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Setenta veces siete - reconciliación en nuestra sociedad - Plough

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<strong>Set<strong>en</strong>ta</strong>VeceS SieteReconciliación <strong>en</strong>nueStRa SociedadPoRJohann chRiStoPh aRnoldtRaducido PoRJuan SegaRRa PalmeR y luz BeRRíoS


No dude <strong>en</strong> compartir el <strong>en</strong>lace de este libro electrónico con sus amigos.Se puede publicar o compartir el <strong>en</strong>lace o hacer una impresión parcial ocompleta del texto, no obstante, favor de no hacer modificación alguna opublicar u ofrecer copias del libro electrónico para descarga <strong>en</strong> sitios apartede la lista abajo o por otro servicio de descargas. Si desea obt<strong>en</strong>er copiasmúltiples o reimprimir partes del texto <strong>en</strong> un boletín o publicación, favor deat<strong>en</strong>der las sigui<strong>en</strong>tes restricciones:• No se permite la reproducción de ningún material con fineslucrativos.• Debe incluirse la sigui<strong>en</strong>te advert<strong>en</strong>cia: “Copyright 2012 por The<strong>Plough</strong> Publishing House. Usado con permiso.”Este libro electrónico es una publicación de <strong>Plough</strong> Publishing House,Rifton, NY 12471 USA (www.plough.com)y Robertsbridge, East Sussex, TN32 5DR, UKCopyright © 2012 <strong>Plough</strong> Publishing House Rifton, NY 12471 USATítulo del original: Sev<strong>en</strong>ty Times Sev<strong>en</strong>: The Power of Forgiv<strong>en</strong>essTraducido del inglés por Juan Segarra Palmer y luz Berríos


a mi eSPoSa, ver<strong>en</strong>a,sin cuyo afectuoso apoyono podría haber escrito ninguno de mis libros.


agradecimi<strong>en</strong>tosharia falta más de una página para nombrar a cada uno de los quecontribuyeron a la publicación de este libro. muchos colaboraron <strong>en</strong> él,desde los que pasaron a la computadora el primer borrador hasta los quehicieron la composición final y diseñaron la portada. les doy las graciasa cada una de ellos.a Piri Thomas y su esposa Suzanne dod Thomas doy mis sincerasgracias cuya introducción da realce a esta pequeña obra; y al dr. manuelSoto Viera por su valioso aporte <strong>en</strong> lo que atañe a gramática y sintaxisdel idioma español.muchos me dieron valiosos consejos mi<strong>en</strong>tras trabajaba <strong>en</strong> el manuscrito.Quisiera especialm<strong>en</strong>te dar las gracias a Sor ann laForest, cuyascríticas sagaces han ayudado a dar forma a todos mis libros; al P. B<strong>en</strong>edictgroeschel, cuyo <strong>en</strong>tusiasmo y amistad me han al<strong>en</strong>tado a seguirescribi<strong>en</strong>do.además debo agradecer a todas aquellas personas que me permitieronusar sus relatos personales, con los cuales este libro ha adquiridouna irresistible dim<strong>en</strong>sión personal. <strong>en</strong> algunos casos se usaron nombresficticios para proteger la id<strong>en</strong>tidad de los contribuy<strong>en</strong>tes.


Índiceagradecimi<strong>en</strong>tosintroducción¿se puede perdonar a semejante hombre?res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to y amargurael perdón <strong>en</strong> la vida diariael perdón <strong>en</strong> el matrimonioperdonar cuando no hay <strong>reconciliación</strong>padres abusivosv<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amorel perdón ante el prejuicio“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”perdonar a diosperdonarnos a nosotros mismosel perdón a través de la confesiónel perdón y la comunidad“yo hago nuevas todas las cosas”acerca del autorvx1492533394962758793102109116120


introduccióncuando me pidieron que escribiera la introducción al libro “<strong>Set<strong>en</strong>ta</strong><strong>veces</strong> <strong>siete</strong>”, cuyo tema es la pot<strong>en</strong>cia del perdón, p<strong>en</strong>sé acerca del tema,permiti<strong>en</strong>do que la m<strong>en</strong>te se me volviera a los años 40 y 50, a los “guetos”de nueva york, donde la viol<strong>en</strong>cia era y sigue si<strong>en</strong>do parte de la vida.Son tantas las <strong>veces</strong> que he oído a algui<strong>en</strong> decir: “oK, oK, te perdono,pero jamás lo olvidaré”, o negarse del todo a perdonar.yo he sido uno de los innumerables que han hecho esa misma promesaamargada. Recuerdo el trauma doloroso que sufrí cuando murió mimadre, dolores. ella t<strong>en</strong>ía 34 años, yo 17. le t<strong>en</strong>ía rabia a dios por nohaber dejado a mi madre con vida, y me negué a perdonar a dios porhaber sido tan desconsiderado. al pasar el tiempo, le perdoné a dios,pero por muchísimo tiempo no pude olvidar, pues todavía ardía <strong>en</strong> micorazón un gran dolor.a los 22 años de edad me <strong>en</strong>volví <strong>en</strong> una serie de robos armados contres otros hombres. al cometer el último robo armado, hubo un tiroteocon la policía. Fui herido por uno de los ag<strong>en</strong>tes, y a mi vez lo herí a él.el policía se recuperó; de lo contrario, yo no estaría escribi<strong>en</strong>do estaslíneas, pues hubiera sido ejecutado <strong>en</strong> la silla eléctrica del presidio deSing Sing.mi<strong>en</strong>tras me recuperaba <strong>en</strong> el hospital Bellevue, <strong>en</strong> el piso de lospresos, uno de los tres bandidos, llamado Ángelo, le contó todo al fiscala cambio de clem<strong>en</strong>cia. Ángelo era como un hermano mío; ambos nos


introducciónviiihabíamos criado <strong>en</strong> la misma cuadra de la calle 104. cuando los policíasde la comisaría número 23 lo am<strong>en</strong>azaron con darle una paliza tal quesu propia madre no lo iba a reconocer, Ángelo me delató por mi parte<strong>en</strong> previos robos cometidos sin armas. Se había quedado callado lo másque pudo, pero al fin se le derramaron las palabras y contó a los policíaslo que era y lo que no era.cuando me dieron de baja del hospital Bellevue, me <strong>en</strong>carcelaron <strong>en</strong>las tumbas de manhattan, <strong>en</strong> c<strong>en</strong>ter Street 100, para esperar mi juicio.Supe que todo lo que Ángelo había confesado me lo echaron <strong>en</strong>cima a mí.total, para acortar un cu<strong>en</strong>to largo, <strong>en</strong> el 1950, nueve meses más tarde,me dieron dos s<strong>en</strong>t<strong>en</strong>cias: una de cinco a diez y otra de cinco a quinceaños, a labor dura, a cumplirse concurr<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>te, primero <strong>en</strong> Sing Singy después <strong>en</strong> comstock (institución correccional “great meadows”).de vez <strong>en</strong> cuando, a través de los años, me <strong>en</strong>furecía con Ángel y sutraición que me había dejado con dos órd<strong>en</strong>es de det<strong>en</strong>ción p<strong>en</strong>di<strong>en</strong>tespor robo armado <strong>en</strong> el Bronx. de noche <strong>en</strong> mi celda, fantaseaba acercade las formas <strong>en</strong> que iba a matar a Ángelo, o por lo m<strong>en</strong>os apalearlohasta que me implorara que lo mate. <strong>en</strong> la calle, habíamos sido comohermanos, y yo lo había querido a él como tal. Pero ahora, <strong>en</strong> la prisión,le t<strong>en</strong>ía odio; lo único que quería era v<strong>en</strong>garme por lo que me habíahecho. <strong>en</strong> verdad, a través de los años luché contra esos s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tosasesinos; hasta solía orar para quitarme esos p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>tos viol<strong>en</strong>tos dela m<strong>en</strong>te. a <strong>veces</strong> me olvidaba de Ángelo por largo tiempo, pero cuandom<strong>en</strong>os lo esperaba, el recuerdo de su traición se me brotaba de nuevopor d<strong>en</strong>tro.al fin me soltaron <strong>en</strong> 1957, para <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tar las dos órd<strong>en</strong>es de det<strong>en</strong>ción<strong>en</strong> el Bronx, por las cuales me podrían haber dado una s<strong>en</strong>t<strong>en</strong>ciade 17 a 35 años. Pero gracias a dios, por mi bu<strong>en</strong> comportami<strong>en</strong>to y misestudios <strong>en</strong> comstock, me dieron libertad bajo palabra y con ord<strong>en</strong> depres<strong>en</strong>tarme una vez por semana ante dos oficiales difer<strong>en</strong>tes.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


introducciónixde vuelta <strong>en</strong> la calle, no pude dejar de p<strong>en</strong>sar <strong>en</strong> lo que pudiera sucedersi me <strong>en</strong>contraba con Ángelo. nunca fui <strong>en</strong> busca de él, pues deveras no lo quería <strong>en</strong>contrar. yo había empezado a asistir a una pequeñaiglesia llamada Rehoboth <strong>en</strong> la calle 118, utilizándola como un “half-wayhouse” (casa de rehabilitación) para mant<strong>en</strong>erme libre de la atracción queejerc<strong>en</strong> esas calles bravas. de vez <strong>en</strong> cuando p<strong>en</strong>saba <strong>en</strong> Ángelo y todavías<strong>en</strong>tía la rabia d<strong>en</strong>tro de mi corazón. nunca me topé con él y <strong>en</strong>contrécosas mejores con que ocuparme: Por ejemplo, continué trabajando <strong>en</strong>el libro que había com<strong>en</strong>zado a escribir <strong>en</strong> la prisión; llegué a conocer auna jov<strong>en</strong> llamada nelín, que asistía a la misma iglesia, y s<strong>en</strong>tí el gozo de<strong>en</strong>amorarme y de compartir con ella los mismos s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos cálidos.la memoria de Ángel se disminuyó y poco a poco se desvaneció.un suave atardecer de verano, nelín y yo salimos a caminar por laav<strong>en</strong>ida tercera, gozosam<strong>en</strong>te comparando los precios de anillos decompromiso y de boda. al salir de una joyería, <strong>en</strong>caminados a otra, oíque algui<strong>en</strong> con voz suave me llamó de nombre. “oye, Pete.” Supe sinla m<strong>en</strong>or duda que era la voz de Ángelo. di la vuelta y lo miré. Su caramostraba surcos hondos de t<strong>en</strong>sión, causada tal vez por las muchas<strong>veces</strong> que tuvo que mirar atrás sobre su hombro. S<strong>en</strong>tí el rugido de unr<strong>en</strong>cor viejo subirse como bilis desde mis <strong>en</strong>trañas, pero lo suprimí y conpaci<strong>en</strong>cia esperé para oír lo que Ángelo t<strong>en</strong>ía que decir.nelín me jaló del brazo para llamarme la at<strong>en</strong>ción, y con los ojos mepreguntó si este hombre era Ángelo del que yo le había contado contanto coraje. <strong>en</strong> voz baja dijo: “Por favor, Piri, no te olvides de lo quehablamos.”cons<strong>en</strong>tí con la cabeza y me di vuelta para mirar a Ángelo, que dio untrago vacío, no tanto por miedo sino más bi<strong>en</strong> por el esfuerzo de deciralgo que desde hace tanto tiempo necesitaba decir. habló con la mismavoz suave con que había llamado mi nombre:SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


introducciónx“Pete, he herido a todos los que amo, y eso por cierto te incluye a ti.<strong>en</strong> el cuartel de policía me empezaron a golpear tanto que no lo pudesoportar. ¿me puedes perdonar por haber choteado, bro?”me quedé mirándolo. me pregunté cómo podía t<strong>en</strong>er el descaro dellamarme “bro”, hermano, después de haberme delatado; pero a la vezme alegraba de que me llamara “bro” otra vez.“compr<strong>en</strong>deré si no lo haces, pero me tomó todo este tiempo para<strong>en</strong>contrar el valor, porque aunque no me perdones, por lo m<strong>en</strong>os tuveque tratar. así que – por favor – ¿qué me dices, Pete?”Seguí mirándolo, y sólo le respondí cuando nelín me apretó la mano.las palabras que me salieron del corazón me quitaron un gran peso delalma, y s<strong>en</strong>tí que mi espíritu empezó a volar librem<strong>en</strong>te.“Seguro que sí, bro, te perdono. dic<strong>en</strong> por ahí que cada persona ti<strong>en</strong>esu límite, y yo soy igual. así que, ante la verdad de dios, no sólo te perdono,Ángelo, sino que también todo queda olvidado. eso te lo juro sobrela tumba de mi madre.”las lágrimas que se le saltaron a Ángelo eran un eco de las mías.“gracias, Pete. Por tantos años me he odiado hasta las <strong>en</strong>trañas porno haber t<strong>en</strong>ido el valor de no chotear. Si pudiera revivir todo aquello,dejaría que me mataran a palos antes de <strong>en</strong>tregarte. gracias, bro, por tuperdón y por olvidarlo todo, y te lo digo desde el fondo de mi corazón.”Ángelo ext<strong>en</strong>dió la mano, pero empezó a retirarla como si no quisieraabusar de su bu<strong>en</strong>a suerte. Rápidam<strong>en</strong>te ext<strong>en</strong>dí mi derecha y le di lamano con gran sinceridad. S<strong>en</strong>tí el apretón que me dio Ángelo. nosdimos un abrazo breve, y con una sonrisa se despidió dici<strong>en</strong>do: “nosveremos por ahí, bro”, y se fue caminando. tuve que p<strong>en</strong>sar <strong>en</strong> las palabrasque nelín una vez había leído: “el cometer errores es humano, elperdonar es divino”.de veras que es difícil perdonar, pero mi padre, Juan, me decía frecu<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>te:“todo es difícil hasta que lo hayas apr<strong>en</strong>dido, después se teSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


introducciónxihace fácil.” yo he apr<strong>en</strong>dido mucho. no sólo había perdonado a Ángelo,mi hermano de la calle, pero también había apr<strong>en</strong>dido a perdonarme amí mismo por haber cargado tanto odio y sed de v<strong>en</strong>ganza. S<strong>en</strong>tí comosi la alborada me alumbraba el corazón. tomé a nelín de la mano ysonri<strong>en</strong>tes nos <strong>en</strong>caminamos hasta la próxima joyería. Por fin, el amorque llevaba por d<strong>en</strong>tro estaba libre del peso del odio y del hambre dev<strong>en</strong>ganza que casi me había <strong>en</strong>loquecido.Jamás volví a ver a Ángelo, pues se mudó a otra ciudad. Fue con p<strong>en</strong>aque varios años después supe que lo habían asesinado por una suma dedinero que le debía a unos prestamistas del hampa.Siempre estaré cont<strong>en</strong>to de haber perdonado a Ángelo y también ami mismo. he apr<strong>en</strong>dido que por lo que el mundo no me perdonaba,yo mismo podía perdonarme y así librarme de todo s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to deculpabilidad. he apr<strong>en</strong>dido que la prisión más cruel es la prisión de lam<strong>en</strong>te y del espíritu. <strong>en</strong> verdad, hay una gran pot<strong>en</strong>cia <strong>en</strong> perdonar aotros, igual como hay pot<strong>en</strong>cia <strong>en</strong> perdonarse a uno mismo. Por cierto,la sabiduría está <strong>en</strong> no volver a caer <strong>en</strong> lo que originalm<strong>en</strong>te nos metió<strong>en</strong> líos. ¡Punto!con amor, un hermano, Piri Thomas, autor de “Por estas calles bravas”.Piri Thomasmayo de 1999SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


¿se puede perdonar asemejante hombre?Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recomp<strong>en</strong>sa t<strong>en</strong>dréis? ¿no hac<strong>en</strong>también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanossolam<strong>en</strong>te, ¿qué ti<strong>en</strong>e eso de excepcional? ¿no lo hac<strong>en</strong> también así lospaganos? vuestra bondad no debe t<strong>en</strong>er límites, así como no ti<strong>en</strong>e límitesla bondad de vuestro Padre que está <strong>en</strong> los cielos.jesús de nazaretuna mañana de septiembre de 1995, estaba tomando mi café y ley<strong>en</strong>doel periódico. me horroricé al ver los titulares relatando el rapto, a pl<strong>en</strong>aluz del día, de una niña de <strong>siete</strong> años de edad que vivía <strong>en</strong> la localidad.durante los próximos días, seguí la historia de cerca.<strong>en</strong> m<strong>en</strong>os de una semana, hallaron a la niña <strong>en</strong> un área boscosa a sólounos c<strong>en</strong>t<strong>en</strong>ares de metros de la cárcel del condado. la habían violado.le hicieron padecer sodomía. la mataron a golpes. Peor aún, el hombreque admitió haber cometido el crim<strong>en</strong> resultó ser un conocido de lafamilia; era algui<strong>en</strong> <strong>en</strong> qui<strong>en</strong> la niña confiaba.la reacción pública no fue sorpr<strong>en</strong>d<strong>en</strong>te: este hombre merecía morir.Bajo el nuevo estatuto de p<strong>en</strong>a capital del estado, él era un candidatode primera. aunque el fiscal había prometido una p<strong>en</strong>a máxima deveinte años a cambio del cuerpo, se retractó sólo días después, dici<strong>en</strong>doque habría hecho un pacto con el diablo para <strong>en</strong>contrar a la niña, y que


¿se puede perdonar a semejante hombre?esperaba llegar a ser el primer fiscal <strong>en</strong> la historia reci<strong>en</strong>te de nuevayork que cond<strong>en</strong>aría un asesino a la p<strong>en</strong>a de muerte. algunos resid<strong>en</strong>tes<strong>en</strong>trevistados por la pr<strong>en</strong>sa local hasta sugirieron que lo soltaran a la callepara que ellos pudieran “hacerse cargo de él”.aunque la indignación era compr<strong>en</strong>sible, yo me preguntaba si estopodría darle consuelo a la desconsolada familia de la víctima. como pastor,estaba seguro de cuál debía ser mi respuesta. algunos repres<strong>en</strong>tantesde mi congregación fueron al funeral y <strong>en</strong>viamos flores a los padres de laniña. traté de visitar a la familia, sin éxito. Pero s<strong>en</strong>tía un gran peso <strong>en</strong> micorazón. yo sabía que, de algún modo, t<strong>en</strong>ía que visitar al asesino, <strong>en</strong> esemom<strong>en</strong>to aún un monstruo sin rostro; t<strong>en</strong>ía que confrontarlo personalm<strong>en</strong>tecon el horror de su acción y exhortarlo a que se arrepintiera.yo sabía que la g<strong>en</strong>te miraría de reojo una visita de esta índole, y queposiblem<strong>en</strong>te me atribuirían motivos totalm<strong>en</strong>te erróneos; pero estabaconv<strong>en</strong>cido de que era mi deber. y así fue que me <strong>en</strong>contré s<strong>en</strong>tado <strong>en</strong>la cárcel a solas con el asesino. las horas que pasé <strong>en</strong> esa celda me conmovieronprofundam<strong>en</strong>te, y dejaron muchas preguntas sin resolver;preguntas que finalm<strong>en</strong>te me llevaron a escribir este libro. ¿Por quédebería yo, o cualquier otra persona, perdonar a este hombre? ¿Quécambio efectuaría eso? ¿no debería primero mostrar arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to?y aún si lo mostraba, ¿t<strong>en</strong>ía yo el derecho de perdonarlo, ya que no erayo a qui<strong>en</strong> le había hecho daño?m<strong>en</strong>os de tres meses después de mi visita, el asesino por fin tuvo que<strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tarse con la familia de su víctima. la sala del juzgado estaba repleta,y al <strong>en</strong>trar se s<strong>en</strong>tía un ambi<strong>en</strong>te de hostilidad. la s<strong>en</strong>t<strong>en</strong>cia – cad<strong>en</strong>aperpetua sin libertad condicional – fue seguida por una declaración deljuez: “espero que el infierno que ahora te espera <strong>en</strong> la prisión sea sólo unanticipo del infierno que te esperará por toda la eternidad.”luego se dio ocasión al acusado de decir unas pocas palabras. <strong>en</strong> vozalta, temblorosa, habló a los padres de la niña, declarándose “verdade-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


¿se puede perdonar a semejante hombre?ram<strong>en</strong>te arrep<strong>en</strong>tido” por la p<strong>en</strong>a que les había causado, y que orabatodos los días, pidi<strong>en</strong>do perdón a dios. un murmullo de indignación sehizo s<strong>en</strong>tir <strong>en</strong> el público, y me hice la pregunta más difícil de todas: ¿Sepodrá perdonar jamás a semejante hombre?SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


es<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to y amargurael hombre que opta por la v<strong>en</strong>ganza debe cavardos tumbas.proverbio chinoaunque justicia sea lo que reclamas, consideraque a ninguno de nosotros bastará la justiciapara salvarse. Todos te suplicamos piedad,y es la súplica misma la que nos <strong>en</strong>señaa practicar clem<strong>en</strong>cia.william shakespeare “el mercader de v<strong>en</strong>ecia”, acto iv, esc<strong>en</strong>a 1ªel perdón es el camino hacia la paz y la felicidad. también es un misterio,y a m<strong>en</strong>os que lo busquemos, per-manecerá oculto de nosotros. estelibro no ti<strong>en</strong>e la int<strong>en</strong>ción de ser una teología del perdón; es imposibledecirle a algui<strong>en</strong> cómo perdonar, pero sí t<strong>en</strong>go la esperanza que puedailustrar por qué es tan necesario, y que es posible perdonar. Por mediode las historias que sigu<strong>en</strong>, trataré de guiarte, estimada lectora, al umbraldel perdón. una vez ahí, sólo tú podrás abrir la puerta.<strong>en</strong> realidad, ¿qué significa el perdón? c. S. lewis dice que no se tratasolam<strong>en</strong>te de ecuanimidad humana, sino de excusar hasta lo que no ti<strong>en</strong>edisculpa. y más aún. cuando excusamos a algui<strong>en</strong>, hacemos caso omisode su error sin exigir p<strong>en</strong>a ninguna. cuando perdonamos, no solam<strong>en</strong>te


es<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to y amarguraperdonamos una falla o un pecado, sino que abrazamos al pecador ybuscamos rehabilitarlo y restaurarlo. Puede que no siempre sea aceptadoel perdón ofrecido, pero una vez ext<strong>en</strong>dida la mano, desaparec<strong>en</strong> los res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos.Puede que siempre vamos a s<strong>en</strong>tir una herida muy honda,pero no usaremos el propio dolor para infligir más dolor a otros.cuando revivimos un recuerdo negativo, llevando cu<strong>en</strong>ta de of<strong>en</strong>sasque se nos han causado, el recuerdo se convierte <strong>en</strong> r<strong>en</strong>cor. no importasi la causa del r<strong>en</strong>cor es real o imaginada, su v<strong>en</strong><strong>en</strong>o nos carcome pocoa poco hasta que se derrama y corroe todo lo que nos rodea.todos hemos conocido a personas amargadas. ti<strong>en</strong><strong>en</strong> una memoriaextraordinaria para los más insignificantes detalles, se consum<strong>en</strong> <strong>en</strong>quejarse y se ahogan <strong>en</strong> res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos. llevan cu<strong>en</strong>ta minuciosa delas of<strong>en</strong>sas sufridas, y siempre están listos para demostrar a los demáscuánto han sido of<strong>en</strong>didos. Por fuera apar<strong>en</strong>tan tranquilos y ser<strong>en</strong>os,pero por d<strong>en</strong>tro revi<strong>en</strong>tan de su odio reprimido.estas personas constantem<strong>en</strong>te defi<strong>en</strong>d<strong>en</strong> su indignación. Si<strong>en</strong>t<strong>en</strong>que el hecho de haber sido heridas tan profunda y frecu<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>te lesexime de la obligación de perdonar. Pero son precisam<strong>en</strong>te estas personaslas que más necesitan perdonar. a <strong>veces</strong> ti<strong>en</strong><strong>en</strong> el corazón tan ll<strong>en</strong>ode r<strong>en</strong>cor que ya no hay capacidad para amar.hace casi veinte años, mi padre y yo aconsejamos a una persona así. elmarido se estaba muri<strong>en</strong>do, y ella quedaba <strong>en</strong>durecida e ins<strong>en</strong>sible comouna piedra. <strong>en</strong> los ojos del mundo, había vivido una vida intachable. eraord<strong>en</strong>ada y meticulosa, trabajadora, honrada, capaz y confiable, pero nopodía amar. luego de meses de lucha, la causa de su frialdad quedó aclarada:era incapaz de perdonar. ella no podía señalar a un agravio de granmagnitud, pero estaba doblegada bajo el peso colectivo de mil r<strong>en</strong>corespequeños.la amargura no es sólo una perspectiva negativa de la vida –es unpecado. el aferrarse a r<strong>en</strong>cores contra otra persona ti<strong>en</strong>e un efectoSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


es<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to y amarguradesastroso para el alma. abre las puertas al mal y nos deja vulnerablesa p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>tos homicidas. además le quita todo el poder a la oración.Por eso es que cristo nos ord<strong>en</strong>a a resolver <strong>nuestra</strong>s difer<strong>en</strong>cias con losdemás antes de “pres<strong>en</strong>tar <strong>nuestra</strong> ofr<strong>en</strong>da al altar”. Podemos orar eldía <strong>en</strong>tero, pero si guardamos r<strong>en</strong>cores la puerta de dios permanecerácerrada.la amargura destruye el alma y es capaz de destruir el cuerpo también.Sabemos que la t<strong>en</strong>sión nerviosa puede causar úlceras o jaquecas,pero no vemos la relación <strong>en</strong>tre la amargura y el insomnio. la investigaciónmédica ha demostrado que hay una conexión <strong>en</strong>tre un <strong>en</strong>ojo noresuelto y los ataques al corazón; parece que las personas que reprim<strong>en</strong>su res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to son más susceptibles que aquellas que pued<strong>en</strong> desahogarse,que dan ri<strong>en</strong>da suelta a sus emociones.no hace mucho me pidieron que ayudara a una mujer jov<strong>en</strong> de qui<strong>en</strong>su tío había abusado sexualm<strong>en</strong>te. aunque era, sin duda, la víctimainoc<strong>en</strong>te de un depravado, su desdicha parecía ser, por lo m<strong>en</strong>os <strong>en</strong>parte, auto-perpetuada. no quería ni podía juntar la fortaleza interiornecesaria para perdonar.amordazada durante años por el temor de exponerse, y por el alcoholismoque su atorm<strong>en</strong>tador mant<strong>en</strong>ía con regalos diarios de vodka, estapobre mujer estaba desesperada. Se le había brindado terapia psiquiátricaint<strong>en</strong>siva y no le faltaban comodidades materiales. t<strong>en</strong>ía bu<strong>en</strong> empleo yun círculo de amigos que la apoyaban; no se habían escatimado esfuerzospara ayudarle a restablecerse. a pesar de todo, sus emociones oscilabandesde la risa nerviosa hasta el llanto inconsolable. Se ll<strong>en</strong>aba de comidaun día, y al otro día ayunaba y se purgaba. y bebía botella trasbotella.esta pobre alma era una de las personas más difíciles a que jamás tratéde ayudar. yo estaba extremadam<strong>en</strong>te reacio a cargarla con tan siquieraSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


es<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to y amargurauna onza de culpa; sin embargo, me parecía claro que sólo ella podíainiciar el proceso de sanar. Pero todo consejo parecía inútil. <strong>en</strong>fureciday confundida, se sumió cada vez más profundam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> la desesperaciónhasta que, finalm<strong>en</strong>te, tuvo que ser hospitalizada porque había tratadode estrangularse.las heridas que causa el abuso sexual llevan años <strong>en</strong> sanar; <strong>en</strong> muchoscasos dejan cicatrices perman<strong>en</strong>tes. Sin embargo, no es inevitable queresult<strong>en</strong> <strong>en</strong> una vida atorm<strong>en</strong>tada o <strong>en</strong> el suicidio. Por cada caso como elque acabo de describir, conozco varios otros cuyas víctimas <strong>en</strong>contraronla libertad y una nueva vida, una vez que pudieron perdonar. esto nosignifica resignarse u olvidar lo ocurrido; tampoco dep<strong>en</strong>de de poder<strong>en</strong>contrarse cara a cara con el abusador, cosa que hasta podría ser contraproduc<strong>en</strong>te.Pero sí significa que se debe tomar una decisión consci<strong>en</strong>tede dejar de odiar, porque el odio no ayuda nunca. como un cáncer, elodio se exti<strong>en</strong>de a través del alma hasta destruirla por completo.anne coleman, a qui<strong>en</strong> conocí <strong>en</strong> una confer<strong>en</strong>cia hace algunos meses,me contó lo que le pasó a su hijo daniel por ser incapaz de perdonar.cuando, <strong>en</strong> 1985, asesinaron a mi hija Frances yo quedé destrozada. Recibíuna llamada telefónica de mi sobrina <strong>en</strong> los angeles, diciéndome:“Frances está muerta. le pegaron un tiro.”no recuerdo haber gritado, pero grité. me preparé para salir inmediatam<strong>en</strong>tepara california; <strong>en</strong> el avión p<strong>en</strong>sé que sería capaz de matar.Si hubiera t<strong>en</strong>ido un arma y al asesino a mano, es muy probable que lohabría matado.cuando bajé del avión, p<strong>en</strong>sé, ¿cómo iba a recibir a mi hijo daniel, queestaba por llegar de hawai? daniel era un sarg<strong>en</strong>to del ejército, adiestradopara matar…a la mañana sigui<strong>en</strong>te, cuando llegamos a la comisaría, lo único que nosdijeron fue que mi hija estaba muerta y que todo lo demás no era asuntonuestro. lam<strong>en</strong>tablem<strong>en</strong>te, fue así durante todos los días que nos quedamos<strong>en</strong> los angeles. el coordinador de la sección de delitos viol<strong>en</strong>tos meSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


es<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to y amarguradijo que si d<strong>en</strong>tro de cuatro días no habían det<strong>en</strong>ido a nadie, no deberíaesperar un arresto: “t<strong>en</strong>emos demasiados homicidios <strong>en</strong> este distrito; lesdedicamos cuatro días a cada caso.”mi hijo daniel estaba <strong>en</strong>furecido. cuando le <strong>en</strong>teraron de que la policíano estaba realm<strong>en</strong>te interesada <strong>en</strong> <strong>en</strong>contrar al asesino de su hermana,quiso ir a comprar una uzi y acribillar g<strong>en</strong>te a balazos…nadie nos había preparado para lo que vimos cuando fuimos a recogerel automóvil de mi hija. las balas le habían traspasado la aorta, el corazóny los pulmones; se había ahogado <strong>en</strong> su propia sangre. murió el domingotemprano por la mañana. Recogimos el automóvil el martes por la tarde.apestaba. a daniel nunca se le quitó ese olor de la m<strong>en</strong>te y t<strong>en</strong>ía unapasión de v<strong>en</strong>ganza – que algui<strong>en</strong> hiciera algo, alguna forma de justiciapara su hermana.durante los próximos dos años y medio vi a daniel irse cuesta abajo, yluego me <strong>en</strong>contré al lado de la tumba de su hermana cuando lo bajarona él a la suya. Finalm<strong>en</strong>te se había v<strong>en</strong>gado –mediante su propia muerte.y vi lo que hace el odio: exige el precio máximo de cuerpo y alma.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diariacontemplando por última vezel rostro inánimede mi padre,mi madre dijosin lágrimas, sin sonrisas,pero con ternura:“Bu<strong>en</strong>as noches, Willie Lee,hasta mañana.”Fue <strong>en</strong>tonces que apr<strong>en</strong>díque todas <strong>nuestra</strong>s heridasson sanadaspor el perdónque conti<strong>en</strong>e la promesade nuestro retornofinal.alice walkermucha g<strong>en</strong>te nunca t<strong>en</strong>drá que decidir sipuede o no puede perdonara un asesino. Pero todos se <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tan a diario, quizás muchas <strong>veces</strong> <strong>en</strong>un solo día, con la necesidad de perdonar al esposo o esposa, a los hijos,a los compañeros de trabajo. y esta tarea no es m<strong>en</strong>os importante.<strong>en</strong> su poema, “el árbol v<strong>en</strong><strong>en</strong>oso”, William Blake nos demuestracomo el res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to más pequeño puede florecer y producir un frutomortal.


