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según los cuatro evangelistas

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LA PÁSIOI Íl ' *MEDITADASEGÚN LOS CUATRO EVANGELISTAS,ELEVACIONES PARA CADA DÍA DE LA CUARESMASOBRE LA PASIÓN V MUERTE DE NUESTRO DIVINOSALVADOR :Obi» uenta en italiano por el prcsbíler) I.U1S MARCTIETTI ,y publicada en Koraa con singularaorptacion.La tía tí luz en nuestroidiomaD. Juan de Villaseñor y Acuña.•••~|i?laí>ritr.IMPRENTA. DE í>. B. «OJSKAIJEK.CalU At la Miden btjt, nún. 9.•;. í - J I _.,¡ 1 8 4 0 .BIBLIOTECA UNIVERSIDAD DE MALAGA610430414X


, ­Es­la obre"fS'pTepîèiIaiT de'sV eSTtöfb. t. RONZAL к?.,«juicii perseguirá aule la ley iqtiirn ta rei dipi­ima.


"Loa oírnos. 6 Uuos. SÏAOWS OT%OV\S\IOS A«,Ъата^ога \j du СлЛй, SU \\,ОД\> duyatvio touб«Дотmila uuo ocViwVa iVuvs }сл\с/и\.


INTRODUCCIÓN.CUANDO nuestro siglo abandona momentáneamentelos intereses materialesque absorven su atención, se apasionalocamente á las fábulas y dramasque presentan á su ansiosa curiosidadunos escritores corrompidos.Después de haberse nutrido de lecturaslicenciosas, que por el escándalodel cinismo han llegado á calumniaral mismo vicio, corre á ver unos espectáculosimpudentes que agitan en elfondo de nuestro corazón los perversos


instintos, cuya fogosa impetuosidad debesiempre enfrenarse. A esas almasprofundamente enfermas que quierenentretener sus ocios con aventuras deun interés selva I-ico, no Íes recordaremosni aun indirectamente que.poseemosen el catolicismo santas y adorablesrealidades mil veces mas patéticas; porque esto casi seria altamenteinconveniente. Temeríamos ponerotra vez al hombre Dios fren le á fren le.con Barrabás y presentar al crimennueva ocasión de triunfar de la inocenciay de la justicia increadas. Sin embargono es menos cierto que nuestrosühros sagrados contienen páginasdeí mas tierno interés. Por nuestraparte confesamos con gusto que nohemos podido jamás leer el testamentoque el Yerbo eterno íinnó con susangre teáadrica, sin sen!irnos comooprimidos de dolor y anonadados ávibla de aquellas asombrosas humillacionesde un lado y aquella resig-


5 'íñnación sublime por otro. A cada renglón, á cada palabra se nos viene involuntariamenteá la boca la exclamacióndel filósofo de Ginebra : Si lavida y muerte de Sócrates son deun filósofo, la vida y muerte deJesús son de un .Dios.En efecto ¿qué vemos en esta maravillosahistoria, aun considerándolasolo luí mana mente? Un hombre havivido largo tiempo en el retiro y laobscuridad, ejercí!ando sus brazos enim oficio vulgar, exento de toda ambiciónhumana, pobre, aunque descendientede los reyes de Judá, humilde,sumiso y respetuoso para conaquellos que pasan por los autores desus días según la carne, fiel á todossus deberes y despidiendo mas de unavez rayos de sabiduría capaces de excitarel entusiasmo de los que fuerondichosos testigos de estas escenas. Comoá los treinta anos de su solitariaexistencia sale del retiro donde ha


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no se le sorprenderá jamás halagandola ambición y arrogancia de !os príncipes,como dice Bossuet. Lejos deeso, su admirable simplicidad buscaá los indigentes, á los pequeños, álosdesheredados de la tierra, á todos losque padecen persecución de sus semejantes.JNo obstante este hombre extraordinarioque vive obscuro y despreciado, goza de un poder maravilloso:camina por cima de las aguas, mandaá la tempestad , cura con una palabralas enfermedades mas rebeldes y resucitadel sepulcro á los muertos queya se hallaban en estado de putrefacción.¿Quién le ha comunicadoesta virtud incomparable? Se ignora;pero á donde quiera que llega manifiestasu poder por el bien que obra.Ademas es el mas hermoso de los hijosde los hombres: no se salte qué cosasobrenatural resplandece en su mirary en toda su persona: todo en él esgracia, bondad y persuasión. La pu-


eza de sus costumbres corresponde ála de su doctrina. Si visita á los pecadoresó se digna de sentarse á su mesa,es para sembrar en su alma algunaidea saludable y reducirlos á sentimientosmas conformes con la dignidadhumana. Con una indulgenciacompasiva y misericordiosa perdona ála mujer adúltera diciendo á sus acusadores: «Tírele la primera piedraaquel de vosotros que no tenga pecado.»Su sonrisa es grave y modesta:su voz no ha resonado jamás en lasplazas públicas: no sabe quebrantarla caña medio rota ni pisar la tea quehumea aun. Una sola vez se le ha vistocon el rostro encendido de santa indignaciónarmarse de un látigo vengador.Mas ¿ de qué intereses se tratabaentonces? Habia que probar á unosindignos traficantes que la casa de oraciónno es una cueva de ladrones. Eljusto enojado arroja del templo á losvendedores que le profanaban.


Blas" en la inalterable rectitud de sucorazón no quiso pactar con la maliciadel sacerdocio judaico. Encontró en elcurso de su predicación á los fariseos,que fijándose en la letra de la ley conuna minuciosa exactitud habían perdidocompletamente el sentido de aquellasprescripciones graves y saludables. Loque conocían mejor era su propio mérito;)7lo que menos practicaban éralacircuncisión del corazón. El habia condenadovalerosamente la astuta hipocresíade aquellos sepulcros blanqueadosque por fuera ostentaban la pureza,mientras que por dentro todo sevolvian inmundicia y corrupción. Estobasta: poco á poco se va á formar unacoalición terrible contra é!. Sacerdotes,magistrados, escribas, ancianos,fariseos, todos se coligan contra elimportuno que con sus hechos, suspalabras y su silencio mismo censuratan desapiadadamente ¡a conducta deellos. En vano el pueblo llevado de su


5fr 10 •&piadosa gratitud y sensatez naturalprepara un inocente triunfo á su bienhechorque vuelve á Jerusalen. Aquellosgritos solemnes de hosanna alMjo de David, aquellas vestidurastendidas para que pase el pacífico héroe, las palmas esparcidas con profusiónpor el camino, todas las demostracionesdel gozo público no sirvenmas que para precipitar su muerte.También él aprenderá á su costa, si eslícito aplicarle este dicho tomado dela historia profana, que por un cambiorepentino de la fortuna no estálejos el Capitolio de la roca Tarpeya.Dejemos al pueblo entregado á lostransportes de su alegría para seguir álos enemigos del hijo de María y de José.Están alerta y sobre las armas, y empiezanpor comprar á uno de los discípulos,que les vende su maestro mediantealgunas monedas de plata. Apenashan transcurrido tresdias desde quela multitud se inclinaba con amor á


ecibir las bendiciones de aquel á quienno há mucho quiso tener por señor ysoberano en un momento de entusiasmo, y ya van á empezar para él lasescenas mas lamentables. Una turba degente armada llega aprenderle ala entradade la noche mientras estaba enoración en un huerto á donde acostumbrabaretirarse, yes entregado á susenemigos con un beso, es decir, conel símbolo mas tierno de la amistad.El traidor es uno de los que se sentabaná su mesa, estaba iniciado en todossus secretos y habia sido colmadode beneficios y pruebas de amor. Losotros discípulos, viendo al ilustre cautivollevado de tribunal en tribunal,befado, envilecido y azotado, le abandonancobardemente, y el primero deellos llegará hasta el extremo de negarletres veces con la solemne afirmaciónde que no conoce á aquelhombre. Se necesita á lo menos unaapariencia de proceso para condenar á


muerte el supuesto reo, y se entablanunos vergonzosos procedimientos: enlos debates del sanhedrin todo escontradicción,absurdos, superchería yescandalosa iniquidad. Los testigosestán evidentemente sobornados; mas¿qué importa? Son oídos con pérfidacomplacencia. Los jueces no tomansiquiera la precaución de disimularque son enemigos del acusado : ¿ quéimporta? Se declaran contra él conuna facilidad monstruosa. Si Jesusealia, es convencido por su silencio; y siresponde, por sus palabras. Preguntadoacerca de su doctrina , el testimonioque invoca le vale una bofetada:preguntado acerca de su persona , esdeclarado blasfemo por manifestar laverdad. En una palabra es sentenciadosin forma de proceso y condenadosin delito.El preso tiene sentencia de muertecontra sí; pero ¿cuál será el génerode su suplicio? Wolo dicela sentencia.


;-> |.> «;Sus enemigos que podian quitarle lavida por su propia autoridad , quierenque la pierda en medio de ¡os tormentosmas dolorosos é infamantes. Laley no les permitía imponerle la penade muerte ignominiosa en una cruz:¿cómo harán para deshonrar al quequieren matar? Por una astucia muydigna de ellos tratan de arrancar almagistrado romano una sentencia quesatisfaga su implacable furor. Llevanpues á Jesús ante Pilaío , gobernadorentonces de la Jadea, y se le presentancorno un reo que ellos lian juzgadoya digno de muerte. Aquí ponenpor obra un nuevo amano. Ante elsanhedrin le habían acusado de queaspiraba á destruirla religión del pue -blo; y ante Piíato es un sedicioso queambicionando la púrpura de los reyesamenaza á la autoridad de César; imputaciónabsurda en sí, pero concertadadiestramente para suscitar unaterrible emulación en el corazón del


lugarteniente del emperador. Esteardid les sale bien. Pilato después deluchar con su conciencia algún tiempoy á pesar de las amonestaciones de sumujer que le cuenta una visión misteriosa,entrega la víctima, cuya inocenciapublica, á los implacables enemigosde la misma , y luego se lava las manosde la sangre que va á derramarse:como si el dejar cometer un crimenque se puede evitar, no fuera lo mismoque cometerle por su propia mano.Jesús pues es condenado á perecercon el género de muerte de losesclavos. Antes que nosotros hizo unprelado eminente esta observación: porira consentimiento universal se ha establecidoel axioma protector de quetodo desgraciado es un objeto sagrado.iSo hay ninguna nación civilizada dondeun reo , aun cuando esté para sufrirpróximamente la pena de muerte,no inspire una profunda compasión.La justicia se apodera de él, no solo


para aplicarle la pena que ha pronunciadola ley, sino para impedir que sele imponga otra. Aunque se prepare ádescargar el golpe, se constituye hastalo último la guardadora misericordiosade aquella cabeza, que no debe sufrirla vindicta pública sino dentro de loslímites conocidos y determinados deantemano. Mas aquí no hay nada deeso, y en la sangrienta tragedia delGólgota va á enmudecer todo sentimientode humanidad y lodo principiode justicia. INos faltan las palabraspara expresar estos dolores inefables.Busquemos en Bossuet alguna deaquellas figuras con que solia su ingenioadecuar las palabras á los ultrajesy tormentos. Acababa de probarque Jesús no habia esquivado ningunode los insultos que se le habian preparado,y dice: « Le quieren atar, y presentalas manos: le quieren abofetear,y alarga las mejillas : quieren darle depalos, y pone la espalda: quieren azo-


i (itarleinhumanamente, y sedispone á rccibirlos azotes. Acusanle ante CaifásyPilato, y se da por convicto. Herodesy toda su corte se mofan de él y leechan como un insensato, y él lo confiesatodo con su silencio. Le abandonaná los criados y á la soldadesca, yél.se abandona todavía mas. Aquelrostro antes tan majestuoso que arrebatabade admiración ai cielo y latierra, le presenta derecho é inmóvilpara que le escupa la canalla: le arrancanlos cabellos y la barba, y nodice palabra ni alienta: es una pobreoveja que se deja trasquilar. Venid,venid, camaradas, dice aquella soldadescainsolente : ahí está en el cuerpode guardia ese loco que se figura serrey de los judíos: es menester ponerleuna corona de espinas. El la recibe;pero no teniéndose en la cabeza se laencajan con fuertes golpes. Herodesle ha vestido de blanco como un loco:lleva esa túnica vieja de escarlata para^


&• n -mmudarla de color: da, da tu mano,rey de los judíos; ten esta cana en formade cetro. Ahí la tenéis, haced loque queráis. ¡Ah! ahora no es cosade juego : está dada tu sentencia demuerte: presenta la mano para enclavarla.Tomadla, ahí la tenéis.»Después de habernos manifestadoel ilustre obispo de Meaux á este reode nueva especie gimiendo dos ó tresveces al recibir los crueles azotes , haciendoespaldas á los duros y multiplicadosgolpes, despuntando las espinasen su cabeza y cansando á todossus verdugos, nos convoca al rededorde la cruz y dice: «¿INo basta paraconmoveros esLe cúmulo terrible demales (pie os he presentado de ungolpe á la vista? ¡Cómo! ¡todavíaveo vuestros ojos secos! ¡Cómo! ¡ todavíano oigo sollozos! Pues biencontemplad ahora lo que padece unhombre que tiene todos los miembrosquebrantados y descoyuntados por la2


18 Sisuspensión violenta; que traspasadoslos pies y manos no se sostiene yamas que por sus heridas, y mantienecon sus manos dislaceradas todo elpeso del cuerpo enteramente aniquiladocon la pérdida de la sangre; que enmedio de aquel exceso de penas pareceque solamente está tan alto paradescubrir un pueblo innumerable quese mofa , menea la cabeza y hace escarniode una situación tan deplorable.»Esto es lo que descubro con losojos de la carne en la pasión j mas¿no hay en ella un manantial de emociónreligiosa? ¿Cuáles la situación inventadade capricho, cuál el héroe imaginariomas capaz de arrancar lágrimas,ya sea por los contrastes y peripeciasdel drama, ya por la grandezay el valor que no desdicenjamás? Consultad los anales de laantigüedad cuanto queráis: ¿dóndehallareis una sentencia mas cele-


e, una tragedia mas funesta y unavíctima resignada con mas nobleza? Y nótese bien que no hemos presentadoesta historia lamentable masque en sus caracteres, generales , sindetenernos en ninguna circunstancia,ni aun indicarlas todas. Hemos dejadoá un lado aquellas santas mujeres, quemas fuertes que su sexo acompañanhasta el monte fatal á aquel á quienamaron castamente en vida y al quepermanecen fieles en su ¿olorosa agonía, mientras que sus discípulos leabandonan ó le venden. Ademas ¡quécompasión no inspira esa madre incomparable,modelo de todas las madres! Ella ha visto á los verdugosdesnudar á su hijo , tenderle inhumanamenteen el terrible madero y clavarcon redoblados martillazos los clavosque le traspasan pies y manos: havisto correr la sangre á chorros portodas partes: oye confundirse sus sollozosy suspiros con los gritos de


S- 20 -esfuror y los insultos bárbaros de susenemigos; y no se le oculta ningunode tantos tormentos. Con todo , ápesar de la aflicción que la abate, nonos dicen los libros sagrados que llorase; al contrario nos la muestranen pie junto á la cruz en la actitud desacerdote y víctima , porque tambiéntenia ella que dar un consentimientoy ofrecer su holocausto. En una palabralas patéticas escenas que se representanen aquellas horas fúnebres,aquel don de la amistad que lega aldolor materno otro hijo que le puedaconsolar, aquella resignación heroicadel hijo y de la madre , aquel inocenteconducido lentamente á la muertepor unos bárbaros perseguidores, queapuran todas las invenciones mas ingeniosasde la crueldad en punto átormentos físicos y morales, aquellossaludos irónicos, aquellas adoracionessacrilegas, los dos ladrones, uno quese salva y otro que se condena, aquel


populacho amotinado que baja delmonte en medio del trastorno de loselementos golpeándose el pecho, todasaquellas iras que suben como las olasdel mar y se aplacan repentinamente,todos aquellos arrepentimientos instantáneosdespués de tanto furor, todosaquellos accidentes variados de undrama que concluye con sangre, producenen el alma una ternura que vaá conmoverlas últimas fibras del corazón.Pero bien pronto se dilata el horizonte,cuando acallando á la razónhumana, ó mejor penetrando masallá que sus impotentes revelaciones,entramos en los caminos de Diosbajo de la conducta de Dios mismo.En efecto la fé nos enseña que estejusto que espira en el Calvario entredos facinerosos, es nada menos queel hijo de Dios, prometido de sigloen siglo como el Mesías y Salvadordesde que los hijos de Adam seven oprimidos con el pecado heredi-


©• 22 •&lario. Acerquémonos pues, no conlágrimas arrancadas por una sensibilidadestéril, sino con otra cosa masgrave y menos efímera, es decir, consentimientos de fé y adoración. "Vedá ese inocente, á ese cordero sin mancilla,que se ha ofrecido á la justiciade su padre para sufrir el castigo quehabíamos merecido nosotros, cargandocon nuestras iniquidades para expiarlasen su persona. Ya no le oiréisahora exclamar: ¿Quién de vosotrosme convencerá de pecado? Ko, no seatreverá ya á pregonar su inocencia:se ha hecho pecado y maldición paralibrarnos de las consecuencias calamitosasdel pecado y de la maldicióneterna. Así pues desapareced, simplestestimonios de los sentidos : lasllagas de que está cubierto son nuestrasalud : la cruz en que espira, esnuestro altar: su corona de espinasnos asegura la corona de la gloria : lasangre que derrama es nuestro bautis-


mo: su rostro desfigurado con losgolpes y bofetadas y su cuerpo inhumanamentedesgarrado con los azotesnos prometen la inmortalidad: sumuerte es nuestra vida, y su resurreccióngloriosa es la prenda y el fundamentode la nuestra. « ¡O maravilla!exclama aquí el filósofo que dio susangre por consagrar estas augustasverdades: ¡ó cambio incomprensibley sorprendente artificio de la sabiduríade Dios! Dios castiga á su hijoinocente por amor de los hombresculpados, y perdona ;'¡ los hombresculpados por amor de su hijo inocente.Uno solo es castigado, y todosson libertados. El justo es deshonrado,y los culpables recobran el honor: elinocente paga lo que no debe , y absuelveá todos los pecadores de lo quedeben; porque ¿qué es lo que podiacubrir nuestros pecados sino su justicia?¿Cómo, puede expiarse mejor larebelión de los siervos que por laobe-


& 2 idiencia del hijo ? La iniquidad de muchosse oculta en un solo justo , y lajusticia de uno solo hace que seanjustificados muchos.» Este fué el granconsejo de la sabiduría de Dios en laobra de la salvación; consejo que nohabia comunicado el Padre, según eímisino filósofo mártir, mas que á suhijo y al espíritu que procede de losdos; consejo que se manifestó en losúltimos tiempos, como dice el apóstol,y consejo en fin que no sospechaba lainteligencia humana y que no hubieraocurrido jamás al hombre sin una deesas ilustraciones sobrenaturales quele envia la infinita omnipotencia.Bien sé que la razón humana seturba y se confunde á la vista de unDios que nace en un pobre pesebre,envueltos sus delicados miembros enmiserables pañales, que empieza lavida llorando como una criatura desheredada, se sujeta á todas las miseriasque nos son propias, excepto el


s& 23 mpecado, oculta por treinta y tres años elesplendor de su origen inmortal bajolas exterioridades mas obscuras, y porúltimo espira en el suplicio de los esclavos.Pero ¿qué hay de nuevo enestas flaquezas de nuestro entendimiento?Desde que el Verbo eternoapareció en el mundo , fué un objetode escándalo para el judío , el gentil,el incrédulo y hasta para el católico.Aceptaríamos con gusto un Dios humanadoque viviese en la opulencia,distribuyese tesoros, fuese servido porlegiones de ángeles , satisficiese laambición y halagase la vanidad; perono queremos un Cristo que holló todaslas grandezas terrenales y nos impusotodos los sacrificios. En una palabrase aceptan sin dificultad lasglorias del Tabor; pero se rechazanlas ignominias del Calvario. A estostemerarios acusadores podríamos respondercon las graves palabras deTertuliano, que tan noblemente co-


20 -mmentó Bossuet, desafiando á la sabiduríade la tierra con la sublime locurade la cruz. « Si mi Jesús es despreciable; si no tiene brillo y es vü álos ojos de los mortales; ese es el Jesucristoque yo busco. Necesito un salvadorque cause vergüenza á los soberbiosy miedo á los delicados del mundo, áquien no pueda aprobar este, ni comprenderla sabiduría humana, ni conocernadie mas que los humildes decorazón. Necesito un salvador, quecon su generosa pobreza condenenuestras vanidades ridiculas y extravagantes,y que me enseñe con suejemplo que todo cuanto veo no esmas que un sueño : que debo referirá otro mis temores y esperanzas: queno hay nada grande mas que el seguirá Dios y despreciar todo lo demas; y que hay otros males que debotemer. Ya. le he encontrado y le conozcopor estas señas. » Asi le conocenigualmente todas las almas piado-


27 •&sas que se han dado á él en una castaunión y se han desposado con él,por decirlo así, con todos sus clavosy espinas, con toda la bajeza de suestablo y pesebre y con todos los rigoresde su cruz. Mas no se reduce áesto solo nuestra respuesta.Los racionalistas de todos tiempos,llámense como se quiera, Porfirio,Celso, Juliano el Apóstata, Voltaire,Hegel ó Strauss, se forjan un Cristoá su antojo, y no echan de ver queincurren aquí en una singular contradicción.Ro conocen al Salvador masque por la tradición católica, que estribaen la revelación y los libros santos.Ahora bien en la revelación y enlas sagradas escrituras hay que admitirlotodo ó desecharlo todo , sin tomarde una parle los'abatimientos delRedentor para oponerlos á su gloria, óesta para oponerla á aquellos. El libertadordel género humano al tomarun cuerpo semejante al nuestro no


dejó de formar un todo completo, indivisibley absoluto á pesar de ladistinción de las dos naturalezas.¿Por qué pues se ha de atentar violentamenteá su unidad indestructible?Hasta en sus últimas humillaciones serevela á cada paso el Dios que es inseparabledel hombre; y limitándonosá los sucesos solos de la pasión , ¿enqué periodo de su vida se mostró Jesucristomas grande y mas verdaderamentedivino? Si se trata de las profecíasque le prometían á la tierra, lascumplió una por una con la mas rigurosaexactitud: no hay una circunstanciadescrita que no se verifique , niun dolor anunciado que no sufra. Lacondición del pérfido que le entrega,el precio de la traición, el escarnio yios insultos, el manto de escarlata,los pies y manos atravesados con losclavos, la hiél y vinagre que le dan ábeber, el doloroso instrumento demuerte , los dos ladrones entre quie-


?»• 29 -mues es crucificado, y hasta la despedidade la moribunda víctima , todo fuépredicho siglos antes con la perspicaciade una presciencia infalible y conaquella verdad que no pertenece á lacriatura. ¿Se cumplió todo esto porcasualidad? La suposición es absurda.¿Es un designio premeditado en losconsejos eternos? Pero ¿qué hombrees ese por quien se interesa el cielode un modo tan milagroso y que elOmnipotente ha querido marcar contan luminosos caracteres?Si se traía de ia firmeza de alma yde las incomparables virtudes que ostentaen medio de unos dolores y ultrajesque no tienen nombre; siempredueño de sí mismo , sereno y resignadono exhala una queja. Que leacusen de crímenes que no ha cometido: que la multitud le escupa en suadorable rostro; que una soldadescainsolente haga irrisión de él y le vistaun traje de ignominia; que le


a- 30 -@paseen por la ciudad como un rey defarsa y le atormenten del modo mascruel antes de enclavarle en el maderofatal; él permanece mudo y tan impasiblecomo la oveja que se deja esquilar.Hace aun mas; se olvida desus tormentos para consolar á losamigos que le han acompañado hastael pié de la cruz : perdona á sus verdugoscon una indulgencia misericordiosa, suplicando á su padre que noles impute el crimen mas monstruoso detodos , porque no saben lo que hacen:en una palabra en todo el tiempo desu pasión se muestra constantementecon aquella serenidad de alma majestuosaé inalterable que no se vio nuncaantes de él, ni se verá después,porque nuestras virtudes son siemprepasajeras y débiles por algún lado.Si se trata del poder milagroso quedebe acompañar siempre á un Dios,no tardan en obrarse los prodigios. Alsalir del cenáculo profetiza con un


& 31 -@acento de amor infinito las tribulacionesque le van á asaltar. En elhuerto de las olivas con una sola palabraderriba á sus pies á los numerosossatélites armados que van á apoderarsede su persona, y eternamentequedaran tendidos en tierra, si subondad no les permitiese levantarse.Se presenta Judas, el infame Judas.Nadie ha descubierto al hijo del hombrela odiosa conspiración que se hatramado,- mas no por eso deja el Salvadorde dar á entender al pérfidodiscípulo que conoce todos sus intentos.Pedro hiere á un criado del sumosacerdote, y Jesús cura al punto laherida. En el camino del Calvarioanuncia la próxima ruina de la ciudaddeicida y predice aquellos dias horriblespara toda la nación judaica, enque se dirá : Dichosas las entrañas queno engendraron, y los pechos que nodieron de mamar. En aquella hora fatalse dirá á los mentes: Caed sobre nos-


32 «5otros; y á los collados: Cubridnos.¡Qué autoridad no conserva Jesucristohasta en el instante de la muerte! ¡Conqué dignidad promete aquel rey tan degradadoun reino! ¡Qué majestad enmedio de sus humillaciones! Muerepredestinando á unos y reprobando áotros : aquí entrega Judas, los judíosy el mal ladrón á la condenación eterna:.allí asegura un lugar en el Paraísoal ladrón arrepentido. El patíbulode la infamia se convierte ya, por decirloasí, en la nube triunfante que leha de servir de tribunal, y pronuncialas mismas sentencias con el mismopoder. Otra consideración (y es observaciónde Bossuet): todos los reos quemueren en este género de suplicio,van desfalleciendo poco á poco, despidencon dificultad el aliento, tienen laboca siempre abierta y amoratada, yexhalan lentamente los últimos suspiros, hasta que por fin sale el alma ydeja el cuerpo frió é inmóvil. Jesús


53- 33 -agno muere así. Hace sucesivamente todolo que debe de hacer con la plenitudde su libertad y de su inteligencia: repasa cada una de las profecíaspara ver si queda aun alguna porcumplir, y se vuelve á su eterno padrepara leer en sus miradas y cerciorarsede que está verdaderamente aplacado.Cuando ve que se ha colmadola medida y que ya no falla mas quesu muerte para desarmar por completola justicia paterna , encomiendaá Dios su espíritu, y levantando lavoz y dando un gran grito, que atierraá todos los circunstantes, dice:Esleí consumado. Entonces entregavoluntariamente el alma á su padrecon un acto libre y esforzado paracumplir la profecía que él mismo habiahecho: nadie me quila la vidapor fuerza: la eloy yo mismo demi plena voluntad. Pregunto otravez : ¿es de un hombre ó de un Dioscada acción de estas? ¿Reconocéis ahí3


3Íel carácter de una débil criatura ó laradiante aureola de la divinidad?Pero esperad, que aun no lo liemosdicho todo. La naturaleza entera va átomar parte en la muerte de su autor.Ya se habían esparcido unas tinieblasmisteriosas por toda la faz del universoalgunas horas antes de espirar lavíctima augusta, y el sol se habia obscurecidocomo para no alumbrar elcrimen mas enorme. En el instante demorir Jesús tiembla la tierra, se parten¡as piedras, se abren los sepulcrosy echan de sí á varios justos,que entran por las puertas de la ciudadsanta y se aparecen á muchaspersonas. El velo del templo se rasgade arriba abajo, y el santuario antesinvisible queda patente á lodos: dosmisterios que significaban por un ladoque Dios repudiaba el templo de losjudíos para sustituir un culto de masencumbrada espiritualidad, y por otroque desaparecían todas las sombras de.


33 •&la ley antigua á presencia de una realidadsiempre viva. Que se nos hagaver, si es posible, otra muerte acompañadade iguales ó parecidos fenómenos.Mas veamos unos prodigios queaunque de diferente orden no son menosadmirables. Jesucristo habia anunciadoque desde el árbol de la cruz loatraería todo así: todavía está pendientedel madero regado con su sangrey ya se cumple la predicción. Elcenturión y los soldados que antes dehacerle la guardia le habian sin dudaazotado cruelmente en el pretorio éinsultado hasta en el Calvario, movidosahora de un santo terror en mediode los prodigios que presencian, gritancon temor y temblor: Verdaderamenteeste hombre era hijo de Dios. Muchosde los mismos judíos que habianpedido la muerte del Salvador conatroces imprecaciones , se vuelven dándosegolpes de pecho con dolor y


36 -síconfusión. Así empezaba la gloriosaconquista de las almas que habia venidoá librar el Yerbo de la antiguaesclavitud. El divino crucificado , apenasconcluido su sacrificio en el altarque habia escogido para hacer nuestrorescate, se levanta con arroganciay mirando de frente al enemigo queereia haberle vencido, le dice: ¡ Omuerte! ¿dónde está tu aguijón? ¡Omuerte! ¿dónde está tu victoria?.¿Y no daremos nosotros el gritodel centurión y de los soldados convertidoscon el mismo temor y temblor?¿Será mas tenaz nuestra resistencia ¡piela de los judíos que bajaban llorandodel monte santo? ¡ O mi Jesús crucificado! Nosotros volvemos contra tímismo los milagros de tu caridad:porque padeciste mucho, rehusamosreconocerte por Dios y hombre juntamente:porque te humillaste profundamentepara reconciliarnos con tupadre celestial, te pedimos desdeño-


©• 37 «gsa cuenta de tu abatimiento. A cadahora del dia debiéramos bendecirte,adorarte y entonar el cántico de nuestralibertad: deberíamos pagarte lágrimaspor lágrimas , ternura por ternura,sacrificio por sacrificio y vidapor vida ; y en vez de eso ¿ qué hacemos?Contamos tus llagas para sabersi son reales, y metemos el dedo entus heridas con el deseo de hallar queson imaginarias. El discípulo incrédulodespués de haber visto y tocado losgloriosos testimonios de tu amor sepostraba á tus pies para proclamartesu Señor y Dios; y nosotros por unsingular abuso de las palabras proféticaste decimos : Tú fuiste herido pornuestras iniquidades y entregado pornuestros crímenes, y nosotros sanamospor tus heridas: entonces retírate,que no eres el Dios que buscamos.Extraño es que el exceso del amorvenga á ser un motivo de condenación


a» 38 - ió incredulidad para algunos. Puesbien este concierto de imprecacionespor una parte y de bendiciones por laotra es un nuevo testimonio dado ála divinidad de Jesucristo. Los librossantos nos afirman que el Señor es unaseñal de contradicción para el mundo.¡Qué bien se ha cumplido la profecía!Mientras vivia en la tierra, todas susacciones y palabras fueron contradichasmaliciosamente. Sana á los paralíticos,á los ciegos de nacimiento y áotros enfermos incurables; pero porqueescoge el dia del sábado para obrarestos milagros, le acusan de haberquebrantado la ley de Dios. Arroja álos demonios, y dicen que lo hace ennombre de Belzebulh : le llaman insensato,seductor, impío y endemoniado.Los doctores de la ley no seacercan nunca á él sino para injuriarleó sorprenderle en lo que habla. Lehan suspendido en la cruz, y el redentorde Israel se ha hecho el es-


& 39cándalo de los idólatras. Los gentilescontradijeron la palabra de Jesús pormedio de las crueldades inauditas queejercieron con los siervos que la adorabanen espíritu y en verdad. Responded, ¿ se sació jamas Roma paganade la sangre de los mártires?¿Armó bastantes verdugos, levantóbastantes cadalsos con potros y ruedas, aguzó bastantes puñales y encendióbastantes hogueras? ¿No tuvolas verdades y el Evangelio del crucificadopor la mayor locura que ha aparecidoen la tierra? Pero no bastabacon los judíos y gentiles. Entre los quese habían alistado bajo el estandartedel Dios encarnado, ¡ cuántas ycuántas veces ha sido contradicho!Todos los fundamentos de nuestrasalvación han sido combatidos por loshombres que hacian profesión de cristianos.El pérfido amano negó la divinidadde Jesús, y el insensato Marcionla humanidad : el nestoriano di-


vidió las personas, y el eutiquianoconfundió las naturalezas. De tal modose han agotado todas las invencionesdiabólicas en cuanto á la persona deJesucristo, que es imposible imaginarun error que no solamente no se hayadefendido, sino que no haya producidoalguna secta. ¡ Cuan innumerables herejíasse han levantado contra las verdadesde Jesús! Todas han venido átropezar en esta piedra que ha resistidoá sus embates, y se han escandalizadodel que es el príncipe de la paz,el ángel del gran consejo y el autor dela caridad fraternal.¿Hablaremos de los siglos modernos?Lutero y Cal vino arrebatados deun orgullo indomable, y llamando ensu auxilio todas las rebeldías de unanaturaleza que se indigna de ser contenidapor la autoridad evangélica,rompen el lazo y la grande unidadcristiana, y la túnica inconsútil del hombreDios, símbolo místico de su igle-


ga- 41 -assia, es dividida en dos pedazos. Aquílos hijos sumisos de la revelación, quepiensan que el Inünito tiene sus misterios,á los cuales no debe uno acercarsesino con luces superiores, y queel detenerse respetuosamente ante loslímites puestos por la mano divina noes flaqueza de inteligencia ni falta deánimo, sino discreción y sensatez:allí los hijos soberbios de la razón,que exagerando su fuerza se figurandepender todo de su tribunal, hacende su juicio particular la regla de su féy costumbres, abolen todo lo que nopueden comprender, y queriendo ensancharlos términos de las ideas lleganá lo finito y encuentran la nada;atentado contra la luz que ilumina átodo hombre que viene á este mundo,y atentado contra el Verbo que vino ácompletar las revelaciones sobrenaturaleshechas al género humano hastasu venida.A los turbulentos sectarios de Wi-


temberg y Ginebra sucede la filosofíadel siglo XVIII. El hombre que alparecer la compendia mejor en lasinfamias de su vida, en la movilidad desu inteligencia y en las contradiccionesde su carácter, ¿nocobró un odiofanático á la persona misma de Jesucristo?No repetiremos las infames expresionesque habia dado como santoá la multitud de sus discípulos. Echemosun velo sobre esa guerra de odio,escándalo y cinismo. Mas seguramentesi el Verbo ha hallado contradictores,es especialmente en esos escritoresque con su insolente jactancia seatrevían á anunciar que dentro deveinte años vería Dios la ganancia.Nosotros mismos ¿en qué estado nosencontramos hoy? Si no fermenta yaen las almas el ardiente rencor delsiglo pasado, ¿son mas firmes lasconvicciones? ¿Es mas sólida la fé?¿Hubo nunca mas forjadores de religióncon su sistema ya hecho y su


