14.08.2014 Visualizaciones

ZA- 49 - ceip "san josé de calasanz"-zamora - Junta de Castilla y León

ZA- 49 - ceip "san josé de calasanz"-zamora - Junta de Castilla y León

ZA- 49 - ceip "san josé de calasanz"-zamora - Junta de Castilla y León

SHOW MORE
SHOW LESS

¡Convierta sus PDFs en revista en línea y aumente sus ingresos!

Optimice sus revistas en línea para SEO, use backlinks potentes y contenido multimedia para aumentar su visibilidad y ventas.

8/Todo comenzó una mañana <strong>de</strong>l 25<strong>de</strong> diciembre, la mañana <strong>de</strong> Navidad.La calle estaba <strong>de</strong>sierta, ya que todoslos niños estaban disfrutando en suscasas <strong>de</strong> los regalos traídos por PapáNoel. A mí me habían regalado un jersey<strong>de</strong> lana <strong>de</strong> color malva y unos calcetines.La verdad es que no me hicieronmucha ilusión y los tiré en un rincón<strong>de</strong> mi armario en cuanto pu<strong>de</strong> (y esoque el jersey lo había elegido yo). Porello, salí <strong>de</strong> casa nada más <strong>de</strong>sayunarpara <strong>de</strong>spejarme las i<strong>de</strong>as. En aquelmomento lo que me preocupaba era mivida. No sabía si seguir estudiandobachillerato o acabar la secundaria. Yonunca he sido <strong>de</strong> las personas a las queles gusta estudiar, nunca ha sido uno <strong>de</strong>mis fuertes, pero aún así, lo he intentadoal máximo. Sin embargo, ahora queiba a terminar 4º <strong>de</strong> la ESO, se presentabaante mí la posibilidad <strong>de</strong> acabar conlos dolores <strong>de</strong> espalda, los quebra<strong>de</strong>ros<strong>de</strong> cabeza y los nervios. Con no volvera estudiar, mi pesadilla acabaría. Des<strong>de</strong>fuera parece muy fácil: haz lo que siemprehas querido. Pero no, porque yosiempre he querido ser escritora y paraello creo que es muy bueno hacer elbachillerato e incluso una carrera.Iba yo pen<strong>san</strong>do en mis problemascuando, <strong>de</strong> pronto, sentí una mano, unamano fría tirándome <strong>de</strong> los pantalones.No pu<strong>de</strong> <strong>de</strong>jar mi curiosidad a un lado ymiré hacia el suelo. Allí estaba sentadoun niño <strong>de</strong> unos cinco años, moreno ycon los ojos ver<strong>de</strong>s, un ver<strong>de</strong> tan intensoque pensé que su belleza era cual brillanteesmeralda, ¡qué digo!, sus ojos eranmucho más impactantes y bonitos. Teníaen la mejilla izquierda una mancha negra,posiblemente <strong>de</strong> aceite <strong>de</strong> motor, y su caraestaba, en general, sucia. Su nariz era respingonay estaba salpicada por unas lindaspecas pequeñitas. Iba vestido con unacamiseta que en su día fue roja y con unabufandita <strong>de</strong> lana azul. Su pantalón estaba<strong>de</strong>scosido por las costuras y tenía unazul clarito como color.Sus zapatos, pequeñitos, tan chiquitos,me dieron la impresión <strong>de</strong> que mecabrían en mi mano. El niño tenía unagorra vacía a sus pies; fue entoncescuando comprendí que estaba pidiendodinero. No hay cosa que me dé másrabia y pena, que un niño pequeñopidiendo dinero para subsistir. Así quesaqué dos euros <strong>de</strong> mi abrigo y se losiba a dar cuando pensé: -Ya que le voya dar <strong>de</strong> comer, ¿por qué no le preguntosu nombre?- Entonces me guardé lamoneda y le pregunté:-¿Cómo te llamas?- No dijo nada y,por lo tanto, se lo repetí varias veces.Ya me iba cuando en mí surgió unai<strong>de</strong>a: podía ser extranjero.