Memorias de nómada Numero 4

memorias

Revista cultural

memorias nomada

de

Cultura y Arte Numero 4 - Ano 1


I

N

2 El DISEÑO EDITORIAL

COmo Tamiz

5 La musica de

nuestros rumbos

Jhonny Euan

D

9 Artes visuales : Un poco más de 10 años

Ramón González

I

C

E

11 Un amor muy

especial

Hugo Cocom y

Graciela Montalvo

16 Peces Podridos

Andrés Castillo

21 La literatura de

las ideas

Miguel Civeira

28 Memorias de un

Viajero en el tiempo

Katia y Jesús

12 Galería:

Vi|Lateral

Monserrat López

24 Entre la vida y el

papel

Yobaín Vázquez


1

EDITORIAL

retrospectiva

En una de las presentaciones de la revista comenté que este proyecto comenzaba en medio de un cambio

evidente en la oferta de los espacios culturales en Mérida, y específicamente en el centro de esta ciudad.

Como ejemplo mencioné los foros musicales y las galerías que hace diez años eran escasas, y hoy han

conformado una red, algo así como una hermandad que ofrece variados eventos para un público también

diverso.

La mayoría de nosotros nació un poco antes del cambio de siglo y es difícil comparar la ciudad de hoy a

como era cuando teníamos diez años. La memoria es tacaña. Decidimos intentar una retrospectiva del

centro en sus primeros años en el Siglo XXI. En Bitácora de supervivencia, Jhonny Euán explora un poco

del ambiente musical de esas épocas, habla de cómo y quiénes eran los protagonistas de la música sobre

todo del rock yucateco. Por otro lado, Jesús Cámara Ríos y yo nos aventamos un cuaderno de viaje de

ficción títulado "Memorías de un viajero en el tiempo" dividido en tres partes, que trata de incluir detalles

y un bosquejo de cómo era Mérida en el año dos mil.

Yobaín Vázquez publica una crítica al antilector en su sección Síndrome de papelera a propósito del libro

"El último lector" de David Toscana. Hugo Cocom y Graciela Montalvo colaboran con la reseña de la película

italiana "Un amor muy especial" cuya traducción en español no le hace mucha justicia al título original

"Ti voglio bene, Eugenio" , pero prometemos que la reseña sí.

Nuestros artistas invitados en las secciones de Galería y Hoja de arce son Monserrat López Mácias con su

proyecto fotográfico "Vi|Lateral", y Andres Castillo Martínez con el cuento ganador del premio Beatriz

Espejo 2014, "Peces podridos".

El artista visual Ramón González colabora con una columna acerca de las artes visuales en la península.

Maik Civeira aceptó participar con una columna sobre ciencia ficción, y como introducción explica por qué

es importante éste género en la literatura. Natalia Macías escribe en nuestras primeras páginas sobre el

diseño editorial y su función en armonía con el texto. En cuanto a ilustración Samantha Nuñez realiza una

obra para el cuento “Peces Podridos”, Carlos Dzul para "La literautra de las ideas", desde Chiapas el poeta e

ilustrador Alonso Gordillo nos manda unos caracoles, la metáfora del libro: duro por fuera y suave por

dentro; y Luis Cruces Gómez, el ilustrador de la casa y el encargado de que todo se vea y se lea muy chulo,

los bosquejos del cuaderno y el rockero de Bitácora de supervivencia.

Katia Rejón

Imagen de portada por Luis Cruces


2

Algunas ideas acerca del diseño en la labor editorial*

Natalia Macías Mendoza

En el diseño editorial convergen dos entornos: se trata de una labor que realiza una persona versada

en el manejo estético de las formas, y que al mismo tiempo debe encontrarse inserta en un contexto

que organiza, presenta, distribuye y comercializa un producto editorial. Esto coloca al diseñador editorial

en una posición especial y a veces conflictiva pues, empapado de ambas esferas, debe valorar

tanto la textualidad como la materialidad del producto que ha de confeccionar.

Por sí mismo, el diseño gráfico orientado a las publicaciones posee una narrativa propia que pronuncia con

muy variadas estrategias visuales que van más allá de los elementos paratextuales. Es decir, el diseño editorial

es un lenguaje y no constituye únicamente un soporte para la textualidad; dota a esa textualidad porque el

diseño es, por naturaleza, narración, relato, historia. Así, en una publicación, el contenido se encuentra tanto en

el texto como en la materialidad del diseño que lo soporta, lo lee, lo acompaña, lo interpreta. No sólo contribuye

al texto sino que media su recepción de forma determinante.

Es claro que habría que hacer distinciones acerca del tipo de publicación al que nos referimos cuando

hablamos de las tensiones entre el lenguaje verbal y el visual, pues sin duda encontraremos mucha menos resis-

*Este artículo se desprende de la ponencia “Libros, texto e imagen: consideraciones acerca del diseño en la labor editorial”, presentada en la Mesa “Interrogando los

paradigmas literarios: senderos editoriales y nuevos géneros literarios” el de 17 de marzo de 2016, en el marco de la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (FILEY).


M

3

tencia en admitir las posibilidades que el diseño proporciona en una editorial que

confecciona una novela o un poemario que en el equipo editorial de una revista de

filología. Y no porque la segunda requiera de procedimientos menos susceptibles a

ser diseñados, sino por ciertas características que son comunes a sus lectores: en

ambientes científicos y académicos suelen subestimarse las posibilidades del diseño,

pues se piensa que las intervenciones de éste le quitan seriedad al texto**.

E

Pensar en el diseño como una narración refiere dos planteamientos: el primero

es que el diseño de la publicación particular cuenta por sí mismo una historia que

debe mantener una relación lógica con la textualidad; el segundo, que existe una

carga sociohistórica que envuelve al acto de diseñar. Porque si afirmamos que el

diseño es lenguaje, hay que agregar entonces que el diseño es discurso, es cultura

y es identidad: contiene y despliega siglos de desarrollo cultural, y en él pueden

rastrearse tensiones, motivaciones, memoria.

En esta línea, que pareciera comenzar a tocar una sociología del diseño, cabe

preguntarnos, ¿podemos hablar de un diseño mexicano?, si es así, ¿qué dice de

nosotros el diseño mexicano?, ¿qué códigos, qué relatos, qué apropiaciones preferimos?,

¿con qué clase de intertextos hemos formulado nuestra identidad visual? Y

es que actualmente, como afirma Marina Garone Gravier, investigadora del Instituto

de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, “no podríamos entender el diseño sin

pensar en sincretismo, migración, préstamos, adopción de códigos –sean tipográficos,

cromáticos, tecnológicos o conceptuales–” (Garone, 2011: 20).

Para abordar de forma muy breve estas reflexiones voy a referirme al diseño

que se practica dentro de editoriales independientes mexicanas. Para empezar, el

fenómeno editorial independiente tiene fundamentos muy parecidos a los que

dieron origen al diseño como práctica social: el primero posee entre sus motivaciones

distanciarse de la mecanización con la que se conducen ciertas editoriales transnacionales,

y el segundo surge en el siglo xx, con la misión dedevolverle el sentido

y la identidad a los espacios y objetos (…) en la ciudad industrial de masas” (Kloss,

2013: 197). Así, el diseño en estas editoriales se vuelve parte de un discurso –político,

si se quiere–, y se vuelca a evidenciarlo con estrategias que conciben claramente

al libro como un objeto estético (como apelando al coleccionismo o fetichismo del

lector); priorizan la inclusión de elementos gráficos, involucran al autor en la totalidad

del proceso y no temen utilizar recursos artesanales, aunque esto suponga elevar los

costos o ralentizar los procesos (la ganancia monetaria no es lo más importante).

