LITERATURA GRIEGA CLASICA CANTARELLA

luzrecone

RAFFAELE CANTARELLA

LA LITERATURA

GRIEGA

CLASICA

LOSADA


RAFFAELE CANTARELLA

de la Universidad de Milán,

de la Accademia dei Lincei,

Dr. h. c, de la Universidad de Atenas

LA LITERATURA

GRIEGA CLASICA

Traducción de

ANTONIO CAMARERO

de la Universidad Nacional del Sur,

Bahía Blanca

EDITORIAL LOSADA S. A.

B U E N O S A IItE S


LAS LITERATURAS DEL MUNDO

Enciclopedia universal de las literaturas

dirigida por

RICCABDO BACCHELU, GIOVANNI MACCHIA

Y ANTONIO VISCARDI

Edición española al cuidado de

ATTILIO DABINI


Título original

L A L E T T E R A T U R A GKRECA OIjASSIOA

© 1067 by Gh 0. Sansotii, Firen&o

ed Edizioni Accadem ia, Milano

Queda hecho el depósito

gué previene la ley 11.723

Adquiridos loa derechos exclusivos

para todos los países de habla española

© Editorial Losada, S. A., Buenos Aires, 1971

IMPRESO EN LA ARGENTINA.

ΡΒΙΝΤΕΏ IN ARGENTINA


Λ

Roberto y EU ore,

para que me recuerden


PREFACIO

La historiografía de la literatura griega cuenta con numerosas

obras, estimables en diversa medida según sus variadas características,

que documentan el constante esfuerzo de profundizar

la comprensión de esta literatura desde tantos puntos de vista

paradigmática, y de actualizar su interpretación según los principios

de la critica histórica y literaria. Así, desde la monumental

pero lamentablemente incompleta Geschichte der griechischen

Literatur de Wilhelm Schmid (vols. I-V, München, 1929-1958, con

cerca de 3.500 páginas en octavo que alcanzan solamente hasta

fines del siglo V), gloria del método fundamental histérico-filológico

que es indispensable para toda investigación de este género,

se llega a través de diversas gradaciones a la luminosa síntesis de

Gilbert Murray, The literature of ancient Greece, University of

Chicago Press, 1956, por citar uno de los más logrados libros del

género. En este campo, Italia se encuentra hasta ahora presente

únicamente con algunas obras de carácter escolar, aun cuando

alguna de ellas, dentro de tales límites, pueda resultar verdaderamente

estimable. Iniciativas de mayor alcance quedaron desgraciadamente

apenas en sus comienzos (Camillo Cessi, Storia

della letteratura greca, vol. I, parte I, Torino, 1933, con cerca de

1.000 paginas que tratan de los orígenes y de Homero) o han sido

solamente anunciadas.

Podría ser ya ésta una razón suficiente para justificar nuestro

libro, si tuviera necesidad de justificación. Pero, por nuestra parte,

consideramos haber emprendido un camino diverso, que era

preciso tomar para llevar de nuevo la historia de la literatura a

su función esencial de valorización crítica del hecho literario,

basada obviamente en los resultados más apreciables y actualizados

de la investigación histórico-filológica. Por otro lado,

mientras las obras más estimables de criterio científico ponen en

evidencia él aparato filológico y bibliográfico (sirva como ejemplo

de todas ellas la reciente y muy valiosa Geschichte der griechischen

Literatur de Albín Lesky, Bern, 1963, un verdadero modelo,

de la que ha aparecido también una traducción italiana), nos-


10 LA LITERATURA GRIEGA CLÁSICA

oíros hemos estimado oportuno sobreentenderlo y casi ocultarlo

en el curso de la nuestra, presentando al respecto lo más esencial,

es decir, la problemática y los resultados más considerables de la

investigación filológica. Reconociendo, sin embargo, su importancia

como base insustituible — lo repetímos con plena convicción—

de toda seria disquisición crítica y orgullo honroso, al mismo

tiempo, de cerca de dos siglos de investigación, hemos complementado

el volumen con una seleccionada “Nota bibliográfica” de

los últimos decenios.

Estas historias de la literatura presuponen el conocimiento

del objeto de que tratan, es decir, de la literatura griega, lo que

resulta imposible dada la extensión de la materia. Obviamente

también lo es para nosotros. Por ello, hemos querido ofrecer,

respecto a las obras liter ariamente más importantes, los resultados

críticos de una lectura hecha, al menos en parte, juntamente

con el lector, haciendo hablar directamente al poeta o al escritor

en los lugares más signifiçatiws. Naturalmente la aplicación integral

de este procedimiento habría requerido una extensión mucho

mayor de la presente, a la que nos vemos limitados. Pero

lo hemos hecho en otro lugar, en dos amplios volúmenes de Pagine

della letteratura greca classica publicados en esta misma colección,

que consideramos un complemento indispensable de la presente

obra y que, por ello, proponemos a la atención y juicio del

lector como parte constituyente de un solo conjunto orgánico con

esta Historia. Asimismo donde.no ha sido posible la lectura de

los textos, hemos incluido amplios y directos resúmenes de las

obras. D e este modo hemos entendido concretar la apreciación

crítica a un terreno efectivo, aunque más no sea mediante la necesaria

autoridad de la traducción1, y ofrecer al lector no solamente

los documentos de nuestro juicio sino también, eventualmente, los

argumentos de su propio disentimiento.

Una producción inmensa de cerca de quince siglos, que las

vicisitudes de su transmisión hicieron disminuir ampliamente pero

dejándonos todavía algunos millares de volúmenes, tal es, en cuanto

a su extensión, la literatura griega. D e toda esta materia no

existe una compilación completa y actualizada; y, si existiera,

no sería una historia de la literatura griega, sino una historia de

lo que ha llegado hasta nosotros de la producción escrita de la

cultura griega. Y esto es algo distinto de la literatura.

Con este nombre entendemos, en cambio, el conjunto de

obras que tengan importancia por su expresión artística, tanto

en poesía como en prosa, o por su pensamiento (filosófico, científico,

histórico, etc.). Por consiguiente, se buscarán en vano en esta

1 Las traducciones incluidas en el texto son del autor [versión aproximada

del traductor al español].


PREFACIO

ii

Historia los nombres de muchos poetas dramáticos de la época clásica

y helenística, o los de innumerables autores de obras gramaticales,

filológicas, arqueológicas, retóricas y científicas en general

de la época helenística e imperial, como asimismo los de centenares

y centenares de historiadores. Todos ellos pertenecen a la historia

de las respectivas disciplinas y deben ser buscados en los repertorios

especiales. No hemos creído, en cambio, oportuno la exclusión

de la literatura de inspiración cristiana, no solamente porque

es con pleno derecho griega, sino sobre todo porque representa la

parte más vital, tanto por su contenido como por su forma, de los

últimos siglos de su historia y porque constituye, en fin, un hecho

de enorme importancia histórico-religiosa y cultural, elaborado

siempre asimismo en la lengua, modos y espíritu griegos. Por estas

razones, llega a ser uno de los componentes fundamentales de la

civilización, de nuestra civilización occidental y europea.

La base de nuestro tratamiento es fundamentalmente histórica.

El arte, todo arte, es un hecho autónomo del espíritu pero,

como cualquier otro fenómeno humano, nace en su tiempo. Y no

sin razón. Puede incluso suceder, después, que en la perspectiva

histórica este hecho de pertenecer la obra de arte a su propio

tiempo constituya un aspecto pasajero; pero precisamente del

hecho de estar inmersa en su propia época es de donde llega el

arte a la originalidad y al mismo tiempo a la universalidad. Lo

que para nosotros es historia, fue en aquel momento la vida, la

realidad, en todas sus manifestaciones, y esto es también algo de

que se nutre el arte, pues no es flor ésta que brote al azar o indiferentemente

en cualquier terreno, aunque nadie pueda explicarnos,

en último extremo, porqué nace en tal momento o lugar.

Por estas razones hemos tratado de esclarecer, aun cuando

sea brevemente, el momento político, social, económico y cultural

en que nace la obra de arte, sin supeditamos a esquemas y preconceptos

de cualquier género. Y por el simple hecho, al respecio,

de que él arte ha existido siempre, en todas las épocas y en todas

las condiciones, nos parece refutada plenamente la concepción

materialista y determinista del arte. En él esplendor y en la miseria,

en el poderío y en la decadencia, en la libertad y en la

esclavitud, en la riqueza y en la pobreza, en las cortes y en las

casas, siempre florece el arte, misteriosamente, en el corazón de

los hombres. Y esta es también una de las grandes lecciones de la

civilización griega.

Por estas razones, en fin, hemos seguido como norma el desarrollo

histórico de los hechos literarios, sin atribuir, por ello,

valor de categoría a las épocas y períodos. Son éstos abstracciones,

tal vez útiles pero peligrosas, como lo son las clasificaciones,

los esquemas y, en suma, los “géneros". Cuando deja de haber

grandes figuras se observa entonces de manera especial qué es


12 LA LITERATURA GRIEGA CLÁSICA

en realidad el “género”; tradición, continuidad, sentido de la historia.

En cuanto tal no puede y no debe causarnos temor, sin

olvidar, además, que en toda la civilización griega tradición y

originalidad son dos fuerzas activas y cooperantes desde Homero.

Para esta segunda edición, el texto ha sido enteramente revisado

y corregido. La bibliografía (que, por necesidades inherentes

a la organización de la Colección, se incluye al final de la

segunda parte* en forma conjunta la de este volumen con la de

la misma) ha sido actualizada hasta el año 1966 inclusive.

Milán, octubre de 1967

R.C.

* La literatura griega helenística e -imperial, Buenos Aires, Editorial

Losada, 1971. (N. del E.)


INTRODUCCIÓN

LA TIERRA

La Hélade ('Ελλάς), la región donde se establecieron los

griegos2 en los primeros siglos del segundo milenio antes de

Cristo, puede identificarse, en cuanto se refiere a las condiciones

histórico-políticas de la época clásica, con la parte meridional de

la Península Balcánica, limitada al norte por una línea que corre

desde el golfo de Ambracia (actual Arta) hasta la desembocadura

del Peneo (hoy Gastuni), con inclusión de la Tesalia y exclusión

del Epiro, Macedonia y Tracia. País de mediana extensión

( su máxima latitud es de 300 Km y la mayor longitud de 400 K m ),

situado por entero en mares que lo circundan por tres lados (el

Jctnio al oeste, el Mediterráneo al sur y el Egeo al este) de los

que recibe toda su faja costera, sumamente entrecortada, el beneficio

del clima templado mediterráneo, es sin embargo predominantemente

montañoso (la llanura más amplia, la de Tesalia,

supera en poco los 2.000Km2), con una configuración orográfica

accidentada que da origen a numerosos valles de conformación

muy irregular, los que hacen difíciles las comunicaciones incluso

entre lugares poco alejados en línea aérea. Su régimen hidrográfico

es pobre y de carácter torrencial.

Ésta que podemos llamar Grecia propiamente dicha está además

integrada por algunos grupos de islas que facilitan sumamente

las comunicaciones con los restantes países del Mediterráneo:

las Islas Jonias (Cefalonia, Corfú, Zacinto, Itaca) frente a

la costa adriática meridional y Sicilia; Creta, la mayor, centro

2 “ Griegos” es la transcripción romana del étnico ΓρΛΜοί, denominación

de una pequeña población del Epiro, que se difunde en el siglo iv a. de C.

hasta sustituir al antiguo nombre de "Ελληνες ( = helenos). A través de los

romanos, mediadores y continuadores de aquella civilización, la palabra pasó

después a todas las lenguas europeas; por ello indicamos de ordinario con el

término griego (y derivados) todo lo que sería más exacto denominar helénico,

al menos respecto a la época clásica.


14 INTRODUCCION

obligado de confluencia de todas las civilizaciones mediterráneas;

las Islas del Archipiélago en el Egeo (Cicladas; Amorgos, Ceos,

Paros, etc., dispuestas como en círculo alrededor de Délos; y

Esperadas: Lesbos, Quíos, Samos, Rodas, etc., enfrente de la costa

meridional del Asia M enor); y, en fin, Chipre en el corazón del

Mediterráneo oriental.

Grecia continental y Grecia insular son, sin embargo, sólo

una parte ·—y en poco la mayor— de las tierras que llegaron a

ser griegas por la lengua como efecto de la colonización, y que

desempeñaron una función notabilísima en la creación y desarrollo

de la civilización griega. Siguiendo los derroteros de la expansión

aquea, la primera migración ( jónico-eólica, 1100-1000) helenizó

las costas del Asia Menor penetrando hasta el Mar Negro

(Ponto Euxino); la segunda (siglos vni-vi) se dirigió a Occidente,

a las costas de Sicilia y de Italia meridional ( Magna Graecia),

extendiéndose hasta las desembocaduras del Ródano y las Columnas

de Hércules; y la colonización meridional, en fin, estableció

florecientes centros comerciales en Egipto y Libia.

El verdadero vínculo entre estos diversos mundos helénicos

lo constituyó el Mar Mediterráneo que fue siempre el elemento

natural de los griegos. El Mediterráneo contempló la civilización

minoica y aquea, la expedición de los Argonautas y la realizada

contra Troya, el largo errar de Ulises, las empresas de navegantes

y colonizadores, y el imperio, en fin, ateniense; el Mediterráneo

hermanó a los griegos y Ies dio el sentido de unidad cultural

frente a los bárbaros, anulando los particularismos comarcales y

permitiendo más fáciles relaciones, casi imposibles por tierra; el

Mediterráneo, como imagen sensible de la patria en el grito de

los Diez Mil de Jenofonte, echó a unos en brazos de otros llorando

todos de emoción. Al Mar Mediterráneo impulsaron, en

fin, a los griegos tanto su amor al riesgo y a la aventura como

la tradicional pobreza de su tierra falta de recursos ( Herodoto,

111,102).

EL PUEBLO

Si bien Grecia continental y sus islas han estado habitadas

desde la más alta antigüedad, faltan hasta ahora indicios del

paleolítico3; mientras tanto, sobre todo en Creta y en Tesalia

(sin relaciones recíprocas), existen estaciones neolíticas (de aproximadamente

entre los años 6000 a 3400 a. deC .) y subneolíticas

( entre 3400 a 3000 a. de C. ), en relación quizás las tesalias con

3 Tal parece evidenciarse por los resultados de recientes excavaciones

en Beocia.


EL PUEBLO 15

la “facies” cultural contemporánea del valle del Danubio.; Los

propios griegos recordaban, por otro lado, aunque no fuera más

que sus nombres en un fárrago de confusas tradiciones, a los antiquísimos

habitantes neolíticos de su país: pelasgos, carios, lélégos,

etc., que fueron pueblos mediterráneos de origen microasiático,

introducidos en Grecia en diversas oleadas entre los años

4500 a 3000 a. de C. y mezclados con las poblaciones indígenas4.

Entre tanto se desarrolla en la isla de Creta una floreciente

y brillante civilización, de la que los griegos conservarán numerosos

recuerdos y leyendas, confirmadas por las excavaciones efectuadas

en los principales centros de la isla (Cnosos, Festos, Hagía

Triada, Mallia, etc.) por las expediciones arqueológicas inglesa

e italiana en los últimos setenta años. Es la denominada precisamente

civilización “cretense” o también "minoica” (de Minos,

título de la suprema dignidad real, más bien que nombre de persona).

De esta civilización dio Evans el siguiente esquema cronológico

(calculado sobre la civilización egipcia contemporánea

y, por ello, susceptible hoy de ser rebajado con aquélla), el que,

obviamente aproximado y relativo, es sin embargo, en su conjunto,

todavía válido 0 :

MINOICO ANTIGUO (M. A.)

(período prepdacid)

I: 3000-2800 (M a. 2800-2500)

II: 2800-2400 (M a. 2500-2200)

III: 2400-2100 (M a. L. 2200-2000) : escritura jeroglífica

MINOICO MEDIO (Μ. Μ.)

(Ι-1Ι: época protopdacial)

[1900-1800: llegada a Greda de los luitas indoeuropeos del Asia

M enor occ.j

I: 2100-1800 (M a. 2000-1850)

II: 1800-1750 (M a. 1850-1700)

III: 1750-1580 (M a. 1700-1550)

[1700-1600: llegada a Creta de los luitas; escritura lineal A }

[segundos palacios de Cnosos y Festos]

4 A la opinion, ya superada, de grandes migraciones en masa va sustituyendo

actualmente Ja de pequeños contingentes que, en posesión de un

armamento superior y de una civilización más avanzada, logran conseguir su

predominio o establecer una convivencia pacífica, incluso mediante lentas

infiltraciones.

G Indicamos entre paréntesis las rectificaciones de Marinatos ( = Ma.),

que sitúa la completa introducción del metal en Creta liacia el año 2800 (mientras

Evans lo colocaba antes del 3000), así como las de Doro Levi (=rL. ).


16 INTRODUCCION

MINOICO RECIENTE (M. R.)

I: 1580-1450 (M a. 1550-1400)

II: 1450-1400: destrucción de Cnosos; fin de la lineal A

[M . A . I l l - M .R. II: período del bronce]

III: 1400-1200 (M a. 1400-1100): aparición del hierro

[1400-1300: llegada a Creta de los aqueos]

[1300-1200: nueva hegemonía de Cnosos; lineal B ]

[1200-1100: destrucción de Cnosos por los dorios]

Para Grecia el cuadro puede ser completado en la siguiente forma

(F. = A. Furumark) :

[1600-1500: llegada de los griegos a la Argólida]

MICËNICO

(según Furumark)

I: 1550-1500 (F. M a. 1580-1500; L. 1400)

II: 1500-1425 (F. M a.) :

III: 14254100 (F. M a.)

[1400-1300: expedición de los aqueos contra Creta]

[1300-1200: palacio de Néstor en Pilos y lineal B ]

[1300-1200: destrucción de Troya V il-a por los aqueos de Micenas]

[1200-1100: destrucción de Micenas por los dorios]

[1200-1100: destrucción de Troya V ll-b ]

[1100-1000: migración jónica]

[1050 aproximadamente: estilo protogeométrico (Atenas) ] . :

[900 aproximadamente: estilo geométrico puro (Atenas)]

[900 aproximadamente: escritura alfabética]

[760 aproximadamente: estilo geométrico maduro]

[725 aproximadamente: estilo geométrico tardío]

[700 aproximadamente: cerámica protoática]

Fue precisamente durante el M.M.L, en que comienza el

período de mayor predominio cretense, cuando aparecen en Grecia

continental (al igual que en la península itálica una rama

afín) las primeras vanguardias de los griegos, es decir, de pueblos

qne hablaban el griego, que es una lengua indoeuropea ( “indoeuropeo”,

entiéndase bien, no es un concepto étnico o cultural, sino

tan sólo una abstracción lingüística ). Procedían de sedes no

precisas que actualmente se tiende, o más bien se torna, a situar

en Asia Menor, y fueron aquellos que más tarde, adueñados de

todo el país hasta el Peloponeso, encontramos presentes en Asia

Menor (según documentos hititas de hacia el año 1350) y en

Fenicia; un siglo después, en una expedición de los “Pueblos del

mar” contra Egipto; y, finalmente, en Homero con el nombre de

“aqueos”. Estos pueblos, siguiendo la senda de la más avanzada


EL PUEBLO 17

cultura cretense, crearon una nueva civilización y un gran poderío

político de fuerte impulso expansivo, que modificó completamente

el aspecto del país, y sabedores del secreto del pujante poder

minoico, el dominio del mar, se apoderaron da él y le dieron el

último y definitivo golpe hacia el año 14006.

Esta nueva civilización recibe el nombre de “micénica” por

su centro de mayor importancia política, Micenas (todavía en el

recuerdo homérico como la "rica en oro” y así confirmada por las

excavaciones de Schliemann). De este pueblo conocemos desde

hace poquísimos años también su lengua, gracias al extraordinario

descubrimiento de un estudioso inglés, Michael Ventris, mediante

la interpretación de numerosas tablillas de arcilla encontradas

en Micenas, Pilos, Cnosos, etc., escritas, entre los años 1400

y 1200 en un alfabeto silábico (el llamado “lineal B” ) que los

aqueos tomaron prestado precisamente de los cretenses, adaptándolo

para transcribir su propia lengua. Se trata de un “griego”

con formas ya “homéricas”, documentadas ahora, por tanto, cinco

o seis siglos antes de Homero, y que se suele denominar también

“micénico”.

Mientras tanto, y como consecuencia siempre de más vastos

movimientos étnicos en las zonas limítrofes, continúan agregándose

en Grecia otros pueblos, afines por su origen y lengua a los

aqueos. Alrededor del 1500 aparecen los jonios, cuya migración

concluye hacia el año 1000, los que dejaron su nombre al mar y

el nombre de su jefe Pelops a la última península, en tanto que

poco después se establece en el valle del Peneo el mayor núcleo

de eolios.

De todos estos movimientos, según afirma ya Tucídides (I,

2), iba quedando excluida, aunque de manera relativa, Ática, en

razón también de la pobreza de su suelo, de donde parece justificarse,

al menos en parte, la vanagloria que tan frecuentemente

sostuvieron los áticos de sí mismos como “autóctonos” , Pero asimismo

en el resto de Grecia estas migraciones no debieron de

modificar sensiblemente la estructura étnica (los jonios y eolios

eran en realidad neoaqueos, que convivieron con los primeros en

relaciones casi siempre pacíficas) ni tampoco el aspecto cultural

0 Esto, y cuanto indicamos sobre la civilización micénica, representa la

“ communis opinio” , casi aceptada de manera concorde y autorizada. Recientes

intentos {1961) de retrasar la migración greco-aquea a los siglos xin-xn

no parecen convincentes y fundados, pues parten de 3a presunción de que no

sería aceptable la ecuación común micénico — griego, porque de las 630 “palabras”

de la “lineal B” (hasta el año 1956) solamente 252 han sido identificadas

como griegas (homéricas y clásicas), y, por ello, no sería griega la

lengua de la “lineal B” . Pero las interpretadas hasta ahora, según consenso

unánime de los glotólogos, salvo poquísimas excepciones, constituyen un dialecto

“griego” , aunque sea diversamente configurado y clasificado.


18 INTRODUCCION

que, en líneas generales, permanece el determinado por la civilización

aquea, que había dado a la Hélade una notable uniformidad.

Un cuadro retrospectivo suficientemente preciso del poderío

aqueo alrededor del siglo x i i , cuya última gran empresa fue

su expedición contra Troya y que, por lo mismo, permaneció

memorable en la tradición y la poesía de los griegos, nos lo ofrece

precisamente, en el libro II de la llíada, el cantor inmortal de

aquella gesta y primer poeta de Occidente, Homero,

Esta espléndida civilización que había cubierto a Grecia de

florecientes centros habitados, que había edificado sólidas y fastuosas

fortalezas reales en Argos, Tilinto, Micenas y Pilos, que

había elevado soberbias tumbas de cúpula a sus príncipes, ornados

hasta en su última morada con fabulosas riquezas de oro,

toda ella queda destruida bajo la invasión de la última llegada

de las estirpes griegas, los llamados dorios (¿de origen ilírico?),

quienes, afines asimismo de los aqueos, jonios y eolios, habían

iniciado quizá pequeñas infiltraciones en Grecia septentrional al

mismo tiempo que los primeros aqueos. Pero su gran invasión

sobreviene más tarde, en el siglo xn y, sea por natural decadencia

del poder militar micénico, sea por estar mejor organizados y

armados (del hierro), o, en fin, por encontrarse con mayor riqueza

de energías naturales en razón de su prolongado aislamiento en

sus sedes primitivas, barrieron fácilmente el ya declinante poderío

aqueo. Penetrando hasta el Peloponeso, destruyeron a sangre

y fuego;Pilos (hacia; el año 1200), Micenas y Tirinto (hacia el

■1100)' e introducidos en I.acoiiia tundan su famosa Esparta, que

permanecerá como centro de su pueblo durante toda la época

histórica.

.Dos siglos ide ' hondas conmociones cambian profundamente

las condiciones de Grecia. Los asentamientos étnicos y su consiguiente

“f acres” lingüística no llegan a descomponerse del todo,

asumiendo el aspecto que permanecerá ya estable por cerca de

quince siglos. Los fastuosos palacios micénicos con su artística

opulencia ceden el lugar a modestas y simples viviendas; las artes

decorativas y ornamentales se esterilizan en la pobreza del estilo

“protogeométrico” (1050 aproximadamente). Grecia se encierra en

sí misma sin casi más relaciones con el restante mundo mediterráneo.

Se abate sobre el mundo griego lo que se ha dado en

llamar el “medievo helénico” de los llamados “siglos oscuros”

(alrededor del 1100 al 800 a. d e C .), por analogía, en verdad más

aparente que real, con el final del mundo antiguo, razón por la

que se ha de considerar con muchas reservas la validez del parangón.

Pero asimismo este período acabó por tener efectos beneficiosos.

Acosados por los nuevos invasores, los antiguos habitantes

tomaron los caminos del mai en un impulso colonizador que hele-


LA

HISTORIA

ηίζό completamente el Mediterráneo, ejerciendo un influjo incalculable

en la elaboración de la nueva civilización, sobre todo en

Asia Menor, Magna Grecia y Sicilia, En Grecia propiamente dicha,

del trabajo de las estirpes, de la fusión de culturas y de la áspera

vida de tales siglos, se fueron conformando las energías que crearon

la civilización específicamente griega.

LA HISTORIA

De este medievo — que fue sin embargo la época en que los

griegos reaprendieron la escritura de los fenicios (alfabética; hacia

el año 900 y quizás incluso antes) y tuvieron a Homero y Hesíodo—

emerge Grecia a la historia. Con el año 776 comienzan las

listas de vencedores de las Olimpíadas, que se refieren indudablemente

a tradiciones escritas (esta cronología fue introducida

en la historiografía por Timeo de Taormina, que vivió entre los

años 356-260 a. d eC .) y con el año 754 las listas de los éforos

espartanos, es decir, los primeros datos seguros de la historia griega.

Se pueden delinear en ella los siguientes períodos·.

I, Periodo arcaico (800-500 a. de C.)\

Es un período de asentamiento y de formación, caracterizado,

en el exterior, por las grandes colonizaciones del Mediterráneo

y, en el interior, por la declinación de las monarquías feudales hacia

regímenes aristocráticos, de los cuales su mayor representante es el

de Esparta, que en este período organiza su característica constitución

con Licurgo (¿siglo vin?) y su poderío militar. Asimismo se

va formando entre tanto la polis ateniense, de la cual, si es legendario

el año de la institución del arcontado decenal (752), es segura

la fecha (683) de la transformación de dicha magistratura en anual.

Los siglos vii-vi se caracterizan por la aparición y difusión de la

“tiranía” en todo el mundo griego: Ortágoras en Sición (hacia

el 670) y sus descendientes hasta Clístenes (entre 600 y 565);

Cípselo y Periandro en Corinto (655-625;625-585) ; Melancro y

Mírsilo en Mitilene (Lesbos) entre los años 620 y 595; Polícrates

en Samos (entre 540 y 522); Pisistrato en Atenas (desde el 561 al

527 con interrupciones ) y luego su hijo Hipias ( 527-510; en el

año 514 Harmodio y Aristogitón matan a Hiparco, hermano de

Hipias); Gelón y su hermano Hierón en Siracusa (hacia los años

491-478;478-467), etc. Estos “tiranos” (el sentido peyorativo del

término se concreta en la Atenas democrática del siglo v junto

con la exaltación del tiranicidio; en su origen indica solamente

una monarquía no hereditaria y considerada, por ello, ilegal)

se apoyaron de ordinario en las clases más humildes contra las


20 INTRODUCCION

aristocracias retrógradas de las que ellos mismos surgieron, preparando

así la llegada de la democracia; fueron a menudo avezados

hombres de gobierno y protectores de las artes y las letras,

y dieron incremento a las relaciones políticas y comerciales

tanto entre las ciudades griegas como con el exterior. Por esto

alguno de ellos, como Periandro de Corinto, fue incluido en el

número de los Siete Sabios, que son la personificación del individualismo

de carácter político-moral que emergía de la sabiduría

popular y tradicional. Ésta es, en fin, la época de los primeros

legisladores, quienes en Grecia, diversamente a lo que sucedió en

Oriente, son simples ciudadanos mortales (Zaleuco en Locris,

alrededor del año 650; Carondas en Catania, hacia el 640; Dracón

en Atenas en el 624 y Solón en el 594) ; la ley pierde su antiguo

carácter religioso y sagrado y cobra inspiración en las nuevas constituciones

democráticas.

Π. Epoca de las polis (500-360 a.deC.)

1 Las guetras persas (500-479)

2 La pentecontecia (478-431) .

3 La guerra del Peloponeso (431-404)

4 El final de las polis (404-360)

1) El hecho dominante de la época es el enfrentamiento

entre Persia y la; Hélade,; y la consiguiente hegemonía de Atenas.

A través ; de estos acontecimientos se introduce Grecia como factor

decisivo en la historia universal, tanto en las vicisitudes políticas

como en la evolución espiritual de la humanidad. Durante

un siglo y medio no pisa el .suelo griego ningún pie bárbaro,

mientras la filosofía y la historiografía, la lírica y la dramática, la

arquitectura y íá escultura se elevan a alturas quizá nunca alcanzadas,

creando un patrimonio de civilización que permanecerá

como imagen de un gran ideal humano y como herencia

perenne para la posteridad.

Las etapas principales de esta verdadera epopeya, plenamente

gloriosa hasta en sus fracasos, son las siguientes:

a) Rebelión de Grecia de Asia Menor contra la dominación

persa (500-499);

b) Destrucción de Mileto en rebeldía por parte de los persas

(494);

c) Primera expedición persa (492): su flota es semidestruida

por una tempestad frente al promontorio de Atos;

d) Segunda expedición (primera guerra) persa: victoria de

los griegos en Maratón (a 35Km de Atenas: el 13 de setiembre

del 490);


LA HISTORIA 21

e) Tercera expedición (segunda guerra) persa (480-479):

sacrificio de los espartanos de Leónidas en las Termopilas; triunfo

parcial de la flota griega en Artemisio; abandono de la población

en masa de Atenas, que es tomada y destruida por los persas;

victoria naval griega en aguas de la isla de Salamina (frente a

Atenas) el 29 de setiembre del 480 (en el mismo mes, si bien

no en el mismo día como pretende un significativo sincronismo,

los griegos de Occidente derrotan a los cartagineses en la batalla

naval de Himera); retirada de los persas; y victoria de los griegos

en Platea (junto a Tebas en Beocia, el 27 de agosto del 479).

Los griegos pasan luego a la ofensiva con la victoria naval junto

al cabo Micala (costa de Asia frente a Samos) y los atenienses

ocupan Sesto asegurándose así el dominio del Helesponto contra

toda amenaza persa (primavera del 478). Con la liga delio-ática,

protegida de Apolo Delio, se crea el imperio naval ateniense.

2) Los cincuenta años, aproximadamente, de este período

señalan el apogeo del poder político y del impulso creador de

Atenas, que es reconstruida, fortificada y embellecida con espléndidos

edificios (Largos Muros y organización de los puertos; Propileos,

Partenón, Templo de Atenea Nike sobre la Acrópolis; templos

de Teseo y de Hefesto en la ciudad baja), mientras se dilata

y refuerza su imperio marítimo. En el año 454 se transfiere el

tesoro de la liga a la ciudad, al Partenón. El partido democrático

procede a valientes reformas, con Efialtes y Pericles (nacido éste

hacia el 495, entra en la vida política a los treinta y cinco años

aproximadamente y, después de haberse desembarazado de su

mayor adversario, el aristocrático Tucídides de Melesia, desterrado

en el año 443, se constituye en el personaje más poderoso e

influyente de Atenas; muere de peste durante la epidemia del año

429 ). Pero entre tanto madura y se agrava la antigua rivalidad con

Esparta, que tras las guerras persas, vuelta a su política de aislamiento,

no había sabido aprovecharse de la victoria y veía con

preocupación el acrecentamiento del poderío ateniense; al mismo

tiempo la política centralizadora de Atenas comienza a provocar

desilusiones, defecciones y revueltas de sus propios confederados.

La liga del Peloponeso, bajo la dirección de Esparta, ciudadela

del régimen aristocrático, se enfrenta a la confederación delioática,

pero tras algunos hechos de guerra se estipula una solemne

paz por treinta años entre los dos bloques (446).

3) Pero no podía tardar el choque decisivo entre las dos

potencias rivales, como preveían los hombres responsables de

ambas partes. No se trataba tanto de la lucha por la hegemonía

como de la irreductible oposición entre dos concepciones políticas,

entre dos modos de vida. Y no faltaron las ocasiones. El

hecho, al respecto, de que éstas aparecieran desproporcionadas, ya

para los antiguos, en relación con los acontecimientos que siguie­


22 INTRODUCCION

ron basta para demostrar que se trataba de meros pretextos. Pero

esta vez no era una guerra de helenos contra bárbaros, era la

guerra de griegos contra griegos, doblemente fratricida por contenderse

no sólo entre dos ciudades griegas sino a menudo dentro

de una propia ciudad entre las dos facciones partidarias de cada

uno de los dos beligerantes.

Durante veintisiete años, entre alternativas diversas y defecciones,

matanzas y pestes, las dos potencias se enfrentaron con

éxito incierto. Pero la desgraciada expedición ateniense a Sicilia

(415-413) fue ya el preludio de la derrota. Esparta, transformada

también en potencia naval, consigue vencer a la flota ateniense

en Egospótamos del Helesponto (405) y el otoño del mismo año

bloquea el Pireo. Tras ello, llega el final: en abril del año siguiente

Atenas se rinde por hambre. Los Largos Muros son destruidos,

así como las “bellas trirremes”, orgullo de Atenas; una guarnición

espartana ocupa la Acrópolis y protege al gobierno oligárquico

de los Treinta Tiranos, régimen de terror, de confiscaciones, de

asesinatos y venganzas. Atenas, a pesar de una Segunda Liga

naval (379), no se recuperará nunca más. Se cumplía una fácil

profecía, la de Melesipo, embajador espartano en Atenas (Tucídides,II,12,3

): “Este día será el principio de grandes desventuras

para los helenos”.

: 4) Es asimismo el final de Grecia, de las polis libres. Esparta,

que so había proclamado liberadora de los aliados contra la opresión

ateniense, establece su: breve hegemonía (404-371) sobre una

política; aun más dürá que aquélla, la que suscita, a su vez, rencores

y rebeliones. En julio del año 371 los tebanos vencen a los

espartanos «mi Leuelra. Pero la hegemonía tebana es más breve

aun


LA HISTORIA 23

1) La función histórica de las polis, que se consumen en

una estéril lucha recíproca, ha terminado ya. El nuevo poderío

militar macedónico, forjado por Filipo II y fresco en energías

nuevas, se aprovecha fácilmente del cansancio y casi general indiferencia

de los griegos. A las acciones militares se agrega una

hábil diplomacia, que explota la eterna rivalidad entre los griegos

y sus corrupciones. Una tras otra ceden y capitulan las ciudades

griegas. Sólo Atenas, en nombre de su antigua y gloriosa tradición

de libertad, intenta oponerse. El animador de la resistencia

es Demóstenes, que debe al mismo tiempo sostener, en la propia

Atenas, una lucha encarnizada contra el poderoso partido filomacedónico.

Pero en Queronea (1° de setiembre del año 338)

Filipo derrota a los griegos aliados, disuelve las Ligas ateniense

y beocia, impone paces separadas a los griegos y les da un régimen

federal bajo la supremacía de Macedonia. Al año siguiente

se estipula la paz general en Corinto entre los delegados de las

ciudades griegas (excepto Esparta), cuya asamblea confiere al

rey macedonio el mando de la guerra contra Persia, Pero Filipo

es asesinado en el 336, a los cuarenta y seis años de edad, en una

conjuración de nobles macedonios, y le sucede su hijo Alejandro

{III), de veinte años.

2) Dominadas las veleidades de revuelta suscitadas en Macedonia

y en Grecia ante la imprevista muerte de Filipo, y aseguradas

las fronteras, prepara Alejandro las fuerzas para la fabulosa

marcha que en pocos años (334-326) lo conducirá victorioso

desde la Libia a las fronteras de la India (hoy Punjab). Nuevo

Heracles y Dioniso al mismo tiempo, el héroe logró la definitiva

venganza de Grecia sobre el bárbaro; en la asamblea de los delegados

griegos en Olimpia (324) solicita para sí honores divinos.

En su visión de imperio universal, el discípulo de Aristóteles se

dispone a pacificar vencedores y vencidos. Él mismo se casa con

Estatira, hija de Darío, mientras diez mil oficiales y soldados del

ejército macedonio toman como esposa, el mismo día, a una mujer

persa. Pero el 13 de junio del año 323, a los treinta y tres años,

una fiebre corta su vida en Babilonia, en la flor de su edad, como

el Aquiles sobre cuya tumba había llorado envidiándole la suerte

de haber tenido un Homero como cantor de sus gestas.

3) Tras ser repartida por las armas, en duras y largas luchas,

la herencia de Alejandro, los Diádocos fundan las diversas mo-

: ; narquías que consolidan la difusión del helenismo en el mundo

: mediterráneo, por medio incluso de una inteligente protección a

los artistas, poetas y científicos, así como la fundación de originales

instituciones (los Ptolomeos en Alejandría, los Atálidas en

Pérgamu, etcétera).

Al final de este período y concretamente durante la segunda

guerra macedónica (200-197) ponen sus pies los romanos en


24 INTRODUCCION

Grecia. Desde este momento el destino de los diversos Estados

helenísticos queda signado por la arrolladora conquista romana.

En el año 197, T. Quintio Flaminino vence a Filipo de Macedonia

en Cinocéfalos y, al año siguiente, proclama la libertad de Grecia

en los juegos ístmicos de Corinto. Pero en razón por un lado

de las ya inútiles deslealtades de los griegos, y la fatal lógica de

la conquista por otro, los romanos modifican muy pronto la situación.

En el año 191 los etolios y su aliado Antíoco III son derrotados

en las Termopilas y en el 190 en Magnesia; Fulvio Nobilior

conquista Ambracia el año 189; en el 168 es derrotado en Pidna

el rey de Macedonia, Perseo, por L, Emilio Paulo; L. Mummio

arrasa Corinto en el año 146, anula las leyes de las ciudades griegas

y reduce Macedonia a provincia romana. A través de diversas

guerras avanza la liquidación de los estados helenísticos, concluida

en el año 30 con el fin de la monarquía egipcia ( el 2 de setiembre

del año 31 Octaviano vence a Antonio y Cleopatra en la

batalla naval de Accio, en el Epiro; el 1*? de agosto del 30 cae

Alejandría y Cleopatra se da muerte).

IV.

Grecia en el mundo romano (30 a. de C, - época de Justiniano:

527-565 d, de C.)

■. En adelante Grecia no es más que una parte del imperio

romano, constituida en provincia: senatoria, el año 27 a. deC., con

el ; nombre de Acaya. Así comparte la suerte del imperio hasta la

restauración - operada por Justiniáno, quien en el año 529 cierra

la Universidad dé Atenas, último baluarte de la cultura pagana.

Ésta es;· precisamente, la fecha que suele tomarse como término

de la historia y de la civilización griega clásica.

RELIGIÓN Y MITOLOGÍA

1) Toda la vida del hombre griego está profundamente compenetrada

de religiosidad, que no sólo le suministra el consuelo

para la breve existencia terrena y, en cuanto podía, la esperanza

también en una vida ultraterrena, sino que inspira por sí misma

todas las manifestaciones de su espíritu. Sin embargo, los griegos

no poseyeron ni un cuerpo de doctrina religiosa, ni una casta

sacerdotal, ni una teocracia. Herodoto (1,53) pudo así decir que

la religión griega había sido teologizada por Hesíodo y Homero,

es decir, por la fantasía poética, que había fijado nombres, formas

y atributos de las antiguas tradiciones.

No sabemos nada de la religiosidad de Grecia continental

durante el período heládíco, es decir, antes de la llegada de los

aqueos. Pero los descubrimientos arqueológicos y las investiga­


RELIGIÓN Y MITOLOGÍA 25

ciones histórico-lingüísticas permiten hacerse una idea bastante

precisa de la religión cretense y mínoíca, cuyo culto más antiguo

se halla localizado en cavernas con los símbolos característicos

de la doble hacha de sacrificio, los llamados “cuernos de consagración”

y la pilastra, que pasan después a las “capillas” de los

palacios reales y las casas más ricas. En su politeísmo, atestiguado

por numerosas figuras divinas (entre ellas monstruos, démones y

animales fabulosos), parece haber tenido preponderancia el elemento

femenino, en primer lugar una Gran Diosa del mundo

inferior y superior, Señora del reino animal y vegetal y símbolo

de la fuerza creadora de la naturaleza que presenta notables afinidades

con la Magna Mater anatólica, sin que, por ello, pueda

hablarse de una ginecocracia divina relacionada con una sociedad

matriarcal. Los muertos eran inhumados, y divinizados quizás los

hombres poderosos.

Cuando los aqueos, de lengua griega, llegan a la península,

traen consigo un panteón en el que predominan, por el contrario, las

figuras masculinas, especialmente Zeus, Señor y Soberano de la

familia divina olímpica, como Agamenón es señor y jefe de los

vasallos reunidos en la expedición troyana. El culto de los muertos

(todavía inhumados), ligado a la constitución patriarcal de

la familia y a la organización feudal del estado, adquiere una importancia

y fastuosidad desconocidas en Creta, como lo testimonian

las imponentes tumbas de cúpula y los recintos sepulcrales

de Micenas con sus fabulosas riquezas de oro. Hacia el final de

la época micénica aparece la cremación, que es la única conocida

en Homero.

Pero en contacto con la religión de los cretenses, por quienes

fueron iniciados en la civilización los aqueos invasores, sufrió

también el panteón aqueo profundas transformaciones, sobre todo

con el culto de la Gran Diosa cretense, cuyos atributos se dividen

y reparten entre numerosas figuras divinas (Hera, Atenea, Artemis,

Afrodita) y míticas (Helena, Ariadna, etc.). Asimismo en

esta época se va formando el culto y la leyenda de los héroes,

que tanta importancia tuvieron en la poesía griega, con un proceso

de heroización de los muertos que habían sido poderosos

en vida, quienes después llegaron a menudo a ser absorbidos en

el culto de las divinidades olímpicas (Zeus Agamenón, Artemis

Ifigenia, Posidón Erecteo, etcétera).

La religión de Grecia en la época histórica deriva de la fusión

llevada a cabo entre la religiosidad minoica y la micénica, fusión

que no siempre fue pacífica y sin contrastes como evidencian

numerosas leyendas (Urano-Cronos-Zeus; lucha de Zeus contra

los Gigantes y Centimanos, de Apolo contra Pitón; Erinias-Euménides,

etc.). Presenta así dos aspectos distintos pero no contrapuestos,

sino más bien complementarios.


26 INTRODUCCION

Existe en primer lugar, y el más visible, la religión oficial, la

religión de la polis, o mejor dicho, de las diversas polis, que es

el culto de las grandes divinidades olímpicas comunes a todo el

mundo griego, pero cada una protectora particular de una ciudad

(Atenea en Atenas, Hera en Argos, Artemis en Éfeso). Son las

divinidades en cuyo honor se realizan sacrificios públicos y grandes

festividades locales, que alcanzan alguna importancia panhelénica,

como Zeus en Olimpia y Nemea, Apolo en Delfos, Posidón

en el istmo de Corinto, con certámenes gimnásticos, musicales,

corales, etcétera.

Tras ella se encuentra la religión de los “misterios” (cultos

secretos), que podría decirse personal, pues cada uno puede elegir

su dios preferido: Dioniso, Deméter y Coré (Eleusis), los

Cabiros (Samotracia), Sabazio frigio, y luego los cultos sincréticos

de Atis y la Gran Madre, Isis y Osiris, y Mitra.

Son éstas, especialmente las más antiguas, es decir, Deméter

y Coré, y Dioniso, divinidades agrarias y ctónicas al mismo tiempo,

como aspectos de la naturaleza que se renueva en el ciclo

perpetuo de la vida y la muerte, veneradas especialmente por

el bajo pueblo. Poseen un sacerdocio, en general de tradición

familiar, y una iniciación ritual y secreta, a través de una doctrina

mística (Eepiç λίγος, δρώμενα) que celebra las vicisitudes del dios

que muere y resurge. Identificándose místicamente con él el iniciado

adquiere asimismo la certeza de otra vida después de la

muerte terrenal, ; El culto se celebra de-ordinario con ceremonias

de carácter orgiástico.

Éste politeísmo, tan variado y complejo, lleva consigo naturalmente

la formación de una mitología, en la que confluyen tradiciones

-.íy leyendas populares, la religión olímpica y la religiosidad

de los misterios, supersticiones y especulaciones primitivas

sobre los fenómenos naturales, abstracciones y fantasías poéticas,

es decir, todo lo que en una mentalidad prelógica y poderosamente

imaginativa ha atraído el interés del hombre, dando origen

a un “relato” (μΰθος) que, por un procedimiento típicamente

griego, se concreta en torno a una figura. Es materia esta en

continua elaboración, que formó en Grecia un patrimonio inmenso

de leyendas, símbolos y personajes, y que tuvo un. influjo enorme

en la poesía y sobre la especulación de los griegos al suministrar

temas y materia para una y otra.

Por último, completando el cuadro de la religiosidad griega

en la época clásica, se encuentra también la religión de los poetas

y de los filósofos, que es la historia de un continuo y espléndido

ascenso del alma a la conquista de las verdades supremas, con

solo sus propias fuerzas. Desde la religión popular, mediante

un proceso de purificación y sublimación, se dirige al descubrimiento

de lo Absoluto, del Dios Uno, Omnipotente e Inefable.


las a r t e s 27

2) El agotamiento de las actividades artísticas y filosóficas

es paralelo en Grecia con el vacío virtual de las figuras divinas

tradicionales, que acabaron por convertirse en meros símbolos, en

objetos de un culto formal. Por ello, tras varias experiencias, la

profunda religiosidad del espíritu griego encontró su satisfacción

en la nueva fe cristiana. Si la palabra de Cristo se difundió y

transmitió en la lengua de Homero y Platón, no fue sólo porque

en aquel momento había sido helenizado el mundo Mediterráneo

oriental, sino porque en realidad, a pesar de algunos contrastes

iniciales inevitables, la civilización griega había establecido la

mejor premisa posible al cristianismo. La mentalidad griega, heredera

de una magnífica tradición filosófica, suministrará los medios,

temas y lenguaje para la formación y definición de sus

dogmas, para su teología y su mística.

LAS ARTES

l a s a r t e s f i g u r a t iv a s

En la vida del· hombre griego tuvo una singular importancia

su tendencia natural a la expresión artística, otro aspecto éste de

la compleja y equilibrada armonía de facultades espirituales, que

constituye quizá la ejemplaridad de la civilización griega. Sí en

este campo disponía ya Grecia de las experiencias y conquistas

del arte egipcio, asiriobabilónico, persa, etc., que constituyeron

sin duda provechosas lecciones para el aprendizaje de la técnica

de cada una de las artes, fue precisamente en él donde el poder

creador de los griegos mostró su mayor originalidad, expresando

valores formales que perdurarán como modelos para siempre.

También, al respecto, tuvieron los aqueos como maestra a

la civilización cretense, intermediaria de las experiencias artísticas

de las culturas mediterráneas y creadora ella misma de un

arte típico, documentado en su arquitectura, pintura, cerámica y

orfebrería. Especialmente en la pintura y cerámica evidencia una

sensibilidad muy viva tanto en el tratamiento de la figura humana

como en la descripción de formas de la vida animal, representadas

con un realismo que parece enlazarse con el prodigioso

vitalismo realista de los habitantes de las cuevas paleolíticas y

que, a su vez, anticipa en milenios otras experiencias similares.

Luego se hace un silencio casi completo en el duro tiempo

de las invasiones. Pero el arte micénico, empapado de tradición

cretense, crea ya formas arquitectónicas originales. Al final de

este período va madurando el largo esfuerzo que deberá conquistar,

lenta pero victoriosamente, a partir de la rudimentaria simplicidad

del estilo geométrico, poco más o menos contemporáneo


28 INTRODUCCION

de la poesía homérica, ía extensa variedad y triunfante perfección

de formas de la época clásica.

Y llega entonces el prodigio. En poco más de dos siglos la

escultura, con Mirón, Fidias y Policleto, se eleva a alturas que

no serán quizá nunca alcanzadas y que perdurarán, en todo caso,

como paradigmáticas. Después de los siglos vr y v, con el templo

dórico (templo de Posidón en Pesto, templo de la Concordia en

Agrigento, Partenón sobre la Acrópolis) crean los griegos la más

perfecta forma arquitectónica que haya visto jamás la humanidad.

Y sí la gran pintura (megalografía) de la época clásica se perdió

para nosotros, podemos apreciarla en cierta manera en algunas

obras que se relacionan sin duda alguna con su tradición, como

los admirables frescos de la “Villa de los Misterios” de Pompeya.

Asimismo las llamadas artes menores, que en Grecia no fueron

nunca industrializadas sino obra de artesanía de gran tradición,

llegaron a una acabada expresión artística, como la cerámica, con

sus formas de perfecta elegancia y decoración debida a pintores

de alto valor artístico, las monedas sicilíotas de los siglos v y iv,

insuperables por la máxima pureza de su diseño, y la simple y

armoniosa elegancia de vestidos femeninos y masculinos. Todas

las formas, en suma, de expresión artística, de las que se muestra

tan rica la vida griega y que constituyen un patrimonio de grandísimo

Valor.

LAS ARTES DEI..niTM O¡ MÜSÏCÀ, CANTO Y DANZA

; Divina entre las artes y predilecta entre las Musas, aparece

la música eü las más antiguas tradiciones y manifestaciones de la

vida griega. En las legendarias figuras de músicos-poetas ( Orfeo,

Museo, Olimpo, Tamirís, Eumolpo, Lino, etc.) se personifica no

solamente la “invención” de la música, sino un hecho decisivo

de civilización. Música y canto alegran los ocios de los héroes

{ ya Aquiles homérico celebra los αλέα ivc'pwv acompañándose con

la cítara: Iliada, IX-186-189), así como confortan la cotidiana

fatiga de los hombres humildes con sus numerosos cantos populares

y de trabajo, y son objeto de certámenes y premios en los

grandes agones panhelénicos.

En época histórica, musicólogos y filósofos (pitagóricos, maestros

de armonía, Platón) conformaron su sistematización técnica

y teorizaron las características de los diversos instrumentos, de

los modos y de los efectos psicagógicos, psicológicos y terapéuticos.

La música, en fin, se halla ligada intrínsecamente con toda

la poesía clásica. Aedos y rapsodas componen y recitan los cantos

épicos con acompañamiento de cítara; la poesía lírica, individual

y coral, es obra de poetas y músicos al mismo tiempo, así

como el lirismo de la tragedia y de la comedia. Toda la gran


la l e n g u a 29

poesía griega nace, en una palabra, bajo el signo de la música,

que sin embargo fue considerada, aun en tiempos mejores, como

esclava fiel de la palabra, de la poesía soberana. Asimismo en

algunas formas poéticas, especialmente en el ditirambo, el hiporquema

y el drama, la música y el canto se complementan con la

danza, cuyo origen se relaciona con muchas ceremonias rituales.

LA LENGUA

Pero de todas las creaciones del espíritu griego, la más admirable

es sin duda la lengua. La inmensa riqueza de su patrimonio

lexical, las casi infinitas posibilidades de composición, la precisión

semántica de numerosos sinónimos, la simplicidad de la

flexión nominal y la riqueza de la verbal, el mudable juego de

las partículas y de las preposiciones, la pureza de la estructura

lógica y sintáctica, y los valores fónicos y musicales, en fin, hacen

de ella el más perfecto instrumento que el hombre haya creado

jamás para expresar su pensamiento. Ahora bien, como la lengua

nació por la necesidad de expresar el pensamiento, también ella

misma, a su vez, contribuyó a crear las formas de aquel pensamiento

con características peculiares. Piénsese en el griego de

la poesía, con todas sus variedades, en el griego de la filosofía

y de la historia, de la oratoria y de la retórica, de la novela corta y

larga, de la gramática y la filología, de la medicina y la matemática,

de la astronomía y la física, de la zoología y la botánica,

de la geografía y la etnografía, de la teología y de la mística. Son

estos aspectos del pensamiento, con muchos otros además de

ellos, que Grecia reveló a la humanidad en formas que quedaron

como fundamentales, por lo que la fuerza expresiva de la lengua

griega perduró activa y vital en todas las lenguas de cultura con

términos técnicos del vocabulario científico en todas las lenguas

modernas.

PERIODOS Y DIALECTOS

Los treinta y cinco siglos de historia que poseemos documentados

del griego, caso único entre las lenguas occidentales, pueden

distribuirse en la forma siguiente:

a) Período prehistórico y arcaico: desde el siglo xv aproximadamente

hasta el siglo x;

l·) Período clásico: desde el siglo ix aproximadamente a. de

C. hasta el siglo v d. deC.;

c) Período bizantino y medieval: desde el siglo v al siglo xv;

d) Período neogriego: desde el siglo xv hasta la época contemporánea.


30 INTRODUCCION

Dentro del segundo período, que particularmente debeínos

aquí considerar, se pueden, a su vez, determinar dos fases principales:

a) Período clásico en sentido propio;

b) Período helenístico e imperial.

Respecto al período clásico en sentido propio, hasta el siglo iv

a. de C,, es algo abstracto hablar de “griego, lengua griega’*, pues

en realidad existen formas diversas que, aun cuando constituyen

una lengua única desde el punto de vista estructural, se distinguen

sobre todo por el aspecto fonético en numerosos “dialectos” o

hablas locales, geográficamente individualizados. Esta situación

lingüistica refleja fielmente las muchas y profundas, mezclas ocurridas

entre las diversas estirpes griegas en el período de las invasiones,

así como las propias vicisitudes de la historia griega, Ésta,

hasta el surgimiento de la dominación macedónica, fue una historia

de ciudades, de ligas y confederaciones, en lucha siempre

entre sí con un incierto y alterno equilibrio, lo que favoreció las

tendencias naturales individualistas de cada una de las polis, impidiendo

con ello la nivelación lingüística. Sólo cuando se llega

a formar una hegemonía político-cultural (Atenas) o imperialista

(Macedonia), se encamina Grecia al uso de una lengua común,

requerida también por las necesidades prácticas de la administración

y relaciones políticas^

Diversamente, por ello, de la historia del latín, que es la

historia de una lengua única y central i/adora de un pequeño pueblo

victorioso; que se impone a los demás pueblos conquistados,

la historia del griego,' hasta el siglo xv, es la historia de los diversos

dialectos griegos. Éstos, en época histórica, es decir, después del

período de las migraciones, aparecen morfológicaménteJdistintos

y geográficamente localizados, al menos en sus formas principales,

según la siguiente clasificación tradicional:

1. dórico septentrional (deífico, fócense, aqueo

con sus colonias: Metaponto, Síbaris, Crotona,

etcétera; E leo),

2. dórico peloponésico o propio (lacónico,

I — dialectos occidentales

o dóricos

tarentino, mesenio, corintio, siracusano y

de fundaciones siracusanas en Sicilia, megárico

con Selinonte, Mégara, Hibíea, etcétera;

cretense, M elos, Tera, Cirene; Rodas

y colonias: Agrigento y G ela).

I. eólíco: propio, tesáíico, iésbico, eólico de

II — dialectos centrales o J Asia.

eólicos

i 2. arcado-chipriota (o eólico meridional).

U beocio.


LA LENGUA 31

'III — patifilîo (mezcla de dialectos occidentales y centrales).

{1. jónico (de Asia M enot; de las Cicladas;

de Eubea y colonias: Cumas de Campania)

.

2. ático.

En este cuadro, que parecía indiscutible, el descubrimiento

del “micénico” (dentro del cual no se encuentran apreciables diferencias

dialectales entre Cnosos, Micenas y Pilos) ha llegado a

hacer objeto de discusión casi todo ello. Excepto en lo referente

a los dialectos dóricos, no se logra configurar exactamente la

“facies” lingüística — a causa también de la escasez de documentos—

y resulta aun más difícil, consiguientemente, establecer las

relaciones entre el micénico y los demás dialectos de los grupos

II y IV. La cuestión se halla todavía en amplio y movido debate

entre los glotólogos, y los elementos hasta ahora conocidos no

permiten, llegar a una conclusión, que, por lo demás, otros descubrimientos

podrían obligar a modificar. Nos atenemos aquí, por

tanto, a las teorías actuales que reciben el consenso de la mayor

parte de los especialistas. Un punto que puede considerarse objetivamente

seguro y reconocido de manera unánime es la evidente

proximidad del micénico con el arcado-chipriota, Pero aquí termina

el acuerdo,. Algunos insisten en las relaciones del micénico

con el eólico, otros con el protojónico, que es la tesis más predominante

y más autorizada. Por consiguiente y como conclusión

(pero con todas las reservas indicadas) se puede decir que el

micénico representa una fase antigua del arcado-chipriota (o

aqueo), de la que se habría diferenciado una rama jónica (y luego

ática). Por otra parte, en razón de que son innegables las relaciones

con el eólico, aunque menores, el micénico sería el precedente

del arcado-chipriota y del protojónico, o bien afín al común

progenitor del protojónico y del arcado-chipriota y en relaciones

con el eólico atestiguado en el Peloponeso predórico. En resumen,

sería un dialecto fundamentalmente proto-arcado-çhipiïota, pero

asimismo un dialecto mixto con componentes protoj ônicos y eólicos

(variadamente importantes según las diversas valoraciones de

los hechos lingüísticos).

Los dialectos, por así decir, tradicionales, se hallan documentados

del modo más fiel por un amplísimo número de inscripciones,

muchas de ellas datadas, que manifiestan, además, una notable

mezcla de formas, debida a las relaciones políticas y culturales,

la que se acentúa más aún en los dialectos literarios.

