4. La integraciÅ n del menor

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Intervención Psicosocial, 2003, Vol. 12 N.° 2- Págs. 163-177INVESTIGACIONES APLICADASLa integración del menor en la familia de acogida:factores facilitadoresChildren adjustment to foster families: facilitatingfactorsCristina HERCE*Cristina ACHÚCARRO*Arantxa GOROSTIAGA**Bárbara TORRES GÓMEZ DE CÁDIZ*Nekane BALLUERKA**Fecha de Recepción: 22-02-2002 Fecha de Aceptación: 22-07-2003RESUMENEn el presente artículo se exponen los resultados de una investigación llevada a cabocon 68 familias acogedoras y 93 menores acogidos de la Comunidad Autónoma del PaísVasco. El objetivo radica en analizar el nivel de integración de los menores en las familiasde acogida como un indicador de éxito del acogimiento familiar, y como un fenómeno determinadopor variables de distinta naturaleza, a saber, relacionadas con la actitud y estructurade la familia acogedora, asociadas a el menor acogido, y ligadas al tipo de acogimiento.Los principales resultados muestran que en la integración del menor influyen de formapositiva los siguientes factores: que la familia acogedora acepte y respete la vinculación delmenor con su familia de origen y tenga como principal motivación el deseo de realizar unacto de solidaridad; que el menor preferiblemente inicie el acogimiento antes de los sieteaños, y que éste pueda establecer un vínculo de apego seguro con los acogedores. Losdatos también apuntan a una mejor integración de los menores acogidos en familia ajenarespecto a los acogidos en familia extensa. En la discusión se abordan las implicacionesque se derivan de estos resultados para mejorar las líneas de intervención en el acogimientofamiliar que desarrollan las instituciones competentes en dicha materia.PALABRAS CLAVEAcogimiento familiar, Nivel de integración, Indicadores de éxito* Centro LAUKA de Estudios e Intervención Familiar y Comunitaria** Departamento de Psicología Social y Metodología de las Ciencias del Comportamiento.Facultad de Psicología Universidad del País VascoINTERVENCION PSICOSOCIAL 163


La integración del menor en la familia de acogida: factores facilitadoresABSTRACTThe results of a study carried out with 68 foster care families and 93 foster cared childrenin the Basque Country Community are shown in this article. The objective is to analysethe children's level of adjustment to the foster care families as an indicator of the successof their fostering and as a phenomenon determined by variables of different naturesuch as the attitude and structure of the foster family, the characteristics of the fosteredchild, and the type of fostering. The main results show that the following factors have apositive influence on the children's: that the foster family acceptance and respectto the linkbetween the child and his birth family; the foster family's main motivation of carriving outan act of solidarity; and the fostering start before the child is aged seven, so that he canestablish a safe attachment to his foster parents. The results also show a better adjustmentwhen the children are fostered in non extended families. The main implications derivedfrom these results are discussed to improve the family foster care intervention developedby the responsible institutions.KEY WORDSFamily foster care, Level of adjustment, Indicators of success.INTRODUCCIÓNLa consolidación del acogimiento familiarcomo medida efectiva de protección ala infancia en nuestro país data de finalesde los años 80. Desde entonces, eltrabajo directo con el menor, su familiabiológica, y su familia acogedora, ha permitidoa los profesionales tomar concienciade numerosos factores ligados al éxitoo fracaso de esta medida. Sin embargo,como señalan Altshuler y Gleeson (1999),las evaluaciones respecto al éxito del acogimientofamiliar se han focalizado mayoritariamenteen la seguridad y protecciónde los menores así como en el tiempo depermanencia de éstos en el acogimiento,sin que se haya progresado suficientementeen la incorporación de medidassistemáticas sobre su bienestar. En estesentido, algunos autores han enfatizadola importancia de la integración delmenor en la familia de acogida como unindicador de su bienestar y, por tanto,del éxito o fracaso de dicha medida(Fanshel y Shinn, 1978; George, 1970).Además, en muchos casos, una buenaintegración permitiría reducir los continuoscambios de los menores de un acogimientoa otro que, como han señaladodiversos autores, repercuten de maneramuy negativa en el desarrollo evolutivo164 INTERVENCION PSICOSOCIAL