89- 43 -asDios improvisado , como si se tratarade alguna utopia científica? Jesucristo¿no es para unos un gran profeta, paraotros un seductor, un impío, y paramuchos un simple filósofo que graciasal progreso de los tiempos adelantóun poco mas que Confucio, Platón óSócrates? ¿No se ha soñado un Cristohumanitario sin personalidad real,que se transforma de siglo en siglo enuna serie de reveladores y renace ómuere alternativamente poco mas ó menoscomo el Dalai-Lama de las tribustártaras? Se han compuesto voluminososlibros para probar estas extravaganciasno menos desmentidas por lahistoria que por el corazón humano ylas necesidades espirituales de nuestraalma. Estas sacrilegas necedades secontienen todas en los renglones siguientesque son la conclusión de unlibro (1), en el cual bajo el aparato(1) Strauss, Vida de Jesucristo, tratadacriticamente.


ts- ade la erudición mas frivola y falaz sedesvanecen en humo y en niebla nuestrasmas santas verdades : « La moralde Cristo habia sido sin duda un progresogrande y feliz; pero la barbariede los siglos pasados la rodeó de grandesabsurdos. Ademas no era sino unaevolución de la humanidad, y ya hapasado su tiempo. Hoy no se puedemirar ya á Cristo como ei hombreDios: es una idea ó mejor un símbolo,á saber, la humanidad, el género humano.Ese es el Dios hecho hombre:ese es el hijo de la Virgen visible y delPadre invisible, es decir, de la materiay del espíritu : ese es el Salvador, elRedentor, el impecable: ese es el quemuere, resucita y sube al cielo.»A la verdad si las generacionesque viven un dia en este valle de lágrimas,no tuvieran mas que ese Diossimbólico del sofista alemán para enjugarsu llanto y fortificarse en sus inmortalesesperanzas, las compadece-


&• 45


Este libro nos ha venido de Italia,ese pais clásico de la piedad, que haenviado ya varios libros excelentes,tales como El combate espiritual delP. Scupoli; las Reflexiones del P.Quadrupani y las obras de San Alfonsode Ligorio. Quisiéramos que estehallase la misma acogida que los quele han antecedido. El señor Luis Marchetti,eclesiástico joven y dotado detalento, le compuso hace unos cuantosaños, dominado de una idea que cadacual puede verificar en sí mismo. Leeuno friamente la historia de la pasión,porque hace mucho tiempo que conocemostodas sus particularidades lamentables.La costumbre nos ha habituadoá estas escenas dolorosas, quepor la misma razón pierden para nosotrosgran parte de las emociones quedebian producir en nuestra alma. ¿Quéha hecho pues el piadoso autor? Enprimer lugar para no dejarnos ignorarninguna de las preciosas circunstan-


a- i7 «scias que encierran lecciones tan sublimesy saludables, ha examinado escrupulosamentelos cuatro historiadoressagrados, ya para tomar de esteuna particularidad interesante que hayaomitido aquel, ya para explicarnos eluno por el otro cuando el texto ofrecíaalguna dificultad de concordancia..No menos detenidamente ha estudiadola topografía de los santos lugares, losprocedimientos judiciales de los judíos,las costumbres de esta nación dura yrebelde y la descripción del suplicio dela cruz según le ejecutaban los romanos.De esta operación ha resulladounanarración completa de la pasión. Aquíno se ha sacrificado nada á la imaginaciónni ala conjetura. El autor caminasiempre apoyado en los datos evangélicoscuando hablan, y en los comentariosmas acreditados cuando callanaquellos. Después como sabe que elpensamiento es perezoso ó distraído, leobliga á permanecer algún tiempo cara á


»• 18 -«3cara con aquel Dios paciente y abatido,y entonces él explica el texto de la pasióncon todo el fuego de que es capaz.Para esto invoca en su auxilio toda laenergía de la fé, todas las aspiracionesardientes de la esperanza, todas lasemociones vivas de la caridad y todaslas reflexiones de vergüenza, confusióny arrepentimiento, que puedehacer un corazón penitente. La poesíaes inseparable de los grandes movimientosde la imaginación y del corazón: asi no se deberá extrañar que.venga á dar su colorido á unas escenastan dolorosas. El estilo de la obra esvivo , animado y dramático. No senosocultan las grandes dificultades queofrecía esta materia , porque al lado delas lágrimas del corazón que convienehacer brotar, hay que guardar una severamesura : pasar el blanco ó errarleen tal circunstancia es cosa tanto maspeligrosa, cuanto mas augusta es la víctimay de mas subido precio el sacri-


• 49 -síficio. El autor italiano ¿se ha detenidosiempre oportunamente? El lectordecidirá; pero de cualquier modo quejuzgue , no podrá negar á aquel por lomenos las dulces efusiones de una almaque ha vivido mucho tiempo en íntimacomunicación con el amado.Hemos dicho cuál es la parte delsacerdote estranjero: la nuestra esbien débil. Hemos traducido con lamayor fidelidad que nos ha sido posibleestas páginas llenas de fé, que hanrecibido la mas alta aprobación enRoma; y solamente hemos hecho algunasleves variaciones, que nuncaalteran el sentido , en razón de losmodismos diferentes de ambas lenguas,del temor de multiplicar las exclamacionesó del deseo de completar elpensamiento.La meditación de la pasión del Dioshumanado ha producido siempre losmas sazonados frutos en la iglesia.¿Dónde se formaron los santos en las4


& 80 -jgsublimes virtudes que son el objeto denuestra admiración y respeto? AI piede la cruz. ¿Quién hizo los héroes ymártires cristianos? La cruz. ¿Quiénsostuvo el valor de los solitarios en lalarga carrera de una vida penitente ymortificada? La cruz. Esta es el doctoruniversal del género humano: todoprocede de la cruz para rematar enella. ¡Ojalá que las páginas que ofrecernosá los fieles, contribuyan á haceramar el divino modelo cuyas huellasdebemos seguir! Si suspendiesen laduda en una sola alma ; si reanimasenlas últimas centellas de una fé próximaá extinguirse, si encaminasen haciaJesús moribundo sus miradas desengañadas;por fin si la determinasen áexclamar con el Salvador: Tengo sed,sed de la verdad y de la salud; estaobra conseguiría una recompensa infinitamentemayor que la que merece.


c> a o> © s s ffi © ® G® © s> &-©-®-Q>-®-©-® (5 ®a-@ a ®CAPITULO PRIMERO,Y habiendo rezado un himnosalieron al monte 01ivelc(SANMATEO, C. XXVI, V. SO).PRELUDIO. Figurémonos que al caerlanoche estamos en Jerusalen á la puerta dela casa donde Jesús celebró la Pascua.El sol ha desaparecido del horizonte, elcielo se obscurece, la noche se acerca (I).(1) Nuestra escena empieza al caerla tarde.Cualquiera que sea la hora señalada para la celebraciónde la Pascua por estas palabras deltexto hebreo (Exocio XII, 6): entre dos luces ; escierto que Jesús salió de noche del cenáculo, porquesegun San Juan, cuando Judas se retiró, erade noche: crut aulem nox (capítulo XII, v. 30,1.Asi por mas qu° se extienda la significación deesta palabra, nunca podrá indicar un tiempo anterioral ocaso del sol.


& m «fJesús habrá concluido su última cena, laúltima ¡ó dolor! Todos han cantado á Diosel himno de alabanza ; dentro de poco saldrá(I); le aguardo... Ahí está: adclánluseenmedio de los once discípulos fieles con serenoy alegre continente, y encamina suspasos hacia el lugar donde acostumbra retirarsehace algunos días. ¿A dónde vais, midivino maestro? ¿A dónde vais tan gozoso?¡Ah! bien lo sé, aunque guardáis silencio;corréis voluntariamente á sufrir los tormentos,la agonía y la muerte. ¿Y yo? Yo os seguirécomo compañero inseparable, caminaréen pos, siguiendo vuestras adoradaspisadas: á donde quiera que vayáis quieroestar á vuestro lado, y si reducido á ser espectadorimpotente no puedo conjurar latempestad que os amenaza, os ofreceré á lomenos un leve tributo de lágrimas afectuosas.(1) Nosotros pensamos con oíros muchos queel himno rezado por Jesús con sus discípulosdespués de la cena precedió inmediatamente, á lasalida del cenáculo, y por consecuencia siguióal discurso que trac S. Juan. Las razones que no*han convencido de esto, se deducen de la naturalezamisma de la narración evangélica.


Ss- 53 •«Jesús se adelanta. El aire sereno y fresco,el silencio universal de la naturaleza, laespantosa soledad de aquel valle, las sombrasque proyectan á lo lejos las montañas en lasllanuras circunvecinas, lodo penetra mi almay me causa un profundo recogimiento.Ya no pienso en la tierra ; no veo mas queáJesús, y en él tengo fijas las-miradas. 0luna,, despide tus rayos mas puros, disipa laobscuridad de la noche, para que con la claridadde tu luz pueda yo descubrir el rostroile mi bien mas querido y leer en cada unade sus facciones.Con su afabilidad y dulzura ordinariasconversa con los apóstoles, respondiendoya á este, ya ¡i aquel; en sus ojos brilla unvivo gozo, y á sus labios asoma una modestasonrisa. ¡Oh! ¡Cómo se alegra al acercarsela hora para la cual ha venido al mundo,y que desea tanto tiempo hace! Con lodoes hora de pena, de tribulación y de muerte.Pues precisamente eso es lo que quiere,porque tal es el medio que ha escogido sueterno padre para salvar al género humano.Aquí ¡qué terrible reflexión me asalta! Jesússe alegra de ir á padecer por ni; y yo


m- sí •«me rebelo y me arredro con la idea solade padecer por él. Jesús va resueltamente áconsumar la obra de la redención , aunquetan caro debe costarle; y yo vacilo en aproyecharmede los frutos de una obra tan maravillosa,aunque no me cuesta nada ó muypoco. ¡ Cómo no he de exclamar entonces:Mi buen Jesús, padre mió muy amado,¡ qué hijo tan ingrato tenéis en mil


CAPITULO Sí.Y llegan á una heredad que seHuma Uelliscnianí (S. M.utcos,c. xiv, v. 32).PRELUDIO. Imaginemos que seguimos áJesús atravesando el valle de Cedrón conlos apóstoles.¡Olí! ;Cuán hermosa es la noche paraquien camina con el sol de justicia! Veamosy observemos á Jesús; que no se me escapeninguno de sus movimientos; ¿no es cadauno de ellos una lección? Se detiene á la mitadde su discurso, echa una mirada docompasión á los a postóles, suspira y les dice:En esta misma noche os escandalizareis todosen mi, porque escrito está: Heriré al pastor, yse dispersarán las ovejas. Pero después de mi


& 56 ^resurrección iré delante de vosotros á Galilea(i). ¡Ah! Jesús habla claramente de sumuerte próxima, pero la mansedumbre yternura que no le abandonan, mitigan estafunesta idea con la halagüeña imagen de suresurrección: iré delante de vosotros á Galilea;allí estaré antes que volváis de Jerusalen.Sí, este pensamiento gozoso y consola torio deuna resurrección gloriosa mitiga el horrorde una muerte ya próxima.Mas ¿que significan estas palabras: en eslamismanoche os-escandalizareis todos en mil¿Hará Jesús alguna cosa que sea capaz deofender á sus apóstoles? No dice mas; pero laprofecía que debe cumplirse entonces segúndeclara,'se explica bastantemente. Heriré al(1) Fundado en pruebas que he estudiado contodo el cuidado posible, me he decidido á poneraqui la predicción de la dispersión de los apóstoles,aunque según la opinión de algunos se hizoen el cenáculo. Sin embargo no negaré que Jesúshiciese á la hora de la cena una prediccióncon corta diferencia idéntica sustancialmente,porque S. Juan irae estas palabras: Vid que llegala hora, y ya ha llegado, en que os dispersareiscada uno por vuestro lado y me dejareissolo. Por eso hago esla observación. Pero todoel contexto prueba que no debe confundirse estaproposición con la otra.


o7 •&pastor. ¿Y quién es el pastor sino.Tesus? Y sedispersarán las ovejas; ¿quiénes son las ovejassino los apóstoles? Luego el escándalo y ladispersión son de losapóstolesquehuirán todosdel Señor y le abandonarán, prediccióná la verdad vergonzosa para el amor y fidelidadde los compañeros de Jesús; peroque ciertamente se cumplirá: el Salvadorlo ha dicho.Los apóstoles no se atreven á responder:ya habia empezado á apoderarse de su corazónla tristeza; ya los habia afligido estapredicción en el cenáculo ({). Mas Pedro seacerca á Jesús con viveza; su rostro se inflama,y sus ojos centellean; echa á su maestrouna mirada de fuego y le dice: Aun cuandotodos los demás se escandalizaren en í¿, yono me escandalizaré jamás. ¡Ah! Pedro siemprees el mismo; sin aconsejarse mas quede su amor se considera como invencibley superior á todos los sentimientos de temory cobardía. Mas Jesús, volviéndose con(1) En cuanto á la tristeza, que según digose apoderó de los apóstoles en el cenáculo, meparece que resulta del testimonio de S. Juan(XIV, 1, 27, XVIII, ii).


mansedumbre hacia el discípulo, y considerándolecon una mirada en que iba mezcladala compasión con la reprensión, comopara traerle á la memoria lo que le habia dichootras dos veces (i), le responde con unafirmeza indulgente: En verdad te digo queesta misma noche antes que el gallo cante dosveces, tú me negarás tres. Pedro, sé que tuamor es grande; también es grande la energíade tu santa convicción. La primera vez.hubiera atribuido yo esta expresión demasiadoconfiada á tu ardimiento; perocuando Jesús lo repite y confirma por supropia boca en dos ocasiones diferentes...¿No crees pues en Jesús? ¿Conoces lo porvenirmejor que él? ¡ Ah ! me faltan las palabraspara disculpar ta presunción. Pedro,desdichado Pedro, caerás: la cosa es certísima,pues Jesús loba declarado, y con tucaida nos enseñarás á desconfiar de nuestra(1) No se extrañe que al hablar de la apostasíade Pedro suponga yo otras dos. lie adquiridoia prueba, y esto y pronto á demostrarlo, de que entres ocasiones diferentes predijo Jesús que le negaría.Véise el capí'ulo XXII, v. 3* deS. Lucas,el XIII, 38 de S. Juan y el XXVI, 34 de SanMateo.


m- 53 ^virtud, á no contar con nuestras propiasfuerzas y á buscar nuestro único apoyo er*la gracia de Dios.Pero Pedro no conoce su error. Enardeciéndosemas y mas da una patada en elsuelo con indignación, y grita y repite coafuerza: No, no, aun cuando fuera preciso morircontigo, \jo note negaré jamas. Al punto•aplauden todos los demás las palabras y laacción de Pedro. ¡Desgraciados! Dentro depoco veremos en qué vienen á parar vuestraspromesas.Ya hemos llegado al torrente de Cedrónque divide el valle en dos, y le atravesamosfácilmente, porque no tiene mas de trespasos de ancho, y ademas está casi seco suálveo. Jesús le había pasado ya antes masde una vez; pero hoyes la última. ¡La última! Deteneos pues, Jesús mió, no le atraveséis, volvámonos atrás y entremos enJerusalen. Pero no, ya está en la otra orilla,sin que hayan podido detenerle mis palabras.¡O torrente fatal! déjame postrarmeá tus orillas y besar las ultimas huellasque ha dejado estampadas mi amado.Cuando las aguas yengan á hincharte, que


60 •&respeten estos vestigios sagrados, para queconvirtiéndose en objeto de veneración paratodos, los bañe el pasajero con algunaslágrimas.Pero mientras yo estoy hablando, desapareceJesús y camina con celeridad haciala calzada de Gcthsemaní. Su modo de andar,aunque contenido por la modestia queacompaña á cada una de sus acciones, manifiestabien la santa impaciencia que loaguija para ir á consumar la grande obrapor la cual dejó el trono de su padre celesfial.Su frente erguida, sus ojos que de cuandoen cuando dirigen al cielo una miradajuntamente apacible y ardiente, la majestadde sus facciones, cierta cosa sobrehumanaque se descubro en toda su persona, me recuerdanlas palabras del salmista •• Se arrojóá la carrera como un gigante. Síguenle losiapóstoles perplejos, confusos y tímidos.Ya estamos al pie del monte Olivete; delantede nosotros se levanta Gethsemani.¡Oh! ¡Cuan corto me ha parecido el camino,aunque tiene mas de media milla! ¡Cuancierto es que el que camina con el Salvadorno echa de ver lo largo del camino! Padre' mió muy amado, tierno Jesús mió, os con-


SB- 61 «íjuro que me permitáis acompañaros siempreen el difícil y trabajoso viaje de la vidapresente. Una vez que yo llegue al términofinal, echaré con gusto una mirada atrás, yme parecerá corto el camino, porque le habréandado con vos. No obstante conducidmeá Gethsemaní, es decir, á la pena y á latribulación-. Aquí me tenéis dispuesto: todolo quiero hacer y padecer por no separarmejamás de vos.


Y empezó á entristecerse y afligirse(S. MATEO, C. XXVI, V.37).PRELUDIO. Figurémonos que eairamoscon Jesús y los apóstoles en el huerto tenebrosode Gethsemaní.Ya hemos pasado la calzada do Gethsemaní,y tocamos al huerto: ¡qué allictiva escena!Esos añosos olivos que se inclinanunos hacia otros y enlazan sus ramas siempreverdes, ofrecerían al viajero un agradableasilo para resguardarse del calor dela siesta; pero en este instante no hacenmas que aumentar la densidad de las tinieblas,las cuales crecen ademas con la sombradel monte que corona el huerto. La aridez


de este terreno arenisco y seco parece queindica la aflicción y la pena. El viento penetranteque sopla, produce en el almacierto amargo sentimiento de tristeza.Jesús se detiene un instante. ¡Ah! ¡quénube de dolor obscurece su serena frente!Echa una mirada por el huerto, y luego bajalos ojos al suelo lentamente y con melancólicagravedad. Dios mió, Dios mió, ¿quéva á suceder? Contempla á los apóstolesunos después de otros, separa á Pedro, Santiagoy Juan, los lleva consigo y dice á losdemás: Quedaos aquí mientras yo. voy alláy hago oración: orad vosotros también paraque no os sorprenda la tentación. ¿Qué significatodo lo que veo? La tristeza con que.lesas ha dicho estas palabras, la recomendaciónde que oren, las advertencias de queestén alerta contra la tentación, son otrostantos indicios de que ha penetrado en suespíritu la turbación y que espera algunatribulación próxima y penosa. ¡Ah! pocohace no so hubiera expresado asi. Pero¿por qué escoger solamente tres apóstoles?¿por qué dejar á los demás lejos? Tal vez...Recuerdo que estos mismos tres apóstolesfueron siempre los testigos privilegiados de


&Qí sílos misterios mas secretos y asombrosos delRedentor, y á ellos solos les fué dado contemplarun rayo de la gloria divina en elTabor. No, mis conjeturas no me engañan;si el Señor lleva consigo á los mismos tresdiscípulos que habían presenciado las pruebasde la divinidad de su maestro mas quelos otros, esta circunstancia me presagiaque se acerca alguna singular humillación.¡ Ah! padre mió, ¡ y me quedaré yo aquícon los débiles 1 ¡No podré estar presente yver ! No, no , ya os lo he prometido solemnemente, quiero seguiros á donde vayáis-¿ Y quién sabe las sublimes leccionesque perdería yo quedándome lejosde vos ? Os suplico pues que me permitáisacompañaros. Yo no me atrevería áconfundirme con vuestros tres bienaventuradosescogidos , porque soy demasiado indignode esta honra ; pero á lo menos os seguiréen silencio y aparte.¡Oh! ¡ qué cambio en toda la persona demi Jesús ! En el valle de Cedrón caminabacon aire gozoso y festivo conversando alegrementecon los suyos: en este huerto caminaápaso lento, con la cabeza ligeramenteinclinada , los ojos fijos en el suelo y en


65profundo silencio, como un hombre forzadoá acometer una empresa llena de peligrosy sinsabores. O Pedro, amantetan fogoso del divino maestro, y tú, Juandiscípulo predilecto, hablad: ¿podríais manifestarmelo que pasa en el alma del Señor?Aunque no respondáis , creo descubrirlo:gracias á un rayo de luz que penetrandopor entre las ramas mas espesas delos olivos disipa algo la densidad de las tinieblas,descubro el rostro de mi adoradoJesús. ¡Ay de mí! ¡Qué palidez! En lafrente lleva estampadas la turbación y aflicciónque le agitan. No , no me equivoco:procura sofocar en lo íntimo de su corazónel abatimiento de su alma ; pero las faccionesde su rostro lo manifiestan bien. Esafrente arrugada , esas cejas que se contraenen fuerza de los pensamientos graves y aflictivos,esa boca que apenas se abre para respirarcon dificultad , esos labios que decuando en cuando tiemblan ligeramente,esas miradas que fijas de ordinario en elsuelo se levantan lentamente hacia el cieloaumentando mas la contracción délas cejas,y vuelven á fijarse otra vez en la tierra, ¿noson sin duda alguna los indicios de un hom-


Í3* 66 •&jbre que á la vista de una catástrofe cruel ónevitable se aflige , se turba , se amedrentay se arredra por el peligro ? Jesús, mi queridoJesús.... Vanas palabras; ñolas oye.lEstá enteramente sumergido en la meiancoíade sus pensamientos y angustias. Yo nocomprendo ya nada de este abatimiento: ¡estanto lo que lia padecido ! Ya ha sufrido eltrabajo, la fatiga y el pesar bajo todas lasformas: mil veces ha deseado esta hora y hahablado de ella con los suyos como de unacosa por la cual suspiraba ardientemente:un instante há se alegraba de verla tan próxima; y ahora que ha llegado, la temo, seaflige y mira hacia atrás. Bien sé que loshombres que hacen alarde de audacia y valormientras está lejano el peligro,pero queá vista de estese vuelven cobardes y pusilánimes, son capaces de semejante contradicción; pero Jesús lo preveía todo , y loque es mas lo deseaba; ¿cómo pues pasaesto?... ¡Ahí Ya levanta la cabeza, y pareceque quiere romper su penoso silencio.Callad , vientos: por fin va á hablarme Jesús:prestemos ansiosos el oido á sus acentos:Mi alma está triste hasta la muerte. Sí,Jesús mió, lo decís con una voz tan apaga—


67 «5da, con un aire tan afligido y con tantalanguidez en los ojos , que enterneceríais ;ilos mismos tigres. ¡Olí! ¡ Que no pueda yoarrojarme á vuestro cuello, reclinar 1» cabezaen vuestro regazo , confundir mis lágrimascon las vuestras, compartir vuestrapena y consolar vuestro corazón! Os pareceque vais á morir. ¡Cuan profunda es vuestra tristeza! ¡Qué negras imágenes y quésiniestros pensamientos se aglomeran envuestro espíritu ! Sí lo que os turba yabate es la idea do los atroces tormentosque estáis destinado á padecer, ¿no podríaisalejarla? Si podría; pero no quiere, y noquiere por padecer con la perfección querequiere el Señor , por beber el cáliz de supasión puro y sin mezcla alguna de consueloshumanos , por acrecentar aquellos doloresá los cuales quitarían una parte de suaguijón los auxilios de la compasión , y porofrecer al padre eterno un holocausto enteramenteconsumido con el fuego de loatormentos.O mí afligidísimo redentor, vuestroabatimiento exterior no me inspira ningúnpensamiento de desesperación y desaliento:digo mal; vuestro aspecto solo me da for-


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CAPÍTULO IV.E hincado de rodillas oraba(S. MARCOS, C. xxn, v. 41).PBELUDIO. Figurémonos que liemos entradoen lo mas espeso del huerto de Gethsemanísiguiendo á Jesús, aunque á ciertadistancia.Ya estamos casi en medio del huerto.Jesús se detiene, se vuelve á los tres apóstolesque le siguen turbados y tímidos, y lesdice con tono afectuoso, pero desmayado:Aguardadme aquí y velad conmigo. ¡Cómo!¿Queréis privaros de los discípulos fielesque habéis traido con vos ? ¡O Jesús mío!En el abismo de vuestra tristeza necesitáisuna mano amiga que os sostenga y fortalezca:¿qué liareis de aquí adelante solo y en-


S» 70Iré/gado al dolor? Pero ¿qué digo yo? ¿Tendríanbastante fortaleza vuestros tres compañerospara ser espectadores de la funestaescena que se va á representar ? ¿ Podríanellos confortar á Jesús? ¿No necesitarían.'¡ñas bien de asistencia para sí mismos?Ahoracomprendo por qué aquel padre tiernoquiere que se detengan y le dejen solo. Nopuede tolerar la idea de exponerlos á ta^a.salto: quiere excusarles un espectáculo quelos afligiría vivísimamenle; y se complaceen padecer sin el mas leve consuelo. Miamadísimo Jesús, cuando vuestra mano-compasiva me distribuya alguna gota de•y.uesíro cáliz de amargura, concededme lagracia de imitaros , y haced que sepa guardarpara mí solo las penas y tristezas, ahorcandoá mis prójimos la aflicción y los la--oienío-s. ¡ Ah ! Yo quisiera que todoel mun-•do padeciese conmigo y me manifestase-.compasión, sin echar de ver, insensato.fie mí, que por este medio me aparto dei'tsestro ejemplo y me privo del mérito mas•.precioso.Pero ¿ habré yo también de detenermeaquí? Y vos.¿á dónde os dirigís? ¡ Ah! Yo-padecería mil veces mas separado de vos


Si- 7)que á vuestro lado en medio de los masbárbaros tormentos. Pero tal vez me faltaráel valor. Pues bien , si espiro de dolor ávuesSros pies , muero contento.¡Ay de mí! ¿En dónde estamos? Encuanlo puede distinguirse entre estas densastinieblas, nos hallamos donde acaba elhuerto y empieza el monte Olívete , y estamoscomo un tiro de piedra distantes de lostres apóstoles. ¡Qué temblor! Este silencio yobscuridad me infunden un horror sagrado,y si no me apoyara en ese añoso olivo, estaríaápique de caerme. Dadme, Dios mió,la fortaleza necesaria para resistir á la escenadolorosa de que vos y yo somos losúnicos espectadores.Jesús so adelanta solo y con lentitud, yya veo que á cada paso se aumenta su tristezainterior. ¡Qué mudanza ha habido enese amable semblante , cuya vista sola dabala serenidad ! Detiénese el Señor bajo lasbóvedas de la roca abierta en el monte, yallí arrodillándose humildemente y pegadasu divina faz contra la (ierra, ora con fervor.¡Ah! la oración no es cosa nueva para elSalvador. Bien sé que después do haberempleado lodo el día en hacer bien á los


m- 72hombres, ya con sus predicaciones y advertencias,ya con sus conversaciones , yacon sus gracias prodigiosas , acostumbrabapor la noche buscar la soledad para orar,no por él, porque no lo necesitaba, sinopor nosotros ; y aun hace algunos dias queconcurria á este sitio. Pero ¡ qué diferencia,Dios mió, entre la hora presente ylas horas pasadas 1 Entonces se postraba gozosoy lleno de consuelos por los frutosque -había recogido de sus fatigas hallandolas ovejas penitentes : ahora ¡ ah 1 no puedoignorarlo yo, que say triste testigo de ello,¡con qué tedio, angustia y repugnancia hallegado hasta aquí ! ¡ Qué violencia ha tenidoque hacerse á sí mismo! ¡ O remordimientos!¡ Con que es cierto que Jesús, ápesar de la mas viva repugnancia, combatecon esfuerzo para cumplir hasta el últimodia los actos de obediencia que debe á sueterno padre! Yo me imagino que la sequedad,el tedio, la turbación y la causa mas levebastan para dispensarme de mis obligaciones.Yedle ahí postrado en tierra : ¿quién sabrádecirme en qué meditación está absortaahora su alma? ¡O Dios mió! Sus pen-


73samientos son tales como puede producirlosel estado de profunda tristeza en quese halla sumergido. Ya no es posible dudar;dentro de algunas horas descargará sobreél una deshecha borrasca de tormentosinauditos: mañana tal vez se acabará su vidaen medio de los suplicios mas horribles;funestas ideas que acuden en tropel á suimaginación. La noche, cuya lobreguez seaumenta con la sombra de los árboles, avivatodas estas imágenes fúnebres de muerte;y el profundo silencio de la soledad quele rodea , las presenta á su alma con losmas negros colores. ¡0 Jesús mió! ¿Norecordáis ya el infinito provecho que debenproporcionarnos vuestros dolores, elhonor inmenso que resultará á vuestrasagrada humanidad, yon fin toda la gloriaque vá á recaer sobre vuestro eternopadre? Consolaos, os lo suplico: desechadlas melancólicas ideas que os atormentan,y todo lo sufriréis, todo lo venceréis y triunfareisde la muerte misma... Pero en vanoLabio ; Jesús no me oye : su alma mil vecesbendita está abismada en sus angustias , yya no oigo mas que sollozos interrumpidosy suspiros profundos.


isa- 74¡Ali! Ya que mis palabras no llegan ávuestros oidos , permitid que me postreotravez , que gima, suspire y llore con vosy comparta todas vuestras penas. Logrenmis lágrimas á lo menos apartar de vuestroánimo la funesta idea de las culpas que hecometido á pesar de vuestros infinitos padecimientos,y que aumentan desmedidamentevuestra aflicción.


c-o-ao-oo-aooooo-oo-o-oc-aoo-ooc-ao-oCAPÍTULO Y.Padrc, si quieres aparta estecáliz de mi; sin embargo que nose haga mi voluntad , sino la tuya(S. LUCAS, C. XXII, Y. 42).PRELUDIO. Figurémonos que vemos á Jesúspostrado en tierra durante su oración.Jesús continúa afligido de sus. tristespensamientos. ¡ Ah! ¡ qué profundos gemidos!¡Ah! ¡qué lamentables suspiros! Medespedazan el alma. ¿Y quién sabe las tinieblas,el terror y las imágenes que vienená asaltarle, en este instante? ¡Si alomenos hablara! ¡Si á lo menos supiera yolo que mas le aflige! No lo he preguntadoen vano. Ya levanta la cabeza, dirige al cielouna mirada lánguida y enternecida , y


& 76 ^luego exhalando un gran suspiro exclama:Padre , si quieres, a-parla este cáliz de mi.¿Qué palabras lian herido mi oido? ¿Sueñoó estoy despierto? Tal vez me ha engañadoel deseo de oir su voz. No, Jesús ha habladoverdaderamente. Mas ¿qué significa estamudanza? Antes de llegar al huerto se regocijade que se acerca la hora de sus tormentos:llegado aquí se entristece y aflige:sin embargo se queda y se postra paraorar ; pero luego al considerar los tormentosque le esperan, se atierra de nuevo hastael punto do conjurar á su padre que lelibre de ellos. Bien lo veo; mi Jesús haquerido tomar las flaquezas de nuestra naturaleza,y de consiguiente experimentatodos los contrastes de la sensibilidad humana, la cual se estremece, se turba y searredra de terror , cuando considera el estadodeplorable á que debe quedar reducida.O Jesús mió , yo os estoy contemplando.Habéis caido con el rostro en tierra;¡cómo os late el corazón ! ; Qué descoloridoestá vuestro semblante ! ¡ Qué trastorno entoda vuestra persona! ¡Ah! Preciso es confesarlo;vuestro dolor ha llegado al colmo,


& 77pues ha arrancado de vuestros labios estasúplica, y os ha reducido á pedir que seaparte de vos esto cáliz por el que habéissuspirado tanto, y del que conversabaiscon Moisés y Elias hasta en la gloria delTabor.Mas oigamos , que habla de nuevo y pareceque hace un esfuerzo sobre sí mismo:Sin embargo que no se haga mi voluntad,sino la luya. ¡O expresión que hace correrde mis ojos lágrimas de ternura! ¡0resignación admirable y perfectísima! Sí,Jesús es siempre el mismo. ¡Cuántas vecesen los dias do su predicación protestó laplena conformidad de su voluntad con lade su padre! Cerca del pozo de Jacobcuando le convidaban sus discípulos á tomaralgún alimento, ¡con qué tierno amorles respondió: Mi alimento es hacer La voluntaddel que me envió,, y cumplir su obra 1 .Todavía tengo presentes en la memoria estastiernas expresiones: Yo hago siempre loque quiere mi padre: he bajado del cielono para hacer mi voluntad, sino la voluntaddel que me ha enviado. Así en este mismoinstante, en el combate generoso de laparte superior de su alma con la inferior,


78 «§triunfa su perfecta resignación de la maneramas visible. Pero ¡ cuánto le cuestael ofrecerse humildemente á beber un cálizque tanto le repugna , y de que pedia pocohá verse libre!Dulce Jesús mió , vuestro sumo abatimientoconstituye todo mi valor. Sí, yo aspiroá recibir tranquilamente de vuestramano toda especie de cáliz, aun el masamargo. ¡Oh! si la naturaleza flaca y desfallecidapide algunas veces en medio desus terrores que se aparte de mí la desabridapócima , al punto replicaré con vos: Señor,110 se haga mi voluntad , sino la vuestra.Mas Jesús trata de levantarse;; qué deesfuerzos para ponerse en pie! Con el dolory la angustia pintados en el semblante sevuelve y camina á paso lento hacia el lugardonde dejó á los tres discípulos privilegiados.Y ¿á dónde vais, ó mi divino Señor,asi vacilante y abatido? ¡O noche de misteriosy tribulaciones! Sigámosle.Ya ha llegado cerca de los tres apóstoles.¿Qué les quiere ahora? Duermen con e¡sueño mas profundo. El Redentor se detienecon aire de extrañeza mezclada de disgusto,y fija en ellos una mirada de compasión.


