LA MALETA EN EL DESVÁN Carlos Ernesto García - Rostros y Versos

artepoetica.net

LA MALETA EN EL DESVÁN Carlos Ernesto García - Rostros y Versos

LA MALETA EN EL DESVÁN

Carlos Ernesto García


PRÓLOGO

Meditación tras la lectura de La maleta en el desván

En otros poemarios Carlos Ernesto García se había dedicado a

explorar la intimidad: Escaleras interiores que subían y bajaban y que

desvelaban en cada escalón fragmentos de la interioridad herida, perdida

y encontrada.

En La maleta en el desván la intimidad más intransferible y

personal vuelve a estar presente, pero ahora se halla mezclada, invadida y

habitada por la colectividad: Como si el libro entero fuese un fractal por

el que se colaran los treinta últimos años de historia Latinoamericana.

Casi puede decirse que cada poema tiene un narrador diferente

habitando un tiempo y un espacio diferentes, pero proyectándose todos

en un mismo ámbito de espanto y desolación.

El temblor de la escritura se funde y se confunde aquí con el

temblor de una voz tan plural como única:

Diferentes tonos y diferentes planos del tiempo y el espacio

conforman aquí una narración coral de víctimas, de asesinos, (y de

crímenes que hubiesen sido perfectos si estuvieran muertos todos los

testigos).

Jesús Ferrero

2


A Miguel Ventura,

que fue campana de esperanza

en la larga noche.

A Franklin y Roberto Quezada,

que nos dieron generosamente

su canto.

A Jorge Palencia,

que me señaló las veredas

por donde transita el pueblo.

A Francisco Elías Valencia,

que me brindó su amistad fraternal

desde el principio.

A Margarita Posada,

que no dejó caer jamás en la marcha

la bandera.

A Conchita Aguilar,

que me regaló un pequeño sol

llamado Adriana.

Les digo que si estos se callan,

las piedras gritarán.

LUCAS: 19, 40.

3


CAÑONES OCIOSOS

Vagamos por el Mediterráneo

mientras el cielo

se incendia en el horizonte

dando paso a la oscuridad

que suave y callada

se impone en el firmamento.

Desde las orillas

los pueblos costeros

amables saludan

con sus millares de luciérnagas.

En las profundidades de este mar

pedazos de galeones descansan

con hermosos mascarones de proa.

Un inmenso y desolado cementerio

de soberbios destructores

de cañones ociosos.

Submarinos que guardan inmóvil

ya sólo el uniforme y los restos

del aguerrido soldado

en su puesto de combate.

El oleaje arrastra quizá

astillas de embarcaciones aqueas

que sucumbieron a la tormenta

o a la batalla.

4


EL BURDELERO

Siempre ibas

con pantalón ceñido

camisa ligeramente desabrochada

zapatos de charol relucientes

anillos brillantes

gruesas cadenas de oro

pelo engominado

como para ir de boda.

Una madrugada te encontré

en el maltrecho burdel

que como una matrona regenteabas

al final de una calle oscura y solitaria.

Me brindaste entonces

-como cortesía de la casa-

a una joven campesina recién llegada

de quien sabe qué perdido pueblo.

Al día siguiente

supe que te descubrieron

en tu habitación

ya sin vida

parapetado bajo el colchón

como te abandonaron

con heridas mortales en el torso

provocadas por un picahielo.

Ni siquiera yo

que dormía al otro lado de la pared

aquella madrugada

pude escuchar los ahogados gritos

ante el espanto de la muerte

pues quien te asesinó

introdujo por la fuerza

un verde limón entre tus labios.

San Martín, El Salvador, 1975

5


LAS MONTAÑAS DE FENGDU

En las montañas de Fengdu

me dispongo a cruzar

el puente colgante

reservado para los muertos.

Abajo se escucha

el relinchar del río Changjiang

que con sus aguas turbulentas

corre como un caballo furioso.

Una anciana

que sostiene entre sus manos

un cuenco de madera

me invita a tomar de un líquido

que me ayudará en el más allá

a olvidar el pasado.

