VE-23 ABRIL 2016

rafasastre

Número 23 – Abril 2016


© Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias, fotografías o

ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en exclusiva a sus

respectivos autores (aunque en algunos casos no se citen los nombres)

Portada: Cubierta del libro «El tiempo y la vida». Ilustración de

Adrián García (http://agarrailustracion.es) y diseño de Daniel

Sebastián (http://dscgraphicdesign.com/)

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

«La pluma es la lengua del alma»

Miguel de Cervantes (1547-1616)

Descarga de este número de la revista (formato PDF, 4.14 MB):

http://www.mediafire.com/download/jby96vuzudy11b8/VE-23+ABRIL.pdf


El mejor regalo, un buen libro.

«Buffet Libre» 25 autores, 75 relatos

¡NO TE QUEDES SIN ÉL!

Disponible en Amazon (papel y ebook)


Índice

«Todo lo que puedas imaginar es real» (Rafa Sastre) Pág. 1

Precipitaciones (Concha García) Pág. 3

De niños y otras niñerías (Alfredo Cot) Pág. 5

Corazones (Christine Carcosa) Pág. 7

Perenne vuelo (Isabel Sifre) Pág. 11

Rescatando letras (Manoli Vicente) Pág. 13

Vora mar (Marisa Martínez) Pág. 15

El hombre que pasa (Maÿlis Bohère) Pág. 17

La entrega (Xenia Rambla) Pág. 19

Agua del mar (Aldana Giménez) Pág. 23

Cinco grados de separación (Jorge Zarco) Pág. 25

El camarote (Lu Hoyos) Pág. 27

Lago (Sarah Martínez) Pág. 29

El Último Beso (M.H.Heels) Pág. 31

De gastos y fantasmas de ciudades (Isabel Garrido) Pág. 35

Morir en mí (Eva C. Franco) Pág. 37

Poemigíricos del amor (José Luis Sandín) Pág. 39

Vegetarianos (Nicolás Jarque) Pág. 41

Enigma (Asun Ferri) Pág. 43

La buena educación (Alicia García) Pág. 45

Fantasmas (Alejandro Ramos) Pág. 47

Mendigo de sus lecturas (Luisa Berbel) Pág. 49

Abril (Alicia Muñoz) Pág. 51

Cambio de vida (María Luisa Pérez) Pág. 53

La espera de Bertolo (Belén Mateos) Pág. 55

De la nada al paso vacilante (Conxa Gausí) Pág. 57


La fábula del farero (Gabriela Pavinski) Pág. 59

Como lágrimas en la lluvia (Enrique Mochón) Pág. 63

La nota (Luis A. Molina) Pág. 65

Gran diosa madre (Esther Moreno) Pág. 67

Reencarnación (Rafa Sastre) Pág. 69


Cartel diseñado por Daniel Sebastián Castañares

http://dscgraphicdesign.com/


«Todo lo que puedas imaginar es real»

No, no lo digo yo, lo dijo Pablo Picasso. Y viene a cuento porque

el verano pasado imaginamos un libro y ahora lo tenemos en

nuestras manos. Un libro de relatos que comenzó a ser real en el

momento en el que un montón de buenos amigos se aventuraron a

contar sus propias versiones del tiempo y de la vida, eso de lo que los

simples mortales creemos saber algo aunque ignoremos casi todo.

Esa especial travesía, perfectamente reflejada en la ilustración de

Adrián García, en la que la inmensa mayoría, profanos en navegación,

desconocemos el rumbo y no sabemos cómo, dónde ni cuándo

terminará. Un viaje en el que vale la pena encontrar la mejor

compañía para no sentirnos solos, compartir aprendizajes y

experiencias, ayudarnos en el transcurso de esas tormentas que sin

remedio tendremos que afrontar y tantas otras cosas…

El tercer volumen de relatos de Valencia Escribe, probablemente

el mejor de todos, se abre paso en primavera, cuando en nuestro

entorno brotan las hojas, las flores y ¡cómo no! los libros. Solo cabe

felicitarnos por ello.

Rafa Sastre

1


Red roofs - Sverrir Thorolfsson (Islandia)

https://www.flickr.com/photos/sverrir_thor/

2


Precipitaciones

Le gusta observar la vida de la aldea, lo ocupados que parecen

sus habitantes. Se relaja al contemplar sus casas de teja roja, la plaza

sencilla y el reloj de la torre donde el tiempo se detiene. Es un lugar

soleado, aunque desde hace unos días fuertes chubascos descargan

sobre sus calles que quedan desiertas. No le gusta el aspecto que

presenta entonces, aún así no puede evitarlo y llora. Recuerda cómo

papá pasaba horas trabajando en ella; mira la maqueta y trata de

encajar que no volverá.

Concha García Ros (Cartagena, Murcia)

http://nosvemosenkairos.blogspot.com.es/

3


Su Majestad – Oliveta123 (Alcoi)

https://www.flickr.com/photos/oliveta/

4


De niños y otras niñerías

Volver a la infancia es un ejercicio saludable, pero también

peligroso.

Conocí la existencia de los Magos de Oriente, supongo que como

cualquier niño, justo en el momento en el que aprendí a decir sus

nombres. Primero fue eso tan ambiguo que son los Reyes Magos, pero

hasta que no los memoricé e identifique por sus nombres, no los

ubiqué ni en el tiempo ni en el contexto y definitivamente supe que

eran tres, no aprendí a emocionarme con todo lo que su llegada

suponía.

No sé quien es Papá Noel... (Ni me interesa), pero el hecho de

que los Magos fuesen tres, tampoco me suponía ninguna ventaja y

siempre me pregunté:

—¿Por qué siendo tres, sólo me traen una cosa y, casi nunca la

que les pido en la carta?

Incluso en alguna ocasión, tan sólo un juguete que compartía

con mi hermano. Como aquel año, que apareció debajo de la cama el

«Fort Apache», con dos carteles que decían: «Los soldados son para

José Luis y los indios para Alfredín»

Ni que decir tiene que mi hermano además de los soldados se

quedó con el fuerte y yo estuve acampando a los indios un mes en el

pasillo.

No esperaba encontrar juguetes de cristal como decía la canción

de Peter Pan: «Si acaso quieres volar...» pero los soñaba y no podía

creer en tanta injusticia. Al año siguiente, quise seguir de cerca, y

escondido, la llegada del cortejo real. Sólo y en la oscuridad de la

noche permanecí atento a la más mínima señal de ruidos de camellos

5


o el rozar de las túnicas, era la oportunidad para reivindicar un

reparto más generoso y consecuente con el contenido de mi petición

epistolar.

Me pudo el cansancio y los nervios. Amanecí dormido en el

sillón del Salón con los gritos de mi hermano invitándome a

desenvolver paquetes... ¡Sí, paquetes!, esta vez en plural. Una

pequeña locura, cajas esparcidas por el suelo y suspendidas en el aire

adornadas con globos de colores. Hoy sigo convencido de que mi

presencia aquella noche en el salón de mi casa fue determinante para

que los Magos se mostraran más generosos que en otras ocasiones.

Aunque ahora que lo pienso, nunca recordé cuales fueron en

realidad los juguetes de aquella noche de interminables sueños.

Alfredo Cot (Valencia)

http://alfredo-laplazadeldiamante.blogspot.com.es/

6


Corazones

The Love – Benjamin Cehelsky (República Checa)

http://ryky.deviantart.com/

Imagen sugerida por la autora

Los sudores empezaron incluso antes de salir del coche.

