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Babelia 950NÚMERO 950. EL PAÍS, SÁBADO 6 DE FEBRERO DE 2010Los demonios de EllroyEl maestro de la novela negra cierra su Trilogía Americana


SUMARIOBabelia 950Ariel DorfmanNarrando contrala muerteEN PORTADA Rocío Ayuso 4James Ellroy “Lo mío son los grandes libros. Quiero dejar detrás una gran obra. Y entiendo que en ocasiones estopuede pesar a los lectores. Pero al final disfrutan. ¡Soy un best seller!”, afirma el escritor en una entrevista realizada enlos primeros días de enero en Los Ángeles. Sangre vagabunda, la última novela de su trilogía The Underworld USA(Trilogía Americana), se publica en España. Foto: Matt BeardIDA Y VUELTA Larga vida al presidente Mao Antonio Muñoz Molina 7EL LIBRO DE LA SEMANA Vidas rotas Antonio Elorza 8Entrevista con Jaime Bayly Amelia Castilla 9Piedrecitas de placer Javier Aparicio Maydeu 10Genios del mal Ignacio Vidal-Folch 12La araña y su tela Enrique Gil Calvo 15SILLÓN DE OREJAS Llaman a rancho Manuel Rodríguez Rivero / Max 16ARTE Wyndham Lewis, un enemigo genial Julia Luzán 17Entrevista con Thomas Schütte Fietta Jarque 18EXTRAVÍOS Verdad Francisco Calvo Serraller 19CHAMPÁN Y ROCK EUROPEO De nuevo el capital Sabino Méndez 20PURO TEATRO Alan Bennett y el triunfo del late style Marcos Ordóñez 21CINE El espíritu libre de Jem Cohen Bárbara Celis 22DIOSES Y MONSTRUOS Leyendas de la transgresión Carlos Boyero 23+ .comEdith Sitwell (1923-1935), óleo de WyndhamLewis. Lectura exclusiva Babelia adelanta el lunes, en ELPAÍS.com, un capítulo de la nueva novela de PhilipRoth: La humillación (Mondadori). Encuentro digital Clara Sánchez, ganadora del Premio Nadal por Lo que esconde tu nombre(Destino), tendrá un chat el próximo miércoles, a las seis de la tarde, dentro del Ciclo Babelia. Blog: Papeles perdidos El blog de Babelia con los comentarios, análisis, recomendaciones, noticias,avances y voces e imágenes del mundo de la literatura, las artes plásticas, la música y las artes escénicas.FUE A FINES de diciembre de 1973, en la sala de redaccióndel diario La Opinión, que me encontré por primera vezcon Tomás Eloy Martínez.Eran tiempos nefastos. Yo acababa de llegar de unChile que le había prometido al mundo la revolución deAllende y nos había dado, en cambio, la asonada dePinochet, y creo que se me notaba las muchas y recientesmuertes, y Tomás lo entendió enseguida y me ofreciótambién de inmediato su cariño.“Cualquier cosa que necesites”, me dijo, y hallé en éluna generosidad que nunca cesó hasta el día de supropia muerte. Me armaba reuniones en su casa concorresponsales holandeses y curas revolucionarios ymontoneros esquivos y siempre bien regadas con vino ypasta y carnes.Aunque era la urgencia del momento político lo quenos unía en esas conspiraciones —llegaban noticias todoslos días de más represión en Chile y cada día tambiénera más inquietante la evolución de una Argentinaen que Perón viraba drásticamente hacia la derecha—se nos fue infiltrando la literatura en las conversaciones,en especial la extraña relación que guarda la ficción conla realidad en nuestra América, la fluida tensión entre lotestimonial/periodístico y la forma en que la imaginaciónestá obligada a tejer un escenario paralelo. Me dioa leer en manuscrito La Pasión según Trelew, y mepareció una novela más que reportaje, y él meconfidenció que la gran novela argentina tendría queconstruirse en torno al enigma de Perón. Él tenía unproyecto sobre el General y, claro, Evita, y ahí supe delas memorias que Perón le había dictado a Tomás enMadrid, y como tantas veces cuando contaba algo (yvaya que era narrador empedernido) no sabía yo si eracierto o no, si lo estaba inventando o si en efecto habíasucedido.Lo que no era un invento, en cambio, era el peligroque se cernía sobre la Argentina en que tanto Tomáscomo yo habíamos nacido. Yo estaba desesperado porirme, veía la catástrofe que estaba por caer sobre Tomásy sus congéneres.“Tienes que partir lo antes posible”, le dije una noche,antes de que yo mismo huyera. “Los van a matar atodos”. Tomás me aseguró que estaba equivocado: Argentinano era como Chile.No lo volvería a ver hasta 1978 cuando visité Caracas,donde él había buscado, finalmente, refugio. Y ahí conversamosacerca de la maldición eterna que parecíarondar a nuestro continente y cómo nuestra literaturatenía que acompañar, desde sus preguntas y dudas yferoz ensueño, cualquier proceso de liberación. Si nopodíamos evitar la violencia sobrecogedora, era posible,por lo menos, exorcizarla por medio de palabras que nomintieran, podíamos traer a la literatura a los grandesexcluidos de la historia a través de sus mitos.Con eso me quiero quedar.Con su empecinada exigencia de doblegar la realidady construir delirios y engañar el destino precario, el suyoy el de su país y el de su continente. Contra y adentro dellugar común que es la muerte. Su certeza de que si algono se cuenta no perdura, no vale la pena que exista. Ariel Dorfman (Buenos Aires, 1942) ha publicado recientemente lanovela Americanos. Los Pasos de Murieta. Seix Barral. Buenos Aires,2009. 448 páginas.2 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


EL RINCÓNJoan Guinjoan compone en su casa de Barcelona. Sincrotón-Alba. Sinfonía número 3 es su última pieza. Foto: Consuelo BautistaLa luz interior de Joan Guinjoan“Me moriré en la mesa escribiendo música”, afirma el compositor, que ultima su tercera sinfoníaAPENAS SE CUELA un rayo de luz a las once de la mañana, pero a Joan Guinjoan (Riudoms,Tarragona, 1931), a quien le encanta el sol y el color, no le importa que su rincón, como élllama a la habitación de su casa barcelonesa donde compone, sea un lugar oscuro desdeque edificaron un bloque de pisos frente a su ventana. “La luz debe estar en el interior decada uno y yo tengo la mía”, advierte, y pone como ejemplo de que el entorno no le influyeel haber compuesto la escena de la tormenta tarraconense de su ópera Gaudí en plenoEmpordà gerundense. Y es que siente un cariño especial por este pequeño rincón en el queha escrito tantas partituras y donde papeles, libros y discos se amontonan por los rincones ysobre la vieja pianola con la que estudió esa carrera de piano que tras una década deconciertos y recitales abandonó, en 1960, por la composición. Aunque el tiempo hayapasado, el rincón apenas ha mutado. Aparte del muro frente a la ventana y de un modernopiano digital, con el que engaña a su pianola para no molestar a los vecinos cuando lo toca,lo único que va cambiando es el volumen de papeles. Cuando hay demasiados, su hijocarga el excedente en el coche y lo traslada al estudio de su casa ampurdanesa, que yafrecuenta poco. “Es que en Barcelona es donde están los médicos”, apostilla resignado,pero exhibiendo esa pícara sonrisa que Guinjoan prodiga entre los amigos. En una esquinaestá su mesa de trabajo. Sobre ella, 6 de las 60 pipas que colecciona. Siempre frente a susojos, aunque haga casi una década que no se las lleve a la boca —“después de 40 añosfumando, tras el infarto que sufrí en 2000 no me costó nada dejarlo”—. También hay cartas,contratos, bolígrafos, lápices, gomas y, en el centro, abierta, su última partitura, Sincrotón-Alba. Sinfonía número 3, que está repasando para su estreno el próximo mayo por laOrquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Es un encargo de la Residenciade Investigadores del CSIC y el Consorcio del Sincrotón, que se inaugurará en marzo en lacomarca del Vallès, en Barcelona. Y luego empezará una nueva obra para clarinete solo, unaque le ha pedido Paloma O’Shea para la Escuela Superior de Música Reina Sofía, unconcierto para percusión para la Orquesta de Cadaqués y un réquiem que le ha encargadola Orquesta Nacional de España para la temporada 2011-2012. “Josep Pons me ha pedidouna obra sinfónico-coral y le haré un réquiem, que igual acaba siendo el mío”, ironiza. “Y esque con el trabajo que tengo sé que no me moriré de aburrimiento, aunque seguro quemoriré en la mesa escribiendo música”. Lourdes Morgades EL PAÍS BABELIA 06.02.10 3


novela negraJames Ellroy (Los Ángeles, 1948).Foto: Matt BeardEL PAÍS BABELIA 06.02.10 5


EN PORTADA / EntrevistaViene de la página 4le daba a lo que pillaba y se metía enmucha mierda. Esa década de los sesentaque recuerda como “comprometida conel alcohol, las drogas y con los líos” mientrasa otros les daba por el compromisosocial y político. “Mi foco de atención esmuy limitado de natural, aunque soy muybueno manteniendo la concentración”,agrega. Quizá por ello se le da mejor la monogamiaque la cohabitación, es incapaz deutilizar un ordenador o un teléfono móvil—objetos que no posee—, pero es un hachaescribiendo a mano, como escribe todas susnovelas. La investigación se la hace otro.Por ejemplo, para Sangre vagabunda mandóa una chica a Santo Domingo porqueHaití era muy peligroso.“Yo pensaba que la RepúblicaDominicana estabajunto a Honduras y Guatemalahasta que mi ex esposame regaló un atlas”, insisteen llamar la atencióncon sus burradas. Pero ensu trabajo no hay nada deburro excepto el volumen.Más de 400 páginas de estructuray 150 de notas delas que sale la novela. “Desdeel principio tengo undiagrama claro y una superestructurapara todo el libro.Sé dónde están todossus personajes y cada unade las historias que confluyenen cada momento”,describe. Un trabajo quehace principalmente dedía, aunque también haynoches en vela y sobre todoen silencio. Ni tan siquierasu adorado Beethoven,ese músico al quetanto admira y a quien sinmodestia alguna se compara,rompe su concentracióncuando escribe. “Nome gusta el exceso de estimulación.Me gusta estarsolo en la oscuridad y ponermea pensar. Me pasomucho tiempo pensando”,agrega mientras la músicasuena atronadora en el ruidosocafé de Hancock Parken el que me ha citado. Lepillaba cerca de casa y, ajuzgar por el trato, es unhabitual.Ellroy también dice aislarse del mundoque le rodea a pesar de lo mucho que recurrea la historia en sus libros. “Sólo cito loque me interesa. Son novelas policiacas queestán emplazadas en un momento de la historia”,se pone a la defensiva. “Hay muchosa los que no les gusta que les diga que me loinvento todo, que vivo en una burbuja. Queeste libro no tiene nada que ver con Bush,con Obama o con la guerra de Irak”, insistecada vez más iracundo. Nos echa la broncaa los europeos, especialmente a los franceses,de atribuirle a su obra una lectura quesegún dice no existe, de querer que sus librostengan un doble sentido contemporáneo.“Ni se lo veo ni me lo planteé”, dicealguien que confiesa su desinterés en la políticaactual. Se acaba el triple expreso que sepidió y su efecto parece calmarle. Una sonrisamaliciosa aparece en sus labios. “Claroque si tú ves esa conexión, genial. Si loslectores la ven, mil gracias. Todo con tal deque lean el libro y lo compren”, se regodea.Volvemos al principio. Ellroy nunca pierdeuna oportunidad de autopromoción yestá claro que nada le pone tanto como llamarla atención. Escribir, escribe bien, muybien, pocos dudan de ello. Pero venderse lohace aún mejor. ¿O si no para qué quiereuna cuenta en Facebook un ermitaño comoél, alguien que dice aislarse del mundo mundial,que no tiene ni teléfono móvil ni ordenadory que desdeña las ya no tan nuevasplataformas como generadoras de una generaciónincapaz de hablar con frases enterasy orgullosa de su estupidez? ¿Acaso el JamesEllroy de Facebook no es el verdadero JamesEllroy? “A mí me gusta vender libros yKnopf, mi editorial en Estados Unidos, medijo que ésa era la mejor forma, aunque éseno es mi estilo a la hora de socializar”, dejabien claro a sabiendas de que es su asistentepersonal, Lisa, quien se encarga de ponersus respuestas en línea. Vender libros estambién la razón detrás de su camisahawaiana. A punto de iniciar su periplo poruna Europa congelada, cualquier otra prendade abrigo está ya guardada. “Yo siempreestoy listo. Nací listo”, comenta inquieto mirandoel reloj sin ningún disimulo. No esque le guste viajar. Lo considera trabajo yencima es incapaz de escribir una línea durantela gira. “Pero la vida no es barata, dosex mujeres, una asistente, pago mis impuestos.Alquilo, no poseo. Tengo que ganar dinero”,dice un autor que hace un momentorecordaba que era un best seller. Su únicoplacer en estas giras promocionales son laslecturas a viva voz con las que suele presentarsu obra, especialmente en Francia. “Meencanta leer mis libros en voz alta. Soy buenohaciendo lecturas dramáticas. Conozcobien su ritmo”, asegura alguien que nuncadiría lo contrario. De hecho, no es de losque aguanta bien las críticas y antes de publicarsu manuscrito tan sólo le deja leer suobra a Lisa y a su investigadora. Y en el casode Sangre vagabunda también se lo dejó asu segunda esposa. “Sabía que éste le gustaría.Es su favorito. En esto soy muy privado ysabía que ninguna de ellas sería muy crítica”,confiesa.Es irónico este momento de pudor en unautor que no parece tener vergüenza. Alguienque con la publicación prevista parafinales de año de The Hilliker Curse venderápor segunda vez su vida al mejor lector yque acostumbra a dejar retazos de sí mismoen las páginas de todas sus novelas, siemprecon algo del verdadero Ellroy en medio dela de ficción. “Es cierto que yo soy todos loshombres de Sangre vagabunda. Crecí nomuy lejos de aquí, en este barrio por dondeCrutchfield merodea. Y tengo en mí muchasde las tormentas que Dwight lleva en suinterior, un tipo de derechas que se enamorade una mujer de izquierdas. Eso por nohablar de ese sentido del humor más biencrudo que tienen”, sopesa en voz alta aunquecon la mente en su libro. De cabezaencuentra la página que busca. “Creo queVista de Hollywood Boulevard de madrugada, en una imagen captada en 1988. Foto: Jim Goldberg / Magnum“A muchos no les gustaque diga que me lo inventotodo. Que este libro notiene nada que ver conBush, Obama o Irak”“Tengo una moraldemasiado grandey si eso significamenos libros y menosdinero, así sea”es la 325 o así, cuando Joan le pregunta aDwight: ‘¿qué es lo que quieres?’. Y él responde:‘quiero caer y que estés ahí pararecogerme. Es lo que siempre he querido”.El silencio se hace espeso a pesar de la incesantemúsica que baña el café. Tras unapausa dramática Ellroy me explica que nadamás publicar Sangre vagabunda le envióuna copia dedicada a su musa, a esa “diosapelirroja” que fue el motor del libro. No lecontestó. “No quiere volver a verme. Meporté mal y quería rendirle un último homenaje.Quise escribir una historia romántica.Histórica, con sexo, revolución, política y degran alcance y eso es lo que hice. Un trabajoal que le siguen mis memorias, en las queexplico cómo escribí este libro. Y de estaforma quiero dejar atrás este capítulo de mivida”, resume.¿Y ahora, qué? “Algo completamente diferentede lo que ya tengo las bases pero queno te voy a contar”, dice con mirada desádico. Con lo que le gusta hablar es incapazde callarse. Al menos a la hora de enumerarlo que no será su nueva obra. “Tengomuchos lectores y serían todavía más numerosossi escribiera otro tipo de libros que nopienso. Empecé escribiendo novelas policiacasmás modestas a las que con los añosañadí esa latitud histórica que tanto me gusta.Épicos históricos que también fueron policiacos.Me gustan los grandes libros y esoes lo que quiero escribir, obras bien pensadasde las que me sienta orgulloso. No quieroser de los que escriben libros cada vezmás finos y cada vez más rápidos. ¿No tienesla sensación de que Philip Roth saca unlibro cada año? No quiero hacer eso. Tengoque responder ante Dios, ante la gente queamo y ante mis lectores. Tengo una moraldemasiado grande y si eso significa menoslibros y menos dinero, así sea. Y al que nole guste, ¡qué se joda!”, remata. Sangre vagabundano sólo pone fin a la Trilogía Americana.También pondrá fin a su bibliografíasi la ordenas de forma cronológica. Ellroyse sincera sobre sus proyectos y aseguraque en sus próximos libros no piensa pasarde 1972. Al contrario, lo que quiereescribir es un libro “que preceda el LAQuartet”. ¿Tal es su amor por esta ciudadde ángeles que quiere volver a ella? “Es mihogar. Es mi casa. Me gusta. Es la ciudad ala que pertenezco. Por ahora al menos porqueestoy pensando mudarme a la costaeste estadounidense”, dice una vez máslleno de contradicciones.Como si se fuera a mudar en ese mismomomento se pone en pie. Está listo paramarcharse. A Europa a vender su nuevo libro,a la otra costa de Estados Unidos paracomenzar una nueva vida junto a ErikaSchickel y las dos hijas de la escritora. O atrabajar en su próxima novela. Le han dadocuerda y sale espantado deteniéndose unsegundo para hablar de esa otra carrera suyacomo guionista. Se nota que no le gustael tema lo mismo que no le gusta el cine.“Lo hago porque me pagan. Y bueno, medivierte el trabajo”, dice sin disimular unasonrisa al hablar de esos guiones que preparapara Hollywood cuando se tome un respirode sus novelas. ¿Y las adaptaciones de sutrabajo? ¿Está satisfecho? Al fin y al cabo, laadaptación a la pantalla de L. A. confidentialle dio un nuevo número de lectores de esosque ansía tanto. “Fue una película maravillosa,pero me proporcionó una décima partedel número de nuevos lectores que me conocieroncon La dalia negra. En cualquiercaso, ambas películas fueron maravillosasporque me dieron dinero por nada”, rematacon una última sonrisa de gato de Chesire.Sale disparado hacia la camarera. ¿Piensaseguir el último consejo de su padre? No,sólo quiere estar seguro de que me pase lacuenta. Sangre vagabunda. James Ellroy. Traducción deMontserrat Gurguí y Hernán Sabaté. Ediciones B.Barcelona, 2010. 944 páginas. 25 euros. www.facebook.com/pages/James-Ellroy/.+ .com Lea las primeras páginas de lanovela Sangre vagabunda(Ediciones B), de James Ellroy.6 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