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria10yo estaba <strong>en</strong>ojado con mi amigo:expresé mi <strong>en</strong>ojo; mi <strong>en</strong>ojo se acabó.yo estaba <strong>en</strong>ojado con mi <strong>en</strong>emigo:me quedé callado, y mi <strong>en</strong>ojo creció.y lo irrigué con temores,de noche y <strong>en</strong> la mañana, con mis lágrimas;lo puse al sol con sonrisas,y con suaves, <strong>en</strong>gañosas astucias.creció día y noche,hasta que dio una manzana;mi <strong>en</strong>emigo la vio relucir un día,y supo que era mía.<strong>en</strong> mi jardín se metiócuando la noche el tronco veló:cont<strong>en</strong>to hallé por la mañana,estirado bajo el árbol, a mi <strong>en</strong>emigo.las semillas del árbol de Blake son los pequeños r<strong>en</strong>cores de la vida diaria.Si ca<strong>en</strong> <strong>en</strong> corazón fértil, crecerán, y si se cuidan y nutr<strong>en</strong>, adquiriránvida propia. Puede que al principio sean pequeños, apar<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>te insignificantes,ap<strong>en</strong>as perceptibles; no obstante hay que sobreponerse aellos. Blake nos <strong>en</strong>seña <strong>en</strong> los primeros dos versos qué fácil es: t<strong>en</strong>emosque hacerle fr<strong>en</strong>te a nuestro <strong>en</strong>ojo y arrancarlo de raíz antes de quepueda crecer.desde pequeño, tuve que apr<strong>en</strong>der a no guardar r<strong>en</strong>cores. <strong>en</strong> g<strong>en</strong>eral,mi niñez fue feliz, pero tuve mi cuota de experi<strong>en</strong>cias desagradables. eraun niño <strong>en</strong>fermizo. Poco después de haber nacido, los médicos informarona mi madre que yo t<strong>en</strong>ía “hidrocefalia” o “agua <strong>en</strong> el cerebro”, y qu<strong>en</strong>unca iba a caminar. los médicos se equivocaron, pues caminé a los dosaños y medio, pero me quedó el apodo “cabeza de agua”. a qui<strong>en</strong>es másSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria11les dolió eso fue a mis padres, pero no dejó de afectarme a mí también.incluso, me s<strong>en</strong>tía solo. eramos <strong>siete</strong> hijos <strong>en</strong> <strong>nuestra</strong> familia, pero yoera el único varón. mi padre estuvo aus<strong>en</strong>te durante tres de los primeroscinco años de mi vida, y yo anhelaba tanto t<strong>en</strong>er amigos.a la edad de seis años, me tuvieron que operar la pierna para extirparun tumor grande. Fue la primera de una serie de operaciones similares<strong>en</strong> los próximos treinta años. <strong>en</strong> aquella época no había antibióticos, yvivíamos <strong>en</strong> una región remota del Paraguay. la cirugía duró dos horas,y el peligro de una infección se cernió sobre mí durante días. despuésde suturar la herida, me fui caminando desde el hospital hasta mi casa.nadie me ofreció muletas, y mucho m<strong>en</strong>os una carreta. todavía puedover la cara de asombro que puso mi padre cuando <strong>en</strong>tré cojeando a casa,pero no dijo nada.eso era típico de mis padres. nunca los oímos hablar mal de los demásy tampoco permitían que nosotros lo hiciéramos. como cualquier padrey madre, luchaban con sus s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos cuando t<strong>en</strong>ían la impresiónde que un maestro u otro adulto había tratado injustam<strong>en</strong>te a uno desus hijos, pero insistían <strong>en</strong> que la única manera de v<strong>en</strong>cer las pequeñasafr<strong>en</strong>tas de la vida era perdonar.cuando t<strong>en</strong>ía catorce años, nos mudamos a los estados unidos. elcambio de una aldea apartada de Sudamérica a una escuela pública <strong>en</strong>el estado de nueva york fue <strong>en</strong>orme. Por cierto, el idioma inglés era unobstáculo; además yo era tímido porque me s<strong>en</strong>tía inepto y torpe. nohay niño que no desee ser reconocido por los de su edad; nadie quiere quelo pas<strong>en</strong> por alto, y yo no era difer<strong>en</strong>te. estaba desesperado por ser aceptadoe hice grandes esfuerzos para complacer a mis nuevos compañerosde clase. al principio fui rechazado, especialm<strong>en</strong>te por un muchachoque t<strong>en</strong>ía fama de peleón, pero <strong>en</strong>tonces empecé a def<strong>en</strong>derme. todosmis amigos eran inmigrantes al igual que yo; nos burlábamos de él despiadadam<strong>en</strong>te,hablando <strong>en</strong>tre nosotros <strong>en</strong> alemán, que él no <strong>en</strong>t<strong>en</strong>día.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria1nuestro antagonismo causó unas cuantas narices <strong>en</strong>sangr<strong>en</strong>tadas.<strong>en</strong> la escuela secundaria traté de <strong>en</strong>trar al equipo de carrera a campotraviesa. aunque me empeñé muchísimo y nunca falté a las prácticas,s<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te no era bastante bu<strong>en</strong>o. Pero el <strong>en</strong>tr<strong>en</strong>ador se dio cu<strong>en</strong>tade mis esfuerzos, y su amistad hizo maravillas para mi autoestima. Élme animó a que practicara para el equipo de atletismo; y al final, aunqu<strong>en</strong>unca fui un atleta estrella, logré formar parte del equipo.a los veinte y tantos años tuve que <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tar mi s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to de rechazo.Busqué la amistad de una jov<strong>en</strong>; <strong>nuestra</strong> relación se profundizóy nos comprometimos. un día, de rep<strong>en</strong>te, ella me dio la espalda, y yono dudaba de que lo hizo porque yo era un inadaptado tan torpe. unosaños más tarde me interesé <strong>en</strong> otra mujer, aunque esta vez me mantuvereservado. Por segunda vez mis esperanzas fueron defraudadas; a lospocos meses ella también dio por terminada <strong>nuestra</strong> relación. Se mederrumbó el mundo, y traté de <strong>en</strong>contrar el s<strong>en</strong>tido de lo que me habíapasado. ¿Qué había hecho mal?me llevó mucho tiempo sobreponerme a ese dolor y r<strong>en</strong>ovar mi confianza<strong>en</strong> mí mismo. Pero mi padre me aseguró que a su debido tiempo<strong>en</strong>contraría la persona que dios había previsto para mí. así fue que unosaños más tarde <strong>en</strong>contré a Ver<strong>en</strong>a, mi esposa.es m<strong>en</strong>os difícil perdonar a un desconocido que a una persona conocidaque goza de <strong>nuestra</strong> confianza. Por eso es tan difícil sobrellevar eldes<strong>en</strong>gaño cuando hemos sido traicionados por compañeros o amigosíntimos que conoc<strong>en</strong> nuestros p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>tos más profundos, <strong>nuestra</strong>sidiosincrasias y flaquezas humanas; cuando se tornan contra nosotros,nos dejan atolondrados.Paul chávez, hijo de césar chávez, el respetado fundador y presid<strong>en</strong>tede la unión de campesinos y del national Farm Workers Servicec<strong>en</strong>ter (n.F.W.S.c.) describe una viv<strong>en</strong>cia dolorosa de esta índole. césarSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria1chávez falleció rep<strong>en</strong>tinam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> el año 1993, a la edad de ses<strong>en</strong>ta y seisaños, y su hijo Paul continúa su labor como presid<strong>en</strong>te del n.F.W.S.c.es un hecho bi<strong>en</strong> sabido que los trabajadores agrícolas y <strong>en</strong> particularlos trabajadores itinerantes <strong>en</strong> nuestro país han t<strong>en</strong>ido que luchar porsus derechos básicos, particularm<strong>en</strong>te <strong>en</strong> cuanto a sueldos, horas detrabajo, asist<strong>en</strong>cia médica y demás comp<strong>en</strong>saciones básicas a que todotrabajador ti<strong>en</strong>e derecho. de ahí nació el movimi<strong>en</strong>to que se organizóbajo la dirección de césar chávez y se legalizó <strong>en</strong> el estado de californiaa mediados de los años ‘70, con el apoyo del <strong>en</strong>tonces gobernador JerryBrown. Sin embargo, a los pocos años surgieron conflictos personalesque pronto alcanzaron dim<strong>en</strong>siones políticas y crearon un ambi<strong>en</strong>te deanimosidad <strong>en</strong>tre los dirig<strong>en</strong>tes del movimi<strong>en</strong>to. Paul chávez recuerdaaquel tiempo:había algunos que opinaban que la ori<strong>en</strong>tación del movimi<strong>en</strong>to estabaequivocada y hubo peleas sobre cuestiones fundam<strong>en</strong>tales, como ser elempleo de voluntarios d<strong>en</strong>tro de la organización. hasta ese mom<strong>en</strong>to,mi padre había insistido <strong>en</strong> que el movimi<strong>en</strong>to fuera dirigido por g<strong>en</strong>tededicada a la causa, g<strong>en</strong>te tan dedicada que solían dar todo su tiempopor techo y comida no más. algunos opinaron que era un arreglo pocopráctico. Por un lado, nadie dudaba del <strong>en</strong>tusiasmo ni de la dedicación delos voluntarios. Por el otro, no cabe duda de que muchos voluntarios sevolvían muy compet<strong>en</strong>tes, y lo perdimos todo cuando se iban.esta controversia tuvo repercusiones <strong>en</strong> la dirección y la política delmovimi<strong>en</strong>to. mi padre seguía conv<strong>en</strong>cido de que el movimi<strong>en</strong>to debíaser llevado por voluntarios dedicados a la causa del trabajador, y quedebía crecer para abarcar las demandas no sólo de los que trabajaban <strong>en</strong>los viñedos sino de los obreros agrícolas <strong>en</strong> g<strong>en</strong>eral. otros temían qu<strong>en</strong>os ext<strong>en</strong>díamos demasiado y que conv<strong>en</strong>dría más conc<strong>en</strong>trar nuestrosesfuerzos <strong>en</strong> las cuestiones básicas del sindicalismo.<strong>en</strong>tonces estalló una verdadera trifulca, y bi<strong>en</strong> recuerdo el día <strong>en</strong> queveinte de nuestros abogados, casi toda la oficina jurídica, r<strong>en</strong>unciaron de undía para otro. los miembros de la junta directiva se pelearon. empezaron adecir aquellas cosas que desgraciadam<strong>en</strong>te se dic<strong>en</strong> <strong>en</strong> tales oportunidades,SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria14como ser que a lo mejor mi padre ya no servía para dirigir el movimi<strong>en</strong>toy que, <strong>en</strong> lugar de adelantar la causa, impedía su progreso.Jov<strong>en</strong> que yo era, me s<strong>en</strong>tí herido, of<strong>en</strong>dido por las cosas que decía esag<strong>en</strong>te. no era porque expresaban opiniones opuestas. <strong>en</strong> <strong>nuestra</strong> organizaciónsiempre se ha apreciado el debate abierto y animado, pero a miparecer lo que estaba pasando era pura traición. después de haberse idomucha g<strong>en</strong>te, quedó un ambi<strong>en</strong>te de mala sangre que duró años…<strong>en</strong> 1988 mi padre sostuvo una huelga de hambre – la última –que durótreinta y dos días. a los quince días, una persona que hasta ese mom<strong>en</strong>tohabía sido furiosa con mi padre, v<strong>en</strong>ía todos los fines de semana para lamisa y para pasear por la propiedad donde mi padre estaba ayunando.Recuerdo que mi primera reacción fue: ¿Qué se cre<strong>en</strong> esos hipócritas?hasta que me di cu<strong>en</strong>ta de que esa g<strong>en</strong>te demostraba más coraje que yo.dejaban de un lado las querellas políticas para mostrar su humanidad, ycon su ejemplo me <strong>en</strong>señaron una lección importante. hicimos el esfuerzode ir a saludarlos y darles la bi<strong>en</strong>v<strong>en</strong>ida.es durante períodos difíciles como éste que uno se si<strong>en</strong>te agotadoemocionalm<strong>en</strong>te, pero es precisam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> esos mom<strong>en</strong>tos que se notaun cambio <strong>en</strong> la actitud de la g<strong>en</strong>te. Ver a un hombre sano y apasionadoconsumirse hasta quedar reducido a casi nada es agotador para las emocionesde uno.hubo otro desborde de s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to público cuando mi padre falleció.Vinieron cincu<strong>en</strong>ta mil personas al <strong>en</strong>tierro, g<strong>en</strong>te que no habíamos vistodesde hace años, incluso personas que estuvieron muy amargadas. hubomom<strong>en</strong>tos difíciles para todos nosotros. <strong>en</strong>tre los miles que vinieron parala misa de réquiem hubo un señor que formaba parte de los miembrosoriginales de la unión de campesinos y fue uno de los líderes del movimi<strong>en</strong>to<strong>en</strong> aquellos días. luego estuvo muy activo <strong>en</strong> la oposición contrami padre, y hasta usaba la televisión para acusarlo de horr<strong>en</strong>dos delitos.Fue muy desagradable cada vez que m<strong>en</strong>cionó a mi padre.ahora bi<strong>en</strong>, toda la familia estábamos s<strong>en</strong>tados <strong>en</strong> la primera fila,cuando vi a este señor adelantarse con la int<strong>en</strong>ción de pres<strong>en</strong>tar suscondol<strong>en</strong>cias a mi madre y a mis hermanos y hermanas. había guardasde seguridad, y algunos lo reconocieron y recordaron sus com<strong>en</strong>tarios.cuando se acercó, lo pararon y no querían dejarlo pasar, pero no habíaforma de disuadirlo. Recuerdo levantarme durante la misa y decir a unoSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria1de los guardas: “déj<strong>en</strong>lo pasar”, y el señor vino y pres<strong>en</strong>tó sus respetos ami madre y a mis hermanos y hermanas.hubiera sido fácil pret<strong>en</strong>der que no lo veía <strong>en</strong>tre la muchedumbre.Pero t<strong>en</strong>ía que hacer lo que hice, porque mi padre nos había <strong>en</strong>señadoque siempre iba a haber conflictos, siempre habría lucha, y que nuncadebemos olvidar que el único ideal digno de <strong>nuestra</strong> lealtad es el de <strong>nuestra</strong>humanidad; y ser humanos significa ser capaces de perdonar. así fueque decidí dejarlo pasar a aquel señor, porque había v<strong>en</strong>ido a pres<strong>en</strong>tarsus respetos.P<strong>en</strong>sando <strong>en</strong> aquellos días, creo que fui inspirado por una oraciónque mi padre escribió, “oración del campesino <strong>en</strong> la lucha”, que dice alfinal: “ayúdanos a amar aún a los que nos odian; así podremos cambiarel mundo.”<strong>en</strong>séñame el sufrimi<strong>en</strong>to de los más desafortunados; así conoceré el dolor de mi pueblo.líbrame a orar por los demás, porque estás pres<strong>en</strong>te <strong>en</strong> cada persona.ayúdame a tomar responsabilidad de mi propia vida; sólo así seré libre al fin.concédeme val<strong>en</strong>tía para servir al prójimo; porque <strong>en</strong> la <strong>en</strong>trega hay vida verdadera.concédeme honradez y paci<strong>en</strong>cia, para que yo pueda trabajar junto con otros trabajadores.alúmbranos con el canto y la celebración, para que levant<strong>en</strong> el espíritu <strong>en</strong>tre nosotros.Que el espíritu florezca y crezca, para que no nos cansemos <strong>en</strong> la lucha.nos acordamos de los que han caído por la justicia, porque a nosotros han <strong>en</strong>tregado la vida.ayúdanos a amar aún a los que nos odian; así podremos cambiar el mundo. amén.césar chávezSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria1desgraciadam<strong>en</strong>te, la traición por parte de amigos o colegas escomún <strong>en</strong> muchos círculos de supuestos cristianos. mi padre erapastor <strong>en</strong> el Bruderhof, y la g<strong>en</strong>te lo conocía y lo respetaba porsu don de consolar y aconsejar. dondequiera que iba, la g<strong>en</strong>tehacía cola para hablar con él. muchos querían confesarse, otrosnecesitaban un consejo pastoral o simplem<strong>en</strong>te algui<strong>en</strong> que les escucharaat<strong>en</strong>tam<strong>en</strong>te. aún así, sea cual fuere la razón, había losque lo <strong>en</strong>vidiaban y hasta lo odiaban, mi<strong>en</strong>tras que otros loadulaban.Papá había sufrido de un desord<strong>en</strong> de los riñones cuando yo nací, yese problema empeoró <strong>en</strong> el curso de mi niñez y adolesc<strong>en</strong>cia. la vida<strong>en</strong> el Paraguay era dura; proliferaban las <strong>en</strong>fermedades, y la lucha porla exist<strong>en</strong>cia se hacía más difícil aún por ciertas t<strong>en</strong>siones internas <strong>en</strong>la comunidad. como nunca antes, le pesaba a papá su responsabilidadpastoral. <strong>en</strong> un mom<strong>en</strong>to dado, después de varias semanas de continuodeterioro físico, los médicos le dijeron que no le quedaban más de cuar<strong>en</strong>tahoras de vida. temi<strong>en</strong>do lo peor, convocó a todos los miembrosde la comunidad a su cabecera, donde los exhortó a orar y permanecerfirmes <strong>en</strong> la fe. al mismo tiempo <strong>en</strong>tregó sus deberes pastorales y elliderato a tres otros miembros, <strong>en</strong>tre ellos su cuñado.milagrosam<strong>en</strong>te, papá se repuso, pero grande fue su sorpresa cuandolos líderes de la comunidad le dijeron que sus días como ministro habíanterminado, que el doctor lo había declarado demasiado débil para podercontinuar con una tarea tan exig<strong>en</strong>te. la razón principal, según ellos,era su “inestabilidad emocional”, que surgió cuando <strong>en</strong> lo peor de la <strong>en</strong>fermedadtuvo alucinaciones y sueños raros. Papá asintió y com<strong>en</strong>zó atrabajar <strong>en</strong> la pequeña escuela misionera y <strong>en</strong> el hospital.aunque <strong>en</strong> aquel <strong>en</strong>tonces mis padres no se dieron cu<strong>en</strong>ta, este girode los acontecimi<strong>en</strong>tos no fue accid<strong>en</strong>tal. Fue planeado (y las palabrasdel doctor fueron tergiversadas) <strong>en</strong> un esfuerzo de excluirlo del ejerci-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria1cio de su vocación. de hecho, el doctor solam<strong>en</strong>te había sugerido unassemanas de descanso. Fue treinta años más tarde que otro médicodescubrió y nos explicó la verdadera razón de sus alucinaciones. Fue elefecto secundario de las primitivas medicinas de bromuro, algo que podríahaberse previsto. Sin embargo, nosotros, sus hijos, nunca s<strong>en</strong>timosamargura alguna de su parte.con todo, no tardó mucho hasta que surgieran nuevos problemas <strong>en</strong><strong>nuestra</strong> comunidad. mis padres, preocupados por una actitud legalistaque se estaba ext<strong>en</strong>di<strong>en</strong>do <strong>en</strong>tre los miembros, s<strong>en</strong>tían que poco a pocoJesucristo y su amor fueron reemplazados por normas y reglam<strong>en</strong>tos humanos.Se juntaron con un puñado de miembros para tratar de alzar suvoz de oposición, pero sus motivos fueron mal interpretados. acusadosde “dirigir una facción”, varios de ellos fueron despedidos, incluso papá.era muy difícil <strong>en</strong>contrar trabajo, aunque papá había estudiado horticultura<strong>en</strong> zurich y era un jardinero diestro. Para los colonos alemanes delParaguay, que t<strong>en</strong>dían a simpatizar con los nazis, papá era sospechoso;y los expatriados ingleses y americanos le t<strong>en</strong>ían miedo s<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>tepor ser alemán.Finalm<strong>en</strong>te, consiguió trabajo como administrador de granja <strong>en</strong> unacolonia de leprosos. era un trabajo sumam<strong>en</strong>te arriesgado. al principiode los 1940 no había cura para la lepra, y se le previno del peligro de contagio.más de un doctor le dijo que corría el riesgo de tal vez nunca volvera ver a su esposa e hijos. es difícil describir la angustia que él sufrió.nunca podré olvidar la emoción que s<strong>en</strong>tí cuando papá regresó de lacolonia de leprosos. S<strong>en</strong>tado sobre sus hombros mi<strong>en</strong>tras él caminabahacia la casa, yo llamé <strong>en</strong> voz alta para que todos me oyeran: “¡Papávolvió! ¡Papá volvió a casa!” Pero la mayoría de los que <strong>en</strong>contramos <strong>en</strong>el camino nos miraron con indifer<strong>en</strong>cia.Pasaron años antes de que yo me <strong>en</strong>terara de la verdadera razón porla cual papá fue expulsado. Él había s<strong>en</strong>tido que los líderes de <strong>nuestra</strong>SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria1comunidad eran demasiado autoritarios, represivos y rígidos; y cuandopapá les pidió que fueran más compasivos y tolerantes, lo acusaron deser “demasiado emotivo”.a pesar de todo, papá no se amargó. <strong>en</strong> más de una ocasión dijo queel sufrimi<strong>en</strong>to de Jesucristo fue inútil si nosotros no estamos dispuestosa sufrir con él. también solía decir que es mucho mejor confiar <strong>en</strong>los demás y arriesgarse a ser traicionado, que vivir ll<strong>en</strong>o de miedo ydesconfianza.yo t<strong>en</strong>ía ya veinte y pico de años cuando primero oí estas historiasde la boca de los viejos amigos de mi papá. me horroricé. ¿cómo reaccionaríayo hoy, si mis colegas ministros me echas<strong>en</strong> a un lado sinexplicación alguna?lo supe <strong>en</strong> el año 1980. de rep<strong>en</strong>te, mi comunidad me pidió quer<strong>en</strong>unciara a la tarea que me había sido <strong>en</strong>cargada unos diez años atrás,como ayudante de mi padre <strong>en</strong> su capacidad de anciano de la iglesia.hasta el día de hoy no estoy completam<strong>en</strong>te seguro del porqué. Porcierto que había algo de aquella <strong>en</strong>vidia que trae división <strong>en</strong>tre la g<strong>en</strong>tey que cuar<strong>en</strong>ta años antes había perjudicado a mis padres; pero esta vez<strong>en</strong> gran parte eran mis amigos, colegas y hermanos, los que se tornaroncontra mí. las mismas personas que siempre me habían adulado de rep<strong>en</strong>teempezaron a <strong>en</strong>contrar fallas <strong>en</strong> todo lo que yo había hecho.desconcertado y <strong>en</strong>ojado, estaba t<strong>en</strong>tado de def<strong>en</strong>derme. mi padreera el anciano mayor de cuatro congregaciones grandes, y ahora másque nunca necesitaba mi ayuda; poco antes, mi madre había muertode cáncer. lo único que yo quería era aclarar las cosas y restablecer mi“legítima” posición.Papá, sin embargo, no sólo se rehusó a prestarme su apoyo, sino queme ori<strong>en</strong>tó hacia el Sermón del monte, donde Jesús habla de perdonara otros por sus of<strong>en</strong>sas para que nosotros también fuésemos perdonados.me recordó que al final yo no iba a t<strong>en</strong>er que r<strong>en</strong>dir cu<strong>en</strong>tas porSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria19las of<strong>en</strong>sas que otros cometieron para conmigo, sino por lo que yo leshice a ellos.de rep<strong>en</strong>te me di cu<strong>en</strong>ta de que yo no era tan virtuoso como creía.com<strong>en</strong>cé a ver que guardaba r<strong>en</strong>cores hacia ciertos miembros de micomunidad, y que <strong>en</strong> vez de tratar de justificarme a mí mismo, necesitabaponerme de rodillas y pedir perdón a dios. Recién <strong>en</strong>tonces <strong>en</strong>contraríala fuerza para perdonar. tan pronto hice esto, mi lucha cobró un significadocompletam<strong>en</strong>te difer<strong>en</strong>te. me s<strong>en</strong>tí como si <strong>en</strong> lo más profundo demi corazón se hubiese roto una represa. antes s<strong>en</strong>tí el dolor del orgulloherido; ahora podía preguntarme a mí mismo: ¿Qué importancia t<strong>en</strong>íatodo esto ante los ojos de dios?con una nueva determinación de arreglar las cosas y de aceptar culpabilidadpor cualquier t<strong>en</strong>sión que existiera, fui con mi esposa a pedirlesperdón a aquellas personas a qui<strong>en</strong>es creíamos haber herido <strong>en</strong> el pasado.y<strong>en</strong>do de uno a otro, s<strong>en</strong>timos que era dios qui<strong>en</strong> estaba obrando, ynuestros corazones se tornaron cada vez más aliviados.había sido un año muy doloroso para mí como para mi esposa,pero también fue un año importante. nos preparó para las responsabilidadesque ahora desempeñamos, dándonos un mayor s<strong>en</strong>tidode compasión hacia otros. y nos <strong>en</strong>señó algunas lecciones que nuncaolvidaremos. <strong>en</strong> primer lugar, no importa si la g<strong>en</strong>te no te compr<strong>en</strong>deo te acusa injustam<strong>en</strong>te; <strong>en</strong> última instancia lo que importa es que tucorazón esté bi<strong>en</strong> con dios. Segundo, aunque la decisión de perdonarsiempre ti<strong>en</strong>e que v<strong>en</strong>ir de ad<strong>en</strong>tro, no puedes cambiarte tú mismopor tu propia fuerza. Poder perdonar no dep<strong>en</strong>de de ti; ti<strong>en</strong>e que v<strong>en</strong>irde dios. Él puede obrar únicam<strong>en</strong>te cuando reconoces tu propiaincapacidad y te vuelves hacia él, <strong>en</strong> la oración, con confianza y <strong>en</strong> humildad.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria0james y carolyn, miembros de <strong>nuestra</strong> comunidad desde hace más deveinte años, también atravesaron mom<strong>en</strong>tos difíciles <strong>en</strong> aquella época;y descubrieron, al igual que mi esposa y yo, que únicam<strong>en</strong>te el perdónlleva a la <strong>reconciliación</strong>. carolyn escribe:<strong>en</strong> 1980 nosotros ya llevábamos cinco años vivi<strong>en</strong>do <strong>en</strong> el Bruderhof.estábamos conv<strong>en</strong>cidos de que dios nos había llamado, y anhelábamosmucho ser miembros pl<strong>en</strong>os. Pero era una época de caos e inseguridad, ycuando no <strong>en</strong>t<strong>en</strong>díamos lo que pasaba, nos disgustábamos fácilm<strong>en</strong>te, demodo que terminamos por aislarnos nosotros mismos.Finalm<strong>en</strong>te, decidimos pedir una lic<strong>en</strong>cia para aus<strong>en</strong>tarnos de la comunidadpor unas semanas y tratar de resolver las cosas por cu<strong>en</strong>ta <strong>nuestra</strong>,para hacer las paces con los hermanos y hermanas. desgraciadam<strong>en</strong>te,<strong>nuestra</strong> petición se interpretó mal y terminamos yéndonos de la comunidadcomo si fuera para siempre. nunca me olvidaré del mom<strong>en</strong>to d<strong>en</strong>uestra partida. algunos amigos vinieron a despedirse de nosotros, perolo único que yo s<strong>en</strong>tía por d<strong>en</strong>tro era un gran vacío.¿cómo pudo suceder esto? Sólo unas semanas antes, estábamos segurosde que pronto seríamos miembros perman<strong>en</strong>tes del Bruderhof, y ahoratodos nuestros sueños se estaban desmoronando. habíamos sacrificadotodo por unirnos a esta forma de vida. cuando llegamos, éramos reciéncasados, con regalos de boda aún sin abrir, y habíamos <strong>en</strong>tregado nuestrocoche y todo lo que poseíamos a la comunidad.el Bruderhof at<strong>en</strong>dió a todas <strong>nuestra</strong>s necesidades materiales. Pusierona <strong>nuestra</strong> disposición un camión ll<strong>en</strong>o de muebles y hasta un chofer qu<strong>en</strong>os llevó a <strong>nuestra</strong> nueva casa <strong>en</strong> Baltimore, pero aun así luchamos cons<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos de abandono y rechazo. nos s<strong>en</strong>timos como unos fracasados.tratamos de reprimir todos los recuerdos, incluso los mom<strong>en</strong>tos felices,y nos lanzamos de ll<strong>en</strong>o a una nueva vida.nos llevó ocho años recuperarnos económicam<strong>en</strong>te, con la ayuda defamiliares y amigos. a esa altura de las cosas habíamos aceptado <strong>nuestra</strong>suerte. ambos t<strong>en</strong>íamos empleos seguros, los niños estaban matriculados<strong>en</strong> bu<strong>en</strong>as escuelas y t<strong>en</strong>ían muchos amigos, y nos faltaban pocos añospara pagar la hipoteca. Pero por d<strong>en</strong>tro estábamos vacíos y aislados; noshacía falta algo más. al principio hablamos de regresar al Bruderhof, peroSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria1con el pasar de los años abandonamos esa idea por completo. y, aun sinsaberlo, construimos una gran muralla de amargura <strong>en</strong> nuestros corazones.una bu<strong>en</strong>a mañana, diez años después de habernos ido del Bruderhof,el teléfono sonó <strong>en</strong> el mom<strong>en</strong>to <strong>en</strong> que los niños estaban subi<strong>en</strong>do al autobúsescolar. una pareja del Bruderhof estaba <strong>en</strong> la vecindad y queríanvisitarnos. al principio tuvimos reparos, pero ocurrió lo inevitable – losinvitamos a c<strong>en</strong>ar. Fuimos amables pero algo reacios a comprometernos.aunque no habíamos clarificado todos nuestros s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos, sabíamosque habíamos sido profundam<strong>en</strong>te heridos. la pareja se fue y no vimos anadie del Bruderhof hasta varios meses más tarde, cuando hicimos unavisita “sólo por un fin de semana”.Volvimos por un segundo fin de semana, y nos invitaron a una reuniónespecial de los miembros para explicar <strong>nuestra</strong> posición y aclarar las cosas,con el fin de volver a ser amigos por lo m<strong>en</strong>os. la reunión com<strong>en</strong>zó lo másbi<strong>en</strong>, pero cuando había terminado, nos dimos cu<strong>en</strong>ta de que el pastor <strong>en</strong>qui<strong>en</strong> más habíamos confiado era el que m<strong>en</strong>os nos había compr<strong>en</strong>dido,cosa que no sólo nos sorpr<strong>en</strong>dió sino que nos dolió mucho. después deesa reunión todavía estábamos dispuestos a ser amigos de la comunidad,pero nada más.hay que imaginarse <strong>nuestra</strong> sorpresa cuando, a la mañana sigui<strong>en</strong>te,ese mismo pastor y su esposa manejaron dos horas para v<strong>en</strong>ir a pedirnosperdón. al principio no quisimos ni verlos; t<strong>en</strong>íamos demasiado miedode <strong>nuestra</strong> propia reacción. Finalm<strong>en</strong>te, de mala gana, accedimos a hablarcon ellos. Para asombro nuestro, nos recibieron con los brazos abiertos ylos ojos ll<strong>en</strong>os de lágrimas. nos dijeron que ellos lo s<strong>en</strong>tían mucho y nosext<strong>en</strong>dieron las manos <strong>en</strong> señal de paz. ¡Qué mom<strong>en</strong>to! después de todolo que nos habían hecho, después de diez años de pesadillas, después detodo lo que habíamos pasado, ¿cómo íbamos a empezar de nuevo? aquíestaban ellos, diez años más viejos, pero aparte de eso como siempre, y nose def<strong>en</strong>dían para nada.nosotros quisimos cont<strong>en</strong>ernos, pero no pudimos. <strong>nuestra</strong>s manosestrecharon las de ellos y los perdonamos…SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diariaa los pocos meses James y carolyn estaban de vuelta <strong>en</strong> el Bruderhof,y no tardaron mucho <strong>en</strong> darse cu<strong>en</strong>ta de que ellos tampoco estabanex<strong>en</strong>tos de culpa:tuvimos que reconocer que cada historia ti<strong>en</strong>e dos lados, que habíamossido testarudos, y que por <strong>nuestra</strong> parte era orgullo lo que había impedidola <strong>reconciliación</strong>.muy pocas disputas ti<strong>en</strong><strong>en</strong> un solo lado. Pero <strong>en</strong> nuestro orgullo vemosúnicam<strong>en</strong>te los pecados de los demás y cerramos los ojos ante las faltaspropias. a m<strong>en</strong>os que seamos capaces de humillarnos, no podremosnunca perdonar ni ser perdonados. esta humillación es dolorosa, peroforma parte inevitable de la vida. el perdón nos permite ir más allá deldolor, sin negar su realidad, para alcanzar la alegría que nace del amor.m. Scott Peck escribe:no hay manera <strong>en</strong> que podamos gozar de una vida pl<strong>en</strong>a a m<strong>en</strong>os queestemos dispuestos una y otra vez a sufrir, a soportar la depresión y ladesesperación, el miedo y la ansiedad, la angustia y la tristeza, el <strong>en</strong>ojo yla agonía de perdonar, la confusión y la duda, la crítica y el rechazo. unavida car<strong>en</strong>te de estas agitaciones emocionales será inútil, no solam<strong>en</strong>tepara nosotros mismos, sino también para los demás. no podemos sanarsi tratamos de evitar el sufrimi<strong>en</strong>to.la verdadera comunidad, ya sea con el cónyuge o <strong>en</strong> la familia, con loshermanos y hermanas espirituales, o con los compañeros y amigos, exigeque revelemos <strong>nuestra</strong>s almas los unos a los otros. c.S. lewis va más alláy dice que “amar significa ser vulnerable. Fuera del cielo, no hay lugardonde se está completam<strong>en</strong>te a salvo de los peligros y perturbacionesque trae consigo el amor, a no ser <strong>en</strong> el infierno.”la historia de James y carolyn demuestra claram<strong>en</strong>te que el perdónpuede volver a unir a la g<strong>en</strong>te. los mom<strong>en</strong>tos difíciles, si uno se sobre-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diariapone a ellos, pued<strong>en</strong> llevar a un amor mayor aún. Pued<strong>en</strong> fortalecer, <strong>en</strong>vez de debilitar, los lazos de unidad.ya hemos visto adonde nos lleva el cultivar pequeñas r<strong>en</strong>cillas. ese cultivocasi siempre toma la forma del chisme. nos quejamos de <strong>nuestra</strong>sheridas para que nos t<strong>en</strong>gan lástima, echando leña al fuego y difundi<strong>en</strong>donuestros r<strong>en</strong>cores aún más.Si echamos un vistazo a la <strong>sociedad</strong> de hoy, a nuestros hogares y escuelas,a los hospitales y a las iglesias, a las oficinas y a las fábricas, es fácil ver losefectos devastadores del chisme: las horas de trabajo perdidas y la disminuciónde la productividad, la t<strong>en</strong>sión nerviosa y el agotami<strong>en</strong>to, hasta elsuicidio. ¿cómo se puede v<strong>en</strong>cer este mal?Por difícil que sea, la única forma de deshacernos del <strong>en</strong>ojo y liberarnosde los s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos reprimidos de una manera honesta es hablarfranca y directam<strong>en</strong>te.eberhard arnold, abuelo mío y cofundador del Bruderhof, estabatan conv<strong>en</strong>cido de la importancia de esto que formuló una “regla delamor”, instando a cada miembro a que la colocara <strong>en</strong> su lugar de trabajo.a través de las décadas, nos hemos guiado por esta regla, que se derivade las palabras de Jesús, y hemos reconocido su importancia una y otravez:no hay otra ley que la del amor (2 S. Juan 5–6). amar significa t<strong>en</strong>erdeleite <strong>en</strong> los demás. ¿Qué significa <strong>en</strong>tonces s<strong>en</strong>tir <strong>en</strong>ojo para con algui<strong>en</strong>?el deleite que s<strong>en</strong>timos <strong>en</strong> la pres<strong>en</strong>cia de nuestros hermanos yhermanas se expresa mediante palabras de amor. es inadmisible hablarde terceros <strong>en</strong> un espíritu de irritación o de <strong>en</strong>ojo. nunca debe difamarsea un hermano o una hermana, ni criticar sus características personales, yasea abiertam<strong>en</strong>te o por medio de alusiones – bajo ninguna circunstancia<strong>en</strong> su aus<strong>en</strong>cia. murmurar <strong>en</strong> el s<strong>en</strong>o de la familia propia no es excepción.Sin esta regla de sil<strong>en</strong>cio no puede haber ni lealtad ni comunidad. laúnica forma de crítica permitida es el hablar directam<strong>en</strong>te a la persona<strong>en</strong> cuestión, con absoluta franqueza. he aquí el servicio fraternal que leSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> la vida diaria4debemos al hermano o a la hermana cuyas flaquezas nos irritan. la palabrafranca <strong>en</strong>tre dos personas profundiza la amistad mutua y no causares<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to. Sólo <strong>en</strong> el caso de que los dos no se pongan de acuerdo <strong>en</strong>seguida, será necesario que pidan la ayuda de una persona <strong>en</strong> que ambosconfían. de este modo hallarán la solución que los une <strong>en</strong> el s<strong>en</strong>tido másprofundo y más elevado. (S. mateo 18, 15–16)el teólogo y pastor del siglo diecinueve, Johann christoph Blumhardt,propone que a <strong>veces</strong> es mejor pasar por alto la confrontación directa ysimplem<strong>en</strong>te perdonar. esto es vital, especialm<strong>en</strong>te cuando no es posibleverificar la causa del res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to; si, por ejemplo, se basa <strong>en</strong> un com<strong>en</strong>tariode segunda mano. de lo contrario, quedaremos disgustados ydesconfiados para siempre, esperando una disculpa que nunca v<strong>en</strong>drá.cada uno ha of<strong>en</strong>dido a otros, o ha sido of<strong>en</strong>dido por otros, <strong>en</strong> algúnmom<strong>en</strong>to de su vida. Pero quedarse estancado p<strong>en</strong>sando <strong>en</strong> las fallashumanas es negar el poder del amor y del perdón. el espíritu puedeactuar <strong>en</strong> <strong>nuestra</strong>s vidas si le abrimos el corazón. el amor es más fuerteque el odio, la fe es más fuerte que la duda, y la esperanza es más fuerteque la desesperación.hace quini<strong>en</strong>tos años que tomás à Kempis aconsejó a sus compañerosmonjes que “más que de la aus<strong>en</strong>cia de adversidad, <strong>nuestra</strong> paz <strong>en</strong>esta vida dep<strong>en</strong>de de la tolerancia humilde.” esta tolerancia, que consiste<strong>en</strong> saber perdonar, es el secreto, el bálsamo de una vida verdaderam<strong>en</strong>tefeliz. Sin el perdón nunca <strong>en</strong>contraremos la verdadera comunión condios, ni relaciones duraderas unos con otros. con él, <strong>nuestra</strong> vida seráb<strong>en</strong>decida más ricam<strong>en</strong>te de lo que jamás podemos imaginar.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> el matrimonioHay una dura ley que dice que, cuando hemos sufrido una herida profunda,no podremos reponernos hasta que hayamos sabido perdonar.alan patoncuando me pid<strong>en</strong> mi consejo para un matrimonio que ti<strong>en</strong>e problemas,siempre digo: ora y perdona. Y al jov<strong>en</strong> prov<strong>en</strong>i<strong>en</strong>te de un hogar dondeprevalece la viol<strong>en</strong>cia, digo: ora y perdona. Una y otra vez, incluso a lamadre soltera que carece de apoyo familiar: ora yperdona.la madre teresa<strong>en</strong> los años de mi actividad como consejero espiritual, he visto una yotra vez que a m<strong>en</strong>os que marido y mujer se perdon<strong>en</strong> a diario, el matrimoniopuede convertirse <strong>en</strong> un infierno. también he visto que aúnlos problemas más peliagudos a m<strong>en</strong>udo se resuelv<strong>en</strong> mediante trespalabras: “lo si<strong>en</strong>to. ¡Perdóname!”Puede ser difícil pedirle perdón al cónyuge. Requiere humildady la admisión de las propias debilidades y fallas. mas estoes justam<strong>en</strong>te lo que hace que el lazo matrimonial sea sano yfuerte, que los cónyuges vivan <strong>en</strong> mutua humildad, pl<strong>en</strong>am<strong>en</strong>teconsci<strong>en</strong>tes de su dep<strong>en</strong>d<strong>en</strong>cia interior uno del otro. dietrichBonhoeffer escribe que t<strong>en</strong>emos que “convivir <strong>en</strong> el perdón de los pecados,”porque sin perdón ninguna comunidad humana, y m<strong>en</strong>os aún el


