VE-28 DICIEMBRE 2016

rafasastre

Número 28 - Diciembre 2016


© Todos y cada uno de los derechos de las obras literarias, fotografías o

ilustraciones publicadas en esta revista pertenecen en exclusiva a sus

respectivos autores (aunque en algunos casos no se citen los nombres)

Fotografía de la portada: Book tree – Autor desconocido

Diseño y edición: Rafa Sastre

Colaboraciones: revistave@hotmail.com

«La literatura es el arte de derribar paradigmas»

Marcelo Birmajer, escritor y guionista de cine argentino (n. 1966)

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Nuestros libros

«Buffet Libre» (2015) y «El tiempo y la vida» (2016)

disponibles en AMAZON en papel y ebook

Dos libros de relatos y microrrelatos

con la participación de escritores habituales

de la revista VALENCIA ESCRIBE

¡Son perfectos para regalar estas Navidades!


Índice

Os juro que no se me ocurre nada (Rafa Sastre) Pág. 1

Concurso de Relato Rápido Negro Pág. 2

Supersticiones (Alfredo Cot) Pág. 7

El nuevo movimiento (Aldana Giménez) Pág. 9

El Premio (Lu Hoyos) Pág. 11

Siguiendo a mi ex (Pernando Gaztelu) Pág. 13

Lluvia (Carolina Pedroni) Pág. 15

Una historia de amor (Marta Navarro) Pág. 17

Diputado nacional (Nicolás Jarque) Pág. 19

Canción de una sola nota (Mirta Calabrese) Pág. 21

Recuerdos (Concha García) Pág. 23

Soledad (Manuel Serrano) Pág. 25

Intruso Morfeo (Aurora Losa) Pág. 27

Bizarra decadencia (Rafa Sastre) Pág. 29

Ulls entelats (Toni Mascarell) Pág. 31

Retrato en sepia (Carmen Martínez) Pág. 33

El hombre (Esther Moreno) Pág. 35

La incontinencia fabulosa (María José Martí) Pág. 37

Gliese 667Cc (Enrique Mochón) Pág. 41

El maleït mirall (Marisa Martínez) Pág. 43

Cuento de Navidad (Pepe Sanchis) Pág. 45

Otoño (haikus) (Marga Alcalá) Pág. 47

Deseo cumplido (Toni Ávila) Pág. 49

El abuelo (Alejandro Ramos) Pág. 51

Ondas virtuales de realidad (Belén Mateos) Pág. 53


La escritura (María Luisa Pérez) Pág. 55

En tierra extraña (Manoli Vicente) Pág. 57

Como gotas de lluvia (Isabel Garrido) Pág. 59

Ñoña historia de Navidad (Jorge Richter) Pág. 61

A deshoras (Vivian Rodríguez) Pág. 65

Palabras en la basura Pág. 66

Números anteriores de Valencia Escribe Pág. 67

Valencia Escribe en las redes Pág. 68

La foto de Miguel Pág. 70


Autoayuda - Alberto Montt (Ecuador) http://www.dosisdiarias.com/


Os juro que no se me ocurre nada

Pues eso mismo, que me siento obligado a escribir una

«editorial» o algo parecido y no se me ocurre nada, y no será porque

no ocurren y han ocurrido cosas... Por ejemplo, que a la chita

callando se nos ha instalado un año más en el cuerpo y otro en el

alma, y dudamos cuál de los dos es menos soportable. Que nos

hacemos más viejos, pero no necesariamente más sabios, si bien está

claro que cada vez estamos más resabiados. Que vuelven las

navidades y nos gustaría tomar un brebaje mágico o que nos tocasen

con una poderosa varita para convertirnos, al menos durante unos

instantes, en los pequeños seres que fuimos en algún tiempo remoto;

en aquellas angelicales e inocentes criaturas, despreocupadas por

cualquier futuro que no pasara por recibir regalos y divertirse jugando

con los hermanos, los primos, los amigos.

Releo la parrafada anterior y me doy pena. Mejor dejarlo por

hoy, creo que no tengo un buen día. Aunque cualquier día debería ser

excelente para la esperanza; la esperanza en un mundo más justo y

mejor para todos. Ojalá el próximo año suceda un milagro y podamos

celebrar una epidemia global de sentido común que afecte,

principalmente, a los gobernantes de este pobre planeta.

Creo haberos deseado ya en otras ocasiones la mayor de las

felicidades, pero nunca me cansaré de repetirlo. Seguiré insistiendo en

que seáis harto dichosos y hagáis dichosos a quienes os rodean. Pasad

unas fantásticas fiestas y estrenad 2017 con mucha salud y alegría.

Nos leemos el mes que viene.

Rafa Sastre

1


Concurso de Relato Rápido Negro

«NOVEMBRE NEGRE»

Como estaba previsto y anunciado, el pasado 12 de noviembre

perpetramos, en coordinación con Ágora Puerto Cultural y Marián

Creación Literaria, un concurso de relato rápido en el Centro Cultural

Mario Monreal de Sagunto. Las 23 víctimas construyeron un cuento

de entre 75 y 150 palabras en el plazo de media hora, partiendo de la

frase de inicio propuesta por el despiadado jurado y extraída de la

película de John Huston «El halcón maltés» (basada en la obra del

mismo título escrita por Dashiell Hammett): «Me ponen nervioso

todos los tipos a los que no les interesa el dinero».

A continuación os dejamos unas fotos y los textos ganadores.

Los principales sospechosos (Foto: Eulalia Rubio)

2


Primer Premio – Salvador Bayona

No hay nada como una camisa recién planchada

Me ponen nervioso todos los tipos a los que no le interesa el dinero,

tanto más cuando algunos presumen de ello como si fuera una virtud.

Mejor harían en practicar la entereza, la pulcritud, o la sensatez, que

son mucho más útiles, en lugar de pensar que tienen el alma más

limpia que mi camisa.

Y es que es mucho más molesto intentar averiguar lo que realmente

les interesa. Molesto y sucio: lo deja todo perdido de dientes y hasta

salpica de sangre mi camisa.

No es que eso me importe, es que la señora Aurora dice que las

manchas no salen fácilmente si no las remojas antes con vodka. Sé

que miente, pero sólo de pensar que la colada se cobrará mi ingesta

diaria, me entran ganas de atizarles de nuevo.

Salvador Bayona, recogiendo su premio (Foto: Eulalia Rubio)

3


Segundo Premio – Enrique Mochón

Asunto finiquitado

Me ponen nervioso todos los tipos a los que no le interesa el dinero.

Los evito siempre que puedo. Nada como sentirse entre iguales.

Hablar un mismo idioma. Enfrentar pareceres. Discutir si hace falta.

