Lapso (2007-2014) - Andrés Judak

lapso

Escrito por Andrés Judak, Lapso es un resumen de textos que comprende los años 2007 al 2014.
Editado por Elizabeth Lerner.
Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. Para ver una copia de esta licencia, visita http:// creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/.

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de partida


Lapso

Rejunte poético de un observador intimista.

2007/2014

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Declaración de intenciones

“No estoy escribiendo para ningún lector, ni siquiera para leerme yo. Escribo para

escribirme yo; es un acto de autoconstrucción.

Aquí me estoy recuperando, aquí estoy luchando por rescatar pedazos de mí mismo que

han quedado

adheridos a mesas de operación, a ciertas mujeres, a ciertas ciudades, a las

descascaradas y macilentas paredes de mi apartamento montevideano, que ya no

volveré a ver, a ciertos paisajes, a ciertas presencias.

Sí, lo voy a hacer. Lo voy a lograr. No me fastidien con el estilo ni con la escritura: esto

no es una novela, carajo. Me estoy jugando la vida.”

Mario Levrero

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Prólogo

Los prólogos son puertas de entrada. Umbrales. Muchas veces alaban el libro que está

ahí, en las páginas siguientes. A veces son escritos por el propio autor: para aclarar,

para avisar, para dar una pirueta de falsa modestia. A veces son casi dedicatorias,

agradecimientos, cartas de amor.

Esto no es un prólogo. Es, en verdad, una pequeña historia. Una persona tiene su

genealogía, un libro, también. Una persona tiene idas, vueltas, altos y bajos, un libro,

también. Si alguien espera una superficie tersa en la que deslizarse, unas palabras que

en su melodía y cadencia arrullen, está metiendo sus narices en el libro equivocado.

Si alguien entra, cruza este umbral, con la esperanza de encontrarse a sí mismo en

el fraseo de otro, está perdido. Es mejor que abandone ahora, advierto. Lapso es un

paréntesis largo en el que un personaje kafkiano se desliza cauteloso por su propio

laberinto y jamás se conforma con una posible salida, y muchos menos si es fácil. En

cada año se transforma porque encontrar una forma definitiva sería casi aburrido, o

peligroso, como dejar de respirar, o de amar. Pero siente el viaje en la piel, en cada

centímetro del cuerpo, en cada mujer encontrada y perdida, en cada ciudad, que ha

bebido hasta la última gota, sin respiro.

Originalmente, Lapso vivió durante años –desde el 2007 hasta el 2014- en formato de

blog, bitácora -diario de un cuerpo que dejaba las huellas de su paso bien estampadas

en cada posteo. Yo solía leer ese blog. Me cautivaba un poco la manera tan cruda

en la que alguien podía en un mismo gesto, mostrarse hasta los huesos y a la vez

esconderse, esfumarse, meterse tan adentro y no dejar rastros. Abrirse y cerrarse, todo

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en un solo movimiento. Como el zarpazo de un gato adorable, arisco: “Nadie puede

verme pero estoy en todas las cosas”, escribe Andrés Judak, y unos versos antes: “Mis

ojos son inviernos, mi piel, una historia”.

Durante unos meses de calor porteño, a fines del 2014 y en las primeras semanas del

2015, leí los textos. Los sobrevolé primero, luego los marqué, los tatué, los cuestioné,

los disfruté. Nos reunimos con Andrés varias veces, y mientras repasábamos cada

línea y despedíamos el blog para ir dando forma al libro, también leíamos a otros: pasó

Levrero, pasó Cortázar, pasó Sabina. Pasaron tickets de avión, boletos de subte, mapas

de Madrid, de Nueva York, de San Isidro, de París. Una tarjeta escrita a mano, que

supo acompañar un ramo de flores. La foto de un cenicero, miles de fotos de calles,

cuerpos, gente, plazas, cinturas y tetas. Una tarde salí a tomar aire, el libro me había

tomado por completo, como una persona que te susurra al oído sus pensamientos,

con insistencia. Luego me acostumbré a esa intensidad única, hasta escucharla y

olvidarla, hasta dejarla ir.

El libro va por años: cada año, una etapa. Cada año, un título. Cada año, el capítulo

que narra la historia de una conciencia. Para cuando el calor de Buenos Aires había

amainado, Lapso ya era esto, este formato, este objeto. El blog quedó desnudo. El

autor, despojado. Pero en el mejor de los sentidos. No se despoja uno y queda sin

nada; más bien en las palabras es probable que haya dejado, Andrés, una valijita con

parte de su historia, hecha poesía. ¿Sublimación? ¿Vuelta de página? ¿Cierre? No sé.

Había necesidad de contar una historia, y eso basta –y sobra- para la escritura.

Fui, digo, dije, una lectora posible. Un tablón del puente entre el manuscrito y el libro.

Ahora, sin lápices en mano, sin gafas de aumento, disfruto del lapso una vez más, de

este tiempo que es paréntesis o corchete, de este instante. Y brindo, claro –qué otra

cosa si no- porque pase de mano en mano, hasta que venga otro. Hasta el próximo.

Elizabeth Lerner, junio de 2015.

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Polaroids

Año 2007

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Un as bajo la manga

Acostumbro a devorar

el postre de otros,

sufro incontinencias en tercera persona.

Me asombro

de las cosas más triviales y

rasguño los cristales

para sentir tu aroma.

clavo estacas en las muñecas del recuerdo,

tiemblo con el fuego

que dilata las pupilas,

Cargo en mi espalda mil y una tiranías,

suelto el anzuelo

para ser tu carnada.

Voy siempre solo para sentirme arropado.

Me engaño antes

de que alguien más lo haga

cuando siento

que hay un as bajo la manga.

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Migas de pan

Bella mujer. Eterno dilema.

Voy a dejar esta noche

migas de pan

para poder trazar

la vuelta por la mañana.

Has saltado los plomos

de esta habitación,

Quizás sea el espíritu

de las noches que llevas sobre las

espaldas de la cama

a la que -mejor que nadie- sabes

ponerle aquel ritmo.

Qué gusto da el trastear en tu dulzura.

Quien lo probó mejor lo sabe

aquel sabor que no empalaga.

Diosa de papel,

refugio de cristales ahumados,

sudores con sabor a nicotina,

nervios de terciopelo,

haces del hombre que soy un niño

descalzo,

y ríes del mundo.

Te quedas con todo.

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Aunque

Aunque este mundo se esté cayendo a

pedazos.

Aunque la verdad sea la moda de los

mentirosos.

Aunque la gravedad de los hechos no sea

tan grave.

Aunque vendan milagros en el teletienda.

Y el Vaticano se forre con los fieles.

Y las canciones sean perfectas

superventas.

Y los poemas hablen de ciencias

económicas.

Aunque tengamos a cuatro idiotas

decidiendo por nosotros.

Aunque ya no existan Romeos o Julietas,

y las musas cobren, y acepten pago con

visa

o Mastercard.

Aunque el puño y letra necesite el Bloq

Mayús.

Aunque nadie se dé cuenta que darse

cuenta es bueno.

Aunque todavía no aprendimos a

caminar y ya corremos.

Aunque siga creyendo que la libertad no

es una utopía.

Y camine por la Gran Vía el espíritu de

James Dean.

Y me arranque los pelos por amor.

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Y me digas que este mundo puede ser

encantador.

Y que los sueños, sueños son,

Y que el reflejo de mi vida es mi pasado.

Y las clases de moralidad.

Y el ocuparse del vecino.

Y sonreír en las fotografías.

Y no pensar en las calorías.

Y comprar la dignidad en Carrefour.

Y sé bueno, y no juzgues, y persevera y

triunfarás.

Y no caer en la rutina,

y ponerle horarios a la vida,

y escribir la canción universal.

Y no olvidar, nunca olvidar.

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Poco tiempo

Tengo cada vez menos tiempo

para encontrarme.

Un muro de palabras busco.

Cuánta nube gris esperando,

cuánta alma sin nombre,

cuánto quedará de mí

pasado mañana.

Sentarse a esperar y guardar por un tiempo,

el corazón en el cajón.

Llueve hoy.

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Aires de domingo

Soplan desde el sur vientos de cambio,

la casa se nos cae en la cabeza,

los cigarros caminan en fila india a mis pulmones,

que respiran tu olor.

Verme en el espejo es un asunto pendiente,

como decir lo que nunca te dije.

El café se destiñe en mis labios.

El recuerdo es un melodrama tarantineano

y caminar es arrastrar los pies, poder y no querer,

para conquistar tu isla y tu tesoro.

Tus sábados, con aires de domingo.

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De despertadores, lagañas y huidas

No encuentro mis zapatos en esta habitación. Será

que no es la mía y quizá sea por eso que el despertador sonó

a las 8 de la mañana, y acto seguido, escuché el agua de la

ducha cayendo en la bañera a todo gas. Rápidamente abrí los

ojos y pude ver, entre lagañas, la silueta de una mujer que no

reconozco y que, seguramente, debería reconocer.

- A la noche no pasan las horas. Pasan las copas- pensé.

No tengo aquel café que salva mis mañanas ni mis cigarrillos en

la mesa de luz. No tengo mi billetera y mis llaves -supongo que

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estarán en el bolsillo de mi pantalón-. ¿Dónde está mi pantalón?

¿Dónde estoy? El silencio sepulcral de este barrio, sumado a que

es domingo, me abruma.

Los pequeños rayos del sol que se cuelan por los

orificios de aquella antigua persiana parecen ir directamente

hacia mis ojos, con el irrelevante objetivo de joderme, antes que

nadie el día.

- Voy a marcharme sigilosamente, como aquellos ladrones de

guante blanco.

Recojo mis cosas y me voy. Ya está. Saldré a la calle, veré en

donde estoy y cómo volver a casa, allí sí puedo dormir sin

importar la hora, pero, ¿quién es la mujer de la ducha?, ¿no voy

a averiguarlo? Podría haber pasado la noche con Asia Argento,

¿voy a irme sin saberlo?

Debería aunque sea, espiarla. Quizás realmente sea

ella y todas las noches en balde, todos los errores forzados

habrían dado frutos. Hoy podría ser día para remarcar en el

calendario.

La habitación respira creatividad y buen gusto. Casi

todos los complementos combinan con las cortinas y estas, a

su vez, con las cómodas sábanas en las que dudo. Las paredes

están libres de cuadros tal como a mí me gustan. Siempre odié

los ambientes cargados.

En uno de los rincones, hay un escritorio y una

biblioteca. Me encantaría repasar los títulos para poder sacar

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un perfil rápido de su dueña, pero no los alcanzo a ver. Creo que

si encontrase El extranjero me quedaría acá.

- Me voy.

Todo muy lindo pero tal vez la dueña no se corresponda con la

grandeza de mis hallazgos. Son las 8:10. Si quiero irme tiene que

ser ya. Sin vacilar.

Me duelen las piernas y la nuca, siento la boca

como un cenicero y tengo una de esas resacas que vienen para

quedarse con vos todo el día. La jornada hizo lo suyo y no me

vendría mal un baño a mi también.

8:15. Glorieta de Bilbao. El sol ilumina los puestos de

flores y los transeúntes caminan como dirigidos por invisibles

lazos, como marionetas. Ahora miro desde abajo, aquella

ventana que dejó entrar los primeros rayos de la mañana. Tiene

un pequeño balcón con aquellas plantas que requieren poco

mantenimiento. Aun podría subir, pero debería hacerlo con el

diario o café.

Un taxi descarriado se abre paso entre los demás

coches, como aquellos futbolistas de elite, gambetean hasta

llegar al arco. Vino directo hacia mi. Su letrero de Libre, fue un

balón de oxigeno.

- Buenos días, caballero. Vamos hasta Hacienda de Pavones 178.

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Del melodrama de las palabras atrevidas

¿Amor? con “des”

Cama para tres.

¿Subir o bajar?

Ponme un diez.

¡La casa invita!

¿In-victa?

Puedo saber

como sabe un pez.

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Subordinado

¿Sub- ordinario?

¡De qué vas!

Menos que tú.

¡Menos mal!

Ponme otra,

te llevo a tu casa.

¿Me lo dejas?

(Con una pizca de sal)

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Mientras me encuentra

No tengo tiempo y no sabría en qué perderlo,

no tengo grandes ideas, ni ideas grandiosas.

No tengo oficio, ni azar que me defienda, ni buena estrella.

Ni ojos en la nuca.

No tengo el clavo que saca a otro clavo,

no tengo la ruta del camino que te llevará a Roma,

no tengo cruces, ni amuletos ni lazos rojos.

Pero me tengo, y me preservo y

me entretengo como nadie,

mientras me encuentras.

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Es domingo por la tarde

De vez en cuando

fumo cigarrillos hasta el cansancio

y me desarmo de a ratitos, porque,

todo huele a flores en la nueva casa.

he muerto y estoy de nuevo aquí.

Soy un corredor de fondo, que tropieza

y sigue,

paso con soltura los controles

antidoping,

me meto los dedos en la llaga para no

perder

la costumbre de sufrir,

de vez en cuando.

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A cara

o cruz

Qué bonitas fotos que espero

hacerme algún día,

cuántas canciones vendrán por la

espalda

cuando el ocaso pida pista.

Cabe mi biografía en una servilleta

y mi libertad en una botella.

es mi camino entero, esta vereda,

y mi estación, tu esquina.

es mi deseo el más simple

el que nadie le pediría a un genio,

es mi guitarra la peor.

Cabe mi orgullo en tus bolsillos,

y el aire que respiro en un cigarro,

el cielo que espero en tu habitación,

tus sábanas son mi ropa,

son mi verdad, a cara o cruz.

Cabe mi mundo en un pañuelo,

es tu conserje mi abogado y mi consuelo,

cuando no me dejas entrar.

Es este bar mi asilo y mis analistas, las

camareras,

es esta noche mi abrigo,

y mi gasolina, el porvenir.

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Estampa de domingo

Nubes a ras del suelo,

café con lagañas,

el esqueleto de una botella, sobre la mesa,

y el primer cigarrillo del día,

mil canciones posibles.

Soledad y compañía en el salón,

desinformación en primera plana,

corre por la M-30.

Muchos aviones y pocos planes,

el mundo entero sale de la cama,

los infieles vuelven a casa,

con un ramo de flores.

Acaba de empezar mañana,

la cama guarda la piel de me dejé sobre ella.

Acabo de despertar y me duele la cabeza,

mi gato se va a dormir.

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Cuentos cortos

Si las mesas de este bar

tuvieran voz y voto

quizás contaran de mi vida

reflexiones de modestia y cuentos cortos.

Si las calles de mi vida

hablaran sin censura alguna

quizás pudieran publicar

las memorias de un romeo de cuna.

Las mujeres se acercaban por las copas,

y los tipos se creían sementales,

yo empezaba como músico de notas,

y tocaba 6 acordes trimestrales.

Y robaba flores de las casas,

y fumaba como un Dt de fútbol,

quemaba a posta los cartuchos,

de mi eterna juventud.

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Posesivos

Tenemos, ¡Cuánto tenemos!

Tenemos relojes que nos marcan el tiempo

besos que nos quitan el aliento,

escritores que no escriben sobre nosotros,

pasteles para festejar cada año que perdemos.

Tenemos normas y leyes,

héroes que nos venden por la tele,

oasis urbanos con camareras y billares,

un pasado que siempre fue mejor.

Perfumes, maquillajes y prendas para escondernos,

dinero por que morir o matar,

pastillas para el sufrimiento.

Dioses juzgando a pecadores,

Abogados del diablo y contratos de por vida,

tenemos de todo,

pero no nos tenemos.

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Hoy

Que tengo un año más y un disgusto menos,

que vivir no pesa tanto y amar no duele,

que el arte de respirar cumple jornadas completas,

las canciones van volviendo a su creador.