el perdón <strong>en</strong> el matrimoniomatrimonio, puede sobrevivir: “no insistan <strong>en</strong> sus derechos, no se culp<strong>en</strong>uno al otro, no juzgu<strong>en</strong> ni cond<strong>en</strong><strong>en</strong>, no busqu<strong>en</strong> fallas, sino acépt<strong>en</strong>seel uno al otro tales como son, y perdón<strong>en</strong>se diariam<strong>en</strong>te el uno al otrode todo corazón.”<strong>en</strong> treinta años de matrimonio, Ver<strong>en</strong>a y yo hemos t<strong>en</strong>ido ampliaoportunidad para demostrar si sabemos perdonar. la primera pruebavino a los pocos días de <strong>nuestra</strong> boda. mi hermana, que es artista, noshabía hecho una vajilla hermosa. habíamos invitado a mis padres y amis hermanos para la c<strong>en</strong>a <strong>en</strong> nuestro nuevo apartam<strong>en</strong>to, y Ver<strong>en</strong>ase había pasado la tarde cocinando. arreglé la mesa con la vajilla de mihermana, y cuando llegó mi familia nos s<strong>en</strong>tamos a comer. de rep<strong>en</strong>tese desplomaron ambos extremos de la mesa; yo no había aseguradobi<strong>en</strong> las bisagras de las ext<strong>en</strong>siones. el piso estaba cubierto de comiday platos rotos, y mi esposa corrió llorando del comedor. Pasaron horasantes de poder reírnos de ese desastre; mi<strong>en</strong>tras tanto esta historia seha convertido <strong>en</strong> una ley<strong>en</strong>da familiar.cuando t<strong>en</strong>íamos ocho hijos, había razones de sobra para estar <strong>en</strong>desacuerdo. todas las tardes Ver<strong>en</strong>a bañaba a los niños, les ponía pijamaslimpios, y los chicos me esperaban s<strong>en</strong>tados <strong>en</strong> el sofá con sus librosfavoritos. Pero cuando yo llegaba del trabajo, ellos querían jugar <strong>en</strong> lugarde leer, y a <strong>veces</strong> terminábamos retozando <strong>en</strong> el jardín. Ver<strong>en</strong>a todavía seacuerda de las horas que tuvo que pasar quitando las manchas de barroe hierba – y no sin quejarse.la mayoría de nuestros hijos padecía de asma, y cuando eran pequeñosnos despertaban noche tras noche, tosi<strong>en</strong>do y ahogándose. eso tambiénprodujo discordia <strong>en</strong>tre nosotros, especialm<strong>en</strong>te cuando Ver<strong>en</strong>a me recordóque yo también podría levantarme de la cama para at<strong>en</strong>derlos.además, hubo discusiones con respecto a mi trabajo. como v<strong>en</strong>dedorde <strong>nuestra</strong> casa editora, yo me pasaba muchos días <strong>en</strong> la carretera,y porque mi territorio cubría el oeste del estado de nueva york conSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> el matrimoniofrecu<strong>en</strong>cia me <strong>en</strong>contraba a seis u ocho horas de distancia de casa. conel tiempo mis viajes se int<strong>en</strong>sificaron. <strong>en</strong> mis funciones de asist<strong>en</strong>te demi padre, viajé a europa varias <strong>veces</strong> al año; y más tarde, como ancianohice frecu<strong>en</strong>tes viajes al canadá, a europa y hasta el africa. casi siempredef<strong>en</strong>día estos viajes como si<strong>en</strong>do de “vital importancia”, aunqueesa explicación no lograba apaciguar a mi esposa, que me empacaba lasmaletas, se adaptaba a un programa ajetreado y muchas <strong>veces</strong> se quedabaatrás con los hijos.y ahí también estaba el diario, el new York Times. después de un díaagotador <strong>en</strong> la carretera, yo no veía nada de malo <strong>en</strong> descansar por unrato, ley<strong>en</strong>do el diario mi<strong>en</strong>tras que los niños jugaban cont<strong>en</strong>tos alrededormío, y expresé esa opinión con bastante vehem<strong>en</strong>cia. mucho mástarde llegué a compr<strong>en</strong>der lo egoísta que había sido.me pregunto a m<strong>en</strong>udo cómo habría resultado nuestro matrimoniosi no hubiésemos apr<strong>en</strong>dido, desde un principio, a perdonarnos diariam<strong>en</strong>teel uno al otro. Son tantas las parejas que duerm<strong>en</strong> <strong>en</strong> la mismacama y compart<strong>en</strong> la misma casa, pero que por d<strong>en</strong>tro están distanciadosporque han levantado una muralla de res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos <strong>en</strong>tre sí. los ladrillosde esta pared pued<strong>en</strong> ser muy pequeños – un aniversario olvidado, unmal<strong>en</strong>t<strong>en</strong>dido, una reunión de negocios que t<strong>en</strong>ía prioridad sobre unaexcursión familiar planeada tiempo atrás. las mujeres se erizan cuandosus maridos tiran la ropa al piso <strong>en</strong> vez de echarla <strong>en</strong> el canasto, y a losmaridos no les cae bi<strong>en</strong> que sus esposas les recuerd<strong>en</strong> que ellas tambiénhan estado trabajando todo el día.muchos matrimonios se salvarían s<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te con darse cu<strong>en</strong>taque los seres humanos somos imperfectos. con demasiada frecu<strong>en</strong>ciase presume que <strong>en</strong> un “bu<strong>en</strong>” matrimonio no hay discusiones ni desacuerdos.Pero ésta es una expectativa ilusoria, por lo cual al poco tiempo sedesilusionan y se separan, alegando motivos de incompatibilidad.la imperfección humana hace que cometamos errores y nos hira-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> el matrimoniomos uno al otro, muchas <strong>veces</strong> sin quererlo ni saberlo. la única solucióngarantizada, infalible, que yo he <strong>en</strong>contrado <strong>en</strong> mi vida ha sido elperdonar – hasta set<strong>en</strong>ta <strong>veces</strong> <strong>siete</strong> <strong>en</strong> un día si es necesario – y orar.Sin orar juntos a diario, las innumerables t<strong>en</strong>siones que forman parte detodo matrimonio sigu<strong>en</strong> ferm<strong>en</strong>tando l<strong>en</strong>tam<strong>en</strong>te, sin necesidad alguna.<strong>en</strong> cambio, una vida de oración activa manti<strong>en</strong>e a la pareja <strong>en</strong>focada <strong>en</strong>dios, y así protege su unidad. c. S. lewis escribe:Perdonar las continuas provocaciones de todos los días, seguir perdonandoa la suegra mandona, al marido tirano, a la esposa regañona, a la hijaegoísta, al hijo m<strong>en</strong>tiroso, ¿cómo podemos lograrlo? Únicam<strong>en</strong>te, creoyo, recordando <strong>nuestra</strong> propia situación, y tomando <strong>en</strong> serio la oracióndiaria: “Perdona <strong>nuestra</strong>s of<strong>en</strong>sas, así como nosotros perdonamos a losque nos of<strong>en</strong>d<strong>en</strong>.” Ésta es la única condición bajo la cual se nos ofrece elperdón. Rechazar el perdón es rechazar la misericordia de dios para connosotros mismos. no hay excepciones, ni por asomo. lo que dios dice,lo dice <strong>en</strong> serio.el poder de la oracion queda ilustrado maravillosam<strong>en</strong>te por la historiade mis suegros, hans y margrit meier. hans era un hombre voluntarioso,y su testarudez causó más de un período de separación <strong>en</strong> sumatrimonio. como era un ardi<strong>en</strong>te antimilitarista, fue <strong>en</strong>carceladosólo meses después de su boda <strong>en</strong> 1929 por haber rehusado integrarseal ejército suizo.Poco después de salir de la cárcel, volvieron a separarse. margrit,qui<strong>en</strong> acababa de descubrir el Bruderhof y estaba de visita allí, quería integrarsea la comunidad, pero hans no quería; pert<strong>en</strong>ecía a los socialistasreligiosos y t<strong>en</strong>ía ideas muy difer<strong>en</strong>tes acerca de la vida <strong>en</strong> comunidad.margrit hacía poco que había dado a luz a su primer hijo y le rogó a hansque los acompañase, pero a hans no se le podía persuadir fácilm<strong>en</strong>te.Pasaron varios meses antes de que margrit pudiera conv<strong>en</strong>cerlo de queviniera.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> el matrimonio9después de treinta años y once hijos, hans y margrit se volvierona separar. Para esa fecha, estaban vivi<strong>en</strong>do <strong>en</strong> Sudamérica; era el año1961, un tiempo de gran confusión y trastornos internos <strong>en</strong> el Bruderhof.como no le era posible reconocer sus propias fallas ni perdonar lasde otros, hans se separó de su esposa y de la comunidad. <strong>en</strong> el períodosubsigui<strong>en</strong>te, la gran mayoría de los miembros emigraron a los estadosunidos, margrit y los hijos <strong>en</strong>tre ellos; pero hans se empecinó y se radicó<strong>en</strong> Bu<strong>en</strong>os aires, donde permaneció durante los próximos once años.no había señales externas de r<strong>en</strong>cor, pero tampoco había señales de<strong>reconciliación</strong>. Poco a poco, un murallón de amargura se levantó, queam<strong>en</strong>azaba mant<strong>en</strong>erlos separados para siempre. <strong>en</strong> 1966, cuando suhija Ver<strong>en</strong>a y yo nos casamos, hans ni siquiera vino a la boda, y nuestroshijos se criaron sin conocer a su abuelo materno.<strong>en</strong> el año 1972 hice un viaje a Bu<strong>en</strong>os aires con mi cuñado andreas,esperando poder reconciliarnos con el padre. Pero a hans no le interesaba.Quería relatar nada más que su versión de lo que había pasado einformarnos una vez más de las muchas <strong>veces</strong> que se le había of<strong>en</strong>dido.de rep<strong>en</strong>te, el último día, hubo un cambio. hans nos informó quev<strong>en</strong>dría a visitarnos a los estados unidos, pero insistió que v<strong>en</strong>dría porsólo dos semanas y que ya t<strong>en</strong>ía boleto de regreso. no obstante, fue uncomi<strong>en</strong>zo.cuando finalm<strong>en</strong>te se materializó la visita, nos llevamos un chasco:hans simplem<strong>en</strong>te no podía perdonar. no escatimamos esfuerzos paraaclarar los conflictos del pasado y admitimos <strong>nuestra</strong> culpa <strong>en</strong> los sucesosque llevaron a la larga separación, pero no logramos nada. intelectualm<strong>en</strong>te,hans sabía que lo único que nos dividía era su incapacidadpara perdonar. aun así, no podía humillarse lo sufici<strong>en</strong>te como parahacerlo.casi habíamos perdido toda esperanza, cuando ocurrió algo decisivo.<strong>en</strong> medio de una reunión de los miembros, mi tío hans-hermann, queSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> el matrimonio0estaba muriéndose de cáncer pulmonar, reunió todas sus fuerzas, se leacercó a hans y le puso un dedo <strong>en</strong> el pecho, dici<strong>en</strong>do: “hans, el cambioti<strong>en</strong>e que realizarse aquí.” estas palabras le costaron un esfuerzo trem<strong>en</strong>do(mi tío recibía oxíg<strong>en</strong>o por tubos nasales y ap<strong>en</strong>as podía hablar)y hans quedó completam<strong>en</strong>te desarmado. Su frialdad se derritió, y <strong>en</strong>ese mismo mom<strong>en</strong>to decidió regresar. hizo un breve viaje a la arg<strong>en</strong>tinapara liquidar sus asuntos, y volvió para unirse a margrit y a la comunidad.al poco tiempo era el mismo miembro dedicado y <strong>en</strong>érgico quehabía sido décadas atrás.<strong>en</strong> todos los años de separación, hans nunca tocó a otra mujer;margrit oró diariam<strong>en</strong>te por el regreso de su esposo. aun así, amboshabían sido heridos, y llevó tiempo restaurar la confianza <strong>en</strong>tre los dos.como yerno de hans, puedo atestiguar que así fue. Vivieron juntos <strong>en</strong>amor y alegría con sus hijos, nietos y bisnietos hasta que margrit falleciódieciséis años después. cuatro años más tarde falleció hans también.aun cuando se haya perdonado a algui<strong>en</strong> que realm<strong>en</strong>te nos ha herido,¿acaso no es humano que uno siga indignado por lo que le han hecho?es una pregunta difícil; pero quizás el problema consiste no tanto <strong>en</strong> elperdón mismo, sino más bi<strong>en</strong> <strong>en</strong> nuestros esfuerzos por mant<strong>en</strong>er uns<strong>en</strong>tido de justicia humana. hans y margrit descubrieron que el perdónes mucho más que justicia – el perdón es una gracia. y para aquellos qu<strong>en</strong>o pued<strong>en</strong> aceptarlo, podría parecer irracional o estúpido.la historia de mis suegros demuestra que aun las separaciones largasse pued<strong>en</strong> sanar. ¿Pero puede restaurarse por completo un matrimonioque ha sido dañado por el adulterio o el abuso? Fue por <strong>nuestra</strong> dureza decorazón que moisés permitió el divorcio, dice Jesús, pero sus discípulosya no podían usar esto como una excusa válida. el amor de Jesucristoreconcilia y perdona, mi<strong>en</strong>tras que los que se divorcian y vuelv<strong>en</strong> acasarse cierran la puerta a la posibilidad de una futura <strong>reconciliación</strong>.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> el matrimonio1aunque las circunstancias dict<strong>en</strong> una separación transitoria, el amor leales el único camino hacia la restauración de la unidad matrimonial.el <strong>en</strong>orme abuso de confianza que es la infidelidad puede llevar añospara sanar. al principio puede ser necesario que la pareja viva separada,para que cada uno pueda recibir ayuda bajo la ori<strong>en</strong>tación de una persona<strong>en</strong> la cual ambos confían. ambos deb<strong>en</strong> empeñarse <strong>en</strong> recuperarla confianza mutua para que el matrimonio se pueda restaurar.cuando empecé a escribir este libro, había com<strong>en</strong>zado a aconsejara una pareja cuyo matrimonio de nueve años estaba destruido por eladulterio. ya antes de casarse <strong>en</strong>rique t<strong>en</strong>ía problemas con el alcohol;desde el principio su alcoholismo causó serias t<strong>en</strong>siones <strong>en</strong> el matrimonio.aunque seguían vivi<strong>en</strong>do bajo el mismo techo, interiorm<strong>en</strong>tese distanciaron cada vez más. unos años después de casados, <strong>en</strong>riquecom<strong>en</strong>zó relaciones ilícitas con una vecina. durante esa época, cristinase s<strong>en</strong>tía más y más deprimida, sin saber por qué.los dos llegaron al Bruderhof a mediados de los ’90, y a los pocos días<strong>en</strong>rique confesó su av<strong>en</strong>tura a su esposa. Su conci<strong>en</strong>cia no lo dejaba <strong>en</strong>paz. cristina se quedó pasmada. ella había s<strong>en</strong>tido por mucho tiempoque algo andaba mal, pero jamás se había imaginado semejante <strong>en</strong>gaño.con toda razón estaba <strong>en</strong>furecida y le dijo a <strong>en</strong>rique que el matrimoniose había acabado y que nunca le perdonaría.era fácil simpatizar con ella, pero desde el principio yo sabía que loúnico que nos permite sanar es precisam<strong>en</strong>te esto: perdonar. les expliquéque aceptar la derrota sólo los alejaría más uno del otro, y negaríaa dios la posibilidad de jamás volver a unirlos. Sin embargo, al mismotiempo aconsejé una separación inmediata con el apoyo de hermanospastores que los aconsejarían a ambos. esta separación es bíblica. Segúnel evangelio, si una pareja convive mi<strong>en</strong>tras uno de los cónyuges vive<strong>en</strong> adulterio, ello significa perpetuar el pecado (corintios 6.15–16).además, la separación sería una ayuda tanto para cristina como paraSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón <strong>en</strong> el matrimonio<strong>en</strong>rique, para que puedan esclarecer sus emociones a solas. no eracuestión de buscar un remedio instantáneo; el proceso iba a ser largoy doloroso. había que construir una relación totalm<strong>en</strong>te nueva, empezandodesde cero.estuvieron separados varios meses, pero durante ese período ambosprogresaron notablem<strong>en</strong>te <strong>en</strong> su relación mutua. al principio sólo tuvieronbreves conversaciones telefónicas. más tarde, éstas se hicieronm<strong>en</strong>os t<strong>en</strong>sas y más largas, y de vez <strong>en</strong> cuando se visitaron. <strong>en</strong>rique dejóde beber, y poco a poco la alegría y la libertad que vi<strong>en</strong><strong>en</strong> con el arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>toreemplazaron la agonía de meses de introspección y exam<strong>en</strong> deconci<strong>en</strong>cia. cristina pasó por muchos mom<strong>en</strong>tos difíciles, pero anhelabahacer un nuevo comi<strong>en</strong>zo con su esposo. Sintió un r<strong>en</strong>ovado amor porél, y junto con sus hijos (que habían quedado con ella cuando el padre semudó de la casa) empezó a orar por él todos los días. lo más importantefue que ella estaba preparada a perdonarlo por completo. una vez quereconoció que ella misma t<strong>en</strong>ía su parte de culpa por el alejami<strong>en</strong>to <strong>en</strong>treellos, era capaz de humillarse y <strong>en</strong>contrarse con <strong>en</strong>rique a su nivel.hoy <strong>en</strong>rique y cristina están juntos otra vez. Fue una ocasión solemnecuando se perdonaron públicam<strong>en</strong>te el uno al otro y r<strong>en</strong>ovaronsu matrimonio. con rostros radiantes canjearon anillos nuevos paracelebrar su nuevo comi<strong>en</strong>zo.<strong>en</strong>rique y cristina no eran los primeros que he aconsejado mi<strong>en</strong>trasatravesaron por la angustia que causa el adulterio, y tal vez no seránlos últimos. t<strong>en</strong>go confianza de que otras parejas, al igual que ellos, <strong>en</strong>contraránla fortaleza para sobrellevar incluso esta torm<strong>en</strong>ta, siemprey cuando ambos estén dispuestos a buscar la r<strong>en</strong>ovación a través delperdón mutuo y del amor.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar cuando no hay<strong>reconciliación</strong>negarse a perdonar puede ser infinitam<strong>en</strong>te peor que cometer un crim<strong>en</strong>,porque éste último podría ser un acto impulsivo <strong>en</strong> un mom<strong>en</strong>to deacalorami<strong>en</strong>to, mi<strong>en</strong>tras que lo primero es una decisión fría y calculadadel corazón.george macdonaldcuando se ama, uno ve todo lo que es bu<strong>en</strong>o, todo lo que es de Jesucristo<strong>en</strong> otras personas. Dios ve a su Hijo <strong>en</strong> nosotros. Por eso nosotros debemosver sólo a cristo <strong>en</strong> los demás, y amarlos. nunca puede haber sufici<strong>en</strong>teamor. nunca se puede p<strong>en</strong>sar bastante <strong>en</strong> el amor. San Juan de la cruzdijo que donde no hay amor, trae el amor, y obt<strong>en</strong>drás amor.dorothy dayno todas las historias terminan sin dejar cabos sueltos. ¿Qué del asesinoque nunca es capturado, o del cónyuge que se va y no vuelve más? nosiempre podemos <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tar a la persona que necesitamos perdonar, yaun cuando lo hagamos, puede que no se arrepi<strong>en</strong>ta.ahí está Juanita, amiga <strong>nuestra</strong> de muchos años. Su novio la abandonódiez días antes de la boda, y nunca lo volvió a ver. llevaban másde un año de compromiso, y aunque de vez <strong>en</strong> cuando la relación sehabía tambaleado, ella estaba segura de que todo iba a salir bi<strong>en</strong>. estabaprofundam<strong>en</strong>te <strong>en</strong>amorada y muy animada. acababa de recibirse de


perdonar cuando no hay <strong>reconciliación</strong>4<strong>en</strong>fermera, y su traje de novia estaba casi terminado. de rep<strong>en</strong>te, todose derrumbó.mi prometido me confesó que no había sido honesto conmigo, que habíacosas <strong>en</strong> su pasado que todavía eran un impedim<strong>en</strong>to para nuestro matrimonio.Peor aún, él quería evadir la situación <strong>en</strong> vez de confrontar supasado. yo estaba desolada. estuve llorando durante días, y me pasé añoscon el corazón destrozado. me acusé a mí misma por su deshonestidad,y me ll<strong>en</strong>é de amargura.treinta años más tarde, Juanita sigue soltera pero ya no está amargada. Sibi<strong>en</strong> no se lo puede decir a él, perdonó a su prometido; y aunque a <strong>veces</strong>todavía le causa p<strong>en</strong>a el matrimonio que nunca fue, <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tra satisfacción<strong>en</strong> servir al prójimo, a las personas de edad, a los <strong>en</strong>fermos, a lasmujeres embarazadas y a los niños impedidos. Sólo unos pocos amigosíntimos conoc<strong>en</strong> su pasado. alegre y ll<strong>en</strong>a de <strong>en</strong>ergía, está demasiadoocupada como para s<strong>en</strong>tir lástima por sí misma.Si<strong>en</strong>do soltera, puedo hacer cosas que una esposa y madre nunca podríahacer. Puedo dar mis <strong>en</strong>ergías cuándo y dónde se me necesite. he at<strong>en</strong>didoy amado a más niños que jamás hubiese podido t<strong>en</strong>er yo misma.¿Será Juanita una santa? ¿Podrán otras <strong>en</strong> situaciones similares <strong>en</strong>contrarel perdón y, a través del perdón, la paz? a primera vista, uno ses<strong>en</strong>tiría t<strong>en</strong>tado a concluir que es poco m<strong>en</strong>os que imposible r<strong>en</strong>unciaral matrimonio si no es por propia voluntad. Pero la felicidad, ¿dep<strong>en</strong>derealm<strong>en</strong>te de casarse y t<strong>en</strong>er hijos? claro está, una familia puede serfu<strong>en</strong>te de profunda felicidad, pero <strong>en</strong> la vida matrimonial también haymuchas cosas que pued<strong>en</strong> causar aflicción. con frecu<strong>en</strong>cia he visto másdedicación <strong>en</strong> personas solteras que <strong>en</strong> hombres y mujeres que estánatados a sus familias.tal vez la historia de Juanita les dará esperanza a otras personas quehan sido desdeñadas por un ser querido. Seguram<strong>en</strong>te servirá de con-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar cuando no hay <strong>reconciliación</strong>suelo a aquellos que buscan una vida de responsabilidad y dedicación,es decir, una vida cuyo único objetivo es servir a Jesucristo.julia, una mujer que se integró al Bruderhof con su familia a mediadosde los 1980, se fue de <strong>nuestra</strong> comunidad junto con su marido e hijosdespués de confrontarlo por haber manoseado a su hija. la pareja t<strong>en</strong>ía laesperanza de que, alejados físicam<strong>en</strong>te de la comunidad, podrían rehacersu relación mutua y unirse como familia; lam<strong>en</strong>tablem<strong>en</strong>te no fue así.yo estaba al borde de la desesperación. mi esposo era un extraño para mí, yno pude seguir vivi<strong>en</strong>do con él ya que <strong>nuestra</strong> situación se había convertido<strong>en</strong> un infierno. estuvimos ya un año <strong>en</strong>tero alejados de la comunidad, <strong>en</strong>la esperanza de salvar el matrimonio y la familia, pero fue inútil.dejé a mi marido y volví al Bruderhof. estaba <strong>en</strong>ojada, dolida, ll<strong>en</strong>a deodio, rechazada, desesperada, <strong>en</strong>furecida, humillada; ni aún esta letaníade adjetivos expresa lo que yo s<strong>en</strong>tía. d<strong>en</strong>tro de mi corazón se librabauna batalla. yo quería perdonar, pero al mismo tiempo quería v<strong>en</strong>garme.y cada vez que p<strong>en</strong>saba <strong>en</strong> la nueva esposa (él se había divorciado de míy se había vuelto a casar), volvían a surgir estas emociones. no ha sidouna lucha fácil, y cuando veo los efectos <strong>en</strong> nuestros cinco hijos, sé quela lucha continúa.Querer perdonar: Ésa era mi lucha, querer perdonar sinceram<strong>en</strong>te. yosabía que ésa t<strong>en</strong>ía que ser mi respuesta. no podía leer la Biblia ni orarsin verme confrontada con ese imperativo. Pero ¿cómo podía perdonaryo si él no estaba arrep<strong>en</strong>tido?, y ¿cuál iba a ser la expresión práctica demi perdón?de ninguna manera quería pasar por alto lo que él había hecho, perodecidí que lo más considerado que yo podía hacer era aceptar el divorcioy orar por él, aunque también le hice saber que ya no podía permitir quemis hijos se quedaran con él.desde <strong>en</strong>tonces, he descubierto que haber perdonado a mi maridosignifica que t<strong>en</strong>go que reafirmar mi perdón una y otra vez. a <strong>veces</strong> dudoque le haya perdonado, y <strong>en</strong>tonces t<strong>en</strong>go que luchar con eso también.<strong>en</strong> fin, me aferro a la fidelidad de dios; yo sé que, <strong>en</strong> última instancia, elmal que mi esposo me ha hecho no puede separarme de dios. Solam<strong>en</strong>teSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar cuando no hay <strong>reconciliación</strong>t<strong>en</strong>go que preocuparme por el mal que yo hago a otros.la historia de Julia ilustra una cuestión vital. aunque su ex esposo nuncase arrepi<strong>en</strong>ta, ella lo ti<strong>en</strong>e que perdonar. Si no lo hiciera, su amargura laataría a él, y él seguiría dominando sus p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>tos y sus emociones.ella permanecería herida por el resto de su vida por lo que se le hizo aella y a sus hijos. al despr<strong>en</strong>derse de su ira y del odio, se dió cu<strong>en</strong>ta deque la amargura es un desperdicio de <strong>en</strong>ergía, y <strong>en</strong>contró nuevas fuerzaspara seguir adelante.a marietta jaeger le secuestraron su hija de <strong>siete</strong> años, raptándola <strong>en</strong> lacarpa donde acampaban durante unas vacaciones de verano. Su primerareacción fue de ira:yo estaba hirvi<strong>en</strong>do de odio, consumida por el afán de v<strong>en</strong>garme. le dijea mi esposo: “aunque me traigan a Susie sana y salva ahora mismo, yopodría matar a ese hombre por lo que nos ha hecho sufrir”, y lo dije desdelo más profundo de mi ser.aunque su reacción era justificable, marietta dice que pronto se diocu<strong>en</strong>ta de que toda la ira del mundo no iba a devolverle a su hija. no esque ella estaba dispuesta a perdonar al secuestrador; a su <strong>en</strong>t<strong>en</strong>der esosería traicionar a su hija. Reñía con dios, pero al final tuvo que r<strong>en</strong>dirse.<strong>en</strong> lo más profundo de su ser sintió que sólo así podría sobrellevar eldolor de su pérdida.com<strong>en</strong>zó a orar por el secuestrador, y al pasar las semanas y los meses,su oración se tornaba más fácil y más sincera. S<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te t<strong>en</strong>ía que<strong>en</strong>contrar a la persona que se había llevado a su adorada hija; hasta llegóa s<strong>en</strong>tir un misterioso afán de hablar con él cara a cara.y una noche, al minuto exacto de cumplirse el año del secuestro, recibióuna llamada telefónica. era el secuestrador. la voz era altanera ySeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar cuando no hay <strong>reconciliación</strong>burlona. marietta tuvo miedo, pero al mismo tiempo le sorpr<strong>en</strong>dió ques<strong>en</strong>tía algo como compasión por el hombre al otro extremo de la línea.y notó que al calmarse ella, él también se calmó. hablaron por más deuna hora.afortunadam<strong>en</strong>te, marietta pudo grabar la conversación. aun así,pasaron meses antes de que la FBi (ag<strong>en</strong>cia Federal de investigaciones)finalm<strong>en</strong>te lo rastreó y arrestó, y fue <strong>en</strong>tonces que ella supo quesu hija nunca regresaría a su hogar. los investigadores habían halladolas vértebras de una niña pequeña <strong>en</strong>tre los efectos personales del secuestrador.la ley estatal ofrecía la p<strong>en</strong>a de muerte, pero marietta no buscabav<strong>en</strong>ganza. escribe ella: “a esta altura yo había llegado a compr<strong>en</strong>der quela justicia de dios no significa castigo, sino restauración…Jesús no vino aherir o castigar, sino a rehabilitar y a reconciliar.” más tarde, ella solicitóque le dieran al asesino una s<strong>en</strong>t<strong>en</strong>cia alternativa de cad<strong>en</strong>a perpetua conterapia psiquiátrica <strong>en</strong> lugar de la p<strong>en</strong>a capital. el atorm<strong>en</strong>tado jov<strong>en</strong> sesuicidó al poco tiempo, pero ella nunca se arrepintió de su decisión deofrecerle ayuda. Sus esfuerzos por la paz no terminaron ahí. hoy día ellaes parte de un grupo que trabaja para la <strong>reconciliación</strong> <strong>en</strong>tre asesinos ylos familiares de sus víctimas.ya he introducido a daniel, el hijo de anne coleman, y de su trágicamuerte. esta segunda desgracia cambió la vida de anne. hoy <strong>en</strong> día ellasirve de consejera a hombres que están <strong>en</strong> el pabellón de los cond<strong>en</strong>adosa muerte <strong>en</strong> el estado de delaware. Su obra com<strong>en</strong>zó cuando conoció aBárbara lewis, una mujer cuyo hijo estaba cond<strong>en</strong>ado a la p<strong>en</strong>a capital.Juntas fueron a visitar al hijo de Bárbara, y luego empezaron a visitar aotros presos.así fue que conocí a Billy. nadie lo visitaba y se s<strong>en</strong>tía muy solo. t<strong>en</strong>goque llorar cuando pi<strong>en</strong>so <strong>en</strong> cómo le ahorcaron; cómo le hicieron quedarseSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar cuando no hay <strong>reconciliación</strong>de pie <strong>en</strong> el patíbulo durante quince minutos mi<strong>en</strong>tras aullaba el vi<strong>en</strong>to,esperando la llegada de los testigos…después de esa ejecución p<strong>en</strong>sé queya no podía seguir adelante. Pero lo que me sostuvo fue orar.luego conocí a un niño llamado marcus, cuyo padre está <strong>en</strong> el pabellónde la muerte. no ti<strong>en</strong>e madre, había perdido a sus dos hermanas, y ti<strong>en</strong>epesadillas porque ahora va a perder a su padre también.yo sé que el odio no me devolverá a mi hija. y de todas maneras, aesta altura no sé si algún día <strong>en</strong>contraré al que la mató. Pero uno ti<strong>en</strong>eque sanar de alguna manera, y yo la he <strong>en</strong>contrado ayudando a los Billyy a los marcus del mundo. ayudarlos a ellos me ha sanado más de lo quejamás imaginé.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivosnos liberamos al saber que no t<strong>en</strong>emos que ser víctimas de nuestro pasado,y que podemos apr<strong>en</strong>der nuevos modos de responder. Pero hay unpaso más allá de este reconocimi<strong>en</strong>to…es el paso del perdón. el perdón esel amor practicado <strong>en</strong>tre personas que aman pobrem<strong>en</strong>te; nos libera sinesperar nada <strong>en</strong> cambio.h<strong>en</strong>ri j. m. nouw<strong>en</strong>hoy dia mucha g<strong>en</strong>te trata de sanar un pasado destrozado. las vidasde innumerables personas han sido profundam<strong>en</strong>te dañadas por habersufrido cuando niños, ya sea psicológicam<strong>en</strong>te, físicam<strong>en</strong>te o, peor quetodo eso, sexualm<strong>en</strong>te. los programas de televisión y las revistas tratana diario de estos temas. <strong>en</strong> un programa tras otro los sobrevivi<strong>en</strong>tescompart<strong>en</strong> sus historias dolorosas ante un público hastiado e indifer<strong>en</strong>te.Sin embargo, por más que se desnud<strong>en</strong> el alma, parecería que eso no lestrae la sanación que buscan. ¿cómo pued<strong>en</strong> <strong>en</strong>contrarla?Ronald se crió <strong>en</strong> una finca <strong>en</strong> el oeste del estado de P<strong>en</strong>nsylvania.unos cuar<strong>en</strong>ta pari<strong>en</strong>tes compartían la misma casa y a duras p<strong>en</strong>as seganaban la vida trabajando la tierra. Su niñez fue brutal. Ronald recuerdaque sus primos trataban de ahorcarse el uno al otro; que una abuelales disparaba a los niños desobedi<strong>en</strong>tes con una escopeta cargada consal gema.Sin embargo, el padre de Ronald era un hombre intelig<strong>en</strong>te, y finalm<strong>en</strong>tese fue de la finca y se mudó con sus hijos a long island, donde