Cristina Herce, Cristina Achúcarro, Arantxa Gorostiaga, Bárbara Torres Gómez de Cádiz, Nekane Balluerkade los mismos (Doelling y Johnson, 1989;Webster, Barth y Needell, 2000).Un primer aspecto que llama la atencióna este respecto es la escasez de trabajosde investigación empírica queofrezcan datos precisos acerca de la integraciónde los menores en las familias deacogida. La justificación de este hechopuede encontrarse, además de en laescasa atención prestada a la valoracióndel bienestar de los menores en acogimientoa la que se ha aludido anteriormente,en la tendencia imperante queconsidera el acogimiento familiar comoun recurso transitorio hasta lograr lareunificación familiar. Así, Minty (1999)señala que la forma más común de acogimientofamiliar en EEUU y Gran Bretañaes la temporal, con una duración inferiora 3 meses. Sin embargo, en nuestroámbito de trabajo, la mayor parte de losacogimientos son permanentes o se conviertenen permanentes a lo largo deltiempo. Además, el porcentaje de menoresque pueden volver con sus familiastras su salida del hogar es bajo; y no esraro que quienes han retornado a susfamilias de origen deban salir de nuevode ellas para reiniciar un acogimientofamiliar (Rzepnicki, 1987; Minty,1999).La larga duración del acogimiento en lamayor parte de los casos hace que elestudio de aquellos factores que influyenen la integración de los menores en lasfamilias de acogida y, por tanto, en eléxito o fracaso del acogimiento, cobreuna importancia sustancial.La medición y el análisis de esta variableconstituye una tarea compleja por laexistencia de múltiples sistemas humanosinterrelacionados (familia biológica,familia acogedora, menor, Servicios deProtección Infantil, etc.), por la presenciade diversos traumas en algunos de susmiembros, y por la escasez de instrumentoscon los que evaluar dicha variable.No obstante resulta posible inferirdatos acerca de esta cuestión a partir delos numerosos estudios que se han focalizadoen la evaluación del éxito o fracasode la medida de acogimiento familiar. Enfunción del método elegido para evaluarel éxito o fracaso del acogimiento familiarpodemos clasificar los estudios en tresgrupos. Un primer grupo lo valora principalmenteen función de la duración delacogimiento, o de su interrupción prematura(Walsh y Walsh, 1990; Dore y Eisner,1993; Beatty, 1996). Siguiendo estoscriterios el éxito sería proporcional altiempo de permanencia del menor en lafamilia; por el contrario, las rupturas noplanificadas del acogimiento serían indicativasdel fracaso de dicha medida. Sinembargo, la experiencia muestra que lapermanencia por sí sola no es garantíade una buena integración ni permite concluirque la medida de acogimiento familiaresté siendo un éxito (Minty 1999;Doelling y Johnson, 1989). A fin de valorarla integración de los menores en lasfamilias de acogida resulta necesario primarotro tipo de variables directamenteligadas a la relación que se estableceentre el menor y la familia acogedora y ala calidad de los cuidados que reciben losmenores, tales como el afecto que dispensanlos acogedores a los menores, elmantenimiento de expectativas realistas,la cantidad de tiempo que dedican a losmenores, etc. (Doelling y Johnson, 1989).Un segundo grupo de estudios haanalizado el éxito o fracaso del acogimientofamiliar examinando la adaptaciónindividual, familiar y social de adultosque siendo menores permanecieronen régimen de acogimiento familiar(Dumaret y Coppel-Batsch, 1997; Bueler,Orme, Post y Patterson, 2000; Cook-Fong, 2000).Finalmente, un tercer grupo de estudiosha analizado esta cuestión valorandoel progreso alcanzado en el desarrolloevolutivo de los menores a lo largo deltiempo que han permanecido acogidos(Whiting, 1998; Palmer, 1998; Jones,INTERVENCION PSICOSOCIAL 165


La integración del menor en la familia de acogida: factores facilitadores1999; Gries, Goh, Andrews, Gilbert, Pravery Stelzer, 2000; McAuley, 2000).Todos estos estudios han examinadola importancia de numerosas variablesligadas al éxito de la medida de acogimientofamiliar. Si se asume que paraque pueda considerarse que un acogimientofamiliar ha tenido éxito es condiciónnecesaria, aunque no suficiente,que se haya logrado una buena integracióndel menor en la familia de acogida,es posible extraer, a partir de estosestudios, información relevante sobre lavariable que nos ocupa, a saber, la integraciónde los menores en las familiasde acogida. Así, las variables estudiadaspueden agruparse del siguientemodo:1. Variables relacionadascon el menor acogido— Variables sociodemográficas. A esterespecto, la edad aparece como unavariable clave, de tal forma quecuanto más joven es el/la niño/a alinicio del acogimiento, mayor probabilidadexiste de que el acogimientose mantenga (Walsh yWalsh, 1990; Whiting, 1998; Minty,1999; Ferrá, Carballo, Guerra,Panades, Rosello y Vaño 2000). Respectoal género de los menores, losresultados son menos consistentes;aunque algunos estudios sí hanseñalado que las chicas se adaptanmás fácilmente que los chicos(McQuaid, 1995; Beatty, 1996).— Variables ligadas a la historia personaldel menor acogido. Se ha analizadoel tipo de maltrato sufrido ensus familias (Whiting, 1998; Palmer,1998); el tipo de vínculo de apegoestablecido con sus progenitores(Palmer, 1998); y que el menor hayadado o no su consentimiento al acogimientofamiliar (Beatty, 1996).Walsh y Walsh (1990) encontraronque el hecho de haber permanecidoacogido una o más veces en unaInstitución era el factor predictormás potente de la ruptura de losacogimientos familiares.— Variables relacionadas con la personalidady el tipo de comportamientodel menor acogido. Algunosestudios indican un peor ajuste porparte de los menores que se muestranmás agresivos, y que sacan sumalestar hacia el exterior, frente alos que dirigen su malestar y agresividadhacia sí mismos (Beatty,1996; McQuaid, 1995). De igualforma, Walsh y Walsh (1990) señalancomo factores negativos, laincapacidad para afrontar el éxito,el miedo a la intimidad, el estarnecesitado de afecto y tener uncomportamiento pasivo-agresivo; ycomo indicadores positivos, el hechode tener buenas habilidadessociales y/o atléticas, musicales osimilares. Otros autores han señalado,en esta misma línea, la existenciade una fuerte asociaciónentre la estabilidad del acogimientoy dimensiones de la personalidad,tales como la tolerancia a la intimidad,la impulsividad, el miedo alrechazo, la agresividad y la autoestima(Dore y Eisner, 1993).2. Variables relacionadascon la familia acogedoraWalsh y Walsh (1990) encontraron unafuerte asociación entre la estabilidad delos acogimientos y diversas característicasde la familia acogedora. En concreto,señalaron que había dos factores quecontribuían de forma significativa y positivaal nivel de funcionamiento generaldel menor acogido: la capacidad de lafamilia acogedora para tolerar aspectosde la vida del menor que éste todavía no166 INTERVENCION PSICOSOCIAL