La hegemonía político-cultural de Atenas en el siglo v asegura

la supremacía del dialecto ático, el que, a su vez, constituye

la base principal de una “lengua común" (κοινή, sobreentendido


32 INTRODUCCION

διάλεκτος) ; que llegará a ser la lengua oficial del imperio macedónico

y de los reinos helenísticos. Éste fue producto obligado

tanto de la centralización política y exigencias de la administración,

como de las relaciones entre sí de los griegos de diversas

estirpes y de los griegos con los bárbaros. La κοινή conduce lentamente

a la nivelación lingüística con la eliminación de hablas

locales y perdurará como base asimismo de la lengua bizantina

(expresión de una civilización centralizada política y administrativamente),

que sobrevivió firmemente incluso bajo la dominación

turca ( 1453-1830 ), así como de la lengua de Grecia resurgida

como nación, en la que la lengua (literaria y oficial) de la tradición

(καθαρεύουσα, “pura” ) y la lengua hablaba (δημοτική, “popular”

) se van fundiendo cada vez más con recíprocas influencias.

LAS LENGUAS LITERARIAS

Algunos de los dialectos arriba catalogados tuvieron especial

importancia, como efecto de hegemonías políticas y de tradiciones

culturales, en la expresión literaria. Ahora bien, de ordinario

cuando un dialecto se eleva a lengua literaria se acrisola, atenuando

las características puramente idiomáticas, al propio tiempo

que se acentúa el fenómeno de la mezcla de formas, por lo

que cada lengua literaria resulta una lengua compuesta y artificial,

que no coincide con ninguna lengua realmente hablada. Ha

de tenerse, además, presenté que todas las lenguas literarias, en

mayor o menor grado, fueron influidas por la lengua de Homero

como: consecuencia de la enorme importancia que este poeta tuvo

siempre en la vida^ la cultura; y la tradición escolar de los griegos.

Otro fenómeno típico lo constituye el hecho de que cada una

de: estas lenguas se halla ligada indisolublemente con una forma

literaria, la que se llega a constituir como firmísima tradición,

independiente incluso del dialecto nativo del escritor o del poeta.

El dialecto épico será empleado constantemente por los poetas épicos,

desde el beocio Hesíodo y los poetas del Ciclo de diverso

origen, los poetas-físicos también de Magna Grecia y Sicilia (Parménides,

Empédocles) y el alejandrino Apolonio de Rodas, hasta

el egipcio Nonno (siglo v d. de C.) y su escuela; el dialecto jónico

de la elegía y del epigrama será usado por todos los elegiacos

hasta la época cristiana (Gregorio Nacianceno) y por los epigrama

ti .st as hasta la época de Justiniano; el dialecto dórico será la

lengua de la gran lírica incluso para los jonios Simónides y Baquílides,

como para el tebano Píndaro, y, atenuado, del lirismo

coral de la tragedia y de la comedia ática; Heródoto, nacido en la

dórica Halicarnaso, escribirá en el jónico de los primeros logógrafos.


LA LENGUA 33

Las principales lenguas literarias griegas se distribuyen en la

siguiente forma :

a) Lengua de la épica: Homero, Hesíodo, Ciclo·, de ella

deriva directamente la lengua de la poesía jónica (elegía, epigrama,

poesía yámbica, Anacreonte); la lengua jónica (reciente) será

usada por los fisiólogos jónicos, los logógrafos, Herodoto y los

escritores del Corpus Hippocraticum).

b ) Lengua de la lírica monódica ( dialecto de la isla de Lesbos:

Alceo y Safo),

c) Lengua de la lírica coral (dialecto dórico: Alemán, Estesícoro,

Ibico, Simónides, Baquílides y Píndaro) y, en forma atenuada,

en las partes líricas de la tragedia y de la comedia ática

(Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, etc.); el dórico (de

Sicilia) es también la lengua de la comedia siciliana (Epicarmo)

y del mimo italiota (Sofrón); también constituye el fondo de la

poesía bucólica (Teócrito, etc.), fuertemente mezclado con homerismos.

Una escasa prosa dórica, de carácter científico, fue utilizada

por Arquitas pitagórico, de Tarento, y el matemático Arquímedes

de Siracusa.

d) El dialecto ático, en la poesía, es la lengua del diálogo

trágico (literaria y elevada) y del diálogo cómico (coloquial y

próxima a la lengua hablada); en la prosa es la lengua de los

historiadores (Tucídides y Jenofonte), de los filósofos (sofistas,

Platón) y de los oradores (Lisias, Isócrates, Demóstenes, etc.).

e) La κοινή, de base predominantemente ática atenuada, se

constituye en la lengua panhelénica de la prosa y de la cultura

en general, por lo que llega a ser usada por los escritores de todo el

mundo helenizado, Dos importantes momentos de ella son la traducción,

llamada de los Setenta, de los libros sagrados hebraicos

del Antiguo Testamento, realizada en Alejandría en los siglos inn

a. de C,, y el Nuevo Testamento que, aun con gradaciones debidas

a la personalidad del escritor, se encuentra mucho más próximo

a la lengua hablada de personas incultas, a quienes se dirige

de manera especial el mensaje cristiano. En este mismo período,

muchos papiros nos testimonian luego la profunda evolución, especialmente

fonética, que se va efectuando en el griego.

f) Como reacción contra la κοινή, que aparecía como vulgar

a los rétores y gramáticos, se promovió un retorno —tan sólo literario-y

exterior— a la pureza del ático. Es el llamado “aticismo’1

que, proclamado por Dionisio de Halicarnaso, se afirma con los

escritores de la denominada Segunda Sofística; Luciano, Elio Arístides,

Dión Crisóstomo, Eliano, etc. Dicho movimiento hace más

profundo el distanciamiento entre la lengua escrita y la lengua

hablada que la κοινή estaba nivelando y, por ello, ejerció una

: gran influencia, aunque negativa, sobre los destinos ulteriores del

griego.


34 INTRODUCCION

LA LITERATURA

Teniendo en cuenta la calidad de la producción literaria, se

puede dividir la literatura griega en dos grandes períodos: clásico

8 y postclásico. El primero es el período de las grandes creaciones

originales; el segundo más bien, el de su tradición.

Dentro de cada uno de ellos se puede aún precisar, con respecto

a los acontecimientos histórico-políticos, el siguiente esquema:

{1. Época "jónica” , de los origines o arcaica:

siglo IX hasta 500 a. de C. aproximad.

2. Época "ática” : 500-322 a. de C. (muerte

de Aristóteles).

Í3. Época "helenística” (o también "alejandrina”

por su centro de mayor difusión) :

322-30 a. de C.

4. Época "greco-romana” o "imperial” : 30 a.

de C. - 529 d. de C.

Es Superfluo indicar que esta división, como todas las similares,

tiene solamente una finalidad práctica y que las fechas se

han de tomar como puntos dé referencia aproximados. Nuestra

obra será dividida, por ello, en cuatro partes, que comprenderán

cada una de; ('lias respectivamente! la materia de los cuatro períodos

señalados.

Pero la literatura de lengua griega no términa en el año 529

d, de C., ya que desdé tal fecha hasta él 1453 se desarrolla la “literatura

: bizantina'·' (o “griega medieval” ), es decir, la literatura

de los pueblos unificados bajo el Imperio Bizantino o Imperio de

Oriente (capital Bizancio — Constanlinopla), griego de lengua y

cultura y cristiano ën su religión. Destruido el Imperio por los

turcos, sobrevivieron la lengua, la cultura y la conciencia nacional

dé los griegos, hasta que en el año 1832 resurgió Grecia como

nación libre e independiente. La producción literaria entre los

siglos XV al xvin constituye la fase de pasaje a la actual "literatura

neogriega” ("neohelónica” o “griega moderna” ).

® “ Classicus” , de su significado de “ ciudadano de primera clase para el

censo” , pasa en la crítica literaria al de "escritor excelente, ejemplar”, que

aparece por primera vez, opuesto a "proletarius” , en Aulo Gelio (XIX,8,15)

poi· boca del famoso rétor Frontón; extendido en general a los autores griegos

y romanos, vuelve a utilizarse en el siglo xvi (posiblemente desde e3


CÓMO NOS HAN LLEGADO LAS OBRAS 35

CÓMO NOS HAN LLEGADO LAS OBRAS

DE LA LITERATURA GRIEGA

De esta inmensa producción literaria, de cerca de quince

siglos, nos ha llegado una parte relativamente exigua, si bien

todavía imponente ( muchos centenares de volúmenes ), cuya selección

y conservación, como iremos mostrando sucintamente, no se

debieron de ningún modo a la casualidad sino que reflejan los

gustos y las tendencias de una consciente tradición cultural. Esta

larga historia de su transmisión, que presentaremos en sus caracteres

generales y de conjunto, por razones obvias de brevedad, y

dentro de la cual se distinguen historias particulares de determinadas

categorías de textos que se corresponden en general con

los diversos géneros, se puede dividir en tres períodos:

1 desde ios orígenes hasta el siglo π d. de C.;

2 desde el siglo π hasta el siglo ix d. de C.;

3 desde el siglo ix hasta el Humanismo.

1) La difusión de las obras compuestas dentro de este período

se caracteriza por un hecho que tendrá repercusiones en toda

la historia posterior de tales textos. Hasta el siglo rv a. de C. fueron

transmitidos por dos vías: tradición escrita y tradición oral.

Así sucedió no solamente con toda la poesía llamada épica ( homérica

y hesiódica), sino con la lírica, la dramática, la poesía filosófica

y hasta las primeras obras en prosa (fábulas, relatos, logógrafos

y el propio Herodoto) 9.

En los orígenes, incluso en el caso de Homero10, existe el

texto escrito, si bien en limitadísimo número de copias, pero la

tradición escrita y la tradición oral se entrecruzan e influyen recíprocamente

durante toda la época clásica. Se agregan, a fines

del siglo vi al menos, las necesidades de la escuela, que obviamente

precisaba material escrito, aunque también en este caso

fuera confiado mucho a la lectura y la memoria. El material

normalmente utilizado 11 para las obras literarias era el papel obte­

9 Probablemente la Historia de Tucídides fue el primer libro escrito parg

ser leído —siempre conforme a la lectura de los antiguos, es decir en alta voz—.

y no recitado.

10 A esta solución, no sin divergencias, se va encaminando ahora -—principalmente

después de la interpretación de las tablillas micénicas— la larga

cuestión de las relaciones entre la escritura y la composición de los poemas,

: 11 En el mundo griego se comprueba la existencia de numerosos materiales

para la escritura, cuyo empleo se veía determinado en gran parte por su


36 INTRODUCCION

nido por la fibra de papiro, cuyo empleo para la escritura se halla

documentado en Egipto ya a fines del ni milenio a. de C., pero

que es sin duda anterior. De tal papel, encolando trozos, se

hacían tiras de variada longitud12, y se escribía el texto con tinta

en columnas verticales en una sola de las caras; luego se enrollaba

la tira de modo que la cara escrita quedara en la parte interna

y, sobre una lengüeta, que sobresalía del rollo, se colocaba la

indicación de su contenido.

Estos textos, en lo que respecta a su uso y aspecto gráfico,

fueron asegurados por la escritura de una manera que prácticamente

perduró inalterable hasta los siglos vu-vu i d. de C., en

caracteres mayúsculos, sin interrupción alguna no sólo entre los

diversos períodos sino entre las palabras ( “scriptio continua” ) y

falta de espíritus, acentos e interpuntuaciones (que se pondrán

en uso en la época helenística, aunque no de manera sistemática).

Estaban escritos en alfabetos locales utilizados en los respectivos

países, principalmente el jónico (oriental) en razón de

la acción cultural cumplida por Jonia; éste llegó a ser el alfabeto

oficial de Atenas, en los años 403-402, y suplantó gradualmente

a los demás, por la hegemonía política y cultural de la ciudad.

No es necesario casi recordar que toda transmisión de textos implica

forzosamente el nacimiento de errores ( ni siquiera la imprenta

se libra de ellos), que pueden propagarse y sumarse en las

diversas copias. A esta causa dé errores, ínsita en la transmisión

escrita, se agregaron los errores debidos al paso del antiguo alfabeto

ático (de veintidós signos) al alfabeto jónico (de veinticuatro

signos) domó efecto de la recordada reforma, del arconte

Kuclides en los años 408-402. A dicha nueva transcripción fueron

sometidos, en general, los textos compuestos y ya confiados a la

escritura antes de aquella fecha, y sus consecuencias, es decir, los

característicos errores, con dificultad han podido reconocerse y

eliminarse de las ediciones en nuestros tiempos. Ha de observarse,

en fin, que ya la época ática comenzó a realizar una involuntaria

selección, por sus predilecciones por el teatro, la historiografía

y la elocuencia, en perjuicio sobre todo de la poesía

cíclica y lírica y de la más antigua prosa filosófico-historiográfica.

Un período decisivo en la conservación de la literatura griega

destina y la extensión de los textos: arcilla cruda, metales (tablas de plomo,

láminas de oro, objetos de plata y bronce), piedra y mármol, terracota (vasos

figurados y “ óstraka", es decir, tejuelos de arcilla), tablillas de madera y de

marfil enceradas y pieles trabajadas, Pero a fines del sígío vn se hizo general

el uso del papiro para textos literarios,

12 La longitud media de un rollo parece haber sido de unos diez metros.

Había, al parecer, rollos “ cortos” y rollos "largos” , pero es éste uno de los

puntos sobre el que son más inseguros y fragmentarios nuestros conocimientos.


CÓMO NOS HAN LLEGADO LAS OBRAS 37

fue, por varias razones, la época helenística. Por mecenazgo; de

los soberanos se llevaron a cabo, al principio del siglo n, las primeras

grandes recolecciones de libros, en varios centros de cultura,

que se iban multiplicando entonces precisamente en todo

el mundo griego. Se tiene noticia de colecciones personales, modestas

por su condición, ya en la Atenas del siglo v, pero ahora

la más grandiosa de las nuevas bibliotecas, la de Alejandría, alcanza

a setecientos mil rollos de papiro, que representaba casi todo,

o al menos la mayor o mejor parte, de cuanto había producido la

literatura griega (y no sólo ella). Queda así asegurado el mejor

texto posible de los grandes autores clásicos, comenzando naturalmente

por Homero, y se promueve, además, la interpretación histórico-filológica

por medio de grandes comentarios y monografías

especiales. Es probable también que, mediante esta recolección de

textos en las bibliotecas, se hayan salvado prácticamente algunos

autores preáticos (Píndaro en primer lugar). Toda la época alejandrina

continúa en esta valiosa tarea de recolección y de interpretación,

cuyos, restos, lamentablemente pequeños, son para

nosotros de excepcional importancia. Pero a fines de dicha época

desaparecen las monarquías helenísticas y se convierte Roma en

la potencia hegemónica del Mediterráneo. Ésta absorbe también

la función cultural de los grandes centros, ya secundarios, estableciendo

ella misma grandes reservorios de libros de autores

griegos y latinos o atrayéndose a los estudiosos griegos o helenizados,

con lo que se transforma en el mayor centro de cultura,

hasta el surgimiento de Constantinopla. Aún durante los siglos i

y π d. de C., continúa en Roma la actividad crítica y exegética,

pero entonces, por necesidades prácticas y en concomitancia con

la incipiente decadencia general de la cultura, se manifiesta la

tendencia a reducir a epítomes los grandes comentarios alejandrinos

bajo formas de tratados o monografías, trasvasados a resúmenes

más manuables de anotaciones comáticas, De toda la

producción dramática, que comprendía millares de obras, van

asumiendo forma canónica y definitiva, en el siglo n, las “obras

selectas” que, continuando un proceso iniciado en la época helenística

y con la finalidad de ofrecer a la escuela un “corpus” de

quienes eran considerados los mejores, concretan para cada uno

de los grandes autores (Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes,

y también Menandro) las selecciones que se transmitían luego

en los manuscritos medievales (y ya en los papiros), En este

período, en fin, tiene lugar la desaparición de las notaciones musicales,

efectuadas con un sistema de letras y de signos subsidiarios

escritos sobre la correspondiente línea del texto, que acompañaban

a las partes líricas del drama y a las obras de lírica coral

y monódica.

2) En el siglo π d. de C. hace su aparición un material para


38 INTRODUCCION

escritura relativamente nuevo18, la piel de oveja (o también de

antílope o similares) convenientemente preparada, que recibió

el nombre de “pergamino” del lugar de su difusión (Pérgamo);

pero su uso había ya comenzado en el siglo anterior14.

El pergamino, que, diversamente del papiro, era utilizado

para escribir sobre ambas caras, llevaba consigo la desaparición del

rollo. Se forma ahora el libro de hojas cuadradas y plegadas en

dos, para constituir una unidad de cuatro o más páginas, unidas

juntamente hasta un número necesario. Se pasa así del "volumen”

al “codex”, pero el paso es gradual, en cuanto al tiempo y

según los lugares. Puede decirse en general que el siglo xv señala

el definitivo predominio del pergamino en el mundo greco-romano,

pero el papiro perdura aún más tiempo en los países de su

origen, hasta el siglo vi, aunque se adapta a la nueva forma del

códice antes de ser sustituido por el pergamino. Resulta interesante

observar que el uso del pergamino tuvo su origen entre las

comunidades cristianas y se extendió sólo gradualmente a los

autores profanos. En el siglo ni el rollo de papiros es la forma

normal para las obras de los autores paganos, mientras predomina

netamente el códice (de pergamino o de papiro) para los libros

sagrados y los escritores cristianos. El paso del rollo de papiro

al códice de pergamino tuvo consecuencias también para la historia

de los textos, porque el códice permitía incluir en un solo

libro úna cantidad de texto normalmente triple o cuádruple de

la contenida en un rollo.

Tras la réoricntáciÓn clasicista de la segunda mitad del siglo

ir, van declinando cada vez más las condiciones culturales en

Oriente y en Occidente, sea por las situaciones políticas o por

él agotamiento dé la civilización pagana, tendiendo asimismo a

ahijarse cada vez más los dos mundos hasta su definitiva separación

en el siglo vu, tras una temporaria unión debida a la energía

personal de Justiniano. Como resultado de ello, mientras en el

Occidente latino se asegura la tradición de la cultura latina, en

el Oriente, griego por su cultura y lengua, continúa la tradición

griega, confiada ya casi exclusivamente a las instituciones culturales

de sú capital (Universidad cristiana, fundada por Teodosio

II en él año 425; grandes monasterios, como el de Studios; colec­

13 Herodoto (V,58) atestigua ya el uso de pieles en Jonia y en otros

pueblos “bárbaros”, aunque fuera excepcionalmente, es decir, por falta ocasional

de papiro.

14 Antes, pues, del presunto “embargo” egipcio sobre la exportación del

papiro, como obstrucción contra la biblioteca rival de Pérgamo; este “embargo”

, decidido por vm rey Eumenes no especificado (probablemente Eumenes

I, entre los años 197-159 a, deC ,), habría dado origen al empleo de la

piel de oveja.


COMO NOS HAN LLEGADO LAS OBRAS 39

ciones de libros, como la Biblioteca de la Universidad, incendiada

en el año 1204, y la Patriarcal).

Pero también en Bizancio, hasta la época de Justiniano, aunque

las condiciones fueran mejores que en Occidente cuyo Imperio

había sido arrasado bajo los bárbaros, continúa el proceso iniciado

desde hacía ya tiempo de involución y decadencia de la cultura.

La larga lucha político-religiosa llamada “de las imágenes” (712-

867), que provocó graves consecuencias sociales y económicas y

dañosas repercusiones también en el campo de la cultura, cierra

el período más oscuro para la civilización bizantina y la tradición

cultural a ella asignada. Durante estos siglos, entre el vn y la

primera mitad del ix, se produce e intensifica la pérdida de muchas

obras de la literatura griega, profana y sagrada. Para medir

la gravedad del desastre téngase presente que entre los siglos v y

vn habían llegado a su completa destrucción las grandes bibliotecas

de otros centros culturales (Alejandría15 sobre todo, Roma,

Pérgamo 16, etc.). Por ello, de muchos autores, ya reducidos a

un número exiguo de copias en las grandes bibliotecas, llegaba

así a faltar el único testimonio que, muy a menudo, quedaba; y

lo mismo sucedía con obras de muchos escritores cristianos, por

razones en este caso de polémica religiosa. De la literatura cristiana

sobrevivían los ‘libros sagrados” y las obras de los Padres

que no habían sido envueltas en las violentas polémicas dogmáticas;

de la literatura profana, Homero, que había sido siempre

la base de la paideia griega, lo que se leía, en la escuela inferior,

de los grandes clásicos, y un grupo de obras subsidiarias, históricas,

científicas (medicina, matemática), filosóficas y filológicogramaticales

(incluidos repertorios y diccionarios), que formaban

el material de la cultura y enseñanza superior.

3) Tales eran las desgraciadas condiciones de la cultura y

del material bibliográfico hacia el año 850, cuando Basilio I el

Grande (867-886), terminada la lucha iconoclasta, hizo resurgir

la fortuna militar y política del Imperio, restaurando el ejército,

las finanzas, la administración y la enseñanza. Ya en el año 863

15 La gran Biblioteca del Museo sufrió ya sus primeras pérdidas durante

el asedio y la conquista de César (año 47); La Biblioteca del Serapeo

(con cerca de 40.000 volúmenes que eran posiblemente duplicados de los de

la gran Biblioteca) sufoió grandes daños en la campaña de Aureliano (año

273) y acabó siendo destruida en la rebelión antipagana del año 391 promovida

por el Patriarca Teófilo, adversario de Juan Crisóstoroo. De los percances

sufridos por la gran Biblioteca sabemos aún menos; como quiera que sea,

no es sino leyenda la del incendio . .. teológico, provocado por el general

de. Ornar, al apoderarse de ella en el año 642. Es probable, más bien, que

por aquella fecha no existiera ya nada o quedara muy poco de ella.

1,1 La biblioteca de Pérgamo, con sus 200.000 volúmenes, habría sido

enviada a Alejandría por Antonio, como obsequio a Cleopatra.


40 INTRODUCCION

el césar Bardas, tío del inepto Miguel III el Ebrio, había reorganizado

completamente la Universidad, poniéndola bajo la dirección

de León Matemático, hombre de vasta cultura qne le ganó

la fama de adivino y de mago, frecuente en aquel tiempo. En

ella enseñaron Constantino, que fue el apóstol de los eslavos, y

Focio. Nacido éste en Constantinopla hacia el año 820 (patriarca

en el 859, depuesto por Basilio I el 867, reincorporado en el 877

y vuelto a ser depuesto el 886 por León VI y relegado al destierro

en que murió hacia el año 891), fue la figura más representativa

de la civilización bizantina, tanto como autor de obras dogmáticas,

de erudición filológica e histórico-literarias, como animador

de una auténtica renovación de la cultura literaria griega, que

tuvo consecuencias decisivas para la conservación de los textos,

Junto con numerosos colaboradores remedió las necesidades fundamentales

del momento para mejorar la cultural es decir, la conservación

y difusión de las obras literarias, de las cuales, como

hemos dicho,, sólo las más importantes se habían salvado a través

de los siglos oscuros, y frecuentemente en copias únicas. Además

estas copias se encontraban en códices de pergamino (más raramente

de papiro) de los siglos v-vni, los que, aparte de los daños

sufridos por el largo olvido, continuaban en el aspecto gráfico

con la técnica de las ediciones helenísticas e imperiales, que antes

hemos; descripto, y eran, por ello, casi inservibles. Por ello se vio

la necesidad de pasarlas a una escritura legible, lo que se logró

con el empleo de lá minúscula cursiva (que en lugar de la mayúscula

facilitaba también una economía dé espacio y, por ello,

de material), con là adopción, si bien parcial, de signos de puntuación,

y la separación de períodos y palabras, provistas de espíritus

y de acentos. Se trata, pues, no ya de una simple transcripción,

sino de una auténtica y difícil interpretación filológica, que,

precisamente por ello fue realizada de ordinario una sola vez y

luego, transliterado el ejemplar, conservado en una biblioteca, se

difundía en determinadas copias según las necesidades culturales

y escolares. Dichas transliteraciones continuaron hasta aproximadamente

el año 1100 por obra de colaboradores y discípulos de

Focio; entre los que es digno de recordar a Aretas, nacido en

Patras hacia el año 850, obispo de Cesarea de Capádocia hacia

el 902 y muerto no antes del 944. Para juzgar la grandiosidad e

importancia de tal operación baste pensar que lo que poseemos

hoy de la literatura griega es cuanto fue transliterado en este

período, salvo los textos recuperados luego por los papiros, “ostraka”,

etc., y que se perdieron muy pocas obras de las salvadas por

tal transliteración. Asimismo es muy grande el valor filológico

del trabajo, aparte de las dificultades superadas en la transcripción,

porque la transliteración fue realizada con ejemplar fidelidad,

conservando incluso a menudo la disposición gráfica del original.


CÚMO NOS HAN LLEGADO LAS OBRAS 41

De tal modo llegamos a poseer el estado de los textos de las ediciones

filológicas alejandrinas e imperiales, a través de copias más

o menos directas. Pero los cuidados y beneficios de estos filólogos

no se limitaron sólo a los textos. Buscaron, además, cuanto

quedaba del material exegético de origen alejandrino e imperial,

el que, aun habiendo sufrido pérdidas, reducciones y epítomes, se

había conservado en comentarios que se encontraban aún separados

de los textos a que se referían, en razón de su extensión.

■De tal material extrajeron breves notas exegéticas (escolios), restos

valiosos de la antigua actividad filológica, adaptándolos de

modo que cada página del códice contuviera sus notas correspondientes,

junto a una porción del texto, dando así origen a las

“ediciones comentadas”. De estos códices transliterados derivan

las grandes ediciones de los siglos x-xi, que son la base de la tradición

medieval, pero únicamente a través de copias, ya que sólo

alguno, quizás, de los ejemplares directamente transliterados ha

llegado hasta nosotros.

Dé tal manera, hemos dicho, se salvó lo que era aún recuperable

de la literatura griega. Las obras se difunden entonces

en variado número de ejemplares y sobreviven así a pesar de los

grandes destrozos que la conquista latina y el Imperio latino de

Oriente (1204-1261) causaron a la cultura bizantina. Ésta, junto

con el poder político legítimo, se refugió entonces en Nicea, en

Trapezunte y en Epiro, hasta la restauración del trono de Bizancio

por obra de Miguel VIII Paleólogo. Bajo la dinastía de este

último vuelve a renacer la filología, pero con características diversas

a la conservadora de la época de Focio. Los textos son no

solamente transcriptos sino también establecidos con criterios filológicos,

aunque sean éstos discutibles y necesariamente elementales;

y vuelve a comenzar una notable actividad exegética que

siguiendo el ejemplo dado en el siglo precedente por Juan Tzetzes

y su hermano menor Isaac, produce nuevos comentarios (escolios),

apreciables también por sus contribuciones originales y no

sólo por la utilización de fuentes perdidas para nosotros. En su

conjunto, esta última filología de la época de los Paleólogos ( hasta

el año 1350 aproximadamente) es también benemérita en la conservación

de textos griegos, por obra de Eustacio de Tesalónica,

Máximo Planudes, Manuel Moscopulo, Tomás Magistro y Demetrio

Triclinio, que fue, sin duda, el más importante. Además, en

razón de que las copias de los textos se difunden en gran número,

en esta época de renacimiento cultural, sucedió que los códices

debidos a los filólogos de este período, como los más fáciles de

encontrar a mano, constituyeron la base de las primeras ediciones

en imprenta al cuidado de nuestros humanistas. Sólo la filología

del siglo XIX, con la reconstrucción de la historia de los textos,

procedió a la indagación de las grandes ediciones sobrevivientes


42 INTRODUCCION

de los siglos x-xn, las que representan de ordinario la fuente más

autorizada para el establecimiento de textos, por reproducir muy

aproximadamente el estado de los mismos al final de la época

clásica y ser las más correctas, por lo tanto, en cuanto más antiguas

y menos sometidas a los deterioros mecánicos de la tradición.

Luego comienza la agonía política y cultural de Bizancio,

encerrada en un asedio cada vez más estrecho y amenazador, que

termina con la conquista por parte de los turcos de Mahoma II,

el 29 de mayo del año 1433, a pesar de la heroica resistencia y el

sacrificio del propio emperador, de sus tropas y de las fuerzas

auxiliares genovesas. Los sabios griegos, ya antes de la conquista

turca y mucho más después de ella, se refugian en Italia, que

no sólo era la tierra más próxima, sino que estaba renovando la

civilización europea en aquel mismo siglo xiv medíante su Humanismo,

con Petrarca y Bocaccio. Llevaron ellos consigo los preciosos

manuscritos; y como Petrarca, por ejemplo, anduvo en búsqueda

de códices latinos en Italia y fuera de ella, igualmente

nuestros humanistas, al descubrirse entonces la civilización griega,

se dirigieron a Constantinopla en acopio de manuscritos griegos.

Así, después de al menos diez siglos, volvieron los grandes autores

griegos al Occidente, que prácticamente los había olvidado o

conocido de nombre y que tan sólo desde hacía tres o cuatro

siglos había recomenzado a traducir, a duras penas, algo de los

autores griegos (científicos, filósofos, médicos) que más interesábanla

la cultura medievalí7. Ahora regresa triunfalmente la

cultura griega para fecundar la renaciente civilización que, par­

17 No se; puede pasar por alto la mención, aunque sea rápidamente, de

la importancia cultural en este momento de Italia meiidional y Sicilia, que

fue durante el medioevo casi la única, o al menos por largo tiempo la más

importante isla de cultura griega en Occidente. Rehelenizada profundamente

a comiénzos del siglo vn, la “Magna Grecia” bizantina desarrolló una notable

civilización incluso literaria, con una abundante producción himnológica, hagiográfica,

homiliaria y teológica. Los grandes monasterios llamados basilios

poseían códices griegos, importados de Bizancio o producidos por ellos mismos

en numerosos “scriptoria” que la investigación moderna va individualizando,

y tenían escuelas públicas de griego. Y mientras llega a Occidente la ciencia

griega mediante la traducción al latín de obras árabes, traducciones o adaptaciones

éstas del griego, comienzan en Italia meridional y en Sicilia ■—y en menor

grado en Italia septentrional— las primeras traducciones directas en el

siglo xi, del griego al latín: el Álmagesto de Ptolomeo, algunos diálogos platónicos,

obras de Aristóteles y Diógenes Laercio, que constituyen modestas

traducciones literales precedentes en tres siglos de las primeras traducciones

humanistas. No está, pues, fuera de lugar el recordar los méritos de esta cultura

griega de Italia meridional y Sicilia, que anticipa el Humanismo centroseptentrional.

Los dos movimientos se encontraban y se fundían, casi simbólicamente,

en las figuras de Escolario Saba, Nicolás de Regio y, sobre todo, de

Barlaam y Leoncio Pilato, maestro éste de griego de Petrarca y de Boccaccio.


CÓMO NOS HAN LLEGADO LAS OBRAS 43

tiendo de Italia, conquista Europa. A Italia corresponde otra

vez el mérito de haber dado a la imprenta por vez primera los

grandes autores griegos, comenzando por el Homero florentino

del año 1488 al cuidado de Demetrio Calcóndilas. Los clásicos

griegos vuelven a la luz en gran cantidad, según las necesidades

de la renovada cultura, en Venecia, en la Academia de los Aldos,

ayudados por numerosos sabios griegos, o en la imprenta de los

Giunta, de Florencia. Y así se salvan ya para siempre.


PARTE PRIMERA

EPOCA JONICA, O DE LOS

ORIGENES

(Siglo IX aproximadamente a 500 a. de C.)


CAPITULO PRIMERO

ANTES DE HOMERO

RELACIONES POLITICO-CULTURALES ENTRE GRECIA

PROTOHISTORICA Y EL CERCANO ORIENTE

O

En el cuadro sucinto que hemos trazado de la formación del

pueblo griego (v. Introducción, págs. 14-18), hemos tenido ocasión

de señalar incidentalmente las relaciones entre Grecia protohistórica

y el vecino Oliente mediterráneo, en que nacieron las primeras

civilizaciones. Los recientes y afortunados descubrimientos

arqueológicos, y sus consiguientes alcances históricos y culturales,

han acrecentado no sólo los conocimientos sobre tales civilizaciones,

sino también por reflejo, mediante relaciones documentadas

con ellas., las perspectivas sobre la historia y la cultura de

la más antigua Grecia. De esta manera resulta hoy no solamente

posible sino necesario tener en cuenta la real importancia de tales

relaciones, que es verdaderamente notable respecto a la civilización

griega, y en una realidad histórica, además, que puede ceñir

los hechos a sus verdaderas proporciones, evitando las exageraciones

orientalistas —hoy, en verdad, muy atenuadas— que, al

final del siglo pasado y principio del presente, cond ’jeron al panbabilonismo,

panfenicismo, etc., incluso respecto a los orígenes

griegos.

Grecia, por su posición geográfica, inmersa ella misma en

el Mediterráneo oriental, y más aún por el sistema de numerosas

islas que facilitaban la navegación incluso a los modestos navios

antiguos, está destinada a relaciones, más o menos frecuentes pero

constantes en toda su historia, con el cercano Oriente. La línea

normal de comunicación con éste, desde el neolítico, a través de

Creta y Rodas seguía la costa anatólica, tocaba Chipre y, a lo

largo del litoral sirio-palestino, alcanzaba su natural continuación

formada por la costa egipcia. Ya el neolítico de Creta (entre

5000 y 3000 a. deC .) estaba en relaciones, a través de Anatolia,

con la Mesopotamia; por ello la metalurgia, que allí había surgido,

llega a Creta y a toda la Egeida hacia el 3000, asimismo a

través de Anatolia. Las relaciones entre Creta y Mesopotamia se


48 ÉPOCA JÓNICA. ANTES DE HOMERO

hacen cada vez más intensas al surgir el poderío cretense. Constituido

éste (entre 2050 y 1730), se desarrolla una expansión comercial

cretense en las Cicladas y en la Argólida con mercados en

Chipre, Biblos, Ugarit y hasta en Egipto por vía sirio-palestina.

Pero los contactos entre Creta y Egipto habían ya comenzado al

final del M.A.IÏI (2400-2100 a. deC ,: escritura jeroglífica cretense).

Hacia la misma época (2000 a .d eC .) aparecen en Anatolia

los hititas, cuyo imperio alcanza su apogeo entre los siglos

XV a x m , para desaparecer alrededor de 1200, precedidos, alrededor

del 2400, por los luitas, primera población indoeuropea

en Anatolia, seguidos por los palaítas, hititas y otros. Los hititas

introducen en Anatolia el caballo y el carro ligero, que fue una

revolución en el arte de la guerra y constituyó la causa de sus

fortunas militares; sus afines indoeuropeos, los minios, llevaron

el caballo a Grecia hacia el año 2000, y otra rama de los minios

a la Tróada poco más o menos al mismo tiempo. Llega así el

período de mayor poderío cretense ( 1700-1450 a. de C. ) tras la

venida de los luitas (construcción de los segundos palacios de

Cnosos. y Festos; escritura lineal A ), en que los cretenses llegan

a ser los intermediarios del comercio con Egipto y extienden sus

relaciones con la Egeida irradiando desde Cnosos. Asimismo

intensifican las relaciones con el Nuevo Imperio egipcio, surgido

tras la invasión de los hicsos (dinastía XVIII: 1580-1314). Motivos

decorativos cretenses se difunden en Egipto donde aparecen, en

sus frescos, los delegados “keftiu'. (cretenses) llevando ofrendas

al faraón. . .

Después, alrededor de 1400, es destruida Cnosos, quizá por

causas-naturales (fin de la escritura lineal A ). Mientras tanto

Micenas, que había sido" habitada desde el año 3000, recibe hacia

el 2000 los primeros minios; entre 1500 y 1400 es la época de las

tumbas de fosa y tumbas de cúpula al mismo tiempo. Comienza

la expansión aquea. Cnosos, destruida hacia 1400, es conquistada

por los aqueos en el siglo siguiente y tiene un nuevo período de

esplendor (1300-1200: escritura lineal B). Entre 1400 y 1200 se

halla la acmé del poderío de los micénicos (aqueos), que se extienden

por toda Grecia continental (Argólida, Corintia, Ática, Beocia,

Tesalia, Laconia, Mesenia, Élida); después, sobre las huellas

del poderío cretense declinante, se expanden con irresistible impulso

por todo el Mediterráneo. Alrededor de 1200 destruyen la

Troya homérica (Troya vii-b), pero sin penetrar en el interior,

donde es todavía demasiado fuerte el poderío hitita; y es precisamente

en los documentos hititas de esta época (1250-1200)

cuando encontramos por primera vez su nombre (Ahhijawa, que

serán los ’Αχαιοί homéricos, identificación ahora plenamente

aceptada). Después, a través de la costa anatolia (Lesbos, Mileto,

Colofón) y de Cilicia (Tarsos, alrededor de 1200), descienden


RELACIONES ENTRE GRECIA Y EL CERCANO ORIENTE 49

a lo largo del Mediterráneo oriental (Chipre, Siria, Fenicia, Palestina,

hasta Egipto) y fundan numerosos establecimientos comerciales

(Ugarit, hoy Ras-Shamra: 1300-1200; Biblos en Fenicia,

Jericó en Palestina); hacia Occidente, siguiendo asimismo a los

cretenses, llegan hasta Italia meridional, donde encontramos vestigios

en Lípari (ya en el siglo xvi), en Sicilia y sobre las costas

apuliense y campana.

La amplitud de tal extensión denota un gran poderío marítimo,

que tuvo como centro de irradiación la isla de Rodas, si

bien no propiamente como capital. Estas relaciones están documentadas

por numerosos descubrimientos arqueológicos, cuya importancia

se puede colegir de los mismos particularmente respecto

a Egipto. Del reino de Amenofis III (1408-1372) se difunden objetos

egipcios por toda Grecia, además de Micenas; a su vez se

descubren gran cantidad de vasos heládicos en Tell el-Amarna,

la nueva capital de Amenofis IV (1372-1354), y en los documentos

egipcios a los “keftiu” suceden entonces los “habitantes de las

islas", es decir, los aqueos, desde la época de Tutmosis III (1500-

1450) hasta aproximadamente el año 1150, Luego, por obra de

los llamados dorios, desaparecen los centros aqueos de Grecia

(Argólida, Peloponeso, Beocia, Tesalia) y entre 1200-1100 es destruida

la propia Micenas. Siguen en Grecia los denominados “siglos

oscuros” (1200-800), cuya responsabilidad suele adscribirse

a los últimos invasores; este período es designado también como

“medievo helénico”, a cuyo propósito hemos ya adelantado reservas

sobre las analogías que tal denominación pretende señalar.

Hay que tener presente, en efecto, que, hacia 1200, entra en profunda

crisis todo el sistema político del Mediterráneo oriental

(incluso el imperio hitita), que había conocido su esplendor t>i

la época llamada de “Tell el-Amarna” (siglos xv-xm).

La invasión doria determina muchas corrientes migratorias,

de las que una de las más importantes es la que desde Pilos,

pasando por Atenas, llega a Jonia. Las relaciones entre Grecia

y Egipto se ven interrumpidas desde el siglo x hasta la mitad del

siglo vil; Egipto mismo es sustituido en el comercio mediterráneo

por los fenicios, de quienes encontramos tantos recuerdos en Homero,

sobre todo, naturalmente, en la Odisea. Son precisamente

los fenicios quienes llegan a perfeccionar un invento de extrema

importancia para la escritura, el alfabeto acrofónico de veintitrés

signos, documentado ya en el sarcófago de Ahiram, rey de Biblos

(¿siglo X III? ), que los dorios adaptaron, hacia el 900, a su propia

lengua, introduciendo en él signos para las vocales, que faltaban

en los alfabetos semíticos, y lo difundieron por toda Grecia, donde

la lineal B parece haber desaparecido a partir del año 1200, si

bien puede haber sobrevivido algún tiempo más. La adopción

de: la escritura alfabética parece haberse realizado en Rodas, por


50 ÉPOCA JONICA. ANTES DE HOMERO

obra de los propios dorios que trajeron a Grecia el hierro y el

estilo geométrico, y no en Chipre donde los aqueos emplearon

la antigua escritura lineal aproximadamente hasta el año 1050 e

inventaron luego un segundo sistema lineal que se continuará

usando hasta el siglo ni a. de C. Poco después, entre 850 y 800,

nos encontramos ya con la época de Homero.

Las civilizaciones mediterráneas que hemos visto en tan antiguas,

constantes é intensas relaciones con el mundo griego, a

través de cretenses, aqueos y dorios, tuvieron espléndidas manifestaciones

sumamente importantes para la historia de la humanidad,

la que se eleva precisamente en tales lugares a formas

políticas, sociales y artísticas de muy alto valor, después de la

oscuridad de la prehistoria, durante la cual parece empeñada

solamente o sobre todo en la lucha por la existencia. En cuanto

interesa más propiamente a nuestro propósito, bastará recordar

las ricas manifestaciones literarias de Egipto y de la civilización

mesopotámica, desarrolladas en forma diversa. Egipto prefiere la

materia narrativa (cuento, fábula, apólogo), lírica y didácticocientífica,

en tanto que Mesopotamia se eleva al poema épico

( Gilgamesh) y cosmogónico ( Enuma Elish, “Poema de la creación”

). Son literaturas, una y otra, de carácter comúnmente docto

y áulico y, lo que es importante hacer notar, confiadas ya

a la escritura cuando menos en el segundo mileno a. de C.

Es difícil pensar que las relaciones de estas culturas con el

mundo griego, primero con los cretenses y luego con los aqueos,

se hayan limitado al campo político-comercial. No es ni siquiera

necesario invocar1ál respecto algunas de las características más

permanentes del espíritu griego, como la curiosidad, el deseo de

conocer y la amplitud de sus intereses, pues la historia demuestra

que las relaciones comerciales y las políticas (incluso las hostiles)

no van nunca separadas de relaciones culturales. Por consiguiente,

no es nada arriesgado admitir que los griegos conocieron

dichas manifestaciones literarias. La investigación moderna

ha comprobado en ellas algunos hechos interesantes. El epíteto

fijo con el nombre, la iteración, las comparaciones, el discurso

referido en forma directa, aspectos característicos de lo que podríamos

llamar “estilo épico”, se encuentran ya en los cantos súmenos

sobre Gilgamesh (a fines del m milenio), dé donde pasan a

las copias babilónicas del mismo epos (1800 a. deC .) e incluso

a la versión asiría del siglo vn; lo mismo sucede con el Poema

de la creación, el Poema de Adapü, los poemas protofenicios dé

Ugarit y los poemas hititas del ciclo de Kumarpi. No faltan tampoco

en Egipto, en el poema sobre la batalla de Qadésh (1294)

y en los epítetos protocolares del estilo cancilleresco y de la correspondencia

diplomática. Algunos de estos aspectos son ciertamente


LA “LITERATURAGRIEGA ANTES DE HOMERO 51

de origen religioso y cultural, como el epíteto y la fórmula fija

para el dios.

LA “LITERATURAGRIEGA ANTES DE HOMERO

Bastaría, pues, la simple existencia de estas literaturas orientales

para deducir con mucha verosimilitud que los cretenses y

micénicos, que alcanzaron formas de arte tan espléndidas en arquitectura,

frescos, cerámica, taracea, orfebrería y glíptica, que tuvieron

ciertamente una religión, una mitología y un patrimonio de

leyendas reflejadas claramente en las correspondientes manifestaciones

griegas y que conocieron la escritura o más bien varias

formas de escritura, tuvieron asimismo ellos una “literatura” a

pesar de que, hasta ahora, no haya aparecido ningún documento

al respecto ls.

Hay solamente una hipótesis de que el famoso “disco de

Festos” (1700-1600 a. de C .), en jeroglíficos no interpretados hasta

ahora, contenga un texto poético (¿un himno a la divinidad?),

como parecerían indicar algunas cadencias o estribillos que se

repiten con intervalos al final de algunas secciones del texto.

Escenas de culto funerario, con una procesión de oferentes ritmada

por un tocador de doble flauta, y otra con un tocador de

heptacordio, se ven representadas en el célebre sarcófago de piedra,

pintado con frescos, de Hagía Triada (Creta, siglo xv), y

similares tocadores se observan en un fresco proveniente de la

misma localidad, que parece pertenecer al propio artista del sarcófago;

asimismo aparece un tocador de lira en el grandioso fresco

de la procesión religiosa (de alrededor de 1400) sobre el muro

del corredor del gran propileo en el palacio real de Cnosos. Es

muy probable que el acompañamiento musical implique la ejecución

de cantos corales (fúnebres, religiosos); un solista, a su

vez, aparece en un fresco de Pilos. Del mismo modo algunos

conocidos monumentos cretenses y micénicos parecen referirse a

formas mímicas. Entre los principales recordamos una de las

18 Téngase presente que la conservación de las tablillas cretenses y micónicas

se debió a un azar, es decir, al fuego de los incendios que destruyeron

aquellos lugares. A diferencia, en efecto, de los mesopotámicos, que utilizaban

tablillas de arcilla secadas al sol (conservadas, por ello, hasta nuestros

días con los signos gráficos grabados en ellas), los cretenses y micénicos empleaban

tablillas de arcilla cruda que no acostumbraban a cocer, y que, lavadas,

podían servii' para una nueva escritura. Estaban, por tanto, destinadas

a deshacerse con el tiempo, lo que hubiera ocurrido con las que han llegado

hasta nosotros si no se hubieran cocido con el fuego y así conservado. Muy

raros son los caracteres escritos en vasos o grabados en metal, que se han

encontrado en Tebas y algunos otros lugares.


52 ÉPOCA JÓNICA. ANTES DE HOMERO

obras maestras del arte cretense, el muy conocido “vaso de los segadores”

de Hagía Triada (siglo xvi), que parece describir un cortejo

de acción de gracias después de la siega, formado por un

coro de segadores en marcha, con los instrumentos agrícolas al

hombro, seguidos de un grupo de cantores, de los que uno toca

el sistro y da el ritmo a la marcha y al canto; es muy vivida la

representación del desorden causado en las últimas filas por uno

de los segadores, que, quizás ebrio, ha tropezado y se ha caído.

El vaso ha sido interpretado nada menos que como un “antecedente

de la comedia griega”, pero, sin llegar a tanto, es verdaderamente

notable su vivaz realismo mímico. Quizás asimismo, a

juicio nuestro, se: puede ver no ya decadencia y defectos de medios

expresivos^ sino más bien una intencionada aunque desmañada

caricatura en el conocido “vaso de los guerreros” ( de Micenas:

¿siglo xiip) con sus enormes narices y el paso inseguro y

sesgado. En fin, se interpretan como danzas extáticas de preménades

algunas representaciones de gemas cretenses y, puesto

que el nombre de Dioniso se halla documentado en Pilos10 (y

quizás otros nombres dionisíacos en Cnosos, como Sileno, Iaccho,

Penteo), no puede excluirse que el tema “dionisíaco” haya sido

tratado en Creta y Micenas, aunque sea en forma desconocida

para nosotros, si bien el canto de las mujeres eleas (Carm.popAQ

D 3). haría pensar más: bien en formas líricas.

: ; Estos: vestigios de precedentes “literarios”, interesantes pero

siempre para estimar con mucha; cautela, llegan a ser en cierta

forma más: consistentes y de cualquier modo más propiamente

'''gringos"' en el mundo micénico. Mediante, la expansión aquea,

sobre todo a Ugárit-Ras Shamra, Mari y Chipre, los griegos micénicos

entraii en contacto directo con las civilizaciones contemporáneas

del cercano Oriente, herederas de tradiciones antiquísimas

de cultura. Sucede esto, además, dentro de las condiciones sumamente

favorables para intercambios internacionales de la época

llamada “de Tell el-Amarna”, en los siglos xv-xm. Es éste un

período de equilibrio político entre las grandes potencias mediterráneas,

de intensas relaciones diplomáticas y comerciales, que

llevan consigo una “koiné” cultural de sumo interés, y que coincide

casi exactamente con la acmé del poderío aqueo. En el

archivo de Tell el-Amarna se encuentran copias de poemas babilonios,

y los. escribas, del Faraón escriben las cartas oficiales en

caracteres cuneiformes; en Siria se habla y se escribe (en diversos

alfabetos )el acadío, que llega a ser la lengua oficial de la diplo­

19 Ya en el año 1953, en el memorable informe dé Ventris, en forma

que podía dar lugar — equivocadamente— a alguna duda; ahora, en un texto

más amplio y enteramente seguro, también en Pilos, en ¡a tablilla Xb 1419

(cfr. Am. J. of Arch., 65,1961,pág,162).


LA “ LITERATURAGRIEGA ANTES DE HOMERO 53

macia mediterránea, así como el hitita, el protofenicio y con

seguridad también el micénico; en la capital hitita se hacen

traducciones o refundiciones de poemas hurritas y babilonios, también

en acadio. Y puesto que, como hemos visto, los aqueos se

introdujeron en este mundo con una extensa y activa presencia,

resulta del todo natural que se encuentren relaciones entre la

Odisea y la narrativa egipcia (Proteo, por ejemplo), que se renueven

en la Odisea motivos del epos babilónico de Gilgamesh (Circe,

las columnas del cielo, el país de los muertos, etc.), que Homero

repita típicas y antiquísimas “historias de asedio” difundidas

en casi todas estas literaturas y que se correspondan notables

afinidades, incluso en los detalles, entre la historia sagrada sumerobabilónica

de la tríada Anu-Kumarpi-Ullikummi (conocida por

textos curritas que datan de 1400 a 1200) y la griega de Uranos-

Cronos-Zeus (fijada en la Teogonia hesiódiea). Nada impide

creer, en efecto, que los aqueos, llegados a conocimiento de tales

literaturas, hayan adoptado y elaborado algunos de sus elementos,

como la materia mítica o legendaria que aparece conocida

por Homero, a veces con evidentes señales de altísima y auténtica

antigüedad, cual la historia hitita del licio Belerofonte. Las

alusiones rápidas de Homero para con algunos temas muestran,

a veces, que se trataba de asuntos muy bien conocidos, como por

ejemplo, sobre la nave “Argos celebrada por todos” (Odisea,Xíl,

70). En esta “literatura” micénica recientemente han sido postulados,

además, de manera conjetural y deductiva, tres tipos de

poesía:

1) Cantos culturales;

2 ) Cantos en honor de grandes reyes del pasado, ejecutados

en ocasión de ceremonias de aniversario;

3) Cantos convivales que celebraban leyendas de diferentes

personas y lugares, las que formaban parte asimismo de las gestas

del rey.

Mientras estos últimos eran improvisados y orales, los cantos

propiamente épicos (con extensión aproximada de 5.000 versos)

eran escritos. Es muy probable que continuaran empleando los

medios de expresión épica que se hallaban ya en la época minoica

y en las antiguas literaturas orientales, lo que, por lo

demás, se confirma por cuanto perdura al respecto en la técnica

de Homero.

Diversas tradiciones griegas, por otra parte, sitúan precisamente

en este período el origen de muchos géneros literarios, no

solamente de los más antiguos, como el hexámetro “inventado”

por la sacerdotisa délfica Femonoe (o también por Fenotea o por

Orfeo) y el yambo “inventado” por Yambé para consolar el dolor

de Deméter en búsqueda de su hija Perséfone, sino incluso de


54 EPOCA JÓNICA. ANTES DE HOMERO

la poesía dramática y la bucólica. Los orígenes de la lírica y de la

poesía religiosa y didáctica los referían los griegos a numerosos

cantores legendarios, como Orfeo, Lino, Tamirís, Oleno, Museo,

Eumolpo, etc., todos ubicables precisamente, poco más o menos,

en la época micénica. También atribuían el origen de los principales

juegos punhelcnicos a personajes de la misma época o incluso

más antiguos, como a Pélope o a Heracles. Herodoto (V,

59) refiere tres inscripciones, por él copiadas, del templo de

Apolo Ismenio en Tebas en “letras fenicias” : una de Anfitrión

tras su victoria sobre los telebeos, otra de Esqueo, coetáneo de

Edipo, y una tercera de Laodamante, que vivió en tiempos

de Etc ocles.

Tradiciones varias, en fin, se refieren a la poesía épica y en

particular al tema troyano, tratado por numerosos poetas antes

de Homero. Son tradiciones manifiestamente legendarias y algunas

del todo fantásticas ( si bien alguna, como la de Dictis cretense,

fue revalorada en época moderna), que claramente conservan,

sin embargo, recuerdo y conciencia de la elaboración

de tal tema en una larga tradición anterior a Homero. He aquí

algunos nombres, sobre los cuales no ha de excluirse la posibilidad

de que algún descubrimiento llegue un día a darnos una

sorpresa:

Siagro (o también Eagro) habría sido entre todos el primero

en cantar la guerra de Troya (Kl i an o,ü. /i- XIV, 21 : Eust.piOoem.itt

11.); Colino de Ilión, contemporáneo de la guerra, habría escrito

una llíada, dn la que Homero habría tomado el argumento (Lex.

S ud.,s.v. ). 11omero habría conocido y utilizado, además, la obra

de Dafne o Manto, hija de Tiresias (Diodoro Siculo,IV,66); de

iïeleria, liija de Museo (Ptol. Hefest.,en Focio,Bii>ï,cod.l90); de Palamedes

(de quien Homero, por envidia, habría destruido el texto,

según Tzetzes en Licofr. Ad. 384; Dióg.Laerc.II,44;Ptol. Hefest.,

en Focio,l.e.,elc.); de Fantasia de Menfis (autora de una llíada

y de una Odisea, cuyos ejemplares habría recibido Homero del

sacerdote Fanites en Mentís, según Ptol.Hefest.,en Focio,l.c.); de

Pronápidés, que habría sido maestro de Homero (Tzetzes,C?wï,

XIII,634); de Sisifo de Cos, posible autor de una llíada (Tzetzes,

CM .Vhist.29); de Dares frigio, que habría escrito su poema en

hojas de palma (Isid,Oíg.I,41) y de quien Eliano (v.h.,XI,2)

dice conoceduna llíada frigia aún existente; y d e -Dictis de Cnosos.

Temas épicos, en fin, habrían tratado, siempre antes dé Homero,

los siguientes: Autómedes micénico, qué vivió en tiempos

de la guerra, y habría compuesto en hexámetros la Guerra de

Anfitrión contra los telebeos y una Contienda del Citerón y el

Helicón (Escol.Hom.Od.,III,267); Demódoco de Corcira,: que

habría: escrito, además de la Toma de Troya, un poema sobre los

amores de Ares y Afrodita, imitado por Homero (ps,-Plut.,de mus.


ORIGINALIDAD DE LOS GRIEGOS 55

3); Femio de Itaca, autor de los Regresos (ps.-Plut.,op.cií.,ibid.);

Melisandro de Mileto, autor de una Guerra de lapitas y centauros

(E3iano,ü./í.,XI,2); Orebancio de Trecena, autor de no especificaddos

Logoi Trezentí (Eliandbicl.); y Palefato de Atenas, autor de

ana Κοσμοποιία y Troica (hex. Sud., s.v.).

ORIGINALIDAD DE LOS GRIEGOS

Cuando aparecen, pues, los griegos en la historia, el mundo

era ya viejo con sus milenios de civilización en los que los egipcios,

acadio-sumerios, cretenses, hititas y fenicios habían elaborado

las conquistas fundamentales de la civilización, desde la organización

político-social a la escritura, desde las artes a las ciencias.

Todo esto, y muchas otras cosas, no las inventaron los griegos,

aunque muchos creyeran, de buena fe, que lo habían hecho. Sin

embargo, partiendo de aquellas formas que en Oriente se habían

como anquilosado en módulos inmóviles y cerrados, los griegos

introdujeron en todas las manifestaciones de la vida una dinámica

que renueva, hasta hacerlas irreconocibles, aquellas antiguas formas,

Esta dinámica constituye la verdadera originalidad de los

griegos e imprime un nuevo ritmo a la historia y una nueva dirección

a la civilización, bajo el signo de un “humanismo” que quedará

para siempre como gloria del espíritu griego.

El campo en que quizás se puede mejor apreciar la novedad

de los griegos es ciertamente la poesía. Si nos atenemos a los

caracteres no ya sólo formales de lo que, por larga tradición y

común consenso, llamamos “poesía”, parece ser Homero no sólo

el más antiguo poeta de Occidente, sino el primero de la historia20.

Quien conozca, aunque sea someramente y de segunda

mano — como quien esto escribe— , las obras de aquellas literaturas,

no puede sustraerse a la impresión, al pasar a Grecia, de

encontrarse en un mundo nuevo, donde se respira libremente,

donde el hombre puede manifestarse como tal en todos sus aspectos,

donde se van creando valores ideales, sentimientos y problemas

que verdaderamente por primera vez nos parecen nuestros; en

un mundo, en fin, en que nos reencontramos y nos comprendemos

con todos aquellos que pertenecen a la tradición europea, cualquiera

sea la lengua por ellos hablada, en una fundamental unidad

20 Escribe un orientalista como Cyrus F. Gordon (Il Vecchio Testamento

e i popóli del Mediterráneo orientale, trad.it.,Brescia,1959,págs,81,n,13;

cfr. también pág.104): “ La poesía del Vecchio Oriente anteriore all’epoca

greca non è govemata da rególe metriche. Il parallélisme puô lasciare Fimpressione

di obbedire a qualche norma métrica, ma l’impressione non deve

trarre in inganno,” Cfr. también S. Moscati, Le antiche cíviltá semitiche,

Milán, i96I,pág.58.


56 EPOCA JÓNICA. ANTES DE HOMERO

de un lenguaje interior común. Por primera vez en la historia el

poeta tiene un nombre y en la medida del hombre concibo y

expresa un mundo poético. Frente a infatuaciones orientalistas,

que retoman puntualmente a cada nuevo descubrimiento, se hacé

necesario atestiguar, ante apagados entusiasmos, que permanece

intacta la verdadera originalidad del espíritu griego y justamente

más en cuanto la investigación moderna va insertándola mejor

en un cuadro histórico, que se va haciendo cada vez más rico e

interesante, de relaciones múltiples e incluso insospechadas. Todos

estos contactos y encuentros, cuya suma importancia nadie niega,

iluminan con nueva luz muchos aspectos de la civilización griega

arcaica y condicionan al respecto en parte la propia existencia y

algunas de sus formas. Pero esto — es preciso decirlo bien claramente—

no tiene nada que ver con la poesía de Homero, con la

grandeza poética de Homero. Se trata, en general, de obras de

modesto valor literario, de las que los propios especialistas hacen

notar su monotonía, sin quitarles por eso su valor de venerables

documentos de las más antiguas manifestaciones literarias dé la

humanidad. Son al respecto — se podría decir— más bien los

materiales de la poesía; y siempre en vista de un fin “práctico”,

como es la celebración religiosa o dinástica, pero no la libre y

autónoma efusión del poeta en la creación del canto. Las Musas

son solamente griegas. En realidad el Oriente antiguo ha tenido

una sola, gran literatura, la del Antiguo Testamento. Pero Israel

ha sido justamente el pueblo que menos relaciones tuvo con el

mundo griego, en la época protohistórica, arcaica y clásica, y

talés relaciones quedaron casi sin efectos culturales 21. .