padres abusivos40<strong>en</strong>contró trabajo. Su situación material mejoró, pero no sus relaciones.Su esposa lo dejó, y él regularm<strong>en</strong>te les pegaba a sus hijos, a <strong>veces</strong> severam<strong>en</strong>te.Ronald vivía <strong>en</strong> constante temor de lo que le esperaba cadadía al regresar de la escuela.un día, el padre quedó gravem<strong>en</strong>te herido <strong>en</strong> un accid<strong>en</strong>te automovilístico.Se rompió el cuello y quedó paralizado del cuello para abajo.antes había sido el tirano de la casa, ahora era un parapléjico, dep<strong>en</strong>di<strong>en</strong>tepor completo de otros para at<strong>en</strong>der a sus necesidades diarias.Si<strong>en</strong>do ya un jov<strong>en</strong> adulto, Ronald t<strong>en</strong>ía todas las razonesdel mundo para abandonar a su padre. ¿Por qué quedarse paracuidar al hombre que le había arruinado la vida? Sin embargo,nunca se fue de su lado. aunque los b<strong>en</strong>eficios médicos y de incapacidadle proveían ayuda, él mismo se <strong>en</strong>cargó de la mayor parte de sucuidado. durante años, ha at<strong>en</strong>dido fielm<strong>en</strong>te a las necesidades diariasde su padre, bañando, visti<strong>en</strong>do y ejercitando las extremidades sin vida,los brazos que le habían castigado al punto que a <strong>veces</strong> se desmayó. confrecu<strong>en</strong>cia lo lleva al aire libre <strong>en</strong> su silla de ruedas, y padre e hijo hablande las batallas emocionales que han librado y que sigu<strong>en</strong> librando.de vez <strong>en</strong> cuando los demonios del pasado todavía atorm<strong>en</strong>tan aRonald, pero dice que al fin ha <strong>en</strong>contrado cierta medida de paz, la pazque tanta falta le hizo <strong>en</strong> su niñez. más que nada, su at<strong>en</strong>ción cariñosaatestigua el perdón y la sanación que tanto él como su padre si<strong>en</strong>t<strong>en</strong>ahora.karl, un miembro de <strong>nuestra</strong> comunidad que falleció <strong>en</strong> 1993, tambiénsufrió una niñez muy dura. hijo único de una familia de la clasetrabajadora alemana, sus primeros años se vieron <strong>en</strong>sombrecidos por laPrimera guerra mundial y la devastación económica que siguió. Perdióa su madre cuando él t<strong>en</strong>ía cuatro años, y la madrastra murió cuandot<strong>en</strong>ía catorce. <strong>en</strong>tonces el padre puso un aviso <strong>en</strong> el periódico, pero sinSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivos41m<strong>en</strong>cionar la exist<strong>en</strong>cia de Karl: “Viudo con tres hijas busca ama dellaves; posibilidad de matrimonio futuro.”Se pres<strong>en</strong>taron unas cuantas mujeres, y al final una decidió quedarse.no fue hasta más tarde que se <strong>en</strong>teró de la exist<strong>en</strong>cia de un varón <strong>en</strong> lacasa, y nunca perdonó por completo a su nuevo marido por habérselocallado. la comida de Karl siempre era inferior a la del resto de la familia,y la madrastra constantem<strong>en</strong>te se quejaba de él.el padre de Karl se quedaba callado y no hacía nada por def<strong>en</strong>der asu hijo ante el trato severo y desalmado de la nueva esposa. Peor aún,se unía a ella <strong>en</strong> maltratar al muchacho y con frecu<strong>en</strong>cia le azotabausando una correa de cuero con anillos de bronce. cuando Karl tratabade protegerse, su padre se <strong>en</strong>furecía más y le pegaba por <strong>en</strong>cima de lacabeza y <strong>en</strong> la cara.tan pronto como pudo, Karl se fue de casa. atraído por el movimi<strong>en</strong>tojuv<strong>en</strong>il que <strong>en</strong> aquellos años de posguerra se ext<strong>en</strong>día portodo el país, se unió a las filas de ateos, anarquistas y otros que queríantransformar el mundo, y se propuso hacer lo que estaba <strong>en</strong> su poderpara que la <strong>sociedad</strong> jamás volviera a ser como antes. caminó a través dealemania hasta que se topó con el Bruderhof; allí respondió al amor quesintió <strong>en</strong> seguida, y decidió quedarse. <strong>en</strong>tusiasmado, se lanzó a la vida<strong>en</strong> comunidad, pero las experi<strong>en</strong>cias de su niñez no lo dejaban <strong>en</strong> paz.una y otra vez, el res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to que s<strong>en</strong>tía hacia sus padres le pesaba<strong>en</strong> el alma. Finalm<strong>en</strong>te, fue a hablar con mi abuelo y le confió todos suss<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos de ira y odio.la respuesta fue sorpr<strong>en</strong>d<strong>en</strong>te. eberhard arnold sugirió que Karlescribiera a sus padres, pidi<strong>en</strong>do su perdón por todas las <strong>veces</strong> <strong>en</strong> queint<strong>en</strong>cionalm<strong>en</strong>te los había of<strong>en</strong>dido o les había causado p<strong>en</strong>a. le dijo aKarl que mirase únicam<strong>en</strong>te su propia culpa, no la de ellos. Karl quedóestupefacto, pero siguió el consejo y escribió a su padre. la carta llegó asu destino, y aunque el padre nunca le pidió perdón por lo que le habíaSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivos4hecho sufrir, a Karl se le quitó un peso de <strong>en</strong>cima. Por primera vez <strong>en</strong> suvida había <strong>en</strong>contrado paz, y nunca volvió a quejarse de su niñez.maria, una amiga de <strong>nuestra</strong> familia, se sobrepuso a sus p<strong>en</strong>osos recuerdosde una manera similar:mi madre murió a la edad de cuar<strong>en</strong>ta y dos años, dejando a mi padre conocho hijos, de <strong>en</strong>tre uno y diecinueve años de edad. esta pérdida fue devastadorapara <strong>nuestra</strong> familia, y mi padre sufrió una crisis nerviosa justocuando más lo necesitábamos. trató de abusar sexualm<strong>en</strong>te de mi hermanay de mí, de modo que com<strong>en</strong>cé a res<strong>en</strong>tir su pres<strong>en</strong>cia y hasta odiarlo.<strong>en</strong>tonces él se mudó de casa; yo me fui a estudiar a europa. durante<strong>siete</strong> años no lo vi, pero me aferré a mis s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos de odio y los dejé crecer<strong>en</strong> mi alma. Volví a Sudamérica, donde me comprometí con un amigode infancia. Fue <strong>en</strong>tonces que mi padre me pidió que nos <strong>en</strong>contrásemos,pero yo me rehusé. de ninguna manera habría querido <strong>en</strong>contrarme conél, pero mi novio insistió. dijo que yo no podía rechazar un pedido comoéste, que t<strong>en</strong>ía que responder a sus deseos de <strong>reconciliación</strong>. me costó unaverdadera batalla, pero al fin as<strong>en</strong>tí. mi novio y yo nos arrodillamos <strong>en</strong>oración para pedir la ayuda de dios, y la paz <strong>en</strong>tró <strong>en</strong> mi corazón.nos <strong>en</strong>contramos <strong>en</strong> un café, y antes de que yo dijera palabra mi padreempezó a hablar, arrep<strong>en</strong>tido, y me pidió que le perdonara. esto meconmovió mucho. me di cu<strong>en</strong>ta de que aferrarme a mi odio sería un granpecado. también reconocí que mi odio había cerrado la puerta a dios, asu amor y a su perdón <strong>en</strong> mi propia vida.tal vez lo más difícil de todo es perdonar el abuso sexual de un niño. lavíctima – la niña, el niño – siempre es completam<strong>en</strong>te inoc<strong>en</strong>te, mi<strong>en</strong>trasque el violador, el adulto, siempre es totalm<strong>en</strong>te culpable. ¿y por qué losinoc<strong>en</strong>tes habrían de perdonar a los culpables? es triste observar quemuchas personas que fueron víctimas de abuso sexual <strong>en</strong> su infancia seimaginan que de alguna forma ellos son los culpables, que provocaron ohasta se merecían ese ultraje. Para ellos, perdonar parecería confirmarque efectivam<strong>en</strong>te es así.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivos4Por supuesto, no es verdad, todo lo contrario. el perdón es necesarios<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te porque ambos, víctima y violador, aprisionados por unaoscuridad que compart<strong>en</strong>, permanecerán <strong>en</strong>cad<strong>en</strong>ados a esa oscuridadhasta que algui<strong>en</strong> les abra la puerta. el perdón es la única salida y, aunqu<strong>en</strong>uestro adversario prefiera quedarse <strong>en</strong> la oscuridad, esto no ha de det<strong>en</strong>ernos.Si le dejamos la puerta abierta, hasta puede que nos siga <strong>en</strong> elcamino hacia la luz.kate, una abuela que vino al Bruderhof con su esposo e hijos, tambiénfue víctima de abuso sexual <strong>en</strong> su niñez. Pero una vez que pudo <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tarsus propios s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos, se dio cu<strong>en</strong>ta de que podía reconciliarse consu madre, qui<strong>en</strong> a su vez tuvo un cambio de corazón.nací <strong>en</strong> un pequeño pueblo canadi<strong>en</strong>se, poco después de la Segundaguerra mundial; soy hija mayor de una familia de orig<strong>en</strong> m<strong>en</strong>onita ruso.eramos pequeños agricultores <strong>en</strong> una aldea granjera donde las condicionesde vida eran sumam<strong>en</strong>te primitivas.Recuerdo haber ido a la iglesia de pequeña, pero dejé de ir cuandoempecé la escuela. mi padre tuvo que v<strong>en</strong>der la finca. todos los días seiba a la ciudad, a veinticinco millas de distancia, donde estaba empleado<strong>en</strong> la construcción; y después de una jornada de doce horas todavía t<strong>en</strong>íaque cultivar el pequeño terr<strong>en</strong>o que nos quedaba.eramos cuatro hijas. había t<strong>en</strong>siones <strong>en</strong> la familia, pero no las podíamos<strong>en</strong>t<strong>en</strong>der. cuando yo t<strong>en</strong>ía nueve años nació mi hermano, y las cosas empeoraron.cada día mamá estaba m<strong>en</strong>os <strong>en</strong> casa. no nos dábamos cu<strong>en</strong>ta<strong>en</strong> aquel <strong>en</strong>tonces, pero ella había com<strong>en</strong>zado a beber.al poco tiempo, la madre de Kate empezó a llegar a casa borracha, y suspadres se separaron. ya no quedaba nada que se parecía a una vida defamilia. la casa estaba descuidada, la ropa sucia sin lavar; todo dep<strong>en</strong>díade Kate, una niña de trece años.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivos44cuando Jaimito, el m<strong>en</strong>or, empezó a ir a la escuela, mamá estaba muypoco <strong>en</strong> casa. yo nunca tuve tiempo para hacer los deberes, y no apr<strong>en</strong>díacasi nada, de modo que tuve que repetir el nov<strong>en</strong>o grado.mis dos hermanas m<strong>en</strong>ores se fueron, <strong>en</strong>contraron empleo y vivieronjuntas <strong>en</strong> un apartam<strong>en</strong>to <strong>en</strong> la vecindad. yo me quedé <strong>en</strong> casa; algui<strong>en</strong>t<strong>en</strong>ía que cuidar a los pequeños y, mal que bi<strong>en</strong>, por lo m<strong>en</strong>os t<strong>en</strong>ían decomer.<strong>en</strong> la ciudad, los hospitales para adultos incapacitados estaban ll<strong>en</strong>os, yel gobierno <strong>en</strong>cargó el cuidado de personas más o m<strong>en</strong>os indep<strong>en</strong>di<strong>en</strong>tesa familias del vecindario. Parecía ser una fu<strong>en</strong>te de ingreso para <strong>nuestra</strong>familia, y mamá alojó a dos señores mayores y una señora. yo tuve que dejarmi cama para uno de los hombres, y compartir una cama de dos plazascon la mujer, que se pasaba muchas noches sin dormir. cuando le dije amamá que ya no podía más y que pidiera al hospital que se la llevaran devuelta, mamá no estuvo de acuerdo; al fin y al cabo, los cheques llegabantodos los meses. dijo que v<strong>en</strong>dría a casa por las tardes para ayudarme.Pero ¡<strong>en</strong> qué condición llegaba a la casa! Para colmo decía que si no fuerapor mí, ella no estaría metida <strong>en</strong> tantos líos.al principio no podía <strong>en</strong>t<strong>en</strong>der qué era lo que quería decir, pero mástarde me <strong>en</strong>teré que a mis padres los habían obligado a casarse porquemamá estaba embarazada de mí. a <strong>veces</strong> me maltrataba físicam<strong>en</strong>te. Sipor la mañana me preguntaba qué eran esos moretones <strong>en</strong> mi cara y yo lecontestaba que fue ella la que me los había dado, me llamaba m<strong>en</strong>tirosa.a los dieciséis años, Kate abandonó la escuela para dedicarse de ll<strong>en</strong>o alcuidado de sus hermanos. <strong>en</strong> esa época llegó a conocer a tomás, y dosaños más tarde se casaron. todavía recuerda el s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to de culpaque sintió cuando la madre le preguntó, <strong>en</strong> tono acusador: “¿y quién vaa hacer el trabajo aquí?” Sin embargo, Kate se fue de casa, y junto contomás se dedicó a su propio hogar.a esas alturas, yo sólo quería olvidarme de mi madre. t<strong>en</strong>ía mi propiafamilia, y mis suegros adoraban a mis hijos. un día de rep<strong>en</strong>te mi madrequería verme, pero yo <strong>en</strong>contré varias razones para no visitarla. esta vezera yo la que t<strong>en</strong>ía la sartén por el mango.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivos4el divorcio de mis padres se había finalizado. con el tiempo, mamá dejóde beber; se dio cu<strong>en</strong>ta de que se mataría si continuaba bebi<strong>en</strong>do con lamedicina que tomaba para la presión arterial. aún así, yo no quería nadaque ver con ella; s<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te no le t<strong>en</strong>ía confianza.unos años después, la familia se mudó al Bruderhof. Kate iba a dar a luz,y tomás invitó a la mamá para que compartiera <strong>nuestra</strong> alegría.yo estaba furiosa y le dije a tomás que no estaba de acuerdo: “tú la llamasahora mismo y le dices que no v<strong>en</strong>ga. dile lo que te dé la gana, peroéste es mi bebé, y yo no estoy dispuesta a compartirlo con ella.” Fui muydesagradable. al final, fui a ver uno de los ancianos de <strong>nuestra</strong> comunidady nos s<strong>en</strong>tamos a hablar del asunto.Él me escuchó sin decir nada, y al final me dijo: “Si quieres llamartecristiana, ti<strong>en</strong>es que hacer las paces con tu madre.”“usted no conoce a mi madre.”“no ti<strong>en</strong>e nada que ver. dios nos manda honrar a padre ymadre. <strong>en</strong> ninguna parte dice: con excepción de tal y tal circunstancia.”<strong>en</strong> fin de cu<strong>en</strong>tas, mi madre vino. cuando llegó, no estaba bi<strong>en</strong> de saludy necesitaba mucho cuidado. aunque yo me resistí, finalm<strong>en</strong>te pudimoshablar. Pocos días antes de volverse a su casa, yo s<strong>en</strong>tí que había algo queella estaba tratando de decirme; más que eso, parecía estar dispuesta aescuchar lo que yo t<strong>en</strong>ía que decirle. ella quería establecer una nuevarelación conmigo; yo también lo deseaba, y ella estaba decidida a removercualquier obstáculo. <strong>en</strong> ese mom<strong>en</strong>to me di cu<strong>en</strong>ta de que ella ni siquieraestaba consci<strong>en</strong>te de lo que había hecho…ahora que pude perdonarla,para las dos había llegado el mom<strong>en</strong>to de sanar.<strong>en</strong> el ambi<strong>en</strong>te acogedor de su hogar, Kate hizo las paces con su madre.Fue capaz de perdonar las profundas heridas del pasado, pero reconocióademás algo muy importante: no había sido sólo la falta de amor porparte de su madre sino también su propia frialdad lo que las mantuvoseparadas por tantos años.no todos los casos de distanciami<strong>en</strong>to <strong>en</strong>tre padres e hijos son tanSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivos4bi<strong>en</strong> definidos. Susan vino de california, de circunstancias muy difer<strong>en</strong>tes.nunca sufrió verdadero abuso a manos de sus padres. Sin embargo,al igual que Kate, estuvo amargada con su madre durante muchos años,y sólo cuando pudo perdonar com<strong>en</strong>zó a sanar.desde que puedo recordar, mi relación con mi madre era difícil. temía susarrebatos de cólera, su l<strong>en</strong>gua mordaz, y nunca sabía cómo complacerla.todo esto resultó <strong>en</strong> que yo sintiera un <strong>en</strong>ojo profundo, escondido, lat<strong>en</strong>te,que acabó por aislarme de ella. le guardé r<strong>en</strong>cor por las injusticias querecordaba de mi infancia, las palabras duras y unos cuantos golpes, todolo cual no valía la p<strong>en</strong>a m<strong>en</strong>cionar. me volví quisquillosa con sus regañosy me s<strong>en</strong>tí rechazada. <strong>en</strong> fin, nunca tuvimos una relación franca y sincera.<strong>en</strong> lugar de eso, yo me arrimé a otros adultos, especialm<strong>en</strong>te a mis maestrasde escuela. mi madre res<strong>en</strong>tía mi apego a las maestras, pero nuncadijo nada. Recuerdo fantasear que me sacaron de mi familia y que una deellas me adoptó. también recuerdo t<strong>en</strong>er la s<strong>en</strong>sación de no pert<strong>en</strong>ecer anadie, una s<strong>en</strong>sación casi física que me sobrev<strong>en</strong>ía <strong>en</strong> oleadas.<strong>en</strong> mi anhelo de ser aceptada, traté de ser “bu<strong>en</strong>a” y oculté mis verdadeross<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos. Quizás no ayudaba el hecho de que nos era prohibidocontestar o decir que no a nuestros padres o a cualquier otro adulto. eramosniños, y <strong>en</strong> la pres<strong>en</strong>cia de los adultos t<strong>en</strong>íamos que callarnos.las cosas empeoraron cuando llegué a la adolesc<strong>en</strong>cia. <strong>en</strong>contré cadavez más formas sutiles de manifestar mi irritación y de hacer lo que medaba la gana. también <strong>en</strong>contré más formas de esquivar a mi madre y <strong>en</strong>cierto s<strong>en</strong>tido “desquitarme”. esto contribuyó, <strong>en</strong> gran medida, a que yotuviera una relación secreta y adúltera con nuestro pastor, que solía visitara mis padres. esa relación al fin se acabó y me casé con otro hombre, peroseguía distanciada de mi madre.mamá tuvo largas temporadas de crisis físicas y emocionales duranteaquellos años, pero me costaba compadecerme de ella o siquiera mostraralgún interés. <strong>en</strong> realidad, era una atadura muy extraña, porque al mismotiempo estaba desesperada por complacerla.al fin le t<strong>en</strong>dí la mano cuando ella estaba tomando parte <strong>en</strong> un programade “doce pasos contra el alcoholismo”. Pasamos una semana maravillosa.yo estaba dispuesta a hablar, pues había atravesado un período dearrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to que me llevó a Jesucristo. a pesar de eso, poco despuésSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivos4la puerta se cerró de nuevo. aunque ahora no sabría explicar por qué, yole eché la culpa a ella.Finalm<strong>en</strong>te compr<strong>en</strong>dí que su manera de ser, fuerte y segura de símisma, no era más que un caparazón, debajo del cual se ocultaba unapersona muy insegura que <strong>en</strong> su propia niñez había sufrido mucho. ambashabíamos tratado, cada una a su manera, de hallar a la otra; ambastemíamos ser rechazadas, de modo que nuestros esfuerzos no p<strong>en</strong>etrarondebajo de la superficie. me avergü<strong>en</strong>za decir que al cabo de dos semanass<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te dejé de hablarle.el mom<strong>en</strong>to decisivo vino unos años después, cuando una amiga insistió<strong>en</strong> que yo escuchara las grabaciones de charles Stanley, un pastorbautista. nunca había oído hablar de él, pero estaba buscando respuestas,así que lo escuché, aunque con cautela. no recuerdo exactam<strong>en</strong>te lo quedijo, pero era lo que me hacía falta <strong>en</strong> ese mom<strong>en</strong>to. llegué a ver que yollevaba gran parte de la culpa <strong>en</strong> aquella relación y que necesitaba pedirperdón, y perdonar a mi vez.Poco después, visité a mis padres para hablarles del Bruderhof y de miint<strong>en</strong>ción de ingresar como miembro. cuando estuve a solas con mi madre,le pedí perdón por mi comportami<strong>en</strong>to <strong>en</strong> el pasado y le dije que tambiénle perdonaba a ella. le admití que toda la vida había estado <strong>en</strong>ojada conella, aunque no estaba segura por qué. ella no <strong>en</strong>t<strong>en</strong>dió por qué yo t<strong>en</strong>íaque estar <strong>en</strong>ojada, pero también se disculpó por el dolor que me habíacausado. me dijo: “lo pasado ya pasó y no puedo remediarlo, pero ahorat<strong>en</strong>emos que seguir adelante.” Fue el principio de sanar para ambas. mepermitió abrirme, ser honesta y expresar mi profundo deseo de amar y deser amada tal como era, y no por lo que creía yo poder dar a otros.lo irónico <strong>en</strong> todo esto es que, algunos meses más tarde, estábamosvi<strong>en</strong>do televisión <strong>en</strong> casa de mi tía cuando charles Stanley apareció <strong>en</strong> lapantalla. como las dos bu<strong>en</strong>as protestantes episcopales que son, mamá ymi tía refunfuñaron: “ay, ¡ese hombre no!” y se levantaron para cambiarel canal. P<strong>en</strong>sé que dios se estaba sonri<strong>en</strong>do conmigo.una vez que le hicieron fr<strong>en</strong>te a su <strong>en</strong>ojo, Susan y su madre pudieroncom<strong>en</strong>zar a reconstruir su relación. muchos que ti<strong>en</strong><strong>en</strong> historias parecidascontinúan sufri<strong>en</strong>do innecesariam<strong>en</strong>te porque no pued<strong>en</strong> perdonar.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


padres abusivos4no importa quiénes somos ni de dónde v<strong>en</strong>imos. lo que importa es queperdonemos y que nos abramos a la obra de dios. <strong>en</strong>tonces sí que pued<strong>en</strong>ocurrir milagros. Puede que <strong>en</strong> ocasiones surjan recuerdos dolorosospara <strong>en</strong>turbiar las aguas, pero no debemos permitirles que nos empañ<strong>en</strong>la vista. aunque no podamos olvidar, debemos creer que sí podemosperdonar; y cuando hayamos perdonado, empezaremos a sanar.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con elamorLa historia dice: no pongas tu esperanzaa este lado de la tumba.Sin embargo, una vez <strong>en</strong> la vidapuede que surjael anhelado maremoto de la justicia,y la esperanza y la justicia riman.así pues t<strong>en</strong> esperanza<strong>en</strong> una transformación oceánica,más allá de la v<strong>en</strong>ganza.cree que una orilla más lejana es alcanzable desde aquí.cree <strong>en</strong> milagrosy curaciones y fu<strong>en</strong>tes de sanación.seamus heaneyla expresion “clausura”, <strong>en</strong> el s<strong>en</strong>tido de poner fin a un trance lastimoso,ha llegado a ser una palabra común <strong>en</strong> nuestro vocabulario. usada am<strong>en</strong>udo, tanto por periodistas y abogados como por víctimas de un crim<strong>en</strong>,frecu<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>te se <strong>en</strong>ti<strong>en</strong>de como que significa el punto final deuna experi<strong>en</strong>cia dolorosa y horrible. Se nos hace creer que basta <strong>en</strong>cerraral criminal, determinar sus motivos y, por último, v<strong>en</strong>garse. Pero clau­


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amor0sura <strong>en</strong> este s<strong>en</strong>tido, ¿puede realm<strong>en</strong>te brindarnos paz y tranquilidadde espíritu? ¿y qué función desempeña el perdón?Bill chadwick de Baton Rouge <strong>en</strong> el estado de louisiana, escribe:mi hijo, michael, de 21 años, murió instantáneam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> un choque deautomóviles el 23 de octubre de 1993. Su mejor amigo, que estaba <strong>en</strong> elasi<strong>en</strong>to de atrás, también se mató. el conductor, que había bebido muchoe iba a velocidad excesiva, sólo sufrió heridas m<strong>en</strong>ores. lo acusaron dedos cargos de homicidio vehicular. michael t<strong>en</strong>ía solam<strong>en</strong>te una pizca dealcohol <strong>en</strong> el sistema, y su mejor amigo no t<strong>en</strong>ía ninguno.las ruedas de la justicia giran muy l<strong>en</strong>tam<strong>en</strong>te. los tribunales tardaronmás de un año <strong>en</strong> examinar el caso contra el conductor. asistimos a vistatras vista, y cada vez el caso se aplazó. incluso, aunque fue infructuoso,hasta hubo un int<strong>en</strong>to de desm<strong>en</strong>tir los resultados de las pruebas del nivelde alcohol <strong>en</strong> la sangre. Finalm<strong>en</strong>te el acusado se declaró culpable y fues<strong>en</strong>t<strong>en</strong>ciado a seis años por cada cargo, a cumplir simultáneam<strong>en</strong>te.nosotros le sugerimos a la oficina de probatoria que podría serleb<strong>en</strong>eficioso un programa al estilo de “boot camp” o campam<strong>en</strong>to de<strong>en</strong>tr<strong>en</strong>ami<strong>en</strong>to militar. no queríamos perjudicarlo, pero creíamos quedebía pagar por lo que había hecho. aun así, recibimos una carta muydesagradable de su madre, insinuando que, de alguna manera, habíamospresionado para que le dieran la s<strong>en</strong>t<strong>en</strong>cia máxima…dijo que si hubiesesido su hijo el que murió, con michael al volante, ella no habría guardador<strong>en</strong>cor. yo le sugerí que, hasta que su hijo no estuviera muerto de verdad,ella no debería hablar de lo que haría o dejaría de hacer…Finalm<strong>en</strong>te, su hijo fue s<strong>en</strong>t<strong>en</strong>ciado a seis meses <strong>en</strong> un “boot camp”,con el resto de la s<strong>en</strong>t<strong>en</strong>cia a cumplirse <strong>en</strong> libertad bajo palabra y consupervisión int<strong>en</strong>siva. a los seis meses su hijo iba a regresar a casa – elnuestro, nunca.Probablem<strong>en</strong>te me había tragado la noción que, de algún modo, lascosas serían difer<strong>en</strong>tes después de que el conductor fuese llevado ante lajusticia. creo que es eso lo que quier<strong>en</strong> decir los que hablan de “clausura”.t<strong>en</strong>emos la idea que si hay algui<strong>en</strong> a qui<strong>en</strong> echarle la culpa, <strong>en</strong>toncespodemos dar el asunto por terminado. es algo así como p<strong>en</strong>sar que si elasunto ti<strong>en</strong>e algún s<strong>en</strong>tido, o si las víctimas recib<strong>en</strong> algún tipo de justicia,<strong>en</strong>tonces, por fin, el dolor se irá. <strong>en</strong> los años después de la muerte de mi-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amor1chael, he leído numerosos relatos de personas desconsoladas que estánbuscando una clausura de esta índole. hasta los he visto, <strong>en</strong> programasde televisión, pedir a gritos la p<strong>en</strong>a de muerte, como si matar al culpablefuera una ayuda para los familiares de la víctima.yo estaba <strong>en</strong>furecido con el conductor del auto, por supuesto. Perotambién estaba <strong>en</strong>ojado con michael. después de todo, aquella nochehabía obrado con una seria falta de juicio, al punto de arriesgar su vida.yo tuve que pasar por ese <strong>en</strong>ojo para poder lidiar con mis s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos.Sin embargo, aún después de que lo s<strong>en</strong>t<strong>en</strong>ciaran, no <strong>en</strong>contré clausura.lo que sí t<strong>en</strong>ía era un <strong>en</strong>orme hueco <strong>en</strong> el alma, y nada con qué ll<strong>en</strong>arlo.Fue unos meses después que caí <strong>en</strong> la cu<strong>en</strong>ta: hasta que yo no pudieraperdonar al conductor, no lograría conseguir la clausura que buscaba.Perdonar no es lo mismo que eximir de responsabilidad. no cabía duda deque el conductor era responsable de la muerte de michael; aún así yo t<strong>en</strong>íaque perdonarle antes de poder distanciarme del incid<strong>en</strong>te. ninguna clasede castigo podría jamás ajustar las cu<strong>en</strong>tas. yo t<strong>en</strong>ía que estar dispuestoa perdonar sin que las cu<strong>en</strong>tas se ajustaran. y <strong>en</strong> realidad este proceso deperdonar no t<strong>en</strong>ía nada que ver con el chofer; t<strong>en</strong>ía que ver conmigo. eraun proceso por el que t<strong>en</strong>ía que pasar yo; yo mismo t<strong>en</strong>ía que cambiar,sin t<strong>en</strong>er <strong>en</strong> cu<strong>en</strong>ta lo que él hiciera.Fue un camino largo y doloroso. no era sólo al conductor que t<strong>en</strong>íaque perdonar; también t<strong>en</strong>ía que perdonar a michael, a dios por haberlopermitido, y a mí mismo. <strong>en</strong> el fondo, lo más difícil era perdonarme a mímismo. había muchas ocasiones <strong>en</strong> mi propia vida <strong>en</strong> las que yo habíaconducido a michael a algún lado, estando yo mismo bajo la influ<strong>en</strong>ciadel alcohol. ahí estaba la clave para mi perdón: perdonarme a mí mismo.mi rabia hacia otras personas no era más que mi propio miedo volteadohacia afuera. yo había proyectado mi propia culpa sobre los demás – elconductor, los tribunales, dios, michael – para no t<strong>en</strong>er que mirarme a mímismo. y no fue hasta que pude ver mi parte <strong>en</strong> esto que mi perspectivacambió.esto es lo que yo apr<strong>en</strong>dí: que la clausura que buscamos vi<strong>en</strong>e al perdonar.y esta clausura dep<strong>en</strong>de únicam<strong>en</strong>te de nosotros mismos, porquepoder perdonar no es algo que vi<strong>en</strong>e desde fuera de nosotros, sino dead<strong>en</strong>tro del alma.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amorel padre de michael apr<strong>en</strong>dió lo que ha de ser la lección más difícil paraun padre. al mismo tiempo es una lección que cada uno de nosotrosnecesita apr<strong>en</strong>der, sea cual fuere <strong>nuestra</strong> situación <strong>en</strong> la vida. a m<strong>en</strong>osque <strong>en</strong> nuestros corazones sintamos perdón hacia aquellos que noshac<strong>en</strong> daño, no nos s<strong>en</strong>tiremos <strong>en</strong> paz, por más “razón” que t<strong>en</strong>gamos<strong>en</strong> exigir un merecido castigo.<strong>en</strong> una <strong>sociedad</strong> que da gran importancia a la v<strong>en</strong>ganza, el perdónno es una idea muy popular. cada vez más, la cond<strong>en</strong>a por un tribunalha dejado de ser sufici<strong>en</strong>te; la g<strong>en</strong>te quiere tomar parte personalm<strong>en</strong>te<strong>en</strong> el acto punitivo. <strong>en</strong> varios estados se ha legislado para conceder a losfamiliares de víctimas de asesinatos el derecho de pres<strong>en</strong>ciar las ejecuciones.Sin embargo, ninguna de estas familias parece <strong>en</strong>contrar la pazque busca. Su ansia de ver a otros heridos por la misma viol<strong>en</strong>cia que losha herido a ellos nunca queda saciada. <strong>en</strong> vez de sanar sus heridas, subúsqueda de v<strong>en</strong>ganza los deja desilusionados y ll<strong>en</strong>os de ira.Perdonar no significa condonar. <strong>en</strong> algunos casos, “perdonar y olvidar”no sólo es imposible, sino que es inmoral. ¿cómo podría algui<strong>en</strong> olvidara un hijo? el dolor, la indignación y la ira son completam<strong>en</strong>te compr<strong>en</strong>sibles,y tal vez hasta necesarios, pero, <strong>en</strong> última instancia, ti<strong>en</strong><strong>en</strong> queceder al deseo de <strong>reconciliación</strong>.Jesús nos dice que dios nos perdonará únicam<strong>en</strong>te si nosotros perdonamosa los demás. no olvidemos nunca cómo él mismo, clavado <strong>en</strong>la cruz, perdonó a los que lo atorm<strong>en</strong>taban. Sólo cuando estemos dispuestosa hacer lo él hizo, podremos com<strong>en</strong>zar a p<strong>en</strong>etrar <strong>en</strong> el misteriodel perdón.gordon wilson sujetaba la mano de su hija marie mi<strong>en</strong>tras ambosyacían atrapados bajo una montaña de escombros. era 1987, los dosestuvieron <strong>en</strong>tre los asist<strong>en</strong>tes a un pacífico servicio conmemorativo <strong>en</strong><strong>en</strong>niskill<strong>en</strong> (irlanda del norte), cuando estalló una bomba terrorista.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amoral final del día, marie y nueve otros civiles habían muerto y ses<strong>en</strong>ta ytres habían sido hospitalizados con heridas. asombrosam<strong>en</strong>te, gordonrehusó pedir que se tomaran represalias, dici<strong>en</strong>do que expresiones deira no podían devolverle su hija ni traer la paz a Belfast. Sólo unas horasdespués del at<strong>en</strong>tado, dijo a periodistas de la BBc:he perdido a mi hija, y la echaremos de m<strong>en</strong>os. Pero no guardo r<strong>en</strong>cor…esono me la devolvería…les ruego que no me pidan una razón…no t<strong>en</strong>go respuesta. Pero sé queti<strong>en</strong>e que haber un plan. Si no creyera eso, me suicidaría. es parte de unplan mayor, y dios es bu<strong>en</strong>o. y nos volveremos a ver.más tarde, gordon dijo que no era su int<strong>en</strong>ción que se formulara unateología de justicia con sus palabras. Simplem<strong>en</strong>te le habían salido delo más profundo de su corazón. <strong>en</strong> los días y meses que siguieron al at<strong>en</strong>tado,luchó para vivir de acuerdo con sus palabras. no era fácil, peroera algo de qué agarrarse, algo para mant<strong>en</strong>erlo a flote <strong>en</strong> las horas mássombrías.Sabía que los terroristas que le quitaron la vida a su hija no t<strong>en</strong>íanningún remordimi<strong>en</strong>to, y sostuvo que deberían ser castigados y <strong>en</strong>carcelados.aún así, se le <strong>en</strong>t<strong>en</strong>dió mal, y muchos lo ridiculizaron porquerehusaba buscar v<strong>en</strong>ganza.los que ti<strong>en</strong><strong>en</strong> que responder por esta acción, un día <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tarán al juiciode dios, que está mucho más allá de mi perdón…estaría mal de mi partedar la impresión de que a pistoleros y a terroristas pone-bombas se lesdebería permitir andar librem<strong>en</strong>te por las calles. Pero por mi parte…seanjuzgados o no <strong>en</strong> esta vida por un tribunal…yo hago lo que puedo pormanifestar perdón…la última palabra le corresponde a dios…y los quebuscan su perdón t<strong>en</strong>drán que arrep<strong>en</strong>tirse.el perdón le permitió a gordon aceptar la muerte rep<strong>en</strong>tina de su hija,y tuvo efecto mucho más allá de su propia persona. Por lo m<strong>en</strong>os por unSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amor4tiempo, sus palabras rompieron el círculo vicioso de matanza y v<strong>en</strong>ganza.los líderes paramilitares protestantes de la localidad se sintieron tanrepr<strong>en</strong>didos ante tal hombría que no tomaron represalias.aunque reconozcamos la necesidad de perdonar, a <strong>veces</strong> nos ti<strong>en</strong>tadecir que simplem<strong>en</strong>te no podemos, que es demasiado difícil; que esalgo para santos, tal vez, pero no para pecadores. argüimos que hemossido heridos demasiadas <strong>veces</strong>, que <strong>nuestra</strong> parte de la historia ha sidotergiversada, o que no se nos ha compr<strong>en</strong>dido.no obstante, una vez que nos decidimos a perdonar, t<strong>en</strong>emos quesalirnos de por medio para que pueda obrar dios. es más fácil decirlo quehacerlo. ¡cuántas <strong>veces</strong> admitimos que dios ti<strong>en</strong>e el poder de redimircualquier situación, pero no estamos dispuestos a despr<strong>en</strong>dernos! Quizássea porque no confiamos pl<strong>en</strong>am<strong>en</strong>te <strong>en</strong> él, y p<strong>en</strong>samos que podemosmanejar las cosas por cu<strong>en</strong>ta propia. Pero de esa manera le cerramos lapuerta <strong>en</strong> la cara y nos aislamos de su gracia y su misericordia.la historia de Stev<strong>en</strong> mcdonald ha tocado a muchos americanos,pero parece que no son muchos los que v<strong>en</strong> <strong>en</strong> su acto de perdonar algomás que un acto de voluntad sobr<strong>en</strong>atural. Stev<strong>en</strong>, un policía y detectivede la ciudad de nueva york, fue baleado <strong>en</strong> 1986 mi<strong>en</strong>tras interrogabaa tres jóv<strong>en</strong>es <strong>en</strong> el Parque c<strong>en</strong>tral, y quedó paralizado del cuello haciaabajo. llevaba m<strong>en</strong>os de un año de casado, y su esposa t<strong>en</strong>ía dos mesesde embarazo.Shavod Jones, su asaltante, prov<strong>en</strong>ía de un complejo de vivi<strong>en</strong>daspúblicas <strong>en</strong> harlem, nueva york; Stev<strong>en</strong> vivía <strong>en</strong> un barrio de g<strong>en</strong>teblanca adinerada. Su breve <strong>en</strong>contronazo podría haber terminado conprisión para uno, y toda una vida de amargura para el otro. Pero aúnantes de que soltaran a Shavod de la cárcel, com<strong>en</strong>zó a cartearse con él<strong>en</strong> un esfuerzo de traer “paz y propósito” a la vida de ese jov<strong>en</strong>. Stev<strong>en</strong>escribe:SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amorPreguntarme por qué me había disparado el muchacho era algo que estabacompletam<strong>en</strong>te fuera de mi p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>to mi<strong>en</strong>tras miraba el cieloraso desde mi cama <strong>en</strong> el hospital. estaba perplejo, pero descubrí que nopodía odiarlo a él sino a las circunstancias que esa tarde lo habían llevadoal Parque c<strong>en</strong>tral con una pistola escondida <strong>en</strong> el pantalón.Para ese muchacho yo era una chapa, un uniforme que repres<strong>en</strong>taba algobierno. yo era el sistema que les permitía a los dueños de casas cobraralquiler por apartam<strong>en</strong>tos escuálidos <strong>en</strong> edificios deteriorados; yo era laag<strong>en</strong>cia municipal que reconstruía barrios pobres y echaba a los resid<strong>en</strong>tes,mediante el “aburguesami<strong>en</strong>to”, sin t<strong>en</strong>er <strong>en</strong> cu<strong>en</strong>ta si eran bu<strong>en</strong>osciudadanos que respetaban la ley, o criminales y traficantes <strong>en</strong> drogas; yoera el policía irlandés que se pres<strong>en</strong>taba <strong>en</strong> una disputa doméstica y se ibasin hacer nada porque no había ninguna violación de la ley.Para Shavod Jones, yo era el chivo expiatorio, el <strong>en</strong>emigo. no me veíacomo una persona con seres queridos, como hombre casado y futuro padre.Él estaba infectado con los mitos que circulan <strong>en</strong>tre su g<strong>en</strong>te: los policíasson racistas, se vuelv<strong>en</strong> viol<strong>en</strong>tos, así que ármate contra ellos. no, yo nopodía echar la culpa a Jones. la <strong>sociedad</strong>, la familia, las ag<strong>en</strong>cias socialesresponsables por él, los que hicieron que fuera imposible que sus padresse quedaran juntos – todos le habían fallado mucho antes de que ShavodJones se <strong>en</strong>contrara con Stev<strong>en</strong> mcdonald <strong>en</strong> el Parque c<strong>en</strong>tral.a <strong>veces</strong>, cuando no me si<strong>en</strong>to bi<strong>en</strong>, puede que me <strong>en</strong>oje. Pero me doycu<strong>en</strong>ta de que el <strong>en</strong>ojo es una emoción derrochada…a <strong>veces</strong> estoy <strong>en</strong>ojadocon el adolesc<strong>en</strong>te que me pegó el balazo; pero más a m<strong>en</strong>udo le t<strong>en</strong>golástima. Sólo espero que él pueda cambiar su vida y ayudar a la g<strong>en</strong>te <strong>en</strong>vez de hacerles daño. yo le perdono y espero que pueda <strong>en</strong>contrar paz ypropósito <strong>en</strong> su vida.al principio Shavod no contestó las cartas de Stev<strong>en</strong>; más tarde, cuandolo hizo, el intercambio fracasó, porque Stev<strong>en</strong> rehusó acceder a supedido de ayudarle a obt<strong>en</strong>er la libertad condicional. a fines de 1995,sólo tres días después de salir de la prisión, Shavod perdió la vida <strong>en</strong> unaccid<strong>en</strong>te de motocicleta. Stev<strong>en</strong> continúa predicando su m<strong>en</strong>saje deamor y perdón desde su silla de ruedas.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amorhace algunos meses visité a Stev<strong>en</strong> <strong>en</strong> su casa <strong>en</strong> long island, e inmediatam<strong>en</strong>tequedé impresionado por su bondadosa manera, sus ojoschispeantes, y el alcance de su invalidez. es bastante difícil para unapersona mayor vivir confinado a una silla de ruedas. Que a un hombre loarranqu<strong>en</strong> de la vida activa a los veintinueve años es devastador; agregaa esto t<strong>en</strong>er que respirar por una traqueotomía, y un hijo de diez añoscuyo papá nunca ha podido abrazarlo – ahí ti<strong>en</strong>es a Stev<strong>en</strong> mcdonald.Pero no percibí ningún <strong>en</strong>ojo, ninguna amargura.con calma y con firmeza me abrió su corazón. habló de aquel balazocomo de una “b<strong>en</strong>dición”, una dura prueba de fe, que sin duda lo habíaacercado más a dios, y lo había obligado a <strong>en</strong>focarse más <strong>en</strong> lo espiritualy lo eterno:al principio, el perdón era una manera de seguir adelante, una manerade dejar atrás aquel horrible accid<strong>en</strong>te. Pero luego me di cu<strong>en</strong>ta de que yohabía vivido una vida pecaminosa y egoísta, y que yo mismo necesitabaperdón. era muy simple.ahora, Stev<strong>en</strong> ha <strong>en</strong>contrado un propósito para su vida: <strong>en</strong>señar a perdonar.Regularm<strong>en</strong>te habla <strong>en</strong> escuelas primarias y secundarias, y <strong>en</strong>ceremonias de graduación. considera su trabajo como un <strong>en</strong>cargo dedios. Puesto que perdonó, y compartió con otros su acto de perdonar,Stev<strong>en</strong> ti<strong>en</strong>e la esperanza de que la g<strong>en</strong>te vuelva a descubrir a dios.once años después del balazo, su esposa Patti sigue fielm<strong>en</strong>te a sulado. luchan a diario con la realidad de su incapacidad y los efectos queti<strong>en</strong>e sobre su matrimonio. a m<strong>en</strong>udo Stev<strong>en</strong> ti<strong>en</strong>e que batallar contrael desali<strong>en</strong>to, y hasta ha luchado contra p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>tos suicidas. Perocuando le pregunté si el perdonar <strong>en</strong> sí había sido una lucha, dijo qu<strong>en</strong>o, que era más bi<strong>en</strong> un don, una gracia.no debe ser fácil perdonar cuando uno ha sido tan gravem<strong>en</strong>te herido.Pero aún <strong>en</strong> la agonía más profunda t<strong>en</strong>emos que elegir <strong>en</strong>tre amar uSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amorodiar, perdonar o cond<strong>en</strong>ar, buscar <strong>reconciliación</strong> o v<strong>en</strong>ganza. Stev<strong>en</strong>podría haberse amargado, pero escogió el camino de la paz y la <strong>reconciliación</strong>,y hasta el día de hoy está transformando la vida de otros.uno de los héroes de Stev<strong>en</strong> es martin luther King Jr. el r<strong>en</strong>ombradodirig<strong>en</strong>te de derechos civiles (civil rights movem<strong>en</strong>t). durante <strong>nuestra</strong>visita pidió a la <strong>en</strong>fermera que le sostuviera un libro que nos queríamostrar; era una colección de los discursos de King, y nos leyó un pasajefavorito:hay tanta frustración <strong>en</strong> el mundo porque hemos dep<strong>en</strong>dido de dioses, <strong>en</strong>lugar de dep<strong>en</strong>der de dios…lo que t<strong>en</strong>emos que descubrir nuevam<strong>en</strong>te esla fe <strong>en</strong> dios…el perdón no es un acto aislado; es una actitud arraigada.antes de despedirnos, Stev<strong>en</strong> me pidió que orara con él. lo hicimos, yla cara le brilló de alegría. Rara vez he visto a un hombre tan cont<strong>en</strong>to,tan tranquilo y seguro del propósito que ti<strong>en</strong>e su vida.chris carrier perdonó a un hombre a qui<strong>en</strong> la mayoría de nosotros ledesearíamos la muerte. cuando t<strong>en</strong>ía diez años, un ex empleado de supadre lo secuestró, lo hirió y lo abandonó para que se muriera <strong>en</strong> loseverglades, un monte salvaje de la Florida. chris escribe:el viernes 20 de diciembre de 1974 no fue un día común. era el último díade clases antes de las vacaciones de navidad, y nos dejaron salir tempranode la escuela.me bajé del autobús a la una y cuarto de la tarde y empecé a caminara casa. un hombre, no muy jov<strong>en</strong>, v<strong>en</strong>ía caminando por la acera <strong>en</strong> midirección y pareció reconocerme. a pocos pasos de mi casa, se pres<strong>en</strong>tódici<strong>en</strong>do que era amigo de mi padre, que iba a dar una fiesta para papá, yque le gustaría que le ayudara con las preparaciones. estuve de acuerdo, y loacompañé hasta el c<strong>en</strong>tro juv<strong>en</strong>il de la vecindad, donde t<strong>en</strong>ía estacionadasu casa rodante. Subí al vehículo y me puse cómodo.Viajamos <strong>en</strong> dirección norte, y los barrios conocidos de miami fueronSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amordesapareci<strong>en</strong>do rápidam<strong>en</strong>te. <strong>en</strong> un lugar apartado del tránsito suburbano,se detuvo al lado de la carretera, dici<strong>en</strong>do que se había pasado de unaintersección. me dio un mapa y dijo que le <strong>en</strong>contrara cierto número decarretera, mi<strong>en</strong>tras iba “atrás para buscar algo”.mi<strong>en</strong>tras yo estudiaba el mapa y esperaba, s<strong>en</strong>tí una rep<strong>en</strong>tina punzada<strong>en</strong> el hombro, y luego otra. me di vuelta y lo vi parado detrás de mí con unpunzón <strong>en</strong> la mano. me agarró y me arrastró del asi<strong>en</strong>to hasta que estuve<strong>en</strong> el piso. arrodillándose <strong>en</strong>cima de mí, me apuñaló <strong>en</strong> el pecho varias<strong>veces</strong>. le rogué que parara, y le prometí que si me dejaba ir, no diría nadaa nadie de lo que había pasado.S<strong>en</strong>tí un <strong>en</strong>orme alivio cuando finalm<strong>en</strong>te se levantó. me dijo que meiba a dejar <strong>en</strong> alguna parte y que después llamaría a mi papá para informarledónde podría <strong>en</strong>contrarme. me permitió s<strong>en</strong>tarme <strong>en</strong> la parte deatrás de la casa rodante mi<strong>en</strong>tras manejaba. cuando le pregunté por quéme estaba haci<strong>en</strong>do eso, me dijo que mi papá “le había costado muchodinero”.después de más o m<strong>en</strong>os una hora, <strong>en</strong>tró <strong>en</strong> una polvori<strong>en</strong>ta carreterasecundaria, dici<strong>en</strong>do que era aquí donde mi papá me recogería. Salimoscaminando juntos hacia los arbustos, y me s<strong>en</strong>té donde me mandó. loúltimo que recuerdo es ver como se fue caminando.Seis días después, <strong>en</strong> la tarde del 26 de diciembre, un cazador de lalocalidad <strong>en</strong>contró a chris. t<strong>en</strong>ía la cabeza <strong>en</strong>sangr<strong>en</strong>tada y los ojosamoratados. le habían pegado un tiro <strong>en</strong> la cabeza. milagrosam<strong>en</strong>te,no hubo daño cerebral, y él no recordó el disparo.<strong>en</strong> los meses que siguieron, chris luchó a diario con la incertidumbrecausada por saber que el hombre que lo había secuestrado todavía andabasuelto. también tuvo que adaptarse a las limitaciones físicas que sufrió<strong>en</strong> consecu<strong>en</strong>cia. Quedó ciego de un ojo y no podía participar <strong>en</strong> ciertosdeportes. y, como cualquier otro muchacho adolesc<strong>en</strong>te, se preocupabapor su apari<strong>en</strong>cia.chris no quería que se m<strong>en</strong>cionara <strong>en</strong> público lo que le había sucedido;recuerda preguntarse cómo era que después de ese “milagro” podíaSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amor9s<strong>en</strong>tirse tan desgraciado. Para asombro de todos, a la edad de trece añosexperim<strong>en</strong>tó un cambio. empezó a ver su pesadilla como una b<strong>en</strong>dición<strong>en</strong> vez de una maldición. Se dio cu<strong>en</strong>ta de que sus heridas podrían habersido mucho peores; hasta podría haber muerto. también reconoció qu<strong>en</strong>o podía seguir <strong>en</strong>ojado para siempre, y una vez por todas dio la espaldaa la <strong>en</strong>emistad, la v<strong>en</strong>ganza y la lástima por si mismo.el 3 de septiembre de 1996 chris recibió una llamada telefónica quevolvió a cambiarle la vida una vez más. un jefe de detectives del departam<strong>en</strong>tode la policía de coral gables llamó a su casa para informarleque un hombre llamado david mcallister confesó ser qui<strong>en</strong> le habíasecuestrado. la familia de chris lo había empleado como acompañantede un tío anciano, pero lo despidieron por problemas con la bebida. aldía sigui<strong>en</strong>te chris visitó a david.cuando lo visité aquella tarde, s<strong>en</strong>tí una compasión abrumadora por esehombre. david mcallister ya no era un secuestrador que me atemorizaba.era, al contrario, un viejito de set<strong>en</strong>ta y <strong>siete</strong> años que ap<strong>en</strong>as pesaba 28kgs. el glaucoma lo había dejado ciego; el alcoholismo y el cigarrillo lehabían arruinado la salud. no t<strong>en</strong>ía ni amigos ni familia. era un hombreque <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>taba la muerte acompañado sólo por sus remordimi<strong>en</strong>tos.cuando primero le hablé a david, se mostró bastante ins<strong>en</strong>sible. Supongoque p<strong>en</strong>só que yo era otro policía. un amigo mío que me habíaacompañado, muy prud<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>te le hizo varias preguntas s<strong>en</strong>cillas quelo ayudaron a admitir el secuestro. al final le preguntó: “¿alguna vez hasdeseado decirle a aquel jov<strong>en</strong> que estás arrep<strong>en</strong>tido de lo que hiciste?” davidcontestó <strong>en</strong>fáticam<strong>en</strong>te: “¡Pero sí! ¡cuánto quisiera poder hacerlo!”<strong>en</strong> ese mom<strong>en</strong>to yo me di a conocer. como era ciego, me tomó de lamano y dijo que s<strong>en</strong>tía mucho lo que me había hecho. yo por mi parte leofrecí mi perdón y mi amistad.chris dice que no le fue difícil perdonar. Pero dice que los mediosnoticiosos todavía no se explican por qué y cómo lo hizo. admiranSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amor0su capacidad de perdonar, pero no pued<strong>en</strong> <strong>en</strong>t<strong>en</strong>der qué fue lo que lohabía impulsado a hacerlo. cada vez que surge el tema del perdón, sequedan <strong>en</strong> blanco; parece que prefier<strong>en</strong> <strong>en</strong>focar el drama del secuestroy los detalles de la tortura. <strong>en</strong> cierto s<strong>en</strong>tido, eso no debe sorpr<strong>en</strong>dernos.ningún análisis de las emociones humanas, por más intelig<strong>en</strong>te que sea,puede explicar satisfactoriam<strong>en</strong>te lo que significa querer perdonar. elperdón lo pued<strong>en</strong> compr<strong>en</strong>der sólo los que captan la misericordia dedios. chris agrega:hay una razón pragmática para perdonar. cuando nos hier<strong>en</strong>, podemosresponder buscando v<strong>en</strong>ganza o bi<strong>en</strong> podemos perdonar. Si escogemos lav<strong>en</strong>ganza, el <strong>en</strong>ojo nos amarga la vida. cuando se logra la v<strong>en</strong>ganza, unose queda vacío. el <strong>en</strong>ojo es un impulso difícil de satisfacer, y puede llegara ser habitual. Pero el perdón nos permite seguir adelante.hay otra razón para perdonar, que es más poderosa aún. el perdón esun don, es una b<strong>en</strong>dición. lo he recibido, y también lo he ofrecido. <strong>en</strong>ambos casos, me ha dejado completam<strong>en</strong>te satisfecho.<strong>en</strong> los días que siguieron a aquel dramático <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tro, chris empezóa visitar a david y lo fue a ver cada vez que podía, muchas <strong>veces</strong> con suesposa y sus dos hijas. los dos hombres pasaron horas hablando, ley<strong>en</strong>doy orando juntos; poco a poco, la dureza del viejo se derritió. y unanoche, tres semanas más tarde, pocas horas después que chris lo habíaacomodado <strong>en</strong> la cama, david murió.mejor tal vez que cualquier otra historia <strong>en</strong> este libro, las de chris yStev<strong>en</strong> demuestran la paradoja inher<strong>en</strong>te a aquel misterio que llamamos“perdón”. Vimos cuán difícil puede ser r<strong>en</strong>unciar a r<strong>en</strong>cores relativam<strong>en</strong>tepequeños. Sin embargo, esos dos hombres, cuyo sufrimi<strong>en</strong>tosobrepasa la peor pesadilla, supieron perdonar con una facilidad heroica,casi increíble. Pero tal vez esto t<strong>en</strong>ga que ver no tanto con ellos mismoscomo con la fe <strong>en</strong> un poder superior que t<strong>en</strong>ían ambos. <strong>en</strong> fin de cu<strong>en</strong>tas,SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