X

I

C

O

**En Historia, diseño y edición (2013), Gerardo Kloss abunda en esta relación, y menciona como “el otro lado de la moneda” a los diseñadores editoriales que desdeñan

a la textualidad y trabajan con ella con resignación, como si se tratara de una interferencia, de una molestia inevitable.


4

Las maneras del disenador

-

Sobre esta misma línea, hay que apuntar que si bien para el diseñador editorial es imprescindible

mantenerse actualizado en las tendencias emergentes en cuanto a tipología del papel, ilustración, encuadernación

o tipografía, debe también estar consciente del origen y desarrollo histórico de estas tendencias,

pues van a proveerle directrices y conexiones que complejizarán el trabajo y lo dotarán de profundidad.

Para aproximarse a la responsabilidad de preparar el diseño editorial, la fase de visualización de cualquier

publicación, hay que tener en cuenta ciertos atributos: para comenzar el texto debe ser comprendido,

o mejor dicho: su complejidad debe ser dimensionada. En este punto hay que actuar con especial

cuidado, prudencia y claridad por lo siguiente: si, como vimos, el diseño es narración, cuando éste se

encuentra con la carga simbólica de la textualidad que arropa, pueden crearse tensiones, ironías, descartes

o pueden lograrse tonos que en un principio no se pretendían. La coherencia de una publicación es la

convivencia, ya sea armónica, violenta o contradictoria, pero siempre consciente e intencional, entre la

materialidad del diseño y la textualidad. Debe poseerse la mayor claridad posible en cuanto a los requerimientos

y propósitos de las publicaciones. Posteriormente, deben cuestionarse los elementos y las estructuras

de un diseño, para decidir si éstas se mantienen en el diseño final y conformarlo, o si por el contrario

serán descartadas.

Es particularmente interesante el tema del conflicto y la armonía que el diseño produce dentro de las

publicaciones. Todo comienza en la página, la cual puede albergar un equilibrio visual o estar pensada

para producir en el lector cierto grado de incomodidad o irritación.

Entre los factores del diseño susceptibles a ser maniobrados por el diseñador se encuentran: las cuestiones

espaciales, el predominio de la forma, la forma a través del color, la tensión, la repetición, la fluidez,

el contraste, el equilibrio y profundidad. Dos elementos, el papel y la tipografía, son particularmente significativos

en el lenguaje visual; ambos tienen una carga simbólica importante pues están anclados al origen

de los libros, la invención de la imprenta.

Concluyo estas breves reflexiones apuntando que aunque pudiera parecer frívolo o desconectado de

la dimensión literaria, académica o científica de las publicaciones, el diseño editorial no le resta protagonismo

al contenido, en su variante de signo lingüístico, puesto que es en sí mismo contenido, cultura impresa

y discurso visual.


Bitácora de supervivencia

5

´

La musica

de nuestros

rumbos

Por

Jhonny Euan

´

Ilustración de Luis Cruces


6

Siempre que tengo la oportunidad de charlar con mi

amigo Rodrigo llegamos, por instinto, al tema de la

música. Por los años que me aventaja resultan

interesantes sus anécdotas. Amante desde joven de

la música, empezó a conocer la cultura urbana de la

ciudad de Mérida gracias a sus primos, músicos de

El Astro de la Rumba.

Me contó que durante los años 90 todo el asunto de

la música rockera en Mérida era de carácter clandestino.

Los “toquines” se efectuaban en lugares

discretos donde se disparaba la venta de alcohol y el

consumo de drogas.

Rodrigo acudió a muchas de estas fiestas salvajes

repletas de jóvenes deseosos de pasar un rato agradable

con buena y potente música. En esos años no

había redes sociales ni esa interacción con la tecnología

que hoy es muy recurrente. Los eventos se

difundían entre voces, razón por la que siempre

acudían amigos de amigos y conocidos de los músicos.

Por su característica de “ilegales” o “secretas”, las

fiestas del rock siempre estuvieron en la mira de la

policía. Hubo muchas redadas, recuerda Rodrigo.

Sin embargo, con el paso de los años los “toquines”

fueron organizándose mejor y la cultura musical

urbana se fortaleció.

De 2000 a 2010 subsistieron las ganas de hacer

música de algunos, y el deseo de otros por escuchar,

bailar y agitar las cabezas al ritmo de las guitarras.

La ola musical tomó un nuevo impulso y eso permitió

menos opresión de las autoridades y más eventos

“underground” que ofrecían una alternativa a

los conciertos masivos con estrellas nacionales del

rock patrocinados por reconocidas empresas de

espectáculos. Esto, en gran parte fue gracias a Rockultura

y otras organizaciones como Colectivo

Radiacción, que junto a varios grupos de músicos

emprendedores han fomentado el talento local por

medio de tocadas de Punk, Metal, Ska y otros géneros.

En 2010 la onda musical de la ciudad se encontraba

en un buen momento. Se hacían con bastante

frecuencia “tocadas” en bares o centros culturales

como La Quilla, el Foro Santiaguero, el bar Agozzar,

que por varios años fueron sede de estas y otras

manifestaciones urbanas. Parte vital de la buena

secuencia de eventos fueron las nuevas bandas

musicales que surgieron en la ciudad y otras que ya

empezaban a consolidarse en el gusto de los jóvenes

yucatecos. Por esos años grupos como Ayudantes

de Caska, Denso Slam, Inutilators y la Mamá

Ruda y los Skatastróficos Hijos del Henequén eran

ya referentes de la cultura urbana.


7

Los parques empezaron a ser un área importante de

interacción juvenil de la mano de Mamá Ruda, una

banda que con su mezcla de sonidos de Ska y Swing

se ganó el aprecio de muchas personas. Se retomaron

festivales y otros más tuvieron sus primeras

ediciones. Un ejemplo es el festival Paso a Paso que

tuvo seis ediciones en varios parques como Mejorada,

Alemán, Ibérica; con bandas como Jam Gorila,

Maya Roots, Los Llamados Superpuestos, entre

otras.

A la par de estas intervenciones en espacios públicos,

seguía la diversidad de “toquines” en lugares

cerrados. La Quilla realizaba entretenidas veladas

musicales para celebrar sus aniversarios. El Colectivo

Propuesta Rocanrolera coordinó una sola

edición de “Monstruos del Rock Yucateco” que se

llevó a cabo en un local del barrio de Santiago y que

regresó a los escenarios a varias bandas yucatecas

con largo recorrido como Potaje Nuclear,

Corroxxión y Niños Suburbanox.

En estas fiestas musicales hechas en lugares cerrados

se distribuía alcohol y el humo de la mariguana

era algo tan normal como el “slam” o “mosh pit”

que se formaba entre los oyentes. Por lo general,

todos los eventos eran con bandas locales. Eran

pocos los grupos foráneos que integraban el cartel

de un evento. Sin embargo, con la perseverancia de

colectivos como el Santiaguero, se empezó a disfrutar

en Mérida más ritmos de grupos de distintas

partes de la república. Todos de carácter “underground”,

de pocos reflectores y popularidad.

Una fecha destacada de la música local fue el 2 de

abril de 2011, pues se realizó el festival de Rockultura,

una importante organización del rock yucateco.

El éxito del evento, efectuado en la Unidad

Deportiva La Inalámbrica, obligó a que se repitiera

en 2012, con más expectativa y un cartel más variado

que incorporó a los grupos sobresalientes del

momento en aquel entonces: Mamá Ruda, La Venganza

del Padre García, Vortigen, Inutilators, que

junto a leyendas yucatecas como I&I y Maldita

Gallina deleitaron a todos los asistentes.

La ola musical en Mérida era buena, los rockeros

yucatecos podían disfrutar casi cada fin de semana

de una buena “tocada” y pasar una agradable noche,

ya sea en un parque o en un bar; como los ya citados

antes, o nuevos como el Mayan Pub, e incluso más

lugares públicos como el malecón de Progreso.