IDA Y VUELTAPekín, 12 de septiembre de 1976: ciudadanos chinos pasan ante el cadáver de Mao (1893-1976), fallecido tres días antes. Foto: France Presse (Xinhua)Larga vida al presidente MaoPor Antonio Muñoz MolinaCUANDO YO llegué a estudiar a Madrid,en el enero sombrío de1974, Engels, Lenin y Mao Zedongocupaban los escaparatesde todas las librerías. Franco estaba vivo ydecrépito con algunas penas de muertetodavía por firmar, y a los sindicalistas y alos estudiantes rebeldes la Brigada PolíticoSocial les hacían orinar sangre en las comisarías,pero el panorama editorial, poresas singularidades de una época que sóloquedan en el recuerdo de quienes las hanvivido, estaba dominado por un aluviónde libros revolucionarios, con los retratosbarbudos de Marx y Engels en las portadas,con obreros soviéticos y guardias rojoschinos, con el rictus asiático de la carade Lenin y la carota pepona de Mao queparecía el más cool de todos, igual que lomás moderno parecía ser apuntarse a algúnpartido comunista prochino. El PartidoComunista de toda la vida, el Partido,sin necesidad de añadiduras, ya tenía algode anticuado para las antenas sutiles delesnobismo universitario. Mao Tse Tung,como decíamos entonces, era tan modernoque un libro suyo titulado Cuatro tesisfilosóficas lo publicó en español el que yaentonces era el más moderno de los editores,Jorge Herralde, que se las arregló parahacer con ellos su acumulación primitivade capital, por decirlo con el lenguaje de laépoca. Nosotros teníamos un dictador demano temblona y vocecilla aflautada querezaba el rosario todas las tardes junto asu señora en una mesa camilla del palaciodel Pardo. Mucho más admirable nos parecíaa muchos jóvenes antifranquistas eldistinguido Mao, que vivía en la CiudadProhibida de Pekín —otro nombre de época—y escribía tratados filosóficos y brevespoemas de exotismo entre oriental y revolucionario,y era autor además de aquelpequeño Libro Rojo de máximas antiimperialistasque algunos llevaban como unbreviario en los bolsillos de las trencas sacándoloa veces con reverencia para recitaruna muestra destilada de sabiduría:Los imperialistas son tigres de papel.Nos hacíamos clientes precoces de Anagramacomprando las Cuatro tesis filosóficas,pero en cuanto empezábamos a leerlose nos ponía una nube en el cerebro, comocon tantas lecturas obligatorias de entonces.¿Quién tenía la constancia necesariapara abrirse paso en las espesuras defilosofismo germánico del Anti-Dühring,de Engels, o de aquel tomazo de grosor ytítulo pavorosos, Materialismo y empiriocriticismo,de V. I. Lenin? ¿Y, ya puestos,qué significaba esa palabra, empiriocriticismo,que yo no he vuelto a ver escrita desdeentonces?Unos meses después una bandera rojaondeó sobre los tejados de Madrid por primeravez desde 1939. La España de Francohabía reconocido a la República PopularChina, y la primera embajada se había instaladoen unos salones muy burgueses delhotel Palace, que un amigo mío maoístame llevó a visitar una tarde de mayo. Unosdiplomáticos chinos en mangas de camisanos recibieron con copiosas inclinacionesy nos llenaron las manos de folletos enespañol, consagrados a celebrar la RevoluciónCultural y a denostar agotadoramentea los socialimperialistas y socialfascistassoviéticos. Si al salir del Palace la policíanos hubiera registrado habrían podido llevarnosdetenidos por posesión de propagandasubversiva: hoces y martillos, estrellasrojas, jóvenes guardias rojos con susuniformes verdes, sus bayonetas caladas ysus espléndidas sonrisas, masas aclamandoal presidente Mao, millares de cabezasgritando al unísono y de manos agitandoel pequeño Libro Rojo. En su fervor proselitista,y viéndome flaquear en mi propensióncomodona al revisionismo, mi amigome prestó un libro que según él tenía elmérito de la objetividad, al haber sidoescrito por un periodista burgués. Se trataba,no se me olvida, de China, una revoluciónen pie, publicado por Destino y escritopor Baltasar Porcel, que manifestabapor Mao una devoción como la que tuvoaños más tarde por otro Gran Timonel catalánde proporciones más modestas. Porcelhabía viajado extensamente por Chinaen aquellos años de la Revolución Culturalcon la misma fascinación, y aproximadamentecon la misma perspicacia, con queviajaban Bernard Shaw y H. G. Wells por laUcrania de las grandes hambres y mortandadescampesinas de los primeros añostreinta. China era un paraíso inmenso deausteridad y justicia. Mao era un líder ilustradoy benévolo que distraía el poco tiempoque le dejaba el Gobierno componiendopoemas caligráficos.Mientras lo más pijo del mundo universitariode Occidente se afiliaba a la modaprochina, en el mundo real millones devidas eran arruinadas, se demolían tesorosdel pasado y se quemaban bibliotecas, seescarnecía y se torturaba y se asesinaba aquienes no eran del agrado de los guardiasrojos, todo ello en virtud de un mandamientonihilista del viejo dictador, al quehabían enloquecido demasiados años depoder absoluto hasta un extremo que pocoa poco se ha ido filtrando a los relatosde los historiadores. Mao era uno de esosviejos terribles que alientan un fanatismode destrucción que para ellos es una revanchacontra su mortalidad. Si ellos van aacabarse es inaceptable que el mundo nose hunda con ellos: lanzan a la barbarie y ala muerte a sus seguidores más jóvenespara vengarse de su juventud intoxicándolade sacrificio. Para justificar la aboliciónde los rastros del pasado alegaba poéticamenteque una hoja recién impresa depapel en blanco no tiene imperfeccionesy por eso las más hermosas palabras puedenescribirse sobre ella. Por las noches lellevaban a la cama a mujeres cada vezmás jóvenes para las que era un honorrecibir de él una enfermedad venérea. Susasistentes anotaban con reverencia en losregistros de palacio sus horas diarias desueño y la frecuencia y calidad de sus movimientosde vientre. Larga vida al presidenteMao.El Archivo Municipal de Beijing, cuentaThe New York Times, acaba de hacer públicos16 volúmenes de documentos sobrelos años de la Revolución Cultural, y aunqueestán muy censurados dan una ideade lo que sucedía en China al mismo tiempoque nosotros fantaseábamos sobreaquel presunto paraíso terrenal. A los niñoslos adiestraban para denunciar a lospadres como contrarrevolucionarios. El“pensamiento de Mao” era la guía infaliblepara resolverlo todo, “la delincuenciajuvenil, los atascos de tráfico, la químicaen la agricultura, la venta ilegal de pichones”.En una clase de matemáticas los estudiantestenían que cantar dos cancionesrevolucionarias y estudiar y discutir al menosseis citas de Mao antes de pasar a losnúmeros. Comités especiales se creaban afin de garantizar cada año la producciónde las 13.000 toneladas de plástico necesariaspara las tapas de todos los millones deejemplares del Libro Rojo que se publicaban.En una reunión del Partido se fuerzaa un militante a hacer autocrítica por habermanifestado inclinaciones pequeñoburguesasal cuidar en una pecera unadocena de peces de colores. El camaradacriticado actúa en consecuencia y entierravivos a sus doce peces. A un maestro deorigen burgués, para reeducarlo, sus alumnoslo fuerzan a ponerse a cuatro patas yarrancar las malas hierbas de un campode cultivo. Y nosotros, mientras tanto, enEuropa, leyendo con beata reverencia lasmáximas del presidente Mao. EL PAÍS BABELIA 06.02.10 7


EL LIBRO DE LA SEMANALa estela del terrorVidas rotas narra la historia de las víctimas de ETA. Es unarigurosa crónica de crímenes políticos, pero también unincentivo para preguntarse cómo es posible que terminadoel franquismo se multiplicasen los “patriotas de la muerte”Vidas rotasHistoria de los hombres, mujeres yniños víctimas de ETARogelio Alonso, Florencio Domínguezy Marcos García ReyPrólogo de Fernando García de CortázarEspasa. Madrid, 20101.310 páginas. 30 eurosPor Antonio ElorzaEXISTE UNA abundante bibliografía acercade la historia de ETA, pero hasta ahorafaltaba un libro en el que la historia detodas y cada una de sus víctimas mortalesfuera reconstruida siguiendo el hilode los atentados. En un libro sobrecogedor,Vidas rotas, tres especialistas en elanálisis del terrorismo nacionalista hanconseguido efectuar esa necesaria reconstrucciónhistórica. Rogelio Alonso,Florencio Domínguez y Marcos GarcíaRey atienden con un encomiable nivelde profesionalidad a la exigencia formuladapor el hijo de una de las víctimas, elpolítico socialista Fernando Múgica Herzog:“Se tiene que saber quiénes son lasvíctimas, sus nombres y apellidos, su historiaanónima de persecución, de humillacióny de ofensa. Y quiénes son losvictimarios, que tienen también su nombrey apellidos, por qué están en la cárcely qué es lo que hicieron. Hay que saberquién murió y quién mató”.Vidas rotas es una rigurosa crónica decrímenes políticos, pero también un incentivopara preguntarse cómo es posibleque en una sociedad, especialmentecuando acaba el franquismo y llega lademocracia, y con especial intensidadjusto entonces, se multiplicasen esos “patriotasde la muerte”, por usar el términode Fernando Reinares, los cuales con todafrialdad asesinaron uno tras otro acientos de ciudadanos que en la mayoríade los casos no podían tener responsabilidadpersonal alguna en la supuestaopresión sufrida por Euskadi. Hubo arrepentimientos,incluso pagados con la vidacomo el de Yoyes, pero en generaltropezamos con creyentes empapadosen una religión del odio, algo que hanvivido en sus hogares o en los círculos desocialización como adolescentes. Habidacuenta del tipo de reacción complementariade tantos nacionalistas ajenosa ETA —ejemplo la actitud de los miembrosde PNV y de EA en Andoain conocasión del asesinato de Pagaza—, resultalícito apuntar al efecto perverso deuna mentalidad forjada en el tipo de nacionalismototalitario de Sabino Arana,creador de una auténtica identidad asesina.No es posible de otro modo explicarla conversión de tantos jóvenes, inicialmentede existencia normal, en criminalessanguinarios legitimados por la búsquedade un objetivo político que nuncaha sido ni será real. Tal y como resume elautor del prólogo, Fernando García deCortázar, “aquí se ha matado por un conceptoaberrante de patria”.Cuando el asesinato tuvo especial relevanciaante la opinión pública o se encuentradisponible información adicionalacerca de lo sucedido a los familiares,o de sus juicios sobre los sucesivos casos,el relato efectúa una oportuna detención,casi siempre esclarecedora al darcuenta pormenorizada de los terriblesefectos del crimen. Ello es siempre tambiénmotivo de desolación para el lectorque tenga un mínimo de sensibilidad.Después de cada episodio, uno siente eldeseo de ir a ver, a hablar, a abrazar aesos supervivientes, en ocasiones mutilados,tantas otras veces afectados psicológicamentepara siempre por el impactodel momento crítico en que recibieron lanoticia, contemplaron el cadáver de lavíctima o vivieron en primera persona deun modo u otro el atentado.Conviene destacar que a pesar de lodelicado del tema, Alonso, Domínguez yGarcía Rey no cierran los ojos ante lasactitudes contradictorias. Ahí está la reseñadel homenaje a Ernest Lluch, con lareproducción de las famosas palabras deuna conocida periodista, alusivas a queLluch hubiera dialogado con los etarrasincluso en el instante de ser asesinado.Despropósito explicable por el dramatismode la situación, pero que es reducidoa su significado preciso por los datosofrecidos en el libro de Edurne Uriarteacerca de la forma en que sus asesinosarrastraron al ex ministro por el garajehasta llegar a un punto en que las balasno rebotaran contra ellos. Los killers deETA no concedían espacio para el diálogo.La lectura de esa riada interminableConcentración en la Universidad Autónoma en protesta por el asesinato de Tomás y Valiente. Foto: Cristóbal Manuelde tragedias personales y familiares, ysobre todo el interés que revisten anotacionescomo la citada, llevan a pensarque en el libro se da la ausencia de uncomponente que habría resultado imprescindiblepara situar esos crímenesen su tiempo real, en el marco de laopinión pública y de las circunstanciaspolíticas cambiantes. Alguna vez hay informacionesde este género, siempre valiosas,que subrayan la importancia deconocer cómo reaccionaron los partidospolíticos y las organizaciones sociales alos sucesivos crímenes. De ese modo hubierasido posible establecer un balancede conjunto, así como reconstruir las probableslíneas de continuidad o cambio,especialmente importantes por lo que tocaal Gobierno Vasco y al PNV. Al nohaber sido cubierto este vacío, queda enla sombra el principal interlocutor institucionalde las víctimas, el nacionalismodemocrático, a quien muchos reprochamoshaber elaborado un discurso ambivalenterespecto del terror, con el rechazoformal de ETA siempre acompañadoa continuación de la justificación indirectadel “conflicto”. Sólo mediante esainclusión los lectores llegarían a entenderlas causas del inhumano aislamientoa que fueron sometidos tantos allegadosde las víctimas en los pueblos vascos ynavarros. Es preciso ir, pues, a las raíces,porque según advertía Heine, citado porPrimo Levi, “la violencia es una semillaque no muere”. + .com Lea las páginas dedicadas a ErnestLluch en Vidas rotas, de Rogelio Alonso,Florencio Domínguez y Marcos García Rey.De amor, alcohol y guerraCon la congojade la pasada tormentaHoracio Castellanos MoyaTusquets. Barcelona, 2009309 páginas. 18 eurosPor Fernando CastanedoAUNQUE ÉL NO LOS HAYA reunido con estepropósito, los 22 cuentos de Con la congojade la pasada tormenta, del escritor salvadoreñoHoracio Castellanos Moya (Tegucigalpa,1957), podrían servir a quienno conociera el resto de su obra literariacomo introducción a los personajes y losasuntos que la pueblan. Aquí se encuentranmilitares y periodistas, profesores ycamareros, fotógrafos y putas, revolucionariosy ex reclusos, además de un sinfínde secundarios que con un simple trazoadquieren vida inmediata (en esto Castellanoses cervantino). En cuanto a losasuntos, son sobre todo uno: el amor, perono el celeste sino ese otro amor urgenteque es la pasión por poseer, ya sea seduciendo,engañando o creyendo engañar,pagando o creyendo comprar. De hecho,algunos relatos encajarían bien en una revistacon cuerpos desnudos si no fueraporque aquí la calidad literaria, ese estilode microcirujano sensual, es tan tórridacomo el contenido. Y también porque enellos aparecen algunos personajes complejos,hombres inseguros y ansiosos, enfebrecidospor la testosterona que se erotizancon fantasías sobre lo que hacen losdemás en la cama. Asimismo ocupan unlugar de honor el alcohol —sobre todo lacerveza y el whisky—, los lugares públicosen donde se consume y los dipsómanosen general. Y, por fin, el último de la ternaes la guerra, que todo lo condiciona, lomanipula y lo trastoca para que los personajescaminen por la senda del exilio o delembrutecimiento. Los tres asuntos, sinembargo, se tratan con fortuna desigual ydan lugar a cuentos dispares, algo normalteniendo en cuenta que se trata de relatosescritos a lo largo de 20 años. Hay quedestacar dos de las historias, ‘Variacionessobre el asesinato de Francisco Olmedo’ y‘Con la congoja de la pasada tormenta’,que en realidad son novelas cortas. La primerarelata el viaje al pasado de un hombreque busca la verdad sobre la muerte desu amigo de pandilla, o eso cree, y quefabula esa búsqueda con éxito hasta dejaral lector convencido de todas sus incertidumbres.La segunda lleva por título unacita tomada del Quijote, cuando el caballerose encuentra en la venta, de nuevo lugarde putas, bebedores y trifulcas. Aquí el narradores un camarero que se ve involucradoen una pesadilla a manos de señoritos detodos los pelajes, también a propósito de lainvestigación de una muerte. Ambos relatosrozan la perfección y vienen a demostrarque Castellanos domina ese ritmo nadafácil que exige el medio fondo. 8 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


LIBROS / EntrevistaJaime Bayly“Lima siempre me está vomitandopersonajes desdichados”Entre el periodismo y la literatura, Jaime Bayly publica El cojo y el loco, la historia de dospersonajes marcados por el desamor, un delirio de violencia y un humor esperpénticoPor Amelia CastillaJAIME BAYLY (Lima, 1965) vive entre loshoteles y los aeropuertos. Todos losfines de semana vuela de Bogotá a Lima,donde presenta El francotirador,un programa de entrevistas, por el que pasanseñoras que viven de enseñar las piernas,roqueros o políticos. “Grabo el domingo,veo a mis hijas y me gano un dinerillo”,cuenta el escritor en conversación telefónica.Se ha acostumbrado a esa rutina viajera.Lo ha hecho durante años. “Escribo muchoen los aeropuertos, cuando hay un vuelodemorado, y trabajo en los aviones, lo queparecería un tiempo perdido, para mí esútil”. Hasta julio del pasado año su vida eraaún más complicada, el vuelo semanal transcurríaentre Lima y Miami (casi cinco horasde avión), pero aquello acabó cuando cumplióel contrato. “El dueño y la gerente de lacadena, cubanos ambos, no veían bien quetuviera libertad de expresión. En muchoscanales se han acostumbrado a que los periodistassean títeres que leen el telepromter”,añade. Así que aceptó la oferta dela cadena colombiana RCN, que emite 24horas y en la que comenta a lo largo de lasemana los hechos más pintorescos y lasdeclaraciones más cantinflescas: “No tratode ser neutral, tomo partido y digo ciertascosas destempladas, algo a medio caminoentre el periodismo y el humor”.Desde la habitación del hotel donde sealoja en Bogotá, un Bayly recién amanecidohabla sobre su nueva obra, El cojo y el loco(Alfaguara), en la que narra la vida de dospersonajes patibularios que nacieron jodidosporque sus padres no los querían, unomás de esos casos en los que la falta decariño genera monstruos afectivos. “En lanovela no hay nada parecido al amor, essórdida, violenta, decadente y, al final delcuento, se trata de una obra sobre dos vidastrágicas y jodidas por la imbecilidad de susprogenitores”. El cojo y el loco no tiene muchoque ver con el resto de su narrativa. Adiferencia de otras novelas, basadas en supropia biografía o en las que ha recreadociertas experiencias en las que siempre hayun personaje que parece ser su álter ego,Bayly no se encuentra entre sus páginas nilos protagonistas son reales. “Uno siempreva robando pedazos de información de larealidad para luego armar el rompecabezas,pero he de reconocer que sólo una ideailuminó esta novela: conocía a un tartamudoque parecía loco pero que, en realidad,estaba más cuerdo que todos nosotros; comonadie lo entendía, decidió que no queríaser él y quemó todos los papeles quepudieran demostrar quién era y desapareció.Esa imagen me resultó fascinante y apartir de ahí empecé a desarrollar la historia”.En las primeras páginas de la novela seanuncia una declaración de principios: “Elcojo llegó a Londres con una lección aprendiday bien aprendida: el mundo se dividíaentre quienes rompían el culo y quienestenían el culo roto”. Naturalmente, el autorsuscribe esa división maniquea y escatológicade su personaje. “Gabo alguna vez dijoque el mundo se dividía entre los que caganbien y cagan mal, y yo pensé en una reinterpretaciónde esa frase”, dice. “Sentí que erauna novela que tenía que escribirse así, conesa procacidad y con ese nivel de violenciaverbal, porque todo es brutal en la historia,el abuso del que ellos son víctimas de niñosy las venganzas que se cobran; no sería verosímilque hablaran como dandis”.La sordidez que desprenden las páginasse ha buscado a conciencia, desde la señoraque quiere atender a un herido y, a la preguntade si necesita algo, éste le responde:“Sí, por favor, si no le molesta, necesito queme la chupe”, hasta párrafos como el siguiente:“El cura del pueblo era un astro‘mamándola de rodillas’ y en misa de seis,cuando el cojo irrumpe con la moto en lacapilla, el sacerdote que oficia pierde la concentracióny la entrega al altísimo porqueno pudo evitar que sus ojos se posaran sobreese machazo musculoso que entrabaen la iglesia con dos pistolas y un buen parde cojones”.Como en la mayor parte de su narrativa,el blanco de sus críticas sigue siendo la sociedadlimeña: clasista, intolerante y católica.“¡No lo puedo evitar! Sigo pensando que muchade la gente más poderosa es infinitamenteestúpida para tratar a los más débileso a los que son diferentes. Esto lo he vistomucho en mi familia y en otras encopetadasde Lima donde todo tiene que ser muy perfecto,muy casto y pudoroso, y si te sale unhijo marica o cojo, entonces lo escondes enel cuarto de servicio. Eso no resulta inverosímilen la Lima de los cincuenta, que es laque recreo en la novela, pero tampoco en lade ahora. No asocio la ciudad con la felicidad,en mi literatura Lima siempre me estávomitando personajes desdichados”.Hace 15 años, cuando aterrizó en Madridpara presentar No se lo digas a nadie, suprimera novela, con la que se ganó una merecidafama de transgresor, se quejaba porqueen las calles de Miraflores le llamabanJoaquín, como el protagonista de la obra, amodo de insulto. Pero algo ha cambiado.“Ahora los limeños son más tolerantes conlas minorías sexuales y, en mi caso, la gentese muestra más cariñosa, aunque en ciertaprensa sensacionalista sí es normal que haganescarnio y ridiculicen al gay. En esto losjóvenes vienen sin esa carga venenosa delprejuicio”. No se lo digas a nadie fue muchomás que un éxito literario: “Me cambió lavida, porque supuso una salida del armario,literariamente y personalmente. Con esaobra me atreví a ser un escritor y hubo muchas,muchas presiones para que no se publicaray, de verdad, cuando la leo ahora meavergüenzo un poco de escenas sexualmentemuy explícitas, pero ésa era la novela queyo tenía que escribir en ese momento y elmérito es que fui fiel a mis demonios y a misobsesiones”. Bayly ha mejorado también surelación con los amigos. No con los que sesintieron traicionados por lo que contó sobresu homosexualidad y su relación con lasdrogas. “La gente a veces lee cosas que nisiquiera has escrito. Todo se confunde, seentremezcla y se vuelve borroso, pero confiesoque, a veces, ya no sé qué es lo que hecontado o si lo escrito ocurrió o me lo inventé”,añade.También ha normalizado su relación familiar.Han asumido que es un destroyer yhan aceptado la polvareda que levantan susnovelas. Él se las envía dedicadas y ellosguardan silencio: “Mi madre ha tenido elbuen tino de no decirme una palabra. No seha hablado del tema ni con ninguno de mis“Un tartamudo que parecía loco pero que, en realidad, estaba más cuerdo que todos nosotros” inspiró a Jaime Bayly su última novela. Foto: Quim Llenas / Cover / Getty Images“La novela es sórdida,violenta, decadente y, alfinal del cuento, se tratade una obra sobre dosvidas trágicas y jodidas”hermanos ni con mis hijas”, añade. Sin embargo,la tranquilidad se quebró hace unmes cuando se anunció la muerte del escritor.Un hacker, que había usurpado el logode CNN, anunciaba su fallecimiento en Madrid,atropellado por un coche. Sucedió entrelas 10.00 y las 13.00, hora de Bogotá,momento sueño de Bayly. “Cuando la noticiaes mala la gente siempre llama para contarlay la mala suerte fue que no pudieroncomunicar conmigo, lo que supuso una conmociónen mi familia, la mamá de mis hijas,mi mamá, todas llorando”. Lo curioso delcaso fue tanto que le dieran por muerto comola reacción de su madre: “La he notadomuy tranquila, me ha dicho que si ésa es lavoluntad de Dios, ya estarás en el cielo conversandocon tu papi”, le comentó despuésSandra, su ex mujer, cuando pudo aclarar elmalentendido.Bayly baraja ahora la posibilidad de presentarsea las elecciones de Perú, en abril de2011. En diciembre tendría que inscribirse.“Tomaré la decisión en base a lo que medigan mis hijas, el resultado de las encuestasy si el partido político que de momento meofrece la inscripción (Cambio Radical) comocandidato me sigue respaldando”. Nocree que tenga posibilidades de ganar pero,al menos, hará ruido. Por si acaso ya tieneprograma y lo recita de corrido: “Voy a defenderlibremente mis ideas, no me voy aconvertir en heterosexual. Tejiendo la ideade que el Estado debe ser laico, la Iglesiacatólica en Perú recibe millones de dólaresdel Estado, estoy en contra de eso; defiendoque las mujeres adultas decidan si quierenser madres o abortar, que las minoríassexuales tengan derecho a casarse y hay queeliminar el Ejército, la marina y la aviación,como hizo Costa Rica. Se gastan millonespara prevenir una guerra que nunca se va aproducir, es una estupidez y una inmoralidadentrenar a 100.000 personas y pagarlesun sueldo para una guerra imaginaria cuandoesa plata había que gastarla en los niñospobres de Perú que no tienen ningún accesoa la educación. Ésa es la injusticia másgrande de Perú…”. El cojo y el loco. Jaime Bayly. Alfaguara. Madrid,2010. 152 páginas. 17 euros.+ .com Lea el primer capítulo de El cojo yel loco, la nueva novela del peruanoJaime Bayly.EL PAÍS BABELIA 06.02.10 9