Cristina Herce, Cristina Achúcarro, Arantxa Gorostiaga, Bárbara Torres Gómez de Cádiz, Nekane Balluerkaha podido elaborar e integrar de formaadecuada, tales como la retención simbólicade sus propios padres; y el hecho deque la motivación de los acogedores paraacoger al menor fuese su atracción porlos menores y sus sentimientos de cercaníahacia la gente joven. Finalmente,estos autores señalaron que las variablesque reflejan el estilo y la personalidad delos acogedores estaban más intensamenteasociadas al nivel de funcionamientogeneral de las familias acogedoras quelas variables de tipo sociodemográfico oestructural.Otros autores han destacado la importanciade que exista un buen emparejamientoentre el temperamento de losmenores y el de las familias acogedoras(Green, Braley y Kisor, 1996). Se ha analizadotambién la influencia de la existenciao no de parentesco familiar entre elmenor acogido y la familia acogedora,observándose ciertas ventajas en los acogimientosen familia extensa respecto alos acogidos en familias ajenas (Flynn,1995; Jones, 1999; Iglehart, 1994). A suvez, la percepción de una relación cálidaentre los acogedores y el menor se hallaintensamente asociada a la satisfaccióncon el acogimiento, tanto por parte de losmenores como por parte de los acogedores( McQuaid, 1995).3. Variables relacionadascon la familia biológicaWalsh y Walsh (1990) señalaron que laausencia de contacto entre el menor acogidoy su padre, no así en el caso de lamadre, se asociaba con una mayor probabilidadde mantener la situación deacogimiento.Partiendo de las consideraciones quese acaban de exponer, el objetivo del presenteestudio consistió en examinar laasociación existente entre el nivel deintegración del menor en la familia deacogida y diversas variables referidastanto a la familia acogedora, como almenor acogido y a la naturaleza del acogimiento.Cabe señalar que los resultadosque aquí se presentan forman partede una investigación más amplia cuyosobjetivos generales consistían en identificarlas variables que permiten predecirun adecuado funcionamiento del acogimientofamiliar, así como analizar lacompetencia socioemocional de losmenores acogidos.PARTICIPANTESPara el presente estudio se ha contadocon la participación de 68 familias acogedorasy 93 menores (45 varones y 48mujeres), con edades comprendidas entrelos 7 y los 18 años. Todos ellos estabanacogidos por familias de la ComunidadAutónoma del País Vasco, las cuales participaronde forma voluntaria en la investigación.INSTRUMENTOS DE MEDIDA— Inventario acerca del nivel deIntegración del Menor en la Familiade Acogida (IMFA). Dada laausencia de instrumentos específicospara medir la integración delmenor en la familia de acogida, elequipo de investigación elaboró uninventario destinado a tal fin. Unanálisis preliminar de las característicaspsicométricas del IMFApuso de manifiesto que el inventarioposee una adecuada fiabilidad yvalidez. (Balluerka, Gorostiaga,Herce y Rivero, 2002). Se redactaronun total de 48 ítems, seis deellos pretendían examinar la sinceridaddel menor al responder al instrumentoy configuraron la subescalade Deseabilidad social. El restode los ítems preguntaban acerca dediferentes aspectos que reflejan elINTERVENCION PSICOSOCIAL 167