Hoy, que ya no leo a un Just a Gigolo,

y todo se lo lleva el viento, y estoy de pie,

y el vaso medio vacío parece rebalsar,

y desafino de felicidad, me río de mí,

y soy más frágil, pero me veo más fuerte

y todo gira en el mundo y no me asusta,

y debo cada vez menos , y gano cada vez más.

Hoy, que los trenes si prometen estaciones

que el sur no está tan lejos como creo,

y las suelas de mis zapatos no se desgastan a la par mía,

que el vino está bien compartido,

y el despertador no me corta el sueño,

hoy estoy para empezar de nuevo,

el guión que dejé por la mitad.

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Es lo que soy

Un atrevido de las cosas más simples,

más frágil de lo que muchos creen.

Es lo que soy

Me escapo para no tener que verme

en el espejo del mundo.

Un soñador que ya no sueña,

Una historia repetida,

Un tintero vacío.

Es lo que soy

cuando todas las esquinas son la mismas

buscando que la lluvia me moje la cara.

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Con ventaja

Exquisito es perderse de vez en cuando y disfrazarse de otro,

cambiar de piel y seguir siendo el mismo,

llevar lo mismo dentro.

Tengo un ansia de huida momentánea que me entusiasma,

me dice que no siempre debe ser igual, lo conocido,

que la noche puede torcerse de manera favorable.

Recorrer otras carreteras, sentirme de fuera,

ir a otra ciudad y volver a estrenar la suerte de principiante,

dejar lo que te toca en manos del azar.

Lo importante es no conocer lo que esta por venir,

y disfrutar de la sorpresa.

Improvisarse un guión a medida de las circunstancias,

derrochar la energía que hoy no tendremos,

volver por la mañana y empezar otra vez

(con ventaja)

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Aún no

Intento escribirte, por día, una canción,

un poema, o simples palabras.

Señales, para que entiendas que no abandono:

humo, bengalas, petardos, colores.

Y aquí sentado sigo,

sobornando al destino y al calendario,

sacándole brillo a la contradicción, esperando,

que me veas.

No abandono, no aún.

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Imagen de Barajas (en 40 minutos)

Tarjetas de embarque. Te las piden unas cinco veces

hasta que lográs sentarte en el lugar asignado de tu vuelo. Pero

aún es temprano para eso. Me quedan unos 40 minutos para que

mi avión salga, y estoy tomándome un cortado en vaso de caña.

El bar se llama La Piazzeta y tiene un decorado como de feria.

Se parece un poco a esos puestos de verbena que se desmontan

en unas pocas horas, cuando esta se acaba. Dos camareros

veteranos llevan el timón del sitio y deslumbran, volando de un

lado a otro con sus bandejas y la voz de su experiencia. Cuantas

cosas habrán visto ya. Siempre pensé en escribir un libro de

historias de aeropuertos. Éste o cualquier otro.

Tengo a dos mesas de mí a una rubia que habla con

su teléfono móvil en un idioma que no es el mío. Es delgada y

prolija: se nota en el rodete de su pelo, que seguramente armó

sin ayuda de nadie. Juega con la huella que ha dejado su vaso de

agua mineral mientras habla y yo intento ver su nombre escrito

en el pequeño plástico que cuelga de su equipaje de mano.

Tengo que operarme de una vez la vista. Mis lentes siempre

están sucios y rayados. Nunca acabaré de acostumbrarme a

ellos. Parece ser de uno de esos países del centro Europa. No

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sé si está feliz o triste, porque está de espaldas a mí. Aunque

tampoco me incumbe. El café aun no se enfría.

De a poco se está llenando el bar y un extraño tipo

que me mira, mientras yo miro a mi alrededor y escribo estas

líneas. Los aeropuertos bien pueden ser peceras donde mil

peces de colores nadan sin siquiera tocarse. Espero que piense

que soy un poeta o algo por el estilo.

Ya han pasado diez minutos y queda aún media hora

para zarpar. Qué relativo es el tiempo en sitios como estos. No

me gustan los relojes. No me gusta ese invento del hombre. Me

parece una manera de saber constantemente cuanta vida vamos

perdiendo y me abruma. Le temo a la muerte o más le temo a la

decadencia que trae, entre sus manos, la vejez.

Uno de los camareros tiene un arte especial para

poner la leche en el café: mientras la calienta hace una serie de

movimientos y al volcarla en la taza forma una espuma muy

parecida al de la cerveza. Podría llevarse el primer premio en

un concurso de baristas y sin embargo está acá. Yo me iré, y el

seguirá acá.

Hay un mundo detrás de cada pequeña cosa. Dicen

que en los aeropuertos está concentrado todo lo que puede

verse en un cuidad. Las lágrimas y las risas se anuncian en las

pantallas de arribos y partidas. Me lo dijo una empleada del

aeropuerto de Ezeiza, al preguntarle por una tarjeta de crédito

cortada por la mitad, que tenía sobre su cajaregistradora.


- Este es un micromundo. Acá pasa lo mismo que en una gran

ciudad, todo a la vez y en tiempo récord. Una feria de variedades

a la que se accede con un ticket de avión.

El café acabó por enfriar. Tengo la manía de dejar estar las

cosas. A veces me encuentro con canciones que llevan tiempo

en el cajón y que había dado por perdidas. Supongo que no

es una buena forma, pero no conozco otra. Por suerte, tarde

o temprano acaban en mi grabador. El arte es una carrera de

fondo.

Voy tirando para la puerta de embarque. La gente

se agolpa, sin darse cuenta que sea en el orden que sea, entren

antes o después, viajarán en el asiento que les corresponda.

Mi chica me espera. Intentaré hacerle los días un

poco más fáciles. Tiene el alma herida y necesita de mí, un poco

más de lo que yo podría necesitarla. Estoy viajando mucho para

verla y no se merece menos. Quizá sea esta, sin darme cuenta,

una de las historias de aeropuerto que incluiría en mi libro.

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Dos ombligos

Nos perdimos el acto de inauguración,

nos dejamos en el cajón los relojes,

mascamos chicles en clase,

interrumpimos al profesor.

Tocamos canciones en un cementerio,

dejamos los estudios, para retomar luego.

Borramos los mensajes del contestador.

Nadie nos enseñó a vivir, y estamos vivos,

quisimos salvarnos, dejar una huella,

formar la mejor banda del mundo,

ser recordados como héroes, vender discos,

cagarnos en los que nos vieron incapaces,

el barrio se nos quedaba enano.

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en el mundo

- Dos ombligos en el mundo. Son muchos

ombligos.

Besamos escenarios, violamos guitarras,

fuimos importantes para quien quiso oír.

Nos disparamos palabras,

nos separó el mar

no tuvimos más elección que abandonar,

dejar en tablas la partida.

Fuimos malos,

perros de presa,

dados trucados,

escopetas de feria,

rompecabezas.

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Fuegos artificiales

Año 2008

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Parar

Sentarse

viene bien de vez en cuando,

hacer un paréntesis y corchetes

y comillas e intervalos,

dejar pasar el tiempo,

verlo irse como aquellos autobuses en la carretera.

Parar significa

dejar de ir tras la perdiz,

no intentar ocupar ese primer puesto,

ser el último en la fila,

no oír, ni ver, ni escuchar, que más me da.

Es desaparecer por un instante,

del tiempo y del espacio,

formar parte de las cosas inertes,

de los muebles de la casa,

las plantas, las viejas fotografías,

subirse a las leves corrientes de calor de cada ambiente,

pintarse de otro color,

ver el cielo y las nubes pasar.

Toda esa magia desproporcionada,

toda esa luz que nos rodea,

qué bien viene de vez en cuando.

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Con la guitarra y la libretita

Soy feliz con la guitarra y la libretita,

desafinando, imaginando historias pervertidas

soy feliz con todo lo que hoy recuerdo,

con todo lo que pudo ser.

Soy feliz resbalando en las curvas,

saltándome todos los semáforos

que me ponen los días.

Y soy tan feliz que sufro por todos,

que lloro en las noches,

que río en las tardes que no tienen nada para dar,

Apocalipsis Now, y la procesión que me llena los bolsillos,

y los besos que me falta recibir,

sucesos bochornosos,

aires de domingo en pleno jueves,

y cuatro versos

antes de dormir.

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En un escenario

todo mi cuerpo rebosando de soledad,

rodeado de gentes,

ríen, beben y escuchan

cuentagotas de canciones,

dolores, trucos para no soñar.

Tiene fecha de caducidad esta noche,

ya estoy lejos de aquí,

canto y me dejo la piel,

la gente aplaude.

Concierto redondo.

Uno a uno se despiden,

doy las gracias,

voy quedándome otra vez solo,

las luces se apagan,

desmontan el equipo,

la guitarra en su funda,

queda en el coche,

mal estacionado.

Sin rima

ni prosa

Vuelvo a la barra,

ahora soy solo un espectador,

pido algo para comer,

me emborracho.

Soy el último en dejar el bar,

me barren los pies,

amanece,

y todo vuelve a empezar.

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Un poco más perro

Volando bajo,

rozando las baldosas,

caen de mis bolsillos los sueños,

maniobras imprudentes.

Obediencia negada,

curvas mal tomadas,

me vuelvo contra aquel

que veo en el espejo.

Noches olvidadas,

paraísos incongruentes,

canciones desafinadas,

emergen entre las cosas,

a las que dabas sentido.

Volando bajo,

rozo las colillas en el suelo,

las botellas vacías,

el calendario atrevido,

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me llevan mil demonios,

me escondo para no verme,

me salgo con la mía.

Volando bajo empiezo a ver que todo tuvo sentido,

que no cambié de rumbo,

nunca tuve un mapa y me inventé el camino,

descarrilando a veces,

sintiéndome acompañado,

querido y esperado.

vuelvo a mi prólogo,

vuelvo a mis rutinas,

un poco más perro,

un tanto más solo,

volando bajo.

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Paradoja

Ni se te ocurra pisar mis flores,

mis fotos, mis recuerdos,

ni se te ocurra meterte en los huesos

de mis amores.

Borrarme la memoria,

sacarme este acento,

cambiar de sitio mis pasiones,

ni se te ocurra.

Ni se te ocurra alejarme de mí,

de lo que soy, de lo que fui,

de aquellos que me hicieron,

de toda esa sabiduría.

Acercarte a los míos,

transmitirles tristeza,

arrebatarles la inocencia,

ni se te ocurra.

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Crecer

Crecer es desencantarse un poco...

Y cuando no quiero verte

recuerdo todo lo que olvidé, para estar contigo.

Abro las ventanas,

abro mis ojos,

más grandes ,

salgo a la calle.

Me abro al mundo.

Me cierro a mí,

(que eres tú).

Crecer es hacerse más perro,

es “estamos grandes para estas cosas”,

es perder el autobús por que da pereza,

es agrandar las historias,

es llorar cuando llueve.

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Otra mañana

Más que mañana

parecía noche,

más que noche

fue un desastre,

(uno bonito).

Tienes unos aires

que me quitan la respiración,

te comes al mundo

y te meriendas mis principios,

contigo soy todo un pecador,

y me dejo hacer,

soy un libro en blanco,

una cometa,

una marioneta

que se mueve a tu antojo,

y me encanta.

De manera inversa

sería un despropósito.

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Qué más quisiera yo,

ante tanta adversidad,

que encontrar un punto romántico a mi punto de vista.

Qué Más

Qué más quisiera

que quererla ante todo,

ante nadie.

Qué más quisiera que mezclar con acuarela

el saco de secuelas que esta historia nos ha dejado.

Todo no es mío, nada fue suyo.

Recuerdo con orgullo

cada uno de nuestros días.

Sea feliz, señora mía,

no se detenga en su paso.

Siempre en un costado,

festejaré sus victorias,

lloraré sus fracasos,

evitaré los arañazos de esta vida en su piel.

Recuérdeme como el que más,

como el que menos,

recuérdeme mío.

Por siempre (Suyo).

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Desde mi ventana

Desde mi ventana veo cientos de ventanas

quizás estas palabras las escriba alguien más,

desde alguna de ellas.

Desde mi ventana pretendo

ver más allá de estas paredes,

o volar, como las golondrinas,

empezar por enésima novena vez,

mi historia.

Desde mi ventana entran el aire,

la luna y las palabras.

Las canciones y aquellos fantasmas

que me cuidan por las noches.

Entra el todo y a quien no hace falta invitar.

Entra la soledad,

entra el tiempo,

que se burla de los relojes.

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Días ordinarios

Hay días en los que las preguntas que uno suele hacerse

por la noche nos atacan apenas nos levantamos. Suelo irme de

nuevo a la cama. Duermo y vuelvo a despertar, a modo de reset.

Hay días enormemente largos. Se mire por donde

se mire es jodido terminarlos, porque esos días van de la mano

de noches en las que no podemos dormir. Algunos escriben

canciones, poemas, o simplemente se levantan a ver tele.Yo pasé

ya por esos estados, y ahora simplemente abro un poco la cortina

y cuento estrellas. Las ovejas están pasadas de moda y la pérdida

de tiempo es un arte.

Hay días que se terminan antes de empezar. Típicos días

en los que te despiertas a las 6 de la tarde, porque la noche anterior

hubo fiesta. Son complejos, porque uno, al despertar pierde la

noción del tiempo y el lugar. En mi caso, suele darme un bofetón

en forma dolor cervical. (A otros les dará por otro lado).

Hay un día en el que esa oportunidad, esa patadita en el

culo que la suerte puede darte, llega. Llega esa carta, esa llamada,

ese mensaje. Cualquiera de estos días puede ser el día. Es cuestión

de estar alerta.

45


C o n t r a c t u r a

La nostalgia habla hasta por los codos,

se pasea en camisón por el salón,

la vanidad me toma el pelo y el azar

siempre lleva, bajo el escote, un as.

El olvido escribe una biografía.

El silencio se aburre y sube el volumen,

el destino me pide incertidumbre,

el amor se pira del brazo de otro.

Y mi sombra se parte la caja y se va

Somos tres, contando a mi ego,

que se siente poca cosa y se va a acostar.

Y mi rencor hace las paces con mis impares

y doy marcha atrás y me piso la cola

duermo enroscado y se me contractura el alma.

46


Un continente de incontinencia

Doy manotazos de ahogado para acabar en tu blusa,

le coso botones a las arrugas del recuerdo,

alquilo un momento para dejarme las prisas,

porque el tiempo siempre anda a las corridas.

Cumplo años, cuan manchas de tigre, de zebra.

Antes Criadores hoy Jim Beam, nada cambió,

solo 4 canas, 2 kilos, 30 canciones, un continente

de incontinencia.

Busco en el suelo las colillas de los besos,

fotos que no llevan cámara ni carrete.

Soy un crápula, soy un canalla, un extorsionador

de la palabra y si se puede cantada,

mi caja torácica no guarda cosas mejores.

El mundo es un perímetro de 36 acordes,

mientras la rabia estrena vida, cada día,

doy gracias al dios de los espejos,

me conmuevo y me vuelvo a espantar.

47


Casi dos minutos

Para no avanzar puse vendas en mis zapatos

tapones en mis muñecas,

piedras en mis ojos, esposas en mis oídos.

Adelanté los relojes que acosaban mis horas,

corté en pedazos los calendarios,

apagué la radio y la televisión.

Acabé encerrado en una habitación,

sin saber si era de día o de noche,

sin comer, sin dormir, solo mi historia y yo.

Contuve el aire

y llené mis pulmones de silencio:

dos segundos

diez

cincuenta y tres

aguanté casi dos minutos

- Respiré

y entendí que era imposible.

48


Live in Barcelona

De noche no todas las gatas son pardas

algunas son rubias insultantes,

borrachas de antojos,

con sal en la piel

y tacones revólver.

