Cerámicas hispanorromanas. Un estado de la cuestión - Ex officina ...

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Cerámicas hispanorromanas. Un estado de la cuestión - Ex officina ...

Cerámicas hispanorromanas.

Un estado de la cuestión

D. Bernal Casasola y A. Ribera i Lacomba (eds. científicos)

Editado con motivo del XXVI Congreso Internacional

de la Asociación Rei Cretariae Romanae Fautores

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Índice

Introducción. “What are we looking for in our pots?” Reflexiones sobre ceramología hispanorromana ................ 15

Darío Bernal Casasola y Albert Ribera i Lacomba

Prólogo. La cerámica hispanorromana en el siglo XXI .............................................................................................. 37

Miguel Beltrán Lloris

BLOQUE I. ESTUDIOS PRELIMINARES

Los estudios de cerámica romana en las zonas litorales de la Península Ibérica:

un balance a inicios del siglo XXI.............................................................................................................................. 49

Ramón Járrega Domínguez

Los estudios de cerámica romana en las zonas interiores de la Península Ibérica. Algunas reflexiones.................. 83

Emilio Illarregui

De la arcilla a la cerámica. Aproximación a los ambientes funcionales de los talleres alfareros en Hispania......... 93

José Juan Díaz Rodríguez

Hornos romanos en España. Aspectos de morfología y tecnología .......................................................................... 113

Jaume Coll Conesa

El Mediterráneo Occidental como espacio periférico de imitaciones..................................................................... 127

Jordi Principal

BLOQUE II. ROMA EN LA FASE DE CONQUISTA (SIGLOS III-I A. C.)

Las cerámicas ibéricas. Estado de la cuestión........................................................................................................... 147

Helena Bonet y Consuelo Mata

La cerámica celtibérica............................................................................................................................................. 171

Francisco Burillo, Mª Ascensión Cano, Mª Esperanza Saiz

La cerámica de tradición púnica (siglos III-I a. C.) .................................................................................................... 189

Andrés María Adroher Auroux

Cerámica turdetana .................................................................................................................................................. 201

Eduardo Ferrer Albelda y Francisco José García Fernández

Cerámicas del mundo castrexo del NO Peninsular. Problemática y principales producciones ............................... 221

Adolfo Fernández Fernández


La cerámica “Tipo Kuass” ......................................................................................................................................... 245

Ana Mª Niveau de Villedary y Mariñas

La cerámica de barniz negro .................................................................................................................................... 263

José Pérez Ballester

Producciones cerámicas militares en Hispania....................................................................................................... 275

Ángel Morillo

BLOQUE III. NUEVOS TIEMPOS, NUEVOS GUSTOS (AUGUSTO-SIGLO II D. C.)

Las cerámicas “Tipo Peñaflor” .................................................................................................................................. 297

Macarena Bustamante Álvarez y Esperanza Huguet Enguita

Producciones de Terra Sigillata Hispánica.............................................................................................................. 307

Mª Isabel Fernández García y Mercedes Roca Roumens

Terra sigillata hispánica brillante (TSHB) ............................................................................................................... 333

Carmen Fernández Ochoa y Mar Zarzalejos Prieto

Las cerámicas de paredes finas en la fachada mediterránea de la Península Ibérica y las Islas Baleares ................. 343

Alberto López Mullor

Paredes finas de Lusitania y del cuadrante noroccidental ...................................................................................... 385

Esperanza Martín Hernández y Germán Rodríguez Martín

Lucernas hispanorromanas ...................................................................................................................................... 407

Ángel Morillo y Germán Rodríguez Martín

Las cerámicas “Tipo Clunia” y otras producciones pintadas hispanorromanas....................................................... 429

Juan Manuel Abascal

Las “cerámicas bracarenses”..................................................................................................................................... 445

Rui Morais

El mundo de las cerámicas comunes altoimperiales de Hispania........................................................................... 471

Encarnación Serrano Ramos

La producción de cerámica vidriada ........................................................................................................................ 489

Juan Ángel Paz Peralta

BLOQUE IV. CERÁMICAS HISPANORROMANAS EN LA ANTIGÜEDAD TARDÍA (SIGLOS III-VII D. C.)

Las producciones de terra sigillata hispánica intermedia y tardía.......................................................................... 497

Juan Ángel Paz Peralta

La vajilla Terra Sigillata Hispánica Tardía Meridional .............................................................................................. 541

Margarita Orfila Pons

Las imitaciones de cerámica africana en Hispania.................................................................................................. 553

Xavier Aquilué

La cerámica ebusitana en la Antigüedad Tardía ........................................................................................................ 563

Joan Ramon Torres

Las producciones de transición al Mundo Islámico: el problema de la cerámica paleoandalusí (siglos VIII y IX)........... 585

Miguel Alba Calzado y Sonia Gutiérrez Lloret


BLOQUE V. ALGO MÁS QUE CERÁMICA: LA SINGULARIDAD DE LAS ÁNFORAS

Las ánforas del mundo ibérico ................................................................................................................................. 617

Albert Ribera i Lacomba y Evanthia Tsantini

La producción de ánforas en el área del Estrecho en época tardopúnica (siglos III-I a. C.)...................................... 635

Antonio M. Sáez Romero

Ánforas de la Bética.................................................................................................................................................. 661

Enrique García Vargas y Darío Bernal Casasola

Las ánforas de la Tarraconense ................................................................................................................................. 689

Alberto López Mullor y Albert Martín Menéndez

Las ánforas de Lusitania .......................................................................................................................................... 725

