Revista este de madrid (1991-2012) - Archivo de Arganda del Rey ...

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Revista este de madrid (1991-2012) - Archivo de Arganda del Rey ...

Nada resulta tan bueno como

parecía

(GEORGE ELIOT)


Por la noche,

con la luz

apagada del

anonimato,

escarban sus

más conspicuas

intimidades e

intercambian

efluvios y

ambiciones.


POR: FRANCISCO MAYORAL

Me gusta el cine americano.

Comienzo así para que no haya

dudas sobre mis intenciones. Ese

despliegue de medios, guionistas

fenomenales, actores y actrices que han

servido de referencia al resto de la

humanidad.

Sin embargo, una de las cosas que más me

ha cabreado desde siempre es la doble

moral de sus películas en lo que respecta al

sexo. La escena se repite en infinidad de

largometrajes: la pareja de protagonistas

aparece en la cama, los rostros satisfechos,

resulta evidente que le han dado una buena

alegría al cuerpo. Incluso se permiten

echarse un cigarrillo en primer plano cuando

aún no estaba prohibido ni mal visto. Están

reclinados sobre la almohada, nadie duda que

sus espléndidos cuerpos reposan exhaustos

y desnudos bajo las sábanas, la lencería de

ambos está esparcida sobre el suelo en una

hábil ráfaga de cámara que nos permite

imaginar más allá de lo que vemos.

De pronto, a uno de ellos le entran ganas

de ir al baño, de calentarse un café o mirar

por la ventana a ver qué día hace. Y no, no se

levanta en pelotas como lo haría cualquier

paisano que ustedes y yo conocemos o

mejor dicho hacemos, sino que se tapa

pudorosamente con la sábana, como si el

otro, el que queda en el lecho, no hubiera

recorrido manual y visualmente los recodos

de su anatomía.

Recordando una de estas películas, en uno

de tantos canales de la televisión, por otra

parte magnífica en su argumento e

interpretación, volví a experimentar esa mala

leche que antes les comentaba. No obstante,

y si lo piensan un momento muy a propósito

de los tiempos que corren, podemos deducir

de estas escenas bien una hipocresía

evidente o tal vez una metáfora de la

realidad circulante.

Observas a cierta clase política, a los

banqueros, a tantos y tantos especialistas en

la cosa económica, cómo nos argumentan

razones de peso sobre la naturaleza del caos,

de la crisis y del desparrame de nuestro

sistema de bienestar, y piensas si en ese

momento de su discurso, están aún entre las

sábanas de su despacho, compartiendo con

sus cómplices de latrocinio uno de sus

Entre sábanas

Esta revista es miembro de:

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DE PUBLICACIONES PERIÓDICAS

revolcones sabrosos en ganancias y placer, o

quizás se hayan levantado ya del catre y se

han colocado la colcha para tapar las

vergüenzas.

Son los amos del universo, controlan los

mercados de la abundancia y del hambre,

negocian con sus enemigos y se relamen en

el placer de sudarios ajenos. Por la noche,

con la luz apagada del anonimato, escarban

sus más conspicuas intimidades e

intercambian efluvios y ambiciones.

Tengo la sensación de que esos

personajes que vemos en el telediario o en

los periódicos, tan apañaditos en sus trajes,

tan relamidos e interesados porque la

sociedad funcione y todo vuelva a los cauces

correctos, horas antes se han hinchado a

fornicar a costa de nuestros intereses

aunque ahora se oculten tras el cobertor.

Hemos pasado de ser el país de mayor

desarrollo y derroche a que estén a punto

de salvarnos y todo dicho en poco tiempo

por los mismos protagonistas: ¿con sábanas

o sin sábanas por medio? Ese banco amigo

que nos animaba a pedir el mundo porque

nos lo merecíamos, nos niega ahora el pan y

la sal: ¿con sábanas o a pelo? Había trabajo

en abundancia y para todos, animaron a que

vinieran del otro lado del océano los

mismos que ahora les cuestionan y animan a

que se vayan: ¿con sábanas o sin sábanas

tapando las vergüenzas? En los

Ayuntamientos, Comunidades o similares,

han pasado en unos meses de presumir a

ver quién la tiene más larga, a intentar

demostrar que no hay nadie más austero

que ellos: ¿con sábanas o prefieren que la

cámara enfoque en el momento de

levantarse la mirada lujuriosa del que queda

en el tálamo?

Acabamos de elegir nuevo gobierno. Los

protagonistas han demostrado con creces su

valía bajo los edredones. Apenas asoman sus

rostros despeinados tras una larga noche de

lujuria. Pero la escena ahora es otra. Suena el

despertador y hay que levantarse. La cámara

les enfoca y se incorporan. ¿Serán capaces de

mostrarse tal y como hace unos instantes,

con la misma vehemencia y sin rubor. O tal

vez quieran ocultarnos que, a pesar de todo

el desparrame de sexo y placer, es mejor

esconder las intimidades?

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