-¿Hablas español?- Sí –me respondió– y me llamo Carlo.-Hola Carlo, gracias por contestarmey… ¿cuántos años tienes?-No lo sé, no sé contar.¡Qué rabia! Encima <strong>de</strong> tener quesobrevivir <strong>de</strong> las limosnas, Carlo nosabía contar. Seguro que no iba a laescuela, pero “ante la duda es mejor preguntar”,como me aconsejaba mi padreantes <strong>de</strong> los exámenes.Entonces dije:-Carlo, ¿vas a la escuela?-Día sí y día no.Me moría <strong>de</strong> pena, no puedo conestas <strong>de</strong>sgracias. Cuando en los informativoshablan <strong>de</strong> estos asuntos (y escasi siempre), una lágrima se me caepor la mejilla y me tengo que levantarcorriendo porque no me gusta que mevean llorar, sea quien sea. Y ahora quelo estaba oyendo <strong>de</strong>cir por una <strong>de</strong> esaspersonas que tanta pena me dan… Es<strong>de</strong> imaginar que mi corazón se estabaencogiendo y vi que las punteras <strong>de</strong> miszapatillas se comenzaban a levantar, quees lo que me pasa cuando me entristezcomucho (como no puedo encoger elLa mirada<strong>de</strong> uncorazón, encojo los pies). Pero no mepodía <strong>de</strong>jar afectar, Carlo era másimportante. Saqué fuerzas <strong>de</strong> don<strong>de</strong>pu<strong>de</strong>, y la voz <strong>de</strong>l aire, y con uno <strong>de</strong>esos nudos tan molestos que se te ponenen la garganta, cuando parece que te vasa morir <strong>de</strong> lo que sea (pena, tristeza, vergüenza…),le dije muy temblorosamente:-Carlo, ¿vienes a pasear un rato conmigo?Te prometo que no te haré nada,sólo quiero charlar y te compraré lo quequieras.-Vale –respondió Carlo.Le cogí su gorra, le ayudé a levantarse<strong>de</strong>l suelo y le puse mi chaqueta,que aunque no era muy larga, le hacía<strong>de</strong> abrigo. Nos pusimos a andar.Fuimos en dirección al parque, don<strong>de</strong>esperaba que me contara algo <strong>de</strong> suvida para po<strong>de</strong>r ayudarle. Pensaba queese era el lugar indicado, ya que podíajugar mientras le atosigaba a preguntas.Hacía mucho frío, así que cambié misplanes. Pensé que no habría <strong>de</strong>sayunadoy que podía “matar dos pájaros <strong>de</strong>un tiro” llevándolo a <strong>de</strong>sayunar un chocolatecaliente y así no pasaríamos frío.-¿Tienes hambre?-Sí.-Vamos a ir a tomar un chocolatecaliente a un sitio en el que lo dan muy,muy rico. ¿Te gusta el chocolate?-Sí.-Cuéntame Carlo, ¿lo prefieres conchurros, con un bollo o solo?-No sé.-Yo me lo voy a tomar con churros.Veía que Carlo pasaba <strong>de</strong> todo, enmi opinión era porque estaba <strong>de</strong>slumbradopor lo que le estaba contando: loschurros, el chocolate, tomar algo caliente…Estaba pen<strong>san</strong>do en sus respuestas,en sus gestos, es <strong>de</strong>cir, en él, cuando medijo:-¿Falta mucho?-No, estamos a la vuelta <strong>de</strong> la esquina.¿Por qué? ¿Tienes frío?-Sí.-No te preocupes, en seguida llegamos.Creo que esa pregunta había sido lomás largo que me había dicho en todala mañana y, seguramente, le había costadomucho <strong>de</strong>cirla, por lo que la valorémucho.Acabábamos <strong>de</strong> llegar, cuando Carlome comentó que olía muy bien.-A chocolate y churros recientes, yate dije que era un buen sitio.