Otra fecha que marcó al medio local fue el 29 de

diciembre de 2013, cuando agentes de SSP detuvieron

a 38 personas en una “fiesta clandestina”. Se

trataba de un “toquín”, en el cual se distribuía alcohol

y muchos fumaban mariguana. Según la prensa,

durante el operativo de vigilancia por las fiestas

decembrinas acudieron al lugar tras el aviso de dos

jóvenes y corroboraron que el organizador de la

“fiesta clandestina” no tenía los permisos necesarios

para un evento de esa índole, y menos para

vender bebidas embriagantes.

Esa noche detuvieron a muchas personas que estaban

en el lugar, incluidos varios músicos. Rodrigo

considera que la redada de esa noche fue la causa

para que el auge y la armonía del movimiento musical

que imperaba en la ciudad perdiera fuerza. Por

un tiempo los eventos dejaron de hacerse y empeza-


8

ron a ser vigilados por las autoridades.

Mamá Ruda se despidió de los escenarios. Otras

bandas que hoy en día se mantienen vigentes desaparecieron

por largos periodos de tiempo, incluso

algunas no han regresado de sus descansos temporales.

Otras más continuaron su inercia pero sin

tanta difusión en las redes sociales, que en su

momento fueron un medio para difundir los “toquines”.

En la actualidad ya son pocos los eventos que

se realizan y todos con un muy bajo —pero constante—

número de asistentes.

El Festival Rockultura no ha tenido otra edición

sobresaliente desde 2013 que se hizo en el Polifórum

Zamná, en parte porque sus organizadores

comenzaron a interesarse en proyectos televisivos

para seguir impulsando el talento local.

Tal vez fue una evolución. Un cambio de propuestas

o estilos. Lo cierto es que hoy en Mérida las

preferencias del público han cambiado y ya se

tienen más opciones a la hora de elegir un buen

espectáculo.

Lásgori, Vulpes Vulpes, Los Macabra, entre otras.

Por otro lado, han surgido más proyectos musicales

como Santiaguito Brass, un ensamble de varios

músicos cuya onda es puramente callejera.

Pese a esta realidad musical de 2016, Rodrigo

piensa que muchos rockeros de corazón extrañan

los “toquines” extremos, en lugares poco decentes y

con el riesgo constante de ser golpeado por una

botella de cerveza. Él es uno de esos rockeros, y

pese a que todo ese rollo sigue vigente, en otros

bares y con el mismo público fiel de muchos años

atrás, considera que esa movida ya no es “lo de

hoy”, ya no es la principal opción de entretenimiento

en la ciudad. Al menos no cuando se habla de

espectáculos musicales de corte local.

Los públicos y la música siguen alterando toda la

diversión urbana, y así seguirán. “Sólo queda

disfrutar”, dice Rodrigo.

Todavía se hacen “tocadas” que organizan Rockultura

y producciones pequeñas con bandas nuevas y

algunas ya veteranas, pero es menos frecuente.

Ahora, mucho público joven prefiere acudir a tributos

y shows con bandas nacionales en bares y lugares

comerciales. O entrarle a la propuesta de Sinestesia,

una organización difusora de talento local que

promueve y efectúa eventos, ya sea en espacios

públicos, o en lugares privados como Café Momento,

su “sede oficial”.

Sinestesia trajo a Mérida artistas como Caloncho,

Mon Laferte, Siddhartha, Comisario Pantera, y ha

impulsado en gran medida la música de agrupaciones

de la ciudad como Alice True Colors, Los


9

Por Ramón González Valle

Artes Visuales

Un poco más

de 10 años

Ilustración de Luis Cruces

A nivel nacional hay una discusión entre

“bandos” de interesados en el arte que quieren

un regreso de lo tradicional y desdeñan sin

argumentos sólidos el arte contemporáneo; y

viceversa, hay personas que defienden lo contemporáneo

desdeñando lo tradicional. Las

licenciaturas de artes visuales y plásticas son

incluyentes: aceptan todas las manifestaciones

artísticas y proponen métodos para su estudio y

enseñanza. La calidad de cómo se hace es otro

tema de discusión. Es decir, es más flexible una

institución y hay muchas posturas en las personas

interesadas en el arte. Pero son las personas

con estudios en el área en su mayoría quienes

tienen una mentalidad más abierta.

En Yucatán se “institucionalizó” el arte contemporáneo con las licenciaturas en Artes Visuales por

parte de la Escuela Superior de Artes de Yucatán y Universidad Autónoma de Yucatán hace un poco

más de 10 años. Hubo descalificación y rechazo de algunos artistas locales, autodidactas en su

mayoría, hacia esa manera de producción artística. Existió un movimiento en las aguas cuando se

anexó los modos de producción de lo contemporáneo porque no hubo una ruptura con lo anterior,

ya que continúan los modos de producción que estaban desde antes de la llegada de las escuelas.

Esto significa que sí hay un avance y se producen manifestaciones artísticas en Yucatán contrario a

las tesis que sustentan que el arte está estancado.


10

Lo que habría que empezar a hacer es una crítica de arte de exposición por exposición, hablar de

obras si funcionan o no, de cuerpo de obra de artistas, como funcionan las instituciones relacionadas

con el arte en todos los niveles, hacer esta especie de corte de caja para saber en dónde estamos

y hacia dónde vamos. Hay personas que escribimos sobre el tema: Alberto Arceo, Ricardo

Tatto, Christian Nuñez, Ricardo Javier Martínez Sánchez, Gloria Serrano y yo. Sin embargo,

siento que aún no son las suficientes voces.

En estos últimos diez años han abierto más lugares que brindan su espacio a las artes visuales en

diferentes niveles, prácticamente cada semana hay una inauguración; antes la oferta era árida. Es

decir, se ha incrementado lo que se puede ver. Si bien esto es un avance no es lo suficiente, hay

que elevar la calidad de lo mostrado y como se muestra, pocos lugares tienen un proceso curatorial

y museográfico. Se trivializa el arte como un evento y se deja de lado las obras tanto de

manera oficial como privada.

Hay esfuerzos que dejan de lado la trivialización, pero son aislados y las autoridades con tal de

cumplir un cierto número de exposiciones para decir que “cumplieron”, no dejan trabajar con

suficiente planeación una muestra. Quieren inauguraciones cada 15 días, cuando sería mejor algo

que valga la pena con una investigación adecuada por un curador, un trabajo de museografía

planeado, con duración de 6 meses a un año expuesto. Pero prefieren algo exprés que se hace por

cumplir con un número.

Son pocos los artistas que han egresado de ambas escuelas ya mencionadas. La responsabilidad

de ejercer en el arte es personal, esto significa que muchos que estudian no tienen un interés real

en ningún área de las artes visuales. Esto sucede en muchas carreras, pero artes, al ser una carrera

en la que la mayoría de lo que se hace es público, brillan por su ausencia las nuevas generaciones.

Esto es una provocación para que se apropien de espacios, expongan y escriban sobre arte.


Recomendaciones

11

Un amor muy especial

Por Hugo Cocom y Graciela Montalvo

El escritor y novelista francés, Alejandro Dumas (hijo)

pronunció esta frase: “Debemos amar, no importa a

quién, no importa cómo, mientras se ame”, la cual

puede ser utilizada como trasfondo de la película italiana,

escrita y dirigida por Francisco José Fernández Un

amor muy especial (Ti voglio bene Eugenio) estrenada

en 2002.

Cuenta la historia de Eugenio (Giancarlo Giannini), un

hombre maduro con Síndrome de Down que invierte su

tiempo trabajando como jardinero y es a su vez voluntario

en el centro de traumatología de un hospital. Es

ahí donde conoce a Laura (Chiara de Bonis) joven que

resultó gravemente herida debido a un accidente de

auto, y a quien ayuda en su proceso de rehabilitación.

