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Dominical - La Opinión de Zamora

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IV / dominical LA OPINION-EL CORREO / Domingo, 24 <strong>de</strong> abril <strong>de</strong> 2011Mis recuerdos <strong>de</strong> Valparaíso 50 años <strong>de</strong>spués✒ Manuel RiveraLozanoEn junio <strong>de</strong> 1960 finalizaba los estudios en laEscuela <strong>de</strong> Magisterio San Fernando <strong>de</strong> <strong>Zamora</strong>.Mientras realizábamos los exámenes <strong>de</strong> la reválida<strong>de</strong> fin <strong>de</strong> carrera, el entonces director, donJosé Datas Gutiérrez, nos dio a conocer el telegramarecibido <strong>de</strong>l Ministerio <strong>de</strong> Educación enel que autorizaba a los aprobados el matricularseen las anunciadas oposiciones al MagisterioNacional cuyo plazo había concluido.El día 2 <strong>de</strong> octubre comenzaban las pruebasselectivas que concluyeron felizmente en el mes<strong>de</strong> febrero <strong>de</strong>l siguiente año, lo que suponía queen los plazos prevenidos pasaría a ser funcionarioen propiedad.No obstante a lo expuesto solicité, con carácterinterino, la adjudicación <strong>de</strong> escuela en cualquiervacante <strong>de</strong> la provincia y por ello, con fecha13 <strong>de</strong> marzo, don Manuel <strong>de</strong> Ávila González,<strong>de</strong>legado Administrativo <strong>de</strong> EducaciónNacional y secretario <strong>de</strong> la Comisión Permanente<strong>de</strong>l Consejo Provincial <strong>de</strong> <strong>Zamora</strong> tuvo abien nombrarme maestro interino <strong>de</strong> la EscuelaNacional <strong>de</strong> niños <strong>de</strong> Valparaíso, haciendo uso<strong>de</strong> las faculta<strong>de</strong>s conferidas, y el día 18 tomé posesión<strong>de</strong> mi escuela según consta en la certificaciónque dice:«Don Ricardo Domínguez Ferreras, secretariohabilitado <strong>de</strong> la Junta Municipal <strong>de</strong> EducaciónPrimaria <strong>de</strong> Valparaíso, certifico:Que en día <strong>de</strong> la fecha y con las formalida<strong>de</strong>sprevenidas por la Ley, ha tomado posesión <strong>de</strong> laEscuela <strong>de</strong> Niños <strong>de</strong>Valparaíso don Manuel RiveraLozano, nombrado maestro interino <strong>de</strong> lamisma por la Delegación Administrativa <strong>de</strong> 1ªEnseñanza <strong>de</strong> esta provincia con fecha 13 <strong>de</strong>marzo <strong>de</strong> los corrientes.Y para que conste, a losefectos oportunos expido el presente que visa ysella el Sr. alcal<strong>de</strong> presi<strong>de</strong>nte enValparaíso a 18<strong>de</strong> Marzo <strong>de</strong> 1961.V.º B.º El alcal<strong>de</strong> presi<strong>de</strong>nte. Firmado y rubricado:AlfonsoMiguel. El secretario: RicardoDomínguez».Como era algo normal entonces y más tratándose<strong>de</strong> hijo <strong>de</strong> funcionario <strong>de</strong> AdministraciónLocal, me acompañó y estuvo presente enel acto <strong>de</strong> toma <strong>de</strong> posesión mi padre. Tambiénse unió a la comitiva Marcelino Escu<strong>de</strong>ro, empleado<strong>de</strong> Banesto en Fermoselle y natural <strong>de</strong>Mombuey, don<strong>de</strong> vivía su madre, y los tres viajamosmuy <strong>de</strong> mañana en el automóvil que conducíami íntimo amigo <strong>de</strong> infancia y juventudÁngel Prieto Matos, que a lo largo <strong>de</strong>l trayectodio pruebas <strong>de</strong> su gran pericia al volante <strong>de</strong>aquel «Balilla».Tanto el señor alcal<strong>de</strong> <strong>de</strong>lAyuntamiento, hoyanejo, como el funcionario municipal cumplieronsu cometido con suma atención, <strong>de</strong>streza ysatisfacción. El primero porque durante su mandatoconseguía <strong>de</strong> la superioridad administrativay política el <strong>de</strong>sdoblar la escuela mixta queregentaba una maestra, y yo era el primer maestro<strong>de</strong> niños en la realidad más palpable. El funcionario,porque tuvo ocasión <strong>de</strong> charlar con uncompañero <strong>de</strong> sus cosas y porque el padrón engordabaen un vecino más.Tuvimos ocasión <strong>de</strong> saludar y conocer a donÁngel Díez y familia, director <strong>de</strong> las escuelas <strong>de</strong>Mombuey, que en acto <strong>de</strong> autorización paternalpero cierto recibió los po<strong>de</strong>res <strong>de</strong> velar por míen aquellas tierras <strong>de</strong> <strong>La</strong> Carballeda mientras durarami estancia, y así fue realmente. Recuerdoa su hija Angelines Díez Granado, encantadoraseñorita, que me ayudó mucho para adaptarmea mi nueva forma <strong>de</strong> vida, e incluso, acompañada<strong>de</strong> sus amigas, hacía en bicicleta frecuentesvisitas en los floridos días <strong>de</strong> mayo al cercanoValparaíso.Cuando llegué al pueblo ya me habían buscadocasa y patrona. Estaba a la entrada <strong>de</strong> la localidad,a la <strong>de</strong>recha. Una buena edificación <strong>de</strong>Gentes <strong>de</strong> la localidad en el año 1961.