinos, símbolo de la represión ideológica, religiosa y

política que el Estado virreinal había realizado contra los


153

“comuneros” que se habían rebelado y alzado en armas desde

1781.

Derrocamiento asegurado y legitimado con la llegada de

piquetes de hombres armados que organizados en patrullas y

guerrillas fueron enviados desde las parroquias y villas más

cercanas para apoyar bélicamente las acciones de los alcaldes y

regidores municipales, aseguraron los caminos para impedir el

ingreso de tropas realistas e impidieron el escape del bando

realista sitiado en el convento capuchino al ser conocido por

todos los pobladores que el gobernador, además de contar con el

apoyo de los militares y milicianos locales, también era apoyado

por los vecinos principales que defendían la causa peninsular.

Esa suma de hombres, armas y esfuerzos golpistas fueron

reorientados finalmente, al igual que en 1781, para conformar

una fuerza de choque lista para marchar hacia Santafé con el fin

de conformar la Suprema Junta de Gobierno rechazada por las

autoridades virreinales, y paralelamente, para enviar fuerzas

volantes de apoyo, respaldo y aseguramiento fronterizo de los

movimientos insurgentes en la Provincia de Pamplona.

Especialmente, para apoyar la secesión de la parroquia de

Piedecuesta del yugo municipal de Girón, y consigo, para

garantizar su anexión a la Junta Superior de Pamplona.

Provincia insurrecta desde el 4 de julio al defender los intereses

burocráticos de las familias principales de esa jurisdicción, la

cual no solo acogió el proyecto político-constitucional de los

socorranos ya que sus gobernantes criollos requirieron todo el

apoyo posible de la próspera Socorro para contener e impedir el

ingreso de tropas y milicianos realistas desde las Provincias de

Santa Marta y Maracaibo hasta el interior del Reino.

Asegurada bélica, logística y financieramente la frontera nororiental,

los regidores, funcionarios, intelectuales y abogados


154

que guiaron la rebelión juntera centraron su atención en

proteger la frontera sur apoyando la resistencia de la provincia

de Tunja a las pretensiones de sujeción, anexión y

expansionismo propios de las ambiciones de “mando y dinero”

de los junteros de Santafé en todo el Reino (junio 1811), así

como los regidores del Socorro se preocuparon por consolidar la

articulación, juramentación y sometimiento de los cabildos de

San Gil y Vélez a la Constitución provincial que fue proclamada

y jurada por los diputados de esas municipalidades ante la Junta

provincial regente y sustitutiva del régimen Borbón un mes

después de su liberación.

Acciones de contención interna y externa de fuerzas enemigas

en la jurisdicción provincial a cuyos remedios y socorros se

debía agregar el papel pacificador y regulador de los curas

párrocos que defendían y promovían la causa republicana. De

allí que los junteros socorranos buscaran en las poderosas

creencias religiosas y la invocación de su patrona existencial las

victorias y los tratados de paz que les negarían las armas en los

campos de batalla. Al respecto se dispuso siete meses después

de su gesta revolucionaria:

La Junta Suprema Provincial de Gobierno de la Villa del

Socorro, en nombre de su legítimo soberano el señor don

Fernando Séptimo, Rey de España y de las Indias, etc.

Por cuanto para la prosperidad de la buena causa conviene

impetrar del Todopoderoso sus misericordias, ha resuelto esta

Suprema Junta, que se principie una rogativa a Nuestra

Señora del Socorro que se celebrará el domingo diez del

corriente, a fin de que congregados en el santo templo se pida

a Nuestra Patrona nos conduzca por el camino acertado a

conseguir la quietud del Reyno. Por tanto se previene,

encarga y suplica a todas las personas de ambos sexos,

estantes y habitantes, que aunque sean de otro lugar concurran


155

el citado día a la Santa Iglesia al fin que se ha asignado. Y

para que llegue a noticia de todos publíquese por bando y

pásesele noticia al Reverendo Cura de esta Villa para su

inteligencia. Dado en el gobierno del Socorro a siete de

febrero de mil ochocientos once.

Dr. José Gabriel de Silva - Doctor Pedro Ignacio Fernández

- Vicente Romualdo Martínez. Por mandado de su

Excelencia, Joaquín Delgadillo, secretario. 5

Actos de advocación y renovación de las promesas religiosas a

los cuales se sumaron las conmemoraciones religiosas en honor

de los héroes y mártires de la revolución al cumplirse el

aniversario de su sacrificio magnicida, así como por las almas de

todos aquellos revolucionarios que desde 1781 habían muerto

defendiendo los intereses y causas del pueblo socorrano:

Don Fernando Séptimo por la gracia de Dios y por la voluntad de los

pueblos Rey de España y de las indias, y en su real nombre la

Suprema Junta del Socorro etc.

La feliz memoria del cumpleaños de nuestro libertador que va a

verificarse el nueve del corriente, hace recordar a esta Suprema

Junta que al paso que fue el día en que se comenzó a cimentar

nuestra libertad civil, lo fue también en el que fueron sacrificadas las

víctimas de los honrosos hijos que murieron por defender la justa

causa (contra la agresión de don José Valdés que entonces era

Corregidor de la Provincia del Socorro). Este paso no puede menos

que excitar por esta Suprema Junta e! mayor dolor y para dar no el

impulso que desea a su sentimiento por no permitirlo las

circunstancias presentes, quiere por lo menos manifestarlo con

celebrar unas exequias en favor de !as almas de aquellos

honrados hijos de la Provincia y demás del Purgatorio. Para ello

se destina el día diez del corriente en el cual asistirán todos los

5 RODRIGUEZ PLATA, Horacio. La antigua provincia del Socorro y la

independencia. Bogotá: Publicaciones editoriales Bogotá – Academia de

Historia de Colombia, 1963. Pág. 128 - 129


156

cuerpos de estas Villas a la Santa Iglesia vestidos de luto en

donde se celebrará una Misa Solemne con vigilia para demostrar

de este modo nuestra gratitud así a nuestros queridos hermanos

difuntos. Al intento ofíciese con el Reverendo Cura de esta Villa.

Publíquese por bando para su inteligencia y circúlese a los cabildos

de la Provincia para que haciendo otro tanto en las capitales lo

comuniquen a los lugares de su respectiva comprensión. Dado en el

Socorro a seis de julio de mil ochocientos once.

José Lorenzo Plata - Vicente Romualdo Martínez - Doctor Pedro

Ignacio Fernández - José Agustín de La Rota. (Al margen dice: se

publicó el siete por ser día de concurso) 6

A la par de las alianzas con el clero provincial y la promesa de

ser erigida en la provincia una diócesis autónoma de la

arquidiócesis de Santafé, la unificación político-administrativa

permitió a los socorranos concentrar recursos y fortalezas en la

conformación de una fuerza militar de choque (19 enero de

1811) con la cual podían enfrentar las amenazas externas de

origen realista (Ocaña) o contrarrevolucionaria (Santafé) ya que

pertenecer a las milicias del Socorro no era “un acto voluntario

sino forzoso y necesario por redundar en beneficio de la causa

común” 7 . Así mismo, podían legitimar y hacer funcionales por

todos los caminos de su territorio soberano múltiples piquetes de

milicias y guerrillas dispuestas a mantener seguras y despejadas

de enemigos las fronteras provinciales desde los llanos

orientales hasta el río Magdalena.

Fragmentada y extinta la alianza que justificaba el proyecto

republicano, soberano y autónomo de los socorranos al

manifestar los cabildos de Vélez y San Gil su deseo de anexarse

a la Junta de Santafé, adoptar su régimen constitucional y

someterse a su tutela o custodia militar al temer las represalias

6 Ibíd. Pág. 134 – 135. Negrillas agregadas

7 Ibíd. Pág. 67


157

de los socorranos al no compartir su federalismo radical y

separatista, etc., la Junta de Santafé tuvo razones suficientes

para invadir y ocupar el territorio provincial de los socorranos,

para someterlos y anexionarlos una vez más al orden central

precedente.

Sin embargo, los ideólogos y caudillos de la república socorrana

mantuvieron activas sus relaciones con los antiguos aliados y

milicianos al asilarse y/o aliarse con las provincias disidentes al

orden y la paz regentista prometida por los santafereños. Con lo

cual, esas fuerzas se constituyeron en las tropas de vanguardia y

reconocimiento por parte del ejército federal de las Provincias

Unidas estando entre sus glorias la liberación del Socorro al

mando de Baraya, y posteriormente, la invasión y ocupación de

Santafé para imponer el Acta Federal acordada y jurada por los

opositores al régimen centralista y el constitucionalismo

cundinamarqués.

El batallón de soldados y milicianos del Socorro se constituyó

así en una fuerza temida de desestabilización y destrucción

vengadora para los enemigos de la primera república, así como

muchas de esas unidades fueron empleadas por Simón Bolívar

para sus gloriosas campañas contra las provincias realistas en las

riberas del Magdalena, los llanos de Cúcuta y la campaña de

Venezuela, siendo primordial su papel en el sitio y ocupación de

Santafé en diciembre de 1814 por las tropas federalistas al

mando de S. Bolívar al ser necesario conformar un único

Estado-Nación que enfrentara las fuerzas de ocupación y

reconquista de Fernando VII al retornar al trono imperial

español, y al mismo tiempo, compensar el vacío dejado por

Antonio Nariño y el ejército cundinamarqués al ser derrotados

en Pasto por las tropas y milicianos realistas de la provincia del


158

Cauca quienes contaban con el apoyo de los gobiernos realistas

de Quito y el Perú.

Derrotadas las fuerzas republicanas en la batalla de Cachirí

(febrero 21 y 22 de 1816), siendo evidente la debilidad

financiera, bélica y demográfica de los pamploneses y

socorranos después de cinco años de guerra civil y campañas de

defensa o expulsión de tropas realistas o centralistas de sus

provincias, las compañías y piquetes militares neogranadinos

que pudieron huir y retornar sanos y salvos a sus lugares de

origen optaron por su ocultamiento y defensa como guerrillas de

choque, desgaste, debilitamiento y distracción del ejército

español en los caminos reales y las zonas de frontera con los

llanos del Casanare. Siendo apoyados y aprovisionados para tal

fin desde los núcleos parroquiales por sus amigos, familiares y

conocidos como fue el caso de la guerrilla de los hermanos

“Almeida” (Vicente y Ambrosio), oriundos de la provincia de

Pamplona, y la guerrilla socorrana de “Coromoro” apoyada por

la heroína y mártir insurgente Antonia Santos.

Al ingresar por el páramo de Pisba desde los llanos orientales el

ejército revolucionario y pro-republicano liderado por S.

Bolívar, F. Santander y los comandantes de las legiones

extranjeras que intervinieron en el conflicto neogranadino, la

docena de guerrillas que operaban en el centro-oriente de la

actual Colombia a mediados de 1819 se constituyeron en las

fuerzas de apoyo logístico, traslado de comunicaciones y

aseguramiento militar de las zonas de avanzada de las tropas

libertadoras al mantener abierto un corredor de apoyo insurgente

que se extendía desde El Socorro y Charalá hasta los llanos

orientales a través del Páramo de la Rusia y el nevado del

Cocuy.


159

Aseguradas las posiciones, condiciones y pertrechos de su

ejército en el altiplano de Cerinza, y posteriormente al vencer en

los terrenos propios de la cotidianidad de los combatientes

llaneros y extranjeros como fueron un pantano y una hondonada,

una de las primeras acciones de S. Bolívar fue pedir a sus tropas

volantes unir sus esfuerzos a las guerrillas socorranas para

asegurar la frontera nor-oriental y condicionar la huida de las

tropas realistas y las familias peninsulares hacia el Cauca o

Cartagena por los caminos reales del sur-occidente antes de su

segunda entrada triunfal a la capital virreinal.

El destino final de las guerrillas socorranas y la regularización

militar del espíritu guerrillero que había caracterizado a los

socorranos durante tres décadas fue justificado por los

gobernantes militares al alistar y encuartelar a los guerrilleros en

los batallones que combatieron en Venezuela, Ecuador, Perú y

Alto Perú (Bolivia). Por otra parte, los ideólogos, patrocinadores

y comandantes de esas guerrillas asumieron la condición de

diputados provinciales ante el Congreso nacional y

constituyente, gobernantes territoriales, funcionarios del nuevo

Estado, jefes políticos, o simplemente, continuaron asumiendo

responsabilidades locales como curas-párrocos, comerciantesadministradores

de rentas estancadas y alcaldes-regidores

municipales.

2. ¿Cuál fue el papel de El Socorro y los socorranos en los

hechos del 20 de julio de 1810 en la capital del Virreinato de

la Nueva Granada?

Ser libres y querer permanecer libres ejerciendo la soberanía

provisional de cada pueblo en ausencia del soberano español

requería preservar y respetar los principios constitutivos del


160

Estado como la Nación española ya que era preciso contar con

una autoridad legítima y representativa de cada jurisdicción

territorial o provincial con el fin de garantizar la sujeción civil y

la reunión política de todos los ciudadanos evitando así la

temida anarquía post- revolucionaria. A lo cual se sumaba la

preservación del orden divino y moral al deber ser los diputados

elegidos defensores y garantes de la religión santa heredada de

sus ancestros al ser ella “…para nosotros y para nuestros

descendientes el primer objeto de nuestro aprecio, y el lazo que

más eficazmente pueda acercar nuestras voluntades” 8 .

De igual manera, se requería preservar los principios sociales de

la patria al defender el orden social de tolerancia y respeto entre

clases y castas, especialmente para con aquellos peninsulares

que estuviesen a favor o en contra del nuevo orden constitutivo

de cada Nación, incluidos los inculpados por excesos y

vejámenes contra los americanos, al no ser segura la suerte de

los americanos en caso de retornar al poder el “amado

soberano” de ser vencidos los usurpadores franceses por las

guerrillas españolas y las tropas británicas.

Esas decisiones soberanas y sus respectivas proclamas habían

llegado a lomo de mula desde Caracas y sus provincias andinas

comarcanas, insertándose en las mentes y los corazones de los

neogranadinos gracias a las comunicaciones reenviadas por los

miembros de las Juntas superiores de Barinas y Mérida. Con lo

cual, tras los pasos de los arrieros, postas y estafetas fueron

8 PROCLAMA de la Junta Suprema de Caracas a los habitantes de las

Provincias Unidas de Venezuela. 20 de abril de 1810. En: QUINTERO

MONTIEL, Inés y MARTÍNEZ GARNÍCA, Armando. Ed. Actas de

formación de juntas y declaraciones de independencia (1809 – 1822): Reales

Audiencias de Quito, Caracas y Santa Fé. Bucaramanga, UIS, 2008. Tomo I.

Pág. 159. (Colección Bicentenario).


161

avanzando los alzamientos revolucionarios y la usurpación del

poder virreinal desde el nororiente hasta el centro político de la

Nueva Granada.

A la par de los procesos de rebelión en las fronterizas Mompox,

Cartagena y Pamplona, los socorranos asumieron su

protagonismo insurgente al derrocar a sangre y fuego el

gobierno provincial que los oprimía (9 y 10 julio), instauraron su

propia Junta de Gobierno superior de acuerdo a los principios y

necesidades que se habían acordado en su representación ante

las cortes españolas (11 de julio), presionaron a los regidores,

insurgentes y conspiradores infiltrados en los cabildos de

Santafé y Tunja a asestar el golpe definitivo al gobierno

virreinal con la conformación de Juntas de Gobierno por medio

de Cabildos abiertos (16 de julio), y finalmente, aseguradas las

fronteras y con la confianza de “respirar” con libertad y en

tranquilidad se dieron su propia Acta constitucional (15 de

agosto).

De no proceder los santafereños por las vías de hecho o demorar

la abdicación del gobierno virreinal los socorranos estaban

dispuestos a invadir una vez más la provincia de Santafé e

imponer el régimen que habían adoptado. En el memorial

enviado por el Cabildo del Socorro al Virrey Antonio Amar y

Borbón con el fin de reafirmar las causas del derrocamiento del

corregidor José Valdés, cuyos excesos habían sido denunciados

desde el seis de julio, así como las razones por las que se había

constituido una Junta superior, autónoma y soberana de

Gobierno en esa provincia, los regidores y alcaldes socorranos le

manifestaron en su condición de pueblo, patria y nación en pie

de guerra las siguientes advertencias:

… Difundiendo así las ideas de humanidad y de virtud para

que sean la base sobre que se apoye el edificio que vamos a


162

elevar de nuestro gobierno, no perdemos de vista los medios

de una justa defensa, ni se nos ocultan la saña y el odio

desesperado con que seremos tratados como lo fueron los

desgraciados habitantes de Quito, pero estamos prontos a

la defensa. Tampoco se nos oculta la fortuna que podemos

correr en la suerte de los combates; pero si la justicia de la

causa, el valor a toda prueba, y la unión más estrecha son

indicios de que el Dios de los Ejércitos nos favorecerá,

podemos asegurar a Vuestra Alteza que el suceso más feliz

coronará todas las acciones a que la necesidad nos obligue.