6


LA REINA

Bajó de una burra

que ató al tronco de un árbol

que en su copa albergaba nidos de torogoces.

Atravesó la puerta mayor de la ermita.

Se arrodilló al tiempo que cerraba sus ojos.

El cabello pelirrojo le hacía juego con sus pecas.

Su vestido de colores vivos parecía nuevo.

En la misa hablaban de cosas

que tenían que ver con la comunidad.

Todos guardaban silencio.

Incluso el cantar de los pájaros

resultaba discreto.

Luego llegó el momento de la repartición del arroz.

Una bolsita de 25 libras para cada familia.

Los mayores al escuchar su nombre

se acercaban hasta el púlpito

firmaban con su huella digital

y eso bastaba porque había confianza.

Al lado se fue formando otra fila

pero en ninguna estaba la muchacha pelirroja

que al fondo se le veía callada y solitaria.

La segunda fila

esperaba paciente una de las cajas sobrantes de cartón

que harían servir para guardar la ropa.

A la pecosita –según comentaron las ancianas-

le daba vergüenza hacer cola.

Hacía una semana

que la habían elegido reina del cantón.

Por eso desfiló con su corona

a lomos de un caballo brioso

mientras todos le lanzaban

pétalos de flores silvestres.

.

Cuando una señora le acercó la caja vacía

la muchacha con una sonrisa tímida

dijo adiós desde el umbral de la puerta.

.

La vimos alejarse que parecía una virgen.

La vimos alejarse con su cajita made in Italia.

Montada sobre aquella burra escuálida.

Los campesinos tenían la mirada triste.

Era su reina.

7


PRIMER AMOR

Para Yanira L. Martínez

Me conformaba

con acompañarte.

Con caminar a tu lado.

Ni siquiera

esperaba una sonrisa.

Una mirada tuya

habría bastado.

Supe que mi nombre sonaba bien

la primera vez que lo pronunciaste tú.

Pero sólo éramos

dos estudiantes de primaria

regresando de la escuela

por una calle polvorienta.

Desapareciste un verano

dejándome solitario en el camino.

Tu futuro era Ilobasco y no yo.

Lo comprendí con los años.

Fue aquella tarde en que bailé contigo

- para ser más exactos - y porque

cuando pronunciaste mi nombre

ya no sonaba tan bien.

8


PIEDRA PEQUEÑA

Para León Felipe

Hurgando en los bolsillos

mis dedos tropiezan

con la pequeña piedra

que una tarde de llovizna

arranqué a la plaza del Obradoiro

mientras te esperaba.

La dejo caer desde la popa del barco

que me conduce a Génova.

Veo como desaparece lentamente

en el fondo del agua.

La verdad

no sé por qué

aquella estúpida piedra

me causa pena.

9


ANACAPRI

Apoyo ligeramente mi cuerpo

en una esfinge de granito.

Una joya más

colocada en los jardines

de la excéntrica Villa de San Michele

desde donde se contempla a lo lejos

-entre la bruma de la mañana-

el Golfo de Nápoles.

Murmuran los lugareños

que en Anacapri Alex Munthe

fue un refinado anfitrión

del viejo Nietzsche

de Gorki y de Lenin.

Tres caballeros

como Emiliano Zapata

como Pancho Villa

de mirada felina

de atusado bigote.

10


MI PEQUEÑO BURGUÉS

Se levanta temprano.

Revisa las noticias en la prensa extranjera.

Bebe su café.

Procura que el traje

haga juego con los zapatos

la camisa

los calcetines.

Visita librerías.

Por encima de Kokoschka o Kandinski

aprecia de Hopper

los cuadros en que eternizó los bares

las mujeres desnudas en habitaciones solitarias

y las ciudades en las que todo es silencio.

En las madrugadas

se deja llevar por el clavicordio

en que se ejecuta la Toccatta y fuga de Bach

mientras el Bushmill quema la garganta.

Prefiere las salas de cine alternativo

donde una noche

se dejó atrapar por la grandeza

de Aléxander Nevsky

y los incombustibles besos

de Bogart a la Bergman

en Casablanca.