La historia adquiere intensidad cuando Elena (Giuliana

de Sio), una vieja amiga de Eugenio de la cual estaba

enamorado, regresa para confesarle un secreto.

Ganadora del premio del festival cinematográfico de

Palm Springs 2002 y con una duración de 95 minutos,

el filme es una muestra de los diferentes contrastes a

los que un ser humano con ésta discapacidad se puede

enfrentar: ya sea la imposibilidad de poder ser correspondido

desde un plano sentimental o mostrarse auténticamente

independiente para hacer cambiar la opinión

de una mujer que tiene por solución abortar a su

bebé (como se ve en la escena donde Eugenio interviene

para convencer a un personaje sobre su decisión de

abortar a su hijo que ha sido diagnosticado con dicho

síndrome) y sobre todo, la capacidad de dar amor por

encima de los estigmas impuestos por la sociedad.

Francisco José Fernández nos presenta al amor en el

personaje de Eugenio: alguien capaz de expresar y

recordar que el tiempo no afecta las emociones verdaderas,

pues rompe con aquellas barreras interpuestas

para evocar lo que es una promesa. Eugenio es un

transmisor de emociones. El personaje permite al espectador

contagiarse de la visión del director, quien da una

menor perspectiva a las condiciones en la que nos

desenvolvemos rutinariamente. El director pone en

marco la relevancia de aquellas personas que padecen

este síndrome y nos asegura, con un toque cómico y

dramático, que ellos pueden ser completamente

productivos e independientes, como se muestra en la

escena donde Eugenio cocina para Elena o cuando

Eugenio pone en tela de juicio sus sentimientos y rechaza

a Elena al no querer tener relaciones sexuales con

ella mientras ésta se encuentra borracha.

Nadie se cuestiona que los seres humanos con este

síndrome son capaces de elevar la dignificación

humana, sin embargo es preciso señalar la importancia

de esta disparidad de pensamiento. La película presenta

una visión del colectivo con discapacidad y contribuye

a recibir con empatía y percibir con admiración, cómo

se puede expresar amor por encima de las circunstancias.

A modo de ejemplo, el director elimina por completo

las barreras que derriban el miedo que pudieran

impedir mantener una buena comunicación familiar,

como la de Eugenio y su hermano mayor, incluso el

conservar las memorias de una amistad del pasado, tal

como se muestra en los Flasbacks de la vida del protagonista.

Pese a ser una cinta poco difundida, ésta no debe

estar exenta en recibir mayor recibimiento. La temática,

la ambientación y la historia son la triada de un guión

perfectamente entendible que tiene por esencia encaminar

a las nuevas generaciones en la inclusión de una

deseable tendencia de pensamiento, donde todos los

individuos son capaces de sentir y ser autosuficientes,

basándose en el respeto hacia los demás, sin importar

su condición social, racial, de género y salud.

Un amor muy especial nos invita a explorar más allá del

cine hollywoodense para darle una bienvenida calurosa

al cine independiente.


12

Galería

Vi

|Lateral

Monserrat López Macías

Nació el 29 de Noviembre de 1988

en Chiapa de Corzo, Chiapas,

actualmente radica en Mérida,

Yucatán, México. Realizó estudios

en la Licenciatura en Artes Visuales

de la Universidad Autónoma de

Yucatán. Ha participado en exposiciones

colectivas e individuales en

galerías privadas en la ciudad

donde reside.

Sus obras han formado parte de la

Feria de Artes Visuales de Yucatán

FAVY (2011). Su interés por la tridimensionalidad

la ha llevado a

tomar cursos como Construcción

en Madera en la Fundación Gruber

Jez A.C. Por otra parte su interés

por manifestaciones bidimensionales

la condujo a tomar cursos de

dibujo, pintura, gráfica y fotografía

con artistas como Jordi Boldó,

Renato González, Mario Reyes,

Teresa Vázquez, Juan José Herrera

y Lizette Abraham. Su trabajo artístico

está relacionado con la experimentación;

algunas obras muestran

la estética de la deconstrucción

de la imagen, representando

panoramas urbanos, sociales y

paisajísticos.


13

Vi|Lateral

Fotografía Digital

(Proyecto en proceso)

Monserrat López Macías

2016

Vi|Lateral

Fotografía Digital

(Proyecto en proceso)

Monserrat López Macías

2016


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Vi|Lateral

Fotografía Digital

(Proyecto en proceso)

Monserrat López Macías

2016

Vi|Lateral

Fotografía Digital

(Proyecto en proceso)

Monserrat López Macías

2016


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Vi|Lateral

Fotografía Digital

(Proyecto en proceso)

Monserrat López Macías

2016

Vi|Lateral

Fotografía Digital

(Proyecto en proceso)

Monserrat López Macías

2016


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Peces Podridos

Por Andrés Castillo Martínez

Cuento ganador del "Premio Beatriz Espejo 2014"

Ilustración por

Samantha Nuñez

El aroma del pan le dio la bienvenida a Ricardo. Irene

estaba en la cocina terminando de hornear y preparar

café para el desayuno. Era media mañana y ella sabía

la hora en que llegaba su marido; él volvía después de

haber estado tres días en altamar en el buque de la

compañía pesquera. Al tocar puerto los pescadores

van hacia el almacén donde limpian de escamas los

peces, les sacan la hiel y reciben una parte, además de

algún dinero como sueldo. Cuando Ricardo entró a la

cocina Irene abordó sus labios; sus manos calentadas

por el horno lo arrastraron hasta el baño. Él sólo

quería saciar su hambre, mitigar su fatiga de la larga

jornada, pero Irene también quería saciarse con su

pescador; a pesar del cansancio, Ricardo se de

hacer en el suelo del baño. Un tibio vapor, sucio de

escamas y arena, envolvía los cuerpos, mientras en la

cocina se enfriaba el desayuno.

Después de matar el hambre, Ricardo se

desplomó en un sueño cálido de mediodía. Cuando

despertó, el sol moría en el mar. Su pequeña casa

quedaba cerca del monstruo de agua y la luz reverberaba

en las paredes tiñéndolas de rojo. Irene había

lavado la ropa y la tendió en la soga del patio trasero;

limpia y blanca, la ropa flotaba como gaviotas atrapadas

en el viento. Una peste pútrida atrajo a Ricardo

hacia la cocina; vio una bolsa con peces podridos en

el suelo; Irene disponía algo de cenar.

― ¿Volviste a olvidar los pescados que te traje?, ¿por

qué no los cocinaste?


17

― Eran demasiados para mí sola; hice algunos, pero

olvidé los demás, perdón. Sabes que me fastidia

comer mucho pescado y no soporto tener que guardarlo

en la nevera.

― Al menos hubieras ido al mercado a venderlos y no

dejar que se pudrieran y desperdiciaran así como si

nada. ¿Qué hiciste con los que traje hoy?

―Ya los guardé, no se me van a olvidar estos, de

veras.

― Eso espero.

― Mejor ven a cenar.

Terminada la cena ambos se dirigieron al

baño para asearse. Irene desvestía a Ricardo y aspiraba

con profundidad las ropas, él se dejaba desnudar,

mojar con el agua tibia y enjabonar y tallar con una

piedra marina para quitar la piel marchita por sus días

de pesca. Yendo de su cuerpo al de Ricardo, Irene

refrescaba sus miembros y los relajaba disponiéndolos

para la noche. Después de quitarse el exceso de

humedad con las toallas, salieron del baño y se

tendieron en la hamaca del cuarto. A veces el bochorno

acumulado incomodaba el acostarse en una sola

hamaca y dormían por separado, pero el frescor de los

cuerpos limpios estimulaba el deseo. El vaivén de la

hamaca, como un oleaje suspendido, los arrastraba

como la marea alta. Después de amarse, con caricias

por el cuerpo intentaban conciliar el sueño que se

resistía a acogerlos.