Vea no se equivoque; antes de declarar la guerra a

nosotros piense que así todo el Continente Americano

protegerá nuestra causa aunque no sea sino haciendo votos

secretos.

… No presuma Vuestra Alteza que hemos olvidado lo que

puede contra nosotros ese formidable tren de artillería que se

construyó en el interior del Reyno sin otro objeto que el de

mantenernos en la esclavitud; si no hubiésemos contado con

que tenemos recursos que anularán la artillería, jamás

habríamos pensado en evitar el golpe fatal que nos amenazaba

desde el día seis del presente. Todo lo hemos previsto antes

de manifestar que somos hombres dotados de razón y

consiguientemente acreedores a no ser tratados como

bestias. Nuestra moderación ha sido tanta que hasta la fecha

no hemos tocado los caudales públicos para los gastos en

preparativos de nuestra justa defensa; pero como tememos con

sobrados fundamentos que nos hemos de ver en la necesidad

de repeler la fuerza con la fuerza, o tal vez en la de atacar

primero, para lograr nuestra seguridad, lo hacemos

presente así, para que si Vuestra Alteza quiere evitar este

paso se sirva de adoptar un temperamento capaz de tranquilizarnos,

y para que en el reposo y silencio de las armas

podamos organizar nuestro gobierno asociados a las

demás Provincias del Reyno. Ya se ve por el orden mismo

de los sucesos políticos, y por los respectivos ejemplos que


163

nos han dado, las Provincias de la Península Matriz, y por

muchos de América, que el único medio que puede elegir

Vuestra Alteza es el de prevenir al muy ilustre Cabildo de

esa Capital para que forme su Junta, y trate con nosotros

sobre objetos tan interesantes a la Patria, y

consiguientemente a la Nación, de cuya causa jamás nos

separaremos.

Dios guarde a Vuestra Alteza muchos años. Socorro, julio 16

de 1810.

José Lorenzo Plata – Juan Francisco Ardila – Marcelo José

Ramírez y González – Ignacio Magno – Joaquín de Vargas –

Isidoro José Estévez – Pedro Ignacio Fernández – José Ignacio

Plata – Miguel Tadeo Gómez – Ignacio Carrizosa – Acisclo

José Martín Moreno – Francisco Javier Bonafont (Rúbricas).

Delgadillo (Rúbrica), Escribano.

A1 Excelentísimo Señor Virrey del Reyno Don Antonio Amar

y Borbón 9 .

Incapaces de contener por un tiempo más la temida invasión

militar de sus paisanos, José Acevedo y los demás conspiradores

“socorranos” residentes en Santafé decidieron adelantar el

derrocamiento del gobierno virreinal para el día de mercado más

inmediato al estar seguros que el comisionado regio no llegaría a

tiempo para legitimar la conformación de la anhelada Junta

Suprema del Reino y por estar en juego sus intereses y

protagonismo político, su prestigio revolucionario, e incluso, su

seguridad personal al ser considerados por las Juntas y los

Cabildos de la Provincia del Socorro y Pamplona como los

responsables, directos o indirectos, de:

9 MEMORIAL del cabildo del Socorro al Virrey (Socorro, julio 16 de 1810).

En: RODRIGUEZ PLATA, Horacio. Op. Cit. Pág. 25 – 26. Negrillas

agregadas


164

1. La demora en el derrocamiento de los tiranos virreinales y

la conformación de la Junta Suprema neogranadina por parte

del cabildo capitalino;

2. La sospechosa actitud de los regidores santafereños al jurar

lealtad y obediencia al Consejo de Regencia y su

Comisionado al igual que las autoridades virreinales;

3. La persistente negativa realista a convocar diputados

provinciales para constituir la Junta del virreinato en espera de

las noticias y novedades a favor de la causa del soberano en

Europa y;

4. La traidora actitud de algunos “americanos” santafereños

para quienes era más importante la defensa a sangre y fuego

del poder soberano de Fernando VII sobre el pueblo

americano antes que la soberanía popular y los derechos

naturales de los ciudadanos neogranadinos. Razón por la cual

a los criollos promotores y defensores de esos principios

insurgentes un grupo de “facciosos europeos” había decidido

exterminarlos la noche del veinte de julio al planear

eliminarse, lista en mano, una veintena de los más influyentes

e ilustrados, entre los cuales se encontraban varios

socorranos 10 .

Por otra parte, si bien la llegada y el papel simbólico y formal de

los comisionados regios, específicamente el de Antonio

Villavicencio desde Cartagena hasta la cuenca alta del río

Magdalena, contribuyó a legitimar en nombre de la Junta de

Regencia la rebelión de los cabildos cartageneros, los “gritos”

de independencias, la conformación de Juntas Supremas y

10

PÉREZ PINZÓN, Luís Rubén. Historia bicentenaria de un día de

revolución. El dilema entre las independencias y la construcción del Estado –

Nación neogranadino. Bucaramanga: UIS, 2007. Pág. 33 -34. (Segundo

concurso nacional de Ensayo Histórico UIS – 2006).


165

Superiores en la Nueva Granada y la expulsión de virreyes y

oidores, las razones de fondo para justificar el derrocamiento de

las autoridades virreinales y el empoderamiento de los criollos a

constituir sus propias Juntas y a reformar el orden constitucional

primigenio continuaron llegando a Santafé por los caminos

reales y los puertos fluviales que conectaban a través de El

Socorro las provincias neogranadinas con las Juntas

revolucionarias de Venezuela.

Ejemplo de ello fue la proclama a los cabildos de las capitales

de América mediante la cual los caraqueños incitaban a los

demás regidores de la América Española a imitar su ejemplo

insurgente a fin de acabar con el “largo hábito de la esclavitud”,

imponer triunfantes y en su lugar a “la virtud y al patriotismo

ilustrado”, y especialmente, para persuadir a virreyes y

gobernadores a no prostituir su voz y su carácter a los “injustos

designios de la arbitrariedad”. Siendo el anhelo de la patria

común de americanos la conformación de una “Confederación

Americana Española” dispuesta a guardar fidelidad al monarca

en desgracia, guerra al tirano opresor, fraternidad y constancia a

los pueblos americanos defensores de su dignidad y justicia, y

ante todo, admiración y fraternidad a los conciudadanos

españoles de Europa siempre y cuando los peninsulares

reconocieran que los americanos contaban con igualdad de

derechos sociales y políticos para darse su propio gobierno y

representación nacional a través de Juntas y Cortes en ausencia

del soberano, al igual que las antiguas prerrogativas que los

españoles europeos habían recobrado y restablecido 11 .

11 PROCLAMA de la Suprema Junta Conservadora de los derechos de

Fernando VII en Venezuela a los cabildos de las capitales de América: 27 de

abril de 1810. En: QUINTERO MONTIEL, Inés y MARTÍNEZ GARNÍCA,

Armando. Op. cit. Tomo I. Pág. 161 - 163


166

Sin embargo, la estéril defensa de los derechos naturales de los

americanos y el desconocimiento de un orden común para

ejercer los derechos colectivos de todos los conciudadanos

españoles sin despotismos, desprecios ni representaciones

injustas, parciales o incompletas al darse mayor número de

diputaciones a los representantes peninsulares que a los

americanos al ser convocadas las cortes que darían origen a la

Constitución española, liberal y nacionalista de Cádiz propició,

por el contrario, entre los americanos la concepción, redacción y

aprobación de constituciones jurisdiccionales, y posteriormente

nacionales, acordes con los referentes republicanos con los que

se contaban y coherentes con los principios que desde se

conoció la hecatombe bonapartista en España se habían

defendido y divulgado en América.

Principios que después de dos años de ser interiorizados y

reclamados insistentemente a los gobernantes peninsulares que

reconocían y juraban lealtad a todas las juntas que se

conformaban en España con el fin de ganar legitimidad y tiempo

para no perder su autoridad, terminaron siendo resumidos de la

siguiente manera: “Faltando su soberano y el cuerpo supremo

que lo representaba, por el consentimiento general de sus dominios,

paz y tranquilidad son nuestros deseos; morir o ser

libres, nuestra divisa; la conservación de una patria, la defensa

de un soberano legítimo e inocente, de la santa religión que

profesamos…” 12 .

Patria, Religión, Rey y “salud común del pueblo” debían ser los

cuatro grandes objetos y asuntos de interés para los diputados de

cada Junta provincial al darse su propio “Plan de Gobierno”

como al enviar diputados a los Congresos Generales Supremos

12 OFICIO dirigido al ayuntamiento de Caracas [Barinas, 7 de mayo de

1810]. En: Ibíd. Tomo I. Pág. 199


167

en representación de cada una de esas Juntas con el fin de

acordar y aprobar un sistema general de gobierno que

sustituyese las Supremas Juntas capitalinas para lo cual se

debían considerar los planes de cada jurisdicción sin limitar los

derechos e intereses de cada pueblo.

3. ¿Por qué se considera la Constitución política expedida

por la Junta Superior de El Socorro la primera y más

importante expresión del republicanismo demo-liberal entre

los neogranadinos?

El resultado concreto del derrocamiento de las autoridades

virreinales y provinciales realistas, de la conformación de Juntas

(Supremas y superiores) de Gobierno y la aprobación de

regímenes constitucionales sustitutivos y regentes de la

autoridad monárquica ausente fue entonces un nuevo orden

provincial centrado en la patriótica “felicidad común”, tanto en

el occidente de Venezuela como en el centro – oriente de la

Nueva Granada, caracterizado cinco meses después de la toma

de Caracas y dos meses después de la caída de Santafé por ser

esos territorios “…numerosos departamentos en donde reina en

el día la mayor tranquilidad, se administra rectamente la

justicia, se abren los canales de la prosperidad, y no se oye sino

la voz de la concordia, de la obediencia a favor de su

desgraciado rey y contra el tirano de la Europa” 13 .

De ser cierta esa descripción geopolítica de los equidistantes

diputados merideños, la adopción y ejecución del nuevo orden

13 MANIFIESTO dirigido a los pueblos por la Superior Junta de Mérida

[Septiembre 25 de 1810]. En: Ibíd. Pág. 222


168

institucional fue el resultado de un rápido proceso de

aprobación, cumplimiento y puesta en práctica de las

constituciones provinciales redactadas por los diputados de las

Juntas Superiores. Ejemplo de ello fue el Acta Constitucional

del Socorro, aprobada un mes después de haber sido derrocado

el corregidor y restituidos los derechos sagrados e

imprescriptibles del pueblo por medio de una Junta provincial de

diputados.

Como se puede apreciar en la Tabla 1, los regidores socorranos

y los diputados enviados por los Cabildos de Vélez y San Gil

acordaron y dispusieron como su Acta Constitucional un texto

que integraba al modelo constitucional y republicano de los

Estados Unidos, innovaciones como las disposiciones

constitucionales proclamadas por las Juntas Supremas

neogranadinas y los postulados básicos de la Declaración

francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano divulgada

por los conspiradores ilustrados desde 1794, logrando así una

propuesta única y original de constitución que considerando los

intereses y problemáticas provinciales no descartaba la

importancia de apropiarse y cumplir con los postulados

universales asumidos por los Estados y las naciones más

liberales.

De allí que la constitución socorrana fuese presentada como el

pacto mediante el cual se proclamaba que el pueblo del Socorro

había recobrado su soberanía para tomar decisiones y

emanciparse de sus opresores al ser “… restituido el pueblo del

Socorro a la plenitud de sus derechos naturales e

imprescriptibles de la libertad, igualdad, seguridad y

propiedad, que depositó provisionalmente en el ilustre Cabildo

de esta villa y de seis ciudadanos beneméritos que le asoció


169

para que velasen en su defensa contra la violencia de cualquier

agresor, 14 .

Tabla 1. Referentes legislativos del Acta Constitucional de la

Junta del Socorro (1810)

CÁNONES CONSTITUCIONALES DEL

SOCORRO

PUNTOS C. DE

SANTAFÉ 15

NEGOCIOS C. DE

CARTAGENA 16

Párrafo I. El pueblo del Socorro, vejado y

oprimido por las autoridades del antiguo

Gobierno, y no hallando protección en las

leyes que vanamente reclamaba, se vio

obligado en los días nueve y diez de julio de

mil ochocientos diez a repeler la fuerza con

la fuerza. Las calles de esta villa fueron

manchadas por la primera vez con la

sangre inocente de sus hijos que con un

sacrificio tan heroico destruyeron la

tiranía; y rompiendo el vínculo social fue

restituido el pueblo del Socorro a la

plenitud de sus derechos naturales e

imprescriptibles de la libertad, igualdad,

seguridad y propiedad, que depositó

provisionalmente en el ilustre Cabildo de

esta villa y de seis ciudadanos beneméritos

que le asoció para que velasen en su

defensa contra la violencia de cualquier

agresor, confiando al propio tiempo la

administración de justicia a los dos

alcaldes ordinarios para que protegiesen a

cualquier miembro de la sociedad contra

otro que intentase oprimirle

V. El pueblo vivirá

persuadido de que

estamos en

seguridad y que no

tenemos hostilidad

interior ni exterior

que nos amenace

Párrafo I. Origen y

constitución de la

Suprema Junta con sus

secciones o negocios (de

Guerra, Hacienda,

Justicia, Gobierno,

Política y Ejecutiva) a

partir del Cabildo

municipal de Cartagena

14 ACTA constitucional de la Junta provincial del Socorro: 15 de agosto de

1810. En: Ibíd. Pág. 304

15 BANDO [de la Junta Suprema de Santafé]: 23 de julio de 1810. En: Ibíd.

Tomo II. Pág. 25 - 27

16 ACUERDO que reorganiza la Junta Suprema de Cartagena de Indias: 10 de

diciembre de 1810. En: Ibíd.. Tomo I. Pág. 255 - 267


170

Párrafo II.. En el propio acto deliberó

convocar a los ilustres cabildos de la

ciudad de Vélez y de la villa de San Gil

para que cada uno enviase dos diputados

por el pueblo respectivo que, asociados a

otros dos que elegiría esta villa,

compusiesen una Junta de seis vocales y un

presidente que nombrarían ellos mismos a

pluralidad de votos. Verificada la

concurrencia de cuatro diputados que son

el D. D. Pedro Ignacio Fernández, el

doctor don José Gabriel de Silva, el doctor

Don Lorenzo Plata, y don Vicente

Martínez, se halla legítimamente

sancionado este cuerpo, y revestido de la

autoridad pública que debe ordenar lo que

convenga y corresponda a la sociedad civil

de toda la provincia, y lo que cada uno

debe ejecutar en ella. Es incontestable que

a cada pueblo compete por derecho natural

determinar la clase de gobierno que más le

acomode; también lo es que nadie debe

oponerse al ejercicio de este derecho sin

violar el más sagrado que es el de la

libertad. En consecuencia de estos

principios la Junta del Socorro,

representando al pueblo que la ha

establecido, pone por bases fundamentales

de su constitución los cánones siguientes:

Párrafo II. Conformación

inicial de la Junta

Provincial

Párrafo III. Censo

demográfico de la

provincia para la

elección proporcional de

electores

Párrafo IV. División

político – electoral de la

provincia

en

Departamentos

correspondientes al

número de sus Cabildos

(Cartagena, Tolú, San

Benito, Mompóx y

Simití)

Párrafo V. Elección de

un diputado por cada

veinte mil habitantes

Párrafo VIII. División

electoral de la Ciudad de

Cartagena

1. La religión cristiana que uniendo a los

hombres por la caridad, los hace dichosos

sobre la tierra, y los consuela con la

esperanza de una eterna felicidad.

I. Sostener y

defender la religión

católica

2. Nadie será molestado en su persona o en

su propiedad sino por la ley.

3. Todo hombre vivirá del fruto de su

industria y trabajo para cumplir con la ley

eterna que se descubre en los planes de la

creación, y que Dios intimó a Adán nuestro

primer padre.


171

4. La tierra es el patrimonio del hombre

que debe fecundar con el sudor de su

frente, y así una generación no podrá

limitar o privar de su libre uso a las

generaciones venideras con las

vinculaciones, mayorazgos y demás trabas

contrarias a la naturaleza, y sagrado

derecho de propiedad y a las leyes de la

sucesión

5. El que emplea sus talentos e industria en

servicio de la patria vivirá de las rentas

públicas; pero esta cantidad no podrá

señalarse sino es por la voluntad expresa

de la sociedad a quien corresponde velar

sobre la inversión del depósito sagrado de

las contribuciones de los pueblos

Párrafo XIII. Período,

elección y funciones de

la comisión ejecutiva de

la Junta (Presidente y

Vicepresidente).

Preeminencias y regalías.

Horario de sesiones de la

Junta y de despacho de la

comisión ejecutiva.

6. Las cuentas del Tesoro Público se

imprimirán cada año para que la sociedad

vea que las contribuciones se invierten en

su provecho, distinga a los agentes del fisco

que cumplan sus deberes, y mande se

castigue a los que falten.

