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15—Colin, Clara está...—Está en el quirófano —me cortó Félix.Levanté la cabeza hacia él. Félix sonrió a Colinevitando mi mirada. La frase había entrado en mioído como un abejorro, cada centímetro de mi cuerpose echó a temblar, todo a mi alrededor se volvióborroso. Lo miraba fijamente mientras escuchaba aFélix comentarle el estado de Clara y asegurarle quese salvaría. Aquella mentira me había devuelto brutalmentea la realidad. Con un hilo de voz, Colin explicóque no había visto el camión, que estaba cantandocon Clara. Yo era incapaz de pronunciar unasola palabra. Me incliné sobre él, le acaricié el pelo yla frente. Su rostro se volvió de nuevo hacia mí. Mislágrimas emborronaban sus rasgos, ya había empezadoa desaparecer. Sollocé. Levantó la mano para posarlasobre mi mejilla.—Chiss, mi amor —me dijo—. Cálmate, yahas oído a Félix, Clara te va a necesitar.No encontré forma de escapar de su miradallena de esperanza por nuestra hija.—Pero... ¿y tú? —conseguí articular.—Ella es la que importa —me dijo secándomeuna lágrima de la mejilla.Mis sollozos se hicieron más fuertes, y apoyéla cara sobre su palma todavía cálida. Todavía estabaallí. Todavía. Me agarraba desesperadamente a esetodavía.—Colin, no quiero perderte —murmuré.—No estarás sola, tienes a Clara, y Félix se ocuparáde vosotras.Sacudí la cabeza sin atreverme a mirarle.—Amor mío, todo irá bien, tienes que ser valientepor nuestra hija...

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