VI / dominical LA OPINION-EL CORREO / Domingo, 20 <strong>de</strong> febrero <strong>de</strong> 2011A MARÍA, UNA GUAPÍSIMA CARBAJALINA DE 91 AÑOS QUE ME HACE EL HONOR DE LEER ESTAS PEQUEÑAS H<strong>de</strong>lfinarioDELFÍN RODRÍGUEZ<strong>La</strong> bicicleta<strong>de</strong> ma<strong>de</strong>raEN LAS VACACIONES, LOS NIÑOS DECIUDAD IBAN A LOS PUEBLOS CONSUS FLAMANTES BICICLETAS DEPEDALES. EN LOS PUEBLOS TENÍA-MOS LA CAPACIDAD DE COPIAR SUSINVENTOS.El chistazoUn vampiro va por la calle con laboca llena <strong>de</strong> sangre y seencuentra con otro vampiro.—¿Dón<strong>de</strong> conseguiste toda esasangre? –le pregunta.—¿Ves el muro que hay allí?— Sí.—Pues yo no lo vi…<strong>La</strong> Semana Santa está ahí encima. En estaépoca, <strong>Zamora</strong> hierve como si la hubieranmetido en un pote. Los pueblos también. Porlo menos el mío. Pero no hierve ahora con eso<strong>de</strong>l turismo cultural, hervía también antes,cuando muchos zamoranos se echaban almonte para disfrutar <strong>de</strong> las gélidas sierras <strong>de</strong>Carbajales don<strong>de</strong> comían los chorizos <strong>de</strong> lamatanza <strong>de</strong> los lugareños.Los zamoranos <strong>de</strong> <strong>Zamora</strong> en esto <strong>de</strong>l turismosiempre han ido un punto por <strong>de</strong>lante <strong>de</strong>los pueblos. Y en los avances tecnológicos. Recuerdoque uno <strong>de</strong> los gran<strong>de</strong>s avances <strong>de</strong>l sigloXX llegó a Carbajales <strong>de</strong> la mano <strong>de</strong> un niñozamorano: la bicicleta. Cuando aquel ingeniollegó, lo primero que pensé es que era unaherramienta fantástica para hacer chorizos.Veía a aquel niño dar pedales con tanta facilidad,que pensé que aplicando la fuerzamotriz <strong>de</strong> sus piernas a la manivela <strong>de</strong> picarlos chorizos, se habría <strong>de</strong>scubierto algo maravillosoque aliviaría el trabajo a las sufridasmujeres carbajalinas.Comprendí que el fin <strong>de</strong> aquel artefacto eralúdico y <strong>de</strong>jé <strong>de</strong> darle vueltas a mi invento.Pero pronto caí en la cuenta <strong>de</strong> que a mí aquellome gustaba. Desplazarse a una gran velocidadpor las calles era extraordinario. Sobretodo en las matanzas, cuando mi padre me encargabael reparto <strong>de</strong> hígado y lomo a los prebostes<strong>de</strong>l pueblo: cura, maestro, sargento <strong>de</strong>la guardia civil…Mi tío Manuel era un tío listísimo, quea<strong>de</strong>más manejaba la garlopa como la gloria.Y un día le dije, tío por qué no me haces unabicicleta. Se me quedó mirando con tristeza ydijo, pero hijo, cómo voy a hacerte una bicicleta,no ves que no tenemos manillar, ni ruedas,ni sillín…Mi tío era habilidoso pero no tiraba mucho<strong>de</strong> cabeza. Le dije, tío mira ese roble. Mi tíomiró pero no veía nada. Le pregunté, ¿no vesuna bicicleta en ese roble? Se quedó atónito.Don<strong>de</strong> yo veía una bici con sus ruedas y todo,él no veía nada.Al momento me vien el suelo con elCristo <strong>de</strong> lasInjurias encima. Mipadre sacó el cintoy yo sabía la queme esperaba…<strong>La</strong> bici cogióvelocidad y yoquería que laprocesión seapartara <strong>de</strong> micamino. Pero no ledio tiempo ychoqué contra elcuraTuve que explicarle. Si cortábamos aquelenorme roble, podríamos serrar su tronco yhacer dos circunferencias <strong>de</strong> unos centímetros<strong>de</strong> ancho. Él seguía sin enten<strong>de</strong>r. No se percataba<strong>de</strong> que yo lo que le estaba señalandoeran unas ruedas.Cuando entró en razón, se puso en marcha.No hacía falta cortar el roble. Él sabía biendón<strong>de</strong> había un gran roble