v<strong>en</strong>ci<strong>en</strong>do al odio con el amor1todo perdón vi<strong>en</strong>e de dios. Él v<strong>en</strong>ce la oscuridad con la luz, y el mal conel bi<strong>en</strong>; él quiere que el criminal y la víctima se <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tr<strong>en</strong> cara a carapara lograr la paz y la <strong>reconciliación</strong>.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuicio¡Si tan sólo hubiese g<strong>en</strong>te mala <strong>en</strong> un mismo lugar, personas que conperfidia comet<strong>en</strong> malas acciones, y sólo fuese necesario separarlas delresto de nosotros y destruirlas!…Pero la línea divisoria <strong>en</strong>tre el bi<strong>en</strong> y elmal pasa por el corazón de cada ser humano. ¿Y quién está dispuesto adestruir un pedazo de su propio corazón?aleksandr solzh<strong>en</strong>itsynmillones de cristianos rezan el Padr<strong>en</strong>uestro todos los días.Pedimos a dios que “perdone <strong>nuestra</strong>s of<strong>en</strong>sas, así como nosotrosperdonamos a los que nos of<strong>en</strong>d<strong>en</strong>”; pero ¿lo decimos <strong>en</strong> serio? condemasiada frecu<strong>en</strong>cia, repetimos estas sagradas palabras sin p<strong>en</strong>sar <strong>en</strong> loque significan, es decir que cuando hayamos reconocido <strong>nuestra</strong> propianecesidad de perdón, seremos capaces de perdonar. no se nos hace fácilreconocer esto. Por alguna razón siempre nos parece más seguro aferrarnosa nuestro orgullo farisaico, aunque sabemos muy bi<strong>en</strong> que la humildad,la admisión que nosotros mismos somos pecadores, es la es<strong>en</strong>ciadel perdón. <strong>en</strong> las Bi<strong>en</strong>av<strong>en</strong>turanzas, Jesús nos dice que los mansos seránb<strong>en</strong>decidos, y que son ellos los que heredarán la tierra. y <strong>en</strong> la paráboladel sirvi<strong>en</strong>te despiadado nos advierte que no debemos tratar a otros conmás severidad de lo que queremos ser tratados nosotros mismos:Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacercu<strong>en</strong>tas con sus siervos. y com<strong>en</strong>zando a hacer cu<strong>en</strong>tas, le fue pres<strong>en</strong>tado


el perdón ante el prejuiciouno que le debía diez mil tal<strong>en</strong>tos. a éste, como no pudo pagar, ord<strong>en</strong>ósu señor v<strong>en</strong>derle, y a su mujer e hijos, y todo lo que t<strong>en</strong>ía, para que se lepagase la deuda. <strong>en</strong>tonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, dici<strong>en</strong>do:Señor, t<strong>en</strong> paci<strong>en</strong>cia conmigo, y yo te lo pagaré todo. el señor de aquelsiervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.Pero sali<strong>en</strong>do aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debíaci<strong>en</strong> d<strong>en</strong>arios; y asi<strong>en</strong>do de él, le ahogaba, dici<strong>en</strong>do: Págame lo que medebes.<strong>en</strong>tonces su consiervo, postrándose a sus pies le rogaba dici<strong>en</strong>do: t<strong>en</strong>paci<strong>en</strong>cia conmigo, y yo te lo pagaré todo.mas él no quiso, sino fue y le echó <strong>en</strong> la cárcel, hasta que pagase ladeuda. Vi<strong>en</strong>do sus consiervos lo que pasaba, se <strong>en</strong>tristecieron mucho, yfueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.<strong>en</strong>tonces, llamándole su señor le dijo: Siervo malvado, toda aquelladeuda te perdoné porque me rogaste. ¿no debías tú también t<strong>en</strong>er misericordiade tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?<strong>en</strong>tonces su señor, <strong>en</strong>ojado, le <strong>en</strong>tregó a los verdugos, hasta que pagasetodo lo que le debía.así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis detodo corazón cada uno a su hermano sus of<strong>en</strong>sas. (S. mateo 18.23–35,versión Reina-Valera)una vez que veamos cuán necesitados de perdón somos nosotros mismos,estaremos colmados de amor y compasión por los demás. y cuandonos demos cu<strong>en</strong>ta de cuán profundam<strong>en</strong>te hemos herido a otros,<strong>nuestra</strong>s propias heridas, por más profundas, se desvanecerán.hela ehrlich, de asc<strong>en</strong>d<strong>en</strong>cia judía, se crió <strong>en</strong> la alemania nazi; ahora formaparte del Bruderhof. Poco antes de estallar la Segunda guerra mundial,la familia logró emigrar a Sudamérica, pero a pesar de haber escapadode la muerte <strong>en</strong> un campam<strong>en</strong>to de conc<strong>en</strong>tración sufrieron mucho. Supadre murió a la edad de cuar<strong>en</strong>ta y dos años. Perdió a sus abuelos deambos lados de la familia, así como a todas las amigas de su niñez, <strong>en</strong> elholocausto.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuicio4cuando <strong>en</strong> el curso de una reunión de miembros de la comunidadse m<strong>en</strong>cionó la importancia del perdón, hela habló de su lucha contrala amargura y de su persist<strong>en</strong>te aversión a perdonar las atrocidades quecometieron los nazis.me s<strong>en</strong>té temblando, y <strong>en</strong> ese mom<strong>en</strong>to caí <strong>en</strong> cu<strong>en</strong>ta de que, si mirabad<strong>en</strong>tro de mi propio corazón, podía <strong>en</strong>contrar semillas de odio ahí también.me di cu<strong>en</strong>ta de que están pres<strong>en</strong>tes <strong>en</strong> cada ser humano. los p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>tosarrogantes, los s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos de fastidio, la frialdad, el <strong>en</strong>ojo, la<strong>en</strong>vidia y hasta la indifer<strong>en</strong>cia hacia los demás – éstas son las raíces de loque aconteció <strong>en</strong> la alemania nazi. Reconocí más claram<strong>en</strong>te que nuncaque yo misma necesitaba desesperadam<strong>en</strong>te el perdón de dios, y al finme s<strong>en</strong>tí completam<strong>en</strong>te libre.jared es un estudiante universitario afro-americano que vi<strong>en</strong>e deBoston. hace poco visitó <strong>nuestra</strong> comunidad y nos contó una historiaparecida.yo t<strong>en</strong>ía seis años cuando desperté a la realidad del racismo. desde elambi<strong>en</strong>te protegido de mi hogar me empujaron al mundo, es decir a laescuela primaria del barrio, que quedaba cerca de casa. había estado<strong>en</strong> la escuela sólo un mes cuando una ley municipal ord<strong>en</strong>ó el trasladopor ómnibus a una escuela <strong>en</strong> el otro extremo de la ciudad. mis padresno estaban cont<strong>en</strong>tos con esto; ellos querían que yo fuera a una escueladonde me conocieran y quisieran. t<strong>en</strong>ían una finca <strong>en</strong> el campo, así qu<strong>en</strong>os mudamos para allá…mi padre era veterano del movimi<strong>en</strong>to de derechos civiles (civil rightsmovem<strong>en</strong>t), y nos <strong>en</strong>señó a amar y respetar a todo ser humano, blanco onegro. yo no miraba las cosas desde un punto de vista racial. con todo,yo era el único niño negro <strong>en</strong> la escuela, y a muchos de los otros niñosobviam<strong>en</strong>te se les había <strong>en</strong>señado a odiar. cuando notan difer<strong>en</strong>cias, losniños pued<strong>en</strong> ser brutales <strong>en</strong>tre sí. comi<strong>en</strong>zan con una pregunta inoc<strong>en</strong>te:¿Por qué es oscura tu piel? Pero <strong>en</strong>tonces empiezan a reírse y a burlarse,porque sab<strong>en</strong> que de algún modo t<strong>en</strong>er piel oscura es ser difer<strong>en</strong>te – <strong>en</strong>algún mom<strong>en</strong>to de su vida se les había <strong>en</strong>señado que no es “lo normal”.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuiciome s<strong>en</strong>tí fuera de lugar, como pez fuera del agua, y esos chiquilinesme hicieron la vida difícil. Recuerdo un incid<strong>en</strong>te típico. un día yo lepres<strong>en</strong>té a uno de mis amigos blancos a otro muchacho blanco; de ahí <strong>en</strong>adelante ellos siempre se s<strong>en</strong>taron juntos <strong>en</strong> el autobús, y a mí me dejarona un lado.cuando yo estaba <strong>en</strong> el séptimo grado, había <strong>en</strong> mi clase un muchachoblanco llamado Simón, el único blanco <strong>en</strong> toda la escuela. lo tratábamoscomo un paria, lo provocábamos con epítetos raciales y nos burlábamos deél. aunque no nos había hecho nada a ninguno de nosotros, descargábamossobre él todo nuestro odio por los blancos. Él simbolizaba todo lo quesabíamos de los blancos y de su historia: la humillación de nuestro pueblo,los linchami<strong>en</strong>tos, las turbas, la trata de esclavos. descargábamos toda<strong>nuestra</strong> amargura e ira sobre este muchacho.ahora sé que lo que hicimos a Simón estuvo mal. eramos racistas, lamisma cosa por la cual desdeñamos a los blancos. hasta el día de hoy,ruego que dios me perdone por el mal que ocasioné. le pido perdón adios ya que no se lo puedo pedir a Simón. y me propongo perdonar a losmuchachos que no tuvieron corazón para tratarme con amor cuando yoera el único negro <strong>en</strong>tre ellos.josef b<strong>en</strong>-eliezer, hijo de padres judíos y miembro del Bruderhof, nació<strong>en</strong> el 1929 <strong>en</strong> Francfort, alemania. al igual que miles más, sus padreshabían emigrado de Polonia para escapar de la persecución y la pobreza,pero fue muy breve el respiro.mi primer <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tro con el antisemitismo ocurrió cuando t<strong>en</strong>ía solam<strong>en</strong>tetres años. asomados a la v<strong>en</strong>tana de nuestro apartam<strong>en</strong>to <strong>en</strong> laost<strong>en</strong>dstrasse de Francfort, vimos pasar un batallón de la Juv<strong>en</strong>tud hitleriana.marcharon al ritmo de una canción que hasta yo mismo <strong>en</strong>t<strong>en</strong>dí:W<strong>en</strong>n Jud<strong>en</strong>blut vom messer spritzt (cuando la sangre judía corre pornuestros puñales). todavía recuerdo la mirada de horror <strong>en</strong> la cara demis padres.al poco tiempo, <strong>nuestra</strong> familia decidió salir de alemania, y a finesde 1933 nos mudamos a Rozwadow <strong>en</strong> Polonia, a orillas del Río San. laSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuiciomayoría de los habitantes eran judíos: artesanos, sastres, carpinteros ycomerciantes. había mucha pobreza, pero d<strong>en</strong>tro de las circunstancias,a nosotros se nos consideraba clase media. allí vivimos los próximos seisaños.la guerra com<strong>en</strong>zó <strong>en</strong> 1939, y a las pocas semanas los alemanes <strong>en</strong>traron<strong>en</strong> nuestro pueblo. mi padre y hermano mayor se escondieron <strong>en</strong>el desván, y si algui<strong>en</strong> llamó a la puerta y preguntó por ellos, dijimos qu<strong>en</strong>o estaban <strong>en</strong> casa.<strong>en</strong>tonces llegó el edicto que tanto temíamos: todos los judíos t<strong>en</strong>íanque juntarse <strong>en</strong> la plaza. nos dieron unas pocas horas. llevamos lo quepodíamos cargar; amarramos las cosas <strong>en</strong> bultos para llevar a cuestas. laSS nos obligó a marchar desde la plaza hacia el Río San, a varias millas delpueblo. unos hombres uniformados nos acompañaron <strong>en</strong> motocicleta.nunca olvidaré cómo uno de ellos se detuvo, nos gritó que nos diéramosprisa, se acercó a mi padre y lo pegó <strong>en</strong> la cara.a la orilla del río nos esperaban otros hombres uniformados. noscachearon, buscando artículos de valor: dinero, joyas, relojes. (Por suert<strong>en</strong>o <strong>en</strong>contraron el dinero que mis padres habían escondido <strong>en</strong> la ropa demi hermanita.) <strong>en</strong>tonces nos ord<strong>en</strong>aron cruzar el río hacia una tierra d<strong>en</strong>adie. no nos dieron otras instrucciones, así que buscamos alojami<strong>en</strong>to<strong>en</strong> una aldea al otro lado del río.de rep<strong>en</strong>te, unos días después, oímos que los alemanes iban a ocuparesta región también. nos <strong>en</strong>tró el pánico. con el poco dinero que t<strong>en</strong>íamosescondido, mis padres se juntaron con dos o tres familias, y compraronun caballo y una carreta para llevar a los niños más pequeños y lo pocoque habíamos logrado cargar a cuestas.dirigimos nuestros pasos hacia el este <strong>en</strong> dirección a Rusia, esperandollegar a la frontera antes del oscurecer; pero cuando cayó la noche, nos<strong>en</strong>contramos <strong>en</strong> medio de un gran bosque. una banda de hombres armadosnos atacó y exigió que le <strong>en</strong>tregáramos todo lo que t<strong>en</strong>íamos. Fue unmom<strong>en</strong>to aterrador, pero hubo algunos <strong>en</strong> nuestro grupo que tuvieron laval<strong>en</strong>tía de hacerles fr<strong>en</strong>te. al final, se llevaron una bicicleta además dealgunas cosas de poco valor.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuiciola familia de Josef pasó los años de la guerra <strong>en</strong> Siberia. milagrosam<strong>en</strong>te,<strong>en</strong> 1943 Josef logró escapar a Palestina. después de la guerra, llegó aconocer a judíos que habían sobrevivido los campos de conc<strong>en</strong>tración:<strong>en</strong> 1945 los primeros niños liberados de Berg<strong>en</strong>-Bels<strong>en</strong> y Buch<strong>en</strong>waldcom<strong>en</strong>zaron a llegar a Palestina. me horroricé al escuchar lo que habíansufrido estos chicos; algunos t<strong>en</strong>ían doce, trece o catorce años no más, yparecían unos viejitos. me quedé anonadado…<strong>en</strong> los próximos tres años luché contra la ocupación colonial británica.yo estaba ll<strong>en</strong>o de odio por los ingleses, especialm<strong>en</strong>te después de que empezarona restringir la inmigración de los sobrevivi<strong>en</strong>tes del holocausto aPalestina. nosotros, los judíos, dijimos que nunca más iríamos como ovejasal matadero, por lo m<strong>en</strong>os no sin def<strong>en</strong>dernos. S<strong>en</strong>tíamos que vivimos <strong>en</strong>un mundo de bestias salvajes, y que para sobrevivir t<strong>en</strong>dríamos que sercomo ellos.cuando terminó el mandato británico <strong>en</strong> Palestina, hubo más luchapor la tierra <strong>en</strong>tre los judíos y los árabes. yo me alisté <strong>en</strong> el ejército, porqueya no podía seguir permiti<strong>en</strong>do que me pisotearan…durante una campaña <strong>en</strong> Ramla y lod, mi unidad ord<strong>en</strong>ó a los palestinosque desalojaran sus casas d<strong>en</strong>tro de unas pocas horas. no les permitimosirse <strong>en</strong> paz, sino que por puro odio les caímos <strong>en</strong>cima. los golpeamosy los interrogamos brutalm<strong>en</strong>te. algunos hasta fueron asesinados. nohabíamos recibido órd<strong>en</strong>es de hacer estas cosas; actuamos por iniciativapropia. Se habían desatado nuestros instintos más bajos.de rep<strong>en</strong>te, mi niñez <strong>en</strong> Polonia apareció ante mis ojos. Reviví <strong>en</strong> mim<strong>en</strong>te mi propia experi<strong>en</strong>cia de cuando t<strong>en</strong>ía diez años, expulsado de mipueblo. aquí también había g<strong>en</strong>te que huía, hombres, mujeres y niños, conlo poco que pudieron llevar a cuestas. y los ojos de los palestinos estabanll<strong>en</strong>os de miedo, un miedo que yo mismo conocía tan bi<strong>en</strong>. me s<strong>en</strong>tí terriblem<strong>en</strong>teangustiado, pero estaba bajo órd<strong>en</strong>es y seguí palpándolos <strong>en</strong>busca de objetos de valor. ahora yo ya no era la víctima. ahora, yo t<strong>en</strong>íael poder.Poco después, Josef salió del ejército, pero no estaba cont<strong>en</strong>to. abandonóel judaísmo, luego la religión <strong>en</strong> sí, y trató de compr<strong>en</strong>der el s<strong>en</strong>tido de laSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuiciovida racionalizando el mal. Pero eso no le resultó tampoco, y finalm<strong>en</strong>tevino a parar <strong>en</strong> el Bruderhof.Fue ahí que por primera vez conocí la realidad del perdón. y me pregunto:¿cómo puedo no perdonar a los demás, si yo mismo soy tan necesitado delperdón, una y otra vez? más que nada, me anima la esperanza de que algúndía el mismo espíritu que me salvó a mí conv<strong>en</strong>cerá al mundo <strong>en</strong>tero.los tres, hela, Jared y Josef, t<strong>en</strong>ían razones valederas para no perdonara sus <strong>en</strong>emigos. del punto de vista humano eran inoc<strong>en</strong>tes. los pesosque llevaban resultaron del prejuicio y odio de otros, no de los suyos.Sin embargo, una vez que reconocieron que ellos mimos tampoco soninfalibles, pudieron dejar de un lado su autojustificación, y descubrir almismo tiempo el perdón para sí mismos y para los demás.la historia de joel dorkam, un bu<strong>en</strong> amigo mío que vive <strong>en</strong> el Kibutztsuba <strong>en</strong> israel, nos ofrece una perspectiva algo difer<strong>en</strong>te. Plantea unapregunta que oímos de muchas personas que sufrieron <strong>en</strong> el curso de lahistoria: ¿no hay límite al perdón?Joel nació <strong>en</strong> alemania <strong>en</strong> 1929, el año fatídico del colapso financieroy económico que contribuyó a llevar a los nazis al poder…Su familiaera acomodada, y la vida era bu<strong>en</strong>a hasta que el fascismo se hizo s<strong>en</strong>tirmás y más. al igual que muchos judíos alemanes, al principio el padrede Joel no tomó muy <strong>en</strong> serio a los nazis – “hitler no puede durar; es unmaniático”, decían –pero cuando fue nombrado canciller, siguieron elconsejo de bu<strong>en</strong>os amigos y emigraron a Francia.cuando estalló la Segunda guerra mundial todo se vino abajo. yo ya nosólo era un extranjero; era alemán, por lo tanto era un “<strong>en</strong>emigo”…Franciafue ocupada por el ejército alemán, y al poco tiempo la Gestapo (policíasecreta del estado) estaba haci<strong>en</strong>do arrestos…Por suerte pudimos escondernoscon la ayuda de amigos franceses.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuicio9Finalm<strong>en</strong>te, mis padres decidieron que la única esperanza de sobrevivirera escapar y cruzar la frontera hacia españa a pie, clandestinam<strong>en</strong>te. Papáap<strong>en</strong>as se había repuesto de un ataque de artritis. tuvo que atravesar losPirineos apoyado <strong>en</strong> dos bastones y parte del tiempo cargado a cuestaspor nuestro guía…una y otra vez nos rogaba que lo dejásemos atrás…laguardia civil (la policía fronteriza española) nos dejó pasar, al igual quela mayoría de los casi 10.000 judíos que cruzaron la frontera ilegalm<strong>en</strong>te.habernos devuelto a Francia habría significado la muerte segura…una vez <strong>en</strong> españa, después de una breve separación, la familia pudoreunirse <strong>en</strong> madrid. cuando llegó el mom<strong>en</strong>to de tomar una decisiónacerca de su destino definitivo resolvieron emigrar a Palestina.hacia el final de la guerra, <strong>en</strong> 1944, las condiciones <strong>en</strong> el nuevo país eranduras…me matriculé <strong>en</strong> una escuela vocacional y me hice mecánico deautos. la escuela había sido destinada a acoger niños judío-alemanes rescatadosde europa, pero cuando llegué ya no quedaban niños para rescatar.la mayoría de los estudiantes eran sabras, muchachos lugareños; y yo, conmi pasado de judío alemán asimilado, y con mi escaso conocimi<strong>en</strong>to de lascostumbres y tradiciones judías, otra vez era difer<strong>en</strong>te, aj<strong>en</strong>o…más tarde luché <strong>en</strong> la guerra de liberación de israel, y me integré alKibutz tsuba (cerca de Jerusalén) con Sarah, mi futura esposa, una sabrapelirroja nacida <strong>en</strong> israel. hice una solemne promesa de no vagar más. Ésteiba a ser mi hogar para el resto de mi vida…y trataría de ayudar a otrosinmigrantes que pasaron por dificultades semejantes a las mías…había apr<strong>en</strong>dido, aunque fuese a golpes, que todos dep<strong>en</strong>demos unosde otros, especialm<strong>en</strong>te <strong>en</strong> tiempos duros. había descubierto la importanciade prestar ayuda práctica, de ofrecer una palabra de ali<strong>en</strong>to. habíareconocido que <strong>en</strong> todas partes hay g<strong>en</strong>te bu<strong>en</strong>a y mala y que la mayoríasomos una combinación de los dos…a pesar de todo el sufrimi<strong>en</strong>to que los alemanes nos causaron a mí ya mi familia, he hecho todo lo posible para forjar nuevos lazos con g<strong>en</strong>tealemana…naturalm<strong>en</strong>te no podremos olvidar jamás a los 6 millones de judíos,<strong>en</strong>tre ellos 1.5 millones de niños inoc<strong>en</strong>tes, que fueron torturados y ex-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuicio0terminados por los nazis y sus aliados. Quizás podamos reconciliarnoscon la alemania de hoy, pero ¿cómo olvidar que <strong>en</strong> la hora más oscurade la historia, <strong>en</strong> la hora de <strong>nuestra</strong> mayor desesperación, se nos dejó sufriry morir desamparados, sin ninguna ayuda por parte de las presuntaspot<strong>en</strong>cias mundiales?…Si perdonar significa r<strong>en</strong>unciar al odio ciego y a los s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos dev<strong>en</strong>ganza, esto sí es posible. Pero ¿quiere decir que debemos perdonar alos monstruos que cometieron las peores atrocidades <strong>en</strong> la memoria dela humanidad?yo podría perdonar a los que quedaron indifer<strong>en</strong>tes y a los que no seatrevieron a levantar la voz. Sé que hacía falta mucho coraje para resistir alas autoridades y oponerse al terror que impusieron los nazis. Pero tambiénsé que miles de personas honradas arriesgaron la propia vida, y <strong>en</strong> muchoscasos la de sus familias, por ayudar y esconder a judíos.¿Será posible perdonar a hitler y a sus secuaces, a sus comandantes ysoldados de la SS, sus guardias de los campos de exterminación, sus oficialesde la Gestapo? ¿Será posible perdonar a los torturadores y asesinosque mataron de hambre, a tiro de metralla y con gases a ci<strong>en</strong>tos de milesde niños, mujeres y hombres indef<strong>en</strong>sos?Puedo perdonar a los soldados que pelearon contra nosotros <strong>en</strong> lasguerras, aunque haya sido por motivos erróneos…Puedo perdonar a g<strong>en</strong>teque lucha para protegerse o para reclamar sus derechos, aunque esténequivocados o hayan sido <strong>en</strong>gañados. Pero ¿no ti<strong>en</strong>e límites el perdón?hijo de padres mexicanos, Roberto Rodríguez se crió <strong>en</strong> los angeles.es autor de varios libros y de una crónica que se publica regularm<strong>en</strong>te<strong>en</strong> periódicos de todo el país. hace unos veinte años, cuando pres<strong>en</strong>cióy fotografió el brutal apaleami<strong>en</strong>to de otro jov<strong>en</strong> <strong>en</strong> una calle de losangeles, Roberto fue apaleado por cuatro o cinco policías. Sufrió unafractura del cráneo, hospitalización y <strong>en</strong>carcelami<strong>en</strong>to. Se le acusó dehaber int<strong>en</strong>tado matar a los ag<strong>en</strong>tes policiales que por poco lo matarona él. más de una vez recibió am<strong>en</strong>azas de muerte y tuvo que pasar pordos procesos judiciales que duraron más de <strong>siete</strong> años. no debe extrañar-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuicio1nos que ha sido diagnosticado de sufrir de post traumatic stress disorder(PtSd, o desord<strong>en</strong> de estrés Post traumático).es éste el contexto <strong>en</strong> el cual escribe Roberto Rodríguez acerca delperdón. las víctimas de abusos de esta índole sufr<strong>en</strong> la última ignominia– la deshumanización. Para que puedan sanar, es necesario invertir elproceso. y el primer paso, que es de fundam<strong>en</strong>tal importancia, es el deperdonar a los que los maltrataron.ahora bi<strong>en</strong>, ¿he perdonado, o t<strong>en</strong>go que perdonar a aquellos ag<strong>en</strong>tespoliciales que casi me quitaron la vida, que me am<strong>en</strong>azaron, aquellos que<strong>en</strong> medio de la noche me hicieron p<strong>en</strong>sar que me llevaban a mi últimodestino? ¿he perdonado a esos policías que me persiguieron constantem<strong>en</strong>tey me arrestaron bajo cualquier pretexto, a aquel fiscal que me citóante la corte con falsas acusaciones, o a esos otros fiscales que trataronde eliminarme? ¿he perdonado a aquellos políticos que crearon esteambi<strong>en</strong>te y que no querían verme ni pintado cuando les pedí ayuda, o alos periódicos que me pres<strong>en</strong>taron como criminal? ¿y qué de mi propioabogado, que abandonó mi caso <strong>siete</strong> años después del incid<strong>en</strong>te, cuandofaltaban dos días para el juicio? ¿acaso le he perdonado a él?…he descubierto que sólo si me <strong>en</strong>cauzo hacia mi propia re-humanizaciónt<strong>en</strong>go esperanza de sanar. Re-humanización es la antítesis dedeshumanización. Para mí, la re-humanización va más allá del perdón,aunque estimo que el perdón, que creo ya haber acordado <strong>en</strong> mi espíritu,es un elem<strong>en</strong>to crítico <strong>en</strong> el proceso de la re-humanización.no seremos realm<strong>en</strong>te humanos mi<strong>en</strong>tras t<strong>en</strong>gamos odio por d<strong>en</strong>tro,mi<strong>en</strong>tras estemos consumidos por <strong>en</strong>fado o amargura y guardemos r<strong>en</strong>cores.el hecho es que estas emociones defin<strong>en</strong> <strong>nuestra</strong> vida. nos despojande la pl<strong>en</strong>a y verdadera vida humana. Para la recuperación de todosaquellos que han sido brutalizados y deshumanizados, resulta fundam<strong>en</strong>talque se deshagan de estas debilitantes emociones. Pero no basta dejarlasatrás; hay que indagar al mismo tiempo qué significa ser humano…<strong>en</strong> el pasado, el odio controlaba y consumía mi vida, no la de misatorm<strong>en</strong>tadores. Si hoy me <strong>en</strong>contrara con alguno de ellos, no sé comoreaccionaría. Sospecho que sigu<strong>en</strong> atorm<strong>en</strong>tando y brutalizando a otros.con todo, <strong>en</strong> mi proceso de recuperación me he dado cu<strong>en</strong>ta de que hastaSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuiciodebería estarles agradecido, porque si no fuera por sus acciones, no sé cuálhabría sido el curso de mi vida. Si no hubiese pasado por esos traumas,tal vez hoy no estaría escribi<strong>en</strong>do, cantando o pintando; seguram<strong>en</strong>te nohabría llegado a conocer a todas aquellas personas tan especiales que antesdel asalto no fueron parte de mi vida.a <strong>veces</strong> me pregunto: ¿adónde se han ido mi amargura y mi odio?¿Será que han desaparecido porque dos <strong>veces</strong> salí victorioso del tribunal?otras <strong>veces</strong> se me ocurre que mi odio y mi amargura han sido archivados<strong>en</strong> algún rincón de mi subconsci<strong>en</strong>te, allí donde se guardan los recuerdosmalos…cosa extraña – me parece que soy yo el que he t<strong>en</strong>ido suerte. Salí victoriosode mis juicios federales y criminales, y los ag<strong>en</strong>tes policiales quedaronconvictos de haber violado mis derechos civiles. desgraciadam<strong>en</strong>teconozco a muchos que han sido brutalizados como yo. Para algunos elúnico consuelo ha sido que las acusaciones <strong>en</strong> contra suyo fueron anuladas.Pero muchos más, los de los barrios y de los guetos de américa, son cruelm<strong>en</strong>teapaleados e internados <strong>en</strong> hospitales, o arrastrados a comisaríasy prisiones bajo el pretexto de haber “asaltado a un ag<strong>en</strong>te”. ¿Qué consueloti<strong>en</strong><strong>en</strong> ellos? – ¿Que no los mataron?…¿Pued<strong>en</strong> ellos perdonar? ¿están siquiera <strong>en</strong> condición de perdonar?más que perdonar, lo que les hace falta es ser tratados, y como parte de esetratami<strong>en</strong>to deberían exigirse, a guisa de justicia, las disculpas por partede la <strong>sociedad</strong>. aun así, la justicia sola no es sufici<strong>en</strong>te ni provee la ayudamédica necesaria para sanar a todos ellos. Por <strong>nuestra</strong>s calles vagan dec<strong>en</strong>asde miles de jóv<strong>en</strong>es heridos, iracundos y rapaces – hermanos y hermanasque sufr<strong>en</strong> por la injusticia y la falta de tratami<strong>en</strong>to médico y están a unpaso no más de la cárcel o de la muerte propia o aj<strong>en</strong>a.la brutalidad y la injusticia <strong>en</strong>g<strong>en</strong>dran el odio y el r<strong>en</strong>cor. añadiréque matan al espíritu, terminando <strong>en</strong> lo que algunos llaman la “pérdidadel alma”, es decir, la deshumanización total…<strong>en</strong>tonces parecería que elperdón no viniera al caso; hasta podría considerarse un lujo. no puedeexigirse perdón sin curación física, m<strong>en</strong>tal y espiritual, y sin restablecercondiciones justas. Sin justicia sería una victoria sin reparación.Sin embargo, precisam<strong>en</strong>te porque reina la injusticia, y precisam<strong>en</strong>teporque estas condiciones seguirán existi<strong>en</strong>do <strong>en</strong> un futuro previsible, esm<strong>en</strong>ester que los que han sido brutalizados y deshumanizados se san<strong>en</strong>SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuiciosin esperar que el gobierno les ayude o les pida disculpas. necesitan tratami<strong>en</strong>toprofesional y necesitan <strong>en</strong>contrar su propio cauce hacia su propiare-humanización. desde luego, los que pued<strong>en</strong> ayudarles <strong>en</strong> ese procesoti<strong>en</strong><strong>en</strong> la obligación de hacerlo. de lo contrario, las víctimas quedarán cond<strong>en</strong>adasa un infierno de constante torm<strong>en</strong>to y amargura. al igual que elperdón, la re-humanización no requiere disculpas ni justicia; pero estono significa que dejemos de luchar por la justicia.Si el perdón ayuda a los que han sido brutalizados – y yo creo que dehecho ayuda – <strong>en</strong>tonces ti<strong>en</strong>e que ser integrado <strong>en</strong> el proceso de su rehumanización.Sin embargo, perdonar no significa cruzarse de brazos eirse cont<strong>en</strong>to a casa. Significa, eso sí, que <strong>en</strong> el afán de recuperar la propiahumanidad y los propios derechos se rechace todo s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to de ira, odioy amargura. Pues como bi<strong>en</strong> lo sabe el que ha perdonado, es más sosegadovivir capaz de reírse y sonreírse, que vivir ll<strong>en</strong>o de res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos.con todo, debemos añadir que hace falta no sólo tratar al que ha sidobrutalizado o traumatizado. también hay que tratar al agresor, al violador.esto lo hemos apr<strong>en</strong>dido de los excombati<strong>en</strong>tes que han matado, de lossoldados que han torturado…¿Perdonar? ¡evid<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>te! Pero todavía hay que rezar mucho paraque todos aquellos que sigu<strong>en</strong> atorm<strong>en</strong>tando a otros seres humanos seancurados de su propia deshumanización.<strong>en</strong> una <strong>sociedad</strong> que pone el énfasis sobre el individualismo y el instintode preservación, perdonar es algo que se trata de evitar y hasta se desprecia.incluso, se considera señal de debilidad. nos <strong>en</strong>señan a reclamarnuestros derechos y def<strong>en</strong>derlos, no a cederlos. Sin embargo, Jesucristo se<strong>en</strong>tregó “hasta la muerte”. ¿y no deberían los que dic<strong>en</strong> ser sus discípulosestar dispuestos a hacer lo mismo?Sabemos lo que contestó Jesús cuando uno de sus discípulos le hizouna pregunta similar a la de Joel: ¿no ti<strong>en</strong>e límites el perdón? (S. mateo18.21–22). y sabemos que sus palabras eran más que retórica: Jesúsvivió una vida de perfecto perdón y amor sin límites; de ahí que podíacontestar tan s<strong>en</strong>cilla y directam<strong>en</strong>te. Para nosotros no es sufici<strong>en</strong>te citarSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón ante el prejuicio4el evangelio. como lo demuestra la historia de Joel y la de Roberto, cadauno debe meditar sobre lo que el perdón – ese <strong>en</strong>igma antiguo – significapara su propia vida. Sólo se puede resolver d<strong>en</strong>tro del corazón y a travésde la vida de cada uno.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que lespersigu<strong>en</strong>”ante algunos p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>tos, uno se queda perplejo, especialm<strong>en</strong>te al verel pecado del ser humano; y uno se pregunta si debe usar fuerza u optarpor amor humilde. Decídete siempre a usar el amor humilde. Si de unavez por todas te decides por esto, podrás someter al mundo <strong>en</strong>tero. Lahumildad unida al amor posee una fuerza maravillosa, más poderosaque ninguna otra cosa, y no hay como ella.fedor dostoievski<strong>en</strong> el sermon del monte, Jesús nos dice que debemos amar a nuestros<strong>en</strong>emigos; más aun, dice que debemos “b<strong>en</strong>decir” a los que nos persigu<strong>en</strong>.además, dice que no debemos resistir el mal con el mal, sinovolver la otra mejilla e ir la segunda milla; <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tar la viol<strong>en</strong>cia con lapaz, y el odio con el amor. y nos lo demuestra de la manera más clarae inconfundible mediante sus palabras <strong>en</strong> la cruz: “¡Padre, perdónalesporque no sab<strong>en</strong> lo que hac<strong>en</strong>!” esteban, el primer mártir cristiano, almorir también oró por sus <strong>en</strong>emigos: “Señor, no les tomes <strong>en</strong> cu<strong>en</strong>taeste pecado.”ilse von Koeller, afiliada de mi iglesia, se salvó de la muerte durantela Segunda guerra mundial sólo porque era capaz de perdonar. laguerra ya había com<strong>en</strong>zado cuando ilse y ulrich se casaron. <strong>en</strong> octubrede 1942 nació martina, su primera hija. ilse era feliz. aunque sabi<strong>en</strong>do