Pero arreglar siempre las cosas del mejor modo. Suele haber un

argumento final para cada desacuerdo. Cuando todo marcha bien, a

veces basta una mirada, un guiño o una sonrisa. La cantidad a pagar a

menudo es lo de menos. Pero cuando topas con alguien como ese

tipo, se agotan las razones. Sobran las palabras. O faltan. Creo que

todos en la mesa nos pusimos alterados. Cualquiera hubiese hecho lo

mismo que yo.

Enrique Mochón, leyendo su cuento (Foto: Eulalia Rubio)

4


Tercer Premio – Susana Climent

Sabor a humo y café

Me ponen nervioso todos los tipos a los que no les interesa el dinero.

Tras el chasquido de sus dedos, todos en aquella lúgubre estancia

supieron que tenían que desaparecer por la puerta.

El humo del tabaco en su boca se mezclaba con el sabor de ese

cargado café. El brillo de sus zapatos sobre la mesa era ahora el único

punto de mira y a través de ellos, cristales rotos encendidos en luces

de la ciudad.

Aquella sirena tampoco desvió su atención.

El revólver estaba frío, pero su sien aún más.

«Me ponen nervioso los tipos que no tienen donde caerse muertos,

pero me joden más los que no tienen donde caerse vivos»… y aquel

tipo hizo estallar el silencio decorando de rojo sangre la pared.

Susana Climent lee su relato (Foto: Eulalia Rubio)

5


Bad luck – Ioana (Rumanía)

http://fspionoepk.deviantart.com/

6


Supersticiones

A San Perdido de la Torre se llega a través de carreteras

secundarias.

Quedan atrás aldeas, ermitas y las ruinas de un casi

desaparecido castillo medieval del siglo XIII.

El pueblo te recibe con un paseo colmado de cipreses -trescientos

trece-. Ciento cincuenta y seis a un lado y ciento cincuenta y siete a

otro. Una sola calle, la Mayor y después nada. Sus pocos habitantes,

ciento trece, son supersticiosos de las supersticiones, obstinados

creyentes de la mala suerte y confiados inocentes de buscar la

adversidad.

Cuando se produce un nuevo alumbramiento, el más anciano se

muere a propósito... el censo no se puede alterar. Trece gatos negros

que por alguna ancestral bendición, sus hembras, paren trece gatitos

negros. Las damas pintan de rojo sangre sus labios frente a cristales

rotos en trece pedazos.

Trece segundos, no doce, ni catorce... ¡TRECE! se utilizan para

cruzar la plaza, subir a la torre o llenar los cubos en cualquiera de las

trece fuentes que abocan sus cristalinas aguas en el pueblo.

Hasta las campanadas que se oyen cuando es la una del

mediodía o de la medianoche son trece.

Alfredo Cot (Valencia)

http://alfredo-laplazadeldiamante.blogspot.com.es/

7


Sin título – Vadim Stein (Ucrania) http://braidart.info/vadim-stein/

Fotografía sugerida por la autora

8


El nuevo movimiento

Siempre tan tarde

a todo y nada

de miedo y cobarde

a perder la calma.

Siempre en medio

del sí y el no.

Blanco o negro

sin ton ni son.

Ahora el reto

me ha dejado sin aire.

Daré un nuevo movimiento

evitando un calambre.

Nunca tan lejos

de todos y de nadie.

Escalo mi cerro

soltando equipaje.

Aldana Michelle Giménez (Mendoza, Argentina)

9


Queen of hearts - Ulf Liljankoski (Suecia)

https://www.flickr.com/photos/whyld/

10


El Premio

Cuatro mujeres y un hombre. Lo siento, ya sé que me sobran

personajes para una corta historia pero en esta son todos

imprescindibles y no puedo quitar ni poner ninguno so pena de falsear

gravemente los hechos tal y como sucedieron. A cambio omitiré sus

nombres para no cargaros demasiado. Ocurrió un fin de semana de

junio. Estaban invitados, por unos buenos amigos, a la entrega de

premios del X Certamen de Cuento Breve Dulcinea del Toboso, en la

villa a la que debe su nombre.

La jornada resultó entrañable, disfrutaron de la compañía de

bellas personas, hermosas historias y una cena deliciosa con los platos

típicos de la zona: migas, duelos y quebrantos y morteruelo. El vino

era bueno y abundante pero la borrachera les llegó más por el lado de

la agradable experiencia y la comunión de todos los asistentes

embriagados por La boda, que fue el relato ganador del primer premio,

leído por la dulce voz de su autora después de los postres. El broche

de oro fueron los poemas de Lucía Belmonte, que se metía los

corazones de los oyentes en los bolsillos con sus palabras, su voz y su

mirada.

A la salida del mesón, donde había tenido lugar el ágape

literario, caminaron hacia las afueras buscando el mejor lugar para

contemplar las estrellas. Era una noche clara y la vista desde allí

terminó de sumirlos en un completo éxtasis.

Se alojaban en un caserón de tres pisos. En el primero de ellos,

las mujeres ocuparon dos habitaciones de dos camas mientras que el

hombre disfrutó, en otro dormitorio, de una cama de matrimonio

para él solo. Él cayó pronto rendido en un profundo sueño.

11


Una hora más tarde, se abrió la puerta de su cuarto y, sin

encender la luz, una de ellas entró y se deslizó suavemente en su

lecho. Él notó la tibieza de su cuerpo y entre sueños y vigilias se

entregó a las caricias y la pasión que le proporcionaba, todo en

silencio arrebatado y pleno de emociones. Después se quedó dormido.

Cuando despertó al día siguiente, se hallaba de nuevo solo en la gran

cama. En un primer momento dudó sobre la realidad de lo sucedido

y estuvo a punto de atribuirlo a una fantasía onírica pero un resto de

perfume que se había quedado atrapado entre las sábanas le hizo

pensar que había sido algo muy real, aunque desconocía la identidad

de su amante nocturna.

Durante el desayuno, estuvo observando detenidamente a sus

compañeras de viaje mientras se despejaba con un buen café y

engullía con hambre unas ricas tostadas. Ellas estaban de buen

humor, parecían haber descansado bien y comentaban con agrado la

experiencia del día anterior y los detalles del que tenían por delante.

En varias ocasiones, en aquella jornada, se acercó a una y a otra

tratando de reconocer el perfume o algún gesto delator, pero nada.

Las mujeres lo trataban como siempre, como un buen amigo. Lo

mismo en el viaje de vuelta. Al llegar hubo cariñosas despedidas y

promesas de un pronto reencuentro.