Algunas no salen de su palacio

sueñan con dejar de soñar, un poco

les mata el mismísimo silencio

les aturde el porvenir.

(Hay también siamesas

que se erizan ante el mundo).

Otras más que gatas son leonas,

reinas del vicio de esta selva.

te rompen la chaqueta y

dosifican tu deseo.

49


Llueve

Llueve, puedo verme

reflejado en el asfalto

como en un espejo.

Mis ojos son invierno,

mi piel una historia.

Llueve,

se moja mi cara.

Una parte de mí se funde

entre las hojas que pueblan las aceras.

Nadie puede verme,

pero estoy en todas las cosas.

En los países

que se esconden detrás de lo efímero.

Esperando,

Tiempo es una palabra muy corta,

un monosílabo.

El tiempo es la memoria.

Llueve y el mundo llora,

llueve en todos.

Iba haciendo falta.

50


Stand By

En esta oscuridad

la luz del Stand By del televisor

bien puede ser una estrella en la noche.

Mi cuerpo puede ser parcial,

por el pequeño hilo de luz de luna

que la cortina deja entrar.

En esta oscuridad

mi respiración sea quizá

la canción perfecta,

la que llevo una vida buscando,

pausada y sincera

con un leve zumbido

que bien podría ser un violín.

En esta oscuridad

mi memoria podría ser un film:

tú serías poli y yo ladrón

y viceversa,

o podrías ser la luz

que me enseñe esta habitación.

51


52


Un continente

El sofá es un continente perfecto

en el que ella y yo somos los reyes.

No hay relojes que marquen las horas,

solo mate y cenicero,

botellitas con mensajes

en el idioma que ella y yo inventamos.

El sofá es ciudad que no tiene leyes,

basta con no dejar los pies fuera de la manta,

aplicar un beso, una caricia de vez en cuando,

un mirada, una sonrisa.

El sofá es una autopista sin carriles,

la cárcel sin barrotes, la llave de todas las puertas,

el perfume inolvidable,

el rincón desesperado,

el recreo de los niños,

el limbo de los amantes.

53


Silvando bajo

Año 2009

54


Mariconadas

Vivo a base de recetas,

de ilusiones postergadas,

camino por vías muertas,

persigo sueños,

como el burro persigue la zanahoria.

Aprendo en los casinos, mundos artificiales.

Podés ver la vida girar en la ruleta

y aún con los ojos cerrados,

sentir el humo de los puros en tu nuca.

Humo que recordarás horas más tarde,

cuando estés en tu habitación,

y huelas tu chaqueta.

De eso se trata un poco la cosa

arrastrar una maleta con frases, olores y sonidos.

Caras (Algunas más que otras)

Aprendo de las rachas, de la suerte del principiante,

de los aeropuertos.

Del “casi”, del “no way”.

Aprendo de los besos: cuanto más se repiten mejor

se exponen, más se esperan, más se buscan.

Aprendo del ruido y del silencio.

55


Cada uno tiene un poco del otro.

Cada uno necesita envolverse y sentirse arropado.

Como el amor y el odio.

El blanco y negro y viceversa.

Los seres humanos.

Los mundos e inmundos.

Aprendo de los peones del ajedrez.

Aprendo del rocanrol,

de los escenarios y me siento cantautor.

Aprendo de la piel, y de la química.

Vivo a base de risas,

brisas de aire que caen de regalo

cuando el remedio es el bucle de recuerdos,

la nostalgia a punta de fusil,

el desamor,

que a la vuelta de la esquina

intenta siempre robarnos la cartera.

Vivo, que no es solo inhalar o exhalar el viento que

mueve tu pelo,

Vivo, que no es poco.

Vivo y percibo que haremos cosas.

Vivo porque lo demás son mariconadas.

56


Romero o menta

A veces me quita el aire

el recogerte a un metro del suelo,

los subtítulos indescifrables

que esconden tus ojos,

tiendo a caer sentado

en la fiesta del consuelo,

encendiendo cigarrillos al revés,

cantando hacia adentro.

A veces me quita el aire ser

quien sostiene la pata despareja de tu mesa

y ponerle romero o menta a este amor,

para que no huela mal.

Me veo huyendo temprano

por que aún me quiero.

57


En un bostezo

Cuando bostezo mis oídos se tapan,

por un momento encuentro la paz:

me encierro en una habitación, conmigo

repaso los años dorados,

ordeno mis sucesos, mis naufragios.

Olvido por un momento

toda esa basura

que nadie barre.

Miro nuevamente al cielo y compruebo

que allí no hay nadie.

No me paso de la raya, no derrapo.

Mi corazón se olvida

de latir al compás de las tristezas,

mis ojos dejan de lado aquellas nubes rojas,

verdes y amarillas.

El dolor se apaga,

el amor se enciende,

en un bostezo.

58


Like in the Dead Poets Society

Voy a escribir,

voy a hacerlo hasta que ya no quede nada por decir.

Cuando se agoten las palabras,

cuando logre volcar este vacío sobre un papel,

(habré acabado).

Voy a escribir,

hasta que mis manos no aguanten,

mis párpados se cierren,

me venza el cansancio.

Agotaré las noches, y los bolígrafos,

los folios serán fotogramas de mi corazón,

seré por primera vez un libro en blanco,

un libro abierto,

abierto a ti.

Voy a escribir

porque de nada sirve que vivas,

sin saber quién soy.

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A Short History of True Love

Ella sale con Juan

y él se escapa con Gabriel,

por las noches, a encontrar jovencitas

dispuestas a transpirar la camiseta,

que compran en la tienda

de la esquina del burdel,

donde Gabriel queda con Esther.

Esther le dice a Gabriel

que él es su amigo más fiel,

mientras le come a oreja a Juan

para que no salga con él.

Aquí es donde entra Raquel

que le dice a Gabriel que Esther

también acaba con Juan

cuando vuelve con él del burdel.

Al final es un todos contra todos,

con todos y contra nadie.

Parece una entrega

60


de sexo en Nueva York al cuadrado

Me lo contó Juan, es verdad,

me lo contó Gabriel,

y ella lo quiere a él pero acaba con Manuel,

del que no habíamos hablado aún.

Parece un capítulo de Beverly Hills 90210,

a lo burro.

Me lo contó Esther,

todas se quieren tirar a Gabriel

Y Marina, que es la compañera de piso de

Esther,

la espía cuando

a su casa llega Gabriel

y le da morbo mirar y sueña

con montárselo de a tres.

Un buen día alguien habla de más.

Y en vez de un desierto,

el piso de Esther se llena de gente, y se

vacía de luz.

61


De botellas, utopías y demás palabritas

Por este tiempo que nunca tiene tiempo,

y las luces que son insuficientes,

intermitentes

por las dos mitades de una misma mitad,

porque las caricias necesitan de caricias,

para respirar.

Y una pluma en un tintero.

un susurro en un oído,

y el tacto de las cosas mas efímeras,

y las lunas y los soles,

y el amor que necesita

del amor para llamarse así,

y el escenario que sin un artista

desborda tristeza,

y los calendarios,

los relojes que no saben más que dar la hora.

Por las medias de red,

que enloquecen a los bucaneros

por el beso que se espera

durante toda la noche,

el papel que muere por ser violado por

una tropa de palabras,

y aquello de necesitarte,

como quien necesita respirar.

Y un cigarro que muere por sentir

el fuego en sus entrañas,

y un teléfono que se regocija llevando

y trayendo novedades,

y un hotel que espera a que alguien

caliente sus camas.

62


No estoy herido

Las cicatrices que aquí ves no son mías

alguna Srta. caprichosa las puso ahí

intentando joderme minutos,

horas

y días.

Quererte

es quererme más bien poco,

colgar mis guantes,

esconder la armadura,

beber aguarrás,

fumar pirotecnia

ahogarme en una piscina

que no tiene agua,

llenar mis arterias

de silencio.

63


1980

Quedar tirado

en el cajón de los recuerdos

ya no me asusta.

Casi nada me asusta.

Ver en un microsegundo

todo lo que pudimos ser.

Respirar. Exhalar. Contaminarme.

Ponerme los guantes,

reventar al calendario,

lustrar el subconsciente no es problema.

Soy una moda ya pasada,

una agenda de 1980,

soy estos puntos suspensivos (...)

- No te preocupes,

esta noche también es de usar y tirar.

Mañana será otro de esos días impuntuales:

morir o matar,

sumar o restar,

perder o empatar.

- No te preocupes.

(Yo no lo haría)

Soy silencio y soledad:

esa hoja que vuela en el viento

sin ninguna explicación.

64


Tarde de números

Veintiocho años de vida,

uno ochenta, desde el suelo,

hasta las cejas

setenta y cuatro kilogramos, de piel,

líquidos y huesos.

Catorce años de libros,

uno de pellas,

dieciséis de música,

desde aquellas clases

hasta hoy.

Vientipico corazones rotos,

cuarenta cosquilleos en el estómago,

(solo dos reales),

cuatrocientas locuras,

noventa pérdidas de orgullo,

otras tantas de dignidad.

(Un millón de cigarrillos,

y miles de litros filtrados)

Casi trescientas canciones,

mil y pico poemas,

ciento y poco conciertos,

ningún disco legal.

Mas de cien mil kilómetros,

cinco años de exilio..

Casi un año de soledad.

65


Reset

(para Mery, con devoción)

No es importante

lo que hoy nos importa,

entiendo que lleves tu alma

a metros de aquí,

nadie te lo ha puesto fácil.

Nunca lo fue.

Nos comieron las reinas, los

alfiles, los peones,

- Piensa que aún tienes a tu

rey.

Piensa que no puede

llover todo el tiempo,

que en esta partida llevas

siempre un As,

puedes retroalimentarte para

mal,

y para bien.

Porque nadie va a salvarte,

si no le dejas,

y si me dejas

me cuelo en tus sueños y los

cambio,

y te improviso un circo en tu

habitación,

y te canto Blackbird

como alguna vez te prometí.

No es importante lo que

duele,

más bien duele lo que

importa,

no cierres las ventanas,

que hoy sí sale el sol.

No cierres ninguna,

aunque la ciudad grite,

- No te cierres.

Que yo te quiero

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(...)

No sé bien donde estamos los dos,

aunque tengo claro dónde no.

Se nos queda grande la cuidad

y la palabra amor,

y la palabra adiós,

y el tal vez, y el quizás.

Bailamos mucho, noche tras noche,

nos bebimos la fuente de la eterna juventud,

nos comimos al mundo y sus fronteras,

escribimos un diccionario único y personal,

nos integramos, nos fundimos,

nos amamos. Poco o demasiado.

Y nos pisamos los pies, bailando,

nos emborrachó la fuente,

se impusieron las fronteras,

indescifrable se volvió nuestro diccionario,

nos desintegramos, nos endurecimos,

nos herimos, Poco o demasiado.

Ahora sé donde estamos los dos:

No te ocupes, ni te preocupes.

Esta cuidad es muy pequeña para mí,

y la palabra amor,

y el tal vez, y el quizás

(...)

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Cielo

Miré al cielo:

no una, sino dos veces.

Comprendí que allí no había nada.

Solo condensación, aviones, miedos,

preguntas y deseos.

Falsos profetas y dioses.

Entendí que de ser cierto todo aquello

el cielorraso debía caerse

sobre nuestras cabezas.

Sería imposible soportar tanto siglo tras siglo.

Miré nuevamente:

las mentiras no pueden durar una eternidad.

- Pero allí no hay nadie.

(Decidí seguir mi camino. Buscarme y

encontrarme.

Disfrutar una vez más de su azul.

(A fin de cuentas lo más acertado es su color)

68


Sed

Protagonista o espectador, lo mismo da.

Petardos que me explotan en la mano.

me fumo el alma a tu salud,

se me enfría el corazón,

pierdo la razón,

pierdo los principios,

pierdo los finales.

Un hombre necesita a una mujer,

o necesita un bar.

Soy el forraje

de cuatro locas de corral.

Rosas o ginebra,

juguetes perversos,

efectos secundarios

de un amor malparido

que ya no se pega con super glu.

Puedo sembrarme y recogerme,

derrumbar a puñetazos el decorado,

dejar de ser la tilde, el punto aparte,

acabar jodido y abandonado,

manoseado por el tiempo que pasamos,

disparando con el dedo entre tus cejas,

intentado escaparme de tu clan,

con las piernas y los pulgares rotos,

arruinado pero libre.

Por que un hombre necesita a una mujer,

o necesita un bar.

Y yo solo tengo sed.

69


Cura de sueño

Se tropieza el verano:

nubes grises se cuelan en la habitación.

Domingos por la tangente,

edredones en el suelo,

tacones en el salón.

Cuestión de comer amor,

beber hastío

intimar con las reglas implícitas,

tu tabú,

mi desorden,

tu cautela,

tu silencio,

escombros de niña

que devoro en plato frío.

Diez horas de sueño,

por cada seis noches en vela,

por cada tres botellas,

por cada dos desengaños,

por cada quince bares,

por cada ocho polvos.

Se da por vencido

el verano, en mis curas de sueño.

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Tonterías

Será que los perros del fracaso se

muerden la cola,

que la noche es una viejecita caprichosa

que necesita pañales.

El día es un caramelo que se cae al suelo,

e igual nos lo comemos.

Será que los payasos aún lloran después

de las funciones,

mientras se toma el azar, la justicia por

su mano

y al olvido lo sacan a patadas de un bar

de Malasaña,

y el amor que nunca llega por que pierde

el metrobus.

Será que hay tanto para ver, tanto para

oír,

para tocar, para volar,

que aburre el elegir.

Será que lo que fue ya no es, y lo que era

es mentira

y la mentira un capricho.

Será mi nombre un engaño,

tu cintura una fiesta para mis garras

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en mañanas con sal,

con silencios que son la canción del

verano

que le pide explicaciones a un invierno

sin cojones.

Y la suerte que se escapa

por no encontrar sitio donde aparcar.

Y yo que no encuentro otra cosa que

hacer.

Que no busco y me encuentran,

que me compro , y me regalo,

que ensancho mis pulmones

con el aire que desechas.

Será que aún no te veo entrar por esa

puerta,

y espero, y me aburro, y desayuno bloc y

biromes,

y vomito tonterías.

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Suerte

Siempre creí que el arte consiste en no hacer nada, o

en hacerlo todo. Quedarse en la cama o salir a la vida con los

puños en alto y cara de loco. Nutrirse con el combustible que la

calle ofrece. Ver, oler y sentir a los demás.

Lo cierto es que aquel día hubiese sido mejor plan

quedarme conmigo bajo las sábanas, cerrar las ventanas.

Escuchar la discografía completa de algún pianista ruso y

ponerme al día con mi lista de películas pendientes. Salir de

casa podía ser una trampa mortal.

Por un momento lo intuí y no fui capaz de darle la

más mínima importancia a las señales. Aunque mono en el

horóscopo chino soy gato en las vísceras, y la curiosidad siempre

acabó por enterrarme en los más surrealistas vericuetos.

No tomé precauciones: No di vuelta el primer

cigarrillo del paquete. No hubo deseo aquel día. Tampoco me

puse mis zapatillas rojas de la suerte. bajé a la calle sin más.

A corto plazo mi necesidad era un café en el Bar Blázquez y

un periódico con noticias gratas. No brillaba en ambiciones:

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74

caminar un poco, sentarme a fumar en el parque y ver pasar

los autobuses. Con suerte podría esperar hasta el horario de

salida del colegio de la vuelta y charlar con alguna de las madres

solteras que recoge a sus niños. Quien sabe, llegada la noche,

podría hasta tener una canción.

Al bajar las escaleras me crucé con el gitano del 2º A,

un tipo bastante gracioso y agradable para ser traficante. Padre

de 4 hijos y fanático de Camarón, obviamente, los domingos

por la mañana y a todo volumen. Con un guiño logró meterme


ese miedo que viene, siempre, disfrazado de respeto. Ya era

tarde. No había vuelta atrás. No podía volver a la cama.