La integración del menor en la familia de acogida: factores facilitadoresnivel de integración de un/a niño/aen la familia con la que convive. Enconcreto, un análisis de la dimensionalidaddel inventario puso demanifiesto que éste mide tresdimensiones de la integración, asaber: “Aceptación de la relación delmenor con su familia biológica, porparte de la familia acogedora”(dimensión 1); “ Vinculación afectivadel menor con la familia acogedora”(dimensión 2); y “Relacionesexistentes entre la familia biológicay acogedora del menor” (dimensión3). El formato de respuesta se haadaptado a una escala tipo Likertcon cuatro alternativas: 1.- Nunca;2.- Pocas veces; 3.- Muchas veces;4.-Siempre.— Protocolo “ad-hoc” de datossociodemográficos y técnicossobre aspectos ligados al acogimientofamiliar. Se elaboró unprotocolo estructurado para recogerinformación sociodemográfica sobrecada menor y su familia acogedora,así como para recabar datos acercade la historia de desprotección delmenor y de las características de suacogimiento familiar con relación auna serie de aspectos relevantes.Este protocolo fue cumplimentadopor el profesional responsable delseguimiento del caso.— Versión española de Diaz-Aguadoy Martínez (1995) de la escala originalde Pierre -Harris (1969). Setrata de una escala de 80 ítems conun formato de respuesta dicotómico(SI/NO) que permite obtener unapuntuación global en autoconceptoy en seis dimensiones concretas:conductual, intelectual, físico, faltade ansiedad, popularidad y felicidad-satisfacción.Para su aplicacióncon los menores de siete años, seadaptó la redacción de los ítems deforma que pudiera ser cumplimentadapor el adulto de la familia acogedoraque mejor conociese almenor.— Escala de apego de López, Canteroy Lázaro (1997). Esta escalaconsta de 58 ítems y mide los vínculosde apego que el menor establececon cada uno de sus progenitores.Para el presente estudio, seadaptó la redacción de los ítems ala situación concreta de acogimientoy se modificó la opción de respuestade escala tipo Likert,ampliándola de tres a cuatro alternativas:1.- Nunca es verdad, 2.-Pocas veces es verdad, 3.- Muchasveces es verdad, 4.- Siempre es verdad.Se ha administrado a menorescon edades comprendidas entre los7 y los 11 años.— Cuestionario de Relaciones (CR)(Griffin y Bartholomew, 1994). Setrata de un instrumento de autoinformeque permite medir el gradode identificación del menor conalguno de los patrones de apego(seguro, temeroso, preocupado yrechazante) descritos en los cuatropárrafos que contiene el instrumento.Se ha utilizado para la medicióndel apego en los menores de edadigual o superior a los 12 años.PROCEDIMIENTOComo se ha señalado anteriormente,los datos del presente estudio se enmarcandentro de una investigación másamplia cuyos objetivos generales eran laidentificación de las variables que permitenpredecir un adecuado funcionamientodel acogimiento familiar, asícomo el análisis de la competenciasocioemocional de los menores acogidos.Los sujetos participantes se encontrabanacogidos en familias de la ComunidadAutónoma del País Vasco. La cola-168 INTERVENCION PSICOSOCIAL


Cristina Herce, Cristina Achúcarro, Arantxa Gorostiaga, Bárbara Torres Gómez de Cádiz, Nekane Balluerkaboración de los técnicos de acogimientode las instituciones responsables de sututela, permitió el acceso a las familiasy a los datos sociodemográficos, tantode las familias como de los menores. Laadministración de las pruebas se realizóa través de profesionales previamenteformados en las pautas a seguir para lacorrecta aplicación de las pruebas en eldomicilio de las familias acogedoras, asícomo para favorecer la colaboración delos sujetos.RESULTADOSDado que, como ya se ha señalado, elacogimiento familiar constituye unamedida de protección influida pornumerosos sistemas de naturaleza diferente(familia natural, menor, familiaacogedora, instituciones y organismosen contacto con las familias, etc.), laintegración de los menores en las familiasestá condicionada por factores relativosa todos estos sistemas interrelacionados,siendo el peso específico de cadauno de ellos distinto en función de sumayor o menor relevancia en cada casoparticular.En el presente estudio se ha analizadola importancia que tienen, para el nivelde integración del menor, un conjunto devariables que pueden agruparse en trescategorías: 1) variables asociadas a laestructura de la familia acogedora y a suactitud hacia el acogimiento; 2) variablesligadas al menor acogido; 3) variablesrelacionadas con el tipo de acogimiento.La relación existente entre dichas variablesy el nivel de integración de los menoresha sido examinada mediante pruebasparamétricas (t de Student) en los casosen los que se cumplían los supuestospara la aplicación de tales pruebas, ymediante pruebas no paramétricas (U deMann-Whitney y test de Kruskal-Wallis)cuando no se cumplían tales requerimientos.1) Relación entre la estructura de lafamilia acogedora y su actitud hacia elacogimiento y el nivel de integración delmenor. Una primera variable estudiadafue el número de hijos propios de la familiaacogedora, distinguiéndose dos categorías:familias sin hijos o con un solohijo propio y familias con más de un hijopropio. Los contrastes t de diferencias demedias entre los niveles de integración delos menores acogidos en familias sinhijos o con un único hijo (n= 48) y losacogidos en familias con más de un hijo(n= 42), resultaron estadísticamente significativosen el caso de la primera (t(88)= 2,5, p< 0,01) y tercera (t(88) = 2,00, p