Nuestro hombre se quedó, en principio, algo perplejo pero

decidió estar bien atento a las propuestas del Wasap, para no faltar a

las siguientes actividades que el grupo organizara. Definitivamente,

pensó, aquel había sido un magnífico fin de semana.

Lu Hoyos (Valencia)

http://inventariodelucrecia.blogspot.com.es/

12


Siguiendo a mi ex

Vintage Key – DaiGuard78 (EUA) http://daiguard78.deviantart.com/

Marta y él entran en la habitación 416, el pestillo bloquea la

puerta.

Subo el volumen de la televisión. El cuadro que hay detrás de mí

comienza a golpear la pared. Subo más el volumen. La TV vibra con

la misma cadencia incómoda, luego el cuadro y el florero.

Salgo al pasillo. Oigo algo parecido a un gemido, un sonido casi

animal. Pulso el botón y se ilumina una flecha que indica hacia

arriba. Marta dice «¿ya?» y la puerta del ascensor se cierra.

Pernando Gaztelu (Iruña, Navarra)

http://lokos-a-disfrutar.blogspot.com.es/

13


Fotografía: Roberto Riverti (Uruguay) http://www.robertoriverti.com/

Aportada por la autora

14


Lluvia

Llueve y la lluvia se vuelve un espacio,

un hueco de sequía

una grieta en silencio

de silencio líquido.

Tiempo en el vacío

que puja tus ausencias

en semillas de tierra.

Llueve y comienzo a sentirte en la lluvia

en gotas de pulgares.

El árbol es espacio entre las ramas

la música silencio entre las notas,

podría ser verano en tu ventana

y la vida, un brote que aún persiste.

Carolina Pedroni (Punta del Este, Uruguay)

15


Lovesnaps, five – Luigi Masella (Italia)

https://www.flickr.com/photos/lumase/

16


Una historia de amor

Laura se ha ido. Sin ruido. Tranquila y en silencio. Arropada

por la luz cálida de una mañana de principios de septiembre con tintes

de otoño. Casi de improviso. Vencida tan rápido por la enfermedad

que a cada instante me descubro todavía con una súplica en los labios

y los dedos cruzados a la espalda, rezando por despertar de esta

pesadilla cruel y verla de nuevo sonreír, arreglar con mimo las rosas

del jardín, pasear por el parque de los tilos -como tantas veces- al

atardecer de un día de verano, releer ensimismada tras los cristales de

cualquier café las novelas de Jane Austen o las hermanas Brontë,

siempre sus favoritas, romántica impenitente como fue... Duele el

recuerdo, duele la nostalgia y tanta soledad. Y duele, como jamás

hubiera podido imaginar, más allá de la rabia o el desgarro, la certeza

implacable de que ese tiempo pasó y nunca volverá; de que este

desamparo, este dolor que se anuda a mi garganta y no me deja

respirar, será ya para siempre mi única realidad. Y me siento de

pronto tan perdido... una sombra apenas del hombre que una vez fui,

irreconocible y desesperado -bien lo sé- que en algún lugar más allá

del sol, de la niebla, de las nubes... busca con infinito desconsuelo el

alma que por error -otra explicación no encuentra- un día el Cielo le

arrebató. El alma que amó toda una vida. Laura... Su recuerdo me

emociona y a él me aferro como un náufrago a su tabla. Intento no

llorar y no lo consigo. No la dejo de soñar. Ella. Siempre.

Eternamente. La niña pecosilla y pelirroja a la que en la escuela tiraba

con descaro de las trenzas. La estudiante tenaz luego, brillante y

aplicada, de irresistibles hoyuelos y mirada pícara -esa chispita

traviesa escondida al fondo, muy al fondo, de sus ojos castaños que

¡ay! cómo me hacía enloquecer- a quien desde mi pupitre, embobado

y con el corazón a punto de estallar, contemplaba día tras día y

pensaba inalcanzable. La madre devota, consuelo de llantos infantiles

17


y eterna presencia protectora. La esposa cómplice, regalo inmerecido

de la vida. La mujer serena y valiente que siempre fue. La anciana

frágil y algo solitaria de los últimos tiempos.... Laura. Mi refugio. Mi

herida. Mi destino. ¡Tan fácil fue enamorarse...!. A distancia y en

silencio fui su ángel guardián y la amé con toda el alma, contra el

dolor, contra la desilusión y la desesperanza. Nunca lo supo. Fue feliz

y lo demás poco importa aunque ahora, también yo herido de muerte

por su ausencia, no logro acallar este reproche sordo que, a traición,

no sé cuando arraigó en mi corazón e, incrédulo y desconcertado

frente a su recuerdo, no dejo de pensar cómo fue posible que ella no lo

adivinara jamás.

Marta Navarro (Valencia)

https://cuentosvagabundos.blogspot.com.es/

18


Diputado nacional

Old man joy – Tchai (Polonia) http://tchaikovsky2.deviantart.com/

Llegaron los parlamentos en homenaje del longevo político y su

hermano subió al atril. Carraspeó y extrajo unos folios escritos.

Después de los protocolarios saludos a las solemnes autoridades,

pronunció: «Permítanme que en un día tan señalado para mi querido

hermano, recuerde a nuestro padre, sin él, este acto no se hubiese

producido. Verán, Borja no servía para estudiar y las veces que acudía

a la empresa familiar provocaba un desastre descomunal. Por eso al

cumplir la mayoría de edad, papá lo afilió al partido y hasta hoy».

Todos los asistentes rieron la ocurrencia, aunque Borja, sin saber por

qué.

Nicolás Jarque Alegre (Albuixech, Valencia)

http://escribenicolasjarque.blogspot.com

19


Flames of passion – Rachel Mead (Reino Unido)

http://meado.deviantart.com/

20


Canción de una sola nota

Acordaron que sería breve,

sin reproches, sin penas,

sin esperas, sin recuerdos.

Duraría lo que tardara el reloj

en transitar las horas de la noche.

Así lo pactaron. Solo placer,

sin palabras, sin mañana.

El amanecer implacable,

sentenció el final.

Una mirada, un adiós.

Mientras la luz,

inundaba tímida la estancia,

la penumbra diluía la pasión.

Mirta Calabrese De Luca (Sant Celoni, Barcelona)

http://deshojandoversos.blogspot.com.es/

21


Alzheimer blues – Giuseppe Moccia (Italia)

https://www.flickr.com/photos/giuseppemoccia/

22


Recuerdos

Era buena ente fogones, se entregaba a su tarea como al amor,

con esa pasión tan suya. Cocinaba a fuego lento dando a cada cosa su

tiempo; pelaba, cortaba, troceaba con delicado afán. Amante del

detalle, su comida era una fiesta para los sentidos. Pero, entre todas

las recetas, la mousse fría de zanahorias tenía algo de especial. La

tomaban con expectación, sabiendo el destino que luego, en la

intimidad, le darían al resto del yogur.