Lee con verdadera pasión a Grossman.

Se desvela con la poesía

en la que tarde o temprano

siempre aparece el campesino

que llevo dentro.

11


PROHIBIDO AMOR

El neón golpea un cuerpo desnudo

que armonioso gira

alrededor de una barra.

Lascivas las miradas

la persiguen

queriéndola alcanzar

y devorarla.

Corren el ron y la cerveza.

Suenan Luis Miguel y Ricky Martin.

El liguero de la bailarina

se inunda en dólares.

Ella sonríe y piensa:

en la leche de sus hijos

en el alquiler que no ha pagado

en que ya es muy tarde

en que tiene sueño.

12


DESENCUENTRO

Viajamos en el tren.

Los asientos frente a frente.

Cuántos años de ausencia

y decidimos en secreto

hacernos los desentendidos.

Que derroche la verdad.

Todo un mundo de pasión

para que al final

entre los dos

juntemos tanta muerte.

13


LA CIUDAD DE LA MUERTE

Recorre la mirada un vasto territorio

hasta dar con el río Jordán.

No resulta difícil ver al anciano Moisés

vagando perdido durante cuarenta años

con todo un pueblo a sus espaldas.

Descalzos sobre la tierra roja.

La que lleva a los nabateos.

El lugar donde habita la tribu de Nébáyót.

La ciudad de los muertos: Petra.

Siento la presencia

de los cadáveres corrompiéndose

en lo alto de las montañas

que rodean la explanada.

Cuerpos amortajados dentro de cuevas

que los siglos se encargaron de convertir

en hogares de humildes comerciantes

que ahora venden alfombras

tejidas por las manos de sus antepasados.

14


LA MÁGICA FLORENCIA

Entre el añejo rojo de los tejados

surge con su magia la cúpula del Duomo.

La lluvia que no cesa

me conduce hasta el ponte veccio

donde las jóvenes quieren ser Beatrice.

Recorro las calles y plazas.

Imagino a los mercaderes.

A los soldados conduciéndose a la guerra

con sus armaduras de lata.

A Rafaelo y a Brunelleschi camino del trabajo.

Florencia en otro tiempo capital.

Ciudad de los ricos banqueros del renacimiento.

Lo que daría yo

por echarme un trago de chaparro

en un vaso precioso de los Medici.

15


UN HELADO Y ESTA CASA

Millares de pelícanos cierran el paso

en el muelle del puerto de Arica.

Es once de septiembre.

Un niño me acerca un periódico

con la foto de Pinochet en portada.

En letras grandes se lee:

“A un soldado ejemplar”.

Asciendo Los Andes con rumbo a Bolivia.

Viajo en un tren al que llaman Ferrobús.

Las estaciones donde vamos parando

parecen sacadas de una película de John Ford.

De no ser por las hojas de coca

que voy mascando diría que voy

en una diligencia.

Arriba desaparece el sol.

Cae nieve en ese otro techo del mundo.

Unos niños con los pies desnudos

se acercan sonrientes a mendigar golosinas.

Luego se esconden detrás del poncho del padre

que contempla con amargura la escena.

Después de dieciocho horas

llegamos a La Paz y está lloviendo.

Paso delante de una niña

que muestra un cartelito

que dice: “Se venden helados

y esta casa”.

16


UNA CRUZ DE VELAS

Sus pies desnudos

se balancean con la brisa de octubre.

En la oscuridad un rumor de hombres

que apenas pueden distinguirse

por las brasitas de los cigarrillos.

Una anciana de rodillas

coloca varias velas sobre la tierra

formando con ellas una cruz

que iluminan el cuerpo del ahorcado.

Durante toda la mañana

lo había visto angustiado

buscando una vaca perdida.

Descalzo y sin camisa.

Gritando hasta enronquecer.

Lo conocía bien.

Algunas madrugadas

él me brindaba en un huacal

la primera sangre de la res

que degollaba al amanecer.

Para que creciera fuerte y recio

decía con su voz joven y alegre.

¡Tan fuerte!