Alejandro apagó la radio que murmuraba con tristeza una canción de

amor y se palpó la viscosa frente. Hacía media hora que se había

duchado y ya se sentía terriblemente sucio. «Eres nauseabundo», se

había repetido una y otra vez, mientras conducía de camino a la casa

de Victoria.

Victoria. Le temblaban las piernas como a un crío cuando

pensaba en ella.

Aún no comprendía cómo había conseguido conquistarla. Cómo

había logrado que Victoria fijara sus magnéticos ojos color miel en él.

Cuando iban juntos al instituto, Alejandro era poco menos que una

mosca para ella.

7


Victoria, la reina de la belleza, la chica más guapa de la clase.

Escondida detrás de una tímida sonrisa, envuelta en un halo de

misterio, mientras todas sus amigas jugaban a ser adultas, revelando

sus cartas tal vez demasiado pronto. Pero Victoria no. Victoria

observaba al mundo en silencio, escondida detrás de una carpeta con

pegatinas de corazones sonrientes, demasiado infantiles para una

chica de 17 años, con aquellos ojos que podían volver loco a

cualquiera.

Se graduaron sin dirigirse la palabra, cada uno por su lado. Ella,

con un precioso vestido verde, alrededor de sus amigas, que

parloteaban sin parar. Él, con un traje de su hermano que le quedaba

demasiado grande, alejado de la muchedumbre, mirándola de reojo,

saboreando en silencio su deslumbrante belleza.

Alejandro bajó el espejo del retrovisor y clavó los ojos en su

propio reflejo. De su garganta brotó una sonora carcajada. «Una cena

romántica. Un perdedor y Victoria. ¿Quién lo iba a decir?».

Alejandro alzó la muñeca izquierda para mirar el reloj. Cinco

minutos para las siete. Tragó saliva. Buscó fuerzas en su interior, se

repitió en voz baja «sé un hombre, joder», unas cien veces y salió del

coche, tambaleándose ligeramente.

El porche de Victoria le asustaba sobremanera. Ella podría salir

en cualquier momento, hipnotizarle con la mirada y decirle que se

fuera. Que todo había sido una macabra broma, de ella y sus amigas.

Sólo que no podía serlo de ninguna manera. Todas las amigas de

Victoria habían fallecido años atrás de una manera trágica e

inexplicable. Una a una. Alejandro intentó hacer memoria mientras

caminaba los interminables cien metros que lo separaban de la casa

de Victoria.

A Laura la habían encontrado en el apartamento donde solía

veranear con sus amigas. Se había atiborrado de pastillas. Elena fue

víctima de un accidente de coche que resultó ser fatal sólo para ella.

8


Adriana desapareció sin dejar rastro mientras visitaba a su familia de

Asturias. A Marina se la llevó el mar una noche de septiembre,

mientras trataba de darse un desafortunado baño.

Victoria ya no tenía amigas. Alejandro volvió a recordarla de pie,

en una esquina, observando a todas sus chicas, clavando literalmente

sus ojos en cada una de ellas y un leve escalofrío recorrió su espalda.

Se paró a mitad del camino. Sólo quedaban cincuenta metros. Volvió a

pensar en aquella imagen. La imagen de Victoria de pie, con la mitad

de la cara escondida detrás de la ridícula carpeta de instituto. La

carpeta de color rosa, con los bordes de cartón desgastados. Los ojos

de Victoria asomaban por encima de la carpeta. Alejandro rebobinó

de nuevo hasta centrarse de nuevo en aquellos ojos. Intentó tragar

saliva pero era demasiado espesa y le costó trabajo hacer que bajase

por la garganta.

No era así como los recordaba. En aquella imagen, aquel

recuerdo de Victoria que tenía clavado en su mente y que siempre le

había parecido bonito, había algo extraño. No había inocencia en sus

ojos. No había nada. Era una mirada vacía. Ni siquiera eran de color

miel.

Y ahora le resultaban terroríficos. Por tonto que pudiera

parecer, de repente le aterraba pensar en Victoria. Las borrosas

imágenes de Laura, Elena, Adriana y Marina flotaban en su mente

como un carrusel, obligándole a retroceder un par de pasos. Vuelta

atrás a los cien metros. El sudor empapó sus axilas y bajó por sus

brazos, provocándole escalofríos. Su mente estaba proyectando

imágenes muy extrañas. Los ojos completamente negros de Victoria

detrás de aquella estúpida carpeta. Las horrorosas pegatinas, que

habían dejado de ser corazones de mentira para convertirse en un

macabro amasijo de carne que parecía tener vida propia. Las manos

de Victoria aparecían manchadas de sangre. Había una pila de

cadáveres bajo sus pies. Reconoció a muchos de ellos. Las amigas de

9


Victoria. Gente del instituto a la que llevaba años sin ver. También

estaba el suyo propio.

Alejandro sintió unas terribles ganas de vomitar. Casi no se

podía tener en pie. Algo terrible estaba pasando. Algo estaba saliendo

mal. Las monstruosas pegatinas de corazones de verdad escupían

sangre sin parar, que caía a borbotones al suelo. Su mente había

colapsado. Ni siquiera estaba seguro de si la distancia al coche era

real.

¡El coche! Alejandro se obligó a seguir caminando. El Ford

Mondeo parecía estar tan cerca, tenía que dar dos pasos más… Tan

sólo un paso más.

La puerta de Victoria se abrió de un golpe.

Christine Carcosa (San Pedro del Pinatar, Murcia)

http://christinecarcosa.wordpress.com

10


Perenne vuelo

Atardeciendo en Varadero (fotografía de la autora)

Saltas de la flor al ramaje

del tilo a los tomillos

y de la hierbabuena al nudo

más alto de la higuera.

Tu vuelo es ir en busca

de alguna silueta presentida

pajarillo indefenso y tan crecido

pajarillo de vuelo insatisfecho

pajarillo

que no baja la guardia aunque la noche

con tres candados negros

desdibuje el camino de regreso.

Isabel Sifre Puig (Valencia)

11


Fisher boat – Oliver K. (Alemania)

http://barefeet-in-the-rain.deviantart.com/

12


Rescatando letras

Vivo en un país dónde se escribe en el agua. Grandes veleros

portan mensajes en sus velas. Frases y slogans cruzan los mares

inscritos en grandes yates. Desde primera línea de playa se advierten

buques cargados de palabras que los grandes trasatlánticos lucen en

brillantes rótulos. Por las tardes, cuando el tráfico disminuye, salgo

con mi pequeño bote y echo la red para pescar las letras olvidadas,

esas pequeñas letras que salen despedidas por la borda, cuando

arrecia el viento del norte. Encuentro mensajes cuya plataforma ha

caído, como un puzle desmembrado, bajo el peso de las grandes

pancartas. Mensajes que voy guardando con delicadeza sacándolos

del mar de la incertidumbre. Se hace de noche cuando recojo la red y

porto en mis viejas cestas las últimas letras del día que he logrado

rescatar. Las seco cuidadosamente al llegar a casa. Las enhebro en

hilos de plata y las cuelgo a la entrada de mi improvisado hogar

adoptivo para que puedan leerlas, para que todo aquel que quiera

darles cobijo de verdad, las descubra.