LIBROS / Narrativa y poesíaPiedrecitas de placerLa brújula de NoéAnne TylerTraducción de Gemma RoviraMondadori. Barcelona, 2010256 páginas. 22,90 eurosPor Javier Aparicio MaydeuNARRATIVA. LA TYLER, químicamente pura:una prosa liviana en la que cadapalabra ha sido medida como en unjuego de Scrabble, una familia en el centrodel mundo, y el socrático y cándidoabuelo Liam Mr. Magoo Pennywise, elpatriarca, en el centro de la familia (uncentro sumamente lateral, en realidad),regulando con escepticismo y desapegoel tráfico emocional entre el matriarcadode sus tres hijas, su ex mujer Barbaray su hermana y sus nietos, y haciendoque el lector sonría con los serios conflictosgeneracionales, planteados conel costumbrismo irónico de soap-operade Nora Ephron y la mordacidad brillantey el alcance de los Coen. Como otrosLos jubilados ocupan parte de la obra de Tyler. Foto: Getty Imagesentrañables antihéroes de clase mediaque Tyler, la autora de esa novela espléndidaque es Reunión en el restaurantede la nostalgia (1983), finalista delPulitzer y del PEN-Faulkner, maneja comoun experto titiritero, aquel JeremyPauling de Navegación celestial o MaconLeary, de El turista accidental(1985), el estereotipado y sexagenarioLiam, solitario y derrotado (“no soy especialmenteinfeliz, pero tampoco veomotivo alguno por el que seguir viviendo”),lidera el casting de un nuevo melodramapara todos los públicos. Lo tienetodo: viudedad, divorcio, pérdida delpuesto de trabajo, falta de amigos, mediocridadprofesional, nulo afán consumistay una cuenta corriente en ambossentidos de la palabra. O sea, no tienenada. Si acaso los libros de filosofíaque ha salvado de la quema de su carrerade profesor de escuela y el deseo derecordar su vida entera, parece quetruncado por una amnesia parcial porla que acabará obsesionándose y que leprodujo la agresión sufrida en su nuevoapartamento de jubilado forzoso,donde ha querido retirarse para saborear“la etapa de recapitulación en quese sentaría por fin en su mecedora yreflexionaría sobre el porqué de las cosas”,y desde el que podría recuperar elsentido de su rutinaria vida y recobrarla memoria perdida de algunos pasajesde su vida, junto a la joven Eunice,asistente-para-temas-de-recuerdos-fallidosdel Sr. Ishmael Cope, un magnateinmobiliario enfermo de Alzheimer,dispuesto como estaba Liam a cambiarsu introvertido senequismo y su retraimiento(“¿cómo podía haber acabadotan solo?”) por un moderado optimismo,el que Eunice podría haberle dadosirviéndole también a él de recordadorade su propia vida y el que Liam podríaconseguir alcanzando a olvidaraquella parte de su biografía que nodesea recordar. Conforme avanza el caminode Liam y de su persecución de lamemoria y del sentido de su vida, Tylerdeja caer piedrecitas de Pulgarcito enel camino, una burla de la carísima medicinaprivada en EE UU aquí, una críticadel consumismo feroz allá (“Kittysacó un ordenador plano, un bonitoiPod y un teléfono móvil del tamaño deuna chocolatina”), un reproche al menospreciode los urbanitascontemporáneos porla tercera edad o, másallá, la denuncia de la incomunicaciónhumana(esperando el alta en elhospital el protagonista ysu ex mujer, “Bárbara sacóun crucigrama y Liamse tumbó en la cama mirandoel techo”) o el crecientefanatismo religioso,como el que exhibeLouise, una de las hijas deLiam, piedrecitas con lasque el lector tropieza conirritación en la vida realpero con considerable placeren la novela, el mismoplacer con el que coleccionalas constantes muestrasde fino humor o lasdelicadas epifanías que lavida cotidiana brinda, “recordabahaber ido a buscara Millie y a Xanthe,recién nacida, al hospital,y haberse asombrado deque hubieran entradoellos dos y de que salierantres”.Así como Joyce CarolOates o Lorrie Moore eligensiempre la cara ocultade la luna cotidiana,Tyler prefiere la visible, lamás próxima al lector.Juega luego a sacarle puntacon el afilalápices emocionalque mejor domina, el estilo indirectolibre (nos dicen qué piensa Liam,Liam nos dice qué piensa), con impecablesdiálogos —en forma de diván en elque Liam y su familia se confiesan y seretratan ante un psicoanalista imaginarioen forma de lector de Anne Tyler—,y con altas dosis de sutileza en el desplieguede sus criaturas por el texto deLa brújula de Noé. Los dilemas moralesy dramas domésticos de la novela, encerradosen el frasco de la vida diaria juntoa su estoicismo socarrón, se ganan lacomplicidad del lector, con la excepciónde unos pocos pasajes algo inverosímiles,como la conversación del protagonistacon la un tanto estrambóticaseñora Bootsie Twill, la mamá de suagresor, desde el mismísimo instanteen que el bueno de Liam sale a la escenade su propio cuento de hadas otoñaly comienza la parábola del otoño delpatriarca, que piensa que “cuanto menosse desea, más cerca se está de losdioses. Un sitio decente donde vivir.Un libro que leer. Un pollo en el horno”.Y queda reconfortado, sólo a expensasde la nostalgia que trae consigola proximidad de la senectud y el recuerdodel tiempo perdido. A su edad, tenermemoria ya es más que suficiente. El libro de los destinosAnne WiazemskiTraducción de Ana HerreraMiscelánea. Madrid, 2009190 páginas. 17 eurosNARRATIVA. ANTES DE dedicarse a la literatura,Anne Wiazemski llevó a cabo una largacarrera de actriz guiada por directores comoBresson, Godard y Pasolini. En Teoremaes la hija de la familia abducida por el ángeldel Desorden y el Deseo, y en Al azar, Baltasares la muchacha llamada Marie. Graciasa Godard, con el que se casó cuando el directorpasaba por su época más maoísta, seconvirtió en un ídolo al que se le rendíaculto sobre todo en la filmoteca de París,donde proyectaban con frecuencia filmescomo La Chinoise o Vlademir. Es importanterecordarlo porque en su novela El libro delos destinos traza sobre la Rusia prerrevolucionariauna mirada ajena a cualquier formade izquierdismo. Y es que el retrato quehace de la nobleza terrateniente de 1916,amante de la música clásica, la novela francesay la poesía, es más que benigno y estálleno de lirismo y de nostalgia cierta, encambio la “gleba”, el pueblo, la “masa” aparecendibujados en tonos claroscuros y siniestros,en las antípodas del maoísmo queencarnó junto a Godard treinta años atrás.¿Se trata de un ajuste de cuentas consigomisma? ¿Se trata de una reinterpretación dela historia de su propia familia rusa condenadaen su momento a la muerte y a laemigración? La novela acaba conmoviendo,si bien es casi imposible evitar, mientrasuno la lee, la larga sombra de Doctor Zhivago,que trata el mismo tema, aunque deforma más lineal y dostoievskiana. Concebidacomo un relato de doble dimensión, conuna narradora en primera persona y un narradorremoto que ha escrito un diario, AnneWiazemski sabe dosificar muy bien laacción en El libro de los destinos, jugandocon una cierta discontinuidad que beneficiala narración y que multiplica los puntos devista de algunos momentos fundamentalesde la historia, dejándonos una imagen dulceamargay trágica de los últimos días de laaristocracia rusa. Jesús FerreroFamaDaniel KehlmannTraducción de Helena CosanoBarcelona. Anagrama, 2009190 páginas. 15 eurosNARRATIVA. EL PREMIO NOBEL no es garantíade la relevancia universal de una obra, nilos números de venta de un libro indicio desu calidad literaria. No obstante, en la libreríanos decidimos por la autora galardonada,y editoriales de probado criterio literariose lanzan a la compra de derechos, si unautor aparece en la lista de The New YorkTimes de los libros más vendidos del mundo.Daniel Kehlmann, en 2006, conquistóeste bastión hasta entonces inexpugnablepara un escritor alemán con La medicióndel mundo, una novela blandengue peroentretenida y bien documentada sobre elencuentro de dos titanes de las ciencias,Alexander von Humboldt y Carl FriedrichGauss. Y Kehlmann, que había dispuestodúctilmente el sesudo material biográfico,lo había condimentado con pequeñas ironíasy consumibles alusiones literarias, seconvirtió en la nueva gallina de los huevosde oro de la industria librera alemana: sóloen Alemania vendió millón y medio de ejemplares.Esta cifra, con vistas a la adquisicióndel libro siguiente, para el editor constituyeun aval; no así, sin embargo, para el lector.Sólo sabe que Kehlmann es un eficaz constructorde tramas y posee un gran talentopara los diálogos, ¿pero encontrará un tema,sabrá darle calado? El sucesor de su bestseller mundial se titula Fama. Nueve relatosen torno al personaje del atribulado escritorde éxito conforman un conjunto superficialmenteensartado con fortuitos hilos argumentales.Personajes acartonados gesticulanceremoniosos en escenarios de telenovela;en vez del humor irónico, campa el chistefácil; las reflexiones sobre la omnipresenciade los medios de comunicación y la ficcionalidadde la vida moderna se quedan en forzadassentencias de manual posmoderno; fraseshechas y adjetivos trillados anulan unasambientaciones más que previsibles, y aderezanla peor escena de sexo de la literaturaalemana reciente. De vez en cuando, el narradorsale también un poco, se mira en elespejito de sus relatos y está encantado dehaberse conocido. Cecilia DreymüllerHotel BorgNicola LeccaTraducción de Patricia OrtsPre-Textos. Valencia, 2009218 páginas. 20 eurosNARRATIVA. EL HOTEL BORG se encuentra enel corazón de Reikiavik, sus habitacionesson hermosas y de grandes ventanas y desdealguna de ellas se ve la plaza. El hotelBorg existe y ha dado título a una novela deNicola Lecca (Cagliari, 1976), cuya obra dePergolesi, el Stabat Mater, esa música queRousseau y Stendhal tanto amaron, recorresus páginas. En la narración están AlexanderNorberg, célebre director de orquesta;Rebecca Lunardi, una cantante de voz soberbiay carácter arrogante; la voz blanca deMarcel Vanut, un niño al que sus padresniegan infancia; Hákon Pétursson, el jovenguapo, seductor e inculto que representa elazar, y Oscar, un botones en el salón de téde un hotel de Londres, que sabe escucharla música y tiene al Stabat Mater de Pergolesiy el Capriccio de Strauss como obras preferidas.Todos ellos se acercarán a Reikiavik, laciudad fría, para certificar el adiós de Norberga los escenarios, quien ha elegido parael concierto de despedida el Stabat Mater,porque es “obra de humildad y recogimiento”.Así pues, en Hotel Borg, la música alumbrael paisaje oscuro de Reikiavik, con susdías de luz incierta y su cielo veteado deaurora boreal. Frío, música y silencio. Lanovela tiene el papel de mediador entre lacalma y el pulso acelerado de quienesleen. Trazos luminosos para alumbrar unahistoria cuyos personajes son notas de pentagramaconvirtiendo sus percances y deseosen melodía. Y en la novela, Reikiavik,paisaje testigo que reta y seduce a quienesllegan a la ciudad de azufre, encontrandoen el orgullo de sus habitantes, pues seniegan a vender las entradas para el conciertoque han conseguido mediante sorteo,la sensación de pertenecer a un universoextraordinario. Reikiavik convertida enescenario reivindicativo de la mirada calma,donde quien lee se siente ciudadanade un tiempo lento que hace más enriquecedorala existencia. María José Obiol10 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


Poemas en prosa. DedicatoriasR. M. RilkeTraducción, introduccióny notas de Antonio PauLinteo. Ourense, 2009456 páginas. 25 eurosPOESÍA. DEL GRAN e inagotable Rilke se publicanahora sus poemas en prosa y lasdedicatorias que estampó en sus libros paraalgunos de sus más fieles y fervienteslectores. Con los primeros avisó, muy tempranamente,que la poesía es bastante másque sonoridad intraducible, como, antesque él, también había advertido el mismoGoethe. Que lo dijera Rilke, un maestroabsoluto del metro y de la rima, dice muchoa favor de su máxima clarividencia. Enla práctica, estos poemas ciertamente deslumbrantanto como los escritos en verso yaportan esa cadencia prosaica muy beneficiosapara paralizar los artificios que correnel riesgo de encubrir la temible vaciedadconvertida en pirueta rimada. Pero,además de esto, la comunidad entre unospoemas y otros es grande, y su filosofíaidéntica, lo cual quiere decir que la clavede la poesía que importa está en el grosorde la experiencia y no en el formato expresivoelegido, por más deslumbrante que sea.Poemas en verso o en prosa, tanto da si laautenticidad está asegurada y las palabrasse cargan de los significados que hablan deuna experiencia verdaderamente representativade un hombre, y solo de él (y, por esomismo, de tantos y tantos hombres). Porejemplo, Rilke vivió sin cesar que las cosasno son parásitos de nuestra existencia sinoque nos acompañan con su significado secreto,convertido en una melodía que tenemosque saber captar “si queremos ser losiniciados de la vida”. El poema titulado‘Notas sobre la melodía de las cosas’, momentocumbre de este libro, aborda estacuestión pero ya lo habían hecho antesotros muchos poemas, incluidas las geniales‘Elegías de Duino’. Igualmente, la búsquedaincesante del otro en el espacio dela palabra intercambiada es una obsesiónrilkeana que también ilumina el citado poema.De una conversación lograda se puedellegar a decir, si se cumplen los requisitosde la escucha atenta: “Aquí hay un altar enel que arde una llama sagrada”. En cuantoa las dedicatorias, cabría despachar estosescritos como composiciones de circunstanciaspero Rilke, en vez de estamparprotocolarias misivas a sus destinatarios—conocidos o no, la mayoría mujeres—,escribía verdaderas composiciones tocadasde esa gravedad inspirada que caracterizasu poesía entera. “En lo pequeño hallarásun maestro / para el que nunca, en elfondo, harás lo suficiente”. O bien: “Heconfiado. / Quien confía, perdura”. O bien:“Somos algo, lo somos sin saberlo, / el destinono es más que lo que somos: quiere. /Después somos nosotros quienes lo queremos,/ silenciosos y graves: ilimitadamente”.Ilimitadamente Rilke, en esta ocasión ysiempre. Ángel RupérezPor la gracia de DiosJesús MunárrizPoint de Lunettes. Sevilla, 200991 páginas. 12 eurosRojo fuego nocturnoJesús MunárrizHiperión. Madrid, 2009119 páginas. 10 eurosPOESÍA. JESÚS MUNÁRRIZ quizá haya sido,junto a Manuel Vázquez Montalbán, el poetade la generación del 68 que se ha acercadocon menos complejos a una poesía crítica,diseccionadora de la memoria colectiva(y personal), mordaz e irónica a veces, tierna,evocadora y emocionada otras. Dos libros,aparecidos simultáneamente, confirmanesa apreciación: Por la gracia de Diosy Rojo fuego nocturno. Ambos comparten,en gran medida, un telón de fondo: la memoriadel franquismo, la sombra que ladictadura proyectó sobre la vida cotidianade quienes, como el propio Munárriz, crecierony maduraron en ella. En el primero,la memoria aparece sin filtros. La poesía esdirecta, descarnada, vecina al alegato. Setrata de poemas dedicados a Franco y a larealidad de la dictadura, que, en parte, fueronpublicados en los albores de la transiciónpolítica (el apartado titulado ‘Cuarentena’)y en distintos libros y, en parte —lamayoría—, se han mantenido hasta hoyinéditos. Entre los inéditos, conviene destacarla presencia en el libro de textos definales de los sesenta y principios de lossetenta, que forman parte, según confiesael propio autor, de un conjunto titulado‘Transición’. Si ‘Cuarentena’ es una suertede crónica poetizada de la cotidianidad nacidaen 1939 (los mitos, los símbolos, lascarencias, miserias y sevicias de un régimenmediocre y cruel), el resto de los apartadosy poemas son instantáneas que aludena momentos y tópicos que alimentaronel cemento ideológico de la dictadura.Rojo fuego nocturno es un libro poliédricoque desborda y supera el tiempo del franquismoy en el que la intimidad, la reflexiónsobre el hecho poético, la memoriainfantil, la experiencia viajera, la miradacrítica sobre las guerras y su irracionalidady el homenaje y la evocación a los amigosmuertos (César Simón, Fernando Quiñones,Chicho S. Ferlosio, entre otros) seabordan con un verso directo, conversacional,de palabra precisa y desadjetivada, enel que la emoción y la cordialidad tienenmucho que ver con la habilidad del poetapara lograr la intersección entre la percepciónmás íntima y honda y el componentehistórico, contextual, en que ésta se produce.Manuel RicoLa lumbre del corazón.Un elogio de la relecturaMacu de la Cruz y Manuel López del CerroLa Hoja del Monte. Madrid, 2009249 páginas. 20 eurosCONVERSACIONES. HAY MUCHAS OBRAS difícilmentemejorables, pero que no se leenbien. Siguiendo esta premisa nació enRadio Nacional en 2007 el programa Lavuelta al mundo en 80 libros, presentadopor Macu de la Cruz y Manuel López delCerro. Un espacio para comentar e inclusodiscutir sobre obras a partir de fragmentosde éstas leídos también en sulengua original. La Iliada en griego o lassagas vikingas en islandés. En total, uncentenar de voces participaron en un proyectoque toma ahora forma en papelbajo el título de La lumbre del corazón.Un volumen que recoge algunas de estasconversaciones sobre duelistas, islas, laguerra o historias de animales, y que secierra con cartas dedicadas a sus personajesfavoritos. E. SilióEL PAÍS BABELIA 06.02.10 11


