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EL MOTÍNAño XXXV. Madrid, Jueves 16 Septiembre 1915. Número 37.)()()()(M)()()()()()()()()()()()()()()()(Ki)(T(egla infalibleSi vas á cualquier pueblo y saber quierescuáles son los vecinos más bribones,fíjate en los que llevan los pendonesen la primera procesión que vieres.O en los que, si á la iglesia concurrieres,escuchen más atentos los sermones;ó en los que hagan al mes más confesiones;ó en los que más de Dios hablar oyeres.Y di sin vacilar: «Esa canallaes la que al pueblo explota y avasallay entiende en los negocios inmorales;y si so acoje previsora al templo,ep por seguir el salvador ejemplode antiguos y modernos criminales».• José Nakensintimidades á gritosA Emilio Menéndez Pallares é IgnacioCorujo,Queridísimos amigos, y ademásabogado mío el primero gratuito,aunque eminente, y procurador el segundo, gratuito también, aunquecompetentísimo:Préstenme ustedes atención, puesvoy á decirles algo desagradable, quequizás no les desagrade del todo.Leí complacido la noticia de que no¡ría al destierro, experimentando á lavez cierta contrariedad. Y se lo explicaránustedes: todos mis pensamientosy todos mis trabajos girabandesde hace ocho meses alrededorde esta palabra: destierro. A ratos memolestaba pensar en que iba á salirde mi cuarto; á ratos me alegraba.Es tan monótona la vida que desde1años liago, que me seducía la•dea de variarla.«Ahora realizaré, me decía, lo queno he podido nunca: conocer algo de;x:)()()()()()()()()()()()()(X)()()()()()()()()()(España. Elegiré el punto que más meagrade en cada región, y como puedocambiar de residencia, distribuiréel tiempo del destierro entre todas, yme enteraré, aunque algo tarde ya,de cómo es geográficamente la naciónque tiene hoy la honra y tendrámañana la gloria de haberme vistonacer, crecer y desarrollarme.Fundaba también mi poquito de vanidaden morir en el destierro. Esesta de la vanidad pasión mezquina,y mujeril, á la que suelen tambiénrendirse los espíritus fuertes, como loprueba un hecho que voy á referir á ustedes,rogándoles que no lo cuentenen las sacristías, porque, aun siendopicantillo, en ellas resultaría ñoño éinocente: los paladares acostumbradosá la mostaza encuentran casi dulcela pimienta. Procuraré referirlo demanara que sólo puedan comprenderlolos iniciados, los frailes, los redactoresde la Buena Prensa y los jóvenesque han frecuentado ó frecuentancolegios clericales.Pues como iba diciendo, hubo untiempo en qué acostumbrábase áAyuntamiento de Madridahorcar á los que incurrían en el pecado(en el Código Penal se calificabade crimen) que tenía antaño el privilegiode irritar á Jehová más queotro alguno; (costumbre, entre paréntesis,que, de conservarse hoy,despoblaría á España en media docenade años; tantos individuos sededican á cultivar esa especialidaddesde que las Ordenes religiosas nosinvadieron con el exclusivo objeto demoralizarnos.Y cuéntase que hará unos cienaños, década más, década menos,iban camino del patíbulo diez ó docepecadores de esos, cada uno caballeroen un asno, con grillos en los pies,esposas en las manos, en ellas un crucifijoy al lado un fraile.(Al llegar aquí tropiezo con algunadificultad para proseguir, y casime pesa haber comenzado el relato;pero como no puedo ya volvermeatrás, me amparo- tras esta coplilla:«Todo el que empieza una cosaserá razón que la acabe,para que nunca se digaque la dejó por cobarde»,y continúo, confiando en que mesacarán del atolladero el talento queDios me ha dado y la gracia espigadaen los fértiles campos del ingenio dela tierra donde nací; amén de que, álos que no estén en el secreto, lesocurrirá lo que á los niños de las escuelascatólicas con los Mandamientos:que se quedan en ayunas al recitaraquello de: «el sexto no fornicar».Iban, como digo, |con la vista baja,abatidos, silenciosos, rezando ó llorando(el caso no era para menos),excepto uno, sargento de granaderospor más señas, alto, fornido, lo quese llama todo un buen mozo, que cadacinco ó seis minutos gritaba con vozestentórea dirigiéndose al público:«¡Conste que yo era de los que daban!»Y tanto lo repitía y en tonomás jactancioso cada vez, que el frailecreyóse obligado á darle á entenderque estaba al cabo de la calle, diciéndoleen voz baja: «¡Bien, hijo mío,bien! Pero advierte que estaño es horade vanidades mundanas.»¿Qué he querido demostrar relatandoeste episodio? Que la vanidadse impone hasta en las situacionesmás críticas, y que á mí me había dominadode veras la de darme importanciacon lo del destierro.¡El destierro! ¡De cuánta poesíahabía rodeado yo esa palabra allá enmis años juveniles, al pensar en Luzbely Adán, primeros desterrados