¡Tan recio!

como el árbol de amate

como la cuerda de maguey

que en su desesperación

encontró adecuados

para colgar su garganta.

17


UN PLAÑIDERO ADIÓS

En las entrañas

del elegante barrio de Carrasco

aún sigue en pie el hotel casino

que nos recuerda las glorias

de un Montevideo que ya no existe.

Entre sus paredes el poeta granadino

escribió parte de sus Bodas de Sangre.

Los croupiers colocados en sus mesas

intentan disimular el remendado uniforme.

Un jugador lanza un escupitajo

sobre la alfombra en que apaga

la colilla del cigarro.

Sus amplios salones

del más puro art nouveau

y las lámparas que majestuosas

cuelgan del techo

fueron testigos silenciosos

del asalto tupamaro.

Afuera

ruge con bravura el rumor del mar.

Un mar

que hace muchos años

dejó de dar la alegre bienvenida

para decir un plañidero adiós

al derrotado descendiente

de los emigrantes.

18


EN LA MALETA

Aquí un padre

una hermana.

Más allá

un amigo

con habilidad silbando.

El frondoso árbol

en el patio trasero

del hogar lejano.

La calle polvorienta

con un charco por costado

y mal iluminada.

La belleza de una abuela

que se apoya en la ventana

a ver pasar la vida

a decir adiós a los muchachos.

Todo lo que no se puede

-aunque quiera-

llevar en la maleta.

Jamás –créeme-

se llora suficiente

lo perdido.

19


SILENCIOSO PARÍS

El silencio se apaga

por un caminar que asoma

rompiendo la quietud

en los pasillos.

Podría ser cualquiera

de sus viejos clientes.

Por ejemplo: Robespierre

Victor Hugo o Voltaire

El Marques de Sade o Baudelaire

Oliverio Girondo o Molière

pero me pregunto ¿y por qué no?

algún otro estudiante rebelde

del Louis-Le-Grand

caído en la guerra.

Si uno se asoma

por la rue Saint Jacques

su nombre seguramente

pueda encontrarlo inscrito

en la interminable lista

a la entrada del Liceo.

Pero esta noche

tras la pared de la estancia

que de prestado habito

sólo imagino a un Sartre

que entre el humo de su pipa

contempla de brazos cruzados

la cúpula del Panteón de París

acariciada tiernamente por la luna.

20


LA PENITENCIARÍA

Un rosario de cuerpos

extendidos sobre la nada.

Una miserable galera

en la que busco el reposo

tras varios días de encierro

y plantón

en una celda oscura

que llaman el separo.

Con restos de sangre en mi rostro

aún puedo ver a uno de los nuestros

que agotado de la sensación de asfixia

que produce el hacinamiento

en dos metros cuadrados

y harto de mascar periódicos

con sabor a restos de comida

consigue convencer al guardián

de que le vendiera un pedazo de vidrio

con que cortarse las venas.

Cuando los enfermeros llegaron

para trasladarlo a la clínica del penal

en un apretón de manos

como su más valioso presente

nos regaló a todos

aquel trozo de botella rota.

Puerto de Veracruz, México, 1977

21


EL SASTRE DE XIANGTAN

Acerca hasta mí

un banco de madera en que se alza.

Luego pasea con delicadeza

una cinta de medir

a lo largo de mis brazos

a lo ancho de mi espalda.

De los millares

que en otro tiempo hizo

aquél será - según confiesa -

el último traje Mao

que fabrique.

Alguna vez

cuando en Europa cae el invierno

me coloco la chaqueta gris

en la que aún siento

las manos del viejo Liu

que suavemente

señalan el camino

hacia un profundo pozo de soledad.

22


TU FRÁGIL CORAZÓN

A un costado del atrio

el circo

con sus luces rocambolescas

se hizo presente.

Pero vos Miriam

eras la estrella principal

con aquel bikini

adornado de lentejuelas

cosechando las obscenas miradas

de mis compañeros de escuela

al contonear de tu cintura.

Con tan sólo una bolsita por equipaje

donde cargabas todas tus pertenencias

decidiste instalarte en nuestra casa.