Párrafo XVI. Sección

Hacienda. Creación de

un Tribunal de Cuentas y

Superior de Real

Hacienda separado de la

Junta. Funciones del

tribunal. Nombramiento

de funcionarios y plazas.

7. Toda autoridad que se perpetúa está

expuesta a erigirse en tiranía.

8. Los representantes del pueblo serán

elegidos anualmente por escrutinio a voto

de los vecinos útiles, y sus personas serán

sagradas e inviolables. Los primeros

vocales permanecerán hasta el fin del año

de 1811

Párrafo XI. Régimen y

sistema electoral

Párrafo XII. Período

bienal de los diputados

elegidos. Rotación

electoral de diputados de

la ciudad (seis) y luego

los de los demás cabildos


172

(seis).

Párrafo

XX.

Recomendaciones

generales para la

elección de electores

9. El Poder Legislativo lo tendrá la Junta

de Representantes cuyas deliberaciones

sancionadas y promulgadas por ella y no

reclamadas por el Pueblo serán las leyes

del nuevo Gobierno.

IX. La Suprema

Junta no se

desentenderá un

momento de

perseguir, asegurar

y castigar las

personas

sospechosas y

criminales

Párrafo VI. Número,

reunión y elección de los

diputados de la Junta

Suprema provincial

Párrafo VII: Miembros

de la Junta Suprema

Provincial: seis

diputados elegidos por

los vecinos de Cartagena,

tres elegidos por otros

Cabildos de la Provincia

y tres restantes

Párrafo X. Facultades,

secciones o negocios

estatales a cargo de la

Junta Suprema.

Facultades reservadas al

Supremo Gobierno

Nacional a constituirse

por medio del Congreso

de diputados de

provincias.

10. El Poder Ejecutivo quedará a cargo de

los alcaldes ordinarios y en los cabildos

con apelación al Pueblo en las causas que

merezcan pena capital, y en las otras, y

civiles de mayor cuantía a un tercer

tribunal que nombrará la Junta en su caso.

Párrafo IX. Posesión y

Facultades judiciales de

los diputados reunidos en

Junta

Párrafo XIII. Período,

elección y funciones de

la comisión ejecutiva de

la Junta (Presidente y

Vicepresidente).

Preeminencias y regalías.

Horario de sesiones de la

Junta y de despacho de la


173

comisión ejecutiva.

Párrafo XIV. Separación

y funciones de las

secciones que conforman

la Junta Suprema:

Sección Justicia.

Creación de un Tribunal

Superior de Justicia

diferente a la Junta.

Párrafo XV. Funciones

del Tribunal Superior de

Justicia. Composición y

elección de letrados

Párrafo XVIII.

Funciones de los

Cabildos municipales

11. Toda autoridad será establecida o

reconocida por el Pueblo y no podrá

removerse sino por la ley.

12. Solamente la Junta podrá convocar al

Pueblo, y éste no podrá por ahora reclamar

sus derechos sino por medio del

Procurador General, y si algún particular

osare tomar la voz sin estar autorizado

para ello legítimamente, será reputado por

perturbador de la tranquilidad pública y

castigado con todo el rigor de las penas.

IV. El pueblo pedirá

lo que quiera por

medio de su Síndico

procurador General

VIII. El pueblo se

hará un desaire a sí

mismo siempre. Se

declara desde luego

reo de estado y de la

patria a cualquiera

que con cualquier

pretexto, y no

haciéndolo con la

debida moderación,

decoro y respeto

haga la menor

oposición a las

órdenes de la Junta.


174

13. El territorio de la Provincia del

Socorro jamás podrá ser aumentado por

derecho de conquista.

14. El Gobierno del Socorro dará auxilio y

protección a todo Pueblo que quiera

reunírsele a gozar de los bienes que ofrecen

la libertad e igualdad que ofrecemos como

principios fundamentales de nuestra

felicidad

VI. Se establecerá

un batallón titulado

de Voluntarios de

Guardia Nacional.

III. En favor de la

tranquilidad pública

se prohíbe

absolutamente todo

espíritu de división

como perjudicial,

los toques de

campanas

extraordinarios, y

cualquiera otra

alarma que no se

haga de orden de la

junta.

Párrafo XVII.

Separación de la Sección

Militar de la Sección

Gobierno Político.

Párrafo III. No habiendo reconocido el

cabildo del Socorro al Consejo de Regencia

hallándose ausente su legítimo Soberano el

señor don Fernando Séptimo, y no

habiéndose formado todavía Congreso

Nacional compuesto de igual número de

vocales de cada provincia para que

reconozca y delibere sobre los grandes

intereses del cuerpo social, y los de paz y

guerra, reasume por ahora todos esos

derechos. Cuando se haya restituido a su

trono el Soberano, o cuando se haya

formado el Congreso Nacional, entonces

este pueblo depositará en aquel cuerpo la

parte de derechos que puede sacrificar sin

perjuicio de la libertad que tiene para

gobernarse dentro de los límites de su

territorio, sin la intervención de otro

gobierno. Esta provincia organizando así el

suyo será respecto de los demás como su

hermano siempre pronto a concurrir por su

parte a la defensa de los intereses comunes

a la familia. Un tal pacto no podrá

degradar sino al que nos quiera reducir a

la antigua esclavitud, lo que no tememos ni

II. Defender los

derechos de nuestro

amable soberano

don Fernando VII

Párrafo

XIX.

Importancia de la

sección Gobierno de la

Junta.

Párrafo

XX.

Permanencia de las

secciones y comisiones

de la Suprema Junta para

facilitar el despacho de

todos los negocios por

sus respectivos

conductos e ir “obrando

con más rapidez la

felicidad, prosperidad y

seguridad de los

pueblos”.

Recomendaciones

generales para la

elección de electores


175

de la virtud de nuestro adorado Soberano

el señor don Femando Séptimo que será el

padre de sus pueblos, ni tampoco de alguna

otra de las provincias de la América que

detestan como nosotros el despotismo y que

reunidas en igualdad van a formar un

imperio cimentado en la igualdad; virtud

que se concilia también con la moral

sublime del Evangelio cuya creencia es el

amor que une a los hombres entre sí.

Párrafo IV.. En el día que proclamamos

nuestra libertad y que sancionamos nuestro

gobierno por el acto más solemne y el

juramento más santo de ser fieles a nuestra

constitución, es muy debido dar un ejemplo

de justicia declarando a los indios de

nuestra provincia libres del tributo que

hasta ahora han pagado y mandando que

las tierras llamadas resguardos se les

distribuyan por iguales partes para que las

posean con propiedad y puedan trasmitirías

por derecho de sucesión; pero que no

puedan enajenarlas por venta o donación

hasta que hayan pasado veinticinco años

contados desde el día en que cada uno se

encargue de la posesión de la tierra que le

corresponda. Asimismo se declara que

desde hoy mismo entran los indios en

sociedad con los demás ciudadanos de la

provincia a gozar de igual libertad y demás

bienes que proporciona la nueva

constitución, a excepción del derecho de

representación que no obtendrán hasta que

hayan adquirido las luces necesarias para

hacerlo personalmente.

Párrafo V. El gobierno se halla bien

persuadido que para su establecimiento y

organización necesita del aumento de las

rentas públicas, pero contando con la

economía de la administración de ellas y

con el desinterés patriótico con que se han

distinguido muchos de nuestros

conciudadanos, y con que esperamos se

distingan todos los agentes del nuevo

gobierno, permitimos la siembra del tabaco

VII. Se hará una

iluminación general

en la ciudad por tres

noches seguidas que

tenga su objeto a la

feliz instalación de

esta Suprema Junta

Párrafo XVI. Sección

Hacienda. Creación de

un Tribunal de Cuentas y

Superior de Real

Hacienda separado de la

Junta. Funciones del

tribunal. Nombramiento

de funcionarios y plazas.


176

en toda la provincia del Socorro, y el

estanco de este género cesará luego que se

haya vendido el que se halla en las

administraciones y factorías.

Párrafo VI. La Junta de la provincia del

Socorro, compuesta por ahora de los

cuatro individuos referidos, habiendo leído

en alta voz al pueblo esta acta, y

preguntándole si quería ser gobernado por

los principios que en ella se convienen,

respondió que sí, y entonces los

procuradores generales del Socorro y de

San Gil a su nombre prestaron el

juramento de fidelidad a la constitución, y

de obediencia al nuevo gobierno, diciendo

con la mano puesta sobre los santos

evangelios y con la otra haciendo la señal

de la cruz, juramos a Dios en presencia de

la imagen de nuestro Salvador que los

pueblos cuya voz llevamos cumplirán y

harán cumplir el acta constitucional que

acaban de oír leer, y que si lo contrario

hicieren serán castigados con toda la

severidad de las leyes como traidores a la

Patria. Los representantes juraron con

igual solemnidad la inviolabilidad del acta

y su fidelidad al nuevo gobierno

protestando que en el momento que alguno

viole las leyes fundamentales caerá de la

alta dignidad a que el pueblo lo ha elevado,

y entrando en el estado de privado será

juzgado con todo el rigor de las leyes.

Párrafo VII. Con lo cual se concluyó esta

acta que firman por ante mí los referidos

representantes y procuradores generales

para que sea firme e invariable; en la villa

del Socorro, en quince de agosto de mil

ochocientos diez.

José Lorenzo Plata - Doctor Pedro Ignacio

Fernández -Doctor José Gabriel de Silva -

Vicente Romualdo Martínez - Juan Francisco

Ardila - Marcelo José Ramírez y González -

Pedro Ignacio Vargas - Ignacio Magno - Joaquín

de Vargas - Salvador José Meléndez de Valdés -

José Manuel Otero - Miguel Tadeo Gómez -

Ignacio Carrizosa - Francisco Javier Bonafont -

Miembros de la

Suprema Junta que

firman

Párrafo XXI. Miembros

de la Suprema Junta que

firman


177

Juan de la Cruz Otero - José Romualdo Sobrino -

José Ignacio Martínez y Reyes - José Lorenzo

Plata - Isidoro José Estévez - Pedro José Gómez -

Narciso Martínez de la Parra - Francisco José de

Silva - Carlos Fernández - Luis Francisco Duran

- Juan José Fernández - Ignacio Peña - José

Ignacio Duran - Doctor Jacinto María Ramírez y

González - José María Bustamante.

La tabla 1 permite reconocer además una tendencia

constitucional claramente ideológica y politizada por parte de

los diputados santafereños al preocuparse obsesivamente por

asegurar la tranquilidad y obediencia de los ciudadanos mientras

que los diputados de la Junta de Cartagena reflejan un

dinamismo más práctico y administrativo al centrar sus

preocupaciones constitucionales en delimitar el sistema electoral

y dividir en secciones las funciones y tareas que debían cumplir

los diputados de la Junta Suprema.

La interacción entre el espíritu burocrático y centralizador

propio de los hacendados y tinterillos santafereños y las

acciones dinámicas e independientes de los comerciantes y

administradores cartageneros se ve reflejada en el acta

constitucional socorrana, siendo los referentes legislativos no

identificados entre las constituciones de las Juntas Supremas

asociables con la Declaración francesa de los derechos del

hombre y del ciudadano 17 .

17 DECLARACIÓN de los derechos del hombre y del ciudadano (París, 26 de

agosto de 1789) [En línea]. Publicado en Wikisource: Documentos

Históricos. [Consultado: 13 de octubre de 2008]. Disponible en:

http://es.wikisource.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_de_los_Derechos_del_Ho

mbre_y_del_Ciudadano


178

Entre los referentes directamente relacionados con la

declaración de derechos se encuentran el segundo canon, según

el cual, se tenía derecho a ser procesado de acuerdo a la ley, y

por ende a ser considerado inocente hasta que se demostrara lo

contrario, con lo cual ningún ciudadano debía ser molestado en

su persona y en sus bienes sólo si infringía las leyes; el tercer y

cuarto canon mediante el cual se reconoce y defiende el derecho

universal a la libre propiedad con el fin de trabajar y tener

industria; así como en el séptimo y undécimo canon se

denuncian como tiranía la sustitución arbitraría o la falta de

renovación periódica de las autoridades y representantes del

pueblo ya que todos los ciudadanos debían estar dispuestos a

elegir o ser elegidos como diputados con el fin de garantizar el

derecho a tener leyes justas y resguardar la soberanía entre la

nación.

Entre los párrafos complementarios a los cánones

constitucionales también se expresan ideas y acciones asociadas

con la adopción y cumplimiento de la declaración de los

derechos del hombre. En el cuarto párrafo, al pretender ser los

diputados coherentes con los cánones anteriores, se reconocen y

se ordena reconocer públicamente los derechos de los indígenas

en cuanto a libertad política, igualdad social, propiedad sobre los

resguardos y seguridad para sus vidas. Del mismo modo, en el

sexto párrafo los diputados socorranos proclaman su

compromiso a comprender, aceptar, jurar, obedecer, cumplir y

responder judicialmente como traidores a la patria en caso de no

cumplir su juramento de fidelidad a la nueva constitución,

obediencia al gobierno popular y cumplimiento de las leyes

fundamentales constituidas.

Evidenciando esas juramentaciones públicas ante las imágenes

divinas, las autoridades gubernamentales y los símbolos


179

estatales la importancia de cumplir los derechos ciudadanos

asociados con la comunicación pública sin trabas en los

pensamientos y opiniones por parte de los representantes, así

como el derecho a contar con una Constitución que además de

estipular la separación de poderes garantizara la permanente

protección de los derechos ciudadanos al ser ello una

responsabilidad directa de los diputados populares.

Todas esas características permiten revalidar una vez más la

innovación y originalidad que caracterizaron a la constitución

del Socorro, la cual, ha sido redescubierta por la historiografía

del bicentenario al ser descrita como el “Acta de absoluta

soberanía e independencia, considerada por los historiadores

socorranos como y , mediante la cual se

renunció a las soberanías dependientes o de delegadas a las

Supremas Juntas españolas y americanas…” 18 .

Títulos acordes con las pretensiones republicanas de esos

diputados ilustrados ya que si se analiza el trasfondo de los

cánones constitucionales socorranos es clara la influencia de

principios demo-liberales como la libertad, igualdad,

seguridad y propiedad, así como resulta evidente la

apropiación y adaptación que se hizo al contexto provincial de

las libertades civiles representadas por los diecisiete derechos

naturales, políticos y ciudadanos concebidos por

estadounidenses y franceses durante sus procesos de revolución

y adopción de constituciones republicanas. De igual manera, al

ser una de las pretensiones de los diputados reafirmar la

primacía de la soberanía popular sobre cualquier poder soberano

18 PÉREZ PINZÓN, L. Op. cit. Pág. 89 - 90


180

particular es evidente el premeditado desconocimiento de los

principios constitutivos del orden monárquico asociado con el

soberano español, no se insiste en la defensa de la religión

católica, en los derechos del rey ni la salud de la patria, e

incluso, se rechaza abiertamente cualquier pretensión o

inherencia arbitraria de la regencia gaditana en la soberanía de

los pueblos socorranos.

4. ¿Por qué las acciones insurgentes y los principios

constitucionales de los socorranos se consideran imagen y

semejanza del federalismo estadounidense?

Conjuradas las acciones realistas y contrarrevolucionarias, las

Juntas Supremas de Caracas (julio 5 de 1811), Cartagena

(noviembre 11 de 1811) y Santafé – Cundinamarca (julio 16 de

1813) 19 , con sus respectivas provincias subalternas, optaron por

19 José María Caballero en sus crónicas expresó que el 5 de julio de 1812 se

había proclamado en Santafé, y por ende el resto de Cundinamarca, la

independencia absoluta de España como de su monarca soberano pues ese

día: “se declaró en el colegio electoral el desconocimiento de Fernando VII,

al cabo de muchos días de discusión, siendo presidente don Manuel Álvarez”.

Sin embargo, la declaración definitiva sólo se promulgó un año después,

siendo reseñada esa decisión de la siguiente manera: “El jueves 15[Julio de

1813] se reunió el colegio, con asistencia del señor presidente Nariño, a tratar del

desconocimiento de Fernando VII; en toda la mañana no se trató de otra cosa que de

la ilegitimidad del rey, cortes y regencia, y de la necesidad de declararnos libres e

independientes. Entre cincuenta electores de que se componía el colegio, solamente el

doctor don José Antonio Torres y Peña y el señor arcedeano doctor don Juan Bautista

Pey fueron los únicos defensores de Fernando y de la regencia, y todos los demás la

argüían a estos dos; en fin, se ha dejado la sanción para mañana.// Viernes 16. Hoy se

hizo lo mismo que ayer; toda la mañana se la llevaron en discusiones, y sucedió lo

mismo con los dos defensores de Fernando, pero los discursos del señor presidente

convencían a todos. Después de las doce, ya cansados de discursos, se propuso la

moción, |y todos la declararon, menos el doctor Torres y don Fernando Rodríguez


181

el desconocimiento de toda autoridad del Consejo de Regencia,

se declararon independientes de la corona de España y el

soberano español, quitaron de los edificios y lugares públicos el

escudo soberano de España para implantar sus escudos

soberanos como demostración de su constitución como Estados

libres, soberanos, independientes, separados y absueltos de toda

sumisión, vasallaje, obediencia, dependencia, relación o

vínculos con los gobiernos de España, e incluso, dispusieron a

través de sus propias constituciones que eran el Pueblo y la

Nación, libres e independientes, los verdaderos depositarios de

la soberanía y el poder soberano.