Carlos Fabião

BLOQUE VI. OTRAS PRODUCCIONES ALFARERAS Y TENDENCIAS ACTUALES

El material constructivo latericio en Hispania. Estado de la cuestión..................................................................... 749

Lourdes Roldán Gómez

Terracotas y elementos de coroplastia..................................................................................................................... 775

María Luisa Ramos

Aportaciones de la arqueometría al conocimiento de las cerámicas arqueológicas. Un ejemplo hispano.............. 787

Josep M. Gurt i Esparraguera y Verònica Martínez Ferreras

El grupo CEIPAC y los estudios de epigrafía anfórica en España................................................................................ 807

José Remesal Rodríguez


La cerámica de barniz negro

José Pérez Ballester

Universidad de Valencia

Introducción

Las cerámicas engobadas ebusitanas

La vajilla cerámica de barniz negro que llegaba a la Península

Ibérica durante el siglo IV procedía del Ática y concretamente

de la misma Atenas. Naves como el pecio de

El Sec, participaban seguramente de un comercio de vino

y vasos para consumirlo que abastecía la demanda de

los oppida ibéricos de la franja litoral mediterránea ibérica

y luego se distribuían incluso al interior, llegando a

comarcas de la actual Castilla La Mancha.

Pero, hacia finales del siglo IV, los talleres áticos dejaron

de fabricarlas. Los motivos son varios: un cambio

en las modas cerámicas atenienses, que prefieren ahora

los vasos decorados con motivos sobrepintados a los de

figuras rojas, de fabricación más costosa y lenta; la preferencia

de la vajilla metálica a partir de los contactos intensos

con Oriente (Alejandro) sobre la vajilla cerámica,

siempre que era posible. Quizás lo más importante es

que los centros del comercio marítimo ya no son Atenas

o Corinto, consumidos por guerras y desastres continuos

desde fines del siglo V, sino que han ido surgiendo otros

nuevos en Oriente: Rodas, Pérgamo, Éfeso, Alejandría, y

en el Mediterráneo Central: Siracusa, Tarento o la misma

Cartago.

Ante esta falta de oferta, surgen en todo el Mediterráneo

talleres regionales o locales que imitan a la vajilla

ática o modelan formas propias, pero siempre con el

común denominador de un “barniz” negro más o menos

conseguido, a veces incluso claramente rojo.

En el Mediterráneo Occidental, estos productos intentan

cubrir la demanda existente de vajilla fina “exótica”

de mesa. En el ámbito de la Península Ibérica hallamos

talleres que producen cerámicas de esta clase en la Bahía

de Cádiz, en Ibiza y en Roses. Trataremos aquí de las dos

últimas.

Después de la publicación de M. Del Amo (1970) en

donde por vez primera se daban a conocer estas cerámicas,

será V. Guerrero (1980, 1984, 1997 y 1998 principalmente)

quien a partir del estudio de la factoría, el

pecio y el fondeadero de Na Guardis en Mallorca, ordenará

y sistematizará esta producción de vajilla de mesa engobada

o “barnizada”, que se presenta bajo cocción

oxidante o reductora. Tiene un repertorio formal que

dicho autor asoció a la tipología de las “campanienses”

de Lamboglia y las consideró “pseudocampanienses”,

porque en general no imitaban fielmente a la vajilla itálica

de barniz negro y algunas de las formas ya revelaban

una filiación más púnica u occidental que tirrénica (Guerrero,

1980, 169). Su cronología, como más adelante veremos,

se centra en los siglos III y II a. C., aunque el

estudio de la necrópolis del Puig des Molins revela la

presencia de vasos engobados que imitan las formas áticas

desde los inicios del siglo V a. C., muchos de ellos descontextualizados

o en tumbas reutilizadas a través del

tiempo (Fernández y Granados, 1980, 5; Fernández, 1992,

vol. II, 75). Es una vajilla conservadora, pues algunas de

sus formas las encontramos en contextos de inicios del

siglo III hasta finales del siglo II a. C.

En la isla de Ibiza, J. Ramon ha publicado varios trabajos

sobre alfares, testares y depósitos o pozos con productos

de hornos, todos situados en la propia ciudad de

Eivissa o su entorno más inmediato en donde se producían

ánforas pero también cerámica de cocina, cerámicas

finas de almacenaje y vajilla de mesa. Ha proporcionado

interesantes contextos en donde la vajilla engobada de

Ibiza aparece en relación con su propia área de producción,

con vasos locales y otros de importación que han

permitido fechar bien estos materiales especialmente


264 CERÁMICAS HISPANORROMANAS. UN ESTADO DE LA CUESTIÓN

entre los siglos IV y III a. C. (Ramon, 1994, 1997, 1998a

y 1998b). El estudio que hemos realizado sobre un pozo

o silo de Can Vicent d’En Jaume (Pérez Ballester, y Gómez

Bellard e.p.) recoge materiales de finales del siglo III y

gran parte del siglo II a. C., muy en relación con los hallazgos

de Na Guardis o de Menorca. Allí, el estudio del

fondeadero de Cales Coves proporcionó abundantes cerámicas

ebusitanas, entre las que se encuentran las de

vajilla fina engobada que aquí estudiamos y que, aunque

con las dificultades propias de datación de un yacimiento

de esta clase, podemos encuadrar entre la mitad

del siglo III y el 130/120 a. C. (Fernández Miranda y Belén,

1977; Belén y Fernández Miranda, 1979).