―Irene, ¿no te gustaría tener hijos? Ya tenemos más

de un año de casados.

―Mi cielo, aún no lo sé; no me siento lista para

cuidar hijos.

―Pero ya te lo he dicho varias veces, los vamos a

crecer juntos; vas a ser una buena mamá.

―No sé, Ricardo, ¿no te parece que aún estamos

jóvenes para pensar en eso?

―Pero ya estamos casados, en eso mismo debemos

pensar ahora, sino en qué, mi amor.

―Bueno, pues ya veremos.

Acostumbrado a levantarse antes que el sol, Ricardo

abandonó la hamaca y se dirigió al patio para remendar

redes, preparar anzuelos y afilar cuchillos que le

servirían ese día. La ausencia de su pescador junto a

ella obligó a Irene a dejar el sueño y preparar algo

para el desayuno. Un par de besos y caricias al amanecer

despidieron a Irene.

―Me gustaría que vinieras conmigo.

―No ando con muchas ganas para ir al mar, mi amor;

mejor me quedo y arreglo la casa y preparo la comida

cuando vuelvas.

―Está bien, entonces, nos vemos al rato.

―Cuídate, amor.

Cuando la compañía pesquera no contrataba

personal, Ricardo iba al astillero para rentar una

pequeña lancha de motor junto a otros compañeros

pescadores; se lanzaban a altamar y atrapaban mercancía

por su cuenta; al volver la ofrecían en el mercado

dividiéndose las ganancias que les permitían

esperar hasta el siguiente viaje. En el astillero trabajaba

Arón como reparador de lanchas y carpintero. De

vez en cuando acompañaba a quienes iban de pesca,

la fuerza de sus brazos podía ser un valioso apoyo

para jalar redes en días de abundancia. En grupos de

tres o cuatro salían los hombres a hacer la labor en el

mar, ya acordado el respectivo trabajo y cómo se

repartirían los gastos de alquiler y la futura ganancia.

Salían desde temprano aprovechando la marea baja y

la tenue luz del día para sorprender los cardúmenes.

Varias horas en el océano pasaban como olas veloces;

por la altitud y la fuerza del sol calculaban el mediodía

para retornar al puerto. Ricardo se entregaba a su

oficio con vigor y entusiasmo; él solía mantener el

buen humor entre sus compañeros mientras espera-


18

ban llenar las redes. El movimiento de la marea

creaba una armonía en su ritmo de trabajo, se acoplaba

al océano y su oficio como pescador le resultaba

placentero.

En casa, Irene sabía cuándo volvería su pescador.

Las labores domésticas no le llevaban mucho

tiempo y al terminar podía salir a entregar sus encargos.

Solía aceptar prendas para zurcir, algunos pedidos

de bordado o ropa que necesitara arreglo. No era

media mañana cuando salió para recorrer el puerto,

entregando su labor, cobrando algún dinero, pasar por

el mercado y conseguir algo para la despensa.

Cuando sus pendientes estaban listos iba al astillero.

Como ese día Arón no acompañó a los pescadores, se

quedó en la parte del taller trabajando en algún bote;

su faena iniciaba raspando los crustáceos que se

pegaban en el fondo; adheridos con moho y podredumbre,

era necesario forzarlos con navajas y rastrillos

agudos para dejar limpia el área a reparar. En esto

se encontraba cuando llegó Irene. Dejando sus herramientas

sus manos buscaron el cuerpo de ella,

aferrándola como si le perteneciera. En el desorden

de esas manos rudas, sucias de moho y sudor, Irene se

dejaba poseer por él y disfrutaba el vigor de ese

hombre diferente, distinto al pescador, con la fuerza y

la energía de alguien que tiene los pies en la tierra,

pero sabe manejar los embates del océano.

―En dos días saldrá un viaje de la compañía.

― ¿Vas a irte con ellos?

― No, voy a quedarme, tengo mucho trabajo.

― Entonces, no podré venir, no tendrás tiempo.

― Los viajes de la compañía siempre duran varios

días, además en la noches no trabajo, lo sabes.

― De todos modos le preguntaré a Ricardo cuanto

tiempo tardará el viaje, él nunca desaprovecha esas

oportunidades.

El caldo de pescado llegaba a su segundo hervor.

Ricardo lo disfrutaba en cada sorbo, se manchaba los

dedos, chupaba los huesos precavido, se llenaba el

estómago hasta el empacho. La digestión lo amodorraba

en la hamaca sin dormir, Irene cosía alguna ropa

en la otra hamaca. La tarde se volvía perezosa en los

días que una llovizna cubría el puerto. Boleros de

amor roto se dejaban escuchar por la radio, los

interrumpían las noticias sobre el clima, la llegada de

la temporada de huracanes, el primer frente frío. Irene

tarareaba con descuido un bolero de serenata. Ricardo

iba recobrando el ardor cuando escuchaba hablar

sobre los riesgos de las tormentas.

― Irene, ven, vamos a jugar a la sirena.

― ¿Qué?, ¿cómo te acordaste?, ya no hacemos eso.

― Por eso, hace tiempo que no jugamos, ven, vamos

a hacerlo.

― Estoy cansada, Ricardo, salí por la mañana,

además como que ya no me emociona jugar así.

― Con más razón, vente te digo, vas a ser mi sirena.

Jugar a la sirena era provocar la fantasía hasta

alcanzar la realidad. Antes de casarse lo jugaban

mucho en la playa, por las noches; durante su primer

año de matrimonio fueron abandonando el juego

hasta casi olvidarlo. Irene consintió a la insistencia de

Ricardo y se volvió sirena que tentaba al marinero.

Ella fingía ser la criatura mitológica escurridiza de las

profundidades; él la perseguía en su embarcación de

velas hinchadas; con su canto ella lograba hipnotizarlo

y doblegar su voluntad, pero no se entregaba a sus

antojos; haciendo uso de un hechizo de pescadores, él

conseguía encontrar el rastro, lograba atrapar a la

sirena en sus brazos como redes, la tendía en su

lancha de hilos y la poseía, cayendo él mismo en las

profundidades marinas. Una siesta los envolvió el

resto de la tarde. Al volver del sueño había escampado

y un frescor dominaba la noche.


19

― Voy con los muchachos.

― Mejor quédate, no me gusta que vayas, siempre te

pones mal.

― Sólo vamos a pasar el rato, hace días que no voy a

Las mojarras.

― Pero siempre te pones mal, y me habías dicho que

no volverías a ir porque siempre terminan en pleitos.

― Sólo es juego, Irene, voy un rato nada más, de

veras.

Todos los pescadores que se dignaban de

profesar ese oficio acostumbraban nutrir la concurrencia

de Las mojarras, la cantina del puerto.

Además de la cerveza y el aguardiente que se derramaban

como olas, en el lugar podían conseguirse por

unos billetes los placeres de la piel. Cada pescador

que hubiese entrado al menos una vez, había probado

alguna delicia que ofrecían las mujeres. El alegre

humor de Ricardo, animado de alcohol, se extendía

por la cantina; en las mesas se jugaba al dominó o a la

baraja y las apuestas sacaban la ira de unos y el entusiasmo

de otros, pero el aguardiente apaciguaba a la

mayoría y a los que no, las caricias de alguna mal

pagada se los llevaban en privado. Un pescador diestro

despabilaba en su guitarra la trova; en el aire alcoholizado

se dibujaban espirales que confundían el

humo del cigarro con el de los pitillos de marihuana.