Hoy ha vuelto a comprar ese sucedáneo de caviar con el que

decoraba el plato. Sabe que, como siempre, quedará arrinconado en

la despensa. Le duele, la añora.

Y cuando llega a casa sólo es capaz de saludarla con un gesto

rápido y cansado; cobarde y abatido espera, en vano, que algún día

ella vuelva a cocinar aquella receta.

Concha García Ros (Cartagena, Murcia)

http://nosvemosenkairos.blogspot.com.es/

23


Over there – Npeter (Hungría) https://500px.com/npeter

24


Soledad

El sol despierta,

se levanta,

alumbra la vida,

devuelve el color.

Las gentes salen,

se saludan,

se paran a hablar.

Puertas cerradas,

voces en la calle.

Silencio.

Hoy no la han visto.

Mañana la extrañarán.

Otro día la encontrarán.

Sola.

En compañía de gusanos

y moscas…

Manuel Serrano (Valencia)

25


Two lovers – Laura Bifano (Canadá) http://biffno.deviantart.com/

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Intruso Morfeo

«No te cueles en mis sueños» le pidió con voz trémula, perdida

aún en su sonrisa cautivadora y aquellos ojos color bellota que

brillaban traviesos como reflejos sobre la superficie de un estanque.

Él no decía nada, nunca decía nada, sólo aparecía frente a ella

perturbando su descanso, agitando su corazón que se desbocaba con

su sola presencia.

«¿No ves que luego me despierto?»

Intentó razonar con él, pero no estaba dispuesto a

negociaciones; se acercó despacio, aún sonriendo, el pelo flotando

alrededor de su cara en mechones ensortijados, y ella quería despertar

y no quería, porque sabía que abrir los ojos no iba a acabar con su

tormento, sino acrecentarlo. Un día lleno de su ausencia y el recuerdo

vívido de su mirada no era algo fácil de soportar.

Se sintió atrapada en sus ojos oscuros, en la barba de dos días

que daba un aspecto aún más rebelde y atractivo a sus bucles

enmarañados. La franqueza de su sonrisa invitaba a confiar; y a algo

más. Le costaba salir del hechizo que emanaba todo él, con su

bufanda de cuadros y su perfecto acento de caballero británico.

Se sintió perdida. Hacía tanto que no venía que casi había

olvidado lo que la hacía sentir; lo vulnerable y pequeña que se volvía

cuando él estaba cerca, y cómo, por otro lado, lograba llenarla de

fuerza, de la sensación de poder con todo excepto escapar de su

reflejo, como una maldición.

«Deja de colarte en mis sueños» repitió, ya sin convicción, sin

autoridad; suplicando en el fondo que no se fuera, que se

materializara a su lado en el momento en que el despertador rompiera

27


el hechizo. Él, empecinado, ignorando el movimiento de su boca,

solo pendiente de la llamada de sus labios, acercándose

peligrosamente al momento en que no habría marcha atrás, ese

instante en que ella se perdería en su abrazo y tendría prisionera su

alma de nuevo.

«Please, don't...» quizá en su idioma.

Se detuvo ante ella, sus ojos reían, la boca ladeada en una mueca

que rompía el encanto de gentleman para convertirle en algo parecido

a un adolescente travieso, a sabiendas de que eso terminaría por

desarmarla.

«Why?» preguntó con su melosa voz de bardo.

Y ella no encontró respuesta. El sonido se diluyó en la noche e,

incapaz de luchar consigo misma, se rindió a unos labios que la

invitaban a besarle con timidez. Enterró los dedos en los bucles

suaves de su cabello.

Sin poder escapar más allá de las puertas del sueño, decidió

abandonarse en sus brazos. Total, fuera hacía frío y su calor era lo

mejor que podía encontrar en los oscuros abismos del sueño.

Aurora Losa (La Palma del Condado, Huelva)

https://ladesdichadesersalmon.com/

28


Bizarra decadencia

Alberto Montt (Ecuador) http://www.dosisdiarias.com/

El secretario del Ateneo de Arte comunicó al aspirante a socio

que su petición de adhesión había sido rechazada.

—Bueno, no importa. Pero, ¿por algo en especial? —preguntó el

solicitante.

—Debería usted saber que la pintura rupestre está demodé,

caballero. ¡Y haga el favor de ponerse algo encima de ese taparrabos,

por el amor de Dios!

Rafa Sastre (Valencia)

http://rafasastre.blogspot.com

29


Ilustración de Luis Galbis (Valencia) https://es.pinterest.com/luisgalbis/

(aportada por el autor)

30


Ulls entelats

Anem per la vida amb la bena als ulls,

i, encara que sols albirem, el que tenim just al davant,

per sort, i cada dia, la vida ens ofereix una nova oportunitat.

Mirem al futur, amb un apassionant present per viure,

i, com que l’endemà ja està traçat, i, el deler no es posa en

moviment,

la passió no s’atansa.

Atorguem un valuós temps per a les nimietats,

i, com que després ens persegueix, per esser mal gestionat,

fem a corre-cuita, les coses importants.

Per por al fracàs, dubtem de fer allò que ens demana el cos,

i, com que al no donar el pas, creguem que no arrisquem res,

sense pensar el que hem deixat de guanyar, ho aplacem per altra

estona.

Omplim la ment d’etiquetes, les que hem assumit perquè ens han o

hem posat,

i, com que també, les que hem adjudicat a d’altres, sense tindre en

cap moment presents, les circumstàncies de cadascú,

deixant l’empatia de banda, la imatge que tenim al davant, no és el

verdader reflex d’un mirall, sinó un miratge ocasional.

31


Si per contra, llevant-nos el tel dels ulls, oblidem els aldarulls, i

lliurem la ment, a un instint més amatent,

gaudirem per separat de: passat, present i futur, enderrocant qualsevol

mur que se’ns pose al davant,

i, amb l’univers per mirall, farem de cada instant un passeig, on

reflectir-se la vida.

Toni Mascarell (Oliva, Valencia)

32


Retrato en sepia

Foto de la autora

Lleva siempre el mismo vestido, su rostro es como un perfil

egipcio, hierático, puntiagudo, frio, seco, inexpresivo, de profunda

mirada. La mayoría de las veces indiferente. Las sombras de sus

pensamientos no le dejan salir las palabras elegidas y expresar lo que

siente. En el brocal del pozo en el que se encuentra es fácilmente

vulnerable. Demasiado sensible.