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”que ulrich estaba <strong>en</strong> el fr<strong>en</strong>te ruso y tal vez nunca lo volvería a ver, porlo m<strong>en</strong>os t<strong>en</strong>ía a su hija.<strong>en</strong> 1944 ya era obvio que alemania estaba perdi<strong>en</strong>do la guerra. elbombardeo de las ciudades aum<strong>en</strong>tó; con los ataques por el este y eloeste, las fuerzas rusas y americanas poco a poco llevaron a alemania a laruina. al acercarse el combate a cracovia, donde ilse vivía con martina,ella y sus amigas sabían que pronto iban a t<strong>en</strong>er que huir de la ciudad.Pero, ¿dónde escondernos cuando llegu<strong>en</strong> los rusos? Junto con otrasmujeres, nos fuimos a remo hasta una isla <strong>en</strong> el lago. <strong>en</strong>contramos unachoza sin puerta ni v<strong>en</strong>tanas, pero por lo m<strong>en</strong>os t<strong>en</strong>ía un techo. ahí nosquedamos unos días, hasta que algui<strong>en</strong> nos delató. Veinte soldados rusoshicieron una incursión <strong>en</strong> la isla. el líder ord<strong>en</strong>ó que le prestáramos at<strong>en</strong>ción,y un intérprete tradujo: “ustedes se escondieron aquí porque noquerían quedarse <strong>en</strong> cracovia. Son simpatizantes del partido de hitler.t<strong>en</strong>go órd<strong>en</strong>es de fusilarlos.”“¡tú!” el líder me señaló a mí. “tu nombre, ¿ y dónde está tu esposo?”“ilse von Koeller de la Pomerania ori<strong>en</strong>tal. mi esposo está <strong>en</strong> el fr<strong>en</strong>teruso.”hice una mueca al decir mi nombre. Ser alemana era malo, pero seraristócrata como lo indicaba mi apellido, era peor todavía. <strong>en</strong> 1918 habíanfusilado a la aristocracia rusa <strong>en</strong>tera.tuvimos que hacer fila con la espalda contra la pared de la choza.cinco soldados se pararon fr<strong>en</strong>te a nosotras con sus fusiles. el líder contómi<strong>en</strong>tras apuntaban. mi único p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>to era: ¿Qué le pasará a mi hijitacuando yo esté muerta? agarré a mi bebé <strong>en</strong> mis brazos; la t<strong>en</strong>drían quematar junto conmigo. no podía dejarla sola a la merced de estos soldadosbrutales. la apreté contra mi corazón y miré al líder con toda calma.Sin odio ni temor, sin pedirle compasión, le dije <strong>en</strong> voz baja: “estoy lista.cumpla su deber.”el líder nos miró a mí y a martina. la expresión de su cara cambió.mom<strong>en</strong>tos antes había sido rígida y fría, ahora miraba a mi bebé casi concariño. ¿no era ésta la tierna y bondadosa mirada que yo había visto <strong>en</strong>los ojos de mi esposo cuando se fue al fr<strong>en</strong>te?el líder habló a sus hombres, que bajaron sus armas y se dieron vuelta.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”el intérprete dijo: “esta niña te ha salvado la vida.” al instante, la t<strong>en</strong>siónque había reprimido se desbordó. Perdí el control; se me aflojaron las rodillas;estuve temblando de pies a cabeza. mis di<strong>en</strong>tes me castañeteaban,y no pude hablar. me s<strong>en</strong>tí completam<strong>en</strong>te vacía. un soldado trató decalmarme y me ofreció un cigarrillo, pero no pude tomarlo porque mismanos temblaban demasiado.<strong>en</strong>tonces el líder les ord<strong>en</strong>ó a sus hombres que abandonaran la isla, y conun gran alivio los vimos irse remando. no podía odiarlos ni maldecirlos.más bi<strong>en</strong> s<strong>en</strong>tí una extraña compasión por estos hombres.<strong>en</strong> los meses sigui<strong>en</strong>tes, ilse tuvo que <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tar nuevos peligros, y a <strong>veces</strong>la ayuda vino de una manera inesperada e inconcebible:un soldado borracho me tiró al suelo. lo empujé con todas mis fuerzas.Su cara, grosera y ll<strong>en</strong>a de lujuria, pegada tan cerca a la mía, me ll<strong>en</strong>ó dehorror y repugnancia. Quería odiarlo con todo mi ser, y maldecirlo; perode rep<strong>en</strong>te vi <strong>en</strong> su cara el sufrimi<strong>en</strong>to de toda la humanidad. me abrumóun profundo s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to de compasión, un s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to que nunca anteshabía conocido. ¿acaso no era él, también, una víctima de esta guerrahorrible y despiadada?el soldado notó mi calma y se asombró. Sus brazos, que me t<strong>en</strong>ían <strong>en</strong>un agarre férreo, aflojaron un poco y, <strong>en</strong> ese instante, pude zafarme y meescapé. <strong>en</strong>furecido, me gritó: “Frau, komm! Frau, komm!” (¡mujer, v<strong>en</strong>!)esas palabras las conocían todos los soldados rusos. Silbaron las balas,pero escapé ilesa.Juntos una vez más, los von Koeller sobrevivieron a la guerra. ulrichmurió <strong>en</strong> 1970 después de una larga <strong>en</strong>fermedad. las aflicciones de ilsetodavía no habían acabado. <strong>en</strong> 1984 le descubrieron un tumor <strong>en</strong> la basedel cerebro. era b<strong>en</strong>igno, pero la incisión para extirparlo le dejó paralizadoun lado de la cara. ella, que había sido una mujer muy atractiva,ahora padecía de una desfiguración facial, le costaba tragar y controlarla l<strong>en</strong>gua al hablar. no obstante, como siempre, aceptó su suerte con unafirmeza inquebrantable y no se dio por v<strong>en</strong>cida. cuando el cirujano seSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”disculpó por los resultados de la operación, ella le contestó: “Se lo perdono.”ilse vivió once años más, vali<strong>en</strong>te y alegre hasta el final.mucha g<strong>en</strong>te ridiculiza el mandami<strong>en</strong>to de Jesús de perdonar anuestros <strong>en</strong>emigos como una ins<strong>en</strong>satez auto-destructiva. ¿cómovamos a abrazar a qui<strong>en</strong> nos quiere hacer daño, o int<strong>en</strong>ta destruirnos?el amor de Jesús no conoce límites. Se exti<strong>en</strong>de mucho más allá de loslindes de la justicia y equidad humanas. V<strong>en</strong>ce todo lo que se halla <strong>en</strong>su camino, tanto lo bu<strong>en</strong>o como lo malo; transforma y redime todasituación que, de lo contrario, no t<strong>en</strong>dría ninguna esperanza. cuandoamamos a algui<strong>en</strong> que nos odia, no se trata de una emoción pasajera, sinode un poder divino que reemplaza <strong>nuestra</strong> reacción humana (que quieredef<strong>en</strong>derse peleando) con un amor que da vergü<strong>en</strong>za al alma de nuestro<strong>en</strong>emigo.<strong>en</strong> la primavera de 1965, cuando marché con martin luther KingJr. <strong>en</strong> marion (estado de alabama), pude observar de primera manosu profundo amor y su humildad ante una terrible injusticia. yo estabavisitando a viejos amigos <strong>en</strong> el instituto tuskeegee cuando nos <strong>en</strong>teramosde la muerte de Jimmie lee Jackson. Jimmie era un jov<strong>en</strong> que ochodías antes fue gravem<strong>en</strong>te herido por un disparo cuando la policía dealabama interrumpió un mitin <strong>en</strong> una iglesia de marion, cayó sobre elpueblo y atacó a porrazos a los manifestantes. Qui<strong>en</strong>es pres<strong>en</strong>ciaron elincid<strong>en</strong>te, describieron una esc<strong>en</strong>a caótica. los espectadores blancosrompieron cámaras fotográficas y destruyeron el alumbrado público,mi<strong>en</strong>tras la policía atacó brutalm<strong>en</strong>te a hombres y mujeres, algunos delos cuales continuaban orando de rodillas <strong>en</strong> los escalones de la iglesia.el crim<strong>en</strong> de Jimmie fue tirarse <strong>en</strong>cima de un policía que estaba golpeandodespiadadam<strong>en</strong>te a su mamá; su castigo consistió <strong>en</strong> un disparoal estómago y una carga de macanazos <strong>en</strong> la cabeza que lo dejaron casimuerto. le negaron admisión <strong>en</strong> el hospital más cercano y tuvieron queSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”9llevarlo a Selma (alabama). allí pudo contar su historia a los reporteros.murió pocos días después.al recibir la noticia de la muerte de Jimmie, fuimos a Selma sin demora.el velorio <strong>en</strong> la capilla Brown era con el féretro abierto, y aunquela funeraria había tratado de disimular sus heridas, las heridas <strong>en</strong> lacabeza de Jimmie no se podían disimular. tres golpes mortíferos, cadauno de una pulgada de ancho por tres de largo, aparecían <strong>en</strong>cima de unaoreja, <strong>en</strong> la base del cráneo y sobre la cabeza.Profundam<strong>en</strong>te conmovidos, asistimos al primero de dos serviciosfúnebres. alrededor de tres mil personas ll<strong>en</strong>aban de bote <strong>en</strong> bote elrecinto. muchos tuvieron que quedarse de pie afuera. nosotros noss<strong>en</strong>tamos al fondo, <strong>en</strong> el antepecho de una v<strong>en</strong>tana. <strong>en</strong> ningún mom<strong>en</strong>tooímos aunque sea una sola palabra de ira o v<strong>en</strong>ganza. al contrario, unespíritu de val<strong>en</strong>tía emanaba de la congregación, especialm<strong>en</strong>te cuandocantaron la vieja canción de los esclavos, “ain’t gonna let nobody turn mearound” (nadie me va a hacer abandonar la causa).luego, <strong>en</strong> la iglesia metodista zion de marion, el ambi<strong>en</strong>te era muchomás sosegado. al cruzar la calle, a lo largo del pórtico del edificio deljuzgado, había una larga fila de policías que, garrote <strong>en</strong> mano, nos mirabanfijam<strong>en</strong>te. eran los mismos que habían atacado a los ciudadanosnegros de marion pocos días antes. la multitud de blancos reunidosfr<strong>en</strong>te al edificio municipal cercano no era m<strong>en</strong>os am<strong>en</strong>azadora. armadoscon binoculares y cámaras, nos fotografiaron y escudriñarontan minuciosam<strong>en</strong>te que nos s<strong>en</strong>timos como que cada uno de nosotroshabía sido fichado.<strong>en</strong> el cem<strong>en</strong>terio, King habló del perdón y del amor. Suplicó a su puebloque orara por los policías, que perdonara al asesino, que perdonaraa los que lo persigu<strong>en</strong>. después nos tomamos de las manos y cantamos“We shall overcome” (V<strong>en</strong>ceremos). Fue un mom<strong>en</strong>to inolvidable. Si jamáshubo motivo para odio y v<strong>en</strong>ganza, fue aquí; pero no se s<strong>en</strong>tía ningúnodio, ni siquiera de parte de los padres de Jimmie.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”0ir a Selma no iba a ser sin peligro. Sólo cuatro días después del<strong>en</strong>tierro, unos manifestantes que marcharon camino a montgomery(alabama) fueron <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>tados con gases lacrimóg<strong>en</strong>os, y policías montadosque les echaron los caballos <strong>en</strong>cima y los azotaron brutalm<strong>en</strong>te.tres días después, un clérigo de Boston, James Reed, fue asesinado <strong>en</strong>Selma; y luego una mujer blanca de detroit, Viola liuzzo, murió de undisparo cuando llevaba <strong>en</strong> su auto a un hombre negro de regreso a sucasa después de una marcha. (la semana anterior, nosotros hicimosalgo muy similar cuando llevamos <strong>en</strong> nuestro coche a tres señoras quet<strong>en</strong>ían que ir a marion.)años después, me conmoví al <strong>en</strong>terarme del extraordinario acto deperdón por parte de los niños de Selma <strong>en</strong> aquellos días de febrero de1965. los estudiantes locales habían organizado una marcha pacíficapara después de las clases, cuando llegó Sheriff clark, el notorio comisariode la localidad. Él y sus subalternos empezaron a empujar y puyar alos niños con las puntas de sus garrotes. al principio, los niños y niñasp<strong>en</strong>saban que los hombres de clark los llevaban a la cárcel, pero prontoquedó claro que iban camino a un campo de prisioneros a casi cincomillas de distancia. los hombres no se ablandaron hasta que los niñosvomitaron. luego alegaron que sólo querían terminar para siempre conla “fiebre de marchar” <strong>en</strong> Selma.unos días después de ese incid<strong>en</strong>te hospitalizaron a clark con dolor<strong>en</strong> el pecho. Por increíble que sea, los estudiantes de Selma organizaronuna segunda marcha fr<strong>en</strong>te al tribunal, esta vez cantando y orando,y llevando carteles deseándole que mejorara pronto. Podemos o bi<strong>en</strong><strong>en</strong>ternecernos o bi<strong>en</strong> mofarnos de un acto semejante; sea como fuere,era de niños como éstos que habló Jesús cuando dijo: “Bi<strong>en</strong>av<strong>en</strong>turadoslos pacificadores.”SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”1christian de chergé era prior de un monasterio trap<strong>en</strong>se <strong>en</strong> la sierra deargelia, cuando un grupo islámico radical (gia) lo secuestró a él y seisde sus hermanos. la gia les am<strong>en</strong>azó con t<strong>en</strong>erlos reh<strong>en</strong>es hasta queFrancia soltase a algunos de sus compatriotas <strong>en</strong>carcelados. cuando elgobierno francés se negó, la gia degolló a los monjes.dos años antes del secuestro, christian de chergé tuvo el extrañopres<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to de que pronto sufriría una muerte viol<strong>en</strong>ta. escribióuna carta <strong>en</strong> la cual perdonó a sus futuros asesinos, la selló y la dejó consu madre <strong>en</strong> Francia. no fue descubierta hasta después de su muerte, ydice <strong>en</strong> parte:Si llegase el día, y podría ser hoy mismo, que yo caiga víctima del terrorismoque ahora am<strong>en</strong>aza a todos los extranjeros resid<strong>en</strong>tes <strong>en</strong> argelia,yo quisiera que mi comunidad, mi iglesia y mi familia recuerd<strong>en</strong> que mivida fue <strong>en</strong>tregada a dios y a argelia; y que acept<strong>en</strong> que el único Señorde toda vida no ha sido aj<strong>en</strong>o a esa partida brutal.cuando llegue la hora, quisiera t<strong>en</strong>er un mom<strong>en</strong>to de claridad que mepermita rogar por el perdón de dios y de mis prójimos y al mismo tiempoperdonar de todo corazón al que me arrebate la vida.yo no deseo una muerte así – me parece importante decirlo. ¿cómopodría regocijarme si el pueblo argelino, a qui<strong>en</strong> amo, fuese acusado indiscriminadam<strong>en</strong>tede mi asesinato?Por supuesto mi muerte apar<strong>en</strong>tará corroborar a los que se apresurarona juzgarme como ing<strong>en</strong>uo o idealista: “¡Que nos diga él lo que pi<strong>en</strong>sa ahora!”Pero han de saber que al fin mi anhelo más profundo será realizado. Sidios quiere, podré sumergir mi mirada <strong>en</strong> los ojos del Padre para ver a sushijos del islam como él los ve, ll<strong>en</strong>os del don del espíritu Santo…y tú también, mi amigo del último mom<strong>en</strong>to, que no sabías lo queestabas haci<strong>en</strong>do. Sí, también por ti doy gracias y te digo adiós; te <strong>en</strong>comi<strong>en</strong>doa dios <strong>en</strong> cuyo rostro veo el tuyo. Quiera dios, el Padre de ambos,que nos <strong>en</strong>contremos como “bu<strong>en</strong>os ladrones” <strong>en</strong> el Paraíso. am<strong>en</strong>.¡insha’allah!SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”este prior y sus hermanos no sólo eran vali<strong>en</strong>tes misioneros que <strong>en</strong>fr<strong>en</strong>taronla muerte por libre voluntad; de ésos ha habido muchos. estoshombres estaban imbuidos con un espíritu de humildad poco común:el espíritu de amor y de perdón que ti<strong>en</strong>e el carácter de cristo.hay por doquier pueblos y naciones cuyos conflictos, tanto internoscomo externos, no podrán resolverse sino mediante la <strong>reconciliación</strong>.un ejemplo <strong>en</strong>tre muchos es el estado mexicano de chiapas, cuya poblaciónindíg<strong>en</strong>a sufre de manera indecible. <strong>en</strong> diciembre de 1997 tuveel privilegio de conocer a monseñor Samuel Ruiz garcía, obispo de Sancristóbal de las casas. le pregunté cómo sobrellevaba él la viol<strong>en</strong>cia, elabuso y la injusticia que sufre su pueblo, amén de que lo hostigan pordef<strong>en</strong>der a las masas oprimidas. me contestó:Personalm<strong>en</strong>te, para mí no es problema, ya que nunca he considerado a unhermano mío como <strong>en</strong>emigo. Realm<strong>en</strong>te no puedo decir que éste o aquéles mi <strong>en</strong>emigo; de modo que el problema que t<strong>en</strong>go yo es cómo perdonara mis <strong>en</strong>emigos si no t<strong>en</strong>go <strong>en</strong>emigo.cuando se ama a toda la g<strong>en</strong>te, cuando se <strong>en</strong>ti<strong>en</strong>de que el desasosiego desus corazones es consecu<strong>en</strong>cia de su poder, de su propia posición política,<strong>en</strong>tonces se sabe que no son todos malos, sino que se interesan más por lascosas materiales que por los seres humanos, que el precio del oro es másalto que el precio de la persona.acerca del tema de paz <strong>en</strong> la tierra, tan íntimam<strong>en</strong>te relacionado con eldel perdón, don Samuel com<strong>en</strong>tó:la paz vi<strong>en</strong>e también del pobre, porque el pobre ti<strong>en</strong>e que ver con la justicia.Ser pobre significa serlo como resultado de un conflicto social…lapres<strong>en</strong>cia del pobre es una pres<strong>en</strong>cia sacram<strong>en</strong>tal de cristo,…porque élmismo dijo que la única y última pregunta que se nos va a hacer es la preguntadel amor a cristo. “tuve hambre, y me dieron de comer. tuve sed,y me dieron de beber.” ¿cuándo? “cuando lo hicieron con estos hermanosmíos, lo hicieron conmigo.”…<strong>en</strong> este s<strong>en</strong>tido el pobre está <strong>en</strong> el c<strong>en</strong>tro delSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”camino de la paz, está <strong>en</strong> el c<strong>en</strong>tro del camino de la justicia…y <strong>en</strong> estes<strong>en</strong>tido nosotros <strong>en</strong> esta diócesis t<strong>en</strong>emos la riqueza del pobre, porquet<strong>en</strong>emos el 75% de hermanos indíg<strong>en</strong>as.Sólo días después de esta conversación estuvimos profundam<strong>en</strong>te acongojadospor la noticia del masacre de 45 personas – la mayoría de ellasmujeres y niños – el día 22 de diciembre de 1997 <strong>en</strong> el pueblo chiapanecode acteal. cuando el padre Pedro arriaga, sacerdote y amigo de los fielesde la región, nos honró con su visita <strong>en</strong> el mes de julio sigui<strong>en</strong>te, se dio laocasión de una <strong>en</strong>trevista de la cual citamos las sigui<strong>en</strong>tes palabras:Vivo <strong>en</strong>tre los afectados por la masacre de acteal, y <strong>en</strong> ningún mom<strong>en</strong>tohe s<strong>en</strong>tido que odi<strong>en</strong> o quieran v<strong>en</strong>garse de qui<strong>en</strong>es les agredieron. hanbuscado por las vías legales que se indemnice a los deudos, se haga justiciay se apreh<strong>en</strong>da a los culpables. Pero <strong>en</strong> ningún mom<strong>en</strong>to se expresan conr<strong>en</strong>cor.me doy cu<strong>en</strong>ta de que <strong>en</strong> los hechos, como personas, muestran <strong>en</strong> suactitud un espíritu de servicio, buscan formas de <strong>reconciliación</strong>, y manti<strong>en</strong><strong>en</strong>sus servicios comunitarios.Sin duda la actitud pacífica y moderada de gran parte del pueblo indíg<strong>en</strong>ade méxico se debe a la ori<strong>en</strong>tación que recibe de sus guías religiosos.<strong>en</strong> agosto del año 1996 el mismo mons. Samuel Ruiz junto con mons.Raúl Vera lópez publicó una carta Pastoral bajo el título “Para que lajusticia y la paz se <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tr<strong>en</strong>”. los extractos citados nos dan la medidade su convicción acerca del significado del perdón. Bajo el rubro “V<strong>en</strong>ceral mal a fuerza de bi<strong>en</strong>” dice la carta Pastoral:una de las grandes preguntas del cristiano…es la refer<strong>en</strong>te al uso de laviol<strong>en</strong>cia como método legítimo para def<strong>en</strong>der los propios derechos…losseguidores de Jesús están llamados a una nueva vida que es: dar, aún aladversario, más de lo que pide como una muestra de <strong>reconciliación</strong>, devaloración del otro <strong>en</strong>cima de los bi<strong>en</strong>es materiales…y reconocer lo ab-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”4surdo de <strong>en</strong>emistarse con él. es también perdonar indefinidam<strong>en</strong>te. esno oponer resist<strong>en</strong>cia ante qui<strong>en</strong> te agrede, para mostrar tu dignidad depersona que no se rebaja ni ante la agresión, sino que sabe responder conamor y dignidad…amar y perdonar no significa quedarse callado y dejar que otros pas<strong>en</strong>por <strong>en</strong>cima de los derechos de la persona. tampoco significa no def<strong>en</strong>derlos derechos básicos de la vida, la salud, el trabajo, etc. Jesús mismo nos<strong>en</strong>seña que no es lo mismo perdonar al <strong>en</strong>emigo que tolerar que él siga <strong>en</strong>su error…[debemos] responder al mal con el bi<strong>en</strong> y darle la oportunidadal hermano de que salga de su error, de que supere su actitud injusta pormedio de mi respuesta justa…la actitud del cristiano debe introducir una novedad <strong>en</strong> la vida social.esta novedad no es sólo ética o un imperativo, es la tarea de v<strong>en</strong>cer…elmal haci<strong>en</strong>do el bi<strong>en</strong>.la situación de israel no es m<strong>en</strong>os necesitada de <strong>reconciliación</strong>.mi primer viaje a ese país desgarrado por la guerra fue <strong>en</strong> 1988,cuando conocí a elías chacour, un sacerdote del rito bizantinoademás de ser un activista palestino que desde hace muchos añostrabaja sin tregua por la paz. <strong>nuestra</strong> amistad continúa hastael día de hoy, y <strong>en</strong> dos ocasiones elías ha visitado <strong>nuestra</strong>scomunidades.Sería lógico suponer que elías estuviera amargado. desde 1947, cuandosu aldea natal fue destruida, ha sido un “hombre sin patria”; fue<strong>en</strong>carcelado más de una vez, y ha aguantado años de hostigami<strong>en</strong>toy abuso a manos del gobierno israelí. no obstante, elías es una de laspersonas más amables, humildes y compasivas que conozco. durante suvisita a <strong>nuestra</strong> comunidad <strong>en</strong> inglaterra, nos recordó:Si me llamo un hijo de dios, si mi corazón está ll<strong>en</strong>o de perdón hacialos judíos, los zionistas, los soldados que le rompieron los huesos a mihermano y <strong>en</strong>carcelaron a mi padre, <strong>en</strong>tonces puedo ir a aquel judío ydecirle la verdad <strong>en</strong> la cara; y aunque me repugne su injusticia, él s<strong>en</strong>tiráque lo amo…Prefiero llamarlo a convertirse, <strong>en</strong> vez de cambiar de lugarSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”con él y oprimirlo a mi vez. ¡dios me libre! el m<strong>en</strong>saje del hombre degalilea es el amor.otro amigo palestino, Bishara awad, director del instituto bíblico deBelén, ha sufrido su porción de injusticias como tantos otros de amboslados del conflicto israelí-árabe. hace poco, me contó que toda su vidaha luchado por perdonar:<strong>en</strong> 1948, durante la terrible guerra <strong>en</strong>tre árabes y colonos judíos, murieronmiles de palestinos y muchos más se quedaron sin techo. mi familiano se salvó. a mi padre lo mató una bala perdida, y no había un lugardec<strong>en</strong>te para <strong>en</strong>terrarlo. nadie podía salir de la zona por temor a que ledispararan por un lado u otro. no había ni sacerdote ni pastor para haceruna oración. mamá leyó un pasaje de la Biblia, y los hombres que estabanpres<strong>en</strong>tes <strong>en</strong>terraron a mi padre <strong>en</strong> el patio. no había forma de llevarloal cem<strong>en</strong>terio <strong>en</strong> la ciudad.así fue que a los veintinueve años mamá quedó viuda, con nueve hijos.yo sólo t<strong>en</strong>ía nueve años. estuvimos atrapados durante semanas por fuegocruzado, sin poder salir de nuestro cuarto <strong>en</strong> el sótano. <strong>en</strong>tonces una nocheel ejército jordano nos forzó a salir corri<strong>en</strong>do hacia la ciudad Vieja. Ésafue la última vez que vimos <strong>nuestra</strong> casa. nos fuimos corri<strong>en</strong>do, sin másque la ropa que llevábamos puesta; algunos estábamos <strong>en</strong> pijama…más tarde, Bishara fue a los estados unidos de norteamérica para estudiar.Se hizo ciudadano americano. luego regresó a israel y consiguió empleocomo maestro <strong>en</strong> una escuela cristiana. Recordando el pasado, dice:durante ese primer año yo estaba frustrado…muy pocos de los estudiantesse convirtieron a dios, y parecía que mis esfuerzos eran <strong>en</strong> vano. elodio contra los opresores judíos iba aum<strong>en</strong>tando; todos mis estudianteseran palestinos, y todos habían sufrido lo mismo que yo…yo era incapazde ayudar a mis alumnos porque el mismo odio estaba <strong>en</strong> mí. lo habíaguardado desde niño sin tan siquiera darme cu<strong>en</strong>ta. dios no me podíausar, y ahora sabía por qué.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“b<strong>en</strong>digan a los que les persigu<strong>en</strong>”aquella noche, con sollozos, imploré a dios que perdonara mi odiocontra los judíos, un odio que había dominado mi vida. esa misma noches<strong>en</strong>tí la pres<strong>en</strong>cia de dios…Él me quitó mi frustración, mi desesperacióny mi odio, y los reemplazó con su amor.lejos de volvernos débiles y vulnerables, el perdón nos capacita para lavida y el trabajo. mediante el perdón se resuelv<strong>en</strong> las situaciones másdifíciles, porque deja de lado los problemas del castigo y de la justiciahumana, y da al alma la paz verdadera. es más: pone <strong>en</strong> movimi<strong>en</strong>to unareacción <strong>en</strong> cad<strong>en</strong>a que trae los frutos de nuestro perdón a los demás.una vez que reconozcamos cuánto necesitamos que se nos perdone,nos daremos cu<strong>en</strong>ta cuán grande es el amor de dios para con nosotros,y sabremos que t<strong>en</strong>emos la obligación de ofrecerlo a otros.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar a diosno pret<strong>en</strong>damos poder eliminar todo sufrimi<strong>en</strong>to, ni tampoco tratemosde soportarlo con estoicismo. Se puede aprovechar el sufrimi<strong>en</strong>topara gloria de Dios. no son las circunstancias exteriores de la vida, sino<strong>nuestra</strong> actitud interior fr<strong>en</strong>te a las mismas que decide si somos felices oinfelices.eberhard arnoldcuando hablamos de perdonar, por lo g<strong>en</strong>eral p<strong>en</strong>samos <strong>en</strong> perdonar elmal que nos hacemos unos a otros, o <strong>en</strong> el perdón de dios por nuestrospecados. Pero a <strong>veces</strong> nosotros acusamos a dios, haciéndolo responsablepor permitir que suframos sin apar<strong>en</strong>te razón o justificación alguna.nos rebelamos y protestamos: ¿cómo puede permitir esto un diosmisericordioso? Rehusamos aceptar <strong>nuestra</strong> suerte y, amargados, ledamos la espalda.¿Podemos nosotros “perdonar” a dios? la respuesta consiste <strong>en</strong> abrirel corazón y aceptar su voluntad. aunque dios permita que suframos, nocreo que sea su voluntad hacernos daño. más bi<strong>en</strong>, parece que él permiteque pasemos por pruebas, a <strong>veces</strong> por largos períodos de angustia, paraque nos acerquemos a él. cuando podemos hacer esto con humildad, sin<strong>en</strong>ojarnos o amargarnos, su propósito a m<strong>en</strong>udo se revela claram<strong>en</strong>te.<strong>en</strong> mi propia vida me <strong>en</strong>contré fr<strong>en</strong>te a una situación frustrante cuandom<strong>en</strong>os preparado estaba para ello. había estado <strong>en</strong> una excursión