En fin, no deja de ser interesante observar — asimismo respecto

a las demás civilizaciones teocráticas del cercano Oriente—

que el pueblo griego no ha conservado sino muy escasos rëstos

de poesía propiamente sagrada y religiosa. Basta considerar la

dimensión humana a que es llevado el héroe griego o el rey homérico

frente a similares figuras orientales. Una escena como la del

libro I de la litada es inconcebible en tales literaturas.

Y Homero es tan sólo la refulgente aurora de la más espléndida

jornada vivida por la humanidad. Tras él se despliega triunfante

la civilización griega, en una variedad de formas que no

tiene comparaciones en toda la historia, en todas las rflanifesta-

Ά A pesar de lo que dice al respecto Gordon, op. cit., págs.7,14-16,

98-108 (Omero è Vanttco Oriente), véase también, del mismo autor, Homer

and Bible, N.J.;1955; poco documentadas son las exageraciones de Astour/

HellenosemUica2, Leyde,1967. La función mediadora de los liititas . y de

Ugàrit, sin duda muy importante, se realizó sobre todo entre el ámbito de Ia

cultura cuneiforme y el mundo micénico. Permanece asimismo: como dudoso

el origen cretense de los filisteos, que en el siglo sin se aposentaron en la

región que de ellos recibió el nombre de Palestina.


ORIGINALIDAD DE LOS GRIEGOS 57

ciones del pensamiento, de la poesía y el arte, de la vida social

y de las ciencias. Incluso una simple alusión a ella requeriría

una exposición demasiado larga, Pero téngase en cuenta que, en

pocos siglos, la humanidad creó cosas que había ignorado durante

milenios; que de los griegos parte el impulso que ha movido la

civilización, por un proceso dialéctico de acciones y reacciones,

en una dinámica que ha transformado todo; que aún hoy en día

tras decenas de siglos, no es posible ignorar nada de cuánto los

griegos han sentido, escrito, pensado o construido; que no hay al

respecto campo del espíritu donde los griegos no hayan realizado

creaciones de absoluta originalidad, dejando documentos que son

manifiestamente insuperables y ejemplares, para siempre.

Todo esto es ya Homero,


CAPÍTULO SEGUNDO

HOMERO

VIDA Y OBRAS

La extraordinaria riqueza de noticias y el gran número de

biografías llegadas hasta nosotros en torno al máximo poeta griego

demuestran precisamente que los antiguos no tenían ningún

conocimiento exacto sobre su patria y su vida. Las indicaciones

de historiadores, eruditos y cronistas son tan sólo deducciones o

tradiciones manifiestamente contradictorias por añadidura, mientras

los difusos y numerosos detalles biográficos derivan de la

elaboración fantasiosa, de carácter popular, de la leyenda que

bien pronto se formó en torno a Homero. El significado de su

nombre ('Όμηρος, que aparece por primera vez en el frag.357

dudoso de Ilesíodo; más tarde es llamado habitualmente, por

antonomasia, “el Poeta” ) era ya incierto: “rehén” según algunos;

“ciego”, según otros, en el dialecto de Cumas eolia. En cuanto

a sir patria fueron muchas las ciudades ( además de las siete tradicionales,

y ño solamente griegas) que pretendieron la gloria de

haber sido lugar de su nacimiento. Una tradición difundida y

antigua, conocida ya por Píndaro, lo hacía de Quíos (isla del Egeo

frente a la costa lidia), donde existía en tiempos históricos una

corporación hereditaria de aedos “Homéridas” que se vanagloriaban

como descendientes del poeta. Otro tanto ocurre con las

variadas e inciertas indicaciones sobre la época en que habría

vivido. Según algunos, habría sido contemporáneo de la guerra

de Troya (1184 a. d e C , fecha tradicional de la toma de Troya);

según otros, habría vivido sesenta, cien, ciento cuarenta o incluso

cuatrocientos años después de los sucesos cantados por él. Además

de esta cronología absoluta, se formuló también una cronología

relativa en relación con Hesíodo, de quien, según diversas

tradiciones, habría sido contemporáneo, o también más antiguo

e incluso posterior. Las indicaciones más probables, no obstante

ser también conjeturales, pueden quizá recabarse del historiador

Herodoto, quien afirma (II,S3) que Homero y Hesíodo, contem­


L A “ ILIADA’ 59

poráneos, habrían vivido alrededor de cuatrocientos años antes

que él, por consiguiente hacia el año 850.

Entre las numerosas biografías podemos recordar la atribuida

falsamente a Herodoto y una del seudo-Plutarco, además de otras

diversas menos importantes. De tradición muy antigua es la Contienda

de Homero y Hesíodo, atestiguada ya en un papiro del

siglo hi a. de C. y formada sobre un núcleo de leyendas populares

probablemente del siglo v, según la cual, en un certamen

poético establecido por Ganíctor, rey de la isla de Eubea, en

honor de su padre Anfidamante, Homero, cantor de guerras y

destrucciones, era vencido por Hesíodo, que celebraba las obras

del trabajo y de la paz. Habría sido luego sepultado en la isla de

los, en donde todavía en el siglo n d. de C. se mostraba su tumba.

Las obras de Homero son:

1) litada (Ίλιάς), en 24 rapsodias (cantos, libros) con un

total de 15.693 versos;

2) Odisea ( ’Οδύσσεια), en otras tantas rapsodias y 12.007

versos.

Para las demás obras, atribuidas tradicionalmente al poeta,

véase el capítulo III,

LA “II ÍADA”

La Ilíada es el poema de Ilion (propiamente la fortaleza de

la ciudad de Troya en Asia Menor, poco distante de los Dardanelos,

hoy Hissarlik), capital del reino de Príamo, que los

aqueos, aliados bajo la dirección de Agamenón rey de Argos,

expugnaron y entregaron a las llamas tras un asedio de diez años

(1193-1184, según la cronología de Eratóstenes), para vengar la

ofensa causada por París (Alejandro )hijo de Príamo, a Menelao,

hermano de Agamenón y rey de Esparta, cuya mujer, la bellísima

Helena, había sido seducida y raptada por el troyano, El más

valeroso defensor de Ilión es Héctor, hijo de Príamo y esposo de

Andrómaca. En el campo aqueo, además de Agamenón y Menelao,

combaten Aquiles, rey de Ftía en Tesalia con su fiel compañero

Patroclo; Ulises, rey de la: pequeña isla de ítaca en el mar

Jonio; Ayante Telamonio y Ayante hijo de Oileo; Diomedes, y

muchos otros héroes cuyo catálogo completo se encuentra en el

libro segundo, el que nos presenta la geografía política de la Grecia

submicénica, antes de la invasión doria,

La acción del poema, que tiene lugar en el año décimo del

asedio, se halla distribuida en un período de cincuenta y un días

en esta forma:


ΘΟ

ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

Libro 1 (Peste.

Coleta de Aquiles) : día primero a veintidós.

Libros 11 (Sueño. Catálogo de las naves) - III (Juramentos. Espectáculo

del campo de batalla desde lo alto de las murallas. Duelo de Paris

y Menelao) - I V (Violación- de los juramentos. Purificación de Agamenón)

- V (Hazañas de Diomedes) - V I (Coloquio de Héctor y

Andrómaca) - V II, v. 420 (D uelo de Héctor y Ayante) : día veintitrés.

Libro V II (v. 421 a final) : día veinticuatro.

Libro V III (Batalla interrumpida) : día veinticinco.

Libros I X (Embajada a Aquiles. Súplicas) - X (Episodio de Dolón) :

nocbe del día veinticinco.

Libros X I (Hazañas de Agamenón) -XII (Combate en la muralla) -

X III (Batalla junto a las naves) - X I V (Engaño de Zeus) - X V

(Nueva ofensiva de los aqueos) - X V I (Hazañas de Patroclo) -

X V I I (Hazañas de Menelao) - X V I I I (v. 242): día veintiséis.

Libro X V l l l (y. 243 a final: Fabricación de las armas) : noche del día

veintiséis.

Libros X I X (Fin de la cólera de Aquiles) - X X (Combate de los dioses) -

X X I (Batalla junto al río) - X X I I (Muerte de Héctor) - XX1I1

(v. 107): día veintisiete,

Libro X X I I I (v. 108 a final: Juegos en honor de Patroclo) : día veintiocho.

Libro X X I V (Rescate de Héctor) : día veintinueve a cincuenta y üno.

LA “ODISEA”

: ha Odisea es el relato de las vicisitudes de Ulises en su regreso,

tras, la caída de Ilion, a su pequeña isla, y en la recuperación

de su reino.

La narración es conducida en doble trama (las aventuras de

Telémaco en busca de su padre y las aventuras de Ulises errante),

que convergen con el retorno de ambos a su patria, donde tiene

lugar la venganza, y según el esquema siguiente.

Los sucesos se distribuyen así en un período de treinta y

cuatro días22:

Libro 1 (Concilio de los dioses.

A , día primero.

Exhortación de Atenea á Telém aco):

Libro II (Asamblea en ítaca. Partida de Telém aco): A , día segundo.

Libro III (Sucesos en Pilos): A , días tercero-quinto,.

22 Admitiendo, como parece más oportuno, que A y B comiencen al

mismo tiempo. Aliora bien, si se coloca, en cambio, la embajada de Hermes

a Calipso (primer día de B ) como contemporánea de la llegada de Telémaco

a Esparta (sexto día de A ), se tendría un número de cuarenta días.


L A “ ODISEA” 61

Aventuras de Telémaco

Aventuras de Ulises

(B) :

(9

Encuentro en Itaca

>

I— t

X

*

00

X

Exterminio de los Procos.

Restauración del reinado de Ulises

Libro I V (Sucesos en Lacedemonia) : A , días quinto y sexto (y siguientes

hasta el retorno de Telémaco a su patria el día treinta y uno).

Libro V (La balsa de Ulises) : B, días primero-veinticinco.

Libros V I (Llegada de Ulises al país de los feacios) - V II (Ulises en

él palacio cíe Alcínoo) - V III (Acuerdo de Ulises con los feacios) -

I X (Relatos a Alcínoo. El Cíclope) - X (Éolo, Lestrigones, Circe)

- X I (Evocación de los muertos) - X II (Sirenas, Escila, Caribdis,

Vacas del Sol) - X III; v. 187 (Partida de Ulises del país de los

feacios y [legada a Itaca) : B, días veintiséis-veintiocho.

Libros X III, v. 187 - X I V (Conversación de Ulises con Eumeo) - X V

(Llegada de Telémaco) - X V I (Telémaco reconoce a Ulises} : B,

días veintinueve y treinta.

Libros X V I I (Vuelta de Telémaco a Itaca) - X V I I I (Pugilato de Ulises

con Iro) : C, día treinta y dos.

Libro X I X (Coloquio de Ulises y Penélope. Reconocimiento de Ulises por

Euríclea) : C, noche del día treinta y dos.

Libros X X (Sucesos antes de la matanza de los procos) - X X I (La pro-


62 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

puesta del arco) - X X I I (Matanza de los procos) - X X11Ï (Reconocimiento

de Ulises por Penélope) : C, día treinta y tres.

Libro X X I V (T regua): C, día treinta γ cuatro.

EL AKTE DE HOMERO

La materia de los poemas, de los que hemos dado tan sólo un

brevísimo resumen, muestra sn mundo social, ético y religioso; la

variedad de sentimientos, de pasiones e intereses que inspiran al

poeta; la poderosa y coherente caracterización de los personajes;

la maestría de la estructura, y la simplicidad de la exposición.

Este mundo es el de las cortes feudales de la época denominada

“medievo griego” (Introducción, pág. 18), de los soberanos

que se presumían descendientes de los héroes de la gesta troyana

con la que conectan sus títulos de nobleza y legitimidad dinástica,

Pero este momento, el más brillante en esplendor de la épica,

es también aquel en que dicho mundo está por ceder frente a

otras fuerzas que impulsan la creación de nuevas formas de organización

social y politica, como se observa asimismo en la poesía,

poco lejana cronológicamente, de Hesíodo y de los primeros líricos.

El poderío aqueo está ahora disuelto; y los últimos herederos

de aquella tradición proponen sus méritos y glorias a la memoria

de la posteridad con una enseñanza nostálgica que recuerda,

cuando ya la Hélade se halla reducida a un conglomerado de

pequeños estados discordes y rivales, la época gloriosa en que

todo el país, concorde bajo la dirección de los poderosos soberanos

aqueos de Micenas, de Argos y Esparta, se movilizó compacto

para vengar la ofensa causada a uno de ellos.

La función de estos cantores épicos, ornato de las ricas cortes

feudales, es continuación de la de una larga línea de predecesores,

de aquellos que, en el propio epos homérico, aparecen

como contemporáneos de las empresas por ellos celebradas, como

el aedo Demódoco en la corte de Alcínoo; de aquellos que refieren

antiguas empresas de dioses y de héroes, como Femio en la

corte de Ulises; o incluso de aedos no profesionales, como el propio

Aquiles, que, acompañándose con la cítara, canta “las gestas

de los héroes”.

Homero, pues, es el heredero y continuador de una tradición

poética, que llega hasta él, establecida no sólo en los argumentos

sino, en parte, también en los modos del canto. En cuanto al

tema, además de numerosas alusiones a diversas y más antiguas

gestas gloriosas cantadas por antiguos aedos, como la expedición

de los Argonautas, la guerra de Tebas, las empresas de Heracles,

Belerofonte, Meleagro, etc., es manifiesto que Aquiles tesalio y

Ulises jónico-peloponesio eran los héroes de antiguas sagas loca-


EL ARTE DE HOMERO 63

les, que sólo más tarde fueron utilizados en la gesta troyana (al

llegar a ser ésta la más importante por razones políticas y dinásticas),

hasta incluirse entre los grandes protagonistas de ella, junto

a héroes propios de su leyenda, como Agamenón, Menelao, Nostor

y otros. ¡Esta promoción, por así llamarla, derivaba del hecho

de que probablemente aquellas sagas locales, ya ampliamente celebradas

y difundidas, habían asumido importancia casi nacional.

Asimismo la estructura actual de los poemas permite claramente

entrever los estadios de una prolongada elaboración que,

comenzando en lejanos aedos de las primeras canciones de gesta,

encuentra su forma definitiva en los poemas. Sin embargo, a

pesar de muchas y agudas investigaciones, es imposible hasta

ahora definir cómo estaría estructurada dicha temática. Tales

investigaciones, por otro lado, habítualmente no tienen en cuenta

lo que puede hacer la intervención de un genio, con una materia

tradicional y una estructura primitiva.

A terreno mucho más concreto conducen la métrica, con la

técnica formularia, y la lengua. El hexámetro épico, con las numerosas

variedades (treinta y dos) permitidas por las sustituciones

y las cesuras, parece, por su propia estructura, ser el último estadio

de una larga evolución, de la que sin embargo es difícil establecer

el origen y las fases. Es muy probable que el verso “largo”,

un verso de arte adaptado a la recitación, resulte de la soldadura

de elementos métricos más simples, que, a su vez, estaban quizá

fundados en un principio rítmico (mediterráneo, prehelénico)

diverso del principio isocrónico de la métrica “jónica". Estos elementos

métricos primitivos constituirían las partes en las que las

diversas cesuras dividen el hexámetro. Los vestigios de la adaptación

de estos esquemas simples al ritmo del complejo hexámetro

son visibles en algunos fenómenos, productos precisamente del

paso al sistema isocrónico, como, por ejemplo, la necesidad de

alargar la primera (o la segunda) en una serie de tres (o cuatro)

breves. Como quiera que sea esta larga y difícilmente reconstruible

prehistoria del hexámetro, es claro sin embargo que la

adaptación a la métrica isocrónica fue efectuada por los aedos

jonios que dieron a la temática épica tradicional la “facies” jónica,

en la fase que precede inmediatamente a Homero.

Otro resto de lo que podremos llamar el susto’ homérico

es la técnica formularia que la investigación moderna ha descubierto

en Homero, es decir, los epítetos fijos y estereotipados para

cada dios y héroe y para muchas cosas (armas, naves, vocablos,

etc.); las fórmulas recurrentes en determinadas partes del hexámetro

(las cuales a su vez condicionan la extensión de la fórmula)

y que, especialmente en la parte final, conservan verdaderos “fósiles”

lingüísticos; los versos enteros repetidos exactamente o adaptados

con pocas variantes, que caracterizan las acciones más


64 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

comunes, situaciones y descripciones (abrir y cerrar un discurso,

responder, colocarse las armas, dar banquetes, orar, sacrificar, morir,

etc.; aurora, crepúsculo, noche, tempestad sobre el mar, etc.);

y la repetición íntegra, en fin, de grupos de versos, cuando la

persona que transmite el discurso lo refiere, tal cual lo ha escuchado,

a aquel a quien está destinado. Son medios y procedimientos

éstos que revelan la naturaleza de esta poesía que, en

sus lejanos orígenes, fue poesía oral recitada (con acompañamiento

de cítara que sostenía el ritmo del verso: “paraeatalogé” ), por

largo tiempo transmitida por vía oral, incluso después de haber

sido fijada por la escritura, y en este modo difundida, al lado

de la transmisión escrita, por todo el mundo griego, hasta casi el

final de la época clásica (recitaciones homéricas son atestiguadas

en Egipto aún en el siglo ni d. de C. ).

Esta técnica es ciertamente arcaica y prehomérica, herencia

de los primeros cantores épicos que ahora podemos llamar “micénicos”;

y muchos indicios muestran que Homero, aun acogiendo

esta herencia congénita con la antigua poesía, fue quien limitó

su uso empleándola con mesura y sentido artístico, en donde radican

los valores más propiamente musicales (ritmo de cadencia,

de palabras, de versos) y poéticos (posibilidad de identificar, de

manera vivida y plástica, personas, hechos y situaciones por medio;

de las repeticiones). Pero en torno a esta técnica formularia,

cuya importancia y la de su correspondiente descubrimiento nadie

puedé dejar de valorar, se han formado, o mejor dicho preformado,

dos equívocos que requieren una breve aclaración.

: : Por haberse encontrado esta técnica, con formas y frecuencia

parecidamente iguales, en gran parte de la poesía llamada popular

recitada (la mayoría eri países eslavos), es preciso hacer una

neta distinción entre la técnica formularia homérica y la técnica

iterativa de esta poesía en su mayor parte anónima. En ésta se

trata de un procedimiento casi constante de composiciones de

escaso valor artístico, que repite o se repite porque no sabe hacerlo

de otro modo; en cambio los poemas homéricos muestran, a cada

paso, que el poeta, aun empleando una técnica arcaica cuyos

valores siente y conserva, la conmensura ante todo, como hemos

dicho, con sentido artístico. Cuanto más original y poderosa se

hace la inspiración, más se supera aquella técnica en una variedad

de expresiones y en una perfección estilística que son algo

nuevo en la poesía mundial. La misma distinción, a su vez,

ha de hacerse respecto a la producción "poética” del cercano

Oriente (egipcia, acadia, ugarítiea, hitita* fenicia, aramea, etc.),

cuyos recientes descubrimientos han ampliado mucho su conocimiento

o, a veces, descubierto su existencia. Es, sin duda, ésta de

extraordinaria importancia histórica y cultural, pero que, como los

orientalistas más equilibrados son los primeros en reconocer, es en


EL ARTE DE HOMERO 65

general de escaso valor artístico y en nada parangonable con la

poesía homérica. Las fórmulas, las frases, los modos de decir qüe

en Homero resuenan de manera similar a expresiones de esta producción,

de carácter, por lo demás, áulico y de estilo cancilleresco,

en una coincidencia que podemos hoy atribuir sin duda a remotos

contactos históricos a través de la expansión aquea de los siglos

xv-xm al cercano Oriente, muestran precisamente la originalidad

pi'ofunda de la poesía homérica y la enorme diferencia que la

separa de todo cuanto el Oriente antiguo había producido, excepto,

y sólo en cierto aspecto, algunos libros del Antiguo Testamento.

Otro frecuente prejuicio a propósito de la técnica formularia

es que se halle necesariamente ligada a la propia creación poética,

es decir, a la improvisación o "composición oral” (com o es

llamada por la escuela americana), a la que habría ofrecido una

valiosa ayuda mnemónica en la composición, suministrando frases,

versos y trozos dispuestos para un cómodo y casi automático

empleo. Si esto es posible —y siempre en sentido muy relativo—

en la llamada poesía popular, en razón de su modesto valor artístico,

del mismo modo que incluso en tiempos recientes, los cantadores

“improvisan”, aunque en realidad recitan sus cantilenas

después de haberlas escrito; si es posible, asimismo, que en ese

género de poesía sean transmitidos y recitados con fidelidad incluso

muchos millares de versos, todo ello no puede servir para

demostrar el origen improvisado mnemónico de la poesía homérica,

dada la perfección de su arte y el esplendor de su forma.

Nadie que tenga sentido de lo poético podrá jamás pensar seriamente

que un adeo haya “improvisado” no ya poemas enteros

con su estructura, personajes y episodios, sino partes consumadas

como la despedida de Héctor y Andrómaca, el encuentro

de Ulises con Nausicaa, la muerte de Héctor o la embajada de

Fríamo. Justamente la recitación es fundamento de demostración

de la existencia de textos escritos, en su origen, aunque en número

muy limitado de ejemplares, que fueron base de la recitación. Si

ya algunos siglos antes de Homero fueron escritos los poemas

babilonios e hititas, en ladrillos y mediante caracteres cuneiformes,

que no es seguramente una práctica cómoda de escritura; si

fue usada la arcilla en Cnosos, Pilos y Micenas para documentos

en la lineal A y B; sí ya desde el tercer milenio los egipcios escribían

sobre papiro, y se certifica en Creta el uso de la escritura

por medio del entintado (sobre cuero, papiro o terracota), \ada

por tanto impide creer —y la razón de la poesía más bien lo exige—

que los poemas hayan sido fijados por medio de la escritura

desde su composición. Además, es hoy evidente que Homero es

totalmente distinto al poeta “bárbaro”, “primitivo" e “inculto”,

que pretendía el mito de Vico, de los románticos, de los tenaces

sostenedores de la poesía “popular” y “anónima”. Sabemos


βθ

ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

hoy que Homero es un poeta culto y “cortés”, que tuvo sus predecesores

y sus “fuentes” en una larga tradición de la que él solo

ha sobrevivido y precisamente porque la ha superado con una

suprema perfección artística. El hecho de que después la recitación

mnemónica haya ampliado o modificado en alguna parte el

texto original, influyendo a su vez en la transmisión, es aspecto

que pertenece a la historia de la tradición.

Asimismo la lengua, en fin, aparte de sus valores expresivos

y artísticos, es un documento valioso sobre los orígenes y fases

del epos, de los que ofrece como una estratigrafía, pues en su

variedad y aspecto de composición refleja precisamente los períodos

a través de los cuales, en la Grecia protohistórica, surgió el

canto épico, se perfeccionó y quedó al fin fijado. Gomo se ha

dicho autorizada y exactamente la lengua es una creación del metro,

el que condiciona la expresión, sugiere la elección entre morfemas

de significado similar pero no equivalentes métricamente,

de que el poeta puede disponer, decide sobre el empleo de la

digamma y sobre el tipo de las fórmulas, y modifica, en fin, asimismo

los morfemas para adaptarlos a propias exigencias. Resulta

así una lengua poética, pero mucho menos artificial y alejada

del uso que como antes se creyera; por el contrario, hay quien

piensa al respecto que fuera una lengua viva, que heredaba los

elementos fundamentales de la mezcla dialectal de una lengua

común (la primera “koiné” griega), conformada alrededor del

siglo : xv en Creta: y el Peloponeso, la que era ya una mezcla de

protojoniq y de eolio, es decir el “micénico” 23.

El estrato más antiguo de la lengua homérica está constituido

precisamente por vocablos y morfemas que en un tiempo

fueron llamados “eólicos” y que, documentados hoy en los textos

de la lineal B de Pilos, Micenas y Cnosos, evidencian ser por

consiguiente “micénicos”, como justamente así van siendo hoy

llamados. Para dar algunos ejemplos, encontramos el genitivo

singular de la segunda declinación - o jo ( — homérico - o t o ),

el genitivo singular masculino de la primera declinación-— άω

y el genitivo plural - άων, el sufijo-desinencia - ¡pt, el patronímico

en - 10, etc,, o bien palabras características como αιχμή, άναξ,

δέπας, £γχος, ίητήρ, κόρος, χ,ύπελλον, πτάλεμος, τέμενος, φασγανον,

entre otras. Tales coincidencias son tanto más significativas cuando

se piensa en la naturaleza totalmente diversa de los textos,

por un lado una lengua de arte elaborada y culta cual es la

homérica, y por otro simples listas documentales de registros de

archivos. Este fondo lingüístico explica sin posibilidad de duda

que el micénico (afín al arcadochipriota) fue evidentemente la

23 En cuanto a la posición del rnicénico en el cuadro de la dialectología

griega, véase lo dicho en págs, 30-31.


EL ARTE DE HOMERO

lengua de las primeras canciones épicas, con las que cantores

aqueos, entre los siglos xv a xin, celebraron las gestas de sus

héroes y las leyendas divinas, lo que sucede concretamente en el

mundo micénico, es decir, en el Peloponeso occidental,

Reconocidos como micénicos muchos elementos tenidos antes

genéricamente como “eólicos”, queda sin embargo un número notable

de hechos “eólicos”, aunque una reciente teoría, demasiado

radical, sostiene que se debe excluir del epos todo elemento eólico,

considerándolo un genérico elemento “arcaico”. Pero una apreciación

equilibrada no puede compartir esta posición extrema.

Quedan “eolismos”, si bien en número más limitado que en momentos

en que se denominaba “eólico” todo lo que no encuadraba

en la “facies” jónica del epos, y deben incontrastablemente considerarse

así hechos como los siguientes: el trato característico

de los grupos -sm~, -sn - (en las formas Ιρεβεννός, φαεννος,

Ι'μμεναι, αμμε, etc.), la baritonesis de αμυΒις, «λλιιδις, etc., así

como la desinencia del dativo plural de la tercera - εσσι de nombres

atemáticos, los infinitivos en - μεν y en - μεναι y algunos

otros. Ciertamente constituye una máxima dificultad la sistematización

histórica de tales eolismos, cuando aparece hoy muy problemática

la existencia de una epopeya eólica. Pero si, como

parece seguro, alrededor del siglo xv se hallan presentes en el

Peloponeso elementos eólicos provenientes de la Tesalia, donde se

funden incluso lingüísticamente con los jonios preexistentes, y

si los eolismos épicos son más antiguos que la migración eólica

a Asia, pueden dar cuenta estos dos hechos, aunque no sea de

manera del todo clara y suficiente, de la presencia de eolismos

en Homero como vestigios precisamente de tal fusión en el Peloponeso.

Pero hoy todo ello está aún sumamente sujeto a indecisión

y cautela, y mientras prevalece la tendencia a aproximar

el arcadochipriota más bien al jomo que al eolio, no faltan autorizados

defensores de una estrecha afinidad entre el arcadochipriota

y el eolio.

Con la gran migración jónica (iniciada desde algunos siglos

antes, de diversos lugares, y concluida hacia 1100-1000 a. de C. )

dicha materia épica micénica pasó al Asia M enor24, donde las

La hipótesis de que esta materia haya pasado a Jorria no directamente

sino por contactos con Chipre, en donde se mantuvo la civilización

aquea hasta el siglo xi cuando ya había sido destruida por los dorios en Gre

cia continental, a pesar de ser compartida por muchos no nos parece necesai.-a

y no sería suficiente para justificarla la existencia del poema cíclico Ciptíada.

Ha de entenderse también con muchas reservas la desolación que habrían producido

los dorios y los relativos “siglos oscuros” . Nada impide creer que en

el propio Peloponeso dorizado se haya mantenido la tradición del canto épico,

al que hayan podido contribuir los mismos dorios con sus leyendas (Hércules,

por ejemplo).


θδ

ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

canciones de gesta asumieron la “facies” jónica que es la dominante

en Homero. Toda la tradición concorde, salvo excepciones

no apreciables, sitúa precisamente la patria de Homero en la Jonia

de Asia continental o insular. Allí, por consiguiente, se efectúa,

como hemos señalado, la adaptación de los antiguos esquemas

métricos al sistema isocrónico jónico, y el epos adquiere el aspecto

lingüístico que constituye su tercero y general estrato, y se va

liberando de la embarazosa técnica formularia primitiva. Asimismo

allí el epos se hace “troyano”, absorbiendo en la celebración

de la gesta más famosa (la destrucción de Troya V II-a26, que

constituía la última y mayor empresa de la expansión aquea) las

diversas leyendas elaboradas en las canciones de la época micénica

y muchos héroes, incluso entre los principales, que en su

origen le eran extraños. Se opera esto por obra de una serie de

poetas, de los cuales el más grande, el creador de los poemas,

dejó en el olvido la obra de los predecesores, de quienes había

heredado el lenguaje, la técnica y el tema, pero conformando

con ello, por primera vez, una creación de insuperable altura

poética. Allí es donde, en fin, los griegos reaprendieron la escritura,

pero esta vez adaptando y vocalizando el alfabeto acrofónico

fenicio, y los poemas, desde su composición, fueron confiados a

ella, en el papiro ya quizás conocido por los cretenses y, después,

por los aqueos que habían aprendido su uso (y también su nombre:

βύβλος/βίβλος, πάπυρος) de los fenicios a través de los establecimientos

comerciales en Chipre, Biblos y Ugarit.

ΕΓ último elemento lingüístico de los poemas está constituido

por un pequeño número de “aticismos”, sobreestimados en la

antigüedad por Aristarco (quien, por ello quizás, hacía a Homero

ateniense) y modernamente al atribuírseles una redacción ática.

Se consideran hoy limitados a fenómenos de naturaleza ortográfica,

introducidos relativamente tarde en los poemas, en la época

de Pisistrato, cuando la edición ateniense, última de una larga

serie de ediciones “políticas”, llega a ser la más autorizada y difundida

de las ediciones homéricas como efecto de la importancia

política y cultural que Atenas venía adquiriendo.

Estos son los precedentes, los modos y medios del canto, que

hemos señalado conforme a los puntos de vista más recientes derivados

de la interpretación de la lineal B, que asimismo es necesario

conocer para colocar al poeta en su verdad histórica, pero

28 Hoy se considera la destrucción de Troya como un hecho de segura

historicidad. La ciudad homérica se identifica casi de manera unánime con

el estrato arqueológico Troya Vil-a; pero la fecha tradicional de Eratóstenes

(1184/3) se ha anticipado a los primeros decenios del siglo xin (que era

casi la cronología de Herodoto, 11,145), dado que a fines de dicho siglo es

abatido el propio poderío de los aqueos por los dorios.


EL ARTE DE HOMERO


no existe en ellos todavía el arte, es decir, la grandeza y la origi-;

nalidad de Homero. Porque Homero, como todo verdadero poeta,

parte de esta tradición, pero para superarla y llevarla a donde

no habría llegado sin intervención del genio. En primer lugar en

la concepción y estructura de los poemas, en que se revela ya el

poder de un ingenio que, sólo en la unidad de la inspiración

(épica, para utilizar un término tradicional), manifiesta la medida

de una fantasía variada y soberana. En la llíada, en efecto, la

acción y estructura son lineales, directas, precisas, centradas en

torno a un motivo único y fundamental que es la “cólera” de Aquiles,

centro motor de todo el poema, hasta la muerte de Héctor,

en la cual está prefigurado el fin de la ciudad misma de la que

es su baluarte, sin que el poeta tenga necesidad de narrarlo. Así,

entre pausas y digresiones sabiamente alternadas, la acción transcurre

hacia su término con gradación de intensidad siempre creciente,

hasta la espléndida e implacable crueldad del combate

singular final y del escarnio infligido al cadáver del héroe vencido.

Pero el poeta purifica incluso y redime esta ferocidad con

la piedad del vencedor que llora frente al anciano suplicante,

padre de la víctima. El poeta, en su profunda humanidad, supera

el odio entre aqueos y troyanos, entre vencedores y vencidos, mira

también al enemigo con simpatía conmovida y los asocia en la

misma gloria, en la perenne gloria de su canto. Por ello, el poema

no es solamente el poema de Aquiles. Con feliz intuición psicológica

y con inmenso efecto poético coloca enfrentados dos héroes,

del mismo modo aunque diversamente grandes, exaltando en el

uno el bárbaro y primitivo ímpetu guerrero de los aqueos conquistadores,

y celebrando en el otro el valor moral del sacrificio consecuente

por la patria, del que Héctor quedará como símbolo en

la poesía hasta la magnífica reevocación foscoliana. En esta creación

se revela también la profunda originalidad de Homero, quien,

si tuvo sin duda predecesores en los cantores de gesta que celebraron

las empresas de Aquiles y de los demás héroes aqueos, fue

el primero y único en crear, con la lucha entre Aquiles y Héctor, el

verdadero interés humano y poético de la llíada.

La estructura de la Odisea se manifiesta aún más sabia, admirablemente

adaptada al tema, que es el prolongado peregrinar

de Ulises en el regreso de Troya a su ítaca. El héroe es aquí uno

solo, Ulises, también valeroso combatiente, pero su bravura se

expÚca bajo el signo de la inteligencia, personificada en su constante

protectora, Palas Atenea. No se trata ahora de enfrentar

enemigos en campo abierto, de dar pruebas de valor guerrero,

sino de superar las infinitas insidias y aventuras de un fabuloso

viaje, en el que reviven ciertamente las experiencias de los primeros

navegantes mediterráneos, los cretenses a quienes quitaron

los aqueos el dominio del mar. Fábula y realidad, recuerdos


70 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

antiquísimos y ficciones poéticas forman la trama del magnífico

relato. Ulises sale incólume de todas las pruebas, de todos los

peligros, por la cualidad característica de su personalidad, que

es la astucia inteligente y pronta, el ingenio que prevalece sobre

toda adversidad, que triunfa donde el brazo nada podría, frente

a la seducción de las sirenas, contra la ferocidad brutal del Cíclope

o en la lucha desigual contra los procos. Siguiendo a su héroe, la

acción de la Odisea es toda ella un continuo e imaginario vagar,

que el poeta estructura sobre dos líneas convergentes: las aventuras

de Telémaco en busca de su padre y las aventuras de Ulises

desde la isla de Calipso hasta su llegada a ítaca. Pero incluso

este esquema es variado con una innovación felicísima, pues las

aventuras del héroe desde la Tróada hasta la isla de Calipso son

narradas por el propio Ulises en su estadía junto a los feacios. Es

ésta una detención, tanto del héroe como de la acción, llena de

fantásticas vicisitudes, tras la cual el poeta, retomados los hilos

en una línea única con el encuentro del padre y del hijo en Itaca,

procede seguro y directo de aquí en adelante hasta el final. Ulises

recobra a su mujer, su casa y su patria, ilusión ésta continua

y nostálgica que lo había consolado y animado en su prolongado

errar, en cualquier situación, incluso en los brazos de una diosa

o en el espléndido palacio de los feacios, siempre soñando con

encontrar el afecto de Penélope asediada y fiel, de volver a ver

elevarse a lo alto el hilo de humo desde su pequeña casa, de

regresar a su áspera Itaca. Su propia ansia de errar y ver siempre

nuevas tierras y nuevas gentes, su inquieta curiosidad de navegante,

es la que le hace, en su recuerdo, más nostálgico y más

dulce su pequeño mundo perdido.

Héctor, Aquiles y Ulises son las tres grandes creaciones poéticas

en las que el poeta manifiesta la dimensión de su genio

poderoso y variado. Pero asimismo las figuras menores, si así

puede llamárselas, son tratadas con la misma seguridad y eficacia,

aunque sea concisamente, como la sabiduría persuasiva y

locuaz del anciano Néstor, el valor intrépido y testarudo de Ayante

Telamonio, la jactancia altanera de Agamenón, la furia salvaje

de Diomedes, la atrevida presunción de Paris, la astuta vileza del

deforme Ter sites, la digna realeza de Príamo, la devota fidelidad

de Errmeo, el afectuoso y consagrado servicio de la nodriza Euriclea

o el juvenil y sin embargo prudente valor de Telémaco. Cada

héroe, cada figura tiene su nota propia, su personalidad, y todas

testimonian la rica y profunda humanidad del poeta. En virtud

de ella no es sólo el cantor de “batallas resonantes” y de la “arete”

guerrera, que en su mundo aristocrático se coloca precisamente

como el más elevado ideal, sino que hace objeto de poesía la

vida entera, en sus infinitos aspectos. Considérese, como ejemplo,

la parte otorgada a la mujer en este áspero y rudo mundo de


EL ARTE DE HOMERO

η

guerreros: la ternura de la madre divina conocedora del breve y

glorioso destino del hijo, la humana aflicción desesperada de

Hécuba ante el cadáver de Héctor, el dulcísimo amor de Andrómaca,

la tenaz fidelidad de la prudente Penélope, explicablemente

dudosa sin embargo a veces, el ingenuo y purísimo sueño de

Nausicaa, el experto amor de Calipso, las mágicas seducciones

de Circe y la refulgente belleza fatal de Helena. Pero incluso la

tierra no le basta a su inspiración. La fantasía domina soberana

y descubre nuevos mundos a la poesía, como el de los dioses,

inmortales, felices y omnipotentes pero también ellos con sus pasiones,

que socorren, persiguen y engañan a los hombres inspirándoles

pensamientos, dirigiendo sus acciones y asumiendo su aspecto,

y también las disputas entre ellos, los risibles engaños y las

luchas de hombres contra dioses; así como el oscuro mundo de

los muertos, monstruos fabulosos y animales parlantes, prodigios,

sueños y encantamientos. Todo ello quedará para siempre en el

“aparato” épico, pero decayendo pronto en lo artificioso y convencional,

en tanto que aquí posee la frescura de la novedad y

de la invención.

Esta temática vive en el milagro de un arte que de cualquier

cosa hace poesía, de manera natural. La poesía lo transfigura

todo, no sólo la leyenda antigua revestida de nueva belleza, el

ideal heroico velado de nostalgia o la fábula nueva ornada de

sugestiones de lo maravilloso, sino la naturaleza entera, la tierra

de los mortales, el mar infinito y el cielo de los dioses. La realidad,

la vida, las cosas, hasta las más simples, irrumpen en este

mundo: las armas que resuenan lúgubremente con el estrépito

del cuerpo que cae, las palabras que salen del cerrado claustro

de los dientes y vuelan aladas por el aire, las tinieblas que velan

los ojos cuando las rodillas se desarticulan con la muerte, las

mujeres de largo peplo y los héroes de hermosas grebas, las naves

equilibradas y veloces y los caballos solípedos, la aurora que

tiñe de rosa el cielo matutino y la última luz que se detiene en

el surco del camino. Todo en una precisión absoluta, expresado

con una sensibilidad límpida y cuidadosa; cada cosa con su connotación

característica que es ya de por sí poesía en cuanto

aprehende e ilumina su esencia y la fija en una imagen que funde

admirablemente la subjetividad de la representación con la nitidez

de la visión. El estilo alcanza sus efectos más intensos en

las comparaciones merecidamente famosas, en donde la imagen,

ya poéticamente válida en sí misma, adquiere un nuevo realce al

transferirse sobre un plano de experiencia común y de observación

directa que, a su vez, reverbera sobre la imagen inicial para precisarla

y completarla, y en la resultante poética se sobreponen y

potencian con efectos nuevos los caracteres de una y otra. Todo

sirve para estas comparaciones homéricas, toda la realidad en sus


72 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

innumerables formas, como cuando, para expresar la inamovible

firmeza de Ayante acosado de enemigos, el poeta, después de

parangonarlo con el tostado león rodeado de pastores con tizones

encendidos, introduce de golpe luego ( llíada, XI,548-557) una

nueva comparación con otro animal tan poco heroico como es el

asno, que plantado en medio de un campo para comer las mieses

no se mueve, a pesar de estar bajo una granizada de golpes, hasta

que se ha saciado plenamente. La indiferencia testaruda y casi

insensible del asno, humilde animal de albarda y carga, retrata

admirablemente la heroica obstinación de Ayante y en nada le

quita su grandeza, sino que más bien la hace más creíble al transportarla

al plano de una realidad por todos conocida y apoyarla

con un dato de experiencia directa.

Así en la onda armoniosa y fluida del hexámetro de Homero

nace por primera vez al mundo la poesía. Grandiosidad de argumentos

y simplicidad de estructura; creación de figuras inolvidables

realizadas todas en una perfecta realidad poética y cada una

con su personalidad definida y constante aun dentro de la variedad

de suS actitudes; fuerza de pasiones y ternura de afectos;

limpidez absoluta de la visión y transfiguración fantástica de lo

real; icasticidad de las imágenes y habilidad de pasos y gradaciones;

observaciones psicológicas y descripciones de objetos, solemnidad

destacada del tono épico y simpatía íntima del poeta;

presencia activa de los dioses y consciente dignidad humana;

gozosa entrega a la narración y vigilante sentido de la mesura;

adhesión a la tradición y libertad soberana del artista. Y, sobre

todo, el encanto de este radiante y puro amanecer poético de la

humanidad, el sentido de frescura originaria de las cosas y el

respiro libre de vastos horizontes luminosos, la plenitud poderosa

de vida que circula por doquier y la revelación de una nueva y

suprema conquista humana para siempre.

LA CUESTIÓN HOMÉRICA

La más antigua y más importante entre las muchas “cuestiones”

que encontraremos de aquí en adelante, la “cuestión homérica”,

surgió de las tentativas de encontrar respuesta a las siguientes

preguntas:

1) ¿Cuándo, dónde y cómo se compusieron los poemas homéricos?

2) ¿De qué modo fueron transmitidos?

3) ¿Pueden ser atribuidos ambos a un único y mismo poeta?

4) ¿Existió históricamente el poeta (sea autor de sólo la

litada o de ambos poemas) a quien la tradición da el nombre

de Homero?


LA CUESTION HOMERICA 73:

Algunas de estas dudas (especialmente la del punto 3) se les

habían ya presentado a los propios griegos en el siglo iv a. de C.;:

al surgir la crítica filológica. Hasta ese momento Homero era

considerado el autor no sólo de los poemas, sino de todo el “corpus’'

de obras atribuido tradicionalmente a él (véase el cap. III);

y las diversas leyendas que indicaban como patria de Homero a

muchas ciudades del mundo griego derivaban no del espíritu crítico

sino de la ambición de atribuirse como ciudadano al más

grande poeta griego. Asimismo las inseguras tentativas respecto

a la cronología (véase más arriba) proceden naturalmente de la

falta de un dato seguro y objetivo. Tras alguna duda de Herodoto

relativa al Ciclo fue con los llamados “separatistas” (χωριξοντες)

Xenón y Helánico, contemporáneos de Aristarco (alrededor de

217 a 145 a. d e C .), con quienes, por la observación de “incongruencias”,

de hechos y diferencias estilísticas, se llega a considerar

a la Odisea como más reciente que la Iliada e imposible,

por ello, de atribuirla a Homero. Pero contra estas voces aisladas

prevaleció la gran autoridad de Aristarco con una obra contra

lo que él llamaba la “paradoja” de Xenón. Más tarde, en el anónimo

autor de Sobre lo sublime, aparecen concilladas las dos tesis

al considerar compuesta la Iliada en la juventud y la Odisea en la

ancianidad del poeta.

La “cuestión homérica” no volvió a resurgir hasta después

del Humanismo italiano con la reconquista del espíritu crítico

y precisamente como consecuencia del estudio de los antiguos.

Tras las alusiones esporádicas de algunos autores del cinquecento,

llegan a madurar (sobre todo por la comparación de Homero,

considerado poeta tosco y vulgar, con Virgilio, celebrado como

poeta culto y elegante) las Conjectures académiques sur Tlliade,

de François Bédélin, abate D’Aubignac, compuestas en el año

1666 pero publicadas postumamente en 1715, en las que se sostenía

que los poemas, con sus incongruencias, ingenuidades e

imperfecciones eran tan sólo un conglomerado, sin valor literario,

de cantos populares. Quedaba así destruido el mito de Homero.

De más profundos presupuestos históricos y filosóficos partieron,

en cambio, las especulaciones que condujeron al gran Juan

Bautista Vico (1668-1744), a su Discoverta del vero Omero, en el

libro tercero de su Seconda Scienza Nuova (editada en 1744).

Considerando a Homero como documento histórico d& la antiquísima

civilización griega, llega a las siguientes conclusiones:

1) Homero no existió como persona histórica;

2) Es imposible atribuir los poemas a una misma persona;

3) Los poemas se formaron de partes debidas a autores diversos,

que vivieron a lo largo de todo el período “heroico” ( poli

génesis ).


74 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

Pero la cuestión asume un carácter propiamente filológico con

la obra Prolegomena ad Homerum (1795) del alemán Federico

Augusto Wolf, quien, quizá sin conocer a Vico pero, de cualquier

modo que sea, utilizando observaciones e intuiciones de otros estudiosos,

entre ellos de su maestro Heyne, formuló por primera vez

un sistema de los orígenes sobre una rigurosa documentación histórico-filológica,

partiendo de la base (verdadera en su tiempo) de

que la escritura no era conocida en la época de Homero.

Deducía, por ello, que los poemas, compuestos alrededor del

año 930, fueron por largo tiempo transmitidos por aedos y rapsodas

por vía oral y de memoria hasta que llegaron a fijarse por

medio de la escritura en Atenas, en la época de Pisistrato (560-

517 a. de C.). Durante estos cuatro siglos los poemas estuvieron

abiertos a modificaciones, inserciones y corrupciones, que cesaron

ya como efecto de la actividad filológica de los alejandrinos.

Aunque el argumento fundamental de W olf: la falta de escritura

en tiempos de Homero, haya resultado desde hace tiempo

inexacto, y especialmente hoy a la luz de los recientes descubrimientos

(véase Introducción, pág. 17), queda como mérito de

W olf el haber demostrado la indivisible conexión que une la

cuestión de la composición con la de la transmisión de los poemas,

pues si pudiéramos, en efecto, remontarnos hasta la fase inicial

en la historia de la transmisión oral y escrita, quedaría resuelto

asimismo el problema de los orígenes. W olf, por consiguiente,

es justamente considerado el instaurador del método históricofilológico.

De las investigaciones de W olf parte toda la siguiente crítica

homérica que, más de un siglo, ocupó a estudiosos de las principales

naciones y particularmente de Alemania. Es una sucesión

de teorías, a través de adhesiones, modificaciones y reacciones

que se entrecruzan en una larga historia, de la que recordaremos

las principales etapas, que hoy, en su mayoría, tienen solamente

un valor histórico y documental.

En 1831, Hermann enuncia la teoría según la cual los poemas

fueron el resultado de sucesivos desarrollos en algunos núcleos

primitivos, mediante interpolaciones e inserciones bajo las

que son reconocibles la llíada y la Odisea originarias, obra de

un poeta único. El más riguroso y coherente entre los analistas

de la escuela wolfiana fue Lachmarin, quien, basado en estudios

sobre la epopeya nacional germánica, aplicó su docta y aguda crítica

a los poemas (1847), en los que veía, por lo contrario, la

yuxtaposición de cantos originarios separados e independientes,

“anónimos” y “populares” como exigía la concepción romántica

de la poesía. Este proceso explicaba también las incongruencias

y desigualdades. Pensaba él poder incluso individualizar y precisar,

a través del examen, los cantos primitivos de la llíada ( a la


LA CUESTIÓN HOMÉRICA 75

cual, y solamente hasta el libro XXII, pudo dedicar su investigación).

Kirchhoff, en cambio, con su teoría “compilatoria” pensó

en poemas épicos relativamente breves, autónomos y completos,

luego reunidos en los dos grandes poemas (1859); la Odisea, por

ejemplo, sería el resultado de tres poemas originarios: una Telemaquia,

un Nostos de Ulises y las “empresas del héroe” en la recuperación

de su reino. Fick, convencido de la existencia de un

originario epos eólico, mecánicamente “jonizado” después, rehizo

en eolio ambos poemas (1883-1886) sin parar mientes en graves

arbitrariedades para lograr la presunta forma lingüística primitiva

de los poemas.

Contra estas tendencias, que en diversas formas destruían la

persona y obra de Homero, reaccionaron los unitarios, quienes

admitieron en los poemas tan sólo breves interpolaciones que no

afectaban su unidad. Finalmente no han faltado defensores de

los derechos de la poesía al propio tiempo que de la tradición,

que sin embargo han dado pruebas de escaso sentido histórico,

pues justamente la poesía, en efecto, junto con la tradición del

texto, es la que denuncia evidentes interpolaciones, por poco importantes

que sean. Predomina hoy, por último, la tendencia “neounitaria”

de quienes, separando la litada de la Odisea, atribuyen

a un diverso poeta cada poema (de unidad fundamental, aunque

no sin inserciones y agregados). Todas estas teorías, con numerosas

gradaciones, fueron sistematizadas con referencia a los límites

de tiempo que van desde el siglo X al vi, a. de C., es decir

hasta la época de Pisistrato, y se fundamentan en la sostenida

imposibilidad de atribuir a un poeta único las dos obras, a causa

de las diferencias de carácter estructural, lingüístico, social, ético

y religioso, que parecen postular entre los poemas un espacio de

tiempo variable pero de cualquer forma notable, necesario para

explicar tales diferencias como resultado de una evolución.

Resulta difícil decir cuánto de estas impresiones deriva más

bien de preconceptos y lo que resiste a una crítica objetiva. Es probable,

por ejemplo, que muchas de tales diferencias sean exigencias

de la materia y voluntarias del poeta, quien arcaíza a

veces, a propósito, como en el empleo, por ejemplo, de la digamma,

cuya presencia o ausencia no constituye, de por sí, argumento

fundado de antigüedad o de modernidad. Y si consideramos que

Hesíodo está poco alejado de Homero ¿qué de extraño tiene que,

donde la temática lo exija, se presenten apropiadas “innovaciones”

políticas, religiosas, etc.?

Por otro lado, es preciso afirmar que en la lectura —lectura

de la poesía— nada importante distingue los dos poemas, pues

la lengua, metro, estilo y técnica no permiten advertir diferencias

visibles. ..Nos encontramos con la misma inspiración, con la misma

tradición poética. Dentro de ella, sin embargo, el poder de la


76 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

fantasía es capaz de crear una gran variedad de tonos, formas y

sentimientos. Nunca se es lo bastante prudente, en una obra

poética, en apreciar lo que es capaz la obra de un genio. De la

posición unitaria se logra algo de gran importancia, la unidad

poética de Homero, del cantor único de la llíada y de la Odisea.

Solamente así se comprende su profunda y compleja grandeza, la

variedad de aspectos y la íntima unidad, el arte elevadísimo y las

propias desigualdades, todo lo que constituye su valor universal

y absoluto. Y si es cierto que cada uno de los dos poemas sería

más que suficiente separadamente para asegurar la grandeza de

un poeta, resulta difícil al respecto distinguir y configurar críticamente

cuáles serían las personalidades de los presuntos autores

de los poemas.

En verdad, también en este caso, no todo llega a ser claro

y siguen pesando muchas dificultades, a las que probablemente

será imposible encontrar solución. Los propios descubrimientos

recientes, al abrir inesperados horizontes a nuestros conocimientos,

ofrecen nuevos y difíciles problemas, si bien, hoy, en una

perspectiva histórica más concreta. Pero la verdadera importancia

de la “cuestión homérica” no radica en sus resultados, necesariamente

presumibles y sujetos a continua revisión, sino en haber

contribuido a formar una conciencia crítica de la poesía homérica,

en haber suscitado problemas y preguntas, ampliando así enormemente

nuestros conocimientos sobre todos los aspectos del

mundo homérico.

Actualmente, pues, podemos formular los puntos fundamentales

de la cuestión en la siguiente forma:

1): En la senda de la tradición de los primeros cantores aqueos,

los poemas fueron compuestos en Jonia de Asia Menor durante el

siglo IX , “compuestos” como obras de arte, debidas al genio de

un poeta que sin duda utilizó “materiales” preexistentes (leyendas,

canciones épicas), pero que recreó todo con el poder de su

fantasía conformando poemas íntimamente orgánicos en su concepción

y estructura.

2) Fijados por medio de la escritura desde su composición,

en pocos ejemplares que sirvieron de texto a la recitación rapsódica,

se difundieron los poemas en Grecia, sobre todo mediante

la redacción ateniense, en una especie de “vulgata” que quedó

como base de las ediciones críticas alejandrinas. La transmisión

oral, prácticamente incontrolada aunque en algunos lugares, entre

ellos la propia Atenas, sujeta a normas y vigilancia, fue sin duda

la causa de inserciones e interpolaciones, que a veces se introdujeron

en los ejemplares escritos. Pero se trató, sin embargo, siempre

de modificaciones episódicas y particulares que no afectaban

la unidad artística de los poemas. Casi todas ellas están documentadas

en la tradición escrita y son las únicas que se pueden


HISTORIA EXTERNA DE LOS POEMAS 77

tener en cuenta. Las demás, en cantidad innumerable (que condujeron

basta la supresión de libros enteros y de grupos de libros,

y basta llegar al caso de que, si se hiciera un catálogo completo

de todas las atétesis propuestas por varios estudiosos, no quedaría

nada de los poemas), denunciadas y sospechadas por la crítica

moderna, quedan en la condición de hipótesis y derivan la mayoría

de la mentalidad de “racionalizar” y de “normalizar” a Homero

en las presuntas incongruencias psicológicas, artísticas, históricas,

■arqueológicas, lingüísticas, etc.

3) No hay argumentos objetivamente válidos para negar que

la Moda y la Odisea puedan ser obra de un mismo poeta. Si hoy

prevalece la tendencia neo unitaria, no falta, entre los más recientes

estudiosos del problema, quien sostiene poder establecerse la

composición de ambos poemas alrededor del año 750 a. de C, e

incluso precisar que la llíada fue compuesta no antes del 750

y la Odisea no antes del 720 a. de C., atribuyéndolas, por ello, a

un mismo poeta y remitiéndose explícitamente a la opinión del

Anónimo S obre lo sublime (cfr. más atrás, pág. 73). Esta es

la posición con la que plenamente concordamos, excepto en lo

referente a la época de su composición que, a nuestro parecer,

ha de anticiparse en cerca de un siglo, y en dejar al Anónimo la

responsabilidad de ver en Ia Iliada la obra de la juventud y en

la Odisea la obra de la ancianidad del poeta.

4) Nada impide creer en la existencia real de Homero, quien

fue concretamente el que llevó a su perfección la poesía épica

y le imprimió el sello definitivo de una excepcional personalidad

artística, por lo que mereció quedar en la tradición como el más

grande entre los cantores épicos.

HISTORIA EXTERNA DE LOS POEMAS

Cuando los poemas llegaron al mundo griego por medio de

la redacción escrita, al propio tiempo que la recitación oral, durante

el siglo" vil, se difundieron en él rápidamente, y muchos centros

(en Greciá de Asia Menor, en Grecia propia y en Grecia de

Occidente) desearon tener su ejemplar escrito, su “edición”

de Homero. Es precisamente este período (siglos vi y v) el de las

ediciones llamadas “políticas” (χατά πόλεις) atestiguadas en

Marsella, Creta, Chipre, Argos, Sinope y Quíos, poco más o menos

coetáneas con la ateniense de Pisistrato, que fue ciertamen'^ la

más difundida por la autoridad que le venía de la propia importancia

de Atenas.

A las ediciones “políticas” siguen las “personales” (αατ’ ανδρα;

pero ya a fines del siglo vi se atestigua la edición, al menos de la

llíada, del más antiguo homerista, Teágenes de Regio), es decir,


78 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

las debidas a la iniciativa de particulares. Tenemos noticias de

ediciones de Antímaco de Colofón, poeta y filólogo; de Eurípides,

hijo del gran trágico; y luego de la de Aristóteles para sn discípulo

real Alejandro (puesta hoy en duda) y las de los poetas Riano,

Filetas y otros. Es probable que estas ediciones señalen las primitivas

tentativas de establecer un texto más seguro que el de

las ediciones “políticas” .

Hay que tener presente, no obstante, que la difusión oral de

Homero, con recitados públicos en las grandes solemnidades religiosas,

continuó durante toda la época clásica y más adelante

hasta los primeros siglos de la era vulgar, y que, confiada como

estaba a rapsodas profesionales que no tenían ciertamente preocupaciones

filológicas, tal situación ejerció un notable influjo en

la corrupción de un texto tradicional e incontrolado.

Solamente en el siglo hi se dieron las condiciones favorables

para el surgimiento de una actividad filológica. El impulso despertado

por los estudios histórico-Iiterarios de Aristóteles y de

su escuela sobre la poesía, épica y dramática principalmente, se

vio favorecido con la constitución de las primeras recopilaciones

de libros en el mundo antiguo. La más famosa y amplia de ellas,

la Biblioteca del Museo de Alejandría, reunió por primera vez

en muchos centenares de miles de volúmenes, es decir, rollos de

papiro, toda la producción literaria de la civilización griega. Tras

un primer trabajo de sistematización y de catalogación, que señaló

el nàcimiënto de la historia literaria, los doctos encargados

del estudio y conservación de esta enorme colección bibliográfica

se encontraron, precisamente frente a Homero, que era por excelencia

“el Poeta”, con el problema de establecer un texto crítico,

problema que derivaba de las diferencias que comprobaban en el

confrontamiento de las diversas ediciones homéricas que confluyeron

a la Biblioteca del Museo. Surgen así, por la necesidad

de constituir el texto más seguro posible de Homero, las primeras

ediciones críticas (δίορΰώσεις, propiamente “correcciones, enmiendas”

) de los grandes filólogos alejandrinos. Zenódoto de

Éfeso ( circa 325-circa 260), Aristófanes de Bizancio ( circa 257 -

circa 180), Aristarco de Samotracia ( circa 217 -circa 145), que

vivieron todos y trabajaron en el Museo de Alejandría, procuraron

cada uno con propios criterios llevar a cabo esta tarea. En esta

forma nace, aunque fuera rudimentaria en sus medios, la crítica

filológica sobre el texto de Homero,

Aunque es probable que la importancia de estos filólogos,

respecto a la calidad y autoridad de sus ediciones, haya sido algo

exagerada por algunos estudiosos modernos, no obstante trabajaron

de manera decisiva en la eliminación, en el texto homérico, de

las escorias de la transmisión oral, representadas sobre todo por

el conjunto de versos formularios o de cualquier modo típicos


IMPORTANCIA DE HOMERO 79

que aparecen tan. frecuentemente en las citas de los escritores

áticos de los siglos v y iv e incluso en los papiros hasta el año 150

aproximadamente a. de G. En sus ediciones fijaron, ya para siempre,

el número de versos que, con pocas oscilaciones, sigue siendo

el de las nuestras. Por otro lado se atribuye a Zenódoto la subdivisión

(sobre la base de las rapsodias preexistentes, según las

cuales citan a Homero incluso Platón y Aristóteles) de los dos

poemas en veinticuatro libros cada uno, adaptando para ello una

numeración especial, las veinticuatro letras del alfabeto jonio con

valor de cifra, sin las intercalares “stigma”, "coppa” y “sampi” .