Manoli Vicente Fernández (Viana del Bollo, Orense)

http://lascosasqueescribo.wordpress.com

13


A footprint in the sand – Natalia Ibárcena (Barcelona)

http://naibca.deviantart.com/

14


Vora Mar

Passeje vora mar

com tots els matins

deixant arrossegar els meus peus

per xicotetes ones

que tímidament van apropant-se

per donar-me la benvinguda,

una jornada més.

Mire l’horitzó i veig el reflex

de la lluna i el sol

despedir-se amb un bes.

Quantes vegades ho fan?

Tots els matins,

i tots m’emocionen.

Les petges dels peus

es queden gravades damunt la sorra

les passades, desapareixen amb

la arribada de les ones.

No hi han futures?

Demà tornaré

com tots els matins.

A passejar per la mar.

A viatjar en el temps.

A retornar al passat.

A gaudir del present.

Marisa Martínez Arce (Valencia)

15


Ilustración de

(Valencia)

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El hombre que pasa

En la calle, un hombre pasa

Habla fuerte

Una corriente de palabras salen de su boca.

Sin interrumpirse.

El hombre avanza lentamente

Luego vuelve para atrás

Quien lo escucha...

De todas maneras nadie entiende lo que dice

Él habla fuerte

Casi grita, haciendo el mismo camino

Sus gestos son espasmódicos, un poco agresivos

La gente no parece hacerle caso

La verdad, es que la gente tiene miedo de él...

Es un hombre de la calle

Es sucio y apesta

Nadie entiende lo que dice

O no quiere entender lo que dice

El hombre grita

Esta enfadado contra el mundo

Vomita el mundo

Vomita su absurdidad

Y su crueldad

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La gente no quiere oír su dolor,

La gente no quiere estar afectada

No lo mira

Nunca...

Es un loco que grita en la calle

No se hace...

(Valencia)

18


La entrega

Imagen aportada por la autora

— ¡Vamos!, —gritó.

Y cruzamos el umbral. En la entrada del local colindante nos

espera María, la guía, con la directora del orfanato. Lleva en sus

brazos a nuestra Laura.

Es la niña más bonita que se pueda imaginar. Su carita redonda,

su boca carnosa, sus grandes ojos negros, horadando los míos. Como

esperando. Entre asustada y sorprendida. Lleva el pelo negro, cortito.

Viste una camiseta blanca y pantalón corto rosa, con zapatitos del

mismo color. Pasa de los brazos de su cuidadora a los míos sin

inmutarse. Sólo clava su mirada en mí. La abrazo, la estrecho contra

mis senos, carita con carita. Estoy a punto de vomitar mi propio

corazón. Un nudo en la garganta, palpitaciones a toda caña, pero no

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puedo llorar. Alejandro está a mi lado, y también Adrián. Marcos llega

corriendo portando la muñequita rosa que le hemos comprado en

Cataluña. Laura lleva en su mano un llavero de juguete con nuestras

fotos que le habíamos enviado al orfanato. Las mira y me mira. No

sonríe. «Las niñas chinas adoptadas no sonríen al principio. Pasan

semanas, a veces meses hasta que se familiarizan con la nueva familia

y llegan a esbozar una mueca de felicidad».

Pasamos a la habitación donde esperaba el resto de familias.

Nos dan un biberón para Laura, con las prisas lo hemos olvidado en el

hotel. Tenía, tiene, un lunar en la rodilla. Adrián lo examina de forma

concienzuda. Los nenes le cantan y le hacen sonidos graciosos con

sus voces. Ella bebe y permanece tranquila, excesivamente quizá. «En

el momento de la entrega, a las niñas les suministran un preparado

de ciertas hierbas asiáticas tranquilizantes, para que no se enojen y

se adapten bien al cambio brusco de cuidadores orientales a padres

occidentales, por eso parecen dopadas, inexpresivas»

La entrega de Laura es uno de los momentos más emocionantes

de mi vida. Tiene siete meses, pero es como si acabara de nacer. Entra

en nuestras vidas despacito, sin moverse apenas. A medio día en el

hotel, se ríe por primera vez, ante las carantoñas que mis hijos le

dispensan. Y come su primera papilla. Le ponemos un vestido rojo, la

mareamos, jugamos con ella, le hablamos y la besamos y acariciamos

hasta que cae rendida.

Laura en su cunita del hotel Plaza en Kunming. ¡Cuándo estará

por fin en nuestra casa! Hemos comprado una nueva, grande, que nos

entregarán en breve, con una habitación para cada uno de nuestros

hijos y otra para los abuelos cuando vengan a visitarnos. Tiene jardín

y piscina. ¡Qué felices vamos a ser con Laura allí! Imagino que jamás

la desventura puede salirnos al encuentro, pues si el destino nos ha

confiado a mi pequeña, a partir de entonces los hados se conjurarán

para atraer la fortuna a su vida, y a las nuestras.

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Le ponemos en el cuello un colgante de jade, para que recuerde

el tacto de la piedra, como la que su madre le había proporcionado

antes de tenerla que despedir. Le hacemos tantas fotos... Es dulce,

hermosa, se deja querer, no protesta. Observa profundamente,

esboza una sonrisa. La apretamos contra nosotros y se mueve para

escabullirse un poco y respirar, pero nos busca, busca el calor de

nuestro abrazo. Se acurruca en mi cuello. Nunca he sentido algo tan

amoroso como la cabecita de un hijo mío en mi cuello o en mi pecho.

«Así, encajadita, soñando, mientras mami te acaricia el pelo, te besa

en los párpados cerrados, te habla bajito. Te siente, y te Ama»

Xenia Rambla (Valencia)

http://xeniarambla.blogspot.com.es/

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Fotografía de Cig Harvey, sugerida por la autora

http://www.cigharvey.com/

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Agua del mar

Alguien está tirada en la arena

sonriéndole al sol

con una canción en las orejas,

querido esa soy yo.

Alguien está sufriendo menos

subiendo un paso, tal vez dos,

contenta de haber empezado a cumplir sus sueños,

oh, vida, esa soy yo.

Estoy sintiendo cómo me eleva el aire

hasta dejarme sobre una nube…

le cambia la perspectiva al paisaje,

Amigo, ¿Por qué no subes?

Tal vez ya te has transformado en viento

o aún sigues entre escombros,

pero créele a cualquiera que te diga que aún te quiero,

porque nunca serás en mí un estorbo.

Mis ojos me mostraron cómo las penas en la playa

se borran con el agua del mar azul,

las lleva mar adentro y las restaura.

Cariño, ése eres tú.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

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Alone in conversation – Cweeks (Mónaco) http://cweeks.deviantart.com/

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Cinco grados de separación

A la memoria de las amistades perdidas

Sopla el viento con fuerza afuera en la calle. Dentro del local

hace calor, pero eso no es un consuelo para ti, nada lo es. Te limitas a

echar un trago y perder tu mirada en el vacío.

Las barras vacías y las conversaciones de tipos solitarios no son

una buena alternativa para combatir la soledad en los días con viento

a la intemperie, si tienes la desgracia de que te pillen en la calle

cuando acudes a una cita.

Oigo la música ambiente y suenan los R.E.M.; presto atención a

la voz de Michael Stipe, melancólica y potente al mismo tiempo, lo

que me hace recordar aquel intento de concierto que no pudo acabar

de la peor forma posible... gracias a ti. Venenosa nostalgia.

Aquel grupo; el nuestro, que no llegó a despegar y del que yo

formaba parte. ¿No funcionó por qué razón?, ¿inoperante

competencia quizás?, o tal vez pánico escénico por tu parte...