••m- 79¡Ah! mi buen Jesús, estoy leyendo en vuestrocorazón: vos decís con el profeta: Fioestoy aquí aguardando las humillaciones ylos oprobios; busco un hombre que se entristezcaconmigo, TJ no hay ninguno; un hombreque me consuele, y no le hallo. Si, el descubrirla llaga interior á quien nos manifiestacompasión y responde á nuestras lágrimascon lágrimas, es un consuelo siempre dulce,aunque muy débil, para el afligido. El Redentorseguramente no necesitaba de íaíauxilio; con todo como seha sujetado voluntariamenteá todos los efectos de la flaquezahumana, va á buscar la asistenciade sus mas amados discípulos ; pero ai verque mientras él sufre las agonías de lamuerte, duermen ellos tranquilos: ¡oh! ¡quégolpe recibe su corazón ya inundado deamargura! ¿Cómo pueden dormir, Pedrocon todo el fervor de su amor, y_Juan, eldiscípulo amado, mientras su maestro gimey llora? ¡O maravillosa economía divina!Permites que los rinda el sueño, para que Jesúsno tenga siquiera el consuelo de confiarlessus dolores , y continúe padeciendocomo empezó , es decir, sin que reciba lamenor asistencia del cielo ni de la tierra.


^ 80 ^O Jesús mió, ¡ cuántas veces me he parecidoyo á esos discípulos negligentes!¡Cuántas veces me he dormido en el sueñode la tibieza', mientras debiera habervelado con vos para soportar los contratiemposde esta vida ! Despertadme , Señor,¿espertadme. Mas vale velar con vos en lapena y el trabajo, que descansar sin vosenlas delicias mundanas.


CAPITULOYl.Y separándose otra vez oró diciendolas mismas palabras (SANMARCOS, C. XIV, V. 59).PRELUDIO. Figurémonos estar contemplandoá Jesús en pie al lado de los tresapóstoles dormidos.¿Qué hará mi Jesús con estos discípulosingratos? Bien merecían una severareprensión. Los loca con la mano, los despierta;pero ¡con qué mansedumbre y tranquilidad!Les habla; pero ¡con qué voz tancompasiva! ¿Por qué dormís? Simón, \tútambién duermen. ¿No has podido velar unahora conmigo ? Vamos , levantaos , velady orad para que no caigáis en la tentación.6


& 82 «5El espiritu está pronto; pero la carne esflaca.¡Qué acentos tan preciosos, Jesúsmió! Si no me detuviera un santo respeto,iria á estampar mil besos en esos labios divinos.¿Podía discurrirse un lenguaje masdulce, afectuoso y penetrante y masa propósitopara insinuarse en el corazón ? Siempre, sí, siempre la suavidad y la mansedumbrecaracterizaron las palabras de Jesús; y ahora manifiesta que ni la turbación,ni la tristeza , ni las penas interiores hanpodido,alterarle» Los tres discípulos despiertoslevantan la cabeza y miran á Jesús conuna especie de sorpresa nacida de la confusiónde sus ideas, vacilantes aun entre elsueño y la imagen que ven; pero bien prontoseruborizan con los dulces acentos queescuchan: parece que quieren hablar; maslas palabras antes de articuladas-espiran devergüenza en sus labios. Sea como quiera,esta confusión indica bastante que las dulcesquejas de su maestro han penetrado masintimamente en su alma que lo-hubiera hechola reprensión mas amarga. Así es comose debe reprender siempre , ó Jesús mió.Os suplico que no permitáis jamás que eldesden, el desprecio y el orgullo motiven y


&83 •&acompañen ¡as correcciones que me impongala caridad para con el prójimo. ¡ Ali*!Bien só que me acontece con frecuenciano corregirme en efecto á pesar de lasapariencias,sino descargarme del peso que meoprime , buscando realmente mas bien misatisfacción personal y la pérfida dulzuradéla venganza que la enmienda de otro.O Jesús, derramad en este corazón unagota de vuestra bondad misericordiosa y devuestra divina mansedumbre.Pero esas palabras dirigidas á los tresapóstoles negligentes ¿no me tocarán á mítambién? Lo confieso, ó mi bondadosoJesús,con el -rubor y la confusión en e_lrostro : vos habéis dirigido á tres corazonessolamente la flecha que os inspiró vuestroamor; perohabeis herido á cuatro. Sí, yomerezco igualmente esa dulce reprensión,porque asaltado, no por una sola tentaciónni por un solo peligro, sino por mil tentacionesy peligros, me duermo también, y¡con qué sueño 1 . Sueño de .muerte, porquees un sueño de tibieza é indiferencia. Nodigo bastante : vuestras palabras, dulce Jesúsmió, me tocan mas directamente aunque á vuestros tres apóstoles. Ellos a lo ma-


•a- 84 -@saos teriiaa por disculpa la postración de latristeza,-el cansancio del dia y el aire pesadode ta noche; pero ¿qué disculpa he de alegaryo? ¿No tengo (odas vuestras gracias parafortificarme, resistir á la tentación y velarcoa vos? ¡O mi divino maestro! ¡O padremió misericordiosísimo ! ¡Ojalá que nose hayan abierto inútilmente vuestros labios!Ahora volvamos atrás. Jesús contentocon haber despertado á los tres discípulosy reprendídolos con tan indulgente bondadse yaelve por el mismo camino al lugar desu penosa oración. O Jesús, yo sigo vuestrospasos: pero lo preveo, no se lia disipadovuestra aflicción. ¡Ay de mí! No meequivoco: las ideas que acuden do tropel áSil espíritu, son todavía mas terribles queantes, y mas horrendas las imágenes que sele representan. ¡ Ah ! El mal que se liguraen este instante, ¿es quizá todavía mas cruelque sí mal mismo? Yed con qué intensidadse aumenta su opresión. Un gemido lastimeroy continuo me despedaza el corazón.Jesús , Jesús mío , reanimaos y alentaos: ossupíico que os consoléis un poco. Pero nose halla en estado de oirme: se pone pálido,


^•85 -estiembla y padece una convulsión genera-1 yno interrumpida en todo su cuerpo. Oluna, esconde ahora tu luz. 0 noche . liaxahora mas densas tus tinieblas y ocúltameun espectáculo tan funesto. En efecto ¿cómohe de resistir á e»ta vista ? ¿Cómo ver ámi amado padre desfallecido y casi agonizantesin poder proporcionarlo ningún alivio?Venid de hoy mas, aflicciones, tormentos,angustias y amarguras de toda especie.,y caed sobre mí: yo no sentiré nada devuestro doloroso peso al considerar las miseriasque á manera de un mar sin diqueshan venido á caer sobre mi bien mas precioso.0 Jesús, si no se borra de mi mamonael recuerdo de la situación en que o.she visto , estoy seguro que en adelante, Borneparecerá pesada ninguna pena.Pero Jesús levanta por segunda vez sulánguida voz, y dice: Padre mió ; ¡O invocaciónde infinita dulzura! ), padre mió, sino se puede apartar de mi esle cáliz sin queyo le beba, hágase tu voluntad. Asi no se haconcluido la lucha interior. Sí, la sensibilidadhumana se rebela masque nunca coala idea de sufrir los horribles golpes que laaguardan, porque la imagen de ellos se le-


s» 86 .egpresenta mas viva y cruenta. Pero ¡queejemplo v qué estímulo para mí! Laresignavcion mas perfecta con la voluntad divinosostiene al Señor. Basta por ahora, mi amadoJesús, demasiado habéis padecido ; levantaos.En efecto se levanta ; mas ¡ cuan agitadoestá! ¡Cuan vacilantes é inciertos son suspasos ! Parece que se va á caer á cada instante:sigámosle, tal vez me cabrá la dicha detenerle para que no se caiga. Pero ya estamosotra vez al lado de los tres discípulos.¡O maravilla! todavía duermen: esta vez castigadlos,Jesús, con una reprensión severa": sipoco há los perdonó vuestra ternura, ahoraya no tienen disculpa. Decidles... PeroJesús después de haberlos considerado conuna mirada compasiva los despierta, y viendoque no le oyen ni pueden responderle{tan profundo es su sueño) vuelve piesatrás (I). Yo me volveré con vos, ó tiernomaestro. Mas ¿por qué no insistís con masempeño en despertarlos? ¿Ha querido vues-(1) Aunque según la opinión de algunos Jesúsno despertó á los tres discípulos cuando volvióá buscarlos por segunda vez ; yo he seguido


87 •eítro compasivo corazón evitarles esa incomodidad?¡ O caridad infinita! ¡ó caridad misericordiosade mi bien! ¡ con que tenéis queagotar hasta las heces el cáliz de amargurasin que nadie os consuele! ¡Ojalá que yo,imitando tan admirable ejemplo, sufra convalerosa resignación el abandono de loshombres en medio de mis tribulaciones!no obstante otra fundado en la autoridad de SanMarcos, cuando dice: ellos no supieron qué responder.Esta proposición no tendría sentido, sino los hubiese despertado entonces Jesús y dirigídolesalgunas palabras.


CAPITULO w .Y empezó á sudar como gotas•de sangro que corrían hasta elsuelo (S. LUCAS, C. XXII, T. 44).PRELUDIO. Imaginemos ver á Jesús postradoy en profunda oración en el huertobajo de las bóvedas de la roca del monteOlívete.Ya estamos por tercera vez en este lugarde tristeza. Jesús ha llegado hasta aquícon trabajo, se ha postrado de nuevo conel rostro pegado á la tierra , de nuevo orapara que se aparte de él el cáliz amargo, yde nuevo se conforma con la voluntad de supadre. Dios mío, Dios mió, ¿cuándo se con—


38- 89 -sgcluirá esta congojosa oración? ¡ Ah ! temoque si dura no pueda Jesús resistir á esainmensa avenida de aflicciones y dolores.Su tristeza en vez de aliviarse algún tantono hace mas que aumentarse ; sus lúgubres¡deas, lejos de disiparse le importunan masque nunca, y ahora son tan vivas, tan agudasy están tan cruelmente adheridas á él,que dentro de unos instantes ¡ó cielo! sí,dentro de algunos instantes va á rendirseal peso que le oprime. ¡Oh! si yo pudierapenetraren esa alma... Pero no, me seriaimposible soportar el aspecto de sus doloresinteriores.Ved cómo tiembla todo su cuerpo depies á cabeza: ¡qué lastimero gemido! Cualquieradiria que es el gemido de un moribundo.O Jesús mió, ¿qué tenéis? Me acercopaso á paso... Jesús... ¡ ó dolor ! se llalla enlos horrores de la agonía, y parece por momentospróximo áexhalar el último aliento.Me postro á sus pies: mi amado Jesús, ¿queréisya morir? ¡Ah! recibid el á Dios de vuestroingrato hijo. Pero no, habéis declarado queespiraríais en la cruz, y debe cumplirse laprofecía. Sin embargo estáis agonizando./0 funesta agonía! ¡ó muerte sin morir!


& 90 «S¿Qué liaré yo? Discípulos, negligentes discípulos,¿dormís? ¿y cómo podéis dormir ensemejante ocasión? Acudid volando, porquevuestro maestro está á punto de'entregarel alma. Pedro, ¿dónde estás? que semuere aquel, á quien lias declarado que noquerías abandonar. Juan, precipítate haciaaquel sitio; dentro de unos minutos ya nolatirá el corazón sagrado sobre el cual reclinabasla cabeza no hace mucho. Espíritusangélicos, ¿por qué tardáis mas? Voladpronto á socorrer á vuestro Señor: vosotros,que le servísteis cuando tenia hambre en eldesierto, ¿le abandonareis ahora'moribundoen el huerto? Padre eterno... Pero ¿quédigo, insensato de mí? Nadie me escucha:solo el eco responde á mi voz lastimera, y elsilencio profundo que reina en torno, no esinterrumpido mas que por los sollozos délavíctima ya espirante. Voy pues á despertará los discípulos. Pero ¿qué veo? ¿Qué arroyoes ese que corre lentamente hacia dondeestoy? ¡ O dolor! es sangre. Mi cuerpotodo se estremece con un temblor mortal:yo fallezco. ¡Sangre! ¿y de quién otro puedeser que de Jesús? ¡Horrible espectáculo!Jesús suda sangre por toáoslos poros: su


2» 9) •«rostro está cubierto de sangre; sus manosy'sus pies están bañados en sangre; no bayuna abertura en sus vestiduras de dondeno brote sangre en abundantes gotas, quereunidas en tierra forman un arroyo. ¡Oh!


m- 92 •&qué mis iniquidades la han hecho brotar delas venas de mi Salvador? Este pensamientome traspasa el corazón. Sí, yo, yo soy lacausa de una agonía tan cruel. Jesús mió,sirva á lo menos esta púrpura celestial paralavar mis manchas; permitidme, os losuplico, recoger algunas partículas de estatierra enrojecida con vuestra sangre: quieroque siendo el objeto de mis reflexiones,sean regadas todos los días con mis lágrimas,y las estimaré en mas que el oro y laspiedras preciosas. Ya tengo en el hueco demi mano un poco de esto polvo sagrado. Yote aplico mis labios, ó tierra preciosa,ennoblecida para siempre con la honra quehas recibido. Pero otra maravilla: ¿qué apariciónes esa, que rasgando de improviso eltenebroso velo de la noche se acerca á jesús?Quizá... sí, es un mensajero celestial(1).¡O alegría! ¡ con que no todos han sidosordos á mis acentos! ¡ Con que me ha oido(I) Entre las mil opiniones diferentes sobreel tiempo en que se apareció el ángel á Jesús, heescogido la mas común y á mi parecer la masconforme con el contexto evangélico, es decir,que la aparición ocurrió al fin de la última


Sif 93 «suna alma? Espíritu bienaventurado, consuelaá mi Jesús, le lo suplico; que no tenga querendirse al peso intolerable de sus angustias.Ahuyenta de su espíritu tantos funestospensamientos, si es posible ; restituyele laserenidad primera, y confórtale. ¡Oh! Sí, yano suspira Jesús, eslá mas tranquilo, pareceque recobra sus fuerzas y se disipa porgrados la densa nube de tristeza que cubríasu frente. Pues ¿ qué le lias dicho en esteinstante, ángel de mi Dios, para obrar estamaravilla? Tal vez le has puesto delante delos ojos... Pero la blanca aparición no meresponde, y se ha ocultado ya á mi vista.Mi adorado bien, ¡cuál es mi gozo de vercalmada asi la horrible tempestad que vinoá asaltaros! Pero ¿por qué esperasteis á quebajase un ángel del cielo para eso? ¿No podíaiscalmar por vos mismo tanta agitacióny disipar ese cúmulo de imágenes lúgubres?¡Duda criminal! Podíais. Pues ¿qué misterioes este ? Ya lo comprendo: en esta horaoración. En la incerlidumbro del motivo ó delobjeto de la embajada de este ángel nos hemosatenido al que nos ha parecido mas verosímil,aunque no sea tampoco sino una simple conjetura.


» 9í


CAPITULOYÍIÍ.Levantaos, vamos: ve aquíque se acerca el que me lia deentregar (SAN MATEO, c. xxvi,v. 46).PRELUDIO. Imaginemos ver á Jesús quese levanta después de hacer oración, y vaá buscar otra vez á los apóstoles.La voz celestial de la santa aparición,semejante al.soplo de un viento apacible,ha disipado las nubes de tristeza aglomeradasen el alma de mi redentor. Levántaseeste, y se dirige de nuevo á.donde estabansus discípulos. ¡ Ah! Yo esperaba verlecon aire de gozo y contento : ¡ vana esperanza!La alegría está desterrada comple-


£59- 96 «5lamente del corazón de Jesús ; en lo exteriorha vuelto á aparecer la serenidad; peroen toda su persona so manifiesta una tristezaresignada y tranquila: es verdad queanda; pero fácilmente se echa de ver que laúltima borrasca, la agitación, la agonía y elsudor de sangre han abatido sus fuerzas.No, el estado presente déla augusta víctimano se diferencia en nada de su estado anterior;no hay mas sino que hace poco dabarienda suelta al dolor, al tedio y al terror, yahora sofoca estos crueles sentimientos enlo hondo de su corazón. Preveo pues queesta tristeza y desconsuelo le acompañaránhasta el sepulcro.Ya estamos por tercera vez delante delos ingratos discípulos , que duermen todavíacon el sueño mas profundo. Jesús mió,permitid que yo mismo los despierte y veréiscómo sé hacer que me oigan. ¡ Ah ! suculpable indiferencia me indigna. Hombressin gratitud, les diré, hombres cobardes éinsensibles... ¡Desgraciado de mí! ¡qué palabraacabo de pronunciar,'Dios mío! Vos,mi clemente Jesús, no os enojáis; me he :equivocado, perdón. Es verdad que no sonestas vuestras lecciones, ni acostumbráis


§»• 97enseñar asi. Callo pues: hablad vos, tiernopadre mió.Ya se acerca, los despierta con tiento, yles dice: Dormid ahoray descansad. (I) ¡Oh!¡Qué confusos y suspensos quedan aloir estamansa, pero enérgica reprensión! No sabenqué responder. Estas pocas palabrashan penetrado sin duda hasta lo hondo desu alma. Jesús prosigue con tono mas serio:Basta de sueño y descanso: es llegada lahora: se ha cumplido el tiempo fijado, y elhijo del hombre va á ser entregado en manosde los pecadores. Levcnlaos pues, vamos;el traidor 110 está lejos. ¡ El traidor noestá lejos ! ¡ Ha llegado la hora ! ¡ El hijo delhombre en manos de los pecadores! ¿Conque sabéis, Jesús mió, todo lo que va á sucederpunto por punto? Pues entonces librémonosdel luror de vuestros enemigos yde los mal intencionados; y si no queréishaceros invisible por un nuevo prodigio co-(1) ¿En qué sentido dijo Jesús á los apóstoles:Dormid ahora y descansad'} Esta expresión liasuscitado muchas controversias. Unos la tomanen sentido irónico, y otros quieren que sea formaly natural. Yo he procurado guardar un medio, dejándole el tono de una reprensión que noexcluye la mansedumbre.7


&• 98 -mEl motivo que atribuyo á algunos anmootras voces, á lo menos bien podéis ocultarosen lo mas espeso del huerto. Pero osadelantáis resueltamente: tened á lo menoslástima de vuestros amigos; miradlos trémulos.abalidosysiguiéndooscontrabajo. ¡Vanasadvertencias! Jesús lo ha decidido, y quiereentregarse de su propia voluntad en manosde sus enemigos. Pues bien si meló permiteasi,¡cualesqu¡eraque seanlasescenaslamen—tablesque se preparan, no me apartaré desulado:triste y silencioso me uniré á sus discípulosy le acompañaré á lo menos gimiendo.¡Ah! no se ha equivocado Jesús: columbroá la entrada del bosque el resplandor inesperadode las hachas y teas; óyese estrépitode armas , y todo está en movimiento.Hasta aquí las tinieblas, en medio de las cualesha padecido tanto el Señor, eran tristesy temerosas; pero no sé si valían mas aunque esa luz siniestra que viene de fuera ypresagia nuevas tribulaciones. ¡Quémultiludinnumerable! Una cohorte entera de soldadosromanos, criados enviados por los pontíficesy los ancianos, y hasta algunos príncipesde los sacerdotes (I), magistrados del(i)


ss- 99 -mtemplo y ancianos. ¡Malvados! Temerososde que os hubiera engañado Judas, veníaisá averiguar el hecho por vuestrospropios ojos. ¡Ah! demasiado cierto es: noos lia engañado Judas , que es todavía mascruel que vosotros. En efecto el pérfido,dejando atrás la soldadesca impía, seadelanta intrépidamente hacia Jesús. ¿Cuáles tu pensamiento, hipócrita vil? ¿Crees túque fingiendo abandonar, como de costumbre,el lugar á donde te llamaba tu obligación,ocultarás el secreto de tu negra traición?¡Desventurado! llevas grabado tu crimenen la frente: la mentira se lee en turostro, y en vano intentas dominar la agitaciónque te turba á tu pesar. Podrás engañará tus dignos compañeros , enhorabuena;pero en cuanto á Jesús... ya te lo ha dichoél mismo : tú eres el traidor.Mas en tanto que yo trato de detenerle,se acerca Judas á Jesús y le dice: Dios lecíanos para acompañar á Judas, no es mas queuna simple conjetura, asi como en otros pasajesen que el Evangelio guarda silencio. No obstantehe procurado siempre que la suposición sesacase del modo mas verosímil, ya délos santospadres de la iglesia, ya de escritores que hacenautoridad.


5S- 100 45guardé, maestro; y dichas eslas palabras leda un beso. ¡ Ah ! monstruo, ¡ te atreves áaplicar al rostro divino de Jesús esos mismoslabios de donde lia salido la infamepromesa de vender al hombre Dios! ¡Y notiemblas de valerte para la perfidia mas negrade un beso , que hasta aquí habia sidosiempre la señal del afecto mas tierno! BuenDios, ¡qué enorme ultraje! Ha llegado la horapara Jesús de ostentar el 'ardiente zelocon que reprendió tantas veces la maliciahipócrita de los fariseos. Aquellos nombresdeshonrosos conque castigaba á las sectasjudaicas, convienen admirablemente á Judas:raza de víboras, sepulcros blanqueados,serpientes, hipócritas... Pero al hablar asíme olvido de los cargos que merezco yomismo. O Dios mió , ó mi adorado Jesús,¡cuántas veces os he dado el beso del traidorJudas ! ¿No es esto verdaderamente loque he hecho, cuando por respetos humanosos he manifestado veneración y ternuramientras tenia el corazón aficionado alpecado? ¡Ah! me postro humildemente áVuestros pies, y os suplico no permitáisque después de haber empezado yo comoJudas acabe como él.


CAPITULOÍX.Luogo que les dijo Jesús: Yosoy; retrocedieron y cayeron cutierra (S. JtAN, c. xvni, v. 6j.PRELUDIO. Imaginemos verá la entradadel huerto una turba armada que havenido á prender á Jesús, un poco mas alláal Señor con Judas y á los apóstoles detrás.Amigo, ¿ con qué intento has venido? Aesto se reducen todos los cargos que haceJesús al traidor mas infame de lodos lostraidores. Aunque el nombre dulce de amigoesté reservado para los discípulos constantesy fieles, no creáis que el hombreDios se envilezca dándole á un impío. El


divino maestro practica al fin de su carrerael precepto que inculcaba en los primerosaños de su predicación: Amad á vuestrosenemigos. ¡Ah! el nombre de amigo•con que Jesús honra á Judas, debiera haberablandado este corazón de piedra. Masoigamos su respuesta. Se queda mudo: porgrande que sea el extremo de su maldad, nopuede menos de turbarse al oir aquellapalabra de amor. O Judas, en otro tiemposaltabas de alegría al oir este nombrebendito ; ahora te estremeces. Reconocepues tu prevaricación, y humíllate á lospies del que conoce lo mas íntimo de tuspensamientos. No digo nada de mas: ¿nole oyes que te habla segunda vez? Judas,¡ y entregas al hijo del hombre con unbeso \ Ya lo ves, está enterado de tu perversodesignio, lee dentro de tu alma;¡y no te confunde una revelación tan clara!¡y no te sientes enternecido por esainefable mansedumbre con que Jesús ha recibidotu beso y tu criminal abrazo! ¡y esavoz dulcísima y tierna no penetra en tualma para despertar la última reliquia desensibilidad ! No; ¡ ah ! tigre, ¿ tienes valorde entregar á sus furiosos enemigos el maes-


í 03 •©tro que tanto te ha amado, con quien hasvivido tres años, á quien acompañabas átodas partes, que te concedió el don de losmilagros y te encumbró á la dignidad deapóstol? Recuerda por qué rasgo de amorespecial te presentó en la cena pocos instanteshace un pan misterioso regado con susangre. Recuerda el don inefable que te hizoalimentándote con su divina carne.Recuerdael dulce nombre de amigo con que te acabade honrar. Recuerda... Pero ¡ ah ! Judasno oye nada. O pérfido, todos estos inefablesbeneficios te vendrán á la memoria,pero será para tu desgracia; esa sangre quehas entregado, clama venganza contra tímucho mas que la de Abel: ya verás lo quecuesta vender su conciencia y ser traidor alhijo del hombre.Mas en tanto que yo hablo, Jesús se adelantay sale al encuentro á sus enemigospara ponerse voluntariamente en sus manos.O mi Jesús , aguardad á lo menos quese apoderen de vuestra persona: ¿por quéos entregáis asi de plena voluntad al furorde esos malvados? ¿No temíais poco há estahora? ¿No se turbaba vuestra alma con estaidea? digo mas,' ¿no ha bastado esta imagen


88- 104 -«Spara sumergiros en una agonía cruel? ¡Ah!sí, seguro estoy, y bien lo he visto con mispropios ojos. Mas tal vez se ha desvanecidocompletamente la mortal agitación que habéissentido. ¡Oh! no,hacéis un gran esfuerzo;pero padecéis mucho. Debo pues imitarosy á pesar de la repugnancia ó el terrorde la naturaleza caminar valerosamente enbusca de las tribulaciones y adversidades,cualesquiera que sean. Sí, Jesús mió, en estepunto me siento con una resolución invencible.Guando yo os veo entregaros ámerced de esos ministros de Satanás noobstante que conocéis todos los dolores ytormentos que van á caer sobre vos, estavista me inspira un vigor que no hubieratenido jamás para ir tranquilo y resignadoen busca de todas las penas interiores ó exterioresque os digneis de enviarme.Pero esperemos. Jesús se dirige á la turbaarmada y le¡; dice tranquilamente : ¿A quiénbuscáis?—A'Jesús Nazareno (¡ Qué griteríatumultuosa y desordenada!)—Yo soy. Mas¿qué veo? todos aquellos hombres retrocedencomo aterrados y caen en tierra; no obstanteJesús les ha hablado en tono pacífico,ó por mejor decir, con la misma expresión


m. 105 «sde voz que consoló á los discípulos en elnaufragio, volvió la alegría al corazón de laSamaritana, y convirtió al ciego de nacimiento.Y estos soldados robustos, armadosy valerosos no bien le han oido cuandocaen en tierra como si los hubiera herido unrayo. ¡Cuánto me alegro de esta maravilla!Al cabo conocéis, pérfidos, que Jesús no essolo el hijo de María vuestro compatriota,sino que también es verdaderamente el hijode Dios. ¿Y á qué habíais de atribuir el terrorrepentino que se ha apoderado de vosotros,sino á la omnipotencia de esa voz quecon una sola palabra sacó de la nada todaslas criaturas animadas é inanimadas? Pues¿qué será en el dia de su ¡ra, si ahora aparecetan formidable esta voz divina? Jesús mió,yo creo vuestra divinidad á pesar de vuestrasexcesivas humillaciones y abatimiento,y os suplico no permitáis que me atierre parasiempre vuestra sentencia final.Mas una prueba tan evidente del poderdivino no hace ninguna mella en aquellaturba soez, á quien ciegan el odio y sus funestaspreocupaciones. Levan tanse del suelo,y Jesús les pregunta segunda vez: ¿Aquién buscáis? ¡Y tendrán valor para res-


106 -mponder! ¡y no temerán que los vuelva á derribarel sonido de la misma voz ! De ningúnmodo: antes los oigo gritar bien alto: A JesúsNazareno. Y él (¡ ó paciencia admirable ! )les responde: Ya os he dicho que yo soy: siá nú me buscáis, dejad ir á estos en libertad.¡ O expresión que me enternece bastahacerme derramar lágrimas! Ese , ese es elcorazón amante de mi Jesús. Ya he tenidoocasión de conocerle cuando no quiso quesus discípulos participasen de su mortalagonía, y ahora le vuelvo á hallar ; pero nopermitir que sus apóstoles sean aíligidosy atormentados por causa suya, y pedir álos asesinos que los dejen en libertad sin hacerlesningún mal, es un presagio bien tristede todo lo que va á padecer. ¡ O corazóncompasivo! ¡ó corazón de inefable ternura! ¡ ó verdadero amigo de los hombres! No,nunca olvidaré yo este rasgo de la mas perfectacaridad.amo


CAPÍTULO X.Y habiendo tocado su oreja lacuró (S. LUCAS, C. xxn, v. 51).PRELUDIO. Imaginemos que vemos a lossatélites echarse sobre Jesús para atarle, ycerca de él algunos apóstoles que tratan dedefenderle.La trama está descubierta, y Judas no setoma el trabajo de ocultarse. Jesús se haentregado voluntariamente en manos de susenemigos. Ya. toda esta turba mas enfureciday obcecada por la vergüenza de habercaído derribada en tierra con solas dos palabrasde Jesús so echa sobre él á manera


5®. 108 «sde uua manada de animales feroces. ¡ Ah !ya se lian apoderado de su persona. O apóstoles,llegada es la hora de reparar gloriosamentela pusilanimidad que habéis manifestadopoco tiempo hace: armaos, cogedpalos y cuanto halléis á mano, dad, herid ysacrificad. ¿Tendríais valor de permaneceren la inacción viendo que vuestro amadomaestro es preso, maniatado y conducido ála muerte? Esta es la "ocasión de probar quesois fieles á él y que le amáis verdaderamente.Pero estáis perplejos: tal vez deseáis obtenersu consentimiento. Pues bien hablady pedídsele: Señor, ¿herimos con la espada?Pero el tumulto se acrecienta , y los cruelessatélites caen ya sobre Jesús. Vive el cieloque se ha despertado la antigua fogosidadde Pedro; su sangre viva y ardiente nopuede contenerse; ya ha desenvainado laespada y la blande sin aguardar respuesta.¡Oh! ¡cómo brillan sus ojos! ¡cómo .se inflamasu rostro! es cosa hecha: tira un tajo yhiere á Maleo. Aprende en adelante, dignocriado del príncipe de los sacerdotes, á noacompañarte de malhechores; la herida dela oreja te recordará que Pedro amaba a su


& 109 •£§maestro. ;Qué gozo! con este ejemplo se reanimantodos los discípulos del Señor; yaestán en frente de los enemigos, se agitan,se confunden : ánimo... Pero ¡qué! Jesús manifiestadisgusto y contiene el ardor de lossuyos: basta, les dice. ¡Qué motivo de asombropara mí! Jesús en vez de animar á snintrépido defensor y de manifestarle agradole detiene... Mas ¿qué hace ahora? ¡Qué hace!Toca con su mano divina la oreja del pérfidoMaleo y la cura. O mi Jesús, enbuenhoraque perdonéis y améis á vuestros enemigos;pero trastornar en su favor el ordende la naturaleza... no puede ir mas allá lacaridad. ¡Qué lección para mí! Sí, no solamenteamar á nuestros enemigos y olvidartodas las ofensas que hemos recibido deellos, sino colmarlos de beneficios y obrarmilagros, si es posible, para acudir en suayuda; ese es el heroísmo sublime y gloriosoá que se eleva la doctrina del hijo deDios. ¡Ocaridad perfecta! ¿quién no querríapracticarte después de tal ejemplo ?Mas un rasgo de amor tan generoso, unacto de ternura tan compasiva deja insensibleel corazón de estos perversos, y no re-Conocen la omnipotencia de un Dios , que


después de haber derribado con una solapalabra una turba de soldados ahora curaá un herido son solo el contacto de su manodivina. Si son bastante ciegos para noconocer á Dios en la persona de Jesús, compadézcanseal menos de aquel, que injustamenteoprimido restituye la salud á sus mismosopresores. Pero hablo á hombres massordos que el áspid: no ven ya ni oyen nada.Aquellos prodigios que en otro tiempolos hacían prorumpir en estos gritos de admiración:Jesús es un gran profeta; no sirvenahora sino de irritar mas y mas su furor.Desgraciado mil veces el queso abandonaal pecado, porque el pecado turba lavista interior del alma. No permitáis , Señor,que yo caiga en un estado tan deplorable.Todavía no está contento Jesús con haberdetenido el brazo de sus defensores,sinoque volviéndose á Pedrole habla en estos términos:Envaina tu espada, porque todos tosque tomaren la espada morirán por la espada.¿Acaso piensas que no puedo pedir ámi padre y me prestará al instante mas dedoce legiones de ángeles? Mas ¿cómo secumplirán las escrituras que conviene que


suceda asi? ¿No he de beber yo el cáliz queme ha preparado mi padre?Pobre Pedro, se ha quedado confundido:creía haber hecho una cosa agradable á sumaestro defendiéndole, y se ve reprendido.No es menor mi confusión que la suya. Demasiadoconocia yo el número y el furor deaquella turba impía; pero viendo que unasola palabra de Jesús habia bastado paraderribar en tierra á sus enemigos, esperabaque conservaría su libertad. ¡Qué gozo entoncesy qué triunfo! Pero ¡cuánto me heengañado en mi esperanza! Ya no cabe duda:Jesús eslá determinado, sean los quequieran sus tormentos, á entregarse en manosde sus enemigos. ¡A.h! sí, cumple la voluntaddivina y quiere apurar hasta las hecesel cáliz amargo délos oprobios y tormentos,porque se le presenta su padre celestial.O mi Jesús, sí, esa es la gran razónque os mueve á desechar toda defensa. Puesbien yo quiero imitaros también en estepunto. Cuando gima agobiado con el pesode las enfermedades, sinsabores, tribulaciones,adversidades y calumnias, acordándomede vuestra preciosa pasión responderéanimosamente á quien se me muestre com-


112 •&pasivo: Pues ¿no he de beber el cáliz queme ha preparado mi padre? Y estoy seguroque estas palabras serán un bálsamo suaveque mitigará prontamente la violencia demis mas crueles heridas.