A las pocas semanas

te marchaste con dignidad

después de comprobar

que nada podía yo ofrecerte.

La última imagen

que guardo de vos Miriam

es a las puertas de un hotelito

en el centro de San Salvador.

Una marea de borrachos

te había envejecido más de la cuenta

sin pasar aún de los veinte años.

Para no ofenderte

o violentar tu frágil corazón

fingí no verte

y calle abajo me fui tarareando

una canción de moda.

23


VAQUEROS DE PACOTILLA

Irrumpieron de golpe

luciendo a la altura del pecho

en impecables cartucheras de cuero

cada uno su revólver 22.

Abandonadas sobre las mesas

quedaron humeantes

las tacitas de café

recién servidas

dejándome en completa soledad

y en medio de un brutal silencio.

En el patio atado al árbol

un perro ladraba lastimero

por el putrefacto olor

que trae la muerte.

Afuera del pequeño restaurante

un manojo de hombres

esperaba con impaciencia

las descargas.

Presentía que vendrían sí

pero no de esa manera

ni a tan altas horas de la noche.

Desenfundé.

Desenfundaron.

Sentados frente a mí

eran como dos gotas de agua

dispuestos a vengar

el orgullo herido

por una mujer

a quien no amaba.

A quien nunca amé.

Mojada por el sudor

la culata de noble madera.

Casi imperceptible

su acero cargado de pólvora.

Atenta si se puede decir

descansaba sobre mi mano derecha

la Browning

a punto de disparar

si era preciso.

Nada sucedió de lo esperado.

24


Lo que sí hubo

fueron amenazas veladas

fallidos disparos

lanzados a traición

con grave resentimiento

a los que respondí

en defensa propia

con igual fortuna

de no dar en el blanco.

Después de casi treinta años

sin volver por esas calles

la voz de una mujer

acercándose me dijo

que casualidad o no

el día anterior a mí regreso

varios desconocidos

arrancaron a balazos la existencia

a uno de aquellos dos hermanos

que arrogante

y ocioso reposaba

en el salón principal

de su antigua madriguera.

25


ENTRE ANÉCDOTAS

Con el escritor Roberto Quesada

vagabundeamos por Manhattan

buscando durante horas

donde aliviar nuestra sed

hablar de Honduras

y de su agitado mundo

llamado Nueva York.

De pronto una esquina

con luz fluorescente

indicaba en colores pastel

la existencia de un bar.

La zona estaba cercada

por rojos vehículos de bomberos

coches radiopatrullas en alerta

y blancas ambulancias.

Los transeúntes

curiosos

se detenían ante las imágenes

del edificio en llamas.

Por su extremada presencia

tanto médica como policial

aquel nos pareció un rincón seguro

al que Roberto y yo decidimos entrar

para plantarnos frente a la barra

como únicos clientes

pidiendo una tras otra la bebida

que una joven de mirada asustada

nos servía con premura.

A través de una de las ventanas

entre anécdota y anécdota

veíamos de vez en cuando

caer algún cuerpo

que se lanzaba al vacío

desde las plantas superiores

en un desesperado intento

por salvar la vida.

Al pagar la cuenta comprobé

que a pesar del espectáculo

el honrado propietario del local

no subió el precio de la cerveza.

26


PARTE DE GUERRA

En resumen, cuando estés en la batalla,

usa lo ortodoxo para enfrentarte al enemigo.

Usa lo extraordinario para conseguir la victoria.

SUN TZU, El arte de la guerra

27


EPIGRAMA

Los búhos tienen ojos.

Las hormigas también.

28


AUSENCIA

Mi hermana mi hermana

¿Dónde está mí hermana?

Busco en vano.

No puedo verla.

De pronto como una bala como un fogonazo.

Su mirada ante el horror.

Su piel blanca y su adolescencia.

Su manera de bailar a solas y cantar.

Su cabellera al sol.

Todo se desvanece.

Sus 18 años en un sólo instante como un destello.

Como una metralleta sonando en mi memoria.

Algunas veces el camino me conduce

hasta el whisky de los filibusteros.