PAGINA 2 LAS RELIGIONES DEGRADAN Y EMBRUTECEN EL MOTÍNilustres, como más tarde lo fuerontantos y tantos que sería prolijo enumerar,Ovidio, Aníbal, Dante, VíctorHugo, Napoleón!... ¡Y vaya un pistoque iba á darme yo si llego á morir enel destierro, y dentro de quinientos óseiscientos mil años, algún docto deestante, c'.mo llamaba Quevedo á loseruditos, llegaba por distración áagrupar mi modesto nombre al deesos tan preclaros!En todo eso soñaba yo, y todo eso¡ay! han venido ustedes, Pallares,Corujo y Castrovido, á ahuyentar demi fantasía, al solicitar como amigosun perdón que jamás hubiera pedidoyo ni como hombre, ni como político,ni como anticatólico.Además, muriendo en el destierro,hubiera pensado, al dar las boqueadas,en que el pueblo liberal anotaríaesta partida en el DEBE del clericalismopara cobrársela con réditos el díade la liquidación de cuentas atrasadas,que llegará tarde ó temprano; y estome habría producido seguramente enaquel momento histórico, más alegríaque el irme pertrechado por diezpesetas (precio mínimo) con una bendiciónpapal.Pero advierto que aún no les he dichoá ustedes aquello desagradableque les anuncié, y voy á remediar lafalta.¿Recuerdan ustedes lo que hablamosel día que vinieron en persona,honrándome mucho, á comunicarmeque el Tribunal Supremo había confirmadola sentencia del inferior? Me indicaronque alguien (yo supuse que seríael abogado del cura de Yepes), leshabía apuntado voladamente la idea deque tal vez pudiera yo no salir para eldestierro, á lo cual contesté, que nohicieran ustedes nada por que tal ocurriese.Me replicaron que, como abogadoy procurador, cumplirían hastael fin con su deber; y que aun cuandoyo se lo prohibiese, no podría impedirque lo hicieran. Les advertí quelos desautorizaría públicamente si porservirme iban más allá del cumplimientodel deber ese, y desde entoncesno nos hemos vuelto á ver.Calculen, por lo tanto, cuál no seríami sorpresa al enterarme por ElPctísáe que habían ustedes operadofuera del círculo de sus deberes comoabogado y procurador, auxiliados porCastrovido. ¿Quién los ha autorizado,me dije con cariñoso enojo, para irmás allá de lo que me dijeron? Justificola intención, mas no el acto, porser yo de los que atienden á la intenciónantes que al efecto. Hay actosbuenos cuyos autores merecían serahorcados en día de fiesta. Este, porejemplo.Un individuo, deshauciado por losmédicos á causa de padecer una enfermedadque no entendían, tuvo unacuestión con otro, que le largó unapuñalada en el costado derecho. Lecuraron la herida, y desde entoncescomenzó á mejorar del padecimientoignorado, hasta el punto de recobrarla salud por completo. Los médicosse volvían locos no sabiendo á quéatribuir aquel mejoramiento inesperado,hasta que descubrieron que elenfermo tenía un tumor en el hígadoy su contrincante se lo había reventadoal darle la puñalada.Y aquí de mi argumento. ¿Debiópor esto quedarle agradecido? No,pues que su intención no fué curarle,sino.suprimirlo.Quedemos, pues, en que yo les estoymuy agradecido por la intención,pero que maldita la gracia que me hahecho el que, por cariño hacia mí,traspasaran los linderos de su deberprofesional.Y saldada esta cuenta de amistad,tiendo á ustedes la mano, así como áCostrovido, con la efusión desiempre.Y ahora voy á decirles algo de loque pienso acerca de lo sucedido.Mi primer movimiento (que essiempre el bueno), al enterarme de lodel perdón, fué rechazarlo. ¿Deberyo un favor á un cura? Hubiera preferidoque me lo debiese él. Mas penséluego en que me daban prejuzgadala cuestión con el elogio queEl País hacía del vicario Sr. Aguilar,y del párroco, Sr. Ayllón, y desistí dela idea de rechazarlo.Aunque si he de decir la verdad toda,lo que influyó más en mi resoluciónfué lo siguiente:No aceptar el perdón, hubiera significado,aparte de una jactancia risible,un pueril afán de llamar la atenciónhacia mi; algo que me reventósiempre: pasar por un ser excepcional.De tener cincuenta años menos,¿qué sé yo?, acaso no hubiera desistidode mi idea: la juventud aspiraá singularizarse. ¿Pero á la edad quetengo? ¡Horror! ¿Presumir de fortalezay entereza cuando apenas sepuede ya alzar los brazos, moverlos pies, fijar la memoria, encauzarel entendimiento, ni dirigir la voluntad,y menos tratándose de unasunto relativamente baladi? ¡Lo quese hubieran reído las gentes! Y á mí,lo confieso, me faltó siempre el valornecesario para desafiar arrogantementeel ridiculo.Había además otra razón para noechármelas de Quijote matusalénico.El destierro hubiera significado parami aumento de renombre, de simpatía,y hasta de dinero, pues se hubiesenvendido entonces todos los libros quehoy se pudren almacenados en estaadministración. Y me molestaba hastala suposición de que alguien pudierahaber sospechado que me las habíatirado de plancheta, por tocar algunade estas personales ventajas. ¿Haceryo nada exclusivamente en favor mío?;A buena hora mangas verdes! Esodebe hacerse, sí, pero á tiempo. ¿Rectificarerrores ó caprichos á los ochentaaños? ¡Hali! Me produciría la mismaestrañeza que le produjo á Sara elAyuntamiento de Madridverse preñada á los ciento y pico deaños.Mas volvamos á lo del perdón.Nada de cuanto digo anteriormenteva encaminado á soltar la pesadacarga del agradecimiento; no soy delos que sostienen, confirmándolo consu ejemplo, que la ingratitud es la independenciadel corazón. Lo que sicreo, es que en este asunto se exageranun poquito la generosidad y el reconocimiento.No hay motivo paratanto. Y creo más; que los clericalesse están poniendo en evidencia al elogiartan desaforadamente á los dosclérigos que, en último término, nohan hecho otra cosa que cumplir conel más rudimentario de sus deberes.