Desde las primeras publicaciones (Del Amo, 1970) parecía

que hubiese dos clases diferentes: “grises ibicencas”

y “rojo ibicencas”. Se trata en realidad de una misma clase

cerámica cocida a fuego reductor u oxidante en los mismos

hornos, con tipología formal y cronologías semejantes,

aunque con ligeras diferencias que precisaremos.

La arcilla es depurada y fina, con fuertes diferencias

en los resultados finales de cocción que las hacen presentar

desde una consistencia dura y casi metálica (rara),

a un aspecto de pasta blanda, dehiscente, que mancha los

dedos, de sonido apagado (más frecuente).

En cuanto al color, es variable en los dos tipos de

cocción, pero uniforme en toda la pieza. En cocción reductora

predomina un tono gris plomizo, aunque con

variaciones desde un color gris oscuro al gris verdoso.

En cocción oxidante, predominan los tonos ocre anaranjado

u ocre claro; las piezas de color claramente rojo

u anaranjado coinciden con las que presentan pastas

duras y sonoridad metálica, mientras que otras de color

amarillento parecen haber sufrido una cocción más irregular,

presentando frecuentes grietas y vacuolas, y el

tacto dehiscente que antes mencionamos. Buxeda y Cau

(1998) han efectuado análisis cualitativos y cuantitativos

sobre algunas cerámicas engobadas ibicencas. Han determinado

el carácter calcáreo de esta vajilla y asocian a

cocciones reductoras aquellas de color gris pero también

algunas piezas con pastas de color gris claro o blancuzcas

(¿amarillentas?) y engobes castaño anaranjados, que

se obtienen por “…sobrecocciones poco severas o severas”

(Buxeda y Cau, 1998, 112-113). Esta apreciación

no invalida la existencia de producciones de vajilla engobada

realizadas en cocciones claramente oxidantes,

que producen pastas de colores rojos o anaranjados, con

engobes que llegan al rojo coral, de consistencia que

llega a ser muy dura y superficie lisa, como ya hemos

mencionado.

La detección a simple vista de desgrasantes blancos

calizos grandes (0’5-1’5 mm) y de otros micáceos pequeños,

caracterizaba tanto a la vajilla engobada ibicenca

como también a las ánforas ebusitanas, dándoles un marchamo

de procedencia clara que nos confirmaba su procedencia

cuando los investigadores las encontrábamos

fuera de las islas. Sin embargo un simple estudio macroscópico

realizado con lupa binocular entre 20 y 40

aumentos sobre muestras de cerámicas engobadas con

pastas respectivamente gris, ocre, rojiza y amarillenta,

nos permiten algunas observaciones (Pérez Ballester y

Berrocal, 2007). La primera es la uniformidad de todas las

muestras en lo que se refiere al aspecto del cuerpo cerámico

y de los desgrasantes: depurado en todos los

casos, compacto salvo en las muestras de pasta amarillenta,

que son de aspecto poroso; con vacuolas, más

abundantes en las piezas de pasta amarillenta, y un aspecto

hojaldrado o estratificado en las de pasta gris, como

hemos observado también en otras producciones grises

de barniz negro. La segunda es que los desgrasantes calizos

se localizan únicamente en la superficie, a veces

rompiéndola claramente. Sí se observan micas abundantes

en todas las muestras, pero junto a nódulos negruzcos

y de color castaño amarillento, estos últimos

quizás partículas calizas disgregadas; también algunos

cuarzos blancos o feldespatos.

Esto confirmaría que todas las arcillas deben proceder

de un área común de la isla de Ibiza. Los aspectos finales

de las mismas se deben seguramente a diferentes

situaciones de cocción en el horno. Estos datos vienen corroborados

por los análisis de Buxeda y Cau (1998, 112-

113), que hablan sin embargo de multiplicidad de centros

productores dentro del mismo territorio insular.

En cuanto a la cubierta, no está formada por un engo

be semivitrificado del tipo que conocemos en ce rámicas

áticas, campanienses o sigillatas y que comúnmente denominamos

“barniz”. Las cerámicas ibicencas presentan

un engobe bastante diluído que se aplica por inmersión

antes de la cocción sobre el vaso, dejando habitualmente

el fondo externo de la base y la parte inferior de la pared

externa en reserva. Aplicado de esta forma, y dada su

poca densidad, es absorbido por la superficie del cuerpo

cerámico de manera irregular, depositándose en mayor

proporción por el interior del vaso y de manera más débil

por el exterior.


LA CERÁMICA DE BARNIZ NEGRO 265

En las cerámicas cocidas a fuego reductor, el color

de la cubierta es gris, con tonalidades variables que van

del gris oscuro al gris verdoso pasando por el gris plomizo,

el más frecuente. El aspecto es casi siempre mate, aunque

algunos ejemplares tienen cierto brillo y un tacto jabonoso,

similar al de otras producciones reducidas como

la Campaniense C siracusana. Es una de las consecuencias

de someter al vaso a una cocción reductora y a un

enfriamiento también reductor (Morel y Picon, 1994, 44).

Quizás debemos incluir aquí las arcillas blanquecinas

descritas por Buxeda y Cau, con engobes que pueden

ser de color castaño-anaranjado.