De golpe una explosión.

Una bala en la madrugada.

Un grito ante el espanto.

29


DESFILE MILITAR

Una mañana cualquiera.

Aburridos

bajo el aplastante sol del trópico.

Agotando insaciables

nuestros cigarrillos

de marca barata.

Sentados como de costumbre

sobre los escalones de cemento

que dan a la vieja iglesia del pueblo.

Nos entretenemos

contando camiones

tanquetas y un río

de guardias nacionales

con destino a la masacre.

30


FOTOGRAFÍA

Me fui sin decir adiós.

Nadie me avisó de la partida.

De la mía y la de ustedes.

El ruido de unas bestias

puso fin a lo que estábamos hablando.

Por eso mi odio a las matemáticas.

Tu último gesto

lo realizaste atropelladamente pero firme.

Lo demás sucedió todo tan de prisa

que se quedó en mí como una fotografía.

31


CON MALA LETRA EN LA PARED

Las calles tomadas

por el espectro de los ausentes.

Apenas sí hay tiempo de leer al paso

unos versos escritos con mala letra en la pared.

Pero… ¿Dónde está el poeta?

Camino entre las esquinas sigiloso

mientras por una cuneta

avanza con desgano -como no queriendo llegar-

un hilito de sangre

que se perderá en la cloaca.

32


ATAÚDES BLANCOS

Varios estudiantes apiñados en la calle

forman una especie de montaña nevada

cubiertos como están por sábanas blancas.

En el centro de la plaza

ya sin aliento de vida

la barricada que armaron los muchachos

con viejos pupitres y pedazos de tablas

sacadas de los basureros.

Entre el humo de la pólvora

los dejaron caer violentamente

sin la menor delicadeza

sin cortesía alguna

sin la más leve consideración

hasta formar un amasijo

contra el pavimento.

Los lanzaron

como arrojan los cuerpos

en la fosa común

al final de la batalla.

33


BOULEVARD DEL EJÉRCITO

Arrastran sus cuerpos por el pavimento.

Intentan que alguien abra la puerta

pero nadie hace nada.

El conductor del autobús

con la mirada fija y perdida

es un sujeto indiferente.

El resto de pasajeros

sólo curiosea por las ventanillas

haciendo tímidos comentarios en voz baja.

Como queriendo decir:

Es un cálido día manchado de sangre.

El tráfico avanza lentamente

esperando que los cuerpos zigzagueantes

se retiren del camino

hasta colocarse moribundos en la acera.

Algunas mujeres lloran

imaginando quizá a sus hijos o maridos.

Los más pequeños

no pueden evitar imitarlas

y también lloran.

La confusión es enorme

Son muchos los cuerpos que ruedan

y se mueven a duras penas

producto de las heridas.

A lo lejos resuenan pequeñas detonaciones.

El tránsito recupera poco a poco

su monótona normalidad.

A los costados

entre los arriates verdes

se ven banderas rojas

colgadas de las ramas

o sujetas a las vallas metálicas

de una fabrica de zapatos.

Detrás de un barril oxidado

un niño que se esconde

me mira fijamente.

Sus ojos me persiguen

atravesando el cristal de mi ventana

Preguntando qué haré ahora

que lo he visto todo.

Pasados los años

lo encontré con su voz muda entre la multitud

por la calle Corrientes o cerca del Notre Dame

oculto tras los marsupiales en Melbourne

34


vagando descalzo por Chongqing

a media noche y sin rumbo fijo.

Y continúo petrificado sin el valor suficiente

de gritar al chófer del autobús que abra la puerta

para que aquel niño pueda subir y se salve.

35


CIUDAD DE HIERRO

Ahora sé que eres vulnerable.

Que pueden tocar tu corazón

y derrumbarte.

Sé que no sólo es abatible

el verde en la montaña

el árbol en la sierra.

Sino también tú

ciudad de hierro

donde apenas sí germinan

las hojas de la hierba.

Hong Kong, China, 2008.

36


ALEJA DE TI

Que la desolación no te alcance

en esta hora.

Permite que la angustia

pase de largo.