Estas ediciones fueron completadas con amplios comentarios, en

forma de tratados, que ilustraban las cuestiones mitológicas, gramaticales

y arqueológicas, referentes al texto de Homero, así como

recopilaciones lexicales y monografías sobre motivos diversos de

la homerología.

De este modo se trasmitió el texto de Homero en innumerables

copias, primero en rollos de papiro, y luego en códices de

pergamino (desde el siglo π al iv d. de C-), por todo el mundo

griego y greco-romano, hasta que, caído el imperio de Occidente

y constituidas las dos culturas en dos mundos prácticamente separados,

Homerof fue conservado por todo el medievo en el mundo

bizantino, griego por su lengua y cultura. En los albores del Humanismo

atrajo la atención de Barlaam y Leoncio Pilato, que fue

el primer traductor medieval y, luego, de Petrarca y Boccaccio,

y fue impreso en Italia (el primero, como era natural, entre los

grandes autores griegos) en la famosa edición florentina del año

1488, a cargo del sabio bizantino Demetrio Calcóndilas, prófugo

en Florencia tras la caída de Constantinopla y profesor allí de

letras griegas.

A partir de los grandes comentarios y obras de erudición de

los filólogos alejandrinos sobre Homero, se vinieron después constituyendo,

por un continuo proceso de reducciones y epítomes

durante la época greco-romana y bizantina, las recopilaciones de

notas interpretativas (σχόλια: escolios), valiosas para nosotros

por contener amplios restos de la actividad crítica y hermenéutica

de los filólogos alejandrinos y, en general, de toda la antigua

homerología.

IMPORTANCIA DE HOMERO

La influencia ejercida por Homero sobre toda la cultura griega,

comprendida en ella la época bizantina, fue enorme. Con sus

respectivas diferencias, solamente el Antiguo Testamento fue para

el pueblo hebreo lo que Homero fue para los griegos.

En el campo propiamente literario Homero formó la lengua


80 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO

de los griegos, no tan sólo en el género específicamente épico,

sino para toda expresión poética: la del mundo hesiódico con

ser tan diverso del homérico, la de las diversas formas de poesía

lírica y la del drama. No hay poeta que no imite, que no repita,

que no recuerde a Homero, aun donde la inspiración sea diversa

y alejada. Sobre Homero se forma aquel sentido tradicional de

fuerza tan activamente poderosa que es el referirse con plena

conciencia a un modelo considerado ejemplar e insuperable. Homero

será no solamente el prototipo del poeta épico, sino el inspirador,

con su patrimonio mítico y heroico, de la lírica y la tragedia,

de la que la llíada con su final luctuoso fue considerada precedente,

en tanto que, a su vez, se reconocería una prefiguración

de la comedia en el desenlace feliz de la Odisea. Entre tanto,

muy pronto, en la cultura y en la escuela, Homero fue la sustancia

del espíritu griego en todas sus formas y manifestaciones, el autor

en que se formó la educación de toda Grecia en todas las épocas;

y del estudio de Homero nacieron la crítica literaria y la “poética”,

la erudición histórico-arqueológíca y el método filológico.

Más aún, Homero fue la conciencia del pueblo griego, de la unidad

del espíritu griego, el poeta en el que los griegos, que no

constituyeron nunca una nación, se reconocieron y se encontraron

siempre como partícipes de la misma civilización, es decir, el

patrimonio de valores que eran conscientes de haber creado y que

constituye la herencia insustituible dejada a partir de ellos para

siempre a la humanidad.

Si se tiene, en fin, presente que con la traducción de la Odisea,hecha

en Roma por el tarentino “semigraecus” Livio Andronico

hacia el: año 240, comenzó la poesía latina artística, y si se

piensa en las inmensas consecuencias de este hecho para la literatura

romana y, a través de ella, para la cultura europea, se

tendrá la visión de lo que Homero representa en la historia de la

humanidad.


CAPITULO TERCERO

HOMERO MENOR

TRADICIÓN ÉPICA

Homero, como hemos visto, había cantado, en tomo a la

gesta troyana, las glorias de la Grecia arcaica, guerrera y feudal,

en la perfección de un arte que proponía el ideal de la vida esforzada

como conquista y gloria de una sociedad ya desaparecida.

Pero este sentimiento heroico, que inspira y ennoblece la poesía

épica, se extingue precisamente con Homero, quien lo fija en una

forma de arte insuperada y lo transmite a la posteridad.

Nace así la tradición épica, no ya como hecho de inspiración

sino como fenómeno literario. La propia excelencia de la poesía

homérica, muy pronto así reconocida, renovando y difundiendo

el gusto de la narración épica, hace que, por un fenómeno natural,

fuera atribuida a Homero toda la producción que se inspiraba

en él y en la que Grecia se mantuvo largo tiempo aun cuando

ya no era más que el fruto de ejercitaciones y ocupaciones profesionales

en los modos y formas de Homero.

a) Himnos (!'Tuvoi) : en este “corpus” atribuido tradicionalmente

a Homero, el grupo más importante está constituido por

treinta y tres composiciones en hexámetros épicos, de variada

extensión, desde tres versos en el Himno a D&méter (XIII) hasta

quinientos ochenta en el Himno a Hermes (IV ). El propio nombre

dé “himnos” indica su naturaleza, es decir, poesía en honor

de una divinidad, en tanto que su otra denominación de “proemios”

con que son a veces designados señala su destino para servir

de preludio o introducción a los recitados épicos. Pero en ellos

el primitivo y prehomérico tipo lírico del antiquísimo himno religioso

y cultural, atestiguado en escasos restos, se ha “homerizado”

no sólo en la forma exterior sino también en su espíritu que conserva

muy poco (invocaciones, epítetos culturales) del himno originario,

en tanto que asume de buen grado el tono amplio de la

narración de gestas y empresas del dios. Asimismo la propia extensión

alcanzada por algunos himnos demuestra claramente que


82 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO MENOR

nacieron como composiciones autónomas, desvinculadas de la

primitiva función proemial, es decir, como pequeños poemas de

forma épica para celebración de un dios, según las tradiciones de

cultos locales atestiguados comúnmente en Jonia de Asia Menor,

donde es verosímil, por tanto, que se haya desarrollado tal himnografía.

Los dioses en ella celebrados son en su mapor parte

los olímpicos, como Apolo Delio y Pítico, Hermes, Afrodita, Ares,

Artemis, Atenea, Hera, Hefesto, Posidón, Zeus, pero también Demeter

y Dioniso, Asclepios y los Dióscuros, Helios y Selene, etc.

Cronológicamente se sitúan tales himnos entre los siglos vn y m,

y mientras los más antiguos (A Apolo, A Hermes) se relacionan

directamente con la tradición homérica, otros se refieren al ambiente

ático (A Deméter) del siglo vi, y otros, en fin, son simples

imitaciones manifiestamente tardías.

En su conjunto, el valor poético de estas composiciones es

muy modesto. La simplicidad de la forma homérica se torna pesada

bajo los oropeles de la imitación puramente exterior y a menudo

inhábil. Sólo en los himnos más extensos y más antiguos se

advierte un empeño que logra, a veces, conseguir el efecto poético

de una inspiración vigorosa y sentida, como la descripción del

nacimiento de Apolo en Délos con la naturaleza sonriente que se

regocija entera ante el niño divino, o el dolor de Deméter en

busca de su hija raptada, o la escena de la seducción de Anquises

por obra de Afrodita. Pero es notable el intento de variar, bajo

la forma tradicional, los motivos y la temática del canto. Así, por

ejemplo, el poeta del Himno a Hermes no está falto de una genuína

vena jocosa ■—no desconocida en cualquier caso por Homero— en

los episodios del hurto de los bueyes, de la invención de la cítara

o del engaño en que “viduus pharetra risit Apollo”, o en la propia

presentación del dios que (v. 17 y sigs.):

Nacido al alba, a mediodía tocaba la cítara

y a la tarde robaba los bueyes de Apolo, el que hiere de lejos.

El poeta del Himno a Apolo en unos versos (146-150, 165-

172, citados por Tucídides,III,104, como de “Homero”, y que muestran

ya formados algunos rasgos de la leyenda del poeta) se describe

a sí mismo como “el ciego que habita en la rocosa Quíos,

cuyos cantos sobresalen todos para el futuro”, revelando así la

afirmación de una personalidad en la tradición épica.

Asimismo estos himnos “homéricos” crearon, a su vez, una

tradición: la himnografía religiosa órfica, los himnos de Calimaco,

algunas composiciones de Teócrito y el gran himno a Zeus del

estoico Cleantes en la época helenística, y los himnos filosóficoreligiosos

del neoplatónico Proclo en el siglo v d. de C.


TRADICION EPICA

b ) Epigramas (Επιγράμματα)·, en su origen, propiamente, “inscripciones”

. Son dieciséis brevísimas composiciones, incorporadas

en la Vida del pseudo-Herodoto, como compuestas por Homero

en ocasiones varias. No tienen nada de épico excepto la lengua

y el metro, si bien el XV, que se inspira en una costumbre popular

según la cual los niños andaban de casa en casa pidiendo

regalos (Eiresióne), termina con dos trímetros yámbicos. La misma

Vida nos transmite el epigrama que habría sido colocado sobre

la tumba de Homero ( A.P.,VII, 3 ) :

Allí la tierra esconde la sagrada cabeza

del divino Homero, cantor de héroes.

c) Margites (Μαργίτης, necio); era el héroe ridículo del

pequeño poema homónimo, con el cual, según Aristóteles, Homero

había suministrado el modelo a la comedia. El personaje era un

necio presuntuoso que no llegaba a contar más allá de los dedos

de una mano, que ( frag.3 Kink. ) :

sabía muchas cosas, pero todo lo sabía mal,

ignoraba si lo habría parido su padre o su madre, y cosas parecidas.

Con su mujer, luego, se había comportado bastante torpemente;

y en un fragmento de papiro muy reciente se habla frecuentemente

de un utensilio (el orinal) no conocido hasta el

drama satírico y la comedia. El carácter jocoso está dado, en

cuanto a la forma, por la discontinua inclusión de trímetros yámbicos

dentro del solemne hexámetro, que sería, por lo tanto, el

ejemplo más antiguo de tal metro.

Este pequeño poema (atribuido unánimemente a Homero

hasta la época de Aristóteles y conservado aún en el siglo xi) fue

famoso en la antigüedad. Además de Arquíloco, lo conocerían

Cratino y Aristófanes; Platón nos ha transmitido el verso antes

transcrito; Demóstenes aplica el sobrenombre a Alejandro Magno;

y Calimaco parece haberlo estimado.

d ) El combate de los ratones y las ranas (Β«τραχομυομαχία):

es un pequeño poema de trescientos tres hexámetros épicos que

se ha conservado completo.

El ratón Hurtamigas, hijo de Roepán, escapando de un gato llega

a la orilía de un pantano, donde Hinchacardlios, rey de las ranas, para mostrarle

las ricas provisiones de su morada, no inferiores a las alabadas

por el ratón, le induce a atravesar el pantano subido a su espalda.

Durante la travesía, el ratón, que no tiene familiaridad con el agua,

es presa de terror cuando aparece una hidra. La rana se salva sumer-


ÉPOCA JÓNICA. HOMERO MENOR

giéndose, en tanto que el ratón se ahoga míseramente. Conocida la

funesta noticia, los ratones deciden tomarse venganza sobre las ranas.

Se arman, (las grebas son habas verdes, cáscaras de nueces tos yelmos, y

otros utensilios por el estilo) y se dirigen en guerra contra las ranas.

Éstas, tras protestar en vatio por la. inocencia de Hinchacarrillos, se arman

a su vez (con hojas de malva por grebas, corazas de acelga, escudos

de hojas de col) y afrontan al enemigo. Asimismo los dioses se

interesan en la contienda, pero Atenea no quiere ayudar a ninguna de

[as dos líneas, a los ratones porque entre otras cosas le han roído un

hermoso peplo, a las ranas porque le perturban el reposo con su continuo

croar. Se inicia así una épica y sangrienta reyerta, en la que caen

numerosos combatientes de ambas partes, con incierto éxito hasta que baja

al campo de batalla el ratón Robacortezas, hijo de Acechapán, terrible

guerrero semejante a Ares, que amenaza exterminar a las ranas. Movido

a piedad por ellas, Zeus intenta enviar en su ayuda a Atenea o Ares,

pero éstos rehúsan hacerlo. Zeus entonces lanza su tayo, que tampoco

vale para detener el ímpetu de Robacortezas. Sólo un ejército de monstruosos

cangrejos, que cortan las colas y patas de los ratones, mientras

éstos nada pueden hacer contra sus corazas, consigue ponerlos en fuga

y salvar a las ranas.

Todo el pequeño poema es una feliz parodia homérica, no

sólo en el metro, la lengua, el estilo y el tono solemne, sino también

en el uso de todo el aparato épico; las invocaciones a las

Musas, la mísera muerte de Hurtamigas, el envío de heraldos, la

asamblea de combatientes, la lucha cruenta y la intervención de

los dioses. Los nombres expresivos de los nuevos héroes, el accidente

risible y la propia minucia de los detalles, transponen de

una manera natural la grandiosidad del aparato épico a un plano

de acertada comicidad y la disuelven en una parodia sostenida

y 110 vulgar, que logra su efecto por el inevitable parangón con

el modelo para todos conocido y presente. Corre por el poema

una vena feliz y un espíritu sutil, que no sin razón agradó a

Leopardi, y por ello parece fruto de una época ( quizás el siglo v)

que, ya avispada por la comedia, ha aprendido a mirar con nuevos

ojos el mundo heroico cantado por Homero.

Según testimonio de Plutarco parece que el poema estuvo

todavía en boga en la época greco-romana; y encontró una singular

fortuna en el medievo bizantino, en el que fue imitado por

Teodoro Pródromo (siglo xn) con un Combate de gatos ij ratones,

y fue difundido en un número de manuscritos poco inferior al

de la Odisea.


CICLO EPICO 85

CICLO ÉPICO

Con el nombre colectivo de Ciclo épico (έπικδς κύκλος),

que aparece ya en la época cristiana aunque quizá con precedentes

helenísticos, fue ordenada toda la producción épica, más propiamente

heroica, nacida precisamente en la senda de la tradición

homérica, para completar y reunir en torno a la Riada y la Odisea

los numerosos poemas compuestos entre los siglos vu y v sobre

diversas “gestas”. Conocemos esta sistematización por una compilación

que hizo al respecto Proclo, en una perdida Crestomatía

literaria en cuatro libros, de la que nos han llegado varios resúmenes.

Según dicha fuente, el Ciclo comenzaba por una Teogonia,

en cuyo inicio se hablaba de la unión de Urano y Cea, y terminaba

con una Telegonía, en la que se narraba la muerte de Ulises

a manos de su hijo Telégono nacido de Circe, Su ordenación

sería probablemente la siguiente: Teogonia (distinta de la hesiódica,

de que se hablará en el capítulo IV; hubo además otros

poemas sobre el tema); Titanomaquia (dos libros), atribuida muy

a menudo a Eumelo de Corinto; Cantos de Chipre o Cipríada (once

libros); llíada; Etiópida (cinco libros) de Arctino de Mileto;

Pequeña llíada (cuatro libros) de Lesques de Mitilene; Destrucción

de Troya (dos libros) de Arctino de Mileto; Regresos (cinco

libros) de Egias o Agias de Trecena; Odisea; y Telegonía (dos

libros) de Eugamón de Cirene. También se incluyeron en el

Ciclo otros poemas calificados como “cíclicos” y que parecen pertenecer

a un ciclo propiamente tebano ( Edipodia, Tebaida, Epígonos),

lo que no resulta claro. Probablemente en su origen hubo

un Ciclo troyano, un Ciclo tebano y quizás otros menores, que

fueron luego sistematizados en un único gran ciclo mitológicoheroico.

Fuera del Ciclo, pero asimismo atribuidos a Homero,

estaban la Cacería de Anfiarao, la Toma de Ecalia y la Foceida.

Las atribuciones antes indicadas se fundan tan sólo en referencias

parciales relativamente tardías, pues la tradición más antigua,

hasta la época de Heródoto al menos, atribuía en bloque el

Ciclo a Homero. De todo este imponente conjunto de poemas,

conservados aún en época de Proclo (según testimonio de Focio,

patriarca de Constantinopla en el siglo ix, que leyó la Crestomatía

y nos ha dejado de ella un epítome), no quedan más que unos

pocos y breves fragmentos, que no permiten una apreciación crítica.

Es significativo el espíritu racionalista de los nuevos tiempos,

según el cual se explica el origen de la guerra troyana (en el

fragmento 1 de la Cipríada) : Zeus, movido a piedad hacia la tierra

oprimida por un excesivo número de hombres, suscita la guerra

para aliviarla del peso insostenible. Lo poco que puede leerse


86 ÉPOCA JÓNICA. HOMERO MENOR

manifiesta solamente la imitación homérica como ejereitación,

versificación a veces hábil, y nada más, Por otro lado, es fácil

imaginar que, en un número tan grande de versos, estos poetas

no podían sino diluir la narración con digresiones, episodios y

detalles, en búsqueda cada vez más difícil de algo nuevo. El

propio significado peyorativo de “cíclico” (por ej. en Horacio,

A.P., 136) confirma la difusa extensión y torpeza de tales producciones.

Sin embargo por conservar y utilizar de algún modo

materiales y temas prehomérieos suministró temas y leyendas a la

lírica, a la tragedia, a la épica helenística, a Virgilio y a la épica

bizantina, y, por ello, posee un lugar notable en la historia literaria.

ÉPICA EXTRA-CICLICA

Esta amplia cantidad de poemas no agotó, con todo, el interés

por la narración épica, que continuó más o menos fatigosamente

pero siempre en la modalidad homérica en búsqueda de

temas y motivos nuevos. Eumelo, además de la Titanomaquia,

habría compuesto un poema histórico sobre los orígenes de Corinto

y otro sobre Europa; de Cinetón de Quíos, famoso rapsoda

que habría sido el primero en recitar a Homero en Siracusa y considerado

autor de poemas cíclicos, era conocida una Genealogia,

verosímilmente heroica; y un poema del mismo título era atribuido

asimismo a Asio de Mileto. Especialmente notable es, además, un

grupo de poemas, de época y procedencia diversa, sobre Heracles,

el héroe dórico ya celebrado, como aparece en Homero, en las

más antiguas canciones épicas: la Heraclea del ya citado Cinetón,

y la de un desconocido Conón, de Demódoco Laconio, de Písino

de Lindos (Rodas), de Paníasis, tío o primo del historiador Herodoto,

en catorce libros; y la más famosa de todas, la de Pisandro

de Camiro (Rodas, siglo vi), que se habría apropiado del poema

de Písino y habría fijado por vez primera la descripción, que quedó

como tradicional, del héroe con clava y piel de león, si bien

parece posterior al número canónico de sus doce trabajos. Por

el contrario, aunque cantado el héroe ático Teseo en varias Teseidas,

recordadas por Aristóteles junto con las Heracleas, no bastaba,

según él, la unicidad del héroe en tales poemas para dar

una íntima unidad de argumento. En el siglo v, por último,

Quérilo de Samos, contemporáneo de Paníasis, intentó renovar

el poema épico cantando la victoria de los atenienses sobre Jerjes.

Es muy expresivo un fragmento suyo en el que, envidiando a los

antiguos poetas a quienes se ofrecían aún intactos los prados de

las Musas, lamenta la dificultad de encontrar nuevos argumentos

de canto. Al final del mismo siglo Antímaco de Colofón compone


EPICA EXTRA-CICLICA 87

una famosa Tebaida, en veinticuatro libros, de la que hablaremos

más adelante.

Si se considera que Antímaco y Quérilo son casi contemporáneos

de Eurípides, resultará evidente que son ya sobrevivientes,

verdaderos fósiles literarios, retrasados en formas y en motivos

(salvo rarísimas excepciones) que no interesaban ya a nadie, completamente

fuera de la vida de su tiempo. En realidad la poesía

épica termina con Homero, como celebración de un mundo en

el que es fuerza aún activa el ideal de la vida heroica.

Después de él, como pasó frecuentemente en Grecia, el influjo

de un gran modelo literario servirá tan sólo para excitar cadáveres.

Apremian otros sentimientos;· otros impulsos, que verdaderamente

resucitarán la poesía.


CAPITULO CUARTO

LA TRADICIÓN POÉTICA

DE GRECIA CONTINENTAL:

HESÍODO

VIDA Y OBRAS

Hesíodo (‘Ησίοδος) fue hijo de Dio (cuyo nombre indica un

origen ciertamente no vulgar) que, después de haber intentado

sin éxito el comercio en Cumas eólica, se retiró a Beocia, la tierra

que muy probablemente era la de sus antepasados, y se estableció

en la aldea de Ascra, en la ladera noreste del monte Helicón

( 1.749 m ). Allí Dio tuvo dos hijos, el poeta y Perses, a quienes

legó una modesta herencia de tierras. Dividida ésta, Perses, poco

amante del trabajo, despilfarró su parte y promovió un pleito, o

más bien un arbitraje, con el poeta, no sabemos por qué motivos

pero confiando en la ayuda de magistrados corrompidos. En el

"mísero burgo, triste en invierno, penoso en estío, nunca agradable”,

como el poeta lo describe ( Los trabajos y los días, 640), vivió

Hesíodo dedicado al pastoreo; sólo se alejó de él una vez, en que

se embarcó en el puerto de Áulida para trasladarse a Calcis en

la isla de Eubea, en una muy pequeña experiencia náutica, como

el propio poeta reconoce,

Pero esta humilde vida fue iluminada por la poesía. Al

pastor que apacentaba sus corderos en los barrancos del “divino

Helicón” se le aparecieron las propias Musas, hijas de Zeus, para

enseñarle el dulce canto que regocija a los hombres y disipa las

inquietudes del corazón, donándole como símbolo de la investidura

poética un ramo de laurel. Llegado a la fama, hizo precisamente

su viaje a Calcis para un concurso poético en el que

ganó un trípode que, agradecido, consagró a las Musas en el propio

lugar en que se le habían aparecido.

Éstas son las pocas noticias sobre su vida, extraídas de las

propias obras del poeta. Todo lo demás es leyenda, incluso sus

relaciones con Homero (véase cap. II) y la tradición sobre su

muerte, ya conocida por Tucídides (111,96), ocurrida en el santuario

de Zeus Ñemeo en Enoe de Lócrida; más fabulosa es aún

la que refería que habría sido asesinado y arrojado al mar por

Anfífanes y Ganictor, de quienes era huésped, por haber seducido


CATALOGO DE LAS MUJERES O .EEAS 89

a su hermana. Muerto y sepultado en Ascra, el cuerpo habría

sido trasladado luego a Orcómeno (Beocia), según tradición referida

por Aristóteles. En sus obras no consta ninguna indicación

cronológica precisa, pero si se tiene en cuenta que Hesíodo presupone

necesariamente a Homero, aunque no sea todo Homero,

y que, a su vez, fue imitado ya por Arquíloco, se concreta la vida

del poeta en el siglo v iii, más bien en la primera mitad que en

la segunda del mismo.

De las muchas obras a él atribuidas por la tradición — que

reagrupó en torno a su nombre toda la producción llamada “didascálica”

como en torno a Homero la poesía heroica—■han llegado

íntegras hasta nosotros tres:

1) Teogonia (1200 hexámetros épicos),

2) Los trabajos y los días ("Εργα icotE ‘Ilaéçatj, así llamado un

poema de 828 hexámetros que, ya en su título, se articula

en dos partes distintas: Trabajos (v.1-764); Días (v.765-

828).

3) Escudo.

CATALOGO DE LAS MUJERES O EEAS

Tanto la Teogonia como Los trabajos y los dias, salvo no apreciables

disidencias, fueron atribuidas a Hesíodo desde la antigüedad.

Es cierto que sus coterráneos, según dice Pausanias (IX,

31,4), creían auténticos sólo los Trabajos, pero el poeta se nombra

a sí mismo explícitamente en la Teogonia (v.22) y, además, el

hecho de que su proemio está ambientado manifiestamente en

Beocia determina sin ninguna duda que su autor es el mismo que

el de los Trabajos. Ésta es asimismo la razonable posición de la

crítica más moderna después de una larga y debatida “cuestión”

que, tras llegar a negar la autenticidad de estas dos obras en

bloque o por partes y la propia historicidad de la persona de

Hesíodo, había intentado también en este caso rastrear al respecto

los núcleos primitivos y la forma originaria. No obstante, igualmente

en Hesíodo, no puede excluirse que se encuentren esporádicas

interpolaciones, especialmente en la Teogonia, que se prestaba

a ello por su propio carácter, y en el final de los Trabajos.

También es segura y unánime la atribución a Hesíodo de otra

obra, que conocemos tan sólo por unos doscientos cincuenta fragmentos

entre citas de escritores antiguos y trozos de papñ'os egipcios,

la que constaba de cinco libros (número consignado sólo

por el Léxico Sudas y ahora confirmado en un papiro) y comprendía

entre cinco mil a seis mil hexámetros, El primer título

es indicado manifiestamente por el propio poeta al final de la


90 EPOCA JÓNICA. HESIODO

Teogonia, con una frase que para pasar de una obra a otra introduce

precisamente el Catálogo 2(1; el segundo título deriva de la

fórmula η ο"η — “o cual”, con que se inicia el relato referente

a cada heroína. Entre las leyendas más importantes tratadas en

ella podemos recordar las de Pandora, Tiía, Tiro, Eurínome madre

de Belerofonte, Polícasta esposa de Telémaco, Atalanta, Estenebea

mujer de Preto, Altea madre de Meleagro, Hipermnestra, Leda

madre de Clitemnestra y de Helena (Catálogo de los pretendientes)

y de los Dióscuros (libro I ); Egina madre de Eaco, que fue

el padre de Peleo (bodas de Peleo y Tetis: libro II); Europa

madre de Minos, Sarpedón y Radamanto (libro III); Alcmena madre

de Heracles (libro IV ); Cálice madre de Endimión (libro

V ); y de incierta ubicación los relatos sobre Coronis, Cirene,

Climene, Ilea madre de Ayante, Peribea, Augea madre de Télefo,

Electra madre de Dárdano, Níobe, Alcímeda madre de Jasón (Argonautas)

y numerosas otras.

La pérdida del Catálogo es, sin duda, muy lamentable para

el conocimiento de un inmenso patrimonio de leyendas que en él

habrían sido sistematizadas, pues por su incompleta lista se advierte

que las utilizaron ampliamente los líricos (Estesícoro, Pindaro,

Baquílides) y los trágicos, así como los poetas de la época

helenística, que encontraron en él tesoros de la más primordial y

arcana erudición mitográfica tan de su gusto, y los propios poetas

latinos que hicieron de él un amplio uso.

EL MUNDO HESIÓDICO

Como la Teogonia es una genealogía divina, el Catálogo es

una genealogía heroica, de los héroes nacidos de una mujer mortal

y de un dios. Con toda razón, pues, se pasa de la una a la

otra. Ambas derivan de la fusión de dos elementos que ya aparecen

en Homero: el “catálogo” (el Catálogo de las naves es reconocido

hoy rio sólo como homérico sino prehomérico; y alguna que

otra interpolación no afecta la autenticidad de la Nekyia que contiene

también un catálogo) y la “genealogía”, obviamente ligada

a una sociedad aristocrática, de la que constituye su conciencia y

20 Su coligamiento se encuentra ahora explícitamente atestiguado en la

edición del POæ, XXIII,1956,n92354 (del libro I: siglo π d. deC .), que une

el final de la Teogonia con el Catálogo y comprende el fragmento 1 Merk,.

ampliándolo con la mención de Posidón, Ares, Hefesto (?) y Hermes. El

papiro 2355, de 3a misma época aproximadamente, presenta el comienzo de

Ia Alcmena (del libro IV, Scut. Here., 1-56), precedida de la Eea de firope

(o Aérope, mujer de Plístenes o de Atreo, según las diversas tradiciones, y en

cualquier caso progenitora de los Atridas).


EL MUNDO HESIÓDICO 91

gloria (recuérdese que los héroes homéricos siempre “se jactan de

descender” de alguien y frecuentemente presentan, a titulo de gloria.

su ascendencia). Al respecto, y sea dicho de paso, 1iay que tornar

con mucha cautela todas las argumentaciones sobre las relaciones

de dependencia y, por tanto, de más modernidad, de algunas

partes de la poesía homérica respecto a la hesiódica. Pero es interesante,

como ya lo había observado el historiador Helánico (fragmento

150, Jacoby), que la genealogía de Hesíodo determina su

base “ex matre” mientras Homero lo hace "ex patre”. Sin, por ello,

pretender deducir, como no obstante se ha hecho, exageradas consecuencias

(de sociedad matriarcal, etc.), es evidente, sin embargo,

que éste es uno de los muchos aspectos que distinguen el mundo

hesiódico del homérico.

Estas dos obras, pues, se encuentran en una zona liminar

entre la tradición homérica y el mundo propiamente hesiódico,

cuya originalidad se concentra sobre todo en Los trabajos y los

días, constituyendo, también por esta razón, un documento de

extraordinaria importancia sobre la civilización más antigua de la

Grecia continental.

Frente a la sociedad homérica aristocrática, guerrera y feudal,

se nos ofrece por primera vez una sociedad de pequeños

propietarios de tierra (campesinos y pastores), de artesanos (herreros,

alfareros, carpinteros) y pequeños comerciantes incluso

marineros, basada en una primitiva economía de producción y

trueque de fundamento preponderantemente agrícola y rural. Han

desaparecido ya las monarquías hereditarias y la comunidad es

gobernada por magistraturas de la nobleza que administran justicia,

aunque no siempre honestamente. La vida es dura y difícil,

pero el trabajo y el ahorro permiten formar un patrimonio

aunque sea modesto, como precisamente había hecho ei padre del

poeta después de sus desafortunados negocios en Asia Menor.

Es pobre el fruto del pequeño campo, para el que bastan unos

pocos brazos, reforzados en caso necesario con jornaleros asalariados,

por lo que se prefiere tener un hijo único, incluso para

evitar las querellas sobre el patrimonio heredado, según triste

experiencia del poeta; la mujer provee todas las necesidades de

la casa. Es la vida del modesto campesino, siempre parco y mesurado,

que sólo en las grandes ocasiones se permite el lujo de

un cordero asado, de un pan dulce de leche y el alivio quitapenas

del vino.

Pero este mundo, aunque confinado en una pequeña aldea

de montaña, conoce y siente la fascinación de la poesía homérica.

Ésta presta su voz y formas a una tradición antiquísima de

canto, ligada a las Musas del Helicón, que tenían un culto y templo,

en Tespias, en el valle precisamente llamado “de las Musas”,

así como el Eros cósmico y primordial, que es justamente el prin­


92 ÉPOCA JÓNICA, HESÍODO

cipio generador en la Teogonia. Es un mundo penetrado de

religiosidad profunda y difundida, religión homérica y olímpica,

pero ahora enriquecida con una exigencia ética nueva, del imperio

de Dike en el mundo pacificado y ordenado del padre Zeus, cuya

victoria sobre las fuerzas oscuras del abismo representa el coronamiento

y la culminación de la historia sagrada. En esta religiosidad

se transmiten leyendas y tradiciones, que son ciertamente los más

antiguos recuerdos de la civilización griega, en aquella Beocia

que era tierra tradicional de profetas, sibilas y vates, y en la que

la arqueología moderna ha descubierto los únicos indicios del

más antiguo asentamiento humano en Grecia, es decir, del período

paleolítico hasta ahora no atestiguado en el resto de la Hélade.

Son éstas leyendas, tradiciones y mitos que Homero ignora: casi

toda la historia divina preolímpica (Caos, Gea, Urano, Cronos,

Eros), una Hécate en la que aparecen aspectos de la religiosidad

más arcaica, el poder de Dike, Prometeo y Pandora, las cinco

generaciones humanas^ los treinta mil espíritus que vigilan las

acciones de los mortales. Además, a través de la Teogonia, que

es una forma característica de las antiquísimas civilizaciones orientales,

se acoge asimismo el eco de remotos contactos entre ellas

y el mundo griego (quizá por intermedio de fenicios y rodios)

con notables semejanzas compulsadas entre la narración sagrada

sumerio-babilónica, que nos es conocida por textos curritos que

datan de los años 1400 a 1200, de la tríada divina Anu-Kumarpi-

Ullikummi y la de Urano-Cronos-Zeus, Anu y Urano son ambos

mutilados por su hijo; Kumarpi, como Cronos, se traga una piedra

que, vomitada, se hace objeto de culto (com o el ónfalos de Delfos,

que es justamente la piedra vomitada por Cronos); asimismo la

figura de Atlante parece encontrar un precedente en la de Upeluri,

“sobre quien es construido cielo y tierra", como se lee en

uno de tales textos.

Pero el mundo hesiódico nos revela sus aspectos más originales

en las cosas humildes de la vida cotidiana: los trabajos del

campo y de la navegación ligados a los signos inmemorables y

eternos de las constelaciones; los días fastos y nefastos; los preceptos

prácticos del trabajo y del convivir social; la superstición

del mal de ojo y numerosos “tabúes” ; un código moral de evidente

origen religioso; la difundida misoginia (Pandora) y los motivos

de la sátira popular antifemenina.

HESIODO: EL HOMBRE Y EL POETA

Este es el mundo de Hesíodo, el más antiguo poeta del continente

europeo, el primer hombre griego a la luz de la historia.

En este su mundo encuentra su inspiración, en la profunda reli­


h e s í o d o : e l h o m b r e y e l p o e t a 93

giosidad, la exigencia moral de la justicia, el amor al trabajo, las

vetustas tradiciones de la narración sagrada, las leyendas locales

y las sagas heroicas, y también en los sudorosos trabajos del cansancio

humano con sus raras pausas de reposo,

Como Homero, también Hesíodo está inspirado por las Musas.

Las Musas, aunque saben “decir muchas cosas mentirosas

parecidas a realidades” (lo que es una precisa alusión polémica

a las espléndidas tabulaciones homéricas), “saben también, cuando

quieren, proclamar verdades” ( Teogonia, 27 y sigs.); el propio

Hesíodo, a su vez, contará a Perses “cosas verdaderas” ( Los trabajos

y los días, 10). Más que una investidura, la nueva misión

del poeta es una consagración. De ésta forma Hesíodo se entrega

a las tradiciones de su tierra y de la Grecia continental (Tesalia),

con sus vates-poetas (Lino, Museo, Eumolpo), intérpretes

de los dioses y promotores de la civilización humana por medio de

la poesía sagrada. No sin razón Hesíodo es para Aristóteles un

“teólogo”, aunque considerado por él, desde el punto de vista racionalista,

como poco preocupado por la “credibilidad”. De Hesíodo

parte una nueva concepción de la poesía que se desarrollará

activamente en Ática con Solón, Esquilo y Aristófanes, como instrumento

de elevación moral y social.

En el centro de este sistema teológico-moral se encuentra

Dike, que es al mismo tiempo la justificación de la victoria de

Zeus y la necesidad fundamental de la vida en sociedad, sin la

cual el hombre recae en la primigenia barbarie, en las leyes de

la jungla válida para las fieras. Hesíodo precisamente alcanza

un tono verdaderamente inspirado cuando la poesía se hace expresión

de una profunda conciencia moral ( Los trabajos y los días,

274-281):

Oh Perses, guarda estos consejos en tu corazón,

presta atención a la justicia y olvida del todo la violencia.

Tal es la ley que a los hombres prescribió el Cfónida:

que los peces, las fieras y los pájaros alados

se devoren entre sí, pues no hay justicia entre ellos,

pero a los hombres les dio en don la justicia, que es el mejor de los bienes.

A quien conociéndola proclame la justicia

le da prosperidad Zeus de amplia mirada.

Y

en otra ocasión (ibid.,256-269), dirigiéndose a los jueces:

Existe la virgen Dike, hija de Zeus,

gloriosa y venerable entre ¡os dioses que habitan el Olimpo;

y cuando torcidamente alguno la engaña despreciándola,

al punto ella, sentándose junto a su padre Zeus Crónida,


Θ4

ÉPOCA JÓNICA, HESÍODO

le denuncia el espíritu de hombres injustos para que pague

el pueblo ía impiedad de sus gobernantes que con designios funestos

se desvían del camino pronunciando torcidas sentencias.

Observando esto, reglad vuestras palabras,

oh jueces devoradores de regalos, y renunciad a torcidas sentencias:

el hombre que prepara un mal contra otro, lo prepara para sí mismo

y una funesta determinación es lo más funesta pata quien la medita.

El ojo de Zeus (Sol) que todo lo ve y todo comprende

observa también, si quiere, esto, y no se le escapa

qué clase de justicia sea la que una ciudad encierra dentro de sí.

Son versos éstos en los que se une la nobleza de sentimientos

a la fuerza sosegada y solemne de la expresión, por lo que merecidamente

Hesíodo ha sido llamado "el profeta de la justicia” . De

la pequeña experiencia de injusticia sufrida sabe hacer objeto

de poesía, elevándose a la proclamación de una justicia universal

y eterna. Así la forma épica, impuesta por una gloriosa tradición

poética, se enriquece con nuevas significaciones. La poesía embellece

incluso las humildes incidencias de la vida del campesino,

en un estilo preciso y rápido, que aprehende la esencia de tales

cosas inmersas en la naturaleza, vivientes en el ritmo eterno de

las estaciones y de las constelaciones (Los trabajos y los días,

383-387;448-451) :

Cuando aparecen las Pléyades, hijas de Atlante,

has de comenzar la siega, y la siembra cuando desaparecen;

pues ellas por cuarenta noches y cuarenta días

permanecen ocultas y luego en el curso del año

vuelveii a aparecer en el tiempo de afilar el hierro.

Estate atento cuando oigas el gruir de la grulla

que grita cada año desde lo alto de las nubes:

trae la señal de la sembradura y anuncia la estación

del lluvioso invierno, y muerde el corazón de quien no tiene bueyes.

Y

582-59Θ) :

la hora del descanso, en el bochorno del mediodía (ibid.,

Cuando florece el cardo y ía canora cigarra

posada en un árbol lanza su agudo canto

continuo desde debajo de sus alas, en. la estación del pesado estío,

entonces están más gordas las cabras y es mejor el vino,

más ardientes las mujeres y los hombres más flojos,

pues Sirio quema su cabeza y sus rodillas

y el calor les seca la piel. Tenga yo entonces

la sombra de una roca, vino de Ttacia,

pan dulce y leche de cabras que ya no amamanten,


HESIODO: EL HOMBRE Y EL POETA 95

carne de ternera alimentada en el bosque y aún sin cría

y cabritos de primer parto; y beber encima vino negro,

tendido a la sombra, saciado el corazón de alimento,

el rostro inclinado al vivo soplo del Céfiro;

y de una fuente de continua corriente y límpida

tomar tres partes de agua y echar una de vino.

Precisión admirable en las connotaciones que constituyen la

escena, cada cosa con su tono y todas como fundidas en la paz

propia del momento: el canto de la cigarra, el reposo abandonado,

la saciedad de buenos alimentos, el refresco moderado del vino, la

brisa vivida y el fluir quedo del arroyó. Quizá nadie ha logrado

mejor hacer poesía de estas cosas, de esta felicidad enteramente

natural y sin literatura, un momento de olvido como puede gozarlo

sólo el que conoce la dura fatiga de todos los días. Y esta poesía,

que sabe decir cosas nuevas y verdaderas, renueva asimismo íntimamente

la expresión. Todo el canto del Ascreo se ve recorrido,

particularmente en los Trabajos, por una cuidadosa armonía de

asonancias, aliteraciones, ecos y verdaderas y propias rimas, que

se conectan por cierto con una tradición poética indígena, debilitada

en Homero, y que descubre en la palabra nuevos valores,

de sonido y de sentido:

τίκτουοιν γυναίκες έοιχότα τέζνα γονεΟσ:?

De esta tradición le llega a Hesiodo la imagen audaz e icástica

(el pulpo es el “sin hueso”, el caracol es el ‘ casacucstas”, el

ladrón es el “duerme-de-día”, la mano es “la cinco-ramas” ) que

deriva del estilo alusivo y enigmático del oráculo; la concisión

eficaz de la sentencia y el sabor antiguo del proverbio y el apólogo

(el primero de la literatura europea); las supersticiones populares

y los preceptos rituales. Todo ello es expresado en el tono

de convicción profunda de quien se siente custodio de una sabiduría

antigua y de una fe elevada, y sabe hacer sustancia poética

de esta su misión. No ignora tampoco la grandiosidad de una

lucha cósmica que envuelve a todos los elementos, en una vigorosa

descripción (Teogonia, 673-686), que recordará Esquilo:

Y entonces ellos (los Centimanos) se opusieron a los Titanes en atroz

[combate,

provistas las manos vigorosas de rocas abruptas.

Los Titanes, por su parte, cerraron sus filas

valientemente y demostraban acciones de fuerza y brazos

unos contra otros; terriblemente resonaba el mar infinito.

La tierra retumbaba fuertemente y gemía el amplio cielo

trastornado y desde sus fundamentos era sacudido el gran Olimpo


96 ÉPOCA JÓNICA. HESÍODO

bajo el ímpetu de los inmortales; el temblor violento alcanzaba

al Táttaro tenebroso, y el alto fragor de los pies

en el inmenso tumulto y los choques poderosos.

De esta manera se lanzaban, golpes funestos,

y al cielo estrellado llegaba la voz de unos y otros

instigándose, y combatían con gran clamor.

LA ESCUELA HESIÓDICA

Nos ha llegado, bajo el nombre de Hesíodo, un pequeño poema

completo de 480' hexámetros con el título de Escudo (Ά α τίς).

Comienza con un trozo (v. 1-56) que ya la filología alejandtína reconocía

auténtico, la "eea" de Alcmena extraída del cuarto libro del Catálogo,

ía única Eea que nos ha llegado íntegra. A ella va agregado, en forma

más bien inhábil, el Escudo verdadero y propio. Heracles y su escudero

Yolao, al dirigirse a Traquis, en las laderas del monte Eta, dominio del

rey Ceico, se encuentran con el bandido Cieno, hijo de Ares, que mata y

roba en Pagasas (Tesalia) a los peregrinos que van a Delfos, En vista

de que el bandido no quiere dejarles pasar, decide Heracles enfrentarlo.

Con ia ayuda de Yolao se coloca ¡as armas y, protegido por Atenea, mata

a Cieno en un combate encarnizado. Acude a vengarlo su propio padre,

Ares dios de la guerra, pero también éste es herido por el héroe, si bien

se salva huyendo. Despejado así el camino, Heracles y Yolao prosiguen

hacia Traquis.

Pero el episodio es sólo un pretexto para introducir lo que

es el verdadero argumento, la descripción del escudo del héroe,

que ocupa toda la parte central (v,139-324). Éste es obra de

Hefesto en diversos y preciosos metales y lleva representaciones

de escenas mitológicas, fieras y monstruos, divinidades y héroes,

escenas de guerra y de paz. La descripción, manifiesta imitación

de la homérica en el escudo de Aquiles (llíada, XVIII) se halla

sobrecargada y desordenada, en razón también de evidentes interpolaciones.

121 valor poético de la obra es muy modesto, en un estilo

épico que se manifiesta agotado al propio tiempo que forzado.

No obstante resulta un documento notable de fusión de elementos

y de escuelas, con el motivo hesiódico inicial, la imitación homérica

de la parte central y la exaltación de Heracles (derivada de

la tradición de las Heracleas), El autor conoce, además, los más

antiguos himnos homéricos e imita torpemente el comienzo de

la famosa descripción hesiódica del estío. En suma, es una mezcolanza,

falta de originalidad, que demuestra cuán vanos fueron

estos propósitos de mantener viva una tradición ya extinguida.


POESIA SAGRADA 97

Por el hecho de que Heracles no posee aún la clava , y la piel

de león y en razón de que ya Estesícoro lo habría creído autén^

tico al imitarlo en su Cieno, se ubica el poema en los primeros

decenios del siglo vi. A pesar, pues, de la tradición antigua, seguida

por Apolonio de Rodas, puede suscribirse el juicio de Aristófanes

de Bizancio que lo negaba como obra de Hesíodo.

De atribución insegura ya para los antiguos eran otros numerosos

poemas, de los que conocemos tan sólo los títulos y escasos

fragmentos: Grandes Eeas, manifiesta ampliación del Catálogo

hesiódico; las Bodas de Ceico, rey de Traquis y esposo de Alción,

del que un verso quedó como proverbial (frag.264, Merk,):

N o invitados van los buenos a los convites de los buenos;

una Melampodia, que tomaba su nombre del famoso adivino;

Preceptos de Quirón, el centauro maestro de Aquiles; Grandes

Trabajos, evidentemente relacionados con los homónimos auténticos;

Dáctilos Ideos, especie de “daimones” frigio-cretenses, que

pasaban por inventores de ritmos musicales; Astronomía; Egimió

o la guerra con los Lapitas, y una Ornitomancia, introducida al

final de Los trabajos y los días.

POESIA SAGRADA

A esta tradición se puede vincular también una producción

religiosa, siempre en hexámetros y en lengua épica, concentrada

en figuras más o menos legendarias, como Aristeas de Proconeso

(en el mar de Mármara, frente a la costa de Asia Menor), Abaris

Hiperbóreo, Epiménides de Creta y Orfeo. De Aristeas, conocido

por Píndaro y Herodoto y que vivió probablemente hacia el año

600, se contaba que, en el mismo momento en que moría en su

patria, habría sido visto en Sicilia. A él era atribuida una Arimaspea,

que Esquilo ( Prometeo) manifiesta conocer, donde se

describía también la lucha de los Arismaspos monóculos con los

grifos alados, guardianes del oro; además habría escrito una Teogonia

en prosa. Ábaris, también conocido por Píndaro, que probablemente

puede situarse hacia el año 650, habría escrito en

metro una recopilación de Oráculos escitas, las Bodas del rio

Hebro, Purificaciones, Llegada de Apolo a los hiperbóreos y, en

prosa, una Teogonia, De Epiménides se contaba que tenía el

poder de hacer salir el alma del cuerpo y volverla a integrar

cuando quería; y Platón conoce la leyenda de su sueño de cien

años en una cueva. Ya anciano se dice que purificó a Atenas del

delito de los Cilónidas, por lo tanto, al fin del siglo vu. Se le


98 ÉPOCA JÓNICA. HESÍODO

atribuían una Argonautica, una Teogonía ( distinta de la hesiódica,

con el Aire y Noche como origen de las cosas) y Oráculos.

A Orfeo tracio, legendario fundador de un movimiento religioso

que tuvo una importancia muy grande en la evolución de

la espiritualidad griega, con una doctrina iniciática de salvación

difundida particularmente en Ática y en la Magna Grecia, era

atribuido un “corpus” de obras que existía, en sus partes principales,

al menos en el siglo v, y que después se fue ampliando en

una rica literatura hasta los primeros siglos de la era cristiana.

Platón cita algunos versos de una Cosmogonía órfica, en la que

se inspira también Aristófanes en sus Pájaros. Obras órficas compuso

Onomácrito de Atenas, que vivió en el siglo vi en la corte

de Hiparco, como Oráculos, Ceremonias sagradas, Teogonia, y es

conocido también como falsificador de los oráculos de Museo

(otro poeta y profeta, discípulo de Orfeo) y como uno de los

cuatro redactores de la edición pisistrática de Homero. En el

mismo siglo, en fin, en el ambiente de la religiosidad de Apolo

Deifico al que pertenecían Abaris, Aristeas y Pitágoras, se habían

formado recopilaciones de oráculos de la Pitia, de que ya da

noticia Herodoto, y de “aretalogías” , o relatos de prodigios del

dios, con fines de edificación espiritual.


CAPITULO QUINTO

LA NUEVA POESÍA:

ESPÍRITU Y FORMA DE LA LÍRICA

LA EVOLUCION DEL ALMA GRIEGA

Entre los siglos vm y vx se efectúa en el mundo griego una

profunda transformación que se percibe en todos los campos, en

la poesía y en las artes, en la religiosidad y en la vida espiritual,

en la organización económico-social y en la vida política. Se

trata, como siempre, de fenómenos interdependientes, en los que

resulta difícil decir de dónde surge su impulso.

Si Homero mira al pasado y lo proyecta hacia lo eterno como

un ideal de gloria en el magisterio del arte, Hesíodo pertenece,

incluso como poeta, a su presente y de él toma exigencias morales

válidas para siempre. Por ello Hesíodo es la primera personalidad

que emerge en la historia como simple “hombre”, y no ya

como conquistador, sacerdote o legislador. En Grecia el descubrimiento

del hombre llega bajo el signo de la poesía,

Pero tanto Homero como Hesíodo vivieron en tiempos duros,

en el “medievo helénico” de choque y fundación en la Hélade de

pueblos y culturas diversas, en un esfuerzo fecundo para el futuro

pero de aflicción para los hombres de su tiempo, como atestigua

Hesíodo a pesar de vivir en una pequeña aldea apartada. Pasada

la tormenta, irrumpe un nuevo e íntegro fervor de vida que circula

por todo el mundo griego. Un poderoso impulso demográfico

hace recuperarse a la Hélade y sus pueblos, retomando los caminos

del mar, en la senda de Ulises, de los Argonautas y de los

aqueos, a menudo guiados por el dios de Delfos, satisfacen al

propio tiempo el hambre de nuevas tierras y el espíritu de aventura.

La difusión de la moneda, inventada quizás en Lidia en el

siglo vh, favorece los intercambios comerciales y determina

el ascenso de nuevas clases sociales con el cambio de relaciones

políticas al romperse la ecuación entre clase dominante y riqueza

de tierras, propia de la sociedad arcaica; asimismo crea nuevas

exigencias incluso espirituales, que se traducen en la posibilidad

económica de construir un templo, de encargar una estatua, un

trípode o un himno. Bajo el impulso del dios de Delfos la reli­


100 ÉPOCA JONICA. LA NUEVA POESÍA

gión olímpica se purifica, mientras Dioniso y los cultos de los

misterios encienden la esperanza también entre las clases desheredadas;

y a las nuevas exigencias morales, trasladadas a términos

de vida social, se debe la formación de una legislación escrita,

que sustrae el derecho al monopolio y arbitrio de la aristocracia

y da garantías a todos los ciudadanos. Las constituciones, instituciones

y magistraturas que se van estableciendo son expresión

de la nueva vida social, de la polis que es de ahora en adelante

dueña de sus destinos. Los propios tiranos, apoyándose en general

en el pueblo contra la aristocracia, contribuyen a acelerar el

proceso hacia la democracia. La Hélade se cubre de templos, que

colocan a las nacientes ciudades bajo la protección de un dios,

mientras las anfictionías religiosas promueven el surgimiento, si

bien primitivo, de un derecho internacional. Las solemnes festividades

locales, los concursos gimnásticos, musicales y poéticos

en los grandes certámenes panhelénicos y las recitaciones rapsódicas

de Homero, crean el sentido de un patrimonio común de

civilización que será siempre la única forma de conciencia nacional

entre los griegos.

En la poesía se expresa este movimiento en formas literarias

que revelan una inspiración nueva. Con el común denominador

de “lírica” y una riqueza de formas, una variedad de motivos, un

florecimiento de personalidades diversas y poderosas, desde Esparta

a Lesbos, de Tebas a Paros, de Atenas a Sardes, de Creta

a Ceos, de Mégara a Colofón, de Himera a Éfeso, de Regio a

Teos, la Hélade canta en este gran tiempo de la poesía, cada

poeta con su voz y todos con un mérito común, que es el de aportar

cada. uno. una experiencia personal de arte. Esta experiencia, que

es algo nuevo en el mundo y creación de los griegos, se puede

concretar en un solo designio: el descubrimiento y conquista de

la personalidad humana, del hombre como individuo que ya no

contempla y describe un mundo fuera de él, sino que hace objeto

de canto su propio espíritu y sensibilidad y toma como sola realidad

poética pasiones, sentimientos y pensamientos de su propia

vida,

POESÍA Y MÜSICA; GÉNEROS DE LA LÍRICA

La nueva poesía es precisamente la lírica. Dejando de lado

al respecto la acepción moderna (crociana) y genérica de tal

término como inspiración fundamental de toda poesía, designamos

como “lírica” — en el caso específico de la literatura griega—;

toda poesía que se distingue de la épica por el hecho de ir acompañada

de música, compuesta por el propio autor del texto, quien,

por tanto, es al propio tiempo poeta y músico. Pero tal término


POESIA Y MÜSICA; GÉNEROS DE LA LIRICA J.01

resulta impropio, por un lado porque ya la poesía épica era precedida

y acompañada de intermedios de trozos musicales y sostenida

y ritmada ella misma por medio de un pequeño acompañamiento

(paracatologè) , y por otro en razón de que la “lírica” era

solamente una parte, aunque la más antigua e importante, de la

poesía musical, que para los griegos era propiamente “mélica”

(μ,ελι-ζή, sobreentendida ποίησις, de μέλος, “frase musical” comúnmente

de origen popular, después, “canto”; Platón habla también

de τά μέλη para distinguir esta poesía de la épica y de la trágica).

En la sistematización de los griegos, que ha llegado a nosotros

por la obra de Proclo (a quien debemos también los restos

del Ciclo épico), procedente de fuente alejandrina, se divide toda

la poesía con música en;

1) Elegía;

2) Yambo;

3) “Mélica” en sentido propio.

Hemos de tener en cuenta, sin embargo, que elegía y yambo,

aunque acompañados inicialmente por un solista de flauta o cítara,

se desvincularon muy pronto de la música para convertirse en

poesía rítmica simplemente recitada.

Según los instrumentos musicales empleados puede hacerse

la siguiente división:

1) Lírica citaródica (acompañamiento de cítara: χ'.Οάρα + φδή

“cítara y canto” );

2) Lírica aulódica (acompañamiento de flauta: αΰλός + φδή

“flauta y canto” . Con los términos “citarística” y “aulética” se

indica, a su vez, la pura música instrumental, respectivamente

de cítara y de flauta, sin canto.

Finalmente, en cuanto al modo de ejecución, la lírica puede

ser:

1) Monódica (cantada por una sola persona);

2) Coral o coródica (cantada por un coro).

Tales definiciones, debidas a la necesidad típicamente griega

de distinciones aclaratorias, podemos mantenerlas con un fin práctico

y las hemos adelantado aquí sólo para describir la variedad

de las formas y de los elementos de la lírica. Por otra parte, en la

continuidad del estudio crítico histórico de cada uno de los autores,

se pueden observar, aunque sea de manera aproximada, los

siguientes períodos en la evolución de la lírica:

1) Un primer período (siglo vn), en el que predominan la

elegía y el yambo, y se organiza la poesía coral;

2) Un segundo período (siglo vi), en el que predomina la

poesía monódica (Alceo, Safo, Anacreonte), mientras se amplía


102 ÉPOCA JCNICÍA. LA NUEVA POESIA

la inspiración de la elegía (Solón, Mimnermo, Teognis, Jenófanes)

y se perfecciona la lírica coral (Alemán, Estesícoro);

3) Un tercer período (siglo v, que será tratado, por ello, en

la segunda parte), de los grandes líricos corales (Simónides, Píndaro,

Baquílides).

De estos poetas los nueve más importantes fueron incluidos

por los filólogos alejandrinos en un “canon” : Alemán, Estesícoro,

íbico, Simónides, Baquílides, Píndaro (corales); Alceo, Safo, Anacreonte

(monódicos); más tarde se agregó Corina (quizás en el

siglo i a. de C. ).

MOTIVOS ¥ FORMAS DE LA POESIA LÍRICA

Dentro de tales clasificaciones existe una gran variedad de

formas, diversas por su origen, por su destino e incluso generalmente

por su inspiración, de las que catalogamos las principales:

a) Cantos de origen religioso ligados al culto; en general

himnos:

1) El peán, en honor de Apolo, ejecutado por un coro de hombres

con acompañamiento de cítara o flauta, o incluso solo instrumental,

ya atestiguado en Homero. Toma su nombre del estribillo

Εή itottáv, originariamente epíteto ambivalente del dios en

cuanto “hiere” y “cura”. Al culto apolíneo pertenecen también

el prosodio (canto procesional), el hiporquema (o canción con

baile, con predominio de la danza) y el nomos ( “ley, norma”, frase

musical en la mayoría de los casos de origen sagrado referente

al patrimonio de la tradición) en sus numerosísimas formas, que,

en cuanto a la ejecución, era citaródico, aulódico o solamente instrumental.

Asimismo pertenece al culto de Apolo, asociado al de su

hermana Artemis, el partenio, ejecutado por un coro de doncellas.

2) A Dioniso le estaba consagrado el ditirambo (διθύραμβος,

por primera vez en Arquiloco, fragmento 77, nombre aún no aclarado,

formado como quiera que sea con un típico sufijo seguramente

no griego y que era también en su origen nn epíteto del

dios), ejecutado por un coro cíclico de cincuenta coréiitas con

acompañamiento dé flauta y una danza muy agitada. Puede entreverse

cómo era el arcaico ditirambo por el famoso Canto de las

mujeres de Mida (en la costa jonia del Peloponeso, casi frente

a Zacinto), referido por Plutarco ( = Carm.pop.,46 D ) en el que

es invocado así el dios:

Ven, héroe (señor) Dioniso,

al marino templo

sagrado, junto con ías Gracias,


ORÍGENES DE LA LÍRICA : 103

al templo, con bovino

pie penetrando,

espléndido toro, espléndido toro.