En las cerámicas cocidas a fuego oxidante, el color de

la cubierta es muy variable, aunque predominan los tonos

rojizos o castaños sobre los negros o grises. Las de color

rojo vivo o anaranjado, más escasas, son a su vez las que

presentan una cocción más uniforme y un sonido metálico;

al interior, el engobe adquiere tonos más oscuros,

rojo castaño por ejemplo. Las más frecuentes tienen un

color entre ocre castaño y ocre amarillento, con varios

tonos en la misma pieza; la superficie es mate y lisa al

tacto. Un porcentaje menor, precisamente aquellos vasos

que tienen la pasta de color amarillento, presenta la cubierta

con un engobe de color negruzco o gris negruzco,

poco adherente, en parte perdido, mate y con la superficie

harinosa y que mancha los dedos.

No estamos pues ante una producción que imita fielmente

a las cerámicas de barniz negro, aunque la influencia

de los productos de barniz negro importados

existe y se refleja en la reproducción de algunas formas

de su repertorio y en la adopción de sus sistemas decorativos.

Parece que nos encontramos en el seno de una

tradición cerámica púnica (Guerrero, 1980, 171) que

puede arrancar desde las producciones del llamado “barniz

rojo occidental” y que encontramos también en época

helenística en lugares como Cerdeña (Campanella, 1999)

o el área del Estrecho (Ponsich, 1968; Niveau, 1999 y

2003) además de la propia Ibiza, que refleja en su vajilla

la variedad formal de su entorno.

A la hora hablar de las formas de la vajilla engoba da

ebu sitana, la tipología de Guerrero (1980) definía las formas

por su aproximación a la tipología de Lamboglia y

más adelante a la de Morel. En algunas, como la F-27, la

ads cripción era muy forzada y en otras era imposible su

re mi sión a dichas tipologías, sencillamente porque co rres -

ponden a una tradición púnica. Fernández y Granados

(1980) estudiaron las engobadas que imitaban claramente

a las áticas de barniz negro y las ordenaron según las formas

del ágora de Atenas (Sparkes y Talcott, 1970), añadiendo

la referencia a Lamboglia, cuando era clara. En

los trabajos de J. Ramon, este autor ha optado por ignorar

la tipología de Guerrero y sustituirla por las siglas de

la primera pieza de cada forma por él documentada en las

excavaciones de hornos, depósitos y testares del área de

Eivissa (p. e. tipos CC-99, FE-13/13, HX-1/53, etc.). No

tendríamos mucho que objetar si esas formas fueran exclusivas

de cada taller, pero esto no es así; la mayoría de

ellas se fabrica indistintamente en diferentes oficinas de

la ciudad.

Falta pues una tipología actualizada y completa sobre

estas cerámicas. Nosotros, en el estudio de Can Vicent

d’en Jaume, hemos aplicado unos grupos funcionales

que ya utilizamos en la ordenación de las cerámicas de

barniz negro del santuario de Gabii (Pérez Ballester, 2004,

20-22) y dentro de estos grandes grupos hemos mantenido

la clasificación más conocida, la de Guerrero, en la

que un simple número tiene tras de sí una imagen concreta

del repertorio campaniense, que basta para reconocer

la forma. Cuando esto no ha sido posible, hemos

optado, como otros investigadores, por dar una denominación

descriptiva, aunque siempre a partir de los

grandes grupos funcionales: plato, pátera, cuenco profundo,

cuenco poco profundo, cuenco ancho poco profundo,

etc. (Pérez Ballester, e.p.).

Las formas más antiguas, con prototipos áticos de los

si glos V y IV a. C., se encuentran sólo en la isla y pre feren

temente en la necrópolis del Puig des Molins. Se fabri -

can mayoritariamente en pasta gris (Fernández y Gra nados,

1980, 9). Los platos son escasos, destacan do el tipo “broadrim”

del ágora de Atenas (5 ejs.). Las formas más abundantes

son cuencos y copitas, cuyos protipos áticos sí

encontramos en ajuares de la misma necrópolis del Puig

des Molins: “shallow wall and convex-concave profile”

(8 ejs.), cuencos de borde recto con un asa horizontal (7

ejs.), cuencos poco profundos “outturned rim”, aprox.

L22, los más numerosos (30 ejs.) junto a copitas de borde

reentrante “small bowl” (19 ejs.) (fig. 1).

El repertorio de los siglos III y II a. C. está formado

por otro tipo de vasos (fig. 2). Las formas más frecuentes

son, con diferencia, el plato F-23, la pátera F-55, el

bol de bor de reentrante o cuenco poco profundo F-26 y

el cuenco ancho poco profundo de borde recto con carena

media marcada, F-27. Estas formas, junto a platos F-36,

cuencos profundos F-31 y otros anchos po co pro fundos


266 CERÁMICAS HISPANORROMANAS. UN ESTADO DE LA CUESTIÓN

Figura 1. Ibiza: cerámicas grises tipo ático, (Fernández y Granados, 1980) Nº 1: Plato «thickened edge»; nº 2 y 3: Cuenco “shallow wall

and convex-concave profile” (Morel F-2430); nº 4 y 5: Cuenco ancho poco profundo “Outturned rim”, Lamb.22 (Morel F-26480); nº 6 a

9: copitas o pequeños cuencos “small bowl” (Morel F-2710 / 2780).

F-28, son las que encontramos también fuera de Ibiza y de

las islas, en las áreas y yacimientos que ya hemos mencionado.

Nos vamos a detener en las dos formas más frecuentes

que nos remiten a repertorios no exclusivos de la

cerámica de barniz negro: el cuenco o bol F-26 y el cuenco

ancho F-27.

El primero fue denominado por Guerrero “F-26/27”

por su semejanza a las L26 y L27 de la Campaniense A.