-Me gusta.Con esa simple respuesta me dicuenta que sacarlo <strong>de</strong> la calle no habíasido un error, no se sentía solo ni <strong>de</strong>sconcertado,al contrario, estaba encantado.niño<strong>ZA</strong> <strong>49</strong>MAYO DE 2008POR PILAR GON<strong>ZA</strong>LEZDE LA HIGUERA 1º ESOIES “RIO DUERO”. <strong>ZA</strong>MORANos sentamos en la mesa que quedabamás cerca <strong>de</strong> la chocolatera, paraque Carlo disfrutara <strong>de</strong>l <strong>de</strong>licioso olorque <strong>de</strong> allí salía.Yo me pedí, como ya he dicho, chocolatecon churros y él, lo mismo.La cafetería era bastante amplia, conunas cristaleras muy limpias, pero queestaban impregnadas <strong>de</strong>l maravillosoolor <strong>de</strong>l chocolate caliente. Las pare<strong>de</strong>sestaban pintadas en un ver<strong>de</strong> chillón quecontrastaba a la perfección con elmarrón intenso <strong>de</strong>l chocolate. El suelo,<strong>de</strong> piedra, estaba ligeramente sucio, perono se podía pedir más. Esa cafeteríaestaba llena a todas horas, todos los días.Era <strong>de</strong> compren<strong>de</strong>r que no se limpiaracada vez que un cliente entraba por elarco curvo. Era una cafetería maravillosa,mi preferida.En ese momento la cafetería estabavacía pero aproveché lo que tardaron enservirnos para comenzar a hablar (queera mi intención <strong>de</strong>s<strong>de</strong> el primermomento) <strong>de</strong> su vida; su dura vida.-Bueno Carlo, pronto <strong>de</strong>sayunarás,¿te parece bien que charlemos un ratocomo te había dicho?-Vale.-¿Dón<strong>de</strong> vives?-En un sitio don<strong>de</strong> hay muchoscoches viejos apilados.-¿En un <strong>de</strong>sguace?-A lo mejor, no sé.-¿Tienes familia?-Sí, pero mamá no ha vuelto <strong>de</strong>lpaseo.Me dio la sensación <strong>de</strong> que su madreestaba muerta y, por <strong>de</strong>sgracia, estabasegura <strong>de</strong> que no me equivocaba.En ese momento en el que estaba<strong>de</strong>scubriendo la vida que Carlo llevaba,nos sirvieron. Carlo bebió un sorbo<strong>de</strong> la taza, esa taza tan gran<strong>de</strong> blancaque a mí, me maravillaba tanto cuandoera niña; cuando era como Carlo.-¿Te gusta? –le pregunté con laintención <strong>de</strong> que me respondiera queestaba muy rico. Pero no, no respondió,se limitó a beber <strong>de</strong>spacio, con una cara<strong>de</strong> satisfacción enorme. Estaba encantadoy yo, encantada.-¡Espera! ¡Se te olvidan los churros!-Pero era <strong>de</strong>masiado tar<strong>de</strong>, Carlo había<strong>de</strong>jado la taza limpia. Su cabeza se queríaescon<strong>de</strong>r en mi chaqueta, <strong>de</strong> vergüenzay <strong>de</strong> miedo, supongo. Por lo tantole dije:-Pue<strong>de</strong>s mojarlos en mi chocolate y,si quieres, te lo doy.-Vale.La verdad es que me apetecía muchoel chocolate, porque hacía mucho tiempoque no lo tomaba, pero yo ya había<strong>de</strong>sayunado y, por gula, no se <strong>de</strong>becomer.-¿Cómo es eso <strong>de</strong> ir a la escuela undía sí y otro no?-No sé. Un día voy al C.D.C.S. y otroa la escuela.-¿El C.D.C.S.?¿Qué es? –pregunté<strong>de</strong>sconcertada.-Un lugar don<strong>de</strong> hay chicas muybuenas.No tenía ni i<strong>de</strong>a <strong>de</strong> lo que eraC.D.C.S. pero me imaginé que eraalgún centro social o algo así.-¿Y por qué hoy no vas al C.D.C.S.?-Porque hoy es el día <strong>de</strong> ir a la escuela,pero no puedo, hay vacaciones.-¿Y qué comes?-Macarrones, sopa, puré...-¿De dón<strong>de</strong> lo sacas?