Todos tenemos secretos que esconder, ¿o quizá fracasos?

¿Qué te ocurre Tony, no somos colegas desde hace años, no

hemos quedado para hablar un rato?

Ahí sentado y silencioso pareces un zombi digno de una peli de

George A. Romero con efectos de maquillaje de Tom Savini; dándome

evasivas todo el tiempo; sé que te ocurre algo y no intentes callártelo

para ti, como siempre. No me lo digas si no quieres, pero no me dejes

con la molesta incertidumbre del enojoso «No me pasa nada». Si te

veo para el arrastre.

Y no me vengas con eso de que has venido a ver chicas; aquí

están todas acompañadas, y alguna de ellas hasta es madre orgullosa

llevando a sus retoños... ¡No, no me hables de Raquel otra vez!, tú no

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tuviste la culpa de que te dejara por esa montaña de bíceps al que

llamaste por error colega y del que ella se entusiasmó de inmediato.

Son cosas que pasan y le ocurren a cualquiera.

Veo que se te ha acabado la cerveza de sabor limón y continúas

mirando al frente sin hacerme el menor caso, lo normal de tu parte.

Pides otra, echas un trago de vez en cuando y me sigues ignorando.

Me lo esperaba.

—¿No podrías atenderme?, me he molestado con este tiempo en

venir a verte. ¿Habías estado antes en este local?

—No...

—¡Tony, hablemos, intento ayudarte, ¿sabes?!

—Ya he hablado.

-¡Eres...! —pego un trago e intento sacarte alguna que otra frase,

pero sigues así de lacónico toda la jornada, ininterrumpidamente, no

tienes remedio.

Aquella noche que debutábamos en un escenario, años atrás, de

teloneros de otros dos grupos, no apareciste, no debió haberme

extrañado conociéndote; nada grave te había sucedido, simplemente

pasaste de todo y de nosotros, como ahora. Claro que el público

tampoco nos echó de menos.

Pago la ronda y me voy sin despedirme; ni siquiera te molestas

en dirigirme a lo lejos una mirada de «Hasta la vista». Era de esperar

que al final todos te dieran esquinazo. Sobre todo, Raquel.

Suenan los Evanescence y la voz de Amy Lee. No podía haber

mejor banda sonora para largarse.

Salgo a la calle; el viento me recibe, y siento que me habla.

Jorge Zarco Rodríguez (Valencia)

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El camarote

Imagen sugerida por la autora. Del film «Una noche en la ópera» (1936)

Hace años, Leocadia hizo un viaje en barco con su tía Micaela y

conoció a unos hermanos muy simpáticos. Se lo pasó de muerte.

Dicen que tuvo una aventura con uno de ellos. La historia empezó

cuando Leo perdió de vista a su tía y empezó a buscarla por todas

partes. Nada, ni rastro de ella. Acabó en un camarote muy concurrido

donde hasta le hicieron la manicura. Ella entre tanto preguntaba por

su pariente perdida, cuando Groucho le dijo en un aparte:

—Encanto, es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y

despejar las dudas definitivamente.

—¿Ha visto a mi tía Micaela? —insistía ella.

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—No, pero es usted la mujer más bella que he visto en mi vida...,

lo cual no dice mucho en mi favor.

—Parece usted un idiota y actúa como un idiota, lo cual no deja

lugar a dudas, es usted un idiota —dijo Leo desafiante, y a partir de

ahí se hicieron inseparables. Él le confesó que había nacido a una

edad muy temprana y ella le dijo, cuando acabó el viaje, que había

pasado unas vacaciones estupendas pero que no habían sido esas.

Creo que todavía se escriben con asiduidad.

Lu Hoyos (Valencia)

http://inventariodelucrecia.blogspot.com.es/

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Lago

Breath in breath out – Chris Walter (EUA) http://laliusl.deviantart.com/

El porqué las figuras desnudas suponen un misterio quizá nunca

lo descubramos. Resulta increíble, ya que en esta muestra total de lo

corpóreo, toda visión del interior se desvanece.

Lo bello es inquietante, y qué hay más bello que la piel sin pieles

a la luz de la noche. Así la observa desde la orilla del lago, mientras

ella emerge de las aguas y se acerca despacio, en silencio.

Sarah Martínez (Valencia)

http://alasombradelparnaso.blogspot.com.es/

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Dark star – Sergio (Valladolid) http://aphostol.deviantart.com/

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El Último Beso

Cuando vi entrar a los Hermanos en el Club de Jani supe que

habría problemas.

Jani era una de las últimas descendientes de la Tierra. A penas

tenía tres días de vida cuando sus padres tuvieron que huir a

Aztheron, en el sistema Za-Esson. No puedo llegar a imaginarme

cómo sería la vida en la Tierra si a sus padres les pareció que

Aztheron era mejor opción.

Aztheron es conocido en todos los cuadrantes como la escoria

del Metaverso, aunque todos acaban allí buscando alguno de sus

servicios. Los asesinos a sueldo se ofrecen en las esquinas, al lado de

las putas y los traficantes. Cualquier cosa que busques, cualquier cosa

que necesites, la encontrarás en Aztheron. Sólo debes estar dispuesto

a pagar el precio.

La familia de Jani era de las pocas que intentan pasar

desapercibidas en Aztheron. No comerciaban con nada ni con nadie.

Simplemente, intentaban vivir sus vidas sin meterse en las de los

demás. El problema de estas personas es que sus vidas no valen nada.

Una mañana, sin más, asesinaron a los padres de Jani por las cuatro

latas de comida preparada que acababan de comprar. Ella seguía

aferrada a la mano de su madre, cubierta de sangre, cuando los

Limpiadores retiraron los cadáveres.

Después de eso, Jani se tuvo que buscar la vida. Nunca se ha

sabido cuántos años tenía cuando comenzó en el negocio, porque ella

siempre había mentido sobre su edad, pero se rumorea que con

menos de 14 ya se había hecho un nombre. Dicen que la protección

de Welsch el Gordo la consiguió a cambio de todo tipo de favores

sexuales que nadie quiere imaginar. Otros rumorean que le inyectó

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un modificador mientras dormía y que, por eso, el Gordo era su

marioneta.

Jani nunca hablaba de aquella época. «Forma parte de otra

vida», solía decir cuando alguien le preguntaba.

Fuera como fuese, el Gordo hizo decapitar a toda la competencia

de Jani en una sola noche, dejando sus cabezas en la plaza central

para dejar un mensaje. Unos meses después, la propia Jani dejó la

cabeza del Gordo en la misma plaza, dejando claro quién mandaba a

partir de ese momento.

Ahora, todos los negocios se hacían en su Club y siempre tras su

consentimiento. No había nada que no pasara por sus manos. Si en

Aztheron pudiera llegar a haber algún tipo de rey, sería una reina,

sería Jani.

Por eso, cuando vi entrar a los Hermanos supe que habría

problemas. Los Hermanos eran los únicos que tenían el valor de

cuestionar las operaciones de Jani, aunque siempre a sus espaldas.

Era la primera vez que entraban en el Club. Y habían venido todos.

Obviamente, los dieciséis Hermanos en realidad no eran

hermanos. Eran los hijos de los antiguos dueños del negocio. Eran los

hijos que habían tenido que recoger las cabezas de sus padres de la

plaza. Yo siempre había pensado que tenían un aire cómico, todos

vestidos de negro con esa lágrima tatuada en la cara. Llamadme

insensible, pero a mí me hacían gracia.