tumbado que valdríapara el objetivo. Pero había que secuestrarla bici <strong>de</strong>l veraneante zamorano para copiartodas las piezas. Eso no era problema. <strong>La</strong>encerraba en la cuadra <strong>de</strong> mi abuela así que…Llevé la bici y mi tío Manuel hizo un dibujoen la pizarra <strong>de</strong> la escuela. De cuando encuando se rascaba la cabeza, porque habíapiezas que no le saldrían nunca. Como la catalina.O el sillín. Yo lo animé. Don<strong>de</strong> no llegaraél, llegaría yo. Devolví la bici y comenzamosla operación. Con un trozo <strong>de</strong> albardahicimos el sillín y el resto todo <strong>de</strong> ma<strong>de</strong>ra. Solofaltaba el timbre y eso lo arregló mi tío colgandoen el manillar una pequeña esquila <strong>de</strong>una cabra.Cuando intentamos levantarla <strong>de</strong>l suelo nospercatamos <strong>de</strong> que más que una bici habíamoshecho una moto. Pesaba más <strong>de</strong> sesentakilos. Aquello no había quien lo meneara. Peromis <strong>de</strong>seos <strong>de</strong> tener bici eran más fuertesque el peso.Mi tío agarró la garlopa y comenzó a mejorarla.Afinó las ruedas, consciente <strong>de</strong> que noera necesario que fueran tan gordas paraaguantar mi peso. Luego dijo que lo mejor erameterla en el horno <strong>de</strong>l pan para que se secara.<strong>La</strong> ma<strong>de</strong>ra seca pesaba mucho menos. Perosi hacíamos eso per<strong>de</strong>ríamos un día y la SemanaSanta era muy corta.Después <strong>de</strong> <strong>de</strong>sbastarla como pudo, la bicipesaba diez kilos menos, pero aún así no habíaquien la moviera, y menos un niño. Hicieronfalta tres hombres para ponerla en pie.Cuando estuvo lista, me monté. <strong>La</strong> verdad esque no era fácil per<strong>de</strong>r el equilibrio porque lasruedas eran anchas y el peso hacía que se pegaraal suelo como si tuviera cola.
Domingo, 20 <strong>de</strong> febrero <strong>de</strong> 2011 / LA OPINION-EL CORREOISTORIAS QUE CON TANTO AMOR ESCRIBO PARA ELLA.dominical / VIIAltatecnologíapatri<strong>La</strong> crisis es dura, pero elespañol nunca se arredra.Y cuando la mira <strong>de</strong>frente, la vence. Y si no locrees, mira unos ejemplosSalí a la calle y la gente se me quedómirando con admiración. Fui a buscar alniño zamorano <strong>de</strong> la bici <strong>de</strong> verdad. Íbamosa dar una vuelta por la carretera.Cuando llegamos a una cuesta muy empinada,le eché el anzuelo al niño, sabiendoque los niños somos muy caprichosos.Le dije:—Huy Alfredito, qué bien marcha mibicicleta…Alfredito era un poco tonto y muy envidiosoy yo sabía que aunque se percataba<strong>de</strong> que mi bicicleta pesaba un riñón,al él le apetecía probarla. Efectivamente,al momento me dijo, ¿me la <strong>de</strong>jas? Nome froté las manos porque me hubieracaído si las suelto <strong>de</strong>l manillar, pero <strong>de</strong>jé<strong>de</strong> pedalear y eché pie a tierra. Losmuslos me dolían como si me hubieranclavado agujas. Aquella bici parecía <strong>de</strong>hierro más que <strong>de</strong> ma<strong>de</strong>ra.Se montó y empezamos a subir lacuesta. Alfredito protestó rápidamente,toma toma que esto pesa mucho. Yo ledije, claro los niños <strong>de</strong> ciudad tenéis menosfuerza en las piernas porque no coméischorizos y no podéis mover las bicis<strong>de</strong> los niños <strong>de</strong> los pueblos… Miapreciación surtió efecto y Alfredito dijo,bueno <strong>de</strong>ja que sí puedo…Cuando llegamos a la punta arriba <strong>de</strong>la cuesta Alfredito estaba que echaba elbofe, muy rojo y sudaba como si le hubieranarrojado un cal<strong>de</strong>ro <strong>de</strong> agua encima.Yo, que <strong>de</strong>bía <strong>de</strong> ser un poco mamón,le dije, ¿a que se lleva bien? Él nopudo respon<strong>de</strong>r. Asintió con la cabezaapretándose el pecho para que el corazónno se le saliera.Descansamos unos minutos. Yo le dije,fíjate pues yo no vengo nada cansado.