O-0-O-®-®-®-®-©-@-fí-a^®'^®-®-9-®-0-®-®-&-®-®-GKÍ-8CAPITULO XI.Aprehendieron á JOSUÍ y leataron ( SAN JUAN , c. xxvm,v. 12).PIIELÜDIO. Imaginemos ver á Jesús rodeadode soldados y gente armada que estánatándole.¿Con que se ha perdido ya toda esperanza?Jesús está en manos de sus enemigos; y ¿podré yo verle y guardar siiencio?O Dios mió, hágase como queráis. Con todome parece que Jesús quiere hablar de nuevo;escuchemos: ¿quién sabe? tal vez va ápronunciar alguna otra palabra que losatierre, los disperse y haga huir. ¡Ojalá que


esta noche que ha empezado en el doloracabase en la alegría ! Vuélvese el Señorhacia los príncipes de los sacerdotes, losmagistrados y los ancianos, y les dice: Habéissalido con espadas y palos como si fueraisá prender á un ladrón. Habiendo estadoyo diariamente con vosotros en el templono me echasteis la mano; pero esta es vuestrahora y el poder de las tinieblas.Comprendo el fin con que Jesús ha habladoasí. Como los prodigios no han bastadopara abrir los ojos á estos ciegos, pruebaotro camino, el del discurso. Y á decirverdad ¿no osuna extravagancia que fuesencon muchas armas y soldados para prenderáun solo hombre,á quien al otro cha hubieranencontrado de nuevo desarmado y sin defensaen el templo? Pero encarnizados perseguidoresde mi Dios , oid una vez: ¿ quién osha estorbado hasta aqui prender á Jesús?Acaso no habíais concebido aun los perversosdesignios que intentáis ejecutar hoy.Sin embargo enviasteis satélites con ordende apoderarse de su persona cuando enseñabaen el templo. Confesad á lo menos laverdad de lo que os ha dicho Jesús; no leprendéis ahora por vuestro poder, vuestra


malicia y la multitud de vuestras armas(«osa que .hubierais podido hacer igualmenteantes de este dia), sino porque ha llegadoel tiempo fijado por él mismo , «n que dejandolibre la potestad infernal se entregaásu furor para ofrecerse como víctima á supadre. ¿Y quiénes sois vosotros? Sois los instrumentosde Satanás, los pérfidos ministrosdel demonio, que tenéis la audacia deatar á mi Jesús. Dejaos mover á lo menos,crueles, de un sentimiento de humanidad,si aun os queda alguno, y no le apretéis cotatanta violencia. ¿No veis, bárbaros, el surcoque hacen vuestras ligaduras en sus delicadascarnes? ¡O Dios! ¡mi Jesús atado! Permitidque bañe con mis lágrimas esos nudoscrueles. ¡Ah! ya estáis vos lleno.de cadenaspor quebrantar las nueslras; ya lleváis esposasen las manos por librarnos


» 146 ^Si todo está concluido, si ya no quedaninguna esperanza de libraros de esas manosaborrecidas; ó mi Jesús, os seguiré. Omi amado padre, ¡ en qué brazos tengo queveros! Caminemos, valerosos defensores deldivino maestro; acompañémosle tristes yllorosos, y tendremos el consuelo de seguirsus adorables pisadas.Pero ¿qué hacéis? ¿huís ya? ¡Cómo! ¿huístodos? ¡Ah! insensatos, ¿adonde vais?¿esesavuestra fidelidad? Pedro, ¿que se han hechoaquellas protestas de que querías morir contu Jesús? ¿Dónde está el valorque mostrabaspoco há? Juan, discípulo ingrato, ¿así pagasel amor tan tierno y especial que te tieneJesús? ¿ Le abandonas y huyes cuando masnecesita tu asistencia ? Y tú , Tomás, ¿ noeres el que dijiste á tus compañeros en otraocasión: Vamos también nosotros y murarnoscon él ? ¡ Ah ! sí, venid ; sigamos sus pasos,acompañémosle todos y muramos con él.Mas en vez de escucharme se dispersantemblando, confusos y humillados. Eljoven que acudió al alboroto, hace comoellos; pero le detienen, y dejando en manosde los soldados la sábana en que iba envuelto,desaparece.


Ya han partido todos, y no queda nadiemas que Jesús solo, abandonado de todo elmundo y en manos de sus mas mortalesenemigos. Haced, Señor, que yo no tengajamás la desgracia de seguir el ejemplo deesos hombres cobardes. O mi Jesús , mehe quedado á vuestro lado testigo de vuestrasmas secretas aflicciones hasta ahora, yno quiero separarme nunca de vos; sostenedmecon vuestra gracia, para que vayasin titubear á la cruz y á la muerte. ¡Ah!mientras que vos estáis aturdido con la desordenadavocería y los insultos de estoshombres de iniquidad, yo seguiré vuestraspisadas suspirando y llorando. ¡ Ojalá quemis suspiros puedan reparar los ultrajesque sufrís!


Y le llevaron primeramento ácasa de Anas (S. JUAN, e. xvm,v. lo),i RELÜDIO. Imaginemos ver á Jesús conlas manos atadas y en medio de los soldados,saliendo en esta disposición del huertodo Gethsemaní.Salimos de este huerto de dolores paraatravesar nuevamente el valle de Cedrón.La noche estáadelanlada, y aquellas siniestrasteas esparcen una luz tan triste , queno sirve sino de hacer mas pavorosas las


§* 119tinieblas. ¡Ah! cuando yo acompañaba pocashoras antes á mi divino maestro gozoso yrodeado de sus queridos discípulos, no hubieradiscurrido jamás que tendría que segitiríeen tan amarga situación, pintada latristeza en su rostro y cercado de Sus mascrueles enemigos. O torrente fatal , recuerdoque te he bañado con mis lágrimas presintiendolas aflicciones que se acercaban.Ya estamos en Jerusalem: esa puerta esla de David por donde en poco tiempo se Vaal monte Sión. Ya estamos dentro. O cicío,¡quépiadoso recuerdo! Cinco días hace quellegaba Jesús á la ciudad ingrata montadoen un humilde jumento, y todo el pueblole recibió con júbilo. ¡Qué innumerablemultitud se agolpaba para contemplarle!t Qué gritos de alegría ! ¡ Qué hosannas solemnes!¡Qué bendiciones de amor! Y ahoraBo se ven mas que inicuos tratamientos, nise oye mas que insultante vocería de lamisma ciudad, de la misma nación. Entoncesel triunfo de Jesús, hoy su prisión; entonceslos honores, hoy los desprecios. ¡Oinconstancia del espíritu humano! ¡O vanidadde las honras terrenas! Ahora comprendopor qué en medio de la alegría del


&120 -attriunfo echó Jesús á llorar de repente: llorabaá vista de la funesta mudanza que ibaá verificarse en los afectos de aquel puebloinconstante. Jesús mió, en este momento osamo y os reverencio: os suplico no permitáisque llegue un dia en que os despreciey ofenda por el pecado.Pero ¿ á dónde vamos? ¿ qué casa es esa?Si no me equivoco, es la de Anas situadacerca de la puerta de David, al pie del monteSion. Sí, ella es. Mas ¿por qué llevan á Jesúsante Anas, que ha cesado de ser pontíficey no es mas que el presidente de la sinagoga?quizá porque es el suegro del sumosacerdote actual: tal vez también se tributeesta distinción á su antigua dignidad ó alaprecio que goza en el pueblo. Oigamos-Mas satisfecho el anciano de haber visto áJesús manda llevarle inmediatamente anteel sumo sacerdote Caifas. Salgamos puesy subamos el collado de Sion. ¡O mi amadoJesús! ¡vos delante de los jueces! ¡vos remitidode uno á otro para ser encausadopor vuestra santidad! ¡Qué profunda humillación!Llegamos al palacio del pontífice sumo.No, el perverso que ha decretada ía muerte


ja. 121 •&del hijo de Dios, es indigno de este nombre..El salón está lleno ya de sacerdotes, ancianosy escribas. A una hora tan incómodatodos están en pie y reunidos ya al rededorde su jefe. ¡Hipócritas! Si 6e tratara de hacerbien á un desgraciado, preguntadles sihubieran dejado la comodidad desús casas;pero para juzgar á un hombre vilmentevendido,para condenar á un inocente, paracometer un horrible deicidio todos estándespiertos y en pie. Detóngome, Dios mio rporque en este mismo instante me dicenmis remordimientos: tú también estás siempreen pie cuando se trata de hacer mal yde ofender al Señor; pero por el contrario,si hay que servirle, entonces todo te vuelveslentitud, pereza é indiferencia. ¿Me parecerépues á estos malhechores? No, mi Jesús:si he faltado hasta hoy, perdonadme,pero en lo sucesivo quiero ser todo fuegopara honraros y complaceros, y morir milveces antes que contristar vuestro corazóncon la ingratitud y el olvido.Oigamos ahora lo que dice Caifas. Pregunta& Jesús acerca de sus discípulos y doctrina,como si tres años de predicación públicano bastasen para dársela á conocer.


m 122 'Si¡Perverso! no quiso instruirse de ella ni examinarla;precisó' es que contradiga muy claramentela malicia de su conducta. Mas¿quéva á responder Jesús? Á media voz, con unasencillez del todo celestial, sin manifestar:el menor disgusto, y con los ojos modesta"mente inclinados al suelo en señal de humildaddice : Yo he hablado públicamente:siempre ha enseñado en la sinagoga y en eltemplo á donde concurren lodos los judíos, ynada he hablado en secreto. ¿Por qué mepre-*guñtas á mi? Pregunta á los que han oidó 16que les he hablado]: ve ahí los que saben la(fue yo he dicho. \0 justa, ó verdadera, ó indulgenterespuesta ! ¿Era posible expresarse'con mas serenidad, humildad y convicción?Ese es el modelo que debo yo imitar cuandosea preguntado; esas deben ser mi sinceri-"dad y mansedumbre; así respondió mi Jesttsal pontífice. Pero ¿qué teo? ¡Malvado! ¡cóííque te has atrevido á dar una bofetada ámi Redentor? ¡Tú, el obscuro siervo de la sinagoga,una bofetada por una respuesta queno merece ningún cargo! ¡una bofetada alhijo de Dios! ¡ Oh ! sí no me contuviera lapresencia de Jesús, te volveria mil veces eseatroz ultraje y añadida tantos insultos y


5». 123 «golpes que pronto te arrepentirías de tu sacrilegaaudacia.Pero yo revelaré al juez tu baja prevaricación.El juez ¡ ah! se sonrie. ¡Con queaprueba un tratamiento tan'.indigno ! Gozade tu impunidad, pérfido, bien digno de servirá tales amos.O mi Jesús , ¡ y calláis á vista de lanueva afrenta que se os acaba de hacer?Pues ¿no veis que la ofensa es enorme, imperdonable?Hablad... al fin va á hablar.Dios sea loado; oigamos. Si lie hablado mal,da testimonio del mal; mas si he habladobien, ¿por qué me hieres ? O Dios mió , yoquedo confundido. ¿No tenéis otras palabrascontra el que os ha insultado tan gravemente?¡ Con que no aprobáis mi indignación!¡Con que deberá siempre triunfar la mansedumbre!¡Ahí bondadosísimo y p a cien t isleño 1Jesús, con el corazón penetrado de la gfart~deza de este ejemplo depongo á vuestros'pies mis iras y altanerías. No, no permitáisjamás qne yo me vengue ni aun con una sc


CAPÍTULOXIII.Mas ellos i'fspondiendo dijeron:Es reo de muerte, (S. MATEO,c. xxvi, v. 66).1 RELÜDIO. Imaginemos que estamos enel tribunal de Caifas. El sumo sacerdote estásentado con orgulloso continente y delantede él Jesús de pie y con las manos atadas,pero humilde y tranquilo.Parece que Caifas quiere proceder segúnlas reglas, y llama á los testigos. ¡Cuántosson! Mas ¿qué podéis tener que declararcontra Jesús ? ¿Le habéis visto jamás hacerun ademan, ni oido proferir una palabraopuesta á la justicia, digo mal, que no sea la


S> 125 «santidad misma ? ¿No habéis gritado vosotrosó á lo menos no han gritado vuestrosconciudadanos con transportes de admiración:Todo lo que él ha hecho está bien? Pues¿ por qué esta mudanza? Malvados , os habéisdejado sobornar, habéis recibido algunasmonedas por deponer contra la verdad.¿Y creéis que la mentira puede sostenerseal mas leve examen que se haga de ella?Así es que se contradicen recíprocamente,y no hay un solo testimonio que venga biencon otro. En vano, sí, en vano os desalaisen gritos y vociferaciones, y abultáis lasimputaciones calumniosas: siempre quedareismas y mas confundidos. Pero ve aquídos testigos queconcuerdan en sus declaraciones;oigámoslos. Este hombre ha afirmado,dicen ellos, que podía destruir el templo deDios y reedificarle en tres dias. ¡Cuan ciegosestáis! Jesús hablaba de otro templo que elmaterial, y espresaba su cuerpo que iba áentregar voluntariamente á la muerte, y queresucitaría por su propia virtud como lo haráde cierto. Pero supongamos que hayaquerido hablar de vuestro templo de marmol;¿es tan grave delito el afirmar que podíadestruirle y reedificarle en tres dias? Si


55- 126 '88Jesús es Dios como realmente lo es, ¿quédiíicuiíadhay en eso? Si no es Dios.es un demente,y entonces se le debe despreciar envez de sujetarle ajuicio.Pero el mismo Caifas conoce la futilidadde semejante acusación. Ademas los otrostestigos no pueden ponerse de acuerdo entresí. ¡AhJ mi Jesús,me alegro, vuestra inocenciaestá patente: ya estáis libre. Peí o no. 5Caifas está impaciente y quiere una sentenciadecisiva. Siéntase en su tribunal yhabla á Jesús con tono severo y solemne:No respondes nada á tantas acusaciones ytestimonios que se levantan de todas parlescontra tí. Sí, responded, mí Jesús, defendeos:ya que os han abandonado cobardementelos vuestros, tomad en la mano vuestrapropia causa: que bien podéis.jY Jesús calla! ¡0 silencio maravilloso! ¡Oprueba invencible de la paz inalterable desu corazón y de su inmutable paciencia!Pero también ¡qué muda reprensión para mí,que apenas me veo herido con una palabrainjuriosa ó una leve acusación levanto lavoz con impaciencia! Y'a os entiendo, mibuen Jesús: vuestro silencio me habla conmas elocuencia que todas las voces del


mundo. Tranquilizaos, vuestra conductaserá el modelo de la mia.Sin embargo Caifas quiere á toda costaque Jesús se esplique y le dice en tono altanero: Te conjuro por el Dios vivo que nosdigas si tú eres el Cristo hijo de Dios. Estapetición es irresistible. Jesús suplicado ennombre de su padre no puede menos deresponder. Silencio , oigamos á este mansísimocordero : Tú lo has dicho; pero en verdados digo que dentro de poco veréis al hijodel hombre sentado ti la diestra del poder deDios y viniendo éntrelas nubes del cielo, ¡OJesús ! ¡ Qué rayo de majestad divina brillaen vuestro rostro! Si, yo lo creo. Vos queahora de pie , con las manos atadas y en humildeactitud delante de vuestra criatura esperáissu sentencia, vendréis un día rodeadode vuestra terrible majestad para juzgarátodos los hombres, ¡Ah! quiera Dios quaaquel día sea para mí un día de gozo y deconsuelo.Pero ¿qué veo? Caifas parece indignadose enfurece, rasga sus vestiduras y grita: liablasfemado: ¿para qué necesitamos ya testigos?Aliara habéis oido la blasfemia: ¿quéos parece? Responde una terrible gritería:


a- 138 -eEs reo de muerte. ¿Es reo de muerte? Juezprevaricador, senado inicuo y vendido alcrimen, ¿ha merecido Jesús la muerte porqueha confesado la verdad diciendo: Yo soyel hijo de Dios? ¿Y no lo ha probado hastael dia con sus multiplicados prodigios y sudoctrina celestial? No , perversos, vosotrosno estáis convencidos de que es reo de muerte;pero queréis á toda costa que muera.Jesús mió, esos malvados se han marchado;mas ¿qué puedo yo hacer para librarosde sus manos? ¡ Ah ! excitad vuestraomnipotencia,mostradles que no los habéisengañado llamándoos el hijo de Dios, y destruidloscon vuestro rayo vengador. Pero no,Dios mió, vuestra sabiduría no es la sabiduríade los hijos del mundo. Hoy no soismas que el hombre del dolor y de la humillación.O corazón misericordiosísimo y pacientísimode mi Señor, me quedo admiradoá vista de semejante exceso de bondad. ¡Ojaláque esta divina lección me aproveche á lomenos y me tenga siempre alerta contra lossentimientos ó los actos de venganza !


CAPÍTULOXÍY.Enlonces lo escupieron en elrostro ( SAN MATEO , c. xxvi,v. 01).PRELUDIO. Imaginemos ver á Jesús enuna habitación reducida custodiado por soldados.Bárbaros, ¿á dónde lleváis á mi amadoJesús? ¿á esa habitación que está á pisode calle? ¡Ah! dejadle á lo menos descansartranquilamente á esta hora adelantadade la noche. ¿No veis cuan abatido estápor la aflicción interior? Si le hubierais vistoagonizar en el huerto de las olivas y sudargotas gordas de sangre como yo lo he pre-


&130 -essenciado.... ¿Quéhacéis,desgraciados? [Diosmió! Le escupen en el rostro: ¡ ó insulto horrible! Oid, oid las burlas y las insolentescarcajadas. ¿Es este, mi Jesús, el honor quese os tributa como hijo de Dios? Mas vedque un hombre de la vil multitud le ha dadonna manotada y otro un revés. Y tú, malvado, ¿qué haces? ¿porqué tapas los ojos alaugusto paciente? Cristo , adivina quién te hadado, le dicen todos haciendo gestos y mofándosede mil maneras. ¡ O impiedad ! ¡ Omaldad»! ¿Puedo yo ser insensible á tan execrableescena? Pérfidos, en el dia de las venganzasveréis rodeado de- la formidable majestadde su justicia al que ahora tratáiscon tanto desprecio: sí, le veréis. Mas auncuando fuera un malhechor como suponéis,¿ por qué insultarle así? ¿por qué esa irrisióny mofa? ¿por qué esos golpes? ¡ Ah! hombrosfuriosos, retiraos de aquí: quiero quedarmesolo con mi Jesús, con mi misericordiosopadre que está afligido. ¿No me ois? puesestas manos Callo, Dios mió: Jesús noaprueba este arrebato. Mi ardiente zelo osdisgusta, ó mi bondadosísimo señor. Pero¿no sentís los atroces ultrajes de que soisblanco?¿No hacéis caso de vuestra digni-


SB. 131


Sí. 132 «Svalor en el huerto y manifestó la mas vivaternura á Jesús en tantas circunstancias,está ahora indiferente y tranquilo calentándose?i Y en qué paraje! á pocos pasos desu divino maestro que ha sufrido tantos ultrajesy humiliaciones. Me quedo confuso.¡Ah! si yo pudiera hablarle en secreto , lediria: Pedro , ¿no recuerdas ya las grandespromesas que hacias á Jesús en la últimanoche? Le asegurabas que estabas pronto áseguirle ya al cautiverio , ya á los azotes, yaá la muerte misma, si fuese necesario. Le repetías,y como si fuese poco le jurabas solemnemente,que no tendrías nunca la desgraciade negarle, aunque hubieras de morir á sulado. ¿Por qué pues manifiestas ahora tantanegligencia y frialdad , como si se trataraallá dentro de una cosa enteramente extrañapara tí? ¿Porqué no vuelas en defensa de tumaestro? Vuélvete, allí está. ¿No ves á tuamado señor entre las manos de esos pérfidos,hecho objeto de irrisión y juguete deunos soeces criados? Ven, y acudamos todosinflamados de una santa indignación.Pero ¡ah! Pedro atento solamente á lasconversaciones de aquellos criados está sordoá mis amonestaciones. ¡Ah! Pedro, Pedro, las


se- 133 -sscircunstancias son muy críticas para tí: laspersonas que te rodean, la ociosidad, la indiferencia¡Cielos! veo tu ruina inminente.Tiembla que se cumpla la profecía detu divino maestro. ¡Ah! mi Jesús,¡cuan peligrosasson para una alma la ociosidad, la tibiezay la compañía de los malos! Os suplicoque me alejéis siempre de ellas: que yo trabajeconstantemente por vos: que esté enunión con vuestros siervos; y sobre todoque mi corazón se abraso sin cesar en elfuego de vuestro amor.


ao-o-aao-o-^o-c-o-o-o-o-o-o-ao-o-ao-o-o-ao- oCAPITULOXV.Peru Pedro le negó diciendo:Muger, yo no le conozco (SANLUCAS > c. xxn, v. 57).PRELUDIO. Imaginemos que estamos enel atrio del palacio de Caitas observandoaparte !o que pasa.Tiembla, Pedro: la ocasión es inminente:tu caida está probablemente próxima. ¿ Aqué viene entretenerte así en vanas conversacionescon los enemigos de tu señor,que al mismo tiempo lo son tuyos? Algunode ellos podrá conocerle, y una vez conocido¿tendrás valor de confesarte discípulode un cautivo insultado , lleno de humillacionesy condenado ? Vive prevenido.


135 -séMis presentimientos son demasiado ciertos(I). ¿No veis con qué curiosa atenciónconsidera aquella joven la cara de Pedro?Este estaba con aquel hombre, dijo señalandoá Jesús. ¡Oh! no hay duda , tú estabastambién con Jesús Nazareno. Ya lo habia yodicho : Pedro ha sido descubierto; ¿qué haráahora? ¿Yo, yo no le conozco: no sé lo quequieres decir. Pedro , ¿ con que no conocesá Jesús? ¿Qué palabra lia salido de tus labios?¿Con que no conoces á Jesús? ¿ Conque Jesús no es ya aquel á quien como discípulosumiso no has abandonado jamáshasta hoy, á quien has jurado tantas vecesuna fidelidad eterna, á quien has proclamadoel verdadero hijo de Dios y defendidopoco há con tanto valor? ¡Y no conoces áJesús! ¡Ah! Pedro, un vil temor te ha arrancadoesa expresión fatal. Tienes miedo; mas¿de qué? Recuerda las terribles palabras quetantas veces pronunció ese Jesús á quien te(() La narración de la negación de Pedro es unpasaje embarazoso para la concordancia de losevangelistas; no obstante espero que al que setome el trabajo de comparar nuestra exposicióncon el texto de aquellos, le parecerá satisfactoria.A lo menos si no se aprueba, no se condene sinun atento examen y un estudio espe.cial.


i®. 136 -3Sglorias de no conocer ahora: El que me confesaredelante de los hombres, le confesaré yotambién delante de mi padre que está en loscielos. Animo pues, repara tu falta y vuelvede tu extravio.En efecto vedle que confuso y entristecidoá la manera de un hombre que no sabequé resolver, se levanta y se dirige lentamentehacia la puerta. ¡ Cuan turbado parece! Esa es la funesta consecuencia de suculpa. ¿Qué hace en el vestíbulo? El gallocanta ¡ Ah ! Pedro, ¿le has oido? Empieza ácumplirse la terrible predicción de Jesús.Vuelve en tí, te lo ruego, y sal pronto deese lugar que te ha sido ya tan funesto : daunos pasos y ya estás fuera. Haz por no estarahí cuando cante el gallo segunda vez.Pero ¡cómo! se vuelve atrás y va á calentarsede nuevo. Tal vez ha oido lo que deciadetras una humilde criada cuando se levantabaél para marcharse: Este es uno de losdiscípulos de Jesús; y teme retirándose confirmarla sospecha. Insensato, salva tu almaque está en peligro, y en cuanto á tu cuerposea de él lo que Dios quiera.Acaso cree que volviendo destruirá loque acaban de decir. ¡ Ah! ¡ cómo se engaña!


»• 137Prepárase otro asalto. Y tú eres verdaderamenteuno de ellos.—No, yo no conozco absolutamenteá ese hombre: oslo juro, no le conozco.Pedro, calla por caridad y no añadas el perjurioá la mentira. ¡Qué triste lección,Dios mió!¡Con qué rapideznosprecipitaunmal quenose ha reparado, en otro todavía mas grave!Mas el tiempo pasa. Pedro, ¿por qué note marchas ahora? Permaneces obstinadamenteen medio de los peligros en el lugartestigo de tu vergüenza: ¡ qué deplorableceguedad! ¡ Ah! mi Jesús, á pocos pasos de ahísois injuriado, befado y acardenalado á golpes,y aquí vuestro amado discípulo se avergüenzade serlo y protesta con terquedadque no os conoce. Yo tomo parte en todoslos sentimientos de vuestro corazón tan tiernoy amante. Creo oíros repetir con el profetaDavid echando una mirada de compasióná aquel desdichado pecador: ¡Ahlsimi enemigo me hubiera llenado de maldiciones,habría yo soportado este ultraje;pero tú, amigo mió Es muy cierto, los disgustosque os causan vuestros amigos, á lomenos aquellos á quienes os dignáis de honrarcon este nombre por un exceso de bondad, hieren agudísimamente un corazón


m- 138 «ssensible. Abandonado poco há por todos•vuestros discípulos y ahora negado por elprimero.de ellos ¿Qué dirán los judíos alver que aquel que se unió con mas constanciaá vuestra persona, se avergüenza,ahora de ser délos vuestros? ¡Ah! Jesús mió,me persuado á que la ingratitud del apóstolmas encumbrado en dignidad os ha afligidomas cruelmente que la mofa , afrentas ymaltratamientos de todos esos perversos:porque al cabo ellos no tienen la dicha deconoceros, mientras que Pedro os ha proclamadoel Dios verdadero, y luego... ¡ O corazónde mi Jesús misericordioso , traspasadopor una espada de dolor!Pero, Dios mió, el que acusa tan librementela infidelidad de vuestro apóstol, ¿nose ha parecido á él mas de una vez? Reservadopara el amor y formado en la escuelade las doctrinas celestiales ¿no me he avergonzadoen mas de una ocasión de parecerdiscípulo vuestro? ¿No he negado este títulosiempre que he pecado? Sí, sí, demasiadocierto es y lo confieso llorando ; peroes cosa resuelta , os repetiré con la decisiónmas firme y sincera las protestas de Pedro:Aunque hubiese de morir contigo, no le negaré-


CAPITULOXYI.Y habiendo salido fuera Pedrolloróamargamente (SAX LUCAS,c. xxii, v. G2 ).PRELUDIO. Imaginemos ver á Pedro sentadoá la lumbre y calentándose entre loscriados de Caifas.Se ha pasado cerca de una hora, y todavíaPedro está allí. O Dios mio, no falta masque una vez para que se cumpla la fatalpredicción de mi divino redentor. Ya veoacercarse al apóstol uno de los que estánallí, y decir: En verdad que este estaba conél, porque también es galileo. Al oir estas palabrastodos forman corro al rededor de Pe-


dro. Sí, no hay duda , tú eres uno de susdiscípulos, porque tu habla le descubre.—Pero díme (ahora habla lili Cría do de Caifas,pariente de Maleo), ¿no te vi yo con él enel huerto? ¡Ah! Pedro, Pedro, ¿ves cómo hacrecido el peligro? Si le hubieras marchadoal instante Pero en fin, ánimo, reparacon una confesión generosa la indignidadde tus primeras negaciones. Mira á Jesús;allí está : ¿no te le han señalado mil vecescon el dedo los que te rodean? Animopues Pero ¿qué oigo? Pedro en lugar devolver en sí para llorar su culpa jura yperjura diciendo que no conoce á aquel hombre,que no sabe quien es. Buen Dios, se hacumplido la terrible profecía. Pedro ha caido,ha pecado, ha negado á su divino maestro:¡qué motivo de temor para mí! Si la columnaen que debe descansar el edificio dela futura iglesia, se ha tambaleado, digomas, se ha quebrado; ¿cómo me puedo yolisonjear de perseverar siempre en el caminorecto y permanecer liel ? ¡ Ah! las ocasiones,las pruebas y los peligros son frecuentestambién para mí, y no lo son menoslas caídas, como me lo enseña demasiadouna triste experiencia. Señor, sosténgame y


S¿ 141fortifíqueme vuestra mano todopoderosacon su asistencia.Mas ¿qué oigo? el gallo canta de nuevo.¡O contento! Pedro ha vuelto los ojos, y susmiradas se han encontrado con las de Jesús.¡Mirada divina y penetrante! Pedro seescapa á toda prisa , corre, vuela. Vete, pecadorariepenlido, vete á llorar amargamentetu fatal error. De aquí adelante recordaráslo que mas de una vez he tratadode ponerte á la vista , las promesas, los juramentos, las protestas y las gracias detodo género. Todo esto va á volverse unaespada de dos filos, que te despedace el corazóny haga brotar dos fuentes de lágrimasde tus ojos penitentes. ¡Ó lágrimas dichosas,que lejos de excluir el perdón le merecen!¡ Ah ! ¡ si se quebrantara igualmente la durezade mi corazón ! ¡ si después de habersido tantas voces tu fidelísimo imitador enlas rebeldías contra mi Dios pudiera tambiénconfundir mis gemidos con los tuyos!Mas ya el alba disipa las tinieblas de estaaciaga noche. Alabanza á Dios: el espíritucomienza á reanimarse. ¿Quién sabe si talvez el dia que viene será mas feliz para miJesús? Pero ¿quiénes son esos que se ade-


gj. i 13responderéis, ni me soltareis. Mas despuésdeeslo el hijo del hombre estará sentado á ladiestra del poder de Dios. ¡O respuesta llenade sabiduría! Jesús lee en el corazón deaquellos malvados y ve que en su interrogatoriono buscan mas que la ocasión decondenarle en vez de proponerse la indagaciónde la verdad. No obstante los juecesinsisten: Luego ¿tú eres el hijo da Dios? Peroesto es cansar ya demasiado la pacienciaajena. ¿Deberá Jesús repetirlo por terceravez? Sin embargo lo hace y responde con suinalterable mansedumbre: Vosotros decísque yo soy.i Oh! ¡ qué murmullo y qué rumor confusose oye en los diferentes puntos del salón! Todos prorumpen en gritos de alegríay triunfo como si hubieran convencido alSeñor del supuesto delito: ¿Qué mas testimonioqueremos ya, pues nosotros mismoslo hemos oido de su boca? ¿Y qué es lo que lehabéis oido confesar por su propia boca?¿que es hijo de Dios? Esa es la misma verdad;pero vosotros no la queréis. Así deseáisá toda costa la muerte de Jesús: ¡quéescandalosa injusticia! Examinad antes sitiene razón de llamarse hijo de Dios, consi-•&


144 -@derad sus obras, consultad sus milagros.Yanjs esfuerzos: los hombres de la violencialo han resuelto asi y no dan oidos masque á su furor. ¡ Ó terrible verdad! Cuandonos tiraniza una pasión , la voz de la razónno es escuchada. Jesús mió, preservadme detan fatal obcecación y sofocad en mi corazóntoda semilla de pasión humana para quesolo reine en él vuestro santo amor.


CAPITULOXVII.Y él después de haber tiradolas monedas de plata en el templose retiró y fué á colgarse de unlazo (SAIS MATEO, c. XXVII,v. 5).PRELUDIO. Imaginémonos ver á Jesúsconducido fuera de la casa de Caifas con lasmanos atadas, y al rededor do él todo el sanliedrin.¿Con que habéis pronunciado la sentencia?Jesús es reo de muerte, y ahora le lleváisal juez romano para que ejecute la execrablesentencia. Mas decidme, pértklos, ¿enqué se funda este sacrilego proceso? ¿Dóndeestán las acusaciones? ¿Dónde las pruebas?10


¿Dónde ¡os delitos? Temblad , la justicia divinaprepara ya sus rayos para vengarse devuestro atentado.Pero ¿qué hombre es esc que se dirigeal templo? Si no me equivoco es Judas, sí,el mismo Judas. ¡ Qué siniestra traza y quéturbación en toda su persona! Deseo conansia saber qué designio medita este perverso.Mientras mi Jesús es conducido al pretorio,acerquémonos al traidor que ha vendidoal Señor, y luego iré á reunirme con este.Judas, ¿ en qué piensas ? probablementehas sabido que tu maestro acaba de ser condenadoá muerte. Sí, ese es el fruto de tu infamevileza : goza de tu crimen , malvado;verás correr la sangre divina y te acordarásque eres tú quien la ha derramado. PeroJudas parece fuera de sí: sus torvos ojos enque está pintado el desvarío, su semblantelívido y cubierto de una mortal palidez, sumodo de andar incierto y vacilante.... ¡ Ah!ahora es cuando conoce las consecuenciasde su delito: sin duda no creía que llegasehasta ese punto el furor de los enemigos desu maestro. Vuelve en tí, Judas: vamos, hazun esfuerzo heroico. Parece dispuesto á intentarle:es amanemos.