¿O es tan raro, tan inusitado, tan extraordinarioel que un cura perdone,que hay que echar á vuelo para celebrarlotodas las campanas de lacristiandad?Y vamos á otro punto.Si como cristianos han debido perdonarme,como clericales han faltad' iá su deber; su Dios no es el dulce Jesús,sino el duro y vengativo Jehová:¡ojo por ojo y diente por diente! (Milagroserá que al doctor Aguilar nole traiga algún disgusto el haber pedidoal cura de Yepes que me perdonase).Sí; han faltado á su deber declericales, quizás atendiendo á suconveniencia, no á la mía. Porqueyo, en el destierro, hubiera sido paraellos una acusación constante; unaamenaza en perspectiva; un argumentoviviente en contra de todo lo quepredican; algo que pudiera aumentarel odio que se les profesa. Con que ácallar, y no tentar al diablo.Y vamos á otra cosa.Si algunos clericales creen, contóEl Universo, que han adquirido conel perdón el derecho de injuriarme,ya me encargaré de demostrarles quese equivocan. Sobre que yo, para estode las injurias clericales soy una esponjaempapada, se necesita una alturamoral que ellos no tienen, para queyo les reconozca ese derecho. A mísólo pueden ofenderme mis iguales;los demás, ni me molestan siquiera:en ocasiones hasta excitan mi buenhumor ó hacen más vivo el deseo quesiempre tuve de chunguearme deellos. Más aún; encuentro propio deellos todo lo que dicen y lo que hacen.No me parezco al león de la fábula,que estando moribundo, extrañósede que el asno le soltara unacoz.Larga me va resultando esta carta,pero como una de mis fatuidades esla de creer que nunca me hago pesadoen mis escritos, voy á seguir


EL MOTÍN EL TRABAJO, ÚNICA BASE DE BIENESTAR PAGINA 3las cualidades buenas que reconocíaen el Sr. Aguilar, me han hablado deél varias personas y convenido todasen que es un hombre culto, de espírituamplio, tolerante al ¡uzear, generosoal conceder, sencillo y ameno en MItrato; en fin, un hombre, que merecíano ser cura (aunque si había deser clerical, vale más que sea cura).eoríá del mal menor).Y me pregunto: ¿Cómo siendoasí, preside una Sociedad tan antipáticacomo esa de la Defensa delclero? Comprendería que presidieraotra donde se procurase traer al cleroá buen camino para que la impiedadno encontrase en la conducta desus individuos motivos sobrados paracombatir la religión, ¿pero esa? No loentiendo.Como tampoco entiendo, por qué nose ha disuelto ya la Sociedad que preside.Después de haber contribuido áque se me perdone, no tiene razóner. Y voy á probarlo.Sin cometer la más tremenda delas injusticias, ¿cómo podrán en adelantenegarse á perdonar á ningún periodistaque procesen y sea condenadopor ¡os tribunales?Y perdonándolos á todos ¿no comprendenlos individuos que la componen,que la malicia pudiera suponerque se ha fundado esa Sociedad parabuscar efectos teatrales, ó para sacardinero á los fieles, á fin de que susabogados y procuradores tenganclientela, si es que cobran por los trabajosque prestan?Y una vez en este camino ¿qué deextraño tendría que alguien recordaraal cirujano aquel que se moría dehambre en un pueblo por falta delientes, y que para ganar algo y adquirirrenombre, se echaba disfrazadoá la calle las noches muy oscuras, ydaba una puñalada al primero conquien tropezaba, y que corría luego ásu casa para recibir y curar al clienteque acababa de fabricarse?Mediten los clericales en lo queacabo de decirles, y comprenderánque la lógica les impone la disoluciónde esa Sociedad. Como mi perdónla ha colocado á una altura ineomensurable,debe aprovechar la ocasiónpara desaparecer inmediatamente, yaornea pudiera hacerlo con másgloria.Y como no tengo más que decirles,queridos amigos Pallares, Corujo yCastrovido, voy á terminar sintetizandocuanto he dicho sobre mi cacareadoperdón.F,l único favorecido aparentementesoy yo, y, sin embargo, todos los queitervenido .en mi favor, han salidoganando más que yo.Ustedes, por que pueden con justiciareclamar desde hoy el honrosocampeonato de la amistad.El doctor Aguilar, por que ha conseguido,sin pretenderlo, que se centupliqueel número de los que sabíanlas admirables cuanto raras cualidadesque le adornan.El cura de Yepes, D. Ángel Ayllón,por que ha logrado sacar su nombrede la modesta oscuridad en que yacíay aumentado un mérito á los que yatuviera para ir al ciclo.Y El Universo, porque lia aprovechadohábilmente la ocasión para demostraruna vez más sus reconocidascualidades de vengativo, necio y nialeducado.Sólo yo ¡triste de mí!, he visto defraudadasmis esperanzas de ir á darmetono por todas las regiones de Españaechándomelas de víctima de lareacción clerical, mientras que ahora,perdonado por un ministro del Señor,no me queda otro recurso que el deseguir gritando:¡Guerra al clericalismo!l'n abrazo á cada uno de ustedes,queridos Pallares, Corujo y Castrovido,y hasta otra.Y á ver si se ponen pronto de acuerdopara venir á almorzar un día conmigo,autorizándoles para que invitenal doctor Aguilar y al cura de Yepes.Me gustaría conocer personalmenteá dos curas que perdonan, y ellos seconvencerían, si ya no lo estuvieren,de que yo tengo amigos, que por lonobles, lo inteligentes y lo cortesesserían rechazados, si un día por enseñará los que'ignoran que hay hombresde esa clase, se presentaran ásolicitar una plaza de redactores en .!