El azar quiso que esa noche, Jani llevara puesto aquel vestido de

cuero rojo que a mí me volvía loco. Ese vestido era el único motivo

por el que yo visitaba el Club. Me sentaba en la barra y me pasaba

horas mirándolo en el reflejo del espejo. Si Jani lo hubiera sabido, me

habría sacado los ojos y me los habría hecho tragar. La sola idea de

ver a Jani luchando con ese vestido contra los Hermanos me hizo

perder la cordura. Me giré en el taburete. Sería un desperdicio ver ese

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espectáculo a través de un espejo, aún sabiendo lo que podría

costarme.

Lo que ocurrió a continuación es difícil de explicar. Fue poesía

pura, arte en movimiento. El Club se quedó en silencio tras el primer

disparo. El cuerpo de Jani revoloteó entre los dieciséis como un

diente de león flotando en el aire. Sangre, vísceras, miembros

cercenados. No hubo gritos. No hubo súplicas. Ni siquiera hubo una

sola palabra. Solo el sonido de la cacería.

Jani dejó en pie a un único Hermano. Se acercó y le besó en los

labios. Todos los que estábamos en el Club contuvimos una

exclamación de horror. El Último Beso. La promesa silenciosa de Jani

de que nadie que hubiera tenido algún tipo de relación con aquellos

hombres quedaría con vida. Sólo aquel al que ha besado viviría, para

que pudiera contar el motivo.

M.H. Heels (León)

http://mhheels.wordpress.com/

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Traces of magic – Nakano Art (Japón) http://nakanoart.deviantart.com/

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De gatos y fantasmas de ciudades

Con el corazón hinchado y risueño

camino por la vida y sus paisajes.

Me dejo envolver por los transeúntes,

por las calles y el ambiente reinante.

Me dejo perder en el laberinto,

en el dédalo, el enredo de esquinas.

De una a otra me dirijo cual fantasma:

no se me ve, no estoy, pero me quedo

absorta en cualquier rincón que descubra.

Me siento parte de una gran sorpresa,

algo oculto que solo sale al paso

de quienes vivimos merodeando,

de gatos y fantasmas de ciudades.

Soy una sombra que se mueve, que encuentra,

que analiza, se pierde, a veces huye,

y soy feliz en mi propia parcela,

esa donde termino mi camino,

invariablemente, cuando perderse

es sutura, analgésico y anestesia

a los dolores del alma que vuela.

Isabel Garrido (Valencia)

http://cartasdeunaflor.blogspot.com.es/

35


Rebirth – Elizabeth Robit (Grecia)

https://www.flickr.com/photos/elizabeth-rovit/

36


Morir en mí

En una noche oscura, aferrada a su dolor, una mujer decidió

morir en lo alto de una gran montaña. Tomó su morral con lo

necesario para llegar al aposento de sus miserias. Subió por días la

empinada cuesta, sorteó obstáculos a pesar de las laceraciones

dibujadas en el camino sobre su piel.

Casi sin lágrimas y acalorada por el esfuerzo, miró en lo alto la

grandeza del creador. Atrás, habían quedado sus quejas, sembradas

en la hierba y los musgos de las rocas frías que encontró. Aliviada de

su carga, estaba lista para morir y así lo hizo sin dudar.

A la semana, regresó a casa totalmente renovada y feliz, porque

estaba cargada de la esperanza que nunca antes vio.

Eva C. Franco (Isla Margarita, Venezuela)

37


Vintage couple – Vintage Visions (EUA)

http://vintage-visions.deviantart.com/

38


Poemigíricos del amor

Dosis perfecta,

la embriaguez de tu cuerpo:

canto de amor.

Dame tu mano,

animada camina

y, procaz, bésame.

Pornografía

muestran siempre tus besos

carne del alma

Amar sin carne:

corazones vacíos,

vuelo sin alas.

José Luis Sandín (Valencia)

39


El jardinero (1587-1590) – Giuseppe Arcimboldo (Italia, 1526-1593)

40


Vegetarianos

Otra noche más, llega tarde del trabajo. Esta vez, un descuadre

disléxico en la caja central. Sobre la mesa, una vela consumida y un

florero marchito de rosas. A su lado, una copa tintada de vino, una

botella vacía y unos platos tristes de tofu indican que Lourdes se

cansó de esperar. Hace frío en pleno agosto. Tirita, otra vez. ¿Qué les

ocurre?, se pregunta. Ellos que están hechos el uno para el otro, que

tanto lucharon por su amor. Ellos que siempre fueron felices y que

ahora, desde que se alimentan a base de vegetales, han dejado de

sonreír.

Nicolás Jarque Alegre (Albuixech, Valencia)

http://escribenicolasjarque.blogspot.com

41


Black holes and revelations – Liene Ratniece (Letonia)

http://stolentime.deviantart.com/

42


Enigma

Si creyéramos a ciegas que un agujero negro

ha engullido hoy a una estrella,

nos veríamos brillar levemente, intermitentes,

tejeríamos una red en el único instante del ahora,

viviríamos sin temor a cada nueva implosión

y los antes y después serían solamente accidentes,

aprendizaje de niños, disección de mecanismos.

Andamos sin saber en el filo del abismo

acechando monstruos en el vacío entre dos latidos;

el manido corazón comandante de la nave,

dirigible tripulado por los pensamientos

baraja los magnéticos sentimientos,

y acertando alguna vez en la diana, en otras los vuelcos

resuenan como campanas a muerto en nebulosas lejanas.

En algún momento como bestias olimos algo de eternidad,

intuimos en la brevedad el envés inseparable de las hojas

y creímos destripar la realidad.

Recibimos un encargo y es el amor el enigma

que olvidamos al comprarlo y quedarnos con las vueltas.

Asun Ferri (Valencia)

https://patadeelefanta.wordpress.com/

43


F*** you – Altay Suleyman (Macedonia)

https://500px.com/altaysuleyman1

44


La buena educación

Unos meses después, López se arrepintió de haber tomado

aquella decisión tan nefasta. Todo comenzó la primavera anterior,

cuando Carmen insistió en matricular a Hugo en ese colegio tan

prestigioso. El equipo de fútbol era aliciente añadido porque Hugo, a

sus ocho años, jugaba de maravilla.

Así que cada mañana el solícito padre se sentaba frente al

volante para sortear el tráfico denso de las ocho y media, todo con tal

de proporcionar al niño una buena educación. López se desesperaba

viendo lo difícil que resultaba llegar con puntualidad a la escuela. La

lenta puerta del garaje, la primera rotonda, el disco que cambiaba

inesperadamente a rojo… “¡Mierda, mierda, mieeeerda!”, exclamaba

López, furibundo ante cada pequeño contratiempo. En la segunda

rotonda su paciencia se desbordaba y para arañar unas décimas solía

bloquear el carril bus. Con frecuencia los coches le pitaban, a lo que

López replicaba con muy malas pulgas: “¿Tú que pitas, tonto el culo?”.

Una de esas mañanas una señora muy elegante le increpó: “Eh, no

debería hablar así delante del niño”. Pero López sólo tuvo una

respuesta: “¡Tonta del culo!”.