Esas acciones, proclamas y determinaciones evidencian que los

hechos insurgentes ocurridos entre abril y julio de 1810 no

fueron el final del proceso de declaratoria de independencia de

España sino tan sólo un anárquico inicio de las transformaciones

revolucionarias experimentadas por los neogranadinos pues las

Juntas (supremas y superiores) que conformaron los

conspiradores e insurgentes para justificar el derrocamiento de

las autoridades virreinales reconocieron al rey de España como

su señor y soberano durante un año más, luego lo fueron los

pueblos y al final la Nación.

Contrario al proceso seguido por las ciudades capitales del

virreinato, las municipalidades asociadas a la Junta del Socorro

|(chapetón). El numeroso y respetable pueblo que estaba en expectación, |declarada la

independencia, comenzaron todos con grandes aclamaciones de alegría, palmoteos y

vivas a la independencia y libertad, y salieron por las calles lo mismo. Acabada dicha

moción eligieron a María Santísima de la Concepción por patrona del reino, con

pluralidad absoluta de votos”. Véase además: CABALLERO, José María. Diario

de la Independencia [En línea]. Bogotá, Talleres Gráficos Banco Popular.

1974. [Consultado: 13 de octubre de 2008]. Disponible en Internet vía:

http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/diarioindep/diario5.htm;http://ww

w.lablaa.org/blaavirtual/historia/diarioindep/diario6b.htm


182

fueron las primeras en asumir de hecho y en derecho la

extinción política de todo vínculo con el Consejo de Regencia y

se declararon así mismos regentes de los derechos dinásticos, el

gobierno, las instituciones y la Nación española que

correspondía al Rey Fernando VII en su jurisdicción provincial.

Con lo cual, no solo derrocaban al gobierno provincial o

desconocían la autoridad virreinal de los españoles Borbones

pues también expropiaban al Rey y sus herederos de todos sus

derechos y bienes hasta no retornar a su trono, o en el mejor de

los casos, hasta que no viajase a América para vivir y regir entre

sus súbditos. A lo cual se sumó la adopción de los derechos del

hombre como los principios legitimadores y reguladores de toda

constitución republicana, constituyéndose ese radicalismo

revolucionario y republicano razón suficiente para que su primer

gobierno y constitución fuesen borrados y desconocidos por los

regímenes contrarrevolucionarios al no garantizar la continuidad

del orden monárquico colonial ni reconocer la primacía de las

juntas capitalinas.

Así, mientras las Juntas Supremas capitalinas asumían como

primera obligación de todos los ciudadanos “sostener y defender

la religión católica, apostólica romana universalmente recibida

por nuestros mayores”, los socorranos llamaban con una

posición mucho más secular y universal a la unidad de todos los

cristianos por medio de la fraternidad universal, propia de todos

los humanos libres e iguales, a través de la “caridad”.

De igual manera, la segunda obligación de las Juntas Supremas

neogranadinas, al igual que la constitución bonapartista de

Bayona, era “defender los derechos de nuestro amable

soberano”, aunque los socorranos, por el contrario, optaron por

proclamar que toda autoridad que se perpetuaba en el poder y

desconocía la decisión soberana del pueblo de elegirla


183

anualmente debía ser considerada una “tiranía” de acuerdo a los

principios revolucionarios estadounidenses y franceses. Ejemplo

de ello fue la presentación de la figura del rey como un padre

distante y desgraciado entre la familia española mientras la

Madre Patria es presentada como una matrona incapaz de

controlar el deseo emancipador de sus hijos abiertamente

enfrentados como hermanos aunque dispuestos a concurrir en la

defensa de los intereses comunes de la familia, así como la

Madre España impuesta por los Bonaparte es condenada y

rechazada al igual que una madrastra infiel, ilegitima, traidora y

represora.

Dicotomías acrecentadas por las preocupaciones de los patriotas

capitalinos por garantizar la seguridad y tranquilidad públicas

entre los blancos (españoles europeos y americanos) y libres

(castas) al exigirse “muy particularmente el amor que debe

tener el pueblo a los españoles europeos, reconociendo en ellos

a sus hermanos y conciudadanos”. Por el contrario, los

socorranos rechazaron toda preferencia o tolerancia para con sus

hermanos tiranos y opresores prefiriendo reconocer derechos de

propiedad sobre los resguardos y libertades políticas no a sus

ascendientes españoles sino a sus olvidados y menospreciados

ascendientes y hermanos indígenas. Así, su Junta de Gobierno

debía ser entonces una corporación legítimamente republicana al

estar conformada por los “ciudadanos” electores de los sectores,

gremios y castas más importantes del “pueblo” blanco aunado a

los representantes de los pardos y negros no esclavos 20 y los

diputados de los indios y mestizos tributantes quienes no habían

tenido hasta entonces reconocimiento social ni participación

política alguna.

20 RODRÍGUEZ, H. Pág. 111


184

Sumándose a esos proyectos políticos divergentes, el deseo de

los diputados de las Juntas Supremas capitalinas por atender y

dar respuesta a las peticiones, solicitudes y exigencias de todas

las clases y castas del pueblo que los había elegido y legitimado

en su ascenso insurgente al poder mientras que los socorranos

dispusieron, por el contrario, que ningún vecino o ciudadano,

excepto el Procurador General, podía tomar la voz pública para

hacer arengas, protestas o reclamos subversivos sin estar

autorizado por las autoridades populares. Siendo considerados

esas expresiones contrarrevolucionarias y opositoras como

actos de traición que debían ser castigados con todo rigor por ser

acciones criminales perturbadoras de la “tranquilidad pública”.

Siendo justificada esa decisión represiva en la declaración de los

derechos del hombre ya que la comunicación sin trabas de los

pensamientos y opiniones implicaba ser responsable legalmente

de los abusos cometidos contra los demás, especialmente, contra

las autoridades legítimamente proclamadas y reconocidas por el

poder soberano de los pueblos.

Finalmente, y no menos importante, fue la respuesta de los

diputados del Socorro a la pretensión centralizadora y

tranquilizadora de las capitales virreinales de prohibir

“absolutamente todo espíritu de división como perjudicialal

proclamar una constitución secesionista que juraba “dar auxilio

y protección a todo pueblo que quiera reunírsele a gozar de los

bienes que ofrecen la libertad e igualdad”. Sumándose a ello su

abierto desconocimiento federalista a toda autoridad o sumisión

a las Juntas Supremas, neogranadinas y peninsulares ya que con

la conformación de su propia junta y la proclamación de su

propia constitución sus municipalidades reasumían todos sus

derechos soberanos, lo cual les permitía decidir a futuro si se

asociaban al Congreso Nacional, y consigo, si estaban

dispuestos a depositar y sacrificar una parte de los derechos


185

constitucionales provinciales “sin perjuicio de la libertad que

tiene para gobernarse dentro de los límites de su territorio, sin la

intervención de otro gobierno”.

Esa conflictiva tendencia a hacer evidentes los celos políticoadministrativos

de los gobernantes, las insurrecciones

jurisdiccionales al reconocerse la conformación de nuevas

provincias y las prevenciones constitucionales entre los cabildos

y las juntas provinciales fue mucho más evidente al congregarse

los diputados enviados por cada territorio soberano con el fin de

articular a través de una Constitución Nacional los modelos de

gobierno, las ideologías republicanas y los procesos de

expansión o reconcentración jurisdiccional que enfrentaban a las

provincias entre sí. Debates y enfrentamientos originados

especialmente en el reconocimiento soberano y autónomo que

las Juntas Supremas hacían a las constituciones y regímenes

acordados por las Juntas Superiores (subalternas o provinciales),

siempre y cuando, las segundas estuviesen dispuestas a

someterse y ser regidas a nivel superior, general y nacional por

los gobernantes capitalinos.

Ese fue el caso del tribuno santafereño José Acevedo y Gómez

quien al lograr la aprobación y reconocimiento de la Junta

Suprema por el virrey neogranadino lo primero que hizo al

amanecer el 21 de julio fue escribir una carta a su primo Miguel

Tadeo Gómez, regidor municipal, diputado provincial,

administrador de aguardientes del Socorro y caudillo de la

insurrección provincial socorrana mediante la cual no solo

resumía los victoriosos acontecimientos emancipadores y

junteros propiciados por los insurgentes santafereños ya que no

desaprovechó la oportunidad para expresar cuál debía ser el

modelo político provincial que sus temidos e influyentes

“paisanos” socorranos debían adoptar de acuerdo a los planes y


186

conveniencias políticas concebidas por los “socorranos”

residentes en Santafé. Acevedo le expresaba específicamente a

Gómez: “La constitución debe formarse sobre bases de libertad,

para que cada provincia se centralice, uniéndose en ésta por un

Congreso Federativo. Está jurada así por todos…” 21 .

Contrario a ese centralismo proteccionista, los socorranos

adoptaron un sistema liberal y republicano tan federal y

progresista como el estadounidense el cual fue rechazado y

exterminado por A. Nariño durante la primera república, y

posteriormente, por S. Bolívar durante la segunda república de

acuerdo a lo planificado en su “carta de Jamaica”, al considerar

que los neogranadinos requerían un régimen de transición

centralizado al no ser personas con talentos y espíritus tan

superiores o emprendedores como los norteamericanos. Sin

embargo, los diputados republicanos de la provincia del Socorro

desde su primera comunicación con el régimen virreinal

hicieron evidente que su proyecto político y constitución se

fundamentaba en las “lecciones de humanidad” que desde

Filadelfia se irradiaban a todo el hemisferio. Evidenciando así,

que la revolución provincial y las discusiones civiles

emprendidas por los socorranos estaban revestidas “de aquel

carácter de virtud que nos pinta la historia como un fenómeno

político de que no había ejemplo antes de la Revolución de

Norte América, y parecía reservado exclusivamente a los

dichosos habitantes de Filadelfia” 22 .

21 CARTA de José Acevedo y Gómez sobre los sucesos del 20 de julio de

1810. En: QUINTERO MONTIEL, Inés y MARTÍNEZ GARNÍCA,

Armando. Op.cit. Tomo I. Pág. 161 – 163. Negrilla agregada

22 RODRIGUEZ, H. Op. Cit. Pág. 25


187

5. ¿Por qué el proyecto constitucional y republicano de El

Socorro y los socorranos fue suprimido, desconocido y

olvidado?

Compuesto el Virreinato de la Nueva Granada a inicios del siglo

XIX por quince provincias (Santafé, Tunja, Mariquita, Socorro,

Pamplona, Chocó, Antioquia, Popayán, Santa Marta, Cartagena,

Riohacha, Neiva, Casanare, Panamá y Veragua), al ser

convocados seis meses después de las insurrecciones junteras

los diputados – representantes de las juntas provisionales y

soberanas que gobernaban esas jurisdicciones al Congreso

Supremo que decidiría el devenir político y constitucional del

virreinato fue evidente el enfrentamiento y secesión nacional

que se había dado durante esos meses. Mientras las provincias

regentistas decidieron continuar defendiendo y acatando el

orden monárquico del soberano español, las juntas liberales y

soberanas conformadas en las ciudades político-administrativas

más importantes del territorio neogranadino desconocieron las

autoridades regentes desde España y sólo reconocieron a los

representantes de los pueblos como los verdaderos depositarios

de la soberanía y el poder soberano.

A la par de los procesos de defensa y subyugación a la regencia

española por parte de las provincias realistas del nororiente

(Santa Marta y Riohacha), noroccidente (Panamá y Veragua) y

suroccidente (Cauca y Chocó) de la Nueva Granada, las

provincias secesionistas y republicanas debieron afrontar

procesos internos de emancipación e insurrección de algunas

municipalidades que decidieron proclamarse como nuevas

provincias soberanas e independientes al estar inconformes con

la subyugación y dependencia a las autoridades y jurisdicciones

a las que habían pertenecido por varios siglos. Ese fue el caso de

Cali al proclamarse jurisdicción municipal y provincial


188

independiente de la provincia realista del Cauca, la realista

Girón de Pamplona, Mompox de la patriótica Cartagena, la

distante Sogamoso de Tunja, y específicamente las

jurisdicciones municipales de San Gil y Vélez de El Socorro al

rechazar su régimen constitucional y el radical secesionismo al

orden y la dependencia que por trescientos años habían tenido

con Santafé.

Todo lo cual propició divisiones anárquicas resueltas con luchas

bélicas internas, e incluso, con procesos de invasión e

intervención militar por parte de provincias aliadas o limítrofes

que apoyaban la separación, alteración o preservación del orden

provincial anterior al derrocamiento de las autoridades

virreinales, siendo las reconquistas provinciales más importantes

las ejecutadas por Cartagena sobre Mompox y Santafé sobre el

Socorro, propiciando sus triunfos bélicos el desconocimiento y

la destrucción de los logros políticos y constitucionales de los

vencidos.

La consecuencia directa de ese panorama secesionista resultó

ser entonces la imposibilidad de reunir en Santafé a los

diputados de las quince provincias neogranadinas en un

Congreso Nacional con el fin de conformar una confederación

de provincias que, respetando el régimen constitucional de cada

jurisdicción, asegurara la seguridad y tranquilidad de los

neogranadinos al pactarse un único sistema nacional de gobierno

regido por una constitución suprema, federal e interprovincial.

La pretensión de los diputados de cada provincia por preservar

el orden institucional y las jurisdicciones limítrofes precedentes,

gobernándose a sí mismos sin tener vínculos o dependencias con

las provincias y centros de poder estatal que habían limitado su

accionar en el pasado, inevitablemente conllevó a un inamovible


189

y radical provincialismo proteccionista y patrilocalista que

fragmentó y enfrentó las provincias en cuatro frentes: las

provincias realistas y regentistas distantes y ajenas a la

influencia republicana donde se asilaron las autoridades

derrocadas (por ejemplo Panamá y Cauca); las provincias

realistas aisladas y enclavadas en territorios limitados por

provincias patrióticas que decidieron atacarlas y asediarlas al

considerarlas enemigas y opositoras a la decisión soberana de

los pueblos (por ejemplo Santa Marta y Girón); las provincias

federalistas opuestas al centralismo que pretendía reestablecer

Santafé como antigua capital virreinal como fue el caso de

Cartagena, Antioquia, Pamplona y Socorro, y consigo, las

provincias centralizadoras y dependientes de las decisiones

supremas de Santafé, entre las cuales se cuenta el Socorro

después de ser invadida, derrotada y agregada a Cundinamarca

(pacto del 12 de febrero de 1812) en represalia a sus

pretensiones de hacer cumplir por la fuerza a los Cabildos de

San Gil y Vélez su novedoso régimen constitucional y

separatista 23 .

Esa fragmentación se hizo evidente al reunirse en diciembre de

1810 los representantes de las juntas provinciales que

desconocían el pretendido poder soberano de la regencia en el

congreso convocado por la Junta Suprema de Santafé a fin de

evitar la desunión nacional, la guerra civil y el exterminio del

virreinato entre los mismos neogranadinos. Sin embargo, desde

septiembre la Junta Suprema de Cartagena y sus aliadas o

subalternas manifestaron su rechazo a las pretensiones

centralizadoras, subyugantes, expansionistas y restauradoras del

orden primigenio por parte de los diputados santafereños y sus

aliados o dependientes provinciales, exigiendo a cambio para

23 PÉREZ PINZÓN, L. Op. Cit. Pág. 95


190

estar nuevamente presentes sus diputados llevarse a cabo el

Congreso en una ciudad provincial diferente y equidistante a la

temida como aborrecida Santafé. De tal manera, el Congreso de

las provincias de la Nueva Granada terminó siendo instalado y

conformado sólo por cinco de las quince provincias legitimas

citadas (33%).

Ese número reducido, ilegitimo e insignificantes de diputados

que podían hablar y tomar decisiones en nombre de todos los

neogranadinos pretendió a su vez desconocer y subrogar el

poder e influencia de la Junta Suprema de Santafé cuando el

plan original era que las juntas provinciales se sometieran a la

suprema como sucesora y depositaria inmediata de los poderes y

autoridades virreinales. Decisión contrarrevolucionaria que

desencadenó alzamientos e insurrecciones populares

promovidos por los regidores y militares de Santafé que hizo

inevitable la disolución de ese accidentado Congreso y la

división irreconciliable del Estado y la Nación entre las

provincias federalistas al pactar confederarse como las

Provincias Unidas de la Nueva Granada y las provincias

centralistas, aliadas o dependientes del gobierno constitucional

y la Junta Suprema de Santafé, al constituirse en el Estado de

Cundinamarca. Dos repúblicas neogranadinas paralelas que

requirieron dos guerras y dos invasiones bélicas a Santafé (1812,

1814) para que los centralistas – nariñistas derrotados y

empobrecidos aceptaran finalmente como única república y

gobiernos neogranadinos a los impuestos legal y militarmente

por los federalistas - torresistas.