El bar estaba triste. Mi camarera preferida -Beatrizhabía

faltado por el asma de su niño y las noticias eran un

desastre.

- Estoy abrumado ya, de ver muertos en el papel.

El café estaba ligeramente quemado y no se habían tomado el

trabajo de hacer espuma en la leche. Nadie me dio los buenos

días ni había encendido los ventiladores. ¿Dónde está el

romanticismo tan necesario en estos tiempos? ¡Eh, señorita,

que sepa que pago parte de su alquiler con mis tintos, día tras

día!

Era tarde para regresar. Estaba a unos trescientos metros de

mi escalera, de mis sábanas y del gitano de al lado. Hay días

en los que todo puede ir a peor, pensé. Y así fue: la vi. Entró

al bar, jodida y radiante. Hermosa.Entendí que mi día estaba

truncado. Recapacité: los posteriores también lo estarían.

75


De verduras y tiempos de cocción

Soy un pimiento.

Un pimiento verde.

No soy más verde ni menos verde.

Quizás un poco delgado. O no.

Ahí estoy.

Cantando en una sartén,

para pasar el rato.

Compongo canciones de la huerta.

Entre una multitud de pimientos.

Hombre, no cualquiera

es un pimiento verde,

y menos uno que canta.

Yo soy justo el que se asoma.

El que parece pequeño.

Parecemos iguales,

pero me temo que no lo somos.

Dependiendo del tiempo de cocción

algunos ceden la piel o otros la pierden.

Por suerte aún llevo la mía con dignidad.

Algunos tienen arañazos, otros brillan

como el sol.

Yo sigo ahí, hasta que me recojan.

Soy un pimiento,

no puedo irme por mis medios.

Parecemos iguales,

pero no lo somos,

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Relativo

A veces varios días

son un día,

varios meses caben

solo en una noche,

ni más, ni menos.

6 años que caben en

un verso,

miles de horas

albergan una oración,

un monosílabo.

Suficiente

información,

para montar una

canción,

sobre una nación,

que se rige por el

tiempo.

(Confieso que he

vivido)

77


Nº 1342

Un hombre necesita amor

o necesita a una mujer,

o necesita a un bar.

En el bar, en general,

no se encuentra el amor,

sino la carne.

Sobre la carne no se sueña,

la carne se palpa y se prueba,

se gasta y se enmarina,

se congela y se olvida:

éste se presume y se sufre,

con cautela se protagoniza,

se retrata en las retinas,

transparentes como el agua:

La misma que no se sirve en los bares,

donde rara vez se encuentra el amor.

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Epicedio

Me recordaré levantando la ceja, entre las arrugas,

fumando a pesar de las críticas de mi médico joven, recién

recibido,

intentado aclararme la garganta antes de emitir palabra,

con un material literario o discográfico, publicado y decente

con un curriculum interesante según las críticas pedantes

y un respeto que supongo me habré ganado.

Me recordaré sin un plan de pensiones,

confiando en la benevolencia de Sadaic o la Sgae

firmando mi cuarto divorcio, vaciando habitaciones

enternecido por el invierno bajo mi ventana,

adorando la inmensidad de las cosas más simples

con una vida que a estas alturas no fue tan dura.

Con más ganas de quedarme que irme.

Me recordaré paseando por Madrid, Buenos Aires o Nueva

York

me recordaré amando hasta perder la cabeza, el cuerpo, el

corazón

y recordaré al único amor que tuve, entre todos los amores,

me recordaré dando cátedra de todo lo que no fui, de todo lo

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80

que aposté, doblé y perdí.

Me recordaré obsceno y ambicioso, verde y desafinado

sentado frente al mar, minúsculo, ante semejante inmensidad,

con Bach o Nick Drake resonando en los oídos.

Me recordaré abrazando a los míos, en los aeropuertos, entre

tantos exilios.

Me recordaré emocionado y abstraído, al bajar de un escenario

y mi primer concierto, y el último.

Las caricias de mi madre,

las miradas de mi padre,

la ausencia de maldad, en ellos.

Me recordaré pellizcando mi brazo, para creer que todo fue un

sueño,

que el camino fue muy corto, que me quedan pendientes

para que todo vuelva a empezar, al terminar este texto.


A menudo

Lloro a menudo.

Lloro cuando no debo.

Hay tanto ahí fuera

que me duelen los ojos.

Intento cubrirme la piel,

pero nada resbala.

La fe en las circunstancias

es el peor de los errores,

la vejez prematura del alma,

el eterno crepúsculo,

un tren abandonado en una vía muerta.

Lloro a menudo,

solo que nadie lo ve,

ni yo me dejo ver.

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Romeo & Juliet

Pienso en ti.

En mí,

Contigo.

Demasiadas veces al día.

Nunca supe ponerme a la altura

de tus alturas.

Nuestra historia se escribió

sobre papel de fumar,

se grabó sobre una piedra

que fue erosionada

en hielos que se derritieron,

en una copa.

Pienso en el año 1996,

duermo en noches que rompí,

perseverante

y no hay quien me traiga de vuelta.

Nos colgábamos de la luna a todas

horas,

me mordías la boca,

me dabas lecciones,

el amor pleno,

era la pura concentración,

para no morir antes de tiempo.

Yo aún soñaba,

la vida no era aburrida

era más bien la paradoja

del trabajo mal hecho

y bastaba.

La curiosidad mató al gato,

al ratón y a su dueño.

Los días fueron una carretera sin

pavimentar,

planos,

artificiales por naturaleza,

año tras siglo.

Sonaron diez canciones del verano

unos ocho o nueve San Valentines desnutridos.

82


Y el poeta que fui,

se cortó la coleta,

se afeitó,

se inscribió

a la lista de la compra de las almas,

cumplió el horario en el hormiguero,

hipotecó las metáforas,

dejó su biografía por la mitad,

se convirtió en una raya más,

en un paso de peatones.

El tiempo nos regaló algunas canas

y algo de mediocridad,

ahora soy el padrino solitario

de un árbol genealógico anormal.

Aunque de madrugada,

al volver a casa,

sigo buscando tu balcón.

83


Sentarse a escribir

Año 2010

2009

84


Enero

Entre petardos y corazones descorchados,

escucho a mis arterias bombear armonías.

Estos días se disfrazan de años

y en unos años, éste se acaba.

Siempre me estoy despidiendo,

pero siempre me quedo,

anhelando estaciones, adioses,

pañuelos y regresos.

Desearía ver detrás de tus ojos

cuando los cierras, sentir que ves en mí

quizá solo así comprenda todo.

No nací para cargar con lo que creen que soy,

no vine a este mundo a sufrir,

a elegir, a distinguir.

No cabe todo aquello en mi pecho.

Solo soy un tipo duro,

de ventrículos blandos

que sigue en busca el amor,

aunque le teme.

85


Pesa la vida, pesa la nostalgia,

el camino recorrido

pesa ver almas por el retrovisor,

mientras persigo algo que quizás ya

olvidé:

me embriagó Madrid,

me embriagó Buenos Aires,

me dejaron en el fondo de un cajón

que jamás volví a encontrar.

Firmé un acuerdo y dejé todo para

pasado mañana,

el público quiso oír y yo no quise cantar,

me acosté con colegialas, para sentirme

un colegial

y no encontré más que pis.

Me bebí bares enteros, para limpiarme la

conciencia

Me dormí por un mes, me desperté ayer.

86


Todas hermosas

Ana, Agustina, Anabel.

Analía, Andrea, Astrid y Alfonsina.

Barbará, Belén, Betiana.

Carol y Carola.

Carolina, Carla, Cecilia.

Cintia, Claudia y Cristina.

Daniela, Débora y Dense,

Flavia, Florencia

Emilia, Gabriela y Graciela.

Laura, Leonor, Leticia,

Liliana y Lorena,

Lorena, Luciana.

María, Mariana y Marianela,

Marilyn, Natalia y Noelia,

Nuria y Pamela.

Paula, Romina,

Samanta y Silvina, Sofía y Soledad,

Tamara, Verónica,

Valeria y Viviana.

(Todas hermosas)

- Ninguna ella.

87


Y viceversa

Toqué, u ocupé

un escenario desnivelado

Di un concierto

de desafines románticos y

me vestí con las pieles

de los humanos que recluté

año tras año.

Hice un recuento minucioso

de las víctimas de mis caprichos

y me faltó la aceituna en el Martini.

Escondido detrás de un corbatín

intenté explicar una historia codificada

y terminé el repertorio, y me sentí

realizado.

Reafirmado.

No pude con mi ingenio y buscando el

amor

entre los taburetes de un bar

me puse de rodillas y no me volví a

levantar.

A fuerza de respirar

comprendí que la vida son dos tardes,

Escapé y dormí

en el blanco de unos ojos furtivos,

pasajeros.

Se convirtió

todo aquello en un insomnio

que duró un día y dos noches,

en una ensalada con demasiado

vinagre, una garganta irritada,

en pornografía desalmada en un portal

de Hortaleza

y silencio, en cantidades industriales.

Y preparo la huida, sacaré rentabilidad

al máster del exilio

y volveré a empezar,

para volver a despedirme

y viceversa.

88


A la hora de dormir

Vapor en los cristales,

pies descalzos, fríos.

Más que callar,

menos que oír,

pieles de yeso,

ojos de cristal

un calendario que cuenta hacia atrás.

Soy y merezco.

Cuando deber no es poder y viceversa

no sale el sol por el este o el oeste

solo inviernos y humedad

mecheros sin gas,

un motor sin compresión.

Era el recuerdo, mis imágenes.

Tus vaivenes: mis manos.

Fui y merezco

por vulnerar al destino

con un corte de mangas

intentando ver mis sueños

a través de unas pupilas

que ni siquiera eran tuyas

y duras penas, y blancas tardes.

Sismos de un ventrículo perezoso

fraude al porvenir

carbón para Reyes, por milenios

y luz cegadora,

a la hora de dormir.

89


Una mañana

Una mañana desperté,

sin saber quién eras.

Perdí la cabeza

y no hubo milagro precedente.

Descubrí que dios no existe,

y tampoco los ángeles.

Me quité las vendas de los ojos

y no hubo espejo que romper.

Salí y corrí contra el tiempo,

busque un callejón

encontré una copa

y dos o tres sonrisas.

Sonaba de fondo una canción familiar,

se esfumó el país de las maravillas

y cerré el círculo.

90


Rutinas

Quizá me parta un rayo en plena calle,

o acabe en el mismo punto

exacto en el que empecé

y me coman los ojos

un par de cuervos

o los discípulos de la ignorancia

ensucien mis ganas

y se oxiden mis arterias

por el agua que transportan

o se funda el cielo sobre la tierra.

Quizá la grasitud

de la barra de este bar se confiese

ante los poros de mi piel,

mientras mis brazos

sostienen mi cabeza,

y se rasgue el último rastro de

inocencia

que guardé con esmero

mientras se cubre con charlas

desdentadas,

caricias temporales,

de pieles ajenas

y una acera fría y húmeda

me espere al final del recorrido

después de huir

de una cama extraña

de un sexo extraño

beodo y descordinado

con un sol

que me queme las retinas

a las diez de la mañana, y

el mundo ponga nuevamente en

marcha

el mecanismo que nos resta días.

Quizás esta noche

sea la última noche,

o quizá la primera

en la que no te recuerde como debería

y me olvide lentamente

al acabar la rutina,

91


Plan B

Cuántos escombros anticipados,

cuánta sed,

cuántas madrugadas

voy a espiarte desde mi coche

viendo cómo quemas tus naves,

en un cuarto sepia

con un hombre sepia,

con un corazón sepia.

Aunque prefiera ahorrarme el disgusto

tengo

la curiosidad que mata a los gatos y es

tarde

para formular el recuento

de cuántas vidas me quedan.

Veinte naufragios

me esperan aún

en vasos semitransparentes

mientras mantenga

la puta manía de estar en todos lados

hasta caer en la cuenta

de que las balas ya no alcanzan,

que la voz se gasta,

que el fuelle se raja

y tachar los siglos en el calendario

y gastar una noche entera

mirando un punto fijo en la pared

y perderme,

con la eterna intención de

encontrarme.

Entender, por fin, que el plan B

consiste en dejarte ir.

92


Déja Vu

Y otra vez las estrellas,

dando vueltas

y nosotros,

borrachos por Palermo,

buscando un hotel

y tu humedad entre mis

dedos,

y mi ansiedad.

Tu espalda arqueada,

y tu autopista,

tus manos, tus rodillas

y otra vez, tu gesto,

del trabajo bien hecho,

y mi muerte.

Y otra vez el amanecer

me echa a la calle,

y volver a casa.

Otra película,

otra década perdida

en una sola noche.

93


Paréntisis

Esta mañana desperté con un alma sensible a mi

lado. Después de una tarde agradable y simple. Con una cena

standard, buenos vinos y hasta postre. Una noche de sueño

limpio y honesto. Donde mi lado salvaje se tomó un sedante

y aquel instinto tan mío que todo lo rompe y manosea se dejó

aplacar. En una cama extraña pero con aroma familiar. Con

sábanas limpias, y una almohada improvisada y cómoda.

El sol se apretaba entre las nubes y haciendo algo de

esfuerzo, se colaba por la persiana de la habitación y no sentí esa

necesidad de huir, de cortar el momento. No sentí el parche en

el ojo, y su elástico apretando mi frente o esa sensación de vacío

tempranero que imparte el desamor, por las mañanas.

Hoy no me pesaba el mundo y fue gracioso verme

mirándola mientras preparaba el café. Tranquila, serena.

Habíamos pasado más de quince horas y no sentía su peso

sobre mí. No pensaba en las canciones o en los continentes.

No pensaba en toda esa mierda que habita en el mundo y me

atormenta. Me sentí animado, auténtico y en paz.

94


Nos despedimos después de un abrazo que duró el

tiempo justo para no firmar mi condena de felicidad. Yo acaricié

suavemente su espalda, intentando grabarla en mi memoria.

Ella me besó y yo sentí algo parecido a la ternura.

Tomé la autopista. Bajé las ventanillas y el aire entró

con fuerza. Eran las 10 de la mañana y todos los conductores

parecían tristes. Yo fui en mi burbuja hasta mi casa. Con mi

resaca y un extraño bienestar, avalado por una curiosa sonrisa.

Ya en mi cama, pensaba en todo aquello. En cómo

sería mi vida si todos los días fueran así y no lo logré del todo.

- Tampoco te pases, Andrés - me dijo una voz ronca en mi

interior.

Me dormí, pero desperté un poco contracturado. Aquella

extraña almohada era inolvidable.

95


En el culo del mundo

Pasaron los ciudades,

las casas, los escenarios.

Pasó el tiempo y pasé de moda

casi como aquella foto sepia

que encontraste en un cajón,

la otra noche,

y no llegaste a reconocer.

No tenemos mucho que decir

y mucho menos, qué hacer.

Vamos directo al infierno

y tenemos

la opción de reventar la tierra,

por los veranos que nos queden.

- Y sírvame la última, y vamos, que yo invito!

- Qué más da, ¡vente a mi casa!, que tu novio

es una momia perfumada.

- Quiero besar a todas las bocas,

desvencijar todas las camas,

cerrar todos los bares.

96


Resumir, y contarlo en una canción.

Mientras gira la rueda

y el engranaje de la tierra se queda sin aceite

Seguimos aquí, en el culo del mundo,

en este bar.

Puestos a perder, elijo perderme

confesarte que nací soñando con tus caderas,

improvisarte la historia que necesites escuchar

poco importan las formas,

si todo se torció.