Él se irritó y respondió, nos ha jodío, túhas venido con la bici mía que no pesanada. Yo repliqué, oye chaval, que a míla mía tampoco me pesa… Me dirigí a ély se la quité diciéndole: trae que la llevoyo que tengo más fuerza en las piernas…Montamos y echamos a andar. Claro,la cuesta que él subió me tocaba bajarlaa mí. Y el peso <strong>de</strong> la bici comenzó a <strong>de</strong>smandarsecuesta abajo. Dejé a mi amigoa unos cuantos metros y le dije, lo ves,los niños <strong>de</strong> los pueblos po<strong>de</strong>mos con estasbicicletas mejor que los <strong>de</strong> la ciudad…Pero comencé a sentir un ahogo. <strong>La</strong>bicicleta, cuesta abajo, era una fiera, peroa mi tío y a mí se nos había olvidadoalgo esencial a la hora <strong>de</strong> fabricarla: ¡losfrenos! Aquella máquina <strong>de</strong> sesenta kilosiba adquiriendo velocidad sin que yosupiera qué podía hacer para <strong>de</strong>tenerla.Apreté un zapato contra la rueda, peronada. Arrastré el pie en el suelo, y nada…El aire me daba en los ojos y el pelo seme iba para atrás como si se me fuera aarrancar <strong>de</strong> la cabeza. De pronto lo vi.Venía al fondo. Era la procesión <strong>de</strong> la SemanaSanta. El Cristo <strong>de</strong> las Injurias.Alcé la mano para hacer señales.Quería que la procesión se apartara <strong>de</strong>mi camino. No me percataba <strong>de</strong> queiban más <strong>de</strong> cien personas. No habíatiempo para <strong>de</strong>spejarme el camino. Amedida que me acercaba oí como comenzabana levantarse voces en la procesión:¡apartaos que nos mata, apartaos…!Pero claro, unos se apartaron yotros no porque los <strong>de</strong> atrás no se enteraban<strong>de</strong> que contra ellos venía un ciclóncon ruedas <strong>de</strong> ma<strong>de</strong>ra.Me estampé contra el cura, que no seapartó por proteger a la imagen. Pero lafuerza que yo llevaba hizo que el cura cayera<strong>de</strong> culo contra el paso y que los señoresque lo llevaban tropezaran. Al momentome vi en el suelo con el Cristo encima.Mi padre sacó el cinto y vi cómo lo alzabaen el aire. Fue lo último que vi, porqueel sargento <strong>de</strong> la Guardia Civil meagarró por una oreja para llevarme alcuartel. Pero mi padre que vio al guardiaque me estiraba <strong>de</strong> la oreja, le dio a élcon el cinto. Y al momento se había armadoun lío que acabó con medio puebloen el cuartel.El comandante <strong>de</strong> puesto me confiscóla bicicleta y se la dio al hijo, pero yo eraamigo <strong>de</strong>l hijo y un día le dije, ¿quieresque te pese menos? Porque si quieres lametemos en el horno <strong>de</strong>l pan, la ma<strong>de</strong>rase seca y se le quitan diez quilos <strong>de</strong> encima…El dijo que sí y al momento volvía alcuartel con un cal<strong>de</strong>ro <strong>de</strong> cenizas en lamano. Su padre le preguntó, qué es esoy el niño le dijo, la bicicleta y el padre lerespondió, bueno la ceniza es buena paraabonar los tomates. Y la echó en elhuerto. Cuando tuvo la cosecha, el hijo<strong>de</strong>l guardia dijo que los tomates teníanruedas, pero nunca me los enseñó. Era suvenganza.<strong>de</strong>lfin_rod@hotmail.comQue España siempre ha sido un país con imaginacióny fuste para salir <strong>de</strong> los charcos, no cabeninguna duda. Por eso yo, <strong>de</strong> cara al futuro,soy muy optimista. Seguro que, cuando el dogalnos apriete un poco más y el hambre se haga sentir,el españolito dará <strong>de</strong> sí lo mejor que lleva <strong>de</strong>ntroy entonces sabrán quiénes somos. El Gobiernoanda perdido porque ignora nuestras capacida<strong>de</strong>s.Que haga memoria.