El pacto federalista fue jurado entre las provincias secesionistas

e independentistas de Cartagena, Antioquia, Neiva, Pamplona y

Tunja el 27 de noviembre de 1811, y con el mismo, se

establecieron las directrices constitucionales de las acciones y


191

decisiones provinciales que durante un lustro fueron impuestas a

sangre y fuego a las provincias centralistas y finalmente a las

realistas. Especialmente a las provincias “nariñistas” de

Cundinamarca al ser derrotadas parcialmente por los federalistas

desde Tunja en 1812, al resultar invencibles en enero de 1813

ante un ejército invasor de socorranos “masones” que no

pudieron doblegar la protección brindada a los santafereños por

sus reliquias religiosas y sus santos patrones, y finalmente, ante

la necesidad de unir a todas las provincias neogranadinas para

vencer a los realistas que avanzaban desde Cauca y Venezuela

fueron obligadas “a sangre y fuego” por el congreso federal a

capitular, en ausencia del invencible y devoto Antonio Nariño,

ante el ejército de la unión formado por socorranos y caraqueños

bajo el comando de Simón Bolívar en diciembre de 1814.

De tal manera, el deseo primigenio de un orden pacífico,

racional y constitucional resultado del debate entre los

congresistas provinciales terminó siendo en la práctica la

imposición de las condiciones, principios constitucionales y

modelo político del vencedor sobre el vencido. De allí que la

primera república neogranadina antes que una “patria boba”

caracterizada por los debates inútiles y las batallas desgastantes

fue la patria regenerada y reunificada gradualmente por la

acción política de las provincias más fuertes, ilustradas,

virtuosas y liberales.

El orden federal radical concebido por Camilo Torres en su

“Memorial de Agravios” finalmente había sometido y derrotado

la versión centralista (y de federalismo tardío o gradual) que

Antonio Nariño y sus aliados habían promovido y defendido en

las provincias del Socorro, Santafé, Casanare y Mariquita, al

adoptar y adaptar a sus constituciones los “Derechos del

Hombre y del Ciudadano” traducidos y divulgados desde 1794.


192

Con lo cual, el pacto federal de 1811 fundado en el “perfecto” y

próspero modelo federalista que caracterizaba la América

Inglesa, contra el cual habían luchado los centralistas

neogranadinos y cundinamarqueses al considerarlo “una

enfermedad epidémica” ante la cual no estaban preparados los

cuerpos, los espíritus ni las rentas de la América Española,

finalmente había demostrado la validez y utilidad de sus pactos

y leyes al lograr establecer poderes legislativos, judiciales y

ejecutivos fuertes, democráticos, eficaces y rigurosos que

tardíamente lograron imponer el orden y la institucionalidad

nacional a los regímenes municipales y provinciales.

Ese nuevo orden nacional concebido y ejecutado por Camilo

Torres y los demás presidentes de las Provincias Unidas, aunado

a la imposición y el sometimiento interprovincial al mismo por

parte de los ejércitos comandados por Simón Bolívar y los

demás militares al servicio de la Unión, fue concebido, adoptado

y aprobado en setenta y ocho artículos por los cinco diputados

de las provincias opositoras a Santafé, irónicamente en esa

misma ciudad, con la convicción que solo con un único “cuerpo

de nación” sería posible asegurar de forma permanente la

seguridad de los neogranadinos ante la amenaza bonapartista

externa, se enfrentarían los peligros regentistas internos, así

como se daría fin a “...las nuevas y varias formas de gobierno

que entretanto y rápidamente se han sucedido unas a otras, sin

que ninguna de ellas haya sido capaz de salvar la nación” 24 .

24 ACTA de federación [Santafé de Bogotá, 27 de noviembre de 1811]. En:

COLOMBIA. Leyes, etc. Congreso de las Provincias Unidas: leyes, actas y

notas / Compiladas por Eduardo Posada. 2 ed. Bogotá: Fundación Francisco

de Paula Santander, 1989. Tomo I. Pág. 1


193

Con ayuda de la tabla 2 es posible reconocer cómo los setenta y

ocho pactos federales dispuestos en al acta de 1811, divisibles

en al menos 20 principios, ámbitos o títulos republicanos,

contenían ya los principios, normas, disposiciones y la

estructura normativa que han caracterizado las constituciones

políticas de los Estados modernos, especialmente el

Colombiano.

De igual manera, si se compara esa acta federal con el acta

constituyente del Socorro y la Declaración de los derechos del

hombre y del ciudadanos proclamados y defendidos por las

provincias aliadas al Estado de Cundinamarca, es posible

encontrar conexidades ideológicas y tendencias político –

administrativas comunes entre las provincias centralistas y

federalistas que durante un lustro lucharon por la imposición de

un modelo único de poder soberano que en el trasfondo

perseguía los mismos fines.

Es decir, Unidad estatal al contarse con poderes públicos con

funciones y atribuciones delimitadas, seguridad militar y

protección legal de los derechos naturales de los individuos

como de sus pueblos, solidaridad económica al destinarse una

parte de las riquezas personales como contribución para la

defensa común, así como respeto a la autodeterminación de los

pueblos en hacer uso de su soberanía para rechazar, reformar o

aprobar, jurar y cumplir los pactos constitucionales

interprovinciales.


194

Tabla 2. Comparación de los pactos del Acta Federal con Actas

precedentes

PACTOS

CONSTITUTIVOS DEL

ACTA FEDERAL (1811)

CANÓNES DEL ACTA

CONSTITUCIONAL DEL

SOCORRO (1810)

DERECHOS

NATURALES, DEL

HOMBRE Y DEL

CIUDADANO (1789)

I. Advocación: Santísima

Trinidad

II. Preámbulo

El pueblo del Socorro

Ia. Derechos naturales e

imprescriptibles del pueblo

que justifican el uso de la

fuerza para su restitución

III. Derecho a reasumir el

pueblo sus derechos soberanos

al autogobernarse

Los representantes del pueblo

francés…en presencia del ser

supremo…

Derecho a la asociación

política (preámbulo)

Derecho a la libertad política

(Derecho número 4)

Derecho a acatar sólo la

soberanía de la nación (3)

III. Nombre del Estado

(Artículo 1): Provincias

Unidas de la Nueva Granada Villa del Socorro Francia

IV. Habitantes de la Nación

y territorios defendidos por

el Estado (Artículos 2 -3, 39)

IIb. Derecho natural de cada

pueblo a autodeterminar la

clase de gobierno que más le

acomode, y por ende, a ejercer

su libertad política

13. Derecho a una jurisdicción

estatal defendible y jamás

expansible

14. Derecho a auxiliar y

proteger a todo Pueblo que

quiera reunírsele

Derecho a no ser molestado

por razón de sus opiniones, ni

aún por sus ideas religiosas

(10)

Derecho a la libertad política

(4)

Derecho a una fuerza pública

(12)

Derecho a nacer libres e

iguales (1), Derecho a la

imprescriptibilidad de los

derechos naturales (2).


195

V. Derechos fundamentales:

Libertades religiosas y

políticas (Artículos 4 y 5)

1. Derecho a la libertad

religiosa, y por ende, a una

eterna felicidad

12. Derecho a la asociación

política del pueblo sólo al ser

convocado por la Junta y a

reclamar sus derechos

únicamente a través del

Procurador General

III. Derecho a reasumir el

pueblo sus derechos soberanos

al autogobernarse

Derecho a nacer libres e

iguales (1), Derecho a la

imprescriptibilidad de los

derechos naturales (2).

Derecho a acatar sólo la

soberanía de la nación (3)

Derecho a la libertad política

(4)

Derecho a la asociación

política (preámbulo)

Derecho a la comunicación

sin trabas de los

pensamientos y opiniones

(11)

VI. Poder Ejecutivo

(provincial y municipal)

(Artículos 6 - 9)

Ib. Miembros de la Junta

municipal conformada para la

defensa del pueblo contra la

violencia de cualquier agresor

7. Derecho a la elección

periódica de autoridades

populares para evitar tiranías

8. Derecho a la elección anual

de los representantes del

pueblo

10. Derecho a contar con un

Poder Ejecutivo encargado de

la policía y justicia

11. Derecho a remover las

autoridades establecidas o

reconocidas por el Pueblo sólo

de acuerdo con lo dispuesto en

la ley

Derecho a la libertad política

(4)

Derecho a ser molestado y

procesado solo de acuerdo

con la ley (5, 7 y 8)

Derecho a colaborar en la

formación de la ley siendo

electores o elegidos (6)

Derecho a una Constitución

que estipule la separación de

poderes (16)


196

VII. Poder Legislativo

(Artículos 10 - 11)

IIa. Miembros de la Junta

provincial revestidos de la

autoridad pública necesaria

para “ordenar lo que convenga

y corresponda a la sociedad

civil”

9. Derecho a contar con leyes

sancionadas y promulgadas

por un Poder Legislativo

Derecho a la libertad política

(4)

Derecho a colaborar en la

formación de la ley siendo

electores o elegidos (6)

Derecho a una Constitución

que estipule la separación de

poderes (16)

VIII. Fuerza Pública:

ejércitos y milicias

(Artículos12 -19)

13. Derecho a una jurisdicción

estatal defendible y jamás

expansible

14. Derecho a auxiliar y

proteger a todo Pueblo que

quiera reunírsele

Derecho a una fuerza pública

para dar protección a los

derechos del hombre y del

ciudadano (12)

Derecho a la

imprescriptibilidad de los

derechos naturales (2).

IX. Régimen Económico y

tributario (Artículos 20 – 23,

27 - 38)

3. Derecho a la industria y el

trabajo

4. Derecho a la propiedad sin

monopolios ni sucesiones

arbitrarias

V. Derecho a trabajar para

contribuir en el aumento de

las rentas públicas

Derecho inviolable y sagrado

a la propiedad (17)

Derecho a emitir libremente

voto sobre contribuciones

(14)

X. Derechos de los Indios -

bárbaros (Artículos 24 - 26)

IV. Derechos de los indios a la

igualdad, a la propiedad sobre

los resguardos sin pagar

tributo y a gozar de libertad y

representación política

(limitada)

Derecho a nacer libres e

iguales (1), Derecho a la

imprescriptibilidad de los

derechos naturales (2).

Derecho inviolable y sagrado

a la propiedad (17)

Derecho a la libertad política (4)


197

XI. Régimen Diplomático y

relaciones internacionales

(Artículos 40 - 47)

III. Derecho a reasumir el

pueblo sus derechos soberanos

al autogobernarse o sacrificar

su soberanía al realizar pactos

Derecho a acatar sólo la

soberanía de la nación (3)

XII. Tránsito y tráfico

interprovincial (Artículos 48

-49)

2. Derecho a no ser molestado

en su persona ni en su

propiedad excepto por lo

dispuesto en la ley

Derecho a nacer libres e

iguales (1), Derecho a la

imprescriptibilidad de los

derechos naturales (2).

Derecho a ser molestado y

procesado solo de acuerdo

con la ley (5, 7 y 8)

Derecho a ser inocente (9)

XIII. Elección, funciones y

juzgamiento de los miembros

del Poder Legislativo

(Artículos 51 – 58)

7. Derecho a la elección

periódica de autoridades

populares para evitar tiranías

8. Derecho a la elección anual

de los representantes del

pueblo

11. Derecho a remover las

autoridades establecidas o

reconocidas por el Pueblo sólo

de acuerdo con lo dispuesto en

la ley

Derecho a la libertad política

(4)

Derecho a una Constitución

que estipule la separación de

poderes (16)

Derecho a colaborar en la

formación de la ley siendo

electores o elegidos (6)

XIV. Poder Judicial

(tribunales y jueces

ordinarios con funciones

diferentes a los del poder

legislativo) (Artículos 50, 59

-66)

2. Derecho a no ser molestado

en su persona ni en su

propiedad excepto por lo

dispuesto en la ley

10. Derecho a contar con un

Poder Ejecutivo encargado de

la policía y justicia en las

causas que merezcan pena

capital, así como un poder ( o

tribunal) Judicial para las

causas penales menores y las

civiles de mayor cuantía

Derecho a ser molestado y

procesado solo de acuerdo

con la ley (5, 7 y 8)

Derecho a ser inocente (9)

Derecho a una Constitución

que estipule la separación de

poderes (16)


198

XV.

Régimen

Administrativo de los

funcionarios legislativos

(Artículos 67 - 71)

XVI. Poder Legislativo

(provincial y municipal)

(Artículo 72)

5. Derecho de los empleados

públicos a recibir salarios y

gratificaciones con rentas

contribuidas por el público

Ib. Miembros de la Junta

municipal conformada para la

defensa del pueblo contra la

violencia de cualquier agresor

IIa. Miembros de la Junta

provincial revestidos de

autoridad pública necesaria

para “ordenar lo que convenga

y corresponda a la sociedad

civil”

Derecho a contar con una

fuerza pública (12)

Derecho a recibir los

empleados de la fuerza

pública y gobierno

subvención o sostenimiento

por medio de una

contribución común (13)

Derecho a la asociación

política (preámbulo)

Derecho a la libertad política

(4)

Derecho a una Constitución

que estipule la separación de

poderes (16)

XVII. Régimen editorial para

la impresión de la rendición

de cuentas, informes y

presupuestos del ejecutivo

como las actas del poder

legislativo (Artículos 73)

XVIII. Reforma a los actos

legislativos y revocatoria de

los pactos federales

(Artículos 74 - 75)

6. Derecho a la rendición y

publicación de cuentas por

parte los empleados públicos

12. Derecho a la asociación

política del pueblo sólo al ser

convocado por la Junta y a

reclamar sus derechos

únicamente a través del

Procurador General

VI. Derecho a jurar fidelidad a

la constitución y obediencia al

nuevo gobierno, así como a

remover las autoridades

establecidas o reconocidas por

el Pueblo que violen las leyes

fundamentales juradas

Derecho a ser molestado y

procesado solo de acuerdo

con la ley (5, 7 y 8) Derecho

a pedir a los agentes públicos

cuentas de su conducta (15)

Derecho a la asociación

política (preámbulo)

Derecho a la comunicación

sin trabas de los

pensamientos y opiniones

(11)

Derecho a acatar sólo la

soberanía de la nación (3)

Derecho a colaborar en la

formación de la ley siendo

electores o elegidos (6)


199

XIX. Promulgación,

ratificación y aprobación del

tratado federal (Artículos 77

- 78)

VI. Derecho a jurar fidelidad a

la constitución y obediencia al

nuevo gobierno, así como a

remover las autoridades

establecidas o reconocidas por

el Pueblo que violen las leyes

fundamentales juradas

Derecho a acatar sólo la

soberanía de la nación (3)

Derecho a colaborar en la

formación de la ley siendo

electores o elegidos (6)

Derecho a ser molestado y

procesado solo de acuerdo

con la ley (5, 7 y 8)

XX. Nombres y firmas de los

diputados congregados en

convención

VII. Derecho a contar con

representantes y procuradores

generales que en nombre del

pueblo firmen y validen las

decisiones soberanas de las

Juntas y Congresos.

Derecho a acatar sólo la

soberanía de la nación (3)

Derecho a colaborar en la

formación de la ley siendo

electores o elegidos (6)

Esos principios federativos fueron considerados necesarios para

sostener el “cuerpo nacional” 25 , y consigo, para garantizar la

continuidad de la unidad nacional alcanzada entre las provincias

federalistas y centralistas al acordar los diputados -

representantes de ambos Estados la plena confederación

neogranadina entre las Provincias Unidas y Cundinamarca,

reconociendo mutuamente la existencia de un único y soberano

gobierno nacional.

Es decir, tardíamente y como parte de los pactos, acuerdos y

condiciones exigidos por los diputados de Cundinamarca para

unirse plenamente a la confederación, el 21 de octubre de 1814

los diputados de la Unión habían decretado reformar el acta

federal al agregarse un componente asociado con la

25 PROCLAMA [del Presidente triunviral de las Provincias Unidas en Tunja,

6 de octubre de 1814]. En: Ibíd. Tomo II. Pág. 33 -34


200

conformación de un Poder Ejecutivo Federal o “gobierno

general” (XXI) con amplias atribuciones centralistas asociables

a las peticiones que en su momento habían hecho los

comandantes militares Simón Bolívar y Antonio Nariño.