Las conversaciones de los camaradas iban desde el

arduo trabajo en el océano, los misterios que vislumbraban

en altamar, la vida en el puerto y el placer de

las mujeres. Antes de que empezaran a caer en la

inconciencia, cada hembra iba en busca de un cliente

a quien ya hubiesen tirado el anzuelo. La madrugada

apenas descendía, pero la ebriedad ya se elevaba en

los pescadores.

―Véngase conmigo, Ricardo, sabe que tengo lo

bueno para usted.

― Yo… siempre voy… con lo bueno…

― Venga papi, que ya eres macho calado.

― Vamos sirena… te voy a… atrapar…

Los borrachos salían sin prisa de la cantina

acompañados de su respectiva prostituta. En una

calleja oscura o en un cuartucho sucio, las parejas de

cliente y servidora cumplían el contrato de los cuerpos.

En ebriedad, Ricardo no controlaba sus dientes

ni sus manos; ante un hombre como él, no eran fingidos

los jadeos que dejaba escapar su compañera. Tras

expirar el tiempo del encuentro, ella lo ayudaba a

vestirse, le compartía un cigarro y lo encaminaba

hacia su casa en medio de la madrugada. El escándalo

siempre despertaba a Irene, quien envuelta en un

resignado silencio ayudaba a Ricardo a caer en el

sueño. Había pasado media mañana cuando Ricardo

se levantó y pidió de desayunar; con fingido malhumor

Irene se puso a servirle. Los días de resaca

hundían a ambos en un tácito silencio donde se ocultaban

reclamos.

La compañía pesquera contrató a más personal para

su viaje, iban a hacer más días que de costumbre. El

buque saldría antes del mediodía. Irene y Ricardo se

entregaron esa mañana antes de la partida de él hacia

altamar. La preocupación por el ligero retraso en su

período se esfumó entre los brazos de él, su ansiedad

se apaciguó como una tormenta.

―Volveré en unos días, mi cielo.

―Cuídate mucho, Ricardo.

Un abandono parecía habitar el astillero. El

ajetreo de Arón y de alguno que otro ayudante mantenían

el ambiente de trabajo. Irene llegaba con la

noche, cuando el reparador de botes quedaba solo.

Ella se dejaba maltratar con las manos ásperas que le

lijaban la piel. Sucia de aserrín y barnices, ella volvía


20

a su casa por la madrugada; pocas veces amanecía

junto al carpintero. Con la excusa de tener encargos

que entregar al día siguiente prefería estar en su casa

para recibir el día; aprovechaba la oscuridad para que

no la vieran salir del astillero, aunque en el puerto los

rumores son como la sal en el mar.

― Nos vemos mañana.

― Hay algo que debes saber, Irene. Me voy del

puerto en un par de días.

― ¿Por qué, Arón?

― Me ofrecieron trabajo en la ciudad y quiero tomarlo.

Creo que es lo mejor.

― ¿Y yo?, ya no podré verte.

― Tienes a tu esposo; además seguramente llegará

otro encargado del astillero.

― ¿Entonces mañana ya no estarás?

― Si quieres puedes venir.

En la última noche, Irene y Arón despertaron

juntos al nacer el día. Unos nubarrones oscuros revestían

el cielo; la lluvia dejaba caer sus primeras gotas

humedeciendo el viento. Panes de coco y huevos con

tocino fue el desayuno que compartieron; el café

caliente les ayudaba a combatir el viento que se tornaba

más frío. El aguacero arreció con rapidez, y como

amenazaba volverse más violento, Irene se despidió

de él con besos tibios y atravesó la lluvia hasta llegar

a casa. Una vez guarecida, se despojó de sus ropas

empapadas, tomó un baño y se recostó, olvidándose

en los rugidos de la lluvia convertida en tormenta.

Los truenos que partían el cielo le hicieron recordar a

Ricardo; se inquietó por el hecho de saberlo en

altamar y la preocupación le erizó el cuerpo. Pensando

en él cayó dormida. La centella de un trueno la

despertó; asomándose por el umbral vio muros de

agua que ascendían del mar al cielo oscuro y revuelto

de relámpagos; el viento aullaba lastimando sus

oídos. La corriente eléctrica se había cortado mientras

dormía; con veladoras combatió la penumbra. Iba y

venía de un lado a otro como un pez atrapado en una

estrecha pecera. El agua entró en la casa sin poder

evitarlo; levantó del suelo lo que pudiese mojarse y

guardó lo que podía donde mejor se protegieran las

cosas. Sin poder hacer más, Irene se mecía en su

hamaca; suspendida por los hilos y en el vaivén de su

balanceo extrañó a Ricardo. Arrullada por el viento,

la tormenta, al ritmo de la hamaca, volvió a dormir.

Su casa estaba invadida por el agua cuando

despertó al siguiente día. Tendió ropas, zapatos y

mantas que por descuido el agua empapó; la calidez

solar aún era tierna. El océano había olvidado su

bravura y parecía un animal en reposo. Irene se

dedicó a secar los suelos con jergas y trapeadores,

comprobó el retorno de la energía al encender la radio

y aprovechó limpiar también la nevera. Entre bolero

y bolero se anunciaban noticias sobre el clima y los

efectos de la tormenta pasada. Después de una

canción de amor sin corresponder, mientras Irene

embolsaba la basura de la nevera, informaron sobre el

hundimiento del buque de la compañía pesquera.

Decían que durante la tormenta la comunicación se

había interrumpido; una avioneta de la misma empresa

desde muy temprano salió en su búsqueda, siguió

las últimas coordenadas recibidas desde el buque. No

hallaron nada. Un frío descendió por la espalda de

Irene dejándola inmóvil; apenas escuchaba el murmurar

de la marea; una mano descendió a su vientre

amenazado por los cólicos de su período, en la otra

aún sostenía los peces podridos.


21

LA LITERATURA DE LAS IDEAS

por Maik Civeira

¿Por qué leer ciencia ficción? Esta pregunta se me

presentó cuando preparaba una clase sobre este

género para el curso de historia de la literatura que

impartí en un bachillerato. ¿Cuál es el punto de dedicarle

nuestra atención a historias que sabemos que

no son reales? A partir de aquella clase preparé una

presentación que después evolucionó en conferencia

y que he estado retrabajando una y otra vez desde

hace poco más de un año. Aquí les ofrezco algunas

respuestas.

A la ciencia ficción se le ha llamado "la literatura de

las ideas". No es porque no existan ideas en toda la

literatura, claro está, pero en este género tienen un

papel central. Es decir, si en otras formas de creación

predominan elementos como el manejo del lenguaje

prosístico, la psicología de los personajes, la representación

de la realidad social o la experimentación

con la estructura narrativa; en la ciencia ficción las

ideas se encuentran al centro.

Esto no significa que aquellos otros elementos

queden necesariamente descuidados (no lo están en

los mejores autores), aunque es cierto que en mucha

de la ciencia ficción clásica sucede. Isaac Asimov es

un ejemplo primordial, pues sus personajes suelen

ser planos y la estructura de sus cuentos muy lineales.

Sucede que la especulación, la exploración de

conceptos variados, los experimentos mentales, la

creación de mundos, las alegorías sobre la realidad

presente y el afán de llevar premisas hasta sus

últimas consecuencias, por lo general tienen un

mayor peso que lo demás. Por lo tanto, la ciencia

ficción es literatura que hace pensar, que desencadena

reflexiones y cavilaciones que pueden ser el inicio

de un viaje o incluso una revolución de la propia

mente. Es cierto que toda la gran literatura (y todo el

gran arte) puede hacer esto, pero en la ciencia ficción

es precisamente su punto fuerte.