perdonar a diosde pesca <strong>en</strong> el norte del estado de nueva york, que fue un fracaso <strong>en</strong>cuanto a la pesca pero una bi<strong>en</strong>v<strong>en</strong>ida ocasión de escapar por unos díasde las presiones del trabajo.al volver a casa, me di cu<strong>en</strong>ta que estaba perdi<strong>en</strong>do la voz. no le hicecaso al principio; esto desaparecería <strong>en</strong> unos pocos días. Pero no mejoré,y me mandaron a ver a un especialista, que diagnosticó parálisis de unacuerda vocal. me aseguró que recobraría la voz, pero pasaron las semanasy luego los meses, y no hubo ningún cambio. Recom<strong>en</strong>dó descansototal para la voz; ni susurrar debía. hasta <strong>en</strong>tonces, realm<strong>en</strong>te no mehabía preocupado mucho de que podría perder la voz para siempre.ahora empecé a dudar si jamás volvería a hablar.Peor aún, la comunidad desesperadam<strong>en</strong>te necesitaba liderato. Se hallaba<strong>en</strong> medio de una especie de crisis, una época de profundo exam<strong>en</strong>interior y r<strong>en</strong>ovación espiritual; pero durante semanas de animadas ya <strong>veces</strong> acaloradas discusiones tuve que quedarme callado, limitado apapel y lápiz. Por primera vez, me di cu<strong>en</strong>ta del gran don que es poderhablar. estaba frustrado y desanimado. ni siquiera podía hablar con miesposa o con mis hijos; t<strong>en</strong>ía que escribírselo todo. de verdad, yo estaba<strong>en</strong>ojado. mi <strong>en</strong>ojo me humilló, y <strong>en</strong>t<strong>en</strong>dí que dios quería que me callarayo para oír lo que él t<strong>en</strong>ía que decirme.tres meses después, me empezó a volver la voz; hoy mi voz es casinormal. Pero no he olvidado aquellas doce semanas, y recuerdo, una yotra vez, mi necesidad de buscar a dios <strong>en</strong> mom<strong>en</strong>tos de crisis o frustración.andrea, una mujer de <strong>nuestra</strong> comunidad, luchó por aceptar contrariedadesde muy difer<strong>en</strong>te índole. Sufrió tres abortos naturales antes det<strong>en</strong>er una hija sana. hubo mom<strong>en</strong>tos <strong>en</strong> que <strong>en</strong>contraba que su cargaera demasiado pesada.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar a dios9neil y yo éramos tan felices. llevábamos seis meses de casados y yo estabaembarazada. Pero una noche, poco antes de la navidad, s<strong>en</strong>tí un dolorint<strong>en</strong>so que rápidam<strong>en</strong>te empeoró. nuestro doctor quiso que me internara<strong>en</strong> el hospital…y se confirmó mi peor sospecha; probablem<strong>en</strong>te ibaa perder mi bebé. el dolor emocional era tanto o más int<strong>en</strong>so que el dolorfísico. ¿Por qué, dios mío? ¿Por qué a mí? ¿Por qué ya ti<strong>en</strong>es que llevarteesta alma tan pequeña? ¿Qué mal he hecho yo?Fue necesaria una operación para salvarme la vida. Perdí el bebé y estuvesemanas convaleci<strong>en</strong>do. ¡Qué difer<strong>en</strong>te aquella navidad!agonizamos por <strong>nuestra</strong> pérdida y nos s<strong>en</strong>tíamos solos <strong>en</strong> nuestro dolor.cuando uno de nuestros pari<strong>en</strong>tes nos dijo: “¡Vamos! la próxima vezvas a t<strong>en</strong>er más suerte”, me s<strong>en</strong>tí como si me hubies<strong>en</strong> dado una bofetada.¿Suerte? acabamos de perder un bebé, un ser humano, ¡nuestro hijo!algui<strong>en</strong> me <strong>en</strong>vió una tarjeta que decía: “el Señor da, el Señor quita,b<strong>en</strong>dito sea el nombre del Señor.” eso sí que me indignó. ¿cómo iba a dargracias a dios por esta experi<strong>en</strong>cia horrible y dolorosa? no podía. y nopodía dejar de p<strong>en</strong>sar que, de algún modo, dios me estaba castigando,aunque no podía <strong>en</strong>t<strong>en</strong>der por qué.nuestro pastor me consoló: “dios es un dios de amor, no de castigo, yestá pres<strong>en</strong>te para aliviar nuestro dolor.” me agarré de sus palabras como seagarra el que se está ahogando del salvavidas que le tiran desde la orilla. elamor y el sostén que me daba neil también me ayudaron, y descubrimosque nuestro dolor nos unió de una nueva manera. las palabras: “Por lanoche nos visita el llanto, pero a la mañana vi<strong>en</strong>e la alegría”, me consolaron,aún cuando no pude s<strong>en</strong>tir que la alegría estaba por v<strong>en</strong>ir; más bi<strong>en</strong> parecíaque el amanecer no iba a llegar nunca.Poco a poco, al pasar el tiempo y con la ayuda cariño ­sa de los que me rodeaban, empecé a s<strong>en</strong>tir que esta experi<strong>en</strong>ciatan profundam<strong>en</strong>te dolorosa me dio una noción del amor dedios. le importa el sufrimi<strong>en</strong>to de sus criaturas; él está a mi lado,acompañándome <strong>en</strong> mi dolor. dios se volvió más real para mí, y pudeconfiar <strong>en</strong> su amor. ya no tuve necesidad de compr<strong>en</strong>der el porqué de loque pasó.meses después quedé embarazada otra vez y esperaba fervi<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>teque todo saliera bi<strong>en</strong>. no fue así. otro dolor int<strong>en</strong>so, otro viaje al hospital,otra operación para salvarme la vida. otra pequeña vida preciosa queSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar a dios90se perdió ap<strong>en</strong>as había com<strong>en</strong>zado. una p<strong>en</strong>a profunda me desgarró elcorazón. mi diario de aquellos días dice: “no <strong>en</strong>ti<strong>en</strong>do – tal vez nuncapodré <strong>en</strong>t<strong>en</strong>der. necesito la seguridad de la fe…¡ayúdame!”neil se quedó fielm<strong>en</strong>te a mi lado…un año más tarde, perdimos otrobebé no viable…l<strong>en</strong>tam<strong>en</strong>te, <strong>en</strong> el curso de semanas y meses, el dolor sealivia un poco, aunque nunca desaparece del todo.hoy andrea ti<strong>en</strong>e una hermosa niña de seis años. aunque el recuerdo desus tres primeros bebés le trae un raudal de emociones, no está amargada.considera su sufrimi<strong>en</strong>to como una b<strong>en</strong>dición, y dice que quizás sea poreso que aprecia tanto a su hijita. Pero más que nada, le ha <strong>en</strong>señado adep<strong>en</strong>der de dios.jonathan y gretch<strong>en</strong> rhoads, una jov<strong>en</strong> pareja de <strong>nuestra</strong> comunidad, secasaron <strong>en</strong> 1995. al igual que todo nuevo matrimonio, aguardaban conimpaci<strong>en</strong>cia el nacimi<strong>en</strong>to de su primer hijo. alan nació al cabo de unapreñez apar<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>te normal, y no fue hasta después que le dieron dealta del hospital que los padres notaron algunos problemas. no comíabi<strong>en</strong> y t<strong>en</strong>ía un pobre tono muscular. Se quedaba muy quieto, casi sinmoverse, y de vez <strong>en</strong> cuando hacía ruidos extraños con la respiración. lointernaron inmediatam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> un hospital universitario cercano, perocumplió tres meses de edad antes de que se <strong>en</strong>t<strong>en</strong>diera su problema. eldiagnóstico: probablem<strong>en</strong>te nunca caminaría ni hablaría; era ciego yt<strong>en</strong>ía serias anormalidades <strong>en</strong> las caderas, el oído, el estómago, hasta <strong>en</strong>el cerebro.los padres de alan estaban desolados. Por algún tiempo habían sospechadoque algo andaba mal, pero nunca hubieran creído que fuese tanmalo. <strong>en</strong> seguida com<strong>en</strong>zaron a acusarse a sí mismos, y no pasó muchotiempo antes de que empezaran a reñir con dios: ¿Por qué a nosotros?Jonathan me dice que estaba <strong>en</strong>ojado, pero al indagar más a fondo nopuede decir hacia quién está dirigido su <strong>en</strong>ojo. ¿hacia dios? el titubea.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar a dios91¿hacia los médicos? Sin duda. ¿hacia sí mismo? Sí, quizás, aunque nopuede explicar por qué.una de las cosas que uno apr<strong>en</strong>de rápidam<strong>en</strong>te es a no comparar al propiohijo con los demás. el bebé del vecino pesa tanto como alan, pero sóloti<strong>en</strong>e un tercio de su edad. no ti<strong>en</strong>e dificultad <strong>en</strong> tomarse su biberón <strong>en</strong>quince minutos; para nosotros, cada 15 gramos repres<strong>en</strong>tan un triunfo.¿Por qué? no hay explicación. o bi<strong>en</strong> dios nos odia, o bi<strong>en</strong> así es comoalan debe ser. tal vez nunca <strong>en</strong>t<strong>en</strong>deremos por qué, pero si nos ll<strong>en</strong>amosde res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to, destruimos cualquier alegría que podríamos t<strong>en</strong>er.cuando los padres de alan me pidieron mi consejo <strong>en</strong> su desdicha, lesaseguré que de ninguna manera eran ellos responsables del sufrimi<strong>en</strong>tode su hijo. les recordé que todo niño es un don de dios, pero que alanes un don muy especial; parecía que les había sido <strong>en</strong>viado para revelarmisterios que de lo contrario quedarían ocultos. deberíamos s<strong>en</strong>tirnosafortunados de t<strong>en</strong>erlo <strong>en</strong>tre nosotros, ya que nos puede <strong>en</strong>señar muyvaliosas lecciones de paci<strong>en</strong>cia y compasión, y a través de ello, acercarnosmás a dios.aunque tomaron <strong>en</strong> serio lo que les dije, los padres de alan todavíasigu<strong>en</strong> luchando por perdonar. hay mom<strong>en</strong>tos <strong>en</strong> que quier<strong>en</strong> salircorri<strong>en</strong>do, cuando simplem<strong>en</strong>te no pued<strong>en</strong> soportar más visitas que lesofrec<strong>en</strong> palabras de lástima que carec<strong>en</strong> de s<strong>en</strong>tido.al acercarse el primer cumpleaños de alan, les esperaban nuevos dilemas.Últimam<strong>en</strong>te se le hizo una traqueotomía y le pusieron tubos de alim<strong>en</strong>tación,<strong>en</strong>cima de una ap<strong>en</strong>dectomía. ¿Qué más t<strong>en</strong>drá que sufrir?<strong>en</strong> un mundo que ofrece el “diagnóstico adelantado” (y la subsigui<strong>en</strong>te“terminación”, o sea interrupción del embarazo), como “solución paralos bebés imperfectos”, los padres de alan dan testimonio del valor decada niño. declaran que alan no es una “anomalía g<strong>en</strong>ética”; es unapersona, y ti<strong>en</strong>e mucho que decirnos, y no están dispuestos a dejarlo ir.gretch<strong>en</strong> escribe:SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonar a dios9Su manita trata de tocar mi mejilla a través de un <strong>en</strong>redo de cables. cuandome inclino para levantarlo de la cama, sus párpados se abr<strong>en</strong> un poco yme da una sonrisa soñoli<strong>en</strong>ta…<strong>en</strong> los once meses desde que nació, alanha estado hospitalizado once <strong>veces</strong>; hace tiempo que dejamos de contarlas citas médicas. cada vez regresamos a casa con más preguntas y m<strong>en</strong>osrespuestas, más lágrimas y m<strong>en</strong>os certeza. Pero cuando se acurruca a milado y mira a su alrededor con curiosidad, se sonríe. Su aceptación esbálsamo para mi corazón.¿cuánto dolor más puede soportar? ¿Qué obstáculos nuevos t<strong>en</strong>dremosque v<strong>en</strong>cer? Su traqueotomía nos ha quitado las pequeñas av<strong>en</strong>turas queanticipábamos: darle los biberones, y la oportunidad de experim<strong>en</strong>tar concomida sólida; no hay ni gorjeos de alegría ni llantos de frustración.Si sobrevive, nos dice el médico, puede que más adelante no necesitelos tubos. Si sobrevive. estas palabras nos part<strong>en</strong> el corazón; sin embargo,su sonrisa sigue dándonos esperanza. Él nos está <strong>en</strong>señando a aceptar, ypor lo tanto a perdonar, cada día.Junio de 1999: alan ti<strong>en</strong>e casi tres años, y cada día nos trae nuevassorpresas. gracias a la fisioterapia, apr<strong>en</strong>dió a caminar solo y juega conotros niños de su edad. le <strong>en</strong>canta la música y el canto. <strong>en</strong>ti<strong>en</strong>de ciertaspalabras y frases tanto habladas como por señas. ¿milagros? Sus padrescre<strong>en</strong> que sí.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonarnos a nosotrosmismosSin ser perdonados, sin ser liberados de las consecu<strong>en</strong>cias de <strong>nuestra</strong>sacciones, <strong>nuestra</strong> capacidad de actuar quedaría reducida, por así decirlo,a un solo acto del cual nunca podremos recuperarnos, y de cuyas consecu<strong>en</strong>ciasquedaremos víctimas para siempre, semejante al apr<strong>en</strong>diz debrujo que no t<strong>en</strong>ía la fórmula mágica para romper el hechizo.hannah ar<strong>en</strong>dtaun cuando nos perdon<strong>en</strong> los demás, ¿podemos perdonarnos anosotros mismos? muchas personas están tan atorm<strong>en</strong>tadas por suspropios actos que ya no cre<strong>en</strong> <strong>en</strong> la posibilidad de sanar; pero aun estasalmas afligidas pued<strong>en</strong> hallar una nueva esperanza.delf Fransham, un cuáquero canadi<strong>en</strong>se, fue liberado de su angustiabrindando amor a qui<strong>en</strong>es lo rodeaban. al igual que muchos de los quecu<strong>en</strong>tan sus historias <strong>en</strong> estas páginas, delf fue sorpr<strong>en</strong>dido por una tragediaque transformó su vida, aunque <strong>en</strong> cierto modo su historia es muydifer<strong>en</strong>te. la persona a qui<strong>en</strong> delf t<strong>en</strong>ía que perdonar era él mismo.cuando yo t<strong>en</strong>ía trece años, delf se mudó a <strong>nuestra</strong> comunidad sudamericanay empezó a <strong>en</strong>señar <strong>en</strong> <strong>nuestra</strong> escuela. los once varones<strong>en</strong> mi clase éramos unos rufianes, y sólo días después de haber llegado,decidimos ponerlo a prueba. <strong>en</strong> un típico día paraguayo, húmedo conunos 43º (110º F) de calor, propusimos llevarlo a una caminata para


perdonarnos a nosotros mismos94ver de qué madera estaba hecho. después de caminar por lo m<strong>en</strong>osdiez kilómetros a través de jungla, campo y pantano, finalm<strong>en</strong>te dimosvuelta. Poco después de llegar a casa, sufrió un colapso causado porinsolación.delf estuvo <strong>en</strong> cama por dos días, y nosotros habíamos logradoexactam<strong>en</strong>te lo que queríamos: habíamos demostrado que era unbland<strong>en</strong>gue. Pero tuvimos una sorpresa. el día que volvió a la escuela,nos dijo: “muchachos, vamos a hacer esa caminata otra vez.” ¡increíble!Recorrimos la misma ruta de antes y, <strong>en</strong> efecto, esta vez no se <strong>en</strong>fermó.delf se ganó nuestros corazones y <strong>nuestra</strong> pl<strong>en</strong>a confianza, y de ahí <strong>en</strong>adelante estábamos dispuestos a hacer cualquier cosa por él. Prontodescubrimos que, lejos de ser un bland<strong>en</strong>gue, era un compet<strong>en</strong>te atleta.nos <strong>en</strong>cantaba jugar al fútbol con él.muchos años más tarde, por mera casualidad, me <strong>en</strong>teré por qué delfnos había dedicado tanta <strong>en</strong>ergía y afecto a los muchachos de la escuela:Él había perdido a un hijo. los Fransham vivían <strong>en</strong> georgia cuando naciónicolás <strong>en</strong> abril de 1951. <strong>en</strong> 1952, poco después de la navidad, el chicoestaba jugando <strong>en</strong> fr<strong>en</strong>te de la casa, y salió corri<strong>en</strong>do hacia el camiónmi<strong>en</strong>tras su papá daba marcha atrás. el camión estaba cargado de leña,y cuando delf vio a su hijo, ya fue demasiado tarde.ad<strong>en</strong>tro de la casa, Katie estaba hablando con una vecina cuando delf<strong>en</strong>tró con su pequeño hijo, inerte, <strong>en</strong> sus brazos. ella recuerda:yo estaba fuera de mí, absolutam<strong>en</strong>te fr<strong>en</strong>ética, y delf trató de tranquilizarme.llevamos a nuestro hijo al doctor <strong>en</strong> clarkesville, que también eramédico for<strong>en</strong>se, y le explicamos lo que había pasado…Para mí nunca fuecuestión de perdonar a mi marido, pues sabía muy bi<strong>en</strong> que la culpa eramía tanto como suya. y él tampoco no me culpó a mí, sino que se culpóa si mismo. estábamos juntos <strong>en</strong> el dolor y la tristeza.Pero delf no podía perdonarse a sí mismo; el accid<strong>en</strong>te lo atorm<strong>en</strong>tópor muchos años. a partir de ese día, se desvivió por dedicar tiempo aSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonarnos a nosotros mismos9otros niños, tiempo que ya no pudo pasar con el hijo que había matado.mirando el pasado, recuerdo cuántas <strong>veces</strong> le brillaban los ojos conlágrimas; hoy pi<strong>en</strong>so que él debe haber visto a su propio hijo, o lo que suhijo podría haber sido, <strong>en</strong> cada uno de nosotros. Su determinación dededicarse de ll<strong>en</strong>o a los demás era su forma de comp<strong>en</strong>sar por la tragediaque había causado sin querer. estoy conv<strong>en</strong>cido de que esto lo salvó deseguir rumiando sus s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos de culpa, y finalm<strong>en</strong>te le dio ciertos<strong>en</strong>tido de paz.john plummer, un pastor metodista a qui<strong>en</strong> llegué a conocer hace poco,hoy día lleva una vida apacible <strong>en</strong> un pequeño pueblo del estado deVirginia. Pero no siempre fue así. como piloto de helicóptero durantela guerra de Vietnam, fue él qui<strong>en</strong> organizó el ataque con napalm contrala aldea de trang Bang <strong>en</strong> 1972, aquel bombardeo inmortalizado por lapremiada fotografía de una de sus víctimas, Phan Thi Kim Phuc.durante los próximos veinticuatro años John vivió atorm<strong>en</strong>tado poresa fotografía, una imag<strong>en</strong> que para mucha g<strong>en</strong>te capta la es<strong>en</strong>cia mismade la guerra: una niña de nueve años, desnuda, quemada, llorando, conlos brazos ext<strong>en</strong>didos, corri<strong>en</strong>do hacia la cámara mi<strong>en</strong>tras columnas dehumo negro oscurec<strong>en</strong> el cielo detrás de ella.durante veinticuatro años le atorm<strong>en</strong>tó su conci<strong>en</strong>cia. t<strong>en</strong>ía grandeseo de <strong>en</strong>contrar a la niña, de decirle cuánto s<strong>en</strong>tía lo ocurrido; perono era posible. Para él, Vietnam era un capítulo cerrado, y nunca podríavolver allá. Sus amigos trataron de apaciguarlo. al fin y al cabo, ¿nohabía hecho él todo lo que estaba <strong>en</strong> su poder para cerciorarse de qu<strong>en</strong>o quedaban personas civiles <strong>en</strong> la aldea? Pero aun así no conseguía lapaz interior que tanto ansiaba, de modo que se <strong>en</strong>cerró <strong>en</strong> si mismo, sumatrimonio fracasó y empezó a beber.<strong>en</strong> 1996, por una casualidad casi increíble, el día de los excombati<strong>en</strong>tes,John llegó a conocer a Kim fr<strong>en</strong>te al vietnam veterans’ memorialSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonarnos a nosotros mismos9(el monum<strong>en</strong>to a los excombati<strong>en</strong>tes <strong>en</strong> Vietnam). Kim había v<strong>en</strong>ido ala ciudad de Washington, d.c. para colocar una corona por la paz; Johnformaba parte de un grupo de pilotos que todavía buscaban liberarsedel pasado. <strong>en</strong> un discurso pronunciado a la multitud, Kim dijo que noestaba amargada; aunque todavía sufría grandem<strong>en</strong>te por sus quemaduras,otros habían sufrido más que ella: “detrás de esa foto mía, miles depersonas…murieron. otros, que perdieron parte de su cuerpo, quedaroncon la vida destruída, y nadie les sacó fotografías.”Kim agregó que ella perdonaba a los hombres que habían bombardeadosu aldea y que, si bi<strong>en</strong> no podía deshacer el pasado, ahora quería fom<strong>en</strong>tarla paz. John no pudo cont<strong>en</strong>erse; se abrió camino <strong>en</strong>tre el g<strong>en</strong>tíoy logró atraer la at<strong>en</strong>ción de Kim antes de que una escolta policíaca se lallevara. Se id<strong>en</strong>tificó como el piloto responsable por el bombardeo de sualdea veinte años atrás, y pudieron hablar por dos breves minutos.Kim vio mi angustia, mi dolor, mi tristeza…me t<strong>en</strong>dió las manos y me dioun abrazo. lo único que pude decir era: “lo lam<strong>en</strong>to. lo lam<strong>en</strong>to”, una yotra vez. y al mismo tiempo ella me decía: “está bi<strong>en</strong>, yo te perdono.”el mismo día un poco más tarde, John se <strong>en</strong>contró con Kim <strong>en</strong> el hotel;ella reafirmó su perdón, y los dos oraron juntos. desde <strong>en</strong>tonces hanquedado bu<strong>en</strong>os amigos, que se hablan regularm<strong>en</strong>te por teléfono.y John, ¿halló la paz que buscaba? Él dice que sí. aunque se perturbafácilm<strong>en</strong>te cuando se habla de la guerra, si<strong>en</strong>te que ha podido perdonarsey relegar lo sucedido al pasado.John dice que para él fue importantísimo haberse <strong>en</strong>contrado cara acara con Kim, y poder hablarle de sus angustias por el sufrimi<strong>en</strong>to quehabía causado. aun así, él sosti<strong>en</strong>e que el perdón que ha recibido es un don;no es algo que se haya ganado, mucho m<strong>en</strong>os merecido. con todo, siguesi<strong>en</strong>do un misterio. Él todavía no compr<strong>en</strong>de del todo cómo una conversaciónde dos minutos pudo borrar una pesadilla de veinticuatro años.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonarnos a nosotros mismos9diane vino a <strong>nuestra</strong> comunidad hace muchos años. era una de esaspersonas que anhelan <strong>en</strong>contrar la paz y librarse de experi<strong>en</strong>cias que lasatorm<strong>en</strong>tan. aunque había predominado la adversidad <strong>en</strong> su peregrinaje,<strong>en</strong>contró satisfacción <strong>en</strong> vivir por otros – sobre todo los <strong>en</strong>fermos,los ancianos y los moribundos.Soltera, de 22 años, no me dio vergü<strong>en</strong>za estar <strong>en</strong>cinta. al fin y al cabo,era “mi” vida, y mis amistades no me juzgaban. Él era un amigo de muchosaños. después de una fiesta y de mucha bebida, <strong>en</strong> una noche estrelladade verano, <strong>nuestra</strong> amistad se había convertido <strong>en</strong> pasión <strong>en</strong> el patio dela casa de mis padres.el padre de mi criatura me ayudó a salir de mis “dificultades”. me llevóa una clínica de abortos <strong>en</strong> nueva york. Pagó la mitad del costo y nuncavolvimos a hablar del asunto; había sido “nada más que una interv<strong>en</strong>ción”.Pero ciertos detalles, como la botella transpar<strong>en</strong>te de succión, me atorm<strong>en</strong>tantodavía, casi treinta años más tarde.al único amigo que puso <strong>en</strong> duda la moralidad de lo que yo había hecho,le contesté con una frase descarada: “dios no habría querido que yo trajeraun niño a esta situación.” usé a dios para justificar mis deseos…mis padres eran profesionales de la clase media adinerada, “bu<strong>en</strong>os”cristianos, pero yo no compartía sus valores. anhelaba t<strong>en</strong>er relacioneslibres y g<strong>en</strong>uinas, deseaba la paz (¡Vietnam!), la honradez <strong>en</strong> toda la línea(¡Watergate!), y mi búsqueda me llevó a rebelarme contra la opul<strong>en</strong>cia yla vida aburguesada de mis padres.yo andaba <strong>en</strong> búsqueda de la paz y del amor que prometía la vidahippy, las drogas, la bebida y el sexo. Buscaba una vida de igualdad <strong>en</strong> laque todos compart<strong>en</strong> todo. Vivía <strong>en</strong> una comuna <strong>en</strong> el campo, practicabael yoga y comía arroz sin procesar y verduras, cuando un día oí una suavevoz interna.<strong>en</strong> una exposición de libros me <strong>en</strong>contré con dos personas humildes yamables que emanaban un espíritu totalm<strong>en</strong>te desconocido. V<strong>en</strong>ían delBruderhof, y cuando dije a la ligera: “Quisiera comprar uno de sus libros,pero t<strong>en</strong>go un dólar no más”, ellos gustosam<strong>en</strong>te lo aceptaron. ese dólarcambió mi vida. el libro no sólo me desafiaba <strong>en</strong> todos los aspectos de mivida, sino que me dio respuestas positivas <strong>en</strong> mi búsqueda de libertad,SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonarnos a nosotros mismos9paz y honestidad. Pronto me di cu<strong>en</strong>ta de que todo lo que yo anhelabase <strong>en</strong>contraba <strong>en</strong> el más radical de los revolucionarios – <strong>en</strong> Jesucristo. yono lo estaba buscando a él, pero él salía de cada página de aquel libro, yme llamaba.los que me habían v<strong>en</strong>dido el libro no sólo lo creían, sino que lo vivían.Pert<strong>en</strong>ecían a un grupo que trataba de llevar su m<strong>en</strong>saje a la práctica.Simplem<strong>en</strong>te tuve que visitar esa comunidad.durante mi primera visita todavía fumé a escondidas mis cigarrillosde marihuana. Pero no me s<strong>en</strong>tí am<strong>en</strong>azada. le dije a un hermano quehabía otros caminos para <strong>en</strong>contrar a dios. no se puso a discutir, perohoy todavía puedo ver la expresión <strong>en</strong> su cara cuando dio testimonio deJesús, qui<strong>en</strong> es el camino, y no una mera persona.más tarde abrí una Biblia. al leer el evangelio según San mateo, descubríque Jesús ama al alma <strong>en</strong>ferma por el pecado. me s<strong>en</strong>tí como si algui<strong>en</strong>me sacara de una fosa oscura y apestosa y me ofrecía una alternativa: ovivir <strong>en</strong> la luz, o volver a la fosa.yo había t<strong>en</strong>ido un <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tro cara a cara con Jesús. yo era la mujerque vino al pozo, y él sabía todo lo que yo había hecho <strong>en</strong> mi vida. S<strong>en</strong>tíuna culpa horrible; sin embargo, sabía que Jesús no me cond<strong>en</strong>aba. meamaba, aunque odiaba mi pecado. y me purificaría de la s<strong>en</strong>sación deculpa y confusión que me agitaba.el libro que compré por un dólar hablaba de la comunidad como de unaembajada donde mandan las leyes del reino de dios, un lugar de dondese desterró el pecado y rige el reino de dios. Pude comprobar esto <strong>en</strong> larealidad. ningún otro lugar podría haber realizado el cambio interiory la sanación que yo necesitaba tan desesperadam<strong>en</strong>te. <strong>en</strong> ningún otrolugar se me habría ori<strong>en</strong>tado una y otra vez hacia la cruz, <strong>en</strong> direcciónopuesta a mi persona, a mi angustia. todo esto me llevó a integrarme ala comunidad. Fue un alivio descubrir que no era cuestión de hacerse lasanta, sino que se trataba de vivir una vida s<strong>en</strong>cilla, práctica, accesible atodos, hombres y mujeres; una vida <strong>en</strong> la cual el pecado se <strong>en</strong>cara, perotambién se perdona de verdad.a <strong>veces</strong> una nube de depresión todavía quiere <strong>en</strong>volverme, pero estoyrodeada de g<strong>en</strong>te que me levanta y me ayuda a empezar de nuevo. estoshermanos y hermanas están para ayudar a cualquiera, especialm<strong>en</strong>te alque necesite amor, perdón y esperanza.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonarnos a nosotros mismos99<strong>en</strong> el evangelio según San lucas, leemos que ama mucho qui<strong>en</strong> muchoperdón ha recibido. ¡cuántas <strong>veces</strong> uno se olvida del dolor y de la sanaciónpor los cuales ha pasado, y cierra los ojos al sufrimi<strong>en</strong>to de losdemás! Que el perdón ti<strong>en</strong>e que ser más que un gesto, lo demuestranlas historias de delf y diane y, <strong>en</strong> cierto modo, todas las que figuran<strong>en</strong> este libro. más aun, la actitud de perdonar debe convertirse <strong>en</strong> unaforma de vivir.david, un excombati<strong>en</strong>te <strong>en</strong> Vietnam al igual que John Plummer, es unhombre callado y dulce, que ama a los niños y a los caballos. Sin embargo,<strong>en</strong> los cinco años que lo conozco me he <strong>en</strong>terado de que es un hombreatorm<strong>en</strong>tado por acontecimi<strong>en</strong>tos de hace más de veinte años.Pi<strong>en</strong>so mucho <strong>en</strong> la muerte. las muertes que he causado y el deseo demi propia muerte me acompañan día tras día. me paso haci<strong>en</strong>do chistescon mis compañeros de trabajo; es algo que t<strong>en</strong>go que hacer para ocultarel dolor, y para huir de mis p<strong>en</strong>sami<strong>en</strong>tos…necesito reírme. la risa alejala tristeza.Pero no puedo amar. me falta parte del alma, y parece que nunca lavoy a recuperar. no sé si jamás podré perdonarme a mí mismo por todolo que he hecho. Vivo de un día para otro, pero todo el tiempo estoycansado, muy cansado. ¿algún día acabará? no veo cómo. ya llevo másde veinticinco años así.a personas como david a m<strong>en</strong>udo se les recomi<strong>en</strong>da una terapia formal,que se reúnan con otros que tuvieron experi<strong>en</strong>cias parecidas, que particip<strong>en</strong><strong>en</strong> grupos de apoyo o que asistan a la terapia de grupo. david loha hecho todo; ha consultado a numerosos consejeros, y durante más deun año tomó parte <strong>en</strong> reuniones con otros excombati<strong>en</strong>tes <strong>en</strong> Vietnam.Pero todavía no ha <strong>en</strong>contrado la paz.no hay duda de que la terapia es importante, y con frecu<strong>en</strong>cia ayuda.Pero a <strong>veces</strong> no logra ofrecer una solución duradera. desde luego, unSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonarnos a nosotros mismos100bu<strong>en</strong> psicoterapeuta puede al<strong>en</strong>tar a una persona a que descubra las cargasde su pasado. Pero ¿de qué vale confesarse si la conci<strong>en</strong>cia no nos va aremorder, y si no reconocemos cuánta falta nos hace ser perdonados?el escritor y psiquiatra de la universidad de harvard, Robert coles,relata una conversación importante que tuvo con anna Freud. aunqueanna Freud no alcanzó la fama de su padre, fue psicoanalista de r<strong>en</strong>ombrepor derecho propio. y ella misma admitió que las personas atorm<strong>en</strong>tadassi<strong>en</strong>t<strong>en</strong> una gran necesidad de recibir el perdón de dios, algo qu<strong>en</strong>i siquiera el mejor psiquiatra les puede brindar. hablaban del largo yatribulado historial psicológico de una señora mayor, y rep<strong>en</strong>tinam<strong>en</strong>teanna Freud concluyó:Sabes, antes de que nos despidamos de esta señora, deberíamos preguntarnosa nosotros mismos, no sólo qué p<strong>en</strong>sar de su caso (eso lo hacemos detodos modos), sino más bi<strong>en</strong> qué es lo que le deseamos a ella. <strong>en</strong>tiéndemebi<strong>en</strong>, no estoy hablando de la psicoterapia. de eso ha t<strong>en</strong>ido bastante.Sospecho que harían falta más años de psicoanálisis de los que el Señorle dará de vida…te voy a confesar algo: cuando yo estaba escuchando todo eso, p<strong>en</strong>séque <strong>en</strong> realidad esa pobre anciana no nos necesita para nada. al contrario,está harta de nosotros, aunque no lo sepa…lo que a ella le hace falta…esel perdón. necesita hacer las paces con su alma, <strong>en</strong> lugar de hablar de suestado m<strong>en</strong>tal. <strong>en</strong> alguna parte debe haber un dios que le ayude, que laescuche y la sane…pero temo que no lo <strong>en</strong>contrará. y t<strong>en</strong> por seguro qu<strong>en</strong>osotros no somos los que podemos ayudarle a que lo <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tre.este punto es vital. no podemos hallar el perdón a m<strong>en</strong>os que <strong>en</strong>contremosa dios. al final, su perdón se <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tra sólo al pie la cruz. estodebe estremecernos, y al mismo tiempo es nuestro consuelo. Fue precisam<strong>en</strong>tepara liberarnos de nuestros pecados que Jesucristo murió. Sólo élpuede darnos un corazón nuevo, una vida nueva.el camino de la cruz es un camino doloroso. Primero debemos desnudarnosmediante la confesión de nuestros pecados y sufrir la agoníaSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


perdonarnos a nosotros mismos101del arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to, antes de poder regocijarnos <strong>en</strong> la libertad que nostrae. Pero esta libertad vale toda la p<strong>en</strong>a. trae la paz que, <strong>en</strong> las palabrasde San Pablo, “sobrepasa a todo <strong>en</strong>t<strong>en</strong>dimi<strong>en</strong>to”. y esta paz está al alcancede nosotros todos.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón a través de laconfesión<strong>en</strong> la confesion de pecados concretos, el viejo hombre muere una dolorosay humillante muerte ante los ojos del hermano. Porque esta humillaciónes tan dura, tratamos continuam<strong>en</strong>te de esquivarla. Sin embargo, es<strong>en</strong> este profundo dolor de alma y cuerpo que nos causa la humillación<strong>en</strong> pres<strong>en</strong>cia del hermano que experim<strong>en</strong>tamos la cruz de cristo comonuestro rescate y salvación. el viejo hombre muere, pero es Dios qui<strong>en</strong>lo ha conquistado. ahora compartimos la resurrección de Jesucristo y lavida eterna.dietrich bonhoefferya hemos visto que es imposible perdonar a m<strong>en</strong>os que hayamosreconocido <strong>nuestra</strong> propia necesidad de ser perdonados. <strong>en</strong> realidad,el mero reconocimi<strong>en</strong>to no es sufici<strong>en</strong>te; t<strong>en</strong>emos que admitir <strong>nuestra</strong>sfaltas a otra persona.a pesar del claro consejo que nos da la epístola de Santiago: “confies<strong>en</strong>sus pecados unos a otros”, muchos cristianos hoy día dudan de que laconfesión sea necesaria. algunos la descartan como “cosa de católicos”;otros pon<strong>en</strong> el énfasis <strong>en</strong> la relación personal e individual con dios,y sosti<strong>en</strong><strong>en</strong> que es sufici<strong>en</strong>te decirle nuestros pecados a él. Pero esterazonami<strong>en</strong>to no es válido, porque dios ya conoce nuestros pecados.otros admit<strong>en</strong> que la confesión bi<strong>en</strong> puede ser b<strong>en</strong>eficiosa, pero dic<strong>en</strong>