LIBROS / ReportajeGeniosdel malLa dificultad para aceptar el binomio gran artista-mala persona proviene de una fereligiosa en el arte y sus clérigos. Obras de Gorki, Neruda, Rezzori, Eliade… revelan cómolos escritores están sujetos a las mismas pasiones que los demás. Por Ignacio Vidal-FolchEN LAS LETRAS, igual que en todolo demás, el talento es un títulode responsabilidad!”. Con estasentencia explica el general DeGaulle su negativa a indultar aRobert Brasillach, condenadoa muerte en 1945. Entre los colaboradorescon los nazis durante la Ocupación, a Brasillach,joven de suaves mofletes, pelo planchado,gafas de carey y aspecto general deestudiante aplicado, le ha correspondido eltítulo de villano máximo de la literatura. Comodirector de la revista Je Suis Partout, lamás leída, la mejor hecha y la más odiada dela época, agotó el catálogo de las infamias(verbales). Ahora bien, la naturaleza humanaes más compleja que el universo: mientrasaguardaba en la cárcel su sentencia demuerte escribió este poema:D’autres sont venus par iciDont les noms sur les murs moisisSe défont déjà et s’ecaillent;Ils ont souffert et espéréEt parfois l’espoir était vraiParfois il dupait ces murailles.Venus d’ici, Venus d’ailleursNous n’avions pas le même coeur,Nous a-t-on dit. Faut-il le croire?Mais qu’importe ce que nous fûmes!Nos visages noyés de brumeSe ressemblent dans la nuit noire.C’est à vous, frères inconnus,Que je pense, le soir venu,Ô mes fraternels adversaires!Hier est proche d’aujourd’hui,Malgré nous nous sommes unisPar l’espoir et par la misère.(Otros vinieron por aquí / cuyos nombres enlos muros mohosos / ya se deshacen y desconchan./ Ellos sufrieron y tuvieron esperanzas /y a veces la esperanza acertaba / a veces engañabaa esas murallas. // Venidos de aquí,venidos de otros sitios / nuestros corazones noeran iguales, / según nos dijeron. ¿Hay quecreerlo? / ¡Pero qué importa lo que fuimos! /Nuestros rostros, ahogados de bruma, / separecen en la noche negra. // Es en vosotros,hermanos desconocidos, / en quienes pienso,cuando cae la noche, / ¡Oh mis fraternalesadversarios! / Ayer está cerca de hoy, / a pesarnuestro estamos unidos / por la esperanza ypor la miseria).La luz de la circunstancia excepcional enque el poema fue escrito (tan semejante ala que inspiró a Villon su Ballade des pendus)lo realza y nimba con un halo de cosaextraordinaria.Brasillach tuvo además carácter para recibirla noticia de su condena con estas palabras:—Es un honor.Pierre Drieu La Rochelle también se despidiócon clase:En 1848, Schopenhauerofrecía las ventanasde su casa a los soldadosaustriacos para quedisparasen cómodamentecontra “la canalla”Stalin y Gorki perfilaronla estética del“realismo socialista” ydefinieron la misión delos escritores para lassiguientes generaciones“Sed fieles al orgullo de la resistenciaigual que yo lo soy al orgullo de la colaboración”,escribió en su diario antes de suicidarse.“No hagáis trampa, como yo no la hago.Condenadme a la pena capital (…) Sí, soyun traidor. Sí, he estado cooperando con elenemigo. He aportado inteligencia francesaal enemigo. No es culpa mía que este enemigono haya sido inteligente”.En cambio, Céline, que con Brasillach yDrieu, Montherlant y Morand y Daudet(pronto exonerado de toda culpa), Célinecuyo Viaje al fin de la noche revolucionó laprosa francesa, Céline, del que dice Lottmanque “el examen de sus libros y de suvida muestra claramente que fue un geniodel mal y que su psicología no era enteramentenormal”, eludió el cadalso fotografiándosevestido de harapos y con un gatitosobre las rodillas.(La dificultad que encontramos en aceptarel binomio gran artista-mala persona esla consecuencia de una fe religiosa en el artey sus clérigos. Pero al fin y al cabo, los escritoressiempre estuvieron sujetos a las mismaspasiones que los demás. En las revolucionesde 1848, el filósofo Schopenhauer, elpesimista, el reaccionario, ofrecía las ventanasde su casa en Francfort a los soldadosaustriacos para que disparasen cómodamentecontra “la canalla”, mientras en ParísBaudelaire, el poeta moderno y progresista,agitaba las barricadas tratando de convencera los insurgentes de que le acompañasena su casa para fusilar a su padrastro).Stalin atrajo de vuelta a la URSS al quelos bolcheviques consideraban el mejor escritorruso, la voz del pueblo, Maxim Gorki,halagando su vanidad, y una vez lo tuvo enMoscú le adjudicó como vivienda un palaciomodernista cerca del Kremlin y dos dachas,y lo nombró presidente de un comitépara agrupar a todos los escritores soviéticos.Además rebautizó su ciudad natal consu nombre. Al autor de La madre esto noacababa de parecerle del todo bien:—He escrito por primera vez Gorki en elsobre, en vez de Nizhni Novgorod. La verdad,me resulta desagradable y embarazoso.Pero en fin, todo lo daba por bueno, yaque gracias a su influencia Zamiatin (autorde la antiutopía Nosotros) pudo exiliarse enFrancia, y Bulgákov (el autor de El maestro yMargarita), que estaba reducido al ostracismoy al hambre, obtuvo un empleo en unteatro, y Pilniak (Caoba) y Babel (Caballeríaroja) pudieron ampararse tras sus anchasespaldas: luego le seguirían a la tumba, comolos siervos al Faraón.Muchas noches, concluida su jornada laboralen el Kremlin, Stalin se presentaba enla cercana mansión de Gorki, que solía recibira sus colegas en su salón y sostener conellos animados debates nocturnos. Fue allí,una noche de 1932, donde el estadista y suescritor de cabecera perfilaron las líneasmaestras de la estética del “realismo socialista”y definieron la misión de los escritorespara las siguientes generaciones, que al cabode pocos días el primer congreso de laUnión de Escritores, presidido por Gorki,refrendó: glorificar la aniquilación de las clasesenemigas y el liderazgo de Stalin, mientraslos órganos rectores de la Unión debíanalentar la producción de “obras de alto valorartístico imbuidas del espíritu del socialismo”.Al año siguiente de aquella decisiva reunión,Gorki coordinó el prototipo de libroimbuido de ese espíritu edificante, el que elhistoriador Shentalinski define como “el libromás vergonzoso y más cargado de mentirasde la historia”: Belomor, historia de laconstrucción del canal J. V. Stalin del MarBlanco al Mar Báltico, una apología del trabajoesclavo en esa obra que costó 100.000vidas. Para redactarlo, Gorki reclutó un equipode 120 escritores y viajó con ellos en untren fraternal hasta el canal, donde no vierono no quisieron ver las condiciones enque los esclavos vivían y morían; y a la vueltaseleccionó a los 30 escritores más eficientesy corruptos para exaltar la portentosahazaña.Entre ellos, su favorito, el aristócrataAlexéi Tolstói, descendiente del autor deGuerra y paz y un caso humano curioso.Parece que tuvo verdadero talento. La llavedorada, su versión rusa de Pinocchio, es todavíahoy uno de los cuentos infantiles másapreciados en su país, y su Pedro I, donderetrata al zar Pedro el Grande como el protobolchevique,se considera una obra de calidadliteraria. La misma Ajmátova le admiraba,a pesar de que atribuía la condena de suamigo, el poeta Osip Mandelstam, más queasuEpigrama contra Stalin, a la bofetadaque le dio a Tolstói por una cuestión menor.Éste le amenazó proféticamente: “¡Te expulsaremosde Moscú! ¡Nunca más publicarásun verso!”, mientras Gorki confirmaba: “¡Yale enseñaremos cómo hay que pegar a losescritores rusos!”.La ambición, la codicia y el servilismoroyeron el talento de Tolstói hasta dejarloen los huesos. Despachó novelas que retorcíanlos hechos históricos para denigrar aTrotski y ensalzar a Stalin (Pan), o contabanlas hazañas de un chequista (policía secreta);fue miembro de la comisión especialpara intoxicar a la opinión mundial con películasy panfletos que endosaban a los nazisla matanza de Katyn; clamó pidiendo lamuerte de sus anteriores protectores, Kamenevy Zinoviev… “Pocas familias puedenpreciarse de tener en su seno a un escritortan grande como León Tolstói, pero pocaspueden tener a un escritor a la vez tan dotadoy tan despreciable como Alexéi…”,sentencia su lejano pariente el historiadoringlés Nikolái Tolstói en Los Tolstói, 24 generacionesde historia rusa. “No hubo mentira,traición o indignidad que no se apresurase acometer para llenarse los bolsillos”.A este top five de malos malones de laliteratura agrego ahora algunos monstruossubjetivos, malos o malillos no universales,pero sí a los ojos y en los textos de los grandesescritores: Neruda según Brodsky,Éluard según Kundera, Rezzori según Vizinczey,Eliade según Manea.El poeta y premio Nobel de origen rusoJoseph Brosdky menciona en su libro Del12 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


Louis-Ferdinand Céline (1894-1961), en su casa deMeudon en los años cincuenta. Foto: Roger Violletjuzgará la historia a Corneliu Codreanu(fundador de la Legión)…”. Y puedo muybien imaginarme a Manea en el Bard Collagede Nueva York, adonde llegó tambiénpor la ruta del exilio, leyendo porprimera vez estas frases del Eliade crepuscular,y preguntándose con incredulidad:“No sé cómo juzgará la Historia aCorneliu Codreanu”.Milan Kundera dedica unas páginas brillantesde su novela El libro de la risa y elolvido a la condena a muerte de un poetasurrealista checo, Závis Kalandra, durantelas purgas de los años cincuenta. Ese poetaera amigo de André Breton, el papa delmovimiento surrealista, y de Paul Éluard,que después de la Segunda Guerra Mundialhabía abandonado las filas del surrealismopara integrarse en las del comunismo. “AndréBreton no creyó que Kalandra hubieratraicionado al pueblo y a sus esperanzas, ydirigió un llamamiento en París a Éluard(en carta abierta del día 13 de junio de1950) para que protestase contra la absurdaacusación, e intentase salvar a su antiguoamigo praguense. Pero Éluard estabaen ese preciso momento bailando en uninmenso corro entre París, Moscú, Varsovia,Praga, Sofía, Gracia, entre todos los paísessocialistas y todos los partidos comunistasdel mundo, y en todas partes recitabasus hermosos versos sobre la alegría y lahermandad. Cuando leyó la carta de Bretondio dos pasos en el sitio, un paso haciadelante, negó con la cabeza, se negó a defendera un traidor al pueblo (en la revistaAction del 19 de junio de 1950) y en lugar deeso recitó con voz metálica:Vamos a colmar la inocenciaDe la fuerza que durante tanto tiempoNos ha faltadoNo estaremos nunca más solos…Huiremos del descanso, huiremos delsueño,Tomaremos a toda velocidad el alba y laprimaveraY prepararemos días y estacionesA la medida de nuestros sueñosEl hombre, presa de la paz, siempre tieneuna sonrisaEl amor se ha puesto a trabajar y esinfatigable.dolor y la razón a Pablo Neruda, best sellermundial y permanente de la poesía en lenguaespañola gracias a sus Veinte poemas deamor y una canción desesperada: “Trotski,aún reciente el segundo atentado contra suvida (en el que su secretario americano fueasesinado por el luego célebre muralista DavidAlfaro Siqueiros, ayudado por el luegocélebre poeta, y premio Nobel, Pablo Neruda)…”,dice Brodsky. En su autobiografía,Me llamaban el coronelazo, David Alfaro Siqueirosreconoce su participación en el“asalto a la casa de Trotski” el 24 de mayo de1940. Lo que no dice es que él dirigió alfracasado escuadrón de sicarios, y por quémataron a su cómplice Robert Sheldon Harte.El relato que dejó Neruda, en Confiesoque he vivido (su autobiografía, redactadapoco antes del cuartelazo de Pinochet, delasesinato de Allende y de morir él mismo deenfermedad y pena), sobre sus tiempos comocónsul de Chile en México, es un alardede escamoteo de la verdad y de pánfilaautosatisfacción:“David Alfaro Siqueiros estaba entoncesen la cárcel. Alguien lo había embarcado enuna incursión armada a la casa de Trotski.Lo conocí en la prisión, pero, en verdad,también fuera de ella, porque salíamos conel comandante Pérez Rulfo, jefe de la cárcel,y nos íbamos a tomar unas copas por allí, endonde no se nos viera demasiado. Ya tarde,en la noche, volvíamos y yo despedía conun abrazo a David que quedaba detrás desus rejas”.“(…) Entre salidas clandestinas de la cárcely conversaciones sobre cuanto existe,El relato de Nerudasobre sus tiempos comocónsul de Chile enMéxico es un alarde deescamoteo de la verdad yde pánfila autosatisfaccióntramamos Siqueiros y yo su liberación definitiva.Provisto de una visa que yo mismoestampé en su pasaporte, se dirigió a Chilecon su mujer, Angélica Arenales…”.Cuando Norman Manea, disidente exiliadoen Estados Unidos, y el escritor rumanomás interesante de la actualidad, publicósu ensayo Felix culpa, a propósito de sucompatriota, el gran historiador de las religiones,el notable literato, el erudito, el sabioque buscaba y encontraba las manifestacionesde un espíritu primigenio y globalen mitos y atavismos y remotos ritos chamánicos,Mircea Eliade, le llamaron de todo,entre otras cosas “policía del espíritu”.El título de su ensayo alude a una anotaciónde Eliade en sus diarios, del 10 deoctubre de 1984: “Sigo pensando en lo quehubiera sufrido si me hubiera quedado enla patria, como profesor y escritor, y si nohubiese sido por aquella felix culpa: mi adoraciónpor Nae Ionescu y todas las consecuencias(en 1935-1940) de esa relación(…) Me hubiera quedado en la patria. En elmejor de los casos hubiera muerto de tuberculosisen una prisión”. Nae Ionescu (nadaque ver con el Ionesco de La cantantecalva), filósofo y profesor en la universidaddel Bucarest de entreguerras, fue el principalpropagandista en los medios intelectualesdel movimiento fascista rumano, la Legiónde San Miguel Arcángel o Guardia dehierro. Eliade era un sabio precoz y ayudantede cátedra de Ionescu, y escribía en laprensa: “Para aquellos que han sufrido tantoy han sido humillados durante siglos…,por los húngaros…, después de los búlgarosla gente más imbécil que haya existidonunca…, han anhelado una Rumanianacionalista, hiperactiva y chovinista, armaday vigorosa, implacable y vengativa”.Lo que Manea le reprocha es que —comoel filósofo Heidegger con su pasado nazi—nunca manifestase contrición ni reconocieraque su filiación al fascismo fue unerror juvenil: un paso al frente le parece aManea que hubiera sido muy beneficioso,en términos de didáctica social, sobre todoante el futuro inmediato en que las primerasgeneraciones poscomunistas, desorientadas,desinformadas y confusas y en buscade señales de identidad nacional y referentesideológicos, recuperan el magisterio deEliade y al mismo tiempo las tentacioneschovinistas y antisemitas. Muy al contrario,cuarenta años después de esa felix culpa,Eliade escribía en su diario: “No sé cómoLo mismo que movió a Kundera para inmortalizarcomo significativo ese episodiollevó a W. G. Sebald (aunque con menoshumor) a retratar, en Sobre la historia naturalde la destrucción, a Alfred Andersch comouna escoria, con una vida interior “plagadade ambición, egoísmo, resentimiento yrencor”, y hacer de él el paradigma de lacorrupción moral a la que puede llegar unescritor. Trabajo de inquisición semejante,aunque si cabe con una ferocidad mayor, ycontra un colega superior, hizo Stephen Vizinczey(En brazos de la mujer madura) enVerdad y mentiras en la literatura, con Gregorvon Rezzori (maravilloso autor de Memoriasde un antisemita, de Flores en la nieve,de Un armiño en Chernopol), a cuenta de Lamuerte de mi hermano Abel. Según Vizinczey,la frivolidad de Rezzori en esta “novelaestúpida y taimada” relativiza el bien y elmal, iguala a víctimas y verdugos, y esa operaciónhace de él un hombre “con la sensibilidadembotada, el cerebro pequeño y la pielgruesa de un cerdo”.¡Rezzori! Gustosamente seguiría yoañadiendo nombres a esta galería, paraagregar al tuyo y los de tantos ilustresmonstruos el mío, aunque fuera sólo porel expediente, tan claramente malvado,de escribir listas negras… (y leerlas). Peropor ahora basta y vale. La novela del adolescente miope. Mircea Eliade.Traducción y prólogo de Marian Ochoa. Impedimenta.Madrid, 2009. 520 páginas. 26 euros. Lagran trilogía: Un armiño en Chernopol, Memoriasde un antisemita, Flores en la nieve. Gregor vonRezzori. Traducción de Daniel Najmías, Juan Villoro,Joan Parra Contreras. Anagrama. Barcelona,2009. 904 páginas. 34 euros.EL PAÍS BABELIA 06.02.10 13


