VI / dominical LA OPINION-EL CORREO / Domingo, <strong>10</strong> <strong>de</strong> abril <strong>de</strong> 20<strong>11</strong>A MIS AMIGOS DE ASPROSUB Y FUNDACIÓN PERSONAS, POR SER LA FLOR DE ZAMORA Y EL ORGULLO DE LO<strong>de</strong>lfinarioDELFÍN RODRÍGUEZ<strong>La</strong> amantetenía un precioME LLEGA ESTA CARTA DE UNAMUJER A LA QUE ABANDONÓ SUMARIDO. QUIERE, DESDE AQUÍ,DECIRLE CUATRO COSITAS.<strong>La</strong> frase«He tenido tantas citas aciegas, que <strong>de</strong>bería tener<strong>de</strong>recho a un perro guía»Wendy Liebman(Cantante americana)Querido Manolo:Hoy hace once años ya que nos separamos.Cómo pasa el tiempo, Manolo. <strong>La</strong> niñaha cumplido hace un mes los dieciocho y estácomo un brazo <strong>de</strong> mar: ancha, salada... Nosabes lo que te estás perdiendo. Tú y ella.Porque te aseguro, Lolo, que no te ha olvidado.Cómo olvidar las bofetadas que contanto cariño le dabas cuando llegabas tar<strong>de</strong> acasa con una copa <strong>de</strong> más y ella diez minutos<strong>de</strong>spués que tú <strong>de</strong> jugar a la comba consus amigas.Yo tampoco te he olvidado. Trabajo fregandoescaleras y oficinas y tengo callos enlas rodillas. Quizás por eso cuando me acuestopienso tantas veces en ti. Tengo <strong>de</strong>lante <strong>de</strong>nuestra cama el armario empotrado con luna<strong>de</strong> espejo en el que tú colgabas las penasmientras mirabas la ruina en que te estabasconvirtiendo. Está tú gabardina blanca, aquellatan raída que te ponías cuando llovía porqueya te era igual si encogía o si <strong>de</strong>l cielollovían sapos y culebras y se ensuciaba.Me acuerdo <strong>de</strong> forma especial <strong>de</strong> esta gabardinaque vio nuestros primeros besos. Elotro día te vi pasar por San Torcuato y echándoteuna mirada distraída y curiosa comprobéque la gabardina ya no te abrochaba. Hasechado una barriga <strong>de</strong> embarazada que te dala vuelta a la cintura. Me da escalofríos solopensar que hoy pudieras llegar a casa concuatro copas y te metieras cariñoso en la cama.Tú, con ese bombo, encima <strong>de</strong> mí. ¡Dela que me has librado, Manolo <strong>de</strong> mis sinsabores!Eldíaquenos<strong>de</strong>jastealaniñayamífueterrible. Me lo dijiste <strong>de</strong> forma fría, como sinunca me hubieras tenido cariño. Habías conocidoa una muchachita con las tetas muytersas porque no había parido y te fuiste conella. El mundo se me vino abajo. Cómo sacara la niña a<strong>de</strong>lante, cómo seguir viviendo…¡Cuántas preguntas sin respuesta, Manolo!Luego supe que los caprichos <strong>de</strong> lanueva novia te habían arruinado. Ibas a pagarun alto precio por cambiar <strong>de</strong> montura amitad <strong>de</strong> la carrera.Pues ya ves, Manolo saqué a tu hija a<strong>de</strong>lante.Y es preciosa. Yo disfruto ahora <strong>de</strong> lavida algo más. He tenido pretendientes, nocreas, pero no volveré a caer en las re<strong>de</strong>s <strong>de</strong><strong>La</strong>s cosas tecomenzaron a irmal cuando lapreñaste como amí y su figuraestilizada huyó <strong>de</strong>su cuerpoTu novia no tardaráen darse cuenta<strong>de</strong> que eres unsaco <strong>de</strong> grasa quea menudo seconvierte en unpellejo <strong>de</strong> vinolos hombres. Me da la impresión <strong>de</strong> que muchoscomo tú solo entendéis el usar y tirar.Eso no quiere <strong>de</strong>cir que sea una mojigata.Tengo