•'.!Universo.De ustedes affmo. amigoJOSÉ NAKENSCuando el diablo perdona...A los redactores de I! E1 Universo' 1Cada hecho social típico puede consisiderarsemicrocósmico con respecto á lavida de la sociedad que lo produjo. Bajotal aspecto soy estudiando el «.Perdón deNakens* cuya historia conocen y han comentadoustedes desde el punto de mirade -órganos de la [glesia y de la Patrias.tan frecuentemente reclamado en las columnasde SU diario.;De veras creen ustedes haber traducidofielmente la sensación de la Españacatólica en el articulo comentando elperdón?Si me responden que dudan de haberacertado, les volveré á preguntar: ¿siendoasi. por cuál espíritu de temeraria soberbiase invisten ustedes con esa capamagna de órganos eclesiásticos y nacionales;y cómo no dejan entrever ese temblory duda que de continuo debieraguiar su pluma con la consabida advertenciasancta sánete SUMÍ tractanda?Esto debió encarecerles á ustedes, ymucho, el prelado, el ministro ó el quefuese que les ordenó para el sagrado ministeriode la predicación esa desde elpulpito de la Prensa, no menos delicadoque el otro. Y si ustedes no dudan nilan, ¿es que se sienten fatuamenteposeídos del espíritu de Dios, ó es que lesAyuntamiento de Madridimporta un pepino el que, por causa deustedes, sea censurada la Iglesia?He aquí, apreciables compañeros, elespirita con cpie vamos á dar un vistazoá lo ocurrido con ese arehisacramentodel perdón: arehisacramento digo, comoquien dice cosa superior á los- sacramentos, pues si de todos los llamadostales puede prescindir más ó menos elcristianismo sin dejar de ser tal, y aunde su institución, tórmulas, eficacia etcéteradiscuten los teólogos, de aquelperdón BO se puede prescindir, ni habrácristiano que se atreva á dudar de suinstitución ni de su imperio permanente.lie aquí por qué ustedes, al tratar deello, han debido hacerlo con el respetointerno y externo con que el celebrantese acerca al Sagrario, y aun más si cabe:pues ha de ser el perdón un sacramentoespiritualísimo y purísimo, de fusión dealmas en el crisol de la ardiente caridadcristiana./-.' Sí non, non.¿Ha sido tal el del cura de Yepes a Nakens?Del principal ministro de ese sacramento,que rué el doctor Aguilar,dije bastante; como también dije quees lo habían profanado en su articulo«.Del santoral laico:., tomando pie deél para... ¿para qué diré.' Si la Defensasocial me asegura que no ha de llevarmeá sus tribunales, diré que toman pie delperdón para injuriar y calumniar á Nakens,á la causa que defiende y á susamigos y admiradores.Pero tengo miedo á los temibles ataquesde la Detensa del clero y Defensa social,ó Defensa del diablo, contraía indefensaprofesión de escritor; por esto declaro yafirmo que llamar á Nakens hipócrita,cínico, malvado, calumniador de oficio ydemás que dice el articulo, no es injuriani calumnia, sino acto de piedad, de caridad,éa : benevolencia y de cariño. Tambiénel dulce Jesús se descompuso algunavez y prorrumpió en palabras fuertes.¡Recuerdan ustedes, compañeros?Pareceque 1 estoy oyendo:"«¡Raza de víboras...cuadrilla de ladrones... fariseos malditos...gazmoños execrables!... ¡Cuántoenojo sentía el dulce Jesús!... ¡Y eratambién contra los impíos!... Sólo que enaquel tiempo bíblico se daba tal nombrede impíos á los sacerdotes, rábulas, teotrosy charlatanes del templo. Yaun con los mercaderes no se contentócon hablar, sino que disparó la látiga quedebió dar gozo verlo.¡No es verdad, compañeros—sean sin-, que esos anatemas del apacibleJesús, caen más cerca de El Unique de Et. MOTÍN, y más cerca de la DefensaSocial que cíe la Mala Prensa? Porlo pronto puedo jurar sobre los Evangeliosque yo no he visto á Nakens sentadoen la Cátedra de Moisés imbuyendo supercheríasal pueblo, ni le he visto vendersacramentos ó rosarios, ni ofrecer ánadie en cambio de monedas sonanteslos rezos de vivos ni de difuntos. Ni lehe visto en- el templo ni en el atrio; sólole he oído repetir muchas frases de aquelbuen Jesús sobre «los especuladores dela casa de Israel».Y... yo me pregunto, compañeros de Elrso; me pregunto yo á mí mismo,• lan bien, en ese recinto donde yano hay jueces ni esbirros): si viniese Jesús'ustedes dicen que vendrá; otros diaeya ha venido y que por ahí anda,como la otra vez, «desconocido de lossuyos»), si viniese á España y presenciasela trapatiesta que se arman la Buena


PAGINA 4 A LA REDENCIÓN POR LA INSTRUCCIÓN EL MOTÍNy la Mala Prensa entre si, y Nakens conel clero, ¿de qué lado se inclinaría Jesús?...Ea, compañeros, ánimo para oir lapregunta escueta y sin rodeos: ¿se haríaredactor de El Universo ó de Ei. MO­TÍN?... Ea, compañeros... á pensar y ¿responder.El problema no es fácil.Porque, ¡oh, candidos lectores de ElUniverso!... Si se lee el Evangelio conlos ojos del alma, hallaráse en sus compendiososrelatos que Jesús fué perseguidocomo injuriador y calumniador delclero... Leed, si no, los sermones de SantoTomás de Villanueva, donde trata dela inquina del clero contra el buen Jesús...¡Qué tal, compañeros! ¿Ha salido el símil?Extiéndanlo ahora á los casos y cosascensurados en Nakens por el articulo comentado.En el caso de Angiolillo, ¿Jesús habríahecho lo que hizo Nakens, ó lo que hizocon Madame Humbert el perfecto clericalé ilustre académico, señor Cotarelo?En el caso de Morral, ¿qué habría hechoJesús: perdonarlo y ampararlo, salvándoledel patíbulo para que se convirtiesey viviera; ó bien mandar el soplo ála policía, entrenerlo en el jardín de sucasa, y luego decir á los gendarmes:«aquel á quien yo besase, es Morral; prenderloy... ahora, pagadme el precio delsoplo?»Respondan ustedes, señores organistasde la Iglesia. Porque yo he visto áJesúshuyendo muchas veces de la policía: jamásle vi hacerse agente policiaco. Va levi condenado por las autoridades; perono le vi aplaudir fallo alguno de los tribunales.Y de este modo discurriendo, su artículoantójaseme más cosa de Judas Iscarioteó del Sanedrín, que dictamen cristiano.Paréceme verles á ustedes, aturdidospor la ideíca y estar buscando cinco piesal gato para ver de hallar en ella algoque pueda ser presentado como blasfemiaal fiscal y ver si denuncia el escrito.