Sin embargo, la prevención y el recelo de los caudillos y

diputados cundinamarqueses a delegar su soberanía nacional y

su estado soberano a los federalistas, de acuerdo a lo expresado

años atrás por Manuel Bernardo Álvarez al recomendar la

separación de Cundinamarca de la Unión, fueron aplacados con

la derrota de las fuerzas militares del Estado Cundinamarqués a

manos del ejército de la unión comandado por Simón Bolívar, la

ocupación de Santafé como símbolo inexpugnable del

centralismo por el ejército y el gobierno federal residentes en

Tunja, y finalmente, la firma de las capitulaciones de derrota y

sumisión al vencedor por parte de los diputados de

Cundinamarca (12 de diciembre de 1814), con lo cual, a través

de las razones de fuerza y la coacción por las vías de hecho

fueron impuestos los pactos que durante un lustro no se habían

lograron acordar por medio de las razones de ley y en derecho.

Valga recordar que el separatismo cundinamarqués de 1811,

remediado parcialmente por la guerra civil de 1812, se había

originado entre otras razones porque el representante

cundinamarqués Manuel Bernardo Álvarez debatió, objetó y

rechazó algunos de los pactos federales acordados por los

diputados de las Provincias Unidas en su Acta Federal al

considerarlos perjudiciales para sus representados. Esos pactos

eran específicamente: -el segundo que limitaba la confederación

sólo a las provincias legítimamente reconocidas hasta el 20 de

julio de 1810 al considerar que todos los pueblos al recobrar su

soberanía habían tenido el derecho de conformar sus propias

juntas y jurisdicciones provinciales; - el sexto que declaraba la


201

igualdad e independencia sólo para la antiguas cabeceras y

provincias; - el veintidós que declaraba la Casa de la Moneda de

Santafé como origen de las rentas de toda la unión cuando en la

práctica se asumía como propiedad pública recobrada por la

Junta de Santafé, para los santafereños; - los artículos que

limitaban el libre comercio entre las provincias contradiciéndose

así con los artículos fundacionales que garantizaban la libertad,

soberanía e independencia de cada provincia; -La contradicción

entre los artículos que promovían la formación en ciertas, artes y

oficios y los que imponían rentas e impuestos a las fábricas,

máquinas e invenciones; así como el pacto cuarenta y cuatro,

mediante el cual el congreso supremo y federal intervenía en la

solución de conflictos entre las provincias al limitar la soberanía

de los gobiernos provinciales 26 .

Con la constitución y pleno reconocimiento del gobierno

nacional federal desde finales de 1814 se delimitaron además las

funciones del poder legislativo, los responsables directos del

ramo de guerra y hacienda y, formalmente se proclamó el

nacimiento de la primera república neogranadina representada

por las Provincias Unidas de la Nueva Granada al contarse por

primera vez con un gobierno único y nacional, formado por un

triunvirato de gobernantes que asumían a plenitud la

representación y el poder soberano de todos los pueblos como

jefe supremo del estado, jefe supremo de todas las fuerzas de

mar y tierra de las provincias unidas, primer magistrado en lo

civil, político y judicial, supremo ejecutor de las leyes,

superintendente general de hacienda y supremo administrador de

la rentas y fondos públicos del estado, entre otras atribuciones

26 EXPOSICIÓN de motivos [de Manuel Bernardo Álvarez. Santafé, 7 de

diciembre de 1811]. En: Ibíd.. Tomo II. Pág. 53 - 60


202

conferidas por todo el Estado a la “Excelencia” presidencial y a

sus dos “Señorías” acompañantes 27 .

Sin embargo, la búsqueda y aceptación de un único soberano

constitucional para todas las provincias neogranadinas durante

un lustro de enfrentamientos que no permitieron decidir

electoral, política y militarmente quién o quiénes debían

constituirse en el poder soberano que sustituiría a las autoridades

virreinales, y consigo, custodiaría el poder soberano del pueblo

delegado por trescientos años al monarca español, resultó ser un

remedio tardío e inútil al quererse regenerar un cuerpo nacional

fracturado por las soberanías provinciales sin el orden y

equilibrio que las habían conservado los virreyes y oidores,

mutilado por el cáncer ideológico impuesto y defendido en las

provincias realistas defensoras de las corporaciones e

instituciones que salvaguardaban los derechos soberanos del rey

español sobre América, sumándose a esa discapacidad nacional

y a la evidente minusvalía política e ideológica de los

neogranadinos la epidémica y arrasante pacificación –

reconquistadora encomendada a Pablo Morillo, la cual resultó

mucho más destructiva, lesiva y terrorífica que la temida

invasión bonapartista por la cual se había revolucionado todo el

virreinato.

6. ¿Cuál fue la continuidad que tuvo el ideario político y el

proyecto constitucional de los socorranos en la unificación

nacional y la organización estatal de la primera (1811 –

1816) y segunda república (1819 – 1832) neogranadina?

27 DECRETO [del 21 de octubre de 1814]. En: Ibíd. Tomo II. Pág. 35 - 42


203

El proyecto constitucional y republicano de El Socorro y los

socorranos fue desconocido por los invasores cundinamarqueses

al imponerse la constitución acordada por los viceregentes que

presidían la Junta Suprema, y luego, la constitución impuesta

por los gobernantes del Estado de Cundinamarca a imagen y

semejanza del constitucionalismo revolucionario francés.

Sin embargo, el espíritu demo-liberal y pro-norteamericano de

los socorranos no solo fue preservado por sus aliados de

Pamplona a través del diputado federalista Camilo Torres quien

los condensó y llevó a la práctica a través del acuerdo federal de

1811 pues al constituirse en la carta magna de la primera

república (Provincias Unidas de la Nueva Granada) fue

preservada durante el exilio de los republicanos en la Orinoquia,

se constituyó el documento legitimante de la independencia y

soberanía de los neogranadinos, así como se constituyó en uno

de los documentos fundacionales de la República creada por el

congreso de Angostura (Diciembre 17 de 1819) al ser

convocados los diputados republicanos de las provincias del

extinto Virreinato de la Nueva Granada que fueron liberadas por

el ejército libertador con el fin de acordar y proclamar una nueva

y única Constitución Política en la Villa del Rosario en 1821.

Y aunque Simón Bolívar en su magna condición de presidente y

libertador hizo realidad su proyecto de una república de

Colombia unitarista y centralista de acuerdo al plan esbozado en

la “Carta de Jamaica”, el espíritu constitucional colombiano

conservó la tardía experiencia republicana que se había

alcanzado con el Acta Federal neogranadina de 1811, la cual, se

constituyó en la estructura constitucional del estado tripartito en

la cual se basaron los aliados y opositores del nuevo régimen

para jurar o rechazar los pactos allí consignados, así como se

constituyó en la fuente recurrente de los debates entre


204

federalistas y centralistas sobre las causas de la derrota de las

Provincias Unidas.

De tal manera, las leyes, decretos, resoluciones y tratados

aprobados por el congreso y los gobernantes de las Provincias

Unidas se constituyeron en los indicadores más eficaces sobre la

importancia y trascendencia que debían seguir teniendo en la

carta magna de 1821 los pactos políticos y las experiencias

gubernamentales contenidas en el Acta federal a través de sus

veinte ámbitos de interés soberano. Compilando y agrupando

esa producción legislativa es posible reconocer que los asuntos

de mayor interés, debate y legislación por parte de los

neogranadinos del actual centro-oriente de Colombia fueron

hasta 1814 los concernientes a las provincias que debían ser

admitidas en la Confederación (Artículo 2 y3), los tratados que

se firmaban entre las mismas (artículo 43), así como los

mecanismos de solución y pacificación de los conflictos vividos,

especialmente con Cundinamarca (artículo 44).

En orden de cantidad e importancia de debates, al conflicto de

secesión o unificación interprovincial le siguieron las

discusiones asociadas con el poder legislativo en cuanto a

funciones e instalación del congreso (artículos 10 y 11), elección

y renovación de diputados (artículos 51, 171), comisiones

judiciales del congreso (artículo 63), así como todo aquello

asociado con empleos y sueldos de los funcionarios del congreso

(artículos 58, 67), sellos institucionales (artículo 71), y

especialmente, disposiciones especiales sobre sueldos,

gratificaciones, homenajes y pensiones especiales para los

hombres más útiles o patriotas de la república (58).

Para poder financiar las guerras y los gastos que generaban los

pactos de confederación provincial y el funcionamiento del


205

Congreso los diputados provinciales centraron a su vez su

atención en el origen de las rentas públicas y la necesidad de un

gobierno nacional que las administrase. En cuanto a las rentas

además de legislarse sobre ingresos tradicionales como eran las

monedas (artículo 22), los correos (artículo 32) y el comercio

(artículo 35), al congreso le fue necesario recurrir al pacto sobre

rentas y fondos adicionales (artículo 29) para lo cual se dio un

amplio debate sobre los diezmos y suscripciones religiosas con

el cuerpo eclesiástico, captación de mandas forzosas

testamentarias a los santos lugares de Jerusalén 28 , impuestos a

las herencias, al papel y finalmente contribuciones obligatorias

de acuerdo a la riqueza de cada ciudadano.

Siendo todos esos manejos regulados por la Colecturía General

de Hacienda creada para tal fin. Por otra parte, la justificación y

captación de esos recursos debió ser administrada por el poder

ejecutivo reconocido y organizado en cada provincia no realista

(artículo 5) al establecer el congreso cuáles debían ser los

principios de igualdad, constitución, policía interna y ayuda

mutua que debían regir a las provincias (artículos 6, 7 y 8), antes

y después de contarse con un gobierno nacional federal

28 Al respecto escribía el católico, centralista y “nariñista” José María

Caballero en las crónicas de su diario correspondientes a 1815: “Mayo. A 4

sacaron $1.700 de la hermandad de los santos lugares de Jerusalén, del

convento de San Francisco, para gastos del gobierno general o para sus

dietas. Malo va esto; ya comienzan a meter la uña en las cosas sagradas.

¿Cómo ha de prosperar la república de este modo? Si así siguen, no les

arriendo las ganancias. ¡Pobre república, cómo vas a dar al traste! (Mucha

falta ha hecho el señor Nariño)”.


206

triunviral (1814 – 1815), y finalmente, presidencial (1815 –

1816) 29 .

La necesaria intervención y captación de rentas entre el clero y

de los comerciantes propició a su vez que el congreso de la

unión reestableciera las comunicaciones del Estado federal con

la silla apostólica papal y sus representantes eclesiásticos en el

territorio virreinal neogranadino (artículos 40 y 41) centrando

sus reflexiones y debates en cómo se debía llevar a cabo una

asamblea eclesiástica de todos los representantes del clero

neogranadino, la regulación estatal de los diezmos apelando los

gobernantes a su condición de patronos eclesiásticos, e incluso,

la captación de rentas y dineros para financiar los gastos

diplomáticos del Estado con la santa sede por medio de

suscripciones religiosas. Así mismo, además de buscarse

reconocimiento diplomático y apoyo financiero de los

representantes papales, los congresistas procuraron establecer

relaciones diplomáticas, comerciales y crediticias con Estados

contrarios al régimen monárquico español (Artículos 5, 40), para

lo cual, se debatió ampliamente la conveniencia y financiación

de las misiones enviadas a Londres (Gran Bretaña), Jamaica y

los Estados Unidos de Norteamérica.

Tal apertura político-económica y sociocultural con otros

Estados propició la revisión de las políticas migratorias para dar

asilo a los extranjeros pacíficos y productivos dispuestos a

naturalizarse y colonizar el país (artículo 39), así como para

obtener el apoyo diplomático, bélico y financiero de naciones

con mayoría racial negra o parda se hizo necesario pensar en una

29 DECRETO [del 21 de octubre de 1814 y 15 de noviembre de 1815]. En:

COLOMBIA. Leyes, etc. Congreso de las Provincias Unidas: leyes, actas y

notas. Op. cit. Tomo II. Pág. 35 - 42, 147 - 149


207

“reforma general sobre la suerte de los esclavos” con el fin

manumitirlos e indemnizar a sus propietarios, contándose

además con hombres libres y agradecidos con el Estado que

estarían dispuestos a luchar por la libertad y seguridad de los

ciudadanos que habían financiado su liberación, enfrentando y

reduciendo así las prácticas manumisoras de los hacendados y

realistas del Cauca y Antioquia que prometían dejar libres a

aquellos esclavos que lucharan en los campos de batalla o entre

las guerrillas realistas contra la confederación 30 .

Acciones bélicas ante las cuales el congreso también tuvo que

legislar sobre conformación y comandancia de los ejércitos

(artículo 12), control judicial de los militares (artículos 13 y 14),

reglamentos militares (artículo 18), y especialmente, sobre

dotación y armamento para los combatientes (artículo 16).

Aunado al trato judicial que se debía dar a los enemigos y

opositores al respetarse la soberanía judicial de cada provincia

(artículo 50), conformándose para ello tribunales de justicia

(artículo 59) como fue el caso de la Alta Corte de Justicia.

Si bien ese panorama de acciones legislativas por parte del

Congreso neogranadino entre 1811 y 1815 permite reconocer

debates y disposiciones asociadas con todos los ámbitos del acta

federal, al analizarse el interés legislativo que tuvieron los

setenta y ocho pactos que articularon constitucionalmente las

provincias unidas neogranadinas sólo es posible reconocer un

interés legislativo o dispositivo concreto en menos de la mitad

de los mismos (45%). De igual manera, se debe tener en cuenta

que muchas de las innovaciones y reglamentaciones legislativas

hechas a esos pactos para reformarlos o ratificarlos no fueron

tenidas en cuenta al reestablecer el espíritu y la estructura del

30 DECRETO [del 3 de febrero de 1814]. En: Ibíd. Tomo I. Pág. 218 - 219


208

acta federal neogranadina de 1811 por los constituyentes de la

República de Colombia en 1821.

Sin embargo, aún hoy se desconocen todas las propuestas,

acuerdos y ejecuciones de los gobiernos nacionales y

provinciales de la primera república, así como sus efectos y

continuidades en la segunda república, ya que con la victoriosa

llegada a Santafé del General del ejército expedicionario

pacificador, Pablo Morillo, el terror reconquistador con el cual

se reestableció el poder del soberano Fernando VII entre los

neogranadinos se manifestó con la destrucción de la mayor parte

de los vestigios materiales y documentales asociados con los

pactos constitucionales y las decisiones legislativas registradas o

publicadas por los representantes de las juntas y gobiernos de la

primera república, cumpliéndose así la orden según la cual:

“Todas las proclamas, boletines, libros, Constituciones: y todo

género de impresos por los rebeldes, y publicados con su

permiso, serán presentados, y entregados al Comandante

Militar de cada Departamento” 31 .

Concluyendo. Los socorros, los aportes ideológicos y los

auxilios materiales prestados por los socorranos a los

movimientos de insurrección tributaria de los “comuneros”, el

ostracismo sociopolítico de los “conspiradores” ilustrados, la

rebelión armada de los “señoritos” de los colegios y

universidades capitalinas, y finalmente, los aportes a la

insurrección armada contra el absolutismo realista de las

31 ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Documentos que hicieron un

país: Morillo: La Pacificación Con El Terror [Cuartel General de Santafé, 6

de junio de 1816] [En línea]. Tomo de la Biblioteca Familiar Colombiana de

la Presidencia de la República, 1997. [Consultado el 13 de octubre de 2008].

Disponible en Internet vía:

http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/docpais/morillo.doc


209

autoridades virreinales y el regentismo contrarrevolucionario de

los junteros santafereños, entre otras luchas intestinas,

permitieron a los habitantes de las provincias del Socorro y

Pamplona ganar la experiencia política y la destreza militar

necesarias para apoyar la unificación a sangre y fuego de la

primera república, así como para torpedear o boicotear el

accionar del régimen virreinal de reconquista. Así mismo, les

permitió apoyar y consolidar la victoria de las fuerzas armadas

revolucionarias que enfrentaron, derrocaron y modificaron el

Estado español que había sido reestablecido a mediados de

1816.

Ese espíritu de rebeldía, insurrección, revolución y liberalismo

federalista que caracterizó a los socorranos durante el proceso de

Independencia del centro-oriente de la actual Colombia,

caracterizado por la conspiración pacifista, el radicalismo

ideológico, la solidaridad interprovincial y la subversión

guerrillera, renació durante las guerras civiles de mediados del

siglo XIX, se afianzó durante las guerras de guerrillas quineras

de finales del siglo XIX, se legalizó tácticamente como parte de

la estrategia de desgaste durante la guerra de los mil días, se

legitimó y justificó con las guerrillas partidistas y los grupos

bandoleros de la primera mitad del siglo XX, para finalmente,

ser asumido como el medio y el fin de la revolución socialista

del Estado-Nación por parte de las guerrillas comunistas que

fueron respaldadas (FARC, M19), formadas (ELN) o

consolidadas (EPL) en los territorios que formaron las

provincias virreinales y neogranadinas de Pamplona y El

Socorro durante un tricentenario.