el perdón a través de la confesión10que no hace falta para t<strong>en</strong>er paz <strong>en</strong> el corazón. Sin embargo, a m<strong>en</strong>udola paz que ti<strong>en</strong><strong>en</strong> estas personas no es más que “la falta de vida <strong>en</strong> elalma”, como dice tolstoi.el pecado obra <strong>en</strong> secreto; tan pronto se le pone al descubierto pierdesu poder. Siempre es difícil exponer voluntariam<strong>en</strong>te nuestros pecados,pero si nuestro arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to es sincero, estaremos cont<strong>en</strong>tos de humillarnos.y cuando uno es realm<strong>en</strong>te humilde, ya no se preocupa porla impresión que causa <strong>en</strong> otros.con frecu<strong>en</strong>cia, el afán de ser considerado un “bu<strong>en</strong> cristiano”, unapersonalidad fuerte, una persona virtuosa y devota, le impide a uno confesarsus pecados. Se evita la confesión, tratando de borrar los pecadosde la memoria, y cuando eso no funciona, s<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te se los oculta alos demás. Pero esto sólo resulta <strong>en</strong> amontonar culpa sobre culpa; tardeo temprano, los pecados saldrán a la superficie.esto no quiere decir que debemos confesar por miedo. la epístolaa los hebreos describe a Jesucristo como un “sumo sacerdote” que secompadece de <strong>nuestra</strong> debilidad, a qui<strong>en</strong> podemos acudir con confianza.cristo habla a dios <strong>en</strong> <strong>nuestra</strong> def<strong>en</strong>sa, y si confesamos nuestros pecados,él nos perdonará y nos “limpiará de toda iniquidad”.Sin embargo, debemos v<strong>en</strong>ir ante dios con humildad, y <strong>nuestra</strong> confesióndebe ser honesta y completa. c. S. lewis dice que es “es<strong>en</strong>cial usarpalabras s<strong>en</strong>cillas y ordinarias” cuando hablas de ti mismo, “tal comousarías si hablases de cualquier otra persona…usa palabras como robo,fornicación u odio, <strong>en</strong> vez de decir: ‘yo no t<strong>en</strong>ía int<strong>en</strong>ción de m<strong>en</strong>tir’, o: ‘<strong>en</strong>aquel <strong>en</strong>tonces yo era un niño’.”Qui<strong>en</strong> sólo hace una confesión mecánica,como una formalidad que se debe cumplir, no <strong>en</strong>contrará la libertad.<strong>en</strong> muchas iglesias, la interpretación negativa de la confesión puedet<strong>en</strong>er el efecto de desal<strong>en</strong>tar y hasta sil<strong>en</strong>ciar a personas que deseantraer sus pecados a la luz del día. Jane, una mujer de oregon que reci<strong>en</strong>tem<strong>en</strong>tese integró a <strong>nuestra</strong> comunidad, escribe:SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón a través de la confesión104Poco antes de casarnos, mi novio me llevó a la iglesia de su familia. experim<strong>en</strong>téuna especie de conversión y quería ser bautizada. Pero no se esperabade mí que confesara mis pecados o que cambiara mi manera de vivir; bastabaque era “salvada”, redimida. Por lo tanto nunca me s<strong>en</strong>tí libre de mi pasado,por más desesperadam<strong>en</strong>te que lo deseaba…<strong>en</strong> aquella iglesia no estabandispuestos ni a aceptar la confesión ni a perdonar los pecados.Bonhoeffer propone que el problema de esta clase de iglesias es su t<strong>en</strong>d<strong>en</strong>ciaa disp<strong>en</strong>sar “gracia barata”.Se desechan los sacram<strong>en</strong>tos, el perdón de los pecados, los consuelos de lareligión…[y] se pres<strong>en</strong>ta la gracia como el inagotable tesoro de la iglesia,del cual ella derrama b<strong>en</strong>diciones…sin hacer preguntas o fijar límites…lagracia barata es la predicación del perdón sin exigir arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to, elbautismo sin la disciplina de la iglesia…la absolución sin la confesión. lagracia barata es la gracia sin el discipulado, la gracia sin la cruz…la gracia costosa es el tesoro escondido <strong>en</strong> un campo; por conseguirlo,un hombre gustosam<strong>en</strong>te va y v<strong>en</strong>de todo lo que ti<strong>en</strong>e. es la perla degran precio…es el llamado de Jesús, ante el cual el discípulo abandonasus redes y lo sigue…tal gracia es costosa porque nos llama a seguir, y esgracia porque nos llama a seguir a Jesucristo. es cara porque le cuesta aun hombre su vida, y es gracia porque le da a un hombre la única vidaverdadera. es cara porque cond<strong>en</strong>a el pecado, y es gracia porque justificaal pecador. Por <strong>en</strong>cima de todo, es cara porque le costó a dios la vida desu hijo: “ustedes fueron comprados por un precio”, y lo que le ha costadomucho a dios no puede ser barato para nosotros.la verdadera gracia, la “gracia costosa” o “cara” de Bonhoeffer, es laliberación que vi<strong>en</strong>e de habernos confesado y arrep<strong>en</strong>tido de nuestrospecados. no se trata de algo complicado. San Pedro negó a Jesucristotres <strong>veces</strong>, pero tan pronto reconoció su pecado, “salió afuera y lloróamargam<strong>en</strong>te”. esto es arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to g<strong>en</strong>uino, y sabemos que cristolo aceptó. <strong>en</strong>com<strong>en</strong>dó a San Pedro el mando de la iglesia primitiva.el arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to nada ti<strong>en</strong>e que ver con atorm<strong>en</strong>tarse a si mismo.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón a través de la confesión10hay que deplorar sinceram<strong>en</strong>te las faltas cometidas, pero <strong>en</strong> seguida hayque darles la espalda y mirar hacia dios. el que se mira a si mismo solam<strong>en</strong>te,puede estar seguro de perder la esperanza. cuando las lágrimasdel remordimi<strong>en</strong>to están agotadas, hay que dejar que las aguas turbias delalma se despej<strong>en</strong>; de lo contrario nunca se podrá ver hasta el fondo.la gracia que sigue al arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to es mucho más que un s<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to,es una realidad. los pecados son perdonados y olvidados, y nunca másserán ni recordados ni m<strong>en</strong>cionados. de pronto, vale la p<strong>en</strong>a vivir.Steve, un viejo amigo mío que se crió <strong>en</strong> las afueras de Washington,d.c. <strong>en</strong> los ‘60, escribe:<strong>en</strong> mi búsqueda de paz e integridad, seguí varias religiones y estudiépsicología, pero sólo <strong>en</strong>contré respuestas parciales…una vez que vi lopervertida que era mi vida, reconocí la urg<strong>en</strong>cia de cambiar.la experi<strong>en</strong>cia fundam<strong>en</strong>tal que cambió el rumbo de mi vida vinoinesperadam<strong>en</strong>te, un día <strong>en</strong> 1983, cuando por primera vez cobré pl<strong>en</strong>aconci<strong>en</strong>cia de la avalancha de pecados que había cometido. hasta esemom<strong>en</strong>to, el orgullo y el deseo de sobresalir habían ocultado esta realidad.Pero ahora las imág<strong>en</strong>es y recuerdos fluyeron de mi ser como un torr<strong>en</strong>tede inmundicia.lo único que quería era ser libre, no t<strong>en</strong>er nada oscuro o feo escondido<strong>en</strong> lo profundo de mi ser; quería <strong>en</strong>m<strong>en</strong>dar, dondequiera que pudiese,los males que había hecho. no t<strong>en</strong>ía excusa alguna – ni la juv<strong>en</strong>tud, nilas circunstancias, ni las malas compañías. yo, y yo sólo, era responsablepor mis actos.escribí página tras página, descargándolo todo, sin omitir detalles. tanint<strong>en</strong>so fue el dolor que me s<strong>en</strong>tí como si el ángel del arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tome estuviera despedazando el corazón con su espada. escribí doc<strong>en</strong>as decartas a personas y organizaciones a qui<strong>en</strong>es había defraudado, robado ym<strong>en</strong>tido…Por fin me s<strong>en</strong>tí verdaderam<strong>en</strong>te libre.<strong>en</strong> Los Hermanos Karamazov, dostoievski describe <strong>en</strong> forma similar a unhombre que confiesa un asesinato que había ocultado por décadas: “PorSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón a través de la confesión10primera vez después de muchos años, si<strong>en</strong>to paz y alegría. el cielo está<strong>en</strong> mi corazón…ahora me atrevo a amar a mis hijos y besarlos.”el verdadero arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to es contagioso; se transmite de unapersona a otra, y ti<strong>en</strong>e el poder de ext<strong>en</strong>derse a través de toda una congregación,un pueblo o una región <strong>en</strong>tera.<strong>en</strong>tre los habitantes de möttling<strong>en</strong> (un pueblo <strong>en</strong> el Bosque negro dealemania), hubo un movimi<strong>en</strong>to de esa índole <strong>en</strong> 1844, que les tornólas vidas al revés. <strong>en</strong> aquel <strong>en</strong>tonces möttling<strong>en</strong> era un pueblo como loshabía muchos <strong>en</strong> alemania. tan era así que el pastor Johann christophBlumhardt, hoy día famoso, solía quejarse de la apatía espiritual queparecía cubrir a su parroquia como una manta, una neblina. Pero <strong>en</strong> lapared de una antigua casa se puede ver una placa que da testimonio delos sucesos extraordinarios que <strong>en</strong> aquel <strong>en</strong>tonces sacudieron al pueblo<strong>en</strong>tero. “¡hombre, pi<strong>en</strong>sa <strong>en</strong> la eternidad, y no te mofes de la hora degracia; el día del Juicio está por v<strong>en</strong>ir!”el “despertar”, como se ha dado por llamar, com<strong>en</strong>zó <strong>en</strong> 1843, <strong>en</strong>vísperas del año nuevo, cuando un jov<strong>en</strong> notorio por sus juergas y malg<strong>en</strong>io se pres<strong>en</strong>tó a la puerta de la rectoría, implorando que se le permitierahablar con el pastor. le dejaron <strong>en</strong>trar. le dijo a Blumhardt quellevaba una semana sin poder dormir y que temía morirse si no podíadescargar su conci<strong>en</strong>cia. Blumhardt escribe:no hubiera p<strong>en</strong>sado que ese hombre v<strong>en</strong>dría a verme, y estuve algoreservado y cauteloso. le dije sin rodeos que no le t<strong>en</strong>ía confianza, y qu<strong>en</strong>o se la t<strong>en</strong>dría hasta que lo escuchara confesar por lo m<strong>en</strong>os algunos desus pecados para demostrar su sinceridad. Pero no pude permitir que esehombre tan extrañam<strong>en</strong>te angustiado se fuera sin orar con él.así com<strong>en</strong>zó un despertar que excedió todas las expectativas de Blumhardt.al 27 de <strong>en</strong>ero de 1844, dieciséis personas habían v<strong>en</strong>ido a larectoría para descargarse el corazón. tres días más tarde, el número deSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón a través de la confesión10los que vinieron a confesarse llegó a treinta y cinco; diez días después,había más de ci<strong>en</strong>to cincu<strong>en</strong>ta. hombres y mujeres de toda la regiónvinieron a möttling<strong>en</strong>.no hubo nada de la exaltación que a m<strong>en</strong>udo caracteriza a los movimi<strong>en</strong>tosde evangelización, nada de exageradas declaraciones de pecadoscometidos ni confesiones públicas de arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to. el despertarera demasiado serio; estaba arraigado profundam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> la realidad.la g<strong>en</strong>te s<strong>en</strong>tía una compulsión interior de acabar con el pecado. Suscorazones habían sido traspasados, y de rep<strong>en</strong>te se veían a si mismos <strong>en</strong>toda su maldad. horrorizados, s<strong>en</strong>tían que s<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te t<strong>en</strong>ían queromper con sus viejos hábitos.lo más significativo es que ese movimi<strong>en</strong>to fue más allá de palabras yemociones. el arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to rindió frutos concretos. Se devolvieronefectos robados, se reconciliaron <strong>en</strong>emigos, se confesaron infidelidades ycrím<strong>en</strong>es (incluso un caso de infanticidio), y se restauraron matrimoniosdeshechos. ya no hubo borrachos <strong>en</strong> las tabernas. y la rehabilitación nose limitaba a los adultos. hasta los adolesc<strong>en</strong>tes rebeldes respetaron yobedecieron a sus padres, y los niños reacios a cantar participaron <strong>en</strong>el coro escolar.el que ti<strong>en</strong>e dudas respecto a la aut<strong>en</strong>ticidad del despertar <strong>en</strong> möttling<strong>en</strong>sólo ha de mirar los resultados para conv<strong>en</strong>cerse de que no esuna ficción. aunque fue ridiculizado por alguna g<strong>en</strong>te <strong>en</strong> los alrededores,afectó a casi todo el pueblo. todos, convertidos o no, se sintieron culpables,y todos se regocijaron <strong>en</strong> el perdón que acababan de <strong>en</strong>contrar.<strong>en</strong> los últimos treinta años estuve varias <strong>veces</strong> <strong>en</strong> möttling<strong>en</strong>, visitandoa las nietas de Johann christoph Blumhardt. hasta el día de hoyse si<strong>en</strong>te algo del mismo espíritu que antaño hizo que toda una aldeacambiara de dirección¿Fue un episodio aislado el despertar de möttling<strong>en</strong>? ¿Puede volver asuceder? Blumhardt t<strong>en</strong>ía la fe de que sí. al fin y al cabo, com<strong>en</strong>zó conSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón a través de la confesión10la confesión de un solo hombre arrep<strong>en</strong>tido. Si de veras fue un fruto delmismo espíritu que desc<strong>en</strong>dió <strong>en</strong> P<strong>en</strong>tecostés hace dos mil años, <strong>en</strong>toncesdebemos creer que nos puede ser dado a nosotros también:el espíritu v<strong>en</strong>drá como un torr<strong>en</strong>te, ¡aguardémoslo con confianza!…cuando el espíritu Santo fue derramado por primera vez, tuvimos pruebade que dios cumple su palabra. y hoy nos hace falta de nuevo. Somos unpueblo deshidratado, casi nos estamos muri<strong>en</strong>do de sed, y la g<strong>en</strong>te se estádestrozando tanto por d<strong>en</strong>tro como por fuera. Pero ahora que nos hacetanta falta, dios nos lo volverá a dar.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón y la comunidadLa verdad sin amor mata, pero el amor sin la verdad mi<strong>en</strong>te.eberhard arnoldno sabremos perdonar de verdad hasta que sepamos lo que significa serperdonado. Por lo tanto, alegrémonos de recibir el perdón de nuestroshermanos. es el perdón mutuo que manifiesta el amor de Jesucristo <strong>en</strong><strong>nuestra</strong> vida, porque al perdonar obramos los unos para con los otros talcomo él ha obrado para con nosotros.thomas mertonla confesión es un gran don, pero a <strong>veces</strong> hace falta algo más. es partedel evangelio que el cuerpo de los crey<strong>en</strong>tes debe mant<strong>en</strong>erse puro, santoy “sin mancha”. Jesús le dio gran importancia a esto. Fue lo primero deque habló con sus discípulos después de su resurrección, cuando les diola autoridad para “atar y desatar,” para excluir y volver a aceptar, paracorregir y luego perdonar.el perdón personal es una cosa; cuando la iglesia pronuncia el perdónde los pecados, es otra cosa muy difer<strong>en</strong>te. ¿Siquiera es necesario lo segundo?muchas personas hoy día refutan la necesidad de la disciplinaeclesiástica. Pero si los crey<strong>en</strong>tes, que se consideran unidos <strong>en</strong> un solocuerpo, no <strong>en</strong>caran al pecado – si el arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to se considera asuntopuram<strong>en</strong>te personal – ¿pued<strong>en</strong> realm<strong>en</strong>te merecer el perdón? y si laiglesia carece del poder de exhortarlos al arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to y, a través


el perdón y la comunidad110del mismo, a la restauración de los miembros caídos, ¿qué autoridadverdadera le queda?<strong>en</strong> muchos casos, una of<strong>en</strong>sa puede <strong>en</strong>m<strong>en</strong>darse con una simpledisculpa; por ejemplo, cuando hemos sido bruscos o impaci<strong>en</strong>tes con algui<strong>en</strong>,o de alguna otra forma hemos carecido de caridad. <strong>en</strong> otros casoses sufici<strong>en</strong>te rogar a dios que nos perdone. Por otra parte, la experi<strong>en</strong>ciame ha <strong>en</strong>señado que para lograr la liberación total, los pecados cometidosint<strong>en</strong>cionalm<strong>en</strong>te, como ser <strong>en</strong>gañar o robar, deb<strong>en</strong> confesarse a unapersona especialm<strong>en</strong>te designada por la iglesia.es imprescindible que la confesión sea totalm<strong>en</strong>te confid<strong>en</strong>cial. <strong>en</strong>mi calidad de pastor, prometo a los que se confiesan conmigo que mellevaré sus secretos a la tumba. con todo, hay ciertos casos que requier<strong>en</strong>algo más que una confesión privada. <strong>en</strong> el caso de adulterio, porejemplo, la congregación ti<strong>en</strong>e que informarse del asunto, por lo m<strong>en</strong>os<strong>en</strong> términos g<strong>en</strong>erales, si ha de administrarse la disciplina y rescatar almiembro culpable.<strong>en</strong> otros casos de gravedad también puede que se informe a losmiembros de la iglesia, o al m<strong>en</strong>os a un pequeño grupo de hermanos yhermanas de confianza. el nuevo testam<strong>en</strong>to habla de la iglesia comode un organismo. con tal analogía <strong>en</strong> m<strong>en</strong>te, es inconcebible que el dañosufrido por una de sus partes pase desapercibido por los demás; las def<strong>en</strong>sasdel cuerpo <strong>en</strong>tero son activadas. así también, <strong>en</strong> una iglesia unida,el pecado de una sola persona afecta a cada uno de sus miembros.Según Stanley hauerwas: “los miembros de una comunidad no pued<strong>en</strong>ni deb<strong>en</strong> hacer caso omiso de los pecados que se comet<strong>en</strong>; sab<strong>en</strong>que los pecados constituy<strong>en</strong> una am<strong>en</strong>aza a su exist<strong>en</strong>cia como comunidadde paz.” cada uno ya no considera su vida como suya solam<strong>en</strong>t<strong>en</strong>i guarda sus res<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>tos como cosa meram<strong>en</strong>te personal. “Si pi<strong>en</strong>soque una hermana o un hermano me ha of<strong>en</strong>dido, esa afr<strong>en</strong>ta no sólo sedirige contra mi persona sino contra toda la comunidad.”SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón y la comunidad111<strong>en</strong> su mayoría, las iglesias hoy día tem<strong>en</strong> imponer la disciplina, demodo que, desgraciadam<strong>en</strong>te, los miembros que tropiezan y se ca<strong>en</strong>ti<strong>en</strong><strong>en</strong> poca oportunidad de arrep<strong>en</strong>tirse, mucho m<strong>en</strong>os de com<strong>en</strong>zarde nuevo. mark y debbie, que vinieron del oeste de los estados unidos,lo experim<strong>en</strong>taron de primera mano <strong>en</strong> el grupo al cual pert<strong>en</strong>ecieronantes de v<strong>en</strong>ir al Bruderhof:con los años vimos los desastrosos efectos de no hacer caso al pecado ode esconderlo. Formábamos parte de un grupo de personas que vivían <strong>en</strong>una pequeña comunidad urbana. <strong>en</strong>tre ellas estaba un hombre solteroque se había <strong>en</strong>amorado de una mujer casada; algunos queríamos tratarde resolver el asunto, hablando con cada uno de ellos por separado. Perorealm<strong>en</strong>te no había forma de sacar nada a la luz. no había <strong>en</strong>tre nosotrosningún acuerdo mutuo para exponer el pecado y librarnos de él, de modoque no era posible obt<strong>en</strong>er claridad o llegar a un des<strong>en</strong>lace positivo.con la excusa de que la “disciplina eclesiástica” era demasiado fundam<strong>en</strong>talista,legalista y cond<strong>en</strong>atoria, optamos por la m<strong>en</strong>tira de que supecado no era tan grave, por lo m<strong>en</strong>os no tanto como para sacarlo a laluz del día. ¿no éramos todos pecadores? ¿Quiénes éramos nosotros parajuzgar? de todos modos, razonamos que lo que más falta hace es que cadauno se si<strong>en</strong>ta aceptado y t<strong>en</strong>ga “espacio para errar”. t<strong>en</strong>íamos la nociónerrónea que la confrontación, además de int<strong>en</strong>sificar la mortificacióncausada por la vergü<strong>en</strong>za personal y por la auto-recriminación, crea uncírculo vicioso de fracasos. Por eso la evitamos como una plaga. ahora sabemosque <strong>nuestra</strong> tan alabada compasión sólo perpetuaba el problema.trágicam<strong>en</strong>te, el hombre finalm<strong>en</strong>te se fue. dos años más tarde, lamujer también se fue de la comunidad y se divorció de su esposo.Sin duda, lo que les pasó a mark y debbie no es la excepción. lo hadicho Phillip yancey: más y más se considera a la iglesia como <strong>en</strong>emigade pecadores, por la s<strong>en</strong>cilla razón de que muchas congregaciones tratande resolver el problema del pecado dándole una nueva definición, ycambian de posición una y otra vez para que los “bu<strong>en</strong>os” se qued<strong>en</strong> ylos “malos” se vayan.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón y la comunidad11desde luego, yo no puedo aconsejarles a otros si deb<strong>en</strong> imponer ladisciplina eclesiástica, mucho m<strong>en</strong>os cómo deb<strong>en</strong> hacerlo. aunque laiglesia m<strong>en</strong>cionada más arriba era incapaz de combatir el mal <strong>en</strong> su s<strong>en</strong>o,otras pecan por exceso de celo. Por ejemplo, algunas sectas practican elaislami<strong>en</strong>to para separar al “justo” del “pecador”, pero pon<strong>en</strong> el énfasis<strong>en</strong> el castigo <strong>en</strong> vez de la esperanza, y los resultados son catastróficos.otras iglesias rechazan la práctica del aislami<strong>en</strong>to, pero botan el granocon la paja, por así decir, y acaban por no imponer disciplina alguna. <strong>en</strong>efecto, parece que a muchas iglesias hoy día les importa poco o nada elefecto que ti<strong>en</strong>e el pecado <strong>en</strong> la vida de sus miembros.<strong>en</strong> las comunidades del Bruderhof no practicamos el aislami<strong>en</strong>to; laforma más común de disciplina es un voto de guardar sil<strong>en</strong>cio y aus<strong>en</strong>tarsede la oración comunal por un tiempo limitado. las difer<strong>en</strong>tes iglesiasy congregaciones varían <strong>en</strong> su estructura, <strong>en</strong> el grado de dedicación,así como <strong>en</strong> su <strong>en</strong>t<strong>en</strong>dimi<strong>en</strong>to de la responsabilidad mutua que ti<strong>en</strong><strong>en</strong>unos con otros. no todos <strong>en</strong>contrarán una iglesia que haya abrazado esteaspecto del arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to; y aunque la <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tr<strong>en</strong>, bi<strong>en</strong> pued<strong>en</strong> habersido intimidados o amargados por alguna experi<strong>en</strong>cia previa. aun así, laverdad es que <strong>en</strong> una iglesia unida, cuyos miembros están comprometidosunos con otros y rind<strong>en</strong> cu<strong>en</strong>tas unos a otros, la disciplina es un grandon. al extirpar el pecado de raíz, se aclara la situación más embrollada;y al restaurar a los que se han caído, se limpia y vigoriza la comunidad,purificando a sus miembros y r<strong>en</strong>ovando su fe y su alegría.hay, a mi parecer, algunos aspectos básicos de la disciplina eclesiásticaque deb<strong>en</strong> t<strong>en</strong>erse <strong>en</strong> cu<strong>en</strong>ta si ha de ser eficaz. Primero, ti<strong>en</strong>e que servoluntaria; de lo contrario sólo hará daño a la persona que necesitaayuda por medio de la disciplina. Segundo, ti<strong>en</strong>e que ejercerse conamor, s<strong>en</strong>sibilidad y respeto, sin exceso de celo, sin juzgar; y jamás debedar lugar a chismes. los demás miembros, lejos de estimarse mejoresque el miembro disciplinado, deb<strong>en</strong> arrep<strong>en</strong>tirse juntos con él (o ella) ySeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón y la comunidad11reconocer dónde el propio pecado puede haber sido causa del tropiezo.<strong>nuestra</strong> meta nunca deber ser el castigo sino la restauración.Por último, disciplina debe ahijar perdón absoluto. una vez que elmiembro haya demostrado que está verdaderam<strong>en</strong>te arrep<strong>en</strong>tido, debeser aceptado de nuevo y con alegría; lo que motivó que se le disciplinarajamás debe volver a m<strong>en</strong>cionarse.<strong>en</strong> su novela Too Late the Phalarope, alan Paton narra la historiade un afrikaner muy respetado a qui<strong>en</strong> se le descubre <strong>en</strong> el adulterio.lo abandonan los amigos; su familia, que ha quedado devastada, lorechaza. empero un vecino pi<strong>en</strong>sa, angustiado: “Se puede castigar almalhechor…pero castigar sin restaurar, he ahí la mayor of<strong>en</strong>sa…Si unhombre se adjudica el derecho divino de castigar, <strong>en</strong>tonces debe asumirla promesa divina de restaurar.”hay pocas satisfacciones tan grandes como la de recibir de vuelta <strong>en</strong>el s<strong>en</strong>o de la comunidad a un hermano que estuvo bajo disciplina eclesiástica.es algo que <strong>en</strong> <strong>nuestra</strong>s comunidades hemos podido comprobaruna y otra vez <strong>en</strong> el curso de las décadas. las historias que sigu<strong>en</strong> sonejemplos elocu<strong>en</strong>tes.cuando mi suegro hans regresó al Bruderhof después deonce años de aus<strong>en</strong>cia, no podía simplem<strong>en</strong>te volver a unirse anosotros; primero, t<strong>en</strong>ía varios asuntos que arreglar. Poco despuésque fue aceptado de nuevo <strong>en</strong> la comunidad <strong>en</strong> 1970, escribió losigui<strong>en</strong>te:<strong>en</strong> la primera reunión me quedé mudo de asombro…yo estabapreparado a que la asamblea <strong>en</strong>tera se me cayera <strong>en</strong>cima; nadade eso ocurrió. me dieron amplia oportunidad para hacer mispreguntas y explicar mis reparos, y todos me hablaron muy francam<strong>en</strong>te.Pero lo que me ablandó el corazón no fue solam<strong>en</strong>tesu franqueza sino más bi<strong>en</strong> el amor que comparte la responsa-bilidad, unamor dispuesto a perdonar porque sabe lo que es ser perdonado.no se trataba de una conti<strong>en</strong>da <strong>en</strong>tre personas, sino de una lucha contraSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón y la comunidad114el mal que nos separaba. <strong>en</strong> suma, estábamos todos <strong>en</strong> la misma situación.no se disimularon los problemas con s<strong>en</strong>siblería; los hechos, aún los másdolorosos, pudieron reconocerse a la luz del amor.la humildad prepara el camino a la <strong>reconciliación</strong>. Sin humildad, nosquedamos estancados <strong>en</strong> nuestro orgullo, y se torna imposible perdonar.el amor de la iglesia le conmovió el corazón a hans, pero lo quefinalm<strong>en</strong>te acabó con su obstinación fue la humildad de sus hermanosy hermanas y el hecho de que a su vez le pidieron perdón por haberlefallado.ahí está Sara, que también forma parte de <strong>nuestra</strong> comunidad ydescribe la alegría y la liberación que sintió una vez resuelta a hacerborrón y cu<strong>en</strong>ta nueva.S<strong>en</strong>tí <strong>en</strong> lo más profundo del alma que necesitaba poner mi vida <strong>en</strong>terabajo la luz del juicio divino. ap<strong>en</strong>as dormía de noche; algo me estabamartillando <strong>en</strong> la cabeza. ¡t<strong>en</strong>ía que arrep<strong>en</strong>tirme! Fui a ver al pastor ya su esposa y se lo dije todo. esto fue de inm<strong>en</strong>sa ayuda, aunque fue repugnantelo que tuve que confesar. <strong>en</strong> el curso de los días, me acordé deotras cosas, y no pude esperar; me fui corri<strong>en</strong>do a decírselas. cuando unose arrepi<strong>en</strong>te, aún la cosa más pequeña deja de ser insignificante. t<strong>en</strong>íaque librarme inmediatam<strong>en</strong>te de cada cosa que me viniera a la m<strong>en</strong>te.Simplem<strong>en</strong>te no podía esperar.nunca p<strong>en</strong>sé que podría haber tanta alegría <strong>en</strong> el arrep<strong>en</strong>timi<strong>en</strong>to y<strong>en</strong> la confesión. mi corazón se alivió más y más. y <strong>en</strong> vez de evitarme,los hermanos y hermanas se preocupaban por mí y más que nunca merodearon con su amor.todos conocemos aquellos mom<strong>en</strong>tos <strong>en</strong> el curso de la vida, mom<strong>en</strong>tos<strong>en</strong> que el peso agobiador de <strong>nuestra</strong> culpa nos compele a cambiar.Jesucristo está a la puerta y nos llama; es la hora de gracia: “he aquí, yoestoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, <strong>en</strong>traréa él, y c<strong>en</strong>aré con él y él conmigo” (apocalipsis 3.20). Jesús nos da estaSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


el perdón y la comunidad11oportunidad para que podamos nacer de nuevo y conocer la libertadque él quiere darnos. Puede que él v<strong>en</strong>ga una segunda vez y tal vez unatercera; pero puede que no, y nos toca a nosotros decidir si le abrimos lapuerta. Podemos rechazar el don de la vida que él nos ofrece, o podemosaceptarlo con gratitud y alegría.Por último, clara, que hace ya algunos años vino a quedarse connosotros, escribe:cuando primero llegué, miré con añoranza las caras felices de los que merodeaban, porque añoraba lo que ellos t<strong>en</strong>ían. Pero yo, ducha y educada,desconfiaba demasiado como para ser ing<strong>en</strong>ua como un niño. a las pocassemanas descubrí de nuevo la euforia y recuperé el espíritu que habíaperdido años atrás a causa de mi pecado.la importancia de la confesión, de t<strong>en</strong>er relaciones sinceras, honestasy francas, de poder servir y dar de sí, éstas son cosas para las cuales elmundo no ti<strong>en</strong>e tiempo. Pero a mí me han devuelto la alegría, y nadiepuede cantar que no ti<strong>en</strong>e alegría. Sin alegría la vida se convierte <strong>en</strong> rutina,<strong>en</strong> una máquina cuyo embrague no <strong>en</strong>grana.una iglesia que practica la verdadera disciplina no es un lugar triste uopresivo. lejos de vivir temerosos, sus miembros viv<strong>en</strong> con alegría yesperanza.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“yo hago nuevas todas lascosas”Y el que estaba s<strong>en</strong>tado <strong>en</strong> el trono dijo: “He aquí, yo hago nuevas todaslas cosas.”apocalipsis 21:5Una p<strong>en</strong>umbra ha desc<strong>en</strong>dido sobre la cristiandad <strong>en</strong> lo que atañe eseasunto de la r<strong>en</strong>ovación. nos cont<strong>en</strong>tamos tan fácilm<strong>en</strong>te, nos satisfacemostan rápidam<strong>en</strong>te con una religiosidad que nos hace parecer un pocomás dec<strong>en</strong>tes. Sin embargo, esto no puede ser el cont<strong>en</strong>ido total de <strong>nuestra</strong>fe. Todo ha de r<strong>en</strong>ovarse, todo, no sólo una pequeña muestra de algonuevo, sino todas las cosas deb<strong>en</strong> r<strong>en</strong>ovarse.christoph friedrich blumhardtel perdon es poderoso. Rompe la maldición del pecado, nos libera delpasado y v<strong>en</strong>ce todo mal. Podría cambiar el mundo, si sólo permitiéramosque fluyera a través de nosotros sin obstáculo. Pero, ¡cuántas <strong>veces</strong>lo impedimos porque no nos atrevemos a des<strong>en</strong>cad<strong>en</strong>ar su fuerza!las llaves del perdón están <strong>en</strong> <strong>nuestra</strong>s manos, y cada día nos tocaelegir si las usamos o no. Podemos cerrarnos a la majestad de dios, opodemos abrirnos a él y permitir que obre <strong>en</strong> nosotros y a través d<strong>en</strong>osotros. con demasiada frecu<strong>en</strong>cia no creemos que él puede obrar <strong>en</strong>aquellos a qui<strong>en</strong>es juzgamos no ser dignos porque a nuestro parecer han


“yo hago nuevas todas las cosas”11pecado más de la cu<strong>en</strong>ta. estamos muy dispuestos a aceptar la misericordiade dios para con nosotros mismos, pero la d<strong>en</strong>egamos a otros, ydudamos que dios pueda cambiarlos de verdad.me reuní dos <strong>veces</strong> el año pasado con un preso que está confinado alpabellón de la muerte <strong>en</strong> connecticut. michael ti<strong>en</strong>e treinta y <strong>siete</strong> añosde edad. estudió <strong>en</strong> la universidad de cornell. también es un asesino.ha violado y matado a muchas mujeres. nadie puede negar el horror desus crím<strong>en</strong>es. nadie ti<strong>en</strong>e el derecho de hablar <strong>en</strong> nombre de las familiasde sus víctimas; esto significaría desdeñar y desvirtuar el inm<strong>en</strong>so dolorque sufr<strong>en</strong>. Pero tampoco debemos desconocer el anhelo que michaelti<strong>en</strong>e de ser perdonado y de poder sanar.t<strong>en</strong>go una profunda s<strong>en</strong>sación de culpabilidad; es una culpa int<strong>en</strong>sa,arrolladora y p<strong>en</strong>etrante, que <strong>en</strong>vuelve mi alma con una niebla oscura yatorm<strong>en</strong>tadora de autodesprecio, remordimi<strong>en</strong>to y dolor…lo que másdeseo es la <strong>reconciliación</strong> – con el espíritu de mis víctimas, con sus familiasy amigos y, finalm<strong>en</strong>te, conmigo mismo y con dios.Jesucristo murió por todos, sin excepción. y quiere que v<strong>en</strong>gamos a él,no como g<strong>en</strong>te bu<strong>en</strong>a, sino como pecadores que somos: “yo no vine porlos justos…”¿Podemos darle la espalda a semejante hombre? cristo no nos diola espalda a nosotros; tampoco podemos nosotros negarle la paz a michael,ni s<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>te abandonarlo a morir. el amor de Jesús es tangrande que nos ti<strong>en</strong>de la mano aun antes de que nos acerquemos a él.al igual que el padre <strong>en</strong> la parábola del hijo pródigo, vi<strong>en</strong>e corri<strong>en</strong>do anuestro <strong>en</strong>cu<strong>en</strong>tro cuando todavía estamos lejos; nos abraza antes deque hayamos confesado <strong>nuestra</strong>s faltas o tan siquiera declarado <strong>nuestra</strong>int<strong>en</strong>ción de cambiar. Su corazón desborda de amor y del anhelo por<strong>reconciliación</strong>.este mismo amor era evid<strong>en</strong>te cuando le trajeron una mujer sor-SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“yo hago nuevas todas las cosas”11pr<strong>en</strong>dida <strong>en</strong> adulterio. aun antes de decirle nada, despachó a los quequerían ejecutarla a pedradas. le perdonó y confió <strong>en</strong> que no pecarámás. Perdonó al criminal que habían crucificado a su lado. Por la fe queéste demostró, le dijo: “hoy estarás conmigo <strong>en</strong> el paraíso.” hay pocosque ti<strong>en</strong><strong>en</strong> tal fe. Pero es precisam<strong>en</strong>te este salto de fe que hace falta, sise quiere conocer el poder del perdón y dejar que dios interv<strong>en</strong>ga. Suamor está por <strong>en</strong>cima de nuestro amor; su juicio, contrario al nuestro,es puro e inviolable.dice San agustín que no debemos vernos unos a otros como somosahora, sino como seremos <strong>en</strong> el futuro, cuando el espíritu nos ll<strong>en</strong>e porcompleto y nos prepare para que dios pueda usarnos <strong>en</strong> su reino. esta esla verdadera fe: creer que para dios todo es posible, que <strong>en</strong> Jesucristo nosconvertimos <strong>en</strong> una “nueva criatura” (2 corintios 5.17).al comi<strong>en</strong>zo de este libro escribí acerca de un hombre que asesinóa una niña de <strong>siete</strong> años, y pregunté: a semejante hombre ¿se le puedeperdonar? un cambio extraordinario se ha operado <strong>en</strong> él <strong>en</strong> los mesesque lo he conocido. al principio estaba ins<strong>en</strong>sible e indifer<strong>en</strong>te, y veía sucrim<strong>en</strong> como el resultado, si bi<strong>en</strong> horrible, de los males de la <strong>sociedad</strong>.ahora comi<strong>en</strong>za a aceptar pl<strong>en</strong>a responsabilidad por sus acciones. haempezado a sufrir por su propia necesidad de arrep<strong>en</strong>tirse, y a llorar yano por sí mismo sino por los demás.¿Se puede perdonar a semejante hombre? Si de verdad creemos <strong>en</strong> elpoder del perdón, estaremos seguros de que sí. no se trata de condonarsu crim<strong>en</strong>, pero tampoco le negaremos la gracia de dios, y no dudaremosde que también él puede arrep<strong>en</strong>tirse y cambiar. Por cierto, el mundo<strong>en</strong>tero cambiaría si tuviésemos esta fe.<strong>en</strong> el primer siglo después de la muerte de Jesús, el filósofo paganoPorfirio no podía creer que una persona cubierta de culpa y maldadpudiera purificarse <strong>en</strong> un solo lavado; que fornicadores, adúlteros, borrachines,ladrones y pederastas simplem<strong>en</strong>te pudieran bautizarse, invocarSeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


“yo hago nuevas todas las cosas”119el nombre de cristo, y despojarse de su <strong>en</strong>orme culpa tan fácilm<strong>en</strong>tecomo una serpi<strong>en</strong>te muda su piel.Si eso pudo ocurrir hace dos mil años, ¿por qué no puede sucederhoy? y si la iglesia pudo ver cambios tan milagrosos <strong>en</strong> aquel <strong>en</strong>tonces,¿por qué no podemos experim<strong>en</strong>tarlos ahora? Si nos negamos a creerque el hombre puede ser totalm<strong>en</strong>te transformado por Jesús, <strong>en</strong>toncesno aceptamos la bu<strong>en</strong>a nueva, el evangelio, ni creemos que losciegos recibieron la vista, los cojos caminaron, y los muertos volvierona la vida. tal vez sea ésta la razón por qué las iglesias de hoy día sontan <strong>en</strong>debles, car<strong>en</strong>tes de poder y poco convinc<strong>en</strong>tes. S<strong>en</strong>cillam<strong>en</strong>t<strong>en</strong>o confiamos <strong>en</strong> el poder de dios. Jesús nos dice que si creemos deveras, <strong>nuestra</strong>s obras serán mayores que las suyas. Él nos prometeque cuando nos amamos y nos perdonamos los unos a los otros, losdemonios serán expulsados y el reino de dios estará <strong>en</strong>tre nosotros(S. mateo 12.28).la transformación del carácter que pres<strong>en</strong>ciaron los primeros cristianos,no hubiera sido posible sin una fe vigorosa. estaban conv<strong>en</strong>cidosde que la iglesia podía perdonar todo pecado, y creían que el espírituSanto los había investido con poder para v<strong>en</strong>cer incluso lo más difícil,lo más problemático, hasta lo imposible. Para ellos el perdón era muchomás que un mero asunto personal <strong>en</strong>tre individuos. era una victoriapara el reino de dios.Para nosotros también, el perdón debe t<strong>en</strong>er un significado trasc<strong>en</strong>d<strong>en</strong>taly eterno; debemos confiar <strong>en</strong> que puede servir para la red<strong>en</strong>ciónde los pueblos y de las naciones, y que esto puede suceder <strong>en</strong> esta vida,<strong>en</strong> esta tierra.SeT<strong>en</strong>Ta veceS SieTe


acerca del autorjohann christoph arnold es anciano mayor del Bruderhof (aproximadam<strong>en</strong>te2500 miembros que viv<strong>en</strong> <strong>en</strong> nueve comunidades <strong>en</strong> los estadosunidos, inglaterra y australia). Sirve como consejero espiritual a c<strong>en</strong>t<strong>en</strong>aresde matrimonios, a adolesc<strong>en</strong>tes, a prisioneros y a los que sufr<strong>en</strong>física o espiritualm<strong>en</strong>te. es editor ger<strong>en</strong>te de The <strong>Plough</strong> Publishing Housey autor prolífico. Viaja ext<strong>en</strong>sam<strong>en</strong>te <strong>en</strong> nombre del movimi<strong>en</strong>to y daconfer<strong>en</strong>cias y <strong>en</strong>trevistas <strong>en</strong> la radio y televisión así como <strong>en</strong> universidadesy seminarios. Johann christoph arnold nació el 14 de noviembrede 1940, el tercer hijo de Johann heinrich y anna marie arnold. Secasó con Ver<strong>en</strong>a donata meier <strong>en</strong> mayo de 1966 y ti<strong>en</strong><strong>en</strong> ocho hijos ydiecinueve nietos.

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