La ciudad es abierta, el trasiego de la gente aumenta en las horas

solariegas paseando por el muelle, por el paseo, sentados en los

bancos de hierro, bajo las palmeras y los ficus. Ella entonces se

enclava en su recóndito rincón, sobre la alfombra vieja, rellena del

33


paso de los años. Extiende pinceladas de miedos y temores de los

que es víctima y verdugo. Da igual que la casa sea grande o pequeña.

Deshacer el camino andado ya es cosa imposible. Abrir las

puertas cada día y salir a enfrentarse a lo cotidiano, la rutina más

tremenda. Por lo que un día de descanso placentero, sin tener nada

que hacer, es un privilegio en una jornada con sol de otoño.

Deambular por la ciudad, observar, mirar, probar los sabores que

emiten las campanas en sus torres, sentir el fresco de las plantas o de

los árboles que no se deciden a perder la hoja; algo diferente que sabe

aprovechar.

Hacía mucho tiempo que Luis no salía por el centro de la ciudad

y hoy lo ha hecho. La ha visto. Este es su retrato. Tomaba un café

frente al mar, los pájaros se han acercado a saludarla. Parecía que se

conociesen de otras escapadas. Hay caras que no se olvidan. A pesar

de todo, esta mujer sola, agradece el paso de los días con entusiasmo.

No sabe cómo, pero, aplaude cuando un día puede hacer eso, lo que

le da la gana. Su casa mira al puerto, ve los barcos entrar y salir. Ella

nunca tomó el adecuado. Sí los despide como sueños inalcanzables.

Carmen Martínez Marín (Murcia)

http://aymaricarmen.blogspot.com/

34


El hombre

Imagen aportada por la autora

Hacía años que no vivía

que vagaba como un zombi

Hacía años que no saboreaba la comida

que engullía como un pato

Hacía años que no sentía

que se escondía en la niebla espesa de la noche

Hacía años que no recordaba

que su mente estaba vacía

Hacía años que no existía

que su imagen era un vago recuerdo

una ilusión

una pesadilla

de un ser que fue

que estuvo

pero que nunca

quiso ser

Esther Moreno Morillas (Valencia)

http://elcascabelalgato.blogspot.com.es/

http://invisiblevoyeur.blogspot.com.es/

35


234-365 You will be missed – Jonathan Graham (Reino Unido)

https://www.flickr.com/photos/foxofthetrail/

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La incontinencia fabulosa

Dedicado a todas las abuelas del mundo, especialmente a las mías

Mi abuela sufría una incontinencia que nadie se atrevía a

nombrar. Desde niña, le sucedieron tantas desgracias que sus ojos se

aficionaron a llorar y lloraba a todas horas, a toda máquina. Lloraba

por sus recuerdos, por los horrores de la guerra, las enfermedades, el

hambre. Lo que más alimentaba su llanto era la pérdida de sus

hermanos, de sus padres, de sus calamidades vividas en la posguerra:

desgracias que le llenaban el alma de tristeza.

Se ponía un mandil de cuadritos grises sobre la falda y la blusa

para no ensuciarse cuando estaba en su casa. El mandil tenía un

bolsillo. Un día descubrí en él una cajita de porcelana donde mi

abuela guardaba sus lágrimas. Porque ––es la primera vez que se hace

pública esta singularidad––, comenzaré explicando que las lágrimas

de mi abuela no eran normales, sino muy extraordinarias. Tenían un

perfume antiguo, esencia de lilas, y una consistencia gelatinosa, y

eran de color morado como la flor del azafrán.

Lo que nadie sabía, era que unos súper poderes brotaban de

ellas, ni que tomaban su fuerza del amor que sentía por nosotros. La

flor del azafrán era la iniciadora de ese hechizo que de joven le salvó

de morir de hambre al ganarse la vida en su cosecha, y después, en su

vejez, se había convertido de algún modo en un poder sobrenatural

que se materializaba en lágrimas de azafrán.

Como era tan niña, la abuela era muy traviesa. Jugaba con sus

lágrimas. Un día bautizó con ellas a un perro muerto y el cánido se

levantó ladrando, dando vueltas de alegría y curado de todos sus

males. Otro día, se las puso de colirio a un pordiosero bizco y este

pobre hombre despertó con la disposición para trabajar a la vez que

37


sus ojos miraban derechos por primera vez en su vida. Eso sí que era

milagroso: mi abuela había logrado enderezar también un

comportamiento que parecía irremediable.

En otra ocasión, dejó que sus lágrimas volasen en mitad de una

avenida para que el viento las esparciera por la ciudad, y ese día,

único en la Historia, no se produjo ningún accidente en toda

Valencia.

Decían los mayores que en tiempos de hambruna y posguerra la

abuela lloraba diez minutos seguidos a un puchero y el caldo, aguado

e insustancial, adquiría una extraordinaria espesura y un gusto muy

sabroso. Nadie entendía cómo, estando vacía la despensa, aparecían

ricos manjares de la noche a la mañana en la olla de los pobres.

¿Cómo lo hacía?

Aquellos que probaban sus guisos el día de Navidad entraban en

trance y levitaban.

Un veinticinco de diciembre de mil novecientos setenta y seis,

salieron volando los comensales tras deglutir su plato estrella: «Carne

mechada con lágrimas crujientes». Veinticuatro horas después,

aterrizaban ––hombres, mujeres y niños–– al otro lado de la ciudad,

desinhibidos y felices (como si hubieran bebido o esnifado alguna

sustancia extraña).

Un agente de la guardia civil les condujo al cuartel. Imaginen,

doce personas volantes no identificadas conducidas a prestar

declaración. No recordaban nada, excepto que salieron por las

ventanas del comedor de la casa de los abuelos, precisamente cuando

comenzaban a digerir el sabroso guiso de lágrimas y carne mechada

rellena de olivitas, pimiento morrón y picadillo secreto de la abuela.

En invierno, el abuelo ––pedazo de pan, comúnmente llamado

«calzonazos»–– encendía un hornillo de carbón y lo ponía bajo la

mesa. Entonces, la abuela dejaba caer sus lágrimas en ocho candelas

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de aceite, y éstas quedaban suspendidas en el aire sin nada que las

sujetara al techo.

Muchos no creían en su magia, pero las lágrimas de la abuela no

tenían trampa ni cartón.

Eran como los rayos del sol ultravioletas: aunque no se notaban,

traspasaban la piel hasta el fondo del alma. Hacían cosquillas.

Limonadas. El arroz más sabroso del mundo. Nos abrazaban. Nos

besaban. Curaban resfriados. Destaponaban oídos. Olían a lavanda.

Eran tontas. Sencillas. Silenciosas. Comprensivas. Lo perdonaban

todo. Nos perdonaban.