LIBROS / EscaparateNadie nos miraJosé Luís PeixotoTraducción de Bego MontorioEl Aleph. Barcelona, 2009216 páginas. 19 eurosNARRATIVA. NADIE NOS MIRA supuso el puntode partida en la carrera literaria del portuguésJosé Luís Peixoto (Galveias, 1974), suprimera novela y el texto con el que consiguióel Premio José Saramago. El propio Nobeldijo que era “una de las revelacionesmás sorprendentes de la literatura portuguesaactual”, y su trayectoria desde aquel año2000 no ha hecho más que darle la razón. ElAleph ha venido publicando en los últimosaños la obra narrativa de Peixoto en ordeninverso al de su publicación original, desdeel más reciente El cementerio de pianos(2007) hasta este Nadie nos mira (que habíasido ya publicado por Hiru en 2001) pasandopor Una casa en la oscuridad (2008), enuna clara apuesta por el mundo poético yfantasmal del autor alentejano, muchas decuyas claves narrativas aparecen ya en suprimer libro, Te me moriste (Editora Regionalde Extremadura, 2004). El universo deNadie nos mira es el universo de Peixoto:personajes que hablan en coro, hombres ymujeres arrastrados por la fuerza del pasadoy la memoria que asisten a la destrucción desu mundo interior, el que se crea en la infancia.El destino conduce y lastra, al mismotiempo, las vidas de los protagonistas de lanovela, que asisten al espectáculo de la soledaden medio de un mundo de referenciasrurales rodeado de ruinas. Peixoto es dueñode una escritura personal y envolvente, quese sitúa tan cerca de Faulkner y Rulfo comode Lobo Antunes o de poetas portuguesescomo Ruy Belo o Herberto Hélder. Un textoescrito por un joven de poco más de 25 añoscon una madurez narrativa inaudita paraesa edad, y que a nadie dejará indiferente.Antonio Sáez DelgadoLa ciudad felizXXV Premio Jaén de NovelaElvira NavarroMondadori. Barcelona, 2009179 páginas. 16,90 eurosNARRATIVA. SI EL LECTOR conoce La ciudaden invierno (2007), primera novela —másbien nouvelle— de Elvira Navarro (Huelva,1978), sabe de la sutil precisión con que laescritora saber abrir y explorar la pluralidadde sensaciones y vivencias que se amontonano suceden en el mundo interior de unaniña camino de la adolescencia. Ahora, enLa ciudad feliz, Elvira Navarro avanza confirmeza por esa misma senda, que ahonda,alarga y ensancha considerablemente. La novelaviene a ser un díptico que narra doshistorias de aprendizaje o crecimiento —lasde Chi-Huei y Sara—, con sus correlacionesy simetrías y también con sus contrastes,pues ambos personajes comparten barrio yplazuela y pandilla, y sus historias se complementane iluminan mutuamente. Pero si elproceso de confrontación y desidentificaciónde él —narrado en tercera persona— seUna tormenta lleva al lector hasta un pueblo de las estribaciones de los Pirineos. Foto: Marcel ter BekkeJusticia poéticaUna tormentaImma MonsóRBA. Barcelona, 2009226 páginas. 18 eurosUna tempestaLa Magrana. Barcelona, 2009224 páginas. 18 eurosPor Lluís SatorrasNARRATIVA. LA ESCRITORA catalana ImmaMonsó, después de obras que como Unhombre de palabra exploraban nuevoscaminos, recupera con Una tormenta eltono y el espíritu de su primera obra,Nunca se sabe, prolongado en parte en lasiguiente, Como unas vacaciones. Concentrandoel tiempo y los acontecimientos,la narración se inicia a las doce delmediodía en un parking de Barcelona ynos lleva hasta un pueblo de las estribacionesde los Pirineos a las once de lanoche del mismo día. Ya la primera escena,abruptamente presentada, prende elánimo del lector al dar a conocer a unpersonaje inquietante que en sucesivasescenas mostrará sus graves perturbacionesal mismo tiempo que la historia proponesituaciones emocionantes y hondosdilemas morales. Para Monsó nocuenta lo que se ha comentado recientementesobre los problemas originadosabre más hacia el orbe exterior, el de ella—anclado en la primera persona— se va aislandomás del entorno para hacerse másíntimo. La primera historia de La ciudad felizcuenta la llegada a España de Chi-Huei,un niño de seis años a quien su familia habíadejado en su aldea china a cargo de unavieja tía mientras ellos se instalaban aquí yponían en marcha un rudimentario negocio.El rechazo y la extrañeza se instalan enel alma del niño, y a ellos se sumarán lavergüenza, la decepción, el descubrimientode la mentira y de la fealdad, más una invenciblerepugnancia al averiguar que el frenéticoy crispado trabajo de su familia es “unmedio para otra cosa que nunca llegaba”:un insaciable ansiar que revela la medida desu vacío. Esta doble y feroz disección —delalma propia y de la ajena— rige también lasegunda historia, la de una niña que evocael momento en que transgrede los límites desu mundo y se encuentra con la mirada deun joven vagabundo en el que descubre aun tiempo el horror y la fascinación. Es prodigiosoel modo en que se narra esta aproximación,escueto y tenso y al par sugerente.Sara descubrirá que la inocencia puede serfruto de un “no querer”. Y puede ser permanente,y no sólo una fase transitoria de lavida: esa en la que ella está: la del “no saber”.Elvira Navarro encabeza cada una de las partesde La ciudad feliz con sendas citas deGeorges Perec. Ciertamente, en su novela elespacio, además de realidad material o física,es también una configuración abstractapor los móviles al urdir novelas de intriga;ella es capaz de convertirlos en elementosclave de la narración. Igual quees capaz de hacer funcionar los procesosinformáticos como una metonimia de larealidad. Los verbos “borrar” y “eliminar”tan habituales en el lenguaje del ordenadorequivalen a “matar” en el ámbitode la realidad y el primero de ellosademás es sinónimo del peculiar sistemacon el que se escriben las obras de laprotagonista, la escritora Sara Surp, queustedes podrán conocer si leen la novela.Un buen ejemplo de la maestría de laautora para operar con ideas nuevas yrelacionar conceptos. Cuando Sara llegaal lugar donde tendrá lugar el coloquiocon el club de lectores (una escena inspiradaprobablemente en experiencias personales)se inicia la gran escena de la obraen que el espectáculo de la vida en ebullición,heterogénea, azarosa, ilusionada odesencantada se transfigura en gran literatura.Agudezas de gran estilo, detalles esplendorososy finas meditaciones. Sara,conocedora de un hecho terrible quequiere mantener en secreto, focaliza todoslos aconteceres y su conciencia filtralo que ve y oye. Resultado: una reflexiónmetaliteraria, rica por su significado, unaambigüedad enriquecedora y un afán: lajusticia poética. Un vigoroso final, de lomejor que ha escrito Imma Monsó. en la que cabe el tiempo. Y cuando la noveladiscurre por este cauce es cuando crece deverdad, alcanzando resonancias jamesianasen todo lo que tiene que ver con el finísimoanálisis de las conductas y ese pugilismoque se va desarrollando soterradamente hastaestallar. Ana Rodríguez FischerEl teatro de la guerraCarlos PujolMenoscuarto. Palencia, 2009123 páginas. 13 eurosNARRATIVA. AL BUEN lector, al advertido, nole sorprende que se le califique a Carlos Pujolde escritor secreto —lo de escritor deculto ya aburre—, pese a que es un todoterrenode la literatura, al que sin duda esaatenta y constante dedicación a la creaciónajena le ha impedido que su poesía y sunarrativa reciban la atención que se merecen.Las novelas de Pujol parecen obras menoresen cuanto a intención, no a invención,destinadas a entretener, en el sentido másnoble del término. Sus historias pueden estarsituadas en un Londres de otra época, enel París simenoniano de la Ocupación, porcitar un par de ellas recientes que me vienen—gratamente— a la memoria; o como ésta,que ha sido un placer reciente leerla, quetiene que ver con la Alemania año cero, conlos primeros años de reconstrucción tras laII Guerra Mundial, cuando un soldado norteamericanode origen alemán se adentra enbusca de sus raíces en el paisaje después dela batalla. En una Alemania devastada, piensael soldado, escribe Pujol, en la que hastala naturaleza imita a Bach o Schumann. Elteatro de la guerra es una deliciosa narración,con un estupendo Dramatis personae,a la manera de las novelas de Agatha Christie,por ejemplo, donde deposita Pujol unacierta mirada escéptica —elegante y nadaviolenta— sobre la condición humana, unacierta reflexión sobre vidas y conductas, queno son muy diferentes de las habituales, pormás que, como en esta ocasión, estén ambasalteradas por el reciente hecho bélico.Tras la aparente sencillez de la prosa de Pujolse esconde un estupendo pintor de almasy un excelente observador de paisajes,imiten o no, como en este caso, a Bach oSchumann. Javier GoñiPerturbaciones. Antologíadel relato fantástico español actualVarios autores. Edición y prólogo de JuanJacinto Muñoz RengelSalto de Página. Madrid, 2009375 páginas. 20,95 eurosNARRATIVA. LA VARIEDAD de asuntos y disposicionesformales caracterizan esta antologíade relatos fantásticos españoles. Algunospertenecen a autores consagrados como ‘Lamujer de verde’, de Cristina Fernández Cubas,inquietante historia de fantasmas y adivinaciones;‘Balneario’, de Pilar Pedraza,desquiciada inmersión directa en el horrorpintado de humor cruel, y ‘Otra vez la noche’,de Ignacio Martínez de Pisón, pausadahistoria atmosférica y metafísica. El de otrogran autor, Merino, aunque significativo, noestá a la altura de sus mejores textos. Otrosautores menos conocidos aportan textos estupendos:‘El andén de nieve’, poético e inexplicableal estilo de H. G. Wells, de CarlosCastán; ‘Una cita aplazada sine die’, enraizadoen la tradición clásica del cuento de miedo,de Luis García Jambrina, y ‘Los palafitos’,orfebrería fina para presentar una realidadilógica, de Ángel Olgoso. Elia Barcelóy Jon Bilbao presentan relatos inéditos, laprimera una historia de enigmas temporalescercana a la ciencia-ficción muy propiade la autora y Bilbao una hábil narracióncuya densidad depende precisamente de laausencia casi total de acontecimientos. Inevitablemente,todo lector encontrará algunosde menor interés. Es el caso, en mi opinión,de ‘Final absurdo’, de Laura Freixas, o‘Venco a la molinera’, de Félix J. Palma. E nel prólogo, Muñoz Rengel expone que losrelatos por él escogidos pertenecen al génerofantástico, un género que según él se distingueclaramente de otros como, por ejemplo,el cuento de terror o el realismo mágico.Resulta, sin embrago, que, una vez leídos, secomprueba que los relatos del libro no perteneceninequívocamente al grupo llamado“fantástico” y la distinción se vuelve irrelevante.En cambio, ese prejuicio obliga a prescindirde entrada de autores importantescomo Andrés Ibáñez, José María Latorre oJosé Carlos Somoza. Eso sí, quede claro queel libro se lee con auténtico placer. Ll. S.14 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


LIBROS / EnsayoLa araña y su telaManuel Castells conserva intacta su fe en las posibilidades emancipatorias de Internet. En sunuevo libro analiza las relaciones de poder y la crisis de la democracia en la sociedad-redComunicación y poderManuel CastellsTraducción de María HernándezAlianza. Madrid, 2009679 páginas. 30 eurosPor Enrique Gil CalvoSON ESCASOS los sociólogos españolesque han conseguido accedera la cumbre de la élite académicainternacional, y Juan JoséLinz es el decano de todos ellos.Pero en la generación siguientedestaca Manuel Castells (Hellín,1942): quizás el científicosocial hispanohablante (aunqueescriba sus libros en inglés)más citado de la últimadécada. Prófugo de la dictadura,aprendió sociología conAlain Touraine en La Sorbona,tomando parte activa en la revueltade Mayo del 68. Enseguidase convirtió en una figuradel gauchismo parisiense de lossetenta, especializado en sociologíaurbana. Y como a tantosizquierdistas de su generación,la caída del marxismo le condujoa convertirse no al neoliberalismopero sí al determinismodelahigh tech: las nuevas tecnologíasde la información y comunicación,hoy llamadas TIC.Así fue como, tras recalar enLa Moncloa como asesor delpresidente González, acabó enla Universidad de California,donde compuso su célebre trilogíasobre la Era de la Información,cuyo primer volumen, Lasociedad-red (Alianza, 1997) habría degranjearle fama internacional tras ser ensalzadopor autoridades como Giddens.Allí proponía un nuevo modelo de sociedadposindustrial, estructurada no porlas relaciones jerárquicas de clase sinopor la conexión múltiple a redes interactivas,cuyo paradigma es Internet. Y aquellaciberutopía de espíritu entre ácrata ytecnócrata, cuyos gurús eran los grandespatrones del capitalismo digital (los nuevosEdison, como Steve Jobs y Bill Gates),encandiló a multitud de profesionales urbanos.Eran los tiempos de la fiebre deloro especulativo que dominó la presidenciade Clinton, con el auge bursátil de lasempresas punto.com.Pero nada más producirse el cambiode siglo, la burbuja tecnológica estalló,refutando el mito digital de la nueva economíade la información. Entonces se produjoel 11-S, cuando otra clase de redessociales, esta vez fanáticas y asesinas, derribótambién el mito de la invulnerabilidadoccidental. Y enseguida llegó la reacciónneocon de Bush y compañía, quecon el paranoico aplauso del pueblo estadounidenseemprendió una criminal venganzade alta tecnología (una cruzada virtual,retransmitida en directo por Internet)contra los eslabones más débiles delislam. Todo lo cual refutaba el panglosianodiseño de la virtuosa sociedad del conocimiento.De ahí que Castells se vieseobligado no a rectificar pero sí arediseñar su modelo de sociedad-red,dando lugar a este nuevo libro como resultado.Un libro cuya novedad más importante,como reza su título, es que junto a lasredes de comunicación, que continúanestructurando la realidad social, apareceun nuevo factor causal: las relaciones depoder. Con ello vuelve al segundo volumende su citada trilogía, El poder de laidentidad (Alianza, 1998), donde ya aparecíantanto el poder del Estado y la llamada“política informacional” como los movimientosinsurgentes de resistencia yManuel Castells “apuesta por la Red” en su libro Comunicación y poder. Foto: Getty Imagestransformación social, pues unos y otrospoderes y contrapoderes se enfrentan enla común arena de juego que son las redesvirtuales y mediáticas. Pero lo que enaquel texto se ventilaba en unas pocaspáginas, aquí se extiende a lo largo de550 (el resto son apéndices y anexos), afin de incluir los últimos desarrollos enPoderes y contrapoderesse enfrentan en lacomún arena de juegoque son las redesvirtuales y mediáticasmateria de cognición emocional (Damasio,Lakoff) y comunicación política (Halliny Mancini, McCombs, Thompson).El libro comienza por un repaso delas teorías del poder, quedándose con laque más le conviene: la de MichaelMann y su reticular modelo EIMP (económico,informacional, militar y político).Prosigue después resumiendo supropio paradigma comunicativo, que desarrollapara incluir su interpretación dela web 2.0, a la que llama“autocomunicación de masas”. Y se centrapor fin en el análisis propiamentedicho de las relaciones de poder, hoyfundadas en la dominación mediática (osimbólica como diría Bourdieu, a quienno cita), que hace posible una generalizacióndel engaño como arma de persuasiónmasiva para dar lugar a la crisis dela democracia, identificada por Putnamcon el declive del capital social. Todoello ilustrado con ejemplos como la guerramediática de Bush, el motín de losmóviles contra Aznar el 13-M o la exitosacampaña electoral de Obama.Parafraseando el vocabulario marxistade su juventud, cabría decir que eneste libro Castells expone la contradicciónentre las nuevas fuerzas productivas,ahora comunicacionales, y las emergentesrelaciones de producción, hoy dominadaspor el poder informacional. Locual supone reconocer que la sociedadredes en realidad una tela de araña: unaestructura de dominación donde el poderde la araña depende de la capacidadde la red para encadenar a los dominados,así como de la habilidad de éstospara desencadenar su resistencia. Deahí que se plantee como siempre la mismapregunta sin respuesta: ¿quién puedemás, la tela o la araña? Para ser fiel así mismo, Castells apuesta por la red,conservando intacta su fe en las posibilidadesemancipatorias de Internet. Peroesto se contradice con su realista retratode la política informacional como engañomasivo, lo que hace sospechar que eldestino de Internet es servir de virtualopio del pueblo como nuevo panem etcircenses devaluador del capital social. Osea que al final, por mucho que la redreprograme la tela, la araña siempre gana.+ .com Lea las primeras páginas del libroComunicación y poder (Alianza), de ManuelCastells.La propiavidaLa persuasión y la retóricaCarlo MichelstaedterTraducción de Rosella Bergamschiy Antonio CastillaSexto Piso. Madrid, 2009246 páginas. 20 eurosPor Manuel CruzPERSEVERA LA EDITORIAL mexicana SextoPiso en su exquisito gusto y publicauna nueva edición de esta pequeñajoya de Carlo Michelstaedter, La persuasióny la retórica, con prólogo ynotas de Sergio Campailla, textoscomplementarios de Claudio Magris,Massimo Cacciari y Paolo Magri y presentaciónde Miguel Morey. El autordel libro constituye un personaje ciertamenteatractivo. Nacido en 1887 enGorizia, ciudad que por aquel entoncespertenecía al Imperio Austrohúngaro—influida, por tanto, como la vecinaTrieste, por las corrientes culturalesprocedentes de la Europa Centralde lengua alemana—, Michelstaedterpertenecía a una familia acomodadajudía de artistas e intelectuales. Polifacético(compatibilizaba el interés porlas matemáticas con la vocación depintor y con el gusto por la poesía), sutrabajo propiamente reflexivo se sustanciaen un Diálogo de la salud (Marbot),de reminiscencias socrático-leopardianas,y en su tesi di laurea. No ledieron para más sus 23 años: el 16 deoctubre de 1910 dio aquélla por terminaday al día siguiente se suicidó disparándoseun tiro de pistola en la cabeza.Dos años después, la tesis aparecíapublicada por vez primera con eltítulo La persuasión y la retórica. Untemprano trabajo de Papini (Un suicidiometafísico) contribuyó a difundirla interpretación de que la muerte deMichelstaedter había sido un acto deextrema coherencia filosófica, cuando,como la reciente edición del epistolarioautoriza a sospechar, es másque posible que la noticia de habercontraído una enfermedad incurablefuera el desencadenante de su decisión.Todo ello al margen —asunto—de que el gesto del suicidio pudieraguardar relación con una particularStimmung cultural (no habría másque pensar en el suicidio de Weiningerapenas siete años antes). Estaotra perspectiva probablemente permitiríaenfrentarse a las propuestasde Michelstaedter sin las brumas hermenéuticasque introduce la interpretaciónheroica de su suicidio. Nosencontraríamos entonces con un pensadortumultuoso, apasionado, brillante,que, muy en la perspectiva dela época (la referencia a Wittgensteinresulta en este punto poco menosque inevitable), embiste contra loscuarteados muros del edificio de unmundo irremediablemente arruinado,reivindicando la persuasión, entendidacomo “la posesión presentede la propia vida”, frente a la retórica,constituida para él por todos esos saberes,instituciones y códigos, cuyaúnica función es ocultar al hombre sumás profunda condición, la de sermortal. EL PAÍS BABELIA 06.02.10 15