Mis amores son empleos temporales,

sin indemnización por despido

ítems en la lista

de la compra nocturna

repetidos accidentes,

mis amores son precoces

cigarrillos que duran

casi 4 minutos,

sobre mis dedos.

97


Pájaros de madrugada

Días extraños.

Que no malos.

Edificios raros,

semáforos y viento.

Un reloj de arena

que sufre vértigo

cada vez que lo volteo.

El cuento de nunca empezar,

mi soledad y tu recuerdo

buscan dentro del pensamiento

entre todos esos fuegos de artificio.

Habría tanto que contarte

puede que el tiempo me erosione,

ablande los huesos

que sostienen mi disfraz

o simplemente te extrañe bien,

sin motivo aparente

y sin pretensiones.

Cualquier bar es una excusa

para atiborrarse de recuerdos

y me agota pensar

que siempre estoy pensando.

Vuelvo a ser un libro al que le faltan

páginas,

vuelvo a escuchar los pájaros de

madrugada,

soñando en voz baja,

aguantando la pedrada.

Me trago las palabras,

y me caen mal.

98


Preámbulo

Nunca superé del todo

el trastorno de

haber nacido.

D e m a s i a d o s

ruidos, voces,

demasiadas luces, tacto.

No era más que

el

preámbulo

de lo que me esperaba.

Y no me quedo otra

que estrenarme en

el mundo, llorando,

y lo hice tan

fuerte, que logré

que aquel hospital,

aquellas personas,

e n t e n d i e r a n

que quería cantar,

y algún día

contarlo todo

en una canción.

99


Treinta noches de insomnio

en Ciudad Variedades

Mujeres sin pedigree,

perfume a olvido,

semanas bisiestas,

con toque de queda.

Agua en las venas,

silencio y decibelios,

una pizca de nada,

alineando todo.

Amanecer contracturado

por seguirle el ritmo a las serpientes

es acelerar el paso hacia el abismo,

dejar a un lado el paracaídas,

saltar y sonreír

resumir,

replantear,

el final feliz.

Maletas repletas de vacío,

rosas, espinas y tijeras

y treinta noches,

burdeles y hospitales,

en ciudad variedades.

100


Aire

Año 2011

101


Contar hasta mil

Puedo ser tu juguete perverso.

Derrumbar a puñetazos el decorado,

beberme las rosas,

oler a ginebra.

Puedo ser la tilde que tu nombre

necesita.

- Ignorarte o morir,

sembrarme y recogerme.

Comerme una a una mis palabras,

vomitar poesía,

cortando poco a poco los alambres

que sostienen mi dignidad.

Volver, con el alma entre las piernas.

Puedo.

Puedo y más.

Puedo y por poder no quiero.

Saber me asfixia, me corrompe.

La ignorancia es un estandarte,

un semáforo que siempre

acaba en verde.

Puedo quererte, intentar timarme.

Revolcarme en tus silencios, ir, venir

y volver

desbaratar tu paz, dormir en tu

espalda,

contar hasta mil, respirar y volver a

empezar.

Puedo y por poder me quemo

(y por quemarme vivo).

102


Ruinas temporales

Las noches eran días,

y eran demasiados,

mientras mirabas entre la multitud

buscando calor,

manos extrañas,

ruinas temporales.

El silencio fue un mal consejero

las dudas y relojes desesperaron,

mientras el calendario reía a carcajadas.

Eras un diamante, aunque estabas vacía,

agua en las venas, frases gastadas,

lluvias de abril que duraban doce meses.

Un mundo equivocado estaba en mi contra,

risas de alcohol y una pena tatuada en el fuselaje,

te vi borrosa, me descubriste cansado:

el rock se nos quedó grande y

caímos en la poesía.

Y fue peor.

103


Swing

Fui un comediante ciclotímico

con sonrisas de alquiler,

vendí humo,

hipotequé amaneceres.

Lustré escenarios para luego

resbalar con swing.

También fui un Gran Hermano,

un pequeño amante,

un pseudo marido,

enmarañando derrapes.

Corrí los 30 años llanos,

para sacar de los desvelos

un poema,

de los escotes, canciones.

Y llegar hasta aquí.

104


Camas de hormigón

Que le den a los relojes,

que la memoria viole al calendario.

Que cuatro matones

machaquen al destino

hasta dejarlo sin ganas.

Que desaparezcan las canas,

las tildes, los puntos suspensivos,

los coeficientes intelectuales

y que el incompetente de Cupido

caiga en picado desde una nube.

Que el horizonte se deje manosear,

y todas mis verdades Magdalenas,

y los infieles florezcan en otoño,

mientras el amor duerme de por vida

en camas de hormigón.

Que cojan gripe las despedidas,

y colonicemos al país de las soledades,

mientras entiendas que mis silencios

son más honestos que mis

canciones.

Aún te olvido, ama sin casa,

cual Lazarillo a sus amantes,

una vez cada ocho horas,

por prescripción existencial.

105


De raros individuos que se expresan de raras maneras

(Al parecer no aprendí nada. Falté a todas las clases en las que enseñaban a formar filas, cerrar la boca y aceptar un rol).

Nosotros:

fugitivos,

noveles,

principiantes,

apoderados de un oficio que no impone reglas,

borrachitos de un club de deudores,

nubarrones de ideas,

imprescindibles.

Loquitos,

emergentes,

prometidos,

la utopía constante, de no acabar como el resto,

el sueño de dormir, sin pesadillas

en mares de raso.

Sangre, sudor y promesas

tinteros, cuerdas, partituras,

Olivettis cansadas

del vapuleo constante,

que dicta el fuelle.

106


Ustedes, maestros de la mecánica de la respiración:

por favor, nunca lean el periódico que vendemos.

107


Capricho (parte I)

Devorando cicatrices,

intentamos ser todas esas personas:

víctimas y victimarios.

Y comprendimos

que ningún papel era fácil.

Solo quedaba confiar en la suerte

y eso mismo hicimos,

tiramos los dados, cruzamos los dedos,

esperando un gramo de honestidad.

Se agotaron los gramos

y de vuelta al hospital.

Se escaparon las mariposas del estómago,

perdí poco a poco el valor de desnudar mi alma

frente a un folio en blanco,

mientras un rotundo silencio invadió la habitación

comprendí que todo era un juego,

un capricho mundano.

No quedó más remedio

que bajar de aquella nube,

en aquella tarde de resurrección

volver a llamarte,

esta vez con más calma.

108


Capricho (parte II)

Cuesta caro. Cuesta vida.

Una grieta en la pared, que cada vez es más grande

el rendirse jamás es un plato sucio, en el fregadero.

Un cigarrillo se consume entre mis dedos,

me trae de vuelta a la tierra.

Actos reflejos.

Paraísos que caben en un cajón.

Un grupo de fantasmas confabulados.

Nostalgias que me atan de manos. Silencio.

Doce mil pensamientos por segundo.

Una cama invadida.

Podría estar una noche sin dormir,

podría aguantar 3,7 noches.

Este capricho de ser o estar,

es una vidriera empañada, una ironía.

Pocas mujeres, demasiados tacones,

escasas conclusiones y ganas.

Mi corazón es un vaso

que solo contiene hielo

y cuesta caro. Cuesta vida.

109


Distorsión

Tu casa era un burdel

y todos tenían llaves,

entraban y salían de ti

cuantas veces querían,

y los bares, y esas voces,

el ruido de tus pasos derrumbó mi paz,

y el fuego, y el hielo sábanas vacías.

Eras lo que buscabas, eras todas.

Tantísimas ganas de desaparecer,

tantísimos culpables

tantísimas víctimas

sin quererlo y

sin darnos cuenta escribimos

cuentos de terror,

para después de cenar.

Humo entre nosotros,

distorsión, noches inertes,

mañanas turbias,

déjà vu que agota,

y otra página que arranco,

para retormarme.

110


Ausencia

Delante y detrás

no hay ventanas,

solo mil puertas,

de diferentes colores

como pastillas

como una paleta de sórdidos colores,

y ninguna llave.

Silencio y un zumbido con tacones,

respiro ausencia.

Un teléfono, en la mesa de luz

un vaso, dos hielos,

y seis servilletas escritas.

Extraño aquel instante en el que

extrañaba a alguien.

Reparo,

mientras aquella bruma me alcanza

y espero, estático.

Y sigo timando al tipo que fui

para que acepte

al que soy.

111


Desayuno

¡Ahí viene el lobo!

(Nadie me creyó).

Desperté exhausto,

con la espalda arañada,

el alma hipotecada,

y el corazón en remojo.

La miré sobre mi hombro con un dejo de miedo

y aún así me tenía encantado,

mientras se vestía, a los pies de la cama.

San Telmo estuvo a punto de bajar las cortinas,

su brillo entre las personas,

resultó un descubrimiento:

sus maneras, sus caprichos,

y la forma en la que me compró.

La noche fue más bien larga,

se bebió casi toda mis ganas,

y esta mañana no tenía mejor pinta:

estaba nuevamente hambrienta, al despertar.

112


Orgullo

Guardé las metáforas, historias y versos.

Miré una pequeña telaraña en la pared, casi sin darle

importancia al enorme trabajo de aquel insecto.

Mientras tanto ella, con gracia, comentaba que todo

lo que deseaba, llegado el momento, se materializaba

como por arte de magia. Sin esfuerzo alguno.

Acto seguido percibí que no podía dejar

de observarla. No quise caer en evidencia y cambié

de tema. Apuré el sorbo de una cerveza que rozaba

la temperatura ambiente. Encendí otro cigarrillo,

evitando mirarla a los ojos. Cambiaba el tema, sin darle

mayor importancia a su altura verbal. Aquellos deseos

ya eran agua pasada. Miraba sus manos y la manera

con la que jugaba con las cerillas. La recorría entera

y era inevitable no caer en su escote y en su enorme

sombra, reflejada en la pared.

- Esas no eran maneras de ir por la vida, pensé.

113


Quince minutos después me encontré absorto,

deslumbrado por todo lo que traía consigo. Intentando

saberlo todo, indagando, atontado de interés.

Escuchaba enmudecido, todo lo que salía de su boca.

Era insoportable y fascinante verla hablar.

Sentí un escalofrío, levante la mirada y la

encontré perfecta.

- Ella no podía tener razón.

Siempre fui un tipo orgulloso, que aprendió a bajarse

de los trenes en movimiento sin hacerse un rasguño.

Salí de aquel bar a tomar un instante de aire.

Respiré hondo y percibí todo el peso de la madrugada

sobre mi piel, y no había melodía sonando en mi

cabeza que la pudiera acompañar. La observé a través

de la ventana, nuevamente. Allí estaba, jugando con los

hielos de su copa, riendo en soledad.

Lentamente empecé a caminar, como

aquellos cangrejos de Veracruz.

Apuré el paso, y no volví a verla nunca más.

114


Fragancias en la almohada

Vanidad y huida,

una nueva piel,

otra ciudad, otro puerto,

nuevos amarres,

coordenadas,

direcciones,

fragancias en la almohada,

mensajes en el contestador,

nuevas caricias, miradas,

y un calendario que ya no resta,

y las horas que ya no pesan.

Paz,

silencio y redención,

intuiciones correctas,

miradas renovadas,

canciones de amor,

ganas de todo,

un mundo

hoy no pesa tanto,

brindis y euforia.

Restart.

115


Buenos Aires, 9 de Junio de 2011

Voy a dejar correr el aire,

las horas y los días.

Voy a dejar que circule libremente,

la tinta en mi pluma

mirar fijamente el contraste

del humo de mi cigarro en el ambiente

y no voy a hablar de amor.

Porque pasó el tiempo y eché de menos esta paz,

este silencio que rompo,

golpeando las teclas de la vieja Olivetti.

Recorrí miles de kilómetros para encontrarme y comprendí

que no pertenezco ningún sitio

no nací en ningún lugar,

no escapé, no volví de ningún país.

Soy de todos los rincones que pisé,

de todas las ciudades, los hoteles y aeropuertos,

116


soy de todas las camas donde dormí,

de todos los bares que cerré,

y la luna siempre fue la misma,

y los abrazos,

y los besos y caricias,

y los escenarios.

Mi mundo es aquel que me emborracha,

que me besa,

que me arranca lágrimas a punta de pistola,

mi mundo es el mundo mismo, entero,

y sus protagonistas viven en mí,

y yo intento perdurar dentro de ellos,

hasta que una noche cualquiera

tal y como está

quepa toda esta historia

en una canción.

117


No se confunda

(Bar Segundo Jazz, Madrid. Madrugada. Dos extraños en la barra discuten inútilmente).

A: Odio cuando me dicen “borracho”. Los borrachos son insoportables, yo me limito

a beber, a observar aquel espectáculo humano y tomar nota.

B: (Observa la guitarra junto a la barra).

A: No se confunda. No soy un músico, ni un cantante, ni un poeta. ¿Queda alguno

de ellos? ¿Vivo? Solo soy un atrevido, un vendedor de humo, un saco de antojos, de

racimo de excusas, un tipo que llena tinteros con el sudor de las sábanas, para …

B: (Interrumpiendo) Para no ser un borracho tiene varias manías, como la de

tropezarse conmigo, y no parar de justificarse.

A: ¿Tiene fuego?

B: No.

A: Sí. Yo también pensé en dejar de fumar, pero me estaría perdiendo de esas figuras

fascinantes que se forman con el humo. Hay detalles que hacen que las cosas que nos

matan, nos enamoren.

B: No le dije que no fumo. Le dije que no tengo fuego.

A: ¿Es fumador y no tiene fuego? A mí me suele dar vergüenza pedir.

B: Pero acaba de pedirme...

A: ¡Imposible! ¿Me está tomando el pelo? ¡Me parece que acá el borracho es usted!

Ya se lo dije: ¡no me gustan los borrachos!

B: Como quiera.

A: Claro que sí.

B: Debo irme.

118


Oro

Arden las horas,

se extinguen como cerillas.

Mueren los días en el campo de batalla,

no hay justicia para los amaneceres y el sol,

los atardeceres y el farol,

que iluminan la luna.

Respiro profundo y entra en mí

el mismo aire

que otros disfrutaron

y se ensancha mi fuelle,

y todo mi cuerpo trabaja

sin pedirme el más mínimo permiso.

Mientras, sigo observando

todo este film surrealista,

carente de principio o desenlace.

Caigo en la cuenta de

que aún espero algo

que no llego a comprender,

y se quita las esposas ese porvenir,

119


mientras rindo culto

al universo escondido

detrás de las pequeñas cosas

y me fumo las noches,

a los pies de la cama.

No te esperé, como era de esperar

y después de dejarte

aquella canción en tu contestador

corrí como nunca y comprendí

que el plan nunca fue calmarme

o buscar la normalidad.

No aprendí, a desaparecer

como los magos,

el país de las maravillas existe

solo en libros,

aunque en esta ocasión

mi mundo brillaba

y a su vez era de oro.

120


Desnudo y en invierno

Me esfuerzo con buena letra,

como aquellos buscadores de oro, sin descanso

y con esa constancia que promulgan los relojes

como un miembro más de este oxidado engranaje,

alineado y perseverante, decidido y complaciente.

Pero basta el sonido de tu respiración, detrás mío,

o aquel perfume tuyo inundando el ambiente,

y esos mecanismos, esas maneras de comerte el mundo,

esa altanería, y ese taconeo que pisotea a los incrédulos,

para escaparte de aquel cajón en el que duerme

todo aquello que creí olvidado, vencido.

Para barrer con tu boca la mía,

destrozar con tus piernas mi paz,

y tirarme nuevamente a los lobos,

desnudo y en invierno.

121


En el cuarto contiguo

Mi Leslie, mi Yoko:

no te encariñes con el cariño,

que estamos grandes para estas cosas

o esto es demasiado grande

para nosotros.