La integración del menor en la familia de acogida: factores facilitadoresOtra de las variables estudiadas dentrode este grupo fue la edad de los acogedoresal inicio del acogimiento, estableciéndosedos niveles: acogedores con unaedad inferior a los 50 años y acogedorescon una edad igual o superior a los 50años. Se llevaron a cabo análisis independientesen función del género de losacogedores. En este caso, se observarondiferencias estadísticamente significativasrespecto a la percepción que manteníanlos menores acogidos por ambostipos de familias sobre las relaciones desus familias acogedoras con sus progenitores(dimensión 3 del IMFA), siendoconstante este resultado tanto en losanálisis realizados con la acogedora comocon el acogedor. La comparación entrelos promedios de los rangos de las puntuacionespresentadas en la terceradimensión del IMFA por los menores acogidospor sujetos pertenecientes a los dosniveles de edad, llevada a cabo mediantela U de Mann-Whitney (U de Mann-Whitneyacogedor = 63,50, p< 0,05; U deMann-Whitney acogedora = 82, p< 0,05),puso de manifiesto que los menores queson acogidos por personas con una edadinferior a los 50 años cuando se formalizael acogimiento, perciben de forma máspositiva las relaciones existentes entresus respectivas familias biológica y acogedora(X — acogedor = 20,24; — X acogedora= 24,66), que los menores acogidos porpersonas de más de 50 años (X — acogedor= 11,77; — X acogedora = 14,11).Otra de las cuestiones examinadasdentro de este grupo fue la influencia deltipo de motivación que había impulsado ala familia acogedora a acoger a unmenor, en la posterior integración deéste. En concreto, se examinaron seisrazones diferentes: adopción, solidaridad,llenar un vacío emocional, existencia ono de vínculos previos familiares, evitarotra medida de protección y sentirse obligadosa ello. El análisis realizadomediante la prueba de Kruskal-Wallispuso de manifiesto la existencia de diferenciasestadísticamente significativas enlos promedios de los rangos de las puntuacionespresentadas por los menoresacogidos en familias con distintas motivaciones,en la primera dimensión delIMFA (χ 2 (6)= 7,12, p< 0,05). Sin embargo,sólo se obtuvieron diferencias estadísticamentesignificativas entre el nivel deintegración de los/as niños/as cuyasfamilias habían decidido acogerles porsolidarizarse con su situación (n=12) y elde los menores que estaban acogidos porfamilias cuya principal motivación radicabaen la existencia de vínculos familiarescon ellos (n=14). En concreto, la comparaciónentre los promedios de los rangosde las puntuaciones obtenidas en laprimera dimensión del IMFA por losniños acogidos en los dos grupos defamilias citados, llevada a cabo mediantela prueba de Tukey-Kramer, puso demanifiesto que cuando la familia habíadecidido iniciar el acogimiento por solidarizarsecon la situación del niño, éstesentía que dicha familia aceptaba enmayor medida la relación que él manteníacon su familia biológica, que cuandola razón para iniciar el acogimiento habíasido la de mantener vínculos familiarescon el menor (p< 0,05). Finalmente, cabeseñalar que con relación a la tercera delas dimensiones - “Relaciones existentesentre la familia biológica y acogedora delmenor”- los datos apuntaban la mismatendencia, aunque sin alcanzar significaciónestadística.Por último, dentro de este grupo seanalizó la influencia que ejerce la actitud(aceptación/rechazo) de la familia acogedorahacia la familia biológica sobre elnivel de integración alcanzado por losmenores acogidos, siendo esta variablevalorada por los profesionales que trabajabancon cada uno de los casos. Loscontrastes t de diferencias de mediasentre los niveles de integración de losmenores acogidos por familias que aceptaban(n= 22) o rechazaban (n= 39) a lafamilia biológica, resultaron estadística-170 INTERVENCION PSICOSOCIAL


Cristina Herce, Cristina Achúcarro, Arantxa Gorostiaga, Bárbara Torres Gómez de Cádiz, Nekane Balluerkamente significativos con relación a lastres dimensiones del instrumento[dimensión 1: t(59) = -2,07, p< 0,05;dimensión 2: t(59) = -1,80, p< 0,05;dimensión 3: t(59) = -2,43, p< 0,05]. Así,los menores acogidos por familias queaceptaban a sus familias biológicas obtuvieronpuntuaciones medias en lasdimensiones que configuran el IMFA[dimensión 1:X — = 63,99, SD = 8,39;dimensión 2: — X = 53,86, SD = 5,41;dimensión 3: — X = 24,77, SD = 3,26], muysuperiores a las de los menores que seencontraban acogidos por familias quemostraban rechazo, abierto o encubierto,hacia las familias biológicas [dimensión1:X — = 59,26, SD = 8,46; dimensión 2: — X—X = 50,52, SD = 7,70; dimensión 3:— X =22,13, SD = 4,48].2. Variables ligadas al menor acogido:una primera variable analizada dentro deeste segundo grupo fue la edad del menoral comienzo del acogimiento. Para ello, seformaron dos grupos de menores: aquéllosque habían sido acogidos antes delos siete años (n= 42), y los que habíancomenzado su acogimiento a partir dedicha edad (n= 48). Los contrastes t dediferencias de medias resultaron estadísticamentesignificativos en el caso de latercera dimensión del IMFA (t(88) = 2,93,p< 0,05), indicando que los menores queinician su acogimiento antes de los sieteaños tienen una percepción más positivade las relaciones que mantiene su familiaacogedora con su familia biológica. Así,estos menores obtuvieron puntuacionesmedias en dicha dimensión (X — = 24,46,SD = 3,30), superiores a las de aquéllosque habían sido acogidos con una edadsuperior o igual a los 8 años (X — = 21,08,SD = 4,86).Por otro lado, se analizó la influenciaque ejerce sobre el nivel de integración elvínculo de apego que el menor acogidoestablece con la familia de acogida. Respectoa esta variable se establecieron dosniveles: menores con un apego seguro ymenores con un apego inseguro. Asimismo,se utilizaron dos instrumentos parala medición del apego, la Escala de Apegode López et al. (1997), para la evaluacióndel apego en los menores con edadescomprendidas entre los 7 y los 11 años yel Cuestionario de Relaciones (CR) (Griffiny Bartholomew, 1994) para la mediciónde dicha variable en los menorescon edades superiores a los 11 años. Elprimero de tales instrumentos consta deuna versión referida a la acogedora y unaversión referida al acogedor. Respecto alos menores de edades comprendidasentre los 7 y 11 años de edad, se establecióun grupo de apego seguro constituidopor 23 menores con puntuaciones porencima del percentil 60 (X — y SD en apego208,15 y 6,47, respectivamente), y ungrupo de apego inseguro, constituido por26 menores con valores por debajo delpercentil 40 (X — y SD en apego 176,56 y9,89, respectivamente) en la escala deLópez et al. (1997). En la versión referidaa la acogedora, el contraste t de diferenciade medias puso de manifiesto la existenciade una diferencia estadísticamentesignificativa (t(47)= 4,71, p< 0.01) entreambos grupos con relación a la segundadimensión del IMFA relativa al desarrollode sentimientos de vinculación afectivadel menor con su familia acogedora. Así,los menores que establecieron un vínculode apego seguro con la acogedora obtuvieronuna puntuación media en dichadimensión (X — = 55,30, SD = 4,16), muysuperior a la de los menores que nolograron establecer ese tipo de vínculo (X —= 46,83, SD = 6,74). Con relación al acogedor,las diferencias no fueron estadísticamentesignificativas, aunque indicabanuna tendencia similar.En el caso de los/as niños/as mayoresde 12 años, el grupo de apego seguroestaba constituido por 12 sujetos, mientrasque el de apego inseguro lo formaban21 menores, resultantes de la agrupaciónde los menores que presentaronlos patrones de apego preocupado, teme-INTERVENCION PSICOSOCIAL 171