Sucedió que una noche le llamaron del hospital para informarle

de un accidente. La abuela salió entonces tan deprisa que, al quitarse

el mandil, olvidó coger la cajita de porcelana.

Aún me pregunto que hubiera sucedido si, disponiendo de una

sola de sus lágrimas, la hubiera vertido sobre mi corazón cuando éste

se detuvo.

Está claro que esta y todas las Navidades habrían sido muy

distintas.

María José Martí (Valencia)

https://conelcuentoenlostalones.blogspot.com.es/

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Imagen de 1875 extraída de The British Library

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Gliese 667Cc

El oficial Walker aprovechó su turno para revisar el cargamento.

Aparte de servirle para desentumecer los huesos, aquello le resultaba

tan grato como visitar un museo. Empezó como siempre por las

semillas, envasadas todas en bolsas transparentes, etiquetadas y

acompañadas por un fichero con la información de cada especie.

Walker se recreaba leyendo acerca de las plantas a las que darían

lugar, y luego se extasiaba mirando aquellas láminas de dibujos

detallados y preciosistas, por los que pasaba las yemas de los dedos

intentando en vano asir la realidad que representaban.

También estaba la «granja», con su inmenso archivo zoológico

en letargo; y las cajas con utensilios: ábacos, astrolabios, teodolitos,

balanzas, plomadas, arados..., tan arcaicos que apenas los conocía;

las enciclopedias, en el compendio más completo imaginable; la

botica, complementada por una espléndida farmacopea… Pero esta

vez no tuvo fuerzas para seguir: las especiales características de aquel

viaje le estaban agotando mente y cuerpo. Salió del almacén. Cerró la

trampilla y se quedó unos momentos inmóvil, escuchando el absoluto

silencio. A su espalda, salvo el suyo, todos los nichos de hibernación

permanecían cerrados. Frente a él, tras el cristal, Escorpión refulgía

levitando en la nada, cada vez más cerca.

Enrique Mochón Romera (El Puerto de Sagunto, Valencia)

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Fra me e me... una mano – Chiara Boschi (Italia)

https://www.flickr.com/photos/114922647@N03/

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El maleït mirall

El maleït mirall

es el primer que em desitja

bon dia pel matí.

Em recorda amb crueltat

els anys perduts,

el temps que passa

i les marques que deixa.

Les primeres arrugues,

les primeres canes,

les profundes ulleres.

Producte sense dubte

de tantes histories viscudes,

de tants dies de treball dur,

de desenganys, desamors, pèrdues,

malalties.

Però, no! Jo no estic d’acord amb ell.

També el mire fixament

i li dic:

Que està equivocat, que eixes marques son senyal

indiscutible de que estic viva,

del meu somriure,

43


dels meus anys de joventut,

de vivències irrepetibles,

de viatges d’ensomni,

de amors desitjats i sentits,

de nits a la llum de la lluna,

de mil i un dies viscuts

plantant-li cara a la vida.

Aleshores apague la llum, mirant-lo

amb un xicotet somriure.

Provocant-li enveja,

i desitjant-li bon dia,

m’acomiade fins demà.

Marisa Martínez Arce (Valencia)

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Cuento de Navidad

Alberto Montt (Ecuador) http://www.dosisdiarias.com/

Acudieron a la ciudad al reclamo de la ampliación de plantilla

de «Carpinterías Belén, S.L.»

Debido a la burbuja inmobiliaria, no tuvieron más opción que

okupar un cobertizo, que compartieron con algunos animales

domésticos.

Allí nació su primer hijo.

Al poco recibieron la visita de tres inspectores que les incoaron

sendos expedientes por infracción a la normativa vigente. Uno era de

Vivienda, otro de Sanidad y el tercero de Hacienda.

Menos mal que el chico resultó ser un niño prodigio.

Pepe Sanchis (Massalfassar, Valencia)

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Fotografía de la autora, Marga Alcalá

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Otoño (haikus)

el agua clara-

en el lecho del río

una hoja seca

viento de otoño-

las hormigas aladas

van dando tumbos

amarillean

en la senda al castillo

robles y encinas

grande la luna-

embravecido el mar

sobre el espigón

Marga Alcalá (Valencia)

http://comolaspiedrasoelviento.blogspot.com.es/

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Melt man – Justin Aerni (EUA) http://justinaerni.deviantart.com/

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Deseo cumplido

¡Cómo le picaba todo! Al principio no le dio importancia pero

cuando, al rascarse una oreja, esta cayó dentro de su café, entonces se

asustó de verdad y decidió acudir al ambulatorio.

Cuando la enfermera lo vio entrar, no pudo evitar lanzar un

grito ahogado: al anciano le faltaban trozos de cabeza, aquí y allá. El

doctor, tras consultar todos los tratados médicos que tenía en su

librería, fue tajante: «se está usted desintegrando, le quedan unos diez

minutos de vida».

De vuelta a casa perdió la otra oreja, su nariz salió disparada tras

un estornudo y notó como, uno a uno, los dedos de sus pies se

desprendían y bailaban libres dentro de sus zapatos.

Al llegar, llamó al timbre y le abrió la puerta una niña

desconocida, aunque con un brillo familiar en sus ojos: «Rápido,

pasa, está ocurriendo», dijo con una gran sonrisa. En ese preciso

momento, dos manitas infantiles emergieron del pecho del viejo.

Desde luego, los sueños tienen formas imprevisibles de hacerse

de realidad.

Toni Ávila (Castellón)

https://los40sonlosnuevos30.wordpress.com/

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Don Francisco – Edward Lovato (EUA) https://500px.com/edwardlovato

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El Abuelo

Entramos mamá y yo a un lugar maravilloso, colores diferentes

por todos lados y con sonidos extraños, quería tomar todo, mamá

detenía mi mano cuando la estiraba para alcanzar las cosas, mucho de

lo que se encontraba a mi alcance me encantaba y lo quería para mí.

Al final mi madre me quitó la bolsa que tomé de las manos y la volvió

a dejar donde estaba, ella tomó sólo un par de cosas y las dejó en la

canasta que llevaba al brazo.

Al caminar lentamente detrás de un par de señoras parecidas a

mamá, fuimos a una casa de tierra y llena de árboles secos; era el

hogar de mi abuelo, mi mamá cargaba con unas bolsas tan pesadas

que soltó mi mano pero yo caminé fiel junto a ella para no perderla.

Llegando pude verlo a distancia abriendo la puerta rechinante de

madera, lo salude agitando la mano como me enseñó papá.

Me preguntaba entre muchas cosas ¿Por qué tenía su cabello

blanco? ¿Qué había pasado con mi abuela? Tenía muchos días sin

verla ¿Por qué ahora se veía tan cansado como para no querer jugar

conmigo el abuelo? A pesar de ser tan grande y yo tan pequeño; yo

quería correr por todos lados, deseaba contagiarle un poco de alegría

y al estar jalándole la playera mi madre me gritó ¡Siéntate ahí por

favor, ya!