& U7 -mYa estamos en el templo: Judas se acercaá los sacerdotes y ancianos que se habíanquedado allí, y les dice: He pecado entregandola sangre del justo. Y apenas acabadas estaspalabras les vuelve las treinta monedasde plata, precio del execrable deicidio. Tomad, malvados, tomad ese dinero odiosocon que habéis comprado la vida de uninocente, de un santo, del que ha derramadosus beneficios á manos llenas sobrovosotros. TomadleMas los inicuos se vuelven á Judas y conamarga sonrisa y fria indiferencia le dicen:¿Qué nos importa? Miráraslo antes. ¡Conque qué os importa! Así es indiferente paravosotros haber sabido que la sangre compradaá vil precio era de un justo , de uninocente: así cerráis los ojos á todo rayo deluz: asi rehusáis abrirlos á la verdad,Pérfidos,llegará un dia en que no tengáis disculpa, y este hecho solo bastará para convencerosde maldad voluntaria y pensada.¡Cómo! hacéis escrúpulo de poner en el tesoroeste dinero porque es el precio de lasangre; así es que pensáis comprar con élun campo que sirva para cementerio de losforasteros; pero os importa poco que con el


-148mismo dinero hayáis cometido ei crimenmas horrible de todos, y no os remuerde laconciencia. ¡Hipócritas!Judas indignado tira las fatales monedasen el suelo con todas las señales del furor yse va Sígole. ¡O Judas! ¡Qué consuelo mehace sentir tu conversión á mejores sentimientos!Por fin reconoces tu culpa y yaestás arrepentido ; lo veo. La generosa acciónque acabas do ejecutar públicamente)es una prueba manifiesta de que te horrorizasde tu prevaricación. ¡Dichoso tú, Judas,que has reconocido tu crimen á tiempo!Ven, ven conmigo, yo te llevaré a presenciade otro apóstol que también ofendió áJesús, y que vuelto en sí lava ahora conlágrimas la mancha de su alma. Ambos llorareisjuntos, y Jesús en su misericordiosaternura os concederá al uno y al otro unperdón absoluto. Pero me engaño; Judasno me oye, y fuera de sí corre buscando nosé qué cosa. Dios mío, ¡ qué aspecto! Sus labiosestán cárdenos: sus miradas son vagas:todo su cuerpo tiembla. La razón es que sele representa la sangre do Jesús: no oyemas que los gritos de esta sangre; y ahoraconoce á quién ha hecho traición.


8» 149 43¡Ó dolor! ha cogido un lazo Judas.adivino tu pensamiento: por caridad detentey no añadas á tus crímenes otro quesea irremediable, la desesperación. Pideperdón , implora la misericordia y te aseguroque la hallarás.Todo es inútil. El discípulo se ha ahorcadocon el lazo fatal. ¡ Ó espanto! Su cuerpose rompe por el medio , y todas sus entrañasse derraman por el suelo; espectáculohorrible que mi vista no puede soportarmas tiempo. ¿Qué has hecho, desdichadoJudas? Te has perdido para siempre. ¡Ah-'apartémonos de una escena tan funesta yvolvamos con Jesús. Pero una reflexión meoprime el corazón. ¡Cuántas veces no heimitado yo á Judas haciendo traición á midulcísimo redentor! ¿Querría imitarle tambiénen sus remordimientos sin esperanza?No, no, desesperarme jamás. Dios mió, porhorrendas que sean mis culpas, quiero esperarsiempre en vuestra infinita bondad, queabre incesantemente los brazos para recibirá todo el que con sinceridad vuelve á ella.


CAPITULOXYÜI.Mas Jesús se presentó ante elgobernador (S. MATEO, C. XXVII,v. 11).PRELUDIO. Imaginemos hallarnos en elcamino principal que atraviesa á Jerusalemde poniente á levante, y precisamente á lapuerta del pretorio de Pílalo, donde se hareunido la multitud de los magistrados judios.Llego á tiempo: en este instante acabade entrar Jesús en el pretorio. Pero ¿porqué no le siguen también sus acusadores?¿No deben comparecer ante el mismo tribunal?No se lo permite la delicadeza de su


m- 4oíconciencia: tienen que comer la víctimapascual, y por eso temen mancharse entrando en la casa de un idólatra. ¡Hipócritas!Razón tenia Jesús cuando decía por vosotros:Separáis los insectos y tragáis los camellos: purificáis lo exterior del vaso y pordentro estáis llenos de toda especie de inmundicia.¡ Ah! no permita Dios que se encuentrenaun entre los cristianos algunoshombres, que después de haber pecado sinfreno ni medida se aficionan luego supersticiosamenteá ciertas prácticas exterioresde piedad. Estos tendrían bien merecidaaquella reprensión de Jesús: Este pueblo mehonra con los labios; pero su corazón estálejos de mi. Se parecerían á aquellos hombressin fé, que al paso que temían contraer algunaimpureza legal entrando en la casa dePílalo porque era pagano, no vacilaban enmanchar su alma sacrificando á su injustofuror el inocente cordero Jesús.Yed que sale el mismo Pilato ; cosa dig -na de elogios. El juez desciende hasta interrogarpor sí propio á los acusadores. Oigamoslo que les dice: ¿Cuáles son vuestrasquejas contra este hombre ? Ahora ya que setrata de imputación, oigámoslo que pueda


m- 152 -minventarla calumnia: Sino fuera un malhechor,no le le hubiéramos entregado. ¡Quéaltanería y qué arrogancia! Se desdeñan deproducir las acusaciones delante del juezsó pretexto que debe dar ciega fé á su palabra.Verdaderamente tienen una justiciatan manifiesta , que es preciso creerlos sintitubear en vista de su declaración de quees un malhechor. ¡ Calumniadores hinchadosde orgullo! ¿ qué les responderá Pilato?Llevadle pues y juz-gadle vosotros mismossegún vuestra ley. Bien dicho : ¿ acaso el juezes un siervo de elios , que está obligado ácumplir sus órdenes sin saber la causa? Noobstante le replican : A nosotros no nos espermitido quitar la vida á nadie. Es verdadque no tenéis licencia para eso; pero si elgobernador romano os concede tal facultadpor esta vez, ¿do dónde procede que noaceptáis la oferta? Hombres de iniquidad, yaos entiendo. No os basta que Jesús sea condenadoá muerte, sino que ademas queréisque muera del modo mas bárbaro é ignominioso, es decir, en el suplicio de la cruz;y como la ley de Moisés le prohibe, hacéistodos vuestros esfuerzos para que el gobernadormande ejecutar la sentencia. ¡Qué


153 -mmalicia tan refinada ! ¿Y sois vosotros loscaudillos del pueblo, los ancianos, los sacerdotesdel templo ? Pobre Israel, infelizJudá , ¡en qué manos has caído! ¡De qué voraceslobos eres presa!Pero ved que el temor de que quedenfrustradas sus esperanzas los induce á producirmas acusaciones. El odio ha triunfadodel orgullo; oigamos: Hemos sorprendido áeste hombre pervirtiendo nuestra nación, impidiendoque pague el tributo al César y diciéndoseel rey Mesías. Indiguos embusteros,calumniadores descarados, ¿qué prueba presentáisde que mi amable Jesús baya pervertidojamás al pueblo y excitádole á la rebelión?¿ IÑo es él quien ha inculcado á losjudíos el precepto de obedeceros á pesar devuestros crímenes y maldades por respetoá vuestra dignidad? Decís que ha impedidoque se pagase el tributo al César; perocuando fué preguntado sobro este punto,¿no respondió en el acto: Dad al César loque es del César? ¿No hizo un milagro parapoder pagarle él? Que haya dicho ser el Mesíases cierto; pero que baya querido serrey es una falsedad insigne: ¿no os acordáiscómo se ocultó del pueblo solícito , que


admirado do sus prodigios quería coronarlesu soberano? Ahí tenéis vuestras imposturas,viles falsarios. ¿Y con qué cara podéisafirmar lo que desmienten los hechos maspúblicos y ruidosos ? ¡ Desgraciado el hombreque se deja arrebatar de la pasión delodio! La verdad se oculta inmediatamenteá sus ojos: no se avergüenza ya de nada ; yno le arredrarán las mentiras mas calumniosasy mas difíciles de sostener.¡Ah! Diosmio, el ejemplo de estos impíosme hace temblar. ¿Podré yo, que vivo bajouna ley de amor y caridad, dejarme jamáscegar por la ira y la aversión á mi prójimo,de modo que me parezca á los traidores quevendieron la sagrada persona de vuestrohijo? No , Dios mió; si hasta ahora me hasucedido esta desgracia , tengo la dulce esperanzade que no me sucederá en adelante.


CAPITULOXIX.Pilato llamó á Jesús y le dijo:¿Eres tú el rey de los judíos?(SAN JUAN, c. xvm, v. 33).PRELUDIO. Imaginemos ver á Pilato quevuelve al pretorio donde se habia quedadoJesús, y entreoíos con él.Pilato ha oído las acusaciones y se vuelveal pretorio sin duda para hablar á Jesús.Ó mi Jesús, ¡con que os vuelvo á ver! ¿Quéhabéis hecho hasta aquí solo con estos soldados?¿Habéis oido las sacrilegas calumnias?¿No os han conmovido? ¡Oh! no: soismodelo admirable de resignación tranquilay animosa. Ya viene Pilato á preguntaros:¿.Eres tú el rey de los judióse El misericordio-


m- 156


&157 "ggen la inmutable eternidad; si, allí donde decíaisayer noche que ibais á preparar un reino,reino de bienaventuranza donde se gozauna paz inalterable, donde nuestras voluntadesno serán ya rebeldes á la vuestra, sinoque reinareis con suma amabilidad en todoslos corazones. Ya reináis ahora en la tierra;pero no sobre los mundanos, porque muchísimosde ellos sacuden vuestro yugo con sertan amable. Pero en el cielo, ¡oh! en el cieloreinareis absolutamente como habéis reinadoen el seno del Padre éntrelos esplendoresde los santos desde el principio de laeternidad. Venga pues vuestro reino (permitidme,ó Jesús, que ore como me habéisenseñado), donde después de habertriunfado de nuestros errores y nuestrosenemigos os sirvamos en toda paz y libertad-Pílalo replica entonces: ¿Con que títeresrey 7 ! Y responde Jesús: Tú dices que yo soyrey. Para eslo lie nacido y venido al mundo,para dar testimonio á la verdad: todo elque es de la verdad, oye mi vos. Ya entiendopor qué guardó Jesús silencio cuandoPílalo le preguntó lo que había hecho. Ahoraque le pregunta si es rey le da una respuesta.Poco há solamente podían padecer su


m- ¡58 •&honra y su fama; pero al presente padeceríala verdad: negar que es rey en el sentidoque había expuesto ya, seria una mentira.¡Ah! ¿ cuándo podré yo imitar tan admirableejemplo de profunda humildad , de desinteréspersonal y de celestial prudencia?¿Cuándo podré, en vez de responder con violenciaá todas las acusaciones y cansarmeen mi justificación y en la alegación de missupuestos méritos, guardar un silencio tranquiloy no abrir los labios sino en tanto quelo exijan la honra de Dios y el interés de laverdad? O mi divino maestro, haced queyo retenga una vez las grandes lecciones queme dais.Pilato le pregunta de nuevo: ¿Qué es laverdad? ¡Pregunta singular! claramente se veque procedo de un corazón turbado. Noobstante Jesús te lo dirá, te hará conocer enqué consiste la verdad suma, y te ¡a presentarásencilla y candida como es. Entoncesconocerás que tú y tus idólatras compatriotassois el juguete de enormes errores y demuchas imposturas. ¡Ah! ¿quién sabe? talvez es esta la ocasión propicia para tu conversión,y está ya pronto á brillar el rayobenéfico de la luz divina: escucha pues. ¡O


dolor! Pilato ha salido sin aguardar la respuesta.Imprudente, desgraciado, has perdidola coyuntura favorable de salvarte yquizá para siempre.Amado Jesús mió, ¡qué ceguedad! ¡cerrarlos oidos á vuestras divinas palabras!¡Cuántas gracias se pierden en un solo instante!Preservadme de la desgracia de imitará este juez insensato: hablad, Señor, quevuestro siervo os escucha. ¿ Y á quién puedodirigirme sino á vos, que tenéis las palabrasde la vida eterna? Enseñadmesiempre,ó Jesús, y dadme á conocer la verdad.Apréndala yo de vuestra boca.


CAPITULO XX.Yo no hallo en él ninguna causade muerte (SAN JUAN, c. XVIII,v. 58).PRELUDIO. Imaginemos que seguimos áPilato, el cual acaba de salir del pretorio porsegunda vez para hablar á los judíos.Pilato ha salido: permitid, Jesús, que yole siga : quiero ver qué efecto lian hechoen su ánimo vuestras palabras celestiales.Ya está delante de la junta en que losmagnates de Jcrusalcm esperan con visibleimpaciencia la sentencia que han pedido.Oigamos si por casualidad la pronuncia Pilato: Fo no hallo en él ninguna causa demuerte. Dices la verdad,Pilato: ¿conque tú


también has conocido la inocencia de mi'Jesús? ¡O gozo! ¡O triunfo! Salto de alegríaal ver queá lo menos queda una alma dondepenetra la verdad. Pero dime, Pilato, ¿conqué fundamento puedes tú declarar que nohallas ninguna causa en Jesús para condenarle?Los caudillos de la nación judaicahan presentado multiplicadas acusacionesen tu tribunal, y tú sin comprobar ninguna,es cierto, no has dejado de desmentirlas.Jesús no ha dicho una sola palabra parajustificarse, y lo poco que ha hablado, noera con ese fin. Si no me equivoco, el lenguajede Jesús penetrando hasta lo íntimode tu corazón te ha convencido de su inocencia.Gloria á Dios, porque á pesar de lastinieblas de tu idolatría has visto mas claroque el pueblo que conoce al verdaderoDios. En efecto ¿ qué alma podria resistir aesos acentos divinos á no alucinarla la prevenciónó cegarla el odio? La serenidad enmedio de las calumnias mas atroces, la pazen medio de las mas escandalosas injusticias,la oportunidad délas respuestas, la ingenuidadde las palabras, el tono dulce dela voz, el exterior apacible y el valor unidoá la modestia mas amable son unas prue-


©• 162 -sbas de inocencia mil veces mas aventajadasque todos los testimonios ajenos. El impíono sabe dominar su turbación, ni sofocar laviolencia de su desden aguijoneado por lasacusaciones. ¡ Ah ! mi amadísimo Jesús, habastado vuestra palabra para convencer áPilato. ¿Y quién no so convencería con él?¡Oh! ¡por cuan dichoso me tendría yo sipudiera imitar en mi conducta habitualvuestra serenidad, mansedumbre,pacienciaé inalterable bondad, cuando me ofenden lasburlas, me enojan las injurias, me afligenlas calumnias y me abaten las persecuciones!Pero ¿guardarán silencio los enemigosde mi Jesús ? ¿Qué mas quieren ? Bien claroha hablado Pilato. Mas oigo una griteríainsolente, una agitación de siniestro agüero yun tumulto furioso. ¡ Ah ! pérfidos, no pedísun proceso, sino una condenación injusta yciega. Callad, hombres perversos é indignos,que deshonráis ala nación judaica. Y tú,Pilato,¿guardassilencio?Testifica, testifica públicamenteel eco que hizo en tus oidos lavoz de esa ¡nocente víctima, á quien quierencondenar á muerte á toda costa: diles lo quetienen de sobrehumano sus palabras: di-


m- 163 -mles Pero Pilato no me oye porque estáaturdido con la confusa vocería Llama áJesús. Venid, Jesús mió, venid á ver el furorde vuestros acusadores y la debilidadde vuestro juez. Oid cómo se aumentan losgritos y el pataleo á vuestra vista y cómo seacumulan las calumnias. El mismo Pilatoos lo dice: ¿Y no respondes nada? ya vesqué acusaciones hacen contra tí y cuántostestimonios se levantan en contra. Mas Jesúsoye tranquilamente con los ojos bajosy guarda silencio como si se tratara de otroRazón tienes,Pilato,para maravillarte viendoun hombre que acusado por todos nodespega los labios para decir una sola palabrade justificación ó mas bien no aparentadarse por entendido. Sin embargo se redoblala gritería, y el silencio mismo de Jesús quetiene pasmado á Pilato, aumenta el furor deaquella turba frenética: Es un malhechor', unendemoniado, que ha levantado el pueblo esparciendosus doctrinas por toda la Judeadesde la Galilea hasta aqui. Al oir la palabraGalilea quedó sorprendido Pilato y dijopara sí: Tal vez este es galileo: siéndolo, todova bien, porque es subdito de Herodes. Esteúltimo se halla precisamente ahora en Je-


usalem: llevadle á su presencia. Dejo el juiciode este proceso á su decisión.¡Ah! Jesús mió, nadie quiere declararvuestra inocencia. ¿Y por qué os envíanahora á Herodes? O mi amable maestro,¡cuántos ejemplos de humilde obediencia yde paciencia inalterable debíais darnos antesde salir de este mundo ! Que sepa yo á lomenos imitarlos.


CAPITULOXXI.Herodes se alegró mucho viendoá Jesus ( S. LUCAS , c. mu,T. 3).P KELUDIO. Imaginemos ver á Jesús entrelos soldados yllevado fuera del pretorio.¡Cosa admirable! tantos procedimientos,tantos tribunales y juecespara fallar sobrola suerte de Jesús. Ya estamos otra vezen camino para comparecer delante de Herodes,y lejos de retirarse la turba pérfidade sacerdotes, escribas y ancianos siguennuestros pasos con toda la furia y desordenque acostumbran. Lobos crueles, no


.:>. '¡66 « 3os aquietareis hasta que hayáis apagadovuestra sed con la sangre de este inocentecordero.Allí en el fondo de aquella callejuelaobscura se levanta el palacio de Herodes, sino me equivoco. El es, entremos: vallemospisado el umbral del salón, lícrodcs sentadoen su trono con una actitud orgullosa y rodeadode su corte hace llevar á Jesús á supresencia. ¡Qué asombroso espectáculo!¡Jesús en el tribunal de Herodes ! ¡El santodélos santos en frente del impío! ¡La virtudpor esencia reducida á ser juzgada porla perversidad y la iniquidad ! ¡ O profundahumillación!Pero Herodes aparenta modales cortesesy parece gozoso de ver á Jesús. No lo ignoro,las cosas extraordinarias que ha oidocontar acerca de su persona, han excitado enél un vivo deseo de conocerle y contemplarpor sus propios ojos alguno de los prodigioscuya fama ha llegado á sus oídos. Pregúntale;pero sobre cualquier otra cosa (pie lacausa de que se trata. Lo que él quiere veres un milagro. Y Jesús calla. Verdaderamenteyo creía que Herodes se hubiese enojado; pero no, continua mostrando afables


modales ó insiste en hacer preguntas sobrepreguntas. Y Jesús calla. ¿Qué significa eseriguroso silencio , mi amado padre? Miradque llerodes está bien dispuesto á vuestrofavor. ¿Quién sabe si tal vez la sabiduría ymansedumbre celestiales de vuestras palabrasproducirán en esta alma el mismoefecto que en la de Pilato? Y si llerodespublica también vuestra inocencia, ¿quéimportan entonces los clamores de vuestrosenemigos? Os salváis.llerodes sin embargo repite sus preguntas,y vos, Jesús mió, calláis todavía. Explicadme,os suplico, este misterioso silencio.Vos respondisteis á Pílalo. ¿No veis adelantarseá vuestros acusadores? Oid , oid,vienen á repetir las mismas imposturascontra vos. ¡Cómo os llenan de oprobios!¡ cómo os maltratan ! Decid una sola palabraá lo menos para justificaros, y al instante sepersuadir;! llerodes , que no et-lá prevenidocontra vos. ¡Y continuáis callando! Vuestraconducta me confunde, ó mi Jesús, y nopuedo comprender nuda de un silencio tantenaz. Adverlid que llerodes se rie ya yse mofa de vos. ¡Cuántos ultrajes! Soldados,criados y cortesanos del príncipe, to-


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m- 169 tíy presciencia del Señor, el cual leia el corazónde Herodes y sabia que su cortesanía ysus preguntas en vez de pro venir de un espíritudeobediencia y'de amor de la verdad eraninspiradas solamente por un espíritu de curiosidadvana y carnal: por eso no se dignade honrarle con una sola respuesta. Yo admiro,ó Jesús, vuestra divina sabiduría en elsilencio que guardasteis primero; pero permitidmeque admire todavía mas vuestra celestialpaciencia en el que ahora guardáis.¡ Callar en medio de tantas mofas y burlas yentregarse como víctima resignada á todoslos caprichos del desprecio mas insultante!¡Oh! ¡cuan preciosa humildad y paciencia! Yyo si reflexiono un poco, advertiré cuan difíciles para mí callar cuando me ha ofendido laironía de mi prójimo, y sobre todo cuántome cuesta abandonar mi persona á la irrisióny al ultraje. Pero á vista de tal ejemplo¿cómo tendré yo valor de irritarme?O mas bien ¿cómo no he de gozarme delinsulto? Sí, Jesús mío, justísimo es que si elseñor es tratado asi, no lo sea de otro modoel siervo.


©•a.®-©-®-®-®-®-®-®-®®-®®-®^®-®®-®-©-®-®-©-®-®CAPITULO XXH.Y cu el mismo (lia Herodes yPílalo se hicieron amigos, porqueantes eran enemigos uno de olro( SAN LUCAS , c. xxm, v. 12).1 RELUDIO. Imaginemos ver á Jesus, queatado y cercado de soldados es conducidosegunda vez al pretorio de Pilato. Tras deél va todo el sanhédrin y la turba del puebloque ha acudido á gozar del espectáculo.¡Admirable juicio el dellerodes! la burla, el desprecio , el ultraje bajo todas lasformas, y luego la remisión á Pilato. ¡Ah! Jesusmío , ¿hasta cuándo seréis el juguete delos hombres? La serenidad de vuestro exte-


ior y vuestra humildad y modestia me robanel corazón, y no puedo contemplarvuestra prodigiosa mansedumbre sin derramarlágrimas de ternura y compasión.Misericordioso Jesús, vuestro espíritu estápronto; pero vuestro cuerpo desfallece. Abatidopor la agonía que habéis pasado en elhuerto, por el sudor de sangre, por las ligadurasque os oprimen en este instante,por los insultos y fatigas de la noche anterior,por lo que habéis andado de una partoá otra sin descansar, no podéis echar el aliento, y cada movimiento es un esfuerzo paravos; estáis pálido, y en toda vuestra personase descubren el dolor y la extenuación. Oazucena admirable del valle, ¡qué plantaatrevida os ha pisado y ajado vuestra hermosuray lozanía! Y sin embargo al ver queá posar de vuestra debilidad y desfallecimientoos dejáis conducir á donde quisierenvuestros enemigos, ¡cuan alentado me sientopara arrostrar á la fatiga y obedecer noobstante la repugnancia y el abatimientode la carne !Volvemos pues por segunda vez al pretorio.¿Qué oigo? l'ilato y Herodes deponenlas enemistades que hasta esie día habían


einado entre ellos, y la recíproca cesiónque se hacen de su derecho en el juicio delSalvador, viene á ser un vinculo de reconciliaciónentre ambos. ¡O admirable influenciade la mansedumbre de mi Jesús! Isaíasle había llamado en sus proféticas visionesel príncipe de la paz, y donde quiera que semuestra el Señor, lleva consigo la paz y laconcordia, siendo hasta para sus enemigosun instrumento de paz. ¡Ah! ¡qué diferenciaentre él y mí que tantas veces y en tantoslugares he llevado los sinsabores y ladiscordia conmigo! O padre mió , ó rey pacífico,haced, os suplico, que mi actitud, misobras , mis palabras y toda mi persona respirende tal modo el sosiego y la serenidad,que pueda yo merecer también el excelentedictado de ángel de la paz.Ya salo Pilato del pretorio y se dirige haciaaquellos judíos bárbaros, que á manerade lobos sedientos do la sangre de mi salvadorno se apartan de él. Oigamos al gobernadorromano: Me habéis presentado estehombre como alborotador del pueblo, y vedaqui que preguitídndole delante de vosotros,no he hallado en él delito alguno de cuaiitos leacusáis. Ni tampoco I/erodes, pues á él os


emití, y ya veis que nada hizo digno demuerte. Pues yo le soltaré después de castigarle.O Pilato , la rectitud del juez ha habladopor tu boca; solo quisiera que me dijesesdónde está el motivo de la correcciónque propones. Examina bien la vida de esteinocente, y hallarás que en vez de castigomerece toda especie de honores.No obstante la justicia de Pilato no seaviene con la injusticia de los judíos. Oídqué furia y qué gritos rabiosos. Mas ¿qué eslo que pedís al juez, pérfidos? ¿Debe procedersegún la ley ó hacerse vil instrumentode vuestro sacrilego furor? Eso es lo quequisierais, bien lo sé; pero espero que Pilatono so dejará arrastrar á la violencia. EnTez de ceder hace señas que quiere hablarlesde nuevo; pero ¿por qué no se muestrafirme y severo? El respeto, los miramientos...¿Qué respeto ni qué miramientos?Esosmalvados no merecen ninguno. Bien lo vespor tí mismo, Pilato; si han traido á Jesúsdelante de tí, no es porque hayan advertidoen él ningún delito real, sino porque le aborrecenpor envidia. Asi pues... Pero Pilatopensativo parece que ha hallado cierto arbitrio,y les dice: No ignoráis que es costura-


e soltar á un preso en la fiesta de Pascua:¿á quién queréis que suelte? ¿á Barrabás ó áJesús llamado el Mesías, rey de los judío-?¡O dolor! ¿qué es lo que oigo? ¡Con que miJesús estaba reservado para sufrir un paralelotan humillante! ¡El cordero inocentísimocomparado aun salteador de caminos,á un sedicioso y á un homicida! ¡Comparadoá un salteador el que nos ha enseñadoá sacrificar basta lo que nos corresponde!¡Comparado á un sedicioso el que con suspalabras y ejemplo nos ha enseñado quedebíamos obedecer y someternos á las potestadessuperiores! ¡Comparado á un homicidael que ha restituido la salud á losenfermosy la vida á los muertos! ¡Comparado á unvil facinerosoaquelantequicn apenassealrevená levantar los ojos los ángeles mas purosy encumbrados en la gerarquía celestial!¡Y se puede elegir entre Jesús y Barrabás!¡ Y hay duda! ¡Y se establece algunasemejanza entre las dos partes! Dios debondad,si esto no es el extremo de la mas profundahumillación, no sé qué nombre darle.¡Ah! ¿es esta tu justicia , Pilato? ¿No vesque dejando así á los judíos la elección entreun culpado y un inocente los tratas


59- 175 •©á ambos del mismo modo ? ¡ O ceguedad!Mas ¡qué cargo tan grave se presentaaquí para mí, que no puedo tolerar que seme compare con un igual, y mucho menoscon un inferior! ¡Qué cargo al ver que elhumildísimo Jesús oye con el mas profundosilencio el injurioso paralelo entre él yun ladrón insigne! O Jesús , caiga mi orgullouna vez para siempre delante de vuestrosublime abatimiento, y déme vuestroejemplo valor para sufrir en paz cualquieracomparación , por mas ignominiosa queme parezca.


•mmMMHMmMMEiHMmMMaimñMmCAPITULOXXIII.Entonces volvieron todos á gritardiciendo: No á .ese, sino áBarrabás ( SAN JUAN , c. xvm,v. -40).PRELUDIO. Imaginemos ver á Pilato delantedel pretorio, dentro á Jesús atado ydetrás todo el sanhedrin con gran parte delpueblo.¿Por qué es esta tardanza ? Oigamos lainicua respuesta á la propuesta de un juezmas que perverso é injusto. Pero columbroalgunos individuos del sanhedrin andandode aquí para allí con aire atrafagado entrela turba del pueblo; sin duda traman nue-


vas abominaciones. Tienen traza.de pedir,de persuadir, y todos consienten. Ardo endeseos de saber lo que hacen estos malhechores.Pero ¿quién viene? un mensajerose dirige á Pilato. Sin duda será alguna ordeninesperada; acerquémonos. La mujerdel gobernador romano, señora de granpiedad, y que por la pureza de su vida masbien parece una sierva del Dios de Abrahamque de los falsos dioses, solicita hablar á sumarido. Ella nos va á descubrir el objeto desu embajada: ./Yo te molas en la causa de esejusto, porque hoy en una visión he padecidomucho por él. ¡0 sorpresa! la mujer de Pilatosabe que Jesús es inocente, y ha padecidomucho á causa de él en una visión.Aquí hay un misterio para mí: ¿ha reveladoDios quién es Jesús á esta virtuosa extranjera?Lo ignoro; con todono puedo determinarmeá creer que esta visión sea un simpleefecto de la imaginación. No importa quesea de la naturaleza que quiera; Pilato meparece conmovido y pensativo. ¡Si á lo menosse aprovechase de esta advertencia inesperada!Vuélvese segunda vez hacia el pueblo:sin duda va á declarar que Jesús es inocen-12


es- 178 -aste y se arrepiente de su injusta propuesta.Oigamos. ¿ Cuál de los dos queréis que ossuelte? ¡O dolor! me he engañado: Pilatopersevera en su obcecación. Y ¿qué le respondeel pueblo? A Barrabás, á Barrabás.¿He oido bien, ó es una ilusión? ¡Un ladrón,un sedicioso, un homicida libertado en lugarde un inocente, un santo y un bienhechoruniversal! ¡O malicia refinada! ¡0 injusticiaescandalosa! ¡0 desprecio de miJesús! Todo podía esperarlo de una naciónque ha cerrado los ojos á la luz: violenciahecha á Pilato, resistencia á oir la vergonzosaalternativa, enhorabuena; pero nuncahubiera creído que debiese burlarse tanabiertamente de la justicia y la razón.Ahora ¿qué van á hacer los indignos ministrosdo la religión judaica? El pueblo noestá tan enconado contra Jesús como parece:aun recuerda todos los beneficios queha recibido de este : ellos son los que le hanalucinado é instigado á tan horrible blasfemia.Monstruos indignos do vivir, ¿puedoyo ver á Jesús despreciado y ultrajado asisin indignarme?¡Ah! mi Jesús, si vuestra humildad calla,yo no callaré. Quiero... Pero vos me miráis,


mi adorable Salvador: ¿qué significa esa mirada?Sin duda me queréis decir que enmas de una ocasión he obrado como esosjudíos. Dios mió, demasiado cierto es.¡Cuántas veces se ha presentado á mi almauna elección vergonzosa entre una satisfacciónsensual y Jesús, entre un afecto ilegítimoy Jesús, entre una venganza y Jesús:y yo (me estremezco de este recuerdo) hepreferido á Jesús la satisfacción sensual, elafecto ilegítimo y la venganza culpable! ¡Ah!con esta idea desfallece mi ánimo. ¿Cómo mehe de irritar contra esa nación desventuradasi he obrado yo mil y mil veces como ella?Dejadme llorar, Jesús mió, y detestará vuestrospies mi funesta ceguedad.Pilato vuelve á hablar y dice: Pues ¿quéharé de Jesús? Y se oye una gritería: Quesea crucificado. Ya está descubierto el objetode vuestros deseos crueles; bien os lodecia Pilato: ¿qué mal ha hecho? Pero de todaspartes se levanta una vocería infernal:Crucifícale, crucifícale.¿Cómo es posible que guardéis silencio,mi Jesús, al oir tan feroces gritos?En vuestrorostro leo la aflicción : gemís en lo íntimode vuestro corazón, deplorándola ce-


as- 180 «5guedad de este pueblo á quien tanto bienhabéis hecho. ¡Ah! llorad, llorad tambiénpor mí, que demasiados motivos os he dadopara ello. ¿No he gritado yo también (loconfieso con lágrimas en los ojos) que seacrucificado, siempre que os he ofendido conel pecado? Ahora que conozco el horror desemejante conducta, quisiera llorarla tanamargamente que os hiciese olvidar parasiempre mi ingratitud.


Filato tomó entonces ó Jesúsy le azotó ( SAN JUAX , c. xix,PKIJLÜDIO. Imaginemos que nos hallamosen el pretorio de Pílalo.Asi han triunfado los malvados, y veremospascar las calles de Jerusalem libre éinsultante al ladrón, al rebelde, al homicidaBarrabás, mientras que Jesús... ¿Qué hasresuelto, Pilato, de mi Salvador? ¿Te dejarásdominar por los gritos frenéticos de


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Su- 183 -S5jos eternos de vuestra divina sabiduría;adoro, Señor, vuestros decretos; mas no puedoser insensible al cruel tratamiento quesufre el padre mas tierno y bondadoso detodos los padres.Los soldados se acercan y cogen á Jesús.O mi adorado redentor, ¡ todavía guardáissilencio ! ¡ Ah ! mucho tiempo hace que nohe oido salir una palabra siquiera de vuestrospreciosos labios; hablad, que vuestravoz penetra dulcemente en mi alma. Masno, debe cumplirse á la letra la profecía deIsaías: Permaneció mudo y no abrió la boca,semejante al cordero que es llevado al sacrificio.¡O inefable mansedumbre! ¡callar enmedio délas afrentas y de las injusticias masatroces!Los verdugos llevan á Jesús al palio delpretorio, y allí le desnudan de la túnica ápresencia de todo el pueblo que se agitatumultuosamente á la puerta. Bárbaros,¿por qué sonrojáis á ese inocente? Ya veocoloreado su semblante con el pudor de lamodestia. Infames, ¡exponer asi á las miradasdespreciativas de un populacho vil esosmiembros santos é inmaculados en que nose atreven á fijar sus ojos los habitan-


m- 184tes inviolables del cielo ! O mi amado Jesús,vos os sujetáis á esta nueva ignominia á finde ofrecer á la justicia divina la satisfacciónque pedia por las culpas que yo he cometidocontra la castidad. O Virgen de las vírgenes,no permitáis que en adelante hayade cubriros yo de semejante vergüenza yconfusión.En tanto que hablo, los satélites hanatado las manos de Jesús á una argolla dehierro asegurada en una columna de pocaelevación, y le han puesto de espaldas alpueblo. (I) Ahora se reparten las correascon bolas de plomo á la punta, y levantanlos brazos. ¡O Dios! ¡qué horribles y furiososazotes! la carne del mansísimo corderoestá ya toda cárdena... y ellos enarbolan denuevo sus atroces instrumentos; ya brotala preciosa sangre. Basta, bárbaros, basta:aquí me tenéis postrado á vuestros pies;(1) He tomado de las costumbres délos romanoslo que se refiere á la posición de Jesús en elacto de la flagelación y la descripción de los instrumentosempleados en este suplicio. Como aquitodo es romano, el gobernador (pie manda, y lossoldados que ejecutan, me ha parecido que debíabuscarla forma del suplicio en los usos deRoma gentil.


m- 185 •&enlregaclme Jesús; si aun late vuestro corazón,enterneceos. Basta, basta, ó mas biensobra: ¿no veis cómo mana la sangre de sussacratísimas espaldas? ¿No veis bañadosvuestros instrumentos y vuestras mismasmanosdeesa sangre inestimable? ¡Ab! cesadpor compasión: ya habéis colmado conmucho la medida... Dios mió, ¡qué horriblemutilación! ¡qué espectáculo capaz de enternecerhasta las fieras. Y no obstante esaferoz multitud se riede los dolores é insultaal que tiene su cuerpo cubierto de horriblesllagas. Pero me equivoco, aquí hayalgunasmujeres piadosas que están llorandoen silencio. ¡Oh! lloremos con ellas. Jesúsmió, ¡qué atroz tormento sufrís! ¡quédolores inauditos! Y esos bárbaros no cesan,antes redoblan los golpes y renuevantodas las heridas. Eslo es demasiado;no puedo resistir ya á tal espectáculo.