-No sé, <strong>de</strong> la basura o <strong>de</strong>l C.D.C.S.En ese momento, Carlo ya habíaacabado con mi chocolate, el suyo y suschurros. Y como a mí sólo me quedabaun churro, nos marchamos. Me <strong>de</strong>bía<strong>de</strong> haber cogido cariño, porque al salir,me cogió <strong>de</strong> la mano. No puedo explicarlo,era, simplemente, maravilloso. Amí nunca nadie me había tenido cariño(a excepción <strong>de</strong> mi familia, claro).Siempre he tenido muchas amigas, perono he conectado con ninguna. Por lotanto, experimentar esa sensación <strong>de</strong>cariño por una persona ajena a mi entorno,era inolvidable, aunque viniera <strong>de</strong>un niño <strong>de</strong> cinco años, seguía haciéndomela chica más feliz <strong>de</strong> la Tierra.-Eh........- ¡Oh! dijo Carlo –lo siento– y fue asoltarme la mano, cuando se la agarréfuerte (pero sin hacerle daño) y le sonreí.Él lo <strong>de</strong>bió enten<strong>de</strong>r, porque tambiénme sonrió. Así <strong>de</strong> felices marchamoshacia ninguna parte.Decidí llevarlo al parque, para quejugara un poco. Mientras llegábamos,me fue contando qué hacía en la escuela,dón<strong>de</strong> dormía, quién era su mejoramigo.... En este rato estuvo mucho máshablador que antes, se ve que ya teníaconfianza conmigo.-Tengo frío –me dijo.-No te preocupes Carlo, ahora llegamos.-Vale.Miré el reloj, eran casi las dos <strong>de</strong> latar<strong>de</strong>. Era el día <strong>de</strong> la comida <strong>de</strong> Navidad.No esperábamos a nadie en casa,pero mi madre es muy puntual en todoy, por lo tanto, <strong>de</strong>bía llegar a casa antes<strong>de</strong> las dos. Tomé la <strong>de</strong>cisión <strong>de</strong> <strong>de</strong>jar elparque para otro día y llevar a Carlodirectamente a su casa.-Voy a llevarte a tu casa, se me hacetar<strong>de</strong>. Dime, ¿dón<strong>de</strong> vives?-Enfrente <strong>de</strong> un sitio con un elefantever<strong>de</strong> –me respondió con la inocencia<strong>de</strong> un niño <strong>de</strong> cinco años.Yo sabía dón<strong>de</strong> estaba el elefante: enla gasolinera <strong>de</strong> la autovía. En ese barriovivían mis abuelos y me lo conocíacomo la palma <strong>de</strong> la mano. No se tardabamucho, unos quince minutos ypodíamos coger el autobús para llegarantes. Como recordé que era fiesta,supuse que la línea <strong>de</strong> autobuses no funcionaría.Así que me puse a andar conCarlo.Cuando estábamos prácticamenteallí, vi que Carlo se estaba poniendoblanco. Pensé que sería <strong>de</strong>l frío, pero lepregunté.-¿Estás bien Carlo?-Sí, solamente tengo frío.Yo no le creí porque su vocecitasonaba temblorosa, pero aún así, le restéimportancia y seguí andando. Encontréun local, <strong>de</strong> camino a su casa, en elque estaban escritas las siglas C.D.C.S.Más abajo se podían apreciar unas letrascasi borradas, pero yo pu<strong>de</strong> distinguir:“Centro <strong>de</strong> Caridad Social”. A eso eraa lo que se refería Carlo. Era lo que yome imaginaba, pero saberlo, me reconfortó.El porqué era muy sencillo: Carlocomía caliente, por lo menos, un díasí y un día no. Acababa <strong>de</strong> cruzar a laacera don<strong>de</strong> vivían mis abuelos, cuandose me cayó una lágrima. Estaba paradafrente a la casa don<strong>de</strong> había pasadomil y un días en mi infancia con un niñohelado <strong>de</strong> frío y una lágrima resbalandopor mi mejilla. Ver esas ventanas,ahora tapadas por tablas <strong>de</strong> ma<strong>de</strong>ra, metrajo muchos recuerdos. Pero fue cuandorecordé que tenía a Carlo con muchofrío y que estaba llorando en público.Todo esto pasó en muy poco tiempo,pero el suficiente para que Carlo mepreguntara:-¿Por qué lloras?