A la esfera religiosa pertenecen también:

3) El “trenos” (θρήνος; cfr. θρέομ«ι, “gritar, lamentarse” ) o

canto fúnebre, también atestiguado en Homero, en el llanto de

las mujeres troyanas ante el cadáver de Héctor.

4) Los cantos nupciales: himeneo (del término 5μήν, relacionado

con ϋμνος, que constituía su estribillo, atestiguado en

Safo, si bien del canto ya hace mención Homero) y epitalamio,

ejecutado el primero en la ceremonia nupcial y el segundo en la

“deductio” de la esposa a la casa del esposo por coros de jóvenes

de ambos sexos.

b) Cantos en alabanza de hombres: generalmente “encomios”,

y particularmente el epinicio con el que se celebraba la victoria

de un atleta en alguno de los grandes certámenes gimnásticos.

o ) Cantos de guerra, como por ejemplo los έμβατήρια (cantos

de marcha) atestiguados sobre todo en ambiente dórico.

d) Cantos sociales: escolios (σχόλια: quizá relacionado con

σχ,ολ«5ς, “tortuoso”, por la forma irregular con la que, al pasarse

entre sí un ramo de mirto, designaban cada vez los participantes

al cantor) o cantos convivales, difundidos en ambientes aristocráticos.

e) Cantos de amor, en formas variadas, según la inspiración

personal, naturalmente monódicos.

f) Cantos varios: de trabajo (por pastores, segadores, etc.),

de cuna, de juegos, de enigmas, de estación (canciones de la

golondrina que trae la primavera), canciones relacionadas con

costumbres ( como la “iresion”, cantada por niños que iban pidiendo

de puerta en puerta) o con supersticiones populares (conjuros),

etcétera.

ORIGENES DE LA LIRICA: LA LÍRICA PRELITERARIA

De estas formas líricas, solamente algunas alcanzaron una

elaboración literaria, por obra de grandes poetas; la mayor parte,

cultivadas por poetas anónimos, permaneció en el dominio popular.

Resulta interesante observar que el canto “popular” del que

en su antigüedad tenemos sólo escasos fragmentos, ha quedado

característico del pueblo griego incluso a través del medievo y

aún en tiempos muy recientes, dando lugar a una vasta producción

de valor poético a veces muy elevado, aunque sus autores

hayan quedado en el anonimato, en cantos de amor, cantos


104 ÉPOCA JÓNICA. LA NUEVA POESIA

fúnebres, guerreros y religiosos. Revelados a la cultura europea

(Goethe) por la primera recopilación que hizo de ellos en 1824

el literato francés Claude Fauriel, contribuyeron valiosamente a

crear el mito, típicamente romántico, de la poesía “popular”.

El hecho de que algunas de estas formas líricas, como se ha

observado, sean recordadas ya explícitamente en Homero, testimonia

su antigüedad. Es todo un patrimonio de cantos que forma

parte de los más remotos recuerdos del pueblo griego, el que

gustó personificar en figuras míticas a los “inventores” de las diversas

formas de música y poesía, en la mayoría de los casos de

carácter religioso y sagrado. Sea como sea, estas tradiciones valen

para indicar, a través de su distribución geográfica, la contribución

aportada por los diversos pueblos griegos y los diversos centros

de culto:

a) “Corriente tracia” : Orfeo, hijo de Apolo y de Calíope, que

aparece unánimemente como el más antiguo “vate" de la tradición

genuinamente helénica (indoeuropea);

b) Lino, considerado tradicionalmente como maestro (o también

discípulo) de Orfeo, que representa la tradición prehelénica

indígena;

c) Tamiris, también tracio, que parece haber estado al principio

en conflicto con las Musas y, vencido por ellas, cegado en

Delfos. Por ello fue absorbido por la tradición apolínea, representada

en Delfos por Crisótemis (originariamente cretense) y

F üatnón;

d) Con el culto de Apolo Delio se relaciona particularmente

el recuerdo del licio Olenos, de Yagnis, considerado el inventor

de la aulética, y de su hijo Marsias, asociado a sátiros ÿ silenos, de

quien la leyenda refería que, vencido por Apolo en el canto, había

sido desollado por el dios. También al Asia Menor pertenece el

misio o licio Olimpo, autor de numerosas innovaciones musicales;

e) Al culto eleusino de Deméter se adscribe, por su parte, la

tradición de Museo y de Eumolpo, cuyos nombres indican ya claramente

sus relaciones con la poesía y la música, en su condición

de sacerdotes y fundadores o cantores de la agricultura,

LA MÜSICA

La música griega, de la que restan tan sólo escasísimos fragmentos

en inscripciones y papiros, difería de la moderna:

1) Por la gran variedad de escalas (m odos), a las que los

teóricos atribuyeron efectos psicagógicos y éticos;

2) Por los intervalos en las escalas, que alcanzaban hasta

un cuarto de tono;


L A MÚSICA 105

3) Por el carácter predominantemente melódico, es decir, de

acompañamiento para el canto.

En la notación musical se empleaban signos alfabéticos, que

eran escritos sobre las sílabas del texto. Tenemos ejemplos de

doble notación, instrumental y vocal; también el ritmo era indicado

con símbolos gráficos propios.

. Para la ejecución de la música disponían los griegos de numerosos

instrumentos, provenientes en gran parte de las civilizaciones

orientales y mediterráneas con las que estuvieron en contacto,

como incluso lo evidencian sus muchas denominaciones no

helénicas:

1) De cuerda: barbitón, fórminx, cítara, lira, etc,, que diferían

por la forma así como por el número, disposición y longitud

de las cuerdas;

2) De viento: el más conocido la flauta (αΰλός: traducido

comúnmente por “flauta”, pero que equivale más bien por su

tonalidad al clarinete o al oboe) en diversos tipos, y también

la fístula, sálpinx (trompa), etcétera;

3) De percusión: crótalos, címbalos, tímpanos y sistro, usados

en la mayoría de los casos en ritos orgiásticos de origen

oriental.

La producción lírica, a pesar de la altura y fama de los poetas,

quedó sumergida en un naufragio casi total. Sin las citas

(fragmentos) de gramáticos, métricos, etc., y sin los papiros, no

tendríamos más que los epinicios de Píndaro y la “syliogé” de

Teognis. Nuestro juicio, por consiguiente, al estar condicionado

a tal real situación, resulta necesariamente incompleto y con

lagunas, premisa que ha de recordarse siempre a propósito de

estos poetas. Las razones de su pérdida pueden relacionarse con

el hecho de que la lírica fue muy pronto eclipsada, en el gusto

del público ateniense del siglo v, por las formas de la poesía

dramática, hacia la cual de manera especial, siempre con Homero,

se dirige después la atención de la filología y la crítica; resultó

así que, al no ser ejecutada en la época helenística por su estrecha

unión, además, con la música, y al omitirse esta última por ser

un engorro y complicación en las ediciones filológicas alejandrinas,

la desaparición de la música favoreció, a su vez, la pérdida

de los textos poéticos.


CAPITULO SEXTO

EL PRIMER PERIODO DE LA LÍRICA

LA ELEGIA

El dístico elegiaco (τ6 έλεγεΐον, por primera vez en Critias,

frag.4,3; Platón consigna xá έλεγεΐα para indicar el poema que

más tarde será llamado ή ελεγεία) es la más antigua y simple

estrofa lírica, formada por un hexámetro épico seguido de un

llamado pentámetro (en realidad dos “hemiepos” masculinos divididos

por la cesura). Deriva directamente del epos, incluso por

la lengua que fundamentalmente es la homérica, si bien más evidentemente

jónica (de Asia Menor). En el siglo v se intentó

alguna innovación formal, como la de hacer preceder el pentámetro

al hexámetro o el empleo también en serie del pentámetro

solo.

En la tradición antigua la elegía aparece de carácter originariamente

fúnebre acompañada por la flauta. En este primitivo

empleo se inspiran algunas caprichosas etimologías del nombre,

que más bien ha de relacionarse con el latino "elogium”. De tal

elegía funeraria no quedan sino escasísimos vestigios, pero la elegía

guerrera, la más antiguamente atestiguada, implicaba ya una

celebración del guerrero caído en la lucha. Más tarde se amplía

la inspiración de la elegía y llega a ser amorosa, convival, política

y filosófica. Comprende, pues, bajo la aparente unidad de la

forma, los variados motivos de la más antigua poesía personal y

subjetiva, incluso la agresividad y polémica de carácter personal,

que prefirió sin embargo el yambo.

A la elegía, en cuanto a metro y lengua, está estrechamente

unido el epigrama, que llegará a ser literario con Simónides y

que será una de las formas más difundidas y vitales de la poesía

griega, especialmente en la época helenística y al final de la época

clásica,


TIRTEO 107

CALINO

Calino (Καλλΐνος) de Éfeso, contemporáneo de Arquiloco y

quizá poco mayor que él, contempló las invasiones de pueblos

nórdicos (cimerios, tracios) que descendieron hacia el año 675

para asolar las ciudades del Asia Menor y su propia patria; la

capital de Lidia, Sardes, fue tomada en el año 637, De los cuatro

fragmentos 27 que nos han llegado de él, el único de una cierta

extensión (veintiún versos) es aquel en que exhorta a los jóvenes

a combatir valientemente por la patria, por los hijos y las mujeres,

La muerte vendrá cuando lo hayan fijad» las Moiras y alcanzará

también al hombre cobarde aunque se crea estar a seguro;

pero éste será despreciado por el pueblo y morirá sin lamentaciones,

mientras el valeroso, caído por la patria, será llorado y

honrado como un semidiós porque “él solo hace cosas propias de

muchos juntos”. En el estilo y lenguaje homérico, es decir, en la

tradición del heroísmo guerrero, el poeta logra una energía difícil

y sin retórica con acentos ya personales.

TffiTEQ

Tirteo (Τυρταίος), nacido en Mileto o más probablemente en

Esparta, vivió en la época de la segunda guerra de Mesenia (en la

mitad del siglo v n ), originada por una sublevación general de los

mesemos, no enteramente subyugados antes del final del siglo vm

(primera guerra de Mesenia), que puso en grave peligro la existencia

de Esparta. Es leyenda, famosa por otra parte, la noticia

ya referida por Platón de que los espartanos, llegados a una extrema

situación, buscaron la ayuda de los atenienses, quienes les

habrían enviado a su Tirteo (que en tal caso sería el primer poeta

ático; sólo en Pausanias aparece como maestro de escuela y cojo),

quien con su poesía habría fortalecido el ánimo de los combatientes

conduciéndolos a la victoria.

La leyenda sobre el origen jonio o ático de Tirteo es un evidente

intento de explicar la presencia de la elegía, jónica por la

lengua y estilo, en la Esparta del siglo vn, en la que, sin embargo,

era ya conocido Homero y mucho más amplias las relaciones cul­

27 Los fragmentos de los poetas líricos (excepto los eóllcos) son citados

según DiehI, Anthología lyrica, ed.2-3; indicamos con “ B” los fragmentos conforme

a la edición de Bergk, Lo mismo hacemos con los mélicos (corales),

los cantos convivales y populares, y los fragmentos anónimos, paTa los cuales,

sin embargo, se ha de tener presente la colocción más actualizada de Page,

Poetae melici Graeci, Oxford,1962.


108 ÉPOCA JÓNICA. EL PRIMER PERIODO DE LA LÍRICA

turales que en la época histórica, en que Esparta se mantendrá

casi aislada del resto del mundo griego. Por el contrario se manifiesta

entonces Esparta como un notable centro de cultura, aunque

sea importada, con sólo pensar en Terpandro, Taletas, Alemán

y el lirismo coral que ya con él aparece en lengua dórica; el propio

Tirteo testimonia precisamente las relaciones con la elegía jónica,

tras la que estaba también la tradición homérica, heroica y guerrera,

que no podía sino agradar a Esparta,

Como quiera que sea, la poesía de Tirteo es concretamente

la celebración del "cosmos” aristocrático y guerrero de Esparta,

para cuya comprensión es más bien uno de los documentos más

expresivos. Los temas fundamentales son los que inspiraron ya

a Calino: la gloria del valeroso combatiente, ya caído, y entonces

llorado y venerado por todos, ya vivo, honrado asimismo por

todos; la vergüenza del cobarde, que se deshonra a sí mismo y

a su linaje y se ve obligado a andar desterrado y necesitado de

gente extranjera, con la mujer y los hijos, señalado despreciativamente

por todos. Éste es el tema predominante en el grupo

central de fragmentos (6-7,8: los dos primeros muy probablemente

partes de un poema único), que mejor revelan la personalidad

del poeta, y en ellos, frente al grave peligro inminente, en la típica

atmósfera espartana, tales motivos adquieren una evidencia actual

por efecto del arte del poeta. No es sola una parénesis, de por

sí nobilísima, sino imágenes vividas y reales, eficaces en su crudeza

sobre todo razonamiento ( frag.6-7,v.l9-27 ) :

Y a los ancianos, cuyas rodillas ya no son ágiles

(oh jóvenes), no huyáis abandonándolos caídos, a los viejos;

en verdad es una vergüenza que, caído en las primeras filas,

yazca delante de los jóvenes un hombre anciano,

de cabeza ya blanca y canosa la barba,

exhalando su fuerte corazón en el polvo

mientras aprieta con las manos sus partes genitales ensangrentadas

—cosa vergonzosa a los ojos y repugnante a la vista—

y desnudo eí cuerpo.

El gesto del combatiente anciano, que ha sobrepasado a los

jóvenes en el ímpetu combativo y cae delante de ellos, apretando

con sus manos moribundas la fuente misma de la vida que se le

escapa, es cosa de gran fuerza, tomada de la visión directa y

fijada en la poesía. El aspecto moral, la vergüenza para los jóvenes,

es resultado no de una consideración o exhortación, sino del

mudo reproche de este anciano cuerpo destrozado, y del contraste

con el cadáver del joven caído, cuyo aspecto de muerto aparece

menos desagradable. El fragmento 8 es una variación del mismo

tema, pero sin tal momento poético feliz y con algunas repeti-


E L

YAMBO

ciones, además, textuales. Más ágil y más variado, con . cierta

ostentación de erudición mitológica al comienzo, pero sin. dudá

menos logrado es el fragmento 9 (de cuarenta y cuatro versos, el

más largo que ha llegado a nosotros), que sin razón ha parecido

no auténtico precisamente por su evidente intento de renovar el

tema obligado de la exaltación de la “aretá” dórica. Parece como

si a los espartanos Ies hubiera sido bastante necesaria esta incitación

al valor, propia de Tirteo, pues la frecuencia en hablar de

la huida, mentira y cobardía hace pensar que, al menos en algún

evento bélico que dio motivo a su poema más sentido, no fuera

justamente ejemplar el comportamiento de los jóvenes guerreros.

Otros fragmentos (2,3 a-b), citados como partes integrantes

de una Eunomía, son alabanzas de carácter oficial a los reyes

espartanos, como buenos gobernantes inspirados por Apolo y la

constitución. Un largo fragmento mutilado (63 versos), el único

proveniente de un papiro egipcio, inspirado en la escena homérica

de la “Revista desde las murallas” ( ΙΙίαάα,ΪΙΙ), tiene un

carácter más evidentemente lacónico, incluso en la lengua.

En los límites más bien cerrados y estrechos de su mundo e

inspiración Tirteo consigue a veces elevarse a la poesía, y no es

pequeño su mérito. No obstante, el aspecto más válido de su

obra para los propios griegos fue el tema de su valor social que

se mantuvo activo y eficaz en el mundo griego, aunque referido

a motivos de conveniencia práctica y de orgullo patriótico, pero

con una elevada conciencia moral y cívica; también aparece Incluso

como modelo en tiempos modernos cuando volvió a inspirar

a los poetas el amor a la libertad y a la patria, como a Korner,

Petofi, Mameli o Solomos.

EL YAMBO

Yambo (ίαμβος, otro nombre no griego, testimoniado por vez

primera en Arquíloco, frag.20) es el metro de una forma de poesía

que aparece difundida en Jonia asiática e insular, denominado

más comúnmente “trímetro yámbico” porque, formado de

tres “metros”, es decir, de tres pares de yambos, es la transposición

en cuanto al esquema (no en el ritmo) del hexámetro épico.

Aparece usado por primera vez en serie por Arquíloco, pero el

verso es anterior a él, puesto que fue ya intercalado irregularmente

en el Margites “homérico” que Arquíloco conoció (frag.

103) y aparece, cerrando dos hexámetros, en el epigrama grabado

en la “copa de Néstor” (hacia 750 a. d eC .), encontrada en Pitecusa.

Originalmente cantado, se ..redujo la música después a un

simple apoyo del recitado por medio de la “iambyké”, una especie

de arpa. En su forma catalectica, es decir, falto de la última


110 ÉPOCA JÓNICA. EL PRIMER PERÍODO DE LA LÍRICA

sílaba, fue usado por el propio Arquíloco como segundo verso de

un epodo y por Alemán en serie.

Este metro, al que los antiguos reconocían un carácter discursivo,

tuvo una inmensa fortuna, pues fue el verso de la tragedia,

del drama satírico y de la comedia; en la época helenística

tuvo una notable continuación o incluso en la época bizantina,

durante la cual se transformó en dodecasílabo (acentuado, rítmico

), el que será uno de los versos más difundidos. En su forma

más pura (yambos solos sin sustitución por otros píes) se encuentra

precisamente en los yambógrafos, y especialmente en Seinónidos,

en los épodos de Arquíloco y algo menos en los yambos

de éste. Después se va haciendo cada vez más libre, gradualmente,

al pasar a la tragedia y al drama satírico, hasta la libertad

casi ilimitada de la comedia.

Una forma del trímetro atribuida a Hiponacte, pero anterior

a él, es el “escazonte” o “coliambo” (yambo cojo) llamado así

por la modificación del último pie (espondeo en vez de yambo)

que reformaba bruscamente el ritmo en la parte en donde era

más sentido. Cuando también el quinto pie es espondeo la fractura

rítmica resulta más violenta, por lo que el verso es llamado

“isquiorrógico” (con fractura en la pelvis, en las caderas). Asimismo

el escazonte tuvo su fortuna en la época helenística (Herondas,

Calimaco, Fénix) y fue de nuevo modificado por el fabulista

Babrio (siglo π d. d eC ,),

La inspiración del yambo era tradicionalmente agresiva, impetuosa,

polémica, conforme a la ίαμβιχή ιδέα (carácter yámbico)

que ya Aristóteles le reconocía a propósito de la comedia, pero

también burlona y jocosa. Por ello surgieron leyendas para su

explicación, como las de Arquíloco e Hiponacte, o la más antigua

sobre el origen mismo del metro que, relacionado con el αζώμ.μ,α

(befa, escarnio) propio de la religiosidad de Deméter, habría

tomado su nombre de una criada Yambé que logró hacer sonreír,

con sus bromas, a la diosa dolorida en su búsqueda de la hija

raptada por Plutón ( Himno a Deméter, 195 y sigs.).

La lengua de los yambógrafos es el dialecto jónico de las islas,

que en el fondo es siempre la tradición de la lengua épica, pero

más alejada en variado grado, según el lugar de origen de los

poetas y los argumentos tratados.

ARQUÍLOCO

Arquíloco (’Αρχίλοχος) nació en Paros, pequeña isla de las

Cicladas famosa después por su mármol, de Telesicles, cuyo homónimo

antepasado había dirigido una colonia en la isla de Tasos,

frente a la costa tracia, y de una esclava de nombre Enipo. La


ARQUILOCO 111

cronología parece asegurada por la mención (frag.74) de tin eclipse

casi total de sol, que es probable que sea el del 6 de abril del

año 648 o mejor el 647, y no el del 14 de marzo de 711, como

sostienen otros, confirmada por la alusión al rey Giges de Lidia,

muerto en el año 652 (frag.22). Soldado, mercenario, sus peregrinaciones

lo llevaron, además de Tasos, a Naxos, Eubea y quizás

incluso a la Magna Grecia. La mujer más importante de su

vida fue Neóbula, hija menor de Licambcs, quien, después de

habérsela prometido como esposa, renegó del solemne juramento,

y de ello surgió la leyenda tardía de que Licambcs se dio muerte

tras las sangrientas injurias del vengativo poeta. Arquiloco tuvo

una hermana, cuyo marido pereció en un naufragio. Según una

tradición, habría sido muerto por un cierto Calondas en un combate

en Naxos.

Su poesía presenta una variedad grande y en parte novedosa

de metros. Escribió elegías, epigramas, yambos, tetrámetros trocaicos,

ápodos de varios tipos, asinartetos (“desconectados”, es

decir, versos compuestos de miembros de ritmo fundamentalmente

diverso, como dáctilos, troqueos y yambos), enoplios, y quizá

también alcmanios y "reizianos”. Quedan de él unos ciento cuarenta

fragmentos de variada extensión, además de citas de palabras

aisladas, enriquecidos recientemente (1954) por restos papiráceos

(yambos, tetrámetros trocaicos, un épodo), entre ellos uno

amplio en trímetros (cuarenta y ocho versos), pero desdichadamente

con lagunas, y varios otros menores; ya en 1899 un papiro

nos había dado un épodo de atribución discutida. Carecemos de

noticias precisas de una edición alejandrina, pero es seguro que

la habría, pues es recordado explícitamente un comentario de

Aristarco y conocido, además, un tratado de Apolonio de Rodas

Sobre Arquiloco y un comentario de Aristófanes de Bizancio sobre

la famosa “skytále”.

Entre las recuperaciones recientes más importantes 28 ha de

recordarse en primer lugar FOx.XXII ( 1954) ,η'·'2.310 del siglo h

d. de C., que nos ha conservado seis fragmentos. Cinco de ellos

no tienen más que unas pocas letras de una sesentena de versos,

pero el primero (frag.l, columna I ■= frags.35-36, Lasserre), contiene

el texto más largo de Arquiloco conocido hasta ahora, con

cuarenta y dos trímetros, los trece primeros bastante bien conservados

y el resto incompleto en diverso grado al comienzo de los

trímetros. El texto, sumamente interesante, ha suscitado numerosos

y graves problemas, sobre los que no se ha lógrado un

absoluto acuerdo. Los fundamentales son: a) ¿cuántos poemas

28 Es notable, por la antigüedad del papiro (mitad del siglo m a. de C.,

en época, por ello, prefilológiea), el fragmento 56-A ( Tap. Mus. Brit,, 2652 A ),

de atribución conjetural pero muy probable.


112 ÉPOCA JÓNICA. EL PRIMER PERIODO DE LA LÍRICA

contiene?; b ) ¿el “myrmex” de la línea 16 es el insecto (hormiga)

o un Mijrnwx (nombre de persona, aunque raramente atestiguad

o)? La hipótesis más probable es que el texto contenga dos

poemas 28: el primero, mutilado al comienzo, comprende las líneas

7-39; el segundo, con título del que da la última letra en la línea 40,

abarca solamente los ocho versos iniciales (líneas 41-48). En

cuanto al “myrmex” de la línea 16, aunque prevalece la tendencia

a considerarlo como un nombre propio, es más probable que sea

el insecto; y el “logos”, para el que se ha pensado en un oráculo

délfico es quizá, más bien, la referencia a una fábula esópica

(nç176, Haus.) cuyo contenido podría adaptarse a las líneas 14-

15 (transcriptas más adelante). Queda la duda, junto a otras muchas,

de quién sea la mujer a la que se dirige el poeta en el

comienzo. Fragmentos de trímetros, pero de pocas letras por

verso, contienen también POx.2.311 (siglo u d. d eC .) y 2,312

( siglos π-m d. de C. ), cuya pertenencia está asegurada por el

fragmento 1 (a ),1-4 = Arquíloco fragmento 74,6-9D; y el 2.314

(siglo ni d. d e C .), de atribución muy probable. Contenía ápodos

el n°2.315 (siglo ii d. d e C .), con míseros restos (frag.173,

Lasserre) del famoso poema, primero de la recopilación, de la

zorra y el águila, así como el n°2.316 (siglo m d. deC .) del mismo

épodo (frag.170, Lasserre). Fragmentos de elegías tiene POx.

XXIII( 1966),n°2,356, siglo u d. de C. (restos con muchas lagunas

de veintiséis versos: [a] líneas 10-ll;cfr.frag.l0,l-2D ).

Es digno de observar, en fin, la formación en Paros de una

leyenda local sobre Arquíloco, a quien honraban con culto sus

conciudadanos al final del siglo v, atestiguada también en dos

grandes inscripciones. La primera, de la que han sido encontrados

recientemente extensos fragmentos, proviene de un “heróon”

en honor del poeta, hecho construir en Paros por un Mnesiepes

alrededor del año 250 a, de C. Comienza dicha inscripción con

una amplia biografía de Arquíloco, de carácter legendario, a

pesar de que Mnesiepes dice remitirse a tradiciones antiguas e

investigaciones personales, y contenía además numerosos poemas

del poeta, de los que quedan pocos fragmentos (81,87, Lasserre).

Se observa, tanto en la biografía como en la institución del culto,

la gran importancia atribuida al sacerdocio de Apolo délfico. En

el mismo "heróon” de Arquíloco, hacia fines del siglo i a, de C. el

gimnasiarca Sostenes (de la familia de Mnesiepes, que entonces

tenía como cargo hereditario el culto ) hizo grabar otra inscripción,

sacada, como él mismo indica, de otra que el historiador local

Demeas (siglo ni a. d eC .), había colocado en el mismo lugar y

que contenía un encomio del poeta (Í.G.,XII,5,n°455 = FGrHist.,

502) con los motivos ya tradicionales de esta especie de aretalo-

29 Alguno piensa en tres y hasta cuatro composiciones.


ARQUILOCO 113:.

gía profana (piedad hacia los dioses, amor a la patria, etc.)/. Esta: λ

inscripción citaba asimismo numerosos tetrámetros de Arquíloco

(frag.51 D = 98-102, Lasserre).

Arquíloco mismo se nos presenta como un hombre de armas

y poeta (frag.l):

Soy un servidor del señor Enialio

y conozco el amable don de las Musas,

con una conciencia nueva, a pesar de la prioridad, convencional

dada a la guerra. Y es que la guerra incluso en él es una cosa

nueva, más bien la aventura y la necesidad, y no el deber. Esto

le permite revelarnos hasta aspectos burlescos de la misma: la

jactancia de mil héroes de haber matado. . . siete personas (frag.

61); el capitán gordo y engreído en su apostura, bien rasurado

y orgulloso de su rizada cabellera, pero evidentemente no “lleno

de coraje” (frag.60); la vanidad de la gloria tras la muerte (frag.

64). Esta actitud desprejuiciada se manifiesta sobre todo en el

famoso fragmento 6:

Alguno de los sayos se ufana con mi escudo, que junto a un matorral

— instrumento excelente— abandoné mal de mi grado.

Peto salvé la vida; ¿qué me importa aquel escudo?

Váyase enhoramala, que ya me procuraré de nuevo otro no inferior.

Hay aquí ostentación de indiferencia más que jactancia de

cobardía, pues “aquel” escudo, que se ha visto obligado a abandonar,

permanece no obstante en su corazón. Y puesto que el

problema no es en sí la pérdida material del mismo, aunque fuera

hermoso y preciado, es claro que se trata de la valoración del

hecho según la tradicional ética guerrera. Otro escudo, obviamente,

le servirá para continuar luchando: ésta es la conclusión,

a menudo no muy tenida en cuenta. Así pues, es evidente la

conciencia de haber realizado una acción innoble que habrá que

redimir, pero sería esto imposible si hubiera perdido también la

vida. No obstante, la altiva naturaleza de su carácter lo lleva más

bien a forzar el tono de la indiferencia hacia el escudo y la satisfacción

por la vida salvada, colocándose en abierto y deseado

contraste con la opinión corriente, a la que desafía con una valentía

enteramente nueva y personal. No será ya así, ni siquiera

en Alceo (frag.428), y menos en Anacreonte (frag.SI) y Horacio

(C am .,1,7,10), en los que se trata solamente del “topos” literario.

Este carácter jactancioso y desbordante aparece también en

sus relaciones humanas y sociales. No hace falta más que j i o con-


114 EPOCA JONICA. EL PRIMER PERIODO DE LA LÍRICA

genie con una persona y en seguida cae en sus burlas, como el

poderoso “parvenu” Leófilo (el Amigo del pueblo) en el frag.70:

Ahora Leófilo manda, Leófilo se las echa de amo,

Leófilo tiene todo en sus manos y Leófiio va de boca en boca.

Siente satisfacción en pleitear (frag.69):

Contender contigo, como beber cuando tengo sed,

tal es mi deseo;

y es peor aún para quien lo provoca (frag.88-a) : “ ¡has agarrado

del ala a una cigarra!” Para quien le hace mal no tiene piedad

alguna (frag.66):

Una soía cosa sé, peto la más importante:

al que me maltrata responderle con terribles males;

de lo que se hace eco también un reciente fragmento (POx.2.310,

frag.l, columna 1,14-15) :

Cierto, yo sé amar a quien me ama;

pero al enemigo sé odiar e injuriar.

Este es un criterio antiguo y común en Grecia, proclamado

aquí como norma de vida, el mismo que inspira la feroz invectiva

contra un amigo que lo ha traicionado, en un épodo de atribución

discutida; pero que a ningún otro parece convenir más que a él

(frág.79 A, con falta del verso inicial):

arrojado por las olas;

y desnudo en Salmideso benignamente en verdad

los tracios de altas melenas

!o acojan — donde colmará la medida de maíes

comiendo pan de esclavos—

aterido de frío; y salido de la salobre espuma

vomite muchas algas

y bata los dientes, como un perro boca abajo

echado; por extenuación,

sobre la última playa, azotado por las olas.

Así desearía ver

a quien me agravió y menospreció 3os juramentos,

aquel que antes era mi amigo,

donde cae sobre la despiadada ferocidad de las imprecaciones

como un velo de tristeza por la amistad traicionada.


ARQUÍLOCO 115

También el amor es sentido con la misma fuerza (frag. 118) :

Pero me domina un deseo, amigo mío, que disuelve mis miembros,

con un tormento físico (frag.104) :

Infeliz de mí, estoy postrado de amor,

sin vida, coa graves dolores por voluntad de los dioses

traspasados los huesos,

que lo trastorna y lo enajena (frag.112) :

Tal ansia de amor envolviéndose bajo el corazón

extendió densa niebla sobre mis ojos,

robándome del pecho mis tiernas entrañas;

pero sabe también inspirarle un suave y delicado sueño de felicidad

(frag-71):

¡Ojalá me fuera dado tocar la mano de Neóbula!;

y el admirable cuadro de una sencilla belleza de doncella no falta

de coquetería (sea de Neóbula o de otra: frag,25) :

Estaba llena de alegría llevando el ramo de mirto

y la bella flor deí rosal. .,

. . . y su cabellera

sombreaba sus hombros y su espalda,

Pero también hay en él el dolor valerosamente sufrido, en

probado conocimiento de la condición humana (frag.67-a) :

Corazón, corazón trastornado por ansiedades sin solución,

cobra valor y defiéndete de los adversarios ofreciendo de frente

el pecho e hirguiéndote junto a las emboscadas de los enemigos

con firmeza, si vences no te glories de ello públicamente,

y si eres vencido no te dejes abatir para sufrir en casa.

Regocíjate en las alegrías y por las desventuras aflígete

no excesivamente: ten presente las alternativas que rigen a ios hombres;

y el ideal de una vida modesta, lejos de la riqueza y el poder, como

podía ser el del zapatero Carón (cfr. Horacio, Êpodo II), a quien

se lo atribuye el poeta cómicamente (frag.22) :

N o me interesan las riquezas de Giges pleno de oro,

ni me domina nunca la envidia, ni soy celoso

L·'


lie

ÉPOCA JONICA. EL PRIMER PERÍODO DE LA LÍRICA

de las acciones de los dioses y no codicio la gran titania:

estas cosas están lejos de mis ojos.

Pero donde Arquiloco manifiesta su vena lírica más original

es quizás en el libro de los Ëpodos (doce, probablemente) recientemente

reconstruido por la crítica aunque con inevitable inseguridad,

en el cual el tono parece hacerse más diferenciado, mezclándose

a una ironía sutil con el empleo de la fábula zoológica

con fines de “moralidad” (dentro de la tradición hesiódica), y con

un arte más maduro. Precisamente el Épodo l comenzaba con la

famosa invectiva contra Licambes, padre de Neóbula (frag.88):

¡Padre Licambes! ¿qué es lo que has decidido?

¿Quién te ha trastornado el juicio

en que antes estabas sano? Hete aquí que ahora

apareces a los ciudadanos en pleno ridículo,

a quien echa en cara solemnemente la violación de la promesa

(frag.95) :

Quebrantaste gran juramento,

la sal y la mesa,

después de haberle recordado, como ejemplo y amenaza, la fábula

de la zorra y el águila (que ocupaba la parte central del épodo,

frag.92) :

Una fábula difundida entre los hombres es la siguiente:

cómo una vez la zorra y el águila una amistosa sociedad

estipularon;

en la cual el águila (Licambes) roba los cachorros de la zorra

(Arquiloco) y se refugia en su nido serrano, donde los devora

sin dar parte a sus crías ( dos, como se puede ahora ver en el POx.

2.315-16), dirigiendo a la desgraciada zorra palabras de desprecio.

Ésta recurre a Zeus, y he aquí que llega la venganza: entre

las carnes asadas, robadas un día por el águila de un altar, lleva

oculto un tizón que incendia su n ido80; los aguiluchos, incapaces

aún de volar, caen al suelo, donde la zorra, a su vez, los devora

bajo los ojos de la madre. En el Ëpodo TV la fábula del león

viejo y de la zorra era utilizada para poner en ridículo los artificios

con los que Neóbula, ya vieja y corrompida, trataba de

80 Según otra interpretación, psicológicamente preferible, es la zorra la

que se venga deliberadamente con su propia astucia, construyendo una pira

y pegando así fuego al nido.


ARQUÍLOCO

iit

seducir a sus amantes. Semejante era también el argumento del

Epodo VIII, donde la fábula en cambio, más libre y poética,

acogía el nostálgico recuerdo del antiguo amor de la juventud.

En otro épodo, quizás el XII, Arquíloco amenazaba a un rival

suyo (¿en el amor de Neóbula?), introduciendo esta vez —no

sabemos con precisión con qué finalidad—■una famosa historia

mítica, la muerte del centauro Neso por parte de Heracles por

el amor de Deyanira. No faltaban, en fin, argumentos políticos,

también encubiertos con fábulas.

De Arquíloco se puede decir verdaderamente que descubrió

nuevos horizontes a la poesía con su personalidad original y poderosa,

cuya característica es la sinceridad absoluta que tanto escandalizaba

al aristocrático Critias (frag.44 D.-K.10) : “Si él, en efecto,

no hubiese difundido entre los griegos una tal fama de sí

mismo, no sabríamos que era hijo de la esclava Enipo, ni que

abandonó Paros en razón de su pobreza y necesidad para dirigirse

a Tasos, donde se hizo odioso a los ciudadanos, ni que habló

igualmente mal de amigos y enemigos. Además no sabríamos al

menos que fue adúltero, si no nos lo hubiera dicho él mismo, ni

que fue lascivo y violento y, lo más vergonzoso de todo, que

abandonó su escudo. No fue, por consiguiente, Arquíloco un

buen testimonio para sí mismo, al dejar de sí tal gloria y tal

fama”.

Espíritu grande y profundamente sensible, expresa todo un

mundo nuevo de pasiones, sentimientos y afectos: odio y amor,

ternura y escarnio, piedad y sarcasmo, nostalgia y cólera, pendencia

y tristeza. En su corazón sincero todo se funde en el fuego

de una inspiración ardiente que a menudo se hace poesía absoluta,

sin escorias ni residuos. Sólo conoce una medida, la dimensión

soberana y purificadora del arte, que fue su único consuelo. Este

espíritu, que se confiesa y se revela por entero y sin miramientos,

eleva todos sus sentimientos, incluso los menos nobles, a las

experiencias altísimas de la poesía. Un hombre, un corazón, "yo";

todo el mundo se refleja y se colora en él, en una representación

lúcida y cuidadosa donde la palabra tiene fuerzas· y valores

primordiales, porque es la cosa misma en su esencialidad. Secreto

de un arte admirable, raramente encontrado más tarde en la

poesía del mundo.

Clásico muy pronto a la par de Homero, ya Alceo, Safo y

Anacreonte lo imitaron, reconociéndole su originalidad. A él debemos

la primera historia de amor en la poesía, y motivos que permanecerán

famosos no sólo en el mundo clásico, como el del

escudo, sino también otros como la alegoría de la nave del estado,

presa de la furia de las olas (frag.56A). Hiponacte, Cratino

y Aristófanes siguen su senda; y luego Calimaco, Lucillo,

Catulo y Horacio, que en sus Epodos imitó sus temas y metros


118 ÉPOCA JÓNICA. EL PRIMER PERIODO DE LA LÍRICA

aunque no por cierto su espíritu, si bien la imagen que se viene

formando en ellos como modelo de la poesía agresiva y violenta

es ya una limitación de su personalidad mucho más compleja. Y

aunque no agradó al severo Heráclito (i'rag.42 D.-K.llJ) y al aristocrático

Critias, sus conciudadanos lo amaron y honraron constantemente,

de manera merecida, según la opinión unánime de la

posteridad.

SEMÓNIDES

Semónides (Σημωνίδης 31), llamado de Amorgos (Espóradas),

a donde emigró desde su patria Samos (isla a dos kilómetros de

distancia del cabo Micala sobre la costa caria), vivió a fines del

siglo vir. Compuso yambos y elegías en dos libros. De unos

treinta fragmentos que nos han llegado sólo dos permiten un

juicio crítico (el fragmento 1, de 24 versos, y el fragmento 7, de

118 versos, ambos en yambos; se atribuye también a Semónides

el fragmento elegiaco 29, de 13 versos ).

El fragmento 1 es una variación enteramente pesimista sobre

el tema de los destinos humanos diversamente tristes y dolorosos

y todos incomprensibles e imprevisibles, pues solamente Zeus sabe

a dónde dirige el fin de cada uno. Pero el nombre de Semónides

está ligado al fragmento 7, la llamada sátira contra la mujer, que

puede considerarse un poema casi completo. A través de eficaces

alegorías de animales (la cerda, la zorra, la perra, la asna, la

comadreja, la yegua, la mona; y también de la tierra y el mar)

se van caracterizando los varios tipos de mujer según los defectos

qúe, en là tradición popular, aparecen típicos de cada animal:

pereza, astucia, presunción, gula, rapacidad, coquetería, fatuidad.

Tan sólo salva a una (v.83-93) :

La nacida de la abeja. Quien tiene ésta es feliz;

a ella sola no la acompaña la maledicencia

y por obra suya florece y crece la vida.

Amada envejece junto a su amado esposo,

tras dar a luz hermosa e ilustre prole;

y llega a ser insigne entre las mujeres

todas y divina gracia la rodea;

no le agrada sentarse en reunión de mujeres

en que se tienen conversaciones lascivas.

81 Es frecuentemente confundido en las citas con Simónides (Σιμωνίδης)

de Ceos, homófono suyo {i¡ se hace i en la pronunciación hacia el año

200 d. de C. ), por lo que subsiste incluso inseguridad de atribución, entre

los dos, de algún fragmento.


LA ORGANIZACIÓN DE LA LÍRICA CORAL 119

Mujeres tales concede a los hombres

Zeus, las mejores y las más sensatas.

Pero hasta esta excepción sirve para volver, por contraposición,

al tema dominante (v.96,115):

Pues Zeus ha creado este mal por encima de todos, las mujeres.

El tema es antiguo en Grecia como ya lo atestigua Hesíodo,

con sa profundo recelo hacia la mujer, que culmina con la historia

de Pandora enviada por Zeus para ruina de los-hombres. Éste

es también el fondo del poema de Semónides, cuyo parangón

con la tierra, que interrumpe la serie animal, deriva evidentemente

de la historia hesiódica de la creación de Pandora, mientras que

la comparación con el mar es de observación directa por su condición

de isleño. Está presente, en fin, el motivo popular de la

tipología zoomórfica que era ya la base de la fábula de Hesíodo,

Arquiloco y Esopo, y el tono de sentencia o de proverbio, también

popular, mezclado con sabrosas y agudas notas de experiencia

personal y tradicional al propio tiempo, El tema retornará a menudo

en Grecia, especialmente en la fábula y la comedia, y no

será desconocido para los latinos (la Sátira 11,6, de Juvenal es

una especie de “summa” de la literatura antifemenina); y encontrará

eco hasta en un monje bizantino del siglo x, Juan Geómetra

("mar y fuego, y el tercer mal la mujer; pero yo digo que el primero

de los males es la mujer depravada; por el contrario nada

hay más hermoso en la vida que la mujer buena” ) y sobrevive

todavía en un cuento popular cretense.

Como se ve, Semónides es una figura modesta aunque no

falta de interés, limitada a pocas novedades, raramente originales.

Si se piensa que es poco posterior a Arquiloco y que vivió

en un ambiente poco más o menos igual, resulta evidente su muy

diferente talla.

LA ORGANIZACIÓN DE LA LIRICA CORAL

La organización de la poesía coral, en la Grecia arcaica, es

también obra del ambiente espartano, donde las manifestaciones

de la vida social, militar y civil, predominan netamente sobre las

expresiones de libre personalidad. En Esparta se concentran músicos

y poetas de diversa procedencia que establecen las primeras

normas para el canto coral, predominantemente religioso, en el

que el poeta es más bien el intérprete de una colectividad y no

la voz de una inspiración individual.

v_


120 ÉPOCA JÓNICA. EL PRIMER PERÍODO DE LA LÍRICA

TERPANDRO

Dejando de lado al casi desconocido Enmelo de Corinto, autor

de un prosodio a Apolo Delío, Terpandro (Τέρπανδρος: “el que

alegra a los hombres”, también éste un nombre alusivo) de Antísa,

en la isla de Lesbos, aparece como el más antiguo personaje

de esta historia poético-musical de Esparta arcaica, en donde

obtuvo la victoria en un agón musical, en honor de Apolo Carneio,

de la vigesimosexta Olimpíada {676-3 a. de C. ). La tradición

lo hace fundador de la “primera constitución” musical espartana,

sobre todo como autor de “nómoi” citaródicos y de preludios

en el tipo de los himnos de Homero, cuyos versos habría puesto en

música. De dos brevísimos fragmentos suyos, y no seguros, no

se puede deducir nada sobre el poeta, a no ser una solemne y

ajustada gravedad (los dos versos del fragmento 1 son todos espondeos),

adaptada al “cosmos” espartano y al culto religioso, que

debía ser también el carácter de su música. .

ALCMAN

Alemán ('Αλκμάν, forma dórica de ‘Αλκμαίων), un griego de

Sardes en Lidia, vivió en Esparta hacia la mitad del siglo vu, en

él período de paz y bienestar que siguió a la segunda guerra de

Mesénia. Eii esta época, por obra de músicos venidos de todo

el mundo griego, como Taletas de Gortina en Creta, Jenódamo de

Citera, Jenócrito de Locros Epizefirios, Polimnesto de Colofón,

Sacadas de Argos, se organiza la “segunda constitución” musical

en torno al culto de las divinidades locales y a la celebración de

las grandes festividades patrióticas. Entre ellas eran famosas las

“gimnopedias” ejecutadas por coros de hombres y de niños desnudos,

instituidas probablemente en el año 665 en honor de los

muertos en la guerra.

En este ambiente, con el que aparece completamente asimilado,

poétizó Alemán, componiendo sobre todo partenios, himnos

a los dioses locales (Dióscuros, Artemis Ortia) y panhelénicos

(Apolo, Herá, Afrodita, Atenea, Dioniso), y poemas de tema

heroico, además de himeneos, hipoquermas, etc. Los alejandré

nos ordenaron su obra en seis libros, según el contenido, dando

preferencia a sus cantos más famosos que eran concretamente los

partenios. De toda ella quedan tan sólo unos ciento ochenta

fragmentos dé variada extensión; el más largo es un partenio recuperado

por un papiro egipcio en 1855 y publicado en 1863, que

contiene 105 líneas de escritura éntre completas y mutiladas, es

decir, ocho de las diez estrofas de que constaba el poema.


ALOMAN 121

Existe la venganza de los dioses;

feliz aquel que tranquilo

teje la trama del día

sin llanto. Y o canto

la luz de Ágido. Veola

como el sol, que para nosotros

ella invoca

para que resplandezca. Pero ni que la alabe

ni que la censure en modo alguno me lo permite

la ilustre corega Hagesícoras, porque ella misma parece,

sobresalir tanto sobre todas, como si uno

en una cuadrilla pusiera un caballo

fuerte, vencedor en los concursos, de sonoros cascos,

veloz como sueños alados.

¡Oh! ¿no ves? Es como un caballo

enético; pero la cabellera

de mi compañera

Hagesícoras florece

como oro puro;

y aquel rostro argénteo

— ¿lo diré públicamente?—

Tal es Hagesícoras.

(frag. 1, v. 36-57)

Aquí está ya casi por completo Alemán, con sus imágenes

luminosas y límpidas, con su amor ■—se diría pindárico— por

el fulgor del oro, del sol, de la rubia cabellera de Hagesícoras,

con su delicado y simple encanto. Estas características aparecen

también en otro papiro muy reciente (POx.2.387;frag.3, Page),

que nos ha restituido la parte inicial y centro-final, aunque muy

incompletas, de otro partenio, con unos 35 versos de los probables

144 versos en dieciséis estancias de nueve versos cada una.

En éste se trasluce también una Astimeloisa que no responde a

la invitación de las compañeras del coro, así como una “blonda

cabellera” y las delicadas imágenes del gusto de Alemán: “cual

astro que transcurre el cielo luminoso, áureo vástago o delicada

(¿pluma?)”. Posee también, como el partenio mayor, un vivaz

movimiento dialogado32. Se comprende por qué este griego de

32 Este nuevo papiro es importante porque confirma sustancialmente

el esquema del papiro del Louvre (Introducción, Mito, Motivos líricos personales)

y porque permite precisar algunos temas de la introducción (la corifea

invoca a las Musas para que protejan la competición, en la que el coro mostrará

todo su empeño, y para que intervengan en la danza). Por otro lado, un

escolio revela la existencia de ediciones ' de Alemán en la época romana por

parte de Aristónico y de su hijo Ptolomeo. Recordemos, en fin, que el propio

rollo XXIV del POx. (1957) nos ha ofrecido otros veintidós fragmentos o pá-


122 ÉPOCA JÓNICA. EL PRIMER PERÍODO DE LA LÍRICA

Asia, transplantado a Esparta, donde “va a porfía con la espada

el tocar bien la cítara” (frag.100), haya preferido el partenio,

pues le encantan la perfecta armonía de un coro de doncellas

danzantes, la belleza pura de cuerpos rozagantes educados en los

concursos atléticos (de aquellos “fenoméridos” que escandalizaban

a los demás griegos) y el perfume de una juventud sana y

plácida. Estos temas le inspiran parte de sus más bellas expresiones,

como el admirable fragmento (94), del gusto de Carducci, en

el que, sobre imágenes lucidísimas que evocan la amplia extensión

del mar y los cielos surcados por delicadas graviotas, se difunde

una ligera tristeza del poeta, confortada por tanto esplendor de

juventud:

Vírgenes dulcemente canoras de amable voz,

ya no tienen fuerza los miembros para sostenerme: ¡olí si yo fuera un cérilo,

que sobre la flor de la ola pasa ligeramente junto con las gaviotas,

intrépido en su corazón, ave sagrada del cambiante color deí mar!

Así el partenio satisfacía la inspiración más personal de Alemán

y le permitía también temas polémicos (frag.13), no exentos,

a veces, de aguda malicia ( frag.95 ) ;

Había-mucho tenía como nombre el hombre, y la mujer Complace-a-todos;

y con estos ojos sabía el poeta mirarse también a sí mismo, en un

cuadro placentero (frag.49):

U n día te voy a regalar una gran olla de tres pies,

donde puedas echar amontonados alimentos diversos.

Por a bora no se. ha puesto al fuego, pero pronto estará llena

de tibia polenta,, como agrada a Alemán

come-todo, ahora que ha cambiado la estación;

porque él no come guisos bien preparados,

sino que, como el pueblo, pide cosas comunes;

en el que se observa también el color local, que vuelve a repetirse

en los fragmentos 50 y 55, con términos realistas de alimenlabras

de Alemán (Pap. 2388); treinta y cinco fragmentos (importantes entre

ellos el ώ9 6, que se refiere al partenio del Louvre y donde se menciona a

Aristarco, y el n9 35) de un erudito comentario al poeta (Pap. 2389; del fragmento

9 tenemos noticias de intereses aunque sean episódicos de Aristóteles

y posiblemente de Crates por Alemán); el colofón del comentario al cuarto

libro de Alemán de un cierto Dionisio (Pap. 2392); dos fragmentos de un

glosario de Alemán (Pap. 2393); fragmentos de otros dos comentarios, uno

seguro de Alemán {Pap. 2390) y otro probable (Pop. 2391); y del 2390 se

han recuperado algunas palabras del poeta y la mención de los gramáticos

Teón (época de Augusto) y Tíranión,


A L C M A N 123:

tos populares. Pero no le faltan tampoco el terna e Inspiración

de la leyenda heroica, según lo manifiestan numerosos fragmentos,

de las gestas iliádicas (frags.73-77, etc.), de las : odisíácas

(frags.16,80), de Tántalo (frag.72) y otras. Una viva descripción,

infundida por la poderosa agitación de la multitud dionisíaca

enloquecedora sobre el nocturno Citerón entre el fulgor de las

antorchas y el estupor por los prodigios operados por el dios, es

la de la primera bacante de la literatura griega en su fragmento

37 (ligero indicio en Ilíada,V 1,130), a la que seguirán las de Pindaro,

Sófocles y Eurípides:

Frecuentemente sobre las cimas de los montes, cuando

a [os dioses es grata la fiesta refulgente de las antorchas,

teniendo en las manos un vaso de oro, una gran copa

como la usada por los pastores,

y echando en ella íeche de leona

cuajaste un queso grande, tierno, luciente,

Pero quizás el más bello fragmento es el 58, en que encontramos

una absorta contemplación de la naturaleza y de las familias

de animales sepultadas en el sueño, que respira verdaderamente

un sentido cósmico. Sólo falta el hombre en este cuadro,

pero es precisamente el hombre, el poeta, el que vigila y se olvida

en esta paz inmensa, aplacando un ansia desconocida. Aunque

tramada con ecos homéricos, renueva esta poesía completamente

las palabras conocidas por la originalidad de su expresión y la

atmósfera de embelesado asombro:

Duermen las cumbres de [os montes y los valles,

las simas y barrancos,

y cuantas especies de animales nutre la tierra negra,

las fieras salvajes, la familia de las abejas

y los monstruos en [os abismos del purpúreo mar;

duermen las aves de amplias alas.

Asimismo el ritmo es de una novedad libre y absoluta, lo

que justifica el orgullo del poeta-músico al respecto (frag.93) ;

Y o conozco los cantos de todas las aves,

quien por primera vez utilizó una imagen que tendría fortuna

en la poesía mundial (frag.92):

Estos versos y la melodía armoniosa

Alemán los cantó

entendiendo la boca canora de las perdices.

j


124 ÉPOCA JÓNICA. EL PRIMER PERÍODO DE LA LÍRICA

Así, aporta Alemán a este coro de poetas una voz nueva, un

encanto delicado y armonioso, una fantasía de imágenes aéreas,

ágiles, luminosas. Aplicadas a él agradaría repetir las palabras

del Sócrates platónico (Ión,534B ): “el poeta es cosa ligera, alada

y sagrada”.

ARIÓN Y EL DITIRAMBO

Arión (Άρίων) de Metimna, en Lesbos, vivió en la corte de

Periandro, tirano de Corinto, a fines del siglo vn. Famoso como

citaredo “no inferior a ninguno de su tiempo”, fue llamado a

muchas localidades de la Magna Grecia y Sicilia, donde ganó

grandes riquezas. En uno de estos viajes, al regresar de Tarento

a Corinto, le sucedió la aventura que refiere Herodoto (1,23-24).

Embarcado en Tarento en una nave corintia, los marineros traman

apoderarse de sus riquezas y echarlo al mar. Arión solicita

ejecutar antes un “nomos” en su cítara y se viste con el suntuoso

atavío de aedo. Terminado el canto, se arroja él mismo al mar

donde un delfín ( animal consagrado a Apolo ) lo toma en su dorso

y lo lleva al cabo Tenaro. Vuelto desde allí a Corinto, Arión revela

lo acaecido a Periandro, quien castiga a los culpables. De su obra

no queda nada, pues el único fragmento, de un himno de acción

de gracias a Posidón por la salvación obtenida, es con seguridad

espurio.

. Al mismo pasaje de Herodoto debemos el siguiente testimonio:

“fue el primero de los hombres, según nuestro conocimiento,

que compuso y dio nombre al ditirambo, que él preparó en Corinto”.

Completan este testimonio otras noticias de variado origen,

llegadas a nosotros a través de atestiguaciones mucho más

tardías, en esta forma:

1) Arión fue el inventor de la forma trágica e introdujo los

sátiros a hablar en metro ( Léxico Sudas);

2) Solón decía en sus elegías que Arión instituyó por primera

vez el “drama de la tragedia”, es decir, el drama trágico (Juan

Diácono, siglos xn-xni).

Estas dos últimas fuentes no hacen, en realidad, sino confirmar

la noticia de Herodoto enriquecida por detalles fantásticos,

cuyo origen es fácil identificar. La invención de la “forma trágica”

o del “drama de la tragedia” deriva evidentemente de tardías

y confusas especulaciones basadas en la doctrina aristotélica

sobre la derivación de la tragedia a partir del ditirambo; y es muy

poco probable que se refiriera a ella Solón atribuyéndola a la

dórica Corinto, nacido como era en Atica, la que atribuía a

gloria suya la invención de la tragedia. En cuanto a los sátiros,


ARIÓN Y EL DITIRAMBO 125

proceden de equivocada interpretación de un famoso pasaje de la

Poética en el que se indica el σατυρικόν entre los antecedentes de

la tragedia. El nacimiento literario de la misma y de los sátiros

ocurrirá un siglo después de Arión.

Queda, pues, la noticia de Herodoto, sobre la cual no hay

que olvidar que está incluida en un relato manifiestamente novelístico

y fabuloso. De cualquier modo, en razón de que “ditirambo”

es un epíteto sagrado anterior a Arión y atestiguado ya en la

esfera del culto dionisíaco por el fragmento 77 de Arquiloco (“yo

sé entonar la hermosa canción del señor Dioniso, el ditirambo,

totalmente fulgurada la mente por el vino”, aunque no sea, por

supuesto, un fragmento de ditirambo), es claro que “dar nombre”

puede significar tan sólo “dar un nombre”, es decir, un “título”

y, por tanto, definir y organizar el tema dionisíaco en una forma

literaria.

Arión, pues, perfeccionó, sobre todo en la música y en la

ejecución, y quizá sobre la base del “nomos”, el primitivo ditirambo

cultural, que ya era sin embargo coral en Arquiloco, fijando

al respecto el tema mítico sacado de la leyenda de Dioniso, creído

antes el más reciente entre los dioses helénicos y atestiguado

ahora hacia el siglo xni en dos tablillas de Pilos, en la misma

costa jónica del Peloponeso de donde nos es conocido el Canto

de las mujeres eleas,

En este sentido Arión representa una etapa importante en la

evolución del ditirambo, pero la relación con la tragedia y el drama

satírico, aunque puesto de moda en las investigaciones más

recientes, es fruto de tardías combinaciones. Y sobre todo al no

fundamentarse en dato alguno objetivo (es oportuno recordar que

no nos queda ni una sola palabra de Arión) ño sólo no se resuelve

el problema, sino que se transfiere de un texto preciso aunque

discutible a un “ignotum” total.


CAPITULO SÉPTIMO

EL SEGUNDO PERÍODO

DE LA LÍRICA

MIMNERMO

Mimnermo (Μίμνερμος) vivió entre los años 670 al 600 en

Colofón, ciudad de la Lidia entre Esmirna y Éfeso, patria también

luego de otros dos notables elegiacos, Antímaco y Hermesianacte.

Fue, pues, contemporáneo de Tirteo y de Arquíloco,

junto a los cuales es recordado a propósito del eclipse de sol del

año 647. De su vida sabemos tan sólo que amó a una flautista

de nombre Nanno ( = muñequila), a la que dedicó la colección de

sus elegías. Compuso también una Esmirneida, siempre en metro

elegiaco, en la que cantaba la victoriosa resistencia de Esmirna

contra el ataque de Giges, rey de Lidia, hacia el año 685. De su

obra, que : los : alejandrinos dispusieron probablemente en dos

libros, quedan solamente una quincena de fragmentos con cerca

de ochenta versos, además de algunos que se hallan incorporados

en la Syllogé ■Teognidea, sobre cuya autenticidad no hay juicio

concorden Famoso ya en vida como indica Solón (frag.22), fue

considerado el "inventor” o, al menos, entre los “príncipes” de

la elegía por los poetas alejandrinos, imitadores suyos. Calimaco lo

consideró "dulce”, al menos en sus composiciones breves, recordándolo

junto con Filetas de Cos en el famoso prólogo polémico

de Aitia (frag.1,11 y sigs.); el conocido verso de Propercio 1,9,11:

plus in amore valet Mimnermi versus Homero

determina una imagen suya que era y será siempre tradicional.

Es difícil conjeturar cómo sería la colección de elegías de

Mimnermo en la edición alejandrina. En Nanno, el libro más

antiguo dedicado a una mujer inspiradora de amor y poesía, predominaba

verosímilmente el elemento personal y amoroso, pero

no faltaba la apelación a penas famosas de amor (Medea por

Jasón, fra g .ll), la descripción de la legendaria copa sobre la que

el sol atraviesa el océano en su diario trabajo (frag.10), un epi­


M IM N E R M O 127

sodio de la colonización griega de la “amable Colofón” (frag.12 y

10B: ¿quizás para introducir alguna historia de amor local?), la

inmortal y triste vejez de Titón, esposo de la Aurora, la venganza

de Afrodita sobre Egialea, mujer de Diomedes (frag,22B), y

hasta algunas sentencias morales (frag.8). De la Esmirneida sólo

se puede decir que debía de ser de una extensión apreciable,

puesto que tenía un prólogo con invocación a las Musas. Además

de que en el fragmento 13 se describe con abundancia de detalles

y se canta el valor excepcional del combatiente, el título mismo

parece indicar que tendría un tono épico y solemne, pero diversamente

de Tirteo, pues no tenía carácter parenétíco y exhortativo,

sino que describía sucesos ahora ya históricos, acaecidos

antes del nacimiento del poeta. La indicación de Calimaco, según

la cual Mimnermo era "dulce” respecto solamente a sus -/.ατά

λεπτόν [ρήσεις], es decir, sus composiciones cultas, breves y elegantes,

y no en la μεγάλη γυνή, autoriza a pensar concretamente

en un libro que podríamos llamar de “nugae”, si se admite, como

parece probable, que “la gran mujer” sea precisamente Nanno,

con irónica antífrasis con el significado del nombre.