Madre a ambos nos quería sentados, a mí abuelo le decía «no se

pare papá, yo le traigo… eso o aquello».

Ese hombre lleno de palabras sabias, de consejos ¿Cómo puede

ser que sufra una batalla con su cuerpo para levantarse de una silla?

¿Por qué tenía los ojos llenos de agua?

Yo aprendí a caminar hace poco, él tiene toda la vida

olvidándolo. Ahora siempre carga a mi caballo favorito con su mano

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derecha, es de bonita madera y tiene la cabeza baja me gusta imaginar

que está tomando agua. He escuchado a mi abuelo llamarlo Bastón

cuando lo pide es un nombre extraño para un caballo, yo lo llamaría

«Rayo».

Bastón le ayuda a caminar, como un perro a un hombre de

lentes oscuros. Puede ser probable que ya no le funcionen los ojos

pues usa unos vidrios enormes cuando va a mirar en los papeles como

los que tiene papá sobre su escritorio, puede ser un castigo al ver lo

más increíble de la vida; el no poder mirar el final de la misma.

Mi abuelo habla de los buenos tiempos con tal armonía que creo

es lo que lo mantiene sonriendo: cosas que ama hacer, lugares que

quiso conocer o conoció, cosas que hizo con sus amigos o con mi

abuela; tiene miles por contar y siempre las suelta a diestra o siniestra

al primer bostezo de quien se encuentre con él. Yo quisiera

aprenderlas todas, el abuelo es de mis héroes favoritos más que

cualquiera que sale en televisión.

No sé por qué mamá llora hoy, si siempre que mi abuelo termina

de desayunar se va a dormir, puede ser que ella también extrañe a la

abuela.

Manuel Alejandro Ramos Ayala (Naica, México)

http://chatomusik.blogspot.mx

52


Ondas virtuales de realidad

Imagen aportada por la autora

Veinte minutos me separan de ser tuya. Cinco paradas de

autobús, tres de tranvía o dos de metro; cuatro años de clandestinidad

y uno de vernos en campo abierto.

Creo que ya es hora de una cita abierta. Conozco cada poro de

tu piel y cada caricia de pantalla. Sé de ti y tú de mis contornos

secretos.

Las ondas nos encontraron y marearon la línea ocupada de

mensajes sin sentido, de ideas con locura y nombres anónimos o

fingidos.

Quedamos en la estación de la esperanza, esa que en los sueños

nos hace sentir y que cada noche cabalga por la web alocada de

diámetros distantes.

No tienes mis datos reales, solo aquellos que en un impulso me

invente para tenerte a mi lado.

Mi móvil es… 603…

Mª Belén Mateos Galán (Zaragoza)

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La escritora – Carlos A. Redondo (Argentina)

https://www.flickr.com/photos/carlosar2000/

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La escritura

En el eco

la palabra

se sumerge en olvido.

La oscuridad, la noche

origina el abismo

en lo más hondo,

donde duele,

y tú dialogas con ella

desde el silencio.

Siempre estuvo

la palabra

dentro nuestro, acurrucada

batallando salir

desde el silencio.

Le damos forma

con trazos rudos

gestos incontrolados

dejando huellas

huellas palabras.

Convertida en sonidos

el pensamiento

origina la forma.

55


Al escribirla

la palabra

toscamente trazada

traduce en el aire

la identidad perdida.

El rasgo la evidencia,

en diálogo abierto

con su otra presencia

contrapuesta, acechando:

la escritura…

la palabra.

María Luisa Pérez Rodríguez (Valencia)

http://marialuisaperezr.blogspot.com.es/

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En tierra extraña

Mixed race girl with sandy hands on beach – Gable Denims (EUA)

https://500px.com/gabledenims

Mi madre siempre me dice que soy morena porque soy de un

lugar lleno de sol que está más allá del mar. Dice que mi pelo es

rizado y negro porque tengo mucha energía y mi cabecita es un

hervidero de ideas. Cuando vamos a la playa, mientras mis hermanas

juegan yo me siento siempre en la orilla a dibujar elefantes. Me gusta

ver como las olas baten contra sus trompas hasta borrarlas y verlas

escapar mar adentro. Cuando mi madre no mira, recuesto mi cuerpo

negro sobre la arena y espero, ansiosa, ese golpe de espuma blanca

para ver qué es lo que el mar se lleva.

Manoli Vicente Fernández (Viana del Bollo, Orense)

http://lascosasqueescribo.wordpress.com

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Inferno - Maksimilijan Gecevic (Croacia) http://skam4.deviantart.com/

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Como gotas de lluvia

Aquel día me fui a la cama a las once de la noche. O al menos

eso decía mi reloj interno. Fuera ardía la atmósfera y las rocas se

resquebrajaban. Hacía tiempo que me despreocupé de la nave:

durante lo que mis registros dieron por tres semanas aguantó ese

infierno sin problemas.

Aquel día me tumbé en el lecho y dejé reposar mis circuitos,

como siempre, cuando un golpe tremendo, como el choque de una

bola de demolición, hizo temblar toda la estructura. En un salto

estaba ya frente al panel de mando, comprobando parámetros. El

segundo estruendo me encontró herramientas en mano a punto de

salir por la compuerta más cercana. El tercero vino cuando ya estuve

fuera: la nave entera explotó, hecha añicos, y me quedé

contemplando sus restos en un entorno hostil junto a una caja de

herramientas mientras los meteoritos caían a mi alrededor como gotas

de lluvia.

Isabel Garrido (Valencia)

http://igarrido.com/

59


Fotografía aportada por el autor

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Ñoña historia de Navidad

En aquel tiempo, el calendario era una lámina sostenida por un

clavito en la pared de la cocina. No le faltaba, ni la foto, ni la

publicidad del negocio que lo había obsequiado. Algunos incluían

unos tacos con números ascendentes, del 1 hasta el 30 o 31 y el

nombre del mes. Se arrancaban uno a uno con el paso de los días.

Averiguar cuándo llegaría mi cumpleaños y la Navidad era para mí

muy importante, fechas en las que podía pedir regalos. Lo primero

que aprendí es: el cumpleaños por el medio y Santa Claus,

acabándose el taco; los Reyes Magos era más fácil, cuando se

cambiaba la lámina llegaban pronto.

Tiempo aquel en el que mi padre se disponía a montar el

pesebre navideño. Era tradición en casa, que de una caja de cartón,

guardada durante todo el año en un armario, aparecieran, al abrirla,

las figuras de un nacimiento, algunas, muy bien pintadas, que mi

madre había recibido como regalo de su España natal.

