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Henry Rider Haggard-Las minas del rey salomón

Henry Rider Haggard-Las minas del rey

Henry Rider Haggard Las minas del rey Salomón

  • Page 2 and 3: A fines del siglo XIX las tierra de
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  • Page 6 and 7: Capítulo I Mi encuentro con sir En
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  • Page 10 and 11: —Ah, caballero —exclamó un pas
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  • Page 16 and 17: —Amigo mío, ¿está usted ahí?
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  • Page 24 and 25: No era completamente nuevo, habiend
  • Page 26 and 27: no se podía contar con él, mas co
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  • Page 32 and 33: desprenderse de ellas, destrozó co
  • Page 34 and 35: A poco de pasar por el sitio donde
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  • Page 46 and 47: guardaba y la miró con avidez; per
  • Page 48 and 49: Nos abalanzamos hacia él, y, en ef
  • Page 50 and 51: feliz incidente. Miraba al desierto
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    —Si no lo descubrimos antes que o

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    Capítulo VII El camino de Salomón

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    quince grandes antílopes; la dista

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    cordillera. A la derecha el terreno

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    Good, quien contemplaba estos árbo

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    de la observación: el tinte de su

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    Levanté el rifle y apunté al anim

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    siento mucho, pero hablando seriame

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    —¿Vuestros guerreros, por consig

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    que, según me dijo Infadús, soste

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    sus espíritus. Fijaban los negros

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    Capítulo IX El Rey Twala No creo n

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    espada, en presencia de los grandes

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    lanco de las convergentes miradas d

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    —Somos de las estrellas. Venimos

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    epente separó de su cuerpo una des

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    Capítulo X La cacería de las bruj

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    —Ignosi, Rey legítimo de los kuk

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    guerra y con una escolta de veinte

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    adornaban el cano y desgreñado cab

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    de buitre y el tembloroso cuerpo en

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    Capítulo XI La señal Largo rato,

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    jefes. Cuando entraron, con toda la

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    Regresamos al alojamiento, comimos

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    de sus compañeras, en deshojar pé

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    —Rey, esa joven no morirá, nunca

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    manos, y, ligero como un rayo, lo a

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    egimientos se formaran al despuntar

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    eunidos en Loo; y suponían que hac

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    Los rayos de la casta diosa de la n

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    que salía de Loo en tres intermina

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    un asunto; fui lo bastante bruto pa

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    propia persona, arrastrado por el i

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    se hubiera de hacer estaba al arbit

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    Capítulo XIV La última parada de

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    apresuradamente a nuestro encuentro

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    posible, valiéndome, algunas veces

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    ellos, sorprendiéndolos antes de q

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    Pasada la puerta del kraal, marcham

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    poder de sus músculos de hierro, e

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    El invierno ha pasado, el verano ll

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    Rey. Por uno de esos sarcásticos c

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    y creo firmemente que a no ser por

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    mismo respeto que al Rey en persona

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    —Está bien. Demasiado sabía que

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    y media milla de contorno, situada

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    —Estamos dispuestos —le contest

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    —¿Estáis preparados para entrar

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    materia, afirmó que no encontraba

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    ¿Cómo se ponía el mecanismo en m

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    Good se inclinó al suelo y lo leva

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    —Abrid las otras, hombres blancos

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    De un brinco nos encontrábamos jun

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    Capítulo XVIII ¡Sin esperanza! Im

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    —¡Por el Cielo —exclamó Good

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    piedras, ni con ellas se hubiesen e

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    —Ninguna razón tenemos para pref

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    Capítulo XIX La despedida de Ignos

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    —Ya no lo es, ha muerto. —¡Oh,

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    habéis marchado, o cuando, ya viej

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    viejo veterano y comenzamos nuestro

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    esperaba, te encuentro, semejante a

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    Hace algunos correos escribí a ust

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