Mucho se discute sobre el origen de la ciencia

ficción y cuál puede ostentar el título de LA primera

obra del género, pero lo cierto es que, como todo, ha

tenido una lenta evolución desde la mitología y las

alegorías filosóficas. En lo personal, considero que

no hay ciencia ficción sin ciencia, y que las primeras

Ilustración de Carlos Dzul


22

obras a las que podemos dar inequívocamente el

nombre son aquellas que surgieron en el contexto de

la revolución científica, es decir, el siglo XVII. La

Nueva Atlántida de Francis Bacon y el Sueño Astronómico

de Johannes Kepler, como muchísimas obras

de ciencia ficción que les siguieron, tenían el propósito

de presentar y explorar ideas científicas y filosóficas.

En esa capacidad para desencadenar el pensamiento

reflexivo, creativo y analítico, es donde se nota con

mayor fuerza la influencia de la ciencia ficción en la

cultura. Dejemos de lado la capacidad predictiva del

género: puede ser impresionante cuando un autor

adivina qué nuevas tecnologías pueden surgir o cómo

éstas impactarán la sociedad, pero vieran ustedes que

no muy a menudo los escritores le atinan a lo que

predicen, y en realidad poco importa si es así.

Obviamente, mucha de la tecnología de la que

disfrutamos actualmente existió como mera especulación

en la literatura durante mucho tiempo, desde la

inteligencia artificial hasta los viajes espaciales. Pero

más importante es que algunos conceptos útiles para

comprender la realidad fueron introducidos al imaginario

colectivo a través de la ciencia ficción, ya sean

en el campo de la tecnología (como la palabra robot,

introducida por Karel Capek en una novela de 1920)

o en el del lenguaje político (como la neolengua o el

doblepensar de George Orwell en 1984).

Pero importa sobre todo que vivimos en un mundo de

ciencia ficción, en el que adelantos apenas imaginados

por algunos visionarios (Arthur C. Clarke describió

algo muy parecido a Internet) afectan profundamente

nuestras vidas a nivel individual y colectivo.

Vivimos en un mundo en el que se discute con toda

seriedad cómo será posible colonizar Marte y en qué

momento ocurrirá la Singularidad (es decir, cuando

la inteligencia artificial adquiera conciencia de

misma). La premisa primordial de toda obra de CF es

¿Qué pasaría si...? Desarrollar la capacidad de imaginar

escenarios variables y sus consecuencias es vital

en un mundo en el que el cambio es constante y lo

imposible se va haciendo realidad.

Esas posibilidades no son necesariamente tecnológicas,

pueden ser sociales. Las utopías y distopías (formas

básicas del género desde el Renacimiento) nos han

mostrado los mundos con los que soñamos y las posibles

realidades a las que tememos. Una de las maestras,

Ursula K. Le Guin, imaginó cómo podría funcionar una

sociedad anarquista a nivel planetario o una civilización

sin géneros. La ciencia ficción brinda conceptos

que estimulan la imaginación y alientan la osadía, poco

importa si todos ellos pueden aplicarse al mundo real.

Lo trascendente es que nos mantienen pensando,

soñando, imaginando.

La ciencia ficción se ha alimentado de los conocimientos

científicos disponibles en tiempos de cada

autor, pero también han inspirado a muchos futuros

científicos, pues no han sido pocos de ellos los que han

crecido leyendo el género. Konstantin Tsiolkovski, el

padre de los cohetes modernos, fue siempre un declarado

fan de Julio Verne. Carl Sagan, el mayor divulgador

del siglo XX, siempre mencionó el impacto que las

novelas de John Carter de Marte tuvieron en su imaginación

infantil, dirigiéndolo hacia el estudio de la

astronomía.

Los ejemplos de personas que encontraron inspiración

en la CF son muchísimos, pero me gustaría

reparar en un caso espectacular: Star Trek. Estrictamente

hablando, aquí nos salimos del terreno de la

literatura, pues se trata de una serie de televisión, si

bien fue aclamada por los grandes del género, y en la

que colaboraron algunos escritores consagrados.

Muchos episodios eran prácticamente muy buenos

cuentos de ciencia ficción. Esta serie cuenta entre sus

fans a científicos de la talla de Stephen Hawking,

quien tuvo la oportunidad de aparecer en un episodio

de The Next Generation.


23

Leonard Nimoy, el famoso Sr. Spock, contaba que a

veces científicos profesionales, seguidores de la

serie se le acercaban para discutir con él cuestiones

complejas, esperando que, como oficial científico

del Enterprise, entendiera de estos temas. El actor,

por supuesto, no sabía de qué hablaban, pero por

amabilidad (y por los lulz) se ponía muy serio y les

seguía el juego.

Pero la inspiración va más allá de las ciencias.

Nichelle Nichols, quien interpretaba a la oficial de

comunicaciones del Enterprise, Nyota Uhura, fue la

primera mujer afroamericana en tener un papel principal

en una serie de TV estadounidense. Además,

fue la primera en protagonizar un beso interracial en

televisión. Eso ya era de por sí inspirador, pero hubo

más. La actriz y cantante quiso unirse al movimiento

de Martin Luther King quien, resulta, era un gran

admirador de Star Trek. King le dijo que no abandonara

la serie, pues su papel era muy importante como

símbolo para la lucha por los derechos civiles de las

personas negras. Nichols siguió su consejo. Muchos

años después, Mae Jemison se convirtió en la primera

mujer afroamericana en viajar al espacio, y siempre

citó a Uhura como su primera inspiración.

Hay un botón de muestra más que quisiera presentarles.

No hace mucho, el escritor británico Neil

Gaiman viajó a China para asistir a la primera

convención de ciencia ficción en la historia de este

país. Durante muchos años la ciencia ficción había

sido vista con malos ojos por el gobierno comunista

chino como un género potencialmente subversivo, y

Gaiman lo sabía, de modo que se acercó a un funcionario

y le preguntó a qué se debía que el gobierno

ahora se había decidido no sólo a permitir una

convención, sino a organizarla.

El funcionario respondió que los chinos eran muy

buenos para copiar la tecnología de otros países. La

veían, la analizaban y podían producirla a mucho

menor precio. Pero no eran buenos innovando. La

creatividad original les fallaba mucho. Así que unos

años antes habían enviado unos analistas a Silicon

Valley y al indagar sobre qué leían los técnicos de las

empresas de vanguardia; se toparon con que todos

ellos habían sido lectores de ciencia ficción en la

infancia. El gobierno chino ahora quería preparar

generaciones capaces de innovar, y para ello empezaba

a impulsar la lectura de ciencia ficción entre los

niños y los jóvenes.

Doy una razón más para tomarse la ciencia ficción

en serio. En 1959 el científico y novelista C.P. Snow

advirtió que uno de los grandes problemas de la

civilización occidental contemporánea es que la vida

intelectual se encontraba dividida en dos culturas: la

científica y la de las humanidades, muchas veces

ininteligibles entre sí, que se miran con desdén o

desconfianza. Pues bien, la ciencia ficción puede ser

uno de los puntos de encuentro entre ambas culturas,

ya que desde siempre ha sido el territorio de literatos

apasionados por la ciencia, de científicos apasionados

por la literatura y de los lectores apasionados por

ambas. La ciencia ficción puede ser una herramienta

para acercar estas dos tradiciones que han estado

divergiendo en los últimos siglos.

Pero más allá de todas estas razones prácticas, quizá

lo más importante de la ciencia ficción es que es

asombrosa. Es una fuente inagotable de maravillas,

de ensueños y fantasías. Es un tipo de literatura que

hace soñar, viajar y disfrutar de la lectura. Sobre

todo, las grandes obras de ciencia ficción son en sí

mismas grandes obras de la literatura, punto.

Valgan las anteriores reflexiones como introducción

a este espacio, en el que conversaremos sobre ciencia

ficción, los géneros fantásticos y la cultura pop

en general. ¡Les doy la bienvenida!


24

Síndrome de papelera

Entre

la

vida y

el

papel

Por Yobaín Vázquez Bailón

Ilustraciones de alonso

gordillo


25

Peor que no ser lector: ser un anti-lector.

