Control de precios

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Arturo Damm Arnal

Control de precios

El caso de Uber ante la contingencia

ambiental y del limón ante la escasez

Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empresa, A.C.


Mayo de 2016

Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empresa, A.C.

Email: instituto@cisle.org.mx

Web: www.cisle.org.mx


¿Es constitucional?

Primero fue, en la Ciudad de México, el asunto

de los precios que llegó a cobrar UBER en los días

del doble Hoy no Circula, en el cual el gobierno

capitalino tomó cartas, imponiendo un tope al

alza. En segundo lugar fue el asunto del precio

del limón, que a lo largo del año ha aumentado

considerablemente, en el cual el Gobierno Federal

tomó cartas, con la compra de 200 toneladas de

limón para ofrecerlas, en las tiendas de Diconsa y

Liconsa, a un precio preferencial (subsidiado) de

23.50 pesos el kilogramo. En ambos casos tenemos

manipulación de precios.

Las reacciones de los gobiernos ante el alza de

precios (el de la Ciudad de México en el caso de

UBER, y el Federal en el caso del limón), son muestra

del populismo económico (economía ficción), que

todavía padecemos en México, y que encuentra su

justificación, en lo que a la manipulación de precios

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se refiere, en el párrafo tercero del artículo 28 de la

Constitución, que a la letra dice: “Las leyes fijarán

bases para que se señalen precios máximos a los

artículos, materias o productos que se consideren

necesarios para la economía nacional o el consumo

popular…”, muestra de que la manipulación

gubernamental de precios, en este país, está

constitucionalmente avalada.

Mucho debe decirse al respecto, pero me limito

a la siguiente pregunta. ¿Cuáles son las mercancías

necesarias para el consumo popular, que no es el

consumo de los pobres, sino el de todos, pobres,

clase media, ricos? De entrada todas las que integran

la canasta alimentaria y no alimentaria propuesta

por el Coneval, mercancías que son alimentos,

bebidas, vivienda, ropa, calzado, transporte público,

educación, artículos para el cuidado personal y de la

salud, etc., mismas que todos consumimos. A cada

una de esas mercancías, ¿debe imponérsele un precio

máximo? Cualquier alumno del primer semestre de

la carrera de Economía sabe la respuesta: No. Y

sin embargo está en la Constitución, cuyo capítulo

económico está plagado de propuestas erróneas, de

economía ficción.

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Control de precios: el caso Uber

Increíbles las tonterías que se han dicho porque,

ante el Hoy No Circula y el Doble Hoy No Circula,

generalizados, Uber aumentó sus precios, en algunos

momentos de manera considerable, lo cual desató

las quejas de consumidores y las críticas dederes

de opinión, algunos de los cuales demandaron la

intervención del gobierno para imponer precios

máximos (por arriba de los cuales no debe ofrecerse

el servicio), demanda que es consecuencia de la

ignorancia en materia de economía, ignorancia

que es la peor consejera a la hora de poner en

práctica políticas públicas, como lo sería la de la

manipulación gubernamental de precios.

Por qué la reacción de Uber ante el Hoy No

Circula y el Doble Hoy No Circula, generalizados,

fue la correcta, en beneficio, ni más ni menos, que de

los consumidores, aunque esta afirmación parezca, a

primera vista, un enorme despropósito. No lo es, y

comienzo citando, de su imprescindible libro Ensayo

sobre la Naturaleza y Significación de la Ciencia

Económica, a Lionel Robbins: “La Economía (se

refiere a la ciencia económica), lejos de sostener que

existe una armonía de fines (…), nos hace ver en toda

su amplitud ese conflicto de elección, característica

permanente de la existencia humana. El economista

es un trágico de verdad”, y lo es porque la economía

(y me refiero, no a la ciencia económica, sino a la

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condición económica del ser humano) es trágica: no

todo alcanza para todos, menos en las cantidades

que cada uno quisiera, y mucho menos gratis, tal y

como lo comprobamos recientemente, ¡uno entre

muchos otros ejemplos!, con el caso del aumento en

los precios de Uber, aumento que tuvo su origen, no

en el afán de Uber de exprimir al máximo el bolsillo

de los usuarios del servicio, sino en los cambios en

la oferta y la demanda, en las nuevas condiciones

del mercado, que ocasionó el Hoy No Circula y el

Doble Hoy No Circula, generalizados.