Ramon (1997, 19-21) ve mejor su inspiración en proto tipos

pú nicos; yo diría que tanto los cuencos de Cartha go co -

mo los de Kuass (Ponsich, 1968, 19, fig. 6) o Cerde ña

(Campanella, 1999, figs. 9, 10, 22 y 24) responden a un

mismo prototipo mediterráneo, del que participan igualmente

las cerámicas de barniz negro de P.E., Cam paniense

A, Talleres de Roses, o incluso las cerámicas en gobadas

de pasta clara marsellesas, producciones todas centradas

en los siglos III y II a. C. Las ebusitanas aparecen

tanto en cocción oxidante como reductora, desde la primera

mitad del siglo III.

A la segunda forma Guerrero le asignó el guarismo

“27”, al entender que reproducía la forma 27B ó 27C de

Lamboglia. La asimilación de Ramon (1994, 48-49) al

ejemplar F-2732a1 de la clasificación de Morel no nos

parece tampoco acertada, aunque ésta pertenezca a una

producción local de Melitta, en la Líbica (Morel, 1981,

212). Encontramos cuencos anchos semejantes entre la

cerámica común de Carthago, en pasta gris o bien oxidadas

con zonas engobadas como en Ibiza, con cronología

de la primera mitad del siglo II a. C. (Lancel, 1987,

tipos 212a3 y 212b1, 107-108, lám.8); y también en cerámicas

engobadas de pasta clara massaliotas de cronología

algo más antigua (Bats, 1993, 207, CL-MAS 220a).

Estaríamos, como en la forma F-26, ante una forma muy

común en el Mediterráneo Central y Occidental, sin que

sea factible determinar si hubo un prototipo concreto,

ni que hubiera “imitaciones” en el sentido más estricto del

término. Dentro de la producción ibicenca, sí parece que

podemos determinar una cierta evolución, desde piezas

de inflexión no carenada y borde recto o ligeramente

oblicuo hacia dentro o hacia fuera, propias del siglo III,

hacia cuencos anchos con inflexión en carena viva y

borde recto con tendencia reentrante (Ramon, 1994, 49).


LA CERÁMICA DE BARNIZ NEGRO 267

Figura 2. Cerámicas grises y engobadas ebusitanas (Guerrero, 1980) Nº 1 y 2: Plato F23 (Lamb.23); nº 3: Plato F55 (Lamb.55); nº 4

a 6: F-26/27a (Lamb 26, Lamb 27ab); nº 7 y 8: F27; nº 9 y 10: F28 (Lamb.28); nº 11: F31 (Lamb. 31).


268 CERÁMICAS HISPANORROMANAS. UN ESTADO DE LA CUESTIÓN

Destacamos que es una forma fabricada en Ibiza siempre

en cocción oxidante.

Junto a las formas mencionadas, aparecen en Ibiza

hasta una veintena más, entre ellas páteras y platos de diversa

factura, pero que se dan en pequeño número y

apenas se encuentran fuera de las islas, salvo en lugares

como Na Guardis (Mallorca) o Cartagena.

En cuanto a los elementos decorativos, podemos remi

tir nos, casi literalmente, a lo que ya expuso en su primer

estudio V. Guerrero (1980). Encontramos de co ra ción

im pre sa formada por rosetas y palmetas, a veces com bina

das entre sí, la mayoría semejantes a las que encontra

mos en producciones coetáneas de barniz ne gro (Peque

ñas Estampillas, P.E., Talleres de Roses, Cam panien -

se A) y otras totalmente originales o de in fluen cia pú ni -

ca.

Las rosetas suelen aparecer solas en el fondo de cuencos

profundos o poco profundos (p.e. F-26, F-28, F-23).

En algún caso combinadas con otras del mismo cuño,

como en la producción de P.E., o en posición central rodeadas

de otras estampillas, normalmente palmetas.

Las palmetas, de tipología muy variada, aparecen

agrupadas radialmente alrededor del fondo interno en

grupos de 3 ó 4, muy juntas y a veces unidas por su base,

recordando a los productos más antiguos de la Campaniense

A o a producciones oxidantes o reductoras engobadas

del área del Estrecho y ambiente púnico como

las de Kuass o del Golfo de Cádiz (Ponsich, 1968; Niveau,

1999 y 2003). En otros casos, con cronología más

tardía (siglo II) las estampillas se disponen radialmente

de forma más abierta en el fondo interno, a veces incluso

rodeadas de una o varias filas de estrías, como en las cerámicas

de barniz negro. Algunas hojas trilobuladas, como

de hiedra, nos remiten también al mismo siglo II a. C.

En algunos ejemplares encontramos decoración pintada.

Se trata de círculos o bandas concéntricas blanquecinas

alrededor del fondo interno (Fernández Miranda

y Belén, 1977, fig. 13), como los que aparecen en la Campaniense

A del siglo II. Una pieza del pecio de Na Guardis

que imita con bastante fidelidad al cuenco profundo

Lamb.33a, presenta alrededor de los círculos pintados

en el fondo interno unos esquemáticos delfines y es propuesta

como una producción cartaginesa (Guerrero, 1998,

178, fig. 1).

La cronología ya hemos visto que es muy amplia;

para aquellas que imitan las formas áticas, sería del siglo

IV, aunque carecemos de contextos fiables para confir-

marlo; las más frecuentes, mencionadas en el apartado de

formas, se reparten entre el siglo III, especialmente en su

segunda mitad, y el siglo II, con cronologías semejantes

a sus prototipos en aquellas que imitan a las Campanienses.