Hay gente que nunca ha podido leer un libro por

razones que van desde la desidia hasta el analfabetismo.

No hay problema, a los primeros se les puede

convencer y a los segundos alfabetizar. Pero hay

otro tipo de personas que se precian, se enorgullecen

y hasta cacarean no haber abierto un libro en toda su

vida. Lo peor es que uno de sus motivos para

despreciar la lectura es porque no le asignan un

valor a esa actividad que les puede robar aproximadamente

20 minutos al día (si es que deciden hacer

caso a esos infames promocionales de lectura).

Estos anti-lectores prefieren el cine o la televisión

porque, claro, un libro nunca les proporcionará

entretenimiento. Son además los que impulsan un

conjunto de ideas erróneas sobre la lectura. David

Toscana lo sabe expresar muy bien en el libro El

último lector: “Si acerco las manos al fuego […],

me quemo; si me encajo un cuchillo, sangro; si bebo

tequila, me emborracho; pero un libro no me hace

nada, salvo que me lo arrojes en la cara”.

Esos son los anti-lectores: una punta de ignorantes.

Los libros inciden en el comportamiento

humano más de los que muchos pueden imaginar.

De acuerdo con la encuesta Religion and Atheism

Index, el 57% de la población en el mundo es

creyente de alguna religión; pues bien, al menos las

tres religiones más importantes se basan en un libro.

Esos libros religiosos cuentan historias cosmogónicas,

fábulas ejemplificadoras y poemas estimulantes;

cuando no ofrecen consejos, legislan la vida

pública y privada, entre otras cosas. El 57% de la

población mundial debería ser atenta masa lectora y

paladines del libro, porque al menos en uno de ellos

ha encontrado que no se puede ser solamente

humano, sino que es mejor convertirse en humano

lector. El problema es que hay cristianos que nunca

han leído la Biblia y musulmanes que leen

exclusivamente el Corán. Los judíos tal vez se

salven de estas generalizaciones imprudentes.

El punto al que quiero llegar es que la religión

demuestra el deseo que tiene la humanidad para

dejarse embelesar por las palabras: creerlas, malinterpretarlas,

hacerlas ley, desafiarlas, profanarlas…

La lectura no es, entonces, una actividad que paraliza

y hace pasar el tiempo tediosamente; todo lo

contrario: pone al lector en movimiento y al tiempo

de cabeza. Vuelvo a citar a David Toscana: “creen

en la novelas de la Biblia, en resucitados, ángeles,

botes que cargan con toda la fauna, infierno y paraíso,

el sol que se detiene, serpientes parlanchinas y

marranos que se lanzan por un barranco, ángeles,

demonios, crucificados y tantas cosas que nadie ha

visto ni verá más que a través de las palabras;

entonces no me explico […] por qué piensan que

hay un abismo entre la vida y el papel”. Creer o no

creer en lo que cuenta un libro es un falso dilema,

toda composición literaria y todo ejercicio de escritura

conlleva un engaño al lector. Es un engañar

para cautivar.

No hay tal abismo entre la vida y el papel: hay un

puente.

Pobre del anti-lector que se priva de una buena

lectura. Nunca sabrá en qué momento le pudo haber

sido útil hojear el Quijote. Va a ignorar por toda la

eternidad lo que es la prosa de Dostoievski. Se marchitará

sin haberle encontrado sentido a las novelas

de Joyce. A lo mejor no se perdió de mucho: una

montaña de best-sellers policiacos y una carreta de

libros de auto superación. Quizá pudo descubrir a

García Márquez y ponerlo a dialogar con Paulo


26

pocos los científicos que eligieron esa profesión por

lecturas tempranas de ciencia ficción. Y qué sería de

la juventud sin lecturas precoces de Nietzsche o

Camus. Me imagino que los pornógrafos se iniciaron

por el Marqués de Sade u otra lectura erótica. De

nuevo, es algo que no sé con certeza, pero claramente

los libros no entran por un ojo y salen por el otro.

Siempre dejan algo en el lector: una palabra nueva,

información desconocida, un modo nuevo de ver lo

cotidiano, un concepto rimbombante, una idea

descabellada, un cliché, un razonamiento que desafía

el sentido común, un prejuicio, un estereotipo…

Coelho. Sus neuronas pudieron haber hecho millones

de sinapsis más tan solo con revi

sar cualquier novela de Del Paso. Pudo presumir de

leer a Isabel Allende aunque sus neuronas murieran

peor que si hubiera consumido la droga más poderosa.

¿Acaso un cuento de Borges le habría hecho

reflexionar o uno de Stephen King hacer que se

emocione? ¿Cómo saberlo? Nunca le dio importancia

a la lectura. El anti-lector se parece a un anti-matemático:

“¿para qué me han de servir las ecuaciones?”;

y se asemeja a un anti-historiador: “¿para qué

recordar cosas del pasado?”. El anti-lector es, ante

todo, un ser pragmático y tal como menciona Toscana

en su novela, si un libro no le causa un efecto

inmediato, no sirve.

Ojalá que leer a Tolstoi previniera la calvicie: hoy

tendríamos miles de expertos y melenudos tolstoyanos.

Para este siglo de premuras, la gran desventaja de la

lectura es que sus efectos no son inmediatos y regularmente

no se visibilizan externamente. Un buen

lector, al terminar un libro, suspira hondamente.

Nadie sospecha, ni siquiera ese lector, las revoluciones

que empiezan a gestarse en su interior. No son

El lector mete la nariz en su libro: el libro mete la

nariz en su lector.

Los habitantes del siglo XIX lo fueron en la medida

que leyeron a Freud, Darwin, Marx, Dickens,

Stevenson y otros. El pensamiento

y la imaginación de ese tiempo fueron labrados por

libros que sacudieron bases dogmáticas y despejaron

la ceguera del mundo en que vivían. Esos libros

eran la continuación de una larga tradición literaria

y filosófica en la que se vertía conocimiento y especulaciones,

argumentos y contraargumentos, dimes

y diretes: la esencia humana a fin de cuentas. ¿Qué

tipo de habitantes tiene el siglo XXI si la lectura es

desdeñada a menos que se limite a 140 caracteres o

sean frases motivacionales debajo de una foto con

muchos filtros?

Hoy más que nunca hace falta una misión evangelizadora

de la lectura. Llevar libros donde los

anti-lectores pululan. Lo dice bien David Toscana

en su novela: “así como el agua hace más falta en el

desierto y la medicina en la enfermedad, los libros

son indispensables donde nadie lee”. México lo

necesita en toda su vastedad territorial: allí donde

los pobres no pueden comprar bellísimos, placente-


27

rísimos y carísimos libros; así como donde se

pudren los ricos y corruptos en casas blancas que

valen millones pero no tienen bibliotecas, o si las

tienen son ornamentales. Y si ya hay libros, pues a

desempolvarlos y promocionarlos: la lectura con

seducción entra. Y si ya hay lectores, pues a despertarlos,

no necesitamos ratas de biblioteca ni tímidos

tras los libros; se necesitan —urgen— escandalosos

y parlanchines promotores de lectura. Uno

nunca sabe si recomendando a Julio Verne alguien

quiera dar la vuelta al mundo en ochenta días. O si

recomendar el Popol Vuh alguien manifieste interés

por la cultura maya. A lo mejor leer a Juan Rulfo

alguna vez nos salve la vida. Yo tengo una frase que

pienso soltar el día que me tope con un ave de mal

agüero: “¡Diles que no me maten!” Con suerte tenga

más posibilidades de sobrevivir que el protagonista

de ese cuento.

Peor que un anti-lector: ser un lector muerto.


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Por Katia Rejón y Jesús Cámara


Para leer en la web

www.memoriasdenomada.com

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