Los días pasaron. Llegó junio y, con él, el último partido de la

liga. Faltaba un pellizco para ganar cuando sonó un PRIIIII!!!!. Falta

de Hugo, la estrella del equipo. El niño se dirigió al árbitro gritando a

pleno pulmón: “¡Mierda, mierda, mieeeerda! ¿Tú que pitas, tonto el

culo?”. De su cosecha, añadió un buen corte de mangas.

López hubiera querido fundirse con la tierra. “¿De dónde habrá

sacado esos modales?”, preguntó con sorna una mujer. López la

reconoció. Semanas atrás habían intercambiado unas pocas palabras.

Las recordaba bien: “¡Tonta del culo!”

Alicia García Herrera (Valencia)

45


Trapped ghost – Morena Forza (Italia) http://mairimart.deviantart.com/

46


Fantasmas

De noche cuando el caos guarda silencio,

salen a tomar el control de las calles.

Se asoman por los espejos y las ventanas,

siempre asombrados por los colores,

ya no recuerdan lo que es estar vivo.

Tratan de aprehender los aromas y sabores,

uno de ellos se acerca a la mujer medio desnuda

que apacible respira enredada entre las sábanas

le acaricia la piel del muslo sin sentirla

da unos pasos más y le lame la espalda.

Ésta se voltea y sigue durmiendo,

soñando no sé qué cosas de una casa en llamas.

Es lo más cercano que se encuentra de ellos

en las fauces de Morfeo, hermano de la Muerte.

Yo creo en los fantasmas porque ellos creen en mí.

Manuel Alejandro Ramos Ayala (Naica, México)

http://chatomusik.blogspot.mx

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Reading to escape – Rudy Charles (Francia)

https://500px.com/rudycharles

48


Mendigo de sus lecturas

Otra vez está allí.

Cada fin de semana, desde las 9 de la mañana hasta la noche,

permanece clavado como un reloj.

Sentado, delante del supermercado de nombre galo, en posición

india, acurrucado y abrigado, concentrado en su lectura.

Delante de él una diminuta caja de cartón para echar las

monedas de los transeúntes que pasan. Y al lado, una mochila negra

raída y mugrienta, por si alguien decide comprarle algo de comida.

Termino mi carrera matinal de una hora, le digo buenos días y

me contesta tímidamente sin levantar la mirada de su libro. Entro al

supermercado y tras comprar el pan y el periódico, retorno a casa.

Pero antes, observo como de soslayo sus manos, y me quedo con las

ganas de saber qué lectura le tiene tan abstraído, que ni siquiera

levanta la cabeza cuando le arrojo unas monedas en su diminuta caja

de cartón, limpiando así mi conciencia y postergando mi curiosidad

una jornada más.

Luisa Berbel Torrente (Valencia)

49


April – GlobinQueeen (EUA) http://goblinqueeen.deviantart.com/

50


Abril

Resplandecía abril,

asistíamos al festival de gotas de lluvia

de todos los tamaños y formas.

Diminutas, vaporizando sobre los rostros desconcertados

su frío repentino,

resbalando traviesas por lentes y ventanas

mientras trazaban ríos de caudal inexistente, sin desembocadura.

Medianas y mediocres.

La lluvia tonta que te hace creer que podrás salir sin paraguas,

que te hace descuidar tus protecciones,

para acabar calándote de todos modos.

Rápidas, apenas visibles,

procedentes de nubes caprichosas,

cayendo con fuerza, pero con poca decisión

en chaparrones fugaces,

como los amores intensos.

Gordas, redondotas, enormes,

anunciando tormentas inesperadas,

amenazantes, temibles,

obligando a buscar refugio,

urgiendo a encontrarlo,

recordando días sin colegio,

51


llantos sin consuelo,

angustias desparramadas de forma incontrolable.

Resplandeciente abril pues,

soportando esa fama hueca

de primavera, como una juventud

que ha de sonreír necesaria y absurdamente,

aunque llueva su corazón en lo más adentro.

Alicia Muñoz Alabau (Valencia)

https://www.facebook.com/PonerseAlas

52


Cambio de vida

Hangover – Monica Seppänen (Finlandia)

https://www.flickr.com/photos/126147838@N03/

Estaba decidida. De hoy no pasaba. Recogió su ropa que aun

estaba esparcida por el suelo, la metió en una bolsa de cualquier

manera y después de enfundarse unos apretados pantalones

vaqueros y una camiseta, salió a la calle.

No recordaba lo sucedido la noche anterior, pero estaba segura:

no llegó sola. Y alguien la desnudó. Pero no recordaba ni su cara ni

por supuesto su nombre.

Tenía una resaca considerable y un vacío en el alma, si es que

ésta se encontraba en algún lugar del cuerpo, seguramente en el más

profundo. Al salir a la calle, una ligera lluvia dejaba una pátina

transparente sobre las aceras y la sensación de humedad le hizo

sentir un escalofrío. Trató de serenarse a la vez que aceleraba el paso.

53


Había contactado con esta organización por teléfono y ya tenía

que haber ido por allí hacía meses, pero siempre iba demorándolo.

Pero hoy lo tenía claro. Los acontecimientos de la última noche la

habían superado. Desde la muerte de su compañero, en aquel trágico

accidente, su vida había ido cayendo en picado hacía el desorden, la

promiscuidad, el abandono. Depresión le diagnosticaron, pero no

siguió ni los consejos ni la medicación. Por el contrario apostó por el

aturdimiento. El no pensar le hizo bien excepto en los momentos en

que la lucidez y los recuerdos le recordaban como había sido su vida.

Hasta el accidente.

Entró decidida. Se presentó como la persona que ofrecía

voluntaria sus servicios a la petición de la ONG, para cubrir plazas de

personal sanitario. Ella estaba cualificada, era competente y pensaba

que debía volcar su dolor en aliviar a los que lo sufrían.

Otra forma de vida, otras prioridades. Era el reto que se

imponía.

Salió encontrándose feliz, como hacía tiempo que no se sentía.

Era lo que necesitaba hacer. Su decisión estaba tomada.

María Luisa Pérez Rodríguez (Valencia)

http://marialuisaperezr.blogspot.com.es/

54


La espera de Bertolo

Imagen aportada por la autora

Bertolo era un niño siniestro, solitario y creativo. En invierno su

mayor deseo era jugar con la nieve que se amontonaba, sin que nadie

lo impidiese, en el cementerio de su pueblo. Inventaba personajes y

los moldeaba con la nevada más reciente, pura y blanca que

encontraba, dotándolos de una vida imaginaria. Abrazaba esos

muñecos helados y les susurraba secretos que siempre había

guardado para sí. Cuando el sol comenzaba a calentar próximo a la

primavera, se le podían ver unas lágrimas recorriendo su tez plomiza

y mohína. Era entonces cuando de una manera monótona y rutinaria,

comenzaba a leer los nombres de las lápidas, una a una, tomándose

su tiempo en recordar quiénes eran.

55


Las primeras briznas de hierba siempre le provocaban una

pequeña sonrisa y corría atolondrado hasta llegar a su rincón

preferido. Una losa de mármol nívea, lisa y grabada con minúsculas

letras pálidas e insulsas. Y allí se quedaba esperando, sentado

paciente y envolviendo sus piernas en un abrazo interminable.

Cada primer día de verano, se despertaba destemplado,

con frío, siempre lo tenía. Frotaba sus manos con energía y levantaba

la mirada hacia la tétrica puerta de la entrada. Notaba su proximidad,

cuando la respiración se aceleraba y el vaho ocupa todo su espacio. Y

allí estaba ella, más delgada y consumida que la última vez que la vio.