La práctica ausencia de imitaciones de Campaniense

B de Cales (antiguas Beoides), frecuente por otro

lado en yacimientos de la isla, hace pensar que esta producción

tiene su final hacia el último tercio del siglo II a.

C. En nuestro trabajo sobre Can Vicent d’en Jaume, podrán

encontrarse datos pormenorizados sobre la cronología

y las oficinas de cada una de las formas de las que

hemos hablado (Pérez Ballester y Gómez Bellard, e.p.).

La difusión de estas cerámicas fuera de las Islas Balea -

res es otro de los puntos de interés para su estudio. Las

en contramos a lo largo de la costa este de la Penínsu la

Ibé rica, es especialmente numerosa en la antigua Cartha

go Nova en donde llegó a suponer el 30% de la vajilla

de mesa de época prebárquida y bárquida (Ruiz Val deras,

2004), con más de 200 piezas sólo en el área del Anfiteatro

(Pérez Ballester, 1995, 345, fig. 10). También es frecuente

en su área de influencia, hasta las inmediaciones

de la desembocadura del río Segura y más allá: necrópolis

y poblado de Los Nietos (Mar Menor, Cartagena), necrópolis

de El Cabecico del Tesoro (Murcia), necrópolis

de La Albufereta de Alicante, poblados de La Escuera

(Alicante) y La Alcudia de Elche. Todavía hallamos una

concentración importante en el asentamiento costero del

Tossal de la Cala (Benidorm) y una dispersión mucho

más débil en los principales asentamientos ibéricos de

las tierras interiores del territorio valenciano: Castellar de

Meca, La Serreta d’Alcoi, Tossal de San Miquel de Llíria

o Los Villares de Caudete (Page, 1984, 164-179; Bonet y

Mata, 1988), a donde llegarían seguramente acompañando

a las ánforas púnico-ebusitanas coetáneas que hallamos

en estos mismos yacimientos. Sólo algún ejemplar

aislado se ha documentado al norte del río Túria, llegando

a la actual Cataluña en un “goteo” desde el Ebro

(Moleta del Remei, Alcanar), Alorda Park (Calafell), San

Pere Gros y La Massana, más al interior, hasta Emporion

y Ullastret (Bonet y Mata, 1988, 18; Principal, 1998), donde

abundan las importaciones anfóricas ebusitanas desde

el siglo IV a. C.

Fuera de la Península Ibérica y las islas, ha sido documentada

recientemente por V. Bridoux en diversos

puntos del Norte de África, y concretamente en la necrópolis

de Les Andalouses en la actual Argelia, entre el

material ya publicado por Vuillemot.


LA CERÁMICA DE BARNIZ NEGRO 269

Cerámicas de barniz negro de los Talleres de Roses 1

Estas cerámicas fueron descritas por vez primera por Enric

Sanmartí Grego (1978), tras estudiar las cerámicas de barniz

negro de Ampurias y las de las excavaciones de Joan

Maluquer y Miquel Oliva en la Ciudadela de Roses, la antigua

Rhode. Anteriormente, Y. Solier (1969) había sugerido

que se trataba de una producción pseudocampaniense

del Languedoc, que imitaba a la Campaniense A.

También se identificaron y definieron otros “talleres”

estrechamente relacionados con Tres Palmetas Radiales:

Tres Palmetas Radiales sobre Estrías (Sanmartí y Solier,

1978), Nikia-Iôn (Sanmarti, 1978), Rosetas Nominales

(Solier y Sanmartí, 1978), Boles 27 GL o 24/25B (Morel,

1980). A pesar de esto, se subrayaba siempre la afinidad

formal y técnica entre estos “talleres” y se apuntaba a

Roses como posible centro de producción de todos ellos.

En la publicación del DICOCER (Dictionaire des Céramiques

Antiques en Meditérranée nord-occidentale)

(1993), se reúnen todos los tipos y formas de Roses bajo

un mismo epígrafe: ROSES, seguido del número correspondiente

a la forma: ROSES 26, ROSES 40, etc.

Las publicaciones de Jordi Principal sobre las cerámicas

de barniz negro del siglo III de la Cataluña Sur y

Occidental (1998) y sobre todo las recientes y concluyentes

aportaciones de Anna María Puig (Puig y Martín

2006, 295-563), sobre las cerámicas de Roses, han aclarado

problemas de talleres, formas, cronología y difusión,

y a ellos nos referiremos repetidamente.

J. Principal añade una “producción” más a las que estudió

Sanmartí: “Tres Palmetas Radiales con Roseta Central”

o “3+1” (Principal, 1998, 111). Sigue utilizando la

numeración de Lamboglia y cuando la forma no es exactamente

igual o parece nueva, utiliza la tipología de Morel.

A.M. Puig en cambio apuesta por una clasificación

conjunta de toda la producción cerámica de Roses (barniz

negro, cerámicas claras, grises, cocina), pues demuestra

que las formas no son exclusivas de un solo tipo, sino

que se repiten (p.e. una misma forma se encuentra en

barniz negro y también en pasta clara sin barniz o en pastas

grises). Parece además que en el denominado “barrio

helenístico” de la Ciutadella de Roses hubo un uso conjunto

de hornos y obradores que no se especializaron en

una producción concreta (Puig y Martín, 2006, 299).

1 Agradezco a Anna Mª Puig las sugerencias hechas sobre este

texto, que hemos incluido.