“Un fuego sagrado anima los pechos de los bravos socorreños”

(Simón Bolívar)


210

FUENTES HISTÓRICAS

DOCUMENTALES – Editadas

COLOMBIA. Leyes, etc. Congreso de las Provincias Unidas: leyes,

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octubre de 2008]. Disponible en Internet vía:

http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/diarioindep/diario1.htm

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26 de agosto de 1789) [En línea]. Publicado por Wikisource:

Documentos Históricos. [Consultado: 13 de octubre de 2008].

Disponible en Internet vía:

http://es.wikisource.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_de_los_Derechos_

del_Hombre_y_del_Ciudadano


212


213

5. ARTE MODERNO, DETERMINISMOS

SOCIOCULTURALES Y CONSTRUCCIÓN DE

IDENTIDADES REGIONALES EN LOS ANDES

COLOMBO - VENEZOLANOS 32

“La labor de un curador de arte

consiste en crear las condiciones

propicias para que la producción

artística sea legitimada como parte de

una experiencia cultural colectiva” 33 .

Desaprender. Los teóricos de la pedagogía como los

promotores de la enseñanza pedagógica de la política a través de

la “formación de ciudadanos” aún exigen a los maestros de

carne y hueso por medio de sus rimbombantes escritos la

necesidad de implantar una “educación crítica”, apelando para

ello al facilismo de fórmulas mágicas y mundos etéreos

construidos tras un cómodo escritorio universitario.

32 Informe final del asesor histórico del proyecto de Investigación curatorial

del 13 Salón Regional de Artistas “De aquí y del otro lado. Visitaciones entre

cuerpo, paisaje, espiritualidad y política”. Proyecto financiado por el

Ministerio de Cultura a través de la Secretaría de Cultura de Norte de

Santander. Bucaramanga, septiembre de 2009. Un fragmento de todo este

texto fue publicado como: PÉREZ PINZÓN, Luis Rubén. El papel de los

determinismos socioculturales en la construcción bicentenaria de identidades

en los andes colombo-venezolanos. (Primera parte). En: Cuestiones

Universitarias Unab. Año 1, No. 1. 2011.

33 PONCE DE LEÓN, Carolina. El efecto Mariposa, Ensayos críticos sobre el

arte en Colombia 1985 - 2000. 2 ed. Bogotá, IDCT, 2005. P. 29


214

A ello se unen sus irónicas denuncias sobre el facilismo e

instrumentalismo funcional de los maestros al culparlos de la

incapacidad de propiciar un nuevo orden, cambio o realidad

social. Con lo cual, incitan a combatir el sistema y su andamiaje

político-existencial sin estar dispuestos a manchar sus manos

con la sangre, el sudor y el barro con el que se han entendido los

procesos históricos de transformación de cada civilización.

Quienes concibieron y promovieron como una innovación el

orden institucional para educar e instruir que hoy damos por

obsoleto y retardatario asumieron que el sentido de su

inconformidad no estaba en la negación o la sustitución de lo

que les molestaba o no comprendían. Por el contrario, asumieron

la tarea de comprender los sistemas y las prácticas heredados

que permitiesen comprender los causales del sinsentido,

proyectar los valores y postulados fundacionales de cada

comunidad de individuos, habitantes, ciudadanos, etc., y como

resultado de sus esfuerzos y necesidades comunes visualizar el

futuro como un punto de llegada ante el cual las generaciones de

ese presente debían estar dispuestas a cuestionar, revisar y

replantear. Desde el vitalismo naturalista más simple asumían su

existencia como la tarea de asegurar la continuidad de sus genes

en el contexto en el que se habían generado y reproducido.

No es posible que desde la pauperización de la sociedad y la

cultura se pretenda reconstruir las estructuras civilizatorias

heredadas al buscarse en las transformaciones y adecuaciones

tecnológicas de las gentes comunes los fundamentos de quien

enseña como quien aprende. La tarea existencial de la educación

y los educadores ha sido la de iluminar el camino por el cual

cada generación debe continuar su marcha, sortear dificultades y

trazar un rumbo acorde con los cambios de su entorno.


215

De tal modo, la humanidad, la sociedad y los valores de hoy no

son los que existían ayer ni se puede esperar que sean

preservados para mañana. Son cuestionables los teóricos e

investigadores que pretenden instaurar o preservar un orden y

las formas de un mundo que no nos pertenecen al no surgir ni

adecuarse a nuestras formas de ser, hacer y tener. Se equivocan

cuando pretenden desde la retórica político-filosófica propiciar

la creación insensible y forzada de ciudadanos, de un tipo

utópico de ciudadanos que creen y conciben lo que se necesita,

porque así las musas se los han develado. Olvidan que los

maestros fueron estudiantes, que las preocupaciones e intereses

de los estudiantes son el reflejo de los actos de sus maestros, así

como las conductas y valores de los estudiantes son reflejo de

los procesos de convivencia e interacción entre sus padres al ser

hijos de una “patria”.

Se busca por doquier culpables: el sistema, el estado, las

instituciones, los programas, etc. Se denuncia la lógica oculta de

lo ilógico. No obstante, los maestros de la educación

universitaria que cuestionan a los demás maestros, incluidos los

mismos universitarios, se niegan a aceptar que son el producto

de la crítica infecunda y las soluciones inacabadas de quienes le

antecedieron. Buscan en los demás los defectos que sólo se

pueden asumir desde sus propias convicciones culturales y

prácticas pedagógicas heredadas. Sólo en la medida que cada

maestro está dispuesto a salir de sus “seguras” aulas a explorar

de forma permanente quién es, a cuestionar e interpretar el

mundo en que ha crecido, a interactuar con otras formas de

conocer y recrear la realidad, puede asumir con confianza que

propiciará cambios e “iluminará” a las generaciones que se le

asignan para que las forme.


216

“Aprender con el bicentenario”. Para formar la actual nación

colombiana, y considerando los altos índices de analfabetismo

que impedían civilizar a los ciudadanos a través de tecnologías

de la información y la comunicación ilustradas como eran el

periódico y el libro impreso, fue necesario volver a usar las

estrategias de instrucción popular que se habían empleado

durante los procesos de evangelización conquistadora a través

de la imaginería religiosa de carácter piadoso o procesional.

Para ello fueron usadas tecnologías de aprendizaje y

comunicación cultural como fueron los símbolos alegóricos

nacionales y las acuarelas científicas y costumbristas producidas

por la Expedición Botánica y la Comisión Corográfica, las

cuales fueron a su vez adecuadas en los instrumentos propios de

las tecnologías de la educación y la comunicación al ser parte de

los manuales y textos escolares editados con imágenes para la

reafirmación de las ideas, imágenes y postulados expuestos

textualmente.

El día que cada uno de los Estados neogranadinos de la “patria

boba” decidieron declararse independientes de los gobernantes y

las instituciones españolas de forma universal, absoluta y

perpetua (1812) una de las primeras acciones que realizaron fue

quitar de las fachadas y las paredes públicas los símbolos de la

monarquía española para ser reemplazados por los escudos de

armas y las banderas de guerra que habían diseñado usando

símbolos alegóricos de la fauna y la flora americana, incluidos

los indígenas. Cartagena (1811) adoptó una indígena dando de

comer una granada a un mirlo, Cundinamarca (1813) una

princesa indígena “dorada”, ataviada de flechas y lanzas.

Las tecnologías de aprendizaje visual acerca de los símbolos,

atributos y características del nuevo Estado – Nación requirieron

procesos cíclicos de revisión y renovación. En el caso de los


217

departamentos de Santander, aún hoy, a través de los libros de

texto de carácter didáctico, monográfico o turístico se sigue

aprendiendo a identificar y detallar los rasgos y características

existenciales de los ancestros provinciales del siglo XIX gracias

a las acuarelas realizadas por el venezolano Carmelo Fernández.

Cada imagen por sí misma es asumida con el sinsentido propio

de una pieza de arte aislada de origen decimonónico. Sin

embargo, cuando cada imagen se articula a las descripciones de

Manuel Ancízar y se le ubica en el contexto de mediados del

siglo XIX adquiere una potencial infinito de opciones narrativas,

redescubrimientos etnográficos y revisiones sociopolíticas sobre

lo que se es y se ha sido al buscarse en ella los rasgos propios de

la vestimenta, facciones étnicas, paisajes, expresiones sociales,

etc.

Las “experiencias significativas” más importantes de las

instituciones educativas del Área Metropolitana de

Bucaramanga y el Departamento de Santander durante el 2010

estuvieron asociadas con la transformación de las prácticas

pedagógicas y la adecuación de los Proyectos Educativos

Institucionales a las nuevas visiones y misiones educativas

demandadas por los estudiantes desde el arte y el “cultivo” de

las artes. “HistoriArte” del Colegio Integrado Helena Santos

Rosillo de Charalá demostró a los docentes venidos de todas las

provincias y Municipios de Santander que a través del arte

dramático es posible enseñar a los estudiantes a comprender las

Ciencias Sociales desde la reinterpretación literaria de la historia

local; las experiencias históricas y los saberes locales se

integraron para mejorar las primeras puestas en escena, y

especialmente, los estudiantes se apropiaron de la vida y obra de

las personalidades históricas que se eligieron o se les asignó


218

representar ante todo el municipio, el departamento y finalmente

todo el país.

Así, los productos de los maestros que crean arte enriquecen y

complementan el trabajo formativo de los maestros que crean

ciudadanos ya que las representaciones artísticas de la realidad

presente son perpetuadas con las tecnologías pictóricas y

escultóricas para la interpretación cambiante y resignificante que

cada generación de ciudadanos le puede dar desde las aulas de

clase al buscar respuestas y rumbos para su propio destino. Al

observar y cuestionarse sobre su mundo una de las acciones

didácticas de los maestros es graficar en los cuadernos, hojas,

carteles o muros las comprensiones e interpretaciones realizadas

propiciando con el arte de la creación y la recreación

compromisos sociopolíticos. Por ejemplo, los murales escolares

sobre el cuidado del medio ambiente.

Otra experiencia cultural transformadora de las nociones y

prácticas formativas de la educación desde el arte fue el proceso

permanente de encuentro, discusión y proyección de nuevas

visiones, posiciones o consideraciones sociopolíticas a partir de

las experiencias, sensaciones y convicciones de los maestros que

crean e innovan como de aquellos que seleccionan, critican,

valoran y divulgan a través del décimo tercer salón regional de

artistas, zona nororiental, que durante el segundo semestre del

2009 se llevó a cabo al norte y al sur del “Gran Santander” como

en el fronterizo Estado venezolano del Táchira.

Un evento artístico de creaciones inmediatas para generar

impactos culturales mediatos y mediáticos por medio de

“visitaciones” que al propiciar encuentros formativos entre los

maestros de educación artística, los artistas académicos y los

creadores autodidactas con especialistas universitarios en

historia, filosofía, semiótica y artes plásticas regionales con el


219

fin de realizar una “investigación curatorial de tipo teórico –

metodológico de carácter exploratorio, en la medida que

trabajará con sujetos inmersos en el campo de las ciencias

sociales” a fin de propiciar escenarios de dialogo creativo y

participación activa al reconsiderarse “la naturaleza de los

procesos lúdicos y los fenómenos de la cultura como campos de

interacción” 34 .

Para cumplir con esas expectativas fue importante resaltar en

cada uno de los encuentros temáticos de Bucaramanga, Cúcuta y

San Cristóbal que los profesionales de las ciencias sociales y

humanas no son seres ajenos al arte ni a las expresiones

artísticas de las región política, económica y cultural que se

asocia con los andes colombo-venezolanos, específicamente

entre el “Gran Santander” y sus múltiples vínculos o raíces con

el Táchira. Y ello ocurre porque en esencia sus comunicaciones,

representaciones y publicaciones son expresiones artísticas de

las miradas e investigaciones que se han realizado sobre la

diversa y compleja realidad desde perspectivas histórico –

documentales como teórico – sociales.

Si bien las producciones científico-sociales de la región no han

centrado su interés en el devenir de lahistoria del arte” y los

artistas, la necesidad de constituir equipos interdisciplinarios

para pensar pedagógicamente la región desde el cuerpo, el

paisaje, el espíritu y la política se constituyó en una oportunidad

para buscar consensos, lenguajes y perspectivas posibles que

permitieran repensar, sugerir y orientar el ejercicio creativo de

34 TOLOZA, Germán y VELASCO, Eduard [colectivo Morrorico]. 13

salones regionales de artistas, zona oriente, Norte de Santander, Santander y

Estado Táchira: Proyecto Curatorial “De aquí y del otro lado. Visitaciones

entre cuerpo, paisaje, espiritualidad y política”. Cúcuta: Secretaría de Cultura

del Norte de Santander, 2009. P. 4.


220

los artistas que se sentían convocados a participar en el Salón

Regional de Artistas de 2009.

Así mismo, las diversas preocupaciones temáticas de los

curadores y las reflexiones de los científicos sociales en esos

ámbitos hacían necesario encontrar puntos de convergencia en

cada encuentro al dar respuesta colectiva a cuestiones como:

¿qué es la región?, ¿qué significa ser santandereano,

nortesantandereano o tachirense?, ¿por qué pensar la creación y

gestión artística regional sin continuar con las políticas

nacionales? Un contexto de entrada estuvo asociado con los

quinientos años de relaciones e intercambios políticoeconómicos

y socio-culturales que han existido en la frontera

colombo-venezolana.

Legados. Durante la conquista ingresaron desde las provincias

de Venezuela a las provincias nororientales de la actual

Colombia las primeras huestes de conquistadores europeos que

recorrieron la región (Alfinger, Federman, etc.), así como en la

colonia ascendieron a través de la cuenca de los ríos Maracaibo

y Orinoco gran parte de las mercaderías y suministros europeos

que embellecieron y abastecieron las ciudades mineras del

Nuevo Reino.

La unidad republicana propició el traslado de ideas alternativas

de independencia y prosperidad desde los andes venezolanos

hasta los neogranadinos a través de las recuas de arrieros y

comerciantes que no sólo transportaron las proclamas y

constituciones republicanas adoptadas en Europa y Venezuela

ya que a través de esos mismos canales llegaron posteriormente

a las provincias del “Gran Santander” nuevas fuentes de

prosperidad asociadas con los capitales traídos o producidos


221

gracias al emprendimiento de los inmigrantes europeos, así

como las divisas monetarias y las transformaciones paisajísticas

que fueron realizadas (caminos carreteables, puentes sólidos,

ferrocarriles, navegación a vapor, etc.) para lograr la exportación

de las cosechas de café que inundaron las montañas y valles de

la región desde finales del siglo XVIII.

Durante el último siglo, esas interacciones han tenido

continuidad al entrar por la frontera los efectos de la prosperidad

petrolera andina y zuliana al moverse la industria, comercio y la

economía ilegal (contrabando) de los colombianos gracias a los

combustibles y la petroquímica venezolana.

Los colombianos han encontrado por su parte en los andes

venezolanos las rutas de expansión, comercialización y

emigración que han permitido flexibilizar las dinámicas

socioproductivas durante los ciclos de crisis política o

económica. Durante las primeras décadas de conquista española

de la región, las huestes fundadoras de Málaga y Pamplona

prolongan sus procesos de dominación bélica, fundación de

ciudades y repartimiento de encomiendas fundando San

Cristóbal, La Grita, Mérida, etc.

En los tres siglos de colonia, las villas y ciudades asociadas con

los valles de los ríos Pamplonita, Táchira y Zulia encuentran en

la cuenca del Lago de Maracaibo la salida exportadora de sus

cosechas de cacao, así como durante la república federal las

artesanías, manufacturas, ganados y monocultivos de las

provincias del Socorro, Soto y Pamplona encuentran en la

frontera binacional su mercado más importante al acumularse

allí los lotes de productos provinciales que eran comercializados

en los llanos, costas e islas del caribe.


222

Las bonanzas cafeteras y petroleras propiciaron durante el siglo

XX la emigración de un gran número de colombianos que se

radicaron, nacionalizaron y procrearon como venezolanos sin

perder su identidad y filiación familiar con los colombianos,

siendo continuada esa tendencia por las promesas de progreso,

cambio y reivindicación socioeconómica para los pobres y

desarraigados asociadas con la revolución bolivariana

promovida por el populismo chavista.

A pesar de ese largo y dinámico panorama de interdependencias

santandereanos, nortesantandereanos y tachirenses se presentan

o son asumidos como “razas” diferentes y distantes unas de

otras como consecuencia de los determinismos políticoadministrativos

y socioculturales creados para defender las

autonomías jurisdiccionales apelándose para ello a la memoria

colectiva asociada con las raíces indígenas, las redes sociales

interprovinciales, las demarcaciones limítrofes dispuestas

legalmente, las expresiones orales, corporales y folclóricas, y

finalmente, los determinismos simbólicos asociados con la

adopción y representación de la territorialidad subregional a

través de una bandera, un himno, un escudo, un plato típico, un

monumento, un lugar turístico, etc., divulgados e impuestos

como imágenes de la identidad por parte de las instituciones,

organizaciones y gremios territoriales.