En realidad, pues, la inspiración de Mimnermo se manifiesta

rica y variada, con la tendencia evidente a dar a la elegía un

contenido que, superando la monotonía de Calino y de Tirteo,

la renovara con la expresión de una sensibilidad más amplia y

actual. Esto se hace menos evidente, por la escasez también de

sus restos, en la citada Esmirneida, que comenzaba con una invocación

a las Musas “antiguas”, hijas de Urano (frag.!3B ), y que

con resonancias de índole épica y ecos homéricos contenía entre

otros motivos la celebración de un guerrero desconocido para

nosotros en la batalla contra los lidios de Giges, un héroe cuyo

valor superaba al de la generación contemporánea del poeta y

al que la propia Palas Atenea no tendría nada que reprochar

(frag.13; temas ambos homéricos). Se ha observado que fue, de

tal manera, el primer griego en cantar un suceso histórico actual.

Pero interesa más observar que en Nanno el poeta introdujo, junto

a la expresión de su amor por la flautista lidia, numerosos temas

míticos y legendarios, y no sólo de amor: la fundación de Colofón

y de Esmirna por parte de los aqueos de Pilos (frag.12); la copa

de oro sobre la que Helios atraviesa el océano desde la tierra de

las Hespérides hasta Etiopía (frag,10;cír.Estesícoro,frag.6 y, más

interesante, Antímaco, frag.66, W yss); la llegada de Jasón a la

ciudad de Eetes (frag.ll; y, evidentemente, el amor de M edea);

el exterminio de los vientos (como luego Píndaro), hijos de Níobe

(frag.l9B); Antigona e Ismena (frag.21B); Afrodita induciendo·

a Egialea, madre de Diomedes, a numerosos adulterios para vengarse

por haber sido herida por aquél (frag.22; también tema

éste posiblemente de Antímaco, frag.79). A estas narraciones de


128 EPOCA JONICA, SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

mitos y leyendas parece referirse también el fragmento 9. No

faltan tampoco acentos que, por estar también aislados de contextos,

podríamos considerar parenéticos y gnómicos (frag.7;frag.

8: “sinceridad, la más justa de todas las cosas, haya entre tú y yo” ).

Éste será el camino que, a través de Antímaco, continuará la elegía

alejandrina.

Es evidente, sin embargo, que la inspiración más original y

más lograda, la más afortunada expresividad de Mimnermo sería

aquella por la que ha quedado famoso para la posteridad. Amor

y juventud, refulgente aunque fugaz esplendor en que se conjuntan

todas las bellezas y las perfecciones de la vida, y frente

a ello no ya la muerte, que es el fin de todo, sino la vejez horrible

y deforme, la cosa más triste para el hombre condenado a asistir a

la lenta e inevitable destrucción de sí mismo. De la famosa comparación

homérica entre las hojas y los hombres (Ilíada,V\,l46-

148), que inspiró al poeta la perpetua renovación de unas y otros

en una imagen espléndida que introduce las vicisitudes de las

generaciones humanas en el ciclo eterno de la naturaleza, Mimnermo

toma por su parte otro sentido, la caducidad vana y desolada

tanto de las hojas como de los hombres (frag.2) :

Nosotros, como las hojas que hace brotar la estación florida

de la primavera, cuando crecen rápidamente a los rayos deí sol,

semejantes a ellas, por un breve tiempo de la flor de la juventud

gozamos, desconociendo de parte de los dioses tanto el mal

como el bien. Pero las negras suertes están a nuestro lado,

la una. trayendo el plazo de la vejez molesta,

la otra el de la muerte; poco tiempo dura el fruto

de' la juventud, cuanto sobre la tierra se derrama el sol.

Tan pronto como ha transcurriddo el plazo de esta estación

es preferible enseguida morir que vivir.

Pues nacen muchos males en el corazón: unas veces la casa

va a la ruina y vienen las dolorosas consecuencias de la pobreza;

otro está falto de hijos y deseándolos más que nada

se marcha bajo tierra junto al Hades;

otro tiene una enfermedad que le roe el corazón; y no existe ninguno

entre los hombres al que Zeus no le dé muchos males.

De todos los poetas que han sufrido y cantado la infelicidad

de la vida, Mimnermo es sin duda el más vehemente y genuino,

Juventud, amor, belleza; vejez, desventura, deformidad: no hay

conciliación posible entre estas dos condiciones. Más aun que

el pesimismo absoluto e integral, impresiona en la posición del

poeta la total ilogicidad de rehusar toda ayuda de la razón frente

a la temida destrucción, pues ciertamente no toda juventud es

bella, sana y alegrada por el amor. Encierra todo el universo en


M IM N E R M O 129,

su propio destino, en aquel “nosotros” colocado tan en evidencia

al comienzo y que, con todo, es ambiguo entre el valor mayestai

ico y el de plural. No existe más que una sola juventud, una

sola primavera, la floreciente y gozosa del poeta. Tras ella llega

el fin de todo: nunca más las hojas brotarán para otra primavera,

nunca más una alegre juventud sonreirá sobre la tierra.

Por eso la vejez es sentida y descripta con un sentimiento

de repugnancia física, como una injusticia estética, podría decirse,

por las devastaciones que lleva a cabo en el cuerpo y en la mente,

como por ejemplo, al final del fragmento 1, que repite casi el

mismo tema, o más concisa y eficazmente aun cuando el poeta

compadece la no envidiable inmortalidad de Titón (frag.4) :

A Titón en verdad Zeus concedió la posesión de un mal eterno,

la vejez, más funesta aún que la muerte.

Si, como es verosímil, estos versos pertenecen a la madurez

del poeta, cuando la juventud es ya la añoranza de un breve

sueño desvanecido ante la vejez inminente, escuálida y deforme

(frag.5), se comprende la tristeza del famoso dístico (frag.6) en

que observó ya Solón el verdadero sentimiento de la poesía de

Mimnermo:

Ojalá que, lejos de enfermedades y de molestas preocupaciones,

a los sesenta años me llegue el destino de [a muerte,

Stiplica que 110 puede un dios querer escuchar, como manifiesta

concretamente la respuesta de Solón, que sin duda no valió

para consolar al poeta, a quien el destino, al contrario, había

reservado la cruel experiencia de verse morir día a día destruido

por la horrible y en vano conjurada vejez.

Es un poeta, pues, del amor y de la juventud, como lo vieron

Horacio y Propercio, pero dentro de esta apariencia hay que

reconocer la tristeza verdadera y secreta del poeta, el contraste

entre la sensibilidad ávida y la imposibilidad de prolongar el

instante fugitivo, tanto sea un estremecimiento de placer como

toda una juventud. Y todo sin resignación, pero no con desesperación

ni rebelión, sino como frente a un hecho de la naturaleza,

la que es indiferente. Por eso, la añoranza se concreta en una

como distante melancolía que le permite apoderarse de ía dulzura

del recuerdo. Téngase, además, en cuenta que ni una sola vez,

al menos en los fragmentos sobrevivientes, el poeta habla en primera

persona, con aquel “yo” tan prepotente de Arquíloco, haciendo

que tal impersonalidad extienda el hecho individual a la

experiencia universal. La lengua es homérica en mayor grado

incluso que en el belicoso Tirteo, pero el poeta, con arte sutil,


130 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LIRICA

modifica sentidos y efectos revistiendo todo de una delicada morbidez

armoniosa que es la característica propia de su poesía.

SOLÓN

La vida de Solón (Σόλων), ateniense, hijo de Execéstides,

descendiente de una familia noble que se consideraba originaria

del rey mítico Codro, pertenece por entero a la historia de su

patria, cuyos cimientos de grandeza estableció en un período

especialmente grave y agitado, constituyéndose como en su genio

tutelar en la leyenda que muy pronto lo envolvió.

Nacido entre los años 640 a 635, lo encontramos ya en posición

de preeminencia entre sus conciudadanos en la época de la

guerra con Mégara (hacia el año 600) por la conquista de la isla

de Salamina, para la que animó a los atenienses con una famosa

elegía. En momentos en que perduraban en la ciudad graves

situaciones de anarquía por la prepotencia económico-social de

los grandes propietarios de tierras frente al pueblo que iba adquiriendo

conciencia de su propia fuerza, debió Solón a dicha notoriedad

el sufragio de los ciudadanos que en la primavera del 594

lo eligieron “arconte, reconciliador y legislador”, es decir, con la

misión de llevar a cabo una reforma, sobre la base de una constitución

escrita, que pusiera fin a las disensiones civiles. Esta

misión la cumplió con profundo sentido de equidad y absoluto

desprecio de la popularidad, mediante una vasta obra legisladora

que disciplinó las relaciones económicas, sociales y políticas (abolición

de lá esclavitud por deudas, condonación total o parcial

de las mismas, institución de cuatro clases de ciudadanos y de

tribürialés populares, reforma de la moneda, de las costumbres,

etc.) sobre la base de un concepto nuevo de la dignidad humana.

Por ello, su obra de legislador no sólo “constituyó siempre el fundamento

del derecho público y privado de la república ateniense”,

sino que permaneció como fermento moral suscitador de la conciencia

religiosa y cívica que opondrá Atenas, casi sola ella, a

los bárbaros, precisamente en nombre de la primera sociedad de

hombres libres.

Cumplidas las reformas, a las que juraron los ciudadanos permanecer

fieles por diez años, Solón dejó el poder, sin ceder a la

fácil tentación de hacerse tirano, y se alejó de Atenas viajando

por largo tiempo a Egipto, Chipre y Asia Menor, por deseo de

ver y conocer otros pueblos y enriquecer más la propia humanidad

mediante nuevas experiencias. Vuelto a la patria, pero manteniéndose

alejado de la política activa, murió alrededor del año

560, poco después de apoderarse Pisistrato del poder, contra quien

había puesto vanamente en guardia a los atenienses.


SOLÓN 131

La leyenda, no muy respetuosa de la cronología, lo puso en

contacto con Tespis, inventor de la tragedia; con Tales y Bias,

junto a los cuales fue contado también él entre los Siete Sabios;

y con el escita Anacarsis. Heródoto (1,29-32), en su relato del

famoso episodio en la corte de Creso, rey de Lidia, nos ofrece

una imagen suya que, aunque creada por la fantasía y la simpatía,

parece coincidir con cuanto es conocido de las propias palabras

de Solón. Nos habla de su deseo de conocer que lo incita, ya

famoso, a ver como Ulises nuevos pueblos; de su absoluto desinterés

por las riquezas, una noble conciencia moral y una sabiduría

sin engreimiento, no falta sin embargo de cortés ironía; de una

figura de profunda y abierta humanidad indulgente, plenamente

griega y ática como ninguna otra. Fue un hombre completo, a

quien ni siquiera faltó el gusto por la poesía. Ya anciano — según

cuenta Eliano, cuya anécdota, como es sabido, inspiró una bella

obra lírica a Pascoli—, habiendo oído a un nieto suyo una canción

de Safo, quiso que el niño se la enseñase; y al preguntarle uno de

los convidados por qué tal gusto respondió; “para morir después

de haberla aprendido”. Agradaría relacionar esta anécdota con

una expresión quizá la más humana y representativa de Solón

(sea parte o no de una famosa respuesta a Mimnermo: frag.22):

Mas si ahota al menos me prestas oído, quita ese verso

y no te duela si reflexioné mejor que tú,

y rehazlo, oh Ligiastades, y canta así:

"que tne llegue a los ochenta años el destino de la muerte” .

Que no me alcance la muerte sin lágrimas, sino que a mis seres queridos

deje yo, al morir; dolor y llanto.

Envejezco aprendiendo siempre muchas cosas.

Hay aquí, además de la amable alusión a la susceptibilidad

del poeta amigo, una moderada así como sufrida sabiduría, que

supera el ingenuo pesimismo de Mimnermo con la visión de otros

ideales de la vida. Frente a la inutilidad del llanto “tras las exequias”

a menudo afirmada (Arquiloco, frag.7,ll-12;frag.l0; Semónides,

frag.2), solicita él, por el contrario, el dolor de los seres queridos,

que será el reconocimiento y la falta lamentable de una

vida bien vivida. El último verso es, sin duda, la voz de una sabiduría

luminosa y heroica, una victoria del espíritu sobre las miserias

de la carne. Éstos habían sido los temas predilectos de su

poesía, de su vida agitada puesta al servicio de la patria con la

acción y la palabra. No tiene el apasionamiento parcialista de

Alceo, combatiente y conspirador de la guerra civil, sino la serena


132 EPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

conciencia de colocarse por encima cíe partidismos para el bien

de todo, confiando en la justicia (frag.5):

A l pueblo di ia estimación que le corresponde,

no quitándole honor ni concediéndole demasiado;

y de cuantos tenían poder y eran respetados por sus riquezas

también de ellos procuré que no sufrieran menoscabo;

me interpuse firme colocando mi fuerte escudo entre ambos

y a ninguno de ellos permití vencer injustamente. .

D e este modo el pueblo seguirá bien a sus jefes,

ni demasiado suelto ni oprimido,

pues la saciedad engendra desmesura cuando una gran riqueza

acompaña a hombres que no tienen mente recta.

En asuntos importantes resulta difícil agradar a todos.

Eunomía, Dike, Eirene (Buen Gobierno, Justicia, Paz; ya en

la Teogonia, v.902, hijas de Zeus) no pueden ser privilegio de

un partido o de una clase social, pues la ciudad está basada sobre

el destino solidario de todos los ciudadanos ( frag.3,26-29 ) :

D e esta manera el mal común entra en casa de cada uno,

y las puertas del atrio no sirven para mantenerlo alejado,

salta por encima del alto recinto y de todos modos encuentra

incluso al que se refugie en lo más dentro del tálamo.

Ésta es la inspiración de toda su obra, en la línea de Hesíodo

que: había proclamado a los griegos una nueva conciencia moral,

elevándose de un episodio personal de la injusticia sufrida a la

afirmación de una justicia universal. Aquí, por primera vez en

la historia, esta conciencia mueve a un hombre a quien la fortuna

asigna establecer, al respecto, normas de acción y de vida para

sí y para los ciudadanos.

La única composición llegada hasta nosotros completa, y la

más extensa, es la famosa Elegía a las Musas (frag.l) de 76 versos,^

que es todo un programa de vida bajo el signo de la sabiduría

y de la moderación. Tales ideales se colocan bajo la protección

de lás Musas, hijas de Mnemosine y de Zeus, no tan sólo como

homenaje a la tradición épica del proemio, sino por una razón

más legítima y significativa. Solón, en efecto, no reclama solamente

el ολβος (en la plenitud de valores espirituales y materiales

que tiene la palabra griega), el que cada dios puede otorgar,

sino la δόξα, la buena opinión, que es don únicamente de las

Musas. La considerada segunda parte de la elegía (v.33-76) es

concretamente la demostración, necesariamente mediante imágenes

y no lógica, de la vanidad del δλβος por sí mismo sin la Βόξα,


F 0 C 1 L ID E S

133

fruto entonces solamente del ciego arbitrio del destino y no consciente

esfuerzo de introducir en las vicisitudes humanas la “mesura”

que es la única agradable a Zeus.

Evidentemente todo esto no se transfigura siempre en poesía

y son más bien raros los momentos en que se observa un sentimiento

más conmovido, capaz de transformarse en imágenes poéticamente

logradas, como la notoria comparación —demasiado

alabada en verdad-— entre el poder de Zeus y la violencia del

viento primaveral que disipa las nubes y hace salir de nuevo la

luz del sol sobre la tierra (frag.l, 18-24). Quizás el. propio Solón,

a pesar de la invocación de protección a las Musas, tuvo conciencia

de que su obra, más que una "canción poética” (frag.2,2),

era un “discurso”. Pero también en ello deriva de Hesíodo y de

la concepción hesiódica de la poesía' como pregonera de verdad,

cuando afirma que “mucho mienten los poetas” (frag.21).

La obra de Solón es quizá la mejor prueba de la necesidad

que tenían ya los griegos de una “prosa”, una prosa obviamente

artística, para expresar las nuevas exigencias del espíritu. Sin

embargo, todo el mundo ve que lo dicho en poesía por Solón no

puede pasarse a prosa (como lo hizo un ilustre filólogo con fines

de exégesis) sin perder su fuerza original. Sólo raramente es

poesía, pero siempre la expresión de un alto y noble sentir que

busca de manera natural la expresión poética ( incluso como homenaje

a una tradición), aunque raramente consiga fundirla en el

fuego de la inspiración.

FQCÍLIDES

Focílides (Φωχυλίΰης) de Mileto vivió hacia la mitad del siglo

vi y fue autor de Sentencias en hexámetros y de Elegías, que con

la poesía tienen de común solamente el metro. Quedan dieciséis

breves fragmentos, un grupo de los cuales ( 1-6) se caracteriza

por llevar una fórmula inicial (χαΐ τόδε Φωχυλίδεω: “también esto

[esta canción] es de Focílides” ), que es una especie de sello, no

tanto con objeto de defender una “propiedad literaria” ( de la que

aún no existía el concepto, aunque cada uno, por otra parte,

podía componer y difundir dísticos con tal contraseña), como por

afirmar una originalidad, muy modesta por cierto. Un dístico

(frag.l) finamente irónico afirma:

También esto es de Focílides: mala gente los lerios, no uno sí y otro no,

sino todos, excepto Proeles; y Proeles también es un lerio;

motivo que será retomado, incluso con la contraseña, por Demódoco

de Leros. El fragmento 2 es un descolorido e inhábil resu-


134 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

men del yambo de Semónides contra las mujeres. Su moral es

también de un nivel más bien mediocre y no falta de contradicciones

( frags.9 y 10 ) :

Busca las riquezas, y luego la virtud cuando ya tengas para vivir.

En una palabra, todas las virtudes están en la justicia.

Sin embargo su fama — que nos parece inmerecidá— debió

ser notable, pues hasta en el siglo i d. de C. un judío de cultura

griega compuso, bajo su nombre, un. pequeño poema moral de

230 hexámetros, llenos de ecos hesiódicos y de reminiscencias

bíblicas, una parte del cual (v.5-79) fue hasta incluido en una

familia de códices de los Oráculos Sibilinos (II,S6-148).

TEOGNIS

Con el nombre de Teognis (Θβΰγνις, Θέογνις) se nos ha conservado

una syllogé en metro elegiaco dividida en dos libros (1-

1230,1231-1389).

Tras cuatro breves proemios introductorios con invocaciones

a Febo, Artemis, las Musas y las Gracias, se presenta el poeta con

su propio nombre en “sello” que viene a ser una amplificación

de la fórmula de Focílides pues contiene también la dedicatoria

y destino del poema (v.19-23):

Cirno, para estos versos he pensado un sello

que agregar a ellos; jamás así serán robados

ni lo que tienen de bueno nadie lo cambiará en peor;

sino que todo el mundo dirá: "Estos versos son de Teognis

el megarense, el que es famoso entre todos los hombres” .

Siguen después, sin evidente unidad, grupos de breves elegías,

o también dísticos, que contienen exhortaciones morales al

joven Cirno, hijo de Polipaos, composiciones de carácter personal

y subjetivo y, al propio tiempo, con fines de buen ejemplo sobre

variados temas (riqueza y pobreza, amistad, decadencia de la

aristocracia, destierro, fe en los dioses que dirigen ellos solos los

destinos humanos, alabanzas al vino y motivos convivales, brevedad

de la juventud, etc.). El segundo libro es más homogéneo,

inspirado enteramente por la “Musa puerilis”.

Sin embargo, a pesar del sello, una lectura incluso rápida

revela en seguida que nos encontramos frente a una obra compuesta

y falta de organicidad, sin orden aparente y con evidentes

repeticiones, ampliaciones y citas, en las que hay versos con seguridad

intrusos de Tirteo, Mimnermo, Solón, Focílides, Eveno de


T E O G N IS 135

Paros y quizás algunos más. Más aún, ni siquiera los versos separados

del sello (ya sea constituido éste por el nombre de Cirnó

o, como es más probable, por el propio nombre del poeta) pueden

considerarse con seguridad todos auténticos.

Por ello, ha sido siempre muy debatida la cuestión de la formación

de tal syllogé, que manifiestamente no puede ser atribuida,

en su integridad, a Teognis. D e su solución depende el

aspecto más interesante, el de establecer qué pertenece propiamente

de ella a Teognis, lo que condiciona la definición de la

misma personalidad poética del autor.

Entre las diversas soluciones sobre la fecha de la constitución

de la syllogé, parecen como más probables las siguientes:

1) La época helenística;

2) La época bizantina: en su comienzo (siglos v-vi d. deC .)

mejor que en el renacimiento de los estudios clásicos del siglo xx.

Cualquiera que sea la época ■—problema que sigue sin solución,

incluso tras un reciente papiro— , respecto al modo de su

formación, parece que la base de la syllogé actual son normas

moralísticas de la escuela estoica (en particular Crisipo, quien

recopiló un “thesaurus” de sentencias de los poetas clásicos);

que el material está constituido con seguridad, en su integridad,

por composiciones prehelenísticas; que la syllogé, aunque ya establecida

en su forma actual en el siglo tercero, no fue objeto de

revisión crítica por parte de los filólogos alejandrinos; que las

numerosas citas son tomadas todas directamente de diversos poetas

y no de esta syllogé, ignorada por los escritores de la época

helenística, greco-romana y bizantina; y que, en fin, la ordenación

del material es la típica y tradicional de los antologistas, es

decir, según “cápita” que agrupan en cada voz varios aspectos

de tema similar (a menudo agrupados por contraste: noblezaindignidad,

riqueza-pobreza, etc.). De ahí resultan las repeticiones

sobre un mismo tema, presencia en muchos grupos de una

“palabra-referencia”, como "fidelidad, amistad, pobreza, etc.”, que

relaciona conceptualmente varios extractos. Se puede, pues, decir,

en una palabra, que la syllogé es una “antología de antologías”,

de la que quizás fue su lejano núcleo originario una Gnomologia

a Cimo, que parece poderse identificar en la tradición.

Pero estas comprobaciones poco ayudan a resolver el problema

principal de determinar lo que de esta recopilación pueda,

más o menos fundadamente, atribuirse a aquél bajo cuyo nombre

se ha formado y llegado hasta nosotros.

Las opiniones al respecto de los estudiosos son también muy

discordantes, desde un escepticismo absoluto, que llega incluso

a negar la existencia real de Teognis, hasta el conservadorismo

total o casi integral, que da crédito a la tradición.


13Θ

EPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERIODO DE LA LÍRICA

Es, con todo, probable que los versos 1-254 se hayan constituido,

en considerable cantidad, de elegías seguramente de Teognis,

sin excluir que existan también otros versos auténticos en la

parte restante.

Sobre estas premisas, aunque de suyo inciertas, se puede

intentar reconstruir la persona y la obra de Teognis. Parece nacido

éste en Mégara de Grecia, junto al istmo, más bien que en

Niágara Hiblea de Sicilia. De esta última tuvo quizá su ciudadanía

cuando, exilado por el predominio político del partido democrático,

anduvo largo tiempo errante por Sicilia, Eubea y Esparta

(v.783-785). Los cambios políticos de su patria, dentro de

los que se encuadra lo poco que sabemos de la vida del poeta,

inducen a fijar su nacimiento entre los años 544 y 541, y su actividad

poética entre 506 y 480.

Teognis es un aristócrata, enteramente cerrado en el orgullo

de casta que inspira su concepción ética y social. De esta

“arete” aristocrática y guerrera, que había dado a los griegos el

primer código de moral y que se había ganado duramente los

propios títulos de nobleza, él no ve sino los privilegios perdidos,

la riqueza desaparecida, y el poder pasado a otras manos. Él

mismo es a menudo la prueba de que era una justa suerte, pues

su casta no sabía hacer ya nada para defenderse.

Han desaparecido de él los valores morales de aquella tradición.

Es solamente un sobreviviente de ella con el corazón

Heno de desconsolado pesimismo y de amargas invectivas, lo que

quita grandeza a su rebelión, que no parte de uña conciencia de

superioridad moral y qüe no se concilia, éntre otros aspectos, con

la fe: a . menudo profesada en la omnipotencia divina, contra cuya

voluntad no puede nada el hombre ( v.141 y sigs. ) :

Nosotros los hombres pensamos cosas vanas y nada sabemos,

mientras que los dioses cumplen todo según su propia mente.

Sin embargo, en este cerrar los ojos frente a la realidad y el

futuro, en su negativa a reconocer el mundo nuevo que surge,

en su estéril lamentación por un pasado que ya no puede volver

y en la vana rebelión contra lo que nada puede modificar, es

donde se halla el más verdadero Teognis. Ante estos sentimientos

se conmueve con apasionamiento áspero y desdeñoso que alcanza

a veces hasta a su poesía y llega incluso a interesarnos hoy como

algo verdaderamente sentido y sufrido (v.53-62):

Cieno, la ciudad es aún la misma, pero la gente es otra;

aquellos que antes no conocían ni el derecho ni las leyes,

sino que en torno a su cuerpo gastaban pieles caprinas

y se apacentaban fuera de la ciudad como ciervos.


T E O G N IS 137

ahora son ellos los nobles, oh Polipedes; y los que antes eran los nubles

ahora son gente villana. ¿Quién puede soportar ver esto?

Se engañan unos a otros y se burlan entre sí,

sin tener idea alguna del bien y del mal,

pero tú, oh Polipedes, no te bagas amigo de ninguno de estos ciudadanos

ni de corazón ni por necesidad alguna.

La culpa es de la riqueza que mezcla las estirpes y las corrompe,

las “ganancias repentinas” que llevan el gobierno de la ciudad

a la “gente nueva” echando a los que antes eran poderosos por

derecho de sangre y por censo patrimonial. Contra esta gente

nueva el odio del poeta alcanza tonos de una salvaje violencia,

que estalla con más fuerza todavía tras un comienzo que parece

resignado (v.341-350) :

Cúmpleme, oh Zeus Olímpico, este mi justo deseo

y concédeme también algún bien en cambio de males.

Ojalá muera, si alguna tregua a mis ansiedades

no encuentro y no causo dolores a cambio de dolores.

Así en verdad es el destino, pero no se me muestra la venganza

sobre los que con violencia poseen mis bienes

tras despojarme de ellos; yo, un perro, atravesé el torrente

llevándomelo todo la corriente impetuosa.

¡Que pueda yo beber su negra sangre; y surja un buen dios

que éste mi voto cumpla conforme a mi corazón!

La imagen final es, en verdad, de una evidencia absoluta,

pues no es en realidad una comparación, en tal caso muy efectiva,

sino una identificación con el perro que solo y despavorido huye

abandonando detrás de sí todo, alejado a lugares desconocidos, lo

que representa un cúmulo de sufrimientos y de miseria, que casi

justifica la inhumana ferocidad de la ansiada venganza. Así, agobiado

el corazón de desaliento y rencor, se encuentra desterrado

en la pobreza, que degrada al hombre (v.177 y sigs.) :

O n bombee dominado por la pobreza no puede decir

ni bacer nada, pues su lengua está encadenada;

en el exilio, cuya tristeza entera siente por la nostalgia de su

patria única (v.783-788):

Y o llegué un día a la tierra de Sicilia,

llegué a la llanura de Eubea, rica en viñas,

y a Esparta, espléndida ciudad del Eurotas, denso en cañaverales.

Todos me acogieron benignamente a mi llegada;


138 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

pero ninguna alegría llegó de su parte a mí corazón,

pues hasta tal punto nada me era más querido que la patria.

Pero hay aún algo más penoso (v.209 y sigs.) :

Para eí desterrado no hay ningún amigo o compañero fiel:

esto es más amargo aun que el destierro;

y sobre todo la añoranza de los bienes perdidos ( v .l197-1201 ) :

O h Polipedes, el canto del ave (grulla) de agudo chillido

he oído, que llega como anunciador para los mortales del tiempo

de arar; y ha golpeado mi negro corazón,

porque otros poseen mis campos florecientes :

y las muías no arrastran para mí el cutvado arado,

a causa de esta odiosa navegación mía,

donde el motivo hesiódico ( Los trabajos y los días, 448-451) es

adaptado apropiadamente a su situación, porque el chillido de la

grulla es grato anuncio para el ciudadano que se apresta a arar el

campo de donde le vendrá la alegría de las miases, pero “muerde

el corazón del que no tiene bueyes” . Teognis se halla no sólo “sin

bueyes”, sino despojado de todo, por lo que reviven en su memoria

los campos que ahora son fértiles para otros con un sentimiento

doloroso y, se diría, físico por la que era su “propiedad”, su tierra

y la de sus padres.

A veces, es cierto, busca consuelo en algo más elevado y noble

( v.315-318) : :

En verdad mucha: gente malvada está enriquecida y los nobles

[en la miseria];

pero yo con ellos no haré el cambio

de virtud por su riqueza, porque aquélla es inmutable para siempre

mientras que las riquezas las posee ora uno, ota otro;

pero no es de extrañar que lo invada el descorazonamiento y

pronuncie por primera vez aquellas palabras de pesimismo que

tan a menudo hacen resonar en el alma griega la amarga sabiduría

de Sileno (v.425-428):

D e todas las cosas la mejor para los mortales es el no haber nacido

ni haber visto ios rayos del vigoroso sol;

pero para quien haya nacido, cuanto antes atravesar las puertas de Hades

y yacer cubierto de mucha tierra.

Como se ve, se traslucen en la syllogé, aunque entre mucha

escoria, momentos de verdadera y sentida poesía. Así Teognis


JE N Ó FAN ES 139

representa la voz nostálgica de un mundo ya desaparecido, de

una crisis profunda del espíritu y la sociedad griega, la misma

crisis que, con muy otra nobleza de sentimientos y otra fuerza

poética, resonará poco después en la inspirada sabiduría de

Píndaro.

JENÓFANES

Jenófanes (Ξενοφάνης), hijo de Dexio, nació en Colofón hacia

el año 580 y vivió allí hasta la edad de veinticinco años, en que la

ciudad fue conquistada por Hárpago, general de Ciro. Exilado,

viajó largo tiempo por el mundo griego occidental, visitando Mesina,

Siracusa (donde estuvo en la corte de Hierón, en los últimos

años de su reinado que termina el 467), Elea (sobre la costa

tirrena, al sur de Salerno) y quizá también Malta y Lípari. Según

una tradición autorizada, andaba recitando sus propias composiciones

poéticas a manera de los rapsodas homéricos itinerantes.

Gozó de una vida muy prolongada y murió casi centenario (a

los noventa y dos años componía aún versos).

Escribió elegías, yambos, cinco libros de Parodias o Silos33

(Σίλλοι ·= ¿“carmina irrisoria” ?: palabra de etimología y significación

incierta) y una Fundación de Colofón y colonización

de Elea en Italia, considerada por algunos como dos obras distintas,

en 2.000 versos. Compuso, por último, un poema Sobre la

naturaleza (ΠβρΙ φύσιος), el primero de una larga serie de poemas

filosóficos con este título, que con seguridad no es el original.

Pero ya en las fuentes es muy dudosa la existencia de una tal

obra y ha sido, en fin, autorizadamente negada, en cuanto que

Jenófanes no fue propiamente un verdadero filósofo. Por tal razón,

asimismo corresponde realmente a Parménides el mérito de haber

fundado la escuela eleática, atribuido a Jenófanes en algunas fuentes

antiguas. De toda su producción quedan unos cuarenta fragmentos,

que no llegan a alcanzar los cien versos.

Dentro de los simples límites de una pulida versificación, la

obra de Jenófanes no carece, sin embargo, de una notable variedad

de motivos y de tonos.

Palabras solemnes expresan su concepción del dios único y

omnipotente, desvinculado por vez primera del politeísmo (frags.

19,20):

83 En el frag.12 ( — 14D .-K .: trímetro yámbico más hexámetro dactilico)

aparece una combinación epódica, atestiguada ya en el Margites, en un

fragmento de Critias, y ahora en una inscripción antiquísima (siglo vin) de

Isquia. Es probable que en este caso, como en el Margites, se introdujera el

trímetro de manera discontinua.


140 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

U n dios único, sumo entre los dioses y hombres,

ni por eí cuerpo ni por ía mente similar a los mortales.

Él lo ve todo, comprende todo, oye todo;

y del antropomorfismo (frag.l3:c£r.también 12,14) :

Pero si tuvieran manos los bueyes, los caballos y los leones

o pudieran pintar o componer obras de arte como los Hombres,

los caballos semejantes a los r líos y los bueyes a los bueyes

figurarían las imágenes de ios dioses y modelarían estatuas

conforme a la figura que cada uno posee,

en nombre de una exigencia que, si bien no aislada (Estesícoro,

Pitágoras, Heráclito), no fue jamás tan vigorosamente afirmada

contra la autoridad de Homero (frag.10):

A Ies dioses adscribieron Homero y Hesiodo

todas las cosas que entre los hombres son vergüenza y censura:

robar, cometer adulterio y engañarse unos a otros.

Similar independencia de juicio, menospreciadora de la opinión

común, expresa el violento reproche (frag.2) de los excesivos

honores y enriquecimiento de los atletas ·—fuerza física

brutal - que en Hada favorecen al buen gobierno de la ciudad.

Por el contrario, reivindica la superioridad de la “sophia”, es

decir, de la sabiduría y la poesía, como hará sobre', sus huellas

Eurípides, en el frag.282 de su Antólico.

Pero sabe; describir también (frag.l) con toques simples un

tranquilo convito; de sabios, alegrado por el canto, el moderado

beber y alimentos sencillos, tras una piadosa libación a los dioses.

Es un pequeño cuadro muy agradable ( frag.18) que se diría

áristofanesco por la agudeza de la descripción y el tono finamente

burlón:

Junto al fuego agrada tener tales conversaciones en época de invierno,

echado en un blando lecho, bien saciado,

bebiendo dulce vino y comiendo apetitosamente garbanzos:

"¿Q uién eres y de dónde? ¿Cuántos años tienes, querido amigo?

¿Qué edad tenías cuando vino el M edo?”

ANANIO

Ananio (Άνκνιος), que vivió en Jonia en el siglo vi, disputa

a Hiponacte el mérito de haber “inventado” el coliambo y el tetrámetro

trocaico éscazonte. De los cinco fragmentos que de él conservamos,

algunos son inciertos y atribuidos también a Hiponacte.


H IP O N A C T E 141

Sobre su obra no se entrevé nada más que el realismo dé algunas

expresiones populares (como por ejemplo “ ¡por la col!” ), del

gusto de Epicarmo y los cómicos áticos; y, quizá, la parodia dé

un motivo de la himnografía religiosa.

HIPONACTE

Hiponacte (Τπχώναξ), hijo de Piteas, nació en Éfeso de donde

huyó a Clazómenas, junto a Esmirna, probablemente para escapar

de las tiranías de Antágoras y Comas. Parece haber sido, en

efecto, de condición noble. De su vida, alrededor de la mitad

del siglo vi, sabemos solamente lo poco que se desprende de sus

fragmentos: sn famoso litigio con el escultor Bupalo y con Atenis

hermano de aquél, y sus relaciones con una mujer de nombre Arete,

de costumbres muy licenciosas. Otros personajes escarnecidos

por el poeta son: Cicón, un sacerdote y adivino de malos augurios;

Babis, un músico inhábil; Códalo, Eurimedontiádes y Sanno,

comilones glotones; Cipso, una mujer del tipo de Arete, como

manifiesta la deformación obscena y caricaturesca del nombre de

la Calipso homérica; un pintor Mimnes tildado de invertido; un

Critias frecuentador de prostíbulos, y otros. Por muchos de sus

versos parece que tuvo que vivir luchando con la pobreza. Escribió

no solamente coliambos, sino también trímetros yámbicos

puros (testimoniados sin posibilidad de duda por recientes hallazgos

de papiros) mezclados a intervalos con aquéllos; tetrámetros

escazontes y hexámetros épicos parodísticos; y, en fin, composiciones

epódicas, de las que ahora es segura una estrofa formada

por un trímetro yámbico más un dímetro yámbico (frag.10). La

edición alejandrina de sus obras comprendía dos libros, ordenados

quizá según los metros de sus composiciones.

Recientes papiros nos han dado de nuevo numerosos versos

de él (unos 1T0), algunos con interesantes comentarios, pero desgraciadamente

en condiciones muy fragmentarias34, Pero éstos

no modifican sensiblemente el juicio fundado sobre los 160 versos

hasta ahora conocidos aproximadamente por tradición indirecta.

Por haber vivido en un ambiente de refinada cultura y de

molicie que se hizo proverbial, en la que se fueron conformando

y desvirtuando las más antiguas civilizaciones de Asia Menor, en

una sociedad sin ideales y preocupada tan sólo del goce de la

vida, Hiponacte, hombre de nacimiento no vulgar pero envilecido

Son los fragmentos I-X IID 3., a los que hay que agregar POx., XXII,

1954,n9 2323, siglos ii-m d, de C,, donde, en diecisiete versos muy incompletos,

se encuentra hasta tres veces el nombre de Búpalo,


142 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERIODO DE LA LÍRICA

por las circunstancias y voluntad propia, se nos ofrece por entero

en su propia personalidad a pesar de los escasos restos de su obra.

La pobreza lo hace petulante y quejoso y no duda en emprenderla

tanto contra el ciego Plutón como contra Hermes (frag.24a-b,

25,29) :

Hermes, querido Hermes Cileno, hijo de Maya,

te suplico, tengo un frío terrible.

D a un manto a Hiponacte y una tuniquilla,

un par de sandalias, unas zapatillas

y sesenta piezas de o r o . . . ¡una sorpresa de fortuna!

D a un manto a Hiponacte, tengo un frío terrible

y me castañetean los dientes. . .

A mí no me diste un grueso manto,

remedio contra el frío en el invierno,

ni un par de zapatillas abrigadas para cubrir mis pies

y que no me salgan sabañones.

Y Pintón ■— jde veras que es ciego!—

jamás vino a mi casa y me dijo: "Hiponacte,

te doy treinta piezas de plata

y tantas otras cosas” . ¡Qué bellaco!

La descripción es ciertamente vivaz y vigorosa, si bien literariamente

: abundante en repeticiones : y exageraciones, pues sí

tenía manto, al menos cuando amenazaba en la siguiente forma

(frag.70):

Tenedme el manto, quiero machacar un ojo a Búpalo:

soy ambidextro y cuando golpeo no fallo.

Contra Búpalo, el escultor que según la leyenda lo habría

representado de manera real demasiado deforme, lo que determinó

el furor e invectivas del poeta hasta inducir al desgraciado

al suicidio, desgrana una serie de violentas y pintorescas

ofensas no todas referibles, comenzando por imprecar a la partera

que no lo había estrujado al nacer (frag. 12) :

¿Qué cortaombligos te limpió y te lavó

a tí, marcado por Zeus, mientras pataleabas?

o bien augurándole la muerte del φαρμακός83, o acusándolo hasta

35 Una especie de chivo expiatorio elegido entre tullidos que, según una

costumbre jonia atestiguada también en Masalia y Atenas, era flagelado y después

quemado fuera de la ciudad, en ocasión de pestes y penurias.


H IP O N A C T E 143:

de relaciones incestuosas con su madre Arete (frag.]5). Ksla, a

su vez (en una composición que puede atribuirse casi cón seguridad

a Hiponacte — el segundo o más exactamente el tercero de

los llamados ftpodos de Estrasburgo — Arquiloco, frag.80— ) es

descripta compartiendo sus gracias disputadas entre un ladrón,

un alfarero y un cierto Arifanto, a la vista del propio Hiponacte.

En un ambiente similar — un prostíbulo, como en el frag.67— se

desarrolla la escena muy realista del fragmento 14 A, que recordarán

Aristófanes y Petronio: quizás experiencias directas del

poeta en algún lugar similar al famoso y mal afamado barrio de

Sardes llamado el “Rincón dulce”. A veces, aunque fugazmente,

siente también el deseo de algo limpio (frag.79) :

Oh, ¡ojalá pudiera tener una jovencita bella y delicada!

pero es evidente que se encuentra más a gusto con pobretones

hambrientos que sueñan en vano con manjares exquisitos, con

jugadores de dados y gente profesionalmente fullera, entre pendencias

e improperios, es decir, en la digna compañía de tales

personajes.

Éstos son los temas predominantes en la poesía de Hiponacte,

tratados con un crudo realismo que recibe incluso tal sabor de

mezcla lengüística original, con el frecuente empleo de “glosas"

lidias. Sin embargo, bajo su evidente vulgaridad se deja sentir

en Hiponacte el hombre de cultura, el literato, por ejemplo cuando

deforma en Cipso de manera obscena la Calipso de la Odisea, o

recuerda la leyenda homérica de Reso (frag.41) y de los feacios

(fra g .ll), o cuando se propone una solemne y zumbona caricatura

homérica, por la que llegó a ser considerado el “inventor”

de la parodia, notable, a su vez, por algunos términos compuestos

nuevos de gran fuerza expresiva (frag,77):

O b Musa, fiáblame del Burimedoíitxada, el remolino maáno,

de estómago provisto de cuchillos, que come sin medida,

cómo muere el infame de maía muerte según su ley

por decisión del pueblo, junto a la orilla del mar inquieto.

Hiponacte se nos manifiesta, pues, como una personalidad

original y violenta ·—característica suya es el referirse a sí mismo

muy a menudo en tercera persona— , que se podría parangonar

tal vez con la de un François Villon o la del cretense Stefanos

Sachlilcis (s. X V ). Se comprende que fuera imitado y tomado

como modelo en actitudes y metros no sólo por Aristófanes, a

quien sonrió muy distintamente la poesía, sino por los poetas más

eruditos helenísticos, como Calimaco que lo coloca casi como

lema de su primer yambo (frag.191,1-4) recordando su “riña con

Búpalo”, Herondas en sus mimos realistas, Licofrón en su osten­


144 EPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

tación de palabras raras y Cércidas de Megalopolis. También lo

imitó Catulo en algunos poemas de atrevida indecencia, y hasta

poetas bizantinos, como Teodoro Pródromo (s.XII) y Juan Tzetzes.

LA POESÍA EÓ LIC A 80

Entre los grandes astros del firmamento lírico griego resplandecen

los poetas eólicos con su luz inconfundible, por la originalidad

de su inspiración y la excelencia de su poesía. Se distinguen

también por algunas características exteriores, cuyo conocimiento

ayuda a la comprensión de su poesía.

La lengua, en primer lugar, es el dialecto de Lesbos, más

bien el vernáculo usado en la isla en el siglo vi, sin diferencias

sensibles entre Alceo y Safo, salvo que en ésta es más puro y

admite solamente algunas formas épicas en unos pocos poemas

especiales, mientras que en Alceo tales formas, aunque esporádicas

y raras, se distribuyen más uniformemente en toda su obra.

Los argumentos, casi exclusivamente lingüísticos, aducidos en el

problema sobre la mayor o menor pureza de la lengua de los poetas

eólicos, cuestión ya antigua y muy debatida todavía actualmente,

no son suficientes para darnos una idea exacta al respecto.

Cuando, por ejemplo, adapta Safo expresiones y fórmulas homéricas

a su propia sensibilidad y lengua, incluso en la más famosa

y personal dé sus odas 3Ï, no hay que detenerse en las apariencias

lingüísticas, sino entender que. son homorismos trasvasados a la

nueva experiencia psicológica y expresiva de Safó. No debe, pues,

extrañar que Safo y, en grado menor, Alceo se hayan apartado

de la fonna estrictarnente dialectal cuando han sentido, o quizás

han querido hacer sentir, la sugestión homérica, a veces incluso

por razones arguméntales. Este alejamiento, a pesar de resultar

“abnorme” frente a una exacta pero quizás un tanto abstracta

imagen de su dialecto, no debe denunciarse sin embargo como

terminantemente espurio. Éste es el criterio en efecto aplicado,

excepto en el único caso del fragmento 94 D, excluido por Lobel-

36 Los fragmentos de Alceo y Safo son citados según la edición de

Lobel-Page (1955).

Cfr., por ejemplo, frag.31,1-2 “ semejante a los dioses ser el hombre”

(ίσος δέαιαιν ωνηρ) es una ampliación de la fórmula homérica “hombre

semejante a los dioses” (fo i-Άεος φώς); ibid., v.2-3 “frente a ti se sienta”

(έναντίος tot ¡oSávst) es adaptación del homérico “estaba sentado solo frente

a él” (Ilíada, IX,191: ot οίος ένΛντίος ηαΐ0)ϊ y también v,7-8 “ahora no me

es ya posible hablar” (ώς με φώναισ’ ούδ’ iv IV εϊκει) retoma la expresión homérica

“se le quedó paralizada su poderosa voz” (litada, XVII,696: -Θαλερή

hi ol Ιβχετο φωνή); etcétera.


LA POESIA EÓLICA 145.

Page. De cualquier modo, de entre todas las demás lenguas literarias

artificiales y compuestas, comenzando por la homérica, es está

la más homogénea y próxima al uso. El haberse alejado poco y

raramente del mismo es precisamente una prueba del altísimo

grado de perfección formal al que la poesía elevó este dialecto.

También la métrica está regulada por principios diversos de

los de la métrica jónica (hexámetro, yambo) y dórica (lírica

coral); y son especialmente los siguientes:

1) “Isosilabismo” , mediante el cual un determinado verso

tiene siempre el mismo número de sílabas, sin posibilidad de

cambio entre una larga y dos breves, por lo que hablamos al respecto

de versos “endecasílabo” sáfíco, “eneasílabo" alcaico, etc.

Los versos eólicos, además, comienzan con la llamada “base eólica'”,

constituida por dos sílabas ancipites. En fin, en la parte cenral

del verso (excluida, por tanto, la base eólica y la sílaba final

que normalmente es anceps) una sílaba dada es siempre breve o

siempre larga.

2) Las estrofas, o estancias, son generalmente cortas: dísticas,

trísticas, tetrásticas; más raramente por períodos, pero sin

alcanzar nunca la amplitud y variedad de la lírica coral. Entre

las trísticas han de citarse dos de las más conocidas es tro Fas eólicas,

la “sáfica” y la “alcaica” (si bien hay sáficas en Alceo y

alcaicas en Safo, provenientes de un común patrimonio popular

rítmico-musical), que solamente en las ediciones alejandrinas se

dispusieron en cuatro líneas, llegando así aparentemente a tetrásticas.

La música que las acompañaba era ejecutada por el propio

poeta con la cítara, cuya característica local era la variedad llamada

“bárbiton”.

También respecto a los poetas eólicos fue mérito de los filólogos

alejandrinos la constitución de un texto crítico, quienes les

dieron un orden y forma que conservaron mientras hubo una

tradición directa de tales obras, es decir, hasta los comienzos de

la época bizantina (de Safo tenemos un fragmento de códice en

pergamino del siglo vn). Aristófanes de Bizancio y después Aristarco

de Samotracia hicieron, con seguridad, una edición crítica

de Alceo y, verosímilmente, también de Safo,

En la edición alejandrina de Safo, los poemas estaban distribuidos

en nueve libros ordenados según el esquema métrico

de las composiciones; el primer libro contenía las odas sáficas,

con cerca de 1.320 versos, es decir, 330 estrofas, que debía de

ser la extensión media normal de un libro; el segundo, los pentámetros

eólicos; y así seguían los demás libros con otros metros,

pero el noveno comprendía epitalamios escritos en metros muy

variados. Al parecer habría también, dentro de cada libro, un

ordenamiento alfabético no riguroso y quizá derivado de la sis­


146 EPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

tematización prealejandrina, según la palabra inicial de cada

poema.

Las poesías de Alceo fueron distribuidas en diez libros, pero

sin ordenación métrica. Alguna referencia parece aludir a una

repartición por el carácter de su contenido, como “cantos de la

revolución” y “poemas convivales’. El primer libro contenía en

apreciable número himnos a los dioses, aunque no exclusivamente.

Esta tradición directa, que se interrumpe en la época bizantina,

quedó completamente perdida hasta que, en los últimos

decenios, numerosos papiros, y también pergaminos y “óstraka”,

provenientes de Egipto nos han aportado importantes fragmentos

de Alceo y Safo (hasta ahora veintidós y dieciocho respectivamente,

algunos con estimables notas), los que probablemente

reproducen, de manera más o menos directa, la conformación de

las ediciones filológicas alejandrinas. Antes del hallazgo de tales

papiros, los únicos restos de los poetas eólicos estaban constituidos

por citas transmitidas por rétores, gramáticos, dialectólogos y métricos,

casi siempre con fines eruditos. Esta tradición indirecta

había, además, alterado profundamente el aspecto dialectal de

los textos, normalizándolos con formas áticas, o, a veces, contrariamente,

hipereolizándolos por escaso conocimiento directo de

la lengua.

De toda esta producción quedan sólo fragmentos de variada

extensión, incluso algunos de pocas letras insignificantes como

en el caso de los papiros; raramente la tradición directa o la indirecta

nos han dado algún poema completo de Alceo y Safo.

Los fragmentos de Alceo son hoy 448, los de Safó 213.

ALCEO

Alceo ( ’Άλκαος en lesbio; ’Αλκαίος en ático), nacido en

Mitilene de la isla de Lesbos, de familia aristocrática, hacia el

año 620 a. de C., participó activamente en la vida política de su

ciudad, por tradición incluso familiar (sus hermanos Antiménidas

y Cicis abatieron, en el año 612, al “tirano” Melancro, cuando el

poeta era aún niño). Después de Melancro asumió el poder Mírsilo

con ayuda de Pitaco; y cuando fue muerto Mírsilo le sucedió

el propio Pitaco, que fue un buen gobernante y contado entre los

Siete Sabios. Alceo pasó su vida combatiéndolos a través de alternativas

no siempre claras, pues los que él llama tiranos y plebeyos

eran aristocráticos como él (Pitaco, aunque de origen humilde,

se desposó con una mujer aristocrática), pero más afortunados

que él por verse apoyados por el pueblo. Hasta, a veces, colaboró

incluso con ellos: junto con Pitaco combatió contra los atenienses

en Sigeo de la Tróada, donde también él salvó la vida


A LC E O 147

abandonando el escudo (írag.428 b) corno Arquiloco; y de nuevo

con Pitaco fue socio de la misma “hetería” (asociación política

secreta entre los aristocráticos) y juraron juntos morir o liberar la

patria, juramento que, según afirmación de Alceo. traicionó luego

Pitaco. Su tenaz oposición a varios tiranos lo llevó a menudo al

exilio, a Pirra (Lesbos), a Egipto, Tracia y quizá Lidia. Cuando,

en el año 580, Pitaco renunció al poder con una amnistía general,

Alceo probablemente regresó a la patria, donde vivió no sabemos

por cuánto tiempo. Un fragmento (50) lo presenta viejo y ya

cansado:

Sobre esta mi cabeza que mucho ha sufrido que se me vierta el perfume

y sobre mi encanecido pecho.

En estas agitadas y, a menudo, duras alternativas de conspirador,

de combatiente y exilado, y en los raros ocios de la vida

de aristócrata — convites, vino, amor— se inspiran los temas

principales de la poesía de Alceo, que constituirán su característica

a juicio de la posteridad, desde Horacio ( CflrmJ,32:11,1 3, etc, )

hasta Carducci ( Giambi ed epodi,Il, “Per el diciottesimo anniversario”

) :

El hierro para matar a los tiranos,

el vino para celebrar el funeral.

Muchos fragmentos se refieren a los convites, al dulce vino

que hace olvidar las penas, a veces con incisivos dichos proverbiales

de la sabiduría popular (frag.366,333) :

Vino, oh querido muchacho, y verdad.

El vino ciertamente es espejo del hombre.

Pero fragmentos más amplios permiten contemplar una gran

variedad de motivos, como el vino remedio contra la adversidad

(frag.335) :

N o hay que abandonar el ánimo a la desdicha

pues de nada nos servirá el afligirnos,

oh Biquis, el remedio mejor

es hacerse traer vino y embriagarse;

el vino en las largas veladas frías del invierno, junto al fuego

(frag.338) :

Llueve y del cielo el gran invierno desciende

y están heladas las corrientes de los ríos


148 EPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LIRICA

Vence al invierno amontonando gran fuego

y sin escatimar escanciando vino

dulce, cubriendo en su torno las sienes

con suave lana;

el vino en las horas tristes al morir el día (frag.346):

Bebamos, ¿por qué esperar las lamparillas? Queda aún un dedo de día.

Toma, querido, las grandes copas decoradas;

el hijo de Semele y de Zeus dio a los hombres

el vino, olvido de las penas, ¡Llénalas de nuevo hasta el borde

mezclando dos partes con una, y una copa suceda a la otra!

el vino en el bochorno del mediodía, la hora pánica (frag.347:

tomada de un famoso motivo hesiódico, en una imitación desacostumbradamente

amplia y extensa) :

Humedece tus entrañas con vino; se ha levantado ya la canícula;

la estación es pesada y todo está alterado por el calor;

entre las hojas resuena la dulce cigarra y de bajo las alas

lanza su agudo canto, mientras el estío

ardiente . . .

y florece el cardo; ahora son más lascivas las mujeres

y los hombres más flojos^ pues la cabeza y las rodillas

enerva Sirio;

el vino en un grito de exultante ferocidad por la muerte del enemigo

(frag.332):

Es hora de embriagarse y hasta a la fuerza

beber, pues está muerto Mírsilo.

Como observaba Quintiliano, la inspiración de Alceo se hacía

más elevada y poderosa concretamente en estos temas de cantos

civiles. No se trata de alguien, como Teognis, que asiste a la

destrucción de su mundo propio sin reaccionar, aunque con una

profunda tristeza basada sobre todo en la nostalgia, sino de quien

participa con ímpetu en las luchas políticas con toda su alma. El

partidismo ardiente, injusto y violento, la pasión política exclusiva

y ciega, el odio implacable hacen presa por entero de su

espíritu y lo mueven al insulto, a la irascible invectiva, a la sangrienta

ofensa, al grito de victoria sobre el cadáver del enemigo.

Pensaba seguramente, o sentía más bien, ser cierto lo que alguien

ha dicho después, que la guerra civil es la única guerra legítima.

Pasó los mejores años de su vida en el odio a Melancro, a Mírsilo

y, más que a ninguno, a Pitaco, con quien había esperado


A LC EO 149

conquistar el poder y que, por el contrario, lo había “ tra icion a d o”,

quizás ayudando a Mírsilo y tomando luego el gobierno él solo.

Llama a Mírsilo “de estirpe innoble” (frag.348), “zorra-astuta”

(frag.63), “panzón”, “hijo de Irra”, es decir, de estirpe tracia y,

por ello, plebeya. Contra él, que por otra parte fue un buen

gobernante y a quien los ciudadanos unánimemente confirieron

poderes extraordinarios resignados luego por él voluntariamente,

dirigió desde el exilio uno de los más violentos poemas (frag. 129,

aportado por un papiro), en el cual, retomando una imagen de

Arquíloco, consagra al “traidor” a la venganza de las Erinias:

. . . los lesbios

este santuario espléndido y grande

fundaron común para todos y en él altares

colocaron para los inmortales bienaventurados

e invocaron a Zeus como dios de los suplicantes;

y a ti como Eolia, diosa ínclita

madre de todas las cosas; y en tercer lugar

invocaron como Cemelio88

a Dioniso crudívoro. ¡Ea, pues! con benigno

ánimo nuestra plegaria

escuchad y de estas ansiedades

γ del penoso exilio salvadnos:

que el hijo de Irra reúna

las Erinias de ellos, pues un día juramos

haciendo un sacrificio [no traicionar]

jamás a ninguno de los compañeros,

sino muettos, cubiertos de tierra

yacee por obra de los poderosos de entonces;

o bien, tras de haber dado muerte a aquéllos,

liberar al pueblo de sus penas.

El panzón no les habió

con el corazón, sino que tranquilamente con sus pies

subido sobre los juramentos, devora

a la ciudad , , .

no según le y . . .

38 Κεμ,ήλιος, palabra conocida por este único ejemplo, se interpreta

ahora como derivada de -mi.íq "cervato” y, por ello, como epíteto ritual de

Dioniso; pero esta interpretación, aunque aceptada por muchos, deja fuertes

dudas, tanto por sí misma como por su proximidad al otro epíteto.


150 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LIRICA

A veces, en fin, parece ceder la pasión a una visión más

objetiva y menos parcial de la lucha civil, al dolor por la ciudad

presa de discordias, como en la famosa alegoría de la nave

(frag.326) :

M e hallo perdida por la violencia de los vientos:

por un lado una ola me envuelve

por otro otra; y nosotros en medio del mar

somos arrastrados con la nave negra

por gran tempestad, entre muchas aflicciones

pues el agua ha llegado al pie del mástil,

la vela está ya toda desgarrada

y grandes jirones penden de ella

y ceden los cables . . .

o ante la intensa añoranza de la patria lejana (frag.130):

. . . desgraciado de mí

vivo una condición, de campesino,

ansiando oír la Asamblea

convocada, oh Agesiledes,

y eí Consejo, de que mi padre y abuelo

participaron envejeciendo

junto a esos ciudadanos que se destruyeron entre sí

mientras yo soy echado fuera

desterrado en lugares lejanos; y como Onomactes

. ..vivo solitario como un lobo (?)

. . . al santuario de los dioses bienaventurados

. . . caminando sobre la tierra negra

. . . en aquellas reuniones

vivo con los pies fuera de males

donde las mujeres de Lesbos de primorosa belleza

vagan errantes, con largos peplos, y en torno resuena

el clamor divino del sagrado

grito de las mujeres de cada a ñ o . . .