CAPÍTULOXXV.Y los soldados tejiendo de espinasuna corona la pusieron sobresu cabeza (SAN JLAN, c. XII,v. 2).PRELUDIO. Imaginemos que estamos derodillas llorando en un lado del patio delpretorio y contemplando á Jesús azotado.¡ü paciencia nunca vista! ¡no proferirni una sola palabra, ni exhalar un suspiroen medio de la tunda de azotes que descargansobre él los bárbaros sayones! -Mi amadoJesús, siempre digno de amor, pero ahoramas que nunca, horribles son los doloresque sufrís. Es imposible que vuestras delicadascarnes no sientan un tormento que


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m 188 «scuerpo, no descubro mas que llagas y sangre:si examino vuestro rostro, solamentehallo la palidez de la muerte. O María, madretierna y cariñosa, si estuvieras aquípresente, no sé sí podrías á pesar de tuheroica intrepidez soportar la vista delhorrible tratamiento que dan estos bárbarosá tu hijo. Mira cómo ios verdugos handesgarrado esos miembros que se formaronen tus castas entrañas: mira lo que han hechocon ese cuerpo que alimentaste contanto cuidado. ¡Ah! si asistieras á esta escenasangrienta, quisiera yo mezclar mislágrimascon las tuyas y á fuerza de llantobañar las llagas de tu hijo querido y miamado padre.Sí, mi Jesús, á mí en especial me tocallorar amargamente, porque veo el castigode mis deleites ilegítimos en la horrible mutilaciónde vuestros miembros inocentes.Es cosa resuelta , ó mi adorado Salvador,una vez que mi sensualidad y delicadeza,mis libertades criminales y mis muchas inmodestiasos han costado tanto, las aborrezco,detesto y abomino; de aquí adelantecerraré con la mas rigurosa vigilancia laentrada de mi alma á todo pensamiento,


m- 189 .53ademan o mirada que pueda ofender en lomas mínimo á vuestra pureza sin mancha.Mas en tanto ¿qué hacen con Jesús? ¡Ah!le dejan tendido y sin movimiento en elsuelo. Crueles, levantadle á lo menos. Ya lelevantan y le llevan adentro. ¡ Ah ! nadiepodrá quitarme que siga á mi Jesús en sudolor y abatimiento.Ved cuan débil está: se tambalea alandar , y necesita que le sostengan porqueno tiene fuerzas para subir la escalera.Mas ¿por qué le dejan en ese vestíbulo?No comprendo lo que quieren esos soldados.Con todo me late el corazón con violencia;estamos solos con Jesús: ¡ah! preveoalguna nueva barbarie. Señalan con el dedoá mi Redentor. O Dios mió , no puedocontemplarle sin deshacerme en lágrimas.Verle asi acardenalado, cubierto de llagas,despedazadas sus carnes; pero sereno, tranquilo,sin exhalar un suspiro, sin responderuna palabra á los mas crueles caprichos desus perseguidores... ¡Oh ! ¡cuan feliz seria yosi llegase á poseer esta mansedumbre inalterable!Y vosotros, crueles, ¿qué traéis? una horriblecorona tejida de agudas espinas. Tal


m- i 90 -svez...¡Ah! deteneos, bárbaros; no la lleguéisá esa cabeza santísima. ¿No os basta el crueltratamien toque acabáis de dar á ese inocentecordero? Ponedme mas bien esa corona ámí que he pecado tanto de pensamiento.Vanas súplicas. Los sayones tan sordos ycrueles como el áspid se la han puesto áJesús en la cabeza.O Dios mió , oculto mi rostro porque nopuedo contemplar un extremo tan horriblede barbarie. Vosotros también, pérfidos estranjeros,¿imitáis el furor de los judíos?Vosotros le habéis azotado ; Pilato lo habíamandado asi; pero ahora ¿quién os ha dadolicencia para añadir á la flagelación estetormento atroz? Jesús, Jesús mió, ¡ah! ¿ porquéos he ofendido yo tanto con mis pensamientoscriminales? Vuestra frente lleva ahorala sangrienta diadema que la corona, porpagar mi deuda á la justicia divina.De aquí adelante (sí, lo he resuelto) mispensamientos no serán mas que por vos yen vos, puros, castos y virginales.


CAPITULOXXVI.Y dijo al pueblo: Ved ahí alhombre ( S. JUAN, C. XIX, V. 5).PRELUDIO. Imaginemos que estamosenuna galería del pretorio de Pilato, donde vemosá Jesús sentado, desnudo de sus vestidurasy coronado de espinas.¡Qué espectáculo! Las aguzadas puntasde la corona de espinas han taladrado lacabeza: la sangre brota de todas partes ycorre á hilos por sus mejillas. ¡Ah! ¡quépunzante dolor siente ahora mi Jesús! y sinembargo no profiere una sola queja. Auncuando caigan ahora sobre mí los doloresmas atroces, ¡qué livianos me parecerán,


comparados con los que sufre mi amadopadre! ¡Ojalá los lleve yo con paciencia!Pero ¿me estaré aquí quieto y presenciandotan lastimosa tragedia mano sobremano? ¿Y qué puedo hacer, si Jesús no permiteá nadie apartar de sus labios el amargocáliz de dolores que va bebiendo gotaá gota? Observemos sin embargo lo quepasa delante de nosotros; un soldado traeuna caña, y otro un manto de escarlata;aquella se la ponen á Jesús en la mano derecha,y le echan este sobre las espaldas.O Jesús mió, ¿no conocéis cuál es la intenciónde estos bárbaros? quieren exponerosá la irrisión del pueblo. Como habéisdicho á Pilato que erais rey, van á trataroscomo rey de farsa. Pero vos habéis penetradosu designio: mucho tiempo há que leconocíais: como quiera cogéis con mansedumbreel cetro burlesco, os dejais poner elmantode escarnio, y por tercera vez os exponéisá la mofa y al ultraje. ¡Oh! ¡conquepuntualidad practicáis lo que dijisteis en losdias felices de vuestra predicación: Todo elque no se parezca á uno de estos pequeñuelos,no entrará en el reino de los cielos ! En efectovuestra simplicidad ¿no es la simplicidad de


m- 193 -agla niñez? ¡Ó confusión! ¡Ó miserable orgullohumano , abatido por la humillación deJesucristo!Pero ¿qué estrépito es esc de hombresarmados que vienen hacia acá? ¡Cuántossoldados! toda la cohorte romana. ¡Ah! bienlo he dicho yo, se repiten las escenas funestasdel palacio de Herodes y de la casade Caifas. ¿Veis á esos insolentes mofadores?Arrodíllanse riyendose y dicen á Jesús:Dios te salve, rey de los judíos ; y al mismotiempo este le da una bofetada, aquel uncañazo,el otro.... ¡Así insultáis, malvados, alrey del universo! Vosotros no queréis conocerle;pero aunque no le conozcáis, ¿permitenlos sentimientos de humanidad colmarasi de afrentas é insultos á un desdichadoreducido á la situación mas deplorable?¿Y qué os ha hecho este inocente,pregunto yo? ¿Se ha apoderado igualmentede vosotros el espíritu infernal que dominaá los judíos? Pero ¿á quién hablo? Ningunode ellos oye mis quejas y continúan burlándosede Jesús, ¿Y este?.... recibe todoslos ultrajes como recibiría las muestras de lamas verdadera sumisión. Mi amable Jesús,si estos blasfemos se arrodillan delante de13


53- 194 «5vos en señal de. irrisión y desprecio, yo mepostro con toda humildad y sinceramentepara adoraros , y os reconozco por el rey deluniverso y en especial de mi alma. Dulcedueño mió, reinad en ella como soberano yacomodadla á los sentimientos de profundahumildad de que me dais ahora un ejemplotan instructivo y costoso.Preséntase un mensajero: Pilato quiereque Jesús vuelva á su presencia. Loado seaDios: al fin se concluyen los insultos bárbaros.Vamos á Pilato pero ¿cómo? ¿coneste aparato? ¿con este manto y esta corona?Sí, asilo quiere el juez para enseñarleal pueblo. ¿Enseñarle al pueblo? ¡ Ah! ¿esperastú, Pilato , excitar su compasión? Enefecto Jesús se ve reducido á un estado quearrancaría lágrimas á los animales mas feroces.¿Quién sabe? tal vez se enternezcanal cabo esos corazones de piedra. Andemos¿Es desde este balcón? Sí, el puebloestá allá abajo y se agita aguardando el resultadodel proceso. Pilato muestra á Jesúsy dice en alta voz: Veis, aquí os le sacoafuera para que conozcáis que no hallo en elninguna causa de muerte. ¡Qué murmulloconfuso! ¡qué sordo rumor al aspecto del


a- 195 -esSalvador! quizá se han conmovido: sí, elpueblo parece que se inclina á la compasión;pero los pontífices, los ministros deltemplo Levántase un grito: Crucifícale,crucifícale. ¡ Oh! eso es ya demás: esta peticiónes el último grado del rencor , de lacrueldad y del furor. Pues ¿ no os basta,bárbaros, para saciar vuestra ferocidad queJesús haya sido despedazado horriblementeá azotes, sino que queréis á toda costa quemuera y muera en la cruz? Pérfidos, ¿dóndehabéis nacido? ¿ entre los tigres del desierto?No, no , los tigres son mas compasivos quevosotros. ¡ Ah ! ¿qué decís , Jesús mió , de laobstinación de vuestros enemigos? Os compadecéisde ellos en lo íntimo de vuestro corazóny los perdonáis con amor. Perdonadmeá mí también las muchísimas ocasiones enque acumulando tenazmente culpa sobreculpa he pedido en efecto á gritos que fueseiscrucificado. Yo debia veros en espírituultrajado por mis pecados. El padre eternoos presentó á los ojos de mi alma como Pilatoá los del pueblo judío ; y yo mas injustoque este, porque estoy mas ilustrado, he continuadoafligiéndoos con mis prevaricacionessin dejarme enternecer un solo instante.


196 -mPerdón , clementísimo Jesús, peraon portantos ultrajes y por tan extremada inhumanidad.


CAPITULOXXVII.Dijoles Pilalo: Tomadle rosoírosy crnciíicadlc ( SAS JOAN,c. xix, v. G).PRELUDIO. Imaginemos ver á Pilato conJesús en frente del pueblo judio que cubretodo el camino delante del pretorio.¿Oyes, Pilato, esos furiosos gritos? Quierená toda cosía que Jesús sea crucificado.Mas Pilato que no está prevenido por el odiocomo ellos, no puede resolverse á cometeruna injusticia, y dirigiéndose de nuevo áaquellos perversos les dice: Tomadle vosotrosy crucificadle, purgue yo no hallo en él causade muerte. ¡ Ah ! Pilato,, esas palabras en-


» 198 •«cierran una cobarde vileza. Si conoces queJesús es inocente, ¿cómo puedes abandonarleá discreción de sus enemigos? Perooigamos lo que estos responden : Nosotros tenemosuna ley, y según la ley debemorir porque-se ha/techo hijo de Dios. ¡Oh! ¿con que verdaderamentcelrespeto á la ley es el motivo quelos induce á pedir la muerte de Jesús? Hipócritas,ó por mejor decir impíos, que interpretáisá vuestro capricho la ley santa deDios, para que sirva de instrumento á vuestramaldad , ¿ no está escrito en esa mismaley que vendrá á la tierra el hijo de Dios, elMesías? ¿No dice Moisós que Dios suscitaráun profeta como él? Recordad las profecíasde Daniel, Ageo y Maiaquias, y veréis queesta época es precisamente el tiempo señaladopara la redención universal. Comparadlo que decía Isaías, y conoceréis que cadauna de sus palabras se lia cumplido en lapersona de Jesús. Vanas reflexiones: todoeso lo saben los impíos; pero no quierenoírlo, y apelan á la ley para encubrir ycohonestar con ella su envidia y fogoso encono.Entre tanto Pilato vuelve á llevar á Jesúsal pretorio: va muy pensativo y al pa-


ÍB- 199 -esrecer aterrado: quizá le ha asustado la expresiónaquella que Jesús se ha hecho el hijode Dios. Sin duda teme que se renueve eltiempo fabuloso de Pelops y Filemon. ¡ Quéextravagancia la suya si tal piensa ! Y á decirverdad parece que estos sentimientos lehacen cavilar, porque pregunta á Jesús:¿De dónde eres tú? Tranquilízate , Pilato:nunca le oirás responder que viene delOlimpo y que su madre es una de las falsasdivinidades á quien tú adoras. Hay mas; bienves que Jesús no se digna de responder, porquesus obras han demostrado bastante cuáles su origen. Mas Pilato se enoja de este silencio: ¿No me Imillas á mi? ¿No sabes quetengo potestad para crucificarle y potestadpara soltarte?—No tendrías ninguna potestad¡Oh! Jesús habla : ¡qué inefable consuelo!¡hace tanto tiempo que no he oidolos suaves acentos de su voz ! Hablad, hablad, Jesús mió: apenas habéis abierto loslabios, he sentido en lo íntimo de mi corazónun gozo y una dulzura que me hacenolvidar momentáneamente todas mis aflicciones.No tendrías ninguna potestad sobremi, si no te fuera dada de arriba; por eso elque me entregó á tí tiene mayor pecado.


jas- 200 «5Ya lo has oido , Pilato: la potestad quetienes no viene de tí, ni del emperador romano.El y tú no sois mas que una nada antela majestad divina: tu potestad viene de arriba.El Dios de toda verdad, el omnipotentete ha entregado la autoridad para que ejerzasjusticia; ¿y serás tan extravagante queabuses de ella y cometas una iniquidad escandalosa?Te jactas de que puedes crucificaró soltar á Jesús según quieras: ¡ insensato!La turba armada que cayó en tierracon una sola palabra do Jesús, podrá decirtesi existe alguno que tenga potestad sobre61. El, sí, él es quien te deja la potestad,porque quiere cumplir la grande obra paraque ha venido al mundo; de otro modoPero oye los gritos y rumores que salende todos los puntos de la vía pública : sonlos judíos que no quieren sufrir tardanza.Oye: Si sueltas á ese, no eres amigo del César;porque cualquiera que se hace rey, se declaracontra el César.O Pilato, cierra los oidos á estas insinuacionesy no des fé á esos impostores, quequieren comunicarte su odio y arrancarteuna sentencia que te cubra para siempre deoprobio é ignominia en toda la tierra. Cree-


&• 201me, Jesús no ha intentado jamás destruir losderechos del emperador romano.Mas Pilato pensativo después de habermandado sujetar á Jesús sale de nuevo parahablar á los judíos. ¡ Ah ! tiemblo, mi Jesús,porque la ambición de Pilato no resistirá áesta embestida: ellos' le han herido en lovivo. ¡ Ó dolor ! preveo que se acerca la fatalsentencia. Y vos, Jesús, ¿sois insensible?¡ Ah ! no, experimentáis todo el terror de unreo, excepto el remordimiento de la culpa,porque habéis querido pasar por todas lasdebilidades de la naturaleza humana. Permitid,os suplico, que una mis temores á losvuestros, ú corazón afligidísimo.si


c>o-o-oacK> oo-oCAPITULOXXVIII.Y Pilato mandó que se ejecútaseloque ellos pedian (S. LUCAS,c. xxu, v. 24).PRELUDIO. Imaginemos verá Pilato sentadoen un elevado tribunal, á su lado Jesúsrodeado de soldados y delante los pontífices,los ancianos y gran multitud de pueblo.Sin duda llegamos ya al último juicio:Pilato sentado en su tribunal parece quequiere concluir los procedimientos. Diosmió, ¿tantos rodeos necesita para declararla inocencia de un hombre en quien él no


» 303 «3halla ninguna culpa ? ¡ Ah! Pilato es demasiadodébil. Bien veo que le ha turbado grandementela amenaza de los judíos, que le declaranenemigo del emperador si suelta alpreso. Pues ¡ qué! la ambición y el temor daperder un bien temporal ¿ le llevarán á cometerlainjusticia mas enorme? ¿No le hacetemblar la idea sola de condenar á un inocente? Por último ¿ no es demasiado lo queha permitido hasta ahora ? ¡ Juez inicuo!pero el temor me arrebata. Pilato no se haexplicado aun: quizá.... ¡Quiera el cielo queme engañen mis presentimientos! Oigamoslo que dice á los judíos: Aquí tenéis á vuestrorey. Pero , Pilato, tú agravas la situación:juzga si no por lo que dicen aquellos: que seacrucificado, que sea crucificado. ¿Lo oyes?Ya no hay esperanza de enternecer esos corazonesinsensibles y dominados del odio:por fin es necesario que hables con firmezay libres á ese inocente del furor de sus enemigos.¡Qué! ¿quieres hacer otra prueba?Ya es tarde: dentro de unas tres horas serámedio dia (1); y hay que resolver.(lj Al suponer que faltaban tres horas para lade medio dia cuando dijo Pilato á los judíos : Ahítenéis vuestro rey; no he presumido decidir la


За- 204 -tsPilato persiste en su resolución ; peroluclia en vano. ¿Crucificaré pues á vuestrorey? ¡Imprudente! ¿No conoces que esa expresiónvuestro rey no hace mas que aumentaré irritar su furor ? Oye ¡os gritos quedan los príncipes do los sacerdotes: Nosotrosno tenemos mas rey que el César. ¿ Qué dicesahora, Pilato? te quedas pensativo. Animo,lia llegado la hora que va á consagrar tugloria ó entregarte á una infamia eternapara con toda la posteridad. No temas á esamultitud perversa y desprecia el tumulto yla gritería del pueblo: si obedeces las leyesde la justicia , el cielo y la tierra pelearánpor ti. Y un ministro romano , un representantede esa nación poderosa que ha sojuzgadoel mundo entero, ¡había de temer elfuror del vil populacho! No, no será asi.Pilato: muestra por lin que eres hombre.cuestión sobre la verdadera lección de! texto deSan Juan (cap. XIX, v. 14). Cualquiera quesea la explicación que se dé á las palabras horac/uasi sexta, como á la hora sexta ; es cierto queno pueden significar que se acercaba la hora delmedio día, porque Jesús fue crucificado al mediodia. Creo que podría defenderse la lección dehora tenia en vez de sexta como en San Marcos(cap. XV, v. 25) hora sexta en lugar de tertia.)


53- 205 «5El gobernador pronuncia la sentencia fatal.Jesús (¡oh! ¡cuan tranquilo y serenoestáis! ), Jesús, irás á la cruz (1). Ó Diosmió, ¿qué es lo que he oido ? ¿Con que enesto vienen á parar tantos interrogatoriosen que se ha demostrado la inocencia de miredentor? Juez inicuo, vendido á la ambición,vil esclavo de un populacho innoble,¿ no protestabas tú poco há que no hallabasninguna causa en Jesús para condenarle?Pues ¿ cómo tienes ahora el triste valor decondenarle á muerte por complacer á los judíos?¡Ó cobarde! ¡(3 malvado! Sí, lávatelas manos : ¿ llegará jamás ese agua á borrarlas manchas de tu alma? Otra agua, el aguadel infierno , el agua del fuego eterno te lavarápor toda la eternidad ; pero sin purificartejamás. Soij inocente de la sangre deeste justo: allá lo veréis vosotros. ¡ Y le atrevesá decir que eres inocente! Pues ¿quién(1) Entro los antiguos romanos la fórmulausada para condenar un reo al suplicio de la cruzera esta: Ad crucem ibis. Dejando pues á un ladola sentencia llamada de Pilato , cuya autenticidadno quiero examinar, he creído que un gobernadorromano no pocha emplear otra fórmula quela que estaba consagrada por los usos de su naciónen materia de procedimiento criminal.


&206 •«*le ha condenado? ¿no has sido tú? Si tú tehubieras resistido , sin duda los jueces habríandado rabiosos gritos desde su asiento;pero no hubieran pasado de ahí. ¡Inocentetú !Levántase una gritería general entre elpueblo: Caiga su sangre sobre nosotros y sobrenuestros hijos. ¿En dónde estoy? ¿en elinfierno ó en la tierra ? ¡ Ó voto execrable!¡Ó imprecación que hace temblar de espanto!¡Ah! pueblo frenético, túmismohas pronunciadola sentencia. Por tu desgracia ha dichoDios: se cumplirá lo que pides. Sí, sobre tíy tu posteridad caerá esa sangre indignamentevendida, y vendrá á ser como unaespada vengadora que te perseguirá por todaspartes. Tu templo será destruido y tunación dispersada: tus hijos andarán erradizospor el mundo y cargados de la maldiciónpública, sin altar, sin ciudad, sin rey nireino: no podrás ya levantar jamás tu cabezaorgullosa, y el viajero dirá señalandotu pais: Aqui fué la nación judia. ¡Pueblodesventurado! ¡Fatal imprecación! Por mi parte,Jesús mió, convirtiendo en bendición eldeseo execrable de estos hombres furiosos osdiré: caiga vuestra divina sangre sobre nos-


207 «eotros; pero sea como una lluvia benéfica quenos riegue y purifique. Todos hemos pecado:disipe nuestros errores y lave nuestras manchasese roció fecundo y saludable.


CAPITULOXXIX.Y le llevaron para crucificarle(S.MATEO, c. XXVII, v. 51).PEELTJDIO. Imaginemos que estamos enel mismo sitio considerando la agitación delpueblo después que oyó la sentencia demuerte dada contra Jesús.Estoy fuera de mí: Jesús ha sido condenadoal suplicio de la cruz: hasta aquí hepadecido mucho y presenciado escenas horribles;pero siempre he esperado. Ahora seacabó todo; la sentencia está dada, y el puebloprevaricador la ha confirmado con lamas formidable imprecación. Tiemblo alpensar en esas terribles palabras inspiradas


SS- 209 «5directamente por el enemigo infernal. Misquejas no pueden nada: suplicaré pues:¿quién sabe si tal vez mis lágrimas haránfuerza al corazón de Pilalo? ¡Ah! aquí metienes á tus pies, Pilato, pidiéndote Jesús,mi amado padre. Si no quieres concederled la justicia, concédele á la ternura; restituyemeel único bien de mi vida, el ídolo demi corazón, mi amor, mi todo. Mira esaslágrimas Sí, hasta las lágrimas de estanación; que no todos son impíos en el pueblojudío. Piedad pues.Pero Pilato no me oye: el gobernador y elpueblo, todos son insensibles á mis gemidos,todos quieren la muerte de mi adorable redentor.¡Ah! ;qué lúgubre pensamiento! ¡Morirvos, dulcísimo bien mío! ¡Y morir en un supliciotan atroz como ignominioso ! O mi Jesús,¿ quién dará á mis ojos dos fuentes de lágrimaspara llorar vuestra muerte ? ¿ Y quéharé en adelante sin vos? ¡ Ah! mi amado dueño,no puedo resistir á este último golpe. TNoobstante hay que resignarse : asi lo quieredesde arriba vuestro padre celestial, quepuede todo lo que quiere; y supuesto que vesos sometéis á su voluntad eterna, yo mesometeré igualmente. Pero ¡ah! la natura-14


ge 210 -sgleza so rebela. ¡Morir vos! ¡Idea cruel!Dadme á lo menos, Jesús mió, valor parapermanecerá vuestro lado basta que exhaléis elúltimo suspiro.Ya se acercan los cuatro soldados encargadosde los preparativos déla crucifixión yquitan al Salvador la vestidura depúrpura paraponerle su túnica. ¿Y quiénes son osos otrosdos que llevan una cruz al hombro? ¡ Ah ! yaentiendo, son dos reos condenados al mismosuplicio. Aquí está la cruz que ha de llevar Jesús:á vista de ella tiemblo de horror. ¡Con queen este madero van á ser clavados dentro deunos instantes los miembros santísimos de miamado Jesús! ¡ Clavados, Dios mió! Ya ponenlos soldados el instrumento de muerte sobrelos sagrados hombros de Jesús. Deteneos,desgraciados: ¿á quién dais la cruz?A la misma inocencia, á la santidad por excelencia, al que no conoció jamás el pecado.A mí es á quien conviene esa cruz; á mí quesoy culpado , mil veces culpado. Pues he sabidopecar , sopa á lo menos pagar la deudadel pecado. Venid , venid, y cargad el maderoinfame en los hombros de un criminal.Pero ¿ á dónde me arrebata mi amor áJesús ? ¡Insensato de mí! ¿ De qué servirían


es- 2H -mpara el género humano la crucifixión yla muerte de un prevaricador como yo? ¡Conque es preciso que Jesús muera !¡O espectáculo capaz de enternecer ¡i lasmismas fieras ! Jesús sin decir una palabrasereno y resignado, presenta con mansedumbresus hombros, recibe la cruz y la acomodaél mismo para llevarla á cuestas. Mas¿qué significa ese profundo suspiro? ¡Ahí se learranca la carga que le abruma. Ú Dios mió,¡qué tormento! las llagas de los azotes todavíavivas y vertiendo sangre se vuelven áabrir con el peso y detienen el movimientode la respiración. El Señor, debilitado y abatidopor la prolongada vigilia, los insultos,los golpes y el cansancio del camino , apenaspuede sostenerse: se dobla y se tambalea; sinembargo no dice una palabra. Pero conozcolo que padecéis, Diosmio, en la palidez devuestro rostro, en el obscurecimiento devuestros ojos apagados y casi muertos , enla languidez de vuestras facciones que seafilan , y en los penosos latidos de vuestrocorazón: sentís toda la repugnancia , todoel'espanto y lodo el horror natural de unreo ([ue camina al suplicio , excepto la parteque puede aumentar el remordimiento de


2» 212 «aJx culpa, ilc que estáis de todo punto exento.Asi pues duran todavía la tristeza , las an—gu-alas y el terror que os afligieron en el fatalhuerto de Gethsemaní y harán amarguísimavuestra muerte, Jesús mió; pero esoos precisamente lo que deseáis.Sacrosanta y augusta víctima , ¿ qué dokir, qué tormento no querré yo aceptar detodo corazón en adelante después de habe-JTOS visto REI-ibir la cruz con tanta resignacióná pesar del abatimiento de vuestra•cuerpo y la aflicción de vuestro espíritu?lAh ! mi divino maestro , abrazo con gozo yamor todas las cruces que os digneis de en--viarme. La sola idea de que me pareceré &Jesús ME reanima y fortifica anticipada—•MIENTE.


CAPÍTULOXXX.Y le llevaron para crucificarle( SAN MATEO , c. xxvn , v. SI ),PRELUDIO. Imaginemos ver á Jesús conla cruz á cueslas, que camina lentamentehacia el Calvario por la vía pública en mediode dos ladrones y rodeado de soldado, rdetrás va gran multitud de pueblo.¡Qué escena tan tierna y lan digna


S». 214 -aseion visible; ¿no es cosa para excitar en miuna mezcla de aflicción y ternura que mearranque lágrimas? ¡ Ah ! Todos los que estánaquí no han cedido al furor diabólicoque se lia apoderado de los criados, de losancianos y de los sacerdotes judíos: mas douno hay que manifiesta una verdadera eompasionhacia el justo perseguido. Dulcísimopadre mío, hasta a lio ra había esperado quetendríais algún medio de libraros de las manosde estos hombres obcecados. Pilato queconoció y publicó vuestra inocencia, me haciacreer Pero basta: Pilato ha hechotraición á la verdad , y vos camináis á la.muerte. ¿Os abandonaré en este instanteyo que desde ayer os be acompañado hastaaquí? ¡ Oh ! no: bien sé que tendré que sufrirmil veces mas todavía. Si me siento morirsolo con ver al nuevo Isaac llevar elmadero en que ha de ser crucificado , ¿quéserá cuando tenga que contemplarle clavadoen el patíbulo infame? Lejos de mí,pensamiento funesto; no vengas á afligirmeantes de tiempo. Pero ¿no me daréis , Jesúsmío , bastante fortaleza para tributaros elúltimo obsequio? Sí, no lo dudo; vedmepues confundido con la turba de judíos vir-


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&• 216 -«3también llorar con vosotras. ¿Quién puedever con indiferencia ese sacratísimo cuerpotan acardenalado y chorreando, sangre? Magdalena, mira cómo han tratado al buen pastor,al que te halló á tí, oveja arrepentida, yte volvió al aprisco: Magdalena, verdaderaamante de nuestro Jesús, sigámosle y muramoscon él. Y tú , Juan , ¿qué dices? Entreesa,multitud de hombres furiosos ¡cuan pocossomos los que amamos á Jesús!Pero vamos avanzando por la via dolorosay ya estamos en la angosta.... ¡Oh! ¿Quées lo que he visto ? ¿Me engaño , ó aquellaes María, que cubierta con su velo viene haciaeste sitio fuera de sí y á pasos precipitados?Sí, ella misma es (1). María, os suplicoque no os acerquéis mas; no, por compasión:no podríais resistir asemejante espectáculo.Una vez que hasta ahora habéis estado(1) Si hago aparecer aqui á María, madre delSalvador, es porque me ha parecido el lugar masconveniente. San Juan nos asf gura, que la Virgenestaba en el Calvario. Es natural que conmovidacon la noticia de la condenación de su hijo y de supartida al sitio del suplicio no pudiese estar lejosde él, y de consiguiente saliese á encontrarle en elcamino para asistirle en su última hora.


» 247 «*lejos de estas escenas dolorosísimas, volved,volved á vuestro asilo. Pero ¡qué! tal vezsabéis ya la fatal noticia: tal vez venis, madredolorosa, á cumplir el último deber convuestro querido hijo. ¡ Ab ! ¡madre afligida!¡Pobre madre!Ya está aqui: se levanta el velo. ¡Üh!¡ cómo se deshace en lágrimas y sollozos! Sepone pálida va á caer Animo, María,recordad que en el templo de Jerusalemofrecisteis á Dios vuestro hijo en la cuna.Llegada es la hora de consumar el sacrificio.Con todo no vitupero vuestro llanto, queciertamente es bien legítimo. ¿Cómo no oshabéis de afligir al ver que vuestro amable yquerido hijo, vuestro hijo único, conducidopor unos soldados con la cruz á cuestas, desfallecido, abatido y tambaleándose , caminaal lugar del suplicio?¡Ah! al oir esta palabra tiembla María.Silencio. Imprudentemente se me ha escapadoel funesto secreto; pero vos, madrequerida , tenéis una fortaleza y resignaciónheroicas. Adoremos pues los decretos de laeterna sabiduría, que quiere rescatarel mundoA tanta costa. Yenid con nosotros, sigamosá Jesús: ¡cuan dulce es llorar y entris-


m- 21-8 •&tecerse caminando en pos de nuestro'amadodueño que lleva la cruz á cuestas! Maria,vos nos reanimais:á dicha tenemos ir allado de la madre de nuestro misericordiosoSeñor, Ó mi Jesús, haced os pido que despuésde haberos seguido ahora al Calvario ossiga toda mi vida entre las penas y trabajoscon la cruz del dolor á cuestas.