La integración del menor en la familia de acogida: factores facilitadoresroso y rechazante delimitados por elCuestionario de Relaciones (CR). Nuevamente,la comparación entre los promediosde los rangos de las puntuacionesobtenidas por estos dos grupos en lasegunda dimensión del IMFA, llevada acabo mediante la U de Mann-Whitney (Ude Mann-Whitney = 75, p < 0,05), pusode manifiesto que los menores que establecieronun vínculo de apego seguro conlos acogedores alcanzaron un rango promedio(X — = 21,25) en dicha dimensión,superior al de los menores que no establecieronese tipo de vínculo (X — = 14,57).Finalmente, dentro de este apartado,se analizó la relación existente entre elautoconcepto de los menores y su integraciónen la familia de acogida. Paraello, se formaron dos grupos: un grupode autoconcepto positivo, constituido por32 menores con puntuaciones por encimadel percentil 60 (X — y SD en autoconcepto145,37 y 15,1, respectivamente), yun grupo de autoconcepto negativo constituidopor 40 menores con valores pordebajo del percentil 40 (X — y SD en autoconcepto132,55 y 14,23 respectivamente).Los contrastes t de diferencias demedias resultaron estadísticamente significativoscon relación a las tres dimensionesdel instrumento [dimensión 1:t(70) = -2,10, p< 0,05; dimensión 2: t(70)= -2,52, p< 0,01; dimensión 3: t(70) = -3,17, p< 0,05]. Así, los menores con unautoconcepto positivo obtuvieron puntuacionesmedias totales en las dimensionesque configuran el IMFA [dimensión1:X — = 65,06, SD = 8,50; dimensión2: — X = 55,41, SD = 5,22; dimensión 3: — X= 24,91, SD = 3,77], muy superiores alas de los menores con un autoconceptonegativo [dimensión 1:X — = 59,07, SD =8,36; dimensión 2: — X = 51,63, SD = 7,08;dimensión 3: — X = 21,77, SD = 4,44].3. Variables relacionadas con el tipode acogimiento: Dentro de este tercergrupo se han analizado dos variables: elparentesco entre el menor acogido y lafamilia acogedora, y las visitas existentesentre el menor y su familia biológica.Respecto a la primera de estas variables,el parentesco entre el menor acogidoy la familia acogedora, se establecierondos niveles: menores acogidos por familiasajenas (sin vínculos familiares con elmenor) (n=52), y menores acogidos porsus familias extensas (con una vinculaciónfamiliar con el menor) (n= 38). Losanálisis realizados revelan la existenciade una diferencia estadísticamente significativaentre ambos grupos con relacióna la segunda dimensión del IMFA (t(88)=2,28, p


Cristina Herce, Cristina Achúcarro, Arantxa Gorostiaga, Bárbara Torres Gómez de Cádiz, Nekane Balluerkaque recibían pocas visitas por parte de sufamilia biológica sentían que su familiaacogedora aceptaba en mayor medida larelación que ellos mantenían con sufamilia biológica y percibían que las relacionesexistentes entre sus familias, acogedoray biológica, eran más positivasque los menores que eran visitados conmás frecuencia por sus padres biológicos(p