Una respuesta preliminar, provocadora, paradójica e inquietante

para comprender ese panorama de subregiones predeterminadas

a mantenerse y concebirse como territorios y sociedades

diferentes puede ser identificada en los videos de divulgación

cultural que las instituciones oficiales y las individualidades

internáuticas han creado y publicado con ayuda las nuevas

tecnologías de la información y la comunicación. Dichos

creadores audiovisuales coinciden que la condición espiritual de


223

los cuerpos se resume y refleja en el paisaje cultural creado y

heredado de los regímenes colonial, republicano y nacionalista

que nos han antecedido.

A través de la Internet, santandereanos, nortesantandereanos y

tachirenses se autorepresentan como los portadores, protectores

y difusores de los paisajes, edificios públicos, templos

religiosos, monumentos patrióticos, construcciones

emblemáticas, etc., que las políticas gubernamentales y

eclesiásticas han promovido y conservado hasta el presente en

cada una de las poblaciones que conforman la jurisdicción

territorial y el imaginario cultural de cada una de esas

colectividades de “paisanos”. Con lo cual, los cuerpos y los

espíritus de la región están incorporados al paisaje, no son

visibilizados por las creaciones audiovisuales de consumo

mediático al ser más importante destacar los elementos

materiales y las infraestructuras monumentales con las que

coexisten, con las que se representa su identidad.

Al circunscribirse los cuerpos y espíritus a unas políticas y a un

paisaje que los simboliza, unifica y armoniza se ha descartado la

posibilidad de repensar las concepciones de los espíritus y las

necesidades de los cuerpos como factores causantes de las

políticas públicas y las transformaciones del paisaje.

Cuando en la memorable convención de Villa del Rosario de

1821 se decretó la constitución de la República de Colombia,

los padres y fundadores del Estado-Nación asumieron que para

cumplir con los derechos del hombre y el ciudadano, así como

para alcanzar la prosperidad material y corporal de los

colombianos, se requería unas políticas centralizadas y unas

leyes concretas para la transformación del paisaje en caminos,

carreteras, ferrocarriles, monocultivos y extracciones

productivas acordes con las riquezas nacionales y las demandas


224

internacionales que produjesen a su vez una revolución de los

cuerpos y los espíritus. Para entonces, se asumía que las

instituciones democráticas del estado republicano regulaban y

guiaban a la Nación de ciudadanos.

Hoy son las presiones electorales y las posiciones políticas

pendulares de la Nación las que delimitan la visión y la misión

de las instituciones estatales. Aunque para ello, se han

necesitado muchas más revoluciones, batallas y muertos que las

requeridas para expulsar la tiranía de los pacificadores españoles

y celebrar el triunfo de las libertades y los libertadores.

Continuidades. Las nociones y luchas por las libertades

individuales no han sido las mismas en la construcción de la

región andina binacional que nos convoca y reúne. Las

comunidades indígenas que encontraron los conquistadores

alemanes e ibéricos contaban con sus propias estructuras,

territorios y jerarquías políticas, a tal nivel, que los europeos

simplemente se repartieron la “Tierra Firme” del Nuevo Mundo

conservando los límites geopolíticos que ya tenían definidos los

cacicazgos indígenas.

Los invasores debieron precisar cuáles eran sus libertades y

límites al concertar y capitular con el emperador español la

autonomía de sus fueros municipales, específicamente, para

gozar de las encomiendas y privilegios adquiridos, razón por la

cual la alteración de esos pactos al protegerse a los nativos

americanos de la esclavitud y la servidumbre conllevó a la

rebelión insurgente de los conquistadores y fundadores de las

ciudades andinas como fue el caso de Juan Rodríguez Suárez,

encomendero de Bucaramanga, vecino de Pamplona y fundador

de Mérida.


225

Las autonomías municipales representativas de cada orden

provincial resistieron el embate del despotismo borbónico y se

constituyeron en fundamento central de las declaraciones

provinciales de independencia al reclamar los cabildos la

reasunción de su soberanía al darse finalizado el pacto con el rey

español desde que fue secuestrado y expropiado su poder

soberano por el imperio francés de los Bonaparte.

Sin embargo, el espíritu ilustrado que animó a los “padres de la

patria”, especialmente “el espíritu de las leyes” sugerido por

Montesquieu, mediante el cual se orientó el despotismo

militarista e ilustrado de los primeros generales – presidentes

colombianos, contaba con un explícito determinismo geopolítico

del cual se deduce que neogranadinos y venezolanos por ser

habitantes del trópico eran aún seres inferiores e inmorales,

contarios a los pueblos con climas del norte que se

caracterizaban por ser “de pocos vicios, bastantes virtudes y

mucha sinceridad y franqueza”. Con lo cual, los países calidos

del sur se asumían como territorios con una creciente

inmoralidad en cuanto a sus usos, vicios y virtudes, de tal

manera que “las pasiones más vivas, multiplicarán la

delincuencia” 35 .

Ideas reafirmadas y divulgadas a toda Europa por los viajeros,

diplomáticos y espías europeos que recorrieron las provincias

colombianas, especialmente Gaspard-Théodore Mollien quien

en su viaje de 1823 manifestaba de los colombianos y los

efectos corporales del clima andino:

A estas revoluciones atmosféricas [lluvias y nieblas heladas],

tan diferentes de las nuestras, se suelen atribuir las

35 MONTESQUIEU. El espíritu de las leyes. Libro XIV (de las leyes con

relación al clima). Capítulo primero y segundo. V. ed.


226

enfermedades morales, que son tan frecuentes y que nosotros

achacamos al exceso de calor 36 .

…El colombiano que habita la tierra caliente suele ser

delgado, de tez amarillenta; en general es bajo de estatura y

pocas veces está bien constituido. El estado de debilidad en

que languidece proviene del empobrecimiento sanguíneo que

sufre la raza blanca en el trópico a medida que la sangre negra,

que por lo general se mezcla con la de los europeos, se va

alterando y desapareciendo.

A medida que uno se eleva hacia las regiones más frías, el

color de los blancos va siendo menos amarillento; todavía se

muestra pálido hasta a una altura de seiscientas toesas; al

llegar a mil toesas ya se ve buen color, y magnífico en la

altitud en que se encuentra Santafé de Bogotá, donde los

hombres, sobre todo en la infancia, suelen ser hermosos, y,

aun cuando su constitución no sea en extremo robusta y sean

propensos en la edad madura a contraer muchas

enfermedades, su alta estatura y su esbeltez disimulan

perfectamente su decrepitud precoz.

El colombiano no tiene vivacidad en la fisonomía; su figura es

sombría, triste e inexpresiva; no refleja sino indolencia, y sus

movimientos lentos prueban, al menos, que aquellos signos no

engañan.

…Al hablar de la energía y de la fuerza moral de los

habitantes de las tierras calientes no he querido referirme al

desarrollo de sus facultades intelectuales. Los calores

abrasadores y muy especialmente las nubes de mosquitos que

asuelan esas regiones, impiden la concentración del espíritu y

debilitan todos los resortes para que permitan entregarse a las

36 MOLLIEN, Gaspard. Viaje por la República de Colombia, 1823. Segunda

parte, Capítulo VII. V. ed.


227

meditaciones constantes que engendran los grandes

descubrimientos.

Además, en las regiones equinocciales la misma naturaleza

parece convidar al reposo y a la molicie; hasta parece haber

quitado al hombre el deseo y la necesidad que aguzan el

ingenio. No desea nada, y la abundancia le sonríe por doquier.

El apetito pocas veces aprenda su estómago, y abundantes

cosechas de fácil recolección rodean su vivienda. Las ropas le

abruman durante el día, y por la noche le son indispensables;

los campos está cubiertos de un plumón fácil de tejer en telas

ligeras para el calor del día, y en paños de abrigo para el frío

de las noches 37 .

Condiciones ambientales que según Mollien alteraban las

características de los paisajes y las formas de los cuerpos, así

como condicionaba el imaginario espiritual, político y artístico

de los colombianos (venezolanos, neogranadinos, ecuatorianos y

panameños) al ser evidente su “inferioridad” creativa,

productiva y cultural al ser comparados con los europeos y

norteamericanos en aspectos como el “clima artístico”:

Los cuadros que en Europa se pintaban con anterioridad a

Rafael pueden darnos una idea de los que se pintan en

Colombia; el dibujo es incorrecto; las figuras carecen de

expresión; no hay en ellos perspectiva alguna; y en general no

se ven indicios de imaginación. Los de Vásquez son una

verdadera excepción de esa ley.

¿Qué grado cae perfeccionamiento alcanzarán las artes,

distracciones inútiles para la indiferencia de los habitantes

aletargados de los trópicos la pintura carece de colorido, la

escultura de encanto, porque no ofrece esa picante novedad

que presenta en Europa al traicionar el secreto de formas que

37 Ibíd. Segunda parte, Capítulo IX


228

están siempre veladas. ¿El habitante libre de los trópicos

cultivará con entusiasmo el arte de los Perrault, para levantar

con mil esfuerzos de imaginación palacios suntuosos, ya que

pasa los días y las noches bajo una bóveda cien mil veces más

deslumbrante que la de los alcázares de los reyes? Y por eso

mismo, ¿a quiénes se atribuyen esos monumentos que se

encuentran en las regiones de los trópicos? A reyes o a

pontífices crueles y soberbios, pues sabido es que alrededor de

esos templos fastuosos, el pueblo, lo mismo que hoy, vivía en

chozas de caña y de barro.

Los países abrasados por el sol del Ecuador son la patria del

valor, de la alegría loca, de la habilidad y de la imitación; ni

son las tierras calientes. Los que por gracia de la naturaleza no

reciben sino un calor suave, son la patria de las artes, del gusto

y de la melancolía pensativa; ni serán los Andes.

Y ya en este momento los habitantes de esas montañas tienen

un gusto más refinado por las artes que el pueblo calculador

de los Estados Unidos 38 .

Divergencias. Hasta antes de la caída del régimen virreinal

español los determinismos ambientales y geoespaciales con los

que se explicaba el atraso, la inferioridad (Montesquieu) y el

aletargamiento de las gentes de los trópicos (Mollien) se

evidenciaban en los informes, relaciones y descripciones que los

viajeros, funcionarios y gobernantes realistas presentaban para

acentuar las diferencias entre españoles peninsulares y criollos

americanos.

Refiriéndose al paisaje de las provincias neogranadinas de

Socorro, Girón, Pamplona y Mérida, el experimentado cura

38 Ibíd.


229

párroco e inquisidor Basilio Vicente Oviedo manifestaba en su

publicación de 1763 que los territorios de esas provincias

andinas eran muy productivos pero malsanos haciendo

descripciones gráficas sobre los aspectos productivos, sociales y

económicos directamente relacionados con las congruas que

debían recibir los párrocos de sus feligreses anualmente.

Sobre Girón, curato que Oviedo había rechazado permutar,

advertía a los demás curas y parroquianos del reino que su

temperamento era cálido, “en particular en la ciudad, por estar

en un arenal de la ribera del río y arrimada a un cerro”, aunque

sus valles y ejidos producían “mucho cacao, algodones, lienzos,

cañaverales y muchos frutos. Tiene riquísimos minerales de

oro en sus ríos”. Bucaramanga, pueblo de indios y real de minas

de la jurisdicción de Pamplona, tenía un “temperamento mejor

que el de Girón y en ameno y deleitoso llano” lo cual propició la

agregación de familias blancas y mestizas a ese pueblo con sus

respectivos esclavos desde la ciudad vecina pues además del

clima benigno y las extracciones mineras por socavón o aluvión

también se caracterizaba por ser tierra propicia para el cultivo de

“caña, tabaco, algodón, cacao, maíz y muchas frutas” 39 .

La parroquia de blancos de San Josef del Guasimal se

caracterizaba por su valle aluvial con un temperamento muy

cálido y sano lo cual la hacía tierra fértil para la producción de

mucho cacao y frutos que dinamizaba el comercio con otras

provincias aunque su paisaje estaba ensombrecido por “la

epidemia de muchas garrapatas y culebras y otros anímales

ponzoñosos” 40 . Iguales características presentaba el pueblo de

indios de Cúcuta, vecino al de San Josef, donde la abundancia

39 OVIEDO, Basilio Vicente. Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de

Granada. Capítulo XIII. V. ed.

40 Ibíd. Capítulo XIV


230

de cacao y frutos comerciales era proporcional al de culebras,

garrapatas y otras sabandijas.

La presión demográfica de las familias de blancos y los mestizos

o libres de la parroquia al agregarse o vivir en inmediaciones de

los pueblos de indios, aunado al mestizaje sociocultural de los

indígenas que ocupaban esos pueblos y resguardos, se evidenció

en la reducción de indios tributantes, y consigo, la reducción y

traslado de esas comunidades a otros resguardos para

transformar sus pueblos y tierras en parroquias de blancos como

fue el caso de Bucaramanga presionada por Girón y Cúcuta por

San Josef.

Valga recordar que los “blancos” europeos (peninsulares) y sus

descendientes americanos (criollos o americanos), a pesar de sus

imaginarios mesiánicos de pureza de sangre y religión, habían

sido a su vez el resultado del mestizaje interétnico y el

sincretismo intercultural que se había dado durante procesos

milenarios de conquista y colonización imperiales entre ibéricos,

celtas, fenicios, griegos, romanos, judíos, bárbaros - godos,

moros – africanos y cristianos 41 .

Esa dinámica andina también se vivenció entre parroquias de

blancos como San Antonio y San Cristóbal y los pueblos

indígenas circunvecinos a esas jurisdicciones como fue el caso

de Capacho, Guarinos y los pueblos de misión en la cuenca del

Apure a cargo de los dominicos.

La jurisdicción de San Cristóbal fue presentada como un

territorio fecundo con un “temperamento bien cálido, pero sano”

41

GARCÍA DE CORTAZAR, Fernando. España mestiza. [En línea].

[Consultado el 4 de julio de 2009]. Disponible en:

http://www.seacex.com/documentos/america_mestiza_05_espania.pdf.


231

lo cual facilitaba la producción de grandes volúmenes de caña

dulce, con la cual se fabrican mieles, panelas, azúcares, etc.,

grandes cantidades de buen tabaco el cual era comerciado con

Maracaibo y Santafé, sumado a los crecientes volúmenes de

cacao que se producía a través del pueblo de Capacho hasta la

parroquia de San Antonio, a orillas del río Táchira, cuyo

temperamento y humedad propiciaba el crecimiento de las

plagas de moscos, culebras y demás sabandijas ponzoñosas,

nocivas o molestas que caracterizaban esos valles, aunado a “los

indios gentiles llamados motilones, que infestan aquellos

países…” 42 .

Los habitantes que ocupaban esos paisajes territoriales a

mediados del siglo XVIII eran en su mayoría personas libres o

mestizas al no ser ya tan rigurosas las separaciones étnicas entre

los blancos en sus repúblicas parroquiales y los indios en sus

pueblos y repúblicas resguardadas, a lo cual se sumaba el

creciente mimetismo o conversión de los indios como mestizos

y libres en las parroquias de los blancos para librarse de las

responsabilidades tributarias con la corona.

Esas dinámicas demográficas y sociales fueron ampliamente

descritas por Oviedo para el caso de las provincias del Socorro y

San Gil al resaltar la creciente agregación de blancos a los

pueblos de indios, la reducción de los pueblos de indios al unirse

varios de ellos en una sola jurisdicción y la permanente

búsqueda de las familias blancas y mestizas de los mejores

lugares para hacer residencia y vecindad al ser constantes los

padecimientos por bubas, calenturas y enfermedades epidémicas

causadas por los insectos endémicos, así como por ser esos

valles y su clima cálido propicios para el contagio de

enfermedades epidémicas, especialmente las viruelas.

42 Oviedo. B. Op. Cít. Capítulo XV


232

La abundancia y fecundidad del paisaje tenía como contraste la

creciente tendencia de los habitantes a estar enfermos. De al

que los determinismos europeos sobre la superioridad e

inferioridad de las naciones de acuerdo a las condiciones

geográficas que influían en las capacidades físicas y mentales de

los habitantes se evidenciara en los rasgos característicos del

espíritu de los criollos andinos moldeados por los agrestes

territorios y los malsanos factores climáticos que debían

soportar.

Los gironeses, hombres y mujeres, fueron presentados por

Oviedo como naturales “bien apersonados, de genios unos y

otros vivos, festivos, despejados, agradables cortesanos,

cariñosos y piadosos; pero también son genios litigiosos y

temistos [sic] unos con otros, que así todas las familias

principales son ligadas con parentesco y con todo eso siempre se

están compitiendo y discordes con litigios que los fomentan por

cualquiera leve causa” 43 . Los criollos que ocupaban los valles de

los ríos Táchira, Pamplonita y Torbes, son presentados por su

parte como personas con genios agradables, festivos y piadosos

propios de las “tierras de comercio” e interacción sociocultural