Y cuando le llevaban á crucificar,prendieron á cierto Simonde Cirene que venia del campo, yle obligaron á llevar la cruz detrasde Jesus (S. LUCAS,C. xxm,v. 2G).PRELUDIO. Imaginemos que seguimos áJesús en medio del pueblo; pero confundidoscon sus discípulos.O calles de Jerusalem , santificadas milveces por las pisadas del divino Jesús, ¡ quéespectáculo se os presenta boy 1 Pocos díashá que resonabais con los aplausos, los vivasy los gritos de júbilo y alegría con que


E> 220 -esfue recibido nuestro amable Señor; j afocera¡ ó fatal mudanza ! no repite el eco mas


©• 281 •&gs; per» ya que tiene que morir, vale masq«c sea aqai que entre los horribles torm&ataa'de la crucifixión.Pw fin conociendo los soldados que Jesússw puede ¡legar en este estado basta elCsivasrM buscan por aqui y acullá un hom-Swrtf sj«e íleve la cruz á cuestas. Aqui me te—me tcncis: ¡cuál será mi dicha sime cafe ¡a gloria de llevar la carga de miarasatSwsalvador! ¡Qué gozo inexplicable locarese caadero santificado por el contactode sus divinos miembros! 0 mi Jesús, á mi,ámí 5a «zraxz. Mil veces dichoso yo sipuc lo aliviarfs;srí« de vuestros dolores. No, nunca heietñcktm tendré en mi vida un instante masle£¡E tjwseste. Aqui estoy pues.Kas ¿por qué me rechazan los satélitescaá ifcnreza? Porque han visto á Simón Cirirajofizevueíve de su casa de campo. Miyotengo todavía todo mi vigor, y ade-¡raas«5avnor ¿no da fuerzas á los mas Haces?¿Ha veis que Simón dispula, se resisteá vwsesSra pretcnsión y repugna llevar elüvistrumenlo de ignominia? Dejadle libre, yíii|«x «se tenéis á mí pronto á llevarle. Si leviolentáis, es cierto que.... Mas al fin ya hae*rgaáo con la cruz á cuestas. ¡ Ah ! Simón,


¡cómo envidio tu suerte! Hoy debes estarmil veces mas arrogante llevando ese maderoinfame que lodos los monarcas del mundocon las insignias de su dignidad. Conocepues, conoce todo el precio de esta gracia.Tú serás bienaventurado eternamente , siiluminado por los rayos de la fé veneras eneste madero el instrumento de la redenciónuniversal. Ya que no he podido por miindignidad conseguir el honor de llevar lacruz, tú que vas en pos y tan cerca de Jesus>dile que yo deseaba ardientemente desempeñartu oficio: que amo su cruz y sustormentos: que mi mas vivo deseo es beberuna gota del cáliz de su pasión: que quieroseguirle siempre: que mi ambición consisteen ser suyo hasta la úílima hora: en. unapalabra dile que es mi bien, el ídolo de micorazón y el único objeto, sí, el único de miamor.Pero ¡ah! yo creía que Jesús aliviadodel peso de la cruz experimentaría mayorconsuelo; sin embargo si no me equivoco,no ha ganado mas que el no espirar con elpeso que le abrumaba. ¡Ah! ¡Cuan débil,desfallecido y abatido está aun!O mi salvador, ya habéis empezado á


&• 223 -esmorir: les dolores que habéis sufrido y sufrísaun , son demasiado violentos. Un solabrasador que casi en la mitad de su carreravibra sus ardientes rayos sobre vuestroadorable rostro, acrecienta vuestra debilidadinundándoos de sudor ! Sí á lo menostuvierais un lienzo para enjugar la frente.,.!Mi súplica no ha sido vana: ved aqui queuna mujer piadosa presenta su propio veloá Jesús. Este le llega á su rostro, y despuésle devuelve á la caritativa israelita (I).O mujer mil veces dichosa, ese velo se haconvertido en un precioso tesoro desde quese ha empapado en el sudor y la sangre delhijo de Dios. Muéstramele un instante. ¿Quéveo? Ha quedado impresa en él la estampade la divina faz. O semejanza adorada demi amado Señor, te estrecho contra mis labioscon todo el transporte de mi alma. ¡Ah!(i) Algunos críticos me censurarán lal vezpor haber introducido aqui á la piadosa mujer,que movida de un sentimiento de caritativa compasiónpresentó su propio velo á nuestro Señorpara que se enjugase el rostro. Sé que para ciertoseruditos esta tradición pasa per una cosa puramenteimaginaria; pero un estudio perseverantey minucioso baria variar de opinión á muchosen esta parte.


224Quédate profundamente grabada en mi corazón,y no desmienta yo jamas en lo sucesivolas amables facciones de mi afligidopadre.


-rJesús volviéndose HACIA ellas• les dijo: Hijas de Jerusalem.no lloréispor mi, sino llorad por vosotrasmismas y por vuestros hijos(SANLUCAS, C. XVIII, Y. 55).PRELUDIO. Imaginemos.que seguimos áJesús como anteriormente.Siiio me equivoco, estamos en la puertade Jerusalem, en la. puerta dol juicio.Puerta fatal, que has visto salir á tanlosreospara ir,apagar la deuda de sus delitos alajusticia divina y humana, ¿quién es el queen este instante pisa tu temido umbral conesos dos forágidos? Es el santo, el inocente,ebinmaculado, el que está separado de la


S» 226 «smultitud de los pecadores, el bienhechor delos hombres, el Mesías esperado, el hijo deDios, que se deja llevar al altar del sacriticiocomo un cordero indefenso. ÁDios, Jerusalem: Jesús sale de tus muros, te abandona¡ Ah! ciudad desdichada, que no has sabido conocerel dia en que has sido visitada, Jesúste deja. ¿Y qué harás, desventurada? ¿Nocrees oir salir de sus labios las terriblespalabras que resonaron en otro tiempo enBabilonia: Hemos intentado curar á Babilonia,y esta ha rechazado la salud: abandonémosla'?O Dios mió, Dios mió, llegará un dia enque sin templo y sin pontífices, sin fiestas ysacrificios, sin pueblo y sin rey, abandonada,solitaria, destruida y entregada á lasnaciones extranjeras recuerdes las lamentacionesque cantó ya sobre tus ruinas elpiadoso hijo de Elcías. Vedla ahí, exclamaráel viajero contristado , ved la ciudad enotro tiempo célebre sobre toda la tierra por suesplendor y magnificencia. Pero ¿de dóndeprocede que no descubro mas que escombros,tristes reliquias de su grandeza destruida?Entonces saldrá de tu sepulcro una voz sorday responderá: Porque no quiso reconocerá su Dios, porque echando á su salvador con


5» 227 «ímano impía le envió á la muerte. O Jerusalem,desgraciada Jerusalem, tú despiertasen mí la idea de una alma que obcecadacomo tú vendiese á Jesús, y por el pecadole arrojase ignominiosamente de un santuarioque ella ha profanado. Pero ¿qué digo? ladesolación de esta alma seria aun mas terribleque la tuya. O mi Jesús, no permitáisjamás que yo destierre de mi corazón vuestrascelestiales gracias, ó me haga indigno devuestras afectuosas visitas.. Mientras me ocupo en estas reflexiones,hemos andado largo trecho del camino queconduce al Calvario.El Gólgota aparece alolejos: sí, aquel es el siniestro monte. ¡ODios! cerremos los ojos, almas fieles á Jesus,para no verle. Aquel es el sitio en quedentro de algunos instantes será enclavadoen la cruz nuestro amable salvador y espiraráen medio de los tormentos. ¡O ideaaflictiva! ¡0 pensamiento fúnebre! ¿Quiénpodrá contener las lágrimas? ¿Lloráis, piadosasmujeres? Lloremos, sí, lloremos: la horafatal ¿e acerca.Pero silencio: Jesús se vuelve hacia vosotras.¡Qué amable mirada, que penetrahasta lo mas íntimo de mi alma! Quiere ha-


lar ¡cuan dichosas'.sois!.Jesús se'dirigeá vosotras-. Hijas de Jerusalem, no lloréispor mí, sino llorad por vosotras mismas ypor vuestros hijos ; porque sabed que vendránunos días en que se dirá: Dichosas lasestériles, y las entrañas que no engendraron, ylos pedios que no criaron. Entonces empezaráná decir á los montes: Caed sobre nosotros;y á los collados: .Cubridnos..Parque .si estohacen con el madero verde, ¿qué se hará conel seco? ¡O sensible corazón de mi Jesús!¿Con que os olvidáis de vuestras fatigas y tormentospor pensar en la suerte que aguardaá los desventurados habitantes de la ciudaddeicida ? ¡.Ah ! no permitáis que yome-rrezca jamás el acto de compasión que ha--beis mostrado á esas mujeres afligidas; no,que jamás tenga yo que oir estas palabras:no llores por mí, sino mas bien llora por timismo ; porque seria un indicio muy funestodel.infeliz estado en que se hallaba mialma.¡ A y de mí! ya estamos al.pie del monte.¿Y debe subirle Jesús? ¿Y es ese eltórminodo tan doloroso viaje? ¡O viaje! ¡ Omonte! ¿ Y cómo tendré yo ánimo.para subirley .asistir ,al sacrificio de Jesús? Peno


&• 229


CAPITULOXXXIII.Y llegaron al lugar que se llamaGólgota (S. MATEO, C. IXVII,T. 53).PRELUDIO. Imaginemos que hemos llegadoal Calvario con todos los corazonesfieles á Jesús, con María, Juan y gran multituddel pueblo.Ya estarnos en el fatal collado. ¡0 Gólgota!¡ó fúnebre altar, sobre el cual consumarála víctima del amor su sublime sacrificio!Yo beso respetuoso tus peñascos y piedras,que dentro de unos instantes serán regadascon la sangre divina, y sostendrán elfatal madero en que ha de estar pendiente


231la hostia viva de paz y de amor. ¡Que nome sea dado espirar en la cumbre con miamado Jesús! Es cruelísimo asistir al sacrificiodel objeto que uno mas ama , inmóvily con los brazos cruzados sin poder darle elmenor auxilio. ¡Oh! si me lo permitiera Jesús,yo me sentina con bastante ánimo paraarrancarle de las manos de esos bárbaros.Sin embargo ¿qué podría hacer yo solocontra tantos soldados y todo,un puebloenfurecido? La misma madre de Jesús, el discípuloamado y otras personas piadosas nohacen ningún movimiento y se contentancon llorar; me resignaré pues como ellos,ya que es preciso que se cumpla la voluntaddivina.Ya se han repartido los ministros romanosy tocan cuatro para cada reo. Compadezcosin duda á esos dos infelices ladrones;pero al cabo no hacen mas que sufrir elcastigo merecido. ¡Ah! mis ojos se fijanúnicamente en Jesús, y no hay objeto quepueda distraerme de él. Le dan de beber:ya entiendo, es el brevaje que ordinariamentese propina á la víctima que va á sercrucificada , para que turbados sus espírituscon el licor, sienta menos la violencia


m- 232 -mde los dolores. Mas como en todas las escenasdéla pasión ha de resaltarla barbarie,los verdugos han mezclado hiél con el vinoy la mirra. Crueles, seguro cstabayo de antemanoque vosotros queréis todo aquelloque puede aumentar los dolores de Jesús.•El Señor acepta. Sí, padre amado, be--,bed, el brevaje es amargo; pero tomadle;porque á lo menos causándoos una especiede vértigo disminuirá en parte la. violenciade vuestros dolores, y desvanecerá las imágeneslúgubres que os asaltandesdeanoche.En una palabra por repugnante que sea,siempre padeceréis menos. Pero apenas lelia gustado Jesús, no quiere beber mas: talvez la mezcla de la hiél le haya causado excesivarepugnancia. ¡ Oh ! no , Jesús amademasiado el padecer para'que le arredraseel amargor de la bebida. Ya os entiendo,mi amado salvador: habéis aplicado los labiosá este vino para que su corrosiva acritudllegase hasta vuestro paladar; pero nohabéis querido beberle á fin de conservartoda la radiante serenidad de vuestra razóny sentir de consiguiente los tormentosde la cruz en toda su fuerza y plenitud. Esoes lo. que se llama querer el dolor con una


SB. 233 «8especie de pasión; esa es una ingeniosa sutilezapara padecer del modo mas penetrante.Pero compadeceos de vos mismo, Jesúsmió: estáis sumergido ya en un Océano taninmenso de aflicción , y es tal vuestro abatimiento,.queese leve refrigerio... Mas meparece que os oigo hablar á mi corazón ydecir: En vez de aconsejarme que aleje el dolor,aprende tú á padecer. Demasiado ciertoes, ó mi buen Jesús; siempre he tratado desentirmis penas lo menos que me ha sidoposible y de aliviarlas. Perdonad esta delicadezaá la debilidad humana. Después deeste ejemplo voy á trabajar por sufrir misaflicciones con toda su acerba amargurasin otro lenitivo ni consuelo que este dulcepensamiento : me parezco á mi salvador.,Yed á los ministros de la justicia humanaque rodean segunda vez á Jesús. Ya lehan desnudado de sus otras vestiduras, yahora le van á quitar la túnica. Con tiento,os suplico: ¿no veis que la túnica está pegadaen la mayor .parte á las llagas todavíarecientes? Con tiento, con tiento. ¡Ah! tigres,¿qué os costaba mostrar un poco de caridad?Más no, todas las heridas del Salvador sevuelven á abrir: mirad cómo corre de nue-


» 234 «5vo la sangre; ¿quién podrá expresar el dolorque ha sentido en este instante terrible? ¡ Ah!mi Jesús, no sé qué brazo me detiene altiempo de precipitarme sobre esas fieras quese han despojado hasta del último sentimientode humanidad. Pero vuestro silencio,mi amado redentor, es mas elocuenteque toda especie de discurso. Al veros despojadoasi de vuestras vestiduras en mediode los mas atroces dolores lloro mi vanidadpasada y mi apego á las pompas y bienesdel mundo. O cielo , mi redentor está desnudoy cubierto de heridas, y yo no aspirabamas que á llenarme de riquezas perecederasy brillar por un lujo mundano.Vuestra pasión, ó Jesús, es una gran lecciónpara mí, que me abre los ojos por grados, y me enseña á conocer mas y mas lasmuchas culpas de que debo enmendarme.Os suplico pues por el acerbo dolor que.acabáis de sentir en este instante, que médespojéis completamente de todo afecto á losbienes terrenos, tan despreciables y de tanbreve duración.


CAPITULOXXXIV.Y le crucificaron (S. MARCOS,c. xv, v. 25).PRELUDIO. Imaginemos ver á Jesús despojadode sus vestiduras y á punto de serenclavado en la cruz.¡Jesús expuesto á las miradas insolentesde una multitud innumerable! ¡Reducido ála desnudez Jesús que viste los prados deflores, las aves de pluma y las frutas de subrillante corteza! ¡Jesús, tierno amante delpudor, azucena blanca é inmaculada delvalle, en un estado tan vergonzoso! O misalvador, siento vuestra confusión y pena


236en lo íntimo de mi alma. Se ha cumplido conuna exactitud dolorosísima la profecía deDavid, cuando decía: Ahora no soy mas queun gusano de la tierra y no un hombre: la•multitud me ha escogido por su juguete: aquíme tenéis hecho la abyección de la plebe.Espíritus celestiales,' fijad los ojos en vuestrorey, á quien os ocupáis en contemplar yamar desde la creación en el seno de su eternopadre. ¡Ah! vosotros comprendéis enparte el abismo do humillación en que hacaido. ¿Y por quién tanto abatimiento? pornosotros. ¡O misterio de amor! ¡ó pruebainefable de caridad!Pero ya está hincada la cruz en el suelo,y los cuatro ejecutores de la mas infameé injusta sentencia coaducen á Jesús allugar del suplicio. Sigámosle... ¡ Ay de mí!mis pies tiemblan y vacilan. ¡O hora temible!cuando yo seguia á mi amado maestrogozoso y contento en su predicación,¿podia ocurrirme jamás que habría deacoi№pañarleen un lance tan fatal?Jesús da algunos pasos: ¡qué languidez yabatimiento! La corona de espinas le hierela cabeza sin cesar, y aunque ya ha salido:sangre en abundancia , todavía caen algu­


S* 237 «g.ñas gotas de cuando en cuando. O rostroadorable de mi ainado redentor, ¿qué se hahecho la flor de vuestra divina belleza?-Osparecéis ahora á la rosa purpúrea de Jericó,que medio tronchada por una mano bárbarainclina tristemente sobre el tallo sucáliz descolorido y marchito. Sin embargohasta en ese estado atraéis suavemente ávos los vuelos de mi ternura. ¡Ah! sí, la palidezmortal que cubre vuestro, semblante,y la tranquila languidez de todas vuestras¡facciones traspasan mi :alma con las dos espadas.del amor y del.dolor.Ya estamos delante de la cruz: ya hanatado los verdugos.á Jesús por debajo de losbrazos para levantarle y extenderle sobre•el>madero del suplicio (i). O cruz , objeto.hasta aquí de horror y de infamia, recibe á miCriador que subo al altar donde va á sacri--.fi.carse. ¡Que no puedas conocer la sublimehonra que recibes en este instante! Nada;tendrás ya que envidiar á los cedros mas fa-(1) El .moclo de crucificar descrito aquí mehaparecido asi como á varias personas el. que practicabanlos aiiliguos romanos. A lo menos esto eslo que hesacado de un prolijo y perseverante estudio.sobrela materia.


3» 238 -esmosos del Líbano, porque ninguno de ellosha recogido jamás los homenajes que se terendirán á tí, árbol precioso, tenido pordigno de tocar esos miembros sacratísimos,y sobre el cual va á brillar en breve la púrpuraensangrentada del rey de los reyes.¡Oh! ¡y cómo envidio tu dicha! ¡Con quéplacer trocaría yo tu suerte con la mia solopor tener la gloria y la inestimable felicidadde tocar el divino cuerpo de mi Jesús! Deaqui adelante los hombres no se horrorizaránya á tu vista; una vez santificada por elcontacto de los miembros del hijo de Dios,en vez de ser un instrumento de supliciocomo antes, te convertirás en un objeto sagrado.Permite pues que yo antes que todosme postre delante de tí y te venere confilial afecto. Salve, ó cruz adorable, salve:aumenta la gracia de la santificación en elcorazón de los justos, y destruye para siemprelas iniquidades de los pecadores.Pero ¡ah! mientras que mis sentimientosse desahogan libremente, Jesús es extendidoen la cruz. Aqui están los clavos... no, no,por compasión. Lejos de aquí esos clavosmortíferos: solo de verlos me estremezco.Dejada mi salvador asi atado... Pero el vieu-


Sh 239


» 240 -m¿No podemos ya poseerle? ¿Y estamos condenados averie morir en medio de los tormentosmas arroces y,espantosos? ¡Ah! Jesús mió,mi Jesús crucificado, al fin ya estáis en elgran altar en que vuestra voluntad ha queridoconsumar el holocausto infinito. ¡O víctimaadorable! ¡ó víctima del amor! ¡ conque estáis enclavado en la cruz por ternurahacia mí! ¿Podría yo contemplaros con ojosenjutos? No será asi, mi dulce Jesús, Jesúsmió agonizante: os renuevo, bañado en unmar de lágrimas, mis protestas de amor ymi sincero deseo de ser crucificado con vos.Sí, de aqui adelante todo se acabó para mí:no conozco otra cosa que vuestra cruz: elmundo está crucificado para mí, y yo crucificadopara el mundo. ¡Cuan feliz seria sipudiera añadir: esloycrucificado con Jesucristo!


CAPÍTULOXXXV.V llegada !a hora sexta secubrió de tinieblas toda la tierrahasta la hora nona ( S. MARCOS,c. xv , v. 35),PRELUDIO. Imaginemos que estamos juntoá Jesús crucificado entre dos ladrones ycercado de soldados que le custodian:' masatrás gran multitud del pueblo.¡Jesús entre dos ladrones como si fuerael mas perverso! ¡También esta ignominia!Padecer mucho es gran virtud; pero pade-16


m- 242cer como criminal siendo inocente, ese es elheroísmo déla humildad, de la paciencia y dela mansedumbre. ¡Qué sublimeleccion me daJesús desde la cruz! Pero ¿qué miráis vosotros?¡Ah! al ver á ese pueblo impío y sobretodo esos pérfidos magistrados contemplandocon diabólica complacencia unespectáculo que arrancaría lágrimas á loscorazones mas insensibles, ardo en indignación.Infames y sanguinarios deicidas, yahabéis llegado al término de vuestros deseos;queríais que fuese crucificado; puesahí le tenéis enclavado en la cruz. Ahora¿qué liareis, desdichados, sin Jesús? ¿Quiénrestituirá la salud á vuestros enfermos?¿Quién resucitará vuestros muertos? ¿Quiénconsolará á vuestros afligidos? ¡Cuan ciegossois! Todo lo perdéis perdiendo á Jesús.Pero ¿qué os importa? Es preciso queceda todo al bárbaro placer de verle agonizaren el patíbulo de los esclavos y morirentro los tormentos mas horribles. Con todoos suplico que consideréis un instantesus dolores y .padecimientos, y examinéiscuan cruel es su situación, pues no puedehacer el mas leve movimiento para mitigarel dolor de sus miembros atravesados con


Se- 243 -gglos clavos y de sus espaldas desgarradascon los azotes. Imaginad las punzadas inexplicablesque le ocasiona ese hierro atravesadopor los músculos, los nervios y loshuesos , que tanto abundan en esas parlesdel cuerpo humano. El aire mismo y el solpenetrante del mediodía vienen también áirritar su dolor e inflamar sus llagas. Ademasved como está anhelante y oprimido:parece que cada aliento va á ser el último.La sangre que afluye hacia la cabeza, hacemas agudos los dolores que le causan laspuntas aceradas de ¡a corona de espinas. Suroslro está ardiendo, y ese color encendidono os indicio de salud, sino que manifiesta laatrocidad y violencia del suplicio. El corazónque no ejerce con regularidad sus acostumbradasfunciones, dilata violentamentelos vasos, comprime los pulmones ó impide larespiración. ¡O tormento! ¡ó agonía horrible,,mas cruel que mil muertes! Por mi parte nopuedo mirarle sin deshacerme en sollozos.¡Y vosotros permanecéis insensibles! ¡Cómo!¡ni siquiera un primer movimiento de compasión!¡ni siquiera una sola lágrima! ¡Ahíbárbaros, saciaos, saciaos de esa sangre divinade que tan ardiente sed tenéis. Ved


ss>- 244 •&cómo corre á arroyos y baña la tierra quepisáis. Pero temblad; esa sangre os recuerdaque habéis pedido con imprecación que cayesesobre vuestra cabeza. Vuestra súplicaserá oida, y en efecto caerá sobre vosotrosesa sangre; pero ¡ah! será para vuestra ruina.Los pontífices conversan entre sí y envoz baja: muchos que se habían marchadohan vuelto á toda prisa. Yo quisiera oir...Perversos, han ido á quejarse á Pilato de lainscripción puesta "sobre la cruz en caractereshebreos, griegos y latinos, y disputanque no debia escribirse Jesús Nazareno, reyde los judíos , sino que se dice rey de los judíos.Mas Pilato les ha respondido cuerdamente:Lo que he escrito he escrito. Los malvadostemían rebajar su honor. Ya veréis*infames, al fin de los tiempos sí es el rey noselo de los judíos, sino del mundo entero.Ya le veréis en el gran dia de las venganzas,cuando aparezcan á vuestros ojos estaspalabras trazadas con letras de fuego enla orla de su vestidura: rey de los reyes y señorde los señores; cuando quebrantandocon forreo cetro vuestra soberbia y la de todoslos incrédulos que se os parecen, la abatapara siempre; cuando su voz terrible


m- 245atierre á todo el que haya rehusado seguirle.Mas antes de ese dia último vosotros ytoda vuestra posteridad le veréis reinartriunfalmente por la santísima rehgion queha traído del cielo y sé ha convertido desdeluego en un objeto de veneración paratoda la tierra. Le veréis...Pero ¿qué ha ocurrido? El sol se ha ocultado,y de repente se han esparcido las tinieblasde la noche. ¿Será un eclipse? Mas¡hoy y á esta hora! ¿Amenazará alguna tempestad?¡Ah! ¿qué voy á buscar? Esa nocherepentina es una señal de la omnipotenciade Dios y una prueba de que la víctimapendiente del árbol de la cruz es verdaderamenteel hijo del Altísimo. La misma naturalezatiembla de espanto y quiere ocultaren densas tinieblas el crimen mas enorme-¡O profunda obscuridad, que acrecientas latristeza y el horror de la sangrienta tragediarepresentada en esto instante! ¡0 tinieblas!vosotras que sois hijas habituales de la noche,habéis ocultado á la vista el principio dela pasión de Jesús, y áesta hora hijas prodigiosasdel dia queréis también cubrir convuestro velo el tin del drama que interesa átoda la humanidad. Yo me recojo interior-


a* 246 4Smente en medio de vuestro silencioso horror,y medito.¡Ah! sí, vosotras sois una funesta imagende las tinieblas todavía mas espantosasde que está cubierto el corazón de esepueblo y esos ministros prevaricadores, ytambién figuráis las en que yo me he sepultadovoluntariamente siempre que por misofensas he obscurecido la pura serenidad demi alma. No seáis para mí un presagio dedesgracia. Después de haber asistido á esteinefable sacrificio no consienta yo jamás quelas sombras del pecado se extiendan sobremí. O mi Jesús, sol de justicia, haced quesiempre brillen vuestros rayos en el santuariointerior en que habéis grabado vuestraimagen.


CAPITULO XY los que pasaban blasfemabande él meneando la cabeza ( SANMARCOS, C. XY,. T. 29).PRELUDIO. Imaginemos que estamos alpie déla cruz de Jesús con la virgen Mariay San Juan, contemplando lo que pasa. Lasotras Marías están un poco detrás. El pueblocorre en tropel á presenciar este espectáculo.Buen Dios, ¡en qué manos han caido lasvestiduras venerables que cubrían el cuerpode mi dulcísimo salvador! Esos preciososdespojos.que deberían ser un objeto de religiosaveneración para todos los discípulos de


S» 248 «5Cristo, ¿serán la recompensarle algunos verdugosdesapiadados? Unos soldados despuésde haber hecho cuatro partes del manto deJesusse las distribuyen del mismo modo queacostumbramos nosotros repartir unas reliquiassagradas. ¡Oh! ¡si ellos pudieran conocercuál es el precio de ese manto! Dadmetambién á mí, os suplico , una humildepártecíta, y la estimaré en mas que los tejidosmas preciosos de los potentados y monarcas.¡Ah! vuestra avaricia temería cederun solo pedazo. Pero ¿rasgareis igualmentela túnica inconsútil? No, quieren echarsuertes para ver á quién toca. ¡Ah! dadmelaá mí sin echar suertes, ó mas bien yo osla compraré á cualquier precio. ¡Qué consuelopara mí tener en mis manos la túnicasantificada por la carne purísima de miamado padre! Yola visitaría dia y noche, laestrecharía mil veces contra mis labios, ypasaría horas enteras contemplándola y recordandola dolorosa historia y la hora funestaen que adquirí este tesoro. Luego iríaá vestírmela con orgullo. ¡Yo vestirla! ¿Cómo'me habia.de atrever á echar sobre una carneindigna y manchada por el pecado unavestidura humedecida aun con la sangre


Ss- 249 «Cpurísima de mi redentor? Me contentaríapues con tocarla y mirarla.Pero mientras me alimento de una felicidadimaginaria, los soldados han echadosuertes y se han apoderado de la preciosatúnica. 0 Jesu.s mió, ved aquí una nuevaaflicción para mí: ¡no poder conseguir siquieravuestras vestiduras para memoria!O dia terrible, siempre estarás grabadoindeleblemente en mi ánimo, y-cuandote traiga la revolución anual del sol, celebrarétu vuelta con lágrimas de veneracióny con la mas profunda meditación. Enefecto ¿cómo he de recordar sin gemir elespectáculo á que asisto en este instante, yel estado deplorable de mortal angustia enque está sumergido mi amado Jesús? ¿Cómono he de tener yo siempre presentes las injuriasy befas de que es blanco? ¡Ah! Tantasafrentas me despedazan el corazón. ¡Québarbarie! ¡insultar á un afligido en medio delos mas atroces tormentos! Maria, madre deaflicción , ved con qué gozo feroz contemplaná vuestro hijo esos seres inhumanos.Cualquiera diría qae son unos lobos hambrientos,que después de haber despedaza-


&• 250 «5do su presa la contemplan palpitante auny bañada en su sangre hasta que la devoran:ved qué actos de desprecio y cómo meneanla cabeza al pasar : preciso es que tenganun corazón do piedra, ó mas bien queno le tengan. Escuchad los ultrajes y lashorribles blasfemias: ¡ Eh! tú que, destruyesel templo de Dios y en tres días le reedificas,sálvate á ti mismo. Si eres el hijo de Dios, bajade la cruz. ¡Insensatos! ¡que Jesús baje dela cruz! ¡Ojalá que el cielo no escuche jamásvuestra insultante exhortación! ¿No sabéisque si bajara Jesús del altar donde seha sacrificado, se perdería todo para vosotros,para mí y para el mundo entero? Suplicadlemas bien, sí, suplicadle ardientementeque consume su obra; pedidle conlágrimas que ya que ha escogido ese infamopatíbulo para pagar el rescate del génerohumano, consume la saludable oblación.¡Ah! Jesús mió, conmovido sensiblementeel corazón por los inexplicables tormentosque sufrís, bien desearía yo veros bajar dela cruz y libraros de tantos dolores y angustiasy de una muerte inminente; mas entonces¿qué seria de mí y del universo entero?Por vuestro honor y por bien nuestro


í» 231 •©acabad la grandiosa obra que habéis empezado.Sin embargo esos soeces mofadores nocesan de insultar á Jesús. Oigo a los príncipesde los sacerdotes, á los escribas y ancianosque se retiran diciendo: A oíros salvó>yno sa puedo salvará si mismo. ¡ Con queconfesáis que ha salvado á otros!. ¿Se necesitamas para probaros que es Dios? ¿No serábastante poderosa la memoria de sus beneficiospara protegerle contra vuestro furor?Pero no me oyen y continúan: Si esrey de Israel, que baje ahora de la cruz ycreeremos en él. Confia en Dios; si Dios le ama,líbrele ahora; pues él dijo: soy hijo de. Dios.¿Qué quiere decir esto? ¿Pedís milagros!pero milagros según vuestras ideas? ¿Nobastan los que ha obrado para moveros ácreer?O mi Jesús crucificado, esos inicuos envez de abrir los ojos de la le y reconocer envos al Mesías esperado de las naciones solotratan de insultaros. ¡Y guardáis silencio!¡Ah! ¡cuan profundamente os penetranesos ultrajes; pero mas aun la funesta ceguedadde los que os los dirigen! ¡En qué


S» 252 «gaflicción estáis sumergido! Entre tantos ytan horribles tormentos ni siquiera hay unaalma que se compadezca tiernamente devuestras penas. ¡Ser escarnecido, befado ylleno de maldiciones y blasfemias! Aprendayo, mi Jesús, á imitar vuestra pacienciacuando se agravan con los insultos los malesque padezco.


CAPITULOXXXVII.Padre, perdónalos porque nosaben lo que hacen (SAK LUCAS,C. xxm, v. 54).PRELUDIO. Imaginemos que estamos alpie de la cruz de Jesús con la virgen María ySan Juan, contemplando lo que pasa. Lasotras Marías están un poco detrás. El pueblocorre en tropel á presenciar este espectáculo.Bien lo sé, amadísimo Jesús mió, la sangreque derramáis de continuo, vuestro abatimientoy agonía no os permitirían hablarsino difícilmente y con el mayor esfuerzo.No obstante ¿podéis oir ultrajar vuestra


lionraylado vuestro padre sin decir unasola palabra ? Pero me parece que abre laboca. ¡Oh! escuchemos, escuchemos los últimosacentos de nuestro amor espirante. Silenciopor caridad, no perdamos una solasílaba: son muy preciosas las palabras salidasde esos labios divinos que va á cerrarla muerte. Jesús levanta piadosamente losojos al cielo y exclama: Padre, perdónalos•porque no saben lo que hacen. ¡ O extremo decaridad ! ¡Con que vuestros enemigos os insultany blasfeman de vos, y vos imploráis superdón! ¡y. rogáis á vuestro padre porellos! ¡ytrataisdedisculpar.su monstruosodeicidio ante él! O divino maestro,¡con qué fidelidad practicáis la doctrinaque nos habéis enseñado! Pedid por ías queos persiguen y calumnian. Estoy todo conmovidoy no puedo menos de enternecermeal ver que mi amable Jesús recoge sus fuerzascon aire de piedad y compasión para pedirpor aquellos que le prodigan humillacionesy le están ultrajando con la malicia masrefinada. Desde ahora se ha mudado mi corazón.Venga en adelante quien quiera á ultrajarmey calumniarme y vomite contra,mí las imprecaciones mas horribles: ¿serán


& 255 4gmas intolerables que las que sufrió Jesús ?No seguramente. Pues si Jesús perdona á losque le ofenden con un odio tan enconado yun furor tan perseverante, é intercede porellos con su eterno padre; ¿podré yo obrarde otro modo ? No, Dios mió, también perdonode lo íntimo del corazón á mis mas encarnizadosenemigos.Pero ¿de qué sirve á Jesús mostrarse tanclemente y misericordioso con estas [almasinhumanas ? Hasta uno dejos ladrones queestán crucificados con él, le llena de invectivasé improperios. Mirad qué ojos ferocesecha á Jesús y qué horribles blasfemiasy frenéticos insultos profiere. Si lú eresCristo, sálvale á li mismo y ánosotros.¿Conque para manifestar que es el Mesias deberásalvaros é impedir que los culpables paguenla pena de sus delitos? Mas ya oigo alotro ladrón reprender á su compañero di-,ciendo: Ni tatemes á Dios estando condenadoal mismo suplicio. Nosotros á la.verdad lo estamoscon justicia, pues pagamos la pena quemerecen niiestros delitos; mas este no ha hechoningún mal. ¡O maravilla! ¡yes unmalhechor el que habla así! ¡Qué humildaden reconocerse digno de la pena que sufre!