Para entender por qué ante el Hoy No Circula y

el Doble Hoy No Circula, generalizados, el aumento

de precios de parte de Uber fue la reacción correcta

a favor de los consumidores, debemos comenzar

respondiendo tres preguntas: ¿qué es un precio?,

¿qué tareas desempeña?, ¿qué se requiere para que

las desempeñe correctamente?

¿Qué es un precio? Una razón de cambio, tanto

de X por tanto de Y, precio que está relacionado

con el costo (sobre todo el de oportunidad y el de

producción), y también con el valor de la mercancía

(que depende de la valoración del consumidor, no de

las cualidades intrínsecas del bien o servicio), pero

que no es, ni el costo, ni el valor, por lo que definirlo

como “lo que cuestan la cosas” o “lo que valen las

cosas” es un error. El precio es una razón de cambio,

tanto de X por tanto de Y.

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¿Qué tareas desempeña un precio? Primera: hacer

posible el intercambio. Si entre el vendedor y el

comprador no determinan un precio (lo que sucede

cuando el precio máximo al que el demandante

está dispuesto a comprar es menor que el precio

mínimo al que el oferente está dispuesto a vender)

no hay intercambio. Segunda: racionar el mercado,

solucionando situaciones de escasez (la cantidad

demandada es mayor que la ofrecida y el oferente

sube el precio eliminándose, por la reacción de

los demandantes, la escasez) o de abundancia (la

cantidad ofrecida es mayor que la demanda y el

oferente baja el precio desapareciendo, nuevamente

por la respuesta de los demandantes, la abundancia).

Tercera, derivada de la anterior: proveer información

a los agentes económicos para tomar las mejores

decisiones con el fin de elevar su bienestar.

Por último, ¿qué se requiere para que un precio

desempeñe adecuadamente todas sus tareas? Que

el oferente lo pueda modificar según cambien las

condiciones del mercado, conforme varíe la relación

entre la oferta y la demanda, precisamente lo que hizo

Uber, reacción correcta a favor de los consumidores.

Para entender por qué, por obra y gracia del Hoy

No Circula generalizado, el aumento de precios de

parte de Uber fue correcto, centro la atención en la

segunda de las tareas que desempeñan los precios:

solucionar los problemas de escasez y abundancia.

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Lo primero se resuelve con el alza del precio y lo

segundo con su baja.

Una situación de abundancia se define como

aquella en la cual, al precio al que se ofrece la

mercancía, la cantidad ofrecida es mayor que la

demandada, situación que se corrige si aumenta la

cantidad demandada y/o se reduce la ofrecida, para

lo cual el oferente debe bajar el precio. En tal caso,

¿qué sucede? En primer lugar que los demandantes

marginales fuera del mercado (quienes si el precio

baja están dispuestos a comprar) al bajar entran

al mercado y compran, aumentando la cantidad

demandada. En segundo término que los oferentes

marginales dentro del mercado (quienes si el precio

baja no están dispuestos a seguir ofreciendo) al bajar

salen del mercado y dejan de ofrecer, disminuyendo

la cantidad ofrecida. ¿Resultado? Mayor cantidad

demandada, menor cantidad ofrecida, eliminación

de la abundancia.