-Por nada –y cambié muy rápidamente<strong>de</strong> tema–. ¿Sigues teniendo frío?-Sí.-Ya llegamos –era verdad, ya veía latrompa <strong>de</strong>l elefante.Según íbamos caminando, observéel <strong>de</strong>sguace don<strong>de</strong> vivía. “Como hacemucho tiempo que no vengo, no sabíaque esto existía”–pensé.Era una pena, <strong>de</strong> verdad. Justo cuandoiba a cruzar la calle y los recuerdos<strong>de</strong> mis abuelos no salían <strong>de</strong> mi cabeza,Carlo cayó al suelo. Lo cogí entre lágrimasy me puse a llamarlo.-¡Carlo, Carlo! –<strong>de</strong>cía, pero él no<strong>de</strong>spertaba.Vi que empezaba a ser algo muy grave,así que le puse mi abrigo y me pusea correr con él por el barrio. Quería llegaral hospital, que aunque no estabamuy lejos, nunca me había costado tantollegar. Entré por la puerta.-¡Necesito ayuda!Enseguida llegaron un médico y dosenfermeros. Les conté como pu<strong>de</strong> loocurrido y dón<strong>de</strong> vivía y que durantetoda la mañana me había dicho quetenía frío y, y, y...¡No podía más!Le hicieron muchas pruebas, yo mequedé en la sala <strong>de</strong> espera y mientrastanto, llamé a mi casa. Entró el médico.-Pue<strong>de</strong>s pasar, se ha <strong>de</strong>spertado.-Gracias –le dije muy asustada.Entré, allí estaba Carlo, sobre lacama. Ro<strong>de</strong>ado <strong>de</strong> muchos tubos y conuna manta blanca que le tapaba las orejas.-Hola –le dije con la voz más dulcey cariñosa que podía emitir–. ¿Cómo teencuentras?-Bien.Estuvimos hablando un rato cuandose empezó a poner peor. Llamé los másrápido que pu<strong>de</strong> a una enfermera. Lehabía subido mucho la fiebre. Le inyectaronun antibiótico muy potente, cuandouna voz me dice:-¿Cómo te llamas? –me dijo.-¿Eh? –pensé que era objeto <strong>de</strong> sufiebre, pero me di cuenta <strong>de</strong> que en todala mañana habíamos hablado, sólo, <strong>de</strong>él y había estado tan impactada por suhistoria, que no recordé <strong>de</strong>cirle cómome llamaba.-Marta, me llamo Marta –respondí.En ese momento, la enfermera sefue.-Me lo he pasado muy bien, gracias–apuntó con un hilo <strong>de</strong> voz. –Te quiero–dijo Carlo, con los ojos más resplan<strong>de</strong>cientesque había visto. Nuncasus ojitos reflejaron tanta luz ni belleza,a<strong>de</strong>más, ahora, estaban rebo<strong>san</strong>tes<strong>de</strong> emociones: cariño, alegría, ternuray agra<strong>de</strong>cimiento.Esa fue su última frase porque en eseinstante, sus ojos tan lindos, no volveríana mirar.Lloré durante horas enteras, durantesemanas, porque aquel niño me habíaabierto los ojos. Yo he creído <strong>de</strong>s<strong>de</strong>hace bastantes años, que la Navidad sebasa en los regalos. Des<strong>de</strong> que misabuelos murieron, mis padres estánenfrentados con mis tíos y tías y primosy primas, por eso la Navidad paramí, no eran sentimientos, ni ganas <strong>de</strong>estar con la familia, era, simplemente,una época <strong>de</strong> vacaciones con muchosregalos. Pero Carlo cambió mi i<strong>de</strong>a, mehizo ver, que lo más importante <strong>de</strong> laNavidad era tener alguien con quiencelebrarla, a quien querer.

Hooray! Your file is uploaded and ready to be published.

Saved successfully!

Ooh no, something went wrong!