los dueños del dinero

xml.diasiete.com

los dueños del dinero

cuarto de estudioel fondo importaLos dueños del dineroLas series de televisión de Estados Unidos exhiben lo inútil queresulta declararle la guerra al narco, y sus efectos, dice el autor delsiguiente ensayo. Sugieren seguir la ruta del dinero y crear zonasde tolerancia, en vez de responder a balazos, como en México.No es un arranque ingenioso o trepidante lo que atrapa la atención alver The Wire. Es su extraordinario realismo y credibilidad. Y nos tomatiempo descubrir el porqué.Producida por HBO y transmitida ahora por Once TV como Los vigilantes,parece una más de las excelentes series televisivas que desde haceunos 20 años se producen en varios países, principalmente en EstadosUnidos. Inició sus cinco temporadas en 2002 y, sobreponiéndose a problemasde audiencia y presupuesto, completó su programación en 2008 comouna de las obras más respetadas en su país y en el extranjero.En primera instancia se trata de un drama policiaco actual, pues sueje es el tráfico de drogas en Baltimore. La primera temporada comienzacon la guerra librada por la policía y los traficantes, en la calle, comolo hace cualquier investigación. Pero a diferencia de otras series exitosascomo La ley y el orden —donde la policía sigue alineando a los buenosmientras que los bandidos siempre son los malos—, incluso más allá deOz, la durísima serie presidiara donde los buenos y los malos se vuelvenintercambiables, en The Wire ambos bandos sólo son lo que son: elfrente de batalla de estructuras mucho más complejas.texto: Mauricio Baresilustración: León Braojos14Cuando la primera temporadanos ha acostumbrado a vivir con losnarcomenudistas de un gueto deBaltimore como si los tuviéramos enla sala de nuestra casa, la segundatemporada nos sitúa en los puertosde esa ciudad, en el abastecimiento.Y para no resentirlo, ahora sí noslanza un comienzo trepidante. Allícomenzamos a entender el porquéla serie nos tiene atrapados. No sóloes un drama policiaco: atestiguamosun proceso de investigación:del menudeo pasamos al mayoreo.Por ello, en su momento, la terceratemporada muda hacia las oficinasgubernamentales implicadas en eltema, al forcejeo secreto por avanzaru obstaculizar cualquier indagación.La cuarta temporada demuestra que el narcotráfico tambiénes un problema educativo, no sólo porque se hayafiltrado a las escuelas, sino porque las escuelas y loshogares se hallan descompuestos, en gran parte por elnarcotráfico mismo; para entonces ya quedó establecidoque no hay a quién acudir porque el gobierno está altamenteimplicado. En este punto, la investigación ya noes meramente policiaca, sino social, periodística. Por lotanto, la quinta temporada cierra con la actitud evasivade la prensa ante el tema.Aunque la serie es un ejemplo de caracterización,no tiene protagonistas definidos, ningún personaje subsistecon base en su popularidad. Esto es congruentecon el reparto, pues no hay estrellas y algunos papelesson dados a actores de teatro, a narcomenudistas reales


y policías retirados por igual.Entre los escritores se hallanexpolicías y reporteros policiacos,como el creador de la serie,David Simon, quien afirma enuna entrevista: “No vendemosesperanza, gratificación, ni victoriasbaratas, planteamos unadiscusión sobre lo que las instituciones —burocracias,organizaciones criminales, incluso el capitalismo crudo—le ocasionan al individuo. No es sólo entretenimiento”.The Wire incluye estudios sobre diversos asuntos,como los raciales. Y si bien se le ha acusadopor retratar una realidad donde la mayoría inmiscuidaen el narcotráfico es de raza negra, porese mismo motivo, la serie lidera a las demás enreclutar actores negros.La ruta del dólarDentro de la fidelidad a sus principios, cabe destacarque, a diferencia de los discursos oficiales de paísescomo Estados Unidos, México y Colombia, The Wireno pone la culpa en otro país. Demuestra que es unasunto internacional pero se ocupa de aquello quele corresponde, lo cual no sólo es un acierto estéticoe intelectual, sino el resultado de una postura muchomás amplia y profunda: la preocupación por el modoen que sus instituciones han reducido al ciudadanocomún estadounidense. Nos muestra que la vanagloriadapotencia tiene sumida a una considerable partede su población en condiciones tan deplorables comolas que padecemos en el Tercer Mundo.Pero quizá su mayor logro es la exposición meticulosa—desde una escena en la primera temporadaen 2002— de lo inútil que es declararle la guerraal narco. Que es irrelevante perseguir consumidores,atrapar vendedores y encarcelar a repartidores o productores.Que los cadáveres allí quedan, tirados en lacalle, pero que son sustituibles sin importar su rango.Esta escena crucial carece de persecuciones espectaculares,majaderías y efectos especiales. Todo lo contario:en una tarde rutinaria, la unidad policial encargada deUno de los mejores momentos trata de un pequeñoexperimento con ideas exitosas tomadasde países como Holanda, por lo que esta zona detolerancia es bautizada en la serie como “LittleAmsterdam”la investigación, mediante un permiso de espionaje alos celulares de los traficantes, descubre en sus oficinasque para desmantelar a una organización, lo único importantees rastrear la ruta que sigue el dinero, puesnos conduce a quienes se benefician del negocio. Esdecir, a sus verdaderos dueños.Estamos frente a la televisión en su sentido másamplio. Algo que nos motiva a preguntarnos por quéen 2010 nuestro país sólo sigue respondiendo a balazos.Es obvio que está decidido a no tocar los intereses demucha gente que ya está más acá de un capo, genteque seguramente ya está cenando en la casa de al lado.Una situación donde los únicos perjudicados somosquienes no la debemos pero que ahora la tememos.Tal vez el planteamiento central es: si el consumode drogas ha existido desde que el hombrees hombre, es más, si ha contribuido a que elhombre sea hombre, ¿no habrá mejores alternativas?Un pactoDe hecho, uno de los mejores segmentos de la seriesucede cuando el escuadrón de policía se da cuentade que la única solución es pactar con los narcos:delimitar perfectamente sus zonas de acción, regularsus mecanismos de operación y competir en el mercadobajo reglas bien claras. Se trata de un pequeñoexperimento con ideas exitosas tomadas de paísescomo Holanda, por lo que esta zona de toleranciaes bautizada en la serie como “Little Amsterdam”.Si bien resulta imposible elegir una temporadasobre las otras, este segmento destaca no sólo porser uno de los fundamentos de toda la obra, sinopor ser uno de sus momentos más logrados estéticamente.Mauricio BaresCiudad de México, 1963. Escritor.Sus libros más recientes sonApuntes de un escritor malo (Nitro/Press,2009) y La vida es unatelenovela (Atemporia, 2009).16

More magazines by this user
Similar magazines