(●) Fotos M. R. L.❜❜Leocadio y Pura seconvirtieron entoncesen mi familia y creoque para ellos fui comoel niño mayor. Siemprelos he recordado concariño, los visité envarias ocasiones y supe<strong>de</strong> sus cosas mejores ypeorespiedra <strong>de</strong> mampuesto con amplio corral en laque vivía el matrimonio formado por Pura yLeocadio y sus hijos en edad escolar Victorinay Juanito. Des<strong>de</strong> ese día se convirtieron en mifamilia y yo creo que para ellos fui como el niñomayor. Siempre los he recordado con cariño,los visité en varias ocasiones y supe <strong>de</strong> sus cosasmejores y peores.Comía con ellos, jugaba con los pequeños,charlaba largos ratos, me respetaron siempre yno conseguí que me tutearan.Yo hice lo mismo.Un día tuvieron que venir <strong>Zamora</strong> y me dijeronque cuando llegara la vacada por la tar<strong>de</strong> querecogiera las suyas y las llevara al corral. Lógicamenteaccedí gustoso a la petición, pero cuandoobservé aquella enorme cantidad <strong>de</strong> vacas todasiguales para mí creí que me pasaba algo, noera capaz <strong>de</strong> distinguirlas, <strong>de</strong> diferenciarlas <strong>de</strong>spués<strong>de</strong> bastantes días viéndolas. En esa situaciónestaba, cuando uno <strong>de</strong> mis alumnos, tal vezadivinando mi tremendo problema, se acercó yme dijo:Don Manuel. ¿Quiere que le lleve las vacasal corral <strong>de</strong>l señor Leocadio?Yo creí que se me abría el cielo y le dije: Pero,¿tú las conoces?Y me contestó: Sí señor, conozco todas las<strong>de</strong>l pueblo.A lo que yo le contesté: Pues si es así, hagámoslo.Y no fue preciso nada más. <strong>La</strong>s vacas <strong>de</strong>lantey nosotros <strong>de</strong>trás, sin <strong>de</strong>cir nada hasta llegarhasta las puertas <strong>de</strong>l corral, don<strong>de</strong> se <strong>de</strong>tuvieron.Abrimos las puertas y entraron sin <strong>de</strong>cir nimuuuu. Por supuesto que, ro<strong>de</strong>ando su pequeñocuerpo con mis brazos, lo estreché contra míy le di las gracias diciéndole poco más o menos:Hoy me has dado tú la lección y has sido misalvación.Cuando llegaron mis patronos se lo conté yme dijeron:<strong>La</strong>s vacas saben bien el camino y don<strong>de</strong> estásu corral, lo único que no saben hacer es abrir lapuerta porque tiene pestillo.A mí, todas estas cosas me llamaban la atencióny aprendí a valorarlas.<strong>La</strong> vieja escuela estaba junto a la <strong>de</strong> niñas yen un local o habitación reducida <strong>de</strong> la casa <strong>de</strong>lmaestro, que yo no utilizaba, con una ventanareducida, y al llegar me dijeron que tenía <strong>de</strong>rechoa ella y a un quiñón <strong>de</strong> leña, como así fue.Asistían 18 niños entre los 5 y 14 años, que<strong>de</strong>spués <strong>de</strong> 50 años mantengo el mismo criterio.Eran excelentes. En aquel receptáculo un tantooscuro y carente <strong>de</strong> medios se trabajaba a tope,cada uno en su nivel, nunca tuve que mandar callaro guardar silencio, eran respetuosos en extremo,interesados en apren<strong>de</strong>r, por mil razonesno teníamos horarios pues yo estaba todo el díacon ellos, sin mirar el reloj, jugaba en los recreosen la era próxima y a la vez patio abierto escolary cuando cerrábamos la clase volvíamos a saliral patio a darle al balón un rato y otro rato, comojugador unas veces o como árbitro cuandome cansaban.Durante las largas tar<strong>de</strong>s <strong>de</strong> mayo y junio mellevaban por los limpios arroyos cubiertos <strong>de</strong> floresy me enseñaron a pescar ranas utilizandosimplemente un hilo <strong>de</strong> lana roja o un trocito <strong>de</strong>una pata, sin hacer uso <strong>de</strong> anzuelo. Con las queyo conseguía y con las que me regalaban me hacíala señora Pura un buen plato <strong>de</strong> ancas