Siéntate en la punta de la barra

y deja que todo fluya, hora tras hora,

verás que también se vive sin amor,

verás que se pueden pasar años

en aquel rincón

observando cómo mueren

los hielos en una copa.

Yo acabo de despertar

de las mil y una noches,

tengo hambre, sed y frío

y mi corazón aún descansa,

en el cuarto contiguo.

122


3:32 Am

Son las 3 de la madrugada en mi planeta

y no logro dormir.

Mientras, los ladrones ríen y los amantes se esconden.

Mientras, un perro ladra a varias calles,

noche tras noche,

con la misma exacta tonada.

Tengo hambre y no estás cerca.

Enciendo un cigarro

y entre tanta oscuridad disfruto

de aquella diminuta luz

mientras recuerdo las camas

en las que fumé, y sus naufragios:

tantas vidas se quedaron en aquellos mares,

tanto de todo.

Pasaron más de 10 mil noches y aquí estoy,

escribiendo una nueva historia.

Ninguna es mejor que ésta, como siempre,

hasta que me demuestres lo contrario.

123


La ciudad duerme y los demás

sueñan con ganar la lotería,

con comprar amor,

con rentar el mundo,

mientras dibujo con el humo un futuro

benevolente con mi pasado

hasta que me gane el sueño.

Me basta con unas horas

para vencer la tregua

y despertar nuevamente con ganas.

Estos días se tornan extraños

(desde que te dejaste ver)

y solo giran en torno a rozarte y descifrar tus ojos.

Para un tipo como yo,

supongo, que no están nada mal:

logré tu atención sin trampas ni artilugios.

De pronto te pienso más de la cuenta y no me asusta

creo que es hora de dejar por un tiempo,

el fusil en el placard.

Quizás haya encontrado la cura para este insomnio:

- Mañana te invitaré a dormir.

124


Fideos recalentados

La ciudad sigue clueca,

Descarriada y adorable,

como en Cambalache:

una feria de variedades, una verbena,

un zoológico sin jaulas.

Es sábado,

Plaza Serrano nos mira de reojo,

mientras damos vueltas para aparcar el buga,

entre tanto borracho,

tanto superhéroe,

tanto malhechor,

loquitas de Palermo,

hipsters de traje y corbata;

hay una especie de atmósfera entre vosy yo:

hay una letra pequeña que preferimos no leer

y es mejor así.

La toma de contacto se nos fue de las manos

una tarde de jueves que aún no termina,

y es encantador.

125


Hey, mi Yoko, quereme

quereme bien,

sin dedos en la llaga,

sin maldiciones.

Maltratame con arte,

juguemos a los tontos felices.

Estoy dispuesto a olvidarme de mí,

del debe y el haber

por un tiempo.

Soy una suerte de prostituta rehabilitada

que ya no cobra,

un plato de fideos recalentado,

que sabe mejor, al día siguiente.

126


Por unas horas

Un tipo mira de reojo el periódico del otro

en esta Plaza de Mayo, en septiembre,

con mas palomas, que personas

con más recuerdos que protagonistas.

De pronto me cruzo conmigo

y me encuentro más flaco,

mientras apuro los últimos rayos de sol, del mediodía.

Sigo siendo un tipo duro,

con mis reservas.

Una avalancha de autobuses y almas me baja al suelo:

tengo en mis manos la herramienta y las canciones,

tengo al pasado de mi parte,

y esta voz tan cascada como mía.

No me guardo más en el tintero,

solo intento explicarme,

que me entiendan

solo queda ir a por todas,

treparme al cielo,

manosear al destino,

confesarme culpable,

sonrojar a los curas,

y respirar.

Esperar que crezca de una

vez el corazón

y lograr que, a regañadientes,

el mundo

se enamore de mí,

por unas horas.

127


Si me vieran los rockers

Tengo pan.

Tengo aún

aquel vino lacrimógeno

y caramelos de colores,

y el sol, al volver a casa.

No me doy por vencido,

me doy por servido, por repleto.

Me doy por tonto y me doy cursi,

estrenando mi nueva y flamante inocencia.

Nobleza obliga: cazador cazado,

estoy en el horno,

con la manzana en la boca,

porque esta vez prefiero sentir,

aunque sea cocido y comido.

Se acabó la anestesia,

estuve a punto de ser una planta,

un ladrillo, una mesa:

vamos a jugar, a doblar la apuesta,

empatar y perder, recalcular

hasta que se demuestre lo contrario.

128


Puede que hasta me deje querer

y deje que me quieras.

Tengo lluvia, velocidad y escenarios

y sonrisas, y cigarros compartidos

y caricias, benditas caricias.

¡Si me vieran los rockers!

¡Si me vieran las víctimas que cayeron

bajo el pulgar!

En un mundo justo, iría al infierno,

por eso me fugué a Buenos Aires

(y ya el aire no me falta).

129


Venir a

No vine a este mundo a sufrir, ni siquiera a soñar:

me declaro vencedor si logro, al menos,

seis horas de sueño corridas.

Tampoco vine a esta ciudad a ser un gracioso,

a pagar los platos de los ex,

ni a cumplirle los caprichos de cama

a un manojo de gallinas de corral,

ni a que me arranquen la piel,

ni que me vendan por partes, los payasos de turno.

Vine a todo y no vine a nada,

solo a improvisar con buena letra

la banda sonora de esta ensalada, pasada de aliño:

mirar y tomar nota de las noches ebrias de vida

y arañazos en la espalda.

Existencialismos aparte no vine hasta aquí con grandes fines:

me roba una sonrisa la idea de dejar huella en los protagonistas

de mis días.

Quizás, de esa manera, todo cobre sentido.

Pedir de mas es fabular, y ya no estamos para cuentos.

El arte de gastar vida,

solo es para gente real: basta pellizcarse para comprobarlo.

130


Para un individuo

pensante parlante como yo,

a día y noche de hoy

escribir una canción acaba

por resultar doloroso y caro.

Honestidad musical

Supone tirar a la marchanta aquel vértice bueno

joder la partida, sumar cicatrices, invadir imperios

vender humo, transpirar frialdad.

¿Dónde termina el tipo que necesita calor

y dónde empieza aquel que respira y transcribe el desamor?

Salgo a beber y solo veo historias distorsionadas y carentes de protas:

podría hacer el esfuerzo, ceñirme al papel,

repetir una y otra vez las secuencias,

aunque el final sea común:

todas acaban igual.

Hoy, escribir una canción me cuesta más aire del que puedo inhalar:

requiere actores, víctimas y heridos.

No sé mentir, nunca lo he logrado

nunca pude escribir sobre aquello que jamás sucedió.

Quizás algún día también escriba sobre este entuerto.

131


Todas las madrugadas, de todas las noches

Es tarde para casi todo,

me veo solo:

pocas almas rondan las calles,

y ya son demasiadas.

Espero y por esperar ansío,

y por ansiar me engaño.

Escapo, y por escapar reincido

y para reincidir bebo,

y por beber siento

y al sentir me pierdo,

y al perderme compro y vendo humo,

estreno escudo para protegerme

y por protegerme daño y por dañar

pierdo y por perder escribo:

todas las madrugadas, de todas las noches,

la misma historia,

solo cambian los personajes.

132


Pirómano

Me hubiese gustado

verte dormir a mi lado, esta noche.

Sentirte cerca y segura:

dejarnos allí nuestras pieles

y algún retazo de alma y de vida.

Me inmolé.

Sin querer encendí una cerilla

y me prendí fuego:

arrasé con todo a mi paso

y no dejé más que cenizas.

Hice caso al tipo que odias

y salí a vivir, otra vez:

tomé una ducha en el sitio equivocado

intentando lavar mi consciencia

y acabé por borrar mi memoria

y por perder mis modales.

Se esfumó el señorito que días

atrás respiraba de tu aire.

Quemé aquella comedia

nuestra en aquel bar

y la cama en la que quisiera

verte dormir.

133


Decreto

Canto veneno,

respiro amaneceres,

escribo rabia,

juego a la guerra:

disparo al azar

me bebo el orgullo,

compongo traiciones,

lloro desiertos,

me fumo mis principios,

y me invento los finales

cuando amo por decreto.

134


Mi clavo preferido

Te espero,

tiro de la memoria mientras tanto

y hay poco que ver.

No tenemos pasado:

nos estrenamos mutuamente

en una carrera dantesca.

Nos saltamos las normas,

y quemamos la evidencia.

Poco importa hoy,

poco importa ahora todo aquello.

Te espero, en este instante.

Puede que la próxima vez no sea la última:

el momento es hoy.

135


Es inevitable extrañarte a estas horas,

en esta ciudad que se torna un zoológico de almas,

de fantasmas, de individuos sin rostro

entre alcohol y smog,

entre el bullicio y soledades compañeras.

Debería irme a casa, pero calle tras calle, te busco,

caprichoso y contradictorio:

hay reglas que aún no aprendo.

Un clavo no saca a otro clavo,

pero en el mundo abundan.

136


Rosas

Nunca logré escribirte

una canción

Siempre faltó papel,

tinta o alcohol.

Fui guardando

inútiles palabras en una bolsa

y confié en que el tiempo

les sacara brillo,

pero un temporal se las llevó

y acabaron en el mar.

Aún antes de conocerte lo intenté,

cuando te tuve, y cuando me escapé.

El silencio no se apiadó

de aquella necesidad

y me puso a correr tras tu sombra,

que corría tras de ti.

Nunca logré escribirte una canción,

conste que lo intenté,

como tantas otras cosas:

una vez compré un chumbo

y solo disparó rosas.

137


Time off

Y ahora que no espero nada

el mundo entero

se hace blando y fácil:

la noche brilla y los hielos

ya no se derriten en mi copa.

Los relojes ya no restan.

Sálvese quien quiera

que yo ya estoy de vuelta

afilado, ansioso y con ganas.

Habrá quien acabe contra la pared.

No soy un fantasma ni un recuerdo

soy un alma que respira nuevamente.

Ya vacié aquel saco que arrastraba

vine a buscar lo que es mío

se acabó el time off.

138


0-1

Año 2012

139


Física y quimica

Adoraba tu orgullo

y esa fortaleza que vendías por kg,

aquel hielo que escondían tus ojos,

esa química, y toda aquella física

que casi nos mata.

Volamos entre sábanas al país de las maravillas,

pintamos con whisky y coca el cielo,

quemamos las naves, quemamos los modales,

y aquel cielo acabó por desteñir.

Llovió: nos perdimos en el lodo

y acabamos en Lugano.

Yo aún sonrío y vos aún haces que sonríes

estabas loca, y casi acabo loco.

Brillabas como nadie, pero estabas vacía

De pronto te quise y todo se torció:

la próxima vez se volvió la última.

Salí a comprar cigarrillos

y no volví nunca más.

140


Como los demás

Pasión descafeinada,

amores impalpables.

Camas calientes de papel glacé.

Fuegos artificiales para desayunar

y aquel polvo de estrellas

que cubre las fotografías en las que salí guapo.

Todo aquello que no quisimos hacer e hicimos

como quien ve llover.

Los romances que inventamos

para sentir que alguien nos esperaba,

duerme aún en mi mesa de luz:

todo aquello sigue allí.

Vendiste tormentas y compré

y aquella liebre, por gato

y aquel bronce por oro.

De pronto nos fundió la noche

y sus artilugios,

de pronto aquel déjà vu insoportable

en el que nadie gana.

Jodida y deliciosa naturaleza,

la nuestra:

Cupido se emborrachó,

no pagamos su cuenta.

Por la mañana se llevó la pasión

y las sonrisas,

nos robó las mariposas de

nuestros estómagos.

Nos vimos extraños

y volvimos a ser como los

demás.

141


Sin razón aparente

Como ese sincronismo casi perfecto

que empuja a dos personas, a encontrarse

entre aquella marabunta de gente,

smog y disfraces.

Y las cuatro estaciones, y los doce meses,

y aquellos accidentes que todo lo ordenan.

Como la fuerza de gravedad

que logra que los senos

mantengan el equilibrio justo,

para ser hermosos

y aquella brisa de febrero que nos salve

del abismo cotidiano,

y esa mirada en el autobús,

que llega en el preciso momento

en el que agonizamos de soledad.

142


Como aquellos zapatos nuevos

que no aprietan

y nos trasladan a una isla desierta,

y los amaneceres que solo se disfrutan

entre sábanas y pólvora quemada,

y aquellas paredes que se caen por su peso

y la atmósfera que cubre

el momento en donde nacen las canciones.

Como todo aquello

que se confabula en secreto,

y logra, en un instante, hacerme sonreír,

sin entenderlo,

sin razón aparente.

143


El último cigarro

Quiero treparme a una nube de caramelo,

respirar con todos los capilares,

soñar aquel sueño que nunca acaba.

Componer al compás de mi presión sanguínea,

que se altera cuando la primavera entra en mi ventana

y en todas las cosas, que nadie ve, que todos sienten.

Pasarte a buscar por el trabajo con mi mejor camisa,

susurrarte al oído que todo estará bien, mientras cruzamos la

avenida

y cambiar de piel, dejar la armadura en el camino,

dejarme sedar por tus andares y tus manos:

dejarme querer y ser querido.

144


Descansar por una vez sin pesadillas,

después de haber trazado un mapa en tus caderas

y sonreír al despertar, viendo que nada cambió.

Preparar café, perfumar el vecindario

y no sentirme un bicho raro

y no sentir el peso del mundo sobre mis hombros

y toda esa basura que nadie barre.

Mirarte a escondidas mientras te vestís

improvisarte un silencioso ritual de bienvenida,

y fumar el último cigarro de mi vida en soledad.

145


22:22

Dicen que a esta hora

hay que pedir un deseo.

Yo solo pido ser feliz.

Me abuso, de paso:

quiero también descansar,

dormir 8 horas seguidas,

y si es posible con tu piel, sobre la mía.

Y que el aparato que regula mis latidos

funcione sin tregua

y ya que estoy,

que el mundo no duela en cada esquina

y que la canción perfecta me espere,

después de aquella carrera

que dura toda una vida.

Y que el vino nunca se acabe,

mientras toco el cielo raso de un bar

que no es tan raso.

Con la frialdad

que caracteriza a los villanos,

actuar como ellos

y dormir sin pesadillas,

y reírme de aquel cielo

que solo alberga condensación.

Y verte desnuda en mi cama,

fotografiarte en mis retinas,

grabarte en mis huesos,

tatuarte un beso

y aquella dulzura

que aún guardo bajo llave.

146


Tenlo claro

No vine a este circo a ver pasar las horas

no vine a sentirme un desgraciado,

en medio de un baile de disfraces,

donde todos llevan la misma máscara.

Vine a vibrar, a perder la razón,

a clavarme un cuchillo en el pecho, con tal de sentir.

Vine a dejar huella, a tatuar mis besos

a gastar camperas de jean,

emborracharme de vida,

vine a dejarme hacer.

No es tiempo de dudas:

el amor es para los valientes,

para aquellos que se apuestan el alma,

los atrevidos, los inconscientes:

y yo soy uno de ellos.

147


El tiempo perdido corroe.

Se acumula como un asunto pendiente

en un rincón del corazón,

hasta invadirte el alma

dejando tus días sin aire, inútiles

como una pila de libros, en un desierto

frío y húmedo.

No hay lugar para el enroque.

No hay excusa posible

para no dejarse la piel

por otra piel.

No vine a este mundo a adornar tu habitación,

no vine a ser el complemento

de tu mesa de luz

ni a tapar las heridas,

a llenar los vacíos que otros dejaron.

Vine a comerme este pastel a bocados,

con una sonrisa y un puñado de canciones.

Nunca será tu descanso, mi piel.

Nunca será tu refugio

si has de perder las llaves

ante el primer temporal.

148


Cura de sueño

Y te escribí textos

y odié al mundo y sus caprichos.