Sus manos se aferraban a un discreto ramo de amapolas y girasoles y

sus ojos se mostraban hinchados y dolorosos. Se paró junto a él y

acarició la piedra depositando las flores y rezando una letanía que no

lograba escuchar con claridad. Bertolo le tendió la mano, ella miró al

vacío y exhaló un aliento cálido que abrasó sus pulmones, suspiró y

se dio la vuelta. Despacio, como si de un cortejo se tratase, fue

abandonando el cementerio. Bertolo la siguió con la mirada hasta que

solo fue una sombra lejana. No entendía porque su madre le seguía

castigando diez años después de su travesura en el río.

Mª Belén Mateos Galán (Zaragoza)

56


De la nada al paso vacilante

(a mi querido esposo – invierno del 86)

Imagen aportada por la autora

Llegas al paso vacilante

a través de la duda

y con la duda, el pensamiento

que la vida discurre.

Antes...solo la nada.

57


Si al largo recorrido

de la nada al paso vacilante

llevarte yo pudiera

prendido hoy de la mano

mi dulce compañero

de doliente argamasa...

si pudiera iluminar

la bóveda de tus oscuras sombras

mi risa confiada,

llenarte hasta los bordes

de vida, el pensamiento

y abrir los ventanales

al muro intransigente

que expulsa sin horadar

la fuerza de mis palabras,

si pudieras entender

que la duda solo es...

el serrín de la esperanza

Conxa Gausí Caballero (Valencia)

58


La fábula del farero

Lighthouse – Bucz (Reino Unido) http://bucz.deviantart.com/

En lo alto de aquel pedrusco se encontraba el faro recién

huérfano de su dueño, Espléndido Caffó. Se veía triste, se veía

apagado. Hacía años que no funcionaba, pero Espléndido, que dedicó

su vida entera a ese faro, decidió dejarlo todo atrás y vivir en aquella

torre que ya no guiaba a ningún barco. Vivió allí sus años más álgidos,

más claros. Aquella luz le daba las coordenadas para no volverse loco

y seguir adelante en cada obstáculo de la vida. Hasta que Espléndido,

desencantado con lo que realmente eran las cosas, decidió apagarlo.

Prefería estar loco, pero por lo menos tenerlo claro.

59


Después de publicar la noticia, velarlo, santificarlo y enterrarlo,

los hijos legítimos fueron corriendo al notario para ver qué les había

dejado. Al hermano mayor le dejó su colección de libros usados junto

con la cubertería de plata de su boda. Al mediano le legó una carta

sentimental y varias monedas antiguas de un valor desorbitado. Por

último, al pequeño le dejó su coche y, aunque todavía no lo supiera, el

faro. Se fueron de la notaría los dos primeros hermanos llenos de

alegría. Iban a ser ricos vendiendo la plata y las monedas. Vivirían en

algo un pelín más grande que un piso, que para ellos suponía un

palacio. El menor de los hermanos, un poco despagado con su parte,

fue a recoger del garaje la chatarra sobre ruedas que le había tocado.

Miró el coche y se puso a llorar. Su padre desapareció tan pronto de

su vida que no sabía nada de él. Quiso preguntar en varias ocasiones

a su madre y a sus hermanos, pero era un tema tan sumamente tabú,

que obtener una puntita de información era casi un milagro.

Condujo la cafetera hasta su casa y la dejó aparcada en la puerta.

Era una tartana de color negro, con manchas de óxido por todas

partes. Se detuvo unos minutos, con las llaves en la mano, a

observarlo de arriba abajo.

Abrió la puerta de su casa, dejó los trastos y resopló cansado

«Hoy ha sido un día raro». Pasó una hora y todavía no se había

sentado, así que salió al balcón a fumarse cuatro cigarros. La calle

estaba en completo silencio. Al segundo pitillo, bajó la cabeza y miró

el coche. Enchufó el tercer cigarrillo y a lo tonto a lo tonto, seguía

mirando ese coche negro oxidado. Casi sin terminar el tercero, se

enchufó el cuarto pitillo. Él no se dio cuenta, pero desde que le atrapó

el automóvil, no había parpadeado. Cogió las llaves y bajó para

conducirlo. Giró la llave para arrancarlo y haciendo un par de juegos

con los pedales por inercia, lo puso en marcha y salió de la calle

seguro y como hipnotizado.

60


A mitad de camino, se despertó y fue consciente de que llevaba

el volante en sus manos. Se asustó y quiso dar la vuelta para volver a

casa, pero cuando quiso girar a la derecha para el cambio de sentido,

su cuerpo y el coche pasaron de largo. Siguieron por una carretera

oscura. Llegó a una explanada con una torre inmensa en medio que

todavía no identificaba. «Parece un faro abandonado». Escuchó un

par de ruidos y como si fuera el protagonista de La piel fría en sus

primeras noches en la isla con aquellos seres extraños, le recorrió por

el cuerpo un latigazo eléctrico. Apretó las nalgas y salió corriendo

hacia el coche para volver a casa.

Las consecutivas noches se sucedió el mismo ritual, con el

ataque de pánico justo al final y una retirada prudencial debajo del

nórdico de su cama. Hasta que un día, a eso de las cinco de la tarde, el

coche le llamó y lo llevó de nuevo al faro. Esta vez, como el sol lo

dejaba ver todo, no le dio ese apretón de miedo y se atrevió a entrar.

Las escaleras estaban medio en ruinas, salía vegetación de cualquier

lado. Subió y subió cada cinco peldaños más rápido. Cuando ya le

caían las gotas de sudor hasta por los labios, llegó a la cima del faro.

Vio el foco, las cristaleras llenas de mugre, moho y polvo. Vio un

colchón sucio a la izquierda del todo. Alrededor, un montón de libros

y cuadernos garabateados y al lado de la almohada, una foto. La cogió

con cuidado, le dio la vuelta y dijo «Somos nosotros». Eran su madre,

sus hermanos, él y justo en medio, un hombre con la barba frondosa y

hasta más debajo de los hombros, que fumaba en una pipa muy

alargada.

Se sentó en aquel colchón y se entretuvo mirando la foto y

leyendo los apuntes y libros. Sin darse cuenta se hizo de noche. Todo

se quedó completamente oscuro. Fue de repente consciente y se

volvió a quedar paralizado. Se empezó a imaginar de nuevo a

aquellos seres anfibio-humanoides saliendo del agua y reptando para

matarlo. Su instinto de supervivencia le levantó rápido del suelo y,

como si encendiera faros de toda la vida, prendió el gran foco. Esa luz

61


unidireccional le calmó del todo. Sentía una paz extraña que no le

hacía pensar en sus miedos más terribles.

Se enchufó el primer cigarro, se apoyó en el hueco del ventanal

que estaba roto y así, en esa posición y con el foco encendido,

pasaron veinte años. Cuentan los del pueblo de bajo, que de repente

un día guardó sus cigarros, apagó la luz, se acostó en el colchón a

mirar el techo y murió de pena.

Gabriela Pavinski (Valencia)

62


Como lágrimas en la lluvia

The Cold White – Norbert (Reino Unido) http://noro8.deviantart.com/

El último ser humano acabó sus días una noche, hace ahora mil

años, cuando regresaba a su refugio bajo una densa nevada gris.