Una situación de escasez se define como aquella

en la cual, al precio que se ofrece la mercancía,

la cantidad demandada es mayor que la ofrecida,

situación que se corrige si se reduce la cantidad

demandada y/o aumenta la ofrecida, para lo cual el

oferente debe aumentar el precio. Así las cosas, ¿qué

sucede? Uno: los demandantes marginales dentro

del mercado (quienes si el precio sube ya no están

dispuestos a comprar) al subir salen del mercado,

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dejan de comprar, y reducen la cantidad demandada.

Dos: los oferentes marginales fuera del mercado

(quienes si el precio sube están dispuestos a ofrecer),

al subir entran al mercado y ofrecen, aumentando

la cantidad ofrecida. ¿Resultado? Menor cantidad

demandada, mayor cantidad ofrecida, eliminación

de la escasez.

Esto último es lo que pasó con Uber: escasez,

aumento de precio, eliminación de la escasez, y todo

ello fue lo correcto.

¿Cuál fue la consecuencia, en el mercado de

Uber, del Hoy No Circula y del Doble Hoy No

Circula, generalizados? Por el lado de la oferta, en

el primer caso, una reducción del 20 por ciento, y en

el segundo otra del 40, dado que las prohibiciones

también se aplican a los autos uberianos. Por el

lado de la demanda un aumento, cuyo porcentaje

desconozco, pero que sin duda se dio. El resultado

fue, para efectos del alza de precios, el escenario

perfecto: por el lado de la oferta y la demanda se

dieron todas las condiciones necesarias para el alza

de precios, las tarifas dinámicas que aplica Uber para

equilibrar el mercado e igualar cantidad demanda y

ofrecida, y evitar clientes insatisfechos.

Para entenderlo tengamos presente que la

escasez surge cuando, a un determinado precio, el

demandante está dispuesto a comprar y consumir,

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pero el vendedor no está dispuesto a producir y

ofrecer, por lo que el demandante no encontrará

la mercancía en el mercado, padeciendo escasez,

quedando insatisfecho.

¿Qué sucede si ante la escasez (a ese precio la

cantidad ofrecida no alcanza para satisfacer la

cantidad demandada), el oferente decide aumentar

el precio? Los demandantes marginales dentro del

mercado (quienes si aumenta el precio ya no están

dispuestos a comprar, o porque no valoran tanto

la mercancía como para pagar ese mayor precio –

pudiendo pagarla ya no quieren comprarla– o porque

valorándola ya no tienen suficiente dinero para pagar

un precio mayor –queriendo comprarla ya no pueden

pagarla–) salen del mismo, reduciéndose la cantidad

demanda, primer paso para eliminar la escasez.

Ante ese aumento en el precio, ¿qué sucede con la

cantidad ofrecida? Lo contrario que con la demanda,

siendo el caso de Uber un excelente ejemplo de

ello, dada la facilidad para aumentar o disminuir la

oferta de servicios dependiendo del precio que se

cobra, a partir de la información con la que cuenta el

oferente, que es el conductor, quien decide si, a ese

precio, ofrece o no.

¿Qué sucede si en una situación de escasez (a un

determinado precio la cantidad ofrecida no satisface

la demandada), el oferente aumenta el precio?

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Los demandantes marginales dentro del mercado

(quienes si aumenta el precio ya no compran) salen

del mismo, reduciéndose la cantidad demandada,

primer paso para eliminar la escasez.

Ese aumento en el precio, ¿qué efecto tendrá

en la cantidad ofrecida? Veámoslo. Los oferentes

marginales fuera del mercado (quienes si aumenta

el precio sí están dispuestos a ofrecer y vender,

porque a ese mayor precio sí recuperan sus costos de

producción y/o compensan su costo de oportunidad),

entran al mismo, aumentándose la cantidad ofrecida,

segundo paso para eliminar la escasez.