¡Cómo los rabinos!... Leed el Evangelio...¿No sale la blasfemia en este escrito?Pues, vean ustedes ahora si hallan realmenteblasfemo el convertir la manzanadel perdón, en pelota de barro paraechársela al rostro de Nakens, «en nombrede la Iglesia de Cristo».¡Hay tantas maneras de blasfemar!...¡Las hay tantas de ser hipócrita!...¡Son tantos los ilusos y los iludentes!...¡Y son tantísimos los eíesios qne oyenlo que quieren y entienden sólo lo queles conviene!...Ya van viendo, colegas, cómo la prolesiónde «escritor cristianos es casi tandifícil como la de danzante. Y si no, ahíva la última prueba que traigo, no paraafrentarlos, sino parahacerles reflexiones.Filioli mei (les diría si me creyeseSaulo): cuando escribáis movidos del espíritude Dios, él llenará de esplendorvuestros escritos. Mas si, por desgracia,escribís alguna vez movidos del espíritudel diablo, procurad no enseñar orejatamaña, según se ve en el comentado articulo:«perdón honroso para el párrocode Yepes... pero deshonroso para el perdonado...»¡Tres palmos de oreja, fu'miimei! ¡Tres palmos!...Porque, perdón que deshonra, perdónmaldito... Y si os habéis gozado en el perdónpor ver en él la deshonra... ¡bellacabeneficencia la vuestral, y bellaca blasfemiala de llamar «perdón cristiano» alperdón deshonroso!... ¿Perdonáisdeshonrandoó para deshonrar?... Esto parecedecir en síntesis el articulo (i). Y'esto,compañeros mios, si el hacerlo es de bellacos,el decirlo y jactarse de ello es denecios.¿Es así como perdona Dios: ¿Es asi comoperdona Cristo?... Hablad, hijitos,que la blasfemia está en puerta. Yo digoque así perdona el diablo.S. PEV < >I.'I)KIX(i) En Q protesta contra la afirmaciónPaís de ser el perdón thonroso para ámbar pirie-..Otra calumnia iiorifeLa impunidad alienta á los malvados.Si la ley cae inexorable sobre mien el momento de lanzar mi primercalumnia contra el clero, yo me habríaapartado el mismo año 1SS1 delcamino fatal que emprendí.Mas como los jueces de entonces,menos celosos que los de ahora en loque toca al cumplimiento del deberprofesional, no se metieron conmigo,fui extremando mis osadías, y en 1888me atreví ya á inventar la calumniaque va á continuación:"PARRICIDA Y LADRÓNUn cura español ha cometido un dobleparricidio en la República Argentina.Cuantas circunstancias de perversidadpuedan imaginarse concurren en este crimen:premeditación, móviles de lucro,alevosía, ensañamiento, profanación, cinismoinaudito antes, en y después de superpetración.Llámase el presbítero Pedro CastroRodríguez, es natural de la Coruña, ycuenta cuarenta y cuatro años de edad.Desde su llegada á la Argentina ejerciósu profesión, hasta que compromisosde cierto género contraidos con la jovenD. a Rufina Padín, á quien sedujo fingiéndoseseglar, le obligaron á abjurar delcatolicismo, ingresando en la religiónanglicana y casándose con la joven. Deesta unión nació en 24 de Julio de 1S7Suna niña, á la que pusieron los nombresde Petrona María.Una vez agotado el dinero, y viendoque no podía vivir desahogadamente ápesar de que su mujer trabajaba en laborespropias de su sexo, se presentó al arzobispodiciéndole que quería volver alcatolicismo.Rehabilitado en su ministerio, fué destinadoá la parroquia del Azul, enviandoá Buenos Aires á su mujer é hija.Esta separación, sin embargo, fué másaparente que real, pues Castro visitabacon frecuencia á Rufina y le pasaba cienpesos mensuales; y aún debía enviarlealgunas otras sumas, puesto que pudo adquiriruna propiedad valuada en 25.000pesos.Pasado algún tiempo, Castro fué trasladadoá Olavarria, parroquia de más utilidad,donde contrató para su serviciodoméstico al sacristán, español también,llamado Ernesto Perin.Castro adquirió pronto en su nuevocurato fama de expansivo y jovial, untanto derrochador y muy mujeriego. Susprodigalidades y compromisos femenilesAyuntamiento de Madridle hicieron pensar en volver á España, yescribió á su mujer diciéndole que vendierala finca, depositando el importe ánombre de él en el Banco de la provincia,y que luego, acompañada de su hija,fuese á unírsele en Olavarria.Hecha la venta y depositados los 25.000pesos que produjo, D. a Rufina se puso enmarcha acompañada de la niña Petrona yllegaron á Olavarria.Después de la expansión natural de losprimeros momentos pusiéronse á cenar,sirviéndoles el sacristán, que retiróse alpoco rato.So pretexto de calmar los nervios áD. a Rufina, que se hallaba en el lechocon él, le propinó el cura en una miga depan una fuerte dosis de sulfato de atropina,que pronto produjo sus efectos; lavictima comenzó á agitarse en horriblescontorsiones y á lanzar algunos gritos.Entonces él cogió un martillo y la rematócon dos tremendos golpes.La niña rompió á llorar, y el cura, ¡suadre!, la oprimió fuertemente en susErazos, tomó el resto de atropina quequedaba en el frasco, le abrió violentamentela