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UN VIAJE SIN FRONTERAS

El Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) afronta su

séptima temporada, desde su creación en enero de 2011

por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música

(INAEM), con la enorme satisfacción de ver cómo se ha ido

consolidando paulatinamente aquel ambicioso proyecto musical

que hace algo más de un lustro se puso en nuestras manos,

con el objetivo de potenciar la creación contemporánea

española, recuperar nuestro vasto patrimonio musical, difundir

el repertorio menos transitado y, lo más difícil, atraer a

un público diferente del habitual, con el acento puesto en los

más jóvenes. Además se nos pidió unificar criterios estéticos y

equilibrar costes diseñando un proyecto musical más racional

y descentralizado, cuyo ajuste se imponía necesariamente a

causa de una crisis económica que golpeaba con fuerza a la

sociedad española.

El reto evidentemente no era fácil, aunque hoy podemos

afirmar con satisfacción que gran parte de nuestros objetivos

se han visto cumplidos. En primer lugar el CNDM ha podido

mantener su velocidad de crucero gracias al decisivo apoyo

institucional, con independencia de su color político. Segundo,

al esfuerzo y la generosidad de muchos músicos, intérpretes

y compositores, en su mayoría españoles, que se han comprometido

desde los inicios de esta aventura, con una complicidad

artística digna de elogio, además de implicarse en programas

de gran dificultad con un notable esfuerzo humano –y

muchas veces económico– para que al final pudieran ver la luz

muchos de los proyectos que ideamos juntos. El tercer gran

pilar que ha contribuido a la consolidación y sostenibilidad del

proyecto del centro ha sido la valiosa colaboración que nos

han prestado las instituciones públicas y entidades privadas,

tanto nacionales como internacionales, que se han unido a

nosotros como coproductores y que nos ha permitido crear

y desarrollar un proyecto cultural sin precedentes en nuestro

país, logrando afianzar una actividad creciente en más de una

veintena de ciudades españolas, que ahora se extiende a algunas

capitales de Europa y América.

Aún así, el círculo no se hubiera cerrado sin la complicidad,

el apoyo mayoritario y la confianza indiscutible que nos

ha brindado un público creciente y entusiasta –en parte nuevo,

en parte avezado– que nos acompaña fielmente, desde el

principio, en este estimulante viaje musical a través de los

diferentes meandros por los que hemos transitado: desde la

música pretérita a la más actual, desde el lied más intimo a

la pirotecnia vocal de la ópera barroca o desde la grandeza de

la música de cámara hasta el flamenco de raíces más puras

o el jazz más contemporáneo. Públicos de diferentes procedencias

y gustos estéticos muy diversos entre sí han confluido

para vivir momentos irrepetibles que hacen de la MÚSICA,

así con mayúsculas, un arte mágico tan efímero en el tiempo

como persistente en la memoria. Momentos irrepetibles que

se han disfrutado en espacios tan diferentes como atractivos,

ayudados por la excelente acústica de la Sala de Cámara del

Auditorio Nacional de Música de Madrid, bajo la envolvente sonoridad

del gran órgano que circunda el excepcional conjunto

de vidrieras de la Catedral de León o bien sumergiéndonos en

la íntima atmósfera que se crea en la recoleta iglesia románica

de San Cipriano en Zamora.

El CNDM con sus idas y vueltas ha conseguido construir

proyectos, aquí y allá, como las series barrocas de Salamanca

y Oviedo, los ciclos de música actual de Badajoz, Alicante

y las Xornadas Contemporáneas de Santiago de Compostela;

despertar la sensibilidad de muchos jóvenes que acuden a los

ciclos barrocos o Fronteras, atraer a un público familiar y joven

para escuchar con devoción un concierto matinal de órgano en

la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, algo que era para muchos

una entelequia hace tan solo dos años, o llenar sistemáticamente

la Sala de Cámara madrileña con los ciclos de abono

de Jazz y Andalucía Flamenca, dos de los programas más demandados

actualmente por el público y que algunos agoreros

pronosticaron que no funcionarían en una sala tan “seria” como

la dedicada a la música de cámara, donde sólo tenía cabida la

INTRODUCCIÓN

INTRODUCCIÓN

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