Hay tres tipos de pastas bien diferenciados, ya descritos

por Sanmartí y que corroboran Principal y Puig:

1. Arcilla anaranjada (a veces amarillo-rojo, rojo-naranja,

rojo-marrón y rosa). Dura, fina y bien depurada.

2. Arcilla amarilla (también en tono amarillo muy pálido,

casi blanquecino, beige). Blanda, fina, un poco áspera.

3. Arcilla roja (también en tonos rojo oscuro, granate).

Muy dura y compacta.

La 1 y la 3 serían de la misma arcilla; la amarilla no es -

tá clara. Todas las arcillas son del área de Roses (Puig,

2006; Vendrell, Merino y Vendrell-Saz, 2006). Para Principal,

la variante 1 de arcilla anaranjada concentra todas

las decoracio nes es tampilladas, tanto rosetas como palmetas.

La varian te 2 de arcilla amarilla tiene piezas sin

decoración es tampillada, aunque aparece excepcionalmente

alguna roseta. La variante 3 de arcilla roja comprende

piezas mayoritariamente sin decoración.

La cubierta o barniz en las piezas de las pastas 1 y 3,

es de color negro intenso, lucente o brillante, denso, pero

con algunas manchas rojizas. Liso al tacto. Aplicado por

inmersión, deja sin cubrir el fondo externo; a veces, sin

embargo, está aplicado a pincel, y cubre también el fondo

externo. Se observan en algunos ejemplares líneas en reserva

entre el pie y la pared del vaso, como en las cerámicas

áticas. En el fondo interno de páteras y platos son

frecuentes los discos de otro tono más claro (círculos de

apilamiento). En ejemplares de pastas amarillentas el barniz,

negro o rojizo, se desprende fácilmente, dejando la

pieza sin cubierta barnizada.

Estamos ante una vajilla de tradición griega basada en

prototipos y modelos áticos y helenísticos, y en algún caso

massaliota. En el momento final de la producción se detectan

también influencias de la vajilla itálica de barniz negro.

Puig ha elaborado una tipología sobre las cerámicas

de la propia Ciutadella de Roses, aunque sin separar

aquellas barnizadas de negro de las que no lo están. Su

tipología tiene tres niveles:

1. Grandes series o grupos de vasos: copas sin asas, jarras,

formas cerradas con un asa, etc., un poco en la

línea de la Clasificación de Morel pero más simplificada.

Cada una de estas series consta de números de

dos cifras (decenas y unidades). P.e.: 1 a 9, copitas/saleros

sin asas; 10 a 19, boles y copas sin asas; 50 a 59,

jarras y olpes, etc.


270 CERÁMICAS HISPANORROMANAS. UN ESTADO DE LA CUESTIÓN

2. Dentro de éstas: las diferentes formas, acompañadas

del nombre de la serie: copa, taza, etc. P.e.: copita

forma 2; copa forma 16; jarra forma 52.

3. Un tercer nivel de clasificación, según la orientación de

los bordes. Se expresa añadiendo una letra minúscula

al número de la forma. Se han estimado un total de 7

tipos de borde diferentes. P.e.: Copa forma 10.c = de

borde cerrado y perfil cóncavo; copita forma 1.c =

idem anterior; Craterisco forma 40.e (serie 40-49: cráteras,

crateriscos, ánforas, stamnos, pelikes) = de borde

abierto, bífido, de perfil convexo: Plato de peces forma

80.f (80-89: serie de platos y páteras) = Borde vuelto,

de perfil recto.

Recoge un total de 108 formas de vajilla de mesa,

entre las que hay 70 formas distintas de cerámicas de

barniz negro de Roses. De ellas, 26 son formas abiertas:

boles y copitas sin asas; 10 son platos, 7 tazas o copas con

asas; y 16 pertenecen a formas cerradas: crateriscos, olpes,

lécitos, guttus, jarras, etc. (fig. 3). Las más frecuentes en

Roses son:

• F12: 20’5% (páteras o boles L21 y L26)

• F11: 13% (bol o copita L25)

• F80: 11,7% (plato de pescado L23)

Y las siguen:

• F40: 7,7% (craterisco L40)

• F14: 6,4% (cuenco poco profundo o copa L22 y L28)

• F1: 5,6% (copita L24 y L24/25)

• F35: 4,5% (escifo L43)

Es decir, que aproximadamente el 70% de las piezas

se agrupan en sólo el 10% de las formas (7). Y evidentemente,

son éstas las más difundidas o exportadas: F12,

F11, F80 y F40 sobre todo.

Si seguimos a Principal, en la producción de “Tres Palmetas

Radiales” encontramos la L26 como la más frecuente,

seguida de L23, L36, L24a L28, L25, L27ab, L31, L34, L49,

L42, L43, L40; un conjunto donde llegamos a ver ya algunas

formas de influencia itálica (L31, L36, L34, L27ab).

“Tres Palmetas Radiales sobre Estrías” sólo aparecen

sobre L26; “Nikia-Iôn” mayoritariamente sobre L26, pero

también en L27ab, L40 y L42.

Puig establece una tipología de elementos decorativos

(fig. 4) en la que las palmetas y las rosetas son los prin-

cipales motivos impresos, organizados en series según la

orientación de los tallos u hojas en las primeras y el tipo

de pétalos en las segundas; una ordenación similar a la

que nosotros mismos propusimos para las cerámicas de

barniz negro en general, partiendo del estudio del santuario

de Gabii –Latium– (Pérez Ballester, 2003, 137-

182). Estos motivos están siempre impresos en relieve, no

en hueco como ocurría con las cerámicas áticas; las palmetas

son grandes, cuidadas y de diseños complejos,

con hojas o palmas curvadas y puntitos o grupos de ellos

entre las hojas; las rosetas son muy variadas, con diseños

en general más cuidados que los que encontramos en

las cerámicas campanienses. Puig recoge las asociaciones

de motivos, su relación con formas o tipos de bases,

los círculos de estrías a ruedecilla y las escasas decoraciones

sobrepintadas e incisas.