mis <strong>de</strong>vaneos. El otro día, sin ir máslejos, me salió un mozalbete en el Jalisco queestaba muy bien. Des<strong>de</strong> luego comparar tubarrigón con su chocolatina es como comparara Dios con un brazogitano.Y encima elchico tuvo la gentileza <strong>de</strong> <strong>de</strong>cir que para miedad me conservaba muy bien.Yo sé que el chaval miraría con compasiónlos pellejos que se intuyen en la barriga, perolos hombres con dos copas os volvéis ciegos.A muchas mujeres, a veces, nos da igualque se nos acerque un imberbe porque muchostambién sois <strong>de</strong> usar y tirar.¡Cuánto he aprendido, Manolo! ¡Cómocompa<strong>de</strong>zco a la jovencita esa por la que me<strong>de</strong>jaste! Fuiste tan necio que huyendo <strong>de</strong> uncuerpo que se había puesto un poco fofo conel parto, te topaste con uno fresco sin parartea pensar que en cuanto la preñaras se repetiríala historia.Creí que eras un egoísta listo, pero ahorasé que, a<strong>de</strong>más <strong>de</strong> egoísta, eres tonto <strong>de</strong> capirote.Sé que las cosas ya no te van bien conesa Mari Puri, a la que por cierto conozcoporque un hermano suyo tiene una tienda <strong>de</strong>ropa bastante barata en la que yo compro lascosas <strong>de</strong> tu hija. Comenzaron a ir mal cuandola preñaste como a mí y su figura estilizadahuyó <strong>de</strong> su cuerpo.El otro día la tuve a un metro en la tienda<strong>de</strong> su hermano. Ella se quedó helada. Muda.<strong>La</strong> saludé como si la conociera <strong>de</strong> toda la vida.Pedí unas bragas para mi hija. Eran monísimas.Ella se sintió incómoda. Vi que <strong>de</strong>reojo se miraba en el espejo. Quizás compa-
Domingo, <strong>10</strong> <strong>de</strong> abril <strong>de</strong> 20<strong>11</strong> / LA OPINION-EL CORREOS ZAMORANOS.dominical / VIIPUERTA ÓPTIMA <strong>DOM</strong>INICALGracias,Asprosubraba nuestros cuerpos. Resulta que laguapa, ahora, soy yo. Hemos cambiadolos papeles. Ella tiene la tripa que yo teníay yo la libertad que tenía ella.Pero sí, te recuerdo. A qué negarlo.Cómo olvidar aquellas mañanas <strong>de</strong> domingoen las que te ponías a hacer unapaella para echarme una mano. Después<strong>de</strong> comerla cruda o quemada para queno te disgustaras, me pasaba la tar<strong>de</strong> fregandola cocina, recogiendo granos <strong>de</strong>arroz en el suelo porque parecía que lahabías hecho para las gallinas en vez <strong>de</strong>los humanos. <strong>La</strong> madre que te parió,Manolo, cuántas tar<strong>de</strong>s me quedé sin cinepor recoger tu estropicio.Qué <strong>de</strong>scanso, Manolo. Después <strong>de</strong>los primeros meses <strong>de</strong> tristeza y agobiome di cuenta <strong>de</strong> que tu madre ya no vendríanunca más a comer a casa y a darór<strong>de</strong>nes. Ni se quedaba a dormir todaslas navida<strong>de</strong>s y la niña tenía que dormirentre nosotros dos mientras ella roncabacomo un búfalo.