boca, se lo hizo tragar, y continuóoprimiéndola contra su pecho, hastaque al cabo de tres horas, más bien ahogadaque envenenada, exhaló el últimosuspiro.Hasta aquí la comisión del crimen, horrorosoen todos sus detalles como se havisto; pero hubo algo más horrible aún:el autor permaneció toda la noche cuidandolos cadáveres, y al día siguientesalió á encargar á un carpintero un ataúdbastante grande, porque se trataba deuna señora muy ¡jruesa; después acudióal Juzgado municipal, y pidió una ordende enterramiento para una D. a IndaleciaBurgos, por encargo de su familia.Una vez obtenida, y teniendo en supoder el féretro, se dispuso á colocar loscadáveres; como sus habitaciones comunicabancon el templo, juzgó más á propósitooperar en él, y los trasladó, arrastrandopor el suelo el de Rufina.Y allí, ante las imágenes de los santos,algunos de ellos alumbrados por velas,envolvió el cadáver de Rufina en unatohalla para que no destilara sangre, y locolocó boca abajo en el ataúd; luegoiuso en él, y en sentido inverso, el de suflija, y clavó la caja. Terminada su tarea,se retiró á dormir en la misma cama enque asesinó á su mujer y esperó á que lossepultureros fuesen por aquéllo al diasiguiente.En la traslación de la iglesia al carrofúnebre, alguien notó que el ataúd estabamanchado de sangre. Advirtiéronseloal cura y contestó con el mayor cinismo:—No es extraño; se trata de una señoramuerta á causa de una fiebre puerperal.Cuando el carro partió, el cura tomóun coche de alquiler y llegó al cementeriopor otro camino; presenció á distanciala inhumación y se retiró al caer sobre lafosa núm. 13, la última palada de tierra.El vecindario no sospechó nada, y Castrocontinuó diciendo misas, oyendo confesiones,y dedicándose á todas las tareaspropias de su ministerio.El sacristán, advirtiendo la desapariciónde la querida del cura y su hija (palabrastextuales de su declaración), pidiólealgunas explicaciones, contestándoleél con ásperas evasivas; cayó en sospechas,se presentó en La Plata, y celebróuna entrevista reservada con el jefe depolicía.


JbG X^ MOTIT^íaesTiNENeíaY VIGILIAAyuntamiento de Madrid


EL MOTÍN MENTIR, ES ENVILECERSE PAGINA 7—¿Por qué? ¿Pues no son mujerescomo nosotras?—Sí, pero, en fin, allá ella.—Y eso que desde pequeñita decíasiempre á las monjas que quería sermadre.—No, pues lo que es ahora lo consigue;creo que ya hay sintam .ts.—¡Válganos la divina Pasto ra!FRAY GEHU. MOCartas á un provincianoIVAmigo mío: me lamentaba en mi anteriorde la ausencia de espíritu patrióticocon que la casi totalidad de nuestros políticos,catedráticos, periodistas, etc., veníaanalizando los orígenes y el curso deesta guerra. Esto, por enojoso que seareconocerlo, es verdad. En casi todo loque yo he leído y sigo leyendo acerca deesta colosal contienda, he visto invocarideas generales de justicia, de raza, dereligión, de organización política y miliparticularidadessociológicas, históricasy geográficas de esta ó aquella nacióncontendiente, para justificar la adhesióndel preopinante á uno ú otro bando,no obstante ser bien manifiesta la voluntaddel pueblo de no adherirse ni á uno niá otro; pero no he visto analizar los orígenes,el desarrollo y consecuencias de estaguerra en relación con nuestra patria,que es como más nos debe intensar yconvenir verlos analizados.Si el proceso de esta guerra puede inirnostanto desde el punto de vistagermanófilo ó aliadófilo, ¿cómo dudar quenos debe interesar más tal como es en simismo, desligados de toda afinidad é inymucho más aún conocerlo desdeel punto de vista puramente español?Analizar (sin perder de vista las causasilc la catástrofe) los hechos acaecidos, yapoyándose en ellos, deduciéndolas deellos, hacernos ver las consecuencias forzosas,inevitables, respecto á las nacionesbeligerantes y respecto á las que,como España, han de permanecer neutrales,¿no es esta labor un deber ineludibleÍiara aquellos que desde el Parlamento,a cátedra ó el periódico dirigen y encauzanla vida nacional?Ya sé lo que me dirás: que si no lo hacen,si toman más interés y ponen máspasión en las cosas de fuera que en lasde casa, es porque en fuerza de mirar yadmirar á Europa, van, sin notarlo, dejandode ser españoles.Tú, como buen andaluz, tienes muchode africano y de fatalista. Frío me dacuando (aparte la verdadera Ciencia, quees patrimonio común de todas las naciones)te oigo poner nuestra pseudo-europeización,nuestra servil imitación de lavida y costumbres de Europa, como unade las principales causas de disociaciónde nuestra patria; de esta España tan originaiy pintoresca que tanta tuerza creafloracontiene aún en su suelo y en suraza.Pones ante mis ojos la vida tristísimay miserable de nuestros campos, los milesy miles de hogares cuarteados primeropor el caciquismo, el fisco y la usura,y derrumbados al fin por el viento fatalde Ja emigración: ¡pobres hogares sin panalor, sin una ráfaga de alegría quehaga amable la tierra y la choza dondese trabaja y se muere sin haber vivido!,y la vida ociosa y estúpida de casi todasnuestras ciudades, consumiendo estérilmenteel producto de los campos y ayudandoá despoblarlos. Y junto al abandonoy regresión de los pequeños pueblos,el aislamiento de la vida provincialy el desvío y menosprecio de unas ái ilras regiones, la muralla de recelos y deodios que se va levantando entre ellas.Es la fuerza que mantiene la cohesión delnúcleo nacional, disociándose; es el almanacional, sin unidad ni centro de atracciónque intensifique su fuerza, sin unideal propio que sea norte y aliento desu vida, irradiándose y perdiéndose dedegradación en degradación.Sí; es cierto: renegando de su legitimoy altísimo abolengo, el espíritu netamenteespañol, vigoroso, tenacísimo y profundamentehumano, que realizara empresasde grandeza y heroísmo incomparables,se va desnaturalizando, va perdiendola fe en si mismo, no se siente capazde resurgir y sobrepujar su pasadagrandeza; y, extranjero en su propio hogar,renuncia á vivir su propia vida ypretende vivir la de otros, haciéndose,por esto, digno de que lo menospry lo miren como fácil esclavo.