Murió sin haber visto atacar naves en llamas más allá de Orión ni

rayos-c brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser,

como solemos decir de ellos, entre otras cosas sin sentido, para

significar solamente que jamás llegaron a salir del sistema solar, cosa

que en realidad muy pocos de nosotros hemos hecho hasta ahora. En

cuanto a su vida poco o nada se sabe, si no es que acabó conviviendo

con todo tipo de alimañas y que su comportamiento había llegado a

diferir muy poco del de ellas.

63


Aún guardo en mi memoria el momento en que hallé su cuerpo

y el modo en que atendí su agonía. Lo he compartido muchas veces

desde entonces y son innumerables las versiones que de él se han

hecho entre manipulaciones, recreaciones, dramatizaciones y demás,

algunas de mayor duración e incluso más bellas que la original: un

archivo de 54” de precario vídeo y peor sonido, que conserva, no

obstante, ese aire de trascendencia del que solo es portadora la

verdad.

La reproducción comienza con su figura tendida de bruces sobre

la nieve, y continúa con un acercamiento subjetivo ocasionado por mi

vano intento de socorro, en el que me arrodillo a su lado y le doy la

vuelta con sumo cuidado. Se puede observar entonces un ligero

temblor en sus manos y su pecho agitándose, así como el vapor que

exhala su boca en el último suspiro mientras limpio la escarcha de

sus mejillas. Los 12” restantes son un primerísimo primer plano casi

fijo de lo que algunos han acertado a describir como “un oscuro

océano” y otros como “un abismo insondable”: sus ojos, ya sin vida,

abiertos de par en par.

Enrique Mochón Romera (El Puerto de Sagunto, Valencia)

64


La nota

Paraules, deures – Vic A.Granell (Barcelona) https://500px.com/moonvic

Y fue entonces que la vi, había abandonado por años aquel libro

de poemas que me obsequiaste, estaba muy dolido, nunca regresaste

ni supe de ti. Al moverlo emergió de entre sus páginas, perfectamente

doblada. Aún conservaba tu perfume, sorprendido la abrí y su lectura

echó por tierra todo el rencor que había acumulado con el paso del

tiempo y tu olvido.

Me decías que ya no había esperanzas, que tu mal era

irremediable, no querías que te viera así, que preferías que te

recordase de otra manera, esta era brutal y dolorosa, que más allá de

este adiós me seguirías amando…

Un tremendo frío recorrió mi cuerpo, miré al cielo y pedí

perdón.

Ahora te llevo flores.

Luis Alberto Molina (Rosario, Argentina)

http://www.luismolin.blogspot.com.es/

65


Great Mother of whole Earth – Adrián Arias (Barcelona)

https://www.behance.net/drianaryas

Imagen aportada por la autora

66


Gran diosa madre

Entre todas te crearon y nosotras te invocamos. Necesitamos de

tu vasta sabiduría para ponerle fin a esta terrible oligarquía

masculina. Te suplicamos que gane la justicia, la cual corre por tus

venas de mujer inmortal. Drena los campos con tu sangre y

victoriosas bailaremos bajo la luna nueva, alzando la voz por la gran

diosa madre que escucha nuestras plegarias. Llena nuestros cuerpos

adormecidos con tu exaltada pasión, dándonos la fuerza que

creíamos olvidada e insufla en nuestras mentes el conocimiento

prohibido, aquel que los hombres apartan de nuestro camino y

absorben sin cesar ¡Oh! Reina del caos, la oscuridad, la existencia. Tú

eres toda la energía, la savia que nutre el cosmos, el oleaje universal.

Que se extienda la ciencia sobrehumana con el batido de tus

alas, rompiendo las numerosas fronteras creadas por los varones.

Quítanos el velo que comprime nuestras caras y no nos deja respirar.

Queremos que nuestro cabello vuele al son de la libertad y que

nuestras palabras retumben en la conciencia de aquellos que nos

acallan.

eja que coronemos tu altar con bellas flores, plantas sanadoras y

mágicos árboles. Los cuales se alimentarán de tu dulce leche, dando

los frutos más venideros de la humanidad. Sea esta nuestra ofrenda

para tu continuidad en el inmenso orbe.

Entréganos la llave a nuestro placer y libéranos de la impuesta

concepción. Libra nuestros vientres de la fecundidad otorgada.

Queremos ser las dueñas de nuestros cuerpos ¡Solo crearemos vida

cuando nuestras oraciones hayan sido escuchadas! Decimos ¡basta! a

las violaciones, ¡basta! al derramamiento de sangre inocente, ¡basta! a

la injusta vida que se nos ha otorgado.

67


Protégenos de los barbaros que nos matan cada día. Con sus

golpes, su vil lenguaje, sus prohibiciones, sus mandatos, su impuesta

autarquía. Otórganos el valor suficiente para silenciar sus sucias

bocas, de las cuales nace el odio, la angustia y el rencor. Concédenos

la magia que brota de tus entrañas, para que podamos acabar con los

patriarcas que nos atacan. Y si debemos ir a la contienda, ¡oh gran

madre!, lidéranos en nuestra batalla con tu honrada potencia. Somos

tu ejército de almas nobles. Buscamos la paz, la ansiada igualdad.

Provoquemos el terror a aquellos que no creen en nuestra valía,

propaguemos el desorden, quebremos las leyes que nos abandonan y

nos dejan a su merced. Somos guerreras, astutas y valientes. No

dejaremos que la maldad crezca en nuestras vísceras. Somos

impasibles ante el burdo encanto de aduladores que intentan

afanarse de nuestro ímpetu, como tampoco haremos caso a aquellos

que intenten deformar nuestro carácter. Somos la vida y la muerte.

De nuestros fluidos se da la continuidad de las leyendas, los mitos y

las fábulas.

Imploramos a los mares, ríos y lagos, que ahoguen a los

inhumanos asesinos de nuestras hermanas, con el llanto derramado

tras sus crímenes. Sana nuestras heridas, para que podamos iniciar la

esperada trapatiesta. Alza a aquellas que están bajo tierra, las que

lucharon por vez primera para que nosotras te aclamáramos. Ilumina

nuestras conciencias con la erudición de tu mirada y marca el destino

con la gloria de nuestra historia, donde al fin, la justicia tendrá

cabida.

Esther Moreno Morillas (Valencia)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

68


Reencarnación

Autorretrato (1889, fragmento) – Vincent Van Gogh (Holanda, 1853-1890)

Apuesto a que nunca

se te ocurriría escribir

ni una sola línea

mucho menos un poema

sobre la reencarnación

A mí me pasaba lo mismo

hasta que un día

uno gris e inestable

en una carretera secundaria

de La Mancha profunda

paras a repostar gasoil

69


en un surtidor anónimo

y te atiende un tío maduro

alto pelirrojo con barba

ojos azules y tristes

que debajo de una gorra

en la que pone EXXON

lleva una oreja vendada

Y sabes que es él

que es el maldito Vincent

que ha escapado

de su propio autorretrato

y se ha vuelto a rebanar

ese apéndice cartilaginoso

Lo que no te explicas

es cómo cojones

ha ido a parar ahí

a un pueblo que cuesta

encontrar en los mapas

Así es que lanzas

una mirada alrededor

y empiezas a comprender

cuando ves que el paisaje

únicamente está compuesto

por campos de girasoles

Rafa Sastre (Valencia)

http://rafasastre.blogspot.com

70


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Número 22 (Marzo 2016)

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