SILLÓN DE OREJAS Por Manuel Rodríguez RiveroIlustración de Max.Llaman a ranchoPROBABLEMENTE me la gane con estecomentario, de manera que yatengo mi burka king size planchaditoy listo para salir por piesy de incógnito. Si, después de esto, mellamaran por teléfono para invitarme ami decapitación, lo único que deseo reiterarlesa mis improbables lectores esque ha sido un placer estar con ustedes ycon Max durante tantas semanas. Y, ahora,a lo que iba. Miren: a mí la que se hamontado con lo del anuncio del cierretemporal de El Bulli me parece una pasada.Hubo un momento, tras tanto ditiramboy lamentación, y con la noticiaaventada urbi et orbi desde la primeradel Financial Times, que lo único quefaltaba es que el Ministerio de Cultura(Gobierno de España) decretara tres jornadasde luto oficial con la bandera amedia asta en todos los Institutos Cervantes.Ya sé que razono como un plebeyo,y que resulta más improbable (aunqueno imposible) encontrarme a mí enEl Bulli que a Isabel Preysler en un transbordode la línea 1 (Valdecarros-Pinarde Chamartín) del metro de Madrid. Tengoen cuenta también mi proverbial resentimiento,mi incapacidad para sumergirmeen las “experiencias religiosas” acargo de “sumos sacerdotes” dobladosen “alquimistas” de la alta gastronomía.Tampoco excluyo que —a pesar de milectura de Foucault (véase Las palabras ylas cosas, Siglo XXI, capítulo sobre ‘LasMeninas’)— no haya comprendido nuncalos vínculos secretos que unen la obramaestra de Velázquez con el santuariode Ferran Adrià. No ignoro que el tallerdel genial artista (me refiero al cocinero,no al pintor) recibe anualmente visitasde peregrinos de todo el mundo que acudena Cala Montjoi (“meca gastronómicaen una escondida cala”, según unaedición antigua de la Michelin) a cumplircon el imperativo de comer allí almenos una vez en la vida (¿he escrito“comer”?: ¿acaso todavía puede llamarseasí a una experiencia que se acerca a laGesamtkunstwerk, la obra de arte totalpor la que suspiraba Richard Wagner?).Leo en la declaración de principios implícitaen la “síntesis de la cocina de ElBulli” (www.elbulli.com) que en ella nose excluyen “la descontextualización, laironía, el espectáculo, la performance”,lo que me hace pensar que, una vez más,me he quedado en el desván de la historiaa cuenta de, pongamos, tan sólo 200euros el cubierto (¡ajj!, qué asco: hablode dinero). Intento sumergirme, paracomprender, en las notas y dibujos deAdrià que ha publicado la revista Matador(letra M), aunque no consigo —¡ayde mí— que esos bocetos (por los que,seguramente, pujarán los museos delmundo) me ayuden a descifrar el significadode la obra adrianesca en la mismamedida en que los cuadernos de Klee oDubuffet me iluminan la de esos dosartistas. Pero, aun siendo consciente demi (quizás congénita, y en todo caso psicoanalizable)incapacidad de comprender,me veo obligado a insistir: lo de lacobertura mediática del cierre temporal(“para reinventarse”) del templo de la gastronomíamolecular me ha parecido unapasada. Por lo demás, y mientras aguardoel (seguramente) merecido castigo,me consuelo (re)leyendo el fascinanteOberman de Senancour en la nueva ediciónpublicada por KRK, que ha utilizadola traducción que Ricardo Baeza realizópara la (aún hoy) increíble colección Universalde Espasa-Calpe (1930). Esperoque, cuando acabe el capítulo que ahorame ocupa, ya habrá logrado su temperaturaideal la sutil espuma de Kentuckyfried chicken acompañada de mousse debotifarra amb mongetes (y reducción depanceta al jerez) que me he preparadohace un rato. Seguro que es una fiestapara los sentidos.FlechazoMURIÓ EL narrador de los baby-boomers yme ha dejado esta tristeza. He leído tantosobituarios en la prensa internacional y domésticaque, al final, todas las glosas seme antojan la misma, como si se tratarade aquella frase mecanografiada hasta elinfinito en la que el escritor (bloqueado)protagonista de El resplandor (Kubrick,1980) desvelaba su locura: “All work andno play makes Jack a dull boy”, traducida,por cierto, en la versión españolacomo “no por mucho madrugar amanecemás temprano”, un proverbio que lehabría encantado al viejo recluso de Cornish.A Salinger lo descubrí en un malmomento: me había quedado a la vezsin chica y sin (mi mejor) amigo, y elmundo era un erial cuesta arriba. Peroen ‘Un día perfecto para el pez banana’,la primera historia de Nueve cuentos, descubríque la literatura (incluso la mástriste) podía desmentir mi sombría percepción.Fue un flechazo: no descanséhasta conseguir todo lo que había publicado,recurriendo incluso a traduccionesal francés. Tardé en leer las “obrascompletas” de J. D. Salinger poco másde una semana (lo que no resultó nadadifícil, dada su brevedad), apagando demadrugada la luz de la mesilla de nochecon mis ojos ardiendo como hoguerasen la oscuridad del mundo. Luego sufríaquel largo silencio repleto de prohibicionesy pleitos en el que el escritor (también)llegó a la excelencia. Incluso consiguiórelativizar la importancia del diseñoen sus libros: la prohibición absoluta defotos, notas biográficas, y demás paratextoseditoriales convierte sus ediciones(Alianza, Edhasa) en auténticas excepciones,monstruosidades que nunca encajandel todo en las colecciones en queestán incluidas. Salinger fue un ejemploa contracorriente: deseaba tanto que leleyeran sin las servidumbres de la celebridad,que al final decidió escribir sólopara sí mismo (es verdad que podía permitírselo).Con su trayectoria, nadie habríaimaginado que, hacia 1941, pocoantes de su ligue con Oona O’Neill (laque luego sería esposa de Charlot), Salingerestuvo trabajando como animadorsocial en una compañía de cruceroscaribeños del tipo “vacaciones en elmar”. Me divierte imaginar las actividadesque propondría a los pasajeros.EspíritusME FASCINAN esas fotografías antiguas enlas que, por error, casualidad o maldición,aparecen de modo imprevisto imágenescomo desvaídas y sutiles, aparentementeextrañas a las que enfocaba elobjetivo. Quizás se trate de espíritus, etéreosectoplasmas que se incorporan a laescena sin haber sido explícitamente invitados,como mesmerizados por unatécnica capaz de convocarlos sin ansiedadni esperanza. Un estupendo relatode Julio Cortázar, ‘Las babas del diablo’,incluido en Las armas secretas (CuentosCompletos, Alfaguara), readaptado porTonino Guerra y Michelangelo Antonionicomo base del guión de la películaBlow Up (1966), se ocupa también deese misterio de lo que no estaba (en elescenario) pero aparece en la foto parapasmo y espanto de su autor. He pensadoen el cuento y la película mientrashacía calas lectoras en Fotografía y espíritu(Alianza Forma), un libro de John Harveyque se ocupa de esas presencias sutilese inquietantes, interrogándolas desdeperspectivas tan diferentes como la ciencia,el arte, la religión o la historia de lafotografía. Tras la lectura, mi álbum defotos familiar ya no me resulta tranquilizador.16 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


ARTE / PerfilWyndham Lewis, un enemigo genialPolemista y maldito, fascinante, provocador y controvertido —en 1931 describió a Hitler como “hombre de paz”—,inventor del vorticismo. Una exposición en la Fundación March recorre la trayectoria del artista, olvidado durante décadasPor Julia LuzánSOY UN ESQUELETO en el armario.Así, con tan gráfica metáfora, se definíaWyndham Lewis (1882- 1957),pintor, novelista, intelectual…, unhombre raro, muy raro, contradictorio, mezclade león y lobo, como los héroes de lasobras de Shakespeare, que hizo de su vidauna obra de arte un tanto peculiar.Lewis, “posiblemente la figura más controvertidadel arte británico del siglo XX yuna de las más distinguidas ausencias quecabe registrar en el canon del arte del sigloXX”, según Manuel Fontán, director de exposicionesde la Fundación Juan March. Adeptoconfeso de Wyndham Lewis, Fontán hablacon entusiasmo del artista ante una mesaplagada de primeras ediciones de sus librosy de Blast —“una enorme revista colormagenta”—, que Lewis editó y que se publicaahora en facsímil, coincidiendo con lamuestra.Lewis fue, ante todo, un provocador,un lanzador de misiles en la puritana sociedadvictoriana inglesa. Inventor, entreotras muchas cosas, del vorticismo, unestilo de pintura geométricaabstracta, concebido comoreacción al movimiento futuristade los artistas italianos.Un hombre fascinante.Atractivo, rico, de buenafamilia, Lewis lo tenía todopara alcanzar la cumbre dela fama, pero su temperamentole jugó alguna malapasada. Olvidado en el trasterode la historia, este hombrenacido a bordo del yatede su padre, en Nueva Escocia,Canadá, estaba predestinadoa ser un personaje denovela. Con poco menos deun año, abandonada la familiapor el padre, regresa consu madre a Inglaterra. Acudea los mejores colegios, peroes un gandul. Con menos deveinte años, decide ver mundo.Recala en París, la mecadel arte, donde sus ojos seabren al mundo artístico. Sedeja el cabello largo —“antesde la guerra tenía una cantidadindecente de pelo en lacabeza. Tenía como paratres hombres juntos. Cuandollegó la posguerra, apenasme quedaba pelo para unosolo”—, con raya en medio,un bigotillo seductor y se fotografíacon chalina y cigarrilloen la comisura de los labios. El mitoque busca ser ya tiene imagen.Viajó a Alemania, pasó por España y trabajócomo copista en el Museo del Prado.De nuevo en Francia, descubre la Bretaña yes allí donde Lewis vive sus primeras experienciascon la escritura, The wild body (Elcuerpo salvaje), un libro de cuentos de temáticamuy dura. En él Lewis reflejó su ladooscuro. “Soy artista —si es que eso es unacredencial—. Soy novelista, pintor, escultor,filósofo, dibujante, crítico, político, periodista,ensayista, panfletista, todo en uno, comoesos hombres del Renacimiento italiano”,escribe en su autobiografía Estallidos y bombardeos(Impedimenta), una de las pocasobras traducida al español, junto con su novelaDobles fondos (Alfaguara, 2005).Su primera novela, Tarr, se publica porentregas en 1918, en la revista literaria TheEgoist, casi al mismo tiempo que Retrato delartista adolescente, de James Joyce, su colegade copas en París, uno de los que formabanparte de la “generación arrogante y orgullosa”de antes del estallido de la GranGuerra que destrozó cuerpos y almas. Mujeriego,casi un depredador, sólo se casó unavez pero mantuvo relaciones con muchasmujeres. Una de ellas, Irish Barrie, con laque tuvo dos hijos. Directora del departamentode fotografía del Museode Arte Moderno de Nueva York(MoMA) durante veinte años, intentóecharle una mano cuando Lewis,durante la Segunda Guerra Mundial,viajó a Canadá huyendo deotra “orgía de sangre”.Siempre a la contra, WyndhamLewis fue el azote de cuantos se cruzaronen su camino, ya fueran amigoso enemigos. Con los años cambióde aspecto y olvidada su buenacabellera ocultaba su cabeza, y casisu rostro, con un sombrero de alaancha y se cubría con una larga capanegra que, a juzgar por las fotosde la época, le proporcionaba un aspectocomo el personaje del anunciodel oporto Sandemans. “Él”, afirmaFontán, “se hacía el estilismo comoenemigo y como personaje”.Polemista y maldito, la obra deLewis ha permanecido oculta duranteaños. En contadas ocasiones sehan exhibido sus cuadros. En 1956,un año antes de su muerte, la TateBritain le dedicó una antológica yUna batería bombardeada (1919), pintura de Wyndham Lewis. Arriba, Wyndham Lewis, como bohemio. Foto: G. C. Beresfordunos aplausos que Lewis recibió medio ciegoy en silla de ruedas. Otra en Canadá,dedicada a su estancia en aquel país, y unamás en el Imperial War Museum de Londres.No ha habido una antológica de Lewisdesde 1982, en Manchester.En esta negación del artista han pesadodurante años sus coqueteos con el nazismoy el antisemitismo. Wyndham Lewis publicóobras que anularon su trabajo como escritor.Traumatizado por sus años en la PrimeraGuerra Mundial, escribió, en marzo de1931, un libro sobre Hitler en el que llamabaal dictador “hombre de paz”. Poco importóque en 1939 se desdijera en The Hitler Cult,en el que desmenuzaba la crueldad del nazismoy lo criticaba con saña. Nunca le perdonaronaquel gran error impreso. No lesirvió de nada desdecirse y posiblementepor eso mantuvo hasta el final de su vida supose de enemigo, de tipo duro, de raro.“Contradícete. Para poder vivir, debespermanecer dividido”, la cita del filósofoNietzsche, Lewis la siguió a pies juntillas.Desagradable, tosco, huraño, y a la vez divertidoy educado. Se cubrió con la coraza delhumor negro porque la Primera GuerraMundial dejó una llaga incurable en su cabeza.Le perdió su mal carácter, su misoginiaLo tenía todo paraalcanzar la cumbrede la fama, perosu temperamento le jugóalguna mala pasada—aunque en el manifiesto del vorticismoincluyera a tres mujeres artistas— y sus peleasa muerte con el grupo de Bloomsbury,capitaneado por la escritora Virginia Woolf yClive Bell. Bloomsbury fue para Lewis el artepor el arte, ser como los “monos de Dios”,aquellos que imitan a los que crean.Cuando estalló la Segunda Guerra Mundialquiso huir de “otra orgía de sangre”.Viajó a Estados Unidos pero las cosas no lefueron bien y Lewis y su mujer recalaron enCanadá, viviendo en hoteles de mala muerte,hasta que, del último, salieron chamuscados:el hotel donde se alojaban ardió por loscuatro costados.Yolanda Morató (Huelva, 1976), profesorade Filología en la Universidad de Sevilla,traductora de Estallidos y bombardeos, asesorade la exposición en la Fundación March yespecialista en la obra del artista, aseguraque “la estatura de un autor como Lewis haquedado ensombrecida por distintas razonesa lo largo de su vida, pero también despuésde ella, convirtiéndose en uno de losescritores menos reconocidos y más criticadosde lo que conocemos como Modernismoanglosajón”. Lewis se ganó a pulso laleyenda de “el Enemigo”, y fue presa fácilpara lo que Morató define como carniceros:“Un historiador que lea con las gafas de laideología es como un cirujano en una carnicería”.Provocador, fustigó el conformismode la Inglaterra victoriana, de la masa. “Criticóla mediocridad de quienes se dejan guiarpor otros sin cuestionarse nada. Su fascismofue consecuencia de evitar una nueva guerra”.El miedo a dejar hablar a las armas es elmismo, en opinión de Yolanda Morató, queel de un pacifista reconocido, como el filósofoBertrand Russell.La pelea de Morató, una lewisiana convencida,ha sido dura: “Durante los más dediez años que he dedicado a leer los más decuarenta libros de Lewis, me he encontradocon verdaderos escollos para encontrar algunode ellos. Los he perseguido en subastas,librerías de viejo y bibliotecas donde el registrorevelaba que desde los años setenta nadiehabía pedido en préstamo ninguna desus obras”.En 1945, Lewis regresó a Inglaterra. Unaenfermedad venérea le estaba dejando ciego.Pero todavía era capaz de ver el futuro.Apostó por artistas como Henry Moore oFrancis Bacon… Fue un visionario y adelantóel papel de los medios de comunicacióncomo la clave de la globalización. “La Tierraha dejado de ser un romántico mosaico delugares para convertirse en un único lugar”.El Lewis pintor captó con toda su crudezalo que fue la primera confrontación mundial,una guerra de trincheras, batallas deinsectos metidos en agujeros reptando porel suelo. Lewis pasó dos años tras una batería.Estuvo a punto de morir varias veces yvio cómo caían a su lado el filósofo inglésThomas E. Hulme y el pintor Gaudier-Brzeska.Descubrió la guerra como arte, inspiradapor el Dios del deporte y la sangre. Wyndham Lewis, 1882-1957. Fundación March.Castelló, 77. Madrid. Del 5 de febrero al 16 demayo. www.march.es.EL PAÍS BABELIA 06.02.10 17


ARTE / EntrevistaThomas Schütte“El dinero diseñahoy las carrerasde los artistas”Extraños personajes, arquitecturas de ensueño.Una retrospectiva reúne en Madrid las obrasde uno de los grandes artistas de su generaciónPor Fietta JarqueThomas Schütte. Foto: Luise HeuterTHOMAS SCHÜTTE (Oldenburg, Alemania,1954) coge un trozo dobladode papel blanco con lunares decolores y lo pone bajo el magnetofón,sobre la mesa de piedra en la cocina desu piso en Düsseldorf, supuestamente paraque las vibraciones no afecten al sonido.“Es un Damien Hirst”, dice sin sonreír. Lacónico,pausado, irónico y modesto, fumacon naturalidad un cigarrillo tras otro, sinansiedad, por el puro gusto de reflexionarentre volutas de humo.Una de sus nuevas esculturas está todavíaen la fundición y eso lo retiene allí antesde viajar a Madrid, donde a partir del día 16se presentará en el Museo Reina Sofía unaretrospectiva con 75obras suyas que no sólose exhibirán en sala,sino en distintos lugaresdel edificio de Sabatini.En los jardines, pasillosy otros rincones.Schütte, uno de los artistasmás destacadosde su generación, haráun despliegue de la variedadde su trayectoriacon esculturas, instalaciones,acuarelas, grabados,fotografías y maquetasarquitectónicas.“Mi forma de trabajono es monolítica ni sigueuna línea trazada.No conduzco por unaautopista, voy andandoy a veces me pierdo.Puede que vuelva almismo punto veinteaños después. Es comouna caminata por lasmontañas, no es cuestiónde marketing ydeproducción”, afirma.Ésa ha sido siempre su línea.“Uno de mis maestros fue Gerhard Richtery él podía tener diez estilos distintos ala vez”, continúa. “Desde entonces no meinteresan los estilos. En la exposición habrámuchos trabajos de mi época de estudiante,puede ser interesante. Pertenecena mi colección particular, aunque prefierono verlos demasiado. Me concentro en loque estoy haciendo ahora”.PREGUNTA. ¿Se siente afortunado dehaber tenido maestros como Richter oinfluencias como el crítico Buchloh? Personalidadesfuertes. ¿Es importante paraun joven artista tener cerca a figuras dereferencia?RESPUESTA. En esa época la situaciónera diferente, no eran estrellas. Sólo Beuys,quizá. O Warhol. Podías hablar con cualquierade ellos en clase, en los museos,donde los encontraras. Era normal que casicada semana cayeran por la academiaartistas como Richard Serra. Los profesoresenseñaban pero no querían seguidores, noquerían crear enanos. Nos trataban comoiguales, como artistas, no como estúpidos.Y ésa es una diferencia. Desde un principioeso nos situó del lado más contemporáneo,lo que sólo sucedió diez años después enNueva York. Sólo que nosotros no estábamosen los circuitos del dinero, ni existía elstar system o la presión del mercado. Losegos de los artistas no eran destructivos.No lo era Beuys ni otros artistas de entonces,como Mario Merz o Kounellis. Si tutrabajo era interesante te aceptaban de inmediato.Hoy las cosas son muy distintas.En los años ochenta los artistas teníanunos egos enormes.Luego fueron los comisariosquienes desarrollarontremendos egos.Y ahora son los coleccionistaslos que se pavonean.En la inauguraciónde una exposiciónhoy no distinguesquién es el artista, esalguien del montón.Pero los coleccionistasentran dando la nota.P. Usted ha sidosiempre muy críticohacia el mundillo delarte. Incluso ha manifestadosu deseo de retirarsede todo ese ruidoen varias ocasiones.R. Al principio lodel arte era un asuntode familia. Había entrecinco y diez grupos degente en los distintospaíses, unos pocos galeristas.Todos se conocíanentre sí y estabanconectados. Esa familia del arte se convirtióen una industria cultural. Ahora vas auna bienal y no conoces a nadie. Se haconvertido en un negocio global. Yo formoparte de ello, pero no es plato de mi gusto.Prefiero los momentos en los que trabajocon las manos. En Estados Unidos, porejemplo, no llegas a tener éxito como artistasi no vas a cenas e inauguraciones adiario. Yo no he tenido mucho éxito enAmérica por eso. No es que sea antisocial,pero lo mío es el trabajo.P. ¿Cómo ve esos cambios?R. Todo eso de la moda del arte y lascasas de subastas han tomado las riendasdel negocio en los últimos diez años. Unavez que entras en la dinámica de los preciosen el mercado ya no puedes salir. Site mantienes algo apartado de las subastastodavía puedes controlar la recepciónde tu obra. A muchos artistas lesgusta eso, entre ellos a amigos míos comoGursky. Para mí es una direcciónequivocada. Lo que ha sucedido en laúltima década es que el dinero es el quediseña las carreras de los artistas, y esoes totalmente estúpido. Un galerista famosoy de larga trayectoria como KonradFischer se preguntaba hace poco: “Hemosvendido toda la exposición el primerdía, ¿qué hemos hecho mal?”. Gentecomo él se formó luchando contra dificultadese incomprensión. Venderlo todoen un día significaba haber caído enalgo demasiado fácil, decorativo o kitsch.Yo intento no llegar a extremos, hagocosas no demasiado complicadas ni demasiadosencillas.P. El sentido del humor algo siniestro osutil está presente en muchas de susobras. ¿Es una especie de juego?R. Es un juego sencillo si lo que ves alrededores demasiado estúpido o productode una mentalidad obtusa, cuando todoresulta aburrido. Intento como puedo queel balón siga rodando, como en el fútbol. Sieres demasiado defensivo no ganas. El artetiene algo de juego. Juan Muñoz, un buenamigo, lo sabía bien. Lo conocí cuando élapenas empezaba su carrera, en 1986. Yoya llevaba como una década trabajando.Nos comunicábamos mucho, lanzándonosuna especie de desafíos, de bromas. Loque hacíamos, al igual que otros a partir delos años setenta, era extraer historias oacertijos, una visión algo anormal sobrealgo de apariencia académica. El juego consistíaen que todos éramos conceptualistas.Se intentó hacer en pintura, pero nofuncionó muy bien. En cuanto a la escultura,durante una década se consideró que elrectángulo dogmático o el cubo podían serun buen punto de inicio, pero si eso seconvierte siempre en meta resulta muyaburrido. Es lo que hicimos Muñoz y yo,agregamos elementos de juego, teatro,enigma, historias, iluminación. Una puestaen escena.P. En efecto, hay una conexión entrelos trabajos escultóricos de ambos. Unamezcla de lo figurativo y lo abstracto, juegosirónicos, historias ocultas.R. Todo con la intención de motivar alpúblico. Salir del esquema autista y de pensamientoúnico que imperaba. Tratamosde dar unas claves para crear historias. Poreso resulta interesante mirar hacia atrás, alas obras del pasado. Hay muchas que alverlas me recuerdan ideas que intento desarrollarahora. Como la pieza que estoy“En los años ochenta losartistas tenían unos egosenormes. Luego fueronlos comisarios y ahorason los coleccionistas”terminando para esta exposición, una fuentetitulada Mujer llorando, que parte deuna idea de los años ochenta. La empecéhace seis meses. Mirar hacia atrás es comoabrir una caja con cables que esperan serconectados.P. ¿Qué ha aprendido del arte en espaciospúblicos después de todos estosaños?R. Difícilmente funciona porque se sueleplanificar sin ningún sentido común.Suele molestar al transeúnte y la gente lotermina destruyendo, los perros se meanencima. Eso del arte público es un malentendido,en general.P. ¿Qué escala prefiere entonces?R. El tema es que yo puedo trabajar tran-18 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