¿Por qué los campesinos no caerán undía sobre nosotros con sus dalles, sushorcas y sus bieldos, segando y aventandotodos los Ministerios, Tribunales, Universidades,Academias, Ateneos y Redacciones?De ellos y de ti es de dondeespera el remedio, tu amigoM. M.Aguardo la respuestaEntre la gente clerical hay quienafirma que El Universo representahoy lo que La Unión Católica ayer:aquella asquerosa agrupación de aficionadosá encender una vela á Diosy otra al diablo, para explotar á losdos; agrupación á la que honró miquerido compañero Juan Vallejo (quesanta gloria haya.) dedicándole estesoneto-fotografía:EL MESTIZOReza cuando lo miran á destajoalsanto á quien despoja del cepillo,y en la fauna carlista es el cuclilloque en nido ajeno empolla sin trabajo.Mezcla de hipocresía y desparpajo,rufián devoto ó religioso pillo,irrítale la merma del bolsillo,no en la cara la afrenta del gargajo.De supuestas creencias hace escudo,y no hay deuda de honor que satisfaga,vil ante el digno, y ante el reto mudo.Es su lenguaje pus de inmensa llaga,y quien su talso celo apreciar pudo,vio que comulga porque á Dios se traga.Había pensado aplicar á El Unvoerso ese hermoso y gráfico soneto; peroel temor á incurrir involuntariamenteen un nuevo delito de calumniame ha inspirado la idea de dirigirmeantes á él, rogándole que tengala bondad de decirme si tiene efectivamentederecho á que se le aplique.En caso afirmativo tendré la satisfaccióninmensa de volcárselo encima.Estoy decidido á no hacer en adelanteafirmación alguna sobre la conductade ningún clerical, sin que antesél me Ja confirme. Como son incapacesde mentir, no corro el riesgode que me engañen.Se me ha echado en cara, y con razón,que acojo las noticias que se meenvían sin comprobarlas, y quieroperder esa mala costumbre.¿Que me dicen que un cura ha violadouna niña, y que por tal causa lolian llevado á la cárcel? Pues carta alcanto, preguntándole: «¿Está ustedpreso por violar una niña?» Y si mecontesta que no, aunque me diga eldirector de la cárcel que lo tiene trincado,y el Juez que ha confesado yasu delito no creeré á ninguno de losdos.Porcia boca donde entra Dios, nopuede salir la mentira.£uz sobre el celemín¿Sabe alguien qué ha sido de aquelrespetable sacerdote (todos lo sondesde ahora para mí) que se dignómanifestar que estalla decidido á anticiparla hora de la entrada en el cieloal respetabilísimo obispo de Madrid,abriéndole en su santo cuerpoun piadoso agujero por donde pudierasu alma pura subir rápida y triunfadorahasta el Empíreo?Por que se habló de su entrada enla cárcel, y nadie, ó yo por lo menos,ha vuelto á. saber de su sagrada persona.Ruego á El Universo, órgano delseñor, obispo, que se sirva indicarmesi sigue preso, ó qué ha sido de él; ysi se averiguó por fin la causa que loimpulsaba á libertar cuanto antes alvirtuoso prelado de la carga penosade la vida.Y al decirnos El Universo lo quehaya, cumplirá con aquel preceptoevangélico que manda poner la luzsobre el celemín.EL WOTÍNPERIÓDICOSEMflN'BLCON 6 rAGINAS Y CARICATURASSE »-0"BIJIC^. I.OS Tt7BVE£REDACCIÓN Y ADMINISTRACIÓNALBERTO AGUILERA, 32, MADRIDPRECIOS DE SUSCRIPCIÓNMadrid y provincias, 1,50 pesetas trimestre,3 semestre, fi año.- Ultramar yExtranjero, i0 pesetas año.—Pago adelantado.—Corresponsales,1 50 pesetas25 números.—Número suelto 10 céntlmcs.Los suscrlptores directos tendrán derechoá recibir cuanto se publique enesta casa, con el 25 por 100 de rebaja.Ayuntamiento de Madrid


PAGINA 8 LA CALUMNIA ENGRANDECE AL HOMBRE EL MOTÍNLos cruzadosporROBERTO ROBERTunidas algunas otras ventajas materiales;porque el cruzado no pagaba peajesen parte alguna; el que tenía enemigos,el que cargado de culpas deseabaadquirir (sin dinero) las indulgenciasde la Iglesia, tomaba la cruz.Los dos caballeros que habían asesinadoal obispo de Wurtzburgo ydespedazado su cadáver, ¿qué penitenciarecibieron del Papa?Ayunar, andar á pie descalzo, hacersecruzados y pelear cuatro añosen Palestina.El que cortó la lengua á Caithness,obispo escocés, ¿que penitencia mereciódel Papa?Ayunos, azotes, andar en calzoncillos,y por último, pelear tres añoscomo cruzado.No se crea por esto que todos nila mayor parte de aquellos caballerosfuesen pecadores: no, muchos de estos,muchísimos (si muchísimos sepuede decir hablando de aquellos siglos),pecaban, es decir, vivían fuerade los ejércitos de la cruz.** *Pero á lo menos el pecador teníaentonces el recurso de purificarse enaquellas guerras.Un trovador, puesto en un granaprieto, exclamaba: «Capaz soy deromper la fe jurada; pero en tomandola cruz y partiendo para Siria, obtendréel perdón del cielo.»Y el abad de Ursberga dice quecriminales muy feroces exclamaban.