<strong>La</strong>mentablemente a menudo olvidamos que algunos<strong>de</strong> los inventos que han hecho avanzar lahumanidad, son nuestros. De los españoles. Nohay nada que temer. Todavía recuerdo cómo salimos<strong>de</strong> la última crisis <strong>de</strong>l automóvil inventandoel perro que mueve la cabeza en la ban<strong>de</strong>ja <strong>de</strong>atrás. Fue un gran tirón para la venta <strong>de</strong> coches.Pero el español, que casi nunca pue<strong>de</strong> esperarnada <strong>de</strong>l papá Estado, no se quedó ahí y siguióhaciendo prospecciones interesantes en el mercado<strong>de</strong> la inventiva. Al perro <strong>de</strong>l pescuezo flácidose unió muy pronto el esqueleto que movía loshuesos en el parabrisas <strong>de</strong> a<strong>de</strong>lante. Y un avispadoque vino <strong>de</strong> Memphis, en el Mississippi estadouni<strong>de</strong>nse,vistió el esqueleto con el traje <strong>de</strong> ElvisPresley y el negocio se multiplicó por mil.En nuestro haber tenemos las botellas <strong>de</strong> Castellanay anís El Mono, que a<strong>de</strong>más <strong>de</strong> recipiente<strong>de</strong> licor, se convirtió en útil instrumento <strong>de</strong> percusiónpara acompañar los villancicos <strong>de</strong> brincany bailan... ¿Quién no la ha rascado con el mango<strong>de</strong> una cucharilla en una Nochebuena?Y luego está el más ilustrado afilalápices, queun vasco inventó atornillando una cuchilla <strong>de</strong>afeitar a una caja <strong>de</strong> ma<strong>de</strong>ra para que dando vueltasal lápiz saliera una punta fina y segura queacabó con el peligroso afilado a navaja.Y la misma navaja fue invento patrio. Que yaves tú cómo los suizos nos la han copiado paraaplicarle múltiples usos que están relegando alostracismo al original <strong>de</strong> Albacete.Y cómo olvidarnos <strong>de</strong>l glorioso futbolín, quenos recompensó <strong>de</strong> los duros esfuerzos <strong>de</strong>l trabajoo <strong>de</strong>l estudio, colocando un punto <strong>de</strong> ocio anuestras vidas. Aquellos tíos vestidos con los colores<strong>de</strong>l equipo amado que se peleaban a bolazos<strong>de</strong> ma<strong>de</strong>ra hasta que en las manos salía callo…Y el mus, para completar al futbolín, y la guitarra,que tanta salida dio en el extranjero a losbuenos cantaores nacionales y a los pequeños virtuosos.Aún recuerdo al niño Manolito <strong>de</strong> Granada,paseando su arte por Japón cuando la manoapenas le abarcaba el rabo <strong>de</strong> la guitarra parapuntear las cuerdas.Ay… ¡Quién dijo miedo! Nosotros que inventamoslas ca<strong>de</strong>nas <strong>de</strong> oro con Cristo al cuello.Aquellas ca<strong>de</strong>nas multiusos que en caso <strong>de</strong> apurote servían para atar la moto a la farola…Y todo eso sin entrar en intimida<strong>de</strong>s, que seguroestoy <strong>de</strong> que fuimos los inventores <strong>de</strong> lasbragas con raja atrás. Aquellas reliquias <strong>de</strong> franela<strong>de</strong> nuestras abuelas (o al menos <strong>de</strong> las abuelas<strong>de</strong> los niños <strong>de</strong> pueblo) que evitaban que tuvieranque bajárselas cuando acudían al excusado<strong>de</strong>l corral…Qué poco aportó Isaac Peral inventando elsubmarino, en relación a estos otros gran<strong>de</strong>s inventos.Y eso sin contar con que, tal vez el ingenioque más ha ido <strong>de</strong> boca en boca, el ingenioque salió redondo, sea igualmente español: elchupa-chups.