EXTRAVÍOS VerdadPor F. Calvo Serrallerquilamente durante un año sobre un pedazode papel. Un papel de un euro y un lápizde un euro son suficientes para un año detrabajo. Y eso puede significar algo del tamañode una habitación o de algo gigantesco.No me interesa producir obra que sesitúe delante de casas apretadas entre sí.De todas formas, yo puedo trabajar encualquier medio menos en películas o vídeo.Eso me parece aburrido, además decaro. Con lo que cuesta producir un vídeopuedes construir una casa. Yo puedo trabajarcon todo tipo de técnicas, herramientasy materiales. Pero no atiendo afórmulas. De alguien como Claes Oldenburgse puede aprender mucho, por ejemplo.De un boceto sobre cartón se puedelograr algo monumental. Además de eso,yo no le tengo miedo al color, como lesucede a muchos escultores. Ni le temo altamaño.P. No le teme tampoco a usar técnicastradicionales, aunque termine tratándolasde forma poco convencional.R. Se puede decir que pertenecen a lavieja escuela porque la gente que las ejecutasabe lo que hace. Me gusta trabajar lacerámica. La prefiero al plástico o a otrosmateriales nuevos. También me gusta elgrabado, a pesar de que hace unos añoscasi se dejó de hacer. Para mí es más fácilque lo digital. Pero no me considero tradicional.Es que no quiero ser una víctima dela tecnología, de cierta tecnología. Las antiguastecnologías tienen la ventaja de quefuncionan. Si temes la fundición en bronce,algo va mal. De todas formas, sólo trabajocon profesionales en los que confío parafundir mis piezas. El bronce sigue siendomejor que el fiberglas.P. Durante diez años realizó esculturasde mujeres reclinadas. ¿Le gusta trabajaren series? ¿Qué simbolizan esas mujeres,qué historias hay detrás?R. Antes que nada, creo que todos losartistas trabajan en series porque lo queimporta no son los fallos, siempre que lesigan otra mejor o mediana. A la larga, enla carrera de un artista, lo que se percibeson periodos distintos. Es como en música,cuando creas una sección rítmica y lepones encima una improvisación. En cuantoa las mujeres reclinadas, escogí esa posiciónporque muy pocas mantienen la estéticaen otras poses. La mujer suele lucirmejor reclinada, como los caballos lucenmejor de pie. No se hacen muchas esculturasde caballos reclinados. Es así, simplemente.Lo que me interesa es trabajar losmateriales y los espacios.P. Hace mucho tiempo diseñó usted supropia tumba. ¿Qué significó ese gesto?“En la escultura,la mujer suele lucir mejorreclinada, como loscaballos lucen mejor depie. Es así, simplemente”R. Sí, lo hice hace casi treinta años. Esalgo simple, creo que le pasa a todo elmundo. Cuando cumples treinta años cobrasde pronto consciencia del fin de lapropia vida. Recuerdo que entonces visitéun gran cementerio, con tumbas de gentemuerta en la Segunda Guerra Mundial, encampos de concentración. Muchos muertosmuy jóvenes. Eso fue en 1981 y, comodice la canción de Tom Waits: “We’re allgonna be just dirt in the ground” (todosseremos sólo polvo en la tierra). Así es queme puse a pensar cómo sería mi tumba eimaginé una pequeña casa roja de maderacon mi nombre, mi fecha de nacimiento yla fecha de quince años después del día enque hice el diseño, el 23 de marzo de 1996.A la izquierda, Dos hombres en el lodo (1986). A laderecha, la escultura No Respekt (1994).Pensé que con 42 años ya tendría suficiente.Y es que en esa época nadie pensabasobrepasar el año 2000, excepto los arquitectosfranceses que eran muy futuristas.P. ¿Cuál considera que es el papel delartista en la sociedad actual?R. No tengo idea, pero hace poco recibíuna llamada de Nueva York. Todo el mundoestá deprimido, los bancos están locos,Obama parece que ha dejado de darlesesperanza, ha perdido el aura. Y sin embargo,los museos están más llenos que nuncaantes. La gente acude a ellos en masa:al MOMA, el Metropolitan, el Guggenheim.La gente llena las exposiciones deartistas como Kandinsky, que no es particularmentefácil para los norteamericanos.De todas las instituciones que cayeroncon la crisis, el sistema bancario, elmilitar, Naciones Unidas, las grandescompañías…, el arte, al menos, no haperdido. A pesar de que ahora consisteen un 50% de cotilleos y un 50% de moda.Los museos, centros de arte, galeríasy hasta el dinero que se mueve en torno,curiosamente, son de los pocos que nohan perdido el respeto de la gente. Aunquesean gente rara que hace cosas superficiales,como Damien Hirst. Para míno es una sorpresa porque siempre creíen los materiales, la luz, los volúmenes,el color. Esas pocas cosas, no más dediez, en las que consiste el arte. Cadaaño se matriculan en las facultades deBellas Artes miles de estudiantes. Los jóvenestodavía creen en él. Y hasta la genteque ha pagado millones por algunasobras no las están vendiendo. Quierenconservarlas, vivir con ellas. Thomas Schütte. Retrospección. Museo Reina Sofía.Santa Isabel, 52. Madrid. Del 16 de febrero al17 de mayo. www.museoreinasofia.es. www.thomas-schuette.de.“DESDE MUY niño”, escribió el pintor AntonioSaura (1930-1998), “me ha obsesionadoel Cristo de Velázquez, con su rostrooculto entre cabelleras negras de bailaoraflamenca, con sus pies de torero, consu estatismo de marioneta de carne convertidaen Adonis”. Casi 80 años antes deesta hermosa y precisa descripción de lamaravillosa obra velazqueña, GuillaumeApollinaire, con motivo de una críticadel cuadro El Cristo de la sangre, pintadopor Zuloaga y exhibido en el Salón de laNationale de París de 1912, se refirió también,aunque en general, a esos cristosespañoles, “lívidos y sangrantes, con cabellerade mujer”, pero con el mismodesignio de revelar el trasfondo “místicoy sensual” de la religión española, al menostal y como la interpretaron nuestrosmás notables escritores y artistas de lossiglos XVI y XVII, dejando el correspondienteposo. Recordé estas citas al recorrerla extraordinaria exposición, reciénclausurada en la National Gallery de Londrescon el título Lo sagrado hecho real.Pintura y escultura españolas 1600-1700,que ha concebido y realizado XavierBray, un experto en el tema que trabajaen el célebre museo británico.Se podría decir que muestras sobrearte español del Siglo de Oro se inauguran,como quien dice, todos los días ypor cualquier rincón del mundo, sobretodo, desde hace casi un siglo. El alcance,el tema y el valor de las mismas hasido por fuerza muy variado. De todasformas, al margen del interés y méritoque en cada caso se les asignen, ha habidomuy pocas en las que el visitante a lasmismas atisbe lo que se cuece por lasentretelas éticas y estéticas de la tradiciónartística española, que no puede sinoremitir al alma y la sensibilidad de unpueblo muy antiguo y baqueteado. Éstees el caso, desde mi punto de vista, de lamuestra antes citada, aunque su comisariosea un extranjero. Por lo demás, setrata de una exposición muy selectiva,con apenas una treintena de obras, sibien la mayoría obras maestras y trabadasentre sí mediante una secuencia narrativay escénica de una calidad dramáticaestremecedora.Esto último es precisamente el quidde la cuestión: saber contar una historiaa través de obras mudas, cuyo desciframientoverbal ha de pasar por un inapelablecolador “físico”, dando a este términolo que tiene de corporeidad carnal.“¿Lo sagrado hecho real?”, me preguntabaa mí mismo ya tan sólo al adentrarmeen la segunda sala de la muestra, presididapor el impresionante cuadro Virgende la Misericordia de Las Cuevas (hacia1644-1655), de Zurbarán, en el que unajoven con un amplio manto azul, sostenidoen sus abiertos extremos por dos ángeles,acoge a una comunidad arrodillada asus pies de blancos cartujos, mientrasposa delicadamente sus dulces manos sobrelas ásperas testas rapadas de los dosmonjes que la flanquean. En esta mismaestancia, hay además obras, pinturas yesculturas, de Alonso Cano y MartínezMontañés de pareja intensidad y belleza.En fin, no voy a decir más de la posteriorsecuencia del recorrido, que nos deparasucesivos sobresaltos emocionales.“¿Lo sagrado hecho real?” o, también, yquizás mejor: “¿Lo real convertido en sagrado?”.Pero ¿no es acaso lo mismo?Hasta cierto punto; si bien la segundaformulación es, a mi juicio, más honda yperenne, no sólo porque todavía nos conciernede una forma tan directa comosólo cabe hacerlo a lo que, tres siglos depor medio, hoy nos sigue erizando lapiel, sino porque nos proporciona el únicofundamento del arte: que no es simplementelo real, sino su verdad. Meexplico: que hay que ir despojando decapas y escoriaciones a la realidad hastatocar su auténtico meollo, tal y como nosenseñaron esos viejos maestros españolesy sigue vigente. EL PAÍS BABELIA 06.02.10 19


MÚSICA / DiscosEl mundo segúnConnecting CulturesUn doble álbum recopilatorio del sello holandés reúnea 20 intérpretes e incluye fotografías de Thomas DornThomas DutroncComme un manouchesans guitareUniversalJoana AmendoeiraÀ flor da peleHM Música /Harmonia MundiPor Javier LosillaEL DOBLE ÁLBUM recopilatorio Two ForOne World lo editó en 2007 el sello holandésConnecting Cultures con fondos de sucatálogo, y llega ahora a España de la manode Galileo Music. Casi una veintena deartistas conforma la selección, realizadapor el periodista radiofónico Mattie Poels.El libanés Marcel Khalife, una de las estrellasmás refulgentes del mundo árabe, y lacantante anglohindú Najma Akhtar aportanel mayor número de canciones a unapropuesta en la que, en general, el jazz seenreda con los ritmos procedentes de lugarestan distantes como Bulgaria y Brasil.Khalife, cantante y virtuoso del oud, hadesarrollado una trayectoria que contemplalas composiciones clásicas, la músicaFotografía de Thomas Dorn captada en Marruecos.para el cine y los encuentros con el flamencoy el jazz. Najma, cuya carrera debe nopoco a los festivales Womad, de Peter Gabriel,lleva más de dos décadas produciendovigorosas conexiones entre la músicadel subcontinente indio y las agitacionesurbanas occidentales. Con ellos destacatambién el brasileño Benjamim Taubkin,pionero en la puesta en común de diferentesvibraciones latinoamericanas, quienaporta tres piezas procedentes de otrostantos grupos en los que participa: ModernaTradição, América Contemporánea yAbaçai. Del sur del continente americanoproceden igualmente la chilena MagdalenaMatthey y la uruguaya Beatriz Aguilar.Y desde Europa, perturbaciones balcánicasy klezmer, tan singularmente cercanasentre sí y al universo del jazz, y pellizcoflamenco. O sea: el acordeonista búlgaroMartin Lubenov, el contrabajista serbioNenad Vasilic, el grupo húngaro Romengo(donde Monika Lakatos pone suvoz arrebatadora), el septeto AmsterdamKlezmer Band, y el guitarrista Juan deLérida (nacido en Francia de padres españoles).Un gipsy team en el que destacaMartin Lubenov, mago de las teclas aquien hemos escuchado con artistas comoJony Iliev y Sandi Lopicic. Lo suyo esuna recombinación del ADN de los ritmosde su zona de origen, del jazz, deltango de Astor Piazzolla y de la nuevamusette francesa surgida del acordeón deRichard Galliano.Mención especial merece la cantantechina Gong Linna, paradigma de modernidad,con sólidas raíces en la tradición.Y más voces demujer: Yasmin Levy(Javier Limón haproducido su discomás reciente), CarmenSouza y RezwanaChoudhury Bannya.El muestrario deeste mundo a dos locompletan los efluviossudaneses del laudistaBeshir Abbas, lamúsica iraquí de SaadThamir & EnsembleLagash y el perfumeandalusí con aromasde raï del marroquíKamal Ben Hicham.Two For OneWorld (presentado enformato digipack alargado)cuenta con unaliciente añadido: una serie de reproduccionesde obras del excelente fotógrafo alemánThomas Dorn, tomadas en sus viajesmás recientes. Dorn, que ha situado frenteal objetivo de su cámara a un buennúmero de músicos (su libro Tambours etVisages. Houn-Noukoun es, además deotras cosas, una extraordinaria panorámicaen imágenes de la música moderna africana),ha optado aquí por los personajesanónimos y los paisajes. Lástima que nadase diga sobre dónde y cuándo fueronhechas las fotos, y que su elección ofrezcaun conjunto algo arbitrario: instantáneasde gran fuerza y profundidad convivencon otras que son puro recreo estético. Two For One World. Galileo Music.PRUDENTE, Thomas Dutronc se alejó profesionalmentede la música de sus ilustresprogenitores, Françoise Hardy y JacquesDutronc: debutó en los noventa,ejerciendo de guitarrista manouche. Elmanouche, recordemos, es el exuberantejazz gitano, universalizado por DjangoReinhardt y compañía. Advierto queComme un manouche sans guitare no esun disco de manouche en sentido estricto:contiene delicioso pop aromatizadocon jazz cíngaro, anclado por instrumentalesamables con vocación de autenticidad.Hay hueco para el humor (Les fritesbordel ylabossa nova Nasdaq) y Thomasincluso marca distancias respecto algran Jacques con J’aime plus Paris, surespuesta escéptica al romántico Il escinq heures, Paris s’eveille paterno. Esasherejías menores no han impedido queeste disco liviano, su estreno como solista,haya logrado un éxito considerable:en Francia pueden encontrarseversiones alternativas, en directo o comoCD-BD, con las canciones recreadaspor dibujantes de cómics. Qué poderío.Diego A. ManriqueHank Williams IIIDamn Right, RebelProudCurbPOCAS ESTIRPES en Estados Unidos handado para romper con tantas reglas yfórmulas del montón como la de los Williams.Nieto del padrino maldito delcountry americano Hank Williams e hijodel sucesor de éste, Hank Williams Jr., eltercero del árbol genealógico en casa delos Williams, Hank III, se consolida comoun verdadero outlaw, un auténticozarpazo de folk aguerrido, bastardo e individualista.Después del contundente ycolosal álbum Straight to Hell, no se puedehablar de una novedad sobre estemúsico de músicos sino de un hecho yaprobado, una certeza dentro de la escenaamericana como un artista de poéticasureña y sabor underground. Su últimodisco es la certificación del purasangre:rabioso de hillbily, con orgullo de Tennesseey rebeldía en las venas, comosólo su abuelo y Johnny Cash fueron capacesde señalar con el dedo anular.Fernando NavarroJOANA AMENDOEIRA, menos conocida queotras cantantes portuguesas, es a susveintisiete años una de las fadistas másatractivas. Se curtió en las mejores casasde fados del Barrio Alto y Alfama y ahoralleva la canción de Lisboa por el mundo.À flor da pele, su quinto disco, se publicóen 2006, aunque en su edición internacionalllega con dos canciones más: Meuamor que te foste sem te ver y Digo adeusao teu adeus. El álbum cuenta con ladirección musical de Custódio Castelo(Cristina Branco, Camané, Mísia…), ycon composiciones originales de PauloPaz para un poema de Fernando Pessoa(‘Sopra o vento’) y de Pedro Pinhal yMário Pacheco para dos de Pedro Homemde Mello (‘Apelo’ y ‘Fonte’). Comodice el profesor Vieira Nery, una autoridaden asuntos fadistas, esta joven deSantarém no ha venido a revolucionarnada, pero trae su sereno encanto. CarlosGalileaEl BarrioDuermevelaSenadorAPENAS UNOS meses después de cerrar laexitosa gira de su anterior disco, el gaditanoJosé Luis Figuereo ha sido capaz dereunir más de una docena de nuevascanciones para el que constituye su novenoálbum. Ni que decir tiene que, entan corto espacio de tiempo, pocas novedadesse pueden esperar. Selu sigue tanfiel a sí mismo como lo son con él sunumerosa legión de seguidores. La carpetaanuncia un ambiente gótico, pero elinterior musical se llena de su particularestética, barroca por la abigarrada instrumentacióny los coros que se acumulanen los arreglos, y con las referencias habitualesa un cierto flamenco y al rockandaluz con añadidos de rumba callejera,homenaje a Los Amaya incluido. Lasletras también son callejeras y se suponeque deliberadamente incorrectas lingüísticay culturalmente (versos de AntonioMachado atribuidos a Serrat, por ejemplo).Los temas poseen, no obstante, esacualidad autoadhesiva que los hará denuevo idóneos para la celebración de lostantos “barrieros” que le siguen. FermínLobatónCHAMPÁN Y ROCK EUROPEO / De nuevo el capitalPor Sabino MéndezESTOY LEJOS DE ser un marxista, pero he de reconocer que,en muchos aspectos de la vida, Marx acaba siempre teniendorazón en sus análisis. Digo en sus análisis, ojo, noen las soluciones que proponía a partir de ellos.En la música existe una fuerza de trabajo que son losmúsicos y existen unos medios de producción representadospor industrias diversas: la discográfica, la del espectáculo,la de telecomunicaciones, etcétera. Se ha entabladouna guerra comercial entre ellas debido al cambiotecnológico y el que recibe es el artista, que está en medio,atrapado como el embutido de un gigantesco sándwich.Un ejemplo de todo ello es la deliberada confusiónque han difundido algunos interesados entre cultura librey cultura gratis. Se ha guiado a muchos consumidoreshacia la idea de que, pirateando, luchan contra las terriblesy vampíricas multinacionales del disco, de grandesbeneficios y poder omnímodo. Los profesionales sabemos,sin embargo, que las multinacionales discográficasya hace tiempo que van de capa caída. Su poder se hadesplazado a las operadoras de telefonía e Internet, lasverdaderas multinacionales omnímodas de nuestro momento.Ustedes notarán perfectamente ese poder sólopor el trato que reciben de ellas en caso de reclamación.Observen que estas coquetas campañas que piden culturae información gratis, y que nunca sabemos quién lasfinancia, jamás hablan de pedirle lo mismo a las operadoras,cosa que sería legítima y no tan difícil. Existen ya losmedios para identificar en la banda ancha qué contenidospertenecen a cuestiones culturales. Podrían no cobrarnosese tráfico, ¿verdad? Si nos copiamos un discoinencontrable y descatalogado, le estamos haciendo unservicio a la difusión de su autor, pero si nos copiamos undisco de ese mismo autor a la venta y a nuestro alcance,le estamos robando e íntimamente lo sabemos por muchasjustificaciones intelectuales que nos inventemos paranuestra comodidad. Un uso responsable de la copia espor tanto posible. El peligro de una izquierda romántica yno ilustrada (no basada en datos, sino en proclamas panfletarias)es que termine haciéndole el juego al capital. Enlos tiempos de la sociedad global de los medios de comunicacióny la propaganda, en que una mentira es escuchadacomo una verdad sólo a base de repetirla muchasveces, hay que interrogarse sobre si la información que serecibe es fiable y contrastada. Una izquierda romántica,populista y demagógica, fácilmente manipulable, es elpeor peligro para la propia izquierda.Si quieren un dato interesante, han salido ya las cifrasde lo recaudado por el tan denostado canon el año pasado.Resulta que son 83 millones de euros. Se repartiránentre los autores de diversos medios que, como puedenimaginarse, en un país de 40 millones de habitantes comoel nuestro, son bastantes más de 100.000 personas.Ahora hemos de preguntarnos: ¿por qué la opaca plataformaanticanon del año pasado aseguraba que esos beneficiosiban a ser de 1.200 millones? Entre 1.200 y 83 hay unadiferencia notable, sobre todo hablando de millones. ¿Aquién querían encrespar con esas cifras? ¿Con qué objetivo?¿Quién tiene en verdad beneficios de miles de millonesactualmente? Sean sagaces y reflexionen un pocoantes de hacerle el juego al capitalismo puro y duro. 20 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