El hecho de que en su poesía no aparezca ninguna mujer

( excepto en el famoso fragmento 384: “oh divina Safo, de cabellos

de violeta, de dulce sonrisa” ; y en algún otro de insegura interpretación,

como por ejemplo el fragmento 10 donde hay una

mujer que habla; cfr. también frag. 117 b,261,296 b,299) puede ser


A LC E O 151

efecto de su predilección por los “pueri” (Lico, conocido solamente

mediante Horacio; y quizá Menón; no es posible precisar

sus relaciones con otros, como Melanipo, Biquis y Agesiledes),

por la que fue famoso en la antigüedad (Cicerón, Tuse.,W ,71-

Horacio, C am .,1,32; Quintiliano,X,l,63). Asimismo son raros los

momentos de abandono a la pura fantasía, como un fragmento

(359) del que no es posible determinar el contexto:

hija de la piedra y del anciano triar...

tú arrebatas los corazones de los jóvenes, concha marina.

Un apreciable grupo de composiciones, conocidas casi todas

por fragmentos de papiros, está constituido por Himnos a los

dioses, dos de los cuales (A Apolo y A Hermes) iniciaban, por

su parte, el primer libro de la edición alejandrina. Tenemos,

además, fragmentos de himnos a Hefesto, Artemis (estos dos de

atribución conjetural pero muy probable), a los Dióscuros, a

Atenea Itonia y a Eros. Más que himnos del culto parecen “historias

sagradas”, como los himnos homéricos, con interesantes y a

veces inéditas tradiciones sobre el nacimiento, atributos y empresas

de tales dioses, especialmente el dedicado a Apolo ( no poseemos

más que el primer verso, frag.307 a, pero conocemos su

contenido por una paráfrasis en prosa), celebrado sobre todo

como legislador y profeta, y el de Hermes (del que queda la

estrofa inicial, frag.308b), también notable por las proezas del

dios, que fue imitado por Horacio (Carm., 1,10).

De tales himnos, que se manifiestan muy homogéneos, aunque

no lo fueran necesariamente en la composición, es difícil decir

cuáles fueron sus motivos y ocasiones, pero quizá no estará lejos

de la verdad él atribuirlos al segundo período de la vida de Alceo,

después de su definitivo regreso a la patria tras el exilio, cuando

la pasión política, con el retiro de Pitaco, no tiene ya blancos de

ataque. Otro tanto se podrá decir de otro grupo de poesías que

cantan los héroes de la saga iliádica, a Helena (frag.283), Peleo

y Tetis (frag.42), Tetis y Aquiles (frag.44), Ayante y Casandra

(frag.298), siguiendo la tradición homérica, pero con acento personal;

y, fuera del repertorio homérico, Endimión (frag.317) y

un himno al río Hebro (hoy Maritza) que quizás ofrecía la ocasión

de recordar la leyenda de Orfeo.

En estos temas se inspira la poesía de Alceo que, a pesar de

los afortunados hallazgos recientes, queda sin embargo para nosotros

como un anhelo insatisfecho. Poesía de cosas, cuya característica

parece una simplicidad ardua y vigorosa, hasta podría decirse,

sólo descriptiva. Son raras las imágenes, las comparaciones, el

ornato; incluso la famosa alegoría de la nave, más que una descripción,

es una realidad aprehendida con absoluta visión inmediata


152 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

y con precisión de detalles, cuyo significado alegórico es secundario,

poéticamente, frente a la fuerza de la representación. La violencia

del odio y el sectarismo partidista lo sacuden profundamente

y le inspiran quizá sus mejores momentos, aunque la tristeza

del destierro le tiñe de nostalgia la patria lejana, o impreca

contra el traidor la maldición y la venganza de los compañeros

caídos, o bien cuando lo embriaga un vehemente júbilo, con sinceridad

absoluta y sin pietismo convencional, ante los despojos del

enemigo muerto, incluso antes del vino que solicita. La belicosidad

plenamente personal de Arquíloco, se hace aquí odio coral

que vibra en la voz del poeta con la voz de todos los compañeros,

vivos y muertos. Este es el Alceo que la posteridad más estimó

y al que acordó mayor fama, quizá también en razón de la violencia

que la lucha política alcanzó en Grecia durante los siglos

v-iv, Si pensamos en Tirteo, Solón y Teognis, todos en diverso

grado en la misma inspiración, nos damos cuenta de la importancia

que tuvo esta clase de vida política en la conformación

del hombre griego con sus características más especiales.

Es muy probable, en fin, que sobre Alceo se haya formado

la antigua leyenda tradicional de los poetas "vinosi” (una línea

gloriosa de Anacreonte, Esquilo, Gratino, Aristófanes y Ertio; Horacio

hasta colocaba ya en ella, a Homero “laudibus vini” ), en la

que el vino (Dioniso) no era, en realidad, más que la exteriorización

de la inspiración poética, en hombres vigorosos, de pasiones

ardientes y enérgicas, como precisamente es Alceo. En su

poesía el vino, aun siendo una realidad concreta sin nada de literario,

es sin embargo también una disposición de espíritu, como

un modo de llevar a la luz los motivos de la inspiración y expresarlos

variadamente en un juego móvil dentro de la festiva comunión

del convite, y siempre con aquella poderosa simplicidad que

se muestra desnuda y que es, por el contrario,, el signo de una

perfección conquistada y secreta, más lograda, qiiizá, que en ninguno

de los muchos poetas que en él se inspiraron.

SAFO

Safo (Ψόχφω en lesbio; Σαχφώ en ático), hija de Eseamandrónimo

y de Ciéis, nació aproximadamente en 612. Perteneció a

una familia aristocrática y sin duda respetable, pues su hermano

Lárico fue copero en el pritaneo de Mitilene, oficio que estaba reservado

a jóvenes de noble condición; otro hermano, Caraxo, establecido

en Naucratis de Egipto y dedicado al comercio de vinos,

se vio atrapado por los atractivos de la famosa cortesana Dórica

(que Herodoto confunde con Ródope) por la que disipó gran parte

de su fortuna ocasionando dolor y preocupación a su hermana


S A F O 153

(frags.5,15b); de un tercer hermano conocemos solamente el nombre,

Erigió,

Cuando aún era jovencita (entre los años 604 y 595) la familia

se trasladó exilada a Sicilia, seguramente como efecto de las

agitadas vicisitudes políticas de la ciudad. Casada con el rico

Cerquilas, originario de Andros, Safo tuvo de él una hija a la que

dio el nombre de Ciéis, como la abuela materna. Si, como es

probable, habla Safo de sí misma en los fragmentos 21 y 58,

se puede deducir que llegó hasta la ancianidad, o, en todo caso,

a edad avanzada.

En Mitilene, donde transcurrió gran parte de su vida, Safo

estuvo al frente de un "thiasos” de mujeres jóvenes (una asociación

religiosa, similar a las posteriores de los “Museos” de los

pitagóricos y de varias escuelas filosóficas bajo el patrocinio de

las Musas o de las Gracias), una especie de colegio o escuela

para jóvenes que allí se educaban, en un ambiente de refinada

eleganciaj la de la “buena educación” de su tiempo, basada especialmente

en la música, canto y danza. Fue una escuela sin duda

famosa, puesto que a ella acudían Atis de Mileto, Góngila de

Colofón, Eunica hasta desde Salamina, y también Arignota, Girina,

Mnasídica, Anactoria y otras, cuyos nombres se difunden

por los poemas, junto con los de Gorgo y Andrómeda, competidoras

y rivales éstas de Safo en la dirección de otros “thíasos”.

Es comprensible, al respecto, cómo en la vida dé esta comunidad

femenina surgirían chismeríos, celos, envidias, de que la leyenda

muy pronto se apropió, creando, especialmente en el mundo ático

en que la mujer estaba socialmente apartada, la figura “patológica”

de Safo, figura que, en la Lesbos del siglo vi, se encuadra

en un hecho propio de sus costumbres, aunque ya entonces fuera

poco usual, y solamente en tiempos modernos asume aspectos morales.

La casi seguridad de que mucho de lo . transmitido respecto

a Safo se deba a la calumnia se confirma por la existencia, asimismo

en el ambiente ático y especialmente en la comedia helenística,

de otra famosa leyenda que difícilmente parece conciliable

con la primera, la del desesperado amor de Safo por el hermoso

Faón y su suicidio desde la peña de Léucada. Es difícil, por otra

parte, determinar el grado de crédito que pueda acordarse a las

tradiciones, a menudo contradictorias, sobre su aspecto físico, pues

los calificativos de “pequeña y morena”, “hermosa” son términos

relativos; pero el testimonio más antiguo, el de Alceo, parece sin

duda referirse a una mujer de belleza encantadora.

Gran parte de la poesía de Safo procede de la vida típicamente

femenina del “ thiasos”, de su vida pública y privada: la

elegancia y los hermosos tejidos, los adornos, el oro, las flores; y

las amigas, cercanas o lejanas, con cariño, rivalidad, nostalgia o

contemplación de su belleza. Muestra siempre una complacencia


154 EPOCA JÓNICA, SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

sensual por las cosas bellas de que gusta rodearse (frag. 58,25 y

siguientes ) :

Am o el lu jo . . . y a mí

eí fulgor espléndido del sol y la belleza me ha tocado en suerte;

o el vestido con que se adorna la amiga (frag.22):

. . . te lo ruego,

Góngila, muéstrate con. tu túnica

láctea; alrededor de ti el Deseo

da vueltas,

tan bella. Ese vestido

me turba al verlo: y me deleito. . . ;

o el esplendor de una desconocida “más oro que el oro” (frag.156).

En el alejamiento sabe, sin embargo, ocultar el dolor con la

delicada ternura de los recuerdos que acompañan y ligan para

siempre a la que se va y a la que se queda (frag.94) :

En verdad desearía estar muerta.

Ella al dejarme lloraba

mucho y así me decía:

"¡A y de mí! qué terriblemente sufrimos,

oh Safo, es bien cierto que te dejo contra mi: voluntad.”

Y yo le respondí así:

"Parte y sé feliz y de mí

acuérdate, tú sabes cuánto te he querido.

Y si no lo sabes, yo quiero

recordártelo , . .

. .. (cosas) y bellas gozamos;

muchas coronas de violetas

y de rosas y de . . . en compañía

. .. junto a mí ceñiste,

y muchas guirnaldas

trenzadas en tom o al delicado cuello

de flores . . , formadas.

Y (todo el cuerpo) con ungüento

de flores . . . copiosamente

ungiste y con ungüento real.

Y sobre blandas alfombras ...”


Pero después, a la distancia, el recuerdo de Ar ignota se hace

nostalgia ardiente (frag.96) ;

... de Sardes

. . . a. menudo volviendo hacia aquí el pensamiento

cuando vivíamos juntas. . .

a tí semejante a una diosa,

Arignota gozaba mucho con tu canto.

Ahora entre las mujeres lidias resplandece

como cuando, caído

el sol, la luna de dedos de rosa

eclipsa a todas las estrellas; y la luz

sobre el mar salado se derrama

e igualmente sobre los campos floridos;

el bello rocío desciende

y florecen las rosas y los delicados

perifollos y el meliloto en flor.

Mas ella, vagando, mucho recuerda

a la dilecta Atis; el deseo

oprime su sensible ánimo, y el corazón siente el peso del dolor.

Y allí nosotras andar. . . ;

y el deseo de muerte (por Góngila lejana, quizá: frag.95):

U n deseo de morir se apodera de mí

y de ver las rociadas orillas

de Aqueronte florecidas de loto.

Pero donde la pasión se expresa con acentos de insuperable

fuerza es en la oda citada por el Anónimo Sobre lo sublime (frag.

31) que es, sin duda, la más famosa de la lírica griega, si no de

toda la poesía del mundo, traducida, imitada y rehecha por tantos

poetas. Junto a la joven está un hombre, quizás el futuro esposo,

y los dos están completamente absortos en su felicidad, que en

el rostro del joven irradia una divina beatitud. En frente, sola y

olvidada, Safo contempla:

M e parece ser semejante a los dioses

el hombre que frente a tí

está sentado y muy de cerca te escucha hablar

dulcemente


156 ÉPOCA JONICA. SEGUNDO PERIODO DE LA LÍRICA

y sonreír amorosa, y esto

transporta de pasión el corazón en mi pecho.

Apenas cuando te miro mi voz enteramente

queda cortada.

La lengua se me quiebra y sutil

fuego de golpe serpentea por los miembros;

con los ojos nada veo y zumban

mis oídos,

y un sudor me invade, un temblor

toda me agita, más verde que la hierba

quedo y muy próxima a morir

me parezco a mí misma.

La oda ha sido variada y agudamente interpretada, pero en

ella no es el caso en verdad de interpretar sino más bien de

sentir. Las connotaciones son todas “físicas”, no psicológicas, lo

que establece la indeterminación y fuerza del sentimiento, un

momento de abandono total expresado en una pureza lírica absoluta

que perdura como singular, incluso, en la poesía de Safo.

La pasión vibra también en otros acentos rápidos, a veces

con reminiscencias de Arquíloco, como en el frag,47 ;

, . . amor me sacude

el alma, cómo viento que desde el monte se abate sobre las encinas;

otras veces con una imagen original de gran fuerza expresiva

(fragJ30):

Y de nuevo el amor me agita hasta desarticular mis miembros,

dulce-amarga invencible fiera . . .

o también en una vana espera de amor que la consume (frag.94 D ) :

H a desaparecido la luna

con las Pléyades; está mediada

la noche y el tiempo pasa,

y yo yazgo sola.

Pero también siente y expresa otros afectos, como la súplica

a Cipris y a las Nereidas por el feliz retorno del hermano Caraxo

(frag.7), quien encontró la tranquilidad en el· afecto de la hermana

que lo aguardaba; o una rápida alusión muy tierna a la hija

Ciéis (frag.132):


S A F O

1ST

Y o tengo una hija hermosa, a las flotes de oro

semejante en su semblante, Ciéis querida,

en su cambio ni la Lidia entera ni la amable

•■■[querría] . ..

Esta vida tan rica e intensa se halla al servicio de las “tiernas

Gracias y las Musas de hermosa cabellera” (frag.128), en la luz

de la poesía que es privilegio y garantía de inmortalidad, como le

recuerda a una rival, no sin crueldad hacia ella y tácito orgullo

de sí misma (frag.55):

Muerta yacerás y recuerdo alguno de ti

no habrá en el futuro, pues no participaste de las rosas

de Pieria; desconocida incluso en la morada de Hades

andarás errante volando entre los oscuros muertos.

A su vez a la vida del “thíasos” se refiere todo un grupo de

composiciones, por las que fue especialmente famosa Safo en la

antigüedad, dedicadas a celebrar las bodas, verosímilmente, de

sus jóvenes discipulas. En estos epitalamios, si bien necesariamente

tradicionales, infunde las mejores dotes de su inspiración

tan poderosamente subjetiva y personal, con una variedad de

imágenes y de sentimientos que llegarán a ser temas obligados

del género literario, per.ó que en ella brotan como una fresca y

límpida vena de poesía: la belleza de la esposa, la felicidad del

esposo, el aprecio de la virginidad, la alusión maliciosamente

popular al rito nupcial, toda una riqueza, en fin, de motivos que,

incluso donde el tiempo nos ha privado de la palabra de Safo, los

podemos admirar, aunque sea de reflejo, en tantos poetas que la

imitaron, desde Aristófanes a Catulo y otros.

Un pensamiento delicadísimo, que evoca la dulzura serena y,

no obstante, triste del lucero de la tarde (frag.104), y una imagen

de gran luminosidad pictórica (frag. 105 c ), resonarán luego uno

y otra en Catulo:

Véspero que reúnes todo cuanto dispersa ía fúlgida aurora,

reúnes las ovejas, reúnes las cabras, reúnes la hija con la madre.

Como en los montes un jacinto los pastores

con sus pies pisotean, y sobre el suelo la flor purpúrea. . .

Una habilísima y también poética imagen para una esposa

ya no muy joven (frag.l05a): ,

Como se ve enrojecer la dulce manzana en lo alto de una rama,

elevada sobre la más alta rama y la olvidaron los recolectores;

no, no la olvidaron, sino que no lograron alcanzarla.


158 EPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

La nota burlonamente realista de los grandes pies del porteroparaninfo

(frag.110):

D e siete paímos son los pies deí portero

y cinco bueyes fueron menester para sus sandalias

y diez zapateros trabajaron en ellas;

o el esposo tan alto como para no pasar por la puerta (fr a g .lll):

M ás arriba, pues, el arquitrabe —

job, Himeneo!

levantad, constructores —

¡oh, Himeneo!

El esposo es semejante a Ares —

¡oh, Himeneo!

mucho más grande que un hombre grande . . .

o un coloquio en voz baja de la esposa consigo misma, surgido

de la curiosidad y la nostalgia (frag.114):

La joven ■— Virginidad, virginidad, tu me abandonas, ¿a dónde vas?

Virginiddd — Ya jamás volveré a ti, jamás volveré.

Así el alma de la poetisa refracta sobre todas las cosas una

luz de poesía. Se puede decir que, para Safo, no hay “temas” o

“motivos” poéticos, pués todo en ella se hace poesía. En la historia

de la lírica mundial es Safo, sin duda, el alma más naturalmente

dotada, con una sensibilidad viva que se traduce inmediatamente

en palabras esenciales, un estado de gracia, una felicidad

de inspiración que toma posesión de las cosas y las transfigura

por íntima virtud en una entrega poética de absoluta pureza, una

riqueza de afectos de gran fuerza e ímpetu, tiernos y delicados,

pero todos sinceros, mediante los cuales se sumerge en la vida

con una capacidad única de sentir todas sus vibraciones en una

intensidad que da a su poesía un tono de verdad absoluta y total,

La sinceridad enteramente femenina de las sensaciones, la límpida

luminosidad de las imágenes, la gracia delicada y casi grácil de

las palabras, capaces, sin embargo, de expresar la más abandonada

y trastornada pasión, y la fuerza evocadora de esta poesía, son

verdaderamente un milagro, como ya así la definió el geógrafo

y literato Estrabón. Léase, por último ejemplo, la estrofa del plenilunio

(frag.34), admirable imagen de belleza:

Las estrellas en torno a la luna bella

ahora encubren su fúlgido rostto,

cuando plena resplandece al máximo

sobre la tierra [entera].


A N A C R E O N T E

150

En la simplicidad de las palabras se ofrece el encanto dé là

noche lunar, como ningún otro poeta, quizá, : logró jamás. El

ignorar qué es lo que había volcado el alma de Safo hacia tal

encanto, hace de este plenilunio algo de limpidez única, que ño

empaña ningún sentimiento, por lo que hoy nosotros la sentimos

todavía nuestra por la vibración humana que llena de nuevo la

inmensidad luminosa de los silencios nocturnos.

No está fuera de lugar observar, aunque sea aspecto extraño

a la valoración crítica de la poesía, que la obra de Safo tiene para

nosotros también un inmenso interés psicológico, pues es la primera

y aún hoy la más sincera y completa confesión de un alma

femenina, de una sensibilidad de mujer, si bien excepcional. Frente

a ella todas las figuras de mujer creadas por la poesía de los

hombres, dan la sensación de “literatura”, cuando no se revelan

directamente como “mitos”, por muy logradas poéticamente que

sean. Documento de una absoluta sinceridad, la poesía de Safo

perdura, también en este aspecto, como fenómeno singular, pues

mientras otras mujeres han sido “poetisas” incluso eminentes, sólo

de Safo se puede decir que es verdaderamente y sólo “poeta”. De

sus penas, de sus alegrías, de las pasiones todas de su corazón

de mujer, Safo supo colmar, como de fabulosas joyas, un cofre

todo de oro, para asombro eterno de los hombres. En el cielo

de la poesía refulge, inimitable y única, como la luna de aquella

su estrofa purísima.

ANACREONTE

Anacreonte (Άνοαρέων), hijo de Escítino, nació hacia el año

570 en la isla de Teos, frente a la costa de Asia Menor, de donde

se alejó cuando su ciudad fue ocupada por los persas, hacia el

año 545. Llevó desde entonces una vida vagabunda, anticipando

el tipo de poeta itinerante (como Simónides, Baquílides y Píndaro),

la mayor parte de las veces como huésped de tíranos protectores

de las artes. Después de haber participado, probablemente,

en la fundación de una colonia en Tracia, se trasladó un largo

tiempo a la corte de Polícrates, el famoso tirano de Samos, desde

aproximadamente el año 538 hasta el 522, como maestro de su

hijo, A la muerte de aquél fue llamado a Atenas por Hiparco, hijo

de Pisistrato; y cuando fue asesinado Hiparco (514) abandonó

Ática y se dirigió a la Tesalia, de donde posiblemente regresó de

nuevo a Atenas. Murió de edad muy avanzada, cerca de los

ochenta y cinco años, y fue sepultado en su patria. La edición

alejandrina de sus obras estaba ordenada en cinco (o seis) libros,

divididos en cantos, yambos y elegías, de los que quedan hoy

unos 160 fragmentos de tradición indirecta. Sólo por dos papiros


160 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERIODO DE LA LÍRICA

recientes de Oxirinco se nos ha documentado la tradición directa,

con algunos fragmentos de apreciable interés39. Su lengua es la

jónica reciente, la de Semónides por ejemplo, con homerismos

(eolismos). Como Arquiloco y los poetas lesbios tiene predilección

por estrofas breves de ritmo simple. Su nombre está particularmente

ligado a un verso (en su origen, quizás, un dímetro

yámbico catalectico con base anapéstica) a menudo combinado

con jónicos menores, que quedó como el metro de la “anacreóntica”.

Su vida tan agitada y no siempre fácil no dejó ningún vestigio

directo en la obra de Anacreonte, cuya imagen — formada

en la época helenística como aparece en el poeta Hermesianacte

(frag.7,51-56, Pow.) y en el erudito Cameleonte (frag.36,Wehrli),

y luego ya tradicional— es más bien la de un hombre despreocupado

y feliz, entregado al vino, al canto y al amor. Éstos son, en

realidad, los temas predilectos de su poesía.

Por ejemplo, el vino prudentemente moderado en la tranquilidad

del convite (frag.43):

Ea, pues, muchacho, tráeme

la crátera para de un trago

bebérmela; mezcla diez medidas

de agua y cinco de vino;

sin violencia

quiero otra vez alienarme.

¡Ea vamos!, no más así

con alboroto y gritos

practiquemos el beber al modo escita

en el vino, sino en los lechos

saboreando cantos;

junto a Cleóbulo, el joven amado y esquivo (frag.4;cfr.2,3) :

O h joven de la mirada virginal,

tengo ansia de tí y no me entiendes;

80 POx., XXII,1954,nç 2321 (siglo π d. de C. = frags.60-70 Gentili),

donde vuelve a encontrarse el motivo del pugilato con Eros, y el poeta, liberado

así de sus “pesados lazos” , busca su consuelo en el vino;, notable es asimismo

la reminiscencia de Safo. En otro papiro, de atribución dudosa pero

probable (POx., 2322, siglos n-m d. de C. = frags,71-7S Gentili), se recuerda

el famoso frag.29 de Arquiloco, con dos composiciones, incompletas

respectivamente al principio y al final. En la primera se deplora el sacrificio

de la hermosa cabellera de un joven ( ¿Sraerdis? ) ; en la segunda una joven,

con graves penas de amor, pide a su madre que la arroje al “salvaje mar furioso

de turbulentas olas” . No sabemos quién sea esta “mujer fácil de reconocer

(es decir bien conocida)” .


A N A C R E O N T E

161

y no sabes que de mi corazón

tú sostienes las riendas.

Pero también aparecen en sus versos numerosas figuras do

mujeres, como la reacia joven del frag.88:

Yegua tracia, ¿por qué mirándome de soslayo

sin piedad liuyes de mí? ¿Crees que no sirvo para nada?

Con toda facilidad, sábelo, podría colocarte el freno

y hacerte dar vueltas, llevando las riendas, en torno a los mojones

[de la pista.

Por el contrarío, ahora paces en las praderas y loqueas saltando retozona,

porque no tienes un bravo jinete que te monte;

o la joven de Lesbos (que hizo ya a los antiguos fabular una relación,

cronológicamente imposible, con Safo), también ella desdeñosa

hacia el poeta viejo (frag.5) :

Con la pelota purpurina

Bros de cabellera de oro me pega

y me invita a juguetear

con la muchachita de sandalias de variados colores.

Peío ella, que es de la bella

Lesbos, mi cabellera

ya blanca desdeña

y hacia otra mira encantada.

Resulta difícil, por ello, tomarlo en serio cuando exclama,

aunque sea en un momento de desconsuelo:

¡O jalá me muriera! ninguna otra salvación

tendría en modo alguno de estas penas;

pero se manifiesta seguramente más sincero cuando la vejez, con

su cortejo de males y de lamentaciones, le evoca ante los ojos

aterrorizados el camino sin retorno (frag.44):

Canosas ya las sienes

están y blanca la cabeza;

la amable juventud

ya no está conmigo,· viejos se hallan mis dientes,

y de la dulce vida

no queda ya largo tiempo.

Sollozo a menudo

ante ei terror del Tártaro,


162 EPOCA JONICA, SEGUNDO PERIODO DE LA LÍRICA

pues es horrible el abismo

de Hades y su descenso a él

funesto, pues es ley

pata quien desciende el no volver jamás a salir.

Pero también parecen pasar fugazmente estas tristes imágenes

por la mente del poeta. Le sonríen el vino y el amor: Eros, el

eterno y dulce enemigo con quien quiere pelear jugueteando

(frag.27) :

Tráeme el agua, tráeme el vino, muchacha, tráeme coronas

de flores; tráemelo, que tengo que luchar con Bros;

Eros, impetuoso y violento a veces (frag.45) :

Como un herrero me ha golpeado Eros con su poderoso

mazo y me ha sumergido en un gélido río,

pero para él más verdaderamente es el Eros suave y delicado

prefigurador de los Amorcillos helenísticos (frag.28):

M e agrada cantar a Eros,

delicado, cargado

de coronas florecidas;

él es señor de los dioses,

él a los hombres domina.

Sabe lograr una precisión descriptiva con intensa simplicidad,

como en el frag.6:

El mes de Posidón (diciembre)

ha llegado; las nubes están hinchadas

de lluvia y estrepitosamente braman

ías salvajes borrascas;

o la rápida imagen, del gusto de Horacio, de la tímida jovencita

(frag.39) :

Graciosamente, como tierno cervatillo

de cría, que en el bosque, abandonado

por la madre de ancha cornamenta, huye espantado.

Y su estigma también, en un cuadro que recordará Aristófanes,

de la jactancia y ostentación de mal ganada riqueza por un

esclavo prepotente (frag.54), Artemón, que había tenido también


A N A C R E O N T E

Ia osadía de interesarse por la rubia Enrípila (frag.18).:querida

por el poeta:

Antes llevaba trapajos, un gorro

tajado, taquitos de madera eti las orejas y gastada piel

de buey sobre los riñones,

deteriorada cubierta de un escudo de poco precio,

y se la pasaba con panaderas y cortesanas, el infame Artemón,

ganándose con embrollos la vida;

mucbas veces puso él el cuello sobfe el cepo y tantas otras sobre la rueda;

a menudo azotado en el dorso con el látigo de cueto

fue pelado de cabeza y barba;

y hoy monta en carro y lleva collares de oro,

él, el hijo de Cicé, y un quitasol de oro,

como las mujeres.

Asume, a veces, tonos finamente irónicos, como para un marido

débil (frag.87):

Y el tálamo, en el cual no desposó él sino que fue desposado;

o más aún para aquella Erótima de esplendorosa belleza descripta

con detalles de vivo realismo (frag.60, Gent., cuya interpretación

es aún controvertida), “bellísima entre las jovencitas” pero demasiado

fuerte de temperamento, por lo que se atrajo un ultraje de

violencia casi como los de Arquíloco: "camino muy trillado, camino

muy trillado, Erótima’,

Simplicidad de eterno joven ávido de goce y de belleza, y

atemorizado ante la vejez y la muerte; gracia ligera y elegante

que expresa plenamente la serenidad del alma; sonriente y fino

escepticismo que modera todo sentimiento de violencia, y una

perfecta medida artística conformada de íntimo equilibrio y juicio

en una rara limpidez de expresión, son las características esenciales

del alma y de la poesía de Anacreonte. No es responsable

Anacreonte ·—como no lo es Petrarca del petrarquismo ni Tasso

de la Arcadia— de la deformación más bien vulgar que hizo de

él la leyenda, representándolo como un viejo erotómano y borrachín;

o de las innumerables “anacreónticas” edulcoradas que desenfrenadamente

invadieron no sólo la literatura griega y bizantina

hasta el siglo x v 40, sino incluso durante todos los siglos xvii y

xvni europeos, hasta el joven Goethe.

40 Un grupo de cincuenta y nueve composiciones, pertenecientes a la

época grecorromana y publicadas por vez primera por el humanista francés

Henri Étienne en el año 1544, dio comienzo concretamente a la moda europea

por las “anacreónticas” .


164 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERIODO DE LA LÍRICA

ESTESÍCORO

Estesícoro (Στησίχορος: “ordenador de coros” ) fue el nombre

artístico de Tisias, hijo de Eufemo, nacido en Metauro (Magna

Grecia), pero llamado de ordinario “birnereiise”. quizá por haber

vivido largo tiempo en la ciudad de Hímera, en la costa septentrional

de Sicilia. No sabemos nada con exactitud de su vida,

comenzando por la cronología, cuyas indicaciones en las fuentes

son tan variadas y confusas que ya los antiguos, para ponerse de

acuerdo, imaginaron dos Estesícoros, y los modernos hasta tres.

Los datos más atendibles parecen fijar los extremos de los años

633-629 (nacimiento) y 556-553 (muerte), entre Alemán y Simonides.

El eclipse de sol recordado por él sería, por tanto, el del

28 de mayo del año 585. Una tradición digna de crédito lo hace

morir a los ochenta y cinco años. Es probable, por tanto, que

tales incertidumbres cronológicas deriven de la confusión entre homónimos,

ya desde las propias fuentes, pero es también cierto

que la leyenda se apoderó en seguida de él. Famosa es, al respecto,

la de su ceguera, infligida por los Dióscuros en castigo de

haber difamado a su hermana (pero también Alceo, frag.283, y

Safo, frag.16, censuraron ásperamente la conducta de Helena);

le fue restituida la vista cuando, en la Palinodia 41, se retractó del

primer relato afirmando que no fue Helena en persona sino un

fantasma; de ella el que había seguido a Paris hasta Troya

(frag.fl):

N o es verídico este relato,

tú no embarcaste en las naves de Hermosas barandillas

ni llegaste a la roca de Troya.

La edición alejandrina de sus obras contenía veintiséis libros,

pero de una producción tan amplia nos quedan solamente algunos

títulos y un centenar de fragmentos, todos, además, muy breves.

En el naufragio de la lírica griega, la pérdida de Estesícoro

es sin duda la más grave, si no quizás en cuanto a su poesía, sí

ciertamente para el conocimiento de la evolución formal y de

contenido de la lírica coral. Su obra consistía, en su mayor parte,

en composiciones bastante amplias (alguna como la Orestea y

quizá también Helena en dos libros, es decir, de cerca de 2.000

versos) destinadas a la recitación como los cantos épicos, de cuya

41 La existencia de una segunda Palinodia, asegurada por un reciente

papiro (Page, PMG, F 16/193), de la que sin embargo no queda absolutamente

nada, ha planteado numerosos problemas, difícilmente solubles en su

estado actual.


E ST E SÍC O R O 165

temática dependían, no sólo del epos propiamente homérico ( Helena),

sino del Ciclo ( Toma de Troya, Retornos, Orestea), de la

leyenda tebana ( Europea, Erífile), de la délos argonautas (Pelias),

de Heracles ( Gerioneida, Cerbero, Cieno, Escita, cuya frecuencia

temática deriva de la difusión que el culto de Heracles tuvo en

la Magna Grecia y en Sicilia), de Meleagro ( Caza del jabalí),

y, en fin, asimismo de leyendas locales ( Cálice, Rádina, Dafnls),

Un reciente papiro (POx.,XXIII,1956,η·?2.360, siglo π d. deC ., el

fragmento más largo hasta ahora conocido de Estesícoro con

diecisiete versos muy mutilados) nos ha suministrado un interesante

trozo de los Retornos cíclicos, de que conocíamos sólo el

título, el que retoma, con evidentes referencias incluso verbales

pero no sin variaciones originales, la escena de la Odisea,XV,-43-181

(profecía de Helena a Telémaco). Además nos muestra el uso

de una expresión característica ( “graznante corneja” : Los trabajos

y los días, 747, que era un ave prof ética) de aquel Hesíodo que

Estesícoro, en cualquier caso, conocía bien, pues adoptó de él,

entre otras, la leyenda del fantasma de Helena, y de quien consideraba

auténtico el Escudo de Heracles. Interesante es, también,

la mención del “Plisténida” refiriéndose a Menelao en este caso,

pues con el mismo patronímico se indica a su hermano Agamenón

en el relato del famoso sueño de Clitemnestra ( Orestea, frag, 15

D ), cuya versión modificó Esquilo sustituyéndolo por Orestes.

También de la caza del jabalí calidonio, del que conocíamos un

pequeño fragmento de pocas palabras, otro papiro ( POx.,n?2,359,

siglo π d. de C., con dieciocho versos muy mutilados ) nos ofrece,

en la columna I, una parte del catálogo de los héroes que intervinieron

en la misma, donde se observa que Estesícoro adopta

para los nombres una tradición diversa que la del “Vaso François”

y también de la de Baquílides, pero que siguió en parte

Ovidio; en la columna II los cazadores, en dos grupos opuestos,

asisten a la disputa por la piel del jabalí (¿entre Meleagro y los

tíos?)· No hará falta recordar la importancia que la leyenda de

Altea y Meleagro tendrá en la lírica coral y en la tragedia. Una

historia romántica era la de la casta e infeliz pasión de Cálice

por el joven Euatlo, quien, no obstante las súplicas de la joven

a Afrodita, desprecia su amor, por lo que Cálice (¡también ellal)

se precipita de la peña de Léucada. Asimismo el pequeño poema

Dafnis (del que, como el precedente, no queda nada) debía de

contener una historia patética e hizo considerarse a Estesícoro

el iniciador de la poesía bucólica. La leyenda local del pastor

querido por las Musas, pero insensible al amor de una ninfa que

por tal razón lo habría cegado, venía siendo contada y localizada

variadamente por la tradición: Estesícoro la situaba en Hímera

y así lo hizo Teócrito (en una versión, y cerca de Siracusa en una

segunda); otras variantes referían que habría sido transformado


166 ÉPOCA JÓNICA, SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

en un peñasco y (¡también él!) se habría precipitado desde una

roca al mar. Como quiera que sea, este argumento es asimismo

demostrativo de los intereses del Estesícoro "menor”, frente a los

del Estesícoro épico y solemne que ha prevalecido en la tradición.

Lamentablemente, de los escasos restos, poco se vislumbra

sobre el modo con que Estesícoro trató este enorme patrimonio

de leyendas; y menos aún ei arte del poeta, de quien los antiguos

alabaron mucho sus “dignitas”, las “graves Camenae”, el "ethos”

y que ya Simónides (frag,32) recordó junto a Homero, anticipando

así sustancialmente el famoso juicio de Quintiliano: “epici

carminis onera lyra sustinens” ( Imi. or.,X,1,62). Sería como decir,

en terminos menos formalistas, que el carácter épico-narrativo era

como reavivado en un colorido descriptivo más intenso y un interés

nuevo predominantemente psicológico; tal vez, podría decirse,

hasta “romántico”, como en las heroínas de sus conmovedoras

historias de amor ( Cálice; una Húclina le atribuye Estrabón, aunque

él mismo ya dudaba de su autenticidad) o en la leyenda

del pastor Dafnis. Estesícoro transfirió la temática, del mundo

épico, que ya pertenecía al pasado pero que conservaba, no

obstante, sus valores de cultura, a la lírica coral, revigorizándola

con una riqueza inagotable de argumentos, como se evidencié

en su comparación con Alemán, quien, sin embargo, fue su

más importante predecesor. En su línea proseguirán ampliamente

Simónides y Baquílides, y Píndaro la ennoblecerá con úna profunda

conciencia ético-religiosa. A estos poetas suministró Estesíedro

notables innovaciones musicales en la citarodia, perfeccionando

la segunda constitución musical espartana, y sobre todo

cotí la “invención” de la tríada epódíca — atribuida a él por una

unánime tradición— , que será en adelante la forma rítmico-musicaí

de la lírica coral. No está fuera de lugar observar que sucedió

esto en la Grecia de Occidente, la que en el siglo vi tendrá

una parte tan viva y original en el enriquecimiento de la civilización

helénica, en todos los campos.

De la nueva Hélade llega precisamente este espíritu que

toma conciencia de nuevas exigencias entre el pasado y el futuro,

entre el mundo épico ya intrínsecamente agotado y el gran siglo

ateniense. La innovación no alcanzó, quizás, al plano del intrínseco

valor poético, porque el intento de Estesícoro era un compromiso

destinado a malograrse, en cuanto que era formal y

exterior, no aportaba inspiración y Justificación de una visión

original de la vida, como había sido la épica y lo sería la tragedia.

Pero si se piensa en la deuda, aunque sea de tipo argumentai,

que con Estesícoro tuvieron los líricos corales ya nombrados,

los trágicos (en particular Esquilo y Eurípides), las artes


IB IC O 167

figurativas42 y la poesía helenística, se tendrá una clara idea de

cuáles son el puesto y méritos que corresponden a Estesícoro en

la historia de la poesía griega.

IBICO

Ibico (’Ίβυκος) nació en Regio, en los primeros decenios del

siglo vi, de familia aristocrática; su padre, F icio, es probablemente

identificable con el homónimo legislador de la ciudad.

Estuvo en Cátana de Sicilia, y después en Samos adonde probablemente

llegó antes de apoderarse del poder Polícrates (hacia

538). Por este motivo retornó a Occidente, si es digno de crédito

al menos el detalle geográfico de la leyenda —un motivo novelístico

popular— que indica a Corinto o más bien Siracusa como

lugar de su asesinato, cuyos autores se traicionaron y fueron descubiertos

por la presencia de las “grullas de Ibico” que habían

sido testigos del delito. Por el fragmento 2 se desprende que

llegó a alcanzar una edad avanzada.

Un primer período épico-lírico, en el cual es evidente el

influjo de la personalidad e innovaciones de Estesícoro, se caracteriza

por numerosos argumentos comunes (Juegos fúnebres en

honor de Pelias, Caza del jabalí ccHidonio, Destrucción de Troya,

Argonautas, Meleagro, Ciclo tebano); pero no faltan temas originales

(Endimión, Prometeo, Radamante y Talo, Ganimedes y

Titán) y también locales (Orfeo y Ulises, cuyo nombre aparece

con la forma dialectal occidental Όλίξης: cfr. lat. “Ulixes” ).

Después, probablemente en el período de su permanencia en Samos,

donde conocería la lírica eólica, el poeta parece haber encontrado

una inspiración original, especialmente erótica (y pédica),

por la que precisamente fue famoso en la antigüedad. De los siete

libros en que los alejandrinos ordenaron su obra, quedan apenas

unos sesenta breves fragmentos. El más largo de ellos (tres trozos,

de los que el más extenso contiene cerca de cincuenta versos

más o menos mutilados: frugs.3-5) nos es conocido por un reciente

papiro. Es una Oda a Polícratesis, en el esquema de la tríada

“estesicorea”, llena de acostumbrados motivos míticos y heroicos,

en un estilo solemne pero por otro lado frío, Al respecto el poeta

42 En la admirable antología de representaciones míticas y heroicas

— aun por ordenar según su sucesión originaría, como lo demuestra el reciente

hallazgo de otras seis metopas— de las esculturas del Heraion en la desembocadura

del Sele (Junto a Pesto), pertenecientes al segundo cuarto del siglo

vi, se ha reconocido clara y ampliamente el influjo de temas de Estesícoro,

si bien se hace difícil precisarlo hoy en sus detalles (véase, al respecto, aun

cuando con reservas, Page, op. cit., págs.95 y sigs.).

is No el tirano, sino más bien su joven hijo homónimo, enviado por el

padre a gobernar Rodas.


168 ÉPOCA JÓNICA. SEGUNDO PERÍODO DE LA LÍRICA

declara explícitamente que a él no le interesan mucho tales viejos

temas y que prefiere cantar más bien la belleza del joven

Polícrates. Pero, en razón de que no falta quien atribuya esta

oda a Estesícoro, no conviene, en la incertidumbre, basarse demasiado

en ella para sacar juicio alguno.

Perdura el Ibico que más agradó a los antiguos, el que Cicerón

recuerda junto a Alceo y Anacreonte como poeta del amor.

Un jardín de vírgenes ( ninfas, musas ), por ejemplo, hermosamente

florecido en primavera, y el tormento del poeta (frag.6) :

En primavera los manzanos cidonios,

cegados por las corrientes

de los ríos, en el jardín intacto

de las Vírgenes, y las vides en brote

bajo los. umbrosos sarmientos

echan florecientes pámpanos. Pero para mí Eros

no ■reposa en ninguna estación;

y,..como, se enfurece por el rayo

el tracio Bóreas, lanzándose

de parte de Cipris coa ardiente locura,

tenebrosoj despiadado,

potente, domina en lo más hondo

mi alma...

. Jardines de Homero y de Safo resuenan en este secreto jardín;

de.la fantasía; y es,, quizá,, la parte más lograda del poema.

Pero el resto, a pesar de lo. que muchos hayan;, dicho, al. respecto,

suena ; psicológicamente a falso y forzado en la expresión, pues

la primavera, con su ímpetu de; renacimiento tras el invierno, es

conerei amento la estación en la que la naturaleza, menos “reposa”,

como'el· poeta desearía para su corazón; y el cúmulo de adjetivos

y de connotaciones parece oprimir el sentimiento más que cargarlo

de aquella fuerza expresiva que alcanzan, en su sencilla desnudez,

algunos momentos poéticos semejantes de Arquiloco y Safo.

Más eficaz, precisamente por su mayor simplicidad y su legítima

comparación original, del gusto de Enio y de Horacio; es el fragmento

7 que tuvo el merecido honor de ser citado por Platón:

Eros, de nuevo, bajo los azules

párpados lanzándome destructoras miradas,

con voluble fascinación

me arroja en redes inextricables, presa de Cipris.

Y yo amedranto su asalto

cOmo caballo al tiro

cargado de victorias, que cerca de la vejez

de mal grado bajo el carro veloz

sale a la competencia.


CAPÍTULO OCTAVO

LA POESIA DRAMATICA:

ORÍGENES Y COMIENZOS

CLASIFICACION ¥ CARACTERES GENERALES

A fines del siglo vi llegan a dignidad literaria, en varias partes

del mundo griego, las formas de la poesía dramática, clasificadas

por los antiguos en cuatro especies:

1 ·— tragedia

2 — comedia

3 — drama satírico

4 ■— mimo.

El carácter común a estas formas es concretamente la acción

(δράμα): es decir, el trasladarse del plano de la narración-descripción,

como en la épica y la lírica coral, al plano de la imitaciónrepresentación

(μίμησις), por medio de personajes agentes y partícipes

del propio suceso. Esta caracterización, si bien debida a

Aristóteles y, por tanto, autorizada y ya tradicional, es sin embargo

exterior e inexacta, pues, por ejemplo, no tiene en cuenta

el hecho de que muy a menudo en la tragedia, y a veces, en

forma paródica, también en la comedia, el momento decisivo de

la acción, es decir, la catástrofe trágica, no llega a ser “representado”,

sino narrado por un “mensajero” que estuvo presente en el

suceso, Otro tanto se puede decir de la famosa “mimesis” de que

tanto se ocupa Aristóteles en su Poética, ya que también ella, al

menos en la interpretación común, comprende solamente un elemento

extrínseco de la representación.

Es cierto, sin embargo, que la poesía dramática pareció ya

a los contemporáneos, y lo fue realmente, una innovación rica

de posibilidades y futuro como ninguna otra forma poética. Por

obra de grandes poetas (Esquilo, Sófocles, Eurípides, Cratino,

Aristófanes) la tragedia y la comedia se elevaron a una grandeza

que ha perdurado quizás insuperada en la poesía mundial. Además

de ellos fueron cultivadas por numerosísimos poetas que

produjeron millares de obras, lo que demuestra asimismo la pro­


170 EPOCA JÓNICA. POESÍA DRAMATICA: ORÍGENES

funda vitalidad de la nueva poesía, florecida sobre todo en Ática

entre los siglos vi y iv. A pesar de los aspectos exteriores, complementarios

más que opuestos, porque llanto y risa, dolor y

alegría se funden en la realidad de la vida, la tragedia y la comedia

rivalizaron en revelar a la poesía nuevas posibilidades de

indagación psicológica y de creación de caracteres, en una variedad

de formas que es apreciablemente más rica que la clasificación

tradicional, necesariamente esquemática.

En la evolución de cada una de las formas, la tragedia precedió

a la comedia y le sirvió de modelo en lograr tanto una

estructura como una dignidad artística. Llegada la tragedia a

su perfección con la gran tríada ateniense cuya actividad ocupa

casi todo el siglo v, a pesar de intentos poco afortunados de renovación

y de una producción copiosa todavía en los siglos iv y in,

decae irreparablemente para no resurgir más en Grecia.

Más variada y compleja es la historia de la comedia.; Elevada

a dignidad artística por Epicarmo en la Siracusa dórica; la

encontramos poco después profundamente modificada en Ática

donde, por obra de Cratino, Éupolis y Aristófanes, llega a ser

quizás el testimonio más original de Atenas líbre y democrática,

alcanzando con Aristófanes una de las más altas cimas de

la fantasía poética. Sin embargo, contrariamente a la tragedia,

sobrevive la comedia al poderío de Atenas y, a través de la llamada

“comedia media”, se renueva totalmente en la “comedia

nueva” de fines del siglo iv, con otra tríada, Menandro, Filemón

y Dífilo, de la que la comedia latina tomará temas, formas y

caracteres, que transmitirá a la comedia humanística y moderna

hasta Molière, Goldoni y otros. Carácter común en la evolución

de la tragedia y comedia es la decadencia y luego la desaparición

del elemento lírico, coral, cuyas razones veremos más adelante.

Mucho más estática es la historia del drama satírico, que

alcanza su estructura con Pratinas y con Esquilo y permanece

prácticamente inmutable durante todo el siglo v, aunque a través

de una diversa concepción poética de los tres grandes trágicos, en

una rigidez que era connatural con su propio origen. El drama

satírico se extingue con la tragedia.

En cuanto al mimo, del cual no poseemos una sola obra

entera del período clásico y sólo escasos y breves fragmentos,

perdura siempre cercano a las formas cómicas populares desarrolladas

sobre todo en Sicilia y la Magna Grecia, y asimismo en la

reelaboración, más bien literaria, de Teócrito y la más realista

de Herodas y otros mimógrafos anónimos del período helenístico.

De cualquier modo, en la parte segunda se hablará de las

razones por las que no alcanza forma artística hasta Sofrón (s. v).


LOS ORIGENES DE LA TRAGEDIA 171

EL PROBLEMA D E LOS OBÍGENES

Después de la cuestión homérica, el problema de los orígenes

del drama, y de la tragedia en particular, es sin duda el más

debatido de la literatura griega, a partir de una memorable obra

de Federico Nietzsche (El origen de la tragedia, Basilea, 1871),

que, junto al intento de Ricardo Wagner de renovar la trilogía

clásica, llevó el problema al plano de la cultura europea.

Es oportuno aclarar de antemano que la cuestión de los orígenes

del drama, como del resto de cualquier otra forma literaria,

no se relaciona con la poesía, que, si bien ligada a un

particular momento histórico, es sin embargo, en cuanto concreta

realidad artística, un hecho autónomo e independiente, una creación

absolutamente espontánea. Incluso aun cuando lográramos

reconstruir la historia externa de la tragedia y de la comedia,

desde sus orígenes, nada nos aclararía sobre lo que hay de original

en la poesía de Esquilo o de Aristófanes. Pero tiene, sin

embargo, una gran importancia: la de explicar la formación de

una tradición, de un estilo, de una técnica que, aunque de carácter

exterior, son fuerzas activas en la historia de las formas literarias.

Todavía hoy la crítica filológica sigue la dirección de Nietzsche,

es decir, de considerar el problema de los orígenes de la

tragedia separadamente del de los orígenes de la comedia y del

drama satírico, lo que concuerda en último análisis con la concepción

de Aristóteles, que fue el primero en indagar con espíritu

científico y conciencia histórica los orígenes de las formas dramáticas.

Esta separación procede de la convicción, en Aristóteles,

de'que la tragedia representa el último término de la evolución de

la poesía, la forma poética más perfecta. La propia idea, en

cualquier caso, de trazar la historia de un género poético y de

explicar su perfección con la reconstrucción de los orígenes es

típicamente racionalista y evolucionista, propia del método de las

ciencias naturales.

En homenaje a una tradición tan autorizada, no carente, al

menos en parte, de resultados meritorios, y por comodidad de

la exposición, trataremos también brevemente las cuestiones relativas

a los orígenes de cada una de las formas dramáticas, teniendo

presente, sin embargo, que la separación no ayuda a la comprensión

del problema, de por sí unitario.

LOS ORÍGENES DE LA TRAGEDIA

Un conjunto importante de testimonios antiguos, derivados

más o menos directamente de los resultados de las indagaciones


172 EPOCA JÓNICA, POESIA DRAMATICA: ORIGENES

personales de Aristóteles o de la escuela por él fundada, permite

reconstruir, al menos en sus puntos principales, la historia de la

tragedia según la doctrina peripatética del modo siguiente:

1) La tragedia deriva del ditirambo dionisíaco (coral ya con

Arquíloco y Arión) y concretamente, según Aristóteles, de "quienes

entonaban el ditirambo” των. ¿ξαρχόντων τον διθύραμβον).

2) En cuanto a la forma, la tragedia primitiva era una improvisación,

de breve extensión y en estilo festivo, una composición

de carácter "satírico” . Sólo más tarde la tragedia, separándose

del primitivo "satyrikón”, alcanza gravedad y extensión,

abandonando también el verso más antiguo usado en el diálogo, es

decir, el tetrámetro trocaico, por el trímetro yámbico.:

3) Hacia el año 534, en ocasión de las fiestas Dionisíacas

reorganizadas por Pisistrato, tirano de Atenas, Tespis fue el vencedor

en un primer concurso trágico, en el cual introdujo el actor

(ύποχρίτής: “respondedor”, o más.bien “intérprete” ) frente al coro;

al principio los poetas trágicos eran también actores.

4) “Tragedia” (τραγωδία) quiere decir "canto de machos cabríos”

(τράγοι, seguidores de Dioniso con disfraces de macho

cabrío); o también, según una interpretación postaristotélica, “canto

por el macho cabrío”, como premio para el vencedor; o también

“sobre el macho cabrío, en honor del macho cabrio” .

. :. Las. únicas noticias anteriores a esta sistematización aristotélica

.(.y.■■peripatética). proceden de Ilerodoto: : ...

: a) Innovaciones éh el ditirambo Atribuidas a Arión:

b) En Sición:(lá Mecona hosiódiea del engaño do Prometeo)

el tirano ("’lístenos, después de abolir los concursos de los rapsodas

homéricos, “restituyó” (o “atribuyó”, según otra interpretación, no

preferible, del verbo


LOS ORIGENES DE LA TRAGEDIA

ahora, acepta integral o parcialmente la reconstrucción aristotélica

e intenta de varios modos explicar e integrar en ella los

elementos de la tradición.

Una nueya dirección ha sido impresa a la indagación por

los etnólogos y los historiadores de la religión, con el estudióde

las formas mímico-dramáticas en los pueblos primitivos. Resulta,

al respecto, que estas formas están casi siempre relacionadas

con ritos de carácter mágico-religioso destinados a promoverla

fecundidad de la tierra y del hombre; o bien con ceremonias

iniciáticas que celebran el paso de la niñez a la pubertad de los

miembros de una tribu. De estos ritos y ceremonias han sido

encontrados también vestigios en el mundo griego. En otras

orientaciones, los estudiosos se han inclinado por el culto de los

héroes, con las lamentaciones fúnebres sobre la tumba y la exaltación

de las gestas del difunto glorioso; o también por los δρώμενα

de los misterios eleusinos en honor de Deméter y Perséfone ( “acciones”

sagradas, de la misma raíz de δράμα, de las cuales sin

embargo muy poco sabemos y nada testimonia que tuvieran forma

dramática). Son todos ellos elementos varios que pueden

confluir también en los precedentes de la tragedia griega, si bien

en medida no definible hoy en día y a través de fases de imposible

precisión individualizadora. Es necesario, por tanto, limitarse

a la comprobación general, válida incluso fuera del mundo

griego, de que todo ritual religioso tiende naturalmente a expresarse

en formas mímico-dramáticas que reevocan el arquetipo

sagrado, cuya potencia y efecto renuevan periódicamente.

En fin, se ha tratado de entender a Dioniso más bien como

un símbolo, es decir, como el dios en el que se revelan las contradicciones

de la existencia, que son precisamente la materia del

trágico; y también, por otro camino, de buscar diversamente la

etimología del componente τράγος en el término tragedia, considerando

que el τράγος jamás ha tenido nada que ver con lo dionisíaco

(y de ahí interpretaciones como “el canto del poderoso”, es

decir, del espíritu del difunto, del héroe; o también “ el canto

sobre la plaza del mercado” ) ; o, por último, tratando de demostrar

que en todos los argumentos trágicos es rastreable el valor

del “ejemplo divino”, elaborado bajo influjo sacerdotal, para manifestar

el poder del dios como castigo de la arrogancia humana

y como benignidad, a su vez, para quienes confían en él.

He aquí, por consiguiente, las conclusiones fundadas sobre

el problema:

1) Las manifestaciones mímico-dramáticas, que se pueden

considerar, siempre en el aspecto formal, como precedentes de

la tragedia, son en Grecia de época mucho más antigua que la

de la aparición de la tragedia según la cronología tradicional. Se

relacionan aquéllas con formas de la religiosidad prehelénica,


174 ÉPOCA JÓNICA. POESIA DRAMATICA; ORIGENES

cuyos mitos y tradiciones, al perder el significado por la llegada

de las divinidades olímpicas indoeuropeas, llegaron a menudo a

entrar en conflicto con la nueva religión,

2) El aspecto “dionisíaco” de la tragedia, incluso en el período

de sus orígenes, es puramente exterior y formal; su inserción

en el ritual dionisíaco sucedió en época histórica, por obra de

Pisistrato, y no revela nada sobre los orígenes de la tragedia en

sí. Se confirma esto por el hecho de que, como ahora sabemos,

Dioniso se halla atestiguado ya en el mundo micénico, es decir,

precisamente en la época a que deberían remontarse los precedentes

de la tragedia como manifestaciones de la religiosidad

dionisíaca, de la que nada sin embargo ha conservado la tragedia

en época histórica.

3) Los orígenes formales de la tragedia han de ser rastreados

en manifestaciones mímico-dramáticas de carácter genéricamente

mágico-religioso, en que confluyen elementos varios y heterogéneos,

durante un largo proceso cuyas fases permanecen, en

realidad, inciertas y oscuras.

LOS ORÍGENES B E LA COMEDIA

: Más claros, al menos en apariencia, resultan los orígenes de

la comedía, que Aristóteles atribuyó a “aquellos que entonan los

caiitos fálicos”, agregando explícitamente que tales cantos se celebraban

aún en su tiempo en muchos lugares dé Grecia (poseemos

una descripción de ellos por parte de Sernos de Délos, quien vivió

hacia el año 200 a. de C. : FGrHist.,396 F,24). Estos elementos

son, en efecto* claramente evidentes en la comedia ática del siglo

v> en la que él falo forma parte del disfraz del actor44, y una

famosa escena de los Acarnienses de Aristófanes nos muestra en

qué consistía una faloforía, es decir, la celebración del falo como

símbolo de la fuerza generadora de la naturaleza. Aristóteles,

además, al recordar el origen de la palabra comedia de “aldea,

burgo” (χώμη), lo cual la habría relacionado con el mundo dórico,

pues el término ático correspondiente es δήμ,ος, da la etimología

de '/Μμω'ί'.χ como “canto del χώμ,ος” , que es el nombre de la

fiesta dionisíaca al propio tiempo que del cortejo de fieles, quienes

en las representaciones de vasos del siglo vi, aparecen disfrazados

con figuras zoomórficas diversas (caballos, aves, etcétera).

Numerosos testimonios literarios, además, y documentos arqueológicos

demuestran la existencia, en todo el mundo griego, de

antiguas formas mímico-dramáticas de carácter cómico, referentes

a varias corrientes religiosas (por ejemplo, el culto de Artemis

44 Pero no del coro, a pesar de que la faloforía sería con seguridad coral.


LOS ORÍGENES DE LA COMEDIA 175

Ortia en Esparta), que se distinguen lorias por sus máscaras·

cómicas populares y manifestaciones de insultos y befas de varios

géneros (σκώμματα). Fue famosa, entre otras, la “farsa mcgarense”

dórica a la que alude frecuentemente aún Aristófanes, como

forma de comicidad grosera y vulgar, que debía de ser todavía

del agrado del pueblo, mientras en la Magna Grecia predominan

los “iliacos” (φλύαρες) por el típico aspecto cómico, testimoniado

en tantas representaciones figuradas, que consistía en proporciones

ridiculamente exageradas del vientre, el trasero y el falo.

También en la comedia, naturalmente, apenas se mira bajo

las apariencias, se revelan dificultades graves a quien desee aceptar

la doctrina aristotélica. Asimismo en ella hay que remontarse

a momentos muy lejanos del κώμος dionisíaco tal como aparece

éste en época histórica, y retroceder a celebraciones antiquísimas

de démones de la fecundidad y de la generación, evocados según

un ritual diverso, que podría denominarse “simpático” mejor que

apotropaico, difundidas especialmente entre la población campesina

a la cual ofrecían, en la alegre licencia de la fiesta, un gozoso

paréntesis de alivio y de olvido de la dura vida cotidiana. La

propia afirmación de Aristóteles de que la comedia había alcanzado

su estructura y dignidad más tarde que la tragedia es cierta

solamente en parte, es decir, por el hecho solo de haber sido

incluida en el ritual dionisíaco ateniense cerca de cincuenta años

después que la tragedia, y porque, como se ha indicado, se modeló

literariamente con el precedente de aquélla. Pero una tradición

antigua, que es demasiado simple considerarla como una fábula

o una vanagloria patriótica, atribuía la “invención” de la comedia

a Susarión, entre los años 581 y 562 a. de C., o sea cincuenta

años aproximadamente antes de Tespis.