Me tumbé una botella de expectativas,

me doblé al límite de la ruptura,

pero no me rompí.

Cerré mis ojos,

conté hasta mil.

Tirando todo lo que soy en una cama,

fui apagando uno a uno mis sentidos,

hasta sentir solamente el latido de mi

corazón, arrítmico y desafinado.

Me aislé poco a poco

en el silencio de mi casa

y dormí.

Dormí como aquellos vividores

después de sus naufragios,

como los soldados que vuelven a casa.

Dormí un día entero

y todo mi cuerpo lo hizo

conmigo.

Entró el mismo sol, testigo,

por la ventana.

De pronto hoy ya no era ayer.

Al despertar

seguías entera

y toda.

149


Café o Whisky

Siempre escribí sobre aquello que perdí,

sobre aquello que no tuve.

No sé aún en qué terreno duermes

si en mis textos o mi presente,

si en el café o en el whisky,

en el anhelo o en el olvido.

Te espero,

como quienes esperan la libertad

sin saber lo que harán con ella,

ahogando las horas,

puteando calendarios.

Vaya suerte la mía.

Vaya ironías compongo

cargo noches en la espalda,

mil sabores en mi boca,

mil pecados concebidos,

y aún desayuno soledades.

150


Cursi

No puedo escribir una sola palabra,

aunque con esta llevo diez.

Estoy desorientado,

cursi y desafinado.

Durmiendo bien,

bebiendo poco.

Llegando a tiempo

a casi todos los rincones de esta ciudad.

No puedo componer una canción,

ni siquiera imaginarla

solo versiono clásicos de Lennon.

Hoy no estoy en Madrid

o en Nueva York:

estoy en el país de las maravillas

151


Me gusta el durazno

y no soporto la pelusa.

Quiero celeste

y no acepto que me cueste,

y las espinas de las rosas,

y la letra pequeña del contrato.

No quiero la tormenta

que antecede a la calma

no quiero ser la guinda del asunto

ni sacar número, ni agendarme,

no quiero el consuelo de los tontos:

no soy uno de ellos.

Quiero desayunar preámbulos,

previas, protocolos.

Dejar con el culo al aire

a los que promulgan el qué dirán;

forzar los errores forzados,

patear calendarios,

Consuelo de tontos

vestirme de creyente y abstemio,

de paciente y de cordero,

para no morir en el intento

de buscarte a todas horas,

en todas las cosas.

Te quiero ya: aquí y ahora, toda.

Desnuda, beoda y loca,

bajo las baldosas de mi alma.

152


Ropa interior

5 de la madrugada:

a fin de cuentas,

siempre son las 5 de la madrugada.

Debería estar pasando frío,

debería estar desquiciado

intentado calmar

los tambores de mi pecho,

con algo de alcohol,

con algo de vida,

debería estar cazando por deporte

rendirle culto al dios de errores.

Debería y sin embargo

cuento ovejas

en ropa interior.

153


Circo

Después de mucho meditar, era el preciso momento.

Comencé el ritual, lentamente, frente al espejo,

con la dedicación de un artesano.

Y fui cerrando el círculo.

Bajando en el ascensor mis manos temblaban

Y un leve escalofrío recorría mi espalda:

hoy era el día.

Salí a la calle. Era un payaso.

Tenía nariz de payaso,

mi cara estaba perfectamente maquillada,

mis pantalones y tiradores de payaso brillaban

y mis enormes zapatos también.

Mi perro imaginario saltaba de alegría al verme.

Lo había logrado.

Caminé lentamente por Juramento,

y al llegar a Obligado sentí que algo no estaba bien.

Miré a mi alrededor y comprendí

que el mundo era un circo

en el sobraban payasos y estos

no se ríen jamás de otros payasos.

154


Buen vecino

Cae la tarde y es viernes.

Todos vuelven a sus casas,

brilla el Barrio Chino,

entre luces de colores

y me esfuerzo

por entender aquella felicidad.

Me esfuerzo

por no morir en el intento

de ser un hombre amable y discreto,

un buen vecino.

Cierro las cortinas

y dejo fuera de mi vista

el horizonte

y aquel río

que ya no logra

calmar mis arritmias

de bicho raro,

de poeta desteñido,

de cantor

desafinado.

155


Humedad

Los días de humedad

mis huesos suenan,

mi cuerpo habla:

me recuerda

todo el ajetreo de los años

todas las historias vividas,

los finales felices

y el dolor en las rodillas, mis caídas,

de pequeño, de adolescente,

de hace días atrás.

Los días de humedad

se condensan sobre mis hombros

y, como preámbulo de una gran tempestad,

tus fotografías

crujen en mis muñecas,

se sonrojan mis cicatrices

y te abres paso en mi memoria.

156


Como un gato en la oscuridad te mueves

cautelosa

avanzas sobre mi mesa de noche,

te cuelas en mi cama, bajo el edredón:

te quedas,

hasta que las nubes huyen a otro sitio

y las aceras comienzan a secarse

y el viento cambia de rumbo.

Te despiertas en silencio,

te vistes y te marchas,

hasta la próxima lluvia.

157


Sigo

Sigo aquí.

Sigo entero y loco.

Sigo aquí, buscando tesoros

bajo las sabanas.

Un vaso de agua en tu desierto,

sigo buscándome,

que es buscarte.

Cansado un poco,

de sentir en mi espalda

el peso del destino

y sus caprichos,

el de arriesgar y perder,

y volver a jugar.

No es un mundo para cobardes:

nuestra historia es una enorme canción

llena de versos infinitos,

que nunca alcanzo a escribir.

Sigo aquí.

Sigo perdiendo aún,

la brújula y el norte,

amando a bocajarro,

resbalando bajo la lluvia,

tiritando como un niño,

esperándote.

158


Sonriente

Como un quinceañero,

con el estómago lleno de grillos,

ansioso, loco y desesperado,

inconsciente, hiperactivo y sonriente.

Olvido las frases, los versos, las palabras.

Me quedo en blanco, como si fuese

mi primer día en la tierra

y me siento a mirarte:

puedo sentir el sabor de mi corazón.

Hace tiempo que lo tengo en la garganta,

galopando cuan caballo de elite,

intentando salirse por mi boca,

para meterse en tu bolsillo.

Todo va a estar bien, me dice Pablo

nada puede ser mejor, confiesa Andrés.

159


La cuestión

Haz lo que quieras,

hazlo como quieras,

como siempre, como hoy.

Ordena las fichas,

cámbiales el orden,

borra las palabras, impune.

Siéntate a observar

como mueren las horas,

y pierde cosas

más importantes que el tiempo.

De a poco se vacía esta ciudad.

Sigue confiando en el destino,

en que todo lo que quieres

estará allí para ti,

para cuando decidas tomarlo

y sigue de paso,

especulando conmigo.

160


Ni se te ocurra ser protagonista de tu vida.

Deja que alguien la resuelva,

deja a otros,

la responsabilidad que conlleva vivir.

Deja que te lleven,

que te traigan y te hospeden.

Deja que pongan en tu boca, la comida

y te busquen un trabajo,

y te digan quién es bueno

y quién es malo.

Nunca te salgas

del guión de tus caprichos,

seguro que al final del cuento igual ganas.

Pero aquí está la cuestión,

la piedra en tu zapato:

tendrás que elegir por una vez

en tu existencia,

por qué se acaba tu aire:

vivir en un frasco

o salir de él.

161


Aún hoy

Me salté la salida:

el cielo estaba al fondo a la izquierda y

las calles parecían eternas.

Y aún hoy, te necesito.

Intento seguirte el rastro sin soltarte la mano,

pero es que corre tanta agua por este río,

y me asusta el destino.

Las migas de pan que dejé en el camino,

se las comieron las golondrinas.

Me convertí en un juguete de verbena,

en el maleante que le quita las monedas

a los niños,

un poco más jodido, más cabrón,

el sabor más crudo del vacío.

Me salté la salida,

Acabe expuesto en la jaula de un zoo,

Abandonado por el chico

que alguna vez fui.

Lejos de mí.

162


Punto

Creo en las palabras,

pero no en la boca que las cuenta.

Ayer necesitaba tu amor,

hoy solo necesito un cuerpo extraño

donde recuperar todas las noches que perdí

esperándote.

Necesito ruido para no escucharme,

algo de anestesia y alas para escapar de mí,

en el momento en que el corazón comience su queja.

Cuelgo mis guantes, mis ilusiones,

y reestreno mi máscara.

Comienzo entonces, una carrera de fondo:

Poco a poco voy sacando de mi vida, tus restos.

Primero tus promesas. Una a una se van yendo,

mirando la escena, de reojo, con una ligera mueca

parecida a una sonrisa.

Luego caen tus ojos, cerrados, inertes

luego tu cuello, tus piernas, tus muñecas, tu puente.

Parte por parte van saliendo,

son arrastrados por aquella brisa de olvido

que solo conoce una dirección.

Buena suerte en

tu regreso a la

normalidad, niña.

Respiro y

metódicamente

continúo mi tarea,

hasta el momento de

cerrar la ventana,

con el punto que

finaliza esta oración.

163


Diccionario ilustrado de los enamorados

Camisetas, domingo Arlistán, Wookie, arroz con queso, Birabent, aquella cerveza,

joggins y All Star. “Como los conejitos”, milanesas, Neruda, Estevanez, cáncer, recargas

de Personal, huevos rotos con jamón. Imán, calzoncillos con peces, telecomunicaciones,

22:22 hs, judakitos, chocolate Águila, un millón de besos, “afortunados”, pasajes

sin usar, futuro, gatos y perros, cucharita, tango en la Pérgola, “carajos”, tapaorejas,

películas, sofá, cosas normales, manosajes, Don Satur, el fleco, complicidad, cientos de

poemas, conexión, auugghhhh, huyamos a México, detallitos, romantitontos, mitad,

criollitas con manteca, miradas, lucky shoes, insomnio, kent, colchón en el piso, “quiero

todo”, limpiar los cristales, las palabritas, de la mano, 5465484 a 1, mapita, canas.

164


Las barranquitas, gemelitas, tutto, te dejo ser, sentir, ¡callate!, ducha, tarta de arroz con

pollo, Los versos del capitán, Lulakita, paciencia, culpa, “5”, ya llegué, ¿voy o venís?, cuidate,

8:50 - 14:50 - 18:00hs, ¡arriba las palmas!, Táctica y estrategia, perdón,

¡compro!, encastrados, rulitos, confía, siestuqui, bastantísimo, 2 sábanas,

¡pedí!, postre, tenés mail, sincronizados, morsa ¿gordo?, alma gemela, no

comas porquerías, flaco, ¿Bss?. 1/2 limón, cuchy, mimis, Dante / Alfis /

Amby / el negro, ¡pimba!, Quique, $ % #/(/ &/( &()?)) &/*( & %*. Te... eso.

y sigo sin ver el final.

165


La siesta

Año 2013

166


Instante

Cuando tu corazón

corre el peligro de salir catapultado

por tu boca

y lloras ríos enteros, en un instante,

con tan solo imaginar lo que podrías perder.

Cuando la ciudad se convierte en una sórdida imagen

y todas las palabras se visten de monosílabos.

Cuando toda tu historia se derrumba,

y un suspiro helado recorre tu espalda,

estremeciendo tu alma y tus entrañas,

cuando quieres gritar y no eres capaz,

y todo tu mundo carece de sentido

vas a entender

lo que en realidad importa.

167


Necesidad

Volví, sin premeditarlo, a las carreteras.

Simplemente reventé el motor y escapé lejos.

Con la necesidad inconsciente de huir

para sentir por unos días la suerte

que arrastran los forasteros,

al pisar un nuevo sitio.

Buscando un gramo de paz,

encontré todo aquello que dejé en otro continente.

Me inventé un nombre, una historia

y acabé brindando en un bar de carretera

rodeado de aquellos dulces extraños

que nunca preguntan

qué es lo que haces tú allí.

Las canciones están ahí.

Siempre lo supe.

Las paredes y las camas

de los hoteluchos, respiran historias y

se asemejan a una Biblia

creíble de vivencias,

168


a la fuente del eterno romanticismo,

mientras despojan de cualquier prejuicio,

a quien las ocupa.

Sentirse vivo es buscar

un instante de sombra y de silencio,

perder la vista en un río

que nunca estuvo revuelto,

dejar en el suelo el alma

y tirarse a la marchanta

perder el tiempo, con arte y buen gusto

y no esperar nada más.

Gira más lento el mundo,

en los pueblos pequeños.

Las horas se amontonan

como libros sin leer.

Es el placer, servido en plato frío,

tatuarse aquella complicidad en la memoria,

dibujar aquellas noches en las retinas,

llevarse el perfume de esas camareras,

169


La última noche del mundo

Una mujer

bebe café en un bar,

a pie de calle.

El último suspiro

del sol

acaricia sus pómulos,

la describe perfecta y única

mientras lee a Kundera.

La gente sigue su guión

sin reparar

en que el mundo

puede desaparecer

esta misma noche.

170


Hola

Desvélate,

llora hasta el cansancio

llora por ti,

llora por mí

y cuando no haya más lagrimas,

ponte lo primero que encuentres,

sal a la calle,

enciende un cigarrillo,

no mires atrás,

no mires a los lados,

ni siquiera recuerdes

hacia dónde vas

y por qué lo haces.

Cierra los ojos y camina,

no dejes de caminar,

no esta vez.

Improvisa,

ríete de toda esta ensalada,

haz las cosas al revés,

para que sea diferente.

Tócame el timbre,

sácame de la cama,

a las 2 de la mañana

y seré yo

esta vez, quien te diga

- Hola.

171


Fade out

Enciendo una vela,

fumo un cigarrillo.

Pongo los pies sobre la mesa,

vaso corto, 2 hielos,

lo de siempre.

El camión de la basura pasará a las 11,

y el barrio entrará en fade out.

Las cortinas bailan en sintonía

con la brisa leve,

y por la rendija de la ventana escaparán

todas aquellas palabras,

que siempre dicen lo mismo.

No quiero meterme en la cama,

rizar el rizo,

desvelarme.

172


Convulsión

Hoy, en un brío,

acabaré por admitir

que tengo miedo

de sentarme y encender un cigarrillo,

tomar la birome y una hoja en blanco.

Porque hay

tantas palabras,

tanta fiebre, en mi pecho,

tanto desvelo y convulsión,

y más de una lagrima, por qué no.

Tengo miedo, de cantar tempestades,

de arrancarme la piel,

de llenar de tinta mis arterias,

y sacar de mis entrañas, toda esa poesía,

de palabras gastadas,

de puntos suspensivos,

ansiedad y silencio, de aquella mirada tuya,

de aquella rendición mía.

173


Borrón y cuenta nueva

Me niego a vivir

a ras del suelo,

plano, standard, sepia,

en un mundo sepia.

Contando monedas y ovejas,

respirando por goteo,

anhelando sueños,

por miedo a vivirlos.

Me niego a caminar anestesiado,

jugando a los fantasmas, a los inertes;

contando minutos, finiquitando horas,

padeciendo aquello del número impar,

siendo el recuerdo bonito

de algún bonito envase vacío,

que espera, y por esperar se pudre.

Te cambio tus silencios por mi ansiedad,

mi espera por tu huida.

Y siestas, por tempestades

Y aquel miedo por besos.

Te cambio lo vivido por lo nuevo,

y todo lo sufrido por un abrazo

y un borrón,

por cuenta nueva.

174


Ciega y delgada

Cuando todo acabe

y las calles comiencen a helar tus pasos

cuando las ventanas

no te enseñen más que silencio

cuando todas las palabras

se queden grandes

para decir que lo sientes.