¿Qué sucede si, en una situación de escasez,

aumentan los precios? Aumenta la cantidad ofrecida

y disminuye la demandada, eliminándose la escasez,

que definí como aquella situación en la cual, a un

determinado precio, la cantidad demandada es

mayor que la ofrecida, es decir, como aquella en la

cual hay demandantes dispuestos a pagar el precio

pero, ¡a ese precio!, no consiguen la mercancía. Se

trata de clientes insatisfechos.

Si esos clientes insatisfechos, a ese precio, no

consiguen la mercancía, ¿qué debe pasar con dicho

precio para que la consigan? Debe aumentar lo

necesario para estimular su producción y oferta, y

si el demandante está dispuesto a pagar ese mayor

precio conseguirá la mercancía en cuestión, pasando

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de ser un cliente insatisfecho (quiere la mercancía

pero no la consigue) a uno satisfecho (quiere la

mercancía y sí la consigue).

Si hay escasez, para eliminarla y pasar de

demandante insatisfecho a satisfecho, ¿debe

pagarse un precio mayor? Sí, así son las leyes de

la economía, que son naturales, no irregularidades,

caprichos, anomalías o abusos de los productores,

oferentes y vendedores, leyes que más nos vale

respetar si no queremos ocasionar demandantes

insatisfechos, como sería el caso de la imposición

de precios máximos, por arriba de los cuales nadie

debe ofrecer. ¿Cuál sería la consecuencia? Escasez.

Demandantes insatisfechos.

¡Cuidado con las ocurrencias! ¡Cuidado!

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Control de precios: Y ahora el limón

Para que una economía funcione correctamente,

lo cual entre otras cosas implica que no haya

ni escasez (al precio al que el demandante está

dispuesto a comprar no hay oferta) ni abundancia

(al precio al que el oferente está dispuesto a vender

no hay demanda), se necesita que los oferentes

puedan fijar los precios según la relación entre la

oferta y la demanda, conforme a los cambios entre la

demanda y la oferta. Si el gobierno impone precios

máximos (por debajo de los que el oferente fijaría

libremente, y por lo tanto por arriba de los cuales

nadie debe ofrecer), o mínimos (por arriba de los

que el oferente fijaría libremente, y por ello por

debajo de los cuales nadie debe ofrecer), impide

que los precios racionen el mercado, corrigendo

cualquier situación de escasez (a ese precio no hay

suficiente oferta) o de abundancia (a ese precio no

hay suficiente demanda).

Cuando un precio sube por arriba de lo normal,

y/o cuando sube cada vez más, los consumidores,

de manera comprensible, comienzan a quejarse,

sobre todo si se trata del precio de alguna mercancía

considerada básica, como puede ser el limón.

Ante esa queja no faltan los políticos/gobernantes

oportunistas (y en este caso este es el adjetivo

correcto: oportunista) que, ¡en defensa de la

economía familiar!, toman cartas en el asunto. ¿De

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qué manera? O subsidiando el precio (obligando a los

contribuyentes a pagar la diferencia entre el precio

al cual compra el gobierno y el precio al cual vende)

y/o imponiendo un precio máximo (ocasionando

escasez, si realmente se trata de un precio máximo).

Esto es lo que pasó con el precio del limón, que

aumentó considerablemente, encarecimiento ante el

cual el Gobierno Federal decidió actuar. Primero:

adquirió 200 toneladas de limón que se ofrecerá, a

precio preferente de 23.50 pesos por kilo, en 5 mil

tiendas de Diconsa y Liconsa. Segundo: la Profeco

vigilará, en todo el país, que el precio del limón sea

el adecuado, ¡cualquier cosa que ello signifique!

Frente al aumento en el precio del limón el

Gobierno Federal decidió actuar. Primero: adquirió

200 toneladas de limón que ofrecerá, en 5 mil

tiendas comunitarias de Diconsa y Liconsa, a un

precio preferente de 23.50 pesos por kilo. Segundo:

la Profeco vigilará, en todo el país, que el precio

del limón sea el adecuado, lo cual supone, ¡cosa

muy poco probable!, que los funcionarios de esa

dependencia saben cuál es el precio adecuado,

¡cualquier cosa que ello signifique!