En pleno verano austral, mi padre se tomaba muy en serio la

decoración, y lo más parecido a la nieve, era la harina que aparecía en

alguna cumbre de cartón pintado. El musgo, la arena y algún espejo

simulando un lago, ocupaban el espacio del rincón por unos días.

Antes de distribuir las figuras se ponían las luces. A mí, me tocaba

colocar algunos animales por el paisaje. Si la emoción del juego o la

torpeza me invadían, las atribuciones disminuían. Al menos, eso creía

mi padre, porque los días siguientes, alguna que otra pieza: pastor, rey

mago o animal, cambiaban posiciones desplazándose por la maqueta.

Después de todo, era normal que fueran a comer, conversar o beber al

lago. Tal era la dedicación en el montaje, que no faltaban las visitas

para ver lo realizado, mientras se intercambiaban los saludos propios

de estas fechas. Tras las cenas familiares, los juguetes llenarían los

61


días de aventuras imaginarias. El poder de la infancia transformaba

un objeto cualquiera en mágico.

Cuando tocaba guardar nuevamente las piezas, tenía el permiso

para llevarme a un estante que había bajo un aparador del salón

comedor, la arena, piedras, musgo, espejo y las luces para jugar con

mis vaqueros, indios y soldaditos de plomo. Una vez terminado de

colocar todo, las luces se encendían y apagaban utilizando el enchufe

adicional del desmontado arbolito, simulando lo que era el escenario

de una batalla, historias donde unos y otros obtenían la victoria.

Fue en uno de esos días, mientras jugaba, cuando el timbre de

la puerta sonó al atardecer. Escuché la voz de mi madre recibiendo,

desde el jardín, a doña Anita, la vieja rusa, como le decían en el

barrio. La mujer había huido de Rusia, donde los católicos eran

perseguidos y encarcelados. Yo lo de encarcelados lo entendía, era

como en el jardín de infantes que te mandaban a quedarte quieto en

una silla un rato, por hacer mucho lío.

Ésta señora mayor tenía un negocio muy antiguo en una

esquina de nuestra manzana, en el que se conservaban los viejos

listones de madera del piso y estantes y cajoneras con vidrio, en las

que podían verse los productos: galletitas, legumbres, etc. Cuando se

los pedían, con una palita metálica, los ponía en bolsitas de papel

sobre el plato de una balanza. Doña Anita, siempre me regalaba

algunas galletas cuando acompañaba a mi madre, debía ser por lo

bien que ella le trataba. Para otros, tenía fama de mal humor, pero

ellas se entendían mejor, sería porque ambas venían de lejanos países.

Cuando fue recibida en la puerta de la calle, mi madre le invitó

a pasar. Venía a saludar tardíamente por las fiestas, el trabajo le había

mantenido muy ocupada. Conversaron un rato en la cocina,

aliviando su soledad. Antes de despedirse, vinieron a buscarme al

comedor donde jugaba con mi batalla.

62


Doña Anita, al verme, vino a darme un cariñoso beso con

regalo de galletas y chocolate. Al desviar su mirada a las luces que se

encendían y apagaban, su rostro se transformó, se persignó, y de

rodillas comenzó a orar en silencio. No me lo podía creer. Ahí…entre

el ruido de mis caballos corriendo por el campo de batalla. ¡Eso no

era un pesebre! Miré a mi madre sorprendido. Ella, con discreto gesto

de silencio, como el de las enfermeras de las fotos, me tomó de la

mano. Al terminar la oración, se persignó una vez más, se puso de

pie, y la acompañamos hasta la puerta de la calle.

Al regresar a mis juegos, comprendí, que las realidades, cada

uno las interpreta según su imaginación. A mí, ya no me resultó igual

la escena del juego. Al día siguiente desmontaba todo para guardar

las luces y el musgo en la caja de cartón que se abriría en la próxima

Navidad.

Jorge Richter (Valencia)

63


Cast your eyes on the ocean – Jean-Marc (Francia)

https://www.flickr.com/photos/jma_nice/

64


A deshoras

En un extremo de la bahía, a los pies de la sombra de un

recuerdo, revolotea la fantasía rehusándose a descabalgar un sueño.

La ilusión se aferra a la piedra resistiendo al mar, mientras el

viento la riza, la ondula, la vuelca, la enarbola y como aparición

mágica, el humo se hace realidad.

Las sombras bajo el puente se abrazan y se besan y surgen a la

luz, de camino al río, para encontrarse a la vista de todos, frente a un

muro lleno de «te quiero», en todos los colores, en todas las formas,

de todas las maneras, sin patria y sin bandera.

El vacío se hace juego de adultos perdidos en busca de su

propia niñez y entonces toman forma de alta y empinada torre, que

sorprende con sus luces, una medianoche perdida y solo imaginada,

porque dudo que algo tan bello, fue alguna vez realidad. Solo es eso,

un desdibujado reflejo que la lluvia deposita sobre el viejo empedrado.

Ya no daría nada por los que fuimos pero volvería a colgarme

de aquella roca, tratando de transformar el paisaje en arte, solo por

volver a ser la que fui cuando sentí el valor de inventar palabras que

tuvieran el sonido del amor, mientras pintaba con la mirada lo que

nadie podía ver.

Vivian Rodríguez Dorgia (Montevideo, Uruguay)

http://bibilaurugualla.blogspot.com.uy/

65


Palabras en la basura

Alberto Basterrechea, «Neorrabioso»

http://neorrabioso.blogspot.com.es/

66


Números anteriores de Valencia Escribe

Número 20 (Enero 2016)

http://www.yumpu.com/es/document/view/54933702/ve-20-enero

Número 21 (Febrero 2016)

http://www.yumpu.com/es/document/view/55061773/ve-21-febrero

Número 22 (Marzo 2016)

http://www.yumpu.com/es/document/view/55255629/ve-22-marzo

Número 23 (Abril 2016)

https://www.yumpu.com/es/document/view/55357609/ve-23-abril

Número 24 (Mayo 20165)

https://www.yumpu.com/es/document/view/55463300/ve-24-mayo

Número 25 (Junio 2016)

https://www.yumpu.com/es/document/view/55598725/ve-25-junio

Número 26 (Octubre 2016)

https://www.yumpu.com/es/document/view/55984583/ve-26-octubre

Número 27 (Noviembre 2016)

https://www.yumpu.com/es/document/view/56195419/ve-27-noviembre

NOTA: Enlaces de descarga en el interior de cada revista

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La foto de Miguel

Cúpula del Mercat Central de València - Miguel García Rodríguez (Valencia)

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