Cuando tus manos tiemblen

y tu corazón se encoja,

y tu alma pese más que mis deseos,

cuando ya no haya más leña,

ni árbol caído,

cuando no haya espejo

que quiera ver tus ojos,

sabrás que no fue en vano mi sangre,

que no fueron en vano mis desvelos,

mis promesas,

mis locuras, mis canciones.

Volverás a los sitios conocidos,

andarás mis calles,

respirando mi aire,

contando los pasos,

ciega y delgada,

y puede que el tiempo y el destino se

rían de nosotros

y me encuentres.

175


Quién va a decirme

qué es lo que está bien,

lo que no sirve.

Quién tendrá agallas, esta vez,

para acercarse hasta mi cama.

Oiré aquel discurso gastado,

esas millones de palabras

que no dicen nada,

para dejarme y dejarte,

para encontrarnos.

Todas esas cosas que quedan

176


(inconclusas)

Quien tendrá un gramo de coraje,

para quedarse a mi lado

hasta que todas las noches del mundo

sean suficientes,

para borrarte de mis huellas,

para ahogar tu recuerdo,

levantar la cabeza, mirar

hacia atrás y no verte.

Encenderé un cigarrillo

cruzaré los dedos,

y volverás.

177


Romantitonto

Me gustaría encontrarte

al salir de casa,

cualquier noche de estas,

o volviendo del trabajo,

o en donde sea.

Que no haya gestos o recuerdos

que nublen el momento

que tanto añoramos.

Que nos miremos,

y no veamos más allá

y dediquemos una larga risa,

a los años que pasamos,

y al destino y sus artimañas.

Y que no importe más que aquel momento,

mágico, primero, único.

Sin miedos, sin palabras.

Sin fantasmas caprichosos.

Siendo solo dos personas,

entre millones de personas.

Me gustaría encontrarte,

y de una vez por todas,

encontrarnos.

Mucho tiempo llevamos ya,

caminando ciegos, por el

mundo.

Me gustaría encontrarte,

hoy más que nunca

porque ya no te espero.

178


Lo más arriesgado

Humo y soledad,

tempestades.

Pobres propinas,

para una existencia leve,

y sedienta

de días,

de noches,

de piel.

Todo seguirá igual:

los chicos de la esquina beberán

hasta hacerse viejos y morir.

Tú seguirás matando tus días,

viendo pasar oportunidades,

pensando qué hacer.

Y yo seguiré deseando que despiertes

y el mundo seguirá girando,

y pediré peras al olmo,

persiguiendo utopías,

de niño triste,

en un cuerpo de hombre.

179


El noticiero no hablará de ti.

nadie mencionará siquiera tus ojos

que pudieron brillar

y no quisieron.

La ciudad tendrá otro invierno

y las respuestas seguirán bajo llave,

porque todo seguirá igual:

el cielo, condensación

y el amor, un pendiente.

Será cuestión de destrozar

todos los espejos

para no juzgarnos.

Todo seguirá igual,

hasta que decidas lo contrario.

A fin de cuentas, vivir,

siempre acaba siendo

lo más arriesgado.

180


Me opongo

Como si escribirte fuese fácil:

es intentar cambiar al viento,

de dirección

para borrarte de la boca esa sonrisa,

desnudarme, mirarte,

escupirte la verdad

y salir ilesos de un tsunami.

Es ahogar a ese monstruo

que me desvela por las noches

es sonreír, y decirte que todo irá bien.

Como si cambiar de piel

solucionara el entuerto

como soportar tu silencio,

con oír el mío,

entre tanta gente.

Escribirte es aceptar de una vez por

todas

que desde hace tiempo,

mirarme en el espejo es no ver nada.

Escribirte es darme la razón,

aceptar la ausencia

fumarme los recuerdos,

escribir un principio

cortarte en pedazos,

página a página

tapar con azufre,

el ventrículo en el que habitas.

Me opongo.

Por eso, hoy y sin imaginar siquiera

un desenlace

tampoco voy a escribirte.

181


Juguemos

Juguemos a la guerra,

bajo las sábanas,

bajo una luna de cartón.

Bébete mi tiempo:

arráncame los días,

las noches,

y llévate, de paso, mis demonios,

mi karma y tempestades

que yo voy a dejarme hacer.

Juguemos al amor de telenovelas,

sin cicatrices, sin abstinencia,

juguemos a que nadie pierde,

aunque sea

por un rato.

182


Etiquetas

Poetas, porretas,

verborrágicos puretas,

pispiretas.

Exhaustivos sufridores,

eruditos de la prosa,

sedientos de celulosa,

estrambóticos métricos,

con rima y prosa.

Me la traen floja,

por escribir sobre vísceras

y no poder verse el ombligo.

Cuan cura que habla de coitos:

demasiada teoría,

y pocas resacas.

Descansen en paz,

o revienten como sapos,

las etiquetas se caen con el tiempo.

Sean por un día lo que escriben

y verán cuánto duele.

183


De canciones y caminos

Me pusieron

en las ruedas, cientos de palos.

Me quité de la espalda una enorme piedra:

la dejé en el piso y en mi huida

tropecé con ella,

me pelé las rodillas,

y encontré en el suelo

cientos de canciones

que solo esperaban

a mi manos y mi voz.

Llené folios de palabras

llené labios de canciones:

todo me trajo hasta aquí.

Sonaron violines

en la inmensidad

de una beoda noche atropellada.

184


- Todo cabe en una canción,

inclusive la melancolía.

Me negaron,

me deportaron

del reino de las hadas.

La desilusión se hizo verbo,

la carne, armonía.

Cayeron torres y calendarios,

sumé despedidas y canas.

Más sabe el diablo por diablo.

Y aquí estoy:

queriendo todo,

esperando nada.

Mi guitarra y yo y viceversa,

contra el silencio:

canciones y caminos.

185


De musas sin puntos suspensivos

Cargaba nieve en los bolsillos,

y un paraíso oxidado,

con flores plásticas sobre la cama,

harto ya de caminar en los zapatos de otro,

arrastrando una maleta de canciones

y aquella vocación discontinuada

y todas esas huidas.

Me detuve un instante

y pude ver con claridad

la mierda que traga esta ciudad

y el desafinado mundo,

intentando armonizar con bullicio

un atardecer anacrónico y lento.

Nada importaba

brillabas como nácar,

186


desnuda, impoluta,

en medio de un desierto colmado

de fábulas impertinentes

de almas mugrientas

que no soportan un espejo.

Con saliva, limpiaste todas mis heridas

me disfrazaste de tipo duro y seguro,

arrastrando al vacío, uno a uno

mis puntos suspensivos,

mis miedos fueron pájaros

que huían a otro nido.

De pronto vivías dentro mío,

dormías sobre mi pecho,

y no hubo tragedia,

que me borrara la sonrisa.

187


Judak

Año 2014

188


Ausencia

Y ahora abunda el tiempo,

sonríen las malas lenguas,

el silencio cubre el cielo raso.

El mundo no tiene los huevos suficientes

para entrar por la ventana y

las palabras caen, una por una

desde los estantes al suelo,

desde mi boca hacia la nada.

Fumo en la cama,

un cigarrillo por recuerdo,

y me tumba la fragilidad.

La cobardía de aquellas puertas

cerradas con llave,

el ”la pelota es mía

y juega con ella,

quien yo quiera”.

189


Para ser un principiante cargo ya

con demasiadas despedidas.

Te quise bien, y acabé mal.

Agotado de regar flores plásticas,

engañado por un corazón,

que solo bombeaba agua.

Esta noche la ciudad es ausencia

es un millar de individuos

que ni siquiera se tocan.

Esta noche la ciudad es esta casa:

entendí todo,

tarde

y mal.

190


Letargo

Pude ser feliz.

Pude y no quise.

Allí no hay canciones.

Bendita sea la incompetencia

y aquella pulmonía que agarré

esperando años, bajo tu ventana.

Bendito el mundo que se ve desde un taxi,

y no sabe ni huele.

Sangré por demás, en una guerra,

resignada de antemano:

disparando flores, esquivando mentiras,

el amor fue un estandarte aniquilado.

- Malditos genes incansables,

adictos a las causas perdidas.

Las cartas están echadas.

Vamos a vivir muriendo.

Hoy levanté la mirada

después de cientos de noches de

caminar mirando el suelo.

Desperté y olvidé todo.

Las palabras y

mis años de letargo,

y salí a la calle

y no te busqué.

191


Duda

Te pienso

luego existo.

No hay condena semejante a la duda,

no hay peor arma que el silencio.

Reincidentes, nos rasgamos.

Te quise, pero ya

no reúno condiciones

para querer a nadie,

porque

fuimos y somos

dos extraños conocidos,

dos gotas de aceite,

en un mar de caprichos:

en un vaso vacío.

192


Como los besugos

No hablemos de amor,

hay demasiados baches en las calles,

y smog en el cielo e injusticias en la piel,

como para llenar un par de encuentros.

Demasiadas almas sensibles

que me meten un dedo

en la oreja

o en el ombligo.

Hablemos del tiempo y los chaparrones,

miremos a los lados,

nademos sobre lo incierto,

como los besugos

de la National Geographic.

Acabo de salir de un tupperware,

no tengo pasado ni memoria.

- Hola, soy Andrés.

¡Mirá que hermosa noche!

193


El mundo es una tontería plana.

Ni siquiera había reparado en tus ojos,

hasta que los vi brillar.

Nos conocemos mucho, niña,

prefiero desearme suerte

y cruzar los dedos,

las piernas y arterias.

¿Y los recuerdos?

- ¡Son geniales, para posavasos!

No hablemos de amor.

- Hola, ¿qué tal tus días?

- Hablame de tu nueva ciudad,

de tus cosquillas

y de aquel laburo que te paga la renta.

No hablemos de amor,

brindemos por los accidentes

que finalmente nos sentaron en esta mesa.

Por las contradicciones que caminan:

empezar desde el uno

porque al cero,

ya le dimos

demasiadas vueltas..

194


Domingo

Domingo de reposo,

de vaso vacío y silencio,

de dolor cervical y latencia excesiva,

de ibuprofeno y té negro.

Domingo nublado y jodido,

se entrevé por las cortinas marrones.

Domingo sin pena ni gloria

anacrónico e insípido,

sin desayuno compartido,

sin palabras en el aire,

sin azúcar, sin traspié.

Domingo de rodillas,

voy a elegir vivir

un día más.

195


Fórmulas exactas

En un bar no se encuentra el amor,

sino la carne.

Todos mentimos con nuestra edad,

sangramos por las heridas,

contamos milongas,

escribimos, con nuestras vidas,

tangos.

Estaremos más jodidos que nuestros antecesores,

la tierra acabó siendo redonda y llena de tierra,

se nos queda grande la grandeza

que nos atribuimos.

Amamos y sufrimos y vale la pena,

nos inventamos todos los males, y todo lo demás,

tenemos todo y nos embarga

el insomnio por las noches.

En un bar no se encuentra el amor,

se encuentra la formula, la secuencia exacta,

que logra que podamos entenderlo todo.

196


En el mismo sitio

Cae la noche

y el silencio

corta tu aliento

con una navaja de plata.

Las calles se enfrían,

solo algunos valientes beben

de copas vacías.

Hay una luna

que siempre se posa

en el mismo sitio.

Nos mira y se ríe de nosotros

y los caprichos del destino

mientras la vemos,

cada uno

desde su lugar.

197


Creer o reventar

Volveré y seré canciones

un creer o reventar,

o seré sombra y silencio.

Volveré para deciros

que nunca me fui,

que aquí está mi piel

para que la arranquen a mansalva,

que aquí están mis versos,

mi resaca, mis naufragios.

Volveré porque, según dicen,

nunca deberías volver al sitio

donde has sido feliz.

Volveré a aquel agujero

porque entre sonrisas

nunca hay canciones,

porque la sangre llena tinteros

volveré a soplarle la nuca a todos,

a los que me dieron por tieso,

volveré porque ya estoy de vuelta.

198


Y una tarde de estas,

inevitablemente,

nos ahogará el silencio.

Volar

Será el momento de volver

sobre nuestros pasos

para borrar casi todas las huellas.

Caer en las mañanas turbias

y arder como aquellas famosas naves

para dejar que el tiempo

de una vez por todas

haga su parte.

Porque una tarde de estas,

como todo el mundo,

buscaremos la normalidad,

necesitaremos respirar:

cortar aquel nudo en la garganta

que nos quita la sonrisa.

Dormir sin sobresaltos,

sin ensuciar las sábanas

con nuestras heridas.

Porque una tarde de estas

será cuestión de entender

que solo me detuve

para tomar carrera

para poder correr,

como nunca antes,

y volar.

199


Siempre hay un truco

Acabó por ser real

el no esperar a nadie,

porque nadie me espera.

Acabó en polvo, silencio, espanto.

Acabó en licor de pobres, dados trucados

escotes berretas, cemento y desidia.

Acabó por desvelarme

aquello que nunca tuve

para ponerme de rodillas, desnudo,

bajo una lluvia de junio.

Noches largas, días ordinarios,

fue peor tu remedio que mi enfermedad:

esa de quererte hasta olvidarme,

esquivando todas las señales.

200


Todo sigue igual.

Nada cambió.

Seguir mirando el cielo desde el suelo

mientras el corazón

es una fábrica de nostalgias

que nunca cierra.

Seguir durmiendo en la calle,

seguir ensuciando el alma.

Tiempo impune,

estoy viejo para vivir en estaciones

harto de las benditas despedidas.

Hay razones

a las que siempre se vuelve,

hay lugares,

hay personas.

201


Millones de cosas para escribir

Paso de escribir sobre el amor,

y la sarta de palabras

que lo acompañan.

Podría y no quiero.

Hay millones de cosas

para escribir.

Aunque ahora mismo,

mientras fumo, recuerdo,

y tomo esta copa de vino,

en el silencio de una noche vacía,

no se me ocurre ninguna.

202


Suerte

Qué suerte

que aun caiga la lluvia,

y la ciudad lave

nuevamente sus penas,

y que yo me resfríe,

por deambular desnudo

entre los grises,

y la fiebre saque de mí

los versos más huérfanos.

Qué suerte

que mi alma

aún salga por mi boca

tras un suspiro.

Qué suerte que logre volver

con nuevas canciones

que me arañen la piel.

Qué suerte que aún haya razones

para no quemar las naves,

qué suerte que aún no te encuentro,

afortunadas las almas,

que viven con sed.

203


Un día cualquiera

Un día

cualquiera

sale el sol.

Un día cualquiera sale el sol

y aquellas condenadas nubes se abren.

Aquellas condenadas nubes se abren

y la ciudad despierta.

Un día cualquiera, la ciudad despierta,

y todo sigue exactamente igual.

Todo sigue igual y el mundo

sigue redondo, gira perezoso,

pero vos,

y yo,

vos y yo

nos encontramos.

204


Café

Abro un ojo

y no me quiero.

Un rayo de luz me dice que es domingo

y es de tarde.

Estoy sucio y cansado, y mi boca,

que sabe a cenicero

me dice que ha nadado en tus vergüenzas.

Vos, despierta y atenta,

en los pies de la cama,

me mirás: somos estatuas en guerra

y sabés muy bien quién va a levantar

la bandera blanca,

o va a arrojar la primera piedra.

Tus frías manos me despabilan

mientras acabo odiando la rutina de los pobres.

La fiesta acabó en la cama,

los fundamentos que me mantuvieron con vida

caen en fila india cuando preguntas

quién será el valiente

que hará el café.

205


Subir

Casi nada nos duele

pasó el tiempo y ganó la sal

sellamos las heridas,

dejó de llover.

Rozamos el suelo

aún sin saberlo

y nos hicimos pequeños,

besamos la insignificancia

y volvimos a empezar,

más de una vez.

Salió el sol:

solo quedar subir,

después de todo aquello.

Nos espera algo mejor

para mí, para vos.

206


Fin del trayecto

207


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