Primera pregunta, por aquello de la transparencia:

¿qué precio pagó el gobierno por las 200 toneladas

de limón que ofrecerá a un precio preferente de

23.50 pesos por kilo?, o preguntando de otra manera:

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¿de cuánto es el subsidio que nos obligan a pagar

a los contribuyentes? Ante este tipo de políticas se

deben hacer cuatro preguntas: ¿quién gana?, ¿quién

pierde?, ¿cuánto cuesta?, ¿a quién obligan a pagar?

Segunda pregunta, por aquello de la pretensión

de omnisciencia: ¿cuál es el precio adecuado del

limón?, o cuestionando de manera distinta: ¿cuál

es el precio de referencia que la Profeco usará

para, comparándolo con aquel al cual ofrecen los

vendedores, poder saber si éste último es o no el

adecuado, y de no serlo sancionarlos, por el terrible

delito de ofrecer limón a un determinado precio, el

que sea?

No tengo la respuesta a la primera pregunta, por lo

que la espero de la Sedesol (¿me la dará?), pero sí la

tengo para la segunda: el precio adecuado, correcto,

conveniente, es el que equilibra el mercado, es decir,

el que corrige cualquier situación de escasez (no hay

suficiente oferta) o de abundancia (no hay suficiente

demanda), precio que debe fijarlo, según las

condiciones de oferta y demanda en cada mercado,

el oferente, sin la intervención del gobierno, sin la

imposición de precios máximos o mínimos.

Pero no, la Profeco dice saber cuál es el precio

adecuado del limón, y supongo que de todo lo

demás, razón por la cual verificará que a ese se

ofrezca. ¡Órale!

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¿Cuál es la manera correcta de combatir el alza de

los precios? Incrementando lo más posible la oferta

del bien o servicio cuyo precio aumenta. ¿Cuál es,

suponiendo que no se haya implementado todavía,

una manera eficaz para conseguir ese incremento

en la oferta? Abriendo las fronteras del país a la

importación de esa mercancía, sin ningún arancel

(impuesto con el que se gravan las importaciones,

encareciéndolas en perjuicio del consumidor

nacional), y sin ninguna restricción cuantitativa

(que se puede importar toda la cantidad que los

consumidores estén dispuestos a comprar).

Ante el encarecimiento del limón, ¿cuál fue la

respuesta del Gobierno Federal? Ofrecer limón a

precio preferente (¿subsidiado?) y vigilar, por medio

de la Profeco, que el limón se ofrezca, en todo el

país, al precio adecuado, ¡cualquier cosa que ello

signifique!, todo lo cual es populismo económico o,

para llamarlo de otra manera, economía ficción.

Si el Gobierno Federal realmente quiere actuar a

favor de los consumidores mexicanos de limón lo

que debe hacer es eliminar el arancel con el que grava

sus importaciones (como lo hizo temporalmente en

el 2013), lo cual los encarece, elevando el nivel de

escasez de los consumidores y, por ello, reduciendo

su nivel de bienestar, y otorgando una protección

arancelaria a los productores mexicanos de limón,

reduciendo así el incentivo para que se vuelvan

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más competitivos, capaces de ofrecer el producto a

menor precio, para lo cual se les debe sujetar a la

disciplina de la competencia, para lo cual el gobierno

debe permitir el verdadero libre comercio, no el

remedo que, pese a todo lo hecho (desde la apertura

comercial hasta los tratados de libre comercio),

seguimos padeciendo, remedo que eleva los niveles

de escasez y reduce los de bienestar.

El que no tengamos todavía un pleno libre

comercio, y el que el aumento en el precio de un

producto como el limón lleve a la intervención

directa del gobierno en el mercado, es muestra del

subdesarrollo que, en materia de economía, todavía

padecemos.

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