14.08.2014 Visualizaciones

Dominical - La Opinión de Zamora

Dominical - La Opinión de Zamora

Dominical - La Opinión de Zamora

SHOW MORE
SHOW LESS
  • No se encontraron etiquetas…

¡Convierta sus PDFs en revista en línea y aumente sus ingresos!

Optimice sus revistas en línea para SEO, use backlinks potentes y contenido multimedia para aumentar su visibilidad y ventas.

VI / dominical LA OPINION-EL CORREO / Domingo, 24 <strong>de</strong> abril <strong>de</strong> 2011A LOS SEMANASANTEROS QUE LLORARON CON LA LLUVIA QUE AHOGÓ SUS ILUSIONES<strong>de</strong>lfinarioDELFÍN RODRÍGUEZUna <strong>de</strong>ntadura<strong>de</strong> estrenaAURORA Y SU ESPOSO FABIÁN SE PROME-TÍAN UNA JUBILACIÓN MUY FELIZ.UNTRISTEACONTECIMIENTO CAMBIÓ EL RUMBO DE SUSSUEÑOS.<strong>La</strong> fraseUn vestido <strong>de</strong>beríaser como un alambre<strong>de</strong> espinos: que sirvapara su cometido,pero sin impedir elpasoalamiradaSOFÍA LOREN (LA MÁS GRANDE ACTRIZ)Querido Fabián:Estoy sentada en un restaurante comiéndomeuna merluza a la gallega con su patatahervida y no puedo apartarte <strong>de</strong> mi cabeza.Veo a través <strong>de</strong> la cristalera que hacomenzado a salir el sol con fuerza y quecon él ha comenzado a brillar tú nueva sonrisa.Me refiero a la que te acabas <strong>de</strong> poner,a la <strong>de</strong>ntadura fija. Tus dientes parecen perlasblancas arrancadas <strong>de</strong> un trocito <strong>de</strong> palangana<strong>de</strong> porcelana.Pienso, mientras el camarero me traeuna gaseosa pequeña <strong>de</strong> <strong>La</strong> Casera paramezclar con vino, que ya podremos acudira las bodas <strong>de</strong> la familia sin tener que pensaren tú <strong>de</strong>ntadura postiza. Te confieso quese había convertido en un tormento paramí. No porque se te saliera cuando le clavabasel diente a la pata <strong>de</strong> cor<strong>de</strong>ro, sinoporque siempre tenía pavor a olvidármelaen casa.Y todo <strong>de</strong>s<strong>de</strong> que en la boda <strong>de</strong> tu sobrina<strong>La</strong>urita se me olvidó y tú no pudiste comermás que la tarta <strong>de</strong> boda. Te enfadasteconmigo, como si yo tuviera alguna obligación<strong>de</strong> llevar en el bolso, envuelta en papel<strong>de</strong> aluminio, aquella prueba <strong>de</strong> amorque tantas veces había mordisqueado el lóbulo<strong>de</strong> mi oreja.Hesentidoungranalivioyungranpesar,Fabián <strong>de</strong>l alma mía. Hoy quiero confesártelo,aunque por <strong>de</strong>ntro siento unagran inquietud <strong>de</strong> hormigas recorriendo lascosturas <strong>de</strong> mi estómago.Si lo analizas me darás la razón. Cariño,¿recuerdas? <strong>La</strong> inauguramos por todo lo alto,con una chuleta <strong>de</strong> Sanabria a la que rañastehasta el hueso. Te dolía un poco, peroera lógico al principio, todavía tenías laencía algo inflamada. Pero yo me sentíatriste aunque sonreía por no amargarte elestreno.Estabas experimentando un gran placermientras mis ojos se anegaban <strong>de</strong> lágrimasque tú creías que eran <strong>de</strong> emoción. Te levantastey me besaste con gratitud, perohas <strong>de</strong> saber que no lloraba por eso. Llorabaporque me acordaba <strong>de</strong> los seis mil euroslargos que nos costó ponerte esa <strong>de</strong>ntadurafija que me sonreía <strong>de</strong>slumbrándomecon su brillo nacarado.Te miraba y es como si me estuvieranarrancando los ojos. Todos nuestros ahorrosestaban ahora, en vez <strong>de</strong> en la cartilla<strong>de</strong> Caja Rural, en tu boca. Adiós a nuestrasilusiones <strong>de</strong> una vejez viajera. Adiós a todasaquellas promesas <strong>de</strong> jubilación <strong>de</strong> oro.«D.E.P. Fabián <strong>de</strong>lRosal. Murió en lapaz <strong>de</strong>l Señor,habiendo recibidolos sagradossacramentos. Dejaviuda y una<strong>de</strong>ntadura postizaen buen uso.Razón aquí».Creo que si temurieras ahora,con toda la<strong>de</strong>ntadura nueva,sería capaz <strong>de</strong>sacarte <strong>de</strong>l ataúdy coserte apuñaladas.Aquel milloncito iba a cumplimentarnuestras pensiones <strong>de</strong> mierda. Me ibas acomprar un broche bueno, ¿recuerdas? Íbamosa visitar las ruinas <strong>de</strong> Mérida y meibas a llevar a Bayona a comer unos langostinosfrescos con su mayonesa y todo…Y ya ves. Todos nuestros sueños estabanallí, apretando aquel trozo <strong>de</strong> chuletón quete habían presentado en un enorme plato <strong>de</strong>barro caliente.Cariño, ahora añoro llevar tu <strong>de</strong>ntaduraenvuelta en el papel <strong>de</strong> aluminio en el bolso.Te había prometido que no se me volveríaa olvidar, que no te pusieras la <strong>de</strong>ntaduranueva, que podía producirte infecciones,pero eres muy asno, muy obstinado.Ymuy egoísta, Fabián. Muy egoísta.Mientras tú mordías diciendo, mira, miracomo cepla, mira como corta la carne,yo pensaba, seis mil euros a la basura.Cuántas veces te lo había dicho cuando losdientes te bailaban como si estuvieran ensayandoel Foxtrot: Fabián hazte una limpieza,Fabián sácate ese diente que más valeprevenir…Pero tu no. Terco. Aguantaste hasta queno había solución y tenían que ponerte todonuevo agujereando la encía para metertehierros y cemento como si fueran a construiruna autovía…Y allí <strong>de</strong>jamos enterradonuestro futuro que se prometía tan felizy apasionante.Trato <strong>de</strong> acostumbrarme a la nueva situación,pero no puedo. Quiero pensar quees mejor así, pero no consigo quitarme <strong>de</strong>

Hooray! Your file is uploaded and ready to be published.

Saved successfully!

Ooh no, something went wrong!