La integración del menor en la familia de acogida: factores facilitadoresconcuerda con lo señalado por otrosautores. Así, Cautley (1980) observabaque las razones altruistas eran indicadoresde mayores éxitos que las de tipo máscercano a necesidades de la familia oferente.La mejor percepción acerca de lasrelaciones existentes entre la familia biológicay acogedora, detectada en losmenores acogidos por personas más jóvenes(menos de 50 años), podría estarrelacionada con la existencia o ausenciade parentesco entre los menores y lasfamilias de acogida. Teniendo en cuentaque, en la presente muestra, los acogedoresde mayor edad son, en general,abuelos/as de los menores, cabría suponerque en estos acogimientos existe unmayor grado de conflicto entre las familiasbiológicas y acogedoras, y que dichoconflicto es percibido por los menores,repercutiendo en una peor integraciónpor parte de éstos en las familias acogedoras.Esta hipótesis se refuerza si tenemosen cuenta que, según los resultadosde este estudio, aunque en contra de loseñalado por otros autores (Jones, 1999;Altshuler, 1999), los menores acogidos enfamilia ajena están mejor integrados quelos acogidos en familia extensa. Partiendode nuestra experiencia clínica, consideramosque este resultado puede atribuirsea que, si bien los acogimientos enfamilia extensa reúnen una serie de factoresprotectores (menor desarraigo delniño con respecto a su entorno, mayorestabilidad, percepción de normalizacióny sentido de pertenencia), también presentanfactores de riesgo evidentes (faltade formación y/o preparación, contribuciónfamiliar a la patología o problemáticade los padres/madres de los menores,dificultades para establecer límites adecuadoscon los padres/madres de losmenores que permitan proteger a losmismos, alianzas encubiertas con elpadre y/o madre del menor, mayor resistenciaal seguimiento…). Además, a diferenciade los acogimientos en familiaajena que se llevan a cabo en otros estadostales como, por ejemplo, Inglaterra oEstados Unidos, cuyo carácter ha sido,tradicionalmente, temporal, el 82% de losacogimientos de nuestra muestra sonpermanentes o pre-adoptivos, lo que hapodido favorecer que los niños acogidosen familia ajena presenten un mejor nivelde integración que el observado en losniños pertenecientes a muestras utilizadasen otros estudios de ámbito internacional.Para finalizar con los factores asociadosa la familia acogedora, se observauna relación muy intensa entre la actitudde la familia acogedora hacia la familiabiológica y la integración del menor. Así,si el menor percibe que la familia acogedorarespeta y acepta a su familia biológica,es más fácil que se integre en lamisma sin sentir que por ello “traiciona”a su familia de origen.Con relación a las características delmenor acogido, se confirma la importanciade su edad en el momento en el quese formaliza el acogimiento, en concordanciacon lo señalado por numerososautores (Walsh y Walsh, 1990; Minty1999; Ferrá et al. 1995). Cuanto másjoven es el menor, menos concienciatiene de las dificultades que pueden existiren la relación entre sus respectivasfamilias, biológica y acogedora, y portanto, más fácil resulta su integración enla familia de acogida. Siguiendo a Festinger(1990), cuanta más edad tiene unmenor en el momento de ser acogido,más fuertes son los lazos psicológicosque le unen a su familia de origen, por loque su integración en otro contexto familiarle generará un mayor conflicto delealtades. Otros autores como Whiting(1998) han destacado el hecho de quelos/as niños/as de menor edad presentanun funcionamiento más adaptativo ymejores habilidades de comunicaciónque los/as de mayor edad. Atendiendo alos resultados de nuestro estudio, se174 INTERVENCION PSICOSOCIAL


Cristina Herce, Cristina Achúcarro, Arantxa Gorostiaga, Bárbara Torres Gómez de Cádiz, Nekane Balluerkaestablece un punto de corte crítico en lossiete años. Se confirma igualmente, queaquellos que logran establecer un vínculode apego seguro con los acogedores desarrollanmayores sentimientos de pertenencia,seguridad e identidad familiarque quienes no consiguen establecerdicho vínculo, aspecto éste que tambiénha sido destacado por otros autores, asociándoloa una mayor probabilidad demantenimiento del acogimiento a lo largodel tiempo (Stone y Stone, 1983). Tambiénse deduce de los resultados del presenteestudio, la importancia que tiene aeste respecto la figura de la acogedora yno tanto la del acogedor, en cuyo caso lasdiferencias no alcanzan significaciónestadística. Ello podría ser un reflejo dela actitud, todavía vigente aunque endescenso, del rol más periférico de loshombres en la crianza de los/as hijos/as.En este grupo de factores también sonimportantes los resultados relativos alautoconcepto de los menores, los cualesavalan de forma consistente la relevanciade poseer una imagen positiva de sí mismospara poder integrarse adecuadamenteen una familia de acogida. Ello vaen consonancia con estudios anterioresque han enfatizado la importancia de larepresentación de uno mismo y la autoestimaque de ella se deriva para el bienestarpsicológico y la adaptación a larealidad (Díaz Aguado, Segura y RoyoGarcía, 1996).Finalmente, respecto a los factoresrelacionados con el tipo de acogimientoformalizado en cada caso, ya se hacomentado la asociación detectada entrela existencia de parentesco entre la familiaacogedora y el menor y su integraciónen la familia de acogida. Con relación ala frecuencia de visitas, la situación másfavorable parece ser aquella en la que elmenor mantiene contacto regular, perodejando transcurrir un determinadointervalo temporal, con su propia familianatural. La explicación de este hechopodría radicar en que las visitas alteranel funcionamiento habitual de los menoresy les enfrentan a una realidad difícilde asumir (Simms y Bolden, 1991). Unaelevada frecuencia de contactos podríadificultar que el menor lograra una estabilidaden la familia de acogida; por elcontrario, la ausencia de contactospodría desatar, tanto mecanismos dedefensa de idealización de la propia familianatural, como preocupación por lasituación de esas figuras ausentes loque, en definitiva, haría que al menor leresultara más difícil afrontar su situación.Atendiendo a los resultados de esteestudio, consideramos que cabe proporcionaruna serie de pautas para maximizarlas posibilidades de éxito del acogimientofamiliar. En primer lugar, lascampañas de captación y selección depotenciales familias acogedoras deberíanprestar especial atención a la motivaciónde las familias que desean acoger a unmenor, priorizando la de tipo altruista ysolidario. En segundo lugar, antes deasignar un menor a una familia, sedebería realizar una evaluación precisadel impacto que puede tener ese acogimientoen los otros menores de la familiaasí como del alcance del conflicto existenteentre las familias acogedoras y biológicasen el caso de que exista una relaciónde parentesco entre ambas, desestimandosu idoneidad cuando dicho conflictosea muy intenso. De forma másgeneral, debería considerarse seriamentela posibilidad de descartar a potencialesfamilias acogedoras que muestran dificultadespara asumir y respetar laimportancia de la familia biológica parael menor susceptible de ser acogido. Entercer lugar, por lo que respecta a losmenores, cuanto más jóvenes sean alinicio del acogimiento, más fácil resultarásu integración en la familia de acogida.Este dato, ya recogido por otrosautores, resulta especialmente importantepara los profesionales e Institucio-INTERVENCION PSICOSOCIAL 175