<strong>La</strong> madre que te parió, sí, Manolo.Qué alivio no tener que sentir a todashoras: esto está salado chica, esto estásoso, echa algo más <strong>de</strong> fi<strong>de</strong>os chica, quitacaldo <strong>de</strong> ahí, pon pimiento, para asarecha un chorro <strong>de</strong> vino blanco ah que nohay vino nunca tienes <strong>de</strong> nada…Tu madre ha sido una pesadilla ennuestro matrimonio. Y yo como uncuerpo sin boca. Como una boca conuna gran cremallera. Jamás protesté. Todome lo tragué. En más <strong>de</strong> una ocasiónme hubiera gustado estrangularla, perotragué.Y pensar que alguna vez te eché<strong>de</strong> menos. Contigo se fue tu madre aunqueextraño a tu padre.Tu padre. Mucha más vergüenza quetú mil veces. Cuando no quisiste aten<strong>de</strong>ra tus obligaciones, él se acercaba <strong>de</strong>cuando en cuando y estirando su pagame daba cien euros. O me traía pan yuna barra <strong>de</strong> chorizo… Recuerdo conespecial emoción un día que se acercócon un jamón. No era muy allá, pero lotrajo con cariño para su nieta y para mí.A él es al único que le tengo cariño yrespeto. Ese sí es un marido.Pobre chica a la que has engañadoahora. No tardará en darse cuenta <strong>de</strong> queeres un saco <strong>de</strong> grasa que a menudo seconvierte en un pellejo <strong>de</strong> vino. Porquetambién he visto que, a veces, haces porla calle las eses <strong>de</strong>l que no sabe escribir<strong>de</strong>recho en la vida. Ojalá la <strong>de</strong>jes tambiény se libere <strong>de</strong> ti.Recuerdo con especial emoción hacedos años. Habías tenido otra hija con tunueva novia y se ve que estabas enabstinencia sexual. Tuviste el morro <strong>de</strong>llamarme. <strong>La</strong> disculpa era que teníamosque hablar <strong>de</strong> nuestra hija. Acudí. Elencuentro fue en una mesita junto a lacristalera <strong>de</strong> la Baraka <strong>de</strong> Chema.Estabas zalamero. Me percaté <strong>de</strong> quete habías echado una colonia que yosiempre te <strong>de</strong>cía que me encantaba,porque te la había regalado tu madre,pero que era repugnante. Te habías duchadoy traías los cuatro pelos que tequedan mojados o con gomina. Seguramenteera gomina porque te los sujetabashacia la <strong>de</strong>recha tratando <strong>de</strong>ocultar tu profusa calavera. Me pedisteun Martini blanco, que era una bebidaque me gustaba tomar en lasgran<strong>de</strong>s ocasiones. Te seguí la bola.Dejé que te hicieras ilusiones.Yo tambiénme había puesto guapa y el pechocasi se me salía por <strong>de</strong>bajo <strong>de</strong>l cuello.Te noté excitado y cuando me dijiste siseguíamos hablando en casa, yo te respondíen cifras: nuestra hija pronto iráa la universidad, con un millón paraempezar lo haces… Y le aclaré: paracharlar más, vete a tu casa, seguro quetu novia tiene una conversación másamena, al fin y al cabo por eso me <strong>de</strong>jastea mí, ¿no?Creo que se te bajó la libido <strong>de</strong> golpe.Llamaste al camarero y pediste la cuenta.Mientras llegaba, cogí la aceitunaque flotaba en el vermú y me la llevé ala boca. Antes <strong>de</strong> meterla me froté loslabios con ella. Me estaba comportandocomo una puta, que es lo que a vosotrosos gusta: una santa esposa en la vida yuna puta divina en la cama. Te pusisterojo como un tomate. Sabía que estabasbien caliente y <strong>de</strong>jé que te consumierasen la hoguera <strong>de</strong> tu in<strong>de</strong>cencia y tu vanidad.Cuando llegué a casa me miré alespejo. Llevaba el triunfo en los ojos.Cogí un viejo chaquetón tuyo que aúnconservaba en el armario, hice un rollocon él y lo metí en una bolsa <strong>de</strong> plástico.Luego lo tiré a la basura con losúltimos pensamientos que tenía para ti.