Líbrate mientras puedas

de los recuerdos

que hacen daño.

Guarda celosamente

los nombres

que a duras penas

cargas en la memoria

para que sus viejos moradores

descansen en paz.

Que no te tiemble el pulso

ni vuelvas la espalda

mientras lanzas la granada.

37


EL CAZADOR

A Vasili Záitsev

Agazapado en la maleza.

Un día tras otro sin comer ni dormir.

El ojo pegado al punto de mira

en busca permanente de su presa.

El frío que lacera.

El calor que funde.

En el rígido silencio

de la más completa soledad

se tensan los nervios

que agudizan los sentidos.

Una bandada de pájaros

que de pronto alzan el vuelo.

Una piedra rodando en la vereda.

Una rama que se quiebra.

Suenan alarmantes

como una sirena en la cabeza.

Entre el verdor de los maizales

relumbran bajo el sol

un puñado de cascos.

En las quebradas

las botas chapotean

sobre el río.

La tropa se aproxima sigilosa

hasta acampar en las cercanías.

Por la mañana

con estrépito

tres cabezas caen a la vez

sobre unos platos de comida

que descansan en la mesa.

Cabezas alcanzadas a un tiempo

por un sólo proyectil

y porque la munición también

algunas veces

escasea.

38


MARCHA DE LA UNIDAD

A los que cayeron en San Salvador

el 22 de enero de 1980.

Todo estaba bien.

Hasta que llegaron ellos

con sus bombas lacrimógenas

los disparos del G-3

las capturas indiscriminadas

las avionetas fumigando

los cadáveres contra las cunetas

y las mujeres en desespero

que entre la multitud

buscaban la mirada combativa

de sus hijos.

Todo estaba bien.

Salvo usted General.

Salvo usted que dio la orden

todo estaba bien

General.

39


LA EMBOSCADA

Un puñado de hombres

se dirige sin saberlo

hacia la nada.

El acelerado palpitar.

La gota de sudor en la frente.

La mirada fija

en los cronometrados relojes

que silenciosos anuncian

el sorpresivo punto de partida.

40


RECHINAR DE POLAINAS

Golpean a tu puerta.

La casa está rodeada.

No te dan tiempo de vestirte

así que te sacan en ropa interior

a insultos y empellones

hasta subirte en la parte trasera

de un vehículo en marcha.

Te vendan los ojos

y tu respiración agitada

se une a la de otros jóvenes

que sentados al lado

no logran gesticular palabra.

La suerte está echada.

Se nota en el silencio de todos.

Se intuye por la falta de preguntas.

Se teme por los otros

que igual que tú irán llegando.

Por el sonido seco

que producen los pies

al chocar contra el suelo

se sabe que son más de diez.

Los hacen caminar

sobre la vía del tren

a ratos con algún golpe cerrado

de la culata del fusil.

Siguen sin abrir la boca.

Les falta el aliento

Tienen seca la garganta.

El sonido de las botas y el correaje

ese sí se oye porque las polainas rechinan.

Entre las víctimas

alguien anuncia que falto yo.

Los verdugos lo saben

y deciden no esperarme.

Comienza el festín

y las cabezas una a una

van cayendo

bajo el filo del machete.

41


CÓMPLICES

La noche es una vieja alcahueta.

Dadora de vida y de muerte.

Encubridora de tanta fechoría.

La Gestapo el KGB la CIA la Guardia Pretoriana

gustaron de la oscuridad como los amantes en celo.

Troya fue tomada bajo el manto de la luna.

Leo a Solzhenitsyn y evito a los seres nacidos del asfalto.

Me basta con hurgar en periódicos

para conocer el estado de La Bolsa y sentirme un gentleman.

¡A quién se le ocurrió que yo no puedo!

Camino bajo la lluvia hasta que el frío cala mis huesos.

Que es otra manera de sentirse en Londres o París

o entre la humedad de las hojas de los cafetales.

¡Sí! los que me cubrieron en la retirada.

42


VENTA AMBULANTE

Es como si de pronto

alguien quisiera

que nos muriéramos diunsolo

sin quejarnos

sin levantar polvareda

sin alzar la voz.