Lo poco que se puede entrever con alguna verosimilitud

sobre los precedentes de la comedía se puede, pues, resumir así:

1 ) La existencia en toda Grecia, y especialmente en el mundo

dórico, de tipos cómicos populares, bufonamente disfrazados, como

actores de breves acciones cómicas, o más bien de “caricaturas”

(el médico que habla extranjero, el lisiado, el tonto, el glotón,

etc., que hacen recordar las máscaras de las “atelarías” oseas,

quizá derivadas de otras similares de la Magna Grecia. Es importante

observar que en estas formas predomina el carácter profano,

pues son extrañas a la esfera religiosa, y que se realizan

en un lenguaje popular, que, en su origen, fue probablemente

prosaico.

2) Propias del mundo ático son, a su vez, las formas escommáticas

relacionadas con un ritual religioso (κώμος zoomorfo,

faloforía y “befas desde el carro”, de Dioniso; “befas sobre el

puente” [γεφυρισμοί] del ritual eleusino), en las que predomina

el elemento lírico-orquéstico.


17Θ

EPOCA JÓNICA. POESIA DRAMATICA: ORIGENES

3) Mientras la comedia siciliana representa el perfeccionamiento

literario de la “farsa” dórica, la comedia ática deriva de

la fusión de la farsa popular con el elemento lírico del “kómos” .

Es imposible afirmar hoy cuándo y por obra de quién se llevó a

cabo tal fusión. Pero la comedia ática, aunque, como se ha dicho,

modelada en algunos aspectos sobre la tragedia, que la había

precedido en la evolución artística, da, sin embargo, la impresión,

por su esquematismo, mayor que en la tragedia, y por la existencia

de partes fijas tradicionales, de remontarse a una época antigua,

que podría ser incluso la de Susarión.

LOS ORIGENES DEL DRAMA SATIRICO

La tradición casi unánime, si bien tardía (postaristotélica),

en el estado actual de las fuentes, atribuye la “invención” del

drama satírico a Pratinas de Fliunte, quien habría introducido

los sátiros en la escena en un concurso, hacia el año 500 a. de C.,

por lo que se hizo memorable. Se relaciona tal innovación con

el famoso grito ούΒέν τυρός τόν Διόνυσον ( “nada para Dioniso”,

“esto no tiene ya nada que ver con Dioniso” ), con el que el

público habría protestado contra la desaparición del dios de la

tragedia. De este modo los sátiros, típicamente dionisíacos, habrían

dado satisfacción al deseo del público.

Ahora bien, si pensamos en el “satyrikón” primitivo que

según Aristóteles habría sido la forma de la tragedia arcaica (es

incierto, sin embargo, si el término tenía un valor propio o traslaticio,

es decir, si quería decir “satírico” propiamente, o, quizá;

solamente “a la manera de los sátiros” “en el estilo de los

sátiros” ), y la noticia de Herodoto acerca de que Arión habría

sido el primero en introducir los sátiros hablando en metro, se

agravan las incongruencias y dificultades ya evidentes en la tradición,

según la cual, en poco más de treinta años, la tragedia

nacida en lo dionisíaco había perdido todo carácter y argumento

de Dioniso.

En realidad, silenos equinos y sátiros caprinos, figuras de

origen quizá diverso pero luego a menudo confundidas, son también

démones de la fertilidad y de la generación, ya conocidos

(los sátiros) en Hesíodo como hermanos de las ninfas y de los

curetes, “no buenos para nada y holgazanes”, una especie de

duendes benéficos y burlones, de origen antiquísimo y sin duda

pregriegos, como atestiguan sus nombres; solamente hacia la mitad

del siglo vi, es decir, medio siglo antes de Pratinas, fueron

atraídos a la órbita de la religiosidad dionisíaca por una cierta

afinidad con los atributos del dios. Por otro lado, el drama satírico

con sus caracteres tradicionales, que quedaron sustancial­


SIGNIFICADO DE LAS FORMAS DRAMATICAS 177

mente fijos (simplicidad de acción dramática, coro obligado de

sátiros, aunque sea con función muy diversa, y escasa importancia

del elemento lírico)40, ofrece una impresión en conjuntó de mayor

arcaísmo que las demás formas dramáticas. Es probable, por

ello, que Pratinas deba ser considerado, más que como “inventor”,

como quien elevó a la dignidad de arte una antigua forma dramática,

la más antigua quizá, también de lejanos orígenes religiosos

pero no dionisíacos, introduciendo argumentos derivados

del epos (sobre el ejemplo de la tragedia) y de leyendas varias.

Pero el perfeccionamiento estructural y artístico del drama satírico,

en las formas que perduraron luego como tradicionales, fue

obra, como luego veremos, de Esquilo.

SIGNIFICADO DE LAS FORMAS DRAMATICAS

A las conclusiones recién formuladas sobre el origen de cada

una de las formas dramáticas se pueden agregar algunas consideraciones

de carácter general sobre la aparición del fenómeno dramático.

Para explicar su valor es de importancia fundamental la

comprobación de que, no obstante la variedad de las formas, tienen

éstas como base común la representación de un suceso, trágico,

cómico o satírico, por medio de actores. Situada en una

lejanía mítica o extraída de una realidad cotidiana, idealizada

en un caso y caricaturesca en el otro pero transfiguradas ambas

a través del arte, se trata de la vida misma, la vida en todos sus

aspectos que se hace materia de poesía en cuanto “acción”, como

la expresión más elevada de la voluntad de vivir. La poesía dramática

no es, pues, solamente un hecho literario, a pesar de ser

éste importantísimo, sino una nueva visión de la vida.

Aunque derivada la dramática, como se ha visto, de elementos

diversos y remotos de origen muy variado, encontró su terreno

natural de desarrollo en la Atenas libre y victoriosa del siglo v,

desde donde irradió la luz de la más elevada poesía que llegaron

a crear los griegos; y se agotó intrínsecamente con la pérdida de

la libertad de Atenas, aunque continuó sobreviviendo, sólo en

parte y en apariencia. No fue sólo la libertad social —la que produjo

la gran comedia política, jamás repetida en la historia— , sino

la profunda libertad del espíritu, que por vez primera tuvo conciencia

de sus infinitas posibilidades y que llegó a realizarlas

todas de manera insuperable, reconociendo, sin embargo, los límites

de la condición humana.

43 Atestiguada incluso por su nombre, pues su denominación más antigua

y exacta, oí σάτιιροι, aun refiriéndose explícita y solamente al coro, es sin embargo

la única que no lleva como componente φδή (cfr. en cambio -υραγφδίκ,

χωμ,ψδία), es decir, el término indicativo del elemento lírico.


178 EPOCA JONICA. POESIA DRAMÁTICA: ORIGENES

Fue obra de grandes poetas el haber intuido las posibilidades

psicológicas, literarias y espectaculares que ofrecía la dramática

y el haber ideado para ello formas artísticas perfectas. La

tragedia y la comedia alcanzaron con ellos lo que Aristóteles llamaba

su c’úc'.c, es decir, algo así como su forma natural y perfecta,

creación, en verdad, absoluta del genio. Pero cuando se

habla de la dramática como una forma casi naturalmente destinada

a expresar una concepción de la vida y a crear nuevos valores

poéticos, no hay que olvidar que, sin Esquilo y sin Cratino,

habría quedado muy pronto reducida a aquel estadio tosco de

los orígenes en que se han detenido, casi en todos los pueblos

primitivos, las diversas formas llamadas dramáticas de origen

mágico-religioso.

LA COMEDIA DÓRICA SICILIANA

Después de Aristóxeno, que es para nosotros tan sólo un nombre,

el perfeccionamiento literario de la farsa dórica fue obra de

Epicarmo (’Επίχαρμος), contemporáneo de Esquilo, nacido muy

probablemente en Siracusa, aproximadamente entre los años 530

y 440, que vivió en la corte de Gelón y en el círculo poético de

Hierón. Compuso un número no precisable hoy de dramas (entre

37 y 52), de los que nos quedan 37 títulos y cerca de 300 fragmctifos

lamentablemente muy breves, muchos de los cuales consisten

en, palabras, raras aisladas por los lexicógrafos (glosas).

Por ello no se puede concretar casi nada con precisión sobre la

trama y. extensión de sus comedias, ' que probablemente serían

tin tanto' simples y breves. Estaban escritas en dialecto dórico

siracúsano/(literario), en tetrámetros trocaicos y trímetros yámbicos

principalmente, aunque también en tetrámetros anapésticos.

Las recitaban actores corf máscara, pero probablemente sin atributos

fálicos, sobre un podio ligeramente sobreelevado respecto

al plano de la escena, como se observa en las figuras de los vasos

fliácicos. Algún fragmento da noticia de danzas con acompañamiento

de flauta, pero faltaba el coro( los títulos en plural se

refieren a los actores) y con él el elemento agresivo y burlón.

Se desprende de los títulos que Epicarmo tuvo predilección por

la parodia mítieo-religiosa, en especial de Heracles (los fragmentos

más importantes se refieren a las Bodas de H ebe), pero también

de Atenea, Posidón, Hebe, Hefesto, Dioniso y Prometeo; y

por los argumentos de la leyenda hornéric:a( Ulises desertor, Troyanos,

Cíclope), de la leyenda argonáutica (Amigos), de Meleagro

y de Teseo, tratados todos cómicamente. Otros títulos evidencian

motivos realistas (Las ollas, La salchicha, El campesino,

etc.). Epicarmo empleó por primera vez el contraste cómico


LA COMEDIA DÓRICA SICILIANA 179

entre los actores (quizá para demostrar una tesis, como después

haría a menudo Aristófanes), el juego de palabras incluso etimológico,

la parodia literaria (Homero, Esquilo) y la caricatura1de

filósofos (un precedente de las Nubes de Aristófanes con el recurso

de sutilezas filosóficas para no pagar deudas, se halla en un

divertido pastiche de teorías de Heráclito y de Pitágoras (frag,170,

Kaibel = 1 5 2 Olivieri), Lamentablemente poco más agregan

algunos papiros muy recientes. PO%.,XXV(1959),n°2.426, siglo

i i d. de C., confirma cinco títulos, agregando una Medea, conocida

hasta ahora como de Deínóloco, discípulo y competidor de Epicarino;

y, en la forma de Prometeo o Fina, el título del drama

citado como Pirra, o bien Prometeo, o Pirra y (o ) Prometeo, o

Deucalion ( Leucarión) 4C. De esta última comedia (en caso de

tratarse de una sola comedia) tenemos vestigios muy lagunosos

de unos 40 versos en POx.,nQ2A27, siglo ϊι-ϊπ d. de C., frag.1-3 (y

en apreciación muy dudosa en el frag.27, que más bien parece de

las Bodas de H ebe), que se refieren a la construcción del arca

con la que Deucalión se salvó del diluvio (¿con provisiones para

un mes? ). El mismo papiro conserva también probablemente unos

versos de la Esftnge (¿frag.8?), con un total de 67 fragmentos,

pero tan incompletos que no es posible coordinar en forma alguna

las palabras recuperadas. El papiro, del siglo π d. de G. como el

precedente, es muy importante respecto a la fortuna de Epicarmo

4T, de cuya lectura en esta época es claro testimonio; además

es el primero que contiene un cierto número de obras de Epicarmo

provenientes de una edición de su “opera omnia” de origen filológico,

con variantes que se remiten a la autoridad de ejemplares

“exactos, precisos”, como muestra una nota que se repite tres o

ie Las cuatro, y ahora, cinco, formas del título hacen imposible establecer

a cuántas obras se puedan referir y con qué títulos precisos. La solución

más probable parece Identificar un Prometeo (o Pirra, como subtítulo) y un

Deucalión (Leucarión) y Pirra, que puede ser también, sin embargo, tanto una

refundición del precedente ( a la manera, por ejemplo, de Las Musas respecto

a las Bodas de Hebe) como una comedia nueva. La presencia de Pirra en

ambos títulos habría facilitado las inseguridades en las citas,

47 Un papiro del siglo i a. de C, contiene diez versos (con escolios ¿de

Apolodoro?) atribuidos conjeturalmente de manera unánime a su Ulises desertor

(frag.99 Kaibel = 50 01). Un importante y erudito comentario de esta

misma obra (y posiblemente de otra no identifieable), lamentablemente con

muchas lagunas, contiene el POx., 2429 (avanzado el siglo u d. de C.; siete

fragmentos ), que, además de confirmar la atribución del fragmento 99 Ií

y mejorar su lectura, nos restituye algunas palabras del poeta. Poco se saca

del P. Heid,, 1956,181, con. veintidós versos muy incompletos de una comedia

dórica, que probablemente pertenezcan a un drama de Epicarmo sobre

Heracles ( ¿BusirisP ) ; sin embargo, es muy importante para la historia del

texto, en razón de su antigüedad (hacia el 250 a. de C. ) que lo hace remontarse

a una edición prealejandrina.


180 EPOCA JÓNICA. POESIA DRAMÁTICA: ORÍGENES

quizá cuatro veces. Por último el papiro 2.428 (siglo π d. de C.)

contiene siete pequeños fragmentos de comedia dórica, que pueden

ser de Epicarmo.

A pesar del naufragio de su obra, se evidencia en Epicarmo

una comicidad sobria y elegante, un lenguaje decoroso, pero con

todo variado y de gran efecto. Una descripción suya de Heracles

dispuesto a consumir una espléndida comida es una pequeña obra

maestra (frag.21 = 8 ):

Solamente al verlo comer, morirías de espanto: muge su garganta, hace

un gran estrépito la mandíbula, resuena el molar, chirría el canino, bay

estridor en sus narices y agita las orejas;

y así determinadas listas de alimentos exquisitos (las famosas

“Siculae dapes” ), cómicos en su propia exagerada amplitud, tan

del gusto luego de la nueva comedia y, a veces, de Aristófanes.

Su espiritualidad aguda y reflexiva recurre de buena gana a la

sentencia breve y lapidaria, de elevado valor ético (frag.246 —

228 “ésta es la naturaleza de los hombres: odres inflados”, cfr,

Petronio, Sat.,42 “heu, heu, utres inflati ambulamus”; frag.280 —

242 “el sabio debe prever, no arrepentirse” ). Nunca es sátira

violenta, belicosa o agresiva, sino la vida observada con ojos

indulgentes pero penetrantes, representada en el ridículo natural

dé tantos de sus aspectos, como “in re”. Dioses, héroes, hombres

y personajes simbólicos, transcurren en sus obras bajo úna luz de

sonriente realismo, sin truculencias ni groserías.; Quizá la comicidad

es solamente til aspecto más aparente de lá poesía cíe lipiearrno,

que lue un arte cuidada, refinada y variada en su inspiración

ÿ expresión. He aquí, por ejemplo, un retrato magistral y

jamás superado del parásito, que asimismo será un tipo muy

explotado en la comedia nueva, en el que la representación de una

miseria moral se tiñe de cómplice y desolada tristeza (frag.35 =

103 b) :

V oy a comer a casa de quien me aprecia, y basta sólo que me invite; y

donde quien no me aprecia, y no es necesario ni siquiera que me invite.

A llí, en fm} procuro resultar agradable, bago reír mucho y halago al dueño

de casa. Sí alguno lo contradice en algo, lo insulto y me indigno. Luego,

tras baber. devorado y bebido mucho, me voy, no tengo un siervo que

me sostenga la lámpara y me marcho caminando solo, deslizándome en

las tinieblas. Si me encuentro con los guardias, tengo fortuna que he

de agradecer a la protección de los dioses si no me dan tantas como para

no querer más. Luego maltratado vuelvo a mi casa y duermo sobre la

dura tierra. En un principio no me doy cuenta de nada, hasta que el

vino puro me oscurece la m ente. . .


LA ORGANIZACIÓN DEL TEATRO EN ATENAS 181

Además Epicarmo no pasó sin dejar su influencia , en la : comedia

ática, de Grates y de Aristófanes. Pero quizás es aún: más

visible su influjo en la comedia nueva, como se dirá más adelante.

De su fama da testimonio Platón, que lo cita como el mayor

representante de la comedia, junto a Homero para el epos; así

como de sus méritos Aristóteles, que le atribuye explícitamente

la introducción en la comedia del μΟΰος, es decir, de la fábula,

de la intriga, que elevó la farsa siciliana a dignidad literaria. La

.filología alejandrina preparó una edición de sus δράματα en diez

libros; y muy pronto fueron extraídas de ella antologías de las

sentencias tan frecuentes y significativas en la obra del poeta,

mientras ya antes, en el siglo iv, habían comenzado las falsificaciones

(del flautista Crisógono), que continuaron aún en el siglo

π (Axiopisto, de Sición o de Locres, en dos libros). Por ello,

Epicarmo llega a ser considerado no sólo un moralista, sino hasta

un médico, un fisiólogo, como lo conoció incluso Enio, y un intérprete

de sueños.

De un tal Formis (o Ferinos) siracusano, preceptor de los

hijos de Gelón, recordado por Aristóteles junto a Epicarmo, conocednos

solamente seis títulos, todos mitológicos. También nos

son conocidos cinco títulos del mismo carácter del ya citado Deinóloco

que fue contemporáneo y quizá rival de Epicarmo.

LA ORGANIZACIÓN DEL TEATRO EN ATENAS

En Atenas había un teatro estable rudimentario cuando Pisistrato,

entre los años 536 y 533, instituyó los concursos dramáticos,

situado en la vertiente sur de la Acrópolis, cuyo declive natural

aprovechaba para ofrecer una buena visibilidad (según la etimología,

teatro es “el lugar en el que se contempla alguna cosa” ),

en una zona consagrada a Dioniso Eleutereo. A través de continuos

perfeccionamientos, el primitivo teatro alcanzó su forma

arquitectónica definitiva en piedra por vez primera durante la

administración de Licurgo (338-324). Siempre como provisorio

quedó un teatro secundario, en la zona del mercado ( agora), que

se adaptaba para tales funciones solamente durante las fiestas

Leneas y fue más tarde abandonado durante el siglo w,

Los actores (en principio uno solo, que era el propio poeta;

dos con Esquilo y tres con Sófocles, teniendo en cuenta que cada

actor, cambiando su disfraz, podía representar más de un papel)

llevaban máscara, que es una de W tantas características tradicionales

e inmutables del teatro antiguo, y un disfraz fastuoso y

solemne; la estatura del actor trágico era elevada por un calzado

de suela muy alta (coturno) y por un arreglo en la cabeza. El

actor cómico, por su parte, tenía un aspecto ridículo, con una


182 ÉPOCA JONICA. POESIA DRAMATICA: ORIGENES

exagerada prominencia del vientre y del trasero, obtenida por medio

de embutidos bajo la malla, y exhibía el falo de cuero, símbolo

y residuo de sus antiguos orígenes, pero en el siglo iv pierde

los atributos considerados indecentes y asume la vestimenta cotidiana.

Téngase, en fin, en cuenta que durante toda la época clásica

los papeles femeninos eran interpretados asimismo por hombres

convenientemente caracterizados; la mujer llegó a la escena

solamente en la época imperial, en mimos o pantomimas.

Un elemento característico del drama griego es el coro, que

en la tragedia y el drama satírico estaba formado por doce personas,

llevadas a quince por Sófocles, y en la comedia por veinticuatro,

que én el siglo ni aparecen reducidas a siete y hasta a

cuatro. El coro llevaba asimismo máscara y su disfraz se adaptaba,

en la tragedia, a la condición requerida por la obra; el coro

de sátiros, por el contrario, tenía su característico disfraz obligatorio

(piel caprina en los flancos, falo y cola de caballo), en

tanto que el coro cómico se presentaba como los actores o podía

también asumir un aspecto zoomórfico o fantástico (ranas, aves,

nubes, etc.), en cuanto derivado del κώμ,ος dionisíaco. La estructura

del coro era cuadrangular, por filas y por líneas. El coro

cantaba y danzaba. La danza propia de la tragedia era la digna

“emméleia”, la de los sátiros la vivaz “síkinnis”, y la de la comedia

el licencioso “kórdax”. La música, de la que no queda casi nada,

era una trama melódica muy simple, ejecutada con flauta o cítara,

o con ambos instrumentos; Los actores, por su parte, recitaban,

pero; con Eurípides, en los momentos de mayor excitación, cantan

a menudo "solos'' o monodias; de las que Esquilo y Sófocles habían

ofrecido raros ejemplos.

La escenografía permaneció siempre un tanto simple, pero

no ignoró los efectos de la perspectiva, por obra ya del pintor

Agatarco de Samos colaborador de Esquilo; también se operaban

cambios de escena, de manera convencional, modificando los

“bastidores” laterales. No faltaban aparatos rudimentarios para

facilitar la ilusión escénica, como una especie de plataforma giratoria

( ekkyldema) para mostrar lo sucedido interiormente, una

grúa ( mechané) maniobrada por un cabrestante para hacer descender

y volver a partir volando las divinidades, especialmente en

el drama de Eurípides ( “deus ex machina” ), un recipiente de metal

que golpeado imitaba el estruendo del trueno, etcétera.

En Atenas, la actividad teatral se desarrollaba con ocasión

de las fiestas dionisíacas:

1) “Leneas”, en los días 12-14 del mes de Gamellón (fin de

enero).

2) “Dionisias urbanas”, o grandes, en los días 9-13 del mes

de Elafebolión (fin de marzo).


LOS COMIENZOS DE LA COMEDIA ÁTICA 183

En los concursos participaban tres poetas trágicos, cada uno

con una trilogía trágica completada con un drama satírico, y tres

poetas cómicos (más tarde hasta cinco), con una comedia cada

uno. Estas obras, aprobadas preliminarmente por el arcante, eran

preparadas, por cuenta del estado, a expensas de ciudadanos ricos

que solventaban por turno esta “liturgia”. La entrada al teatro

era prácticamente gratuita, pues cuando se estableció un pequeño

precio, el estado subvenía tal gasto a los ciudadanos pobres con

un subsidio especial. Un colegio de jueces electivos, que ejercían

sus funciones tras numerosas cautelas para evitar favoritismos o

corrupciones, proclamaba el orden de méritos de los vencedores,

quienes recibían un premio honorífico, junto con el corega. El

público ( el teatro de Atenas tenía una capacidad de cerca de dieciséis

mil personas) se comportaba poco más o menos como el

actual; pues tenía sus divos, reclamaba repeticiones, aplaudía

como señal de agrado (había incluso “claque” ), silbaba, gritaba

y hasta quizás expulsaba a la fuerza a los actores interrumpiendo

el espectáculo que no le gustaba.

LOS COMIENZOS DE LA COMEDIA ATICA

Escucha, pueblo. H e aquí lo que dice Susarión

de Tripodisco junto a Mégara, hijo de Filmo:

"Las mujeres son una desgracia. . . Sin embargo, ob gentes,

no es posible vivir en una casa sin esta desgracia” .

Estos versos, que fueron impronta de una antigua y proverbial

sabiduría griega en el espíritu de Hesíodo y de Semónides,

son atribuidos por algunas fuentes a Susarión (Σουσαρίων),

y serían los únicos versos que sobrevivirían de este autor y, al

propio tiempo, los más antiguos de la comedia griega. Si bien

Susarión se nos presenta como megarense, y por tanto dorio, los

versos son áticos por su metro, lengua y espíritu. Esto daría razón

a la recordada tradición que reivindicaba a Susarión como “inventor”

de la comedia en Icaria ática (¡la patria misma de Tespis!)

atribuyendo, en consecuencia, a Ática la gloria de tal invención

cerca de un siglo antes del dorio Epicarmo y cerca de medio

siglo antes de la propia tragedia.

Es evidente que Susarión, fuese ático o dorio, no pudo, en

modo alguno, escribir los referidos versos entre los años 581 y

562 a. de C.} los que son por lo tanto una falsificación, aunque

quizá no en su contenido. Sin embargo, no se desprende necesariamente

de ello que el personaje sea asimismo inventado o

legendario. Si no fue ciertamente el “inventor” de la comedia, como

tampoco lo fue Epicarmo, es probable que haya sido el autor a


184 ÉPOCA JÓNICA. POESÍA DRAMÁTICA; ORÍGENES

quien la tradición ática refería los primeros intentos de elevar la

farsa popular a dignidad literaria. Atenas, por lo demás, recordaba,

aunque sea muy confusamente, otros poetas cómicos anteriores

a Quiónides, que fue el primer nombre histórico de la

comedia ática, como Euetes, que fue por el contrario un poeta

trágico (si no se trata de dos homónimos), un Eusénides que no

es para nosotros más que un nombre, y, en fin, Mulo, que parece

haber sido un tipo o personaje cómico, hecho proverbial también

como el “necio”.

LA TRAGEDIA Y EL DRAMA SATÍRICO

HASTA ESQUILO

De manera similar a la comedia la tradición conservaba noticias,

confusas asimismo, de variados orígenes o “invenciones” de

la tragedia. Entre todas, prevaleció, sin embargo, la referente a

Tespis (Θέσχις) de Icaria, por la autoridad de Aristóteles, si bien

no aparece su nombre actualmente en sus escritos. Tespis, en la

olimpíada 61 (años 536-533), “recitó y representó por primera vez

un drama en la ciudad (es decir, en las Grandes Dionisias), y el

premio era un macho cabrío” ( Marm. Par., A.ep.43). Según diversas

fuentes disponía de un coro (de hombres, no zoomorfo),

y habría introducido el prólogo y el "parlamento”, empleando para

ello un actor enmascarado. Quedan de él· cuatro títulos, probablemente

auténticos, y cuatro fragmentos espurios, que derivan

quizá de las tragedias “de Tespis” falsificadas por el peripatético

lloráclides Pónlico, de lo que ya tenía noticia Aristóxeno (frag.

.114 Wehrli). Pero, tío obstante todas las incertidumbres y oscuridades

dé la tradición, se puede concretar como la opinión más

probable que al nombre de Tespis se ha de relacionar uno de

los más antiguos intentos de organizar en Atenas una representación

trágica con un concurso regular, lo que presupone obviamente

la existencia de otros poetas, cuyos nombres quedaron en

el olvido frente al del vencedor.

Sobre terreno más sólido, ya histórico, es la referencia acerca

de Quérilo (ΧοιρΕλος), ateniense, que participó en los concursos

trágicos entre los años 523 y 520, Las fuentes le atribuyen ciento

sesenta dramas y trece victorias en una larga carrera hasta por

lo menos el año 499, cuando rivalizó con Pratinas y Esquilo. De

tan vasta obra no queda más que un título (Álope, que fue una

tragedia también de Eurípides) y dos brevísimos fragmentos que

parecen atestiguar un estilo muy imaginativo. Es muy probable

que compusiera también dramas satíricos.

Ya nos hemos referido a Pratinas (Πρατίνας), dorio de Fliunte,

como “inventor” del drama satírico. La tradición le atribuye


LA TRAGEDIA Y EL DRAMA SATIRICO HASTA ESQUILO 185

doce tragedias y treinta y dos dramas satíricos, con ; una ;, única

victoria conseguida' quizás en el recordado concurso del año 499

(-496), que quedó como famoso por la caída y rotura de los asientos

de madera del teatro como consecuencia de exceso de público.

El número de sus obras, si fuera exacto, indicaría que Pratinas

participó en varios concursos solamente con un drama satírico.

Murió antes del año 476, en que su hijo Aristias representó un

drama postumo suyo. Sólo quedan de él dos títulos y un único

fragmento, más bien dramático que lírico, aparte de algunas citas

de hiporquemas.

Pero el mayor poeta de la tragedia anterior a Esquilo fue,

sin duda, Frínico (Φρύνυχος) de Polifrasmón, ateniense. Nacido

hacia 535, discípulo, es decir, continuador directo de Tespis, consiguió

su primera victoria entre los años 511 y 508 no sabemos

con qué obra; en el 492 representó la Toma, de Mileto y en el

476 venció con Las fenicias; murió, probablemente, en Sicilia.

Nos quedan de él unos veinte breves fragmentos y los siguientes

títulos: Egipcios, Acteón, Altea o Las pleuronías, Alcestes,

Anteo o Los lidios, Los persas (que debe identificarse con la

Tornade Müeto, de la que se cita en Herodoto,VI,21, el argumento,

aunque no el título), Tántalo y Las fenicias. Los antiguos le atribuyeron

la creación de la máscara femenina, es decir, del personaje

femenino ( Altea y Alcestis, que fue sin duda conocida por Eurípides).

Es probable que se le deba también la introducción

del trímetro yámbico, que fue luego el metro casi constante del

diálogo no sólo de la tragedia sino de todas las formas dramáticas.

Las fenicias, cuya temática será la de Esquilo en Los persas, tomaba

su nombre de las mujeres de Sidón que formaban el coro

y contenía el primer prólogo que conocemos documentado. No

hay que olvidar el interés del poeta por hechos de la historia

contemporánea. La Torna de Mileto, es decir, Los persas, en cuya

representación todo el público ateniense prorrumpió en lágrimas,

fue condenada a una multa de mil dracmas ( Herodoto,I.e. ) precisamente

porque ofrecía ante los ojos de los atenienses una desgracia

nacional. Las fenicias estuvieron presentes para Esquilo

no sólo en la temática, sino incluso en la estructura y en algunas

expresiones. Con Los egipcios y Las danaides, en fin (casi con seguridad

el mismo tema de la trilogía Las danaides de Esquilo), es

probable que haya dado el ejemplo ( que no quedó como caso único)

de una dilogía, preparando así la materia trágica hacia la

estructura de la trilogía que será norma para Esquilo.

Por todas estas razones Frínico ha de ser considerado el

poeta que, antes de Esquilo, alcanzó los mayores progresos para

elevar a dignidad artística la naciente tragedia. La pérdida de

sus obras es ciertamente la más lamentable para la tragedia arcaica.

Fue grande su fama ya entre los antiguos, quienes recuer­


186 EPOCA JÓNICA, POESIA DRAMÁTICA: ORIGENES

dan frecuentemente la suave dulzura de los cantos de Frínico,

y, según testimonio de Aristófanes, continuaba teniendo en Atenas

amplia difusión un siglo después.

El nombre de Frínico ha sido tema reciente a propósito

de un fragmento de papiro en trímetros sobre el caso de Giges

y la mujer de Candaula, que constituye el argumento del famoso

“relato” de Herodoto (1,7-12). Al respecto se ha sostenido

la hipótesis de que el papiro contiene precisamente un trozo de

una tragedia de Frínico, que habría sido, por ello, la fuente de

Herodoto, A pesar de muy recientes defensas de esta hipótesis,

se trata más bien de una obra de la época helenística e, incluso,

no ha de excluirse que no sea una tragedia, sino una narración

novelada en verso.

De otros cuatro o cinco trágicos, que según las fuentes epigráficas

habrían precedido a Esquilo en las victorias de los concursos

dionisíacos, no se puede más que conjeturar algunos nombres.


CAPITULO NOVENO

LOS ORÍGENES DE LA PROSA

POESIA Y PROSA

Con la expresión “orígenes de la prosa” se sobreentiende el

referirse a la prosa literaria, es decir, a una prosa no sólo destinada,

por cualesquiera razones, a ser conservada y transmitida como

“documento”, sino también con intenciones artísticas. Es obvio,

sin duda, que también los griegos utilizaron desde un principio

la "prosa” 48 para sus relaciones cotidianas, llamada así frente a la

poesía por formularse en la escritura de manera “derecha, continuada”.

Prosa, en efecto, sin intención alguna literaria, son las

inscripciones antiquísimas de las ya mencionadas “tablillas” de

Micenas, Pilos, etc., que contienen, en su mayoría, registros contables

para su conservación en los archivos.

Pero en Grecia, de cuyo estudio sobre su más antigua civilización

surgió la intuición de Vico respecto a la poesía como primera

expresión del elemento fantástico y como factor decisivo en

la civilización de la humanidad, la forma métrica precede, como

hecho artístico, por largo tiempo a la forma en prosa. Los griegos

expresaron en poesía no solamente sentimientos, diríamos, más

apropiadamente “poéticos” o susceptibles de inspirar poesía, como

el amor a la gloría, la exaltación del valor guerrero, la fe religiosa,

el amor, los afectos familiares, etc., sino también los más

antiguos recuerdos legendarios e históricos de la estirpe (Homero),

las primeras meditaciones de carácter teológico-moral y las tradiciones

genealógicas ( Hesíodo ) : y fueron también “poesía” los

poemas filosóficos de Jenófanes y de Empédocles (siglos vi-v).

Cuando, a partir de esta mentalidad que podría llamarse fantástica,

se va desenvolviendo gradualmente una mentalidad reflexiva

y racionalista, que coincide con una mayor complejidad de

48 Prosa, es decir, “pro-versa” , scii. “oratio” , es una tardía expresión

latina correspondiente a la griega ae->; λόγος, el “sonrio pedester” de Horacio,

término retórico con una fácil metáfora que se remonta, por cuanto sabemos,

a Calimaco. Pero ya en Platón se opone el simple λόγος a χοίηιις.


188 ÉPOCA JÓNICA. ORIGENES DE LA PROSA

relaciones sociales, la poesía, aun conservando sus derechos, pero

haciéndose al propio tiempo más “personal”, como en Arquiloco

por ejemplo, no es ya suficiente para las nuevas exigencias espirituales

y culturales, que requieren, para expresarse, una forma

más ágil, liberada del metro y al propio tiempo capaz de organizarse

en formas lógicas y discursivas. Cuando de las primitivas;

formas de recuerdo histórico (el ‘ catálogo” homérico y la “genealogía”

hesiódica) nace el impulso de indagar y verificar críticamente

dichas tradiciones, lo que expresaron los jonios con el término

ίστορίη, los logógrafos empiezan a utilizar la prosa. Lo

mismo sucede cuando evoluciona la primera especulación filosófica

sobre la φύσις desde las antiguas leyendas cosmogónicas;

o cuando por simple finalidad deleitosa el espíritu se entrega

al placer de la narración (novela corta, fábula). Ha de tenerse

presente, no obstante, que esta aparición de la prosa no significa

una extinción o sustitución de la poesía, sino un enriquecimiento,

por tanto, del espíritu, al que ofrece nuevas posibilidades que se

llamarán investigación científica, indagación histórica y meditación

filosófica. La prosa, por otra parte, se hace “literaria"

precisamente con el modelo y la tradición de la poesía, y en la

tierra y la lengua de los jonios de Asia, donde había florecido la

poesía de Homero. Por esta razón la prosa literaria nació jonia

y continuó ática, como creación también del tronco jónico-ático

que fue, sin duda, el más agudo y abierto espiritualmente entre

los griegos y el que más sintió y expresó aquella ansia de meditación^

de investigación y crítica sobre las cosas divinas, naturales

y humarías; que es precisamente la sustancia de la prosa. Là prosa

dórica, que asimismo existió, con la formulación de los primeros

códigos: de leyes en las colonias de Sicilia y Magna Grecia en el

siglo vu y con una prosa científica italiota y siciliana, no tiene

importancia literaria,

LOS FISIÓLOGOS D E MILETO

Para exponer de manera orgánica y coherente, si bien en forma

muy breve, la evolución del pensamiento filosófico hasta la

sofística hemos de incluir aquí personajes como Zenón y Meliso

que sobrepasan el límite cronológico, siempre relativo, de nuestra

primera parte; o Tales y Pitágoras, que no escribieron nada, o

Parménides que se expresó en forma poética.

En sus orígenes la prosa jónica se configura en tres aspectos

principales, cada uno correspondiente a una nueva exigencia: la

prosa filosófico-científiea, la prosa histórico-geográfica y la prosa

narrativa, Es difícil predecir cuál de las tres haya precedido a

las otras incluso por las lagunas y las incertidumbres de la tradí-


PITAGORISMO 189

ción. En todo caso, la prosa literaria griega aparece, en sus varias

formas, a fines del siglo vn.

Epiménides (’Επιμενίδης) cretense, fabulosa figura de mago,

profeta y sacerdote, que habría vivido ciento cuarenta y cuatro

años, o ciento cincuenta y siete, o doscientos noventa y nueve,

de los que durmió cincuenta y siete años seguidos en una cueva

de Creta, es relacionado por Aristóteles con la purificación de

Atenas llevada a cabo por él después de la matanza de los Cilónidas,

alrededor del año 600. Además de poemas religiosos y genealógicos,

habría escrito también en prosa.

Pero, concretamente, con Tales (Θαλής) de Mileto es cuando

se puede hablar de una actividad especulativa desligada ya de

la mentalidad mítica, por lo que ha merecido justamente ser reconocido

como el padre del pensamiento filosófico, aunque no haya

dejado nada escrito. Su originalidad consiste en la intuición de

una άρχή, es decir, de un principio que diese razón de la aparente

multiplicidad de lo real, constituyéndose al propio tiempo

en su causa: el agua, según él. Fue también físico, geógrafo

(afirmó por vez primera la redondez de la tierra) y astrónomo

(predijo el eclipse solar del 28 de mayo del año 585). Bien pronto

se apoderó la leyenda de su figura, incluso con anécdotas burlonas,

como una que se mofaba de él porque, absorto en la contemplación

de los astros, se había caído en un pozo.

Progresando en la misma dirección de Tales, pero insatisfecho

con la solución propuesta por aquél, Anaximandro

( ’Αναξίμανδρος) de Mileto (entre los años 610-545) piensa que

se debe identificar la άοχή con un aicetpov (ilimitado), principio

abstracto e indeterminado de naturaleza divina, origen de

todas las cosas. Como astrónomo sostuvo por vez primera la forma

esférica del cosmos, con su centro en la tierra, de la que habría

trazado la más antigua carta geográfica. Su itepí φ6


190 ÉPOCA JÓNICA. ORÍGENES DE LA PROSA

de la tiranía de Polícrates, partiendo del conocimiento de los fisiólogos

jonios y en particular de Anaximandro, llegó a la comprobación

de la imposibilidad de explicar el origen de las cosas

mediante un principio físico. Por consiguiente, concibió el mundo

como una unidad armónica, gobernada por relaciones numéricas

resultantes de los conceptos abstractos y las formas de la. realidad,

relaciones definidas por él en una tabla de dieciséis posibilidades

de lo real (limitado e ilimitado, par e impar, uno y múltiple, derecho

e izquierdo, masculino y femenino, etc.), que aun no siendo

todavía "categorías" filosóficas, pueden ser consideradas como un

precedente de las mismas.

Todo lo demás (inmortalidad y transmigración de las almas,

aritmología simbólica, etc.) pertenece al aspecto místico-religioso

de Pitágoras, fundador, en Crotona y en otros centros de la Magna

Grecia, de una importante secta, de una especie de orden monástica

basada en una iniciación, a través de una rigurosa jerarquía

de grados, hacia la perfección; en preceptos de pureza, de

abstinencia, de meditación; y, sobre todo, en la absoluta obediencia

a la palabra del maestro (αΰτάς Ιφα, “ipse dixit” ). En este

ambiente pitagórico, dentro del cual no es fácil distinguir las relaciones

recíprocas e influjos con el orfismo, se formó muy pronto

la leyenda de Pitágoras, que más tarde, con el neopitagorismo,

que floreció en Alejandría y en Roma en el siglo x d. de C., alcanzó

caracteres enteramente novelescos, haciendo del Maestro un

vidénte, taumaturgo y profeta, fundador de una revelación religiosa.

La secta adquirió, asimismo, un fuerte poder político, netamente

aristocrático, cuyo rigor suscitó, hacia el año 450, revueltas,

incendios y matanzas, que sellaron el fin de la política pitagórica.

Eu razón de que Pitágoras no escribió nada, la doctrina

se fue ¡ransntitiendo por tradición oral hasta Filolao de Crotona

y Arquitas de Tarento, contemporáneos de Sócrates y Platón. Filolao

habría sido concretamente el primer escritor de la doctrina

pitagórica, autor también de un icapí φύσοας de autenticidad muy

dudosa, del que quedan una quincena de fragmentos. Arquitas

fue, sobre todo, un matemático y teórico de la música, autor de

un fundamental tratado de Harmónica, del que restan poquísimos

fragmentos.

ELEATAS

Pero el mayor esfuerzo especulativo del pensamiento griego

antes de Platón fue debido ciertamente a la escuela eleática, llamada

así por su sede en Elea (Velia), colonia de los focenses

(hacia el año 540) en el golfo de Posidonia, adonde había emigrado

Jenófanes que erróneamente fue considerado el fundador


ELÉATAS 191

de la escuela. Parménides (Παρμενίδης, que nació alrededor del

año 515 en Elea, donde fue discípulo de Jenófanesji y vivió al

menos hasta el 450, época en que se trasladó a Atenas en donde

se encontró con Sócrates), en oposición a la fisiología jonia que

veía el origen de lo múltiple real en una mutación de un principio

único, afirmó que el fundamento de lo verdadero y el único objeto

del conocimiento es el ser, ingenerado, inmutable y eterno, por

cuanto toda transformación implica una mutación sustancial que

es el paso del ser al no ser (y viceversa también); y el no ser, no

sólo es inexpresable, sino ni siquiera pensable. Esta concepción,

que excluye el devenir, separa por ello netamente la física ( que es

8όξ«, “opinión” ) de la metafísica. La importancia que tal posición

especulativa tuvo en el pensamiento griego fue reconocida

por Platón, en el diálogo dedicado a Parménides, cuya persona

y doctrina son tratadas con profundo respeto. Su obra principal,

además de algunos escritos eii prosa, fue un poema περί φύσιος

en hexámetros “homéricos”, forma literaria debida quizás al influjo

de su "maestro” Jenófanes y de la tradición “didáctica” hesiódica,

del que nos quedan unos 150 versos solamente, pero es digno de

observar el recuerdo que, como testimonia una inscripción recientemente

encontrada en Velia, conservaba del “físico” su patria todavía

en la época julio-claudiana. No obstante la forma “poética”,

de Parménides se podría decir, y quizá con mayor razón, lo que

Aristóteles decía de Empedocles, que entre él y Homero no hay

nada en común sino el metro; pero es preciso concederle al respecto

el difícil mérito de haber expresado por vez primera conceptos

propiamente metafísicos; y a veces el tono es solemne, inspirado

y no falto de fuerza poética.

En cuanto a su coterráneo y discípulo Zenón (Ζήνων), (hacia

490-430), merecería un lugar notable en la historia literaria

si verdaderamente fue él quien compuso por vez primera

diálogos, por lo demás perdidos, mérito que Aristóteles atribuía,

en cambio, a un desconocido Alexámeno de Estiros o de Teos.

Escribió, entre otras obras, un περί φίσιος, del que perduran tres

breves fragmentos. Pero Zenón es conocido sobre todo por sus

famosas cuatro aporías o “sofismas” sobre el movimiento, que le

valieron el ser llamado por Platón “el Palamedes de Elea” y ser

considerado por Aristóteles el “inventor” de la dialéctica. Las

aporías, si bien condenadas por Aristóteles, ofrecieron y ofrecen

todavía hoy materia de discusión a los historiadores de la filosofía

y representan, de cualquer modo, una capacidad de abstracción

y una sutileza dialéctica verdaderamente nueva y notable.

Eléata es considerado también Meliso (Μέλ(σσος) de Samos,

que en el año 441, al frente de la flota de los samios, derrotó a la

ateniense de la que era estratego Sófocles. Meliso, sin embargo,

no agregó nada nuevo e importante a la doctrina de Parménides,


192 EPOCA JÓNICA. ORIGENES DE LA PROSA

de la que fue tan sólo un posterior sistematizador; quedan una

decena de fragmentos de un -τυερί ψύαιος suyo (o también Sobre

et ente).

HERACLITO

Heraclito (Ηράκλειτος) de Éfeso, descendiente de una familia

de origen real, vivió alrededor de los años 536 a 470 y la

tradición lo presenta como autodidacto, consciente de su propia

grandeza y de vida retirada en desdeñoso aislamiento. D e su

•περί φύσιος, conocido también con el título de Mmas, quedan unos

ciento cincuenta fragmentos. La imputación de "oscuro”, que

perduró como sobrenombre suyo, es antigua. Sócrates, a quien

Eurípides le habría dado a leer los escritos de Heráclito y preguntado

qué pensaba al respecto, le habría respondido: “Lo que

yo he entendido es bueno; e incluso diría lo que no he entendido,

pero se necesitaría un buzo de Délos”. Aristóteles se lamentaba

también de la dificultad en su comprensión, que requeriría numerosos

intérpretes.

Quizás en polémica con la posición de Parménides sobre el

ser como única realidad, pero como él desechando la “opinión”

que no puede ofrecer conocimiento racional, Heráclito afirmó

que el ser, en cuanto puro ser, no es jamás, sino que se configura

cómo un pasado o un futuro. La única realidad es el eterno devenir,

el perpetuo y continuo fluir del todo, que él representó en la

famosa imagen: “No es posible sumergirse dos veces en el mismo

río” (frag.91);o bien “en el mismo río nos sumergimos y no nos

sumergimos: somos y no; somos” (frag.49a); o también “sobre

quienes se sumergen en el mismo río, resbalan diversas y (siempre)

: diversas aguas’' (frag.l2:cfr. Platón, Cratílo, 402 A ).

Pero esta posición, que a primera vista aparece como negativa

y escéptica, se revela positiva en cuanto consciente del contraste

entre lo que es y lo que aparece (conciliación de opuestos en

una superior armonía). Ésta es la verdadera y gran idea original

de Heráclito. El haber visto, además, el origen de las cosas en

el fuego, que será utilizado particularmente por los estoicos, a

través de un continuo y reversible proceso cíclico de transformaciones

"de lo bajo a lo alto y de lo alto a lo bajo”, es efecto de

su tributo a la física jonia, anacrónico en verdad después de Parménides.

Pero su originalidad ( “yo me investigué a mí mismo”,

frag.101), su elevada concepción de lo divino ("el hombre sabio

parece un mono en parangón con el dios, tanto respecto a la

sabiduría, como a la belleza, como a todo lo demás”, frag.83), su

mordaz ironía ( “los cerdos gozan en el fango más que en el agua

limpia”, frag.13), y su sentido del misterio ("la armonía invisible


LA PROSA CIENTÍFICA 193

es más fuerte que la visible”, frag.54), hacen de él una personalidad

rica y sugestiva, Tal se ofrece también en su desdeñoso rechazo

a todo lo que era para él sabiduría solamente aparente: ‘ el

mucho saber no enseña a tener cordura: de otro modo lo habría

aprendido de Hesíodo, de Pitágoras y aún de Jenófanes y Hecateo”

(frag.40); o su condena hasta de Homero (que justamente Jenófanes

había anticipado respecto a exigencias morales): “le parecía

Homero digno de ser expulsado de los concursos (poéticos) y de

ser golpeado, al igual que Arquiloco” (frag. 42), aquel Homero

que, sin embargo, era “el más sabio de todos los helenos” (frag.50).

También profundamente sugestivo se nos manifiesta como escritor,

con su estilo cortado y áspero y, sin embargo, experimentado,

que procede por iluminaciones y fulguraciones imprevistas, por

metáforas audaces, por violentas antítesis, por elipsis y sobreentendidos,

condensando la expresión hasta el extremo límite lógico.

Es un prosista vigoroso y enérgico, en cuya palabra vibra la

profunda lucha trágica entre revelación y misterio, entre la luz

del pensamiento y la oscuridad de las cosas:

es preciso apagar ¡a. "hybris” más que un incendio (frag. 43) ;

el pueblo debe combatir por la ley como por la muralla (frag, 44) ;

los muertos hay que echarlos fuera más que el estiércol (frag, 96) ;

la guerra es padre de todas las cosas, el soberano de todas: a algunos

revela dioses, a otros hombres: a algunos hace siervos, a otros libres

(frag. 53);

muerte es cuanto observamos estando despiertos; sueño, cuanto vemos

durmiendo; vida, cuanto vemos muriendo (frag. 21} ;

con la muerte esperan a los hombres cosas que ellos no creen y ni siquiera

imaginan (frag. 27);

el sol r¡o sobrepasará sus límites, pues de otro modo las Erinias, auxiliares

de Dike, lo encontrarán de nuevo (frag. 94) ;

inmortales: mortales; mortales: inmortales; viviendo la muerte de aquéllos,

muriendo la vida de éstos (frag. 62),

LA PROSA CIENTÍFICA

En este período, en que están aún indiferenciadas las variadas

formas del pensamiento, resulta difícil distinguir entre filosofía

y ciencia. Es más bien en la especulación filosófica donde se

revelan también los principios de lo que será luego cada una de

las ciencias, como la física, la matemática, la astronomía, etc. En

algunos prosistas, sin embargo —fuera de los logógrafos de quienes

se hablará más adelante— parecen poderse colegir intereses

varios, extraños a la actividad propiamente filosófica.


194 ÉPOCA JÓNICA. ORIGENES DE LA PROSA

Alcmeón (Άλκμαίων) de Crotona, considerado en la tradición

como discípulo de Pitágoras, fue docto en varios campos,

pero sobre todo médico y fisiólogo (vivió hacia el año 500).

De un Tcepc φύσιος suyo quedan escasísimos vestigios. Alcmeón fue

un precursor profundo y genial de la que será una de las glorias

más grandes del pensamiento científico griego, la medicina.

Una fase intermedia entre la teogonia, de tradición hesiódica

y los primeros intentos historiográficos, la marca Ferécides

(Φερε/,ύοης) de la isla de Siros, que vivió alrededor del año 550,

quien habría sido el primer prosista, mientras según otros habría

correspondido tal mérito a Acusilao de Argos, distinto del homónimo

ateniense, autor éste de genealogías que vivió un siglo

más tarde (hacia el 450). Compuso un ‘Εχτάμυχος, el “Antro

de los siete parajes anfractuosos”, conocido también con el nombre

de Teogonia (o Teología), en diez libros, del que quedan unos

doce fragmentos. En dicha obra exponía un origen y genealogía,

fabulosos y complicados, de los dioses, en tono inspirado y solemne.

LOS LOGÓGRAFOS

Con el nombre de λογογράφοι 49 define polémicamente Tucídides

(1,21) a sus precursores jonios, y a Herodoto en particular,

en cuanto escritores en prosa, contrapuestos a los poetas, pero

desprovistos de sentido crítico; en tanto que Herodoto, a su vez,

llama λογοχοιός a Hecateo (II,143;V,36) y a Esopo (11,134).

De la tradición genealógica hesiódica llegan a estos logógrafos

intereses y tendencias que perdurarán incluso cuando éstos tomen

más propiamente la actitud de “historiadores”, con genealogías

ya no divinas sino humanas y cronologías de magistraturas,

de sacerdocios y de agones gimnásticos. Por su parte las fundaciones

de ciudades (κτίσεις), historias locales en forma analista

(ώροι) y descripciones de regiones griegas y bárbaras, con evidentes

preocupaciones etnográficas (περίοδοι), son suscitadas por

las empresas de la colonización o por el choque con Persia, en

razón de la natural curiosidad de conocer la manera de ser y los

pueblos del exterminado imperio.

Acusilao (Άζουσίλαος) de Argos, que vivió antes de las guerras

contra Persia (490), escribió unas Genealogías en tres libros

(a ellas probablemente se refieren algunas fuentes cuando dicen

que Acusilao habría puesto en prosa y corregido a Hesíodo), una

Cosmogonía o Teogonia, y quizá también otras obras, de todas

las cuales sobreviven unos cuarenta fragmentos.

49 El otro significado, de redactores (profesionales) de discursos judiciales

mediante pago correspondiente, aparece con Esquines (1,94).


HECATEO 195

Es incierta la cronología (siglo v, en general) de Dionisio de

Mileto, historiador de Darío y autor de Persica, que habría sido

la primera historia Oriental; de Carón de Lámpsaco, que habría

escrito numerosísimas obras ( Anales de los lampsacenses en cuatro

libros, Aethiopica, Persica, Libyca, Hellenica, Cretica, así como

un Periplo de los mares más allá de las columnas de Hércules,

etc.); de Eugeón de Sarrios, autor de una crónica de la propia

ciudad; de Helánico de Mitilene, que escribió una cronología

de las sacerdotisas del templo de Hera Argiva; de Escílax de Carianda,

que como almirante de Darío exploró el Océano Índico

(pero el Periplo que perdura bajo su nombre es una falsificación

del siglo iv); y de Janto de Lidia, autor de Lydiaca en cuatro

libros, de dudosa autenticidad ya para los antiguos. Se han perdido

las obras de todos estos autores y quedan sólo pocos y breves

fragmentos, que no permiten abrir juicio alguno sobre sus cualidades

de escritores. Con todo, puede observarse la preeminencia

que tuvieron los autores de estirpe jonia, cuyo dialecto fue utilizado

por el dorio Acusilao, el eolio Helánico y el lidio helenízado

Janto. Muchos de ellos, aun siendo contemporáneos de Heródoto,

continuaron atrasados en un género entre narrativo y fabuloso,

mereciéndose, sin duda mucho más que Herúdoto, cuanto Ies reprochaba

Tucídides de haber presentado los hechos históricos

“más bien para deleitosa atracción de los oyentes que conforme

a la verdad’1.

HECATEO

A pesar de la pérdida casi total de su obra, de la que quedan

unos trescientos cincuenta breves fragmentos, en su mayoría simples

nombres de lugares geográficos, muy distinta aparece, sin

embargo, la altura de Hecateo (Έκβταΐος), también él milesio

como los primeros "físicos”, nacido de noble familia hacia el año

550. Su viaje a Egipto se puede situar cuando tenía unos cuarenta

años de edad. Durante la sublevación jónica contra Persia (499)

intervino en ella de manera notable, dando a sus conciudadanos

consejos de realista y oportuna prudencia, previendo los peligros

de una rebelión contra Persia y enumerándoles las fuerzas y súbditos

de que disponía Darío, En vista de que no logró convencerlos,

les indicó que para tener éxito deberían asegurarse el predominio

marítimo, utilizando para construir una flota las grandes

riquezas del vecino santuario de Apolo. Incluso durante la represión

persa les hizo útiles pero no escuchadas advertencias. Por

último, en el año 490, estuvo entre los negociadores de la paz,

logrando obtener para Jonia una determinada autonomía, mediante

el pago de un tributo.


196 EPOCA JÓNICA. ORIGENES DE LA PROSA

Escribió cuatro libros de Genealogías, citadas también como

Historias o Herologías, de carácter principalmente histórico, y

una Periégesis o Figura de la tierra, que quizá fueran dos obras

diversas, la primera de contenido geo-etnográfico, y la segunda

una descripción propiamente cartográfica, sobre el modelo de

Anaximandro. Una y otra estaban ya publicadas y eran muy conocidas

alrededor del año 490, cuando Heráclito expresaba sobre

Hecateo el poco halagüeño juicio antes referido, que sin embargo

confirma su notoriedad.

En las Genealogías de familias nobles, entre ellas la del propio

autor, que se gloriaba de tener su origen en un dios en la

decimosexta generación, introdujo numerosas disgresiones geográficas

y mitológicas, así como leyendas heroicas (Heracles y los

Heraclidas, Dánao y las Danaides, los Argonautas, Anfiarao, etc.).

La Periégesis describía, en dos libros, todo el mundo conocido,

sea por experiencia propia directa o tomado de narraciones de

viajeros como Escílax: I, “Europa”, desde el extremo occidental

(Iberia) hasta la Escitia y el Cáucaso, con extenso comentario

además de Italia (ligures y celtas, tirrenos, ausonios, enotrios,

sí culos, yápigas e ilirios) ; II, “Asia”, que comprendía Egipto, Etiopía

y Libia.

Se ha discutido mucho sobre el “racionalismo” de Hecateo,

especialmente, aparte de otros pasajes, por el famoso proemio de

sus Genealogías: “Hecateo milesio dice así: yo escribo estas cosas

según me parecen a mí ser verdaderas. Porque las tradiciones de

los helenos, a mi juicio, son muchas y ridiculas” (frag.l). No

obstante, Hecateo no excluye elementos fabulosos y hasta fantásticos.;

Pero esto es solamente el tributo necesario que pagó a su

tiempo y a su propia valentía. Una apreciación objetiva no puede

negar al Milesio el primer intento de una crítica de las tradiciones,

fundada en.el raciocinio y la experiencia adquirida por la confrontación

con las tradiciones de otros pueblos incluso bárbaros, sin

prevenciones ni orgullo de nacionalidad. Nos encontramos en

presencia de una personalidad consciente, vigorosamente afirmada,

que se coloca en un juicio medido y crítico y no teme demoler

leyendas incluso veneradas. Sobre este camino así abierto

Herodoto no constituirá siempre un avance progresivo. Comienza,

de cualquier modo, con Hecateo, la prodigiosa apertura del intelecto

que por primera vez extiende su mirada sobre sucesos y

tierras de los hombres, incluso los más lejanos en el tiempo y lugar,

y por primera vez ordena y organiza sistemáticamente todo en

la mente de este griego, como otro fruto fecundo del ansia, siempre

de Jonia, de indagar y aprender, como un verdadero acto de

fe en la razón, el primer documento de la humanidad que comienza

a tomar conciencia de sí misma con la creación de la historia. .

También en la técnica historiográfica sus pocas líneas antes


GNOMOLOGIA 197

citadas tienen una enorme importancia,. Tras Hecateo, no.: sólo

Herodoto sino desde Tucídides a Procopio los historiadores comenzarán

con la presentación del nombre personal (“Hecateo

Milesio etc.” ), que viene a ser una variación de la σφρηγίς

de algunos elegiacos jonios. Más aún, Hecateo inaugura la ¿a d i­

ción del proemio programático, que continuará hasta los últimos

historiadores griegos y bizantinos y pasará a los historiadores latinos

y posteriores.

Lamentablemente, la exigüidad de los fragmentos no permite

un juicio crítico sobre su valor literario; no obstante, aparece dotado

de estilo claro y preciso, no falto de color poético, y ágil

en las transiciones, como observaba a título de alabanza un crítico

exigente como es el Anónimo Sobre lo sublime.

GNOMOLOGIA

De origen jónica, si bien elaborada bajo la influencia del santuario

de Apolo deifico, es la leyenda de los Siete Sabios ( el siete

es un número sagrado de Apolo, y algunas máximas son de clara

inspiración apolínea), Aparece ya formulada en Platón y recibió

su sistematización definitiva por obra de Demetrio Falereo, un

erudito de fines del siglo iv que compuso una recolección de máximas

de los Siete Sabios y fijó sus nombres en la forma siguiente,

que en otras tradiciones son en parte diversos: Bias, Tales, Solón,

Quilón, Pitaco, Periandro y Cleóbulo, agrupados en la cronología

antigua alrededor de la cuadragesimoctava Olimpíada (588-585).

Pero sus máxima