Lapso (2007-2014) - Andrés Judak

lapso

Escrito por Andrés Judak, Lapso es un resumen de textos que comprende los años 2007 al 2014.
Editado por Elizabeth Lerner.
Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. Para ver una copia de esta licencia, visita http:// creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/.

en un solo movimiento. Como el zarpazo de un gato adorable, arisco: “Nadie puede

verme pero estoy en todas las cosas”, escribe Andrés Judak, y unos versos antes: “Mis

ojos son inviernos, mi piel, una historia”.

Durante unos meses de calor porteño, a fines del 2014 y en las primeras semanas del

2015, leí los textos. Los sobrevolé primero, luego los marqué, los tatué, los cuestioné,

los disfruté. Nos reunimos con Andrés varias veces, y mientras repasábamos cada

línea y despedíamos el blog para ir dando forma al libro, también leíamos a otros: pasó

Levrero, pasó Cortázar, pasó Sabina. Pasaron tickets de avión, boletos de subte, mapas

de Madrid, de Nueva York, de San Isidro, de París. Una tarjeta escrita a mano, que

supo acompañar un ramo de flores. La foto de un cenicero, miles de fotos de calles,

cuerpos, gente, plazas, cinturas y tetas. Una tarde salí a tomar aire, el libro me había

tomado por completo, como una persona que te susurra al oído sus pensamientos,

con insistencia. Luego me acostumbré a esa intensidad única, hasta escucharla y

olvidarla, hasta dejarla ir.

El libro va por años: cada año, una etapa. Cada año, un título. Cada año, el capítulo

que narra la historia de una conciencia. Para cuando el calor de Buenos Aires había

amainado, Lapso ya era esto, este formato, este objeto. El blog quedó desnudo. El

autor, despojado. Pero en el mejor de los sentidos. No se despoja uno y queda sin

nada; más bien en las palabras es probable que haya dejado, Andrés, una valijita con

parte de su historia, hecha poesía. ¿Sublimación? ¿Vuelta de página? ¿Cierre? No sé.

Había necesidad de contar una historia, y eso basta –y sobra- para la escritura.

Fui, digo, dije, una lectora posible. Un tablón del puente entre el manuscrito y el libro.

Ahora, sin lápices en mano, sin gafas de aumento, disfruto del lapso una vez más, de

este tiempo que es paréntesis o corchete, de este instante. Y brindo, claro –qué otra

cosa si no- porque pase de mano en mano, hasta que venga otro. Hasta el próximo.

Elizabeth Lerner, junio de 2015.

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