Si seguimos a Principal, sobre las páteras y copas de

“Tres Palmetas Radiales”, predominan las palmetas y las

ro setas (éstas solas y centradas). Las estrías a ruedeci lla

acom pañan normalmente a los motivos con palmeta y

son muy variables: pequeñas, grandes, largas, finas, gruesas,

etc.; las más características, unas estrías triangula -

res-romboidales de fuerte impresión, que denomina

“adiamantadas”. La decoración pintada en blanco, se encuentra

en los crateriscos L40 (guirnaldas acompañadas

de finas incisiones) y en los cuencos profundos L31 (bandas

horizontales blancas o marrón-vinoso bajo el borde

interno).

En la serie de “Tres Palmetas Radiales sobre Estrías”

encontramos tres palmetas dispuestas radialmente sobre

una banda de estrías, que teóricamente las tendrían que

rodear.

En la serie de “Nikia-Iôn” las palmetas son almendradas,

de dibujo simétrico y complejo. El sello, cruciforme

o alargado con los nombres en griego.

Las cerámicas de barniz negro de Roses aparecen ya

en último cuarto del siglo IV, siendo más clara su presencia

entre finales del siglo IV e inicios del siglo III a. C.

En estos momentos aparecen formas como F10.A (L25B),

F12.C (L26), F14 (L28a), F34, F40 (L40) y F80 (L23). Hasta

finales del último cuarto del siglo III, se mantendría la

producción y la difusión del barniz negro de Roses, fijando

el fin de la producción entre el 200 y el 195 a. C., en relación

con las campañas de Catón y su efecto sobre Rhode,

que en el 195 es dominada por Roma. Ahora se documentan

en Roses formas como F1.a (L24), F2 (L34), F11

(L27ab), F12.a (L26), F13.a (L28) o F80 (L23).


LA CERÁMICA DE BARNIZ NEGRO 271

Figura 3. Cerámicas de barniz negro de los “Talleres de Roses” (Puig y Martín, 2006) Nº 1: Pátera F 12b (Nikia-Iôn) (Lamb. 26); nº 2:

Bol F 11a (Lamb. 27ab); nº 3 y 4: Copitas F 1a (aprox. Lamb. 24 y 24/25); nº 5 y 6: Cuencos anchos poco profundos F 14a (Lamb.22

o 28); nº 7 y 8: Crateriscos F 40 (Lamb. 40); nº 9: Copita F 10A (Morel, F-2544); Copa de pie alto nº 10: F 30a (aprox. L49); nº 11:

Plato F 80f (Lamb. 23); nº 12: Plato F 81 (Lamb. 36).


272 CERÁMICAS HISPANORROMANAS. UN ESTADO DE LA CUESTIÓN

Figura 4. Decoraciones estampilladas de los “Talleres de Roses” (Puig y Martín, 2006). Palmetas: nº 1: A4; nº 2: Ab; nº 3: B; nº 4: Cb;

nº 5: Nikia; nº 6: Quadr. Rosetas: nº 7: Ab; nº 8: Bc; nº 9: Bb; nº 10: Da; nº 11: Ka Ka; nº 12: PAR.

Principal argumenta que la producción de “Tres Palmetas

Radiales” se documentaría desde inicios del siglo III,

aunque en contextos arqueológicos la encontramos sobre

todo a finales del siglo III e inicios del siglo II. La explicación

sería una larga amortización. En la primera mitad del

siglo III aparece en La Moleta del Remei (Alcanar) y otros

yacimientos, con formas como la L26, pero también L27ab,

L21/25, L24, L23, L40, L42 y L43; algo más tarde L45 (guttus),

L24/25B, L36; ya hacia el último tercio del siglo III,

L25, L34, L26 más rectilíneas y siguen L27ab, L40, L24/25B,

L25. Subrayamos su aparición residual a inicios del siglo II

a. C.

Tienen una difusión que se extiende desde Roses a

la costa e interior de Cataluña, Rousillon y Languedoc

especialmente, pero con algún ejemplar que llega a Olbia

de Provenza por el norte. Hacia el sur: área del Ebro, poblados

ibéricos valencianos: Camp del Túria, comarcas interiores,

Alicante y área del sureste peninsular: poblados

ibéricos del interior de Murcia, Los Nietos (Mar Menor)

y Cartagena. Fuera de la Península Ibérica, Mallorca; y

en el Tirreno, Populonia e Ischia (Principal, 1998, 94-98).

Las piezas de la serie de “Tres Palmetas Radiales” son

las más difundidas, mientras que las que llevan los sellos

“Nikia-Iôn” sólo se encuentran en Cataluña y Rousillon

y otras reducen su aparición a Cataluña.

Tanto Principal como Puig piensan que esta difusión

comenzaría en el norte de Cataluña y el Languedoc-Rousillon

en el primer cuarto o primera mitad del siglo III, llegando

pronto más allá del Ebro y seguramente al Tirreno,

manteniéndose hasta el último cuarto del siglo III.


LA CERÁMICA DE BARNIZ NEGRO 273

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