S> 256 «g¡Qué zelo en defender la inocencia de Jesús!¿ Con que tú declaras que el Salvadorha sufrido este ignominioso tratamiento solamentepor injusticia y que está puro de todaespecie de culpa ? O ladrón, descubro en tíuna maravillosa operación de la gracia divina:no te detengas, no te detengas en elcamino de la salvación. En efecto vuelvehumildemente la cabeza hacia el Redentor yle dice: Señor, acuérdate de mi cuando fueresá tu reino. Bien lo decia yo: la graciaobraba en esta alm'j; ya se ha salvado el ladrón:cree ¡y con qué energía ! que la granvíctima pendiente como él de la cruz no poreso deja de ser Dios y el Mesías verdadero.Poco le importa que Jesús no dé á sus enemigosla prueba que le piden para creer ensu divinidad. En vez de verle bajar del patíbulole ve espirar en él; pero este no es unmotivo para que él piense que el Señor notiene el poder de bajar: solamente cree queno quiere hacerlo. Cree, ¿y qué pruebadescubre aquí de la divinidad cié Jesús ? ¿Noconcurren aqui todas las circunstancias paramostrarle en lugar de un Dios el hombrevil cubierto de confusión, entregado á la ignominiay castigado por un crimen? ¡Qué


£* 257 -esveirgiüenza paca mí que á pesar de tantas lu>ces y pruebas evidentes no tengo mas queuna te muy débil y tímida! Así ¿qué noconseguirá! este buen ladrón en premio desu-fé? Jesús le responde : En verdad le digo,hoy estarás conmigo, en el paraíso* O dichoso,ladrón,, ó ladrón bienaventurado, ¿lo.has oidó ? Jesús te ha dado- su palabra, esapalabra infalible,,de laque decia él mismo:El cieloy la tierra-pasarán;; pero mis pala—bnas no> pasarán. Hoy, hoy mismo- moriráscon';Jesús para ser después el compañero de.su-bendita alma. Estar unido á Jesús, gozarcara, á cara de Jesús glorificada, hallar sugloria y bienaventuranza en Jesús,, ¡qué patraiso!Muere, muere'pues, afortunadísimo-,ladrón. ¡Cuánto envidio tu suerte! ¿Quiénen adelante podrá jactarse de dejar el mundocon tanta seguridad tocante á su propiasalvación? Cuando estés en el reino de miredentor, ruega por mí para que en la horatan incierta y temible de mí tránsito á laeternidad pueda yo oir también aqueliaspalabras de consuelo : Hoy estarás conmigoen el paraíso. O mi Jesús , si vos me las dirigieraistambién, yo estaría pronto á moriral punto, inclinaría aqui la cabeza al pie de17


53- 258 •©vuestra cruz y exhalaría suavemente mi almaentre vuestros brazos.Mas en tanto que el buen ladrón consumala obra de su salvación, el otro continuablasfemando y se condena. ¡Terrible misterio!Al lado de Jesús se hallan dos hombresal parecer en el mismo estado: el uno recibela promesa segura de su eterna bienaventuranza,y el otro se precipita en la condenacióneterna. ¡Ah! ¡Cuan impenetrablesson los secretos divinos! Ahora lo veo : nobasta para salvarse estar junto á Jesús , sinoque es preciso creer su divinidad , arrepentirse,humillarse y poner toda su confianzaen él. No permitáis, Señor, que mi finsea el del ladrón impenitente.


CAPITULOXXXYÍII.Jesus dijo á su madre: Mujer,ahí tienes á tu liijo (SAX JUAN,c xix, v. 26).PRELUDIO. Imaginemos que estamos enpie junto á la cruz de Jesús con la virgenMaría y San Juan, contemplando lo que pasa.Las otras Marías están un poco detrás.El pueblo corre en tropel á presenciar esteespectáculo.Jesús mió, vuestra última hora se acercaá toda prisa: dentro de unos instantes nosvais á abandonar. Vuestras cariñosas palabrasy vuestras miradas compasivas se handirigido hacia los que oshan crucificado con


£>• 260 «rtanta barbarie , y hacia el ladrón que está allado vuestro. ¿Y no nos decís nada á nosotros,vuestros fieles siervos, que lloramos alpie de la cruz? ¿rio hay nada para nosotros,ni una palabra , ni siquiera una mirada? ¿Ypara vuestra, afligida madre? Mas:-ya le veobajar sus lánguidos ojos y fijarlos en su madrey en el discípulo amado. Silencio, que vaá hablar. Mujer , ahí tienes á tu hijo. ¿ Quiénviene á ser el hijo de María? ¿Juan, el discípuloamado? ¡Pobre madre! ¡qué dolorosocambio! Es verdad que Juan merece todadistinción; pero ¿puede compararse con Jesús?¡ Ah! no lloréis, María. Sin duda en estaexpresión del Salvador moribundo habéisechado de ver su última despedida; pero seavuestro consuelo el tierno afecto que os-tiene.Porque os ama os deja' en lugar suyoal que quiso«mas que á todos los otros discípulos:mejor que yo lo sabéis, es precisoresignaros y adorar los decretos de la voluntaddivina.Ahora se vuelve-Jésus hacia el discípulo,y señalándole la persona de María con los ojosle dice: A 'ti tienes á tu madre. ¡Ó discípulo milveces dichoso! ¡ con que María será tu madre'en adelante! Vivirás con ella , gustarás á tu


es- 26/1 -es.•sabor las gracias de.su conversación celestial,;y recibirás .saludables documentos de ella.rj.Qhljqueno pueda yo trocar mi suerte por.lattuya! Tú has seguido siempre fielmente á Jejusiitehas.granjeado su amor por tu vida•.casta é irreprensible.: has compartido sustrabajos y fatigas ; y.eres el único discípulo¡que >.ha tenido valor de asistirle aqui'en suúltimaagonía ; pero.eres remunerado super-,abundantemente convirtiéndote en amigo,.•custodio é hijo de María. Y vos , Virgen injnaculada,,,¿.no me recibiréis también porhijo vuestro? Consiento en que lo sea Juan;de una manera especialísima , porque la ler-,nura de Jesús le legó este precioso tesoroipero permitid,'os.suplico, que nosotros sea-,mos tambien.hijos vuestros: miradnos como•adoptivos; y después que hayamos perdidoá Jesús , protegednos vos que habéis sido.educada en-su escuela, instruidnos é implorraden favor nuestro la asistencia divina del;q,ue ,HO .se desdeñó de ocultar su majestad.-.en vuestras castas entrañas.¡Cuan largo es.este dia fúnebre! Ya hace:mas de dos horas que mi amado.Jesus luchacon una dolorosa agonía. Hasta aquí he de-.seadoque.se librara de la muerte; pero ahora


Ss- 262 *Sque le veo tan abatido, desearía mas bienque se apresurase aquella. Esto es padecerya demasiado: á cada instante se hacen masintolerables sus congojas, se vuelven á abrirlas heridas y se acrecienta la opresión delpecho. Mirad qué respiración difícil é interrumpida:su rostro está tan cárdeno comoel de un cadáver. ¿Y qué diremos de sustormentos interiores? ¡Ah! ¡cuánto debesentir esa alma tan tierna! ¡En qué negratristeza está sumergido! Dios mió , Dios mió,¿por qué me has desamparado? Grito esforzadoy lamentable. Jesús mió, ¿qué tenéis?¿ por qué levantáis asi dolorosamente la cabezaal cielo? ¿qué significan esasmiradasy ese grito que expresa tanta angustia? ¡Vosdesamparado del Padre! ¿No habéis dichomuchas voces: Yo estoy en el Padre y el Padreen mi? Pues ¿á qué viene esa aflicción ysentimiento profundísimo , como sí os hubieradesamparado realmente? ¡Ah! ya loentiendo, vuestro padre celestial ha cargadosobre vos todos los pecados de los hombres,y para que su justicia fuese plenamente satisfechaha descargado sobre vos el terriblepeso de su ira. ¡Ah! mi Jesús., ¡qué horriblepeso el de la venganza divina! ¡y le tomáis


' &• 263 -esvos sobre vuestros hombros por amor á nosotros!¿Con qué]podré pagar yo ni agradecersiquiera este abismo de caridad? Decidmequé puedo hacer, porque estoy prontoá manifestaros mi gratitud. Entregar vuestrocuerpo á los tormentos por afecto á míes ya mucho; pero entregar también vuestraalma ese es el misterio del amor.O alma de mi Jesús tan cruelmente probada, ¡ qué congojas y tinieblas padecéisahora que os abate el desamparo de vuestropadre! Muchas veces me ha acontecido yapor mis pecados, ya por un efecto de la permisióndivina buscar á Dios sin hallarle;pero ¿qué es esto en comparación de lo queahora sufre Jesús, el cual no merece ser tratadocomo yo lo he merecido tantas veces?Dios eterno, haced de mí lo que queráis:privadme de todos vuestros Consuelos: estecastigo me parecerá leve acordándome de ladolorosa exclamación de mi Jesús.


mMmmmmmimummmmaMiBm?c a m o l üraix.©ijo r'Tengo sed ('SAN 3ÜM ,c.xix, -Y. 2!}).¡PRELUDIO. Imaginemos que estamos enpie junto á la cruz -de Jesús conda ¡VirgenMaría y San Juan,contemplando lo quepasa.Las 'Otras Marías están un ¡poco detras. Elpueblo corre en ¡tropel á presenciar, este espectáculo.¿Es posible que no respeten siquiera elsagrado nombre de Dios? Vosotros que osburláis de Jesús diciendo que invoca á Eliasporque ha pronunciado las palabras: Eli,Eli; ¿ignoráis acaso que este es uno de losnombres del Todopoderoso? Que los soldadosromanos hablen asi los disculpo; >pero


265'Hosotros.,judíos Mas ¿-porqué¡he de¡admirarmeque.-ES tos IHAMBEES tomen ¡en vaso-el¡nombre dei-Dios.'CUAADOAIO hacen ¡esorüpulode (cometer ¡tan 'enorme crimen COMO.res iel: deioidio ? Este ¡llama -á Mías., dicen:túeja, veamos si viene ¡Elias ádibravle. ím—•píos , ¿xou que perseiverais-en 'vuestrasdn-.isolenciasy mofas 1 ;? Pues "temblad:-ese iDáos.iinraocado ¡por :J.es,us y sobre cuyo mombre:;santísimo (¡recaen vuestras insolentes .blas-'tfemias., ha


as- 266


9- 267 -esvoraz. Pone la esponja á la punta de unavara de hisopo y la acerca á los ardienteslabios de Jesús. Deja, veamos si Elias vieneá bajarle de la cruz. Cruel, ¿ con que nopuedes cumplir un leve deber de caridad,sin que vaya acompañado de una burlaamarga? ¡También tú repites la mofa y losinsultos de los demás! Ó mi Jesús, no esperéisningún alivio que no vaya mezclado deun sentimiento de pena y aflicción.No obstante bebéis para reanimar vuestrasfuerzas. Sí, Jesús se reanima y luegohabla de nuevo : silencio: Todo está consumado.¡Todo está consumado! ¡ por consiguientese ha acabado también vuestra vida,bendito Jesús! ¡Ah! Muy cercano está sutérmino, y con él se concluye la grandeobra por que habéis venido entre nosotros.¡ Cuánto os ha costado esa obra prodigiosade la redención humana! ¡Qué trágico y dolorosoes el desenlace! ¡ Con qué arroyos desangre queda sellada, y con cuántas congojasy tormentos se consolida! Todo estáconsumado. ¡Ó expresión que excitando elgozo mas vivo en mi corazón, porque memuestra el cumplimiento de la rehabilitaciónuniversal esperada tantos siglos há,


©./268 .«grae aflige :tambien profundamente , porqueime moni fiesta que --se acaba Ja wida dede-.isus.;¡"Ah'.! ya lian pasado ires-horas de.estar(agonizando, la desconsolada -víctima yipade-Dierido.en este ¡lecho de muerte .cuanto :esigosible-padeccr. >¿ Será esta labora fatal.,la-.hora predestinada desde la-eternidad , ;en;lacual :¡ Ah .'tiemblo .á-esta salaúdea.... DifiSr.mio, ¿¡qué veo? ya se manifiestan todosilojsíntomas de >una muerte inminente .en.laadorable persona de. Jesús: su.color se'vuelve.cada vez ¡mas.-lívido.: su cuerpo se ¡rinde; átodo su peso: su .sangre,.... ;¡,Ah! ya:nole• queda una :gdta que derramar. ::sus.oj*s;¡ódolor! sus hermosos ojos, cuyo apacible brilloalegraba á.todos aquellos -en (quienes ,se.fijaban , están lánguidos., medio cerrados y.-casi-apagados. Ya (locamos alinstante .fatal.María., ¡madre ternísima, Juan,, .discípulojamado, y vosotras , santas .mujeres, es llegadoel momento mas terrible ,rel punto^enque debemos consumar :eada .uno nuestrosacrificio. 'Nosotros de hemos asistido hastaaqui : ,y.:hemositenido bastante,fortaleza .para•verle ..padecer durante -tres ¡horas. No Jeabandonemos en.sus últimos .instantes.,Ani-.mo.j.p.ero ¿.qué hablo de ánimo? .Yo siento


i»- 269desfallecer mis- fuerzas:.... un sudor frió;...,¡ Ah ! Jesús moribundo , os suplico que porúltima vez volváis hacia mí vuestras lánguidasmiradas, é infundáis en mi corazón lafortaleza que habéis comunicado á vuestrasanta madre. Ó Dios, dentro de poco no seréismas que un cuerpo frió é inanimado.¡Jesús frió é inanimado ! ¡Jesús sin vida nimovimiento! ¡Jesús helado por la muerte!¡ Con que asi no oiré mas los dulces acentosde vuestra voz, ni veré las facciones de vuestroamable semblante! Lejos de.mí, funestasideas, lejos de mí',.que me abatís y descorazonáis.Jesús mió, no quiero dejaros • dichosoyo si puedo espirar con vos.-ss


CAPITULOXL.E inclinada la cabeza entregósu espíritu (SAN JUAN, C. IIX,v. 30).PRELUDIO. Imaginemos que tenemos losojos fijos para ver las últimas señales de vidaque da Jesús. La descripción del sitio es lamisma que mas arriba.Dentro de brevísimos instantes habrácesado de existir Jesús. Angeles bienaventurados,bajad del cielo, venid á asistir ávuestro rey, recoged esta víctima inmoladapor el amor y presentadla á su eterno padre;pero Jesús se presentará por si y pedirápor nosotros. Ved cómo levanta al cielo


sus desfallecidos ojos, y con un grito queparece prodigioso exclama: Padre, en tusmanos encomiendo mi espíritu. Luego inclinala cabeza y espira. Ya no existe Jesús ¡Ah!malvados , vosotros pagareis la pena de estafechoria : ya lia muerto el cordero sin mancilla: ya lia exhalado su alma misericordiosay habéis conseguido por fin vuestrosbárbaros deseos. Saciaos, lobos crueles, saciaosen esa sangre inocente: mirad esecuerpo sin movimiento, sin color y abandonadoásu propio peso : mirad esa cabezainclinada sobre el pecho. Impíos , triunfáis;la victoria es vuestra; pero temblad. No estálejos el dia de la terrible venganza , y no envano habréis invocado esa sangre sobre vuestrascabezas : sí, caerá sobre ellas, no lodudéis.Jesús mío No responde: ha muerto....¿Y quién le ha muerto ? ¿Dónde estáis, almafugitiva de mi amado Jesús? Cielo, tierra,responded: ¿quién de vosotros la posee?¡Ah ! restituidme Jesús: con él lo he perdidotodo: sin él no puedo vivir. Jesús, JesúsMas ¿quién responde á mis gemidos? ¡ Ah!es un eco sordo y lastimero. Jesús no existeya. Postrémonos al pie de la cruz y adoremos


ese- cuerpo exánime, tabernáculo inmacu>ladó donde 1habitó'largb, tiempo; la: benditísima;alma de nuestro divino Señor. Llore—'nios: aqui todos.- juntos y dejemos correrabundanteslágrimas en el mismo, paraje;donde; derramó copiosamente nuestra redentorJesús sa.sangre preciosa. ¡ Ó muorte!¡Cbcruz! ¡;Ó momento.fatal!.... Todosmis^sentidos están turbados ¿Quá haré-ya smJesús 1 ¡Ah! ¡ quién me diera,, tierno dueñamió,,poder seguiros!Pero también: yo moriré: ¡ó contento!'moriré é iré á reunirme con Jesús á quien he:perdido. ¿Y: cuándo llegará ese dichoso instante?¿Cuándo apareceré ante mi Señor paragozar eternamente de su vistai? ¡Quedes—graciado soy! ¿Quién.me librará de estecuerpo mortal? ¿Quién me dará las ligerasalas de lai tierna paloma para tomar vuelo, éir ái posar en el seno de mi amado bien?¡Ah! ahora sí. que me pesa la vida: ahora síqueme parece largo y miserable este destierro.Pero yo os veré, mi bien; y mi. tesoro,..ya.os.veré: vos me;esperáis, en los collados,etécnos do lá celestial Jerusalem :. el amorme aguija para ir á vos, y el amor me.guiará.


& 273 «SPero esa cruz ¡ ah ! esa cruz es la escalapor la cual levantó Jesús hasta el cielo susacratísima humanidad: ¿podré yo despuésde esto subir por otro camino? Ciertamenteque no: á la cruz pues, á la cruz. Jesúsmió, pues que vos habéis muerto por mí, yoquiero morir por vos. Es cosa resuelta , morirépor vos : aquí, junto á vuestro cuerpoinanimado me despojo de toda pasión, detodo afecto mundano, de toda vanidad terrena,de todo placer legítimo: todo lo conculcoy desprecio ; y en este estado de desnudezme, crucifico con vos. En adelantequiero crucificarme átoda cosa de la tierra,y vos solo, Jesús mío, seréis mi vida. ¡ Cuálserá mi felicidad si puedo decir de veras:Vivo; pero no soy yo, sino Jesucristo quienvive en mí! ¡Ó dichosa muerto mística ! ¡ Ónueva é inestimable virtud! Jesús ha muerto,y yo he cesado do vivir con él.Pero ¡ah! todo se mueve á mi rededor.Señor, valedme: el monte tiembla hasta ensus fundamentos: los peñascos se parten: elvelo del templo se rasga de arriba abajo:los sepulcros (¡ ó espectáculo inaudito!) seabren para que salgan los muertos. Buen .Dios, ¿qué pronostican estos fenómenos?18


¿Tía llegado eMinrdel imuiadxi:? Toda Ja n-aturalezaseestremece:entodraspartes:se¡Qbrranprodigios. Dios omnipotente, ¡quereis manifestarque ehque acaba -de 'entregar-el-.almaes vuestro unigénito. ¡Me¡aIegro al fm.ideiq.UBtodos van á;conoce.r y. juzgar por :sí ¡mismoscuál es el'poder -.de ¡ese justo,, que ¡en mediodélos tormentos mas ignominiosos;no ¡eshalóun solo suspiro riii dio una^sola ¡queja.PCTO ¿no podían ¡haber .ocurrido ¡antesilosmilagros que se dirán en ¡ esta ¡hora ¡fúnebre?El Redentorha ¡muerto poiTjrre iia-querido;i y'todas las criaturas sensibles¡ái:esta¡cnln—-midad tiemblaín de espanto al ver ¡espinara!un Dios!'¡ 0 • i ncorrí prensible irais torio -.de caridadinfinita para ¡con los'hoffibres! ¡La.raa-• tura-loza 'inanimada que no trene ¡ningunaparle en este'¡memorable suceso,se turba'sy-desordena ; ¡y nosotros -que'somos la en usade todo ¡Ah! omnipotente Jesús, os reconozcoy confieso por'verdadero Dios. Yahabéis recibido mis.sólemnesprótostas, ¡Diosde amor ¡infinito; pero ¡lis ¡renuevo aliena.Rasgúese ¡por fin el -velo que ¡cubre mi espíritunbcecado: ¡ablándese-la dureza -de mi icorazón; y cúmplase¡en-mí la grande ¡obra¡en edte dia deeterna-"m-smorra. :Sí„ iamadí—


se- 275


CAPÍTULOXLI.El centurión y los que con élestaban guardando á Jesús, viendoel terremoto y las cosas quesucedían, llenos de terror dijeron: Ciertamente este era hijo deDios (SAN MATEO, C. JXVII,v. 54).PRELUDIO. . Imaginemos que estamos áalgunos pasos de la cruz observando conatención lo que sucede.Ciertamente este era un justo, era el hijode Dios. ¿De quién viene este testimonio?Del centurión idólatra y de los soldados romanos.Alabado sea Dios. El pagano confiesa


&• 277 «5á lo menos una verdad que no ha queridopublicar el judío. ¡ Ah! sí, el desorden asombrosode la naturaleza en el solemne instantede entregar el Salvador su alma al padreeterno, la voz esforzada y terrible conque estando á punto de espirar ha dado ungrito que ha resonado en el cielo , en latierra y en los infiernos, todo manifiestaque ese cuerpo inanimado no es el de uncriminal, sino el de un justo, de un Dios humanado.¡'Qué consuelo' oir esta memorable'confesión de boca de un idólatra: Ciertamenteeste era hijo de Diosl Vosotros queasombrados de tantos prodigios y tocadosde la divina gracia conocéis al fin y confesáisquién es ese Jesús que habéis clavadoen la cruz, aprovechaos dé esta revelación;rendios á- la evidencia déla verdad, abandonadel error y sed las dichosas primiciasde la gentilidad,que ocupará un dia el lugarde los soberbios hijos de Abraham.Acabado el funesto espectáculo el pueblose pone en camino para volver á la ciudad.Pero ¡qué motivo de asombro para mi!¿Qué se ha hecho el cruel regocijo que manifestómientras presenciaba los tormentos deJesús? Ahora se leen en el semblante de to-


S» 278 «5dos el­disgusto.y la 1 tristeza , у en; lugar de ­las burlas y sarcasmos no oigo masqueel'rumor sordo de conversaciones ;confusas,;pero­á'media vozy­tranquilas­., La ­ ' multitud^baja desmonte dándose golpes de­peolio»en 1la ;actitud de un hombre que se­ arrepiente.'muy tarde­de haber hechoun' mal irrenreJdiable.¡Qué mudanza! Ese puebloque liace 1cuatro horas seguía' á­ Jesús con ¡aire' gozoso ­y dé triunfo, se­v,uelvealmra triste* y humillado.¡Ó judios,,nación antiguamente eseo^gidá :por Dios! ¡Ó­b¡jos­de­Abraham J , de ; Isaacy de­Jacob ." ¿Habéis reconocido la enormeprevaricación que­ acabáis' de cometer?;¿Echáis­' de ver que' habéis sacrificado á jvuestro Salvador, al Mesías­ esperado» tantossiglos?\Losprodigios que lian sobrevenido oshanabierto los ojos; pero ¿рот qué no os*'rendísteis á la voz de otros muchos milagro^:que obró' el mismo Jesús á­vuestra vista?Desgraciados, ahora Uoraisvuestro crimen;pero ¿qué me importan vuestras lágrimas?¿Podrán restituirme Jesús muerto por. vosotros?Antes debisteis abrir los ojos, cuando^con una palabra derribó en tierra á la multitud,cuando curó la oreja á Maleo , cuandopidió.porlos que le habian crucificado: en­­


toncos tiabvez no hubiera) muerto) Jesús.. Sa;-b89d;á> 1« menQs.aproiveGharos.dfeí vuestro dolor'^;- apresuraos á. expiar vuestro deicidío;(i», lo contrario'- ese mismo arrepentimientose» voLvema. en: confusión: eterna para vos-O&OJSÍ.EQ efecto ¡ desgraciado el; hombre quelima:el;mal;que. ha cometido, sin: volver en,súy mud*ar de, vid a-!':Ya nos.hemos quedado sotos; exceptólossoldados-que custodian: á tos crucificados.Mantengámonos- un poco- apartados paraconsideran lb:que va á suceder: ¡Oh! 1¡si tu—viéramos la-dicha* de-poseen 1ol^ cuerpo inamimadb'de» nuestro, amantísimo- Señor!'¿Quién sabe?' Tal vez el Dios de misericor^diádnspirará.á algún siervo fiel y podorosopuna consolarnos. 0¡ Jesús mió, ¡si pudieray.o.-ái lo menos; después de vuestra 1muerteestrecharos. Gontra- mi corazón y: estamparmil'y mil ósculo* respetuosos; err vuestrassacratísimas! llagas!'Mas-ya.diviso otros soldados que: se dirigenhacia; aqui.... están conversando conlos de guardia-.....ya he entendido. Los -judíoshan pedido á Pilatoquo' mande bajar á loscrucificados del suplicio después de quebrantarleslas piernas, para que no>estén


&• 280 •&expuestos el día siguiente que es la fiestadelsábado. ¡Qué hombres tan escrupulosos!han tenido valor para cometer una iniquidadmonstruosa, y luego hacen escrúpulo deconciencia de profanar el sábado. Estos sonlos sacerdotes, los escribas y los fariseos.¡Ah! ¡Qué bien los caracterizó Jesús cuandodijo- Apartan los mosquitos y se tragan loscamellos 1 . Señor, alejad de mí ese falso espíritude religión, que al tiempo que pecacon los ojos abiertos, se adhiere escrupulosamenteá algunas prácticas exteriores.Ya se acercan los soldados y dan á los dosladrones el golpe fatal... ¡Desgraciados! mecausan compasión: mueren sin tardanza.Mas ¡ cuál es tu dicha, ó ladrón convertidoy penitente! Ve á gozar de la promesa quete hizo Jesús; ¿no estás contento con seguiral que te ha precedido? ¡Cuan bueno es morircuando se tiene certeza de disfrutar deuna felicidad sin fin ! Y tú , ladrón impenitente,¡qué lástima me causas no obstantetu deplorable obstinación en el mal! Probablementepasas de la cruz al infierno, delos suplicios temporales á los eternos, delbrazo del verdugo á los brazos do Satanás.


284 -zgO Dios mió, ¡ qué terrible destino! ¡queorden misterioso de vuestra providencia!Dos hombres mueren en la cruz al lado deJesús: el uno se salva y el otro se pierde paratoda la eternidad. Adoro, mi Dios, los secretosde vuestra infinita sabiduría, que leyendoen lo íntimo de los corazones premialas intenciones sinceras y los actos virtuosos,y da á cada uno según las obras queha hecho en la plenitud de su libertad. ¿Cuálserá mi suerte una vez que haya desaparecidoel tiempo para mi? Hasta aqui he permanecidoal pie de la cruz; pero ¿me bastaesto para salvarme? ¡Ah! sostenedme, Diosmió, fortalecedme, y no permitáis que sepierda eternamente una alma por la cualacaba Jesús de dar su vida.


Uno-de-los- scoldadbs'lb'abrióel'costadvcoD una¡ lanza.(¡Si. JÍMV6.,XIS,,VI 24,)»1 EELUDIO. Imaginemos.que-esterero* á'algunos pasos de la cruz de Jesús, observandocon atención lo que pasa.Muertos y bajad os de la cruz los dos ladrones,queda solamente Jesús. Dios mió, ¿habránde quebrantarle'también á él las piernas?Yo quisiera decirles... pero me falta elvalor. No permitáis, Señor, que el SANTÍSImocuerpo de vuestro hijo sufra una mutilaciónindigna; dádnosle íntegro.Bien; han visto que Jesús está muerto y


£a-283' •€?:parecen' resueltos a-no tocarle:.. Deteneos...¿Á f q-ué viene esa lanzada en'el sagrado pe—ello-del : Salvador?'|0'prodigio! manan sangrey- aguaen abundancia deitraneha he—•rida.¿Quésignificas, fuente misteriosa?Dioslo revelará' sin - duda á SU' iglésia-en'los - siglos 1venideros. Entre • tanto 1reconozco' y admirouno die los rasgos mas'bondádosos delá caridaddé Jesús, que por medio de-esla lam—za',cruel 1me ha abiertO'SU pecho para-quepudiese yo ver eb corazón que me amótan 1tiernamente. O -preciosa llaga, escondo mialmaen tus-senos protectores: tú serásqoa--ra*, mí'el' nido de la paloma-, la 1 -piedra d&asiló y de-defensa. Sí, mi Jésus, yo !mfettransporto-cun- todo "el ardor de miiespÍFÍ—tirá :ese pecho sobre: que se reclinó y descansótranquilamente elcasto discípulo-.des^deahí ; penetro mas adentno en vuestro>ccr—razón , que ardió entángraTidearaiorllácia 1mí' y que se a'brasará todavía mas cuando'sea? n>animado !por vuestra resurrección*Séarae dado en aqucldia' imbuirme en lossentimientosde este'corazón , y haced' que :desprendido yo de todo é insensible á todovivaen vos, por vos- y para vos ahora y.',por toda la eternidad.


a- 284 •& ,¡O dolor! Van á bajar el sagrado cadáverde Jesús:, ¿quién sabe dónde le echarán?-Bárbaros, guardaos de'cometer tal impiedad...Mas si no me equivoco, yo conozco áesos dos hombres. Este es Nicodemus, yaquel Josef. Acórcanse á los soldados , conversanun rato con ellos y luego se van. Porfin respiro: ahora Jesús es nuestro. Perodecidme, ¿cómo habéis hecho? Sin duda habéispedido el sacrosanto cuerpo á Pilato, ytú, Josef, has sido bien despachado por tuempleo de decurión y la nobleza do tu origen.Bendito sea Dios , porque ha suscitadoen favor nuestro este hombre poderoso porquien yo suspiraba. ¡Y Pilato no queríacreer que hubiese ya muerto Jesús! Crueles,¿podía vivir todavía después de los tormentosque le habéis hecho sufrir? Mas al finJesús es nuestro. ¡Oh! ¡qué gozo poder tributarlos últimos obsequios de la caridad ámi-amado dueño! Ya me palpita el corazón,Dios mió., un sudor frió... pero ánimo: despuésde haber hecho tanto ¿iré á desmayarcuando se trata de coronar la obra? Venid,santas mujeres, acerquémonos. Pobre madre,tierna María , venid: justo es que recibáispor despedida en vuestros brazos á


& 285 -sgese Jesús á quien estrechasteis la primeravez.Ya estamos junto á la cruz. Ahora que noshallamos solos dejadme abrazar este maderosantificado cen la preciosa sangre de mi redentoradorable; dejadme llegar mis labiospara darle mil ósculos. O leño dichoso, pocoha afrentoso .instrumento de suplicio yahora objeto querido de veneración, yo teestrecho contra mi seno y me uno á tí: recibeal discípulo del que está pendiente detus brazos...Vamos, Nicodemus yJosef, pongamosmanos á la obra. Sin embargo es bien doloroso,Jesús mió, tener que cumplir convos este piadoso deber en tal circunstancia.Aquí están los clavos... ¡Ah! me estremezco:¡cómo han desgarrado las manos adorablesde mí Salvador! Queridos amigos, hacedlovosotros, os lo ruego; á mí me falta el valor.¡Oh! con tiento, demasiado maltratadoestá ya ese cuerpo sacratísimo enteramentelacerado. Ya está desprendido de la cruz;cuidado para bajarle al suelo. DesventuradaMaría, acercaos, ahi tenéis vuestro hijo...¡O dolor! al hanlaros asi siento que meabandonan las fuerzas. ¡Ay de mí! ¡en qué


-,a86 t&estado os le devuelvo!.¿Lloráis, maiiiie.desconsolada?¿-Fijáis los ojos en ese cuerpo (divino?...Xa comprendo muestro .mudo"Jenguaje.¿Es ese .,• me decis, .aqueLama-bleir«strode incomparable hermosura/cuya vista•sola atraiaá-si todos los corazones? ¡Oh!'¡ouán.roudadoiestá!:¡quó violentos rastroshan.dejadolosiúltimos .combates! ¡qué horribte.e-niflaquecimientoLMiTa.d,,tierna.madre, miradese -.Gastado en.que fian puesto.unos solda-?dos,sus manos sacrilegas. .O.Dios, ¡ ! quó;es—pectáculo! los azotes han rasgado-el.sacratísimo.c.;iierpo..;¿Y la cabeza? ¡ Ah! ahorarcomprendocuáles debieron ser sus dolores .alponerle la corona de espinas. 'Ved cómotiene .la cabeza,toda taHidrada.;¡la,p¡el -.estáarrancada .aquí, .allá... Basta., dejemos por• compasión testas .amarguísimas .reflexionas.P.ero ¿cómo be de dejarlas, -si .Jesús :Serye.reducido á,este estado por mis ofensas?»0ími.divino,maestr.o,.¿por.qué no.ha'venidjo á-descargar sobre :mí la tempestad -de-., los infinitestormentos q.ueíos bandado la nrner-;te? Yo -soy el .culpable.: ,asi yo .debia pagarla¡pena.-J>eroahora ya no es..tiempo :¿i-abeís-dejado'de»iv¡r,'y yo-J)año.oon.mis.lágrimas•v.uestro.,cadáver frió. -Jesús, Jesús,, ¡echad-


£» 287. «*JHve:!JBWIIÍKÉI\riEvBompasian. ¡¡L^ániasensatosoy! mi redentor está muerto. O preciosocadáver de mi amado, donde habitó lahermosa alma que me colmó de tantos bienes,yo te adoro y te venero humildementey me, uno á tí para no separarme jamás, á lomenos en espíritu.


CAPITULOXLIII.Y lo depositó en el sepulcro(S. MAUCOS, C. XT, T. Al).Í RELÜDIO. Imaginemos que estamos encompañía de María, de las otrassantas mujeres,de Nicodemus y Josef, contemplando elcuerpo inanimado de Jesús con las lágrimasen los ojos.¡Cuan dulce es desahogar sus afectuosossentimientos sobre el cuerpo de nuestroamado Señor y bañar sus llagas con núes-


289 '


as- 292 -síYa está cerrada la losa del sepulcro. Dichosapiedra, ¡cómo te envidio la dicha á tíque tienes la gloria de poseer en tu seno elprecioso cadáver de mi Señor! ¡Ah! ¡cómoquisiera yo encerrarme bajo de tus bóvedascon mi Jesús para no separarme jamás deél! Yo te abrazo y te riego con mis lágrimas,marmol sagrado. Cuando haya resucitadoJesús, vendré también á visitarte, y de,rodillasdelante de tí recordaré este instante.O Dios , después de haber acompañado á ra imisericordioso Salvador desde el huertodonde empezó su dolorosa pasión , hasta elmonte donde acaba de consumarla, ¿cómopodría yo olvidar las escenas lastimosas quehe presenciado? Todo en la naturaleza lasrepresentará á mis ojos: uno de esos enfermosá quienes vuestra mano restituía la salud;uno de esos pequeñuelos á quienes oscomplacíais en colmar de caricias en recompensade su casta inocencia; una cruzque encuentre á la orilla de un camino; elaspecto de una iglesia cuya elevada aguja sedivisa á lo lejos; los deberes que haya decumplir, las injurias que haya de perdonar,y los tormentos que haya de sufrir con vuestrapaciencia y resignación, todo en fin


33- 293 -esllevará mis afectuosos recuerdos á la pasióncruenta de mi Redentor. No permitáis, Diosmió, que se borren jamás de mi alma losejemplos y lecciones que he recibido en estasmemorables circunstancias.

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