PURO TEATRO Por Marcos OrdóñezAlan Bennett y el triunfo del ‘late style’The Habit of Art narra un imaginario encuentro entre Auden y Britten como espoleta para homenajear al mundo del teatroEL ENSAYISTA Edward Said definió eltérmino late style (estilo tardío) comouna patente de corso formal. Ellate style brota cuando el artista madurose suelta el pelo y empieza a hacer loque le da la gana. De esa zambullida sueleemerger con un inmaculado pez de oro en laboca o gozosamente dispuesto a mezclarchurras con merinas como nunca hasta entonces.Gloriosas muestras de late style sonlos romances de Shakespeare, Las joyas delos Cabot, de Cheever, o el White Album delos Beatles. O The Habit of Art, que AlanBennett, joya de la corona británica, ha estrenadoen el Lyttelton (NT) a sus pimpantes eimpúdicos 75 años. La función es dificilísimade resumir por su intrincada estructura ysu multiplicidad de temas. Aquí se habla depoesía, de música, de teatro, de sexo, de lainextinguible “costumbre del arte” como acicatey látigo de la vida, de la ética de losbiógrafos y de los tormentos de la vejez, enuna continua mezcla de tonos: afilado y lírico,delirante y chusco. En primer término,The Habit of Art narra un imaginario y crepuscularencuentro entre el poeta W. H. Auden,de vuelta a Oxford tras su largo exilioamericano, y el compositor Benjamin Britten,su antiguo protegido, que llega con unnuevo proyecto de colaboración: una óperabasada en Muerte en Venecia. A los dos minutosdescubrimos (primera refracción) que setrata de una obra-dentro-de-la-obra: vamosa asistir a los ensayos de Caliban’s Day, escritapor Neil (Elliott Levey), un joven y quisquillosodramaturgo, e interpretada por la supuesta“compañía titular” del National Theatre.Neil echa chispas porque el director, quese ha largado a Leeds, ha metido tijera portodos lados, situación que duplica (refraccióndos) la que sufrió Bennett a manos deNicholas Hytner, y de la que se ha vengadoinventando esta astuta estrategia para volvera meter, condensadamente y choteándosede la disputa, lo que quedó fuera. No es elúnico conflicto del ensayo. Fitz (Richard Griffiths),que interpreta a Auden, tiene problemasde memoria y odia por igual las excentricidadesdel texto y la “irreverente” manerade presentar al hiperlaureado vate. Aquí hayque decir que el habitualmente circunspectoBennett, en una zumbona salida del armarioque ya comenzó en The History Boys, nose muerde la lengua (nunca mejor dicho) ala hora de evocar la imperiosidad felatoriade Auden, y sirve una descacharrada escenaen la que éste confunde a Humphrey Carpenter,su futuro biógrafo, con Stuart (StephenWright), un chapero a domicilio. Porotra parte, Donald (Adrian Scarborough), elactor que encarna a Carpenter, consideraque tiene poco papel y que el autor tampocole ha hecho justicia, de modo que trata decompletar la composición con disparatadasacciones de su cosecha. Para rematar losdislates de la trastienda, Henry (Alex Jennings),el remilgado actor que da vida a Britten,y Kay (Frances de la Tour), la veteranastage manager (mucho más que una ayudantede dirección), han de reemplazar a doscómicos ausentes (“por una matiné de Chéjov”)interpretando a Boyle y May, los sirvientesde Auden (que aprovechan para ponerlea caldo en otra escena hilarante) y ocuparseacto seguido de las excentricidades textualesantes citadas: guinda de su late style, Bennett(vía Neil) hace que la cama, el espejo, lasilla, el reloj y hasta las mismísimas arrugasde Auden cobren vida y le retraten en versocon un ramillete de gloriosos pastiches de supoesía que harían enloquecer a cualquierposible traductor. Pirandello también habríaperdido la chaveta (y babeado de gusto) anteeste vertiginoso juego de espejos, en elque los actores entran y salen de la representaciónpara comentar, criticar y tratar de modificarla pieza, mecánica que en la segundaparte asciende a plena figura de estilo cuandolos personajes de biógrafo y chaperoreclaman, a su vez, parejas cuotas de posteridad.La tensión dramática se concentra luegoen el mano a mano entre los dos viejosmaestros, empecinados en seguir creando, yse aguzan sus perfiles: el de Britten, horrorizadoante la idea de que Muerte en VeneciaEl espectáculo estáextraordinariamenterepartido, movido y fijadopor Nicholas Hytneracabe siendo su outing, y el de Auden, que leacusa de cobardía humana y artística a sabiendasde que, como el escorpión de lafábula, está hundiendo la posibilidad de atraparsu último barco. El gran logro de Bennetty del montaje radica en lograr que esteabigarradísimo material, que en otras manosse habría convertido en un estofado indigerible,se conjugue con una gracia y unaligereza que rozan la sublimidad. El espectáculoestá extraordinariamente repartido,movido y fijado por Nicholas Hytner. Cadaingrediente acaba formando parte del mismoplato, porque todos juegan en la mismaliga, y se integran, incluso, los contratiemposde los ensayos reales: Richard Griffiths,que tuvo que sustituir con urgencia a MichaelGambon, no se parece a Auden ni porel forro, pero, haciendo de la necesidad virtud,la carencia suscitó una nueva y tronchanteescena con una máscara a lo FreddyKrueger. Acabas olvidándote de la escasa semejanzaporque Griffiths, descomunal en todoslos sentidos, y cada vez más cercano aCharles Laughton, refulge en su doble papel.Y quizás Bennett haya cuadruplicado los rolesde Alex Jennings (regalándole, entreotros, el bomboncito del mayordomo Boyle)consciente de que las elegantes pullas delactor Henry y la obligada contención del rígidoBritten desequilibran la balanza a favorde Griffiths. Aunque el reparto entero brilla agran altura, cabe destacar los trabajos deAdrian Scarborough, que vuelve a acreditarsecomo un superlativo actor de farsa, y de latodoterreno Frances de la Tour en un papelque también parece escrito a su medida: lamaternal y sarcástica apaciguadora de losegos de la compañía, que cierra la funcióncon un monólogo magistral sobre los miedos,trucos y grandezas de todos los monstruoscon los que trabajó. The Habit of Art talvez no tenga la potencia emocional de TheHistory Boys, pero es un tour de force vitalísimo,tan arriesgado como desbordante de talento.Ah, y da igual no saber nada de Audeny Britten: la función supone una óptima iniciaciónen sus vidas, sus obras, sus afanes. The Habit of Art, de Alan Bennett. Lyttelton Theatre.Londres. www.nationaltheatre.org.uk/.EL PAÍS BABELIA 06.02.10 21


CINE / EntrevistaEl espíritu libre de Jem CohenEl cineasta defiende la libertad artística “por encima de todo” —“aprendí a amar el arte porla fuerza que encierra”—. El Festival Punto de Vista de Navarra le dedica una retrospectivaPor Bárbara CelisTODAVÍA EXISTEN espíritus libres yuno de ellos se llama Jem Cohen.Basta con asomarse a su extensafilmografía para entender que estecineasta estadounidense de 48 años esun espécimen poco común cuya miradadesafía impúdicamente al mundo del cinecomercial. Lleva casi tres décadas posándosea través de sus cámaras de 16 milímetrosy de Súper 8 sobre las calles, los paisajes ylos artistas a los que admira, con especialénfasis en los músicos, pero no sólo. Suobra, a la que el festival de cine documentalPunto de Vista de Navarra le dedica desdeayer y hasta el próximo día 13 una ampliaretrospectiva (y edita un libro dedicado a suobra), es una síntesis entre la no ficción, lapoesía y el documental, y su fuerza resideprecisamente en lo inclasificable de su creación.“Las razas puras de perros cada vezson más débiles, sufren muchas enfermedades,se mueren. En cambio, los perros criolloscada vez son más fuertes y eso deberíaenseñarnos algo a los artistas. En el artesiempre va a haber momentos en que lagente se sienta confundida porque no hayetiqueta para lo que se hace, pero es precisamenteesa área de indefinición la más excitante”.Ése es el caso de Chain, uno de susmás de cincuenta filmes, en el que coexistenimágenes reales con un guión de ficcióny con el que Cohen explora la existenciade espacios cuya ubicuidad contrastacon su aparente invisibilidad: centros comerciales,aeropuertos, cadenas de comidarápida… “Es un experimento con el quequise subrayar mi sorpresa al descubrircon qué familiaridad aceptamos que el medioambiente está siendo tomado por lasgrandes corporaciones y, sin embargo, esun fenómeno tan global que ni siquiera leprestamos atención”.Días antes de viajar a Pamplona, con unade las gorras con las que siempre se dejarver, vestido al más puro estilo East Villagede antaño —de estricto negro—, Cohen conversacon Babelia mientras saborea un té enun café de Nueva York, una de las ciudadesrecurrentes en su filmografía. Aquí se mudó“Es importante redirigir la atención de la gente hacia lo inmensamente bello, rebelde y radical”, afirma Jem Cohen.en los años ochenta, tras estudiar arte y fotografíaen el Wesleyan College de Connecticut,donde descubrió que “no tenía suficientetalento para la pintura”, así que optó porentregarse al cine, aunque en realidad suamor secreto era la música. “Creo que detodas las artes es la más inquietante y poderosa…no, mentira, no hay nada como unbuen cuadro… Pero aun así me hubiera gustadoser músico, así que tuve que encontrarlas herramientas para acercarme a ella porqueno tengo oído para tocar”.Sus colaboraciones con REM, Vic Chesnutt,Guy Picciotto de Fugazi, Jonathan Richman,Patti Smith, Benjamin Smoke, elminimalista Terry Riley, Blonde Redhead oElliott Smith le han permitido profundizaren sus pasiones musicales mientras jugabaa ponerle imágenes a esos músicos que admirabao viceversa. A Fugazi, amigos de laadolescencia, los filmó durante más de diezaños, lo que dio pie al documental Instrument.Con Vic Chesnutt, fallecido hace apenasun mes, su relación se prolongó durantemás de 20 años en los que trabajaron enproyectos como la inquietante “alucinaciónmusical documental” Evening’s CivilTwilight in Empires of Tin, una reflexiónsobre los efectos del militarismo, inspiradaen el libro La marcha de Radezky, del austriacoJoseph Roth y en la presidencia de GeorgeW. Bush. “Quizá sea mi trabajo más político.Es el producto de una época difícil en laque tuve que lidiar con la rabia que meproducía que Bush fuera mi presidente. Engeneral, intento ser mucho más sutil y nome atrae la gente que hace propaganda políticaabiertamente a través del arte. Prefieroa quienes por encima de todo persiguen sulibertad artística”.Cohen celebra el poder ganar dinero consus películas, pero no duda: él pertenece alos que aman tanto su trabajo que se niegana que se convierta en un mero vehículo comercial.“Crecí viendo murales de Rivera yyendo a los conciertos de mis amigos.Aprendí a amar el arte por la fuerza queencierra. No opino sobre quienes son capacesde mezclar arte y comercio, pero yo nopuedo hacerlo”. Por eso a principios de losnoventa dejó de hacer vídeos musicales: elbellísimo matrimonio entre música y cinecon el que él siempre había soñado “fuesecuestrado por la publicidad” y se convirtióen una mera ecuación para vender másdiscos, así que abandonó ese negocio, dejandoa su paso 12 piezas tan personales yevocadoras como Nightswimming o CountryFeedback, de REM. ¿Es difícil renunciaral dinero? “Sí, pero para mí es más difícilhacer cosas que no te hacen sentir bien”. El90% de la gente lo hace. “Muchos tienenque alimentar a sus familias, pero yo no.Supongo que eso ha hecho más fáciles miselecciones”. Eso sí, Cohen se niega a que lellamen purista. “No lo soy, tampoco soy unmonje. Simplemente intento mantener laposibilidad de ser libre en algunas de lasáreas de lo que hago como ser humano”.Pero en el siglo XXI cada vez es más difícilpracticar un arte carente de conexiones comerciales.Hace una década las películas deCohen se emitían en el Channel 4, en laBBC o en canales alemanes. “Hoy cada vezque les propongo un nuevo proyecto lastelevisiones europeas me miran como si estuvieraloco. Europa era mi nicho, pero cadavez se parece más a Estados Unidos ycreo que si los europeos quieren que losartistas sobrevivan van a tener que pelearpor ello”. Aunque se ha llegado a plantear elcambiar de continente, considera que sulugar está en su propio país. “Estoy orgullosode ser estadounidense. Emily Dickinson,Thoreau, Los Ramones y Willie Nelson loson. Cuando piensas en Walt Whitman yBasquiat hay una bellísima línea culturalamericana que los conecta, como lo es españolala que va del duende flamenco a GarcíaLorca. Creo que es importante redirigir laatención de la gente hacia lo que es inmensamentebello, rebelde y radical dentro de lacultura y la tradición de mi país, cuya existenciaes tan real y americana como la de laAmérica de George W. Bush o la de BritneySpears”. Retrospectiva de Jem Cohen. Punto de Vista. FestivalInternacional de Cine Documental de Navarra.Hasta el 13 de febrero. www.puntodevista.navarra.es.22 EL PAÍS BABELIA 06.02.10


DIOSES Y MONSTRUOSPor Carlos BoyeroLeyendas de la transgresiónQue cada uno elija su pirata, su filibustero, su corsario favorito: “¡Guardémonos de condenar a estos vagabundos idealistasextraviados por caminos tortuosos! Merecen nuestro reconocimiento”, escribe Laurent Maréchaux en su libro Fuera de la leyUNA PERSONA que conoce demasiadobien mis filias y mitomanías,las leyendas con causa o sin ellaque me fascinan ancestralmente,los personajes que por vocación o porlas circunstancias, por los tempranos accidentesde su vida o por decisión desesperada,eligieron la acción y los consecuentespeligros de moverse en el límite, me regalaun libro que desconocía, primorosamenteeditado, poblado por litografías, mapas,pinturas, ilustraciones, fotografías de época,documentos, viejas portadas de libros ypasquines que desprenden sabor y olor. Unlibro cuya fuerza visual es tan atrayentecomo las historias que cuenta. Se titula Fuerade la ley, lo firma Laurent Maréchaux, yviene encabezado por esta cita de ProsperMérimée: “Soy de aquellos que disfrutancon los bandidos. No es que me guste encontrármelosen mi camino, pero muy a mipesar, la energía de estos hombres que luchancontra toda la sociedad me suscitauna admiración que me avergüenza”.Borges también se ocupó de esa magnéticafauna en Historia universal de la infamia.Lo hizo con imaginación y prosa memorables,con sarcasmo e inquietud, condefiniciones que puedes saborear una yotra vez. Maréchaux no posee ese deslumbranteestilo. Tiende a la hagiografía y a laidealización de gente en cuyas legendariasseñas de identidad figura inevitablementeel reverso tenebroso y el derramamiento desangre. Da igual. ¿Quién se puede resistir auna temática cuyo contenido está dedicadoa ‘Los Robin de los Bosques y el cobijoentre los arboles’, ‘La vela negra y la evasiónde alta mar’, ‘Los ases del gatillo y lanostalgia de los espacios abiertos’, ‘Los diablosdel desierto, entre la península Arábigay el Cuerno de África’, ‘Los insumisos,los anarquistas y los revolucionarios’ y ‘Golfosde ciudad y bandas del extrarradio’? Esnegociable compartir el incondicional entusiasmode Maréchaux hacia la tribu de lossupuestos rebeldes, pero su fe y los panfletariosargumentos con los que construye suloa rebosan datos, entusiasmo y sinceridad.Los defiende así: “¡Guardémonos decondenar a estos vagabundos idealistas extraviadospor caminos tortuosos! Merecennuestro reconocimiento. Sin ellos, los mapasdel mundo tendrían menos color, losderechos y los impuestos serían inhumanos,la democracia iniciada en Libertalia oen la isla de la Tortuga carecería de imaginacióny la búsqueda permanente de unmundo mejor se habría convertido en unalocura anticuada. Mientras la llama de larevolución vacila y la desesperación nosacecha, es muy importante que conservemossu leyenda y honremos su recuerdo.Emprendamos el galope para, sable en ristre,seguir sus pasos”.Pierre Loutrel, Pierrot el Loco, en el libro Fuera de la ley (Blume), de Laurent Maréchaux. Foto: Préfecture de PoliceAdemás, los protagonistas de cada unode estos apasionantes gremios son muyeclécticos. La agrupación que hace Maréchauxresponde más a la heterodoxia queal capricho. Entre los que buscaron cobijoentre los arboles, entre los eternamenteproscritos, puede juntar al arquero de Sherwoodcon un poeta tan excelso comoFrançois Villon, impenitente ladrón, asesinoocasional, eterno desterrado, siempre alborde del cadalso, borracho y putero, capazde escribir entre palo y palo un poematan hermoso como La balada de los ahorcados.Entre los forajidos de los bosques, aunqueéste no practicara la violencia sino ladesobediencia civil, también les acompañaHenry Thoreau, aquel anarquista pacífico yconvencido de que “la ley nunca liberará alos hombres, son los hombres los que debenliberar a la ley”.Que cada uno elija su pirata, su filibustero,su corsario favorito. El que más miedome da es un individuo de apariencia aterradora,de corazón y barba negra, llamadoEdward Teach. Es muy elocuente sobre losprincipios de tan arriesgada profesión laexistencialista declaración de uno de ellos.“Hoy vivos, mañana muertos, qué nos importaacumular riquezas o ahorrar. Sólocontamos con el día que vivimos y nuncacon el que nos queda por vivir”. El que peorme cae es Francis Drake. No concibo a unpirata al servicio de una reina. Cuentan quefue el primer marinero que volvió con vidade una vuelta al mundo, que nadie conocíalos secretos del mar como el mayor ladróndel universo. Pero insisto. Un corsario legitimadoy bendecido por el poder supremo esforzosamente un traidor a su clase, un funcionariodistinguido.El que más me fascina entre los ases delgatillo (la definición es simplista y barata)se llama Doc Holliday. Tuberculoso y perdedor,culto y brutal, alguien que en el momentode su muerte exige que graben en sutumba: “En toda mi vida, jamás me hanmatado”, alguien que tiene muy clara sucondición al afirmar: “Lo que cuenta entoda esta historia es el hecho de doblegarseo no”. También me conmueve la soledadde Calamity Jane. Y me resulta mucho mássimpático Butch Cassidy que sus perseguidoresde la Pinkerton, esa implacable guardiapretoriana de los banqueros, las minasde carbón y el ferrocarril.Pero los más turbios y complejos sonaquellos ilustrados occidentales que se convirtieronen los diablos del desierto. Me refieroa un traficante de armas y de esclavosllamado Rimbaud, el niño terrible queabandona precozmente el barco borrachoy la temporada en el infierno que parió suprodigiosa imaginación para vivir en primerapersona infiernos reales. O Richard Burton,explorador de las fuentes del Nilo, infielque se las ingenia para entrar en LaMeca, transgresor de todas las prohibiciones.O el militar inglés, conocido como Lawrencede Arabia, que logró algo tan insólitocomo que los habitantes del desierto le consideraransuyo, el guerrero que tomó Damasco,el autor de ese libro tan incalificablecomo brillante titulado Los siete pilaresde la sabiduría. Un visionario muy lúcido aldeclarar: “Los que sueñan despiertos songente peligrosa, ya que pueden vivir su sueñocon los ojos abiertos para hacerlo realidad.Es lo que yo hago”.Y, cómo no, también se rinde homenajea Bakunin, al anarquista que nunca podríaganar, al convencido de que “la revolucióntiene siempre tres cuartos de fantasía y uncuarto de realidad. No creo en las constitucionesni en las leyes. Nos hace falta otracosa: pasiones y vida”. Y te despides deFuera de la ley con pena. También con lainequívoca sensación de que vas a volvercon frecuencia a sus páginas. Es un libroraro, muy bonito, con alma. Fuera de la ley. Piratas anarquistas, insumisos,ases del gatillo y otros rebeldes. Laurent Maréchaux.Traducción de Josep Maria Florit ya ClaraMelús. Cristina Rodríguez Fischer, coord. Blume.Barcelona, 2009. 240 páginas. 39,90 euros.EL PAÍS BABELIA 06.02.10 23


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