Morirnos así

como se mueren de hambre cada día

miles de niños en el mundo.

Que se sepa

pero que no molestemos.

Que a lo sumo

seamos un dato estadístico

en los almanaques de la historia

Confieso que ganas no me faltan

que lo he pensado un montón de veces

mientras miro la foto de la casa donde viví

antes de venir a parar a este sucio mercado

donde me tuve que ir acostumbrando

al terror nocturno

que aquí no es una cuestión sólo psicológica.

¡Les aviso!

no me voy a morir callado.

Voy a levantar polvareda.

Alzaré mi voz para que suene fuerte.

Voy a gritar hasta que retumben las paredes

y a contarles que a mi casa

le cayó una bomba de quinientas libras

cuando yo era joven y tenía fuerzas

para abrazar a mis difuntos hijos

de quienes apenas sí recuerdo sus rostros

y a los que cada día ofrendo mi dolor.

43


EL HERMANO LEJANO

Lo encontré en Nueva Orleáns

sirviendo en un restaurante

de comida mexicana.

Al principio dudé

pero no

si era chaparrito

moreno y de bigote lampiño

labios gruesos

pelo de un negro azabache

y ojos rasgadamente indígenas.

Pero él

también me reconoció de inmediato

como a uno de los suyos

pues no somos tan distintos.

Pero yo diría que más bien

me descubrió in fraganti

por esa manera de tomar que tengo

cuando viajo fuera de casa

y los recuerdos de la infancia

golpean las puertas del alma.

Nos citamos en el bar Napoleón

que quedaba a la vuelta.

Un famoso bebedero de la ciudad

que después me encontré en una película

de Kevin Costner.

Antes de estos cuatro empleos que tengo

yo era ordenanza –me dijo-

en un centro de gobierno.

Ahí todos hablaban de algún familiar

en los Estados Unidos.

Ahora algunas noches

cuando me meto en la cama

abrazo a mi mujer y lloramos amargamente

hasta quedarnos dormidos como dos niños

soñando a veces con nuestros hijos

que se quedaron a la espera

de viajar a esta tierra prometida

donde vive y muere el hermano lejano.

44


LOS BARCOS

Arrecia la tormenta.

Los barcos chocan entre sí y se hunden.

Ya no tengo más hojas en el cuaderno.

Retiro los pies de la cuneta.

Me levanto empapado por el agua.

Se acabó la guerra.

45


ÍNDICE

Prólogo…………………………………………………..

Dedicatoria………………………………………………

Cañones ociosos…………………………………………

El burdelero……………………………………………..

Las montañas de Fengdu………………………………..

La reina…………………………………………………

Primer Amor…………………………………………….

Piedra pequeña………………………………………….

Anacapri…………………………………………………

Mí pequeño burgués…………………………………….

Prohibido amor………………………………………….

Desencuentro……………………………………………

La ciudad de la muerte…………………………………..

La mágica Florencia…………………………………….

Un helado y esta casa……………………………………

Una cruz de velas……………………………………….

Un plañidero adiós……………………………………...

En la maleta…………………………………………….

Silencioso París…………………………………………

La penitenciaría………………………………………….

El sastre de Xiangtan……………………………………..

Tu frágil corazón…………………………………………

Vaqueros de pacotilla……………………………………..

Entre anécdotas………………………………………….

PARTE DE GUERRA…………………………………..

Epigrama……………………………………………….

Ausencia…………………………………………………

Desfile militar……………………………………………

Fotografía………………………………………………..

Con mala letra en la pared……………………………….

Ataúdes blancos………………………………………….

Boulevard del Ejército……………………………………

Ciudad de hierro…………………………………………

Aleja de ti………………………………………………..

El cazador……………………………………………….

Marcha de la unidad……………………………………...

La emboscada…………………………………………….

Rechinar de polainas………………………………………

Cómplices…………………………………………………

Venta ambulante………………………………………….

El hermano lejano………………………………………..

Los barcos………………………………………………..

46

More magazines by this user
Similar magazines