«¡Oh dicha! Cometeré cuantas atrocidadesquiera; pero en tomando lacruz, no sólo me lavaré de mis pecados,sino que aún me sobrará para ellavado ajeno.»[Esperanza sublime que en estostiempos de grosero positivismo nopuede servir de consuelo á los criminales!** * .El piadoso Pontífice Inocencio III,comprendiendo el anhelo de eternabienaventuranza que agitaba los ánimos,prometió elperdón'de todos lospecados, y de todos los crímenes álos que se alistasen bajo la banderade la cruz.Por cierto que esto lo hizo despuésde otra predicación recibida concierta tibieza, pues no había logradoque se alistaran de cruzados mas queunos chiquillos, los cuales, embarcadosen Marsella después de confesary comulgar, emprendieron el viajeen nombre de Dios, y fueron vendidospor esclavos á los infieles.•¡Si yo pudiera narrar concierto orden,aunque no fuesen más que lossucesos de la primera cruzada!...Estoy por intentarlo.No para decir punto por punto loque pasó, sino para tomar los sucesosprincipales y...Largo cuento sería, sin embargo;porque lo primero tendría que ser...¿Qué tendría que ser lo primero?Recapacitémoslo.** *Lo primero de todo fué que el hambrede aquel año (1095) fué extraordinaria.Es decir, extraordinaria para nuestrostiempos; porque entonces, enmateria de hambres, la Europa cristianasolía gozar de lo más perfectoposible en ese género de incentivospara la oracidn.Y como aquellos siglos eran tan lógicos,habiendo hambres aumentóen justa proporción el número de losbandidos.El que no tenía que comer, poseídode fervoroso entusiasmo se juntabaal ejército del primer barón que salíaarmando gente para la güera santa, yasí á un mismo tiempo tomaba la cruzy el rancho.Los bandidos á quienes se les perdonabansus delitos con tal que fueraná pelear por el Santo Sepulcro,acudían en cuadrillas á los ejércitos:los deudores iban también, porquedesde el momento del enganche dejabande estar obligados al pago delos intereses; de manera que como deciertas comarcas de Europa se ibantodos los habitantes, hasta los párrocosy obispos tenían que seguir trasellos, y de este modo los paisanos teníanlos sacramentos seguros, y lossacerdotes seguro el cobrar algo.Y baste decir que hasta los monjes,las monjas y los ermitaños dejaron laestrechez y le silencio de sus retiros,arrastrados por aquel gran vértigo religioso.Para todos había pan, vino, indulgenciasplenarias y dos esperanzas: lade conquistar el reino de los cielos yla de apoderarse de una provincia delAsia para mandar en ella.** *Cien mil hombres componían el primerejército, y animados con las prodigiosasseñales del cielo iban poseídosde la certeza de triunfar.Desgraciadamente, al llegar á lastierras que baña el Danubio, los habitantesrecogieron sus víveres y cayeronsobre aquella piadosa muchedumbre,despedazándolos y haciéndoleshuir á la desbandada.* *El adalid Gottschalk había reunidopor su parte veinte mil cruzados, quecon mucho apetito llegaron hastaHungría, y llenos de esperanza enI (ios murieron asesinados por los húngaros,uno de los pueblos más cristianoshoy día de la fecha.** *Otros, mandados por el sacerdoteVolkmar, avanzaron por las riberasdel Rhin y del Mosela, y como iban áconquistar el sepulcro de Cristo, degollaronde paso á todos los judíosdel territorio, que eran muchos y nocarecían de bienes mundanales.Los infames búlgaros y húngaros,acometidos todos los días por lashuestes cristianas, no supieron hacersecargo de que se les quitaba la viday la hacienda para amar y servirá Dios en este mundo y verlo y gozarloen el otro, y revolviéndose contralos invasores les acuchillaron detal modo que apenas dejaron algunoscon vida.¡Tales son los funestos efectos delas falsas religiones!*Pero, en fin, entre los piadososdescalabrados de esas expedicionesy otros cruzados primerizos de Pisa,Genova y Venecia que se les unieron,se llegó á formar otro cuerpo de cienmil hombres, provistos de los máseficaces sacramentos.Llegados á la rica Constantinopla,un mal intencionado hizo correr lavoz de que meditaban pasar á saco laciudad, y ¡aquellos santos varonesfueron arrojados de allí!* *Entonces permitió el Omnipotenteque sucediera una cosa muy extraña,y fué que, echados de Constantinoplalos cien mil presuntos conquistadoresdel Santo Sepulcro, se establecieranmuy cerca de Nicomedia; pero ni comediani saínete hubo, porquo no habíaqué comer.** *De un momento á otro esperabanque caería una lluvia de perdices, ylas perdices no llovían ni asomaban.Confiaban en que algún ángel deaquellos que solían hacer milagrosllevando víveres á los monasterios,les bajase pan de centeno (que era elque se estilaba entonces) ó vino; peroal fin se cansaron de esperar, y reconociendoel principio de que la necesidadcarece de ley, se dedicaron áejercicios propios de su instituto, ypara que al llegar el caso supiesenconquistar el Santo Sepulcro, se ensayabanconquistando la gallina ó lacabra ó el cerdo de los vecinos.* *Los vecinos se enojaron, porqueeran incapaces de comprender el nobley santo objeto de aquellos guerreros,y sin consideración á las inmunidadesé indulgencias de que es-(Continuurá.JTU'- «I.A ITÁLICA»VELARDF, 12, MAOUI»Ayuntamiento de Madrid

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