<strong>de</strong>lfin_rod@hotmail.comHacía mucho tiempo que una lágrima no hume<strong>de</strong>cíamis ojos. Creí que había gastado todaslas lágrimas cuando murió mi padre. Hoy he vistoque no. Alguna quedaba suelta escondida enalgún rincón <strong>de</strong> la memoria. Y me llega <strong>de</strong> lamano <strong>de</strong> personas que pertenecen al colectivoAsprosub, la Fundación Personas y <strong>de</strong> la propiaAsprosub como organización.Me han arrancado las perezosas lágrimas conun obsequio que contemplo como una joya salida<strong>de</strong>l horno <strong>de</strong>l corazón. Es un precioso cuadrocon la réplica <strong>de</strong> un artículo y una maravillosa<strong>de</strong>dicatoria.<strong>La</strong> verdad es que no he hecho mérito algunopara merecer tan grandísimo honor. Escribir unpequeño artículo que me salía <strong>de</strong> lo más hondo<strong>de</strong>l alma era mi obligación. Ellos consi<strong>de</strong>raronque mis letras hacia ellos eran cariñosas y amablescuando no eran más que versos sueltos <strong>de</strong>una realidad a veces difícil, que se torna imposiblecuando median los necios.<strong>La</strong>mentablemente todavía no he podido ir avisitarlos como sería mi gusto. Pero veo que lasbuenas gentes que allí luchan por personas conalguna minusvalía están pendientes hasta <strong>de</strong>lmás mínimo <strong>de</strong>talle. Nada se escapa a su sensibilidad<strong>de</strong> hombres honestos.Me he sentido como si me hubieran regaladola luna, solo que con un pedazo <strong>de</strong> alma colgando<strong>de</strong> ella. Jamás en mis años <strong>de</strong> profesional heaceptado prebenda alguna. Ni una triste comida,ni un comino que no viniera <strong>de</strong>l círculo <strong>de</strong> misamigos más íntimos. Pero esta vez no he podidorenunciar al presente. Era personalizado y <strong>de</strong>spués<strong>de</strong>l trabajo que se han tomado, no podría<strong>de</strong>volvérselo para hacerles un feo injusto y triste.A nadie más que a mí le serviría.A<strong>de</strong>más, me apetece tenerlo. Me apetece mucho.Es el símbolo <strong>de</strong> que, a veces, tu humil<strong>de</strong>trabajo ha llegado a alguien, ha merecido la pena.En esos casos te sientes el hombre mejor retribuido<strong>de</strong>l mundo.He pedido una taladradora y me he apresuradoa colgarlo en el rincón principal <strong>de</strong> mi salón.Luego se lo he enseñado a mis hijos con orgullo,como si fuera un Óscar al sentimiento. Realmentepara mí lo era. Eso y mucho más. Curiosamentesentí también la emoción en los ojos <strong>de</strong>mis hijos.Mis amigos <strong>de</strong> Asprosub, a los que no conozco,me han invitado a compartir un ratito conellos y lo haré <strong>de</strong> inmediato. Quiero ver en vivoy en directo su ingente trabajo. Admirar la tareaque conozco por otros conductos y que me tieneanonadado.A<strong>de</strong>más, sin saber todo lo que <strong>de</strong>bía <strong>de</strong> su maravillosomundo, soy su cliente <strong>de</strong>s<strong>de</strong> hace años.A menudo compro flores y macetas y siemprepido que tengan el sello <strong>de</strong> calidad “Asprosub”.Sé que jamás un dinero tendrá un <strong>de</strong>stino másnoble y más reconocido.Sé que con mi granito los amigos <strong>de</strong> Asprosuby Fundación Personas no se van a hacer ricos,no va a hacer ningún pan, pero también séque con el granito <strong>de</strong> muchos <strong>de</strong> nosotros haremosun gran granero <strong>de</strong> solidaridad y amor.Gracias y mil veces gracias.