La integración del menor en la familia de acogida: factores facilitadoresnes competentes en materia de proteccióninfantil, y pone de relieve la necesidadde agilizar los procesos de toma dedecisión cuando dicha decisión afecta amenores de edad inferior a los sieteaños. En cuarto lugar, con relación a lasestrategias de intervención que se activancon los acogimientos familiares através de programas especializados, elpresente estudio pone de manifiesto laimportancia de trabajar específicamenteen la promoción de vínculos de apegoseguros entre el menor y la familia deacogida y en el desarrollo de una imagenmás positiva de sí mismos en todos losmenores en régimen de acogimiento.Finalmente, con relación a las visitasexistentes entre los menores y sus familiasmientras dure el acogimiento, losresultados obtenidos avalan la importanciade mantener un contacto permanentepero no demasiado frecuente, como yahan señalado anteriormente otros autores(Simms y Bolden, 1991).Para finalizar es preciso aludir a unade las principales limitaciones de estetrabajo, a saber, la referida a las dificultadesprácticas que se han tenido queafrontar para acceder a la información delos menores en régimen de acogimientofamiliar. Ello ha imposibilitado trabajarcon una muestra representativa de lossujetos que se encuentran bajo estamedida de protección en la ComunidadAutónoma de País Vasco. A pesar dedicha limitación, consideramos que losresultados del presente estudio puedencontribuir a mejorar el conocimiento dela realidad del acogimiento familiar ennuestro contexto, así como favorecer eldesarrollo de estrategias que permitanformalizar acogimientos familiares conmayores garantías de éxito para todas laspartes implicadas.BIBLIOGRAFÍAAltshuler, S.J. (1999). Children in Kinship FosterCare Speak Out: “We think We’re doing fine”. Childand Adolescent Social Work Journal, 16(3), 215-235.Altshuler, S. J. y Gleeson, J. P. (1999). Completingthe evaluation triangle for the next century: Mesasuringchild “well-being” in family foster care.Child Welfare, 78(19), 125-147.Balluerka, N., Gorostiaga, A., Herce C., y Rivero,A.M. (2002). Elaboración y validación de un Inventariopara medir el nivel de Integración del MenorAcogido en su Familia Acogedora. Psicothema,14(3), 564-571.Beatty, S.G. (1996). Levels of emotional adjustmentin children in foster care. Dissertation AbstractsInternational Section B: The Sciencies andEngineering, 57(1-B): 0689.Cautley, P. (1980). New Foster Parents: the firstexperience, New York: Human Services.Bueler, C., Orme, J.G., Post, J., y Patterson, D.A.(2000). The long-term correlates of family fostercare. Children and Youth Services Review, 22(8),595-625.Cook-Fong, S. (2000). The adult well-being of individualsreared in family foster care placement.Child and Youth Care Forum, 29 (1), 7-25.Diaz-Aguado, M.J. y Martinez, R.(1995). Niños condificultades socioemocionales. Instrumentos de evaluación.La evaluación de la adaptación socioemocionala través del autoinforme. Madrid: Ministeriode Asuntos Sociales.Díaz-Aguado, M.J., Segura, Mª.P. y Royo García, P.(1996). El desarrollo socioemocional de los niños maltratados.Madrid: Ministerio de Asuntos Sociales.Doelling, J.L. y Johnson, J.H. (1989). Foster placementEvaluation Scale: Preliminary Findings.Social Casework: The Journal of ContemporarySocial Work (February 1989), 96-100.176 INTERVENCION PSICOSOCIAL


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