rebozadaso en tortilla que me encantaban. Algunavez quise recompensar los obsequios y ningunolo aceptó, educadamente.En otras ocasiones también me llevaban al ríoTera a pescar truchas, entonces muy abundantes,pero eso ya no era tan fácil, aunque con frecuenciami maestro era un veterano pescador,creo que <strong>de</strong> origen asturiano que no consiguió<strong>de</strong> mí gran<strong>de</strong>s mejoras, pero sus capturas acababanfritas o escabechadas por mi patrona.Aquellas luminosas tar<strong>de</strong>s anunciadoras <strong>de</strong>lverano las pasaba contemplando las cristalinasaguas <strong>de</strong>l río, siempre frías y turbulentas, el interminablegolpeteo <strong>de</strong> sus aguas, los múltiplesreflejos luminosos <strong>de</strong>l sol o los susurros armoniososotras veces, y algún ratito me tumbabaen la barca <strong>de</strong> ma<strong>de</strong>ra con maroma <strong>de</strong> acero enmitad <strong>de</strong>l río para recrearme contemplando elfondo y observar así truchas enormes coleteandoperezosas en el fondo.<strong>La</strong> noche llegaba tar<strong>de</strong> y era el momento <strong>de</strong>estar un buen rato <strong>de</strong> charla con los mozos, contodos los <strong>de</strong>l pueblo, <strong>de</strong>s<strong>de</strong> los 16 años hastaalguno <strong>de</strong> treinta y tantos. El único bar o cantinaque había solo abría los días <strong>de</strong> fiesta y allíjugábamos al tute con una vieja baraja, tal vezmarcada por el uso. En alguna ocasión y encompañía <strong>de</strong> amigos íbamos a Mombuey a tomarcafé, a comprar algo, al mercado semanalo al <strong>de</strong>ntista. En una <strong>de</strong> esas veces que yo teníaque ir me dijo la mamá <strong>de</strong> un alumno que lollevara, y así lo hice. Le advertí al odontólogoque iniciara conmigo su trabajo para que vierael niño que no dolía, pero me tuvo que pinchartres veces anestesia y el pequeño dijo que a élno le tocaba, viéndome obligado a hacer uso<strong>de</strong> mi autoridad para sentarlo en el sillón que,sin enterarse y sin anestesia, se quedó sin muela.El día más difícil llegó un día que Justo, midiscípulo más capaz, se cayó <strong>de</strong> la bicicleta yse hizo una herida consi<strong>de</strong>rable en la rodillapor lo que tuvo que venir el médico y curarlo,encargándome que le pusiera una inyección<strong>de</strong>spués <strong>de</strong> unas horas en evitación <strong>de</strong> infecciónu otra consecuencia.Y no me dio facilida<strong>de</strong>s,diciéndome <strong>de</strong>lante <strong>de</strong> las personas quehabía: Manolo, le pones esta inyección, así.Yyo para evitar algo peor lo acepté y callé.Y nopasó nada más que mi estreno en poner ban<strong>de</strong>rillas.Un día tuve la feliz i<strong>de</strong>a <strong>de</strong> organizar unafiesta con todos los chicos y chicas solteros,que fue una novedad y un éxito total. El día señaladoasistimos a misa en la iglesia parroquial,recuerdo que era el día que se hacían las enramadas,por san Antonio, hicimos una paellacon todos los aditamentos imaginables, un asadoy postres exquisitos. Contratamos al más famosogaitero <strong>de</strong> Cional para el pasacalles y elbaile <strong>de</strong> mañana y tar<strong>de</strong> al aire libre, porque enotras ocasiones lo organizábamos tocando cadaratito uno <strong>de</strong> nosotros a ritmo <strong>de</strong> pasodoble,vals o brincado, con un tambor alquilado, sinflauta ni dulzaina, que una señora nos <strong>de</strong>jaba ycobraba cada vez un duro. Ah, también compramoscohetes.Y recuerdo emocionado que a mi compañera,Alicia Miñambres <strong>de</strong> Prada, y a mí se nosocurrió que los niños que hacían la primeraunión fueran todos igual vestidos, con dignidady sencillez y lo conseguimos. Fue un día inolvidable.Hubo acto religioso, palabras, refresco yalegría.De entonces, hace ahora 50 años, todavíaguardo gratísimos momentos <strong>de</strong> mi primer <strong>de</strong>stinopero el olvido ha ocupado algunos huecos.Fui tan dichoso en mi estreno profesional queveinte años <strong>de</strong>spués visité la casa <strong>de</strong> Leocadio yPura y mi hija me pregunto: Papá, ¿fuiste felizaquí?Mi respuesta fue rotunda: Sí, lo fui realmente.Y ahora añado, porque todo el pueblo me lopuso fácil y sobre todo los niños aquellos, hombresmaduros hoy, que intentan un algo en lo queyo no pue<strong>de</strong> hacer nada. Pero me tienen a su disposición.

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