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45008 SOC. ESP. PSIQ. Cuad. 29 - Sepypna

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12Como escribe

12Como escribe Canguilhem: “si la historia de la medicinaconduce a hacer justicia a Hipócrates, fundador de la medicinade observación, el porvenir se preocupa de prescribir a lamedicina, no el negar la medicina de observación, sino el separarsede ella. El hipocratismo es un naturismo: la medicina deobservación es pasiva, contemplativa, descriptiva como unaciencia natural. La medicina experimental es una ciencia conquistadora”.Los propios textos de Claude Bernard plantean sin equivocoalguno la realidad del salto epistemológico que instaura elmétodo experimental: “Lo que quiero, escribe, es fundar lamedicina experimental convirtiendo en científico lo que hoy endía no es más que empírico. Para esto yo demuestro quepodemos actuar sobre los cuerpos vivos como sobre los cuerposbrutos... y afirmo que la medicina contemplativa del cursode las enfermedades, es decir la medicina de observación,aunque le queda mucho por hacer, existe; Hipócrates la fundó.Pero de otro lado, pretendo que la medicina experimental,aquella que tiene como objeto actuar sobre el organismo ymodificar o curar las enfermedades, no existe; su problema nose ha planteado; espera todavía su fundador.”O incluso: “la medicina de observación ve, observa y explicalas enfermedades, pero no trata la enfermedad... CuandoHipócrates sale de la pura expectación para dar remedios, essiempre con el fin de favorecer las tendencias de la naturaleza,es decir hacer que la enfermedad recorra sus períodos. Elmédico experimentador ejercerá sucesivamente su influenciasobre las enfermedades, a partir del momento en que conozcaexperimentalmente el determinismo exacto, es decir la causapróxima” (4).J-P. Lebrun resalta que los médicos, tras Claude Bernard,deben lograr incluirse en una doble filiación contradictoria,hipocrática y experimental. Ya que la medicina experimental noha querido, o no ha podido, renegar completamente de lamedicina hipocrática, la ha relegado al capítulo de las antigüe-

13dades, pero reconociéndola como originaria. La medicina científicaocupa lo alto del pabellón con toda legitimidad:porque aella le debe la medicina occidental sus progresos, y es ella laque ha permitido desarrollar los tratamientos cada vez más eficaces,para un número creciente de enfermedades. Sin embargo,para esta medicina científica, el sujeto enfermo en sí mismono tiene un status científico: es el lugar de los mecanismosfisiológicos y patológicos que son objeto de la investigaciónmédica. Esto nos lleva a que la parte de la de la actividad delmédico, que puede definirse como la relación médico - enfermo,no tiene tampoco un status científico: puede ser representadacomo el envoltorio, considerado según los médicos comonecesario o inevitable, del objeto mismo de la medicina, que esla fisiología del cuerpo humano, sano o enfermo.Así podemos considerar con J-P. Lebrun que “si hoy en díael médico continúa interesándose por el enfermo, es en tantoque desborda su estricta posición medica científica. Lo que noquiere decir que en la experiencia cotidiana en concreto, elmédico no utiliza más su arte, pero que si lo hace - y lo hacefelizmente a menudo - no es en el marco de su intervencióncientífica: es un suplemento...Lo que al médico contemporáneole cuesta tener en cuenta, es que él debe trabajar esta división:se ha convertido en obrero de esta medicina científica que sinduda alguna es eficaz, y debe asumir todo ese saber científicoque se ha ido constituyendo progresivamente; por otra parte,en este movimiento que le ha instalado como médico, - ya quehoy en día es médico porque ha aceptado ser el agente de lamedicina - algo se ha perdido de la tradición hipocrática y lasolitaria referencia al juramento de Hipócrates no basta paraborrar los efectos del advenimiento y fundación de la posiciónmédica actual.Podemos por el contrario interpretar múltiples aspectos dela crisis de la medicina contemporánea, tales como la prosperidadde las medicinas paralelas “alternativas” o de las medicinasllamadas “suaves”, el encarnizamiento terapéutico, la laxi-

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